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05 mayo 2021

El genocidio que no cesa en el corazón de África (I)


MAPA DEL ÁFRICA COLONIAL
 

por Rosa Moro


Esta es una original serie de siete artículos redactado por Rosa Moro (condensados aquí en dos partes). La autora es una periodista independiente especializada en África. En 2012 fundó el blog África en Mente. Miembro del Comité de Madrid de la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra, UMOYA. La fuente de los reportajes es Al Mayadeen en español (Al Mayadeen es un canal informativo satelital árabe independiente, su sede central se encuentra en Beirut)

Estos artículos intentan facilitar la comprensión (en resumen) de una historia que se lleva exponiendo de manera fragmentada y descontextualizada durante décadas. Es importante que conozcamos este conflicto que ha dejado millones de víctimas inocentes y comprendamos que su sufrimiento está estrechamente relacionado con el sistema económico en el que unos vivimos y otros mueren, en un tablero estratégico en el que no somos actores, sino peones.


I

Fronteras delimitadas por sus riquezas


          Los siete lagos y la República Democrática del Congo

Geográficamente hablando, la región de los Grandes Lagos africanos, que abarcaría las regiones alrededor de los siete grandes lagos del continente, tendría una forma más o menos vertical, pero políticamente hablando, es decir, hablando de los países que la componen, la región llega hasta el Atlántico, y tiene forma horizontal, debido a la forma y gran tamaño de la República Democrática del Congo.


            Comparación RDC - kikongo y kituba

Este país es el único del mundo cuyas fronteras fueron delimitadas literalmente por sus riquezas. La actual República Democrática del Congo, antes Zaire, no tiene nada que ver con los pueblos que componían el reino del Kongo previo a la colonización, sino con ese territorio mastodóntico que el rey de Bélgica Leopoldo II acaparó para su explotación a nivel personal, antes incluso de la famosa conferencia de Berlín, y que llamó, paradójicamente, Estado Libre del Congo.

La conferencia de Berlín, que comenzó en noviembre de 1884 y concluyó en febrero 1885, consistió en una serie de contactos, reuniones y acuerdos entre las potencias europeas, para repartirse África. En un principio, cuando el canciller Bismarck de Alemania contactó con Francia para organizar urgentemente dicha conferencia, su motivación fue competir con el rey belga, que llevaba ya mas de diez años explotando y apropiándose de ricas regiones en el África central, bajo la bandera de la filantropía. Muestra de ello es que en esos primeros contactos para convocar a las demás potencias, tal conferencia se llamaba la Conferencia del Congo, y no de Berlín.

Ya en 1876, el codicioso Leopoldo II había convocado una conferencia en Bruselas con exploradores, geólogos y otros aventureros y expertos tras la cual fundó la Association internationale africaine, AIA (su nombre completo era Asociación Internacional para la Exploración y Civilización de África Central). La conferencia y la fundación de la AIA fueron la conclusión de un plan cuidadosamente elaborado durante años por el monarca. Según desvela el investigador Agustín Velloso Santisteban en su libro ‘Cuando Franco se fue a la guerra del Congo’ (1), Leopoldo se pasó el mes de marzo de 1862 en el archivo general de las Indias de Sevilla, leyendo archivos y «aprendiendo de dos siglos de explotación por parte de España de sus colonias en América», según contó a un amigo en una carta personal. 

En la conferencia de Berlín, las demás potencias europeas, en pro de la concordia y buenas intenciones que predicaban, se vieron obligados a respetar lo que Leopoldo ya se había apropiado y explotaba desde hacía una década -como propiedad personal, no belga- Y sobre todo ante la habilidad “diplomática” del monarca, que antes de la conferencia de Berlín, había logrado, mediante acuerdos con el embajador estadounidense, el reconocimiento de la colonia por parte de Estados Unidos, que fue el primer país del mundo en reconocer el Estado Libre del Congo como propiedad personal de Leopoldo II. El monarca belga también había hecho concesiones y promesas a los franceses, con cuyo apoyo no necesitó más para ser el principal vencedor de la conferencia europea celebrada en Berlín en 1885.

Si observamos las fronteras de la RDC, se puede ver la lógica avariciosa de Leopoldo II, el Congo esta formado principalmente por la rica cuenca del río Congo, navegable, agua y tierra inusitadamente fértil, entre otras riquezas, minas de oro, diamantes, marfil y una gigantesca selva tropical, lo cual significaba más caucho del que jamás un europeo podría soñar. Este rey hizo una fortuna con el caucho congoleño, la mayor demanda de los mercados internacionales en la época del desarrollo automovilístico, para hacer neumáticos. Las fronteras llegan a los lagos y su entorno rico en minerales, baja hasta lo que después se ha conocido como el cinturón del cobre, para hacerse con varias explotaciones de este mineral, y tiene salida al Atlántico, para facilitar el transporte y comercio de todas estas riquezas, cuya enumeración sería demasiado extensa para ser reproducida aquí. Esta explotación, que él promocionó como “civilizadora” y “en el nombre de Dios”, se llevó a cabo mediante la esclavitud de los pueblos locales, que se vieron diezmados por la brutalidad de los capataces del rey europeo, en 10 / 15 millones.


El gran valle del Rift


                Falla del Rift

La riqueza del subsuelo de esta tierra, y también la fácil accesibilidad a los minerales, viene dada por el gran valle del Rift, una gran fractura geológica que va desde el mar rojo, hasta las montañas de la luna o Rwenzori, montañas que están entre los actuales Kivu Norte y Uganda. Al final de esa fractura, los minerales han emergido desde más profundidad y en una concentración superior a cualquier otro punto del planeta, según los geólogos y estudiosos de la época, asesores de Leopoldo II.

Pero no solo en esa época las riquezas del Congo han despertado la avaricia de los más crueles personajes y poderes mundiales, estas materias primas han estado siempre bien vigiladas por las potencias capitalistas que las necesitaban para su “desarrollo". Ya en 1892, el geólogo belga Jules Cornet, declaró que esta tierra era un «escándalo geológico»; en 1939 Albert Einstein advirtió al presidente norteamericano Roosevelt en una famosa carta que, si quería la bomba atómica solo para los Estados Unidos, mantuviese alejados a los alemanes de la mina congoleña de Shinkolobwe en el alto Katanga, de donde salió el uranio utilizado en las bombas que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945. 


             Mina de Shinkolobwe

El uranio conocido por Estados Unidos en sus investigaciones para obtener la bomba atómica, desde el final de la primera guerra mundial en 1914, era de una concentración del 1%. Pero el de la mina de Katanga era de una concentración del 75%. El gigante belga Union Minière era propietario de la mina y se lo vendía a EEUU en un plan ultra-secreto con la colaboración de Gran Bretaña. Ni siquiera está registrado el altísimo número de congoleños que murieron extrayendo este uranio, que después se almacenaba secretamente en la Staten Island de Nueva York, porque eran prácticamente esclavos (100 años después de la abolición oficial) que lo extraían con las manos desnudas.

El subsecretario de Estado para Asuntos Africanos con el presidente Clinton, Georges Moose, en 1993, declaró ante el Senado estadounidense, «debemos asegurar nuestro acceso a los inmensos recursos naturales de África […], no debemos seguir dejando Àfrica a los europeos. […] contiene el 78% de las reservas conocidas de cromo, el 89% del platino y el 59% de cobalto». 

Un año después, en 1994, el difunto Secretario de Comercio del Departamento de Estado, Ron Brown, habló en este mismo sentido ante el gobierno de Bill Clinton: sobre no dejar África a los europeos y sobre la urgencia de privatizar la explotación de dichos recursos en favor de las compañías estadounidenses.

Hoy en día, según desveló Edward Snowden en 2016, la RDC es el país más vigilado de África por los servicios secretos británicos y estadounidenses.

Todos los ojos están puestos en sus riquezas. No solo para su explotación y saqueo, sino sobre todo para su control, Estados Unidos y sus aliados querían asegurarse cuanto antes de que nadie más tuviera acceso a esos recursos estratégicos, previendo la competencia económica que supondrían Rusia y sobre todo China. 

Debido a la importancia capital de todas estas riquezas para el desarrollo del capitalismo, y la naturaleza depredadora de este sistema global, el Congo siempre ha estado “gobernado”, o mejor dicho, desgobernado por sus depredadores directamente o por los títeres de estos.


II

Una sucesión de (des)gobiernos


                         Leopoldo II

A lo largo de toda su historia, desde su creación como el Estado Libre del Congo, luego como el Congo Belga, después como  Zaire y ahora como República Democrática del Congo, este país siempre ha estado “gobernado" por sus depredadores o los títeres de estos, con la única excepción de los escasos seis meses que Patrice Lumumba logró mantenerse en el cargo para el que el pueblo congoleño le había elegido en las únicas elecciones no manipuladas por occidente que ha tenido este país.

Por poner una fecha de inicio, digamos que en 1876, cuando Leopoldo II funda la Association internationale Africaine, AIA, dio comienzo una sucesión de desgobiernos que han explotado, expoliado y asesinado a los legítimos propietarios de estas riquezas que la naturaleza ha derrochado en el corazón del continente africano, justo en la cola de la fractura del Rift.

Leopoldo II, que diezmó a las poblaciones locales bajo el yugo de una explotación inhumana, gobernó el Congo hasta 1908, año en que cedió la colonia a Bélgica, país del que era monarca -que no propietario, como del Congo. Conviene recordar brevemente que eso de ceder no era el estilo de Leopoldo; una vez más, su despiadada habilidad para los negocios se impuso en Europa. El precio del caucho y el marfil había caído, debido a la competencia de otras regiones y compañías productoras, por lo que el monarca fríamente calculó deshacerse de esa carga, su deuda y la mala fama que le había valido el conocimiento público de sus atrocidades. Logró que Bélgica se comprometiese a hacerse cargo de enormes gastos generados por su avariciosa explotación de la colonia africana y a darle una “compensación” de 50 millones de francos de la época.


                                      Sucesores de Leopoldo II en Bélgica


Tras esta cesión / trampa / venta, la gran colonia africana pasó de ser “libre” a ser “belga", es decir que cambió su nombre de Estado Libre del Congo por el de Congo Belga. Los arrogantes jefes de estado seguían siendo los herederos de Leopoldo II, primero su sobrino Alberto I, en la época de la I Guerra Mundial; después su nieto Leopoldo III, en la época de la II GM, y por último el hijo de este, Balduino I, con quien llegó la gloriosa victoria del pueblo congoleño en su sangrienta lucha por la independencia, en 1960.

Queda para los anales de la historia la cara de circunstancias de un altanero rey Balduino en la ceremonia de independencia del Congo, escuchando las verdades que pronunció, sin que estuviera previsto, Patrice Lumumba en uno de los discursos más importantes del siglo XX, el 30 de junio de 1960.

 

                      Patrice Lumumba


Lumumba logró mantenerse en el gobierno a duras penas seis meses. Los únicos seis meses que los congoleños tuvieron un gobierno democrático y soberano. Lumumba fue asesinado en enero de 1961, por un complot hoy perfectamente documentado, tan documentado como impune, de los servicios secretos belgas, la CIA de Eisenhower, además de la connivencia de la ONU y otras potencias europeas (2). Entre estos cómplices está España, para mayor gloria, si cabe, del régimen franquista (3).


                   Mobutu Sese Seko


Estados Unidos y Bélgica, una vez que habían destruido cualquier posibilidad de gobierno soberano en el Congo, implantaron a su títere, el mariscal Mobutu. Es conocida la tradicional predilección por los militares del imperio estadounidense, para ocupar los gobiernos africanos. 

Mobutu se mantuvo a la cabeza del gran Congo desde 1965 hasta 1997, saqueando al pueblo congoleño para venderlo a los intereses estadounidenses, a cambio de una riqueza personal verdaderamente indecente, tan indecente como la miseria de su pueblo. Aunque entrado el siglo XXI, las condiciones de vida de los congoleños se han deteriorado hasta el punto de hacerles añorar lo “menos mal” que vivían con Mobutu…

Cuando Mobutu dejó de ser dócil y útil a Estados Unidos y Bélgica, (tenía una cáncer terminal del que murió en Marruecos pocos meses después de ser retirado del poder), los estadounidenses y belgas decidieron sustituirlo por otro peón que les fuera más fiel y tuviera menos facilidad para aliarse con Francia y China. Además, terminada la guerra fría y caído el muro de Berlín, Estados Unidos ya no tenía motivo para mantener a su aliado en el centro de África, desde donde alcanzaba a interferir en los asuntos de todo el continente. La caída de Mobutu, utilizando una rebelión de “polichinela” está perfectamente descrita y documentada en diversos libros, principalmente los escritos por Honoré Ngbanda-Nzambo, el que fuera embajador de Zaire en Israel entre 1982 y 1985; responsable de los Servicios de Inteligencia y Seguridad del 85 al 90 y ministro de Defensa del 90 al 92, para después pasar a ser consejero especial del presidente Mobutu en materia de Seguridad.


                   Laurent Desiré Kabila


Laurent Desiré Kabila era un perfecto desconocido que se encontró en el momento y lugar precisos para servir de peón a los planes de los nuevos aliados de Estados Unidos, los ruandeses tutsis del FPR y la Uganda de Yoweri Museveni, que querían invadir el gran Zaire. 

Se presentó ante los medios internacionales una “rebelión congoleña” que en realidad era grupo reclutado por toda África por el coronel ruandés James Kabarebe, (quien en realidad comandó la agresión que acabaría con la era Mobutu). Incluso fueron ellos quienes bautizaron el grupo como Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo, AFDL, que se suponía que era congoleño y dirigía L. D. Kabila.

Era necesario hacer pasar una guerra de agresión por una “rebelión zaireña que se oponía a la dictadura de Mobutu”. Cuando Honoré Ngbanda recriminó al embajador de Estados Unidos en Kinshasa del momento, Dan Simpson, que hubieran elegido a semejante personaje para dirigir el Congo, Simpson le respondió con cinismo «¿Quién le ha dicho que Kabila se ha convertido en amigo nuestro? Por ahora le necesitamos, pero ajustaremos cuentas cuando hayamos terminado con él». (4)

Y así fue como ocurrió, Laurent Desiré Kabila llegó al poder aupado por los ruandeses, ugandeses y estadounidenses en el 97, y no duró ni cuatro años. “Gobernó” desde el 17 de mayo de 1997 hasta el 16 de enero de 2001, cuando fue asesinado, según muchos expertos de la zona, por las mismas tropas que le llevaron al poder de Kinshasa, cuando osó pedirles que abandonasen el Congo.


                   Joseph Kabila


Como si de una monarquía se tratase, el supuesto hijo de L. D. Kabila, pasó a hacerse cargo de la presidencia en el momento del asesinato de su padre (no un miembro del gobierno, sino el hijo). Fue elegido presidente en unas elecciones consideradas a todas luces irregulares, en 2006, y después en 2011, también de forma bastante irregular. Se mantuvo en el poder hasta 2018, es decir, en total ha estado 17 años a la cabeza del Congo, gracias a una corrupción tan atroz como con todos los anteriores y gracias también al sostenimiento de los nuevos delegados de Estados Unidos en la región, Uganda y sobre todo Ruanda, que de facto ha ocupado el país, y domina su ejército, sus instituciones y su economía. De hecho, Joseph Kabila no había luchado en la rebelión de su supuesto padre, sino en el FPR de Paul Kagame de Ruanda. Su logro más destacable, una impúdica riqueza personal y familiar.


                   Felix Tshisekedi


En unas elecciones que también levantaron todas las sospechas de ser fraudulentas, en enero de 2019, resultó elegido Felix Tshisekedi, un hombre cuyas primeras medidas al frente de la RDC han sido una especie de barra libre de impunidad para todo el mundo. Muchos lo ven como una marioneta de Joseph Kabila, que en casi dos décadas de gobierno se hizo con el control de toda la economía del país; otros lo ven como el nuevo aliado que necesitaba Paul Kagame de Ruanda, cuando se vio enfrentado a Kabila por su afinidad con China, dejando de dar varios contratos importantes a EEUU, en favor de China; otros lo ven como una marioneta manejada fácilmente por Washington; después de más de un año de gobierno se podría decir que es todo eso y algo más. 

Tshisekedi es el hombre que dice «SÍ» a todo el mundo, a todas las presiones externas, para mantenerse en el poder, hay que esperar a ver si sus intenciones son mejorar las cosas para los congoleños o vender su riqueza al mejor postor, dando la espalda al pueblo. De momento, en los primeros 20 meses de su presidencia oficialmente, 2.127 civiles fueron asesinados, 1.450 secuestrados y 938 secuestrados, un número mayor que en los últimos 20 meses de la presidencia de J.Kabila, con 1.553 civiles muertos…, malos pronósticos.

Bien entrado 2021, los congoleños siguen sin tener un gobierno que sea digno de ese nombre y la corrupción e incapacidad del grupo de Tshisekedi son cada vez más evidentes. 


III

A plena luz del día, 10 millones de muertos


Aunque no está todos los días en los medios, es el conflicto más mortífero del mundo y de la historia reciente, solo superado por la II Guerra Mundial. Las víctimas mortales oscilan, dependiendo de las fuentes y de los países y años a tener en cuenta, entre los 6 y los 10 millones de personas.

Si sumamos las víctimas de Uganda, Ruanda, Burundi y la República Democrática del Congo (RDC), contando desde el 1 de octubre de 1990, cuando el grupo rebelde FRP invadió Ruanda desde Uganda, hasta nuestros días, bien pueden superarse los 10 millones de inocentes que han sufrido una vida y una muerte atroz, a manos de los mismos responsables, que siguen llevando a cabo esa guerra con total impunidad y completa indiferencia de los analistas de los medios y agencias internacionales. El silencio de todas las instituciones internacionales, empezando por la ONU, conocedoras de lo que ocurre desde sus inicios, es un silencio cómplice y criminal.

Se trata de un conflicto en el que han confluido poderosos intereses y agendas, que ha sido ocultado a los ojos del público, no solo occidental, sino incluso también africano. Jordi Palou- Loverdos lo describe como «un inmenso iceberg criminal». Esta guerra de depredación de recursos, de baja intensidad y por delegación continúa hoy en día como podemos comprobar en la prensa local congoleña, que informa sobre masacres de población civil en el este de la RDC cada semana todavía hoy, mientras usted lee esto, comenzada la tercera década del siglo XXI.


En una localidad de Beni, Kivu Norte, el 24 de febrero de 2021, fueron asesinadas unas 50 personas, 10 de ellas de la misma familia. Una masacre de las que tienen lugar cada pocos días en la zona.

Esta guerra, y sus millones de muertos, es responsabilidad de Estados Unidos y sus aliados anglosajones, principalmente Gran Bretaña e Israel, y de sus delegados africanos sobre el terreno. Es una guerra estratégica que forma parte del plan de borrar del África central la influencia de Francia e implantar el control estadounidense, a través de sus colaboradores los regímenes de Uganda y Ruanda. 

Este plan estadounidense echó a rodar con el apoyo a Museveni para hacerse con el poder en Uganda. Esos rebeldes que desde los 80 y 90 recibieron un abrumador apoyo logístico, de formación, incluso con tropas sobre el terreno, armamentístico y financiero para tomar el control de sus pequeños países, nunca podrían haber alcanzado sus logros sin el patrocinio estadounidense, y mucho menos mantenerse en el poder tantas décadas sin ser ni siquiera molestados por ese nebuloso ente denominado “comunidad internacional”, tras el que siempre se ocultan los intereses estadounidenses. Esos rebeldes fueron aupados al poder en sus países y premiados con una descomunal riqueza personal, a cambio de servir al fin último: la agenda de EEUU, hacerse con el control de las inmensas reservas de recursos naturales de la región central de África, desplazar de una vez por todas la influencia de Francia en la región, e impedir que sus competidores (Rusia y China principalmente) tengan acceso a tales recursos.


Paul Kagame, Yoweri Museveni y Joseph Kabila, tomado de la portada del libro de Patrick Mbeko "Stratégie du chaos et du mensonge: Poker menteur en Afrique des Grands Lacs"

Como otras guerras proxy de depredación, para dominar y controlar mejor, se dedican ingentes esfuerzos y recursos a alimentar las divisiones, sembrar el “caos constructivo” y a elaborar una narrativa oficial para los medios y audiencias occidentales (cuyo dinero público es desviado al servicio de estos crímenes contra pueblos lejanos), ocultando la realidad y a los responsables. Nada nuevo en el modus operandi de prácticamente todas las guerras del mundo desde que terminó la guerra fría

En la narrativa oficial que se ha impuesto al mundo, se ofrecen picos de actualidad real sobre los que pivota toda la ocultación la realidad. No hay mejores mentiras que las que tienen parte de verdad. De vez en cuando, se nos ofrecen datos como si fuera información sobre estos hechos terribles, pero fuera del contexto de la guerra y desconectados entre sí, por lo que contribuyen a ocultar más que a aclarar o comprender la situación.

Esto picos de realidad son, por ejemplo, cuando se habla o se ha hablado del “genocidio de Ruanda”; de las “Violaciones masivas en el Congo”; del “coltán para nuestros teléfonos”; tal vez los mejor informados hayan oído hablar del “cobalto para los coches eléctricos”; de esa “multitud de grupos rebeldes” que operan en el este de la RDC que explotan las minas y son “muy difíciles de identificar”; del premio Nobel de la Paz de 2018, el doctor Mukwege; de los “minerales de sangre”; los “diamantes de sangre”; o de los clásicos “enfrentamientos étnicos” y “enfrentamientos religiosos”. Algunas de estas historias son verdaderas, otras son realidad tergiversada y otras son mentiras y montajes. Mentiras repetidas hasta la saciedad y amplificadas hasta convertirlas en la “verdad oficial”. Todas ellas, fuera de su contexto, no informan, sino que dificultan la visibilidad.

Es más, incluso las partes que son verdad, presentadas así sin contexto y sin poner en relación con las demás partes de la misma guerra, no contribuyen a la información ni a la denuncia, sino que sirven más bien a alimentar el mito del salvajismo de los africanos, la imposibilidad de comprender las cosas de los “incivilizados”.

Esta narrativa lo que nunca hará será facilitar la comprensión, ponerlo en relación con el sistema liberal capitalista en que estamos inmersos, o señalar a los responsables, y no es porque no se conozcan... Multitud de informes de la ONU, resoluciones del parlamento europeo, informes y estudios de entidades que han encargado a expertos independientes han señalado a los criminales, pero todo lo que alcanzan a explicar los medios, agencias y expertos es “¡Oh! Es muy complicado”, “hay muchos grupos rebeldes difíciles de identificar”. Flaca contribución para tanto experto… 


Una historia simplificada

Desde que la CIA y los servicios secretos belgas asesinaron a Lumumba, Estados Unidos tomó el control del Congo de facto. Desde los años 60, ha puesto y quitado líderes a su conveniencia. Ya cuando planificaban la eliminación de Lumumba como «un objetivo urgente y primordial», en palabras exactas de Eisenhower, un agente norteamericano echó el ojo a Mobutu y en un cable enviado a Washington señaló que «Nuestro hombre para la región podría ser el joven jefe del ejército de Lumumba», Mobutu.

Mobutu estuvo en el poder 34 años siendo el gran aliado y amigo de Estados Unidos, que no solo dominó la explotación de los abundantes recursos zaireños, sino que tuvo a su “hombre fuerte” en el centro de África desde el que controlaba y tenía al alcance a todo el continente. Fue un actor fundamental en la contención en África de la influencia del bloque comunista, Rusia y Cuba principalmente, que apoyaban los movimientos de liberación de todo alrededor de Zaire: Tanzania, Angola, Zambia… Pero cuando terminó la guerra fría, la figura de Mobutu dejó de ser útil. Estados Unidos ya tenía su mirada puesta en un nuevo hombre fuerte.

De nuevo, se repite el modus operandi de otras guerras depredadoras del imperio estadounidense por el mundo, buscar delegados en la zona, proporcionarles extraordinarios recursos armamentísticos, financieros, logísticos, etc para que supediten sus propias agendas de poder regional, a los intereses últimos de las oligarquías estadounidenses. Esos delegados suele ser una élite minoritaria clasista y supremacista que no siente apego por el pueblo llano de sus países, que suelen sustentar sus privilegios sobre el racismo y la creencia de que son superiores y por ello deben poseer la riqueza y el poder sobre el resto del país. El lector puede reconocer aquí a las élites que se alían con el fascismo en Europa, Asia y Latinoamérica, para derrocar y sofocar la soberanía y los derechos de la mayoría. 

En África esta minoría elitista es parte de los pueblos considerados nilóticos. El sueño de dominio del África central por estos pueblos, entre los cuales destacan los tutsis, no es de toda la población reconocida bajo estas etiquetas étnicas, sino solo una pequeña élite dentro de las mismas. El primero en expresar ese sueño fue Yoweri Museveni, actual presidente de Uganda. Según Noel Ndanyuzwe, en su obra La guerre mondiale africaine: la conspiration anglo-américaine pour un génocide au Rwanda, escribe:


«El neopanafricanismo que predica Museveni ha pasado a ser un sistema político y económico donde todas las naciones africanas son totalmente sumisas a la gran potencia protectora anglosajona. Éste, hostil a los regímenes democráticos, confía en la minoría nilótica para aplastar o poner bajo el yugo a otros grupos étnicos».


El actual presidente de Ruanda, Paul Kagame, el protegido, alumno, fiel colaborador y aliado, prácticamente el sucesor de Museveni como el verdadero hombre fuerte de África, forma parte de la élite de las élites, los tutsis. Hay que insistir en puntualizar que no se trata de todas las personas que podrían identificarse bajo el paraguas de esta llamada etnia, sino que es una muy reducida, clasista y supremacista élite dentro de la misma.

Estos dos dirigentes son los ejecutores de la estrategia del caos en la región de los grandes lagos africanos, para beneficio propio y al servicio de los intereses estadounidenses desde los años 90. El asalto a las riquezas de la República Democrática del Congo, lo llevaron a cabo con un caballo de Troya y aliado fundamental hasta hace tan solo un par de años, Joseph Kabila. Algunos analistas se refieren a este poderoso plantel criminal que goza de cobertura e impunidad extraordinarias, como el Triunvirato de las tres K: Yoweri Kaguta Museveni, Paul Kagame y Joseph Kabila, (que, para ellos es en realidad Hypolite Kanambe).


IV

El triunvirato de las tres K


Desde los años 80, la CIA y el departamento de Estado ya habían echado el ojo a los nuevos aliados perfectos: Yoweri Museveni y uno de sus altos cargos militares, de origen ruandés, Paul Kagame. Ambos eran suficientemente brutales, ambiciosos y lo más importante, tenían sus propias agendas para la región que confluían a la perfección con la de EEUU. Estas agendas que confluyen incluyen:

- Sembrar el caos en la región para controlar las materias primas estratégicas del Congo principalmente y de todo el continente.

- La debilitación absoluta y definitiva del gran Congo, su balcanización, para explotar sus riquezas desde dentro y fuera de sus propias fronteras, por todos los aliados.

- Por parte de Ruanda: ocupar y anexionarse las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, del este de la RDC o Congo.


El analista Patrick Mbeko atribuye papeles diferentes a estos tres personajes (5): Museveni es el “Arquitecto"; Kagame es el “Maestro de obra" y Kabila, el “Caballo de Troya”.


               Mapa de RDC

El primero en llegar al poder de su país gracias al apoyo de Reino Unido, Estados Unidos e Israel fue Kaguta Yoweri Museveni, en 1986, constituyendo el primer eslabón de esta cadena de guerra. 

Cuando era tan solo un estudiante en la universidad de Dar es Salam, de Tanzania, el mismísimo Julius Nyerere creyó en él. Se dice de Museveni que tiene la peculiaridad de haber mordido todas las manos que le dieron de comer en el continente, no solo la de Julius Nyerere, sino también la de los presidentes cuyos países después arrasó y sumió en el caos más absoluto, la República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi.


         Yoweri Museveni jurando su cargo para presidencia de Uganda en 1986

Museveni, el “Arquitecto”, es un excelente estratega para las guerras de nueva generación en África, en las que se fabrica un escenario y una narrativa para la “comunidad internacional” y la opinión pública, donde se representa una guerra con unos objetivos que no son los reales. En un escenario de “guerra civil” o “guerra étnica” se escenifica un enfrentamiento interno, pero en realidad se trata de guerras de agresión. También es famoso por sus métodos de guerrilla brutales, entre los que destaca cometer múltiples masacres entre su propia población para achacárselas a su enemigo, (una lección muy bien aprendida por sus discípulos del FPR).

La segunda K es la de Paul Kagame, «el mayor criminal en activo del mundo», según el analista FIlip Reyntjens. Sobre las espaldas de Kagame los ruandeses, congoleños y burundeses, cargan la responsabilidad de la mayor parte de las masacres cometidas en las últimas tres décadas en la región. Paul Kagame es el “Maestro de obra”, de este plan de caos para el África Central. Llegó al poder de Ruanda en 1994, a sangre y fuego, a lomos de lo que se conoce como “el genocidio de Ruanda”, del que él se erigió en salvador, cuando todas las pruebas indican que muy al contrario, es el principal responsable. Los crímenes que siguen produciéndose hoy en día, cada semana, en Ruanda y el este de la República Democrática del Congo son total responsabilidad suya.

La tercera K es la del “Caballo de Troya” de este plan maquiavélico y criminal, es la de Hypolite Kanambe, más conocido como Joseph Kabila. Quien heredó el poder en la República Democrática del Congo, tras el asesinato su supuesto padre, Laurent Desiré Kabila, en 2001. Desde el puesto de jefe de estado congoleño es el principal responsable de la infiltración de la élite tutsi del FPR en todas las instituciones de su país, principalmente las fuerzas armadas y de seguridad, pero también en el gobierno y las administraciones nacionales y regionales. Ello ha permitido al régimen de Ruanda, la élite tutsi del FPR de Paul Kagame, ocupar y dominar el gran Congo a su servicio, sobre todo económico. Las provincias del este, Kivu Norte y Kivu Sur, están bajo el control de facto de Ruanda, que ya se las habría anexionado si no fuera por la asombrosa e inesperada resistencia heroica de la población congoleña de la zona.


          Joseph Kabila en el centro, del FPR, junto al ruandés James Kabarebe 

El actual hombre fuerte de Occidente en África, Paul Kagame

Para poner en el contexto a Paul Kagame, hay que explicar que en su país de origen, Ruanda, se produjo una revolución social entre 1959 y 1961.

En el pequeño país de las mil colinas imperó una de las últimas sociedades feudales del mundo hasta 1959. Después de muchos levantamientos y enfrentamientos violentos, la sociedad ruandesa echó abajo este sistema feudal, en el que reinaba una élite tutsi sobre la mayoría hutu considerada inferior, mediante un referéndum celebrado el 25 de septiembre de 1961. La mayoría de los tutsi se adaptó a la “igualdad” llegada a Ruanda con los tiempos modernos, pero esa élite tutsi, la realeza y sus defensores que no querían perder sus privilegios, se exiliaron a Uganda (y algunos a Burundi). Entre esas familias estaba la de Paul Kagame, que tenía dos años entonces. Fueron entre 30 y 40.000 personas, pero no todos los tutsi. 

Estas familias criaron a sus hijos en el exilio odiando por igual a los hutu y a los tutsi que se habían adaptado a vivir en igualdad con los hutu. Eran familias adineradas y sus hijos e hijas se mezclaron con las altas esferas ugandesas y estudiaban en las capitales europeas y estadounidenses. Muchos de esos jóvenes llegaron a ocupar los más altos cargos del ejército ugandés, ya que por su plan de volver a tomar por la fuerza el poder de la región, siempre se decantaron por la profesión militar, tanto en Uganda como en Burundi, integrándose en los ejércitos de sus países de acogida.

Cuando la rebelión de Museveni llegó al poder de Uganda, siempre bajo instructores británicos y estadounidenses, sus filas estaban llenas de estos tutsi ruandeses, como el propio Kagame. Así entraron en contacto con la CIA en los años 80, y habían expuesto su intención de retomar el poder en Ruanda y anexionarse el este del gran Congo. Esto es lo que logró atraer el interés de los Estados Unidos, que veían ahí la baza que podrían usar en su beneficio: debilitar o balkanizar el gran y rico Congo.

En ese marco es en el que Paul Kagame cursa su aprendizaje militar en Fort Leavenworth, Kansas, un centro de formación de comandos militares del que el investigador estadounidense Allan Stam dice: «Aquí es donde las nuevas estrellas del ejército de Estados Unidos y de otros lugares van a formarse, (…) La formación que reciben es sobre la planificación de operaciones a gran escala. No es planear cosas logísticas a pequeña escala, no. (…) hablamos de que enseñan cómo planear una invasión, el derrocamiento de gobiernos y la desestructuración de estados enteros».




Contexto del famoso genocidio de Ruanda

Una vez instalado en el poder Museveni, en 1986, comenzó a apoyar a estos tutsis para la toma del poder en Ruanda. (Además, empezaban a ser temidos en Uganda y se quería zafar de ellos en su ejército). Seis meses después de su llegada al poder, se formó oficialmente el Frente Patriótico Ruandés, FPR (APR por las siglas en francés) con la declarada intención de retomar el poder en Ruanda

Ruanda, con sus muchos defectos, ya era democrática, se podían haber presentado a unas elecciones en lugar de hacer esta guerra de guerrillas, pero eran conscientes de que no tenían ninguna posibilidad de ganar unas elecciones.

El 1 de octubre de 1990, el FPR lanzó su primer ataque a Ruanda desde Uganda. Kagame se encontraba en Estados Unidos y volvió para hacerse cargo de la rebelión, que en un primer momento casi fue derrotada en dos golpes gracias al apoyo de Francia logrado por el gobierno del momento, el de Habyarimana. Ahí se inició esta verdadera guerra de los horrores. 

En un país de 5 millones y medio de habitantes, las víctimas de sus ataques en el norte llegaron a los cientos de miles. Las matanzas eran tan atroces que el norte de Ruanda se despobló. La capital, Kigali, considerada por las poblaciones del norte más segura por estar bajo mirada internacional, estaba rodeada de campamentos de refugiados con docenas de miles de personas que contaban los horrores que los tutsi del FPR estaban perpetrando en el norte del país. Esto aumentó mucho las tensiones en la sociedad. 

Por la parte sur, Burundi gozaba de una convivencia normalizada entre tutsis y hutus. En junio de 1993 ganó arrolladoramente las elecciones un hutu, Melchior Ndadaye, pero los militares, también exiliados ruandeses, le asesinaron en octubre de ese año. La mayoría de los investigadores señala al FPR de Kagame como responsable último de este magnicidio, que ocasionó matanzas de miles de personas, provocando oleadas de refugiados hacia Ruanda, donde se asentaban en los campos alrededor de la capital aumentado las historias escalofriantes de los crímenes atroces de los soldados tutsi del FPR, también en Burundi. 

Esta guerra de terror fue minimizada por la comunidad internacional, es decir el pequeño club de amigos de EEUU. Usando el manido guión de la equidistancia de «Tan malo es uno como el otro», poniendo al mismo nivel al agresor y al agredido. Las potencias amigas de EEUU impusieron bloqueos y embargos al agredido y ayudaron en secreto al agresor

Desde la ONU se impulsaron las conversaciones de Arusha, en Tanzania, para arreglar el conflicto ruandés. Unos acuerdos que preveían un gobierno de transición, integración de los rebeldes del FPR en el ejército regular, la retirada del apoyo de Francia al gobierno legítimo de entonces en Ruanda, y una serie de medidas que no eran más que un entretenimiento para espectadores. El plan real era seguir adelante con la toma del poder en toda la región por la fuerza y las armas. Ya que, como hemos dicho, el FPR siempre ha sido consciente del poco apoyo que lograría en unas elecciones, donde probablemente ni siquiera los tutsi les votarían.


Unos meses después del asesinato de Ndadaye, el parlamento burundés elige como presidente a Cyprien Ntaryamira, también hutu. Pero este también será asesinado por el FPR en el derribo del avión presidencial ruandés del 6 de abril de 1994.


Todo esto llevó la tensión, el miedo, la ira, el desconcierto, la frustración… de la gente a límites de ignición. Ahora sí, todo estaba listo para dar el gran asalto final, que es lo que conocemos como “el genocidio de Ruanda”... 


(Continúe la lectura en la Parte II


Notas

(1) Veloso, Agustín. Cuando Franco se fue a la guerra del Congo. Ed. La caída 2017. pp 14-15.

(2) Ver el libro de Witte, Ludo: El asesinato de Lumumba. En español, Ed Crítica. 2002.

(3) En el mencionado libro Cuando Franco se fue a la guerra del Congo, el profesor Velloso Santisteban documenta con rigor cómo España participó en los terribles sucesos acontecidos en la RDC a comienzos de los años 60, el ataque imperialista al proyecto de independencia iniciado por los congoleños en 1960.

(4) Ngbanda, Honoré: Crimes organisés en Afrique centrale, p. 212.

(5) En la obra de la que es co-autor Honoré Ngbanda, Estratégie du chaos et du mensonge. Poker menteur en Afrique des Grands Lacs, capítulo VII, p. 407-508

28 agosto 2020

Cuando el mundo contuvo el aliento: Divide y vencerás (II)




Paul Hynes de SeaLion Press ha escrito una serie de artículos sobre la temática de la invasión alemana a la URSS. El título original de esta serie de ensayos titula: "Cuando el mundo contuvo el aliento" - When The World Held Its Breath - en la versión original inglesa. Estos artículos no tienen traducción al castellano, así que en este blog lo hacemos para nuestros lectores. También acompañamos el artículo original con material fotográfico extra y explicativo.

Bien, en una entrega anterior sobre Barbarroja "¿Y si la Operación Barbarroja hubiese sido un éxito?", Paul Hynes detallaba la emoción de Hitler al anunciar que "¡El mundo contendrá la respiración!" al planear la conquista más ambiciosa de la guerra que se llevaría en el mundo, la conquista de la Unión Soviética mediante la Operación Barbarroja. 

Este segundo reportaje que hoy presentamos (que viene siendo el tercero de la serie de Hynes), títula "Divide y vencerás" describe las posibilidades de éxito si Hitler hubiera dejado de lado su ideología y teorías raciales en aras de aceptar el apoyo incondicional que podía haber recibido de los estados del este de Europa, principalmente los estados que formaban parte de la URSS, como las naciones bálticas, Ucrania, Bielorrusia y otras. ¿Y si Hitler hubiese aceptado esa colaboración? Hynes lo analiza en las siguientes líneas. 


***

Divide y vencerás



Por Paul Hynes 

"Sólo tenemos que patear la puerta y toda la estructura podrida se derrumbará", fue la garantía de Adolf Hitler a sus seguidores cuando decidió embarcarse en la invasión de la Unión Soviética. El dictador alemán confiaba en que su enemigo mortal era tan débil como degenerado, y la pseudociencia de la ideología nazi y la teoría racial proporcionaban las justificaciones para el optimismo de su líder más que cualquier base en la realidad. El optimismo de Hitler se ha convertido desde entonces en uno de los ejemplos más famosos de arrogancia en la historia, y su engañado alarde regresó para perseguirlo cuatro años después cuando su régimen se derrumbó ante el Ejército Rojo que se acercaba cada vez más a Berlín. 

Pero, ¿perdieron los alemanes la oportunidad de destruir la Unión Soviética desde dentro? En los primeros días de la Operación Barbarroja, las poblaciones locales de los Estados bálticos, Bielorrusia y Ucrania solían recibir a los alemanes como libertadores. Los Estados bálticos se habían anexado recientemente a la Unión Soviética, en contra de la voluntad de la mayoría de sus poblaciones; en Bielorrusia, la naturaleza totalitaria del estalinismo había sido particularmente sentida, las simpatías nacionalistas y religiosas fueron fuertemente reprimidas, mientras que Ucrania había sufrido una de las peores hambrunas de su historia en los años treinta. Muchos culparon al sistema soviético por el Holodomor, directa o indirectamente, ¿cómo podrían ser peores los alemanes?




La brutalidad y la escala de los crímenes alemanes dentro de los territorios ocupados fueron peores que cualquier otra cosa en la historia de la humanidad, decenas de miles de aldeas y ciudades enteras fueron quemadas hasta los cimientos, a menudo con poca población local escapando con vida. Millones se quedaron sin hogar. Los alimentos de los territorios ocupados se desviaron deliveradamente para crear una hambruna, el llamado "Plan del Hambre" qieayudaría al genocidio planeado de los pueblos eslavos para que pudieran dar paso a los colonos alemanes

En un corto período de tiempo, las ofrendas tradicionales de pan y sal que muchos soldados alemanes habían recibido de los campesinos soviéticos se habían transformado en una insurgencia partidista de furia incomparable que desempeñaría un papel importante en la capacidad del Ejército Rojo para finalmente hacer retroceder a los alemanes. 

Si los alemanes hubieran abrazado lo que muchos anticipaban dentro de la Unión Soviética ocupada, de que la Wehrmacht había llegado para restaurar la independencia de sus naciones y revivir el cristianismo, o al menos postergar sus ocupaciones genocidas hasta su victoria final, ¿podrían haber tenido éxito? en desunir y finalmente deshacer el esfuerzo de guerra soviético?



Aun en los lejanos días de septiembre de 1939, "Caballeros" ucranianos provenientes de la ciudad de Lviv (Ucrania) desfilan portando banderas nazis y ucranianas frente a Hans Frank, Gobernador General de la Polonia ocupada.

El problema de "Notzi" frente al pragmatismo nazi histórico

Si bien el apoyo alemán, o al menos la indulgencia, hacia el pueblo de la Unión Soviética a menudo se discute como una ruta potencial hacia la victoria, es fácil encontrar una crítica igualmente común de la justificación. Alemania estaba dirigida por un régimen racista homicida que consideraba a los eslavos de Europa del Este como subhumanos dignos de ser esclavizados y asesinados. 

Como tal, cualquier intento de construir tal escenario a menudo se descarta como si se requiriera un régimen alemán que sería existencialmente diferente al del histórico Tercer Reich; "Notzis" en lugar de nazis. (N.delE. "Notzis" en el original inglés, se refiere, claro está, "no nazis", es decir, un Tercer Reich sin la ideología nazi).

Sin embargo, los nazis habían demostrado con su conducta anterior que estaban dispuestos a tolerar el nacionalismo eslavo, al menos temporalmente, si se ajustaba a un propósito más inmediato. Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los nazis habían apoyado la creación de un estado títere eslovaco independiente, ya que desmembraron lo que quedaba de Checoslovaquia e hicieron lo mismo con Croacia cuando llegó el turno de Yugoslavia de sufrir la ocupación nazi. Bulgaria también había sido tomada como un aliado en tiempos de guerra, aunque según el historiador Gerhard Weinberg en su libro Hitler's Table Talk, Hitler se negó a aceptar que los búlgaros fueran eslavos después de que se unieron al campo alemán, en lugar de eso insistió en que "originalmente eran turcomanos". Dada la ligereza con la que los nazis trataron sus propias teorías en momentos en los que les convenía ser pragmáticos, ¿es tan difícil imaginar a Hitler tolerando más estados títeres como una conveniencia en tiempos de guerra? 



El Rey de Bulgaria, Boris III saluda a Adolf Hitler, en enero 1943 (foto captura de video)

Se podría argumentar que el exceso de confianza jugó un factor mayor en el trato nazi de los posibles colaboradores, la Operación Barbarroja estaba destinada a durar solo diez semanas en las que el Ejército Rojo sería destruido y casi toda la Rusia europea estaría bajo ocupación alemana.

Si Hitler hubiera considerado beneficioso hacer que la población local se uniera sin una serie de atrocidades y saqueos mientras el Eje avanzaba hacia la Unión Soviética, entonces podría haber apoyado iniciativas como un estado títere ucraniano. Pero esto no fue así: Hitler confiaba en que la Unión Soviética podría ser conquistada rápidamente y, como tal, no tendría sentido que los alemanes se distraigan apoyando a personas que de todos modos serían masacradas. Esto fue a pesar de las sugerencias del Ministro del Reich para los Territorios Orientales Ocupados, Alfred Rosenburg, y otros, que deberían establecerse regímenes títeres en Ucrania y en otros lugares. Hacer que Hitler considerara entretener los sueños nacionalistas de algunos dentro de la Unión Soviética habría requerido una comprensión mucho más sobria de las habilidades de Alemania para dañar críticamente a la Unión Soviética, una que podría haber cambiado el plan de Barbarroja por completo.

Pero digamos (supongamos) que Hitler estuvo de acuerdo con Rosenberg en los primeros días de Barbarroja en que era una oportunidad demasiado buena para perderla. Rosenberg era famoso por sus contribuciones a la ideología nazi, después de todo. Aquí había un hombre que ciertamente no era un "Notzi" y tenía la atención del Führer.



Hitler junto al filósofo del Partido Nazi, Alfred Rosenberg, quien a más de su libro propaganda "El Mito del Siglo XX", sin duda, compartió con Hitler las opiniones para elaborar Mein Kampf de estos otros trabajos suyos: "Das partei programm" y "Die Protokolle der Weisen von Zion und die jüdische Weltpolitik"


Adolf Hitler: "El gran libertador"

Apoyar la disidencia dentro de la Unión Soviética habría sido un golpe de propaganda para los alemanes mientras marchaban hacia los Estados bálticos, Bielorrusia y Ucrania. La idea de una "cruzada contra el bolchevismo" que los alemanes habían intentado vender a Europa y al resto del mundo sin duda se vería impulsada por la instalación de estados satélites alemanes y haría más difícil para los aliados y sus partidarios representar a Barbarroja por lo que realmente fue, una guerra colonial de exterminio


Un pequeño ejemplo de la propaganda nazi sobre la "cruzada antibolchevique en Europa". Carteles como estos se publicaron por cientos a lo largo y ancho de la Europa ocupada.

Los regímenes títeres, en teoría, independientes, como el declarado el 30 de junio de 1941 en Ucrania, junto con una ocupación alemana más similar a la de Europa occidental, habrían ayudado a reducir la disidencia entre la población ocupada y probablemente habrían atraído a colaboradores más dispuestos. 

Los alemanes habrían tenido estos éxitos que podrían haber logrado en ese tiempo si hubieran estado dispuestos a tolerar una pretensión de liberación; sin embargo, es poco probable que hubieran podido manipularlos para destrozar la Unión Soviética. Si bien hubo muchos ciudadanos soviéticos que dieron la bienvenida a los alemanes por diversas razones, también hubo muchos que se resintieron con ellos incluso antes de que se opusiera a su ocupación asesina. Mucho de esto vino en forma de nacionalismo ruso o soviético, viendo correctamente a los alemanes como invasores y posteriormente inculcando el sentido del deber de defender la Patria. Esto fue manipulado con éxito por el liderazgo soviético en ese tiempo, junto con un alivio de las restricciones a la Iglesia Ortodoxa en la sociedad soviética. Sin duda, estos esfuerzos de propaganda se habrían introducido antes y se habrían intensificado si los alemanes hubieran intentado reproducir la propaganda. Además, el historiador David Stahel señala que hubo un gran grado de apoyo al sistema soviético, y al régimen de Stalin en menor medida y, como tal, una apelación alemana al nacionalismo sobre el comunismo tendría sus límites, particularmente entre la clase trabajadora urbana. A medida que Barbarroja se prolongó, es probable que más personas que viven bajo la ocupación nazi hayan comenzado a ver a través de cualquier reclamo alemán de benevolencia, las exigencias habrían sido mucho más convincentes que cualquier propaganda, alemana o soviética. 



Este cartel se publicó en Ucrania, por las fuerzas colaboracionistas anti-soviéticas apoyadas por los nazis. El título es elocuente: "Hitler el libertador".

Unos 18 millones de ciudadanos soviéticos murieron en la Segunda Guerra Mundial, pero a pesar de la intensidad genocida de la ocupación alemana, la mayoría fueron bajas indirectas. Mientras los alemanes saqueaban las tierras de la Unión Soviética ocupada, muchas de estas personas aún se verían despojadas de su ropa, comida y hogares para satisfacer las necesidades alemanas. Las necesidades logísticas de Barbarroja aseguraron que iba a ser una campaña de genocidio desde el principio, un hecho que ha sido eclipsado por la letanía de crímenes de guerra de las SS y la Wehrmacht, pero que por sí solo habría dado lugar a una resistencia generalizada. Los partisanos existentes, unidades del Ejército Rojo en gran parte aisladas en los primeros días de Barbarroja, eran a menudo la única fuente de esperanza para aquellos que habían perdido todo debido al saqueo alemán.

Conclusión: "No puedes colgar a 200 millones de nosotros" 

No hay duda de que los alemanes perdieron una oportunidad de oro en el verano de 1941 para reforzar su causa al abrazar esos movimientos antisoviéticos que intentaron darles la bienvenida, pero incluso si aceptamos que el régimen nazi podría haber tolerado tal iniciativa, la esencia de Barbarroja aseguraba que fallaría

Los alemanes estaban librando una guerra de conquista que dependía de los crímenes inmediatos contra las poblaciones sometidas, aunque hubieran palidecido en comparación con los horrores que les aguardaban en el caso de una victoria alemana. El sistema soviético, devastado una y otra vez por catástrofes militares, se salvó gracias a la voluntad de su pueblo de seguir adelante y resistir. 

Barbarroja, mucho más exitosa de lo que podría haber sido, fue al final su propia ruina. Pero, ¿qué éxito habría tenido si los soviéticos se hubieran preparado activamente para lo que les esperaba? 


Monumento a Zoya Kosmodemyanskaya en la estación de metro Partizanskaya de Moscú. El 29 de noviembre de 1941 fue ejecutada por los nazis tras de una larga tortura. Se unió a los partisanos a los 17 años. Kosmodemjanskaya fue proclamada la primera heroína de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de ser ahorcada, Kosmodemjanskaya se dirigió a los residentes de Petrischevo: "Camaradas, ¿por qué están tan tristes? ¡No tengo miedo de morir! ¡Es un honor morir por su gente!". Luego se volvió hacia los soldados alemanes y dijo: "Hoy me colgarán, pero no estoy sola. ¡Somos doscientos millones, no pueden colgarnos a todos!"


Leer la primera parte

Ir a la tercera parte

Fuente original:
Paul Hynes
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