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17 agosto 2021

No dejes que te engañen: Afganistán ha sido un "tremendo éxito"



Por Keith Lamb

Global Research


La prensa liberal está inundada de narrativas de que Afganistán es tanto un "fracaso" como un "error". Sin embargo, la guerra de los 20 años ha sido para ellos un éxito sin precedentes. Es importante destacar que la afirmación de que "la guerra de Afganistán ha terminado" también es propaganda. Los grandes contratistas privados permanecerán, al igual que las operaciones encubiertas de la CIA. Las bases aéreas estadounidenses proporcionarán una plataforma de lanzamiento para bombarderos de largo alcance y ataques con drones. (Ver AQUÍ)


Biden sobre Afganistán: 'El objetivo era luchar contra el terrorismo, no construir un país'


De hecho, Afganistán ha sido un ejercicio de contra-narrativas de principio a fin. Por ejemplo, los talibanes siempre estuvieron dispuestos a entregar a Bin Laden, siempre que se dieran pruebas.


➤ Todo el evento del 11 de septiembre, que provocó la guerra, tiene múltiples inconsistencias. Por ejemplo, hay miles de 'arquitectos e ingenieros de la verdad del 11 de septiembre' que afirman que se produjo una demolición controlada en ese día memorable.

➤ La guerra contra el terrorismo no sería la primera que se desatara con un ataque de bandera falsa, Vietnam y Cuba pueden dar fe de ello. Hoy, China también está en medio de ser acusada de genocidio y esclavitud. Lo que realmente distingue a Afganistán es que ha sido un éxito sin precedentes para las élites liberales transatlánticas occidentales.

➤ Sí, ha habido muertes, 241.000 para ser precisos. Sin embargo, solo 2.442 eran militares estadounidenses y no pertenecían a la clase de Bush Jr. que esquivaba el servicio militar obligatorio. A cambio de este "daño colateral", ha habido 20 años ininterrumpidos de ganancias de guerra para las élites liberales transatlánticas.

➤ Utilizando estimaciones conservadoras, EE. UU. ha gastado 2.261 billones y el Reino Unido 30 billones. La venta de armas y la provisión de otros servicios al frente de guerra, que se ha privatizado rápidamente, ha llevado a las grandes empresas a hacer una matanza absoluta.

➤ Sin la inversión del 11 de septiembre y su dividendo de 20 años, ¿cómo podrían personas de Halliburton, del ex vicepresidente Dick Cheney, de la que también fue su presidente, haberse beneficiado mano a mano? Lo mismo ocurre con Blackwater, que tenía una puerta giratoria entre el Partido Republicano y la CIA.

➤ Quienes controlan la producción de opio y las ganancias ilícitas que pueden utilizarse para financiar operaciones secretas y grupos clandestinos de terroristas, también han sido los ganadores de la ocupación de Afganistán. Después de la ocupación, la producción de opio, que había sido casi erradicada, volvió a prosperar y Afganistán proporcionó dos tercios del cultivo mundial de opio.

➤ Hay numerosas fotos en línea de tropas aliadas que protegen la cosecha de opio, así como relatos personales de irregularidades en las que se acusa a la propia OTAN de beneficiarse del comercio de opio. (Ver ¿Cómo explica el comercio de heroína el fracaso de Estados Unidos y el Reino Unido en Afganistán?)



➤ Más allá de las ganancias desnudas, Afganistán ha sido una bendición para los intereses de la clase dominante liberal. 2,3 millones de refugiados afganos han huido al extranjero y el 90% están alojados en Pakistán e Irán, lo que ayuda a desestabilizar estos países. En el frente interno, los refugiados afganos han contribuido a un sistema global de refugiados que se utiliza para alimentar la política de divide y vencerás.

➤ Entre los subalternos occidentales, la derecha, suscrita a la vieja ideología imperial, culpa personalmente a los refugiados e inmigrantes, que huyen de la guerra y la pobreza, de "diluir" la civilización occidental. Perversamente, aunque no se identifica con el mensaje liberal de la globalización multicultural, la derecha apoya las invasiones liberales en el Sur Global que destruyen a otras civilizaciones.

➤ Por el contrario, los liberales (a menudo denominados izquierdistas liberales) se oponen a la derecha por motivos morales. Ven la inmigración y las sociedades multiculturales como un bien innato. Sin embargo, igualmente perverso es que no ven ninguna conexión entre su "bien innato" y el duro poder liberal, es decir, la atrocidad de la guerra contra los derechos humanos, que es la base de los movimientos de población mundial. De hecho, muchos apoyan activamente estas guerras neo-imperiales basadas en los mismos derechos humanos que los liberales afirman valorar.

➤ Irónicamente, tanto la izquierda como la derecha liberales, por diversas razones y en diversos grados, apoyan las guerras liberales y, por tanto, la globalización liberal. Trágicamente, al verse a sí mismos como diametralmente opuestos, siguen ignorando las contradicciones básicas dentro del capitalismo global. Absurdamente, su cuerpo a cuerpo nos es revendido como democracia.

➤ Con los acontecimientos de hoy en Xinjiang, que están estrechamente relacionados con Afganistán, continúa el mismo patrón. La izquierda liberal llama a la acción sobre la propaganda inventada de atrocidades a los derechos humanos. Estos llamados a derrotar a China son luego respaldados por la derecha, con sus diversas narrativas de compromiso de suma cero, donde el ascenso de China se ve como su pérdida civilizatoria.

➤ Para los intereses hegemónicos de la élite liberal, Afganistán ha proporcionado 20 años de incertidumbre en la frontera occidental de China. Es aquí donde las fuerzas de destrucción se encuentran de frente con las fuerzas de la construcción y amenazan el desarrollo del interior.

➤ El caos de Afganistán ha proporcionado un campo de entrenamiento para los extremistas uigures que regresaron a China para desatar el caos. Estos combatientes yihadistas originalmente luchaban contra Estados Unidos, pero ahora, extrañamente, están financiados por Estados Unidos en sus esfuerzos por desestabilizar a China (y Siria).

➤ Esta estratagema continuará con una nueva guerra fría que proporcionará otra ganancia inesperada a los fabricantes de armas. De hecho, son los mismos fabricantes de armas quienes también financian la propaganda de las atrocidades de Xinjiang.

➤ Claramente, si miramos a la prensa liberal oligárquica siempre estaremos cegados por la propaganda que vende su “éxito” como un “error” dentro de la niebla de lo que se supone es nuestro proceso democrático colectivo.

➤ Afganistán está en ruinas con un PIB de solo $ 20.68 mil millones ($ 531 per cápita), en 2019, mientras que Estados Unidos gastó $ 52 mil millones en ocuparlo en el mismo año. Por lo tanto, Afganistán es un éxito sin precedentes para quienes se benefician del estruendo de la guerra y se levantan mediante la destrucción de otros.

➤ Sobre todo, los 20 años de Afganistán han sido un éxito en el lavado de cerebro. Creer que una verdadera democracia puede llevar a cabo tal violencia y destrucción y aún ser considerada "el mejor sistema de gobierno", que otros deberían esforzarse por seguir, es una perversión del deseo humano de paz y progreso global.

➤ Haber pasado 20 años así y seguir creyendo en la santidad de nuestra prensa liberal oligárquica, la misma clase que se beneficia de estos horribles “errores”, es incrédulo. De hecho, no deberían ser absueltos propagándolos como un “error” democrático colectivo del que hemos aprendido, porque, de hecho, la locura continúa mientras nuestras élites liberales llevan a cabo esta estrategia contra China.

➤ Desafortunadamente, las ganancias deben continuar y se buscarán nuevas formas de desestabilizar el Sur Global, ya que su desarrollo alteraría el desorden liberal. El desarrollo conduciría a la globalización democrática y, por lo tanto, acabaría con la huida desesperada hacia los mismos países que los subyugan. El surgimiento del Sur Global desafía al poder duro liberal y su forma globalizada entrelazada con la guerra. Este desafío, a su vez, pondrá fin a los más de veinte años de la hegemonía liberal en el monopolio de la verdad.


Foto: Wakil Kohsar, AFP, agosto 2021

Keith Lamb

12 junio 2021

¿Cómo explica el comercio de heroína el fracaso de Estados Unidos y el Reino Unido en Afganistán?


Arriba, marine británico; abajo, marine estadounidense. Los dos custodiando campos de amapola en Afganistán (fotos archivo)
 

por Alfred W McCoy


El 9 de enero de 2018 en el diario londinense "The Guardian" se publicó una adaptación de "In the Shadows of the American Century" de Alfred W McCoy, publicado en el Reino Unido por Oneworld el 25 de enero de ese año. 

"How the heroin trade explains the US-UK failure in Afghanistan" es el titular del artículo del referido medio de comunicación, cuya entradilla resalta las conclusiones de McCoy:


"Después de 16 años y un trillón de dólares gastados, los combates no tienen fin, pero la intervención occidental ha dado como resultado que Afganistán se convierta en el primer narcoestado verdadero del mundo". (Alfred W McCoy).


Evidentemente, el autor ya intuía que las cosas iban mal para los Estados Unidos y sus socios (OTAN) en el campo militar, más no en los réditos económicos. En realidad, los beneficios monetarios se llevan las grandes empresas contratistas, ya sea por los acuerdos firmados con la Casa Blanca y el Pentágono, a más del "transporte de mercancías desde Afganistán", que malas lenguas lo relacionan con el ilícito comercio de la heroína afgana y su distribución mundial; por otro lado, el gobierno de los Estados Unidos paga todas las facturas del intervencionismo militar grabando con altos impuestos a los habitantes. Es decir: Gran negocio para las corporaciones privadas y pésimo beneficio político-económico para el gobierno de los Estados Unidos y sus ciudadanos.

Los detalles de lo dicho quedó evidenciado en un anterior artículo "La NO retirada de Afganistán". Bien, pudiera considerarse que lo que expresó McCoy en su libro y reportaje en The Guardian (en 2018) está caduco, todo lo contrario, al repasar las siguientes líneas se refuerza el conocimiento actual de la interminable crisis (provocada) en el país asiático.

Lo único que se puede reprochar al autor es el achacar toda la culpa de la heroína y sus dividendos financieros exclusivamente a los talibán y otros grupos armados. Es imperativo repasar La NO retirada de Afganistán.... Así como es primordial volver a plantearnos las incomodas preguntas:

¿Por qué hay cada vez más empresas estadounidenses interesadas en brindar desde Afganistán el transporte internacional de mercancías? 

¿Es tan lucrativa la tarea de transportar, por ejemplo, las conocidas alfombras afganas en un territorio hostil?

¿Cree usted que un grupo de analfabetos y mal nutridos campesinos afganos controlan el flujo de cientos de toneladas de heroína y manejan las multimillonarias finanzas del ilícito negocio? 

¿Se imagina usted a un combatiente talibán bajado de las montañas para gestionar en las altas finanzas de Wall Street, realizar sofisticadas transacciones financieras en los grandes trust bancarios de Europa y Asia o finiquitando complejos negocios con los verdaderos “señores de la guerra” en la compra de armamento a cambio de heroína?

¿Existe realmente un control y erradicación de la heroína en Afganistán?


Hubo una propuesta a considerar en la ONU, emitir sanciones contra Estados Unidos, relacionada con el hecho de que su presencia militar en Afganistán ha incrementado la escala de los delitos relacionados con las drogas. En la práctica suena más lógico que la propuesta de endurecer sanciones contra Rusia por construir el oleoducto Nord Stream 2.

t. andino


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Soldados de los Estados Unidos patrullan en el distrito Zharay, provincia de Kandahar, sur de Afganistán. (foto archivo Reuters)


Después de librar la guerra más larga de su historia, Estados Unidos está al borde de la derrota en Afganistán. ¿Cómo podría ser esto posible? ¿Cómo podría la única superpotencia del mundo haber luchado continuamente durante más de 16 años – desplegando más de 100.000 soldados en el apogeo del conflicto, sacrificando las vidas de casi 2.300 soldados, gastando más de $1trillón (£740 billones) en sus operaciones militares, prodigándose un récord de $100 mil millones más en "construcción de la nación", ayudando a financiar y entrenar a un ejército de 350.000 aliados afganos – y aún no ser capaz de pacificar a una de las naciones más empobrecidas del mundo? Tan sombría es la perspectiva de estabilidad en Afganistán que, en 2016, la Casa Blanca de Obama canceló una retirada planificada de sus fuerzas, ordenando que más de 8.000 soldados permanecieran en el país indefinidamente.

En el fracaso estadounidense se encuentra una paradoja: el enorme gigante militar de Washington ha sido detenido en sus pistas de acero por una pequeña flor rosada: la amapola de opio. A lo largo de sus tres décadas en Afganistán, las operaciones militares de Washington sólo han tenido éxito cuando encajan razonablemente y cómodamente en el tráfico ilícito de opio de Asia central- y han sufrido cuando no lo han podido complementar.

Fue durante la guerra fría que Estados Unidos intervino por primera vez en Afganistán, apoyando a los militantes musulmanes que luchaban para expulsar al Ejército Rojo soviético. En diciembre de 1979, los soviéticos ocuparon Kabul con el fin de apuntalar su fallido régimen clientelar; Washington, todavía herido por la caída de Saigón cuatro años antes, decidió dar a Moscú su "propio Vietnam" apoyando a la resistencia islámica. Durante los próximos 10 años, la CIA proporcionaría a los guerrilleros muyahidines un estimado de 3 mil millones de dólares en armas. Estos fondos, junto con una creciente cosecha de opio, sostendrían la resistencia afgana durante la década que se necesitaría para forzar una retirada soviética. Una razón por la que la estrategia estadounidense tuvo éxito fue que la guerra sustituta lanzada por la CIA no interrumpió la forma en que sus aliados afganos utilizaron el creciente tráfico de drogas del país para sostener su lucha de una década.

A pesar de los combates casi continuos desde la invasión de octubre de 2001, los esfuerzos de pacificación no han logrado frenar la insurgencia talibán, en gran parte porque Estados Unidos simplemente no pudo controlar el creciente superávit del comercio de heroína del país. Su producción de opio aumentó de unas 180 toneladas en 2001 a más de 3.000 toneladas al año después de la invasión, y a más de 8.000 en 2007. Cada primavera, la cosecha de opio llena las arcas de los talibanes una vez más, financiando los salarios de una nueva cosecha de guerrilleros.


Tropas estadounidenses patrullan un sembrío de amapola, al fondo se aprecia una gran edificación con la bandera afgana. (foto archivo)

En cada etapa de su trágica y tumultuosa historia en los últimos 40 años –la guerra encubierta de la década de 1980, la guerra civil de los 90 y su ocupación posterior a 2001– el opio ha desempeñado un papel central en la configuración del destino del país. En una de las amargas ironías de la historia, la ecología única de Afganistán convergió con la tecnología militar estadounidense para transformar esta nación remota y sin litoral en el primer verdadero narco-estado del mundo, un país donde las drogas ilícitas dominan la economía, definen opciones políticas y determinan el destino de las intervenciones extranjeras.

Durante la década de 1980, la guerra secreta de la CIA contra la ocupación soviética de Afganistán ayudó a transformar las zonas fronterizas afgano-paquistaníes en una plataforma de lanzamiento para el comercio mundial de heroína. "En el área tribal", informó el departamento de Estado de Estados Unidos en 1986, "no hay fuerza policial. No hay tribunales. No hay impuestos. Ninguna arma es ilegal ... El hachís y el opio a menudo se exhiben". Para entonces, el proceso de movilización guerrillera para luchar contra la ocupación soviética llevaba mucho tiempo en marcha. En lugar de formar su propia coalición de líderes de la resistencia, la CIA había confiado en la poderosa agencia de inteligencia interservicios (ISI) de Pakistán y sus clientes afganos, que pronto se convirtieron en actores clave en el floreciente tráfico transfronterizo de opio.

La CIA miró hacia otro lado, mientras que la producción de opio de Afganistán creció de unas 100 toneladas anuales en la década de 1970 a 2.000 toneladas en 1991. En 1979 y 1980, justo cuando el esfuerzo de la CIA comenzaba a aumentar, se abrió una red de laboratorios de heroína a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Esa región pronto se convirtió en el mayor productor de heroína del mundo. En 1984, abastecía a un asombroso 60% del mercado estadounidense y al 80% del europeo. Dentro de Pakistán, el número de adictos a la heroína aumentó de casi cero (sí, cero) en 1979 a 5.000 en 1980 y a 1,3 millones en 1985, una tasa de adicción tan alta que la ONU la calificó de "particularmente impactante".


Un agricultor siembra semillas de amapola en la provincia de Nangarhar, Afganistán. Fotografía: Sean Smith/The Guardian


Según un informe del Departamento de Estado de 1986, el opio "es un cultivo ideal en un país devastado por la guerra, ya que requiere poca inversión de capital, está creciendo rápidamente y es fácil de transportar y comercializar". Además, el clima del Afganistán era muy adecuado para el cultivo de amapolas. A medida que la guerra implacable entre la CIA y los sustitutos soviéticos pasó factura, los agricultores afganos comenzaron a recurrir al opio "desesperado", ya que producía "altas ganancias" que podían cubrir el aumento de los precios de los alimentos. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado informó de que elementos de la resistencia se habían hecho cargo de la producción y el tráfico de opio "para proporcionar productos básicos a la población bajo su control y financiar la compra de armas".

A medida que las guerrillas muyahidines ganaron terreno contra la ocupación soviética y comenzaron a crear zonas liberadas dentro de Afganistán a principios de la década de 1980, la resistencia ayudó a financiar sus operaciones mediante la recaudación de impuestos de los campesinos que cultivaban las lucrativas amapolas de opio, particularmente en el fértil valle de Helmand. Las caravanas que llevaban armas de la CIA a esa región para la resistencia a menudo regresaban a Pakistán cargadas de opio, a veces, informó el New York Times, "con el consentimiento de oficiales de inteligencia paquistaníes o estadounidenses que apoyaron la resistencia".

Charles Cogan, un ex director de la operación afgana de la CIA, más tarde habló con franqueza sobre las opciones de la agencia. "Nuestra misión principal era hacer tanto daño como fuera posible a los soviéticos", dijo a un entrevistador en 1995. "Realmente no teníamos los recursos ni el tiempo para dedicarnos a una investigación del narcotráfico. No creo que tengamos que disculparnos por esto ... Hubo consecuencias en términos de drogas, sí. Pero el objetivo principal se logró. Los soviéticos abandonaron Afganistán".

A largo plazo, la intervención estadounidense produjo un agujero negro de inestabilidad geopolítica que nunca más sería sellado o curado. Afganistán no pudo recuperarse fácilmente de la devastación sin precedentes que sufrió en los años de la primera intervención estadounidense. A medida que la guerra soviético-afgana terminó entre 1989 y 1992, la alianza liderada por Washington esencialmente abandonó el país, sin patrocinar un acuerdo de paz ni financiar la reconstrucción.

Mientras Washington se alejaba de Afganistán a otros focos de política exterior en África y el Golfo Pérsico, estalló una feroz guerra civil en un país que ya había sufrido, entre 1979 y 1989, unos 1,5 millones de muertos, alrededor del 10% de la población del país. Durante los años de lucha civil entre los muchos señores de la guerra bien armados que la CIA había dejado preparados para luchar por el poder, los agricultores afganos criaron el único cultivo que aseguró ganancias instantáneas: la adormidera. Después de haberse multiplicado por veinte durante la era de la guerra encubierta de la década de 1980, la cosecha de opio se duplicaría con creces nuevamente durante la guerra civil de la década de 1990.

En este período de agitación, el ascenso del opio se entiende mejor como una respuesta a los graves daños causados por dos décadas de guerra destructiva. Con el regreso de unos tres millones de refugiados a una tierra devastada por la guerra, los campos de opio fueron un regalo del cielo para el empleo, ya que requirieron nueve veces más trabajadores para cultivar que el trigo, el alimento básico tradicional del país. Además, sólo los comerciantes de opio eran capaces de acumular capital con la suficiente rapidez como para poder proporcionar a los agricultores pobres de adormidera adelantos en efectivo muy necesarios, que a menudo proporcionaban más de la mitad de sus ingresos anuales. Ese crédito resultaría crítico para la supervivencia de muchos aldeanos empobrecidos.

En la primera fase de la guerra civil, de 1992 a 1994, los despiadados señores de la guerra locales combinaron armas y opio en una lucha nacional por el poder. Más tarde, Pakistán apoyó a una fuerza pastún recién surgida, los talibán. Después de apoderarse de Kabul en 1996 y tomar el control de gran parte del país, el régimen talibán alentó el cultivo local de opio, ofreciendo protección gubernamental al comercio de exportación y recaudando impuestos muy necesarios tanto sobre el opio cosechado como sobre la heroína fabricada. Las encuestas de opio de la ONU mostraron que, durante los primeros tres años de los talibanes en el poder, el cultivo de opio de Afganistán representó el 75% de la producción mundial.

 

         (foto de archivo)

Sin embargo, en julio de 2000, cuando una devastadora sequía entró en su segundo año y el hambre se extendió por todo Afganistán, el gobierno talibán ordenó repentinamente la prohibición de todo el cultivo de opio, en un aparente llamamiento a la aceptación internacional. Una encuesta posterior de las Naciones Unidas sobre los cultivos de 10.030 aldeas reveló que esta prohibición había reducido la cosecha en un 94%.

Tres meses más tarde, en septiembre de 2000, los talibanes enviaron una delegación a la sede de la ONU en Nueva York para negociar con la continua prohibición de drogas en el país en un intento por el reconocimiento diplomático. En cambio, la ONU impuso nuevas sanciones al régimen por proteger a Osama bin Laden. Estados Unidos, por otro lado, en realidad recompensó a los talibanes con 43 millones de dólares en ayuda humanitaria, incluso cuando secundaron las críticas de la ONU sobre Bin Laden. Al anunciar esta ayuda en mayo de 2001, el secretario de Estado Colin Powell elogió "la prohibición del cultivo de la adormidera, una decisión de los talibanes que acogemos con beneplácito", pero aún así instó al régimen a poner fin a "su apoyo al terrorismo; su violación de las normas de derechos humanos internacionalmente reconocidas, especialmente su trato a las mujeres y las niñas".

Después de ignorar en gran medida Afganistán durante una década, Washington "redescubrió" el país después de los ataques terroristas del 9/11. En octubre de 2001, Estados Unidos comenzó a bombardear el país y luego, con el apoyo de las fuerzas británicas, lanzó una invasión encabezada por señores de la guerra locales. El régimen talibán colapsó a una velocidad que sorprendió a muchos funcionarios del gobierno. En retrospectiva, parece probable que su prohibición del opio fuera un factor crucial.

En una medida que no se aprecia en general, durante dos decenios completos el Afganistán ha dedicado una parte cada vez mayor de sus recursos –capital, tierra, agua y mano de obra– a la producción de opio y heroína. Para cuando los talibanes prohibieron el cultivo, su agricultura se había convertido en poco más que un monocultivo de opio. El tráfico de drogas representaba la mayor parte de sus ingresos fiscales, gran parte de sus ingresos de exportación y una parte significativa de su empleo.


Tropas británicas patrullan la provincia de Helmand en el sur de Afganistán. Fotografía: Getty


La repentina erradicación del opio por parte de los talibanes resultó ser un acto de suicidio económico que llevó a una sociedad ya debilitada al borde del colapso. Una encuesta de la ONU de 2001 encontró que la prohibición había "resultado en una grave pérdida de ingresos para un estimado de 3,3 millones de personas", alrededor del 15% de la población. En este contexto, se hizo, según la ONU, "más fácil para las fuerzas militares occidentales persuadir a las élites rurales y a la población para que se rebelaran contra el régimen".

En poco más de un mes, la letal campaña de bombardeos estadounidenses, combinada con ataques terrestres de sus aliados caudillos, destrozó las debilitadas defensas de los talibanes. Pero la estrategia estadounidense a más largo plazo plantaría las semillas, literalmente, para el sorprendente resurgimiento de los talibán apenas cuatro años después.

Mientras que la campaña de bombardeos estadounidense se extendió a lo largo de octubre de 2001, la CIA envió 70 millones de dólares en efectivo al país para movilizar a su antigua coalición de señores de la guerra tribales de la guerra fría para la lucha contra los talibán, un gasto que el presidente George W Bush más tarde aclararía como una de las mayores "gangas" de la historia. Para capturar Kabul y otras ciudades clave, la CIA puso su dinero detrás de los líderes de la Alianza del Norte, una fuerza étnica tayika que había luchado contra los soviéticos en la década de 1980 y luego resistió al gobierno talibán en la década de 1990. Ellos, a su vez, han dominado durante mucho tiempo el tráfico de drogas en la zona del noreste del Afganistán que controlaron durante los años de los talibán. La CIA también recurrió a un grupo de caudillos pastunes en ascenso a lo largo de la frontera con Pakistán que habían estado activos como traficantes de drogas en la parte sudoriental del país. Como resultado de ello, cuando los talibán colapsaron, ya se sentaron las bases para la reanudación del cultivo de opio y el tráfico de drogas a gran escala.

Una vez que Kabul y las capitales de provincia fueron tomadas, la CIA cedió rápidamente el control operativo a las fuerzas militares aliadas y a los funcionarios civiles. En los años venideros, los ineptos programas de represión de drogas de esas fuerzas cederán los crecientes beneficios del tráfico de heroína primero a los caudillos y, en años posteriores, en gran medida a las guerrillas talibán. En un hecho sin precedentes históricos, las drogas ilícitas serían responsables del 62% del producto interno bruto (PIB) del país en 2003.

Pero durante los primeros años de la ocupación, según un informe del New York Times de 2007, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld supuestamente "desestimó las crecientes señales de que el dinero de la droga estaba siendo canalizado a los talibán", mientras que la CIA y el ejército "hacían la vista gorda a las actividades relacionadas con las drogas de prominentes señores de la guerra".

A finales de 2004, después de casi dos años de subcontratar el control del opio a sus aliados británicos y el entrenamiento de la policía a los alemanes, la Casa Blanca se enfrentó repentinamente a la preocupante inteligencia de la CIA que sugería que la escalada del tráfico de drogas estaba alimentando un resurgimiento de los talibán. Respaldado por George W. Bush, el secretario de Estado Colin Powell instó entonces a una estrategia enérgica contra los narcóticos para partes de las zonas rurales de Afganistán, incluido el mismo tipo de defoliación aérea agresiva que entonces se utilizaba contra el cultivo ilícito de coca en Colombia. Pero el embajador de Estados Unidos en Afganistán, Zalmay Khalilzad, se resistió a este enfoque, secundado por su aliado local Ashraf Ghani, entonces ministro de Finanzas del país (y, desde 2014, su presidente), quien advirtió que tal programa de erradicación significaría un "empobrecimiento generalizado" en el país, sin 20 mil millones de dólares en ayuda extranjera para crear un "medio de vida alternativo genuino". Como compromiso, Washington llegó a depender de contratistas privados como DynCorp para entrenar a los equipos afganos para erradicar las drogas. En 2005, sin embargo, ese esfuerzo, según la corresponsal del New York Times, Carlotta Gall, ya se había convertido en "una especie de broma".


         (foto archivo)

En 2007, la Encuesta sobre el Opio en Afganistán de las Naciones Unidas encontró que la cosecha de opio del país, entonces récord, de aproximadamente 8.200 toneladas, proporcionaba el 93% del suministro ilícito de heroína del mundo. Significativamente, la ONU declaró que las guerrillas talibán han "comenzado a extraer de la economía de la droga recursos para armas, logística y pago de milicias". En 2008, según los informes, los rebeldes recaudaron 425 millones de dólares en "impuestos" aplicados al tráfico de opio, y con cada cosecha hicieron fondos suficientes para reclutar una nueva cosecha de jóvenes combatientes de las aldeas. Cada uno de esos posibles guerrilleros podría contar con pagos mensuales de 300 dólares, muy por encima de los salarios que habrían hecho como peones agrícolas.

Para contener la expansión de la insurgencia, Washington decidió enviar 40.000 tropas de combate estadounidenses más a Afganistán a mediados de 2008, elevando las fuerzas aliadas a 70.000. Reconociendo el papel crucial de los ingresos procedentes del opio en el reclutamiento de los talibán, el mando aliado también estaba formando equipos especializados que utilizaban la ayuda al desarrollo para alentar los esfuerzos de represión de las drogas en las provincias ricas en adormidera. Fue un momento fortuito. Esa cosecha récord en 2007 creó un excedente de opio que deprimió los precios, mientras que la escasez simultánea de alimentos hizo del trigo un cultivo competitivo. A medida que los agricultores utilizaban la ayuda extranjera para plantar cultivos alimentarios en áreas clave de las provincias de Helmand y Nangarhar, el cultivo de adormidera en el país se deslizó de un récord de 200.000 hectáreas (494.000 acres) en 2007 a solo 123.000 dos años después, pero todavía suficiente para sostener a los talibán. Mientras tanto, los intentos ineptos y de mano dura de suprimir el tráfico de drogas solo terminaron aumentando la oposición a Estados Unidos y sus aliados.

En 2009, la guerrilla se estaba expandiendo tan rápidamente que la nueva administración Obama optó por un "aumento" de la fuerza de tropas estadounidenses a 102.000 en un intento de paralizar a los talibán. Después de meses de crecientes despliegues, la gran estrategia de avance del presidente Obama se lanzó oficialmente en la oscuridad antes del amanecer del 13 de febrero de 2010, en Marja, una remota ciudad comercial en la provincia de Helmand. Mientras oleadas de helicópteros descendía en sus afueras escupiendo nubes de polvo, cientos de infantes de marina corrieron a través de campos de amapolas de opio que brotaban hacia los complejos de paredes de barro de la aldea. Aunque sus objetivos eran las guerrillas talibán locales, los marines estaban ocupando de hecho una de las capitales del comercio mundial de heroína.

Una semana más tarde, el general Stanley McChrystal entró en la ciudad con Karim Khalili, vicepresidente de Afganistán. Estaban allí para el despliegue en los medios de comunicación de tácticas de contrainsurgencia de nueva apariencia que, según dijo el general a los periodistas, eran seguras para pacificar aldeas como Marja. Los comerciantes locales de opio, sin embargo, tenían otras ideas. "Si vienen con tractores", anunció una viuda afgana ante un coro de gritos de apoyo de sus compañeros agricultores, "tendrán que arrollarme y matarme antes de que puedan matar mi amapola". Hablando por teléfono satelital desde los campos de opio de la región, un funcionario de la embajada estadounidense me dijo: "No se puede ganar esta guerra sin asumir la producción de drogas en la provincia de Helmand".


Hombres fumando heroína en Quetta, Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán. Fotografía: Reuters


Al atacar a las guerrillas pero no lograr erradicar la cosecha de opio que financiaba a nuevos insurgentes cada primavera, la oleada de Obama pronto flaqueó. En medio de la rápida reducción de las fuerzas aliadas para cumplir con el plazo políticamente determinado por Obama de diciembre de 2014 para "poner fin" a todas las operaciones de combate, una marcada reducción en las operaciones aéreas permitió a los talibán lanzar ofensivas de formación masiva, que mataron a un número récord de tropas y policías del ejército afgano.

En ese momento, John Sopko, el inspector especial para Afganistán, ofreció una explicación reveladora para la supervivencia de los talibán. A pesar del gasto de la asombrosa cantidad de 7,6 mil millones de dólares en programas de "erradicación de drogas" durante la década anterior, concluyó que, "según todas las métricas concebibles, hemos fracasado. 

A medida que se cosechaba el opio de 2014, las nuevas cifras de las Naciones Unidas sugerían que los niveles de producción se acercaban al máximo de 2007 del país. En mayo de 2015, después de haber visto esta avalancha de drogas entrar en el mercado global, a medida que el gasto en lucha contra los narcóticos de Estados Unidos subió a $ 8.4 mil millones, Sopko trató de traducir estos desarrollos en una imagen comprensible de todos los estadounidenses. "Afganistán", dijo, "tiene aproximadamente 500.000 acres, o aproximadamente 780 millas cuadradas, dedicados al cultivo de adormidera. Eso equivale a más de 400.000 campos de fútbol de Estados Unidos, incluidas las zonas finales".

Durante la temporada de combates de Afganistán en 2015, los talibán se apoderaron decisivamente de la iniciativa de combate, y el opio parecía cada vez más profundamente arraigado en sus operaciones. En octubre de 2015, la ONU publicó un mapa que mostraba que los talibán tenían un control "alto" o "extremo" en más de la mitad de los distritos rurales del país. En el plazo de un mes, desataron ofensivas en todo el país con el objetivo de apoderarse y retener territorio. No es sorprendente que los ataques más fuertes se produjeron en el corazón de la amapola de la provincia de Helmand, donde entonces se cultivaba la mitad de la cosecha de opio del país.

En 2016, 15 años después de que Afganistán fuera "liberado", y en una inversión significativa de las políticas de reducción de la administración Obama, Washington lanzó una mini-oleada de "cientos" de nuevas tropas estadounidenses en la provincia de Helmand para negar a los insurgentes el "premio económico" de los campos de amapola más productivos del mundo. A pesar del apoyo de la fuerza aérea estadounidense y de 700 soldados de operaciones especiales, en febrero y marzo de 2016 las asediadas fuerzas del gobierno afgano se retiraron de dos distritos más, dejando a los talibán en gran medida en control de 10 de los 14 distritos de la provincia.

Con sus fuerzas desmoralizas y con cazas agresivos equipados con visión nocturna y armas sofisticadas, los ataques aéreos estadounidenses se convirtieron en la última y tenue línea de defensa del gobierno afgano. Y en una admisión tácita del fracaso, la administración Obama puso fin a su retirada planificada en junio de 2016, permitiendo a las fuerzas estadounidenses ir más allá de aconsejar y reincorporarse al combate real, y anunciando, un mes después, que 8.400 soldados permanecerían allí en el futuro previsible.

En Helmand y otras provincias estratégicas, el ejército afgano parecía estar perdiendo una guerra que ahora estaba impulsada –de maneras que eludieron a la mayoría de los observadores– por una batalla por el control de las ganancias del opio del país. En la provincia de Helmand, tanto los rebeldes talibán como los funcionarios provinciales están enfrascados en una lucha por el control del lucrativo tráfico de drogas. "Los funcionarios del gobierno afgano se han involucrado directamente en el comercio de opio", informó el New York Times en febrero de 2016. Al hacerlo, ampliaron "su competencia con los talibán ... en una lucha por el control del tráfico de drogas", al tiempo que impone "un impuesto a los agricultores prácticamente idéntico al que utilizan los talibán". En un proceso que implicó a prácticamente todo el gobierno, los funcionarios provinciales luego pasaron una parte de sus ganancias ilícitas "hasta la cadena, hasta los funcionarios en Kabul ... garantizar que las autoridades locales mantengan el apoyo de los altos cargos y mantener el cultivo del opio".


           (Foto archivo)

Simultáneamente, una investigación del Consejo de Seguridad de la ONU encontró que los talibán habían aprovechado sistemáticamente "la cadena de suministro en cada etapa del tráfico de narcóticos", recaudando un impuesto del 10% sobre el cultivo de opio en Helmand, luchando por el control de los laboratorios de heroína y actuando como "los principales garantes del tráfico de opio crudo y heroína fuera de Afganistán". Ya no se limitaba a gravar el tráfico, los talibanes estuvieron tan profunda y directamente involucrados que, según el New York Times, "se ha vuelto difícil distinguir al grupo de un dedicado cartel de la droga".

Estas tendencias sombrías persistieron a lo largo de 2017, ya que la cosecha de opio afgana casi se duplicó a 9.000 toneladas, muy por encima del pico anterior de 8.200 toneladas en 2007. Dentro de la provincia de Wartorn Helmand, el área de amapola aumentó en un 79% a 144.000 hectáreas, lo que representa el 44% de la cosecha total del país. En noviembre, convencido de que el opio está aportando el 60% de los fondos de los talibán para salarios y armas, el comando estadounidense –envalentonado y ampliado por la decisión de Donald Trump de "ganar" la guerra afgana– envió, por primera vez en la historia, cazas F-22 y bombarderos B-52 para destruir 10 de los laboratorios de heroína de los talibán en Helmand, una pequeña parte de las 500 refinerías de drogas del país.

En el futuro previsible, es probable que el opio siga enredado en la economía rural, la insurgencia talibán y la corrupción gubernamental, cuya suma es el enigma afgano.

El fracaso de la intervención de Estados Unidos en Afganistán ofrece una visión más amplia de los límites de su poder global. La persistencia tanto del cultivo del opio como de la insurgencia talibán sugieren hasta qué punto las políticas que Washington ha impuesto a Afganistán desde 2001 han llegado a un callejón sin salida. Para la mayoría de las personas en todo el mundo, la actividad económica, la producción y el intercambio de bienes, es el principal punto de contacto con su gobierno. Sin embargo, cuando el producto básico más importante de un país es ilegal, entonces las lealtades políticas se desplazan naturalmente a las redes económicas que mueven ese producto de forma segura y secreta de los campos a los mercados extranjeros, proporcionando protección, finanzas y empleo en cada etapa. "El tráfico de narcóticos envenena el sector financiero afgano y alimenta una creciente economía ilícita", explicó John Sopko en 2014. "Esto, a su vez, socava la legitimidad del Estado afgano al avivar la corrupción, alimentar las redes criminales y proporcionar un apoyo financiero significativo a los talibán y otros grupos insurgentes".

Después de 16 años de guerra continua, Washington se enfrenta a la misma opción que tuvo en 2010, cuando los generales de Obama transportaron por aire a esos marines a Marja. Tal como lo ha estado en la última década y media, Estados Unidos puede seguir atrapado en el mismo ciclo interminable. A medida que la nieve se derrite de las laderas de las montañas y las plantas de amapola se elevan del suelo cada primavera, habrá un nuevo grupo de reclutas adolescentes de aldeas empobrecidas listos para luchar por la causa rebelde.

Sin embargo, incluso para esta tierra y su problema de política abrumadoramente compleja, hay alternativas. Invertir incluso una pequeña parte de todos los fondos militares malgastados en la agricultura del país puede producir más opciones económicas para los millones de agricultores que dependen de la cosecha de opio para obtener empleo. Los huertos en ruinas podrían ser reconstruidos, bandadas devastadas repobladas, las existencias de semillas desperdiciadas recrecidas y los sistemas de riego derretidos por nieve destrozados, que una vez sostuvieron una agricultura diversa antes de estas décadas de guerra, reparados. Si la comunidad internacional  empujara a la baja la dependencia del país del opio ilícito a través de un desarrollo rural sostenido, entonces tal vez Afganistán deje de ser el principal narco-estado del planeta – y tal vez el ciclo anual de violencia podría romperse por fin.



Fuente original:

Alfred W McCoy 

13 enero 2020

Afganistán: retrospectiva histórica de la invasión soviética y sus secuelas.




Por Tito Andino U.


Introducción

Cuarenta años de aquella aventura que sembró desprestigio a la otrora poderosa URSS. El mundo occidental sigue considerando ese hecho histórico como el mayor triunfo de la democracia en contra del totalitarismo comunista. Sin embargo, Afganistán no deja de ser otro escenario del enfrentamiento de las grandes potencias mundiales por el control geopolítico. ¿Por qué hoy Afganistán sigue siendo un teatro de operaciones militares, esta vez a cargo de los Estados Unidos y sus socios de la OTAN?. Una de las principales razones es que actualmente Afganistán es el epicentro mundial de la producción de heroína, su comercialización es una fuente inmensa de recursos que nutre a los mercados financieros internacionales.

En este artículo no hablaremos sobre la invasión estadounidense de Afganistán respaldo por otras fuerzas de la OTAN para luchar contra sus antiguos aliados -los muyahidines-, aquellos exaltados combatientes que observamos en las películas de guerra de Hollywood, los "luchadores por la libertad" como llegó a calificarlos el difunto Ronald Reagan en su guerra contra el "Imperio del Mal", siendo más claros: cuando los futuro talibán eran "buenos" muchachos, ganándose la confianza del Pentágono y recibiendo armas y refuerzos yihadistas extranjeros para su guerra de "liberación". 


2 de febrero 1983, Ronald Reagan recibe en la Casa Blanca a líderes muyahidines de Afganistán y Pakistán. “Estos caballeros (los talibán) son el equivalente moral a los padres fundadores de Estados Unidos”, expresó el mandatario. En la foto los siguientes personajes: Ronald Reagan; Gustav Lascaris Avrakotos (Jefe de la Fuerza de Tarea Afgana de la CIA);  Muhammad Omar Babarakzai; Mohammad Ghafoor Yousefzai; Habib-Ur-Rehman Hashemi; Farida Ahmadi; Mir Niamatullah y Gul Mohammad. Esta reunión con el grupo de "combatientes por la libertad" -muyahidines- se convocó para discutir las atrocidades soviéticas en Afganistán (en septiembre de 1982 se reportó la masacre de 105 aldeanos en la provincia de Lowgar). A pesar que ya lo hacían, Estados Unidos y Arabia Saudita, acordaron gestionar cientos de millones de dólares más cada año a los militantes antisoviéticos en un esfuerzo por "desangrar" a la URSS (Foto del gobierno de EE. UU.)

Con el tiempo, tras la retirada soviética, los talibán combatieron contra otras organizaciones guerrilleras afganas para tomar el poder absoluto y convertirse en "enemigos" de los estadounidenses, dicen que fomentaron el "terrorismo" internacional bajo la batuta de un saudí renegado de la CIA y los EEUU, Osama bin Laden (lo cual no es tan cierto). No todos los muyahidines se volverían talibán, varios de los viejos comandantes colaboraron desde 2001 con las fuerzas estadounidenses para expulsar a los talibán del poder.

El ataque (muchos dicen "auto atentado") a las Torres Gemelas del World Trade Center de New York en 2001 condujo a la pista "afgana"(?) y la rápida intervención militar del US Army y algunos contingentes de la OTAN, de las que destacan las fuerzas británicas (por el tamaño de su fuerza). Otros países miembros de la OTAN tienen actualmente unidades militares acantonadas en tierras afganas: Alemania, Italia, España, etc.

La "maldición afgana" no es tal. Dicen que no se puede derrotar a los radicales talibán u otras facciones, lo que muchos concuerdan es que el objetivo es retrasar la retirada de Afganistán ya que la presencia de tropas estadounidenses es vital para otras tareas. Tras la exitosa campaña inicial han transcurrido dos décadas, el pretexto de terminar con el terrorismo sigue siendo la carta de presentación de la OTAN/USA a los ojos del mundo; por lo mismo, el "estancamiento" militar no es tal. Se solapa deliberadamente el aumento de la inseguridad, es notable la aparición de nuevas formaciones armadas, los civiles y militares afganos muertos se cuentan por millares. ¿Por qué?

Fuera del entendimiento geopolítico y estratégico, una fundamental razón del intervencionismo militar y permanencia del US Army en Afganistán tiene un nombre: DROGA, control de la producción y distribución en los mercados de consumo de la HEROÍNA, uno de los nutrientes de la economía mundial, lo demás, supuestas tareas "humanitarias" para traer "prosperidad" y "paz" a los "incultos" afganos es eso, puro cuento.


Las famosas alfombras afganas, este trabajo manual representa el armamento soviético. Esta alfombra tejida fue elaborada por refugiados afganos.


Un renombrado investigador se preguntaba de forma irónica, ¿por qué hay empresas estadounidenses negociando en Afganistán el transporte internacional de mercancías?. De lo que el mundo sabe es que Afganistán es famosa por sus alfombras... Pero, ¿es tan lucrativa la tarea de transportar alfombras en un territorio hostil?

No vamos a desviarnos del tema central, los temas de la heroína afgana, el "humanitarismo", la lucha por llevarles la "democracia", ya lo hemos tratado en otras entradas. Solo algunas puntualizaciones a modo de flash memory:

- Tráfico de drogas y yihadismo suelen ser dos acepciones intrínsecas en el mundo islámico. 
- Los talibán, antes de la invasión USA (2001), en base a la ley y costumbre islámica tradicional, gravan con un tributo la cosecha de la amapola, apenas se nutren de una porción del pastel. 
- Hasta fines del 2001 los talibán prohibieron la siembra descontrolada de los campos de amapola, la reducción para ese año y anteriores fue drástica, se calcula que bajó su producción alrededor del 60%.
- Tras la ocupación militar EEUU / OTAN, según informe del Ministerio Afgano Contra Narcóticos y la Oficina de Naciones Unidas contra el Crimen y la Droga (UNODC) la producción de opio creció un 49% hasta finales del 2013, para 2014 el incremento fue, en promedio, el 55%, para 2015 fue el 65%, las proyecciones para los siguientes años van en aumento.
- Nos quieren ver como unos idiotas al vendernos el cuento que un grupo de analfabetos y mal nutridos campesinos afganos controlan el flujo de cientos de toneladas de heroína y manejan las multimillonarias finanzas del ilícito negocio.
- ¿Se imagina el lector a un guerrero talibán, bajado de las montañas gestionando las altas finanzas de Wall Street?, ¿realizando sofisticadas transacciones financieras en los grandes trusts bancarios de Europa y Asia o finiquitando complejos negocios con los verdaderos “señores de la guerra” en la compra de armamento a cambio de heroína?
- ¿Cuál control y erradicación de la amapola? Una parte del contingente de tropas del US Army se dedican a custodiar los cultivos de sus socios afganos y, sí, es cierto que se dedican a guerrear a sus rivales afganos en el lucrativo negocio. 


Los guerreros - muyahidines- apoyados por los EEUU, se transformaron en el talibán (guerreros locales) y al Qaeda (guerreros globales).


El fundamentalismo islámico y el terrorismo, son creaciones de Estados Unidos tanto en Pakistán como en Afganistán durante la década de 1980. Incluso la red de Haqqani, ahora demonizada, fue creada, entrenada y armada por la CIA en la década de 1980. La CIA necesitaba combatientes fanáticos y baratos para su guerra subsidiaria contra la URSS. Pakistán se convirtió en el centro logístico y en el caldo de cultivo de los terroristas, se crearon escuelas islámicas financiadas por Arabia Saudí ("madrassas") en todo Pakistán y la CIA incluso publicó libros de texto infantiles que estaban vilmente llenos de violencia y odio. Una droga perniciosa (espiritual) es el wahabismo que EEUU y Arabia Saudí introdujeron en la década de 1980 para reemplazar al Islam sufí moderado de Afganistán

Lo único que ciertos sectores afganos consiguieron aliándose con EEUU fue guerra, destrucción, drogas y caos. Durante la guerra soviética, murieron 1,5 millones de afganos y 5 millones se convirtieron en refugiados. No obstante, entre 1970 y 1978, la exportación de opio y heroína prácticamente no existía en Afganistán. Desde 1984 la mitad de toda la heroína de Estados Unidos provenía de Afganistán. Si hacemos una comparación retrospectiva, en los años 60, la URSS construía en Afganistán presas, carreteras, universidades, apartamentos y hospitales, los médicos, enfermeras y maestros hacían presencia en remotas zonas rurales; con la guerra Afganistán se convirtió en un narco estado


No había talibán, ni haqqani, ni terrorismo islámico, ni opio; y Kabul era conocido como el París de Asia Central.  

En la actualidad, la guerra contra los talibán y otros radicales yihadistas, si bien existe, no es la razón de la presencia de EEUU/OTAN. El objetivo es evidentemente financiero (heroína). El negocio es próspero, vale la pena invertir algunos miles de millones de dólares cuando los réditos los contamos por decenas de miles de millones de dólares. A todas luces un negocio que no está al alcance de todos (ni de todas las naciones). 


¿Ahora comprende el lector por qué hay empresas internacionales interesadas en asentarse en Afganistán para transportar mercancías al exterior?



(Para no prolongarnos en la introducción, las referencias se encuentran en las notas a pie de página, temas de la relación guerra-droga). 


¿Cómo los EEUU atrajeron a la trampa afgana a los soviéticos?

Más vale comenzar esta historia con las propias palabras de uno de los cerebros de este juego geopolítico, el polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad nacional de los EEUU, uno de los ideólogos de la Doctrina Carter, especialista en asuntos soviéticos, entre otras funciones. El señor Brzezinski es muy conocido por su célebre libro: "The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives" (New York: Basic Books, octubre 1997), traducido al castellano como "El Gran Tablero Mundial, La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestrátegicos".

La mejor forma de comprender las altas esferas de la política mundial es entrevistando al personaje clave; y eso hizo el medio francés, "Le Nouvel Observateur", los pormenores aparecen en la edición del 15 al 21 de enero de 1998, p. 76.


Zbigniew Brzezinski, "lo volvería hacer" reza el titular de una nota de prensa en inglés. La fotografía fue tomada durante una visita a las posiciones pakistaníes en la frontera con Afganistán. El asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter veía también la invasión soviética como un reflejo del "sueño de Moscú de tener acceso directo al Océano Índico".

Leamos:

➤  Le Nouvel Observateur: El ex director de la CIA, Robert Gates, lo afirma en sus Memorias: los servicios secretos estadounidenses comenzaron a ayudar a los muyahidines afganos 6 meses antes de la intervención soviética. En aquella época usted era el consejero del presidente Carter para los asuntos de seguridad. ¿Desempeñó entonces usted un papel clave en este asunto? ¿Lo confirma usted?

Zbigniew Brzezinski: Sí, según la versión oficial de la historia, la ayuda de la CIA a los muyahidines comenzó durante el año 1980, cuando el ejército soviético ya había invadido Afganistán, el 24 de diciembre de 1979.

Pero la realidad que se mantuvo en secreto es diferente. Fue el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la asistencia clandestina para los opositores al régimen prosoviético de Kabul. Y ese día yo escribí una nota al presidente donde le explicaba que en mi opinión esa ayuda provocaría una intervención militar de los soviéticos.

➤ Le Nouvel Observateur: A pesar de ese riesgo usted era partidario de aquella «covert action» (operación clandestina). ¿Quizás usted hasta deseaba esa entrada en guerra de los soviéticos y quería provocarla?

Zbigniew Brzezinski: No es exactamente así. Nosotros no empujamos los soviéticos a intervenir pero incrementamos conscientemente la probabilidad de que lo hicieran.

➤ Le Nouvel Observateur: Cuando los soviéticos justificaron su intervención diciendo que su objetivo era luchar contra una injerencia secreta de Estados Unidos nadie les creyó. Pero había un fondo de verdad. ¿No siente usted algo de arrepentimiento hoy en día?

Zbigniew Brzezinski: ¿Arrepentirme de qué? Aquella operación secreta era una excelente idea. Su efecto fue que atrajo los rusos a caer en la trampa afgana ¿y usted quiere que me arrepienta de eso? El día que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, yo le escribí al presidente Carter [diciéndole] sustancialmente: «Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su guerra de Vietnam.»

De hecho, Moscú tuvo que librar durante casi 10 años una guerra insoportable para el régimen, un conflicto que provocó la desmoralización y finalmente el estallido del imperio soviético.

➤ Le Nouvel Observateur: ¿Tampoco se arrepiente usted de haber favorecido el integrismo islamista, de haber aportado armas y consejo a futuros terroristas?

Zbigniew Brzezinski: ¿Qué es lo más importante para la historia mundial? ¿Los talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Algunos locos islamistas o la liberación de Europa central y el fin de la guerra fría?

➤ Le Nouvel Observateur: ¿Algunos locos? Si se está diciendo constantemente que el fundamentalismo islámico representa hoy una amenaza mundial.

Zbigniew Brzezinski: Boberías. Según nos dicen, Occidente debería tener una política global ante el islamismo. Eso es estúpido. El islamismo global no existe. Veamos el islam de manera racional y no demagógica o emocional. Es la primera religión del mundo, con 1.500 millones de creyentes. Pero, ¿qué tienen en común la Arabia Saudita fundamentalista, el Marruecos moderado, el Pakistán militarista, el Egipto prooccidental y el Asia secularizada? Nada que no sea lo mismo que une a los países cristianos.


SIN COMENTARIOS. Lo que nos cuente la prensa pro atlantista en estos días sobre la invasión soviética de Afganistán es solo un aperitivo "light" para entretener, eso si, con una buena lectura para las masas.

Si juntamos el factor narcotráfico y la declaración del señor Brzezinski, la realidad geoestratégica, el objetivo de los Estados Unidos/OTAN siempre ha sido asentar bases militares para cercar a países "rebeldes", como Irán (por citar un ejemplo), desde donde tiene acceso, en caso de conflicto, para atacar de forma directa a China y Rusia. 

Aspectos geopolíticos de la "Trampa Afgana"


Tropas soviéticas se defienden de una emboscada en territorio afgano.


Tiberio Graziani, investigador italiano y director de la Revista de estudios geopolíticos "Eurasia", respecto a este juego de ajedrez global, en su interesante artículo "La trampa: Afganistán 1979-2009" desarrolla un análisis geopolítico y estratégico de Afganistán como zona crítica "donde las tensiones entre las grandes potencias se descargan desde tiempos inmemoriales", el país asiático fue el terreno donde midieron fuerzas la potencia del mar: Estados Unidos y una potencia terrestre: la URSS.

"Afganistán por sus propias especificidades, referentes en primer lugar a su posición en relación con el espacio soviético (confines con las repúblicas, por aquella época soviéticas, del Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán), a las características físicas, y, además, a la falta de homogeneidad étnica, cultural y confesional, representaba, a ojos de Washington, una porción fundamental del llamado «arco de crisis», es decir, de la franja de territorio que se extiende desde los confines meridionales de la URSS hasta el Océano Índico. La elección como trampa para la URSS cayó sobre Afganistán, por tanto, por evidentes razones geopolíticas y geoestratégicas.
El área en que se encuentra actualmente la República Islámica de Afganistán, donde el poder político siempre se ha estructurado sobre la dominación de las tribus pastunes sobre las otras etnias (tayikos, hazaras, uzbecos, turcomanos, baluchis) se forma precisamente en la frontera de tres grandes dispositivos geopolíticos: el imperio mongol, el janato uzbeco y el imperio persa. Las disputas entre las tres entidades geopolíticas limítrofes determinarán su historia posterior.
En los siglos XVIII y XIX, cuando el aparato estatal se consolidará como reino afgano, el área será objeto de las contiendas entre otras dos grandes entidades geopolíticas: el Imperio ruso y Gran Bretaña. En el ámbito del llamado “Gran Juego”, Rusia, potencia de tierra, en su impulso hacia los mares cálidos (Océano Índico), India y China choca con la potencia marítima británica que, a su vez, trata de cercar y penetrar la masa eurasiática en Oriente hacia Birmania, China, Tíbet y la cuenca del Yangtsé, pivotando sobre la India, y en Occidente en dirección a los actuales Pakistán, Afganistán e Irán, hasta el Cáucaso, el mar Negro, Mesopotamia y el Golfo Pérsico".


Graziani se centra en señalar que 1979 fue el año de la desestabilización geopolítica global entre la URSS y los EEUU. Dos hechos alteraron el status quo vigente durante la Guerra Fría, la revolución islámica de Irán y la aventura soviética en Afganistán. Un Irán fuera de la orbita estadounidense condujo a modificar los planes geoestratégicos americanos hacia un proyecto de larga duración, de allí las apreciadas teorías de Brzezinski. Inducir a Saddam Hussein para desencadenar una guerra contra el nuevo sistema imperante en Irán fue el primer paso. 

El siguiente paso fue desestabilizar toda la región, ir desgastando poco a poco hasta llegar al colapso del sistema soviético.

La directriz del presidente Carter del 3 de julio de 1979, llevó a Moscú a intervenir militarmente. En efecto, la "visión" de Brzezinski se cumplió en diciembre de aquel año,  los soviéticos invaden tierras afganas, el colapso final se avecina acompañado no solo del derrumbe de la URSS, también aceleró el desmembramiento de la Federación Yugoslava y el cambio de bando de la ex repúblicas del este de Europa.

"El largo compromiso militar soviético a favor del gobierno comunista de Kabul, de hecho, contribuyó ulteriormente a debilitar a la URSS, ya en avanzado estado de crisis interna, tanto en la vertiente político-burocrática como en la socio-económica". Pero, tras la invasión estadounidense de 2001, la anterior trampa afgana de los soviéticos se ha convertido en "la ciénaga y en la pesadilla de los Estados Unidos", concluye Graziani.

Algo de historia sobre la "Trampa Afgana" de los soviéticos

La foto data de 1980, mujeres afganas celebrando el aniversario de la revolución comunista en Kabul.


Revisemos el hecho desencadenante de la trampa afgana. En primer lugar, es necesario aclarar que los afganos ya tenían desde hace muchos años la influencia soviética en casa, en las instituciones públicas, universidades y fuerzas armadas. Dentro de la comunidad afgana brotó un grupo social de miles de tecnócratas, es decir, ciudadanos de Afganistán que estudiaron en institutos superiores de la URSS, constituían y aún siguen siendo, tras la invasión USA, la cabeza de la actual clase intelectual del país. Informes señalan como esos miles de instruidos afganos (estudiados en la URSS) son hoy altos funcionarios del estado y, a pesar que hablan ruso, constituyen la columna vertebral que intenta reformar el país bajo la presencia de tropas internacionales de la OTAN. Entonces, aunque previsible, la llegada de un gobierno en 1978 oficialmente declarado socialista, tomó por sorpresa a Occidente. 



El 27 de diciembre de 1979 marca el fin de la historia moderna de Afganistán. La residencia en Kabul del golpista presidente Hafizullah Amin, el Palacio Dar-ul-aman, fue asaltada por un grupo especial de operaciones soviético. El nombre oficial del país era República Democrática de Afganistán, un estado socialista establecido por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) tras la denominada "Revolución de Saur", es decir, la revolución comunista de 1978 que derrocó al presidente afgano Mohammed Daud Khan. (Saur es el nombre del segundo mes del año en el calendario persa utilizado en Afganistán).

Nur Muhammad Taraki fue el dirigente comunista del PDPA que dirigió la "Revolución de Saur" y que gobernó por un corto periodo Afganistán, teniendo que asumir la lucha contra la aparición "espontánea" de bandas de contrarrevolucionarios armados "muyahidines" y lidiar con las intrigas políticas de sus compañeros, siendo derrocado en un golpe de estado en septiembre de 1978, organizado por su primer ministro, Hafizullah Amin, quien ordenó la ejecución de Taraki.

El gobierno de los Estados Unidos apreciaba esos cambios, la inestabilidad política y las luchas intestinas por el poder, era la deseada oportunidad de intervenir secretamente para debilitar a la URSS. Desde mediados de 1978, los servicios secretos estadounidenses pusieron en marcha la "Operación Ciclón", desde la fronteriza Pakistán se establecieron emisiones de propaganda antigubernamental e inicia la formación y entrenamiento de grupos armados. (según Brzezinski, el apoyo oficial de la CIA a los muyahidines fue aprobada en julio de 1979, con el visto bueno del presidente Carter para esperar la intervención soviética en la crisis).


La siguiente secuencia fotográfica: Arriba: Los ex gobernates comunistas de Afganistán 1978-1979, Nur Mohammed Taraki (izq.) y Hafizullah Amin (der.); En el medio:  El líder afgano Nur Mohammed Taraki en Moscú, 9 de septiembre de 1979, reunión con el ministro de Relaciones Exteriores soviético Andrei Gromyko y el líder soviético Leonid Brezhnev. Una semana después Taraki sería prisionero de su primer ministro Amin y, en un mes, estaría muerto; Abajo: El Ministro de Asuntos Exteriores Soviético Andrei Gromyko junto al primer ministro afgano Hafizullah Amin en 1978. Amin sería muerto por los soviéticos al ser descubierto por la KGB los contactos de Amin con Pakistán y Estados Unidos. El 27 de octubre de 1979, el diplomático estadounidense, Archer K. Blood, se reunió "cuarenta minutos a solas" con Amin, despertando más los temores soviéticos de la "reorientación de Amin hacia Occidente". La URSS, con el visto bueno del Consejo Revolucionario de Afganistán, inicia la operación Tormenta-333.


Esa es la trampa afgana. Nur Muhammad Taraki, el favorito de los soviéticos es defenestrado y asesinado por un golpe de estado dirigido por su kamarada de partido, el primer ministro Hafizullah Amin. Tal acto provocó la reacción precipitada de Leonid Breznev para intervenir en una no declarada guerra civil, el 27 de diciembre de 1979. 

Afganistán era un estado amortiguador pro-soviético entre la URSS y sus enemigos, tras el golpe de Amin en Moscú se discute que su hombre en Afganistán ha sido reemplazado por un agente de la CIA. La KGB informó que había de temerse un potencial despliegue de misiles Pershing en suelo afgano, una nueva y directa amenaza en el vulnerable sur soviético; y, el jefe del KGB, en ese entonces, era nada menos y nada más que Yuri Andropov, quien dirigió la decisión de invadir Afganistán en 1979 en su también condición de Secretario General Soviético.

Además se temía que Estados Unidos podría utilizar los depósitos de uranio en Afganistán para apoyar el impulso pakistaní e iraní para obtener armas nucleares, amenazando aún más a la URSS. La idea de que Estados Unidos estaría dispuesto a apoyar a los ayatolás de Irán en la búsqueda de un arma nuclear puede parecer absurda, pero era una posibilidad real para el Kremlin en 1979. La situación debía ser enderezada -razonaron en Moscú-, Afganistán fue invadida. 

Solo pocos meses antes de la invasión, los máximos dirigentes de la URSS se opusieron a enviar tropas, era evidente que tras el golpe de Amin y con las altas presiones del ministro de Defensa Dimitri Ustinov se impuso en la cúpula la opinión de los intervencionistas.

Aprovechándose políticamente de ese acontecimiento, en todo el mundo los EEUU proclaman la defensa del gobierno "legítimo de Amin" ante la tiranía de las tropas soviéticas. Desde Washington y otros países miembros de la OTAN, así como de las chequeras wahabíes de la Arabia de los Saud se designan colosales cantidades de dinero para organizar una "yihad" contra la ocupación de los "shuravi" (término que designa a los soviéticos en afgano, así los denominaban los muyahidines, posteriormente los mismos soldados soviéticos adoptaron el término). 

La viuda del asesinado Taraki al poco escribió una carta abierta al presidente Carter:


"Señor Presidente:... Estoy enojada y sorprendida, al igual que todos los afganos honestos, por el hecho de que usted está tratando de proteger al criminal y asesino Amin. Usted se permite llamarle "el presidente legítimo" de Afganistán. Sus palabras insultan la memoria de mi difunto esposo, Nur Muhammad Taraki, que fue asesinado villanamente por Amin y sus carniceros, sus palabras sólo pueden ser calificadas como una burla sacrílega a la memoria de miles de inocentes patriotas afganos y combatientes por la libertad y felicidad de su patria que fueron torturados hasta la muerte por él".​ ("Mrs. Taraki asks Carter not to interfere in DRA's internal affairs". Kabul New Times, 10 de enero de 1980, pág. 1. Y en Taraki Foundation for Culture and Civil Society, "Taraki House Museum renovations process"). 


Operación Tormenta-333


La fotografía data de fines de enero de 1989, se trata de un  helicóptero afgano  en bajo vuelo en un valle cubierto de nieve a lo largo de la carretera de Salang. brindado cobertura a un convoy soviético. 


Fines de 1979 es el inicio de la tragedia afgana, 40 años de guerra sin sentido que le conduce al oscurantismo. La responsabilidad, por supuesto, recae en la ex Unión Soviética que proclamaba un discurso por la protección de la paz; la guerra de Afganistán fue un secreto de estado declarado por el aparato estatal durante largo tiempo. Con toda razón ha sido mal vista en el mundo.

La cadena rusa de noticias RIA Novosti tiene una posición objetiva de los hechos, lo cual le deslinda de cualquier sospecha, nos confirma que una cosa era la URSS y otra es la Rusia poscomunista con la apertura de los archivos clasificados, un deleite  para los verdaderos historiadores del presente. 

"Los efectivos especiales que asaltaron el baluarte presidencial tenían la misión de eliminar a Hafizullah Amin y encima intentar que todo se pareciese a un golpe interno. En plano ideológico, ese plan se amparaba en la versión de que Amin era un traidor, un agente al servicio de Washington, y que su reorientación a EE.UU. iba a generar problemas adicionales para Moscú". 

El plan militar era "simple": Fuerzas especiales debían asaltar el palacio y matar a Amin. Tomar el control del aeropuerto internacional de Kabul, mientras fuerzas regulares del Ejército soviético cruzaban la frontera afgana, con ello se pretendía estabilizar a un régimen afgano prosoviético. 

El inicio fue prometedor a pesar de las críticas internacionales, no hubo mayor problema con la población civil, si tomamos en cuenta que tanto Taraki como Amin alguna vez habían expresado su consentimiento de permitir la entrada de tropas soviéticas a su país. Más temprano que tarde, la percepción de la gente cambió, los hechos terminaron -gracias también a la propaganda extranjera- por  evidenciar una invasión. 

Uno de los errores de la dirigencia comunista de Afganistán, entre ellos Taraki, que invocaron la ayuda militar soviética para combatir a la oposición interna, fue intentar emular el mismo ateísmo militante de los bolcheviques medio siglo antes. Se prometió acabar con el Islam en cuestión de varios años y reducir las mezquitas a la condición de monumentos del patrimonio histórico. Al emprender reformas sociales (igualdad de género, separación definitiva de la religión y el estado, reforma agraria en favor de los campesinos, etc) puso en contra a sectores conservadores político-religiosos que se oponen a esos programas sociales, alineándose en torno a organizaciones de tinte fundamentalista contrarias a la modernización, éstos se rebelaron contra el gobierno y clamarán por la instauración de un estado islámico. 



La CIA y el apoyo a los Muyahidines



Otra aclaración. La red al-Qaeda no surge por la guerra afgana, diversos investigadores concuerdan que fue forjada el 11 de agosto de 1988, por líderes de alto rango de la Yihad Islámica egipcia, Abdullah Azzam y Osama bin Laden. El brazo político de esas organizaciones armadas siempre fue y sigue siendo la "Hermandad Musulmana" (ver artículos sobre la Hermandad en este blog). En aquella reunión se llegó al consenso de unirse al millonario saudí (Osama bin Laden) para asumir la causa yihadista en otros lugares del mundo islámico tras la retirada soviética de tierras afganas (1989). La popularidad de bin Laden era tal que fue recibido como héroe de la yihad a su retorno a Arabia Saudí en 1990. 


La denominada "Operación Ciclón" establecida por el gobierno de los Estados Unidos es una precursora de las futuras alianzas que se conocerán a posteriori como red al-Qaeda y la formación futura del Talibán (al Qaeda en si no es un grupo específico, es una red de organizaciones en torno al mismo programa de la yihad islámica, es un nombre genérico con el que se identifican diversos grupos de diferentes países). No es exageración decir que en los EEUU estaban felices por el éxito de esas organizaciones islámicas a lo largo de los años de la guerra afgana.

El "voluntario" empresario saudí llamado Osama bin Laden, aceptó hacer la "yihad" contra el comunismo en Afganistán, él, apoyado por los EEUU y las chequeras del Reino saudí, más la consabida influencia ideológica de los clérigos wahabíes atrayeron a millares de musulmanes fundamentalistas, destacaban los pakistaníes, yemeníes, egipcios, iraquíes, turcos y claro, los saudíes y refugiados afganos (alrededor de voluntarios de 40 países musulmanes acudieron a la "yihad").
  

Arriba: Muyahidines afganos en el frente de combate. En el centro: un hombre maneja un misil antiaéreo Stinger fabricado en los Estados Unidos, la foto corresponde alrededor de noviembre de 1987 - enero de 1988. El misil antiaéreo Stinger, suministrado a la resistencia afgana por la CIA durante la invasión soviética de Afganistán, era capaz de derribar aviones y helicópteros de bajo vuelo. Casi al final de la guerra, gracias al suministro inagotable de Stingers, los muyahadines estaban en capacidad de derribar casi a diario un avión o helicóptero soviético. En la foto de abajo: Muyahidines afganos sobre los restos de un helicóptero soviético. Eran tiempos en que la Casa Blanca los denominaba "combatientes por la libertad"; en el presente suelen derribar helicópeteros de la OTAN y son calificados como terroristas talibán.

Es ya conocido que la CIA inició el financiamento y entrenamiento de los Muhayidines en Pakistán. pero no debemos confundirlos todavía con los talibán, éstos últimos eran originalmente una organización pakistaní al mando de Mohammed Omar, en el futuro serían una facción más de al-Qaeda, es alrededor de 1994 que empiezan a ser conocidos mundialmente como los "Talibán".

La intención de los Estados Unidos no fue solo arrebatar Afganistán de la zona de influencia soviética, querían que los "rojos" experimenten su "propio Vietnam", para ello no se escatimó gastos. "Operación Ciclón" es una de la mayores inversiones "clandestinas" de la CIA, entre 1978 -1989 se estima que Estados Unidos y Arabia Saudí entregaron, vía ISI pakistaní (servicio de inteligencia), ayuda financiera y armamento por un monto que va desde los 40 mil millones  de dólares hasta, según otras fuentes, los 380 mil millones de dólares. Enorme cantidad de dinero que cubría las necesidades de alrededor de 100.000 muyahidines y voluntarios extranjeros en guerra contra las fuerzas soviéticas y del ejército de la República Democrática de Afganistán.
    

Fotografías que provienen del AMRC (Centro de Recursos de Medios Afganos) organización financiada por los EEUU que entregó decenas de cámaras a equipos integrados a los grupos muyahidines para documentar lo que se había convertido en una guerra "oculta" debido a la censura soviética para la presentación de informes extranjeros. A partir de 1985, los periodistas estadounidenses comenzaron a entrenar a los afganos en reportajes visuales. La tarea principal del AMRC fue narrar y documentar la guerra, se estima que posee unas 94.000 imágenes, los equipos de fotógrafos filmaron la vida cotidiana en el conflicto. El archivo de AMRC se entregó a la Biblioteca del Congreso de EEUU. En 2016, un orador señaló que las imágenes llenaban "un gran vacío" en el registro visual de la última guerra de la Unión Soviética. De la secuencia fotográfica se desprende que la mayoría del armamento financiado por la CIA era irónicamente de fabricación soviética, un funcionario estadounidense recordó que la CIA compró tales armas de varias fuentes, incluida una unidad corrupta del ejército soviético en Afganistán. En las fotos se aprecian fusiles, misiles, rifles sin retroceso, los famosos RPG-7, ametralladoras pesadas. Algunas fotografías de este artículo corresponden a Amos Chapple, fotógrafo y escritor dRadio Free Europe / Radio Liberty; otras instantáneas corresponden al reportaje en inglés " ‘Jihad By Camera’: How U.S.-Trained Afghans Photographed the Soviet Invasion"  ('Yihad con Camera': cómo los afganos entrenados en Estados Unidos fotografiaron la invasión soviética).


Afganistán: pasado y presente

El 15 de mayo de 1988, comenzó la retirada definitiva de las tropas soviéticas, completada el 15 de febrero de 1989. Sin duda, la guerra de Afganistán fue el último campo de batalla de la URSS vs EEUU en la Guerra Fría, un largo, cruento e inútil conflicto. No obstante, factor decisivo del colapso económico y político de la URSS. Cuando completaron la retirada militar, sus bajas superaban los 15.000 efectivos. Cálculos estimados hablan de que la URSS destinó 800 millones de dólares anuales de su presupuesto para apoyar al gobierno de Kabul.

Cuarenta años después de la invasión soviética y veinte de la invasión USA, la situación en Afganistán no ha llegado a estabilizarse, salvo breves periodos tras el derrocamiento de los talibán, se han celebrado elecciones, se ha formado un parlamento y unas nuevas fuerzas armadas, pero el radicalismo político de corrientes yihadistas sembradas por los EEUU no trae la paz; hechos que se agudizan por la presencia del US Army y de la OTAN en dudosas misiones "humanitarias" que inicialmente se denominó "guerra contra el terror".

Hablamos de las mismas zonas conflictivas de siempre, lugares en que EEUU impulsó y fortaleció el radicalismo islámico, las provincias de Kandahar, Paktia, Zabol y Helmand, lugares donde predominan los reactivados talibán, la red de Haqqani, la nueva organización express "invitada de lujo" -el Estado Islámico- introduciendo combatientes extranjeros, fogueados en la guerra de Siria (según denuncias documentadas se financia con el tráfico de la heroína afgana), las fuerzas del líder radical islamista Gulbuddin Hekmatyar, reclutado por la CIA, cuya organización de muyahidines, el "Hezb-e Islami", recibió la mayor financiación que cualquier otro grupo. Ahí está el pretexto para mantener las tropas de los EEUU/OTAN en el país. 

¿A quién se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de que nos encontremos ante una actual ocupación de Afganistán por casi dos decenas de países, con la misma acusación imputada décadas atrás a los soviéticos?. Cosas no vistas con los soviets se agudizaron con la siembra de la democracia made in USA: El Islamismo radical y la agudización de la división Norte y Sur del país, entre los pasthun y los no pasthun. 

Las reformas que EEUU/OTAN quiere implantar en la ocupada Afganistán no distan casi nada de las aplicadas por los soviéticos (igualdad de derechos, democracia electoral representativa, acceso a la educación sin distinción de género, etc). Los problemas tradicionales persisten, lo único que diferencia las dos ocupaciones militares son el color de la bandera de los "reformistas" foráneos: Con la URSS teníamos una sola bandera, la Roja. Con la Globalización de la Guerra ya no sabemos cual es la bandera predominante, ondean más de veinte estandartes, aun cuando se nos dice que la bandera es la azul, de la ONU. 

No es nada sorprendente encontrar fotografías y reportajes que señalan a las tropas internacionales en la humanitaria misión de proteger los vastos campos de amapola. La incontrolable producción de la heroína afgana en las narices de las tropas del US Army induce al mal pensado a creer que dedican su tiempo a custodiar los campos de amapola que a otras tareas, olvidándose, incluso, del valor económico de las tradicionales alfombras made in Afganistán. 


No se nos ocurre otra respuesta al continuo interés “altruista” estadounidense de invertir –a través de metagrupos privados- en el “transporte comercial de mercancías” desde Afganistán. Solo hay una cosa que valga la pena transportar desde Afganistán, y no se trata de alfombras hechas a mano”. (Daniel Estulin)


APÉNDICE

La denominada yihad afgana contra los infieles "shuravi" produjo la fama mundial de algunos líderes locales, como Ahmad Shah Massud, "invencible para las tropas soviéticas y considerado ahora, después de su muerte en septiembre de 2001, un héroe nacional por la contribución hecha a la victoria sobre los fundamentalistas del Talibán"; Gulbuddin Hekmatyar fue otro conocido guerrillero; el general Rashid Dustum, uno de los líderes de la denominada Alianza del Norte, contraria a los talibán, es otro de ellos; pero sobre todos destacó -por la propaganda- el nombre del futuro terrorista "Número Uno", Osama bin Laden.



Uno de los más famosos líderes muyahidines fue el popular Ahmad Shah Massoud (centro de la foto) rodeado por sus comandantes y guerrilleros. la foto data de 1984 en el valle del Panjshir, noreste de Afganistán. Massoud fue pieza clave en resistencia antisoviética, luego de la marcha de las tropas de Moscú, Massoud combatió contra otras organizaciones para formar un nuevo gobierno. Más tarde tendría que combatir contra el talibán y se convirtió en enemigo de Osama bin Laden. El 9 de septiembre de 2001, a un par de días del bombardeo a la Torres Gemelas de New York, Massoud fue asesinado por dos integrantes de al Qaeda.



Gulbuddin Hekmatyar. Es un líder político radical islámico, muchas veces rechazado por la sociedad afgana, autoexiliado en Pakistán retornó a su país tras la invasión soviética. La CIA se interesó en él y fue el principal beneficiario de los ingentes recursos para la guerra, así el "Hezb-e Islami" fue de las más importantes fuerzas muyahidin. En 1992 llegó a su fín el aun existente gobierno prosoviético en guerra contra los muyahidines y dirigido por Mohammad NajibullahHekmatyar se negó a formar parte del nuevo gobierno afgano, desatándose un nuevo conflicto contra otras organizaciones (nueva guerra civil). Como parte de los procesos de paz accedió a compartir el poder con otros destacados muyahidines, como Ahmad Shah Massoud. Hekmatyar fue Primer Ministro de Afganistán entre 1993-1994 y en 1996, antes de que la caída de Kabul en manos del Talibán que accedió al poder. Hekmatyar, tras la invasión USA y la caída de los talibán (2001), dirigió una nueva guerra, esta vez contra el gobierno de Hamid Karzai y la Coalición Internacional basada en Afganistán, no tuvo éxito y en 2016 accedió a firmar un acuerdo de paz con el gobierno afgano. Hekmatyar es descrito como uno de los "Señores de la Guerra", brutal y sanguinario. El conocido investigador y ex diplomático canadiense, Peter Dale Scott, autor de conocidos libros como "Drugs Oil and War, The Road to 9/11, and the Deep Politics of War" y "American War Machine: Deep Politics, the CIA Global Drug Connection and the Road to Afghanistan", tiene mucho que decir sobre Hekmatyar: "Los primeros señores de la droga de importancia internacional –Gulbuddin Hekmatyar y Abu Rasul Sayyaaf– en realidad se vieron proyectados hacia la escena internacional gracias al masivo e imprudente apoyo de la CIA, en colaboración con los gobiernos de Pakistán y de Arabia Saudita. Mientras otras fuerzas locales de resistencia eran consideradas como fuerzas de segunda clase, estos dos clientes de Pakistán y de Arabia Saudita, precisamente por no disponer de apoyo a nivel local, fueron pioneros en el uso del opio y la heroína como medio de conformar sus fuerzas de combate y de crear un recurso financieroLos dos se convirtieron, además, en agentes del extremismo salafista atacando el Islam sufista endógeno en Afganistán. Los dos acabaron convirtiéndose en agentes de al-Qaeda". (El opio, la CIA y la adminstración Karzai, Peter Dale Scott).


Otras explicaciones gráficas 

Mohammed Najibullah
jefe de estado afgano entre 1987-1992


La retirada soviética de Afganistán en 1989 no significó la caída del gobierno y la República Democrática de Afganistán, hecho que sucedió en 1992. Tras la invasión soviética 1979 se nombró a Babrak Karmal como Jefe de Estado. Desde septiembre de 1987 hasta abril de 1992 Mohammed Najibullah sería el dirigente afgano en el poder. Tras la partida de las tropas soviéticas su gobierno intentó terminar la guerra civil; sin embargo, aun recibía asistencia económica y militar de la URSS, a la vez, EEUU y Pakistán siguieron apoyando a los muyahidines. En la foto, el presidente Mohammed Najibullah (centro), sonríe cuando se encuentra con soldados del Ejército Rojo en el centro de Kabul, durante un desfile (foto del 19 de octubre de 1986). Najibullah fue ahorcado en una calle cerca del complejo de la ONU en Kabul el 27 de septiembre de 1996, lugar donde había buscado refugio desde abril de 1992 cuando los muyahidines entraron en la capital afgana siendo el final de la república socialista. El 28 de abril de 1992 los muyahidines proclaman el Estado Islámico de Afganistán, pero la paz no llega, los Señores de la Guerra se enfrascan en conflictos internos, el país queda dividido en grupos de poder, el auge de la producción y el tráfico de heroína se dispara.


Muyahidines en USA 


4 de noviembre de 1989, miembros de la USAF (Fuerza Aérea) y agentes de la CIA reciben y ayudan a los muhayidines (muchos de al-Qaeda y futuros talibán) en territorio estadounidense. Se trata de combatientes evacuados por heridas y transportados desde Islamabad - Pakistán, a hospitales en Europa y Estados Unidos para recibir tratamiento médico. Tras la retirada soviética, La CIA dio por finalizada la "Operación Ciclón", millones de dólares y armamento potente quedaron en manos de la ya creada red al-Qaeda y de los muyahidines. La CIA dejó establecido los contactos militares para seguir apoyándolos y tras el colapso del gobierno socialista afgano en 1992 se establece el Estado Islámico de Afganistán y el inmediato estallido de una nueva guerra civil entre organizaciones de antiguos muyahidines bajo el mando de los llamados "Señores de la Guerra". Una de las grandes beneficiarias de la riqueza y armamento es al-Qaeda, apenas dos años después nace oficialmente el Talibán (1994), en alianza logran tomar el poder en 1996 y gobiernan Afganistán hasta 2001 (invasión USA). El ascenso de los talibán - al Qaeda no viene solo, son respaldados por Pakistán y Arabia Saudí. No está demás aclarar que la CIA conocía no solo de las actividades de los muyahidines, sabía de las acciones e intenciones de al-Qaeda y el Talibán; y, en ciertos casos, manipulando a esas organizaciones para sus intereses estratégicos regionales... el 11 de septiembre de 2001 estaba servido, el pretexto para una nueva invasión a Afganistán, está vez la guerra es una "lucha contra el terror", según George W. Bush.


Despedida de las tropas soviéticas de Afganistán

La retirada. Un soldado del Ejército Rojo encima de un vehículo blindado sonríe cuando las tropas del Ejército Soviético se detienen en Kabul antes de su retirada de Afganistán, el 16 de mayo de 1988. Una emotiva madre abraza a su hijo, un soldado soviético que acaba de cruzar la frontera soviético-afgana en Termez, durante la retirada del ejército soviético de Afganistán, el 21 de mayo de 1988. 


Crímenes de guerra soviéticos y Muyahidines

Se reportaron decenas de ataques aéreos soviéticos que destruyeron aldeas afganas. Gran parte de los combates fue un brutal ataque de ida y vuelta con emboscadas muyahidines contra convoyes soviéticos respondidos por raids de la aviación que arrasaron pueblos cercanos a los sitios de los ataques. En la foto inferior. Maniquíes de soldados soviéticos elaborado por los muyahidines, el letrero dice: "Las hermanas de Shahr-e Naw", un vecindario en Kabul, "están llorando, mientras que las hermanas de los comunistas se están burlando de sus ojos". Un soldado recordó amargamente que le dijeron que "estábamos ayudando al pueblo afgano a poner fin al feudalismo y construir una maravillosa sociedad socialista". Pese a la propaganda de los EEUU no fueron muchos los soldados del ejército soviético que desertaron, se estima en algo más de 200 y que se hayan convertido al Islam sigue siendo discutible, ya que la mayoría de desertores, así como gran parte del contingente destinado a Afganistán, provenían de las repúblicas soviéticas de mayoría musulmana, fronterizas con el país afgano. Muchos de los desertores o que fueron capturados se radicaron en el país.


"El guerrero antisoviético pone a su ejército en el camino hacia la paz". Bonito titular del diario británico "The Independent" (6 de diciembre 1993), "El hombre de negocios saudí quien reclutó muyahinenes ahora los usa para proyectos de construcción a gran escala en Sudán". Materia espinosa los casos de crímenes de guerra en cualquier conflicto. Sin duda, la guerra de Afganistán no fue la excepción. Los dos bandos se involucraron en acciones contrarias a los principios Humanitarios. A las tropas soviéticas se les considera culpables de ataques indiscriminados a poblaciones civiles, mediante el uso de la artillería y la aviación de guerra. Se les llegó a acusar de violaciones en masa y asesinatos de inocentes civiles que incluía métodos crueles como la tortura o ser quemados vivos en algunos casos. Arresto, tortura y asesinato de opositores al gobierno comunista de Kabul, etc. Por el otro lado, se afirma que la CIA toleró los crímenes de los muyahidines, incluso se fomentó el pago de recompensas en dólares por el asesinato de soldados soviéticos, el pago dependía de la víctima. Veamos algunos casos: por la muerte de un soldado enemigo (afgano o soviético) 250 dólares o 5 mil afgani; si el muerto era un docente (hombre o mujer, religioso o no), recibía 750 dólares o 7 mil afgani; si el muerto era un clérigo musulmán contrario a la "yihad" o predicaba contra las acciones de los muyahidines el pago era de 2.500 dólares o 10 mil afgani; por cada avión (civil o militar) la recompensa era de 25.000 dólares o 100 mil afganis. Otras acusaciones contra los muyahidines son la destrucción de más de dos mil escuelas y hospitales, reclutamiento forzado de niños para la yihad, envenenamiento de niñas por asistir a la escuela, asesinato de miles de civiles inocentes por no ser musulmanes suníes. Otros métodos usados por los soviéticos también fueron practicados por los muyahidines: ataque y destrucción de aldeas enteras, asesinato y quema de esa población; asesinatos de prisioneros de guerra afganos y soviéticos, torturas, mutilaciones, igual cosa con los civiles acusados de colaborar con el enemigo.


El Afganistán de hoy. La búsqueda de la "paz" continúa. En la gráfica: El secretario de Estado Mike Pompeo (izq) en una reunión con el presidente afgano Ashraf Ghani, el Jefe Ejecutivo afgano Abdullah Abdullah y el ex presidente afgano Hamid Karzai (derecha) en el Palacio Presidencial de Kabul, 25 de junio de 2019 (foto de Jacquelyn Martin / AFP / Getty Images).

Fuentes:

El opio, la CIA y la administración Karzai

Entrevista Zbigniew Brzezinski
Pakistán y Afganistán - epicentros de la intriga geopolítica
La trampa: Afganistán 1979-2009
Las extrañas finanzas de los “rebeldes sirios”
El asesinato de Amin 
La Hermandad Musulmana
De Afganistán a Siria: derechos de la mujer, propaganda de guerra y CIA
“America’s surrender”: What Afghans think about US-Taliban peace talks
The Soviet Invasion of Afghanistan, 1979: Not Trump’s Terrorists, Nor Zbig’s Warm Water Ports
‘Jihad By Camera’: How U.S.-Trained Afghans Photographed the Soviet Invasion
* Además de la lectura de notas de prensa conmemorando los 40 años de la invasión.
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