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13 agosto 2026

La compleja historia del himno alemán. ¿Es verdad qué está prohibido?




por T. Andino
Recopilación de varias fuentes



El himno de Alemania, tiene una historia compleja. 

No nació como un himno patrio. La música fue compuesta por el austriaco Joseph Haydn en 1797 en tiempos del Imperio Austro-Húngaro, éste musicalizó el poema "Gott erhalte Franz den Kaiser" (Dios salve al emperador Francisco), también conocido como "Kaiserhymne" (Himno del Emperador), es decir, estaba dedicado al emperador austriaco Francisco II, la letra fue escrita por Lorenz Leopold Haschka, siendo una canción patriótica que expresaba devoción a éste emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Debemos destacar que el tema sí que fue oficialmente el Himno de Austria hasta 1918.



Gott erhalte Franz den Kaiser / Imperial Anthem of Austria-Hungary 1797–1918
(Himno Imperial)



Es necesario hacer una importante aclaración sobre esa historia. En realidad nació en Croacia (lo que hoy se conoce como Croacia) allí existe una antigua y popular canción en ese dialecto llamada "Stal se jesem v jutro rano" (Me levanté temprano en la mañana) y su inició musical suena, si no bastante parecido, casi idéntico, al comienzo del himno alemán (Croacia formaba parte del Imperio Austro-Húngaro).

Fue en la pequeña ciudad de Eisenstadt (capital del estado federal de Burgenland) en Austria, cercana a la frontera con Hungría, lugar en el que fácilmente se sigue hablando alemán, húngaro y croata, donde Joseph Haydn vivió en el siglo XVIII al ser contratado por una familia aristocrática para dirigir su orquesta y ópera. Esa fue la razón por la que Haydn conocía la popular canción croata "Stal se jesem v jutro rano", por sentado, posteriormente se inspiró en ella para incorporarla a una de sus más famosas obras. 



Stal Se Jesem V Jutro Rano - Croatian Folk Song 


Con el paso de los años la melodía (música) de Haydn se utilizó continuamente en otros contextos, a menudo acompañada de nuevas letras en temas de música clásica, himnos cristianos, almas maters y, por supuesto, en "Das Lied der Deutschen" o "Deutschlandlied" (La Canción de los Alemanes), cuya tercera estrofa es el actual himno nacional de Alemania.

La letra del "Deutschlandlied" fue escrita en 1841 por August Heinrich Hoffmann von Fallersleben que la escribió dentro de un contexto diferente, buscaba promover la unidad y la libertad alemanas en un momento de fragmentación política, aún no había nacido el Imperio Alemán, es decir, la Alemania unificada que apenas se constituyó en 1871 (tengamos presente, entonces, que "La Canción de los Alemanes" no nació como himno nacional).



En 1841, cuando Fallersleben escribió el poema se vivía la llamada Crisis del Rin entre la Confederación Germánica (Deutscher Bund) y Francia (desde 1840, durante esa crisis surgieron numerosas canciones nacionalistas, destacándose la conocida "Die Wacht am Rhein" y, claro, el poema "Das Lied der Deutschen"). La Confederación Germánica operaba como una alianza defensiva bajo liderazgo austríaco donde ya se notaba la influencia prusiana, pero sin un gobierno central fuerte.Francia reivindicaba al río Rin como frontera, lo que implicaba una gran pérdida territorial para los alemanes. 

Entonces, August Heinrich Hoffmann von Fallersleben en la isla de Helgoland escribió la letra del poema "Das Lied der Deutschen" (1841), el futuro de los pueblos germánicos era desconocido, Alemania estaba dividida en innumerables reinos, ducados, principados y otros territorios libres; la juventud -sobre todo los estudiantes- clamaban por reformas democráticas y una unificación nacional de todos los territorios de habla alemana; ideales que estaban por encima de los numerosos y pequeños reinos que unidos darían una considerable extensión geográfica de Alemania, el poema de Hoffmann describe a cuatro ríos Maas, Memel, Etsch y Belt.


Das Deutschlandlied
Das Lied der Deutschen
(La Canción de Alemania
La Canción de los Alemanes)

Facsímil del manuscrito original de Das Lied der Deutschen escrito por Hoffmann von Fallersleben.


Letra


Deutschlandlied
Letra alemana
Traducción al castellano
Primera estrofa

Deutschland, Deutschland über alles,
Über alles in der Welt,
Wenn es stets zu Schutz und Trutze
Brüderlich zusammenhält.
Von der Maas bis an die Memel,
Von der Etsch bis an den Belt,
 |: Deutschland, Deutschland über alles,
  Über alles in der Welt! :|


Alemania, Alemania por encima de todo,
por encima de todo en el mundo,
así será si en la protección y resistencia
permanecemos unidos como hermanos.
Desde el Mosa hasta el Niemen,
desde el Adigio hasta el Belt,
 |: ¡Alemania, Alemania por encima de todo,
  por encima de todo en el mundo! :|

Segunda estrofa

Deutsche Frauen, deutsche Treue,
Deutscher Wein und deutscher Sang
Sollen in der Welt behalten
Ihren alten schönen Klang,
Uns zu edler Tat begeistern
Unser ganzes Leben lang.
 |: Deutsche Frauen, deutsche Treue,
  Deutscher Wein und deutscher Sang! :|


Mujeres alemanas, lealtad alemana,
vino alemán y canciones alemanas
deben guardar en el mundo
su antigua y hermosa melodía
y deben inspirarnos siempre a nobles hazañas
a lo largo de toda nuestra vida.
 |: ¡Mujeres alemanas, lealtad alemana,
  vino alemán y canciones alemanas! :|

Tercera estrofa
(himno oficial de la República)

Einigkeit und Recht und Freiheit
Für das deutsche Vaterland!
Danach lasst uns alle streben
Brüderlich mit Herz und Hand!
Einigkeit und Recht und Freiheit
Sind des Glückes Unterpfand;
 |: Blüh' im Glanze dieses Glückes,
  Blühe, deutsches Vaterland! :|


Unidad y justicia y libertad
para la patria alemana;
persigamos todos ese fin
fraternalmente, emocionados y actuando.
Unidad y justicia y libertad
son garantía de felicidad;
 |: ¡Que florezca en el resplandor
de esta felicidad,
  Que florezca, la patria alemana! :|




Durante mucho tiempo tras su creación, el poema-canción no fue más que una de tantas canciones patrióticas, pero ganó importancia y se hizo más conocido tras una batalla de la Primera Guerra Mundial, se dice que los soldados la cantaron durante un ataque (no es fácil determinar si fue realmente un hecho real acaecido en noviembre de 1914 o si se trataba de propaganda). 

Lo que sí es cierto es que el 22 de agosto de 1922, el poema completo -con sus tres estrofas- (aunque fue añadida una cuarta estrofa escrita por Albert Matthai tras el fin de la Gran Guerra) se adoptó como el himno nacional del naciente y democrático estado alemán conocido como la República de Weimar, bajo la presidencia de Friedrich Ebert. La Constitución de Weimar tuvo una corta existencia entre 1918 y 1933, cuando fue derrocada por los nazis. 

Los nazis y el himno

Durante la dictadura nazi, 1933 - 1945, solo se cantaba principalmente como himno la primera estrofa del "Deutschlandslied": "Deutschland, Deutschland über alles" (Alemania, Alemania sobre todo), quedando asociado con el expansionismo y el dominio mundial, esa estrofa era continuada con la canción de batalla de los nazis, el Horst Wessel, el himno del partido nacionalsocialista (NSDAP), mismo que permanece prohibido en Alemania y Austria desde 1945.

Puede comprenderse que tengamos en mente la guerra de agresión y expansión territorial de los nazis, pero no debemos olvidar que la letra de Hoffmann -un siglo antes- pretendía exclusivamente describir la extensión lingüística de los pueblos germanoparlantes en búsqueda de su unificación en aquellos tiempos, Hoffmann quería expresar, de forma general, sus deseos de unidad entre los alemanes de manera comprensible a través de una poesía patriótica. 

Desde 1952 solo se canta la tercera estrofa del poema de Hoffmann como himno nacional oficial de la República Federal de Alemania, dicha estrofa comienza con "Einigkeit und Recht und Freiheit" (Unidad y justicia y libertad). Pero, ¿por qué solo la tercera? En la posguerra era evidente que había asuntos de mayor importancia que el himno nacional; en ese contexto se propuso por mantener el himno tradicional, optar por canciones patrióticas conocidas o componer nuevas canciones. 

Konrad Adenauer, el canciller y Theodor Heuss, el presidente de Alemania, resolvieron el "caso" en 1952, decidiendo que el "Deutschlandlied" sería el himno nacional, pero que en actos oficiales solo se cantaría la tercera estrofa: "Einigkeit und Recht und Freiheit" (Unidad y justicia y libertad para la patria alemana...) En 1991, tras la reunificación, el canciller Helmut Kohl y el presidente Richard von Weizsäcker, declararon oficialmente a la tercera estrofa himno nacional de Alemania. "Einigkeit und Recht und Freiheit" se convirtió en el lema nacional de Alemania.


Himno Nacional de Alemania. La letra consta únicamente de­ la tercera estrofa de la "Canción de los alemanes", de August Heinrich Hoffmann von Fallersleben (1841). Melodía compuesta por Joseph Haydn en 1797.


Tras el final de la segunda guerra mundial las dos primeras estrofas fueron suprimidas por su asociación con el expansionismo nazi, aunque siguen presentes como parte de la "Canción de los Alemanes". Hasta podemos entender que la primera estrofa siga siendo apreciada de otra manera, razón por la que se decidió desecharla por una connotación negativa; no obstante, sin que suene contradictorio, tampoco es que esté prohibido cantarla, "simplemente" es mal visto si alguien lo hace porque suele afirmarse que quienes siguen entonando la primera estrofa del "Deutschlandlied" pertenecen a grupos nacionalistas radicales

Esa primera estrofa puede sonar muy directa y agresiva. La lógica nos dice que seguimos apreciándola bajo la lupa de los acontecimientos del siglo XX en Europa y el mundo. Tenemos una noción algo clara del por qué y cómo se desató la Primera Guerra Mundial, aún más, estamos familiarizados con los hechos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial y el régimen de terror de la Alemania nazi. Por lo mismo, la percepción común sigue latente sobre esa brutal etapa histórica de Alemania que perdura en el fondo de nuestras mentes.

En cuanto a la supresión de la segunda estrofa se debió a que fue considerada poco digna, simplemente suena algo anticuada para un himno nacional... menos marcial, pareciéndose más a una canción para beber... Aquí si -contradictoriamente- ha sido apreciada -efectivamente- como anticuada por nada marcial para ser el himno de los alemanes. 

Pero, resulta que tras la guerra emergieron dos Alemanias, la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática de Alemania (RDA). ¿Y que tenían que decir respecto al himno en la Alemania Oriental (RDA) con su ideología antifascista y socialista? La solución apareció en 1949 al proponerse un nuevo himno, la canción inédita llamada "Auferstanden aus Ruinen" (Resurgido de las Ruinas), las sílabas de la letra pueden encajar con la música de Haydn, las letras de ambas naciones podían entonarse con la misma melodía.



Auferstanden aus Ruinen (Himno Nacional de la RDA)

La polémica de la historia y la división de Alemania conllevó a que los himnos no fueran cantados con frecuencia durante décadas, limitándose en la mayoría de casos a la interpretación instrumental, las sombras del pasado nazi que había abusado infamemente de los símbolos del estado alemán seguían latentes; y, también porque era evidente que algunos pasajes de la letra describen una Alemania unida, algo imposible de lograr con la existencia de la RFA y la RDA. En ese sentido el texto del himno tradicional resultaba inadecuado para los dos protagonistas, razón por la que prevalecieron las versiones instrumentales hasta la reunificación de Alemania en 1990, una "reunificación" en que el poder económico de la Alemania Federal impuso las reglas, incluido el himno nacional y el nombre oficial como República Federal de Alemania. A pesar de que surgieron otros proyectos para un nuevo himno nacional, la tercera estrofa del "Deutschlandlied" prevaleció.

Entre las propuestas, la de mejor acogida que pudo haber triunfado fue el "Kinderhymne" (El himno de los niños) escrito por Bertolt Brecht en 1950 y musicalizado por Hanns Eisler el mismo año. Muchos reconocieron en el Kinderhymne el llamado a la reconciliación tras el drama fatídico de la guerra, incluso recordaba referencias al "Deutschlandlied". 

Sin embargo, Bertolt Brecht y su obra general tenía un fuerte componente político, abierto crítico del militarismo desde su época escolar, llamaba a los soldados -de los que Alemania se enorgullecía- "carne de cañón descerebrada impulsados ​​por la propaganda de guerra". Brecht no veía ningún mérito el tener que morir por su pueblo y su país, como se les enseña a los jóvenes soldados. Aunque nunca fue un militante político se consideraba un hombre de izquierda y, por esas razones -entre otras- no fue considerado digno para ser autor del himno nacional alemán.



Kinderhymne - Bertolt Brecht

En la actualidad, la mayoría de los alemanes se mantienen críticos con los símbolos nacionales, sus estandartes representativos son poco frecuentes, así como el himno nacional casi siempre suele escucharse más en eventos deportivos que en actos oficiales del estado o evocados en las escuelas.

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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels (intercalando nuestras personales notas). La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo de impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


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15 septiembre 2025

El cómo Occidente ha planeado destruir Rusia desde hace siglos (3)




por Tito Andino


Viene de la Parte II


Historia y no Propaganda

III

Diseñando la posguerra y la inmediata Guerra Fría


Después de la batalla de Kursk de 1943, que culminó con la derrota de la Wehrmacht, se reunieron en Québec - Canadá (20 de agosto 1943) los jefes de los Estados Mayores de EE.UU y Gran Bretaña, así como Churchill y Roosevelt. En el orden del día estaba el tema de un eventual abandono por Estados Unidos y Gran Bretaña de la coalición antihitleriana y la formación de una alianza con los generales nazis con el fin de librar una guerra conjunta contra la Unión Soviética.

Según la ideología de Churchill y quienes la compartían en Washington, había que detener a los “bárbaros rusos” en el Este, lo más lejos posible, y si no derrotar a la Unión Soviética, por lo menos debilitarla al máximo. Hacerlo, antes que nada, por las manos de los alemanes, era un viejo plan de Churchill de 1919 (planteado al general ruso Kutepov durante la guerra civil rusa). Así se formuló la tarea en momentos en que estadounidenses, ingleses y franceses estaban sufriendo un revés y no podrían aplastar a la Rusia soviética. Churchill decía que quería -y en parte así fue- que de eso se encargaran los japoneses y alemanes.

En 1930, Churchill había explicado la misma tarea en clave a Bismarck, primer secretario de la Embajada de Alemania en Londres. Los alemanes se comportaron durante la Primera Guerra Mundial como unos necios, dijo Churchill. En vez de reconcentrarse en infligir la derrota a Rusia, empezaron a librar la guerra en dos frentes. Si ellos se hubieran ocupado sólo de Rusia, Inglaterra habría neutralizado a Francia. Parece que Churchill percibía esto no tanto como una lucha contra los bolcheviques cuanto como una continuación de la guerra de Crimea de 1853-1856.




El historiador ruso, Valentín Falin, señala que dentro de la coalición antihitleriana, las relaciones de aliados semejaban ser, por no decir que eran unos besos de Judas. Se hacían promesas, sin asumir compromisos, o -aún peor- para inducir a error a la parte soviética. Esta directriz formulada en el despacho de Chamberlain es elocuente: “Si Londres no puede evitar pactar con la Unión Soviética, la firma británica que se ponga al pie del documento no debe significar que en caso de agredir los alemanes contra la URSS los ingleses le acudan en ayuda a la víctima de la agresión, declarando guerra a Alemania. Debemos reservarnos la posibilidad de manifestar que Gran Bretaña y la Unión Soviética interpretan los hechos de distintos modos”.

Los aliados occidentales pretendían que una guerra de desgaste entre soviets y nazis hiciera sucumbir finalmente a la URSS. Pensaban que hacia la primavera de 1944 el potencial ofensivo de la Unión Soviética se vería agotado por completo, sin reservas humanas no podría asestar a la Wehrmacht un golpe comparable a las batallas de Moscú, Stalingrado y Kursk. Solo entonces, pensaban en Occidente, los soviéticos cederían la iniciativa estratégica a EE.UU e Inglaterra en las fechas propuestas para el desembarco de Normandía.

Y con el desembarco aliado en el continente se hizo coincidir un complot tramado contra Hitler. Los generales alemanes debían tomar el poder, disolver el Frente Occidental y abrir paso a los estadounidenses e ingleses para que éstos ocuparan Alemania y “liberaran” a Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Austria... Se pretendía hacer parar al Ejército Rojo en las fronteras del año 1939.

A los estadounidenses no les resultó fácil recorrer Alemania en marcha alegre bajo el son de la música marcial, se vieron obligados a entrar en combates, a veces pesados. Cuando las tropas de EE.UU se acercaron a París estalló una sublevación, los estadounidenses se detuvieron a treinta kilómetros de la capital, esperando a que los alemanes acabasen con los rebeldes, porque se trataba de la resistencia comunista, pero los sublevados lograron imponerse, entonces los estadounidenses tomaron París. Algo análogo sucedió en la parte Sur de Francia.

Ya en 1941 Occidente esperaba ansiosa la fecha en que Moscú caiga. En 1942, Turquía, Japón y EE.UU estaban aguardando la caída de Stalingrado, para luego empezar a revisar su política. Los “aliados” no compartieron con la URSS los datos obtenidos por sus servicios de inteligencia, los planes de los alemanes para desarrollar la ofensiva del Don al Volga y después hacia el Cáucaso, los estadounidenses, aunque conocían muchos detalles, días y horas, por ejemplo, respecto a los preparativos de la operación “Ciudadela” en el Arco de Kursk, no informaron de nada.




Al contrario, los “aliados” occidentales preparaban ya el plan “Rankin”. El plan principal no fue el “Overlord”, sino “Rankin” para establecer el control anglo-americano sobre toda Alemania y todos los Estados de Europa del Este, impidiendo el paso de los ejércitos soviéticos. Eisenhower, recibió la directriz: ir preparando “Overlord”, pero siempre tener en cuenta “Rankin”. La cosa era que si se presentaban las condiciones propicias para realizar el “Rankin”, “Overlord” quedaría de lado. El levantamiento en Varsovia fue organizado con ese objetivo.

Reiteramos, en 1944 el plan fundamental consistía en lograr detener en lo posible a la Unión Soviética, lo dijo Churchill abiertamente en octubre de 1942 (antes la contraofensiva en Stalingrado), “tenemos que hacer parar a esos bárbaros en el Este, lo más lejos posible”, se refería a los rusos como “monos salvajes”. En 1945 el general George S. Patton exigía histéricamente no detenerse en el Elba y mover las tropas norteamericanas a través de Polonia y Ucrania hacia Stalingrado para terminar la guerra en el mismo lugar donde Hitler había sufrido una derrota, igual criterio manejaban otros generales estadounidenses que expresaban que hay que “detener a los descendientes de Genghis Khan”. La "teoría de los infrahombres" no era un monopolio alemán.

Churchill se sentía libre de cualquier compromiso ante la Unión Soviética y hasta intentó, en vísperas de la cumbre de Yalta, orientar al presidente Roosevelt hacia una confrontación con Moscú. Fracasó. En esas fechas Churchill ordenó almacenar las armas de trofeo alemanas con vistas a su eventual uso contra la URSS e internar en el sur de Dinamarca y en la tierra de Schleswig-Holstein, a las divisiones de soldados y oficiales de la Wehrmacht que se rendían a las tropas británicas. El Frente Occidental ya no existía, solo había la confrontación germano-soviética en el Frente Este. Churchill anhelaba que las tropas americanas y británicas pudieran relevar a las unidades de la Wehrmacht o fusionarse con los alemanes en la tarea de contrarrestar la “amenaza soviética”.

Para Churchill era necesario deshacerse de los rusos porque habían cumplido ya su misión, pero eso era imposible mientras viva Roosevelt.

Para la Conferencia de Potsdam, Churchill se opuso a formalizar la victoria rindiendo el tributo a la aportación hecha por la Unión Soviética. Churchill creía que era la oportunidad de Occidente, aprovechar un momento en que la URSS tenía recursos prácticamente agotados, retaguardia demasiado extensa, tropas cansadas de la guerra y equipos desgastados. Era necesario lanzarle un reto a Moscú y obligarla, ante la alternativa de otra guerra penosa, a plegarse al dictado de los anglosajones.

No es una especulación, ni tampoco una hipótesis, sino la constatación de un hecho con nombre propio. A principios de abril, según otros datos, a finales de marzo de 1945, Churchill ordenó que se procediera con la máxima urgencia a los preparativos de la Operación “Impensable”.

Una nueva guerra tenía que empezar el 1 de julio de 1945 en la cual deberían participar las tropas estadounidenses, británicas, canadienses, el cuerpo expedicionario polaco y diez o doce divisiones alemanas, aquellas que se mantenían sin disolver en la tierra de Schleswig-Holstein y en el sur de Dinamarca. El presidente Truman se abstuvo de apoyar aquella idea, la opinión pública en Estados Unidos no estaba dispuesta a aceptar una traición tan cínica a la causa de las Naciones Unidas. Pero no era ésta, probablemente, la causa principal. (Algo más sobre la “Operation Unthinkable” (Operación Impensable, más adelante)

Los generales norteamericanos defendieron la necesidad de mantener la cooperación con la URSS hasta que capitulara Japón. Además, ellos suponían, al igual que los militares británicos, que era más fácil desatar una guerra contra la Unión Soviética que terminarla con éxito. El riesgo les parecía demasiado grande.

La muerte de Roosevelt provocó un cambio casi relámpago en las directrices de la política norteamericana. En su última alocución al Congreso de EE.UU, el 25 de marzo de 1945, el presidente advertía que la nación estadounidense debía asumir la responsabilidad por la cooperación internacional o, de lo contrario, sería responsable de un nuevo conflicto a escala mundial. Bien puede señalarse que la toma de Berlín por los soviéticos frenó a Londres y a Washington de la tentación de empezar la III Guerra Mundial.

Truman anunció en una reunión del 23 de abril en la Casa Blanca, su propia línea, la capitulación de Alemania era una cuestión de varios días, a partir de lo cual las trayectorias de la URSS y EE.UU. iban a divergir radicalmente. El equilibrio de los intereses era una tarea para flojos y en adelante primaría la Pax Americana. Truman estaba a un paso de declarar sin más dilaciones, a bombos y platillos, el término de la cooperación con Moscú. Y lo habría hecho si no fuera por la oposición de los militares estadounidenses. De haberse producido una ruptura con la URSS, Washington habría tenido que acabar con Japón por cuenta propia, lo cual le habría costado según las estimaciones del Pentágono entre uno y dos millones de vidas. Así que los militares de EE.UU, guiándose por razones propias, impidieron en abril de 1945 una avalancha política. Pero no fue por mucho tiempo.

La actitud de Occidente en relación a Rusia en la segunda guerra mundial fue de un cinismo total, pasaba de ser "amiga" a "enemiga" de la noche a la mañana, de "nuestro increíble aliado" pasó a ser el "nuevo Hitler", no obstante que las esferas de influencia en Europa fueron discutidas a fondo y acordadas por las potencias aliadas en las Conferencias de Yalta y Potsdam.

Algo parecido sucedió en la Gran Guerra, Rusia era el aliado de Occidente con la coalición de la "Triple Entente" (junto a Gran Bretaña y Francia) para terminar transformándose en la "amenaza bolchevique". La historia quiere ocultar un hecho trascendental, la Rusia de los bolcheviques fue una criatura nacida de los intereses financieros de Occidente como bien lo explicó el estudioso Anthony Sutton en “Wall Street y la Revolución Bolchevique”.


Conferencia de Potsdam, 17 de julio a 2 de agosto de 1945, En la foto se aprecia a Stalin junto a Harry S. Truman, que reemplazó al fallecido F.D. Roosevelt, mientras Winston Churchill aún compareció en las primeras jornadas de la Conferencia, pero al poco sería reemplazado por Clement Attlee tras la victoria de su partido (Laborista) en las elecciones del 26 de julio 1945


La Guerra Fría

Durante la Guerra Fría la disuasión nuclear soviética fue la que contuvo las nuevas aventuras del Occidente civilizado, pero en un principio no fue así. Tanto británicos como estadounidenses se arrepentirán por siempre no haber liquidado a los soviéticos en la inmediata posguerra e inicio de la Guerra Fría, tuvieron un margen de cuatro años, hasta 1949 y aún más tiempo, porque recién los soviéticos probaban su primer arma atómica.

En esta época se presentaron episodios de trascendencia como la crisis de los misiles en Cuba 1962, en respuesta al despliegue de sistemas de misiles de la OTAN en Turquía. Las guerras de Corea y de Vietnam fue otro campo de enfrentamiento entre los soviéticos y EEUU/OTAN, guerras de liberación o independencia en el África y países del Asia, represión militar a los gobiernos de izquierda en Latinoamérica, etc.

Por lo mismo, no solo podemos acusar a Occidente de sembraba caos, la URSS y los países de su órbita fomentaron lo que se denomina “lucha popular” de grupos generalmente conocidos como “Movimientos de Liberación Nacional”; para contrarrestarlo, la OTAN creó los grupos "Stay Behind" y la “Operación Gladio” que alteraron el orden en naciones europeas, en muchas ocasiones con falsos ataques atribuidos a la izquierda “terrorista”, una verdadera guerra sucia que como secuela costó la vida de cientos de inocentes. Es lo que muchos expertos calificaron como “La estrategia de la tensión. El terrorismo no reconocido de la OTAN” 

En este largo periodo, hasta el descalabro del bloque soviético, se debe destacar un par de acontecimientos, que los esbozamos resumidamente.

El sabotaje de la OTAN dentro de los países satélites del Pacto de Varsovia y en la misma URSS era cotidiano, apoyaron, por ejemplo, el separatismo a través de “Radio Europa Libre/Radio Libertad” y “Voz de América” (VOA). Se buscaba a través de la propaganda sembrar la discordia entre grupos nacionales de las repúblicas soviéticas que buscaban autonomía, independencia política y económica, así como la preservación de su identidad nacional. 

Los intereses occidentales explotaron el derecho de secesión instaurado en la Constitución soviética de 1977, lo que proporcionó un marco legal para los movimientos separatistas siempre seducidos y auspiciados desde el exterior.

El caso de Ucrania siempre tuvo fuertes connotaciones, a pesar de los líderes soviéticos ucranianos fueron quienes destacaron políticamente en la mayoría de decisiones centrales de la URSS. Existían movimientos separatistas armados que luchaban contra el sistema soviético desde antes de la segunda guerra mundial, en especial en ciertas zonas del oeste de Ucrania, donde operaba el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), colaboracionistas del nazismo, hasta la década de 1950 Stepan Bandera era uno de sus símbolos.

Pero, el acto más trascendental -sin duda- constituyó, ni bien terminaba la segunda guerra mundial, el plan de guerra británico "Operation Unthinkable" (Impensable) y el plan estadounidense "Operation Dropshot", una guerra terrestre en Europa, parcialmente apoyada por armas atómicas en contra de la URSS.

Operación Impensable (Operation Unthinkable), enunciada más arriba, nació cuando Churchill le escribió a Anthony Eden, su secretario de Relaciones Exteriores, el 4 de mayo de 1945, decía que solo "un enfrentamiento temprano y rápido" con la Unión Soviética podría cambiar el rumbo de los acontecimientos. Argumentó que la alternativa era dejar a Francia y al resto de Europa occidental vulnerables a una invasión soviética

Churchill ordenó al general Hastings Ismay, quien luego se desempeñaría como primer secretario general de la OTAN, planear el ataque sorpresa en las posiciones del Ejército Rojo en Europa Central y Oriental (Operación Impensable). La idea era atacar en medio de las líneas soviéticas, alrededor de Dresde, con 47 divisiones estadounidenses y británicas, aproximadamente la mitad de lo que los aliados occidentales tenían disponibles en ese momento. Unos 100.000 soldados de la Wehrmacht debían participar. El objetivo inmediato era liberar a Polonia, que era, después de todo, la razón por la que Gran Bretaña había ido a la guerra en 1939. Ismay consideró el plan inviable (impensable, dirían muchos) y advirtió que, lejos de hacer retroceder al Ejército Rojo, podría provocar que la Unión Soviética lance una guerra total en Europa para defenderse. La única forma de hacer que el plan funcione era usando armas nucleares. Stalin, estaba informado por sus espías del plan británico y tomó contramedidas.


Operation Unthinkable plan británico preparado para el 1 de julio de 1945  y  Operation Dropshot (la fotografía de la derecha corresponde la prueba nuclear "Shot Apple-2"), el Plan Estadounidense para la Tercera Guerra Mundial Contra la Unión Soviética» en 1957

 

La “Operación Dropshot” fue el primer plan de Estados Unidos para la guerra nuclear, elaborado en 1949, desclasificado en 1977, preveía que la Guerra Fría se calentaría en 1957. El plan proponía utilizar 300 bombas nucleares y 29.000 explosivos de alto rendimiento, lanzados desde bases en Alaska, Okinawa, el Golfo Pérsico, el Reino Unido y el territorio continental de los Estados Unidos, contra sitios estratégicos, ciudades e instalaciones soviéticas que eliminarían el 85% de la capacidad industrial de la Unión Soviética. La inicial ola de ataques sería seguida por operaciones aéreas contra objetivos navales, con énfasis en la reducción de las capacidades submarinas soviéticas y lograr un bloqueo marítimo de la Unión Soviética. Si los soviéticos no capitulaban, el plan requería una ofensiva terrestre importante en Europa.

Por sentado los soviéticos no esperarían de brazos cruzados, en principio Stalin no planeaba usar armas atómicas en una guerra con Occidente, probablemente debido a la superioridad nuclear masiva de Estados Unidos en ese momento. El Pacto de Varsovia mantuvo una postura casi totalmente defensiva durante la década de 1950, lo que le distinguía de la planificación de guerra de la OTAN. Eso cambió en la década de 1960, cuando las dos superpotencias se aproximaron a la paridad y se previó por primera vez el uso ofensivo de las armas nucleares.

La URSS y el Pacto de Varsovia desarrollaron planes de contingencia, algunos se han desclasificado después de la Guerra Fría por los gobiernos de la República Checa y Polonia, respectivamente, planes de guerra de 1964 y 1979, el Pacto de Varsovia preveía un uso generoso de armas nucleares para despejar el camino en una invasión por tierra.


Continúe en la Parte IV

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Referencias: 

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