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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels (intercalando nuestras personales notas). La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo de impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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15 septiembre 2025

El cómo Occidente ha planeado destruir Rusia desde hace siglos (3)




por Tito Andino


Viene de la Parte II


Historia y no Propaganda

III

Diseñando la posguerra y la inmediata Guerra Fría


Después de la batalla de Kursk de 1943, que culminó con la derrota de la Wehrmacht, se reunieron en Québec - Canadá (20 de agosto 1943) los jefes de los Estados Mayores de EE.UU y Gran Bretaña, así como Churchill y Roosevelt. En el orden del día estaba el tema de un eventual abandono por Estados Unidos y Gran Bretaña de la coalición antihitleriana y la formación de una alianza con los generales nazis con el fin de librar una guerra conjunta contra la Unión Soviética.

Según la ideología de Churchill y quienes la compartían en Washington, había que detener a los “bárbaros rusos” en el Este, lo más lejos posible, y si no derrotar a la Unión Soviética, por lo menos debilitarla al máximo. Hacerlo, antes que nada, por las manos de los alemanes, era un viejo plan de Churchill de 1919 (planteado al general ruso Kutepov durante la guerra civil rusa). Así se formuló la tarea en momentos en que estadounidenses, ingleses y franceses estaban sufriendo un revés y no podrían aplastar a la Rusia soviética. Churchill decía que quería -y en parte así fue- que de eso se encargaran los japoneses y alemanes.

En 1930, Churchill había explicado la misma tarea en clave a Bismarck, primer secretario de la Embajada de Alemania en Londres. Los alemanes se comportaron durante la Primera Guerra Mundial como unos necios, dijo Churchill. En vez de reconcentrarse en infligir la derrota a Rusia, empezaron a librar la guerra en dos frentes. Si ellos se hubieran ocupado sólo de Rusia, Inglaterra habría neutralizado a Francia. Parece que Churchill percibía esto no tanto como una lucha contra los bolcheviques cuanto como una continuación de la guerra de Crimea de 1853-1856.




El historiador ruso, Valentín Falin, señala que dentro de la coalición antihitleriana, las relaciones de aliados semejaban ser, por no decir que eran unos besos de Judas. Se hacían promesas, sin asumir compromisos, o -aún peor- para inducir a error a la parte soviética. Esta directriz formulada en el despacho de Chamberlain es elocuente: “Si Londres no puede evitar pactar con la Unión Soviética, la firma británica que se ponga al pie del documento no debe significar que en caso de agredir los alemanes contra la URSS los ingleses le acudan en ayuda a la víctima de la agresión, declarando guerra a Alemania. Debemos reservarnos la posibilidad de manifestar que Gran Bretaña y la Unión Soviética interpretan los hechos de distintos modos”.

Los aliados occidentales pretendían que una guerra de desgaste entre soviets y nazis hiciera sucumbir finalmente a la URSS. Pensaban que hacia la primavera de 1944 el potencial ofensivo de la Unión Soviética se vería agotado por completo, sin reservas humanas no podría asestar a la Wehrmacht un golpe comparable a las batallas de Moscú, Stalingrado y Kursk. Solo entonces, pensaban en Occidente, los soviéticos cederían la iniciativa estratégica a EE.UU e Inglaterra en las fechas propuestas para el desembarco de Normandía.

Y con el desembarco aliado en el continente se hizo coincidir un complot tramado contra Hitler. Los generales alemanes debían tomar el poder, disolver el Frente Occidental y abrir paso a los estadounidenses e ingleses para que éstos ocuparan Alemania y “liberaran” a Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Austria... Se pretendía hacer parar al Ejército Rojo en las fronteras del año 1939.

A los estadounidenses no les resultó fácil recorrer Alemania en marcha alegre bajo el son de la música marcial, se vieron obligados a entrar en combates, a veces pesados. Cuando las tropas de EE.UU se acercaron a París estalló una sublevación, los estadounidenses se detuvieron a treinta kilómetros de la capital, esperando a que los alemanes acabasen con los rebeldes, porque se trataba de la resistencia comunista, pero los sublevados lograron imponerse, entonces los estadounidenses tomaron París. Algo análogo sucedió en la parte Sur de Francia.

Ya en 1941 Occidente esperaba ansiosa la fecha en que Moscú caiga. En 1942, Turquía, Japón y EE.UU estaban aguardando la caída de Stalingrado, para luego empezar a revisar su política. Los “aliados” no compartieron con la URSS los datos obtenidos por sus servicios de inteligencia, los planes de los alemanes para desarrollar la ofensiva del Don al Volga y después hacia el Cáucaso, los estadounidenses, aunque conocían muchos detalles, días y horas, por ejemplo, respecto a los preparativos de la operación “Ciudadela” en el Arco de Kursk, no informaron de nada.




Al contrario, los “aliados” occidentales preparaban ya el plan “Rankin”. El plan principal no fue el “Overlord”, sino “Rankin” para establecer el control anglo-americano sobre toda Alemania y todos los Estados de Europa del Este, impidiendo el paso de los ejércitos soviéticos. Eisenhower, recibió la directriz: ir preparando “Overlord”, pero siempre tener en cuenta “Rankin”. La cosa era que si se presentaban las condiciones propicias para realizar el “Rankin”, “Overlord” quedaría de lado. El levantamiento en Varsovia fue organizado con ese objetivo.

Reiteramos, en 1944 el plan fundamental consistía en lograr detener en lo posible a la Unión Soviética, lo dijo Churchill abiertamente en octubre de 1942 (antes la contraofensiva en Stalingrado), “tenemos que hacer parar a esos bárbaros en el Este, lo más lejos posible”, se refería a los rusos como “monos salvajes”. En 1945 el general George S. Patton exigía histéricamente no detenerse en el Elba y mover las tropas norteamericanas a través de Polonia y Ucrania hacia Stalingrado para terminar la guerra en el mismo lugar donde Hitler había sufrido una derrota, igual criterio manejaban otros generales estadounidenses que expresaban que hay que “detener a los descendientes de Genghis Khan”. La "teoría de los infrahombres" no era un monopolio alemán.

Churchill se sentía libre de cualquier compromiso ante la Unión Soviética y hasta intentó, en vísperas de la cumbre de Yalta, orientar al presidente Roosevelt hacia una confrontación con Moscú. Fracasó. En esas fechas Churchill ordenó almacenar las armas de trofeo alemanas con vistas a su eventual uso contra la URSS e internar en el sur de Dinamarca y en la tierra de Schleswig-Holstein, a las divisiones de soldados y oficiales de la Wehrmacht que se rendían a las tropas británicas. El Frente Occidental ya no existía, solo había la confrontación germano-soviética en el Frente Este. Churchill anhelaba que las tropas americanas y británicas pudieran relevar a las unidades de la Wehrmacht o fusionarse con los alemanes en la tarea de contrarrestar la “amenaza soviética”.

Para Churchill era necesario deshacerse de los rusos porque habían cumplido ya su misión, pero eso era imposible mientras viva Roosevelt.

Para la Conferencia de Potsdam, Churchill se opuso a formalizar la victoria rindiendo el tributo a la aportación hecha por la Unión Soviética. Churchill creía que era la oportunidad de Occidente, aprovechar un momento en que la URSS tenía recursos prácticamente agotados, retaguardia demasiado extensa, tropas cansadas de la guerra y equipos desgastados. Era necesario lanzarle un reto a Moscú y obligarla, ante la alternativa de otra guerra penosa, a plegarse al dictado de los anglosajones.

No es una especulación, ni tampoco una hipótesis, sino la constatación de un hecho con nombre propio. A principios de abril, según otros datos, a finales de marzo de 1945, Churchill ordenó que se procediera con la máxima urgencia a los preparativos de la Operación “Impensable”.

Una nueva guerra tenía que empezar el 1 de julio de 1945 en la cual deberían participar las tropas estadounidenses, británicas, canadienses, el cuerpo expedicionario polaco y diez o doce divisiones alemanas, aquellas que se mantenían sin disolver en la tierra de Schleswig-Holstein y en el sur de Dinamarca. El presidente Truman se abstuvo de apoyar aquella idea, la opinión pública en Estados Unidos no estaba dispuesta a aceptar una traición tan cínica a la causa de las Naciones Unidas. Pero no era ésta, probablemente, la causa principal. (Algo más sobre la “Operation Unthinkable” (Operación Impensable, más adelante)

Los generales norteamericanos defendieron la necesidad de mantener la cooperación con la URSS hasta que capitulara Japón. Además, ellos suponían, al igual que los militares británicos, que era más fácil desatar una guerra contra la Unión Soviética que terminarla con éxito. El riesgo les parecía demasiado grande.

La muerte de Roosevelt provocó un cambio casi relámpago en las directrices de la política norteamericana. En su última alocución al Congreso de EE.UU, el 25 de marzo de 1945, el presidente advertía que la nación estadounidense debía asumir la responsabilidad por la cooperación internacional o, de lo contrario, sería responsable de un nuevo conflicto a escala mundial. Bien puede señalarse que la toma de Berlín por los soviéticos frenó a Londres y a Washington de la tentación de empezar la III Guerra Mundial.

Truman anunció en una reunión del 23 de abril en la Casa Blanca, su propia línea, la capitulación de Alemania era una cuestión de varios días, a partir de lo cual las trayectorias de la URSS y EE.UU. iban a divergir radicalmente. El equilibrio de los intereses era una tarea para flojos y en adelante primaría la Pax Americana. Truman estaba a un paso de declarar sin más dilaciones, a bombos y platillos, el término de la cooperación con Moscú. Y lo habría hecho si no fuera por la oposición de los militares estadounidenses. De haberse producido una ruptura con la URSS, Washington habría tenido que acabar con Japón por cuenta propia, lo cual le habría costado según las estimaciones del Pentágono entre uno y dos millones de vidas. Así que los militares de EE.UU, guiándose por razones propias, impidieron en abril de 1945 una avalancha política. Pero no fue por mucho tiempo.

La actitud de Occidente en relación a Rusia en la segunda guerra mundial fue de un cinismo total, pasaba de ser "amiga" a "enemiga" de la noche a la mañana, de "nuestro increíble aliado" pasó a ser el "nuevo Hitler", no obstante que las esferas de influencia en Europa fueron discutidas a fondo y acordadas por las potencias aliadas en las Conferencias de Yalta y Potsdam.

Algo parecido sucedió en la Gran Guerra, Rusia era el aliado de Occidente con la coalición de la "Triple Entente" (junto a Gran Bretaña y Francia) para terminar transformándose en la "amenaza bolchevique". La historia quiere ocultar un hecho trascendental, la Rusia de los bolcheviques fue una criatura nacida de los intereses financieros de Occidente como bien lo explicó el estudioso Anthony Sutton en “Wall Street y la Revolución Bolchevique”.


Conferencia de Potsdam, 17 de julio a 2 de agosto de 1945, En la foto se aprecia a Stalin junto a Harry S. Truman, que reemplazó al fallecido F.D. Roosevelt, mientras Winston Churchill aún compareció en las primeras jornadas de la Conferencia, pero al poco sería reemplazado por Clement Attlee tras la victoria de su partido (Laborista) en las elecciones del 26 de julio 1945


La Guerra Fría

Durante la Guerra Fría la disuasión nuclear soviética fue la que contuvo las nuevas aventuras del Occidente civilizado, pero en un principio no fue así. Tanto británicos como estadounidenses se arrepentirán por siempre no haber liquidado a los soviéticos en la inmediata posguerra e inicio de la Guerra Fría, tuvieron un margen de cuatro años, hasta 1949 y aún más tiempo, porque recién los soviéticos probaban su primer arma atómica.

En esta época se presentaron episodios de trascendencia como la crisis de los misiles en Cuba 1962, en respuesta al despliegue de sistemas de misiles de la OTAN en Turquía. Las guerras de Corea y de Vietnam fue otro campo de enfrentamiento entre los soviéticos y EEUU/OTAN, guerras de liberación o independencia en el África y países del Asia, represión militar a los gobiernos de izquierda en Latinoamérica, etc.

Por lo mismo, no solo podemos acusar a Occidente de sembraba caos, la URSS y los países de su órbita fomentaron lo que se denomina “lucha popular” de grupos generalmente conocidos como “Movimientos de Liberación Nacional”; para contrarrestarlo, la OTAN creó los grupos "Stay Behind" y la “Operación Gladio” que alteraron el orden en naciones europeas, en muchas ocasiones con falsos ataques atribuidos a la izquierda “terrorista”, una verdadera guerra sucia que como secuela costó la vida de cientos de inocentes. Es lo que muchos expertos calificaron como “La estrategia de la tensión. El terrorismo no reconocido de la OTAN” 

En este largo periodo, hasta el descalabro del bloque soviético, se debe destacar un par de acontecimientos, que los esbozamos resumidamente.

El sabotaje de la OTAN dentro de los países satélites del Pacto de Varsovia y en la misma URSS era cotidiano, apoyaron, por ejemplo, el separatismo a través de “Radio Europa Libre/Radio Libertad” y “Voz de América” (VOA). Se buscaba a través de la propaganda sembrar la discordia entre grupos nacionales de las repúblicas soviéticas que buscaban autonomía, independencia política y económica, así como la preservación de su identidad nacional. 

Los intereses occidentales explotaron el derecho de secesión instaurado en la Constitución soviética de 1977, lo que proporcionó un marco legal para los movimientos separatistas siempre seducidos y auspiciados desde el exterior.

El caso de Ucrania siempre tuvo fuertes connotaciones, a pesar de los líderes soviéticos ucranianos fueron quienes destacaron políticamente en la mayoría de decisiones centrales de la URSS. Existían movimientos separatistas armados que luchaban contra el sistema soviético desde antes de la segunda guerra mundial, en especial en ciertas zonas del oeste de Ucrania, donde operaba el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), colaboracionistas del nazismo, hasta la década de 1950 Stepan Bandera era uno de sus símbolos.

Pero, el acto más trascendental -sin duda- constituyó, ni bien terminaba la segunda guerra mundial, el plan de guerra británico "Operation Unthinkable" (Impensable) y el plan estadounidense "Operation Dropshot", una guerra terrestre en Europa, parcialmente apoyada por armas atómicas en contra de la URSS.

Operación Impensable (Operation Unthinkable), enunciada más arriba, nació cuando Churchill le escribió a Anthony Eden, su secretario de Relaciones Exteriores, el 4 de mayo de 1945, decía que solo "un enfrentamiento temprano y rápido" con la Unión Soviética podría cambiar el rumbo de los acontecimientos. Argumentó que la alternativa era dejar a Francia y al resto de Europa occidental vulnerables a una invasión soviética

Churchill ordenó al general Hastings Ismay, quien luego se desempeñaría como primer secretario general de la OTAN, planear el ataque sorpresa en las posiciones del Ejército Rojo en Europa Central y Oriental (Operación Impensable). La idea era atacar en medio de las líneas soviéticas, alrededor de Dresde, con 47 divisiones estadounidenses y británicas, aproximadamente la mitad de lo que los aliados occidentales tenían disponibles en ese momento. Unos 100.000 soldados de la Wehrmacht debían participar. El objetivo inmediato era liberar a Polonia, que era, después de todo, la razón por la que Gran Bretaña había ido a la guerra en 1939. Ismay consideró el plan inviable (impensable, dirían muchos) y advirtió que, lejos de hacer retroceder al Ejército Rojo, podría provocar que la Unión Soviética lance una guerra total en Europa para defenderse. La única forma de hacer que el plan funcione era usando armas nucleares. Stalin, estaba informado por sus espías del plan británico y tomó contramedidas.


Operation Unthinkable plan británico preparado para el 1 de julio de 1945  y  Operation Dropshot (la fotografía de la derecha corresponde la prueba nuclear "Shot Apple-2"), el Plan Estadounidense para la Tercera Guerra Mundial Contra la Unión Soviética» en 1957

 

La “Operación Dropshot” fue el primer plan de Estados Unidos para la guerra nuclear, elaborado en 1949, desclasificado en 1977, preveía que la Guerra Fría se calentaría en 1957. El plan proponía utilizar 300 bombas nucleares y 29.000 explosivos de alto rendimiento, lanzados desde bases en Alaska, Okinawa, el Golfo Pérsico, el Reino Unido y el territorio continental de los Estados Unidos, contra sitios estratégicos, ciudades e instalaciones soviéticas que eliminarían el 85% de la capacidad industrial de la Unión Soviética. La inicial ola de ataques sería seguida por operaciones aéreas contra objetivos navales, con énfasis en la reducción de las capacidades submarinas soviéticas y lograr un bloqueo marítimo de la Unión Soviética. Si los soviéticos no capitulaban, el plan requería una ofensiva terrestre importante en Europa.

Por sentado los soviéticos no esperarían de brazos cruzados, en principio Stalin no planeaba usar armas atómicas en una guerra con Occidente, probablemente debido a la superioridad nuclear masiva de Estados Unidos en ese momento. El Pacto de Varsovia mantuvo una postura casi totalmente defensiva durante la década de 1950, lo que le distinguía de la planificación de guerra de la OTAN. Eso cambió en la década de 1960, cuando las dos superpotencias se aproximaron a la paridad y se previó por primera vez el uso ofensivo de las armas nucleares.

La URSS y el Pacto de Varsovia desarrollaron planes de contingencia, algunos se han desclasificado después de la Guerra Fría por los gobiernos de la República Checa y Polonia, respectivamente, planes de guerra de 1964 y 1979, el Pacto de Varsovia preveía un uso generoso de armas nucleares para despejar el camino en una invasión por tierra.


Continúe en la Parte IV

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Referencias: 

04 julio 2025

Ronald Reagan, el fanático presidente fundamentalista




por Tito Andino
Selección y resumen de varias lecturas.
Como en la entrega anterior todas las caricaturas están relacionadas con el presidente Ronald Reagan y son autoría del colectivo de artistas soviéticos KUKRYNIKSY.


En la Convención Anual de las Asociaciones Evangélicas Nacionales, 8 de marzo 1983, el presidente Ronald Reagan con su célebre discurso estigmatizó a la Unión Soviética como el “Imperio del Mal”, señalando que todos los medios son válidos para acabar con el diablo. “Siempre he creído que la lucha que se libra en el mundo actual jamás se resolverá con bombas y misiles, ejércitos ni poderío militar. En realidad, nos enfrentamos a una crisis espiritual, una prueba de voluntad y fe moral... Creo que el comunismo es otro capítulo triste y extraño en la historia de la humanidad, cuya última página se está escribiendo ahora”.

El moderno fundamentalismo estadounidense se origina en el puritanismo del siglo XVII y su concepción de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios. Entre los “elegidos” se incluían aquellos personajes que hoy son venerados como “Padres Fundadores” de los Estados Unidos, pasando el cristianismo a ser considerado como sinónimo de los valores de la América conservadora.


Kukryniksy. "Planes de EEUU acerca de la dominación mundial", (¡Perdón! Incluso la megalomanía tiene reglas de decencia, D. Demin)


En redes sociales, debido a un fervor "religioso", una gran cantidad de personas (la mayoría) suelen agredirse e insultarse por temas religiosos, defendiendo a los palestinos (musulmanes) o a Israel (judíos). Lamentable no se percatan que unos y otros son manipulados generalmente por “buenos” cristianos; y no por cualquier buen cristiano, sino por aquellos que imponen desde las sombras el Poder real. La mala noticia para los fanáticos de la biblia es que esos "buenos" cristianos han conformado (siempre) junto a "buenos" Hermanos Musulmanes y junto a los muy prósperos hombres “sabios” de negocios judíos, una alianza global para someter a las naciones, suelen llamarlo en términos económicos: Globalización, Libre Mercado Mundial, etc. Todo esto jamás ha tenido nada que ver con la Fe, al contrario, la Fe ha sido puesta al servicio de la política.

La gente que maneja el verdadero Poder nunca se preocupará por banales cuestiones religiosas, la aprovechan como su mejor instrumento para dividir a los pueblos. Los poderosos se ríen de nosotros, la "masa sucia" como suelen calificarnos; esos personajes se mueven en las megacorporaciones globales y, erróneamente, suelen etiquetárseles por su real o supuesta creencia religiosa: cristianos, judíos, musulmanes, o lo que sea. Se reúnen libremente para planificar como impulsar o destrozar una economía nacional, debaten como seguir sometiendo al mundo, como esclavizar “socialmente” e incluso como obstaculizar el desarrollo industrial evitando el progreso de los países emergentes. La forma más simple de conseguirlo no es un secreto: fomentando la guerra y los conflictos confesionales en diversas regiones del mundo en beneficio de un criminal propósito.


Kukryniksy. "Aventuras militares de EEUU (acuerdos, desmilitarización...)", 1980 - "La política demasiado flexible de las fuerzas de paz de Washington", 1983


Veamos un ejemplo. Los Hermanos Musulmanes (Hermandad Musulmana) están muy bien relacionados y conforman alianzas con Fundamentalistas Cristianos de Estados Unidos y con grupos de las altas finanzas judías. Dicho vínculo incluye relaciones exteriores entre estados, contactos políticos de alto nivel, negociaciones en casos de crisis internacional, negocios transnacionales como la banca, el petróleo y producción industrial, y, no está demás decirlo, el blanqueo de miles de millones de dólares anuales, etc. Qué mejor ejemplo que la ahora proclamada "Alianza Abrahámica" política dirigida por Estados Unidos.

Debe quedar claro: Los Titiriteros del Mundo no tienen religión, su única religión y amor es el Poder y el dinero. A la “masa sucia” nos dividen y confrontan en una supuesta "guerra de civilizaciones", la enemistad entre las religiones monoteístas, musulmanes, cristianos y judíos, por ejemplo, es una demostración palpable. No obstante, a pesar de lo dicho, hay gente del Poder que cree a píe juntillas las profecías y mensajes mesiánicos.


Kukryniksy. "Promesas a los votantes: amenazas, boicot, sanciones", 1980

 

Esa "extraña" simbiosis ideológica entre fundamentalistas cristianos, Hermandad Musulmana, el sionismo y ortodoxia política judía (en Israel) se refleja con más detalle en poderosos grupos del cristianismo evangélico que respaldan la política de los Estados Unidos, éstos son tan influyentes como los hobbies sionistas. La 'Fellowship Foundation', por citar una, es la que organiza cada año el “Desayuno Nacional de Oración”, en Washington D.C. donde “rezan” junto al presidente de los Estados Unidos. Tras bastidores, constituye "una enorme y monstruosa conspiración que desafía la imaginación, una conjura criminal de lunáticos religiosos, fascistas medievales, demagogos delirantes del ‘Final de los Tiempos’, pedófilos, beatos y católicos de nombre que se amparan en el cristianismo y el patriotismo. Los ricos empresarios de derechas, industriales multimillonarios, políticos conservadores y cristianos de derechas con los manipuladores religiosos de masas de la más baja ralea, manipulan la opinión pública para influir en el gobierno. Presentando a “Jesús” a hombres poderosos, esta organización clandestina ha logrado cambiar radicalmente el panorama político de la diplomacia estadounidense. Así es como un movimiento religioso destructor se ha hecho con el control casi total de la maquinaria del gobierno de los Estados Unidos... para controlar la sociedad y el gobierno... Se les perdonan sus trasgresiones porque se han sometido a Dios... A los políticos les encanta entrar en el grupo porque para ellos es el modo de eludir responsabilidades de sus actos". (Daniel Estulin)


Kukryniksy. "Cruzada contra el comunismo" (en el globo terráqueo, todas las naciones son ciervos de EEUU)


Lo curioso es que grupos como la "Fellowship" cuentan en sus filas con "católicos conservadores, protestantes, evangélicos, judíos ortodoxos, judíos neoconservadores de tendencia seglar, fundamentalistas suníes, musulmanes wahabíes, budistas e hinduistas, etc., todos ellos activos cooperantes de un proyecto que se sirve de Jesús para justificar su acceso a la más altas esferas del gobierno y los negocios" (Estulin). Dos ejemplos, en febrero de 2015, la presencia del Dalai Lama en el Desayuno Nacional de Oración también contó con la presencia de Barack Obama y varios líderes musulmanes. Otra curiosidad, el día de la elección de Ronald Reagan como presidente de EEUU, éste posó para una publicación del reverendo Sun Myung Moon, declarado anticomunista y fundador de la Iglesia de la Unificación fundada en 1954. Durante su mandato, Reagan declaraba en varias ocasiones que el Washington Times, diario propiedad de la secta Moon, era su periódico preferido.

Esto no tiene nada que ver con la religión, pero sí tiene mucho que ver con la influencia política y económica, es un culto capitalista. Esa ideología -no es una creencia religiosa- ha logrado que la población devota la acepte como algo irremediable (en términos místico - religiosos).

Por raro que le resulte todo esto a personas que si utilizan el sentido común como guía, en vez de lo abstruso de las profecías, como la del "Final de los Tiempos" de los lunáticos predicadores de la biblia, observamos que en el mundo islámico existe un mellizo ideológico, la Hermandad Musulmana.


Kukryniksy. En la parte escrita se lee: Prohibición a la participación de países soviéticos y socialistas en las  Olimpiadas 1984, planes de provocación, matar rusos. Bienvenidos atletas soviéticos. (1984)



Pat Robertson (fallecido en 2023) fue un claro ejemplo del empresario, predicador y activista político de la fundamentalista derecha cristiana, amigo y socio comercial de genocidas africanos como Charles Taylor y Mobutu Sese Seko. Robertson, el televangelista, dirigió “El Club 700”. Hoy, quienes desean que el fin de los días llegue ya, para "salvar" su egoísta alma, tienen que buscar a Mike Evans, un ex predicador belicista del mismo “Club 700”; éste "sabio" le animará apoyar a Israel para que bombardee Irán con ayuda estadounidense, "es la única manera de salvar a Israel", dice, y continúa: "Estados Unidos solo puede evitar el Armagedón iniciándolo". Y las congregaciones evangélicas lo aplauden, lo que significa que desean el "gran viaje". Evans no es el único en pedir que el Armagedón comience mañana.

El Dr. Evans escribió hace algunos años un artículo para el Jerusalem Post: "Estados Unidos necesita bombardear Irán", desatando su odio hacia los musulmanes e inculcando a sus fieles y benefactores el sermón de que todo buen cristiano tiene que ser un enemigo de los árabes, de Rusia, de China, "un fanático contra todos y todo lo que no sea de interés para Israel". Y, claro, los buenos cristianos siguen aplaudiendo la masacre de inocentes en Gaza. Evans no está solo, tras él tenemos a la inmensa mayoría de las élites, neoconservadores, corporaciones privadas que fungen como medios de comunicación estadounidenses, sionistas, que alientan el proyecto para la inmediata destrucción de Irán, algunos en Europa como los lores y damas británicas, las viejas dinastías reales, la gran banca, etc., miran con buenos ojos el plan. Estas instituciones de Occidente están en contra de cualquier cosa que se interponga en el camino de la dominación mundial total y el dominio sobre toda la humanidad. (Phil Butler, "¿Están listos los evangelistas estadounidenses para seguir a los sionistas hasta el Armagedón?")


Kukryniksy. Izquierda, "Espíritu de puja", 1983 - Derecha, "CRUZADAS, Reagan: Dicen que también hay un lugar aquí para mi (cámara de los grandes)", 1983


Por sentado, existe gente dentro de esos grupos que quieren convertir la Tierra literalmente en un infierno (guerra convencional y nuclear), son los fundamentalistas cristianos con sus “oraciones" que claman por la llegada del ‘Fin de los Tiempos’. Eso no es religión, es una ideología que no coincide con los postulados de su fe, consigue que los devotos lo acepten como algo irremediable (en términos religiosos).

"El fundamentalismo cristiano, moral y teológicamente, cree lo mismo que el fanático fundamentalista islámico, desde puntos de vista diametralmente opuestos. Cada uno de los dos es un reflejo exacto del otro y cada uno de los dos, al verse acorralado, reaccionará de la misma manera. Pero si un hombre tiene un dedo puesto en un botón nuclear, su acto de autoinmolación en nombre de su Dios arrastrará con él a toda la humanidad…”.

Si los fundamentalistas islámicos aceptan el terrorismo como arma moral, ¿por qué no podrían hacer lo mismo los charlatanes milenaristas del fundamentalismo cristiano?... y lo hacen. ¿Quién es más peligroso?, ¿el yihadista intolerante, cientos de candidatos a inmolarse con explosivos; o, el fanático fundamentalista cristiano enquistado en el Poder que puede acceder al ‘botón nuclear’? El fundamentalismo religioso, cualquiera sea la creencia, solo puede llevarnos a un rumbo, la autoinmolación.


Kukryniksy. "Guardian de la paz. política egoísta, caras que no pueden engañar a nadie", 1983

Por cierto, el fundamentalismo es un término que surgió y se aplicó para describir a éstos intolerantes cristianos, luego esos mismo “buenos” cristianos le endosaron el término a los fanáticos islamistas, algo que perdura en el presente.

El fundamentalismo no se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, se basa en el concepto de la guerra: en una gloriosa e inexistente lucha entre las "fuerzas de Dios" y las del "Maligno". Así, en el denominado "Proyecto Megido", las sectas cristianas milenaristas podrían escenificar un acto terrorista nuclear del fin del mundo. Un viejo informe del FBI señala que: "la mezcla explosiva de las teorías conspiradoras de la religión apocalíptica y del Nuevo Orden Mundial puede provocar actos de violencia encaminados a precipitar el fin del mundo profetizado en la Biblia". Megido es una colina al norte de Israel y, según una interpretación del Libro de Apocalipsis, es allí donde tendrá lugar el final de los tiempos, el Armagedón o batalla final entre las fuerzas de la luz dirigidas por Jesucristo y las fuerzas de las tinieblas al mando de Satanás o el Anticristo. ("El Legado mesiánico")


           Kukryniksy. "Plan Cruzada", 1983


El Apocalipsis según cristianos y judíos

Empecemos señalando que este tipo de cuestiones no solo pertenecen al cristianismo y al judaísmo, también forman parte de las tradiciones de otras religiones. Debemos entender que son relatos que no están basados en la historia o en la geografía circundante, "hechos" que con las modernas técnicas de investigación y las herramientas de la arqueología podemos determinar que lo que se cree o lo que se ha "profetizado" no es exactamente lo que fue. 
 
Aclarado conceptos. El Apocalipsis bíblico, o Libro de Apocalipsis del Nuevo Testamento cristiano NO tiene el mismo significado para el judaísmo, no es lo mismo, divergen en la forma de interpretarse; en el cristianismo se cree que el Apocalipsis es una revelación divina sobre el futuro de la humanidad y el mundo, mientras el judaísmo no lo aprecia como revelación divina. 

El judaísmo cree el concepto en el sentido de la llegada del Mesías (Mashíaj), un líder mesiánico que traerá paz y justicia a la Tierra. El judaísmo cree en la resurrección de los muertos que ocurrirá en la época del Mesías.  La Tanaj hebrea (conjunto de los veinticuatro libros sagrados canónicos en el judaísmo) es la fuente de su creencia o concepción del fin de los días que consiste no en una sino en una serie de profecías que son interpretadas de otra manera por el denominado Juan el evangelista de la Biblia cristiana (Libro de Apocalipsis). Para el judaísmo (Tanaj) el fin del mundo se producirá cuando Dios redima a Israel, los regrese a la Tierra de Israel y restaure el Templo de Jerusalén. Entonces vendrá una era de justicia y paz, el Mesías debe conducir a esa consecución y todas las naciones reconocerán que el Dios de Israel es el único Dios verdadero.

Pero para que ello suceda deben acaecer primeramente otras circunstancias. Para resumirlo nos valemos del profesor y escritor israelí Steven Arik Barel en su libro "Jerusalem desde el Paraíso hasta la Eternidad" (disponible en castellano). Así tenemos que para lo que Ezequiel denomina la "Batalla Gigante", ésta deberá suceder antes de que aparezca el Mesías y se den otros episodios descritos en las profecías. Las profecías son como un rompecabezas y cada profeta entrega una pieza de ese rompecabezas. Hay quienes estudian la escatología (doctrina sobre el destino final de la humanidad y el universo), el fin de los tiempos, solo basados en el Libro de Apocalipsis, que señala "todo" lo que supuestamente va a acontecer en el futuro. Pero el Apocalipsis del Nuevo Testamento no es nada más que un intento de recopilar cientos de profecías que ya están relatadas en la Tanaj, toma parte de esas piezas e intenta ensayar, en griego, una profecía sobre el futuro de la humanidad.

Cuando investigamos la Tanaj judía (Antiguo Testamento si así quieren llamarlo) encontraremos que otros profetas hablaron sobre esa misma batalla que describe el Apocalipsis. Tenemos suficiente información, todos los profetas mencionan el "Gran Día del Señor": Isaías, Ezequiel, Jeremías, Joel, Sofonías y otros. Para entender el significado de esa batalla, como ejemplo, tomamos un versículo de Zacarías (Capítulo 14, versículo 1,2): "Jerusalem y las Naciones... Yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalem y la ciudad será tomada y serán saqueadas las casas y violadas las mujeres y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, más el resto del pueblo no será cortado de la ciudad..."

¿Qué debemos entender por la frase el "Gran Día del Señor"?... se dice que Dios va a reunir esas naciones para pelear contra Jerusalem, es decir, hablamos de la misma batalla que describe el Apocalipsis, no se refiere a dos batallas diferentes. Zacarías aclara lo que Juan escribió mucho más tarde... las naciones se reunirán en el valle de Megido, pero aquí no es donde va a suceder la batalla, la batalla acontecerá en Jerusalem. Megido es el punto de conexión de Israel debido a sus rutas y caminos estratégicos, eso si tiene mucho sentido. Si las naciones o enemigos van a pelear contra Jerusalem, primeramente deberán llegar a Megido (que está cerca del puerto de Haifa, el más grande de la zona).


Kukryniksy. "Basurero de la historia. OTAN. Nueva Campaña contra la URSS" 


Y aquí es necesario otra aclaración. El Valle de Jezreel, también mencionado en la biblia como el valle de Megido, es el lugar donde supuestamente tendrá que suceder la famosa Batalla de Armagedón, repetida -una y otra vez- únicamente por los líderes religiosos cristianos: "Aquí es donde va a suceder la batalla de Armagedón". La pregunta es: ¿Por qué aquí y no en Jerusalem como explicamos más arriba? si debemos suponer que todo comienza y todo termina en Jerusalem. Si vemos el Apocalipsis, último libro de la biblia cristiana, capítulo 16, versículo 13-16, se habla de reunir (a las naciones) para la Batalla del Gran Día del Señor. Está escrito en el versículo 16 que se les reúne en el lugar que se llama en hebreo "Har Meggido". Armagedón viene del hebreo  Har = Monte y Meggido que es el nombre de una antigua ciudad de Israel, la palabra Armagedón es de origen griego. 

Está "claro" para los cristianos que al leer esos versículos surge la idea, el concepto de la Batalla de Armagedón. Esta creencia sobre el lugar nace de una equivocación porque la mayoría de los creyentes (o la gente) no conocen la geografía de Israel. En el Libro de Apocalipsis no está escrito donde va a suceder la batalla. El único lugar que se menciona como un tipo de ubicación (referencial) es cuando se dice que esos ejércitos de las naciones se van a reunir en Armagedón, por eso se volvió "tradición" denominarle como la "Batalla de Armagedón".

Hay que destacar que en ese sitio estratégico (Megido) ya hubo guerras históricas. La ciudad de Megido fue tomada siglos atrás de nuestra era por el faraón Tutmosis III, durante la época de los cananitas, alrededor del 1457 antes de nuestra era común, campaña muy bien documentada en el templo de Amón en Karnak y en Armant en Egipto. Megido fue escenario de otras dos grandes batallas: En 609 a.c. el Reino de Egipto triunfó ante el reino de Judá; y, en 1918, durante la Gran Guerra los británicos lograron una decisiva victoria sobre el Imperio Otomano, la conquista de Palestina. Megido y sus ruinas fueron declarados ‘Patrimonio de la Humanidad’ desde el año 2005. Incluso Napoleón Bonaparte en 1799 declaró que ese valle era perfecto para emprender una batalla. De allí que naciera la idea de que en el valle de Megido sucedería la "Última Batalla". Pero, insistamos, la tesis, el punto de vista judío sobre el fin del mundo está relacionado siempre con Jerusalem, recordemos que Ezequiel habla de una "Batalla Gigante" que deberá acontecer cuando haya tenido lugar otros episodios descritos en las profecías.


                Kukryniksy, "Cruzada", década 1980


Si solo nos ceñimos al Libro de Apocalipsis, Capítulo 16, versículo 16, que, repetimos, habla que todas las naciones se van a reunir en un lugar llamado en hebreo "Har Meggido" (Armagedón en griego), y si revisamos toda la biblia NO vamos a encontrar nada que nos indique que la batalla vaya a llamarse Armagedón y tampoco vamos a encontrar referencia alguna de que la batalla va a suceder en el Valle de Megido, eso no aparece en la biblia. Lo que si aparece en la biblia y está en esos mismos versículos (Apocalipsis 16) es que demonios en forma de rana van a traer a las naciones, a juntar a las naciones para pelear en la batalla del Gran Día del Señor Todopoderoso. Los mismos versículos que la gente dice habla sobre la batalla de Armagedón están allí señalando su real nombre, la guerra o la batalla del Gran Día del Señor Todopoderoso... que sucederá en Jerusalem, conforme lo hemos analizado más arriba. 

Como reflexiona en su libro, el erudito judío Steven Arik Barel: "Diríamos que en Megido - Armagedón no va a suceder el fin del mundo, va a comenzar el fin del mundo, allí se reunirán las naciones y marcharán sobre Jerusalem. El Mesías no va a llegar a ese valle (Megido), han dicho los profetas que llegará sobre el Monte de los Olivos para destruir a todas esas naciones que viene a luchar contra Jerusalem y él vendrá para salvarla. No es que Armagedón no tenga nada que ver, pero debemos entender que todo se centra en Jerusalem".

Para terminar este apartado, citamos a Caitlin Johnstone, analista del sitio web “Caitlin’s Newsletter”: "Los sionistas cristianos apoyan al Israel moderno porque creen que su existencia ayudará a cumplir una profecía bíblica y provocará la segunda venida de Jesús, quien los llevará a todos al cielo y enviará a todos los incrédulos (incluidos los judíos) al infierno. La mayoría de sionistas son cristianos que esperan que todos los judíos regresen a Israel para que Jesús regrese, y entonces los judíos podrán arrepentirse y convertirse al cristianismo o ir al infierno. Lo que eso significa es que, de una manera muy real y cuantificable, la mayoría de sionistas son verdaderos antisemitas". 

Tampoco pretendemos ponernos teológicos, así que si os interesa el tema... a investigar. No deseo ahondar más en este punto, solo una pequeña anécdota. ¡Hay que destacar la ira -literal- que desatan misioneros cristianos evangélicos en Israel cuando insensatamente intentan predicar a Jesús en comunidades ortodoxas judías, a eso yo llamaría provocación (! evangelizar a los judíos en Israel!), más de uno(a) ha recibido al menos un buen puntapié. 


Kukryniksy. "1945-1984. 9 de mayo, Día de la Victoria" (1984)


Como reflexión. El apocalipsis, el final de los días, el juicio final, la batalla final, el Armagedón (como queramos calificarlo) está lejos de suceder debido a los acontecimientos de nuestro tiempo si nos ceñimos a la “biblia” judía. También es evidente que el apocalipsis cristiano no es una fuente válida de su creencia del fin de los días tomada del judaísmo. Para buen entendedor, el Libro del Apocalipsis bíblico, NO forma parte de la Tanaj (biblia judía), siendo una tardía creación en idioma griego e integrada al denominado Nuevo Testamento cristiano.

Volvamos con el presidente Ronald Reagan

En los años del gobierno del vaquero Reagan (1980-1988), los fundamentalistas (presidente incluido) al conceptuar a la extinta Unión Soviética como el “Imperio del Mal”, lo hacían desde el sentido religioso y no metafórico, pensaban que estaban en guerra contra el “anticristo” encarnado en el comunismo y la URSS. Algunos estudiosos de las creencias de Reagan afirmaron estar convencidos de que la ideología del Armagedón era la raíz de la política exterior y militar-nuclear del presidente en relación con la Unión Soviética.

Reagan estaba totalmente convencido de la inminente llegada de Jesucristo, teniendo en cuenta que ya se había producido el regreso de los judíos a Palestina y la creación del Estado de Israel, signos que “profetizaban” la inminente batalla del Armagedón, la batalla final se libraría para destruir el “Imperio del Mal” (URSS). Para que la gente “piense” igual que Dios, nos tuvieron al borde de una tercera guerra mundial nuclear. En 1980, Ronald Reagan dijo que "puede que seamos la generación que verá el Armagedón", a las claras, un anticipo mesiánico de histeria apocalíptica de “los Últimos Días”. El “anticristo” (URSS o alguien diferente) luchará contra las “fuerzas de Dios” (encarnados en los Estados Unidos). Como todo está escrito en la biblia, ya conocemos al ganador de antemano. “Las fuerzas de Dios”, bajo mando de Jesús (y de Reagan) vencerán en la partida.


Kukryniksy. "Su profesión es la agresión", 1981


               Kukryniksy. "Desarme = Armamentos", 1982

Como otros presidentes de los Estados Unidos, Reagan también fue miembro de la organización religiosa secreta, conocida con el código de “La Familia”, fundada para enfrentarse al impío comunismo del Este, por lo que disponía de suficientes medios suministrados por la OTAN, “La Familia” reclutó al pastor Billy Graham como portavoz, quien llegará a ser el “consejero espiritual de Reagan”, además de convertir al presidente al “dispensionalismo”. Paralelamente, la National Endowment for Democracy (NED) se conformó en 1984 y la Liga Anticomunista Mundial (WACL) también proseguía su labor como una herramienta válida para las operaciones secretas de la CIA.

Eso no es todo, existe un mensaje con la amenaza apocalíptica: Si no te arrepientes ahora, si consientes que te “salven” (los predicadores) y, si das una contribución monetaria a la iglesia, “se te ahorrará toda la carnicería trasportándote a un lugar seguro hasta que se haya resuelto el conflicto. En una variante de este tema, ciertos predicadores fundamentalistas hablan de un momento en la generación presente en que los fieles serán 'arrebatados'”.

El peligro está en que algunos de estos modernos fundamentalistas estadounidenses, enquistados en el poder de la nación nuclear más poderosa del mundo, siguen creyendo literalmente todo, ese fue el caso del ex presidente Ronald Reagan. Esta clase de personas están resignadas a que el apocalipsis sea inminente y anhelan tal suceso para salvar su “alma”, proclaman estar listos para ingresar en el selecto club de la eterna felicidad celestial con el milenario “Reino de la Segunda Venida”. (Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln: “El Legado Mesiánico”)




Kukryniksy. Cuatro ilustraciones sobre el presidente Ronald Reagan, las armas nucleares y los llamados a la "paz". (década de 1980)


En un artículo del “Post” de Washington, así como en “The Guardian”, Ronnie Dugger, conocido periodista escribía en aquellas fechas: “...los estadounidenses podrían preguntarse con razón si su presidente (Reagan) está predispuesto personalmente, por obra y gracia de la teología fundamentalista, a esperar algún tipo de Armagedón que empiece con una guerra nuclear en el Oriente Medio”. Y añade: “Si se produce una crisis en el Oriente Medio y amenaza con convertirse en una confrontación nuclear, ¿cabría que el presidente Reagan estuviera predispuesto a creer que ve la llegada de Armagedón y que ésta es la voluntad de Dios?

Según el propio difunto ex presidente, ciertos “teólogos”, no identificados, le dijeron que en ningún momento antes en la historia del mundo hubo “tantas profecías juntándose unas con otras”. Fue durante la campaña de 1980, para ser nombrado candidato de su partido a la presidencia, en que declaró ante las cámaras de televisión su ya citada frase: Puede que seamos la generación que verá el Armagedón”.


         Kukryniksy. "Anticomunismo", 1984


En 1983, Reagan afirmó que cuando leía a los profetas del Antiguo Testamento y “las señales anunciadoras del Armagedón”, le resultaba difícil no pensar en la probabilidad de que la batalla se librase en la actual generación (en su época). Reagan decía que los profetas antiguos habían descrito con precisión los tiempos que ahora estaba experimentando el mundo contemporáneo. Según el “Times” de Washington, James Mills, político californiano, recuerda una conversación durante la cual el presidente habló largo y tendido del Armagedón. Según parece, después de citar las profecías de Ezequiel, dijo: “Todo está encajando. Ya no puede tardar mucho”. En otra ocasión se afirma que Reagan expresó a Jerry Falwell (de la fundamentalista Liberty Federation): “Sí, en efecto. Me dijo, durante la campaña... ‘Jerry, a veces creo que nos dirigimos muy aprisa hacia el Armagedón ahora mismo’ ”.

(Este apartado sobre el apocalipsis y su relación con la ideología de Ronald Reagan es un resumen, de entre otros autores, de uno de los mejores libros escritos sobre el tema, a pesar que la idea general de la obra se enmarca en los orígenes del cristianismo, no deja de topar sus consecuencias milenaristas a través de la historia. “El Legado Mesiánico”, de Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln, autores del clásico “El enigma Sagrado”).


Kukryniksy. "No hay salida para Washington", 1983


Epílogo

"Si se tolera que la histeria del fundamentalismo estadounidense se convierta en una profecía de esas que por su propia naturaleza contribuyen a cumplirse, una profecía adoptada y aceptada nada menos que por la Casa Blanca, el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadiquitas muertos hace siglos y que, tomados de la mano, darían saltitos por los Campos Elíseos, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -como quiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo". (en ese sentido debemos decirle gracias a Trump por no haberlo permitido en el reciente conflicto irano-israelí)

Las personas, la humanidad en general, no concebimos ni deseamos esas cosas de auto inmolarnos en un infierno nuclear. Otros quieren (así ha sido siempre) pensar y decidir por nosotros. En el caso de destrucción de toda la civilización, no podemos afirmar que ello será causado por el mismo ‘hombre’, será obra de un grupúsculo determinado de fanáticos con Poder.


Kukryniksy. "Europa Occidental", 1983. Como se aprecia el nazi Joseph Goebbels aconseja a Ronald Reagan.


Respecto al apocalipsis bíblico, puntos a reflexionar. Estamos frente a una franca contradicción. La religión judía no cree en estas chorradas milenaristas cristianas, no encaja para nada en su doctrina mesiánica que esperan al Mesías judío, tal como ellos lo identifican. El Apocalipsis del cristianismo no existe en los libros sagrados del judaísmo. Entonces, ¿cuál es el juego del cristianismo evangélico?, ¿cómo encaja el sionismo cristiano y su cegado celo por respaldar la política genocida y expansionista del estado de Israel? La respuesta corta es que las élites tienen otra agenda secreta que las devotas bases ignoran; así funciona la política en cualquier ámbito.

El judío secular y el ortodoxo no político defienden como cualquier religión, que el judaísmo es solo espiritual. Y, como cualquier religión, proclama desde el amor a los semejantes hasta la justicia y la paz. El verdadero judaísmo es Mesiánico (esperan a su Mesías) y es universalista (como el cristianismo), esperan el establecimiento del "Reino de Dios en la Tierra" (de otra forma). Nada extraño que no proclame otra religión monoteísta. Pero, ese mesianismo judío no tiene nada de comparación con el cristianismo, los judíos rechazan el "Apocalipsis" que se encuentra en el "Libro de las Revelaciones" o "Revelación de Juan", redactado a fines del primer siglo de la era cristiana en idioma griego (último libro del Nuevo Testamento). 


Kukryniksy. "Vota por nosotros" (Reagan orando: Estamos a favor de la paz)


Ronald Reagan no pudo ver, hasta su personal fin de los días, el Armagedón, ni el fin de los tiempos, lo cual habrá lamentado. Pero si pudo contemplar la caída del “Imperio del Mal”, la Unión Soviética se desintegró oficialmente en 1991 y en cierta medida fue obra suya al obligar a los “malos” a invertir en un descomunal derroche de recursos para mantener la paridad en el armamento nuclear. La persuasión y disuasión de la política nuclear soviética consiguió volver incapaz la intención de los Estados Unidos y la OTAN de superarla, pero los soviéticos no proveyeron el colosal coste económico para mantener ese equilibrio de fuerzas que al final los hizo sucumbir. “Jesús” venció al “Maligno” se habría alegrado Ronald Reagan.


Kukryniksy. "En cinco minutos está bomba sobre la URSS", 1984



Nota final: La reciente crisis entre Israel e Irán hizo que los Estados Unidos intervengan en el conflicto, agravando la incertidumbre mundial a un posible desenlace nuclear. El sentido común primó ante los desquiciados fundamentalistas evangélicos que "anhelaban su deseado fin de los tiempos". Por lo dicho el tema no termina aquí, dedicaremos aún un par de artículos sobre política y religión. 

Fuentes

Resumen y citas de los libros: 

"Los Señores de las Sombras", Daniel Estulin, editorial Planeta, 2007

“El Legado Mesiánico”, Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln“, editorial Martínez Roca, 1985

Phil Butler, "¿Están listos los evangelistas estadounidenses para seguir a los sionistas hasta el Armagedón?"

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