EEUU no gusta de la democracia que va contra sus intereses
por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos en inglés
Estados Unidos perdió su soberanía en 1913 cuando se aprobó la Ley de Reserva Federal y la Enmienda del Impuesto sobre la Renta. La Ley de la Reserva Federal fue redactada por los Rothschild de Europa en colusión del Money Trust, es decir, los intereses Morgan y Rockefeller. Por ello los EE. UU., desde esa fecha son controlados por una élite financiera globalista que liga la City de Londres y la Reserva Federal, llegando a controlar el país mediante la deuda. La sede de la élite financiera globalista no es New York (ni EE. UU.) es la City de Londres donde se establecen las “reglas” para manipular la deuda soberana del gobierno estadounidense.
Esta élite utiliza organizaciones financieras para confirmar ese control que se expande hacia un control globalista a través de instituciones como el FMI, la ONU, la OMS, el Foro Económico Mundial y la OTAN.
En teoría se decía que Donald Trump vino para luchar contra el poder bancario, que buscaba restaurar la soberanía frente al sistema financiero. Esto producirá risas en la actualidad, sin lugar a dudas (no me extenderé explicando el American First ni MAGA). (A propósito de risas, en nuestro artículo "Un Mundo basado en reglas, versión comedia", puede mediante la sátira comprobar como funciona el sistema).
Por tanto, Estados Unidos sirve placenteramente a la élite financiera globalista a través de guerras de conquista como fueron las dos guerras mundiales y los denominados conflictos de baja intensidad durante la Guerra Fría, la destrucción de la URSS y la "Guerra contra el Terror o “choque de civilizaciones” hasta llegar al presente con la guerra por poder en Ucrania, la guerra de Gaza a través de Israel y, como, no, el actual conflicto en Medio Oriente contra Irán.
En lo financiero, Estados Unidos ha controlado el negocio del petróleo a través de la forzada implementación en 1973 del patrón dólar junto a su lucha perpetua por controlar el mercado del oro. "Quien tiene el oro manda", suele decirse porque “el oro otorga el derecho a imprimir dinero ‘de la nada’ mediante el mecanismo de la banca de reserva fraccionaria combinado con la usura exigida a intereses compuestos. A través de este mecanismo diabólico, la élite financiera global gobierna gran parte de la humanidad”. No obstante, vemos como China, Rusia, Irán y, a menor medida otras naciones BRICS, están -o al menos intentándolo- rompiendo ese viejo lazo en su intento coordinado de forjar un mundo multipolar.
Es un hecho de que existe una red de multimillonarios y organizaciones benéficas multimillonarias utilizan sus estatus fiscales para mover el "dinero oscuro", algo que parece ser desconocido en la política de la democracia estadounidense, en ese aspecto no hay distinciones entre la derecha y la izquierda (¿existe una izquierda en EE. UU.?, no nos cansamos de escuchar a Trump y otros políticos despotricar contra la “izquierda radical”). Entre esos multimillonarios se encuentran algunos muy reconocidos: Warren Buffett, Mark Zuckerberg y el “popular” George Soros; organizaciones benéficas como la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, OpenSociety, la Fundación Bill y Melinda Gates y otros, así como empresas privadas como BlackRock, etc.
Scott Walter, presidente de Capital Research Center (CRC), ha acumulado una gran cantidad de información sobre fuentes de "dinero oscuro" desde la "izquierda". Su libro “Arabella: The Dark Money Network of Leftist Billionaires Secretly Transforming America”, explica cómo se canaliza el dinero hacia movimientos sociales y políticos, desde el aborto hasta el cambio climático y la presión para la elección de jueces sean conservadores o de “izquierda”. A través de InfluenceWatch.org, Walter rastrea el "dinero oscuro" en organizaciones de “centro-izquierda” utilizando tanto fuentes de la derecha como reportajes convencionales. El CRC a logrado que medios convencionales reconozcan los riesgos democráticos de este financiamiento e investigaciones del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara sobre dinero extranjero. El libro demuestra no solo al público sino a los legisladores las activistas de grandes capitales que presionan por un gobierno centralizado. El objetivo final es exponer a estos actores financieros para contrarrestar la manipulación política de la mayor “democracia” del mundo.
Es muy común escuchar y leer sobre organizaciones públicas y privadas que ejercen gran poder en los Estados Unidos, pero, hay una organización oficial que suele pasar por desapercibida.
"El Consejo", también conocido como "CIGIE", o "Consejo de los Inspectores Generales de Integridad y Eficiencia". La Ley del Inspector General de 1978" ("Ley IG") es una legislación presentada por el Comité de Asuntos Gubernamentales del Senado de EE. UU., tras el caso Watergate y la dimisión del presidente Richard Nixon, para "mejorar los programas y operaciones gubernamentales mediante una mayor transparencia y rendición de cuentas". Se instituyeron los primeros doce Inspectores Generales nombrados por el presidente en agencias federales. Una capa de poder gubernamental que sin lugar a dudas responde en primer lugar ante la capa de benefactores multimillonarios.
Se puede compararlo con la “Comisión Trilateral” y el "New Deal". Esta entidad federal, el "CIGIE", para los empleados federales y para los poderosos de los Estados Unidos de América sigue siendo conocido como "El Consejo". Sea que la intención de la formación de "El Consejo" fuera originalmente diseñada para promover una buena gestión gubernamental o implementada de forma maliciosa como herramienta de reconstrucción social, "El Consejo" se ha transformado en el maestro de la política y la economía estadounidense.
En el artículo “ 'El Consejo' - ¿Quién dirige los Estados Unidos de América? Revelando los rostros de un asalto elitista a Estados Unidos”, Gregory Stenstrom, de Intelligencer Hoy (julio 2024) describe al "El Consejo", en el que todo y todos los que emanan de ellos, han controlado Estados Unidos durante los últimos cincuenta años con el propósito de extraer la riqueza de la nación. Según la Constitución, el gobierno y la fuerza laboral sirven para proteger la riqueza y el "bien público" del pueblo estadounidense, pero el propósito del "Consejo" es aplastarlo y destruirlo.
“Utilizan las herramientas de las acusaciones, la obstrucción y las agencias gubernamentales utilizándolas como armas para atacar a sus enemigos bajo falsas apariencias de ley. Solo ellos eligen quiénes serán ganadores y perdedores en política, negocios, economía, medios, elecciones, educación, y lo hacen con total amoralidad. El Consejo es una organización "intocable", codificada legislativamente y sui generis, con tentáculos incrustados en todas las agencias y ramas gubernamentales excepto en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Desde su perspectiva, son los dueños de los Estados Unidos de América. Es "suya", y "ellos" son sus administradores autoproclamados. Cualquiera que no sea "ellos" son "idiotas útiles", "inocentes útiles" o bienes humanos que deben ser descartados a la necropolítica. El resto de nosotros somos "unidades de carbono" desechables asignadas a valores positivos y negativos dependiendo de nuestra utilidad relativa para ellas. Este es su idioma”.
Aclarando que estas líneas se refieren a una agencia gubernamental, que en la práctica responde a una capa superior privada de la élite económica. Están por encima del sistema, lo han superado. Hacen el trabajo “sucio” para las élites que aparentan desconocer. “Es el aparato oficial que doblega al pueblo y a los representantes electos a su voluntad, y hasta ahora, todo se ha hecho a la vista de todos, envueltos en la bandera estadounidense, bajo un falso color de ley y en detrimento del pueblo estadounidense”. Y, -lo peor- es que esas grandes empresas privadas se toman la "molestia" de utilizar el dinero público para sus objetivos. (Por favor usted puede acceder al documento completo, observar documentos y fotografías de quienes componen "El Consejo", VER notas a pie de página)
En nombre de la “Democracia”
Un interesante artículo publicado en 2024, cuyo título he “plagiado” para titular esta entrada: “Por qué los oligarcas AMAN la democracia”, señala la preocupación de las élites por la “democracia” en reuniones de diversas cumbres. Este mal oliente tufillo en defensa de la “democracia” ya no es novedad, todos sabemos que es una fachada para salvaguardar intereses, el objetivo es evitar alianzas comerciales, económicas, tecnológicas y geopolíticas en general donde pudiere estar tramándose entorpecer el orden basado en reglas diseñado por los Estados Unidos, es decir, contra todo aquello que amenace la hegemonía angloestadounidense en Eurasia o en el resto del mundo.
Detrás del inconmensurable discurso de amor por la “democracia” global, predominará siempre los estratégicos intereses geopolíticos y económicos. Las élites globalizantes -citemos como ejemplo a las que se reúnen en el famoso Foro de Davos o a la familia Soros-, siempre hablaran de luchar y defender los principios de la "democracia". En realidad es una gran fachada para proteger sus intereses económicos corporativos a nivel mundial a largo plazo. Que no quede duda de que la OTAN siempre ha sido una herramienta de control Occidental diseñado para asegurar el dominio de regiones claves en el orbe. El último ejemplo fue Ucrania, donde se sigue utilizando recursos y personal de Europa del Este en lugar de arriesgar sus propias tropas, lo mismo se pretendió hacer en Irán, pero esta vez la mayoría de integrantes de la OTAN le dijeron no a Estados Unidos. Los europeos también tienen “sentimientos”, y en el caso iraní no tenían nada que ganar.
Poco analizado, escasamente discutido es un olvidado antecedente a la guerra en Ucrania, cuando alemanes y rusos demostraron que podían convivir, compartir y hacer negociaciones beneficiosas por las dos naciones. Casi nadie se percató que los anglo-estadounidenses temblaron ante la posibilidad de una alianza económica Germano-Rusa (sin que Alemania se separara de la UE y/o de la OTAN) que hubiese culminado con una fusión entre la tecnología y el capital alemán con los recursos naturales y la mano de obra rusa. La actual guerra en Ucrania buscó el mismo fin por medio de implantar “democracia” en Rusia: evitar a toda costa una alianza germano-rusa. La destrucción del oleoducto Nord Stream fue la prueba física de que rompiendo ese vínculo energético no solo entre Rusia y Alemania, sino entre Rusia y Europa, los anglo-estadounidenses evitaron un colapso de la “democracia” en Europa.
El analista Alex Krainer sostiene que la verdadera obsesión de los grupos de poder -en el caso arriba descrito- no era defender la democracia, ni el sistema de votos, sino evitar que un mayor acercamiento entre Rusia y Alemania trastocará todo el sistema geopolítico clásico de Mackinder, Haushofer, Berezensky, Friedman y otros. Esa teoría de la hegemonía euroasiática explica por qué Rusia ha sido el objetivo eterno de Occidente. El "Estado Pivote", es decir, en teoría, quien controle el corazón de Eurasia (Rusia y Asia Central) controla el mundo. Por ello las élites occidentales se horrorizaron cuando entendieron que había un proyecto para combinar los recursos de Rusia con la tecnología de Alemania, hubiese dado lugar a un bloque económico gigante que no necesitaría del comercio marítimo controlado por EE. UU. e Inglaterra.
Una Eurasia unida sería una potencia inalcanzable en el comercio oceánico y una amenaza directa a la hegemonía liderada por EE. UU. (cooptada por intereses del antiguo Imperio Británico). Ucrania fue el recurso que se tenía a mano para entorpecer los tratos entre Rusia y Alemania. La supuesta alianza defensiva representada por la OTAN demostró lo que siempre ha sido: una herramienta de expansión. Hoy la ira de Mr. Trump contra sus socios europeos, por el asunto Irán, afectará la alianza que durante 80 años dominó la política mundial.
Curiosamente, la expansión de la OTAN es un proyecto de, entre otros globalistas, George Soros, éste escribió en 1993 "Hacia un Nuevo Orden Mundial: El futuro de la OTAN" planteando que los conflictos actuales no son accidentales. Soros sostuvo que, tras la caída de la URSS, la OTAN no debía desaparecer, sino transformarse en una herramienta para "proyectar influencia" hacia el Este, debía expandirse hacia el Este y combinar su tecnología occidental con las tropas de Europa del Este para conseguir esa expansión.
La "Sinergia" Humana y Técnica, es una cruda cita de texto. Soros sugería que usar soldados del este europeo (como Ucrania o Polonia) junto con la tecnología de la OTAN reduciría el riesgo de "bolsas para cadáveres" (soldados occidentales muertos). Soros -que proviene de Europa del Este- ve a los europeos del este como "carne de cañón" para proteger la opinión pública en los países ricos de la OTAN, reduce el costo político y proyecte la influencia hacia Rusia, que sin duda se opone. El hijo de George Soros -Alex Soros- mantiene el mismo legado de su padre, y el momento de poner en práctica lo que pregona su progenitor tuvo lugar con la crisis militar que viene sucediendo en Ucrania.
Sin embargo, las élites estadounidenses no son homogéneas. (Lo hemos explicado en otras ponencias sobre Donald Trump en su primer mandato) Para hacerlo comprensible, digamos que hay dos rivales potenciales que representan los mismos intereses, pero con distintos medios. Desde el primer mandato de Trump se apreció esa “guerra” entre George Soros y Donald Trump. Curiosamente, las élites más predominantes ven en Trump una "amenaza a la democracia" con esa política de "América primero" y el escepticismo de Trump hacia la OTAN que por lógica está rompiendo el diseño del Nuevo Orden Mundial de posguerra. Trump propuso el Interés Nacional vs. Nuevo Orden Mundial, aunque -con toda razón- tras la crisis en Oriente Medio e Irán, hay quienes afirman que la cosa va por un “Israel Primero” vs. “”América Primero”.
Soros advirtió que el propio interés de Estados Unidos ("America First") podría chocar con las necesidades de este nuevo orden global. Por eso, figuras como Trump han sido vistas como enemigos de la "democracia" sobre todo en las reuniones de Davos. ¡Ojo! No nos equivoquemos, el proyecto general es el mismo, solo que hay dos bandos que quieren imponer su particular método de obtenerlo.
El analista Alex Krainer sugería en 2024 que el miedo de los Soros no era que Trump se convierta en un dictador, el miedo era que Trump priorice los intereses nacionales estadounidenses sobre la agenda de la oligarquía globalista. “Afortunadamente” Trump ha tenido que ceder -en parte- al “Estado Profundo” al tener que aceptar lo que se espera de la ‘Democracia’: “el único sistema en el que un solo hombre puede escribir décadas de guerras y millones de muertos en todo el mundo”.
La guerra en Ucrania es una parte de la ejecución de ese plan, el conflicto debe ser descrito como la culminación de esa estrategia de décadas. El exministro de defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, admitió que Ucrania está "cumpliendo la misión de la OTAN", se confirma sin dejar lugar a dudas, que Ucrania continúa haciendo el "trabajo sucio" de la OTAN, está siguiendo casi exactamente el guion trazado por Soros hace más de 30 años, al derramar su propia sangre en lugar de la sangre occidental para así eliminar la “amenaza” rusa. No hay duda que Ucrania es el brazo ejecutor para intentar cumplir el plan de hegemonía trazado hace décadas.
Se quiso hacer lo mismo con algunos agentes regionales en Oriente Medio para socavar la influencia iraní en la región, el problema es que Israel es demasiado “independiente” para ir a morir por Estados Unidos y Occidente. El error es haber confiado en la fuerza bruta de acción y efecto inmediato del tándem terrible -USA/Israel- que no creyó necesario contar con sus socios de la OTAN, cuando las cosas no salieron según su plan se invocó a la ayuda europea que la ha negado mayoritariamente, la alianza inalterable se ha resquebrajando.
¿Qué podemos decir? Está más que claro que la "democracia" es una exportación de lujo que beneficia a una oligarquía oculta, y que los conflictos actuales son el resultado de planes fríamente calculados (bueno no tan fríamente calculados en el caso iraní) donde las vidas humanas son sacrificadas en nombre de la hegemonía predominante.
La "democracia", de la que se habla en Davos y otros Foros Mundiales de las élites, es solo una palabra que refiere a su sistema global de dominación, donde esta oligarquía controla los flujos de energía y comercio, impidiendo que potencias terrestres como Rusia y Alemania se unan, impidiendo que China siga desarrollándose y evitando que Irán abra corredores terrestres tanto hacia el Este como al Oeste de Eurasia, en los ejemplos citados.
Para alguien que entiende la verdadera geopolítica solo hay un camino que debe recordar siempre: La paz mundial comenzará cuando Estados Unidos, y los socios que le queden en Europa, reconozcan el derecho al libre desarrollo de China y Rusia; y de potencias regionales como Irán, la India y otras naciones.
Estados Unidos, ¿nación democrática o nación genocida?
Un importante artículo de Jim Miles: “EE. UU. Nación Genocida”, inicia preguntándose: “¿Qué pasa con nosotros?… ¿Somos homicidas por naturaleza?” "¿Qué tienen de diferente los estadounidenses?" "¿Somos homicidas por naturaleza?". Resumamos sus puntos de vista.
No hay respuestas fáciles ni soluciones fáciles (pero pueden ser obvias), la respuesta rápida revela más verdad: no, no homicida, pero sí muy genocida. El término genocida en su aplicación por parte de Estados Unidos y su imperio contra la gente del mundo y el mundo mismo, que comprende todos los demás seres vivos y el medio ambiente necesarios para sustentar esa vida.
En primer lugar, Estados Unidos nació de la violencia; en segundo término, nació del racismo. Van muy bien juntos y han dado forma a los Estados Unidos de hoy. EE. UU. es herencia europea, familiarizada con el genocidio anterior del holocausto y la violencia militar. Además, la Doctrina racista Cristiana del Descubrimiento promulgada por la Bula Papal de 1452 (y otras) relegó a todos los no europeos a ser salvajes, primitivos, que deben ser tratados como fuera de la cultura europea / cristiana y, en la base, tratados como esclavos, con sus entornos para enriquecer su patria.
Entonces, desde la Doctrina del Descubrimiento, a través del Destino Manifiesto hasta el “excepcionalismo” e “indispensabilidad” arrogantes de hoy han servido de base de un imperio en expansión, utilizando la violencia y el genocidio para controlar el mundo. Esa visión etnocéntrica como un pueblo superior destinado a liderar y controlar el mundo, la ha transformado en una cultura de violencia militarizada. Más aún, en el presente, la lucha contra la esclavitud y el racismo siguen presentes en la tierra de la “libertad”.
Una nación fundada en el excepcionalismo, el racismo y la violencia sobre la tierra será difícil de reconstruir y mucho menos hacer enmiendas.
"Apreciemos esto como algo que es incentivado continuamente en la retórica de los medios de comunicación, los políticos y los banqueros, financieros y jefes corporativos que han gobernado a lo largo de la historia de los Estados Unidos. Sus rasgos de personalidad son significativos: individualismo rudo; excepcionalismo; derecho; venganza. Otro “atributo” es el abuso de los eufemismos “libertad” y “democracia”, responsable solo de uno mismo y no del bien general, es decir una sociedad codiciosa, ignorante y egocéntrica, atributos que se generalizan en toda esa sociedad.
¿Quién puede negar que desde su nacimiento Estados Unidos opera militarmente con violencia y racismo (como gran heredero el Imperio Británico)? El gobierno se compone por quienes heredaron esa violencia y racismo, “un gobierno imperial, que crea sin cesar miedo al 'otro', ya sean socialistas, comunistas, yihadistas, inmigrantes, rusos, chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses”, etc., formando una sociedad militarizada que opera en beneficio de las élites corporativas, políticas y militares, bajo el disfraz de “democracia”.
No vamos a detenernos en su estructura social, que es lo mismo de lo anterior, igualmente racista / elitista. “Los ciudadanos estadounidenses tienden a ser bastante ignorantes no solo sobre el mundo, sino sobre su propio país y cómo opera, y a través del proceso educativo y su proceso mediático aliado produce una sociedad egocéntrica codiciosa que culpa al individuo por cualquier problema que pueda ocurrir”.
“El sistema financiero está cerca de un punto de quiebre, construido sobre la base de la deuda (en gran parte a través del complejo industrial militar combinado con la subcontratación y deslocalización del empleo) y apoyado ahora principalmente por dinero creado por el golpe de un teclado de computadora sin que se produzca ningún producto, la financiarización de mercados que enriquecen a las élites y empobrecen al resto”.
Ciertas reflexiones finales sobre "democracia" made in USA nos presentan dos extraordinarios estadounidenses, John y Nisha Whitehead (2024) en “La matrix política sostiene la ilusión de libertad”, inician citando a Neil Postman:
"Cuando una población se distrae con trivialidades, cuando la vida cultural se redefine como una ronda perpetua de entretenimientos, cuando la conversación pública seria se convierte en una forma de lenguaje infantil, cuando, en resumen, un pueblo se convierte en público y sus asuntos públicos en un acto de vodevil, entonces una nación se ve en peligro; la muerte cultural es una posibilidad clara".
Muchos concuerdan que -refiriéndose al pueblo estadounidense- están “atrapados en una matrix política destinada a sostener la ilusión de que somos ciudadanos de una república constitucional. En realidad, estamos atrapados en algún punto entre una cleptocracia -un gobierno gobernado por ladrones- y una kaquistocracia -un gobierno dirigido por políticos, corporaciones y ladrones de carrera sin principios que se adulan a los peores vicios de nuestra naturaleza y que tienen poco respeto por los derechos de los ciudadanos estadounidenses-.
Durante años, el gobierno ha estado jugando al gato y al ratón con el pueblo estadounidense, permitiéndonos disfrutar de la libertad justa para pensar que somos libres, pero no la suficiente para vivir realmente como un pueblo libre. En otras palabras, se nos permite disfrutar de la ilusión de libertad mientras nos despojan de los mismos derechos que pretendían garantizar que el gobierno responda al respeto del Estado de derecho, la Constitución de Estado Unidos”.
“Esto ya no es América, tierra de la libertad, donde el gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Más bien, esto es Amerika, donde el fascismo, el totalitarismo y el militarismo van de la mano. La libertad ya no significa lo que antes”. Los derechos que en su día reforzaron el compromiso de los fundadores con el experimento americano de la libertad dejaron de existir hace mucho. Nos confunden la libertad con el libertinaje, por el cual estamos felices (somos libres para hacer lo que nos da la gana y decir lo que nos place sin consecuencias aparentes).
“No solo ya no tenemos dominio sobre nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestras propiedades y nuestras vidas, sino que el gobierno sigue minando los pocos derechos que aún nos quedan para hablar libremente y pensar por nosotros mismos. Nos están tomando por tontos. Sobre el papel, técnicamente podríamos ser libres. Sin embargo, en realidad, solo somos libres hasta donde un funcionario gubernamental nos permita.
A decir verdad, vivimos en una dictadura disfrazada de democracia donde todo lo que poseemos, todo lo que ganamos, todo lo que decimos y hacemos -nuestras propias vidas- depende de la benevolencia de los agentes gubernamentales y accionistas corporativos, para quienes el beneficio y el poder siempre prevalecerán sobre los principios. Y ahora el gobierno está litigando y legislando para entrar en un nuevo marco donde las órdenes de los burócratas menores tienen más peso que los derechos inalienables de la ciudadanía.
De hecho, no solo estamos desarrollando una nueva ciudadanía incapaz de pensar por sí misma, sino que también les estamos inculcando una dependencia completa y absoluta del gobierno y sus socios corporativos para que hagan todo por ellos -decirles qué comer, qué ponerse, cómo pensar, qué creer, cuánto tiempo dormir, a quién votar, con quién relacionarse, y así sucesivamente.
De este modo, hemos creado un estado de bienestar, un estado niñera, un estado policial, un estado de vigilancia, un campo de concentración electrónico - llámalo como quieras, el significado es el mismo: en nuestra búsqueda de menos responsabilidad personal, un mayor sentido de seguridad y sin obligaciones pesadas entre nosotros ni con las futuras generaciones, hemos creado una sociedad en la que no tenemos verdadera libertad. Estos son hitos en el camino hacia un estado fascista donde los ciudadanos son tratados como ganado, para ser marcados y finalmente conducidos al matadero.
La libertad, o lo que queda de ella, está siendo amenazada desde todas direcciones. Con demasiada frecuencia se entrega voluntariamente y a un precio tan barato: seguridad, protección, pan y circos.
Por "gobierno" no me refiero a la burocracia altamente partidista y bipartidista de republicanos y demócratas. Más bien, me refiero al "Gobierno" con mayúscula, el Estado Profundo arraigado que no se ve afectado por las elecciones, no alterado por los movimientos populistas y que se ha puesto fuera del alcance de la ley.
"Los depredadores del estado policial están causando estragos en nuestras libertades, nuestras comunidades y nuestras vidas. El gobierno no escucha a la ciudadanía, se niega a cumplir la Constitución, que es nuestro estado de derecho, y trata a la ciudadanía como una fuente de financiación y poco más.
Desgraciadamente, no existe ningún hechizo mágico que nos transporte de vuelta a un lugar y tiempo donde "nosotros, el pueblo" no fuéramos simplemente carne de caña para un molino harinero corporativo, gestionado por trabajadores del gobierno, cuyas prioridades son el dinero y el poder.
Nuestras libertades se han convertido en víctimas en una guerra total contra el pueblo estadounidense. "Nosotros, el pueblo" ya no somos los amos. No importa si hablamos del gobierno federal, de los gobiernos estatales o de los organismos locales: en todos los extremos del espectro y en cada punto intermedio, se ha producido un cambio. "Nosotros, el pueblo" no somos vistos, escuchados ni valorados. Ya no contamos para casi nada más allá de un voto electoral ocasional y como fuente de ingresos para las crecientes necesidades financieras del gobierno.
Deja de taparte la nariz para bloquear el hedor de una institución en descomposición. Para empezar, dejad de tolerar la corrupción, el soborno, la intolerancia, la codicia, la incompetencia, la ineptitud, el militarismo, la anarquía, la ignorancia, la brutalidad, el engaño, la colusión, la corpulencia, la burocracia, la inmoralidad, la depravación, la censura, la crueldad, la violencia, la mediocridad y la tiranía. Estas son las señas de identidad de una institución que está podrida de pies a cabeza.
Deja de permitir que el gobierno y sus agentes te traten como a un sirviente o a un esclavo. Tienes derechos…".
Los nombrados John y Nisha Whitehead, del The Rutherford Institute, van más allá sobre la “democracia” en su país, el mismo 2024 escribieron: “¿Quién es el dueño de América? Los oligarcas han impulsado el sueño americano”. Aquí demuestran -una vez más- las cualidades de la supuesta “democracia” estadounidense.
"Los políticos están ahí para darte la idea de que tienes libertad de elección. No lo haces. No tienes elección. Tienes dueños. Te poseen. Lo poseen todo. Son dueños de todas las tierras importantes. Son propietarios y controlan las corporaciones. Desde hace tiempo han comprado y pagado el Senado, el Congreso, las cámaras estatales, los ayuntamientos. Tienen a los jueces en el bolsillo y son dueños de todas las grandes empresas de medios, así que controlan casi todas las noticias e información que escuchas... Gastan miles de millones de dólares cada año haciendo lobby. Presionando para conseguir lo que quieren. Bueno, sabemos lo que quieren. Quieren más para ellos y menos para los demás... Se llama el Sueño Americano, porque tienes que estar dormido para creerlo". (George Carlin)
En la oligarquía que es el estado policial estadounidense, claramente no importa quién gane la Casa Blanca, porque todos trabajan para el mismo jefe: un Estado corporativo que se ha globalizado.
Entonces, aunque la pregunta parece reiterativa:
¿Quién es el dueño de América? ¿Es el gobierno? ¿Los políticos? ¿Las corporaciones? ¿Los inversores extranjeros? ¿El pueblo americano?
El Estado Profundo mantiene a la nación dividida y distraída por elecciones presidenciales cuyo resultado está definido. El control férreo del estado policial sobre el poder garantizará la continuación de guerras interminables y gastos descontrolados, ignorando los derechos fundamentales de la ciudadanía y el estado de derecho. Estados Unidos está siendo literalmente comprado y vendido a cualquier interés económico que lo pueda pagar, sea nacional o internacional.
No es necesario explicar como EE. UU. está cada vez más hundiéndose en la deuda, tanto como nación como como población.
“Básicamente, el gobierno de EE. UU. financia su existencia con una tarjeta de crédito, gastando dinero que no tiene en programas que no puede permitirse. La mayor parte de esa deuda se ha acumulado en las dos últimas décadas. La deuda nacional (la cantidad que el gobierno federal ha pedido prestado a lo largo de los años y debe devolver) supera los 34 billones de dólares y crecerá otros 19 billones para 2033 (el análisis es de 2024, y la cosa empeora ahora con los colosales gastos por la nueva aventura guerrerista contra Irán). La propiedad extranjera representa el 29% de la deuda estadounidense que posee el público. De esa cantidad, informa la Fundación Peter G. Peterson, "el 52% estaba en manos de inversores extranjeros privados, mientras que los gobiernos extranjeros tenían el 48% restante.
El Cuarto Poder ha sido asumido por conglomerados mediáticos que priorizan el beneficio sobre los principios. Las agencias de noticias independientes, que se suponía debían actuar como baluartes contra la propaganda gubernamental, han sido absorbidas por una toma global de periódicos, televisión y radio. En consecuencia, un puñado de empresas controlan la mayor parte de la industria mediática y, por tanto, la información que se distribuye al público. Del mismo modo, con Facebook y Google autoproclamados árbitros de la desinformación, ahora nos encontramos lidiando con nuevos niveles de censura corporativa por parte de entidades con historial de colaborar con el gobierno para mantener a la ciudadanía sin mente, amordazada y en la oscuridad.
Sin embargo, lo más crítico de todo es que el gobierno de EE.UU., vendido hace tiempo al mejor postor, se ha convertido en poco más que una empresa pantalla, una tapadera para intereses corporativos. En ningún lugar esta situación es más evidente que en el espectáculo fabricado que son las elecciones presidenciales. En cuanto a los miembros del Congreso, mucho antes de ser elegidos, se les entrena para bailar al ritmo de sus benefactores adinerados, tanto que pasan dos tercios de su tiempo en el cargo recaudando fondos. Como informa Reuters, 'También significa que los legisladores a menudo dedican más tiempo a escuchar las preocupaciones de los ricos que cualquier otra persona’.
Adiós a vivir el sueño americano. Nos están obligando a gastar dinero en guerras interminables que nos están dejando sin fin; dinero para sistemas de vigilancia que rastreen nuestros movimientos; dinero para militarizar aún más nuestra ya militarizada policía; dinero para permitir que el gobierno allane nuestras casas y cuentas bancarias; dinero para financiar escuelas donde nuestros hijos no aprendan nada sobre libertad y todo sobre cómo cumplir; y así sucesivamente".
Esto no es una forma de vida.
Es la democracia made in USA.
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Fuentes consultadas en inglés:












