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27 mayo 2026

Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas (3)


           Crédito de la foto: The Cradle


Introducción por el editor del blog

Continuamos está serie de artículos referente a la actual crisis bélica en Oriente Próximo. Las anteriores entradas de esta serie tuvieron un contexto más histórico acompañado de datos de actualidad. Para esta siguiente ronda revisaremos elementos críticos que se viven en el presente. Comenzamos con la investigación del reconocido analista internacional Pepe Escobar. Pero, antes de leer sus puntos de vista unas breves notas de interés.

En una entrevista en “Fox News” un par de senadores republicanos (Tom Cotton y Josh Hawley) dieron la solución a la crisis bélica, y creo sinceramente es algo que vale la pena, hagámonos de la vista gorda y punto final. Estos dos hombres se atrevieron a señalar que: “era hora de que declaremos la victoria. Hemos hecho todo lo que podemos y es hora de simplemente declarar la victoria y traer a los hombres a casa”.

En igual sentido otros estadounidenses como Robert Kagan, influyente historiador, politólogo y activo columnista de opinión internacional de The Washington Post, vinculado al neoconservadorismo (neocon), férreo defensor del internacionalismo liberal, el liderazgo militar y político con la presencia global de los EE. UU. para mantener el orden internacional “democrático”; y, uno de los fundadores en 1997 del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, ahora acepta el jaque mate de Irán. Por su parte, el general retirado Michael Flynn, hoy político estadounidense, asesor de Seguridad Nacional los primeros días de la primera administración Trump, mediático y controvertido miembro del movimiento político de Trump, ha instado a los estadounidenses a que recojan sus cosas y se marchen.

Basándonos en los comentarios del coronel Douglas Macgregor establecemos el hecho de que el mundo está condenado a una recesión económica y peor aún, podríamos caer en una gran depresión. Los egos de los políticos “dueños del mundo” se niegan a aceptarlo. Se le ha dicho a Trump que es momento de parar esto ya. Estados Unidos viene desde hace un buen tiempo afrontando una posición financiera nada estable debido a la deuda soberana nacional. El petrodólar, el patrón que ha sustentado su economía afronta serios desafíos, el comercio mundial en petrodólares está a la deriva, Estado Unidos se sostuvo e hizo todo lo que quiso durante medio siglo porque logró imponer al mundo la compra de petróleo en dólares a las petromonarquías, pero la jugada maestra fue en realidad otra: Obligó a los principitos del Golfo a reinvertir los dólares de su petróleo en bonos del tesoro estadounidense, esa fue la única manera de sostener la expansión económica estadounidense; a cambio, los EE. UU. ofrecieron “seguridad” y garantías de que los principitos gobernarían como les plazca, nadie les tocaría porque el US Army estaría ahí para protegerlos, y así fue durante medio siglo...

La aventura bélica contra Irán -dicen los entendidos- ha fulminado el sistema del petrodólar y las garantías de seguridad a pesar de que las petromonarquías del Golfo solo recibieron una visita blanda de parte de Irán como mensaje, algunas infraestructuras fueron golpeadas, Irán evitó destruirlas. Ahora, digan lo que digan, el Consejo de Cooperación del Golfo está evaluando sus inversiones y patrocinios que evidentemente afectarán más al sistema del petrodólar; sin embargo, sigue siendo dudoso que puedan desvincularse del control estadounidense o de las presiones de Israel.

Retrocediendo en el tiempo, “fueron los británicos durante más de cien años quienes prometieron y brindaron protección a estos pequeños reinos petroleros, incluida Arabia Saudita. EE. UU. en privado, en la década de 1930, prometió proteger los recursos petroleros saudíes. Ahora, nos dimos cuenta es de que no podemos hacer eso. No podemos derribar los misiles. No podemos hacer que los iraníes, por así decirlo, obedezcan”.

Douglas Macgregor se pregunta: “¿qué tan rico va a seguir siendo Estados Unidos sin el petrodólar?. Creo que la respuesta a eso no es muy buena, así que creo que efectivamente hemos perdido esta guerra. Creo que los iraníes lo saben y ahora dicen que han tenido tanteos de nuestra parte, lo cual estoy seguro de que probablemente sea cierto entre bastidores”.

Pero, Estados Unidos sigue sin tener un plan para poner fin a la guerra, se mantiene en sus exigencias, que de paso parece son impuestas por Israel, se niega a verse como vencido. Aún se pretende que Irán renuncie al enriquecimiento de uranio, que entregue su arsenal de misiles balísticos, etc. Creen que pueden imponer las reglas basados en la premisa de que Israel y EE. UU. son la hegemonía militar y política en la región. “Eso nunca va a suceder. EE.UU. una vez más ha querido pisotear a una nación con identidad nacional, orgullosa de sus orígenes y su cultura, EE. UU, e Israel han querido escupir sobre ella”, refiere Macgregor, los iraníes “no van a hacer negocios con nosotros, ciertamente no en nuestros términos, así que creo que tendremos que buscar a alguien en algún lado que pueda mediar por nosotros, pero creo que los términos que tendremos que aceptar serán muy humillantes para los Estados Unidos”.

Dicho esto, pasemos al artículo de Pepe Escobar


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La guerra contra Irán transforma la 'Guerra de los Corredores de Conectividad'

Pepe Escobar
The Cradle / abril 2026

La guerra contra Irán está interrumpiendo los corredores comerciales, de transporte y energéticos en el corazón de la integración euroasiática.

  

La guerra de elección de Estados Unidos contra Irán no solo está redefiniendo la geopolítica, sino que también interfiere, desestabiliza y reorienta lo que The Cradle describió en junio de 2022 como La Guerra de los Corredores de Conectividad Económica; posiblemente el paradigma geoeconómico clave de la integración euroasiática en el siglo XXI. De este a oeste y de norte a sur, estos corredores entrelazan prácticamente a todos los principales actores de Eurasia.

Profundicemos en lo que pueden ser los cuatro vectores más importantes: el corredor este-oeste impulsado por China de las Nuevas Rutas de la Seda/Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI); el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur Rusia-Irán-India (INSTC); el IMEC (Corredor India-Oriente Medio); y los corredores propuestos que unirán Turquía con Catar, Siria e Irak.

Las Nuevas Rutas de la Seda/BRI de China avanzan a través de una multiplicidad de corredores desde Xinjiang hasta el oeste de Eurasia, incluyendo el Corredor Norte (a través del Transiberio en Rusia) y el Corredor Medio (vía Kazajistán y cruzando el Caspio hasta el Cáucaso y Turquía).



Mapa del Corredor Internacional de Transporte Norte Sur (INSTC)



Mapa del Corredor India-Oriente Medio (IMEC)


Irán en el centro de la integración euroasiática

Pero es la geografía ultra estratégica de Irán la que lo ha posicionado desde las Antiguas Rutas de la Seda como el cruce definitivo entre el este y el oeste; un papel reavivado por las Nuevas Rutas de la Seda/BRI lanzadas por el presidente Xi Jinping en 2013.

Uno de sus vectores clave, incluido en el acuerdo China-Irán de 25 años y 400.000 millones de dólares firmado en 2021, es el corredor terrestre China-Irán integrado por la BRI. Es esencial para eludir el dominio marítimo estadounidense, el bombardeo de sanciones de décadas sobre la República Islámica y puntos de estrangulamiento sensibles como el Estrecho de Malaca, el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez.

El primer tren de mercancías procedente de Xian, la antigua capital imperial de China, llegó al puerto seco de Aprin en Irán, situado a 20 km de Teherán, que fue inaugurado hace solo tres años en mayo. Esto marcó el inicio oficial de este corredor, reduciendo los tiempos de tránsito de hasta 40 días por mar a un máximo de 15 días por tierra.

Aprin es un puerto seco: una terminal intermodal interior, conectada directamente por carretera o ferrocarril con puertos marítimos, en el Caspio o en el Golfo Pérsico. Eso significa que los enormes envíos chinos pueden acceder rápidamente a las rutas marítimas globales.

China-Irán encaja en el corredor este-oeste más amplio, que antes de la guerra pretendía conectar Xinjiang a través de Asia Central (Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán) con Irán, Turquía y, más adelante, el Golfo Pérsico, África e incluso Europa.

Por supuesto, China también podría beneficiarse del corredor ferroviario para recibir petróleo iraní, en lugar de depender de la flota fantasma iraní, aunque los desafíos logísticos siguen siendo significativos.

El ferrocarril China-Irán ya está recalibrando la importancia del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), el proyecto emblemático de la BRI que conecta Xinjiang, a través de la autopista del Karakórum, con el norte de Pakistán y luego a través de Baluchistán hasta el puerto de Gwadar en el mar Arábigo.

Hasta la guerra preferida del presidente estadounidense Donald Trump, Pekín estaba inclinado a prestar más atención al corredor iraní, teniendo en cuenta la inestable situación política de Pakistán.

Pase lo que pase a continuación, Irán aún tendrá que navegar con cuidado la compleja y vertiginosa interacción entre China e India. Al fin y al cabo, ambos miembros de los BRICS tienen un profundo interés estratégico en los puertos iraníes, considerados como puertas de entrada esenciales a Asia Central.

Además, el puerto iraní de Chabahar, parte de lo que podría considerarse, al menos antes de la guerra, como la Ruta de la Seda India, en Sistán-Baluchistán, compite directamente con el puerto pakistaní/BRI de Gwadar en el mar Arábigo, a solo unos 80 kilómetros de distancia.

Esto nos lleva una vez más al papel inigualable de Irán en la conectividad euroasiática. Irán se encuentra en la privilegiada intersección de dos corredores clave de transporte: el vector este-oeste, impulsado por China, y el INSTC, que conecta a tres miembros de los BRICS: Rusia, Irán e India.

Lo que Teherán había estado haciendo hasta la guerra era alinear hábilmente su política multivector con ambas potencias, China e India, y ambos corredores. Teniendo en cuenta la alineación de India con Israel justo antes del ataque de decapitación contra Irán el 28 de febrero, las cosas podrían cambiar radicalmente en el futuro.

INSTC colisiona con IMEC

El INSTC puede describirse de forma concisa como el vector norte-sur de la integración euroasiática, uniendo Rusia, Irán e India, y cruzando las Nuevas Rutas de la Seda chinas, que se desplazan de este a oeste a través de Asia Central.

En mayo del año pasado, con un equipo profesional de cinco personas, rodé el Corredor Dorado (Golden Corridor): el primer documental del mundo, en inglés, sobre cómo se desarrolla el INSTC dentro de Irán, desde el mar Caspio hasta el Golfo Pérsico y el mar de Omán, con un enfoque especial en Chabahar.

Hasta la guerra, India estaba extremadamente preocupada por el potencial de inversión china en Chabahar, una preocupación confirmada por las autoridades portuarias durante mi visita. Chabahar es, o al menos era, visto por los estrategas indios como su joya de la corona en Irán: efectivamente la única ruta viable para India hacia Eurasia, llegando a los mercados de Asia Central, Rusia y, finalmente, europeo.

No es de extrañar que los indios tuvieran miedo ante la posibilidad de que China asegurara una presencia naval en el oeste del Océano Índico.

Todas las inversiones indias en Chabahar están ahora en pausa. Ya estaban estancados por la presión estadounidense. Sin embargo, China sigue implacable. De cara al futuro, Pekín ya ha elaborado un plan de inversión para la costa de Makran en Sistán-Baluchistán, con un despliegue masivo de empresas chinas que conectan puertos iraníes con la BRI.

Irán optará por el pragmatismo estratégico, especialmente después de que India de facto abandonara su no alineamiento y autonomía frente a Estados Unidos: todo eso debido a cálculos superficiales y miopes del gobierno liderado por Narendra Modi. Así que la India tiene una lucha cuesta arriba si no quiere perder su "joya de la corona" persa.

Aquí, una vez más, la profunda interconexión de los principales corredores transeuroasiáticos. El ferrocarril China-Irán, parte del corredor China-Asia Central-Turquía-Europa, conecta con el INSTC en Irán, que cuenta con el respaldo crucial de Rusia.

Al mismo tiempo, ambos se oponen radicalmente al IMEC, el corredor mal llamado India-Oriente Medio-Europa, que en realidad es el corredor Israel-Oriente Medio-India-Europa. El objetivo clave de IMEC, fruto de la campaña de Trump 2.0 por los Acuerdos de Abraham, es convertir a Israel en un centro estratégico para los flujos comerciales y energéticos en Asia Occidental.

Como detalló inicialmente The Cradle, IMEC ha sido hasta ahora poco más que una gran operación de relaciones públicas lanzada en una cumbre del G20 en Nueva Delhi. Debe interpretarse como la respuesta tardía del colectivo occidental a la BRI: otro proyecto estadounidense más para "contener" a China y, más recientemente, a Irán como miembro del INSTC.

Sobre todo, IMEC es un corredor de transporte diseñado para eludir los tres principales vectores de la verdadera integración euroasiática: China, Rusia e Irán, miembros de los BRICS.

Sin embargo, la guerra contra Irán está imponiendo un serio toque de realidad a IMEC. El puerto de Haifa ha sido gravemente dañado por misiles iraníes. Riad y Abu Dabi están en conflicto directo sobre cómo adaptarse a un Golfo Pérsico postamericano en el que Irán será la potencia dominante.

Tal y como están las cosas, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman (MbS), aunque siempre cauteloso, parece inclinado a buscar un acuerdo. El presidente de los EAU, Mohammed bin Zayed (MbZ), en cambio, está, a todos los efectos prácticos, en guerra con Teherán.

Europa está cometiendo activamente suicidio político y económico. Y la India está desconcertada sobre cómo cerrar el círculo: cómo organizar una cumbre creíble de los BRICS a finales de este año alineándose con Estados Unidos.

A todos los efectos prácticos, IMEC está ahora en coma profundo.

Tomemos algunos resultados provisionales de la guerra. Casi 1.100 km de vías están "desaparecidas" en el ferrocarril de Fujairah en los Emiratos Árabes Unidos a Haifa; 745 km están "desaparecidos" desde Jebel Ali en Dubái hasta Haifa; y 630 km están "faltando" en el ferrocarril de Abu Dabi a Haifa.

Eso deja a IMEC aún más frágil tras la guerra. Varios de los posibles nodos del corredor e infraestructuras circundantes también fueron alcanzados por ataques con misiles iraníes. Y puede que eso aún no haya terminado.

Las ambiciones de Turquía en "Pipelineistán"

Turquía, por supuesto, tuvo que desarrollar sus propias ideas de integración euroasiática, especialmente dado que el neootomanismo quiere posicionar a Ankara como un actor capaz de rivalizar con Rusia e Irán.

Tal y como están las cosas, la apuesta de Ankara es apostar por un "Pipelineistán" completo, tal y como definí hace dos décadas, el laberinto ultrapolitizado de corredores energéticos euroasiáticos.

Así, "Pipelineistán" incluye desde el enlace petrolero Bakú-Tblisi-Ceyhan (BTC), facilitado por el "Gran Tablero de Ajedrez" del fallecido Zbigniew Brzezinski, hasta las fabricadas en Rusia South Stream y Turk Stream, así como telenovelas interminables de gas como la de Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI) y la Irán-Pakistán-India (IPI), luego reducida a IP.

Una de las principales obsesiones estadounidenses ha sido durante mucho tiempo impedir la construcción de un oleoducto Irán-Pakistán: un cordón umbilical entre dos poderosas naciones musulmanas que conecta Asia Occidental con Asia del Sur.



Mapa de las principales rutas regionales de oleoductos y gas conectadas con Turkiye


El ministro turco de Energía, Alparslan Bayraktar, sí, ¿recuerdas a los drones? - está en racha. Su idea favorita es conectar Basora -la capital petrolera del sur de Irak- con el oleoducto Irak-Turquía, que conecta Kirkuk con Ceyhan, en el Mediterráneo (también terminal del BTC), con una capacidad de más de 1,5 millones de barriles al día. El problema es que la ausencia de consenso político en Irak lo convierte, por ahora, en un sueño imposible.

Turquía incluso está considerando vincular los yacimientos petrolíferos sirios -una producción poco lujosa, con un máximo de 300.000 barriles diarios- con el oleoducto Irak-Turquía. Eso es un terreno complicado, teniendo en cuenta que nadie sabe realmente quién dirige Siria.

Aun así, Ankara sigue siendo implacable. El Santo Grial sería un gasoducto desde Catar hasta Turquía pasando por Arabia Saudí, Jordania y Siria.

Esa es una versión disparatada de la historia repitiéndose. Un oleoducto se situó en el centro de la guerra contra Siria: originalmente habría sido Irán-Irak-Siria, antes de que Catar impulsara en 2009 una ruta desde el Campo Norte a través de Arabia Saudí y Jordania hacia Siria, un proyecto vetado por Damasco.

La guerra contra Irán ha vuelto a poner todo patas arriba después de que QatarEnergy declarara fuerza mayor sobre una parte significativa de sus exportaciones de GNL, afectando tanto a Europa como a Asia.

Catar sigue privilegiando el GNL sobre los gasoductos. Pero ahora entra Turquía, con el concepto de un gasoducto -aún por construir- desde Catar para abastecer a Europa, presentado por Bayraktar como una "ruta alternativa de exportación". Eso costaría al menos la impresionante cifra de 15.000 millones de dólares: un oleoducto de 1.500 km que cruzaría hasta cinco fronteras. Un dolor de cabeza certificado y costoso.

Más factible, al menos en teoría, es el gasoducto Trans-Caspio, que pretende conectar Turkmenistán a través del Caspio con Azerbaiyán y Georgia, probablemente paralelo al gasoducto BTC y más adelante hacia Europa.

Una vez más, eso debe construirse. Costaría al menos 2.000 millones de dólares: un oleoducto submarino de más de 300 km a través del Caspio desde Turkmenbashi hasta Bakú. Eso es largo, hice ese cruce en un cargo azerí en los 2000, y tarda al menos 8 horas. Después, el oleoducto, aún inexistente, conectaría con otros dos, el Cáucaso Sur y el Transanatoliano.

Los costes adicionales serían inevitables: en desarrollo aguas arriba, capacidad de compresión y expansión aguas abajo.

Y aunque todo esto saliera a la luz, Turkmenistán no tiene capacidad sobrante: prácticamente toda su producción va a Xinjiang, en China, a través de un oleoducto construido y pagado por China. En el mejor de los casos, Turquía importa una pequeña cantidad de gas turcomano a través de Irán, en régimen de intercambio; Irán también utiliza este gas.

Haz corredores de conectividad, no guerra

Lo que está claro es que los Corredores de la Guerra de Conectividad seguirán siendo el vector geoeconómico principal desde Asia Occidental hasta Asia Central y del Sur, implicando múltiples caminos hacia la integración euroasiática.

La guerra contra Irán está acelerando bastantes interconexiones. Tomemos, por ejemplo, la Corporación Nacional de Logística (NLC) en Pakistán que accede a la Terminal Fronteriza de Gabd para impulsar el comercio con Irán y principalmente con Uzbekistán en Asia Central, a través de algo llamado sistema TIR (Transporte Internacional por Carretera), evitando Afganistán.

NLC lo está jugando de forma bastante estratégica, activando simultáneamente múltiples corredores comerciales hacia China, Irán y Asia Central, y al mismo tiempo ayudando a fortalecer el maltrecho frente comercial y financiero de Irán durante la guerra.

Y ni siquiera estamos hablando del otro corredor clave de conectividad del futuro: la Ruta Marítima del Norte a lo largo de la costa rusa en el Ártico hasta el mar de Barents, que los chinos poéticamente llaman la Ruta de la Seda Ártica.

China, India y Corea del Sur están muy centradas en la Ruta Marítima del Norte, que se discute cada año con detalle en los foros de San Petersburgo y Vladivostok.

No es casualidad que EE.UU. bombardeara varios nodos del INSTC: el puerto de Bandar Anzali, Isfahán, el puerto de Bandar Abbas y el puerto de Chabahar. Así como un tramo del ferrocarril China-Irán, parte de la BRI y financiado por China.

Esta es una guerra contra Irán, contra China, contra los BRICS, contra la integración de Eurasia. Sin embargo, la integración de Eurasia simplemente se niega a descarrilar.

Haz corredores de conectividad, no guerra.

12 mayo 2026

El fin del sistema de poder global posterior a la Segunda Guerra Mundial




por Richard Wolff
Título original:
"The End of the Post-WWII Global Power System"
abril 2026


Nota del editor del blog

El análisis del economista Richard Wolff titulado "The End of the Post-WWII Global Power System" argumenta que los conflictos actuales marcan el colapso del sistema de poder global establecido tras 1945. Wolff sostiene que la hegemonía estadounidense y el sistema basado en el dólar enfrentan una crisis estructural definitiva, la cual es minimizada por los medios convencionales. 

Este análisis de Richard Wolff es muy buscado porque ofrece una perspectiva económica y estructural que no siempre se encuentra en los medios tradicionales, el núcleo de su mensaje sobre el declive del sistema global es inconfundible. Si le interesa profundizar en el pensamiento de Wolff, le recomiendo buscar su programa semanal llamado "Economic Update", ahí suele desglosar estos mismos temas con datos actuales. 

Este mundo de la “posguerra” -probablemente- nos marque el fin del "siglo americano", y nos enrumbe hacia un nuevo sistema monetario, o quizá no, nada está dicho aún. Los imperios no suelen sucumbir sin dar lucha… 

Solo recordar que en la posguerra mundial, la reconstrucción de Europa vio surgir un nuevo orden global tras encontrarse desbastada y sumida en una profunda crisis. En 1948, ante la supuesta incapacidad de las naciones para recuperarse por cuenta propia, la iniciativa estadounidense conocida popularmente como "Plan Marshall" inyectó miles de millones de dólares con el fin de rehabilitar la industria y la infraestructura europea. Sin embargo, más allá de la filantropía, el proyecto funcionó como una herramienta política clave para contener la influencia soviética. Al finalizar, el plan no solo logró la estabilidad económica de la región, sino que estableció a Estados Unidos como la principal potencia mundial, demostrando que la economía puede ser tan determinante como las armas en la geopolítica.


Una ilustración soviética satirizando el Plan Marshall. Artista: Juliy Ganfa (1950)


Luego, en 1974, otra brillante idea estadounidense forjó el dominio del dólar en el comercio mundial, el petrodólar consolidó el poder de los Estados Unidos sobre la economía global. Ahora, todo indica que medio siglo después este sistema de control económico global se está desmoronando. ¿Podrá EE. UU. remediar este colapso ya sea mediante guerras o inteligentes tratados económicos?  

Leamos el análisis económico y geopolítico de Richard Wolff que está dirigido al público estadounidense.

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Lo que está pasando frente a sus ojos en este momento no es simplemente otra guerra más en el Medio Oriente, no. Lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo, mucho más estructural, algo que los grandes medios de comunicación en este país no quieren que usted entienda con claridad. Estamos presenciando en tiempo real el principio del fin de un sistema de poder global que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial y que durante décadas ha dictado las reglas del juego económico, militar y político para todo el planeta.

La hegemonía estadounidense está desmoronándose en tiempo real y el debate en torno a los ataques de febrero de 2026 contra Irán refleja precisamente esa incertidumbre profunda que ahora sacude los cimientos del orden global. Y lo que hace esto particularmente fascinante y también perturbador es que mientras el Imperio intenta consolidar su dominio, los países que han sido sus blancos más consistentes están encontrando formas nuevas, inteligentes y muy concretas de resistir y avanzar.

China e Irán, dos naciones que Washington ha tratado de aislar, sancionar y debilitar por décadas. están emergiendo de esta crisis con más fuerza geopolítica de la que tenían antes de que comenzaran los bombardeos. Vamos a hablar de esto con la honestidad y la profundidad que merece, porque usted que vive en este país, que trabaja en este país, que paga impuestos en este país, merece saber exactamente a dónde van esos recursos, exactamente qué tipo de mundo se está construyendo con ese dinero y exactamente qué significa todo esto para su vida cotidiana, para su economía, para su futuro.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría, a la izquierda el texto dice: "Se exprimirá hasta el último centavo, ya que el contribuyente tiene que...  ". Derecha, una representación del "Capitalismo Popular". De la serie Lápiz de Combate.


El conflicto con Irán comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel dirigidos contra el liderazgo iraní y su infraestructura militar, incluyendo el asesinato del líder supremo Ali Jamenei. La operación fue bautizada con el nombre de operación “Furia Épica”, un nombre que en sí mismo nos dice mucho sobre la mentalidad que gobierna las decisiones de Washington en este momento. No es una operación de seguridad, es teatro, es espectáculo, es la proyección de una imagen de fuerza que paradójicamente cada vez que se despliega revela con mayor claridad la debilidad estructural que intenta ocultar. Irán retalió con ataques de misiles y drones contra objetivos estadounidenses e israelíes, así como contra los estados del Golfo que albergan fuerzas americanas, lo que provocó cierres de espacio aéreo y ataques contra infraestructura crítica.

Ahora bien, quiero que pensemos juntos en algo que casi nadie en los medios corporativos de este país se detiene a analizar. El jefe de la Agencia Internacional de Energía describió la situación causada por la guerra como el mayor desafío de seguridad energética global en la historia. Piénselo bien -en la historia-, no en los últimos 10 años, no en las últimas décadas, en toda la historia registrada de la economía energética global. Y sin embargo, ¿cuántas horas de cobertura profunda, analítica, estructural ha visto usted en los grandes canales de televisión de este país? Muy poco, porque el sistema mediático que funciona aquí no está diseñado para informarle, está diseñado para distraerle, para simplificarle la realidad hasta convertirla en algo que no le haga cuestionar las decisiones que se toman en su nombre.

La guerra de Estados Unidos contra Irán puede haber parecido un movimiento irracional de un presidente tan impulsivo como destructivo. Pero había una lógica geopolítica detrás del ataque basada en el deseo de Washington de negarle a China el acceso a recursos vitales. Esto es lo que hay que entender. No se trata de democracia, no se trata de derechos humanos, no se trata de armas nucleares, aunque ese sea el argumento oficial que se repite sin fin. Se trata de recursos. Se trata de quién controla el flujo de energía en el siglo XXI. Se trata de una competencia brutal, despiadada entre dos grandes potencias, Estados Unidos y China, por definir quién va a dominar la economía global en las próximas décadas.

E Irán, con su territorio, con su petróleo, con su posición estratégica en el Golfo Pérsico se convirtió en el campo de batalla de esa lucha. Las guerras de recursos entre Estados Unidos y China han acelerado la determinación de ambos lados de escapar de sus dependencias mutuas. Las dos grandes potencias están desmantelando la economía integrada que tardaron 50 años en construir juntas. Hay algo profundamente irónico en todo esto que quiero que aprecie. 

El sistema capitalista global que Washington siempre presenta como la forma más avanzada de organización económica humana, creó una interdependencia tan profunda entre la economía americana y la economía china, que ahora cuando esas dos potencias quieren separarse, el proceso mismo de separación amenaza con destruir la economía global entera. Eso no es una anomalía, eso es una contradicción fundamental del sistema. Y esas contradicciones cuando maduran producen exactamente lo que estamos viendo hoy: guerras, sanciones, bloqueos, crisis energéticas, inflación y trabajadores ordinarios en todo el mundo pagando el precio de las ambiciones de las élites.

El estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento global para los envíos vitales de energía, se ha convertido una vez más en el epicentro de la escalada de la tensión geopolítica a finales de 2025 y principios de 2026. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente central para entender lo que está pasando. El estrecho de Ormuz es la garganta del mundo. Por ese canal estrecho pasa aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el planeta. Cuando Irán, como respuesta a los bombardeos, declaró ese estrecho cerrado para los barcos que apoyaban a Estados Unidos, no estaba haciendo una declaración política abstracta, estaba poniendo sus manos en la palanca de control más poderosa que tiene a su disposición y el mundo lo sintió inmediatamente.

Muy lejos de paralizar a sus rivales, la estrategia estadounidense parece estar acelerando un cambio fundamental en las alianzas globales y la dinámica del poder marítimo. Esto es lo que los estrategas de Washington parecen no haber calculado correctamente o si lo calcularon lo ignoraron. Cuando ejerces poder de una manera tan abiertamente agresiva, tan claramente desproporcionada, tan evidente en sus motivaciones económicas reales, no produces sumisión, produces resistencia, produces coalición, produces exactamente el tipo de unidad entre tus adversarios que supuestamente estabas tratando de prevenir. China sigue siendo un salvavidas para la economía iraní, duramente golpeada por las sanciones internacionales.

En 2025, China compró más del 80% del petróleo exportado por Irán con un descuento significativo, lo que representó el 13.5% de todo el petróleo que China importó por vía marítima. Detengámonos aquí un momento porque esto es enormemente revelador. Las sanciones que Washington lleva décadas imponiendo contra Irán, que se supone que debían aislar a ese país, que debían castigar a su gobierno, que debían obligarlo a ceder ante las demandas americanas, lo que realmente produjeron fue una dependencia económica creciente entre Irán y China. Cada sanción que Washington impuso fue en la práctica un empujón que acercó más a Teherán a Pekín. Eso no es un accidente geopolítico, es el resultado predecible de una estrategia que prioriza la coerción sobre la diplomacia. Para Teherán y Pekín, elevar el yuan es una situación en la que ambos ganan. El uso de esa moneda permite a China e Irán eludir las sanciones estadounidenses impuestas a través del sistema financiero dominado por el dólar. También simplifica y reduce el costo del comercio entre las partes, que ha crecido enormemente bajo la asociación estratégica a 25 años firmada en 2021.


Dos caricaturas de la Guerra Fría, de la serie "Lápiz de Combate". A la izquierda el texto dice:  "Los yanquis esparcieron cebo, pero hay engaño oculto en él: quien sea tentado por el cebo, terminará en su propio bolsillo".


Este es el verdadero significado de lo que está pasando en el plano financiero. No es simplemente una disputa comercial, no es simplemente una rivalidad entre monedas, es un ataque directo al mecanismo más poderoso de dominación que tiene Estados Unidos sobre el resto del mundo. El dólar como moneda de reserva global y como instrumento de las sanciones económicas. La supremacía del dólar es especialmente evidente en el mercado global del petróleo, donde aproximadamente el 80% de las transacciones se liquidan en esa moneda según una estimación de 2023 de JP Morgan Chase. Imagínese lo que significa eso. Cada vez que un país del mundo compra petróleo, independientemente de dónde sea ese país y de dónde venga ese petróleo, tiene que pasar por el sistema financiero del dólar, tiene que mantener reservas en dólares, tiene que hacer negocios según las reglas que Washington establece y Washington puede en cualquier momento excluir a cualquier país de ese sistema simplemente declarando sanciones.

Eso es poder Imperial en su forma más pura, más sofisticada, más moderna. No es el poder de las legiones romanas marchando por los caminos del imperio. Es el poder de los algoritmos financieros y los sistemas de transferencia bancaria internacional, pero el efecto es el mismo. Dominación.

En junio de 2025, una nueva fase de la iniciativa de la franja y la ruta de China se inauguró con la apertura del ferrocarril Irán - China. Esta conexión directa entre Irán y Asia Central y China ofrece un corredor económico alternativo para las exportaciones de petróleo y minerales, permitiendo navegar alrededor de las sanciones estadounidenses y los cuellos de botella marítimos como el estrecho de Malaca. Esto es estrategia a largo plazo.

Mientras Washington piensa en términos de ciclos electorales de cuatro años, de ocho años, Beijing piensa en términos de décadas, de generaciones, de siglos. El ferrocarril que conecta Irán con China directamente por tierra, sin pasar por ningún estrecho que la marina americana pueda bloquear, es exactamente el tipo de infraestructura que hace que las sanciones y los bloqueos marítimos pierdan su poder. Es la respuesta estructural, física, concreta a la amenaza financiera y militar que representa el poderío estadounidense.

Desde 2025, Estados Unidos se enfrenta a un desafío coordinado, pero fragmentado, de China, Rusia e Irán. Etiquetada como un eje de revisionismo. Su asociación se basa menos en tratados que en una resistencia compartida a las instituciones lideradas por Estados Unidos. Esta convergencia se profundiza a través de la cooperación en el marco de los BRICS, ejercicios militares conjuntos y apoyo mutuo en foros globales como el Consejo de Seguridad de la ONU. Y aquí hay algo que los comentaristas de los medios corporativos presentan siempre de una manera distorsionada. Llaman a esto “un eje del mal”, un eje del revisionismo, como si China, Rusia e Irán fueran un bloque monolítico de villanos que quieren destruir el orden mundial por puro malicia. Pero si uno se toma el trabajo de examinar las cosas con honestidad intelectual, lo que se ve es algo mucho más comprensible. países que han sido objeto de presión, sanciones, intervenciones y agresiones por parte de Washington están respondiendo, coordinándose entre sí para reducir su vulnerabilidad. Eso no es malicia, es política de supervivencia y funciona exactamente según las reglas del sistema de relaciones internacionales que los propios estrategas americanos enseñan en sus universidades.

En años recientes, Irán ha buscado formalizar su pivote hacia el este, uniéndose a la Organización de Cooperación de Shanghai en 2023, a los BRICS en 2024, al alcanzar un acuerdo de asociación estratégica integral con China y al firmar un tratado de asociación estratégica integral a 20 años con Rusia en enero de 2025. Piense en la velocidad de eso, en el espacio de apenas dos años, Irán pasó de ser un país relativamente aislado diplomáticamente a ser miembro formal de las dos estructuras multilaterales más importantes que existen como alternativa al orden liderado por Washington. Eso no es casualidad, eso es el resultado directo de décadas de presión americana que empujó a Irán hacia esas alianzas alternativas. (Nota del editor: La posición de ciertos países miembros de los BRICS sigue siendo ambigua, porque hay países miembros de pleno derecho, entre los cuales están Rusia y China y nuevos miembros admitidos entre 2024 y 2025, entre los que contamos a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Irán, pero los dos primeros están tácitamente en guerra contra Irán al permitir el uso de sus territorios para atacar a Irán; la posición de la India también ha sido vacilante. Lo que se puede deducir es que EE. UU. buscará la manera de desestabilizar a los BRICS; y, no hay que ser mago para intuir que los emiratíes y saudíes terminarán obedeciendo a quienes los han controlado a través del petrodólar). 

La política de máxima presión de Washington no aisló a Irán, integró a Irán en el bloque de potencias que compiten con Estados Unidos. Un escenario más severo en el que el conflicto persiste durante varios meses podría ver los precios del petróleo subir hasta alrededor de $130 por barril antes de declinar en la segunda mitad del año. Y quiero que usted que vive en este país, piense en lo que eso significa para su vida cotidiana. $130 por barril de petróleo no es un número abstracto en un informe de Chatham House son los precios de la gasolina que paga cada vez que va a la estación. Es el costo del transporte que se incorpora al precio de cada producto que compra en el supermercado. Es la factura del gas natural para calentar su hogar en invierno.


Caricatura soviética de la Guerra Fría. "Debido al robo de monopolios. Colegas en un papel poco envidiable: Ministros hoscos se sientan alrededor del bote vacío". 


Las guerras que se libran en nombre de la seguridad nacional americana no son gratuitas y el costo más inmediato, más directo, más injusto siempre lo pagan los trabajadores ordinarios, los que no tienen lobistas en Washington. Los que no tienen reuniones en la Casa Blanca, los que simplemente van a trabajar, pagan sus impuestos y ven como su poder adquisitivo se erosiona año tras año como consecuencia de decisiones que nunca se les consultaron.

Los sistemas hegemónicos raramente colapsan de repente, más frecuentemente se debilitan gradualmente a medida que la confianza en el poder dominante disminuye. Esto es algo que la historia nos enseña con una consistencia notable. El Imperio Romano no cayó en un día. El imperio británico no colapsó en un momento. Fue un proceso largo, gradual, lleno de momentos en los que parecía que nada estaba cambiando, seguidos de erupciones súbitas que revelaban cuánto había cambiado todo por debajo de la superficie. Y lo que estamos viendo ahora con China comprando el petróleo iraní en yuanes con el ferrocarril que conecta Teherán con Pekín, con los BRICS expandiéndose, con el bloqueo americano del estrecho de Ormuz fallando en sus objetivos. Es exactamente ese tipo de erosión gradual, pero acumulativa de la hegemonía.

El significativo rechazo global contra el conflicto de Estados Unidos e Israel en Irán ya ha desafiado seriamente los fundamentos de la posición global de Washington. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente crucial entender. El poder de Estados Unidos en el mundo nunca fue únicamente militar. El poder americano siempre tuvo tres dimensiones. La dimensión militar, sí, pero también la dimensión económica y la dimensión moral, lo que los politólogos llaman poder blando. La capacidad de presentarse ante el mundo como el defensor de los derechos humanos, como el garante del orden internacional basado en reglas, como el modelo al que los demás países deberían aspirar.

Esas tres dimensiones del poder se reforzaban mutuamente. Cuando una se debilita, las otras también se ven afectadas. Y hoy la dimensión moral está en su punto más bajo en décadas. La imagen de Estados Unidos bombardeando Irán junto a Israel en un conflicto que el jefa de la Agencia Internacional de Energía describió como el mayor desafío de seguridad energética en la historia, no es una imagen que inspire adhesión y admiración en el mundo.

Beijing criticó los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán durante la guerra de 12 días en 2025, pero no proporcionó apoyo material a Teherán. A pesar de ser un socio estratégico integral de Irán, Beijing también apoyó sanciones económicas lideradas por la ONU contra Irán antes del acuerdo nuclear de 2015. Y desde entonces ha demorado la inyección de inversiones en la economía iraní y esto nos lleva a una dimensión que es importante no romantizar. China no es un actor altruista en todo esto. China no está apoyando a Irán por principios de solidaridad antiimperialista. China está jugando su propio juego de interés nacional y ese juego es, como dice muy claramente el análisis de Chatham House, un juego largo. Beijing ve en Irán no solo un proveedor de petróleo a precio de descuento, sino una pieza en un tablero geopolítico mucho más grande. una pieza que en este momento le es conveniente mantener viva y funcional, pero sin comprometerse de una manera que pudiera dañar sus propios intereses económicos con Occidente.

Para Estados Unidos, la disminución en la disponibilidad de bienes de menor precio provenientes de China ha contribuido significativamente a un problema de asequibilidad. Reintroducir productos chinos más baratos es una parte importante de la solución. Al mismo tiempo, Estados Unidos no puede continuar siendo económicamente dependiente de una nación con la que tiene relaciones militares potencialmente hostiles. Esta es la trampa perfecta en la que Washington se ha metido a sí mismo. Necesitas a China económicamente porque décadas de política industrial dejaron a la economía americana dependiente de la manufactura china. Pero al mismo tiempo declaras a China tu principal adversario estratégico y tomas acciones militares que profundizan esa hostilidad. Es una contradicción que no tiene solución fácil dentro del marco político actual y el costo de esa contradicción, una vez más lo pagan los trabajadores y las familias de clase media en este país, que no pueden comprar productos básicos a precios razonables porque las cadenas de suministro globales están fracturadas por conflictos que sirven a los intereses de las corporaciones y los grupos financieros, no a los de la gente ordinaria.

Irán claramente entiende la importancia de este desafío a la dominancia financiera de Estados Unidos, así como el papel vital del sistema del dólar y los petrodólares, dijo el profesor Bülent Gökay de la Universidad de Keele (Inglaterra) al medio Al Jazeera. Y tenemos que tomarnos en serio esa observación porque nos habla de algo que va mucho más allá de la geopolítica inmediata. La batalla por el futuro del sistema monetario internacional es, en última instancia, la batalla más importante de todas, porque quien controla el sistema monetario controla las condiciones en las que todo el mundo comercia, invierte, se endeuda y se desarrolla.

El dólar como moneda de reserva global le ha dado a Washington una capacidad extraordinaria de financiar su déficit, de imponer sanciones, de proyectar poder sin pagar el costo completo de ese poder. Si ese privilegio se erosiona, si el mundo encuentra maneras de comerciar sin pasar por el sistema del dólar, las consecuencias para la economía americana serían profundas y muy difíciles de manejar.

Las iniciativas dentro del bloque BRICS destinadas a reducir la dependencia de las instituciones financieras dominadas por Estados Unidos, reflejan una búsqueda más amplia de alternativas al orden existente. Y esas alternativas no son ya una aspiración abstracta de un grupo de países del llamado sur global. Son realidades concretas, funcionales, que están ganando masa crítica. La adhesión de Arabia Saudita a los BRICS es quizás el símbolo más poderoso de este cambio. Arabia Saudita, el país que en 1974 acordó con Washington vender todo su petróleo exclusivamente en dólares, dando origen al sistema del petrodólar que ha sostenido la hegemonía financiera americana por 50 años. Ese mismo país hoy es miembro de los BRICS y está explorando activamente cómo comerciar en monedas alternativas (Nota del editor: EE. UU. difícilmente permitirá que Arabia Saudí salga de su control, tiene los mecanismos financieros para impedirlo, está por verse que harán los principitos ante esta disyuntiva).


Caricatura política satírica soviética de la época de la Guerra Fría, conocida comúnmente como "El pastel de la SDI" o "Pastel de la guerra". (SDI: Iniciativa de Defensa Estratégica o “Star Wars”). Las figuras representan al complejo militar-industrial y aliados occidentales de EE.UU., retratándola como una búsqueda de ganancias económicas a través del gasto militar y la guerra. Obra de Joseph Efimovsky, 1987. 


Si eso no le dice algo fundamental sobre la dirección en que se mueve el mundo, no sé qué podría decirle, pero también quiero que seamos honestos sobre las tensiones y las limitaciones de lo que está pasando, porque la realidad geopolítica nunca es tan limpia como ningún bando quisiera presentarla. China tiene sus propias contradicciones internas, tiene su propio problema de deuda, sus propias tensiones sociales, sus propias dificultades económicas. Irán está saliendo de este conflicto con su infraestructura dañada, con su economía bajo presión enorme, con su liderazgo político en una situación de incertidumbre profunda. China ve a Irán como un juego largo, que la campaña de máxima presión de Estados Unidos puede ayudar inadvertidamente a ganar. Eso significa que China no va a apresurarse a rescatar a Irán de manera abierta y costosa. Va a seguir acumulando ventajas de manera paciente y calculada, lo que para Irán en el corto plazo significa seguir sufriendo las consecuencias de una guerra que, en parte fue provocada por la competencia entre Washington y Pekín.

A pesar de las grandes pérdidas que ha sufrido su ejército, Irán todavía tiene suficientes misiles y drones para cerrar efectivamente el estrecho de Ormuz mientras permite el paso de sus propios petroleros. El control de Teherán sobre esa estrecha vía acuática es su arma más potente, mientras los mercados energéticos mundiales sufren por la escasez y esto nos habla de algo importante sobre la naturaleza del poder en el siglo XXI. La superioridad militar abrumadora no se traduce automáticamente en victoria política. Estados Unidos tiene el ejército más costoso y más tecnológicamente avanzado en la historia humana y sin embargo, no puede abrir el estrecho de Ormuz sin desencadenar consecuencias que su propia economía no puede absorber fácilmente. Ese es el límite del poder militar en un mundo interdependiente.

La fuerza puede destruir, pero no puede necesariamente construir el tipo de orden que necesitas para que ese poder sea sostenible. Lo que estamos viviendo en este periodo histórico es nada menos que el reordenamiento del mundo. No es el fin de Estados Unidos como potencia. Es el fin de la era de la unipolaridad americana, de ese breve periodo entre el colapso de la Unión Soviética en 1991 y el momento actual en que Washington pudo actuar en el mundo sin contrapesos efectivos. Ese periodo está terminando y está terminando no porque ningún país haya derrotado militarmente a Estados Unidos, sino porque las propias contradicciones del modelo económico y geopolítico americano lo están erosionando desde adentro. Los gastos militares crecientes, la desindustrialización interna, la desigualdad social creciente, la infraestructura deteriorada, la polarización política, todo eso es parte del mismo cuadro. Un sistema que devora enormes recursos a la proyección de poder en el exterior mientras descuida las condiciones de vida de su propia población está plantando las semillas de su propio debilitamiento.

Y la pregunta que todos debemos hacernos y especialmente aquellos de nosotros que vivimos en este país y que tenemos una responsabilidad democrática sobre lo que este país hace en el mundo es la siguiente: ¿Qué tipo de transición queremos? Porque la transición hacia un mundo multipolar es en este punto probablemente inevitable. La pregunta no es si va a ocurrir, sino cómo va a ocurrir, si va a ocurrir de una manera ordenada, negociada con instituciones internacionales fortalecidas y con respeto a los derechos y la soberanía de todos los pueblos, o si va a ocurrir de la manera más peligrosa posible a través de guerras, crisis financieras, colapsos de sistemas con todos los sufrimientos humanos que eso implica.

Y esa elección en parte depende de nosotros, de cómo entendemos lo que está pasando, de qué tipo de liderazgo elegimos, de qué narrativas aceptamos y cuáles cuestionamos.

Por eso importa lo que estamos hablando aquí hoy.

Richard Wolff

*El material gráfico es añadido por el editor de este blog

26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 2)




Por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos

Viene de la Parte 1 


Multimillonarios “trabajando” en nombre de Israel o cómo manipular los mercados en nombre de la democracia

“Por mucho que el imperialismo y la economía de guerra de las potencias occidentales se esfuercen por crear una vida lujosa para sus beneficiarios a expensas de todos los demás, es fundamentalmente imposible mantener la vida de nadie cuando las herramientas para hacer la guerra siguen devastando el planeta. La cruda ironía es que la economía de guerra se come a sus propios creadores”. (Aaron Kirshenbaum)

No es necesario repetir que, a fines de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva aérea sorpresa contra Irán. Las razones oficialmente presentadas son ya propaganda reciclada de toda la vida -impedir que Irán adquiera un arma nuclear y evitar ser agredidos, así como llevar la “democracia” a Irán-. Eso ya no vende, no obstante, los socios insisten en vernos la cara. El pretexto nuclear tiene ya varias décadas de “actualizaciones” informativas.

También hemos escuchado como el Pentágono ha consumido, hasta el punto crítico de afectar las reservas, los misiles Tomahawk y los interceptores de defensa aérea junto a su socio de aventura, Israel. A ese ritmo las existencias de sistemas de defensa y ataque entran en una fase crítica de desfase. El complejo militar industrial lamenta no poder reponer sus carísimos juguetes a corto plazo; pero, eso si, requiere dinerito para ponerse a trabajar.

Un importante artículo de The Postil Magazine titulado “La guerra justa de Irán” (publicado el 1 abril 2026) señala algo que debe ponernos a reflexionar seriamente, no estamos hablando de propaganda, no es proselitismo, no es parcialización, tampoco es favoritismo ni sectarismo, es simple lógica para quien quiere entender:

Hay momentos en la vida moral de las naciones en los que el lenguaje de la contención -tan apreciado por los diplomáticos, tan adorado por los consejos editoriales occidentales- deja de ser una virtud y se convierte en una coartada para la cobardía. La contención, en abstracto, es algo noble; es la disciplina del poder, la modestia de los fuertes. Pero cuando se exige contención sólo a los débiles, cuando se invoca únicamente para apaciguar a la víctima mientras el agresor puede atacar una y otra vez sin consecuencias, entonces deja de ser un principio moral. Es un arma - un garrote retórico empuñado por los poderosos para asegurar que su propia violencia permanezca intacta y sus propias transgresiones impunes. Cuando una nación sufre un ataque no provocado, cuando su soberanía es violada repetidamente, cuando sus ciudadanos son asesinados en tierras extranjeras con la impunidad que solo el imperio puede conferir, no solo tiene el derecho, sino el solemne deber de responder. La represalia de Irán contra las fuerzas de Estados Unidos e Israel pertenece a esa categoría de legítima rebeldía - el tipo de guerra que Agustín llamó justa, la que Tomás de Aquino decía que restaura la paz no mediante la sumisión sino mediante el castigo de la injusticia. Llamar a esto ‘escalada’ es revelar una deshonestidad fundamental; es fingir que una cadena de violencia comenzó con el partido que finalmente, tras años de provocación, decidió contraatacar”.

A medida que la agresión de la potencia militar industrial y criminal del tándem sionista-estadounidense está en su segundo mes, pone en estado de éxtasis a los poderosos conglomerados del complejo militar industrial. Mientras para unos el conflicto culminará en ruinas, para los industriales que ofertan sus costosos sistemas de misiles de defensa y ataque, es la apoteosis. 2026 será un gran año en ganancias colosales. Seamos sinceros, hay gente entre las potencias agresoras contra Irán que están felices porque continúe el conflicto, a pesar de que los mercaderes de la muerte no puedan satisfacer la demanda de sus mortales productos, los pedidos están pagándose por anticipado, el ansioso cliente tendrá que esperar meses (lo analizamos en “La economía de desgaste de la guerra”).

Las élites financieras siempre ganarán, sea a título personal o a nombre de las grandes corporaciones con la especulación financiera y las armas de los señores de la guerra.

Julian Macfarlane, de News Forensics, en el artículo “Todas las guerras son por dinero” (marzo 2026) describe lo que mucha gente se niega a creer, continúan creyendo que las guerras son por asuntos políticos, ideológicos o por simple poder, suelen ser recursos importantes al momento decisivo de declarar una guerra, pero lo que realmente importa es el dinero; deberían dejar de seguir soñando con el “amor” a la patria de nuestros líderes o su falso saludo a la bandera, el que será enviado al sacrificio es el ciudadano común y corriente.

Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales por su promesa de no luchar en más guerras, prometió que su programa pondría en su sitio al sistema controlado por los ricos. Es decir, un multimillonario como Trump, lucharía por el estadounidense de a pie. “¿De verdad?.... la administración Trump ha desmantelado sistemáticamente gran parte de la maquinaria diseñada para detectar el uso de información privilegiada y el fraude de cuello blanco. La Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia -creada tras Watergate para procesar a funcionarios corruptos- se redujo de treinta y seis abogados a dos el año pasado y se les despojó de la autoridad para presentar nuevos casos”.

En estos artículos nos hemos centrado casi exclusivamente en Estados Unidos, pero estamos perdiendo de vista a un ente que se mantiene entre bastidores, acechando desde el bajo perfil, moviendo los hilos, manipulando los mercados: La City de Londres, allí se manejan apuestas -si, apuestas- de más de un cuatrillón de dólares esperando que inicie “el juego de la guerra”, lo que permitirá desencadenar grandes bancarrotas institucionales, la maquinaria legal permita a los jugadores derivados llevarse todo.


Caricaturas soviéticas en la GUERRA FRÍA. Izq.  F. Nelubin, "ESTADOS UNIDOS" (1970); derecha, E. Osipov, "No veo ningún camino para el desarme" (1987)


Con frecuencia escuchamos sobre la crisis del seguro de Ormuz en 2026. Es provocada por LloyD's of London. La City de Londres y Lloyd's que transforman el caos en armas. “Durante más de tres siglos, la City de Londres -la ‘Milla Cuadrada’-, que es el centro financiero de Londres, ha financiado ambos bandos de guerras y vendido seguros contra la destrucción que seguiría. Lloyd's de Londres es el pilar de seguros de la red de control financiero de la City. En realidad, no es una compañía de seguros, sino un organismo corporativo que "opera como un mercado parcialmente mutualizado en el que múltiples inversores financieros, agrupados en sindicatos, se unen para agrupar y repartir el riesgo".

Una mejor y esclarecedora explicación se encuentra en el artículo de Ellen Brown: “Todas las guerras son guerras de banqueros: Irán y el destino final de los banqueros”. En resumen, señala Brown:

Lloyd's ha construido su reputación durante más de un siglo al formalizar la cláusula "Libre de Captura e Incautación", eliminando los riesgos de guerra de las políticas estándar para poder cobrar primas exorbitantes cuando estallan conflictos. Lo hizo en las dos guerras mundiales y ahora lo hace en 2026.

"Tras los ataques a Irán, el Comité Conjunto de Guerra de Lloyd amplió su zona de ‘alto riesgo’ en Oriente Medio. Varios de sus suscriptores emitieron avisos de cancelación a 72 horas con efecto a partir del 5 de marzo, y las primas por riesgo de guerra para tránsitos en Ormuz saltaron del 0,25% al 1-5% del valor del casco. Lloyd's ha recalcado que la cobertura sigue disponible al precio adecuado. Para un petrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre uno y cinco millones más por viaje, una prima que los propietarios comprensiblemente se muestran reacios a pagar. 

La analista financiera Stephanie Pomboy advierte que el mercado de crédito privado, de 1,5 a 3 billones de dólares, está en confinamiento, lo que obliga a vender activos líquidos por desaceleración; y el mucho mayor mercado de bonos corporativos calificados por BBB, de 5 billones de dólares, está tambaleándose. Las rebajas obligarán a vender en masa, y las pensiones enfrentarán un déficit de 4 billones de dólares.

La crisis de Ormuz es el acelerador perfecto para esta crisis de las garantías: los precios más altos del petróleo generan inflación, lo que eleva los rendimientos de los bonos (intereses), colapsando el valor de las garantías y activando llamadas de margen en todo el tablero de derivados. Las llamadas de margen obligan entonces a los fondos de crédito privado a vender por incendios".

Esta es una de las razones por las que algunos comentaristas señalan a la City de Londres como la verdadera artífice del caos en Oriente Medio. La vieja máquina de seguros de guerra y la nueva máquina de derivados funcionan juntas. Uno crea la prima del caos; la otra la obtiene mediante rehipotecación y confiscación legal.

Otro gran negocio en tiempos de guerra, concomitante con lo anterior, es el Mercado de Derivados que es el espacio financiero donde se compran y venden contratos cuyo valor no es propio, sino que "deriva" del precio de otro activo principal llamado activo subyacente. A diferencia de comprar una acción directamente, en este mercado se firma un acuerdo sobre lo que pasará con ese activo en el futuro. “Vendidos como una forma de seguro contra el riesgo de mercado, los derivados son un juego de apuestas especulativas que extrae rentas de todos los flujos económicos importantes”.

El Acuerdo de Servicios Financieros de la OMC abrió los mercados globales a esta jugada de derivados, cada país miembro de la OMC está obligado a abrir su sistema bancario o enfrentarse a sanciones. “Bonos soberanos, contratos petroleros, pólizas de seguro marítimo y primas de riesgo de guerra se dividieron en swaps de incumplimiento crediticio, coberturas y otros productos derivados”.

“Desde entonces, el comercio de derivados se ha convertido en uno de los negocios más concentrados y rentables del planeta, y está casi en su totalidad controlado por un puñado de megabancos. Según datos del Banco de Pagos Internacionales y la Oficina del Contralor de la Moneda, los cinco principales bancos estadounidenses poseen aproximadamente el 90% de todos los derivados bancarios estadounidenses, mientras que JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley dominan el mercado global de bursátiles. Estas instituciones captan la mayor parte de los beneficios derivados, especialmente durante periodos de volatilidad cuando la ‘prima del caos’ se dispara”.

Es lo que David Rogers Webb denomina "La Gran Expropiación", la trampa legal que otorga super prioridad a los derivados en la bancarrota, es la pieza final de esta red de control financiero. “Todos los valores actuales están desmaterializados (digitalizados) y agrupados en depósitos centrales. Cambios silenciosos en el Código Comercial Uniforme y en las normas equivalentes de la UE han convertido a los inversores ordinarios en simples "titulares de derechos" que solo tienen una reclamación legal contra sus corredores”.


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¿Y qué ocurre con quienes controlan los negocios del petróleo mundial?, por cierto -generalmente- son los mismos que mantienen acciones financieras en el negocio de las armas y la especulación financiera.

Para no hacer denso este reporte, vivámoslo con el caso de actualidad. La guerra de Estados Unidos/Israel contra Irán. Los precios del petróleo han alcanzado un récord -sea cual sea el precio en el mercado de hoy-, porque eso bajará o subirá en pocos minutos, horas o días, dependiendo de ciertos vaivenes que realizan los que “cortan el bacalao”. Lo real no es el número, es lo que ocurre minutos antes del cierre. El mercado puede perder la cabeza. Ejemplifiquemos:

Si Mr. Trump publica, a las 7:45 de la mañana: "toda una civilización morirá esta noche”, el petróleo se disparará a máximos de guerra. Luego, el vicepresidente Vance dice a los medios -a las 08:15- que la guerra básicamente ha terminado, los objetivos militares se han completado, el petróleo se desploma. Pero, Irán suspende todas las comunicaciones diplomáticas a las 09h00, ¿qué pasa?... el petróleo vuelve a los máximos. A las 10h00, el New York Times confirma que Irán ha detenido las negociaciones por completo: el petróleo vuelve a dispararse y las acciones caen en picada. Las 10h11, Teherán Times comunica que las negociaciones en realidad no están cerradas, el precio del petróleo se revierte. Al mediodía, China y Rusia en la ONU vetan la moción del Consejo de Seguridad sobre Ormuz, el petróleo vuelve a caer.

Más tarde, Irán, Estados Unidos e Israel simultáneamente provocan más y duros ataques, el petróleo aumenta. A eso de las 13h25, sin motivo aparente, el petróleo se desploma y las acciones se disparan. El viceprimer ministro de Pakistán señala que tenía esperanzas en las negociaciones, pero los ataques mutuos han vuelto a escalar todo, así que el petróleo vuelve a subir. En Telegram, una fuente militar iraní dice: "Hemos preparado un agujero negro para Trump del que será imposible salir", otra vez el petróleo se dispara y las acciones se hunden. Al rato, Pakistán propone una prórroga del alto el fuego de dos semanas, Trump lo acepta. Todo se vuelve absolutamente loco en el mercado. Las conversaciones fracasan, el estrecho sigue cerrado a los amigos de Epstein, nuevos aumentos; otras naciones median, se “estabiliza” el precio.

Un nuevo agujero negro surge de Mr. Trump, ahora es él quien bloqueará y desbloqueará el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz (bloquear el transporte de petróleo de Irán), como dice una nota de prensa: "Estados Unidos bloquea el bloqueo iraní para desbloquear el Estrecho de Ormuz". El mercado se aterra, los precios vuelven a tener nuevos récords, las acciones caen… para volver a subir al poco. En las negociaciones, Irán declara que se ha conseguido que el Líbano ya no sea atacado por Israel (una tregua de diez días entre Israel y el Líbano) y anuncia que el Estrecho de Ormuz está abierto y listo para el libre tráfico, el precio del crudo ha caído a los 90 y hasta 80 dólares. Probablemente algunos que gozan de información privilegiada ganaron con las especulaciones financieras previas, pero se anuncia que esto solo es válido mientras dura la tregua… y el “bloqueo” de EE. UU. a Irán se mantiene, por lo que Irán ha vuelto a cerrarlo. Más incertidumbre. En Fin, ¿habrán sido operaciones de distracción financiera?

Los inversores -por pánico, unos, otros por tener fuentes más privilegiadas- compran y venden protección todo el día. Los comerciantes minoristas que compran cada caída se convierten en vendedores netos por primera vez. Los fondos de cobertura son mejores para la venta. Los “long-only” son mejores a la venta. El Dated Brent, el precio por barril real que los refinadores reales necesitan hoy sigue alcanzando máximos históricos sin importar que digan los titulares de prensa, el refinador que necesita aceite para un camión cisterna mañana no puede esperar.

Julian Macfarlane en “Todas las guerras son por dinero”, explica: “La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) se enfrenta a presiones para investigar una "corrupción alucinante" con extraños picos de trading en solo unos minutos de los principales anuncios de política respecto a Irán. ¡Parece que los "ricos y conectados" lo están haciendo muy bien! Un ejemplo, el 23 de marzo de 2026, los mercados se movieron repentinamente, apenas 15 o 16 minutos antes de que Trump anunciara que pausaría los ataques militares contra la infraestructura energética iraní. Este es el mismo patrón que vemos desde el secuestro de Maduro. Y continúa. Alguien de repente se hace muy rico”.

Veamos otro ejemplo en el artículo de Macfarlane:

- Se realizó una enorme orden de compra de 1.500 millones de dólares para futuros del S&P 500 alrededor de las 6:50 a.m., suponiendo un repunte del mercado...

- Luego estuvo el short de petróleo de 580 millones de dólares, con un aumento en la negociación de futuros de petróleo -casi 3.000 contratos vendidos por minuto- un volumen 4-6 veces superior a lo normal.

- Tras la publicación del presidente a las 7:05 a.m., los precios del petróleo cayeron más de un 10%, mientras que las acciones subieron bruscamente, generando a los operadores un beneficio estimado de 100 millones de dólares”.

Aclaración: Para quienes desconocen, el S&P 500 (Standard & Poor's 500) es el índice bursátil más importante del mundo. Funciona como un termómetro que mide la salud de la economía de Estados Unidos y, por extensión, del mercado financiero global.

Al respecto, “la SEC declinó hacer comentarios; mientras que la Casa Blanca desestimó como "infundadas e irresponsables", las acusaciones de que se estaba tolerando el lucro ilegal a partir de información privilegiada. Alguien en la Casa Blanca o tiene sentido del humor o piensa que el público es estúpido. Quizá ambas cosas. ¿Te has dado cuenta de que esas cosas "simplemente pasan" y que las explicaciones se dan en un pantano contaminado?”

Como vemos, las implicaciones de los mercados financieros son sólidas. Días posteriores al ejemplo de arriba, el último día de marzo, “un titular de paz de hace días fue reempaquetado con éxito durante la decoración, generando un repunte de 1,7 billones de dólares en el S&P. Alguien apostó 1.500 millones de dólares en futuros del S&P 500 minutos antes de la publicación de Trump sobre el "alto el fuego", capturando un aumento de dos billones en el mercado en seis minutos, un momento excepcional que demuestra una creciente confianza en el calendario de comunicaciones de la administración. Irán negó todo en 30 minutos y un billón se evaporó, pero los primeros en moverse aseguraron ganancias, demostrando que la rapidez de acceso importa más que la precisión factual, confirmando que las noticias no necesitan ser nuevas para ser efectivas”.




Así, mientras millones de barriles de petróleo siguen encerrados dentro del Golfo por lo que en el mundo industrial se pujan primas récord para el crudo del Mar del Norte. La curva de bonos se empina, el diésel rebasa el récord registrado, el combustible para aviones igual. El oro inestable -sube y baja- en un rango de los 4.700 dólares. El dólar ha caído pero intenta recuperarse con nuevas “noticias”.

Alguien está lucrando con esto, ¿serán acaso los especuladores de la guerra? Cientos o miles de millones de dólares en transferencia de acciones y contratos petroleros se mueven tras cada noticia. Mientras tanto, millares de jóvenes soldados esperan el momento para ir a morir por el “patriotismo” de sus políticos, de los mercaderes de la muerte y demás especuladores financieros. El estadounidense medio no ve nada o se niega a ver como se hacen grandes negociados a su nombre, solo gusta de ver en televisión las bombas cayendo…

Irán, por su parte, impone tarifas para el paso de las embarcaciones por el Estrecho, el presidente del Parlamento iraní publicaba consejos de intercambio entre andanadas de misiles, hizo bien en señalar que los anuncios de Trump deben ser tratados como indicadores inversos. “Cuando un adversario en tiempo de guerra monetiza tus comunicados de prensa de forma más eficiente que tus propios aliados, la arquitectura de la información está superando las expectativas”.

En el transcurso e estas duras semanas se han redistribuido con éxito 12 billones de dólares en capitalización bursátil global, más que el PIB combinado de Alemania, Japón y el Reino Unido. La destrucción de la riqueza a esa escala suele requerir una crisis financiera total. Lo hemos conseguido ca base de tuits, expresa con certeza Macfarlane.

Mientras tanto, en Europa, la transición energética ha sido un “éxito” rotundo. Alemania lideró el camino al desmantelar sus plantas nucleares, una responsabilidad costosa sostenida por políticos que posteriormente consiguieron puestos bien remunerados en las compañías energéticas a las que habían estado subvencionando, mientras ahora el gobierno ha reconocido que la transición a las renovables ha sido un fracaso para su economía, pero eso no importa, el gobierno alemán insiste en independizarse de la energía rusa, los rusos dicen sin rencores: chao, que tengas buenas suerte.

Europa cortó el gas ruso clamando, como imperativo estratégico, la independencia energética frente a proveedores autoritarios; entonces, alguien ayudó a volar Nord Stream para asegurarse de que nadie perdiera el valor. La estrategia de reemplazo se centró en el GNL catarí, pero son contratos a largo plazo: terminales de regasificación nuevos y relucientes a construir, un giro limpio ejecutado con la característica rigurosidad burocrática. El GNL volverá a fluir en solo 3 a 5 años, lo que permitirá a los responsables políticos europeos un horizonte de planificación cómodo… Y con un solo misil las terminales de gas catarí resultan seriamente dañadas.

Europa ha logrado con ‘éxito’ la independencia de la energía nuclear, del gas ruso y del GNL catarí simultáneamente, dejándola plenamente soberana sobre su propia política energética y totalmente dependiente del GNL estadounidense a un precio siete veces mayor al ruso, bajo un acuerdo que Trump amenaza con revocar. Es el tipo de destrucción de la demanda que Bruselas lleva una década intentando legislar”.

Pues nada, la transición está “funcionando”. 

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