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21 abril 2026

¿A quién sirve realmente Donald Trump?


La guerra de Irán del generalísimo Trump. Crédito de la ilustración: DonkeyHotey en Who What Why (CC BY-SA 2.0). whowhatwhy.org


por Tito Andino


¿Qué podemos esperar de un multimillonario como Donald Trump en el gobierno de los Estados Unidos dirigiendo la guerra contra Irán?

“Los ricos son una especie de animal grande y peligroso, parasitarios y dañinos y hombres en su mayoría, aun cuando hay mujeres ricas también, que aunque nacidos en cualquier extracto social ocupan las elites del poder y del dinero, verdaderos barones del poder, y hoy han acumulado dinero como nunca antes en la historia moderna, que manipulan todo lo que les interese manipular y que persiguiendo sus intereses pueden ser criminales pero no pagan por ello”. (Mario y Nora Fernández)

A pesar de lo que se dice dentro y fuera de los Estados Unidos respecto a la desastrosa guerra contra Irán, el presidente Trump no está solo, y no lo estará, a pesar de los llamados a destituirlo. Pese a que hay dos bandos dentro de los EE. UU., estos defienden la misma política y economía, simplemente rivalizan por manejar las finanzas globales, y no dejarán de respaldarse cuando de beneficios se trata. Es el poder económico quien controla el destino de la -hasta ahora- nación más poderosa del mundo en el último siglo.

Las élites no son simples millonarios que juegan a hacer más dinero, a pesar de que sus fortunas se cuentan en miles de millones de dólares y quizá ni siquiera lleguen al 1% de la población. Esta clase dominante cuenta con el respaldo de una estructura social-económica más “baja”, de los ricos y acomodados, de la clase política privilegiada, quienes sirven a la elite dominante, son su “base social”. Es decir, “la élite dominante cuenta con la escolta de otros ricos inferiores, que forman una especie de pirámide de acomodados, a quienes se suman altos administradores y políticos que ayudan a la elite dominante a manejar el aparato político mundial, cuenta la élite además con no pocos adulones profesionales y aspirantes a millonarios que incluyen incluso a hampones que trafican drogas, personas y servicios”.

El presidente Trump encaja no en la clase adulona, el pertenece al Top de la élite.

Con estas cortas reflexiones pasemos al tema de actualidad, la guerra con Irán y la posición de la élite estadounidense respecto a Mr. Trump.

Un hecho que pocos se percataron en la posesión del presidente Donald Trump (segundo mandato), es que los demócratas sentados a su lado, con Joe Biden a escasos metros, permanecían de piedra, nadie de ese grupo aplaudió a Trump en ningún instante; pero, cuando pronunció la palabra Israel y su defensa a ultranza, con cualquier medida que sea necesaria, Biden y los suyos se pusieron de pie, aplaudieron. El presidente entrante recibió ovaciones de todos en el Congreso (Demócratas y Republicanos). ¿Por qué?

Responderé citando al Coronel Douglas Macgregor, quien -durante la presente crisis bélica con Irán, se refirió al Congreso de los EE. UU.: “efectivamente todos han sido comprados por el lobby de Israel y los multimillonarios que respaldan al lobby de Israel han comprado a estos candidatos y como resultado casi no tengo ninguna simpatía en absoluto por el Congreso, son tan culpables de todas estas tonterías como el presidente”.

Este es el punto de polémica perpetua, ¿en realidad existe esa influencia -por no decir, dominación- de Israel sobre Estados Unidos? Sería un poco simplista afirmarlo positivamente. Evidentemente hay mucha presión e influencia, no lo dudamos, pero a que sean dueños de EE. UU., está muy lejos de ser verdad, a pesar de que aquí -más adelante- se aprecie como contradicción unos datos perturbadores. La relación entre ambos países es, efectivamente, uno de los temas más analizados y debatidos en la política internacional. Verdaderos analistas y expertos suelen destacar la combinación de varios factores que explican esa influencia mutua. Comenzando con que la comunidad judía es muy próspera en Estados Unidos, los multimillonarios y gente de prestigio en diferentes ramas sobreabundan y se dice que su fidelidad está con Israel, más que su misma fe religiosa o al país que le otorga su nacionalidad (Estados Unidos); a su vez, son un dilema público en cuanto a las comunidades judías ortodoxas.

Los grupos de presión (lobbies), organizaciones como AIPAC trabajan activamente en Washington para asegurar que los intereses de Israel sean prioridad en la agenda legislativa. Tenemos el valor estratégico que los vincula desde la Guerra Fría, EE. UU. ha visto a Israel como un socio tecnológico y de inteligencia clave en una región muy inestable. Estados Unidos convirtió a Israel en su base militar en Oriente Próximo y lo utiliza, generalmente, cuando de intervenir militarmente se trata, actúan juntos. El caso iraní lo demuestra.

Esa gran afinidad política y cultural se expresa en el apoyo histórico de gran parte del electorado estadounidense que es muy sólido (hasta el momento), tanto de los cristianos evangélicos (cristianos en general) como de los sectores judíos, a pesar que son confesiones no homogéneos. Esos grupos presionan a sus representantes, financian campañas e incluso ponen sus candidatos al Congreso y hasta a la presidencia de los EE.UU. para seguir conservando el respaldo político, la ayuda económica y militar que necesita Israel.

Ese sistema de alianzas es muy complejo, no puede ser explicado con simplicidades. Generalmente los intereses de seguridad nacional de ambos países suelen alinearse, aunque no siempre estén de acuerdo en todo. Israel ha demostrado que puede influir en Estados Unidos -nadie lo niega- y hasta demostró con la crisis bélica contra Irán que Estados Unidos no puede obligarlo a nada.

Por supuesto, también hay quienes piden que debemos dejar de pensar en la hipótesis de que la política exterior estadounidense está subordinada a intereses ajenos, que eso carece de fundamento estructural y que resulta una equivocación pensar que Estados Unidos se ve forzado a participar en conflictos por presiones externas o liderazgos individuales (Netanyahu e Israel), en realidad la dinámica de poder no funciona así. En el sistema internacional, las potencias actúan bajo su propia lógica de beneficio, Washington no cede su soberanía ante terceros. Dicen que lo que percibimos como una influencia externa -de Israel- es una interpretación muy común que ignora la verdadera raíz geopolítica: controlar las rutas energéticas y estratégicas fragmentando el suministro de energía en Asia central. La realidad es que, hablando de geopolítica, al interrumpir estos flujos, EE. UU. busca forzar (someter sería un término correcto) a los mercados europeos y asiáticos a orbitar bajo su control, someterlos a la dependencia energética estadounidense, lo que garantizará la estabilidad de su moneda y su dominio militar y de allí el rol fundamental que asume Israel en Oriente Próximo. Los dos se necesitan (este es un argumento correcto, pero no necesariamente único).

Así las cosas, es indudable que Trump -como cualquier otro líder de Estados Unidos- escucha demasiado a los israelíes. Y en el caso iraní, los socios calcularon mal. Israel prometió una guerra corta y decisiva, una guerra relámpago como solían hacer inicialmente los nazis; por su lado, Trump prometió grandes negocios a los inversionistas. Lo lógico es que si no resulta, pagarán un alto precio en respaldo político con la opinión pública en contra. Así acontece, los socios de guerra (Trump y Netanyahu) se enfrentan a una oposición interna masiva, muy bien encubierta por la censura. Los propios republicanos cuestionan a Donald Trump y la gente está descontenta en Israel con una oposición cuestionando a “Bibi”. Por su lado, las verdaderas élites que controlan el poder aspiran seguir haciendo pingues negocios, los políticos y militares de alto grado que hagan su show mientras mandan al matadero a miles de jóvenes soldados.


La portada de 'The Economist' (21 al 27 de marzo de 2026) dedicada a Trump con el titular "Operación Furia Ciega", como sátira del nombre real de la operación "Furia Épica".


En 1966, el profesor Caroll Quigley, de la Universidad de Georgetown dijo: 

"Los poderes del capitalismo financiero tienen otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en su conjunto". 

Esa es la política de los Estados Unidos, sea cual sea el presidente de turno, ya sea con el respaldo sionista o no. Observamos como en la tarde del 15 de abril 2026, el Senado ha votado por continuar la guerra contra Irán, seguramente se cortarán algunas cabezas por la mala “gestión” (probablemente del Secretario de Guerra, Pete Hegseth), pero el programa debe continuar, incluso si el presidente Trump fuera destituido.

En este momento existe solo dos probabilidades en el campo político para la élite del verdadero poder mundial: Decidir poner fin al gobierno de Trump, que ha jugado su rol, iniciando una guerra y haciendo ganar miles de millones de dólares no “presupuestados” a los accionistas del Complejo Militar Industrial y otros especuladores financieros, entre los que se cuenta el mismo Trump, gestos que sin duda le agradecen; o, debido a que Trump ha dado claras muestras de estar fuera de sus cabales, ser sometido a un proceso de destitución -el famoso impeachment-; se dice que los reveses militares lo han desquiciado, siendo que sus actos podrían conducir a una catástrofe global, se ha rumoreado de ataques de histeria del presidente que pudieren afectar en las decisiones operacionales de las fuerzas armadas. ¿Les recuerda a cierto desquiciado alemán de ridículo bigote?

En principio eso no es de preocupación para la élite, lo que el real poder en las sombras busca es ganar más dinero y controlar los mercados. Utiliza las guerras para apoderarse del petróleo y demás recursos estratégicos de otras naciones y siempre dispondrá de “patriotas” dispuestos al sacrificio para ir a guerrear por el mundo en nombre de la “democracia”.

Ergo, ha dejado de producir gracia a las élites el escuchar a Mr. Trump amenazando con arrasar toda una civilización o que los iraníes regresarán a la edad de piedra, etc, etc. El hombre naranja encontró un gran socio, aún más delirante que él, Bibi Netanyahu, quien gusta de vivir en perpetua guerra, según las malas lenguas para que no someterse a procesos judiciales… lo mismo que su colega de los USA, se dice que prefiere esto a que estalle la bomba de los escándalos referentes a su buen amigo, el difunto Jeffrey Epstein.

La pregunta es, ¿por qué las élites tendrían que frenar a Trump, cuando el Senado de los Estados Unidos decidió respaldar la guerra de Trump? Es lógico entender que a la élite no le conviene una hecatombe global en momentos en que la guerra es buena para sus negocios especulando en el mercado financiero y produciendo armamento, una fuente casi ilimitada de recursos. Desgraciadamente no lo sería si sus sabuesos rabiosos, alterados en su ego, decidieran ir más allá en su confrontación contra Irán, haciendo uso de armas nucleares. Sería el fin del juego, el negocio se cae.

Para salir de este lío, debería impedirse que Trump siga haciendo lo que no funciona. “Recuerda la definición de locura. Hacer lo mismo una y otra y otra vez con la expectativa de que vas a obtener un resultado diferente”, como un loco, redoblando la apuesta en lo que ha fracasado en el pasado y esperar que funcione. “No va a pasar. No importa cuántas pequeñas islas intenten tomar en el Golfo Pérsico”, dice Mcgregor.

Insistamos, esto aconteció porque el presidente, de forma simplista confía y escucha demasiadas promesas vacías de Israel, además de estar influido y comprometido con el núcleo duro sionista de Estados Unidos. A Trump le vendieron el argumento de que esto sería rápido y sucio, sí esa es la palabra correcta: sucio, con grandes e inmediatos réditos a cosechar. Ha calculado muy mal, ha subestimado el desafío que significó atacar y enfrentarse a Irán. La realidad le ha hecho saber que eso no es posible.

La siguiente información no es mera especulación, ni se contradice con lo expresado más arriba. Es importante recordar un acontecimiento relativamente reciente. Donald Trump, tras asumir su segundo mandato en 2025, volvió a implantar una tradición, celebrar en la Casa Blanca la festividad judía de la Janucá. En efecto, el 16 de diciembre de 2025, acudieron cientos de estadounidenses integrantes de la comunidad judía que son destacados líderes políticos y personalidades influyentes en diversas áreas. El presidente Trump reafirmó su compromiso con el estado de Israel y la comunidad judía estadounidense, subrayando su papel como defensor de la misma, se declaró "amigo y defensor del pueblo judío".

Lo curioso es la forma en que los invitados manejaron a Trump, por lo que podría interpretarse o plantear dudas sobre quien realmente manda en la Casa Blanca. Los gestos del señor Mark Reed Levin, quien ostenta el cargo de miembro del Consejo Asesor de Seguridad Nacional, fue osado, vapuleó “cariñosamente” a la corpulenta figura del presidente, ante las cámaras lo abrazó, lo jaloneó alegremente, resultando incómodo para Donald Trump, quien se dejó “someter”. Esto puede ser interpretado como un acto simbólico de dominación, Levin le dice a Trump algo… sobre “la cosa legal de poder hacer que tú seas electo cuatro años más”, no se entiende bien las palabras de Levin en medio de aplausos y gritos, pero Trump contesta que él ama a Israel también. Lo que si se escucha claramente es que Levin expresa: “éste es nuestro primer presidente judío de Estados Unidos”. Trump, simplemente contesta: “es verdad”.

Esto se entiende o puede intuirse. No se trata de un simple acto de afecto y dominio corporal entre dos amigos, es una clara demostración de quien manda en lo político y económico en los Estados Unidos, porque tras esta escena hubo un acto más bochornoso para todos los Estados Unidos de América, que se pavonean de ser los portadores de la libertad y la democracia en el mundo. Momentos después, aparece en escena una señora, Miriam Adelson, una de las más poderosas personas reunidas en la Casa Blanca, dicen que es una de las sombras por encima de la política y el poder en los Estados Unidos. Ella insiste a Trump que deben ser cuatro años más (en el poder), le dice: "Bueno, piénsalo, yo te voy a dar otros 250 millones de dólares". 

Luego de ver esas escenas (existen videos que puede buscarse en internet/Youtube sobre esa fiesta en la Casa Blanca), la pregunta, por supuesto, es: ¿quién manda en los Estados Unidos? ¿Se responde sola la pregunta? ¿Reveló Donald Trump -sin desearlo- a quienes le pusieron en el poder y que -supuestamente- serían los que realmente ordenan en la Casa Blanca? 

Miriam Aldeson fue cónyuge de Sheldon Aldeson (que falleciera en 2021), entregaron en las tres campañas políticas de Donald Trump alrededor de 700 millones de dólares, Trump reconoció que el matrimonio era un frecuente visitante de la Casa Blanca, no eran simples aportantes de campañas electorales, acudían para moldear las políticas entre Tel Aviv y Washington. Miriam, ya viuda, sigue visitando la Casa Blanca, algo que también suele hacer con frecuencia "Bibi" Netanyahu quien ostenta el récord de visitas de un jefe de estado (siete veces en menos de un año, la última entre el 10 y 11 de febrero del 2026). 

Lo anecdótico es que la opinión internacional -ahora- está admitiendo que Israel considera a Trump “un hombre comprado que tendrá que hacer lo que ellos le digan” (a parte de las especulaciones sobre el caso Epstein).

¿Y los negocios de Mr. Trump? 

Del interesante artículo de Julian Macfarlane: “Todas las guerras son por dinero”, podemos extraer la siguiente información: 

El patrimonio neto de Trump, según la “Lista de Multimillonarios del Mundo” de Forbes 2026, ha incrementado alrededor de un 183% los dos últimos años, pasó de 2.300 millones de dólares a inicios de 2024 a 6.500 millones en marzo de 2026.

- El principal motor de la nueva riqueza son los negocios de criptomonedas y la venta de tokens digitales relacionados. World Liberty Financial es la plataforma insignia de la familia Trump, desde la inauguración de este sistema ha cosechado un estimado de 1.400 millones de dólares a la fortuna familiar. “Recuerda que si eres multimillonario, no cuentas en millones, solo en miles de millones. Este es el cálculo especial de la codicia con derecho”.

- Miembros de la familia Trump se han pasado al sector de defensa e inversiones en tecnología de defensa, en el preciso momento que se aumentaba el gasto militar. “Eric Trump fue anunciado como inversor estratégico en una fusión de 1.500 millones de dólares que involucró a un fabricante israelí de drones, XTEND, apenas 11 días antes de que comenzaran los grandes ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026”.

- Donald Trump Jr. se unió a la firma de capital riesgo "1789 Capital", que gestiona más de 2.000 millones de dólares y ha invertido en startups relacionadas con la defensa que posteriormente recibieron millones en incentivos federales y préstamos del Pentágono.

- A pesar de la volatilidad de las acciones de Trump Media & Technology, la empresa matriz de Truth Social, sigue siendo un activo multimillonario. Todas esas declaraciones escandalosas sobre Truth Social salen bien. Sí, la estupidez puede dar frutos.

- La apreciación inmobiliaria de propiedades de alto perfil, como Mar-a-Lago, han visto aumentar sus valoraciones, con el club estimado ahora en aproximadamente 560 millones de dólares. Ayuda usar la casa de Trump como base de operaciones presidencial.

- Tenemos los profundos lazos financieros de la familia Trump con los estados del Golfo. Ejemplo, la inversión de 2.000 millones de dólares de Jared Kushner en Arabia Saudí. Se debe entender por qué el príncipe heredero (MBS) no apoya a Irán.

El patrimonio neto de Trump se vio aún más reforzado por la desestimación de una importante multa económica de 500 millones de dólares por fraude civil en Nueva York, aunque la sentencia será apelada.

“Esa es la naturaleza de la jerarquía financiera. ¿Quién paga? TÚ, sí. Los pobres se empobrecen más... Los ricos se hacen más ricos. La mayoría de los presidentes se enriquecen tras dejar el cargo. Ese fue ciertamente el caso de los Clinton. También Obama. Biden ganó 15 millones de dólares en dos años tras dejar la vicepresidencia y probablemente ahora le irá bien. Pero los Clinton, Obama y Biden no estaban ni de lejos a la altura de Trump en cuanto a riqueza heredada, su avaricia se expresa en millones; Trump está en miles de millones. Los ricos se enriquecen -en relación con su punto de partida- así se hace el Camino Americano”.





Volvamos al tremendo problema que se compró Trump gracias a sus amigos de Israel y al lobby sionista estadounidense. 

En lo político, el presidente está siendo duramente atacado por todos los frentes debido a su aventura bélica. Afirma Douglas Macgregor, “si lo presionas demasiado en una dirección, él va a contraatacar. Supongo que su círculo íntimo, incluidos los militares, están todos sentados preguntándose cómo salimos de esta, cómo terminará esto, qué podemos aceptar. En Washington, gran parte está hipotecando la vanidad, en otras palabras, dicen no podemos hacer tal cosa porque parecerá que perdimos. Y como le digo a la gente…”

A pesar de proyectar un aire de confianza, la verdad es que, a puerta cerrada, Trump y Netanyahu están desesperados. Trump es consciente que le mintieron y que asumió malas decisiones, pero se niega aceptar que se equivocó. Debería admitirlo, debería ordenar el despido de ciertos personajes que lo adulan en nombre de Israel… más eso no va suceder jamás, por lo que no hay mediadores capaces de intermediar para poner fin a esta tragedia.

Trump se está negando a sí mismo, no acepta que sus palabras están siendo objeto de burla y humillación a nivel nacional e internacional. Ha perdido el respeto -los memes sobre él son graciosos y ridículamente insultantes-. No se equivoquen, Trump demostró que puede ser dulcemente vengativo ante sus críticos, su ego lo lleva a elucubrar como revertir las cosas, y debemos estar atentos a lo que va a hacer ahora. “Los instintos le dicen que debe redoblar la apuesta y aplastar a Irán, tiene que restregarles la cara por el suelo”; así que la posibilidad descrita de que Trump nunca tomó en serio la tregua es cierta. De todas formas, en Israel no le hacen mucho caso al presidente Trump, a pesar de que sus amigos si lo respaldan en Washington.

Estados Unidos demuestra la intencionalidad de redoblar la apuesta, luego de haber hecho un uso descomunal de las armas disponibles, el armamento está agotado y probablemente para ello fue la dichosa “tregua”, a muchos les huele a falsa tregua, no para entablar negociaciones de paz, fue para disponer las reservas de armamento almacenado en Estados Unidos y llevarlo al teatro de operaciones.

En parte, hay una nueva realidad estratégica en el siglo XXI, lo que se denomina la “guerra asimétrica"; no obstante, Douglas Mcgregor no está de acuerdo con ese término para las acciones emprendidas por Estados Unidos contra Irán, lo explica: “No, no lo es. Tienes por un lado a los Estados Unidos que ha desplegado su estructura militar de la Segunda Guerra Mundial. Estás viendo la estructura militar de 1944-45, con equipo nuevo, pero es la misma estructura. Grupos de batalla de portaaviones, muchos aviones, bombarderos y demás. Del otro lado está la nueva estructura de fuerzas del siglo XXI y esa es la estructura de ataque ISR. ¿Y cómo es eso? Bueno, esto fue concebido inicialmente como idea por los rusos en la década de los 70, descubrieron que tiene sensores en el espacio, tiene sensores en el mar, tiene sensores en tierra, sensores a medio camino entre el espacio y la tierra. Conectas todos estos sensores en tiempo real con todos esos sistemas de ataque que se están volviendo muy precisos y ahora hemos llegado al punto donde esta precisión es asombrosa. Es increíble. Alguna vez tuvimos el monopolio de la precisión antes del cambio de siglo. Lo hemos perdido. Esa capacidad de precisión está en manos de gente en todo el mundo y de repente potencias de nivel medio que antes eran incapaces de ofrecer resistencia pueden paralizar nuestras fuerzas armadas”.

Es necesario aclarar que significa el acrónimo ISR en el contexto de defensa y guerra. ISR es el pilar fundamental de la estrategia militar moderna: Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). Consiste en la infraestructura técnica y organizada diseñada para que los comandantes tengan una visión clara y en tiempo real del campo de batalla (conexiones satelitales, drones, etc.)

Para finalizar. Las cosas andan tan disparatadas que tenemos que traer a colación un tema ya tratado en este blog, el fundamentalismo religioso basado en la concepción puritana de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios, así nos hizo saber Mr. Trump en la oración con su asesora bíblica y su séquito de "santos", quienes le otorgaron el “visto bueno divino” para emprender el camino de la guerra contra Irán. Para un público racional esto es solo propaganda para emocionar a millones de incautos y fieles cristianos estadounidenses. 

Sabemos a ciencia cierta, que las verdaderas élites del poder terrenal y del infinito (porque tienen la capacidad de dominar el espacio) expresan falsamente que su poder se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, no existe tal cosa en sus mentes. Se basan en el concepto de la guerra, de lo que ellos denominan la guerra “buena”, aquella que otorga ganancias colosales. Pregonan el “amor” de Cristo asesinando al prójimo por codicia. Y aquí no hay contradicción entre la religión judía y el mundo cristiano, las dos compaginan en hermandad a través del sionismo cristiano enquistado en la élite estadounidense, su propósito es la codicia sembrando la muerte.


Una desagradable muestra de la campaña manipuladora del presidente Trump, que él mismo ha publicado a través de su Truth Social.


“Lamentablemente” para Mr. Trump y la política global de los Estados Unidos -que incluye a Republicanos y Demócratas- las posibilidades estratégicas de EE. UU. tras la continuación de su derrota en la batalla contra Irán deberán ser replanteadas. No siempre se gana, es lógico pensar que, metafóricamente, pueden devolver a la edad de piedra a Irán, porque van a destruir su base económica; pero, las expectativas del plan general fracasó. Los socios europeos de Estados Unidos no secundaron este proyecto, -no por defender a los agredidos-, simplemente va en contra de sus intereses como grandes potencias coloniales. Ni que decir de la férrea oposición de China y Rusia.

Sin embargo, el que Trump, Bibi Netanyahu y otros osados “representantes” de dios decidieran hacer uso del arma nuclear es algo que las élites no querrán permitir. Es cierto que muchos miembros de la élite se declaran fervorosos cristianos, otros sueñan con la llegada del Armagedón si se desatara una guerra nuclear en el Oriente Medio (lo hemos revisado en anteriores entradas). Eso no es bueno para los negocios, los dueños del poder no van a tolerar que la histeria de ciertos fundamentalistas estadounidenses que “asesoran” a los gobiernos de Estados Unidos e Israel contribuyen a cumplir una “profecía”.

Si ello aconteciera -como decían los autores del betseller “El Enigma Sagrado”: “el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadoquitas muertos hace siglos y que, cogidos de la mano, darían saltitos por los Campos Elisios, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -comoquiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo”.

En este punto es que se duda que las élites permitan el uso de armas nucleares. ¿A quién van a vender sus productos industriales, su costoso armamento, sus coches, sus medicinas, su industria de alimentos chatarra, etc., etc., si los potenciales miles de millones de clientes van a esfumarse en un invierno posnuclear? Los fundamentalistas religiosos que están marchando por los pasillos de Washington y Tel Aviv (quizá también en Teherán) o cualquiera que sea la religión, solo puede llevarnos a un rumbo: la autoinmolación planetaria.

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Las citas que se hacen del coronel Douglas Macgregor pertenecen a varias de sus tantas entrevistas publicadas en Youtube. 
Enlace al artículo de Julian MacFarlane: Todas las guerras son por dinero

02 marzo 2026

¿Se puede comprar un país?




Nota del editor del blog

Mientras una nueva guerra de proporciones se perfila en Oriente Medio provocado por el ya clásico intervencionismo estadounidense en su supuesta "defensa de la democracia" mundial, evitando que los "malos" adquieran armamento nuclear, es decir, su necesidad innegable de destruir todo lo que no vaya de conformidad a su doctrina de dominación mundial, está por verse las consecuencias. 

Sobremanera es de esperar si esta acción bélica en contra de Irán, llevada a cabo con su colonia israelí -a quien ha jurado proteger en nombre de dios- termina en los términos acordados con las dos potencias mundiales: Rusia y China. Debemos remitirnos a los últimos artículos (en el blog) en que se ha presentado la hipótesis sólida de que el mundo fue dividido nuevamente en zonas de influencia. Las naciones desafectas del continente americano ya están volviendo a alinearse al "buen redil" bajo el patriarcado del Tío Sam. 

Las grandes interrogantes del momento es ¿cómo va a terminar el conflicto en Irán?, ¿cuál potencia conservará la hegemonía sobre el territorio persa o será una zona de contacto entre las potencias mundiales? Recuerden que China también tiene sus intereses en la zona, el corredor terrestre ha conseguido rehabilitar la Ruta de la Seda que competirá con las potencias europeas y estadounidense en el tráfico mundial de mercancías.  Son puntos que no se puede exponer en una "investigación" a priori, demanda tiempo y análisis de las acciones que tomarán, en particular Rusia y China. 

El dilema está planteado, ¿respetará Estados Unidos sus acuerdos de rediseñar el mapa mundial con las nuevas zonas de influencia, que remplaza -en gran medida- a la distribución mundial que se efectuó tras la segunda guerra mundial y que es el "orden" que ha venido reinando hasta el presente. 

China es la gran protagonista del siglo XXI, Estados Unidos ya no puede verla con desprecio, ni ignorarla, tuvo que contar con ella y Rusia para volver a presentar el proyecto de un "Nuevo Orden Mundial" de postguerra. Estados Unidos está a la par que China en materia militar (más no nuclear) y en cuanto a la economía y mercados internacionales no hay ni que explicar que China superó al gigante estadounidense. 

No olviden que la Cumbre chino-estadounidense está en la agenda inmediata, está a la vuelta de la esquina, la reunión entre Mr. Trump y Xi Jinping en Beijing desde el 31 de marzo no ha sido cancelada. Recuerden que el gran afectado -a parte del pueblo iraní- de la nueva guerra desatada por Estados Unidos contra Irán es China.

Por lo mismo, es muy temprano para dedicarnos a realizar análisis del conflicto anti iraní desatado por el tándem EEUU-Israel (con el beneplácito hipócrita de Europa) ¿Quién puede saberlo? ¿Rusia y China, habrán aceptado un cambio de gobierno en Irán? ¿Quién controlará ese estratégico territorio o pasará a ser un área geográfico en que confluirán los intereses de las tres potencias mundiales hegemónicas de la actualidad?

Son hipótesis que se irán despejando en el transcurso de los días. No se apresuren en sacar conclusiones, nada está claro hasta el momento sobre la guerra contra Irán. Mucha gente puede decir lo que guste, las cadenas de televisión pueden hacer grandes reportajes, hacer desfilar invitados "expertos" en armamento y otras áreas, eso será el pan de cada día, igual que en otras plataformas de redes sociales llenas de "expertos" en busca de likes. En verdad, nadie sabe que es lo que planean o planearon las superpotencias. Paciencia

Mientras tanto, os dejo un breve estudio histórico de cómo los Estados Unidos logró obtener la gran masa territorial en la que ejerce su soberanía. 


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RT
Febrero 2026     

El debate sobre Groenlandia reaviva una cuestión que ha marcado el ascenso de Estados Unidos durante más de dos siglos.

Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, retomó la idea de comprar Groenlandia -y se negó a descartar medidas más contundentes si Dinamarca se negaba-, la reacción en toda Europa fue rápida e indignada. La propuesta se presentó como un anacronismo: un retroceso a las negociaciones imperialistas que la política internacional moderna supuestamente había superado.

Pero la indignación oculta una realidad histórica incómoda. Estados Unidos no solo se forjó mediante revoluciones y guerras; también se construyó mediante transacciones: compras territoriales a gran escala concluidas en momentos en que el equilibrio de poder dejaba al vendedor con opciones limitadas. Desde extensiones continentales hasta islas estratégicas, Washington ha expandido repetidamente su alcance emitiendo cheques respaldados por apalancamiento.

Si la idea de comprar territorio ahora suena chocante, vale la pena recordar que algunos de los acuerdos más importantes de este tipo ayudaron a convertir a Estados Unidos en el país que conocemos hoy. Para comprender por qué el debate sobre Groenlandia resuena con tanta fuerza, deberíamos repasar las principales adquisiciones que rediseñaron el mapa estadounidense.

Luisiana: La mayor adquisición.
Los exploradores franceses se aventuraron en el valle del Misisipi a finales del siglo XVII, reclamando nuevos territorios y bautizando esta vasta extensión como Luisiana en honor al rey Luis XIV. En 1718, establecieron Nueva Orleans en la desembocadura del Misisipi, poblando gradualmente la colonia no solo con colonos franceses, sino también mediante políticas promulgadas por Luis que otorgaban la libertad a los hijos de las uniones entre colonos blancos y esclavos negros. Aun así, la población seguía siendo escasa. El mal clima de la región y las complejas relaciones con los nativos americanos dificultaban el asentamiento.

Como resultado, Francia no valoraba especialmente este territorio, a pesar de su enorme tamaño: la Luisiana francesa abarcaba no solo la actual Luisiana, sino también, parcial o totalmente, los estados actuales de Arkansas, Oklahoma, Kansas, Misuri, Colorado, Wyoming, Dakota del Norte y Dakota del Sur, Minnesota, Iowa, Montana, Nebraska, Texas, Nuevo México e incluso partes de Canadá. A pesar de esto, era difícil encontrar un francés más allá de Nueva Orleans.


© Wikipedia. Nueva Francia en 1750 antes de la Guerra Franco-Indígena


En 1763, tras la Guerra de los Siete Años, Francia cedió Luisiana a España. La administración española no oprimió a los colonos franceses y gestionó la colonia con bastante competencia. Sin embargo, gran parte de este enorme territorio permaneció prácticamente deshabitado, salvo por los nativos americanos. El número total de colonos, incluyendo esclavos negros, ascendía a varias decenas de miles de personas.

A principios del siglo XIX, Europa experimentó numerosos cambios. Napoleón recuperó el control de Luisiana con el objetivo de revitalizar el imperio francés de ultramar. Sin embargo, esta ambición se desmoronó cuando fracasó su intento de restaurar el dominio francés en Haití. Una fuerza enviada por Napoleón fue diezmada por rebeldes negros y sucumbió a enfermedades tropicales.

Ante este panorama, Napoleón comprendió rápidamente que no podía mantener Luisiana, y que tanto ingleses como estadounidenses la tomarían fácilmente. En cuanto a Estados Unidos, tenía sentimientos encontrados sobre Luisiana; controlar la desembocadura del Misisipi era crucial, pero también desconfiaban de una posible agresión francesa. Finalmente, el presidente estadounidense Thomas Jefferson inició negociaciones con Francia para la compra de Luisiana.

Napoleón vio esto como una gran oportunidad. Reconoció que podría obtener mucho dinero vendiendo el territorio que Francia realmente no necesitaba ni podía controlar.

Jefferson y el lado estadounidense inicialmente pretendían comprar solo Nueva Orleans y sus alrededores, ofreciendo 10 millones de dólares. Sin embargo, los franceses sorprendieron a sus homólogos estadounidenses: pidieron 15 millones de dólares, pero como parte del trato, ofrecieron vastos territorios que se extendían hasta Canadá. Sin embargo, más allá de Nueva Orleans, los franceses esencialmente vendieron la libertad de reclamar tierras habitadas por los nativos americanos. Los franceses tenían muy poco control sobre este vasto territorio, y los nativos americanos ni siquiera entendían lo que implicaba la venta. De hecho, aparte de los nativos americanos, el vasto territorio estaba habitado por solo unos 60.000 colonos, incluyendo esclavos negros.

A pesar de todo, el trato se cerró, y el territorio de Estados Unidos se duplicó de la noche a la mañana. Robert Livingston, uno de los Padres Fundadores y entonces embajador de Estados Unidos en Francia, declaró célebremente:

Hemos vivido mucho tiempo, pero esta es la obra más noble de toda nuestra vida... Desde este día, Estados Unidos ocupa su lugar entre las potencias de primer orden.

 

© Wikipedia. La Compra de Luisiana se representa sin territorio al norte del paralelo 49, pero incluyendo Florida Occidental.

Florida: Siguiendo los pasos de Luisiana
En el caso de Luisiana, ambas partes estaban satisfechas con el acuerdo. Sin embargo, cuando se trató de Florida, el vendedor no estaba particularmente entusiasmado.

España había descubierto Florida en 1513. En ese momento, sin embargo, España no vio mucho valor en este territorio, y los primeros esfuerzos de colonización fueron lentos; se utilizó principalmente como un puesto militar. En el siglo XVIII, Gran Bretaña arrebató Florida a España, pero durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, España recuperó el control de su antigua colonia. Sin embargo, similar a la situación con Francia y Luisiana, la propiedad formal no equivalía a la autoridad real.

Mientras tanto, los colonos estadounidenses inundaron Florida. Los conflictos latentes en la frontera; los colonos estadounidenses invadieron tierras españolas, convirtiendo a Florida en un campo de batalla constante que involucraba a los Estados Unidos, los nativos americanos y, ocasionalmente, los británicos. España luchó para responder eficazmente a estas incursiones. Además, entre 1807 y 1814, España se vio envuelta en una durísima guerra contra Napoleón, durante la cual los franceses ocuparon temporalmente la España continental.

Tras la guerra, España quedó devastada e incapaz de defenderse de los indios seminolas que asaltaban la colonia. Frustrados por los problemas causados ​​por los seminolas, los estadounidenses ocuparon la mayor parte de Florida, alegando que la tierra había sido prácticamente abandonada.

España decidió que cualquier ganancia era mejor que perder el territorio por completo. Estados Unidos compensó oficialmente a España con 5 millones de dólares por los daños causados ​​por sus propias invasiones. Para 1819, España no tuvo más remedio que ceder Florida.


© Wikipedia. Área reclamada por Estados Unidos antes y después del Tratado Adams-Onis

Las Islas Vírgenes: ¡Pagaremos en oro!
El siglo XIX fue la era de los imperios coloniales. Pero Estados Unidos adquirió las Islas Vírgenes en el siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial.

Dinamarca no es el primer país que viene a la mente cuando se habla de la lucha por el control del Mar Caribe. Pero en 1672, la Compañía Danesa de las Indias Occidentales anexó la pequeña isla de Santo Tomás, seguida poco después por la isla de San Juan. Dinamarca puede haber sido un colonizador inusual, pero sus ambiciones eran bastante comunes. Los daneses establecieron plantaciones de azúcar y dependían de la mano de obra esclava. El azúcar se convirtió en la columna vertebral de la economía de las Islas Vírgenes. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, los precios del mercado mundial se desplomaron, lo que llevó a los daneses a considerar deshacerse de este activo.

Mientras tanto, Estados Unidos estaba interesado en adquirir el puerto de Santo Tomás, pero en ese momento, el acuerdo fracasó

Estados Unidos decidió que Alaska era una mejor inversión y se la compró a Rusia, que no necesitaba el remoto territorio del norte. Para Rusia, Alaska estaba lejos y era difícil de defender; Además, los rusos ya habían obtenido beneficios rápidos. Así, las Islas Vírgenes permanecieron bajo control danés hasta el siglo XX.

Durante la Primera Guerra Mundial, los estadounidenses reconsideraron la idea de adquirir las Islas Vírgenes. Oficialmente, a Estados Unidos le preocupaba que Alemania se apoderara de Dinamarca y se apoderara de las islas, utilizándolas como bases submarinas. Parecía más bien un pretexto, ya que construir una base tan cerca de Estados Unidos no habría sido tarea fácil, y abastecerla habría sido aún más difícil. En cualquier caso, Estados Unidos decidió adquirir las Islas Vírgenes y Dinamarca recibió una oferta que no podía ignorar.

El presidente estadounidense, Woodrow Wilson, envió una clara advertencia: si Dinamarca no vendía las islas, Estados Unidos las ocuparía, por supuesto, simplemente para evitar que cayeran en manos alemanas. Para suavizar el golpe, Wilson endulzó el trato con una oferta de 25 millones de dólares en oro, que representaba aproximadamente la mitad del presupuesto anual de Dinamarca en aquel momento.

Inicialmente, Copenhague dudó, sobre todo ante la creciente importancia económica de las islas tras la apertura del Canal de Panamá. Pero los estadounidenses dejaron claro que las islas acabarían bajo su control, ya fuera por las buenas o por las malas. Dinamarca celebró un referéndum y cedió las islas a Estados Unidos.

En agosto de 1916, ambas partes acordaron la venta. Como parte de este acuerdo, Estados Unidos reconoció los derechos de Dinamarca sobre Groenlandia. Para 1917, se habían resuelto todos los trámites y las islas cambiaron de bandera. La isla Water se vendió por separado en 1944.

Curiosamente, después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos volvió a centrar su atención en Groenlandia, buscando adquirirla en el contexto de la Guerra Fría.Dinamarca se negó, a pesar de que Estados Unidos había establecido bases militares allí. En un momento dado, un bombardero estratégico con armas nucleares se estrelló sobre Groenlandia, un hecho que, sabiamente, se mantuvo en secreto para el público danés.


 © Wikipedia. Indias Occidentales Danesas


En ese sentido, las propuestas de Donald Trump son menos inéditas de lo que parecen. Estados Unidos ha expandido su territorio mediante compras durante más de dos siglos. A veces, el vendedor se sentía aliviado al deshacerse de una posesión lejana o costosa; en otras ocasiones, el acuerdo se producía tras una creciente presión y un desequilibrio estratégico. La expansión mediante transacciones nunca fue una excepción en la historia estadounidense; fue un método recurrente.

El interés de Trump en Groenlandia encaja perfectamente en ese patrón histórico. Al igual que sus predecesores, parece atraído por el simbolismo de ampliar la presencia estratégica de Estados Unidos. Por supuesto, una mejor idea sería esperar a que Dinamarca se viera en crisis y entonces salir con una bolsa llena de dinero.

Pero la espera puede ser larga, y la paciencia, sin duda, no es el fuerte de Trump.


27 febrero 2025

Interpretaciones erróneas sobre la evolución de los Estados Unidos



 

Por Thierry Meyssan

Red Voltaire

28 de enero y 4 de febrero 2025


Vemos que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca está cambiando las reglas del juego internacional. Sin embargo, a menudo malinterpretamos sus acciones: ignoramos las costumbres y tradiciones de su país y proyectamos sobre él nuestros propios debates políticos. Estamos aún más perdidos porque en los últimos años nos hemos adherido más o menos a la ideología de moda en Washington. La consideramos la doxa americana, cuando era sólo un momento de su historia, y olvidamos sus múltiples escuelas de pensamiento.


Todos quedamos sorprendidos cuando el presidente Trump firmó órdenes ejecutivas justo después de su toma de posesión. La prensa europea lo vio como un autócrata que afirmaba su poder. De ninguna manera ! Una buena parte de estos documentos limita el poder del Estado federal en beneficio de los estados federados. Hoy en día, interpretaciones erróneas de este tipo son habituales entre Estados Unidos y Europa.




La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca redistribuye todas las cartas ideológicas, geopolíticas, económicas e incluso militares. De hecho, por primera vez en casi dos siglos, un jacksoniano vuelve a estar en el poder en Estados Unidos. Habíamos olvidado esta manera de pensar (excepto en las películas western) y ya no somos capaces de anticiparla. Sin embargo, Trump ya lleva cuatro años en el poder, pero en ese momento sus propios aliados republicanos le impidieron en gran medida implementar sus políticas, mientras que la prensa demócrata nos aseguró que era un enfermo mental o un fascista.

Curiosamente, los influencers de las redes sociales que defienden su punto de vista sólo nos informan sobre su lucha ideológica contra el protestantismo, nunca sobre su concepción de las relaciones internacionales y menos aún sobre sus ambiciones políticas. Esto es aún más extraño si tenemos en cuenta que, desde las elecciones del 5 de noviembre, el equipo de Donald Trump ha contactado a numerosos influencers en la Unión Europea y el Reino Unido y ha comenzado a pagarles generosamente.

Hay varias maneras de considerar esta contradicción. O bien Donald Trump quiere engañar a los europeos y hacerles ver sus verdaderas intenciones, o bien cree que sólo pueden entender una cosa a la vez. Por nuestra parte, continuaremos nuestro trabajo describiendo las diferentes facetas del personaje sin olvidar ninguna.


La lucha contra la ideología progresista

El wokismo se presenta generalmente como una reacción a la esclavitud y la segregación racial. Los colonos europeos, al darse cuenta de los horrores que habían cometido, intentarían redimirse.

Esta no es mi opinión en absoluto. En mi opinión, el progresismo no tiene nada que ver con estos crímenes. Si adoptamos un punto de vista antropológico, debemos reconocer que existen fenómenos idénticos en todas las grandes religiones. En el cristianismo, fue encarnada por Orígenes, el Padre de la Iglesia del siglo III que se castró para no pecar, o más recientemente por Juan Calvino, famoso por haber aplicado en la República teocrática de Ginebra los mismos métodos que la Inquisición española.

Ahora bien, Estados Unidos se desarrolló a partir de la colonia puritana de Plymouth (Nueva Inglaterra, más precisamente Massachusetts). Eran puritanos, es decir, calvinistas. El Lord Protector, Oliver Cromwell, los había enviado como misioneros, no tanto para convertir a los indios sino a los europeos del muy católico Rey de España. En sus colonias, las mujeres debían llevar velo y la oración era obligatoria. Los homosexuales eran sometidos a azotes, etc. A estos fanáticos se les conoce como los "padres peregrinos" (que no deben confundirse con los "padres fundadores", que son juristas). Se celebran cada año en la fiesta nacional de Acción de Gracias. Fueron ellos quienes importaron la idea de que la política debe ser “pura” y que las estatuas de los herejes deben ser destruidas.

Desde 2014, la expresión “woke” se utiliza para referirse a las personas conscientes de las consecuencias sociales de la esclavitud y la discriminación racial, o incluso, debido a la convergencia de luchas, de la orientación sexual e incluso de género. Este movimiento que busca la “pureza”, en el sentido religioso del término, se ha fijado “buenas prácticas” destinadas a combatir la discriminación racial, ya sea manifiesta o “sistémica”. De hecho, promueve la “discriminación positiva” en favor de todas las minorías.

Es evidente que la esclavitud fue una realidad en Estados Unidos y que esta realidad pasada condiciona los comportamientos actuales. Pero es dudoso que destruir lo que recuerda a esa época resuelva los problemas de nuestro tiempo, y más aún si favorecer a los candidatos negros les permitirá liberarse de la condición de sus antepasados. Todo el mundo percibe instintivamente que los remedios son peores que los problemas que pretenden combatir. Al menos eso es lo que pensaron los residentes de Los Ángeles cuando sus casas fueron devastadas por los incendios. Reflexionaron sobre la ineficacia de los bomberos contratados con base en criterios de discriminación positiva y no en función de su competencia. Este movimiento ha perdido popularidad en Estados Unidos en los últimos años como lo demuestra la expresión ¡ despierto, quebrado! (“¡Despierta, quiebra!”)

El wokismo es una adaptación moderna del puritanismo de los “padres peregrinos”. Pero Estados Unidos es un país compuesto en el que se han mezclado varias culturas.

Hay que reconocer que, así como el Partido Republicano absorbido por los trumpistas se ha vuelto jacksoniano, el Partido Demócrata absorbido por Obama y Biden se ha vuelto "woke". Esto ha dado lugar a muchos malentendidos, ya que Washington en su conjunto ha abandonado ideológicamente el comportamiento tradicional al que está volviendo hoy.

Durante la campaña electoral presidencial, dos jóvenes influencers denunciaron extensamente el progresismo. La periodista negra Candace Owens (que ahora ataca a la pareja Macron) (1) calificó a Black Lives Matter como “un grupo de niños llorones que fingen estar oprimidos para llamar la atención”. Mientras que el gay Milo Yiannopoulos (casado con otro hombre) se ha distinguido por sus parodias del feminismo lésbico y del movimiento LGBTQIA+. Estos dos influencers llevaron a muchas personas negras y homosexuales a no votar por el Partido Demócrata, como sus mayores, sino por Donald Trump.

En su discurso inaugural, Donald Trump anunció el fin de las políticas de acción afirmativa y afirmó que a partir de ahora el gobierno federal sólo reconocerá dos sexos. Es espectacular, pero llega en un momento en el que la gran mayoría de los votantes estadounidenses ya están convencidos de ello (2)




"Excepcionalismo americano"

Donald Trump es un partidario del “excepcionalismo estadounidense” (3); una doctrina según la cual Estados Unidos es "la luz en la colina", querida por Dios para iluminar al mundo.

Esta doctrina, derivada también directamente del ejemplo de los "padres peregrinos", asegura que su viaje fue comparable al de los antiguos hebreos. Los transformó en un “pueblo elegido” porque huyeron del faraón (la monarquía británica que acababa de ser derrocada por Lord Cromwell), cruzaron el Mar Rojo (el océano Atlántico) y descubrieron una tierra prometida (América del Norte). Cada uno de los 47 presidentes de los Estados Unidos, sin excepción, ha reivindicado esta mitología. Esto es lo que subyace tanto a su rechazo de los principios del derecho internacional como a su apoyo al Estado de Israel.

Desde el punto de vista estadounidense (esto no tiene nada que ver con Donald Trump), Washington nunca aceptará rendir cuentas a nadie, especialmente a las Naciones Unidas o sus agencias. Claro, reciclaron a muchos criminales nazis durante la Guerra Fría, claro, masacraron a coreanos, vietnamitas, afganos, iraquíes, libios, palestinos, sirios, etc. pero ninguno de sus presidentes debería ser acusado por ningún tribunal internacional.

En un artículo de opinión publicado en 2013 en el New York Times, el presidente ruso Vladimir Putin destacó que es "extremadamente peligroso alentar a las personas a verse a sí mismas como excepcionales, cualquiera sea la motivación" (4). Esta doctrina de hecho induce una diferencia y una jerarquía entre los hombres, como cuando se aplica el concepto teológico de "pueblo elegido" a una realidad política.

A lo largo de su historia, Washington nunca ha aceptado rendir cuentas a los extranjeros. Atribuimos erróneamente algunas de sus decisiones recientes a ideologías actuales, cuando de todos modos se habrían tomado. Por ejemplo, creemos erróneamente que Donald Trump se retiró de los Acuerdos de París sobre la lucha contra el calentamiento global porque piensa que son estúpidos. Ciertamente, no cree que el IPCC sea una academia de ciencias. Pero en cualquier caso, Estados Unidos no podía aceptar firmar acuerdos que los sometieran al juicio de otros. Obama y Biden se posicionaron en contra de la tradición de su país por ideología, Trump se posicionó de acuerdo con su tradición, que también corresponde a su propia ideología.


Libertad, versión occidental

Cuando se fundó Estados Unidos en 1776, 13 años antes de la Revolución Francesa, los padres fundadores no estaban de acuerdo en su concepción de la libertad y los derechos humanos. A diferencia de los volterianos franceses, ellos no pensaron en estas cuestiones desde un punto de vista tanto individual como colectivo. Para ellos, la libertad es simplemente poder hacer lo que quieran en casa. Por eso, por ejemplo, son alérgicos al principio de las cotizaciones sociales obligatorias.

Esta forma de pensar no está exenta de inconvenientes. Así, su concepción de los “Derechos Humanos” está en total contradicción con la concepción francesa de los “Derechos Humanos y Ciudadanos”. Desde un punto de vista anglosajón (se refiere a la tradición británica), se trata únicamente de protegerse de las razones de Estado. Por el contrario, desde el punto de vista de los revolucionarios franceses, se trataba menos de no ser torturado en una comisaría que de participar en la elaboración de las leyes (5).

El debate sobre la libertad de expresión se ve distorsionado por la superposición de rejillas de lectura. La administración Biden ha adoptado una visión consciente de que tiene la responsabilidad de informar al público sobre los peligros del COVID y salvarlo de la enfermedad. Por esta razón ha prohibido todo debate científico y censurado todas las opiniones disidentes. Según la tradición de los "padres fundadores", el Estado federal no tenía derecho a interferir en los intercambios en las redes sociales. Según la tradición volteriana, el Estado tenía derecho, no a prohibir nada, sino a hacer que los tribunales prohibieran los mensajes que habían engañado a los internautas y perjudicado su salud (en este caso, eran los mensajes sobre la obligación universal de ciertos medicamentos los que debían haber sido objeto de persecución).


En 1838, entre 4.000 y 8.000 cheroquis murieron de frío, hambre o agotamiento en el "Sendero de las Lágrimas". En virtud de la Ley de Remoción de los Indios, firmada por el presidente Andrew Jackson, dejaron la costa este de los Estados Unidos a los europeos y acordaron mudarse al sur del río Misisipi. Sin embargo, hoy en día es la única tribu india que ha logrado mantener su modo de vida sin ser erradicada por los europeos. Esta deportación es el ejemplo seguido por Donald Trump para poner fin a la limpieza étnica de Palestina y resolver el conflicto palestino-israelí que se prolonga desde hace 80 años.


El regreso del sureñismo

Estados Unidos ha sido al mismo tiempo sureño y federalista. Los sureños fueron derrotados al final de la Guerra Civil, y sus vencedores impusieron el mito según el cual esta guerra había enfrentado a los esclavistas contra los abolicionistas. En realidad, al principio de la guerra ambos bandos eran proesclavistas y al final ambos bandos eran abolicionistas. La verdadera cuestión de la disputa era si las aduanas eran competencia de los estados o del gobierno federal.

Los jacksonianos, precursores de los sureños, querían un "estado federal mínimo". De esta forma han devuelto muchas competencias a los estados federados. Eso fue lo que hizo Donald Trump cuando los jueces que él nombró apoyaron enviar la cuestión del aborto del estado federal a los estados. Personalmente, no parece tener una opinión firme sobre este tema. Su rival, Kamala Harris, se equivocó, como Woke, al presentarlo como un reaccionario cuando la mitad de los estados federados respetan los derechos de las mujeres y autorizan la interrupción voluntaria del embarazo (IVG). Esta es una de las principales razones de su fracaso.

Cuando Donald Trump anunció la creación de un Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), pretendía desmantelar una administración federal que decide desde Washington cómo debe vivir cada ciudadano incluso a 2.500 kilómetros de distancia. Es cierto que ha confiado la responsabilidad a un libertario, Elon Musk, pero para él no se trata de adelgazar el Estado federal mediante el liberalismo reaganiano. Disolverá miles de agencias gubernamentales, no porque sean caras, sino porque, a sus ojos, son ilegítimas.

En cierto modo, el debate entre sureños y norteños, entre confederalistas y federalistas, recuerda al de los girondinos y los montañeses durante la Revolución Francesa. Sin embargo, en Estados Unidos los estados federados tenían sólo una historia corta, mientras que en Francia las regiones tenían un milenio de historia feudal: París siempre sospechó que devolver el poder a las provincias rehabilitaba el feudalismo.


El expansionismo estadounidense

Estados Unidos, que en el momento de su creación contaba con sólo 13 estados federados, ahora tiene 50, además de 1 distrito federal y 6 territorios. Desde una perspectiva estadounidense (de nuevo, esto no tiene nada que ver con Donald Trump), no han terminado de crecer. Desde la década de 1930, aspiran a absorber toda la plataforma continental de América del Norte, incluidos Canadá, Groenlandia, Islandia e Irlanda, además de México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, sin mencionar todo el Caribe (6).

En ese clima nacional, Donald Trump anunció durante su discurso inaugural que su país llamaría en adelante al Golfo de México "Golfo de América", lo que decretó unas horas más tarde. Además del hecho de que los estadounidenses no se consideran tales, sino como "americanos", esta palabra no se refiere a una denominación local, sino al colonizador Américo Vespucio.

No anunció la anexión de Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá, como había sugerido anteriormente, sino la colonización del planeta Marte.

Sin embargo, contrariamente a los comentarios de la prensa europea, Donald Trump nunca ha hablado de conquistar la plataforma continental norteamericana por la fuerza militar, aunque sí ha mencionado el desarrollo de bases militares en Groenlandia. Como jacksoniano, está interesado en comprar estos territorios. Parece que actualmente está "negociando" de forma especialmente agresiva con Dinamarca la cesión de Groenlandia a cambio de un compromiso de defensa.

Cabe señalar que la administración Trump sigue amenazando a Cuba, hacia la que tiene ambiciones coloniales, pero no a Venezuela, que está fuera de la plataforma continental de América del Norte. Sin embargo, se refiere a ambos estados como "comunistas" y afirma que los trata de la misma manera.

Dada la proximidad ideológica entre los dos “pueblos elegidos”, la administración Trump aborda la cuestión de Israel como si los palestinos fueran indios atacando diligencias. El presidente Andrew Jackson decidió poner fin a las guerras indias negociando tratados con las distintas tribus. Muy pocos se implementaron, pero su gran "éxito" fue con los Cherokees. Los deportó al sur del Mississippi. Resulta que, a pesar del sangriento episodio del “sendero de las lágrimas”, los cherokees fueron los únicos indígenas que respetaron estos acuerdos. Y hoy son la única tribu que ha sobrevivido con su cultura. Juntos dirigen un imperio de casinos. Pero aplicar el mismo método a los palestinos no puede funcionar: los cherokees no se consideran dueños de la “Madre Tierra”, pueden seguir siendo cherokees dondequiera que estén. Los palestinos, por el contrario, están apegados a su tierra y saben que morirán, como cultura, si la pierden.




La sustitución de la guerra por el comercio

Último punto importante para los jacksonianos: la sustitución de la guerra por el comercio. Donald Trump cree que la mayoría de las guerras son masacres innecesarias. Son sólo un medio para manipular a las masas para lograr objetivos indecibles. Como al final muchas veces sólo es una cuestión de dinero, es necesario sustituir las guerras por el comercio.

Esta doctrina funciona muy bien en la mayoría de los casos, sin embargo algunas guerras tienen motivos complejos no relacionados con objetivos comerciales. En estos casos, y sólo en estos, el jacksonismo no funciona.

Por ejemplo, la guerra en Ucrania. Si uno afirma que Rusia quiere anexionarse a su vecino, puede negociar con él algo que satisfaga su apetito sin dañar la integridad de ese país. Pero si uno cree que Moscú quiere sinceramente poner fin a la "Gran Guerra Patria" (la Segunda Guerra Mundial), derrotar a los nazis y a los nacionalistas fundamentalistas (los "banderistas"), entonces ninguna negociación comercial podrá detenerlo.

Éste es el talón de Aquiles de la administración Trump: la guerra en Ucrania no tiene ningún motivo económico, contrariamente a lo que han afirmado los políticos occidentales. Moscú habla en serio cuando exige desnazificar Ucrania. En este punto, Estados Unidos tendrá que ceder o enfrentarlo con dureza.

Si ceden, surgirá un segundo problema: Rusia es un territorio enorme cuyas fronteras (más de 20.000 kilómetros) nadie puede garantizar su defensa. Por eso, Moscú exige tradicionalmente que sus vecinos beligerantes sean neutrales. Éste es el significado del malentendido sobre la OTAN: Rusia reconoce, a través de la Declaración de Estambul (2003), el derecho de cada país a unirse a una coalición militar, pero rechaza que esta membresía abra la puerta al almacenamiento de armas de terceros países en su territorio. Sin embargo, durante la presidencia de Boris Yeltsin, Estados Unidos, advertido en repetidas ocasiones, continuó su presión para incluir a los diversos estados postsoviéticos en la adhesión a la OTAN, excepto Rusia, que sin embargo les pidió que lo hicieran.

Los jacksonianos no tienen motivos para promover la ampliación de la OTAN, pero hacerlo requeriría que abandonaran las políticas expansionistas de los partidos Republicano y Demócrata y se concentraran en las suyas propias: la meseta norteamericana.

Para Donald Trump, no hay duda de que Estados Unidos no tiene motivos para involucrarse en el conflicto ucraniano. Propone silenciar las armas dejando de subvencionar al régimen corrupto de Kiev. Una vez más, la Unión Europea interpreta esta retirada como una invitación a tomar el control. Este es otro error: la UE sólo existe por voluntad de Washington; al involucrarse en Ucrania sin que se lo pida la nueva administración estadounidense, la UE sólo acelerará su disolución.

En cuanto a la guerra comercial, los no estadounidenses se han mostrado sorprendidos por la estrategia del presidente Donald Trump respecto de los aranceles. Creen que esto sólo tiene sentido para proteger sectores económicos, mientras que los jacksonianos creen que también pueden usarse como armas políticas.

Por ejemplo, Donald Trump aumentó durante unas horas los aranceles aduaneros a los productos colombianos al 25%, y amenazó con aumentarlos al 50% la semana siguiente si Bogotá persistía en oponerse a la repatriación de sus nacionales. Fueron levantadas tan pronto como Bogotá repatrió a sus nacionales ilegales.

Lo mismo ocurre con Canadá y México (15%), y con China (10%). La administración Trump, una vez más, no tiene ningún argumento económico, pero sí uno político. Considera que China está suministrando precursores químicos a los cárteles de la droga y que México y Canadá están permitiendo que estas drogas ingresen a Estados Unidos.

En cuanto a la Unión Europea, es algo completamente diferente. La administración Trump pretende reequilibrar su balanza comercial. Podría imponer derechos de aduana del 10%, pero sólo sobre determinados productos. Se trata de un tratamiento convencional de estos derechos, aunque resulta difícil entender cómo encaja con los compromisos asumidos al incorporarse a la Organización Mundial del Comercio (OMC).


Thierry Meyssan

Red Voltaire


(1) "Después de Reino Unido, Alemania y Dinamarca, el equipo de Trump prepara una operación en Francia", Red Voltaire, 16 de enero de 2025.

(2) Donald Trump no intentó negar que unos pocos miembros raros de la especie humana no tienen las características cromosómicas de los machos ni de las hembras. Atacó el hecho de que el Estado federal había impuesto a la sociedad organizarse como si estas excepciones fueran la regla.

(3) Lea las actas de la conferencia organizada por el Centro Carr para la Política de Derechos Humanos: Excepcionalismo estadounidense y derechos humanos, Michael Ignatieff, Princeton University Press (2005).

(4) "Un llamado a la cautela", por Vladimir Putin, New York Times (Estados Unidos), Red Voltaire, 12 de septiembre de 2013.

(5) El británico Thomas Paine, iniciador de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, fue elegido diputado por Pas-de-Calais en la Convención Nacional Francesa de 1792. Se negó a votar por la muerte del rey porque, según él, cargar la responsabilidad de las injusticias sobre un solo hombre pondría fin al proceso de transformación de la sociedad. Escribió un libro sobre las dos concepciones opuestas de los Derechos Humanos. Fue el libro más leído durante la Revolución Francesa.

(6) "Trump y Musk, Canadá, Panamá y Groenlandia, una vieja historia", por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 14 de enero de 2025.

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