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01 mayo 2026

Una red criminal de masones asesinos a juicio




por Tito Andino


En medio de la crisis bélica que se vive en Oriente Próximo su atención mediática ha acaparado los titulares a nivel global, pasándose por desapercibido, fuera de Francia, un escandaloso caso: El proceso judicial a una red criminal vinculada a la Logia Masónica “Athanor” de la ciudad de Puteaux (Hauts-de-Seine), cerca de uno de los principales distritos financieros de Europa, La Défense, situado al oeste de París, Francia.

La Logia masónica Athanor estaba afiliada a la Grande Loge de l’Alliance Maçonnique Française (GL-AMF). Por obvias razones, la logia fue expulsada de su obediencia y disuelta en 2020 tras revelarse actividades ilícitas ajenas a la masonería. Athanor, no tenía un logo público de fácil acceso debido a su naturaleza discreta y a que fue disuelta tras verse involucrada en el proceso judicial conocido como "Affaire Athanor". Sin embargo, el nombre y la identidad de la logia están ligados a su simbolismo alquímico.


Captura de pantalla, imagen tomada de un reportaje televisivo de la cadena France 24


En la heráldica masónica, una logia con ese nombre (Athanor) suele incluir en su estandarte o sello la figura de un horno alquímico estilizado, a menudo acompañado de fuego o una salamandra. El atanor es el horno alquímico fundamental diseñado para transmutar metales comunes en oro, es la “Gran Obra”; la transmutación mantiene un calor constante y uniforme (fuego de rueda). También simboliza la matriz de Gaia, el útero materno, la disciplina y el proceso interior de transmutación personal y espiritual. Es decir, es la transformación interior y el perfeccionamiento. La piedra filosofal representa la perfección del ser humano a través de un fuego constante y moderado, simboliza la iluminación, la sabiduría total.


Dos representaciones de un atanor. Izquierda, un atanor en el libro Alquimia, el secreto entre la ciencia y la filosofía, extraída de un compendio de tratados cabalísticos del siglo XVII (tomado de Wiki); derecha, el horno Atanor, grabado de un libro de Pietro Andrea Mattioli (Matthiole) (1500-1577). Frankfurt.


Debido al “affaire”, la mayoría de las insignias y estandartes de la Logia Athanor fueron retirados de circulación oficial por la GL-AMF con el fin de desvincularse de esa red criminal. Si está interesado en buscar el diseño puede intentar una búsqueda de los emblemas generales de la Grande Loge de l’Alliance Maçonnique Française en el sitio de la GL-AMF, organización a la que estaba afiliada la Logia Athanor de Puteaux (hay otras logias con el mismo nombre en distintos lugares del mundo).

Veinte y dos acusados, comparecen ante el Tribunal de lo Penal de París desde el 30 de marzo de 2026, se enfrentan a cargos que van desde conspiración criminal, asesinato y sicariato en contra del piloto Laurent Pasquali y el intento de asesinato de Marie-Hélène Dini (reconocida empresaria y coach francesa, fundadora de MHD Formation, escuela líder en formación de coachs y psicoterapeutas en Francia). Se estima que el proceso dure unos tres meses y medio, entre los acusados se encuentran cuatro exfuncionarios de inteligencia pertenecientes a la DGSE (Agencia de Inteligencia Exterior Francesa) y un agente retirado de la Inteligencia Nacional DGSI (Dirección General de la Seguridad Interna), un ex militar, tres policías, seis ejecutivos empresariales, un médico y un ingeniero. Solo cuatro de los procesados son masones iniciados en la logia. Trece se exponen a ser condenados a cadena perpetua. 

La logia operaba como una red de sicariato y espionaje al servicio de disputas comerciales de sus líderes, el "Venerable Maestro" Jean-Luc Bagur y el empresario Frédéric Vaglio, utilizando a exmilitares para perpetrar ataques motivados por asuntos comerciales. La estructura se valía de narrativas conspirativas, haciendo creer a los ejecutores que cumplían misiones patrióticas de inteligencia contra agentes extranjeros para encubrir asesinatos por encargo.

Expertos en la temática señalan que hay logias "espurias" o desviadas, como la logia francesa Athanor o la muy famosa P2 en Italia. Al parecer son grupos que han utilizado la estructura masónica como fachada para actividades del crimen organizado, el espionaje o el tráfico de influencias. Pero, dejemos claro, no representan el funcionamiento de la masonería tradicional.

En este punto sería importante unas notas referenciales sobre la masonería, aclarando que no se intenta analizar críticamente a la masonería, una tarea que nos queda muy grande por su diversidad y complejidad, la Masonería Tradicional sigue reglas estrictas de conducta y leyes nacionales. 

Breve reseña de la masonería

Hablar de la masonería es un tema controvertido debido al morbo que genera. Por si algún neófito desconoce lo que es la masonería, aquí una corta y sencilla explicación (por favor no le busquen la quinta pata al gato, el tema de este post trata de criminalidad).

La masonería es una de las organizaciones fraternales más antiguas, discutidas y polémicas del mundo. Definirla es complejo, no es una religión, no es una organización o partido político, ni una empresa, a pesar de tener elementos de estructura social y ética. De forma simple, la masonería -en teoría- busca la Fraternidad Universal, suele definirse a sí misma como un sistema de moral ilustrado por símbolos. Una fraternidad de hombres (existen ramas femeninas y mixtas) que buscan el "perfeccionamiento moral e intelectual" de sus miembros y de la sociedad. 

Sus aparentes “Pilares Fundamentales” puede resumirse en tres conceptos: 1) Filantropía: (obras de caridad en forma discreta, que muchos dudan que se brinde); 2) Simbolismo (herramientas de arquitectura y construcción: el compás, la escuadra, el nivel, son metáforas para construir una "mejor personalidad"); 3) Libre pensamiento (se dice que fomentan el debate de ideas, por lo general se prohibiría hablar de religión o política partidista dentro de las logias para evitar divisiones).

Los estudiosos y los mismos masones explican su estructura y el "Secreto". Existen grados: los miembros ascienden por niveles (Aprendiz, Compañero y Maestro) mediante rituales de iniciación. En la práctica dicen no ser una sociedad secreta (sus sedes suelen ser públicas; sin embargo, suele ser muy común escuchar del famosísimo Grado 33 que serían los que realmente controlan el mundo, según diversas teorías de conspiración).  Suele entenderse que es una sociedad con “secretos” y, a decir, de expertos, los susodichos secretos no son más que  los gestos manuales para reconocerse y ciertos detalles de sus rituales internos.

Es un tema interesante, sobre todo su simbolismo es la fuente que alimenta las teorías de la conspiración: como el ojo que todo lo ve o la letra G. Estos y otros símbolos aparecen en billetes (como el de un dólar) y monumentos. En la masonería, no tienen un significado malévolo, sino que provienen de la arquitectura y la geometría.


Fotografía de carácter ilustrativo. Se trata del museo de la Masonería en Salamanca.


Brevemente explicado: El Ojo que todo lo ve (Delta Luminoso), probablemente es el símbolo más famoso, se asocia con los Illuminati o la vigilancia global de nuestro tiempo. En el significado masónico representa al Gran Arquitecto del Universo (un concepto de Dios o una fuerza superior no sectaria). El ojo recuerda al masón que sus acciones y pensamientos siempre están bajo la mirada de la conciencia y la verdad. Dentro de la Teoría de Conspiración se cree que es el símbolo de un "gobierno mundial" que vigila a la población. En realidad, en el billete de dólar, el ojo representa la "Providencia" que favorece la creación de Estados Unidos y ese es su origen (que no es una invención masónica). El Ojo proviene de la iconografía cristiana del Renacimiento para representar a la Santísima Trinidad.

La Letra "G" que suele aparecer en el centro del símbolo de la Escuadra y el Compás tiene un doble significado: La Geometría, considerada por los antiguos constructores de catedrales como la base de todas las ciencias y artes, de allí, supuestamente surge la masonería. La Gnosis, "conocimiento" en griego, refiere al aprendizaje espiritual. En países de habla inglesa, también se asocia con Dios (God). Dentro de la teoría de conspiración suele decirse que la "G" representa a "Generación" (en un sentido sexual ritual) o a deidades paganas. Para el masón común es un recordatorio de la ciencia y el orden.

La Escuadra y el Compás, es el logo más reconocible de la logia. La Escuadra representa la materia y la rectitud moral; “encuadra” las acciones de uno con la virtud. El Compás representa el espíritu y los límites, se utiliza para trazar un círculo alrededor de uno mismo, manteniendo los deseos y pasiones bajo control. Y así, más simbolismo para comentar.

Las logias masónicas se han convertido a lo largo de la historia en una gran fuente de teorías de conspiración, esto suele nacer de varios factores como el "Juramento de Silencio", que obviamente genera desconfianza en la sociedad; o, el "Poder e influencia" porque a lo largo de la historia, muchos presidentes, reyes y científicos han sido masones, de allí que generalmente la gente piense que los masones desde las sombras "controlan el mundo".

Curiosamente, tenemos un aparente conflicto y contradicción histórica sobre la masonería, la iglesia católica y varios regímenes autoritarios, con la añoranza de los “Caballeros Templarios”, o en nuestra era reciente, con el nazismo o el franquismo, los masones fueron perseguidos, basados en una narrativa de ser una secta peligrosa o anticristiana; no muchos conocen que en España se estableció un "Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo" en funciones hasta entrado los años 60. Por otro lado, se dice que son un instrumento o son el mismo instrumento de poder que no discrimina en creencias religiosas o políticas del adepto.

A pesar de todo, sigue manteniéndose una idea preconcebida, una perversa filosofía que se oculta en la masonería, se dice que con el tiempo el hilo que ha tejido su velo secreto, tras el que se esconderían órdenes esotéricas, ha ido deshaciendo progresivamente.

La descontextualización de la temática lleva a que una persona cuando observa un "ojo", en una película de Hollywood o en un video musical, asume que detrás hay un masón moviendo los hilos. El tema es un "agujero de conejo" infinito, mezcla historia real, filosofía, arquitectura y… espionaje, como la Logia P2 (Propaganda Due) en Italia (años 70-80), una logia "negra" que operaba como un estado dentro del estado en que se implicaban políticos, banqueros, el Vaticano y la Mafia, como resultado final el Banco Ambrosiano colapsó y el cuerpo del “banquero de dios” -Roberto Calvi- apareció colgado en un puente de Londres.

El simbolismo en la arquitectura del trazado de Washington D.C. es una fuente inagotable de teorías de conspiración, igualmente se dice que las catedrales góticas esconden mensajes en la piedra que solo otros iniciados pueden leer. La historia de las revoluciones parece demostrar una gran influencia masónica debido a que la masonería fue el motor de la Ilustración; personajes históricos aparecen en una lista interminable de militantes de la masonería (sean o no verídicas esas listas). Y, por supuesto, las sociedades secretas rivales como los Illuminati de Baviera (un grupúsculo que pretendía derrocar gobiernos y religiones, oficialmente duró muy poco tiempo); los Rosacruces, enfocados en la alquimia y el misticismo antes que en la política.

No debemos olvidar la más alocada, una de las teorías más oscuras y complejas del siglo XX contra la masonería. No es solo una teoría de internet, este fraude tuvo consecuencias históricas reales y trágicas en la historia del siglo XX, hablamos de la denominada “Conspiración Judeo Masónica Comunista”, muy popular desde antes de la segunda guerra mundial y posguerra (Guerra Fría), tiempos en que se promovieron una ya existente serie de libelos conocidos como los "Protocolos de los Sabios de Sión"; y, posteriormente, la revelación en Francia de la supuesta existencia de una organización secreta denominada “El Priorato de Sion”. En fin, la lista se amplía, no obstante, los adeptos al fraude -evidentemente- no tienen como intención primordial contrastar datos históricos con la realidad, se amparan en asuntos “mistéricos”.

Por sentado, es imposible abordar estos temas aquí, cada punto puede ser desarrollado por separado y aún así sería tediosamente extenso, cada punto da para un libro. Como recomendación de lectura, en este blog hemos hablado anteriormente sobre la Logia P2 y sus enigmas políticos, mafia, Vaticano, Servicios Secretos. (VER en nuestro blog. Los enlaces constan en las notas a pie de página varios artículos relacionados: “Mafia como política, política como mafia”; “La mafia, la CIA y el Vaticano”, etc.; en cuanto a la supuesta conspiración judeo masónica comunista tenemos a su disposición el tema analizado en "Desenmascarando los fraudes del 'Revisionismo' ").

Volvamos con el tema de esta entrada, el "Affaire Athenor" no tiene nada de enigmático, nada de mistérico, nada de conspiración en las sombras, ni extrañeza alguna, simplemente se trata de un evidente caso de índole criminal; sin embargo, las implicaciones de la Logia Athanor, puede volar cabezas, literal y metafóricamente.

Para ser más precisos, ciertos miembros criminales de la Logia Athanor usaron el simbolismo para darse un aire de "superioridad" o "misterio", pero el uso del símbolo no es lo que los hace peligrosos, sino el tráfico de influencias que permitía su red de contactos.





El "Affaire Athanor" fue destapado por fiscalía francesa en 2020, pero como se comprenderá, el proceso judicial apenas  ha iniciado a fines de marzo de 2026, en el que se expondrá a la red que operaba desde la logia como epicentro de una vasta conspiración criminal que llegó a involucrar a instituciones del gobierno francés, fuerzas policiales y agencias de inteligencia. Un muy importante artículo del que tomamos importantes notas fue publicado en la página web "Zero Hedge", titula: "Comienza en Francia el juicio contra la red criminal de masones asesinos". Entre otras cosas se señala en esa ponencia:

"La masonería ha sido vista durante mucho tiempo como la mano invisible que guía el curso de la historia humana. Si bien esa historia está repleta de ejemplos de masones que configuran la estructura de la sociedad, los mecanismos internos de su influencia han permanecido en gran medida envueltos en el secretismo. Aunque la masonería y otras sociedades secretas han sido expertas en ocultar al público la inmensa influencia que ejercen, momentos clave a lo largo de la historia han logrado esclarecer algunos aspectos de lo que ocultan". 


El polemista francés Léo Taxil afirmó que la masonería tiene sus raíces en el satanismo.


Como se ha dicho, la Logia Athanor fue oficialmente disuelta en 2020 al descubrirse los crímenes de sus miembros. La Grande Loge de l’Alliance Maçonnique Française (GL-AMF) desvinculó a la Logia Athanor por ser dirigida por individuos malintencionados que en nada reflejan los principios masónicos. "A pesar de estas alegaciones, el caso presentado ante la fiscalía francesa demuestra como su posición como masones de alto rango fue fundamental para que pudieran orquestar su red criminal".





La fiscalía francesa acusa a los conocidos masones Jean-Luc Bagur, Frédéric Vaglio y Daniel Beaulieu como los cabecillas de la organización criminal. Sébastien Leroy, vinculado a Beaulieu, no era masón iniciado, es el acusado de llevar a cabo los asesinatos ordenados por sus superiores masones, personalmente o a través de una red de sicarios que él dirigía. Los cuatro junto a otros acusados se enfrentan a cadena perpetua si son declarados culpables.

La red criminal de la Logia Masónica de Athanor fue descubierta luego del fallido intento de asesinato de la consultora empresarial francesa Marie-Helene Dini, en julio de 2020. El complot fue desarticulado después de que dos miembros del DGSE -equivalente francés de la CIA y el MI6-, Pierre Bourdin y Carl Esnault, fueran arrestados por tenencia de armas. Los dos hombres vigilaban el domicilio de Dini, un vecino alertó a la policía tras despertar sus sospechas por la apariencia inquietante de los individuos. Los hombres al ser requeridos respondieron que eran agentes secretos, su coartada era que operaban bajo los nombres en clave "Adélard" y "Dagomar" y que habían sido asignados para la misión de asesinar a Dini, de quien les habían comunicado que era un agente del Mossad que operaba en Francia. Esnault y Bourdin fueron arrestados. Por si las dudas, los investigadores registraron la casa de Dini, confiscaron sus computadoras, retenida varias horas y sometida a un riguroso interrogatorio para descartar cualquier duda de un posible vínculo con el Mossad israelí, lo cual -obviamente- era absurdo.

"Los agentes tras interrogar a Esnault y Bourdin supieron que les habían pagado 70.000 euros para asesinar a Dini. El origen del complot pronto condujo a la policía al epicentro del sindicato criminal que operaba desde la Logia Masónica. El móvil del asesinato vinculaba a los hombres con Jean-Luc Bagur, Venerable Maestro de la Logia Athanor y rival de Dini en el sector del coaching empresarial. Dini había estado trabajando para crear una asociación profesional de agencias de coaching corporativo que excluyera a Bagur, a quien consideraba una seria amenaza para la viabilidad de su negocio". 






La revelaciones del complot destapó la red criminal liderada por masones que operaban desde la Logia Athanor, exponiendo el alcance de sus crímenes. Entre los delitos se incluyen robos, agresiones y al menos otro asesinato en cuya planificación participó Sébastien Leroy, éste confesó a las autoridades haber cometido el asesinato del piloto de carreras francés Laurent Pasquali en 2018La fiscalía cree ahora que Pasquali fue asesinado por una deuda que tenía con un socio de Vaglio.

Según confesiones de los procesados Bourdin, Esnault y Leroy, éstos creían que se les estaba encargando asesinatos por encargo bajo los auspicios del gobierno francés debido a las directivas que le había dado Beaulieu, el retirado oficial de carrera de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), equivalente francés del FBI. 

"La trayectoria de Beaulieu en la inteligencia francesa influye en los motivos de decenas de otros casos examinados en la investigación de la red criminal masónica de la que fue uno de los cabecillas". Otros ejemplos de delitos presuntamente perpetrados bajo las órdenes de masones de la Logia Athanor incluyen amenazas de muerte contra Sylvain Berrios, exmiembro de la Asamblea Nacional y alcalde de Saint-Maur-des-Fossés. Berrios fue elegido alcalde tras derrotar al entonces alcalde Henri Plagnol. "La investigación sobre el sindicato criminal de la Logia Athanor reveló que Vaglio se acercó a Beaulieu y le preguntó: "¿Podría Berrios tener un accidente?"

Atacar a políticos locales franceses es solo una pequeña parte de los crímenes con motivación política que se sospecha que planeó la red. Las autoridades francesas que dirigieron la investigación descubrieron otros planes que no se concretaron. Leroy insinuó que la red estuvo involucrada entre 10 y 20 asesinatos. Uno de los asesinatos en los que Leroy implicó al sindicato criminal masón es el de Du Wei, el embajador chino en Israel, hallado muerto en su apartamento en Herzliya, ciudad que lleva el nombre del patriarca sionista Theodor Herzl, en mayo de 2020. Las autoridades francesas no han determinado la veracidad de esa afirmación.





"El juicio de los acusados ​​implicados en la red criminal de la Logia Athanor es el último acontecimiento importante que revela el alcance de la influencia de la masonería en la política y la sociedad europeas. En diciembre de 2025, la Policía Metropolitana de Londres (Met) instituyó una nueva norma que obligaba a los agentes a declarar cualquier vínculo con grupos, incluidas sociedades secretas como la masonería, para combatir la preocupación de que tales lazos pudieran estar relacionados con la corrupción". 

Una encuesta realizada a los agentes y al personal del departamento de policía reveló que dos tercios de los encuestados apoyaban la nueva política. Hubo resistencia por parte de los ritos masónicos de toda Inglaterra.

La Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE) solicitó un amparo judicial al considerarla "ilegal, injusta y discriminatoria", clara discriminación religiosa y una violación de los derechos humanos y la privacidad. Pero, la nueva norma no prohíbe a los empleados del cuerpo unirse a logias masónicas u otras organizaciones similares, se exige que los empleados del departamento de policía declararan de forma transparente su pertenencia a la misma.

El Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido, rechazó en febrero de 2026 que la policía estuviere promoviendo con la norma dictada las llamadas "teorías conspirativas" contra los masones. Es interesante que la justicia avaló de esa forma que los masones no controlan las altas esferas del gobierno. La demanda fracasó, el fallo determinó que la política de la Policía Metropolitana "cumple un objetivo legítimo, mantener y mejorar la confianza pública en la policía". (316 agentes y empleados de la Policía Metropolitana declararon su pertenencia a la masonería).

Finalmente, según el artículo de "Zero Hedge", "los crímenes cometidos por la organización criminal que opera desde la Logia Masónica de Athanor, amparada por la influencia política de sus miembros, demuestran la necesidad de una mayor transparencia sobre cómo operan los miembros de sociedades secretas como la masonería en el ámbito público. La política del Departamento de Policía Metropolitana de Londres no solo ilustra esta necesidad, sino que también revela hasta qué punto los miembros de organizaciones como la masonería forman parte del tejido social que rige la sociedad". 

Si bien la influencia masónica se ha trivializado durante mucho tiempo como una teoría conspirativa, cada uno de estos ejemplos ilustra el inmenso poder que ejerce y el peligro que representa si no se la enfrenta, lo que confirma la afirmación del presidente John F. Kennedy de que "la palabra misma 'secreto' es repugnante en una sociedad libre y abierta".

 

Nota: El "Affaire Athenor" tiene detalles esenciales, apreciarlos en este post de forma resumida nos haría perder detalles relevantes, por lo que se extiende la invitación al gentil lector a sumergirnos, desde una perspectiva francesa, en este extraordinario caso legal en la siguiente entrada... 

Por favor, continúe el análisis del caso en el siguiente enlace:

Agentes secretos, masones y crímenes en serie: un análisis profundo de un caso legal extraordinario.

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Artículo redactado en base a diversas fuentes de consulta.
Fuente de apoyo de las citas textuales corresponde a:

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05 julio 2021

La metamorfosis de la mafia en Norteamérica



por E. J. Rodríguez

JotDown


Si comparásemos a la mafia siciliana con un virus, podríamos decir que el virus original terminó fracasando cuando se inoculó en América en su forma original. La mentalidad italiana y las costumbres criminales de Sicilia resultaban demasiado conflictivas y ruidosas en un país, Estados Unidos, donde todo puede amplificarse hasta lo imaginable y donde resulta mucho más difícil mantener la ley del silencio. Si la mafia estadounidense sobrevivió fue solamente porque el virus original mutó en un organismo más complejo, más adaptado al nuevo entorno. 


Requeriría todo un libro explicar esta evolución, pero aquí seremos más breves y nos bastaremos con algunos episodios clave que nos muestran por qué los mafiosos italianos descubrieron que no podían seguir comportándose igual al otro lado del Atlántico.


Acto I: 

En América… la gente habla


Mulberry Street, Little Italy, New York, ca. 1900. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress.


12 de abril de 1909. Antigua catedral de St. Patrick de Manhattan. Doscientas mil personas se congregan para despedir a Giuseppe Petrosino, el gran héroe de los inmigrantes italianos de Nueva York, que acaba de morir. Petrosino no es un actor, ni un jugador de béisbol, ni siquiera un boxeador famoso. Es un teniente de policía que ha intentado liberar a miles de trabajadores y pequeños comerciantes del yugo de la Mano Negra, una extorsión importada de Sicilia y ejercida por grupos de criminales en todos los barrios italianos de las principales ciudades estadounidenses.

Pocos se libraban de la Mano Negra. En cuanto un inmigrante italiano lograba salir adelante y ganar algo de dinero, recibía una carta amenazante reclamando una parte, firmada con el dibujo de una calavera, un cuchillo, un revólver humeante o la impresión de una mano embadurnada de tinta negra. Los principales objetivos del chantaje eran los negocios, las tiendas y las pequeñas empresas, pero también muchos obreros y asalariados. De hecho se estima que alrededor de un 90 % de los inmigrantes llegaron a ser extorsionados. Si no accedían a pagar, las consecuencias podían ser terribles: una paliza y unos cuantos huesos rotos, el incendio de su negocio o su hogar, incluso el secuestro y asesinato de ellos o de alguno de sus familiares. Las historias que se contaban en la calle y que ocasionalmente saltaban a la prensa eran escalofriantes: ciudadanos que aparecían asesinados dentro de un barril, o peor aún, tétricos ejemplos de crueldad como el secuestro del hijo pequeño de un comerciante que sería devuelto a su familia dentro de una cesta… descuartizado. Historias que nos dicen cuál era el estado de pánico en el que vivía la mayor parte de inmigrantes italianos a principios del siglo XX. Incluso el famoso tenor italiano Enrico Caruso fue víctima de la Mano Negra: cuando se disponía a actuar en Nueva York, una banda local decidió que el cantante tenía que aportar su cuota como todo el mundo. Caruso recibió la correspondiente carta amenazante y, asustado, accedió a pagar. ¡Un tremendo error! Solamente consiguió que empezasen a llegar más cartas pidiendo cantidades todavía mayores de dinero. Finalmente se decidió a acudir a la policía, pero tuvo que llevar escolta a raíz de aquello hasta prácticamente el fin de sus días.


Giuseppe Michele Pasquale Petrosino, JOE PETROSINO, nacido en Salerno Italia en1860, policía de New York (Escuadrón Secreto contra la "Mano Negra". Petrosino viajó a Italia en febrero de 1909, llevaba los nombres de criminales italianos, entre ellos: Giuseppe Morello, Ignazio Lupo, Giuseppe Fontana, Carlo Costantino y Antonio Passananti para obtener sus certificados penales para su extradición de Estados Unidos. El 12 de marzo de 1909, Petrosino fue muerto a tiros en la Piazza Marina, Palermo, se había convertido en el primer y único oficial de la policía de Nueva York en ser asesinado en suelo extranjero mientras estaba de servicio. (Nota adjunta del editor del blog)


El teniente Joe Petrosino, nuestro hombre, había visto cómo la Mano Negra reinaba en las calles mientras la policía apenas se inmiscuía, y consideraba aquel chantaje un «asunto de inmigrantes». Los italianos de Nueva York se sentían indefensos ante los criminales, entre ellos un buen número de mafiosos que pretendían hacer de Manhattan una nueva Sicilia y que tenían barrios enteros bajo su férreo control. Los agentes de la policía neoyorquina —en su mayor parte de origen irlandés— rara vez hablaban italiano y se limitaban a patrullar para evitar los brotes más visibles de violencia, pero sin investigar a fondo la extorsión endémica o aquellos crímenes sangrientos que no llamasen la atención de la prensa. En aquellos barrios, ante la pasividad policial, imperaba la ley del silencio y nadie se atrevía a denunciar a nadie. Pero Joe Petrosino estaba decidido a cambiar el estado de las cosas. Y lo hizo, en solamente unos meses. Cuando hubo conseguido hacerse un nombre en su profesión, labrándose el respeto de sus superiores (incluyendo a Theodore Roosevelt, por entonces comisario de la policía) solicitó crear un cuerpo especial formado por agentes italoamericanos, cuyo objetivo sería el de acabar con la Mano Negra. Inmediatamente se convirtió en el terror de los chantajistas.

Gracias a Petrosino y su nuevo escuadrón, los mafiosos implicados en los asuntos de extorsión aprendieron rápidamente que Nueva York no era Sicilia. Sí, en su isla de origen la omertà funcionaba siempre, incluso entre la gente ajena a la mafia. Pero en América funcionaba solamente cuando la policía se desentendía, y si los ciudadanos no hablaban era porque no se sentían respaldados, no porque no quisieran denunciar una situación de la que muchos, especialmente los sicilianos, habían querido huir al cruzar el Atlántico. Cuando en 1908 el teniente Petrosino se puso manos a la obra, los inmigrantes comenzaron a responder positivamente a sus peticiones de colaboración. El heroico teniente no reparó en esfuerzos. No se quedó detrás de la mesa de un despacho: él mismo recorría los barrios a pie, hablando con comerciantes y vecinos, prometiendo a quien le diese información que no lo abandonaría a su suerte. Así se ganó la confianza de mucha gente que quizá en Sicilia no hubiese abierto la boca, pero que en Nueva York estaba muy dispuesta a hablar. Aquellas investigaciones pronto dieron fruto y Petrosino empezó a llevar a los tribunales casos bien construidos, con testigos creíbles. Casos que en un alto porcentaje terminaban con los malhechores en la cárcel o en un barco de vuelta a Italia. Entre sus mayores logros, por ejemplo, estuvo la inmediata deportación a Sicilia del importante jefe mafioso Vito Cascioferro, quien ya había echado raíces en Nueva York.

Naturalmente, los criminales italianos y muy particularmente los mafiosos sicilianos de Manhattan declararon a Joe Petrosino su enemigo número uno. Lo consideraban especialmente peligroso porque era honrado y porque no podían comprarlo ni chantajearlo. Soñaban con enviarlo a la tumba. Sin embargo, sabían que asesinar a un policía en suelo americano podía traerles muchos problemas, porque las autoridades estadounidenses —al contrario que las sicilianas— no estaban dispuestas a hacer la vista gorda ante algo así. Asesinar a un policía en Nueva York era, pues, tabú. En consecuencia, los mafiosos neoyorquinos estaban entre la espada y la pared; no podían matar a Petrosino, no podían amenazarle, no podían comprarle… era una guerra que tenían perdida. El esforzado teniente, sin embargo, les puso la ocasión en bandeja: pensando que la policía neoyorquina necesitaba coordinarse con la siciliana para controlar el problema mafioso desde su mismo origen, planeó un viaje secreto a la isla mediterránea. No fue una buena idea. El viaje se filtró misteriosamente a la prensa el mismo día de su salida y al poco de llegar a Sicilia murió tiroteado en una plaza de Palermo, donde los mafiosos sabían que las autoridades no iban a perseguir el crimen. Así, a balazo limpio, se apagaba la gran esperanza de los inmigrantes italianos de Manhattan. Petrosino regresó a su ciudad metido en una caja y el funeral que recibió, como decíamos, fue multitudinario.

Sus esfuerzos fueron tan heroicos como breves, sí, pero no fútiles. La mafia le ganó la última batalla en vida, pero Petrosino continuó ganando batallas después de muerto, como el Cid. Puso de manifiesto que a la mafia no le interesaba comportarse en Estados Unidos como lo hacía en Sicilia, ejerciendo un tipo de extorsión rural que solo iba a causarles problemas. En Estados Unidos la ley podía funcionar y por tanto, podía haber ciudadanos que confiasen en la ley y estuviesen dispuestos a delatar a los extorsionadores. Ni el más temido de los mafiosos estaba en condiciones de impedir que en un barrio donde se apretujaban miles y miles de italianos alguno de ellos fuese a hablar con la policía. El asesinato de Petrosino fue una victoria pírrica para la Mano Negra y la extorsión directa sobre los ciudadanos de a pie estaba condenada a desaparecer. Los jefes mafiosos tenían otros negocios a los que dedicarse y no querían tener encima a un nuevo Petrosino entorpeciendo sus actividades. Los propios jefes mafiosos empezaron a limpiarlas calles de chantajes innecesarios, cambiando la extorsión directa a los ciudadanos por una actitud de falso paternalismo (en la película El Padrino II podemos ver escenificado este cambio con la sucesión de poder entre Don Fanucci, ejecutor de la Mano Negra, y Vito Corleone). Ahora se trataba de intentar ganarse a la gente de los barrios haciéndoles favores, evitando además el asesinato de inocentes y otras barbaridades que pudiesen llamar la atención de la prensa y las autoridades.

Las bandas que se empeñaban en seguir ejerciendo la Mano Negra, que las hubo, empezaron a cambiar o empezaron a desaparecer. Terminaron siendo absorbidas por lo que ya era el germen de la Cosa Nostra estadounidense, que en lugares como Manhattan iba creciendo en tamaño y poder, cada vez más centrada en fuentes de dinero alejadas del chantaje ciudadano. Los líderes de las antiguas bandas podían elegir entre renunciar a las prácticas de la Mano Negra y ponerse al servicio de la nueva mafia neoyorquina, o bien podían morir. La decisión era bien fácil. Como consecuencia, empezaron a surgir jefes mafiosos decididos a unificar el crimen italiano en cada ciudad, y particularmente en el epicentro de la mafia estadounidense, Nueva York. Las bandas sicilianas empezaron a transformarse en organizaciones, cada vez más ramificadas, donde empezaba a penalizarse el ataque injustificado a ciudadanos inocentes.


Mulberry Street, Little Italy, New York, ca. 1900. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress.


Acto II

En la guerra todos pierden

Giuseppe Morello nació en el hoy legendario pueblo de Corleone, donde se inició en la mafia, pero tuvo que emigrar a los Estados Unidos para escapar de una condena carcelaria. Tras unos difíciles comienzos en América ejerciendo diversos trabajos de mala muerte (incluyendo la recolección de algodón) abrió un local nocturno en Nueva York y desde allí empezó a dirigir una organización criminal con la que empezó a imponerse a las bandas más dispersas de la ciudad, como las dedicadas a la Mano Negra. El objetivo de Morello era reinar en los bajos fondos de Manhattan y lo consiguió.

Obviamente no era el único mafioso que lo intentaba. El principal escollo era otro temible mafioso llamado Ignazio Lupo, pero ambos entendieron que tenían mucho que ganar si llegaban a un acuerdo y solucionaron el futuro por la vía dinástica: Lupo se casó con la hermana de Morello, y ¡asunto arreglado!

Evidentemente Morello no tenía tantas hermanas como para asimilar a todos los aspirantes a reinar en Manhattan, así que tampoco dudaba en actuar a la siciliana, borrando del mapa a todo el que no quisiera ingresar como subordinado en su nueva alianza. Su método favorito era el de meter los cadáveres de los jefes rivales en un barril que después abandonaba en algún callejón o enviaba por correo fuera de la ciudad, una costumbre que los mafiosos italianos copiaron de los gánsteres irlandeses.

El ascenso de Morello, por cierto, coincidió en el tiempo con el efecto demoledor de las investigaciones de Joe Petrosino, así que lo tuvo bastante fácil para imponer una nueva mentalidad.

La organización por él fundada fue la primera verdaderamente importante de la mafia neoyorquina: hoy conocemos aquella banda como «familia Genovese», la más antigua de las grandes Cinco Familias de Nueva York, las mismas que han inspirado tramas de ficción como El Padrino o Los Soprano.

En 1909, sin embargo, el reinado de Morello quedó truncado por una condena carcelaria. Encerrado, no pudo evitar que otros se apoderasen de sus negocios y cuando salió en libertad once años después muchas cosas habían cambiado. Su antigua organización estaba ahora en manos de un ambicioso compatriota llamado Giuseppe Masseria, al que todos conocían como «Joe el Jefe» y que era básicamente el nuevo rey de Manhattan. Nadie en las calles dudaba del liderazgo de Masseria. En cambio, pocos se acordaban ya de Morello, a quien después de una década languideciendo en una celda no le quedaba nada excepto la lealtad de algunos viejos compinches como Umberto Valenti, su antigua mano derecha. Con todo, los años de cárcel no habían ablandado a Morello y estaba muy dispuesto a recuperar lo que todavía consideraba suyo. Máxime cuando la ley seca estaba convirtiendo el tráfico de alcohol en un negocio increíblemente lucrativo, monopolizado por la mafia en muchos barrios de Nueva York, y del que Giuseppe Morello quería su parte. Quería volver a ser el jefe. Pese a estar en franca inferioridad y contando poco más que con la ayuda de su fiel Valenti, se lanzó a una campaña para eliminar a Joe Masseria, como si estuviese en las calles de Sicilia.


Arriba:  Giuseppe Morello. En el centro: Ignazio Lupo.
 Abajo: Giuseppe Masseria

En los años veinte, de hecho, las guerras abiertas entre bandas mafiosas eran muy habituales en América, como lo eran en Sicilia. Sin embargo, como en tantos otros aspectos, los mafiosos tendrían que aprender nuevas formas de hacer las cosas.


Morello fracasó en el primer intento de asesinar a Masseria (quien, claro, se puso inmediatamente en alerta) y ante la oportunidad perdida se apresuró a enviar un mensaje de paz, solicitando una reunión para que ambos se estrechasen la mano amistosamente y firmasen la paz. Masseria aceptó asistir a la reunión. La cita quedó programada. Ninguno de los dos, claro, hizo acto de presencia. En su lugar, Morello envió a Umberto Valenti para que asesinase a Masseria en cuanto este apareciese, y por su parte Masseria envió a varios sicarios para que matasen a Morello. ¿El resultado? Los sicarios de Masseria se encontraron con Valenti, lo acorralaron en una esquina y uno de ellos —Charlie Luciano, más adelante conocido como «Lucky» Luciano, que estaba tomando buena nota de cómo funcionaban las guerras por el poder— se encargó de eliminar a Valenti a tiros.

Sin su aliado Valenti y recién salido de la cárcel, Morello se había quedado solo. Sobre el papel era hombre muerto. En Sicilia, no cabe duda, hubiera sido el objeto de una inmediata vendetta.

Pero en Sicilia la mafia no tenía rivales, mientras que en América había mucha competición: gánsteres irlandeses, judíos, holandeses, polacos, rusos, jamaicanos, afroamericanos… una guerra interna podía debilitar a la mafia frente a todos ellos. Masseria entendió que no valía la pena enturbiar las calles por un solo hombre y además apreciaba el talento de Morello, así que no solamente le perdonó la vida prescindiendo de toda vendetta sino que le ofreció el puesto de consigliere en su organización. Morello aceptó, sabiendo que sacaría más provecho a los negocios como número dos vivo que morir como aspirante a ser el número uno. Así, los dos enemigos encarnizados se convirtieron en estrechos colaboradores. La continua pelea por el liderazgo y la vendetta eran malas para los negocios; hacían perder tiempo, dinero y valiosos soldados. La violencia, además, atraía la atención policial. No, no podían hacerse las cosas como en Sicilia.

Pero un siciliano de la vieja escuela —un «Moustache Pete», como se los llamaba por la extendida costumbre de llevar bigote— difícilmente podía librarse de todos los hábitos propios de la Sicilia rural. Vito Cascioferro, el mismo al que Joe Petrosino había deportado casi dos décadas atrás, no había olvidado las enormes posibilidades de lucro que había en América y desde la misma Sicilia, pese a su avanzada edad, continuaba empeñado en hacerse con las riendas. Envió a un contingente de mafiosos con orden expresa de hacerle la guerra a Joe Masseria para apoderarse de Manhattan. Estos mafiosos, muchos de ellos procedentes de la ciudad de Castellammare del Golfo y liderados por Salvatore Maranzano, iban a hacer estallar una nueva guerra que iba a costar sangre, sudor, lágrimas y sobre todo mucho, mucho dinero.

Durante esta nueva lucha por el poder murió asesinado Giuseppe Morello. También Charlie Luciano estuvo a punto de morir (el que sobreviviera a un brutal ataque le valió el apodo de «Lucky», afortunado). Pero Joe Masseria no parecía particularmente afectado por los ataques a sus máximos hombres de confianza. La guerra, a fin de cuentas, era algo natural en la mafia. Ante la pasividad de su jefe, Luciano decidió tomar la iniciativa: pensaba que Maranzano estaba ganando la guerra, así que firmó un acuerdo traicionando a Masseria, a quien hizo asesinar en un restaurante. De este modo, Maranzano ganaba y se convertía en el nuevo rey de la mafia neoyorquina, a la que dividió en cinco grandes «familias»Luciano, como premio por haberle vendido a Masseria, recibió el liderazgo de una de ellas.


Charles "Lucky" Luciano, su verdadero nombre era Salvatore Lucania

Pero el acuerdo entre un mafioso de la vieja escuela como Maranzano y otro crecido en Nueva York como Luciano no podía perdurar. Tenían mentalidades demasiado diferentes, y esto era un problema que se producía entre generaciones enteras de mafiosos. Maranzano veía la mafia como una secta gobernada por una lealtad tradicional no muy distinta de como era gobernada en Sicilia. Luciano, en cambio, la veía como una gran empresa. La desconfianza mutua prolongó la guerra. Luciano y Maranzano se citaron para una reunión con el objetivo de asesinarse mutuamente. Luciano se adelantó y varios de sus compinches mataron a Maranzano con una buena dosis de cuchilladas y disparos.

Ahora que Luciano era el jefe absoluto de la mafia neoyorquina, sintió que no bastaba con haber alcanzado el poder, sino que había que garantizar que las costosas guerras no siguieran produciéndose y para ello tenía que desterrar la vieja mentalidad siciliana de la mafia estadounidense. Él ya había vivido dos guerras internas y sabía que eran lo último que la mafia necesitaba para que sus negocios prosperasen.

Todavía quedaban muchos mafiosos de la vieja escuela a quienes Luciano consideraba atrasados, fanáticos, incultos y poco aptos para los negocios en Estados Unidos. También sabía que, de acuerdo a los viejos códigos, no pocos de ellos intentarían vengar a Masseria o Maranzano, según el bando al que hubiesen apoyado… y Luciano, claro, se los había cargado a ambos. Así que, decidido a renovar por completo la mafia, Lucky Luciano envió a sus sicarios para asesinar a un número indeterminado de veteranos, borrando de un plumazo la influencia directa de la mafia siciliana sobre la estadounidense, convertida ahora en un ente autónomo y diferenciado.

Después repartió el poder entre aquellos que veían los negocios de la misma manera que él y fundó un consejo directivo —la «Comisión»— encargado de procurar que los conflictos entre familias mafiosas se resolviesen mediante acuerdos y consensos, no a tiros. La purga de mafiosos de la vieja escuela no acabó definitivamente con las guerras internas en la Cosa Nostra, desde luego, pero sí redujo su frecuencia e intensidad.

La mafia estaba para ganar dinero, pensaba Luciano, y los constantes intentos de desbancar a los jefes perjudicaban al negocio. Las vendettas al estilo siciliano eran indeseables y debían ser solamente un recurso de última necesidad en casos que no se pudiesen resolver de otra manera. Como efecto de la revolución de Luciano, la Cosa Nostra vivió un periodo de estabilidad y solidez hasta entonces desconocido.


Portada del libro "Lucky Luciano" de Tim Newark. Cuenta la leyenda que en los años 30 se reunieron en Nueva York tres importantes representantes de la mafia para elegir un líder entre ellos. Se trataba de Charles “Lucky” Luciano, Meyer Lansky y Benjamin “Bugsy” Siegel, éstos últimos representando a la mafia judía. Acordaron reunirse en una sala y no salir hasta arreglar el asunto. Antes de cerrarse la puerta, entró veloz un niño con un periódico en la mano y se lo entregó a “Lucky” Luciano para después abandonar la sala. “Tú serás nuestro líder”, le dijo Meyer Lansky. “Pero ¿cómo?” contestó Luciano. “Verás, antes de entrar, le he dicho a mis secuaces que fuesen a los niños que hay en la acera de enfrente, le diesen un periódico a uno y le dijesen que entrase en la sala y se lo diese al jefe…porque el jefe, tiene que parecer el jefe”.


Acto III

Una mafia que ya no es como la mafia

En 1963, los estadounidenses pudieron contemplar atónitos la retransmisión de un comité senatorial que investigaba al crimen organizado. Por primera vez en su historia, un miembro de poca importancia de la Cosa Nostra, Joe Valachi, hablaba públicamente sobre la estructura interna de la mafia.

El público había asociado siempre al crimen organizado con la grandilocuencia casi hollywoodiense del famoso Al Capone, pero ahora descubrían un submundo repleto de secretismo, ceremonias de iniciación y juramentos vivamente descritos por Valachi para asombro de toda la nación. Los estadounidenses de los sesenta sintieron que en su país se les había inoculado una extraña organización cuasi medieval procedente de una lejana y exótica isla mediterránea. Algo que no se parecía en nada a la organización de Capone.

En realidad, el oscurantismo descrito por Valachi y que tanto impresionó a la opinión pública, ocultaba que la mafia había cambiado mucho desde su llegada a las costas americanas. No solamente por la eliminación de la extorsión más básica o por la purga llevada a cabo por Lucky Luciano, sino por la influencia de bandas criminales. Paradójicamente, la mayor influencia venía de la del propio Al Capone. El famoso «Scarface» había nacido en Brooklyn y nunca perteneció a la mafia, aunque creció junto a algunos futuros miembros, colaboró estrechamente con jefes mafiosos y conocía bien su entramado. Pues bien, su forma de hacer las cosas fue tan exitosa en muchos aspectos que los nuevos jefes mafiosos como Luciano pensaron que imitarle no era una mala idea.


Alphonse Gabriel Capone -AL CAPONE- (1899-1947), ficha policial de junio de 1931.

Uno de los motivos por los que al FBI le costó tanto encarcelar a Capone era la imposibilidad de relacionarlo con cualquiera de los crímenes que su organización cometía constantemente.

Cada persona medianamente informada en los Estados Unidos (¡y en todo el planeta!) sabía perfectamente que Capone era el responsable de esos crímenes, pero no había manera de probarlo ante un tribunal. No solamente por el silencio de sus colaboradores inmediatos, sino porque su organización tenía una estructura piramidal donde las órdenes seguían una cadena verbal descendente imposible de rastrear después hacia arriba, y menos sin unos testigos clave que difícilmente iban a aparecer. Esto contrastaba con la costumbre de la mafia siciliana, donde los subordinados debían presentarse y rendir cuentas directamente ante el máximo jefe como señal de respeto. Capone hacía exactamente todo lo contrario: apenas tenía contacto con sus subordinados. Cuanta más distancia hubiese entre sus negocios criminales y él, mejor. De hecho, Capone fue condenado por un asunto de impuestos, pero ninguno de sus otros actos delictivos quedó probado ante un juez. Legalmente hablando, y como él se encargaba bien de recordar, ¡Al Capone era inocente de prácticamente todo lo demás!


Paul Ricca, Salvatore Agoglia, Charlie Luciano, Meyer Lansky, John Senna y Harry Brown  arrestados por la policía de Chicago después de las reuniones de la mafia de Nueva York en la ciudad de Chicago, abril de 1932

Lucky Luciano y otros mafiosos de su generación tomaron buena nota. De hecho, Luciano estaba tan decidido a romper con la tradición mafiosa que pensó en abolir las famosas ceremonias de iniciación e incluso la necesidad de que los miembros de la mafia fuesen necesariamente de origen italiano, aunque sus subordinados le hicieron cambiar de idea, insistiendo en que el sentimiento de cerrada pertenencia ayudaba a estrechar los vínculos de lealtad. Esto era cierto, pero a la larga, como Luciano probablemente temía, la exclusividad de los clubes mafiosos contribuyó a su declive a partir de los años setenta. Pero la organización de Capone (y del ejército del Imperio romano, una aportación sui generis de Salvatore Maranzano) sirvió como modelo para una nueva mafia piramidal, en la que los jefes más exitosos fueron aquellos que menos contacto tuvieron con los subordinados. Quienes no guardaron esta precaución terminarían cayendo tarde o temprano, como le sucedió a John Gotti, encarcelado por cometer el error de hablar directamente con sus hombres después de que se lo hubiese conocido como «el Don de Teflón» por su habilidad para esquivar a la justicia.

Con el tiempo, incluso la mafia de la propia Sicilia terminaría imitando usos y costumbres de la estadounidense, más adaptada a tiempos modernos y entornos más estructurados legal y políticamente, pero siempre ha habido diferencias muy profundas entre ambas


En realidad, poco queda en la Cosa Nostra estadounidense de aquella mafia original que intentó trasplantarse a sí misma allende el océano hace más de un siglo, y que en realidad terminó mutando hasta convertirse en un árbol distinto, que como todo árbol, cuanto más crece más alejada tiene la vanguardia de sus raíces. 


 E. J. Rodríguez

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Nota final adicionada por el editor del blog


La siguiente fotografía a pesar de haber sido reproducida cientos de veces en diferentes sitios e idiomas, rara vez describe quienes son los personajes (salvo especializados medios estadounidenses). Se trata de gánsteres italo-americanos, arrestados por el Departamento de Policía de Cleveland (Ohio) el 5 de diciembre de 1928, a quien corresponde esta fotografía. El lugar es el Hotel Statler. Dieciocho personas fueron encontradas armadas. En la foto aparecen catorce de los veintitrés arrestados. Giuseppe Profaci está en el centro (sentado en la silla de ruedas había tenido un reciente accidente). Sam DiCarlo de Bufalo, está detrás de él. Joseph Magliocco está a la derecha de DiCarlo. Pasqualino Lolordo de Chicago está sentado a la derecha de Profaci. La lista de presuntos mafiosos arrestados fue:

De NUEVA YORK y NUEVA JERSEY: Giuseppe Profaci, Giuseppe Magliocco, Vincenzo Mangano, Giuseppe Traina, Andrea Lombardino, Salvatore Lombardino, Giuseppe Palermo y Michael Russo; 

De CHICAGO: Pasqualino Lolordo, Giuseppe Giunta, Frank Alo, Tony Bella, Emanuele Cammarata, James Intravia, Sam Oliveri y Giuseppe Sacco;

De TAMPA: Ignazio Italiano y Giuseppe Vaglica; 

De ST. LOUIS: Giovanni Mirabella y Calogero SanFilippo; 

De INDIANA: Paul Palazzola de Gary; 

De Cleveland: Sam Tilocco 

Los sospechosos dieron varias historias para explicar su presencia en Cleveland. Los oficiales aceptaron solo las historias contadas por Mangano y Traina, y esos dos líderes de la mafia fueron liberados rápidamente. El resto fue interrogado por la policía y funcionarios de inmigración y luego procesados. Los mafiosos fueron detenidos en Cleveland tras la pista que seguía la policía sobre una presunta convención de mafiosos italo-estadounidenses en el Hotel Statler en Euclid Avenue y East 12th Street. La policía expresó su certeza de que otros delincuentes organizados se estaban quedando en otra parte de la ciudad. Los rumores indicaban que Al Capone de Chicago había sido visto en el área. Algunos historiadores han sugerido, erróneamente, que esa reunión de Cleveland fue la primera convención formativa de la mafia de los EE. UU. (Varios escritores se han referido a la sociedad criminal como la "Unione Siciliana"). En realidad, una red nacional de la Mafia había estado en vigencia durante muchos años, y las reuniones de los mafiosos ocurrían regularmente. Se han ofrecido otras explicaciones. Algunos dicen que la convención fue convocada para reasignar las mafias del inframundo tras los recientes asesinatos de pandillas, para resolver los desacuerdos del hampa en Chicago o para reconocer la ascensión de Profaci al rango de jefe de familia. Sin embargo, los problemas locales o regionales no justificarían la convocatoria de una convención nacional. Parece mucho más probable que el propósito de la convención fuera reconocer al nuevo jefe de jefes de la Mafia de Estados Unidos, Giuseppe Masseria, tras la muerte de Salvatore "Toto" D'Aquila. Desde los albores de la Era de la Prohibición, Masseria había reunido a la familia criminal más fuerte y rica del país y el reciente asesinato de D'Aquila, en una calle de Manhattan, hizo que el nombramiento de Masseria como Jefe de jefes fuera una mera formalidad. Aunque la base de operaciones de Masseria estaba en la ciudad de Nueva York, muchos de sus parientes residían en Cleveland; los aliados de Masseria en Cleveland habían derrotado recientemente allí a una facción pro-D'Aquila. La ciudad habría sido una selección completamente apropiada para una coronación de Masseria. Los críticos de este punto de vista señalan que Masseria y sus aliados no estaban entre los detenidos en el Hotel Statler. Por supuesto, con gran parte de su familia en el área, no habría habido ninguna razón para que Masseria se quedara en ningún hotel. Y la policía expresó públicamente su decepción por el hecho de que la incursión apresurada en el Statler permitió que otros congresistas escaparan. Giuseppe "Joe The Boss" Masseria fue uno de los primeros "capos" o jefe de la Mafia de Nueva York, estuvo a cargo de la más tarde denominada familia 'Genovese' entre los años 1922-1931. Durante esa época se consagró como el mafioso más poderoso de la ciudad. Su manejo buscaba preservar los viejos ideales de la Mafia siciliana tales como el “honor”, la “tradición”, el “respeto” y la “dignidad”, métodos que, a sus espaldas, eran criticados por muchos de sus subordinados. Murió asesinado el 15 de abril de 1931 mientras cenaba en compañía de Lucky Luciano en el "Scarpato's", uno de sus restaurantes favoritos en Coney Island. Tras su muerte Lucky Luciano asumió la jefatura de la familia. (Tomado de 'Caught in Cleveland'. The writers of wrongs).


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