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23 octubre 2026

La ‘OTAN musulmana’, verdades y mentiras



           Lisanews.org


por Tito Andino 
Síntesis de varias lecturas



El 'Pacto de La Meca' -oficialmente denominado "Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca"- es un tratado de defensa colectiva firmado el 7 de agosto de 2026 por Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, aunque no ha sido publicado oficialmente. Sin embargo, por la naturaleza de las cláusulas que se conoce, analistas internacionales lo han catalogado informalmente como una especie de "OTAN musulmana", dicho acuerdo no establece un mando conjunto, una fuerza permanente, ni mecanismo de mecanismos de acción específicos.

El Acuerdo de Defensa Conjunta podría ser el modelo para una nueva arquitectura de seguridad regional en la que aparentemente se alejan de las alianzas de seguridad occidentales tradicionales. Y esto tiene una gran repercusión geopolítica porque Turquía es el segundo ejército más grande de la OTAN (en número de efectivos); Arabia Saudí ofrece sus recursos financieros provenientes de la exportación de petróleo a nivel global; y, Pakistán es una potencia nuclear en el mundo islámico.

En el marco de una actual reconfiguración de Oriente Medio debido a la guerra entre Estados Unidos / Israel contra Irán, el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca busca reestructurar la seguridad regional. La declaración pone énfasis en que no está dirigida a ningún enemigo común, ni busca un objetivo contra ningún país específico. Se dice que el Acuerdo es una manifestación de que los tres países “se mantendrían unidos frente a las amenazas de seguridad compartidas, y restaurarían el equilibrio en la región”.

Por ende, existe una cláusula de defensa mutua. Su pilar central establece el principio de que un ataque contra cualquiera de los tres países firmantes se considerará un ataque contra todos (emulando el art. 5 de la OTAN). Este acuerdo está abierto a la participación de otros estados, Egipto, al parecer, podría estar dispuesto a dar el visto bueno.

A pesar de las dudas y controversias entre los analistas geopolíticos, la nueva crisis desatada por el conflicto estadounidense contra Irán y las acciones de los hutíes yemeníes, han conseguido que el 5 de octubre, el Comité Estratégico, Político y de Defensa del 'Pacto de La Meca' celebre una reunión de emergencia en Riad, busca poner en acción el compromiso de defensa mutua contra Yemen. Los tres países acordaron desplegar fuerzas militares conjuntas como parte del Acuerdo de Defensa, tal decisión llega en medio de la escalada de enfrentamientos en Yemen y la presunta intención de los hutíes de atacar ciudades sagradas como La Meca y Medina. Los turcos tienen una limitación, su Constitución (Art. 92) exige la aprobación parlamentaria para enviar tropas al extranjero, y el pacto aún no ha sido ratificado. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, dijo el 8 de octubre que Ankara considerará asistir a Arabia Saudí, pero descartó enviar tropas para atacar Yemen.

Aquí es donde las cosas se distorsionan, deberíamos analizar si es un asunto o causa meramente defensiva, porque quien ha estado interfiriendo -agrediendo- durante largo tiempo con intervenciones militares, mercenarios, aprovisionamiento logístico, bombardeos y de otra índole en territorio yemení ha sido Arabia Saudí (los saudíes no han sido atacados, ni invadidos, han sufrido represalias por sus actos). 

La crisis se agudizó tras el respaldo saudí a los Estados Unidos contra Irán, a pesar de que se diga lo contrario, los saudíes han plantado una falsa posición de “neutralidad” al mismo tiempo que redoblan sus esfuerzos contra los hutíes.

En este caso, Yemen es el país agredido por el poder político y militar de los saudíes, no de hoy, esto viene se hace al menos un par de décadas. Debido a las acciones militares de las milicias hutíes hacia territorio saudí, respondiendo a los ataques aéreos y terrestres en su contra, ¿debería ser causa para activar la alianza “defensiva”? o, ¿se trata -simplemente- de proteger los intereses de las potencias occidentales que ven peligrar el acceso rápido a los recursos petroleros?


       
La “OTAN musulmana” toma forma. Foto Canal26.com


Es obvio que Estados Unidos y Europa están alarmados, los hutíes a través del movimiento Ansarallah y de las Fuerzas Armadas yemeníes han advertido a los Saud, el mensaje es claro: “si seguís atacándonos, perderéis vuestra infraestructura petrolera y toda vuestra economía”. Ya vemos que sobre el terreno no se trata de advertencias, ni amenazas, en la práctica ha empezado a suceder, es una represalia a los bombardeos a infraestructuras yemeníes, los hutíes y militares yemeníes han lanzado misiles y drones contra las instalaciones de Aramco en Dammam, la refinería Aramco en Riad, la refinería Aramco en Rabigh. No es necesario explicar que Aramco es una de las más valiosas empresas del mundo.

Sumemos el hecho de que la otra ruta de exportación de petróleo saudí, el Estrecho de Ormuz, se halla paralizada y ahora Bab al-Mandab… está muy claro por qué la OTAN musulmana se active por primera vez… para complacer a Occidente (básicamente, aunque en realidad afecta a todo el mundo).

Aquí no vamos a repasar la historia del conflicto yemení, pero si recomendamos revisar sus antecedentes en el artículo de este blog: Objetivo: Yemen

El Estrecho de Ormuz y el de Bab al-Mandab cerrados al mismo tiempo, los Saud se ven privados de exportar petróleo, y si eso continúa, la economía del reino saudí puede derrumbarse, súmelo a ello la paralización de los aeropuertos saudíes en Riad, Nárrán, Jazán, Yanbu, Al-Jawf, Yeda, Taif, Dammam. Los hutíes están devolviendo el asedio y bloqueo que sufren desde hace mucho tiempo. A nadie debe extrañar que el único objetivo yemení en esta crisis, y lo proclama al mundo, es: Que los saudíes levanten el bloqueo a su país, piden que el Reino de los Saud deje de matar e imponer hambrunas al pueblo de Yemen. 

A los hutíes, yemeníes en general, no les interesa la riqueza petrolera de Arabia Saudí, ese no es su objetivo, pero ese si es el pretexto de Occidente y de la OTAN Musulmana para intervenir. 

Otro factor es que el “poderoso” ejército saudí, lleno de arsenales occidentales y de vanguardia es incompetente, el soldado saudí carece del espíritu de lucha, el ejército yemení tiene la capacidad para aplastar al ejército saudí; y, si os habéis fijado, bajo la bandera saudí luchan mercenarios y “asesores” extranjeros, entre los que se puede contar israelíes. Irónicamente, la supuesta 'Alianza de Defensa de La Meca' defiende los ataques contra una nación musulmana para proteger también los intereses israelíes; y eso de que Turquía advierte a Israel por Gaza sigue siendo puro circo mediático.

Y sí -reconozcámoslo- es cierto, Irán proporciona armas y apoyo de inteligencia a la milicia hutí (Ansarallah), no obstante, es importante dejar sentado que las decisiones yemeníes “giran en torno a una estructura completamente independiente de Irán, presidida por su líder, Abdul Malik Al-Houthi”.

Turquía ha planteado ampliar el envío de contingentes de asistencia técnica, radares de guerra electrónica y sistemas de defensa aérea para proteger el territorio saudita frente al agravamiento del conflicto y los recientes ataques de los hutíes con drones y misiles contra infraestructura civil y energética en ciudades como Riad, pero evita enviar tropas. Por su lado, Pakistán ha adoptado una postura de firme respaldo defensivo a Arabia Saudita, pero prioriza la diplomacia, evitando el combate terrestre directo en Yemen.

La posición oficial de Islamabad es interesante.

Activación del pacto y despliegue defensivo: El Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, calificó los ataques de los hutíes como una "línea roja" y reafirmó el compromiso inquebrantable de proteger la soberanía saudí y los lugares sagrados del Islam. En cumplimiento del Pacto de La Meca, el ejército de Pakistán confirmó el envío de tropas a Arabia Saudita, pero sus funciones se limitan a asistencia técnica, tareas de inteligencia, logística y capacidades defensivas... La historia nos enseña en que suele terminar la presencia de “asesores” en conflictos. No obstante, Pakistán insiste en que su prioridad es que el conflicto se resuelva por vías pacíficas. Se ha revelado que se programan reuniones de emergencia para explorar canales de diálogo político con los hutíes como alternativa a una escalada puramente militar.

Un factor que no puede pasarse por alto es la presencia de Irán que es el principal respaldo de los hutíes y comparte una frontera sumamente sensible con Pakistán, La intencionalidad de Islamabad parece ser sincera, no quieren una guerra, mucho menos intervenir en una guerra ajena contra los hutíes en Yemen. Las autoridades pakistaníes mantiene contactos con Teherán para presionar y contener a sus aliados hutíes. Pakistán juega a preservar su rol histórico como mediador regional y no quiere verse arrastrado a una guerra por delegación en el Medio Oriente.




Entonces, políticamente, ¿qué es el Pacto de la Meca?

“El pacto de defensa entre Turquía, Arabia Saudí y Pakistán, firmado el 7 de agosto de 2026 en la ciudad de La Meca, puede considerarse un signo de un nuevo equilibrio de poder emergente en Oriente Medio. Este desarrollo llega en un momento en que la estructura de poder regional está en proceso de transformación y el orden de seguridad tradicional, en gran medida dependiente del apoyo estadounidense, se enfrenta a nuevas limitaciones y cuestiones. Aunque la formación de este pacto debe entenderse principalmente como producto de los propios cálculos y preocupaciones de seguridad de las potencias regionales, a corto plazo también podría alinearse con ciertos cálculos estratégicos en Washington, incluyendo el reparto de cargas y el equilibrio de Irán”. (Mohammad Aref Erfan, El Pacto Trilateral de Defensa entre Turquía y Arabia Saudí y Pakistán: ¿El comienzo de un nuevo equilibrio de poder en Oriente Medio?)

La firma del Pacto de Defensa Trilateral podría -en teoría- representar el inicio de un nuevo equilibrio de poder en el Medio Oriente hacia un orden multipolar. Y pudiere ser posible ya que tenemos una presunta combinación de respaldo financiero, fuerzas militares y dislocaciones nucleares para asegurar la importancia continua del poder de negociación colectiva. En teoría el “síntoma” está determinado -la transición hacia la multipolaridad y el pragmatismo regional-; sin embargo, exagera la cohesión real del pacto y lo encuadra bajo una narrativa ideológica que busca magnificar la pérdida de influencia de Occidente mediante una búsqueda de autonomía estratégica: 'Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca'.

Tenemos omisiones muy forzadas en el papel. La realidad es que estas naciones siguen manteniendo dependencia estructural con Occidente, Turquía es miembro activo y reúne un poderoso ejército para la OTAN, Arabia Saudí opera con sistemas de armas predominantemente estadounidenses y suministra energía al mundo occidental y Pakistán depende del apoyo internacional financiero (FMI) vinculado a las potencias occidentales y presumiendo su arsenal nuclear.

NO, el 'Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca' no supone el fin de la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico. Si bien el pacto trilateral firmado el pasado 7 de agosto marca el declive del monopolio de los Estados Unidos y sus aliados occidentales, analistas geopolíticos de instituciones como el Council on Foreign Relations (CFR) y el Carnegie Endowment for International Peace coinciden en que tal cosa no va a suceder. Lo que pasará es que la hegemonía de una sola potencia (EE.UU.) se diversifica, pero no sustituye a la llamada ‘Estrategia de Cobertura’.

Para Riad, el acuerdo funciona como una "póliza de seguro paralela" frente a potenciales amenazas. Es imposible que, a pesar de las fábricas militares turcas, esta nueva alianza pudiere suplir la cooperación en la fabricación de material bélico, maniobras conjuntas e intercambio de inteligencia, en la práctica una nueva coordinación política, limitada a tres países, más bien las limitaría. No solo las fuerzas armadas saudíes operan con sistemas estadounidenses, el resto de fuerzas del Golfo (Consejo de Cooperación del Golfo lo hacen)

Por lo mismo, el acuerdo de La Meca no reemplaza el paraguas de seguridad estadounidense sobre Arabia Saudita. Los “nuevos” socios de Riad siempre han sido aliados de Washington, no rivales. En Washington no hay preocupación por ese Acuerdo; el mismo presidente Trump ha elogiado el acuerdo, expresando que de esa manera podrán finalmente defenderse de forma más efectiva. Ojo, Trump mira esto con satisfacción porque le quita un peso de encima en la región, ya no quiere ser el policía que debe asumir la carga de los problemas. Siendo más objetivos, el Acuerdo de La Meca beneficia más a los saudíes en términos de capacidad industrial, diplomática y defensa colectiva, les cae muy bien esa “ayuda” extra para su guerra contra los rebeldes yemeníes.

También es cierto que hubo (o hay) una creciente desconfianza saudí respecto a la protección estadounidense a sus infraestructuras por la guerra contra Irán; probablemente de allí surgió a idea de "diversificar las alianzas de seguridad". Pero el reino petrolero de los Saud no tiene solo alianzas militares de protección con Estados Unidos, fuerzas británicas operan abiertamente desde la primavera de 2026, y no solo en Arabía Saudí, también en Kuwait y Bahréin. Es decir, Arabia Saudí seguirá dependiendo de la tecnología y operaciones críticas de Estados Unidos y de los británicos (de la OTAN, en general), algo que por si solo no puede suplir Turquía, mucho menos Pakistán.

Tan evidente es la cosa que, ante la ausencia de una estructura militar integrada (a diferencia de la OTAN que posee un comando militar unificado), Arabia Saudí ha tenido que solicitar asistencia estadounidense a pesar del Acuerdo de la Meca con su tardía reacción política. Los hutíes ya controlan posiciones en torno a Bab al-Mandab, ni Turquía ni Pakistán pueden comprometerse de inmediato con una respuesta militar. El 5 de octubre se invocó el Pacto, inicialmente las medidas conjuntas de disuasión incluyen el "despliegue rápido" de tropas pakistaníes y turcas en Arabia Saudí, aclarando que Turquía se limita (por el momento) a brindar apoyo defensivo y técnico al reino, necesitan la aprobación parlamentaria, Pakistán mantiene en secreto los detalles de su despliegue y las operaciones saudíes siguen contando con el apoyo de los mandos del Comando Central de los Estados Unidos (USCENTCOM)

En conclusión, el Acuerdo de La Meca no expulsa ni pone fin a la presencia militar de EE. UU., sino que formaliza el nacimiento de un sistema de seguridad híbrido y multipolar. En este nuevo escenario, el Golfo Pérsico deja de depender de un único protector occidental para transitar hacia un esquema donde las potencias medianas asumen un mayor control de su propia defensa, manteniendo a las fuerzas estadounidenses como un aliado fundamental pero ya no exclusivo.


Representación del eje estratégico formado por Turquía, Arabia Saudí y Pakistán - Imagen creada con ChatGPT


¿ Y qué hay con Israel? ¿Será que el 'Acuerdo de La Meca' está dirigido contra Israel?

Dejémoslo sentado desde el inicio, NO. Aunque sobre el papel, Palestina entra en los planes de seguridad de Riad. En septiembre de 2024, el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MbS) señaló oficialmente que el reino saudí no establecería relaciones diplomáticas con Israel sin un estado palestino independiente con Jerusalén Este como capital, algo que para Israel es innegociable (retornar a las fronteras de 1967). Siria es otro escollo, y los saudíes tienen muchos proyectos en territorio sirio, ahora libre de los Assad; debido a la guerra contra Irán, la amenaza en los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandab incitan a buscar nuevas rutas comerciales y el territorio de Siria es viable para ello; por ejemplo: hay propuestas para “un ferrocarril de alta velocidad saudí desde Arar a través de Jordania hasta la costa siria; un comité jordano-turco-sirio coordina un corredor terrestre; planes para reactivar el Ferrocarril del Hejaz entre Aqaba y Europa; y un trabajo saudí-turco para conectar esa red con los puertos del Golfo con el reino saudí”. También incluye acuerdos de telecomunicaciones e inversiones saudíes millonarias en el puerto de Tartus. Es obvio que “el capital y el comercio se mueven más rápido que las vías férreas destinadas a transportarlos”.

Israel observa y toma nota, realiza sus cálculos y tomará acciones cuando sea oportuno. 'El Pacto de La Meca' está en el debate israelí, pero no existe ninguna respuesta oficial israelí, ciertas voces piensan que esto debería encender las alarmas en Israel, advirtiéndose que se puede sentar un precedente si hay una intervención turco-paquistaní. Algunos funcionarios en Israel creen que el pacto está dirigido contra Israel, pero en la práctica, Arabia Saudí solicitó asistencia de tipo militar (consejeros) para combatir a los hutíes; otros sectores del poder en Jerusalem piden al gobierno a seguir buscando vínculos más estrechos con Riad -que ya existen- mientras mantiene abiertos los canales con Ankara, pese a los propagandísticos discursos de Ankara respecto a Gaza.

Netanyahu promete -con toda la seguridad de lo que habla- sobre "un nuevo Oriente Medio” levantado en base a las asociaciones con el Golfo, Arabia Saudí sigue siendo su mayor premio en el Golfo, mientras tanto ha formalizado los lazos de defensa con Turquía; y, ¡sorpresa! al igual que en Turquía, en la política de Israel se habla de Turquía como un “rival estratégico”...

Por el momento y pese a las “movilizaciones” de la ‘OTAN musulmana’, el acuerdo sigue estando lejos de ser una alianza real para el mundo islámico. “Sus miembros ven diferentes amenazas principales: Turquía mira hacia Siria y el Mediterráneo oriental, Pakistán hacia India y Arabia Saudí hacia sus instalaciones vitales y frontera sur.

La primera prueba del pacto de La Meca está en el tapete, pero son los intereses saudíes lo que están en juego, ha hecho el llamado a Ankara e Islamabad y cuenta con el apoyo estadounidense, no han desestimado las advertencia de Irán, pero -al parecer- Israel no tiene (por el momento) sitio en la mesa de negociaciones.

Para el reconocido investigador internacional Alfredo Jalife-Rahme en su artículo “El ‘Pacto de La Meca’ entre Arabia Saudí/Pakistán/Turquía vs. el ‘Gran Israel’, aprecia que está implícitamente dirigido contra Israel. Su explicación refiere que previamente ya existía un pacto de defensa entre Arabia Saudí y Pakistán, ahora tenemos un nuevo invitado, Turquía, y se espera la incorporación de Egipto. ¿Po qué?, afirma el analista que los saudíes por fin han entendido que la prioridad de los Estados Unidos seguirá siendo siempre Israel.

De momento, algunos políticos de Israel describen a Turquía como "el nuevo Irán", y alertan sobre un presunto "eje sunita hostil con Pakistán nuclear”. En el mundo árabe -no todo por cierto- se aprecia a Israel y no a Irán como una potencia desestabilizadora, a pesar de señalarse que el Pacto de La Meca es "un tigre de papel", lo que si concuerdan entre estos países de la región -ya lo han comprendido- es que entienden que no pueden contar con Estados Unidos para su seguridad. En Teherán, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní ha manifestado que "no hay motivo para temer que el pacto vaya contra Irán. Turquía y Pakistán mantienen profundos lazos históricos con Irán.

Pero en geopolítica todo es posible, incluso ha habido advertencias del ministro de Defensa de Pakistán al calificar a Israel de "amenaza para todo el mundo islámico" y propuso "deshacerse de los judíos europeos (los jázaros)", definió a Israel como "una entidad malévola y una maldición para la humanidad". Los turcos también expresaron que el pacto no está dirigido contra Irán. Como hemos expresado más arriba, Turquía y Pakistán han defendido enérgicamente a los palestinos frente al genocidio israelí -al menos en el discurso- y el reino saudí no ha concretado la adhesión a los ‘Acuerdos de Abraham’ a pesar de que Estados Unidos lo ha venido presionando.

En consecuencia, se puede apreciar que el trasfondo real del pacto es apoyar a Arabia Saudí en su guerra contra las guerrillas yemeníes Ansarallah y con ello garantizar la seguridad y el transporte en el Mar Rojo.

El 'Acuerdo de Defensa de La Meca' entre Pakistán, Arabia Saudí y Turquía -la "OTAN musulmana"- si bien pudiera ser un obstáculo geopolítico para Estados Unidos que evitará polemizar con ninguno de esos países, seguirá manteniendo diversos e importantes vínculos de cooperación con todos ellos. Lo hemos explicado: con Turquía por intermedio de la OTAN; con Arabia Saudí a través del sistema del petrodólar; y, las buenas relaciones bilaterales que mantiene con Pakistán -donde ha ejercido su poder- para los últimos cambios de gobierno a su conveniencia. Dicho esto, a Estados Unidos no le conviene apoyar abiertamente a Israel en un hipotético caso de confrontación con Turquía, las consecuencias en el mundo islámico le pondría en evidencia aún más de el ejemplo demostrado a través de su furia contra los iraníes y su falta de respeto a la fe musulmana.

Será de un futuro análisis el observar como Estados Unidos manejará esta cuestión porque su prioridad como potencia mundial es evitar que sus aliados se alejen; y, sobre todo, hay que preguntarse si desde Washington se podrá seguir aplicando la vieja estrategia de "caos controlado" y “guerras sin fin” en la región.

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Fuentes consultadas:

El "nudo gordiano" de Oriente Medio se enreda más: "Israel sionista" se enfrenta a la "OTAN musulmana", en medio de la caótica agresión estadounidense de Trump 
Más otras noticias de actualidad de la prensa digital.

14 julio 2026

Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas (7)




Introducción por el editor del blog

Israel no logró ninguno de sus objetivos en la derrota más épica de los conflictos en que ha participado hasta la fecha. Irán ha conseguido poner en su sitio al orden occidental liderado por Estados Unidos e incluso ha logrado preservar sus fuerzas armadas y el arsenal de misiles. Aunque no es el final de la “Tercera Guerra del Golfo”, el memorando de entendimiento (MoU) entre Irán y Estados Unidos es un avance a pesar de todo lo que sigue pasando.

No queda duda de que la victoria corresponde hasta el momento a la República Islámica, lo que pase después dependerá de que hasta que punto van a seguir intercambiando fuego entre las partes; las acciones militares ocurridas entre el 7 y 10 de julio ya no fueron represalias mutuas, se trataron de acciones mutuas de guerra al estilo de los meses de verdadera hostilidad. ¿Volverán a las negociaciones? Si, sobre todo las negociaciones sobre el programa nuclear que es el interés “principal”.

En Irán hay quienes ven el posible alivio de sanciones como algo que podría valer la pena. Hemos expresado en otras ponencias que realmente el problema para Estados Unidos y sus aliados es China, no Irán. Decía Andrew Korybko que la victoria será total "si China aún puede confiar en Irán como un proveedor fiable y de bajo coste de energía, mientras convierte el yuan en una moneda de reserva global que desafíe al petrodólar", algo que, por supuesto, se negará ceder los Estados Unidos: y sin el petroyuan Irán mantendrá su dependencia en la exportación de petróleo a China. Por ello, un alivio de las sanciones ayudaría a redirigir gradualmente sus ventas, por ejemplo a la India.

Se ha dicho que las negociaciones no habrían tenido lugar si Estados Unidos hubiese tenido que entablar diálogos con los sectores duros de Irán, el rol de los “moderados” ha sido fundamental para conseguir, entre otras cosas, el famoso fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán (pueda que no lo sea en su totalidad, pero sigue siendo una cifra importante) que se reflejará en inversiones estadounidenses y del Golfo, sobre todo en la industria energética iraní.

Un nuevo orden regional tras la “Tercera Guerra del Golfo” es factible, incluso manejando la hipótesis de que Irán se reincorpore gradualmente al sistema occidental, con ciertas limitaciones lógicamente, eso equivale decir a que habría mejores relaciones con sus vecinos del Golfo, dejando a Israel como perdedor, ya que su plan de dividir y gobernar a Irán y al Golfo no podrá ser, perdiendo - incluso- el respaldo de Estados Unidos.

Aún se baraja otra hipótesis. El analista Larry C. Johnson, cree ver en toda esta crisis como gran perdedor a los Emiratos Árabes Unidos. Sobre todo, Dubái. El surgimiento de Dubái “siempre fue su lógica geográfica: es decir, se sitúa en la encrucijada del comercio global, extrae suficiente petróleo para construir la infraestructura y luego reemplaza gradualmente los ingresos petroleros por todo lo demás - turismo, finanzas, bienes raíces, el inescrutable negocio de ser un lugar donde personas muy ricas aparcan grandes cantidades de dinero sin hacer preguntas incómodas. Oh, ¿he mencionado blanqueo de dinero y prostitutas?”.




La fórmula funcionó brillantemente siempre que la variable se mantuvo constante: un Estrecho de Ormuz abierto, veintiún millas de agua que mantenían la economía global fluyendo hicieron que la posición de Dubái sea la del centro logístico, centro financiero y destino de lujo de la región, todo eso fue plausible, era geométricamente inevitable hasta que el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán cambió esa posición, confirma Johnson.

Dubái tomó el ejemplo de Las Vegas, “la vieja promesa fundamental de que la geografía es irrelevante, que una ciudad en medio del desierto puede convertirse en el centro del mundo por pura fuerza del neón y el apetito humano. Dubái tomó esta lección y la aplicó a gran escala. Si Las Vegas pudo crear una ciudad de la nada en Nevada, Dubái podría crear un centro financiero global desde la nada en un desierto al borde de un cuerpo de agua históricamente significativo, pero económicamente periférico”. Ser el principal centro logístico de la región es una ventaja competitiva extraordinaria hasta el momento en que la región se vuelve inaccesible.

“El mercado inmobiliario, que lleva veinte años siendo un indicador fiable de cuánto dinero necesita el mundo para reubicarse discretamente, está experimentando lo que los agentes describen como un periodo de recalibración y lo que todos los demás describen como un colapso. La crisis de Ormuz ha despojado, al menos temporalmente, de la cómoda ficción de que la posición de Dubái era natural y no construida, inevitable y no contingente. Dubái existe porque la economía global necesitaba un nodo en una ubicación geográfica específica, y alguien tuvo la audacia y el capital de construir uno allí”.

Johnson es más profundo, señala que hay un lado oscuro en los Emiratos Árabes Unidos en general y en Dubái en particular: es un centro de blanqueo de dinero y actividades de inteligencia extranjera. Los EAU operan ahora como una plataforma de seguridad del Golfo vinculada a sionistas e Israel: ciberseguridad, vigilancia, defensa y sistemas de inteligencia han permeado la capacidad estatal central hasta el punto de un control estratégico efectivo sobre capas clave de seguridad, economía y tecnología. El flujo de dinero también ha cambiado. Dubái y los Emiratos Árabes Unidos, en general, sirvieron como “entorno del enrutamiento de alta liquidez para capital offshore, dinero sensible a sanciones, ingresos de sindicatos criminales y flujos ilícitos relacionados con África, oro, bienes raíces, comercio, activos de lujo y estructuras corporativas. El riesgo de guerra y el impacto de integración de seguridad han dañado ese flujo. El capital que depende de la opacidad, la estabilidad y la confianza ininterrumpida se vuelve inestable cuando la jurisdicción anfitriona está visiblemente incrustada en una arquitectura de conflicto”.

Una anécdota que relata Johnson es la siguiente: “¿Adivina quién es el tío que visita semanalmente los Emiratos Árabes Unidos llevando bolsas de dinero? Si has adivinado a Volodimir Zelensky, tienes razón. El tío de Zelensky, según mi fuente, deposita el dinero en bancos locales. El dinero se utiliza entonces para comprar propiedades que posteriormente se venden. Los ingresos de esa venta se envían luego a bancos en Israel... Todo limpio. A partir de ahí, parte del dinero regresa a los miembros del Congreso de EE. UU. como forma de agradecerles su apoyo a Ucrania”.

¿Volverá los Emiratos Árabes Unidos a su antigua gloria? Quizá. Por ahora, Singapur es más seguro, tras la fuga significativa de capitales desde Dubái. La expulsión de facto de Estados Unidos del Golfo Pérsico, junto con las iniciativas chinas y rusas para crear una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo, está llevando a los emiratíes a reevaluar sus relaciones pasadas. No está claro qué camino elegirán seguir en el futuro, pero los emires de los EAU enviaron una delegación a Teherán el 9 de junio. “¿Está Dubái considerando un futuro sin extranjeros ricos con apetito por el alcohol y las prostitutas? Quizá”.

Revisemos la ponencia principal.



La verdadera historia detrás del Irán nuclear y el Acuerdo de Islamabad.

Pepe Escobar
X.com
junio 2026


El lunes 1 de junio, en Power Shift, una nueva plataforma geopolítica independiente, Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo revelamos una información que, a todos los efectos prácticos, es una bomba: si las nubes oscuras persisten, Teherán está listo para pasar de la ambigüedad nuclear a la detonación de un dispositivo nuclear en territorio iraní.

Menos de una semana después, la página de Power Shift fue censurada en YouTube, sin explicación ni apelación. Sin embargo, lo que revelamos ya se había detallado en varios podcasts y entrevistas a lo largo de la semana pasada, con Larry y conmigo; y en el foro de San Petersburgo.

Los equipos de negociadores han tenido que suspender el intercambio de textos y mensajes a través del mediador Pakistán por diversas razones (ataques y represalias, generalmente). Irán ha reiterado que está dispuesto a abandonar el "alto el fuego" si el grupo extremista de Asia Occidental seguía adelante con su amenaza de bombardear Dahiyeh, el suburbio de mayoría chiíta al sur de Beirut. Ante la presión de Trump, el líder del grupo extremista se vio obligado a ceder. Solo por unos días. Trump necesitaba desesperadamente un Memorando y un alto el fuego prolongado para presentarlo como una "victoria". Su victoria.

Una llamada telefónica de 105 minutos, jueves 28 de mayo, entre el presidente iraní Masoud Pezeshkian y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif fue concluyente. Islamabad es el único canal de comunicación extraoficial, funcional y de confianza, entre Teherán y Washington. Nuestras fuentes revelaron que, durante la llamada telefónica, Pezeshkian presentó un ultimátum formalmente estructurado de tres pasos que debía comunicarse a la Casa Blanca con absoluta claridad:

1. No más conversaciones nucleares. Es decir, la prioridad es el fin de todas las guerras contra Irán y el Eje de la Resistencia.

2. No más marco para un posible tratado nuclear. Es decir, no habrá discusiones que conduzcan a un posible JCPOA 2.0 diluido; solo después de que se resuelva el fin de las guerras y el estatus del Estrecho de Ormuz.

3. Si las amenazas de Estados Unidos persisten, dijo Pezeshkian, eso llevaría a la "detonación de un dispositivo nuclear en territorio iraní", ejecutado no como un acto de guerra, sino como una demostración soberana e irreversible de capacidad para controlar la escalada.

Lo que resulta particularmente sorprendente es que nada de lo anterior se trata de una postura diplomática. Lo que tuvimos fue al Presidente de Irán transmitiendo lo que es esencialmente una decisión del Líder Mojtaba Khamenei, señalando que si Washington cruza el siguiente umbral, Teherán pasaría instantáneamente de la ambigüedad nuclear a una demostración innegable.

Y eso implicaría una ruptura permanente del sistema global de no proliferación, con consecuencias imprevistas.




La alineación estratégica China-Irán-Pakistán.

El Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, obviamente hizo los cálculos de la magnitud de dicha información. Inmediatamente le dijo al Ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar, quien se encontraba en Nueva York para las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, que transmitiera la información a Washington.

Dar eludió todo el aparato burocrático y llamó directamente al Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en Nueva York. El mensaje, de Teherán a la administración Trump, fue contundente: la escalada ahora tiene un peldaño terminal.

Rubio "puede" (y esa es la palabra clave) haber reconocido la gravedad suprema de lo que de hecho es un ultimátum nuclear formal. Informó a Trump. Al día siguiente, 29 de mayo, Trump detuvo abruptamente cualquier acción militar. Y su retórica incendiaria se suavizó de inmediato.

Esto no tuvo nada que ver con un repentino ataque de contención estratégica en el eje War-a-Lago/Oficina Oval. Fue el resultado directo de la comunicación extraoficial entre Sharif, Dar y Rubio.

La mañana del 29 de mayo, Dar llegó a Washington para una visita oficial de un día. Sentado frente a Rubio, le ofreció la información detallada que la llamada telefónica de Nueva York solo había anticipado.

Colocó dos bombas sobre la mesa de negociación:

1. Irán no entregará nada de su uranio altamente enriquecido (UHE). Nada. Cero. Y eso es definitivo. Se trata de independencia soberana (dos conceptos centrales de la reciente declaración conjunta Rusia-China firmada en Pekín durante la visita oficial de Putin a Xi Jinping).

Por lo tanto, Teherán no entregará sus reservas, sean cuales sean las condiciones, temporal o permanentemente, solo para cumplir con un mecanismo de honor diseñado para el público estadounidense. Desde el punto de vista del liderazgo iraní -con Mojtaba al mando-, el HEU va mucho más allá de un activo técnico; es la fusión definitiva de soberanía, disuasión, influencia y supervivencia política.

2. China ha entregado a Irán sistemas de defensa estratégica de última generación -incluidos MANPADS portátiles- enviados clandestinamente a través de terceros países (y por eso no se puede obtener ninguna confirmación oficial).

En resumen: existe una alineación estratégica total y operativa entre China, Irán y Pakistán.

¿Sigue siendo posible un Acuerdo de Islamabad?

Por el momento, ninguno de nosotros -incluidas nuestras fuentes- sabe si un arma nuclear detonada en territorio iraní habría sido desarrollada exclusivamente por Irán (ya que poseen la capacidad científica) o con la posible ayuda de Rusia, Pakistán o Corea del Norte. Todas las opciones son plausibles.

Según el profesor Ted Postol del MIT, Irán podría convertir fácilmente 450kg de hexafluoruro de uranio al 65% en aproximadamente un 85% apto para armas nucleares: todo lo necesario para un arma de baja potencia, que podría montarse en al menos 10 sistemas de lanzamiento de misiles capaces de alcanzar Israel. Esto significa, como mínimo, 10 bombas nucleares.

Técnicamente, este tipo de arma de baja potencia puede diseñarse, explica Postol, utilizando un reflector de neutrones hecho de uranio empobrecido -o carburo de berilio/tungsteno- y colocado justo alrededor del núcleo fisionable. Este reflector redirige los neutrones que escapan hacia el material nuclear para aumentar la eficiencia de la fisión y reduce la masa crítica necesaria. En resumen: menos material y más bombas.

Muy importante: un borrador de esta columna fue presentado a principios de mes a un alto funcionario iraní, parte del círculo íntimo del líder Mojtaba Khamenei. Su reacción: "No haré comentarios sobre este asunto".

Más allá de esta falta de respuesta, lo que quedó instantáneamente claro es la transmisión verificada de la comunicación extraoficial más trascendental de la crisis de la no guerra ni la no paz.

Fue así: Pezeshkian habló con Sharif; Sharif habló con Dar; Dar habló con Rubio; Rubio habló con Trump; Dar habló con Rubio cara a cara (durante su reunión informativa en Washington).

Todo esto arroja nueva luz sobre el alto el fuego de 60 días, posteriormente roto, la frágil vía de escape que Trump necesitaba desesperadamente. Este marco fue organizado por Pakistán y respaldado estructuralmente por China, como confirmé en Shanghái.

Teherán ha insistido repetidamente en el orden de los procedimientos. Primero, todas las guerras deben cesar, especialmente la ofensiva del grupo extremista en Líbano. Luego, entrar en las modalidades para restablecer el tráfico comercial a través del estrecho de Ormuz. La tercera y última etapa consiste en reanudar algún tipo de diálogo nuclear significativo.

En términos generales, ya se está llevando a cabo una profunda reestructuración, independientemente de las desagradables sorpresas que puedan surgir al romper el alto el fuego.




En la actualidad:

- Los Acuerdos de Abraham están prácticamente muertos;

- Arabia Saudita ha congelado todas las conversaciones extraoficiales sobre la "normalización" de las relaciones con Israel;

- Qatar y Omán están elaborando discretamente cronogramas de transición militar para la retirada gradual de Estados Unidos de Asia Occidental.

Y, lo que es más importante, una nueva arquitectura de seguridad en Asia Occidental se está consolidando rápidamente fuera del paraguas "protector" estadounidense, impulsada por los Cuatro Sunitas: Pakistán, Arabia Saudita, Turquía y Egipto.

Nuevamente en Power Shift (mientras nuestra página de YouTube seguía activa), Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo identificamos el posible Acuerdo de Islamabad como el marco emergente para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán, mucho antes de que los principales medios de comunicación occidentales lo reconocieran como la estructura organizativa.

También identificamos el mecanismo que lo impulsaba: la diplomacia itinerante pakistaní incesante, respaldada de manera discreta pero decisiva por China.

Presentamos la hoja de ruta en dos fases: primero, un alto el fuego inmediato y la reapertura del Estrecho de Ormuz (Irán está de acuerdo con ambos); segundo, un breve período de negociación para finalizar el acuerdo político y financiero más amplio.

Informamos que la liberación de los activos congelados de Irán, un tema sumamente controvertido, no era una mera especulación, sino una herramienta activa en el proceso. Dicha liberación de activos y el posible alivio de las sanciones se estaban tratando como medidas concretas para generar confianza.

También informamos que una delegación iraní de alto nivel, que incluía al líder del Parlamento, Ghalibaf, al Ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y al Gobernador del Banco Central, Abdolnaser Hemmati, viajaría a Doha en relación con el tema de los fondos congelados.

Todo se confirmó más tarde en todo el espectro, incluido el hecho de que el componente del banco central estaba directamente vinculado a los activos congelados. También adelantamos que Islamabad podría convertirse en el escenario del acto político final, incluida una posible visita de Trump, junto con Pezeshkian; sin embargo, ahora esa posibilidad parece más remota que nunca.

China simplemente observa el curso del río.

Estos son los hechos, tal como están las cosas:

Irán está lejos de estar aislado y está posicionado para una guerra prolongada, con un respaldo material y estratégico significativo de China, Pakistán y Corea del Norte, y un apoyo cuidadosamente calculado de Rusia, como confirmé durante el foro de San Petersburgo.

Estados Unidos está paralizado. La administración Trump puede parecer que quiere una salida; pero está totalmente limitada por la presión del culto a la muerte en Asia Occidental, como hemos visto; vías de escalada agotadas; y la ausencia de una opción militar decisiva que pueda alterar el tablero de ajedrez sin crear una crisis infinitamente más inmanejable.

Las petromonarquías del Golfo están aterrorizadas ante una posible reanudación de la guerra, con la principal excepción de los Emiratos Árabes Unidos.

Esto deja a Islamabad como la única vía de escape en la ciudad, con el mariscal de campo Asim Munir posicionado como el intermediario indispensable; y Pekín y Moscú siguiendo de cerca todos los acontecimientos, en algunos aspectos influyendo activamente en el desarrollo de la situación.

Los bombardeos del sur de Beirut en junio se perpetró una vez más en un momento crítico de las negociaciones, como señaló Mohammad Mokhber, asesor principal del líder Mojtaba Khamenei y miembro del Consejo de Conveniencia de Irán.

Al bombardear Líbano durante la presencia del mediador en Irán (se refería a Asim Munir), el enemigo incendió la mesa de negociaciones por tercera vez para denunciar las reiteradas violaciones del alto el fuego en todas las zonas. Nos dirigimos a los infractores con firmeza; el eje de la resistencia es un cuerpo unido y, sin duda, pagarán un alto precio por esta agresión en el terreno.

El bombardeo del sur de Beirut, perpetrado por un grupo de fanáticos, dio lugar a un espectáculo francamente surrealista: la administración Trump buscando desesperadamente al mediador pakistaní en Teherán, rogándole que intercediera ante los iraníes para lograr la desescalada. El emperador que quería destruir la civilización iraní tuvo que pedirle a Pakistán que salvara lo que aún se podía salvar.

Esto significa, como ya informamos, que con Irán imponiendo las condiciones de la escalada y aumentando su capacidad disuasoria, y con Trump sin opciones, la única solución posible reside en la diplomacia a través de Islamabad.

Y, por supuesto, está el intrigante ángulo chino.

Los centros de pensamiento estadounidenses quedarán totalmente paralizados cuando finalmente se den cuenta de que, al inyectar armamento militar avanzado en el teatro de operaciones iraní, Pekín está poniendo a prueba los límites de la coerción hegemónica estadounidense.

Y si la situación se complica e Irán se ve obligado a realizar una demostración nuclear a la vista de todo el mundo, China obtendrá una prueba irrefutable de que la disuasión estadounidense es ineficaz. Es asombroso cómo se ha orquestado semejante demostración de estrategia, sin disparar un solo tiro.

Pero las cosas parecían volver a su cauce “normal” luego del intercambio de fuego la primera candente semana de julio. Las demostraciones de fuerza seguirán operando hasta agotar el término máximo del memorado de entendimiento. El plazo original de 60 días fijado por el Memorando de Islamabad vencería oficialmente el 17 de agosto de 2026.

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Otras fuentes de consulta y lecturas

06 julio 2026

Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas (6)


         Captura pantalla, reportaje de RTVE


No es novedad en absoluto, pero debemos iniciar señalando que Israel no puede permitirse vivir en paz con Irán. Las causas son diversas desde proyectos políticos hasta cuestiones “místicas”. Es imposible conseguir la paz porque Israel sigue creyendo que es el amo, el "elegido", etc., y sostiene la tesis de que debe ejercer la supremacía regional alegando que ha podido doblegar a las naciones árabes. En cierto sentido fue cierto, la diplomacia de las armas y el chantaje prevalecieron desde su fundación, pero sin las armas y respaldo de Estados Unidos y de las potencias coloniales de Europa eso hubiese sido impensable. Hoy son pocos quienes dudan de que la era de las sanciones, asesinatos, operaciones encubiertas y escalada militar contra Irán está llegando a su fin, los persas les ha dado una lección en el campo de batalla y en el aspecto político - diplomático.

Centrémonos en que el Memorando de Entendimiento entre EEUU e Irán es solo una pausa, una tregua estratégica para los dos bandos; sin embargo, si no se elimina o aparta a los actores que provocaron el conflicto es difícil que prosperen los diálogos y reuniones. La "Tercera Guerra del Golfo" nunca fue un proyecto estadounidense, se trata de un plan operacional israelí que -para que funcione- se necesitaba del poder del U. S. Army.

Israel estuvo a punto de triunfar por el control hegemónico regional, la brillante política de seducir al mundo árabe con los Acuerdos de Abraham ha colapsado, empero que para coquetear a las petromonarquías del Golfo tuvieron -previamente- que destruir Irak, Libia, Siria, Yemen, los demás ejércitos árabes no tienen importancia, lo único que sirve es el poder económico de las petromonarquías forzadas a adquirir para sus fuerzas de defensa material bélico en exceso y, por supuesto, la venta lo hace Estados Unidos por miles de millones de petrodólares en cada transacción. La excepción es Egipto con un numeroso ejército, pero la tierra de los faraones tiene un tratado de paz con Israel y su rol es de simple receptor de refugiados palestinos o garante de acuerdos (o hacerse de la vista gorda).

Lo único que impide que Israel se convierta en el amo de la región es Irán y el llamado “eje de la resistencia” que se ha formado durante décadas precisamente para detener las ambiciones de Israel. La arrogancia e ilusiones israelíes no permiten aceptar que Irán haya aguantado y revertido la traicionera ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel. Es seguro que nadie en los servicios de inteligencia y del gobierno de Israel se plantearon la posibilidad de que Irán no solo sobreviva, saliendo más fortalecido y dándose tiempo de darles una lección militar a sus agresores.


Un parche militar bordado en uniformes del ejército de Israel, aunque se diga que no es oficial, tiene un contexto político-religioso. El parche está escrito en hebreo, se traduce literalmente como: "La Tierra Prometida de Israel". En el mapa (junto al texto) ilustra el concepto ideológico e histórico-irredentista conocido como el "Gran Israel" (o Eretz Yisrael Hashlema), las fronteras dibujadas no corresponden a los límites geopolíticos del Estado de Israel, abarca una vasta región que incluye la totalidad de los territorios de Palestina (Gaza y Cisjordania), Jordania y Líbano, además de amplias zonas de Siria, Irak, Egipto (península del Sinaí) y zonas del norte de Arabia Saudita. Esta delimitación se basa en ciertas interpretaciones maximalistas de las fronteras bíblicas prometidas en las escrituras hebreas. Dentro del contexto militar la imagen comenzó a circular en redes sociales en 2024 al ser portada por un soldado de las FDI. Es cierto que no es una insignia oficial del ejército de Israel, pero refleja el sentimiento político-militar-religioso en gran parte de Israel.


Un excelente análisis resume el objetivo mayor de la guerra:

Los ataques militares por sí solos nunca fueron el objetivo final. Estaban destinados a crear las condiciones políticas para algo mucho más grande: El cambio de régimen en Teherán. Incluso se quería ir más lejos, fragmentar a Irán en entidades étnicas rivales: separatismo kurdo, insurgencia baluchi, nacionalismo azerí y otras, porque un Irán unificado y soberano siempre ha sido el mayor obstáculo para las ambiciones regionales a largo plazo de Israel.

De triunfar Israel, Teherán volvería a depender de Occidente, el sector energético iraní se habría abierto a las empresas extranjeras y posiblemente el control del estratégico Estrecho de Ormuz habría cambiado.

“Imagina, por un momento, un Israel que hubiera neutralizado con éxito a Irán, mantenido una superioridad militar abrumadora, disfrutado de un apoyo incondicional estadounidense, ampliado la normalización en el mundo árabe y moldeado indirectamente el acceso a uno de los corredores energéticos más importantes del mundo. Tal resultado habría transformado a Israel no solo en el aliado regional más cercano de Estados Unidos, sino también en el actor geopolítico dominante desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico. Los países que dudaron en unirse a los Acuerdos de Abraham habrían enfrentado incentivos abrumadores para hacerlo. Los movimientos de resistencia se habrían encontrado cada vez más aislados. Los gobiernos árabes se habrían adaptado a un nuevo equilibrio regional de poder en el que la acomodación sería más segura que la oposición”.

Israel parece que tendrá que resignarse en el hecho de que depender enteramente de la supremacía estadounidense es ya una quimera, ningún imperio permaneció dominante por siempre e Israel lo sabe, es consciente del declive paulatino de Estados Unidos. Es por ello que ya se escucha de que Israel va a depender de sí mismo en los próximos años y mientras “el poder militar, diplomático y financiero estadounidense siga disponible”, lo aprovechará. “Usar el poder estadounidense hoy para asegurar la primacía israelí mañana”, tal es la consigna.

Se estaba preparando el Oriente Medio pos-americano en el que Israel tiene que ser el eje central, pero primero deben destruir Irán. Con esta perspectiva es lógico señalar que -salvo algo excepcional- que acontezca en los próximos meses, una paz duradera seguirá siendo una utopía. Y, aquí surge la paradoja de la “paz armada”: la disuasión y persuasión militar. Cuando Israel comprenda (acepte) que sus objetivos estratégicos a través de la guerra se han vuelto inalcanzables, empezará a hablar de paz. No creemos que Israel haya llegado a esa conclusión. Al contrario.

Teherán entiende que la tregua no representa un acuerdo permanente, es consciente de que la inteligencia israelí, los lobbies políticos y las redes encubiertas siguen operando activamente. “A veces los acuerdos ponen fin a las guerras. A veces simplemente los posponen. Y en conflictos donde las apuestas geopolíticas implican hegemonía regional, corredores energéticos, el futuro del poder estadounidense y el equilibrio de poder en Asia Occidental, el aplazamiento suele confundirse con paz. La historia tiene la costumbre de recordarnos que no son lo mismo”, razona el analista geopolítico sirio Kevork Almassian. ("Por qué Israel no puede permitirse la paz con Irán")


La balcanización de Irán. Mapa de la distribución de la población por grupos étnicos y religiosos en Irán elaborado por la CIA


Para complementar, "El colapso de la sagrada alianza: cómo Israel está perdiendo América", es un análisis detallado de Mohammed Ibin Faisal al-Rashid, aborda la erosión del apoyo incondicional de los Estados Unidos hacia Israel, impulsada por un cambio generacional, el libre acceso a la información y el descontento con las decisiones de Benjamín Netanyahu.

Estamos ante el fin de un tabú político porque, tradicionalmente, cuestionar el respaldo de Washington a Israel significaba el fin de la carrera de cualquier político o activista estadounidense. Sin embargo, desde octubre de 2023, la opinión pública en EE. UU. ha experimentado un cambio drástico, rompiendo por completo ese consenso histórico debido a las acciones militares en la Franja de Gaza.

El declive de la imagen de Israel no es una fluctuación pasajera, es un fracaso histórico respaldado por cifras: Solo el 32% de los estadounidenses aprueba las acciones militares de Israel. Entre los menores de 35 años, el respaldo se desploma a un mínimo histórico del 9%. El Consejo de Chicago sobre Relaciones Internacionales otorgó a Israel una puntuación de 50 sobre 100, la calificación más baja registrada en casi medio siglo.

El quiebre en las bases partidistas de los Demócratas es visible, el rechazo es abrumador entre los jóvenes. Solo el 15% de los jóvenes demócratas apoya posibles ataques a las instalaciones nucleares de Irán, en comparación con el 55% de los mayores de 55 años. Entre los Republicanos, el bastión más seguro para Israel, la percepción negativa está creciendo. El 57% de los republicanos de entre 18 y 49 años ve a Israel de forma negativa. Congresistas como Thomas Massie señalan que sus votantes ya no entienden por qué el dinero de sus impuestos se destina a financiar bombardeos.

El impacto de las redes sociales y la información abierta desenmascara la propaganda oficial y los medios tradicionales estadounidenses que ya no pueden controlar la narrativa. Las plataformas permiten que los ciudadanos vean imágenes directas y en tiempo real de la destrucción de hospitales, universidades y la muerte de civiles palestinos, generando una enorme brecha de desconfianza frente a los comunicados oficiales del ejército israelí.

El Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), considerado históricamente el grupo de presión de política exterior más poderoso de Washington, está perdiendo su control. Figuras demócratas progresistas como Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders rechazaron públicamente sus fondos. El verdadero golpe político radica en que figuras moderadas y potenciales candidatos presidenciales para 2028 (como Josh Shapiro o Gavin Newsom) se han sumado a la promesa de no aceptar financiamiento de este grupo.

Aunque pasa inadvertida se aprecia una inesperada alianza entre la izquierda y la derecha (si así podríamos definirla en los EE. UU.) El escepticismo hacia el rol de EE. UU. como "policía del mundo" ha unido a sectores tradicionalmente opuestos. Figuras de la derecha populista aliadas a Donald Trump (como Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene) critican abiertamente que se arriesguen vidas estadounidenses en guerras ajenas y acusan a Israel de intentar arrastrar al país a un conflicto directo con Irán.

Pero es Benjamín Netanyahu el catalizador de ese deterioro, la opinión pública lo ve como el principal responsable del daño a la reputación de su país. Los índices de desconfianza hacia su figura alcanzaron el 59% a nivel general en EE. UU., afectando tanto a demócratas mayores como a republicanos jóvenes.

Como conclusión el cambio en la relación bilateral es de carácter estructural y no coyuntural. Los politólogos como John Mearsheimer, advierten que en un plazo de cinco a siete años, Estados Unidos pasará de la crítica pasiva a adoptar acciones concretas que afecten directamente los intereses de Israel. Israel está dejando de ser percibido como un aliado estratégico vital para convertirse en una carga política y financiera de cara a las nuevas generaciones.

Como apreciarán, en esta ocasión, al contrario de las entregas anteriores de la serie "Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas", hemos escogido análisis y críticas de intelectuales del mundo árabe. Repasemos la siguiente ponencia de Abdal Jawad Omar que constituye la sexta entrega de la serie en mención.

Buena lectura.

T. Andino

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El Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) es una ambiciosa red de infraestructuras multimodales anunciada durante la cumbre del G20 de 2023. Su objetivo es conectar India con Europa a través de vías marítimas y ferroviarias, atravesando Oriente Medio y pasando por países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Grecia. Dada la nueva realidad geopolítica de la zona, su ejecución será inviable.

La guerra de Netanyahu contra Irán fue una apuesta por el futuro de Israel, y fracasó.
Abdal Jawad Omar
Mondoweiss / junio 2026


Netanyahu ha apostado el futuro económico de Israel a convertirse en un centro comercial mediterráneo que sustituya el Estrecho de Ormuz. La guerra contra Irán se suponía que iba a hacer eso posible, pero consumió el espacio fiscal, el respaldo estadounidense y el capital del Golfo necesarios para ello.

Existe una versión de la guerra contra Irán que Benjamin Netanyahu quiere que creas que solo trata de centrifugadoras y la supervivencia del Estado judío. La otra versión, mucho menos comentada, es una en la que el premio de Israel es un ferrocarril.  (NdelE: Y los corredores energéticos)

La ambición de Israel, a juzgar por las palabras de su propio primer ministro, es convertirse en el terminal mediterráneo del comercio que fluye desde el Golfo y el sur de Asia - el lugar donde los contenedores asiáticos llegan a los puertos europeos sin causar problemas al Estrecho de Ormuz. La guerra, sea como sea, es una ruta hacia ese destino. La ironía, y no es pequeña, es que la campaña que genera la unidad de la oposición también consume los medios para apoderarse de ella.

Netanyahu lo dijo él mismo dos veces, con tres años de diferencia, ahorrándonos el trabajo de leer entre líneas.

En septiembre de 2023, días después de que India, EE.UU., Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y la UE presentaran el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) en el G20 de Nueva Delhi, lo calificó como "el mayor proyecto de cooperación de nuestra historia" y prometió que Israel se convertiría en "un cruce central" dentro de él - sus puertos y ferrocarriles formando, en sus palabras, "una nueva puerta de entrada desde la India a través de Oriente Medio hasta Europa, y de vuelta".

En la ONU ese mismo mes, presentó dos mapas, al estilo de un hombre que nunca ha conocido un objeto que no le guste: uno titulado "La Maldición", que representa la red regional de Irán; el otro "La Bendición", que muestra a Israel conectado por ferrocarril y oleoducto a Jordania, el Golfo y luego a Europa. Le gustó tanto el dispositivo que lo trajo de vuelta un año después, diciendo en la Asamblea General de 2024: "Este es el mapa que presenté aquí el año pasado". La sutileza nunca ha sido el objetivo.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso ante la Asamblea General de la ONU, 27 de septiembre de 2024


En esta fotografía, Benjamin Netanyahu sostiene un mapa que borra Palestina. Asamblea General de la ONU, 22 de septiembre de 2023.


En marzo de 2026, con Ormuz prácticamente cerrado por la respuesta de Irán a la guerra de agresión lanzada contra él, el discurso dejó de ser un discurso y se convirtió en algo más cercano a una declaración de tesis.

En una rueda de prensa en Jerusalén el 19 de marzo, Netanyahu trazó la línea entre la guerra y el ferrocarril sin que se le pidiera dos veces:

"En lugar de pasar por puntos de estrangulamiento como el Estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, podemos construir oleoductos hacia el oeste a través de la Península Arábiga hasta los puertos mediterráneos de Israel, y eliminar efectivamente estos puntos de estrangulamiento".

Un Ormuz cerrado, en otras palabras, no es un efecto secundario desafortunado de la guerra. Es el argumento a favor de la alternativa que Israel ha estado vendiendo a inversores desde antes de octubre de 2023. (Ndel E. ¿Pueden darse cuenta de por qué incluso el cierre de Ormuz es beneficioso para Israel? !Por eso siempre prefieren la guerra que la paz! todo va con sus planes!)

El problema de vender una alternativa es que tienes que construirla, y construir cosas, resulta, es difícil cuando tu presupuesto de defensa está devorando el país. Convertirse en un centro logístico exige los elementos poco glamurosos de la diplomacia - capacidad portuaria, ferrocarril, mano de obra, margen fiscal - justo en el momento en que los cuatro están siendo requisados en otros lugares.

El gasto en defensa de Israel se ha estabilizado en aproximadamente el 8% del PIB, un nivel que normalmente se asocia con estados en riesgo existencial en lugar de estados que intentan atraer fondos soberanos. El presupuesto de 2026, elevado a 144.000 millones de NIS (Nuevo Shekel Israelí) deja poco margen para la inversión en transporte que realmente necesita la rama israelí de IMEC. La deuda externa ha subido de alrededor del 60% del PIB antes de la guerra a aproximadamente el 70%. Decenas de miles de reservistas han sido retirados de la construcción y la logística, incluso cuando la exclusión de la mano de obra palestina durante la guerra ha dejado las obras con medio personal y las reparaciones de viviendas estancados.

Nada de esto demuestra necesariamente que la mejora del puerto de Haifa haya retrasado específicamente su calendario, ya que esos datos no son públicos, pero indica el mecanismo: un país que libra una guerra maximalista en varios frentes no puede también estar sentando caminos discretamente. Tarde o temprano, el libro mayor tendrá una sola columna.

También está deteriorando la única relación sobre la que se construyó el corredor: IMEC fue concebido, y será financiado en gran medida, como un proyecto estadounidense. El respaldo de Washington siempre formó parte de su estructura de capital, así como la credibilidad de un banco central forma parte del valor de una moneda. Ese respaldo está visiblemente reduciéndose, tanto por las propias guerras arriesgadas de Estados Unidos como por el espacio de tensión que se abre entre EE. UU. e Israel debido a intereses divergentes en la forma de poner fin a la guerra contra Irán.

Trump supuestamente le ha dicho a Netanyahu: "Estarías en prisión si no fuera por mí", después de que los ataques israelíes en Beirut amenazaran con descarrilar su diplomacia con Teherán. Este no es el lenguaje de un hombre que considera que los objetivos bélicos de su aliado están claramente alineados con los suyos. Por otro lado, Trump le ha dicho a Netanyahu que "lo arregle" con Erdogan en lugar de abrir un segundo frente con Turquía.

Ambos episodios apuntan en la misma dirección: Washington quiere un resultado lo suficientemente estable para que el capital pueda avanzar, mientras Israel sigue comportándose como si más guerra fuera la estrategia.




En esta ecuación, un patrón que tiene que seguir menospreciándote es un patrón cuyo entusiasmo se está depreciando, y el IMEC, como la mayoría de los proyectos de infraestructuras ambiciosos, depende de un entusiasmo que se acumula en lugar de decaer.

Luego está el Golfo, cuyo dinero el corredor no puede prescindir, y que se cubre en algo cercano al tiempo real. Arabia Saudí ha declinado de forma conspicua aceptar el plan del gasoducto, no ajeno a sus propias relaciones frías con Netanyahu, incluso cuando los petroleros permanecían inactivos en el estrecho y Washington puso escoltas navales. Los EAU han tomado la dirección contraria, apoyándose más en los Acuerdos de Abraham y beneficiándose por primera vez de las capacidades de defensa antimisiles israelíes mientras eran bombardeados por drones y misiles iraníes.

Riad inicialmente apoyó la campaña antes de descubrir lo que estaba haciendo con su propia economía dependiente del petróleo, en cambio se ha ido acercando a Turquía y Pakistán. El mayor posible financiador de las ambiciones del centro israelí está, en otras palabras, acercándose al mismo actor que el centro fue diseñado para dejar irrelevante.

Ese actor no ha estado inactivo. Turquía e Irak han impulsado la Carretera de Desarrollo, un enlace ferroviario y autopista de Basora a Mersin vía Bagdad, concebido desde el principio para trasladar el comercio del Golfo a Europa sin acercarse a Israel. Erdogan expresó claramente su objeción al proyecto rival en el vuelo de regreso desde la misma cumbre del G20 que lo lanzó. Dijo a los periodistas:

"Decimos que no hay corredor sin Turquía. Turquía es una base importante de producción y comercio. La línea más conveniente para el tráfico de este a oeste debe pasar por Turquía".

Desde entonces, los funcionarios turcos han hecho explícito el plan israelí en lugar de verlo como algo incidental. El ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, ha declarado que Israel, tras agotar a Irán como adversario, "no puede vivir sin un enemigo", y ahora posiciona a Ankara como el próximo. Fidan incluso ha acusado a Jerusalén de tratar los pactos de seguridad regionales, incluido el marco de defensa Israel-Grecia-Chipre que limita con el corredor gasífero EastMed, como una "alianza militar contra los países musulmanes de la región".

Mapa de 1911 de las vías férreas en Turquía, Asia, realizado por la Oficina de Guerra británica. La Carretera de Desarrollo es un megaproyecto de $17.000 a $20.000 millones que unirá el Golfo Pérsico con Europa. Consiste en 1.200 km de autopistas y vías férreas de alta velocidad desde el puerto de Al-Faw en Basora hasta Turquía (vía Bagdad y Mosul), conectando posteriormente con el puerto mediterráneo de Mersin. (Wiki)



Tampoco es meramente retórica: los camioneros polacos y alemanes ya han hecho el viaje de Europa al Golfo vía Irak en tan solo diez o doce días, un hecho que se repite rápido en los círculos de transporte de mercancías. Cada semana que Ormuz se queda callado afina tanto las ideas de Israel como de Turquía por igual, y solo una de las dos queda libre del lastre político de Israel.

De forma significativa, la política israelí ha empezado a tratar a Ankara menos como un fastidio y más como el próximo adversario. Naftali Bennett, que nunca es un hombre que minimiza una amenaza, ha calificado a Turquía como parte de un eje "similar al iraní".

Tómalo con cautela: la hostilidad entre Erdogan y Netanyahu precede con creces cualquier ferrocarril y tiene sus propias quejas, desde Gaza hasta Siria y un rechazo personal ya bien entrado en su segunda década-, pero el intercambio de acusaciones sobre corredores, puertas y alianzas te indica que ambas partes han empezado a tratar la logística como un campo de batalla propio.

Sería excesivo afirmar que la guerra se está librando por un ferrocarril. La evidencia de eso no llega tan lejos, y las guerras rara vez tienen un solo autor que siga su lógica. Lo que respalda las pruebas es, creo, más estrecho e interesante:

El liderazgo israelí ha vinculado explícita y repetidamente su futuro económico deseado al cierre de Ormuz y a la dilución de su importancia, y ha señalado la alteración del antiguo orden marítimo por la guerra como la condición que hace viable su alternativa.

Lo que se puede decir con confianza es que esto deja a Israel en una posición asimétrica. Incluso en el escenario más optimista, donde Ormuz sigue siendo disputado, se construyen los oleoductos y Haifa amplía lo previsto, la misma campaña habrá gastado en las tres cosas en las que realmente funciona una estrategia de centro: espacio fiscal, un patrocinador estadounidense cuyo apoyo no necesita vigilancia constante, y capital del Golfo dispuesto a pasar por alto el coste político de enrutar el comercio a través de un país en guerra con la mitad de sus vecinos, y dispuesto a bombardear el Golfo en su búsqueda de la victoria total.

Israel aún podría obtener sus ferrocarriles y oleoductos. Pero actualmente financia las vías y tuberías vendiendo las cosas que harían que cualquiera quisiera montarla.

 


Otras lecturas consultadas:

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