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14 agosto 2025

La Federación Socialista de Estados Indochinos que nunca fue





“La Federación Socialista de Estados Indochinos nunca vio la luz. Muchos se oponían a ella: Pol Pot, Pekín, Washington, la ONU y Sihanouk, que se dejó manipular por China y Estados Unidos al dar un barniz de legalidad internacional a la guerra sucia de 1979”.

Primera Parte

La Unión Indochina o Indochina francesa llegó a ser un gran territorio colonial francés en la región asiática de Indochina y el norte de la península de Leizhou. Oficialmente constituía la Unión Indochina (Union indochinoise, en francés) desde 1887. Desde 1941 se la conoció como Federación Indochina (Fédération indochinoise, en francés), fue parte constitutiva del Imperio colonial francés formada desde 1887. 

Indochina o península de Indochina es la parte continental del Sudeste Asiático también considera a Birmania y Tailandia y otras regiones como parte de la península, pero en un sentido más estricto, solo se denomina Indochina a los territorios que fueron colonias francesas.  

Por lo mismo, la Indochina francesa estaba integrada por tres regiones vietnamitas (Cochinchina, Tonkín y Annam), Camboya y Laos. Para 1902 la capital colonial establecida en Saigón (Cochinchina) se trasladó a Hanói (en Tonkín) y en 1939 a Da Lat (Annam). En 1945 la capital volvió a establecerse en Hanói. Los grupos étnicos vietnamitas, laosiana y jemer eran la mayoría de las poblaciones de sus respectivas colonias.


Izquierda, Mapa administrativo de la Indochina francesa desde 1900 (anexión de la concesión china de Kouang-Tchéou-Wan) hasta 1946 (retrocesión del mismo territorio). Derecha, Mapa de Indochina que muestra los avances y anexiones francesas (en morado). Fuente: Wiki


La Francia de Vichy, nominalmente un satélite de la Alemania Nazi, administró la Federación Indochina, pero durante la guerra, en septiembre de 1940, los japoneses demandaron bajo presión el acceso militar a Tonkín para acceder a China (segunda guerra sino-japonesa), la región quedó bajo ocupación nipona hasta 1945.

Sin embargo, desde 1941 una guerrilla comunista conocida como el Viet Minh, bajo liderazgo de Ho Chí Minh, inició la rebelión tanto contra el poder colonial francés y la ocupación japonesa. Tras el fin de la guerra mundial el caos reinante en la región desató la Guerra de Indochina (1946-1954), en la práctica la Federación Indochina dejó de existir.

El estado de Vietnam, dirigido por el ex emperador vietnamita Bảo Đại, obtuvo su independencia en 1949, el Reino de Luang Prabang y Camboya obtuvieron mayor autonomía. El Reino de Laos y el Reino de Camboya pidieron su independencia en 1953.

La Conferencia de Ginebra (20 julio 1954) significó el final del poder colonial francés en la península de Indochina y también el principio del fin de su imperio colonial, los franceses evacuaron Vietnam y la Indochina francesa o Federación Indochina llegó a su fin en 1954. El Viet Minh consolidó su poder sobre Vietnam del Norte y Bảo Đại ejercía el gobierno en Vietnam del Sur. Laos y Camboya también se independizaron en 1954, pero ambas fueron arrastradas a la guerra de Vietnam debido a la intervención militar de los Estados Unidos.

Hubo quienes anhelaron una entidad política que denominaron Federación Socialista de Estados Indochinos, imaginándose la creación de esa federación socialista que agruparía a los países de la Indochina, básicamente Vietnam, Laos y Camboya, basados en un concepto de unidad y escenarios históricos compartidos, pero la cruda realidad era distinta tras la segunda guerra mundial y las rivalidades étnicas. La descolonización los llevó por caminos distintos: Vietnam se dividiría en dos (Norte y Sur) y la reunificación en 1975 bajo un régimen comunista produjo más de un millón de muertos. Laos también adoptó un régimen socialista, mientras que Camboya experimentó períodos de guerra civil, transición hacia la democracia y un régimen de terror con los Jemer Rojos (VER: Camboya, el Jemer Rojo y el extremismo comunista)

En ciertas historias alternativas suele describirse a la Federación Socialista de Estados Indochinos como consecuencia de la victoria del Viet Minh en la guerra de Indochina, con Ho Chí Minh como líder y Norodom Sihanouk como primer ministro, representando la unión de los tres países bajo un sistema socialista.


Mapa ficticio alternativo de 1975 (realizado en Inkscape). Unión de Indochina alternativa (todavía bajo influencia francesa)


La Federación Socialista de Estados Indochinos por los avatares del destino y la historia bien pudo surgir en un momento histórico específico (descolonización y auge de los gobiernos comunistas), Una Indochina unida bajo un sistema socialista quedó resonando en aquellos tiempos como un sueño que no fue.

Sin lugar a dudas, el hecho más trascendental de esta conflictiva región desde la posguerra mundial fue la GUERRA de VIETNAM que derivo conflictos en toda la Indochina.

Revisemos un interesante análisis, 50 años después de la victoria vietnamita sobre la primera potencia mundial (Estados Unidos), ponencia de Pierre Rousset, presentada en abril del 2025.


Segunda Parte

Hace 50 años, una victoria histórica, pero a qué precio...
Pierre Rousset


HANOI Portal, Vietnam celebró el 50 aniversario de la liberación de Saigón y la reunificación vietnamita


La independencia de Vietnam se proclamó por primera vez en agosto de 1945, y se ha celebrado su 80 aniversario. De Gaulle decidió lo contrario y envió un cuerpo expedicionario para reconquistar su colonia perdida. Indochina tuvo que sufrir dos devastadoras guerras imperiales sucesivas, la francesa y luego la estadounidense. Washington movilizó todos los medios a su alcance para aplastar la revolución vietnamita, convencido de que saldría victorioso, y fue derrotado. La imagen pasó a la historia: el personal de la embajada estadounidense en Saigón evacuado en helicópteros el 30 de abril de 1975.

Evacuados civiles abordan un helicóptero de la Marina de EE. UU. dentro del complejo de la Embajada de EE. UU. para ser transportados en helicóptero a la Séptima Flota de EE. UU. antes de que las tropas comunistas estén a punto de ingresar a Saigón entre el 29 y 30 de abril de 1975. Imágenes © de Nik Wheeler / Corbis



Cuando se firmaron los acuerdos de Ginebra en 1954 con el Gobierno francés de Pierre Mendès-France, el Vietminh se encontraba en una posición estratégica ventajosa, ya que las fuerzas francesas habían sido derrotadas de forma decisiva. Sin embargo, estos acuerdos de armisticio le fueron particularmente desfavorables. Fueron los hermanos mayores rusos y chinos quienes le impusieron el abandono de gran parte de sus exigencias. Tuvo que retirar sus tropas a una zona de reagrupamiento temporal en el norte del país, mientras que el régimen de Saigón era libre de redesplegar su ejército en el sur.

Se iban a celebrar elecciones en todo el territorio, que habrían supuesto el triunfo del Gobierno de Ho Chi Minh. Por supuesto, no se celebraron. Estados Unidos y el régimen de Saigón ni siquiera habían firmado los acuerdos, quedando ostensiblemente con las manos libres. A sus ojos, la división del país debía ser permanente, e incluso permitir una contraofensiva militar para derrocar a la República Democrática de Vietnam (RDVN). El Gobierno de Mendès-France pasó el relevo a Washington con pleno conocimiento de causa.

Esos acuerdos de Ginebra son uno de los ejemplos clásicos de armisticio que desemboca en una división territorial permanente cargada de tensiones purulentas (véase el caso de la península coreana, convertida en un punto caliente nuclear) o en una nueva guerra, aún peor que la anterior (en el caso concreto de Vietnam).

En lo inmediato, el régimen de Saigón aprovechó la retirada de las fuerzas armadas revolucionarias para lanzar una campaña de eliminación de los cuadros del movimiento de liberación en el sur y atacar su base popular, especialmente entre el campesinado y las tribus montañesas de los Altos Plateados.


Izquierda: 30 de abril de 1975, Saigón, Vietnam del Sur. Tropas norvietnamitas entran en Saigón con rifles de madera, banderas rojas y un retrato de Ho Chi Minh. Imagen de © Jacques Pavlovsky/Sygma/CORBIS.  Derecha: La caída de Saigón. Toma del palacio presidencial. Oficial norvietnamita sosteniendo una bandera del GRP el 30 de abril de 1975. FDM-363-8. (Foto de Françoise De Mulder / Roger Viollet / Getty Images)



Detener la dinámica revolucionaria en el sudeste asiático

Los retos iban más allá de la península indochina. Washington quería frenar la dinámica revolucionaria en el sudeste asiático. Apuntaba al oeste, hacia China, que ya se había visto amenazada por el este durante la guerra de Corea (1950-1953), y buscaba consolidar la supremacía mundial del imperialismo estadounidense. La segunda guerra de Vietnam debía ejemplificar la omnipotencia estadounidense. El enfrentamiento en Vietnam se convirtió así en el punto nodal de la situación mundial, donde se entrelazaban las relaciones de fuerza entre la revolución y la contrarrevolución, por un lado, y entre los bloques occidental (Estados Unidos, Europa Occidental, Japón...) y oriental (China-URSS), por otro.

Aunque contaba con una base social asegurada, en particular por los católicos procedentes del norte, el régimen (corrupto y dictatorial) de Saigón decepcionó las expectativas de Washington, que tuvo que involucrarse cada vez más en el conflicto, hasta llegar a librar una guerra total, en todos los frentes, de una magnitud sin precedentes: envío de cientos de miles de soldados (los GIs, hasta 550 000 hombres sobre el terreno), bombardeos intensivos de la República Democrática de Vietnam, contrarreforma agraria en el sur, vertidos masivos de defoliantes (el tóxico agente naranja) en las zonas boscosas, desarrollo de tecnologías militares para localizar a los combatientes escondidos en túneles o detectar los movimientos nocturnos de las tropas...

Durante la Segunda Guerra de Indochina, todo el poder económico y tecnológico de Estados Unidos se movilizó y se vertió sobre Vietnam, un país del tercer mundo de tamaño medio. Sin embargo, Moscú y Pekín sabían que estaban en el punto de mira de Estados Unidos, por lo que recibieron una importante ayuda militar a través de la frontera china, incluso durante la Revolución Cultural. Esta ayuda, por importante que fuera, seguía siendo cualitativamente moderada. No se suministraron las armas más sofisticadas, que habrían permitido, en particular, asegurar el espacio aéreo del norte de Vietnam. Los hermanos mayores no querían una derrota de la RDVN, que les habría amenazado, pero ¿querían la victoria o la creían posible?


30 de abril de 1975, Saigón, Vietnam del Sur. Tanques y tropas norvietnamitas entran y toman posesión del complejo del palacio presidencial en Saigón. Imágenes © de Françoise de Mulder/CORBIS; de © Jacques Pavlovsky/Sygma/CORBIS; de Roger Viollet vía Getty Images; y,  de Jean-Claude LABBE/Gamma-Rapho vía Getty Images, respectivamente.



De la ofensiva del Tet en 1968 a la caída de Saigón

El conflicto adquirió una dimensión internacional importante, tanto en el llamado Tercer Mundo como en las fortalezas imperialistas. Para las revoluciones rusa y china, la solidaridad se convirtió en algo totalmente actual tras la victoria. Para la revolución vietnamita (o argelina), constituyó un elemento clave de una estrategia en constante adaptación, que acabó conduciendo a la victoria.

La dirección vietnamita comprendió la importancia de este nuevo terreno de acción y el movimiento de liberación nacional se implicó mucho en él, tanto en el plano diplomático como en el de la solidaridad militante. Con gran habilidad; recurriendo a todo el espectro político solidario. Esta fue una de las características de su estrategia global.

Desde cualquier región del mundo, la solidaridad tenía su importancia, pero, evidentemente, en esta partitura, al movimiento contra la guerra de Estados Unidos le correspondía un papel especial.

Algunos concluyeron que fue el movimiento contra la guerra el que derrotó a Washington, en defensa de tesis pacifistas sobre la inutilidad de la lucha armada. Un anacronismo engañoso. Durante mucho tiempo, la burguesía estadounidense apoyó el esfuerzo bélico, al igual que la mayoría de los científicos, investigadores e ingenieros llamados a proporcionar al ejército las tecnologías que necesitaba. Las fábricas de armamento funcionaban a pleno rendimiento. Es cierto que la resistencia a la guerra se reforzó considerablemente durante la segunda mitad de los años sesenta, especialmente entre la juventud. Sin embargo, para que la contestación cambiara decisivamente de dimensión, fue necesario que las pérdidas militares fueran demasiado elevadas, que el coste económico del conflicto se hiciera demasiado grande, que la legitimidad del imperialismo estadounidense en el mundo se viera demasiado afectada, que se reforzaran los movimientos de antiguos combatientes y que estallara la crisis política en 1972 con el escándalo del Watergate, que obligó a Richard Nixon a dimitir.

Para forzar unas negociaciones que abrieran una ventana política favorable a la victoria, tras la ofensiva del Têt en 1968 (derrota militar, victoria política y diplomática), el movimiento de liberación vietnamita impuso una negociación cara a cara: la RDVN (República Democrática de Vietnam) y el GRP (Gobierno Revolucionario Provisional) en el sur, por un lado, y los Estados Unidos y el régimen de Saigón, por otro, excluyendo esta vez la presencia de las grandes potencias amigas (Moscú, Pekín). Las negociaciones de París se iniciaron y se estancaron. Sin embargo, deseoso de retirarse progresivamente para responder a la crisis interna, Washington inició la política de vietnamización, retirando gradualmente sus fuerzas armadas mientras intentaba consolidar el régimen de Saigón. La firma, a duras penas, de los acuerdos de París, el 27 de enero de 1973, sancionó la retirada de los soldados estadounidenses. Dos años más tarde, en 1975, se lanzó la ofensiva final y el ejército de Saigón se derrumbó. La guerra terminó por fin, casi sin combates. Como una constatación.


Mientras Saigón cae ante el gobierno comunista de Vietnam del Norte, el embajador de Estados Unidos en Vietnam, Graham Martin, habla con la prensa el 29 de abril de 1975 después de una evacuación. (Foto de Dirck Halstead / Enlace). Derecha: La caída de Saigón. Soldado survietnamita. 30 de abril de 1975. (Foto de Françoise De Mulder / Roger Viollet / Getty Images)



Tres décadas de guerra

Una victoria histórica de enorme alcance, pero por la que el pueblo vietnamita y las fuerzas de liberación pagaron un precio terriblemente alto. Tres décadas de guerra agotaron a la sociedad, aplastaron el pluralismo político, diezmaron a los cuadros establecidos en el sur y marcaron profundamente a las organizaciones que sobrevivieron a la prueba (empezando por el PCV). Vietnam se liberó, la revolución triunfó, pero bajo un régimen autoritario. Al no haber recibido el apoyo suficiente en el momento oportuno en 1945, 1954, 1968... Soldado de primera línea, el pueblo vietnamita libró una batalla de la que se beneficiaron enormemente las luchas populares en todo el mundo, las de mi generación. El precio pagado fue muy alto. Merece que se le siga apoyando hoy en día, incluso cuando es reprimido por su propio Gobierno.

Severamente derrotado, Washington no ha dejado de vengarse. Impuso el aislamiento de Vietnam durante una década, esta vez con el apoyo de China. En el momento de la gran escisión entre la URSS y China, Moscú se convirtió en el enemigo principal a los ojos de Pekín. Aunque la ayuda chino-soviética (interesada) había sido de gran importancia para el esfuerzo bélico vietnamita, la independencia de Hanoi no era muy apreciada por el régimen de Pekín. En un nuevo contexto geopolítico, Vietnam se acercó a Rusia, antes de convertirse en víctima directa de los cambios en las alianzas internacionales, cuando Estados Unidos y China apoyaron conjuntamente a los Jemeres Rojos (¡!) en una nueva guerra de Indochina, en 1979. La realpolitik alcanzó entonces uno de sus puntos álgidos.


Arriba: Desesperados survietnamitas intentan convencer a los marines estadounidenses que custodian la embajada estadounidense de que los dejen entrar en el complejo, con la esperanza de ser evacuados en helicóptero antes de la llegada de las tropas norvietnamitas. A la mayoría de ellos se les negó la entrada y los cientos de refugiados que ya estaban dentro de los terrenos de la embajada fueron abandonados (Imagen de © Nik Wheeler/Corbis) - Ciudadanos survietnamitas desesperados intentan escalar los muros de la embajada estadounidense en un vano intento de huir de Saigón. El 30 de abril de 1975, Saigón cayó en manos de los comunistas y la guerra de Vietnam terminó oficialmente. Imagen de © Nik Wheeler/Corbis. Abajo: Refugiados survietnamitas desesperados se aferran a los vehículos a lo largo de la autopista 1 mientras huyen de las tropas norvietnamitas que avanzan para capturar Saigón (Imagen de © Nik Wheeler / Corbis) - Refugiados survietnamitas en botes se acercan a un barco de guerra estadounidense para buscar refugio en abril de 1975 en el Mar de China Meridional, cerca de Saigón. (Foto de Dirck Halstead / Getty Images)


Camboya sumida en el caos

La ruta Ho Chi Minh, que permitía hacer llegar armas a los combatientes del sur, pasaba en parte por Laos y el este de Camboya, que, bajo la égida del príncipe Norodom Sihanouk, no había participado de forma significativa en la primera guerra de Indochina. Aunque afirmaba su neutralidad, el príncipe toleraba la presencia vietnamita.

Al bombardear masivamente Camboya y apoyar el sangriento golpe de Estado de Lon Nol (1969-1970), Estados Unidos precipitó a la guerra y al caos a un reino que no estaba preparado ni social ni políticamente para una guerra popular, pero creó un vacío del que se beneficiaron los Jemeres Rojos. El 30 de abril de 1975, estos conquistaron la capital. A continuación, vaciaron por completo la ciudad de su población, en previsión de los bombardeos estadounidenses, según afirmaban entonces. Sin embargo, enviaron al exilio interno a personas hospitalizadas que no podían sobrevivir a esta prueba. La realidad no tardó en aparecer. Los deportados fueron dispersados por todo el país, sin esperanza de regresar. Phnom Penh se convirtió en una ciudad jemer roja donde operaba un centro de tortura cuidadosamente administrado, en el que se archivaba cada interrogatorio.

¿Qué estaba pasando? Fue entonces cuando nos dimos cuenta de lo poco que sabíamos sobre este movimiento heterogéneo. Una facción de los Jemeres Rojos había colaborado durante la guerra con los vietnamitas, a ambos lados de la frontera. Fue víctima de purgas secretas que permitieron a la facción de Pol Pot afianzar su poder. Se trataba de una corriente violentamente etnonacionalista, racista y, en particular, antivietnamita. ¿Su base social? Las tribus montañesas del norte (la guardia pretoriana de Pol Pot) y... el ejército, del que tomó el control. Los Jemeres Rojos fueron calificados de comunistas radicales (?) y maoístas, pero hicieron todo lo contrario. De vuelta a los centros urbanos, el PCC se apresuró a reconstituir una base obrera (creando un estatus especial para las y los trabajadores de las empresas estatales). Llevó a cabo una verdadera reforma agraria y tomó medidas emblemáticas para las mujeres del pueblo. Todo ello, por supuesto, consolidando su monopolio del poder y su control político sobre la sociedad.

La revolución camboyana no habría sido, evidentemente, una copia de sus homólogas china o vietnamita. Pero, ¿de qué revolución estamos hablando? ¿Campesina, cuando los Jemeres Rojos sometían al campesinado a trabajos forzados? ¿Obrera, sin ninguna implantación, ni siquiera semiproletaria? ¿Burguesa, cuando abolieron la moneda? ¿Y cómo definir ese Estado? Por defecto, en muchos círculos de izquierda se le calificó de Estado obrero. Por mi parte, en 1985, propuse la fórmula de un aborto espontáneo de un Estado obrero en gestación. Un debate muy enrevesado, por decirlo suavemente.

Y, por otra parte, ¿de qué Estado estamos hablando? ¿En qué medida existe? En el mejor de los casos, era embrionario. Sobre todo, carecía de una base social sobre la que podría construirse. El ejército de campesinos se separó del campesinado. Ante un caso tan límite, es mejor no precipitarse a esgrimir conceptos. La historia desigual y combinada de la Segunda Guerra de Indochina provocó en Camboya el surgimiento de una situación crónicamente inestable en la que un ejército sometió a la población a un régimen de explotación para restaurar la antigua grandeza del reino, incluso a costa de excavar una inmensa red de canales... sin ingenieros que lo planificaran (los intelectuales eran especialmente perseguidos por el nuevo poder, encabezado por un puñado de intelectuales).

El orden del Jemer Rojo se derrumbó con la intervención militar vietnamita de diciembre de 1978 a enero de 1979. Una de las razones que llevaron a Hanoi a actuar fue el destino reservado a la población vietnamita de Camboya, amenazada de genocidio, al igual que otras minorías. Sin embargo, la mayoría de la población vivió esta intervención como una liberación. Toda la gente deportada comenzó a regresar a sus hogares de forma espontánea. Vietnam retiró sus tropas (las últimas abandonaron el país en 1989), tras instalar un Gobierno amigo (pero no clientelar, como demostró el curso de la historia).

El poder del Jemer Rojo era irremediablemente inestable. ¿Podría haberse consolidado en el oeste y haber ganado contenido social con la ayuda del ejército, los traficantes y las bandas tailandesas? En tal hipótesis, se habría convertido en burgués. Política de ficción.

La perspectiva que habría dado una oportunidad progresista a una revolución camboyana habría sido inscribirla en una solidaridad indochina, con Laos y Vietnam. Probablemente, una parte del movimiento Jemer Rojo era favorable a ello. El riesgo de verse dominado por Hanoi era real, pero nada podía ser tan terrible como lo que ocurrió -cientos de miles de víctimas- y que provocó un profundo trauma histórico cuya huella aún marca, de forma insidiosa, la Camboya actual.

La Federación Socialista de Estados Indochinos nunca vio la luz. Muchos se oponían a ella: Pol Pot, Pekín, Washington, la ONU y Sihanouk, que se dejó manipular por China y Estados Unidos al dar un barniz de legalidad internacional a la guerra sucia de 1979.


30 de abril de 1975, Saigón, Vietnam del Sur. Un hombre vietnamita reza frente a un retrato de Ho Chi Minh después de la caída de Saigón. Imagen de © Jacques Pavlovsky/Sygma/CORBIS



La guerra chino-vietnamita

Los jemeres rojos polpotistas reivindicaban derechos históricos sobre el delta del Mekong y habían multiplicado las incursiones sangrientas en territorio vietnamita, antes de que Hanoi decidiera la invasión de 1978.

En respuesta al derrocamiento del régimen jemer rojo por Hanoi, China decidió llevar a cabo una expedición punitiva en febrero-marzo de 1979. Duró un mes. La frontera, de 750 kilómetros de longitud, es en su mayor parte montañosa. El ejército chino lanzó un ataque frontal para tomar los pasos, con el apoyo de fuego de artillería y tanques. Consiguió penetrar en territorio vietnamita, pero la operación terminó en un doble fracaso.

En primer lugar, un fracaso militar. La desorganización del ejército chino y sus fallos (en materia de inteligencia o coordinación del mando) sorprendieron. Contaba con que gran parte de las fuerzas regulares vietnamitas se encontraban en Camboya, pero las milicias locales se mostraron capaces de contrarrestar la ofensiva lanzada por Pekín. La puesta de manifiesto de estas negligencias desencadenó una crisis en la dirección del PCCh. La profunda modernización de sus concepciones y de su aparato militar seguía pendiente.

También fue un fracaso estratégico. Hanoi no retiró tropas de Camboya para reforzar sus defensas en Vietnam del Norte. No hubo tregua para los protegidos jemeres rojos de Pekín.


La crisis chino-soviético

La crisis chino-jemer-vietnamita representa uno de los puntos álgidos del conflicto chino-soviético, sancionando también un espectacular cambio de alianzas internacionales.

Las relaciones entre Pekín y Moscú siempre estuvieron cargadas de sospechas y tensiones. La revolución china se impuso (al igual que en Vietnam) en contra del reparto de zonas de influencia negociado entre Estados Unidos y la URSS al final de la Segunda Guerra Mundial. Stalin había instado a Mao a no derrocar el régimen de Chiang Kai-shek. Quería preservar su control absoluto sobre el movimiento comunista internacional. Por último, y esto era un tema especialmente controvertido, se negaba a que China accediera a la arma nuclear.

China pagó las consecuencias de la política de coexistencia pacífica preconizada por Nikita Jrushchov, que apoyó a la India durante el conflicto chino-indio de 1962 en la cordillera del Himalaya. Puso fin brutalmente a la asistencia técnica que prestaba a la economía china. El acercamiento entre Moscú y Washington se produjo claramente a expensas de China. La ruptura se consumó definitivamente en 1969, con las guerras fronterizas entre China y la Unión Soviética.

La escisión del llamado campo socialista dio la mano a Washington, libre para jugar unos contra otros. En 1971, Henry Kissinger viajó en secreto a China para preparar la visita de Richard Nixon a Pekín en 1972, quien, a continuación, volvería a visitar Moscú.

Las consecuencias nefastas del conflicto interburócratico chino-soviético se dejaron sentir en todo el mundo. Sin embargo, la victoria vietnamita de 1975 abrió una ventana de oportunidad, ya que Washington ya no estaba en condiciones de intervenir militarmente de forma masiva en el extranjero. La crisis chino-indochina de 1978-1979 anunció, por su parte, el cambio de época de los años ochenta, que vio a mi generación militante derrotada en los tres sectores de la revolución mundial (Tercer Mundo, países del Este, países imperialistas).




Guerra y revolución (breves notas complementarias)

Al término de la segunda guerra mundial, el ocupante japonés destruyó la administración francesa, antes de ser derrotado en el teatro de operaciones del Pacífico. El Vietminh aprovechó este breve momento favorable, que había anticipado, para declarar la independencia. Actuó con gran rapidez y mantuvo la iniciativa política, pero en una situación frágil. Sus capacidades militares eran débiles y su autoridad estaba cuestionada, sobre todo por sectas religiosas y movimientos nacionalistas anticomunistas.


Revolución social y reforma agraria

Con el acuerdo de la China de Chiang Kai-shek, el cuerpo expedicionario francés bombardeó el puerto de Haiphong, en el norte de Vietnam, en 1946. Así comenzó la primera guerra de Vietnam. Las ofertas de negociación de Ho Chi Minh fueron rechazadas. Como atestigua un discurso de Vo Nguyen Giap a su regreso de París, la dirección del Partido Comunista Vietnamita había tenido en cuenta esta posibilidad.

Dado la relación de fuerzas militares, esta guerra tomó la forma de una guerra revolucionaria prolongada. En este contexto, se movilizó al campesinado. El patriotismo no era suficiente. El llamamiento a la reforma agraria resulta indispensable. A partir de entonces, la liberación nacional y la revolución social se entrelazan. Esta fue la base que permitió inscribir la resistencia en el largo plazo.

Existen modelos estratégicos. Sin embargo, una estrategia debe tener en cuenta la evolución de la situación, las reacciones de la fuerza enemiga, el resultado de las fases anteriores de la lucha... En realidad, una estrategia concreta evoluciona y a menudo combina elementos que pertenecen a modelos diferentes. Los vietnamitas no dejaron de adaptar su estrategia.

Una estrategia combina formas de lucha de naturaleza diferente. La adaptabilidad estratégica también consiste en saber detener la lucha armada cuando ya no responde a una necesidad.


Una decisión difícil

Después de 1954, la reanudación de la resistencia armada contra el régimen de Saigón se hizo esperar. Esta decisión, aplicada progresivamente en la segunda mitad de la década de 1950, de reanudar la lucha armada no debió de ser fácil de tomar, sabiendo que esta vez sería Estados Unidos quien entraría en liza. Pero, ¿qué alternativa había? Aceptar, como mínimo, la división del país ad vitam æternam (para siempre o por la eternidad), como en Corea. Abandonar sin apoyo a las redes militantes y las bases sociales del movimiento de liberación en el sur, frente a una dictadura sin escrúpulos. Dejar la iniciativa a Washington, si decidía atacar la República Democrática de Vietnam.


La perspectiva de la emancipación social y democrática

Cuando sectores sociales significativos entran en resistencia armada, es porque la violencia de los poderes establecidos era insoportable. La guerra popular abre (potencialmente) una dinámica de emancipación social, que sin embargo corre el riesgo de agotarse cuando se prolonga. En Asia, donde los conflictos nunca han cesado, la cuestión que se plantea no es solo histórica. Por lo tanto, es necesario dar respuestas concretas a un doble problema: ¿cómo evitar que los grupos armados degeneren? (lo cual ocurre) ¿Cómo defender concretamente la libertad democrática de decisión y los derechos de las comunidades populares o montañesas que los combatientes deben proteger? Contamos con una rica experiencia en la materia, especialmente con nuestros compañeros de Mindanao, al sur del archipiélago filipino.

En Birmania, cuando la junta militar tomó el poder hace cuatro años, se puede decir que (casi) todo el país entró en desobediencia civil no violenta. La junta podría haber sido derrocada si la comunidad internacional le hubiera prestado su apoyo a tiempo. Una vez más, no fue así. Y la represión acabó obligando a la resistencia de la llanura central a unirse a la lucha armada liderada, en particular, por las minorías étnicas. Una vez más, no se trató de una elección a priori, sino de una obligación.


"Bienvenida a ciudad Ho Chin Mihn al Ejército de Liberación", pintura del coronel Le Huy Toan. Las fuerzas combinadas del Ejército del Pueblo y del Frente de Liberación Nacional -FNL- de Vietnam liberan Saigón el 30 de abril de 1975, Día de la Reunificación Nacional.

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Fuentes: 

Artículos sobre Vietnam:

04 julio 2025

Ronald Reagan, el fanático presidente fundamentalista




por Tito Andino
Selección y resumen de varias lecturas.
Como en la entrega anterior todas las caricaturas están relacionadas con el presidente Ronald Reagan y son autoría del colectivo de artistas soviéticos KUKRYNIKSY.


En la Convención Anual de las Asociaciones Evangélicas Nacionales, 8 de marzo 1983, el presidente Ronald Reagan con su célebre discurso estigmatizó a la Unión Soviética como el “Imperio del Mal”, señalando que todos los medios son válidos para acabar con el diablo. “Siempre he creído que la lucha que se libra en el mundo actual jamás se resolverá con bombas y misiles, ejércitos ni poderío militar. En realidad, nos enfrentamos a una crisis espiritual, una prueba de voluntad y fe moral... Creo que el comunismo es otro capítulo triste y extraño en la historia de la humanidad, cuya última página se está escribiendo ahora”.

El moderno fundamentalismo estadounidense se origina en el puritanismo del siglo XVII y su concepción de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios. Entre los “elegidos” se incluían aquellos personajes que hoy son venerados como “Padres Fundadores” de los Estados Unidos, pasando el cristianismo a ser considerado como sinónimo de los valores de la América conservadora.


Kukryniksy. "Planes de EEUU acerca de la dominación mundial", (¡Perdón! Incluso la megalomanía tiene reglas de decencia, D. Demin)


En redes sociales, debido a un fervor "religioso", una gran cantidad de personas (la mayoría) suelen agredirse e insultarse por temas religiosos, defendiendo a los palestinos (musulmanes) o a Israel (judíos). Lamentable no se percatan que unos y otros son manipulados generalmente por “buenos” cristianos; y no por cualquier buen cristiano, sino por aquellos que imponen desde las sombras el Poder real. La mala noticia para los fanáticos de la biblia es que esos "buenos" cristianos han conformado (siempre) junto a "buenos" Hermanos Musulmanes y junto a los muy prósperos hombres “sabios” de negocios judíos, una alianza global para someter a las naciones, suelen llamarlo en términos económicos: Globalización, Libre Mercado Mundial, etc. Todo esto jamás ha tenido nada que ver con la Fe, al contrario, la Fe ha sido puesta al servicio de la política.

La gente que maneja el verdadero Poder nunca se preocupará por banales cuestiones religiosas, la aprovechan como su mejor instrumento para dividir a los pueblos. Los poderosos se ríen de nosotros, la "masa sucia" como suelen calificarnos; esos personajes se mueven en las megacorporaciones globales y, erróneamente, suelen etiquetárseles por su real o supuesta creencia religiosa: cristianos, judíos, musulmanes, o lo que sea. Se reúnen libremente para planificar como impulsar o destrozar una economía nacional, debaten como seguir sometiendo al mundo, como esclavizar “socialmente” e incluso como obstaculizar el desarrollo industrial evitando el progreso de los países emergentes. La forma más simple de conseguirlo no es un secreto: fomentando la guerra y los conflictos confesionales en diversas regiones del mundo en beneficio de un criminal propósito.


Kukryniksy. "Aventuras militares de EEUU (acuerdos, desmilitarización...)", 1980 - "La política demasiado flexible de las fuerzas de paz de Washington", 1983


Veamos un ejemplo. Los Hermanos Musulmanes (Hermandad Musulmana) están muy bien relacionados y conforman alianzas con Fundamentalistas Cristianos de Estados Unidos y con grupos de las altas finanzas judías. Dicho vínculo incluye relaciones exteriores entre estados, contactos políticos de alto nivel, negociaciones en casos de crisis internacional, negocios transnacionales como la banca, el petróleo y producción industrial, y, no está demás decirlo, el blanqueo de miles de millones de dólares anuales, etc. Qué mejor ejemplo que la ahora proclamada "Alianza Abrahámica" política dirigida por Estados Unidos.

Debe quedar claro: Los Titiriteros del Mundo no tienen religión, su única religión y amor es el Poder y el dinero. A la “masa sucia” nos dividen y confrontan en una supuesta "guerra de civilizaciones", la enemistad entre las religiones monoteístas, musulmanes, cristianos y judíos, por ejemplo, es una demostración palpable. No obstante, a pesar de lo dicho, hay gente del Poder que cree a píe juntillas las profecías y mensajes mesiánicos.


Kukryniksy. "Promesas a los votantes: amenazas, boicot, sanciones", 1980

 

Esa "extraña" simbiosis ideológica entre fundamentalistas cristianos, Hermandad Musulmana, el sionismo y ortodoxia política judía (en Israel) se refleja con más detalle en poderosos grupos del cristianismo evangélico que respaldan la política de los Estados Unidos, éstos son tan influyentes como los hobbies sionistas. La 'Fellowship Foundation', por citar una, es la que organiza cada año el “Desayuno Nacional de Oración”, en Washington D.C. donde “rezan” junto al presidente de los Estados Unidos. Tras bastidores, constituye "una enorme y monstruosa conspiración que desafía la imaginación, una conjura criminal de lunáticos religiosos, fascistas medievales, demagogos delirantes del ‘Final de los Tiempos’, pedófilos, beatos y católicos de nombre que se amparan en el cristianismo y el patriotismo. Los ricos empresarios de derechas, industriales multimillonarios, políticos conservadores y cristianos de derechas con los manipuladores religiosos de masas de la más baja ralea, manipulan la opinión pública para influir en el gobierno. Presentando a “Jesús” a hombres poderosos, esta organización clandestina ha logrado cambiar radicalmente el panorama político de la diplomacia estadounidense. Así es como un movimiento religioso destructor se ha hecho con el control casi total de la maquinaria del gobierno de los Estados Unidos... para controlar la sociedad y el gobierno... Se les perdonan sus trasgresiones porque se han sometido a Dios... A los políticos les encanta entrar en el grupo porque para ellos es el modo de eludir responsabilidades de sus actos". (Daniel Estulin)


Kukryniksy. "Cruzada contra el comunismo" (en el globo terráqueo, todas las naciones son ciervos de EEUU)


Lo curioso es que grupos como la "Fellowship" cuentan en sus filas con "católicos conservadores, protestantes, evangélicos, judíos ortodoxos, judíos neoconservadores de tendencia seglar, fundamentalistas suníes, musulmanes wahabíes, budistas e hinduistas, etc., todos ellos activos cooperantes de un proyecto que se sirve de Jesús para justificar su acceso a la más altas esferas del gobierno y los negocios" (Estulin). Dos ejemplos, en febrero de 2015, la presencia del Dalai Lama en el Desayuno Nacional de Oración también contó con la presencia de Barack Obama y varios líderes musulmanes. Otra curiosidad, el día de la elección de Ronald Reagan como presidente de EEUU, éste posó para una publicación del reverendo Sun Myung Moon, declarado anticomunista y fundador de la Iglesia de la Unificación fundada en 1954. Durante su mandato, Reagan declaraba en varias ocasiones que el Washington Times, diario propiedad de la secta Moon, era su periódico preferido.

Esto no tiene nada que ver con la religión, pero sí tiene mucho que ver con la influencia política y económica, es un culto capitalista. Esa ideología -no es una creencia religiosa- ha logrado que la población devota la acepte como algo irremediable (en términos místico - religiosos).

Por raro que le resulte todo esto a personas que si utilizan el sentido común como guía, en vez de lo abstruso de las profecías, como la del "Final de los Tiempos" de los lunáticos predicadores de la biblia, observamos que en el mundo islámico existe un mellizo ideológico, la Hermandad Musulmana.


Kukryniksy. En la parte escrita se lee: Prohibición a la participación de países soviéticos y socialistas en las  Olimpiadas 1984, planes de provocación, matar rusos. Bienvenidos atletas soviéticos. (1984)



Pat Robertson (fallecido en 2023) fue un claro ejemplo del empresario, predicador y activista político de la fundamentalista derecha cristiana, amigo y socio comercial de genocidas africanos como Charles Taylor y Mobutu Sese Seko. Robertson, el televangelista, dirigió “El Club 700”. Hoy, quienes desean que el fin de los días llegue ya, para "salvar" su egoísta alma, tienen que buscar a Mike Evans, un ex predicador belicista del mismo “Club 700”; éste "sabio" le animará apoyar a Israel para que bombardee Irán con ayuda estadounidense, "es la única manera de salvar a Israel", dice, y continúa: "Estados Unidos solo puede evitar el Armagedón iniciándolo". Y las congregaciones evangélicas lo aplauden, lo que significa que desean el "gran viaje". Evans no es el único en pedir que el Armagedón comience mañana.

El Dr. Evans escribió hace algunos años un artículo para el Jerusalem Post: "Estados Unidos necesita bombardear Irán", desatando su odio hacia los musulmanes e inculcando a sus fieles y benefactores el sermón de que todo buen cristiano tiene que ser un enemigo de los árabes, de Rusia, de China, "un fanático contra todos y todo lo que no sea de interés para Israel". Y, claro, los buenos cristianos siguen aplaudiendo la masacre de inocentes en Gaza. Evans no está solo, tras él tenemos a la inmensa mayoría de las élites, neoconservadores, corporaciones privadas que fungen como medios de comunicación estadounidenses, sionistas, que alientan el proyecto para la inmediata destrucción de Irán, algunos en Europa como los lores y damas británicas, las viejas dinastías reales, la gran banca, etc., miran con buenos ojos el plan. Estas instituciones de Occidente están en contra de cualquier cosa que se interponga en el camino de la dominación mundial total y el dominio sobre toda la humanidad. (Phil Butler, "¿Están listos los evangelistas estadounidenses para seguir a los sionistas hasta el Armagedón?")


Kukryniksy. Izquierda, "Espíritu de puja", 1983 - Derecha, "CRUZADAS, Reagan: Dicen que también hay un lugar aquí para mi (cámara de los grandes)", 1983


Por sentado, existe gente dentro de esos grupos que quieren convertir la Tierra literalmente en un infierno (guerra convencional y nuclear), son los fundamentalistas cristianos con sus “oraciones" que claman por la llegada del ‘Fin de los Tiempos’. Eso no es religión, es una ideología que no coincide con los postulados de su fe, consigue que los devotos lo acepten como algo irremediable (en términos religiosos).

"El fundamentalismo cristiano, moral y teológicamente, cree lo mismo que el fanático fundamentalista islámico, desde puntos de vista diametralmente opuestos. Cada uno de los dos es un reflejo exacto del otro y cada uno de los dos, al verse acorralado, reaccionará de la misma manera. Pero si un hombre tiene un dedo puesto en un botón nuclear, su acto de autoinmolación en nombre de su Dios arrastrará con él a toda la humanidad…”.

Si los fundamentalistas islámicos aceptan el terrorismo como arma moral, ¿por qué no podrían hacer lo mismo los charlatanes milenaristas del fundamentalismo cristiano?... y lo hacen. ¿Quién es más peligroso?, ¿el yihadista intolerante, cientos de candidatos a inmolarse con explosivos; o, el fanático fundamentalista cristiano enquistado en el Poder que puede acceder al ‘botón nuclear’? El fundamentalismo religioso, cualquiera sea la creencia, solo puede llevarnos a un rumbo, la autoinmolación.


Kukryniksy. "Guardian de la paz. política egoísta, caras que no pueden engañar a nadie", 1983

Por cierto, el fundamentalismo es un término que surgió y se aplicó para describir a éstos intolerantes cristianos, luego esos mismo “buenos” cristianos le endosaron el término a los fanáticos islamistas, algo que perdura en el presente.

El fundamentalismo no se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, se basa en el concepto de la guerra: en una gloriosa e inexistente lucha entre las "fuerzas de Dios" y las del "Maligno". Así, en el denominado "Proyecto Megido", las sectas cristianas milenaristas podrían escenificar un acto terrorista nuclear del fin del mundo. Un viejo informe del FBI señala que: "la mezcla explosiva de las teorías conspiradoras de la religión apocalíptica y del Nuevo Orden Mundial puede provocar actos de violencia encaminados a precipitar el fin del mundo profetizado en la Biblia". Megido es una colina al norte de Israel y, según una interpretación del Libro de Apocalipsis, es allí donde tendrá lugar el final de los tiempos, el Armagedón o batalla final entre las fuerzas de la luz dirigidas por Jesucristo y las fuerzas de las tinieblas al mando de Satanás o el Anticristo. ("El Legado mesiánico")


           Kukryniksy. "Plan Cruzada", 1983


El Apocalipsis según cristianos y judíos

Empecemos señalando que este tipo de cuestiones no solo pertenecen al cristianismo y al judaísmo, también forman parte de las tradiciones de otras religiones. Debemos entender que son relatos que no están basados en la historia o en la geografía circundante, "hechos" que con las modernas técnicas de investigación y las herramientas de la arqueología podemos determinar que lo que se cree o lo que se ha "profetizado" no es exactamente lo que fue. 
 
Aclarado conceptos. El Apocalipsis bíblico, o Libro de Apocalipsis del Nuevo Testamento cristiano NO tiene el mismo significado para el judaísmo, no es lo mismo, divergen en la forma de interpretarse; en el cristianismo se cree que el Apocalipsis es una revelación divina sobre el futuro de la humanidad y el mundo, mientras el judaísmo no lo aprecia como revelación divina. 

El judaísmo cree el concepto en el sentido de la llegada del Mesías (Mashíaj), un líder mesiánico que traerá paz y justicia a la Tierra. El judaísmo cree en la resurrección de los muertos que ocurrirá en la época del Mesías.  La Tanaj hebrea (conjunto de los veinticuatro libros sagrados canónicos en el judaísmo) es la fuente de su creencia o concepción del fin de los días que consiste no en una sino en una serie de profecías que son interpretadas de otra manera por el denominado Juan el evangelista de la Biblia cristiana (Libro de Apocalipsis). Para el judaísmo (Tanaj) el fin del mundo se producirá cuando Dios redima a Israel, los regrese a la Tierra de Israel y restaure el Templo de Jerusalén. Entonces vendrá una era de justicia y paz, el Mesías debe conducir a esa consecución y todas las naciones reconocerán que el Dios de Israel es el único Dios verdadero.

Pero para que ello suceda deben acaecer primeramente otras circunstancias. Para resumirlo nos valemos del profesor y escritor israelí Steven Arik Barel en su libro "Jerusalem desde el Paraíso hasta la Eternidad" (disponible en castellano). Así tenemos que para lo que Ezequiel denomina la "Batalla Gigante", ésta deberá suceder antes de que aparezca el Mesías y se den otros episodios descritos en las profecías. Las profecías son como un rompecabezas y cada profeta entrega una pieza de ese rompecabezas. Hay quienes estudian la escatología (doctrina sobre el destino final de la humanidad y el universo), el fin de los tiempos, solo basados en el Libro de Apocalipsis, que señala "todo" lo que supuestamente va a acontecer en el futuro. Pero el Apocalipsis del Nuevo Testamento no es nada más que un intento de recopilar cientos de profecías que ya están relatadas en la Tanaj, toma parte de esas piezas e intenta ensayar, en griego, una profecía sobre el futuro de la humanidad.

Cuando investigamos la Tanaj judía (Antiguo Testamento si así quieren llamarlo) encontraremos que otros profetas hablaron sobre esa misma batalla que describe el Apocalipsis. Tenemos suficiente información, todos los profetas mencionan el "Gran Día del Señor": Isaías, Ezequiel, Jeremías, Joel, Sofonías y otros. Para entender el significado de esa batalla, como ejemplo, tomamos un versículo de Zacarías (Capítulo 14, versículo 1,2): "Jerusalem y las Naciones... Yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalem y la ciudad será tomada y serán saqueadas las casas y violadas las mujeres y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, más el resto del pueblo no será cortado de la ciudad..."

¿Qué debemos entender por la frase el "Gran Día del Señor"?... se dice que Dios va a reunir esas naciones para pelear contra Jerusalem, es decir, hablamos de la misma batalla que describe el Apocalipsis, no se refiere a dos batallas diferentes. Zacarías aclara lo que Juan escribió mucho más tarde... las naciones se reunirán en el valle de Megido, pero aquí no es donde va a suceder la batalla, la batalla acontecerá en Jerusalem. Megido es el punto de conexión de Israel debido a sus rutas y caminos estratégicos, eso si tiene mucho sentido. Si las naciones o enemigos van a pelear contra Jerusalem, primeramente deberán llegar a Megido (que está cerca del puerto de Haifa, el más grande de la zona).


Kukryniksy. "Basurero de la historia. OTAN. Nueva Campaña contra la URSS" 


Y aquí es necesario otra aclaración. El Valle de Jezreel, también mencionado en la biblia como el valle de Megido, es el lugar donde supuestamente tendrá que suceder la famosa Batalla de Armagedón, repetida -una y otra vez- únicamente por los líderes religiosos cristianos: "Aquí es donde va a suceder la batalla de Armagedón". La pregunta es: ¿Por qué aquí y no en Jerusalem como explicamos más arriba? si debemos suponer que todo comienza y todo termina en Jerusalem. Si vemos el Apocalipsis, último libro de la biblia cristiana, capítulo 16, versículo 13-16, se habla de reunir (a las naciones) para la Batalla del Gran Día del Señor. Está escrito en el versículo 16 que se les reúne en el lugar que se llama en hebreo "Har Meggido". Armagedón viene del hebreo  Har = Monte y Meggido que es el nombre de una antigua ciudad de Israel, la palabra Armagedón es de origen griego. 

Está "claro" para los cristianos que al leer esos versículos surge la idea, el concepto de la Batalla de Armagedón. Esta creencia sobre el lugar nace de una equivocación porque la mayoría de los creyentes (o la gente) no conocen la geografía de Israel. En el Libro de Apocalipsis no está escrito donde va a suceder la batalla. El único lugar que se menciona como un tipo de ubicación (referencial) es cuando se dice que esos ejércitos de las naciones se van a reunir en Armagedón, por eso se volvió "tradición" denominarle como la "Batalla de Armagedón".

Hay que destacar que en ese sitio estratégico (Megido) ya hubo guerras históricas. La ciudad de Megido fue tomada siglos atrás de nuestra era por el faraón Tutmosis III, durante la época de los cananitas, alrededor del 1457 antes de nuestra era común, campaña muy bien documentada en el templo de Amón en Karnak y en Armant en Egipto. Megido fue escenario de otras dos grandes batallas: En 609 a.c. el Reino de Egipto triunfó ante el reino de Judá; y, en 1918, durante la Gran Guerra los británicos lograron una decisiva victoria sobre el Imperio Otomano, la conquista de Palestina. Megido y sus ruinas fueron declarados ‘Patrimonio de la Humanidad’ desde el año 2005. Incluso Napoleón Bonaparte en 1799 declaró que ese valle era perfecto para emprender una batalla. De allí que naciera la idea de que en el valle de Megido sucedería la "Última Batalla". Pero, insistamos, la tesis, el punto de vista judío sobre el fin del mundo está relacionado siempre con Jerusalem, recordemos que Ezequiel habla de una "Batalla Gigante" que deberá acontecer cuando haya tenido lugar otros episodios descritos en las profecías.


                Kukryniksy, "Cruzada", década 1980


Si solo nos ceñimos al Libro de Apocalipsis, Capítulo 16, versículo 16, que, repetimos, habla que todas las naciones se van a reunir en un lugar llamado en hebreo "Har Meggido" (Armagedón en griego), y si revisamos toda la biblia NO vamos a encontrar nada que nos indique que la batalla vaya a llamarse Armagedón y tampoco vamos a encontrar referencia alguna de que la batalla va a suceder en el Valle de Megido, eso no aparece en la biblia. Lo que si aparece en la biblia y está en esos mismos versículos (Apocalipsis 16) es que demonios en forma de rana van a traer a las naciones, a juntar a las naciones para pelear en la batalla del Gran Día del Señor Todopoderoso. Los mismos versículos que la gente dice habla sobre la batalla de Armagedón están allí señalando su real nombre, la guerra o la batalla del Gran Día del Señor Todopoderoso... que sucederá en Jerusalem, conforme lo hemos analizado más arriba. 

Como reflexiona en su libro, el erudito judío Steven Arik Barel: "Diríamos que en Megido - Armagedón no va a suceder el fin del mundo, va a comenzar el fin del mundo, allí se reunirán las naciones y marcharán sobre Jerusalem. El Mesías no va a llegar a ese valle (Megido), han dicho los profetas que llegará sobre el Monte de los Olivos para destruir a todas esas naciones que viene a luchar contra Jerusalem y él vendrá para salvarla. No es que Armagedón no tenga nada que ver, pero debemos entender que todo se centra en Jerusalem".

Para terminar este apartado, citamos a Caitlin Johnstone, analista del sitio web “Caitlin’s Newsletter”: "Los sionistas cristianos apoyan al Israel moderno porque creen que su existencia ayudará a cumplir una profecía bíblica y provocará la segunda venida de Jesús, quien los llevará a todos al cielo y enviará a todos los incrédulos (incluidos los judíos) al infierno. La mayoría de sionistas son cristianos que esperan que todos los judíos regresen a Israel para que Jesús regrese, y entonces los judíos podrán arrepentirse y convertirse al cristianismo o ir al infierno. Lo que eso significa es que, de una manera muy real y cuantificable, la mayoría de sionistas son verdaderos antisemitas". 

Tampoco pretendemos ponernos teológicos, así que si os interesa el tema... a investigar. No deseo ahondar más en este punto, solo una pequeña anécdota. ¡Hay que destacar la ira -literal- que desatan misioneros cristianos evangélicos en Israel cuando insensatamente intentan predicar a Jesús en comunidades ortodoxas judías, a eso yo llamaría provocación (! evangelizar a los judíos en Israel!), más de uno(a) ha recibido al menos un buen puntapié. 


Kukryniksy. "1945-1984. 9 de mayo, Día de la Victoria" (1984)


Como reflexión. El apocalipsis, el final de los días, el juicio final, la batalla final, el Armagedón (como queramos calificarlo) está lejos de suceder debido a los acontecimientos de nuestro tiempo si nos ceñimos a la “biblia” judía. También es evidente que el apocalipsis cristiano no es una fuente válida de su creencia del fin de los días tomada del judaísmo. Para buen entendedor, el Libro del Apocalipsis bíblico, NO forma parte de la Tanaj (biblia judía), siendo una tardía creación en idioma griego e integrada al denominado Nuevo Testamento cristiano.

Volvamos con el presidente Ronald Reagan

En los años del gobierno del vaquero Reagan (1980-1988), los fundamentalistas (presidente incluido) al conceptuar a la extinta Unión Soviética como el “Imperio del Mal”, lo hacían desde el sentido religioso y no metafórico, pensaban que estaban en guerra contra el “anticristo” encarnado en el comunismo y la URSS. Algunos estudiosos de las creencias de Reagan afirmaron estar convencidos de que la ideología del Armagedón era la raíz de la política exterior y militar-nuclear del presidente en relación con la Unión Soviética.

Reagan estaba totalmente convencido de la inminente llegada de Jesucristo, teniendo en cuenta que ya se había producido el regreso de los judíos a Palestina y la creación del Estado de Israel, signos que “profetizaban” la inminente batalla del Armagedón, la batalla final se libraría para destruir el “Imperio del Mal” (URSS). Para que la gente “piense” igual que Dios, nos tuvieron al borde de una tercera guerra mundial nuclear. En 1980, Ronald Reagan dijo que "puede que seamos la generación que verá el Armagedón", a las claras, un anticipo mesiánico de histeria apocalíptica de “los Últimos Días”. El “anticristo” (URSS o alguien diferente) luchará contra las “fuerzas de Dios” (encarnados en los Estados Unidos). Como todo está escrito en la biblia, ya conocemos al ganador de antemano. “Las fuerzas de Dios”, bajo mando de Jesús (y de Reagan) vencerán en la partida.


Kukryniksy. "Su profesión es la agresión", 1981


               Kukryniksy. "Desarme = Armamentos", 1982

Como otros presidentes de los Estados Unidos, Reagan también fue miembro de la organización religiosa secreta, conocida con el código de “La Familia”, fundada para enfrentarse al impío comunismo del Este, por lo que disponía de suficientes medios suministrados por la OTAN, “La Familia” reclutó al pastor Billy Graham como portavoz, quien llegará a ser el “consejero espiritual de Reagan”, además de convertir al presidente al “dispensionalismo”. Paralelamente, la National Endowment for Democracy (NED) se conformó en 1984 y la Liga Anticomunista Mundial (WACL) también proseguía su labor como una herramienta válida para las operaciones secretas de la CIA.

Eso no es todo, existe un mensaje con la amenaza apocalíptica: Si no te arrepientes ahora, si consientes que te “salven” (los predicadores) y, si das una contribución monetaria a la iglesia, “se te ahorrará toda la carnicería trasportándote a un lugar seguro hasta que se haya resuelto el conflicto. En una variante de este tema, ciertos predicadores fundamentalistas hablan de un momento en la generación presente en que los fieles serán 'arrebatados'”.

El peligro está en que algunos de estos modernos fundamentalistas estadounidenses, enquistados en el poder de la nación nuclear más poderosa del mundo, siguen creyendo literalmente todo, ese fue el caso del ex presidente Ronald Reagan. Esta clase de personas están resignadas a que el apocalipsis sea inminente y anhelan tal suceso para salvar su “alma”, proclaman estar listos para ingresar en el selecto club de la eterna felicidad celestial con el milenario “Reino de la Segunda Venida”. (Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln: “El Legado Mesiánico”)




Kukryniksy. Cuatro ilustraciones sobre el presidente Ronald Reagan, las armas nucleares y los llamados a la "paz". (década de 1980)


En un artículo del “Post” de Washington, así como en “The Guardian”, Ronnie Dugger, conocido periodista escribía en aquellas fechas: “...los estadounidenses podrían preguntarse con razón si su presidente (Reagan) está predispuesto personalmente, por obra y gracia de la teología fundamentalista, a esperar algún tipo de Armagedón que empiece con una guerra nuclear en el Oriente Medio”. Y añade: “Si se produce una crisis en el Oriente Medio y amenaza con convertirse en una confrontación nuclear, ¿cabría que el presidente Reagan estuviera predispuesto a creer que ve la llegada de Armagedón y que ésta es la voluntad de Dios?

Según el propio difunto ex presidente, ciertos “teólogos”, no identificados, le dijeron que en ningún momento antes en la historia del mundo hubo “tantas profecías juntándose unas con otras”. Fue durante la campaña de 1980, para ser nombrado candidato de su partido a la presidencia, en que declaró ante las cámaras de televisión su ya citada frase: Puede que seamos la generación que verá el Armagedón”.


         Kukryniksy. "Anticomunismo", 1984


En 1983, Reagan afirmó que cuando leía a los profetas del Antiguo Testamento y “las señales anunciadoras del Armagedón”, le resultaba difícil no pensar en la probabilidad de que la batalla se librase en la actual generación (en su época). Reagan decía que los profetas antiguos habían descrito con precisión los tiempos que ahora estaba experimentando el mundo contemporáneo. Según el “Times” de Washington, James Mills, político californiano, recuerda una conversación durante la cual el presidente habló largo y tendido del Armagedón. Según parece, después de citar las profecías de Ezequiel, dijo: “Todo está encajando. Ya no puede tardar mucho”. En otra ocasión se afirma que Reagan expresó a Jerry Falwell (de la fundamentalista Liberty Federation): “Sí, en efecto. Me dijo, durante la campaña... ‘Jerry, a veces creo que nos dirigimos muy aprisa hacia el Armagedón ahora mismo’ ”.

(Este apartado sobre el apocalipsis y su relación con la ideología de Ronald Reagan es un resumen, de entre otros autores, de uno de los mejores libros escritos sobre el tema, a pesar que la idea general de la obra se enmarca en los orígenes del cristianismo, no deja de topar sus consecuencias milenaristas a través de la historia. “El Legado Mesiánico”, de Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln, autores del clásico “El enigma Sagrado”).


Kukryniksy. "No hay salida para Washington", 1983


Epílogo

"Si se tolera que la histeria del fundamentalismo estadounidense se convierta en una profecía de esas que por su propia naturaleza contribuyen a cumplirse, una profecía adoptada y aceptada nada menos que por la Casa Blanca, el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadiquitas muertos hace siglos y que, tomados de la mano, darían saltitos por los Campos Elíseos, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -como quiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo". (en ese sentido debemos decirle gracias a Trump por no haberlo permitido en el reciente conflicto irano-israelí)

Las personas, la humanidad en general, no concebimos ni deseamos esas cosas de auto inmolarnos en un infierno nuclear. Otros quieren (así ha sido siempre) pensar y decidir por nosotros. En el caso de destrucción de toda la civilización, no podemos afirmar que ello será causado por el mismo ‘hombre’, será obra de un grupúsculo determinado de fanáticos con Poder.


Kukryniksy. "Europa Occidental", 1983. Como se aprecia el nazi Joseph Goebbels aconseja a Ronald Reagan.


Respecto al apocalipsis bíblico, puntos a reflexionar. Estamos frente a una franca contradicción. La religión judía no cree en estas chorradas milenaristas cristianas, no encaja para nada en su doctrina mesiánica que esperan al Mesías judío, tal como ellos lo identifican. El Apocalipsis del cristianismo no existe en los libros sagrados del judaísmo. Entonces, ¿cuál es el juego del cristianismo evangélico?, ¿cómo encaja el sionismo cristiano y su cegado celo por respaldar la política genocida y expansionista del estado de Israel? La respuesta corta es que las élites tienen otra agenda secreta que las devotas bases ignoran; así funciona la política en cualquier ámbito.

El judío secular y el ortodoxo no político defienden como cualquier religión, que el judaísmo es solo espiritual. Y, como cualquier religión, proclama desde el amor a los semejantes hasta la justicia y la paz. El verdadero judaísmo es Mesiánico (esperan a su Mesías) y es universalista (como el cristianismo), esperan el establecimiento del "Reino de Dios en la Tierra" (de otra forma). Nada extraño que no proclame otra religión monoteísta. Pero, ese mesianismo judío no tiene nada de comparación con el cristianismo, los judíos rechazan el "Apocalipsis" que se encuentra en el "Libro de las Revelaciones" o "Revelación de Juan", redactado a fines del primer siglo de la era cristiana en idioma griego (último libro del Nuevo Testamento). 


Kukryniksy. "Vota por nosotros" (Reagan orando: Estamos a favor de la paz)


Ronald Reagan no pudo ver, hasta su personal fin de los días, el Armagedón, ni el fin de los tiempos, lo cual habrá lamentado. Pero si pudo contemplar la caída del “Imperio del Mal”, la Unión Soviética se desintegró oficialmente en 1991 y en cierta medida fue obra suya al obligar a los “malos” a invertir en un descomunal derroche de recursos para mantener la paridad en el armamento nuclear. La persuasión y disuasión de la política nuclear soviética consiguió volver incapaz la intención de los Estados Unidos y la OTAN de superarla, pero los soviéticos no proveyeron el colosal coste económico para mantener ese equilibrio de fuerzas que al final los hizo sucumbir. “Jesús” venció al “Maligno” se habría alegrado Ronald Reagan.


Kukryniksy. "En cinco minutos está bomba sobre la URSS", 1984



Nota final: La reciente crisis entre Israel e Irán hizo que los Estados Unidos intervengan en el conflicto, agravando la incertidumbre mundial a un posible desenlace nuclear. El sentido común primó ante los desquiciados fundamentalistas evangélicos que "anhelaban su deseado fin de los tiempos". Por lo dicho el tema no termina aquí, dedicaremos aún un par de artículos sobre política y religión. 

Fuentes

Resumen y citas de los libros: 

"Los Señores de las Sombras", Daniel Estulin, editorial Planeta, 2007

“El Legado Mesiánico”, Michael Baigent, Richard Leigh y H. Lincoln“, editorial Martínez Roca, 1985

Phil Butler, "¿Están listos los evangelistas estadounidenses para seguir a los sionistas hasta el Armagedón?"

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