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24 febrero 2026

Estados Unidos declara públicamente el retorno al brutal colonialismo occidental




Este artículo es continuación de:


En la anterior ponencia sobre la inoperabilidad de la Doctrina Monroe estadounidense quedó pendiente las recientes declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio y su directa advertencia de que su país volverá a controlar el mundo Occidental si es necesario mediante la fuerza, y ya lo hecho.

Pese a todo lo que se ha analizado de la mayor potencia mundial en el último siglo, gracias al control absoluto de las grandes corporaciones mediáticas (medios de desinformación masivo), la gran mayoría de gente sigue convencida de que los Estados Unidos es la fuente de la sabiduría y la democracia en el mundo, a pesar de tildar a Mr. Trump de ser un tirano, un dictador, un fascista, etc. 

Muchos otros seguirán esperando el final, el desplome del Imperio Americano. La gran implosión económica sería en este momento lo único que podría llevar a tal acontecimiento, olvídense eso de "guerra civil"; a pesar del terrible endeudamiento y crisis institucional que sufre la nación, el águila imperial estadounidense tiene mucho que decir e imponer. Estados Unidos seguirá sosteniéndose y batallando bajo el control de la misma élite financiera que forjó la nación y, como ave Fénix, resurgirá, no de las cenizas -a donde no ha llegado- sino a través de una nueva visión del Orden Mundial.

Es muy frecuente que nos preguntemos, ¿puede seguir manteniendo Estados Unidos el status de una superpotencia sin que sea una democracia? La pregunta sigue siendo de una absoluta inocencia. La democracia nunca ha sido obstáculo para que Estados Unidos y Europa impongan la brutalidad en sus relaciones con las demás naciones del mundo. Y, en el otro sentido, muchas dictaduras forjaron el despegue de sus naciones sin mencionar la palabra democracia, término amañado y violado en todo momento. Hoy, “democracia” no significa nada, salvo cuando se trata de atacar o destruir a alguien en nombre de eso que llaman principios “democráticos” y derechos humanos.

La pregunta correcta debería ser, ¿se aplicaría la lucha -en el sentido literal- por la democracia dentro de los propios Estados Unidos de América?

No es solamente el presidente Donald Trump quien está dando un giro autoritario a los Estados Unidos, lo han hecho muchos otros presidentes con menos propaganda y alardeo, sin shows mediáticos, entre bastidores. La historia nos presenta una larga lista de intervencionismo militar y golpes de estado en todo el mundo auspiciados por el Tío Sam. ¿Quién dijo que eso era antidemocrático? (quizá solo los trasnochados de la “izquierda radical”).

A nadie debería sorprenderle el hecho de que la gran potencia mundial -Estados Unidos- actúe abiertamente hoy como una dictadura. Necesita hacerlo porque ha perdido el respeto de unos cuantos “inadaptados” del mundo. Y, no, no va a perder, mucho menos va a ver destruida su legitimidad como líder global, seguirá liderando la democracia en el mundo, aunque ello signifique sembrar “democracia” a través del bombardeo, ni permitirá que ese factor sea causa para que otros abandonen el modelo “democrático”. 

Si no están de acuerdo con estas palabras, solo por un momento pregúntense si esto no está sucediendo en otro lugar, es decir, en la otra “democrática” y pacífica Unión Europea… Hace rato que Europa perdió todo valor de lo que podría considerarse democracia, Europa le dió el beso de la muerte a la democracia -afirmaba hace varios años un famoso politólogo francés-. Solo reina el falso discurso sobre la “paz”, para terminar armándose para la seguridad… por si acaso… Así que, no os preocupéis por los principios democráticos, los Estados Unidos no van a dejar de perder influencia por esa palabra vacía, sin sentido en la actualidad

El sistema que ha sostenido el Nuevo Oren Mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial simplemente se halla en revisión.

No quiero ser repetitivo, os invito a repasar un artículo reproducido hace poco en este blog: USA. ¿El Imperio contraataca?

Lo único que parecer ser cierto, y como moraleja, a los que se rasgan las vestiduras en contra de Trump y sus principios tiránicos, sin atreverse a nombrar a los rusos y chinos, es que Estados Unidos está reivindicando su supremacía militar. Y, aunque nos cueste aceptarlo, China, Rusia y Estados Unidos han pactado transformar el mundo aplicando el más clásico estilo de las famosas zonas de influencia. El continente Americano y el Hemisferio Occidental es para los Estados Unidos y paren de plantear cualquier otra teoría. ¿Y los europeos? A chingar a su madre… ¿Recuerdan a la Víctoria Nuland cuando la crisis ucraniana estalló en 2014?... “que se joda la Unión Europea!”

Los rezagos de la justicia estadounidense intentan “oponerse” a la “dictadura” de Trump en temas banales como la inmigración o los aranceles, banales en el sentido de que no pesan gran cosa en el rediseño del mundo impuesto por las superpotencias. Trump se molestó hace poco días porque le han negado imponer más aranceles a países desafectos, indignado vociferó por un reciente fallo de la Corte Suprema, que se le permite cortar todo comercio o negocio con un país, lo que significa que “¡puedo destruir el comercio, puedo destruir el país! Incluso se me permite imponer un embargo que destruya un país extranjero, ¡puedo embargar! Puedo hacer lo que quiera, ¡pero no puedo cobrar $1!”… Ironías de la “democracia” dentro de la “dictadura” de Trump.

Antes de dar paso a la ponencia central, volvamos con el retorno del Tío Sam a poner orden -mediante la patada y la bofetada- a los peones de su patio trasero. No quiero escribir más al respecto, las palabras suelen ser huecas, por lo mismo, ruego atender tranquilamente el mensaje del siguiente video.


¡CUBA SE RINDE FINALMENTE! —Díaz-Canel Traiciona a China _ Último Bastión Comunista CAE Para Siempre

Richard Wolff analiza en el video datos clave, alianzas ocultas y las consecuencias que van a transformar el equilibrio político en América Latina para siempre. La isla que durante décadas resistió sanciones, presiones y bloqueos ahora enfrenta su momento más crítico. ¿Está realmente cayendo el último bastión comunista del Caribe? El explosivo análisis desentraña las decisiones de Miguel Díaz-Canel que podrían marcar un antes y un después en la historia de Cuba. ¿Traición estratégica a China o jugada política para sobrevivir? Se analiza los movimientos diplomáticos, el impacto económico y el posible cambio de rumbo del régimen. El escenario internacional se reconfigura y las potencias observan cada paso con máxima tensión.

Muy interesante el planteamiento de Wolff, pero también muy fantasioso el futuro prodigioso que espera a Cuba…

T. Andino


II parte

El Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el regreso al brutal colonialismo occidental, y Europa lo aplaudió.


Jonathan Cook
Middle East Eye.
19 febrero 2026


En Múnich, Estados Unidos anunció su intención de aplastar toda oposición a su estatus permanente como líder imperial, incluso si eso significa destruir todo y a todos nosotros en el proceso.


El discurso del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, 14 de febrero de 2026, fue otra preocupante declaración de intenciones de la administración Trump. El objetivo explícito de la política exterior estadounidense, según Rubio, es resucitar el orden colonial occidental que persistió durante unos cinco siglos hasta la Segunda Guerra Mundial.

El colonialismo de la vieja escuela, impuesto por el hombre blanco, ha regresado sin complejos.


El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio junto al presidente Donald Trump (fotos de archivo)  


En el absurdo relato de Rubio, la colonización europea de gran parte del planeta y el saqueo de sus recursos fueron una era gloriosa de exploración, innovación y creatividad occidentales. Occidente trajo una civilización "superior" a los pueblos atrasados, manteniendo al mismo tiempo el orden global.

Reflexionando sobre la era anterior a 1945, observó: "Occidente se había estado expandiendo: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores, salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo".

Según Rubio, ese declive se aceleró por lo que desestimó como las "abstracciones del derecho internacional", establecidas por las Naciones Unidas en la inmediata posguerra. En la búsqueda de lo que él denominó con desdén "un mundo perfecto", estas nuevas leyes universales -que trataban a todos los seres humanos como iguales- solo sirvieron para frenar el colonialismo occidental.

Rubio olvidó mencionar que el propósito del derecho internacional era evitar el retorno a los horrores de la Segunda Guerra Mundial: el exterminio de civiles en campos de concentración y el bombardeo con bombas incendiarias de ciudades europeas y japonesas.

Durante su discurso, Rubio ofreció a Europa la oportunidad de unirse a la administración Trump para revivir "la era de dominio occidental" y "renovar la mayor civilización de la historia de la humanidad".

“Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza -la alianza que queremos- que no se deje paralizar por el miedo: miedo al cambio climático, miedo a la guerra, miedo a la tecnología", afirmó.

Sin paz, sin orden.

Sorprendentemente, Rubio fue recibido con un entusiasta aplauso durante todo su discurso por una audiencia compuesta por jefes de estado, políticos, diplomáticos y militares. Se dice que recibió una ovación de pie de la mitad de los asistentes.

Parecían absortos en el relato triunfalista de Rubio sobre el imperio, completamente ajeno a las realidades bien documentadas de la "dominación occidental", en particular sus brutales tiranías coloniales, sus genocidios a escala industrial y la esclavización masiva de las poblaciones nativas.

Estos no fueron episodios ni errores desafortunados en el pasado imperial de Occidente. Fueron parte integral de él. Fueron el medio coercitivo mediante el cual los pueblos colonizados fueron despojados de sus bienes y mano de obra para financiar el imperio.

También pareció ignorar otra desventaja del Occidente colonial, que fue evidente durante esos cinco siglos. La competencia despiadada entre los estados europeos, que competían por ser los primeros en saquear los recursos del Sur Global, condujo a guerras interminables en las que murieron tanto europeos como sus colonizados.

El imperio no garantizaba el orden, y mucho menos la paz. El colonialismo consistía en un robo sistematizado, y, como dice el refrán, rara vez hay honor entre ladrones.

En el mundo despiadado que precedió al derecho internacional, cada potencia colonial buscaba su propio progreso frente a sus rivales. Esto culminó en dos terribles guerras en la primera mitad del siglo XX que diezmaron a la propia Europa.

Como Rubio no comprende el pasado, su visión del futuro también es inevitablemente defectuosa. Cualquier intento de la administración Trump de restaurar abiertamente el dominio colonial occidental resultará suicida. Como veremos, tal empresa significaría la ruina para todos nosotros. De hecho, es posible que ya estemos muy avanzados en ese camino.




Músculos imperialistas

Hay una serie de fallas evidentes en el pensamiento de Rubio y la administración Trump.

Primero, la afirmación de Rubio de que Occidente abandonó el colonialismo hace unos 80 años es rotundamente errónea. Al final de la Segunda Guerra Mundial, las potencias coloniales de Europa, físicamente maltratadas y económicamente agotadas, pasaron la batuta del imperio a Estados Unidos. Washington no acabó con el colonialismo. Lo racionalizó y simplificó.

Washington continuó la tradición europea de derrocar a líderes nacionalistas e instalar en su lugar a clientes débiles y obedientes.

También sembró el mundo con cientos de bases militares estadounidenses para proyectar poder duro, al tiempo que explotaba las nuevas tecnologías globalizadoras para proyectar poder blando. Las zanahorias y los palos económicos, esgrimidos en gran medida fuera de la vista a través del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, incentivaron la sumisión a sus dictados por parte de los líderes no occidentales.

La libertad de maniobra de Washington se vio limitada principalmente por una potencia rival: la Unión Soviética, que armaba y subsidiaba a sus propios clientes. La Guerra Fría mantuvo al imperio estadounidense relativamente bajo control. Eso no fue "decadencia", como afirma Rubio. Fue simple pragmatismo: evitar la confrontación en una era nuclear que, por un paso en falso, podría conducir a la aniquilación global.

En los últimos 30 años, desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos ha ejercido su poderío imperialista de forma cada vez más agresiva: en la ex Yugoslavia, en Irak, en Afganistán, en Irak de nuevo, en Libia, en Siria y ahora -con la ayuda de su principal cliente, Israel- de forma más amplia en Oriente Medio, rico en petróleo, en Palestina, Líbano e Irán.

Mucho antes del primer mandato de Trump como presidente, los principales objetivos bipartidistas de la política exterior de Washington incluían presionar a Rusia, principalmente mediante la colonización progresiva de los antiguos estados soviéticos, y amenazar a China por Taiwán.

Al estilo típico de Trump, Rubio simplemente ha hecho explícito lo que ya estaba implícito. Estados Unidos ha sido una superpotencia imperial desde la década de 1940 y se ha vuelto cada vez más confrontacional en un mundo de recursos menguantes, donde disfruta de la ventaja de ser la única superpotencia militar. Rubio es simplemente más honesto que sus predecesores sobre la trayectoria de décadas de la política exterior estadounidense.

 



Espectáculo de terror.

Hay una buena razón por la que los "comunistas ateos" y sus sucesores obsesionados con Dios libraron "levantamientos anticoloniales" que finalmente no pudieron ser contenidos por el imperio occidental.

La élite colonial gobernante de Occidente había pasado siglos convirtiendo la vida en el Sur Global en un espectáculo de terror, ya sea mediante tiranías brutales, masacres o la trata de esclavos. Las poblaciones nativas ansiaban liberarse del "orden" impuesto por Occidente, razón por la cual, después de la Segunda Guerra Mundial, muchos recurrieron a la Unión Soviética comunista en lugar de a Estados Unidos en busca de apoyo.

En los últimos asentamientos coloniales clientes de Occidente -la Sudáfrica del apartheid hasta 1994 y el Israel del apartheid en la actualidad- hubo revueltas masivas sostenidas por parte de aquellos a quienes oprimían. Vivir bajo el régimen de la minoría blanca en Sudáfrica era peligroso y devastador si no se era blanco, al igual que vivir bajo un sistema de supremacía judía en Israel y la Palestina ocupada es peligroso y devastador si no se es judío.

Cabe destacar también que ambos regímenes de apartheid generaron movimientos de solidaridad global. La mayoría de las personas, incluso los occidentales, comprenden que oprimir a otro pueblo, negar su humanidad y su derecho a la igualdad, es profundamente injusto e inmoral. Esto no va a cambiar porque Washington tiene una visión neutra del colonialismo y el apartheid.

La lección de la historia es que cualquier intensificación del imperialismo estadounidense por parte de la administración Trump provocará una mayor resistencia. Esto ya debería estar claro para cualquiera que no haya estado dormitando durante los últimos 20 años.

Extorsión a Ucrania.

El presidente ruso, Vladímir Putin, fue criticado en Occidente cuando expuso la justificación geoestratégica para su invasión de Ucrania a principios de 2022. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, por ejemplo, acusó a Putin que se imaginaba a sí mismo como Pedro el Grande e intentaba restaurar el pasado imperial de Rusia.

Žižek citó como prueba un discurso pronunciado por Putin ante un grupo de jóvenes emprendedores en Moscú en junio de 2022, pocos meses después de la invasión. Putin declaró: «Cualquier país, cualquier pueblo, cualquier grupo étnico debe garantizar su soberanía. Porque no hay un estado intermedio: o un país es soberano o es una colonia, sin importar cómo se llamen las colonias».

El significado de Putin debería haber sido obvio en aquel momento, dado que durante más de dos décadas, varias administraciones en Washington habían incorporado a antiguos estados soviéticos a la OTAN -la alianza militar del imperio estadounidense- y ubicado bases militares cada vez más cerca de Moscú.

La promesa hecha por la OTAN en 2008 de permitir que Ucrania se uniera a la alianza en algún momento futuro solo podía ser interpretada por los líderes rusos de una manera: como una amenaza. De cumplirse, las ojivas nucleares de la OTAN estarían a minutos del Kremlin.

Putin estaba decidido a mantener la soberanía rusa y evitar convertirse en otra colonia intermedia del imperio estadounidense, como casi lo hizo bajo el régimen de su predecesor, Boris Yeltsin. El líder ruso rechazó el modelo europeo de entregar a Washington las llaves de sus recursos, economía y sistemas de defensa.

Sin duda, Putin observó con satisfacción la extorsión de Trump a Ucrania el año pasado, cuando el presidente Volodímir Zelenski se vio obligado a ceder la riqueza mineral de su país a cambio de la protección estadounidense. Fue una ilustración perfecta del argumento de Putin de que no hay estados intermedios en un mundo de política de poder desastrosa: o se es soberano o se es colonia de una potencia más fuerte.

Fue esa misma lógica la que motivó la decisión de Rusia de invadir Ucrania. Si en aquel momento era difícil de entender, ahora debería ser más fácil de comprender a la luz del discurso de Rubio. Dadas las ambiciones imperialistas de Washington, Ucrania iba a caer en la órbita geoestratégica de Estados Unidos, convirtiéndose en otro puesto de avanzada colonial para su maquinaria de guerra, a menos que Rusia obligara primero a su vecino a entrar en su propia órbita geoestratégica.

La nueva normalidad en Gaza.

La administración Trump está dejando clara su realpolitik: la eliminación genocida de Gaza es la nueva normalidad, al igual que el secuestro de líderes mundiales como el venezolano Nicolás Maduro. Los estados europeos están cada vez más nerviosos por el imperialismo descarado de Trump y lo que podría significar para ellos. La amenaza de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca fue una llamada de atención; según se informa, dominó las discusiones en la conferencia de Múnich.





En consonancia con la advertencia de Putin de hace cuatro años, los líderes europeos se afanan por considerar cómo podrían recuperar cierto grado de soberanía para detener su colonización irreversible por parte de Estados Unidos. Rubio intentó apaciguarlos invitando a Europa a unirse a Washington para resucitar el imperio occidental. La oferta fue un completo engaño. No se trata de un proyecto conjunto, como deberían haber comprendido cuando Trump introdujo los aranceles como un garrote para someterlos a una mayor servidumbre; cuando abandonó el apoyo a Ucrania, su proclamada defensa contra el "imperialismo ruso"; y cuando exigió la propiedad de Groenlandia.

Estas "traiciones" inspiraron un discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos el mes pasado. Allí, advirtió que el orden basado en reglas de 80 años de antigüedad era una "ficción agradable", una tapadera que permitía a los aliados de Estados Unidos beneficiarse de la hegemonía estadounidense "con bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para la resolución de disputas". Y por esa razón, los aliados de Washington habían conspirado para cometer el engaño: «Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o la víctima».

Era, dijo Carney, hora de dejar de «vivir en una mentira». Muchos asumieron que el líder canadiense expresaba, en nombre de aliados tecnocráticos en Europa como el británico Keir Starmer y el francés Emmanuel Macron, un nuevo compromiso con la transparencia y la honestidad como contrapeso a las violaciones de la ley estadounidenses en el extranjero.

Nada más lejos de la realidad, como lo demuestra la continua complicidad de Carney, Starmer y Macron en el genocidio de Gaza y su silencio ante las amenazas de Trump de lanzar una guerra de agresión contra Irán. El propósito del discurso de Carney en Davos era algo completamente distinto. La propia honestidad de Trump -su abierto desprecio por el derecho internacional y su entusiasmo por el imperialismo tradicional-amenaza con exponer su hipocresía al aprovecharse de la influencia estadounidense.

No han cambiado su forma de actuar. Simplemente quieren que Trump deje de desmantelar la fachada que construyeron para ocultar y embellecer su complicidad con el colonialismo estadounidense

Rubio volvió a detonar esas mentiras en Múnich. Cuando declaró el regreso al imperialismo declarado del más fuerte, la conferencia estalló en aplausos. Ursula von der Leyen, tecnócrata en jefe de la Comisión Europea, dijo sentirse "muy tranquilizada" por el discurso de Rubio, llamándolo "buen amigo".




Armagedón nuclear.

La mayor distracción en las declaraciones de Rubio fue su omisión de la verdadera razón por la que Occidente abandonó el colonialismo manifiesto tras la Segunda Guerra Mundial y construyó instituciones internacionales como las Naciones Unidas.

No se trató de una aceptación de la derrota ni del declive por parte de Estados Unidos, sino más bien de un reconocimiento de que, con el rápido desarrollo de arsenales nucleares por parte de las superpotencias tras la guerra, un sistema capaz de mediar en los peores excesos de poder se había convertido en una necesidad. Era la única esperanza de prevenir la competencia y la confrontación colonial temeraria que podrían desencadenar una Tercera Guerra Mundial que probablemente derivaría rápidamente en un Armagedón nuclear.

Nada ha cambiado en las últimas ocho décadas.

Rusia y China aún poseen grandes arsenales nucleares, y Moscú ahora cuenta con misiles hipersónicos capaces de transportar estas ojivas a velocidades sin precedentes. Aún no existe un mecanismo de seguridad que evite que los malentendidos degeneren rápidamente en ataques mutuos.

La naturaleza humana no ha cambiado desde la década de 1940; solo la arrogancia de una superpotencia decidida a impedir que grandes potencias como China o Rusia la desbanquen de su posición imperial. La amenaza de aniquilación nuclear no ha disminuido. Ha crecido exponencialmente a medida que las limitaciones de los recursos globales -aquellos necesarios para sostener el consumo occidental y el incesante "crecimiento económico"- presionan cada vez más a Estados Unidos para que abandone su máscara de guardián de valores superiores.

Rubio aprovechó la conferencia de Múnich para dejar al descubierto la nueva realidad: 

Washington ya no se mostrará tímido ni se regirá por límites. Estados Unidos está decidido a aplastar toda oposición a su estatus permanente de líder imperial, incluso si eso significa destruirlo todo, y a todos nosotros, en el proceso.


Jonathan Cook

Rubio declared a return to brutal western colonialism - and Europe applauded 

21 febrero 2026

Por qué no se puede restablecer la Doctrina Monroe






Nota de introducción por el editor del blog.

Es importante hacer algunas aclaraciones - a más de las que interpone el autor de la ponencia principal, que daremos lectura más abajo. En 1823, el presidente de los Estados Unidos, James Monroe declaraba: "América para los americanos". Se ha cuestionado -bien o mal- que esto implica que América -el continente- es para los estadounidenses. En el contexto de la época nada tenía que ver con algún tipo de alianza entre los Estados Unidos de América y las otras naciones del continente en su lucha por la independencia, ni tampoco nada tenía que ver con las rivalidades estadounidenses con las potencias imperiales de Europa.

Dicho pronunciamiento del presidente Monroe "coincidió" con las guerras de independencia de las colonias hispanoamericanas contra las potencias europeas de la Santa Alianza. Con anterioridad, el Tío Sam se había declarado garante y protector de las futuras repúblicas hispanoamericanas al considerar que cualquier intervención de potencias europeas en el destino de esos países sería un agravio directo a los Estados Unidos y que recibirían una respuesta inmediata y contundente.

Sigue siendo debatible si en esos momentos Estados Unidos hubiese podido hacer frente a una amenaza real de una o más potencias extracontinentales, porque militarmente era débil para resistir nuevas confrontaciones coloniales impulsadas desde Europa, recordemos que apenas habían pasado algunas décadas de su independencia. Monroe buscaba una manera de protegerse de las alianzas imperiales europeas y su único posible aliado eran las emergentes naciones del continente que de a poco iban liberándose a través de propios procesos anticoloniales.
En la práctica, la posteriormente denominada "Doctrina Monroe", inició con un discurso retórico, porque la historia nos demuestra que el Imperio Francés atacó México por primera vez entre 1838 y 1839, ! increíblemente con apoyo implícito de Estados Unidos! Un siguiente escenario tuvo lugar entre 1862-1867, que contó -además- con el respaldo de España y Reino Unido. ¿Y la "Doctrina" Monroe?

Los propios Estados Unidos se hallaban ya enfrascados en su propio conflicto interno: 1861-1865. Mucho antes fue evidente la neutralidad de los Estados Unidos cuando la Gran Bretaña ocupó las Islas Malvinas en 1833; o, el posterior bloqueo de las costas argentinas entre 1839-1840; o, la ocupación española de República Dominicana entre 1861-1865, la Guyana venezolana ocupada por los británicos...; y, exagerando en la línea de tiempo, en 1982 cuando Estados Unidos respaldó al gobierno británico durante el conflicto bélico por las islas Malvinas.

La llamada "Doctrina Monroe" presagiaba un solo mensaje: El futuro imperialismo estadounidense. Era una declaración que debía ser entendida como la proclamación de que las ex colonias se convertirían en una nueva especie de colonialismo no oficial de la naciente potencia mundial, su patio trasero donde ejercerá su influencia política-económica, de ser necesario a sangre y fuego. La doctrina ha servido hasta el presente como justificación de las ya incontables intervenciones militares y golpes de estado enlas naciones del continente americano.

Dado los hechos históricos acontecidos a lo largo de los dos últimos siglos podemos afirmar (sin contradecir el real significado de la doctrina, que lógicamente puede ser rebatida) que la "Doctrina Monroe" ha sido "revisada" y "ampliada" al menos en tres ocasiones:

- En 1880, el presidente Rutherford B. Hayes, como secuela de la "Doctrina Monroe", estableció que el Caribe y Centroamérica son parte exclusiva de la “esfera de influencia” de los Estados Unidos. Lo justificó recordando el discurso de que se debía impedir la injerencia en el continente de los imperios europeos. Para esos momentos estaba ya discutiéndose la construcción del canal interoceánico de Panamá. Esa declaración política afianzó el control monopólico comercial de Estados Unidos en Centro y Sur América y el Caribe.

- En 1904, el presidente estadounidense Theodore Roosevelt, debido al bloqueo naval conjunto de los Imperios británico y alemán y del Reino de Italia contra Venezuela (exigiendo el pago inmediato de deudas), actuó como mediador, y como fruto de su “mediación” anunció el derecho de los Estados Unidos a intervenir libremente en el resto de los países americanos "para reordenar el Estado o devolver las garantías de funcionamiento a sus empresas e intereses en dicha nación, en caso de una intervención de potencias ajenas al continente que las pusiera en riesgo". Se implementaba la política conocida como el “gran garrote”, es decir, la fuerza marcaría las relaciones de los Estados Unidos en el continente.

- También la “Política del Buen Vecino” fue una iniciativa política creada y presentada por la administración del gobierno estadounidense presidido por Franklin D. Roosevelt en el marco de la VII Conferencia Panamericana en diciembre de 1933 en lo referente a sus relaciones con Hispano-América durante los años 1933-1945. La intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos fue “moderándose”, Estados Unidos había invadido abiertamente varios países de la región en los primeros años del siglo XX, como Cuba, México, Haití, Panamá, República Dominicana o Nicaragua. Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial buscó la solidaridad hemisférica contra las amenazas externas provenientes de las potencias del eje, por tanto, esta política del “buen vecino” influyó para que todas las naciones del continente apoyaran -en mayor o menor grado- a Estados Unidos en dicho conflicto bélico….

A pesar de todo lo bonito que suena esto, la realidad en pleno siglo XXI es otra. Estados Unidos no ha sentido vergüenza en declarar -por medio del Secretario de Estado, Marco Rubio-durante la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania, el pasado 14 de febrero de 2026, que Estados Unidos tiene la intención de aplastar toda oposición a su estatus permanente como líder imperial, incluso si eso significa destruir todo y a todos en el proceso. Una declaración de intenciones evidente: El regreso al brutal colonialismo occidental, los ejemplos están a la vista, a pesar de que -en lo personal- esté de acuerdo con que regímenes de tinte ilegítimo como el chavismo y el castrismo en Latinoamérica lleguen a su fin, aún por medios "violentos". Curiosamente la democrática Unión Europea aplaudió la iniciativa del señor Rubio en nombre de su jefe.

Este artículo dado el trascendental discurso de Rubio en Múnich quedará incompleto porque es necesario analizar la situación. En la siguiente entrada analizaremos el retorno a patadas del Tío Sam a poner orden en su patio trasero... y en otras partes del mundo...

Tito Andino U.

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Pintura de Clyde De Land sobre el surgimiento de la Doctrina Monroe. foto de James Rusell, National Geographic, Colección de imágenes.



Revisemos -a continuación- la ponencia central de esta entrada: Why The Monroe Doctrine Cannot be Reestablished (Por qué no se puede restablecer la Doctrina Monroe), de Patrick Frise para Mises Wire (citas textuales).


por Patrick Frise
Mises Wire
Why The Monroe Doctrine Cannot be Reestablished


"La Doctrina Monroe ocupa un lugar inusual en el discurso político estadounidense. A menudo se invoca como si anunciara una norma permanente de gobernanza hemisférica, susceptible de ser revivida o impuesta por administraciones posteriores. En el uso contemporáneo, se la suele interpretar como una declaración de la autoridad estadounidense sobre el hemisferio occidental o como una justificación para la intervención contra potencias extranjeras y gobiernos regionales.

Esta interpretación no refleja el documento tal como fue escrito, las circunstancias que lo produjeron ni los límites que asumieron sus autores.

La Doctrina Monroe no fue una política vigente. Fue una proclamación coyuntural emitida en respuesta a un conjunto limitado de preocupaciones geopolíticas a principios del siglo XIX. Una vez superadas esas condiciones, la doctrina perdió su significado operativo. Lo que permanece hoy no es una política vigente, sino un texto histórico reutilizado repetidamente para justificar una autoridad que nunca otorgó.

La doctrina se originó en el mensaje anual del presidente James Monroe al Congreso en diciembre de 1823. En aquel entonces, el panorama político del continente americano estaba cambiando rápidamente. México se independizó de España en 1821. Las provincias centroamericanas, incluyendo lo que se convertiría en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, declararon su independencia ese mismo año. Sudamérica llevaba más de una década en rebelión. Estos movimientos habían concluido prácticamente a principios de la década de 1820, aunque su estabilidad política seguía siendo incierta. En Europa, las Guerras Napoleónicas habían terminado recientemente, y las monarquías conservadoras organizadas bajo la Santa Alianza afirmaban su derecho a reprimir las revoluciones liberales y restaurar los regímenes tradicionales. Francia intervino militarmente en España en 1823, lo que suscitó la preocupación de que las potencias europeas pudieran ayudar a España a recuperar sus antiguas colonias. Rusia, mientras tanto, avanzaba con sus reivindicaciones territoriales a lo largo de la costa del Pacífico.

Fue en respuesta a estos acontecimientos que Monroe articuló lo que posteriormente se denominaría la Doctrina Monroe. Los pasajes relevantes del mensaje son explícitos sobre su alcance. Monroe declaró que los continentes americanos, «por la condición de libertad e independencia que han asumido y mantienen», no debían ser considerados sujetos de futura colonización por las potencias europeas. La cláusula condicional es fundamental. La prohibición de la colonización estaba vinculada directamente a la independencia existente de los estados americanos, no a ninguna reivindicación de autoridad estadounidense sobre ellos. Monroe enfatizó además que Estados Unidos no interferiría en los asuntos internos de Europa ni en las colonias europeas existentes. "En las guerras de las potencias europeas, en asuntos relacionados con ellas mismas", declaró, "nunca hemos participado, ni es congruente con nuestra política hacerlo". La acción estadounidense, explicó, sería defensiva y se limitaría a circunstancias en las que los derechos estadounidenses se vieran invadidos o seriamente amenazados.

Nada en la proclamación afirmaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros estados americanos, a ejercer autoridad supervisora ​​ni a controlar la política regional. La doctrina funcionaba como una advertencia diplomática dirigida al exterior, no como una carta de autoridad dirigida al interior. Era inseparable de las condiciones que la generaron. En 1823, Estados Unidos carecía de la capacidad militar para imponer su dominio hemisférico. El poder naval británico, impulsado por el interés británico en el libre comercio en lugar de en la restauración de los imperios, era el principal factor disuasorio para la recolonización europea.

Esta comprensión de la moderación no era exclusiva de Monroe. Tras el caso Caroline de 1837, durante la rebelión del Alto Canadá, el secretario de Estado Daniel Webster articuló lo que posteriormente se conocería como la Doctrina Caroline. En correspondencia con funcionarios británicos, Webster rechazó las amplias alegaciones de legítima defensa preventiva e insistió en que cualquier uso de la fuerza debía justificarse por una necesidad inmediata, apremiante y que no dejaba opción de medios ni momento para la deliberación. El episodio, surgido de las tensiones en la frontera entre Maine y Canadá, reflejó el mismo principio subyacente de la Doctrina Monroe: la fuerza solo era permisible como último recurso, vinculada a amenazas concretas y limitada por la proporcionalidad.




Incluso en su propio siglo, la Doctrina Monroe no funcionó como una norma de conducta internacional vinculante. Las potencias europeas continuaron interviniendo en América después de 1823, sobre todo mediante la instalación del emperador Maximiliano en México por parte de Francia durante la década de 1860. Más significativamente, el fundamento recíproco de la doctrina se erosionó a medida que Estados Unidos abandonó su propio compromiso de no intervención. A finales del siglo XIX, la política exterior estadounidense se había alejado decisivamente de la moderación. La Guerra Hispano-Estadounidense (1898) y el subsiguiente control estadounidense sobre Cuba y Puerto Rico marcaron una clara desviación de la postura descrita por Monroe.

Este cambio se formalizó con el Corolario Roosevelt en 1904, cuando el presidente Theodore Roosevelt afirmó que las condiciones de desorden político en el hemisferio occidental podían justificar la intervención estadounidense para impedir la intervención europea. Este razonamiento invirtió la lógica de la Doctrina Monroe. Mientras Monroe advertía contra la interferencia externa, Roosevelt afirmó un derecho discrecional de interferencia interna. El corolario no se derivó del texto de la Doctrina Monroe, sino que lo reemplazó.

El posterior Corolario de la Logia de 1912 ilustra aún más cuánto se había alejado la política estadounidense de las premisas originales de Monroe. Propuesta por el senador Henry Cabot Lodge y adoptada por el Senado, la resolución afirmaba que Estados Unidos se opondría a la adquisición de territorio en el hemisferio occidental por potencias no estadounidenses, incluso mediante control privado o corporativo. Aunque más restrictivo que las interpretaciones posteriores, el Corolario de la Logia marcó un cambio respecto a la preocupación de Monroe por la colonización europea formal vinculada a la restauración posnapoleónica. Reflejaba un creciente énfasis en la exclusión en lugar de la reciprocidad. Aun así, no pretendía autorizar cambios de régimen, dominio militar ni supervisión política de los estados estadounidenses.

Una vez que Estados Unidos participó en repetidas intervenciones en Centroamérica y el Caribe, y posteriormente se comprometió permanentemente con la seguridad europea mediante dos guerras mundiales y alianzas duraderas, la premisa recíproca de la Doctrina Monroe dejó de existir. Una política basada en la no intervención mutua no puede sobrevivir si una de las partes abandona ese principio. En ese momento, la doctrina dejó de funcionar tal como estaba escrita; persistió solo como retórica.

Recientes invocaciones de la Doctrina Monroe ilustran hasta qué punto ha progresado este distanciamiento retórico.

En un discurso pronunciado el 6 de diciembre de 2025 en el Foro de Defensa Nacional Reagan, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró:

Este es el corolario de Trump a la Doctrina Monroe, recientemente codificada con tanta claridad en la Estrategia de Seguridad Nacional. Tras años de abandono, Estados Unidos restaurará su dominio militar en el hemisferio occidental. Lo utilizaremos para proteger nuestra patria y el acceso a territorios clave en toda la región.

El 3 de enero de 2026, el Secretario Hegseth declaró:

Venezuela tiene una larga historia de ser un país rico y próspero. Un liderazgo atroz se lo ha arrebatado a su pueblo. Podemos ayudarlos y ayudar a Estados Unidos en el hemisferio occidental restableciendo la Doctrina Monroe. Paz mediante la fuerza con nuestros aliados.

Estas declaraciones tratan la Doctrina Monroe como base para el dominio militar, el acceso territorial y la intervención política. Sin embargo, nada en la proclamación de 1823 autoriza tales acciones. La doctrina no confiere el derecho a atacar naciones, cambiar regímenes ni gestionar la política regional. Abordaba el temor específico de que las monarquías europeas pudieran reimponer el dominio colonial sobre los estados americanos recién independizados a principios del siglo XIX. Ese temor ya no define el sistema internacional. La geografía política de las Américas ha estado definida durante generaciones. Las ambiciones coloniales europeas en el hemisferio se derrumbaron hace mucho tiempo. El propio Estados Unidos ha violado repetidamente la restricción recíproca de la que dependía la doctrina.

Hablar de "restablecer" la Doctrina Monroe en estas condiciones es malinterpretar la naturaleza del documento. Un mensaje presidencial vinculado a un momento histórico específico no puede ser revivido como una política vigente, como tampoco cualquier otro discurso del siglo XIX puede considerarse una autoridad vinculante en la actualidad. 

La doctrina no era una ley, un tratado ni una disposición constitucional. Era una advertencia contextual emitida en respuesta a condiciones temporales. Una vez que desaparecieron esas condiciones, el significado operativo de la doctrina desapareció con ellas.

Desde una perspectiva austriaca, este proceso no es sorprendente ni único. Ludwig von Mises argumentó que la intervención estatal rara vez se limita a su alcance original, sino que genera presiones para una mayor intervención a medida que las medidas anteriores no resuelven los problemas que crean. En Intervencionismo: un análisis económico, Mises describió esta dinámica como un proceso en el que las autoridades políticas expanden continuamente su alcance al reinterpretar acciones previas como justificaciones para otras nuevas, en lugar de como límites al poder. La evolución de la Doctrina Monroe sigue este patrón. Una advertencia históricamente contingente, una vez desvinculada de su contexto original, se convierte en un instrumento flexible de política en lugar de una restricción a la misma".



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15 febrero 2026

ERNST "PUTZI" HANFSTAENGL, el hombre de Harvard de Hitler



Nota del editor del blog.

Existen algunas referencias exquisitas sobre el intelectual de Harvard Ernst Hanfstaengl, mayoritariamente en idioma inglés, pero en esta oportunidad nos decantamos por el texto de investigación de un conocido reportero, Andrew Nagorski, un referente de magazines de investigación de talla internacional como World War II y la publicación Historynet. El presente ensayo de Nagorski apareció originalmente en junio en 2013 en la primera publicación enunciada, siendo reproducida en Historynet en abril de 2017.

El texto original es complementado por un par de datos referenciales y concordantes con otras publicaciones de este blog (detectives de guerra) que hacen referencia al sujeto de estudio, Ernst Hanfstaengl (se hará la nota aclaratoria). Todo el material fotográfico es añadido por el editor del blog. También en las notas a pie de página se añaden otras fuentes, que si bien no han sido resumidas en esta entrada, si ameritan su lectura por ser aportes adicionales a la figura central del artículo. Dejando sentado que el interés por el tema es únicamente en su sentido histórico y no propagandístico ni mucho menos proselitista.

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En su ascenso, el líder nazi contó con la ayuda de una fuente impregnada de la cultura estadounidense.
En una fría mañana de primavera de 1906, un piragüista en el río Charles en Boston perdió el control en la corriente rápida y se volcó al agua. En ese momento, varios estudiantes de Harvard estaban cerca en la orilla probando para formar parte de la tripulación; un joven agarró inmediatamente una barca y remó hacia el piragüista, que estaba muy atrapado. Completamente vestido, el remero saltó al agua helada y logró empujar al hombre hacia arriba en el bote. Al día siguiente, el corpulento y alto samaritano descubrió que se convirtió en una instantánea celebridad local. Un titular del Boston Herald proclamaba: "Hanfstaengl, el héroe de Harvard".

El beneficiario de esa publicidad, Ernst "Putzi" Hanfstaengl, afirmó que como resultado de este incidente llegó a conocer a Theodore Roosevelt Jr., también estudiante de Harvard e hijo mayor del presidente. Esto, a su vez, le llevó a una invitación a la Casa Blanca, donde, en una despedida de soltero en el sótano, Hanfstaengl tocó el piano con tanto entusiasmo que rompió siete cuerdas graves de un piano Steinway Grand. Era un joven que amaba el foco de atención -y que pronto emprendería un viaje inesperado, desde Harvard y la Casa Blanca hasta las cervecerías de Múnich y el séquito de un incendiario en ascenso llamado Adolf Hitler. Una vez al lado de Hitler, Hanfstaengl asumió el papel de músico de la corte, asesor de imagen e intermediario, especialmente con corresponsales estadounidenses, diplomáticos y visitantes. "Es muy diferente de Harvard a Hitler, pero en mi caso la conexión es directa", escribiría años después. O, como dijo "Putzi" a un entrevistador al recordar la cadena de acontecimientos que le llevó a Hitler, "Todo eso es solo obra de algún arte del destino".


Ernst Hanfstaengl, jefe de la sección de Prensa Extranjera de los nacionalsocialistas de Hitler, lo muestra en su oficina de Berlín, junto a una fotografía suya. Se graduó como Doctor en Filosofía de la Universidad de Harvard en 1909, medio estadounidense y medio alemán, fue un destacado comerciante neoyorquino hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Durante diez años fue colaborador y compañero de su jefe, Adolf Hitler. En una entrevista en 1933, Hanfstaengl declaró que la expulsión de los judíos de puestos influyentes en Alemania continuaría "hasta que la Cámara se depure". (La fotografía data del 28 de marzo de 1933, Colección Bettmann / vía Getty Images (N.º editorial: 515431976 Colección: Bettmann)


Nacido en Baviera en 1887, por tanto ciudadano alemán, Hanfstaengl se llamaba a sí mismo "medio americano" porque tenía padre alemán y madre estadounidense. "Putzi" -el término en el dialecto bávaro local para "pequeño" que se mantuvo como apodo desde niño- se sentía orgulloso de sus raíces. Por parte de padre, los antepasados de Putzi eran "bien reconocidos como conocedores y mecenas de las artes", señaló. Su abuelo había sido famoso por su trabajo de reproducción artística, un negocio que su padre amplió abriendo galerías en Londres y Nueva York. La madre de Putzi era una Sedgwick, una muy destacada familia de Nueva Inglaterra, su tío fue el general John Sedgwick, un héroe de la Guerra Civil; su padre, William Heine, un arquitecto nacido en Europa, había huido de su Dresde natal tras la Revolución de 1848, trabajó en decoraciones para la Ópera de París, emigró a Estados Unidos y se unió al almirante Matthew Perry como ilustrador en la expedición de Perry a Japón. Heine también llegó a ser general durante la Guerra Civil.

Dada semejante ascendencia, no era de extrañar que el joven Hanfstaengl fuera enviado a Harvard, donde se relacionó con figuras como T. S. Eliot, Robert Benchley, John Reed y Walter Lippmann. Pianista talentoso, Putzi se sentía igual de cómodo tocando canciones de marcha de Wagner y Harvard. Tras graduarse en 1909, regresó a Alemania para un año de servicio militar en la Royal Bavarian Foot Guards, seguido de un año de estudios en Grenoble, Viena y Roma, regresó a Nueva York para hacerse cargo de la galería familiar en la Quinta Avenida. Comiendo a menudo en el Harvard Club, Putzi conoció a otro Roosevelt: Franklin Delano, entonces senador del estado de Nueva York. Y volvió a conectar con el Theodore Roosevelt mayor, hablando tanto de arte como de política. "Hanfstaengl, tú trabajo es elegir las mejores películas", dijo el expresidente. "Pero recordad que en política la elección es la del mal menor". Sin sentido de ironía, Putzi escribió en sus memorias que la frase "se me ha quedado grabada desde entonces".


Helene Hanfstaengl con su marido Ernst y sus dos hijos (Foto de BPK BildagenturBayerische Staatsbibliothek Heinrich Hoffmann, Art Resource, NY), década de 1920



En 1920, Putzi se casó con Helen Niemeyer, una joven matronal pero aún atractiva que había conocido cuando entró en la galería de la Quinta Avenida. Hija de inmigrantes de Bremen que se aseguraron de que hablara alemán en casa, Helen nació y creció en Nueva York. Su identidad estadounidense se muestra plenamente en fotos familiares fechadas entre 1912 y 1913, cuando tenía unos 20 años. Va vestida como modelo para la Estatua de la Libertad, sosteniendo una gran bandera estadounidense en los escalones del Ayuntamiento de Hoboken. En 1921, tras el nacimiento del primer hijo de la pareja, Egon, se trasladaron a Múnich.

Para Putzi, fue un regreso desorientador a casa. La Alemania de posguerra estaba "dividida por facciones y casi en la ruina..., un manicomio", señaló. Ese manicomio fue producido por la humillante derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el caótico nacimiento y colapso económico simultáneo de la República de Weimar, con la hiperinflación sumiendo a millones de familias de clase media en la pobreza absoluta, un escenario perfecto para demagogos de todo tipo.

En noviembre de 1922, Putzi conoció a Hitler -y sí, lo hizo a través de una conexión con Harvard. Warren Robbins, compañero de Harvard que trabajaba en la embajada de EE.UU. en Berlín, llamó a Hanfstaengl en Múnich para pedirle que ayudara a Truman Smith, un joven agregado militar que estaba a punto de visitar la capital bávara. Robbins quería que Putzi ayudara a Smith a cultivar contactos allí, pero antes de que los hombres pudieran reunirse, el ingenioso agregado contactó con una amplia gama de figuras políticas y militares. Uno de los encuentros más interesantes de Smith fue con Hitler, a quien describió como "un demagogo maravilloso.... Rara vez he escuchado a un hombre tan lógico y fanático". Smith consiguió un pase de prensa para un mitin del Partido Nazi en una popular cervecería de Múnich. Cuando Hanfstaengl y Smith conectaron, en el último día de este último en Múnich, el diplomático con destino a Berlín le dio su pase para el evento de esa noche y le animó a ir. Putzi nunca había oído hablar de Hitler, pero decidió ver qué era lo que Smith encontraba tan atractivo en este recién llegado político.



* Texto agregado por el editor del blog: Una fuente de consulta independiente señala como fecha del encuentro Hitler-Truman Smith el 20 de noviembre de 1922. En el libro online, "The Propagander!"™, de Walther Johann von Löpp, se dice que en noviembre de 1922, el diplomático estadounidense Truman Smith llega a Múnich, armado entre otras cosas con una carta de presentación de Ernst Hanfstaengl, a quien había conocido antes. Smith, se reunió con Ludendorff, el príncipe heredero Rupprecht, Kahr, Lerchenfeld y otros funcionarios del gabinete bávaro. Como parte de su investigación sobre el hervidero político de Baviera, recibió instrucciones de informar especialmente sobre un tal Adolf Hitler. El 20 de noviembre de 1922 el diplomático Truman Smith se reúne con Hitler en la sede del partido... Hitler le dice a Smith: "El parlamento y el parlamentarismo deben desaparecer. Nadie puede gobernar con ellos en Alemania hoy en día. Sólo una dictadura puede poner a Alemania de pie". "Hitler enfatiza que su movimiento es federal", escribe Smith, "y que busca el control del Reich, no sólo de Baviera". (Charles Bracelen Flood, "Hitler: The Path to Power" (1989), toma nota al respecto).

Se desprende de ello que Ernst Hanfstaengl aún no conocía a Hitler. El trabajo de von Löpp afirma que, en noviembre de 1922 (día exacto desconocido) Truman Smith recibió la orden de retornar a Berlín en el tren vespertino, al despedirse de Hanfstaengl le dice: "Conocí a un tipo extraordinario". Hanfstaengl recuerda la conversación:

- De verdad -contesté-. ¿Cómo se llama?

- Adolf Hitler.

- Debes haberte equivocado de nombre -dije-. ¿No te refieres a Hilpert, el nacionalista alemán, aunque no puedo decir que vea nada particularmente notable en él?

- No, no -insistió Truman Smith-. Hitler. Hay muchos carteles que anuncian una reunión esta tarde... Tengo la impresión de que va a desempeñar un papel importante y, te guste o no, sin duda sabe lo que quiere... Realmente parece tener un sentido de la dirección que ninguno de los otros tiene. Me dieron un pase de prensa para esta reunión esta tarde, y ahora no podré ir. ¿Podrías echarle un vistazo y decirme qué te parece?

El graduado en Harvard, Hanfstaengl, tomó su boleto para el Kindlkeller esa noche y más tarde escribió sobre la experiencia:

Parecía haber mucha gente de la clase de porteros o pequeños comerciantes, un puñado de ex oficiales y funcionarios de menor categoría, una enorme cantidad de jóvenes y el resto artesanos, con una alta proporción de espectadores en traje nacional bávaro...

Con sus botas pesadas, traje oscuro y chaleco de cuero, cuello blanco semi rígido y extraño bigotito, él (Hitler) realmente no parecía muy impresionante... Sin embargo, cuando Drexler lo presentó entre un rugido de aplausos, Hitler se enderezó y pasó junto a la mesa de prensa con un paso rápido y controlado, el inconfundible soldado de mufti... la atmósfera en la sala era eléctrica... Había casi una nota de conversación de café vienés en la gracia de algunas de sus frases y la malicia astuta de sus insinuaciones. No había duda de su origen austriaco...

Anotó sus puntos en todos los ámbitos. Primero criticaba al Káiser por débil y luego arremetía contra los republicanos de Weimar por conformarse con las demandas de los vencedores, que estaban despojando a Alemania de todo, salvo de las tumbas de sus muertos de guerra. Había una fuerte nota de apelación a los ex militares de su audiencia... Se explayó en el patriotismo y el orgullo nacional... arremetió contra los comunistas y socialistas por desear la ruptura de las tradiciones alemanas...

Hitler llevaba sesenta minutos hablando. Miré a mi alrededor, al público. ¿Dónde estaba la multitud anodina que había visto sólo una hora antes? ¿Qué era lo que de repente retenía a aquellas personas, que en la pendiente desesperada de la meta descendente se dedicaban a una lucha diaria por mantenerse dentro de la línea de la decencia? El bullicio y el parloteo habían cesado y ellos se bebían cada palabra... Hitler me impresionó más allá de toda medida... Con sus increíbles dotes como orador, estaba claro que iba a llegar lejos, y por lo que había visto de su séquito no parecía que nadie pudiera transmitirle la imagen del mundo exterior de la que manifiestamente carecía, y en esto sentí que yo podría ser de ayuda...

Putzi se acercó a Hitler después de que éste terminó de hablar y se presentó. Entre los días finales de noviembre y diciembre de 1922, Ernst "Putzi" Hanfstaengl y Adolf Hitler se hacen muy amigos. Hitler es un invitado frecuente en casa de los Hanfstaengl. (Hitler: The missing years, 1957)

 Continuamos con el relato de Nagorski: 

Cuando Putzi llegó al Kindlkeller, no sabía qué esperar. Su primer vistazo a Hitler le dejó claramente decepcionado. "Con sus botas gruesas, traje oscuro y chaleco de cuero, cuello blanco semi-rígido y bigote extraño, realmente no parecía muy impresionante -como un camarero en un restaurante de estación de tren", recordó Hanfstaengl. Pero una vez que Hitler tomó el balón, el ambiente se volvió "eléctrico". Hitler mostró un dominio de la "insinuación e ironía", comenzando con un tono conversacional ligero y luego subiendo el volumen de su retórica al culpar a judíos, comunistas, socialistas y republicanos de Weimar por la situación de Alemania, prometiendo un renacimiento nacional que barrería a esos enemigos. Putzi observó cómo Hitler cautivaba a su público, "especialmente a las damas" -incluida una joven que estaba "hipnotizada como en un éxtasis emocional".




"Impresionado más allá de toda medida", Putzi se dirigió después al orador, que estaba empapado en sudor pero disfrutando de su triunfo. Tras presentarse, Hanfstaengl declaró: "Estoy de acuerdo con el noventa y cinco por ciento de lo que has dicho y me gustaría mucho hablar contigo sobre el resto algún día". Hitler no pudo haber sido más amable. "Pues sí, claro", respondió, escribió Putzi más tarde. "Estoy seguro de que no tendremos que discutir por el cinco por ciento extraño".

Desde ese momento, Putzi se unió efectivamente al movimiento de Hitler, viendo a su nuevo conocido como un hombre hecho a sí mismo capaz de movilizar a los alemanes para una causa que resultara una alternativa fuerte a los comunistas, que también luchaban por el poder. Putzi mantendría más tarde que su desacuerdo del "cinco por ciento" tenía que ver con la provocación de Hitler contra los judíos, pero ningún registro indica que el antisemitismo preocupara seriamente a Hanfstaengl; todo lo contrario. Las afirmaciones de Hitler de que los judíos se lucraban descaradamente con la miseria alemana eran "una acusación que era demasiado fácil de justificar", señaló Putzi. Era más genuino en su desprecio por los "tipos dudosos" del séquito de Hitler, como el ideólogo del partido Alfred Rosenberg. Putzi siempre creyó que era más sofisticado y cosmopolita que otros de ese grupo, y trabajó duro para ganarse el favor de su líder. Veía a Hitler como un político poco convencional pero talentoso en ascenso, y estaba deseoso de ascender a su lado.


Ernst Hanfstaengl con Diana Mitford en un mitin del Partido Nazi en Nuremberg, 1934


Tras vender su parte de la galería familiar en Nueva York, Putzi aportó 1.000 dólares para convertir el semanario nazi Völkischer Beobachter (Observador del Pueblo) de cuatro páginas en un diario, contrató a un dibujante para rediseñar el encabezado y se atribuyó el mérito de acuñar el eslogan original de la hoja de propaganda, Arbeit und Brot (Trabajo y Pan). Hanfstaengl también afirmó que intentó educar a Hitler sobre el mundo, especialmente sobre la creciente importancia de Estados Unidos. "Si hay otra guerra, inevitablemente la ganará el bando al que se una América", le dijo al líder nazi, instándole a abogar por la amistad con los estadounidenses.

Pero Hitler parecía menos interesado en las teorías políticas de Putzi que en su habilidad con el piano. Cuando Putzi le tocó por primera vez Die Meistersinger von Nürnberg de Wagner, Hitler empezó a marchar arriba y abajo, agitando los brazos como si estuviera dirigiendo. Cuando Putzi añadió canciones de Harvard, marchas de Sousa e improvisaciones, explicando cómo en su alma mater la música y las animadoras ayudaban a azotar a las multitudes hasta el punto del "entusiasmo histérico", Hitler se volvió aún más animado. "Eso es, Hanfstaengl, eso es lo que necesitamos para el movimiento, maravilloso", dijo, pavoneándose como una tambor de cuchillo. Putzi escribiría más tarde varias marchas utilizadas por los Camisas Pardas, incluida la que tocaron mientras desfilaban por la Puerta de Brandeburgo de Berlín el día que Hitler tomó el poder en 1933.


El Hanfstaengl pianista, Izquierda © SZ Photo Scherl Bridgeman Images, década 1930; a la derecha, (Fotografía con derechos limitados para clientes editoriales específicos en Alemania) Adolf Hitler como invitado en el apartamento de Joseph Goebbels en Reichskanzlerplatz en Berlín-Charlottenburg; el pianista es el Dr. Ernst Hanfstaengl; a la derecha: Wilma Schaub, Magda Goebbels, Wilhelm Brückner, Goebbels, probablemente en 1932 (Foto Bild/Ullstein Bild, vía Getty Images)


Cuando Putzi presentó al líder nazi a su Helen, dijo que el futuro canciller "estaba encantado con mi esposa, que era rubia, hermosa y americana", recordó Hanfstaengl. Hitler se convirtió en un visitante tan frecuente en la residencia de la pareja en la Gentzstrasse que los Hanfstaengl se referían en broma a su apartamento como el Café Gentz. En sus notas fragmentarias de posguerra, Helen escribió con letra precisa y orgullo sin disimulo: "Parece que disfrutaba de nuestro hogar por encima de todos los demás a los que fue invitado".

Aunque Helen relató que su primera impresión estuvo marcada por el aspecto "bastante patético" de Hitler con ropa barata y desparejada, le gustó tanto como su marido, afirmando que el líder nazi era "una persona cálida" que disfrutaba jugar con Egon. Helen estaba fascinada por la tendencia de Hitler a "hablar y hablar y hablar", como ella misma decía, negándose a permitir que nadie más interviniera en una palabra. "Su voz tenía una cualidad inusualmente vibrante y expresiva, que luego perdió, probablemente por el exceso de esfuerzo". Ella atestiguó su "cualidad hipnótica" mientras él exponía su visión política". Sus planes para el renacimiento del país parecían ideales para la mayoría de los ciudadanos", declaró, aludiendo al caos de la época. Tampoco el tema principal de esos monólogos la desanimaba. "Lo único contra lo que siempre se desataba eran los judíos", decía, recordando que culpaba a los judíos de impedirle conseguir trabajo cuando vivía en Viena". Empezó como algo personal, pero él lo construyó políticamente".

Putzi, que creía que Hitler no tenía "una vida sexual normal", llegó a pensar que el líder nazi había desarrollado "una de sus pasiones teóricas" por Helen. Helen no estaba en desacuerdo, viendo a Hitler como un admirador que probablemente también era "un neutro". Cualesquiera que fueran las emociones que fluyeron entre Hitler y Helen, condujeron a uno de los episodios más extraños en el ascenso del futuro dictador -y a un momento que pudo haber cambiado literalmente el curso de los acontecimientos mundiales.

Hitler estaba a punto de pasar nueve meses en la prisión de Landsberg (un episodio que resultaría más productivo como descanso que castigo, permitiéndole dictar Mein Kampf). Pocos saben que Helen Hanfstaengl, una estadounidense, pudo haber mantenido vivo a Adolf Hitler en su peor momento.

La noche del 9 de noviembre de 1923, Hitler apareció repentinamente en la casa de campo de los Hanfstaengl en Uffing, a aproximadamente una hora al suroeste de Múnich. Él y su círculo, incluido Putzi, acababan de intentar y fracasaron en tomar el control de Baviera. En un violento enfrentamiento callejero que dejó 14 nazis y 4 policías muertos, las autoridades sofocaron la rebelión. Cuando fracasó el llamado Putsch de la Cervecería, Putzi huyó a Austria, pero el coche de Hitler se averió. Decidió buscar refugio con Helen. "Allí estaba, pálido como un espeluznante, sin sombrero, con la cara y la ropa cubiertas de barro", recordó. Hitler se había dislocado el hombro izquierdo, probablemente en una caída cuando las autoridades abrieron fuego contra los nazis mientras marchaban brazo con brazo y el hombre a su lado cayó. Un médico y un sanitario atendieron al insurrecto herido durante la noche, y Helen pudo oír a Hitler gemir mientras forzaban a unir sus huesos del hombro y del brazo.

A la mañana siguiente, la suegra de Helen, que vivía cerca, llamó para decir que la policía estaba en su casa. Helen subió para avisar a Hitler de que estaba a punto de ser arrestado. La noticia le destrozó. "Ahora todo está perdido -no sirve de nada seguir así", exclamó, recogiendo un revólver que había sobre un armario. "Pero estaba alerta, agarré su brazo y le quité el arma", recordó Helen. Alarmada porque su invitado podría haberse suicidado, gritó: "¿Qué crees que estás haciendo?" Reprendió a Hitler por pensar en dejar a sus seguidores tirados. "Te buscan para que sigas adelante", dijo ella. Hitler se dejó caer en una silla y Helen escondió rápidamente el arma en el contenedor de harina de la cocina. La policía sí arrestó a Hitler, lo que llevó al juicio que le hizo verdaderamente famoso. Aprovechó al máximo a los jueces simpatizantes para proclamar su objetivo de derrocar a la República de Weimar.


Fotografías de los primeros años de la década de 1930, en las que Ernst Hanfstaengl se mantuvo cerca de Hitler como jefe de prensa extranjera del NSDAP entre 1932 y 1934. En 1937 abandonó Alemania, primero a Suiza y de allí a Inglaterra. Arriba, a la izq. Adolf Hitler arriba al Tribunal Supremo del Reich alemán, 1930 *Gettyimages); a la derecha, Hitler con su piloto personal, Hans Baur (centro, derecha) y su confidente Ernst Hanfstaengl durante una campaña electoral, alrededor de 1930 (Gettyimages). Abajo, izq. Hitler junto a Hanfstaengl y Hermann Goering,1932 (Bundesarchiv); derecha, fotografía del archivo de Hans Baur, piloto de la Luftwaffe alemana y piloto privado de Adolf Hitler. Aparecen Ernst Hanfstaengl, Adolf Hitler, Heinz Linge, Julius Schaub, Hans Baur y Wilhelm Bruckner (alrededor de 1932)


* Nota agregada por el editor del blogSe ha dicho que Hitler fue un orador talentoso, acompañado de sus dotes melodramáticas (ensayadas previamente como si de un actor se tratase). Si, nadie duda que su retórica fue capaz de manipular a las masas; sin embargo, otra cosa era transmitir sus pensamientos por escrito. Hitler solía auto-definirse como "escritor político", lo cual ciertamente es absurdo, sus propios amigos, de los primeros tiempos, como Ernst Hanfstaengl tenían reparos para calificarlo de escritor. Otros, en su tiempo, decían no haber leído un libro con una prosa tan débil (Mein Kampf), especialmente en el primer volumen lleno de tergiversados y magnificados datos autobiográficos, un derrame de frases torpes que pusieron los pelos de punta al mismísimo Hanfstaengl, el primer corrector de la pésima ortografía del manuscrito original, quien con franqueza declaró no entender por qué el susodicho autor se negaba a contratar un escritor "fantasma", o al menos un buen editor para corregir su estilo, a pesar del enorme esfuerzo que él puso en los dos sentidos.

Seguro que algunos tendrán reparos sobre lo que aquí se afirma y se cita, ante esa posibilidad, Ernst Hanfstaengl en sus memorias apunta lo siguiente: (por cierto, Hanfstaengl era también editor, escritor, periodista e historiador).

"Solo cuando empecé la lectura me di cuenta de que había accedido demasiado pronto, puesto que el contenido del libro era algo que causaba espanto. Creo recordar que no leí más que las primeras setenta y cinco páginas, pero fueron suficientes para que me percatase de las imposibles premisas políticas que en las mismas se exponían. Esto aparte, el estilo con que estaban escritas me llenó de horror. El cielo sabe que la lengua alemana ofrece posibilidades ilimitadas para una expresión prolija del pensamiento y número infinito de cláusulas secundarias. Ante mis ojos aparecieron combinadas con una fraseología de colegial y estridentes lapsos de estilo. Me puse a trabajar, y lo primero que hice fue suprimir sus peores adjetivos, como furchtbar (horrible) y ungeheur (enorme) y el excesivo uso de superlativos. Algunos de los errores en que incurría Hitler no podían ser más significativos. (...) En otro pasaje hablaba de su propio talento como pintor. -Usted no puede referirse a esto -le dije- Los demás podrían decir que usted tiene talento pero no es correcto que lo diga usted mismo. Había algunas inexactitudes de poca monta, como decir que su padre era Staatsbeamter, es decir, jefe de una oficina pública, cuando la verdad es que nunca llegó a serlo. Su limitado sentido de la perspectiva le impulsaba a escribir la palabra Weltgeschichte («historia mundial») en relación con las más pequeñas disputas europeas. No tardó en perder la paciencia conmigo y se limitó a decir: «Sí, sí, lo tendré en cuenta» pero, por supuesto, no me hizo caso y el libro todavía se parece a unos de los monólogos de Fafner, en el Siegfried de Wagner. Aún en medio de tanta verborrea, sin embargo, resulta fácil reconocer la íntima personalidad de Hitler, con todos sus ciegos empecinamientos y la fantástica energía y exclusivismo con que se aferraba a su galimatías ideológico".

 

Recepción de la prensa extranjera por Ernst Hanfstaengl en Nuremberg, 1934. El jefe de prensa extranjera del NSDAP, Dr. Ernst Hanfstaengl, 'Putzi', pronuncia un discurso con motivo de la recepción a los miembros de la prensa extranjera.


Continuemos con el relato de Nagorski:

El 20 de diciembre de 1924, los guardias de Landsberg liberaron a Hitler. Enseguida vino a cenar en la elegante nueva casa de los Hanfstaengl en la Pienzenauerstrasse de Múnich. Ambos Hanfstaengl estaban allí para recibirle; tan pronto como las autoridades dejaron claro que no arrestarían a otros nazis por el fallido golpe de Estado, Putzi regresó de Austria. Al principio, Hitler mostró su encanto y se disculpó con Helen por el episodio de Uffing. Pero una vez que cenó un pavo seguido de sus pasteles austriacos favoritos, se lanzó a una de sus diatribas. "¡Reduciremos París a escombros!" tronó. ¡Debemos romper las cadenas de Versalles!"

Putzi insistió mucho después en que se sentía "casi físicamente mal" cada vez que Hitler empezaba en esa línea. "Parece que salió de Landsberg con todos sus peores prejuicios reforzados", concluyó. Como era habitual, Putzi intentaba presentarse como superior moral e intelectualmente. Argumentó que los seguidores como Rosenberg y Rudolf Hess habían influido indebidamente en el líder nazi, despertando las "tendencias radicales latentes" de Hitler. De hecho, los recuerdos de Putzi tras la guerra son claramente egoístas, ya que intenta justificar su fascinación por el dictador en espera y argumenta que de alguna manera intentaba empujar al líder nazi hacia una dirección moderada, especialmente en lo que respecta a Estados Unidos. Putzi afirmaba que solo él podía razonar con Hitler, un esfuerzo que los demás socavaban constantemente con sus insistencias raciales. "No había conseguido asimilar ninguna de la información que yo intentaba darle y simplemente consideraba a Estados Unidos parte del problema judío", escribió. Sin embargo, nada de esto impidió que Putzi trabajara para Hitler; más tarde insistió en que su objetivo era guiar "a este genio impredecible".


"Putzi", el pianista de Hitler, conocido por sus opiniones moderadas fue eclipsado gradualmente por Goebbels (© Getty - Ullstei Bild Dtl. 1932). Derecha, Ernst Hanfstaengl en una recepción de julio de 1933 junto a Herman Goering (Fotografía de Ullstein Bild, vía Getty Images)

 

Aunque Hitler había vuelto, a medida que la economía alemana comenzaba a recuperarse, los acontecimientos marginaron cada vez más su movimiento. En las elecciones parlamentarias de mayo de 1928, los nazis obtuvieron apenas 12 escaños, frente a los 153 de los socialistas y 73 de los nacionalistas. Luego llegó el crack de Wall Street en octubre de 1929. En septiembre de 1930, los nazis ganaron 107 de los 577 escaños parlamentarios, y la marcha de Hitler hacia el poder comenzó en serio. Este cambio renovó el interés por el líder nazi entre corresponsales, diplomáticos y visitantes estadounidenses. Y para la mayoría de los estadounidenses, el intermediario clave para reuniones personales y entrevistas con Hitler era, por supuesto, el "Putzi medio americano".

Hanfstaengl quería que sus contactos estadounidenses quedaran impresionados con las cualidades de liderazgo de Hitler, pero los encuentros cara a cara que él organizó a menudo tenían el efecto contrario. Acompañado por Putzi, Rudolf Hess y Hermann Göring, Hitler se reunió con el embajador estadounidense Frederic Sackett el 5 de diciembre de 1931. El enviado dijo más tarde que le sorprendió el hecho de que este "cruzado fanático" nunca le mirara a los ojos. Si Hitler llegara al poder, "pronto se encontrará en un punto de desplome, tanto de dificultades internacionales como internas", predijo Sackett. "Desde luego, no es el tipo de estadista del que evolucionan los estadistas".

En la misma línea, Putzi organizó que Dorothy Thompson, la corresponsal extranjera femenina más famosa de la época, entrevistara a Hitler en noviembre de 1931. Juicio inmediato de Thompson: No había manera, dada su "sorprendente insignificancia", de que Hitler liderara Alemania. "Es insignificante y hablador, mal posicionado, inseguro", añadió. El locutor de radio estadounidense H. V. Kaltenborn, otro amigo de Putzi en Harvard, salió de una entrevista de agosto de 1932 con Hitler, que su antiguo compañero de clase había preparado para él y otros dos reporteros estadounidenses, convencidos de que el líder nazi era una amenaza poco probable. "Después de conocer a Hitler, yo mismo me sentí casi tranquilo", recordó Kaltenborn. "No veía cómo un hombre de su tipo, un austríaco plebeyo de mentalidad limitada, podría conseguir la lealtad de la mayoría de los alemanes".


Destacados industriales estadounidenses en una recepción de la organización Carl Schurz en Berlín, 20 0ctubre 1936 (Carl-Schurz-Vereinigung recepción a especialistas estadounidenses en construcción de carreteras y automóviles) Desde la izquierda: 1 Fritz Todt, inspector general de la ingeniería vial alemana; 2 Thomas H. MacDonald, jefe de la Oficina de Carreteras Públicas; 3 Ernst (Putzi) Hanfstaengl, jefe de prensa extranjera alemana; 4 el embajador estadounidense William Dodd; 5 F. C. Horner, vicepresidente de General Motors; 6. Pyke Johnson, gerente de la Asociación Americana del Automóvil; 7 Hans Draeger, vicepresidente de Carl-Schurz-Vereinigung. (Foto Ullstein. Bild/Ullstein, vía Getty Images).


Recepción en casa del Dr. Ernst Hanfstaengl, 15 mayo 1936, Berlín. El jefe de prensa extranjera del NSDAP, Ernst Hanfstaengl (segundo desde la izquierda), recibió con ocasión del exitoso vuelo americano del dirigible LZ 129 "Hindenburg" al capitán Truman Smith (izquierda), al capitán Ernst Lehmann (segundo desde la derecha) y al Dr. Ludwig Duerr (derecha). © SZ Photo / Scherl / Bridgeman Images.

Los estadounidenses se acercaban a Putzi, burlándose de él incluso cuando le buscaban. "Quisquilloso. Divertido. El jefe de prensa más extraño imaginable para un dictador", escribió Thompson. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, él y Putzi sí impresionaron a algunos estadounidenses, como Martha Dodd, la veinteañera hija del nuevo embajador estadounidense, William Dodd. Otros tuvieron la reacción opuesta. William Shirer llamó a Hanfstaengl un "payaso inmenso, nervioso e incoherente". El cónsul general de EE.UU., George S. Messersmith, lo desestimó como pomposamente arrogante y un mujeriego notorio, llamando a Hanfstaengl la atención cuando le pilló manoseando a una compañera de mesa en una cena de la embajada.

Putzi respondió difundiendo rumores de que Messersmith y corresponsales críticos con el nuevo régimen eran judíos. A pesar de sus intentos de posguerra por distanciarse del antisemitismo nazi, aquí Hanfstaengl dejó un rastro de pruebas condenatorias. "Los judíos son el vampiro que chupa sangre alemana", le dijo a James G. McDonald, presidente visitante de la Foreign Policy Association con sede en Nueva York, en marzo de 1933. No seremos fuertes hasta que nos liberemos de ellos". Quentin Reynolds, del International News Service, admitió que inicialmente consideraba a Putzi "un tipo agradable", hasta que se llevó la ira del portavoz por publicar una historia sobre una turba que destrozó a una mujer alemana por querer casarse con un judío. Reynolds concluyó: "Tenías que conocer a Putzi para que realmente no te gustara".

Muchos de los principales nazis que conocían a Hanfstaengl desde los primeros días llegaron a la misma conclusión, aunque tuvieron que esperar a que Hitler empezara a perder interés en Putzi para poder socavarlo. Joseph Goebbels, el jefe de propaganda del régimen, no ocultó su desprecio por Hanfstaengl ni su deseo de excluir a los bávaros del círculo interno. A medida que la influencia de Goebbels crecía, la de Putzi disminuía. "El genio malvado de la segunda mitad de la carrera de Hitler fue Goebbels", se quejaba Hanfstaengl. Pronto, la oficina de prensa exterior de Putzi fue trasladada sin ceremonias lejos de la Cancillería del Reich, dejándole con una sensación de aislamiento. Tras el divorcio de Helena de Putzi en 1936, él sintió que había perdido otra conexión con Hitler, que aún sentía debilidad por ella. La posición cada vez más precaria de Hanfstaengl le llevó a empezar a introducir objetos de oro y platino de contrabando a Londres. Más tarde afirmó que había perdido la fe en las políticas de Hitler, pero la verdadera fuente de la desilusión de Putzi era su propia menguante estatura.


Hjalmar Schacht y Ernst Hanfstaengl en la Conferencia Económica Mundial en Londres, leyendo las últimas noticias de Alemania, 1933. (Foto de Ullstein Bild vía Getty Images). Derecha, Joachim von Ribbentrop en conversación con el embajador británico en Berlín, Sir Eric Phipps; en el centro, el Dr. Ernst (Putzi) Hanfstaengl, jefe de la Oficina de Prensa Extranjera del NSDAP, agosto de 1936 (Foto: Ulstein Bld)


De manera apropiada, el abrupto éxodo de Hanfstaengl de Alemania en febrero de 1937 se presenta tanto como drama como como farsa. La Cancillería le informó que debía ir a España para ayudar a los corresponsales alemanes que cubrían la guerra civil allí, y fue subido rápidamente a un avión de transporte militar y le ordenaron ponerse un paracaídas. Una vez en el aire, el piloto dijo que tenía órdenes de lanzar a Putzi "sobre las líneas rojas entre Barcelona y Madrid". Alarmado, Putzi protestó que esto sería una sentencia de muerte. El piloto le lanzó a Hanfstaengl una mirada significativa mientras apagaba uno de los motores y aterrizaba, supuestamente para reparaciones, en un tranquilo aeródromo cerca de Leipzig. Bajo la cobertura de la oscuridad, Putzi se escabulló y subió a un tren, huyendo primero a Múnich y luego a Zúrich. Putzi organizó que su hijo Egon, que estaba en un internado al suroeste de Múnich, le siguiera al país neutral. En Suiza, Putzi recibió una carta de Goering afirmando que todo el asunto era "una broma inofensiva" y que si regresaba estaría a salvo.

Helen había regresado a Nueva York. Putzi se trasladó con Egon a Londres. Egon continuó sus estudios en Gran Bretaña hasta 1939 cuando, siguiendo los pasos de su padre, se matriculó en Harvard.


Probablemente una de las últimas fotos de Ernst Hanfstaengl como miembro del NSDAP y funcionario del régimen nazi, alrededor de 1937, antes de su huida de Alemania. El ex pianista de Hitler terminaría convirtiéndose en el nuevo informante de Franklin D. Roosevelt. Foto © Getty - Ullstein Image Dtl.


Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Putzi estaba entre los alemanes en Gran Bretaña detenidos como riesgos para la seguridad. Internado en Canadá, logró sacar de contrabando una petición de ayuda que llegó al escritorio "de mi amigo del Harvard Club, Franklin Delano Roosevelt", como Putzi lo expresó grandiosamente más tarde. Su jugada audaz funcionó. Los canadienses lo transfirieron a custodia estadounidense. Al llegar a Washington, fue recibido por Egon, que había interrumpido sus estudios en Harvard para unirse al ejército estadounidense. El sargento Hanfstaengl saludó a su padre con uniforme. De 1942 a 1944, Putzi proporcionó información a los oficiales de inteligencia estadounidenses sobre Hitler y otros líderes nazis, junto con análisis de emisiones alemanas. Al finalizar la guerra fue enviado de vuelta a Gran Bretaña y finalmente internado de nuevo, esta vez en Alemania, antes de ser liberado el 3 de septiembre de 1946.


Ernst 'Putzi' Hanfstaengl, ex jefe de prensa del canciller alemán Adolf Hitler, en su domicilio de Londres, 7 de julio de 1937. (Foto AP Eddie Worth)


Ni Putzi ni Helen perdieron nunca del todo el asombro por haber estado tan cerca de Hitler. A mediados de los años 50, Helen dejó Nueva York rumbo a Múnich por segunda vez, falleciendo allí en 1973. El nieto de Putzi y Helen, Eric, nacido en 1954 en Nueva York pero criado en Alemania, vive en la casa de Pienzenauerstrasse donde los Hanfstaengl celebraron al futuro dictador tras su liberación de prisión. Eric recuerda a su abuelo contando sin cesar a los oyentes sobre los viejos tiempos, presumiendo en efecto de ser íntimo del Führer. Aunque Putzi podía ser jovial y entretenido, Eric dijo: "la mayor parte del tiempo que estuvo en el viaje de Hitler fue terrible". 

En una entrevista con el biógrafo de Hitler John Toland en 1971, el mayor de los Hanfstaengl declaró que Hitler "aún estaba en sus huesos". Murió cuatro años después, a los 88 años.


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