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03 octubre 2026

Goethe y Mann. Una advertencia de la historia





Introducción por el editor del blog.

Ya hemos expresado en artículos anteriores sobre la preocupación y temor de que la militarización de la mentalidad alemana sigue vigente en sus élites, sin que sean capaces de percibir los ecos del pasado, es decir, aquellas eras del militarismo prusiano y el rearme alemán en la primera mitad del siglo XX.

Aquí le ofrecemos un par de curiosidades históricas de dos célebres alemanes de las letras que nos lleva a analizar los trágicos sucesos de las guerras mundiales, fueron visionados por hombres sabios como Johann Wolfgang von Goethe y Thomas Mann.

Goethe

Más allá de su genio literario, Goethe también intuía el alma germana. Durante la llamada ‘Guerra de Liberación’ a principios del siglo XIX contra Napoleón Bonaparte, a pesar de que Goethe fue “hijo de la Ilustración y admirador de Napoleón, a quien él creía que encarnaba los valores ilustrados, se mantuvo indiferente y advirtió a su pueblo sobre su abrazamiento del nacionalismo y el militarismo. Sentía que no se podía confiar en los alemanes para ejercer contención y racionalidad cuando estaban energizados por la ambición militar debido a lo que él entendía como la psique de un pueblo 'claustrofóbico' y sin salida al mar. Si se vieran estimulados a competir con otras potencias en el ámbito de la política internacional y la guerra, razonaba Goethe buscarían ampliar sus fronteras y se verían envueltos en esfuerzos militaristas que conducirían a excesos de control y, eventualmente, a un desastre previsible”.

En contrapartida, Goethe instó a los alemanes a invertir en "cultura y espíritu", que en ves de ese espíritu militar deberían centrarse en conquistar el mundo con el talento en todo el espectro de la música, la filosofía, el comercio y las ciencias. La gente no lo comprendió, pensaron que su postura antinacionalista y su renuncia a la guerra era una forma de traición.

Décadas después de su muerte, Prusia embanderó la unificación de los pueblos germanófonos, el nacimiento del Imperio Alemán llegó en 1871 con la derrota de Francia (guerra franco-prusiana 1871). El auge del militarismo quedó sellado con la destrucción de Alemania en dos sangrientas guerras mundiales, validando los temores de Goethe.


“Erwachende Germania” (El despertar de Germania), de Christian Köhler, 1849, La pintura representa una "Germania" alegórica, un anhelo por un segundo imperio, simbolizaba los esfuerzos de mediados del siglo XIX por unificar a los estados alemanes. Germania aparece como una guerrera, despertada de su letargo por la llegada de un poder maligno, protege con una mano la antigua corona imperial alemana y con la otra empuña su espada. Espíritus protectores flotan sobre ella: uno sostiene la balanza de la justicia y el otro, la bandera propuesta para una futura Alemania reunificada.


En el presente son escasos los filósofos alemanes que examinan el alma alemana, tal como lo hicieron figuras como Goethe, Holderlin, Heinrich Heine, Thomas Mann, entre otros. Thea Dorn (seudónimo de Christiane Scherer), coautora de “Die deutsche Seele” (El alma alemana, 2011), se lamenta la actual falta de pensadores alemanes. No es necesario aceptar un comentario filosófico para entender las implicaciones de que "Alemania está cayendo por la misma pendiente resbaladiza que ya siguió un par de veces en el último siglo", comentaba una persona ajena a la cultura alemana, el ministro de relaciones exteriores ruso, Sergey Lavrov.

Para la posguerra, se propuso el ‘Plan Morgenthau’, abandonado al poco, se pretendía desmilitarizar Alemania para que no fuera más una fuente del militarismo y nacionalismo ciego; en la práctica se hizo todo lo contrario, Occidente creó la Bundeswehr, sumándola a la OTAN. Según Lord Ismay esto serviría para "mantener fuera a la Unión Soviética, a los estadounidenses dentro y a los alemanes abajo", reflejando la creencia entre los aliados europeos de que el poder militar Alemán se mantuviera limitado.

Conforme hemos explicado en dos ponencias anteriores, se quiere volver a construir un todopoderoso ejército, resurgiendo el militarismo alemán para -en esta ocasión- “defender” a Europa de la ya clásica “amenaza rusa”. Por el momento nos dicen que se trata solo de una demostración de fuerza, respaldada por la OTAN, para confrontar a Rusia debido a la guerra con Ucrania.

Thomas Mann

El novelista y ensayista alemán, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1929. Entre sus obras conocidas se encuentran 'Los Buddenbrook. Decadencia de una familia', ‘La muerte en Venecia’, ‘La montaña mágica’, ‘José y sus hermanos’ y ‘Doctor Fausto’.

Nos enfocaremos en un interesante ensayo literario que bien constituye un verdadero debate filosófico y cultural camuflado en narraciones, por eso suele decirse que Thomas Mann es considerado un escritor filósofo; aunque no lo fue en el sentido académico o profesional, no hace falta crear un sistema formal para dotar a la literatura de una profundidad filosófica. 

‘Alemania y los alemanes’ (Deutschland und die Deutschen) es un ensayo escrito por Thomas Mann en el año 1945, surgió como una conferencia magistral pronunciada por el autor en inglés, el 29 de mayo de 1945, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Washington D. C., pocas semanas después de la rendición de la Alemania nazi. A juzgar por los críticos, el ensayo es una pieza de una enorme honestidad intelectual donde el propio Mann no se sitúa por encima de sus compatriotas, sino que se incluye a sí mismo dentro de esa compleja herencia cultural alemana.

Posteriormente, el texto revisado se publicó en alemán en la revista ‘Die Neue Rundschau’ y, con los años, ha sido editado de forma independiente en formato de libro corto o dentro de antologías de los ensayos políticos de Mann.


‘Alemania y los alemanes’, originalmente surgida de una conferencia de Thomas Mann en la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C., en junio de 1945. Mann es un notable representante de la cultura alemana y fue un crítico acérrimo del nazismo. En 1947, Mann preparó y revisó su texto original en alemán, siendo publicado en formato de libro. “Lejos de ser una simple condena del nacionalsocialismo, el ensayo investiga las raíces históricas, espirituales y culturales de la catástrofe alemana. Mann rechaza tanto la exoneración como la demonización simplista de Alemania, argumentando que el nacionalsocialismo no surgió como un fenómeno totalmente ajeno a la tradición alemana, sino más bien como una corrupción de elementos que también habían estado presentes en sus mayores logros culturales. Recurriendo a la literatura, la filosofía, la religión, la música y la historia, el texto examina las tensiones entre introspección y política, universalismo y nacionalismo, libertad y autoridad que moldearon el desarrollo del espíritu alemán desde Lutero hasta el siglo XX”. En la derecha se muestra una selección de discursos escritos por Thomas Mann y que fueron difundidos a través de la BBC dirigidos al pueblo alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Fue editado posteriormente como libro: “¡Escucha, Alemania!”, subtitulado "Discursos radiofónicos contra el nazismo 1940-1945".



El dilema de las "dos Alemanias" es abordado por Mann en su ensayo escrito desde su exilio en Estados Unidos y tras haber obtenido la ciudadanía estadounidense. Thomas Mann aborda la psicología, la historia y las contradicciones de su país natal. Analiza figuras como Martín Lutero, Goethe, el Romanticismo alemán y Bismarck, buscando comprender cómo los impulsos creativos pudieron transformarse en fuerzas destructivas. La tesis central de su ensayo sostiene de forma contundente que no existen dos Alemanias: una buena, la de los poetas y filósofos, y otra mala, la de Hitler. Argumenta que solo hay una Alemania que, debido a su propia naturaleza histórica e introversión romántica, extravió sus mejores virtudes y las transformó en un mal absoluto.

Una referencia adicional sobre Thomas Mann. La conocida novela titulada: “Doctor Fausto” (título original en alemán: ‘Doktor Faustus: Das Leben des deutschen Tonsetzers Adrian Leverkühn, erzählt von einem’). En castellano también es normal encontrarlo como 'Doktor Faustus' o 'Doctor Faustus'. Como entendemos, su argumento reinterpreta el clásico mito alemán del ‘Fausto’ popularizado por Goethe. La novela funciona como una gran metáfora de la corrupción y caída de la Alemania de su tiempo. Mann trazó un paralelismo entre el pacto demoníaco del músico Adrian Leverkühn, el protagonista ficticio de la novela, como un artista atormentado y el descenso del pueblo alemán hacia el arcaísmo primitivo, el nazismo y el desastre de la Segunda Guerra Mundial. Mann la escribió totalmente durante su exilio en los Estados Unidos. Para los aspectos técnicos sobre la música, contó con la asesoría directa del célebre filósofo y musicólogo alemán Theodor W. Adorno. Aunque ‘Adrian Leverkühn’ es un personaje inventado por Thomas Mann, el autor se inspiró construyendo su personaje y destino a partir de la vida de cuatro figuras reales, el escritor tomó el método de composición dodecafónico de Arnold Schönberg, la no probada infección de sífilis de Friedrich Nietzsche y los graves trastornos mentales y declives de Robert Schumann y Hugo Wolf.

En resumen, “El pacto fáustico” representa la perdición de Alemania. Mann explica en su texto que el pueblo alemán actuó como Fausto: vendió su alma y su gran cultura al "demonio" del nacionalsocialismo a cambio de poder. Las siguientes ilustraciones clásicas de grabados medievales y renacentistas sobre el pacto con el diablo (como el clásico de Doktor Faustus) reflejan de forma literal esa "ceguera" y claudicación moral de la que habla el ensayo.


"Dr. Faustus raises the Devil", procedente de la recopilación Chap-books of the Eighteenth Century, publicada por John Ashton en 1882.


Sin embargo, debo decirlo: el ‘Doktor Faustus’ es otra historia.

Revisemos el tema que nos interesa ahora, debido a que se considera de importancia y, concuerda plenamente con las dos ponencias anteriores sobre la Alemania militarista del siglo XXI. La ponencia de Thomas Mann, 'Alemania y los alemanes', verificada y traducida, consta en los archivos digitales de “The Yale Review”, cuya página web, suele publicar piezas de su archivo tal y como aparecieron originalmente, sin alteraciones en la ortografía, el contenido o el estilo. (Por supuesto el texto al castellano es muy riguroso en la traducción y verificado si algún punto necesitó ser aclarado).

Buena lectura

Tito Andino

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Alemania y los alemanes


     Thomas Mann en 1916 (foto coloreada con IA) 


Thomas Mann
Texto seleccionado de los Archivos de Yale
"The Yale Review"
* Todo el material gráfico y sus notas a pie son responsabilidad del editor del blog


Cuando era joven, pensaba y decía que, una vez nacido en el mundo, era algo bueno y honorable perseverar mucho tiempo, vivir una vida plena y canónica y, como artista, ser característicamente fructífero en todas sus etapas. Pero tenía muy poca confianza en mi propia cualificación y solidez biológica, y la resistencia que, sin embargo, he demostrado, me parece menos una prueba de mi propia paciencia vital que una prueba de la paciencia del genio de la vida hacia mí -algo inmerecido, un acto de gracia. Y la gracia siempre es asombrosa e inesperada. Quien lo experimenta cree que está soñando.

Me parece un sueño ser y estar aquí. Debería tener que ser algo distinto a un poeta para aceptarlo como algo normal. No hace falta mucha fantasía para encontrar la vida fantástica. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Qué ola de sueño me arrastró desde el rincón más remoto de Alemania, donde nací y donde, al fin y al cabo, pertenezco, a este país, para vivir aquí como estadounidense, hablando con los estadounidenses? No es que lo considere inapropiado. Al contrario, lo apruebo plenamente -el destino se ha encargado de ello. Tal y como están las cosas hoy, mi tipo de germanismo encaja más bien en la hospitalaria Panópolis, el universo racial y nacional llamado América. Antes de convertirme en estadounidense, me habían permitido ser checo. Fue muy amable y merecía mi gratitud, pero carecía de toda lógica. Del mismo modo, solo necesito imaginar que por azar me hubiera convertido en francés, inglés o italiano para percibir con la mayor satisfacción cuán mucho más apropiado fue que me hiciera estadounidense. Todo lo demás habría significado un distanciamiento demasiado estrecho y demasiado definido de mi existencia. Como estadounidense soy ciudadano del mundo -y eso concuerda con la naturaleza original del alemán, a pesar de su aislamiento, su timidez ante el mundo, y es difícil decir si esta timidez está arraigada en la arrogancia o en un provincialismo innato, un complejo internacional de inferioridad social -probablemente en ambos.


"La guerra", Hans Thoma, 1907. Se trata de una inquietante pintura alegórica del artista alemán conocido por combinar iconografía mitológica y romántica con el nacionalismo germánico y un simbolismo personal. Este óleo se conserva actualmente en el Museo Städel de Fráncfort.


Voy a escribir aquí sobre Alemania y los alemanes -una tarea arriesgada, no solo porque el tema es tan complejo, tan inagotable, sino también por las emociones violentas que lo rodean hoy. Abordarlo puramente psicológicamente, sine ira et sine studio, parecería casi inmoral ante lo indescriptible que esta desafortunada nación ha hecho al mundo. ¿Debería un alemán evitar este tema hoy en día? Pero apenas habría sabido qué otro tema elegir, y, más allá de eso, es casi imposible concebir una conversación que sobresalga hoy a lo puramente personal y que no inevitablemente se centre en el problema alemán, el enigma en el carácter y destino de este pueblo que indudablemente ha dado a la humanidad mucho de grande y hermoso, y sin embargo, una y otra vez ha impuesto cargas fatales al mundo. El horrible destino de Alemania, la tremenda catástrofe en la que ahora culmina su historia moderna, despierta nuestro interés, aunque este interés carece de simpatía. Cualquier intento de suscitar simpatía, de defender y excusar a Alemania, sería ciertamente una tarea inapropiada para alguien de nacimiento alemán hoy en día. Hacer el papel de juez, maldecir y condenar a su propio pueblo en acuerdo con el odio incalculable que han avivado, para felicitarse con suficiencia como "la buena Alemania" en contraste con la malvada y culpable Alemania de allí, con la que no tiene nada en común -eso tampoco sería digno de alguien de origen alemán. Para cualquiera que haya nacido alemán, tiene algo en común con el destino alemán y la culpa alemana. La retirada crítica de ella no debe considerarse deslealtad. Las verdades que uno intenta decir sobre su pueblo solo pueden ser producto de un autoexamen.

Ya he caído de algún modo en el complejo mundo de la psicología alemana con el comentario sobre la combinación de amplitud y aislamiento, de cosmopolitismo y provincialismo en el carácter alemán. Creo que esta observación, que data de mi juventud, es correcta. Un viaje fuera del Reich, por ejemplo cruzando el lago de Constanza, hacia Suiza, era un viaje fuera de lo provincial al mundo -por extraño que parezca considerar al pequeño país Suiza como "mundo" en comparación con el gran y poderoso Reich alemán con sus gigantescas ciudades. Aun así, era perfectamente cierto: Suiza, neutral, multilingüe, bajo influencia francesa, respirando aire occidental -a pesar de su formato en miniatura- era en realidad mucho más europea, mucho más "mundial", que el coloso político del norte, donde la palabra "internacional" hacía tiempo que se consideraba un insulto y donde el provincialismo arrogante había contaminado la atmósfera y la había estancado.

Esta era la forma moderna y nacionalista del viejo aislamiento y de la melancólica ineptitud alemana ante el mundo, los cuales, junto con una suerte de universalismo filisteo -un cosmopolitismo en camisón, por así decirlo-, habían conformado la imagen de lo alemán. Este estado mental, este cosmopolitismo alemán provinciano y ajeno al mundo, siempre tuvo algo de grotescamente fantasmal, algo veladamente misterioso; una cualidad de demonismo secreto que yo fui capaz de percibir de manera muy particular. Pienso en ese rincón del mundo alemán que constituyó el primer marco de mi existencia, y desde donde la ola onírica de la vida me arrastró aquí: fue la antigua ciudad de Lübeck, cerca del mar Báltico, que fue el umbral de la Liga Hanseática, fundada antes de mediados del siglo XII y elevada al rango de ciudad imperial libre por Barbarroja en el XIII. El excepcionalmente hermoso Ayuntamiento, que mi padre, como senador, frecuentaba, se completó el mismo año en que Martín Lutero colocó sus Tesis en el portal de la iglesia del castillo de Wittenberg, al comienzo de la era moderna. Pero así como Lutero, el Reformador, tenía bastante de hombre medieval y luchó con el Diablo toda su vida, nosotros que vivimos en la ciudad protestante de Lübeck, incluso el Lübeck que se había convertido en miembro republicano del Reich de Bismarck, nos movíamos en una atmósfera de la Edad Media gótica -y no solo pienso en el horizonte con sus torres puntiagudas, portones y muros, de las emociones humorísticamente macabras que emanaban de los frescos de la Danza de la Muerte en la iglesia de Santa María, de los callejones torcidos y de aspecto embrujado que a menudo llevaban el nombre de los antiguos gremios, los Fundidores de Campanas, los Carniceros, y de las pintorescas casas burguesas. No, en la atmósfera misma algo se había aferrado al estado mental de, digamos, las últimas décadas del siglo XV, la histeria de la Edad Media moribunda, algo de epidemia espiritual latente. Es extraño decir algo sobre una ciudad comercial moderna y sensatamente sobria, pero era concebible que allí estallara de repente una Cruzada Infantil, una Danza de San Vito, un brote de fanatismo religioso acompañado de procesiones místicas del pueblo, o algo similar -en resumen, se percibía un sustrato antiguo y neurótico, un estado espiritual arcano que se evidenciaba externamente por los muchos "personajes" que se encontraban en tal ciudad, excéntricos e inofensivos que viven dentro de sus muros y que, en cierto sentido, pertenecen tanto a su escena como a los edificios antiguos. Por ejemplo, había cierto tipo de anciana con los ojos vidriosos y una muleta, que se rumoreaba medio con humor que era bruja; un hombre, retirado con un sueldo modesto, con una nariz escarlata y verrugosa y algún tipo de tic nervioso, con hábitos ridículos, como un llanto estereotipado e involuntario de pájaro; una mujer con un peinado absurdo que deambulaba por las calles con un vestido de cola de estilo anticuado, con un aire de altiva altanería, y seguida por una séquito de perros carlinos y gatos. Y los niños, los pilluelos de la calle, forman parte de la escena: siguen a estos personajes, burlándose de ellos y huyendo en un pánico supersticioso cuando aquellos se vuelven.


Izquierda: “Germania”, pintado por el artista alemán Philipp Veit en 1848. Germania es la personificación alegórica y femenina de la nación alemana, fue creada para colgarse en la Iglesia de San Pablo de Fráncfort durante las reuniones del Parlamento de Fráncfort. Derecha: Se trata de otra representación de “Germania” de  Philipp Veit, trazada entre 1834 y 1836. La obra original se conserva en el Städel Museum de Fráncfort del Meno, Alemania. En general, “Germania” representa la personificación nacional y la unidad del pueblo alemán. El árbol de roble tradicionalmente se asocia con la fuerza y la historia germánica.


Realmente no sé por qué estoy evocando estos primeros recuerdos aquí y ahora. ¿Es porque experimenté "Alemania" por primera vez, visual y espiritualmente, en la forma de esta escena de ciudad pintorescamente venerable, y porque intento sugerir una unión secreta del espíritu alemán con lo demoníaco, una tesis que, efectivamente, forma parte de mi experiencia interior, pero no es fácilmente defendible? El héroe de nuestra mayor obra literaria, el Fausto de Goethe, es un hombre que se sitúa en la línea divisoria entre la Edad Media y el Humanismo, un hombre de Dios que, por un impulso presuntuoso de conocimiento, se entrega a la magia, al Diablo. Donde la arrogancia intelectual se empareja con lo espiritual obsoleto y arcaico, ahí está el dominio del Diablo. Y el Diablo, el Diablo de Lutero, el Diablo de Fausto, me parece una figura muy alemana, y el pacto con él, el pacto satánico, de ganar todos los tesoros y el poder de la tierra durante un tiempo a costa de la salvación del alma, me parece algo sumamente típico de la naturaleza alemana. Un pensador y buscador solitario, teólogo y filósofo en su celda que, en su deseo de disfrutar y dominar el mundo, intercambia su alma con el Diablo -¿no es este el momento adecuado para ver a Alemania en esta imagen, el momento en que Alemania está siendo literalmente llevada por el Diablo?

Es un grave error por parte de la leyenda y la historia no conectar a Fausto con la música. Debería haber sido musical, debería haber sido músico. La música es un reino demoníaco; Kierkegaard, un gran cristiano, lo demostró de forma más convincente en su dolorosamente entusiasta ensayo sobre el Don Juan de Mozart. La música es arte cristiano con un prefijo negativo. La música es a la vez orden calculado e irracionalidad que genera caos, rica en conjuración y gestos de encantamiento, en la magia de los números, la más irreal y, sin embargo, la más apasionada de las artes, mística y abstracta. Si Fausto ha de ser el representante del alma alemana, tendría que ser musical, porque la relación del alemán con el mundo es abstracta y mística, es decir, musical -la relación de un profesor con un toque de demonismo, torpe y al mismo tiempo lleno de arrogante conocimiento de que supera al mundo en "profundidad".

¿En qué consiste esta profundidad? Simplemente la musicalidad del alma alemana, aquello que llamamos su interioridad, su subjetividad, el divorcio de lo especulativo del elemento sociopolítico de la energía humana, y la completa predominancia de lo primero sobre lo segundo. Europa siempre lo sintió y entendió sus aspectos monstruosos y desafortunados. En 1839 Balzac escribió: "Si los alemanes no saben tocar los grandes instrumentos de la libertad, aún así saben naturalmente tocar todos los instrumentos de música". Es una buena observación, y no es el único comentario llamativo de este tipo que hizo el gran novelista. En el "Primo Pons" dice sobre el músico alemán Schmucke, una figura maravillosa: "Schmucke, que, como todos los alemanes, era muy fuerte en armonía, orquestó las partituras, mientras Pons aportaba la melodía". Correcto, los alemanes son principalmente músicos de la vertical, no de la horizontal, grandes maestros de la armonía - en la que Balzac incluye el contrapunto-  que de la melodía; son instrumentistas más que glorificadores de la voz humana, mucho más inclinados hacia lo docto y espiritual en la música que hacia aquello que hace feliz por la vía melódica. Han dado al mundo occidental tal vez su música más hermosa y socialmente unificadora, pero ciertamente la más profunda y significativa, y el mundo no ha retenido su agradecimiento ni alabanza. Al mismo tiempo, se ha sentido y se siente más fuerte que nunca que tal musicalidad del alma se paga cara en otra esfera: la política, el ámbito de la convivencia humana.

Martín Lutero, una encarnación gigantesca del espíritu alemán, fue excepcionalmente musical. Confieso sinceramente que no le quiero. El germanismo en su estado puro, separatista, antirromano, antieuropeo, me sorprende y asusta, incluso cuando aparece bajo la apariencia de libertad evangélica y emancipación espiritual; y lo específicamente luterano, la rudeza colérica, la invectiva, el echar pestes y el enfurecimiento, la grosería extravagante junto con una tierna profundidad de sentimiento y con la superstición más torpe y la creencia en demonios, íncubos y niños cambiados- despierta mi antipatía instintiva. No me habría gustado ser invitado a cenar en la mesa de Lutero; probablemente me habría sentido tan cómodo como en la acogedora casa de un ogro, y estoy convencido de que me habría llevado mucho mejor con León X, Giovanni de' Medici, el humanista amable, a quien Lutero llamaba "La puerca del demonio, el Papa". Además, ni siquiera acepto la necesidad del contraste entre la robustez popular y los buenos modales, antítesis de Lutero y del refinado Erasmo. Goethe ha superado este contraste y lo reconcilia. Representa la fuerza bien educada y civilizada y la robustez popular, el demonismo urbano, el espíritu y la sangre a la vez, es decir, el arte. Con él, Alemania dio un gran avance en la cultura humana -o debería haberlo logrado, pues en realidad siempre estuvo más cerca de Lutero que de Goethe. Y nadie puede negar que Lutero fue un hombre tremendamente grande, grande en el sentido más alemán, grande y alemán incluso en su dualidad como fuerza liberadora y también reaccionaria, un revolucionario conservador. No solo reconstituyó la iglesia; en realidad salvó el cristianismo. Los europeos suelen acusar a la naturaleza alemana de irreligiosidad, de paganismo. Eso es muy discutido. Alemania ciertamente se tomó el cristianismo más en serio que cualquier otro país. En el Lutero alemán, el cristianismo se tomaba en serio a sí mismo infantil y rústico en una época en la que no se tomaba en serio en absoluto en otros lugares. La revolución de Lutero preservó el cristianismo -de la misma manera en que el New Deal pretende preservar la economía capitalista- aunque el capitalismo se niegue a comprenderlo.

¡No hay dudas sobre la grandeza de Lutero! Fue su trascendental traducción de la Biblia la que realmente creó el idioma alemán, que Goethe y Nietzsche finalmente perfeccionaron; y fue también él, quien mediante la ruptura de las cadenas escolásticas y la renovación de la conciencia, promovió tremendamente la libertad de investigación, de crítica y de especulación filosófica. Al establecer la relación directa del hombre con su Dios, avanzó la causa de la democracia europea; porque "cada hombre es su propio sacerdote", eso es democracia. La filosofía idealista alemana, el refinamiento de la psicología mediante el examen pietista de la conciencia individual, finalmente la autoconquista de la moralidad cristiana por razones morales -porque esa fue la acción o fechoría de Nietzsche- todo eso proviene de Lutero. Fue un héroe liberador -pero al estilo alemán, pues no sabía nada de la libertad. No hablo ahora de la libertad del cristiano, sino de la libertad política, la libertad del ciudadano -esta libertad no solo le dejó frío, sino que sus impulsos y demandas le resultaron profundamente repugnantes. Cuatrocientos años después de su época, el primer presidente de la República Alemana, un socialdemócrata, pronunció las palabras: "Odio la revolución como el pecado". Eso era genuinamente luterano, genuinamente alemán. De la misma manera, Lutero odiaba la revuelta campesina que, inspirada evangélicamente como fue, si hubiera tenido éxito, habría dado un giro más feliz a la historia alemana, hacia la libertad. Sin embargo, Lutero no vio en ello más que una distorsión de su obra de liberación espiritual, y por eso se enfureció y se enfureció contra ella como solo él podía hacer. Dijo que los campesinos debían ser asesinados como perros rabiosos, y les dijo a los príncipes que ahora podían obtener el reino de los cielos masacrando a las bestias campesinas. Lutero, el hombre del pueblo alemán, asume gran parte de responsabilidad por el triste final de este primer intento de revolución alemana, por la victoria de los príncipes y por todas sus consecuencias.

En aquel entonces, vivía en Alemania un hombre que tiene mi especial simpatía, Tilman Riemenschneider, maestro del arte religioso, escultor y tallador en madera, ampliamente famoso por la excelencia fiel y expresiva de sus obras, su profunda pintura de altares y sus castos relieves, que adornaban los lugares de culto de toda Alemania. El maestro había ganado gran respeto, tanto como hombre como ciudadano, en su entorno inmediato, la ciudad de Würzburg, donde era miembro del Consejo. Nunca esperó involucrarse en la política, en los asuntos mundiales -ese pensamiento estaba lejos de su modestia natural y de su amor por su trabajo libre y pacífico. No había nada de demagogo en él. Pero su corazón, que latía con calidez por los pobres y oprimidos, le obligó a apoyar a los campesinos, cuya causa reconocía como justa y agradable ante Dios, contra los señores, obispos y príncipes, cuyo favor fácilmente podría haber conservado. Conmovido por los grandes y fundamentales contrastes de la época, se sintió obligado a salir de su ámbito de vida artística puramente espiritual y estética a convertirse en un luchador por la libertad y la justicia. Sacrificó su propia libertad por la causa que consideraba más alta que el arte y la digna calma de su existencia. Fue su influencia, principalmente, la que llevó a la ciudad de Würzburg a negarse a prestar servicio militar para la "Fortaleza", el príncipe-obispo, y, en general, a adoptar una actitud revolucionaria contra él. Riemenschneider pagó caro por ello. Porque tras el aplastamiento de la revuelta campesina, las potencias victoriosas a las que se había enfrentado se vengaron cruelmente de él; lo sometieron a prisión y tortura, y emergió de aquella terrible emergencia como un hombre roto, incapaz ya de despertar las bellezas ocultas en la madera y la piedra.

Hombres así los hemos tenido en Alemania en todas las épocas. Pero no representan el tipo específicamente monumental alemán. Ese tipo está representado por Lutero, el teólogo musical. En el ámbito político, avanzó solo hasta el punto de decidir que ambos partidos, príncipes y campesinos, estaban equivocados, una actitud que pronto le llevó a arremeter con furia desbocada solo contra los campesinos. Su interioridad estaba en pleno acuerdo con la amonestación de San Pablo: "Saliendo cada alma, sométase a las potestades superiores". Pero estas palabras se referían a la autoridad del imperio mundial romano, que era el prerrequisito previo y el ámbito político para la religión cristiana mundial, mientras que en el caso de Lutero se trataba de la autoridad reaccionaria y mezquina de los príncipes alemanes. Su servilismo antipolítico, producto de la interioridad y el desapego del mundo del alemán musical, no solo fue responsable de la actitud obsequiosa y secular de los alemanes hacia sus príncipes y hacia el poder del Estado, no solo creó en parte y fomentó en parte el dualismo alemán entre la más audaz especulación, por un lado, y la inmadurez política, por el otro. Sino que también, y principalmente, es típico de una manera monumental y desafiante de la escisión puramente alemana entre el impulso nacional y el ideal de libertad política. Pues la Reforma, al igual que el posterior levantamiento contra Napoleón, fue un movimiento nacionalista en pos de la libertad.


Tres ediciones diferentes del 'Dr. Faustus' de Thomas Mann


Hablemos por un momento de la libertad: la peculiar perversión que este concept ha sufrido, y sufre hasta el día de hoy, a manos de un pueblo tan importante como el alemán, da mucho que pensar. ¿Cómo fue posible que incluso el nacionalsocialismo, terminado ahora en la ignominia, pudiera adoptar el nombre de un «movimiento de liberación alemán», cuando, según la opinión universal, semejante abominación no puede tener nada que ver con la libertad? Esta denominación era expresión no solo de un insolente desafío, sino también de una malinterpretación fundamental del concepto de libertad, que dejó sentir sus efectos en la historia alemana una y otra vez. La libertad, en un sentido político, es primordialmente una cuestión de moralidad política interna. Un pueblo que no es internamente libre ni responsable ante sí mismo no merece la libertad externa; no puede sentarse en los concilios de la libertad, y cuando utiliza esa sonora palabra, su aplicación es errónea. El concepto alemán de libertad siempre estuvo dirigido hacia el exterior; significaba el derecho a ser alemán, únicamente alemán, nada más y nada más allá de eso. Era un concepto de protesta, de defensa egocéntrica contra todo lo que tendiera a limitar y restringir el egoísmo nacional, a domarlo y a dirigirlo hacia el servicio de la comunidad mundial, el servicio a la humanidad. Individualismo obstinado hacia el exterior, en sus relaciones con el mundo, con Europa, con la civilización, este concepto alemán de libertad se comportaba internamente con un grado asombroso de falta de libertad, de inmadurez, de torpe servilismo. Era una mentalidad de esclavo militante, y el nacionalsocialismo llegó tan lejos en la exageración de esta incongruencia entre el deseo externo e interno de libertad que llegó a concebir la esclavización del mundo por parte de un pueblo que estaba, él mismo, esclavizado en su propio hogar.

¿Por qué el afán alemán de libertad debe equivaler siempre a una esclavitud interna? ¿Por qué tuvo finalmente que culminar en un ataque contra la libertad de todos los demás, contra la libertad misma? La razón es que Alemania nunca ha tenido una revolución y nunca ha aprendido a combinar el concepto de nación con el concepto de libertad. La «nación» nació en la Revolución Francesa; es un concepto revolucionario y liberal que incluye lo humanitario; internamente significaba libertad, externamente significaba Europa. Todas las cualidades gratas del espíritu político francés se basan en esta afortunada unidad; todas las cualidades restrictivas y deprimentes del entusiasmo patriótico alemán descansan en el hecho de que esta unidad nunca se alcanzó. Podría decirse que el concepto mismo de «nación», en su afinidad histórica con el de libertad, es ajeno a Alemania. Podría considerarse un error llamar nación a los alemanes, sin importar si lo hacen ellos mismos u otros. Es erróneo usar la palabra «nacionalismo» para referirse a su fervor patriótico: es un uso indebido de una idea francesa y genera malentendidos. No se debe aplicar el mismo nombre a dos cosas distintas. La idea alemana de libertad es de carácter racial (völkisch) y antieuropea; siempre está muy cerca de lo barbárico cuando no estalla, de hecho, en una barbarie abierta y declarada, como en nuestros días. Las cualidades estéticamente repulsivas y rudas que se adhieren a sus portadores y defensores ya desde las Guerras de Liberación, a las fraternidades estudiantiles y a tipos como Jahn y Massmann, son evidencia de su carácter desdichado. Ciertamente, Goethe no era ajeno a la cultura popular; escribió no solo la clasicista 'Ifigenia', sino también obras tan ultra-alemanas como el 'Fausto I', 'Goetz' y los 'Aforismos en rima'. Sin embargo, para exasperación de todos los patriotas, su actitud ante las guerras contra Napoleón fue de completa frialdad, no solo por lealtad a su par, el gran Emperador, sino también porque se sentía repelido por el elemento barbárico-racial de este levantamiento. Nunca se recalcará lo suficiente la soledad de este gran hombre, que aprobaba todo lo que fuera de naturaleza amplia y generosa, el germanismo supranacional y universal, la literatura universal; su dolorosa soledad en la Alemania de su tiempo, agitada patriótica y «liberalmente». Los conceptos determinantes y dominantes en torno a los cuales giraba todo para él eran la cultura y la barbarie; y le tocó en suerte pertenecer a un pueblo cuya idea de libertad se convierte en barbarie, porque solo está dirigida hacia el exterior, contra Europa.

Esta es una desgracia, una maldición, una tragedia perpetua que encuentra una expresión añadida en el hecho de que incluso la actitud de rechazo de Goethe hacia el protestantismo político sirvió únicamente como confirmación y profundización del dualismo luterano entre la libertad espiritual y la política en toda la nación, y particularmente entre los líderes intelectuales; de modo que se les impidió aceptar el elemento político dentro de su concepto de cultura. Es difícil determinar hasta qué punto los grandes hombres imprimen su sello sobre el carácter de un pueblo y moldean su forma, y hasta qué punto ellos mismos son su personificación, su expresión. Lo que es seguro es que la relación de los alemanes con la política es negativa, una falta de aptitud. La evidencia histórica radica en el hecho de que todas las revoluciones alemanas fracasaron: la de 1525, la de 1813, la de 1848 -que naufragó en las rocas de la impotencia política de la burguesía alemana- y, finalmente, la de 1918. Otra evidencia reside también en la torpe y siniestra interpretación errónea que los alemanes atribuyen con tanta facilidad a la idea de la política cada vez que la ambición los impulsa a involucrarse en ella.

La política ha sido llamada el «arte de lo posible», y en realidad es un reino afín al arte en la medida en que, al igual que este, ocupa una posición de mediación creativa entre el espíritu y la vida, la idea y la realidad, lo deseable y lo necesario, la conciencia y el acto, la moralidad y el poder. Abarca mucho de lo que es duro, necesario, amoral; mucho de conveniencia y concesión a los hechos; mucho de la debilidad humana y mucho de lo vulgar. Sería difícil encontrar a un político, a un estadista, que haya logrado grandes cosas sin tener que preguntarse después si todavía podía considerarse un individuo decente. Y sin embargo, así como el hombre no pertenece únicamente al reino animal, la política no pertenece únicamente al reino del mal. Sin degenerar en algo diabólico y destructivo, sin distorsionarse hasta convertirse en enemiga de la humanidad y pervertir su creatividad transigente en una esterilidad vergonzosa y criminal, jamás puede renunciar por completo a sus componentes ideales y espirituales; nunca puede negar la parte moral y humanamente decente de su naturaleza para reducirse enteramente a lo inmoral y lo vulgar, a la mentira, el asesinato, el engaño y la fuerza. Eso ya no sería arte ni una ironía creativamente mediadora y actuante, sino un sinsentido ciego e inhumano que jamás podrá producir nada genuino, que solo alcanza un éxito transitorio y aterrador y que, tras un breve lapso, tiene un efecto destructor del mundo, nihilista y, finalmente, autodestructivo; pues lo totalmente inmoral es, por naturaleza, incapaz de sobrevivir.

Los pueblos nacidos y capacitados para la política saben instintivamente cómo resguardar la unidad de la conciencia y la acción, del espíritu y el poder, al menos subjetivamente. Practican la política como un arte de la vida y del poder que no puede liberarse por completo de un rastro de mal vitalmente útil, pero que nunca pierde de vista lo más elevado: la idea, la decencia humana y la moralidad. En este aspecto sienten políticamente, y se las arreglan consigo mismos y con el mundo de esta manera. Semejante componenda con la vida, fundada en el compromiso, el alemán la considera hipocresía. Él no nació para componendas con la vida, y demuestra su falta de aptitud para la política al malinterpretarla de una manera torpemente sincera. Al no ser en absoluto malvado por naturaleza, sino poseedor de un don para lo espiritual y lo ideal, considera la política como nada más que falsedad, asesinato, engaño y violencia; como algo completa y unilateralmente inmundo. Y si la ambición terrenal lo incita a adoptar la política, la ejerce a la luz de esta filosofía. Cuando el alemán se dedica a la política, piensa que tiene que actuar de un modo que deje estupefacta a la humanidad; eso es lo que él considera política. Dado que piensa que es mal puro y sin mezcla, cree que tiene que ser un demonio para ejercerla.


Una fotografía de Thomas Mann en 1954, a la derecha, " ¡ Oid alemanes! ", se trata de la misma obra que aparece en la introducción a este ensayo (discursos radiofónicos transmitidos a través de la BBC); los títulos en castellano responde a las decisiones editoriales de los diferentes traductores a lo largo del tiempo (varían según la traducción y la edición). Pero, el título original en alemán de esta recopilación de alocuciones es "Deutsche Hörer !" (¡Oyentes alemanes!). " ¡Escucha, Alemania! ", fue el título más común durante décadas en el mundo hispanohablante (utilizado en ediciones clásicas americanas y europeas). "¡Oíd, alemanes! ", es el título elegido para las traducciones y reediciones más recientes. Esta fórmula es más fiel a la frase literal con la que Thomas Mann abría obligatoriamente cada uno de sus discursos en la BBC: "Deutsche Hörer!" (¡Oyentes alemanes! o ¡Oíd, alemanes!). Cualquiera sea el título, el contenido es el mismo: una recopilación histórica de los 59 textos breves que Mann grababa desde su exilio en EE. UU., se enviaban a Londres y la BBC emitía por onda larga hacia los hogares de la Alemania nazi entre 1940 y 1945.


Lo hemos visto. Se perpetraron crímenes que ninguna psicología puede excusar, y son los menos excusables de todos bajo el argumento de que eran superfluos. Porque eran superfluos; no eran esenciales y la Alemania nazi habría podido salir adelante sin ellos. Habría podido llevar a cabo sus planes de poder y conquista sin su ayuda. En un mundo que conoce los monopolios, los cárteles y la explotación, la idea del despojo monopolístico de todas las demás naciones por parte de las Industrias Göring no era nada nueva ni extraña. Lo vergonzoso del asunto fue que comprometió en demasía al sistema gobernante mediante una exageración torpe. Además, como idea, llegó un poco demasiado tarde: hoy, cuando la humanidad se esfuerza por alcanzar la democracia económica y lucha por un mayor grado de madurez social. Los alemanes siempre llegan demasiado tarde. Llegan tarde, como la música, que siempre es la última de las artes en expresar una condición del mundo, cuando esa condición del mundo se encuentra ya en sus etapas finales. Son abstractos y místicos, también, al igual que esta, su arte más querido: ambos hasta el punto de la criminalidad. Sus crímenes, repito, no fueron un factor necesario de su tardío embarque en la explotación; fueron un lujo en el que se complacieron debido a una predisposición teórica, en honor a una ideología: el fantasma de la raza. Si no sonara como una detestable condonación, podría decirse que cometieron sus crímenes por un idealismo quimérico.

A veces, particularmente al contemplar la historia alemana, uno tiene la impresión de que el mundo no fue creación exclusiva de Dios, sino una obra en cooperación con alguien más. A uno le gustaría adscribir a Dios el hecho misericordioso de que el bien pueda surgir del mal. Pero que el mal surja tan a menudo del bien es, obviamente, la contribución del otro sujeto. Los alemanes bien podrían preguntarse por qué su bien, en particular, se convierte tan a menudo en mal, se transforma en mal en sus manos. Tómese, por ejemplo, su universalismo y cosmopolitismo fundamentales, su ilimitación interior, que puede considerarse un accesorio espiritual de su antiguo reino supranacional, el Sacro Imperio Romano Germánico. Este es un rasgo sumamente valioso y positivo que, sin embargo, se transformó en mal mediante una suerte de inversión dialéctica. Los alemanes cedieron a la tentación de basar en su cosmopolitismo innato una pretensión de hegemonía europea, e incluso de dominación mundial, con lo cual este rasgo se convirtió exactamente en su opuesto, a saber: en el nacionalismo e imperialismo más presuntuosos y amenazantes. Al mismo tiempo, vieron que volvían a llegar demasiado tarde con su nacionalismo porque este ya había sobrevivido a su época. Por lo tanto, lo sustituyeron por algo más nuevo, más moderno: el ídolo racial, que prontamente los condujo a crímenes monstruosos y los sumergió en las profundidades de la desdicha.

O tómese esa cualidad de los alemanes que es, tal vez, la más notable de todas, designada como «interioridad» (Innigkeid), una palabra sumamente difícil de definir: en ella se mezclan la ternura, la profundidad de sentimiento, el ensueño desapegado del mundo, el amor por la naturaleza y la más pura sinceridad del pensamiento y de la conciencia; en resumen, todas las características del más alto lirismo se mezclan en ella. Incluso hoy, el mundo no puede olvidar lo que le debe a la interioridad alemana: la metafísica alemana, la música alemana y, especialmente, el milagro de la mentira alemana -un producto nacional único e incomparable- son frutos de esa interioridad. La gran hazaña histórica de la interioridad alemana fue la Reforma de Lutero: la llamamos una magna obra de liberación y, como tal, fue obviamente algo bueno. Pero es evidente que el demonio metió su mano incluso en aquella gesta. La Reforma provocó el cisma religioso de Occidente -una desdicha definitiva- y para Alemania trajo la guerra de los Treinta Años, la cual la despobló, retrasó fatalmente su cultura y, por medio del vicio y las epidemias, probablemente convirtió la sangre alemana en algo diferente y peor de lo que había sido en la Edad Media. Erasmo de Rotterdam, quien escribió el 'Elogio de la locura', un humanista escéptico con muy poca interioridad, era muy consciente de las implicaciones de la Reforma. «Cuando veáis surgir terribles cataclismos en el mundo», dijo, «recuerda que Erasmo lo predijo». Pero el venerable patán de Wittenberg, tremendamente cargado de interioridad, no era pacifista; estaba imbuido de una verdadera aceptación alemana de lo trágico y se declaró dispuesto a cargar «sobre su cuello» con la sangre que habría de correr.

El Romanticismo alemán, ¿qué es sino una expresión de esta finísima cualidad alemana, la interioridad? Mucho de lo que es melancólicamente nostálgico, fantásticamente espectral y profundamente grotesco, junto con un refinamiento artístico elevado y una ironía omnipresente, se conjugan en el concepto de Romanticismo. Pero estas no son las cosas en las que pienso primordialmente cuando hablo de Romanticismo. Se trata más bien de una cierta riqueza oscura y piedad -podría decirse, anticuarianismo- del alma que se siente muy cercana a las fuerzas ctónicas, irracionales y demoníacas de la vida, es decir, a las verdaderas fuentes de la existencia; y se resiste al enfoque puramente racionalista en virtud de su conocimiento más profundo, de su alianza más íntima con lo sagrado. Los alemanes son el pueblo de la contrarrevolución romántica contra el intelectualismo filosófico y el racionalismo de la Ilustración: una revuelta de la música contra la literatura, de la mística contra la claridad. El Romanticismo es cualquier cosa menos un sentimentalismo débil; es profundidad, consciente de su propia fuerza y plenitud. Es el pesimismo de la sinceridad que se pone del lado de todo lo existente, real e histórico, en contra tanto de la crítica como del reformismo meliorista; en resumen, del lado del poder contra el espíritu, y tiene en muy poca estima toda virtud retórica y disfraz idealista del mundo. Aquí radica la unión del Romanticismo con el Realismo y el maquiavelismo que celebraron sus triunfos sobre Europa en la persona de Bismarck, el único genio político que Alemania ha producido jamás. El deseo alemán de unidad e imperio, encauzado por Bismarck hacia sendas prusianas, fue incomprendido cuando se le interpretó, según el patrón habitual, como un movimiento de unificación de carácter nacional-democrático. Intentó ser exactamente eso en un momento dado, hacia el año 1848, aunque incluso los debates pangermanos del Parlamento de Fráncfort en la iglesia de San Pablo tenían un tinte de imperialismo medieval, reminiscencias del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero resultó que el camino europeo consuetudinario, nacional-democrático hacia la unidad, no era el camino alemán. Fundamentalmente, el imperio de Bismarck no tenía nada en común con la «nación» en el sentido democrático de la palabra. Era puramente una estructura de poder que aspiraba a la hegemonía de Europa y, a pesar de su modernidad, el imperio de 1871 se aferraba a los recuerdos de la gloria medieval, a la época de los gobernantes sajones y suabos. Esto mismo era el factor característico y amenazador: la mezcla de una robusta oportunidad y una eficiente modernidad, por un lado, y sueños del pasado, por el otro; en una palabra, un Romanticismo altamente tecnológico. Nacido de las guerras, el Profano Imperio Alemán de la nación prusiana nunca pudo ser otra cosa que un imperio de guerra. Como tal vivió, como una espina clavada en el costado del mundo, y como tal se encuentra ahora destruido.


Otto Dix, el artista alemán refleja en su obra expresionista la culpa de posguerra. Así como Mann escribe este ensayo en 1945, viendo a su patria completamente destruida moral y físicamente. Las obras del expresionismo alemán de la posguerra (primera guerra mundial), con sus líneas caóticas, tonos oscuros e imágenes de desolación, son el reflejo artístico exacto de la "Alemania rota" y del vacío espiritual que describe la última parte del estudio de Thomas Mann. Aquí constan dos ilustraciones de Otto Dix, izquierda:  "Die Skatspieler" - "Los jugadores de cartas", 1920, un posterior título: "Kartenspielende Kriegskrüppel" (Naipes para lisiados de guerra). Representa a veteranos discapacitados de la Gran Guerra jugando a las cartas, resaltan los muy distorsionados rasgos de sus lesionados cuerpos. En la derecha: "Prager Strasse" - "La calle Praga", 1920. Representa la calle Praga en Dresde luego de la Gran Guerra; el lienzo muestra a dos lisiados de guerra. Un personaje parece ser de clase media o alta, pero no tiene piernas, se mueve con la ayuda de una patineta y bastones. Lleva un bombín y una bonita chaqueta con una medalla prendida. El otro personaje lleva sombrero, barba y está mal vestido, mientras que sólo tiene un brazo, es un mendigo y pide limosna.



En la historia de las ideas, los méritos de la contrarrevolución romántica alemana son invaluables. El propio Hegel tiene una participación tremenda en ellos por el hecho de que su filosofía dialéctica tendió un puente sobre el abismo que la Ilustración racionalista y la Revolución Francesa habían abierto entre la razón y la historia. Su reconciliación de lo razonable con lo real dio un poderoso impulso al pensamiento histórico y, de hecho, creó la ciencia de la historia, la cual apenas había existido antes de esa época. El Romanticismo es esencialmente sumersión, especialmente sumersión en el pasado; es nostalgia por el pasado y, al mismo tiempo, es la apreciación realista de todo lo verdaderamente pretérito por derecho propio, con su color local y su atmósfera. No es de extrañar que el Romanticismo fuera particularmente propicio para la escritura de la historia e inaugurara, de hecho, la historia en su forma moderna.

Las contribuciones del Romanticismo al reino de lo bello, como ciencia, como doctrina estética, son ricas y fascinantes. El positivismo y la Ilustración intelectualista no tienen la menor noción de la naturaleza de la poesía; solo el Romanticismo se la comunicó a un mundo que se moría de aburrimiento en un virtuoso academicismo. El Romanticismo poetizó la ética al proclamar el derecho de la individualidad y de la pasión espontánea. Rescató los tesoros de las canciones y los relatos desde las profundidades de la cultura popular del pasado; el Romanticismo fue la genial protectora de la ciencia del folclor que se presenta, en sus abigarrados colores, como una variedad de exotismo. La prioridad que concede a lo emocional sobre lo racional, incluso en sus formas arcanas de éxtasis místico e intoxicación dionisíaca, lo sitúa en una relación peculiar y psicológicamente muy fructífera con la enfermedad; el romántico tardío Nietzsche, por ejemplo, él mismo un espíritu elevado por la enfermedad a cumbres de un genio fatal, fue pródigo en sus elogios a la enfermedad como medio de conocimiento. En este sentido, incluso el psicoanálisis, que representa un gran avance hacia la comprensión del hombre desde el lado de la enfermedad, es una rama del Romanticismo.

Goethe definió lacónicamente lo clásico como lo sano y lo romántico como lo enfermizo. Una definición dolorosa para alguien que ama el Romanticismo hasta en sus pecados y vicios. Pero no se puede negar que, incluso en sus aspectos más bellos y etéreos, allí donde lo popular se une con lo sublime, lleva en su corazón el germen de la morbilidad, como la rosa lleva al gusano; su carácter más íntimo es la seducción, la seducción hacia la muerte. Esta es su paradoja confusa: si bien es el representante revolucionario de las fuerzas irracionales de la vida frente a la razón abstracta y el humanitarismo insulso, posee una profunda afinidad con la muerte en virtud de su propia entrega a lo irracional y al pasado. En Alemania, su verdadera patria, es donde ha conservado con mayor fuerza este dualismo iridiscente, como glorificación de lo vital en contraste con lo puramente moral, e igualmente como parentesco con la muerte. Como espíritu alemán, como contrarrevolución romántica, ha aportado impulsos profundos y vitalizadores al pensamiento europeo; pero, por otra parte, su orgullo de vida y muerte ha desdeñado aceptar cualquier instrucción correctora de Europa, del espíritu de la religión europea de la humanidad, de la democracia europea. En su ropaje político-realista de poder, como bismarckianismo, como victoria alemana sobre Francia, sobre la civilización, y mediante la erección del imperio del poder alemán, que aparentemente florecía con la salud más robusta, concitó el asombro del mundo, al tiempo que lo confundía y deprimía. Y tan pronto como el propio genio dejó de estar al timón de este imperio, mantuvo al mundo en un estado constante de zozobra.

Por lo demás, el reino del poder unificado fue una decepción cultural. Ninguna grandeza intelectual provino de la Alemania que una vez había sido la maestra del mundo. Solo era fuerte. Pero en esta fuerza y en toda su eficiencia organizada, el germen romántico de la enfermedad y de la muerte vivía y actuaba. El infortunio histórico, el sufrimiento y la humillación de una guerra perdida fueron su alimento. Y, reducida a un miserable nivel de masas, el nivel de un Hitler, el Romanticismo alemán estalló en una barbarie histérica, en una juerga y un paroxismo de arrogancia y crimen, que ahora encuentra su horrible final en una catástrofe nacional, un colapso físico y psíquico sin parangón.

La historia que he contado aquí en breves líneas es la historia de la «interioridad» alemana. Es una historia melancólica -la llamo así, en lugar de «trágica», porque el infortunio no debe jactarse-. Esta historia debería convencernos de una cosa: de que no hay dos Alemanias, una buena y una mala, sino una sola, cuyo mejor elemento se convirtió en mal por medio de una astucia diabólica. La Alemania malvada es meramente la Alemania buena extraviada, la Alemania buena en la desgracia, en la culpa y en la ruina. Por esa razón, es del todo imposible para alguien nacido allí renunciar simplemente a la Alemania malvada y culpable y declarar: «Yo soy la Alemania buena, noble y justa con la túnica blanca; os dejo a vosotros la tarea de exterminar a la malvada». Ni una sola palabra de todo lo que acabo de decir sobre Alemania, o que he intentado indicar, provino de un conocimiento ajeno, frío y objetivo; todo está dentro de mí, yo lo he vivido todo.

En otras palabras, lo que he intentado ofrecer aquí dentro de estos límites ha sido una pieza de autocrítica alemana; y verdaderamente, nada podría haber sido más fiel a la tradición alemana. La tendencia hacia la autocrítica, a menudo hasta el punto del autodesprecio y la autoexecración, es profundamente alemana; y resulta eternamente incomprensible cómo un pueblo tan inclinado al autoanálisis pudo jamás concebir la idea de la dominación mundial. La cualidad más necesaria para la dominación mundial es la ingenuidad, una feliz limitación e incluso una falta de propósito, pero ciertamente no una vida social extrema, como la alemana, en la que la arrogancia se une a la contrición. Nada de lo que un francés, un inglés o un americano haya dicho jamás abiertamente sobre su pueblo puede compararse remotamente con las verdades despiadadas que grandes alemanes -Hölderlin, Goethe, Nietzsche- han pronunciado sobre Alemania. En una conversación, al menos, Goethe llegó al extremo de desear una diáspora alemana. «Como los judíos», dijo, «¡los alemanes deben ser trasplantados y dispersados por el mundo!». Y añadió: «para desarrollar el bien que hay en ellos, plenamente y en beneficio de las naciones».

Este gran bien existe realmente, pero no pudo fructificar en la forma tradicional del Estado nacional. Las leyes de inmigración de los demás Estados probablemente impedirán de manera categórica esa dispersión por el mundo que Goethe deseaba para los alemanes y por la cual sentirán ahora una fuerte inclinación. Pero a pesar de todas las advertencias drásticas contra las expectativas excesivas que hemos recibido del vasto desempeño de la política de poder, ¿no podemos albergar la esperanza de que, tras esta catástrafe, se den los primeros pasos experimentales en dirección a una condición mundial en la que el individualismo nacional del siglo XIX se disuelva y finalmente desaparezca, y que ofrezca oportunidades más felices para el desarrollo de lo «bueno» en el carácter alemán que las insostenibles condiciones antiguas? ¿No debería ser posible, después de todo, que la liquidación del nazismo allane el camino para una reforma social mundial que ofrezca la mayor perspectiva de felicidad precisamente a las inclinaciones y necesidades de Alemania? Una economía mundial, la minimización de las fronteras políticas, una cierta despolitización de los Estados en general, el despertar de la humanidad a la comprensión de su unidad práctica, sus primeros pensamientos sobre un Estado mundial... ¿cómo podría todo este humanitarismo social -el verdadero objeto de la gran contienda-, que supera con creces los límites de la democracia burguesa, ser ajeno y repugnante al carácter alemán? En el aislamiento del alemán siempre hubo tanta nostalgia de compañía; de hecho, en el fondo de la misma soledad que lo hacía malvado, residía siempre el deseo de amar, el deseo de ser amado. Al final, el infortunio alemán es solo el paradigma de la tragedia de la vida humana. Y la gracia que Alemania necesita con tanta urgencia, la necesitamos todos nosotros.

28 septiembre 2026

La nueva militarización de Alemania: ¿un resurgimiento del espíritu o un revanchismo descarado?



Dmitry Medvedev, ex presidente de Rusia, en su intervención ante la 64ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Septiembre 2009.

* Todo el material gráfico, la introducción de la siguiente ponencia y las notas a pie de las ilustraciones son añadidos por el editor de este blog y corresponden a caricaturas de la era soviética.

Este artículo amplía la ponencia anterior:


Introducción

“Operación Barbarroja 2”. 

Los enemigos de Rusia vuelven a moverse justo al cumplirse 85 años de la invasión nazi a la Unión Soviética, en las fronteras europeas rusas panzers alemanes con su clásico distintivo de la Cruz de Hierro avanzaron junto a sus socios de la OTAN hacia la frontera rusa; por supuesto, se trató de un mensaje en forma de ejercicio militar, denominado: “Operación Escudo de la Libertad”, según comenta un interesante artículo de la Fundación de Cultura Estratégica el pasado mes de junio (2026).

El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi junto con unidades de países aliados lanzó la mayor invasión militar jamás registrada en la historia. Barbarroja no solo perseguía “espacio vital” a costa de territorios del Este, incluido Polonia, Ucrania, países Bálticos y otros. Como consecuencia, millones de civiles de la URSS murieron ejecutados por unidades especiales de exterminio (Einsatzgruppen), los alemanes contaron con la colaboración de unidades fascistas de Ucrania y de los estados bálticos. Todo historiador es consciente que se trató de una guerra de aniquilación, sin misericordia para hombres, mujeres y niños, y eso fue solo el inicio. Luego vino ‘La Solución Final’, es decir, el exterminio no solo de judíos, eslavos, comunistas, romaníes y otros subhumanos (Untermenschen).

El 22 de junio de 2026 en Lituania, la OTAN liderada por el ejército alemán, jugó a la guerra en el mismo lugar: Probradė (cerca de la frontera con Bielorrusia), escenario de masacres por parte de los nazis y sus aliados. El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, ofició los ejercicios militares. “No hay manera de que la fecha fuera un descuido insensato. Fue una provocación deliberada. El militarismo alemán vuelve a avanzar y está dirigido verbalmente a Rusia. El canciller alemán Friedrich Merz ha declarado la ambición de convertir a Alemania en la mayor potencia militar de Europa. Los comandantes de la OTAN hablan con despreocupación sobre atacar territorio ruso con misiles y drones de largo alcance. Como en la Segunda Guerra Mundial, Lituania, los estados bálticos y Ucrania actúan como intermediarios de la agresión contra Rusia”.



Dos excelente caricaturas de la revista soviética - ucraniana, Perets. de la época de la Guerra Fría. A la izquierda satiriza la reconstrucción del ejército alemán (Bundeswehr/Wehrmacht) bajo el gobierno de Konrad Adenauer. El sastre (Konrad Adenauer) aparece arrodillado ajustando un uniforme militar a un soldado que muestra vendas y cicatrices de guerra, pero en el espejo se ve como un orgulloso militar nazi. Se observa una imagen de Adolf Hitler vigilando la escena. El título superior dice: "En el taller de modas de Bonn"; el texto inferior dice: "Adenauer: ¡Ahora, Herr Wehrmacht, aunque sea a París!...". Autor: V. Lytvynenko, 1954. Derecha: Un soldado con aspecto grotesco vistiendo un uniforme militar verde y un casco alemán, con una esvástica y la palabra ucraniana ¡Revancha! en una bandera. El texto en ucraniano en la parte inferior dice: "El canciller americano de Bonn", sugiere que el gobierno de la RFA está subordinado a los intereses estadounidenses (representados por la bandera de EE. UU. y las monedas con símbolos de dólar al fondo). Autor: "VE-SHA" (ВЕ-ША), seudónimo artístico utilizado por los caricaturistas e ilustradores soviéticos ucranianos: Viktor Shevchenko y Vasyl Yelyseiev. 1959. En el contexto general son críticas a la República Federal Alemana (Bonn) y su rearme en los años 50, la Bundeswehr rescatando el espíritu del antiguo régimen nazi con el apoyo político de líderes como Adenauer. 


Los países citados están reviviendo el homenaje a los colaboradores militares con la Alemania nazi, inauguran monumentos, desvelan placas conmemorativas, etc., incluso ofendiendo a Polonia, una nación víctima de aquellas nefastas unidades. En Europa se ha intentado encubrir esa controversia “porque pone a la luz la verdadera y fea naturaleza del régimen de Kiev. Si el régimen queda expuesto, ¿qué dice eso sobre la OTAN y la UE? Destruiría sus afirmaciones sobre ‘defender la democracia ucraniana’ de Rusia y cómo Ucrania supuestamente es un baluarte para el resto de Europa”.

Todo concuerda con la idea absurda de la clase política de Europa y Estados Unidos de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial, blanqueando la invasión y genocidio en la Unión Soviética para que el resurgimiento de la rusofobia sea más “aceptable”. Ayer y hoy, la consigna ha sido la misma, el objetivo estratégico es derrotar a Rusia para explotar sus vastos recursos naturales, los recursos rusos son la única fuente de supervivencia para los ex imperios europeos.

Igual que en 1941, la propaganda de la OTAN acusa a Rusia de ser una amenaza real e inminente, por lo que debe protegerse, armándose y movilizándose para la guerra con Rusia. Allí, donde la Alemania nazi fracasó, la OTAN insiste en presentar a los rusos como bárbaros que deben ser vencidos por la paz y la seguridad de Europa… y el mundo.

Y esto no queda solo en el discurso, “la guerra contra Rusia se vende como paz. La agresión se vende como defensa”. Los “misiles, drones estadounidenses, británicos, alemanes, franceses y de otros países de la OTAN están atacando en lo más profundo de Rusia, matando civiles y destruyendo infraestructuras vitales. Como en la Operación Barbarroja, el enemigo está atacando Moscú. Es increíble que, en la memoria viva, los horrendos crímenes de la Alemania nazi se estén repitiendo contra Rusia. Es increíble lo descarada que se lleva a cabo la repetición de la historia”. Esto solo es posible por el poder propagandístico de los medios de comunicación occidentales controlados por grandes corporaciones. De manera consciente, los líderes europeos y estadounidenses están buscando una guerra mundial sin querer aceptar que esto solo puede terminar en un colapso global.


Izquierda: “Por el amor de la cruz... / Por la cruz...)”. (Los círculos imperialistas apoyan la política revanchista del gobierno de la República Federal de Alemania). Autor: Kostyantyn Zaruba, 1951, revista ‘Perets’. Derecha: "Prueba de lealtad" o "Control de lealtad", Andrei Krylov, revista Krokodil, 1977. Para 1976 Radio Free Europe y Radio Liberty se fusionaron formalmente en una única corporación unificada (RFE/RL) bajo el financiamiento abierto del Congreso de EE. UU. con base en Múnich. Una "maquinaria de desinformación unificada". El casco militar alemán (estilo Stahlhelm) lleva el escudo de Múnich. Un locutor o propagandista baila frenéticamente mientras sostiene guiones y grita frente a los micrófonos, representando la agitación política que los soviéticos denunciaban como propaganda hostil y mentiras occidentales.

“Las ambiciones de la Alemania nazi de conquistar Rusia nacieron de objetivos imperialistas, ideología supremacista y mentiras propagandísticas. El imperialismo occidental y sus armas, proxies y medios de comunicación de la OTAN vuelven a atacar”.


Un dato más para cerrar esta introducción. El artículo del señor Medvedev data de mayo del 2026, previamente, el mismo mes de este año, el Pentágono anunció planes para retirar alrededor de 5.000 soldados, de los más de 36.000 estacionados en Alemania. Para el momento de publicar esta entrada (septiembre) el canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado (en resumen) que el tiempo de la amistad incondicional con Estados Unidos está llegando a su fin al culpar al presidente Trump del deterioro de las relaciones. Ante sus compañeros de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el 18 de septiembre 2026, textualmente dijo: “La era de la amistad transatlántica incondicional probablemente ha terminado en un futuro próximo… Ya era hora de que asumiéramos una mayor responsabilidad", al defender el aumento del gasto en defensa de Alemania para reforzar sus fuerzas armadas y seguir financiando a Ucrania, según sus palabras, sin importar la "crisis estructural" de su propia economía.


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La nueva militarización de Alemania: ¿un resurgimiento del espíritu o un revanchismo descarado? 
Dmitry Medvedev
Vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa 
y tercer presidente de Rusia
7 de mayo de 2026


Las amenazas de Donald Trump de retirar a Estados Unidos de la OTAN, expresadas el 27 de marzo de 2026 en un foro de inversión en Miami, declaraciones de J.D. Vance sobre la pérdida de identidad de Europa durante una entrevista con Fox News el 15 de marzo de 2026, junto con la negativa de los países europeos a unirse directamente a la agresión contra Irán y participar en la aventura del 'desbloqueo militar' (y luego bloqueo) del Estrecho de Ormuz están dividiendo Europa y América más que nunca en los últimos 100 años. Estos desarrollos demuestran que la 'autonomía estratégica' europea, tan deseada por los liberales, está mucho más cerca de lo que parece. La principal cuestión es quién dictará la agenda futura en la actual Europa fría y sin poderes. Hay suficientes candidatos: la repugnante eurocracia de Bruselas, los sodomitas galos habladores y engreídos y, finalmente, el liderazgo alemán que se ha vuelto cada vez más vocal en sus pretensiones de hegemonía en el Viejo Mundo, mientras emascula la responsabilidad de sus antepasados por los crímenes del nazismo en la percepción pública. Centrémonos en esto último con más detalle.

No hay nada nuevo en las acciones del liderazgo alemán (en primer lugar, el descendiente de los nazis Merz & Co). El esfuerzo por revisar los decepcionantes resultados de la Segunda Guerra Mundial fue emprendido por el estado derrotado casi inmediatamente después del final de la guerra. El propósito de los seguidores nazis era compensar los costes políticos, territoriales, ideológicos y económicos derivados de la derrota militar completa y el colapso de la condición de Estado alemán. En el camino, intentaron filtrar con destreza la atmósfera impregnada por el espíritu del militarismo prusiano y el hedor de la ideología nacionalsocialista. Las élites alemanas que permanecieron en las zonas occidentales de ocupación abandonaron formal y rápidamente el legado de Hitler, que había llevado al colapso de su Reich de mil años. Pero no tenían ningún deseo de rechazar realmente la propia ideología del nazismo. ¿Por qué?


Dos caricaturas del artista soviético Mark Abramov. Izquierda: “Lecciones de historia”, 1975. Un militar carga un paquete lleno de misiles y tanques con la palabra OTAN. Mira un espejo con la forma del número 9, (9 de mayo de 1945 -Día de la Victoria). El espejo muestra la cara de Hitler aporreado y gritando. El texto íntegro dice: “Hace 30 años, el pueblo soviético y sus Fuerzas Armadas derrotaron a la fuerza de choque del imperialismo mundial: la Alemania fascista. Esto sirve como una lección de la historia clara y convincente para aquellos que albergan nuevos planes de guerra y de captura de territorios ajenos. A quien se le antojen territorios ajenos, le resulta útil mirarse en el espejo de la historia”. Derecha: "Estrategia de la guerra y de la paz", 1978. El texto de la parte superior dice: "Los países socialistas ofrecen una perspectiva clara: garantizar de manera real a todos los pueblos una vida en condiciones de seguridad y de paz". La gran flecha brillante que desciende habla en favor de la distensión, el desarme y la estabilidad global. La flecha de la paz golpea e interrumpe una mesa donde caricaturas de generales occidentales y estrategas militares (identificables por sus uniformes y puros) conspiran en la penumbra sobre un "mapa operativo".



El Tribunal Militar Internacional de Núremberg condenó solo a un pequeño número de los principales criminales nazis. Muchos de los que habían creado el marco económico y financiero del régimen y su jerarquía de gestión, y que, en consecuencia, eran culpables de crímenes de guerra, crímenes contra la paz y contra la humanidad, escaparon al castigo. Y seamos francos, consideraron este castigo injusto, y las actividades del NSDAP - el mayor proyecto de Alemania.

De hecho, la República Federal de Alemania no ha visto una verdadera desnazificación. Los materiales de archivo del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, incluyendo una referencia a la situación política en Alemania Occidental de 1952, muestran de forma convincente que, en lugar de su implementación, "las potencias occidentales siguieron el camino de justificar a los criminales de guerra nazis". Todo el proceso, llevado a cabo con mucho alboroto, se convirtió en una farsa vacía, salvo por la liquidación de notorias organizaciones pro fascistas y la purificación de los espacios públicos. Los anglosajones, intentando preservar a los antiguos líderes de la economía militar de Hitler y a los principales nazis que necesitaban, hicieron campaña bajo el lema 'cuelguen a los pequeños – absuelvan a los grandes'.

El 10 de abril de 1951, el Bundestag aprobó una ley que regulaba las actividades de las personas sujetas a las disposiciones del artículo 131 de la Constitución de la República Federal de Alemania (las personas sujetas a desnazificación no tendrán derecho a ocupar cargos públicos), y restableció a todos los antiguos funcionarios y militares con la preservación de sus cargos, grados y títulos, si no se clasificaban como 'principales culpables' durante la desnazificación. El 2 de agosto de 1956, el Comité Federal de Revisión del Estado Mayor decidió permitir el servicio en el sucesor de la Wehrmacht -la Bundeswehr- para antiguos miembros de las SS con un rango no superior al de Obersturmbannführer (teniente coronel). Se puede argumentar que, en general, el proceso de eliminar de la sociedad alemana de posguerra del nacionalsocialismo para los principales sectores directivos y administrativos ya terminó seis o diez años después de la guerra. No hablemos de las conversaciones que se mantenían en las cocinas de los alemanes occidentales de aquella época. De todos modos, todo el mundo lo sabe. 'Deutschland über alles' era la frase más inocente que decían los burgueses humillados tras una ración de schnapps de manzana.

Muchos de los antiguos miembros del partido nazi que encontraron un lugar al sol en Alemania habían sido 'asesinos silenciosos de escritorio', miembros del partido que pusieron en marcha la monstruosa máquina de genocidio del pueblo soviético y el Holocausto desde sus cómodas oficinas burocráticas. Formaban la columna vertebral de los funcionarios de la 'nueva Alemania'. Heinrich Lübke, ministro de Alimentación, Agricultura y Silvicultura de la República Federal de Alemania (1953-1959) y presidente de la República Federal Alemana (1959-1969), durante los años del nacionalsocialismo trabajó en una oficina de arquitectura e ingeniería que estaba a disposición de Albert Speer, inspector general de obras de la capital del Reich. En él fue responsable, en particular, del reclutamiento forzoso de mano de obra de los campos de concentración nazis. Hans Globke, jefe de gabinete del cancillería federal Konrad Adenauer (1953-1963), ocupó altos cargos en el Tercer Reich en el Ministerio del Interior, donde fue responsable del desarrollo de normas legales que consagraban la discriminación y persecución de la población judía, y su papel en la organización del Holocausto aún no ha sido revelado. Waldemar Kraft, ministro federal de asuntos especiales de la República Federal de Alemania entre 1953 y 1956, fue director general de la Asociación del Reich Imperial para la Gestión de Tierras en los 'Territorios Orientales' anexos de 1940 a 1945, fue miembro del NSDAP y ostentó el título honorario de SS Hauptsturmführer. Y estos son solo algunos ejemplos del camino vital de altos cargos del 'renovado' Estado alemán. De 1949 a 1973, 90 de los 170 principales abogados y jueces del Ministerio de Justicia de la República Federal de Alemania fueron exmiembros del NSDAP, y en 1957 la proporción de altos funcionarios del ministerio con pasado nazi era del 77%. En el Ministerio del Interior de la República Federal de Alemania desde 1949 hasta 1970, El 53% de los empleados eran exmiembros del NSDAP, y el 8% había trabajado en el Ministerio del Interior entre 1943 y 1945, cuando uno de los principales criminales nazis, el odioso Heinrich Himmler, era su cabeza. (Nota del Editor: El lector puede ampliar este capítulo en Criminales de guerra y nazis en la República Federal de Alemania)


Izquierda, caricatura política de la década de 1960 difundida bajo la descripción “Entrada en el Ministerio de Guerra de Bonn”. La pieza satiriza las sospechas de la época sobre la continuidad de elementos del antiguo régimen nazi en el estamento militar de la Alemania Occidental durante la Guerra Fría. Autor no identificado". Derecha: Obra del artista Borís Efímov, 1962, el texto inferior dice en ruso: "¡Dejen de morder el freno, como en los viejos tiempos; mírense en el espejo, ¡revanchistas de Bonn!". El oficial con uniforme al estilo nazi, sostiene un misil con la inscripción "Made in USA" y un maletín de "Planes revanchistas". La mano gigante que sostiene el espejo refleja un esquelético militar (se asemeja a Hitler) y las palabras "Plan Barbarroja". Una clara vinculación del pasado nazi con las ambiciones militares contemporáneas de la RFA.


Según los materiales de archivo del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, como Moscú ya sabía a finales de los años 40 y principios de los 50, la zona occidental de Alemania se preparaba para una guerra con la URSS bajo los auspicios de estadounidenses y británicos. En confirmación de la intensificación de la remilitarización forzada, un mensaje de inteligencia fechado el 31 de julio de 1948 enfatizaba que la movilización de antiguos oficiales alemanes y otros militares era fácilmente factible gracias al sistema de control establecido sobre ellos. El antiguo contingente de la Wehrmacht estaba 'bajo una correa corta' del nuevo gobierno, que utilizaba el asunto militar con fines lejos de ser pacíficos. Una nota del gobierno soviético a la Embajada de Estados Unidos en Moscú, fechada el 31 de marzo de 1954, afirmaba directamente: seguir el camino del resurgimiento del militarismo alemán y la creación de agrupaciones militares en Europa significa ... prepararse para una nueva guerra.

Así, la idea de armar a Alemania Occidental dominó firmemente la mente de los ideólogos de la política exterior estadounidense. También se tomaron medidas prácticas. Bajo los gritos de la 'agresión existencial desde el Este' (suena familiar, ¿no es así?), se llevó a cabo la remilitarización de la economía. Las 'inyecciones' estadounidenses en los sectores necesarios de la economía nacional de Alemania Occidental comenzaron inmediatamente después de la guerra. Antes de septiembre de 1951, la República Federal de Alemania recibía unos 9.000 millones de dólares. Estos fondos se destinaron principalmente a la industria pesada y a áreas que podían servir a los objetivos políticos y militares de Washington.

El lavado de cerebro propagandístico actualizado de la población también tenía su lugar. En julio de 1951, según informaron las autoridades competentes a Joseph Stalin, el canciller Konrad Adenauer asignó una tarea directa a la gobernante Unión Demócrata Cristiana: convencer a las masas de que los alemanes tenían una alternativa: un 'alemán armado' o un 'alemán subordinado al ejército ruso'. Suena a las historias de terror modernas de 'tecnócratas europeos civilizados', ¿verdad?


Izquierda: La ilustración realizada por el caricaturista K. Zaruba, 1959, está dirigida contra el canciller Konrad Adenauer y su política exterior. La mesa redonda sobre la que se apoya Adenauer simula ser un casco militar alemán (Stahlhelm) que lleva grabado el escudo oficial de Alemania Occidental, pero con una esvástica nazi debajo. En la parte inferior, una frase atribuida irónicamente al canciller Adenauer: “Siempre estamos listos para sentarnos a una mesa tan redonda". Critica la dependencia económica y los intereses financieros de la burguesía y el militarismo occidental. Se aprecia una silla de madera vacía y una inscripción que dice: “Para la RDA / República Democrática Alemana”. Derecha: “Una mano lava la otra”, K. Zelensky,1960, para la revista soviética ucraniana ‘Perets’. Un conocido proverbio ironiza sobre la complicidad o el encubrimiento político de la época de la Guerra Fría, representando a Konrad Adenauer agitando un casco militar con símbolos de la Alemania nazi para lavar las manos de un uniformado con sangre en las manos. (El excomandante del batallón nazi alemán "Nachtigall", Oberländer, quien en 1941 perpetró una sangrienta masacre en Leópolis, se ha visto obligado a dimitir bajo la presión de la opinión pública mundial). 


Bajo la supervisión de los estadounidenses, también se realizaban trabajos relacionados con el 'personal principal'. Antiguos altos cargos nazis fueron aceptados voluntariamente para el servicio militar en la Bundeswehr. Así, el exjefe de estado mayor del 18º Ejército, el teniente general Friedrich Foertsch, el teniente general del 7º Ejército Max-Josef Pemsel, y los Grupos de Ejércitos A y S de tanques general Hans Röttiger ocuparon los cargos de inspector general de la Bundeswehr, comandante del 2º Cuerpo de la Bundeswehr y primer inspector del ejército, respectivamente. El antiguo comandante de la Luftflotte 5, el general Josef Kammhuber, se convirtió en inspector de la Fuerza Aérea alemana.

Los anglosajones no dudaron en utilizar los servicios de perros de guerra fascistas, nombrándolos para altos cargos en la OTAN. En particular, el exjefe de estado mayor del Grupo de Ejércitos Sur, el teniente general Hans Speidel, durante la formación de la Bundeswehr, fue nombrado jefe del departamento de las fuerzas armadas del Ministerio de Defensa alemán y asumió el cargo de comandante de las fuerzas terrestres aliadas de la OTAN en Europa Central en 1957. El teniente general Adolf Heusinger, antiguo jefe interino del Estado Mayor General de la Wehrmacht, que había participado en el desarrollo de los planes para la invasión de Polonia, Dinamarca, Noruega, Francia, los Países Bajos, Gran Bretaña y la URSS, y que había sido testigo en el Tribunal de Núremberg, se convirtió en presidente del Comité Militar de la OTAN en 1961. Friedrich Guggenberger, que había hundido 17 barcos británicos y estadounidenses, sirvió durante cuatro años como subjefe de estado mayor en el mando de las Fuerzas Aliadas de la OTAN en el norte de Europa. Los anglosajones no eran muy exigentes con los antiguos miembros de las SS, reconocidas en 1946 por el Tribunal Militar Internacional de Núremberg como organización criminal. Por ejemplo, Eberhard Taubert, exmiembro de las SS Sturmführer y empleado del Ministerio de Propaganda de Goebbels, fue adoptado como asesor de la División de Guerra Psicológica de la OTAN.

En relación con Hans Speidel y Adolf Heusinger, como se deduce de un mensaje del Comité de Información del Ministerio de Asuntos Exteriores soviético dirigido a Joseph Stalin fechado el 8 de febrero de 1951, almacenado en los archivos del Servicio de Inteligencia Exterior Ruso, se llevó a cabo diligentemente una campaña conjunta de relaciones públicas germano-estadounidense para blanquear su reputación. En una conversación entre Dwight Eisenhower y el canciller federal Konrad Adenauer a finales de enero de 1951, ambas figuras fueron descritas como "personas completamente fiables" que eran "opositores no solo de Hitler", sino también "de la Unión Soviética, y dispuestos a cooperar con las potencias occidentales". Es indicativo que Eisenhower, que literalmente un par de meses después se convirtió en el primer comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN en Europa, dijo entonces que en 1945 se había equivocado al considerar a todos los alemanes como nazis y repitió que aceptaba la exigencia de igualdad militar de Alemania Occidental en el sistema de 'defensa de Europa Occidental'.


Dos ilustraciones de los Kukryniksy. Las imágenes muestran caricaturas de 1957-1958. Izquierda: "El regreso de Hans Speidel". El pasado nazi de Speidel, con un casco con la esvástica y encima su gorra con la inscripción "Ejército Europeo" y "NATO", cuando fue elegido para el mando militar occidental. Derecha: Speidel con el saludo nazi simboliza la continuidad de la ideología y los crímenes del pasado. Los personajes de fondo parecen estirar o manipular las vías, representando la reactivación del militarismo en Alemania Occidental.


Poco ha cambiado en cuanto al apoyo a peligrosas aspiraciones revanchistas y, después de eso, durante los años de normalización de las relaciones, la distensión y la llamada 'perestroika'. Una referencia sobre el crecimiento de tales sentimientos en Alemania, preparada el 26 de mayo de 1959 por el Comité de Seguridad del Estado (KGB) bajo el Consejo de Ministros de la URSS, señalaba la organización de miles de manifestaciones de sindicatos paramilitares y 'organizaciones de reasentamiento' en Alemania Occidental. Durante tales reuniones, celebradas bajo los auspicios de los Ministerios alemanes para Asuntos Panalemanes y para Personas Desplazadas, se presentaron categóricamente demandas para la devolución de las regiones orientales de Alemania, Prusia Oriental y los Sudetes. Se expresó abiertamente la necesidad de "preservar las tradiciones del ejército prusiano-alemán para las nuevas fuerzas armadas alemanas y para toda la juventud alemana". En 1961, el famoso periodista internacional soviético Ernst Henri señaló: "No existe la vieja Alemania, pero sí existe el antiguo Estado Mayor General alemán. No cabe duda de que sus jefes han vuelto a trabajar en los mismos mapas". Continuando con su pensamiento, escribió que, independientemente de la situación de Alemania, sin importar cuántas guerras perdiera y las derrotas aplastantes que sufriera, el Estado Mayor alemán invariablemente, metódica y cuidadosamente continuó preparando planes de agresión, y no tenía otras intenciones. Por lo tanto, es tan fácil entender por qué los políticos y generales alemanes actuales miran con tanto entusiasmo a la diversa escoria que simboliza Stepan Bandera en Ucrania. Son simplemente hermanos de sangre y herederos de la misma fuerza: el nacionalsocialismo de la época de Hitler.

En el espíritu de los enfoques chovinistas del pensamiento político alemán de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, arraigados en el subconsciente de la élite intelectual, la comunidad de expertos de la República Federal de Alemania continuó deshumanizando la Rusia soviética, eliminándola del mundo 'civilizado'. Como escribió el famoso historiador y miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la URSS Vladimir Pashuto, con el colapso de la Alemania nazi, la interpretación del tema ruso-europeo también experimentó un cambio en el sentido de que Rusia se convirtió en enemiga de la Europa integral en lugar de la Europa de Hitler. Sus fundamentos no europeos -tanto religiosos como sociales- fueron criticados. Se declaró un fenómeno hostil a Europa, sin raíces europeas y fuera de la historia europea. Todo sugería que no se debía mostrar respeto hacia un elemento 'ajeno'.

Estos sentimientos no solo no fueron reprimidos, sino que también fueron alentados por las autoridades de Bonn: la 'carne de cañón' para la masacre con la Unión Soviética debía ser motivada y no debía hacer preguntas innecesarias. No es casualidad que la referencia de la KGB de la URSS del 12 de julio de 1978, preparada sobre la base de información de la residencia de Berlín Occidental, informara que había 17 organizaciones neonazis en esta ciudad-estado con un estatus jurídico internacional especial, con las que las autoridades de esta entidad política luchaban bajo un principio residual.


Cartel satírico soviético de 1987 de la serie ‘Lápiz de Combate’ titulado “¡Orden, Willi, todo bien!”. Autores: Víktor Trazvin y Zhozef Efimovsky. Es una critica la a la pasividad de la policía de Alemania Occidental frente a grupos neonazis (afortunadamente vivimos en un país libre...). El texto dice: “¡Orden, Willi, todo bien! No veo motivos para arrestar... (reservan sus porras para una manifestación de protesta)”. Este cartel fue publicado en la URSS en plena época de la Perestroika para señalar el doble rasero en Occidente respecto al extremismo de derecha y la represión a protestas pacíficas.


En 1987, la Embajada de la URSS en Bonn señaló debates sustantivos en la República Federal de Alemania sobre la revisión de las actitudes hacia el periodo del nacionalsocialismo. Una de las manifestaciones claras de una amplia ola nacionalista en la República Federal de Alemania en aquellos años fue el creciente debate público para lograr el llamado 'giro espiritual'. Se lanzaron los lemas de 'nuevo patriotismo' e 'identidad nacional'. Los intelectuales y el establishment manipularon ampliamente las llamadas para liberar a la joven generación de alemanes (que creció y se convirtió en los actuales 'elitarios' y militaristas rabiosos: Merz, von der Leyen y Pistorius) de la carga de la responsabilidad histórica, la auto-humillación y un complejo de inferioridad nacional y culpa. Dicen que los alemanes ya han sido castigados y son conscientes de la anormalidad de su situación, cuando Alemania fue declarada "un foco de infección mundial y fuente de todo mal en el mundo" por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial. Hablando el 17 de noviembre de 1986, Alfred Dregger, presidente del Grupo CDU/CSU en el Bundestag, dijo: "Es hora de poner fin finalmente a la interpretación de la historia impuesta por las potencias victoriosas". Ampliando este argumento, propuso reconciliarse con el pasado y rendir homenaje a todos los que perdieron la vida, incluyendo tanto a las víctimas del nazismo como a los militares alemanes. A su vez, Franz Josef Strauss, ministro-presidente de Baviera y presidente de la CSU, pidió en 1987 'un regreso a la conciencia nacional alemana históricamente purificada, orientada hacia Europa y saludable'. Hoy en día, vemos cómo esos brotes de nacionalismo virulento y chovinismo - ocultos tras la hoja de parra de 'identidad nacional, patriotismo y europeidad' - han dado una cosecha abundante en forma de un nuevo revanchismo alemán. ¡Y es hora de reconocer que la herencia del Tercer Reich ha dado una buena cosecha en la RFA en la década de 2020!

Hoy, la alta dirección política de la República Federal de Alemania ha declarado a Rusia como 'la principal amenaza para la seguridad y la paz'. En Berlín, las autoridades han proclamado oficialmente un curso destinado a infligir una 'derrota estratégica' a Rusia. Los rusófobos más agresivos, cuyos antepasados lucharon con ferocidad bestial en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial, instan con entusiasmo a 'mostrar a los rusos lo que es perder una guerra'. Hay un lavado de cerebro propagandístico a gran escala de la opinión pública, con tesis que se inyectan constantemente sobre la virtual inevitabilidad de un enfrentamiento militar con Rusia para 2029. En la primera estrategia militar de la historia de Alemania, titulada 'Responsabilidad por Europa', presentada al parlamento el 22 de abril de 2026 por el ministro de Defensa Boris Pistorius, la Federación Rusa es identificada como una amenaza fundamental para el 'orden mundial basado en reglas'. Se alega que Moscú pretende debilitar la unidad de la Alianza y socavar la resiliencia de los enlaces transatlánticos con el fin de ampliar su influencia. En este sentido, los intentos de establecer diálogo deben ser suprimidos, mientras que la presión militar sobre Rusia solo debe aumentar. En otras palabras, la estrategia de perseguir una revancha a gran escala ha sido ahora adoptada oficialmente.

El lavado de cerebro de los jóvenes a través de los medios tradicionales convencionales, así como la contrarresta de la 'propaganda híbrida' rusa, se ha elevado al nivel de política oficial del Estado. Sin embargo, décadas de agitación ultraliberal y estridente están produciendo ahora el efecto contrario. Decepcionada por las decisiones miopes del liderazgo alemán de mente cerrada tanto en asuntos internos como exteriores, la generación más joven, en un contexto de discrepancia entre las estadísticas oficiales y el estado real de la economía nacional, se está inclinando ahora bruscamente 'hacia la derecha'. El colapso del multiculturalismo, la falta de una visión clara del futuro y el rechazo de los valores tradicionales proporcionan terreno fértil para el crecimiento de movimientos extremistas de derechas que apelan al resentimiento hacia un Estado nacional fuerte. No hace falta mucha imaginación para ver hacia dónde llevarán esos juegos voluntarios o no voluntarios a la sociedad alemana.


Izquierda: "El organillero". Kukryniksy, 1944. El texto dice: "¿Por qué marché hacia ti, Rusia, teniendo a toda Europa en las manos...?". Se expresa de forma burlona el lamento del dictador tras las derrotas en el frente oriental. Derecha: "El viejo organillo". Autor: Valeriy Zelinsky, para la revista soviética - ucraniana “Perets” (Pimienta), 1958. El instrumento musical que sostiene el Tío Sam en la ilustración se usa metafóricamente para criticar el discurso repetitivo del anticomunismo en los años más álgidos de la Guerra Fría. El Tío Sam aparece girando una manivela en forma de dólar para hacer sonar el organillo que está rotulado con la palabra "Anticomunismo" en ucraniano y sobre él se exhiben símbolos e insignias con esvásticas. Una especie de engendro con casco nazi con una hacha grita "¡Revancha!”.


El proceso de eliminar finalmente los 'vestigios' políticos, legales y morales de la Segunda Guerra Mundial en Alemania ha cobrado un impulso particular tras el inicio de la operación militar especial. Es obvio para cualquiera que esto solo ha servido como excusa conveniente para endurecer drásticamente la retórica antirrusa, para un miedo teatral a Rusia y para llevar las relaciones bilaterales a una dimensión frenéticamente confrontativa. Ni Alemania, ni, de hecho, la Unión Europea en su conjunto, tenían causa o motivos objetivos para 'defender' a Ucrania de forma tan sin reservas y designar a Moscú como su 'enemigo para siempre' - como dijo de forma arrogante y sin sentido el pequeño ratón gris de la política exterior alemana, el ministro de Asuntos Exteriores con un apellido maravilloso, Wadephul.

Tras la política beligerante de la UE establecida en marzo de 2025 en el Libro Blanco Conjunto para la Preparación Europea de Defensa 2030, el gobierno alemán está trabajando para transformar la Bundeswehr en el ejército más fuerte de Europa y acelerar su rearme. Se han presentado planes para aumentar la fuerza autorizada de los actuales 181.000 a 460.000 militares y reservistas en servicio activo. El 27 de agosto de 2025, el gobierno alemán aprobó rápidamente, sin enmiendas, el proyecto de ley sobre la reforma del servicio militar obligatorio en la Bundeswehr presentado por el ministro de Defensa Boris Pistorius, basado en un principio de servicio voluntario pero manteniendo la opción de un rápido retorno a la conscripción previa a 2011. En gran parte gracias al alarmismo de las autoridades y al lavado de cerebro de los jóvenes mediante la propaganda estatal, el liderazgo alemán puede ahora informar de un aumento en el número de personas dispuestas a realizar el servicio militar voluntario. A principios de marzo de 2026, 16.000 personas habían solicitado ingresar en las fuerzas armadas, un 20% más que en el mismo periodo de 2025, mientras que en total más de 5.000 reclutas se unieron en el primer trimestre de 2026, lo que supone un aumento del 14% respecto al inicio del año anterior.

No se escatima en gastos en el aventurerismo militar, como en el siglo XX. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar agregado de Alemania en 2024 alcanzó los 88.500 millones de dólares (+28% en comparación con 2023), lo que la convierte en la mayor de Europa. El Fondo Especial para la Bundeswehr, valorado en 100.000 millones de euros, se ha convertido en la principal fuente de financiación, lo que permite aumentar el gasto militar hasta el 2% del PIB. En el presupuesto aprobado para 2026, que asciende a 524.540 millones de euros, las autoridades alemanas tienen la intención de gastar más de 82.000 millones en defensa (es decir, preparativos para la guerra), lo que representa un aumento de 20.000 millones respecto a 2025. Se espera que el gasto militar total, junto con los fondos del mencionado fondo especial, ascienda a aproximadamente 108.000 millones de euros. A finales de febrero de 2026, el Ministerio de Defensa alemán informó sobre los 'resultados exitosos de las actividades' del departamento de adquisiciones de la Bundeswehr en 2025, indicando que 103 proyectos importantes, cada uno con un valor de al menos 25 millones de euros, habían sido presentados al Bundestag para su aprobación, y que se habían firmado contratos por un impresionante valor de 34.000 millones de euros para la adquisición de armas y equipamiento militar demandados. y que, dentro del marco de iniciativas previamente aprobadas, las entregas a las fuerzas armadas ascendieron a aproximadamente 24.000 millones de euros. Con liquidez desde que Berlín anunció el 'cambio de época' debido a la situación en Ucrania, el sector de defensa local expresa satisfacción porque los productores nacionales han recibido hasta 109.000 millones de euros del total gastado por el país con fines militares en los años 2020-2025. Gracias a la liberalización de los controles de exportación, Alemania ha pasado del sexto al cuarto puesto en el ranking de los mayores exportadores de armas. Aprovechando las características específicas de las operaciones de combate durante la agresión no provocada contra Irán y señalando la ineficiencia de emplear costosos misiles interceptores contra drones, la industria de defensa alemana está promoviendo activamente el sistema de defensa aérea de corto alcance 'Skyranger', alegando que la interceptación de un solo UAV costaría solo 4.000 dólares. Aparentemente, solo la lentitud impidió que los negociadores de la industria de defensa alemana con su Wunderwaffe siguieran los pasos del payaso de Krivoy Rog durante su absurda gira por los estados del Golfo Pérsico a finales de marzo de 2026, donde intentó venderles misiles interceptores como parte de la ayuda de la chusma de Bandera.


Dos caricaturas de la década de 1960 de la revista Krokodil. Izquierda: Autor, A. Krylov, 1961. El canciller Konrad Adenauer como protagonista. Una llamada de Bonn. “¡Señor, envíe pronto ese juguete, que sin él nuestro bebé no se calma!”. El bebé Bundeswehr llora mientras grita “¡Quiero una bomba atómica!”. Derecha: Autor: A. Krylov, 1963. Adenauer y la Bundeswehr. “¡Dadle la bomba, señores! Él solo va a jugar y la soltará”. Satiriza de forma muy directa las discusiones del bloque occidental a principios de 1960 para dotar de capacidades tácticas modernas a Alemania Occidental.


Muchos proyectos presupuestados son plurianuales, lo que indica a la industria que Berlín considera el rearme como un compromiso a largo plazo. Se han elaborado planes para la apertura de subdivisiones territoriales del departamento de compras de la Bundeswehr en ciudades donde se encuentran grandes universidades técnicas. La tasa de investigación y desarrollo militar dirigida se está acelerando, por lo que, en lugar de realizar investigaciones en ciencias fundamentales, se anima a los jóvenes talentos, siguiendo la vieja y mala tradición, a empezar a pensar en cómo desarrollar nuevos Tigres, Panteras y armas V mortales.

En este contexto, se está ignorando la dependencia alemana de suministros militares extranjeros. Componentes de importancia crítica para el inventario moderno de armas suelen ser externalizados y adquiridos eficazmente en el extranjero. Incluso la principal empresa armamentística nacional, Rheinmetall, que es el principal proveedor de diversos equipos militares para la Bundeswehr, se niega a introducir su propio know-how mientras busca obtener beneficios rápidos del cumplimiento de contratos estatales de defensa. Todo esto se compensa con compras a otros fabricantes occidentales, solo para no perder el estatus de proveedor exclusivo de servicios de la Bundeswehr ante el gobierno. En particular, durante la visita del jefe del Ministerio de Defensa alemán a Australia el 26 de marzo de 2026, se anunció un acuerdo entre Rheinmetall y la filial australiana de Boeing (concretamente, Estados Unidos) para el desarrollo de aviones de combate no tripulados autónomos utilizando tecnología furtiva, con una ojiva de más de 100 kg y un alcance de más de 1.000 km. destinado a los sucesores de la Luftwaffe. La degradación del pensamiento científico alemán y la creciente dependencia de Estados Unidos es evidente.

Se están llevando a cabo preparativos de manera acelerada para una posible confrontación con la Federación Rusa respecto a la mejora de infraestructuras. Los niveles federal, estatal y municipal, así como las empresas regionales, están activamente inclinados a implementar plenamente el Plan Operativo 2024 para Alemania. Prevé que Alemania se convierta en el principal centro de tránsito para el traslado de una masa de tropas de la OTAN al 'flanco oriental' de la alianza. Columnas de la Bundeswehr y tropas aliadas dentro de la OTAN podrán ahora pasar a puertos alemanes en el mar Báltico y a la frontera polaca sin consentimiento previo. Se insta enérgicamente a las autoridades locales a preparar a la población civil para un conflicto armado, es decir: elaborar planes detallados para la protección de infraestructuras críticas, contrarrestar operaciones de sabotaje y equipar refugios antiaéreos.

Los miembros de la comunidad empresarial son objetivo tanto de actores militares como políticos. Según el Plan Operativo para Alemania mencionado anteriormente, las principales empresas deben tener en cuenta en su política de personal la alta probabilidad de una reducción brusca y masiva de los recursos laborales mediante la movilización de quienes son aptos para el servicio militar. Al contrario de que sean simples anécdotas popularizadas en la URSS -es decir, que la maquinaria de fábrica de pasta podría adaptarse rápidamente para la producción de cartuchos de 7,62 mm-, estos escenarios se están implementando actualmente en Alemania. Se están creando requisitos reales para la rápida reestructuración de la industria civil con fines militares y para el inicio de la producción de la gama de productos relacionados con la defensa. La Bundeswehr está autorizada a incautar, de forma gratuita, ciertos bienes, equipos y maquinaria para sus propias necesidades.


"La OTAN conlleva la guerra", es un cartel de propaganda soviético de 1981, del artista danés Herluf Bidstrup, publicado en Moscú en 1981. El cuerpo del tanque está formado por un grupo de ciudadanos atrapados y encorvados que actúan forzosamente como el motor del vehículo, representa la idea de que los gastos militares de la alianza se sostienen directamente sobre las espaldas y el sufrimiento de los trabajadores y contribuyentes de los países occidentales.


El complejo militar-industrial y el establishment político alemán ya han forjado una sólida alianza de lobby, un desarrollo que fortalece el papel de la industria de defensa en la toma de decisiones que son más importantes tanto para la política interior como exterior de Alemania. La humanidad recuerda el vínculo extremadamente peligroso entre los actores de la industria de defensa y las figuras políticas en las décadas de 1930 y 1940. Entonces, la actitud omnívora de los 'mercaderes de la muerte' hacia las fuentes de sus beneficios, combinada con sus simpatías por el nacionalsocialismo, sumergió al mundo en el abismo de la Segunda Guerra Mundial. Habiendo rechazado el pacifismo como valor social, al que las generaciones anteriores solo llegaron a través de una inmensa tragedia, los herederos de Krupp, Thyssen y Bosch están una vez más asumiendo con entusiasmo contratos gubernamentales para la producción de bienes militares, sin dudar en construir sus empresas sobre la sangre. Los banqueros no se están quedando atrás, habiendo dejado de lado todos los tabúes morales que antes existían sobre la financiación de gran volumen del complejo militar-industrial; ahora se considera justificado apropiarse del 'dinero de helicóptero' que reciben las empresas de defensa del Estado. En este contexto, no pasaría mucho tiempo antes de que algunos de los financieros alemanes actuales se 'liberaran' del legado del pasado y se inspiraran en la perspectiva de una nueva cruzada hacia Oriente como parte de la política de 'cambio de época', hasta que colgaran retratos de Hjalmar Schacht y Walther Funk, los arquitectos de la política militar-económica del Tercer Reich. Hay un dicho famoso de la época de la Revolución Francesa: "Ils n'ont rien appris, ni rien oublié" ("No habían aprendido nada y no habían olvidado nada")

Mientras tanto, la situación general de la economía alemana parece no preocupar al establishment, que ha perseguido el espejismo geopolítico del efímero 'liderazgo' de la república dentro de la Unión Europea. Como resultado de este distanciamiento de las dificultades internas, el PIB del país en 2025 aumentó solo un 0,2% en términos reales, ajustado por inflación. La balanza comercial -que es de gran importancia para la economía alemana orientada a la exportación- cayó al 2,4% del PIB, el volumen de exportaciones disminuyó un 0,3% (una disminución registrada por tercer año consecutivo) y el déficit presupuestario para 2025 ascendió a 107.000 millones de euros. Las fuerzas motrices de la economía alemana -es decir, los sectores automotriz, metalúrgico y químico- no han logrado superar la crisis hasta ahora. Las empresas están registrando una caída significativa en sus beneficios. La desindustrialización se está extendiendo ampliamente por los estados federales alemanes: la pérdida de empleos y la transferencia de la producción industrial de Alemania a otros países europeos ya se ha convertido en una realidad. Las plantas de fabricación de maquinaria, fábricas químicas y plantas de producción electrónica -concretamente Bosch, Henkel, MAN y Mercedes-Benz- están huyendo. No pueden mantenerse competitivos debido al alto coste de la electricidad, al alargamiento de la cadena de suministro logístico causado por sanciones autolesivas contra Rusia y a los altos aranceles impuestos por Estados Unidos. Alemania, que fue un gigante industrial, se está convirtiendo en un taller gestionado caóticamente desde donde se transportan equipos. Todo esto está afectando a la población: la actividad de los consumidores se ha estancado casi por completo, e incluso las ventas de cerveza en 2025 cayeron a su nivel más bajo desde 1993. Según declaraciones del canciller, el Estado de bienestar social no puede financiarse dado los recursos actualmente disponibles en Alemania. ¿Asusta una realidad tan brutal al canciller inepto y arrogante, en quien hierve la sangre de los antepasados nazis? ¿Está preparado para afrontar la realidad de que no salvará la economía inyectando dinero en el complejo militar-industrial nacional, y que cientos de miles de millones de euros impresos y sin garantía serán consumidos por los altos precios de la energía y una burocracia incontrolable? Por lo visto no. Aunque promueve una agenda militarista antirrusa, en el fondo cree que la guerra lo descartará todo.

La sugerencia de considerar adquirir sus propias armas nucleares se ha introducido con cautela en el discurso sociopolítico alemán; hasta ahora, se ha hecho de forma algo sutil e indirecta, pero de forma insistente. Alemania parece ya no estar satisfecha con participar en los acuerdos de reparto nuclear de la OTAN, los acuerdos entre Estados Unidos y Alemania que permiten a la Bundeswehr usar armas nucleares tácticas estadounidenses en caso de necesidad militar; en tiempos de paz, las armas controladas por Estados Unidos se almacenan en la Base Aérea de Büchel, Renania-Palatinado. La justificación presentada para adquirir armas letales de destrucción masiva es dolorosamente simplista y sobreutilizada: supuestamente tiene como objetivo disuadir la política agresiva de Moscú en Europa. Se supone que es una cuestión de soberanía nacional. A esto se suma la incertidumbre sobre el futuro de la presencia militar estadounidense en Alemania. Berlín está ansioso por adquirir misiles terrestres estadounidenses de largo alcance en la primera oportunidad, conforme al acuerdo de 2024 con la adormilada administración Biden. Es muy probable que las autoridades encuentren lugares adecuados para desplegar sistemas móviles de lanzamiento de misiles SM-6, misiles de crucero Tomahawk y sistemas hipersónicos de planeo Dark Eagle en uno de los estados federales mejor preparados en términos de logística militar e infraestructura, como Renania-Palatinado. No hay duda de que los estadounidenses aprovecharán el momento geopolítico, y Alemania es la única obligada a proporcionar su territorio. A los arrogantes sheriffs del otro lado del océano no les importa la opinión tanto de una población local que ha sido efectivamente tomada como rehén como de políticos sensatos que se preocupan por los intereses nacionales y no apoyan la política implementada por las élites alemanas. La actual administración Trump considera el despliegue de misiles no como una contribución gratuita a la seguridad europea, sino como una forma de reforzar su presencia en una ubicación estratégica, permitiendo posibles ataques de alta precisión contra adversarios, y no hay necesidad de adivinar quiénes son los adversarios en cuestión. La única cuestión es cuál será la escala del despliegue de misiles estadounidenses, si será simbólico y provisional o si alterará la estabilidad estratégica en Europa y, por tanto, nos obligará a responder directamente.


Izquierda: “Entre los simuladores de Alemania Occidental”. Kukryniksy, 1959, revista Krokodil. Un psiquiatra en un hospital sostiene un uniforme de las SS y le dice a un paciente subido a la cama: "¡Déjate de tonterías, herr Schultz! ¡Ya no eres Napoleón, sino un simple ex miembro de las SS”! La sátira dirigida contra la RFA expresa que muchos antiguos nazis ocultaban su pasado o fingían locura ante la justicia. Derecha: “Dos mitades de una cara malvada”, O. Kozhurenko, 1951, para la revista ucraniana ‘Perets’. El dibujo utiliza la dualidad para transmitir un mensaje de hipocresía política: El lado izquierdo (OOH) representa a la ONU Muestra un rostro amable, sonriente y pacífico, acompañado de una rama de olivo, el símbolo universal de la paz. La fachada diplomática y pacífica que Occidente presentaba ante el mundo. El lado derecho representa a la OTAN. El mismo personaje se transforma en un monstruo agresivo y bélico. Sus dientes son misiles con las letras OTAN, en la parte inferior hay proyectil con las siglas "US". El texto en ucraniano de la parte superior del cartel: la política exterior de los gobiernos de la OTAN tiene "dos caras". Desde los podios de la ONU hablan de su amor por la paz, pero que en las sesiones a puerta cerrada de la OTAN toman decisiones de carácter militar completamente opuestas.


Por ahora, los funcionarios alemanes están pensando en crear un paraguas nuclear junto con el Reino Unido y Francia en un futuro lejano y considerando qué papel podría desempeñar Alemania. Se ha informado de que la iniciativa podría recibir financiación, y han surgido propuestas sobre cómo dividir los roles: se espera que los socios proporcionen las ojivas, mientras que Alemania proporcionará los portamisiles y el personal. Mientras tanto, la población va siendo persuadida poco a poco de que, incluso si Alemania apostara hipotéticamente por las capacidades nucleares de París y Londres e intentara crear una alianza militar con ellas, este plan podría no dar resultados. Es poco probable que Alemania tolere la tradicionalmente engorrosa burocracia francesa y la insistencia de Francia en mantener el control exclusivo de su arsenal nuclear incluso bajo mando conjunto. Lo mismo ocurre con la postura cuestionable adoptada por Londres, que probablemente no arriesgará arder en un apocalipsis nuclear por objetivos vagos de globalismo transatlántico. Esto pondrá serias dudas sobre la justificabilidad de gastar recursos en fuerzas europeas comunes de disuasión estratégica.

En este contexto, al contemplar unirse a las filas de las potencias nucleares, la comunidad científica y experta alemana parte de la suposición de que, dado el alto prestigio académico tradicional en ciencias naturales y especialistas en campos relacionados, es factible adquirir rápidamente competencias nucleares no pacíficas. Como se sabe, teóricamente es posible producir material de grado armamentístico a partir de uranio adquirido en el mercado global utilizando las instalaciones de una empresa especializada en Gronau, Renania del Norte-Westfalia, equipada con una cascada de enriquecimiento por centrifugadora de gas. Tardarían unos tres años en modernizar la producción, y luego la tendrían, 17 toneladas al año, suficiente para producir unas 340 ojivas. Además, el reactor de investigación de la Universidad Técnica de Múnich en Garching contiene uranio altamente enriquecido.

Es importante recordar que los nazis estuvieron muy cerca de desarrollar una bomba atómica en los años 40. Su objetivo iba mucho más allá de simplemente intimidar a sus enemigos. Lo que los abuelos no lograron en 1945, sus nietos están decididos a lograrlo en el siglo XXI. En este sentido, no hay garantía de que Berlín limite sus enfoques político-militares al uso de un arsenal nuclear únicamente para disuasión. Una cosa es segura: una ojiva nuclear en Alemania, ya sea compartida con Reino Unido y Francia o con la suya propia, no solo convierte al país en el principal objetivo europeo del Kremlin, como señalan los medios alemanes. Constituye una grave violación de las obligaciones internacionales de Alemania conforme al Artículo II del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares de 1968; según sus disposiciones, cada Estado parte del tratado, incluida la República Federal de Alemania, se compromete a no recibir la transferencia de ningún transferente de armas nucleares u otros artefactos explosivos nucleares ni a controlar directamente o indirectamente dichas armas o dispositivos explosivos; no fabricar ni adquirir de otra forma armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares; y no buscar ni recibir ninguna ayuda en la fabricación de armas nucleares u otros artefactos explosivos nucleares.

Estoy convencido de que, en estas circunstancias, la comunidad internacional puede y debe abordar con urgencia la cuestión de un programa nuclear alemán. Para suprimir las odiosas ambiciones nucleares en su etapa más temprana, esto debe ir seguido de medidas correspondientes, como el intensificamiento de las inspecciones del OIEA, la condena por parte del Consejo de Seguridad de la ONU y medidas restrictivas internacionales legítimas. Sin embargo, incluso esto podría sacrificarse en el altar de la revanche total y la creación de un mítico Cuarto Reich. La cuestión clave es, sin duda, cómo responderá la sociedad alemana actual a esta idea. Por decir lo menos, no todos los Bürger íntegros simpatizan con el modelo loco del IV Reich. Sin embargo, dada la inepta política migratoria de las actuales autoridades alemanas, no se pueden descartar desarrollos aún más sorprendentes.


Dos caricaturas de Kukryniksy. Izquierda: "El contenido y la forma de la política franco-bonniana", 1959. Derecha: "El camino de Adenauer", 1960. Estas ilustraciones no necesitan mayor aclaración.


También cabe señalar que incluso la posibilidad de que Alemania adquiera armas nucleares constituye inequívocamente un casus belli, proporcionando bases para el uso de todas las medidas de respuesta adecuadas establecidas en los Principios Básicos de la Política Estatal de la Federación Rusa sobre Disuasión Nuclear. Incluso iría tan lejos como para argumentar que estos ejercicios podrían plantear preocupaciones similares en Estados Unidos, que aboga por un nuevo START IV con China como parte. ¿Cómo podría responder a la posibilidad de una Europa armada nuclearmente liderada por una Alemania militarista con una capacidad nuclear fuera del control de la OTAN? Tengo la sensación de que los objetivos codificados en los nuevos sistemas de mando y control nuclear alemanes se extenderán más allá del territorio ruso.

No obstante, aunque Alemania no posea armas nucleares, la situación exige vigilancia. Los políticos alemanes buscan algo más que la militarización temeraria del país. Esto último forma parte de un proceso más amplio e intrincado que pone en peligro a millones de personas en todo el mundo. El curso político actual podría conducir a escenarios casi infernales. Muestra un esfuerzo por realizar los sentimientos revanchistas más oscuros de la élite alemana. Estas ambiciones van mucho más allá de aumentar el perfil de Alemania en la política europea. No hay que olvidar que Alemania es el único estado europeo que ha anexionado completamente países vecinos dos veces desde la Primera Guerra Mundial, despojándolos de cualquier atisbo de independencia y soberanía. Esto se refiere a la anexión de Austria por el Tercer Reich en 1938 (Anschluss) y a la integración no forzosa de la República Democrática Alemana en la República Federal de Alemania en 1990. Bajo el pretexto de reunificar la nación alemana, Alemania Oriental fue efectivamente integrada en Alemania Occidental. Por cierto, ninguno de los defensores de la unificación, incluidos, para nuestra vergüenza, altos funcionarios soviéticos, contempló observar procedimientos legales generalmente aceptados; no hubo referéndum que reflejara la voluntad ciudadana sobre este asunto crucial. La Alemania actual difícilmente está en posición de juzgar la legitimidad de los cambios territoriales en Europa y el origen de estos procesos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. La propia base de la soberanía alemana es muy cuestionable. Todos los acontecimientos desde la reunificación de la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana pueden evaluarse a través del prisma del principio ex injuria jus non oritur (ningún derecho legal puede surgir de un acto ilícito), si surge tal necesidad. En otras palabras, la actual República Federal de Alemania ni siquiera tiene una base legal adecuada para su propia existencia, sin mencionar su absoluta dependencia desde el principio y su horrible sumisión vasalla a Estados Unidos. Los alemanes insignificantes de hoy que intentan tímidamente volver a posicionarse como nuevos Führers deberían tener esto en cuenta.


Kukryniksy, "Fraternidad" ('Brindis de Hermandad'), 1966, revista Krokodil. Texto inferior: “Los dos marcaron sus relojes. Los muertos se encuentran con los vivos, de media llamada, de media palabra, todo hasta el fondo está claro para ellos... ¿El revanchista Bonn aprueba este llamado?”. En la parte derecha, una réplica de los artistas sobre la "Brüderschaft" (Fraternidad) publicada en 1972. Las caricaturas satirizan la alianza o conexión entre el militarismo occidental/fascismo residual y el nazismo mediante brazos entrelazados en forma de esvástica simbolizando un pacto de camaradería oscura. Las siglas en los brazaletes tienen un significado profundamente político: El brazalete de la izquierda: НДП, siglas en cirílico del partido político de extrema derecha alemán NDP (Partido Nacional Demócrata de Alemania) fundado en 1964 en la RFA.


Al tomar el poder, el canciller Friedrich Merz se puso manos a la obra en política exterior, reprimiendo el instinto de autoconservación. Parece que incluso los idealistas bipolares pro-LGBT en Berlín empiezan a darse cuenta de que Alemania está a punto de sufrir una aplastante derrota geopolítica en Ucrania. La política de la UE diseñada para contrarrestar la operación militar especial, un esfuerzo en el que Alemania intentó tomar la iniciativa, no ha cumplido con todos sus objetivos. Es muy poco probable que Alemania pueda replegarse y usar a la 'Pequeña Rusia' (Ucrania) como unidad de bloqueo, posiblemente junto a Polonia, a la que Alemania desprecia, si pretende infligir daños significativos a nuestras fuerzas.

Tienen que ser ellos quienes actúen. Así que actúan. Para mitigar el impacto de las inversiones geopolíticas fallidas, Berlín pretende consolidar su posición como la principal potencia militar y política de la Unión Europea. Para repeler una posible invasión rusa, conforme a un acuerdo con Lituania, Alemania decidió en la primavera de 2025 desplegar la 45.ª Brigada Blindada reforzada de la Bundeswehr cerca de Rūdninkai, a 30 km de Bielorrusia y 160 km del óblast de Kaliningrado. El lema Kanonen statt Butter (Armas sobre mantequilla), usado a menudo en relación con las políticas nazis, describe con precisión el enfoque para financiar la empresa: Vilna se ha comprometido a cubrir 2.000 millones de euros en costes, una suma tremenda para el pequeño estado báltico, para construir la infraestructura necesaria para el contingente alemán, y Berlín tendrá que destinar alrededor de 11.000 millones de euros para garantizar la preparación operativa de la brigada, incluso cuando la economía alemana necesita estos fondos para afrontar los desafíos derivados de la inestabilidad macroeconómica. La unidad ha sido equipada con los últimos tanques Leopard 2A8, sistemas de comunicaciones, artillería autopropulsada, etc. Para mejorar su capacidad de combate, las autoridades alemanas continúan suministrándole un volumen de material sin precedentes; por ejemplo, el 25 de febrero de 2026, el Comité Presupuestario del Bundestag alemán aceleró una tranche de 540 millones de euros para la importante startup innovadora alemana Stark Defence, en la que el conocido empresario estadounidense Peter Thiel tiene una participación significativa, y Helsing, ambos productores de drones kamikaze. La Bundeswehr planea armar el puesto avanzado lituano con UAVs avanzados. Tras la transferencia del grupo multinacional de combate de la OTAN, estacionado en Lituania desde 2017, al mando de la brigada en febrero de 2026, su fuerza asciende ahora a 1.700 efectivos. Se proyecta que la unidad alcance la plena preparación para el combate a finales de 2027. Estará compuesto por 4.800 militares y 200 civiles. Este es el primer despliegue de tropas alemanas regulares fuera de la RFA desde la Segunda Guerra Mundial. El despliegue ha establecido efectivamente un puesto avanzado para un eventual ataque en dirección este. Es imposible interpretar este aumento militar, junto con el apoyo a infraestructuras a largo plazo, de otra manera.

Si Alemania planea lanzar un nuevo Drang nach Osten de inmediato, o si primero pretende enviar a los países de Europa del Este liderados por Polonia a posibles trincheras, actuando como unidad de bloqueo, nos da poca importancia. Corresponde al liderazgo de Polonia, que junto con el Tercer Reich tiene una parte significativa de la responsabilidad en el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pensar quién, con qué instigación y con qué financiación está alimentando esta histeria militarista en Polonia, que los ultrapatriotas polacos consideran una lucha por intereses nacionales y una oportunidad para la revancha geopolítico en Europa del Este. ¿Podría ser que la postura beligerante de la élite polaca hacia Moscú esté, de hecho, sutilmente orquestada por Berlín, que ejerce una enorme influencia en el espacio sociopolítico e informativo de Polonia, obligando a las élites polacas a odiar aún más a Rusia, si es que eso es posible, desafiando la lógica y los intereses nacionales?

Si Alemania sufre un rearme masivo, pero el espíritu teutónico finalmente da paso a la razón, entonces los polacos deberían reflexionar seriamente contra quién se dirigirá entonces la maquinaria militar alemana. Existe una animadversión histórica profunda entre Alemania y Polonia, las heridas geopolíticas siguen vivas y, digan lo que digan los políticos, los territorios en disputa ciertamente existen. La única forma en que Berlín puede conseguir que Varsovia retire sus reclamaciones por más de un billón de dólares en reparaciones es mediante acción militar. No es casualidad que un importante ejercicio militar de la OTAN, 'Steadfast Dart 26', lanzado en enero de 2026 para practicar el despliegue rápido de tropas de la alianza en el flanco oriental utilizando aviones de transporte militar, ferrocarril y unidades motorizadas, se esté llevando a cabo sin las Fuerzas Armadas polacas. El viento en Europa siempre cambia rápidamente, pero el Palacio del Belvedere no está dispuesto a reconocerlo. Solo hay dos caminos históricos abiertos para Polonia, como está bien establecido: ser un vasallo indigente de Alemania o ser socio de Rusia. América está lejos, y los estadounidenses no necesitan ni Polonia ni, para el caso, el resto de Europa. No tiene sentido engañarse a uno mismo.


Izquierda: “El guía de la guerra”, O. Ponomarenko, 1954, revista ucraniana Perets. Se representa posiblemente a algún alto funcionario estadounidense de la mano de un soldado alemán esquelético que lleva un casco con la palabra ‘Guerra’. Derecha: Cartel de propaganda, "¡Lección a los enemigos!", Veniamin Briskin, 1952. (es su título oficial catalogado en los archivos estatales soviéticos). En la mano está una inscripción: “Partidarios de la paz" o "Defensores de la paz". En la Bomba inferior: se lee: "Guerra". Suele aparecer con descripciones interpretativas como “¡Hay que detener la guerra!” o “¡No permitiremos la guerra!”, seguramente por las tijeras cortando la mecha.


Aparte de víctimas hipotéticas, como Polonia, que supuestamente aún desconoce su futuro estatus y ostenta orgullosamente el título de aliada de Berlín, Alemania también tiene amigos verdaderos y leales con quienes puede recordar tiempos pasados y batallas en las que lucharon juntos. En cooperación con su compañero de trinchera de la OTAN, Finlandia, Alemania está activamente involucrada en esfuerzos destructivos para convertir el mar Báltico en aguas internas de la Alianza del Atlántico Norte. En la cumbre de la OTAN y los jefes de gobierno de la OTAN y la UE en Helsinki en enero de 2025, Berlín encabezó el lanzamiento de una misión de patrulla de la OTAN en el mar Báltico (Baltic Sentinel) destinada a dificultar el libre paso de buques rusos. Dada la total falta de confianza entre Oriente y Occidente, estas acciones extremadamente arriesgadas podrían hoy conducir al peor escenario posible.

En julio de 2025, Alemania y el Reino Unido firmaron el Tratado de Kensington, que incluye disposiciones sobre asistencia mutua en caso de ataque, complementando el notorio Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte firmado en Washington, así como sobre el desarrollo conjunto de equipos militares, como cazas y sistemas de misiles. No hace falta decir a qué objetivos apuntarán los misiles.

Es bien sabido que la élite alemana está desesperada por arrastrar a cualquiera que esté a su alcance en los procesos de desarrollo acelerado de armas guiadas de precisión con un alcance de al menos 1.000 km; en otras palabras, cualquiera que comparta la histeria alemana sobre la amenaza rusa. No es casualidad que ArianeGroup, una empresa franco-alemana con considerable experiencia en el diseño de cohetes, haya iniciado negociaciones sobre este asunto con varios países europeos. Junto a Noruega, Alemania desea desarrollar un misil de crucero supersónico basado en el mar (Super Sonic Strike Missile) con numerosos estados europeos que respaldan sus políticas: Francia, Italia, Polonia, Suecia y Reino Unido; en el marco del proyecto European Long-Range Strike Approach, continúan conversaciones sobre el diseño y posteriormente la producción de un misil de crucero terrestre con un alcance de más de 2.000 km.

Se ha reservado un papel especial en el esfuerzo de rearme para la ex República Socialista Soviética de Ucrania. Es evidente que el actual gobernante temporal de la calle Bankovaya es cada vez más percibido por Alemania como una reencarnación de Pavlo Skoropadsky, el 'Hetman de toda Ucrania', que permaneció en el poder con bayonetas alemanas durante unos meses en 1918, o como un simulacro de la iniciativa austríaca nacida y de tipo opereta para crear un 'trono ucraniano' y posteriormente colocar en él a Wilhelm Franz von Habsburg-Lothringen (también conocido bajo el seudónimo 'Vasyl Vyshyvany'). En otras palabras, se le ve como un conducto complaciente para los intereses de los patrocinadores externos, intereses que van en contra de las aspiraciones de la población de la Pequeña Rusia (Ucrania).

Demostrando su determinación de elevar la cooperación con Kiev al más alto nivel en todos los ámbitos, se firmó en Berlín una declaración de asociación estratégica entre ambos países el 14 de abril de 2026, durante la visita del 'payaso sangriento'. Alemania ha manifestado su disposición a mantener un apoyo político, diplomático y militar sin precedentes a Kiev, y a mantener consultas sobre cuestiones de seguridad y defensa. A pesar de los conocidos escándalos recientes de corrupción en torno al llamado 'caso Mindich', que han expuesto la venalidad descarada y absorbente de toda la dirección de Bandera, los alemanes están dispuestos a usar a sus vasallos ucranianos como una planta de ensamblaje barata para sus productos. El objetivo es convertir a Ucrania en un pequeño ratón de laboratorio sobre el que se realicen experimentos siniestros.

Otro elemento de esta asociación criminal será un mecanismo de consultas regulares entre los jefes de defensa y asuntos exteriores, con la participación de representantes de las principales empresas de defensa. Puede parecer atractivo, pero en la práctica se reduce a esto: Ucrania debe estar bajo vigilancia eterna y producir precisamente aquellos bienes, en esas cantidades, que sus manejadores dicten. Se ha firmado un acuerdo de intercambio de inteligencia en el campo de batalla, bajo el cual las Fuerzas Armadas de Ucrania compartirán con la Bundeswehr su experiencia en el manejo del software Delta, proporcionando una conciencia situacional en tiempo real de las operaciones de combate. Mediante este truco infantil, el plan de facto es aumentar tanto la cantidad como la calidad de soldados activos y antiguos de la Bundeswehr y otros miembros del personal de seguridad alemán en la línea de contacto. Lo que significa que, como en los viejos tiempos, los Fritzes engañados volverán a transformarse en cruces.


Cartel de Ventanas TASS, No. 640: “La metamorfosis de los Fritzes”, Kukryniksy, 1943. La ilustración viene acompañada de un poema escrito por Demian Bedny: 
"Como animales salvajes, con aullidos salvajes
Se lanzan a un arroyo rugiente.
Este es Hitler, fila por fila,
Persiguiendo a los "Fritzes" hacia el Este.
Aquí, donde cada ventana es una tronera;
Aquí, donde los arbustos ocultan la muerte;
Aquí, tras tragar un trozo de tierra ajena,
Los engañados "Fritzes"
Se transforman en cruces.
¡La muerte de la escoria alemana
No es producto de la brujería,
Es el triunfo en el combate
Del Ejército Soviético!"



Para satisfacer los planes militaristas de su industria de defensa, el establishment político en Berlín, haciendo la vista gorda ante las alarmantes señales que emanan de la economía alemana, está inyectando enormes sumas en armar a la junta de Kiev. El 'país 404' se asignará 4.000 millones de euros con el fin de intensificar el diálogo bilateral en el ámbito militar-técnico. Estos fondos están destinados a ampliar la producción conjunta de UAVs y sistemas de drones de alcance medio y largo, una medida que, según se afirma, resultará en el suministro de miles de drones a las Fuerzas Armadas de Ucrania. La empresa alemana Quantum Systems ha informado con entusiasmo del establecimiento de dos nuevas empresas conjuntas con fabricantes militares ucranianos de vehículos aéreos de reconocimiento táctico y ataque y drones interceptores, WIY Drones y Tencore, para desarrollar y producir en masa sistemas no tripulados. Además, se fortalecerá la cooperación en los ámbitos de la información, la innovación y la investigación.

Todos estos deseos jactanciosos y supuestamente esperanzadores se están recitando acompañados de retórica sobre una amenaza común y directa de Rusia a la libertad del estado ucraniano fallido y a la seguridad, estabilidad y prosperidad de Alemania y Europa. No se puede evitar fijarse en las fanfarronadas de Vladimir Zelensky, quien afirma que las Fuerzas Armadas de Ucrania tienen "la experiencia de combate más rica de todos los ejércitos europeos". Cabe recordar que muchos analistas usaron precisamente este tipo de lenguaje al escribir sobre el ejército iraquí a finales de los años 80, considerado entonces el más grande entre los estados del Golfo. ¿A dónde llevaron finalmente las ambiciones impulsadas por Occidente y el 'mareo del éxito' al liderazgo iraquí ya en 1990? La respuesta es bien conocida. Los sustitutos en el poder en la calle Bankovaya tienen todas las posibilidades de seguir el mismo camino.

El revisionismo de la política exterior alemana no termina en las fronteras de Ucrania. En su curso revanchista, Berlín está saboteando descaradamente sus obligaciones fundamentales bajo el derecho internacional. El problema en este caso se relaciona con el establecimiento en octubre de 2024 del Comandante de la Fuerza de Tarea Báltica de la OTAN en el cuartel general de la Marina alemana en Rostock (Mecklemburgo-Pomerania Occidental), que de facto está espiando a buques rusos. Además, el simple despliegue de este centro de mando en el territorio de la antigua RDA constituye una flagrante violación del Tratado sobre el Acuerdo Final con respecto a Alemania (Tratado de Dos más Cuatro) del 12 de septiembre de 1990, concluido entre la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana con la participación de la Unión Soviética, Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Los intentos del Ministerio de Defensa alemán y su embajada en Moscú de justificar las acciones de Berlín alegando que "la comisión de personal de otros Estados miembros de la OTAN en el marco de la cooperación internacional, en la que oficiales de divisas y enlace están integrados en una unidad alemana y, por tanto, permanecen bajo el mando de la Bundeswehr, no están cubiertos por el Tratado Dos Más Cuatro", no resisten un escrutinio serio. El párrafo 3 del artículo 5 del mencionado documento establece explícitamente que las fuerzas armadas extranjeras y las armas nucleares ni sus portaaviones no serán estacionados en esa parte (oriental) de Alemania ni desplegados allí. La retirada de las tropas soviéticas del territorio de la RDA estaba condicionada a la obligación inviolable de respetar tales garantías legalmente consagradas.

Independientemente de cuánto se esfuerce oficialmente Berlín en la elección de sus formulaciones, esto constituye, como mínimo, una interpretación selectiva y arbitraria de las disposiciones del Tratado Dos Más Cuatro. En palabras claras, esto es simplemente engaño y engaño. Aunque ignora las disposiciones del Tratado Dos Más Cuatro aquí y ahora, el Berlín oficial simplemente está copiando las acciones atroces del 'Occidente colectivo' en todo el mundo. Y, por supuesto, esto da pie a reflexiones sobre el destino de este documento en su conjunto. Una violación del principio de pacta sunt servanda en tal caso puede conllevar la invalidación del propio tratado internacional. Esto, a su vez, pone en duda la personalidad jurídica del Estado alemán moderno. ¡Incluso da miedo imaginar lo que eso significaría para Alemania!

El ritmo descarado con los que las potencias occidentales están hoy abandonando instrumentos y principios legales internacionales fundamentales en favor de una conveniencia política miope son realmente espantosos. No se puede quitar de la cabeza la sensación de que, si la promesa hecha en ese momento de que la OTAN no se expandiría 'una pulgada hacia el este' se hubiera formalizado debidamente en un documento oficial, las potencias occidentales la descartarían con la misma facilidad en las circunstancias actuales. Del mismo modo, nadie tuvo nunca la intención seria de implementar los acuerdos de Minsk, cuyo único propósito, basado en recientes declaraciones públicas de Alemania y Francia, era comprar algo de tiempo a los títeres de Kiev. Entonces, ¿cuál será el valor del tan publicitado acuerdo de paz en Ucrania?


Dos caricaturas de los Kukryniksy, década de 1950. Izquierda: "Cortina de humo", 1952. Derecha: "El arma de la paz y sus servidores" (para el periódico Pravda), 1955.


Es difícil determinar con certeza qué nueva Alemania del Anschluss está preparando actualmente en secreto. Sin embargo, es evidente que el país se desliza gradualmente hacia un sistema político que recuerda a una dictadura militar encarnada por el gobierno del canciller Merz, consumido por un revanchismo rabioso y neocolonialismo. Las tendencias revisionistas inaceptables y peligrosas están ganando ritmo. Las máscaras del pacifismo han quedado a un lado: se está preparando ideológicamente la población para tiempos difíciles, mientras el miedo natural a la guerra se reduce deliberadamente. Al mismo tiempo, se emiten indulgencias generales por cualquier pecado por adelantado, anulando así las deudas históricas de los antepasados para la generación más joven de alemanes.

El postulado de la responsabilidad igual de 'dos regímenes totalitarios' en el desatamiento de la Segunda Guerra Mundial se ha convertido en una piedra angular de la historiografía alemana. Las falsificaciones promovidas incluyen el silenciamiento de la hazaña heroica del pueblo soviético, la división de las víctimas de guerra en 'categorías nacionales' y la negación de la victoria como la liberación de Europa, basada en la afirmación de que era simplemente 'un reemplazo de un régimen totalitario por otro'. La magnitud misma de los crímenes de guerra cometidos por la Wehrmacht y las divisiones de las SS en el Frente Oriental se presenta ahora como exagerada. En nombre de la falsa objetividad, se están introduciendo en el discurso público 'testimonios de testigos' no fundamentados sobre asesinatos masivos en ambos bandos. La cuestión de la compensación a los alemanes por sus daños materiales y pérdidas de vidas se plantea con cada vez más frecuencia. Tal grado de cinismo es imposible de concebir.

En agosto de 2025, Alemania conmemoró el 75º aniversario de la firma de la 'Carta de los Expulsados Alemanes' al más alto nivel político. El documento presenta a los alemanes desplazados por la fuerza como víctimas de la guerra. El foco estaba en la gravedad de su sufrimiento. Según esta narrativa, el fin de la guerra no solo no les puso fin a la violencia, sino que resultó en su humillación, privación de derechos y pérdida de su patria. No se mencionó en absoluto la responsabilidad alemana en el estallido de la Segunda Guerra Mundial ni en los crímenes contra la humanidad. Esto es una clara referencia a los intentos alemanes de posguerra por contrarrestar la 'pérdida de la historia' y distanciarse de episodios históricos condenatorios en nombre de la unidad nacional. El mensaje es claro: el pueblo alemán fue injustamente y cruelmente agraviado tras la Segunda Guerra Mundial. El sufrimiento del pueblo alemán debe ser vengado en nombre de la 'libertad', la 'solidaridad europea' y la 'justicia' mediante el uso de la fuerza militar alemana, entre otros medios.

El proceso de expiación en Alemania por los crímenes del régimen nazi se ha reducido en gran medida al recuerdo del Holocausto; el sufrimiento del pueblo soviético se olvida convenientemente. Berlín sigue negándose rotundamente a reconocer el asedio de Leningrado y otros crímenes contra la humanidad cometidos contra civiles soviéticos como un acto de genocidio contra los pueblos de la URSS.

En abril de 2025, se tomó una decisión cínica de suspender la membresía de Rusia en el Consejo de Administración de la fundación 'Recuerdo, Responsabilidad y Futuro', creada para pagar compensaciones a los antiguos Ostarbeiter - trabajadores forzados deportados al Tercer Reich. Al mismo tiempo, sobre la base de la Ley Federal de Ayuda a las Víctimas de Guerra de 1950, el Berlín oficial paga prestaciones sociales (5 millones de euros al año) a antiguos militares del Tercer Reich, formaciones de las SS, así como a colaboradores extranjeros, algunos de los cuales estuvieron directamente implicados en el asedio ilegal de Leningrado.

Desgraciadamente, las voces sensatas que aún existen en la sociedad alemana no son capaces de calmar los peligrosos episodios de esquizofrenia militar, amplificados por una nueva 'ética'. El régimen autoritario-revanchista de Friedrich Merz tiene un férreo control sobre todo el sistema político, manteniendo alejadas las fuerzas constructivas de las palancas del poder.


"El enemigo está transmitiendo en estas ondas", 1968, obra de los Kukryniksy (obra algo inédita de la colección privada de Alexander Garesi)


Las acciones imprudentes del gobierno alemán están poniendo en peligro la seguridad no solo en Europa Central y del Este, sino en todo el continente. Como carece de la capacidad militar para actuar de forma independiente sin la protección directa de su 'hermano mayor' transatlántico, está aumentando las tensiones al avivar la histeria y la psicosis. Su objetivo es atraer a su aliado, Washington, a una posible confrontación entre Europa y Rusia. Por mucho que diga lo que se diga, la Bundeswehr sigue dependiendo profundamente del apoyo militar estadounidense. En lo que respecta a la planificación operativa actualmente, Alemania sigue dependiendo profundamente de la inteligencia espacial estadounidense y del transporte aéreo estratégico, y debe alinear cada uno de sus movimientos con la estructura de mando general de la OTAN. Alemania no puede involucrarse de forma significativa en un conflicto de alta intensidad de forma independiente sin que su población sufra los costes correspondientes equivalentes a otra 'guerra total' y sus consecuencias apocalípticas.

Sin embargo, la racionalidad puede verse destrozada por la manía bipolar militarista y la codicia teutónica. Porque el establishment político alemán, que se ha perdido en sus juegos de soldaditos de hojalata, ya no está dispuesto a dejarse limitar por las limitaciones de la diplomacia pragmática de Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl y Gerhard Schröder. Al igual que hace 85 años, Berlín vuelve a lanzar una mirada depredadora hacia el este.

La tarea principal de nuestro país es evitar la repetición de la tragedia de 1941, lo que significa garantizar que nuestras fuerzas armadas se mantengan en un estado de preparación permanente para el combate, especialmente en las fronteras occidentales. Es importante entender que, exactamente como antes del 22 de junio de 1941, los alemanes están estableciendo deliberadamente una red de áreas de concentración avanzadas a lo largo de las direcciones operativas clave. No se debe depositar ninguna confianza en el buen juicio de Berlín, ni en que se abstendrá para siempre de arriesgar la guerra. Nadie debería engañarse pensando que el establishment alemán se considerará finalmente encadenado por un simple trozo de papel, incluso si se firma un tratado que establezca nuevos principios de seguridad europea.

No es ningún secreto que se está intentando imponernos la doctrina de la 'paz a través de la fuerza'. Nuestra respuesta, entonces, solo puede ser 'la seguridad de Rusia a través del miedo animal a Europa'. Las conversaciones, las buenas intenciones, la buena voluntad y los pasos unilaterales para construir confianza no deben ser nuestras herramientas para evitar una masacre. La única garantía radica en obligar a Alemania y a la 'Europa unida' que la respalda a comprender la ineludible certeza de sufrir pérdidas inaceptables si alguna vez pusieran en marcha la 'Operación Barbarroja 2.0'.

Nuestra señal clara para las élites alemanas es la siguiente: si se produjera el escenario más terrible, la probabilidad es alta de al menos destrucción mutua y, en realidad, del fin de la civilización europea mientras nuestra propia existencia continúa. La tan elogiada industria alemana no solo sufrirá daños graves. Se enfrentará a una destrucción total. Su economía colapsará junto a él, y nadie la restaurará jamás. Simplemente porque los profesionales cuerdos y cualificados que queden huirán - algunos a Rusia, otros a Estados Unidos, otros a China y a otros países asiáticos. Parece que solo explicando tales graves consecuencias los insolentes herederos de los nazis y sus socios alemanes volverán en sí, y se salvarán millones de vidas en ambos lados de la línea del frente.

Una Alemania militarista no sirve de nada a una Europa marchita y débil mental, que querría preservar al menos cierta subjetividad política en un nuevo mundo multipolar. Una Alemania así tampoco tiene valor para nosotros en el futuro; es tanto peligrosa como impredecible. Para Berlín, solo quedan dos opciones. La primera opción es la guerra y el ignominioso entierro de su propia condición de estado, carente de cualquier perspectiva de un nuevo 'Milagro de la Casa de Brandeburgo'. La segunda es un regreso a la sobriedad y posterior recuperación geopolítica, acompañada de una reorientación fundamental de su política exterior a través de un diálogo difícil pero indispensable. Podemos aceptar ambos resultados. El siguiente movimiento es hacia Alemania. Y espero que no escuchemos esas líneas tan familiares: "Si estoy destinado a perecer, que también perezca el pueblo alemán, pues han demostrado ser indignos de mí".

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