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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 2)




Por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos

Viene de la Parte 1 


Multimillonarios “trabajando” en nombre de Israel o cómo manipular los mercados en nombre de la democracia

“Por mucho que el imperialismo y la economía de guerra de las potencias occidentales se esfuercen por crear una vida lujosa para sus beneficiarios a expensas de todos los demás, es fundamentalmente imposible mantener la vida de nadie cuando las herramientas para hacer la guerra siguen devastando el planeta. La cruda ironía es que la economía de guerra se come a sus propios creadores”. (Aaron Kirshenbaum)

No es necesario repetir que, a fines de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva aérea sorpresa contra Irán. Las razones oficialmente presentadas son ya propaganda reciclada de toda la vida -impedir que Irán adquiera un arma nuclear y evitar ser agredidos, así como llevar la “democracia” a Irán-. Eso ya no vende, no obstante, los socios insisten en vernos la cara. El pretexto nuclear tiene ya varias décadas de “actualizaciones” informativas.

También hemos escuchado como el Pentágono ha consumido, hasta el punto crítico de afectar las reservas, los misiles Tomahawk y los interceptores de defensa aérea junto a su socio de aventura, Israel. A ese ritmo las existencias de sistemas de defensa y ataque entran en una fase crítica de desfase. El complejo militar industrial lamenta no poder reponer sus carísimos juguetes a corto plazo; pero, eso si, requiere dinerito para ponerse a trabajar.

Un importante artículo de The Postil Magazine titulado “La guerra justa de Irán” (publicado el 1 abril 2026) señala algo que debe ponernos a reflexionar seriamente, no estamos hablando de propaganda, no es proselitismo, no es parcialización, tampoco es favoritismo ni sectarismo, es simple lógica para quien quiere entender:

Hay momentos en la vida moral de las naciones en los que el lenguaje de la contención -tan apreciado por los diplomáticos, tan adorado por los consejos editoriales occidentales- deja de ser una virtud y se convierte en una coartada para la cobardía. La contención, en abstracto, es algo noble; es la disciplina del poder, la modestia de los fuertes. Pero cuando se exige contención sólo a los débiles, cuando se invoca únicamente para apaciguar a la víctima mientras el agresor puede atacar una y otra vez sin consecuencias, entonces deja de ser un principio moral. Es un arma - un garrote retórico empuñado por los poderosos para asegurar que su propia violencia permanezca intacta y sus propias transgresiones impunes. Cuando una nación sufre un ataque no provocado, cuando su soberanía es violada repetidamente, cuando sus ciudadanos son asesinados en tierras extranjeras con la impunidad que solo el imperio puede conferir, no solo tiene el derecho, sino el solemne deber de responder. La represalia de Irán contra las fuerzas de Estados Unidos e Israel pertenece a esa categoría de legítima rebeldía - el tipo de guerra que Agustín llamó justa, la que Tomás de Aquino decía que restaura la paz no mediante la sumisión sino mediante el castigo de la injusticia. Llamar a esto ‘escalada’ es revelar una deshonestidad fundamental; es fingir que una cadena de violencia comenzó con el partido que finalmente, tras años de provocación, decidió contraatacar”.

A medida que la agresión de la potencia militar industrial y criminal del tándem sionista-estadounidense está en su segundo mes, pone en estado de éxtasis a los poderosos conglomerados del complejo militar industrial. Mientras para unos el conflicto culminará en ruinas, para los industriales que ofertan sus costosos sistemas de misiles de defensa y ataque, es la apoteosis. 2026 será un gran año en ganancias colosales. Seamos sinceros, hay gente entre las potencias agresoras contra Irán que están felices porque continúe el conflicto, a pesar de que los mercaderes de la muerte no puedan satisfacer la demanda de sus mortales productos, los pedidos están pagándose por anticipado, el ansioso cliente tendrá que esperar meses (lo analizamos en “La economía de desgaste de la guerra”).

Las élites financieras siempre ganarán, sea a título personal o a nombre de las grandes corporaciones con la especulación financiera y las armas de los señores de la guerra.

Julian Macfarlane, de News Forensics, en el artículo “Todas las guerras son por dinero” (marzo 2026) describe lo que mucha gente se niega a creer, continúan creyendo que las guerras son por asuntos políticos, ideológicos o por simple poder, suelen ser recursos importantes al momento decisivo de declarar una guerra, pero lo que realmente importa es el dinero; deberían dejar de seguir soñando con el “amor” a la patria de nuestros líderes o su falso saludo a la bandera, el que será enviado al sacrificio es el ciudadano común y corriente.

Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales por su promesa de no luchar en más guerras, prometió que su programa pondría en su sitio al sistema controlado por los ricos. Es decir, un multimillonario como Trump, lucharía por el estadounidense de a pie. “¿De verdad?.... la administración Trump ha desmantelado sistemáticamente gran parte de la maquinaria diseñada para detectar el uso de información privilegiada y el fraude de cuello blanco. La Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia -creada tras Watergate para procesar a funcionarios corruptos- se redujo de treinta y seis abogados a dos el año pasado y se les despojó de la autoridad para presentar nuevos casos”.

En estos artículos nos hemos centrado casi exclusivamente en Estados Unidos, pero estamos perdiendo de vista a un ente que se mantiene entre bastidores, acechando desde el bajo perfil, moviendo los hilos, manipulando los mercados: La City de Londres, allí se manejan apuestas -si, apuestas- de más de un cuatrillón de dólares esperando que inicie “el juego de la guerra”, lo que permitirá desencadenar grandes bancarrotas institucionales, la maquinaria legal permita a los jugadores derivados llevarse todo.


Caricaturas soviéticas en la GUERRA FRÍA. Izq.  F. Nelubin, "ESTADOS UNIDOS" (1970); derecha, E. Osipov, "No veo ningún camino para el desarme" (1987)


Con frecuencia escuchamos sobre la crisis del seguro de Ormuz en 2026. Es provocada por LloyD's of London. La City de Londres y Lloyd's que transforman el caos en armas. “Durante más de tres siglos, la City de Londres -la ‘Milla Cuadrada’-, que es el centro financiero de Londres, ha financiado ambos bandos de guerras y vendido seguros contra la destrucción que seguiría. Lloyd's de Londres es el pilar de seguros de la red de control financiero de la City. En realidad, no es una compañía de seguros, sino un organismo corporativo que "opera como un mercado parcialmente mutualizado en el que múltiples inversores financieros, agrupados en sindicatos, se unen para agrupar y repartir el riesgo".

Una mejor y esclarecedora explicación se encuentra en el artículo de Ellen Brown: “Todas las guerras son guerras de banqueros: Irán y el destino final de los banqueros”. En resumen, señala Brown:

Lloyd's ha construido su reputación durante más de un siglo al formalizar la cláusula "Libre de Captura e Incautación", eliminando los riesgos de guerra de las políticas estándar para poder cobrar primas exorbitantes cuando estallan conflictos. Lo hizo en las dos guerras mundiales y ahora lo hace en 2026.

"Tras los ataques a Irán, el Comité Conjunto de Guerra de Lloyd amplió su zona de ‘alto riesgo’ en Oriente Medio. Varios de sus suscriptores emitieron avisos de cancelación a 72 horas con efecto a partir del 5 de marzo, y las primas por riesgo de guerra para tránsitos en Ormuz saltaron del 0,25% al 1-5% del valor del casco. Lloyd's ha recalcado que la cobertura sigue disponible al precio adecuado. Para un petrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre uno y cinco millones más por viaje, una prima que los propietarios comprensiblemente se muestran reacios a pagar. 

La analista financiera Stephanie Pomboy advierte que el mercado de crédito privado, de 1,5 a 3 billones de dólares, está en confinamiento, lo que obliga a vender activos líquidos por desaceleración; y el mucho mayor mercado de bonos corporativos calificados por BBB, de 5 billones de dólares, está tambaleándose. Las rebajas obligarán a vender en masa, y las pensiones enfrentarán un déficit de 4 billones de dólares.

La crisis de Ormuz es el acelerador perfecto para esta crisis de las garantías: los precios más altos del petróleo generan inflación, lo que eleva los rendimientos de los bonos (intereses), colapsando el valor de las garantías y activando llamadas de margen en todo el tablero de derivados. Las llamadas de margen obligan entonces a los fondos de crédito privado a vender por incendios".

Esta es una de las razones por las que algunos comentaristas señalan a la City de Londres como la verdadera artífice del caos en Oriente Medio. La vieja máquina de seguros de guerra y la nueva máquina de derivados funcionan juntas. Uno crea la prima del caos; la otra la obtiene mediante rehipotecación y confiscación legal.

Otro gran negocio en tiempos de guerra, concomitante con lo anterior, es el Mercado de Derivados que es el espacio financiero donde se compran y venden contratos cuyo valor no es propio, sino que "deriva" del precio de otro activo principal llamado activo subyacente. A diferencia de comprar una acción directamente, en este mercado se firma un acuerdo sobre lo que pasará con ese activo en el futuro. “Vendidos como una forma de seguro contra el riesgo de mercado, los derivados son un juego de apuestas especulativas que extrae rentas de todos los flujos económicos importantes”.

El Acuerdo de Servicios Financieros de la OMC abrió los mercados globales a esta jugada de derivados, cada país miembro de la OMC está obligado a abrir su sistema bancario o enfrentarse a sanciones. “Bonos soberanos, contratos petroleros, pólizas de seguro marítimo y primas de riesgo de guerra se dividieron en swaps de incumplimiento crediticio, coberturas y otros productos derivados”.

“Desde entonces, el comercio de derivados se ha convertido en uno de los negocios más concentrados y rentables del planeta, y está casi en su totalidad controlado por un puñado de megabancos. Según datos del Banco de Pagos Internacionales y la Oficina del Contralor de la Moneda, los cinco principales bancos estadounidenses poseen aproximadamente el 90% de todos los derivados bancarios estadounidenses, mientras que JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley dominan el mercado global de bursátiles. Estas instituciones captan la mayor parte de los beneficios derivados, especialmente durante periodos de volatilidad cuando la ‘prima del caos’ se dispara”.

Es lo que David Rogers Webb denomina "La Gran Expropiación", la trampa legal que otorga super prioridad a los derivados en la bancarrota, es la pieza final de esta red de control financiero. “Todos los valores actuales están desmaterializados (digitalizados) y agrupados en depósitos centrales. Cambios silenciosos en el Código Comercial Uniforme y en las normas equivalentes de la UE han convertido a los inversores ordinarios en simples "titulares de derechos" que solo tienen una reclamación legal contra sus corredores”.


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¿Y qué ocurre con quienes controlan los negocios del petróleo mundial?, por cierto -generalmente- son los mismos que mantienen acciones financieras en el negocio de las armas y la especulación financiera.

Para no hacer denso este reporte, vivámoslo con el caso de actualidad. La guerra de Estados Unidos/Israel contra Irán. Los precios del petróleo han alcanzado un récord -sea cual sea el precio en el mercado de hoy-, porque eso bajará o subirá en pocos minutos, horas o días, dependiendo de ciertos vaivenes que realizan los que “cortan el bacalao”. Lo real no es el número, es lo que ocurre minutos antes del cierre. El mercado puede perder la cabeza. Ejemplifiquemos:

Si Mr. Trump publica, a las 7:45 de la mañana: "toda una civilización morirá esta noche”, el petróleo se disparará a máximos de guerra. Luego, el vicepresidente Vance dice a los medios -a las 08:15- que la guerra básicamente ha terminado, los objetivos militares se han completado, el petróleo se desploma. Pero, Irán suspende todas las comunicaciones diplomáticas a las 09h00, ¿qué pasa?... el petróleo vuelve a los máximos. A las 10h00, el New York Times confirma que Irán ha detenido las negociaciones por completo: el petróleo vuelve a dispararse y las acciones caen en picada. Las 10h11, Teherán Times comunica que las negociaciones en realidad no están cerradas, el precio del petróleo se revierte. Al mediodía, China y Rusia en la ONU vetan la moción del Consejo de Seguridad sobre Ormuz, el petróleo vuelve a caer.

Más tarde, Irán, Estados Unidos e Israel simultáneamente provocan más y duros ataques, el petróleo aumenta. A eso de las 13h25, sin motivo aparente, el petróleo se desploma y las acciones se disparan. El viceprimer ministro de Pakistán señala que tenía esperanzas en las negociaciones, pero los ataques mutuos han vuelto a escalar todo, así que el petróleo vuelve a subir. En Telegram, una fuente militar iraní dice: "Hemos preparado un agujero negro para Trump del que será imposible salir", otra vez el petróleo se dispara y las acciones se hunden. Al rato, Pakistán propone una prórroga del alto el fuego de dos semanas, Trump lo acepta. Todo se vuelve absolutamente loco en el mercado. Las conversaciones fracasan, el estrecho sigue cerrado a los amigos de Epstein, nuevos aumentos; otras naciones median, se “estabiliza” el precio.

Un nuevo agujero negro surge de Mr. Trump, ahora es él quien bloqueará y desbloqueará el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz (bloquear el transporte de petróleo de Irán), como dice una nota de prensa: "Estados Unidos bloquea el bloqueo iraní para desbloquear el Estrecho de Ormuz". El mercado se aterra, los precios vuelven a tener nuevos récords, las acciones caen… para volver a subir al poco. En las negociaciones, Irán declara que se ha conseguido que el Líbano ya no sea atacado por Israel (una tregua de diez días entre Israel y el Líbano) y anuncia que el Estrecho de Ormuz está abierto y listo para el libre tráfico, el precio del crudo ha caído a los 90 y hasta 80 dólares. Probablemente algunos que gozan de información privilegiada ganaron con las especulaciones financieras previas, pero se anuncia que esto solo es válido mientras dura la tregua… y el “bloqueo” de EE. UU. a Irán se mantiene, por lo que Irán ha vuelto a cerrarlo. Más incertidumbre. En Fin, ¿habrán sido operaciones de distracción financiera?

Los inversores -por pánico, unos, otros por tener fuentes más privilegiadas- compran y venden protección todo el día. Los comerciantes minoristas que compran cada caída se convierten en vendedores netos por primera vez. Los fondos de cobertura son mejores para la venta. Los “long-only” son mejores a la venta. El Dated Brent, el precio por barril real que los refinadores reales necesitan hoy sigue alcanzando máximos históricos sin importar que digan los titulares de prensa, el refinador que necesita aceite para un camión cisterna mañana no puede esperar.

Julian Macfarlane en “Todas las guerras son por dinero”, explica: “La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) se enfrenta a presiones para investigar una "corrupción alucinante" con extraños picos de trading en solo unos minutos de los principales anuncios de política respecto a Irán. ¡Parece que los "ricos y conectados" lo están haciendo muy bien! Un ejemplo, el 23 de marzo de 2026, los mercados se movieron repentinamente, apenas 15 o 16 minutos antes de que Trump anunciara que pausaría los ataques militares contra la infraestructura energética iraní. Este es el mismo patrón que vemos desde el secuestro de Maduro. Y continúa. Alguien de repente se hace muy rico”.

Veamos otro ejemplo en el artículo de Macfarlane:

- Se realizó una enorme orden de compra de 1.500 millones de dólares para futuros del S&P 500 alrededor de las 6:50 a.m., suponiendo un repunte del mercado...

- Luego estuvo el short de petróleo de 580 millones de dólares, con un aumento en la negociación de futuros de petróleo -casi 3.000 contratos vendidos por minuto- un volumen 4-6 veces superior a lo normal.

- Tras la publicación del presidente a las 7:05 a.m., los precios del petróleo cayeron más de un 10%, mientras que las acciones subieron bruscamente, generando a los operadores un beneficio estimado de 100 millones de dólares”.

Aclaración: Para quienes desconocen, el S&P 500 (Standard & Poor's 500) es el índice bursátil más importante del mundo. Funciona como un termómetro que mide la salud de la economía de Estados Unidos y, por extensión, del mercado financiero global.

Al respecto, “la SEC declinó hacer comentarios; mientras que la Casa Blanca desestimó como "infundadas e irresponsables", las acusaciones de que se estaba tolerando el lucro ilegal a partir de información privilegiada. Alguien en la Casa Blanca o tiene sentido del humor o piensa que el público es estúpido. Quizá ambas cosas. ¿Te has dado cuenta de que esas cosas "simplemente pasan" y que las explicaciones se dan en un pantano contaminado?”

Como vemos, las implicaciones de los mercados financieros son sólidas. Días posteriores al ejemplo de arriba, el último día de marzo, “un titular de paz de hace días fue reempaquetado con éxito durante la decoración, generando un repunte de 1,7 billones de dólares en el S&P. Alguien apostó 1.500 millones de dólares en futuros del S&P 500 minutos antes de la publicación de Trump sobre el "alto el fuego", capturando un aumento de dos billones en el mercado en seis minutos, un momento excepcional que demuestra una creciente confianza en el calendario de comunicaciones de la administración. Irán negó todo en 30 minutos y un billón se evaporó, pero los primeros en moverse aseguraron ganancias, demostrando que la rapidez de acceso importa más que la precisión factual, confirmando que las noticias no necesitan ser nuevas para ser efectivas”.




Así, mientras millones de barriles de petróleo siguen encerrados dentro del Golfo por lo que en el mundo industrial se pujan primas récord para el crudo del Mar del Norte. La curva de bonos se empina, el diésel rebasa el récord registrado, el combustible para aviones igual. El oro inestable -sube y baja- en un rango de los 4.700 dólares. El dólar ha caído pero intenta recuperarse con nuevas “noticias”.

Alguien está lucrando con esto, ¿serán acaso los especuladores de la guerra? Cientos o miles de millones de dólares en transferencia de acciones y contratos petroleros se mueven tras cada noticia. Mientras tanto, millares de jóvenes soldados esperan el momento para ir a morir por el “patriotismo” de sus políticos, de los mercaderes de la muerte y demás especuladores financieros. El estadounidense medio no ve nada o se niega a ver como se hacen grandes negociados a su nombre, solo gusta de ver en televisión las bombas cayendo…

Irán, por su parte, impone tarifas para el paso de las embarcaciones por el Estrecho, el presidente del Parlamento iraní publicaba consejos de intercambio entre andanadas de misiles, hizo bien en señalar que los anuncios de Trump deben ser tratados como indicadores inversos. “Cuando un adversario en tiempo de guerra monetiza tus comunicados de prensa de forma más eficiente que tus propios aliados, la arquitectura de la información está superando las expectativas”.

En el transcurso e estas duras semanas se han redistribuido con éxito 12 billones de dólares en capitalización bursátil global, más que el PIB combinado de Alemania, Japón y el Reino Unido. La destrucción de la riqueza a esa escala suele requerir una crisis financiera total. Lo hemos conseguido ca base de tuits, expresa con certeza Macfarlane.

Mientras tanto, en Europa, la transición energética ha sido un “éxito” rotundo. Alemania lideró el camino al desmantelar sus plantas nucleares, una responsabilidad costosa sostenida por políticos que posteriormente consiguieron puestos bien remunerados en las compañías energéticas a las que habían estado subvencionando, mientras ahora el gobierno ha reconocido que la transición a las renovables ha sido un fracaso para su economía, pero eso no importa, el gobierno alemán insiste en independizarse de la energía rusa, los rusos dicen sin rencores: chao, que tengas buenas suerte.

Europa cortó el gas ruso clamando, como imperativo estratégico, la independencia energética frente a proveedores autoritarios; entonces, alguien ayudó a volar Nord Stream para asegurarse de que nadie perdiera el valor. La estrategia de reemplazo se centró en el GNL catarí, pero son contratos a largo plazo: terminales de regasificación nuevos y relucientes a construir, un giro limpio ejecutado con la característica rigurosidad burocrática. El GNL volverá a fluir en solo 3 a 5 años, lo que permitirá a los responsables políticos europeos un horizonte de planificación cómodo… Y con un solo misil las terminales de gas catarí resultan seriamente dañadas.

Europa ha logrado con ‘éxito’ la independencia de la energía nuclear, del gas ruso y del GNL catarí simultáneamente, dejándola plenamente soberana sobre su propia política energética y totalmente dependiente del GNL estadounidense a un precio siete veces mayor al ruso, bajo un acuerdo que Trump amenaza con revocar. Es el tipo de destrucción de la demanda que Bruselas lleva una década intentando legislar”.

Pues nada, la transición está “funcionando”. 

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Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels. La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo e impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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21 abril 2026

¿A quién sirve realmente Donald Trump?


La guerra de Irán del generalísimo Trump. Crédito de la ilustración: DonkeyHotey en Who What Why (CC BY-SA 2.0). whowhatwhy.org


por Tito Andino


¿Qué podemos esperar de un multimillonario como Donald Trump en el gobierno de los Estados Unidos dirigiendo la guerra contra Irán?

“Los ricos son una especie de animal grande y peligroso, parasitarios y dañinos y hombres en su mayoría, aun cuando hay mujeres ricas también, que aunque nacidos en cualquier extracto social ocupan las elites del poder y del dinero, verdaderos barones del poder, y hoy han acumulado dinero como nunca antes en la historia moderna, que manipulan todo lo que les interese manipular y que persiguiendo sus intereses pueden ser criminales pero no pagan por ello”. (Mario y Nora Fernández)

A pesar de lo que se dice dentro y fuera de los Estados Unidos respecto a la desastrosa guerra contra Irán, el presidente Trump no está solo, y no lo estará, a pesar de los llamados a destituirlo. Pese a que hay dos bandos dentro de los EE. UU., estos defienden la misma política y economía, simplemente rivalizan por manejar las finanzas globales, y no dejarán de respaldarse cuando de beneficios se trata. Es el poder económico quien controla el destino de la -hasta ahora- nación más poderosa del mundo en el último siglo.

Las élites no son simples millonarios que juegan a hacer más dinero, a pesar de que sus fortunas se cuentan en miles de millones de dólares y quizá ni siquiera lleguen al 1% de la población. Esta clase dominante cuenta con el respaldo de una estructura social-económica más “baja”, de los ricos y acomodados, de la clase política privilegiada, quienes sirven a la elite dominante, son su “base social”. Es decir, “la élite dominante cuenta con la escolta de otros ricos inferiores, que forman una especie de pirámide de acomodados, a quienes se suman altos administradores y políticos que ayudan a la elite dominante a manejar el aparato político mundial, cuenta la élite además con no pocos adulones profesionales y aspirantes a millonarios que incluyen incluso a hampones que trafican drogas, personas y servicios”.

El presidente Trump encaja no en la clase adulona, el pertenece al Top de la élite.

Con estas cortas reflexiones pasemos al tema de actualidad, la guerra con Irán y la posición de la élite estadounidense respecto a Mr. Trump.

Un hecho que pocos se percataron en la posesión del presidente Donald Trump (segundo mandato), es que los demócratas sentados a su lado, con Joe Biden a escasos metros, permanecían de piedra, nadie de ese grupo aplaudió a Trump en ningún instante; pero, cuando pronunció la palabra Israel y su defensa a ultranza, con cualquier medida que sea necesaria, Biden y los suyos se pusieron de pie, aplaudieron. El presidente entrante recibió ovaciones de todos en el Congreso (Demócratas y Republicanos). ¿Por qué?

Responderé citando al Coronel Douglas Macgregor, quien -durante la presente crisis bélica con Irán, se refirió al Congreso de los EE. UU.: “efectivamente todos han sido comprados por el lobby de Israel y los multimillonarios que respaldan al lobby de Israel han comprado a estos candidatos y como resultado casi no tengo ninguna simpatía en absoluto por el Congreso, son tan culpables de todas estas tonterías como el presidente”.

Este es el punto de polémica perpetua, ¿en realidad existe esa influencia -por no decir, dominación- de Israel sobre Estados Unidos? Sería un poco simplista afirmarlo positivamente. Evidentemente hay mucha presión e influencia, no lo dudamos, pero a que sean dueños de EE. UU., está muy lejos de ser verdad, a pesar de que aquí -más adelante- se aprecie como contradicción unos datos perturbadores. La relación entre ambos países es, efectivamente, uno de los temas más analizados y debatidos en la política internacional. Verdaderos analistas y expertos suelen destacar la combinación de varios factores que explican esa influencia mutua. Comenzando con que la comunidad judía es muy próspera en Estados Unidos, los multimillonarios y gente de prestigio en diferentes ramas sobreabundan y se dice que su fidelidad está con Israel, más que su misma fe religiosa o al país que le otorga su nacionalidad (Estados Unidos); a su vez, son un dilema público en cuanto a las comunidades judías ortodoxas.

Los grupos de presión (lobbies), organizaciones como AIPAC trabajan activamente en Washington para asegurar que los intereses de Israel sean prioridad en la agenda legislativa. Tenemos el valor estratégico que los vincula desde la Guerra Fría, EE. UU. ha visto a Israel como un socio tecnológico y de inteligencia clave en una región muy inestable. Estados Unidos convirtió a Israel en su base militar en Oriente Próximo y lo utiliza, generalmente, cuando de intervenir militarmente se trata, actúan juntos. El caso iraní lo demuestra.

Esa gran afinidad política y cultural se expresa en el apoyo histórico de gran parte del electorado estadounidense que es muy sólido (hasta el momento), tanto de los cristianos evangélicos (cristianos en general) como de los sectores judíos, a pesar que son confesiones no homogéneos. Esos grupos presionan a sus representantes, financian campañas e incluso ponen sus candidatos al Congreso y hasta a la presidencia de los EE.UU. para seguir conservando el respaldo político, la ayuda económica y militar que necesita Israel.

Ese sistema de alianzas es muy complejo, no puede ser explicado con simplicidades. Generalmente los intereses de seguridad nacional de ambos países suelen alinearse, aunque no siempre estén de acuerdo en todo. Israel ha demostrado que puede influir en Estados Unidos -nadie lo niega- y hasta demostró con la crisis bélica contra Irán que Estados Unidos no puede obligarlo a nada.

Por supuesto, también hay quienes piden que debemos dejar de pensar en la hipótesis de que la política exterior estadounidense está subordinada a intereses ajenos, que eso carece de fundamento estructural y que resulta una equivocación pensar que Estados Unidos se ve forzado a participar en conflictos por presiones externas o liderazgos individuales (Netanyahu e Israel), en realidad la dinámica de poder no funciona así. En el sistema internacional, las potencias actúan bajo su propia lógica de beneficio, Washington no cede su soberanía ante terceros. Dicen que lo que percibimos como una influencia externa -de Israel- es una interpretación muy común que ignora la verdadera raíz geopolítica: controlar las rutas energéticas y estratégicas fragmentando el suministro de energía en Asia central. La realidad es que, hablando de geopolítica, al interrumpir estos flujos, EE. UU. busca forzar (someter sería un término correcto) a los mercados europeos y asiáticos a orbitar bajo su control, someterlos a la dependencia energética estadounidense, lo que garantizará la estabilidad de su moneda y su dominio militar y de allí el rol fundamental que asume Israel en Oriente Próximo. Los dos se necesitan (este es un argumento correcto, pero no necesariamente único).

Así las cosas, es indudable que Trump -como cualquier otro líder de Estados Unidos- escucha demasiado a los israelíes. Y en el caso iraní, los socios calcularon mal. Israel prometió una guerra corta y decisiva, una guerra relámpago como solían hacer inicialmente los nazis; por su lado, Trump prometió grandes negocios a los inversionistas. Lo lógico es que si no resulta, pagarán un alto precio en respaldo político con la opinión pública en contra. Así acontece, los socios de guerra (Trump y Netanyahu) se enfrentan a una oposición interna masiva, muy bien encubierta por la censura. Los propios republicanos cuestionan a Donald Trump y la gente está descontenta en Israel con una oposición cuestionando a “Bibi”. Por su lado, las verdaderas élites que controlan el poder aspiran seguir haciendo pingues negocios, los políticos y militares de alto grado que hagan su show mientras mandan al matadero a miles de jóvenes soldados.


La portada de 'The Economist' (21 al 27 de marzo de 2026) dedicada a Trump con el titular "Operación Furia Ciega", como sátira del nombre real de la operación "Furia Épica".


En 1966, el profesor Caroll Quigley, de la Universidad de Georgetown dijo: 

"Los poderes del capitalismo financiero tienen otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en su conjunto". 

Esa es la política de los Estados Unidos, sea cual sea el presidente de turno, ya sea con el respaldo sionista o no. Observamos como en la tarde del 15 de abril 2026, el Senado ha votado por continuar la guerra contra Irán, seguramente se cortarán algunas cabezas por la mala “gestión” (probablemente del Secretario de Guerra, Pete Hegseth), pero el programa debe continuar, incluso si el presidente Trump fuera destituido.

En este momento existe solo dos probabilidades en el campo político para la élite del verdadero poder mundial: Decidir poner fin al gobierno de Trump, que ha jugado su rol, iniciando una guerra y haciendo ganar miles de millones de dólares no “presupuestados” a los accionistas del Complejo Militar Industrial y otros especuladores financieros, entre los que se cuenta el mismo Trump, gestos que sin duda le agradecen; o, debido a que Trump ha dado claras muestras de estar fuera de sus cabales, ser sometido a un proceso de destitución -el famoso impeachment-; se dice que los reveses militares lo han desquiciado, siendo que sus actos podrían conducir a una catástrofe global, se ha rumoreado de ataques de histeria del presidente que pudieren afectar en las decisiones operacionales de las fuerzas armadas. ¿Les recuerda a cierto desquiciado alemán de ridículo bigote?

En principio eso no es de preocupación para la élite, lo que el real poder en las sombras busca es ganar más dinero y controlar los mercados. Utiliza las guerras para apoderarse del petróleo y demás recursos estratégicos de otras naciones y siempre dispondrá de “patriotas” dispuestos al sacrificio para ir a guerrear por el mundo en nombre de la “democracia”.

Ergo, ha dejado de producir gracia a las élites el escuchar a Mr. Trump amenazando con arrasar toda una civilización o que los iraníes regresarán a la edad de piedra, etc, etc. El hombre naranja encontró un gran socio, aún más delirante que él, Bibi Netanyahu, quien gusta de vivir en perpetua guerra, según las malas lenguas para que no someterse a procesos judiciales… lo mismo que su colega de los USA, se dice que prefiere esto a que estalle la bomba de los escándalos referentes a su buen amigo, el difunto Jeffrey Epstein.

La pregunta es, ¿por qué las élites tendrían que frenar a Trump, cuando el Senado de los Estados Unidos decidió respaldar la guerra de Trump? Es lógico entender que a la élite no le conviene una hecatombe global en momentos en que la guerra es buena para sus negocios especulando en el mercado financiero y produciendo armamento, una fuente casi ilimitada de recursos. Desgraciadamente no lo sería si sus sabuesos rabiosos, alterados en su ego, decidieran ir más allá en su confrontación contra Irán, haciendo uso de armas nucleares. Sería el fin del juego, el negocio se cae.

Para salir de este lío, debería impedirse que Trump siga haciendo lo que no funciona. “Recuerda la definición de locura. Hacer lo mismo una y otra y otra vez con la expectativa de que vas a obtener un resultado diferente”, como un loco, redoblando la apuesta en lo que ha fracasado en el pasado y esperar que funcione. “No va a pasar. No importa cuántas pequeñas islas intenten tomar en el Golfo Pérsico”, dice Mcgregor.

Insistamos, esto aconteció porque el presidente, de forma simplista confía y escucha demasiadas promesas vacías de Israel, además de estar influido y comprometido con el núcleo duro sionista de Estados Unidos. A Trump le vendieron el argumento de que esto sería rápido y sucio, sí esa es la palabra correcta: sucio, con grandes e inmediatos réditos a cosechar. Ha calculado muy mal, ha subestimado el desafío que significó atacar y enfrentarse a Irán. La realidad le ha hecho saber que eso no es posible.

La siguiente información no es mera especulación, ni se contradice con lo expresado más arriba. Es importante recordar un acontecimiento relativamente reciente. Donald Trump, tras asumir su segundo mandato en 2025, volvió a implantar una tradición, celebrar en la Casa Blanca la festividad judía de la Janucá. En efecto, el 16 de diciembre de 2025, acudieron cientos de estadounidenses integrantes de la comunidad judía que son destacados líderes políticos y personalidades influyentes en diversas áreas. El presidente Trump reafirmó su compromiso con el estado de Israel y la comunidad judía estadounidense, subrayando su papel como defensor de la misma, se declaró "amigo y defensor del pueblo judío".

Lo curioso es la forma en que los invitados manejaron a Trump, por lo que podría interpretarse o plantear dudas sobre quien realmente manda en la Casa Blanca. Los gestos del señor Mark Reed Levin, quien ostenta el cargo de miembro del Consejo Asesor de Seguridad Nacional, fue osado, vapuleó “cariñosamente” a la corpulenta figura del presidente, ante las cámaras lo abrazó, lo jaloneó alegremente, resultando incómodo para Donald Trump, quien se dejó “someter”. Esto puede ser interpretado como un acto simbólico de dominación, Levin le dice a Trump algo… sobre “la cosa legal de poder hacer que tú seas electo cuatro años más”, no se entiende bien las palabras de Levin en medio de aplausos y gritos, pero Trump contesta que él ama a Israel también. Lo que si se escucha claramente es que Levin expresa: “éste es nuestro primer presidente judío de Estados Unidos”. Trump, simplemente contesta: “es verdad”.

Esto se entiende o puede intuirse. No se trata de un simple acto de afecto y dominio corporal entre dos amigos, es una clara demostración de quien manda en lo político y económico en los Estados Unidos, porque tras esta escena hubo un acto más bochornoso para todos los Estados Unidos de América, que se pavonean de ser los portadores de la libertad y la democracia en el mundo. Momentos después, aparece en escena una señora, Miriam Adelson, una de las más poderosas personas reunidas en la Casa Blanca, dicen que es una de las sombras por encima de la política y el poder en los Estados Unidos. Ella insiste a Trump que deben ser cuatro años más (en el poder), le dice: "Bueno, piénsalo, yo te voy a dar otros 250 millones de dólares". 

Luego de ver esas escenas (existen videos que puede buscarse en internet/Youtube sobre esa fiesta en la Casa Blanca), la pregunta, por supuesto, es: ¿quién manda en los Estados Unidos? ¿Se responde sola la pregunta? ¿Reveló Donald Trump -sin desearlo- a quienes le pusieron en el poder y que -supuestamente- serían los que realmente ordenan en la Casa Blanca? 

Miriam Aldeson fue cónyuge de Sheldon Aldeson (que falleciera en 2021), entregaron en las tres campañas políticas de Donald Trump alrededor de 700 millones de dólares, Trump reconoció que el matrimonio era un frecuente visitante de la Casa Blanca, no eran simples aportantes de campañas electorales, acudían para moldear las políticas entre Tel Aviv y Washington. Miriam, ya viuda, sigue visitando la Casa Blanca, algo que también suele hacer con frecuencia "Bibi" Netanyahu quien ostenta el récord de visitas de un jefe de estado (siete veces en menos de un año, la última entre el 10 y 11 de febrero del 2026). 

Lo anecdótico es que la opinión internacional -ahora- está admitiendo que Israel considera a Trump “un hombre comprado que tendrá que hacer lo que ellos le digan” (a parte de las especulaciones sobre el caso Epstein).

¿Y los negocios de Mr. Trump? 

Del interesante artículo de Julian Macfarlane: “Todas las guerras son por dinero”, podemos extraer la siguiente información: 

El patrimonio neto de Trump, según la “Lista de Multimillonarios del Mundo” de Forbes 2026, ha incrementado alrededor de un 183% los dos últimos años, pasó de 2.300 millones de dólares a inicios de 2024 a 6.500 millones en marzo de 2026.

- El principal motor de la nueva riqueza son los negocios de criptomonedas y la venta de tokens digitales relacionados. World Liberty Financial es la plataforma insignia de la familia Trump, desde la inauguración de este sistema ha cosechado un estimado de 1.400 millones de dólares a la fortuna familiar. “Recuerda que si eres multimillonario, no cuentas en millones, solo en miles de millones. Este es el cálculo especial de la codicia con derecho”.

- Miembros de la familia Trump se han pasado al sector de defensa e inversiones en tecnología de defensa, en el preciso momento que se aumentaba el gasto militar. “Eric Trump fue anunciado como inversor estratégico en una fusión de 1.500 millones de dólares que involucró a un fabricante israelí de drones, XTEND, apenas 11 días antes de que comenzaran los grandes ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026”.

- Donald Trump Jr. se unió a la firma de capital riesgo "1789 Capital", que gestiona más de 2.000 millones de dólares y ha invertido en startups relacionadas con la defensa que posteriormente recibieron millones en incentivos federales y préstamos del Pentágono.

- A pesar de la volatilidad de las acciones de Trump Media & Technology, la empresa matriz de Truth Social, sigue siendo un activo multimillonario. Todas esas declaraciones escandalosas sobre Truth Social salen bien. Sí, la estupidez puede dar frutos.

- La apreciación inmobiliaria de propiedades de alto perfil, como Mar-a-Lago, han visto aumentar sus valoraciones, con el club estimado ahora en aproximadamente 560 millones de dólares. Ayuda usar la casa de Trump como base de operaciones presidencial.

- Tenemos los profundos lazos financieros de la familia Trump con los estados del Golfo. Ejemplo, la inversión de 2.000 millones de dólares de Jared Kushner en Arabia Saudí. Se debe entender por qué el príncipe heredero (MBS) no apoya a Irán.

El patrimonio neto de Trump se vio aún más reforzado por la desestimación de una importante multa económica de 500 millones de dólares por fraude civil en Nueva York, aunque la sentencia será apelada.

“Esa es la naturaleza de la jerarquía financiera. ¿Quién paga? TÚ, sí. Los pobres se empobrecen más... Los ricos se hacen más ricos. La mayoría de los presidentes se enriquecen tras dejar el cargo. Ese fue ciertamente el caso de los Clinton. También Obama. Biden ganó 15 millones de dólares en dos años tras dejar la vicepresidencia y probablemente ahora le irá bien. Pero los Clinton, Obama y Biden no estaban ni de lejos a la altura de Trump en cuanto a riqueza heredada, su avaricia se expresa en millones; Trump está en miles de millones. Los ricos se enriquecen -en relación con su punto de partida- así se hace el Camino Americano”.





Volvamos al tremendo problema que se compró Trump gracias a sus amigos de Israel y al lobby sionista estadounidense. 

En lo político, el presidente está siendo duramente atacado por todos los frentes debido a su aventura bélica. Afirma Douglas Macgregor, “si lo presionas demasiado en una dirección, él va a contraatacar. Supongo que su círculo íntimo, incluidos los militares, están todos sentados preguntándose cómo salimos de esta, cómo terminará esto, qué podemos aceptar. En Washington, gran parte está hipotecando la vanidad, en otras palabras, dicen no podemos hacer tal cosa porque parecerá que perdimos. Y como le digo a la gente…”

A pesar de proyectar un aire de confianza, la verdad es que, a puerta cerrada, Trump y Netanyahu están desesperados. Trump es consciente que le mintieron y que asumió malas decisiones, pero se niega aceptar que se equivocó. Debería admitirlo, debería ordenar el despido de ciertos personajes que lo adulan en nombre de Israel… más eso no va suceder jamás, por lo que no hay mediadores capaces de intermediar para poner fin a esta tragedia.

Trump se está negando a sí mismo, no acepta que sus palabras están siendo objeto de burla y humillación a nivel nacional e internacional. Ha perdido el respeto -los memes sobre él son graciosos y ridículamente insultantes-. No se equivoquen, Trump demostró que puede ser dulcemente vengativo ante sus críticos, su ego lo lleva a elucubrar como revertir las cosas, y debemos estar atentos a lo que va a hacer ahora. “Los instintos le dicen que debe redoblar la apuesta y aplastar a Irán, tiene que restregarles la cara por el suelo”; así que la posibilidad descrita de que Trump nunca tomó en serio la tregua es cierta. De todas formas, en Israel no le hacen mucho caso al presidente Trump, a pesar de que sus amigos si lo respaldan en Washington.

Estados Unidos demuestra la intencionalidad de redoblar la apuesta, luego de haber hecho un uso descomunal de las armas disponibles, el armamento está agotado y probablemente para ello fue la dichosa “tregua”, a muchos les huele a falsa tregua, no para entablar negociaciones de paz, fue para disponer las reservas de armamento almacenado en Estados Unidos y llevarlo al teatro de operaciones.

En parte, hay una nueva realidad estratégica en el siglo XXI, lo que se denomina la “guerra asimétrica"; no obstante, Douglas Mcgregor no está de acuerdo con ese término para las acciones emprendidas por Estados Unidos contra Irán, lo explica: “No, no lo es. Tienes por un lado a los Estados Unidos que ha desplegado su estructura militar de la Segunda Guerra Mundial. Estás viendo la estructura militar de 1944-45, con equipo nuevo, pero es la misma estructura. Grupos de batalla de portaaviones, muchos aviones, bombarderos y demás. Del otro lado está la nueva estructura de fuerzas del siglo XXI y esa es la estructura de ataque ISR. ¿Y cómo es eso? Bueno, esto fue concebido inicialmente como idea por los rusos en la década de los 70, descubrieron que tiene sensores en el espacio, tiene sensores en el mar, tiene sensores en tierra, sensores a medio camino entre el espacio y la tierra. Conectas todos estos sensores en tiempo real con todos esos sistemas de ataque que se están volviendo muy precisos y ahora hemos llegado al punto donde esta precisión es asombrosa. Es increíble. Alguna vez tuvimos el monopolio de la precisión antes del cambio de siglo. Lo hemos perdido. Esa capacidad de precisión está en manos de gente en todo el mundo y de repente potencias de nivel medio que antes eran incapaces de ofrecer resistencia pueden paralizar nuestras fuerzas armadas”.

Es necesario aclarar que significa el acrónimo ISR en el contexto de defensa y guerra. ISR es el pilar fundamental de la estrategia militar moderna: Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). Consiste en la infraestructura técnica y organizada diseñada para que los comandantes tengan una visión clara y en tiempo real del campo de batalla (conexiones satelitales, drones, etc.)

Para finalizar. Las cosas andan tan disparatadas que tenemos que traer a colación un tema ya tratado en este blog, el fundamentalismo religioso basado en la concepción puritana de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios, así nos hizo saber Mr. Trump en la oración con su asesora bíblica y su séquito de "santos", quienes le otorgaron el “visto bueno divino” para emprender el camino de la guerra contra Irán. Para un público racional esto es solo propaganda para emocionar a millones de incautos y fieles cristianos estadounidenses. 

Sabemos a ciencia cierta, que las verdaderas élites del poder terrenal y del infinito (porque tienen la capacidad de dominar el espacio) expresan falsamente que su poder se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, no existe tal cosa en sus mentes. Se basan en el concepto de la guerra, de lo que ellos denominan la guerra “buena”, aquella que otorga ganancias colosales. Pregonan el “amor” de Cristo asesinando al prójimo por codicia. Y aquí no hay contradicción entre la religión judía y el mundo cristiano, las dos compaginan en hermandad a través del sionismo cristiano enquistado en la élite estadounidense, su propósito es la codicia sembrando la muerte.


Una desagradable muestra de la campaña manipuladora del presidente Trump, que él mismo ha publicado a través de su Truth Social.


“Lamentablemente” para Mr. Trump y la política global de los Estados Unidos -que incluye a Republicanos y Demócratas- las posibilidades estratégicas de EE. UU. tras la continuación de su derrota en la batalla contra Irán deberán ser replanteadas. No siempre se gana, es lógico pensar que, metafóricamente, pueden devolver a la edad de piedra a Irán, porque van a destruir su base económica; pero, las expectativas del plan general fracasó. Los socios europeos de Estados Unidos no secundaron este proyecto, -no por defender a los agredidos-, simplemente va en contra de sus intereses como grandes potencias coloniales. Ni que decir de la férrea oposición de China y Rusia.

Sin embargo, el que Trump, Bibi Netanyahu y otros osados “representantes” de dios decidieran hacer uso del arma nuclear es algo que las élites no querrán permitir. Es cierto que muchos miembros de la élite se declaran fervorosos cristianos, otros sueñan con la llegada del Armagedón si se desatara una guerra nuclear en el Oriente Medio (lo hemos revisado en anteriores entradas). Eso no es bueno para los negocios, los dueños del poder no van a tolerar que la histeria de ciertos fundamentalistas estadounidenses que “asesoran” a los gobiernos de Estados Unidos e Israel contribuyen a cumplir una “profecía”.

Si ello aconteciera -como decían los autores del betseller “El Enigma Sagrado”: “el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadoquitas muertos hace siglos y que, cogidos de la mano, darían saltitos por los Campos Elisios, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -comoquiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo”.

En este punto es que se duda que las élites permitan el uso de armas nucleares. ¿A quién van a vender sus productos industriales, su costoso armamento, sus coches, sus medicinas, su industria de alimentos chatarra, etc., etc., si los potenciales miles de millones de clientes van a esfumarse en un invierno posnuclear? Los fundamentalistas religiosos que están marchando por los pasillos de Washington y Tel Aviv (quizá también en Teherán) o cualquiera que sea la religión, solo puede llevarnos a un rumbo: la autoinmolación planetaria.

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Las citas que se hacen del coronel Douglas Macgregor pertenecen a varias de sus tantas entrevistas publicadas en Youtube. 
Enlace al artículo de Julian MacFarlane: Todas las guerras son por dinero

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