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23 octubre 2026

La ‘OTAN musulmana’, verdades y mentiras



           Lisanews.org


por Tito Andino 
Síntesis de varias lecturas



El 'Pacto de La Meca' -oficialmente denominado "Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca"- es un tratado de defensa colectiva firmado el 7 de agosto de 2026 por Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, aunque no ha sido publicado oficialmente. Sin embargo, por la naturaleza de las cláusulas que se conoce, analistas internacionales lo han catalogado informalmente como una especie de "OTAN musulmana", dicho acuerdo no establece un mando conjunto, una fuerza permanente, ni mecanismo de mecanismos de acción específicos.

El Acuerdo de Defensa Conjunta podría ser el modelo para una nueva arquitectura de seguridad regional en la que aparentemente se alejan de las alianzas de seguridad occidentales tradicionales. Y esto tiene una gran repercusión geopolítica porque Turquía es el segundo ejército más grande de la OTAN (en número de efectivos); Arabia Saudí ofrece sus recursos financieros provenientes de la exportación de petróleo a nivel global; y, Pakistán es una potencia nuclear en el mundo islámico.

En el marco de una actual reconfiguración de Oriente Medio debido a la guerra entre Estados Unidos / Israel contra Irán, el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca busca reestructurar la seguridad regional. La declaración pone énfasis en que no está dirigida a ningún enemigo común, ni busca un objetivo contra ningún país específico. Se dice que el Acuerdo es una manifestación de que los tres países “se mantendrían unidos frente a las amenazas de seguridad compartidas, y restaurarían el equilibrio en la región”.

Por ende, existe una cláusula de defensa mutua. Su pilar central establece el principio de que un ataque contra cualquiera de los tres países firmantes se considerará un ataque contra todos (emulando el art. 5 de la OTAN). Este acuerdo está abierto a la participación de otros estados, Egipto, al parecer, podría estar dispuesto a dar el visto bueno.

A pesar de las dudas y controversias entre los analistas geopolíticos, la nueva crisis desatada por el conflicto estadounidense contra Irán y las acciones de los hutíes yemeníes, han conseguido que el 5 de octubre, el Comité Estratégico, Político y de Defensa del 'Pacto de La Meca' celebre una reunión de emergencia en Riad, busca poner en acción el compromiso de defensa mutua contra Yemen. Los tres países acordaron desplegar fuerzas militares conjuntas como parte del Acuerdo de Defensa, tal decisión llega en medio de la escalada de enfrentamientos en Yemen y la presunta intención de los hutíes de atacar ciudades sagradas como La Meca y Medina. Los turcos tienen una limitación, su Constitución (Art. 92) exige la aprobación parlamentaria para enviar tropas al extranjero, y el pacto aún no ha sido ratificado. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, dijo el 8 de octubre que Ankara considerará asistir a Arabia Saudí, pero descartó enviar tropas para atacar Yemen.

Aquí es donde las cosas se distorsionan, deberíamos analizar si es un asunto o causa meramente defensiva, porque quien ha estado interfiriendo -agrediendo- durante largo tiempo con intervenciones militares, mercenarios, aprovisionamiento logístico, bombardeos y de otra índole en territorio yemení ha sido Arabia Saudí (los saudíes no han sido atacados, ni invadidos, han sufrido represalias por sus actos). 

La crisis se agudizó tras el respaldo saudí a los Estados Unidos contra Irán, a pesar de que se diga lo contrario, los saudíes han plantado una falsa posición de “neutralidad” al mismo tiempo que redoblan sus esfuerzos contra los hutíes.

En este caso, Yemen es el país agredido por el poder político y militar de los saudíes, no de hoy, esto viene se hace al menos un par de décadas. Debido a las acciones militares de las milicias hutíes hacia territorio saudí, respondiendo a los ataques aéreos y terrestres en su contra, ¿debería ser causa para activar la alianza “defensiva”? o, ¿se trata -simplemente- de proteger los intereses de las potencias occidentales que ven peligrar el acceso rápido a los recursos petroleros?


       
La “OTAN musulmana” toma forma. Foto Canal26.com


Es obvio que Estados Unidos y Europa están alarmados, los hutíes a través del movimiento Ansarallah y de las Fuerzas Armadas yemeníes han advertido a los Saud, el mensaje es claro: “si seguís atacándonos, perderéis vuestra infraestructura petrolera y toda vuestra economía”. Ya vemos que sobre el terreno no se trata de advertencias, ni amenazas, en la práctica ha empezado a suceder, es una represalia a los bombardeos a infraestructuras yemeníes, los hutíes y militares yemeníes han lanzado misiles y drones contra las instalaciones de Aramco en Dammam, la refinería Aramco en Riad, la refinería Aramco en Rabigh. No es necesario explicar que Aramco es una de las más valiosas empresas del mundo.

Sumemos el hecho de que la otra ruta de exportación de petróleo saudí, el Estrecho de Ormuz, se halla paralizada y ahora Bab al-Mandab… está muy claro por qué la OTAN musulmana se active por primera vez… para complacer a Occidente (básicamente, aunque en realidad afecta a todo el mundo).

Aquí no vamos a repasar la historia del conflicto yemení, pero si recomendamos revisar sus antecedentes en el artículo de este blog: Objetivo: Yemen

El Estrecho de Ormuz y el de Bab al-Mandab cerrados al mismo tiempo, los Saud se ven privados de exportar petróleo, y si eso continúa, la economía del reino saudí puede derrumbarse, súmelo a ello la paralización de los aeropuertos saudíes en Riad, Nárrán, Jazán, Yanbu, Al-Jawf, Yeda, Taif, Dammam. Los hutíes están devolviendo el asedio y bloqueo que sufren desde hace mucho tiempo. A nadie debe extrañar que el único objetivo yemení en esta crisis, y lo proclama al mundo, es: Que los saudíes levanten el bloqueo a su país, piden que el Reino de los Saud deje de matar e imponer hambrunas al pueblo de Yemen. 

A los hutíes, yemeníes en general, no les interesa la riqueza petrolera de Arabia Saudí, ese no es su objetivo, pero ese si es el pretexto de Occidente y de la OTAN Musulmana para intervenir. 

Otro factor es que el “poderoso” ejército saudí, lleno de arsenales occidentales y de vanguardia es incompetente, el soldado saudí carece del espíritu de lucha, el ejército yemení tiene la capacidad para aplastar al ejército saudí; y, si os habéis fijado, bajo la bandera saudí luchan mercenarios y “asesores” extranjeros, entre los que se puede contar israelíes. Irónicamente, la supuesta 'Alianza de Defensa de La Meca' defiende los ataques contra una nación musulmana para proteger también los intereses israelíes; y eso de que Turquía advierte a Israel por Gaza sigue siendo puro circo mediático.

Y sí -reconozcámoslo- es cierto, Irán proporciona armas y apoyo de inteligencia a la milicia hutí (Ansarallah), no obstante, es importante dejar sentado que las decisiones yemeníes “giran en torno a una estructura completamente independiente de Irán, presidida por su líder, Abdul Malik Al-Houthi”.

Turquía ha planteado ampliar el envío de contingentes de asistencia técnica, radares de guerra electrónica y sistemas de defensa aérea para proteger el territorio saudita frente al agravamiento del conflicto y los recientes ataques de los hutíes con drones y misiles contra infraestructura civil y energética en ciudades como Riad, pero evita enviar tropas. Por su lado, Pakistán ha adoptado una postura de firme respaldo defensivo a Arabia Saudita, pero prioriza la diplomacia, evitando el combate terrestre directo en Yemen.

La posición oficial de Islamabad es interesante.

Activación del pacto y despliegue defensivo: El Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, calificó los ataques de los hutíes como una "línea roja" y reafirmó el compromiso inquebrantable de proteger la soberanía saudí y los lugares sagrados del Islam. En cumplimiento del Pacto de La Meca, el ejército de Pakistán confirmó el envío de tropas a Arabia Saudita, pero sus funciones se limitan a asistencia técnica, tareas de inteligencia, logística y capacidades defensivas... La historia nos enseña en que suele terminar la presencia de “asesores” en conflictos. No obstante, Pakistán insiste en que su prioridad es que el conflicto se resuelva por vías pacíficas. Se ha revelado que se programan reuniones de emergencia para explorar canales de diálogo político con los hutíes como alternativa a una escalada puramente militar.

Un factor que no puede pasarse por alto es la presencia de Irán que es el principal respaldo de los hutíes y comparte una frontera sumamente sensible con Pakistán, La intencionalidad de Islamabad parece ser sincera, no quieren una guerra, mucho menos intervenir en una guerra ajena contra los hutíes en Yemen. Las autoridades pakistaníes mantiene contactos con Teherán para presionar y contener a sus aliados hutíes. Pakistán juega a preservar su rol histórico como mediador regional y no quiere verse arrastrado a una guerra por delegación en el Medio Oriente.




Entonces, políticamente, ¿qué es el Pacto de la Meca?

“El pacto de defensa entre Turquía, Arabia Saudí y Pakistán, firmado el 7 de agosto de 2026 en la ciudad de La Meca, puede considerarse un signo de un nuevo equilibrio de poder emergente en Oriente Medio. Este desarrollo llega en un momento en que la estructura de poder regional está en proceso de transformación y el orden de seguridad tradicional, en gran medida dependiente del apoyo estadounidense, se enfrenta a nuevas limitaciones y cuestiones. Aunque la formación de este pacto debe entenderse principalmente como producto de los propios cálculos y preocupaciones de seguridad de las potencias regionales, a corto plazo también podría alinearse con ciertos cálculos estratégicos en Washington, incluyendo el reparto de cargas y el equilibrio de Irán”. (Mohammad Aref Erfan, El Pacto Trilateral de Defensa entre Turquía y Arabia Saudí y Pakistán: ¿El comienzo de un nuevo equilibrio de poder en Oriente Medio?)

La firma del Pacto de Defensa Trilateral podría -en teoría- representar el inicio de un nuevo equilibrio de poder en el Medio Oriente hacia un orden multipolar. Y pudiere ser posible ya que tenemos una presunta combinación de respaldo financiero, fuerzas militares y dislocaciones nucleares para asegurar la importancia continua del poder de negociación colectiva. En teoría el “síntoma” está determinado -la transición hacia la multipolaridad y el pragmatismo regional-; sin embargo, exagera la cohesión real del pacto y lo encuadra bajo una narrativa ideológica que busca magnificar la pérdida de influencia de Occidente mediante una búsqueda de autonomía estratégica: 'Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca'.

Tenemos omisiones muy forzadas en el papel. La realidad es que estas naciones siguen manteniendo dependencia estructural con Occidente, Turquía es miembro activo y reúne un poderoso ejército para la OTAN, Arabia Saudí opera con sistemas de armas predominantemente estadounidenses y suministra energía al mundo occidental y Pakistán depende del apoyo internacional financiero (FMI) vinculado a las potencias occidentales y presumiendo su arsenal nuclear.

NO, el 'Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca' no supone el fin de la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico. Si bien el pacto trilateral firmado el pasado 7 de agosto marca el declive del monopolio de los Estados Unidos y sus aliados occidentales, analistas geopolíticos de instituciones como el Council on Foreign Relations (CFR) y el Carnegie Endowment for International Peace coinciden en que tal cosa no va a suceder. Lo que pasará es que la hegemonía de una sola potencia (EE.UU.) se diversifica, pero no sustituye a la llamada ‘Estrategia de Cobertura’.

Para Riad, el acuerdo funciona como una "póliza de seguro paralela" frente a potenciales amenazas. Es imposible que, a pesar de las fábricas militares turcas, esta nueva alianza pudiere suplir la cooperación en la fabricación de material bélico, maniobras conjuntas e intercambio de inteligencia, en la práctica una nueva coordinación política, limitada a tres países, más bien las limitaría. No solo las fuerzas armadas saudíes operan con sistemas estadounidenses, el resto de fuerzas del Golfo (Consejo de Cooperación del Golfo lo hacen)

Por lo mismo, el acuerdo de La Meca no reemplaza el paraguas de seguridad estadounidense sobre Arabia Saudita. Los “nuevos” socios de Riad siempre han sido aliados de Washington, no rivales. En Washington no hay preocupación por ese Acuerdo; el mismo presidente Trump ha elogiado el acuerdo, expresando que de esa manera podrán finalmente defenderse de forma más efectiva. Ojo, Trump mira esto con satisfacción porque le quita un peso de encima en la región, ya no quiere ser el policía que debe asumir la carga de los problemas. Siendo más objetivos, el Acuerdo de La Meca beneficia más a los saudíes en términos de capacidad industrial, diplomática y defensa colectiva, les cae muy bien esa “ayuda” extra para su guerra contra los rebeldes yemeníes.

También es cierto que hubo (o hay) una creciente desconfianza saudí respecto a la protección estadounidense a sus infraestructuras por la guerra contra Irán; probablemente de allí surgió a idea de "diversificar las alianzas de seguridad". Pero el reino petrolero de los Saud no tiene solo alianzas militares de protección con Estados Unidos, fuerzas británicas operan abiertamente desde la primavera de 2026, y no solo en Arabía Saudí, también en Kuwait y Bahréin. Es decir, Arabia Saudí seguirá dependiendo de la tecnología y operaciones críticas de Estados Unidos y de los británicos (de la OTAN, en general), algo que por si solo no puede suplir Turquía, mucho menos Pakistán.

Tan evidente es la cosa que, ante la ausencia de una estructura militar integrada (a diferencia de la OTAN que posee un comando militar unificado), Arabia Saudí ha tenido que solicitar asistencia estadounidense a pesar del Acuerdo de la Meca con su tardía reacción política. Los hutíes ya controlan posiciones en torno a Bab al-Mandab, ni Turquía ni Pakistán pueden comprometerse de inmediato con una respuesta militar. El 5 de octubre se invocó el Pacto, inicialmente las medidas conjuntas de disuasión incluyen el "despliegue rápido" de tropas pakistaníes y turcas en Arabia Saudí, aclarando que Turquía se limita (por el momento) a brindar apoyo defensivo y técnico al reino, necesitan la aprobación parlamentaria, Pakistán mantiene en secreto los detalles de su despliegue y las operaciones saudíes siguen contando con el apoyo de los mandos del Comando Central de los Estados Unidos (USCENTCOM)

En conclusión, el Acuerdo de La Meca no expulsa ni pone fin a la presencia militar de EE. UU., sino que formaliza el nacimiento de un sistema de seguridad híbrido y multipolar. En este nuevo escenario, el Golfo Pérsico deja de depender de un único protector occidental para transitar hacia un esquema donde las potencias medianas asumen un mayor control de su propia defensa, manteniendo a las fuerzas estadounidenses como un aliado fundamental pero ya no exclusivo.


Representación del eje estratégico formado por Turquía, Arabia Saudí y Pakistán - Imagen creada con ChatGPT


¿ Y qué hay con Israel? ¿Será que el 'Acuerdo de La Meca' está dirigido contra Israel?

Dejémoslo sentado desde el inicio, NO. Aunque sobre el papel, Palestina entra en los planes de seguridad de Riad. En septiembre de 2024, el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MbS) señaló oficialmente que el reino saudí no establecería relaciones diplomáticas con Israel sin un estado palestino independiente con Jerusalén Este como capital, algo que para Israel es innegociable (retornar a las fronteras de 1967). Siria es otro escollo, y los saudíes tienen muchos proyectos en territorio sirio, ahora libre de los Assad; debido a la guerra contra Irán, la amenaza en los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandab incitan a buscar nuevas rutas comerciales y el territorio de Siria es viable para ello; por ejemplo: hay propuestas para “un ferrocarril de alta velocidad saudí desde Arar a través de Jordania hasta la costa siria; un comité jordano-turco-sirio coordina un corredor terrestre; planes para reactivar el Ferrocarril del Hejaz entre Aqaba y Europa; y un trabajo saudí-turco para conectar esa red con los puertos del Golfo con el reino saudí”. También incluye acuerdos de telecomunicaciones e inversiones saudíes millonarias en el puerto de Tartus. Es obvio que “el capital y el comercio se mueven más rápido que las vías férreas destinadas a transportarlos”.

Israel observa y toma nota, realiza sus cálculos y tomará acciones cuando sea oportuno. 'El Pacto de La Meca' está en el debate israelí, pero no existe ninguna respuesta oficial israelí, ciertas voces piensan que esto debería encender las alarmas en Israel, advirtiéndose que se puede sentar un precedente si hay una intervención turco-paquistaní. Algunos funcionarios en Israel creen que el pacto está dirigido contra Israel, pero en la práctica, Arabia Saudí solicitó asistencia de tipo militar (consejeros) para combatir a los hutíes; otros sectores del poder en Jerusalem piden al gobierno a seguir buscando vínculos más estrechos con Riad -que ya existen- mientras mantiene abiertos los canales con Ankara, pese a los propagandísticos discursos de Ankara respecto a Gaza.

Netanyahu promete -con toda la seguridad de lo que habla- sobre "un nuevo Oriente Medio” levantado en base a las asociaciones con el Golfo, Arabia Saudí sigue siendo su mayor premio en el Golfo, mientras tanto ha formalizado los lazos de defensa con Turquía; y, ¡sorpresa! al igual que en Turquía, en la política de Israel se habla de Turquía como un “rival estratégico”...

Por el momento y pese a las “movilizaciones” de la ‘OTAN musulmana’, el acuerdo sigue estando lejos de ser una alianza real para el mundo islámico. “Sus miembros ven diferentes amenazas principales: Turquía mira hacia Siria y el Mediterráneo oriental, Pakistán hacia India y Arabia Saudí hacia sus instalaciones vitales y frontera sur.

La primera prueba del pacto de La Meca está en el tapete, pero son los intereses saudíes lo que están en juego, ha hecho el llamado a Ankara e Islamabad y cuenta con el apoyo estadounidense, no han desestimado las advertencia de Irán, pero -al parecer- Israel no tiene (por el momento) sitio en la mesa de negociaciones.

Para el reconocido investigador internacional Alfredo Jalife-Rahme en su artículo “El ‘Pacto de La Meca’ entre Arabia Saudí/Pakistán/Turquía vs. el ‘Gran Israel’, aprecia que está implícitamente dirigido contra Israel. Su explicación refiere que previamente ya existía un pacto de defensa entre Arabia Saudí y Pakistán, ahora tenemos un nuevo invitado, Turquía, y se espera la incorporación de Egipto. ¿Po qué?, afirma el analista que los saudíes por fin han entendido que la prioridad de los Estados Unidos seguirá siendo siempre Israel.

De momento, algunos políticos de Israel describen a Turquía como "el nuevo Irán", y alertan sobre un presunto "eje sunita hostil con Pakistán nuclear”. En el mundo árabe -no todo por cierto- se aprecia a Israel y no a Irán como una potencia desestabilizadora, a pesar de señalarse que el Pacto de La Meca es "un tigre de papel", lo que si concuerdan entre estos países de la región -ya lo han comprendido- es que entienden que no pueden contar con Estados Unidos para su seguridad. En Teherán, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní ha manifestado que "no hay motivo para temer que el pacto vaya contra Irán. Turquía y Pakistán mantienen profundos lazos históricos con Irán.

Pero en geopolítica todo es posible, incluso ha habido advertencias del ministro de Defensa de Pakistán al calificar a Israel de "amenaza para todo el mundo islámico" y propuso "deshacerse de los judíos europeos (los jázaros)", definió a Israel como "una entidad malévola y una maldición para la humanidad". Los turcos también expresaron que el pacto no está dirigido contra Irán. Como hemos expresado más arriba, Turquía y Pakistán han defendido enérgicamente a los palestinos frente al genocidio israelí -al menos en el discurso- y el reino saudí no ha concretado la adhesión a los ‘Acuerdos de Abraham’ a pesar de que Estados Unidos lo ha venido presionando.

En consecuencia, se puede apreciar que el trasfondo real del pacto es apoyar a Arabia Saudí en su guerra contra las guerrillas yemeníes Ansarallah y con ello garantizar la seguridad y el transporte en el Mar Rojo.

El 'Acuerdo de Defensa de La Meca' entre Pakistán, Arabia Saudí y Turquía -la "OTAN musulmana"- si bien pudiera ser un obstáculo geopolítico para Estados Unidos que evitará polemizar con ninguno de esos países, seguirá manteniendo diversos e importantes vínculos de cooperación con todos ellos. Lo hemos explicado: con Turquía por intermedio de la OTAN; con Arabia Saudí a través del sistema del petrodólar; y, las buenas relaciones bilaterales que mantiene con Pakistán -donde ha ejercido su poder- para los últimos cambios de gobierno a su conveniencia. Dicho esto, a Estados Unidos no le conviene apoyar abiertamente a Israel en un hipotético caso de confrontación con Turquía, las consecuencias en el mundo islámico le pondría en evidencia aún más de el ejemplo demostrado a través de su furia contra los iraníes y su falta de respeto a la fe musulmana.

Será de un futuro análisis el observar como Estados Unidos manejará esta cuestión porque su prioridad como potencia mundial es evitar que sus aliados se alejen; y, sobre todo, hay que preguntarse si desde Washington se podrá seguir aplicando la vieja estrategia de "caos controlado" y “guerras sin fin” en la región.

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Fuentes consultadas:

El "nudo gordiano" de Oriente Medio se enreda más: "Israel sionista" se enfrenta a la "OTAN musulmana", en medio de la caótica agresión estadounidense de Trump 
Más otras noticias de actualidad de la prensa digital.

17 octubre 2026

¿Se transformará China en la nueva potencia imperialista?


Xi Jinping y Donald Trump en la Casa Blanca durante una cena de Estado, 24 septiembre 2026 (Alex Brandon - AP, en Los Ángeles Times)


Parte I

por Tito Andino

Ya no es nada curioso encontrarnos con decenas de artículos referentes al ascenso económico de China, los podemos encontrar desde la perspectiva de la perpleja economía capitalista de Occidente hasta análisis con una perspectiva marxista. Todos concuerdan en el mismo argumento, China está terminando -si no lo ha hecho ya- una transición para convertirse en una potencia imperialista emergente que compite por el reparto del mercado mundial.

Como hemos analizado en otras ponencias en este blog, debemos referirnos a que dicho éxito económico -algunos lo califican de restauración capitalista- surge a partir de las reformas económicas de Deng Xiaoping en la década de 1970, más concretamente con el apoyo financiero y tecnológico de Estados Unidos!, hasta culminar en la exportación masiva de capitales hacia economías dependientes en varias regiones del mundo. (VER: ¿Qué demonios pasó en 1971?)

En concreto, las reformas de 1978 en China transformaron su modelo y planes económicos, ante el pavor tardío de las élites económicas estadounidenses. El programa de estructuración chino se efectuó a través de dos estrategias principales: la liberalización del mercado interno y la apertura al comercio exterior, guiado bajo la estrategia de "Las Cuatro Modernizaciones", toda la estrategia estatal se priorizó en torno a cuatro pilares fundamentales de desarrollo: agricultura, industria, ciencia y tecnología, y la defensa nacional.

- Zonas Económicas Especiales (ZEE): Para atraer capital y conocimiento extranjero sin alterar toda la economía nacional, el gobierno designó áreas específicas en la costa sur (como Shenzhen y Xiamen). Y hay una serie de incentivos fiscales, infraestructuras modernas y libertades de operación para inversiones extrañas, convirtiéndose en laboratorios de capitalismo global.

- Promoción de la Empresa Privada y las ETV: Se legalizaron los pequeños negocios privados y se impulsaron las Empresas de Poblados y Aldeas (ETV), cooperativas locales orientadas al mercado que absorbieron la mano de obra rural sobrante y dinamizaron la producción industrial.

- Apertura Internacional y Orientación Exportadora: China abandonó el aislamiento y comenzó a competir en los mercados internacionales mediante la exportación de productos manufacturados, ese proceso culminaría años más tarde con el ingreso en el 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El proceso de las reformas tuvo sus límites, sobre todo el control político. A pesar de la profunda apertura y la adopción de mecanismos capitalistas de mercado, Deng Xiaoping mantuvo intacto el monopolio del poder político en manos del Partido Comunista de China (PCCh). El proceso se guió por los llamados ‘Cuatro Principios Fundamentales’, que aseguraban la vía socialista y el liderazgo indiscutible del Partido. Cuando las reformas económicas generaron demandas de apertura política, el régimen respondió de forma tajante, deteniendo temporalmente el proceso reformista tras los graves hechos de la plaza Tiananmén en 1989, para luego reactivarlo con vigor en 1992 tras la célebre "inspección del sur" de Deng.

Pero, no solemos dimensionar el masivo impacto histórico de este modelo gradual, China empezó a registrar tasas de crecimiento económico sin precedentes durante cuatro décadas y propició la mayor reducción de la pobreza extrema documentada en la historia, sacando a más de 800 millones de personas de esa condición, muy a pesar de las críticas de los “defensores” mundiales de la “democracia”.

El argumento irrefutable es que China ha dejado de ser un país socialista o una economía en desarrollo para convertirse formalmente en una potencia imperialista emergente, si nos queremos poner quisquillosos con las críticas de los partidarios del marxismo que siguen basándose en la teoría clásica de Lenin, argumentamos que el gigante asiático cumple con las características de esa fase, es decir, una sobreacumulación interna de capitales que ahora necesita exportar agresivamente al resto del mundo para seguir generando ganancias.

Hay que ser concretos al afirmar que, con la restauración capitalista, a partir de las reformas económicas de Deng Xiaoping, se inició el desmantelamiento gradual de las bases socialistas chinas. La burocracia del Partido Comunista Chino (PCCh) se ha transformado en una nueva clase regente que dirige un modelo de capitalismo de Estado sumamente eficiente que haría palidecer a Marx, Lenin y otros. 

El presidente chino Xi Jinping y el presidente Donald Trump ingresando al interior de la Casa Blanca durante la visita oficial de Estado, septiembre 2026. Foto @WhiteHouse (X)


Se habla -y hay muchos indicios sobre ello- de que China está participando en el nuevo reparto geopolítico del orbe, el mundo unipolar controlado por Estados Unidos ha llegado a su fin. Uno de esos indicios se puede encontrar en los análisis del cómo los capitales chinos están adquiriendo masivamente infraestructuras críticas en países dependientes. Empresas estatales chinas han adquirido redes eléctricas, compañías tecnológicas, yacimientos mineros, etc., lo que a la larga puede ser considerado una nueva subordinación económica activa.

Aunque no entraré en la polémica, existen diversas posiciones de la izquierda política, desde las que defienden ciegamente a Pekín solo por oponerse a Estados Unidos hasta los que denuncian el gran cambio, China ya no es un aliado ideológico, declaran, sino un competidor global que opera bajo las mismas lógicas de acumulación y dominación que las potencias occidentales. Por ello, otros sostienen que el conflicto geopolítico actual no es entre "socialismo y capitalismo", sino una pugna inter-imperialista por el control de los mercados globales, similar a los escenarios previos a la Primera Guerra Mundial.

A continuación revisemos el resultado oficial de la histórica visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, del 24 al 25 de septiembre de 2026, sin olvidarnos de la anterior cumbre en Pekin del 13 al 15 de mayo pasado, cuyos resultados fueron comentados en nuestro artículo Explicando el por qué el dólar no va a caer.

Los nuevos diálogos han garantizado: 

- La tregua comercial ha sido prorrogada. Antes de dar inicio formal a las sesiones bilaterales, se confirmó la extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027. Esto frenó la implementación inmediata de nuevos aranceles cruzados.

- Diálogo sobre Inteligencia Artificial. Aunque no se ha llegado a ningún compromiso, se acordó abrir formalmente un canal de comunicación bilateral para discutir la seguridad y regulación en materia.

- Mecanismos de Estabilidad Estratégica. Ambas delegaciones coincidieron en promover una relación basada en la estabilización estratégica, el respeto y la reciprocidad para los próximos tres años.

- Continuidad de la diplomacia de alto nivel. Washington y Pekín reafirmaron su intención de mantener abiertos los canales políticos comprometiéndose a brindarse apoyo mutuo en la organización de las próximas cumbres de la APEC y del G20.

Quedaron asuntos pendientes:

- Taiwán. La isla continúa siendo el mayor punto de fricción militar. Xi Jinping reiteró la exigencia de que Estados Unidos se oponga activamente a la independencia de Taiwán, mientras que la administración estadounidense mantuvo su postura habitual sin ceder espacio doctrinal.

- Seguridad regional. Quedó bajo revisión y sin resolución definitiva diversos temas abiertos en el ámbito de la seguridad e intercambio de inteligencia militar, sobre todo en las guerras en Medio Oriente y el asunto Irán. China sigue restringiendo el suministro de tierras raras y otros minerales estratégicos a los Estados Unidos, principalmente como una herramienta de presión geopolítica y comercial. Es obvio -en el ámbito político global- que China aprovecha su cuasimonopolio global en la refinación y procesamiento de esos recursos indispensables para la tecnología avanzada y la defensa. 

Es importante seguir evaluando los resultados de la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca en las semanas pasadas. Un análisis conciso fue presentado por Lorenzo María Pacini de la Fundación Cultura Estratégica, bajo el título: "El día después en la Casa Blanca: Estados Unidos y Xi Jinping". Leamos sus comentarios. 


El presidente de EE. UU., Donald Trump, le muestra al presidente de China, Xi Jinping, una pintura que conmemora el intento de asesinato en su contra en Butler, Pensilvania (13 de julio de 2024) durante la visita de Estado a la Casa Blanca en septiembre de 2026. La pintura es obra del artista Marc Lipp y donada a través de la Blue Gallery.


Parte II  

La cumbre ha estabilizado las relaciones sino-estadounidenses sin estabilizar el Golfo, y con respecto al Golfo, Pekín ha ofrecido palabras, no presión.

Acuerdos sin costo alguno

Xi Jinping partió de Washington el viernes 25 de septiembre, se despidió con una salva de 21 cañonazos y los altos funcionarios de la administración alineados en el aeropuerto. Una visita de Estado de tres días organizada con un nivel de atención al detalle que la Casa Blanca rara vez reserva para un rival sistémico: la bienvenida al pie de la escalerilla del avión, una reunión de tres horas en el Despacho Oval, la cena de Estado, el té con las esposas y una visita a los Archivos Nacionales.

Se eligió un Schramsberg para la cena, la misma bodega que proporcionó el vino para el brindis de 1972 entre Nixon y Zhou Enlai. En la mesa se sentó la mitad de la comunidad empresarial estadounidense: Musk, Jensen Huang, Zuckerberg, Tim Cook, Bezos, Pichai, Dimon, Fink, así como tres jueces de la Corte Suprema, el presidente de la Reserva Federal y la mitad del Gabinete.

Luego está la conversación real, que debe leerse entre líneas. Pekín publicó inmediatamente su propia versión de las conversaciones. Por parte estadounidense, en la madrugada, no hubo declaración oficial: solo comentarios de funcionarios y de un presidente que optó por no responder preguntas sobre el fondo del asunto.

Esta asimetría en la documentación por sí sola revela quién quería establecer los términos de la reunión por escrito.

Sobre el tema de Irán, fuentes de la administración presentaron un acuerdo en tres puntos como un "progreso significativo": Irán nunca debe adquirir armas nucleares; el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto; y no debe haber peajes en el estrecho. Tomados uno por uno, estos tres puntos coinciden con las posiciones que Pekín había estado defendiendo incluso antes de abordar el avión. China tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y es signataria del JCPOA de 2015: la no proliferación iraní ha sido su política oficial durante más de una década. Un estrecho de Ormuz abierto beneficia a China incluso más que a Estados Unidos, porque Asia Oriental consume la mayor parte del petróleo crudo que transita por el estrecho, y China paga más que nadie por el crudo Brent que se mantiene por encima de los 100 dólares por barril. En cuanto a los peajes, una tasa de tránsito impuesta por Teherán afectaría principalmente a los petroleros con destino a puertos chinos.

De este modo, Washington ha conseguido la firma de Xi en tres declaraciones que Pekín habría respaldado en cualquier foro. La ganancia real es más limitada, pero existe. El distanciamiento de China de la demanda iraní de peajes debilita una baza que Teherán está jugando en las negociaciones de Nueva York, donde las discusiones se centran en una salida gradual de la crisis (reapertura del estrecho, levantamiento simultáneo del bloqueo naval estadounidense, seguido del descongelamiento de los activos congelados), y donde, según informes, la delegación iraní pretende trasladar el tema de los derechos de tránsito a un anexo aparte.

Relatos independientes completan la información que omite la versión estadounidense. Xi solicitó a Trump un retorno inmediato al Memorando de Entendimiento de Islamabad y la reanudación de las negociaciones "lo antes posible", que conduzcan a un acuerdo integral que incluya el tema nuclear. Trump no accedió. En lugar de resolverse en la cumbre, el tema iraní quedó fuera de la agenda.

Teherán y Taiwán:

Respecto al apoyo chino a Irán, los propios funcionarios admiten que la situación es incompleta: "Creemos que ha habido apoyo indirecto, pero no hay pruebas directas". Estados Unidos afirma estar "muy preocupado", pero no puede probarlo. Sin embargo, según informes, Trump le dijo personalmente a Xi que cualquier ayuda a Teherán - "ya sea directa o indirecta, en forma de inteligencia, componentes o equipo militar"- es "totalmente inaceptable".

Una advertencia solo es tan efectiva como la herramienta que la respalda, y en este caso, dicha herramienta brilla por su ausencia. Durante el mismo período, los datos de seguimiento de vuelos registraron un aterrizaje programado de un vuelo de la aerolínea iraní Mahan Air en Guangzhou, sin que se tomaran medidas contra aeropuertos u operadores chinos: la zona de exclusión aérea alrededor de Irán ha fracasado precisamente en lo más crucial. Además, el término "indirecto" se mantiene deliberadamente ambiguo. Si incluyera la compra de petróleo iraní, atentaría contra el núcleo del comercio sino-iraní; si no lo incluye, se reduce a suministros militares que Washington, según admite, no puede justificar.

La ambigüedad beneficia a ambas partes: a los estadounidenses, para mantener la amenaza latente, y a los chinos, para seguir operando en la zona gris. Mi evaluación es que es improbable que el Tesoro tome medidas contra entidades chinas vinculadas a Irán antes de que se finalice el acuerdo comercial, con un grado moderado de confianza.

Washington insiste en que la presión sobre Irán es un asunto aparte, sin relación con el suministro de armas a Taiwán ni con ninguna otra negociación. Esta separación tiene su propia lógica interna. A menos de seis semanas de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, la administración no puede arriesgarse a ser acusada de intercambiar a Taipéi por la cooperación china en el Golfo.

La cuestión es que esta separación es unilateral.

En la versión china, Xi describió la postura de Pekín sobre la reunificación y la integridad territorial como inequívoca; instó a Estados Unidos a oponerse a la independencia de Taiwán y a abordar el tema con cautela, señalando que hacerlo sentaría una base sólida para la cooperación estratégica entre ambos países. Taiwán no es solo un asunto más entre muchos; es la condición subyacente a todos ellos, incluido Irán. Pekín estará atento a cómo Washington traduce sus declaraciones en acciones concretas, y esa respuesta seguirá siendo el principal indicador de la seriedad estadounidense. El resultado es una clara asimetría: Estados Unidos renuncia a usar a Taiwán como palanca de negociación, mientras que China lo mantiene como condición previa.

¿Y qué hay de la opción de una tregua comercial?


Foto de archivo. El presidente chino Xi Jinping interviene en el evento de altos dirigentes chinos organizado por el Comité Nacional de Relaciones entre Estados Unidos y China y el Consejo Empresarial Estados Unidos-China, en el marco de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en San Francisco, California, Estados Unidos, el 15 de noviembre de 2023. REUTERS/CARLOS BARRIA


En el frente económico, la cumbre resultó en la extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero, lo que evita un retorno inmediato a aranceles mucho más altos, y el anuncio de un acuerdo comercial gestionado, cuyos detalles se esperan para el lunes tras semanas de negociaciones. No hubo avances en materia de aranceles, tierras raras o controles tecnológicos. El término en sí evoca el modelo de la "Fase Uno" de enero de 2020: compromisos de compra cuantificados, es decir, gestionar los síntomas de una rivalidad cuyas causas estructurales permanecen inalteradas.

En cuanto a la inteligencia artificial, las posiciones siguieron siendo distintas. Xi propuso un diálogo sobre riesgos, supervisión humana de las tecnologías y cooperación contra los abusos, invitando a ambas partes a aprovechar sus respectivas fortalezas en lugar de vigilarse mutuamente. Trump reconoció que la IA concierne al futuro de la humanidad, pero dejó claro que prefiere que el statu quo actual permanezca prácticamente sin cambios. Sin reglas comunes, sin mecanismos. Las dos capitales se limitaron a confirmar su apoyo mutuo a la cumbre de la APEC y a la cumbre del G20 que acogerán este año, estableciendo así el calendario de las próximas reuniones.

En conjunto, el resultado para Estados Unidos consiste en una convergencia declarativa sobre tres principios ya compartidos, una advertencia verbal y un acuerdo comercial aún por revisar. Pekín se lleva la victoria. Más: una tregua hasta enero, ninguna restricción tecnológica nueva, Taiwán reafirmado como la base de la relación y, sobre todo, la adopción por parte de Estados Unidos de la fórmula china para una "relación constructiva de estabilidad estratégica", acordada en mayo y ahora reactivada.

Robert Lawrence Kuhn ofreció el resumen más honesto: el principal resultado de la cumbre es un horizonte de planificación más amplio. Para una potencia convencida de que el tiempo está de su lado, ese horizonte más amplio es la recompensa.

Hay una objeción que debe tomarse en serio. El distanciamiento público de Xi de las concesiones aísla a Teherán justo cuando se abre un frente interno en Irán, con una moción de destitución presentada en el parlamento contra el ministro de Asuntos Exteriores Araghchi, acusado de negociar con los estadounidenses sin la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Pero esta misma situación pone de relieve las limitaciones de esa ganancia. La cuestión en Teherán ya no es solo qué ofrecer, sino quién tiene la autoridad para ofrecerlo; y en este punto, la presión china sobre los peajes no cambia nada.

Hay pocos indicadores concretos a tener en cuenta en las próximas semanas: El texto del acuerdo revelará si el pacto comercial se extiende a las tierras raras o se limita a las compras agrícolas y energéticas. El canal de Nueva York indicará si el intercambio gradual, que implica el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del bloqueo, se pone en marcha.

Los seis misiles balísticos lanzados por Ansarallah hacia Yanbu y Taif, dirigidos a la terminal de la única ruta principal saudí que evita el estrecho, demuestran lo estrecho que es el margen antes de que el precio del petróleo crudo empuje a Trump, en vísperas de las elecciones, hacia opciones militares.

Finalmente, una posible designación de entidades chinas por parte del Tesoro daría mayor peso a la advertencia de la Casa Blanca.

Mientras ninguna de estas señales cambie, podemos decir que la cumbre ha estabilizado las relaciones sino-estadounidenses sin estabilizar el Golfo, y en lo que respecta al Golfo, Pekín ha ofrecido palabras, no medidas de presión.

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fuentes de consulta:

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10 octubre 2026

Jorge Luis Borges contra los germanófilos: la batalla cultural de 1940 y la del presente



Parte 1: 

El eco del rencor: neonazismo y la penuria imaginativa hoy

por Tito Andino


Luego de haber dado lectura a las ponencias anteriores, en especial a la dedicada a Thomas Mann y Goethe, queda un tema flotando en el ambiente, los germanófilos de la guerra en el siglo XXI. Una aclaración, este tema ya lo abordamos en este blog en 2018, bajo el título general: "Tres ensayos sobre el germanófilo"; en esta edición el texto ha sido revisado y corregido en algunos aspectos (quedando la versión original de 2018 intacta para su consulta).

"Filogermánico" y "germanófilo" son sinónimos, el maestro Jorge Luis Borges los denominaba, en la década de 1940, simplemente como germanófilos, dibujando un semblante del partidario del nazismo de esos días; debemos aclarar que, en realidad, los del presente no son germanófilos, sino neonazis. Lo que sí debemos hacer es no confundir esa designación con el “pangermanismo” que implica una organización política-ideológica cuya finalidad era la unificación o expansión de Alemania, según la coyuntura histórica del momento.

El concepto de germanófilo o filogermánico es muy amplio, podemos aplicarlo a una variedad de ramas sobre la cultura alemana: el arte, la música, la literatura, etc., pero debemos hacer una aclaración: es importante desligar la germanofilia cultural (amor por la música, la ciencia alemana, la filosofía de Kant y otros) de los símbolos del nacionalsocialismo de mediados del siglo XX, como la esvástica, que no representan a la germanofilia tradicional, sino a una ideología política totalitaria concreta. 

Por lo señalado, aquí nos referiremos -exclusivamente- al amante de la guerra y partidario de la Alemania nazi, de esos que abundan en internet y de aquellos herederos de la España fascista (falangista) que no tienen vergüenza alguna en declarar su “amor” al hombre del bigotillo ridículo y a su doctrina que ha sobrevivido por décadas. Recordemos que la variante del fascismo europeo en España fue la única que triunfó en la guerra mundial, por obra y gracia de los nazis… y esa victoria se consolidó en la posguerra gracias a los Estados Unidos.


La Asamblea General de la ONU, mediante Resolución 39 (I) de 12 de diciembre de 1946, condenó con dureza al régimen franquista, definiéndolo como un sistema de “carácter fascista” que fue impuesto por la fuerza con la ayuda de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Se constató que Franco aportó una ayuda considerable a las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y, en consecuencia, la ONU excluyó a España de los organismos internacionales y recomendó la retirada inmediata de los embajadores de Madrid, propició un absoluto aislamiento internacional al régimen basándose en su origen fascista y su complicidad con el nazismo. Sin embargo, hay que dejar aclarado que, en ningún apartado del texto de la resolución se juzga, acusa o declara a la persona de Francisco Franco formalmente como "criminal de guerra". La ONU carece de facultades judiciales penales para emitir sentencias individuales de esa naturaleza, por lo mismo, nunca emitió una orden judicial ni una declaración formal de criminal de guerra contra el dictador.

Es común escuchar el término “filogermánico”, es decir, aquel que siente estima o admiración por todo lo alemán; y, en lo que respecta a la guerra mundial muchos españoles aducen defender el honor de las fuerzas armadas (Wehrmacht), otros dicen apartarse de los crímenes de las SS; otros, más radicales, resguardan directamente todo lo que tiene que ver con las “bondades” del nazismo y sueñan con la excelencia moral del combatiente alemán, "añoran" -a pesar de no tener idea- la formación cultural e ideológica del soldado prusiano, como ejemplo a imitar en su propia cultura.

Debemos reflexionar sobre el vigente e imprudente morbo de muchos aficionados a la historia militar y su dramatizada “valoración” ética de las tropas alemanas en la segunda guerra mundial. Este post no pretende analizar las bandas neonazis del presente que, al parecer, cuentan con apoyo político de círculos duros de la política española, por lo que suelen gozar de cierta impudicia en algunos actos en que participan, sin dejar a un lado la evidente presencia de partidarios en las fuerzas de seguridad. ¿Cómo fue esto posible? Lo hemos dicho, el fascismo ganó la guerra en España y su influencia perdura a pesar de la actual etapa democrática.

No estamos para juzgar a nadie, cada cual puede ser admirador de quien le plazca y ser capaz de mantener su opinión, hasta elegir el autoengaño si eso le da algún tipo de satisfacción. Tampoco se puede desconocer el interés histórico de muchas personas, en verdad existe gente que le apasiona el tema de la segunda guerra mundial, pueden ser lectores aficionados o ilustrados académicos, y, sin lugar a dudas, suelen adquirir y hasta leer libros sobre la temática. Eso, en general, es loable, es cultura... aunque no sirva de nada. 

Hay quienes se empeñan en conocer o estudiar a fondo la guerra mundial y, a pesar de que ciertos datos fascinan son inútiles, en la vida real -en efecto- no sirven en ningún sentido. Aquellos "especialistas" en conocimiento inútil han dedicado gran parte de sus vidas a estudiar cosas abstractas, solo por el "placer" de saberlo, aunque "no sirva para nada". Un ejemplo, términos modernos e irónicos como "erudición de alcantarilla" o "cultura trivial" suele usarse en internet hasta para burlarse de uno mismo cuando la persona se da cuenta de que sabe perfectamente la genealogía completa del hombre con el bigote chaplinesco, pero que no sabe cómo declarar sus impuestos. "Datos interesantes, pero inútiles", curiosidades que no sirven un carajo; o, usando un término filosófico: "la utilidad de lo inútil" (perdonando la redundancia).

Leer obsesivamente sobre la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva nazi entra perfectamente en la categoría de estudiar cosas abstractas, aún más, tenemos un matiz muy importante: este tipo de lectores suele cruzar la línea entre lo abstracto y lo ideológico, tiene el gran peligro de convertirse en lo que se denomina "sesgo de confirmación", es decir, leer "sin ton ni son" (sin un método crítico), el cerebro empieza a normalizar y dar por válidas ideas sesgadas o directamente falsas porque son las únicas que consume.




Consumir únicamente esa versión de la historia genera un fenómeno psicológico y educativo muy específico, no se está estudiando "historia abstracta", sino adoctrinándose en propaganda política y militar del siglo XX. Al leer solo esa versión, la persona se convierte en un "experto" en los argumentos que justifican el nazismo, no en los hechos reales. A esta persona, en su investigación, no le importa en absoluto la falta de rigor historiográfico. Sabemos que en la ciencia de la historia, estudiar una sola fuente se considera un error metodológico grave. Para entender ese periodo, los historiadores -por supuesto- estudian los documentos nazis, pero los contrastan con los archivos aliados, soviéticos y los testimonios de las víctimas. Para que deje de ser "conocimiento inútil" o peligroso, lo ideal es asumir la lectura con pensamiento crítico; es importante observar los análisis de historiadores modernos sobre cómo funcionaba la máquina de propaganda alemana (que no dista mucho de parecerse a la actual en cuanto a política internacional). Es la forma en que podemos aprender a detectar cómo se manipula la historia, una habilidad que sí es sumamente útil hoy en día.
Volviendo con nuestros supuestos "germanófilos" del siglo XX y XXI, individuos de ese círculo suelen ser empedernidos coleccionistas de libros sobre la guerra mundial, de las biografías y diarios de generales alemanes y sus aliados que en la posguerra presentaron “Memorias” desde su punto de visto subjetivo, aplicando el "ejercicio colectivo de autoexculpación". No cuestionamos que lean, al contrario, sería de elogio que existiera un esfuerzo metódico de aprendizaje para compartir o debatir en un foro de historia; pero la realidad es otra. Muchos de éstos pseudo germanófilos intentan confundir el todo con explicaciones traídas de los pelos principalmente en sitios web pro-nazis, bajo la ayuda de una supuesta literatura "revisionista" (suelen “aclarar” que el sitio es solo para ‘nacionalsocialistas’).

Es en España donde el filogermanismo y la propaganda nazi comparten créditos desde los remotos tiempos en que la raza aria quedó sepultada en el bunker de Berlín. España es el país con más ediciones de ‘Mi lucha’ fuera de la Alemania de hace 80 años, y donde se continúa reeditando “clásicos” como las obras de Carlavilla… España, a fin de cuentas, sigue siendo el paraíso de los neonazis, por encima, incluso, de Alemania (donde al menos -sobre el papel- está ilegalizado). Fue en España donde hace unas décadas reinaba la CEDADE, una importante organización neonazi, una de las más importantes de Europa, con un impresionante aparato propagandístico editorial para la distribución de material neonazi. Tras su final, no desapareció por completo, tuvo una evolución ideológica, una transformación, muchos de sus antiguos miembros se integraron o fundaron posteriormente partidos políticos de extrema derecha (como Democracia Nacional) u otras asociaciones de carácter revisionista y ultra-nacionalista que operan bajo marcos legales diferentes.





Los “intelectuales” germanófilos de la guerra en lengua castellana siguen existiendo al sol de hoy ('cara al sol' sería lo más adecuado), dicen ser “para nada neonazis”, al tiempo que encuentran ofensivo el tono de reconocidos académicos contra los generales alemanes, pero no se ofenden si “cobarde” es el término utilizado contra italianos u otros aliados…; sin embargo, “hay que ver la que se monta cada vez que alguien duda de la inmaculada potencia y honorabilidad del ejército alemán…”. Los filogermánicos o germanófilos de internet suelen rasgarse  las vestiduras en defensa de la decencia de la Wehrmacht, llegando a separar el conjunto en “soldados buenos” y “nazis malos”, como última opción.

El filogermánico se considera una eminencia en estrategia militar por el mero hecho de haber leído algunas “Memorias” de sus ídolos guerreros. Por ejemplo, se siente en capacidad de “recrear” las tácticas de los cuerpos acorazados de Manstein o Guderian (ese solo "talento" le haría merecedor a una cátedra en una escuela militar); más, se irrita ante la falta de reconocimiento público de su sapiencia como "historiador" militar y "estratega de guerra" (aunque nunca haya recibido formación en ese sentido). La afición a compilar material literario sobre temas bélicos no refleja necesariamente en su poseedor el ser portador de conocimiento sobre la temática. Suelen sentir orgullo de su biblioteca, la presumen y se autoproclaman eruditos en la ciencia de la historia, “críticos” es un autocalificativo muy apetecido, sin poseer formación académica en la materia, con recitar o transcribir citas de sus autores favoritos es más que suficiente.

Lo hemos dicho, esto no es más que una subcultura banal, propensión del círculo neonazi a presumir "conocer" la verdad histórica de la segunda guerra mundial (versión propaganda nazi); pretender evidenciar todo ese conocimiento en forma de discurso es algo estéril, impráctico, inútil, pero el fanático lo atesora, siente orgullo de ello, no es capaz de entender el ridículo que hace ante un foro culto y especializado.

Existe un antídoto para ello, una selecta y correcta lectura de investigación adaptada para un lector apasionado por esa etapa histórica y que no tiene otra formación más que su afición por la historia; y, sobre todo, autoreconocimiento de sus límites (un real investigador, un historiador académico necesita muchos años de dedicación continua para elaborar sus hipótesis sobre determinado suceso). En nuestro trabajo: “Historiografía de la segunda guerra mundial”, explicamos la forma cómo debemos valorar la narrativa de la guerra dentro del proceso histórico. Y, hay que decirlo, tampoco desechamos al “revisionismo”, por el simple argumento de que un escritor debe saber que piensan aquellos individuos que han decidido dedicar parte o su vida entera a defender la mentira de una causa aberrante.





No dejemos de puntualizar que debemos diferenciar los géneros literarios, en los que se incluye la novela histórica de guerra, porque, los proclamados literatos “revisionistas” suelen fusionar ficción, mitos, mentiras y falsedad documental con hechos históricos reales, a esa combinación lo han denominado “revisionismo”. Leer autores “revisionistas” neonazis es apostar por una subcultura que infunde el engaño como arma política, no solo eso, nos encamina a la discriminación u odio racial y religioso. Todo eso causa -como efecto- el aislamiento social permanente de aquel individuo que se aferra y fanatiza en esa literatura, volviéndolo desconfiado y paranoico porque todo lo que sucede en el mundo, imperiosamente, tiene que ser obra de una conspiración…

En adelante, el Maestro Jorge Luis Borges nos explica este fenómeno, desde su perspectiva viva, surgida en el mismo instante del apogeo y conquista nazi de Europa. Las siguientes líneas son reproducidas en el libro “Textos cautivos” (1986), una antología de ensayos, reseñas y notas críticas escritas por Borges, pero originalmente fueron publicadas en las revistas argentinas 'Sur' y 'El Hogar' entre 1936 y 1940 (y en otros periodos, según la edición).


Parte 2

Definición del germanófilo


Jorge Luis Borges
13 de diciembre de 1940



Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Schopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor "germanófilo" apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

La ignorancia plenaria de lo germánico no agota, sin embargo, la definición de nuestros germanófilos. Hay otros rasgos privativos, quizá tan necesarios como el primero. Uno de ellos: al germanófilo le entristece muchísimo que las compañías de ferrocarriles de cierta república sudamericana tengan accionistas ingleses. También le apesadumbran los rigores de la guerra sudafricana de 1902. Es, asimismo, antisemita; quiere expulsar de nuestro país a una comunidad eslavo-germánica en la que predominan apellidos de origen alemán (Rosenblatt, Gruenberg, Nierenstein, Lilienthal) y que habla un dialecto alemán: el yiddish o juedisch.

De lo anterior cabría tal vez inferir que el germanófilo es realmente un anglófobo. Ignora con perfección a Alemania, pero se resigna al entusiasmo por un país que combate a Inglaterra. Ya veremos que tal es la verdad, pero no toda la verdad, ni siquiera su parte significativa. Para demostrarlo reconstruiré, reduciéndola a lo esencial, una conversación que he tenido con muchos germanófilos, y en la que juro no volver a incurrir, porque el tiempo otorgado a los mortales no es infinito y el fruto de esas conferencias es vano.

Invariablemente mi interlocutor ha empezado por condenar el Pacto de Versalles, impuesto por la mera fuerza a Alemania en 1919. Invariablemente yo he ilustrado ese fallo condenatorio con un texto de Wells o de Bernard Shaw, que denunciaron en la hora de la victoria ese documento implacable. El germanófilo no ha rehusado nunca ese texto. Ha proclamado que un país victorioso debe prescindir de la opresión y de la venganza. Ha proclamado que era natural que Alemania quisiera anular ese ultraje. Yo he compartido su opinión. Después, inmediatamente después, ha ocurrido lo inexplicable. Mi prodigioso interlocutor ha razonado que la antigua injusticia padecida por Alemania la autoriza en 1940 a destruir no sólo a Inglaterra y a Francia (¿por qué no a Italia?), sino también a Dinamarca, a Holanda, a Noruega: libres de toda culpa en esa injusticia.

En 1919 Alemania fue maltratada por enemigos: esa todopoderosa razón le permite incendiar, arrasar, conquistar todas las naciones de Europa y quizá del orbe... El razonamiento es monstruoso, como se ve.

Tímidamente yo señalo ese monstruo a mi interlocutor. Este se burla de mis anticuados escrúpulos y alega razones jesuíticas o nietzscheanas: el fin justifica los medios, la necesidad carece de ley, no hay otra ley que la voluntad del más fuerte, el Reich es fuerte, la aviación del Reich ha destruido a Coventry, etcétera. Yo murmuro que me resigno a pasar de la moral de Jesús a la de Zarathustra o de Hormiga Negra, pero que nuestra rápida conversión nos prohíbe apiadarnos de la injusticia que en 1919 sufre Alemania. En esa fecha que él no quiere olvidar, Inglaterra y Francia eran fuertes; no hay otra ley que la voluntad de los fuertes; por consiguiente, esas naciones calumniadas procedieron muy bien al querer hundir a Alemania, y no cabe aplicarles otra censura que la de haber estado indecisas (y hasta culpablemente piadosas) en la ejecución de ese plan. Desdeñando esas áridas abstracciones, mi interlocutor inicia o esboza el panegírico de Hitler: varón providencial cuyos infatigables discursos predican la extinción de todos los charlatanes y demagogos, y cuyas bombas incendiarias, no mitigadas por palabreras declaraciones de guerra, anuncian desde el firmamento la ruina de los imperialismos rapaces. Después, inmediatamente después, ocurre el segundo prodigio. Es de naturaleza moral y es casi increíble.

Descubro, siempre, que mi interlocutor idolatra a Hitler, no a pesar de las bombas cenitales y de las invasiones fulmíneas, de las ametralladoras, de las delaciones y de los perjurios, sino a causa de esas costumbres y de esos instrumentos. Le alegra lo malvado, lo atroz. La victoria germánica no le importa; quiere la humillación de Inglaterra, el satisfactorio incendio de Londres. Admira a Hitler como ayer admiraba a sus precursores en el submundo criminal de Chicago. La discusión resulta imposible porque las fechorías que imputo a Hitler son encantos y méritos para él. Los apologistas de Artigas, de Ramírez, de Quiroga, de Rosas o de Urquiza disculpan o mitigan sus crímenes; el defensor de Hitler deriva de ellos un deleite especial. El hitlerista, siempre, es un rencoroso, un adorador secreto, y a veces público, de la "viveza" forajida y de la crueldad. Es, por penuria imaginativa, un hombre que postula que el porvenir no puede diferir del presente, y que Alemania, victoriosa hasta ahora, no puede empezar a perder. Es el hombre ladino que anhela estar de parte de los que vencen.

No es imposible que Adolf Hitler tenga alguna justificación; sé que los germanófilos no la tienen.

Jorge Luis Borges

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