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21 junio 2024

Operación "Paperclip": Datos que quizá usted desconoce



por Tito Andino U.

Recopilación y síntesis de  varias lecturas

en inglés y castellano.


Probablemente ya no es de mucho interés hablar sobre el "Paperclip", es decir, la operación militar que trasladó cientos de científicos nazis a los Estados Unidos, la historia de Wernher von Braun y otros tantos profesionales técnicos en misiles, aeronáutica y diseños aeroespaciales, el tema está ampliamente documentado, incluso con mirar excelentes documentales en Youtube sería suficiente para conocer el tema sobradamente.

Dos libros, con un material documental increíble, siguen siendo parte de las mejores investigaciones sobre el tema, nos basamos preferentemente en ellos para desvelar la trama (más otras fuentes que se irán citando), "Proyect Paperclip. German Scientists and the Cold War" (1971) de Clarence G. Lasby; y,  "Operation Paperclip: The Secret US Intelligence Program That Brought Nazi Scientists to America" (2014) de Annie Jacobsen. Unas últimas investigaciones de importancia utilizan ya documentos desclasificados a principios del siglo XXI. "The Brothers: John Foster Dulles, Allen Dulles, and Their Secret World War", de Stephen Kinzer (columnista de The Guardian), 2013; y, "The Nazis Next Door: How America Became a Safe Haven for Hitler's Men", del premio Pulitzer, Eric Lichtblau del The New York Times (2014). 

"Paperclip" tiene algunos aspectos poco conocidos o que conociéndolos pasan inadvertidos pero relevantes dentro del contexto general del tema. Por ejemplo, en marzo de 1944, la Gestapo se enteró que Wernher von Braun había expresado en público su posición derrotista sobre las posibilidades de Alemania en la guerra y que su deseo era diseñar una nave espacial en lugar de un arma. Los líderes de las SS utilizaron esa información, junto con el cargo falsificado de que von Braun tenía inclinaciones comunistas, para encarcelarlo durante dos semanas en la sede de la Gestapo en Stettin. (No importó que von Braun haya tenido un grado honorario equivalente a mayor o comandante de las SS en 1943, fue un SS-honorario de 1940-1945).


Antecedente

La pseudo ciencia en el país nazi o el "socialismo mágico" impulsó inadvertidamente el desarrollo del arma nuclear estadounidense.



Comúnmente ignoramos que la Alemania nazi, en las altas esferas del poder, estaba dirigida por místicos, brujos y otros charlatanes chiflados. Los nazis no triunfaron por su doctrina política, económica o social, si no por la sigilosa imposición en la conciencia colectiva alemana de principios religiosos y "mágicos". 

Para alguien culto no es novedad saber que el nazismo fue rabiosamente anti-intelectual, mandó a la hoguera libros científicos y rechazó el estudio de los físicos teóricos del campo "enemigo" por ser "judeo-marxistas" implantando la "ciencia aria". "Hay una ciencia nórdica y nacionalsocialista que se opone a la ciencia judeoliberal" declaraba Hitler. 

Los nazis rechazaron la ciencia para dar paso a la pseudo ciencia al estilo del austríaco Hans Horbinger, sí, aquel personaje de la teoría del "hielo eterno" (WEL) y de otros partidarios de teorías como la "tierra cóncava". Por lo mismo, no debe sorprender que la educación (adoctrinamiento) en la enseñanza escolar de la era nazi impartiera materias sobre mitos y doctrinas cosmologías absurdas, esa fue la ‘ciencia oficial’ en la era de la Alemania nazi.


Hans Horbinger

Hans Horbinger en el verano de 1925 remitió una carta "profética" a la casa de todos los sabios de Alemania y de Austria. Era un ultimátum: "Es preciso elegir entre estar con nosotros o contra nosotros. De la misma manera que Hitler limpiará la política, Hans Horbiger barrerá las falsas ciencias. La doctrina del hielo eterno será el símbolo de la regeneración del pueblo alemán. ¡Tened cuidado! ¡Formad a nuestro lado antes de que sea demasiado tarde!". 

Hitler en el poder apoyó abiertamente a Horbinger, las universidades continuaron enseñando la astronomía ortodoxa, pero algunos científicos -al son de los tiempos- se convirtieron en creyentes de la doctrina del hielo eterno.

En el mundo real los ingenieros alemanes vieron retrasar sus investigaciones, en un caso hasta dos meses, en el desarrollo de los cohetes V-2, gracias a los propios jefes nazis. El general Walter Dornberger director de pruebas en Peenemünde confirmaba en sus Memorias que los ensayos debían interrumpirse para someter sus informes a los apóstoles de la cosmogonía horbigeriana porque, en una ocasión, el Führer había soñado que las V-2 no funcionarían, o bien que el cielo tomaría venganza. "Se trataba, ante todo, de saber cómo reaccionaría en los espacios el "hielo eterno", y si la violación de la estratósfera no desencadenaría algún desastre sobre la Tierra", refieren los autores del libro "El retorno de los brujos", Jacques Bergier y Louis Pauwels.

Aquello debió haber provocado, a más de risas, preocupación en los ingenieros alemanes, gente como Wernher von Braun y otros cuyos trabajos marcaron el origen de los cohetes que lanzaron al cielo los primeros satélites artificiales, sufrieron ese tipo de retrasos en la puesta a punto de las V2.

El doctor Heinz Fisher, científico que fuera trasladado a los Estados Unidos en 1945, declaró: "Los nazis me hacían realizar un trabajo de locos, lo que entorpecía considerablemente mis investigaciones". Fisher fue perturbado en sus investigaciones al ser transferido a la expedición de la isla de Rugen que tenía como objetivo demostrar la hipótesis de la "Tierra cóncava". Para quienes no lo saben, Heinz Fisher fue el científico que en 1957 consiguió el método para controlar la bomba de hidrógeno. Con toda razón Bergier y Pauwels se preguntaron "lo que habría ocurrido y cómo se habría desarrollado la guerra si las investigaciones del doctor Fisher no hubiesen sido interrumpidas en provecho del místico Peter Bender..." (el de la teoría de la tierra cóncava). 

La técnica, la ciencia, la organización alemana eran y siguieron siendo comparables y hasta superiores a la de otras potencias de la época, mas, los científicos tuvieron que guardar silencio al observar horrorizados como la ciencia y la técnica eran fusionadas con el "pensamiento mágico" a raíz que la guerra se revertía en contra de los nazis. 

"Altos dignatarios nazis y expertos militares negaron pura y simplemente lo que parece evidente a un niño de nuestro mundo civilizado, a saber, que la Tierra es una bola llena y que nosotros estamos en la superficie. Nos parece absolutamente insensato que los hombres encargados de la dirección de una nación hayan podido fundar en parte su conducta sobre intuiciones místicas que niegan la existencia de nuestro Universo".

Los nazis, pese a sus arrogancias de "seres superiores" (fruto del lavado cerebral) eran hombrecillos de pueblo, oponentes de la cultura y de la inteligencia, consideraban más admisibles las ideas de Bender que las teorías físicas de Albert Einstein a quien negaron todo valor e iniciaron su persecución al igual que a otros sabios y científicos. Einstein, Fermi, Teller y muchos otros emigraron, acogidos en los Estados Unidos pudieron continuar sus trabajos. Es por allí donde debemos encontrar el origen del poderío atómico americano, "la marea de las fuerzas ocultas de Alemania dio la energía nuclear a los americanos", sentencian Bergier y Pauwels.

La intromisión del culto nazi en la ciencia afectó grandemente a los reales trabajos de investigación científica y otros proyectos, algunos entendidos estiman que Alemania gastó más en las investigaciones de la "Ahnenerbe" que América en la fabricación de la primera bomba atómica. Los científicos alemanes se vieron privados de financiamiento, con los escasos recursos asignados demostraron lo que miles de millones de marcos desperdiciados en la "búsqueda ancestral" y "sobrenatural" (ocultismo) no pudieron conseguir en la Ahnenerbe, siendo el propio Führer quien autorizó el derroche de los recursos de la nación, intentando desde la nada reformar la historia germánica en menosprecio de la verdadera ciencia, la "ciencia oficial" como despectivamente etiquetaban los nazis (y hoy sus partidarios).

Si el jefe de las SS, Heinrich Himmler, hubiese sobrevivido y comparecido en el proceso de Nuremberg, ¿qué habría podido decir en su defensa?


Cuestiones preliminares sobre la Operación "Paperclip". 




Es cierto que los esfuerzos para apoderarse de los recursos humanos alemanes cumplieron con creces las expectativas de los Estados Unidos en el estudio científico y desarrollo tecnológico fortaleciendo su seguridad nacional durante la Guerra Fría. Más la verdadera trama de "Paperclip" apenas fue conocida, su historia comenzó a entenderse a profundidad en la década de 1980 tras la desclasificación de sus archivos, desde entonces es posible emitir un juicio de valor sobre el programa "Paperclip". 

Cuando la segunda guerra mundial se acercaba a su fin el Estado Mayor de los Estados Unidos inició un programa antecesor a "Paperclip" (Operación Overcast), en principio a espaldas del presidente Roosevelt. En poco tiempo, alrededor de 1.600 científicos nazis fueron sacados de Alemania para trabajar contra la Unión Soviética. Entre sus investigaciones constan el desarrollo de misiles, armas químicas, el uso de psicotrópicos en la tortura y posteriormente la famosa conquista del espacio, llegando a otorgárseles la dirección de esos programas, en algunos casos se evidenció su inclinación ideológica.


Aclaración. La mayor equivocación que suelen acarrear tanto el público como los investigadores aficionados a la historia de los nazis y de la inmediata posguerra es la consideración de que von Braun y su grupo -en general todos los "rescatados" por la "Operación Paperclip"- arribaron a los Estados Unidos con el propósito de apoyar el programa espacial, dato falso. En esos momentos no existía programa espacial alguno, ni la NASA estaba constituida (al menos no con ese nombre). Debe quedar claro que antes del gobierno del presidente Eisenhower, con el que inició en 1955 el proyecto del satélite Vanguard, era inexistente el programa espacial.


¿Cuál fue la función de la mayor parte de los técnicos aeroespaciales del programa "Paperclip"? Éstos arribaron a los Estados Unidos para apoyar y desarrollar la carrera armamentista en dura rivalidad con la Unión Soviética, debemos tener en cuenta que empresas estadounidenses de cohetes formadas en la segunda guerra mundial ya trabajaban en el diseño y producción de armamento de nueva tecnología, en especial en la aviación de combate. 

El aporte alemán complementó la adaptación tecnológica respecto a los motores de cohetes y reactores, la aerodinámica supersónica, control y orientación, la medicina aeroespacial; y, "para el desarrollo de misiles guiados, el grupo de von Braun aceleró la integración de la tecnología alemana de cohetes de propulsión líquida. La fuerza impulsora del desarrollo de cohetes después de la segunda guerra mundial, y especialmente después de 1950, fue la carrera de armamentos nucleares. Los V-2 y los nuevos cohetes sonda estadounidenses alcanzaron la atmósfera superior extrema y el espacio cercano para comprender el entorno por el que viajarían los misiles. Hasta el proyecto Vanguard y el satélite soviético Sputnik, la exploración espacial era sólo un efecto secundario y una ocurrencia tardía". (Michael Neufeld, "Project Paperclip and American Rocketry after World War II").


Wernher von Braun (NASA / Facción Científica / Corbis)

¿Quiénes estaban tras "Paperclip"?

Algunas fuentes son precisas en determinar que la Operación "Paperclip" se organizó e implementó por un cuerpo de élite de oficiales de inteligencia de los Estados Unidos, estrechamente relacionados con los principales intereses bancarios y corporativos. Tanto la OSS como la CIA, "desde su creación eran agencias de espionaje elitistas controladas por un grupo de abogados y banqueros de Wall Street cuyos clientes eran las principales empresas agresivas de Estados Unidos y Alemania. Estos "viejos muchachos" formaron una dirección entrelazada". 

En el libro, "The Old Boys: The American Elite and the Origins of the CIA" (1992) (Los Viejos Mucchachos: la élite estadounidense y los orígenes de la CIA) de Burton Hersh, se documenta cómo los intereses financieros influyeron desproporcionadamente en la formación de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en 1942 y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en 1947, los casos de William Donovan, Allen Dulles, Frank Wisner y John McCloy en la posguerra lo comprueba. Son los nombrados, entre otros, quienes "sabotearon la acusación en Nuremberg para proteger a sus clientes corporativos alemanes como Krupp AG, el fabricante de armas y el conglomerado químico, IG Farben, fabricante del gas Zyklon B, el gas utilizado para asesinar a millones de judíos y otros ´indeseables´; protegieron a sus clientes corporativos estadounidenses que se sentaron en las juntas directivas de los bancos nazis durante la guerra, que podrían haber sido juzgados por traición. Estos "Old Boys" violaron las leyes de Estados Unidos y anularon las órdenes de los presidentes". (Nota del editor del blog: Ver: John McCoy el libertador de los asesinos de despacho nazis)

Investigadores como Annie Jacobsen señalan que fue un proceso "sin precedentes, completamente sin principios, e intrínsecamente peligroso". Una conspiración tácita por parte de oficiales de la inteligencia militar, de la OSS (CIA) y el FBI. Defendían el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios, más importante que defender la democracia, ya que al obtener la tecnología alemana podrían vencer a los soviéticos no solo en la carrera armamentista si no en una potencial guerra entre las superpotencias; y, hasta se cuestiona si aquellos personajes influyeron en las políticas estadounidenses durante la Guerra Fría ya que de allí se sugiere aparecen proyecto como el MKUltra, la Operación Bluebird, Artichoke, entre otras. 

"Operation Paperclip: The Secret US Intelligence Program That Brought Nazi Scientists to America" (Operación Paperclip: El programa secreto de inteligencia de los Estados Unidos que llevó a los científicos nazis a América) publicado por Annie Jacobsen, es una magnífica reseña basada exclusivamente en los documentos desclasificados desde 1998, incluye registros de inteligencia del ejército, archivos del FBI, la CIA, científicos, agentes alemanes y criminales de guerra, bajo el amparo de la Ley de divulgación de crímenes de guerra nazis de 1998. 

La investigación demuestra que no hubo remordimiento alguno al momento de "contratar" a muchos siniestros personajes del régimen nazi que tuvieron como método de investigación el absoluto desprecio por los seres humanos sometidos a experimentos o esclavizados para la producción de armas y explotación de recursos.

Es verdadero que "Paperclip" contribuyó significativamente a la tecnología, el desarrollo de cohetes, la preparación militar y, posteriormente, los vuelos espaciales estadounidenses. No obstante, tuvo un costo moral al acoger e integrar a personas que debieron enfrentar a la justicia por crímenes de guerra. Los Estados Unidos encubrieron fácilmente los registros nazis y excusaron a muchos de esos técnicos, sobre todo a finales de la década de 1940 y principios de 1950 con la fiebre anticomunista y la caza de brujas del macartismo. No hubo la menor intención para descartar a verdaderos criminales (o infractores, para ser suaves). O éstos ingenieros y científicos de "Paperclip" eran todos criminales nazis o todos unos genios tecnológicos, refuta Michael Neufeld (artículo citado).


Operación "Paperclip" fue de conocimiento público 


Izquierda: El misil balístico de combustible líquido Redstone del Ejército de EE. UU., que se muestra en el Centro Stephen F. Udvar-Hazy, desarrollado por el equipo de von Braun en Huntsville, Alabama. De vital importancia para los posteriores y primeros programas espaciales y de misiles de Estados Unidos. Derecha: El Dr. Wernher von Braun con sus superiores del ejército, el mayor James Hammill (izquierda) y el coronel Holger Toftoy (centro) a finales de la década de 1940. (Ejército EEUU)


Es imprescindible señalar que el proyecto "Operación Paperclip" no era tan secreto como normalmente pensamos. Al contrario, fue publicitado, se hizo de conocimiento general, pero los detalles adicionales sobre los proyectos iniciados por los científicos nazis en Estados Unidos siguieron siendo materia clasificada.

El Departamento de Guerra hizo varias campañas publicitarias hasta noviembre de 1946, las autoridades del gobierno y los militares reiteraron en diversas ocasiones, por medio de declaraciones oficiales, que ninguno de los miembros de "Paperclip" eran nazis fervientes o presuntos criminales de guerra (por supuesto a nadie se le ocurrió calificarlos de nazis), eran -decían las autoridades- científicos alemanes no comprometidos con el régimen hitleriano.

La única expresión de la opinión pública nacional se expresó con una encuesta de Gallup Inc. (empresa estadounidense de investigación y consultoría, conocida en todo el mundo por sus encuestas de opinión), el 11 de diciembre de 1946, el pueblo estadounidense desaprobó el concepto general del programa. En el cuestionario se preguntaba: "Se ha sugerido que traigamos a Estados Unidos a mil científicos alemanes que solían trabajar para los nazis y que trabajarán con nuestros propios científicos en problemas científicos. ¿Crees que es una buena o mala idea?" Los encuestados consideraron la propuesta como una "mala idea" en una proporción de aproximadamente diez a siete. Según explica Clarence G. Lasby, creador del Proyecto "Paperclip", en su libro "Proyect Paperclip. German Scientists and the Cold War" (1971), los que estaban en contra creían que los alemanes aún eran nazis y no se podía confiar en ellos; creían que podían influenciar en la gente a pensar como ellos; que podrían obtener conocimientos de los estadounidenses y usarlos en su contra algún día, que la nación no los necesitaba. 

Por el otro lado, los partidarios de contar con los técnicos alemanes expresaron que Estados Unidos podría beneficiarse de sus ideas e investigaciones; que los alemanes son líderes en la ciencia; que tal arreglo contribuiría a una mejor comprensión entre las dos naciones; y que era mejor tener a los científicos aquí que en Rusia. La gran mayoría de los que dijeron "sí" también pensaron que el gobierno debería hacer lo posible para que se conviertan en ciudadanos estadounidenses. 

La campaña en contra fue más elocuente, los cuestionamientos de la prensa y sociedad civil por las implicaciones del potencial industrial del enemigo, así como la falta de remordimientos y escrúpulos de gran parte de la interminable cosecha de científicos. Se denunciaba la inexistencia de un plan detallado para controlar a los científicos, muchos otros  reflexionaban si aquello constituiría una "triple amenaza" para la paz. Se consideraba a esos individuos como peligrosos y potenciales portadores del odio racial y religioso; su pertenencia anterior como miembros o  simpatizantes del Partido Nazi planteaba el problema de su aptitud para convertirse en ciudadanos estadounidenses u ocupar cargos clave en las instituciones industriales, científicas y educativas de los Estados Unidos. 

La reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (diciembre 1946) denunció el "desequilibrado" sentido de los valores éticos de los militares y su exagerada acumulación de meros "técnicos". El 23 de diciembre de ese año, varios académicos de la Universidad de Syracuse protestaron por la intención de los militares de colocar a los alemanes en instituciones académicas, decían en carta al New York Times: "No nos oponemos porque sean ciudadanos de una nación enemiga, sino porque eran y probablemente aún son nazis... Consideramos que está por debajo de la dignidad de los científicos el trabajar con los servidores voluntarios de Hitler, Goering y Himmler". 

Otros presentaron propuestas que buscaban paralizar la economía alemana, reducir su territorio, castigar a una "gran masa" de criminales de guerra, suspender las cuotas de inmigración alemana durante doce años, exceptuando a las víctimas o exiliados del régimen de Hitler y exigiendo la repatriación de los científicos a su país de origen lo antes posible. Temían por "el resurgimiento de una quinta columna alemana ..." 

La pequeña pero prestigiosa Federación de Científicos Americanos (FAS) creada en el otoño de 1945 por un grupo de científicos atómicos se opusieron al proyecto de ley del ejército para el control interno de la energía atómica. El FAS pedía que ese control debía recaer mediante un compromiso internacional que controlara el desarrollo de la bomba atómica y otras actividades relacionadas, sus campañas nacionales e internacionales fracasaron. Hasta la Unión Soviética, en diciembre de 1946 manifestó su descontento, en marzo de 1947 lo rechazaron de plano. "La acción soviética privó al FAS de un programa definido y un sentido de dirección, y condujo al pesimismo, a la incertidumbre, al desacuerdo y al entusiasmo menguante entre sus miembros. Fue durante este tiempo de crisis y reevaluación que llegaron a considerar los méritos del Proyecto Paperclip". 

Lasby refiere que "en medio del caos, equipos de inteligencia estadounidenses compitieron con sus homólogos de Inglaterra, Francia y Rusia en una carrera por "reparaciones intelectuales", incluida la redada de expertos científicos alemanes... Joseph Stalin se indignó al saber que sus soldados no habían capturado ni siquiera a uno de los principales expertos en cohetes alemanes. "Esto es absolutamente intolerable", se quejó a uno de sus generales. "Derrotamos a los ejércitos alemanes; ocupamos Berlín y Peenemünde; pero los estadounidenses se quedaron con los ingenieros de cohetes. ¡Qué podría ser más repugnante e imperdonable! ¿Cómo y por qué se permitió que sucediera esto?" La respuesta a la pregunta de Stalin es el Proyecto Paperclip.

El asunto "Paperclip" se trasladó al campo de la psiquiatría. El Dr. Douglas M. Kelley, de la Escuela de Medicina Bowman Gray en Wake Forest College, uno de los psiquiatras oficiales en los procesos de Nuremberg, advirtió que la única forma de emitir juicios sólidos sobre cualquier grupo de personas era estudiando a cada miembro individualmente. Para apoyar su punto, informó sobre las diferentes condiciones psicóticas y neuróticas de algunos de los líderes nazis cuyos casos había estudiado: 

"Rosenberg y Streicher probablemente eran personalidades paranoicas; Hitler era neurótico, no psicótico, y tenía histeria de conversión en el estómago; Goering era un extrovertido frustrado; Himmler era un sádico; y, Goebbels tenía un complejo de inferioridad, que compensaba con crueldad". Para concluir, hizo hincapié en que solo los psiquiatras, antropólogos culturales y sociólogos eran competentes para juzgar si los alemanes eran peligrosos para nuestra cultura

Todo indica que esos temores no se cristalizaron nunca, los científicos se portaron bien, trabajaron en silencio e hicieron su tarea a pesar de su obscuro pasado. En total alrededor de 1.600 personas de la ciencia alemana protegidos por las campañas gubernamentales como "buenos científicos" (aunque no todos en lo moral) fueron insertados en las instituciones académicas y militares estadounidenses, detalla Clarence G. Lasby, quien recopiló un excelente material publicado en su libro. Ese trabajo recoge innumerables y variadas opiniones en la sociedad civil estadounidense entre 1945-1947 y la inmediata posguerra con la ocupación militar de Alemania por los Aliados, conforme los Acuerdos de Yalta que estableció el Consejo de Control Aliado y la administración de sus zonas. A los alemanes se les ordenó entregar todos los registros y equipos de investigación a "los representantes Aliados, para tales fines y en los momentos y lugares que prescriban". 

Estados Unidos aun estaba en guerra con Japón, por lo que exigía confiscar y utilizar todo el material y el personal que pudiera tener un valor militar a futuro. En el mes de julio de 1945 las tropas estadounidenses al retirarse a su zona de ocupación llevaron consigo a cientos de expertos industriales, ingenieros aeronáuticos, académicos y profesores universitarios. Se presentaron roces con los soviéticos, por ejemplo, en Merseburg (zona de ocupación soviética), un comandante del ejército rojo se enteró que los estadounidenses habían autorizado al personal de las fábricas de Krupp desmantelar una planta de combustible sintético, el oficial soviético logró detener el retiro del equipo pero todo el personal técnico principal había sido evacuado previamente a la zona estadounidense. "Fue un síntoma general, en los campos fértiles de Sajonia y Turingia abundaban los cultivos y ganado, pero la mayoría de los hombres que habían ocupado sus universidades e industrias se habían ido". 

En ese sentido los estadounidenses se impusieron a los soviéticos. Se decía ya en 1945 sobre las zonas de ocupación que Inglaterra recibió la industria, Rusia la agricultura y los Estados Unidos el escenario. Los oficiales de inteligencia técnica habían acumulado un tesoro científico poniéndolo a buen recaudo en territorio estadounidense. La prensa americana reconocía ese éxito del general Eisenhower, la captura más importante de todo, no eran las armas y soldados, sino los científicos


Portadas de algunos libros mencionados en este reportaje

Otros datos explicativos sobre "Paperclip"

Un antecedente mediato a la "Operación Overcast" pudiera basarse en una historia -no comprobada- sobre una reunión en abril de 1944 en el castillo de Klessheim de Salzburgo, Hitler tranquilizando a Mussolini con información "extraordinaria", testigos de ello serían el mariscal italiano Rodolfo Graziani, Von Ribbentrop, Keitel, Dollman y el embajador alemán en Italia, Rhan. Hitler supuestamente le dijo al Duce: "...tenemos aeroplanos a reacción, tenemos submarinos no interceptables, artillería y carros colosales, sistemas de visión nocturna, cohetes de potencia excepcional y una bomba cuyo efecto asombrara al mundo. Todo esto se acumula en nuestros talleres subterráneos con rapidez sorprendente. El enemigo lo sabe, nos golpea, nos destruye, pero a su destrucción responderemos con el huracán y sin necesidad de recurrir a la guerra bacteriológica para la cual nos encontramos igualmente a punto. No hay una sola de mis palabras que no tenga el sufragio de la verdad. Veréis!".  

(Nota aclaratoria: No se ha podido confirmar fehacientemente aquel relato, las fuentes donde aparece descrito repiten exactamente lo mismo (cita al otro), en su mayoría son libros que detallan historias sensacionalistas, aunque basadas en hechos reales, como: "Los secretos de Hitler" de Abel Basti, con un largo subtítulo que deja en evidencia la utilización de datos no contrastados y/o meras especulaciones: "Los acuerdos de los nazis con los Estados Unidos y los sionistas, y los rastros en la Argentina del Jefe del Tercer Reich" (editorial Sudamericana, 2011). Otro libro en igual sentido, titula: "El Nuevo Esclavo Negro, el segundo incendio mundial" de Fernando Torres Leiva (2015); otro libro: "El enigma nazi: El secreto esotérico del Tercer Reich" (EDAF, 2003, pag. 165-166).


El plan original, previo a "Paperclip", como se ha dicho, fue bautizado como "Operación Overcast" (Operación Nublada), su finalidad primaria era entrevistarse con los científicos nazis expertos en cohetería. La prioridad máxima se estableció cuando se remitió un cable al Pentágono, el 22 de mayo de 1945, señalando la "importancia de evacuar a los técnicos nazis y sus familias por ser algo importante para la Guerra del Pacífico". 

Desde ese momento la precursora de la CIA, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) y otros servicios de inteligencia, así como los científicos de los Estados Unidos tuvieron prioridad para buscar a los sabios alemanes y en secreto ofrecerles continuar su obscuro trabajo bajo el auspicio del mismísimo gobierno de los Estados Unidos.

Aparte de los especialistas en física nuclear y cohetes espaciales, varios equipos de aliados buscaron a los expertos en química, medicina, electrónica, armas navales. Se sabe que el Dr. Harry Armstrong, cirujano general de la Fuerza Aérea, empleó a 58 médicos nazis en el Centro Aéreo Médico de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, dentro del programa "Paperclip". Uno de los mayores logros del inicial proyecto "Overcast" aconteció en mayo de 1945 con el secuestro del experto de la empresa Henschel, Herbert Wagner, inventor del misil Henschel Hs293.

Desde 1945 se observó como los diseños de fantasía vendieron muy bien de cara a las futuras guerras, naturalmente esas "maravillas" eran solo ideas sobre el papel; no obstante, militares y oficiales de la OSS quedaron deslumbrados por aquella "tecnología". Se debe aclarar que sin esos sueños, las ideas de von Braun no se hubieran plasmado en realidad. Públicamente se hicieron declaraciones sin fundamento, quizá era el pretexto perfecto para que no haya oposición al traslado de los científicos alemanes (muchos de ellos nazis) a los Estados Unidos. Eran "mentes raras y elegidas cuya continua productividad intelectual deseamos utilizar", alegaron.

Clarence G. Lasby, describe el furor surrealista entre los oficiales militares de alto nivel sobre la perspectiva de la próxima guerra:

"Como celebración del logro, el coronel de artillería John A. Keck hizo la primera divulgación pública sobre el incomparable ´botín de guerra´. En una conferencia de prensa en París, habló con orgullo sobre la captura y el interrogatorio de mil doscientos científicos de primera línea y le contó a su audiencia algunos de los proyectos más fantásticos: una "pistola solar" que podría aprovechar los rayos del sol, para demoler naciones desde una plataforma a 5.100 millas en el cielo; un cañón de 400 pies y un alcance de 82 millas.... En su intento de llevar la guerra a un nuevo plano científico, ofreció una mirada al futuro: "Estos hombres de mentes extremadamente prácticas y agudas... pusieron a la ciencia por delante de la nacionalidad y se ofrecieron como voluntarios para trasladarse a Estados Unidos y Gran Bretaña para continuar su trabajo".

Las supuestas armas "maravillosas" hasta el presente no pueden ser creadas por incompatibles con las leyes físicas a pesar del enorme desarrollo tecnológico actual, recordemos el fracasado proyecto de la "Guerra de las Galaxias", implementado en el gobierno de Ronald Reagan en la década de 1980, imposible de materializarse aún hoy.

El mencionado Coronel John Keck, era el Jefe del Departamento Técnico del Servicio de Inteligencia del Ejército estadounidense, en junio de 1945 afirmó que los alemanes poseían un proyecto para las futuras estaciones espaciales, por lo que “hemos planeado llevar un gran grupo de sabios e investigadores alemanes a los Estados Unidos”.

Las armas "milagrosas" no fueron "originalidad" exclusiva de mentes alemanas, es cierto que, en parte, el desarrollo de tecnología furtiva (cazas de combate y aviones espías) se debió al avance de las investigaciones y diseños de los técnicos alemanes, pero también los Aliados estaban en etapas avanzadas en el estudio y desarrollo de esa tecnología.  


Los huéspedes de "Paperclip"


"Mientras el mundo entraba en la segunda guerra mundial, otros científicos consideraban al alemán Werner Heisenberg como el físico practicante más grande del mundo. De hecho, fue una de las principales razones por las que aquellos en Los Álamos que lo conocían creían que con Heisenberg liderando un esfuerzo para producir una bomba atómica, Alemania podría ya estar a la cabeza en la carrera. Y si llegaban allí primero, Hitler muy bien podría ganar la guerra. Al final resultó que no hubo carrera, el esfuerzo de Alemania fue patético".


Iniciemos este apartado con otro dato revelador que, quizá usted desconoce. Los británicos también tuvieron su versión del "Paperclip" estadounidense, se lo conoce como "Operación Backfire", formado tras el final de las hostilidades, se diseñó para evaluar totalmente el cohete V-2, interrogar al personal alemán especializado y experimentar con varios misiles a través del Mar del Norte, aprendieron a lanzar misiles balísticos guiados. Tras el exitoso final de las pruebas, la Oficina de Guerra de Londres emitió un informe de cinco volúmenes (Operación Backfire).

Cierto grupo de científicos alemanes en calidad de "huéspedes" fueron trasladados a Farm Hall, cerca de Londres, se comprometieron a no intentar escapar, allí permanecieron desde julio de 1945 hasta los primeros días de 1946, en ese lugar quedaron impresionados por el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Entre las cabezas visibles en Farm Hall estaban los responsables del Programa de Energía Nuclear Alemán (Proyecto Uranio), dentro de éstos "huéspedes" de los aliados occidentales destacaban: Werner Karl Heisenberg, (creador del principio de incertidumbre); Otto Hahn (fisión nuclear); Kurt Diebner, Walter Gerlach, Max von Laue, Paul Harteck, Carl Friedrich von Weizsäcker, Karl Wirtz, Erich Bagge, Horst Korsching.

En 1958 el periodista suizo Robert Jungk publicó la edición inglesa de "Brighter than a Thousand Suns" (Más brillante que mil soles), ofrece la hipótesis de que: "Los físicos alemanes fracasaron voluntariamente para no poner un arma terrible en manos de Hitler". Esa tesis surgió del científico Carl von Weiszacker ("huésped" en Farm Hall). El libro de Jungk no fue bien vista en Estados Unidos ya que planteaba una supuesta "superioridad moral de los físicos que habían trabajado para el régimen nazi frente a los que habían trabajado para las potencias demócratas". 

Para mejor comprensión,  Weiszacker divulgó el rumor que él y sus colegas se negaron a entregar el arma nuclear a Hitler, mientras los científicos estadounidenses no sintieron remordimientos en culminar el arma a sabiendas de sus consecuencias

Si profundizamos en el caso, sobre las alegaciones de von Weizsaecker, unas grabaciones secretas demostraron que su versión fue la siguiente: 

"La historia dirá que los norteamericanos e ingleses hicieron la bomba, mientras que los alemanes, bajo Hitler, se dedicaron a construir un reactor. El uso pacífico de la energía nuclear fue hecho por alemanes, mientras que la bomba la hicieron los aliados". El mencionado reactor tampoco existió, era un modelo experimental (aquel que aparece en las fotografías). 

¿Cómo se obtuvo esa información?. Desde 1945 las conversaciones de los científicos alemanes "huéspedes" en Farm Hall fueron grabadas por los ingleses y entregadas a sus colegas estadounidenses. Esas evidencias se preservan en la actualidad en los archivos, fueron reveladas en 1962 por el general Leslie R. Groves, director del Proyecto Manhattan, pero no se hicieron públicas hasta 1992. 

Lo fundamental de las transcripciones y documentos relacionados deja establecido que la tesis del libro de Jungk no era tan cierta en este particular punto, él había sido influido por Weiszacker, resultó que los físicos alemanes no eran tan inocentes! Tenían intenciones de fabricar el arma atómica!. Uno de los confinados, Max von Laue, lo corroboró, una "versión" en Farm Hall fue presentada por los "huéspedes" y vendida a los Aliados. Las conclusiones de esas grabaciones quedaron plasmadas en un estudio de un experto físico, Jeremy Bernstein, "Hitler’s Uranium Club: The Secret Recordings at Farm Hall" (2001).

Otro de los hechos más claros que se desprende de aquel espionaje son las conclusiones de los investigadores Aliados y ulteriores declaraciones de los científicos alemanes. Los miembros del "Proyecto Uranio" (club del uranio o como se los conozca), encabezados por Heisenberg si tuvieron como prioridad estudiar la forma de construir la bomba atómica, Carl von Weizsaecker presentó informes al Ministerio de Guerra Alemán expresando que poseer un reactor sería muy útil para la obtención de plutonio. Luego de la explosión en Hiroshima, Erich Bagge le dijo a Weizsaecker: “Puede que usted no quisiera tener éxito, pero los demás sí que lo buscábamos”. Lo lógica era que si ellos trabajaban para la Alemania nazi, la bomba -de construirse- podría haber sido utilizada por los hitlerianos, pero eso estuvo lejos de convertirse en realidad, desconocían la forma de hacerlo y carecían de los medios.

Heisenberg, Hahn y los otros, verdaderamente quedaron sorprendidos al escuchar sobre la bomba de Hiroshima, inicialmente creían que trataban de engañarlos para terminar aceptando que los Aliados lo habían logrado. En el libro de Bernstein se describe el grado de confusión entre los alemanes cautivos y las impresiones de Heisenberg que destapaban sus mentiras y de sus colegas, Heisenberg disgustado recordaba el óxido de uranio que utilizaba en sus investigaciones, dejó en evidencia su malestar, lamentó su fracaso para construir la bomba. En ningún instante él o sus socios mostraron satisfacción o tranquilidad ante el supuesto de haber negado e impedido que Hitler posea la bomba atómica


Rumbo a USA


Grupo de 104 científicos de cohetes alemanes en 1946, incluyendo a Wernher von Braun, Ludwig Roth y Arthur Rudolph, en Fort Bliss, Texas. El grupo se había subdividido en dos secciones: una más pequeña en White Sands Proving Grounds para los lanzamientos de prueba y la más grande en Fort Bliss para investigación. Muchos habían trabajado para desarrollar el Cohete V-2 en Peenemünde Alemania y llegaron a los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente trabajaron en el desarrollo de cohetes, incluido el Cohete espacial Explorer 1 y el Saturno en la NASA (cita y fotografía Wiki)


En principio, alrededor de 127 científicos alemanes fueron enviados a Estados Unidos, su pasado nazi y acusaciones en su contra no eran de interés para el gobierno, en detrimento  de la ley que expresamente lo prohibía ya que éstos técnicos, debido a sus funciones ocuparon posiciones de privilegio en el régimen nazi y actuaron en complicidad para el establecimiento de los campos de trabajo forzado para la industria bélica, construcción de túneles subterráneos para fábricas y almacenes de arsenales, todo con la desechable mano de obra esclava.

"Paperclip" puede ser definido como el nombre en clave para la inmigración de más de 1.600 científicos alemanes de alto nivel (insistamos, muchos de ellos nazis). Especialistas en energía nuclear, expertos aeroespaciales, técnicos ingenieros en armamento, químicos, médicos, tecnócratas e incluso especialistas en inteligencia militar fueron reclutados para forjar una nueva tecnología militar. 

Annie Jacobsen describe en su libro a "veintidós científicos de alto nivel, de ellos, al menos once eran doctores en medicina; ocho habían trabajado junto a Adolf Hitler, Heinrich Himmler o Hermann Goring; quince eran miembros afiliados al Partido Nazi; otros diez pertenecían a las SS (como miembros activos o grados honorarios); dos llevaban la insignia dorada del Partido otorgada por el mismo Hitler; seis fueron juzgados en Nuremberg, un séptimo fue liberado misteriosamente; un octavo fue juzgado en Dachau por crímenes de guerra; uno fue declarado culpable de asesinato masivo y esclavitud, pero se le concedió el indulto y fue contratado por el Departamento de Energía de los Estados Unidos. Muchos, si no la mayoría de los reclutas nazis, fueron juzgados inicialmente por funcionarios de los Departamentos de Estado y de Justicia como una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos".


Kurt H. Debus, ex científico de cohetes V-2 que se convirtió en director de la NASA, sentado entre el presidente estadounidense John F. Kennedy y el vicepresidente estadounidense.

Especialistas en el diseño espacial como Werner von Braun, Kurt Debus, General Walter Dornberger, Ernst R. G. Eckert, Bernhard Tessmann, Arthur Rudolph, Ernst Stuhlinger, Krafft Arnold Ehricke, Gerhard Reisig, Konrad Dannenberg, Georg Rickhey, Rudi Beichel, Werner Dahm, Otto Hirschler, Werner Rosinski, Eberhard F. M. Rees, Hermann H. Kurzweg, Helmut Hoelzer, Heinz Fisher, fueron enviados "sin escalas" a los Estados Unidos. Otros que se integraron fueron -por citar entre los más conocidos-, General Walter Schreiber, Otto Ambros, Kurt Blome, Erich Traub, Walter Riedel, Georg Rickhey, Friedrich 'Fritz' Hoffmann, Jürgen Von Klenck, Siegfried Ruff, Theodor Benzinger, Hubertus Strughold, Konrad Schäfer, Emil Salmon, Sigfried Knemeyer, Hermann Becker-Freyseng, etc., etc.

Siempre ha sido un rumor recurrente que Hans Kammler, General de las SS, a cargo del programa de misiles V-2 (en 1944 reemplazó a Walter Dornberger como su director. En enero de 1945, Kammler fue nombrado jefe de todos los proyectos de misiles y, en abril de 1945, fue nombrado "plenipotenciario general del Führer para aviones a reacción") sobrevivió a la guerra y que fue trasladado en secreto a los Estados Unidos donde trabajó encubiertamente dentro de los programas relacionados al "Paperclip". Su historia -vivo o muerto- sigue siendo un misterio. (en otra oportunidad abordaremos a éste personaje). 

Aquí otro paréntesis, se debe destacar que el científico Hermann Oberth no integraba el "Paperclip", a pedido de su antiguo alumno, Wernher von Braun, fue a los Estados Unidos (Alabama) a colaborar con el proyecto de desarrollo de cohetes espaciales, Oberth escribió en 1968 el libro "The Development of Space Technology in the Next Ten Years" (El desarrollo de la tecnología espacial en los próximos diez años), luego regresaría a Europa. 

La investigadora Linda Hunt describe en "Secret Agenda", (1991) que las únicas armas "milagrosas" que servirían a los Estados Unidos se encontraban en la mente y en el potencial intelectual de los científicos alemanes seleccionados, "éstos especialistas trabajaron en misiles guiados para el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Trabajaron en el programa espacial de la NASA, en investigación aeromédica, en investigación de guerra atómica, biológica y química, y en los últimos diseños en aviones y submarinos. Trabajaron en casi todas las instalaciones militares y para la mayoría de los contratistas de defensa clave en todo el país, y en todos esos lugares tuvieron acceso a información clasificada". 


JFK y Wernher von Braun, en 1962-1963

No solo en la ciencia y tecnología se aplicó el "principio de necesidad" de importar mentes sabias dentro del "Paperclip". Sigue siendo controversial la implicación de notorios criminales de guerra y espías militares. El general Reinhard Gehlen, director de las operaciones de inteligencia en el Frente del Este de la Wehrmacht, organizó unidades paramilitares nacionalistas antisoviéticas con voluntarios ucranianos y de otras nacionalidades para desatar el terror entre la población civil; aparte de los crueles interrogatorios a los prisioneros de guerra soviéticos (entre tres y cuatro millones de prisioneros de guerra soviéticos murieron en cautiverio). Gehlen, no obstante sus "virtudes" fue un embaucador contumaz que logró salvar su vida (notorio criminal de guerra) al presentarse como "gran" espía y máximo conocedor del sistema militar soviético, inventó muchas tramas sobre la amenaza soviética en Europa y consiguió ser contratado, junto a su red de espionaje, como jefe de la inteligencia anticomunista de Estados Unidos para Alemania Occidental y Europa. La denominada "Organización Gehlen" operó sin problemas para la CIA y otros servicios de inteligencia de los Estados Unidos, creando el BND, el Servicio Secreto de Alemania Occidental. La CIA tuvo que reconocer con posterioridad el fraude de éste hombre (Archivo de Seguridad Nacional. CIA y Criminales de Guerra Nazis, 2005).

Uno de los mejores documentos sobre Gehlen lo encontramos en "In Cold War, U.S. Spy Agencies Used 1,000 Nazis", Eric Lichtblau - New York Times (2014); y, el artículo: "Hitler’s Spymaster, Eichmann’s top aide were protected by the CIA", de la Alianza para la Protección de la Investigación Humana.

En futuras ponencias seguiremos investigando temas relacionados.

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16 junio 2024

DÍA D, 1944: Contexto histórico esencial

 



Nota previa del editor del blog

80 años del desembarco Aliado en las playas de Normandía. Para rememorarlo a los Estados Unidos y a sus socios menores de la OTAN se les ocurrió invitar a quienes combatían a sus aliados en el Frente Oriental, los nazis de Ucrania. Respecto a la actual Alemania Federal no suele discutirse ni su presencia, ni su ausencia, total para los alemanes fue y es "fácil" disociarse del líder nazi que enfrentó a sus actuales socios atlánticos, y como Alemania es la que pone el billete en la Europa del Este... todos felices, nada de reproches, "los alemanes no eran malos, los malos eran los nazis"...

En nuestro artículo "Cinco mitos estadounidenses sobre la victoria contra el nazismo" describimos que los EEUU y socios intentan reescribir la Historia. Playas de Normandía, junio 2024, bajo el título "Desembarco de Normandía" se realizó una ceremonia aberrante en dos aspectos: 

1) Faltar a la Memoria Histórica respecto a Francia y el papel del Consejo Nacional de la Resistencia y del Comité Francés de Liberación Nacional -Francia Libre- y la férrea posición del General Charles De Gaulle a no participar en el desembarco de 1944. Al punto que Emmanuel Macron -en el cementerio estadounidense- ofreció un reconocimiento a los soldados estadounidenses que "se sacrificaron por nuestra independencia" (eso en si es loable, pero el contexto del discurso es lo falso).

No vamos a profundizar en lo siguiente (si lo que se dice en estas líneas es de interés, usted puede investigarlo). En los discursos de los miembros de la OTAN presentes en Normandía se repitió algo que por elemental sentido común sería más que aparente, debería ser claro, evidente, cristalino, etc., "los aliados estaban unidos para luchar contra el nazismo y defender la libertad", debe entenderse que históricamente eso toma en cuenta a la Unión Soviética quien hizo los mayores sacrificios para liberarnos del nazismo. Sin embargo, hay verdades históricas que pasan desapercibidas; mejor dicho, son ocultadas a los investigadores y opinión pública.


El rey Carlos III junto a Emmanuel Macron en un evento conmemorativo, Memorial Británico de Normandía (Francia), 6 junio 2024 (Pool-Getty Images)


Thierry Meyssan, politólogo francés lo señala (de allí comprenderán la posición de De Gaulle y la Francia Libre): "En realidad, el desembarco anglosajón no pretendía liberar a Francia, sino sustituir la ocupación nazi por el Gobierno Militar Aliado de los Territorios Ocupados (AMGOT), es decir el Gobierno militar aliado de los territorios ocupados".

El Reino Unido reconoció la presencia de De Gaulle y su Francia Libre en su territorio, EEUU nunca lo hizo; la historia nos dice que los estadounidenses tuvieron una embajada en Vichy hasta abril de 1942 e impidieron que De Gaulle se dirija al norte de África, querían que Pétain transfiera la autoridad colonial de Francia a Estados Unidos al final de la guerra. De Gaulle tuvo que transformar el Comité Francés de Liberación Nacional en el Gobierno Provisional de la República Francesa el 3 de junio de 1944, tres días antes del desembarco en Normandía, entre otras acciones. Por supuesto la visión imperialista francesa estaba a la cabeza, no había políticas "aliadas" que le hicieran cambiar (cedió en otros aspectos), la Francia de posguerra pudo conservar intacta su autoridad colonial en África.

2) La participación ucraniana, Thierry Meyssan acierta en calificar "la conmemoración de la versión falsificada del desembarco", dirigida por el presidente Joe Biden y el presidente Emmanuel Macron, en que hablaron falsamente de la guerra en Ucrania. Por sentado, no había presencia de delegación rusa alguna, pero si el presidente Zelensky y representantes ucranianos, que por ironías del "destino" lucharon junto a los nazis y sufrieron por el desembarco en Normandía.

Como era de esperarse, el tándem Biden - Macron presentaron a Estados Unidos como el vencedor de la Segunda Guerra Mundial, ninguna mención para la URSS; recordaron brevemente el asesinato de los judíos por los nazis. Biden dijo al ucraniano Zelensky: “Ucrania está siendo invadida por un tirano y nunca lo abandonaremos... No podemos rendirnos ante los dictadores... Los soldados del Día D cumplieron con su deber, ¿nosotros cumpliremos con el nuestro?... No debemos perder lo que aquí se ha hecho”.


          Normandía, 6 de junio 2024 (Foto: Agencia EFE)

Bueno, solo cabe recordar lo que las tropas colaboracionistas ucranianas juraron durante la Segunda Guerra Mundial:


“Hijo fiel de mi Patria, me uno voluntariamente a las filas del Ejército de Liberación de Ucrania y con alegría juro que lucharé fielmente contra el bolchevismo por el honor del pueblo. Lideramos esta lucha junto a Alemania y sus aliados contra un enemigo común. Con lealtad y sumisión incondicional, creo en Adolf Hitler como líder y comandante supremo del Ejército Libertador. En cualquier momento estoy dispuesto a dar mi vida por la verdad”. (Amén)


Ahora, vale recordar el verdadero contexto histórico del desembarco en Normandía, alejado de los textos heroicos de los libros "educativos". El Dr. Jacques R. Pauwels tiene la palabra.


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DÍA D, 1944: Contexto histórico esencial

por Dr. Jacques R. Pauwels 

Investigación Global / junio 2024


Introducción

La Alemania nazi era un coloso militar y derrotar a la bestia era una tarea hercúlea que nunca podría haber sido realizada por ninguno de sus enemigos por sí solo. El trabajo estaba hecho, pero sólo después de muchos años de lucha, y requirió esfuerzos sobrehumanos de todos los países que estuvieron involucrados en el titánico conflicto contra Hitler, su nazismo, es decir, la variedad alemana del fascismo, y otras dictaduras fascistas que se habían alineado con Alemania, como el de Mussolini.


Churchill llamó al grupo de países que lucharon y finalmente derrotaron a la Alemania nazi la “Gran Alianza”, pero los soviéticos utilizaron un término más prosaico: “Alianza Anti-Hitler”.

 

Esta asociación, que surgió sólo después de que la Unión Soviética y Estados Unidos se involucraran en la guerra en 1941, incluía dos alas: primero, los “Aliados occidentales” y segundo, la Unión Soviética. Estos últimos lucharon contra las fuerzas alemanas en una lucha titánica a lo largo del llamado Frente Oriental, que comenzó en el verano de 1941. Los primeros, es decir, tanto los estadounidenses como los británicos, lucharon contra los nazis en Europa a partir del verano de 1943, cuando desembarcaron tropas en Italia.

Sin embargo, su principal contribución se produjo en el frente occidental, es decir, un “teatro de guerra” no en el sur sino en el oeste de Europa, y la acción allí comenzó con el famoso desembarco en Normandía del 6 de junio de 1944, cuyo nombre en clave fue "Operación Overlord".


El 80.º aniversario del DÍA D

El 6 de junio se cumple el 80º aniversario del “Día D”, los organizadores y participantes del desembarco en Normandía son homenajeados en presencia del presidente francés y de muchos otros dignatarios.

Sobre el Desembarco de Normandía conviene tener en cuenta algunos aspectos importantes, aspectos que seguramente quedaron sin mencionar durante las conmemoraciones.


El presidente estadounidense, Joe Biden junto al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y sus mujeres, arriban a la ceremonia conmemorativa del 80º aniversario del desebarco en Normandía. 6 junio 2024. (Foto Win McNamee / Getty Images)

Si bien la “Batalla de Normandía” que comenzó el 6 de junio de 1944 fue sin lugar a dudas un enfrentamiento importante, no fue la batalla más importante de la Segunda Guerra Mundial, como revelan las estadísticas. En cuanto a su duración, comenzó el 6 de junio de 1944 y finalizó a finales de agosto de ese año, por lo que duró casi tres meses. La batalla de Stalingrado, por el contrario, se prolongó el doble, merece una mención el Sitio de Leningrado, que no fue una batalla convencional y no finalizó hasta después de 2 años (se puede decir que la batalla de Normandía fue sólo la mitad de mortal que la batalla de Stalingrado).

El número total de bajas aliadas en el Día D alcanzó aproximadamente 10.000, una cifra que incluía 4.414 hombres muertos; este último sigue siendo un número alto, por supuesto, pero no tan alto como la mayoría de la gente imagina. El número de bajas representó poco más del 6% del total de 160.000 soldados que desembarcaron, el número de muertos, el 2,7%. El número relativamente bajo de pérdidas se debió al hecho de que los alemanes sólo tenían fuerzas limitadas disponibles para defenderse de una "invasión" aliada.

Según el historiador militar británico Richard Overy, “en el este, Alemania y sus aliados tenían unas doscientas veintiocho divisiones, en comparación con cincuenta y ocho divisiones en el oeste, de las cuales sólo quince se encontraban en el área de la batalla de Normandía en sus etapas iniciales”, compuestas principalmente por tropas de calidad inferior, aunque apoyadas por algunas unidades de élite de las SS, porque la mayor parte de la Wehrmacht luchaba por su vida en el Frente Oriental. En otro de sus libros, Overy escribe que en Normandía, los alemanes tenían una división por cada 217 millas de costa, divisiones que consistían en su mayoría en menos del mínimo habitual de 12.000 hombres y compuestas en gran parte por soldados de mayor edad, heridos de guerra y hombres de peor condición física, con baja efectividad en combate. 

Por tanto, los defensores alemanes estaban dispersos a lo largo de la costa francesa. En cualquier caso, la idea de que miles de soldados alemanes estaban esperando en las dunas, hombro con hombro, mientras los soldados aliados descendían de sus lanchas de desembarco, es una ficción inventada por Hollywood en películas como "El día más largo"

Volvamos al Día D. Aquel 6 de junio, los planes exigían que las tropas aliadas superaran sin demasiados problemas las defensas costeras alemanas y avanzaran tierra adentro, en el caso de los canadienses desde Juno Beach hasta las afueras de la ciudad de Caen, una distancia de casi 20 kilómetros. (Se trajeron bicicletas para facilitar ese viaje, por lo que obviamente no se esperaba una gran resistencia alemana). Sin embargo, pasarían semanas antes de que los "Canucks" llegaran a Caen.

A los otros aliados no les fue mejor; al final del primer día, ninguno de ellos había conseguido sus objetivos del primer día. La razón fue que los alemanes respondieron a los desembarcos aliados enviando tropas de élite que habían estado retenidas en la retaguardia, incluidas unidades de las SS, para ser enviadas al frente cuando y donde fuera necesario. Estas tropas no pudieron arrojar a los aliados al mar, pero sí lograron evitar que penetraran tierra adentro, como esperaban los planificadores. El resultado fue un largo estancamiento.


'Marines' de la Compañía 47 de la Royal Navy desembarcan en la playa de Gold, en Asnelles (Francia), 6 junio 2024, ceremonia conmemorativa del 80º aniversario del desembarco en Normandía. (Foto: Christopher Furlong / Getty Images)


Ayudó a la causa aliada el hecho de que a los alemanes se les impidiera transferir mano de obra del Frente Oriental a Normandía debido a las acciones del Ejército Rojo, que culminaron el 22 de junio (aniversario del ataque de la Alemania nazi a la Unión Soviética en 1941) con el inicio de una gran ofensiva en el Frente Oriental, cuyo nombre en código es "Operación Bagration".

La Wehrmacht fue gravemente mutilada por el Ejército Rojo, que debía lograr un avance de más de 600 kilómetros, desde las profundidades de Rusia hasta los suburbios de la capital polaca, Varsovia, a donde llegó a principios de agosto. De este modo, Bagration permitió a los aliados occidentales escapar finalmente de su cabeza de puente en Normandía, y el propio general Eisenhower reconoció más tarde que Bagration había sido una condición previa necesaria para el resultado tardío y exitoso de la Operación Overlord.

Por cierto, los soviéticos prestarían un servicio similar, y rara vez reconocido, a los aliados occidentales a principios de 1945, cuando respondieron a una solicitud urgente estadounidense desatando una gran ofensiva en Polonia el 12 de enero de 1945, una semana antes de lo planeado originalmente; esa medida obligó a los alemanes a abandonar un ataque sorpresa en las Ardenas belgas que había causado grandes dificultades a los estadounidenses en la llamada Batalla de las Ardenas

Resumiendo lo anterior, está claro que los aliados occidentales ganaron la batalla de Normandía, ciertamente no fácilmente, pero sin grandes pérdidas, porque los enormes sacrificios requeridos para derrotar al Moloch nazi habían sido sufridos durante tres años, y continuaron sufriendo, por los soviéticos en el frente oriental.


Es justo decir que la Alemania nazi fue derrotada por los esfuerzos y sacrificios no sólo del Ejército Rojo sino de las mujeres y hombres soviéticos en general, incluidos partisanos, trabajadores de fábricas, agricultores, etc., cuyas pérdidas totales al final del la guerra se acercaría a la alucinante cifra de treinta millones.


De hecho, la serie de victorias nazis que había comenzado en 1939 llegó a su fin (y la marea de la Segunda Guerra Mundial cambió, para decirlo de esa manera) no con el desembarco en Normandía en junio de 1944, como se afirma o insinúa en muchos libros de historia y por supuesto en producciones de Hollywood como "The Longest Day". La marea de la guerra cambió en el Frente Oriental, y lo hizo mucho antes del Día D, es decir, en 1941, en las vastas extensiones de Rusia al oeste de Moscú

Cuando se lanzó la Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941, Hitler y sus generales estaban convencidos de que la Wehrmacht iba a aplastar al Ejército Rojo en un plazo de 6 a 8 semanas. También necesitaban desesperadamente una victoria rápida, porque sólo un triunfo rápido podía resolver un problema importante. En los años treinta, mientras se preparaba para la guerra, el régimen de Hitler había acumulado enormes reservas de materias primas estratégicas importadas de las que Alemania carecía, sobre todo caucho y petróleo, este último suministrado en su mayor parte por Estados Unidos. Durante la próxima guerra, un bloqueo naval británico probablemente impediría al Reich importar cantidades suficientes de estos productos, sin los cuales los poderosos panzers y aviones serían inútiles, que es lo que había sucedido en la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, en 1939-1940, las reservas de petróleo de importancia crucial se habían agotado gravemente cuando la Alemania nazi infligió una “guerra relámpago” a países tan alejados como Polonia, Francia y Grecia; y ni las continuas importaciones desde Rumania y -a través de la neutral España- Estados Unidos, ni el aumento de la producción de combustible sintético y caucho podrían compensar el déficit. Y así, cuando comenzó la Operación Barbarroja y tres millones de soldados alemanes cruzaron a la Unión Soviética con no menos de 600.000 vehículos de motor, 3.648 tanques y más de 2.700 aviones, a la Alemania nazi sólo le quedaba suficiente combustible (y neumáticos de caucho) para hacer la guerra durante poco más de dos meses. Pero esto se consideró suficiente porque se esperaba que la Unión Soviética fuera eliminada muy pronto y entonces sus materias primas ilimitadas, incluido el petróleo del Cáucaso, estarían disponibles para el Reich

Pronto quedó claro que, a pesar de las impresionantes victorias iniciales, Barbarroja no iba a ser un juego de niños después de todo. A finales de agosto, las puntas de lanza alemanas todavía no estaban cerca del Cáucaso, El Dorado del petróleo soviético. El “Tercer Reich” de Hitler se enfrentaba ahora a la perspectiva de una escasez catastrófica de combustible, además de una escasez casi igualmente problemática de mano de obra necesaria en su armamento y otras industrias, ya que millones de hombres no podían regresar a sus hogares y volver a trabajar en las fábricas. La conclusión a la que llegaron muchos conocedores, como oficiales de alto rango de la Wehrmacht, peces gordos nazis, el servicio secreto suizo y el Vaticano, ya en el verano de 1941 y cada vez más en el otoño de ese año, fue que Alemania ya no podía esperar más matar al oso soviético y estaba condenado a perder la guerra


Las mareas oceánicas cambian inexorablemente pero lentamente, pero no imperceptiblemente.


La marea de la Guerra Mundial comenzó a cambiar de manera similar lentamente unas semanas después del inicio de Barbarroja, pero el fenómeno ya fue percibido por un número pequeño aunque creciente de observadores y pudo ser certificado el 5 de diciembre de 1941, cuando el Ejército Rojo lanzó con éxito una gran contraofensiva que hizo retroceder a los alemanes y certificó el fiasco de Barbarroja. Ese mismo día, sus generales informaron a Hitler que ya no podía esperar ganar la guerra. Por lo tanto, es legítimo definir el 5 de diciembre de 1941 como el “punto de inflexiónde toda la guerra, como dijo Gerd R. Ueberschär, un experto alemán en la guerra contra la Unión Soviética. Por otra parte, es cierto que los que sabían eran escasos y que, por las razones que fueran, la mayoría prefirió permanecer discretos; en consecuencia, sólo después de la espectacular derrota alemana en Stalingrado, a principios de 1943, el mundo entero se dio cuenta de que la Alemania nazi estaba condenada a perder la guerra.

Cuando, más de un año después, los aliados occidentales desembarcaron en Normandía, tuvieron la suerte de enfrentarse a un ejército alemán (parte de un) que estaba gravemente perjudicado por la escasez de petróleo. Los nazis esperaban que la victoria contra la Unión Soviética les proporcionaría suficiente combustible caucásico para sus panzers y aviones. Eso no sucedió y, por el contrario, los combates en las vastas extensiones de la Unión Soviética agotaron aún más las reservas de combustible de Alemania. En el verano de 1944, la maquinaria de guerra nazi se quedó no sólo en sentido figurado sino incluso literalmente “sin gasolina”, y es por eso que la Luftwaffe, por ejemplo, que disponía de excelentes aviones, estuvo prácticamente ausente de los cielos de Normandía, hasta el punto de ser gran alivio para los aliados en tierra, en el mar y, por supuesto, en el aire. 

Cabe mencionar que Estados Unidos aún no era beligerante cuando el contraataque soviético frente a Moscú confirmó el cambio de rumbo de la guerra el 5 de diciembre de 1941. Es cierto que Washington estaba en términos extremadamente hostiles con Berlín debido a los envíos estadounidenses de todo tipo de armas y otros equipos a Gran Bretaña, pero no tenía ninguna intención, y por lo tanto ningún plan, de ir a la guerra contra Hitler, a pesar de que había muchas razones convincentes y razones humanitarias para emprender una cruzada contra un régimen verdaderamente malvado.

Las principales corporaciones estadounidenses también estaban haciendo maravillosos negocios con la propia Alemania nazi, por ejemplo produciendo camiones, aviones, tanques y otros equipos estratégicos en sus filiales en Alemania y suministrando el petróleo que tanto necesitaban los Panzer y Stukas. La élite política y socioeconómica de Estados Unidos también era firmemente anticomunista y no quería emprender nada que pudiera poner en peligro las perspectivas de éxito del dictador nazi en su cruzada contra la Unión Soviética. Por el contrario, Hitler, que se encontraba en una situación desesperada en la Unión Soviética, no tenía ningún interés en enfrentarse a un nuevo enemigo del calibre de Estados Unidos. 

No obstante, Washington quería la guerra, no contra Alemania sino contra Japón, y lo hizo principalmente para evitar que su tan despreciado rival en el Lejano Oriente se embolsara Vietnam e Indonesia, colonias ricas en recursos de países ocupados por Alemania, Francia y los Países Bajos. Tokio fue provocado para atacar Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, lo que desencadenó una declaración de guerra estadounidense a Japón pero no a Alemania, que no tenía nada que ver con Pearl Harbor y cuya alianza con Japón no requería que Berlín se involucrara en una guerra iniciada por Tokio. Para gran sorpresa de Washington, Hitler declaró la guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre de 1941, cuatro días después de Pearl Harbor.


El presidente estadounidense, Joe Biden, habla en la ceremonia conmemorativa del 80º aniversario del desebarco en Normandía. 6 junio 2024. 

Es casi seguro que especuló que este gesto de solidaridad totalmente gratuito induciría a su aliado del Lejano Oriente a corresponder con una declaración de guerra al enemigo de Alemania, la Unión Soviética, obligando así a los soviéticos a la situación extremadamente peligrosa de una guerra en dos frentes. Pero Tokio, esperando tener las manos ocupadas con Estados Unidos como enemigo, no mordió el anzuelo.

En Washington, la declaración de guerra alemana fue una sorpresa muy desagradable, ya que no se deseaba una guerra contra Alemania y no se habían hecho planes para ella. El historiador estadounidense Stephen E. Ambrose ha enfatizado acertadamente que Estados Unidos no “entró” en la guerra, sino que fue “atraído hacia ella”. Tenía razón en el sentido de que el Tío Sam fue efectivamente “empujado” a la guerra contra Alemania en contra de su voluntad – ¡y nada menos que por el propio Hitler!

En vista de esto, vale la pena preguntarse si los estadounidenses alguna vez habrían declarado la guerra a la Alemania nazi y desembarcado en Normandía, si Hitler no les hubiera declarado la guerra. Y uno debería preguntarse si Hitler alguna vez habría tomado la decisión desesperada, incluso suicida, de declarar la guerra a Estados Unidos si no se hubiera encontrado en una situación desesperada en la Unión Soviética. La entrada de Estados Unidos en la guerra contra Alemania, que por muchas razones no estaba prevista antes de diciembre de 1941, y para la cual Washington no había hecho ningún preparativo, no fue una causa, sino simplemente una consecuencia, de un giro en la situación que ocurrió en la Unión Soviética en la segunda mitad de 1941.

En cualquier caso, cuando los estadounidenses y otros aliados occidentales desembarcaron en Normandía en junio de 1944, quedaba menos de un año de una guerra cuyo resultado ya se había decidido tres años antes en el lado opuesto de Europa. De alguna manera, la Operación Overlord confirmó que el sol de la Alemania nazi había alcanzado su cenit en 1941 y se estaba poniendo rápidamente. Y las tropas no fueron enviadas a las playas de Normandía para liberar a Francia de camino a Berlín, sino para evitar que los soviéticos derrotaran a Alemania, tomaran Berlín y así liberaran por su cuenta a toda Europa

Cuando la Alemania nazi se convirtió inesperadamente en enemigo de Estados Unidos, EEUU automáticamente se convirtió en aliado de los enemigos de Alemania, incluidos Gran Bretaña y la Unión Soviética. La alianza del Tío Sam con Moscú implicaría el suministro de armas y otros equipos a los soviéticos, pero esos suministros, aunque ciertamente importantes, nunca representarían más que una fracción de lo que necesitaba el Ejército Rojo y sólo llegarían a ser cuantitativa y cualitativamente significativos en 1943, es decir, mucho después de las batallas decisivas frente a Moscú y en la batalla de Stalingrado. La idea de que los soviéticos sobrevivieron a la Operación Barbarroja gracias a la ayuda estadounidense no es más que un mito

Con su aliado británico, por otra parte, Washington trabajó muy estrechamente y coordinó su estrategia, y se acordó que darían prioridad a la lucha contra Alemania, antes que al otro enemigo común, Japón. Lógicamente, esto implicaría enviar tropas a la Europa ocupada para enfrentarse a la bestia nazi, abriendo así un “Segundo Frente”. Un Segundo Frente habría proporcionado mucho alivio al Ejército Rojo, que en 1942 se enfrentó a un intento alemán ciertamente desesperado de llegar a los yacimientos petrolíferos del Cáucaso, intento que condujo a una batalla titánica librada en Stalingrado y sus alrededores de la que los soviéticos no salieron victoriosos hasta principios de 1943.

Sin embargo, Roosevelt y Churchill prefirieron no abrir un Segundo Frente. Los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña se alegraron de ver a su útil pero poco querido aliado soviético y a la Alemania nazi administrarse un importante derramamiento de sangre entre sí en lo que a lo largo de 1942 pareció ser un conflicto estancado en el Frente Oriental.

Se dieron cuenta de que derrotar a Alemania requeriría enormes sacrificios y que desembarcar tropas en la Europa ocupada sería sin duda un asunto muy costoso. ¿No era mucho más prudente mantenerse al margen, al menos por el momento, y dejar que los soviéticos se enfrentaran a los nazis? Si el Ejército Rojo proporcionaba la carne de cañón necesaria para vencer a Alemania, los estadounidenses y sus aliados británicos podrían minimizar sus pérdidas. Mejor aún, podrían acumular fuerzas para intervenir decisivamente en el momento adecuado, cuando el enemigo nazi y el aliado soviético estuvieran agotados. Con Gran Bretaña a su lado, Estados Unidos con toda probabilidad podría entonces desempeñar el papel principal en el campo de los vencedores y actuar como árbitro supremo en el reparto del botín de la victoria supuestamente común. En la primavera y el verano de 1942, con los nazis y los soviéticos enfrascados en una batalla titánica, observados desde una distancia segura por los tertius gaudens anglosajones (tercero que se alegra), parecía que tal escenario podría llegar a suceder.

La razón dada a Stalin para no abrir un segundo frente fue que las fuerzas estadounidenses y británicas combinadas aún no eran lo suficientemente fuertes para una operación importante en el continente. Presumiblemente, primero había que ganar la guerra naval contra los submarinos alemanes para poder salvaguardar los necesarios transportes de tropas transatlánticos. Sin embargo, se estaban transportando tropas con éxito desde América del Norte a Gran Bretaña y, en el otoño de 1942, los estadounidenses y los británicos demostraron ser capaces de desembarcar una fuerza considerable en el norte de África. Estos desembarcos, conocidos como "Operación Antorcha", supusieron la ocupación de las colonias francesas de Marruecos y Argelia, y en el verano de 1943 los “Yanquis” y “Tommies”, ahora acompañados de “Canucks”, para usar los apodos de los Aliados Occidentales a los soldados, debían cruzar a Sicilia, seguido por el continente italiano, y sacar a Italia de la guerra. 

No sólo Stalin exigió la apertura de un Segundo Frente, también lo hizo un gran segmento del público británico, en su mayoría gente común y corriente de clase trabajadora que, a diferencia de sus “mejores”, simpatizaban con los soviéticos. Para silenciar a este molesto electorado, Churchill dispuso que se enviara un contingente de tropas, no por casualidad compuesto en su mayoría no por estadounidenses o británicos sino por canadienses, en una incursión al puerto marítimo francés de Dieppe, una operación cuyo nombre en código era "Jubileo". Como era de esperar, estos hombres fueron masacrados allí, lo que luego se citó convenientemente como prueba irrefutable de que los aliados occidentales aún no eran capaces de lanzar una operación importante a través del Canal. La estratagema logró su propósito, pero el público quedó horrorizado por la matanza. Después del desembarco en Normandía en 1944, fue posible inventar una justificación aparentemente convincente. Se reveló triunfalmente que "Jubileo" había sido un “ensayo general” para el exitoso desembarco de Normandía, ya que supuestamente se habían aprendido valiosas lecciones durante una incursión que sirvió para poner a prueba las defensas alemanas. Esta era una propuesta ridícula, ya que cualquier lección sobre las defensas alemanas, aprendida en agosto de 1941, no podría haber sido relevante casi dos años después: de hecho, después de "Jubileo", en 1943, los alemanes construyeron nuevas defensas, conocidas colectivamente como “las defensas alemanas”, el "Muro Atlántico". En cualquier caso, así nació un mito: la tragedia de "Jubileo" como condición sine qua non para el triunfo de "Overlord".

Después de la Batalla de Stalingrado, era obvio que la Alemania nazi estaba condenada a perder la guerra y abrir un Segundo Frente de repente se hizo urgente para Roosevelt y Churchill. Era probable que ahora los soviéticos comenzaran a dirigirse a Berlín y, a través de la bota italiana, donde, tras la caída de Mussolini, los alemanes habían entrado y presentado una dura resistencia, los aliados nunca podrían vencerlos en lo que se convirtió en una alianza tácita entre aliados en carrera hacia Berlín. Se hicieron ahora los preparativos para un desembarco en la costa atlántica francesa, cuyo nombre en código fue "Operación Overlord". La urgencia de esta tarea aumentó rápidamente cuando en 1943 el Ejército Rojo avanzó sistemáticamente a lo largo de todo el Frente Oriental. Pero ese año ya era demasiado tarde para llevar a cabo una operación tan compleja desde el punto de vista logístico, sobre todo porque era necesario trasladar el equipo de aterrizaje necesario desde el norte de África e Italia. Roosevelt y Churchill no estaban nada contentos con el hecho de que el Ejército Rojo se estuviera abriendo camino, de manera lenta pero segura, hacia Berlín y posiblemente hacia lugares más al oeste. Y así, desde la perspectiva de la estrategia angloamericana, “se volvió imperativo desembarcar tropas en Francia y penetrar en Alemania para mantener la mayor parte de ese país fuera del alcance de los soviéticos”, como lo afirman dos historiadores estadounidenses, Peter N. Carroll y David. W. Noble. 


Previo al desembarco en Normandía, el General Dwight D. Eisenhower se dirige a un grupo de fuerzas aerotransportadas estadounidenses en territorio británico. 

Los líderes políticos y militares estadounidenses y británicos, representantes del establishment de sus países, es decir, de las clases altas, siempre habían sido intrínsecamente anticomunistas y antisoviéticos. Por el contrario, no se habían opuesto a ninguna forma de fascismo, incluida su variante alemana, el nazismo. Eran “filofascistas”, es decir, benevolentes con el fascismo y partidarios de los fascistas, porque el fascismo era el principal enemigo del comunismo y al mismo tiempo “bueno para los negocios” y, por lo tanto, para el capitalismo, del cual podría decirse que el fascismo es una manifestación

No hay que olvidar que la Alemania de Hitler, al igual que la Italia de Mussolini y la España de Franco, eran países capitalistas. Es una ironía de la historia que Estados Unidos cayera en una guerra contra el fascismo, personificado por Hitler (así como Mussolini) y, por lo tanto, se convirtiera en aliado de la Unión Soviética. Pero esa alianza era antinatural y estaba destinada a durar sólo hasta la derrota del enemigo común. Como dijeron en una ocasión algunos generales estadounidenses, estaban librando una guerra “con el aliado equivocado contra el enemigo equivocado”

Los desembarcos en Normandía, entonces, se organizaron con el propósito de prevenir un escenario que atormentaba a los caballeros que resultaron ser los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña, un escenario en el que los soviéticos derrotarían por sí solos a Alemania y liberarían no sólo el Oriente sino también al Occidente de Europa, incluida Francia. Si eso sucediera, se esperaba que los "russkis" siguieran el precedente establecido por los estadounidenses y los británicos en 1943 cuando liberaron Italia, excepto la parte norte, que permaneció detrás de las líneas alemanas. Habían hecho exactamente lo que quisieron, nota bene, sin permitir ninguna aportación de su aliado soviético, aportación que había sido prevista en acuerdos anteriores. Para impedir cualquier cambio socioeconómico radical, habían neutralizado a los partidarios de izquierda que tenían planes para una Italia completamente nueva; se instaló en el poder a un ex fascista y conocido criminal de guerra, el mariscal Badoglio. De hecho, los aliados occidentales dejaron gran parte del sistema fascista de Italia, congraciando así a los industriales, banqueros, grandes terratenientes, el monarca, el Vaticano y otros pilares del establishment de la nación que de hecho habían permitido y se habían beneficiado del régimen de Mussolini, pero enfureció a los trabajadores y a los italianos “corrientes”, que criticaron el nuevo sistema como “fascismo sin Mussolini”.

Si los soviéticos actuaran de manera similar en los países que liberaron, se podría esperar que el resultado fuera el opuesto, es decir, un esfuerzo conjunto de los libertadores y los combatientes de la resistencia izquierdista para erradicar, a expensas de la clase alta, no sólo de fascismo sino también del sistema capitalista del que se puede decir que el fascismo fue el exoesqueleto. Desde la perspectiva de los estadounidenses, que estaban decididos a mantener y revitalizar el capitalismo siempre que fuera posible, esto habría sido nada menos que una catástrofe.


La nada edificante historia de la “liberación” de Italia demuestra claramente que los estadounidenses y sus socios británicos no tenían nada contra el fascismo y las dictaduras fascistas y prefirieron mantener el fascismo de una forma u otra, en lugar de permitir que un pueblo liberado determinara por sí mismo el rumbo político y la configuración socioeconómica de su país.


Pronto veremos que los desembarcos en Normandía no pretendían liberar a Francia en el sentido de dejar a los propios franceses libres para tomar decisiones democráticas sobre la composición de su país en la posguerra, y que los libertadores en realidad prefirieron mantener el sistema fascista de la Francia de Vichy, con algunos cambios cosméticos, naturalmente, en lugar de correr el riesgo de que los franceses pudieran experimentar con formas de socialismo, como lo habían hecho, para disgusto de las elites gobernantes en Gran Bretaña y Estados Unidos, en la década de 1930 bajo los auspicios de una gobierno de izquierda conocido como “Frente Popular”. 

En aquel momento, en 1936, los caballeros en el poder en Washington y Londres, a diferencia de la mayoría de los estadounidenses y británicos “corrientes”, simpatizaban con Franco y procedieron a apoyarlo de manera encubierta, si no abiertamente, cuando libró la guerra contra un gobierno democráticamente elegido, gobierno republicano con planes de reformas sociales y económicas. Si los desembarcos en Normandía pretendían traer la libertad a Francia, como escuchamos una y otra vez, y derrotar al fascismo en Alemania y en toda Europa, ¿por qué los estadounidenses y los británicos no continuaron su triunfo en la primavera de 1945 sacando a Franco del poder?, como lo hubieran podido hacer con un gesto de la mano.

Los desembarcos en Normandía, entonces, no tenían que ver con la libertad para Francia ni con una cruzada contra la dictadura fascista. Su verdadero objetivo era permitir que los aliados occidentales compitieran con los soviéticos en una carrera no declarada hacia Berlín, una carrera que, en el verano de 1944, todavía era muy fácil de ganar. Y ganar esa contienda daría a los estadounidenses y a su socio británico el control sobre gran parte, si no de  toda Alemania y la consiguiente posibilidad de hacer allí lo que ya habían hecho en Italia, es decir, preservar el status quo socioeconómico, incluso si eso significaba proteger a los fascistas - en el caso de Alemania: nazis y filofascistas -. Esto era tanto más importante cuanto que las corporaciones y los bancos estadounidenses tenían enormes inversiones en Alemania, que seguramente se perderían en caso de que el tándem de soviéticos y antifascistas alemanes tomara el control. La historia de lo que le ocurrió a Alemania no puede contarse aquí, pero todos conocemos el resultado: los estadounidenses se salieron con la suya en el extremo occidental del país, y los soviéticos, en la parte oriental.

Tan pronto como la Batalla de Normandía concluyó victoriosamente, la resistencia alemana se desvaneció en la mayor parte, si no en todo el resto de Francia. Esto permitió emprender el avance primordial hacia Alemania, pero también requirió abordar la espinosa cuestión de la situación en Francia. Los estadounidenses habrían preferido mantener en el poder al gobierno colaboracionista del mariscal Pétain con sede en Vichy, pero sin el desacreditado Pétain, y con una personalidad más respetable, un Badoglio francés, por así decirlo, al mando; después de todo, el régimen de Vichy había sido bueno para los negocios, incluidos los negocios de las filiales francesas de bancos y corporaciones estadounidenses como Ford Francia, que habían ganado mucho dinero gracias a la entusiasta colaboración con los alemanes.

Washington había mantenido relaciones diplomáticas con Vichy hasta el desembarco en el norte de África, y después había coqueteado con políticos petainistas, burócratas de alto rango y generales que, después de Stalingrado, sintiendo de dónde venía el viento, se habían pasado de manera oportunista al lado aliado. La preferencia de Washington por los petainistas estuvo determinada por dos factores relacionados. En primer lugar, el deseo de encontrar socios franceses que, una vez colocados en el poder, pudieran ser confiables para mantener el status quo capitalista en una Francia posterior a la liberación. En segundo lugar, su temor de que la retirada de los alemanes y el colapso concomitante del régimen de Vichy pudieran provocar que la Resistencia llegara al poder, una resistencia que era mayoritariamente de clase trabajadora -así como la colaboración había sido mayoritariamente burguesa- y muy izquierdista, con los comunistas como elemento dirigente, e introducir el tipo de reformas radicales que eran muy populares en Francia pero que los líderes estadounidenses, incluido el presidente Roosevelt, abominaban como una “revolución roja”, quienes estaban decididos a salvar el capitalismo en Francia independientemente de los deseos de los franceses.


Por supuesto, un merecido homenaje a los veteranos de guerra del desembarco en Normandía. En la foto, algunos de ellos arriban al desfile del Día D, en Arromanches (Normandía), 6 de junio 2024 (Foto: Cristopher Furlong / Getty Images)

En cuanto al general Charles De Gaulle, líder de los llamados franceses libres con base en Gran Bretaña y reconocido por muchos dentro y fuera de Francia como uno de los líderes de la Resistencia, no era una personalidad izquierdista sino conservadora; pero Roosevelt y la mayoría de los demás responsables estadounidenses lo despreciaban por considerarlo un desagradable megalómano y compartían la opinión de Vichy de que era una mera fachada de los verdaderos líderes comunistas de la Resistencia. Washington se negó así a reconocer a De Gaulle y al gobierno provisional francés que encabezaba, a pesar de que les había quedado claro que su opción favorita, poner a un ex petainista en el poder, era inaceptable para el pueblo francés.

Y por eso los estadounidenses planearon gobernar ellos mismos la Francia “liberada” (y otros países europeos), al menos por el momento, a través de un gobierno militar que controlaban pero que eufemísticamente llamaban Gobierno Militar Aliado de los Territorios Ocupados (AMGOT). En Italia, este acuerdo había supervisado la transición antes mencionada con el fascismo hacia el fascismo sin Mussolini, y la idea era claramente lograr un resultado similar en Francia, el vichyismo sin Vichy. Sin embargo, con respecto a Francia, la idea de convertir el país en un protectorado estadounidense de facto aún no se había implementado en el momento del desembarco. 

Mientras tanto, De Gaulle se estaba volviendo poco a poco aceptable para Washington debido a tres factores. En primer lugar, los estadounidenses finalmente se dieron cuenta de que el pueblo francés no toleraría que el sistema de Vichy se mantuviera de ninguna manera. Por el contrario, habían llegado a comprender que De Gaulle era popular, disfrutaba del apoyo de un segmento considerable de la Resistencia y tenía el potencial de eclipsar a los comunistas como su líder. En segundo lugar, De Gaulle apaciguó a Roosevelt comprometiéndose a seguir un rumbo político que de ninguna manera amenazaría el status quo económico. Para garantizar su compromiso, innumerables antiguos vichyitas que disfrutaban de los favores de los estadounidenses se integraron en su movimiento de la Francia Libre e incluso se les otorgaron puestos de liderazgo. El gaullismo se volvió así respetable y el propio De Gaulle se transformó en “un líder de derecha”, aceptable para la clase alta francesa, que temía una toma del poder por parte de la Resistencia “roja”, y para los estadounidenses, preparados para suceder a los alemanes como socios y protectores de esa élite.

A finales de agosto de 1944, cuando se ganó la batalla de Normandía, un levantamiento de la Resistencia parisina predominantemente comunista claramente no pretendía impedir que los alemanes incendiaran la ciudad, como se sugeriría en una producción de Hollywood de 1966, Is Paris Burning?, sino establecer un gobierno francés que fuera independiente de los libertadores “anglosajones” del país y que probablemente aplicara políticas que no fueran de su agrado.

Eso obligó a los estadounidenses a abandonar el esquema AMGOT y rápidamente echar mano de la carta que hasta entonces se habían mostrado reacios a jugar: De Gaulle.

El general fue trasladado de urgencia a la capital para ser presentado a los parisinos como el salvador que la Francia patriótica había estado esperando durante cuatro largos años. Se dispuso que se pavoneara triunfalmente por los Campos Elíseos, mientras los líderes de la Resistencia local eran obligados a seguirlo a una distancia respetuosa, pareciendo extras sin importancia. Un poco más tarde, el 23 de octubre de 1944, Washington certificó su ciertamente incómoda asociación con De Gaulle al reconocerlo como jefe del gobierno provisional de la República Francesa.

Después de la batalla de Normandía, fue gracias a los americanos que en Francia De Gaulle, y no los hombres de la Resistencia, pudo llegar al poder. En contraste con este último, De Gaulle era una personalidad conservadora y colaboró entusiastamente con Washington para impedir las reformas radicales que la Resistencia había planeado y que muchos, si no la mayoría, de los franceses, y ciertamente la clase trabajadora, habían esperado y habrían acogido con agrado. Se conservó el sistema socioeconómico capitalista del país, aunque se actualizó su superestructura política: sobre las ruinas del régimen fascista de Vichy se erigió un sistema nuevo, comparativamente mucho más democrático, que en 1946 sería conocido oficialmente como la “Cuarta República”. Este acuerdo supuso un inmenso alivio para la clase alta francesa, pero también sirvió a los propósitos de los estadounidenses, que estaban decididos a hacer de la Europa liberada un lugar seguro para el capitalismo, preferiblemente un capitalismo sin restricciones, al estilo estadounidense, con “puertas abiertas” para los productos y el capital estadounidenses. El Tío Sam tiene mucho control.


Winston Churchill (medio) el general polaco Wladyslaw Sikorski (izquierda) y el general Charles de Gaulle (derecha) durante maniobras militares en Inglaterra en 1941

De Gaulle no permaneció en el poder el tiempo suficiente (dimitió en enero de 1946) para impedir que Francia se integrara en una Europa occidental dominada por Estados Unidos y se convirtiera en vasallo del Tío Sam, ejemplificado por su membresía en la OTAN (un acontecimiento que fue acompañado por la Americanización o “Cocacolonización” del país.  Pero en 1958 De Gaulle regresó y obtuvo amplios poderes mientras disponía que la Cuarta República diera paso a un sistema presidencial más autoritario, irónicamente al estilo estadounidense, que fuera bautizado “Quinta República”. Posteriormente demostró ser una espina clavada en el zapato del Tío Sam, por ejemplo al prohibir las bases del ejército estadounidense (y los cuarteles generales de la OTAN) en Francia y, más en general, al no ser un vasallo dócil como Konrad Adenauer en Alemania Occidental. (Es por esa razón que muy probablemente la CIA orquestó algunos de los golpes e intentos de asesinato dirigidos contra el régimen y/o la persona del recalcitrante presidente francés) 

De Gaulle tampoco perdonó nunca a los estadounidenses (y a los británicos) por tratar a Francia como un “felpudo” (paillasson), como dijo una vez, en el momento del desembarco en Normandía. En 1964, con motivo del vigésimo aniversario de Overlord, describió la operación como “el preludio de una segunda ocupación del país”, y nunca asistió a su conmemoración anual. También estuvieron ausentes de las conmemoraciones anuales, al menos durante la última década, los herederos rusos de los soviéticos, cuyos esfuerzos y sacrificios habían hecho posible no sólo los desembarcos, sino incluso la victoria final contra la Alemania nazi.


Este año, la razón oficial para que los representantes rusos sean non grata es la “guerra de agresión” de su país contra Ucrania, una especie de excusa que nunca fue invocada para descalificar a un presidente estadounidense por guerras similares (e incluso peores), por ejemplo, George W. Bush, que apareció en 2014. ¿Y qué pensar de la invitación dirigida al presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski?

Su gobierno está repleto de admiradores de Stepan Bandera y otros ucranianos que colaboraron entusiastamente con los nazis y con los neonazis, y el propio Zelenski participó feliz y orgulloso cuando, en septiembre de 2023, los miembros de la Cámara de los Comunes de Canadá honraron por unanimidad a un ex SS ucraniano, Yaroslav Hunka, con una ovación de pie en el Parlamento de Canadá.

Más tarde, los parlamentarios alegaron tímidamente su ignorancia, pero Zelenski ciertamente sabía muy bien quién era ese hombre y qué representaba, y el primer ministro Justin Trudeau debería haberlo sabido o al menos haber sido informado. De hecho, no es ningún secreto que, en los juicios de Nuremberg, las SS en su totalidad fueron declaradas una organización criminal.

Y también se sabe, especialmente en Canadá, que una unidad de las SS similar a aquella de la que Hunka era miembro, luchó contra las tropas aliadas en Normandía y cometió allí crímenes de guerra, incluida la masacre de decenas de prisioneros de guerra canadienses en la Abadía de las Ardenas, cerca de Caén.

Es de suponer que Justin Trudeau conoce la historia de Canadá y está al tanto de lo que sucedió en la Abadía de las Ardenas; debería ir allí y depositar una corona de flores e invitar a Zelensky a que lo acompañe.


Dr. Jacques R. Pauwels

La fuente original y Copyright ©, Investigación Global, 2024

FUENTES del autor: En la versión original en inglés

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