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02 agosto 2025

Los intocables: Los depredadores sexuales dentro de la élite del poder estadounidense




Selección y resumen de artículos

Introducción del editor del blog


El memorando del Departamento de Justicia de los Estados Unidos emitido hace poco detalla “concluyentemente” que el delincuente sexual Jeffrey Epstein no tenía una lista de clientes que pudiera implicar a personalidades importantes; sobre la muerte de Epstein en prisión en 2019 descarta la posibilidad de un crimen, afirmando que Epstein se suicidó y que no se encontraron pruebas de que mantuviera una lista para incriminar a los implicados en sus delitos sexuales.

Una necesaria aclaración: El Departamento de Justicia de los Estados Unidos (United States Department of Justice -DOJ-) es un departamento ejecutivo federal del gobierno de Estados Unidos responsable de la aplicación de las leyes y la administración de justicia en los Estados Unidos, equivale a la Fiscalía General en otros países. El Departamento de Justicia administra diversas agencias federales: Buró Federal de Investigaciones (FBI), el Cuerpo de Alguaciles (USMS), la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), la Administración de Control de Drogas (DEA). También es responsable de investigar los casos de fraude financiero y representa al gobierno de los Estados Unidos en asuntos legales ante la Corte Suprema y la administración del sistema federal penitenciario, entre otras funciones. El Departamento está dirigido por el Fiscal General de los Estados Unidos, designado por el presidente y confirmado por el Senado. La actual Fiscal General es Pam (Pamela) Bondi.

Volviendo al caso Epstein, un rotundo análisis afirma que “el patrón recurrente en los escándalos de "redes de pedofilia" en Occidente en las últimas décadas es que los "proxenetas", cuando son descubiertos y capturados, siempre terminan siendo presentados como "lobos solitarios", mientras que la amplia clientela de élite a la que servían SIEMPRE permanece protegida. Es una de las verdades más brutales que todos debemos aprender sobre la vida en el planeta Tierra, y aunque es decepcionante ver a Trump mantener este patrón, es importante recordar que él y su equipo no son en realidad "Vengadores" ni superhéroes. Se enfrentan a patócratas con el poder de mover billones de dólares en los mercados globales” (Sott.net).

Glenn Thrush, de The New York Times, señala que: "el propio Trump ha estado algo ambivalente sobre todo este asunto. Era amigo de Jeffrey Epstein, digamos. Aparece en un montón de fotos y vídeos antiguos con Epstein. Debo decir que no hay ninguna insinuación de que haya hecho nada malo. El mismo Trump dijo que se abran los archivos y se revele la verdad. Pero siempre ha sido un poco extraño que Trump y el movimiento MAGA se adhirieran a la conspiración de Epstein, porque él mismo parece no haber tenido ningún problema en estar cerca de Epstein durante mucho tiempo. De hecho, tuvieron una pelea hace años por un acuerdo de tierras.

Esto, de la teoría de la conspiración, es realmente importante porque encaja con el impulso emocional, cultural y político más amplio de todo el movimiento MAGA, que es que hay una camarilla en el establishment que está intentando proteger a actores nefastos, gente poderosa, sombría y oscura, y Trump y la gente que él designe van a venir y destrozar todo esto.

Entonces, incluso si los detalles de la conspiración de Epstein se están disolviendo y las personas que una vez la promovieron están tratando de distanciarse de ella porque ahora dirigen las agencias de aplicación de la ley más poderosas del país, todavía tiene poder. Y ese poder es el mismo impulso que impulsó a estas personas a ocupar estos cargos. Y lo que debo decirles es que Pam Bondi fue la ex fiscal general de Florida, tiene las cualificaciones básicas para su puesto. Pero Kash Patel y su segundo, Dan Bongino (al mando del FBI), son los menos experimentados para ocupar sus puestos actuales. Y la razón por la que ocupan esos puestos, la moneda de su reino, es porque son forasteros".

Éstos y otros funcionarios de la administración Trump prometieron revelar y apoyar a sus conspirativos partidarios en que todavía existe un encubrimiento del caso Epstein (que la verdad sobre la muerte de Epstein era que fue asesinado para no implicar a personas poderosas en su juicio, probablemente del corrupto estado profundo). Esos representantes del gobierno están ahora frustrados a pesar de que Trump dijo que no había nada que ocultar cuando se reveló su nombre en la lista de Epstein. Trump quiso desmentir el caso de Epstein al señalar, primero, que no existían los "Archivos Epstein", que "Epstein no tenía clientes"; y, segundo, afirmó que era "un engaño demócrata" por lo que pidió que se abran los archivos del caso ya que le parece absurdo que se siga hablando de Jeffrey Epstein después de varios años y que el Departamento de Justicia dijera que no hay nada anormal.

Está completamente claro el sentimiento general de que ha existido “un comportamiento realmente turbio y nefasto en las más altas esferas de nuestro gobierno y con otras personas adineradas e influyentes de nuestro país y del mundo. No se trata solo de eso. Es que cuando esta gente intenta salirse con la suya, lo hacen y nos hacen el ridículo. Es como si esto no fuera una buena mentira”. (Liz Wheeler, presentadora y comentarista conservadora)


Izquierda, la foto corresponde al 2000. El hombre de negocios Donald Trump junto a su novia (en esos tiempos) Melanija Knavs o Melania Knauss, hoy Melania Trump, junto a Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, en el club Mar-a-Lago, Florida. Derecha, Trump y Epstein en Mar-a-Lago en 1997. Credito, Davidoff, Studios Photography/Archive Photos, vía Getty Images



“Por lo tanto, cabría pensar que los grandes medios de comunicación, dada la culpabilidad de sus dueños corporativos en este escándalo de la clase alta estadounidense, habrían respirado aliviados y le habrían obligado a callarse (a Trump). Pero no. En cambio, (en particular, el Wall Street Journal de Rupert Murdoch) siguen sacando a la luz fotos de hace décadas y otras memorias de la relación pasada de Trump con Epstein, manteniendo así la asociación entre Trump y el "notorio pedófilo en serie" en los titulares, insinuando así que Trump participó en los delitos sexuales de Epstein. De este modo, han convertido lo que había sido un recurso poderoso -la divulgación y la justicia por "los peores crímenes"- durante la campaña de reelección de Trump... en un arma contra él”. (Sott.net)

Glenn Thrush, cree que “el gobierno está intentando decirle a todo el mundo que siga adelante después de que algunas de las figuras clave de la administración, incluido la actual jefa del Departamento de Justicia y los dos principales funcionarios del FBI, alimentaron teorías de conspiración para obtener beneficios y ganancias políticas durante años. Ahora, están intentando cerrar de golpe una puerta que ellos mismos abrieron de una patada”. Pam Bondi afirmó anteriormente que los archivos contenían muchos nombres, una lista de clientes de la que hablaba y muchos registros de vuelo. El director del FBI, Kash Patel, habló mucho sobre esto antes de asumir el cargo.

¿Por qué el FBI protege al mayor pederasta, al pederasta de mayor escala de la historia de la humanidad? Kash Patel, director del FBI dijo anteriormente (2023): “Sencillo, por quiénes están en esa lista. ¿No crees que Bill Gates está presionando al Congreso día y noche para evitar que se divulgue? ¡Ponte los pantalones de hombre y dinos quiénes son los pedófilos! Tenemos elecciones próximamente y tenemos que decidir este asunto en las urnas. Como alguien que ha trabajado como defensor público, como fiscal que ha estado en ese sistema penitenciario, que ha estado en el Centro de Detención Metropolitano, que ha estado en viviendas segregadas, sabes reconocer un suicidio cuando lo ves”.


En la mansión de Jeffrey Epstein en Manhattan en 2011, de izquierda a derecha: James E. Staley, en ese momento un alto ejecutivo de JPMorgan; el ex secretario del Tesoro ,Lawrence Summers; Jeffrey Epstein; Bill Gates, cofundador de Microsoft; y, Boris Nikolic, quien fue asesor científico de la Fundación Bill y Melinda Gates.


Hay una razón real y concreta por la que mucha gente quiere seguir con esto, el clamor por la verdad y la justicia entre los partidarios de Trump y MAGA no hace más que crecer.

La operación de chantaje con las listas de Jeffrey Epstein no es la gran noticia. Se ha destapado sus presuntos vínculos con el Mossad israelí, y decimos presuntos porque es algo que probablemente nunca aparecerá en documentos registrados; también han surgido posibles e inmensos fraudes financieros y corrupción política entre altas personalidades de los Estados Unidos.

Consideremos lo siguiente, a modo de datos informativos a desarrollar y que han sido divulgados en la prensa estadounidenses e internacional.

- Jeffrey Epstein presuntamente estuvo involucrado en el caso Irán-Contra.

- Epstein fue un probable colaborador de Adnan Kashoggi en el tráfico ilícito de armas (sobre Kashoggi hemos hablado en este blog, ver AQUÍ)

- Jeffrey Epstein fue designado, no sabemos por quién, para ayudar a Robert Maxwell a blanquear dinero. Este personaje cuya identidad real fue Ján Ludvík Hyman Binyamin Hoch (1923-1991) fue el gran monopolista de parte de los medios de comunicación global, además de político y estafador británico. Maxwell fue uno de los fundadores del estado de Israel: facilitó parte del tráfico de armas que armó al Irgún/Haganá después de la segunda guerra mundial.

- Les Wexner, fundador de "The Mega Group" (Multimillonarios por Israel), otorgó a Jeffrey Epstein un poder notarial transfiriéndole la mansión de Manhattan valorada en 77 millones de dólares y otros activos.

- Solo después de enriquecerse por los medios mencionados, Epstein tuvo acceso a personas importantes.

- Estos datos son indicios de que Epstein tenía una estrecha relación con la inteligencia israelí mucho antes de que, con la ayuda de la hija predilecta de Robert Maxwell -Ghislaine Maxwell, la “proveedora” de Epstein- iniciara una presunta operación de chantaje a políticos y otros “famosos” en la lista de visitas a su isla privada.

- La dimensión del escándalo es que Epstein y su principal cómplice, Ghislaine Maxwell, son judíos con fuertes vínculos con Israel, esto refuerza la creciente percepción de que la política y las políticas gubernamentales estadounidenses están en gran medida impulsadas o "protegidas" por el chantaje israelí.

- El motivo del cambio de postura de la administración Trump sobre los archivos es que, dado el clima actual en Estados Unidos, una presumible revelación de la profunda penetración de Israel en la estructura de poder político estadounidense podría poner en peligro la existencia del estado israelí.

Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell en Nueva York, marzo de 2005. Patrick McMullan (vía Getty Images)

Nota referencial: Este artículo es una secuela de "El depravado poder del dinero. Jeffrey Epstein y sus amigos", de agosto de 2019, basado en la gran investigación desarrollada por la periodista de The New Yorker, Connie Bruck, "Alan Dershowitz, Devil’s Advocate. The noted lawyer’s long, controversial career -and the accusations against him", literalmente traducido como "Alan Dershowitz, abogado del diablo. La larga y controvertida carrera del destacado abogado, y las acusaciones en su contra", material reproducido en este blog (Ver AQUÍ)

El siguiente artículo (principal) es una traducción del inglés y se basa en todo el material referencial de los últimos meses sobre Jeffrey Epstein y sus amigos.


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Los intocables: los depredadores sexuales dentro de la élite del poder estadounidense

John y Nisha Whitehead,
Instituto Rutherford (julio de 2025)
Versión original en inglés:
The Untouchables: The sexual predators within America's power elite


© Wikimedia Commons. 1993, Ghislaine Maxwell y Jeffrey Epstein visitan a Bill Clinton en la Casa Blanca.

 

Una vez más, el estado policial estadounidense opta por proteger a los depredadores, no a las víctimas.

Jeffrey Epstein -el multimillonario de los fondos de cobertura, pedófilo serial convicto y traficante sexual- puede que esté muerto, pero la maquinaria que lo empoderó y lo protegió sigue muy vigente.

Verán, el caso Epstein nunca se trató solo de Epstein, sino de todo el sistema de poder que protege a la clase dominante, silencia a las víctimas y elimina la rendición de cuentas.

Por lo tanto, las últimas declaraciones de la administración Trump -que Epstein no tenía lista de clientes, que de hecho se suicidó y que no hay nada más que discutir o investigar, así que simplemente deberíamos seguir adelante- solo han reforzado lo que muchos han sospechado desde el principio: el sistema está amañado para proteger a la élite en el poder, porque la élite en el poder es el sistema.

En esta era de política partidista y una población profundamente polarizada, la corrupción -especialmente cuando implica libertinaje sexual, depravación y comportamiento depredador- se ha convertido en el gran ecualizador.

Con el resurgimiento del fantasma de Jeffrey Epstein en el discurso público, recordamos una vez más la profunda corrupción.

La política, la religión, el entretenimiento, los negocios, las fuerzas del orden, el ejército -sin importar el ámbito ni la afiliación- están plagados de ese tipo de comportamiento sórdido y depravado que se deja pasar cuando involucra a los poderosos.

Durante años, el caso Epstein se ha erigido como un grotesco símbolo de la depravación dentro de la élite del poder estadounidense: multimillonarios, políticos y famosos que presuntamente traficaron sexualmente con niñas sin rendir cuentas.

Se cree que Epstein, quien murió en prisión tras ser arrestado por cargos de abuso sexual, violación y tráfico sexual de docenas de niñas, operaba una red de tráfico sexual no solo para su propio placer, sino también para el de sus amigos y socios comerciales.

Según The Washington Post, "varias de las jóvenes... afirman que fueron ofrecidas a ricos y famosos como parejas sexuales en las fiestas de Epstein".

A pesar de la insistencia del gobierno en que no hay nada más que ver, esto es lo que ya revela el registro público:

Epstein transportó a sus amigos en su avión privado, apodado "Lolita Express" en honor a la novela de Nabokov, debido a la presencia de lo que parecían ser niñas menores de edad a bordo.

Tanto Bill Clinton como Donald Trump se contaban entre los amigos de Epstein.

Tanto Clinton como Trump fueron en algún momento pasajeros del Lolita Express.

Tanto Clinton como Trump son reconocidos mujeriegos, acusados de conducta sexual inapropiada por un número considerable de mujeres a lo largo de los años. De hecho, el Instituto Rutherford representó a Paula Jones en su histórica demanda por acoso sexual contra el entonces presidente Clinton, un caso que contribuyó a exponer hasta qué punto es capaz de llegar el establishment político para protegerse a sí mismo.

Así que uno se pregunta... cuando el presidente Trump, quien ha usado la guerra de su administración contra la trata de personas para justificar la expansión de los poderes del estado policial del gobierno, desmantela silenciosamente las mismas agencias gubernamentales encargadas de investigar y exponer la trata sexual... ¿qué está pasando exactamente?

El mensaje desde arriba es claro: no habrá rendición de cuentas.

El presidente Trump se ha negado rotundamente a nombrar un fiscal especial. Sus aliados en el Congreso han guardado silencio. Y los mismos políticos que exigen los castigos más severos para inmigrantes indocumentados, manifestantes o denunciantes no tienen nada que decir sobre el abuso sistemático de menores por parte de hombres en su propia órbita.

Esto no es justicia. Es un doble rasero: un conjunto de reglas para los intocables y otro para todos los demás.

Si parece un encubrimiento, huele a encubrimiento y parece beneficiar a todos los sospechosos habituales, ¿es tan descabellado sospechar que el gobierno está cerrando filas una vez más para proteger a los miembros de su élite de poder?

Ya lo hemos visto antes: desde los experimentos MK-Ultra de la CIA y las operaciones COINTELPRO del FBI hasta los Papeles del Pentágono, el caso Irán-Contra, los centros clandestinos de la CIA y la vigilancia masiva de la NSA.

En cada ocasión, el secretismo protegió a los poderosos y traicionó al pueblo.

Y seguirá ocurriendo, una y otra vez, a menos que confrontemos la verdad que se esconde a simple vista: que el abuso de poder no es una aberración del sistema, sino que es el sistema.

En ningún otro lugar es esto más evidente que en la economía sumergida de la trata de personas con fines sexuales, donde convergen el poder, las ganancias y la depredación.

La trata de menores, el encubrimiento de los perpetradores, el silenciamiento sistemático de las víctimas: esto no es una teoría conspirativa. Es un modelo de negocio.

Este es el punto débil de Estados Unidos.

La trata de menores con fines sexuales -la compraventa de mujeres, niñas y niños pequeños, algunos de tan solo 9 años, para fines sexuales- se ha convertido en un gran negocio en Estados Unidos. Es el negocio de mayor crecimiento del crimen organizado y el segundo producto más lucrativo comercializado ilegalmente, después de las drogas y las armas. En Estados Unidos, los adultos compran menores para fines sexuales al menos 2,5 millones de veces al año. No solo las niñas son vulnerables a estos depredadores. Los niños representan más de un tercio de las víctimas en la industria sexual estadounidense.

¿Quién compra menores para fines sexuales?

Hombres comunes y corrientes de todos los ámbitos. "Podrían ser compañeros de trabajo, médicos, pastores o cónyuges", escribe el periodista Tim Swarens, quien dedicó más de un año a investigar el comercio sexual en Estados Unidos.

Hombres comunes y corrientes, sí. Pero luego están los llamados hombres extraordinarios, como Jeffrey Epstein, con riqueza, conexiones y protección, a quienes se les permite operar según sus propias reglas.

Estos hombres se evaden de la responsabilidad porque el sistema de justicia penal se inclina a los poderosos, los ricos y la élite.


Artículo de New York Magazine, del 28 de octubre de 2002, por Landon Thomas Jr. "JEFFREY EPSTEIN: El misterioso hombre del dinero internacional". La entradilla del artículo dice: "Es amigo de un montón de científicos ganadores del Premio Nobel, directores ejecutivos como Leslie Wexner de Limited, la socialité Ghislaine Maxwell e incluso Donald Trump. Pero no fue hasta que llevó a Bill Clinton, Kevin Spacey y Chris Tucker a África en su Boeing 727 privado que el mundo comenzó a preguntarse quién era". "Viene con dinero para gastar, una flota de aviones y un buen ojo para las damas -por no hablar de un cerebro implacable que desafía a los científicos ganadores del Premio Nobel en todo el país- y para los mercados financieros de todo el mundo. Desde que la "página seis" del Post publicó un artículo sobre la visita del presidente a África a finales de septiembre con Kevin Spacey y Chris Tucker -en el Boeing 727 personalizado de su nuevo benefactor-, la pregunta del día ha sido: ¿Quién demonios es Jeffrey Epstein?" (Gráfica y texto interpuesto por el editor del blog)


Hace más de una década, cuando Epstein fue acusado por primera vez de violar y abusar sexualmente de niñas, recibió un acuerdo secreto con el entonces fiscal federal Alexander Acosta, secretario de Trabajo del primer mandato del presidente Trump, que le permitió evadir los cargos federales y recibir el equivalente a una reprimenda: permitirle "trabajar" en casa seis días a la semana antes de regresar a la cárcel a dormir.

Desde entonces, un juez federal ha declarado ilegal ese acuerdo secreto.

Sin embargo, la cuestión es la siguiente: Epstein no actuó solo.

No me refiero solo a sus cómplices, quienes reclutaron y manipularon a las jóvenes de las que se le acusa de violar y abusar sexualmente, sino también a su círculo de influyentes amigos y colegas, que en su momento incluyó a Bill Clinton y Donald Trump.

Como señala Associated Press, "El arresto del multimillonario financiero por cargos de tráfico sexual infantil plantea interrogantes sobre cuánto sabían sus poderosos socios sobre las interacciones del gestor de fondos de cobertura con menores de edad y si hicieron la vista gorda ante conductas potencialmente ilegales".

De hecho, una decisión del Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito, que permite la divulgación de un documento de 2.000 páginas vinculado al caso Epstein, hace referencia a acusaciones de abuso sexual que involucran a "numerosos políticos estadounidenses prominentes, poderosos ejecutivos de empresas, presidentes extranjeros, un conocido primer ministro y otros líderes mundiales".

Este no es un incidente menor que involucra a actores menores. Tampoco se trata de errores partidistas.

Son traiciones sistémicas. Los depredadores visten de rojo y azul por igual, y el silencio se extiende a ambos niveles de poder.

Esta es la oscuridad en el corazón del estado policial estadounidense: un sistema construido para proteger a los poderosos de la justicia.

Esclavas sexuales. Tráfico sexual. Sociedades secretas. Élites poderosas. Corrupción gubernamental. Encubrimientos judiciales.

Una vez más, la realidad y la ficción se reflejan mutuamente.

Hace veinte años, la última película de Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut, ofreció al público una sórdida mirada a una sociedad sexual secreta que satisfacía los impulsos más bajos de sus miembros adinerados mientras se aprovechaba de jóvenes vulnerables. No es tan diferente del mundo real, donde hombres poderosos, aislados de toda responsabilidad, satisfacen sus bajos impulsos.

Kubrick sugirió que estas sociedades secretas prosperan porque el público elige no ver lo que tiene justo delante, contento de navegar por la vida en negación sobre las verdades feas y obvias que nos rodean.

Al hacerlo, nos convertimos en cómplices de comportamientos abusivos en nuestro entorno.

Así es como florece la corrupción de la élite del poder.


Epstein visto cerca de Trump y la modelo Ingrid Seynhaeve en una fiesta de “ángeles” de Victoria’s Secret en 1997. Credito: Sonia Moskowitz/Getty Images


Durante años, periodistas de investigación y sobrevivientes han documentado cómo el chantaje, los vínculos con las agencias de inteligencia y el apalancamiento financiero ayudaron a proteger a los depredadores sexuales de la élite, no solo del enjuiciamiento, sino también del escrutinio público.

Por cada Epstein que, finalmente, es llamado a rendir cuentas por sus hazañas sexuales ilegales después de años de recibir vía libre por parte de aquellos en el poder, hay cientos (quizás miles) más en los pasillos del poder y la riqueza cuya depredación continúa sin cesar

Si bien los presuntos crímenes de Epstein son lo suficientemente atroces por sí solos, él es parte de una narrativa más amplia de cómo una cultura del derecho se convierte en un pozo negro y un caldo de cultivo para déspotas y depredadores. 

El poder corrompe. Peor aún, como concluyó el historiador del siglo XIX Lord Acton, el poder absoluto corrompe absolutamente. 

Si se le da demasiado poder a cualquier persona (o agencia gubernamental) y se le permite creer que tiene derecho, es intocable y no rendirá cuentas por sus acciones, se abusará de esos poderes. 

La historia lo demuestra. El momento presente lo confirma. 

Vemos esta dinámica desarrollarse todos los días en comunidades de todo Estados Unidos. 

Un policía dispara a un ciudadano desarmado sin ninguna razón creíble y se sale con la suya. Un presidente emplea órdenes ejecutivas para eludir la Constitución y se sale con la suya. Una agencia gubernamental espía las comunicaciones de sus ciudadanos y se sale con la suya. Un magnate del entretenimiento acosa sexualmente a aspirantes a actrices y se sale con la suya. El ejército estadounidense bombardea un hospital civil y se sale con la suya. 

No es coincidencia que la misma administración que desmantela las oficinas encargadas de combatir la trata de personas también esté desfinanciando a las pocas agencias que quedan para exigir cuentas a las fuerzas del orden

Bajo la presidencia de Trump, el Departamento de Justicia se ha reestructurado para priorizar la lealtad sobre la justicia, la protección sobre el enjuiciamiento. Las oficinas que antes se dedicaban a la aplicación de los derechos civiles, la supervisión policial y la rendición de cuentas pública han sido desmanteladas o discretamente marginadas (silenciadas). 

Consideremos el caso del exoficial de Louisville, Brett Hankison, quien disparó a ciegas diez balas contra el apartamento de Breonna Taylor durante un allanamiento sin previo aviso fallido. Hankison fue finalmente condenado, no por matar a Taylor, sino por privar a otros de sus derechos civiles. Y, sin embargo, el Departamento de Justicia de Trump solicitó al tribunal que condenara a Hankison a un día de prisión, -el equivalente al tiempo cumplido durante el registro.

En otras palabras, en la opinión de Trump, los poderosos y sus ejecutores deberían andar libres mientras se entierra a los muertos y se le dice al público que siga adelante.

Y no es solo la policía de gatillo fácil la que queda impune.

En todo el país, los agentes del orden han sido sorprendidos repetidamente dirigiendo redes de tráfico sexual, abusando de mujeres y niñas bajo su custodia o explotando su placa para coaccionarlas sexualmente, con pocas o ninguna consecuencia.

Desde Luisiana hasta Ohio y Nueva York, los agentes han sido arrestados por traficar con niñas menores de edad, agredir a mujeres vulnerables y violar a detenidas, a menudo protegidos por sindicatos, fiscales o un muro azul de silencio.

No se trata de unas pocas manzanas podridas. Es una cultura de impunidad incrustada en el sistema.

Así es como funciona el sistema, protegiendo a los intocables, no porque sean inocentes, sino porque el sistema los ha hecho inmunes.


El príncipe Andrés, Gwendolyn Beck y Jeffrey Epstein en una fiesta en Mar-A-Lago en febrero de 2000

El abuso de poder -y la hipocresía impulsada por la ambición y la deliberada indiferencia hacia la mala conducta que posibilitan dichos abusos- funciona de la misma manera, ya sea que se trate de delitos sexuales, corrupción gubernamental o el estado de derecho.

Es la misma historia de siempre: un hombre asciende al poder, un hombre abusa del poder de forma abominable, un hombre intimida y amenaza a cualquiera que lo desafíe con represalias o algo peor, y un hombre se sale con la suya gracias a una cultura de sumisión en la que nadie alza la voz porque no quiere perder su trabajo, su dinero o su lugar en la élite.

Los depredadores sexuales no son la única amenaza.

Por cada Epstein o Clinton, cada Weinstein, Ailes, Cosby o Trump que finalmente es denunciado por su mala conducta sexual, hay cientos, miles, de otros en el estado policial estadounidense que se salen con la suya tras cometer asesinatos, en muchos casos, literalmente, simplemente porque pueden.

A menos que algo cambie en la forma en que lidiamos con estos continuos y atroces abusos de poder, los depredadores del estado policial seguirán causando estragos en nuestras libertades, nuestras comunidades y nuestras vidas.

Durante demasiado tiempo, los estadounidenses han tolerado una oligarquía en la que un poderoso grupo de élite de donantes ricos es quien toma las decisiones.

Necesitamos restaurar el estado de derecho para todas las personas, sin excepciones.

El estado de derecho significa que nadie tiene un pase libre, sin importar su riqueza, estatus o conexiones políticas.

Como dejo claro en mi libro Battlefield America: The War on the American People y en su contraparte ficticia The Erik Blair Diaries, el empoderamiento de los pequeños tiranos y los dioses políticos debe terminar.


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Fuentes:

27 febrero 2025

Interpretaciones erróneas sobre la evolución de los Estados Unidos



 

Por Thierry Meyssan

Red Voltaire

28 de enero y 4 de febrero 2025


Vemos que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca está cambiando las reglas del juego internacional. Sin embargo, a menudo malinterpretamos sus acciones: ignoramos las costumbres y tradiciones de su país y proyectamos sobre él nuestros propios debates políticos. Estamos aún más perdidos porque en los últimos años nos hemos adherido más o menos a la ideología de moda en Washington. La consideramos la doxa americana, cuando era sólo un momento de su historia, y olvidamos sus múltiples escuelas de pensamiento.


Todos quedamos sorprendidos cuando el presidente Trump firmó órdenes ejecutivas justo después de su toma de posesión. La prensa europea lo vio como un autócrata que afirmaba su poder. De ninguna manera ! Una buena parte de estos documentos limita el poder del Estado federal en beneficio de los estados federados. Hoy en día, interpretaciones erróneas de este tipo son habituales entre Estados Unidos y Europa.




La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca redistribuye todas las cartas ideológicas, geopolíticas, económicas e incluso militares. De hecho, por primera vez en casi dos siglos, un jacksoniano vuelve a estar en el poder en Estados Unidos. Habíamos olvidado esta manera de pensar (excepto en las películas western) y ya no somos capaces de anticiparla. Sin embargo, Trump ya lleva cuatro años en el poder, pero en ese momento sus propios aliados republicanos le impidieron en gran medida implementar sus políticas, mientras que la prensa demócrata nos aseguró que era un enfermo mental o un fascista.

Curiosamente, los influencers de las redes sociales que defienden su punto de vista sólo nos informan sobre su lucha ideológica contra el protestantismo, nunca sobre su concepción de las relaciones internacionales y menos aún sobre sus ambiciones políticas. Esto es aún más extraño si tenemos en cuenta que, desde las elecciones del 5 de noviembre, el equipo de Donald Trump ha contactado a numerosos influencers en la Unión Europea y el Reino Unido y ha comenzado a pagarles generosamente.

Hay varias maneras de considerar esta contradicción. O bien Donald Trump quiere engañar a los europeos y hacerles ver sus verdaderas intenciones, o bien cree que sólo pueden entender una cosa a la vez. Por nuestra parte, continuaremos nuestro trabajo describiendo las diferentes facetas del personaje sin olvidar ninguna.


La lucha contra la ideología progresista

El wokismo se presenta generalmente como una reacción a la esclavitud y la segregación racial. Los colonos europeos, al darse cuenta de los horrores que habían cometido, intentarían redimirse.

Esta no es mi opinión en absoluto. En mi opinión, el progresismo no tiene nada que ver con estos crímenes. Si adoptamos un punto de vista antropológico, debemos reconocer que existen fenómenos idénticos en todas las grandes religiones. En el cristianismo, fue encarnada por Orígenes, el Padre de la Iglesia del siglo III que se castró para no pecar, o más recientemente por Juan Calvino, famoso por haber aplicado en la República teocrática de Ginebra los mismos métodos que la Inquisición española.

Ahora bien, Estados Unidos se desarrolló a partir de la colonia puritana de Plymouth (Nueva Inglaterra, más precisamente Massachusetts). Eran puritanos, es decir, calvinistas. El Lord Protector, Oliver Cromwell, los había enviado como misioneros, no tanto para convertir a los indios sino a los europeos del muy católico Rey de España. En sus colonias, las mujeres debían llevar velo y la oración era obligatoria. Los homosexuales eran sometidos a azotes, etc. A estos fanáticos se les conoce como los "padres peregrinos" (que no deben confundirse con los "padres fundadores", que son juristas). Se celebran cada año en la fiesta nacional de Acción de Gracias. Fueron ellos quienes importaron la idea de que la política debe ser “pura” y que las estatuas de los herejes deben ser destruidas.

Desde 2014, la expresión “woke” se utiliza para referirse a las personas conscientes de las consecuencias sociales de la esclavitud y la discriminación racial, o incluso, debido a la convergencia de luchas, de la orientación sexual e incluso de género. Este movimiento que busca la “pureza”, en el sentido religioso del término, se ha fijado “buenas prácticas” destinadas a combatir la discriminación racial, ya sea manifiesta o “sistémica”. De hecho, promueve la “discriminación positiva” en favor de todas las minorías.

Es evidente que la esclavitud fue una realidad en Estados Unidos y que esta realidad pasada condiciona los comportamientos actuales. Pero es dudoso que destruir lo que recuerda a esa época resuelva los problemas de nuestro tiempo, y más aún si favorecer a los candidatos negros les permitirá liberarse de la condición de sus antepasados. Todo el mundo percibe instintivamente que los remedios son peores que los problemas que pretenden combatir. Al menos eso es lo que pensaron los residentes de Los Ángeles cuando sus casas fueron devastadas por los incendios. Reflexionaron sobre la ineficacia de los bomberos contratados con base en criterios de discriminación positiva y no en función de su competencia. Este movimiento ha perdido popularidad en Estados Unidos en los últimos años como lo demuestra la expresión ¡ despierto, quebrado! (“¡Despierta, quiebra!”)

El wokismo es una adaptación moderna del puritanismo de los “padres peregrinos”. Pero Estados Unidos es un país compuesto en el que se han mezclado varias culturas.

Hay que reconocer que, así como el Partido Republicano absorbido por los trumpistas se ha vuelto jacksoniano, el Partido Demócrata absorbido por Obama y Biden se ha vuelto "woke". Esto ha dado lugar a muchos malentendidos, ya que Washington en su conjunto ha abandonado ideológicamente el comportamiento tradicional al que está volviendo hoy.

Durante la campaña electoral presidencial, dos jóvenes influencers denunciaron extensamente el progresismo. La periodista negra Candace Owens (que ahora ataca a la pareja Macron) (1) calificó a Black Lives Matter como “un grupo de niños llorones que fingen estar oprimidos para llamar la atención”. Mientras que el gay Milo Yiannopoulos (casado con otro hombre) se ha distinguido por sus parodias del feminismo lésbico y del movimiento LGBTQIA+. Estos dos influencers llevaron a muchas personas negras y homosexuales a no votar por el Partido Demócrata, como sus mayores, sino por Donald Trump.

En su discurso inaugural, Donald Trump anunció el fin de las políticas de acción afirmativa y afirmó que a partir de ahora el gobierno federal sólo reconocerá dos sexos. Es espectacular, pero llega en un momento en el que la gran mayoría de los votantes estadounidenses ya están convencidos de ello (2)




"Excepcionalismo americano"

Donald Trump es un partidario del “excepcionalismo estadounidense” (3); una doctrina según la cual Estados Unidos es "la luz en la colina", querida por Dios para iluminar al mundo.

Esta doctrina, derivada también directamente del ejemplo de los "padres peregrinos", asegura que su viaje fue comparable al de los antiguos hebreos. Los transformó en un “pueblo elegido” porque huyeron del faraón (la monarquía británica que acababa de ser derrocada por Lord Cromwell), cruzaron el Mar Rojo (el océano Atlántico) y descubrieron una tierra prometida (América del Norte). Cada uno de los 47 presidentes de los Estados Unidos, sin excepción, ha reivindicado esta mitología. Esto es lo que subyace tanto a su rechazo de los principios del derecho internacional como a su apoyo al Estado de Israel.

Desde el punto de vista estadounidense (esto no tiene nada que ver con Donald Trump), Washington nunca aceptará rendir cuentas a nadie, especialmente a las Naciones Unidas o sus agencias. Claro, reciclaron a muchos criminales nazis durante la Guerra Fría, claro, masacraron a coreanos, vietnamitas, afganos, iraquíes, libios, palestinos, sirios, etc. pero ninguno de sus presidentes debería ser acusado por ningún tribunal internacional.

En un artículo de opinión publicado en 2013 en el New York Times, el presidente ruso Vladimir Putin destacó que es "extremadamente peligroso alentar a las personas a verse a sí mismas como excepcionales, cualquiera sea la motivación" (4). Esta doctrina de hecho induce una diferencia y una jerarquía entre los hombres, como cuando se aplica el concepto teológico de "pueblo elegido" a una realidad política.

A lo largo de su historia, Washington nunca ha aceptado rendir cuentas a los extranjeros. Atribuimos erróneamente algunas de sus decisiones recientes a ideologías actuales, cuando de todos modos se habrían tomado. Por ejemplo, creemos erróneamente que Donald Trump se retiró de los Acuerdos de París sobre la lucha contra el calentamiento global porque piensa que son estúpidos. Ciertamente, no cree que el IPCC sea una academia de ciencias. Pero en cualquier caso, Estados Unidos no podía aceptar firmar acuerdos que los sometieran al juicio de otros. Obama y Biden se posicionaron en contra de la tradición de su país por ideología, Trump se posicionó de acuerdo con su tradición, que también corresponde a su propia ideología.


Libertad, versión occidental

Cuando se fundó Estados Unidos en 1776, 13 años antes de la Revolución Francesa, los padres fundadores no estaban de acuerdo en su concepción de la libertad y los derechos humanos. A diferencia de los volterianos franceses, ellos no pensaron en estas cuestiones desde un punto de vista tanto individual como colectivo. Para ellos, la libertad es simplemente poder hacer lo que quieran en casa. Por eso, por ejemplo, son alérgicos al principio de las cotizaciones sociales obligatorias.

Esta forma de pensar no está exenta de inconvenientes. Así, su concepción de los “Derechos Humanos” está en total contradicción con la concepción francesa de los “Derechos Humanos y Ciudadanos”. Desde un punto de vista anglosajón (se refiere a la tradición británica), se trata únicamente de protegerse de las razones de Estado. Por el contrario, desde el punto de vista de los revolucionarios franceses, se trataba menos de no ser torturado en una comisaría que de participar en la elaboración de las leyes (5).

El debate sobre la libertad de expresión se ve distorsionado por la superposición de rejillas de lectura. La administración Biden ha adoptado una visión consciente de que tiene la responsabilidad de informar al público sobre los peligros del COVID y salvarlo de la enfermedad. Por esta razón ha prohibido todo debate científico y censurado todas las opiniones disidentes. Según la tradición de los "padres fundadores", el Estado federal no tenía derecho a interferir en los intercambios en las redes sociales. Según la tradición volteriana, el Estado tenía derecho, no a prohibir nada, sino a hacer que los tribunales prohibieran los mensajes que habían engañado a los internautas y perjudicado su salud (en este caso, eran los mensajes sobre la obligación universal de ciertos medicamentos los que debían haber sido objeto de persecución).


En 1838, entre 4.000 y 8.000 cheroquis murieron de frío, hambre o agotamiento en el "Sendero de las Lágrimas". En virtud de la Ley de Remoción de los Indios, firmada por el presidente Andrew Jackson, dejaron la costa este de los Estados Unidos a los europeos y acordaron mudarse al sur del río Misisipi. Sin embargo, hoy en día es la única tribu india que ha logrado mantener su modo de vida sin ser erradicada por los europeos. Esta deportación es el ejemplo seguido por Donald Trump para poner fin a la limpieza étnica de Palestina y resolver el conflicto palestino-israelí que se prolonga desde hace 80 años.


El regreso del sureñismo

Estados Unidos ha sido al mismo tiempo sureño y federalista. Los sureños fueron derrotados al final de la Guerra Civil, y sus vencedores impusieron el mito según el cual esta guerra había enfrentado a los esclavistas contra los abolicionistas. En realidad, al principio de la guerra ambos bandos eran proesclavistas y al final ambos bandos eran abolicionistas. La verdadera cuestión de la disputa era si las aduanas eran competencia de los estados o del gobierno federal.

Los jacksonianos, precursores de los sureños, querían un "estado federal mínimo". De esta forma han devuelto muchas competencias a los estados federados. Eso fue lo que hizo Donald Trump cuando los jueces que él nombró apoyaron enviar la cuestión del aborto del estado federal a los estados. Personalmente, no parece tener una opinión firme sobre este tema. Su rival, Kamala Harris, se equivocó, como Woke, al presentarlo como un reaccionario cuando la mitad de los estados federados respetan los derechos de las mujeres y autorizan la interrupción voluntaria del embarazo (IVG). Esta es una de las principales razones de su fracaso.

Cuando Donald Trump anunció la creación de un Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), pretendía desmantelar una administración federal que decide desde Washington cómo debe vivir cada ciudadano incluso a 2.500 kilómetros de distancia. Es cierto que ha confiado la responsabilidad a un libertario, Elon Musk, pero para él no se trata de adelgazar el Estado federal mediante el liberalismo reaganiano. Disolverá miles de agencias gubernamentales, no porque sean caras, sino porque, a sus ojos, son ilegítimas.

En cierto modo, el debate entre sureños y norteños, entre confederalistas y federalistas, recuerda al de los girondinos y los montañeses durante la Revolución Francesa. Sin embargo, en Estados Unidos los estados federados tenían sólo una historia corta, mientras que en Francia las regiones tenían un milenio de historia feudal: París siempre sospechó que devolver el poder a las provincias rehabilitaba el feudalismo.


El expansionismo estadounidense

Estados Unidos, que en el momento de su creación contaba con sólo 13 estados federados, ahora tiene 50, además de 1 distrito federal y 6 territorios. Desde una perspectiva estadounidense (de nuevo, esto no tiene nada que ver con Donald Trump), no han terminado de crecer. Desde la década de 1930, aspiran a absorber toda la plataforma continental de América del Norte, incluidos Canadá, Groenlandia, Islandia e Irlanda, además de México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, sin mencionar todo el Caribe (6).

En ese clima nacional, Donald Trump anunció durante su discurso inaugural que su país llamaría en adelante al Golfo de México "Golfo de América", lo que decretó unas horas más tarde. Además del hecho de que los estadounidenses no se consideran tales, sino como "americanos", esta palabra no se refiere a una denominación local, sino al colonizador Américo Vespucio.

No anunció la anexión de Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá, como había sugerido anteriormente, sino la colonización del planeta Marte.

Sin embargo, contrariamente a los comentarios de la prensa europea, Donald Trump nunca ha hablado de conquistar la plataforma continental norteamericana por la fuerza militar, aunque sí ha mencionado el desarrollo de bases militares en Groenlandia. Como jacksoniano, está interesado en comprar estos territorios. Parece que actualmente está "negociando" de forma especialmente agresiva con Dinamarca la cesión de Groenlandia a cambio de un compromiso de defensa.

Cabe señalar que la administración Trump sigue amenazando a Cuba, hacia la que tiene ambiciones coloniales, pero no a Venezuela, que está fuera de la plataforma continental de América del Norte. Sin embargo, se refiere a ambos estados como "comunistas" y afirma que los trata de la misma manera.

Dada la proximidad ideológica entre los dos “pueblos elegidos”, la administración Trump aborda la cuestión de Israel como si los palestinos fueran indios atacando diligencias. El presidente Andrew Jackson decidió poner fin a las guerras indias negociando tratados con las distintas tribus. Muy pocos se implementaron, pero su gran "éxito" fue con los Cherokees. Los deportó al sur del Mississippi. Resulta que, a pesar del sangriento episodio del “sendero de las lágrimas”, los cherokees fueron los únicos indígenas que respetaron estos acuerdos. Y hoy son la única tribu que ha sobrevivido con su cultura. Juntos dirigen un imperio de casinos. Pero aplicar el mismo método a los palestinos no puede funcionar: los cherokees no se consideran dueños de la “Madre Tierra”, pueden seguir siendo cherokees dondequiera que estén. Los palestinos, por el contrario, están apegados a su tierra y saben que morirán, como cultura, si la pierden.




La sustitución de la guerra por el comercio

Último punto importante para los jacksonianos: la sustitución de la guerra por el comercio. Donald Trump cree que la mayoría de las guerras son masacres innecesarias. Son sólo un medio para manipular a las masas para lograr objetivos indecibles. Como al final muchas veces sólo es una cuestión de dinero, es necesario sustituir las guerras por el comercio.

Esta doctrina funciona muy bien en la mayoría de los casos, sin embargo algunas guerras tienen motivos complejos no relacionados con objetivos comerciales. En estos casos, y sólo en estos, el jacksonismo no funciona.

Por ejemplo, la guerra en Ucrania. Si uno afirma que Rusia quiere anexionarse a su vecino, puede negociar con él algo que satisfaga su apetito sin dañar la integridad de ese país. Pero si uno cree que Moscú quiere sinceramente poner fin a la "Gran Guerra Patria" (la Segunda Guerra Mundial), derrotar a los nazis y a los nacionalistas fundamentalistas (los "banderistas"), entonces ninguna negociación comercial podrá detenerlo.

Éste es el talón de Aquiles de la administración Trump: la guerra en Ucrania no tiene ningún motivo económico, contrariamente a lo que han afirmado los políticos occidentales. Moscú habla en serio cuando exige desnazificar Ucrania. En este punto, Estados Unidos tendrá que ceder o enfrentarlo con dureza.

Si ceden, surgirá un segundo problema: Rusia es un territorio enorme cuyas fronteras (más de 20.000 kilómetros) nadie puede garantizar su defensa. Por eso, Moscú exige tradicionalmente que sus vecinos beligerantes sean neutrales. Éste es el significado del malentendido sobre la OTAN: Rusia reconoce, a través de la Declaración de Estambul (2003), el derecho de cada país a unirse a una coalición militar, pero rechaza que esta membresía abra la puerta al almacenamiento de armas de terceros países en su territorio. Sin embargo, durante la presidencia de Boris Yeltsin, Estados Unidos, advertido en repetidas ocasiones, continuó su presión para incluir a los diversos estados postsoviéticos en la adhesión a la OTAN, excepto Rusia, que sin embargo les pidió que lo hicieran.

Los jacksonianos no tienen motivos para promover la ampliación de la OTAN, pero hacerlo requeriría que abandonaran las políticas expansionistas de los partidos Republicano y Demócrata y se concentraran en las suyas propias: la meseta norteamericana.

Para Donald Trump, no hay duda de que Estados Unidos no tiene motivos para involucrarse en el conflicto ucraniano. Propone silenciar las armas dejando de subvencionar al régimen corrupto de Kiev. Una vez más, la Unión Europea interpreta esta retirada como una invitación a tomar el control. Este es otro error: la UE sólo existe por voluntad de Washington; al involucrarse en Ucrania sin que se lo pida la nueva administración estadounidense, la UE sólo acelerará su disolución.

En cuanto a la guerra comercial, los no estadounidenses se han mostrado sorprendidos por la estrategia del presidente Donald Trump respecto de los aranceles. Creen que esto sólo tiene sentido para proteger sectores económicos, mientras que los jacksonianos creen que también pueden usarse como armas políticas.

Por ejemplo, Donald Trump aumentó durante unas horas los aranceles aduaneros a los productos colombianos al 25%, y amenazó con aumentarlos al 50% la semana siguiente si Bogotá persistía en oponerse a la repatriación de sus nacionales. Fueron levantadas tan pronto como Bogotá repatrió a sus nacionales ilegales.

Lo mismo ocurre con Canadá y México (15%), y con China (10%). La administración Trump, una vez más, no tiene ningún argumento económico, pero sí uno político. Considera que China está suministrando precursores químicos a los cárteles de la droga y que México y Canadá están permitiendo que estas drogas ingresen a Estados Unidos.

En cuanto a la Unión Europea, es algo completamente diferente. La administración Trump pretende reequilibrar su balanza comercial. Podría imponer derechos de aduana del 10%, pero sólo sobre determinados productos. Se trata de un tratamiento convencional de estos derechos, aunque resulta difícil entender cómo encaja con los compromisos asumidos al incorporarse a la Organización Mundial del Comercio (OMC).


Thierry Meyssan

Red Voltaire


(1) "Después de Reino Unido, Alemania y Dinamarca, el equipo de Trump prepara una operación en Francia", Red Voltaire, 16 de enero de 2025.

(2) Donald Trump no intentó negar que unos pocos miembros raros de la especie humana no tienen las características cromosómicas de los machos ni de las hembras. Atacó el hecho de que el Estado federal había impuesto a la sociedad organizarse como si estas excepciones fueran la regla.

(3) Lea las actas de la conferencia organizada por el Centro Carr para la Política de Derechos Humanos: Excepcionalismo estadounidense y derechos humanos, Michael Ignatieff, Princeton University Press (2005).

(4) "Un llamado a la cautela", por Vladimir Putin, New York Times (Estados Unidos), Red Voltaire, 12 de septiembre de 2013.

(5) El británico Thomas Paine, iniciador de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, fue elegido diputado por Pas-de-Calais en la Convención Nacional Francesa de 1792. Se negó a votar por la muerte del rey porque, según él, cargar la responsabilidad de las injusticias sobre un solo hombre pondría fin al proceso de transformación de la sociedad. Escribió un libro sobre las dos concepciones opuestas de los Derechos Humanos. Fue el libro más leído durante la Revolución Francesa.

(6) "Trump y Musk, Canadá, Panamá y Groenlandia, una vieja historia", por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 14 de enero de 2025.

10 febrero 2025

Mr. Trump, ¿un "loco" muy singular?, la gran incógnita




por Tito Andino


Divagando sobre Donald Trump

Un llamado a la reflexión a quienes se precipitan en sacar conclusiones. Leer no significa necesariamente comprender una lectura. El saber leer también es una virtud que se va cultivando;  y, en estos tiempos en que todo se valoriza en dinero, dedicar unos minutos a una lectura relajada hace la diferencia. Dejo planteado el cuestionamiento, ¿qué entendemos por ultraderecha?, ¿por qué suena "normal" acusar a Trump de fascista? El nacionalismo, el fascismo, el imperialismo y el globalismo son sistemas muy diferentes.

Si todo el "mundo" odia a Trump, es inexplicable que haya vuelto ha ser elegido -sobradamente- presidente de los Estados Unidos de América y se está demostrando que fue objeto de una conspiración fraudulenta para no permitírsele ser reelegido presidente en 2021, beneficiando a Joe Biden... En fin.

 

Decíamos años atrás (primera magistratura de Trump 2017-2021) que en perspectiva sus relaciones internacionales aparentaban ser contradictorias. Ahora, en su segundo mandato sigue confundiéndonos. En ambos casos, desde las campañas electorales provocó un giro total de la política exterior, intentando poner fin al proyecto elaborado por sus antecesores (en realidad siempre ha sido la política de EEUU) que pretenden conservar y consolidar la hegemonía económica - política - militar de su país en el resto del mundo.

Trump no hace nada diferente para conservar a su favor la balanza internacional en el manejo de las relaciones comerciales con otras potencias mundiales, imponiendo las reglas de las élites dominantes -poderosos consorcios estadounidenses- a otras naciones. Solo que su método varía al del otro grupo de poder con el que suelen alternarse en la administración del negocio... perdón, administración del estado. Trump proviene del mundo de los negocios y actúa en tal sentido, debiendo complacer tanto a los neoconservadores como al Complejo Militar Industrial, porque sin ellos "América no será grande". No obstante, Trump difiere con los escenarios y ocasiones, parece no ser muy "amante" de las guerras por los recursos energéticos, pero no le temblará la mano para usar la maquinaria bélica llegado el caso y no teme mentir para adulterar datos y plantear ofrecimientos, una política de chantaje y coacción para imponer su agenda "negociadora"

La "visión" Trump de cambiar ciertas reglas del tablero geopolítico internacional tiene poderosos contradictores en casa, otros prefieren algo más "tradicional": Someter a sus dictados la materia política y económica a las naciones del patio trasero (Latinoamérica), Próximo y Lejano Oriente, África, incluso en Europa. Trump anhela lo mismo, pero a su estilo.

Desde la primera administración Trump, éste fue atacado por una campaña nacional e internacional de desprestigio, "merecidamente" acumula poderosos enemigos en los círculos del poder político-financiero, a pesar que él forma parte de ese círculo. Sus grandes contradictores estaban y seguirán estando en el Congreso y Senado, en el Pentágono, en la Administración Pública (funcionarios no afines al presidente); en el intocable Complejo Militar - Industrial, en facciones de las altas finanzas (Soros), que junto a otra "vaca sagrada", la prensa (cadenas masivas de desinformación mundial o medios de embrutecimiento masivo), forjan un explosivo cóctel. 

Trump sabe como lidiar con los medios, utiliza los mismos métodos, al mejor estilo de un reality show televisivo, es el ejemplo del político populista, marginando sutilmente a las cadenas "informativas" que buscan desacreditarlo, rechaza la presencia de ciertos medios en sus conferencias calificándoles de falsos y fraudulentos, en este punto, un lector crítico estará plenamente de acuerdo con Trump. Los medios son propiedad de los poderosos y nos mentirán siempre. Agencias de noticias como Reuters, Associated Press, The New York Times, Wash-Po y otros medios de comunicación (alrededor de 700) estaban recibiendo apoyo financiero de USAID, la CIA y otras entidades gubernamentales. 

"¿Ahora comprenden por qué los votantes del Partido Demócrata están tan obstinadamente engañados y trastornados?" El "Cuarto Poder", la prensa estadounidense, viene arrogándose ese "derecho" a pesar de que no goza de ningún tipo de legitimidad popular. Los argumentos esgrimidos contra Trump son los que habitualmente se manejan en política, pero también se observa que provienen del arsenal de la propaganda de guerra (Pentágono y agencias de seguridad nacional).




Elon Musk podría ser un gran aliado para que Trump pueda controlar eficazmente la infraestructura federal, al ser nombrado director del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Estados Unidos (DOGE), creado por Trump, entre sus primeras acciones, supervisa el sistema federal de pagos buscando formas de recortar el gasto público. Siguiente paso, Musk descalifica a USAID como una "organización criminal" que debe desaparecer.

Desde 2016 el Partido Demócrata y las "masas" han ido alineándose para impedir que el populismo, encarnado en Trump acceda al poder, no les fue tan bien. Los Demócratas han buscado siempre ejercer el poder de un solo partido en Estados Unidos por una sola razón, controlar en la sombra cientos de organizaciones no gubernamentales, activistas del partido, con inagotables recursos públicos, es decir, las grandes agencias que formulan la política del país. El dinero se blanquea "a través de múltiples capas de estas organizaciones y sus suborganizaciones para financiar una 'revolución de color' en curso en los EE. UU, guerra legal, fraude electoral, propaganda, censura, cancelación de carreras, mierda médica, fronteras abiertas y otras estratagemas totalitarias, mientras se enriquecía a los actores políticos de todas esas múltiples capas, desde congresistas y senadores multimillonarios hasta miles de funcionarios de ONG que ganan salarios de seis cifras, pasando por estafadores callejeros.

Traición, soborno, conspiración y sedición derivado del RussiaGate, el impeachment de 2019 y todas las travesuras que emanaron de Ucrania desde la Revolución de Maidán en 2014. Resulta que todo fue una sola pieza. El mismo elenco de personajes estuvo involucrado en todos estos eventos nefastos. Creo que veremos esos indultos preventivos de "Joe Biden" probados en la Corte Suprema" (extracto del artículo "How it worked", de James Howard Kunstler).

Todo ese dinero fue lo que impulsó años de locura patrocinada, deja de ser un misterio el que nadie haya sido procesado por quemar las ciudades en 2020, o por crear mágicamente millones de votos adicionales para "Joe Biden" de la nada ese año, o por montar la máquina de sobornos desde Ucrania al Congreso, o por obligar a millones de personas a recibir una vacuna defectuosa.

Se habla de una operación de crimen organizado del gobierno, el escándalo de USAID es solo un engranaje de un colosal motor de estafa. El DOGE (no importa si este momento lo dirige Musk) está destapando el rastro del dinero de computadoras gubernamentales antes impenetrables, revelando décadas de fraude y engaño. La USAID proporcionó dinero a ONGs para fomentar la inestabilidad en muchos más países, incluido EEUU. Algunas personas tendrán que rendir cuentas. Samantha Power debería ser un primer caso de prueba, ella dirigió USAID hasta el 20 de enero de 2025; muy ocupada organizando intentos de revoluciones de colores en Hungría, Georgia, México y la guerra de Ucrania (fallidas).  

Pero, por favor, no se confundan. Sin duda, esta es una lucha por el poder entre bandos de la élite estadounidense, a eso se resume los escándalos de ayer y hoy contra Mr. Trump, que es un conservador jacksoniano (de Andrew Jackson), algo muy diferente a los neoconservadores straussianos, a quienes ha vencido. El método es la materia de discordia, el deseo de Trump es seguir imponiendo el capitalismo, a su estilo. Según sus detractores, Trump pretende alterar las reglas de juego, alarmando a sus rivales en casa, en la UE y en la OTAN. 

En Estados Unidos tenemos en pugna a dos grupos característicos partidarios de la  globalización: los neoconservadores contra los soberanistas de Trump. Sin embargo, por detrás, mejor dicho, por encima de Trump y de los otros hay un Poder... En definitiva, Trump representa un círculo de élites económicas en pugna con otros poderosos intereses financieros. El maquillaje consiste en que Trump aplica su estilo al manejo de las altas finanzas y comercio mundial, cuya característica es oponerse a las clásicas guerras imperialistas (como la de Ucrania); pero, repitamos, usará la fuerza si la necesidad le obliga. 

Estos grupos de poder, que colocan a los presidentes de turno, tienen algo en común y puede ser apreciado con un ejemplo: Vuélvase a revisar la posesión de Trump (enero 2025), durante todo el discurso ni Biden ni Kamala Harris aplaudieron el discurso de Trump, solo hubo un momento de excepción: El senil Biden y su ex vicepresidenta, levantaron sus dolidas posaderas y aplaudieron de pie cuando Trump garantizó la protección de Israel, a cualquier costo.

Los pretextos esgrimidos en contra de Trump para intentar apartarlo de sus funciones iniciaron en 2016 (campaña electoral) por la supuesta injerencia rusa (trama continuada desde el FBI), por ciertas declaraciones de tinte racista, el tema de las deportaciones, el muro mexicano, la islamofobia, los aranceles, las excentricidades de su vida privada al mejor estilo farandulero, etc. Nadie puede garantizar que Trump pueda mantenerse en el poder. Mismos rumores en su primer mandato, porque es el "agente" de Putin en la Casa Blanca; pero el "agente" de Putin fue quien venció a Rusia en Siria, fue Trump quien envío ilegalmente tropas al norte sirio e impidió que su gobierno pueda explotar los recursos energéticos, sin guerra abierta, EEUU terminó por asfixiar la economía de Siria mediante sanciones, preciso momento para la ofensiva yihadista ("rebeldes" para algunos).

En "Donald Trump ante el Cuarto Poder" (2017), Thierry Meyssan, brinda la mejor percepción que se ha hecho sobre el mandatario estadounidense:


"Trump no es tampoco un individuo impulsivo. En realidad, sobre cada tema, Donald Trump reacciona de inmediato con tweets agresivos (hoy X). Después, lanza ideas en todos los sentidos, sin vacilar en contradecirse en diferentes declaraciones, y observa detenidamente las reacciones que estas suscitan. Finalmente, luego de haber llegado a crearse una opinión personal, se reúne con la parte adversa y generalmente llega a un acuerdo con ella

Donald Trump ciertamente no tiene la buena educación puritana de un Barack Obama o una Hillary Clinton. Es más bien portador de la rudeza del Nuevo Mundo. A lo largo de su campaña electoral se presentó siempre como el hombre capaz de poner fin a las innumerables formas de deshonestidad que esa buena educación permite esconder en Washington. Y finalmente fue a él -no a la señora Clinton- a quien los estadounidenses pusieron en la Casa Blanca. Por supuesto, cada cual está en su derecho de tomar en serio las declaraciones polémicas del presidente, encontrar que algunas son chocantes e ignorar las que dicen lo contrario. Pero no debe confundirse el estilo de Trump con su política. Al contrario, hay que analizar con precisión sus decisiones y sus consecuencias".


"Conozca al nuevo jefe, nada parecido al antiguo jefe". El presidente de EEUU, Donald Trump, gesticula mientras sostiene una espada, cerca de la primera dama, en la fiesta en honor a su investidura. (Daniel Cole / Reuters)


Después de todo Trump no está tan loco al iniciar la "guerra" comercial que apunta también a las guerras culturales, a las políticas de inclusión y diversidad. Inició con declaraciones amenazando con aranceles a China, Canadá y México (aclaremos que los aranceles trumpistas son una clara violación al T-MEC que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte -TLCAN-). Pide la cesión de soberanía en Groenlandia, para finalmente sentarlos a negociar... es su estilo. México debe movilizar sus fuerzas militares a la frontera para controlar el narcotráfico y la emigración ilegal, establecerán aranceles justos. Colombia ya está poniéndose de acuerdo, los dos ceden sus pretensiones. El efecto Trump continúa en Panamá que va camino a pactar y con probabilidad Panamá no renovará el acuerdo de la Ruta de la Seda con China; mientras que Venezuela y El Salvador acogerán a los migrantes deportados. China ha expresado ya su reacción, con reciprocidad, ante la imposición de aranceles a sus productos (parecería haber sido acordado), pero no se ha impuesto el 100% proclamado, esta medida tiene su razón estratégica, hacer retroceder la posición de China como 'fábrica del mundo'; China discretamente fijará medidas, los consumidores, fabricantes e importadores estadounidenses verán sus consecuencias.

Canadá no es de ceder tan fácilmente ante los arrebatos del gobierno de Trump, el primer ministro, Justin Trudeau, anunció aranceles de represalia, 25% a los productos estadounidenses, después de que Trump anunciara amplias restricciones a las importaciones canadienses; al final Canadá también se sentará a negociar. Vale recordar que Estados Unidos conserva un largo deseo de anexarse Canadá, que no llegó ha ser parte de los Estados Unidos porque hubo un porcentaje de los pobladores de América del Norte que decidieron no convertirse en parte de la república revolucionaria, muchos leales al Imperio Británico abandonaron los recién constituidos EEUU y emigraron a las tierras del norte de la nueva frontera (Tratado de París en 1783). Entre 1812-1815 hubo guerra contra el Imperio británico y sus aliados de América del Norte, pero esencialmente se mantuvo el status quo. 

¿Y Europa?, las élites europeas odian a Trump, son títeres de las élites corporativistas en pugna contra el soberanista Trump (América primero), pero -quizás- esos líderes europeos podrían "mover la cola" ante Trump, está por verse. ¿Israel?, ese pequeño estado no es materia de negociación, Trump hará todo por favorecerlo, incluso si tiene que calificar a los palestinos de "fundamentalmente malvados" que no merecen "ninguna misericordia". Pero, sí, ya les ha otorgado "misericordia", esto se entiende de la siguiente declaración: "El pueblo de Gaza es colectivamente culpable. Necesitan una educación desintoxicante antes de que la reconstrucción pueda comenzar. Son fundamentalmente malvados, y deben pagar un precio por sus actos". Los preocupados por su situación deberían "alabar efusivamente al presidente por hallar una solución positiva a sus problemas" (Martin Oliner, funcionario designado por Trump, en un editorial del Jerusalem Post). 

Benjamin Netanyahu, principal criminal de guerra, de plácemes, sigue pensando que "la guerra es la paz”; y, en su visita a Trump (4 de febrero) no estuvo muy feliz cuando su colega expresara que "Estados Unidos se hará cargo de la Franja de Gaza y también haremos un trabajo con ella. Nos adueñaremos de ella. Y seremos responsables de desmantelar todas las peligrosas bombas sin explotar y otras armas que hay en este lugar... (emprenderemos) un desarrollo económico que proporcionará un número ilimitado de puestos de trabajo y viviendas a la población de la zona". Así es Donald Trump, la víspera  expresó "que el pueblo palestino que vive en la Franja de Gaza no tiene más opción que abandonar sus hogares y trasladarse a lugares vecinos, como Egipto y Cisjordania"....

Más, la gran perla es el caso ucraniano, el mejor ejemplo. Trump declaró abiertamente que deslegitima a Zelensky, lo desautoriza para mediar en cualquier acuerdo o negociación de paz; peor aún, Trump acusa a Zelensky de no haber impedido la guerra, que pudo detener la guerra, pero que Zelensky prefirió escuchar a otros y luchar. En una entrevista televisada y comentada en medios internacionales expresó que Zelensky "no es un ángel", culpándolo porque "no debió permitir" que comenzara el conflicto con Rusia cuando pudo fácilmente llegar a un trato. Reconoce Trump que Biden desembolsó 200 mil millones de dólares más que Europa (Fox News). Es lógico, el proyecto Ucrania es un plan estadounidense. 


         Caricaturas de Bob Moran


Trump es así, una de cal y otra de arena, reconoce el hecho, pero se abstiene de enfatizar que la guerra fue forjada por los neoconservadores y que él quiere ponerle fin, con eso pudiera -si quisiera- deslegitimar a sus detractores ante los estadounidenses... pero decide guardar silencio al respecto, quejándose que EEUU puso más dinero que Europa (y también "olvida" que EEUU ha realizado el mejor negocio del siglo: venta de armas por 300 mil millones de dólares). Seguramente calla porque, recuerden, hay un Poder por encima, y prefiere "agradar" a los neoconservadores, los deja "satisfechos" acusando a otros (Ucrania). Esa es la forma que hace política Mr. Trump.

Siempre estará pendiendo el "impeachment" en manos del "establishment" o Deep State, pudiendo validarse al presentarse una oportunidad, cualquier escenario es posible. Al igual que en 2016, parte del verdadero Poder que controla los EEUU seguirá atacando políticamente al "loco" y desafecto del "estado profundo" que está irritándolos al cuestionar la estrategia de buenos resultados del último siglo: guerras rentables, globalización económica, sumisión internacional, es decir, poder y control del mundo. En su mandato anterior Trump -finalmente- no pudo contradecir totalmente a los señores de las sombras, éstos últimos se encargaron, vía Congreso y Senado, servicios secretos, Complejo Militar-Industrial, halcones políticos y militares, de encausar por el "buen redil" al multimillonario gobernante. El establishment intentó el impeachment, recurriendo al demagógico discurso de que Trump es agente ruso, parte del Congreso (demócratas) sugirieron enmendar la Constitución para aplicar la “incapacidad mental” para gobernar. Trump denunció, en plana campaña presidencial (2016) que sus comunicaciones telefónicas estaban siendo interceptadas por la administración Obama, y era cierto. El "Estado Profundo" terminó imponiendo las reglas a Trump y se encargó de hacerle perder (ilegalmente) su reelección ante el nefasto Joe Biden.


Donald Trump, el "fascista"

Mucha gente -ayer y hoy- hacen una absurda comparación entre Hitler y Trump, banalizando la definición del término "Ley de Godwin", es decir, "la teoría de que a medida que una discusión online avanza, se vuelve inevitable que algo o alguien eventualmente sea comparado con Adolfo Hitler o los nazis, sin importar cuál sea el tema", ese tipo de frecuentes comparaciones se dan en discusiones de un bajo o básico nivel argumentativo, por lo que "la comparación inevitablemente aparece". Tampoco debería por qué traernos a la memoria aquel término creado por Leo Strauss: "Reductio ad Hitlerum", es decir una argucia con la que se puede descalificar cualquier opinión, afirmando que "Hitler también la apoyaba". Un excelente análisis del periodista español Fernando Navarro García plantea que cualquier punto de vista, incluso ideológico, que pueda asimilarse al nazismo está en desventaja, suele suceder que todo lo que nos desagrada es tildado de "nazi" o "fascista". Durante los últimos años se abusa de esa estratagema -no por simplona menos eficaz- de la "Reductio ad Hitlerum", nadie en su sano juicio desea ser encuadrado en la "lógica" de tan nefasto personaje. "Cualquier ideología, postura, pensamiento o actividad que sea parcialmente asimilable al nazismo parte con una enorme desventaja en cualquier debate sometido a escrutinio público. Quizás por eso hoy en día, y ante la falta de argumentos rigurosos como mal endémico de una cierta modernidad, todo aquello que nos desagrada o colisiona con nuestros intereses o anhelos es tildado de "nazi" o "fascista" (sin considerar las enormes diferencias cuanti cualitativas que existen entre ambas ideologías)".


       Caricaturas de Bob Moran

Un artículo de Harrison Koehli, publicado en este blog en 2018, expresa que "en un país donde las elecciones presidenciales son casi siempre una elección entre dos males, habría pensado que muchos estarían aliviados de que al menos Trump no fuera Hitler. No hay tal suerte. Lo cual es realmente deprimente. Porque si o cuando un verdadero "Hitler" estadounidense llegue, el público estadounidense no tendrá ninguna idea de dónde les vino el golpe y no habrá prácticamente nada que puedan hacer al respecto. 

He estado escuchando atentamente, y todavía no he oído a Trump decir algo tan hitleriano. Dudo que lo haga, no lo he oído acercarse a este nivel de retórica basada en la identidad política. Trump dice que ama a los negros y a los hispanos (muchos también lo aman). También habla de la inclusión, y de hacer América grande para "todos" sus ciudadanos...Trump habla de los "hombres malos" de la frontera (es decir, criminales no ciudadanos) y terroristas islámicos radicales (es decir, el 1% o menos de los musulmanes). Parece un conservador, no un nazi... Trump no es Hitler, literal o figurativamente. Las personas que lo dicen no saben o están ignorando las características más esenciales de lo que hizo Hitler y los tan odiosos nazis. Fueron violentos con una ideología totalitaria que fue fácilmente explotada por psicópatas, Estados Unidos aún no ha visto algo comparable. 

Las verdaderas semillas de una pesadilla totalitaria están brotando en Occidente, pero no en el cerebro de Trump. Están vivos y coleando en las agencias de inteligencia (que se aliaron con los nazis antes, durante y después de la segunda guerra mundial) y en el fervor revolucionario arraigándose en (sobre todo) organizaciones populares de derecha e izquierda. En realidad, la izquierda tiene ventaja cuando se trata de la creación de pesadillas. Los conservadores tienden hacia el autoritarismo. Los liberales, con sus fundamentos filosóficos posmodernos, tienden a una reestructuración radical de la sociedad que no se preocupa de cuántos millones de "los suyos" tiene que morir para llegar allí". (Harrison Koehli)

En todo esto también entra en juego la cuestión religiosa. Es cierto que en los Estados Unidos existe un grupo de "hermanos" de la más recalcitrante derecha fundamentalista cristiana que conserva una simbiótica relación con la ideología hitleriana y que, incluso, controla el fundamentalismo islámico. Ese vínculo se da a través de contactos políticos al más alto nivel, negocios petroleros, transnacionales, banca internacional, tráfico de drogas, blanqueo de dinero. Por ejemplo, existe un claro nexo entre la "Hermandad Musulmana" y los Fundamentalistas Cristianos de Estados Unidos. 

En realidad a estos grupos de poder no les interesa para nada la religión, suelen valerse de ella. Su único amor y religión es el dinero y el Poder. A la "masa sucia" nos tienen enfrentados entre musulmanes, cristianos y judíos, lo denominan "guerra de civilizaciones". No obstante, hay gente del Poder estadounidense, "Puritanos" y "Evangélicos" que se creen a pie juntillas las profecías y mensajes mesiánicos. Citemos un ejemplo: ¿Conoce usted quién organiza cada mes de febrero, desde hace más de medio siglo, el "Desayuno Nacional de la Oración", en Washington D.C., al que suelen concurrir miles de políticos, hombres de negocios y religiosos, donde “oran”, junto al presidente de los Estados Unidos, adornándose con una bonita retórica política? Es la "Fellowship Foundation", sombría y poderosa multinacional fundada en 1935 (aunque parezca contradictorio, dentro de la "Fellowship" no hay solo  puritanos y protestantes evangélicos, destacan católicos conservadores, judíos ortodoxos y seglares, neoconservadores, fundamentalistas islámicos suníes, budistas e hinduistas, todos son activos cooperantes de un proyecto que se sirve de Jesús para justificar su acceso a la más altas esferas del gobierno y los negocios)... Y el presidente Trump es parte de ese juego.

Los votos del cristianismo evangélico, también descrito como sionismo cristiano (devotos de Israel), son decisivos en cualquier elección. Si alguien aspira a ser presidente de los Estados Unidos deberá primero reconsiderar su fe religiosa y hacerla pública, el político no puede darse el lujo de despreciar decenas de millones de votos del cristianismo evangélico. Las encuestas demuestran que más del 50% de la población no votaría por una persona que se declare atea, y Trump lo sabe. 

Es la famosa e hipócrita ideología estadounidense del "puritanismo".


       Reuters (foto de archivo)

EPÍLOGO

Es satisfactorio compartir unas líneas (resumidas) del Dr. Todd Hayen, "Living Will Kill You" (Vivir te matará), publicado en "Off-Guardian" (1 febrero 2025).

"¿Por qué todo el mundo odia a Trump con pasión, pero ama a Joe Biden y Kamala Harris? Puedo entender por qué a algunas personas no les gustan las cosas de Trump (sé que yo lo hice durante mucho tiempo): su cabello, su voz, su ceño fruncido, sus labios, su "imbecilidad", su narcisismo, etc. Algunos incluso tienen razón cuando citan su grosería cuando se trata de cómo se relaciona con las mujeres, su respuesta xenófoba a los inmigrantes o su absurda desfachatez con temas como la compra de Groenlandia o hacer de Canadá el estado número 51. 

Pero la mayoría de estas cosas son problemas de personalidad, y no su supuesta incapacidad para tomar decisiones acertadas con respecto a la nación y la gente que la integra. Claro, todos podemos tener una opinión sobre la mejor manera en que se debe gobernar un país, pero ¿ODIAR a su líder? Y cuando digo "odio" me refiero a HAAAATE, una profundidad de odio más allá de cualquier cosa racional.

Al mismo tiempo, estas personas AMAN a Kamala Harris y AMAN a Joe Biden. ¿Para qué? ¿Rasgos de personalidad espeluznantes? ¿Rasgos a veces incluso menos atractivos que los de Trump? Y, ciertamente, hay razones para disgustar profundamente de sus políticas, como invertir miles de millones de dólares en una guerra corrupta, abogar por la mutilación de niños o abrir las fronteras a criminales no investigados. ¿No hay suficiente para que no te guste? ¿O incluso el odio? No. Supongo que no.

Vemos esta extraña dicotomía en muchas cosas en estos días. ¿Cuántas cosas nos dicen a diario que evitemos debido a la probabilidad de que nos maten? Sin embargo, estadísticamente, es menos probable que nos maten que ir al supermercado, mucho menos probable. Por ejemplo, ¿por qué es perfectamente seguro mirar un teléfono celular todo el día, pero no es seguro dar un paseo bajo el sol sin protector solar? ¿O que está perfectamente bien que su hijo juegue videojuegos hasta la saciedad, pero es peligroso que ande en bicicleta al aire libre y juegue al hockey callejero con sus amigos?

Muchas personas parecen haber perdido la verdadera definición de salud, que no es, como parecen pensar, "evitar todo riesgo". Si realmente estuvieran evitando "todo riesgo", no comerían hamburguesas con queso, ni se inyectarían sustancias venenosas no probadas en sus cuerpos. La salud no se trata solo de evitar riesgos, se trata de construir un carácter sólido, se trata de expandir la mente y se trata de nutrir un sistema emocional que sea resistente, robusto, duradero y decente. ¿Qué pasó con eso?

Y de nuevo, incluso si la gente "entendiera" esto, todavía tendría sentido que evitaran los elementos seriamente riesgosos de la vida, como inyectar medicamentos en su cuerpo de los que saben poco, o mirar una pantalla tecno todo el día, o apoyar la guerra mundial, y varios otros comportamientos y acciones obviamente riesgosos. Pero ese es el problema, ¿no? La gente ya no puede distinguir entre lo que realmente es peligroso y lo que no lo es. Creo que la gente cree que hay que evitar cualquier riesgo, pero al mismo tiempo se involucra en cosas muy arriesgadas e intensamente peligrosas.

¿Qué mejor manera de hacernos obedientes a la autoridad? Nos harán temer a nuestra propia sombra para que puedan ofrecer una solución sobre cómo deshacernos de nuestra sombra. No nos entrenarán para no temer a la sombra, porque eso nos daría algo de valor, sino que nos entrenarán para temer a casi todo, por lo que conservan el control total sobre nuestras vidas.

Digo que no es sencillo porque esta formación es muy compleja. Algo de eso, por supuesto, puede ser simplemente la evolución de una cultura empeñada en hacer la vida fácil, conveniente y perezosa. Es posible que la agenda haya recogido esta compulsión humana natural y la esté utilizando a su favor. Es interesante notar que la mayoría de las personas "allá arriba" en la categoría de "élite" son grandes tomadores de riesgos personales.

Vuelan alrededor del mundo en sus aviones multimillonarios, se exponen al peligro en países extranjeros en guerra, juegan duro en las pistas de esquí y conducen autos rápidos. Son tomadores de riesgos. Conocen las ventajas de vivir la vida al máximo. Es al resto de nosotros a los que quieren agazapados en un rincón, rogándoles que nos mantengan a salvo.

Supongo que todos estos peligros inocuos se nos meten en la garganta como distracciones. Cosas sobre las que se nos advierte para demostrar que mamá y papá realmente tienen nuestros mejores intereses en el corazón, mientras que los peligros reales aún acechan en las sombras. Demonios, no están en las sombras, sino a la vista. Y muchos de nosotros seguimos tropezando con lo que nos han lavado el cerebro para creer que es una vida llena de riesgos, completamente ciegos a los riesgos reales, con los ojos bien cerrados". 

Vivir te matará!

Polémico tema, en conclusión una cosa es segura, Estados Unidos no cederá un milímetro en su pretensión de seguir manejando el destino de la humanidad y eso, lo demuestra el presidente Trump, sin contradecir la teoría populista del "America First" (apartar los asuntos globales y centrarse en la política interna de los Estados Unidos). Las políticas de nacionalismo, política comercial proteccionista e intervencionismo pueden convivir con la doctrina globalizadora de los Estados Unidos.

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Referencias consultadas:

Etiqueta "Donald Trump" en los archivos de éste blog.

Para el epílogo: Living Will Kill You

Otra referencia: How It Worked

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