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20 agosto 2025

El pintor de la Resistencia: Joseph Steib y los sueños del arte mágico



 por Tito Andino

Recopilación de textos e ilustraciones


Joseph Steib, nació en Mulhouse en 1898 y falleció en Brunstatt en 1966 (Alsacia), poco sabemos de él, se conoce que trabajaba en la redacción y luego en el servicio de agua de la ciudad de Mulhouse hasta la década de 1940, un modesto funcionario sin historia. Era un artista aficionado, compartía su tiempo con la pintura, siendo un discípulo del pintor de la ciudad, Marie-Augustin Zwiller, tomó cursos de artes visuales en la escuela de dibujo de Mulhouse (1925-1926). Antes de la guerra se había ganado una pequeña reputación como pintor miniaturista ilustrando leyendas alsacianas, pero nunca pudo vivir de su pintura. Pese a ello, en los años 30, participaba con frecuencia en el Salón de los Artistas Franceses de París, con pinturas de la vida cotidiana y leyendas populares.

En su investigación, Francois Pétry -antiguo conservador del DRAC de Alsacia, historiador y coleccionista, así como biógrafo del artista- encontró su expediente profesional, parcialmente dañado, al parecer Steib adolecía de ataques epilépticos, causa de numerosos paros laborales, fue jubilado anticipadamente en 1943, a los 45 años. Según Pétry, las leyes de Nuremberg fueron una amenaza para el artista, mismas que reflejó en "Le Salon des Rêves" (el Salón de los Sueños).


"El Salón de los sueños. Cómo el pintor Joseph Steib hizo la guerra a Adolf Hitler" de François Pétry (publicado en 2015 por Editions La Nuée Bleue, 220 págs), revela como el pintor alsaciano asumió todos los riesgos para crear una obra de resistencia al nazismo, que ahora se expone en los museos más importantes de Europa con una serie de pinturas inspiradas entre el arte popular, el surrealismo y el expresionismo. 





El artista aficionado Joseph Steib creó durante la ocupación el “Salón de los sueños”, un ciclo pictórico que incluye 57 pinturas de corte popular exvotos. Es decir, sus pinturas se inspiran en la pintura religiosa, más el arte regional y hasta cierta pintura con toques de ingenuidad. Como parte de las ceremonias de Liberación, en septiembre de 1945 se exhibieron las 57 pinturas de "Le Salon des Rêves". Un periodista, A. Faust, elogió esa exposición en un artículo del 11 de septiembre de 1945, "Pintura y resistencia". El catálogo de la exposición de 1945 lo comprueba.




Joseph Steib al ser testigo de los horrores cometidos por el régimen nazi traza pinturas oscuras, sueños que recuerdan a pesadillas y que a través de la pintura habrían exorcizado. No sólo denuncia las atrocidades de la guerra, sino también la propaganda nazi, el culto a Hitler y sus eslóganes. Pintó lienzos criticando violentamente al régimen nazi y especialmente a Hitler, la mayoría de las veces en forma de parodia religiosa, convierte al líder nazi en una especie de Anticristo, una figura del mal absoluto. Destaca la introducción en los cuadros con la palabra y títulos de connotación religiosa como proverbios que no guardan sintonía con la obra, ya que a menudo son irónicos o satíricos. 


"Qui dort, dine" (Quien duerme, cena)


Hitler al aparecer representado como el Anticristo, para el autor su muerte tiene un carácter mágico, casi profético; sus lacayos son caricaturizados como alimañas y cerdos. Las pinturas de Steib describen lo que desea ardientemente: La liberación de Francia, el retorno de Alsacia a la República y el cumplimiento de la muerte de Hitler.


" l'espoir des peuples " (la esperanza del pueblo) 1941

Como se aprecia, en esta serie de obras, realizadas clandestinamente entre 1941 y 1945, son pinturas de oposición política, hostiles al nazismo; durante cuatro años pintó incansablemente desde la cocina de su casa en las afueras de Mulhouse (Alsacia), zona anexada al Reich, donde el simple hecho de hablar el francés se castigaba con la muerte. Steib se expuso al peligro de la represión nazi y de haberse descubierto sus producciones habría sido considerado “traidor” a Alemania. 

En general, la obra aborda los mismos temas que son tratados por los artistas alemanes de la Wiederstandsmalerei (pintura de la resistencia). Como todo régimen totalitario, la Sociedad Cultural Nacional Alemana ejercía una severa censura contra las obras que amenazaban la ideología de Hitler y Steib no hubiese sido una excepción. 



Pero también pintó escenas alegres, festivas, que muestran escenas colectivas de júbilo, Steib anticipa, sueña con la liberación. Los colores tricolores azul, blanco y rojo están muy presentes. Se aprecian personajes con trajes tradicionales alsacianos, alegres, además de sus sueños del castigo, la muerte de Hitler representa la derrota alemana. Una vez terminada la guerra, Steib volvería a su estilo y a sus temas pacíficos e inofensivos de antes del "Salon des Rêves".





"Mulhouse en liesse" (Mulhouse en júbilo), de1943. Joseph Steib anunció entonces la Liberación para el año siguiente (1944) y ya proclamó “¡Viva De Gaulle y Giraud!


"Et le rêve se reálisa" (Y el sueño se hizo realidad) -1939-1942. "La joie du retour dans les vallées" (la alegría de volver a los valles) 1943


"La Libération au vignoble alsacien" (La Liberación en el viñedo alsaciano) 1944


Desgraciadamente, tanto la obra como su autor cayeron rápidamente en el olvido, varias obras se perdieron, a ello sumemos el hecho de que poco se conoce del artista, quien durante su vida se negó a desprenderse de las pinturas de esta serie. Cuando él murió (1966) y luego su viuda (1981), su obra se dispersó. Gracias a la paciente investigación de Francois Pétry, Steib y sus pinturas fueron redescubiertas y finalmente reconocidas en su verdadero valor, tras encontrarlas en un anticuario de Estrasburgo en 1987. 

Francois Pétry difundió este descubrimiento a través de artículos y exposiciones, a pesar de haber ido adquirido obras del "Salon des rêves" y recientemente obras secundarias de Steib, Pétry sólo ha podido localizar 34 de las 57 escenas del "Salon des rêves". Pétry fue parte de las exposiciones de 1997 (Museo de Arte Naïve y Art Brut en Bönnigheim); en 2006, en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo; en 2012 y 2013, de la exposición "Arte en la guerra, Francia 1938-1947, de Picasso a Dubuffet", en el Museo de Arte Moderno de París y en el Guggenheim de Bilbao. En 2015 se publicó la monografía de Francois Pétry "Salon des rêves: Comment le peintre Joseph Steib fit la guerre à Adolf Hitler" (El salón de los sueños, cómo el pintor Joseph Steib libró la guerra a Adolf Hitler").


"Réquisition dans le train" (Requisición en un tren)1942; "Liberté, égalité, fraternité (quand)"1942; "L'Amour du prochain" (El Amor del prójimo) 1942 "A chacun son tour" (Cada uno por turno) 1942


Crítica de un experto

Georges Sebbag, en "El arte mágico de Joseph Steib", dice: "Como ha señalado Francois Pétry, probablemente hubo un malentendido en septiembre de 1945 durante la exposición "Salón de los sueños" de Joseph Steib en Brunstatt. Los numerosos visitantes que acudían creyeron ver en los cincuenta y siete cuadros que celebraban la derrota del nazismo y la liberación del país un informe o un retrato de los acontecimientos recientes, mientras que estos cuadros eran en su mayor parte anticipaciones subversivas, profecías alucinatorias o, más secretamente, incluso recetas mágicas destinadas a acelerar la muerte de Adolf Hitler y el colapso del Tercer Reich. Porque la originalidad de Joseph Steib es haber pintado, durante años de guerra y en perfecto secreto, tanto las pesadillas de la anexión como los sueños de liberación. Al igual que Dalí dibujó una cruz en un ejemplar de "La conquista de lo irracional" destinado a Hitler, Joseph Steib utilizó sus pinceles mágicos para derribar a este Anticristo. Y para estar a la altura del reto, Steib era sin duda consciente de que tenía que competir con la fuerza expresiva de James Ensor o la fuerza evocadora de Douanier Rousseau".


"Chauvinisme allemand"  (Chovinismo alemán) 1943

Al llamar a su exposición de Brunstatt "Salón de los sueños", Joseph Steib invocó el mecenazgo de Douanier Rousseau, o más precisamente afirmó inspirarse en su cuadro "El sueño", que al igual que en otras obras, los artistas sueñan con una victoria inminente. "Sueños de la selva virgen" y "sueños del triunfo del ejército francés", son dos de las grandes fuentes de inspiración de la pintura de Steib en Alsacia, que, al igual que otros, produjeron su obra en el mayor de los secretos, de cierta forma "convencidos de una cierta eficacia de sus visiones, de sus mensajes o de sus retratos. ¿Qué puede hacer el arte en la clandestinidad o en cautiverio? En principio, nada. Y, sin embargo, mucho tiempo después, la magia de Joseph Steib llega hasta nosotros".


A la izquierda, una visión de 1939, a la derecha "Ecce homo" (He aquí el hombre) 1942


"Justice sera faite" (Se hará justicia) 1941. El Juicio Final de Hitler inclinándose ante Cristo, la muerte programada para 1942 y 1943

Steib puede "profetizar" la victoria de los Aliados y la derrota del Anticristo, pero debe engañar la expectativa. Es por eso que pinta cuadro tras cuadro y puebla su sala de sueños. En 1940, soñaba con una derrota de Alemania en un futuro próximo. Como si el destino de Alsacia estuviera en sus manos, pintó en secreto lienzos de tristeza o júbilo, de terror o de libertad. "Utiliza un arte crudo de la magia, inseparable de la historia en curso. Las condiciones de su reclusión voluntaria, lejos de la denuncia y la autocensura, pusieron al pintor en el camino de la magia y la creación. A partir de entonces, Joseph Steib fue capaz de apropiarse de los refranes que actualizaba y de su pintura: "Qui dort, dîne" (Quien duerme, cena. en referencia a "después de la cena, postre). "A cada uno lo suyo". "Después de cada diciembre, seguirá el mes de mayo". "Se hará justicia". "El tiempo lo dirá". (Georges Sebbag)


Interpretación de algunas obras 


Varios lienzos, como "Sous la botte allemande" (Bajo la bota alemana), 1940, representan la presencia de tropas alemanas, la retirada de símbolos religiosos o nacionales en el interior de un edificio, su sustitución por la esvástica y un enorme retrato de Adolf Hitler, el control de una población con equipajes que parecen estar a la espera de ser trasladados o expulsados, en definitiva, la invasión del decorado por el verde de los uniformes.



"Le Conquérant" (El conquistador), 1942. Óleo sobre falso cuero (polipiel) pegado sobre cartón. 89 x 59,5 cm. Es una obra central de J. Steib. (Colección particular, Francia ©), en su enmarcado original.

Análisis del cuadro. Texto de Cyril Zaninetti, Gauthier Roy, Johannes Crozet en "Joseph Steib. Sus Obras". Steib caricaturiza al Führer alemán. Rico en detalles y colorido, cuando vemos la cabeza de Hitler con el cerdo por boca y el pelo como el pico de un cuervo, tenemos la impresión de ver el verdadero rostro del führer. La cabeza de Hitler está formada por varios animales: su mandíbula inferior es un cerdo boca arriba, su oreja y su frente son gatos. Su pelo forma el pico de un cuervo y sus dientes son los de una rata. Esta cabeza compuesta de animales puede recordar otras pinturas como "La tierra de Arcimboldo" donde un personaje tiene una cabeza enteramente compuesta de animales. La caricatura de Hitler lleva una gorra militar con las palabras: "El águila hará que el sol ceda". En el ala de su gorra hay dos hombrecitos que sostienen una esvástica con la inscripción: "sobre todo", tomado del himno nacional alemán.

 

 

Hitler lleva un abrigo verde con la insignia del NSDAP. También lleva una corbata con un águila sobre una esvástica. Hitler tiene alas de ángel en la espalda. En su brazo, el brazalete nazi está formado por serpientes que pueden recordar un cartel de propaganda antifascista soviético. Sobre estas serpientes está escrito: “la serpiente le aplastará la cabeza”. Y en el puño también vemos un insecto. 

Sobre su pecho hay una paleta de pintor y dos pinceles a modo de provocación: el Führer fue un pintor fracasado. En la paleta está escrito: "1939-1943", "Date prisa Hitler" (en alemán "heil Hitler"), "¡¡Has cumplido tu condena!!" "¡¡Tu victoria está muy lejos!!" "Prepárate para caminar".

En el primer pincel está escrito: "El bien común ante uno mismo" que era el dicho escrito en las monedas de la Alemania nazi. En el segundo pincel está escrito: "Sieg Heil", el lema gritado en el momento del saludo fascista. Esto significa: saludo victorioso. Debajo de la paleta leemos: "¡Dios está con nosotros!" 

 


Otro análisis, de Julie Malaure (2012), "El conquistador o Hitler ridiculizado", respecto a la pintura dice: "La bestia inmunda. Hitler se convirtió en el tema favorito de Steib. Transforma el culto a la personalidad del Führer en una escena blasfema de Cristo. Un anticristo alado, visto a través del ojo irónico y venenoso de un pintor caricaturista decididamente incomparable. También añade a su visión un conglomerado de criaturas para animalizar a Hitler, la bestia inmunda. Su rostro, al igual que el de Arcimboldo, está formado por un cerdo boca abajo para evocar la barbilla y la boca. Los pájaros se escapan de sus cejas, sus oídos producen extraños excrementos. La esvástica, en su brazo derecho, retoma el motivo de dos serpientes, burlándose de los lemas del régimen nazi en una distracción que subraya aún más su ridiculez. 

El artista fracasado. A pesar de la impresión de ingenuidad que desprende el cuadro, el pintor conoce perfectamente el punto débil de su enemigo y lo vuelve contra él. Adorna a Hitler con una paleta con pinceles. Un cepillo que también se encuentra más arriba, usado como corbata. La señal de que Steib sabe que Hitler suspendió el examen de acceso a la Escuela de Bellas Artes en 1907. Un elemento cuya importancia no se le escapa al pintor. Pero sólo estamos en 1942 y Steib, clarividente, ya nota todo el poder del pequeño detalle. Si Hitler hubiera sido admitido en las bellas artes, tal vez la faz del mundo habría cambiado.

 

 


"Le juste retour des choses" (La justa devolución de las cosas, o "Venganza") 1943. es un cuadro que fue encontrado dañado y luego restaurado. Su título es incierto. Esta pintura, a primera vista, parece misteriosa, caótica, impresionante y muy fuerte. Parece ser una pintura esencial, notable por el uso de la escritura por parte de Joseph Steib. Da la impresión de una guerra total, de destrucción del mundo, tanto en la tierra como en el agua. Una especie de pesadilla. Muy particular, está pintado en fríos dominantes: gris negro azul gris verde. El conjunto parece veteado, desgarrado por pinceladas amarillas, llamas verticales. Un río tumultuoso y gris divide la pintura horizontalmente en dos, dando una impresión de simetría entre el mundo de arriba y el de abajo. Pero es una falsa simetría... En efecto, arriba podemos ver edificios, construcciones en llamas, humo gris. Es difícil ver banderas nazis (esvásticas) en los tejados, llevadas con el brazo extendido por combatientes ocultos (izquierda).

 

 
Abajo, al revés, cuando se da la vuelta al cuadro, parece aparecer un barco en llamas. El río lleva objetos. En algunos podemos leer "deutscher AKA gummi", (alemán gummi-gomitas) (goma de AKA que era una poderosa alianza comercial) "HITLER gummi" (gomita Hitler). En las esquinas está escrito en blanco: "wir werden" (estaremos o vamos) "wir haben" (tenemos) En diagonal ascendente, de izquierda a derecha, está marcado en blanco: "ausradierung durch" (borrado por) En la parte superior destaca la palabra: fin, en mayúsculas amarillas. Los escritos parecen repetir los lemas queridos por la ideología nazi. Borrado se refiere a la "erradicación", la aniquilación (vernichtung) de las llamadas "razas inferiores", los judíos en primer lugar, pero también de los gitanos, los homosexuales, los discapacitados (F. Petry en su libro recuerda que J. Steib habló sobre temas relacionados con la discapacidad. a su epilepsia y sus tratamientos). Los nazis habían introducido una especie de neolenguaje, desviando las palabras de su uso inicial, lo que Victor Klemperer describirá bien en su libro, "El lenguaje del Tercer Reich". La palabra fin: ¿fin del mundo? ¿Fin del nazismo? (Texto de: Cyril Zaninetti, Gauthier Roy, Johannes, "Joseph Steib, sus obras")

 

 


"La dernière scène" (La última escena) 1943. es un óleo sobre madera de Joseph Steib. Esta pintura es profunda e interesante. Steib supo seguir siendo original inspirándose y reinterpretando paródicamente el cuadro "La Última Cena" de Leonardo Da Vinci, cuadro que ha sido utilizado por muchos artistas, como Salvador Dalí. Esta pintura transmite un fuerte mensaje contra Hitler y los nazis. 
Mientras que el cuadro original ponía a Jesús en el centro, aquí Steib lo reemplaza con Hitler (encarnación del anticristo). Lo mismo ocurre con los apóstoles, que son sustituidos por líderes del ejército alemán uniformados, a la izquierda. También podemos ver a la derecha del cuadro, entre otros miembros destacados del partido nazi, a Himmler (líder de las SS). Todos están reunidos en una sala alrededor de una misma mesa (excepto un personaje que se encuentra a la derecha sosteniendo un documento, parece Mussolini), sobre esta mesa está colocado un mantel sobre el que está bordada una esvástica, motivo que se encuentra en otras partes de la habitación. También encontramos el águila detrás de Hitler, símbolo del imperialismo alemán.



Este cuadro traduce una fantasía de Joseph Steib: La muerte de Adolf Hitler. De hecho, donde el cuadro original de Da Vinci representa la "Última Cena" (la palabra "escena" es, en este caso, sinónimo de "cena"), aquí Steib dibuja su sueño: que esta comida sea la última de Hitler. Para respaldar este sueño, Steib da el título "La última escena" como referencia a la pintura original porque usa la palabra "Última Cena" pero usa otra ortografía para cambiar su significado y hacerlo algo más obvio, lo que significa claramente que esto representa su último momento, va ha ser "la última escena" de su vida.
Además de todo esto, podemos ver detrás del "Führer" un esqueleto sujetando un velo, otro significado de que el velo de la muerte caerá sobre él. También podemos ver a su izquierda una balanza, un mensaje que significa que se hará justicia. A los pies de la mesa hay varias serpientes, un animal que en la Biblia representa el mal, aquí directamente comparado y vinculado con los nazis. (Texto de: Cyril Zaninetti, Gauthier Roy, Johannes, "Joseph Steib, sus obras")




"La damnation du Fuhrer" (La condenación del Führer) 1941. La condenación del Führer es un pequeño cuadro pintado sobre cartón con unas dimensiones totales de 40 x 47cm enmarcado en gris y rojo. Está fechado en 1941. Es una composición en colores llamativos, marrón, rojo, amarillo y verde claro pintada a grandes trazos. Representa un grupo de 13 personajes. En el centro del cuadro está Hitler con traje militar: su gorra, un abrigo verde claro sobre el uniforme con botones dorados, una Cruz de Hierro y una cruz nazi. Cabe señalar que sólo este personaje viste los colores verde y blanco, lo que llama la atención. Como todos los demás personajes, Hitler tiene la piel morena y parece sufrir: de sus ojos brotan abundantes lágrimas. El trasero del personaje está envuelto en llamas al igual que ciertas partes de su abrigo. Está rematado por un demonio colgado de sus hombros y con los dientes clavados en la gorra. Este demonio tiene un rostro mitad humano, mitad animal. Steib utiliza representaciones de la imaginería popular y religiosa presentes desde la Edad Media. Su Satán ha desarrollado dientes, orejas puntiagudas, cuernos, alas, patas de anfibio retorcidas, ojos rojos saltones, cabello despeinado y bigote negro. El diablo parece estar relacionado con los demonios de Hieronymus Bosch. 



Del grupo destacan otras figuras: A la izquierda de Hitler se encuentra otro demonio, reconocible por su característica barba y bigote negros, parece nervioso. A la derecha del diablo principal hay una segunda figura con barba vestida con una gorra nazi. Las otras figuras que rodean a Hitler están desnudas, morenas, con muecas, con ojos y dientes blancos. Las llamas devoran a los personajes que parecen sufrir un dolor insoportable. El fondo amarillo y los colores dominantes rojo y marrón representan el infierno. En esta pintura, Steib envía a Hitler al infierno en 1941. Esta pintura sigue a otra pintura de 1941 donde vimos a Cristo enviando a Hitler al infierno durante el juicio final. El pintor nos transmite directamente su deseo de que Hitler sea juzgado. (Texto de: Cyril Zaninetti, Gauthier Roy, Johannes, "Joseph Steib, sus obras") 

 

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Artículos recomendados:

Francia: De la extraña derrota a la pseudoliberación (1939-1945)

De Pétain a Macron. La falsa purga de "Los Colaboracionistas" 1944-1945


Fuentes del presente artículo:

Joseph Steib – la résistance par la peinture

L’art magique de Joseph Steib

Les oeuvres de Joseph Steib. Le Salon des Rêves

Les trois vies de Joseph STEIB

"Le conquérant" ou Hitler ridiculisé : Steib, c'est bien

Joseph Steib, peintre résistant

L'Art en guerre, France 1938-1947. De Picasso à Dubuffet

¿Qué pintor declaró la guerra a Hitler?

Alsace : un livre sur Joseph Steib, un artiste engagé dans la peinture de Résistance

Pétry (François), Le «Salon des rêves» : comment le peintre Joseph Steib fit la guerre à Adolf Hitler

La guerre secrète de Joseph Steib

Steib, le peintre résistant

Joseph Steib, peintre résistant

22 abril 2025

Truman Smith: el estadounidense que vio venir a Hitler

 


Introducción

Este es un post intercalado de varios artículos, pero la base es el reportaje, "Truman Smith: The American Who Saw Hitler Coming" (Truman Smith: el estadounidense que vio venir a Hitler) de Andrew Nagorski (publicado en HistoryNet, 2012), es un resumen textual del autor. Nagorski es ex jefe de la oficina de Newsweek en Berlín, vicepresidente y director de políticas públicas en el EastWest Institute, el artículo es una adaptación de su libro "Hitlerland: American Eyewitness to the Nazi Rise to Power" (2012). Como se indicó, el artículo original de Nagorski (se conserva su título traducido del inglés) viene acompañado de varias notas referenciales de otros autores que refuerzan y/o aclaran la ponencia principal. Las referencias originales pueden ser consultadas en las notas a pie de página. Igualmente, el editor del blog ha interpuesto el material gráfico.


Coronel Truman Smith (1893-1970)


El agregado militar Truman Smith fue el primer diplomático estadounidense en reunirse con un agitador local en Múnich llamado Adolf Hitler, y uno de los primeros en advertir sobre el resurgimiento militar de Alemania. Sus informes fueron oportunos, proféticos, y en gran medida ignorados.


Algunos datos biográficos de Truman Smith

Coronel Truman Smith (1893 - 1970), sirvió  en el Ejército de los Estados Unidos entre 1916–1946 como oficial de infantería, agregado militar y oficial de inteligencia. Tras la primera guerra mundial, durante la ocupación de Alemania, estuvo destinado en Coblenza como asesor político del oficial a cargo de los asuntos civiles (1919 - 1920). Agregado militar adjunto en Berlín entre 1920 - 1924 y entre 1935 - 1939. Recopiló información valiosa sobre las capacidades militares alemanas mientras servía en Berlín antes de la segunda guerra mundial. Retornó a Washington, DC, como especialista en Alemania en la división de inteligencia militar del Ejército de los EE. UU y como asesor personal del general George C. Marshall (1939-1945). Influyó en el establecimiento de la nueva Bundeswehr para que desempeñara un papel en la Guerra Fría.

En noviembre de 1922, Smith fue enviado a Múnich para investigar a un organizador político local, Adolf Hitler. En su informe presentado a Washington, identificó proféticamente al joven Hitler como un "demagogo maravilloso", fuerza dominante de su movimiento fascista bávaro, fanático de discurso enérgico que podía influir en un oyente neutral (William Shirer, "El ascenso y la caída del Tercer Reich". Nueva York, 1990, pág.  47). 

Desde Berlín, a finales de los años 30, informó sobre el rearme alemán, las capacidades de la Luftwaffe y el creciente grado de organización de los alemanes para la guerra. Mantuvo amistad con oficiales importantes como Werner von Blomberg (ministro de Guerra). Organizó (mayo de 1936) el primero de los cinco viajes de inspección del coronel Charles Lindbergh a la industria aeronáutica alemana y a la Luftwaffe. Los oficiales superiores de la Luftwaffe discutieron tácticas y operaciones aéreas con Lindbergh quien voló un Messerschmitt Bf 109. Luego Lindbergh manifestó su pública oposición a las políticas de guerra de Roosevelt; Lindbergh aceptó una condecoración de Hermann Göring, alimentando las sospechas de que simpatizaba con los nazis y de deslealtad a su país, hechos que lo volvieron impopular.

Truman Smith afirmó que las visitas de Lindbergh en realidad proporcionaron valiosa información. El mismo Smith estuvo bajo sospecha y pudo ser difamado por derrotista o simpatizante alemán, pero George Marshall lo protegió, aunque se afirma que Smith era contrario a Roosevelt y que se alegraría de la muerte del presidente en 1945 (Lynne Olson, "Aquellos días de furia: Roosevelt, Lindbergh y la lucha de Estados Unidos por la Segunda Guerra Mundial, 1939-1941", pág. 406)

En 1958, el general Albert Wedemeyer publicó un libro autobiográfico sobre la Segunda Guerra Mundial, "Wedemeyer Reports!", elogió a Smith por sus logros durante su tiempo en Berlín y la calidad de sus informes sobre el rearme alemán. Wedemeyer señaló que Smith (y Charles Lindbergh) se ganaron el agradecimiento de los Estados Unidos, pero fueron criticados por una camarilla de políticos que querían ignorar los preparativos de guerra del régimen nazi. 

El Presidente de los Estados Unidos otorgó la Medalla de Servicio Distinguido del Ejército al Coronel Truman Smith por servicios excepcionalmente meritorios y distinguidos al Gobierno de los Estados Unidos, durante el período de agosto de 1935 a marzo de 1938, y del 23 de febrero de 1942 al 19 de enero 1945.

 

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Con un metro noventa tres de altura Truman Smith tenía una figura imponente y poseía un pedigrí impresionante. Se convirtió en comandante de batallón en la Primera Guerra Mundial. Smith era un ávido estudiante de la lengua y la cultura alemanas, y su experiencia le valió puestos en Alemania durante dos de sus períodos más trascendentales. Asesor político del Ejército de los Estados Unidos en Coblenza en 1919 y en la embajada de Berlín de 1920 a 1924. Agregado militar superior en los años cruciales previos a la Segunda Guerra Mundial, de 1935 a 1939.

Durante la primera estancia de Smith en Berlín, el nombre de Adolf Hitler empezaba a escucharse en todo el país. Eran los primeros días de la República de Weimar, un período de inestabilidad política y económica crónica que ofrecía muchas oportunidades para los extremistas violentos tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. El Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes de Hitler era sólo un grupo de radicales entre muchos otros.

Izq. Adolf Hitler en 1921, aún en uniforme militar; derecha fotografía de la década de 1920, ya como político del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP)

Eso cambiaría, por supuesto. En Berlín, el embajador estadounidense Alanson B. Houghton, un industrial convertido en congresista y luego diplomático, estaba profundamente preocupado por la agitación en Alemania y, en particular, por los disturbios políticos en la parte sur del país. En el otoño de 1922, hubo rumores de que el general Erich Ludendorff, que había dirigido el ejército alemán en la segunda mitad de la Primera Guerra Mundial, podría estar planeando derrocar al gobierno e imponer una dictadura de derecha. Después de un breve exilio tras la derrota de Alemania, Ludendorff regresó a Múnich y se unió a Hitler y otros agitadores. Con el telón de fondo del ascenso de Benito Mussolini en Italia, la extrema derecha política alemana parecía en ascenso. "Algo se está gestando en Baviera y nadie parece saber exactamente qué es", escribió Houghton en su diario.

Para vigilar la situación, Houghton recurrió a su joven agregado militar asistente, Truman Smith. Smith señalaría más tarde que la mayoría de los diplomáticos extranjeros en Berlín en ese momento habían descartado a los nacionalsocialistas como "sin importancia", y describió al líder del partido, Adolf Hitler, como un "loco inculto". Houghton, por el contrario, "parece haber tenido, incluso en esta fecha temprana, una premonición de que el movimiento y su líder podrían desempeñar un papel importante en la perturbada Alemania de principios de los años veinte". El embajador Houghton y el agregado militar de la embajada, superior inmediato de Smith, instaron a Smith a "tratar de establecer un contacto personal con el propio Hitler y formarse una estimación de su carácter, personalidad, habilidades y debilidades".

Smith hizo exactamente eso. Fue el primer diplomático estadounidense en entrevistar a Hitler, y en la década de 1920 escribió informes asombrosamente proféticos sobre el futuro líder de Alemania. Es más, durante su segunda estancia en Alemania, Smith utilizó hábilmente a Charles Lindbergh para obtener una visión de primera mano de las capacidades de aviación del país, lo que le permitió producir un flujo constante de evaluaciones en gran medida precisas de la Luftwaffe, así como de la rápida acumulación militar de Hitler a finales de la década de 1930. Sin embargo, la Administración Roosevelt, consciente del ambiente aislacionista en casa, prestó poca atención a los informes de Smith. Algunos columnistas y políticos incluso afirmaban que Smith había sido engañado por la propaganda y, por lo tanto, exageraba sus relatos sobre la fuerza de Alemania. Esto podría explicar por qué Smith solo recibe una mención pasajera en las principales obras históricas sobre el período anterior a la guerra, y nunca se le dio el crédito adecuado por sus primeras advertencias sobre el monstruo alemán.


Noviembre de 1922. Truman Smith conoce a Adolf Hitler

  

Izq., cartilla militar de Adolf Hitler (1921); der., carnet de afiliación de Hitler al NSDAP (1927)


Truman Smith llegó a Múnich el 15 de noviembre de 1922 y rápidamente conoció a un grupo diverso de personas, registrando sus discusiones e impresiones. El diplomático de 29 años preguntó a todo el mundo sobre Hitler. Resumiendo las opiniones de Robert Murphy, el cónsul interino de Estados Unidos, Smith escribió: "Hitler entiende a fondo la psicología bávara. Si es lo suficientemente grande como para tomar la delantera en un movimiento nacional alemán es otra cuestión; Probablemente no".

El general Friedrich Freiherr Kress von Kressenstein, comandante de artillería de la 7ª División del ejército alemán, le dijo a Smith que no se había reunido con Hitler, pero que tenía la impresión de que el hombre era "un genio de la oratoria". Agregó que "Hitler no era tan radical como lo pintaban sus discursos", y que era antisemita en "un sentido saludable", ya que quería mantener a los judíos fuera de los puestos gubernamentales. Salvo algún error, Kress von Kressenstein le dijo a Smith, el movimiento de Hitler tenía "un gran futuro por delante". Friedrich Trefz, redactor jefe del periódico Münchner Neueste Nachrichten (Últimas Noticias de Múnich), estuvo de acuerdo. Le dijo a Smith que Hitler era un "orador maravilloso. Ninguno mejor". Trefz dijo que había ido a una reunión nacionalsocialista y se sentó entre un general y un comunista; Ambos habían asistido por curiosidad, y después ambos se inscribieron como miembros del partido. La conclusión de Trefz: "Los nacionalsocialistas no representan ningún peligro inmediato para el gobierno. Sin embargo, el terreno es fértil y el partido crecerá".

A continuación, Smith se aventuró a la sede informal del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, en Georgenstrasse 42. Allí se reunió con Max Erwin von Scheubner-Richter, uno de los primeros confidentes de Hitler, quien afirmó que el partido tenía 35.000 miembros en Múnich, 200.000 simpatizantes y una organización clandestina "militarmente organizada" armada con garrotes y pistolas. El estadounidense fue invitado a ver a Hitler pasar revista a sus tropas paramilitares, los Camisas Pardas. Fue "un espectáculo realmente extraordinario", señaló Smith. "Mil doscientos de los rufianes más duros que he visto pasar revista ante Hitler a paso de ganso bajo la vieja bandera del Reich con brazaletes rojos con Hakenkreuzen (esvásticas)". El líder nazi pronunció un breve discurso, en el que prometió desafiar a cualquiera que intente detener el movimiento. "Luego grita: 'Muerte a los judíos', etc., etc. Hubo vítores frenéticos. Nunca había visto algo así en mi vida".


Postal que muestra a Hitler durante un discurso a sus militantes alrededor de 1923, obra de Otto von Hoyer (pintada alrededor de septiembre de 1939). La postal tenia como titulo: 'Am Anfang war das Wort' (En el principio era el Verbo)


A las 4 p.m. del lunes 21 de noviembre, Smith se reunió con Hitler en la sede del partido. El diplomático se sobresaltó por los aposentos de Hitler, que le recordaban a una lúgubre trastienda de una casa de vecindad de Nueva York. Las impresiones de Smith ese día, que anotó en su cuaderno una vez que regresó a su habitación en el Hotel Marienbad, fueron precisas. "Un demagogo maravilloso", escribió. "Pocas veces he escuchado a un hombre tan lógico y fanático. Su poder sobre el populacho debe ser inmenso". El mensaje de Hitler fue inequívoco: "El parlamento y el parlamentarismo deben desaparecer. Nadie puede gobernar con ella en la Alemania de hoy. Sólo una dictadura puede poner a Alemania en pie".

En un informe que presentó después de regresar a Berlín, Smith agregó esta evaluación:


"La cuestión de si los nacionalsocialistas de Hitler pueden desempeñar un papel en Alemania equivalente al papel de los fascistas en Italia todavía no puede responderse con ningún grado de certeza. En la limitada zona de Baviera, al sur del Danubio, no se puede negar el éxito de Hitler. Se cree que no sólo en Múnich, sino en toda Alemania, hay un campo fértil incluso entre los obreros de las fábricas para un movimiento nacional. Por otra parte, parece poco probable que, con los resultados ya obtenidos, falte dinero para la propagación de la idea de una dictadura nacional. Estos hechos, junto con el magnetismo y la capacidad oratoria del líder nacionalsocialista, hablan de un desarrollo rápido y consecuente de los "fascistas" alemanes".

 

* Nota agregada por el editor del blog. Al respecto de este informe, hay otra puntualización que encontramos en el medio Spartacus Educational, "Truman Smith":

Truman Smith siguió teniendo un gran interés en Hitler. El 25 de noviembre de 1922 dijo en un informe a Washington: 

"La fuerza política más activa en Baviera en la actualidad es el Partido Nacional Socialista del Trabajo. Más que un partido político, es un movimiento popular y debe ser considerado como el equivalente bávaro de los fascistas italianos. Recientemente ha adquirido una influencia política bastante desproporcionada a su fuerza numérica real. 

Adolf Hitler ha sido desde el principio la fuerza dominante del movimiento, y la personalidad de este hombre ha sido sin duda uno de los factores más importantes que han contribuido a su éxito... Su capacidad para influir en una asamblea popular es asombrosa. En conversaciones privadas se revelaba como un orador enérgico y lógico, lo que, cuando se atempera con una seriedad fanática, causaba una impresión muy profunda en un oyente neutral".

Una tercera consulta señala como fecha del encuentro Hitler-Truman Smith el 20 de noviembre de 1922. En el libro online, "The Propagander!"™, redactado por Walther Johann von Löpp, se dice que en noviembre de 1922, el diplomático estadounidense Truman Smith llega a Múnich, armado con una carta de presentación de Ernst "Putzi" Hanfstaengl, a quien había conocido antes. Smith, "a los pocos días, se reúne con Ludendorff, el príncipe heredero Rupprecht, Kahr, Lerchenfeld y varios funcionarios del gabinete. Como parte de su investigación sobre el hervidero político de Baviera, ha recibido instrucciones de informar especialmente sobre un tal Adolf Hitler. El 20 de noviembre de 1922 el diplomático Truman Smith se reúne con Hitler en la sede del partido... 

Hitler le dice a Smith: "El parlamento y el parlamentarismo deben desaparecer. Nadie puede gobernar con ellos en Alemania hoy en día. Sólo una dictadura puede poner a Alemania de pie". "Hitler enfatiza que su movimiento es federal y que busca el control del Reich, no sólo de Baviera" (von Löpp citando a Charles Bracelen Flood, "Hitler: The Path to Power", 1989).

Según esta investigación, Ernst "Putzi" Hanfstaengl aún no conocía a Hitler. El trabajo de von Löpp afirma que, en noviembre de 1922 (día exacto desconocido) Truman Smith recibe la orden de regresar a Berlín en el tren de la tarde, al despedirse de Hanfstaengl le dice: 

- "Conocí a un tipo extraordinario".

Hanfstaengl recuerda la conversación:

- De verdad -contesté-. ¿Cómo se llama?

- Adolf Hitler.

- Debes haberte equivocado de nombre -dije-. ¿No te refieres a Hilpert, el nacionalista alemán, aunque no puedo decir que vea nada particularmente notable en él? 

- No, no -insistió Truman Smith-. Hitler. Hay muchos carteles que anuncian una reunión esta tarde... Tengo la impresión de que va a desempeñar un papel importante y, te guste o no, sin duda sabe lo que quiere... Realmente parece tener un sentido de la dirección que ninguno de los otros tiene. Me dieron un pase de prensa para esta reunión esta tarde, y ahora no podré ir. ¿Podrías echarle un vistazo y decirme qué te parece?

El graduado en Harvard, Hanfstaengl, tomó su boleto para el Kindlkeller esa noche y más tarde escribió sobre la experiencia:

"Parecía haber mucha gente de la clase de porteros o pequeños comerciantes, un puñado de ex oficiales y funcionarios de menor categoría, una enorme cantidad de jóvenes y el resto artesanos, con una alta proporción de espectadores en traje nacional bávaro...

Con sus botas pesadas, traje oscuro y chaleco de cuero, cuello blanco semirígido y extraño bigotito, él (Hitler) realmente no parecía muy impresionante... Sin embargo, cuando Drexler lo presentó entre un rugido de aplausos, Hitler se enderezó y pasó junto a la mesa de prensa con un paso rápido y controlado, el inconfundible soldado de mufti... la atmósfera en la sala era eléctrica... Había casi una nota de conversación de café vienés en la gracia de algunas de sus frases y la malicia astuta de sus insinuaciones. No había duda de su origen austriaco...

Anotó sus puntos en todos los ámbitos. Primero criticaba al Káiser por débil y luego arremetía contra los republicanos de Weimar por conformarse con las demandas de los vencedores, que estaban despojando a Alemania de todo, salvo de las tumbas de sus muertos de guerra. Había una fuerte nota de apelación a los ex militares de su audiencia... Se explayó en el patriotismo y el orgullo nacional... arremetió contra los comunistas y socialistas por desear la ruptura de las tradiciones alemanas...

Hitler llevaba sesenta minutos hablando. Miré a mi alrededor, al público. ¿Dónde estaba la multitud anodina que había visto sólo una hora antes? ¿Qué era lo que de repente retenía a aquellas personas, que en la pendiente desesperada de la meta descendente se dedicaban a una lucha diaria por mantenerse dentro de la línea de la decencia? El bullicio y el parloteo habían cesado y ellos se bebían cada palabra... Hitler me impresionó más allá de toda medida... Con sus increíbles dotes como orador, estaba claro que iba a llegar lejos, y por lo que había visto de su séquito no parecía que nadie pudiera transmitirle la imagen del mundo exterior de la que manifiestamente carecía, y en esto sentí que yo podría ser de ayuda..."

Putzi se acercó a Hitler después de que éste terminó de hablar y se presentó. Entre noviembre y diciembre de 1922, Ernst "Putzi" Hanfstaengl y Adolf Hitler se hacen muy amigos. Hitler es un invitado frecuente en casa de los Hanfstaengl (von Löpp, citando a Flood, "Hitler: The Path to Power"; - Ernst Hanfstaengl, "The missing years", 1957)

  

El Dr. Ernst 'Putzi' Hanfstaengl, llegó ha ser designado oficial de prensa extranjera del canciller alemán Adolf Hitler, luego partió al exilio. La foto es del 7 de julio de 1937, en su casa de Londres.

Volvemos con el reportaje de Andrew Nagorski.

Segunda estancia de Truman Smith en Alemania 

Los años siguientes confirmaron las observaciones de Smith. Cuando él y su esposa Katharine, conocida como Kay, regresaron a Berlín en 1935, Hitler estaba completamente al mando. Inmediatamente les llamó la atención cómo había cambiado la capital desde principios de la década de 1920. Berlín "era lo mismo, pero no lo mismo", escribió Kay en sus memorias, que nunca se publicaron y residen en los archivos de la Institución Hoover, detectando "cierta tensión" en el aire, producto de un régimen que estaba listo para atacar a cualquiera.

A diferencia de muchos de sus homólogos en otras embajadas, Smith no tenía presupuesto para pagar a los espías. Lo que sí tenía era una larga lista de contactos alemanes, oficiales que había conocido durante su primera gira por Alemania y más tarde cuando era instructor en la Escuela de Infantería de Fort Benning, Georgia, de 1928 a 1932. El comandante asistente de la Escuela de Infantería era George C. Marshall, entonces teniente coronel, quien trataba a Smith como un ayudante y traductor cuando se trataba de tratar con los alemanes visitantes.

Después de que los nazis tomaron el poder en 1933, prohibieron a cualquier oficial alemán visitar la casa de un extranjero a menos que lo conociera previamente. Esto significó que a la mayoría de los agregados militares se les impidió invitar a los oficiales alemanes a sus casas. Pero Smith ya estaba bien establecido en ese círculo: cuando organizó una fiesta a su regreso a Berlín, Kay Smith recordó que "los otros agregados se quedaron estupefactos al encontrar a tantos oficiales alemanes en nuestra recepción. Estaban verdes de envidia y Truman se convirtió en su principal objetivo en su intento de obtener noticias". En comparación, señaló Kay, los británicos y los franceses, que dependían en gran medida de espías pagados, "estaban notablemente desprovistos de contactos".

Ahora coronel, Smith trabajó obsesivamente para aprender sobre el ejército alemán. Al principio de su segundo viaje, observó cuidadosamente las insignias de los regimientos que se exhibían en los hombros de los oficiales alemanes, reuniendo información valiosa e incluso reclutando a Kay y su hija Kätchen para ayudar con esta tarea. "Cada vez que salíamos juntos en el auto, ella (Kätchen) tomaba un lado y yo el otro, nuestras caras presionadas contra el vidrio de la ventana", escribió Kay. "Fue un juego divertido para nosotros y tuvimos la sensación de ayudar a resolver el acertijo".


Izq. Truman Smith (centro) charla con el General Ludwig Beck, jefe del Estado Mayor del Ejército Alemán, durante unas maniobras militares en 1936. Derecha, El jefe de prensa extranjera del NSDAP, Dr. Ernst Hanfstaengl (segundo desde la izquierda), recibe en su casa al Capitán Truman Smith (izquierda), al capitán Ernst Lehmann (segundo desde la derecha) y al Dr. Ludwig Duerr (derecha), para celebrar el exitoso vuelo americano del dirigible LZ 129 'Hindenburg' en 1935 (foto Bridgeman)


Charles Lindbergh 

Al principio, Smith se dio cuenta de que había una imagen que no podía armar. Tenía pocos contactos con la Luftwaffe y un conocimiento "insignificante" de la organización, las tácticas o las capacidades técnicas de la fuerza aérea alemana. El capitán Theodore Koenig, el agregado adjunto estadounidense responsable de monitorear el creciente poder aéreo de Alemania, era un oficial capaz. Pero a Smith le preocupaba que su equipo fuera demasiado pequeño y estuviera mal equipado para analizar eficazmente la Luftwaffe, una tarea urgente mientras Hitler presionaba para reafirmar el poderío de Alemania.

En mayo de 1936, dos meses después de que las tropas alemanas entraran en la Renania desmilitarizada, Kay y Truman estaban desayunando cuando ella señaló un artículo de primera plana en el Herald Tribune sobre la visita de Charles Lindbergh a una fábrica de aviones en Francia. Truman se preguntaba si el famoso aviador, cuyo vuelo transatlántico había capturado la imaginación de la gente en todas partes, podría obtener el mismo tipo de acceso a las fábricas alemanas. Se puso en contacto con los ayudantes del comandante supremo de la Luftwaffe, Hermann Göring, quienes dijeron que estarían encantados de mostrar a Lindbergh sus unidades de combate y fábricas. Smith escribió una carta a Lindbergh el 25 de mayo, transmitiéndole esta invitación.

Smith nunca había conocido a Lindbergh, pero no dudó en presentar un caso contundente. "No hace falta que les diga que el actual desarrollo aéreo alemán es muy imponente y a una escala que creo que no tiene parangón en el mundo", escribió. Señalando que la acumulación de la Luftwaffe había estado envuelta en secreto hasta hace poco, agregó que los alemanes habían demostrado una mayor apertura a los estadounidenses que a los representantes de otras naciones. "El general Göring se ha esforzado particularmente por mantener relaciones amistosas con los Estados Unidos", agregó Smith. "Desde un punto de vista puramente estadounidense, considero que su visita aquí sería de gran beneficio patriótico. Estoy seguro de que harán todo lo posible para mostrarles más de lo que nos mostrarán a nosotros".

La apelación de Smith a Lindbergh, que entonces vivía con su esposa Anne en Inglaterra, resultaría ser una iniciativa brillante y fatídica. Lindbergh respondió que estaría "extremadamente interesado en ver algunos de los desarrollos alemanes en la aviación civil y militar". Smith era consciente de que los alemanes tratarían de explotar la visita de Lindbergh con fines propagandísticos, pero no pudo hacer nada para impedirlo. Se centró en persuadir a los alemanes para que permitieran a Lindbergh inspeccionar una larga lista de fábricas de aviones, instalaciones de investigación y unidades de la Luftwaffe, acompañado por él mismo o por el agregado asistente, el capitán Koenig. De este modo, los agregados estadounidenses podrían examinar las instalaciones y establecer nuevos y valiosos contactos.


En las portadas de estos libros se aprecia a Truman Smith y a Charles Lindbergh en sus giras de visita a las instalaciones de la Luftwaffe 


Cuando los Lindbergh volaron a Berlín a bordo de un avión privado en julio de 1936, fueron recibidos por funcionarios del Ministerio de Aviación, ejecutivos de la aerolínea Deutsche Lufthansa y otros representantes de la aviación alemana. Los Smith alojaron a los Lindbergh en su apartamento, y las dos parejas entablaron una amistad. "El coronel Smith está vivo, interroga y habla bien", escribió Anne Morrow Lindbergh en su diario, y agregó sobre Kay: "Es observadora, inteligente y divertida".

El evento social más importante durante la visita de Lindbergh fue un almuerzo formal en la residencia oficial de Göring en Wilhelmstrasse. Asistieron altos funcionarios de la aviación, incluido el legendario piloto de la Primera Guerra Mundial Ernst Udet. Los Lindbergh y los Smith fueron tratados como invitados de honor. Para Truman Smith, esta fue la primera vez que tuvo la oportunidad de observar y hablar con el jefe de la Luftwaffe, y aprovechó al máximo la ocasión. "Göring mostró muchas facetas de su personalidad", señaló. "A su vez, era magnético, genial, vanidoso, inteligente, aterrador y grotesco".

El almuerzo fue un asunto elaborado, y después de la comida, Lindbergh le preguntó a Göring si los invitados podían ver a su cachorro de león mascota. El anfitrión accedió encantado. Fueron conducidos a la biblioteca y las puertas se abrieron dramáticamente para el joven león... El almuerzo le permitió a Smith comenzar una relación con Göring que duró el resto de su período de servicio en Berlín.

Lindbergh demostró ser justo la cuña de inteligencia que Smith necesitaba. La verdadera recompensa provino de las visitas del piloto estadounidense a las instalaciones aéreas de Alemania. En la fábrica de Heinkel en Rostock, por ejemplo, a Lindbergh y Koenig se les permitió inspeccionar el nuevo bombardero medio He 111. Lindbergh llegó a la conclusión de que era comparable a los bombarderos británicos y estadounidenses, y superior a los franceses. También vieron a Udet volar un nuevo prototipo de caza He 112, y vieron cómo el avión se desintegraba durante una inmersión, lo que obligó al famoso piloto a lanzarse en paracaídas para ponerse a salvo. Aun así, basándose en lo que vieron de esos y otros dos aviones de Heinkel, el rápido y versátil He 70 y el prototipo de bombardero en picado He 118, junto con la moderna fábrica de aviones de la marina de la compañía en Warnemünde, los estadounidenses quedaron impresionados. "Nunca había visto cuatro aviones, cada uno distinto en tipo y construidos por un fabricante, que estuvieran tan bien diseñados", le dijo Lindbergh a Smith.

El aviador estaba claramente influenciado. Escribiendo a un amigo de la familia, Lindbergh señaló que "no tenemos nada que comparar en tamaño con las fábricas de Heinkel o Junkers". En una carta a su abogado, afirmó que estaba impresionado por "un espíritu en Alemania que no he visto en ningún otro país". Después de su primera visita, volvió a escribir al amigo de la familia: "Aunque todavía tengo muchas reservas, me he ido con un sentimiento de gran admiración por el pueblo alemán". En cuanto a Hitler, escribió, "es sin duda un gran hombre, y creo que ha hecho mucho por el pueblo alemán".


Truman Smith y Charles Lindbergh inspeccionando aviones alemanes en 1937


Gracias a la entrada de Lindbergh, Koenig visitó varios aeródromos y fábricas, lo que a su vez permitió a Smith producir informes cada vez más detallados sobre las capacidades aéreas alemanas para los funcionarios en Washington. Después de la segunda visita de Lindbergh, en octubre de 1937, Smith afirmó que si las tendencias actuales continuaban, Alemania "obtendría la paridad técnica con los EE.UU. en 1941 o 1942". Si Estados Unidos ralentizaba su programa, advirtió, "la superioridad aérea alemana se logrará aún antes". Göring pudo haber exagerado deliberadamente algunas de sus afirmaciones sobre las capacidades de Alemania, pero Lindbergh las tomó en serio. En un cóctel, se escuchó a Lindbergh decirle a Udet: "La aviación alemana ocupa un lugar más alto que el de cualquier otro país. Es invencible". No es de extrañar que los funcionarios alemanes se jactaran de que Lindbergh sería "la mejor campaña de promoción en la que podríamos invertir".

Lindbergh hizo cuatro visitas más a Alemania antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y fue tratado como un miembro de la realeza durante cada una. Esto podría ayudar a explicar su posterior campaña vocal para mantener a Estados Unidos fuera de la guerra en Europa, su participación en el movimiento America First y su convicción de que la Unión Soviética representaba la verdadera amenaza para la civilización europea, y que, en una guerra entre las dos potencias, "una victoria del pueblo europeo de Alemania sería preferible a una de la Unión Soviética semiasiática de Rusia". Sus comentarios confirmaron lo que sus críticos habían sospechado: el aviador se había convertido, en efecto, en un apologista de Hitler.
 

28 de julio de 1936, Herman Goering muestra su maravillosa colección de espadas a Charles Lindbergh (La fotografía con ese texto fue publicada por la Revista Life del 3 de abril de 1939)


* Nota del editor del blog. Otro paréntesis al ensayo de Andrew Nagorski. John Simkin escribió el artículo "El mayor Truman Smith y la financiación de Adolf Hitler" (septiembre de 1997), publicado en Spartacus Educational, aquí un extracto:

"En noviembre de 1938, Truman Smith organizó una nueva visita de Charles A. Lindbergh a la Alemania nazi. Se desató una gran controversia cuando Lindbergh recibió una medalla de manos de Hermann Goering. Lindbergh afirmó más tarde que no tenía ni idea de que iba a suceder: "Goering fue el último en llegar. Yo estaba de pie en la parte trasera de la sala cuando entró por la puerta, vestido con un uniforme azul de la Luftwaffe de nuevo diseño. Parecía menos corpulento que la última vez que lo vi. Las cabezas se giraron y la conversación se detuvo a medida que el embajador Wilson avanzaba para encontrarse con su invitado de honor. Noté que Goering llevaba una caja roja y algunos papeles en una mano. Cuando se acercó a mí, me entregó la caja y los papeles y pronunció varias frases en alemán. Yo no sabía alemán, pero pronto me enteré de que me había entregado la Orden del Águila Alemana, una de las más altas condecoraciones del gobierno por orden del Führer", dijo.

Lindbergh fue duramente criticado por aceptar la medalla. El secretario del Interior, Harold Ickes, afirmó que quien acepta una condecoración de Alemania también "pierde su derecho a ser estadounidense". (NdelE. ¿Pasó lo mismo con Henry Ford?) El 26 de noviembre de 1938, The New Yorker comentó: "Con emociones confusas nos despedimos del coronel Charles A. Lindbergh, que quiere irse a vivir a Berlín, presumiblemente ocupando una casa que alguna vez perteneció a judíos".

Cuando regresaron a Estados Unidos, ambos hombres fueron acusados ​​de simpatizar con los nazis. Esta opinión se vio reforzada por el apoyo de Smith a la Ley de Neutralidad de 1937 y su oposición a la participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Según el biógrafo de Smith: "Ambos hombres fueron denunciados en la prensa como fascistas y secuaces del Tercer Reich. La exactitud de los informes Lindbergh-Smith fue cuestionada y descartada como propaganda derrotista". (John Simkin)

Volvemos con Andrew Nagorski
 
Por su parte, Smith estaba convencido de que Washington necesitaba comprender el impresionante alcance de la acumulación militar de Alemania, pero sus informes a menudo eran desestimados como alarmistas. Sin duda, no toda la inteligencia que Smith reunió dio en el blanco. Hizo algunas evaluaciones erróneas sobre el grado de desafección entre los nazis y los militares, y ciertamente estaba equivocado cuando describió "la política exterior realista y reticente de Hitler", como lo expresó en 1937. Pero a fin de cuentas, los informes regulares de inteligencia que Smith enviaba a Washington eran lúcidos y mordaces. Gracias a las puertas de la fábrica que Lindbergh había abierto, era el agregado mejor informado en Berlín sobre la Luftwaffe.

Pero la asociación del diplomático con Lindbergh también le trajo dolor. Al igual que el aviador, Smith fue acusado por algunos de ser un incauto nazi. Después de que le diagnosticaron diabetes y abandonó Berlín en abril de 1939, Smith fue asignado a Washington por el general George C. Marshall, entonces jefe del estado mayor del ejército, para servir como asesor sobre el ejército alemán. A medida que los ejércitos de Hitler arrasaban Europa Occidental, Smith escuchó de sus colegas de inteligencia del ejército que el juez de la Corte Suprema Felix Frankfurter y el secretario del Interior Harold Ickes estaban detrás de los ataques en su contra, escritos por los influyentes columnistas Drew Pearson y Walter Winchell. Acusaron a Smith de ser pro-alemán y de estar escribiendo los discursos aislacionistas de Lindbergh después de que Alemania invadiera Polonia. Smith también escuchó informes de que los dos funcionarios habían instado a Roosevelt a que lo sometieran a un consejo de guerra.

Nada de eso sucedió, por una buena razón. Aunque Smith mantuvo su amistad con Lindbergh, nunca desempeñó ningún papel en las actividades políticas del aviador. Y comenzó a recibir desde Berlín el reconocimiento que merecía por sus reportes. Por recomendación de Marshall, el Secretario de Guerra Henry Stimson otorgó la Medalla al Servicio Distinguido a Smith en enero de 1945. Cinco meses más tarde, uno de los asesores de Roosevelt escribió al general Marshall: "¡Cuán bien y cuán oportunas fueron sus advertencias sobre los preparativos alemanes! ¡Y qué poca atención les prestamos!"

Smith se retiró del ejército en 1946 y regresó a Connecticut. Se postuló para el Congreso, pero perdió las primarias republicanas. Tuvo más éxito escribiendo artículos sobre asuntos militares, pero permaneció ensombrecido por sospechas relacionadas con su servicio en Berlín, a pesar de los testimonios de su destacada actuación.

Mucho después de la Segunda Guerra Mundial, Smith escribió "Los hechos de la vida", un manuscrito autobiográfico que intentó publicar sin éxito. Catorce años después de su muerte en 1970, finalmente aparecería impreso, junto con su cuaderno de Múnich y sus informes militares, en un volumen de Hoover Institution Press llamado "Berlin Alert: The Memoirs and Reports of Truman Smith". 

En Los hechos de la vida, Smith recordó su encuentro con Hitler en 1922. "El diario que llevé en Múnich indica que estaba profundamente impresionado con su personalidad y pensé que probablemente desempeñaría un papel importante en la política alemana", escribió. "Debo confesar, sin embargo, que no lo veía como el futuro gobernante de la mayor parte de Europa".

Es posible que se haya equivocado en eso y en algunas otras cosas, pero el punto general de sus informes era acertado: Alemania se estaba remilitarizando más rápido de lo que la mayoría de Washington se daba cuenta, y representaba un peligro creciente. 

Las percepciones de un hombre que una vez aspiró a enseñar historia fueron validadas por el registro histórico.

Andrew Nagorski 

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Consultas:

Referencia del libro de Andrew Nagorski en la página de Bol.com

"Hitlerland: American Eyewitnesses to the Nazi Rise to Power"
(Hitlerland: Testigos estadounidenses del ascenso nazi al poder)
Editorial: ‎ Simon & Schuster, 2012 (en‎ inglés)


Reseña:
"El ascenso de Hitler al poder, la marcha de Alemania hacia el abismo, vista a través de los ojos de los estadounidenses (diplomáticos, militares, expatriados, autores visitantes, atletas olímpicos) que observaron horrorizados y de cerca. Al aprovechar una rica veta de testimonios personales, Hitlerland ofrece una narrativa apasionante llena de giros sorprendentes y una perspectiva sorprendentemente fresca sobre esta era profundamente diseccionada. Algunos de los estadounidenses en Weimar y luego en la Alemania de Hitler eran meros observadores casuales, otros deliberadamente ciegos; unos pocos eran apologistas nazis. Pero la mayoría comenzó lentamente a comprender el horror de lo que se estaba desarrollando, incluso cuando les resultaba difícil captar la amplitud de la catástrofe. Entre los periodistas, William Shirer, Edgar Mowrer y Dorothy Thompson estaban cada vez más alarmados. El cónsul general George Messersmith se destacó entre los diplomáticos estadounidenses por su pasión y coraje. Truman Smith, el primer funcionario estadounidense que se reunió con Hitler, era un astuto observador político y un agregado militar notablemente ingenioso. El historiador William Dodd, a quien FDR nombró embajador en el Berlín de Hitler, se fue desilusionado; su hija Martha escandalizó a la embajada con su procesión de amantes a partir de su encaprichamiento inicial con los nazis con los que se lió. Terminó como espía soviética. En el lugar estaban George Kennan, que se haría famoso como arquitecto de la contención; Richard Helms, que ascendió a la cima de la CIA; Howard K. Smith, que un día sería copresentador del ABC Evening News. La lista de visitantes destacados incluía a los escritores Sinclair Lewis y Thomas Wolfe, al famoso aviador Charles Lindbergh, al gran atleta Jesse Owens, al editor de periódicos William Randolph Hearst y al sociólogo e historiador negro WEB Dubois. Al observar de cerca a Hitler y su movimiento, los más perspicaces de estos estadounidenses ayudaron a sus reticentes compatriotas a comenzar a comprender la naturaleza de la Alemania nazi, que eliminaba sin piedad a los oponentes políticos, inculcaba el odio a los judíos y a cualquiera que se considerara miembro de una raza inferior y preparaba a su ejército y a su pueblo para una guerra por la dominación global. Ayudaron a preparar a los estadounidenses para los años de lucha que les esperaban".

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