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14 febrero 2021

Pickelhaube, mon amour

 


Nota de introducción por el editor del blog


Este artículo no va sobre el pickelhaube (del alemán Pickel: pincho y Haube, casco, en general prenda que cubre la cabeza). Creado en el siglo XIX para el ejército prusiano, así como para la policía y cuerpo de bomberos. Es de simple carácter decorativo, su uso se extendió a otros estados alemanes y como sabemos varios ejércitos del mundo adoptaron para actos ceremoniales este tipo de casco (aun en el presente). El Imperio Alemán lo utilizó para su infanteria antes y durante la primera guerra mundial (hechos de cuero), nada prácticos en el combate, no brindaban protección y demasiado visibles, por esa razón desde 1916 el pickelhaube fue lentamente sustituido por el casco de acero (stahlhelm). El pickelhaube permaneció para los actos ceremoniales. 


El Pickelhaube se usó a menudo en propaganda contra los alemanes como en este cartel de la Primera Guerra Mundial (Harry R. Hopps; 1917, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos)


Las siguientes fotografías muestran la utilización del pickelhaube desde los aristocráticos oficiales, el Canciller Bismarck, el Kaiser Guillermo II hasta un "cabo bohemio" llamado Adolf Hitler.



Ya lo hemos dicho, este post no va sobre el Pickelhaube, el autor nos trae una interesante y a ratos irónica historia que trata la vida familiar de un aristocrático oficial alemán opositor al führer nazi, el General Paul von Hase que pagaría con su vida el haberse alineado con la resistencia alemana. 

El relato de Fernando Olalquiaga originalmente fue publicado por la revista Jot Down. Como Anexo haremos algunas puntualizaciones (todas las fotografías son interpuestas por el editor de este blog).

Buena lectura.

***

Pickelhaube, mon amour


El General Erich Ludendorff junto a A. Hitler, durante el proceso por el fallido golpe de estado de noviembre de 1923

Fernando Olalquiaga 


Paul von Hase fue el gobernador militar de Berlín durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial. Un carguito nada trivial que, a pesar de todo, desde al menos 1938, no le impidió conspirar y conspirar para derrocar a su principal empleador. 


Es bien conocido que entre cierta aristocracia alemana se consideraba poco menos que un castigo muy obsceno el tener que rendir cuentas ante un cabo austriaco. Es algo muy comprensible en una clase social que tenía por costumbre, al cumplir sus pequeños principitos la tierna edad de doce años, año arriba, año abajo, cascarles un monóculo y mandarlos a batirse en duelo por algún asunto importante —como mofarse del color melocotón de unas medias masculinas— para buscar la serie de cicatrices perfecta que les sirviera de salvoconducto hacia las altas esferas del poder alemán. Generalmente nada tenía que ver en esta inquina hacia Hitler el odio al judío que profesaban este mequetrefe y sus camisas pardas y después negras, ni sus ansias por expandir el espacio vital alemán a costa de cientos de miles de vidas consideradas infrahumanas. Ni Treblinka, ni Mein Kampf, ni leches. Un cabo, un rango que no llega ni a la categoría de suboficial, un mendigo, un advenedizo, gritando y escupiendo órdenes a mariscales de apellido compuesto. El fin de Alemania.


General Karl Paul Emanuel von Hase (1885 - 1944)


El padre de Von Hase fue médico de la corte de Guillermo II. Su abuelo dedicó su vida a predicar la fe luterana y a ejercer como historiador en una época en que aún era una profesión respetada, pues significaba que podías dedicar tu vida a leer libros y escribir sobre batallas mientras tu sustento dependía de las rentas que tuvieras a bien o a mal cobrar de los arrendatarios que ocuparan tus fincas, ninguna menor que muchas provincias españolas y algunas que se podrían presentar sin rastro de pudor como pequeños virreinatos. 

Así que con estos ancestros, a Paul no le quedaba más remedio que ponerse muy colorado, casi negro de ira, cada vez que oía hablar de Hitler, y no pudo evitar idear planes locos para, preferentemente, volarlo por los aires en pedazos de dimensiones epsilónicas. Como si Dios existe desde luego tiene muy mala leche, Hitler salió ileso cuando en julio de 1944 le colocaron una bomba literalmente debajo del culo. Y Von Hase, una noche que estaba cenando con Goebbels, fue detenido, juzgado por el tristemente famoso Tribunal del Pueblo del juez Roland Freisler, y ahorcado el 8 de agosto de ese mismo año. Injusticia exprés.


El General Paul von Hase comparece ante el Tribunal Popular por el complot contra Hitler de julio de 1944 (bomba de Stauffenberg)

Antes de volver a la historia de la familia Von Hase, que es significativa para mostrar los grados de insania que la fidelidad a Hitler llegó a alcanzar, resaltemos el cómico final de la vida de Roland Freisler. A veces el buen Dios sí tiene gracia. El 3 de febrero de 1945, seis meses después de condenar a la horca a Von Hase, Freisler dictaba sentencia contra el teniente Fabian von Schlabrendorff, otro implicado en el complot de julio. «Le mandaría directo al infierno», le espetó Freisler, a lo que el teniente contestó: «con gusto le cedo el paso a usted primero». Y antes de que terminara la vista una bomba aliada cayó sobre la sala, y bajo una columna de granito derrumbada el teniente Von Schlabrendorff vio asomar la mano inerte del juez Freisler, que aún sostenía su expediente. Fabian von Schlabrendorff fallecería en 1980 a los setenta y tres años de edad.

Retomemos la saga Von Hase. El hijo de Paul, muy apropiadamente llamado Karl-Günther (Nota del editor: En realidad era su sobrino), tuvo que volver del frente italiano para probar su inocencia. Consiguió demostrarla, pero fue expulsado del Estado Mayor en enero de 1945 y enviado a combatir a un lugar de Pomerania Oriental llamado Schneidemuhl, donde sus probabilidades de sobrevivir a un Ejército Rojo cuyos efectivos solo se podían calcular empleando la notación exponencial rozaban, según todos los cálculos, incluidos los más fanáticamente nazis, el cero absoluto. Aun así, a pesar de su situación familiar, dentro de su cabezota germana no se planteó ningún tipo de dilema y siguió combatiendo «porque yo era un profesional y era mi deber». Parece que habla de meterle un gol a un equipo de fútbol del que formó parte en el pasado, y no de servir a las órdenes de quien colgó a su padre del cuello hasta morir.


Karl-Günther von Hase

Karl-Günther tuvo suerte. Antes de caer en manos de los soviéticos mandó un mensaje por radio pidiendo contraer matrimonio por poderes con su prometida Renata, que en esos momentos no daba abasto recomponiendo cuerpos nazis en un hospital de Turingia. Un hombre como Thor manda, sí señor. Así que Renata acudió al registro civil y contrajo matrimonio con un casco de acero que, según le indicaron, representaba al novio. Posó la mano encima, suponemos que aliviada porque la pica que hasta 1916 coronaba el Pickelhaube ya fuera un recuerdo del pasado, y juró fidelidad y etcétera hasta que la muerte los separara, una fecha que, en lo que concernía a Karl-Günther, parecía bastante cercana. El joven militar, sin embargo, no tuvo manera de enterarse de que el proceso había llegado a buen fin. Cuando sus captores le preguntaron si estaba casado, Karl-Günther contestó: «No lo sé». Ignoramos cómo le habría ido la vida a la joven enfermera Renata de haberse tomado al pie de la letra su matrimonio y compartido cama solo con un yelmo metálico porque, ¡oh, milagro!, Karl-Günther volvió de su cautiverio con vida, como sospechará cualquiera que haya estado atento a las comillas que resaltan la literalidad de las frases anteriormente citadas. Al oír en su celda de la prisión moscovita de Butikri el sonido de los fuegos artificiales que hacían de banda sonora a los sonoros «¡¡Hitler kaputt!!» de sus guardias, metió la cabeza entre sus brazos y rompió a sollozar.

El ansia de salir de dudas respecto a su estado civil quizás fue lo único que lo mantuvo apartado de unas ideas suicidas que, a pesar de no formar parte de la tradición militar alemana —son raros los suicidios cometidos tras la derrota de 1918, por ejemplo— abundaron entre las mentes castrenses de los más altos niveles de la cadena de mando. Algunos encontraron excusas de lo más peregrinas para levantarse la tapa de los sesos. El general Hesleni, al mando del Tercer ejército húngaro, dejó escrito en su nota de suicidio: «Me quito la vida por razones de salud: un estómago como el mío no sobreviviría al cautiverio». (Nota del editor del blog: Después de ser liberado del cautiverio se reunió con la enfermera Renata Stumpff hija del General de la Luftwaffe Hans-Jürgen Stumpff. Se casaron en una ceremonia religiosa el 30 de diciembre de 1949. La pareja tuvo cinco hijas).

Mientras tanto, al otro lado del canal de la Mancha, volvía el buen humor entre quien se lo pudiera permitir. Es decir, entre la alta sociedad. En una de las primeras bodas de postín celebradas tras el fin de la guerra, Henry Channon, que como miembro del Parlamento era conocido como Chips, un apodo que se consideraba simpático o ridículo según las fidelidades que se le profesaran al diputado, intentaba competir en ingenio con Emerald Cunard, la famosa socialite, amiga de Wallis Simpson, y —se sospechaba— amante del novelista George Moore y del director de orquesta sir Thomas Beecham. Señaló a los invitados bien encopetados, cargados de joyas y otros complementos no menos preclaros, y dijo:

Bueno… Por esto es por lo que hemos luchado.

Y ella respondió: —¡No me diga que todos estos son polacos!


Fernando Olalquiaga


Anexo del editor del blog


Karl-Günther Paul Otto von Hase 


En el presente, Karl-Günther von Hase, a sus 103 años, tiene un currículum impresionante, durante la Segunda Guerra Mundial llegó hasta el grado de Mayor, desempeñándose como oficial de Estado Mayor. En la posguerra fue jefe de la oficina de prensa e información del gobierno federal bajo los cancilleres Adenauer, Erhard y Kiesinger. Secretario de Estado en el Ministerio Federal de Defensa. Embajador de Alemania en Londres. Director del ZDF (radio televisión alemana), entre otras funciones de prestigio. Karl-Günther von Hase también es autor y coeditor del libro "The Soldiers of the Wehrmacht".  Desde junio de 2020 es el ex-soldado de más alto rango en las fuerzas armadas alemanas. El teólogo luterano y luchador de la resistencia, Dietrich Bonhoeffer (†1945) asesinado por el régimen nazi era primo de Karl-Günther von Hase (la madre de Bonhoeffer era una von Hase). 

Otro primo suyo, Friedrich-Wilhelm von Hase, hijo del General Paul von Hase, en el 70º  aniversario de la muerte de Klaus von Stauffenberg, presentó el libro "Hitlers Rache. Das Stauffenberg-Attentat und seine Folgen für die Familien der Verschwörer" (La venganza de Hitler. El intento de asesinato de Stauffenberg y sus consecuencias para las familias de los conspiradores), SMC Hänssler, Holzgerlingen, 2014. Una descripción de la herramienta de tortura del nazismo, detalla la detención de su padre y toda su familia, fue llevado a cautiverio para ser "educado" a lo nacionalsocialista en un hogar para niños a los 7 años.



Karl-Günther von Hase junto a la Reina Isabel II de Gran Bretaña y Gustav Heinemann, 1972

11 febrero 2021

Guerra del Golfo. Hussein cae en la trampa (2)


La CNN fue la triunfadora de la guerra informática


por Nefeez Mosaddeq Ahmed

noviembre 2009

 

PONIENDO LA TRAMPA ESTADOUNIDENSE A SADDAM HUSSEIN


Viene de la Primera Parte


En esta segunda parte de su estudio, Nafeez Mosaddeq Ahmed ofrece un relato tras bambalinas de la Guerra del Golfo de 1991 que revela que, contrariamente a la opinión convencional, existe evidencia considerable que indica que la Guerra del Golfo no solo había sido anticipada por Estados Unidos, encajaba bien dentro de sus intereses políticos, estratégicos y económicos. Una variedad de factores apoyan la conclusión de que la invasión de Kuwait por Irak fue diseñada deliberadamente por Estados Unidos para idear un nuevo enemigo como pretexto para la guerra, sirviendo para establecer una presencia militar permanente en el Medio Oriente y logrando un gran poder geopolítico en el próximo siglo a través del control de sus recursos petroleros.


George H.W. Bush saluda a sus tropas en Arabia Saudita, 22 de noviembre 1990


4.  Protección del orden en el golfo

4.1.  La escena doméstica en EE. UU.


Antes de la Guerra del Golfo, Estados Unidos enfrentaba recortes masivos en el gasto militar. Con el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos había perdido a su antiguo enemigo de la Guerra Fría, dejando a sus instituciones militares como la OTAN sin nada más que hacer, o al menos sin un pretexto creíble para hacerlo. 


En consecuencia, había comenzado un conflicto político dentro de los Estados Unidos sobre el tema de la necesidad del gasto en defensa. Con el fin de la Guerra Fría, muchos fuera del establecimiento militar estadounidense naturalmente pidieron la reducción del gasto militar. El 12 de febrero de 1990, el Washington Post informó que “la administración y el Congreso esperan la batalla presupuestaria de defensa más enconada y reñida de la historia reciente”. En junio, el Post informó que "las tensiones se han intensificado" entre el Congreso y el Pentágono, "mientras el Congreso se prepara para redactar uno de los presupuestos de defensa más importantes de las últimas dos décadas" (16 junio 1990). En julio, debido a la votación de un subcomité de Servicios Armados del Senado que pedía recortes en el personal militar casi tres veces más que las recomendaciones de Bush, parecía que el Pentágono estaba perdiendo la batalla por el gasto militar. Los Angeles Times informó: "El tamaño y la dirección de los recortes militares indican que el presidente Bush está perdiendo la batalla sobre cómo gestionar las reducciones en el gasto militar". (11 julio 1990)

Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, ex director de la CIA y ex inversionista en el petróleo de Texas, Bush jugó un papel decisivo en la lucha contra tales reducciones. Sin embargo, aunque fracasaba drásticamente en asegurar un alto gasto militar estadounidense, su popularidad interna también estaba disminuyendo grandemente. Por lo tanto, el presidente Bush y los intereses corporativos-militares a los que apoyaba buscaban una manera de impulsar el gasto militar y generar una renovada popularidad pública.

El trasfondo de la campaña de Bush para mantener altos niveles de gasto militar se basaba en las perspectivas de una presencia militar estadounidense en el Medio Oriente, particularmente en la región del Golfo. Cuando terminó la guerra Irán-Irak en 1988, los planes de contingencia de Estados Unidos para la guerra en la región del Golfo plantearon a Irak como el enemigo. En enero de 1990, el director de la CIA William Webster reconoció la creciente dependencia de Occidente del petróleo de Oriente Medio en un testimonio ante el Comité de Servicios Armados del Senado. Un mes más tarde el general Schwarzkopf aconsejó al Comité que aumentara la presencia militar estadounidense en el Medio Oriente, describiendo nuevos planes para intervenir en un conflicto regional.

El vehículo principal de esta operación sería el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), anteriormente la Fuerza de Tarea Conjunta de Despliegue Rápido, que encubiertamente había estado expandiendo una red de bases de inteligencia militar de Estados Unidos en Arabia Saudita. En particular, el Plan de Guerra 1002 de CENTCOM fue diseñado durante el inicio de la administración Reagan para implementar la Doctrina Carter para enfrentar cualquier desafío al acceso de EE.UU. al petróleo de Oriente Medio por la fuerza militar, fue revisado en 1989 y rebautizado como Plan de Guerra 1002-90; los dos últimos dígitos, por supuesto, corresponden a 1990. En el plan actualizado, Irak reemplazó a la Unión Soviética como el principal enemigo.


Área de responsabilidad de CENTCOM


Es en este contexto crucial que CENTCOM, bajo la dirección del general Schwartzkopf, comenzó a idear simulaciones de guerra dirigidas a Irak. En 1990 se realizaron al menos cuatro de esas simulaciones dirigidas a Irak, algunas de las cuales suponían una invasión iraquí de Kuwait, mucho antes de que ocurriera la invasión real. Uno de los primeros denominado 'Internal Look', ocurrió en enero. En mayo de 1990, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un grupo de expertos con sede en Washington afiliado a la Universidad de Georgetown, completó un estudio de dos años que predice el resultado de una guerra de Estados Unidos con Irak. El estudio exploró el futuro de la guerra convencional y concluyó que la guerra con más probabilidades de que ocurra y requiera la intervención militar de Estados Unidos fue entre Irak y Kuwait o Arabia Saudita. El estudio se difundió ampliamente entre los funcionarios del Pentágono, miembros del Congreso, y contratistas militares. En julio, el ejercicio del puesto de mando computarizado del Pentágono (CPX), iniciado a fines de 1989 para explorar posibles respuestas a "la amenaza iraquí", estaba en pleno apogeo, centrándose en simulaciones de una invasión iraquí de Kuwait o Arabia Saudita o ambos. El Colegio de Guerra Naval en Newport, RI, llevó a cabo programas en los que se pidió a los participantes que determinaran las respuestas efectivas de Estados Unidos a una hipotética invasión de Kuwait por Irak.

De hecho, según el profesor de derecho internacional de la Universidad de Illinois, Francis Boyle, que forma parte de la junta directiva en Estados Unidos de Amnistía Internacional y que trabajó con la Comisión Internacional de Investigación sobre los crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos durante la Guerra del Golfo Pérsico, Estados Unidos había estado planeando un asalto a Irak durante algún tiempo. Al revisar el proceso año tras año de intensificación de los planes de guerra, el profesor Boyle registra que: “En algún momento después de la terminación de la guerra entre Irak e Irán en el verano de 1988, el Pentágono procedió a revisar sus planes de guerra pendientes para la intervención militar de Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico con el fin de destruir Irak. Schwarzkopf se encargó de esta revisión... Después de la guerra, Schwarzkopf se refirió a dieciocho meses de planificación para la campaña". Boyle informó que a finales de 1989 o principios de 1990, los planes de guerra para "destruir Irak y robar campos petroleros del Golfo Pérsico se pusieron en marcha". Schwarzkopf “fue nombrado Comandante del llamado Comando Central de Estados Unidos... con el propósito de llevar a cabo el plan de guerra que él mismo había desarrollado y supervisado. Durante enero de 1990, se enviaron cantidades masivas de armas, equipo y suministros estadounidenses a Arabia Saudita para prepararse para la guerra contra Irak”. Estados Unidos, por lo tanto, parece haber comenzado a realizar una planificación intensa para una posible guerra con Irak desde 1988 hasta 1990.


General Norman Schwarzkopf

4.2  La escena internacional

Mientras tanto, en el Medio Oriente, se estaba gestando un conflicto entre Irak y Kuwait. El contexto histórico del conflicto entre Irak y Kuwait radica en el hecho de que Kuwait fue una vez un distrito de Irak durante el dominio otomano, antes de que los británicos lo dividieran para formar un estado independiente. Esto nunca fue aceptado por el Irak como una división legítima y, por lo tanto, estableció un contexto de tensión política entre las dos entidades. Sin embargo, la principal causa de la tensión entre Irak y Kuwait justo antes de la Guerra del Golfo era mucho más contemporánea y se originó en las políticas de Kuwait. Irak estaba indignado con Kuwait por alrededor de tres razones: 




Durante la guerra Irán-Irak, Kuwait aparentemente estaba robando $ 2.4 mil millones en petróleo del campo petrolero de Rumaila debajo de la frontera entre Irak y Kuwait; Kuwait ha construido varias estructuras, incluidas estructuras militares, en territorio iraquí; después de la guerra Irán-Irak, Kuwait decidió aumentar drásticamente la producción de petróleo el 8 de agosto de 1988, solo un día después de que Irán acordara un alto el fuego con Irak. Los precios del petróleo estables fueron esenciales para financiar la reconstrucción de posguerra en este momento crítico. Sin embargo, la violación de Kuwait de los acuerdos de la OPEP hizo que los precios del petróleo crudo se desplomaran de 21 a 11 dólares el barril. En consecuencia, Irak estaba perdiendo $ 14 mil millones al año. Esto fue solo el comienzo. En marzo de 1989, Kuwait exigió un aumento del 50% en las cuotas de la OPEP que ya estaba violando flagrantemente. Aunque la OPEP rechazó la demanda en una conferencia de junio de 1989, el ministro de petróleo de Kuwait declaró que Kuwait no estaría sujeto a ninguna cuota en absoluto. Kuwait luego duplicó la producción a más de un millón de barriles por día.


Campo petrolero de Rumaila ubicado en la frontera entre Irak y Kuwait.


Durante la guerra Irán-Irak, Kuwait había extendido ilegalmente su frontera hacia el norte, apoderándose así de 900 millas cuadradas del campo petrolero de Rumaila. La tecnología de perforación inclinada proporcionada por Estados Unidos permitió a Kuwait robar petróleo de la parte de Rumaila que estaba indiscutiblemente dentro de las fronteras de Irak. Además, los gobernantes de Kuwait habían prestado a Irak $ 30 mil millones durante su guerra con Irán y ahora exigían que Irak los recompensara. Sin embargo, el propio comportamiento de Kuwait hacia Irak lo había hecho imposible.

La guerra Irán-Irak ya le había costado a Irak más de $ 80 mil millones. Con los precios del petróleo cayendo en picado gracias a la intransigencia de Kuwait, se hizo imposible para el Iraq generar los fondos necesarios para recompensar a Kuwait. La respuesta de Irak entre 1988 y 1990 fue esforzarse por resolver estos problemas por medios diplomáticos. Sin embargo, todos los intentos de negociación fueron rechazados. Un alto funcionario estadounidense de la administración Bush comentó: “Kuwait estaba sobreproduciendo, y cuando los iraquíes llegaron y dijeron: '¿No pueden hacer algo al respecto?' los kuwaitíes dijeron: "Siéntate". Y ni siquiera lo dijeron amablemente. Fueron desagradables al respecto. Fueron estúpidos. Eran arrogantes. Fueron terribles".

El director del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Henry M. Schuler, describió estas políticas como una "guerra económica" contra Irak. El Irak se quejó de que las políticas de Kuwait eran "equivalentes a una agresión militar". A estas alturas, Irak estaba perdiendo mil millones de dólares al año por cada reducción de un dólar en el precio del petróleo. Para 1990, estas políticas habían diezmado la economía de Irak hasta tal punto que estaba en peores condiciones que durante la guerra con Irán, con una inflación del 40% y una caída de la moneda. Teniendo en cuenta que Irak siempre ha defendido una reivindicación histórica sobre Kuwait, la reacción de Saddam a las políticas de Kuwait es notable. En lugar de utilizar inmediatamente la crisis como pretexto para adquirir territorio kuwaití por la fuerza, Irak parecía estar ansioso por resolver la situación de forma rápida y pacífica. El difunto rey Hussein de Jordania, amigo de las potencias occidentales especialmente admirado por Estados Unidos e Israel, encontró desconcertante la respuesta de Kuwait. Testificó en el San Francisco Chronicle:


Saddam Hussein


“Él [Saddam Hussein] me dijo lo ansioso que estaba por asegurarse de que la situación se resolviera lo antes posible. Así que inició el contacto con los kuwaitíes ... esto no funcionó desde el principio. Hubo reuniones pero no pasó nada ... esto fue realmente desconcertante. A los kuwaitíes les interesa resolver el problema. Sé que no había una frontera definida, que tenía la sensación de que Kuwait era parte de Irak”.

De hecho, después de haber luchado durante ocho años devastadores con Irán, la guerra era lo último en lo que pensaba Saddam. Un estudio del Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los EE. UU., publicado a principios de 1990, encontró que:

No se debe esperar que Bagdad provoque deliberadamente enfrentamientos militares con nadie. Sus intereses están mejor servidos ahora y en el futuro inmediato con la paz ... Los ingresos de las ventas de petróleo podrían colocarlo económicamente en las primeras filas de las naciones. Un Oriente Medio estable favorece la venta de petróleo; la interrupción tiene un efecto adverso a largo plazo en el mercado del petróleo que dañaría a Irak ... La fuerza solo es probable si los iraquíes se sienten seriamente amenazados. Creemos que Irak está básicamente comprometido con una estrategia no agresiva y que, en el transcurso de los próximos años, reducirá considerablemente el tamaño de su ejército. Las condiciones económicas prácticamente exigen tal acción... No parece haber duda de que a Irak le gustaría desmovilizarse ahora que la guerra ha terminado ".

Sin embargo, el comportamiento provocador de Kuwait, y devastador para Irak, siguió generando una tensión creciente entre los dos países. La comunidad internacional ignoró la creciente tensión. En julio de 1990, Kuwait había continuado ignorando las demandas territoriales y económicas de Irak, incluida la cuota asignada por la OPEP. Posteriormente, Irak se preparó para una aventura militar, acumulando un gran número de tropas a lo largo de la frontera. Una indicación significativa del papel de Estados Unidos en esto se puede discernir en un descubrimiento crucial que ocurrió después de la invasión, cuando los iraquíes encontraron un memorando confidencial en un archivo de inteligencia de Kuwait. El documento (fechado el 22 de noviembre de 1989) era un informe ultrasecreto al Ministro del Interior de Kuwait por su Director General de Seguridad del Estado, informándole de una reunión con el Director de la CIA en Washington, William Webster.


“Estuvimos de acuerdo con la parte estadounidense en que era importante aprovechar el deterioro de la situación económica en Irak para presionar al gobierno de ese país para que delimitara nuestra frontera común. La Agencia Central de Inteligencia nos dio su opinión sobre los medios apropiados de presión, y dijo que debería iniciarse una amplia cooperación entre nosotros a condición de que tales actividades se coordinen a un alto nivel".


El emir kuwaití Shaikh Jaber Al Ahmad y el presidente iraquí Saddam Hussein en 1989

En respuesta, la CIA acusó a Irak de falsificar el memo. Sin embargo, Los Angeles Times no está de acuerdo con la acusación de la CIA, señalando que: “El memorando no es una falsificación obvia, sobre todo porque si los funcionarios iraquíes lo hubieran escrito ellos mismos, es casi seguro que lo habrían hecho mucho más perjudicial para la credibilidad de Estados Unidos y Kuwait". Hay más pruebas que demuestran la autenticidad del memo. Cuando el ministro de Relaciones Exteriores iraquí confrontó a su homólogo kuwaití con el documento en una cumbre árabe a mediados de agosto, su colega kuwaití lo encontró tan auténtico, y de hecho dañino, que se desmayó. Y como señaló Ramsey Clark, ex Fiscal General de los Estados Unidos bajo la administración de Lyndon B. Johnson, “muchos expertos afirman que es genuino. Es una prueba contundente que documenta la guerra económica librada contra Irak por Kuwait y Estados Unidos”.

Hay otras razones para creer que Estados Unidos alentó a Kuwait a no llegar a un compromiso pacífico con Irak. De hecho, esto es lo que ha afirmado el jefe de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, en relación con los acontecimientos de una cumbre árabe en mayo. Arafat declaró que Estados Unidos presionó a Kuwait para que rechazara cualquier acuerdo cuando Saddam ofreció negociar una frontera mutuamente aceptable con Kuwait en la cumbre para resolver el problema. "Estados Unidos estaba alentando a Kuwait a no ofrecer ningún compromiso, lo que significaba que no podía haber una solución negociada para evitar la crisis del Golfo Pérsico".

Observadores astutos han señalado que el comportamiento de Kuwait fue claramente irracional y no podría haberse llevado a cabo sin el aliento externo de un aliado más poderoso. El Dr. Mussama al-Mubarak, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Kuwait, por ejemplo, comentó: “No se qué estaba pensando el gobierno de Kuwait, pero adoptó una línea extremadamente dura, lo que me hace pensar que las decisiones no eran solo de Kuwait. Supongo que, por supuesto, Kuwait habría consultado sobre tales asuntos con Arabia Saudita y Gran Bretaña, así como con los Estados Unidos".

El testimonio del rey Hussein de Jordania, que había sido intermediario en las negociaciones entre Irak, Kuwait y otros estados árabes en ese momento, confirma el papel de Estados Unidos. El periodista de investigación estadounidense Dr. Michael Emery, utilizando al rey Hussein como su fuente preeminente, encontró que:


El presidente George Bush padre conferenciando con el emir de Kuwait, 1990.


“Las partes de las negociaciones árabes dicen que los kuwaitíes... habían participado con entusiasmo en una campaña económica entre bastidores inspirada por las agencias de inteligencia occidentales contra los intereses iraquíes. Los kuwaitíes incluso fueron tan lejos como para deshacerse de petróleo por menos del precio acordado en la OPEP ... lo que socavó los ingresos petroleros esenciales para liquidar a Bagdad. La evidencia muestra que el presidente George Bush, la primera ministra británica Margaret Thatcher, el presidente egipcio Hosni Mubarak y otros líderes árabes cooperaron en secreto en varias ocasiones, a partir de agosto de 1988, para negar a Saddam Hussein la ayuda económica que exigía para la reconstrucción de su nación... Sin embargo, Washington y Londres alentaron a los kuwaitíes en su insistencia intransigente".

Como consecuencia, Kuwait adoptó una política de línea dura de no compromiso con Irak, negándose a negociar e intransigente ante la amenaza de Irak de utilizar medios militares para detener las políticas de Kuwait. Según altos funcionarios kuwaitíes, esto se debió a que Estados Unidos ya había prometido intervenir en caso de un ataque iraquí. El ministro de Relaciones Exteriores de Kuwait, que también es hermano del emir gobernante, declaró poco antes de la invasión iraquí: “No vamos a responder... si no les gusta, que ocupen nuestro territorio...  vamos a traer a los estadounidenses". 


Según el rey Hussein, el emir kuwaití ordenó a sus oficiales militares superiores que mantuvieran a raya a los iraquíes durante 24 horas en caso de una invasión, momento en el que "las fuerzas estadounidenses y extranjeras desembarcarían en Kuwait y los expulsarían". 


El experto en Oriente Medio Milton Viorst entrevistó a funcionarios estadounidenses y kuwaitíes para un informe en el New Yorker. El ministro de Relaciones Exteriores de Kuwait, Sheikh Salem al-Sabah, le informó que el general Schwarzkopf era un visitante habitual de Kuwait después de la guerra entre Irán e Irak: “Schwarzkopf vino aquí varias veces y se reunió con el príncipe heredero y el ministro de Defensa. Estas se convirtieron en visitas de rutina para discutir la cooperación militar, y cuando comenzó la crisis con Irak el año pasado, sabíamos que podíamos confiar en los estadounidenses”. 

El papel de Schwarzkopf ha sido corroborado por otras fuentes, en particular el testimonio de un funcionario estadounidense en Kuwait que declaró: “Schwarzkopf estuvo aquí de visita antes de la guerra, quizás algunas veces al año. Era un general político y eso era inusual en sí mismo. Mantuvo un perfil personal alto y se mantuvo en primer lugar con todos los ministros de Kuwait". El complot estadounidense-kuwaití también se confirmó después de la Guerra del Golfo. El Ministro de Petróleo y Finanzas de Kuwait declaró: “Pero sabíamos que Estados Unidos no permitiría que nos invadieran. Pasé demasiado tiempo en Washington para cometer ese error y recibí un flujo constante de visitantes aquí. La política estadounidense fue clara. Solo Saddam no lo entendió”. Como señala Francis Boyle, al revisar esta secuencia de eventos, Estados Unidos alentó a Kuwait a "violar los acuerdos de producción de petróleo de la OPEP para rebajar el precio del petróleo y debilitar la economía de Irak"... Extraer cantidades excesivas e ilegales de petróleo de los depósitos que compartía con Irak”... Al hacerlo, Estados Unidos "tenía la intención de provocar a Irak en acciones militares agresivas contra Kuwait que sabían que podrían usarse para justificar la intervención militar estadounidense en el Golfo Pérsico con el propósito de destruir Irak y apoderarse de los campos petroleros árabes". 

Cuando Irak comenzó a prepararse para una incursión militar en Kuwait, Estados Unidos no dio a conocer su posición oficial de voluntad de intervenir en nombre de Kuwait. En cambio, Estados Unidos dio luz verde a Saddam Hussein al afirmar constantemente una posición de neutralidad sobre el tema, contraria a su política actual. El 25 de julio, mientras las tropas de Saddam se concentraban en la frontera de Kuwait en preparación para el ataque, después de escuchar al dictador iraquí informarle que las fronteras de Kuwait fueron trazadas en la época colonial, April Glaspie, embajadora de Estados Unidos en Irak, le dijo a Saddam:

 

“Estudiamos historia en la escuela. Nos enseñaron a decir libertad o muerte. Creo que sabes bien que nosotros ... tenemos nuestra experiencia con los colonialistas. No tenemos opinión sobre los conflictos árabe-árabes, como su desacuerdo fronterizo con Kuwait ... (El secretario de Estado) James Baker ha ordenado a nuestros portavoces oficiales que enfaticen esta instrucción".


El 24 de julio, Glaspie recibió un cable del Departamento de Estado de los EE. UU. en el que le indicaba que reiterara a los funcionarios iraquíes que EE. UU. "No tenía posición" sobre los conflictos "árabe-árabes". John Stockwell, autoridad en política exterior estadounidense - funcionario de la CIA de más alto rango que se hizo público - ha realizado una revisión importante del papel de Glaspie y su contexto en una gama más amplia de políticas estadounidenses. Con respecto a la Guerra del Golfo, observa que "Estados Unidos, Kuwait y Arabia Saudita atrajeron a Saddam Hussein e Irak" para que atacaran Kuwait. Saddam Hussein había estado "protestando... formalmente ante todos los organismos públicos" contra las políticas de "guerra económica" de Kuwait patrocinadas por Estados Unidos contra Irak. No hubo respuesta de la comunidad internacional.


Saddam Hussein recibió un apretón de manos alentador de la embajadora estadounidense April Glaspie dos semanas antes de la invasión de Kuwait el 2 de agosto de 1990 (foto captura televisión árabe de noticias).


En el verano de 1990, Saddamllamó a la embajadora de Estados Unidos, April Glaspie, y le preguntó cuál era la posición de Estados Unidos ... en la defensa de Kuwait. Ella no sabía que estaba siendo grabada y le dijo diez veces en la conversación que (Estados Unidos) no tenía ningún acuerdo de defensa con Kuwait”, y agregó que “el Secretario de Estado (James Baker) le había ordenado que enfatizara esta instrucción”, y además que “ella había consultado con el presidente al respecto”. Stockwell también señala el hecho crucial de que el entonces congresista estadounidense Lee Hamilton, miembro del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, presidente del Comité Económico Conjunto y ahora director del Centro Internacional Woodrow Wilson para Académicos, concluyó que Estados Unidos efectiva e intencionalmente incitó a Irak a invadir Kuwait: Estados Unidos había dado deliberadamente luz verde a Saddam Hussein para invadir Kuwait. En sus propias palabras, Hamilton declaró: "Le dimos a Saddam Hussein, luz verde para invadir Kuwait".

El 31 de julio, John Kelly, subsecretario de Estado para Asuntos del Cercano Oriente y Asia Meridional, dijo al Congreso: “No tenemos ninguna relación de tratado de defensa con ningún país del Golfo. Eso está claro... Históricamente hemos evitado tomar una posición sobre las disputas fronterizas o sobre las deliberaciones internas de la OPEP". Luego, el representante Lee Harrison preguntó que si Irak "atacaba a través de la frontera hacia Kuwait", sería cierto decir que Estados Unidos "no tenía un compromiso de tratado que nos obligara a involucrar a las fuerzas estadounidenses" en la región. “Eso es correcto”, respondió Kelly. Funcionarios estadounidenses emitieron numerosas declaraciones oficiales de intenciones similares, mientras que las indicaciones en sentido contrario fueron retiradas y corregidas casi de inmediato. 

Todas estas declaraciones de neutralidad - y de hecho apaciguamiento del régimen baazista de Saddam - fueron claramente una tergiversación de la posición oficial de Estados Unidos. Mientras le daba luz verde a Saddam para invadir con cuidado de no mostrarle una luz roja, Estados Unidos aseguró encubiertamente a su aliado kuwaití que en caso de una invasión, las fuerzas estadounidenses intervendrían y expulsarían al ejército iraquí del territorio kuwaití.


Saddam Hussein

Incluso la prensa principal se ha visto obligada a reconocer que las declaraciones de neutralidad estadounidenses eran tan frecuentes y de carácter no intervencionista que llevaron a Saddam a creer que tenía luz verde para invadir Kuwait. The Washington Post informó:

“Desde la invasión, evaluaciones de inteligencia estadounidenses altamente clasificadas han determinado que Saddam tomó las declaraciones estadounidenses de neutralidad ... como una luz verde de la administración Bush para una invasión. Un alto funcionario militar iraquí ... le dijo a la agencia (CIA) que Saddam parecía estar sinceramente sorprendido por la posterior reacción belicosa”.

"Los funcionarios del Departamento de Estado ... llevaron a Saddam Hussein a pensar que podría salirse con la suya tomando Kuwait", concluyó el New York Daily News. "Bush y compañía no le dieron ninguna razón para pensar lo contrario". Este era claramente el resultado deseado. El ex ministro de Relaciones Exteriores francés Claude Cheysson ha observado que: "Los estadounidenses estaban decididos a ir a la guerra desde el principio", y Saddam Hussein "caminó en una trampa". Una prueba importante que muestra que Estados Unidos organizó la guerra con Irak está contenida en una resolución de juicio político y un escrito de apoyo del representante estadounidense Henry González presentado al Congreso de los Estados Unidos e impreso en su totalidad en el Registro del Congreso:

“Ya en octubre de 1989, los representantes de la CIA en Kuwait acordaron aprovechar la deteriorada posición económica de Irak para presionar a Irak para que acceda a las demandas de Kuwait con respecto a la disputa fronteriza... Alentar a Kuwait a que se niegue a negociar sus diferencias con Irak como exige la Carta de las Naciones Unidas, incluido el incumplimiento de las cuotas de la OPEP por parte de Kuwait, su bombeo de petróleo iraquí desde el campo petrolero de Rumaila y su negativa a negociar estos y otros asuntos con Irak“Meses antes de la invasión iraquí de Kuwait, la administración de los Estados Unidos preparó un plan y practicó elaborados juegos de guerra por computadora que enfrentaban a las fuerzas estadounidenses contra las divisiones blindadas iraquíes. En su testimonio ante el Congreso antes de la invasión, el subsecretario Kelly le aseguró engañosamente al Congreso que Estados Unidos no tenía ningún compromiso de ayudar a Kuwait en caso de guerraLa garantía de April Glaspie a Irak de que la disputa era un asunto 'árabe' y Estados Unidos no interferiría".

El ex fiscal general de los Estados Unidos Ramsey Clark, estudioso y autoridad en derecho internacional, dirigió la Comisión de Investigación del Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra sobre la Guerra del Golfo, concluye: “La evidencia de que este asalto fue planeado durante años antes de que Irak invadiera Kuwait no se puede dudar. Que la decisión de provocar a Irak en un acto que justificaría la ejecución de esos planes es clara más allá de toda duda razonable ... No era Irak sino fuerzas poderosas en Estados Unidos las que querían una nueva guerra en el Medio Oriente: el Pentágono, para mantener su tremendo presupuesto; el complejo militar-industrial, con su dependencia de la venta de armas en Oriente Medio y los contratos militares nacionales; las petroleras, que querían más control sobre el precio del crudo y mayores ganancias; y la administración Bush, que vio en la desintegración de la Unión Soviética su oportunidad de establecer una presencia militar permanente en el Medio Oriente, asegurando la región y logrando un gran poder geopolítico en el próximo siglo a través del control de sus recursos petroleros".


Rendición iraquí en el aeródromo de Safwan en Irak, 3 de marzo de 1991: En la imagen se ven el general H. Norman Schwarzkopf, comandante en jefe del Comando Central de Estados Unidos, junto con el teniente general saudí Khalid Bin Sultan, comandante de la Fuerza Conjunta Árabe-Islámica. Al otro lado de la mesa, frente a ellos, están los oficiales de la delegación iraquí


Por supuesto, esto plantea la pregunta de por qué Estados Unidos querría sacar a Saddam Hussein del poder. La respuesta a esta pregunta puede estar en las políticas internas de Saddam Hussein combinadas con sus tendencias emergentes hacia la independencia. Aunque su régimen era una dictadura cuyas políticas eran extremadamente brutales contra cualquier forma de oposición al establecimiento baazista, "en su período anterior a la guerra", Saddam Hussein "hizo más que la mayoría de los gobernantes en esa parte del mundo para satisfacer las necesidades materiales básicas de su país" para las personas en términos de vivienda, atención médica y educación”, informa el experto en Oriente Medio Stephen Zunes de la Universidad de San Francisco.

“De hecho, la impresionante infraestructura de Irak y la ideología fuertemente nacionalista llevaron a muchos árabes a concluir que la exageración exhibida por las fuerzas estadounidenses y las sanciones de la posguerra fue un esfuerzo deliberado para enfatizar que cualquier estrategia de desarrollo en esa parte del mundo debe llevarse a cabo únicamente en términos favorables a los intereses occidentales. Saddam Hussein también pudo articular las frustraciones de las masas árabes con respecto a la cuestión palestina, la soberanía con respecto a los recursos naturales y la resistencia a la dominación extranjera. Ciertamente fue oportunista y manipulador al hacerlo, pero funcionó".

Como señaló de manera similar Phyllis Bennis, directora del Proyecto de Oriente Medio del Instituto de Estudios Políticos de Washington, “la mayoría de los civiles iraquíes disfrutaban de un nivel de vida casi del primer mundo, con sistemas de educación y atención médica que seguían siendo gratuitos, accesible para todos los iraquíes y entre los de mayor calidad en el mundo en desarrollo".

En febrero de 1990, Saddam pronunció un discurso antes de una cumbre árabe que ciertamente pareció mostrar que sus días de servidumbre a Occidente podrían estar terminando. Al condenar la presencia militar estadounidense en curso en el Golfo, Saddam advirtió: "Si el pueblo del Golfo y el resto de los árabes junto con ellos no prestan atención, la región del Golfo Árabe será gobernada por la voluntad estadounidense", y que Estados Unidos dictará la producción, distribución y precio del petróleo, "todo sobre la base de una perspectiva especial que tiene que ver únicamente con los intereses de Estados Unidos y en la que no se tienen en cuenta los intereses de los demás".

La demostración de Saddam de una creciente propensión a la independencia fue casi con certeza un factor crucial en la decisión de Estados Unidos de eventualmente intentar eliminarlo, o al menos reducirlo. Habiendo desarrollado armas de destrucción masiva bajo la tutela de Estados Unidos y estando estratégicamente ubicado en el Golfo Pérsico, cualquier movimiento significativo hacia la independencia de Occidente por parte de Irak significaría una amenaza para la dominación estadounidense / occidental del petróleo del Golfo y, por lo tanto, una amenaza más amplia para la hegemonía general de Estados Unidos. en la región. Cuando Saddam comenzó a manifestar esta misma propensión, fue necesario bloquear ese movimiento antes de que ganara impulso. 

De hecho, esto ha sido confirmado por el propio Pentágono. Un documento preliminar del Pentágono filtrado decía: “En Oriente Medio y el suroeste de Asia, nuestro objetivo general es seguir siendo la potencia exterior predominante en la región y preservar el acceso de Estados Unidos y Occidente al petróleo de la región ... Como lo demostró la invasión de Kuwait por Irak, sigue siendo fundamentalmente importante prevenir una hegemonía o alineación de poderes para dominar la región". 


4.3  Guerra de Estados Unidos


Según la opinión convencional, Saddam Hussein no había demostrado ningún deseo de buscar una solución pacífica. La verdad es todo lo contrario. De hecho, las potencias occidentales se habían negado a reconocer los agravios que habían llevado a Irak a implementar su ofensiva en primer lugar. El presidente Bush declaró que la invasión iraquí fue "sin provocación", una afirmación que ignoró las políticas de "guerra económica" de Kuwait inspiradas en Estados Unidos. A pesar de esto, Saddam había hecho varias ofertas cruciales de paz que fueron rechazadas de plano por la comunidad internacional, sin siquiera un débil intento de negociación. Según el New York Times (22 agosto 1990), Estados Unidos quería "bloquear la vía diplomática porque podría desactivar la crisis a costa de algunas ganancias simbólicas para Irak". Como señala Stephen Zunes: “Las demandas unilaterales no son negociaciones. Los especialistas estadounidenses en el proceso de negociación sintieron que Estados Unidos quería una guerra, dado que Washington no les dio a los iraquíes la oportunidad de salvar la cara”.

A principios de agosto de 1990, y una vez más en octubre, Saddam dejó explícitamente en claro que estaba dispuesto a sacar a las fuerzas iraquíes de Kuwait y permitir que los extranjeros abandonaran el país, a cambio de lo siguiente: control del campo petrolero de Rumaila; acceso al Golfo Pérsico; el levantamiento de las sanciones impuestas posteriormente; y una resolución del problema del precio del petróleo con Kuwait. No había nada particularmente irracional en estas condiciones.

Un funcionario de la administración Bush que se especializó en Oriente Medio reconoció que “los términos de la propuesta son serios” y describió el paquete como “negociable”. Newsday informó que, en respuesta a la oferta, "algunos funcionarios del gobierno ahora dicen que ven alguna esperanza de un acuerdo negociado". Las ofertas fueron rechazadas. La oferta del 23 de agosto fue simplemente rechazada por la administración estadounidense y prácticamente ignorada por los medios de comunicación. De hecho, al principio, el Departamento de Estado negó “categóricamente” que se hubiera hecho la oferta; sólo más tarde la Casa Blanca confirmó la existencia de la oferta.

El 2 de enero de 1991, Irak propuso otro paquete de paz, ofreciendo retirarse de Kuwait con la condición de que Estados Unidos no atacara a los soldados iraquíes mientras se retiraban; las tropas extranjeras abandonaran la región; se llegaría a un acuerdo sobre la cuestión de Palestina y sobre la prohibición de las armas de destrucción en masa en la región. Otros funcionarios estadounidenses observaron que las perspectivas de la oferta eran "interesantes". La propuesta ilustró una clara voluntad de compromiso: Saddam había abandonado las anteriores reclamaciones iraquíes sobre dos islas kuwaitíes y el control del campo petrolero de Rumaila. Sin embargo, esto apenas se informó en los medios de comunicación. Los líderes occidentales continuaron descartando categóricamente la posibilidad de negociaciones, en su lugar presionando con entusiasmo por una ofensiva a gran escala.

William Blum, ex funcionario del Departamento de Estado, resume la desestimación de todas las posibles soluciones pacíficas: “El ejército de los EE. UU. y el presidente Bush tendrían su demostración masiva de poder, sus juegos de guerra reales de alta tecnología y no se permitiría que las señales de Irak o cualquier pacifista lo estropearan". Como consecuencia, Estados Unidos, con el apoyo de sus aliados occidentales, atacó Irak e impuso una presencia militar masiva en la región del Golfo.

Todo el proceso permitió a Bush mantener tanto el gasto militar estadounidense como su popularidad interna. El Senado se vio obligado a reconocer que el ataque iraquí "demuestra el riesgo continuo de guerra y la necesidad de armas avanzadas". El Senador Dole comentó: "Si necesitáramos que Saddam Hussein nos diera una llamada de atención, al menos podemos agradecerle por eso". El Washington Post (10 agosto 1990) registró la legitimidad que la guerra le dio a la expansión del complejo industrial-militar de Estados Unidos:


“Menos de un año después de que los cambios políticos en Europa del Este y la Unión Soviética hicieran tambalear a la industria de defensa bajo la amenaza de recortes dramáticos, ejecutivos y analistas dicen que la crisis en el Golfo Pérsico ha proporcionado a las empresas militares un pequeño rayo de esperanza ... Los posibles beneficiarios de la crisis abarcan el espectro de empresas de la industria de defensa”.


A principios de octubre de 1990, este "pequeño rayo de esperanza" se tradujo en la "Operación Escudo del Desierto" que forjó un cambio importante en el clima político de las negociaciones, obligó a los legisladores que habían estado defendiendo recortes profundos dejar intactos los fondos de la defensa, a pesar de ello se dijo que la "Operación Escudo del Desierto" "ahorraría gran parte de los fondos que se han gastado cada año para prepararse para un gran ataque soviético en Europa Occidental".

Una vez que comenzó el ataque militar real contra Irak, en enero la popularidad de Bush se disparó al 82%, la más alta jamás registrada durante su presidencia. Sin embargo, a pesar de su éxito en engañar al público estadounidense, debajo de la popularidad de Bush había una conciencia incómoda de que la guerra era simplemente una excusa para legitimar la expansión militar estadounidense. James Webb, ex Subsecretario de Defensa y Secretario de Marina, observó que: "el cinismo se esconde debajo de la apariencia de respeto... un 'ejercicio presupuestario del Pentágono', diseñado para evitar recortes de un ejército en busca de una misión cuando las bases en la OTAN comienzan a desaparecer".


4.4. Crímenes de guerra estadounidenses / occidentales y crímenes de lesa humanidad




El ataque liderado por Estados Unidos contra Irak empleó con entusiasmo una política de destrucción total, que apuntó intencionalmente no solo al ejército de Irak, sino también a toda la población civil. Un informe de la Oficina de Contabilidad General de EE. UU., por ejemplo, afirma explícitamente que la campaña aérea de la "Tormenta del Desierto" de 1991 tenía como objetivo: "Cinco categorías básicas de objetivos: mando y control, producción industrial, infraestructura, voluntad de la población y fuerzas desplegadas". El bombardeo de la infraestructura civil, incluida la electricidad, el agua, el saneamiento y otros elementos esenciales para la vida, tenía la intención, según el informe, de "degradar la voluntad de la población civil".

Estos hechos, contrariamente al mito dominante de las bombas "inteligentes" occidentales que golpean únicamente objetivos militares, han sido documentados exhaustivamente por Middle East Watch (MEW), afiliado al monitor internacional de derechos humanos con sede en Estados Unidos, Human Rights Watch (HRW). MEW ha documentado numerosos casos de destrucción masiva intencional de edificios y áreas civiles, como el bombardeo de áreas residenciales; mercados abarrotados; puentes llenos de peatones y sus vehículos; una concurrida estación central de autobuses, todo lo cual ocurrió principalmente a plena luz del día sin estructuras gubernamentales o militares en las cercanías. “Los ataques de los aliados parecen haber sido indiscriminados, ya que no distinguieron entre objetos militares y civiles ... relatos sugieren que algunas bajas civiles durante la guerra no fueron producto de bombardeos inexactos - meros fallos - sino de ataques que, a la espera de una justificación convincente de los aliados, parecen haber sido indiscriminados”. Un ejemplo típico de estas políticas es el ataque a Basora, "que estaba en gran parte fuera del alcance de los reporteros extranjeros durante las guerras aéreas, parece haber sufrido considerablemente más daños a las estructuras civiles que Bagdad, donde una pequeña fuerza de prensa internacional estaba presente". 

De hecho, los aliados se embarcaron en la destrucción deliberada de casi la totalidad de la infraestructura civil de Irak. Eric Hoskins, médico canadiense y coordinador de un equipo de estudio de Harvard sobre Irak, observó que el bombardeo “acabó con todo lo vital para la supervivencia humana en Irak: electricidad, agua, sistemas de alcantarillado, agricultura, industria, atención médica. Se bombardearon alimentos, almacenes, hospitales y mercados. Las centrales eléctricas fueron atacadas repetidamente hasta que el suministro de electricidad estuvo a solo el 4% de los niveles anteriores a la guerra".  

Muchos civiles iraquíes intentaron escapar del bombardeo huyendo a Jordania, solo para ser bombardeados por ataques aéreos en la carretera entre Bagdad y la frontera de Jordania. Esto incluyó asaltos a autobuses, taxis y automóviles privados con bombas de racimo, cohetes y ametralladoras occidentales. La violencia se produjo a plena luz del día, sin estructuras ni vehículos militares a la vista y con objetivos claramente civiles. 

El 13 de febrero de 1991 fue probablemente cuando los aliados intensificaron por primera vez su estrategia de bombardeo para aterrorizar al pueblo iraquí. Dos misiles lanzados desde un bombardero furtivo estadounidense alcanzaron un establecimiento civil, un refugio antiaéreo, matando a 1.500 civiles, muchos de ellos mujeres y niños. Respuesta de Estados Unidos: el refugio era una tapadera para un puesto militar. Los reporteros occidentales en el lugar admitieron que no se pudo descubrir absolutamente ningún signo de uso militar. “¿Cómo es posible que no supieran? Tenían que saberlo. Tenían el satélite sobre nuestras cabezas las veinticuatro horas del día, así como fotografías que tomaron los aviones antes de bombardear”. “¿Por qué no mostraron el video que mostraba al personal militar entrando y saliendo del refugio antiaéreo? El ejército estadounidense se negó a producir las imágenes o permitir una investigación independiente del incidente. En el espacio de veinticuatro horas, el Pentágono anunció que su propia investigación interna, realizada en secreto, por supuesto, había terminado y el caso cerrado”.

Brian Becker, codirector del Centro de Acción Internacional (IAC) con sede en Washington, la organización contra la guerra fundada y dirigida por el ex fiscal general de los Estados Unidos, Ramsey Clark, llama la atención sobre el testimonio crucial del funcionario: “Estados Unidos ha atacado deliberadamente a civiles iraquíes. Durante la guerra del Golfo Pérsico, por ejemplo, Estados Unidos utilizó dos bombas de precisión o 'inteligentes' para destruir el refugio antiaéreo de Al-Amariyah en el centro de Bagdad ... El portavoz del Pentágono salió a la televisión en febrero de 1991 para anunciar que el ataque contra Al- Amariyah no fue un accidente. Estados Unidos estaba tratando de aterrorizar a la población".


Francis Boyle, resume la campaña de bombardeos: “Se ordenó que el bombardeo aéreo y de misiles sistemáticos de Irak comenzara a las 6:30 pm EST del 16 de enero de 1991, para que se informara en la televisión en horario estelar. El bombardeo continuó durante 42 días. No encontró resistencia por parte de los aviones iraquíes y ningún fuego terrestre antiaéreo o antimisiles efectivo. Irak estaba básicamente indefenso. La mayoría de los objetivos eran instalaciones civiles. Estados Unidos bombardeó y destruyó intencionalmente centros de vida civil, distritos comerciales y de negocios, escuelas, hospitales, mezquitas, iglesias, refugios, áreas residenciales, sitios históricos, vehículos privados y oficinas gubernamentales civiles. En ataques aéreos, incluidos ametrallamientos, sobre ciudades, pueblos, el campo y carreteras, aviones estadounidenses bombardearon y ametrallaron indiscriminadamente. El propósito de estos ataques era destruir vidas y propiedades, y en general para aterrorizar a la población civil de Irak. Como resultado directo de esta campaña de bombardeos contra la vida civil, murieron al menos 25.000 hombres, mujeres y niños. La Sociedad de la Media Luna Roja de Jordania estimó 113.000 civiles muertos, el 60% de ellos niños, la semana antes del final de la guerra. Según la Carta de Nuremberg, esta 'destrucción desenfrenada de ciudades, pueblos o aldeas' es un crimen de guerra". 

La Comisión de Investigación del Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra, iniciada por el ex Fiscal General de los Estados Unidos, Ramsey Clark, profundiza en estos horrendos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. También un equipo de inspección de las Naciones Unidas después de la guerra, señala que la ofensiva occidental tuvo "un impacto casi apocalíptico" en Irak. El país, que "había sido hasta enero una sociedad bastante urbanizada y mecanizada", había sido bombardeado hasta convertirlo en una "nación de la era preindustrial". Es razonable creer que una de las motivaciones para atacar sin piedad a la población civil fue alentar a ciudadanos desesperados a derrocar a Saddam Hussein e instituir un nuevo régimen subordinado. 

Esto no significa que Estados Unidos prefiera un gobierno democrático popular para tomar el poder. Por el contrario, cuando un levantamiento popular chiíta y kurdo estalló en Irak durante la Guerra del Golfo después de que el presidente Bush instó a los iraquíes a rebelarse contra el régimen de Saddam, la revuelta fue sofocada por las fuerzas de Saddam con la complicidad de Estados Unidos, como reveló un informe de Peter Galbraith del Comité de Relaciones Exteriores del Senado a la luz de una misión de investigación en marzo de 1991. Galbraith informó que la administración estadounidense retuvo el apoyo al levantamiento contra Saddam Hussein. Noam Chomsky describe el relato revelador proporcionado por Galbraith y otras fuentes sobre el asunto:

“Galbraith informó que la administración ni siquiera respondió a las propuestas sauditas para ayudar a los rebeldes chiítas y kurdos, y que el ejército iraquí no atacó hasta que tuvo 'indicios claros de que Estados Unidos no quería que la rebelión popular tuviera éxito'. Una investigación de la BBC encontró que "varios generales iraquíes se pusieron en contacto con Estados Unidos para sondear la probable respuesta si actuaban contra Saddam", pero no recibieron apoyo, concluyendo que "Washington no tenía ningún interés en apoyar la revolución; que preferiría que Saddam Hussein continuara en su cargo...", dijo a la BBC un general iraquí que escapó a Arabia Saudita.


Días finales de la Guerra del Golfo (febrero 1991), pozos petroleros en llamas y tanques iraquíes destruidos.

Reportando desde el norte de Irak, el corresponsal de ABC Charles Glass describió cómo 'los guardias republicanos (del ejército de Saddam), apoyados por brigadas regulares del ejército, bombardearon sin piedad las áreas controladas por los kurdos con múltiples lanzacohetes Katyusha, helicópteros artillados y artillería pesada', mientras los periodistas que observaban la masacre escuchaban al general Schwarzkopf jactarse de su audiencia de radio que 'hemos destruido a la Guardia Republicana como fuerza militarmente efectiva' y eliminado el uso militar de helicópteros. Tales verdades no son exactamente la materia de la que están formados los héroes, por lo que la historia fue refinada en casa, aunque no podía ser ignorada por completo.


La aversión occidental a la destitución de Saddam en este caso parece haber estado asociada con el problema de cómo asegurar que la rebelión kurda / chiíta resulte en la instalación de un gobierno debidamente subordinado. No había ninguna garantía a este respecto; Estados Unidos ciertamente no quería que los musulmanes chiítas tomaran el poder, como había sucedido en Irán. Por lo tanto, la revuelta no tuvo apoyo.


La indiferencia occidental hacia la difícil situación de los kurdos, arraigada en intereses estratégicos y económicos, tiene un largo historial. La contradicción entre la preocupación de Occidente por los derechos de los kurdos en Irak y la política occidental hacia Turquía es un ejemplo contemporáneo de esto. (Nota del editor del blog: Lo hemos estudiado en mútiples artículos sobre el Kurdistán). Luego la OTAN implementaría una zona de exclusión aérea en el norte de Irak, operativa desde Turquía, "Operación Proporcionar Confort", diseñada para defender a los kurdos iraquíes de la Fuerza Aérea de Saddam Hussein ... Estados Unidos acordó no criticar públicamente lo que hace Turquía con sus propios ciudadanos kurdos, ubicados directamente al otro lado de la frontera iraquí de la zona protegida por aviones de combate estadounidenses ... 

Todo esto no es nada nuevo y sigue siendo consistente con las políticas tradicionales. Por ejemplo, a principios de la década de 1970 hubo una revuelta kurda apoyada por Irán, entonces gobernada por el Sha. El propósito de la revuelta en lo que respecta a Irán y sus amos estadounidenses era simplemente causar problemas a Irak de acuerdo con consideraciones estratégicas: Irak no era un aliado de EE.UU para promover sus intereses estratégicos. Tanto Estados Unidos como su títere iraní de la época no querían que los kurdos ganaran, y que el levantamiento recibió un apoyo limitado solo para presionar a Irak para resolver un problema fronterizo relacionado con el acceso al Golfo Pérsico. En consecuencia, tan pronto como Irak aceptó las demandas iraníes, tanto Irán como Estados Unidos cancelaron su apoyo al levantamiento kurdo.

Fue en 1975 cuando se cortó repentinamente la ayuda a los kurdos, lo que permitió a Saddam comenzar a masacrarlos de inmediato. La indiferencia occidental por la matanza de kurdos y personas de otras etnias en el mundo no occidental es, por lo tanto, una realidad de larga data que continúa hasta el día de hoy, porque la política no está impulsada por la benevolencia, sino por los intereses de las élites en la maximización de las ganancias. La presencia militar masiva en el Golfo hoy, legitimada por las zonas de exclusión aérea sobre Irak supuestamente establecidas para monitorear el trato de Saddam a su pueblo y garantizar su protección, de hecho juega el papel de continuar la guerra contra el pueblo iraquí. Casi la mitad de los objetivos de la actual campaña de bombardeos angloestadounidenses contra Irak, en gran parte ignorada por unos medios de comunicación incondicionalmente indiferentes, son civiles, no militares (N. del E. el autor se refiere a las acciones aéreas antes de la segunda guerra del Golfo). 

De hecho, como el coordinador de la IAC, Brian Becker, señaló de manera intencionada: “Estados Unidos dice que está 'preocupado' por los kurdos en el norte de Irak y la población chií en el sur. Eso es una tontería. Esas son las personas que están siendo asesinadas y mutiladas por las bombas y misiles estadounidenses. La verdadera razón es que Estados Unidos quiere controlar estas dos regiones porque es allí donde se encuentran las reservas de petróleo de Irak. Este petróleo constituye el 10% de las reservas conocidas del mundo”.

Thomas Friedman, entonces corresponsal diplomático en jefe del New York Times informó que la esperanza de Occidente era que los generales iraquíes derrocasen a Saddam Hussein, "y entonces Washington tendría lo mejor de todos los mundos: una junta iraquí con mano de hierro sin Saddam Hussein". De esta manera, Estados Unidos, líder civilizado del "mundo libre", esperaba recrear los días en que el "puño de hierro ... pro-occidental de Saddam ... mantenía unido a Irak, para satisfacción de los aliados estadounidenses Turquía y Arabia Saudita", así como sus amos occidentales.


Nafeez Mosaddeq Ahmed


Nota final del editor del blog:
Sobre el autorNafeez Mosaddeq Ahmed es una autoridad mundial sobre análisis de terrorismo y conflictos. Es Director Ejecutivo del Instituto de Investigación y Desarrollo de Políticas (IPRD) en Londres y Tutor Asociado en la Escuela de Ciencias Sociales y Estudios Culturales de la Universidad de Sussex, Brighton. Es el afamado autor de "The War on Freedom: How & Why America was Attacked: September 11, 2001", galadornado en Italia con el más prestigioso reconocimiento en el campo literario, el Premio Nápoles (2003)
El artículo original de Nafeez Mosaddeq Ahmed, en inglés no tiene traducción a otros idiomas, titula: "The 1991 Gulf Massacre", fue publicado por Red Voltaire (Voltaire Network, London, United Kingdom el 28 de octubre y 8 de noviembre del 2009, respectivamente). Las dos profusas partes son esclarecedoras. Por la cantidad de información y fuentes que contiene hemos optado por no colocar las notas a pie de página que en la primera parte suman 88 y 90 en la segunda, las cuales pueden ser revisadas en su versión original. Así como también se ha retirado algunos párrafos referentes a estadísticas y declaraciones adicionales que reconfirman un suceso histórico; esto tiene la finalidad de no saturar con abundante información al lector ya que la versión original en inglés, evidentemente, tiene un estilo académico.
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