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06 abril 2020

Estados Unidos - OTAN: Geoestrategia en plena crisis de coronavirus




Resumen de diversos artículos
publicados en Red Voltaire


El conocido politólogo italiano Manlio Dinucci señala que mientras Europa se reorganiza haciendo frente a la pandemia de coronavirus, produciendo cambios radicales que afectan a toda la sociedad, hay algo que opera sin contratiempos, la OTAN, organización militar que recibió en completo silencio al socio Número 30 de la Alianza, Macedonia del Norte, el 27 de marzo 2020. 

La crisis por el coronavirus ha detenido en gran parte el "Defender Europe ‎‎2020" ejercicio militar estadounidense con la colaboración de sus socios europeos. Ya no se ven muchos soldados, por obvias razones, pero sí la misma cantidad de bombarderos nucleares. El "Joint Warrior" (un ejercicio parte del Defender 2020) inició en Escocia prácticas aeronavales y algunas maniobras terrestres, durará hasta el 10 de abril.

En este ambiente, Estados Unidos sigue advirtiendo a los demás miembros de la OTAN que deberán incrementar sus presupuestos militares, vital para la "defensa ante el agresor" (Rusia, evidentemente). Hablamos de miles de millones de dólares que se exigen para el presupuesto atlantista en plena crisis de coronavirus que costará esos mismo miles de millones de dólares y que destruirá, sin duda, más de una economía de los países europeos. Aún más, Estados Unidos sigue presionando a los europeos terminar con cualquier acuerdo económico con Rusia y China.

‎El referido analista italiano concluye que

"Las fuerzas de la gran finanza internacional, están utilizando la crisis del ‎coronavirus en una ofensiva de envergadura mundial con las armas más sofisticadas de la ‎especulación, son más poderosas que las fuerzas militares ya que también controlan las ‎decisiones del complejo militaro-industrial. Esas fuerzas son capaces de llevar millones de ‎ahorristas a la ruina y pueden utilizar la deuda para apoderarse de sectores económicos enteros". ‎



Un golpe bajo, mientras el Consejo de Europa clama por la cooperación con la comunidad internacional para limitar la propagación del virus, el suministro de equipos médicos, promoviendo la investigación científica para luchar contra la pandemia y, por supuesto, intentando hacer frente a las consecuencias socioeconómicas, a pesar de las divergencias entre socios en el aspecto de la ayudas financieras urgentes, Estados Unidos exige miles de millones de dólares para que la OTAN haga frente al "enemigo" (Rusia).

Thierry Meyssan, señala que "la receta es siempre la misma: ‎recurrir a la presión psicológica para lograr que la gente haga voluntariamente cosas sobre ‎las cuales se sabe que son inútiles, pero que dirigen hacia la vía de la mentira". 

Sin que el mundo se entere se han dado, estos días, movimientos militares estratégicos en medio de la pandemia de Covid-19. 

No solo es el "Defender 2020" suspendido  en buena parte. En Próximo Oriente, más concretamente, en los Emiratos Árabes Unidos se realizaron el 21 y 23 de marzo, ejercicios militares entre tropas del mencionado Emirato (EAU) y algunos miles de soldados estadounidenses, denominado "Native Fury 20". Lo curioso es que se entrenan en un gran campo construido para ejercitar ataques a Irán, pero el de estos días se realizó como ejercicio de ataque a Arabia Saudí.‎



Tropas estadounidenses y emiratíes realizan ejercicios conjuntos en Abu Dabi, 23 marzo 2020. Foto AP


Según fuentes informadas, ‎Donald Trump ha denominado este nuevo teatro de operaciones como "OTAN-MO", (OTAN -Medio Oriente), y todo parece indicar que los pequeños Emiratos ‎Árabes Unidos podrían convertirse en el nuevo gendarme del programa estadounidense conocido como "Medio Oriente Ampliado" o "Gran Medio Oriente", que incluye el Cuerno de África (conforme una nota de Red Voltaire). 
Al respecto de lo anterior, Thierry Meyssan ha publicado hace unos días un valios artículo "La primera guerra de la ´OTAN-MO´ ‎perturba el orden regional", se sintetiza en lo siguiente:

"Mientras europeos y árabes se concentran en el coronavirus, los anglosajones ‎se dedican a modificar el orden del mundo. Cumpliendo órdenes de Estados Unidos, el ‎Reino Unido ha tomado el control de la entrada del Mar Rojo, Emiratos Árabes ‎se vuelve en contra de Arabia Saudita y le inflige una derrota humillante en el sur ‎de Yemen, mientras que los hutis hacen lo mismo en el norte. Yemen se ha dividido ‎de hecho en dos Estados y la integridad territorial de Arabia Saudita corre ‎peligro".

El discurso de Trump sigue siendo doble, por un lado prosigue, en verdad, retirando tropas de Irak. Agnanistán, Siria, al mismo tiempo utiliza a su socio británico para efectivizar la que se empieza a denominar "Nueva OTAN-Medio Oriente" (OTAN-MO). Los británicos volverán a tener rol protagónico en los conflictos regionales. Se habla de que la estrategia Rumsfeld/Cebrowski intenta consolidar la división ‎‎de la República de Yemen en dos estados, hecho que puede acarrear el posiblemente ‎desmembramiento de Arabia Saudí. ‎‎Trump ha dado luz verde a esta ‎nueva etapa, única condición: las tropas estadounidenses no participarán de forma directa, sino a través de Emiratos Árabes Unidos. ‎

Con ese fin, el 5 de marzo, el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, recibió en el Pentágono al ministro de Defensa británico, Ben Wallace



El Secretario de Defensa de los EEUU, Mark Esper junto al Ministro de Defensa británico, Ben Wallace.


La “relación especial” entre Washington ‎y Londres se ha restaurado, se han reforzado los “Cinco Ojos” y Reino Unido asumirá ‎el mando de las operaciones de la OTAN-Medio Oriente. En otro acto, el mencionado ministro británico respaldó la necesidad de juzgar al ‎‎"dictador" Bashar al-Assad, lamentando que es imposible hacerlo por el apoyo que presta "el oso ruso". Conforme Meyssan, "Siria sigue siendo un enemigo, pero parece ‎intocable. La guerra se desplazará a otro lugar". ‎Otro dato curioso es que el ministro Wallace, el 12 de marzo de 2020, garantizó a su par turco que la intención del Pentágono no es destruir a Turquía sino Arabia Saudí.



El 12 de marzo de 2020, el ministro de Defensa británico, Ben Wallace, y su homólogo turco, el general Hulusi Akar, inspeccionan los “puestos de observación” turcos que ‎sirven de base de repliegue a los yihadistas atrincherados en la gobernación siria de Idlib. ‎Londres asegura a Ankara que el Pentágono no destruirá Turquía sino Arabia Saudita.

‎"Originalmente, ‎el Pentágono había planeado dividir nuevamente Yemen en dos partes, volviendo a la frontera ‎que existió allí hasta 1990. El Pentágono había empujado Arabia Saudita e Israel a lanzarse ‎al asalto de Yemen para explotar los recursos petroleros del desierto de Rub al-Khali, región cuya administración comparten Arabia Saudita, Omán, ‎Emiratos Árabes Unidos y Yemen. La operación ‎se realizó con la participación de la aviación israelí, de mercenarios colombianos agrupados bajo ‎la bandera saudita y con tropas de Emiratos Árabes Unidos. La coordinación estuvo en manos de ‎un estado mayor tripartita (Arabia Saudita, Estados Unidos e Israel), instalado en Somalilandia".
 
Pero, en la mente maquiavélica de los estrategas del Pentágono, ahora, han decidido dividir la coalición Arabia Saudí - Emiratos Árabes Unidos. Sin implicar a sus tropas, se intentará completar la ‎nueva división de Yemen. 

Vale recordar el Pacto del USS Quincy, es decir la reunión del 14 de febrero de 1945 en el crucero USS  Quincy, entre el rey Abdelaziz ibn Saud, fundador del reino saudí y el presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, que regresaba de la Conferencia de Yalta. Por ese acuerdo los Estados Unidos se comprometieron a proteger ‎al rey saudí. Sin embargo, conforme la interpretación actual de los "sabios" del Pentágono,  "proteger al Rey" no significa, ni obliga a proteger a su heredero, ni tampoco a proteger ‎el país.‎



"El soberano de facto de Abu Dabi y presidente –también de facto– de ‎Emiratos Árabes Unidos, Mohamed ben Zayed, fue el mentor del príncipe heredero del trono ‎saudita, Mohamed bin Salman. Pero el alumno quiso aplastar a su maestro. En definitiva, ‎será el discreto MBZ quien acabe aplastando al vanidoso MBS".

El Pentágono ha posicionado un navío de guerra frente a Adén, tropas británicas se instalan en la isla de Socotra junto a los Emiratos Árabes Unidos, se desplegaron allí misiles antiaéreos Patriot. ‎En Yemen, los hutis del norte, apoyados por Irán, atacan con éxito bases militares sauditas y hacen numerosos prisioneros; ‎las tribus respaldadas por EAU atacan a las tribus que los saudíes apoyan ‎en Adén. 

"En Riad, el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salman, después de haber torturado a ‎su amigo de la infancia –demasiado brillante para seguir siendo del agrado de MBS–; después de ‎haber asesinado a sus rivales; después de haber ejecutado al jefe chiita de la oposición; después ‎de haber encarcelado y despojado a sus hermanos y tíos; después de haber ordenado el ‎asesinato y descuartizamiento en Estambul de un miembro de la Hermandad Musulmana ‎demasiado indiscreto, ya no tiene a nadie que lo apoye". ‎

Mientras todo esto sucede en Medio Oriente, al mismo tiempo, en Europa continúa la lucha contra la epidemia de coronavirus (algunos dicen que de forma equivocada), no cabe duda que la UE ha entrado en recesión económica.

"Cuando haya pasado el pico de la epidemia, Europa ya no será una gran potencia económica y ‎el mundo se organizará de otra manera… sin ella".

Luego de esta introducción resumida de varias fuentes, vale la pena leer el siguiente e íntegro análisis de Thierry Meyssan.


Golpistas a la sombra del coronavirus

Mientras la opinión pública se mantiene pendiente de las cifras de progresión del ‎coronavirus, los poderes ejecutivos sufren una profunda reorganización en la que los ‎altos funcionarios de la salud prevalecen momentáneamente sobre los políticos. Pero, ‎en la sombra, banqueros y militares se preparan en espera de su turno para confiscar ‎el poder.


Secretario de Defensa, Mark Esper.


El 1º de febrero, el Secretario de Defensa estadounidense, Mark Esper, instruyó al general ‎Terrence J. O’Shaughnessy el inicio de una serie de preparativos. El 13 de febrero, el general ‎declaraba ante la Comisión del Senado para las fuerzas armadas que se han iniciado ‎preparativos para el peor escenario posible. En caso de catástrofe sanitaria, el plan de ‎‎“Continuidad del Gobierno” convertiría al general O’Shaughnessy en el próximo dictador de ‎Estados Unidos –en el sentido que ese término tenía en la Antigüedad.‎



General ‎Terrence J. O’Shaughnessy

Supremacía de la lógica administrativa sobre la lógica política
Numerosos gobiernos de los países industrializados han respondido a la epidemia de Covid-19 ‎decretando el confinamiento de la población

Esa estrategia no tiene nada que ver con ‎la medicina, que nunca practicó el aislamiento de las personas sanas. Se trata en realidad de ‎administrar los medios médicos para evitar un flujo masivo de enfermos que desbordaría los ‎hospitales. 

Son pocos los países industrializados que, como Suecia, han rechazado esa visión ‎administrativa ante la epidemia. Esos países han optado por una acción de carácter médico y ‎no practican el confinamiento generalizado. 
La primera enseñanza que nos deja lo que está sucediendo es, por consiguiente, que en los ‎países desarrollados la lógica administrativa prevalece sobre la experiencia médica.
 ‎
Sin embargo, aun careciendo de competencias médicas, no dudo que milenios de experiencia ‎médica y sanitaria tienen que ser más eficaces contra una enfermedad que las “recetas” ‎burocráticas.

En todo caso, la observación del fenómeno actual permite comprobar que ‎Suecia cuenta sólo 10 muertos por millón de habitantes mientras que Italia ya registra ‎‎166 fallecidos por cada millón de habitantes. Por supuesto, esto es sólo el principio de la ‎epidemia y se trata de dos países muy diferentes. Pero, es probable que Italia tenga que ‎enfrentar una segunda oleada de contaminación y también una tercera mientras que Suecia ya ‎habrá adquirido un nivel de inmunización colectiva y estará protegida. ‎

Supremacía de los altos funcionarios de la salud sobre los responsables electos por el pueblo
Después de haber señalado lo anterior, hay que resaltar que el confinamiento generalizado de la ‎población sana perturba, además de la economía, los modos de gobierno. En casi todos los ‎países estamos viendo la palabra de los políticos quedar en segundo plano ante la palabra de los ‎altos funcionarios del sector de la salud, que lógicamente deben ser más eficaces. Y esto es lógico ‎dado el hecho que la decisión de confinamiento es puramente administrativa. Se ha aceptado ‎colectivamente luchar por los hospitales y tratar de protegernos de la enfermedad, en vez de ‎combatirla. ‎

Por desgracia, cualquiera podrá comprobar que, a pesar de las apariencias, no se ha ganado ‎en eficacia. Por ejemplo, los países miembros de la Unión Europea han sido incapaces de proporcionar el equipamiento médico y las medicinas que se necesitan en el momento oportuno. ‎El problema viene de las reglas habituales.



Para el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ‎China y Corea del Sur han dado el ejemplo al generalizar el uso de pruebas de diagnóstico, ‎lo cual es una manera de decir que, como práctica médica, los métodos de Italia y Francia son ‎absurdos.


Basta señalar que la globalización económica ha llevado a que quede un solo fabricante de respiradores ‎artificiales… y a que ese fabricante sea chino. Los procedimientos de licitación imponen un plazo ‎de varios meses antes de lograr disponer de ese “producto” y los políticos no están para saltarse ‎esos procedimientos. Estados Unidos ha tenido que intervenir empresas para resolver ese ‎problema.
 ‎
Francia, país que durante la Segunda Guerra Mundial vivió bajo una dictadura administrativa, ‎encabezada por Philippe Petain bajo la denominación de «Estado Francés», ya ha vivido también ‎cuatro décadas de confiscación del poder político por parte de los altos funcionarios, lo que ‎los franceses han llamado la «ENArquía» [1]. Pero ese sistema ha privado a los políticos del ‎conocimiento en materia de administración que antes obtenían al ejercer diferentes ‎mandatos locales y regionales, antes de llegar al nivel nacional. Actualmente, los responsables que ‎ocupan cargos electivos disponen de menos información que los altos funcionarios y enfrentan ‎grandes dificultades para controlar los actos de estos últimos.
 ‎
En las actuales circunstancias de la crisis del coronavirus, los altos funcionarios del sector de la ‎salud se ven investidos abruptamente de una autoridad que normalmente no tienen. Ante eso, ‎banqueros y militares aspiran ahora a una promoción similar, en detrimento de los políticos. ‎

Los banqueros, a la espera de su oportunidad
En Reino Unido, Gordon Brown, ex ministro de Finanzas y posteriormente primer ministro ‎británico, acaba de publicar en el Financial Times un texto donde propone utilizar el miedo al ‎Covid-19 para hacer lo que no se logró concretar durante la crisis financiera de 2008 [2]. En aquella época Gordon Brown ‎no logró crear un gobierno financiero mundial y tuvo que conformarse con una simple ‎concertación en el G20. Ahora, afirma Gordon Brown, sería posible instaurar un gobierno mundial ‎de la salud y determinar qué potencias podrían asociarse a los miembros permanentes del Consejo ‎de Seguridad de la ONU.

Nada permite creer que tal gobierno mundial haría las cosas mejor que los gobiernos nacionales. ‎Lo que que sí es seguro es que esa entelequia escaparía a toda forma de control democrático.


James Gordon Brown, ex primer ministro británico entre junio 2007 y mayo 2010 y líder del Partido Laborista.


Ese proyecto no tiene más posibilidades de llegar a concretarse que el proyecto de gobierno ‎financiero mundial. Gordon Brown era también un acérrimo defensor del mantenimiento del Reino ‎Unido dentro de la Unión Europea, apuesta que también perdió. ‎

El Estado Profundo estadounidense, agazapado en la sombra
A través de la historia, las crisis siempre han servido de pretexto a quienes tratan de explotar el ‎argumento de la «urgencia» para modificar el poder sin que la opinión pública tenga tiempo de ‎reflexionar. Esa coartada ha funcionado a menudo. 
El 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el «estado de ‎emergencia internacional en materia de salud pública». Al día siguiente, el Secretario de ‎Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, firmaba en secreto una Warning Order (Orden ‎de Alerta) según la cual el NorthCom debe estar listo para la posible aplicación de las nuevas ‎reglas del plan de «Continuidad del Gobierno». 
Esas nuevas reglas son Above-Top Secret, lo cual significa que la comunicación sobre las acciones ‎se restringe aún más que de costumbre y se pone en conocimiento únicamente de las personas ‎que disponen del más alto nivel de habilitación y que cuentan además con un acceso nominativo ‎especial en el marco del Special Access Program.‎

Vale recordar que el principio de la «Continuidad del Gobierno» se instauró al inicio de la guerra ‎fría. Se trataba de proteger la administración de Estados Unidos en una situación de guerra ‎nuclear contra la Unión Soviética o ante la muerte u otro impedimento de los principales ‎responsables del país: el presidente de Estados Unidos, su vicepresidente y el presidente de la ‎Cámara de Representantes. En virtud de una directiva escrita del presidente Dwight Eisenhower, ‎ante tales circunstancias un gobierno militar tendría que asumir inmediatamente la continuidad ‎del mando hasta un ulterior restablecimiento de los procedimientos democráticos [3].‎




Esa directiva fue invocada y esa forma de gobierno fue implantada el 11 de septiembre de 2001 por el entonces coordinador ‎nacional de la lucha contra el terrorismo, Richard Clarke [4]. Sin embargo, aunque el país vivió ese día una ‎situación de emergencia, ni el presidente de Estados Unidos, ni su vicepresidente, ni ‎el presidente del Congreso habían muerto, como tampoco estaban en la imposibilidad de ejercer ‎sus funciones respectivas, lo cual me lleva a la conclusión de que el 11 de septiembre de 2001 ‎Estados Unidos vivió un golpe de Estado. El entonces presidente, George W. Bush, no recuperó ‎sus prerrogativas hasta la noche de aquel día y nunca se aclaró qué pasó en la decena de horas ‎durante las cuales su autoridad quedó suspendida [5].‎

Según explica en Newsweek William Arkin, considerado el mejor especialista en temas del ‎Pentágono, actualmente existen 7 planes diferentes [6]:‎ 

* El Rescue & Evacuation of the Occupants of the Executive Mansion (RESEM), para garantizar la ‎protección del presidente, del vicepresidente y de sus familias;
* El Joint Emergency Evacuation Plan (JEEP), para garantizar la protección del secretario ‎de Defensa y de los principales jefes militares;
* El Atlas Plan, para garantizar la protección de los miembros del Congreso y de la ‎Corte Suprema;
* Octagon, plan con objetivos totalmente desconocidos;
 * Freejack, también desconocido;‎
 Zodiac, igualmente desconocido;‎ 
* Granite Shadow, plan que prevé el despliegue de unidades especiales en Washington, establece ‎las condiciones para el uso de la fuerza y para poner el territorio bajo la autoridad de los militares ‎‎ [7].‎

Es importante observar que existe una contradicción entre el supuesto objetivo del RESEM –‎garantizar la protección del presidente y del vicepresidente– y el hecho que ese plan se aplicaría sólo en caso de muerte o de impedimento de esos responsables.
 ‎
En todo caso, la aplicación de estos siete planes estaría en manos del Mando Militar de ‎Estados Unidos para América del Norte (NorthCom), encabezado por un ilustre desconocido, ‎el general Terrence J. O’Shaughnessy.‎



En virtud del derecho estadounidense, éste general se convertiría en dictador de ‎Estados Unidos solo en caso de muerte o de impedimento de los tres principales responsables ‎electos del Estado federal –el presidente de Estados Unidos, su vicepresidente y el presidente de ‎la Cámara de Representantes– pero en la práctica su predecesor, el general Ralph Eberhart, ya ‎fungió como tal a pesar de que esos tres responsables no estaban muertos ni impedidos de ‎realizar sus funciones. A los 73 años, el ahora retirado general Ralph Eberhart dirige actualmente ‎las principales empresas que proveen la aviónica militar en Estados Unidos.
 ‎
El 13 de febrero, el general O’Shaughnessy afirmó ante la Comisión del Senado a cargo de las ‎fuerzas armadas que el NorthCom estaba preparándose para lo peor. En el marco de esos ‎preparativos, el general O’Shaughnessy se comunica diariamente con los otros 10 mandos ‎centrales de las fuerzas de Estados Unidos en todas las regiones del mundo [8].‎

También es importante recordar aquí que, además del territorio de Estados Unidos, la «zona de ‎responsabilidad» del NorthCom abarca también Canadá, México y Bahamas. En virtud de varios ‎acuerdos, el NorthCom puede, por iniciativa propia, ordenar el despliegue de tropas ‎estadounidenses en esos tres países.
 ‎
En 2016, el entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama firmó la orden secreta ‎Presidential Policy Directive 40 sobre la National Continuity Policy, o sea la ‎‎«Política de Continuidad Nacional». Solo dos días antes de que el presidente Donald Trump ‎asumiera sus funciones en la Casa Blanca, el entonces administrador de la FEMA –la agencia ‎federal a cargo de las situación de emergencia–, Craig Fugate, firmó la Federal Continuity ‎Directive 1 (Directiva Número 1 de Continuidad Federal), que precisa ciertos aspectos de la ‎aplicación de ese procedimiento en niveles inferiores.
 ‎
Todo está previsto en función de «lo peor». La epidemia proporciona el pretexto para actuar. ‎En ese contexto, las preguntas planteadas recientemente por el vocero del ministerio chino ‎de Exteriores [9] sobre ‎la posibilidad de que los militares estadounidenses hayan diseminado deliberadamente el nuevo ‎coronavirus, adquieren el mayor sentido y cobran nueva vigencia. 
     
[1] Las siglas ENA denominan en Francia la Escuela ‎Nacional de Administración, entidad elitista que forma los más altos funcionarios de la República ‎Francesa. 
[2] “End the ‎dog-eat-dog mentality to tackle the crisis”, Gordon Brown, Financial Times ‎‎(Reino Unido), Voltaire Network, 26 de marzo de 2020.
[3] Continuity of ‎Government: Current Federal Arrangements and the Future, Harold C. Relyea, Congresionnal ‎Research Service, 5 de agosto de 2005.
[4] Against All Enemies: Inside America’s ‎War on Terror, Richard Clarke, Free Press, 2004.
[5] A Pretext for War: 9/11, Iraq, and the Abuse ‎of America’s Intelligence Agencies, James Bamfort, Anchor Books, 2005.
[6] “Exclusive: Inside The Military’s Top Secret ‎Plans If Coronavirus Cripples the Government”, William M. Arkin, ‎‎Newsweek, 18 de marzo de 2020.
[7] “Top Secret Pentagon Operation “Granite Shadow” revealed. Today in DC: Commandos in the ‎Streets?”, William Arkin, Washington Post, 25 de septiembre de 2005.
[8] Hearing to receive ‎testimony on United States Northern Command and United States Strategic Command in review ‎of the Defense Authorization Request for fiscal year 2021 and the future years Defense Program, ‎Senate Committe on Armed Service, 13 de febrero de 2020.
[9] «Propaganda y preguntas sin respuesta sobre el origen del Covid-19», Red Voltaire, 25 de marzo de 2020.

04 abril 2020

La planificada destrucción de Canadá (2)




El referéndum de Quebec
El proyecto GRAND Canal 
Unión Continental de Estados Unidos y Canada para 2005

Entre las miles de páginas de documentación que se han acumulado a lo largo de años de investigación, se encuentran varias entrevistas con las personas que participaron de forma activa en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Su papel a la hora de desenmascarar la trama sucia ha sido fundamental y ayudó a parar en seco los planes de la élite que pretendía desmantelar Canadá y hacerse con su recurso natural más importante: el agua.

La siguiente y asombrosa ENTREVISTA es un extracto de libro: "NUEVO ORDEN MUNDIAL: LA CORRUPCIÓN EN CANADÁ", editado por Robert O'Driscoll y Elizabeth Elliott (Toronto, Saigon Press, 1994. 648 pp). El libro en la actualidad es imposible de encontrar. La segunda entrevista de George Kralik que hoy publicamos ha sido tomada exclusivamente de la antigua página web de Daniel Estulin, publicada entre mayo y junio del 2007 bajo el título "Los hombres que regalaron Canadá. El Referéndum de Quebec. El proyecto del Grand Canal", versión en castellano.

Esta entrevista, continuación de la anterior, cuenta una historia tan asombrosa, tan llena de cruel corrupción y avaricia, tan destructiva para el pueblo Cree y de Quebec y, para la nación canadiense, tan "bien oculta" por aquellos medios en Canadá que son "plenamente conscientes" de estos detalles, que merece recordar a cada uno de los narradores principales:

GEORGE KRALIK: (entrevistador) Veterano que sirvió once años en las Fuerzas Armadas canadienses.

SHELLEY ANN CLARK: (entrevistada) Asistente ejecutiva de Germain Denis, la persona designada por Brian Mulroney para asistir a las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio, durante las que se proyectó el desmembramiento y demolición de Canadá, primero mediante la separación del Quebec y después a través de la Unión Continental en 2007.

GLEN KEALEY: (para la primera entrevista) Antiguo agente comercial del distrito central de negocios Hull (Quebec) que descubrió el sistema de crimen organizado y corrupción controlado por el gobierno del anterior Primer Ministro Mulroney, con la complicidad de la Real Policía Montada Canadiense, la Fuerza Nacional de Policía de Canadá y el sistema judicial. Al investigar el asunto, Kealey encontró pruebas de la existencia de un enorme plan de sobornos y comisiones ilegales manejado y controlado directamente por la Oficina del Primer Ministro y una estrecha colaboración entre los Tories, los medios de comunicación y la policía. Kealey consiguió llevar ante los tribunales a 16 personas, incluyendo miembros del gobierno y de la Real Policía Montada del Canadá, acusados de prevaricación.



The sponsorship scandal, AdScam or Sponsorgate. En castellano "El escándalo de patrocinio" es un bullado caso que surgió como resultado de un "programa de patrocinio" del gobierno federal canadiense en la provincia de Quebec y que involucró al Partido Liberal de Canadá, en el poder de 1993 a 2006. Originalmente se estableció como un esfuerzo para crear conciencia sobre las contribuciones del Gobierno de Canadá a la industria en Quebec y otras actividades para contrarrestar las acciones del gobierno del Parti Québécois en la provincia que trabaja promoviendo la independencia de Quebec. El programa se ejecutó desde 1996 hasta 2004, cuando se descubrió una amplia corrupción en sus operaciones y fue suspendido. Se revelaron actividades ilícitas e ilegales dentro de la administración del programa, que incluyó el mal uso y la mala dirección de los fondos públicos destinados a la publicidad gubernamental en Quebec. ¿Recuerda esa maravillosa ilustración de la época del ´escándalo de patrocinio´del Western Standard? Fue un poco una parodia basada en el drama criminal de televisión, muy popular en ese tiempo, "Los Soprano". Mostraba una galería deshonesta de liberales que, en algunos casos, fueron juzgados y condenados por fraude y corrupción.



SEGUNDA ENTREVISTA: 
a Shelley Ann Clark

Shelley Ann Clark tuvo un papel fundamental, al más alto nivel, en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos 1987/1988, en las que se trocó en secreto el futuro de Canadá. Los lectores que conozcan la Hoja de Ruta de Puesta en Práctica (Implementation Steps Chart, así conocida en inglés) saben que detalla los pasos que llevaron al compromiso para la construcción del Grand Canal y, en última instancia, a la Unión Continental, la admisión como banco de American Express en Canadá para manejar la financiación del inmenso proyecto Grand Canal. Pues bien, ese paso fue un hecho en Canadá.

Shelley Ann Clark: Me eligieron a dedo para el puesto de ayudante de Germain Denis. Desde el primer momento me dijeron que la entrevista era puro formalismo. ¡Resultó ser una verdad como un templo!. Después de que Germain Denis me hubiera entrevistado durante aproximadamente 3 minutos, me preguntó cuando podría comenzar el trabajo. Como quería aceptar el reto, accedí a ser su ayudante ejecutiva.

Me contrataron en julio y en septiembre ya teníamos un sistema informático llamado GEAC. El sistema lo había introducido un tal Peter Hines, que hoy es millonario, y descubrí rápidamente que él y Germain Denis estaban muy unidos. Me preguntaba por qué. Ciertamente no eran los conocimientos técnicos lo que les unía: Germain Denis era una persona que se negaba a tener ordenador en su oficina.

Germain Denis era, como se ha dicho antes, el responsable de aspectos fundamentales de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. En aquella época yo tenía dos secretarias que trabajaban para mí, las cuales introducían material altamente secreto en el sistema informático. No teníamos horario: cuando entrabas en la oficina, nunca sabías a qué hora te marcharías.

Un viernes por la tarde, sobre las 6:30 de la tarde, llamó una señora bastante exigente, Sylvia Ostry –doctora en economía por la Universidad McGill de Canadá y por la Universidad de Cambridge. Ha recibido 18 títulos de doctora honoris causa. Nombrada por el gobierno de Canadá en 1990 por su contribución a la planificación de la política económica de los asuntos internacionales de Canadá como funcionaria y economista. Colabora con la revista Foreing Affairs de David Rockefeller y el CFR.–, pidiendo una copia de un documento que estaba en el ordenador: dijo que en dos horas debía tomar un vuelo hacia los Estados Unidos y que necesitaba ese documento en particular. Por desgracia, yo era la única que quedaba en la oficina. Las secretarias se habían ido a casa. Cada persona con acceso a la computadora tenía una contraseña: nadie sabía la contraseña de los demás por razones de seguridad, me dijeron. Lo que hice fue llamar inmediatamente a la persona que había instalado el sistema GEAC (Peter Hines) y por suerte lo encontré todavía trabajando. Mi primera pregunta era saber si se podía hacer algo para dar respuesta a la petición de Sylvia Ostry. Me dije que debía haber algún modo de romper los códigos del programa de los ordenadores y que, si alguien lo conocía, ese era él. “No se lo cuente a nadie, Shelley Ann”, me dijo, “pero la única manera de entrar en el sistema informático de la Oficina de Negociación Comercial es ponerse en contacto con el presidente de GEAC. Él tiene la contraseña “todopoderosa”. “¿La contraseña “todopoderosa”? ¿Qué caray es eso?”. “Bueno”, contestó, “así la ha llamado el presidente y él es el único que la tiene”. “¿Me está diciendo que el presidente de GEAC tiene acceso a toda la información contenida dentro de nuestro sistema informático?”. “Así es. Él puede acceder al ordenador de Simon Riesman –el negociador del Tratado de Libre Comercio– y de los todos los demás”. “¿Y está en Toronto, Peter, el presidente de GEAC?”. “¡Así es!”. “¿Y nosotros estamos aquí en Ottawa?”.“¡Así es!”. “¿Pero él puede hacer operaciones desde Toronto?”. “¡Así es!”.




Las implicaciones, pensé, son enormes. Aquí estamos negociando este acuerdo comercial super secreto entre Canadá y los Estados Unidos –tan secreto que las secretarias de la misma oficina no saben la contraseña del ordenador de los demás– mientras que el presidente de la empresa informática que registra la información tiene acceso a toda esa información. ¿Qué clase de seguridad es esta?. ¿O acaso los resultados de las negociaciones ya están pactados?. Por no hablar del “Gran Hermano”, invisible, pero observándolo todo y en todo momento. Sin duda, conectándose de vez en cuando para ver si todo está en orden, sobre todo por parte de los canadienses.

A la mañana siguiente (he sido diplomática de Asuntos Exteriores toda mi vida; me escogieron directamente en la escuela de negocios cuando tenía dieciséis años; he trabajado mi vida entera en Asuntos Exteriores entre información altamente secreta y se que hacer cuando se tiene acceso a esa clase de conocimientos, que hay que vigilar, etc.), lo primero que hice fue ir a ver al jefe de seguridad de la División de Libre Comercio. Mientras Germain Denis aún era Jefe de Comercio Multilateral, los memorandos para el Gabinete, por lo general clasificados como “secreto” o “alto secreto” con las tácticas de negociación que debían usarse con los estadounidenses, se revisaban antes de llegar a la mesa de negociaciones.

De manera que fui a ver al jefe de seguridad, Guy Marcoux, y le exigí que investigara el tema. Quién estaba detrás de la empresa GEAC. ¿Era una empresa canadiense o era una empresa estadounidense con una sucursal canadiense como tapadera?. El jefe de la seguridad me dijo que estaba buscándole tres pies al gato, que yo veía problemas donde no los había y que no pensaba investigar el tema.

Inmediatamente acudí al segundo en el escalafón, Gordon Ritchie, negociador jefe y le expliqué que el jefe de seguridad no quería seguir con la investigación. Ritchie ordenó que la investigación se realizara: el resultado final fue que “sí, GEAC era una empresa estadounidense”. Mientras se llevaba a cabo la investigación, tres representantes de GEAC solicitaron a través del negociador jefe –Gordon Ritchie– una entrevista conmigo para convencerme de que no había nada erróneo en el sistema. Cuando Gordon Ritchie me vino a ver le pregunté: “¿por qué quieren verme a mí?”. “Fuiste la que lo descubrió. Te dejaré la famosa mesa redonda” –donde celebraba todas sus reuniones importantes– “de mi despacho para recibir a estos representantes de GEAC”. Y los representantes de GEAC vinieron y estuvieron hablando conmigo durante dos buenas horas.

Entonces, me senté y escuché y cuando terminaron les miré a cada de ellos y dije: “después de todo lo que han dicho, quiero que uno de ustedes me garantice que nadie puede estar al otro lado de la calle, en otra ciudad o en cualquier otra parte y tener acceso a los documentos contenidos dentro de esta computadora. Garantíceme esto por escrito y me daré por satisfecha”. Yo sabía que no podían porque unos días antes su presidente me había proporcionado un documento super secreto procedente de nuestro ordenador. Tuvieron que admitirlo: “no”, dijeron, no podían garantizar eso. Y así acabó la cosa.

Fui de nuevo a ver a Gordon Ritchie con aquella información y cuarenta y ocho horas después de que se hubiera realizado la queja, todo el sistema instalado en la Oficina de Libre Comercio Canadá/Estados Unidos, que había costado 12 millones de dólares, se había eliminado.

Mi impresión era que Simon Riesman y Gordon Ritchie agradecían mis esfuerzos. Lo que no pude entender entonces –y es una cuestión que sigue en mi mente– fue la reacción de Germain Denis: una cólera total y absoluta. Se puso hecho una fiera, perdió los papeles y estaba absolutamente furioso. Lo que le cuento está en mi informe a la Alianza de Servicio Público de Canadá fechado el 22 de julio de 1988, porque no fue hasta ese día notable cuando me di cuenta de la razón de la rabia de aquel hombre, que yo en verdad había descubierto algo y que había hecho algo sobre el tema.

Yo tenía pruebas irrefutables: sin el presidente de GEAC, Sylvia Ostry hubiera tenido que dejar el país sin su documento.




 Kealey: Desde luego, eliminar el ordenador y sustituirlo por otro no significa que el problema se haya resuelto. Lo único que significa es que Shelley Anne Clark no pudo demostrar nunca más que alguien externo tenía acceso a la computadora.
Shelley Ann Clark: ¡Exactamente! Llegó un ordenador nuevo, compatible con IBM, me dijeron. Después de mi primer descubrimiento, estaban muy atentos a mis reacciones y me explicaron que el disco principal estaba allí mismo en el decimoséptimo piso. Incluso me mostraron donde estaba y me dijeron que todo lo que nosotros introdujéramos en la computadora quedaría grabado en ese disco principal que –al final de las negociaciones– sería transferido a los archivos. Bueno, me creí lo que me contaban.

Entonces hubo una filtración a la prensa y se supo que no había ningún francófono en las negociaciones de Libre Comercio, de manera que Simon Riesman designó a Germain Denis como el tercero en el escalafón, a cargo de las cinco principales áreas de interés para este país: subvenciones, agricultura, tarifas, propiedad intelectual (el paraguas de los programas sociales, los derechos de autor, los productos farmacéuticos, etc.) y programas de gobierno.

Todo empezó en octubre de 1986. En enero de 1987, los principales negociadores fueron a Washington para la primera sesión de negociación. Cada “jefe” creó su grupo de trabajo, un grupo de trabajo de agricultura, un grupo de trabajo de tarifas, un grupo de trabajo sobre subvenciones, etc. Durante las negociaciones, estos grupos viajaron a Washington y se encontraron con sus colegas estadounidenses. Cuando Denis volvió de los Estados Unidos, me explicó que había que comenzar a informar a las Provincias.

Después de planear la primera sesión de negociación principal, me preguntaba cómo manejaría él las diferentes reuniones informativas, y a las diez me fui a casa, pensando que se había acabado la jornada. Llegué a casa a las diez y media: una hora más tarde Germain Denis me llamó, pidiéndome que me reuniera con él en la oficina central, pero que no entrara por la puerta principal, que me esperaría en el garaje con una llave del ascensor. Se evitaba así pasar los controles de seguridad; al entrar por la puerta de la calle, cualquiera tenía que pasar el control de seguridad, indicar la hora de entrada y era filmado por el circuito cerrado de televisión antes de llegar a su destino. La manera en que el señor Denis lo preparó todo significaba que nadie nos observaría.

La otra cosa que me dijo fue que “ni esa noche ni ninguna otra en el futuro debe explicar a su familia a donde va; si lo hace, deberá pagar un gran precio”. De nuevo –gracias a mi preparación en temas de Asuntos Exteriores y seguridad– no tuvo que repetírmelo. Entendí perfectamente bien que estaba en una situación comprometida. No supe cómo de comprometida hasta que las negociaciones estuvieron en plena ebullición en enero de 1987 y él comenzó a cambiar cifras y suprimir párrafos de un modo exagerado.

Me llamaban de noche –recuerden que no me permitían contarle a nadie a donde iba– y a menudo estaba allí hasta las cuatro de la mañana. La primera cosa que tuve que hacer fue aprender a manejar el ordenador, pero no se me permitió decirle a nadie por qué yo no tenía una secretaria para hacer precisamente eso. Aprendí a crear un duplicado del archivo del disco principal que estaba en la sala del decimoséptimo piso y que contenía toda la información. Me mostraron como eliminar la información del disco principal una vez que había terminado.

Llegaba y extraía el documento que ellos habían negociado en Washington. Si habían estado trabajando sobre “subvenciones”, yo sacaba el documento “subvenciones”, lo duplicaba y lo grababa de nuevo con el nombre “provincial”. Entonces mi superior lo examinaba paso a paso; si habían negociado el 30% o el 40%, la cifra se rebajaba a la menor cifra posible, alrededor del 10%. Se hacía así porque quería tener margen de maniobra para aumentar las cantidades: las provincias que negociaban habrían sospechado si las cifras no hubieran variado. Había que dar la impresión de que se negociaba, cuando en realidad, según parece ahora, todo había sido decidido de antemano.

¿Energía? Los párrafos sobre energía fueron metódicamente suprimidos. El libro Faith and Fear (Fe y Miedo) de los profesores Doern y Tomlin confirma lo que ya he revelado a los medios de comunicación. Ellos dicen que el capítulo de energía no fue incluido en el acuerdo hasta el famoso último fin de semana del 3 de octubre de 1987. Sé por qué no se incluyó ese capítulo hasta el último minuto. Estuvo allí todo el tiempo: en la versión estadounidense, en la versión federal canadiense, pero no en la versión provincial; íbamos suprimiendo el capítulo sobre energía de la versión provincial.

- Kealey: Sí, los Premieres de todas las provincias, excepto dos, no comprendieron que el país se estaba regalando al mejor postor. Los Primeros Ministros de Saskatchewan y Alberta, a quienes Mulroney había designado como “topos” en el grupo –tenían la responsabilidad de averiguar a escondidas lo que pensaban los otros Premieres Primeros Ministros–, cuál sería su postura en la negociación y otros datos confidenciales que podrían ser manipulados para ventaja del Gobierno Federal sobre las provincias.

Entonces ellos pasaban esta información a Germain Denis para que pudiera incluir en el documento cifras que casaran con lo que los Premieres estaban dispuestos a ceder. Así que nunca se dio el problema de presentar cifras que estuvieran demasiado por encima de lo que los Primeros Ministros estaban dispuestos a aceptar. Si lo hubiera, la solución era bastante sencilla: modificar las cifras en el documento. Mulroney y sus cohortes lo sabían antes de negociar gracias a los dos topos, el Primer Ministro de Alberta y el Primer Ministro de Saskatchewan.


- Shelley Ann Clark: Así es. Pude demostrar a la CJOH TV (Nota: una cadena de televisión en Ottawa propiedad de CTV Network) más allá de cualquier duda que estas reuniones tuvieron lugar. Yo había guardado mis agendas del 86 y del 87 y cuando ocurrió registré cada reunión que tuvo lugar, las salas en las que se celebraron, los horarios, etc. Llevé a un testigo –John Bowlby, un miembro de la ejecutiva de Citizens Against Bad Law (Ciudadanos contra las Malas Leyes)–. Fotocopiamos la documentación delante de un abogado. Se entregó a Charlie Greenwell de CJOH TV, para que él y sus abogados supieran que cuando se emitiera el programa había pruebas suficientes –entre el documento de julio de 1988 de la Alianza de Servicio Público y esa agenda– para demostrar que yo decía la verdad. 


Vista panorámica de Quebec City.


Me gustaría volver a hablar del segundo documento “amañado” que se entregó a las Provincias. Siguiendo las directrices de Germain Denis, yo creaba una copia, hacía las modificaciones adecuadas en el disco duro de mi ordenador, además de modificar el disco de la sala principal. Una vez hecho esto, entonces hacía diez copias para diez informes. Los diez informes eran numerados porque tenía que estar segura de a donde iba a parar cada libro en caso de que alguno se perdiera.

Así que fueron numerados del uno al diez; Alberta tenía el número 1; Manitoba, el número 2; Saskatchewan, el número 3, etc. A pesar de la presión que ejercieran sobre mí la Oficina del Primer Ministro, la Oficina del Consejo Privado o los encargados de Relaciones Federales Provinciales –y me habían advertido de que habría una presión excesiva y quejas de los Premieres por no recibir sus informes varias horas antes de las reuniones informativas–, me ordenaron que no entregara los informes sino literalmente minutos antes de que comenzaran las reuniones informativas. Al final de cada reunión, Germain Denis recogía él mismo los informes o, si no lo hacía, me llamaban y cuanto abandonaban la sala yo iba y los recogía, para devolverlos y guardarlos en la caja fuerte de Denis.

Entonces a medianoche, desencuadernaba nueve de las copias y las destruía con una trituradora de papel. Había que hacerlo a medianoche: no se podía correr el riesgo de que los agentes de seguridad lo descubrieran, y nos habían ordenado en un memorando especial de la Oficina del Ministro que ninguno de los documentos usados en la negociación Canadá/Estados Unidos debía destruirse sin la autorización de Riesman o Ritchie. Así de altas eran las autorizaciones requeridas para destruir cualquier papel: podíamos destruir un télex de Asuntos Exteriores pero no podíamos tocar ningún documento sobre la negociación. El único momento en que podía destruir documentos era entre la medianoche y las 3 de la madrugada. Destruía nueve copias y guardaba un juego completo que colocaba en la caja fuerte de manera que, la siguiente vez que negociaran sobre un tema en particular con los estadounidenses, nosotros sacaríamos ese juego y Denis sabría hasta donde había llegado. Si había negociado el 10%, la siguiente vez mostraría un 12% y así cada vez.

El paso siguiente fue que Maude Barlow –un activista político y miembro del Council of Canadians (Consejo de canadienses), una organización opuesta a la integración política con los Estados Unidos– y John Turner –Primer Ministro de Canadá en 1984 por el Partido Liberal, que se opuso al Tratado de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos propuesto entonces, afirmando que su adopción implicaría la completa renuncia de la soberanía política de Canadá en manos de los Estados Unidos– comenzaron a acusar a Mulroney: que estaba vendiendo el país al mejor postor, que nuestros programas sociales estaban en peligro, etc., etc. Como trabajaba directamente sobre los programas de Seguridad Social y otras cuestiones –como era mi caso– yo sabía que estos individuos decían la verdad. Cuanto más me daba cuenta de la ilegalidad de lo que hacía, más asustada estaba: lo que significaba para el país y como sería un peso que llevaría encima como una especie de chantaje completo, para siempre.

Quise dejar el trabajo, dejar de hacer lo que hacía. Empecé preguntando al Ministerio de Asuntos Exteriores para que me destinaran a otro sitio: no me hubieran trasladado por nada del mundo. Quedó vacante una plaza en la Oficina de Negociaciones Comerciales de jefe de protocolo y hospitalidad. El Director General de Operaciones, que era un tipo honesto, me miró: “Shelley Ann, ¿estás loca?. Germain Denis nunca dejará que te vayas. Tendría que ser por encima de su cadáver el que yo te trasladara”.

- Rod:–el profesor Robert O’Driscoll, autor de New World Order Corruption in Canada (Corrupción del Nuevo Orden Mundial en Canadá)– Pero, ¿por qué? ¿Tiene pruebas que podamos ver?.
- Shelley Ann Clark: Son los secretos implicados en el tema. Recuerde que Denis Germain, el Primer Ministro, y yo éramos los únicos que conocíamos las complejidades e implicaciones para Canadá del Tratado de Libre Comercio en aquel momento.

- Kealey: Lo que hay que tener en cuenta es: si ella se hubiera llevado algún documento que formara parte de la documentación, ella estaría en la cárcel. Hubiera sido un delito federal –apropiación de documentos secretos– y entonces hubiera perdido cualquier ventaja si se hubiera apropiado de documentos. Lo que hizo, sin embargo, fue presentar una queja formal ante su sindicato. Ella tiene la queja y la carta de respuesta en la que se le pide que la retire. Ella es el testigo ocular: la prueba es el Tratado de Libre Comercio real que se guarda en recipientes fuera de Ottawa y que los canadienses nunca han visto.

- Rod: Pero, ¿alguna vez saldrán a la luz estas pruebas?. Si, por ejemplo, lo incluimos en este libro que estamos preparando, junto con otras pruebas que apunten en la misma dirección, ¿alguna vez llegará realmente al gran público?.
Kealey: Tenemos un ejemplo aquí mismo. Shelley Ann le contó su historia a un periódico semanal. Ellos explicaron la historia con detalle y ya ha habido gente que ha contactado con ellos diciendo, “yo también trabajé en ese área. He visto como se transfería la documentación de un lugar a otro. Puedo atestiguar lo que ella dice”. Cuanto más se publique, a cuantas más manos llegue la información, más posibilidades hay de que circule. Al publicarlo, al difundir el material, se elimina el miedo y más gente saldrá a la luz.

- Shelley Ann Clark: El 6 de enero de 1994 yo estaba en un programa de entrevistas que se emite en todo Alberta. Declaré sin rodeos que nos encontrábamos ante un caso de traición. La reacción ha sido extraordinaria. Sinceramente creo que el libro que usted prepara, New World Order Corruption in Canada, debería ser publicado cuanto antes: ésta es la manera de llegar a más canadienses.

- Kealey: Ellos puede que tengan su calendario de ejecución y hayan puesto fechas en las que ciertas fases del trato tengan que completarse, pero este es un contrato fraudulento y un contrato fraudulento no tiene validez legal una vez que se ha probado que es un fraude. Por lo tanto, las posibles fechas establecidas arbitrariamente en última instancia no son importantes.

- Shelley Ann Clark: He estado tentada de viajar por Canadá, de explicar a los canadienses lo que se e intentar conseguir que hagan algo al respecto. Cien o doscientas cartas no son suficientes. Se necesitan manifestaciones masivas, cientos de miles de cartas. Una vez que en la Colina del Parlamento se den cuenta de que el país entero lo sabe, entonces los parlamentarios tendrán que hacer algo.

Durante las pasadas elecciones pensé que podría hacer algo con el apoyo del Partido Nacional, que una persona como Mel Hurtig –presidente fundador del Consejo de Canadienses– utilizaría al máximo a alguien como yo. Tengo información de primera mano: me ordenaron que cometiera actos fraudulentos. ¿Qué hicieron Mel Hurtig y el Partido Nacional?. ¡Nada!. Me pagaron 1.000 dólares como honorarios, pero no me dieron fondos para publicidad o para cubrir los otros gastos que son necesarios para conseguir llevar las ideas a los votantes. La gente de mi distrito electoral preguntaba: “¿por qué, con lo que tienes que contar, no puedes conseguir ningún apoyo?. ¿Por qué no aparece tu imagen por todas partes?”.

- Kealey: Ya sabemos el porqué, porque después de las elecciones recibimos alguna documentación y he estado en contacto con algunos candidatos del Partido Nacional. Me enteré. Conseguí pruebas de que el Partido Nacional manipuló ciertos distritos electorales para impedir que sus candidatos ganaran las elecciones. Si no tenían posibilidades, les daban cuatro o cinco mil dólares. Si tenían alguna posibilidad de ganar, entonces sólo les daban mil dólares.

La documentación que tenemos ahora indica que en 1972 Mel Hurtig era candidato de los Liberales. Él también había estado vinculado al Canadian Institute for International Affairs –Instituto Canadiense para Asuntos Internacionales–. (Nota: el “gemelo” canadiense del CFR y el RIIA). Estaba en un programa que seguía las recomendaciones de las reuniones de los miembros de Bilderberg que se habían celebrado en la Laurentidas y en Vermont. Cuando vinculas a Mel Hurtig directamente con la cuadrilla del Nuevo Orden Mundial, adivinas muy rápidamente la razón por la que él estaba donde estaba durante las últimas elecciones. Estaba regalando el Oeste de Canadá al mismo grupo al que Mulroney y su banda habían entregado el resto del país.

También está Bill Loewen. Tenemos pruebas de que Bill Loewen, que tenía una empresa llamada Comcheq, vendió su empresa al Canadian Imperial Bank of Commerce por 160 millones de dólares justo un año antes de las elecciones. Me atrevería a apostar que Bill Loewen vendió su empresa por 150 millones de dólares y consiguió 10 millones de dólares de los banqueros para crear un partido político con un único objetivo: eliminar la disidencia sobre el Tratado de Libre Comercio del Partido Socialdemócrata en el Oeste, de manera que los Liberales pudieran ganar.

Esto es exactamente lo que pasó por todo el Oeste y la razón por la cual hoy los Liberales tienen mayoría. Los votos socialdemócratas que se llevó el Partido Nacional permitieron que ganaran los Liberales con un escaso margen.



La Asamblea Nacional de Quebec

¿Qué nos queda?. Brian Mulroney, que con el dinero que robó a los canadienses durante los años que ejerció el cargo, pudo comprar las elecciones de 1993. En mi opinión, así es como lo hizo:

1. Presentó a Lucien Bouchard a los quebequenses y le convirtió en un héroe separatista fingiendo una pelea pública con él sobre el papel de Quebec en Canadá. Bouchard se convirtió en el político más popular de Quebec y llevó a su partido, el Bloc Québéquois, con el apoyo financiero de Mulroney, a la victoria en Quebec. El Bloque incluso se convirtió en la Oposición Oficial en el Parlamento canadiense después de las elecciones de 1993.

2. Usó su considerable influencia y dinero para convencer a todos los “peces gordos” conservadores de que se retiraran de las elecciones de 1993. Esto garantizó a los Liberales (equipo 2) bajo Mitchell Sharp (el hombre de los banqueros en Ottawa) y Jean Chretien (un títere de Charlie McCarthy como Ronald Reagan) una buena oportunidad de conseguir una amplia mayoría.

3. Colaboró con el plan de Conrad Black –miembro de Bilderberg, magnate de la prensa ahora deshonrado y arruinado– para financiar el Partido Reformista en Ontario (limitando su posibilidades e influencia allí) al permitir que Preston Manning (un líder con vínculos en la CIA en 1967-1968) se dirigiera al Canadian Club –club exclusivo que incluye entre sus miembros a los agentes de bolsa más importantes del país– y otros con la condición de que advirtieran a los quebequenses de que debían actuar como las otras provincias o “largarse”. Este mensaje era completamente opuesto a la posición de Alberta durante el referéndum de 1980 sobre la independencia de Quebec, cuando les dijeron a los quebequenses que eran apreciados y queridos en Canadá.

4. Colaboró con banqueros (Canadian Imperial Bank of Commerce) para financiar la creación del nuevo Partido Nacional por parte de Bill Loewen. Este nuevo partido político, con Mel Hurtig como líder –miembro entre 1968 y 1972 del elitista Instituto Canadiense de Asuntos Internacionales–, engañaría a 200.000 canadienses antiguos votantes del NDP (de izquierda) opuestos al libre comercio, permitiendo así que los Liberales y los Reformistas ganaran en muchas de las circunscripciones clave del NDP.

5. Destruyó a Kim Campbell, el nuevo líder Conservador, usando los medios de comunicación bajo su control –para que le hicieran el trabajo sucio–. El resultado final fue que sólo dos Conservadores fueron elegidos y que el político más odiado en el Canadá francófono condujo al único partido político con miembros de costa a costa a un gobierno de mayoría en Canadá.

6. Cuando Quebec se independice de Canadá, podrá financiar la construcción del proyecto Grand Canal de Simon Riesman (100.000-200.000 millones de dólares) y otros proyectos de trasvase de agua en el norte. Poseerá, controlará y trasvasará agua, a cambio de dinero, hacia EE.UU. y México.

7. De manera que lo que tenemos es un plan para la desintegración de Canadá preparado por Mulroney y los banqueros: el primer paso es conseguir que Quebec se independice; el segundo, integrar al resto de Canadá en los Estados Unidos; el tercero, conseguir que los habitantes del norte de Quebec se rebelen; el cuarto, enviar a los militares de Fort Drum como cascos azules –base militar situada en el Estado de Nueva York, al otro lado de la frontera de Kingston en el lado canadiense. El plan secreto implicaría la petición del gobierno canadiense de ayuda y soldados estadounidenses vestidos de cascos azules de las Naciones Unidas que entrarían para ofrecer ayuda– y el quinto, construir el Grand Canal.

- Shelley Ann Clark: Algo de esto lo he visto confirmado en documentos. En marzo de 1988 se difundió una circular en la Oficina de Libre Comercio que ordenaba que todos los documentos usados en las sesiones de negociación debían ser entregados a una persona en particular que se encargaría de catalogarlos para los archivos. Una hora después de recibir la circular, Germain Denise me llevó a su oficina, me pidió que cerrara la puerta, que me sentara y que prestara mucha atención a lo que iba a decirme: si me desviaba lo más mínimo, afirmó que acabaría con mi carrera en la función pública en Ottawa, ¡en todas partes!.




- MC: ¿No tiene la sensación de estar en una posición bastante comprometida?.
Shelley Ann Clark: Mi vida parece estar en peligro en cualquier momento. Si ahora viajara a los Estados Unidos, hay quien cree que estaría muerta (–de hecho, Marcel Masse, un político conservador del gobierno Mulroney, y Stephen Lewis, embajador canadiense ante las Naciones Unidas bajo el Primer Ministro Mulroney, intentaron conseguir su traslado a Nueva York–). Pero tiene que entender que todavía no somos parte de los Estados Unidos, que todavía vivimos en este bendito país que es Canadá. Menos Mulroney, Germain Denis y Gerald Shannon –en aquel momento vice-ministro de Comercio Internacional–, no se quien más estaba en el ajo, pero se ahora que pasan cosas entre bastidores, que hay gente que quiere que revele lo que se. Esto en realidad podría incluir a la Real Policía Montada de Canadá (RCMP) o tal vez incluso al CSIS (Canadian Security Intelligence Service, encargado de las operaciones de espionaje de Canadá), no estoy segura. Me han enviado mensajes que no entiendo: que lo más seguro que puedo hacer es revelar lo que sé.

- MC: Tal vez la están convirtiendo en una especie de chivo expiatorio.
Shelley Ann Clark: Tal vez. En agosto o septiembre del año pasado dejé de tener miedo. Había vivido muerta de miedo durante seis años, más que miedo: pánico absoluto. Temía por mis niños, temía por mí. Llegó un punto en que prefería estar muerta a seguir con vida. La mera existencia alcanza un punto donde no puedes ver cómo puedes continuar. Quiero decir que, si sabes que te van a matar, en un determinado momento te paras y dices: “hacedlo ahora. No voy a preocuparme por ello”. Me costó seis años alcanzar ese punto. Y luego comencé a pensar que tenemos un deber para con la gente que nos trajo al mundo, para con la gente que dejaremos atrás y para con la tierra que permanece constante. Tomé la decisión de dejar de estar asustada y de repente ya no tenía miedo. Decidí contar al mundo lo que sé.

  Kralik: Superó la barrera de miedo.
Shelley Ann Clark: Superé la barrera de miedo. Ahora vuelvo a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en una posición de mucha responsabilidad, de manera que si algo me ocurriera con lo conocida que soy en este país ahora, me atrevo a decir que estallaría una revolución, pienso que para todo hay un límite.

- Kealey: Al emplear de nuevo a Shelley Ann, los liberales están diciendo: “Nosotros no tuvimos nada que ver con aquello”.

- Shelley Ann Clark: Un mes después de ganar las elecciones, los Liberales intentaron rectificar mi situación. Me encontré con un parlamentario del Partido Reformista en el Parlamento y comprendí que tuve que hacer esto porque yo había prometido a los canadienses que lo haría.

Quizá nunca conozcamos la historia completa. Cuando recibimos la circular que pedía que se enviara todo el material relativo a las negociaciones a los archivos, Germain Denis me ordenó que sacara todos los documentos de negociación de su caja fuerte y los pusiera en el maletero de su coche. Me dio las llaves de su coche. Me dijeron que los sacara en intervalos de dos horas y si me parecía que iba muy lenta que aumentara a intervalos de una hora, pero que no me pillaran ni dijera nada. “Cuando aparezcan, Shelley Ann, y le pidan que entregue los documentos al archivista…”. “Sí, ¿qué pasará cuando no tenga nada que darle?”. “Dígales, lo siento, comenzamos a cerrar antes de que llegara la circular. El señor Denis me ordenó que lo destruyera todo”.

Éstas eran mis órdenes y por supuesto me llevó desde las 10:30 de la mañana hasta las 6:30 de la tarde. Llevé un total de siete cajas de fotocopiadora grandes al maletero de aquel funcionario.

¿Qué más puedo decir? La verdad sigue un curso tortuoso pero estable; tarde o temprano, como un río que nace en la montaña, se libera de su prisión subterránea y fluye libre por la ladera. Hace unos minutos alguien me hablaba de teorías sobre conspiraciones. ¿Teoría? Esto son hechos. Yo estaba allí.

Fin del Reportaje.





   Canadá 2019. 
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