Bienvenido a este Blog. Detectives de Guerra le brinda los mejores análisis de los conflictos internacionales de actualidad

29 junio 2015

LA GUERRA DE CIVILIZACIONES, el origen.



Ronald Reagan, febrero de 1983, recibe en su despacho a líderes talibanes
de Afganistán y Pakistán.




Introducción del redactor del blog


Con el artículo que viene a continuación creemos haber cumplido a cabalidad con la suficiente redifusión de investigaciones sobre la guerra desatada contra los pueblos musulmanes, quienes han sido declarados objetivo militar por la política expansionista de la OTAN encabezada por los Estados Unidos en búsqueda del control de los mercados y posicionamiento geoestratégico.

El “choque de civilizaciones” no se da en particular contra la civilización islámica, ni contra las naciones del Medio Oriente que muestran rebeldía contra el Imperio, es una guerra mundial por la monopolización de los recursos naturales. Para justificar tan burda doctrina, por algún lado hay que empezar y, el mejor argumento constituye el fenómeno religioso de los pueblos musulmanes. Siendo los primeros objetivos de la élite capitalista las naciones que integran el “eje del mal”, a decir de las potencias occidentales, aquellas naciones que “patrocinan el terrorismo”. Ya no hace falta explicar que todo esto no es más que un fraude,  propaganda mediática para conquistar y dominar las riquezas naturales, en especial los hidrocarburos del medio oriente y de ciertas regiones africanas.

Razonando un poco, no puede existir el choque de civilizaciones entre Occidente y el mundo musulmán por una sencilla razón: Los estados que integran el Consejo de Cooperación del Golfo, por cierto, países árabes, son los principales aliados de la OTAN y forman parte de la estrategia para destruir a otras naciones árabes, a la vez que son socios de Israel en este programa de desarticulación y crimen masivo.

Qué conflicto entre civilizaciones puede surgir, si estamos ante una siniestra alianza entre la peor calaña política existente reflejada en la “Hermandad Musulmana” (creada por las potencias coloniales) y movimientos políticos como el salafismo en Egipto y organizaciones criminales reclutadas del fundamentalismo fanático, cuya representación la encabezan los grupos takfiríes derivados del wahabismo de las monarquías absolutistas y oscurantistas del Golfo, todas éstas entremezcladas en un submundo de intrigas políticas, negocios sucios, tráfico de drogas y armas, pasando por alianzas para desencadenar un genocidio de las minorías étnicas, en una perversa asociación con sus supuestos enemigos, que resultan ser no sus amigos, sino sus amos (Occidente).

Para el buen entendedor, Occidente es el cerebro que organiza toda esa masa de rufianes psicópatas junto a sus socios árabes wahabíes que prostituyen sus naciones con la esperanza de no ser tocados en la reestructuración política de la particular concepción del mundo del Poder oculto y globalizador. Las monarquías del Golfo piensan que están a salvo coadyuvando con el holocausto programado por la élite mundial. Uno de los objetivos del verdadero Poder en las sombras es disminuir la población del planeta, no con el control de la natalidad sino con guerras de aniquilación. Lastimosamente para los wahabíes y para el mundo árabe en general, ellos no encajan en el hipotético futuro de sus sádicos protectores de hoy. Principalmente los wahabíes deberían saber una cosa, la despoblación, programada en cerca de tres mil millones de seres humanos a ser suprimidos, mediante la guerra y otras pandemias, les afecta directamente a ellos, las élites no quieren saber nada de estos “sucios y revoltosos árabes” (palabras con las que se expresan en sus reuniones privadas).    
 
Puede alguien, con dos centímetros de frente, pensar que la guerra de civilizaciones es cierta, si otro actor fundamental en esta escenificación es la nación judía, que fomenta en su beneficio el “choque de civilizaciones” aliándose con los peores grupos de terroristas que dicen actuar en nombre de Dios (Allah). Cómo se puede explicar que el auténtico enemigo de los árabes sea socio de los wahabíes, takfiríes, salafíes y apoye el asesinato masivo de poblaciones musulmanas perpetrados por otros musulmanes en Siria, Irak, Yemen, Líbano, etc. Es eso un conflicto de civilizaciones?   

Cuando se entremezclan diferentes estados, provenientes de diferentes “civilizaciones”, culturas y religiones pero con igual interés político, económico y estratégico, en una sola alianza para provocar una guerra de aniquilamiento del mundo islámico, jamás podrá hablarse de “choque de civilizaciones”.

Todo es un inmenso engaño mediático, naturalmente, que los ideólogos de estas políticas horrorosas de aniquilación global no pueden abiertamente decir, por ejemplo, que los cristianos de occidente, los judíos y los wahabíes fundamentalistas del Medio Oriente, que controlan las riquezas energéticas del mundo, conforman una sola fuerza o que son simplemente socios de un planificado genocidio mundial, eso no se puede decir, para ello está la prensa “libre” con sus millares de medios de desinformación masiva que nos venderá la versión rosa de los acontecimientos.

La tarea y adoctrinamiento va por buen camino. Yo mismo he sentido, alguna ocasión, repulsa hacia grupos civiles de musulmanes en Europa, que viven de la mentira y del fraude al estado que los acoge, se niegan  pagar impuestos, pero reclaman y reciben subsidios inmerecidos, acusan de intolerancia, xenofobia, discriminación, etc. Pero estos sectores aislados, mejor dicho, estos casos particulares (aunque muchos) no pueden ser catalogados como representación de la cultura islámica.

Es parte de una doctrina concebida, cuya finalidad es envenenar al europeo respecto al migrante musulmán, es otra pieza en el diseño del plan global de endurecer a la población local contra el fenómeno islámico en su tierra, se está sembrando el odio, se está abonando el germen que justificará la guerra de aniquilación. 

Otro ejemplo, las mismas autoridades de control en Europa, a sabiendas, permiten que organizaciones turcas, albanesas, marroquíes de narcotráfico, se apoderen del control de ese inmundo negocio en las calles. Tiene la gente común razón de sentir indignación hacia ciertos grupos de migrantes?.

Si su respuesta ha sido afirmativa, entonces, démosle gracias a la globalización, a los ideólogos del “choque de civilizaciones” y a las políticas dictadas desde los Estados Unidos a la Unión Europea. Los países europeos están siendo inundados de droga con el consentimiento de las propias autoridades estatales, a la vez que, sirve para ejercer control sobre la población y mantiene el flujo del capital en funcionamiento.

No lo olvidéis, la droga es el motor que mueve la economía mundial en la actualidad, sin los multimillonarios recursos que genera el tráfico de drogas la economía capitalista sucumbiría, Wall Street vive del dinero de la droga, es el experto lavandero de los recursos ilícitos obtenidos de actividades criminales. 

Y, quiénes son los responsables? A quién culpar de todo esto? Fácil: Las organizaciones de traficantes provenientes de países del Medio Oriente y claro de los tercermundistas latinoamericanos. Los Estados Unidos y Europa son las “víctimas”. Y, como existe el programa de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico (noción en muchos casos simbiótica) hay que “defender” los valores y declarar la guerra contra los bárbaros que perturban al pacífico Occidente.    

Finalmente, esta guerra contra la civilización humana, ideada por mentes perversas, no tiene por objetivo exclusivo los musulmanes árabes, la guerra está en curso también en el África negra. África es otro frente de lucha de aquellos que declararon la guerra de civilizaciones, los genocidios en este continente están en curso. Los laboratorios experimentales de la muerte, de manera extraña, desarrollan todo tipo de epidemias mortales exclusivamente aquí. África es rica en yacimientos minerales, lo mejor para el Imperio es que se destruyan entre ellos, luego vendrán las ayudas “humanitarias” a poner un poco de orden. (en futuras entregas dedicaremos algunos capítulos al Africa)

Latinoamérica, a pesar de ser el patio trasero del Imperio, no puede considerarse parte del Occidente “civilizado”, debe mantenerse como ha sido tradicional, colonias dóciles y sin rechistar al Amo Imperial, entregando sus riquezas naturales sin cuestionamientos. La rebeldía de los últimos años es fruto del “olvido” estadounidense, más preocupado en golpear fuerte en el Medio y Lejano Oriente. Norteamérica sigue teniendo confianza en su arma secreta para Latinoamérica: La corrupción, un mal endémico en los países no desarrollados. Todavía es fácil comprar por un puñado de dólares miles de conciencias de serviles vasallos que podrían destruir cualquier gobierno soberano que intente deslindarse del Poder Mundial. Para ello, como en otras regiones del mundo, es prioritario para los planes de la Elite tener a las naciones latinoamericanas alejadas de la educación y más cercanas a la violencia y a la droga.

El siguiente artículo, escrito por el intelectual francés (en el exilio) Thierry Meyssan en 2004, nos presentó los orígenes de esta nefasta y falsa doctina.


Tito Andino U.



*****




La «guerra de civilizaciones»

PLAN PARA EXTENDER LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE


por Thierry Meyssan
7 diciembre 2004



La teoría del complot islámico y del choque de civilizaciones se ha ido elaborando progresivamente, desde 1990, para proporcionar una ideología de repuesto al complejo militar e industrial estadounidense después del derrumbe de la URSS. El orientalista británico Bernard Lewis, el estratega estadounidense Samuel Huntington y el consultor francés Laurent Murawiec fueron los principales creadores de esta teoría que permite justificar, de forma no siempre racional, la cruzada estadounidense por el petróleo.





Los atentados del 11 de septiembre de 2001, que la administración Bush imputó a un «complot islamista», fueron interpretados en Estados Unidos y Europa como la primera manifestación de un «choque de civilizaciones».

El mundo arabo-musulmán habría entrado así en guerra con el mundo judeocristiano. Dicho enfrentamiento no podría encontrar más solución que la victoria de uno en detrimento del otro: triunfo del Islam con la imposición de un Califato mundial (o sea, de un Imperio islámico) o victoria de los «valores de Norteamérica» compartidos con un Islam modernizado en un mundo globalizado.


Una doctrina apocalíptica

La teoría de un complot islámico y de un choque de civilizaciones propone una explicación holista del mundo y establece un ordenamiento mundial partir de la desaparición de la URSS. No existe ya el enfrentamiento este-oeste entre dos superpotencias con ideologías antagónicas sino una guerra entre dos civilizaciones, o más bien entre la civilización moderna y una forma arcaica de barbarie.

Al plantear que el Islam está en guerra contra los valores de Norteamérica, esta teoría da por sentado que el Islam no se puede modernizar. Esta cultura no podría ser disociada de la sociedad árabe del siglo VIIE cuyas estructuras estaría perpetuando, particularmente el estado de inferioridad de la mujer, y no concebiría su expansión más que mediante la violencia al estilo de las guerras del Profeta.

Esta teoría supone también que «Norteamérica» es portadora de la libertad, la democracia y la prosperidad, que encarna la modernidad y representa el más alto grado del progreso, el fin de la Historia.

El 11 de septiembre de 2001 es entonces la primera batalla de esta guerra de civilizaciones, como Pearl Harbor es -para Estados Unidos- la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial. O sea, esta guerra no se parece a las anteriores.

Durante las dos primeras guerras mundiales, coaliciones militares se enfrentaban en un combate de titanes. Durante la guerra fría, los combates militares se limitan a zonas periféricas o a conflictos de baja intensidad (guerrillas) mientras que el enfrentamiento central opone ideológicamente a dos superpotencias. Durante la Cuarta Guerra Mundial que acaba de comenzar, las batalles militares clásicas desaparecen para dar paso a guerras asimétricas: una potencia única, líder de todos los Estados, combate contra un terrorismo no estatal omnipresente.

No se trata, sin embargo, de una guerra entre el despotismo de Estados y grupos de resistencia sino más bien, al contrario, de una insurrección de las democracias contra la tiranía islamista que oprime al mundo arabo musulmán y trata de imponer el Califato mundial.

Esta lucha entre el Bien y el Mal tiene su punto de cristalización en Jerusalén. Es allí donde, después del Armagedón, debe tener lugar el regreso de Cristo que marcará el triunfo del «destino manifiesto» de Estados Unidos, «única nación libre de la tierra», encargada por la Divina Providencia de llevar «la luz del progreso al resto del mundo». A partir de ahí, el apoyo incondicional a Israel ante el terrorismo islamista es un deber patriótico y religioso para todo ciudadano estadounidense, aun cuando los judíos solamente puedan esperar la salvación a través de la conversión al cristianismo.


Un complejo

Esta exposición de la teoría de la conspiración islamista y del choque de civilizaciones no es en lo absoluto exagerada. Es, en cambio, perfectamente fiel a lo que divulgan los medios de comunicación y los partidos políticos en Estados Unidos. Uno puede, por supuesto, interrogarse a la vez en cuanto a los prejuicios que le sirven de base, su coherencia interna y su naturaleza irracional.

Los conceptos de mundo arabo-musulmán y de mundo judeocristiano son en sí mismos discutibles. Originalmente, el término «judeocristiano» no se refiere al conjunto de judíos y cristianos sino, al contrario, al grupúsculo de los primeros cristianos cuando eran todavía judíos, antes del momento en que la Iglesia se separa de la Sinagoga. Pero, al final de los años 60, o sea después del acercamiento israelo-estadounidense y la Guerra de los Seis Días, este término adquiere un sentido político. Designa entonces al bloque atlantista, calificado como Occidente, ante el bloque soviético, llamado Este.

Se observa aquí un reciclaje de conceptos. Occidente sigue siendo hoy más o menos lo mismo que antes mientras que el adversario no es ya el Este sino el Oriente. Estos conceptos no tienen nada que ver con la geografía o la cultura sino, únicamente, con la propaganda.

Así, Australia y Japón son políticamente occidentales, al igual que dos Estados europeos cuya población es musulmana: Turquía y Bosnia Herzegovina. Allí aparece además un importante problema: en muchos Estados, y principalmente alrededor del Mediterráneo, se hace imposible distinguir actualmente la civilización judeocristiana de la civilización arabo-musulmana.

La guerra de civilizaciones supone, por tanto, que se susciten guerras civiles para separar las poblaciones. Desde este punto de vista, una experiencia exitosa tuvo lugar en Yugoslavia. La lucha por el proyecto de separación y la realización del mismo implica la liquidación del idealismo laico. Se hace entonces inevitable, a largo plazo, que la resistencia estructural más importante dentro del bando «occidental» sea la República Francesa [1].

Por otro lado, el prejuicio según el cual el Islam es incompatible con la modernidad y la democracia supone una gran ignorancia. La expresión «mundo arabo-musulmán» subraya que el Islam es actualmente mucho mas amplio que el mundo árabe aunque la representación que nos hacemos del mismo no puede ser más estrecha. Son pocos los estadounidenses que saben que Indonesia es el primer Estado musulmán del mundo.

¿Puede decirse razonablemente que Abú Dhabi y Dubai son menos modernos que Kansas? ¿Se puede afirmar sinceramente que Bahrein es menos democrático que la Florida? Uno de los mecanismos de este discurso consiste en asociar el Islam a la Arabia del siglo VIII. Pero, ¿se nos ocurre acaso asimilar el cristianismo a la Antigüedad del Oriente Medio?

Correlativamente, esta teoría se basa en la creencia en los «valores de Norteamérica». Y se trata precisamente de una simple creencia porque ¿cómo es posible tener en tan alta estima un país cuya constitución no reconoce la soberanía popular, cuyo gobernante no es elegido sino nombrado, donde la corrupción de los parlamentarios no está prohibida sino reglamentada, donde pueden mantenerse incomunicadas las personas que deben ser sometidas a juicio, que mantiene un campo de concentración en Guantánamo, que practica la pena de muerte y la tortura, donde los propietarios de los grandes periódicos reciben semanalmente sus órdenes de la Casa Blanca, que bombardea poblaciones civiles en Afganistán, que secuestra a un presidente elegido democráticamente en Haití, que financia mercenarios para derrocar regímenes democráticos en Venezuela y Cuba, etc?

En fin, esta teoría está indisolublemente ligada a un pensamiento religioso de carácter apocalíptico. La revolución norteamericana es un movimiento complejo en el que se entremezclaron ideologías diferentes. Pero es, en definitiva, un proyecto religioso lo que sirvió de base a la fundación de Estados Unidos y ese proyecto religioso es lo que la actual administración dice defender.

El juramento de fidelidad, en vigor desde la Guerra Fría y actualmente impugnado ante la Corte Suprema, implica que para ser ciudadano de Estados Unidos hay que creer en Dios. George W. Bush llegó a la Casa Blanca presentando su fe cristiana como programa político y ha profesado creencias fundamentalistas según las cuales la humanidad fue creada hace solamente unos cuantos miles de años y sin evolución de las especies. Instaló, en la Casa Blanca, un Buró de iniciativas fundadas en la fe.

El secretario de Justicia John Ashcroft ha hecho suya la divisa «No tenemos más rey que Jesús». El secretario de Salud cortó programas profilácticos en nombre de sus convicciones religiosas. El secretario de Defensa incluyó en las fuerzas de la Coalición enviadas a Irak misionarios de la Iglesia del pastor Graham cuya misión consiste en convertir iraquíes.

Se podrían citar más ejemplos como esos, que nos llevan a preguntarnos razonablemente si Estados Unidos son en verdad un país moderno, abierto y tolerante o si no son más bien la encarnación del sectarismo y el arcaísmo.


Origen del concepto


Bernard Lewis

La expresión «choque de civilizaciones» apareció por primera vez en 1990 en un artículo del orientalista Bernard Lewis, amablemente intitulado Las raíces de la rabia musulmana [2]. Aparece allí el razonamiento según el cual el Islam no da nada bueno y la amargura que eso provoca en los musulmanes se transforma en furor contra Occidente. Sin embargo, la victoria está asegurada, al igual que la libanización del Medio Oriente y el fortalecimiento de Israel.

Bernard Lewis, quien tiene hoy 88 años, nació en el Reino Unido y se formó como jurista e islamólogo. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en los órganos de inteligencia militar y en el Buró árabe del ministerio británico de Relaciones Exteriores. En los años 60, se convirtió en un experto muy escuchado por el Royal Institute of International Affairs donde se erigió en gran especialista de la injerencia humanitaria británica en el Imperio otomano y uno de los últimos defensores del British Empire.

Bajo los auspicios de la CIA, participó en el Congreso por la libertad de la cultura que le encargó un libro, El Medio Oriente y Occidente [3]. En 1974, emigró a Estados Unidos. Se hizo profesor en Princeton y adoptó la ciudadanía estadounidense. Se convirtió pronto en colaborador de Zbigniew Brzezinski, el consejero de seguridad nacional del presidente Carter. Juntos concibieron la base teórica del concepto de «arco de inestabilidad» y planearon la desestabilización del gobierno comunista en Afganistán.

En Francia, Bernard Lewis fue miembro de la muy atlantista Fondation Saint-Simon, para la cual concibió, en 1993, un folleto intitulado Islam y democracia cuya aparición dio lugar a que fuera entrevistado por diario francés Le Monde. En esa entrevista, se las arregló para negar el genocidio cometido contra los armenios, lo cual le costó una condena judicial [4].

Sin embargo, la noción del choque de civilizaciones evolucionó rápidamente. Pasó de un discurso neocolonial sobre la supremacía del hombre blanco a la descripción de un enfrentamiento mundial cuyo resultado es incierto. Esta nueva acepción se debe al profesor Samuel Huntington quien no es, por cierto, islamólogo sino estratega. Huntington desarrolla esta teoría en dos artículos -¿El choque de civilizaciones? y Occidente es único, no universal- y un libro cuyo título original es Choque de civilizaciones y remodelamiento del orden mundial [5].

No se trata ya solamente de luchar contra los musulmanes sino de priorizar esa lucha antes de pasar a combatir contra el mundo chino. Como en el mito de la fundación de Roma, Estados Unidos tiene que eliminar a sus adversarios uno a uno para alcanzar la victoria final.


Samuel Huntington

Samuel Huntington es uno de los intelectuales más importantes de nuestra época, no porque sus obras sean rigurosas y brillantes sino porque constituyen el basamento ideológico del fascismo contemporáneo.

En su primer libro, El soldado y el Estado, publicado en 1957, trata de demostrar que existe una casta militar ideológicamente unida mientras que los civiles se mantienen políticamente divididos [6]. Desarrolla así una concepción de la sociedad en la que se eliminarían las regulaciones del comercio y el poder político estaría en manos de los patrones de las multinacionales bajo la tutela de una guardia pretoriana.

En 1968, publica El orden político en las sociedades en proceso de cambio, una tesis donde afirma que los regímenes autoritarios son los únicos capaces de modernizar a los países del Tercer Mundo [7]. Secretamente, participa en la constitución de un grupo de reflexión que presenta un informe al candidato a la presidencia, Richard Nixon, sobre la forma de reforzar las acciones secretas de la CIA [8].

En 1969-70, Henry Kissinger, quien aprecia su gusto por las acciones secretas, hace que lo nombren miembro de la Comisión presidencial para el Desarrollo Internacional [9]. Huntington preconiza un juego dialéctico entre el Departamento de Estado y las multinacionales: el primero tendrá que ejercer presión sobre los países en vías de desarrollo para que adopten legislaciones liberales y renuncien a las nacionalizaciones mientras que las multinacionales deben transmitir al Departamento de Estado sus conocimientos sobre los países en los que han logrado establecerse [10].

Se une entonces al Wilson Center y crea la revista Foreign Policy, En 1974, Henry Kissinger lo hace miembro de la Comisión de Relaciones EE.UU.-América Latina. Huntington participa activamente en la entronización de los regímenes de los generales Augusto Pinochet, en Chile, y Jorge Rafael Videla, en Argentina. Allí ensaya por vez primera su modelo social y prueba que una economía sin regulaciones es compatible con una dictadura militar.

Paralelamente, su amigo Zbigniew Brzezinski lo introduce en un círculo privado: la Comisión Trilateral. En ella redacta un informe intitulado La crisis de la democracia [11] en el que se pronuncia por una sociedad más elitista que restringirá el acceso a las universidades y la libertad de prensa.

Cuando Jimmy Carter se deshace de los miembros de las administraciones Nixon y Ford, Brzezinski, transformado en consejero para la Seguridad Nacional, le tiende la mano a su amigo Huntington quien logra así permanecer en la Casa Blanca y se convierte en coordinador de planificación del Consejo de Seguridad Nacional.

Es durante este período que Huntington comienza a colaborar estrechamente con Bernard Lewis y concibe la necesidad de dominar primeramente las zonas petrolíferas del arco de inestabilidad antes de poder atacar la China comunista. Aunque esto no se llama todavía «choque de civilizaciones», ya se parece bastante.

Pero el profesor Samuel Huntington se ve obligado a afrontar un incómodo escándalo. Se revela que la CIA le paga por publicar en revistas universitarias artículos que justifican las acciones secretas como medio de mantener el orden en los países donde algún dictador amigo muere repentinamente. Cuando el episodio cae en el olvido, Frank Carlucci lo nombra miembro de la Comisión Conjunta del Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa para la estrategia integrada a largo plazo [12].

Su informe servirá para justificar el programa de «guerra de las galaxias». El profesor Huntington es hoy administrador de la Casa de la Libertad (Freedom House), asociación anticomunista que preside el ex-director de la CIA, James Woolsey.


Jerusalén y la Meca


Laurent Murawiec

La teoría de la guerra de civilizaciones se cristaliza en las cuestiones religiosas. El control judeocristiano sobre Jerusalén es un talismán necesario para la victoria global. Si Occidente perdiera la ciudad santa, perdería su fuerza para cumplir su destino manifiesto, su misión divina. Recíprocamente, si los musulmanes perdieran el control de la Meca, su religión se desmoronaría. Claro, nada de esto es muy racional, pero esas supersticiones están siempre presentes en la prensa popular estadounidense y forman parte de un discurso político estructurado.

El 10 de julio de 2002, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz convocaron a la reunión trimestral del Comité Consultivo de la Política de Defensa [13]. Solamente asiste una docena de miembros. Se escucha allí la exposición de un experto francés de la Rand Corporation, Laurent Murawic, intitulada Echar de Arabia a los Saud. La conferencia se desarrolla en tres partes con la proyección de 24 diapositivas. Al principio, Murawiec retoma las teorías de Bernard Lewis: el mundo árabe está en crisis desde hace dos siglos. Ha sido incapaz de llevar a cabo tanto su revolución industrial como su revolución numérica.

Este fracaso suscita una frustración que se transforma en rabia antioccidental, sobre todo porque los árabes no saben debatir debido a que en su cultura la única forma de política es la violencia. Desde ese punto de vista, los atentados del 11 de septiembre no son más que la expresión sintomática de su gran descontento.

En la segunda parte, Murawiec describe a la familia real saudita como incapaz de controlar los acontecimientos. Los Saud han desarrollado el wahabismo en el mundo, para luchar tanto contra el comunismo como contra la revolución iraní, pero hoy no controlan ya lo que han creado.

Finalmente, el conferencista propone una estrategia: los Saud tienen a la vez el petróleo (al fin llegamos al fondo del asunto), los petrodólares y la custodia de los lugares sagrados. Son el pilar central y único alrededor del cual se organiza el mundo arabo-musulmán. Deshaciéndose de ellos, Estados Unidos puede hacerse del petróleo que necesita para su economía, del dinero proveniente del petróleo que cometió el error de pagar en el pasado, y sobre todo de los lugares sagrados, y por consiguiente del control de la religión musulmana. Y cuando el Islam se haya desmoronado, Israel podrá anexarse Egipto.

Laurent Murawiec fue consultante del ministro francés de Defensa Jean-Pierre Chevènement e impartió cursos en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales (EHESS, siglas en francés) [14]. Consejero de Lyndon LaRouche durante varios años, lo abandona de pronto y se une a los neoconservadores. Hoy es experto en el Hudson Institute de Richard Perle y colabora en el Middle East Forum de Daniel Pipes.

Esta reunión hizo mucho ruido. El embajador de Arabia Saudita exigió explicaciones y se le pidió al señor Perle, organizador del encuentro, que fuera más discreto durante algún tiempo. A Murawiec se le invitó a dejar la Rand Corporation. En todo caso, la reunión había sido convocada por Rumsfeld y Wolfowitz con todo conocimiento de causa. Solamente se trataba de un ensayo para saber hasta donde puede llegar el Pentágono.



Thierry Meyssan
7 diciembre 2004
http://www.voltairenet.org/article123077.html



NOTAS
 [1] Establecemos aquí una diferencia entre la República Francesa, como idea, y Francia, como Estado-nación.
[2] «The Roots of Muslim Rage» por Bernard Lewis, Atlantic Monthly, septiembre 1990.
[3] The Middle East and the West, por Bernard Lewis, Weidenfelds & Nicholson, 1963 (an Encouter Book).
[4] Ver «Affaire Forum des Associations arméniennes de France & LICRA contre Bernard Lewis» [Caso Forum de Asociaciones armenias de Francia y LICRA contra Bernard Lewis], juicio del 21 de diciembre de 1995, 17e Chambre du TGI de Paris.
[5] «The Clash of Civilizations?» y «The West Unique, Not Universal», Foreign Affairs, 19993 y 1996; The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, 1996.
[6] The Soldier and the State por Samuel Huntington, Harvard University Press, 1957.
[7] Political Order in Changing Societies par Samuel Huntington, Yale University Press, 1968.
[8] Estaban en ese grupo Francis M. Baton, Richard M. Bissell jr., Roger D. Fisher, Samuel Huntington, Lyman Kirkpatrick, Henry Loomis, Max Milliken, Lucien W. Pye, Edwin O. Reischauer, Adam Yarmolinsky y Franklin Lindsay.
[9] Presidential Task Force on International Development, presidida por Rudolph Peterson.
[10] The United States in Changing Wold Economiy, US Government Printing Office, 1971.
[11] The Crisis of Democracy por Crozier, Huntington y Watanuky, New York Press University, 1975.
[12] Commission on Integrate Long-Term Strategy. Incluye a Charles M. Herzfeld, Fred C. Iklé, Albert J. Wohlstetter, Anne Armstrong, Zbigniew Brzezinski, William P. Clark, W. Graham Claytor, Jr, al general Andrew J. Goodpaster, al almirante James L. Holloway. III, Samuel P. Huntington, Henry A. Kissinger, Joshua Lederberg, y los generales Bernard A. Schriever y John W. Vessey.
[13] Presidido por Richard Perle, el Defense Policy Board Advisory Committee comprende a Adelman, Richard V. Allen, Martin Anderson, Gary S. Becker, Barry M. Blechman, Harold Brown, Eliot Cohen, Devon Cross, Ronald Fogleman, Thomas S. Foley, Tillie K. Fowler, Newt Gingrich, Gerald Hillman, Charles A. Horner, Fred C. Ikle, David Jeremiah, Henry Kissinger, William Owens, J. Danforth Quayle, Henry S. Rowen, James R. Schlesinger, Jack Sheehan, Kiron Skinner, Walter B. Slocombe, Hal Sonnenfeldt, Terry Teague, Ruth Wedgwood, Chris Williams, Pete Wilson y R. James Woolsey, Jr.
[14] Creada después de la Liberación de Francia por inspiración de la CIA, l’EHESS debía servir de contrapartida al CNRS influenciado por los comunistas. Todavía hoy, esta Escuela es generosamente financiada por la Fondation franco-américain (Fundación franco-estadounidense).


24 junio 2015

La OTAN y el «choque de civilizaciones»




Introducción del redactor del blog


A continuación de la introducción, como siempre, desde las entrañas de los viejos archivos desenterramos otro documento excepcional. Alguien podría refutar, luego de leer este artículo, que tras 10 años de haber sido escrito, no es una realidad latente en el día de hoy?

En una entrega pasada habíamos afirmado que al desaparecer la URSS la “guerra fría” fue reemplazada por el “choque de civilizaciones”, como hemos repetido reiteradas veces,  esto no es más que el pretexto para dar coartada a nuevas tácticas del imperialismo estadounidense, basadas en los deseos de las trasnacionales globalizadoras en lucha por la conquista mundial de los mercados.

Consecuentemente, los Estados Unidos de América necesitaban inventar un nuevo y poderoso enemigo para seguir sosteniendo su inmenso aparato militar en todo el mundo, el complejo militar industrial es hoy la principal economía de producción de esa nación con ingentes  ingresos  provenientes del negocio  de las armas.

Las intervenciones militares para llevar el orden y la democracia a los países sometidos por el “terrorismo” (Afganistán, Irak y las que están en marcha como Siria, Líbano, Yemen y las que vendrán) son una bendición para las todopoderosas corporaciones de armamento, para el sector petrolero  y el de las nuevas tecnologías, sin olvidarnos de la megabanca  internacional, con Wall Street, a la cabeza.

Qué beneficios producen las guerras intervencionistas humanitarias? Acaparar multimillonarios beneficios financieros a través de la ocupación militar, por medio de la política de “reconstrucción” de los países “liberados” (destruidos por sus “benefactores” con sus bombarderos). Dotando “seguridad” a esas naciones desprotegidas, fruto de su invasión, proveyéndoles de nuevos armamentos y desarrollando nuevos ejércitos a cambio de sus riquezas naturales; finalmente, la monopolización de infinitas fuentes en los mercados de negocios, préstamos de capital líquido que con toda probabilidad será imposible cancelar, hipotecando el futuro de la nación “liberada”.

En un momento en que las guerras “escaseaban” había que motivar a los “chicos malos”. Los acontecimientos para movilizar la maquinaria bélica norteamericana, aunque ya existía antes, fue aprovechada con vehemencia luego del 11 de septiembre de 2001: La guerra “contra el terror”, el “terrorismo internacional”, “terror islámico”, en otras palabras “choque de civilizaciones” o, para mejor entendimiento, guerra contra los pueblos musulmanes.

Existe una compleja operación, conspiración para usar un término más adecuado, para manipular la conciencia colectiva mundial mediante el bombardeo de información hábilmente elaborada, la lucha antiterrorista ha constituido desde inicios de este siglo en la frase clave de la desinformación mediática, su finalidad es justificar las guerras de agresión patrocinadas por los Estados Unidos y la OTAN.

Como las buenas películas de Hollywood, es necesario crear y diferenciar entre buenos y malos, ya que sin villanos no puede haber héroes. El Pentágono y los servicios secretos nos ahogan en un mar de lectura con un guión planificado para el entretenimiento. Durante la primera década del siglo XXI Bin Laden constituyó el mítico ‘enemy Number One of the American people’, por su “atrevimiento” de volar las Torres Gemelas. (Ver mi artículo: MUNDO BÉLICO, los héroes del cine americano)

Durante este tiempo, hasta la supuesta muerte de Bin Laden (hablamos de la versión oficial estadounidense) hemos sido objeto de una manipulación mediática grotesca que ya ha justificado la destrucción de varios países y la aniquilación de millones de seres humanos en Medio Oriente. El legendario Bin Laden y la "guerra contra el terror” son parte de la  estrategia expansionista.

Uno de los objetivos de la élite, que denuncia el Dr. Coleman (Sobre conspiraciones y algo más...El Comité de los 300), es crear un aparato terrorista de alcance internacional, con quien secretamente se puede negociar, manipular y utilizar a su conveniencia. Es innegable, a estas alturas, que el fenómeno mediático del mítico villano Osama bin Laden cumplió al cien por cien las aspiraciones de los productores, directores y actores de la Casa Blanca. Como las cosas no se pueden mantener por siempre en secreto llegará el momento en que haya que despedir al actor que hace el papel de malo de la película.

Osama se fue, hoy se ha puesto en escena algo más melodramático, que vende muy bien, un protagonista que perturba la psiquis del sensible y asiduo espectador, la película de terror se titula “Estado Islámico”, siendo la continuación de la saga de la “Red al Qaeda”, que pasada ya una década del 11-S se había convertido en un film que ya no tenía mucha audiencia. El espectáculo del terror islámico escenificado por decenas de miles de actores y extras (yihadistas) dispuestos a pasar a la inmortalidad por sus hazañas, son merecedores del Oscar por la mejor escena de muerte y de maldad representada en vivo y en directo.

Por favor, si este espectáculo no conmociona al mundo… en dónde vivimos? Hay que organizar una nueva cruzada contra el terror, sin duda es el mal menor dirá la engañada opinión publica estadounidense, en aras de la nueva ‘doctrina de seguridad nacional’, tras el 11-S, debemos apoyar a nuestros líderes y bendecir a las tropas que marchan al sacrificio por seguir manteniendo nuestra libertad, alborotan los medios de desinformación.

En resumen:

La “guerra contra el terror” justifica la doctrina de seguridad nacional norteamericana lanzada luego del 11-S, en razón de que los malvados terroristas desean destruir la civilización. Por consiguiente está justificado y es legítimo el objetivo de destruir a los países que integran el "eje del mal" que alimentan a las organizaciones terroristas en el mundo.

Los estadounidenses se encuentran sometidos, sin ser concientes de ello, a una manipulación astuta, a través de los medios masivos de desinformación, la nueva doctrina de seguridad nacional va paralela a la doctrina del miedo que se impregna en la mente de cada ciudadano americano, en lo que muchos llaman ingeniería social o lavado cerebral, impregnando temor, por ende, cambiando la conducta de la gente para ver a los pueblos musulmanes como sus enemigos.

Fue Bin Laden con al Qaeda, luego el Emirato Islámico en su guerra de conquista territorial, quienes coadyuvan al éxito de los planes del gobierno de los Estados Unidos, que actúa en contubernio con la banca y empresas multinacionales con esa astuta maniobra para conquistar los mercados y recursos naturales del Medio Oriente y África; sirve, además, para reforzar su aparato militar en dichas regiones y otras como el Lejano Oriente. Esa política no será olvidada aplicar en Latinoamérica, ante la pérdida de influencia en sus “colonias”, a las que tenía en “abandono” por sus aventuras en otros lejanos parajes del mundo.

Un más siniestro objetivo de estos planes constituye el control total del ámbito político-social en su propia nación y en sus zonas de influencia Latinoamérica y Europa (por intermedio de la OTAN). Las legislaciones de los países europeos, por ejemplo, luego de los atentados contra el semanario satírico francés 'Charlie Hebdo', van transformándose en una legislación de carácter represivo, como dicen algunos expertos, se está criminalizando los problemas sociales internos de las naciones relacionándolos con acciones subversivas. No lo dudemos: Dentro de poco será “actividad terrorista” todo acto legítimo de protesta por nuestras reivindicaciones sociales. 

La nueva guerra fría contra Rusia estancará el desarrollo industrial, que ya empieza a notarse (desempleo – recesión), para privilegiar la industria militar. La actual tecnología de punta y el sector financiero internacional se moviliza en respaldo de la producción de la muerte, lo cual desatará, posiblemente, nuevas reglas en la OTAN; y, se prevé nuevas medidas para el caso de contingencias “antiterroristas” como la “increíble” y “repentina” aparición de un ejército de yihadistas dispuestos a “conquistar” el mundo.


Tito Andino



*****

La OTAN y el «choque de civilizaciones»


La OTAN ha cambiado mucho. Durante los años 1990 se convirtió en alianza militar ofensiva en la ex Yugoslavia, arrogándose el derecho de condenar o atacar a los Estados en lugar de la ONU. Después de los atentados del 11 de septiembre fue más allá de su zona de acción tradicional para agredir Afganistán y hoy los dirigentes atlantistas reclaman la extensión de su territorio y de sus atribuciones en nombre de la lucha contra el «yihadismo», afirmando que se trata de una «amenaza» tan peligrosa como la URSS.



Como ya hemos explicado en estas columnas, el «Choque de Civilizaciones» no es una simple teoría sobre la evolución de las relaciones internacionales. Se trata de un programa concebido en el seno del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos y los think tanks ligados al complejo militar e industrial con el fin de inventar un adversario estratégico ficticio que permita justificar el aumento de los créditos militares y el intervencionismo militar en las regiones donde se concentran los últimos recursos energéticos fósiles que pueden ser explotados.

Sobre esa base, se inventó el mito, ampliamente propagado por los medios de difusión, de la existencia de un gran complot islamista mundial en guerra con «Occidente». Los atentados del 11 de septiembre de 2001 significarían entonces una declaración de guerra equivalente al inicio de la Guerra Fría, Al-Qaeda representaría una amenaza comparable a la de la URSS (y hasta más peligrosa) y para poder enfrentar esta situación habría que transformar radicalmente el orden mundial establecido al término de la Segunda Guerra Mundial. Estos postulados se integran al discurso dominante sobre la globalización económica para conformar una vulgata ideológica que justifica al mismo tiempo la revisión del derecho internacional, la restricción de las libertades ciudadanas y la adopción del modelo económico anglosajón bajo el presupuesto de que el siglo XXI ofrece a la vez «nuevas oportunidades» y «nuevos peligros». En pocas palabras, el mundo tiene que «adaptarse a los nuevos retos del siglo XXI», slogan que los lectores de Tribunas y Análisis encuentran constantemente en nuestros resúmenes.

La base del aspecto geopolítico de ese discurso común es la hipertrofia mediática del «peligro islamista», comparable a los totalitarismos nazi y estalinista. Aunque no siempre asumida, esa comparación sirve como postulado inicial implícito en numerosos análisis o justificaciones políticas. Pocos responsables de la toma de decisiones políticas o analistas geoestratégicos de los medios dominantes la ponen hoy en duda.


Sin embargo, el ex consejero de Jimmy Carter para la Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, denuncia como improductivo el énfasis que se pone en Al-Qaeda y en el terrorismo islámico. Brzezinski afirma en el Washington Post que la insistencia de la administración Bush en la denuncia del «yihadismo» hace ver a Estados Unidos como un país de cobardes y rompe el impulso movilizativo y unificador de Washington a nivel mundial. Por otro lado, esa retórica perjudica la política estadounidense en contra de Rusia y favorece, según Brzezinski, la de Vladimir Putin. En la tribuna de quien fuera el creador de la política del cansancio de la URSS en Afganistán se nota que, más que la fraseología bushiana, lo que pone en tela de juicio son las prioridades estratégicas.

Para Brzezinski, como para una parte de los demócratas, la oposición al resurgimiento ruso constituye una prioridad por lo menos tan importante como el control del Medio Oriente. Siendo así, toda política que pueda dar lugar a un acercamiento entre Rusia y los países musulmanes debe ser combatida.

A pesar de ello, la opinión de Brzezinski tiene hoy un carácter excepcional en el campo mediático occidental.

También en el Washington Post, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, promueve los principios de su política exterior, mucho más acorde con la ideología dominante. En su tribuna, que contiene numerosas alusiones, Condoleezza Rice expone su doctrina, en la que entremezcla el principio de la Pax Democratica, tan importante para Madeleine Albright, el peligro islamista y el choque de civilizaciones.

Afirma que el mundo ha sufrido cambios radicales y que las amenazas que se ciernen sobre todos los Estados del mundo no son ya de orden estatal. El peligro viene de redes terroristas que proliferan en los Estados débiles o en vías de descomposición. Ello implica que conviene reducir en adelante la importancia de la soberanía de los Estados en el sistema internacional ya que se hace necesario actuar en lugar de los Estados impotentes, sobre todo teniendo en cuanta que –según Rice– la principal amenaza no es ya la guerra entre Estados. La secretaria de Estado afirma además que lo importante no es ya la correlación de fuerza entre los Estados sino los regímenes adoptados. Esa fórmula sibilina significa que el nuevo orden internacional que desea la administración Bush no debe preocuparse por establecer igualdad entre los Estados ni por la hegemonía estadounidense sino garantizar la difusión de un tipo de régimen.

Condoleezza Rice no habla de la «comunidad de democracias» que promovía Madeleine Albright pero uno no puede menos que pensar en ella al leer su texto. Tampoco afirma que el «yihadismo» sea una amenaza comparable al bloque soviético, pero lo sugiere cuando compara su propia acción a la de Dean Acheson, el secretario de Estado en funciones al principio de la Guerra Fría. Finalmente, teniendo en cuenta que Rice acaba de regresar de un viaje por Europa y que Acheson fue el fundador de la OTAN, uno no puede menos que sentirse inclinado a interpretar el texto de la Secretaria de Estado sobre el necesario «cambio de doctrina» como un llamado a una reforma de la Alianza Atlántica y de las herramientas creadas para la Guerra Fría.

Condoleezza Rice no habla de la OTAN en su texto, pero su gira por Europa situó de nuevo a ese pacto militar en el centro de las preocupaciones atlantistas en los medios de difusión. La mayoría de los textos publicados sobre el tema arrojan que la Alianza Atlántica debe «adaptarse a los nuevos retos del siglo XXI», para retomar la fórmula consagrada. Tiene que convertirse en una máquina al servicio de los intereses estadounidenses frente a los nuevos enemigos designados con el pretexto de promover la democracia.


                                Soldados de la OTAN en una ceremonia


La OTAN ya ha cambiado mucho. Durante los años 1990 se convirtió en una alianza militar ofensiva en la ex Yugoslavia arrogándose el derecho de condenar o de atacar Estados en lugar de la ONU. Durante la cumbre del cincuentenario analizó la posibilidad de ir más allá de su zona de acción tradicional y de extender sus misiones, incluyendo la realización de acciones policíacas. Así lo hizo cuando atacó Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre, y hoy los dirigentes atlantistas reclaman que se extiendan su territorio y prerrogativas.

Como muestra de esa transformación, el servicio de prensa de la OTAN difunde el discurso que el secretario general de la Alianza Atlántica, Jaap de Hoop Scheffer, pronunció el 1ro de diciembre de 2005, en Doha, durante la conferencia sobre el papel de la OTAN en el Golfo Arábigo-Pérsico, organizada conjuntamente por la OTAN y la Rand Corporation. Se trataba de la primera visita oficial de un secretario general de la OTAN en funciones a la región. El autor presenta las evoluciones de la alianza y llama a una asociación con los Estados del Golfo. Elogia la colaboración entre esos países y la Alianza Atlántica en el seno de la Iniciativa de Estambul y la justifica en nombre de las evoluciones geopolíticas y las transformaciones de los regímenes locales. De ese modo, presenta a la OTAN como una organización que apoya las reformas democráticas regionales y que extiende su protección (generosa) a las naciones en vías de democratización ante la nueva amenaza global que representa –según él– el terrorismo internacional.

Pero hoy, para los círculos atlantistas, la estructura actual de la OTAN no se adapta ya a los nuevos objetivos que se le quieren asignar. Los responsables se movilizan, por lo tanto, a favor de una transformación de sus estatutos y de su organización militar.

En Le Monde, Victoria Nuland, embajadora estadounidense ante la OTAN y esposa del teórico neoconservador Robert Kagan, llama a reformar la alianza aunque mantiene la más completa oscuridad en cuanto a las modificaciones concretas que desearía aportar a sus estructuras. Su tribuna es ante todo la repetición constante de la argumentación clásica sobre la naturaleza global de los «peligros del siglo XXI». Sin embargo, aunque su texto no contiene ninguna proposición concreta, ilustra el proyecto estadounidense sobre la OTAN. Al pedir que la Alianza Atlántica se convierta en centro de reunión de las democracias y que actúe en el campo militar, en el humanitario y hasta en el sector económico (para garantizar la prosperidad de sus miembros), la señora Nuland reemplaza a la ONU por la OTAN. Aunque no lo dice, la embajadora prepara a los lectores de Le Monde para el reemplazo de la organización internacional por una comunidad de democracias atlantistas basada en la OTAN.

En el diario conservador español ABC, el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, presenta un análisis análogo, basado en un informe [La OTAN, una alianza por la libertad] (Ver también el escrito del especialista militar Viktor Litovkin). Aznar también afirma que la OTAN debe cambiar y adaptarse a las «nuevas amenazas» y que tiene que enfrentar el «peligro yihadista». Para eso es necesario que la OTAN se convierta en la alianza militar de las «democracias», incluyendo a Japón, Israel y Australia. Yendo más lejos, el autor pide también que la alianza desarrolle su importancia en el campo de la seguridad interna de sus miembros y que rompa con el principio de unanimidad en la toma de decisiones. En esas condiciones, la OTAN podría influir en las legislaciones nacionales en materia de seguridad sin tener que someterse al principio de unanimidad. La incorporación de países atlantistas como Australia, Japón e Israel reforzaría además el peso de Estados Unidos en el seno de una organización sometida al principio de la mayoría.

Recordemos que la vocación de la OTAN no es precisamente la de una alianza de democracias, como pretende Aznar. El Portugal de Salazar estuvo entre sus fundadores, la Grecia del régimen de los coroneles encontró su lugar en ella y, mediante de la red stay behind, la alianza participó en diferentes intentos desestabilizadores contra Estados miembros o en golpes de Estado. Aunque es cierto que España no entró formalmente a la alianza hasta 1981, luego de la democratización española, también es cierto que la OTAN no hizo absolutamente nada para apoyar la democratización de ese país y que se esforzó al máximo por impedir que los comunistas españoles desempeñaran un papel importante en el proceso democrático.

Al reforzar el peso de la OTAN en los asuntos internos de los países europeos en nombre de la lucha contra la «amenaza islamista» estaríamos asistiendo a un recrudecimiento de las capacidades de injerencia política de Estados Unidos, injerencia que no tiene nada de «democrática».

Sin embargo, no es seguro que Estados Unidos disponga de los medios necesarios para reformar la OTAN y convertirla en lo que quiere Washington.

El editorialista conservador del Washington Post, Jim Hoagland, estima que los países de la «vieja Europa» podrían bloquear el tan deseado proceso de «reforma». Recomienda prudencia a la administración Bush, aunque también le aconseja aprovechar el momento actual: los dirigentes franceses tienen problemas internos que debilitan su nociva influencia en el seno de la alianza atlántica y Gerhard Schroder fue substituido por una canciller mucho más abierta. O sea, si Estados Unidos actúa con habilidad y se apoya en el Reino Unido, Italia y los países del antiguo bloque soviético, la administración Bush podría lograr transformar la alianza conforme a sus deseos.

Por su parte, en medio de este optimismo atlantista y sueños de reforma, el analista atlantista y consejero de Angela Merkel, Detlef Drewes, se inquieta por el futuro de la Alianza Atlántica desde las páginas del Braunschweiger Zeitung. La duplicidad del discurso estadounidense sobre los valores democráticos se ha hecho evidente para todos y Washington no parece estar dispuesto, o capacitado, a hacer nada para remediarlo. En esas condiciones, se hace difícil, en términos de imagen, que los gobiernos europeos puedan asociarse a Estados Unidos y realizar acciones conjuntas.



Red Voltaire
19 diciembre 2005
http://www.voltairenet.org/article132639.html

20 junio 2015

Sobre conspiraciones y algo más… EL COMITÉ DE LOS 300






Una introducción del editor del blog:


En las últimas entregas hemos estado posteando diferentes artículos sobre el “choque de civilizaciones” y un tema que suele ser delicado: Conspiración. Todo el mundo se ha preguntado alguna vez, a su manera, sobre el siguiente cuestionamiento: Existe realmente una conspiración mundial de un selecto grupo de personas y organizaciones globales para controlar el destino de la humanidad? La respuesta es SI.

Los continuos y elementales movimientos estratégicos, camuflados muy sobriamente como relaciones, acuerdos, ayudas internacionales, a través de diferentes y sutiles técnicas, pretenden imponer la “globalización” (al estilo capitalista – imperialista). Esa imposición, en muchos casos coercitiva, de por si constituye una gran conspiración cuyo objetivo final es implantar un gobierno mundial único (el Nuevo Orden Mundial como afirman unos, el mundo unipolar como aseguran otros) con la consecuente pérdida de la identidad nacional y de la soberanía territorial de los estados.

El presente reportaje es un extracto del libro “Conspirators Hierarchy: The Story of the Committee of 300”, 1991, escrito por el Dr. John Coleman, un libro sobre conspiraciones o lo que el poder intocable suele denominar “conspiranoia” o “teorías de la conspiración”. Coleman no tiene desperdicio, es alguien que el propio olfato instintivo induce continuar la lectura. Imprescindible, esta obra se escribió mucho tiempo antes que la Unión Europea vea luz como entidad política, de allí que encontremos temas que podrían parecer caducos, como el Club de Roma. Las primeras aportaciones del Dr. Coleman ya aparecieron en el año 1969.

Naturalmente mucha gente lo ha leído, por lo que no será una novedad. Sin embargo, es posible (dado el tiempo transcurrido) que una nueva generación de personas ya adultas no haya escuchado o leído sobre este libro. Otros se habrán extrañado al escuchar “el Comité de los 300” también conocido como el “Club de los 300”.

Hoy, me atrevo postear al Dr. Coleman por su trascendental aporte a la verdad, lejos de todas las críticas y ataques que ha recibido a lo largo de los años por parte de la prensa comercial y de los gobiernos de turno de Occidente.  

Si en algo soy “maniático” es en la búsqueda del rigor de las fuentes de consulta investigativa, comprobado o, al menos, contrarrestado por otras fuentes. Suelo, de plano, rechazar las lecturas de los teóricos conspiranoicos, que los hay a montones, millares de chiflados inundan el ciberespacio llenos de suposiciones  sin el menor sustento. Muchos han equivocado el género, deberían escribir ciencia ficción, pienso les iría muy bien.

Coleman es una información fiable a diferencia de miles de páginas web que resaltan lo inexplicable para defender sus raras teorías. Decía un investigador muy conocido, de quien me honra su deferencia, 


“La palabra clave es la RESPONSABILIDAD. Yo no puedo permitirme el lujo de rajar por los codos, comentando en voz alta la primera conspiración que se me ocurre. Perdería la credibilidad en el acto. ¿Cuantas personas seguirán leyendo la página si empiezo hablar de los ovnis, extraterrestres, fantasmas con una sonrisa amable, etc., etc. Simplemente se trata de credibilidad. Mucha gente en sus correos, con mucha insistencia me están preguntando por los planes secretos de los Iluminati, ofreciendo consejos y ayuda para encontrarles. Como ya he dicho en muchas ocasiones, no se nada de los Iluminati, nunca les he visto, ninguno de ellos jamás me ha saludado, ni me ha dado su tarjeta de visita, ni se presentó en mi casa con amenazas, ni me invitó a cenar a  la suya. Lo que es aún más importante, yo, en mis 15 años de investigación, de haber recorrido medio mundo, desde la Biblioteca de Florencia, pasando por el Museo Británico y los Archivos Nacionales en los EEUU, nunca, pero nunca he visto ninguna referencia, ni siquiera oculta a los Iluminati. Con permiso – libros de Dan Brown no cuentan. Una amiga mía del Banco Mundial (rica, limpia y no Iluminati, supongo porque ningún portero del barrio le había visto en una ceremonia clandestina) me dijo una vez que las personas con el verdadero poder no tienen que hacer absolutamente nada para parar a estos conspiranoicos porque se desacreditan solos. Los que estamos luchando contra la Empresa Mundial, S.A., no podemos permitirnos el lujo de equivocarnos. NUNCA, ni comentar en los chats las incongruencias. Se nos comerán vivos. Por eso, mi objetivo no solamente es de informar, sino de educar, de pensar” (1)

El Dr. Coleman suele ser señalado como uno de los pioneros de las ‘Teorías de la Conspiración’; en contraparte, yo afirmo que es uno de los primeros exponentes que desenmascara una trama urgida por los poderes fácticos para implantar el control mundial sobre la humanidad a través de diferentes organizaciones de influencia internacional como la ineficiente Organización de las Naciones Unidas.

Nadie ha podido refutar que la obra de Coleman trasciende fronteras e idiomas, convirtiéndose en la “Biblia“ de consulta de muchos escritores de éxito en la actualidad. Libros referentes al Instituto Tavistock, al Club Bilderberg y otros que destacan la supremacía mundial de un grupo de hombres y empresas multinacionales sobre el resto de la humanidad no son otra cosa que una recopilación y ampliación de los temas planteados por el Dr. Coleman hace muchísimos años atrás y que posteriores investigadores continúan en el presente.

Cuál es el “éxito” de este riguroso investigador? Pues eso, haber sido un pionero en la investigación de los ocultos planes que las élites del poder tienen reservado para los simples ciudadanos del planeta. Sin duda Coleman ha errado minimamente en sus apreciaciones, pero  más que un mal cálculo u observación, se debe a un determinado plan de la élite que se ha vuelto irrealizable, por tanto, desestimado definitivamente. En base al transcurso del tiempo, ronda entre el 90 y 95% los hechos confirmados que sustentan las tesis de Coleman.

No afrontamos un plan temporal, nos enfrentamos a un programa metódico e imperturbable que trasciende gobiernos y generaciones. Es el plan de dominación mundial perpetuo dictado y rediseñado, acorde a las circunstancias y a los tiempos, por obra y gracia de las élites del poder absoluto.

La obra en mención destaca hechos que, con el paso de los años, se han  materializado como “profecías”, lento, pero a paso firme, la casi totalidad de los análisis y conclusiones del Dr. Coleman van cumpliéndose. La agenda de esos grupos de poder debería ser evaluada en el 2050, según este destacado investigador.

Es incuestionable que los grupos de poder vayan alternándose o mutando con el tiempo. O, en definitiva,  se trata de diferentes etiquetas para el mismo producto. Para unos el real poder mundial es el Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral, el Club de Roma, el Club Bilderberg, la OTAN, la Francmasonería, la Nobleza Negra de Venecia, el Sinarquismo de los Imperios, el Club de las Islas (manejado por el Imperio Británico).  Otros apuestan por teorías algo más excéntricas como Los Iluminati, los Skull and Bones, la Round Table (Mesa Redonda de Cecil Rhodes), los Jesuitas, el Vaticano, Los Caballeros de Malta, los banqueros judíos, los Sabios de Sión y un larguísimo etcétera.

De allí que tratar el tema sobre un verdadero poder en las sombras que pretende controlar el mundo, ya no con las guerras imperialistas de otrora, sino con la actual conquista, subordinación, imposición y chantaje de los mercados económicos, inevitablemente, nos llevará a las críticas del poder establecido. Hoy rueda en el prolífero “mercado” de internet más fraudulentas e inventadas teorías conspirativas que planes concretos del poder mundial.

Esto último, no siempre se debe a fanáticos “conspiranoicos”, también se trata de técnicas muy sutiles de desinformación masiva que se venden muy bien y goza del aprecio de millones y millones de clientes en el mundo dispuestos a creerse en tanta majadería que les presentan a sus lectores

Son técnicas de manipulación, al estilo Tavistock, como refiere Coleman y posteriores investigadores, se han impuesto a la sociedad porque así demanda los tiempos de la tecnología y los medios masivos de difusión de propaganda tienen esa tarea. La manipulación existe desde que el ser humano razona, una de las primeras técnicas de manipulación, creo entender es la religión institucionalizada. Hoy, todo esto es controlado por el Poder. Cómo controlo a la masa? con el miedo, con la degradación de la educación, incluso con la difusión de simbología y con muchos métodos que podrán leer y, claro, actualizando los informes del Dr. Coleman.

El Dr. Coleman afirma haber pertenecido a los servicios de inteligencia, de donde provendría su conocimiento y acceso a documentación Top Secret. Destacó también como Politólogo. Sus indagaciones serían la causa para haber renunciado a sus actividades y denunciar públicamente las políticas asesinas de los gobiernos británico y norteamericano. Ha escrito muchos libros, entre los que destaca “Conspirators Hierarchy: The Story of the Committee of 300” (El Club de los 300 en su versión castellana). Es uno de los primeros que alertó sobre el Instituto Tavistock, que sería un centro donde se programa el lavado cerebral de los habitantes del planeta a través de diferentes métodos de manipulación de la conciencia colectiva.

Finalmente para aquellos que puedan acceder al libro en versión castellana (y para los que hemos tenido el gusto de leerlo), les asombrará todo el argumento. 


Mucha gente que ha leído sobre estos temas, si no lo sabían, razonarán igual que yo, cientos de libros, decenas de miles de artículos de prensa e internet, a sabiendas o no, tiene como origen el trabajo del Dr. Coleman.

Su libro está dividido en los siguientes capítulos:

Índice
Hacia Adelante
Una visión general y algunos Casos Históricos
Instituciones mediante las cuales se ejerce el control
Instituciones: Pasado y Presente / Organizaciones directamente bajo influencia del Comité de los 300
Cimentaciones Especiales y Grupos de Interés
Bancos
Asociaciones Legales y Abogados / Contadores Auditores
Instituciones Tavistock en los Estados Unidos
Miembros anteriores y actuales del Comité de los 300
Bibliografía, resúmenes y notas



Buena lectura.
T. Andino



*****

El Comité de los 300

Dr. John Coleman (2)

  


El Comité de los 300, con una historia de 150 años, tiene sus orígenes en el Consejo de la "British East India Company", que amasó fortunas con el tráfico de opio de China y la India, convirtíendose, en su tiempo, en la compañía más grande de la Tierra.
Hoy en día, a través de muchas alianzas poderosas, el Comité de los 300, es la fuerza impulsora para crear un "gobierno global totalitario".
La OTAN, la ONU, la "Nobleza Negra", el Instituto Tavistock, el Club de Roma, la Banca Mundial, las multinacionales, y las sociedades secretas, son algunos de sus tentáculos corporativos.

             
      Una visión general y algunos casos históricos 



Un número sin duda considerable de personas tenemos conocimiento de que los gobernantes del mundo en que vivimos no son en realidad los que manejan los hilos de la política y la economía, tanto a escala nacional como internacional. Esto ha llevado a muchos a buscar la verdad en publicaciones de contracorriente, boletines dirigidos por quienes, como yo, se han esforzado – no siempre con éxito – por descubrir la causa de la incurable dolencia que aqueja a los Estados Unidos. Nuestra investigación no se ha visto coronada por el éxito en todas las ocasiones. Pero sí hemos averiguado que la humanidad anda en tinieblas, y en su mayor parte le tiene sin cuidado la suerte que aguarda a su país, o bien no se molesta en indagarlo. El sector más amplio de la población ha sido manipulado para reaccionar de dicha manera, y esa actitud resulta ventajosa para el gobierno secreto.

Con frecuencia oímos decir: "Están haciendo esto", "están haciendo aquello". Quienes hacen esas cosas son capaces de cometer las mayores barbaridades impunemente. Aumentan los impuestos o envían a nuestros hijos a morir en guerras que no reportan beneficio alguno a nuestra patria. Son personajes invisibles que escapan a nuestro alcance, nebulosos hasta la desesperación cuando queremos demandarlos. Nadie puede identificar claramente de quiénes se tratan. Este estado de cosas se ha mantenido así durante décadas. A lo largo de las páginas de este libro identificaremos a esos personajes misteriosos. A partir de ahí, corresponderá al público corregir la situación en que se encuentra.

El Comité de los 300 está integrado por una clase dirigente intocable a la que pertenece la reina de Inglaterra, la de los Países Bajos, la de Dinamarca y las diversas familias reales europeas. A la muerte de la reina Victoria, dichos aristócratas llegaron a la conclusión de que la única manera de hacerse los amos del mundo era asociarse con poderosísimos magnates de la industria internacional, que no pertenecían a su linaje. De esta forma, ganaron acceso al máximo poder aquellos a quienes la reina de Inglaterra gusta llamar plebeyos.

A fin de hacerse una idea del enorme alcance de la conspiración a la que nos referimos vendría bien enumerar en este momento algunos de los objetivos trazados por el Comité de los 300 con vistas a su conquista y dominio del mundo. Es preciso entender claramente las razones por las que la energía nuclear es tan detestada en la mayoría de los países, y por qué al falso movimiento ambientalista – creado y costeado por el Club de Roma – se le pidió que declarara la guerra a dicha fuente energética. Generando fuerza eléctrica barata y abundante a partir de reactores nucleares, los países en vías de desarrollo se volverían poco a poco independientes de la ayuda externa norteamericana y podrían consolidar su soberanía. La electricidad producida a partir de la energía atómica es la clave para que los países atrasados salgan del subdesarrollo en el que el Comité de los 300 les ha ordenado permanecer.

A menor ayuda externa, menor sería el control de los recursos naturales de los diversos países por parte del FMI. La idea de que las naciones en vías de desarrollo rigieran su propio destino era anatema para el club de Roma y su Comité de los 300 que dirige el mundo. Hemos visto la oposición a la energía nuclear utilizada con éxito para bloquear el progreso, de conformidad con los planes del Club para el crecimiento cero en al era post-industrial.

Instituciones mediante las cuales se ejerce el control

El Club de Roma




¿Cómo pueden los conjurados tener al mundo en sujeción, y más concretamente a los Estados Unidos y Gran Bretaña? Uno de los interrogantes que surgen con más frecuencia es: ¿cómo puede una sola entidad estar al tanto de lo que sucede en todo momento, y de qué manera ejerce su dominio? En este libro procuraremos responder a esa y otras preguntas. La única forma de afrontar la realidad del éxito de la conspiración es nombrar y comentar algunas de las sociedades secretas, organizaciones de fachada, organismos gubernamentales, bancos, compañías de seguros, empresas multinacionales, la industria petrolera y los cientos de miles de entidades y fundaciones cuyas figuras más destacadas componen el Comité de los 300, máxima institución que lleva las riendas del mundo desde hace al menos un siglo.

Como ya se han publicado bastantes libros sobre el Consejo de Relaciones Exteriores y la Trilateral, pasaremos a hablar directamente del Club de Roma y de la fundación alemana Marshall.

Para algunos fue una sorpresa descubrir que el Club de Roma y la entidad que lo financia, la cual ostenta el titulo de Fundación Alemana Marshall, eran dos asociaciones de confabulados que realizan sus actividades bajo el auspicio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y, que en su mayor parte, los ejecutivos que integran el Club de Roma proceden de la OTAN. Fue el Club de Roma el que formuló los principios que esta última organización reivindica como suyos, y el que – por intermedio de Lord Carrington, socio del Comité de los 300, dividió a la OTAN en dos fracciones: un grupo de presión política (izquierdista) y la alianza militar originaria.

El Club de Roma sigue siendo uno de los brazos más importantes del Comité de los 300, en lo que se refiere a política exterior; el otro es el grupo de los Bilderberg. Se formó en 1968 a partir de miembros incondicionales del grupo original fundado por Morgenthau a raíz de una llamada telefónica del difunto Aurelio Peccei instando a lanzar con urgencia una nueva campaña con objeto de acelerar la planificación del Gobierno Internacional Único, actualmente conocido como Nuevo Orden Internacional. De todos modos, el primer nombre me parece más exacto.

El llamado de Peccei fue respondido por los más subversivos planificadores del futuro que se pudieron seleccionar en Estados Unidos, Francia, Suecia, Gran Bretaña, Suiza y Japón.

Entre 1968 y 1972, el Club de Roma se transformó en una entidad cohesiva integrada por neocientíficos, mundialistas, planificadores del futuro e internacionalistas de toda calaña. Uno de los delegados lo describió con estas palabras: "Nos hemos convertido en la túnica de diversos colores de José", en alusión al personaje bíblico.

En líneas generales, el programa previsto del Club de Roma consistiría en crear y difundir ideas postindustriales en los Estados Unidos, junto con movimientos de contracultura como los empeñados en la difusión de la droga, la revolución sexual, el hedonismo, el satanismo, la brujería y el ambientalismo, El instituto Tavistock, El Instituto de Investigaciones de Stanford, el Instituto de Relaciones Sociales y de hecho todo el amplio espectro de los centros de investigación de psiquiatría social aplicada, o bien contaban con delegados en la junta directiva del Club de Roma, o desempeñaban una misión orientadora en la tentativa de la OTAN de llevar a cabo lo que denominan la conspiración acuariana.

El Club de Roma es una organización general coordinadora, una especie de matrimonio entre financistas angloamericanos y las familias que integran la ancestral Nobleza Negra europea, en particular la nobleza de Londres, Venecia y Génova. La clave para el dominio exitoso del mundo está en su capacidad para crear y dirigir atroces recesiones económicas y futuras depresiones financieras. El Comité de los 300 aspira generar convulsiones sociales a escala planetaria, seguidas de depresiones, pues ve en ellas un medio de allanar el terreno para sucesos de mayor trascendencia, un método para ocasionar que ingentes masas de seres humanos de todo el orbe se conviertan en futuros beneficiarios de su sistema de beneficencia social.

El Club de Roma posee su propia central de inteligencia, y toma prestados además agentes de la INTERPOL de David Rockefeller. Todos los organismos de inteligencia de los EE.UU cooperan muy estrechamente con él, así como la KGB y el Mossad o Servicio de Inteligencia Israelí.


¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué se propone esa minoría selecta tan secreta?





Sus integrantes se hacen llamar también “los olímpicos”, pues están convencidos de que igualan en poder y talla a los legendarios dioses del Olimpo, los cuales al igual que su dios Lucifer, se han ensalzado a sí mismos por encima de nuestro Dios verdadero.

Tienen el convencimiento de que por derecho divino se les ha encomendado la consecución de las siguientes metas:

El establecimiento de un gobierno internacional único o Nuevo Orden Mundial con una iglesia unificada y un sistema monetario común bajo la dirección de ellos. Pocos saben que el Gobierno Internacional inició la fundación de su iglesia entre los años veinte y los años treinta, al comprender la necesidad de canalizar en la dirección deseada por ellos la fe inherente a todo ser humano.

- La destrucción irremediable de toda identidad y orgullo nacional.

- El aniquilamiento de la religión, y más en particular de la cristiana. La única excepción será la creada por ellos que mencionamos más arriba.

- El dominio de cada habitante del planeta mediante técnicas de condicionamiento psicológico y de lo que Brzezinski denominó tecnotrónica, con la cual se crearían robots humanos y se implantaría un espeluznante sistema al lado del cual el Terror Rojo de Félix Dzerzhinsky parecerá un juego de niños.

- El fin de toda industria y de la producción de fuerza eléctrica generada a partir de la energía nuclear, en lo que llaman sociedad postindustrial de crecimiento cero. Sólo serán autorizadas las industrias de computación y los servicios. Las empresas norteamericanas que queden serán trasladadas a países como México, donde la mano de obra esclavizada es abundante. Los desempleados a consecuencia de la desaparición de las industrias se transformarán en adictos a la heroína o a la cocaína, o integrarán las estadísticas del proceso de eliminación delineado en el informe “El mundo en el año 2000”.

- Legalización de la droga y la pornografía.

- Despoblamiento de las grandes ciudades, de conformidad con el ensayo llevado a cabo por el régimen de Pol Pot en Camboya. Es interesante destacar que el plan genocida del dictador asiático fue formulado aquí en los Estados Unidos por una de las fundaciones de investigación financiadas por el Club de Roma. Otro dato interesante es que actualmente los 300 tratan de reinstaurar a los carniceros de Pol Pot en Camboya.

- Eliminación de todo adelanto científico salvo los que sean considerados provechosos para el Comité de los 300. La producción de energía atómica con fines pacíficos es uno de los blancos principales. Los experimentos de fusión en frío que actualmente (1992) se llevan a cabo son objeto de burla y desprecio por parte del Club y de sus chacales en la prensa. Un soplete de fusión debidamente empleado pondría a nuestra disposición unos recursos naturales inagotables a partir de las sustancias más comunes, y el Club ya no podría seguir insistiendo en "la falta de recursos naturales".

- Por medio de guerras de limitado alcance en los países desarrollados y de la aniquilación mediante el hambre y las enfermedades de la población de países del tercer mundo, ocasionar de aquí al año 2050 la muerte de 3000 millones de seres humanos, a los que califican de inútiles consumidores de alimentos. El Comité de los 300 encargó a Cyrus Vance la redacción de un informe al respecto que expusiera los medios más eficaces de llevar a efecto semejante genocidio. Dicho informe lleva por titulo “El Mundo en el año 2000” y fue aprobado por el presidente Carter para el gobierno estadounidense y a nombre del mismo, y aceptado por Edwin Muskie, a la sazón secretario de estado. Según las condiciones fijadas en el informe, la población de los Estados Unidos. Deberá haber descendido a 100 millones para el año 2050.

- Debilitar la fibra moral de la nación y desmoralizar a la clase obrera mediante la generalización masiva del desempleo. Cuando el número de puestos de trabajo disminuya a causa de las normas introducidas por el Club de Roma con vistas al crecimiento cero postindustrial, los operarios, sumidos en el desaliento y la desesperación, buscarán refugio en el alcohol y la droga. Por medio del rock y de los alucinógenos, se instará a los jóvenes a revelarse contra el status quo, lo cual socavará a la familia como institución social y acabará por destruirla. Con este fin, el Comité de los 300 asignó al Instituto Tavistock la preparación de un plan maestro. Tavistock encargó al Instituto de Investigaciones de Stanford la elaboración del plan, con la dirección del profesor Willis Harmon. Más tarde, la empresa llegó a ser conocida como conspiración acuariana.

Evitar que en todo el mundo la gente pueda decidir su propio destino. Con miras a ello, se creará una crisis tras otra, y luego se manejarán dichas crisis. Ello confundirá y desmoralizará hasta tal punto a la población que ante la superabundancia de opciones se generalizará la apatía. En el caso de los Estados Unidos ya existe un organismo que tiene como fin el manejo de crisis. Se trata de la FEMA, siglas en inglés de la Secretaría Federal de Manejo de Emergencias, cuya existencia descubrí en 1980.

- Promocionar a grupos rufianescos de música rock como los Rolling Stones (pandilla de degenerados que goza ampliamente del favor de la nobleza negra europea) y todos los conjuntos a los que Tavistock convirtió en grandes figuras a partir de los Beatles. Seguir promoviendo el fundamentalismo cristiano, del cual se servirán para fortalecer el estado sionista israelí identificando a los judíos con el mito del pueblo escogido de Dios y contribuyendo con sumas bien cuantiosas a lo que dichos fundamentalistas erróneamente consideran una causa religiosa que favorece al cristianismo.

- Exportar a todo el mundo el ideario de la liberación religiosa al objeto de minar a toda religión existente y más en particular la cristiana. Esto empezó con la teología de la liberación, de origen jesuita, que acarreo la caída del régimen de los Somoza en Nicaragua y que en la actualidad destruye El Salvador – cuya guerra civil se arrastra ya embarcada por un cuarto de siglo - , Costa Rica y Honduras. Una entidad muy activamente embarcada en la llamada teología de la liberación es la misión Maryknoll, de tendencia comunista. Ello explica la amplia cobertura dada por los medios al asesinato de unas supuestas monjas de la orden Maryknoll hace unos años en El Salvador.

- Provocar el colapso total de la economía a escala internacional y desatar un caos político absoluto.

- Tomar en sus manos la dirección de toda política exterior e interior en los Estados Unidos.

- Otorgar el máximo apoyo a instituciones supranacionales como la ONU, el FMI, el Banco Internacional de Pagos y el Tribunal Internacional de Justicia y, en la medida de lo posible, disminuir la eficacia de las instituciones nacionales eliminándolas gradualmente o sometiéndolas a la autoridad de las Naciones Unidas.

- Infiltrarse en todos los gobiernos y sembrar la subversión en ellos, corroyendo internamente la integridad de las naciones que estos representan.

- Organizar un aparato terrorista de alcance internacional y negociar con sus agentes cada vez que estos lleven a cabo sus violentas acciones.

- Tomar las riendas de la enseñanza en los Estados Unidos con la finalidad de llevarla a la ruina más completa.

Muchos de estos objetivos, los cuales enumeré por primera vez en 1969, se han alcanzado ya o están en avanzada vías de ejecución.

Si tenemos en cuenta los ilimitados caudales que tienen a su disposición, así como cientos de gabinetes de estrategia y 5000 ingenieros sociales, y siendo un hecho que tienen en sus manos los medios de difusión, la banca y la mayor parte de los gobiernos, se comprende que nos las estamos viendo con un problema de proporciones gigantescas, al cual ninguna nación está en condiciones de hacer frente en este momento.

Como he afirmado con tanta frecuencia, se nos ha hecho creer que el problema al que me refiero tiene su origen en Moscú. Nos han lavado el cerebro para que creamos que el comunismo es la mayor amenaza que enfrentamos los norteamericanos. No hay tal. El mayor peligro radica en la multitud de quintacolumnistas infiltrados entre nosotros. Nuestra Constitución nos advierte que vigilemos al enemigo interno. Esos enemigos sirven al Comité de los 300 y ocupan posiciones clave en nuestra jerarquía gubernamental.


Debilitamiento de los Estados Unidos




El Club de Roma tiene la seguridad de haber debilitado a los Estados Unidos, según órdenes del Comité de los 300. Tras años de librar una guerra contra los habitantes de esta nación, ¿quién puede poner en duda que ha cumplido en efecto su misión? Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para ver hasta qué punto se ha arruinado la moral: droga, pornografía, rock, libertinaje sexual, el núcleo familiar prácticamente desmoronado, lesbianismo, homosexualidad y por último el espeluznante asesinato de millones de niños inocentes a manos de su propia madre. ¿Acaso ha existido alguna vez en la historia crimen tan infame como el aborto generalizado?

Dada la ruina espiritual y moral de los Estados Unidos, con nuestra industria destrozada, millones de desempleados, las grandes ciudades transformadas en horrendos antros donde se cometen los crímenes más inimaginables, con un índice de asesinatos que casi triplica el de otros países, millones de personas sin hogar y la corrupción en las esferas del gobierno alcanzado proporciones endémicas, ¿quién va a negar que los Estado Unidos están a punto de desplomarse roídos por la carcoma, para caer en las garras acechantes del Gobierno Internacional de la Nueva Era?

El Club de Roma ha logrado su objetivo de dividir las confesiones cristianas. Ha reunido un ejército de carismáticos, fundamentalistas y evangélicos que apoyan ardientemente el estado sionista de Israel. Durante el genocidio que fue la Guerra del Golfo me llovieron cartas que preguntaban cómo me podía oponer a "una guerra cristiana justa contra Irak". ¿Cómo podía yo dudar que el respaldo de los cristianos fundamentalistas a la guerra (del Comité de los 300) contra ese país oriental no estaba acorde con los principios de la Biblia? A fin de cuentas, ¿no había rezado Billy Graham con el presidente Bush justo antes de dar inicio a las primeras andanadas? ¿Acaso no predice la Escritura "guerras y rumores de guerra?"

Esas cartas dejaron entrever la eficiencia con que ha desempeñado su labor el Instituto Tavistock. Los fundamentalistas cristianos constituyen una fuerza formidable a favor del Estado de Israel, ni más ni menos que como estaba previsto. Qué lástima que tan buenos cristianos no caigan en la cuenta de que son burdas marionetas del Club de Roma y de que sus opiniones y creencias no son propias: las formularon para ellos los cientos de gabinetes de estrategia del Comité de los 300 que se hallan repartidos por la geografía de los EE.UU. Es decir, que como cualquier otro sector de la población estadounidense, los cristianos fundamentalistas y evangélicos han sido objeto de un concienzudo lavado de cerebro.

Es posible que a algunos les cueste aceptar la idea de una conspiración a escala internacional porque muchos autores han obtenido lucro a costa de ella. Otros dudan que se puedan promover con éxito unas actividades de semejante alcance. Observando el enorme aparato burocrático de nuestra nación, preguntan: "¿Cómo quieren que creamos que unos señores particulares tengan más poder que el Gobierno?" Esto se debe a que no comprenden que el Gobierno es parte de la maquinaria de la conspiración. Los que eso afirman piden pruebas fehacientes, y no es tan fácil hallar tales pruebas.

Otros dicen: "¿y qué? ¿Qué me importa a mí que haya una conspiración? Si yo ni me molesto en votar." Esa era precisamente la forma en que se preveía que reaccionara el grueso de la población estadounidense. El pueblo de nuestro país está sumido en el desaliento y la confusión, fruto de la guerra que se libra contra nosotros desde hace años. Hay muchas más probabilidades de que un pueblo desmoralizado y despistado acoja con los brazos abiertos la llegada de una gran figura que prometa resolver todo problema y garantice una sociedad ordenada en la que no exista el desempleo y con las disputas internas reducidas al mínimo. A ese dictador - eso será ni más ni menos - lo recibirán calurosamente.


Programados para el cambio, listos para la destrucción



























Ese mismo Comité de los 300 ha establecido mecanismos y sistemas de control mucho más ineludibles que nada que se haya visto hasta ahora. No son necesarias sogas ni cadenas para sujetarnos. Se nos ha lavado el cerebro hasta hacernos renunciar al derecho a portar armas que nos otorga la Constitución; abandonar la Constitución misma; permitir que las Naciones Unidas dirijan nuestra política exterior y que el FMI dicte la política fiscal y monetaria de nuestro país; tolerar que el Presidente vulnere impunemente la ley de los Estado Unidos invadiendo otro país y secuestrando al jefe del estado. En resumidas cuentas, nos han condicionado al extremo de que aceptemos a nivel nacional casi sin rechistar cada uno de los ilícitos perpetrados por el gobierno de nuestro país.

Gracias al Club de Roma, nuestra capacidad tecnológica ha sido superada por Japón y Alemania, los países a los que - según nos dicen- derrotamos en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo ha sido posible tal cosa? Porque, por un lado, hombres como el Dr. Alexander King, y por otro, nuestra ceguera mental inducida nos han hecho incapaces de reconocer el desmoronamiento de nuestras instituciones educativas y sistemas de enseñanza. Por esa ceguera nuestra, ya no formamos los suficientes ingenieros y científicos para mantener el puesto que ocupábamos entre las naciones industrializadas. Gracias al Dr. King, a quien muy pocos conocen en los Estados Unidos, la enseñanza ha caído a su nivel más bajo en el país desde 1786. Estadísticas facilitadas por el Institute for Higher Learning indican que los escolares actuales leen y escriben peor que los de 1786.

La meta era mentalizar a la nación para efectuar cambios programados y que se acostumbrara hasta tal extremo a ellos que cuando se produjeran transformaciones radicales éstas fueran prácticamente imperceptibles. En los últimos años la decadencia se ha acelerado hasta tal punto que en la actualidad el divorcio no acarrea estigma alguno, el suicidio alcanza tasas históricas que no horrorizan a muchos, y desviaciones de las normas sociales y aberraciones sexuales en otro tiempo innombrables en círculos decentes hoy son moneda corriente y no suscitan protestas. ¿Somos capaces de reconocer que el país va cuesta abajo y sin frenos? No, no lo somos. Cuando los que nos dedicamos a hacer ver la verdad al pueblo norteamericano descubrimos que un gobierno menor, privado y bien organizado dentro de la Casa Blanca cometía incesantes fechorías, fechorías que atentaban contra la esencia misma de la nación y las instituciones republicanas en las que ésta se apoya, se nos dijo que no preocupáramos al público con esas revelaciones. Una forma común de reaccionar era decir: "No queremos saber nada de esas conjeturas".

Cuando la máxima autoridad elegida del país tuvo la osadía de poner las leyes de la ONU por encima de la Constitución de los Estados Unidos - delito por el cual se podía demandar al Presidente - la mayoría de la gente lo vio como lo más natural del mundo. Cuando la máxima autoridad elegida del país emprendió una guerra sin una declaración oficial por parte del Congreso, los medios informativos callaron ese detalle y los ciudadanos lo aceptamos una vez más antes que encarar la verdad.

Cuando estalló la Guerra del Golfo, maquinada y organizada por nuestro presidente (Bush), no sólo toleramos alegremente la más descarada de las censuras, sino que hasta nos lo tomamos a pecho creyendo que era buena para alcanzar el objetivo de la guerra. El Presidente mintió, April Glaspie mintió, el Departamento de Estado mintió. Decían que la guerra estaba justificada porque se había advertido a Saddam Hussein que no metiera la mano en Kuwait. Cuando por fin se hicieron públicas las comunicaciones cablegráficas entre la embajadora y el Departamento de Estado, una caterva de senadores norteamericanos se lanzó a defender a Glaspie; tanto demócratas como republicanos, daba igual. El pueblo, nosotros, dejamos impunes sus abyectas mentiras.

Nos dicen que ganamos la Guerra del Golfo. Sin embargo, la amplia mayoría de los estadounidenses no repara en que la ganamos a costa de la dignidad y el honor de nuestra nación, que yacen pudriéndose en las arenas del desierto de Kuwait e Irak, junto a los cadáveres de las tropas iraquíes a las que aniquilamos en la retirada previamente acordada de Kuwait y de Basora. No fuimos capaces de cumplir la palabra empeñada de que nos atendríamos a la convención de Ginebra y no los atacaríamos. "¿Qué prefieren - preguntaron los que nos manejan -, victoria o dignidad? No se pueden tener las dos cosas a la vez".

Para los oligarcas y plutócratas que integran el Comité de los 300, el narcotráfico tiene una doble finalidad: en primer lugar, generar ingentes sumas de dinero, y en segundo, convierte a largo plazo a un amplio sector de la sociedad en una masa de autómatas drogados más fáciles de dominar que quienes no estén enviciados, ya que la rebelión se castigará cortando el suministro de heroína, cocaína y otros alucinógenos. Ellos requieren la legislación de la droga a fin de que se pueda establecer un monopolio mediante el cual la drogodependencia alcance gran difusión, a medida que cientos de miles de obreros constantemente desempleados recurran a los estupefacientes en busca de alivio.

En uno de los documentos más secretos del Royal Institute for Internal Affaire, se describe - parcialmente- el plan:

" [...] Desengañados con el cristianismo y con el desempleo generalizado, quienes lleven cinco años o más desocupados abandonarán la iglesia y se volverán a la droga en busca de consuelo. A partir de ese momento será imperioso ejercer un dominio absoluto del comercio de narcóticos, al objeto de que los gobiernos de todos los países que se hallen sometidos a nuestra jurisdicción dispongan de un monopolio que dirigiremos nosotros como suministradores. [...] Se crearán bares que expendan droga a los revoltosos y descontentos. Los sediciosos en potencia se convertirán en inofensivos adictos sin voluntad propia. [...]"


El mundo del futuro














                                                                                                       
Resumen:

Las aspiraciones del Comité de los 300 son generar las siguientes situaciones:

- El establecimiento de un gobierno mundialista y un sistema monetario común bajo la tutela de una oligarquía permanente, hereditaria y no elegida, cuyos miembros se escogerán entre sí mediante un sistema feudal semejante al del Medioevo. Con dicha entidad universal de gobierno, se pondrá coto a la explosión demográfica mediante limitaciones al número de hijos por familia, enfermedades, guerras y hambres, hasta que la población mundial se estabilice en mil millones de seres humanos útiles para la clase dirigente, distribuidos en zonas rígidas y claramente definidas.

- La clase media desaparecerá y sólo quedarán siervos y mandatarios. Las leyes serán uniformadas por medio de una red internacional de tribunales que se guiarán por un mismo código, apoyados por un organismo universal de policía y un ejército supranacional que imponga el cumplimiento de la ley en el territorio de los que una vez fueron países, y que ya no estarán delimitados por fronteras. El sistema se basará en el del estado benefactor: quienes obedezcan al gobierno internacional único y se subordinen al mismo serán retribuidos con los medios para subsistir; los que se rebelen morirán de hambre o serán proscritos, convirtiéndose con ello en blanco de todo el que desee quitarles la vida. Estará prohibida la posesión privada de armas de fuego o de cualquier otra clase.

- Sólo se permitirá la práctica de una religión, la de la iglesia del Gobierno Universal. El culto a Lucifer y la hechicería serán reconocidos como materias de estudio en el sistema educativo estatal, y no habrá colegios privados ni religiosos. Las iglesias habrán sido infiltradas por la subversión. En los tiempos del gobierno internacional, el cristianismo habrá pasado a la historia.

- Toda persona será adoctrinada en la creencia de que es una criatura del Gobierno Universal. A este fin, se la marcará con un número que facilite su identificación, número que figurará en los archivos centrales del ordenador de la OTAN en Bruselas. En un momento dado, todo agente del Gobierno Universal tendrá acceso a dicho número. Los archivos generales de la CIA, el FBI, las policías locales y estatales, el Ministerio de Hacienda, la FEMA y la seguridad social serán ampliados en extremo y constituirán la base de datos relativos a cada habitante de los Estados Unidos.

- El matrimonio será ilegal. La familia ya no existirá como la conocemos en la actualidad. Los niños serán separados de sus padres a temprana edad y criados bajo la tutela del Estado. A título experimental, esto ya se hizo en Alemania del Este en tiempos de Eric Honecker: los hijos de ciudadanos sospechosos de rebeldía eran puestos bajo la custodia del Estado.

- Se promoverá la pornografía, la cual será de exhibición obligada en todo cine y teatro, sin excluir los temas de la homosexualidad y el lesbianismo.

- También será forzoso el consumo de drogas recreativas. A cada uno se le asignará una cantidad que podrá adquirir en los establecimientos de venta que el Gobierno Universal habrá diseminado por el planeta. Se extenderá el empleo de sustancias que permitan manipular la mente, y serán igualmente de uso obligatorio. Se las administrará por medio de los alimentos y del suministro del agua potable sin conocimiento ni permiso de los consumidores. En los bares de narcóticos, atendidos por empleados del super gobierno, la clase esclavizada pasará sus horas de asueto. De esa manera, las masas se convertirán en una suerte de animales dominados, sin voluntad propia, que se comportarán como tales.

- El sistema económico funcionará del siguiente modo: la clase dirigente permitirá que se produzca el mínimo imprescindible de alimentos y servicios para mantener los campamentos en que trabajarán multitudes de esclavos. Toda riqueza se atesorará en las arcas de los integrantes de la élite del Comité de los 300. A toda persona se la adoctrinará en el concepto de que su supervivencia depende en todo del Estado. El mundo será gobernado mediante decretos emitidos por el mencionado Comité, los cuales de inmediato cobrarán valor de ley. Experimentalmente, Boris Yeltsin impone la voluntad del club en Rusia mediante decretos de ese estilo. No existirán tribunales de justicia, sino de castigo.

- La industria habrá de ser destruida en su totalidad, junto con las plantas de producción de energía nuclear. Sólo los integrantes del Comité de los 300 y sus elitistas tendrán privilegio de beneficiarse de los recursos de la tierra. La agricultura y la ganadería estarán en manos del Comité, que fiscalizarán rigurosamente la producción de alimentos. Conforme comiencen a entrar en vigor estas medidas, grandes contingentes de población urbana serán transferidos a regiones apartadas. Quienes se opongan serán exterminados a la manera del experimento que llevó a cabo Pol Pot en Camboya.

- Los enfermos incurables y los ancianos habrán de someterse ineludiblemente a la eutanasia. Para el año 2050 habrán sido eliminados al menos 3.000 millones de consumidores inútiles de alimentos por medio de guerras de alcance limitado, epidemias orquestadas de enfermedades virulentas, y hambre. El suministro de energía, alimento y agua se mantendrá al nivel mínimo de subsistencia para los ajenos a la élite.

- Todo producto farmacéutico, médico, dentista y profesional de la salud, esencial o no, estará registrado en el banco de datos del computador central. Será imposible recetar un remedio o prescribir atención médica sin autorización expresa de los agentes responsables de imponer la autoridad en cada municipio.

- No habrá moneda ni dinero en efectivo en posesión de las masas. Toda transacción se llevará a cabo mediante una tarjeta de cobro automático en la que figure el número de identificación del portador. A quien trasgreda el reglamento establecido por el Comité de los 300 le será inválida la tarjeta por un tiempo que variará con arreglo a la naturaleza y gravedad de la violación.

- El Gobierno Universal llevará las riendas de todas las agencias noticiosas y órganos de prensa. Métodos de lavado cerebral se harán pasar por entretenimiento, de la misma manera en que se practicaba y se convirtió en técnica refinada en los Estados Unidos. A los jóvenes a los que se aparte de los padres desleales se les impartirá una educación concebida especialmente para embrutecerlos. Jóvenes de ambos sexos serán adiestrados como vigilantes en los campos de trabajo del Gobierno Internacional.

Por lo anterior, es evidente que queda mucho por hacer para la instauración del Nuevo Orden Mundial. Hace tiempo que el Comité de los 300 ha perfeccionado los planes para desestabilizar la civilización tal como la conocemos en la actualidad.

En Europa Occidental se está construyendo una federación de estados con una estructura de gobierno que incluye una moneda común. Una vez logrado esto, el sistema de la Unión Europea se extenderá por etapas a los Estados Unidos y Canadá. De forma lenta pero inexorable, las Naciones Unidas se están transformando en un sello de aprobación del Gobierno Universal: Estados Unidos le dicta lo que tiene que hacer, como vimos cuando la Guerra del Golfo.

El impresionante secreto que envuelve al Comité de los 300 hace que muchos pongan en entredicho su existencia. Ningún órgano informativo ha hecho jamás mención de dicha jerarquía conspiradora. Por consiguiente, y como era de esperar, la gente reacciona con incredulidad. El Comité de los 300 está en su mayor parte en manos del monarca británico, en la actualidad la reina Isabel II.

No hay entidad que escape al dominio del Comité, y salta a la vista que éste ejerce un férreo control en el terreno de las comunicaciones. Si echamos un vistazo a la RCA, descubriremos que su directorio se compone de personalidades británicas y estadounidenses que descuellan en organizaciones como el Consejo de Relaciones Exteriores, la OTAN, el Club de Roma, la Comisión Trilateral, la Francmasonería, Skull and Bones, el grupo Bilderberg, Round Table, la Sociedad Milner y la Jesuits-Aristotle Society. Entre ellos se contaba David Sarnoff, que se trasladó a Londres hacia la misma época que Sir William Stepherson se instaló en la sede neoyorquina de la RCA.

El gobierno invisible del Comité de los 300 está ejerciendo una presión inmensa sobre los Estados Unidos.  A fin de reformar el país para mal. Si logramos evitar que se nos despoje de la libertad, retrasaremos considerablemente el progreso hacia el establecimiento del gobierno supranacional. La instauración del mismo es una empresa de proporciones impresionantes que exige gran habilidad, talento organizativo y dominio de los gobiernos y su política. La única organización capaz de llevar a cabo tan ciclópea tarea con esperanza de éxito es el Comité de los 300. Acabamos de ver hasta qué punto se ha acercado al éxito total.

La batalla para evitarlo será, ante todo, de carácter espiritual.


NOTAS:

(1) Cita del escritor e investigador Daniel Estulin, autor de una serie de libros investigativos sobre el Club Bilderberg, al hablar sobre conspiración y paranoia.
(2) El Comité de los 300.- John Coleman.- También se puede encontrar el mismo estracto del texto en diferentes websites bajo el título “El Club de los 300”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

AddToAny