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05 julio 2020

Eso estuvo demasiado cerca ... Cinco veces en que la guerra nuclear NO estalló



Test de armas nucleares en 1958 (Never Was Magazine)


Por Andy Cooke

Título original en inglés
That Was Too Close... 
Five times Nuclear war DIDN'T break out



Faltan dos minutos para la medianoche, cuando escribo este artículo. 
También son las ocho de la noche, horario de verano británico.


La primera declaración es del Boletín de los Científicos Atómicos, y se refiere a lo cerca que estamos, como especie, del fin del mundo. El segundo es, más prosaicamente, el tiempo real.

El Reloj del Juicio Final se inventó en 1947 y se estableció en siete minutos para la medianoche. Para 1949, faltaban tres minutos para la medianoche; en 1953, llegamos a dos minutos para la medianoche. Desde entonces, se ha alejado (hasta diecisiete minutos de la medianoche en 1991) y ha regresado nuevamente. 


Con Trump, Putin, los disturbios de Medio Oriente, las tensiones en Cachemira, junto con las preocupaciones sobre el cambio climático, estamos tan cerca del final como lo hemos estado siempre.

Cuando estás tan cerca del Armagedón, la mala suerte puede llevarte al límite. Casi lo han hecho en el pasado. Una vez más, como con muchos de mis artículos, he tenido dificultades para mantener el número en cinco. Utilicé mi método estándar para ver qué evento tenía la mayor probabilidad de cambiar la historia, tanto en probabilidad como en impacto.  

(Me he saltado algunos incidentes en los que sentí que las precauciones tomadas probablemente detendrían el estallido de la guerra, pero aprendimos de ellos. Por ejemplo, NO deje cintas de entrenamiento en equipos en vivo sin decirle al próximo turno, a menos que quiera que miren fijamente horrorizados ante las pantallas que les dicen que cientos de misiles están llegando al Polo)


El SIOP




Gran parte del impacto potencial de una falla cercana gira en torno a algo llamado SIOP: el Plan Operativo Único Integrado. A fines de 1960, fue creado por el personal de defensa de los Estados Unidos, es decir, el plan de guerra de Estados Unidos. Existe para especificar los objetivos nucleares y para dictar cuándo, cómo, dónde y quién atacaría cada objetivo, sería un plan unificado y conjunto, integrando completamente todas las armas de los militares y trabajando en estrecha colaboración con los aliados (por ejemplo, en su primera versión, el Reino Unido destruiría tres bases aéreas, seis objetivos de defensa aérea y cuarenta y ocho ciudades).

Debido al daño asombroso que podría ser causado por un primer ataque, Estados Unidos no esperaría a que las bombas golpearan antes de lanzar su propio ataque, sino que "lanzarían una advertencia" (la filosofía de "usarlos o perderlos").

Es importante destacar que las primeras versiones del SIOP fueron inflexibles y deterministas. Hubo intentos fallidos de incluir opciones como "Opciones Nucleares Limitadas" y "Opciones Nucleares Regionales", pero año tras año, nadie pudo domar el SIOP. Se intentaron introducir pasos de escalada, pero, en la práctica, estos habrían tenido una eficacia cuestionable y limitada. En esencia, cuando el SIOP se activara, el mundo se acabaría.

Sin embargo, en 1991, el jefe entrante del Comando Aéreo Estratégico, el General Butler, echó un vistazo al SIOP que había heredado y se opuso:


"Con la posible excepción del plan de guerra nuclear soviética", dijo, "este fue el documento más absurdo e irresponsable que jamás haya revisado en mi vida. Llegué a apreciar plenamente ... escapamos de la Guerra Fría sin un holocausto nuclear por alguna combinación de habilidad, suerte e intervención divina, y sospecho que este último en mayor proporción".

Desgarró el documento, eliminando el 75% de los objetivos, introdujo una filosofía de focalización genuinamente flexible y finalmente la domesticó.

Esto significa que entre 1961 y 1991, el impacto de un disparador accidental era mayor y esto se refleja a continuación.


5. Octubre 1960 - La salida de la luna sobre Noruega no da como resultado el holocausto nuclear



La primera falsa alarma grave se produjo poco antes de que el SIOP estuviera listo y justo después de que se pusiera en funcionamiento la primera instalación BMEWS (Sistema de alerta temprana de misiles balísticos) en Groenlandia.  

Sucedió mientras se mostraba a algunos hombres de negocios alrededor del NORAD y se les explicaron los niveles de amenaza: Si el número 1 parpadeaba en rojo, objetos no identificados venían hacia los EE. UU. Si subía a 3, el nivel de amenaza se confirmaba como "alto" y se notificaría a los miembros de mayor rango del ejército. El número 5 era máximo, lo que significa que estaba 99.9% seguro de que Estados Unidos estaba bajo ataque.


Un groenlandés con su trineo mira los radares de la base aérea de Thule, 1966 (NF/Never Was Magazine)


Como si fuera una señal, el número parpadeó 1 . Y comenzó a subir. Al llegar al 4 los oficiales del NORAD entraron corriendo; al 5 los hombres de negocios fueron escoltados.  

El Estado Mayor Conjunto (todos conectados por teléfono) tuvo algunos minutos para tomar una decisión. Las docenas de misiles soviéticos impactarían y eso sería todo. Entonces, el vicecomandante de NORAD tuvo un pensamiento. "¿Dónde está Khruschev?" preguntó.

"Está en Nueva York en la ONU".

Inmediatamente concluyeron que ni siquiera la URSS atacaría a su propio líder y se retiraron. Al final resultó que, un análisis posterior descubrió que el radar BMEWS había interpretado la Luna en ascenso lento, escalando sobre Noruega, como un ataque nuclear soviético.


4. 1985 hasta nuestros días: "Perimeter" no desencadena una guerra nuclear automática

 
Imagen de "Michael" en Wikimedia Commons, licenciada bajo la licencia Creative Commons Attribution 3.0 Unported.

La mayoría de mis artículos tienen un elemento de estilo "categoría", un problema general que podría haber causado el desastre en cualquier momento. El sistema "Perimeter" soviético (también conocido, poéticamente, como "mano muerta") fue uno de ellos.

La Unión Soviética tenía una estructura de comando rígidamente centralizada. Lo cual, por supuesto, lo hizo muy vulnerable a un ataque de decapitación. ¿Podrían realmente tomar represalias después de un primer ataque estadounidense?


Concepto artístico de 1982 de un misil balístico intercontinental soviético con múltiples vehículos de reentrada dirigibles independientemente. Soviet MIRV -Ilustración. Never Was Magazine.

Para 1985, habían completado su sistema perimetral, una red de sensores y computadoras que podrían activar automáticamente el lanzamiento de sus ICBM. La ´Mano Muerta´ se activaría si el Estado Mayor soviético creía que un ataque estadounidense era inminente. Razonaron que esto les daría más oportunidades de investigar posibles falsas alarmas, reduciendo la necesidad de lanzar una advertencia. Desafortunadamente, sin embargo, cualquier posibilidad de una guerra limitada podría morder el polvo: no se programó con pausas o negociaciones.

Y, al igual que Doomsday Machine en Dr. Strangelove, se mantuvo en secreto.

Si se activara y los sensores detectaran explosiones nucleares en suelo soviético (o, lo que es más importante, creyeran que lo habían detectado), la línea del Estado Mayor se cortaría (lo que no era desconocido), eso era todo.

Al momento de escribir, Perimeter todavía se está operativo, según se cree. Con suerte, ahora tiene más flexibilidad.


3. Noviembre de 1961: la pérdida de contacto con sitios clave no causa (bastante) una guerra nuclear



Técnicos de la Fuerza Aérea trabajando en la Sala de Operaciones Tácticas del Sistema de Alerta Temprana de Misiles Balísticos en la Base Aérea de Thule, Groenlandia, 24 de octubre de 1984 (USAF). Never Was Magazine

El sistema de comando y control había sido, desde el principio, una fuente de considerable preocupación para los Estados Unidos. Los primeros intentos de probar el envío de una señal de lanzamiento fueron menos que convincentes: el primer sistema de teletipo de prueba tardó casi cinco horas en pasar. Ese tipo de retraso hizo que cualquier respuesta contra un primer golpe fuera inverosímil.


Los instintos del general Curtis LeMay, belicoso comandante del Comando Aéreo Estratégico de 1948-1957 buscaban la defensa a través de una ofensiva superior, para disuadir a través de la señalización de una verdadera voluntad de contraatacar a la menor provocación. Su sucesor, el general Thomas S. Powers, estaba hecho a la misma medida.

La falta de información confiable en tiempo real frustraba a ambos hombres: hasta mediados de los años sesenta, la información que se exhibía en la sede de SAC se retrasó entre una y seis horas. La primera señal confiable que los soviéticos estaban atacando podría ser la pérdida de señales de las estaciones clave.

El 20 de noviembre de 1961, justo antes del amanecer, la sede de SAC perdió contacto con el radar BMEWS en Thule sin previo aviso. Todos los circuitos de alerta temprana estaban fuera. Las comunicaciones de voz redundantes de respaldo estaban todas fuera.

Inmediatamente, trataron de comunicarse con la sede de NORAD en Colorado Springs en la "línea directa" para averiguar qué podía estar mal. La línea estaba muerta.  

Ambos sitios estaban lógicamente en la parte superior de la cadena para un ataque de decapitación. Estaban usando todos los circuitos redundantes: las posibilidades de que todos fallaran simultáneamente eran insignificantes. SAC ordenó a toda la fuerza de alerta que se preparara para el despegue y el SIOP comenzó a funcionar. Klaxons rugió, cientos de pilotos corrieron a sus aviones. 

Entonces la orden fue cancelada. El "monitor Thule", la última línea de defensa de comunicaciones, un B-52 que volaba permanentemente alrededor de Thule, logró ponerse en contacto con Thule y la sede de SAC simultáneamente, demostrando que era una falsa alarma. Una investigación posterior descubrió que AT&T había escatimado en los circuitos redundantes que habían prometido proporcionar: todos los enlaces fallidos pasaban por un solo interruptor en Colorado, que había fallado.

2. Septiembre 1983 - Stanislav Petrov no sigue las órdenes

 

A principios de los años ochenta, las tensiones entre Occidente y el Pacto de Varsovia aumentaron. Estados Unidos, bajo Reagan, comenzó "operaciones de guerra psicológica" contra la URSS. En 1981, Yuri Andropov le dijo al Politburó que estaba seguro de que Estados Unidos estaba planeando un primer ataque. Los aviones estadounidenses volaron deliberadamente en el espacio aéreo de la URSS y se despegaban en el último momento, una y otra vez, varias veces a la semana, 1981 se convirtió en 1982, Brezhnev murió y Andropov se hizo cargo en 1983. Esto fue, obviamente, para los soviéticos un intento de acostumbrarlos a las violaciones cercanas; un día, los aviones vendrían directo. Redoblaron su trabajo en Perimeter y contuvieron la respiración.

A principios de septiembre de 1983, las fuerzas aéreas soviéticas derribaron el vuelo Korean Air 007. Pensarían que era un error entendible, dada la implacable provocación de Occidente. Pero los estadounidenses parecían intensificar su retórica.


Luego, la noche del 26 de septiembre, el teniente coronel Stanislav Petrov estaba de guardia en el Centro de Comando de las fuerzas nucleares soviéticas y observó con horror cómo el sistema de alerta temprana informaba un lanzamiento de ICBM desde los Estados Unidos. Subiendo hacia el cielo hacia la Unión Soviética, ¿podría ser una falsa alarma?

Petrov retuvo su mano, luego se observó otro lanzamiento. Y otro. Y otro. Y otro.

Sus órdenes eran claras: informar esto a sus superiores, incluido el nervioso Andropov. Sin embargo, sus superiores estaban casi seguros de ordenar una respuesta inmediata.

Petrov decidió que cinco misiles eran muy pocos y se negó a pasar la información por la cadena de mando, afirmando que tenía que ser una falsa alarma. Bueno, varias falsas alarmas, simultáneamente. ¿No?

Él estaba en lo correcto. Los satélites de alerta temprana habían interpretado el reflejo del sol desde las nubes como un lanzamiento. Repetidamente.



1. Octubre 1962 - La crisis de los misiles cubanos de alguna manera termina pacíficamente


El embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, presenta evidencia de la presencia de misiles soviéticos en Cuba ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en Nueva York, 25 de octubre de 1962 (ONU). Cita del Never Was Magazine.


Realmente no había muchas dudas sobre cuál debería ser el número uno para este artículo. La crisis de los misiles cubanos ha tenido miles de páginas escritas al respecto y posiblemente fue la más cercana a la guerra nuclear.

El despliegue de misiles nucleares a Cuba por parte de los soviéticos en 1962 fue visto como un claro intento de acercar los misiles de primer ataque a los Estados Unidos. Las armas no estarían protegidas por silos y serían totalmente vulnerables, y por lo tanto, lógicamente, solo serían útiles para un primer ataque.  

La URSS quería que se eliminaran los misiles estadounidenses Júpiter en Turquía (igualmente vulnerables, y usando la misma lógica). Ninguna de las partes estaba dispuesta a mostrar debilidad entre sí y frente al mundo, por lo que ninguna de las dos retrocedía.

Las fuerzas estadounidenses se trasladaron a DEFCON 3, preparándose para la guerra. Los submarinos nucleares salieron del puerto, SAC dispersó cientos de bombarderos a sus sitios de preparación para la guerra, los cargó con armas termonucleares, y sus tripulaciones dormían junto a ellos, listos para despegar con casi cero aviso. Todos los días, alrededor de 65 bombarderos B-52 despegaban y orbitaban cerca de la Unión Soviética, listos para comenzar sus ataques.

Luego se trasladaron a DEFCON 2, un paso debajo de "La guerra es inminente".  

El 27 de octubre, cuando se intercambiaron demandas entre Khrushchev y Kennedy, los asesores de Kennedy se convencieron de que Khrushchev estaba mintiendo cuando ofreció retirar los misiles a cambio de concesiones, ya que dos mensajes de él, muy juntos, tenían tonos muy diferentes. MacNamara, Secretario de Defensa, presionó por un ataque aéreo contra los misiles. El Jefe del Estado Mayor Conjunto recomendó un ataque a gran escala.

Luego, un avión espía U-2 fue derribado sobre Cuba y el piloto murió. La presión sobre Kennedy aumentó. Cuba instó a la Unión Soviética a responder con armas nucleares si Cuba era atacada; Estados Unidos advirtió a sus aliados de la OTAN que la acción probablemente era inminente; La CIA informó que los misiles soviéticos en Cuba estaban operativos y listos para la acción.


Vasili Arkhipov

Un submarino soviético se ubicó cerca de Cuba el mismo día y la Marina de EEUU comenzó a lanzar cargas de profundidad para obligarlo a salir a la superficie, a pesar de estar en aguas internacionales. Los oficiales en el submarino, fuera de contacto con Moscú, supusieron que la guerra había estallado. Su capitán decidió lanzar un torpedo nuclear. El oficial político estuvo de acuerdo. Esto normalmente era suficiente, pero el segundo al mando del submarino, Vasili Arkhipov, también era el comandante de la flotilla, y esto significaba que su consentimiento, inusualmente, también era necesario. Y él no estuvo de acuerdo. Resistiendo la presión sostenida de los otros dos, Arkhipov se negó a permitir que se diera la orden, y finalmente retrocedieron.

Y luego, de alguna manera, todos los demás se calmaron y se evitó la guerra.


Notas:

Toda la información en este artículo se obtuvo de fuentes abiertas, gran parte del libro Command and Control de Eric Schlosser, así como de otras fuentes como Chatham House y la Union of Concerned Scientists.

Fuente original:


Never Was Magazine para algunas notas a pie de foto, fotografías e ilustración de portada.

21 mayo 2020

Inicio de la Guerra Fría



    Conferencia de Potsdam julio - agosto 1945 (foto colorizada)


Nota de introducción por el redactor del blog


75 años tras la Liberación de Europa

En el período actual de reestructuración del mundo, las grandes potencias proceden a revisar su interpretación de la Segunda Guerra Mundial, cuestionan los mitos que servían de basamento al orden mundial y expresan nuevas interpretaciones capaces de justificar sus proyectos. En esta tercera parte de la entrevista del historiador Valentin Falin concedida a RIA-Novosti y publicada en castellano por Red Voltaire se ilustra el punto de vista ruso que pone en tela de juicio la sinceridad del antifascismo de Estados Unidos

En 1939, Roosevelt negociaba una alianza con el III Reich para impedir el éxito de la URSS en Finlandia; en 1945, los anglosajones, que se preparaban para proseguir la guerra volviéndose contra Moscú, reconstituían divisiones alemanas para atacar a la URSS.


Así que la historia no es nada nueva. No debemos ir muy lejos, el 19 de septiembre de 2019, en un vergonzoso pronunciamiento político sobre la supuesta "Memoria Histórica" europea para su porvenir, el Parlamento Europeo, a través de la Comisión Europea, eleva a la misma condición al nazismo y al comunismo, presentándose una larga Resolución condenando en primer lugar al comunismo y, como objeto subsidiario, al nazismo; entre otras cosas también señala que "es importante no olvidar cómo las Fuerzas Aliadas "liberaron" Auschwitz hace 75 años"... (?). Bueno, si esos son los políticos que dirigen la Unión Europea no dudamos de las consecuencias que acarreará el futuro con la educación de las nuevas generaciones de dirigentes. 

Desde hace más de cuatro años tengo archivado un artículo por lo demás esclarecedor, ha llegado el momento de destaparlo, pero como no es la materia central de este artículo, breves notas resumidas o citas textuales aclaran esa histeria europea (en un buen porcentaje) hacia la gigante nación rusa. 

"La rusofobia de Occidente es incurable" (Sputnik). La 'perversidad' de los rusos no se discute en Occidente. Ni los medios, ni los políticos se cansan de pregonarla. La sociedad occidental padece prejuicios negativos sobre Rusia, escribe el historiador suizo Guy Mettan. 

En su libro "Rusofobia, mil años de desconfianza", inicialmente publicado en Suiza, Rusia, Italia en 2016, llegó en inglés a los Estados Unidos en 2017 bajo el título: "CREATING RUSSOPHOBIA. From the Grat Religious Schism to Anti-Putin Hysteria". El autor señala que la rusofobia es anterior que la misma Rusia. Empezó con la división el Imperio Romano en la parte Occidental y Oriental, y, por supuesto, con la división religiosa entre los católicos y ortodoxos.

Prejuicios de esa época, "todos los pueblos orientales son bárbaros, sus líderes son autoritarios, están obsesionados con la expansión y sueñan con conquistar a Occidente noble e inocente". Es lo mismo que se lee en la actualidad. Dentro del marco de la historia contemporánea la rusofobia se agudizó a finales del siglo XVIII, en el reinado del rey francés Luis XV apareció un falso 'Testamento de Pedro el Grande', atribuyéndose al monarca, como "legado" a sus descendientes, el deber de "conquistar Occidente". Napoleón en 1812 la aprovechó para justificar su invasión a Rusia. Le seguirían los ingleses para utilizar el falso legado para la Guerra de Crimea (1853). A finales del siglo XIX el 'testamento' fue desmentido, pero el fraude perduró y se repite en el presente. En Ucrania (2014) el mismo pretexto -impulsado por los Estados Unidos- condujeron al golpe de Estado en Kiev. 

Señala Mettan que "para los medios occidentales, Rusia sigue siendo 'una amenaza', mientras dos ideas preconcebidas se mantienen. "Occidente siempre representa 'las fuerzas del Bien': los valores comunes, la democracia, la libertad etc., y Rusia, por su parte, 'promueve' la autocracia, el nacionalismo y el rechazo a la libertad personal".

Es el enfoque que se impone en la opinión pública que sirve de fundamento para la expansión y militarización de la OTAN hacia Europa del Este. 

"Los periodistas occidentales se comportan no como profesionales de la información, sino como directores del cine, que ya tienen establecido un guión en que los países occidentales son 'buenos' y Rusia es 'mala'. Este tipo de manipulación de la conciencia es la base del contenido mediático en Occidente", afirma Guy Mettan.


(Fotografías, mapas y notas a pie de foto son agregadas por el editor de este blog).

t. andino


Tercera y última parte

Inicio de la Guerra Fría
La Conferencia de Yalta ofrecía una oportunidad que no fue aprovechada


Interlocutor: Valentín Falin
Doctor en Historia.
Entrevistador:  Víctor Litovkin
Comentarista militar de Ria Novosti 
2005


La historia, su realidad y mitos, constituyen retos políticos permanentes. Valentín Falin ofrece una lectura de la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista ruso, con frecuencia desconocido por el público occidental.



➤  Viktor Litovkin: Los expertos tienen al menos dos formas de comentar tales o más cuales acontecimientos históricos. Unos insisten en la imposibilidad de separarlos del contexto de la época en que se produjeron y, por consiguiente, en la necesidad de analizarlos teniendo en cuenta de manera obligatoria esa época. Otros afirman que sólo se puede entender profunda y correctamente lo que ocurrió hace mucho tiempo si partimos de las posiciones actuales. ¿Qué cree usted? ¿Cuál es su evaluación de los resultados de la Conferencia de Crimea de 1945?
Valentín Falin: En mi opinión, todo acontecimiento internacional, sobre todo importante, debe ser analizado desde el punto de vista del lugar que ocupa en la historia. Los acontecimientos no deben ser separados de su contexto, arrancados del medio en que germinaron.

Es conveniente no olvidar las consecuencias reales de estos hechos y las que se esperaban. En ese sentido, la Conferencia de Yalta ocupa un lugar poco común. Ha habido muchas alteraciones con relación a ella desde 1945 y, naturalmente, durante la Guerra Fría. Las alteraciones no han desaparecido. Existen en la actualidad y se multiplican.

Para excluir o anular los intentos de aquellos que tratan de «volver a escribir la historia» al evaluar lo que pasó en Yalta, me referiré, esencialmente, a las fuentes estadounidenses, a los participantes inmediatos en el hecho, en especial a Roosevelt y a su secretario de Estado, Edward Stettinius.

Industrial eminente y figura muy influyente en los medios de negocios y políticos de Estados Unidos, Edward Stettinius ocupó ese puesto hasta el fallecimiento de Franklin Delano Roosevelt (12 de abril de 1945) y hasta el ascenso de su sucesor Harry Truman a la presidencia de Estados Unidos. Stettinius dejó interesantes memorias que contienen ricas y preciosas informaciones sobre lo ocurrido en Yalta, de lo cual fue testigo y participante inmediato.

Edward Stettinius estimaba que Yalta fue el punto culminante de la cooperación entre Estados Unidos, la Unión Soviética y, en parte, Gran Bretaña, cuando, después de Teherán y de la apertura del segundo frente, se estableció un clima de confianza entre las tres grandes potencias mientras que por otra parte los días de la Alemania fascista estaban contados y la Unión Soviética se había comprometido a declararle la guerra al Japón militarista.


Conferencia de Yalta, en la península de Crimea, Unión Soviética, del 4 al 11 de febrero 1945

Los estadounidenses y sus aliados se enfrentaban entonces a un problema: ¿cómo garantizar la paz después de la guerra? ¿Cómo crear un mundo donde catástrofes como la Segunda Guerra Mundial fueran imposibles?

Al referirme a las palabras de Edward Stettinius debo afirmar que la mayoría de las decisiones adoptadas en Yalta tenían como base los proyectos estadounidenses, no los nuestros. Por ejemplo, el comunicado final, como destaca el Secretario de Estado, es un proyecto puramente estadounidense. La URSS no hizo ninguna enmienda.

Gran Bretaña se limitó, en lo esencial según Stettinius, a realizar comentarios estilísticos. Las afirmaciones de algunos de que «Stalin podía más que Roosevelt» o de que «se había aprovechado de la enfermedad de este último» no tienen nada que ver con la verdad.

➤  Viktor Litovkin: ¿Por qué deseaba tanto Roosevelt que se realizara el encuentro de Crimea? ¿Por qué se mostró tan comprensivo con relación a las preocupaciones de Stalin sobre la forma de construir el mundo de postguerra?
Valentín Falin: Roosevelt retomó varias veces las ideas que le había expuesto a Molotov en junio de 1942, durante el encuentro de Washington, según las cuales veía un mundo de postguerra sin armas. A propósito, el término de «mundo de los tres o cuatro policías» comenzó a circular a partir de entonces.

Según Roosevelt, sólo Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y tal vez China podían tener fuerzas armadas y esas fuerzas deberían incluso ser limitadas. Los demás países, tanto los agresores -Alemania, Japón e Italia- como sus satélites debían ser completamente desarmados. Otros, incluso los que formaban parte de la coalición antihitleriana, Francia, Polonia, Checoslovaquia, también debían ser desarmados porque, según la tesis de Roosevelt, «Economía mundial saludable y carrera armamentista son incompatibles».

Según Roosevelt, las fuerzas armadas que quedarían en tres o cuatro Estados sólo podrían ser utilizadas con la aprobación general y jamás contra una de esas potencias. Como destacó el Presidente estadounidense, esas fuerzas armadas sólo debían ser movilizadas para sofocar desde su génesis toda posible nueva guerra o agresión.

Como es natural, Roosevelt partía de la experiencia de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, cuando la carrera armamentista engendraba la agresión, cuando constituía el preludio de la agresión, y cuando, las estadísticas lo demuestran, la carrera armamentista desencadena por si misma, en siete u ocho casos de diez, esta agresión, esta guerra. Es muy extraño que se inicien hostilidades en un contexto en el que no hay, o casi, carrera armamentista. La historia también nos da pruebas de ello...


El presidente Franklin D. Roosevelt

➤  Viktor Litovkin:  Perdón, no entiendo muy bien. Es evidente que Roosevelt no era ingenuo y no podía dejar de darse cuenta de la existencia de contradicciones fundamentales entre Estados Unidos y la Unión Soviética, entre la ideología comunista y, si lo prefiere, la ideología, los principios y la práctica de la democracia, del hecho de que la unión entre esos dos extremos diametralmente opuestos solo podía ser provisional y jamás permanente. ¿Por qué imaginaba entonces un mundo futuro sin armas? ¿No era esto una perfecta utopía?
Valentín Falin: Roosevelt no era un político ingenuo. Era un militar que había sido viceministro de las fuerzas navales de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Y no debemos olvidar que los estadounidenses participaron en ese conflicto del lado de la Entente.

Allí, adquirió Roosevelt una experiencia que -diría yo- no estaba desprovista de ese germen de hegemonía que siguió siendo característico del desarrollo de Estados Unidos a lo largo del siglo XX.

Por otra parte, Roosevelt comprendía muy bien quién era Stalin. Veía perfectamente que bajo esa apariencia de marxista-leninista dogmático se ocultaba en realidad un prágmatico convencido hasta la dédula de los huesos. Para Stalin, la ideología no era más que una cobertura, un camuflaje, si usted prefiere. Y Estados Unidos -testimonios de Churchill, del propio Roosevelt e incluso de Hitler lo confirman- no consideraba a Stalin como un comunista.

El problema de la ideología como tal tenía un significado para el público, pero cuando era preciso tomar una decisión histórica, fundamental, siempre quedaba relegado a un segundo plano. ¿Sabe usted cómo saludó Roosevelt a Stalin en Teherán?

- No.

Valentín Falin: «¡Saludamos a un nuevo miembro de nuestra familia democrática!» Son esas las palabras que dirigió a Stalin al inaugurar la conferencia. En ese sentido, Roosevelt veía incluso a Churchill con un ojo más crítico. Sobre todo a causa de la propensión de este último a blandir las armas, a utilizarlas contra todos aquellos que, por una razón u otra, no satisfacían al primer ministro británico.

Roosevelt adoptó en especial una actitud muy negativa con relación a la brutalidad excesiva de las tropas británicas que habían causado numerosas víctimas entre los miembros de la resistencia griega que no querían someterse a las tropas de ocupación inglesas. De hecho, la resistencia griega había liberado su propio país antes de la llegada de los ingleses y querían instaurar un régimen democrático en lugar de ver subir al trono un rey impuesto por Londres.

Sabiendo todo esto, debemos utilizar los clichés ideológicos con mucha prudencia.

A comienzos de los años 30, antes de reconocer a la Unión Soviética, Roosevelt se interesaba por las ideas socialistas. En su época de gobernador frecuentaba círculos que organizaban debates sobre el tema. Fue el único presidente de Estados Unidos que tuvo un comportamiento tan «sedicioso».

Pero en su caso el momento crucial con relación a Stalin y a nuestro país tuvo lugar a mediados de los años 40, cuando se iniciaron en nuestro país «procesos ejemplares». Cambió entonces de actitud respecto del gobierno soviético.

Inmediatamente después del desencadenamiento de lo que se denomina la «guerra de invierno de la Unión Soviética y Finlandia», llegó incluso a interrogarse, en diciembre de 1939 y en enero de 1940, sobre la necesidad de romper las relaciones diplomáticas con la URSS, de volverse atrás en su reconocimiento de la Unión Soviética y sostuvo negociaciones con Kerenski sobre la creación de un gobierno ruso en el exilio.

Si tomamos en cuenta todos estos aspectos, aunque estoy dejando a un lado otros hechos de excepcional importancia, en especial los intentos de Roosevelt para crear a inicios de 1940, con el pretexto de ayudar a Finlandia, un frente antisoviético común del cual formarían parte la Alemania nazi, la Italia fascista y todas las democracias occidentales (proyecto que fracasó porque los alemanes decidieron atacar Francia; Washington fue informado de ello y el proyecto fue retirado), nos daremos cuenta entonces de que no debemos hacer de Roosevelt un retrato monocromo y considerarlo como un liberal, enamorado, o casi, de la Unión Soviética...

No, era un político sobrio y perspicaz, que pensaba que el poder económico de Estados Unidos, incluso cuando no existieran fuerzas de disuasión, bastaba para garantizar su papel de líder en el mundo. Recordemos que la producción industrial de Estados Unidos representaba del 60 al 70% de la producción total del planeta.



Roosevelt y Churchill, durante la Conferencia de Casablanca, 1943

Washington controlaba las finanzas mundiales y el comercio planetario. A partir de ahí llevaba a cabo su plan, adoptado en 1943, que consistía en controlar los principales yacimientos de materias fisibles y de otro tipo. Si no entendemos eso, no entenderemos nada de lo que pasó después.

Edward Stettinius escribe: en 1942, Estados Unidos estaba al borde de la catástrofe. Si los rusos no hubieran resistido en Stalingrado, si la batalla del Volga hubiera terminado como había imaginado Hitler, el Reich habría conquistado Gran Bretaña, establecido su control total sobre África y el Medio Oriente con todos sus recursos petroleros y hubiese conquistado América Latina, con consecuencias desastrosas para Estados Unidos.

Esta es la visión que tenían los estadounidenses de sus perspectivas durante la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Roosevelt, la unión con Stalin no era en ningún sentido fruto del azar.

En 1945, cuando los estadounidenses llegaron a Yalta, Roosevelt estaba aún bajo los efectos:

a) de la derrota que los alemanes habían infligido al ejército estadounidense durante la batalla de las Ardenas; b) del hecho de que fuera Stalin quien los salvara al lanzar antes de tiempo, a solicitud de Estados Unidos, una ofensiva en el este, obligando así a los nazis a retirar del oeste un tercio de sus fuerzas comprometidas en esta operación.

Y comprendió finalmente que las promesas de Churchill de que los anglosajones ajustarían cuentas a Alemania en cualquier momento y dejarían a los rusos desilusionados al detenerlos en cualquier parte del Vístula, en el peor caso en el Oder, no valían nadaNo era una política práctica sino pura fantasía. 

Era preferible entonces no romper las relaciones con Rusia y seguir cooperando con ella para que el mundo de la posguerra fuese visible, previsible, para que dejara de encerrar las amenazas que se habían abatido sobre Estados Unidos y respondiera, al menos en algo, a las ideas que él (Roosevelt) tenía de la democracia, de la justicia humana y social.

➤  Viktor Litovkin: Pero volvamos a la Conferencia de Yalta. ¿De quién fue la idea, aprobada en ese marco, de crear la Organización de Naciones Unidas? ¿Quién propuso dividir al mundo de posguerra en zonas de influencia a la largo de la línea Curzon, algo que los polacos y los países bálticos no han dejado hasta hoy de reprocharle a Stalin?
Valentín Falin: La idea de la ONU pertenece a Roosevelt. Fue mencionada por primera vez en Teherán y tomó forma en Yalta. Stalin insistía en que la sede de esta organización fuera Nueva York. ¿Por qué? ¿Recuerda usted la Sociedad de las Naciones? En un primer tiempo los estadounidenses apoyaron esta iniciativa pero acabaron por no avalarla y no formaron parte, por consiguiente, de la Sociedad de las Naciones.

Stalin creía que Estados Unidos utilizaría la misma jugarreta, diciendo por ejemplo «ayer, evidentemente, estábamos a favor, pero hoy...» Y al proponer que la Organización tuviera su sede del otro lado del Atlántico esperaba que eso ayudaría a los estadounidenses a no escapar de la cooperación internacional.

Ahora bien, las reacciones generales de la prensa estadounidense con relación a la Conferencia de Yalta fueron muy positivas, incluso elogiosas para Roosevelt. Es cierto que hubo críticas, estimuladas desde Londres por Churchill. Sus autores exigían el cese de la cooperación con la Unión Soviética, preconizaban el dominio de Estados Unidos en el mundo. Se llegó a decir que como el moro, «la URSS había desempeñado su papel y ya no era necesaria».

Teniendo presentes estas opiniones y declaraciones provenientes de Londres, el 25 de marzo de 1945, en su último mensaje al Congreso, el presidente Roosevelt subrayaba (y cito):


«Para las generaciones futuras, el destino de Estados Unidos y del mundo entero depende de la aplicación concienzuda de los acuerdos concluidos entre los aliados en Teherán y en Yalta». Y en ese caso, advertía el presidente de Estados Unidos: «los norteamericanos no pueden contentarse con una solución intermedia. Debemos aceptar la responsabilidad de la cooperación internacional, pues de otra forma tendremos que asumir la de un nuevo conflicto mundial».

En el mismo mes de marzo -existen documentos que lo confirman- circulaban comentarios sobre los «supuestos acuerdos de Yalta» en el Departamento de Estado, dirigido ya por Stettinius, quien había reemplazado a Hull, conocido por su antisovietismo.

Algunos funcionarios los calificaban incluso de «simples declaraciones», tratando evidentemente de minimizar su alcance. Truman, quien llegó al poder el 23 de abril y no sabía aún que los estadounidenses desarrollaban la bomba atómica, declaró

Se acabó la cooperación con los rusos, llegó el momento de pasar a una nueva etapa. Se fijó como objetivo «borrar a Yalta».


Carteles ilustrados de la Unión Soviética en que se enfatiza la unión de los Aliados en su lucha contra el nazismo. (Colección Kukryniksy)

Los expertos se acordarán en aquellos momentos de los mensajes elogiosos que Churchill dirigía a Stalin para agradecerle la ayuda que prestaron en enero a los aliados y que les ahorró nuevas conmociones y para exaltar a nuestras fuerzas armadas cuya gloria «no se empañará jamás». Todo esto salía de la pluma de Churchill.

Lea su mensaje de felicitación con motivo del Día del Ejército Rojo, el 23 de febrero de 1945. En esa misma época, da la orden de recoger las armas alemanas y almacenarlas por si estallaba un conflicto con la Unión Soviética. En marzo de 1945, ordena a sus jefes de estado mayor preparar una operación contra la Unión Soviética con la participación de las fuerzas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, el cuerpo expedicionario polaco y... alemanes.

Los británicos contaban con diez divisiones alemanas que se habían reunido voluntariamente a los Alidos occidentales en la etapa final de la guerra. Desarmadas desde el punto de vista formal, pero no disueltas, estas divisiones se entrenaban a diario en el Schleswig-Holstein previendo, no debemos excluir la posibilidad, que pudieran realizar nuevas «hazañas» en el Este. El inicio de la nueva guerra estaba fijado para el 1º de julio de 1945.

Pero cometeríamos un error si pensáramos que los británicos fueron los únicos que actuaron de ese modo y que los estadounidenses permanecían fieles a sus compromisos de aliados. El general Patton, comandante de las fuerzas blindadas de Estados Unidos, no aceptaba detenerse en las líneas de demarcación concertadas entre Washington, Moscú y Londres y quería lanzarse sobre Stalingrado. ¡No para terminar con los comunistas o la Unión Soviética, sino para acabar con los «descendientes de Gengis Kan»!



Churchill consideraba que «cuanto más al este detengamos a los bárbaros rusos, mejor será». Tenía en mente el Plan Rankin, un plan secreto que debía «desalojar» a Overlord, el plan de apertura del segundo frente. Ahora bien, en virtud del plan Rankin, los anglosajones, con el apoyo de los alemanes, debían tomar el control no sólo de Berlín y de Hamburgo, sino también de Varsovia, Praga, Budapest, Viena, Bucarest, Sofía y Belgrado.

Eso dicen los documentos y no podemos cambiarlos. Y si nuestros socios no alcanzaron sus objetivos, no es por no haberlo deseado sino porque la Unión Soviética y, en primer lugar, nuestras fuerzas armadas, lo impidieron.

Las palabras falsas y excesivas con relación a los acuerdos de Yalta constituyen un ultraje a la memoria del principal artesano de esos acuerdos, Franklin Roosevelt. Su mensaje al Congreso -ya citado aquí- era un testamento político en el que hacía saber lo que necesitaban el mundo entero y Estados Unidos, lo que había que hacer para que triunfaran los ideales de justicia, para prevenir nuevas guerras y nuevos desastres de ese tipo. La fidelidad a los acuerdos de Crimea debía representar una oportunidad para el mundo. Lamentablemente no supimos aprovecharla.

➤  Viktor Litovkin: Pero aún no ha respondido usted a la pregunta de saber de quién fue en Yalta la idea de dividir el mundo en zonas de influencia siguiendo la línea Curzon.
Valentín Falin: No hubo zonas de influencia. La idea de la línea Curzon se remonta a 1919, en el marco de una conferencia en la que participaron Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. «Entre ellos tres», esos países trazaron la línea al partir del principio étnico, compartiendo los territorios donde la población era esencialmente ucraniana, bielorrusa o polaca. Esta línea no delimitaba esferas de influencia sino esferas de intereses entre Stalin y Hitler en septiembre de 1939.

En sus negociaciones con la URSS, los británicos afirmaban que la línea Curzon pasaba al este de Lvov. Pero nuestros representantes pusieron sobre la mesa de negociaciones el mapa que mostraba por donde pasaba en realidad. El asunto no volvió a ser mencionado.

En los momentos en que tratábamos de establecer relaciones de buena vecindad con los polacos, tanto durante la guerra como después de ella, modificamos esta famosa línea. Les devolvimos localidades, ciudades, sobre todo Bialystok (Bielostok), para poder decirles: estamos de acuerdo en que algo sea como ustedes lo desean pero, de forma general, respetaremos esta línea.

Y Stalin, cuando negociaba con Roosevelt con relación a la línea, no hablaba de establecer en Polonia un gobierno satélite. Estamos interesados -decía- en que Polonia sea gobernada por un gobierno con disposición amistosa hacia su vecino y no queremos que Polonia se convierta de nuevo en un puesto de avanzada o en corredor para golpear a Rusia, como ocurrió en la época de Napoleón y durante la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

➤  Viktor Litovkin: Pero en Yalta se habló también de la situación de los países bálticos, cuya adhesión a la URSS jamás fue reconocida por Estados Unidos.
Valentín Falin: El problema de los países bálticos es algo aparte. Lituania, Letonia y Estonia fueron arrancadas a Rusia cuando esta no era aún soviética. Estos países fueron ocupados por los alemanes. Como era de esperar, los gobiernos fantoches colocados a la cabeza de estos Estados pidieron estar bajo protectorado alemán.

Todo esto se produjo en septiembre de 1917. Y cuando estalla la Revolución de Octubre, en estos países aparecieron gobiernos allegados a los soviéticos, o simplemente soviéticos -¡esto es un hecho histórico!- que aplastaron rápidamente a las tropas alemanas estacionadas en los países bálticos.

Hay que señalar que, según el Tratado de Versalles, las tropas alemanas debían ser retiradas de los territorios que no formaban parte de la Alemania de los Káiseres. Ahora bien, los aliados obligaron de hecho a los alemanes a dejar sus tropas en Finlandia, Lituania, Letonia y Estonia como garantía, así decían, de que el poder en esos países no cayera entre las manos de la «chusma» y que ese poder pasaría a manos de aquellos que convinieran a los aliados.

En 1921, con la participación de los británicos, Pilsudski lanzó contra Kiev una ofensiva preparada por los franceses. Se esperaba que prosiguiera la marcha hasta Moscú. En aquella época, los demócratas occidentales querían imponer a los alemanes la siguiente solución: los alemanes suministran las fuerzas que, desde los países bálticos, lanzan una ofensiva contra Petrogrado. Oficialmente, el comando de esta operación fue confiado al general Avalov pero, de hecho, debía ser asumido por generales alemanes.

Pero los alemanes comprendieron con celeridad a qué aventura los querían arrastrar y dijeron que no. Por esta razón la operación de Pilsudski, sin el apoyo del norte, fracasó. En ese contexto se cerró el Tratado de Paz de Riga de 1921 que debía impedir a los países bálticos lanzarse en el futuro a cualquier tipo de aventura.

Nosotros reconocimos su condición independiente. Hay que señalar que los estadounidenses reconocieron la independencia de Lituania, Letonia y Estonia dos años más tarde. Antes, apoyaban a Koltchak y a los otros representantes visibles de la guardia blanca que exigían la creación de una Rusia «unida e indivisible». Hasta una época determinada, la soberanía de los países bálticos no les interesaba para nada.



Esclarecedor mapa de la llamada "Guerra Civil Rusa" tras la Revolución de Octubre (1917), el mapa representa las operaciones militares entre 1918 - 1921. Las leyendas describen la situación. Este conflicto no fue solo nacional sino que contó con la participación directa y encubierta de otros estados (incluso tropas estadounidenses) ante el temor de que la doctrina bolchevique se afiance y se expanda por la región.

➤  Viktor Litovkin: Pero no se comprende porqué Estados Unidos aceptó que Lituania, Letonia y Estonia fueran incorporadas a la URSS después de la guerra.
Valentín Falin: Jamás lo aceptó. Este asunto no fue mencionado en la Conferencia de Yalta. En una entrevista, tal vez en Teherán, Roosevelt le propuso a Stalin organizar un referéndum en los países bálticos después de la guerra. Si estos países querían permanecer en el seno de la URSS, Estados Unidos prometía reconocer su nueva condición. Hasta donde sé, Stalin respondió: ya hubo un referéndum, no veo que otra cosa nueva podamos inventar.

Desde 1942, Roosevelt trataba de conseguir una entrevista particular con Stalin. Y creo que en ese caso nuestros dirigentes cometieron un grave error de cálculo. Según Harry Hopkins, consejero del presidente estadounidense, Stalin se habría asombrado al ver hasta que punto estaba dispuesto Roosevelt a acceder a los intereses legítimos de la Unión Soviética.

Ahora bien, apelando a pretextos diversos Stalin evitaba el encuentro, era preferible una reunión tripartita, proponía un encuentro entre sus representantes. La explicación de esta negativa tal vez se halle en el hecho de que Stalin sufrió un ligero ataque cerebral en 1943 y se vio incapacitado para el trabajo durante varios meses, pero nadie estaba al tanto de ello.

Las informaciones falsas que Churchill enviaba a Stalin por diversos canales también desempeñaron un papel nada desdeñable. Se supone que Churchill proponía a los estadounidenses que reconocieran las fronteras de la URSS de 1941, que ya incluían a Lituania, Letonia y Estonia, pero los estadounidenses se oponían a ello de manera sistemática.

Si lo hacían no era porque quisieran tanto a los países bálticos sino porque la proporción de inmigrantes lituanos, letones y estonios en el electorado de Roosevelt no era nada desdeñable. Y necesitaba sus votos en las elecciones. Consideraciones que lo mantenían, por así decir, amarrado.



Retrato del líder soviético Stalin

➤  Viktor Litovkin: ¿Cuál es el principal balance de la Conferencia de Yalta? ¿No es el hecho de que hayamos vivido sin guerras mundiales durante sesenta años? ¿Cuáles son, en su opinión, las lecciones de Yalta para los políticos actuales?
Valentín Falin: Antes de responder, quisiera mencionar otro detalle, sustancial según creo, de las negociaciones de Crimea y del que no quedó prácticamente ninguna huella escrita. Roosevelt le prometió a Stalin un crédito de 4.500 millones de dólares para la recuperación del país en el período de posguerra.

¿Por qué? A pesar de todo lo que le decían de Stalin -que era un dogmático comunista, un socialista hasta la médula-, el presidente sabía que Stalin proponía gran número de concesiones a los estadounidenses, condiciones excepcionales para las inversiones, que analizaba la idea de una economía de mercado en la URSS.

Y si esto no se materializó fue porque después de Roosevelt vino Truman, un hombre que al regresar a Estados Unidos luego de la conferencia de Postdam le ordenó a Eisenhower preparar el Plan Totality de guerra nuclear contra la Unión Soviética.

La primera versión de ese plan estuvo lista en diciembre de 1945. Luego vinieron otros planes, como Drop Shop y otros, que preveían desmembrar a la Unión Soviética en doce Estados, incapaces por sí mismos de alcanzar solos sus objetivos económicos y de defensa.

Pero, si hay que mencionar el alcance global de la Conferencia de Crimea, pienso que Yalta constituyó una de las mejores oportunidades que ha tenido jamás la humanidad desde los comienzos de su historia escrita, al menos desde el nacimiento de Cristo, de excluir totalmente la guerra de la vida de la humanidad, como fue inscrito en la Carta de la Organización de Naciones Unidas. Oportunidad que no fue aprovechada, y la responsabilidad principal recae sobre Washington.

En diciembre de 1945, Burns, el primer secretario de Estado de Truman, sostuvo negociaciones con Stalin en el marco de la Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de Moscú. En su intervención, difundida por la radio el 30 de diciembre, señaló que luego de las negociaciones sostenidas con Stalin había comprendido que la paz equitativa, tal como la conciben los estadounidenses, era posible.

El 5 de enero, Truman le dirigió una carta en la que le decía: «Lo que dijo es delirante. No necesitamos ningún compromiso con la Unión Soviética. Lo que necesitamos es la Pax Americana, conforme en un 80% con nuestros ideales.»

La fecha del 5 de enero de 1946 puede ser considerada como la del inicio formal de la Guerra Fría. Y usted sabe a dónde nos condujo.



El presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman desde 1945 a 1953

La lección principal de la Conferencia de Yalta es la siguiente: si hubiéramos tenido un enfoque razonable, y si hubiéramos manifestado en ese entonces el deseo de instaurar una paz satisfactoria para los intereses de todos los miembros de la comunidad internacional, hubiera sido posible encontrar antes soluciones convenientes para todos. Y es infinitamente más difícil hacerlo hoy. El mundo está sobresaturado de armas y muchas cosas dependen de circunstancias imprevisibles, de origen terrestre o no.

...Aviones B-52 estadounidenses transportaban cuatro bombas H de 25 megatones cada una, es decir 100 megatones por avión. Estos aparatos sufrieron tres averías. Uno de ellos se estrelló cerca de Chicago. Once de los doce fusibles de seguridad de una bomba no funcionaron. ¿Qué habría sido del mundo si el último dispositivo, el duodécimo elemento, hubiera fallado también?

Podemos calcular en la actualidad la cantidad de veces que el mundo ha estado al borde de una catástrofe global. Solo una razón superior ha preservado de la autodestrucción a la humanidad y la vida biológica en la tierra.

Todos los Estados del planeta deben por consiguiente actuar de forma tal que cada uno de sus pasos, grande o pequeño, tienda a hacer del mundo un sitio menos peligroso en todos los aspectos. Y naturalmente, más equitativo y más unido.


Fuente original de consulta en castellano
Red Voltaire

Otras fuentes de consulta:


Por qué la "Conferencia de Yalta" es tan importante en la historia?
¿Por qué se ignora el papel de la URSS en la victoria sobre el nazismo?
La rusofobia de Occidente es incurable
La Temprana ´Guerra Fría´: Planes de la OTAN - Pacto de Varsovia
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