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29 julio 2022

Desenmascarando los fraudes del revisionismo (IV)





       Otros mitos de la economía nazi

Por Tito Andino

Este artículo es continuación del episodio anterior denominado "El Trono de Oro", trata en profundidad un análisis histórico - económico de la Alemania hitleriana y los falsos mitos sobre el "milagro" nazi para levantarse de la ruinosa situación financiera heredada del fracaso expansionista en la primera guerra mundial o Gran Guerra. 

Una aclaración importante. El siguiente artículo originalmente fue publicado como Parte II de "El Trono de Oro", en enero de 2019 y forma parte de la serie de artículos denominados "Desenmascarando los fraudes del revisionismo". Sugirieron separarlos, por cuestiones prácticas, dejando la parte histórica aparte del real estudio de la economía implantada durante el régimen nazi, aparte que los largos textos de la publicación original pudieron haber causado distracción y cansancio mental  en el lector.

Entonces, he aquí el resultado, esta nueva versión corregida y ampliada para mejor comprensión del gentil lector.

Buena lectura.

             La verdadera economía de Hitler 

Continuemos con algo que el señor Salvador Borrego (autor del libro "Derrota Mundial") y todos los "expertos revisionistas" en "economía nacionalsocialista" pretenden ignorar. 




La economía de compulsión “zwangswirtschaft”

Ni los nazis, ni los economistas y banqueros del gobierno de Hitler transformaron la banca alemana, el sistema bancario nacionalizado ya estaba operando en la República de Weimar. Al asumir el poder los nazis la tuvieron fácil, usaron el sistema para generar el crédito inflacionario y contaron con la enorme suerte que la crisis mundial económica llegaba a su fin casi paralelo a la ascensión de Hitler.

La 'Zwangswirtschaft' ha pasado a la historia por las draconianas medidas que acompañaron su aplicación. No se ha visto nunca algo parecido (y en eso si estamos de acuerdo con el escritor mexicano Salvador Borrego). Para el nazismo el control de los precios tenía un lineamiento político dictatorial y belicista. Goering, Schacht y Funk reconocieron en 1946 que el control de los salarios y precios implicaba desde vigilar el trabajo de la gente hasta sus propias vidas"Ningún país puede conformarse sólo con hacer parte del trabajo" señalaron.

Hitler se valió de la economía de compulsión para edificar su “modelo” de economía de guerra en que giraba todo su programa. Los nazis no hicieron otra cosa que imprimir papel moneda en grandes cantidades para el gobierno, eso es lo usual y lo hacen todas las naciones cuando necesitan recursos, para evitar la inflación estaba la “zwangswirtschaft”, es decir, el control del trabajo y la vida del alemán, para buen entendedor: los campos de concentración aguardaban a cualquier libre pensador. Los nazis si fueron innovadores en ese aspecto. 

"La economía de compulsión de la Alemania nazi", en un estudio de referencia que hemos consultado, consistía en "establecer sucesivamente precios máximos sobre aquellos artículos que van viéndose afectados por la inflación. Una vez que el gobierno se embarca en controlar precios, el proceso de compulsión ya no se detiene. La combinación de más dinero en las manos del gobierno y del público, con los precios invariables tipificados para algunos productos, hace que la oferta ya no pueda satisfacer a todos aquellos que están dispuestos a pagar el precio que se pide. Aparecen así sucesivamente las colas, los desabastecimientos, la acumulación por parte de los consumidores de cualquier producto que tienen la suerte de encontrar en las tiendas, se tenga o no necesidad perentoria de él y finalmente el racionamiento". 

"Lejos de constituir el peor aspecto del problema, los mercados negros sirvieron para evitar el caos absoluto de los desabastecimientos. Eso sí, a costa de convertir a millones de personas decentes, en infractores de la ley. En sus etapas finales, la economía alemana absolutamente devastada por la guerra, se encontraba con paradojas como que, en medio de un hambre generalizada, un sombrero (sin precio controlado) costaba millones de veces más que una hogaza de pan (sobre la que sí existía precio máximo). No es difícil para el lector advertir qué era más conveniente fabricar en estas circunstancias. Los alemanes se encontraron en una situación en la que carecía de sentido trabajar a cambio de un papel moneda del que todos ya tenían ingentes cantidades y cuyo problema era encontrar algún establecimiento aprovisionado donde gastarlo. Pasaron de trabajadores a vagabundos y estuvieron en ese estado de postración hasta que Ludwig Erhard en 1948, devolvió la cordura a la economía con su reforma económica".


El Plan Cuatrienal
  
En 1936, Hitler implantó varias medidas económicas cuyo único propósito fue lograr en Alemania la implantación de una economía basada en la preparación de la guerraLa máxima prioridad de los nazis, en pugna con los economistas, era el rearme. 

La función de los economistas y de sectores industriales, que al principio ignoraban los planes, fue preparar el país hacia la "autarquía, es decir, la capacidad de Alemania de ser autosuficiente". Muchos en el sector empresarial apoyaban el rearme, sin embargo, eran realistas, no podían atender dos frentes dispares, el proveer a la población de suficientes medios de consumo, por un lado; y, por otro, el desmesurado presupuesto para gastos militares. Ese anhelo de Hitler no se logró jamás, los cañones definitivamente vencieron a la mantequilla. 

Sectores empresariales no ligados al segmento armamentista fueron ignorados, por tanto no tenían capacidad de presentar sus puntos de vista a mentalidades cerradas como Goering. Igual de ignorados estaban los economistas, quienes alarmados contemplaban la "mágica" máquina de imprimir papel moneda, rompiéndose la cabeza para no desatar una nuevo proceso inflacionario. Es aquí donde surge la verdadera razón del distanciamiento de personas como Hjlmar Schacht, el ministro de economía y presidente del Reichsbank, quien renunció a sus cargos a instancias de Goering.



La tarea de organizar el Plan Cuatrienal recayó en Hermann Goering, designado Ministro Plenipotenciario del Reich, por tanto con injerencia en los ministerios de Economía, Defensa, Agricultura y otros. El nombramiento de Goering como jefe del plan tuvo beneficios a corto plazo para Hitler, a la larga fue un desastre, ya que Goering apenas tenia conocimientos de economía y no podía aportar nada que no sea una meta política. 


Se transformó en dictador de la economía alemana, controlando el aparato industrial y productivo, mediante decretos ley. La propaganda se encargó de suplir los defectos del señor Goering, en quien se constató el único caso en que la mantequilla triunfó ante los cañones.  

Es cierto que el Plan Cuatrienal tenía como propósito regular las importaciones y exportaciones; intentar reducir el desempleo, realizar proyectos de obra pública (autopistas), la producción de automóviles y fibra sintética, proyectos de construcción; aumentar la producción agrícola; en general, autosuficiencia en producir materias primas. No obstante, todas esas actividades se subordinaban al rearme, la prioridad era la reconstrucción de la defensa militar.

Apenas pocos altos mandos del Partido nazi conocían los detalles minuciosos del Plan Cuatrienal, en agosto de 1936 recibieron una copia clasificada como "Memorándum Secreto". Algunos datos desconocidos lo tomamos del artículo "Plan Cuatrienal". El plan fue anunciado oficialmente en septiembre de 1936, en Nuremberg. Adolf Wagner leyó la orden de Hitler:

"Hoy presento el nuevo Plan Cuatrienal. Durante los próximos cuatro años, Alemania debe ser totalmente independiente del suministro extranjero de aquellas materias  que se pueden producir en cualquier forma a través de la capacidad alemana, a través de nuestra industria química y de nuestra maquinaria industrial, así como a través de nuestra industria de explotación minera. La reconstrucción de esta gran industria alemana de materia prima servirá para dar empleo a las masas. La implementación del plan llevará a cabo con el vigor y la energía nacionalsocialista. Pero además, Alemania no puede renunciar a la solución de sus demandas coloniales. El derecho de los alemanes a vivir es sin duda tan grande como el de otras naciones. El éxito de este plan es sólo una cuestión de nuestra energía y determinación. Los nacionalsocialistas nunca han reconocido la palabra "Imposible".

El cómo conseguir los recursos, la materia prima, los capitales, ya no quedaba dentro de la capacidad de la economía alemana ni de la propaganda nazi, allí es donde intervinieron los industriales alemanes, como subsidiarios de las grandes corporaciones norteamericanas que se instalaron en Alemania, gracias a la benevolencia de Adolf Hitler.


Cañones si, Mantequilla no 


Fotomontajes famosos del artista alemán John Heartfield: "Hurray, die Butter ist Alle!" ("Hurrah, la mantequilla es todo!", se publicó en la portada de la AIZ en 1935. Una parodia de la estética de la propaganda, el fotomontaje muestra a una familia en la mesa de la cocina, donde cuelga un retrato cercano de Hitler y el está adornado con esvásticas. La familia (madre, padre, anciana, joven, bebé y perro) está intentando comerse piezas de metal, como cadenas, manubrios de bicicletas y rifles. A continuación, el título está escrito en letras grandes, además de una cita de Hermann Göring durante la escasez de alimentos. Traducido, la cita dice: "El hierro siempre ha fortalecido a una nación, la mantequilla y la manteca de cerdo solo han engordado a la gente". La sátira sobre las palabras de Goering refiere claramente que "las pistolas son mejores que la mantequilla". A la derecha, Heartfield presenta la "Receta de Goebbels" contra la emergencia alimentaria en Alemania. "¿Qué? La manteca de cerdo y la mantequilla faltan mientras comes?, puedes comerte tus judías".


Excelentes artículos sobre economía explican la disyuntiva, "¿Cañones o mantequilla?", qué elegir para explicar la curva de la Frontera de Posibilidades de Producción, que representa las cantidades máximas posibles de bienes y servicios que pueden producirse en una economía. Hermann Goering, responsable nazi del Plan Cuatrienal, en 1936, dijo: “Los cañones nos harán poderosos, la mantequilla solo nos hará engordar” (como en su caso, privando de mantequilla al pueblo). Goering ante una audiencia detalló la supuesta carrera armamentista de sus vecinos y preguntó: ¿Quieren cañones o mantequilla?

La pregunta es válida aun en el presente, "estos dilemas se escuchan y leen a diario y es frecuente plantearse que en lugar de aviones en la Cumbre del G7 deberíamos gastar en hospitales; pero con ese criterio el Gobierno no destinaría ni un centavo para seguridad y en el país nunca se haría un evento internacional. El mismo criterio podríamos aplicar a las campañas electorales y municipales. El hecho es que en economía se pueden encontrar combinaciones intermedias entre destinar una proporción a gastos sociales y otra para seguridad" 



En el artículo "Cañones o mantequilla: sistemas económicos y coste de oportunidad", se explica que en economía, elegir entre cañones y mantequilla es indiferente. Los cañones se pueden cambiar por mantequilla en el mercado internacional. Hay una tercera alternativa, un estado belicista utilizará sus cañones para apropiarse de la mantequilla de otro. Es aquí donde debemos entender los principios económicos del nazismo, el enorme gasto militar y rearme alemán, con la fabricación de armamento a niveles insospechados, logró el incremento de las fuerzas armadas y la planificación de proyectos donde utilizar esa enorme producción, no cabía duda, una guerra de conquista.

"Las economías autoritarias responden unilateralmente a las preguntas básicas de la economía, imponiendo sus decisiones al resto de la población. En la medida que son unos pocos quienes deciden el destino de muchos, la imposición de las decisiones no siempre son populares de tal forma que el respaldo de las armas no está de más. Otras razones son las defensivas. Si el país logra cierto crecimiento económico y empieza a producir cierta cantidad de mantequilla, puede atraer la envidia de sus vecinos y ser invadido. Tanto los países pobres como los ricos producen cañones pero éstos, a diferencia de los primeros, no necesitan apropiarse de la mantequilla del vecino"

Otro razonamiento sobre el dilema cañones o mantequilla, fue planteado por el investigador Harald Steffahn. "¿Hubiera Alemania ganado la guerra de haber procedido antes a armarse rigurosamente? Contra los EEUU, en ningún caso; contra Inglaterra, solo de haberse decidido por la invasión; contra Rusia quizá, siempre y cuando, naturalmente, que desde el principio no hubiera subestimado sus posibilidades, evitando así los errores cometidos en los primeros tiempos de la campaña"


El mito del "Ministerio Apolítico" -el Ministerio de Hacienda-

Nunca existió tal "ministerio apolítico", las duras imposiciones fiscales a los ciudadanos alemanes así lo demuestran. 

Un libro de reciente aparición (ed. De Gruyter, 2018) del historiador alemán Ralf Banken, "Hitlers Steuertstaat. Die Steuerpolitik im Dritten Reich" (El estado fiscal de Hitler. La política fiscal en el III Reich) destapa otro mito de la economía nazi. El gobierno de Hitler acosó con impuestos fiscales a la clase media y trabajadora. El mito propagandístico conocido es que en materia fiscal el nazismo era "indulgente con las masas" pero "dura con la burguesía". Conforme la investigación de Banken, la carga fiscal sobre los ciudadanos llegó a ser la "mayor que ha experimentado Alemania" en su historia. De hecho, "nunca ha experimentado algo así ningún otro país de la Europa continental"




Entre 1932 y 1940, el impuesto sobre el salario se cuadriplicó. Las clases trabajadoras (no se puede hablar de la existencia de grandes clases medias), estuvieron bajo una "muy dura carga fiscal", golpeadas por las diferentes tasas impositivas sobre la renta. Entre los más pudientes, sin embargo, la tasa impositiva máxima del impuesto sobre la renta que asumieron fue del 65%. En el Tercer Reich, "los grandes patrimonios también estaban bajo la presión fiscal, pero también ganaban muy bien y mucha parte de esa carga fiscal significó menos que para el resto".

Los responsables del ministerio de Hacienda se aprovecharon de los dineros que pagaban los trabajadores en materia de seguros sociales para financiar sus proyectos. Para la clase trabajadora "el principal problema no eran tanto los impuestos sino los seguros sociales de desempleo, seguro médico o las cotizaciones para la jubilación. Estos pagos también comenzaron a subir. En un momento dado llegaron a ser una carga mucho mayor que los impuestos. Ese dinero se empleó para financiar la industria armamentística". Lo mismo puede decirse de los ahorros de las clases trabajadoras. Ese ahorro era consecuencia de que, especialmente en los años de la guerra, había una importante carestía de bienes de consumo. "La gente iba con el dinero a la caja de ahorros o al banco y con ese dinero el estado se financiaba. La gente fue engañada por el Reich", sostiene Banken. 

"El Ministerio de Finanzas del III Reich buscaba recaudar dinero para financiar la industria militar y minimizar así las deudas. No tuvo éxito. Y los impuestos subieron hasta lo imposible".  

El mito de “las autopistas del Führer” 

Otra clara tergiversación de la realidad económica de la Alemania nazi fueron las autopistas, que no son invención de Hitler. No es nada raro que hasta el presente, incluso en Alemania, se mantenga la creencia que las autopistas fueron un invento del nazismo y que por ese medio se redujo el desempleo masivo. Esta es otra mentira histórica.



Ya 
existían grandes proyectos de autopistas desde inicios del siglo XX. Una anécdota curiosa, digna de señalarse es la siguiente, antes de la toma del poder por los nazis:

"Pocos años antes, gran parte del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) se oponía conjuntamente con el partido comunista, a la construcción de autopistas.. Aducían que la construcción de “vías sólo para automóviles” serviría sólo a los “aristócratas ricos y a los grandes capitalistas judíos”. Cuando Adolf Hitler subió al poder, en 1933, los nazis descubrieron que las carreteras servirían a sus propósitos".

Es cierto que los planes de grandes autopistas no se cristalizaron masivamente en la Alemania de posguerra, consecuencia de la crisis económica mundial, la hiperinflación, la falta de capitales, el cumplimiento de indemnizaciones, pero, ya existían, no solo en proyectos. Por ejemplo, la última antes del nazismo fue una obra del futuro Canciller alemán, Konrad Adenaeur, en 1932, en su calidad de alcalde de Colonia, aunque pequeña (en cuanto a distancia) unía Colonia y Bonn (un eje muy estratégico para la economía); al asumir el poder los nazis no aceptaron esa calidad de autopista y la “degradaron” a una “mera carretera regional”. 

Para el nazismo era imperioso fomentar su mito, el mérito de haber construido la primera autopista del país tenía que ser obra del nazismo. 

La única realidad es que las autopistas del Führer tenían un objetivo estratégico fundamental en el área militar, la movilización masiva y rápida de material bélico, pertrechos y tropas (las mismas razones que motivaron a los prusianos a impulsar el ferrocarril); en contrapartida, también fueron un factor determinante para su rápida caída, las “autopistas del Führer” fueron el elemento clave para la fácil y rápida ocupación de Alemania por parte de los Aliados.



En "Hitler y la autopista, una mentira histórica", se relata que el Führer, al aceptar la necesidad de movilidad, dedujo que seduciría a la nación y aseguraría el poder.

"Su aparato de propaganda comenzó entonces a prometerle movilidad a un pueblo que podría al fin viajar. Según los planes, se construirían 1000 kilómetros de autopistas anualmente. En 1934, Hitler hablaba del comienzo de una “batalla laboral” que iba a generar 600.000 puestos de trabajo. La verdad fue otra. En los momentos más intensos apenas llegaron a ser 120.000 obreros los que a punta de pico y pala construyeron esas vías. La enfermedad y el hambre los acompañaban; las huelgas que hicieron fueron su pasaje al campo de concentración. Sus historias no fueron del dominio público. A la vez, en el transcurso del régimen nazi, cada vez más obreros ingresan en la boyante industria armamentista. Lo que realmente ayudó a reducir el desempleo".

En plena guerra, los prisioneros obligados a trabajos forzados se encargaban de construir y mantener las vías. En 1943, con la limitación del tráfico de coches, las bicicletas fueron los amos de las autopistas.

"No obstante, el aparato de propaganda siguió alimentando la mentira. Y tuvo éxito. En las películas y las fotos que difundía se mostraba grandes contingentes de obreros trabajando en autopistas en las que las obras habían sido detenidas hacía ya rato. Estas imágenes marcaron la memoria de toda una generación. Los nazis habían logrado imponer su mito".

La economía y producción de guerra

"La economía de guerra alemana estaba orientada hacia el golpe definitivo y la sorpresa, hacia el ataque relámpago. La crisis para Alemania comenzó en el momento en que fue imposible ganar batallas con esa táctica". 

El Plan Cuatrienal no culminó en la época de paz, se mantuvo aun entrada la guerra, tras la entrega de nuevas funciones a Albert Speer como Ministro de Armamento y Producción de Guerra del Reich, en 1942, cargo que, practicamente, acaparó la producción y economía alemana, luego vendría la declaración de "Guerra Total" de Goebbels. Los "logros" obtenidos por el señor Speer solo tiene un nombre, la utilización forzada de la mano de obra de prisioneros y civiles de los territorios ocupados. 

Mano de obra esclava

¿Acaso podemos olvidar que Alemania ganó millones y millones con la explotación de la mano de obra esclava (prisioneros de guerra o políticos, civiles extranjeros, judíos, etc.)? Sectores tan neurálgicos como la industria armamentista y del desarrollo del naciente misil balístico necesitaba mano de obra calificada, obreros extranjeros provenientes del sector industrial fueron sometidos a salarios de miseria, condiciones de vida restrictivas: hambre, hacinamiento en campamentos o refugios subterráneos. En teoría tenían una “mejor” condición de vida del simple prisionero sometido a trabajos de esclavitud. 

La Alemania nazi y los industriales se enriquecieron enormemente con esa brutal política de “empleo” barato que solo garantizaba una fosa común.

La explotación de la mano de obra esclava en las fábricas alemanas.


La Alemania nazi sobrevivió doce largos años, a pesar que los últimos dos tuvieron que mendigar por combustible para sus ingentes fuerzas mecanizadas de guerra, dado que ya no era posible seguir saqueando las naciones ocupadas, la ya existente ECONOMÍA de GUERRA, vigente desde 1933 con los Planes Cuatrienales del señor Goering, fue reemplazada por la "Guerra Total" del Dr. Goebbles.

La producción de guerra

Como hipótesis suele discutirse la real capacidad de producción bélica de la Alemana nazi, para unos no llegó a ser tan grande, otros encontraron limitaciones materiales y económicas, por lo que se arguye que no estaban listos para una guerra, otros de plano lo niegan. No obstante, no deja de extrañar su cometido, sea como haya sido, los nazis dedicaron sus recursos a la industria bélica y la utilizaron en sus iniciales guerras relámpago. ¿Qué les faltó recursos?. Eso no puede achacársele a otras naciones europeas o al "sabotaje de la banca judía". Apoderándose de los recursos de los países ocupados intentaron cubrir sus carencias materiales y económicas.   

Si, en efecto, una de las fuentes de riqueza favorita de los nazis era la prioritaria producción industrial... de armamento para la guerra, aquella constituyó la principal fuente de ingresos y de empleo para la Alemania nazi. El actual Complejo Militar - Industrial de los EEUU sería el equivalente a la industria en la época de la Alemania nazi, manejando presupuestos enormes y trabajadores bien remunerados.

Spectator hace una magnífica comparación al señalar que gran parte de la economía norteamericana es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, lo mismo sucedía en la Alemania nazi. La construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones supersónicos de quinta generación, satélites espías, sistemas de misiles, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc

"El mismo Pentágono es el ejemplo supremo de una burocracia extensa y bien pagada que de otro modo estaría desempleada creando problemas sociales".

En política no hay coincidencias, EEUU, acumula la mayor riqueza del momento, al mismo tiempo es la potencia militar más grande en la historia de la humanidad. Un hecho histórico reconocido y aceptado es que los EEUU salió de los efectos de la Depresión Económica de 1929 gracias a la segunda guerra mundial y no a las reformas sociales y económicas impulsadas por Roosevelt.

"¿Qué sería de la economía norteamericana si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos los ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? La respuesta obvia es que Estados Unidos simple y sencillamente no está preparado, al menos en lo que a la cuestión de su economía respecta, para prescindir de su industria bélica".



Retrocedamos a la Alemania nazi, una nación que ha sucumbido en la Gran Guerra, sus recursos agotados y unos términos de rendición (Tratado de Versalles) imposibles de cumplir, encima la Gran Depresión en la economía mundial. En medio de ese caos, brota el "milagro" nazi en la economía, materia de "orgullo" de los "revisionistas" y neonazis del presente

Spectator afirma que ese "milagro" no es otra cosa que en menos de una década Hitler construyó el Ejército mejor armado y más poderoso que Europa hubiese conocido en su larga Historia. La Alemania Nazi se armó hasta los dientes equipándose con cantidades astronómicas de armamentos que no salieron de la nada, las que envalentonaron a Hitler para emprender sus hostilidades en contra de sus vecinos. Para producir tanto material de guerra se necesitaron muchos obreros, muchos ingenieros, muchos técnicos, muchos científicos,  muchos contadores, muchas fábricas. Lo cual vino siendo una gran fuente de empleos bien pagados. La gigantesca expansión del Ejército alemán, con la adición de miles y miles de soldados y oficiales de alto rango, contribuyó también a reducir en forma significativa las cifras del desempleo.

Hitler no estaba tan loco, jamás se habría atrevido invadir Polonia en 1939 con el armamento y soldados con que contaba Alemania al final de la Primera Guerra Mundial, no se habría atrevido invadir Rusia teniendo abierto el frente de guerra occidental si no hubiese contado con suficientes armamentos para llevar la guerra simultáneamente a dos frentes. Las promesas de venganza por la humillación en la Gran Guerra, sumada a la promesa de conquista de nuevos territorios (Lebensraum), para darle a Alemania muchas riquezas como botín de guerra, también influyeron en la psiquis alemana. 

"Interesante hubiese sido ver cómo se las habría arreglado Hitler para sostener la recuperación económica de Alemania sin llevar a cabo invasión alguna, al darse cuenta los alemanes que el país contaba ya (para fines de 1938) con un inventario excesivamente grande de armamento sin uso inmediato y sin justificación alguna para seguir construyendo y amasando más material bélico del que ya tenían. 
Bajo el esquema económico de Hitler, Alemania simple y sencillamente no estaba preparada para una paz a largo plazo, porque su economía no estaba diseñada para ser una economía de tiempos de paz; el armamento que ya se tenía debía usarse a como diera lugar para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. El único uso que se le puede dar a un armamento tan grande es usándolo. O dejar el poder, y heredar a otros el problema de convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo, lo cual no resulta nada fácil".

El expolio de Europa 




¿Alguien se atreve a negar que los nazis se apoderaron de las reservas monetarias (divisas) y de oro de los bancos centrales de los países agredidos?.

El Tercer Reich, durante la guerra, fue el reflejo del capitalismo puro y depredador de las riquezas de otras naciones. El “milagro” económico nazi a más de los enunciados, tiene otro nombre: el saqueo de Europa. El expolio de la propiedad privada y pública de las naciones ocupadas también aseguró el sostén de la economía alemana durante la segunda guerra mundial. 

Deberíamos refrescar los conocimientos. Casi a finales del siglo XXSuiza reconoció que sus negociaciones comerciales con el régimen nazi durante el conflicto se finiquitaron con el oro robado por los alemanes a los bancos centrales de los países ocupados.

La neutral  Suiza se constituyó en el más grande distribuidor y operador del mercado del oro en Europa, a través del Banco Nacional de Suiza; además, durante la guerra, intermediaba en la compra-venta del precioso metal de los bancos centrales de los países en conflicto; y, para rematar, la banca suiza intervino en la financiación de los bandos litigantes. 

En la práctica, otras naciones neutrales hicieron lo mismo, el caso de Suecia está siendo revelado tras la desclasificación de documentos reservados. Imitando a Suiza, los suecos vendían sus valiosas mercancías (metales para la fabricación de armas, generalmente hierro, manganeso, cromo) a cambio de oro saqueado. En ese sentido si que las teorías económicas de Hitler funcionaban, ¿para qué transar en papel moneda, sobre todo divisas extranjeras (de las que carecía) cuando bien podía pagar las materias primas con oro?; y, si no es mío, con mayor razón!  

En el escabroso caso sueco, una publicación refiere como funcionaba el sistema. El oro robado a los bancos centrales de los países invadidos era transferido al Banco Central de Estocolmo que, a su vez, entregaba coronas con las que que se pagaba a los proveedores privados suecos. Pese a las advertencias de los aliados de que, si ganaban la guerra, responsabilizarían a Suecia por el tráfico ilícito de oro, su banco central accedió a dicho intercambio, al igual que los bancos centrales de otros países, como Suiza, España y Portugal.

Para 1943, un responsable sueco (según documentos desclasificados) señalaba su preocupación sobre el origen del oro alemán y el riesgo de devolverlo de comprobarse que era robado; mas, el meollo del asunto era que, todo el gobierno sueco estaba conforme con no pedir explicaciones. Hasta inicios de 1944, Suecia, vía su Banco Central, había recibido 34.564 kilos de oro

El Banco de Pagos Internacionales también garantizaba este tipo de operaciones y Hitler tenía su delegado en esa entidad (inicialmente el Dr. Hjalmar Schacht). Tras la guerra, las fuerzas Aliadas iniciaron una investigación para exigir responsabilidades de los países neutrales que aceptaron el oro robado por los nazis. E1946 se formó la Comisión Tripartita –Francia, Reino Unido y Estados Unidos– tendiente a recuperar las reservas de oro confiscadas por los nazis en países comoAlbania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia y Yugoslavia. 

Una interesante publicación, especialista en economía  (OroyFinanzas.com) cita un estudio de una agencia inglesa de inversiones en oro. El dato trascendental del artículo, es el conocido saqueo de los bancos centrales de los países invadidos, da un enfoque anterior al estallido de las hostilidades en tres regiones "técnicamente" alemanas, es decir, en las famosas anexiones de Austria y Checoslovaquia, a la que se agregaría luego el oro confiscado en el corredor de Danzing (Prusia Oriental). Primero, el oro era trasladado al Reichsbank y, luego, para poder comercializar (vender) ese oro incautado, los nazis contaban con la colaboración del Banco de InglaterraEn esos días el mercado del oro era supervisado por el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea, por el Banco Nacional de Suiza y por el Banco de Inglaterra.

"El objetivo del gobierno alemán nazi era la descapitalización en oro de los países ocupados y entregarles a cambio de ese oro “promesas de papel”. De esta manera, se cambiaba el respaldo de las monedas nacionales en oro por monedas fiduciarias muy devaluadas".

No existen cifras precisas sobre el total de reservas de oro confiscadas por Alemania entre 1936-1945, pero se hacen cálculos periódicos sobre el valor de ese oro a cambios actuales. Es lógico que buena parte de las reclamaciones de oro de las naciones afectadas no pudo jamás ser satisfecho. Se calcula las pérdidas entre el 35 y 40%, el proceso de reclamaciones estuvo abierto hasta 1998 (Comisión Tripartita de posguerra). Evidentemente ese oro había sido ya consumido, según las cantidades requeridas de los depósitos del Reichsbankuna vez impresas las marcas de origen alemán, se ordenaba la venta de lingotes para cubrir los recursos que se destinaba a la industria armamentística.


Al final de la guerra, grandes cantidades de oro fueron recuperados y devueltos a las naciones ofendidas, una pequeña tajada del oro robado desapareció en manos de nazis codiciosos, soldados norteamericanos también robaron oro (lingotes); se cree, según varias leyendas urbanas, que un buen botín de ese oro fue enterrado en alguna parte sin que haya sido recuperado.

Y ¿qué pasa con el oro, joyas, obras de arte de personas particulares confiscados?, es otra larga historia. "En los últimos años se han producido diferentes movimientos para intentar compensar las pérdidas ocasionadas por el robo de las reservas de oro. Por ejemplo, en 1997, el Deutsche Bank donó tres millones de dólares a las víctimas del Holocausto en compensación por el papel que jugó el mayor banco de Europa en las finanzas del Nazismo. En las mismas fechas, la Asociación Suiza de la Banca (Swiss Banking Association) hizo frente a un pago de 270 millones de francos suizos por este mismo concepto".

Otro episodio que desenmascara la mentira de la "noble" economía nazi fue el escamoso tema de la más importante falsificación monetaria de todos los tiempos, un tema popularizado en libros, documentales y hasta en el cine, el lago Toplitz, entre verdades y mentiras, es quizá el más conocido. Pero, muy pocos saben que esta operación de los servicios secretos permitió al gobierno alemán imprimir las divisas que tanto hacían falta en plena guerra

Con las libras esterlinas falsas, el gobierno alemán pagó, como tarde desde 1943, al 70% de su red de agentes en el extranjero. "Los servicios del Gobierno encargados de la "Operación Bernhard" recibieron el 50% de los billetes cambiados, es decir, alrededor de mil millones de marcos en divisas fuertes. El otro 50% se consideró como "gastos" y comisiones de los encargados de realizar el cambio, que transcurrió sin mayores incidentes(La singular arma secreta de Hitler. 'Operación Bernhard', falsificación de moneda)

Esta parte de la historia no es tan simple como apreciamos en el cine o leímos en alguna parte, no consistía en arrojar papel moneda falso desde aviones alemanes sobre Londres o territorios ingleses, sino de una verdadera infiltración en la economía británica y otros países entre 1942 y 1945. 


"Es cierto que el Banco de Inglaterra siguió aceptando y cambiando billetes de libras reconocidos como falsos con objeto de no restar crédito en el mercado mundial al papel moneda inglés. Está demostrado que la falsificación fue tan perfecta que los billetes eran aceptados prácticamente por los bancos de todos los países. Incluso los bancos suizos aseguraron, después de consultar al Banco de Inglaterra, que los billetes 'falsos' eran auténticos y de curso legal".

 

Ejemplar "auténtico" de un billete falso de veinte libras esterlinas, impreso por la "Operación Bernhard". Adolf Burger, uno de los prisioneros encargados de imprimir los billetes falsos en Sachsenhausen, muestra un billete de 20 libras (foto captura documental History Channel)

Otro ejemplar "auténtico" de un billete falso, este es de diez libras esterlinas, impreso en la "Operación Bernhard".


No es especulación alguna, luego de la guerra muchos de los comisionistas y nazis relacionados con la trama seguían teniendo en su poder grandes cantidades de ese dinero, ya no tenían que rendir cuentas al proveedor. Muchas fortunas nacieron y aseguraron una nueva vida a los "pobres nazis" que "lucharon" contra la "banca judía".  

En conclusión: Lejos de la actual propaganda neonazi, el "trono de oro" convirtió la economía alemana en el motor que impulsó la guerra, la verdadera arma secreta de Hitler en su conquista de Europa.

Nos quedamos sin conocer a quienes hicieron posible el "milagro" económico de Hitler, eso es materia de otros artículos, dado el volumen de información. 

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Artículos relacionados:

De la serie "Desenmascarando los fraudes del Revisionismo":

El "Trono de Oro"

TRAIAN ROMANESCU Un rumano que nunca existió

Desmontando a los “revisionistas” de lengua castellana


FUENTES DE CONSULTA del presente ensayo


Nota: En esta serie de ensayos, conscientemente omito los enlaces directos a las fuentes de consulta, el propósito es motivar al lector buscar por sí mismo la información, que se cerciore por su propio esfuerzo lo planteado en esta ponencia. No obstante el material consultado es el siguiente:


El trono de oroSpectator
-  Hitler y la autopista, una mentira históricaDick, W. / Lichtenberg, A./Mirra Banchón
-  La economía de compulsión de la Alemania nazi. José Ignacio del Castillo.
Se esfumaron toneladas de oro que EEUU guardaba desde la guerraSputnik (importante para saber como se términó con el 'patrón oro')
Suecia aceptó oro robado en su comercio con Alemania en la II Guerra MundialEl País
El robo de las reservas de oro de los países ocupados por la Alemania Nazi y el Banco de InglaterraOro y finanzas.com
La singular arma secreta de Hitler. "Operación Bernhard", falsificación de moneda. Artículo de la Enciclopedia "El Tercer Reich" (Anesa-Noguer)
La descomunal falsificación de libras con la que los nazis buscaron quebrar la economía británica. La Nación
Un tuitero desmonta siete creencias sobre Hitler: “Es importante leer para evitar el ridículo”www.publico.es
Autopistas de AlemaniaWikipedia
-"¿Cañones  o mantequilla?".  El espectador.com 
Cañones o mantequilla (IV): sistemas económicos y coste de oportunidad. Tribuna de economía
- Cañones o mantequilla. Economía de guerra alemana. Harald Steffahn
Cae el mito de la "bondad" fiscal de Hitler con la clase trabajadora. El Diario.es
El Plan CuatrienalNo solo batallas
Plan Cuatrienal. Wikipedia

13 junio 2022

La mortal ilógica de los derechos de las armas




por Greg Guma

Título original en inglés:

"Overkill: The Deadly Illogic of Gun Rights"

Este artículo es continuación de:

¿Qué serían los EEUU sin el crimen y las armas impulsando la economía?


En la anterior entrada revisamos principalmente los puntos de vista de quienes mantienen la defensa a la libre tenencia de armas como derecho inalienable consagrado en la Constitución de los Estados Unidos bajo la Segunda Enmienda. En este segundo reportaje sobre la temática hemos seleccionado una ponencia clara y sencilla que explica las razones legales por las que los partidarios del porte de armas mal interpretarían el texto constitucional.

 

***

Cuando un adolescente o un adulto perturbado comete un asesinato en masa, no tiene nada que ver con la libertad. Sin embargo, dado que el arma suele ser una pistola, muchas personas en los EE. UU. esencialmente responden que la libertad de estar armado es más importante que el derecho a estar seguro. De hecho, millones afirman que estar armado es la única forma de estar seguro. Como la mayoría de los argumentos contra el control de armas, es cruel e ilógico.


Durante décadas, los líderes de los grupos de derechos de armas han hecho el mismo caso. Afirman, por ejemplo, que lo único que separa a los estadounidenses de las personas que viven en dictaduras es su acceso irrestricto a las armas. Si el gobierno tiene todas las armas, dicen, los ataques contra ciudadanos indefensos serán tan comunes en los Estados Unidos como lo son en los países oprimidos. Esta es una de las razones por las que los propietarios de armas se oponen a la prohibición de los llamados rifles de asalto.

¿Te suena esto familiar? Ciertamente debería. El mismo argumento todavía es presentado por aquellos que dicen que no se puede hacer nada para detener los tiroteos masivos como los recientes en Texas y el norte del estado de Nueva York. También advierten que la única forma de evitar un estado policial aquí, que mucha gente dice que está a punto de suceder, es permitir la distribución amplia y no regulada de todo tipo de armas.

Esta idea, que asume que cualquier regulación es el primer paso hacia la confiscación, representa una mentalidad paranoica e individualista que durante décadas ha dominado el debate sobre la violencia armada en los EE. UU.

 


Somos libres, dice el argumento, solo mientras podamos defendernos con armas, no solo contra los criminales sino también contra la ley y el Estado.

 

Un argumento relacionado es que no se debe permitir que el gobierno federal regule las armas; este es un asunto que es mejor dejar en manos de los estados. Y si un estado no quiere hacer nada, tal vez porque el cabildeo de las armas puede derrotar a los candidatos que respaldan incluso reformas modestas, o porque la tasa de criminalidad no está aumentando o no ha habido tiroteos masivos recientemente, la gente en los estados vecinos simplemente debe gastar más dinero para acabar con el crimen y la violencia. Es solo el precio de la libertad.

Tales posiciones se basan en la noción de que el gobierno no debe entrometerse en los asuntos de los individuos. Las armas no son el problema, agregan los opositores, son las personas, en otras palabras, la naturaleza humana. Pero la mayoría de los homicidios en los EE. UU. se cometen con armas de fuego; en otras palabras, las personas con armas matan a más personas que las que no las tienen.


Hay 393 millones de armas de fuego de propiedad privada en este país, casi 100 millones más en los últimos diez años. También ha aumentado el uso por parte de los niños, así como el acopio de armas exóticas por parte de grupos extremistas y organizaciones criminales. Tres de cada diez adultos estadounidenses dicen que actualmente poseen un arma, y ​​otro 11% dice que personalmente no posee un arma, pero vive con alguien que sí.

La propiedad de armas es más común entre los hombres que entre las mujeres, y los hombres blancos son particularmente propensos a ser propietarios. Entre los que viven en áreas rurales, el 46% dice que son dueños de armas, en comparación con el 28% de los que viven en los suburbios y el 19% en áreas urbanas. También hay diferencias significativas entre los partidos, con republicanos e independientes de tendencia republicana con más del doble de probabilidades que los demócratas y aquellos de tendencia demócrata de decir que poseen un arma.

 

Teniendo en cuenta todo esto, parece justo preguntarse ¿qué es más amenazante para la libertad y la seguridad, la posesión de armas sin restricciones o alguna supervisión del gobierno?.




Los argumentos en contra de la regulación tienden a caer en tres categorías: 

1) el derecho a portar armas está protegido constitucionalmente, 

2) el control de armas no reducirá la violencia en la sociedad; y, 

3) las leyes de armas son una seria amenaza para la libertad.

 

Pero, ¿estas afirmaciones resisten el escrutinio?

Las raíces de las ideas estadounidenses tradicionales sobre la relación entre las armas y la sociedad en realidad se remontan a siglos atrás, al filósofo político florentino Niccolo Machiavelli, quien señaló que el servicio militar debería ser responsabilidad de cada ciudadano, pero el de soldado no debe ser la profesión de ninguno. Basándose en el recelo romano hacia los soldados profesionales, llegó a la conclusión de que la fuerza militar solo debía utilizarse para asegurar el bien común.

Esta idea de ciudadanos portando armas en defensa del Estado, para evitar la tiranía potencial de un ejército permanente, fue traducida por los autores de la Declaración de Derechos en la Segunda Enmienda y ayuda a explicar su redacción inusual:


“Siendo necesaria una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre, no se infringirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.


Muchos libertarios han interpretado esta oración en el sentido de que se garantiza a las personas el derecho a poseer armas de fuego para su defensa personal o para cualquier otro uso que elijan. Lo que esto no reconoce es el significado de ciudadanía tal como se entendía hace dos siglos y medio

En el siglo XVIII, la ciudadanía involucraba directamente el servicio de milicias para hombres, que era parte del compromiso con el bien público mayor. Una ciudadanía armada no significaba una población armada. De hecho, incluso entonces se entendió claramente que el acceso a las armas era un derecho comunitario más que individual.

Esta dinámica quedó clara en varias declaraciones de derechos anteriores a la Declaración de Derechos. Por ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776, decía que una milicia bien regulada, entrenada para armar, era la defensa segura de un Estado libre. Eso y las variaciones posteriores adoptadas por otros estados dejaron claro que la idea era formar ciudadanos, organizados en milicias, previendo una defensa común. La palabra “pueblo” se refiere a este rol colectivo, contrastando una milicia con un ejército permanente.

El artículo 17 de la Declaración de Derechos de Vermont, adoptada en 1777, siguió esta lógica al proclamar: “Que el pueblo tiene derecho a portar armas para su defensa y la del Estado; y como los ejércitos permanentes en tiempo de paz son peligrosos para la libertad, no deben mantenerse; y que los militares deben ser mantenidos en estricta subordinación y gobernados por el poder civil”.

El Artículo 9 de Vermont, que abordaba el tema de la objeción de conciencia al servicio militar, dejaba en claro que “portar armas” significaba servicio militar. Dijo que nadie podía ser obligado a portar o usar un arma, aunque los derechos también involucraban el servicio personal. La solución fue que aquellos que optaron por no servir pagarían una suma de dinero adecuada. Portar armas estaba directamente ligado a la responsabilidad colectiva de la defensa.

Varios estados dijeron específicamente que los criminales o las personas involucradas en rebeliones podrían ser desarmadas. En otras palabras, la seguridad de la sociedad primaba sobre el derecho del individuo a tener armas

Así, cuando los primeros estadounidenses hablaban del papel de una ciudadanía armada en la preservación de la libertad, hablaban de una milicia ligada a la idea clásica de ciudadanía. No hay constancia de que nadie argumentara, durante la aprobación de la Declaración de Derechos, que las personas tenían derecho a portar armas fuera de las filas de una milicia. Al contrario, eso provocó temor por la estabilidad de la nueva República.


Caricatura política sobre la cultura de las armas y los derechos de armas en los EE. UU. Frederick Burr Opper publicó esta caricatura en la revista Puck poco después del asesinato del presidente James A. Garfield (Frederick Burr Opper - Billy Ireland Cartoon Library & Museum La Universidad Estatal de Ohio, Puck dic. 14, 1881)

El gran comentarista constitucional de la época, el juez Joseph Story, señaló que lo que en realidad garantizaba la Segunda Enmienda era una “milicia bien regulada”. El temor era que sin una el país podría ser vulnerable a una invasión, una insurrección interna o una toma militar por parte de algún gobernante. Necesitábamos una milicia, dijo Story, porque no era práctico mantener a la gente armada sin alguna organización.


El miedo a una sociedad militarizada o a un monopolio de la fuerza por parte del gobierno federal no es, por definición, una forma de paranoia. Por otro lado, es una extralimitación afirmar que las personas tienen el derecho fundamental de protegerse almacenando armas. 


Para aquellos que quieren una fuerza contraria a nuestro gobierno nacional, la dirección a buscar es una mayor autonomía de las milicias locales o estatales organizadas, no el derecho de las personas a convertirse en guardianes o vigilantes autoproclamados.

A pesar de la interminable repetición de reclamos de que los individuos tienen el derecho constitucional a estar armados, esto no es consistente con el peso de la opinión legal. De hecho, varios casos de la Corte Suprema de los Estados Unidos han dejado la situación bastante clara. En  US v. Cruikshank  (1876), la Corte dictaminó que el derecho “a portar armas con un propósito lícito no es un derecho otorgado por la Constitución”. Diez años después, en  Presser v. Illinois, la Corte señaló que aunque los estados tienen derecho a formar milicias, también son libres de regular las circunstancias bajo las cuales los ciudadanos pueden portar armas. Este punto de vista fue confirmado en un caso de 1894,  Miller v. Texas.

En 1939, se impugnaron las regulaciones federales sobre armas establecidas por la Ley Nacional de Armas de Fuego de 1934. La decisión en ese caso fue unánime. El gobierno federal tiene el derecho, dictaminó la Corte, de regular el transporte y la posesión de armas de fuego, y las personas solo tienen derecho a estar armadas en relación con el servicio militar. En 1980, el juez Harry Blackmun comentó que este caso representaba el pensamiento básico de los tribunales sobre el control de armas.

El 8 de junio de 1981, la aldea de Morton Grove, Illinois, aprobó una ordenanza que prohibía la posesión de armas de fuego, excepto por parte de la policía, funcionarios de prisiones, miembros del ejército, coleccionistas reconocidos y aquellos que las necesitaban para su trabajo. Como era de esperar, la Asociación Nacional del Rifle desafió la ley. Tanto el Tribunal Federal de Distrito como un Tribunal Federal de Apelaciones rechazaron su argumento, diciendo que no existe un derecho individual a portar armas, que la ordenanza era razonable y que el derecho a portar armas se aplica solo a las milicias bien reguladas. La Corte Suprema de los Estados Unidos se negó incluso a escuchar el caso.




El sentimiento a favor de alguna forma de control de armas fluctúa, pero ha tendido a crecer durante décadas. En 1968, el 71% estaba a favor, alcanzando un máximo de más del 90% en 1981. En una encuesta de Gallop, Brady Bill obtuvo el apoyo del 95%. La mayoría de la gente obviamente ve alguna conexión entre la disponibilidad de armas de fuego y la tasa de delitos que involucran armas, y una variedad de estudios respaldan estos puntos de vista. Sin embargo, los opositores insisten en que leyes más estrictas no tendrán impacto.

El tráfico interestatal de armas es un problema enorme, lo que socava el argumento que a veces se escucha de que la única razón para el control de armas es una alta tasa de homicidios en un estado específico. Este argumento provinciano ignora la interdependencia, nuestra responsabilidad hacia nuestros vecinos y hechos básicos. La forma más efectiva de controlar el mercado negro de armas, a través de exhibiciones de armas y ventas privadas, es un registro nacional de compradores, junto con el rastreo y enjuiciamiento de los traficantes interestatales. Esto no implica reunir armas de fuego. Pero sí significa reconocer que la situación está fuera de control y que salvar vidas tiene prioridad sobre proteger una forma de libre empresa que se ha vuelto monstruosa.


Dejar el asunto en manos de comunidades o estados individuales puede parecer apropiadamente populista. Pero evita el problema. Hace diez años, las armas estuvieron involucradas en más de 32.000 muertes en EE. UU., 11.100 de ellas asesinatos, así como en miles de violaciones, cientos de miles de robos y cerca de medio millón de agresiones. En 2020, 45,222 personas murieron por lesiones relacionadas con armas, según los CDC.

La mayoría de las personas condenadas por delitos violentos obtienen sus armas en ferias de armas o en el mercado negro. Esto sugiere que las verificaciones de antecedentes por sí solas no harán una gran mella en el problema. Pero una reducción del veinte por ciento sería significativa: menos niños asesinados cada día y menos violaciones y asesinatos.

Muchos delitos que involucran armas son impulsivos, lo que sugiere que un período de espera ayuda. Por supuesto, también deben abordarse las causas subyacentes de la violencia y la delincuencia. Pero para aquellos que podrían salvarse con reformas modestas, eso sería más significativo que cualquier estadística o eslogan.

A la NRA le gusta decir que “las armas no matan a la gente, la gente mata a la gente”. Es un pequeño argumento ordenado, pero seamos realistas: las personas con armas pueden matar a personas mucho más rápido y sin esfuerzo que las personas con cuchillos, habilidades de lucha mortales o veneno.

El FBI ha reunido evidencia sobre si las leyes más estrictas marcan la diferencia. Por ejemplo, después de que Massachusetts aprobara una ley que exige una sentencia de prisión obligatoria por portar un arma de fuego sin licencia, los asesinatos con armas de fuego se redujeron en casi un 50%. Los robos se redujeron en un 35%. Después de que Carolina del Sur endureciera su requisito de compra de armas de fuego en la década de 1990, la tasa de homicidios se redujo en un 28%.

El registro y la verificación de antecedentes por sí solos no resolverán el problema. Sin embargo, pueden mantener las armas fuera del alcance de algunos delincuentes, adictos y niños. También pueden reducir el número de asesinatos y suicidios que resultan de poder comprar un arma en un estado de ira o depresión. Las licencias de conducir y el registro de automóviles no previenen todos los accidentes automovilísticos, pero ayudan. Para conducir un automóvil, un vehículo potencialmente peligroso, estamos de acuerdo en que las personas deben estar debidamente capacitadas y cumplir con los estándares mínimos. Requisitos similares, en forma de programas de seguridad de armas y pruebas prácticas para los propietarios de armas letales, serían un paso hacia la cordura nacional.



Ninguna libertad es absoluta. Incluso en la sociedad más descentralizada y autogestionada, las personas deben aceptar algunas responsabilidades y límites sociales a cambio de libertad. Idealmente, en una sociedad libre los ciudadanos participan directamente en la elaboración de las normas que rigen su contrato social. Pero incluso Michael Bakunin, un filósofo anarquista que llevó la práctica de la libertad a un lugar que algunos podrían considerar extremo, no ignoró la importancia de la responsabilidad social. El ser humano solo puede realizar su individualidad libre complementándola a través de todos los individuos que lo rodean, argumentó. Bakunin despreciaba el tipo de individualismo que afirma el bienestar de una persona o grupo en detrimento de los demás. “El aislamiento total es la muerte intelectual, moral y material”, escribió.

Cuando un adolescente o un adulto perturbado comete un asesinato en masa, no tiene nada que ver con la libertad. Las personas obviamente no tienen derecho a abusar o destruir las vidas y libertades de los demás. Sin embargo, dado que el arma suele ser una pistola, muchas personas responden argumentando esencialmente que la libertad de estar armado es más importante que el derecho a estar seguro. De hecho, millones afirman que estar armado es la única forma de estar seguro.

Permitir que el gobierno de cualquier paso, argumentan los opositores a la regulación de armas, es el comienzo de la tiranía. Desde este punto de vista, el gobierno es el enemigo. Sería ingenuo argumentar que el gobierno siempre usa su poder sabiamente. El sistema político clama por el cambio, si no por la transformación, si queremos tener una sociedad que promueva la igualdad real, la justicia, el respeto a la diversidad y la autogestión. Sin embargo, lograr esto, empoderar a las personas y avanzar paso a paso, requiere apelar a la esperanza en lugar del miedo. Argumentar que la única forma de ser libre es oponerse y resistir al gobierno, en otras palabras, el rechazo instintivo, les hace el juego a las fuerzas más reaccionarias de la sociedad.

La sospecha del poder centralizado fue claramente una preocupación de quienes crearon el país. Todavía está justificado y es relevante. Pero la forma que más amenaza la libertad en el siglo XXI es el poder de grupos y organizaciones poderosos que no rinden cuentas, la mayoría de ellos privados, que pueden influir en las elecciones y dar forma a las políticas gubernamentales. Muchos de estos mismos intereses argumentan agresivamente que la libertad significa “libertad del gobierno”. Tales apelaciones son una forma conveniente de prevenir intrusiones en el “derecho” privado de obtener ganancias y contaminar a expensas de la salud y el bienestar general, de explotar en nombre de la libertad.

El resultado final es el siguiente: 

Una regulación eficaz, combinada con una base de datos nacional integral y un programa de capacitación serio para usuarios de armas, establecería con el tiempo que un menor acceso a las armas lleva a un crimen menos violento. Este ha sido el caso en Europa y algunos estados de EE.UU. El éxito también ayudaría a romper el mito de que el gobierno es el problema y que las personas están mejor armadas hasta los dientes y por su cuenta.

El debate sobre las armas no se trata de restringir los derechos. Esa es la historia de portada, una suposición promovida por el lobby de las armas para dar forma a las percepciones públicas. Ni siquiera se trata de "control". El objetivo es la seguridad, la libertad del miedo y la ansiedad que se extienden por esta sociedad sobre-armada.

Una milicia bien regulada es una idea altruista, ciertamente preferible al complejo militar-industrial. Pero casi 400 millones de armas en manos privadas es, perdonen la expresión, una exageración.

Greg Guma

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