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16 septiembre 2026

El poder invisible de la geopolítica determinará quien controle la IA



         Brian Penny
      

A manera de prólogo

Muchos conocen el invaluable aporte de Marc Vidal, analista económico independiente y experto en transformación digital e inteligencia artificial, reconocido en listas como Forbes Top 100 Influencers y otras redes de relevancia internacional.

En una de sus últimas aportaciones en su canal de YouTube titulada “EEUU no necesitará invadir países. Está construyendo el mayor sistema de poder jamás creado”, examina cómo la regulación de la inteligencia artificial dejó de ser un debate ético para convertirse en una jugada de poder geopolítico y el por qué del país que construya primero todo eso será el que dicte las reglas que tú, yo, Europa entera tendrá que aceptar para poder jugar.

Mientras Estados Unidos y China construyen, Europa se posiciona como árbitro moral con una legislación avanzada. Sin embargo, quienes no desarrollan la tecnología por sí mismos no pueden, en última instancia, hacer cumplir las normas y deberán aceptar los estándares de otros.

El cambio de estrategia de Estados Unidos viene relacionado por varios factores, entre otros por su decadencia militar. Donald Trump dio un giro en la política, aplicando la regla del liderazgo a los países que van rezagados. Las regulaciones que impone Estados Unidos son cadenas que frenan y, cuando esas regulaciones van ganando se convierten en un muro para los competidores. Por ello, la industria no solo sigue funcionando, está transformándose, pero se convierte en obligatoria para otros. 

Vidal habla del "Privilegio Exorbitante" del paso del control monetario del dólar al control de la Inteligencia Artificial, ese será el nuevo peaje global. Ese mismo "privilegio exorbitante" fue lo que permitió a Washington imprimir el dólar con la que el mundo comerciaba, a la vez que exportaba sus crisis. Hoy, probablemente se sustituirá el dólar por la infraestructura de IA (chips, sistemas, modelos, centros de datos), como chantaje político, quien fije ese patrón cobrará un peaje invisible en forma de dependencia tecnológica y de datos a cada ciudadano y gobierno del planeta.

A eso Vidal denomina "la interdependencia como arma silenciosa", la "correa tecnológica" porque cuando los hospitales, bancos, administraciones y ejércitos de un país operan bajo modelos de IA y chips fabricados a miles de kilómetros, no hay una simple relación comercial, existe una "correa de transmisión" donde el país proveedor decide cuándo tirar o aflojar, lo que convierte la regulación en una disputa por quién sostiene dicha correa.

Y la competencia es entre Estados Unidos y China, quedando la Unión Europea en medio de un dilema y riesgo, a manera de árbitro moral, pero sin poder. Mientras EE. UU. centraliza para dominar y China construye a velocidad de Estado, Europa ha optado por redactar las regulaciones más elegantes y sofisticadas sobre privacidad y ética digital. Vidal advierte que "regular es fácil cuando no construyes nada"; pero, -en realidad- quién construye el sistema escribe las reglas del futuro. Al igual que Keynes en Bretton Woods, Europa tiene ideas justas pero carece del poder real para imponerlas. El riesgo inminente es convertirse en una "estatua de mármol" perfecta pero irrelevante, ya que nadie negocia un estándar que no ha construido; simplemente lo acepta y asume una pérdida de soberanía.

Así pues, los modelos de IA, chips y datos se convierten en la nueva dependencia global y, por lógica, las regulaciones favorecerán siempre al país que va ganando. Debe quedar claro, la IA no va solo de chips, es la interdependencia como arma geopolítica. No es extrañeza alguna observar como en semanas pasadas el gobierno de Estados Unidos preparaba una regulación para obligar a los Países Bajos a prohibir a la empresa ASML vender a China cualquier máquina para la fabricación de chips. ASML, prácticamente es la única en el mundo que fabrica las máquinas de litografía que, a su vez, sirven para producir los microchips más complejos. China, no quiere quedarse atrás, sabe que le será vetado el acceso a este tipo de tecnología occidental, por eso también está dando pasos gigantescos al iniciar a producir sus propias máquinas de litografía DUV de inmersión desarrolladas en el país para fabricar chips, reducirá la dependencia de tecnología extranjera y reforzará su estrategia tecnológica soberana con la capacidad para fabricar semiconductores avanzados. Sin embargo, estas herramientas aún no pueden rivalizar con las máquinas de ASML; sin duda será una gran competencia por dominar el mercado de semiconductores y chips.

Volviendo al campo meramente político, es lo que Albert Hirschman fijaba para el comercio: dependencia y presión política, eso que se suele decir “comercio entre países” o “cooperación pacífica” genera dependencias asimétricas que pueden transformarse en armas. “Si un país pequeño vende casi todo a un país grande, el grande no necesita invadirlo, ¿verdad? Basta con que un día cierre la frontera comercial para ponerlo de rodillas”, razona Vidal.

En otras palabras, el sistema lo escribe quien construye y luego nos impone (gobierna) a los demás. Es lo que pasó con el Imperio británico, una época fue el centro del mundo y dejó de serlo sin que se lo viera venir; igual podría decirse ahora de los Estados Unidos porque “las hegemonías no caen con un estruendo, con unos truenos, con una catástrofe. Se erosionan en silencio mientras otro en otra parte está colocando los cimientos del siguiente sistema sin pedir permiso”. Y eso está por dilucidarse entre China y Estados Unidos.

"Regular la inteligencia artificial no basta" -dice Vidal- "la clave es quién la controla”. La pregunta de verdad es, ¿quién la está construyendo? Por qué ese y solo ese escribirá las reglas que después todos vamos a tener que firmar sin haber estado en la sala, por mucho que queramos regular éticamente, si no lo construimos será casi imposible.

“¿Construyes tus propias reglas, algo que sea personal, propio, íntimo, a título individual u obedeces las de otros? A mí me sirve de elección, quizás sea la más sencilla. En cualquier juego que importe tu carrera, tu negocio, tu manera de entender lo que viene, conviene preguntarse si estás construyendo algo propio o si te estás limitando a cumplir las reglas que otro escribió para ti. Porque entre construir y obedecer hay toda una distancia, la distancia del mundo. Y esa distancia casi siempre debería de ser así, la deberías de decidir tú”.

Demos paso a la ponencia central de este post. 

T. Andino

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         Autor © Desconocido


La geografía invisible del poder israelí

Fundación Cultura Estratégica
Lorenzo Maria Pacini
Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales

El mapa oculto por los servidores y la ilusión de las fronteras digitales
La soberanía de los datos es el nuevo petróleo, pero mientras Asia Occidental extrae la materia prima los gigantes tecnológicos extranjeros la refinan.

El 10 de junio de 2025, dos ejecutivos de Microsoft Francia comparecieron ante una comisión de investigación del Senado francés encargada de examinar la contratación pública y la soberanía digital. La audiencia transcurrió en el habitual tono tranquilizador hasta que una pregunta cambió por completo el ambiente:

- ¿Podría la empresa garantizar que los datos de los ciudadanos franceses, incluso si se alojan en servidores ubicados en Francia, nunca se transferirían a una autoridad extranjera sin el consentimiento del gobierno francés?

Anton Carniaux, director de asuntos públicos y legales de la filial, respondió bajo juramento con cuatro palabras:
- "No, no puedo garantizarlo".

Esa declaración rompió con años de retórica corporativa basada en frases como "regiones de nube locales", "infraestructura confiable" y "residencia de datos". Francia podía alojar los servidores, los ciudadanos franceses podían generar los datos y las instituciones francesas podían pagar por el servicio, pero la autoridad última podía residir en otro lugar. La comisión llegó a una conclusión clara: Microsoft no podía garantizar la soberanía sobre los datos que alojaba. Este intercambio revela una realidad con consecuencias específicas, incluyendo -y quizás sobre todo- para Asia Occidental: la ubicación física de los datos ya no coincide con su ubicación política.

La geografía clásica del poder enseña que la soberanía ocupa territorio. El petróleo pertenece al Estado bajo cuyo suelo se encuentra; los puertos están bajo la autoridad del país en cuyas costas se ubican; los oleoductos siguen las fronteras que cruzan. En esta tradición, el poder se interpreta en la superficie de la tierra. Los datos siguen una geografía diferente.

           Geralt


Un historial médico puede crearse en Riad, almacenarse en Baréin, procesarse mediante un algoritmo entrenado en Estados Unidos y gestionarse a través de una filial europea. ¿Qué Estado lo controla realmente? La respuesta convencional atribuye los datos al individuo, la empresa o el gobierno que los generó. En la práctica, la propiedad importa menos que el control. El verdadero poder reside en quien pueda acceder, procesar, transferir, restringir o exigir legalmente la divulgación de la información.

Este principio lo enuncia inequívocamente el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos en virtud de la Ley CLOUD, los proveedores sujetos a la jurisdicción estadounidense pueden ser obligados a entregar datos mediante procedimientos legales válidos, "independientemente de dónde los almacene la empresa". Washington presenta la ley como una herramienta legítima para obtener pruebas electrónicas. A nivel geopolítico, permite que la jurisdicción estadounidense se extienda a través del control corporativo, alcanzando información almacenada mucho más allá del territorio estadounidense. El nuevo mapa del poder no solo se define por fronteras, cables y centros de datos, sino también por domicilios sociales, claves de cifrado, obligaciones legales, administradores de sistemas y los estados capaces de obligarlos a cooperar.

En Asia Occidental, los gobiernos están invirtiendo fuertemente en computación en la nube, inteligencia artificial, identidad digital, ciudades inteligentes y servicios públicos basados ​​en datos. Arabia Saudita aspira a convertirse en una economía de datos líder; los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Omán y Turquía están ampliando sus capacidades de gestión y gobernanza de la información. 

La capacidad física también se concentra en unos pocos centros regionales: una evaluación del Banco Mundial de 2025 contabilizó treinta y nueve centros de datos en los Emiratos Árabes Unidos y treinta y tres en Arabia Saudita, cifras inferiores al promedio de los países de altos ingresos (ochenta y uno), pero significativamente superiores al resto de la región.

La transición es cuantificable. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en 2024, el 70% de la población de los estados árabes utilizaba Internet, en comparación con el 68% a nivel mundial. Sin embargo, el promedio regional oculta una brecha de 82 puntos porcentuales entre las economías menos y más conectadas, mientras que las suscripciones de banda ancha fija siguen siendo menos de la mitad de la cifra global. La expansión digital es rápida y, al mismo tiempo, profundamente desigual.

El panorama de proveedores, por otro lado, está altamente concentrado. Según Synergy Research Group, en el tercer trimestre de 2025, Amazon, Microsoft y Google representaron el 63% del gasto empresarial global en infraestructura en la nube, en un mercado trimestral que había crecido de 68 mil millones de dólares a 107 mil millones de dólares solo dos años antes. 

Los países que están construyendo rápidamente sus propios sistemas digitales están entrando en un mercado ya estructurado en torno a la dependencia. Un gobierno puede exigir que los datos de los ciudadanos permanezcan dentro de las fronteras nacionales mientras confía a una empresa extranjera la gestión de la plataforma, la actualización del software, el suministro del modelo de IA o el control de capas críticas del sistema. Esto crea la apariencia de soberanía sin su sustancia.

La localización de datos solo responde a una pregunta: ¿dónde se almacena la información? Deja abiertas las preguntas cruciales: ¿Quién controla las claves de cifrado? ¿Quién actualiza el software? ¿Quién puede suspender el servicio? ¿Qué leyes nacionales rigen al proveedor? ¿Quién puede obligar a su divulgación y quién posee la capacidad de computación necesaria para extraer valor estratégico de ella? Mantener los servidores dentro de las fronteras nacionales no los coloca bajo control nacional.

Palestina y los datos como arma

En ningún otro lugar son más evidentes las consecuencias de esta geografía oculta que en la Palestina ocupada. La guerra moderna depende cada vez más de la recopilación, el cruce y la interpretación de enormes cantidades de información. Los registros telefónicos, los identificadores biométricos, las comunicaciones interceptadas, los historiales de ubicación y las imágenes aéreas pueden transformarse en inteligencia militar mediante la computación en la nube y la inteligencia artificial.

El uso combinado de productos de Microsoft y OpenAI por parte del ejército israelí en marzo de 2024 había alcanzado un nivel de casi doscientas veces superior a la de la semana anterior al 7 de octubre de 2023. Los datos almacenados en los servidores de Microsoft se habían duplicado con creces, superando los 13,6 petabytes en julio de 2024, mientras que el uso de los servidores creció en casi dos tercios durante los dos primeros meses de la guerra. Según se informa, la plataforma Azure se utilizó para recopilar, transcribir y traducir información obtenida mediante vigilancia masiva, y parte de la inteligencia se cotejó con sistemas de adquisición de objetivos.

En septiembre de 2025, Microsoft desactivó ciertos servicios en la nube y de IA proporcionados a una unidad militar israelí después de que una auditoría interna confirmara que sus productos se estaban utilizando para la vigilancia masiva de palestinos; los datos en cuestión se almacenaban en las instalaciones en la nube de la empresa ubicadas en Europa.

Esta cadena de acontecimientos es reveladora:

Información recopilada en Palestina, procesada por una unidad militar israelí, alojada en Europa y, en última instancia, sujeta a una decisión tomada por una empresa estadounidense.

La limitación de esta medida es igualmente reveladora:

Como señaló Hossam Nasr, ex empleado de Microsoft y defensor de la campaña «No Azure para el Apartheid», la mayor parte del contrato con el aparato militar israelí permaneció intacta. Las grandes empresas tecnológicas ahora ocupan posiciones que antes estaban reservadas casi exclusivamente a los Estados: proporcionan capacidades utilizadas en operaciones de inteligencia, deciden si un cliente conserva el acceso, investigan presuntos abusos e imponen restricciones transfronterizas. 

El propio Israel reconoce la importancia estratégica del control sobre la nube. El proyecto Nimbus, adjudicado a Google y Amazon Web Services, fue diseñado para proporcionar a los ministerios israelíes y organismos públicos relacionados una infraestructura integral en la nube. El contrato, valorado en 1200 millones de dólares, requería infraestructura local y se presentó como un medio para mantener la información gubernamental dentro de las fronteras del país. Sin embargo, los principales proveedores siguen siendo empresas estadounidenses, integradas en los sistemas legales y tecnológicos de Estados Unidos. Nimbus encarna la paradoja central de la soberanía de los datos: un gobierno puede exigir que la información permanezca dentro de su territorio mientras confía el almacenamiento, la computación y la gestión de la plataforma a empresas con sede en otros países. Israel negoció con firmeza para reducir esta vulnerabilidad. La mayoría de los países de Asia Occidental carecen del poder de negociación de Israel, de su integración tecnológica con Washington o de su capacidad para presionar a las grandes corporaciones estadounidenses. 


            Coli NOOB processor


En este caso, la soberanía también depende del poder de negociación. La disputa sobre los datos es, en última instancia, una lucha por tres derechos estratégicos.

- El primero es el derecho a recopilar: los gobiernos, las plataformas digitales, los operadores de telecomunicaciones, los bancos y los servicios de seguridad acumulan información sobre identidad, movimientos, comunicaciones, salud, consumo y comportamiento.

- El segundo es el derecho a procesar: los datos brutos adquieren valor estratégico solo si el actor posee los chips, algoritmos, plataformas en la nube y personal cualificado necesarios para procesarlos.

- El tercero es el derecho a obligar: la autoridad, reclamada por los gobiernos y los tribunales, para obligar a los proveedores a revelar, conservar, eliminar o restringir la información.

La concentración económica en torno a estos tres derechos se está intensificando. La UNCTAD informa que las cinco mayores multinacionales digitales han aumentado su participación combinada en las ventas del sector del 21 % en 2017 al 48 % en 2025, mientras que su participación en los activos aumentó del 17 % al 35 %. El control sobre los datos y la computación se acumula más rápido que la expansión de la infraestructura. 

Un país que controla solo el primer derecho es un proveedor de materias primas digitales; uno que controla la recopilación de datos y la computación puede convertirse en una potencia digital; un actor capaz de ejercer los tres posee algo cercano a la soberanía digital.

Lo que está en juego económicamente está aumentando rápidamente. La UNCTAD estima que el mercado mundial de inteligencia artificial crecerá de 189.000 millones de dólares en 2023 a 4.800.000 millones de dólares en 2033, un aumento de veinticinco veces en una década. Las regiones que suministran datos pero carecen de la infraestructura informática y la propiedad intelectual necesarias para procesarlos corren el riesgo de retener solo una parte mínima de ese valor. 

En el siglo XX, el valor estratégico residía no solo en la extracción de petróleo, sino también en su refinación, transporte, fijación de precios y financiación. En el siglo XXI, la misma distinción se aplica a los datos: Asia Occidental puede generar la materia prima, pero el poder decisivo reside en las "refinerías de datos", es decir, en las plataformas en la nube, los modelos de IA y los sistemas informáticos que transforman la información en beneficios, inteligencia y poder geopolítico.

Más allá del colonialismo digital

La solución no es el aislamiento tecnológico. Ningún Estado de Asia Occidental puede reproducir por sí solo todas las capas de la infraestructura tecnológica global, y sustituir la dependencia de los proveedores estadounidenses por una dependencia total de plataformas chinas o de otro tipo simplemente desplazaría el centro de gravedad externo. El riesgo que se debe evitar es que la liberación de la dependencia del petróleo se convierta en colonialismo digital: un escenario en el que las empresas de la región generen los datos mientras que las plataformas extranjeras sean propietarias de la infraestructura, extraigan su valor y mantengan el control del acceso. Lo que se necesita es autonomía tecnológica distribuida.

Sobre esta base, se puede establecer un orden de prioridades concreto. La adquisición de servicios en la nube debe tratarse como una decisión de seguridad nacional, no como una gestión informática rutinaria. Los contratos deben especificar: quién controla las claves de cifrado, cómo se gestionarán las solicitudes legales extranjeras y si los datos y las aplicaciones pueden migrarse a otro proveedor. Los datos de salud, defensa, biométricos, judiciales y del registro civil requieren una protección más estricta que la información comercial ordinaria. Los gobiernos deben invertir en capacidades de nube regionales interoperables, estándares abiertos, auditoría independiente y la capacidad de mantener servicios esenciales en caso de que un proveedor extranjero revoque el acceso. Sobre todo, la soberanía de los datos debe ir más allá del almacenamiento para abarcar toda la cadena: recopilación, clasificación, procesamiento, acceso, intercambio y eliminación.


           Alana Jordan

Durante más de un siglo, la importancia geopolítica de Asia Occidental se ha cartografiado a través de campos petrolíferos, oleoductos, puertos, estrechos y bases militares. Estas estructuras siguen siendo centrales, pero otra red estratégica se ha extendido sobre ellas: una compuesta por bases de datos, contratos en la nube, jurisdicciones legales, sistemas de identidad, modelos de IA y autorizaciones invisibles. El control de los datos otorga a los estados y las corporaciones el poder de cartografiar las sociedades, interpretar sus comportamientos, anticipar sus cambios políticos y económicos, y traducir ese conocimiento en acciones.

 

Los estados de Asia Occidental están construyendo rápidamente la infraestructura digital sobre la que se sustentarán sus economías e instituciones públicas. Sin embargo, gran parte de la autoridad que gobierna esos sistemas permanece fuera de la región. En el siglo XXI, el control sobre un territorio dependerá cada vez más del control sobre los datos que revelan a su gente, instituciones y recursos.

La pregunta planteada al Senado francés en junio de 2025 claramente trasciende las fronteras de Francia: quienes no pueden garantizar el destino de sus datos no gobiernan plenamente su propio territorio.

Y con esos datos, literalmente, se puede hacer cualquier cosa.

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14 julio 2026

Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas (7)




Introducción por el editor del blog

Israel no logró ninguno de sus objetivos en la derrota más épica de los conflictos en que ha participado hasta la fecha. Irán ha conseguido poner en su sitio al orden occidental liderado por Estados Unidos e incluso ha logrado preservar sus fuerzas armadas y el arsenal de misiles. Aunque no es el final de la “Tercera Guerra del Golfo”, el memorando de entendimiento (MoU) entre Irán y Estados Unidos es un avance a pesar de todo lo que sigue pasando.

No queda duda de que la victoria corresponde hasta el momento a la República Islámica, lo que pase después dependerá de que hasta que punto van a seguir intercambiando fuego entre las partes; las acciones militares ocurridas entre el 7 y 10 de julio ya no fueron represalias mutuas, se trataron de acciones mutuas de guerra al estilo de los meses de verdadera hostilidad. ¿Volverán a las negociaciones? Si, sobre todo las negociaciones sobre el programa nuclear que es el interés “principal”.

En Irán hay quienes ven el posible alivio de sanciones como algo que podría valer la pena. Hemos expresado en otras ponencias que realmente el problema para Estados Unidos y sus aliados es China, no Irán. Decía Andrew Korybko que la victoria será total "si China aún puede confiar en Irán como un proveedor fiable y de bajo coste de energía, mientras convierte el yuan en una moneda de reserva global que desafíe al petrodólar", algo que, por supuesto, se negará ceder los Estados Unidos: y sin el petroyuan Irán mantendrá su dependencia en la exportación de petróleo a China. Por ello, un alivio de las sanciones ayudaría a redirigir gradualmente sus ventas, por ejemplo a la India.

Se ha dicho que las negociaciones no habrían tenido lugar si Estados Unidos hubiese tenido que entablar diálogos con los sectores duros de Irán, el rol de los “moderados” ha sido fundamental para conseguir, entre otras cosas, el famoso fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán (pueda que no lo sea en su totalidad, pero sigue siendo una cifra importante) que se reflejará en inversiones estadounidenses y del Golfo, sobre todo en la industria energética iraní.

Un nuevo orden regional tras la “Tercera Guerra del Golfo” es factible, incluso manejando la hipótesis de que Irán se reincorpore gradualmente al sistema occidental, con ciertas limitaciones lógicamente, eso equivale decir a que habría mejores relaciones con sus vecinos del Golfo, dejando a Israel como perdedor, ya que su plan de dividir y gobernar a Irán y al Golfo no podrá ser, perdiendo - incluso- el respaldo de Estados Unidos.

Aún se baraja otra hipótesis. El analista Larry C. Johnson, cree ver en toda esta crisis como gran perdedor a los Emiratos Árabes Unidos. Sobre todo, Dubái. El surgimiento de Dubái “siempre fue su lógica geográfica: es decir, se sitúa en la encrucijada del comercio global, extrae suficiente petróleo para construir la infraestructura y luego reemplaza gradualmente los ingresos petroleros por todo lo demás - turismo, finanzas, bienes raíces, el inescrutable negocio de ser un lugar donde personas muy ricas aparcan grandes cantidades de dinero sin hacer preguntas incómodas. Oh, ¿he mencionado blanqueo de dinero y prostitutas?”.




La fórmula funcionó brillantemente siempre que la variable se mantuvo constante: un Estrecho de Ormuz abierto, veintiún millas de agua que mantenían la economía global fluyendo hicieron que la posición de Dubái sea la del centro logístico, centro financiero y destino de lujo de la región, todo eso fue plausible, era geométricamente inevitable hasta que el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán cambió esa posición, confirma Johnson.

Dubái tomó el ejemplo de Las Vegas, “la vieja promesa fundamental de que la geografía es irrelevante, que una ciudad en medio del desierto puede convertirse en el centro del mundo por pura fuerza del neón y el apetito humano. Dubái tomó esta lección y la aplicó a gran escala. Si Las Vegas pudo crear una ciudad de la nada en Nevada, Dubái podría crear un centro financiero global desde la nada en un desierto al borde de un cuerpo de agua históricamente significativo, pero económicamente periférico”. Ser el principal centro logístico de la región es una ventaja competitiva extraordinaria hasta el momento en que la región se vuelve inaccesible.

“El mercado inmobiliario, que lleva veinte años siendo un indicador fiable de cuánto dinero necesita el mundo para reubicarse discretamente, está experimentando lo que los agentes describen como un periodo de recalibración y lo que todos los demás describen como un colapso. La crisis de Ormuz ha despojado, al menos temporalmente, de la cómoda ficción de que la posición de Dubái era natural y no construida, inevitable y no contingente. Dubái existe porque la economía global necesitaba un nodo en una ubicación geográfica específica, y alguien tuvo la audacia y el capital de construir uno allí”.

Johnson es más profundo, señala que hay un lado oscuro en los Emiratos Árabes Unidos en general y en Dubái en particular: es un centro de blanqueo de dinero y actividades de inteligencia extranjera. Los EAU operan ahora como una plataforma de seguridad del Golfo vinculada a sionistas e Israel: ciberseguridad, vigilancia, defensa y sistemas de inteligencia han permeado la capacidad estatal central hasta el punto de un control estratégico efectivo sobre capas clave de seguridad, economía y tecnología. El flujo de dinero también ha cambiado. Dubái y los Emiratos Árabes Unidos, en general, sirvieron como “entorno del enrutamiento de alta liquidez para capital offshore, dinero sensible a sanciones, ingresos de sindicatos criminales y flujos ilícitos relacionados con África, oro, bienes raíces, comercio, activos de lujo y estructuras corporativas. El riesgo de guerra y el impacto de integración de seguridad han dañado ese flujo. El capital que depende de la opacidad, la estabilidad y la confianza ininterrumpida se vuelve inestable cuando la jurisdicción anfitriona está visiblemente incrustada en una arquitectura de conflicto”.

Una anécdota que relata Johnson es la siguiente: “¿Adivina quién es el tío que visita semanalmente los Emiratos Árabes Unidos llevando bolsas de dinero? Si has adivinado a Volodimir Zelensky, tienes razón. El tío de Zelensky, según mi fuente, deposita el dinero en bancos locales. El dinero se utiliza entonces para comprar propiedades que posteriormente se venden. Los ingresos de esa venta se envían luego a bancos en Israel... Todo limpio. A partir de ahí, parte del dinero regresa a los miembros del Congreso de EE. UU. como forma de agradecerles su apoyo a Ucrania”.

¿Volverá los Emiratos Árabes Unidos a su antigua gloria? Quizá. Por ahora, Singapur es más seguro, tras la fuga significativa de capitales desde Dubái. La expulsión de facto de Estados Unidos del Golfo Pérsico, junto con las iniciativas chinas y rusas para crear una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo, está llevando a los emiratíes a reevaluar sus relaciones pasadas. No está claro qué camino elegirán seguir en el futuro, pero los emires de los EAU enviaron una delegación a Teherán el 9 de junio. “¿Está Dubái considerando un futuro sin extranjeros ricos con apetito por el alcohol y las prostitutas? Quizá”.

Revisemos la ponencia principal.



La verdadera historia detrás del Irán nuclear y el Acuerdo de Islamabad.

Pepe Escobar
X.com
junio 2026


El lunes 1 de junio, en Power Shift, una nueva plataforma geopolítica independiente, Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo revelamos una información que, a todos los efectos prácticos, es una bomba: si las nubes oscuras persisten, Teherán está listo para pasar de la ambigüedad nuclear a la detonación de un dispositivo nuclear en territorio iraní.

Menos de una semana después, la página de Power Shift fue censurada en YouTube, sin explicación ni apelación. Sin embargo, lo que revelamos ya se había detallado en varios podcasts y entrevistas a lo largo de la semana pasada, con Larry y conmigo; y en el foro de San Petersburgo.

Los equipos de negociadores han tenido que suspender el intercambio de textos y mensajes a través del mediador Pakistán por diversas razones (ataques y represalias, generalmente). Irán ha reiterado que está dispuesto a abandonar el "alto el fuego" si el grupo extremista de Asia Occidental seguía adelante con su amenaza de bombardear Dahiyeh, el suburbio de mayoría chiíta al sur de Beirut. Ante la presión de Trump, el líder del grupo extremista se vio obligado a ceder. Solo por unos días. Trump necesitaba desesperadamente un Memorando y un alto el fuego prolongado para presentarlo como una "victoria". Su victoria.

Una llamada telefónica de 105 minutos, jueves 28 de mayo, entre el presidente iraní Masoud Pezeshkian y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif fue concluyente. Islamabad es el único canal de comunicación extraoficial, funcional y de confianza, entre Teherán y Washington. Nuestras fuentes revelaron que, durante la llamada telefónica, Pezeshkian presentó un ultimátum formalmente estructurado de tres pasos que debía comunicarse a la Casa Blanca con absoluta claridad:

1. No más conversaciones nucleares. Es decir, la prioridad es el fin de todas las guerras contra Irán y el Eje de la Resistencia.

2. No más marco para un posible tratado nuclear. Es decir, no habrá discusiones que conduzcan a un posible JCPOA 2.0 diluido; solo después de que se resuelva el fin de las guerras y el estatus del Estrecho de Ormuz.

3. Si las amenazas de Estados Unidos persisten, dijo Pezeshkian, eso llevaría a la "detonación de un dispositivo nuclear en territorio iraní", ejecutado no como un acto de guerra, sino como una demostración soberana e irreversible de capacidad para controlar la escalada.

Lo que resulta particularmente sorprendente es que nada de lo anterior se trata de una postura diplomática. Lo que tuvimos fue al Presidente de Irán transmitiendo lo que es esencialmente una decisión del Líder Mojtaba Khamenei, señalando que si Washington cruza el siguiente umbral, Teherán pasaría instantáneamente de la ambigüedad nuclear a una demostración innegable.

Y eso implicaría una ruptura permanente del sistema global de no proliferación, con consecuencias imprevistas.




La alineación estratégica China-Irán-Pakistán.

El Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, obviamente hizo los cálculos de la magnitud de dicha información. Inmediatamente le dijo al Ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar, quien se encontraba en Nueva York para las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, que transmitiera la información a Washington.

Dar eludió todo el aparato burocrático y llamó directamente al Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en Nueva York. El mensaje, de Teherán a la administración Trump, fue contundente: la escalada ahora tiene un peldaño terminal.

Rubio "puede" (y esa es la palabra clave) haber reconocido la gravedad suprema de lo que de hecho es un ultimátum nuclear formal. Informó a Trump. Al día siguiente, 29 de mayo, Trump detuvo abruptamente cualquier acción militar. Y su retórica incendiaria se suavizó de inmediato.

Esto no tuvo nada que ver con un repentino ataque de contención estratégica en el eje War-a-Lago/Oficina Oval. Fue el resultado directo de la comunicación extraoficial entre Sharif, Dar y Rubio.

La mañana del 29 de mayo, Dar llegó a Washington para una visita oficial de un día. Sentado frente a Rubio, le ofreció la información detallada que la llamada telefónica de Nueva York solo había anticipado.

Colocó dos bombas sobre la mesa de negociación:

1. Irán no entregará nada de su uranio altamente enriquecido (UHE). Nada. Cero. Y eso es definitivo. Se trata de independencia soberana (dos conceptos centrales de la reciente declaración conjunta Rusia-China firmada en Pekín durante la visita oficial de Putin a Xi Jinping).

Por lo tanto, Teherán no entregará sus reservas, sean cuales sean las condiciones, temporal o permanentemente, solo para cumplir con un mecanismo de honor diseñado para el público estadounidense. Desde el punto de vista del liderazgo iraní -con Mojtaba al mando-, el HEU va mucho más allá de un activo técnico; es la fusión definitiva de soberanía, disuasión, influencia y supervivencia política.

2. China ha entregado a Irán sistemas de defensa estratégica de última generación -incluidos MANPADS portátiles- enviados clandestinamente a través de terceros países (y por eso no se puede obtener ninguna confirmación oficial).

En resumen: existe una alineación estratégica total y operativa entre China, Irán y Pakistán.

¿Sigue siendo posible un Acuerdo de Islamabad?

Por el momento, ninguno de nosotros -incluidas nuestras fuentes- sabe si un arma nuclear detonada en territorio iraní habría sido desarrollada exclusivamente por Irán (ya que poseen la capacidad científica) o con la posible ayuda de Rusia, Pakistán o Corea del Norte. Todas las opciones son plausibles.

Según el profesor Ted Postol del MIT, Irán podría convertir fácilmente 450kg de hexafluoruro de uranio al 65% en aproximadamente un 85% apto para armas nucleares: todo lo necesario para un arma de baja potencia, que podría montarse en al menos 10 sistemas de lanzamiento de misiles capaces de alcanzar Israel. Esto significa, como mínimo, 10 bombas nucleares.

Técnicamente, este tipo de arma de baja potencia puede diseñarse, explica Postol, utilizando un reflector de neutrones hecho de uranio empobrecido -o carburo de berilio/tungsteno- y colocado justo alrededor del núcleo fisionable. Este reflector redirige los neutrones que escapan hacia el material nuclear para aumentar la eficiencia de la fisión y reduce la masa crítica necesaria. En resumen: menos material y más bombas.

Muy importante: un borrador de esta columna fue presentado a principios de mes a un alto funcionario iraní, parte del círculo íntimo del líder Mojtaba Khamenei. Su reacción: "No haré comentarios sobre este asunto".

Más allá de esta falta de respuesta, lo que quedó instantáneamente claro es la transmisión verificada de la comunicación extraoficial más trascendental de la crisis de la no guerra ni la no paz.

Fue así: Pezeshkian habló con Sharif; Sharif habló con Dar; Dar habló con Rubio; Rubio habló con Trump; Dar habló con Rubio cara a cara (durante su reunión informativa en Washington).

Todo esto arroja nueva luz sobre el alto el fuego de 60 días, posteriormente roto, la frágil vía de escape que Trump necesitaba desesperadamente. Este marco fue organizado por Pakistán y respaldado estructuralmente por China, como confirmé en Shanghái.

Teherán ha insistido repetidamente en el orden de los procedimientos. Primero, todas las guerras deben cesar, especialmente la ofensiva del grupo extremista en Líbano. Luego, entrar en las modalidades para restablecer el tráfico comercial a través del estrecho de Ormuz. La tercera y última etapa consiste en reanudar algún tipo de diálogo nuclear significativo.

En términos generales, ya se está llevando a cabo una profunda reestructuración, independientemente de las desagradables sorpresas que puedan surgir al romper el alto el fuego.




En la actualidad:

- Los Acuerdos de Abraham están prácticamente muertos;

- Arabia Saudita ha congelado todas las conversaciones extraoficiales sobre la "normalización" de las relaciones con Israel;

- Qatar y Omán están elaborando discretamente cronogramas de transición militar para la retirada gradual de Estados Unidos de Asia Occidental.

Y, lo que es más importante, una nueva arquitectura de seguridad en Asia Occidental se está consolidando rápidamente fuera del paraguas "protector" estadounidense, impulsada por los Cuatro Sunitas: Pakistán, Arabia Saudita, Turquía y Egipto.

Nuevamente en Power Shift (mientras nuestra página de YouTube seguía activa), Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo identificamos el posible Acuerdo de Islamabad como el marco emergente para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán, mucho antes de que los principales medios de comunicación occidentales lo reconocieran como la estructura organizativa.

También identificamos el mecanismo que lo impulsaba: la diplomacia itinerante pakistaní incesante, respaldada de manera discreta pero decisiva por China.

Presentamos la hoja de ruta en dos fases: primero, un alto el fuego inmediato y la reapertura del Estrecho de Ormuz (Irán está de acuerdo con ambos); segundo, un breve período de negociación para finalizar el acuerdo político y financiero más amplio.

Informamos que la liberación de los activos congelados de Irán, un tema sumamente controvertido, no era una mera especulación, sino una herramienta activa en el proceso. Dicha liberación de activos y el posible alivio de las sanciones se estaban tratando como medidas concretas para generar confianza.

También informamos que una delegación iraní de alto nivel, que incluía al líder del Parlamento, Ghalibaf, al Ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y al Gobernador del Banco Central, Abdolnaser Hemmati, viajaría a Doha en relación con el tema de los fondos congelados.

Todo se confirmó más tarde en todo el espectro, incluido el hecho de que el componente del banco central estaba directamente vinculado a los activos congelados. También adelantamos que Islamabad podría convertirse en el escenario del acto político final, incluida una posible visita de Trump, junto con Pezeshkian; sin embargo, ahora esa posibilidad parece más remota que nunca.

China simplemente observa el curso del río.

Estos son los hechos, tal como están las cosas:

Irán está lejos de estar aislado y está posicionado para una guerra prolongada, con un respaldo material y estratégico significativo de China, Pakistán y Corea del Norte, y un apoyo cuidadosamente calculado de Rusia, como confirmé durante el foro de San Petersburgo.

Estados Unidos está paralizado. La administración Trump puede parecer que quiere una salida; pero está totalmente limitada por la presión del culto a la muerte en Asia Occidental, como hemos visto; vías de escalada agotadas; y la ausencia de una opción militar decisiva que pueda alterar el tablero de ajedrez sin crear una crisis infinitamente más inmanejable.

Las petromonarquías del Golfo están aterrorizadas ante una posible reanudación de la guerra, con la principal excepción de los Emiratos Árabes Unidos.

Esto deja a Islamabad como la única vía de escape en la ciudad, con el mariscal de campo Asim Munir posicionado como el intermediario indispensable; y Pekín y Moscú siguiendo de cerca todos los acontecimientos, en algunos aspectos influyendo activamente en el desarrollo de la situación.

Los bombardeos del sur de Beirut en junio se perpetró una vez más en un momento crítico de las negociaciones, como señaló Mohammad Mokhber, asesor principal del líder Mojtaba Khamenei y miembro del Consejo de Conveniencia de Irán.

Al bombardear Líbano durante la presencia del mediador en Irán (se refería a Asim Munir), el enemigo incendió la mesa de negociaciones por tercera vez para denunciar las reiteradas violaciones del alto el fuego en todas las zonas. Nos dirigimos a los infractores con firmeza; el eje de la resistencia es un cuerpo unido y, sin duda, pagarán un alto precio por esta agresión en el terreno.

El bombardeo del sur de Beirut, perpetrado por un grupo de fanáticos, dio lugar a un espectáculo francamente surrealista: la administración Trump buscando desesperadamente al mediador pakistaní en Teherán, rogándole que intercediera ante los iraníes para lograr la desescalada. El emperador que quería destruir la civilización iraní tuvo que pedirle a Pakistán que salvara lo que aún se podía salvar.

Esto significa, como ya informamos, que con Irán imponiendo las condiciones de la escalada y aumentando su capacidad disuasoria, y con Trump sin opciones, la única solución posible reside en la diplomacia a través de Islamabad.

Y, por supuesto, está el intrigante ángulo chino.

Los centros de pensamiento estadounidenses quedarán totalmente paralizados cuando finalmente se den cuenta de que, al inyectar armamento militar avanzado en el teatro de operaciones iraní, Pekín está poniendo a prueba los límites de la coerción hegemónica estadounidense.

Y si la situación se complica e Irán se ve obligado a realizar una demostración nuclear a la vista de todo el mundo, China obtendrá una prueba irrefutable de que la disuasión estadounidense es ineficaz. Es asombroso cómo se ha orquestado semejante demostración de estrategia, sin disparar un solo tiro.

Pero las cosas parecían volver a su cauce “normal” luego del intercambio de fuego la primera candente semana de julio. Las demostraciones de fuerza seguirán operando hasta agotar el término máximo del memorado de entendimiento. El plazo original de 60 días fijado por el Memorando de Islamabad vencería oficialmente el 17 de agosto de 2026.

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Otras fuentes de consulta y lecturas

06 julio 2026

Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas (6)


         Captura pantalla, reportaje de RTVE


No es novedad en absoluto, pero debemos iniciar señalando que Israel no puede permitirse vivir en paz con Irán. Las causas son diversas desde proyectos políticos hasta cuestiones “místicas”. Es imposible conseguir la paz porque Israel sigue creyendo que es el amo, el "elegido", etc., y sostiene la tesis de que debe ejercer la supremacía regional alegando que ha podido doblegar a las naciones árabes. En cierto sentido fue cierto, la diplomacia de las armas y el chantaje prevalecieron desde su fundación, pero sin las armas y respaldo de Estados Unidos y de las potencias coloniales de Europa eso hubiese sido impensable. Hoy son pocos quienes dudan de que la era de las sanciones, asesinatos, operaciones encubiertas y escalada militar contra Irán está llegando a su fin, los persas les ha dado una lección en el campo de batalla y en el aspecto político - diplomático.

Centrémonos en que el Memorando de Entendimiento entre EEUU e Irán es solo una pausa, una tregua estratégica para los dos bandos; sin embargo, si no se elimina o aparta a los actores que provocaron el conflicto es difícil que prosperen los diálogos y reuniones. La "Tercera Guerra del Golfo" nunca fue un proyecto estadounidense, se trata de un plan operacional israelí que -para que funcione- se necesitaba del poder del U. S. Army.

Israel estuvo a punto de triunfar por el control hegemónico regional, la brillante política de seducir al mundo árabe con los Acuerdos de Abraham ha colapsado, empero que para coquetear a las petromonarquías del Golfo tuvieron -previamente- que destruir Irak, Libia, Siria, Yemen, los demás ejércitos árabes no tienen importancia, lo único que sirve es el poder económico de las petromonarquías forzadas a adquirir para sus fuerzas de defensa material bélico en exceso y, por supuesto, la venta lo hace Estados Unidos por miles de millones de petrodólares en cada transacción. La excepción es Egipto con un numeroso ejército, pero la tierra de los faraones tiene un tratado de paz con Israel y su rol es de simple receptor de refugiados palestinos o garante de acuerdos (o hacerse de la vista gorda).

Lo único que impide que Israel se convierta en el amo de la región es Irán y el llamado “eje de la resistencia” que se ha formado durante décadas precisamente para detener las ambiciones de Israel. La arrogancia e ilusiones israelíes no permiten aceptar que Irán haya aguantado y revertido la traicionera ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel. Es seguro que nadie en los servicios de inteligencia y del gobierno de Israel se plantearon la posibilidad de que Irán no solo sobreviva, saliendo más fortalecido y dándose tiempo de darles una lección militar a sus agresores.


Un parche militar bordado en uniformes del ejército de Israel, aunque se diga que no es oficial, tiene un contexto político-religioso. El parche está escrito en hebreo, se traduce literalmente como: "La Tierra Prometida de Israel". En el mapa (junto al texto) ilustra el concepto ideológico e histórico-irredentista conocido como el "Gran Israel" (o Eretz Yisrael Hashlema), las fronteras dibujadas no corresponden a los límites geopolíticos del Estado de Israel, abarca una vasta región que incluye la totalidad de los territorios de Palestina (Gaza y Cisjordania), Jordania y Líbano, además de amplias zonas de Siria, Irak, Egipto (península del Sinaí) y zonas del norte de Arabia Saudita. Esta delimitación se basa en ciertas interpretaciones maximalistas de las fronteras bíblicas prometidas en las escrituras hebreas. Dentro del contexto militar la imagen comenzó a circular en redes sociales en 2024 al ser portada por un soldado de las FDI. Es cierto que no es una insignia oficial del ejército de Israel, pero refleja el sentimiento político-militar-religioso en gran parte de Israel.


Un excelente análisis resume el objetivo mayor de la guerra:

Los ataques militares por sí solos nunca fueron el objetivo final. Estaban destinados a crear las condiciones políticas para algo mucho más grande: El cambio de régimen en Teherán. Incluso se quería ir más lejos, fragmentar a Irán en entidades étnicas rivales: separatismo kurdo, insurgencia baluchi, nacionalismo azerí y otras, porque un Irán unificado y soberano siempre ha sido el mayor obstáculo para las ambiciones regionales a largo plazo de Israel.

De triunfar Israel, Teherán volvería a depender de Occidente, el sector energético iraní se habría abierto a las empresas extranjeras y posiblemente el control del estratégico Estrecho de Ormuz habría cambiado.

“Imagina, por un momento, un Israel que hubiera neutralizado con éxito a Irán, mantenido una superioridad militar abrumadora, disfrutado de un apoyo incondicional estadounidense, ampliado la normalización en el mundo árabe y moldeado indirectamente el acceso a uno de los corredores energéticos más importantes del mundo. Tal resultado habría transformado a Israel no solo en el aliado regional más cercano de Estados Unidos, sino también en el actor geopolítico dominante desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico. Los países que dudaron en unirse a los Acuerdos de Abraham habrían enfrentado incentivos abrumadores para hacerlo. Los movimientos de resistencia se habrían encontrado cada vez más aislados. Los gobiernos árabes se habrían adaptado a un nuevo equilibrio regional de poder en el que la acomodación sería más segura que la oposición”.

Israel parece que tendrá que resignarse en el hecho de que depender enteramente de la supremacía estadounidense es ya una quimera, ningún imperio permaneció dominante por siempre e Israel lo sabe, es consciente del declive paulatino de Estados Unidos. Es por ello que ya se escucha de que Israel va a depender de sí mismo en los próximos años y mientras “el poder militar, diplomático y financiero estadounidense siga disponible”, lo aprovechará. “Usar el poder estadounidense hoy para asegurar la primacía israelí mañana”, tal es la consigna.

Se estaba preparando el Oriente Medio pos-americano en el que Israel tiene que ser el eje central, pero primero deben destruir Irán. Con esta perspectiva es lógico señalar que -salvo algo excepcional- que acontezca en los próximos meses, una paz duradera seguirá siendo una utopía. Y, aquí surge la paradoja de la “paz armada”: la disuasión y persuasión militar. Cuando Israel comprenda (acepte) que sus objetivos estratégicos a través de la guerra se han vuelto inalcanzables, empezará a hablar de paz. No creemos que Israel haya llegado a esa conclusión. Al contrario.

Teherán entiende que la tregua no representa un acuerdo permanente, es consciente de que la inteligencia israelí, los lobbies políticos y las redes encubiertas siguen operando activamente. “A veces los acuerdos ponen fin a las guerras. A veces simplemente los posponen. Y en conflictos donde las apuestas geopolíticas implican hegemonía regional, corredores energéticos, el futuro del poder estadounidense y el equilibrio de poder en Asia Occidental, el aplazamiento suele confundirse con paz. La historia tiene la costumbre de recordarnos que no son lo mismo”, razona el analista geopolítico sirio Kevork Almassian. ("Por qué Israel no puede permitirse la paz con Irán")


La balcanización de Irán. Mapa de la distribución de la población por grupos étnicos y religiosos en Irán elaborado por la CIA


Para complementar, "El colapso de la sagrada alianza: cómo Israel está perdiendo América", es un análisis detallado de Mohammed Ibin Faisal al-Rashid, aborda la erosión del apoyo incondicional de los Estados Unidos hacia Israel, impulsada por un cambio generacional, el libre acceso a la información y el descontento con las decisiones de Benjamín Netanyahu.

Estamos ante el fin de un tabú político porque, tradicionalmente, cuestionar el respaldo de Washington a Israel significaba el fin de la carrera de cualquier político o activista estadounidense. Sin embargo, desde octubre de 2023, la opinión pública en EE. UU. ha experimentado un cambio drástico, rompiendo por completo ese consenso histórico debido a las acciones militares en la Franja de Gaza.

El declive de la imagen de Israel no es una fluctuación pasajera, es un fracaso histórico respaldado por cifras: Solo el 32% de los estadounidenses aprueba las acciones militares de Israel. Entre los menores de 35 años, el respaldo se desploma a un mínimo histórico del 9%. El Consejo de Chicago sobre Relaciones Internacionales otorgó a Israel una puntuación de 50 sobre 100, la calificación más baja registrada en casi medio siglo.

El quiebre en las bases partidistas de los Demócratas es visible, el rechazo es abrumador entre los jóvenes. Solo el 15% de los jóvenes demócratas apoya posibles ataques a las instalaciones nucleares de Irán, en comparación con el 55% de los mayores de 55 años. Entre los Republicanos, el bastión más seguro para Israel, la percepción negativa está creciendo. El 57% de los republicanos de entre 18 y 49 años ve a Israel de forma negativa. Congresistas como Thomas Massie señalan que sus votantes ya no entienden por qué el dinero de sus impuestos se destina a financiar bombardeos.

El impacto de las redes sociales y la información abierta desenmascara la propaganda oficial y los medios tradicionales estadounidenses que ya no pueden controlar la narrativa. Las plataformas permiten que los ciudadanos vean imágenes directas y en tiempo real de la destrucción de hospitales, universidades y la muerte de civiles palestinos, generando una enorme brecha de desconfianza frente a los comunicados oficiales del ejército israelí.

El Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), considerado históricamente el grupo de presión de política exterior más poderoso de Washington, está perdiendo su control. Figuras demócratas progresistas como Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders rechazaron públicamente sus fondos. El verdadero golpe político radica en que figuras moderadas y potenciales candidatos presidenciales para 2028 (como Josh Shapiro o Gavin Newsom) se han sumado a la promesa de no aceptar financiamiento de este grupo.

Aunque pasa inadvertida se aprecia una inesperada alianza entre la izquierda y la derecha (si así podríamos definirla en los EE. UU.) El escepticismo hacia el rol de EE. UU. como "policía del mundo" ha unido a sectores tradicionalmente opuestos. Figuras de la derecha populista aliadas a Donald Trump (como Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene) critican abiertamente que se arriesguen vidas estadounidenses en guerras ajenas y acusan a Israel de intentar arrastrar al país a un conflicto directo con Irán.

Pero es Benjamín Netanyahu el catalizador de ese deterioro, la opinión pública lo ve como el principal responsable del daño a la reputación de su país. Los índices de desconfianza hacia su figura alcanzaron el 59% a nivel general en EE. UU., afectando tanto a demócratas mayores como a republicanos jóvenes.

Como conclusión el cambio en la relación bilateral es de carácter estructural y no coyuntural. Los politólogos como John Mearsheimer, advierten que en un plazo de cinco a siete años, Estados Unidos pasará de la crítica pasiva a adoptar acciones concretas que afecten directamente los intereses de Israel. Israel está dejando de ser percibido como un aliado estratégico vital para convertirse en una carga política y financiera de cara a las nuevas generaciones.

Como apreciarán, en esta ocasión, al contrario de las entregas anteriores de la serie "Los corredores energéticos y la guerra contra Irán en mapas", hemos escogido análisis y críticas de intelectuales del mundo árabe. Repasemos la siguiente ponencia de Abdal Jawad Omar que constituye la sexta entrega de la serie en mención.

Buena lectura.

T. Andino

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El Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) es una ambiciosa red de infraestructuras multimodales anunciada durante la cumbre del G20 de 2023. Su objetivo es conectar India con Europa a través de vías marítimas y ferroviarias, atravesando Oriente Medio y pasando por países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Grecia. Dada la nueva realidad geopolítica de la zona, su ejecución será inviable.

La guerra de Netanyahu contra Irán fue una apuesta por el futuro de Israel, y fracasó.
Abdal Jawad Omar
Mondoweiss / junio 2026


Netanyahu ha apostado el futuro económico de Israel a convertirse en un centro comercial mediterráneo que sustituya el Estrecho de Ormuz. La guerra contra Irán se suponía que iba a hacer eso posible, pero consumió el espacio fiscal, el respaldo estadounidense y el capital del Golfo necesarios para ello.

Existe una versión de la guerra contra Irán que Benjamin Netanyahu quiere que creas que solo trata de centrifugadoras y la supervivencia del Estado judío. La otra versión, mucho menos comentada, es una en la que el premio de Israel es un ferrocarril.  (NdelE: Y los corredores energéticos)

La ambición de Israel, a juzgar por las palabras de su propio primer ministro, es convertirse en el terminal mediterráneo del comercio que fluye desde el Golfo y el sur de Asia - el lugar donde los contenedores asiáticos llegan a los puertos europeos sin causar problemas al Estrecho de Ormuz. La guerra, sea como sea, es una ruta hacia ese destino. La ironía, y no es pequeña, es que la campaña que genera la unidad de la oposición también consume los medios para apoderarse de ella.

Netanyahu lo dijo él mismo dos veces, con tres años de diferencia, ahorrándonos el trabajo de leer entre líneas.

En septiembre de 2023, días después de que India, EE.UU., Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y la UE presentaran el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) en el G20 de Nueva Delhi, lo calificó como "el mayor proyecto de cooperación de nuestra historia" y prometió que Israel se convertiría en "un cruce central" dentro de él - sus puertos y ferrocarriles formando, en sus palabras, "una nueva puerta de entrada desde la India a través de Oriente Medio hasta Europa, y de vuelta".

En la ONU ese mismo mes, presentó dos mapas, al estilo de un hombre que nunca ha conocido un objeto que no le guste: uno titulado "La Maldición", que representa la red regional de Irán; el otro "La Bendición", que muestra a Israel conectado por ferrocarril y oleoducto a Jordania, el Golfo y luego a Europa. Le gustó tanto el dispositivo que lo trajo de vuelta un año después, diciendo en la Asamblea General de 2024: "Este es el mapa que presenté aquí el año pasado". La sutileza nunca ha sido el objetivo.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso ante la Asamblea General de la ONU, 27 de septiembre de 2024


En esta fotografía, Benjamin Netanyahu sostiene un mapa que borra Palestina. Asamblea General de la ONU, 22 de septiembre de 2023.


En marzo de 2026, con Ormuz prácticamente cerrado por la respuesta de Irán a la guerra de agresión lanzada contra él, el discurso dejó de ser un discurso y se convirtió en algo más cercano a una declaración de tesis.

En una rueda de prensa en Jerusalén el 19 de marzo, Netanyahu trazó la línea entre la guerra y el ferrocarril sin que se le pidiera dos veces:

"En lugar de pasar por puntos de estrangulamiento como el Estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, podemos construir oleoductos hacia el oeste a través de la Península Arábiga hasta los puertos mediterráneos de Israel, y eliminar efectivamente estos puntos de estrangulamiento".

Un Ormuz cerrado, en otras palabras, no es un efecto secundario desafortunado de la guerra. Es el argumento a favor de la alternativa que Israel ha estado vendiendo a inversores desde antes de octubre de 2023. (Ndel E. ¿Pueden darse cuenta de por qué incluso el cierre de Ormuz es beneficioso para Israel? !Por eso siempre prefieren la guerra que la paz! todo va con sus planes!)

El problema de vender una alternativa es que tienes que construirla, y construir cosas, resulta, es difícil cuando tu presupuesto de defensa está devorando el país. Convertirse en un centro logístico exige los elementos poco glamurosos de la diplomacia - capacidad portuaria, ferrocarril, mano de obra, margen fiscal - justo en el momento en que los cuatro están siendo requisados en otros lugares.

El gasto en defensa de Israel se ha estabilizado en aproximadamente el 8% del PIB, un nivel que normalmente se asocia con estados en riesgo existencial en lugar de estados que intentan atraer fondos soberanos. El presupuesto de 2026, elevado a 144.000 millones de NIS (Nuevo Shekel Israelí) deja poco margen para la inversión en transporte que realmente necesita la rama israelí de IMEC. La deuda externa ha subido de alrededor del 60% del PIB antes de la guerra a aproximadamente el 70%. Decenas de miles de reservistas han sido retirados de la construcción y la logística, incluso cuando la exclusión de la mano de obra palestina durante la guerra ha dejado las obras con medio personal y las reparaciones de viviendas estancados.

Nada de esto demuestra necesariamente que la mejora del puerto de Haifa haya retrasado específicamente su calendario, ya que esos datos no son públicos, pero indica el mecanismo: un país que libra una guerra maximalista en varios frentes no puede también estar sentando caminos discretamente. Tarde o temprano, el libro mayor tendrá una sola columna.

También está deteriorando la única relación sobre la que se construyó el corredor: IMEC fue concebido, y será financiado en gran medida, como un proyecto estadounidense. El respaldo de Washington siempre formó parte de su estructura de capital, así como la credibilidad de un banco central forma parte del valor de una moneda. Ese respaldo está visiblemente reduciéndose, tanto por las propias guerras arriesgadas de Estados Unidos como por el espacio de tensión que se abre entre EE. UU. e Israel debido a intereses divergentes en la forma de poner fin a la guerra contra Irán.

Trump supuestamente le ha dicho a Netanyahu: "Estarías en prisión si no fuera por mí", después de que los ataques israelíes en Beirut amenazaran con descarrilar su diplomacia con Teherán. Este no es el lenguaje de un hombre que considera que los objetivos bélicos de su aliado están claramente alineados con los suyos. Por otro lado, Trump le ha dicho a Netanyahu que "lo arregle" con Erdogan en lugar de abrir un segundo frente con Turquía.

Ambos episodios apuntan en la misma dirección: Washington quiere un resultado lo suficientemente estable para que el capital pueda avanzar, mientras Israel sigue comportándose como si más guerra fuera la estrategia.




En esta ecuación, un patrón que tiene que seguir menospreciándote es un patrón cuyo entusiasmo se está depreciando, y el IMEC, como la mayoría de los proyectos de infraestructuras ambiciosos, depende de un entusiasmo que se acumula en lugar de decaer.

Luego está el Golfo, cuyo dinero el corredor no puede prescindir, y que se cubre en algo cercano al tiempo real. Arabia Saudí ha declinado de forma conspicua aceptar el plan del gasoducto, no ajeno a sus propias relaciones frías con Netanyahu, incluso cuando los petroleros permanecían inactivos en el estrecho y Washington puso escoltas navales. Los EAU han tomado la dirección contraria, apoyándose más en los Acuerdos de Abraham y beneficiándose por primera vez de las capacidades de defensa antimisiles israelíes mientras eran bombardeados por drones y misiles iraníes.

Riad inicialmente apoyó la campaña antes de descubrir lo que estaba haciendo con su propia economía dependiente del petróleo, en cambio se ha ido acercando a Turquía y Pakistán. El mayor posible financiador de las ambiciones del centro israelí está, en otras palabras, acercándose al mismo actor que el centro fue diseñado para dejar irrelevante.

Ese actor no ha estado inactivo. Turquía e Irak han impulsado la Carretera de Desarrollo, un enlace ferroviario y autopista de Basora a Mersin vía Bagdad, concebido desde el principio para trasladar el comercio del Golfo a Europa sin acercarse a Israel. Erdogan expresó claramente su objeción al proyecto rival en el vuelo de regreso desde la misma cumbre del G20 que lo lanzó. Dijo a los periodistas:

"Decimos que no hay corredor sin Turquía. Turquía es una base importante de producción y comercio. La línea más conveniente para el tráfico de este a oeste debe pasar por Turquía".

Desde entonces, los funcionarios turcos han hecho explícito el plan israelí en lugar de verlo como algo incidental. El ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, ha declarado que Israel, tras agotar a Irán como adversario, "no puede vivir sin un enemigo", y ahora posiciona a Ankara como el próximo. Fidan incluso ha acusado a Jerusalén de tratar los pactos de seguridad regionales, incluido el marco de defensa Israel-Grecia-Chipre que limita con el corredor gasífero EastMed, como una "alianza militar contra los países musulmanes de la región".

Mapa de 1911 de las vías férreas en Turquía, Asia, realizado por la Oficina de Guerra británica. La Carretera de Desarrollo es un megaproyecto de $17.000 a $20.000 millones que unirá el Golfo Pérsico con Europa. Consiste en 1.200 km de autopistas y vías férreas de alta velocidad desde el puerto de Al-Faw en Basora hasta Turquía (vía Bagdad y Mosul), conectando posteriormente con el puerto mediterráneo de Mersin. (Wiki)



Tampoco es meramente retórica: los camioneros polacos y alemanes ya han hecho el viaje de Europa al Golfo vía Irak en tan solo diez o doce días, un hecho que se repite rápido en los círculos de transporte de mercancías. Cada semana que Ormuz se queda callado afina tanto las ideas de Israel como de Turquía por igual, y solo una de las dos queda libre del lastre político de Israel.

De forma significativa, la política israelí ha empezado a tratar a Ankara menos como un fastidio y más como el próximo adversario. Naftali Bennett, que nunca es un hombre que minimiza una amenaza, ha calificado a Turquía como parte de un eje "similar al iraní".

Tómalo con cautela: la hostilidad entre Erdogan y Netanyahu precede con creces cualquier ferrocarril y tiene sus propias quejas, desde Gaza hasta Siria y un rechazo personal ya bien entrado en su segunda década-, pero el intercambio de acusaciones sobre corredores, puertas y alianzas te indica que ambas partes han empezado a tratar la logística como un campo de batalla propio.

Sería excesivo afirmar que la guerra se está librando por un ferrocarril. La evidencia de eso no llega tan lejos, y las guerras rara vez tienen un solo autor que siga su lógica. Lo que respalda las pruebas es, creo, más estrecho e interesante:

El liderazgo israelí ha vinculado explícita y repetidamente su futuro económico deseado al cierre de Ormuz y a la dilución de su importancia, y ha señalado la alteración del antiguo orden marítimo por la guerra como la condición que hace viable su alternativa.

Lo que se puede decir con confianza es que esto deja a Israel en una posición asimétrica. Incluso en el escenario más optimista, donde Ormuz sigue siendo disputado, se construyen los oleoductos y Haifa amplía lo previsto, la misma campaña habrá gastado en las tres cosas en las que realmente funciona una estrategia de centro: espacio fiscal, un patrocinador estadounidense cuyo apoyo no necesita vigilancia constante, y capital del Golfo dispuesto a pasar por alto el coste político de enrutar el comercio a través de un país en guerra con la mitad de sus vecinos, y dispuesto a bombardear el Golfo en su búsqueda de la victoria total.

Israel aún podría obtener sus ferrocarriles y oleoductos. Pero actualmente financia las vías y tuberías vendiendo las cosas que harían que cualquiera quisiera montarla.

 


Otras lecturas consultadas:

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