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14 septiembre 2020

El oro de Yamashita, "Lis de Oro", "Lila Dorada". ¿Leyenda o verdad? (IV)



Introducción del editor del blog

En la entrega anterior comentamos los "negocios entre el difunto Bormann y J.D. Perón", todo un milagro en el sentido literal, tomando en cuenta que en esos años Bormann ya tenía algunos añitos de haber partido al más allá. En fin, no había necesidad de bombardear con más análisis.

Debo permitirme asegurar al lector que no es mi intención cuestionar su credulidad ante lo que lee, intentó aportar para aclarar los hechos buscando fuentes fiables y comprobables. En este caso, es preocupante la carencia de fuentes e incluso la nada fiabilidad de ellas (de encontrarlas), por algo será que esta historia sigue manteniéndose en el campo de la leyenda. 

Esto nos lleva a ser cautos con los datos y juicios críticos sobre la veracidad de lo que leemos y compartimos. Incluso, los datos históricos basados solo en evidencia oral inevitablemente terminará en un debate, puesto que la veracidad de ciertas declaraciones deben estar acompañadas de respuestas consistentes y comparables.

Sigue rebasando al sentido común la nada creíble cantidad de oro que pudo haber pasado inadvertido o desconocido durante largo tiempo. El hecho es que eso sería una bofetada en la cara de las potencias coloniales europeas que dominaron por largo tiempo el sudeste asiático. ¿Puede creerse que los ingleses que ganaron la guerra del opio en China, que conquistaron Hong Kong, así como otras potencias como Francia, los Países Bajos, incluso los Estados Unidos, que también dominaron parte del sudeste asiático, hayan sido tan "incompetentes", disponiendo de regímenes casi esclavistas, de no haber sido capaces de hallar indicios de que esas colonias ocultaban centenas de miles de toneladas de oro, joyas, metales preciosos...?. La respuesta es NO, no cabe esa posibilidad ni remotamente.

En la entrega anterior, Daniel Estulin comete el error de "creer" en sus fuentes, mejor dicho, no las señala. Es evidente que el material gráfico que acompañó a su artículo en "Voces del Periodista" son copias -y de mala calidad- de algún libro. No es nada difícil saber cuál es el libro, pero no lo señalaré (tampoco es el único, hay decenas de libros en que se copian y reproducen las mismas fotografías y "documentos" ilegibles). No soy nadie para ganarme alguna demanda por "difamación" de investigadores "infames" (infame como broma, ya que no tienen nada de fama) que venden sensacionalismo literario (no me refiero a Daniel Estulin, de quien sigo y seguiré apreciando su trabajo, él intentó incursionar con este tema con el género de novela, aclarando que se trata de eso, una novela... basada en unos puntos de historia). 

Citando a un historiador estadounidense, "ciertamente, siempre sería un error pedir evidencia escrita, especialmente porque los documentos falsificados son tan frecuentes hoy como las declaraciones falsificadas" (István Deák); por ejemplo, conocemos por disputas históricas recientes cuán provocativo fue el investigador británico David Irving al ofrecer pagar una considerable recompensa a quien pueda presentar evidencia escrita de Hitler ordenando el exterminio de los judíos... 

Al fin y al cabo, nada impide escribir o leer lo que nos place, esos son los beneficios de vivir en una democracia. Sin embargo, demostrar honestidad es una alta cualidad moral. Muchos autores deberían señalar, aclarar, precisar, indicar, etc., que su trabajo literario pertenece al género de la novela fantástica, fruto de su libre y legal imaginación; o, al género de la ciencia ficción. Está por demás señalar que algunos autores y, lógico, la inmensa mayoría de lectores se toman muy en serio esas fantásticas narraciones. 



Captura de pantalla de la serie "El oro perdido de Yamashita", de History Channel.

En lo particular, hay un género literario que me gusta mucho: La historia alternativa, que solemos utilizarla, en ocasiones en este blog, para plantear ciertas hipótesis sobre hechos históricos auténticos. La historia alternativa, dejando aclarado que lo es, ha servido a muchos auténticos historiadores para plantear y resolver algunas hipótesis sobre escenarios históricos poco claros.

Sobre los "documentos" presentados en la tercera parte de esta serie de artículos, quedó en evidencia que casi todos eran ilegibles, algunos no guardan relación con el tema. Tenemos "cartas" y "certificados" cercenados, sin fecha, como presuntos y únicos "documentos" que intentan describir una extraña relación entre quién sabe qué;  y, lógico, no se identifica su origen. No se puede aceptar sin más un "documento" o presunto documento basado en rumores divulgados por nada serios literatos, que evitan presentar sus "fuentes" (generalmente inexistentes); o, en otros casos, remitiéndonos a fuentes poco confiables (de contar con esa esfuerzo de referencia). 

Este tipo de temas, en el mejor de los casos, pueden ser considerados como una hipótesis si los autores se molestaran en indicar las fuentes de sus transcripciones para que puedan ser consultadas más holgadamente. Esos relatos ganarían un poco de persuasión y quién sabe, conseguirían que sus libros sean más interesantes y exitosos.

Como decía István Deák: "En resumen, no importa si uno es un historiador profesional o un periodista exitoso; ambos están obligados a decir cuándo y en qué circunstancias hablaron con los sujetos de su curiosidad y si queda alguna evidencia de estas conversaciones" (en nuestro caso sobre sus consultas historiográficas). En la mayoría de casos, simplemente, se ha vendido al mundo una gigantesca patraña, siendo una más de las tantas leyendas o creaciones de mitos que surguen periódicamente. 

Algunas de esas cuestiones las hemos tratado en la primera entrega de esta serie de artículos. En las siguientes líneas veremos un nuevo enfoque de mayor carácter histórico, más serio y sin sensacionalismo. No obstante, su autor, Denis Boneau, periodista francés, al carecer (como todos) de fuentes historiográficas válidas, recurre (como todos lo hemos hecho) como una de sus consultas al sensacionalista libro "Gold Warriors", sobre todo cuando hace mención al ex dictador filipino Ferdinand Marcos relacionándose con el oro japonés saqueado durante la segunda guerra mundial y recuperado tanto por estadounidenses como filipinos y la relación de los Marcos con las autoridades de los Estados Unidos.

Lo interesante del trabajo de Boneau es que aporta nueva información creíble y verificable sobre ciertos personajes japoneses que quedaron impunes tras el conflicto y la presencia de grupos mafiosos y sociedades secretas.

Buena lectura

T. Andino


EL TESORO DE LOS CRIMINALES NIPONES 
Operación Lis de Oro

Fotografía de carácter ilustrativo. (Oro de una tienda en Peshawar - Pakistán)

por Denis Boneau

A partir de los años 30, mientras que el ejército imperial japonés saquea el sudeste asiático, el emperador Hirohito lanza la «Operación Lis de Oro» cuyo objetivo es recuperar y esconder su botín de guerra. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los servicios del general MacArthur (EEUU) se apoderan del tesoro y crean diversos fondos destinados a financiar la lucha contra el comunismo. «El oro de Yamashita», considerado durante mucho tiempo una simple leyenda, permite entender cómo logró el Partido Demócrata Liberal japonés, a pesar de la tremenda corrupción de sus elites, conservar durante medio siglo el control exclusivo de la «democracia» nipona. Sobre los criminales de guerra japoneses hay vínculos con la mafia, el poder político y el apoyo estadounidense para sus fechorias bajo el pretexto de luchar contra el comunismo. 


El general estadounidense Douglas MacArthur y el emperador Hirohito. Septiembre de 1945

En 1895, la reina Min es quemada viva por un grupo de asesinos de la Sociedad del Océano Negro, grupo ultranacionalista dirigido por el legendario Mitsuru Toyama. La operación, destinada a desestabilizar el gobierno coreano, constituye uno de los componentes de la estrategia de conquista de los servicios secretos japoneses trazada en colaboración con los yakusas de Toyama.

El asesinato de la reina da lugar al «incidente» que justificará la invasión progresiva de Corea. En 1905, el país se convierte en un protectorado del Japón. Las sociedades ultranacionalistas comienzan las operaciones de saqueo mientras que jefes del hampa ocupan puestos claves. Con la ayuda del gobierno imperial, Ryohei Uchida, jefe de la Sociedad del Dragón Negro y brazo derecho de Toyama, organiza milicias encargadas de extorsionar a las familias coreanas ricas.

En 1910, Corea está totalmente anexada. El jefe militar, el general Yamagata, encarga a Terauchi el desarrollo de las actividades de la policía secreta, inicialmente creada por el Dragón Negro. Los kempeitai organizan metódicamente el saqueo del territorio en colaboración con las milicias de Toyama y Uchida


Oficialmente, Japón pretende proteger el sudeste asiático de los colonos occidentales mediante la fundación de una «esfera de prosperidad conjunta».

En realidad, la dinastía imperial japonesa supervisa un saqueo sistemático del país, robando el oro y las obras de arte (la valiosa porcelana celadón), destruyendo el patrimonio cultural (templos budistas) con la evidente intención de borrar la identidad coreana.

Un sistema similar se establece en Manchuria, bajo el mando de Nobusuke Kishi y las sociedades yakusas. El territorio anexado permite a Japón controlar el acceso marítimo a los puertos comerciales del norte de China. El gobierno fantoche se encuentra bajo el dominio de los tairiki ronin -oficiales, jefes guerreros, traficantes de droga... Yakusas emprendedores forman verdaderos ejércitos privados para saquear, en nombre del Emperador, o se alían a los padrinos chinos de la Banda Verde para controlar las redes de distribución del opio y sus derivados.



Ryoichi Sasakawa y Yoshio Kodama dos compadres criminales antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Abajo: los mismos personajes, elegantes caballeros de posguerra.

Ryoichi Sasakawa (1) y Yoshio Kodama (2) amasarán así fortunas colosales que permitirán, al final de la guerra, financiar la creación del todopoderoso Partido Demócrata Liberal (PDL). A la cabeza de esos grupos de delincuentes con métodos expeditivos, Nobusuke Kishi y su clan, que incluía al general Hideki Tojo (jefe de la policía secreta y futuro primer ministro del gobierno de guerra), Hoshino Naoki (jefe del monopolio del opio), Matsuoka Yosuke (presidente de la corporación Mantsetsu) y Aikawa Gisuke (dirigente de Nissan), planifican las operaciones de saqueo con la complicidad del emperador.

Fundan la Compañía de Industria Pesadas Manchúes, organización que coordina el desarrollo de la industria y centraliza el botín que el ejército y los yakusas arrancan a la población local por distintos medios (exigencia de rescate, extorsión, robo de bancos...).

Los saqueos bajo el control de los príncipes del Imperio japonés:«La Operación Lis de Oro»

La fiebre de conquista irrita a los dirigentes occidentales, que temen que Japón se inmiscuya en sus propias colonias y concesiones. En 1936, en pleno saqueo de Corea, los estrategas japoneses vacilan entre dos opciones. Una de las tácticas consiste en tomar el control de Siberia, territorio rico en recursos naturales, para crear una zona de seguridad frente la Unión Soviética, principal rival de la región.

Esta estrategia «anticomunista» tendría el mérito de satisfacer a una parte de las elites occidentales. Con ese objetivo, Yoshida, embajador en Londres, trata de establecer una alianza con los británicos, recurriendo a la ayuda del grupo Cliveden. En Estados Unidos, varios ultraconservadores, como el ex-presidente Herbert Hoover o el aviador nazi Charles Lindberg y oficiales cercanos al general MacArthur, son favorables a un entendimiento con la dinastía imperial.



Nota del editor: Yasuhito (1902 - 1953), también conocido como Príncipe Chichibu, segundo hijo del Emperador Taishō, hermano menor del Emperador Hirohito y general del Ejército Imperial Japonés en 1945. Antes y después de la segunda guerra mundial, el príncipe y su esposa trataron de fomentar las buenas relaciones entre Japón y el Reino Unido, tenían buena relación con la Familia Real Británica.​ Sin embargo, luego de conocer a Hitler en 1937 se convenció que el futuro de Japón estaba vinculado a la Alemania nazi, sobre ello discutió con el Emperador, unirse a una alianza militar con Alemania contra Gran Bretaña y los Estados Unidos. Al igual que otros príncipes imperiales japoneses de su generación, fue un oficial de carrera en servicio activo en el Ejército Imperial Japonés. Como todos los miembros de la familia imperial, fue exonerado por Douglas MacArthur de los procesos penales ante el tribunal de Tokio.​  Es en el libro (tantas veces mencionado en estos reportajes) "Gold Warriors", sobre el oro de Yamashita, donde sus autores Peggy y Sterling Seagrave postulan que el Príncipe Chichibu dirigió de 1937 a 1945 la "Operación Lirio de Oro" (Kin no yuri, en japonés), afirmando que los miembros de la Casa Imperial estaban personalmente involucrados en el robo de tesoros de países invadidos por Japón durante la segunda guerra mundial. Esas alegaciones quedan en entredicho en las memorias de la Princesa Chichibu (Setsuko), según la cual el príncipe se retiró del servicio activo tras haber sido diagnosticado con tuberculosis pulmonar en junio de 1940, pasó la mayor parte de la segunda guerra mundial convaleciente en su villa de Gotemba, en la prefectura de Shizuoka, en el pie oriental del monte Fuji, nunca se recuperó de su enfermedad la que provocó su fallecimiento a inicios de 1953. Su ascenso a general de división tuvo lugar en marzo de 1945 (Resumen Wiki).


El príncipe Chichibu, hermano de Hirohito, viaja a Londres en 1936 para preparar una posible alianza anglo-japonesa. La perspectiva de un frente anticomunista habría seducido probablemente a los diplomáticos británicos pero el avance de las tropas japoneses en Asia amenaza las colonias de las potencias europeas. Rápidamente, Chichibu se ve privado de todo medio de negociación.

En China, el ejército está totalmente fuera de control. En 1937, varios oficiales orquestan en China el incidente Marco Polo, que desemboca en la invasión del país por las tropas japonesas con el apoyo extraoficial del emperador. El príncipe Chichibu renuncia a la idea, ya obsoleta, de una alianza anglo-japonesa y vuela a Nuremberg donde se reúne con el canciller Adolf Hitler (3).

En momentos en que el presidente Franklin D. Roosevelt declara que desea poner fin a la «fiebre» de conquista de Japón, el ejército invasor se prepara para cometer una masacre sin precedentes por órdenes de un príncipe imperial. En efecto, el príncipe Konoe, primer ministro «moderado», pone al príncipe Asaka a la cabeza del ejército de Nankin.

Este último ordena a sus tropas no dejar ningún prisionero en la ciudad. Durante días, los soldados ejecutarán sus órdenes al pie de la letra. Decenas de miles de chinos son asesinados en condiciones espantosas ante la mirada de numerosos occidentales. Los soldados «utilizan» a los hombres como maniquíes para practicar el uso de la bayoneta y los oficiales para ejercitarse en la decapitación.

Mujeres y niñas son víctimas de violaciones colectivas ante los ojos de sus familias. Mientras tanto, los príncipes Chichibu y Takeda se ocupan de que el fruto del saqueo vaya a manos de la dinastía imperial. Expertos analizan los documentos bancarios mientras que la policía secreta tortura a todo sospechoso de poseer información sobre el oro y las riquezas de Nankin (4).




El príncipe Tsuneyoshi Takeda (1909 - 1992), fue el segundo y último heredero de la rama colateral Takeda-no-miya de la familia imperial japonesa, era primo hermano del emperador Shōwa, es decir, Hirohito. El príncipe Takeda tuvo responsabilidades ejecutivas sobre la Unidad 731 en su papel de director financiero del Ejército de Kwantung. dicha unidad llevó a cabo investigaciones sobre armas biológicas en seres humanos. Se le relaciona con las exposiciones de los experimentos de Shirō Ishii, Takeda habría observado pruebas de gas venenoso en treinta prisioneros cerca de Anda. En la posguerra fue presidente del Comité Olímpico Japonés en 1962, figura importante en la organización de los Juegos Olímpicos de Verano de 1964 en Tokio y los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972 en Sapporo. También fue miembro del Comité Olímpico Internacional. de 1967 a 1981. Falleció el 12 de mayo de 1992. En el libro de Peggy y Sterling Seagrave, "Warriors Gold", se sostiene que entre 1940 y 1945 el príncipe Takeda supervisó el saqueo de oro y otros artículos preciosos en China, Hong Kong, Vietnam, Laos, Camboya, Birmania, Malasia, Singapur, Sumatra, Java, Borneo y Filipinas, supervisando la construcción de las bóvedad donde se ocultarían los tesoros del "Lirio Dorado". (Resumen Wiki) 

Para garantizar que el ejército no dilapide inútilmente el producto del saqueo, Hirohito crea el Lis de Oro, una organización que reúne expertos en extorsión (contadores, profesionales de las finanzas...), jefes de yakusas y poderosos industriales bajo el mando de los príncipes imperiales, únicas personas que gozan de la confianza del emperador. El príncipe Chichibu supervisa todo el dispositivo (5)

En 1941, el régimen de Philippe Petain autoriza Japón a ocupar el norte de Indochina. El príncipe Konoe, favorable a una «paz negociada» pero incapaz de convencer a Hirohito, presenta su renuncia. Decidido a declarar la guerra, el emperador nombra en su lugar al general Tojo, uno de los hombres del clan Kishi que organizó el saqueo sistemático de Manchuria.

El ataque «sorpresivo» (6) de Pearl Harbor es la señal que desencadena la ofensiva nipona en el sudeste asiático. Japón invade Tailandia, Sumatra, Birmania y se apodera de Guam y Hong Kong. Expulsa además al general MacArthur de su feudo en Filipinas. Los nuevos territorios anexados son saqueados sistemáticamente por los kempetai. El príncipe Chichibu establece el cuartel general del "Lis de Oro" en Singapur adonde se envía la totalidad del botín para ser inventariado por especialistas.

En Filipinas, los bancos occidentales son el principal objetivo de los expertos del Lis de Oro que se apoderan del tesoro filipino en beneficio del Yokohama Specie Bank, cuyo principal accionista es Hirohito en persona, y del Banco de Taiwán, otro banco estatal. Una parte del oro sirve para financiar la guerra. Bancos suizos, portugueses, argentinos y chilenos se encargan del lavado.

Las riquezas que roban los kempetai y los agentes del Lis de Oro convergen en Singapur, de donde parten hacia Manila para ser enviadas finalmente a Japón.



Foto de carácter ilustrativo

Del Lis de Oro al fondo del Aguila Negra

Después de la batalla de Midway, la correlación de fuerzas militares en el sudeste asiático se invierte a favor de Estados Unidos. Japón pierde el control de las vías marítimas. Hirohito y los príncipes imperiales comienzan a pensar en la perspectiva de una derrota del Imperio.

A partir de entonces, la operación Lis de Oro dirigida por Chichibu, que oficialmente se somete a un tratamiento contra la tuberculosis al pie del monte Fuji, consiste en salvar el botín de guerra empantanado en Manila. Chichibu había utilizado primero los barcos-hospitales para transportar el oro, que se depositaba posteriormente en subterráneos construidos en las montañas japonesas.

En 1943, esa solución no es ya aplicable al estar Estados Unidos en condiciones de establecer un bloqueo marítimo eficaz. Las riquezas empiezan a amontonarse en los muelles de Manila. El príncipe Chichibu crea entonces un grupo de ingenieros especializados en la construcción de redes de subterráneos y comienza a esconder el botín en escondites bajo tierra. En Manila, utiliza los subterráneos de Intramuros, vieja ciudad española, que ofrecen gran capacidad de almacenaje.

Una galería que permite el traslado discreto de las mercancías enlaza directamente los muelles e Intramuros. Chichibu selecciona sitios históricos, iglesias, universidades, toda una serie de lugares donde el riesgo de bombardeo es mínimo.

Al norte de Manila, el príncipe Takeda utiliza las cuevas y supervisa la construcción de redes de túneles. Especialistas instalan grandes cantidades de trampas ingeniosas y terriblemente eficaces: bombas, cápsulas de cianuro, trampas de agua y de arena... Otro príncipe, Takahito Asaka, hijo del autor de la carnicería de Nankin, y el general Yamashita, héroe de Singapur enviado a Filipinas para hacer frente al inminente ataque estadounidense, participan en operaciones de entierro. Ingenieros y esclavos son sistemáticamente enterrados vivos.

Cuando MacArthur comienza la reconquista de Filipinas, los príncipes tratan de esconder rápidamente lo que no han podido enterrar todavía. Barcos cargados de oro son hundidos con sus tripulantes a bordo. Después de la derrota de Japón, que cierra la ocupación con la matanza de civiles de Manila, los príncipes huyen en submarinos.

Desde 1945, los servicios secretos estadounidenses conocen la existencia del Lis de Oro. Un agente, John Ballinger, disfrazado de pescador pudo observar la descarga de cajas llenas de oro trasladadas en un barco-hospital. MacArthur arresta a su rival Yamashita y confía a uno de sus propios agentes la misión de interrogar al mayor Kojima, chofer del general japonés.

Severino García Santa Romana obtendrá numerosas informaciones sobre los itinerarios de Yamashita y logrará localizar así cierto número de escondites. «Santy» se convierte entonces en el guardián del «tesoro de Yamashita». Permanece al principio bajo las órdenes de MacArthur hasta que el enigmático Edward Landsale (7), ex-agente de la OSS recientemente incorporado a los servicios G-2 del general Willoughby (8), toma el mando de las operaciones.

Después de someter el asunto al presidente Truman, se decide que el botín recuperado será utilizado para alimentar un fondo de lucha contra el comunismo bautizado Aguila Negra. El proyecto, concebido por un consejero de Roosevelt, consiste en utilizar el oro robado por Alemania, Italia y Japón en el financiamiento de gobiernos pro-estadounidenses y, por consiguiente, de manipular con dinero las elecciones en el seno de varias «democracias» amenazadas por el «peligro rojo».

Con la ayuda de Robert Anderson, un especialista en el lavado de dinero, el oro que había recuperado Santy es dispersado en 170 cuentas bancarias abiertas en 42 países. La red bancaria de la CIA permite así esconder de nuevo las riquezas robadas del sudeste asiático y mantener los precios del oro en un nivel conveniente para los intereses económicos de Estados Unidos (9).

El tesoro regresa a Japón

El botín confiscado por las autoridades estadounidenses alimenta al principio tres fondos secretos diferentes. El fondo Yotsuya financia las actividades más inconfesables del brazo derecho de MacArthur, el jefe del G-2 Charles Willoughby, admirador del general Franco y de los métodos de las policías fascistas. El segundo fondo, bautizado con el nombre de Joseph Keenan, fiscal del juicio de Tokio, equivalente japonés del proceso de Nuremberg, tiene una función muy precisa: comprar testigos para exonerar a los miembros de la dinastía imperial, convertidos en aliados de MacArthur en la lucha contra el comunismo.




El proceso de Tokio es una verdadera farsa que se termina con
el ahorcamiento de un puñado de chivos expiatorios. El príncipe Asaka, autor de las masacres de Nankin, ni siquiera es convocado mientras que el general Matsui, acusado de un crimen en el que no tuvo participación, es enviado a la horca.

Yamashita, el gran rival del general MacArthur, corre la misma suerte, condenado por la matanza de civiles de Manila. El general Tojo es designado como principal culpable y obligado a asumir la responsabilidad por la guerra, en lugar del emperador Hirohito.


El General Yamashita, en Filipinas y el General Tojo en Tokio, son de los más conocidos militares japoneses sentenciados a muerte en los procesos por crímenes de guerra.

El fondo más estratégico es, sin duda, el M-Fund destinado al financiamiento de la lucha para impedir que los comunistas o los socialdemócratas logren hacerse del poder en Japón. Después de la guerra, un efímero gobierno socialista se ve rápidamente desacreditado, gracias al financiamiento de M-Fund, por el favorito de Estados Unidos, Shigeru Yoshida. Este fondo es utilizado también para financiar una historia oficial de la derrota japonesa.

Es así que Yoshio Kodama publica sus memorias I was defeated (Yo fui vencido). El libro, financiado por la CIA mediante el M-Fund, sirve para exonerar a los futuros hombres fuertes japoneses, ultranacionalistas aupados por el general MacArthur, como Ryoichi Sasakawa y Nobusuke Kishi.

En 1951, tiene lugar la firma del tratado de paz. El artículo 14 estipula que Japón no dispone de los recursos necesarios para indemnizar a sus víctimas. La existencia del Lis de Oro, convertido en Aguila Negra, debe permanecer en secreto.

Después de 1952, un consejo dirigido por miembros de la CIA y de los servicios secretos japoneses se hace cargo del M-Fund. El fondo permite la elección de Nobusuke Kishi, jefe del saqueo de Manchuria y ex-ministro del gobierno de guerra de Tojo. Al gobierno de Eisenhower le cae bien el criminal de guerra, extremadamente anticomunista.



Nobusuke Kishi, estuvo involucrado en la preparación del ataque a Pearl Harbor y fue co-firmante de la Declaración de Guerra a los Estados Unidos, el 8 de diciembre de 1941. Primero como Ministro de Comercio e Industria y luego como Jefe del Ministerio de Municiones, supervisó el empleo obligatorio de cientos de miles de chinos y coreanos como mano de obra esclava y fue responsable de la producción militar. En 1944, Kishi ya no estaba a favor de continuar la guerra. Como Kishi había declarado abiertamente que la guerra estaba perdida, fue procesado por la policía secreta. Cuando las fuerzas aliadas ocuparon Japón en agosto de 1945, Kishi fue arrestado y encarcelado como criminal de guerra "Clase A" (resumen Wiki).


El M-Fund financió a varios primeros ministros, como Kakuei Tanaka, Noboru Takeshita, Yasuhiro Nakasone y Miyazawa Kichii. Tanaka, a quien Nixon habría prometido la administración exclusiva del M-Fund, recurrió muy frecuentemente a este para financiar elecciones y maniobras sucias.

Una parte del Lis de Oro se invirtió así en Japón y fue dilapidada por aquellos que decidían quién sería el futuro primer ministro desde el seno del Partido demócrata liberal, que monopolizó el poder durante 50 años.

El clan Marcos, nuevo guardián del Lis de Oro

En Filipinas, numerosos escondites escaparon al control de Santy y los servicios de MacArthur. Marcos, el turbulento protegido de Washington, gana las elecciones en 1965 (supuestamente) gracias al «oro de Yamashita». Desde los años 60, Ferdinand e Imelda Marcos tratan de ponerse en contacto con Santy, el legendario guardián del Lis de Oro. A sabiendas de que Santy posee numerosas cuentas, piensan que algunas de ellas han sido probablemente olvidadas por la CIA y quieren obtener su control. Cuando fallece Santy, en 1974, Marcos se convierte extraoficialmente en el nuevo guardián del Lis de Oro y colabora así con equipos estadounidenses y japoneses.

Para localizar los escondites, el dictador se vale de Ben Valmores, campesino filipino que fue sirviente del príncipe Takeda. Marcos logra acumular así importantes cantidades de oro pero las operaciones de búsqueda resultan muy complicadas. Lo más fácil es aliarse con japoneses que conozcan el emplazamiento de los escondites. Marcos recurre a Ryoichi Sasakawa, criminal de guerra y adorador de Mussolini, quien formó parte, después de la derrota japonesa, del restringido círculo de nuevos amos de Japón. Sasakawa es el socio ideal.

Extrae discretamente el oro depositado en la isla de Lubang y probablemente realiza el lavado de las riquezas mediante su Asociación de Ayuda Mutua filipino-japonesa. Al principio, Washington, que apoya las actividades anticomunistas de Marcos y Sasakawa, se hace de la vista gorda (10).

Pero, Marcos pretende volar con sus propias alas y recluta dos socios, un vidente que dice haber localizado gracias a sus dones los restos del navío Nachi y un especialista en metalurgia. Robert Curtis será el encargado de «santificar el oro», o sea de encontrar un medio de adecuar el botín para poder utilizarlo en el mercado mundial sin llamar la atención.

Para financiar sus instalaciones, Curtis recurre a la John Birch Society, grupo de extrema derecha especializado en operaciones anticomunistas, que cuenta entre sus miembros al coronel Lawrence Bunker. Este último, en su calidad de ex-colaborador de MacArthur, está al corriente de la existencia del Lis de Oro.



Robert Curtis es presentado a Ferdinand Marcos en 1975


Cuando el presidente Reagan planea el regreso al patrón oro, le pide a Marcos que comparta una parte de sus reservas. La avaricia del dictador será su desgracia. Por orden de Paul Wolfowitz (a la sazón subsecretario de Estado), Ferdinand e Imelda Marcos son secuestrados por los servicios secretos estadounidenses y enviados al exilio en Hawai (11). Las reservas de Marcos habrían sido enviadas a Estados Unidos.


Paul Wolfowitz


Muchos siguen codiciando aún el botín del Lis de Oro, fruto de más de 50 años de saqueo sistemático del sudeste asiático por Japón. Según Sterling y Peggy Seagrave, desde marzo de 2001 la administración Bush (con Paul Wolfowitz como secretario de Defensa) envió comandos a Filipinas a recuperar parte de las reservas de Marcos y supervisar nuevas excavaciones. El control de lo que queda del «oro de Yamashita» es todavía un objetivo demasiado importante como para que los interesados acepten que la existencia del Lis de Oro sea plenamente revelada.

El acceso a los archivos sobre el fondo Aguila Negra se encuentra bajo el más estricto control de la CIA. Las víctimas de los crímenes del ejército imperial y sus herederos que, de manera enteramente legítima, se atreven a pedir indemnizaciones son, aún hoy, objeto de burlas. Oficialmente, «el oro de Yamashita» es una leyenda.


(1) «Sasakawa, un criminal de guerra respetado», par Denis Boneau, Voltaire, 21 de enero de 2005. 
(2) Kodama recibió la misión de tomar el control del tráfico de droga en China. Para ello, establece una alianza con la Banda Verde y se convierte poco a poco en su principal proveedor de opio. Establece en Sanghai el Kodama kikan, verdadera máquina de transformar los estupefacientes en oro y transporta mercancías del Lis de oro. «Yoshio Kodama, el yakusa de la CIA», por Denis Boneau, Voltaire, 22 de enero de 2005.
(3) Sterling y Peggy Seagrave, La dynastie du Yamoto, Histoire secrète de la dynastie impériale, Éditions Michalon, 1999, Francia.
(4) En Nankin se obtienen así varios millones de toneladas de oro. Los kempeitai se apoderan sistemáticamente del oro y las joyas así como del mobiliario y espejos de la gente mientras que los expertos del Lis de oro localizan a los dirigentes de bancos.
(5) Sterling y Peggy Seagrave, Opération Lys d’or, Le scandaleux secret de la guerre du Pacifique ou comment les États-Unis ont utilisé le trésor de guerre japonais pour financer la Guerre froide Operación Lis de Oro, El escándalo secreto de la guerra del Pacífico o cómo los EEUU han utilizado el tesoro de guerra japonés para financiar la Guerra Fría), Éditions Michalon, 2002. Título original: Gold warriors.
(6) Documentos recientemente desclasificados han demostrado que Estados Unidos había anticipado el ataque y se había preparado con un año de antelación. Cf «Remember Pearl Harbor!» texto en francés, por Paul Labarique, Voltaire, 17 de marzo de 2004.
(7) El general Edward Landsale fue considerado como la referencia del ejército de Estados Unidos en materia de guerra psicológica.
(8) El G-2 del general Willoughby es el equivalente en Asia de lo que fue el X-2 de James Jesus Angleton en Europa. Ambas unidades de contraespionaje fueron utilizadas para reclutar y reciclar agentes enemigos que constituirían la red stay-behind de lucha contra le comunismo. Cf. «Stay behind: Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia» por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de julio de 2001.
(9) Recordemos que los acuerdos de Bretton Woods, firmados al término de la Segunda Guerra Mundial, son el basamento de una reorganización de la economía mundial fundada en la convertibilidad entre el dólar y el oro.
(10) «La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen» por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de enero de 2005.
(11) Gaston Sigur, Paul Wolfowitz y Richard Armitage dirigen la operación durante la cual los esposos Marcos son sacados a la fuerza de Filipinas.

01 septiembre 2020

El oro de Yamashita, "Lis de Oro", "Lila Dorada". ¿Leyenda o verdad? (III)




Introducción del editor del blog


De ser totalmente cierta, la leyenda sobre el destino final del botín de oro robado por las fuerzas imperiales japonesas durante la segunda guerra mundial, sin duda, sería una de las mayores conspiraciones de todos los tiempos. Dadas las evidencias circunstanciales y al hecho de que no existen pruebas de que la supuesta riqueza expoliada haya sido de tal magnitud, sobrepasando los límites del sentido común, seguirá siendo valorada, en el mejor de los casos, como una hipótesis

Relatos, historias, investigaciones, documentales nos brindan diversas teorías, algunas las hemos ya valorado en las entregas anteriores, combinan cierta rigurosidad histórica, pero, también, caen en el campo de leyenda como la siguiente historia, con un inconcebible número de cientos de miles de toneladas métricas de oro y otros relatos de fantasía, como la "aparición" del nazi Martin Bormann (la historia de Bormann, debido a su complejidad y para no hacer interminable el presente artículo lo abordaremos en la siguiente entrega). 

Habiendo ya advertido -desde el inicio de esta serie de artículos- que seguimos planteando dudas sobre la autenticidad de algunos "documentos" y de sus fuentes. Algunas "pruebas", de hecho, resultan ser burdas falsificaciones. 



Ejemplos de los tantos libros y folletos que se venden en Filipinas, especialmente diseñados para los caza-tesoros. !Éxitos en la búsqueda! 

Bien. Esta entrada se relaciona con el conocido investigador y "bestseller" Daniel Estulin. Primero, un breve resumen de la novela "Conspiración Octopus" (en inglés publicado como "The Octopus Deception"), único relato de ficción del reconocido autor, quien jura que "la mayor parte de lo que están a punto de leer existe y es real en un universo paralelo de humo y espejos. Este mundo, desconocido para la mayoría, es un lugar donde los gobiernos, los servicios de inteligencia y las sociedades secretas luchan por hacerse con el control... Real y aterrador es el mundo de Lila Dorada". 

En las primeras páginas, Estulin cita, al parecer una nota de prensa china (me ha sido imposible corroborarla), aparentemente fechada el miércoles 10 de febrero de 2010 en Pekín, por el "China Evening Post": "Descubiertos secretos enterrados de la Segunda Guerra Mundial". El texto es el siguiente: 

"La guerra en el Pacífico está plagada de historias sobre la crueldad de los japoneses contra ciudadanos chinos, así como contra soldados británicos y estadounidenses, entre otros. Las fuerzas imperiales japonesas no sólo utilizaron prisioneros de guerra como esclavos para construir su ferrocarril en Birmania, sino que realizaron con ellos terribles experimentos médicos en el cuartel general de la hermética Unidad 731, centro para armas de guerra biológicas y químicas de Japón. No obstante, mientras eso se producía, otra fuerza japonesa aún más furtiva se dedicaba a una labor tan secreta que pasaría a los anales de la historia como uno de los relatos más explosivos de la Segunda Guerra Mundial.

El proyecto llevaba el nombre de Lila Dorada y su cometido era saquear metódicamente el sudeste asiático. ¿De cuántos tesoros estamos hablando? Nadie lo sabe con exactitud, pero al parecer de China y el sudeste de Asia se rapiñaron cantidades tan enormes que, una vez terminada la guerra, Occidente decidió mantener dichas actividades en secreto... El fantasmagórico tesoro está escondido en depósitos situados en la espesa jungla de Irian Joya, en Indonesia, y en Teresa, alrededor de Rizal, en las laderas de Sierra Madre, la cadena montañosa más larga de Filipinas".



Portada de la edición castellana de la novela "Operación Octopus", original en inglés "The Octopus Deception" (2010)

Según describe la novela, el área de operaciones del Pacífico poco después de la guerra formó parte de una expedición secreta encargada de encontrar el tesoro y traerlo a casa. En una zona próxima al lago Caliraya, en Lumban, Filipinas, ordenaron cavar sin preguntar por qué ni para qué, día y noche, avanzando a duras penas. Se dice que se encontraron túneles llenos de trampas y callejones sin salida que dificultaban y retrasaban la excavación. El equipo de búsqueda habría tardado ocho meses en encontrar la primera cámara del tesoro, situada a sesenta metros bajo tierra. Los japoneses lo habían enterrado y habían dejado señales extrañas en las rocas, a fin de ocultar la verdadera ubicación del botín.

Solo unos cuantos privilegiados sabrían y formarían parte de la mayor conspiración de la historia de la humanidad, una leyenda susurrada entre quienes conocían el alucinante tesoro que fue robado y escondido por el Ejército Imperial japonés en retirada durante los días más duros de la segunda guerra mundial.


"Un millón trescientas mil toneladas métricas de oro", solamente escondidos en túneles profundos de las junglas de Sierra Madre en las Filipinas. "El equivalente a seis coma cuatro trillones de dólares. ¿Hay alguien capaz de concebir una cifra tan extravagante?" 


Cuentan que los estadounidenses descubrieron bóvedas del tesoro con oro apilado hasta el techo. (Foto de carácter ilustrativo)

En la novela, Estulin -insiste siempre en afirmar que se basa en la realidad- una parte del oro de Filipinas, el equivalente a unos cuantos trillones de dólares, fue embarcado a Génova a bordo del portaaviones President Eisenhower y después trasladado a diversos bancos de Suiza en un convoy fuertemente protegido.

Según, Estulin, la cifra es diez veces mayor que los datos proporcionados por fuentes como el Banco Mundial, las cifras calculadas bordean las 140.000 toneladas métricas de oro extraídas en más de 6.000 años de historia. El supuesto tesoro en Filipinas sería diez veces superior a las cifras de las reservas "oficiales" en todo el mundo. El hecho que existiese tal cantidad de oro fuera de los circuitos oficiales resulta increíble. O, "que un puñado de gobiernos lo bastante afortunados para saber la verdad hubiera guardado el secreto, es algo extraordinario". Si alguna vez llegaba a conocerse la verdad, esta destruiría la economía mundial, porque la mayoría de los países todavía utilizaban el patrón oro como respaldo de su moneda. 

El resto..."un secreto envuelto en misterio, guardado tras mil cerraduras de criptonita desde principios de la década de 1960, custodiado por cincuenta y cuatro fideicomisarios, en depósitos de Teresa y en las montañas selváticas de Irian Joya, Indonesia". Una aclaración: Teresa, es el nombre de un valle rodeado de montañas, sin salida al mar, en el Rizal, faldas de Sierra Madre, la cordillera más larga de las Filipinas, con colinas escarpadas y abruptos riscos en la parte oriental. 

Como vemos, Daniel Estulin también nos habla de fideicomisarios que controlan la fortuna. "Los fideicomisarios trabajaban de manera independiente, sin conocerse unos a otros. Pero estaban coordinados por una serie de directores del complejo industrial-militar, quienes a su vez eran controlados por su superior jerárquico. Y por encima de ellos, en el vértice de la pirámide, Octopus: menos de una docena de miembros, estrechamente unidos y financieramente entrelazados. Los controladores de la riqueza del planeta, hombres cuyo poder hacía girar el mundo" (Operación Octopus, novela).

El oro, al igual que ocurre con los diamantes, es mucho más común en la naturaleza de lo que la gente cree. Según expertos hay mucho oro y diamantes en el mundo (aun el que está por explotar), no obstante, es dudosa la cifra de cientos de miles de toneladas métricas de oro saqueadas solo por las fuerzas niponas en el continente asiático. ¿Y por qué es dudoso? Sobre todo porque circulan cientos de "documentos" falsos que, lamentablemente, destacados escritores los utilizaron en sus obras. 

Nos ha sorprendido en el presente saber que con modernas técnicas, en instalaciones de alta tecnología, donde trabajan científicos, ingenieros, técnicos y diseñadores, se puede crear diamantes por métodos como la "Presión-Alta de Temperatura" (HPHT) y la "Deposición Química de Vapor" (CVD), el producto final posee idénticas propiedades químicas, ópticas y físicas que los diamantes extraídos de las minas. Un dato estadístico del 2017: De los 138 millones de quilates de diamante en bruto extraídos de las minas en 2017, unos 26 millones de quilates son de calidad gema para ser cortados y pulidos, el resto podrá ser reutilizado para crear diamantes en laboratorio (Un quilate equivale a 0,20 gramos, es decir, 5 quilates equivale a 1 gramo). Por supuesto, que todavía no se ha inventando, no es posible producir oro en un laboratorio, al estilo del Rey Midas. 

Volvamos a nuestra historia. "Lila Dorada" también es conocida como "Operación Lis de oro", o el "Lirio Dorado", algunos hablan que no solo fue una operación militar para expoliar las riquezas de las naciones sojuzgadas por el Imperio Japonés, sino que también es una sociedad secreta japonesa cuya cabeza fue el mismísimo Emperador Hirohito y miembros cercanos de la familia real. Es vital resaltar que la historia del oro expoliado por los japoneses en sus aventuras guerreras desde la década de los 30 del siglo XX es real, es el manto de leyenda que arropa a esa etapa histórica la que no satisface a los expertos, incluso a la ciencia. 

Aparte de "Conspiración Octopus", cuya crítica fue dura (advertía el autor que su obra es una ficción basada en la realidad); pues eso, muchos dicen que debemos felicitarnos por vivir bajo el manto de la democracia y poder disfrutar de la libertad para leer lo que nos apetezca. El lector esperaba mucho más de la novela enunciada, dada la campaña de marketing realizada tanto en prensa y revistas. Aparte de ello, un interesante artículo de Daniel Estulin fue publicado por la prestigiosa revista "Voces del Periodista" (Edición No. 351), del 9 de noviembre de 2016, tema central de esta nueva entrada. 


t. andino

El oro robado y el nuevo orden financiero internacional 


Daniel Estulin

Los antecedentes

A partir de 1937 el Emperador Japonés encargó a su hermano menor, el príncipe Chichibu, liderar una operación ultra-secreta con el nombre en clave de “Lila Dorada” cuya tarea era saquear la riqueza de Asia en beneficio del Japón Imperial. La gran cantidad de historia y patrimonio robada por los japoneses llega a los límites de lo más mítico, fantástico e insospechable, mucho más de lo jamás imaginado. De hecho, la cantidad de oro robado entre 1937 y 1943 supera con creces las reservas combinadas de oro de todos los bancos centrales del mundo.





Después de Stalingrado, a principios de 1943, la inercia de la guerra comenzó a volverse en contra de los invasores. La Alemania Nazi en el Oeste y Japón en el Este estaban perdiendo. Los planes para trasladar el tesoro a Japón tuvieron que cambiarse –aunque solo fuera como una medida temporal. El ejército japonés llevó el oro a las islas y tuvo que dejarlo allí, mientras se retiraban derrota tras derrota con la vana esperanza de volver al final de la guerra y recuperar el botín en secreto.





Un grupo de oficiales del ejército japonés, con la ayuda de una brigada especial de ingenieros, comenzó a enterrar el tesoro. Tardaron meses en excavar y construir complejos sistemas de túneles lo suficientemente grandes como para guardar los camiones y a veces lo bastante profundos para discurrir por debajo de la superficie del agua.

La inmensa cantidad de oro y otros tesoros se dividieron en baúles de varios tamaños antes de ser enterrados. La mayor parte de la misma, por un total de 172 baúles, fue enterrada en o alrededor de las Islas Filipinas antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Los cartógrafos japoneses se ocuparon de hacer mapas de cada escondite y los contables de confianza del emperador marcaron los baúles con tres dígitos que distinguía el valor del oro de cada uno de ellos en yenes japoneses.






Sólo un escondite marcado con “777” de “La Lila Dorada”, cerca de Teresa, la parte más cuantiosa del tesoro, almacenaría más de 90.000 toneladas métricas de oro, lo que equivale al 75% de las reservas oficiales del mundo y un valor de $101, 272, 500, 000 en dólares americanos del año 1945 cuando el yen se cambiaba a 3,5 por cada dólar, una cantidad que empequeñece la actual deuda mundial y nos deja atónitos y boca abiertos.






Otro túnel encontrado cerca de Teresa medía 500 metros de largo y tenía oro almacenado en pilas de un metro de altura, alineadas a lo largo de todo el túnel. En total, 100.000 barras de un peso de 12,5 kgs cada una, fueron recuperadas. Este oro incluyó “oro real” que la familia Real británica había enviado a Filipinas para protegerla en caso de que Hitler conquistara toda Europa.

Sin embargo, este secreto era demasiado tentador para guardarlo de manera hermética. A finales de 1944, Estados Unidos había resquebrajado las comunicaciones cifradas secretas de los japoneses y había preparado sus propios planes para hacerse con un botín más valioso que el mismísimo Santo Grial.



Recuperación clandestina



Los agentes de la OSS Americana (precursora de la CIA) comenzaron una operación de recuperación clandestina en Filipinas entre los años de 1945 y 1948, liderada por dos agentes secretos de la OSS –un oficial filipino-americano y miembro del Opus Dei, Severino García Santa Romana y el General Edward Lansdale, uno de los principales sospechosos en el asesinato de presidente Kennedy.




El equipo de búsqueda de la CIA había tardado cuatro años en encontrar la primera cueva del tesoro, situada a más de setenta metros bajo el suelo. La Lila Dorada había enterrado el tesoro utilizando una técnica sofisticada desarrollada por los ingenieros japoneses y dejó señales de cómo encontrarlo utilizando formaciones rocosas inusuales y rocas curiosamente cortadas, así como otra mucha información topográfica para disimular fácilmente su ubicación.






Otro conocido individuo que se lanzó en búsqueda del oro fue Ferdinand Marcos, por aquel entonces un pobre charlatán con ambición sin límite. Entre 1953 y 1970, con la ayuda de los prisioneros de guerra japoneses, Marcos desenterró poco más de 600 toneladas métricas de oro… hasta que pudo hacerse con el mapa del tesoro a finales de 1971.




Encontrar el tesoro era una cosa. Quedárselo, otra muy distinta. Hay un estatuto que limita a 40 años el periodo en el que un país puede reclamar bienes robados. Para mantenerlo, Marcos tenía que encontrar la manera de ocultar el verdadero origen del tesoro. En ese momento, un caza tesoros estadounidense, cuyo nombre en clave era “Curtis” desarrolló una técnica para reconfigurar las huellas dactilares metalúrgicas de oro.





La forma original del tesoro es variada y con frecuencia se indica el origen de los países propietarios con diversas características, tales como cinco estrellas para representar Camboya y con un peso de 6,3 kilos cada uno; “Sumatra”, acuñados de cuatro estrellas y con un peso de 6,2 kilos; “Birmania”, con tres estrellas y con un peso 6 kilos. Otras marcas eran el dragón la denominación de la China, chop AAA, Suhatra-Loyd, y el más legendario de todos ellos, el lingote pictórico de oro de UBS conocido como kinebar.





A partir de marzo de 1973, a los 300 miembros especialmente elegidos del Batallón 16 de la infantería de Filipinas, se les llevó con los ojos vendados a una zona cerca del Lago Caliraya en Lumban. Se les dijo que cavaran, pero sin preguntar por y para qué. Formaban parte de un “misterioso” Grupo de Tareas de Restauración, organizado por el hombre fuerte de Ferdinand Marcos, Fabián Ver, jefe de las Fuerzas Armadas del país. El Batallón de la Guardia Presidencial de élite de Ver vigilaba a los jóvenes soldados con la atención de un halcón mientras realizaban sus operaciones de excavación durante la noche.

El trabajo fue esmeradamente lento. Cada túnel estaba lleno de trampas explosivas y de múltiples callejones sin salida, lo que hizo la excavación más difícil y costosa en tiempo. De hecho, entre 1973 y 1985, los hombres de Marcos solamente habían excavados 13 escondites de un total de 172.

El equipo de Curtis, consistente en un puñado de filipinos, fue contratado para modificar el tamaño, el peso y las huellas originales de los lingotes de oro, para disimular el origen del tesoro. Anteriormente, Curtis, el caza tesoros gringo, había recuperado y metalúrgicamente alterado más de 500 toneladas métricas de oro escondido en Indonesia. El escondite de Indonesia incluyo el oro saqueado por los nazis, así como de oro robado en China durante la Segunda Guerra Mundial.

En la noche del 27 de abril de 1973, después de casi dos meses de excavación, un destacamento del 16 º Batallón de infantería llegó finalmente a su objetivo. En torno a las 11 p.m., una de las excavadoras pesadas golpeó un tambor cilíndrico de acero que medía 1 metro de largo y medio metro de diámetro enterrado en varias bóvedas de hormigón espeso (2m x 1.5mx 1.5m) descubierto a una profundidad estimada de 15 metros.





Fue enterrado en un túnel de unos 300 metros de largo, 15 metros de ancho y 10 metros de alto – un lugar excavado para los japoneses por varios centenares de prisioneros de guerra americanos, australianos y filipinos que luego fueron asesinados y enterrados con el tesoro. El equipo de Curtis encontró esqueletos que aún vestían sus uniformes andrajosos y sus cascos.

Los soldados vieron metal pesado de color amarillo, que brillaba en medio de los focos. Los lingotes que se veían eran de 40 centímetros de largo, cinco centímetros de ancho y casi 2 centímetros de espesor. Una vez que se encontró el escondite Teresa con signos de “777″, Marcos hizo todo posible para asegurar su anonimato. Los lingotes de oro fueron recubiertos en color negro de alquitrán y asfalto endurecido para ocultar su verdadera identidad, trasportados en grandes camiones reforzados por dentro con hierro forjado y recubiertos por fuera para no llamar la atención.





 Huida

Después de varias muertes inexplicables de los colaboradores que participaron en la excavación, Curtis, temiendo por su vida, logró escapar de las maniobras de Marcos, huyendo con las fotografías de todos los 172 mapas realizados por los japoneses de Lila Dorada a Indonesia. Estas fotografías muestran el lugar en que cada parte del saqueo había sido enterrada y el valor de cada tesoro.

Debido a que Curtis poseía los mapas de Lila Dorada, así como a su anterior relación con Marcos, el cazador de tesoros fue invitado a formar parte de un equipo de recuperación de la CIA. Curtis viajó a Hong Kong, donde fue informado durante tres días por la CIA. En esas reuniones se incluyeron detalles muy sensibles de las transacciones entre Marcos y el dictador panameño, Manuel Noriega, y el intercambio de oro por drogas.





En total, entre los años 1973 y 1985, los hombres de Marcos excavaron más de 60.000 toneladas métricas de oro y otros metales preciosos. A mil dólares una onza de hoy, Marcos hubiera llevado la escalofriante cantidad de casi dos mil billones de dólares. Casi nada.

Como colofón a esta historia, cuando el Gobierno estadounidense se dio cuenta de que Marcos había extraído 60.000 toneladas métricas de oro, una carta con el membrete de la Comisión Trilateral le exigió al por entonces presidente de Filipinas que devolviera las 63,321 toneladas métricas de oro a dos mil bancos acreditados estadounidenses y europeos controlados por la Comisión Trilateral. Como moneda de cambio, a Marcos se le concedía un porcentaje pequeño del tesoro en forma de un préstamo del Banco Mundial. Marcos se negó a firmar el documento. Tres días más tarde “la revuelta popular” le desposeyó de los poderes.





No obstante, la operación Lila Dorada implicaba mucho más que los tesoros de Filipinas. Cantidades inimaginables de oro, rubíes y diamantes fueron escondidas en Indonesia y Malasia por el Ejército Imperial Japonés y en Sudamérica por los nazis

Entre 1942 y 1944, grandes cantidades de oro habían sido enviadas temporalmente a Sudamérica a través de España. Bajo la supervisión del Reichsleiter Martin Bormann, el botín estuvo guardado en Sudamérica durante varios años antes de ser repatriado a la recién creada República Federal de Alemania, después del Tratado de Paris de 1954, que acababa con el régimen de ocupación de Alemania. De hecho, “el milagro económico alemán post-guerra” se debe en gran medida al oro robado y repatriado por los nazis.





La huida de Bormann de la Alemania en llamas se hizo posible gracias a las líneas de ratas gestionadas en secreto por el Vaticano a cambio de 47,000 toneladas métricas de oro robado, una cuarta parte del suministro oficial mundial, si creyésemos las cifras oficiales. Las líneas de ratas sacaban clandestinamente a los criminales de guerra nazis y a ex miembros de las SS a América del Sur y Oriente Medio, sobre todo a Egipto, y estaban liderados por monseñor Giovanni Montini, el Subsecretario de Estado del Vaticano en los años de la guerra. Debido a ese gran negocio, el Vaticano se hizo con un nada despreciable botín que a día de hoy está valorado en más de $1, 221, 700, 000, 000.

La clave para comprender el secreto que abarca esta historia es que gran parte –probablemente la mayoría– del oro que fue saqueado por Japón y Alemania procedía de las reservas oficiales de los gobiernos asiáticos y, por tanto, la cantidad exacta robada era conocida y claramente contrastada. Así que, cuando el Vaticano, los Estados Unidos y los demás países se hicieron con el tesoro, lo hicieron en completo secreto y en contra de todas las leyes internacionales. No hubo ninguna intención de devolver el oro saqueado a sus propietarios legítimos.





Lo que es más, es asombroso que no sólo elementos delictivas como los nazis, la mafia, las tríadas chinas y la Yakuza japonesa estuvieron involucrados en transportar, ocultar, esconder y lucrarse con el robo de las reservas de oro desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sino que las agencias de espionaje como la CIA, la ONI, la KGB y el Mossad israelí ha desempeñado un papel activo en el robo, así como más de 2.000 principales instituciones bancarias, por no hablar del Fondo secreto, El Águila Negra cuyos copropietarios son el Consejo de Relaciones Exteriores y la Comisión Trilateral, así como los principales gobiernos elegidos democráticamente, que también tomaron parte, participando activamente en esta alucinante conspiración de codicia.

Por ejemplo, 72.000 toneladas métricas de oro de Filipinas fueron enviadas a Fort Knox a bordo del portaaviones nuclear “Presidente Eisenhower”, a cambio de la concesión a Ferdinand e Imelda Marcos de un exilio en Hawái, después de haber sido desposeído del poder en una “revuelta popular” orquestada por la Comisión Trilateral desde la sombra. Otras 62.000 toneladas métricas del tesoro de la Lila Dorada se enviaron a los bancos de Inglaterra, Suiza y Alemania.





Los co-conspiradores, compartiendo el botín al 70% -30% con las naciones de acogida, han escondido el oro recuperado en cuentas secretas en las Bahamas, la India, Singapur, China, Malasia, Indonesia, Hong Kong y Palau. Otras 20.000 toneladas métricas de oro se blanquearon a través del Banco de Panamá, dividiendo los beneficios al 70% -30% con Manuel Noriega, que utilizo el oro como moneda de cambio con la droga a través de los carteles colombianos. Las drogas de Panamá se vendieron a través de Mena, Arkansas, en un momento en que el futuro presidente William Jefferson Clinton era su poco conocido gobernador.

¿De cuánto oro se trata? Las estimaciones varían, debido a la naturaleza compartimentada de la operación, pero una estimación conservadora es de unos 1,33 millones de toneladas, diez veces las cantidades oficiales de oro reconocidas por los mercados financieros. Solamente en Filipinas, unas 400,000 toneladas métricas de oro aproximadamente aún no se han excavado según los mapas descifrados de la Lila Dorada. Esta información, que le hace a uno cuestionarse su propia salud mental, puede fácilmente ser objeto de interpretaciones erróneas y despectivas por parte del público en general si no hubiera sido por unas voluminosas pruebas documentadas que no dejan lugar a dudas en cuanto a su veracidad.

Por ejemplo, solamente en una operación que involucraba el oro de Marcos, más de cuarenta y dos fondos de gestión además de 100 bancos principales comprometieron su participación para ayudar a financiar la compra de 110.000 toneladas métricas de oro. El gobierno de los EE.UU. ofreció un 20% en efectivo, el equivalente de unos $ 200 millones a través de estos bancos y fideicomisos y otro 80% en valores gubernamentales.

La CIA utilizó uno de sus hombres de paja, un tal doctor Ole Bay como principal administrador del grupo comprador, creando numerosas empresas fantasma para blanquear el oro. Estos lingotes fueron depositados de forma secreta en 176 cuentas bancarias situadas en 42 países. El oro dos veces robado se convirtió en la base del dinero de las operaciones super-secretas de la inteligencia americana en los años inmediatamente de posguerra.

Y ¿dónde está?


Una parte del oro saqueado escondido en las Filipinas estaba destinado a la creación de una red mundial anti-comunista. Otra parte importante fue destinada al Triángulo Dorado como moneda de cambio por el opio gracias a los esfuerzos de la CIA y el Nugan Hand Bank. 


Este proceso recibió un apoyo considerable del entonces Presidente Nixon que en 1971 eliminó la convertibilidad en oro del dólar norteamericano. La eliminación de la convertibilidad llevaría al dólar estadounidense a una hegemonía mundial, que de forma extraoficial se convertiría en la moneda preferida por el narcotráfico.

El oro de las Filipinas, sin embargo, es sólo uno de los mayores misterios que rodean esa historia. Baúles llenos de oro, platino, piedras preciosas y tesoros religiosos sin precio también fueron escondidos en las selvas de Indonesia. Prácticamente desconocido para la historia contemporánea es la sugerencia de que el presidente de Indonesia Achmed Sukarno, junto con un varios otros líderes del Tercer Mundo había planeado en secreto establecer un banco no-alineado en 1955, con sede en Yakarta utilizando de respaldo los miles de billones de dólares en reservas de oro recuperados de la Segunda Guerra Mundial a través del tesoro escondido en Indonesia.




El establecimiento de una entidad tan poderosa que poseía reservas de oro que harían empequeñecer las disponibilidades en Occidente hubiera enviado escalofríos de temor a los gobiernos occidentales y a la fraternidad bancaria europea y americana, que tan sólo unos años antes cerraron el acuerdo de Bretton Woods, que estableció tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional. Ambas instituciones siguen siendo el principal vehículo para mantener pobres a las naciones del Tercer Mundo, un hecho que beneficia al Occidente rico dedicado a mantener la estructura social que depende del consumismo.

El gobierno de los Estados Unidos logró desbaratar la iniciativa ambiciosa de Sukarno y, en 1965, fue derrocado con la ayuda de la CIA. Con Sukarno se fue la idea de un banco alternativo e independiente, leal a los intereses de las naciones no alineadas que no querían seguir siendo explotadas por la alianza Anglo-Americana.

Lo que es aún menos conocido, es que por lo menos, desde el comienzo de la década de los 60, el oro de Sukarno está escondido bajo la tutela de un grupo de 54 individuos de nacionalidad no indonesia. El tesoro se encuentra en depósitos en la selva de las montañas Irian Joya de Indonesia, una zona accesible sólo después de varios días de andadura a pie a través de una densa selva.

Encontré a uno de los fiduciarios, que en condición de anonimato me dijo que en los últimos años él ha podido revisar miles de páginas de documentos bancarios originales y declaraciones relacionadas con la fortuna personal de Sukarno. Según el documento maestro, el conjunto de activos, metales preciosos y dinero en efectivo ascendía a un total de $ 270 trillones de dólares en 1964.

Le pedí que me repitiera la cantidad. El fiduciario me dijo, “sí, son 270 trillones de dólares estadounidenses”. Para asegurarme, le pregunté que si se trataba de trece ceros más el dos y el siete por delante, contando de manera americana. Su respuesta era “así es.”

Cuando le pedí que fuera un poco más generoso con los detalles, me dijo que en estos depósitos había y sigue habiendo inestimables objetos de arte, piedras preciosas, joyas, y un gran volumen de metales preciosos. Según él, “nunca he visto nada igual en mi vida. Había pilas y pilas y filas y filas de cajas de almacenaje del banco UBS decoradas con metales preciosos que contenían los lingotes de oro de 1kg acuñados con las letras J.M. (Johnson Matthey); cada lingote con su número y certificado exclusivo con el sello de Johnson Matthey.

Sin contar los certificados bancarios indicando miles de toneladas de oro y rubíes en depósito. Aún más rozando lo inimaginable, llaves y tarjetas de los depositarios hechos en oro. Era como la mil y una noches.”

Queriendo la confirmación de esta información sensacionalista, llamé a las oficinas de UBS en Zúrich, donde un representante de UBS me dijo muy groseramente que “no debería ahondar demasiado profundamente en los asuntos que puede aportarme más conocimiento del que debe ser razonablemente cómodo tener.”

Sabía que su advertencia no había que tomarla a la ligera. Hace unos años, un hijo de uno de los síndicos comentó abiertamente la existencia de este fabuloso tesoro con un potencial inversor en Hong Kong. Poco después, le encontraron muerto en una habitación de hotel en Singapur.

Por último, si Marcos y Sukarno no controlaban el oro de la Lilia Dorada, como es evidente, la cuestión es ¿quién lo controla? Además, ¿quiénes son estos fiduciarios invisibles de nacionalidad no Indonesia? Lo que es más, ¿por qué esa fortuna fantasmagórica permanece oculta y silenciada en las selvas de Indonesia, en el Vaticano y en miles de las principales instituciones bancarias cuando haciendo uso de ella, se podría fácilmente pagar la deuda del mundo y eliminar el hambre? Sin embargo, no aguante la respiración. Demasiadas preguntas difíciles y las explicaciones aún más difíciles de justificar bloquean el camino.


Para terminar, sabiendo que la mayor parte del tesoro robado por el ejército imperial japonés estaba escondido en o alrededor de las Filipinas y a sabiendas de que el valor del tesoro del dictador Sukarno de Indonesia “solamente” ascendía a 270 trillones de dólares en 1964, ¿cuánto valdría el tesoro de Filipinas en el mercado actual?

*** 


Refutación por el editor del blog

Líneas arriba aclaramos que no queremos hacer interminable el artículo de Daniel Estulin que se enfoca en el Lirio Dorado, el oro pérdido usurpado por los japoneses en la contienda mundial, por lo que analizar el caso del difunto Martin Bormann y sus aventuras de posguerra amerita un análisis aparte, lo que si dejamos sentado es que la historia de Bormann es una de las fábulas más grandes y, a la vez, de las más facilmente revatibles con la evidencia histórica y científica.
Lo veremos en la próxima entrega.

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