25 abril 2017

Descifrando la política exterior de Trump (2)


El lector no especializado o sin el suficiente conocimiento sobre la realidad geopolítica mundial ya habrá caído en cuenta que nuestros prólogos buscan dar una guía previa del tema a tratarse, así lo hemos hecho en la entrega anterior dedicada a la política exterior que el presidente Trump intenta poner en marcha, pese a que su mayor oposición se encuentra en su propia casa y en sus aliados de la Unión Europea - OTAN; y, claro, en aliados regionales del Próximo Oriente como Israel y las monarquías wahabíes del Golfo Pérsico. 

La lectura de la primera parte de este artículo permite una mejor comprensión de lo que hoy hacemos entrega, a continuación podrán revisar un minucioso análisis de especialistas internaciones, con privilegiado acceso a fuentes relevantes de primera mano. Hecha esta aclaración, os invito a repasar las magistrales ponencias de Thierry Meyssan relacionadas con la nueva doctrina Trump referente a la lucha contra el terrorismo, la erradicación del yihadismo y el futuro de Siria.

A continuación, un compendio de varios artículos de Thierry Meyssan que complementan nuestra ponencia anterior.

Buena lectura.


PUNTO UNO: La doctrina Trump anti yihadista


Las cancillerías y la prensa aseguran que el presidente Trump ha cambiado su política, que traicionó a sus electores al aceptar la renuncia del general Flynn y con el bombardeo contra la base aérea siria de Shairat. Thierry Meyssan expone una serie de incoherencias que hacen pensar lo contrario: la agresión militar estadounidense contra Siria podría en realidad estar dirigida contra los aliados de Washington.

Donald Trump en su campaña (y por ello triunfó) proclamó el fin del imperialismo y su anhelo de garantizar los derechos y verdaderos intereses del pueblo norteamericano.

Luego de los bombardeos en Siria, los aliados de Estados Unidos aprobaron la acción invocando la consabida defensa de los valores humanitarios amparados en los principios del Derecho Internacional.

En el debate del Consejo de Seguridad de la ONU, el representante del secretario general de Naciones Unidas no apoyó la tesis del ataque químico supuestamente perpetrado por Damasco, en ese momento era imposible saber cómo pudo suceder. Otros han dudado la existencia misma del incidente químico. Recordando que quienes denuncian el supuesto ataque no son otros que los famosos Premios Oscar 2017, es decir, los White Helmets (“Cascos Blancos”), “un grupo de al-Qaeda que el MI6 británico utiliza para cubrir sus necesidades en materia de propaganda contra Siria”, conforme afirma Meyssan. Por otro lado, todos los expertos militares coinciden en que los gases de combate se utilizan mediante disparos de obuses pero nunca, absolutamente nunca, mediante bombardeos aéreos.

El bombardeo estadounidense contra Shayrat se antoja feroz al utilizarse 59 misiles Tomahawk con un potencial que equivale a casi 2 bombas atómicas (usada en Hiroshima); mas el ataque se caracterizó por ser ineficaz, sin mayores daños.

Para Thierry Meyssan hay dos opciones: O la US Navy es un «tigre de papel» o esta operación no fue más que una puesta en escena. Esa es la explicación del por qué la defensa antiaérea rusa que posee un programa de respuesta automática no reaccionó, la lógica nos dice que los S-400 fueron desactivados antes del ataque.

La fuente de consulta va más allá: Todo se desarrolló como si la Casa Blanca hubiese imaginado una artimaña cuyo objetivo final sería arrastrar a sus aliados a una guerra contra los utilizadores de armas químicas, o sea contra los yihadistas. En efecto, hasta ahora, según Naciones Unidas, los únicos casos realmente comprobados de uso de ese tipo de arma en Siria e Irak son los que se atribuyen a los yihadistas”.

Recordemos algo que es fundamental para entender la tesis de Thierry Meyssan, Trump en su poco tiempo en el gobierno ha hecho lo impensable: “Estados Unidos rompió con la política del republicano George Bush hijo –quien firmó la declaración de guerra contra Siria contenida en el texto de la Syrian Accountablity Act– y del demócrata Barack Obama –quien respaldó la «primavera árabe», o sea la reedición de la «Gran Revuelta Árabe», organizada por los británicos en 1916”.

Trump no ha conseguido, pero se empeña en ello, convencer a sus aliados, fundamentalmente a británicos, franceses y alemanes para modificar la política guerrerista de sus predecesores nombrados. Y, como un lector sagaz ya habrá caído en cuenta, el ataque a la base Siria es un mensaje al yihadismo, porque son precisamente ellos quienes utilizan armas químicas.

Se dice que con ese ataque Washington ha cambiado de política, pero en realidad él no quiere que al Assad se aparte del gobierno legítimo en Siria, a pesar que ante los medios lo califica de “animal” y pronuncia otras frases retóricas para calmar a los halcones y otros exaltados partidarios de la guerra.

En ese contexto el lector debe preguntarse, por qué el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, hace exactamente todo lo contrario que su homólogo británico, participando del encuentro con su par ruso en Moscú? Lavrov y Tillerson charlaron largas horas y luego juntos se dirigieron a dialogar con Putin. Aparentemente no ocurrió nada importante en esa reunión, salvo algo que la prensa internacional calla para seguir alimentando los “vientos de guerra”, Lavrov señaló a la prensa local que los Estados Unidos dio su palabra (asumió el compromiso) de no volver atacar a las fuerzas sirias y Moscú decidió restablecer la anterior coordinación entre sus unidades en Siria y el mando norteamericano con el fin de evitar incidentes aéreos.

Otra pregunta clave: Por qué el presidente chino Xi Jinping, no reaccionó durante el bombardeo a la base siria, si en ese mismo momento estaba junto al presidente estadounidense? Recordemos que China ya ha hecho uso, en seis ocasiones, de su derecho al veto en el Consejo de Seguridad para proteger a Siria.

Durante todo ese alboroto de los aliados de Estados Unidos por el mundo, el consejero adjunto del presidente Trump, Sebastian Gorka, envió  mensajes en sentido contrario. Afirmó que la Casa Blanca considera al presidente sirio como legítimo y a los yihadistas como el enemigo a liquidar. Gorka tiene estrecha relación con el general Michael Flynn, quien concibió el plan de Trump contra los yihadistas en general y, en particular, contra el Emirato Islámico (Daesh). (1)

Como dice Meyssan, “Trump vocifera clamando su poderío y bombardea”, pero tiene “mucho cuidado en no cometer nada irreparable. Lo peor y lo mejor siguen siendo posibles” (2).

Michael T. Flynn y su amigo Sebastian Gorka muestran cada uno el libro del otro. El general Michael Flynn, representante de la política anti-yihadistas, se vio obligado a renunciar a sus funciones como consejero de seguridad nacional. Sebastian Gorka se mantiene como consejero adjunto del presidente Trump. Según Gorka, las apariencias del bombardeo de Shairat disimulan la realidad en cuanto a la política actual de la Casa Blanca.


PUNTO DOS: Aliados de los EEUU en contra de la doctrina Trump

Thierry Meyssan es firme en su tesis: “Mientras Washington ha multiplicado las señales que confirman su intención de destruir el Emirato Islámico (Daesh), británicos y franceses –y tras ellos el conjunto de los europeos– se plantean un rumbo diferente. Londres y París parecen haber coordinado una ofensiva contra las ciudades sirias de Damasco y Hama para obligar al Ejército Árabe Sirio a concentrarse en su defensa, debilitando así la presencia de tropas del gobierno sirio alrededor de Raqqa. Los europeos esperan organizar la huida de los yihadistas hacia la frontera turca”.

La reunión de la coalición anti-Daesh (Washington 22-23 de marzo) no guardó unanimidad. Los miembros de la coalición a pesar de confirmar su voluntad de luchar contra el Daesh (Estado Islámico), demostraron sus profundas discrepancias, de allí que muchos de esos países de la coalición manejan la cuestión siria por su cuenta.

Rex Tillerson, Secretario de Estado de Trump recordó a los demás que el presidente “se comprometió ante el Congreso de Estados Unidos a acabar con el Emirato Islámico (Daesh) y no a limitarse a reducirlo, como pretendía hacer la administración Obama. A la vez que hacía ese recordatorio, y sin aceptar discusiones, Tillerson puso a los demás miembros de la coalición ante hechos consumados”.


Primer problema: si ya no se trata sólo de desplazar a los yihadistas sino realmente de liquidarlos, ¿cómo podrán los europeos, sobre todo los británicos, salvar a “sus” yihadistas?

Tillerson y el primer ministro iraquí Haider al-Abadi, presentaron un balance de la batalla de Mosul. A pesar de marchar según lo previsto, se ha hecho hincapié, según los expertos, que la batalla de Mosul durará todavía algunos meses, la razón es que en Mosul casi cada familia tiene al menos uno de sus integrantes enrolados en el Daesh.

En Raqqa parece ser más simple ya que en la ciudad siria la mayoría de yihadistas son extranjeros. “La prioridad sería entonces comenzar por cortarles el aprovisionamiento y después separarlos de la población siria”.

Segundo problema: el ejército de Estados Unidos debe obtener previamente la autorización del Congreso, y también la autorización de Damasco, para desplegarse en Siria. Los generales James Mattis –secretario de Defensa– y John Dunford –jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense– han tratado de convencer a los congresistas, pero nada garantiza que obtengan esa autorización. Habrá entonces que negociar con Damasco y, por tanto, aclarar cierto número de cosas.

“A la pregunta de los europeos sobre lo que Washington haría con Raqqa después de la liberación de esa ciudad, Rex Tillerson respondió enigmáticamente que haría regresar la población desplazada o refugiada. Los europeos sacaron como conclusión que, dado que esa población es masivamente favorable al gobierno de Damasco, la intención de Washington sería devolver ese territorio a la República Árabe Siria”.

Los socios europeos de los Estados Unidos, como hemos analizado, manejan otras opciones, en esa misma reunión, el ministro de Exteriores de Portugal, Augusto Santos Silva, recordó que esa proposición contradice lo decidido anteriormente, es decir, que los europeos tienen el deber moral de proteger a los refugiados que huyeron de la “dictadura sanguinaria”. En otras palabras, liberada Raqqa de yihadistas, la ciudad no sería zona segura debido a la presencia del Ejército Árabe Sirio.

Thierry Meyssan nos aclara el panorama: “No es por casualidad que los europeos optaron por el representante de Portugal para hacer esta intervención. El actual secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue primer ministro de Portugal y tuvo a Santos Silva entre los miembros de su gobierno. El hoy secretario general de la ONU Antonio Guterres fue también presidente de la Internacional Socialista, organización totalmente controlada por las estadounidenses Hillary Clinton y Madeleine Albright. En otras palabras, Guterres es la nueva fachada en la ONU del embajador estadounidense Jeffrey Feltman –a cargo de los “Asuntos Políticos” en la organización internacional– y del clan belicista”.

Tercer problema: Todos parecen estar de acuerdo para liberar Raqqa de Daesh, pero –según los europeos– no para restituirla a Damasco, de ahí las maniobras de Francia en el terreno.

Inmediatamente terminada la reunión de Washington, los yihadistas atrincherados en Yobar – barrio en la periferia de Damasco– iniciaron una ofensiva hacia el centro de la capital. Y en las provincias de Hama y Daraa emprendieron duros ataques contra centros poblados. Quizás se trata para ellos de un intento desesperado por obtener un premio de consuelo en Astaná y Ginebra antes de que termine la partida. Pero es también posible que sea una estrategia coordinada por Londres con París. (esas ofensivas yihadistas continúan hasta el momento de publicarse esta sinopsis).

Seguramente veremos una gran operación de las potencias coloniales en Raqqa, afirma Meyssan. Londres y París decidirían atacar Raqqa antes que sea completamente cercada, permitiendo la huida de los yihadistas, obligando al Estado Islámico (Daesh) a desplazarse a las fronteras turcas, pero salvándolos de su aniquilación. Aquí entrará en juego el socio de París y Londres, Turquía, que utilizaría, nuevamente, al Daesh para exterminar a los kurdos.

Así han venido manejando la situación los socios de la OTAN en su guerra de invasión a la República Árabe Siria, cada cual defiende sus propios intereses y no la defensa de los derechos humanitarios de la población siria. (4)


PUNTO TRES: Qué significará poner fin al yihadismo?


Thierry Meyssan nos explica lo que puede suceder si en verdad Trump ordena cancelar el programa de conquista del próximo Oriente utilizando al yihadismo en su provecho.

A pesar de todo lo relatado en los anteriores puntos, la sola voluntad del presidente Trump de combatir a Daesh y acabar con el terrorismo internacional no basta, resulta extremadamente difícil llevarlo a los hechos, significa no solo enemistarse con sus socios y poner en su contra al mismísimo “estado profundo” que ha gobernado los Estados Unidos.

Sin duda perjudica a los países que han coadyuvado a mantener el programa del terrorismoyihadismo como arma de imposición imperial, aquello implica una total reorientación de la política internacional. "El nuevo presidente estadounidense no parece en condiciones de ordenar a sus tropas el paso a la ofensiva mientras no logre establecer nuevas alianzas”.

Donald Trump tiene que enfrentar una dura oposición a su plan presentado en la reunión del 22 de marzo (plan de lucha contra el Emirato Islámico –Daesh-). El único objetivo confirmado es la voluntad de terminar con el yihadismo, pero la forma de hacerlo (por desarrollar) tendrá sus detractores dentro de sus aliados y en casa propia, como ya viene sucediendo.

“En el terreno, todo se limita por tanto a un intercambio de información entre los estadounidenses, de un lado, y rusos e iraníes del otro. Para mantener la situación, estas 3 potencias han acordado evitar un enfrentamiento entre los turcos y los kurdos y se están realizando intensos bombardeos aéreos contra al-Qaeda, en Yemen, y contra el Emirato Islámico, en Irak. Pero no se ve nada decisivo. Se mantiene el compás de espera”.

Meyssan nos ha revelado un punto que quizá ha pasado desapercibido:

Quien se ocupa del manejo del terrorismo internacional por cuenta de Londres y Washington es la Liga Islámica Mundial, que ha venido haciéndolo desde 1962. La Liga Islámica Mundial abarca simultáneamente la Hermandad Musulmana –que se compone de árabes– y la Orden de los Naqchbandis –cuyos miembros son fundamentalmente turco-mongoles y caucásicos.

“Hasta el inicio de la guerra de Yemen, el presupuesto militar de la Liga Islámica Mundial era más alto que el del ejército de Arabia Saudita, lo cual quiere decir que la Liga es el primer ejército privado del mundo, sobrepasando ampliamente al tristemente célebre Academi/Blackwater. Aunque es una fuerza estrictamente terrestre, resulta particularmente eficaz en la medida en que su logística depende directamente del Pentágono y porque dispone de numerosos combatientes suicidas”, explica Thierry Meyssan.

Fue la Liga Islámica Mundial –o sea, la familia real de Arabia Saudita– quien garantizó a Londres y a Washington el personal que organizó en 2011 la segunda «Gran Rebelión Árabe», siguiendo el modelo de la que tuvo lugar en 1916, pero respondiendo esta vez a la denominación de «primavera árabe». 

En ambos casos, el objetivo era apoyarse en los wahabitas para redefinir las fronteras regionales en interés de los anglosajones.


Por consiguiente, ahora no se trata simplemente de abandonar el arma que constituye el terrorismo sino también:

- Romper la alianza entre Londres y Washington tendiente a garantizar el control del Medio Oriente Ampliado;

- Privar a Arabia Saudita y Turquía del arma que habían venido desarrollando por cuenta de Londres y de Washington durante más de medio siglo;

- Decidir el futuro de Sudán, Túnez y Libia.

Por otro lado, hay que llegar también a un acuerdo con Alemania y Francia, países que desde 1978 acogieron dirigentes de la Hermandad Musulmana y financiaron la yihad.

Estamos observando que el Reino Unido no está muy conforme con todo eso. Ahora resulta que fue el GCHQ –o sea, el servicio británico que se dedica a la intercepción satelital– la entidad que garantizó la escucha de las comunicaciones de la ‘Trump Tower’ durante la campaña electoral estadounidense y el posterior periodo de transición. Por su parte, según la agencia jordana de noticias ‘Petra’, Arabia Saudita financió en secreto un tercio de la campaña electoral de Hillary Clinton contra Donald Trump.

Es por eso que el presidente Trump parece estar en busca de nuevos aliados cuyo respaldo le permita imponer el cambio.

Trump organizó el encuentro con el presidente chino Xi Jinping, para planificar la adhesión de Estados Unidos al banco chino de inversiones. “Con esa jugada, Trump pondría a sus aliados ante el hecho consumado: si Estados Unidos participa en la construcción de las rutas de la seda, será imposible para el Reino Unido, Arabia Saudita, Turquía, Alemania y Francia continuar la yihad en Irak, Siria y Ucrania”.

Todas estas pistas que nos brindan los exhaustivos análisis de Thierry Meyssan, nos dan luces sobre el por qué debemos darle tiempo a Trump.


Fuentes:

21 abril 2017

Descifrando la política exterior de Trump (1)






Por: Tito Andino U.

La perspectiva de las relaciones internacionales del presidente estadounidenses aparentan, hasta cierto punto, ser contradictorias. Desde la campaña electoral declaró un giro total en la política exterior, al punto de interpretarlo como el fin de un guión pre-elaborado por sus antecesores para consolidar la hegemonía económica – política y militar de su país en el resto del mundo.

Trump apuesta por un equilibrio internacional en el manejo de las relaciones comerciales con otras potencias mundiales, es decir, dejar de imponer (inclusive por la fuerza) las reglas de las grandes transnacionales norteamericanas a otras naciones. 

Una mayor y mejor cooperación redundará en beneficios mutuos, piensa Trump, que proviene del mundo de los negocios y actúa en tal sentido. Para qué seguir manteniendo guerras por los recursos energéticos (petróleo, gas), si con las negociaciones pueden seguir manteniendo con total seguridad sus "zonas de influencia"?. Sobre todo, cuando se ha demostrado que las reservas petroleras en el mundo siguen siendo ilimitadas, al menos hasta el próximo siglo (el llamado "pico del petróleo" que alarmó a las grandes potencias industriales es un mito, no sabemos si fue un fraude o un pretexto para continuar con las guerras imperiales, ahora denominadas "globalización"; o, si los estudios científicos se basaron en datos erróneos).

Un cambio de esa trascendencia no tendría parangón en la historia, estaríamos afrontando, como analizan algunos estudiosos, el fin del Imperialismo norteamericano, el ciclo de la imposición mundial –por cualquier método- del modelo neoliberal encabezado por los Estados Unidos. Llegaría, si no a su fin, al menos a una revisión drástica de los medios para imponer su supremacía en los países del denominado “Tercer Mundo”.


Naturalmente, esa visión de Trump, cambiando las reglas de juego del tablero geopolítico internacional, tiene sus grandes y poderosos contradictores en casa. A lo largo de la existencia de la nación la política exterior de los Estados Unidos ha sido única, someter a sus dictados en materia política y económica a las naciones del patio trasero (Latinoamérica), en el Próximo y Lejano Oriente, en el África e incluso en Europa tras su aporte (económico y logístico) para liberarla del nazismo y afrontar los desafíos del hermético modelo comunista encarnado en la Unión Soviética.

Ese modus operandi que los consecutivos gobiernos estadounidenses han venido manteniendo sin ninguna modificación, con Trump, supuestamente, debería llegar a su fin, él ha proyectado una nueva estrategia para reemplazar tantos planes elaborados a lo largo de la historia, como el “Plan Marshall” de  la reconstrucción de la Europa de posguerra, obviamente ejerciendo el liderazgo mundial del capitalismo en reemplazo del decadente Imperio Británico; y, la posterior “Doctrina Carter” que alude al empleo de cualquier método (la guerra) para controlar las riquezas energéticas mundiales como recurso estratégico para la seguridad y supervivencia de los Estados Unidos, por citar un par de ejemplos. Aquellas deberían ser, sino sepultadas, por lo menos modificadas drásticamente.

Es muy temprano para dilucidar el destino de la política exterior norteamericana en la era Trump, o el cómo se la denominará en el futuro, si llega a supervivir (tanto la nueva doctrina o el mismo Trump). Trump aún debe afrontar el mayor desafío, que no es Rusia, ni  China, ni Corea del Norte ni Irán, etc.

El mayor peligro que corre Trump, de ver frustrado su nuevo estilo para imponer un “orden” económico global, está en casa. La mayor amenaza surge de los Halcones estadounidenses, del ultra-poderoso complejo industrial-militar y, claro, del poder financiero internacional, que están gustosos con la forma pausada, pero segura, de controlar todo, de seguir enriqueciéndose brutalmente con la venta de armamento, imponiendo sus condiciones en los mercados y aplicando la técnica de despoblación gradual con los conflictos bélicos, aunque eso no les parezca lo suficiente… Los conflictos del Próximo Oriente demuestran que la sangría se ha incrementado de manera dramática por obra y gracia, precisamente, de los Estados Unidos y sus socios.

Si debemos creer en la nueva doctrina Trump, éste anhela sustituir la potencial amenaza de una guerra nuclear con superpotencias como China y Rusia, con quienes pretendería arribar a un acuerdo general para mantener sus respectivas áreas de influencia naturales y una progresiva cooperación económica e industrial.

Es decir, con Trump, los Estados Unidos renunciaría a fomentar la implantación del “orden democrático” por la vía armada en todas las regiones del mundo, siempre que se siga respetando el statu quo vigente y manteniendo acceso ilimitado, pero compartido, de los recursos energéticos con las otras superpotencias. Como contrapartida, Rusia y China, que también necesitan esos recursos, obtendrían garantías para desarrollar grandes proyectos como el resurgimiento sin obstáculos de las “Rutas de la Seda” (guerras regionales provocadas para sabotearlas).

Recuerden que la paz mundial depende de que los Estados Unidos y sus aliados de la Europa Occidental y regionales permitan y garanticen el desarrollo de Rusia y China, esa parece ser la consigna de Trump.

Lo difícil de esta política es la forma de conseguirlo y sobre todo certificar que sea perdurable.

Las señales están lanzadas, Trump entiende ahora que abogar por un entendimiento con China es mejor que la retórica de amenazas, ya lo hemos visto en la reunión con el presidente Xi Jinping, ello significaría desbaratar el plan elaborado hace décadas de acercar las fuerzas militares estadounidenses para rodear China y desestabilizarla económica y políticamente (la guerra de Corea, que derivo en la división en dos repúblicas, es una consecuencia de aquella trama). También las señales han sido lanzadas, aunque de manera velada, dando un espaldarazo al presidente Putin en su empeño de destruir la otrora arma secreta de guerra americana – el terrorismo- y su punta de lanza que es el yihadismo para desestabilizar y controlar el Próximo Oriente.

Si debemos confiar en la nueva doctrina Trump, el escenario que se vislumbra es el siguiente:

Una posible mayor cooperación económica entre Estados Unidos – China – Rusia en detrimento de sus socios de la OTAN y Europa Occidental, en general, Europa no tendrían otra opción que aceptar esa nueva ecuación, no sin antes intentar derrumbarla; de ahí que el Reino Unido, Francia y Alemania, principalmente, manejan estrategias diferentes a los Estados Unidos en la guerra Siria.

El objetivo militar de los Estados Unidos debería centrarse no solo en apoyar la verdadera guerra anti terrorista, sino demoler su estructura política-financiera; algo que no gusta a muchos de sus aliados en Próximo Oriente y Europa (las monarquías wahabíes, Turquía e Israel, Francia, Reino Unido, Alemania y otros) que miran con disgusto el pretendido intento de desmantelar su otrora –caballo de Troya regional- el yihadismo.

En consecuencia, Estados Unidos -hipotéticamente- apuntalará su militarismo no ya hacia China y Rusia. Los parámetros actuales dilucidan que esa perspectiva va encaminada ahora hacia Corea del Norte.

Algunos indicios sugieren que tanto los chinos y rusos podrían quedarse con los brazos cruzados ante un eventual conflicto en la península coreana. Pero los intereses chinos en Corea del Norte va más allá de una presunta neutralidad en un hipotético ataque norteamericano. 

China es el principal socio comercial de los norcoreanos (casi monopólico), pero para estas fechas ha suspendido la compra de carbón norcoreano, un pilar importante para sostener la economía del régimen de Pionyang (tal vez una forma de presión para controlar sus ensayos nucleares). Norcorea ofrece, además a China una variedad sustancial de minerales: hierro, cobre, plata, uranio y otros metales estratégicos para la industria china. Otra alerta es que China ha efectuado una movilización masiva de tropas a la frontera norcoreana, aunque es lógico pensar que tratará de asegurarse que Corea del Norte no sea ocupada por fuerzas norteamericanas, en el hipotético ataque e invasión-. 

El temor -fundado- de la República Popular China es que una caída del régimen norcoreano significará la adhesión de ese territorio a Corea del Sur, por consiguiente, ya llegada de fuerzas militares estadounidenses a sus fronteras.

Y, como hemos dicho, al fin y al cabo ese fue el principal motivo de la división de Corea. Los Estados Unidos siempre han pretendido acercarse a las fronteras chinas, cercarla con bases militares en sus fronteras, es lo mismo que han hecho y vienen haciendo con Rusia por medio de la OTAN.

Otra pregunta clave es: Con la nueva doctrina Trump de cooperación con China y Rusia, terminará esa política de cerco de los Estados Unidos a Rusia y China?. 

La política de apaciguamiento y llamado al diálogo por parte de Rusia y China a Pionyang no se debe tanto a que estén de acuerdo con los estadounidenses para paralizar el programa de armas nuclares norcoreano, sino que la continua desestabilidad de la zona no permite a chinos y rusos invertir más recursos con total seguridad.  Rusia también anhela abrir mayores mercados hacia Corea del Norte negociando su gas y petróleo.

A nadie le interesa un conflicto nuclear. Las consecuencias serían desastrosas para el mundo en una conjetural conflagración nuclear, aun en el hipotético caso de una confrontación directa, pero limitada, entre Estados Unidos – Corea del Norte, sin duda afectará zonas de influencia regional de los aliados de Norteamérica, como Japón y Corea del Sur; además, nadie puede prever las consecuencias ambientales de los efectos radiactivos desbastadores que pueden alcanzar amplios territorios chinos y rusos.

En teoría, y siempre planteando la situación como hipótesis, la mejor solución para las superpotencias es seguir buscando la forma de entenderse (controlar) con Corea del Norte. La pregunta lógica es, cómo se consigue eso?... Con los Estados Unidos es imposible, solo China Y Rusia están en posición de mediar en la materia.

En la siguiente entrega revisaremos la política exterior de Trump dirigida a luchar de forma verdadera contra el yihadismo en Siria y el Próximo Oriente.

11 abril 2017

Efecto político-militar del bombardeo a la base siria Shayrat






Siempre es reconfortante leer noticias sensatas, que llaman al análisis previo y a la calma, contener la reacción impulsiva es un don que se debe ir aprendiendo en la vida.

Nos sentimos dolidos por la aleve manifestación de fuerza ordenada por el presidente de los Estados Unidos al bombardear una base aérea de la República Árabe Siria. Pasada la tormenta hoy estamos convencidos que aquello fue –en efecto- una prueba de demostración –… a costa de los sirios, claro está.

Hay que centrarse en lo principal. Desea realmente el presidente Trump declarar una guerra abierta a Siria con el pretexto del uso de “armas de destrucción masiva” (gases) o en una supuesta defensa de los “derechos humanos”? Los hechos parecen demostrar que Trump intentó calmar al área más radical de los Estados Unidos, es decir, a los Halcones del Pentágono, a los cowboys tipo texanos como John McCain (de Arizona), a la furibunda Hillary Clinton y las grandes empresas del complejo militar-industrial, que anhelan una intervención directa en el conflicto sirio.

Una vez más es Thierry Meyssan quien nos devuelve el corazón a su sitio, sus razonamientos y análisis –fruto de su experiencia y privilegiado acceso directo a las fuentes de origen – explican las razones del show (por usar ese término) mediático de los bombardeos estadounidenses sobre la base aérea siria.



Las imágenes de alta resolución captadas por satélites de la compañía israelí Image Sat International (ISI), diez horas después del ataque lanzado el viernes por Estados Unidos contra la base área siria de Shayrat, reflejan la destrucción de depósitos de armas y de combustible y de una batería de defensa antiaérea SA6 de fabricación rusa. Las fotografías, difundidas por Ynet, la edición digital de Yedioth Ahronoth, apuntan a que el bombardeo con 59 misiles de crucero desde dos destructores en el Mediterráneo causó grandes daños en puntos de las instalaciones militares, pero tuvo un efecto limitado sobre la operatividad del aeródromo. (Texto tomado del diario “El País” “Los satélites reflejan limitados efectos tras el ataque a la base siria”, edición del 8 de abril).

Pero, solo nos queda una interrogante. Usó realmente el US Navy 59 misiles de crucero Tomahawk? Solo existe constancia de que 23 impactaron en sus objetivos. El resto? Los efectos de los Tomahawk son desbastadores y evidentes, no se pueden ocultar y pueden ser localizados efectiva y rápidamente. Nadie ha dado una explicación lógica de este detalle.

Los US-Navy afirma haber disparado 59 misiles crucero, quiere decir que la mayoría de ellos no llegaron a su objetivo?, a dónde se dirigieron entonces?. Solo 23 impactaron en la base?, dónde cayeron los restantes 36?. Podría tratarse que esa cifra no es más que un bulo desinformativo para despistar a los sedientos radicales de los Estados Unidos y sus socios extremistas del Medio Oriente?. Cuando en realidad nunca se lanzó esa cantidad de Tomahawk, con ese número (supuesto) de misiles disparados daría la sensación de que se quería borrar de la faz de la Tierra a la base siria, lo que no aconteció.

Si se realizaron 59 lanzamientos de misiles crucero, a estas alturas ya debería existir la evidencia material del lugar exacto de los impactos del restante número, tal cosa no ha sucedido. O, se nos oculta algo; o, lo más probable, es que esa cantidad de Tomahawk nunca fue disparada. La inquietud queda pendiente para una nueva investigación.

Lo que si vale la pena aclarar es que no deben caer en la trampa de falsos bulos "informativos", rumores infundados e ilógicos, la cuestión es que he encontrado una página en francés con un video -que no sabemos de donde salió- y que no demuestra nada, salvo estelas de fuego en el cielo. En esa web se afirma que la defensa antiaérea siria derribó el resto de Tomahawk. 

Esa sensacionalista noticia, cautelosamente filtrada por parte interesada, tiene dos propósitos: Hacer pasar una falsa e inexistente información como que proviene de fuentes del gobierno sirio en un aparente desafio a las potencias occidentales; e, irritar a quienes desean verdaderamente acabar con Siria, su gobierno y fuerzas armadas. Webs y prensa digital que creen ayudar a Siria con esa "noticia" solamente están incitando - inconcientemente - ya no a otra "demostración de fuerza", sino a un ataque masivo, obligando a las fuerzas rusas a intervenir. Los Halcones desean la guerra, los sirios y rusos actúan con prudencia. 

Ahora, demos paso a lo dicho en los primeros párrafos de este preámbulo. Thierry Meyssan y Filip Churílov nos abren la mente con sus siempre meticulosos análisis de la situación política imperante en el mundo y sobre todo en la guerra contra la República Árabe Siria.

                                                                                      Tito Andino


********* 

   Donald Trump impone su autoridad a sus aliados


Thierry Meyssan

No se deje engañar por los rejuegos diplomáticos y los medios de difusión que reaccionan como rebaño. Lo sucedido en Siria este viernes no tiene nada que ver ni con la presentación de los hechos que se está divulgando ni con las conclusiones que muchos exponen.

Estados Unidos anunció que en la madrugada de este viernes disparó desde el Mediterráneo 59 misiles del tipo crucero para destruir la base aérea siria de Sha’irat. Supuestamente se trata de una acción unilateral de Estados Unidos como castigo al ataque químico atribuido al Ejército Árabe Sirio.

Sorprendidos ante la envergadura de la acción estadounidense, todos los comentaristas concluyen que la administración Trump ha dado un giro de 180 grados en cuanto al tema sirio. La Casa Blanca supuestamente ha acabado plegándose a lo que le exigían su oposición estadounidense y sus aliados británicos, franceses y alemanes.

¿Es realmente así?

La realidad no concuerda con lo que nos dicen los comunicadores

Los misiles crucero estadounidenses atravesaron sin problema la zona actualmente cubierta por el nuevo armamento radioeléctrico ruso que permite anular los sistemas de comunicaciones, control y mando de la OTAN. Según reconoció el general estadounidense Philip Breedlove, cuando aún era Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN, con ese nuevo dispositivo Rusia ha tomado ventaja sobre Estados Unidos en materia de guerra convencional. Ese dispositivo tendría que haber anulado, o al menos haber afectado, los sistemas de guía de los misiles estadounidenses. Pero como eso no sucedió, nos vemos ante 2 posibilidades: Estados Unidos ha encontrado una contramedida que neutraliza el dispositivo ruso o… Rusia desactivó ese sistema.

La defensa antiaérea del territorio sirio incluye ahora los misiles antiaéreos S-300, en manos de las fuerzas armadas de la República Árabe Siria, así como los S-400, en manos de las fuerzas rusas presentes en suelo sirio. Aunque se trata de una situación que nunca se ha presentado en el campo de batalla, los S-300 y los S-400 son considerados como ampliamente capaces de interceptar los misiles crucero. Y se trata, por supuesto, de un tipo de armamento que funciona automáticamente. Pero tampoco funcionó. No se disparó ningún tipo de misil antimisiles, ni por parte del contingente ruso, ni por parte de las fuerzas armadas de la República Árabe Siria.

Cuando los misiles crucero estadounidenses se abatieron sobre su objetivo, la base militar siria acababa de ser evacuada y se hallaba prácticamente vacía. El ataque estadounidense destruyó la pista de la base, varios radares y algunos aviones que desde hace tiempo se hallaban fuera de servicio, así como algunos hangares e instalaciones destinadas a albergar el personal de la base. Pero hubo una docena de víctimas, 9 de ellas fatales.

Aunque no se ha reportado oficialmente ningún misil crucero estadounidense perdido ni destruido, en la base de Shairat cayeron sólo 23 de los 59 misiles disparados.


¿Qué significa todo este teatro?

Desde su llegada a la Casa Blanca, el presidente Trump ha estado tratando de modificar la política de su país y de reemplazar los actuales enfrentamientos por diversas formas de cooperación. En lo referente al «Medio Oriente Ampliado», Trump se pronunció por la «destrucción» de las organizaciones yihadistas, en vez de la «reducción» que mencionaba su predecesor Barack Obama.

En los últimos días, la administración Trump había reconocido incluso la legitimidad de la República Árabe Siria y, por ende, había aceptado que el presidente sirio Bachar al-Assad –democráticamente electo por el pueblo sirio– pudiera mantenerse en el poder. Trump recibió en la Casa Blanca al presidente de Egipto, el mariscal Abdel Fattah al-Sissi, aliado de Siria, y lo felicitó por su lucha contra los yihadistas. Incluso restableció un canal directo de comunicación entre Washington y Damasco.

El problema del presidente Trump era cómo convencer a los aliados de Estados Unidos para que apliquen la política que él preconiza, a pesar de todo lo que ya han gastado en su empeño por acabar con la República Árabe Siria.

Claro, siempre es posible que el presidente Trump se haya dejado convencer por alguno de los videos que están circulando en YouTube… pero es más probable que su acción militar de este viernes forme parte de la lógica de su acción diplomática anterior.

Con este ataque contra una base militar siria, el presidente Trump satisface a sus opositores, que ya no podrán por tanto oponerse a lo que venga después. La propia Hillary Clinton reclamaba el pasado miércoles un bombardeo contra Siria como reacción estadounidense ante el supuesto uso de armas químicas por el «régimen sirio».

De todo lo que están diciendo los medios de difusión, nos queda como hecho concreto que Donald Trump ordenó disparar casi 100 misiles crucero contra una base siria prácticamente vacía… después de haberle anunciado a Rusia, y por ende a Siria, lo que iba a suceder.

Aceptando ese sacrificio, Siria confiere de cierta manera al presidente Trump una forma de “autoridad” para actuar contra todo el que use armas químicas. Y, hasta el momento, los únicos utilizadores de armamento químico claramente identificados por la ONU son… los yihadistas.

Por su parte, los yihadistas del Emirato Islámico (Daesh), también avisados sobre el inminente ataque estadounidense –pero por sus jefes británicos, franceses y alemanes– iniciaron de inmediato un ataque contra la ciudad de Homs, que ahora carece de la protección que le garantizaba la base aérea.

Habrá que esperar a ver cómo reaccionan Washington y sus aliados ante el posible avance de los yihadistas en esa zona. Sólo entonces sabremos si la maniobra de Donald Trump y la apuesta de Vladimir Putin y Bachar al-Assad realmente funcionan.


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Lo que se les escapa a muchas personas sobre el ataque de EEUU contra Siria


© AP Photo/ U.S. Navy / Robert S. Price

Filip Churílov

La historia de los 59 misiles de crucero Tomahawk que impactaron contra una base aérea siria plantea un par de preguntas. Las más evidentes son '¿por qué fue un ataque tan limitado?' y '¿qué hará Rusia?'.

Quizás el aspecto más peculiar del reciente ataque estadounidense contra Siria sea su baja efectividad.

Se podría pensar que 59 modernos misiles de crucero con ojivas convencionales de hasta 450 kilogramos destrozarían cualquier objetivo hasta que se asemejara a la superficie lunar. Como mínimo, ante un ataque similar, se espera que la instalación militar atacada se rinda y quede totalmente inutilizable.

No es eso lo que se puede verse en los vídeos tomados por los periodistas rusos, los drones del Ministerio de Defensa ruso o las imágenes satelitales publicadas por los medios de EEUU. Hay destrucción, sí, daños, claro, pero el aeródromo es capaz de funcionar, algo que los pilotos sirios confirmaron el día después del ataque.

Al mismo tiempo, eso no quiere decir que los misiles sean 'de baja potencia' o 'imprecisos', al contrario: los hangares fueron atravesados desde el exterior, asimismo, fueron destrozados con precisión varios edificios auxiliares del aeródromo. Por lo que parece evidente que los Tomahawk son perfectamente capaces de dar en el blanco.

Sin duda alguna, la pérdida de cinco soldados y dos civiles, denunciada por la parte siria, es un hecho lamentable. No obstante, desde el punto de vista de la eficacia militar, el 'error' de la coalición en septiembre de 2016, cuando mató a docenas de soldados e hirió a un centenar, además de destrozar material bélico en la región de Deir Ezzor, fue mucho más sangriento y tuvo un mayor impacto.

En cuanto a los nueve aviones destrozados, esta cantidad no es crucial para las fuerzas aéreas sirias, dado que varias fuentes informan que, en realidad, se quedaron en el aeródromo solo las aeronaves que estaban siendo sometidas a reparación, las que no eran capaces de salir del perímetro de la instalación.

En resumidas cuentas, tras 'un ataque masivo de 59 misiles de crucero' contra el aeródromo, este pudo reanudar sus operaciones tras limpiar los escombros al día siguiente. En cuanto a los edificios destruidos, estos pueden ser fácilmente sustituidos por otras edificaciones temporales.

Este resultado nos acerca a la segunda pregunta, la que tiene que ver con las acciones de Rusia en el transcurso de este ataque.

¿Escudo fallido o respeto a las reglas del juego?

Los sistemas de misiles antiaéreos S-400 en Siria. Por qué los S-400 no reaccionaron frente al ataque de EEUU en Siria?  © SPUTNIK/ DMITRY VINOGRADOV


En las redes rusas —como en cualquier foro de debate, imagino— el episodio ha sido muy controvertido y ha dividido a la opinión pública. Un bando, llamémosle 'radical', denuncia 'la inutilidad de la defensa antiaérea rusa', la cual dejó pasar a los Tomahawk, a los que 'había que derribar'.

Aunque este punto de vista sea comprensible —en Rusia también hay gente que quisiera que el país se imponga más firmemente contra EEUU, 'como en los viejos tiempos' de la URSS—, este tipo de acusaciones demuestra más bien un pensamiento impulsivo, y no uno calculado.

A la hora de abordar este tema, es importante hablar del marco legal del uso de los sistemas antiaéreos rusos en Siria, ya que esto explica cómo se gestionó el ataque estadounidense y la posterior reacción de Rusia, así como el recorrido que este incidente puede tener en el futuro.

Los sistemas antiaéreos llegaron a Siria masivamente tras el ataque del caza F-16 turco contra el bombardero Su-24 ruso en otoño de 2015. En aquel momento, la situación, valorada bajo la suposición de que los terroristas no poseían aviones, se vio sustituida por una en la que existían amenazas aéreas reales para los militares rusos.

Así, el escenario se transformó y los sistemas rusos pasaron a proteger las instalaciones militares rusas de las amenazas aéreas contra los fuerzas del país en Siria.

La defensa antiaérea siria, si bien está integrada con la rusa, está formada por sistemas propios, a menudo de fabricación soviética. Los militares rusos no reciben órdenes de los comandantes sirios, al igual que ellos tampoco las reciben de los rusos. Los S-300 y S-400 rusos no integran la defensa antiaérea de la República Árabe Siria, son parte de las Fuerzas Aeroespaciales de la Federación rusa.

Este cuadro legal llevó al cese completo de las incursiones turcas, incluso se acordó el Memorándum para la Prevención de Incidentes Aéreos, ya que Rusia tenía una prueba directa de la hostilidad de los turcos hacia su material bélico y por esto, los aviones de Turquía se consideraban blancos posibles —extremo que Turquía entendía—.

"Rusia no se involucrará en acciones militares contra EEUU a menos que exista una amenaza directa"

Israel, EEUU y los aviones de la coalición antiterrorista, por su parte, en ningún momento amenazaron militarmente a las instalaciones rusas, así que continuaron sus vuelos en los cielos sirios.

Por otra parte, los cielos siempre están vigilados —algo que se evidencia en las referencias realizadas por los representantes rusos a los datos de sus radares cada vez que comentan las incursiones aéreas en Siria, como los ataques israelíes contra Hizbulá o los vuelos de drones de EEUU—. La posibilidad de interceptar una aeronave siempre está presente.

Lo que fundamentalmente pone de relieve esta explicación es que, legalmente, hasta que un avión o un misil de crucero no tome rumbo directo hacia la base naval rusa en Tartus o la base aérea rusa en Latakia, no son blancos legítimos para la defensa antiaérea rusa, y cualquier ataque contra ellos sería una agresión no provocada.

Misiles antiaéreos S-400  © SPUTNIK/ SERGEI MALGAVKO. Los sistemas S-400, S-300 y Pantsir garantizan una protección total de las instalaciones rusas en Siria

Por lo tanto, si los S-300 y S-400 rusos atacan una aeronave estadounidense o israelí o turca que no tenga como objetivo directo las instalaciones militares rusas en Siria, el ataque será considerado como una agresión rusa contra ese país, con todas las consecuencias que esto implica.

Ahora, sin embargo, los límites de este cuadro legal —que Rusia ha cumplido rigurosamente— se verán extendidos, ya que la Defensa rusa suspendió la vigencia del Memorándum para la Prevención de los Incidentes Aéreos con EEUU, además de cerrar la línea directa con el Pentágono sobre Siria. ¿Qué impacto tienen estas acciones en la posibilidad de interceptar los misiles de crucero?

En mi opinión, con estas medidas, el Ministerio de Defensa ruso ocultará de manera definitiva su material bélico y a sus especialistas de la mirada de EEUU.

En el reciente ataque, EEUU, en cumplimiento del memorándum, avisó a la parte rusa del inminente bombardeo y empleó, además, medidas para "minimizar el riesgo para los rusos". Este aviso, de hecho, buscaba sacar a los militares rusos de la zona y así asegurar legalmente que la defensa antiaérea rusa no sería activada y no interceptarían sus misiles.

Al interceptar o incluso tratar de desviar los Tomahawk con las medidas de guerra radioelectrónica tras el aviso y la evacuación de sus militares, Rusia, efectivamente, hubiera atacado a las aeronaves estadounidenses sin que mediara una provocación previa.

Llegados a este punto, lo más probable es que Rusia avisara a las fuerzas sirias, quienes lograron evacuar y sacar de allí a sus aviones capaces de volar. En este sentido, es posible que los militares que hayan fallecido estuvieran tratando hasta el último momento de salvar la mayor cantidad de equipos militares del inminente ataque.

Pero con el cierre de la línea directa y la suspensión del Memorándum, desaparece toda herramienta de los militares estadounidenses para adivinar si los especialistas rusos están presentes en la zona en la que se encuentra un blanco potencial o no, salvo que se fíen de la información de los servicios de inteligencia, los cuales tiene un margen de error, un error que, en este caso, podría salir muy caro.

De ahora en adelante, si el USS Porter u otro buque estadounidense decide dar en un blanco con sus misiles, siempre tendrá que pensárselo dos veces porque los militares rusos podrían estar en la zona, y los misiles entonces pasarían a ser blancos legítimos para la defensa antiaérea.

En este sentido, de derribarlos, ya no estaríamos hablando de una agresión. Sin embargo, es importante señalar que cualquier enfrentamiento directo entre el material bélico ruso y estadounidenses siempre —repito, siempre— corre el riesgo de escalar en un incidente mucho más peligroso que un conflicto regional en Oriente Próximo.

Basta con imaginar la reacción de los 'halcones' estadounidenses, como el señor John McCain, al conocer que Rusia ha derribado un Tomahawk. Este político será el primero en exigir una 'respuesta' —seguramente lo llamarán así— militar a gran escala.

Esto, los comandantes estadounidenses —'halcones' o no— lo deberán de tener en cuenta cada vez que su presidente contemple lanzar un ataque de demostración, justificado en un 'ataque químico' que nadie vio, nadie investigó y nadie considera que sea 'lógico' que lo haya realizado precisamente la parte que va ganando terreno a sus oponentes con la ayuda de sus dos aliados en la región.

Un ejemplo 'contagioso'

Esperamos que otros países de la zona, socios de EEUU, no consideren esto como un permiso para realizar ataques parecidos, como Arabia Saudí y Turquía, que podrían seguir el ejemplo de su 'socio mayor' y tomar decisiones unilaterales en lo que respecta a los misiles de crucero.

También esperamos que más naciones, como la valiente Bolivia, cuestionen la increíblemente hipócrita posición de los países occidentales, que en el transcurso de tres días señalaron al culpable, le juzgaron y le aplicaron la sentencia basándose solo en las afirmaciones de los extremistas radicales, conocidos por sus mentiras y su cada vez más precaria situación, sin que el primer investigador de la ONU siquiera se hubiera enterado del asunto.

Finalmente, esperamos que todos los gritos de '¡Rusia debería atacar a EEUU!' nunca sean escuchados en las altas esferas del poder, porque, aunque el planeta no va bien, es todavía temprano para ceder el turno a mutantes radioactivos que busquen construir una mejor civilización de las cenizas de la nuestra.


Fuentes: