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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels. La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo e impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.

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17 abril 2026

La economía de desgaste en la guerra

         "El Bloqueo", caricatura política (Knight Cartoons, obra de Mark Knight)


por Tito Andino
Revisión y resumen de varios artículos de actualidad.


Una interesante pregunta que se plantea y analiza diariamente por muchos expertos probablemente ya no es novedad. “¿Qué podría suceder cuando una dudosa victoria táctica de Estados Unidos/Israel oculta una derrota estratégica inminente? Nadie conoce a ciencia cierta cuáles son las reales reservas del belicoso dúo, pero los hechos parecen querer demostrarnos que el enorme coste material y económico de la defensa aérea israelí contra los económicos y letales misiles iraníes han inclinado la balanza en beneficio de Irán.

Debe quedar claro que los ataques de Irán no están destinados a “destruir” Israel, no se realizan para demoler edificios, peor aún para matar civiles. Esos ataques no han sido ni los más grandes ni los más mortíferos, los más sofisticados misiles balísticos apenas fueron puestos en acción tras semanas de guerra y toman pocos minutos en llegar hasta Israel.

El mensaje iraní es demostrar al pueblo de Israel que no son invencibles, que sus líderes les han mentido y que la propaganda ha dejado de ser un arma efectiva. Los ataques iraníes están diseñados para destruir la capacidad de defensa de Israel, degradar sus sistemas para una siguiente etapa, los complejos militares y centros vitales de Israel (industria y economía).

Los interceptores de defensa, sea cual sea el sistema utilizado por Israel (aquí no nos pondremos exquisitos en describir esos mecanismos conocidos por muchos) se disparan desde baterías instaladas por todo Israel, son eficaces, derriban misiles entrantes, pero luego viene otra ola de misiles y más lanzamientos de interceptores atajan un buen número de objetos atacantes; tras un corto y relativo tiempo de calma, una nueva ola de misiles se acerca, a veces puede ser en mayor número, e Israel consume más interceptores. No "conformes" los iraníes aún se atreven a lanzar otra oleada, obligando a Israel a lanzar más interceptores.

Cuando se anuncia el fin de la alerta, ¿cuántos interceptores de la defensa aérea israelí se habrán consumido? Revisemos un informe basado en un ejemplo verdadero que explica un ataque con cuatro oleadas de misiles iraníes en un intervalo de tres horas (durante la tercera semana de conflicto):

“Israel disparó 86 interceptores Arrow en menos de tres horas. La tasa de intercepción fue de aproximadamente el 78%, bajo cualquier estándar un rendimiento defensivo notable”. Las fuerzas de defensa de Israel declaran una defensa exitosa. Netanyahu y sus voceros alaban la preparación y capacidad de sus fuerzas armadas. El escudo de hierro es fuerte y se mantiene firme, una defensa “impenetrable” que, obviamente, no puede atajar todos los objetos entrantes, pero el 78% de éxito es técnicamente un logro inmenso ante misiles balísticos. Pero hay algo que esos titulares de los noticieros no mencionan, ha sido una noche aterradora, estratégicamente devastadora dirían otros, a pesar de que dibujan una victoria. Esos 86 interceptores representan aproximadamente 258 millones de dólares en municiones gastadas por Israel que no puede reemplazarlos a corto plazo.

Aquí entra en juego la trampa financiera: Misiles Arrow vs Misiles Iraníes, el éxito de impactos del Arrow requiere sensores, procesadores y propulsión al límite de la tecnología actual. Cada interceptor Arrow 2 cuesta unos $2.200.000 y los Arrow 3 valen unos $3.500.000 (aproximadamente), Israel los disparó combinados, estimaciones señalan un gasto total de al menos 258 millones (posiblemente superando los 300 millones de dólares).




Comparemos con lo que gastó Irán en ese ataque, sus misiles Ghadr-H cuestan aproximadamente entre 150.000 y 250.000 por unidad. El más avanzado Kheibar Shekan ronda entre los 300.000 y 400.000. Se usaron unos 160 misiles iraníes, si los ponemos a un costo promedio de $400.000 cada uno (que no es el caso, al menos no de todos), quiere decir que Irán gastó 64 millones de dólares o menos, obligando a gastar a Israel 258 millones de dólares como mínimo. Es una ventaja de costos de 4 a 1 para el atacante. El ejemplo es de una sola noche. Irán lanzó ataques similares separados por lo menos una docena de veces durante las tres primeras semanas del conflicto.

Irán entiende esto a la perfección. El caso del ejemplo no fue diseñado para abrumar las defensas en un solo ataque, estaba forzando el gasto insostenible de interceptores. Cada Arrow disparado es uno menos disponible para el día siguiente. Es una guerra de desgaste aplicada a la defensa antimisiles, las matemáticas favorecen abrumadoramente a Irán.

Un dato llamativo, la guerra empezó con cazas furtivos y misiles de crucero de precisión -como el Tomahawk-, dicen que las reservas de Tomahawk acumulados durante muchos años se ha reducido drásticamente; lo mismo se dice de los misiles de crucero JASSM, usados al máximo, se ha consumido casi todo el inventario de misiles de larga distancia, dejando a los poderosos, modernos y ultra caros cazas furtivos de última generación sin el material suficiente para ser empleado.

Un buen análisis señala que la guerra tendrá que dar un giro, probablemente drástico, comenzó con alta tecnología y probablemente termine “con bombas gravitatorias lanzadas desde aviones que hasta tu abuelo reconocería. Los viejos bombarderos B-52, más antiguos que el Estado de Israel, están lanzando ahora JDAMs no guiados directamente sobre Irán”. Para dibujarlo más claro, las JDAM (Joint Direct Attack Munition) son kits de guía que convierten bombas de caída libre convencionales ("bombas tontas") en armas guiadas de alta precisión ("bombas inteligentes") mediante tecnología GPS y sistemas de navegación inercial (como las que usa Rusia en territorio disputado a Ucrania con el fin de conservar sus preciados misiles de precisión).

Estamos tratando de economía de desgaste. Otro sencillo ejemplo de la relación coste-intercambio merece ser comprendido. Supongamos que el gasto ofensivo total de Irán durante toda la guerra es de 200 millones de dólares, para hacerlo frente el Pentágono solicita 200.000 millones de dólares en financiación suplementaria. “Eso es una proporción de 1.000 a 1, que es el tipo de retorno del capital por el que la mayoría de los fondos de riesgo matarían a muerte, aunque normalmente no en este extremo”.

Un dron Shahed de 50.000 dólares requiere la intervención de un Patriot de 3,87 millones para interceptarlo, ofrece a Irán una eficiencia de capital inigualable por enfrentamiento que los contratistas de defensa estadounidenses solo pueden admirar, pero que no les da vergüenza, ya que van a ganar mucho dinero, demasiado…

Otro ejemplo, Irán no tuvo, ni tiene una marina o flota aérea de guerra a destacar, no necesita de ninguna de ellas. La doctrina de la asimetría de costes es muy simple: miles de drones y misiles baratos con una dosis de paciencia para dispararlos uno a uno hasta que las matemáticas del interceptor se rompen.

Es una asombrosa asimetría financiera. El patrón es consistente, se disparan salvas de misiles diseñadas específicamente para agotar las reservas de interceptores israelíes. El costo acumulativo de defensa aérea de Israel se estimaba entre 1.800 y 2.300 millones de dólares en interceptores gastados (hasta finales de la tercera semana de guerra). El presupuesto de Israel no puede sostener operaciones defensivas de un cuarto de billón de dólares cada pocas noches. Por el otro lado, el presupuesto de defensa de Irán puede sostener sus ataques promedio de 64 millones dólares indefinidamente. No son especulaciones, se trata de evaluaciones estratégicas basada en datos disponibles (hasta la tercera semana de guerra) y divulgadas por expertos.

“La realidad estratégica se vuelve aterradora. Israel no puede fabricar interceptores Arrow a nivel nacional en cantidades suficientes para reemplazar lo que se está consumiendo (Arrow es un sistema israelí que Boeing fabrica bajo licencia), la capacidad de producción no existe en territorio israelí. La producción del Arrow está limitada por la capacidad de fabricación de la empresa Boeing en los Estados Unidos. El inventario de Arrows de Israel antes de este conflicto se estimaba en menos de 500 interceptores en total. La línea de producción operando bajo contratos y prioridades normales de tiempo de paz produce aproximadamente de 60 a 80 interceptores Arrow por año entre ambas variantes. Israel ha estado consumiendo esa cantidad de interceptores en una sola semana en este conflicto”.

Las matemáticas no cuadran, incluso si Boeing pudiera duplicar la capacidad de producción de inmediato, lo cual no puede hacer, aún tomaría un mínimo de 18 meses reemplazar lo que Israel ya ha disparado. Los ataques no se detuvieron el primer mes, fueron acelerándose. Esa es la realidad de la cadena de suministro que hace imposible un reemplazo rápido debido a restricciones de la física y la fabricación que el dinero no puede superar. “Cuando Israel realiza un pedido de emergencia de interceptores, el proceso de fabricación aún toma un mínimo de nueve meses, incluso con la designación de prioridad del Departamento de Defensa y Financiamiento ilimitado. Ese cronograma de nueve meses asume que todos los componentes están disponibles, que todos los proveedores están operando a su máxima capacidad y que no ocurren interrupciones en la cadena de suministro. Ninguna de esas suposiciones es cierta en este momento”.

Mientras tanto, el grupo industrial Shahid Bagheri de Irán opera múltiples instalaciones que producen misiles de cuatro a seis meses, con reservas medidas en miles durante dos décadas de producción. Irán puede mantener las tasas de ataque actuales durante meses sin nueva producción.

El negocio de este tipo de armamento es tan grande que los contratistas de defensa globales se enfrentan a una demanda sin precedentes en diversos conflictos. Estados Unidos tiene compromisos con Europa que, a su vez, suministra a Ucrania los sistemas de defensa aérea. “Taiwán está ordenando interceptores para un posible conflicto con China, compitiendo directamente contra los contratos israelíes por los mismos espacios de producción. Los países de la OTAN en Europa deben reponer sus propias reservas de defensa aérea. TODOS solicitan al mismo limitado grupo de proveedores. Todos los contratistas de defensa del planeta están operando a su máxima capacidad con retrasos en los pedidos que se extienden meses o años. Estados Unidos se han comprometido a suministrar interceptores Arrow adicionales bajo ayuda de emergencia, pero la entrega acelerada significa un mínimo de seis meses. Los Estados Unidos no mantienen reservas de Arrow”.

La defensa aérea israelí enfrenta decisiones de racionamiento, significa que toda la doctrina de defensa de Israel está en riesgo. Su defensa aérea en capas “Cúpula de Hierro” pierde su capacidad de defensa contra misiles balísticos. Significa priorizar objetivos y decidir qué ciudades defender y cuáles dejar expuestas, sus radares y sistemas de seguimiento deben determinar cuáles misiles representan una amenaza a ser interceptados y otros que se dejará sigan su trayectoria final, los ciudadanos saben que pueden ser sacrificados debido a la escasez de municiones.

Esta guerra está siendo observada por otras potencias, están tomando nota para replicar la misma táctica de producción de misiles y saturación económica. Si Irán gasta aproximadamente 64 millones de dólares una noche e Israel gastó un mínimo de 258 millones de dólares esa misma noche. Durante 20 días de ataques sostenidos, Irán habrá gastado unos 1.280 millones de dólares e Israel, solo defendiéndose, gastará una friolera cifra de más de 5.000 millones. “La ventaja de costos para el atacante es consistente y puede sostener el gasto indefinidamente”.





Por otro lado, no existen cifras realistas sobre el presupuesto anual de defensa iraní, el SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) en 2024 estimó el gasto en aproximadamente 7.900 millones de dólares, se piensa que la cifra es muy conservadora, está basada en datos presupuestarios oficiales y tipos de cambio de mercado. En respuesta a las tensiones regionales, la proyección para 2025 era que el gobierno iraní planeaba triplicar su presupuesto de defensa (145% al 200% según distintas fuentes). Estimaciones alternativas del IOD/IISS estiman que el gasto real en 2024 fue de casi 17.000 millones de dólares, incluyendo flujos de ingresos no detallados en el presupuesto público. Otras fuentes proyectaron para 2025 una cifra de 50.100 millones de dólares, sumando partidas extrapresupuestarias y exportaciones de petróleo directas a las fuerzas armadas.

En el otro bando, el presupuesto de defensa de Israel sigue siendo altamente variable debido a sus operaciones -en especial desde 2023- y las tensiones con Irán. Se afirma que en 2024 Israel gastó 46.500 millones de dólares (65% más que el 2023), que equivale al 8,8% de su PIB. En septiembre de 2025, la Knéset aprobó un suplemento de 9.300 millones de dólares para cubrir costos adicionales de la guerra en Gaza y el conflicto de 12 días con Irán (junio 2025). El presupuesto fiscal proyectado por el gabinete para 2026 se estableció en 34.630 millones de dólares, a pesar de que es inferior al gasto de 2024, es mucho más elevado que los niveles previos a la guerra (en 2023 eran 18.000 millones de dólares). En parte ese presupuesto es apoyado por la ayuda anual en asistencia militar de Estados Unidos, Israel recibe “oficialmente” 3.800 millones de dólares, de los cuales 500 millones se destinan específicamente a defensa antimisiles (como el sistema Cúpula de Hierro).

Volvamos a la economía de desgaste. En el ejemplo real presentado más arriba, el gasto iraní -sobre los 1.200 millones de dólares- es fácilmente sostenible para una campaña cuyo retorno estratégico al degradar las defensas israelíes hasta el colapso vale múltiplos del costo. En cambio, los interceptores no pueden reemplazarse lo suficientemente rápido. Más de 5.000 millones dólares es el valor estimado de la reserva de interceptores que se consumieron desde que comenzó este conflicto (hasta finales de la cuarta semana). Ese monto se evaporó entre festejos por las múltiples y exitosas operaciones defensivas; no obstante, el defensor que se dice ganador tras cada batalla, está perdiendo la guerra, a menos que logre destruir la capacidad de Irán; o se llegue a un real alto el fuego, que no parece estar funcionando.

En el balance de la economía de desgaste, la parte, más “débil” militarmente, puede llevar al límite logístico y financiero a una superpotencia militar simplemente saturando el espacio aéreo con tecnología barata, todas las reglas del juego táctico han cambiado dramáticamente. 

“La guerra económica asimétrica demuestra que el arma más peligrosa del siglo XXI no es el misil hipersónico indetectable, sino la capacidad de ensamblar miles de municiones rudimentarias a un costo minúsculo. La venta de la idea de la invulnerabilidad garantizada por la maravilla tecnológica de las defensas multicapa de Israel fue el motor de la inversión extranjera y del enorme crecimiento del sector de la alta tecnología. Cuando esa promesa se rompa el cielo deja de ser un escudo para convertirse de inmediato en una amenaza abierta a la fuga de capitales y la migración de talento altamente calificado. Las corporaciones multinacionales y las empresas emergentes que forman la columna vertebral de la economía nacional simplemente no pueden operar en un entorno donde sus infraestructuras críticas y su personal enfrentan el riesgo diario de impactos balísticos sin restricciones. El costo del seguro de riesgo soberano se dispararía hasta niveles paralizantes, asfixiando el comercio internacional y hundiendo el producto interno bruto en una espiral recesiva profunda de la cual sería muy difícil salir”.

Lo dicho, sin que hayamos puesto sobre el tapete los misiles hipersónicos, juguetes muy avanzados que Irán ha sacado a relucir para una nueva fase, que -lamentablemente- tuvo que llegar; no obstante, los misiles hipersónicos de última generación iraníes, prácticamente siguen en reserva, apenas han sido utilizados en casos concretos. A eso sumémosle la todavía no confirmada noticia que otras potencias están suministrando sofisticados misiles y defensa antiaérea a Irán aprovechando la "tregua".

El escenario descrito no es solo en Israel, se aplica a todo el Oriente Próximo, a los aliados árabes de EE. UU. (las petromonarquías), Irán ha logrado lo mismo contra esos aliados de Estados Unidos, llevados hacia la trampa de agotamiento asimétrico. EE. UU. y sus aliados regionales han utilizado cientos de interceptores de diverso tipo, han consumido cientos de millones de dólares en defensa para interceptar masivas olas de drones baratos del ejército iraní. Sí, drones baratos, porque los misiles se reservan para blancos específicos. Y no, EE. UU. no mantiene reservas ilimitadas junto a los países del Golfo Pérsico, están consumiendo las reservas de carísimos interceptores, es como querer mantener la brasa de una fogata quemando billetes de cien dólares. Según cálculos de especialistas, las monarquías del Golfo emplearon cientos de misiles interceptores Patriot para derribar alrededor del 70% de drones iraníes de bajo costo. Una vez más, ¿cuánto cuesta cada uno de estos misiles? y, ¿cuánto se gasta en interceptar un solo dron de pocos miles de dólares?, sí, millones. Irán asumió un gran riesgo para entablar batalla y su juego ha dado resultados hasta el momento.

En un mes de conflicto la cifra fue multiplicándose. Datos de Bloomberg estiman que el total de misiles interceptores utilizados en Israel y Próximo Oriente supera los 2.400, que también se estima es casi la totalidad del arsenal existente previo a la guerra. Blomberg pregunta si saben cuántos interceptores tiene Estados Unidos en su arsenal… 2.800 (según la fuente); ¿cuánto se han consumido? 2.400. No quedan muchos disponibles en reserva, y cómo van las cosas se tendrá que hacer uso de ellos, al ritmo actual se agotarán en poco tiempo, las defensas habrán caído… fabricar más, sí, se puede, lo explicamos esto más arriba (cálculos de Bloomberg, pero en realidad es imposible saber cuáles son las reservas reales que se mantienen en los EE. UU.) No debemos olvidar que Estados Unidos posee otro tipo de poderosos misiles balísticos convencionales que se vería obligado a usarlos ante la situación empantanada en que se halla tras caer en la trampa del agotamiento asimétrico.


           www. craiyon.com


¿Dónde hay más interceptores? En las bases de EE. UU. en Corea del Sur, técnicamente pertenecen a Corea del Sur, otros pertenecen a Taiwán, no se sabe cuántos quedan en Ucrania, también en Polonia hay cierta cantidad. Hablamos de los que EE. UU. podría dar uso “inmediato” al ser trasferidos a Oriente Próximo; Polonia se ha negado rotundamente a cederlos. ¿Y si China ve que es el momento de intervenir en Taiwán? ¿Y si el “loco” de Corea del Norte se le apetece arreglar cuantas con sus hermanos del sur? ¿Y si Rusia destruye los que quedan en Ucrania? (algo de eso pasó en Odessa ante una posible transferencia, según fuentes no contrastadas). Todavía quedan interceptores en otros países de la OTAN, pero dadas las cosas eso va en contra de los intereses de la Unión Europea. Los interceptores que están por allí son propiedad de otros estados, se les exige en su cesión a pesar de que ya no son propiedad estadounidense.

Estados Unidos planteó cara a Corea del Sur, tras venderles los interceptores Patriot a un costo de más de un millón de dólares por unidad (sin contar el valor de las lanzaderas) ahora les dicen: "¿dónde van a guardarlos?" "No disponen de bases adecuadas, se pueden echar a perder. Nosotros tenemos bases en territorio coreano, los guardo por ti… Te defenderé por si eres atacado, estamos entrenados...”. Ya hace un par de semanas que se transfirieron esos interceptores a Medio Oriente con el fin de usarlos para detener drones Shahed que van desde los 5.000 hasta los 35.000 dólares por unidad. Según versión estadounidense, con “suerte” el enemigo usará misiles más sofisticados y se justificará el costo. ¿Transferencia o robo?

Como dicen analistas de Blomberg, RT y otras fuentes, Estados Unidos no estaba preparado para una guerra de drones, a pesar de monitorear el conflicto ucraniano, seguían imaginándose que chocarían con un enemigo que lucharía con aviones, tanques de guerra y cientos de misiles nada o algo sofisticados. La concepción de la guerra ha cambiado drásticamente en pocos años, los drones baratos son tan efectivos como la alta y cara tecnología militar de Estados Unidos, ahora en obsolescencia, esa es la mayor vulnerabilidad de la poderosa potencia mundial.

Estados Unidos e Israel subestimaron a Irán, a pesar de sus experiencias recientes (Guerra de los 12 Días), no estaban preparadas para una guerra moderna basada en drones, me refiero a pequeños y económicos drones de uso militar que atacan en enjambre, que nada tienen que ver con los poderosos drones o aviones no tripulados de los que fue pionero EE. UU. Además, los drones de largo alcance como el Gerán y otros de alcance medio, aún los baratos drones Shahed, le han complicado la existencia a la superpotencia. 

Cuando EE.UU. ha decidido fabricar “pequeños” drones suicidas se ha topado, en primer lugar, con las sagradas reglas del negocio, el “producto de calidad” industrial se impondrá a un alto costo. Tendrán nuevas armas, se harán pruebas, pero no estarán listas para usarse en este conflicto, no habrá suficientes drones en un tiempo prudencial a menos que prolonguen el conflicto por largos meses; peor aún, no podrá producirse a un costo bajo como el producto iraní, las leyes del capitalismo salvaje insisten siempre en el beneficio económico sobre todas las cosas.

12 marzo 2026

Irán y el Nuevo Orden Multipolar en entredicho




por Tito Andino
Análisis de varios artículos


La geopolítica del poder

En ediciones anteriores de este blog señalamos -basados en los amplios conocimientos del politólogo francés, Thierry Meyssan- que el mundo fue redefinido en zonas de influencia entre las ahora únicas potencias mundiales (en lo económico y militar: Estados Unidos, China y Rusia), El enlace aquí: USA. ¿El Imperio contraataca?

¿Entonces, qué ha sucedido? ¿fue solo una hipótesis de trabajo? ¿será que el lobby israelí controla el Congreso de Estados Unidos? ¿Será cómo dicen ciertas malas lenguas de que “un degenerado pedófilo ha escenificado todo esto para que no salgan a luz sus videos con menores de edad”? o, ¿será que otro degenerado satanista, asesino-genocida y criminal de guerra es quien impone las reglas, siendo Trump su muñeca? O, sin tanta “conspiranoia”, ¿será que las “partes” van posicionándose en la única forma en que es posible hacerlo -la guerra-?

Todo eso sin olvidar en el mundo de los hechos tangibles que Estados Unidos se ha retirado de la zona de influencia rusa (Ucrania), a pesar de los quejidos de la Unión Europea. Hemos observado la retirada perceptible de Rusia y China de Venezuela, Cuba y otros lugares que corresponden a la influencia “natural” de Estados Unidos. Demasiadas hipótesis, sigue siendo demasiado pronto para valorar lo que tienen que decir y hacer -no solo en el discurso- chinos y rusos, incluso Estados Unidos más allá del discurso. Paciencia, esto apenas podrá valorarse en meses. Quienes realmente saben algo apenas vislumbran flashes del qué mismo acontecerá.


        Ilustración de Confilegal.com


Meyssan, en su primer pronunciamiento tras el inicio de la nueva guerra contra Irán, entiende -básicamente- que el mundo cree que los ataques de Israel y Estados Unidos fueron coordinados, sin embargo, no es cierto, no se unieron, actuaron en forma separada, cada uno persigue sus propios objetivos, se comenta en círculos de poder de que Washington quiso limitar las acciones israelíes. El mismo nombre de las operaciones las diferencian: del lado israelí “León Rugiente”; en Estados Unidos se conoce como “Furia Épica”. Lo que estaba claro para los dos socios era que tenían que anular a Irán como rival regional... Tampoco podemos hablar de fracaso.

Se dice que Israel se centra en neutralizar el programa nuclear iraní y las capacidades de los misiles balísticos, evitando que un gobierno islamista acceda a armas nucleares; así como el derrocamiento de la República Islámica con una probable restauración de la monarquía a través de Reza Pahlevi. Mientras que el trabajo militar de Estados Unidos sería debilitar la influencia de Irán en la región y fomentar las condiciones para ese anhelado cambio de mando en Teherán, a diferencia de Israel, la intervención estadounidense no busca restaurar al Sha, ni aniquilar la investigación nuclear civil sobre fusión, a pesar de que ello le alejaría de la dependencia energética de hidrocarburos. Es interesante que muchos especialistas coinciden que, en principio, el despliegue naval estadounidense en el Golfo Pérsico estaba destinado a fines defensivos de sus bases y la de sus aliados, parece que no les ha ido muy bien. Tampoco debemos dejarnos llevar por lo que se dice en “todo el mundo”, que es una 'guerra por Israel', ¿puede la mayor potencia mundial ser chantajeada de tal forma…?

Se dice que Trump y el Pentágono intentaron contener el expansionismo israelí, teniendo que intervenir estratégicamente para limitar el alcance de las acciones israelíes que hubiesen sido más catastróficas si actuaban solos, centrándose en neutralizar la fabricación de misiles hipersónicos iraníes. Los hechos y los mensajes iniciales del presidente Trump contradicen las acciones que aducen llevar a cabo. Sea cual haya sido el plan o intención verdadera, fracasó rotundamente. Es lo que el ex diplomático Richard Haass calificó como una "guerra de elección" y un "ataque preventivo" no justificado por un peligro inminente.

De igual forma Irán no tuvo, ni tiene la intención de agredir a países del Golfo, se ha visto forzado a atacar la infraestructura militar estadounidense instalada en esos países: sistemas de radares, instalaciones portuarias, bases para tropas, etc. Irán no ha tenido pena en señalarlo, lo lamenta, no es su intención atacar a esos pueblos árabes, pero ahora las infraestructuras petroleras son claves ya que las suyas han sido atacadas. El conflicto va escalando -conforme se desprende de las acciones que están tomando los bandos- es probable que las cosas vayan a peor para todos, a menos que la sensatez opere en lugar de las mentalidades destructivas.


        Ilustración hecha con IA, relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.  


El pasado mes de enero de 2026, el analista internacional Pepe Escobar advertía en su artículo “Irán, la operación secreta que nadie ve”, que los eventos acontecidos en el país persa desde diciembre del 2025 a enero 2026 no eran simples protestas civiles, se trataba del desarrollo de una batalla geopolítica definitiva que decidirá el futuro de la arquitectura multipolar construida por Rusia y China frente al dominio de Occidente. El epicentro es Irán.

Los políticos tradicionalistas de Estados Unidos (y conste que aún defendemos la posición inicial de Trump, misma que, al fin y al cabo, puso fin al conflicto Israel-Irán del 2025) se niegan a aceptar que el mundo ha cambiado irreversiblemente hacia un sistema de cooperación, sobre todo en Eurasia donde China y Rusia han ido consolidando alianzas estratégicas frente al declive de la influencia estadounidense. Surge, entonces, la advertencia del peligro existencial de una "guerra total" si las élites de Estados Unidos y de Occidente no aceptan esta transición crucial para el destino de la civilización.

Un buen entendedor de la geopolítica sabe que la crisis no se trató de iniciales protestas focalizadas en Irán, tampoco se trató de lograr un simple cambio de mando. Por favor, no seamos ingenuos, dejemos a un lado las legítimas protestas de la población iraní (costo de vida e inflación), el pueblo iraní tiene quejas reales contra su gobierno, es cierto, pero es más cierto que la mayoría no desea una "democracia importada", sembrada mediante bombardeos al estilo Libia, Afganistán, Irak, Siria, etc. Esa conciencia es la causa primaria de que las manifestaciones perdieran fuerza al ser percibidas como un instrumento de intereses extranjeros.

Las protestas formaron parte de una operación estratégica militar y tecnológica dirigida a desmantelar el naciente eje multipolar euroasiático fomentado por Rusia y China, es decir, terminar con la influencia de los BRICS, el objetivo estratégico es destruirlo, eso -de paso- terminará con la influencia regional de Irán. ¿Se han percatado que algunos miembros de los BRICS están involucrados en los dos bandos, por ejemplo, la India o el caso de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí que acogen bases militares estadounidenses?

El presidente Trump inició su mandato buscando retrasar la integración euroasiática para conservar la hegemonía estadounidense. La actual guerra, apunta a destruir el corredor energético euroasiático, frustrar la integración euroasiática del transporte y el comercio. En pocas palabras: frenar el poder económico chino, contener el poder militar ruso y cerrar el poder energético iraní. Trump advirtió a los BRICS sobre el “error” de querer dejar el dólar como moneda de comercio internacional. Al fracasar en su intento de “negociar” ha empezado a operar la etapa del conflicto militar neutralizando a Irán antes de que el sistema financiero alternativo de los BRICS se vuelva totalmente operativo.

Años de presión económica y militar extranjera en contra de Irán no buscaban acuerdos diplomáticos negociables, se trataba de buscar la formas de conseguir un cambio en el poder o lograr el colapso económico de la nación. La crisis fue diseñada y coordinada externamente al más alto nivel militar para paralizar o quebrar a los BRICS, sin importarles el inminente riesgo de una escalada militar y nuclear en la región.

Estamos presenciando un programa geopolítico escenificado para ocasionar el colapso de Irán, que no ha resultado como fue planificado. Una aclaración que romperá el corazón de los ingenuos pero sinceros partidarios de Irán. Entre Rusia, China e Irán no existe una alianza militar de ningún carácter, el error es creer que opera un acuerdo defensivo mutuo ante una agresión foránea, tal cosa no ha existido nunca. Lo que tenemos es un acuerdo estratégico de intercambio tecnológico de carácter militar y obviamente la transferencia o venta de sistemas armamentísticos de defensa o ataque. Tampoco deseamos herir susceptibilidades en los enemigos de Irán, si les encanta que califiquemos de régimen al gobierno iraní, pues que así sea. ¿Afecta eso en algo para saber quién es la víctima de la llamada “Coalición Epstein”?


             ChatGPT. Imagen del 14 de enero 2026


Todos los caminos conducen a un solo objetivo: la destrucción de la arquitectura multipolar proclamada por Rusia y China a la cual Estados Unidos se comprometió unir. Si no es verídico -al menos es creíble- que Estados Unidos y Rusia, luego China aceptaron modificar el “orden basado en reglas” proclamado tras el fin de la segunda guerra mundial, es decir un rediseño de las zonas de influencia de las tres grandes superpotencias de la actualidad, si prefieren llamémoslo un “Nuevo Orden Mundial”. No será la primera vez que Trump rompe los compromisos asumidos. No han sido solo los desafectos en Estados Unidos y en sus socios europeos, es la presencia forzada de Israel, quienes no permiten una nueva forma de coexistencia “pacífica” (llamémosla Paz Armada).

También vale la pena señalar -siempre lo repetiremos- cada vez que las circunstancias lo ameritan, que la única forma de llegar a la paz mundial será cuando Estados Unidos y el “civilizado” mundo Occidental acepten y permitan el libre desarrollo y progreso de Rusia y China. No hablamos de ideologías, sino de cuestiones de economía pura, mercado hay para todos. ¿Acaso no es eso lo que fomenta el capitalismo? Libre derecho a comerciar en el mundo. Claro, como el libre comercio que ofrece China y Rusia va en contra de los intereses de las grandes transnacionales y las altas finanzas de Occidente, urgirá retrasar, romper y eliminar esas emergentes alianzas euroasiáticas porque la verdadera libre competencia económica pone en riesgo la hegemonía estadounidense y la de sus aliados.

¿Cómo se consigue eso? con guerras, la “guerra interminable” de la que nos habla la doctrina estadounidense aplicada en las últimas décadas. Imperiosamente debe atacarse el corredor energético clave para la Franja y la Ruta. Todo inició con la utilización e infiltración de tecnología avanzada, clave para perturbar al estado iraní, mediante los terminales Starlink introducidos de contrabando, permitió la comunicación a pesar de los bloqueos. Esa logística fue preparada desde centros de operaciones en Estados Unidos, Israel, Inglaterra y otros aliados, siguiendo el patrón de las "revoluciones de color" y “primaveras árabes”.

También debe dedicarse un par de palabras a la interacción entre el "sionismo cristiano" o “evangelismo sionista” en Estados Unidos e Israel bajo la cobertura de la administración Trump (hemos abordado el tema AQUÍ) llegando hasta la posible implementación de una "Opción Sansón" por parte de Estados Unidos e Israel ¿Cómo reaccionará el eje multipolar (Rusia/China) ante las amenazas a su arquitectura comercial, actuará junto a la resistencia iraní?... aparentemente están actuando.

Resumamos: La importancia de Irán no radica en su política interna, muy criticada en el mundo. Comprendamos que Irán es la llave maestra del corredor energético euroasiático, es la conexión con China y Rusia. Irán permite que China acceda a energía sin depender de rutas marítimas controladas por la armada estadounidense. El objetivo real es destruir ese corredor energético, consecuentemente su sistema financiero paralelo y las rutas comerciales terrestres antes de que sean irreversibles. El riesgo, por supuesto, es extremo con el despliegue de fuerzas en el Golfo Pérsico y la posibilidad de un ataque preventivo nuclear táctico contra instalaciones iraníes.


          Ilustración de Discovery Alert.


El talentoso analista internacional, Andrew Korybko, dijo: “Trump afirma que la campaña militar de Estados Unidos contra Irán es para ‘defender al pueblo estadounidense’, mientras que muchos críticos han alegado (en broma o no) que es para distraer de los Archivos Epstein, pero pocos observadores se dan cuenta de que en realidad todo gira en torno a China”. La doctrina de Trump fue decidida en su primer mandato, "privar gradualmente a China del acceso a mercados y recursos, idealmente a través de una serie de acuerdos comerciales, para imbuir a Estados Unidos de la influencia indirecta necesaria y descarrilar pacíficamente el ascenso de la superpotencia china".

El “descarrilamiento pacífico” no ha sido posible… tampoco los acuerdos comerciales y los aranceles punitivos de Estados Unidos con la UE y otros países asiáticos han impedido el acceso de China a esos mercados. Entonces van por donde duele… el petróleo: Venezuela, es un caso ejemplificador, aparte de la presión sobre otros grandes productores energéticos como Nigeria. Toda la cuestión es limitar el acceso de China a los recursos para impulsar su ascenso de superpotencia, señala Korybko, en la "Estrategia de Negación" de Estados Unidos.

No hemos valorado el que Estados Unidos necesita que sus aliados regionales del Eje azerí-turco deben seguir proyectando su influencia a lo largo de toda la periferia sur de Rusia. Con eso se consigue un “apalancamiento de recursos sin precedentes sobre China mediante el control por poder de las industrias petroleras y gaseras iraníes, mientras estrecha su cerco a Rusia, lo que supondría un golpe poderoso para la multipolaridad”.

Para el escéptico que duda de estos razonamientos, un ejemplo lo deja muy evidente. El subsecretario de Estado de los EEUU, Christopher Landau, advirtió a Nueva Delhi -el jueves 5 de marzo 2026- sobre el acuerdo comercial que están a punto de concluir. Estados Unidos busca ampliar sus lazos con India, pero no permitirá que se convierta en un competidor fuerte como hizo China. Landau declaró ante el público: "India debe entender que no vamos a cometer los mismos errores que cometimos con China hace 20 años", no "les permitiremos desarrollar todos estos mercados y luego, ya saben, lo siguiente que sabremos es que nos están superando en muchos eventos comerciales"… (sin más comentarios).

¿Está ya claro que el enfrentamiento es entre el "Viejo Mundo" contra la “Nueva Realidad Multipolar” (o sistema multipolar) que ya está operando? A pesar de todo -y por el momento- China es la primera economía en paridad de poder adquisitivo. Rusia es militarmente invencible en su esfera de influencia. No obstante, el dólar en declive frente a alternativas del Sur Global curiosamente ha conseguido un milagro, la guerra con Irán ha estabilizado en algo al dólar y debilitado el euro… cosas inexplicables para un profano de la economía. ¿Seguirá esa tendencia si el conflicto se enciende aún más?

Por motivos de espacio y como se conoce profundamente, no volveré a explicar que la guerra contra Irán viene siendo planificada durante décadas, desde el mismo inició de la revolución islámica de 1979, la guerra ordenada a Saddam Hussein para derrotar a Irán… en fin, la historia relata cronológicamente una continua política de guerra contra Irán, contándose -como no- con la participación de Israel. Una revisión de los planes de guerra desde mediados de la década de 1990 puede ser consultada en las notas a pie de página. Igualmente, referencias al tema han sido planteados en varias oportunidades en este blog (ver etiqueta: Irán) y/o se encuentran fácilmente en el ciberespacio.


          Imagen de ChatGPT del 3 de marzo 2026


Pepe Escobar describe la actitud de las élites occidentales como una "agonía terminal", compara al imperio anglosajón con una supernova: una estrella que, antes de morir, puede destruir todo a su alrededor. A la vez que nos recuerda la aterradora "Opción Sansón" (¿un análisis de riesgo real o una figura retórica para enfatizar la gravedad del momento?). Es sumamente probable que, si el dominio occidental colapsa, las élites preferirían una conflagración global -el Armagedón nuclear tan deseado por los desquiciados fundamentalistas de las élites estadounidenses- antes que aceptar un mundo que no pueden controlar.

La ciudadanía global debe ser capaz de ver más allá de la narrativa mediática y exigir una diplomacia constructiva sobre la dominación parasitaria. La responsabilidad final debe ser asumida por la gente del mundo, no por la exclusividad de una élite psicópata, perturbados alineados a lo que se está denominando la “coalición Epstein”.

Nota: Una necesaria explicación sobre el factor religioso como detonante de la actual guerra en Medio Oriente lo revisaremos en el siguiente post.


Mapas adjuntos:


        
Sitios nucleares


       
Bases militares



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