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21 septiembre 2020

El 0tro 11-S contra Estados Unidos: Bengasi, 11-S 2012



 Introducción por el editor del blog.

 

El 11 septiembre de 2012 fue uno de esos raros casos en que un acontecimiento de magnitud mundial fue profundamente retransmitido y fotografiado. Se ha concluido que el asalto al consulado de los Estados Unidos en Bengasi - Libia estaba anunciado, todos habrían sabido que iba a suceder. El cuándo y cómo, no estaba claro para los infalibles servicios secretos, las alarmas estaban dadas:


- Abril 2012, una boma casera explotó en la verja de la embajada estadounidense;

- Mayo 2012, la sede de la Cruz Roja, llena de personal estadounidense, es ataca por miembros de al Qaeda (al menos así se identifican al reivindicar el ataque);

- Junio 2012, otra bomba es arrojada contra la verja de la embajada;

- Junio 2012, el convoy del embajador británico es atacado en Bengasi, varias miembros de su personal de seguridad quedan heridos;

- Junio 2012, se ataca la embajada de Túnez

Varios grupos de radicales islamistas que se atribuyen los atentados.


Embajador J. Christopher Stevens


El embajador de los Estados Unidos J. Christopher Stevens, fue un funcionario con alta experiencia en Medio Oriente, había servido previamente en Jerusalem, Damasco, El Cairo, Riad, su último cargo, el consulado en Bengasi - Libia. Stevens solicitó al Departamento de Estado reforzar la seguridad del consulado, apenas recibió el apoyo de ex operarios del grupo SEAL que trabajaban para la conocida firma privada de seguridad (mercenarios) Blackwater, una medida insuficiente dada las características físicas del edificio del consulado que no garantizaba su seguridad ni la de sus ocupantes.

Con las condiciones dadas, el 11 de septiembre de 2012, alrededor de 150 milicianos atacan y asaltan por la noche el consulado en Bengasi, para ello usan armas de guerra, fusiles de asalto, granadas y ametralladoras pesadas montadas en vehículos, previamente habían cerrado la zona. Dentro del consulado apenas se encuentra el embajador, un funcionario y cinco hombres de seguridad.

Las medidas de defensa fueron tomadas al interior, se alertó a la embajada en Tripoli, a Blackwater, al Departamento de Estado, al Cuartel General de la Brigada Libia "17 de febrero", incluso a una unidad de combate del US Army cercana a la zona, hasta la CIA trató de calmar a los asediados, diciéndoles que según sus informes del momento no había peligro y que debían seguir informando lo que suceda. El embajador Stevens fue capturado vivo y ejecutado por los milicianos. Cerca de la medianoche se envió un dron de reconocimiento, era demasiado tarde, el recinto diplomático ardía y su principal funcionario estaba muerto.

El presidente Obama prometió llevar a los responsables ante la justicia, se justificó la falta de apoyo a los defensores del complejo diplomático aduciendo que el acto terrorista fue un hecho espontáneo, imposible de preveer


El presidente Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton en rueda de prensa luego del ataque en Bengasi

En junio de 2014, el ciudadano libio Abu Jattala fue capturado en Bengasi en una operación secreta de las fuerzas especiales y del FBI, tras ser interrogado en secreto fue enviado a los Estados Unidos para su proceso que inició en octubre de 2017. Sin embargo, un par de años antes, el 19 de octubre de 2012, The New York Times publicaba un artículo señalando que Ahmed Abu Jattala (o Khattala) se movía en libertad, confiriendo una entrevista a ese diario, expresó que no ha sido interrogado, pese al llamamiento de Estados Unidos a dar con los responsables.

El gobierno, en su escrito de acusación, acusó a Abu Jattala de ser el comandante de Ubaydah Bin Jarrah, milicia de Bengasi que se había unido al grupo "Ansar al Sharia" en 2011 y por dirigir al grupo de militantes hasta la misión diplomática el 11 de septiembre de 2012, traspasar la puerta principal y atacar con rifles de asalto, granadas y otras armas. Amhed Abu Jattala fue condenado en 2017 por cargos de terrorismo, sentenciado a 22 años de prisión. No fue el único procesado por este caso criminal. En enero de 2020, un juez federal condenó al libio Mustafa al-Imam a 19 años de prisión por su participación en los ataques de Bengasi. Los fiscales habían solicitado una condena de 35 años por colaboración en el asalto al consulado. Mustafa al-Imam fue capturado en octubre de 2017. 


Otro informe revelador publicado por The New York Times, el 28 de diciembre de 2013, afirmaba que ni Al Qaeda, ni ninguna otra organización terrorista internacional dirigió ni planificó el ataque de Bengasi. Su artículo titula «Una mezcla mortal en Bengasi». Afirma el rotativo  que "el ataque fue perpetrado por combatientes que se habían beneficiado directamente del apoyo logístico y el extenso poder aéreo de la OTAN durante la rebelión contra el coronel Gadafi... Al contrario de lo que alegan algunos miembros del Congreso, (el ataque) fue alimentado en gran medida por la ira contra un vídeo producido en EE.UU. que denigraba al islam".


El atentado tuvo lugar en plena campaña para las elecciones presidenciales de noviembre de 2012, Barack Obama flameando su intachable lucha contra al Qaeda, exhibiendo su éxito en la localización y muerte de Osama Bin Laden. El ataque al consulado de Bengasi (septiembre) causó gran polémica política, los republicanos culparon al Gobierno de intentar ocultar, por razones electorales, la naturaleza terrorista del suceso. Hillary Clinton, Secretaria de Estado, tuvo que comparecer ante el Congreso por esos sucesos.



Sin embargo, medios como Fox Niews señalaban que, conforme el Comité Permanente de Inteligencia del Congreso, el artículo del Times es "engañoso", al señalar como autor del ataque a Ahmed Abu Jattala de quien se ha demostrado tener como aliado al jefe de la milicia Ansar Al Sharia, una filial de Al Qaeda, organizaciones de las que no existe distinciones.

En fin, cosas de la política estadounidense:

Al principio la tesis era que el ataque fue un acto espontáneo; luego, las autoridades afirmaron que se trató de un ataque previamente planeado. Las autoridades libias y otras fuentes han expresado que los atacantes, probablemente, se valieron de las protestas contra Estados Unidos como tapadera para el ataque y pudieron haber contado con el apoyo de elementos de los servicios de seguridad, sin aclarar cuáles, Libia era (y sigue siendo) un caos tras la caída de Gadafi.

A continuación demos lectura al siguiente reportaje de un polémico medio antigubernamental estadounidense, AMMO, su autor, Sam Jacobs. Sin duda, la fuente de información de este artículo también provocará polémica al tratarse de las siglas de una empresa de venta de armas y municiones para uso civil en los Estados Unidos que declara ser una organización defensora de las libertades civiles, como la conservación de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América, es decir, el derecho de los ciudadanos estadounidense a poseer y portar armas, que forma parte de lo que se denomina "Bill of Rights" o Carta de Derechos estadounidenses. (Sobre ello y sobre AMMO, se ha explicado Aquí . También debe quedar claro que las opiniones políticas de AMMO no son necesariamente compartidas por el editor de este blog. Sus artículos históricos -a pesar de ciertas críticas- suelen ser análisis rigurosos.


***

El ataque de Bengasi: la historia olvidada del ataque de 2012 al consulado de Estados Unidos en Libia

 

Título original en inglés:

The Benghazi Attack: The Forgotten History of the 2012 Attack on the U.S. Consulate in Libya

Sam Jacobs / AMMO


Si dice "11 de septiembre", la mayoría de la gente piensa automáticamente en los ataques contra los edificios del World Trade Center y el Pentágono, el 11 de septiembre de 2001. Lo que probablemente ni siquiera recuerdan sucedió el 11 de septiembre, fueron los ataques al consulado de Estados Unidos en Bengasi, Libia, en 2012.


Una vez que comenzó la Revolución Libia en febrero de 2011, la CIA comenzó a colocar activos en la región, intentando hacer contactos dentro de la región. El embajador J. Christopher Stevens, cuyo nombre e imagen pronto se convertirían en sinónimo de los ataques de Bengasi, fue el primer enlace entre Estados Unidos y los rebeldes. La tarea que tenía ante sí la comunidad de inteligencia estadounidense en ese momento era conseguir armas en el país, sobre todo misiles disparados desde el hombro, tomados del ejército libio.


El este de Libia y Bengasi fueron los principales puntos focales de recopilación de inteligencia en el país. Pero había algo más en juego aquí: la CIA estaba usando el país como base para canalizar armas a las fuerzas anti-Assad en Siria, así como a su supuesta misión diplomática.


Rumores tempranos del desorden en Bengasi

Los problemas comenzaron en abril de 2012. Fue entonces cuando dos ex guardias de seguridad del consulado arrojaron un artefacto explosivo improvisado por encima de la cerca. No se informó de víctimas, pero se arrojó otra bomba contra un convoy apenas cuatro días después. En mayo, la oficina de la Cruz Roja Internacional en Bengasi fue atacada y la filial local de al-Qaeda se atribuyó la responsabilidad. El 6 de agosto, la Cruz Roja suspendió las operaciones en Libia.

Todo esto fue parte de una preocupante escalada de violencia en la región. El embajador británico Dominic Asquith fue víctima de un intento de asesinato el 10 de junio de 2012. Como resultado de esto y de los ataques con cohetes contra convoyes, los británicos retiraron todo su personal consular de Libia a fines de junio de ese año.

El personal militar y consular estadounidense en la escena estaba cada vez más preocupado por la situación y lo comunicaba a los altos mandos a través de canales oficiales. Dos guardias de seguridad en el consulado notaron que un oficial de policía libio (o al menos alguien vestido como tal) tomaba fotografías del edificio, lo que generó alarma. De hecho, los funcionarios consulares habían estado solicitando seguridad adicional desde marzo.

El 6 de junio de 2012, se hizo un gran agujero en la pared de la puerta del consulado. Se estimó que 40 hombres podrían atravesar el agujero en la pared. En julio, el Departamento de Estado informó a los funcionarios sobre el terreno que no se renovaría el contrato de seguridad existente. El 2 de agosto, el embajador Stephens solicitó detalles de seguridad adicionales. El Departamento de Estado respondió eliminando completamente su equipo de seguridad tres días después. Tres días después de esto, su equipo de seguridad había abandonado Libia por completo. El 16 de agosto, el oficial de seguridad regional advirtió a la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton que la situación de seguridad en Libia era "terrible".



El día del ataque a Bengasi: comienza el encubrimiento

El ataque del 11 de septiembre de 2012 fueron en realidad dos ataques de dos milicias distintas. El primero fue el ataque a la misión diplomática, el segundo fue un ataque de mortero al anexo de la CIA. Pero los ataques en sí fueron observados de manera efectiva en tiempo real por la Casa Blanca, gracias a los drones de seguridad en la región. A las 5:10 pm ET (hora exacta de la zona horaria del Este), el presidente Barack Obama, el vicepresidente Joe Biden y el secretario de Defensa Leon Panetta estaban viendo imágenes en tiempo real a través de un dron desplegado en el área. 

Media hora después, el Departamento de Estado se negó oficialmente a desplegar el Equipo Extranjero de Apoyo a Emergencias (FEST). FEST existe específicamente para una respuesta rápida a ataques terroristas en todo el mundo y tiene entrenamiento especial con respecto a la defensa de embajadas estadounidenses. En tres horas, un grupo islámico de la región se atribuyó la responsabilidad del ataque. Aproximadamente seis horas después de los primeros disparos, dos ex SEAL de la Marina que constituían las únicas fuerzas de defensa serias del consulado murieron por fuego enemigo. El dron de vigilancia los había estado observando luchar solos durante más de dos horas.

A las 10:30 de esa noche, Hillary Clinton culpó nebulosamente del ataque a “material incendiario en Internet”. La noción de que el ataque fue motivado por el film La Inocencia de los Musulmanes (Innocence of Muslims, en el original) era absurda: el día anterior al ataque, el líder de al-Qaeda en la región pidió venganza por la muerte de su secretario. Tres días después del ataque, el diario personal de Stephens no estaba protegido, junto con toda la otra información confidencial de inteligencia en el complejo.

Durante días, se culpó a la película a pesar de que la Casa Blanca tenía pleno conocimiento de que se trataba de un ataque terrorista. De hecho, el 14 de septiembre, Barack Obama le prometió al padre de uno de los Navy SEAL asesinados que no llevaría ante la justicia a quienes planearon el ataque, sino al hombre que hizo la película.



El 20 de septiembre de 2012, la Casa Blanca gastó $ 70.000 en videos de disculpas por la película. Un día después, diez días después del ataque, Clinton admitió al público lo que sabía desde hacía más de una semana: que se trataba de un ataque terrorista coordinado. Sin embargo, el día 25, el presidente Barack Obama se dirigió a las Naciones Unidas una vez más culpando al video, dando la que quizás sea una de las citas más memorables de su presidencia: "El futuro no debe pertenecer a quienes difaman al Profeta del Islam".

El 27 de septiembre de 2012, Nakoula Basseley Nakoula fue arrestado en Los Ángeles por violaciones de la libertad condicional, todas las cuales estaban relacionadas con su producción de la película y cumplió un año de cárcel. Más tarde fue condenado a muerte en rebeldía por el gobierno egipcio.

Barack Obama no asistió a su sesión informativa diaria de inteligencia durante seis días consecutivos antes de los ataques, sino que hizo campaña para la reelección contra Mitt Romney.

Susan Rice, que entonces actuaba como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, estuvo presente en no menos de cinco importantes programas de entrevistas de los domingos por la mañana, un proceso conocido como "el Ginsburg completo" (The Full Ginsburg). En estos programas, estaba armada con una serie de puntos de conversación de la CIA que incluyeron la falsa afirmación de que se trataba de protestas espontáneas inspiradas en protestas similares contra la Embajada de Estados Unidos en El Cairo, sin conexión con el terrorismo institucional.


Las apariciones de Rice y los puntos de conversación que se le proporcionaron confirman aún más un patrón general: la administración Obama fue fundamentalmente incapaz de reconocer quién era el verdadero enemigo. Y cuando las cosas salieron mal, la atención no se centró en corregirlas para proteger a los estadounidenses en el futuro, sino en proteger la imagen de la Administración Obama, sobre todo el Presidente y la Secretaria de Estado. Por lo tanto, la culpa pasó de los grupos terroristas islámicos a un video de YouTube.


Las (aparentemente interminables) investigaciones de Bengasi.

Hubo no menos de 10 investigaciones sobre el ataque a Bengasi, ninguna de las cuales encontró evidencia de irregularidades, a pesar de que varias de ellas habían sido dirigidas por republicanos.

Sin embargo, el público estadounidense obtuvo información valiosa de estas audiencias, y no menos importante que Hillary Clinton no valora la vida de los militares estadounidenses. Por ejemplo, la atención de los correos electrónicos eliminados de Hillary Clinton llegó por primera vez al Departamento de Estado y al Congreso de los Estados Unidos gracias a estas investigaciones. De hecho, aproximadamente 30 de los mensajes de correo electrónico que "se llevó el viento" de su servidor privado, casero, estaban relacionados con la falta de respuesta al ataque a Bengasi. Esto es según el propio Departamento de Estado.


Pero aún queda la pregunta: ¿Por qué dejar morir a estos hombres? ¿Y por qué mentir sobre eso durante días después del hecho?


La respuesta radica en dos preocupaciones políticas: primero, la reelección de Barack Obama; segundo, la candidatura prevista de Hillary Clinton.

La fecha del ataque es muy importante: eran las últimas semanas de una campaña electoral presidencial. Y aunque Obama ganó cómodamente (en gran parte debido a la imagen distante y patricia del director de Bain Capital, Mitt Romney), no es más que un político inteligente. Un ataque contra el Consulado de los Estados Unidos en Libia no era algo que quisiera en la conciencia pública durante una temporada electoral, sobre todo si era el resultado de un ataque terrorista de lo que antes había sido una nación estable, que poco a poco entró en el redil de lo que eufemísticamente se llama "la comunidad internacional".

Para Clinton, la situación era aún más grave. De hecho, "se adueñó" de la situación en Libia, ya que la reconstrucción (y en última instancia, la destrucción) del norte de África fue uno de los proyectos emblemáticos de su mandato en el Estado. Es más, ella ciertamente era dueña de la situación de seguridad en el terreno, que probablemente nunca fue segura.

El edificio recibió la designación de "temporal", en gran parte para eludir una serie de regulaciones que se aplican a los edificios permanentes del Departamento de Estado. La solicitud de más seguridad del Embajador Stephens podría haber sido un mal consejo, no porque fuera imposible asegurar la ubicación de ninguna manera a largo plazo y sostenible. El movimiento correcto podría haber sido eliminar por completo al personal estadounidense, pero esto habría ido en contra de la narrativa oficial de que todo iba a las mil maravillas en Libia.


Otros países y organizaciones (como la Cruz Roja) se estaban yendo porque no podían proteger a su gente. El Departamento de Estado de Clinton vio esto como impensable, porque representaría un fracaso y contradeciría la narrativa.


Y aunque los comités liderados por republicanos no encontraron ninguna irregularidad, es importante señalar que también se quejaron de que la administración los bloqueó en todo momento. Es difícil descubrir evidencia de irregularidades cuando hay una campaña institucional para evitar que obtenga alguna evidencia.


Varios denunciantes y otras fuentes muestran que había fuerzas adicionales listas para ir a la región a defender el consulado. Entonces, ¿por qué no se desplegó ninguno de ellos? ¿Por qué se perdieron cuatro vidas estadounidenses debido a la inacción en los niveles más altos del gobierno?


La razón por la que no se desplegó a nadie quizás se deba más a la incompetencia y la mala política que a cualquier tipo de conspiración. Nuestro artículo sobre el 11 de septiembre es instructivo sobre este asunto: a veces el encubrimiento es una conspiración para ocultar la idiotez y el fracaso del evento real. En el caso de Bengasi, si bien hay evidencia que apunta hacia un encubrimiento por motivos políticos, el evento real, como los ataques del 11 de septiembre, parece ser principalmente el resultado de una mala política e incompetencia más que de malicia.

En este caso, la mala política fue el deseo de la administración Obama de evitar incluso la apariencia de “botas en el suelo” y retorcerse las manos por obtener el permiso de Libia (y de otros 12 países) para desplegar asistencia al consulado. Esto fue parte de la filosofía política general de apaciguamiento de los terroristas islámicos que caracterizó a la Administración Obama.



Esto explica las órdenes de retiro que las fuentes oficiales han negado, pero que han sido confirmadas por varios denunciantes y documentos filtrados desde los ataques.

Tanto el presidente como el secretario de Defensa emitieron órdenes de desplegar fuerzas, pero no se desplegó ninguna. Una vez que se confirmó la desaparición del embajador, se celebró una reunión de dos horas en la que los principales hombres de la administración Obama propusieron una serie de elementos de acción, la mayoría relacionados con el video de YouTube (cinco de los diez elementos de acción estaban relacionados con el video) o retorcerse las manos por la falta de permiso del gobierno libio para proteger nuestras propias fuerzas.

Los estadounidenses en el anexo de la CIA fueron finalmente evacuados al aeropuerto por miembros de una milicia compuesta por antiguos leales al régimen de Gadafi, no por las milicias de oposición que estaban nominalmente aliadas con los Estados Unidos. Mientras tanto, las fuerzas estadounidenses reales pasaron mucho tiempo poniéndose y quitándose sus uniformes y equipo táctico porque las instrucciones de Washington cambiaban minuto a minuto.

Fue una parálisis total de la acción sobre el terreno por parte de los altos mandos en DC, porque tenían miedo de que pareciera que se estaban desplegando fuerzas terrestres, tanto desde la perspectiva de la respuesta política en casa como desde la respuesta política en Libia. Como resultado, cuatro estadounidenses murieron y se implementó un encubrimiento masivo para proteger a los responsables de una inacción gravemente negligente.

Después del hecho, se enviaron correos electrónicos, cuyo propósito no era tanto averiguar qué salió mal para evitar que volviera a suceder y asignar responsabilidades, como asegurarse de que todos estuvieran en sintonía con respecto a los puntos de conversación.


El ataque a Bengasi, la muerte de cuatro estadounidenses y el consiguiente encubrimiento son una visión profunda de la realidad que se esconde detrás de muchas de las llamadas "teorías de la conspiración". 


Lo que comenzó como una torpeza burocrática y una torpeza impulsada ideológicamente se convirtió en un encubrimiento y, en cierto sentido, una conspiración después de los hechos. Nada de esto tiene la intención de liberar a Obama-Clinton. De hecho, ninguna de las críticas a Obama-Clinton se vuelve menos aguda cuando se las considera incompetentes y encubridoras.

Sam Jacobs

10 septiembre 2020

¿Dónde estaba Osama bin Laden el 11 de septiembre de 2001?




por Michel Chossudovsky
Global Research


Nota del editor del blog 

Michel Chossudovsky es el autor de la mejor investigación global de 2005 sobre la “Guerra contra el terrorismo” de Estados Unidos, conocido profesor de economía en la Universidad de Ottawa y director del Centro de Investigación sobre la Globalización.

El siguiente artículo fue publicado originalmente hace 14 años, el 9 de septiembre de 2006, en el contexto de la conmemoración del trágico evento de septiembre de 2001. Ha sido reeditado el 10 de septiembre de 2010, 10 septiembre 2015, el 21 de octubre de 2018 y el 5 de septiembre de 2020. El interés por el tema de los atentados a las Torres Gemelas de New York persiste. El análisis del profesor Chossudovsky sigue siendo válido y es una fuente de referencia para los investigadores del presente.

Nota: Los lectores pueden publicar este artículo de forma cruzada con el fin de correr la voz y advertir a la gente sobre los peligros de una guerra más amplia en Oriente Medio. Indique la fuente y la nota de copyright. 

Al dar repaso a este artículo debe tenerse en cuenta la fecha de su publicación -2005 - está redactado en tiempo presente de aquel momento. Todas las fotografías, incluida la portada, son adiciones del editor de este blog.


***


En 2015 el profesor Chossudovsky señalaba:

"El paradero de Osama bin Laden el 10 de septiembre de 2001 fue confirmado por CBS News Report. Osama había sido hospitalizado el 10 de septiembre de 2001, un día antes de los ataques del 11 de septiembre. ¿Cómo diablos pudo haber coordinado los ataques desde su cama de un hospital militar paquistaní fuertemente vigilado ubicado en Rawalpindi?
Tenga en cuenta que el Hospital Militar Combinado de Rawalpindi (bajo la administración del ejército paquistaní) exclusivamente “brinda tratamiento especializado al personal del Ejército y su familia inmediata”. Osama bin Laden debe haber tenido algunas conexiones en el ejército o la inteligencia paquistaníes para ser admitido en el hospital. Según el informe de CBS de Dan Rather, se le proporcionó "tratamiento para una persona muy especial".
Si el informe de CBS de Dan Rather es exacto y Osama había sido admitido en el hospital militar paquistaní el 10 de septiembre de 2001, cortesía del aliado de Estados Unidos, con toda probabilidad estaba todavía en el hospital de Rawalpindi el 11 de septiembre, cuando los ataques ocurrieron. Con toda probabilidad, los funcionarios estadounidenses conocieron su paradero en la mañana del 12 de septiembre, cuando el secretario de Estado Colin Powell inició negociaciones con Pakistán, con miras a arrestar y extraditar a bin Laden.
El informe de CBS es una bomba potencial. Invalida la “leyenda” de Osama bin Laden creada por la inteligencia estadounidense. Arroja dudas sobre la noción de que Osama fue el "cerebro" detrás de los ataques del 11 de septiembre. Apunta al encubrimiento y la complicidad en las más altas esferas de la administración estadounidense.



El presunto asesinato de Osama bin Laden por el presidente Obama (abril de 2011) fue parte de una estratagema de propaganda. Osama fue el presunto arquitecto del 11-S, organizando y coordinando los ataques del 11 de septiembre desde su cama de hospital en la sala de urología del hospital militar de Rawalpindi. La historia oficial fue que se desconocía su paradero el 11 de septiembre al salir del hospital" .
 (Michel Chossudovsky, 10 de septiembre de 2015) 

 ***

"Ir tras bin Laden" ha servido para mantener la leyenda del "terrorista más buscado del mundo", que "persigue a los estadounidenses y a millones de personas en todo el mundo".

Donald Rumsfeld ha afirmado repetidamente que el paradero de Osama bin Laden sigue siendo desconocido: “Es como buscar una aguja en un montón de heno”.

En noviembre de 2001, bombarderos estadounidenses B-52 bombardearon una red de cuevas en las montañas Tora Bora, en el este de Afganistán, donde presuntamente se escondían Osama bin Laden y sus seguidores. Estas cuevas fueron descritas como "la última fortaleza de Osama".

Los “analistas de inteligencia” de la CIA concluyeron posteriormente que Osama había escapado de su cueva en Tora Bora en la primera semana de diciembre de 2001. En enero de 2002, el Pentágono lanzó una búsqueda mundial de Osama y sus principales lugartenientes, más allá de las fronteras de Afganistán. Esta operación, denominada por el secretario de Estado Colin Powell como una “persecución en caliente”, se llevó a cabo con el apoyo de la “comunidad internacional” y los aliados europeos de Estados Unidos. Las autoridades de inteligencia estadounidenses confirmaron al respecto que:




“Mientras que Al Qaeda ha sido destruida de manera significativa,… el hombre más buscado, el propio Bin Laden, sigue un paso por delante de Estados Unidos, con el núcleo de su red terrorista mundial todavía en su lugar. (Global News Wire - Asia Africa Intelligence Wire, InfoProd, 20 de enero de 2002)

Durante los últimos cinco años, el aparato militar y de inteligencia de Estados Unidos (a un costo considerable para los contribuyentes estadounidenses) ha estado “buscando a Osama”. Se estableció una unidad de la CIA con un presupuesto multimillonario, con el mandato de encontrar a Osama. Al parecer, esta unidad se disolvió en 2005. “Los expertos en inteligencia están de acuerdo”, se esconde en una zona remota de Pakistán, pero “no podemos encontrarlo”:

“La mayoría de los analistas de inteligencia están convencidos de que Osama bin Laden está en algún lugar de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Últimamente, se ha dicho que probablemente se encuentra en las cercanías del pico Tirich Mir de Hindu Kush de 7700m en el área tribal de Chitral en el noroeste de Pakistán". Hobart Mercury (Australia), 9 de septiembre de 2006)


El presidente Bush ha prometido repetidamente "sacarlo a humo" de su cueva, capturarlo vivo o muerto, si es necesario mediante ataques terrestres o con misiles. Según una declaración reciente del presidente Bush, Osama se esconde en una zona remota de Pakistán que "es extremadamente montañosa y muy inaccesible, ... con altas montañas entre 9.000 y 15.000 pies de altura ...". No podemos atraparlo porque, según el presidente, no hay infraestructura de comunicaciones, lo que nos permitiría ir tras él de manera efectiva. (citado en Balochistan Times, 23 de abril de 2006)

La búsqueda de Osama se ha convertido en un proceso altamente ritualizado que alimenta la cadena de noticias a diario. No solo es parte de la campaña de desinformación mediática, sino que también justifica el arresto arbitrario, la detención y la tortura de numerosos "sospechosos", "combatientes enemigos" y "cómplices", que supuestamente podrían estar al tanto del paradero de Osama. Y esa información es, por supuesto, vital para "la seguridad de los estadounidenses".

La búsqueda de Osama sirve tanto a objetivos militares como políticos. Los demócratas y republicanos compiten en su determinación de eliminar el "terrorismo islámico".

The Path to 9/11, una serie de ABC de cinco horas sobre "la búsqueda de Osama" -que hace su debut los días 10 y 11 de septiembre para conmemorar el quinto aniversario de los ataques- acusa casualmente a Bill Clinton de haber estado "demasiado ocupado con el escándalo de Monica Lewinsky para luchar contra el terrorismo". El mensaje de la película es que los demócratas descuidaron la "guerra contra el terrorismo".




El hecho es que todas las administraciones, desde Jimmy Carter, han apoyado y financiado la red de "terror islámico", creada durante la administración Carter al comienzo de la guerra afgano-soviéticaAl Qaeda es un instrumento de inteligencia de Estados Unidos: un activo de inteligencia patrocinado por Estados Unidos.

¿Dónde estaba Osama el 11 de septiembre? 

Hay pruebas de que la administración Bush conoce el paradero de Osama

El 10 de septiembre de 2001, el "Enemigo número uno" estaba en un hospital militar paquistaní en Rawalpindi, cortesía del indefectible aliado de Estados Unidos, Pakistán, según lo confirma un informe de Dan Rather, CBS News

Podría haber sido arrestado con poca antelación, lo que nos habría "ahorrado muchos problemas", pero entonces no hubiéramos tenido una Leyenda Osama, que ha alimentado la cadena de noticias, así como los discursos de George W en el transcurso de los últimos cinco años.

Según Dan Rather, CBS, Bin Laden fue hospitalizado en Rawalpindi. un día antes de los ataques del 11 de septiembre, el 10 de septiembre de 2001. 

video


 
11-9 Bin Laden en el Hospital Rawalpindi, 
10 de septiembre

"Pakistán. La Inteligencia Militar de Pakistán (ISI) dijo a CBS que bin Laden había recibido tratamiento de diálisis en Rawalpindi, en el cuartel general del Ejército de Pakistán".

Transcripción del video 

DAN RATHER, PRESENTADOR DE CBS: Mientras Estados Unidos y sus aliados en la guerra contra el terrorismo presionan en la búsqueda de Osama bin Laden, CBS News tiene información exclusiva esta noche sobre dónde estaba bin Laden y qué estaba haciendo en las últimas horas antes de que sus seguidores atacaran Estados Unidos el 11 de septiembre.
Este es el resultado de los informes de investigación rigurosos de un equipo de periodistas de noticias de CBS y de uno de los mejores corresponsales extranjeros en el negocio, Barry Petersen de CBS. Aquí está su informe.
(COMIENZA EL VIDEOTAPE) BARRY PETERSEN, CORRESPONSAL DE CBS (voz en off): Todos recuerdan lo que sucedió el 11 de septiembre. Aquí está la historia de lo que pudo haber sucedido la noche anterior. Es una historia tan retorcida como la caza de Osama bin Laden.
Se ha dicho a CBS News que la noche antes del ataque terrorista del 11 de septiembre, Osama bin Laden estaba en Pakistán. Estaba recibiendo tratamiento médico con el apoyo de los mismos militares que días después prometieron su respaldo a Estados Unidos, guerra contra el terrorismo en Afganistán.
Fuentes de inteligencia de Pakistán le dijeron a CBS News que bin Laden fue trasladado a este hospital militar en Rawalpindi para un tratamiento de diálisis renal. Esa noche, dice este trabajador médico que quería que se protegiera su identidad, sacaron a todo el personal regular del departamento de urología y enviaron un equipo secreto para reemplazarlos. Dice que fue un tratamiento para una persona muy especial. El equipo especial obviamente no tramaba nada bueno.
“Los militares lo tenían rodeado”, dice este empleado del hospital que también quería que se ocultara su identidad, “y vi al misterioso paciente ayudado a salir de un automóvil. Desde entonces”, dice, “he visto muchas fotos del hombre. Es el hombre que conocemos como Osama bin Laden. También escuché a dos oficiales del ejército hablando entre ellos. Decían que había que vigilar y cuidar a Osama bin Laden cuidadosamente”. Quienes conocen a Bin Laden dicen que padece numerosas dolencias, problemas de espalda y de estómago. Ahmed Rashid, que ha escrito extensamente sobre los talibanes, dice que el ejército solía estar allí para ayudar antes del 11 de septiembre.
(…)
PETERSEN (en cámara): Los médicos del hospital le dijeron a CBS News que esa noche no había nada especial, pero rechazaron nuestra solicitud de ver los registros. Esta noche, los funcionarios del gobierno negaron que bin Laden hubiera recibido tratamiento médico esa noche.
(voz en off): Pero fue el presidente de Pakistán, Musharraf, quien dijo en público lo que muchos sospechaban, que bin Laden padece una enfermedad renal, y dijo que cree que bin Laden puede estar cerca de la muerte. Su evidencia, viendo este video más reciente, muestra a un bin Laden pálido y demacrado, su mano izquierda nunca se mueve. Los funcionarios de la administración Bush admiten que no saben si Bin Laden está enfermo o incluso muerto.
DONALD RUMSFELD, SECRETARIO DE DEFENSA: Con respecto al tema de la salud de Osama bin Laden, simplemente yo, no tengo ningún conocimiento.
PETERSEN: Estados Unidos no tiene forma de saber quién en el ejército o la inteligencia de Pakistán apoyó a los talibanes o a Osama bin Laden, tal vez hasta la noche anterior al 11 de septiembre, organizando diálisis para mantenerlo con vida. Por tanto, es posible que Estados Unidos no sepa si esas mismas personas podrían ayudarlo de nuevo a alcanzar la libertad.
Barry Petersen, CBS News, Islamabad.
(FIN VIDEOTAPE)
Copyright CBS News 2002
(CBS News, 28 de enero de 2002)


Cabe señalar que el hospital está directamente bajo la jurisdicción de las Fuerzas Armadas de Pakistán, que tiene estrechos vínculos con el Pentágono. Asesores militares estadounidenses con base en Rawalpindi trabajan en estrecha colaboración con las Fuerzas Armadas de Pakistán. Una vez más, no se hizo ningún intento de arrestar al fugitivo más conocido de Estados Unidos, pero quizás Bin Laden estaba sirviendo a otro "mejor propósito". Rumsfeld afirmó en ese momento que no tenía conocimiento sobre la salud de Osama. (CBS News, 28 de enero de 2002)

El informe de CBS es una pieza de información crucial en nuestra comprensión del 11 de septiembre.

CBS refuta la afirmación de la administración de que se desconoce el paradero de Bin Laden. Apunta a una conexión con Pakistán, sugiere un encubrimiento en los niveles más altos de la administración Bush.

Dan Rather y Barry Petersen no logran extraer las implicaciones de su informe de enero de 2002. Sugieren que Estados Unidos fue engañado deliberadamente por funcionarios de inteligencia paquistaníes. No hacen la pregunta:

- ¿Por qué la administración estadounidense afirma que no pueden encontrar a Osama?

Si quieren mantener su informe, la conclusión es obvia. La administración miente. Se conocía el paradero de Osama bin Laden.

Si el informe de CBS es exacto y Osama había sido admitido en el hospital militar paquistaní el 10 de septiembre, cortesía del aliado de Estados Unidos, todavía estaba en el hospital en Rawalpindi el 11 de septiembre, cuando ocurrieron los ataques, o había sido liberado del hospital en las últimas horas antes de los ataques.

En otras palabras, funcionarios estadounidenses conocieron el paradero de Osama en la mañana del 12 de septiembre, cuando el secretario de Estado Colin Powell inició negociaciones con Pakistán, con miras a arrestar y extraditar a bin Laden. Estas negociaciones, lideradas por el general Mahmoud Ahmad, jefe de la inteligencia militar de Pakistán, en nombre del gobierno del presidente Pervez Musharraf, tuvieron lugar los días 12 y 13 de septiembre en la oficina del subsecretario de Estado Richard Armitage.

Pudo haber sido arrestado con poca antelación al 10 de septiembre de 2001. Pero entonces no hubiéramos tenido el privilegio de años de historias de los medios relacionados con Osama. La administración Bush necesita desesperadamente la ficción de un "enemigo exterior de Estados Unidos".

La conocida y documentada Al Qaeda de Osama bin Laden es una construcción del aparato de inteligencia de Estados Unidos. Su función esencial es darle rostro a la “guerra contra el terrorismo”. La imagen debe ser vívida.


Según la Casa Blanca:

La mayor amenaza para nosotros es esta ideología de extremismo violento, y su mayor defensor público es Osama bin Laden. Bin Laden sigue siendo el objetivo número uno, en términos de nuestros esfuerzos, pero no es el único objetivo". (Reciente declaración de la asistente de seguridad nacional de la Casa Blanca, Frances Townsend, 5 de septiembre de 2006).

La doctrina de la seguridad nacional se basa en la ficción de los terroristas islámicos, liderados por Osama, que son retratados como una "amenaza para el mundo civilizado". En palabras del presidente Bush: 

“Bin Laden y sus aliados terroristas han dejado sus intenciones tan claras como Lenin y Hitler antes que ellos. La pregunta es ¿escucharemos? ¿Prestaremos atención a lo que dicen estos hombres malvados? Estamos a la ofensiva. No descansaremos. No nos retiraremos. Y no nos retiraremos de la lucha hasta que esta amenaza a la civilización haya sido eliminada". (citado por CNN, 5 de septiembre de 2006)

La "persecución" de Osama en las escarpadas zonas montañosas de Pakistán debe continuar, porque sin Osama, mencionado hasta la saciedad en los informes de noticias y declaraciones oficiales, la frágil legitimidad de la administración Bush se derrumba como una baraja de cartas.

Además, la búsqueda de Osama protege a los verdaderos artífices de los ataques del 11-9. Si bien no hay evidencia de que Al Qaeda estuviera detrás de los ataques del 11-9, como lo revelan numerosos estudios y documentos, existe una creciente evidencia de complicidad y encubrimiento en los más altos niveles del aparato estatal, militar y de inteligencia.

El arresto continuado de presuntos cómplices y sospechosos del 11-9 no tiene nada que ver con la "seguridad nacional". Crea la ilusión de que árabes y musulmanes están detrás de los complots terroristas, al tiempo que desvía la realización de una investigación criminal real sobre los ataques del 11-9. Y de lo que se trata es de la criminalización de las altas esferas del Estado.



Trabajador del hospital: "Vi a Osama"

La noticia tal como la publicó CBS News ya no está disponible en la red. Constaba en el siguiente enlace:   

28 de enero de 2002

Cita:
“Los militares lo tenían rodeado. He visto muchas fotos del hombre. Es el hombre que conocemos como Osama bin Laden”. Empleado del hospital.
(CBS) Todos recuerdan lo que sucedió el 11 de septiembre y el informe del corresponsal de CBS News, Barry Petersen, aquí está la historia de lo que pudo haber sucedido la noche anterior.
En una historia tan retorcida como la búsqueda de Osama bin Laden, CBS Evening News ha dicho que la noche antes del ataque terrorista del 11 de septiembre, Osama bin Laden estaba en Pakistán. Estaba recibiendo tratamiento médico con el apoyo de los mismos militares que días después se comprometieron a respaldar la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo en Afganistán.
Fuentes de inteligencia de Pakistán le dijeron a CBS News que bin Laden fue trasladado a un hospital militar en Rawalpindi para recibir tratamiento de diálisis renal.
"Esa noche", dijo un trabajador médico que quería que se protegiera su identidad, "sacaron a todo el personal regular del departamento de urología y enviaron un equipo secreto para reemplazarlos". Dijo que era un tratamiento para una persona muy especial y que "el equipo especial obviamente no tramaba nada bueno".
“Los militares lo tenían rodeado”, dijo un empleado del hospital que también quería que se ocultara su identidad, “y vi al misterioso paciente ayudado a salir de un automóvil. Desde entonces", dijo, “he visto muchas fotos del hombre. Es el hombre que conocemos como Osama bin Laden. También escuché a dos oficiales del ejército hablando entre ellos. Decían que había que vigilar y cuidar a Osama bin Laden cuidadosamente”.
Quienes conocen a Bin Laden dicen que padece numerosas dolencias: problemas de espalda y de estómago.
Ahmed Rashid, que ha escrito extensamente sobre los talibanes, dijo que el ejército solía estar allí para ayudar antes del 11 de septiembre.
"Hubo informes de que la inteligencia de Pakistán había ayudado a los talibanes a comprar máquinas de diálisis y el rumor era que eran buscados por Osama bin Laden", dijo Rashid.
Los médicos del hospital le dijeron a CBS News que no había nada especial en esa noche, pero rechazaron nuestra solicitud de ver los registros. Los funcionarios del gobierno contactados el lunes por la noche negaron que bin Laden hubiera recibido tratamiento médico esa noche.
Un funcionario estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, dijo el martes que Estados Unidos no ha visto nada que corrobore el informe.
Fue el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, quien dijo en público lo que muchos sospechaban: que bin Laden sufre de una enfermedad renal, y dijo que cree que bin Laden puede estar cerca de la muerte.
Su evidencia: ver el video más reciente, que muestra a un bin Laden pálido y demacrado, sin mover la mano izquierda. Los funcionarios de la administración Bush admiten que no saben si Bin Laden está enfermo o incluso muerto.
“Con respecto al tema de la salud de Osama bin Laden, simplemente… no tengo ningún conocimiento”, dijo el secretario de Defensa Donald Rumsfeld.
Estados Unidos no tiene forma de saber quién en el ejército o la inteligencia de Pakistán apoyó a los talibanes o a Osama bin Lade, tal vez hasta la noche anterior al 11 de septiembre organizando diálisis para mantenerlo con vida. Por lo tanto, es posible que Estados Unidos no sepa si esas mismas personas podrían ayudarlo nuevamente, tal vez a la libertad.
 Copyright CBS News 2002



La fuente original de este artículo es  Global Research
Copyright © Profesor Michel Chossudovsky , Global Research 2020

26 agosto 2020

El extraño caso del asesinato de Rafik Hariri. ¿Quién mismo lo mató? (II)



Revelaciones sobre el asesinato de Rafik Hariri

por Thierry Meyssan
29 noviembre 2010
Red Voltaire

Mientras que la prensa comercial occidental anuncia la inminencia de una inculpación de los dirigentes del Hezbollah por el Tribunal Especial para el Líbano de la ONU, la revista rusa Odnako puso en tela de juicio la investigación realizada por las Naciones Unidas. Según el periodista francés Thierry Meyssan, el ex Primer ministro libanés Rafiq Hariri fue asesinado con un nuevo tipo de arma, arma proporcionada a los asesinos por Alemania. El ex fiscal alemán encargado y responsable de llevar a cabo la investigación de la ONU, es decir el Sr. Detlev Mehlis, habría falsificado una pista y diversos indicios para ocultar la responsabilidad de su país. Estas revelaciones comprometen al Tribunal y permiten que al fin se vaya esclareciendo la verdad.




Los múltiples conflictos que agitan el Medio Oriente se cristalizan actualmente alrededor del Tribunal Especial para el Líbano. La paz y la guerra dependen de ese tribunal. Unos piensan que debe permitir el desmantelamiento del Hezbollah, someter a la Resistencia e instaurar la Pax Americana. Otros estiman que está pisoteando el derecho para garantizar el triunfo de un nuevo orden colonial en la región.

El Tribunal Especial para el Líbano fue creado, el 30 de mayo de 2007, en virtud de la Resolución 1757 del Consejo de Seguridad de la ONU para juzgar a los que supuestamente ordenaron el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri. En el contexto de aquella época eso significaba nada más y nada menos que juzgar a los presidentes en ejercicio de Siria y del Líbano, respectivamente Bachar el-Assad y Emile Lahoud, odiados por los neoconservadores. 

Pero resultó que aquella pista no reposaba en elementos concretos y que había sido fabricada mediante testigos falsos. Al no tener a quién juzgar, el Tribunal Especial para el Líbano hubiese podido desaparecer en el limbo de la burocracia cuando un incidente digno de una obra de teatro lo convirtió nuevamente en centro de los conflictos políticos regionales. El 23 de mayo de 2009, el periodista atlantista Erich Follath reveló en el sitio web Spiegel Online que el fiscal que se estaba preparando para inculpar a un nuevo grupo de sospechosos: varios dirigentes del ala militar del Hezbollah. Hace 18 meses que el secretario general del Hezbollah, Hassan Nasrallah, viene proclamando la inocencia de ese movimiento. Nasrallah afirma que el objetivo de la acusación no es otro que decapitar la Resistencia para dejar la región en manos del ejército israelí. Por su parte, la administración estadounidense adopta de pronto poses de defensora del derecho y afirma que nadie puede sustraerse a la Justicia internacional.

En todo caso, la acusación formal –que todos creen ya inminente– contra los líderes chiítas por el asesinato de un líder sunnita es capaz de provocar la fitna, o sea la guerra civil musulmana, lo cual sumiría nuevamente la región en una sangrienta confusión.

De visita oficial en Moscú, el 15 y el 16 de noviembre, Saad Hariri –actual primer ministro del Líbano e hijo del difunto Rafik Hariri– repitió que la politización del Tribunal Especial para el Líbano puede provocar un nuevo conflicto en su país. El presidente ruso Medvedev le respondió que Rusia desea que se imponga la justicia y que condena todo esfuerzo tendiente a desacreditar, debilitar o retrasar el trabajo del tribunal. Esta posición de principio se basa en la confianza que el Kremlin deposita a priori en el Tribunal Especial para el Líbano, confianza que seguramente se resquebrajará ante las revelaciones publicadas en Odnako.


El presente artículo se publicó originalmente en la Revista Odnako, Rusia, 29 noviembre 2010

Quisimos, en efecto, pasar en revista los detalles del asesinato de Rafik Hariri. Y los elementos que hemos descubierto señalan una nueva pista, ante la cual cabe preguntarse por qué nunca se ha explorado en ese sentido. Durante nuestra larga investigación nos reunimos con numerosos protagonistas, sin duda demasiados, al extremo que se ha sabido que estábamos investigando, lo cual ha sembrado inquietud entre quienes favorecen la pista que supuestamente conduce a la Resistencia libanesa. En un esfuerzo tendiente a intimidarnos, el Jerusalem Post lanzó el 18 de octubre (2010) un ataque preventivo, bajo la forma de un largo artículo dedicado a nuestro trabajo. De manera puramente difamatoria, dicho artículo acusa al autor de este trabajo de haber recibido de Irán un millón de dólares como pago por exonerar al Hezbollah.

Pasemos ahora a los hechos

La caravana de Rafik Hariri fue atacada en Beirut el 14 de febrero de 2005. El atentado dejó un saldo de 23 muertos y un centenar de heridos. Un informe preliminar del Consejo de Seguridad de la ONU subraya las reacciones poco profesionales de los policías y magistrados libaneses. Para remediar lo anterior, el Consejo de Seguridad comisiona entonces a sus propios investigadores, a los que proporciona importantes recursos que el Líbano no posee. Desde el principio de dichas investigaciones se da por sentado que el atentado era obra de un kamikaze que conducía una camioneta abarrotada de explosivos.

Ya que la comisión de la ONU había sido creada para aportar el profesionalismo del que carecían los libaneses, era de esperar que dicha comisión siguiera escrupulosamente los procedimientos clásicos de la criminalística. Pero no fue así. El análisis de la escena del crimen, sobre la base de su topografía –que se mantiene intacta– y de las fotos y videos de aquel día, no se hizo detalladamente. Las víctimas no fueron exhumadas ni se realizaron autopsias. Durante mucho tiempo nada se hizo para confirmar el modus operandi. Después de descartar la hipótesis de una bomba previamente enterrada en el lugar de los hechos, los investigadores dieron como cierta la versión de la camioneta, sin verificarla.




Se trata, sin embargo, de una versión inadmisible. Cualquier observador puede notar, en el lugar del crimen, la existencia de un profundo y amplio cráter que no puede ser resultado de una explosión superficial. Ante la insistencia de los expertos suizos, que se niegan a validar la versión oficial, el Tribunal Especial para el Líbano procedió a reconstruir los hechos, a puertas cerradas, el pasado 19 de octubre. La reconstrucción no se hizo en el Líbano, ni siquiera en Holanda, donde tiene su sede el Tribunal Especial para el Líbano, sino en Francia, uno de los Estados que más aporta al financiamiento del Tribunal. Allí se construyeron edificaciones similares a las de la escena del crimen e incluso se llevó tierra de Beirut. Se conformó una caravana similar (a la que acompañaba a Rafik Hariri), incluyendo un automóvil blindado. Se trataba de demostrar que la altura de los inmuebles de concreto había creado un efecto de confinamiento en el momento de la explosión, de manera tal que la onda expansiva había podido provocar el cráter. Los resultados de ese costoso experimento no se han dado ha conocer.




Lo primero que se nota en las fotos y videos tomados inmediatamente después del atentado es el incendio. Autos en llamas y todo tipo de objetos incendiados se ven por todas partes. Se puede ver que los cuerpos de las víctimas están carbonizados por un lado e intactos por el otro. Esto es muy sorprendente y no tiene nada que ver con los efectos de los explosivos clásicos. La teoría sobre la existencia en la camioneta de una mezcla de RDX, PETN y TNT no explica ese tipo de daños.

Si se analizan con detenimiento las fotos del cadáver de Rafik Hariri, se notan detalles extraños: su lujoso reloj de pulsera de oro macizo se ha fundido sobre la muñeca del cadáver, pero el delicado tejido del cuello de su fina camisa permanece intacto alrededor del cuello del cadáver.

¿Qué fue lo que pasó?

La explosión produjo una oleada de calor excepcionalmente intenso y de una duración excepcionalmente breve. Como resultado, la parte del cuerpo directamente expuesta a esa oleada de calor quedó instantáneamente carbonizada mientras que el otro lado del cuerpo no se quemó.

Los objetos de gran densidad –como el reloj de oro– absorbieron ese calor y fueron destruidos. Por el contrario, los objetos poco densos –como el fino tejido del cuello de la camisa– no tuvieron tiempo de absorber el calor y, por lo tanto, no se dañaron.


El cuerpo de Rafik Hariri.

En los videos se puede ver también que miembros de algunos cadáveres fueron seccionados por la explosión. Extrañamente, los cortes son limpios, como si se tratara de estatuas calcáreas. No se ven huesos rotos ni huesos sobresaliendo de los cuerpos, ni carnes arrancadas. Esto se debe a que la explosión absorbió el oxígeno y deshidrató los cuerpos, haciéndolos friables. Durante las siguientes horas, varios testigos presentes cerca del atentado presentaron, en efecto, problemas respiratorios. Erróneamente, las autoridades interpretaron ese trastorno como un efecto somático del trauma sicológico sufrido.

Estas observaciones son la parte más elemental de cualquier investigación criminalística. Aunque los investigadores tenían que haber empezado por ahí, esos datos no figuran en los informes de los «profesionales» investigadores del Consejo de Seguridad de la ONU.

Cuando preguntamos a varios especialistas militares qué explosivos podían provocar ese tipo de daños, mencionaron un nuevo tipo de arma que ha sido objeto de investigaciones desde hace algunas décadas y de informes publicados en revistas científicas. La combinación de conocimientos nucleares y nanotecnológicos ha permitido crear un tipo de explosión cuya intensidad se puede controlar con precisión. Se programa el arma para que destruya todo lo que se encuentre dentro de un perímetro determinado, calculado con una precisión de centímetros.

Según esos mismos especialistas militares, esa arma provoca también daños de otro tipo: ejerce una fuerte presión sobre la zona de la explosión. Cuando termina esa presión, los objetos más pesados resultan proyectados hacia arriba. Así fue que varios autos se elevaron por los aires.

Existe un detalle que no deja espacio a la equivocación: esa arma utiliza una nanocantidad de uranio enriquecido cuyas radiaciones pueden ser detectadas. Uno de los pasajeros que viajaban en el auto blindado de Rafik Hariri sobrevivió a la explosión. El ex ministro Bassel Fleyhan fue trasladado a un prestigioso hospital militar francés, donde los médicos comprobaron con asombro que el herido había estado en contacto con uranio enriquecido. Nadie relacionó aquello con el atentado.

El arma descrita toma técnicamente la forma de un pequeño misil de varias decenas de centímetros de largo y debe dispararse desde un avión sin piloto. Varios testigos aseguraron, en efecto, haber oído una aeronave sobrevolar el lugar del crimen. Es por ello que los investigadores solicitaron a Estados Unidos y a Israel, que disponen de satélites de observación posicionados permanentemente sobre la región, la entrega de las vistas que tienen en su poder. Estados Unidos incluso había desplegado aquel día varios aviones AWACS sobre el Líbano. Aquellos registros debían permitir que se verificara la presencia de un avión sin piloto y quizás permitirían incluso seguir su trayectoria. Pero Washington y Tel Aviv, que constantemente exigen que todo el mundo coopere con el Tribunal Especial para el Líbano, se negaron a aportar las imágenes.


El Hezbollah interceptó y publicó videos de los aviones israelíes sin piloto que realizaban misiones destinadas a determinar los hábitos de Rafik Hariri y a explorar el lugar del crimen.

El pasado 10 de agosto (2010), durante una conferencia de prensa, Hassan Nasrallah proyectó videos captados, según él, por aviones israelíes sin piloto e interceptados por su organización. Afirmó que esos aparatos habían observado durante meses los movimientos de Rafik Hariri, antes de concentrar su vigilancia en la curva donde finalmente tuvo lugar el atentado. O sea, al parecer Tel Aviv realizó misiones de observación y reconocimiento antes del asesinato. Lo cual, como subraya el propio Nasrallah, no quiere decir que lo haya perpetrado.

¿Quién disparó el misil?

Aquí es donde las cosas se complican. Según los expertos militares, en 2005 solo Alemania había logrado controlar esa nueva tecnología. Por lo tanto, tendría que haber sido Berlín quien proporcionó y programó el arma del crimen.

Lo anterior permite entender mejor por qué el ex fiscal alemán Detlev Mehlis –magistrado muy controvertido entre sus colegas– puso tanto empeño en presidir la Comisión Investigadora de la ONU. Es de sobra conocido que Mehlis está vinculado a los servicios secretos alemanes y estadounidenses. En 1986, cuando estuvo a cargo de la investigación del atentado cometido en Berlín contra la discoteca La Belle, Mehlis no tuvo reparos en esconder la implicación de Israel y Estados Unidos y en levantar falsas acusaciones contra Libia, justificando así el bombardeo de la fuerza aérea de Estados Unidos contra la residencia de Muamar el-Khadafi. A principios de los años 2000, el señor Mehlis fue generosamente remunerado como investigador, tanto por el Washington Institute for Near East Policy (el tanque pensante del grupo de presión proisraelí AIPAC) como por la Rand Corporation (el tanque pensante del complejo militaro-industrial estadounidense). Todos estos antecedentes hacen dudar de la imparcialidad de Mehlis en el caso Hariri y deberían haber bastado para que no se le confiara esa investigación.

Mehlis tenía como asistente al comisario Gehrard Lehmann, otro conocido agente de los servicios secretos de Alemania y Estados Unidos. Un testigo reconoció oficialmente a Lehmann como participante en el programa de secuestros, encarcelamientos y torturas aplicado en Europa por la administración Bush. El nombre de Lehmann aparece en el informe ad hoc del Consejo de Europa. Sin embargo, Lehmann logró escapar a toda acción judicial gracias a la coartada, tan sólida como poco creíble, que le proporcionaron sus colegas de la policía alemana.

Mehlis y Lehmann promovieron la teoría del kamikaze y de la camioneta abarrotada de explosivos para evitar toda investigación sobre el arma alemana utilizada para cometer el crimen.

Se recogieron muestras de tierra de la escena del crimen. Después de mezclarlas, esas muestras se dividieron en tres recipientes que fueron enviados a tres laboratorios diferentes. Los dos primeros análisis no mostraron restos de explosivos. Mehlis y Lehmann recuperaron el tercer recipiente, que llegó, a través de ellos, al tercer laboratorio. Este último encontró los restos de explosivos que buscaban. En principio, cuando se recurre a tres expertos es porque, en caso de desacuerdo entre ellos, se adoptará la opinión mayoritaria. ¡Nada de eso! Mehlis y Lehmann violaron los protocolos. Estimaron que el único recipiente confiable era el de ellos y llevaron al Consejo de Seguridad de la ONU hacia una pista falsa.

El carácter profundamente deshonesto de las investigaciones del duo Mehlis-Lehmann ni siquiera exige demostración. Sus sucesores lo han reconocido, a medias, y han anulado partes completas de la investigación que hicieron.

La más célebre de las manipulaciones que realizaron Mehlis y Lehmann es la de los falsos testigos. Cinco individuos pretendieron haber sido testigos de la preparación del atentado y acusaron a los presidentes Bachar el-Assad y Emile Lahoud. Cuando aquellas acusaciones empezaron a calentar la olla de la guerra, los abogados demostraron que estaban mintiendo y las acusaciones se desinflaron.


El presidente de la Comisión Investigadora de la ONU, Detlev Mehlis, violó las normas de procedimiento penal, fabricó pruebas falsas y utilizó testimonios falsos para exonerar a Alemania y acusar a Siria. En nombre de la ONU, el fiscal alemán Detlev Mehlis acusó a los presidentes del Líbano, Emile Lahoud, y de Siria, Bachar al-Assad, de haber ordenado el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. La investigación de Mehlis se basaba en testimonios falsos que, al ser desmentidos, lo obligaron a dimitir.


Basándose en los falsos testimonios, Detlev Mehlis arrestó, en nombre de la comunidad internacional, a cuatro generales libaneses y los mantuvo en prisión durante 4 años. Al irrumpir con sus cowboys en el domicilio de cada uno de aquellos militares libaneses, sin mandato legal de la justicia libanesa, interrogó también a los miembros de sus familias. Acompañado de sus asistentes, que se comunican entre sí en hebreo, Mehlis trató de manipular a las familias. Al hacerlo, también en nombre de la comunidad internacional, presentó fotos trucadas a la esposa de uno de los generales para convencerla no solo de que su marido le ocultaba su implicación en el asesinato sino también de que tenía una amante. Simultáneamente, trató de hacer lo mismo con el hijo del «sospechoso» para hacerle creer que su propia madre era una mujer fácil y que su padre, desesperado, se había sumido en una especia de locura asesina. El objetivo era provocar un crimen de honor en el seno de la familia y manchar así la imagen de personas respetables y respetadas.

Más inconcebible aún, Lehmann le propuso a uno de los cuatro generales encarcelados ponerlo en libertad si aceptaba levantar un falso testimonio contra un dirigente sirio.

Por otro lado, un periodista alemán, Jurgen Cain Kulbel, señaló un detalle perturbador: era imposible provocar la explosión por control remoto o utilizar un sistema de guía sobre el blanco sin desactivar el poderoso sistema de contramedidas electrónicas del que disponía la caravana de Rafik Hariri. Uno de los sistemas más sofisticados del mundo, fabricado… en Israel.

El profesor Dudin, conocido como militante propalestino, se había puesto en contacto con Kulbel con el pretexto de promover la venta del libro de este periodista alemán. Pero lo que en realidad hizo Dudin fue dedicarse a hacer declaraciones descabelladas para sabotear el libro. Kulbel, ex oficial de la policial criminalística de la antigua RDA, no tardó en descubrir que Dudin era conocido desde hacía tiempo como agente de la CIA infiltrado en la izquierda alemana. Kulbel publicó entonces antiguos informes de la RDA que así lo demostraban, por lo que fue condenado por divulgación ilegal de documentos y brevemente encarcelado, mientras que Dudin se instalaba en la embajada de Alemania en Beirut y trataba de infiltrarse en las familias de los cuatro generales.

Es necesario subrayar el papel de Alemania en el Medio Oriente, que hasta ahora había pasado inadvertido. La canciller Angela Merkel envió un importante contingente para participar en la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), después de la guerra que Israel desató contra el país del cedro, durante el verano de 2006. Los 2.400 soldados alemanes controlan el dispositivo marítimo para impedir que la Resistencia reciba armas a través del Mediterráneo. La señora Merkel declaró entonces que la misión del ejército alemán era defender Israel. Sus palabras provocaron una reacción de protesta entre los oficiales. Cientos de ellos le escribieron recordándole que se habían enrolado para defender su propia patria, no un Estado extranjero, así sea un Estado aliado.

En un hecho sin precedentes, el 17 de marzo de 2008 –en Jerusalén– y el 18 de enero de 2010 –en Berlín– los gobiernos de Alemania e Israel realizaron un consejo de ministros conjunto. Adoptaron entonces diversas medidas, esencialmente en cuestiones de defensa. En la actual situación, no existen ya muchos secretos entre las fuerzas armadas de Israel y de Alemania.

La investigación de Detlev Mehlis no sólo se cubrió de ridículo por causa de los falsos testigos, sino que también se sumió en la ilegalidad, debido al arresto de los cuatro generales libaneses. Al extremo que el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de Derechos Humanos de la ONU condenó firmemente aquel abuso de poder.

El descrédito que ha caído sobre el trabajo de Mehlis no debe manchar al Tribunal Especial para el Líbano, que no es en lo absoluto responsable de sus maniobras. En este punto, sin embargo, las cosas vuelven a complicarse. La credibilidad del Tribunal Especial para el Líbano depende de su capacidad para castigar, en primer lugar, a todos los que han tratado de esconder la verdad y de levantar falsas acusaciones contra los presidentes Bachar el-Assad y Emile Lahoud con intenciones de provocar una guerra. Pero el Tribunal se niega a juzgar a los falsos testigos, dando así la impresión de que está cubriendo las manipulaciones del periodo de Mehlis y de que persigue objetivos políticos similares (ahora contra el Hezbollah, y quizás contra otros en el futuro). Peor aún, el Tribunal Especial para el Líbano se niega a entregar a Jamil Sayyed (uno de los cuatro generales ilegalmente encarcelados) las actas de las audiencias de las personas que lo acusaron, impidiéndole así exigir reparaciones y dando la impresión de querer justificar cuatro años de detención arbitraria.

Dicho de forma más prosaica, el Tribunal Especial para el Líbano está rehuyendo sus responsabilidades. Por un lado, el Tribunal está en la obligación de juzgar a los testigos falsos para así evitar nuevas manipulaciones y demostrar su propia imparcialidad pero, por otro lado, no quiere lanzarse en una operación «manos limpias» que lo obligaría probablemente a arrestar al fiscal Detlev Mehlis. Esa estrategia se hace, sin embargo, insostenible debido a las revelaciones de Odnako sobre la pista alemana. Sobre todo cuando ya es, por demás, demasiado tarde en la medida en que el general libanés Jamil Sayyed presentó una denuncia en Siria y un juez de instrucción ya inculpó al fiscal Detlev Mehlis, al comisario Gerhard Lehemann y a los cinco falsos testigos. Es de imaginar la confusión que ha de instaurarse en el Tribunal Especial para el Líbano si Siria recurre a Interpol para que arreste a esos personajes.

Si se supone que la comisión Mehlis debía aportar el profesionalismo del que carecían las fuerzas del orden libanesas, el Tribunal Especial sobre el Líbano debería aportar la imparcialidad que pudiera faltar en el seno de las jurisdicciones libanesas. Pero está lejos de haberlo hecho, lo cual plantea una seria interrogante en cuanto a la legitimidad de esa institución.

Kofi Annan no quería que el Tribunal Especial para el Líbano fuera una jurisdicción internacional, sino que fuera un tribunal nacional libanés con carácter internacional, regido por el derecho libanés y conformado, en un 50%, por jueces internacionales. Pero eso no fue posible porque la negociación sufrió un brusco cambio de dirección. Mejor dicho, se llegó a un acuerdo con el gobierno libanés de aquel entonces, dirigido por el primer ministro Fouad Siniora, el antiguo apoderado de las empresas Hariri, acuerdo que no fue sin embargo ratificado ni por el parlamento libanés ni por el presidente de la República. Resultó entonces que aquel acuerdo fue avalado unilateralmente por el Consejo de Seguridad de la ONU (Resolución 1757 del 30 de mayo de 2007). El Tribunal Especial para el Líbano es, por lo tanto, una entidad híbrida y frágil.

Como ha señalado Kofi Annan, ese tribunal no es comparable con ningún otro de los tribunales que las Naciones Unidas habían creado hasta ahora, «No es un órgano subsidiario de la ONU, ni un elemento del aparato judicial libanés», se trata únicamente de «un órgano resultante de un convenio» entre el ejecutivo de las Naciones Unidas y el gobierno libanés. Si tomamos como referente la exigencia internacional de que debe existir una separación de poderes y de que la Justicia debe gozar de independencia con respecto al poder ejecutivo, no se puede considerar al Tribunal Especial para el Líbano como un verdadero tribunal sino únicamente como una comisión disciplinaria conjunta de los ejecutivos líbano-onusianos. Cualesquiera que sean sus decisiones, estarán sujetas a la sospecha.

Peor aún, cualquier gobierno libanés puede ponerle fin en cualquier momento ya que, como nunca fue ratificado, el acuerdo (que creó el Tribunal Especial para el Líbano) compromete únicamente al antiguo gobierno. Como resultado de ello, el actual gobierno libanés de coalición nacional se ha convertido en un campo de batalla entre partidarios y adversarios del tribunal. Para tratar de preservar la estabilidad del gobierno, el (actual) presidente de la República, Michel Sleimane (NdelE. Recordemos que el artículo corresponde a 2010), tiene que convencer semanalmente al Consejo de ministros para que los temas vinculados con el Tribunal Especial no se sometan a voto. Esa barrera no se puede mantener eternamente.

Como las malas noticias nunca vienen solas, las sospechas recaen ahora sobre el presidente del Tribunal Especial para el Líbano, Antonio Cassese. Este reconocido especialista en derecho internacional fue presidente del Tribunal Penal para la ex Yugoslavia. Pero resulta que el señor Cassese es un ferviente partidario de la colonización judía en Palestina. Amigo personal de Elie Wiesel, Cassese incluso recibió y aceptó un premio honorífico de manos de Wiesel. Cassese tenía por lo tanto que haberse declarado incompetente y haber presentado su renuncia cuando Hassan Nasrallah reveló que aviones israelíes sin piloto habían estado vigilando durante meses los desplazamientos habituales de la víctima y realizando misiones de reconocimiento sobre el lugar del crimen.


Según el presidente del Tribunal Especial para el Líbano, Antonio Cassese, la Resistencia armada en Palestina, Líbano, Irak y Afganistán debe ser sometida a juicio por «terrorismo». Nota del Editos del blog: Antonio Cassese falleció el 21 de octubre del 2011, en Florencia - Italia, tras una larga enfermedad, había dejado su puesto en el Tribunal Especial para el Líbano el 9 de octubre, fue reemplazado por David Baragwanath (Nueva Zelanda), quien estuvo en funciones hasta el 28 de febrero de 2015. Baragwanath fue sustituido por la magistrada checa Ivana Hrdličková, a  su vez en el cargo hasta el 1 septiembre 2019 (fue nombrada jueza del tribunal en 2012), la jurista calificó al Tribunal como un órgano híbrido. El juez libanés Ralph Riachi fue vicepresidente del STL hasta el 1 de septiembre de 2019. El magistrado australiano David Re preside el Tribunal hasta la fecha de la sentencia (agosto 2020), previamente se entabló en disputas de competencia con su antecesora (Hrdličková) y otros juristas de la Sala de Apelaciones. Como vemos, por el Tribunal han pasado diferentes jueces y presidentes durante el tramite del proceso. Se debe destacar que el juez suizo, Robert Roth, dimitió de su cargo en septiembre de 2013, argumentando la falta de independencia del Tribunal Especial para el Líbano, ya que expresó ha sucumbido a múltiples presiones políticas. 

Más grave aún, el juez Cassese representa una concepción del derecho internacional que está dividiendo el Medio Oriente. Aunque fue algo que eliminó de su curriculum, Cassese participó en 2005 en las negociaciones entre los Estados miembros de la Unión Europea y los Estados del Mediterráneo (el llamado «Proceso de Barcelona»). Su definición del terrorismo provocó entonces que se bloquearan las discusiones. Según Cassese, el terrorismo es única y exclusivamente una cuestión de individuos o de grupos privados, nunca de Estados. Ello implica que la lucha contra un ejército de ocupación no puede considerarse «resistencia» sino «terrorismo». En el contexto local, esa posición jurídica tiene un matiz colonial y descalifica al Tribunal Especial para el Líbano.

Los métodos del Tribunal Especial no difieren de los que utilizó la Comisión Mehlis. Sus investigadores se han apoderado de enormes ficheros: sobre los estudiantes libaneses, los beneficiarios de la Seguridad Social, los clientes de la empresa Electricité du Liban y del Office des Eaux (La empresa libanesa de distribución de agua. NdT.). El 27 de octubre incluso trataron, sin que estuviera presente ningún funcionario libanés, de apoderarse por la fuerza de los expedientes médicos de una clínica ginecológica a la asisten las esposas de miembros del Hezbollah. Es evidente que esas investigaciones nada tienen que ver con el asesinato de Rafik Hariri. Para los libaneses, todo indica que esas informaciones están destinadas a Israel, por lo que consideran que el Tribunal Especial para el Líbano no es más que un simple instrumento de Israel.

En 2007, anticipando perfectamente todos estos problemas, el entonces presidente ruso Vladimir Putin propuso una redacción diferente de la resolución que instituía el Tribunal Especial para el Líbano. El embajador ruso Vitaly Churkin había denunciado las «lagunas jurídicas» del sistema. Expresó su indignación por el hecho de que el Consejo de Seguridad de la ONU amenazara con recurrir a la fuerza (Capítulo VII) para crear unilateralmente este «órgano convencional» (es decir, supuestamente resultado de un convenio). Subrayó entonces que el Tribunal debía trabajar en pro de la reconciliación entre los libaneses, pero que estaba concebido de manera tal que acentuaría aún más las oposiciones. Finalmente, Rusia –al igual que China– se negó a aprobar la Resolución 1757.

En definitiva, la verdad va emergiendo poco a poco. Los videos captados por los aviones israelíes sin piloto, interceptados y dados a conocer públicamente por el Hezbollah, muestran una preparación del crimen por parte de Israel. Los hechos que ha revelado Odnako muestran el uso un arma alemana altamente sofisticada. El rompecabezas está casi completo.


Thierry Meyssan
Fuente
Оdnako (Rusia)
Este artículo se publicó inicialmente en el número de Odnako correspondiente al 29 de noviembre de 2010.



ANEXO 

Texto de la sentencia en PDF (inglés)



Otras referencias de valor jurídico:

La defensa argumenta que el STL se estableció ilegalmente.

El juez David Re advertido contra más litigios, procede con más litigios.
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