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10 octubre 2026

Jorge Luis Borges contra los germanófilos: la batalla cultural de 1940 y la del presente



Parte 1: 

El eco del rencor: neonazismo y la penuria imaginativa hoy

por Tito Andino


Luego de haber dado lectura a las ponencias anteriores, en especial a la dedicada a Thomas Mann y Goethe, queda un tema flotando en el ambiente, los germanófilos de la guerra en el siglo XXI. Una aclaración, este tema ya lo abordamos en este blog en 2018, bajo el título general: "Tres ensayos sobre el germanófilo"; en esta edición el texto ha sido revisado y corregido en algunos aspectos (quedando la versión original de 2018 intacta para su consulta).

"Filogermánico" y "germanófilo" son sinónimos, el maestro Jorge Luis Borges los denominaba, en la década de 1940, simplemente como germanófilos, dibujando un semblante del partidario del nazismo de esos días; debemos aclarar que, en realidad, los del presente no son germanófilos, sino neonazis. Lo que sí debemos hacer es no confundir esa designación con el “pangermanismo” que implica una organización política-ideológica cuya finalidad era la unificación o expansión de Alemania, según la coyuntura histórica del momento.

El concepto de germanófilo o filogermánico es muy amplio, podemos aplicarlo a una variedad de ramas sobre la cultura alemana: el arte, la música, la literatura, etc., pero debemos hacer una aclaración: es importante desligar la germanofilia cultural (amor por la música, la ciencia alemana, la filosofía de Kant y otros) de los símbolos del nacionalsocialismo de mediados del siglo XX, como la esvástica, que no representan a la germanofilia tradicional, sino a una ideología política totalitaria concreta. 

Por lo señalado, aquí nos referiremos -exclusivamente- al amante de la guerra y partidario de la Alemania nazi, de esos que abundan en internet y de aquellos herederos de la España fascista (falangista) que no tienen vergüenza alguna en declarar su “amor” al hombre del bigotillo ridículo y a su doctrina que ha sobrevivido por décadas. Recordemos que la variante del fascismo europeo en España fue la única que triunfó en la guerra mundial, por obra y gracia de los nazis… y esa victoria se consolidó en la posguerra gracias a los Estados Unidos.


La Asamblea General de la ONU, mediante Resolución 39 (I) de 12 de diciembre de 1946, condenó con dureza al régimen franquista, definiéndolo como un sistema de “carácter fascista” que fue impuesto por la fuerza con la ayuda de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Se constató que Franco aportó una ayuda considerable a las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y, en consecuencia, la ONU excluyó a España de los organismos internacionales y recomendó la retirada inmediata de los embajadores de Madrid, propició un absoluto aislamiento internacional al régimen basándose en su origen fascista y su complicidad con el nazismo. Sin embargo, hay que dejar aclarado que, en ningún apartado del texto de la resolución se juzga, acusa o declara a la persona de Francisco Franco formalmente como "criminal de guerra". La ONU carece de facultades judiciales penales para emitir sentencias individuales de esa naturaleza, por lo mismo, nunca emitió una orden judicial ni una declaración formal de criminal de guerra contra el dictador.

Es común escuchar el término “filogermánico”, es decir, aquel que siente estima o admiración por todo lo alemán; y, en lo que respecta a la guerra mundial muchos españoles aducen defender el honor de las fuerzas armadas (Wehrmacht), otros dicen apartarse de los crímenes de las SS; otros, más radicales, resguardan directamente todo lo que tiene que ver con las “bondades” del nazismo y sueñan con la excelencia moral del combatiente alemán, "añoran" -a pesar de no tener idea- la formación cultural e ideológica del soldado prusiano, como ejemplo a imitar en su propia cultura.

Debemos reflexionar sobre el vigente e imprudente morbo de muchos aficionados a la historia militar y su dramatizada “valoración” ética de las tropas alemanas en la segunda guerra mundial. Este post no pretende analizar las bandas neonazis del presente que, al parecer, cuentan con apoyo político de círculos duros de la política española, por lo que suelen gozar de cierta impudicia en algunos actos en que participan, sin dejar a un lado la evidente presencia de partidarios en las fuerzas de seguridad. ¿Cómo fue esto posible? Lo hemos dicho, el fascismo ganó la guerra en España y su influencia perdura a pesar de la actual etapa democrática.

No estamos para juzgar a nadie, cada cual puede ser admirador de quien le plazca y ser capaz de mantener su opinión, hasta elegir el autoengaño si eso le da algún tipo de satisfacción. Tampoco se puede desconocer el interés histórico de muchas personas, en verdad existe gente que le apasiona el tema de la segunda guerra mundial, pueden ser lectores aficionados o ilustrados académicos, y, sin lugar a dudas, suelen adquirir y hasta leer libros sobre la temática. Eso, en general, es loable, es cultura... aunque no sirva de nada. 

Hay quienes se empeñan en conocer o estudiar a fondo la guerra mundial y, a pesar de que ciertos datos fascinan son inútiles, en la vida real -en efecto- no sirven en ningún sentido. Aquellos "especialistas" en conocimiento inútil han dedicado gran parte de sus vidas a estudiar cosas abstractas, solo por el "placer" de saberlo, aunque "no sirva para nada". Un ejemplo, términos modernos e irónicos como "erudición de alcantarilla" o "cultura trivial" suele usarse en internet hasta para burlarse de uno mismo cuando la persona se da cuenta de que sabe perfectamente la genealogía completa del hombre con el bigote chaplinesco, pero que no sabe cómo declarar sus impuestos. "Datos interesantes, pero inútiles", curiosidades que no sirven un carajo; o, usando un término filosófico: "la utilidad de lo inútil" (perdonando la redundancia).

Leer obsesivamente sobre la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva nazi entra perfectamente en la categoría de estudiar cosas abstractas, aún más, tenemos un matiz muy importante: este tipo de lectores suele cruzar la línea entre lo abstracto y lo ideológico, tiene el gran peligro de convertirse en lo que se denomina "sesgo de confirmación", es decir, leer "sin ton ni son" (sin un método crítico), el cerebro empieza a normalizar y dar por válidas ideas sesgadas o directamente falsas porque son las únicas que consume.




Consumir únicamente esa versión de la historia genera un fenómeno psicológico y educativo muy específico, no se está estudiando "historia abstracta", sino adoctrinándose en propaganda política y militar del siglo XX. Al leer solo esa versión, la persona se convierte en un "experto" en los argumentos que justifican el nazismo, no en los hechos reales. A esta persona, en su investigación, no le importa en absoluto la falta de rigor historiográfico. Sabemos que en la ciencia de la historia, estudiar una sola fuente se considera un error metodológico grave. Para entender ese periodo, los historiadores -por supuesto- estudian los documentos nazis, pero los contrastan con los archivos aliados, soviéticos y los testimonios de las víctimas. Para que que deje de ser "conocimiento inútil" o peligroso, lo ideal es asumir la lectura con pensamiento crítico; es importante observar los análisis de historiadores modernos sobre cómo funcionaba la máquina de propaganda alemana (que no dista mucho de parecerse a la actual en cuanto a política internacional). Es la forma en que podemos aprender a detectar cómo se manipula la historia, una habilidad que sí es sumamente útil hoy en día.
Volviendo con nuestros supuestos "germanófilos" del siglo XX y XXI, individuos de ese círculo suelen ser empedernidos coleccionistas de libros sobre la guerra mundial, de las biografías y diarios de generales alemanes y sus aliados que en la posguerra presentaron sus “Memorias” (desde su punto de visto subjetivo). No cuestionamos eso, al contrario, sería de elogio que existiera un esfuerzo metódico de aprendizaje para compartir o debatir en un foro de historia; pero la realidad es otra. Muchos de éstos pseudo germanófilos intentan confundir el todo con explicaciones traídas de los pelos principalmente en sitios web pro-nazis, bajo la ayuda de una supuesta literatura "revisionista" (suelen “aclarar” que el sitio es solo para ‘nacionalsocialistas’).

Es en España donde el filogermanismo y la propaganda nazi comparten créditos desde los remotos tiempos en que la raza aria quedó sepultada en el bunker de Berlín. España es el país con más ediciones de ‘Mi lucha’ fuera de la Alemania de hace 80 años, y donde se continúa reeditando “clásicos” como las obras de Carlavilla… España, a fin de cuentas, sigue siendo el paraíso de los neonazis, por encima, incluso, de Alemania (donde al menos -sobre el papel- está ilegalizado). Fue en España donde hace unas décadas reinaba la CEDADE, una importante organización neonazi, una de las más importantes de Europa, con un impresionante aparato propagandístico editorial para la distribución de material neonazi. Tras su final, no desapareció por completo, tuvo una evolución ideológica, una transformación, muchos de sus antiguos miembros se integraron o fundaron posteriormente partidos políticos de extrema derecha (como Democracia Nacional) u otras asociaciones de carácter revisionista y ultra-nacionalista que operan bajo marcos legales diferentes.





Los “intelectuales” germanófilos de la guerra en lengua castellana siguen existiendo al sol de hoy ('cara al sol' sería lo más adecuado), dicen ser “para nada neonazis”, al tiempo que encuentran ofensivo el tono de reconocidos académicos contra los generales alemanes, pero no se ofenden si “cobarde” es el término utilizado contra italianos u otros aliados…; sin embargo, “hay que ver la que se monta cada vez que alguien duda de la inmaculada potencia y honorabilidad del ejército alemán…”. Los filogermánicos o germanófilos de internet suelen rasgarse  las vestiduras en defensa de la decencia de la Wehrmacht, llegando a separar el conjunto en “soldados buenos” y “nazis malos”, como última opción.

El filogermánico se considera una eminencia en estrategia militar por el mero hecho de haber leído algunas “Memorias” de sus ídolos guerreros. Por ejemplo, se siente en capacidad de “recrear” las tácticas de los cuerpos acorazados de Manstein o Guderian (ese solo "talento" le haría merecedor de una cátedra en una escuela militar); más, se irrita ante la falta de reconocimiento público de su sapiencia como "historiador" militar y "estratega de guerra" (aunque nunca haya recibido formación en ese sentido). La afición a compilar material literario sobre temas bélicos no refleja necesariamente en su poseedor el ser portador de conocimiento sobre la temática. Suelen sentir orgullo de su biblioteca, la presumen y se autoproclaman eruditos en la ciencia de la historia, “críticos” es un autocalificativo muy apetecido, sin poseer formación académica en la materia, con recitar o transcribir citas de sus autores favoritos es más que suficiente.

Lo hemos dicho, esto no es más que una subcultura banal, propensión del círculo neonazi a presumir "conocer" la verdad histórica de la segunda guerra mundial (versión propaganda nazi); pretender evidenciar todo ese conocimiento en forma de discurso es algo estéril, impráctico, inútil, pero el fanático lo atesora, siente orgullo de ello, no es capaz de entender el ridículo que hace ante un foro culto y especializado.

Existe un antídoto para ello, una selecta y correcta lectura de investigación adaptada para un lector apasionado por esa etapa histórica y que no tiene otra formación más que su afición por la historia; y, sobre todo, autoreconocimiento de sus límites (un real investigador, un historiador académico necesita muchos años de dedicación continua para elaborar sus hipótesis sobre determinado suceso). En nuestro trabajo: “Historiografía de la segunda guerra mundial”, explicamos la forma cómo debemos valorar la narrativa de la guerra dentro del proceso histórico. Y, hay que decirlo, tampoco desechamos al “revisionismo”, por el simple argumento de que un escritor debe saber que piensan aquellos individuos que han decidido dedicar parte o su vida entera a defender la mentira de una causa aberrante.





No dejemos de puntualizar que debemos diferenciar los géneros literarios, en los que se incluye la novela histórica de guerra, porque, los proclamados literatos “revisionistas” suelen fusionar ficción, mitos, mentiras y falsedad documental con hechos históricos reales, a esa combinación lo han denominado “revisionismo”. Leer autores “revisionistas” neonazis es apostar por una subcultura que infunde el engaño como arma política, no solo eso, nos encamina a la discriminación u odio racial y religioso. Todo eso causa -como efecto- el aislamiento social permanente de aquel individuo que se aferra y fanatiza en esa literatura, volviéndolo desconfiado y paranoico porque todo lo que sucede en el mundo, imperiosamente, tiene que ser obra de una conspiración…

En adelante, el Maestro Jorge Luis Borges nos explica este fenómeno, desde su perspectiva viva, surgida en el mismo instante del apogeo y conquista nazi de Europa. Las siguientes líneas son reproducidas en el libro “Textos cautivos” (1986), una antología de ensayos, reseñas y notas críticas escritas por Borges, pero originalmente fueron publicadas en las revistas argentinas 'Sur' y 'El Hogar' entre 1936 y 1940 (y en otros periodos, según la edición).


Parte 2

Definición del germanófilo


Jorge Luis Borges
13 de diciembre de 1940



Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Schopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor "germanófilo" apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

La ignorancia plenaria de lo germánico no agota, sin embargo, la definición de nuestros germanófilos. Hay otros rasgos privativos, quizá tan necesarios como el primero. Uno de ellos: al germanófilo le entristece muchísimo que las compañías de ferrocarriles de cierta república sudamericana tengan accionistas ingleses. También le apesadumbran los rigores de la guerra sudafricana de 1902. Es, asimismo, antisemita; quiere expulsar de nuestro país a una comunidad eslavo-germánica en la que predominan apellidos de origen alemán (Rosenblatt, Gruenberg, Nierenstein, Lilienthal) y que habla un dialecto alemán: el yiddish o juedisch.

De lo anterior cabría tal vez inferir que el germanófilo es realmente un anglófobo. Ignora con perfección a Alemania, pero se resigna al entusiasmo por un país que combate a Inglaterra. Ya veremos que tal es la verdad, pero no toda la verdad, ni siquiera su parte significativa. Para demostrarlo reconstruiré, reduciéndola a lo esencial, una conversación que he tenido con muchos germanófilos, y en la que juro no volver a incurrir, porque el tiempo otorgado a los mortales no es infinito y el fruto de esas conferencias es vano.

Invariablemente mi interlocutor ha empezado por condenar el Pacto de Versalles, impuesto por la mera fuerza a Alemania en 1919. Invariablemente yo he ilustrado ese fallo condenatorio con un texto de Wells o de Bernard Shaw, que denunciaron en la hora de la victoria ese documento implacable. El germanófilo no ha rehusado nunca ese texto. Ha proclamado que un país victorioso debe prescindir de la opresión y de la venganza. Ha proclamado que era natural que Alemania quisiera anular ese ultraje. Yo he compartido su opinión. Después, inmediatamente después, ha ocurrido lo inexplicable. Mi prodigioso interlocutor ha razonado que la antigua injusticia padecida por Alemania la autoriza en 1940 a destruir no sólo a Inglaterra y a Francia (¿por qué no a Italia?), sino también a Dinamarca, a Holanda, a Noruega: libres de toda culpa en esa injusticia.

En 1919 Alemania fue maltratada por enemigos: esa todopoderosa razón le permite incendiar, arrasar, conquistar todas las naciones de Europa y quizá del orbe... El razonamiento es monstruoso, como se ve.

Tímidamente yo señalo ese monstruo a mi interlocutor. Este se burla de mis anticuados escrúpulos y alega razones jesuíticas o nietzscheanas: el fin justifica los medios, la necesidad carece de ley, no hay otra ley que la voluntad del más fuerte, el Reich es fuerte, la aviación del Reich ha destruido a Coventry, etcétera. Yo murmuro que me resigno a pasar de la moral de Jesús a la de Zarathustra o de Hormiga Negra, pero que nuestra rápida conversión nos prohíbe apiadarnos de la injusticia que en 1919 sufre Alemania. En esa fecha que él no quiere olvidar, Inglaterra y Francia eran fuertes; no hay otra ley que la voluntad de los fuertes; por consiguiente, esas naciones calumniadas procedieron muy bien al querer hundir a Alemania, y no cabe aplicarles otra censura que la de haber estado indecisas (y hasta culpablemente piadosas) en la ejecución de ese plan. Desdeñando esas áridas abstracciones, mi interlocutor inicia o esboza el panegírico de Hitler: varón providencial cuyos infatigables discursos predican la extinción de todos los charlatanes y demagogos, y cuyas bombas incendiarias, no mitigadas por palabreras declaraciones de guerra, anuncian desde el firmamento la ruina de los imperialismos rapaces. Después, inmediatamente después, ocurre el segundo prodigio. Es de naturaleza moral y es casi increíble.

Descubro, siempre, que mi interlocutor idolatra a Hitler, no a pesar de las bombas cenitales y de las invasiones fulmíneas, de las ametralladoras, de las delaciones y de los perjurios, sino a causa de esas costumbres y de esos instrumentos. Le alegra lo malvado, lo atroz. La victoria germánica no le importa; quiere la humillación de Inglaterra, el satisfactorio incendio de Londres. Admira a Hitler como ayer admiraba a sus precursores en el submundo criminal de Chicago. La discusión resulta imposible porque las fechorías que imputo a Hitler son encantos y méritos para él. Los apologistas de Artigas, de Ramírez, de Quiroga, de Rosas o de Urquiza disculpan o mitigan sus crímenes; el defensor de Hitler deriva de ellos un deleite especial. El hitlerista, siempre, es un rencoroso, un adorador secreto, y a veces público, de la "viveza" forajida y de la crueldad. Es, por penuria imaginativa, un hombre que postula que el porvenir no puede diferir del presente, y que Alemania, victoriosa hasta ahora, no puede empezar a perder. Es el hombre ladino que anhela estar de parte de los que vencen.

No es imposible que Adolf Hitler tenga alguna justificación; sé que los germanófilos no la tienen.

Jorge Luis Borges

16 septiembre 2026

El poder invisible de la geopolítica determinará quien controle la IA



         Brian Penny
      

A manera de prólogo

Muchos conocen el invaluable aporte de Marc Vidal, analista económico independiente y experto en transformación digital e inteligencia artificial, reconocido en listas como Forbes Top 100 Influencers y otras redes de relevancia internacional.

En una de sus últimas aportaciones en su canal de YouTube titulada “EEUU no necesitará invadir países. Está construyendo el mayor sistema de poder jamás creado”, examina cómo la regulación de la inteligencia artificial dejó de ser un debate ético para convertirse en una jugada de poder geopolítico y el por qué del país que construya primero todo eso será el que dicte las reglas que tú, yo, Europa entera tendrá que aceptar para poder jugar.

Mientras Estados Unidos y China construyen, Europa se posiciona como árbitro moral con una legislación avanzada. Sin embargo, quienes no desarrollan la tecnología por sí mismos no pueden, en última instancia, hacer cumplir las normas y deberán aceptar los estándares de otros.

El cambio de estrategia de Estados Unidos viene relacionado por varios factores, entre otros por su decadencia militar. Donald Trump dio un giro en la política, aplicando la regla del liderazgo a los países que van rezagados. Las regulaciones que impone Estados Unidos son cadenas que frenan y, cuando esas regulaciones van ganando se convierten en un muro para los competidores. Por ello, la industria no solo sigue funcionando, está transformándose, pero se convierte en obligatoria para otros. 

Vidal habla del "Privilegio Exorbitante" del paso del control monetario del dólar al control de la Inteligencia Artificial, ese será el nuevo peaje global. Ese mismo "privilegio exorbitante" fue lo que permitió a Washington imprimir el dólar con la que el mundo comerciaba, a la vez que exportaba sus crisis. Hoy, probablemente se sustituirá el dólar por la infraestructura de IA (chips, sistemas, modelos, centros de datos), como chantaje político, quien fije ese patrón cobrará un peaje invisible en forma de dependencia tecnológica y de datos a cada ciudadano y gobierno del planeta.

A eso Vidal denomina "la interdependencia como arma silenciosa", la "correa tecnológica" porque cuando los hospitales, bancos, administraciones y ejércitos de un país operan bajo modelos de IA y chips fabricados a miles de kilómetros, no hay una simple relación comercial, existe una "correa de transmisión" donde el país proveedor decide cuándo tirar o aflojar, lo que convierte la regulación en una disputa por quién sostiene dicha correa.

Y la competencia es entre Estados Unidos y China, quedando la Unión Europea en medio de un dilema y riesgo, a manera de árbitro moral, pero sin poder. Mientras EE. UU. centraliza para dominar y China construye a velocidad de Estado, Europa ha optado por redactar las regulaciones más elegantes y sofisticadas sobre privacidad y ética digital. Vidal advierte que "regular es fácil cuando no construyes nada"; pero, -en realidad- quién construye el sistema escribe las reglas del futuro. Al igual que Keynes en Bretton Woods, Europa tiene ideas justas pero carece del poder real para imponerlas. El riesgo inminente es convertirse en una "estatua de mármol" perfecta pero irrelevante, ya que nadie negocia un estándar que no ha construido; simplemente lo acepta y asume una pérdida de soberanía.

Así pues, los modelos de IA, chips y datos se convierten en la nueva dependencia global y, por lógica, las regulaciones favorecerán siempre al país que va ganando. Debe quedar claro, la IA no va solo de chips, es la interdependencia como arma geopolítica. No es extrañeza alguna observar como en semanas pasadas el gobierno de Estados Unidos preparaba una regulación para obligar a los Países Bajos a prohibir a la empresa ASML vender a China cualquier máquina para la fabricación de chips. ASML, prácticamente es la única en el mundo que fabrica las máquinas de litografía que, a su vez, sirven para producir los microchips más complejos. China, no quiere quedarse atrás, sabe que le será vetado el acceso a este tipo de tecnología occidental, por eso también está dando pasos gigantescos al iniciar a producir sus propias máquinas de litografía DUV de inmersión desarrolladas en el país para fabricar chips, reducirá la dependencia de tecnología extranjera y reforzará su estrategia tecnológica soberana con la capacidad para fabricar semiconductores avanzados. Sin embargo, estas herramientas aún no pueden rivalizar con las máquinas de ASML; sin duda será una gran competencia por dominar el mercado de semiconductores y chips.

Volviendo al campo meramente político, es lo que Albert Hirschman fijaba para el comercio: dependencia y presión política, eso que se suele decir “comercio entre países” o “cooperación pacífica” genera dependencias asimétricas que pueden transformarse en armas. “Si un país pequeño vende casi todo a un país grande, el grande no necesita invadirlo, ¿verdad? Basta con que un día cierre la frontera comercial para ponerlo de rodillas”, razona Vidal.

En otras palabras, el sistema lo escribe quien construye y luego nos impone (gobierna) a los demás. Es lo que pasó con el Imperio británico, una época fue el centro del mundo y dejó de serlo sin que se lo viera venir; igual podría decirse ahora de los Estados Unidos porque “las hegemonías no caen con un estruendo, con unos truenos, con una catástrofe. Se erosionan en silencio mientras otro en otra parte está colocando los cimientos del siguiente sistema sin pedir permiso”. Y eso está por dilucidarse entre China y Estados Unidos.

"Regular la inteligencia artificial no basta" -dice Vidal- "la clave es quién la controla”. La pregunta de verdad es, ¿quién la está construyendo? Por qué ese y solo ese escribirá las reglas que después todos vamos a tener que firmar sin haber estado en la sala, por mucho que queramos regular éticamente, si no lo construimos será casi imposible.

“¿Construyes tus propias reglas, algo que sea personal, propio, íntimo, a título individual u obedeces las de otros? A mí me sirve de elección, quizás sea la más sencilla. En cualquier juego que importe tu carrera, tu negocio, tu manera de entender lo que viene, conviene preguntarse si estás construyendo algo propio o si te estás limitando a cumplir las reglas que otro escribió para ti. Porque entre construir y obedecer hay toda una distancia, la distancia del mundo. Y esa distancia casi siempre debería de ser así, la deberías de decidir tú”.

Demos paso a la ponencia central de este post. 

T. Andino

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         Autor © Desconocido


La geografía invisible del poder israelí

Fundación Cultura Estratégica
Lorenzo Maria Pacini
Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales

El mapa oculto por los servidores y la ilusión de las fronteras digitales
La soberanía de los datos es el nuevo petróleo, pero mientras Asia Occidental extrae la materia prima los gigantes tecnológicos extranjeros la refinan.

El 10 de junio de 2025, dos ejecutivos de Microsoft Francia comparecieron ante una comisión de investigación del Senado francés encargada de examinar la contratación pública y la soberanía digital. La audiencia transcurrió en el habitual tono tranquilizador hasta que una pregunta cambió por completo el ambiente:

- ¿Podría la empresa garantizar que los datos de los ciudadanos franceses, incluso si se alojan en servidores ubicados en Francia, nunca se transferirían a una autoridad extranjera sin el consentimiento del gobierno francés?

Anton Carniaux, director de asuntos públicos y legales de la filial, respondió bajo juramento con cuatro palabras:
- "No, no puedo garantizarlo".

Esa declaración rompió con años de retórica corporativa basada en frases como "regiones de nube locales", "infraestructura confiable" y "residencia de datos". Francia podía alojar los servidores, los ciudadanos franceses podían generar los datos y las instituciones francesas podían pagar por el servicio, pero la autoridad última podía residir en otro lugar. La comisión llegó a una conclusión clara: Microsoft no podía garantizar la soberanía sobre los datos que alojaba. Este intercambio revela una realidad con consecuencias específicas, incluyendo -y quizás sobre todo- para Asia Occidental: la ubicación física de los datos ya no coincide con su ubicación política.

La geografía clásica del poder enseña que la soberanía ocupa territorio. El petróleo pertenece al Estado bajo cuyo suelo se encuentra; los puertos están bajo la autoridad del país en cuyas costas se ubican; los oleoductos siguen las fronteras que cruzan. En esta tradición, el poder se interpreta en la superficie de la tierra. Los datos siguen una geografía diferente.

           Geralt


Un historial médico puede crearse en Riad, almacenarse en Baréin, procesarse mediante un algoritmo entrenado en Estados Unidos y gestionarse a través de una filial europea. ¿Qué Estado lo controla realmente? La respuesta convencional atribuye los datos al individuo, la empresa o el gobierno que los generó. En la práctica, la propiedad importa menos que el control. El verdadero poder reside en quien pueda acceder, procesar, transferir, restringir o exigir legalmente la divulgación de la información.

Este principio lo enuncia inequívocamente el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos en virtud de la Ley CLOUD, los proveedores sujetos a la jurisdicción estadounidense pueden ser obligados a entregar datos mediante procedimientos legales válidos, "independientemente de dónde los almacene la empresa". Washington presenta la ley como una herramienta legítima para obtener pruebas electrónicas. A nivel geopolítico, permite que la jurisdicción estadounidense se extienda a través del control corporativo, alcanzando información almacenada mucho más allá del territorio estadounidense. El nuevo mapa del poder no solo se define por fronteras, cables y centros de datos, sino también por domicilios sociales, claves de cifrado, obligaciones legales, administradores de sistemas y los estados capaces de obligarlos a cooperar.

En Asia Occidental, los gobiernos están invirtiendo fuertemente en computación en la nube, inteligencia artificial, identidad digital, ciudades inteligentes y servicios públicos basados ​​en datos. Arabia Saudita aspira a convertirse en una economía de datos líder; los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Omán y Turquía están ampliando sus capacidades de gestión y gobernanza de la información. 

La capacidad física también se concentra en unos pocos centros regionales: una evaluación del Banco Mundial de 2025 contabilizó treinta y nueve centros de datos en los Emiratos Árabes Unidos y treinta y tres en Arabia Saudita, cifras inferiores al promedio de los países de altos ingresos (ochenta y uno), pero significativamente superiores al resto de la región.

La transición es cuantificable. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en 2024, el 70% de la población de los estados árabes utilizaba Internet, en comparación con el 68% a nivel mundial. Sin embargo, el promedio regional oculta una brecha de 82 puntos porcentuales entre las economías menos y más conectadas, mientras que las suscripciones de banda ancha fija siguen siendo menos de la mitad de la cifra global. La expansión digital es rápida y, al mismo tiempo, profundamente desigual.

El panorama de proveedores, por otro lado, está altamente concentrado. Según Synergy Research Group, en el tercer trimestre de 2025, Amazon, Microsoft y Google representaron el 63% del gasto empresarial global en infraestructura en la nube, en un mercado trimestral que había crecido de 68 mil millones de dólares a 107 mil millones de dólares solo dos años antes. 

Los países que están construyendo rápidamente sus propios sistemas digitales están entrando en un mercado ya estructurado en torno a la dependencia. Un gobierno puede exigir que los datos de los ciudadanos permanezcan dentro de las fronteras nacionales mientras confía a una empresa extranjera la gestión de la plataforma, la actualización del software, el suministro del modelo de IA o el control de capas críticas del sistema. Esto crea la apariencia de soberanía sin su sustancia.

La localización de datos solo responde a una pregunta: ¿dónde se almacena la información? Deja abiertas las preguntas cruciales: ¿Quién controla las claves de cifrado? ¿Quién actualiza el software? ¿Quién puede suspender el servicio? ¿Qué leyes nacionales rigen al proveedor? ¿Quién puede obligar a su divulgación y quién posee la capacidad de computación necesaria para extraer valor estratégico de ella? Mantener los servidores dentro de las fronteras nacionales no los coloca bajo control nacional.

Palestina y los datos como arma

En ningún otro lugar son más evidentes las consecuencias de esta geografía oculta que en la Palestina ocupada. La guerra moderna depende cada vez más de la recopilación, el cruce y la interpretación de enormes cantidades de información. Los registros telefónicos, los identificadores biométricos, las comunicaciones interceptadas, los historiales de ubicación y las imágenes aéreas pueden transformarse en inteligencia militar mediante la computación en la nube y la inteligencia artificial.

El uso combinado de productos de Microsoft y OpenAI por parte del ejército israelí en marzo de 2024 había alcanzado un nivel de casi doscientas veces superior a la de la semana anterior al 7 de octubre de 2023. Los datos almacenados en los servidores de Microsoft se habían duplicado con creces, superando los 13,6 petabytes en julio de 2024, mientras que el uso de los servidores creció en casi dos tercios durante los dos primeros meses de la guerra. Según se informa, la plataforma Azure se utilizó para recopilar, transcribir y traducir información obtenida mediante vigilancia masiva, y parte de la inteligencia se cotejó con sistemas de adquisición de objetivos.

En septiembre de 2025, Microsoft desactivó ciertos servicios en la nube y de IA proporcionados a una unidad militar israelí después de que una auditoría interna confirmara que sus productos se estaban utilizando para la vigilancia masiva de palestinos; los datos en cuestión se almacenaban en las instalaciones en la nube de la empresa ubicadas en Europa.

Esta cadena de acontecimientos es reveladora:

Información recopilada en Palestina, procesada por una unidad militar israelí, alojada en Europa y, en última instancia, sujeta a una decisión tomada por una empresa estadounidense.

La limitación de esta medida es igualmente reveladora:

Como señaló Hossam Nasr, ex empleado de Microsoft y defensor de la campaña «No Azure para el Apartheid», la mayor parte del contrato con el aparato militar israelí permaneció intacta. Las grandes empresas tecnológicas ahora ocupan posiciones que antes estaban reservadas casi exclusivamente a los Estados: proporcionan capacidades utilizadas en operaciones de inteligencia, deciden si un cliente conserva el acceso, investigan presuntos abusos e imponen restricciones transfronterizas. 

El propio Israel reconoce la importancia estratégica del control sobre la nube. El proyecto Nimbus, adjudicado a Google y Amazon Web Services, fue diseñado para proporcionar a los ministerios israelíes y organismos públicos relacionados una infraestructura integral en la nube. El contrato, valorado en 1200 millones de dólares, requería infraestructura local y se presentó como un medio para mantener la información gubernamental dentro de las fronteras del país. Sin embargo, los principales proveedores siguen siendo empresas estadounidenses, integradas en los sistemas legales y tecnológicos de Estados Unidos. Nimbus encarna la paradoja central de la soberanía de los datos: un gobierno puede exigir que la información permanezca dentro de su territorio mientras confía el almacenamiento, la computación y la gestión de la plataforma a empresas con sede en otros países. Israel negoció con firmeza para reducir esta vulnerabilidad. La mayoría de los países de Asia Occidental carecen del poder de negociación de Israel, de su integración tecnológica con Washington o de su capacidad para presionar a las grandes corporaciones estadounidenses. 


            Coli NOOB processor


En este caso, la soberanía también depende del poder de negociación. La disputa sobre los datos es, en última instancia, una lucha por tres derechos estratégicos.

- El primero es el derecho a recopilar: los gobiernos, las plataformas digitales, los operadores de telecomunicaciones, los bancos y los servicios de seguridad acumulan información sobre identidad, movimientos, comunicaciones, salud, consumo y comportamiento.

- El segundo es el derecho a procesar: los datos brutos adquieren valor estratégico solo si el actor posee los chips, algoritmos, plataformas en la nube y personal cualificado necesarios para procesarlos.

- El tercero es el derecho a obligar: la autoridad, reclamada por los gobiernos y los tribunales, para obligar a los proveedores a revelar, conservar, eliminar o restringir la información.

La concentración económica en torno a estos tres derechos se está intensificando. La UNCTAD informa que las cinco mayores multinacionales digitales han aumentado su participación combinada en las ventas del sector del 21 % en 2017 al 48 % en 2025, mientras que su participación en los activos aumentó del 17 % al 35 %. El control sobre los datos y la computación se acumula más rápido que la expansión de la infraestructura. 

Un país que controla solo el primer derecho es un proveedor de materias primas digitales; uno que controla la recopilación de datos y la computación puede convertirse en una potencia digital; un actor capaz de ejercer los tres posee algo cercano a la soberanía digital.

Lo que está en juego económicamente está aumentando rápidamente. La UNCTAD estima que el mercado mundial de inteligencia artificial crecerá de 189.000 millones de dólares en 2023 a 4.800.000 millones de dólares en 2033, un aumento de veinticinco veces en una década. Las regiones que suministran datos pero carecen de la infraestructura informática y la propiedad intelectual necesarias para procesarlos corren el riesgo de retener solo una parte mínima de ese valor. 

En el siglo XX, el valor estratégico residía no solo en la extracción de petróleo, sino también en su refinación, transporte, fijación de precios y financiación. En el siglo XXI, la misma distinción se aplica a los datos: Asia Occidental puede generar la materia prima, pero el poder decisivo reside en las "refinerías de datos", es decir, en las plataformas en la nube, los modelos de IA y los sistemas informáticos que transforman la información en beneficios, inteligencia y poder geopolítico.

Más allá del colonialismo digital

La solución no es el aislamiento tecnológico. Ningún Estado de Asia Occidental puede reproducir por sí solo todas las capas de la infraestructura tecnológica global, y sustituir la dependencia de los proveedores estadounidenses por una dependencia total de plataformas chinas o de otro tipo simplemente desplazaría el centro de gravedad externo. El riesgo que se debe evitar es que la liberación de la dependencia del petróleo se convierta en colonialismo digital: un escenario en el que las empresas de la región generen los datos mientras que las plataformas extranjeras sean propietarias de la infraestructura, extraigan su valor y mantengan el control del acceso. Lo que se necesita es autonomía tecnológica distribuida.

Sobre esta base, se puede establecer un orden de prioridades concreto. La adquisición de servicios en la nube debe tratarse como una decisión de seguridad nacional, no como una gestión informática rutinaria. Los contratos deben especificar: quién controla las claves de cifrado, cómo se gestionarán las solicitudes legales extranjeras y si los datos y las aplicaciones pueden migrarse a otro proveedor. Los datos de salud, defensa, biométricos, judiciales y del registro civil requieren una protección más estricta que la información comercial ordinaria. Los gobiernos deben invertir en capacidades de nube regionales interoperables, estándares abiertos, auditoría independiente y la capacidad de mantener servicios esenciales en caso de que un proveedor extranjero revoque el acceso. Sobre todo, la soberanía de los datos debe ir más allá del almacenamiento para abarcar toda la cadena: recopilación, clasificación, procesamiento, acceso, intercambio y eliminación.


           Alana Jordan

Durante más de un siglo, la importancia geopolítica de Asia Occidental se ha cartografiado a través de campos petrolíferos, oleoductos, puertos, estrechos y bases militares. Estas estructuras siguen siendo centrales, pero otra red estratégica se ha extendido sobre ellas: una compuesta por bases de datos, contratos en la nube, jurisdicciones legales, sistemas de identidad, modelos de IA y autorizaciones invisibles. El control de los datos otorga a los estados y las corporaciones el poder de cartografiar las sociedades, interpretar sus comportamientos, anticipar sus cambios políticos y económicos, y traducir ese conocimiento en acciones.

 

Los estados de Asia Occidental están construyendo rápidamente la infraestructura digital sobre la que se sustentarán sus economías e instituciones públicas. Sin embargo, gran parte de la autoridad que gobierna esos sistemas permanece fuera de la región. En el siglo XXI, el control sobre un territorio dependerá cada vez más del control sobre los datos que revelan a su gente, instituciones y recursos.

La pregunta planteada al Senado francés en junio de 2025 claramente trasciende las fronteras de Francia: quienes no pueden garantizar el destino de sus datos no gobiernan plenamente su propio territorio.

Y con esos datos, literalmente, se puede hacer cualquier cosa.

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12 abril 2026

¿Por qué las élites AMAN la democracia?



EEUU no gusta de la democracia que va contra sus intereses

por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos en inglés


Estados Unidos perdió su soberanía en 1913 cuando se aprobó la Ley de Reserva Federal y la Enmienda del Impuesto sobre la Renta. La Ley de la Reserva Federal fue redactada por los Rothschild de Europa en colusión del Money Trust, es decir, los intereses Morgan y Rockefeller. Por ello los EE. UU., desde esa fecha son controlados por una élite financiera globalista que liga la City de Londres y la Reserva Federal, llegando a controlar el país mediante la deuda. La sede de la élite financiera globalista no es New York (ni EE. UU.) es la City de Londres donde se establecen las “reglas” para manipular la deuda soberana del gobierno estadounidense.

Esta élite utiliza organizaciones financieras para confirmar ese control que se expande hacia un control globalista a través de instituciones como el FMI, la ONU, la OMS, el Foro Económico Mundial y la OTAN.

En teoría se decía que Donald Trump vino para luchar contra el poder bancario, que buscaba restaurar la soberanía frente al sistema financiero. Esto producirá risas en la actualidad, sin lugar a dudas (no me extenderé explicando el American First ni MAGA). (A propósito de risas, en nuestro artículo "Un Mundo basado en reglas, versión comedia", puede mediante la sátira comprobar como funciona el sistema).

Por tanto, Estados Unidos sirve placenteramente a la élite financiera globalista a través de guerras de conquista como fueron las dos guerras mundiales y los denominados conflictos de baja intensidad durante la Guerra Fría, la destrucción de la URSS y la "Guerra contra el Terror o “choque de civilizaciones” hasta llegar al presente con la guerra por poder en Ucrania, la guerra de Gaza a través de Israel y, como, no, el actual conflicto en Medio Oriente contra Irán.

En lo financiero, Estados Unidos ha controlado el negocio del petróleo a través de la forzada implementación en 1973 del patrón dólar junto a su lucha perpetua por controlar el mercado del oro. "Quien tiene el oro manda", suele decirse porque “el oro otorga el derecho a imprimir dinero ‘de la nada’ mediante el mecanismo de la banca de reserva fraccionaria combinado con la usura exigida a intereses compuestos. A través de este mecanismo diabólico, la élite financiera global gobierna gran parte de la humanidad”. No obstante, vemos como China, Rusia, Irán y, a menor medida otras naciones BRICS, están -o al menos intentándolo-  rompiendo ese viejo lazo en su intento coordinado de forjar un mundo multipolar.

Es un hecho de que existe una red de multimillonarios y organizaciones benéficas multimillonarias utilizan sus estatus fiscales para mover el "dinero oscuro", algo que parece ser desconocido en la política de la democracia estadounidense, en ese aspecto no hay distinciones entre la derecha y la izquierda (¿existe una izquierda en EE. UU.?, no nos cansamos de escuchar a Trump y otros políticos despotricar contra la “izquierda radical”). Entre esos multimillonarios se encuentran algunos muy reconocidos: Warren Buffett, Mark Zuckerberg y el “popular” George Soros; organizaciones benéficas como la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, OpenSociety, la Fundación Bill y Melinda Gates y otros, así como empresas privadas como BlackRock, etc.

Scott Walter, presidente de Capital Research Center (CRC), ha acumulado una gran cantidad de información sobre fuentes de "dinero oscuro" desde la "izquierda". Su libro “Arabella: The Dark Money Network of Leftist Billionaires Secretly Transforming America”, explica cómo se canaliza el dinero hacia movimientos sociales y políticos, desde el aborto hasta el cambio climático y la presión para la elección de jueces sean conservadores o de “izquierda”. A través de InfluenceWatch.org, Walter rastrea el "dinero oscuro" en organizaciones de “centro-izquierda” utilizando tanto fuentes de la derecha como reportajes convencionales. El CRC a logrado que medios convencionales reconozcan los riesgos democráticos de este financiamiento e investigaciones del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara sobre dinero extranjero. El libro demuestra no solo al público sino a los legisladores las activistas de grandes capitales que presionan por un gobierno centralizado. El objetivo final es exponer a estos actores financieros para contrarrestar la manipulación política de la mayor “democracia” del mundo.

Es muy común escuchar y leer sobre organizaciones públicas y privadas que ejercen gran poder en los Estados Unidos, pero, hay una organización oficial que suele pasar por desapercibida.

"El Consejo", también conocido como "CIGIE", o "Consejo de los Inspectores Generales de Integridad y Eficiencia". La Ley del Inspector General de 1978" ("Ley IG") es una legislación presentada por el Comité de Asuntos Gubernamentales del Senado de EE. UU., tras el caso Watergate y la dimisión del presidente Richard Nixon, para "mejorar los programas y operaciones gubernamentales mediante una mayor transparencia y rendición de cuentas". Se instituyeron los primeros doce Inspectores Generales nombrados por el presidente en agencias federales. Una capa de poder gubernamental que sin lugar a dudas responde en primer lugar ante la capa de benefactores multimillonarios.

Se puede compararlo con la “Comisión Trilateral” y el "New Deal". Esta entidad federal, el "CIGIE", para los empleados federales y para los poderosos de los Estados Unidos de América sigue siendo conocido como "El Consejo". Sea que la intención de la formación de "El Consejo" fuera originalmente diseñada para promover una buena gestión gubernamental o implementada de forma maliciosa como herramienta de reconstrucción social, "El Consejo" se ha transformado en el maestro de la política y la economía estadounidense.

En el artículo “ 'El Consejo' - ¿Quién dirige los Estados Unidos de América? Revelando los rostros de un asalto elitista a Estados Unidos”, Gregory Stenstrom, de Intelligencer Hoy (julio 2024) describe al "El Consejo", en el que todo y todos los que emanan de ellos, han controlado Estados Unidos durante los últimos cincuenta años con el propósito de extraer la riqueza de la nación. Según la Constitución, el gobierno y la fuerza laboral sirven para proteger la riqueza y el "bien público" del pueblo estadounidense, pero el propósito del "Consejo" es aplastarlo y destruirlo.

“Utilizan las herramientas de las acusaciones, la obstrucción y las agencias gubernamentales utilizándolas como armas para atacar a sus enemigos bajo falsas apariencias de ley. Solo ellos eligen quiénes serán ganadores y perdedores en política, negocios, economía, medios, elecciones, educación, y lo hacen con total amoralidad. El Consejo es una organización "intocable", codificada legislativamente y sui generis, con tentáculos incrustados en todas las agencias y ramas gubernamentales excepto en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Desde su perspectiva, son los dueños de los Estados Unidos de América. Es "suya", y "ellos" son sus administradores autoproclamados. Cualquiera que no sea "ellos" son "idiotas útiles", "inocentes útiles" o bienes humanos que deben ser descartados a la necropolítica. El resto de nosotros somos "unidades de carbono" desechables asignadas a valores positivos y negativos dependiendo de nuestra utilidad relativa para ellas. Este es su idioma”.

Aclarando que estas líneas se refieren a una agencia gubernamental, que en la práctica responde a una capa superior privada de la élite económica. Están por encima del sistema, lo han superado. Hacen el trabajo “sucio” para las élites que aparentan desconocer. “Es el aparato oficial que doblega al pueblo y a los representantes electos a su voluntad, y hasta ahora, todo se ha hecho a la vista de todos, envueltos en la bandera estadounidense, bajo un falso color de ley y en detrimento del pueblo estadounidense”. Y, -lo peor- es que esas grandes empresas privadas se toman la "molestia" de utilizar el dinero público para sus objetivos. (Por favor usted puede acceder al documento completo, observar documentos y fotografías de quienes componen "El Consejo", VER notas a pie de página) 




En nombre de la “Democracia”

Un interesante artículo publicado en 2024, cuyo título he “plagiado” para titular esta entrada: “Por qué los oligarcas AMAN la democracia”, señala la preocupación de las élites por la “democracia” en reuniones de diversas cumbres. Este mal oliente tufillo en defensa de la “democracia” ya no es novedad, todos sabemos que es una fachada para salvaguardar intereses, el objetivo es evitar alianzas comerciales, económicas, tecnológicas y geopolíticas en general donde pudiere estar tramándose entorpecer el orden basado en reglas diseñado por los Estados Unidos, es decir, contra todo aquello que amenace la hegemonía angloestadounidense en Eurasia o en el resto del mundo.

Detrás del inconmensurable discurso de amor por la “democracia” global, predominará siempre los estratégicos intereses geopolíticos y económicos. Las élites globalizantes -citemos como ejemplo a las que se reúnen en el famoso Foro de Davos o a la familia Soros-, siempre hablaran de luchar y defender los principios de la "democracia". En realidad es una gran fachada para proteger sus intereses económicos corporativos a nivel mundial a largo plazo. Que no quede duda de que la OTAN siempre ha sido una herramienta de control Occidental diseñado para asegurar el dominio de regiones claves en el orbe. El último ejemplo fue Ucrania, donde se sigue utilizando recursos y personal de Europa del Este en lugar de arriesgar sus propias tropas, lo mismo se pretendió hacer en Irán, pero esta vez la mayoría de integrantes de la OTAN le dijeron no a Estados Unidos. Los europeos también tienen “sentimientos”, y en el caso iraní no tenían nada que ganar.

Poco analizado, escasamente discutido es un olvidado antecedente a la guerra en Ucrania, cuando alemanes y rusos demostraron que podían convivir, compartir y hacer negociaciones beneficiosas por las dos naciones. Casi nadie se percató que los anglo-estadounidenses temblaron ante la posibilidad de una alianza económica Germano-Rusa (sin que Alemania se separara de la UE y/o de la OTAN) que hubiese culminado con una fusión entre la tecnología y el capital alemán con los recursos naturales y la mano de obra rusa. La actual guerra en Ucrania buscó el mismo fin por medio de implantar “democracia” en Rusia: evitar a toda costa una alianza germano-rusa. La destrucción del oleoducto Nord Stream fue la prueba física de que rompiendo ese vínculo energético no solo entre Rusia y Alemania, sino entre Rusia y Europa, los anglo-estadounidenses evitaron un colapso de la “democracia” en Europa.

El analista Alex Krainer sostiene que la verdadera obsesión de los grupos de poder -en el caso arriba descrito- no era defender la democracia, ni el sistema de votos, sino evitar que un mayor acercamiento entre Rusia y Alemania trastocará todo el sistema geopolítico clásico de Mackinder, Haushofer, Berezensky, Friedman y otros. Esa teoría de la hegemonía euroasiática explica por qué Rusia ha sido el objetivo eterno de Occidente. El "Estado Pivote", es decir, en teoría, quien controle el corazón de Eurasia (Rusia y Asia Central) controla el mundo. Por ello las élites occidentales se horrorizaron cuando entendieron que había un proyecto para combinar los recursos de Rusia con la tecnología de Alemania, hubiese dado lugar a un bloque económico gigante que no necesitaría del comercio marítimo controlado por EE. UU. e Inglaterra.

Una Eurasia unida sería una potencia inalcanzable en el comercio oceánico y una amenaza directa a la hegemonía liderada por EE. UU. (cooptada por intereses del antiguo Imperio Británico). Ucrania fue el recurso que se tenía a mano para entorpecer los tratos entre Rusia y Alemania. La supuesta alianza defensiva representada por la OTAN demostró lo que siempre ha sido: una herramienta de expansión. Hoy la ira de Mr. Trump contra sus socios europeos, por el asunto Irán, afectará la alianza que durante 80 años dominó la política mundial.

Curiosamente, la expansión de la OTAN es un proyecto de, entre otros globalistas, George Soros, éste escribió en 1993 "Hacia un Nuevo Orden Mundial: El futuro de la OTAN" planteando que los conflictos actuales no son accidentales. Soros sostuvo que, tras la caída de la URSS, la OTAN no debía desaparecer, sino transformarse en una herramienta para "proyectar influencia" hacia el Este, debía expandirse hacia el Este y combinar su tecnología occidental con las tropas de Europa del Este para conseguir esa expansión.

La "Sinergia" Humana y Técnica, es una cruda cita de texto. Soros sugería que usar soldados del este europeo (como Ucrania o Polonia) junto con la tecnología de la OTAN reduciría el riesgo de "bolsas para cadáveres" (soldados occidentales muertos). Soros -que proviene de Europa del Este- ve a los europeos del este como "carne de cañón" para proteger la opinión pública en los países ricos de la OTAN, reduce el costo político y proyecte la influencia hacia Rusia, que sin duda se opone. El hijo de George Soros -Alex Soros- mantiene el mismo legado de su padre, y el momento de poner en práctica lo que pregona su progenitor tuvo lugar con la crisis militar que viene sucediendo en Ucrania.

Sin embargo, las élites estadounidenses no son homogéneas. (Lo hemos explicado en otras ponencias sobre Donald Trump en su primer mandato) Para hacerlo comprensible, digamos que hay dos rivales potenciales que representan los mismos intereses, pero con distintos medios. Desde el primer mandato de Trump se apreció esa “guerra” entre George Soros y Donald Trump. Curiosamente, las élites más predominantes ven en Trump una "amenaza a la democracia" con esa política de "América primero" y el escepticismo de Trump hacia la OTAN que por lógica está rompiendo el diseño del Nuevo Orden Mundial de posguerra. Trump propuso el Interés Nacional vs. Nuevo Orden Mundial, aunque -con toda razón- tras la crisis en Oriente Medio e Irán, hay quienes afirman que la cosa va por un “Israel Primero” vs. “”América Primero”.

Soros advirtió que el propio interés de Estados Unidos ("America First") podría chocar con las necesidades de este nuevo orden global. Por eso, figuras como Trump han sido vistas como enemigos de la "democracia" sobre todo en las reuniones de Davos. ¡Ojo! No nos equivoquemos, el proyecto general es el mismo, solo que hay dos bandos que quieren imponer su particular método de obtenerlo.

El analista Alex Krainer sugería en 2024 que el miedo de los Soros no era que Trump se convierta en un dictador, el miedo era que Trump priorice los intereses nacionales estadounidenses sobre la agenda de la oligarquía globalista. “Afortunadamente” Trump ha tenido que ceder -en parte- al “Estado Profundo” al tener que aceptar lo que se espera de la ‘Democracia’: “el único sistema en el que un solo hombre puede escribir décadas de guerras y millones de muertos en todo el mundo”.

La guerra en Ucrania es una parte de la ejecución de ese plan, el conflicto debe ser descrito como la culminación de esa estrategia de décadas. El exministro de defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, admitió que Ucrania está "cumpliendo la misión de la OTAN", se confirma sin dejar lugar a dudas, que Ucrania continúa haciendo el "trabajo sucio" de la OTAN, está siguiendo casi exactamente el guion trazado por Soros hace más de 30 años, al derramar su propia sangre en lugar de la sangre occidental para así eliminar la “amenaza” rusa. No hay duda que Ucrania es el brazo ejecutor para intentar cumplir el plan de hegemonía trazado hace décadas.

Se quiso hacer lo mismo con algunos agentes regionales en Oriente Medio para socavar la influencia iraní en la región, el problema es que Israel es demasiado “independiente” para ir a morir por Estados Unidos y Occidente. El error es haber confiado en la fuerza bruta de acción y efecto inmediato del tándem terrible -USA/Israel- que no creyó necesario contar con sus socios de la OTAN, cuando las cosas no salieron según su plan se invocó a la ayuda europea que la ha negado mayoritariamente, la alianza inalterable se ha resquebrajando.

¿Qué podemos decir? Está más que claro que la "democracia" es una exportación de lujo que beneficia a una oligarquía oculta, y que los conflictos actuales son el resultado de planes fríamente calculados (bueno no tan fríamente calculados en el caso iraní) donde las vidas humanas son sacrificadas en nombre de la hegemonía predominante.

La "democracia", de la que se habla en Davos y otros Foros Mundiales de las élites, es solo una palabra que refiere a su sistema global de dominación, donde esta oligarquía controla los flujos de energía y comercio, impidiendo que potencias terrestres como Rusia y Alemania se unan, impidiendo que China siga desarrollándose y evitando que Irán abra corredores terrestres tanto hacia el Este como al Oeste de Eurasia, en los ejemplos citados.

Para alguien que entiende la verdadera geopolítica solo hay un camino que debe recordar siempre: La paz mundial comenzará cuando Estados Unidos, y los socios que le queden en Europa, reconozcan el derecho al libre desarrollo de China y Rusia; y de potencias regionales como Irán, la India y otras naciones.




Estados Unidos, ¿nación democrática o nación genocida?

Un importante artículo de Jim Miles: “EE. UU. Nación Genocida”, inicia preguntándose: “¿Qué pasa con nosotros?… ¿Somos homicidas por naturaleza?” "¿Qué tienen de diferente los estadounidenses?" "¿Somos homicidas por naturaleza?". Resumamos sus puntos de vista.

No hay respuestas fáciles ni soluciones fáciles (pero pueden ser obvias), la respuesta rápida revela más verdad: no, no homicida, pero sí muy genocida. El término genocida en su aplicación por parte de Estados Unidos y su imperio contra la gente del mundo y el mundo mismo, que comprende todos los demás seres vivos y el medio ambiente necesarios para sustentar esa vida.

En primer lugar, Estados Unidos nació de la violencia; en segundo término, nació del racismo. Van muy bien juntos y han dado forma a los Estados Unidos de hoy. EE. UU. es herencia europea, familiarizada con el genocidio anterior del holocausto y la violencia militar. Además, la Doctrina racista Cristiana del Descubrimiento promulgada por la Bula Papal de 1452 (y otras) relegó a todos los no europeos a ser salvajes, primitivos, que deben ser tratados como fuera de la cultura europea / cristiana y, en la base, tratados como esclavos, con sus entornos para enriquecer su patria. 

Entonces, desde la Doctrina del Descubrimiento, a través del Destino Manifiesto hasta el “excepcionalismo” e “indispensabilidad” arrogantes de hoy han servido de base de un imperio en expansión, utilizando la violencia y el genocidio para controlar el mundo. Esa visión etnocéntrica como un pueblo superior destinado a liderar y controlar el mundo, la ha transformado en una cultura de violencia militarizada. Más aún, en el presente, la lucha contra la esclavitud y el racismo siguen presentes en la tierra de la “libertad”.

Una nación fundada en el excepcionalismo, el racismo y la violencia sobre la tierra será difícil de reconstruir y mucho menos hacer enmiendas.

"Apreciemos esto como algo que es incentivado continuamente en la retórica de los medios de comunicación, los políticos y los banqueros, financieros y jefes corporativos que han gobernado a lo largo de la historia de los Estados Unidos. Sus rasgos de personalidad son significativos: individualismo rudo; excepcionalismo; derecho; venganza. Otro “atributo” es el abuso de los eufemismos “libertad” y “democracia”, responsable solo de uno mismo y no del bien general, es decir una sociedad codiciosa, ignorante y egocéntrica, atributos que se generalizan en toda esa sociedad.

¿Quién puede negar que desde su nacimiento Estados Unidos opera militarmente con violencia y racismo (como gran heredero el Imperio Británico)? El gobierno se compone por quienes heredaron esa violencia y racismo, “un gobierno imperial, que crea sin cesar miedo al 'otro', ya sean socialistas, comunistas, yihadistas, inmigrantes, rusos, chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses”, etc., formando una sociedad militarizada que opera en beneficio de las élites corporativas, políticas y militares, bajo el disfraz de “democracia”.

No vamos a detenernos en su estructura social, que es lo mismo de lo anterior, igualmente racista / elitista. “Los ciudadanos estadounidenses tienden a ser bastante ignorantes no solo sobre el mundo, sino sobre su propio país y cómo opera, y a través del proceso educativo y su proceso mediático aliado produce una sociedad egocéntrica codiciosa que culpa al individuo por cualquier problema que pueda ocurrir”.

“El sistema financiero está cerca de un punto de quiebre, construido sobre la base de la deuda (en gran parte a través del complejo industrial militar combinado con la subcontratación y deslocalización del empleo) y apoyado ahora principalmente por dinero creado por el golpe de un teclado de computadora sin que se produzca ningún producto, la financiarización de mercados que enriquecen a las élites y empobrecen al resto”.




Ciertas reflexiones finales sobre "democracia" made in USA nos presentan dos extraordinarios estadounidenses, John y Nisha Whitehead (2024) en “La matrix política sostiene la ilusión de libertad”, inician citando a Neil Postman: 

"Cuando una población se distrae con trivialidades, cuando la vida cultural se redefine como una ronda perpetua de entretenimientos, cuando la conversación pública seria se convierte en una forma de lenguaje infantil, cuando, en resumen, un pueblo se convierte en público y sus asuntos públicos en un acto de vodevil, entonces una nación se ve en peligro; la muerte cultural es una posibilidad clara".

Muchos concuerdan que -refiriéndose al pueblo estadounidense- están “atrapados en una matrix política destinada a sostener la ilusión de que somos ciudadanos de una república constitucional. En realidad, estamos atrapados en algún punto entre una cleptocracia -un gobierno gobernado por ladrones- y una kaquistocracia -un gobierno dirigido por políticos, corporaciones y ladrones de carrera sin principios que se adulan a los peores vicios de nuestra naturaleza y que tienen poco respeto por los derechos de los ciudadanos estadounidenses-.

Durante años, el gobierno ha estado jugando al gato y al ratón con el pueblo estadounidense, permitiéndonos disfrutar de la libertad justa para pensar que somos libres, pero no la suficiente para vivir realmente como un pueblo libre. En otras palabras, se nos permite disfrutar de la ilusión de libertad mientras nos despojan de los mismos derechos que pretendían garantizar que el gobierno responda al respeto del Estado de derecho, la Constitución de Estado Unidos”.

“Esto ya no es América, tierra de la libertad, donde el gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Más bien, esto es Amerika, donde el fascismo, el totalitarismo y el militarismo van de la mano. La libertad ya no significa lo que antes”. Los derechos que en su día reforzaron el compromiso de los fundadores con el experimento americano de la libertad dejaron de existir hace mucho. Nos confunden la libertad con el libertinaje, por el cual estamos felices (somos libres para hacer lo que nos da la gana y decir lo que nos place sin consecuencias aparentes).

“No solo ya no tenemos dominio sobre nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestras propiedades y nuestras vidas, sino que el gobierno sigue minando los pocos derechos que aún nos quedan para hablar libremente y pensar por nosotros mismos. Nos están tomando por tontos. Sobre el papel, técnicamente podríamos ser libres. Sin embargo, en realidad, solo somos libres hasta donde un funcionario gubernamental nos permita.

A decir verdad, vivimos en una dictadura disfrazada de democracia donde todo lo que poseemos, todo lo que ganamos, todo lo que decimos y hacemos -nuestras propias vidas- depende de la benevolencia de los agentes gubernamentales y accionistas corporativos, para quienes el beneficio y el poder siempre prevalecerán sobre los principios. Y ahora el gobierno está litigando y legislando para entrar en un nuevo marco donde las órdenes de los burócratas menores tienen más peso que los derechos inalienables de la ciudadanía.

De hecho, no solo estamos desarrollando una nueva ciudadanía incapaz de pensar por sí misma, sino que también les estamos inculcando una dependencia completa y absoluta del gobierno y sus socios corporativos para que hagan todo por ellos -decirles qué comer, qué ponerse, cómo pensar, qué creer, cuánto tiempo dormir, a quién votar, con quién relacionarse, y así sucesivamente.

De este modo, hemos creado un estado de bienestar, un estado niñera, un estado policial, un estado de vigilancia, un campo de concentración electrónico - llámalo como quieras, el significado es el mismo: en nuestra búsqueda de menos responsabilidad personal, un mayor sentido de seguridad y sin obligaciones pesadas entre nosotros ni con las futuras generaciones, hemos creado una sociedad en la que no tenemos verdadera libertad. Estos son hitos en el camino hacia un estado fascista donde los ciudadanos son tratados como ganado, para ser marcados y finalmente conducidos al matadero.

La libertad, o lo que queda de ella, está siendo amenazada desde todas direcciones. Con demasiada frecuencia se entrega voluntariamente y a un precio tan barato: seguridad, protección, pan y circos.

Por "gobierno" no me refiero a la burocracia altamente partidista y bipartidista de republicanos y demócratas. Más bien, me refiero al "Gobierno" con mayúscula, el Estado Profundo arraigado que no se ve afectado por las elecciones, no alterado por los movimientos populistas y que se ha puesto fuera del alcance de la ley.

"Los depredadores del estado policial están causando estragos en nuestras libertades, nuestras comunidades y nuestras vidas. El gobierno no escucha a la ciudadanía, se niega a cumplir la Constitución, que es nuestro estado de derecho, y trata a la ciudadanía como una fuente de financiación y poco más.

Desgraciadamente, no existe ningún hechizo mágico que nos transporte de vuelta a un lugar y tiempo donde "nosotros, el pueblo" no fuéramos simplemente carne de caña para un molino harinero corporativo, gestionado por trabajadores del gobierno, cuyas prioridades son el dinero y el poder.

Nuestras libertades se han convertido en víctimas en una guerra total contra el pueblo estadounidense. "Nosotros, el pueblo" ya no somos los amos. No importa si hablamos del gobierno federal, de los gobiernos estatales o de los organismos locales: en todos los extremos del espectro y en cada punto intermedio, se ha producido un cambio. "Nosotros, el pueblo" no somos vistos, escuchados ni valorados. Ya no contamos para casi nada más allá de un voto electoral ocasional y como fuente de ingresos para las crecientes necesidades financieras del gobierno.

Deja de taparte la nariz para bloquear el hedor de una institución en descomposición. Para empezar, dejad de tolerar la corrupción, el soborno, la intolerancia, la codicia, la incompetencia, la ineptitud, el militarismo, la anarquía, la ignorancia, la brutalidad, el engaño, la colusión, la corpulencia, la burocracia, la inmoralidad, la depravación, la censura, la crueldad, la violencia, la mediocridad y la tiranía. Estas son las señas de identidad de una institución que está podrida de pies a cabeza.

Deja de permitir que el gobierno y sus agentes te traten como a un sirviente o a un esclavo. Tienes derechos…".




Los nombrados John y Nisha Whitehead, del The Rutherford Institute, van más allá sobre la “democracia” en su país, el mismo 2024 escribieron: “¿Quién es el dueño de América? Los oligarcas han impulsado el sueño americano”. Aquí demuestran -una vez más- las cualidades de la supuesta “democracia” estadounidense. 

"Los políticos están ahí para darte la idea de que tienes libertad de elección. No lo haces. No tienes elección. Tienes dueños. Te poseen. Lo poseen todo. Son dueños de todas las tierras importantes. Son propietarios y controlan las corporaciones. Desde hace tiempo han comprado y pagado el Senado, el Congreso, las cámaras estatales, los ayuntamientos. Tienen a los jueces en el bolsillo y son dueños de todas las grandes empresas de medios, así que controlan casi todas las noticias e información que escuchas... Gastan miles de millones de dólares cada año haciendo lobby. Presionando para conseguir lo que quieren. Bueno, sabemos lo que quieren. Quieren más para ellos y menos para los demás... Se llama el Sueño Americano, porque tienes que estar dormido para creerlo". (George Carlin)

En la oligarquía que es el estado policial estadounidense, claramente no importa quién gane la Casa Blanca, porque todos trabajan para el mismo jefe: un Estado corporativo que se ha globalizado.

Entonces, aunque la pregunta parece reiterativa:

¿Quién es el dueño de América? ¿Es el gobierno? ¿Los políticos? ¿Las corporaciones? ¿Los inversores extranjeros? ¿El pueblo americano?

El Estado Profundo mantiene a la nación dividida y distraída por elecciones presidenciales cuyo resultado está definido. El control férreo del estado policial sobre el poder garantizará la continuación de guerras interminables y gastos descontrolados, ignorando los derechos fundamentales de la ciudadanía y el estado de derecho. Estados Unidos está siendo literalmente comprado y vendido a cualquier interés económico que lo pueda pagar, sea nacional o internacional.

No es necesario explicar como EE. UU. está cada vez más hundiéndose en la deuda, tanto como nación como como población. 

“Básicamente, el gobierno de EE. UU. financia su existencia con una tarjeta de crédito, gastando dinero que no tiene en programas que no puede permitirse. La mayor parte de esa deuda se ha acumulado en las dos últimas décadas. La deuda nacional (la cantidad que el gobierno federal ha pedido prestado a lo largo de los años y debe devolver) supera los 34 billones de dólares y crecerá otros 19 billones para 2033 (el análisis es de 2024, y la cosa empeora ahora con los colosales gastos por la nueva aventura guerrerista contra Irán). La propiedad extranjera representa el 29% de la deuda estadounidense que posee el público. De esa cantidad, informa la Fundación Peter G. Peterson, "el 52% estaba en manos de inversores extranjeros privados, mientras que los gobiernos extranjeros tenían el 48% restante.

El Cuarto Poder ha sido asumido por conglomerados mediáticos que priorizan el beneficio sobre los principios. Las agencias de noticias independientes, que se suponía debían actuar como baluartes contra la propaganda gubernamental, han sido absorbidas por una toma global de periódicos, televisión y radio. En consecuencia, un puñado de empresas controlan la mayor parte de la industria mediática y, por tanto, la información que se distribuye al público. Del mismo modo, con Facebook y Google autoproclamados árbitros de la desinformación, ahora nos encontramos lidiando con nuevos niveles de censura corporativa por parte de entidades con historial de colaborar con el gobierno para mantener a la ciudadanía sin mente, amordazada y en la oscuridad.

Sin embargo, lo más crítico de todo es que el gobierno de EE.UU., vendido hace tiempo al mejor postor, se ha convertido en poco más que una empresa pantalla, una tapadera para intereses corporativos. En ningún lugar esta situación es más evidente que en el espectáculo fabricado que son las elecciones presidenciales. En cuanto a los miembros del Congreso, mucho antes de ser elegidos, se les entrena para bailar al ritmo de sus benefactores adinerados, tanto que pasan dos tercios de su tiempo en el cargo recaudando fondos. Como informa Reuters, 'También significa que los legisladores a menudo dedican más tiempo a escuchar las preocupaciones de los ricos que cualquier otra persona’. 

Adiós a vivir el sueño americano. Nos están obligando a gastar dinero en guerras interminables que nos están dejando sin fin; dinero para sistemas de vigilancia que rastreen nuestros movimientos; dinero para militarizar aún más nuestra ya militarizada policía; dinero para permitir que el gobierno allane nuestras casas y cuentas bancarias; dinero para financiar escuelas donde nuestros hijos no aprendan nada sobre libertad y todo sobre cómo cumplir; y así sucesivamente".

Esto no es una forma de vida.

Es la democracia made in USA.

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Fuentes consultadas en inglés:

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