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29 septiembre 2020

Arte: John Heartfield fotomontaje satírico anti-nazi




John Heartfield (1891 - 1968) es el nombre en inglés que adoptó el artista alemán Helmut Herzfeld. El cambio de nombre se produjo en 1916 como protesta contra el rabioso nacionalismo del Imperio Alemán que denotaba un notorio sentimiento anti-británico durante la Primera Guerra Mundial. Destacamos que éste fino artista fue de los pioneros en utilizar la técnica del fotomontaje, un maestro de ese estilo para su época. 


En 1918 Heartfield se unió al movimiento Dada de Berlín donde estuvo muy activo. Como sabemos, el movimiento artístico conocido como Dadaismo pretendió romper con el sistema capitalista con todo tipo de burlas al considerarlo responsable de enviar a millones de personas a la gran carnicería de la Primera Guerra Mundial, una de las más absurdas farsas disfrazadas de aventura patriótica habidas en la Historia. 


John Heartfield, en la década de los 20 del siglo pasado.

Heartfield se afilió al Partido Comunista Alemán, fue uno de los organizadores, en 1920, de la Primera Feria Dada Internacional en Berlín. En 1919 había sido despedido del servicio cinematográfico de la Reichswehr debido a su militancia y apoyo a la huelga que siguió al asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Con George Grosz, fundó Die Pleite, una revista satírica. 

Bertolt Brecht se refirió a Heartfield como:


“Uno de los artistas europeos más importantes. Trabaja en un campo que él mismo creó, el campo del fotomontaje. A través de esta nueva forma de arte ejerce la crítica social. firmemente del lado de la clase trabajadora, desenmascaró las fuerzas de la República de Weimar que se dirigían hacia la guerra ". 


Sin duda Bertolt Brecht influenció en su arte tras conocerlo en 1924, convirtiendo el fotomontaje en una forma de expresión política y artística para dos publicaciones comunistas: el diario Die Rote Fahne y el semanario Arbeiter-Illustrierte-Zeitung (AIZ), este último publicó la mayoría de fotograbados por las que Heartfield es recordado en el presente.


(Hacer click sobre las imágenes para ampliarlas)


Heartfield tenía una visión por delante de su tiempo: Hitler y los nazis eran exactamente lo que eran: una fuerza de maldad diabólica y destrucción masiva. Utilizó el fotomontaje para satirizar a Adolf Hitler y los nazis, subviertiendo sus símbolos como la esvástica con el fin de socavar su mensaje de propaganda. No existió un artista que creara arte mostrando al mundo en imágenes impactantes exactamente lo malvado y destructivo del nazismo. Varias portadas de revistas antifascistas y antibélicas, como AIZ, reprodujeron como carteles el trabajo de Heartfield, esos carteles antinazis se pegaron por las paredes de Berlín para combatir la maquinaria de propagandística de Goebbels. 


El significado de la svástica visto por John Heartfield (Haga click sobre las imágenes para ampliarlas)

Éste valiente oponente de Hitler vivió los años iniciales del nazismo en la clandestinidad dentro de Alemania, luego tendría que exiliarse, retornó a Alemania en 1950, lógicamente al sector que se convertirían en la República Democrática Alemana. John Heartfield fue uno de los opositores más buscados por la Gestapo, el "Top 5" en la lista de los más buscados como elementos "peligrosos para la comunidad nacionalsocialista"En una ocasión se atacó la casa de Hildegard Scharp, conocida del artista, por error la Gestapo la había tomado como su esposa. Heartfield ya había sabido lo que es recibir una paliza de los SA y Gestapo, fue golpeado públicamente y arrojado a los rieles de un tranvía en Berlín tras la publicación del cartel de 1932 "Hitler el superhombre". 




La justicia a la que eran sometidos los opositores al Tercer Reich se aprecian en estos fotomontajes de John Heartfield (y la que le esperaba al artista en caso de ser detenido). En la parte de abajo apreciamos a Hermann Goering, el primer cuadro como el verdugo del Reich tras el incendio del Reichstag. En el segundo cuadro reza la siguiente leyenda: "El juego nazi con el fuego. Cuando el mundo se esté quemando, probaremos que Moscú fue el incendiario".


Otro ejemplo de la justicia nazi. Arriba fotomontaje de Heartfield referente al enfrentamiento judicial entre el líder comunista bulgaro Georgi Dimitrov y Hermann Goering, durante el proceso por el incendio del Reichstag (27 febrero 1933). Fue portada de AIZ, vol. XII, No. 45, 16 de noviembre de 1933, bajo el título "Der Richter - Der Gerichtete" (El juez - El juzgado). Las fotos de Hermann Göring provienen de la cobertura del juicio por el incendio del Reichstag, impresas en la misma edición de AIZ. Göring fue escuchado como testigo de acusación el 4 de noviembre de 1933. Dimitrov (que se defendió por sus propios derechos) disgustó tanto a Göring con sus preguntas que éste último recurrió a los insultos y amenazas: "En mi opinión, eres un sinvergüenza que perteneces directamente a la horca ... Solo espera hasta que te tengamos fuera del poder legal de este tribunal!".
 

John Heartfield se convirtió en refugiado político el 14 de abril de 1933 tras conseguir huir de los pistoleros en uniforme nazi, ese día alredededor de una docena de hombres de las SA y la Gestapo, pistolas  en mano, irrumpieron en su hogar para asesinarlo, Heartfield, que era pequeño de estatura escapó metiéndose en un cubo de basura después de saltar por la parte trasera de su apartamento en Berlín; interrogaron a su esposa durante una hora, ella y sus dos hijos serían sometidos por una famosa ley nazi, la "Sippenhaft" o "Sippenhaftung", en cristiano: la responsabilidad familiar, los nazis establecieron la idea de que una familia comparte la responsabilidad de un crimen o acto cometido por uno de sus miembros, un viejo rezago derivado del derecho germánico de la Edad Media.

John Heartfield, cuyo verdadero nombre alemán es Helmut Herzfeld, en una exposición suya celebrada en Praga alrededor del año 1936

Heartfield logró burlar a la Gestapo y siguió produciendo arte anti-nazi desde Praga... hasta que los nazis llegaron a Checoslovaquia en 1938. Seguía en la lista de los más buscados, apenas cuatro días después de la entrada de la Wehrmacht en Praga, la Gestapo arrestó cerca de ochocientos comunistas alemanes y checos por "ofensas" al Tercer Reich, Heartfield logró una vez más escapar. Una circular del jefe de la policía de Praga, con fecha 5 de mayo de 1939 seguía señalando a Heartfield en el número 5 de los "criminales" más buscados. El 6 de diciembre de 1938, arribó a Londres vía Estrasburgo y París. Hizo algunas exhibiciones y trabajó para algunas editoriales en Londres antes de retornar a Alemania en 1950 (RDA), a pesar de regresar a lo suyo, exhibir sus obras, hacer teatro, no fue reconocido integramente por lo que era. En 1957 recibió el Premio Nacional de Arte y Literatura de la RDA, en 1961 fue galardonado con el Premio Alemán de la Paz. Murió en relativa oscuridad y pobreza el 25 de abril de 1968. 

 

Dos fotografías en la posguerra de John Heartfield, Alemania Oriental (RDA), años 60.

Literatura sobre Heartfield no es fácil encontrar en castellano. Su legado se conserva gracias a los archivos y publicaciones de medios como el semanario Arbeiter-Illustrierte-Zeitung (AIZ) y algunos libros en inglés y alemán. Destaquemos algunos libros: "Heartfield Versus Hitler" de John Willett (Editorial Hazan Editeur; 1997, 199 pp, en inglés), es una visión general sobre la vida de Heartfield y el movimiento Dada en Berlín, presenta los vínculos históricos entre el movimiento Dada, Heartfield, el nazismo y otros artistas del mismo período, con detalles desconocidos sobre la vida del artista. Otro libro: "Deutschland, Deutschland über alles", de Kurt Tucholsky, incluye algunas adaptaciones de John Heartfield, editado por Rowohlt, última edición conocida (20a edición) data de 2008, en idioma alemán (la edición inglesa también tuvo gran acogida). Es importante señalar que Kurt Tucholsky, fue uno de los críticos sociales alemanes más importantes del siglo pasado, haciendo uso incluso de la sátira. Pacifista radical, denunció muy temprano el peligro del nacionalismo militante alemán, ganó notoriedad política al ser uno de los periodistas más agresivos y eficaces durante la República de Weimar. Tras caer Alemania en la barbarie, se suicidó el 21 de diciembre de 1935 en el exilio sueco. Lo último que se ha escrito sobre este artista es el libro "John Heartfield and the Agitated Image. Photography, Persuasion, and the Rise of Avant-garde Photomontage", por Andrés Mario Zervigaon de The University Of Chicago Press, 2012, 344 pp, en inglés.

 

Libros editados sobre la vida y obra de John Heartfield, las ilustraciones de portada, como es lógico corresponden a Heartfield. Las primeras  (a color) hacen referencia a la República de Weimar.


Aunque nuestro interés radica en la obra de Heartfield relacionada con el nazismo existe un amplio trabajo de posguerra en la Alemania Democrática (RDA), solamente como referencia dejamos una muestra.


Izquierda, famoso cartel pacifista de 1960 sobre la guerra atómica. "Atomkrieg". A la derecha, póster titulado: "¡Marchas de racionalización de robots corporativos!" (Die Rationalisierung marschiert!)
 
II

 

Selección de ilustraciones

John Heartfield 


Los siguientes fotomontajes antinazis transmiten un mensaje político, Heartfield optó como pocos, denunciar a través del arte la amenaza de guerra que el régimen nazi representaba para el mundo. En ciertos aspectos es destacable el como aborda temas complejos como la financiación del partido nacionalsocialista  por parte de los grandes industriales y banqueros, que mejor debería haberse denominado "NacionalCapitalismo", aunque sea por hacer honor a la semántica. Un Hitler recibiendo monedas de oro de obesos banqueros en la sombra o disfrazándose con las barbas de Karl Marx para pescar apoyos obreros fueron obras elocuentes de esa relación capital-industria-Hitler. Veamos algunos ejemplos:


En estas imágenes, izquierda la original, la derecha publicación del semanario AIZ, se aprecia al propio Heartfield disfrazando a Adolf Hitler como Karl Marx. Esta ridiculización del líder nazi data de la campaña electoral de 1931, la estrategia de los nazis siempre se basó en buscar el apoyo del sector obrero-trabajador para "aplicar" el "socialismo" en la Nueva Alemania. El fotograbado llevaba como título "Mimikry" (mimetismo).

 

 

Original a la izquierda. A la derecha, el cartel que fue pegado en 1932 por las calles de Berlín denunciando a los financieros del Hitler "socialista", tras la aparición de este cartel Heartfield fue atacado, golpeado y arrojado sobre los rieles de un tranvía. El cartel es conocido generalmente como "Hitler el superhombre". La traducción literal sería: "Adolf, el superhombre, golondrinas de oro y bocazas". Presenta a Hitler haciendo lo que mejor hace: boca abierta, ladrando su discurso al pueblo alemán. Una radiografía de lo que Hitler tiene en su interior: la esvástica nazi en lugar de un corazón humano, sin un sistema respiratorio, sino una alta pila de monedas de oro que corren desde el diafragma hasta la parte superior de su garganta. Heartfield aprecia el hombre interior de Hitler, un diabólico egoísta que despojará al mundo de su riqueza; a cambio, le dará al mundo monedas falsas de mentiras, ilusión y destrucción. Heartfield muestra al Führer realizando un milagro de alquimia política, convertir las contribuciones financieras de los inversores de guerra en tonterías para conmover a la gente. El montaje apareció originalmente en una portada de la revista AIZ. Fue idea de un miembro de la nobleza alemana al reconocer la necesidad de reproducirlo como cartel por todo Berlín bajo la sombra del Partido Nazi. También suele ser conocido este cartel bajo los títulos: "Adolf, el superhombre: traga oro y habla disparates"; o, traducido también como "traga oro y escupe basura".





Izquierda, el original en que se puede apreciar el rostro del hombre "solidario" con la causa nazi. A la derecha, tal como aparece en uno de los ejemplares de AIZ (16 octubre 1932) "Der Sinn des Hitlergrusses: Kleiner Mann bittet um große Gaben. Millionen stehen hinter mir!" (El significado detrás del saludo nazi: el hombre pequeño pide grandes donaciones. Lema: ¡Millones me respaldan!).

 


Fritz Thyssen, el principal magnate del acero de Alemania, fue un partidario financiero esencial de Adolf Hitler. En esta obra maestra de la sátira política, Heartfield logra revelar que Hitler no era "una herramienta en la mano de Dios" sino más bien "un juguete (una marioneta) en la mano de Thyssen".

 



A la izquierda el original. A la derecha, interior (página 224) de la edición de AIZ, vol. XIII, n.° 14, 5 de abril de 1934. Emitida desde Praga - Checoslovaquia. Pie de foto: "La prensa informa que el presidente del Reichsbank, Dr. Hjalmar Schacht, ha solicitado que se le cambie el nombre a Hjalmar Helfersich para fortalecer la confianza de los círculos relevantes. (El entonces presidente del Reichsbank, Helfferich, creó el llamado Rentenmark después del negocio de la inflación). "¡Definitivamente no voy a dejarlo!". Hjalmar Schacht, que había sido presidente del Reichsbank nuevamente desde marzo de 1933, tuvo que admitir en 1934 que las tenencias de oro y divisas del Reichsbank habían disminuido de 396 a 274 millones de RM. Sin embargo, aseguró varias veces que el marco no se devaluará. Ya se había convocado una conferencia entre el Reichsbank y los acreedores extranjeros para abril porque Alemania era, de facto, insolvente.

 


Izquierda, el original. A la derecha portada completa del semanario AIZ, Vol. XII, No. 45, 16 de noviembre de 1933.  Las fotos corresponden a Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (presidente del consejo de supervisión de Krupp AG y presidente de la Reichsverband der Deutschen Industrie) y Albert Vöglers (director general de United Steel Works), provienen de un mitin para un referéndum sobre la retirada de Alemania de la Liga de Naciones el 12 de noviembre de 1933. Kurt Schmitt, director general de Allianz Insurance, ministro de Economía del Reich desde finales de junio de 1933, siguió adelante con la cartelización obligatoria de la industria. También se emitió una edición (como en otros números) en miniatura de AIZ para facilitar el contrabando de la revista en Alemania (que se la imprimía en Praga). La edición en miniatura de esta portada fue publicada por AIZ, Vol. XIII, No. 2, 11 de enero de 1934 (edición especial del balance del Tercer Reich de 1933).

 

 
Fotograbados en clara alusión a la planificación de la economía de guerra alemana. A la izq. "Hitler cuenta cuentos de hadas II. Para ayudar, para ayudar estoy en un círculo" (militar-financiero). A la derecha, el montaje hace alusión al trabajo. Traducción: "Líder de los trabajadores del Tercer Reich o la cabra como jardinero". "¡Muchachos, prestad atención! Nuestro Führer ha decidido: Desde hoy YO soy vuestro líder, porque soy vuestro jefe y me embolso los beneficios". "Den Bock zum Gártner machen" significa convertir la cabra en jardinero, en otras palabras, encomendar las ovejas al lobo. La ley para el ordenamiento del trabajo nacional de Hitler prescribía la cooperación entre los sindicatos y el capital, vigente desde el 1 de mayo de 1934. "Jeder Betrieb eine Kaserne" (Cada fábrica un cuartel).



Una de sus piezas más famosas de Heartfield, titulada "Hurray, die Butter ist Alle!" ("Hurrah, la mantequilla es todo!". Se publicó en la portada de la AIZ en 1935. Una parodia de la estética de la propaganda, el fotomontaje muestra a una familia en la mesa de la cocina, donde cuelga un retrato cercano de Hitler y el está adornado con esvásticas. La familia (madre, padre, anciana, joven, bebé y perro) está intentando comerse piezas de metal, como cadenas, manubrios de bicicletas y rifles. A continuación, el título está escrito en letras grandes, además de una cita de Hermann Göring durante la escasez de alimentos. Traducido, la cita dice: "El hierro siempre ha fortalecido a una nación, la mantequilla y la manteca de cerdo solo han engordado a la gente". La sátira sobre las palabras de Goering refiere claramente que "las pistolas son mejores que la mantequilla". A la derecha, Heartfield presenta la "Receta de Goebbels" contra la emergencia alimentaria en Alemania. "¿Qué? La manteca de cerdo y la mantequilla faltan mientras comes?, puedes comerte tus judías".



Esta es una de las más conocidas y divertidas sátiras de Heartfield: "Espejito, espejito en la pared, ¿quién es el más fuerte del país?... La crisis"


Es imposible abordar aquí, de manera explicativa, cada uno de los fotomontajes que hemos seleccionado. En primer lugar, no es nada fácil hacerlo de forma escrita: traducir textos y explicar el contexto político-social-económico de la época para conseguir una visión global de la gráfica, eso implica una larga exposición histórica. En segundo lugar, para la comprensión del lector, que desconoce la obra de Heartfield, se ha optado por fotomontajes exclusivamente relacionados con el nazismo, dado su impacto visual, debería ser suficiente para comprender el mensaje del artista (al menos eso esperamos). No obstante, el lector podrá hacerse una idea de lo que significan los fotomontajes de Heartfield con unas cortas notas (en lo posible) traducidas de valiosas fuentes, como los referidos libros y traducciones de comentaristas.


Abordar temas como la "pax hitleriana" fue un tema recurrente en el trabajo de Heartfield, naturalmente que tal supuesto solo escondía el verdadero anhelo del líder nazi, la conquista mediante la guerra. Aquí algunos ejemplos:


Tres variantes de como apreciaba Heartfield la "paz y el fascismo", la primera, original publicada por AIZ, hace alución al sentido de la paz que emanan de la Liga de las Naciones en Ginebra; en el medio, una versión en la reconocida publicación en inglés "Obras maestras del arte político" (Masterpieces of political art); la tercera imagen fue utilizada posteriormenete como un cartel pacifista titulado "Nunca Más". (haga click sobre la imágen para ampliarla)

Estas tres imágenes son reflejo de la hipocresía del nazismo, encarnado en su líder Adolf Hitler, respecto a la PAZ. En la imagen grande el texto dice: "Quiere gasear el mundo con sus frases. El hombre que evocó la constitución alemana ahora habla de paz. La mantendrá como su juramento". La segunda gráfica (arriba) titula: "Paloma de la Paz de Hitler", es una portada de AIZ, un halcón de ojos grandes con una esvástica como brazalete sostiene una pluma en su pico, no la clásica rama de olivo, como si estuviera presto a devorar una presa. Una moneda que lleva el sello de una esvástica se sujeta a su pierna. El halcón no puede ser controlado, ni siquiera por el manipulador, como lo demuestra la larga y desagradable herida en la base del pulgar del manipulador. John Heartfield captura el espíritu de la paz de Hitler, que, de hecho, es exactamente lo contrario de la paz, ya que el halcón es lo opuesto a la paloma. La tercera imagen titula: "Imagen sin palabras...", la paloma de la paz es atacada a traición por el halcón.

 


La Paix hitleriana sigue con estos fotograbados. A la izquierda: "Y las ofertas de paz de Hitler "inmediatamente" siguieron a sus palomas de paz". A la derecha "¡Esa es la salvación que traen!"

 


Como consecuencia, la muerte acecha a Europa y Alemania, Heartfield nos recuerda en estos tres fotograbados.


El fotograbado superior lleva como título "iPadres e hijos después de 20 años" (1924). El texto de la gráfica inferior (izq) reza: "La muerte marrón en las puertas. La muerte ataca el Sarre, pero está dado en tu poder, que no puedes estrangularlo: ¡Elija el status quo! ¡Protege tu vida!"; y, a la derecha: "Las semillas de la muerte. Donde este sembrador atraviesa la tierra, cosecha hambre, guerra y fuego".



Izq. "Sombras sobre Europa"; a la derecha: "El espíritu del mal"



La industria militar estaba en apogeo durante los primeros años del nazismo, los siguiente fotograbados valen más que cualquier explicación.


Izq. Coro de la industria alemana de la defensa: "Nuestra Ginebra es un castillo sólido" (en alución a la financiación del armamentismo y las reuniones de la Liga de las Naciones en Ginebra contra el armamentismo); a la derecha: "Cuanto mayor es el calibre, mayor es la humanidad" (1934)
 
A la izq. "Preocupaciones de los generales pardos": "Maldita sea, parece que va a salir mal - y eso que hemos preparado el fueguecillo tan bien como el Incendio del Reichstag" (sobre la guerra civil española). El fotograbado de la derecha hace alusión a la producción de la industria militar donde se forjan desde "hojas en plancha" hasta soldados que salen embalados para su uso.
 
"El árbol de roble alemán". El roble representa a Alemania y es regado por la "conciencia ambiental" de Hitler. Sin embargo, lo que produce son bombas y cascos de hierro marcados con esvásticas. Como vemos, un plácido Hitler con regadera en mano cuida del roble con enormes bellotas, cada bellota lleva un casco nazi alemán, un casco antiguo de estilo prusiano o una máscara de gas. Incluso algo tan inocente y vivificante como un árbol, se convierte en militarismo, violencia, muerte y ruina. A la derecha: El insecto como exterminador de alimañas. "¡Ya tendré mi casa libre de parásitos!" AIZ, 7 de septiembre de 1933.


Izq. "Fantasía de dos cazadores por el paquete Oriental" (este de europa, la URSS). Goering, Ministro del Reich al ministro de Relaciones Exteriores polaco Beck: "Déjeme tener el cuello del oso, colega, luego lo dejaré a tí". A la derecha: "Los tres sabios de la tierra de la angustia. Y se imaginan: ¡Continuará durante veinticinco mil años!"



"El Pacto de Venecia" por la "paz"; y, "el superhombre en necesidad", son dos fotograbados que hacen alución a la amistad entre Hitler y el líder fascista italiano Benito Mussolini.

 



El pie de foto: "No tengas miedo - él es vegetariano". El original data de 1936, es una alusión a Francia, Hitler se prepara para matar al gallo francés. Irónicamente se refiere al vegetarianismo de Hitler. En el centro, el ministro francés de Asuntos Exteriores se ve imperturbable ante el afilamiento del cuchillo (después de todo, Hitler no comía carne). Representa los "infundados" temores de Occidente. A la derecha, a la misma gráfica se ha añadido la foto del propio John Heartfield.


La vida social en el Tercer Reich. A la izq. "¡El vino espumoso está libre de impuestos! y esto es: el socialismo alemán" (de los nazis). A la derecha "Todo en perfecto orden", aquí se aprecia a políticos como Chamberlain refiriéndose a Hitler, "escribí un poco sobre él en mi tesis de licenciatura"



En la vida social de la Alemania nazi el régimen ha penetrado en la religión. "El obispo del Reich adiestra a la cristiandad. ¡Eh!, ¡el hombre de allí!, ¡el crucifijo un poco más hacia la derecha!" (Obispo del Reich Müller). A la derecha: Tema sobre la educación: "Nueva cátedra de enseñanza en las universidades alemanas. Observar la profundidad..." (los alemanes tenían que hacerse de la vista gorda para no ver que sucedía en la tierra).


El ministro de propaganda del Reich alemán, Josep Goebbels. Izq. "A través de la luz de la noche" (hace alución a la quema de los libros y del Reichstag). A la derecha Hitler recrimina a Goebbels por el fracaso electoral. "Hitler: "Goebbels, Goebbels, devuélveme mis millones!" (de votos y partidarios).


El desalmado antisemita Julius Streicher también fue objeto de la crítica de Heartfield, editor de la infame revista "Der Stürmer", fue uno de los más acérrimos colaboradores de la política hitleriana.


Julius Streicher "Un pangermánico". A la derecha: "El mejor amigo de Hitler. Streicher, el abusador de Alemania".
 

Los rostros del verdadero fascismo. A la izquierda, "Y sin embargo el mundo se mueve. Poesía libre alemana". Este fotomontaje coloca a Hitler en el cuerpo de un gorila, agachado en lo alto de un globo. El Hitler-simio lleva la esvástica nazi en su brazo derecho, así como el casco nazi con cuernos del diablo y sostiene una espada en su mano derecha. Heartfield retrata a Hitler como el bestial, retorcido y malvado matón que fue. El Mono Hitleriano mira hacia arriba como si estuviera listo para gruñir y agitar su espada a las víctimas de otros mundos. En el fotograbado de la derecha tenemos a Mussolini: "Italia en cadenas. El rostro del fascismo".


Los siguientes fotograbados son protagonizados por el artista, John Heartfield. Como hemos visto en otros fotomontajes solía hacer sus apariciones en las sátiras anti-hitlerianas.


A la izquierda, John Heartfield con una marioneta llamada "El Caballero Conservador" (1919), es una de sus primeras aportaciones conocidas. A la derecha, una muy popular obra "Autorretrato con el comisario de policía Zörgiebel" (1929). Refiere a la sangrienta manifestación del Primero de Mayo de 1929, las acciones salvajes y brutales de la policía de Zörgiebel, el asesinato deliberado y a sangre fría de trabajadores indefensos fueron exhibidos, en parte, en los noticieros (cinema). Entre los presentes estaba Heartfield que observó a algunos reaccionarios de derechas aplaudir las acciones de la policía de Zörgiebel. Heartfield se levantó de un salto de su asiento como si le hubiera picado una tarántula y le susurró al alemán de anchos hombros: "¡Perdillo! ¡Cerdos!". Cuando terminó la actuación, el que estaba al acecho de Heartfield, agarró al hombre pequeño y frágil por el cuello: “Ahora retira tu insulto, rápido, ¿qué dijiste? ¿qué soy yo?" Heartfield, en una abrazadera de hierro, indefenso, apenas respirando: "Eres un cerdo". El hombre lo tiró al pavimento y lo golpeó repetidamente en la cara, exigiendo furiosamente: "¿Qué soy, qué soy?" Él, con los labios apretados: "Un cerdo, un cerdo, un cerdo", hasta que fue liberado maltrecho por una creciente multitud de transeúntes.


Para concluir este relato, Helmut Herzfeld o John Heartfield, al igual que muchos otros contemporáneos, llegaron a la conclusión que Hitler no solo pretendía ampliar el Imperio Alemán mediante la guerra, sino que él mismo aspiraba a ser reconocido tras la victoria como el nuevo Emperador de la Gran Alemania, iniciando el Reich de los Mil Años.


"Kaiser Adolf" tal como aparece en la publicación inglesa "Piezas maestras de arte político". "Kaiser Adolf" es representado como un emperador con su viejo uniforme (el uniforme es de Guillermo II) y el bigote hacia arriba, representa que el poder simplemente había cambiado de manos y que, sin embargo, todo seguía igual en términos "democráticos".


Lea más sobre arte:

Historia de un mal sueño: fascismo y cultura 

KUKRYNIKSY en la Segunda Guerra Mundial (I)

KUKRYNIKSY en la Segunda Guerra Mundial (II)

Arte: Arthur Szyk en la Segunda Guerra Mundial

10 julio 2020

¡No seas como Hitler!



Un mordaz pasquín motivacional basado en once pifias del Führer

Publicado por Kiko Amat
Jotdown


1) Escoge bien tus amistades: 

Nunca lo de «dime con quién andas y te diré quien eres» ha resultado más cierto que con el malo de Adolf. Desde su mocedad, Hitler erigió a su alrededor una auténtica pandilla basura. Ernst Röhm, fundador de las SA e ilustre víctima de ´La Noche de los Cuchillos Largos´, era un lerdo, un simple bruto, irascible y tosco a más no poder. Heinrich Himmler era, como dijo Hugh Trevor-Roper en ´Los últimos días de Hitler´, un «creyente elemental» cuyos actos de despiadada crueldad no obedecían a frialdad de temple sino a «pobreza de sangre». El muy memo creía a pies juntillas todas las chifladuras teutónicas de la religión nazi, las majaderías wagnerianas, las chorreces rúnicas, el rosicrucianismo-para-gilipollas y ese irritante misticismo nórdico, tan dado a la palabrería grandilocuente. Era un tocho, en fin. Joseph Goebbels, por su parte, era un fanático inteligente, receta infalible para la más holocáustica de las catástrofes. Suyas eran las ideas de la «guerra total», «movilización total» y quizás incluso el Mákina Total. Era además un predicador eficacísimo y un radical insobornable. El único «intelectual» auténtico del Reich era, en suma, más peligroso que unas manoplas hechas de cuchillas de afeitar (cosidas por fuera). Rudolf Hess era más zopenco aún que Rohm; un tío incapaz de limpiarse el trasero sin consultar antes un manual de instrucciones. En los retratos, sus ojuelos de topillo quedan a la sombra de una única ceja colosal, protuberante y negruzca como una visera de contable. Y qué me dicen de Hermann Goering, creador de la Lutwaffe e inspirador de la Gestapo, que aunque no era tan acémila como Su Ceporridad (Hess), sí era un putero, un morfinómano arribista y corrupto, un «hombre entregado a la voluptuosidad, como un perfumado Nerón tocando la cítara mientras Roma ardía» (Trevor-Roper dixit). Y estaba loco como una cabra, al modo Heliogábalo. Himmler declaró que Goering pasaba su tiempo «tomando cocaína, envuelto en una toga y pintándose las uñas de rojo». No suena como la compañía ideal para alguien como AH, que ya no estaba muy fino. Y en cuanto a Jodl, Bormann, Berger, Keitel… Tiralevitas asquerosos y aduladores rastreros, del primero al último. Y los que no le besaban el culo a AH se frotaban las manos y preparaban el alfanjazo a traición: Schellenberg, el conde de Bernadotte, el cuñadísimo Fegelein (otra moraleja: nunca se fíen de los cuñados), y por supuesto Hess —que se esfumó en aquel aeroplano hacia Escocia—, Himmler y Goering, entre tantos otros. Yo no digo que no tuviesen razón; solo digo que como amigos eran un asquito. Excepto Albert Speer. Speer era el único que parecía tenerle un afecto sincero a Adolf. Lo que, a su vez, dice bastante poco de él: ¿quién podría haber trabado amistad con aquel zombi de vidriosos ojos vacíos, cenas macrobióticas y odio racista congénito? Menuda panda, macho.


El gran dictador, 1940. Imagen: Warner Home Video


2) No seas nihilista: 

Los expertos afirman que las soflamas apocalípticas que AH excretaba incesantemente durante los últimos días del búnker son la «auténtica voz del nazismo». Hitler no era un estadista al modo occidental ni un samurái confuciano, como ya se apunta en ´Los últimos días de Hitler´, y desde luego no era un buenazo como Gandhi o Epi (de Epi y Blas); su figura se parece más a la de los grandes maestros de la tierra calcinada y la destrucción atorrante: Atila, Gengis Khan, Galactus… Ese perfil de jerarca devastador. Al Führer lo que le ponía era arrasar, no la dominación mundial o el triunfo ario. Eso eran minucias. Lo de la «revolución permanente» hay que tomarlo al pie de la letra: Hitler era como el pastillero descerebrado que no quiere irse a dormir nunca, ni siquiera tras el undécimo after. Le chutaba incluso la autodestrucción, como al Lou Reed de 1974, y tomó con notable alborozo los primeros bombardeos al Berlín sitiado («¡Podemos ser destruidos, pero en ese caso arrastraremos con nosotros a todo el mundo envuelto en llamas!», berreaba, el muy pillado). Goebbels era igual, y eso es lo que les hace tan chungos: ese mesianismo turulato, que no ablandan ni cien almohadones. No se puede ir por la vida así, leñe; creo que estamos de acuerdo. Llega un momento en que el guerrero sensato desea descalzarse las botas de crujir, embutir los juanetes en un mullido par de babuchas, servirse la copa balón de Calvados y magrear a la parienta. Hitler no: lo suyo era el No-Pares-Sigue-Sigue hasta el traumatismo craneoencefálico y el armagedón universal. Y así le fue.


3) Ten sentido del humor: 

El nazismo era tan divertido como comerse una toalla ajena. Una toalla usada. De bidé. Alguien con un mínimo sentido del humor jamás se habría embarcado en serio en una cruzada tan risible, basada en esos bigotes imposibles, baluartes floridos, andares grotescos (John Cleese no tuvo que exagerar el paso de la oca para que fuese hilarante), esas filípicas flamígeras y plomizas, los mentones al aire y las pomposas poses (lo del Duce era para morirse de risa, no me jodan; y lo de Hitler también lo sería si no se hubiese cargado a medio planeta). 

Sí, el nazismo era más pomposo que Luis XIV declamando en latín ´La casa de hojas´ de Danielewski. Pretencioso e incomprensible y solemne como una teoría musical de Stockhausen. Y la solemnidad, por supuesto, es el perfecto opuesto del humor y todo lo que es guay en este buen mundo. El nazismo no solo era más feo que un plato de morros, desagradable y malicioso y de poca monta: era aburrido, monótono, pequeñoburgués. AH disfrutaba horrores con el arte nimio y los pastelillos de crema, era vegetariano a ultranza, un abstemio irreductible y un conversador privado más aburrido que la fotosíntesis en tiempo real. Y para colmo era el perro del hortelano: si él no bebía, nadie lo hacía (menuda farra, aquellas sobremesas de cuatro horas en el Berghof). Un puto aguafiestas, vaya. El mundo ideal de la religión nacionalsocialista era, así, monocromo, serio y estanco, sin especias ni chispa

Yo siempre he considerado el aburrimiento como totalitario, y a la gente aburrida como criptonazis pasivo-agresivos. Arréame con un extintor en la ingle, chaval, pero No. Me. Aburras. Recuerda que si ríes, el mundo reirá contigo, y todo eso.


El gran dictador, 1940. Fotografía: Warner Home Video.


4) No dejes que te dominen las viejas obsesiones: 

Es bien sabido que, de haber sido un estratega decente, Hitler podría haberse retirado de la guerra en términos favorables para Alemania. Pusilánimes comeyogures y pequineses falderos de la diplomacia internacional como Chamberlain o Daladier jamás le hubiesen obligado a devolver los Sudetes, Austria o demás territorios anexionados estilo Risk (con un par de tiradas de dados) cuando el berenjenal del anschluss (o anexión del «espacio vital» alemán). Hitler habría cumplido sus promesas políticas iniciales, y podría haberse perpetuado en el poder durante décadas, tan pancho él tras una serie de victorias blizkrieg tan impresionantes (en términos bélicos, quiero decir) como suertudas. O mirémoslo por otro costado: de haber resultado vencedor de la contienda, Hitler habría sido más o menos generoso con Inglaterra (declaró que estaba dispuesto a «garantizar el Imperio Británico») y tampoco conservaba demasiada inquina para con los galos, a los que solo planeaba aplastar una miaja hasta convertirles en una «nación de segundo orden» como Croacia, Eslovaquia u otros eriales ignotos donde el primer ministro es un tractor. Pero Adolf, queridos lectores, tenía una OBSESIÓN, y no es la que están pensando. Ni tampoco esa otra (sobre la sexualidad de Hitler un poco más abajo). La ojeriza mortífera a los judíos era capital en el Reich, sí, pero uno sospecha que obedecía a motivos tácticos —el «enemigo interior», etc.— y a tradiciones germánicas tan antañonas como vomitivas (el musgoso antisemitismo teutón es más viejo que la polka; medieval, como mínimo). No, la monomanía particular de Hitler tenía otro nombre: Rusia. Trevor-Roper (habrán intuido que es mi prefe) insiste en recordarnos el «básico significado antirruso» del nazismo. Para Rusia no valían diplomacias, ni siquiera conquistas al modo tradicional: Rusia debía ser vapuleada, violada rectal-y-bucalmente y esclavizadas las masas de «eslavos subhumanos» supervivientes. Y, de postre, exterminada cual plaga de pulgón. Relean Mein Kampf, o analicen el carácter místico-majara de las SS, o estudien los discursos de Himmler, ese babieca con sangre de horchata y cráneo ovoide: Rusia sale todo el rato. Si el Reich fuese una película sobre acosadores sexuales, habría una escena en que entramos en la casa del sospechoso y la encontramos completamente empapelada de fotos de Rusia en pelotas. La expansión hacia el este que tanto obsesionaba a AH explica el devenir del Tercer Reich, el resultado de la Segunda Guerra Mundial, incluso el tipo de muerte del Führer (los rusos le exhumaron y ocultaron su cadáver; quizás tras orinar sobre sus humeantes muñones). Rusia era la homérica obsesión de Hitler, causa de su insomnio y fuente primordial de sus espléndidas almorranas austríacas. Dicen que a AH nunca se le vio tan feliz como el día en que defecó sobre el pacto Ribbentrop-Molótov de no agresión ruso-germana y lanzó a los tanques contra la URSS. Su alivio debió resultar patente, aunque hoy en día no importe mucho (ya saben ustedes lo bien que fue Stalingrado). La moraleja se antoja meridiana, en todo caso: cuidado con las obsesiones, que las carga el diablo.


5) No abras un segundo frente: 

Ni en el trabajo ni en el amor. AH lo hizo con la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS en julio de 1941), y miren cómo terminó aquella feliz idea. Muy poca gente puede mantener una zapatiesta a dos manos y contra dos adversarios a la vez: Obélix, Bud Spencer y para de contar. Enzarzarse en una bulla cuando ya estás enfrascado en otra es un acto condenado al más rotundo de los fracasos. La Operación Barbarroja es mi metáfora favorita para los insensatos que insisten en practicar este desaconsejable faux pas (modo de uso en conversación: «¿Cómo dices, Manuel María? ¿Que estabas peleado con tu esposa y ahora estás riñendo con tu amante? Joder, eso sí es una Operación Barbarroja de libro de estilo, tío»). No recuerdo muy bien lo que decía Sun-Tzu en ´El arte de la guerra´, pero debería existir un capítulo dedicado a esto: a compartimentar las batallas, y no emprenderla a guantazos con dos enemigos al alimón. Es una táctica excrementicia, como AH demostró sobradamente.


El gran dictador, 1940. Fotografía: Warner Home Video.


6) Mantén a los expertos cerca: 

En todos los aspectos de la vida, desde una calçotada a la construcción de una catedral, conviene tener alrededor a gente que sepa lo que se va a hacer. Expertos. Profesionales. Fulanos que tienen un trabajo encomendado y saben realizarlo con oficio y gracia. Hitler, que era un ególatra tarado, un visionario-cegato y un pajillero infeliz con manía persecutoria, hizo todo lo contrario: fue cesando uno a uno a todo aquel que tenía idea de algo, tanto en la diplomacia como en el campo de batalla, hasta quedarse rodeado exclusivamente de curanderos, lameculos e incapaces. En serio que el escenario de los últimos meses de Hitler es un quién-es-quién de los tíos más inútiles, arteros y soplapollas del país. De sobra conocido es que las grandes victorias militares de AH se debieron a pura suerte del principiante y arrojo del mochales (y estulticia del enemigo). Por desgracia, fueron esas mismas victorias relámpago las que convencieron al Guía del Pueblo Alemán de que era una eminencia en el arte de la guerra, lo que le llevó a enemistarse con —y luego diezmar a— su Estado Mayor. Ustedes ya saben lo que sucedió después, porque han visto ´El hundimiento´: un demente hebefrénico pegando alaridos y reclamando movimientos de pinza a ejércitos que solo existen en sus ensoñaciones de belladona, sobre un mapa bélico imaginario y ante una trémula cohorte de los generales más apocados y estultos de la Wehrmacht (los únicos que no ensombrecerían su «genio»). Moraleja: no puede uno saber de todo, y de vez en cuando hay que encomendarse a los expertos. Aparte de que es un gesto de humildad y nobleza: delegar en quien controla, y no ir de listeras por el mundo como hizo Adolf.


7) No tomes un montón de drogas: 

Lo de la belladona no era una de mis espléndidas hipérboles: Hitler realmente iba empapuzado de narcóticos la mayor parte del tiempo. Es curioso cuán familiares resultan los casos de Elvis Presley, Sid Vicious o Keith Moon comparados con el apetito narcótico del Führer. Sí, amigos: el destino del pueblo alemán estuvo durante una década y pico en las manos de un mostrenco que iba más pasado que Peter Tosh el día de la independencia de Jamaica. ¿Sabía el volk que su líder espiritual era una especie de Shaun Ryder en gesticulante, pichafloja y antisemita? De ser así quizás no le habrían seguido de esa forma tan poco meditada. En honor a la verdad hay que decir que —como le sucedió a Elvis— Hitler no sabía lo ciego que iba por estos mundos de Dios. El muy iluso creía que todo aquello eran «vitaminas». La culpa hay que echársela al doctor Morell, quizás el personaje más repulsivo y odioso y rastrero del Reich (y créanme: la competición era dura). Trevor-Roper, un hombre por lo demás comedido en sus afirmaciones, dice de él que era un hechicero «de hablar poco articulado y con las costumbres higiénicas de un cerdo». Una lista casi completa de las drogas que Morell inyectó a Hitler contenía veintiocho tipos de narcóticos, estimulantes y afrodisíacos. En los dos últimos años, Hitler «se inyectaba a diario». Morell también le suministraba algo conocido como «Píldoras antigas del Doctor Koester», compuestas de estricnina y belladona, un mejunje para combatir la flatulencia hitleriana (no me lo invento) que convertiría a cualquiera en una especie de tambaleante fauno de ojos enloquecidos y pito morcillón. A la luz de estos descubrimientos, su comportamiento empieza a cobrar otro cariz: ¡Hitler iba alto! ¡Por eso hacía y decía esas insensateces! Un par de sus últimas ofensivas las dirigió más enchufado que un roadie de Grateful Dead. ¿Cómo no prever el batacazo existencial que les esperaba como pueblo y potencia mundial? Simplemente di NO, Adolf.


El gran dictador, 1940. Fotografía: Warner Home Video.


8) Conoce tus talentos: 

Del mismo modo que el simplón de AH era incapaz de aceptar que no era Alejandro Magno ni Federico el Grande, y que lo de la rendición de la Francia obedecía más a la pobre defensa gabacha que a su propia maestría como estratega, el amigo también se resistía a creer que no era Van Gogh o Pieter Brueghel el ´Viejo´ Es de juzgado de guardia, pero AH, en su puro desquicie, se creía dotado de un gran talento artístico (Alan Bullock, en su ´Hitler: a study in tiranny´, dijo que Hitler tenía «el temperamento de un artista sin nada del talento, la formación o la energía creativa»). Ustedes saben bien que la mayoría de la gente que cree poseer un gran talento no tiene una mierda: solo visiten la galería de arte o disquería más próxima. Hitler era así. Tomemos su legado pictórico, recuperado de su imberbe etapa vienesa: una colección de grandes cagarrutas postalicias de pintamonas ramblero, y unas cuantas acuarelas con menos vida que un palomo espachurrado en el asfalto. Casi sin humanos: solo fríos mondongos rectilíneos de cemento y ladrillo sin alma (el símil con su corazón se antoja inevitable, pero no lo haré). Es bien sabido que el categórico rechazo de la Academia de Artes de Viena le sumió en el más resentido y miasmático de los infiernos de la paranoia. Y sin embargo, podría haber sido todo tan distinto… Cada vez que escucho el lugar común de «¿Qué harías si tuvieses una máquina del tiempo? Matar a Hitler» no puedo evitar pensar que con un sello de Aprobado en Viena ya habría bastado. No iba a ser el primer inútil calentando plaza en una universidad, y nos habríamos ahorrado Treblinka.


9) Intenta ser un padre decente: 

Lo de AH es de manual. Realmente su padre era un gran bastardo: les presento a Alois Hitler: es ese merluzo, el que tiene una cara de puerco airado más cómicamente exagerada que el bulldog de Tom y Jerry tras haberse sentado sobre sus propios colgajos. Los comienzos ya eran aciagos: Alois era hijo ilegítimo (lo de bastardo no era por faltar). También era un vagazo (Hitler heredaría ese rasgo) que terminó de abúlico agente de aduanas en la alta Austria, y casóse tres veces. Sus dos anteriores mujeres murieron mientras él engendraba algún que otro bastardo más. Klara Hitler, su tercera esposa, era veintitrés años más joven que él (AH demostró haber heredado también este cuestionable eslabón de ADN cuando se enamoró de Geli Raubal, ¡su sobrina de diecisiete años!). En ´Hitler The Private Man´ (el documental de 1995) subrayaban lo borrico que era Alois y lo santa que era Klara, pero Ian Kershaw o Alan Bullock no le dan tanta importancia al asunto. Bullock aduce simplemente que era «duro, antipático y tenía mal genio». A Hitler le chiflaba repetir (en el Mein Kampf, y en múltiples discursos) que su padre se opuso de manera tajante a su carrera de artista, pero los hechos demuestran que esto no fue así (para empezar, Alois murió cuando AH tenía catorce años). Simplemente, Adolf no tuvo los santos cojones de aceptar aquel vistoso cate en Bellas Artes y dedicarse a la arquitectura (sugerencia de sus tutores), porque era un holgazán y odiaba aplicarse en nada que implicara el más mínimo esfuerzo. Pero en fin: lo cortés no quita lo valiente. Alois Hitler era un patán indolente, un airado adefesio con rasgos simiescos y una figura paterna apestosa en lo moral y lo afectivo. Y de tal palo…


El gran dictador, 1940. Fotografía: Warner Home Video.


10) Folla: Sí. 

En la medida de lo posible, amigo mío, intenta fornicar (con algo de dulzura y amor, si no es mucho pedir). La sexualidad de Hitler ocupa un nada desdeñable espacio de la red (googleen «Hitler Sex Life»), aunque mucho de lo que se dice son embustes. Para empezar, lo de que AH era un «coprófilo impotente» (pasión por los zurullos + flacidez penil) solo aparece en un informe de 1943 de los servicios estratégicos estadounidenses (OSS), y resulta que lo habían oído de Otto Strasser. Ah, súper: esa sí es una fuente fiable: el opositor principal a Hitler en la rama «izquierdista» (no era nada izquierdista) del NSDAP, declarado por Goebbels enemigo público del Reich, que había sufrido el asesinato político de su hermano Gregor en aquella cuchillesca noche y que tuvo que exiliarse de Alemania en 1933, y luego pasó el resto de su vida mentándole la madre a Hitler… Este es el pájaro ecuánime y objetivo que puede ofrecernos una versión equilibrada de la vida amatoria del Führer. A ver: que AH no era Giacomo Casanova salta a la vista. Un psicópata neurasténico y megalómano difícilmente va a clasificarse como mejor amante de la historia, de eso no cabe duda, pero lo cierto es que no existen pruebas de lo que sucedía en la privacidad de su alcoba. Hitler y Eva Braun (a quien Speer, asaz agudo él, definió como «la futura gran decepción de los historiadores») dormían en habitaciones separadas pero compartían baño, y la pícara Braun había afirmado alguna vez que si tal o tal sofá «pudiesen contar lo que ha sucedido en ellos…». Espero que nunca lo hagan, pues una descripción del culo grisáceo de Hitler bombeando entre las piernas de la mujer más sosa y pánfila de toda Baviera es lo último que necesito escuchar antes del desayuno. En resumen: todo apunta a que Hitler era un malfollao. Y miren lo que pasó luego.


11) No tengas complejo de mesías: 

Parece sensato afirmar que, dejando de lado su cargante tendencia a expresarse en parábolas (Pedro: «¿Tienes a mano el pasaporte, Jesús? Están a punto de chapar el check-in, tío». Jesús de Nazaret: «Una zorra se topó una vez con un leproso, y le espetó: bienaventurados los portadores de documento de identidad, fuere este permiso de conducción o DNI, pues ellos…». Pedro: «Vale, julay, déjalo. Ya han cerrado la puerta de embarque»), JC era un tipo harto molante. Algún accesillo de ciega ira destructiva le agarraba (con los incautos mercachifles del templo, por ejemplo), como a todos puede sucedernos en un mal día, pero en general parecía un piernas bondadoso, bienintencionado y capaz de practicar esquí acuático sin tabla, lancha ni leches. Lo jodido, claro, es la gente que padece complejo de mesías sin nada de la benignidad o la capacidad piscimultiplicatoria del Salvador, y para colmo impulsados en exclusiva por intenciones aviesas; como Bono Vox, José María Aznar o aquel par de miserables de Twitter. ¿Hay algo peor que un santurrón sin nada de la santidad? Hitler se tomaba a sí mismo muy en serio (signo inconfundible de los imbéciles de espíritu) y estaba convencido que su destino era salvarnos. Exterminándonos un montón, eso sí, si éramos judíos, gays, anarquistas, socialistas, socialdemócratas, mods o rockers, morenos con el cabello acaracolado y nariz aguileña, usuarios de aceite de oliva, reparadores de acordeones con tendencia a la bizquera, fans zurdos del waterpolo, funambulistas palentinos, miembros del foro Club Rubik Catalunya y, resumiendo, TODO EL MUNDO QUE NO FUESE ÉL. Así que, Hitlerín: no nos salves, majo. Dedícate a sacarle el polvo al felpudo de la Braun, o a la cría y manutención de tortuguitas domésticas, o al perfeccionamiento de la decoración de cupcakes. Mártires, ya lo saben: los justos.


El gran dictador, 1940. Fotografía: Warner Home Video.


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