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25 mayo 2020

IIGM: La liberación de Europa, una perspectiva estadounidense





Nota de introducción por el editor del blog

En las últimas entregas hemos revisado la segunda guerra mundial desde el punto de vista de destacados académicos rusos. Aquello no implica, inclinación ni afinidad política o ideológica de ninguna especia, se ha explicado que esos historiadores, incluso, son abiertamente anti estalinistas y en su tiempo no creyeron en el comunismo soviético.

Bien, este blog tampoco debería ser visto con inclinaciones ideológicas o políticas. Antes que ser un blog dedicado a cuestiones militares -que sobreabundan en internet- se dedica a analizar los conflictos bélicos desde el punto de vista geopolítico y de los intereses económicos de las grandes potencias. Así que, aquellos cánticos de falso patriotismo y aberraciones ideológicas totalitaristas no son apreciadas bajo ese contexto, dedicándoles un análisis desde la perspectiva histórica y sus secuelas en el presente.

Dicho esto, no sería imparcial de nuestra parte revisar solo lo que piensan los actuales historiadores rusos. En términos generales veremos lo que es materia de enseñanza desde la escuela a la universidad estadounidense, es decir una versión oficial que goza de una inmensa cantidad de recursos de toda índole (incluido el cine, documentales, revistas, libros, textos escolares, etc). 

Sería imposible abarcar el tema del conflicto mundial visto desde Occidente (hablamos no solo de los Estados Unidos y sus socios de la OTAN), existen millares de publicaciones de historiadores, militares, políticos, periodistas que brindan una visión apegada a un viejo libreto surgido desde los inicios de la Guerra Fría, es decir, los Aliados occidentales cambiaron el curso de la guerra tras la invasión aliada del 6 de junio de 1944, constituyéndose en la proesa militar más grande de la historia que vino acompañada de un aire fresco para el futuro del mundo libre. El objetivo era acabar con el ejército alemán, detener la maquinararia genocida nazi y, claro, arrodillar al despiadado régimen de Adolf Hitler. 

Qué es lo más curioso? No encontrar una mención al tremendo esfuerzo de guerra del ejército soviético. Sí que es raro encontrarnos solo con las menciones de que Stalin "rogaba" por la apertura del segundo frente. El mensaje está claro, sin los Aliados occidentales, la URSS hubiese perdido la guerra.

Un lector sagaz habrá comprendido que hablamos de versiones de carácter oficial, para la enseñanza a todo nivel, lo que necesariamente no es falso, sino sobredimensionado (es posible que los rusos hagan lo mismo). Desde pequeños nos han llenado la cabeza con historias de la sangre derramada por nuestros héroes y nuestro cerebro está atiborrado de gritos patrióticos. Sobre lo primero diremos que un soldado lucha siempre por su patria y es ajeno a las manipulaciones políticas, es el ser que se sacrificará para que otros conserven sus privilegios; sobre lo segundo, la propaganda hace su tarea, falso patriotismo, nacionalismos extremos, fanatización ideológica... 

Es necesario ser cauto en nuestras lecturas. Afortunadamente tenemos una generación de fabulosos historiadores independientes en Occidente, la apertura de archivos y acceso a documentación desclasificada ha dado pasos enormes, incluso en Rusia, brindándonos avances en la investigación de aquella época decisiva. La historia de la segunda guerra mundial no terminará de escribirse mientras sigan bajo llave millones de documentos de trascendental valor.

Sin la desclasificación de "secretos" de estado y otros documentos reservados sería imposible conocer más hechos de la historia que periodicamente nos presentan destacados y eruditos investigadores de la talla de Gitta Sereny (ya fallecida), el hoy popular James Holland, el conocido Richard Overy, Laurence Rees, Jacques R. Pauwels, Richard J. Evans, los magníficos Ian Kershaw y Antony Beevor; y que decir de los expertos, pero poco conocidos, historiadores alemanes del presente, solo citar a Christian Hartmann del magistral trabajo investigativo "Edición Crítica a Mein Kampf", por citar algunos entre los conocidos historiadores que se apegan a los parámetros de la rigurosidad histórica y que han ido complementando el legado historiográfico de una anterior generación de historiadores como Allan Bullock (primer biógrafo de Hitler), Joachim Fest, William Shirer, Gerald Reitlinger, John Toland, Sebastián Haffner, Raymond Cartier, etc., sin dejar de mencionar que no hacemos justicia a decenas de notables historiadores que han sido olvidados con el paso del tiempo.

En cuanto al tema de hoy, de las decenas de artículos revisados, me decanto por la siguiente que difunde la exaltación de la historia desde el lado estadounidense. El concepto general es válido pero ignora (por razones ideológicas y propagandísticas) el valioso aporte de su mejor aliado en aquellos tiempos, la URSS

Revisemos un par de artículos de History.

T. Andino


*****

Roy Wenzl, de History (versión internet) publicó un artículo titulado "Cómo el Día-D cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial" (How D-Day Changed the Course of WWII, en su versión original). El autor afirma que la invasión aliada del 6 de junio de 1944 fue una de las campañas militares más grandes y significativas de la historia (nada que alegar). Las siguientes líneas son citas puntuales del artículo en referecia.

La invasión militar del Día D que ayudó a poner fin a la Segunda Guerra Mundial fue una de las campañas militares más ambiciosas y consecuentes de la historia humana. En su estrategia y alcance, en sus enormes intereses para el futuro del mundo libre, los historiadores lo consideran uno de los mayores logros militares de la historia.


Dwight D. Einsenhower arengando a las tropas aerotransportadas, previo a la invasión de Francia (Día-D) 

El Día D, llamado Operación Overlord, lanzado el 6 de junio de 1944, después de que el general aliado al mando, Dwight D. Eisenhower, ordenara a la fuerza de invasión más grande de la historia, cientos de miles de tropas estadounidenses, británicas, canadienses y otras, cruce el Canal de la Mancha y desembarque en las playas de Normandía, en la costa norte de Francia. Después de casi cinco años de guerra, casi toda Europa occidental estaba ocupada por tropas alemanas o controlada por gobiernos fascistas, como los de España e Italia. El objetivo de los aliados occidentales: poner fin al ejército de Alemania y, por extensión, derrocar al bárbaro régimen nazi de Adolf Hitler.

He aquí el por qué el Día D sigue siendo un evento de gran magnitud, y por qué les debemos tanto a esos luchadores. Cuando los soldados aliados marcharon tierra adentro desde las playas, los franceses vitorearon, muchos de ellos dando flores a los soldados, muchos sollozando de felicidad.

Detener la máquina genocida nazi

Los ejércitos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial invadieron la mayor parte de Europa y el norte de África y gran parte de la Unión Soviética occidental. Establecieron estados policiales asesinos donde quiera que fueran, luego cazaron y encarcelaron a millones. Con cámaras de gas y escuadrones de la muerte, mataron a seis millones de judíos y millones más de polacos, rusos, gays, discapacitados y otros indeseables para el régimen nazi, que buscaba diseñar una raza germánica maestra.

"Es difícil imaginar cuáles serían las consecuencias si los aliados hubieran perdido", dice Timothy Rives, subdirector de la Biblioteca Presidencial Eisenhower en Abilene, Kansas. “Se podría argumentar que salvaron al mundo. Unos meses después del Día D, el general Eisenhower visitó un campo de exterminio alemán y escribió: “Nos dicen que el soldado estadounidense no sabe por qué está luchando. Ahora, al menos, sabrá contra qué está luchando".

Estrategia del día D

Nadie pensó que la victoria fuera segura. El primer ministro británico, Winston Churchill, había molestado a Eisenhower y al presidente Franklin Roosevelt durante dos años antes del Día D, alegando que evitaran Normandía y que en su lugar siguieran una estrategia más lenta y menos peligrosa, colocando más tropas en Italia y el sur de Francia. Pero los alemanes habían matado a decenas de millones de civiles y soldados en la Unión Soviética, y los soviéticos querían desesperadamente que los aliados desangraran al ejército alemán abriendo un segundo frente de batalla. Eisenhower pensó que era vergonzoso evitar a Normandía, y pensó que Normandía era el mejor movimiento militar, no solo para ganar sino para acortar la guerra.



Eisenhower odiaba la guerra. Años después de que terminó el conflicto, pronunció un discurso, con un párrafo que se puede ver grabado en el muro de piedra de mármol que rodea su tumba en Abilene, Kansas: 

“Cada arma que se fabrica, cada barco de guerra lanzado, cada cohete disparado significa en el sentido final un robo a quienes tienen hambre y no están alimentados, a quienes tienen frío y no están vestidos. Este mundo en armas no está solo gastando dinero. Está gastando el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos, las esperanzas de sus hijos. Esta no es una forma de vida en absoluto en ningún sentido verdadero".

La importancia de la victoria del día D

La mayoría de las batallas se olvidan rápidamente. Pero todas las naciones libres deben su cultura y democracia al Día D, que puede agruparse entre algunas de las victorias más épicas de la historia que incluyen la derrota del ejército británico ante George Washington en Yorktown en 1781, que permitió que el experimento estadounidense en democracia sobreviviera e inspirara a las personas oprimidas en todas partes.

En 490 y 480 a.c., los pequeños ejércitos y armadas de Grecia derrotaron a las enormes fuerzas invasoras del Imperio Persa en las batallas de Maratón y Salamina. Los griegos no solo se salvaron a sí mismos, sino también su democracia, literatura clásica, arte y arquitectura, filosofía y mucho más.

Los historiadores colocan el Día D en la misma categoría de grandeza.

Hasta aquí el relato de Wenzl. Ahora reproducimos un artículo completo de la misma fuente (History) escrita por Greg Timmons, el original inglés titula: "Churchill and Roosevelt Spent Years Planning D-Day"


             Infografía: History.com

Churchill y Roosevelt pasaron años planeando el Día D
Greg Timmons
History

Ambos líderes sabían que los Aliados debían invadir Normandía, pero enfrentaron muchos obstáculos antes de llevar a cabo la Operación Overlord.

La invasión aliada de Normandía el 6 de junio de 1944 se considera uno de los desarrollos más importantes de la Segunda Guerra Mundial e instrumento en la derrota de los poderes del Eje. 156.000 tropas desembarcaron en la playa como parte de la Operación Overlord, pero antes de llevar a cabo la liberación de Europa occidental, el primer ministro británico Winston Churchill y el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt pasaron meses debatiendo la viabilidad de una misión tan arriesgada.

Si Winston Churchill se opuso y argumentó en contra del Día D se ha convertido en un tema de debate, y algunos afirman que hizo todo lo posible para posponer o cancelar la invasión. También se debate si el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, mantuvo la fecha para una invasión a través del Canal. La verdad es que es más complicado que eso.



La evidencia muestra que tanto Churchill como Roosevelt fueron partidarios tempranos de alguna versión de un "segundo frente" en Europa. Sin embargo, desde principios de 1942 hasta mediados de 1944, ambos hombres fluctuaron en sus niveles de apoyo. La preparación militar estadounidense, el estado de guerra en constante cambio, la presión del líder soviético Joseph Stalin, las condiciones climáticas y las diferentes definiciones de un "segundo frente" hicieron que ambos líderes recalibraran con frecuencia sus planes para el Día D.

Así es como ambos hombres llegaron a un acuerdo para llevar a cabo una de las operaciones militares más ambiciosas y arriesgadas de la historia.

Churchill presionó a Roosevelt para que enviara tropas estadounidenses, lo hizo un día después de Pearl Harbor.

Impulsado
por un Congreso renuente, el presidente Roosevelt solo pudo enviar suministros de guerra y prestar barcos militares a Gran Bretaña una vez que Inglaterra entró en la guerra en 1939. Churchill entendió cómo funcionaba la democracia estadounidense, pero continuó presionando a Roosevelt por botas en el suelo.

El 8 de diciembre de 1941, el día después del ataque de Japón a Pearl Harbor, el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra. En tres días, Alemania declaró la guerra a Estados Unidos, honrando su acuerdo con Japón.

Churchill trabajó inmediatamente con Roosevelt para desarrollar una estrategia de victoria. Desde el principio, sabían que una invasión masiva de la Europa continental era obligatoria para una rendición total e incondicional de la Alemania nazi. Creían que cuanto antes el contraataque, mejor. Joseph Stalin también presionó por un segundo frente en el oeste para aliviar la presión sobre el ejército soviético en el este.

Sin embargo, cada líder enfrentó presiones internas y circunstancias cambiantes dentro de sus propios países que los obligaron a considerar estrategias alternativas y a retrasar repetidamente la fecha para el Día D.

La falta de recursos en ambos países causó más demoras, empujando la "Operación Sledgehammer" a la primavera de 1943.

En marzo de 1942, Roosevelt informó a Churchill que las demandas de la guerra del Pacífico redujeron la oportunidad de una invasión de Europa para ese verano. Estados Unidos no pudo reunir la cantidad de barcos y embarcaciones de desembarco necesarios para una operación de tan dramática escala, que los expertos militares estimaron que tomaría un mínimo de 400.000 soldados. Sin embargo, al mes siguiente, Roosevelt envió a dos de sus principales asesores, los generales George Marshall y Harry Hopkins, a Londres para reunirse con ChurchillPropusieron la "Operación Sledgehammer", pero la falta de recursos en ambos países causó más demoras, era el plan para apoderarse de los puertos a lo largo de la costa noroeste de Francia en el otoño de 1942 a la que seguiría una gran invasión en la primavera de 1943.  (Nota del editor del blog: Sobre la Operación Sledgehammer, ver comentarios al final del artículo)

Los asesores militares británicos creían que no podían reunir suficientes recursos a tiempo, y el plan terminaría en un desastre. A pesar de esto, Churchill pareció dar su respaldo al plan en un mensaje del 17 de abril a Roosevelt.

Mientras tanto, la presión soviética para un segundo frente se intensificó. A fines de mayo de 1942, el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Vyachelsalv Molotov, se reunió con Roosevelt, pidiéndole una forma de aliviar la presión del frente oriental para fin de año.

África del Norte se convirtió en el foco de la "Operación Torch.

Roosevelt y Churchill pronto discutieron un enfoque diferente: en lugar de Europa occidental, invadirían el noroeste de África. Si tiene éxito, la "Operación Antorcha" (Torch), como se la conocía, aliviaría la presión sobre las fuerzas británicas que defienden el Canal de Suez, mejoraría la posición con los soviéticos y elevaría la moral tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña.

Roosevelt sabía que el esfuerzo descartaría cualquier segundo frente europeo para 1942 y probablemente para 1943, pero aún así estuvo de acuerdo. Sabía que estaba claro que tomaría meses prepararse para un ataque a gran escala, y debido al clima imperante a lo largo del Canal de la Mancha, simplemente no tendrían suficiente tiempo.

La Operación Torch comenzó el 8 de noviembre de 1942. Fue la primera operación importante que las tropas estadounidenses tomaron contra el ejército alemán.

El presidente Franklin D. Roosevelt y el primer ministro Winston Churchill durante la Conferencia de Casablanca (14-24 enero 1943. Crédito: Bettmann Archive / Getty Images)

Churchill instó a invadir Sicilia, parte de lo que él consideraba el "bajo vientre" de Europa.

Tres días después, Churchill sugirió a Roosevelt que sus comandantes militares exploraran las posibilidades de atacar a Sicilia y luego a Italia. Roosevelt expresó su preocupación por la participación de Estados Unidos en el Mediterráneo, pero quería confrontar a Alemania lo antes posible mientras haya recursos disponibles. También le preocupaba, al igual que Churchill, que sin el apoyo militar, Stalin podría pedir un acuerdo de paz con Hitler.

Roosevelt y Churchill se reunieron en Casablanca en febrero de 1943 y acordaron una invasión de Sicilia a partir de julio. La estrategia periférica de Churchill de atacar el "bajo vientre" de Europa ofreció varias ventajas, es decir, sacar a Italia de la guerra.

La invasión del norte de Francia se retrasó una vez más.


Churchill se decide para apoyar la "Operación Overlord", la invasión total de Normandía.

Tanto las campañas del norte de África como las de Italia fueron más largas y costosas de lo esperado. Cuando Churchill se reunió con Roosevelt y Stalin en diciembre de 1943 (Conferencia de Teherán), la derrota en Dunkerque probablemente estaba en su mente junto a Anzio y Salerno.

Al escuchar que los principales generales aliados Dwight Eisenhower y Bernard Montgomery querían un aterrizaje masivo en Normandía, Churchill ofreció varias alternativas a una invasión masiva, que Stalin insistió como única acción. Churchill sintió que los soviéticos y los estadounidenses ya habían decidido la invasión, denominada "Operación Overlord", y se decide para apoyarla.

En enero de 1944, Churchill escribió a Stalin declarando que iban a toda marcha para 'Overlord'. En abril, Churchill continuó expresando alguna reserva y le dijo a un asesor que "los rusos y las autoridades militares de los Estados Unidos nos impusieron esta batalla". En mayo, justo antes de la invasión planeada, les dijo a los primeros ministros de los dominios de la Commonwealth que estaba a favor de la Operación Overlord, aunque nunca ofreció un apoyo completo y lo consideró una estrategia secundaria ante su enfoque militar en el "bajo vientre" de Europa (Italia).


En las fauces de la muerte. fotografía de Robert F Sargent de la Primera División de Infantería del Ejército de los Estados Unidos que desembarcó en la playa de Omaha, Normandía, Día-D, 6 de junio de 1944. 

Tanto los británicos como los estadounidenses sabían que el Día D no podría suceder hasta 1944

Churchill sabía que los aliados no estaban preparados para una invasión a gran escala y desarrolló planes alternativos para derrotar a la Alemania nazi. Roosevelt se vio obstaculizado por la guerra con Japón, por lo que apoyó el norte de África y las campañas italianas para avanzar contra Alemania.

Aunque los aliados no estuvieron preparados durante 1943 y 1944, la invasión se hizo cada vez más importante para la victoria.

La invasión del Día D tuvo lugar el 6 de junio de 1944. En ese día, unas 156.000 fuerzas estadounidenses, británicas y canadienses desembarcaron en cinco playas a lo largo de la costa francesa de Normandía en los ataques militares anfibios más grandes de la historia. Más de 4.000 tropas aliadas fueron confirmadas muertas y miles resultaron heridas o desaparecidas. Se estima que las pérdidas alemanas fueron de entre 4.000 y 9.000 soldados.




A fines de agosto de 1944, todo el norte de Francia fue liberado. En la primavera siguiente, las fuerzas aliadas habían derrotado a la Alemania nazi.

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* Nota del editor del blog. "Operación Sledgehammer" (Almádana) fue un plan para capturar los puertos marítimos franceses de Brest o Cherbourg a principios del otoño de 1942, en caso de que Alemania o la Unión Soviética estuvieran al borde del colapso. Sería ejecutado principalmente por tropas británicas ya que los estadounidenses aducían poder suministrar solo dos o tres divisiones entrenadas. Churchill respondió que era "más difícil, menos atractivo, menos inmediatamente útil o, en última instancia, fructífero que ´Roundup´". Al capturar Cherburgo y áreas de la península de Cotentin, la cabeza de playa debía ser defendida y retenida durante el invierno de 1942 hasta que las tropas pudieran llevar a cabo una operación de ruptura en la primavera de 1943. Es verdad, que faltaban los elementos necesarios para tal operación: superioridad aérea, equipo de guerra anfibio, fuerzas suficientes y suministros adecuados. A pesar de todo, el Estado Mayor Conjunto consideró que Sledgehammer era factible. (Si el plan se ejecutaba era evidente que sería un fracaso, los británicos no podrían haberlo hecho solos ante el despliegue alemán que en esos días tenían entre 25-30 divisiones en Europa occidental. Esta percepción se vio reforzada por el fracaso de la pequeña incursión de Dieppe en agosto de 1942). Sledgehammer tenía sus partidarios en el ejército de los Estados Unidos y la Unión Soviética aplaudió la iniciativa, los británicos la rechazaron.  Sledgehammer nunca se llevó a cabo, en su lugar, la propuesta británica de invasión del norte de África francés tuvo lugar en noviembre de 1942 bajo el nombre clave Operación Torch. Por otro lado, fue el Jefe de Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos, General George Marshall, quien sugirió a Roosevelt que abandone la estrategia contra Alemania y tome la ofensiva en el Pacífico. Al parecer Roosevelt habría expresado que no haría nada para ayudar a Rusia. Pero existía otro plan, la "Operación Roundup", nombre en clave para invadir el norte de Francia en la primavera de 1943, supervisado por el general de brigada Dwight D. Eisenhower desde 1942. Había entusiasmo estadounidense, pero los políticos y altos mandos británicos se mostraron reacios a comprometerse. La mayoría de tropas y material que se iba acumulando para "Roundup" terminaría utilizándose en la "Operación Torch", que no fue tan prioritario para la estrategia Aliada. En noviembre de 1942, Eisenhower (ya nombrado teniente general) le comunicó a Churchill que ninguna operación importante en el continente podría llevarse a cabo antes de 1944. Operación Roundup, Operación Sledgehammer y su variante, Operación Roundhammer, terminarían siendo base para la Operación Overlord.


Fuente original:

Churchill and Roosevelt Spent Years Planning D-Day
How D-Day Changed the Course of WWII

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Inicio de la Guerra Fría



    Conferencia de Potsdam julio - agosto 1945 (foto colorizada)


Nota de introducción por el redactor del blog


75 años tras la Liberación de Europa

En el período actual de reestructuración del mundo, las grandes potencias proceden a revisar su interpretación de la Segunda Guerra Mundial, cuestionan los mitos que servían de basamento al orden mundial y expresan nuevas interpretaciones capaces de justificar sus proyectos. En esta tercera parte de la entrevista del historiador Valentin Falin concedida a RIA-Novosti y publicada en castellano por Red Voltaire se ilustra el punto de vista ruso que pone en tela de juicio la sinceridad del antifascismo de Estados Unidos

En 1939, Roosevelt negociaba una alianza con el III Reich para impedir el éxito de la URSS en Finlandia; en 1945, los anglosajones, que se preparaban para proseguir la guerra volviéndose contra Moscú, reconstituían divisiones alemanas para atacar a la URSS.


Así que la historia no es nada nueva. No debemos ir muy lejos, el 19 de septiembre de 2019, en un vergonzoso pronunciamiento político sobre la supuesta "Memoria Histórica" europea para su porvenir, el Parlamento Europeo, a través de la Comisión Europea, eleva a la misma condición al nazismo y al comunismo, presentándose una larga Resolución condenando en primer lugar al comunismo y, como objeto subsidiario, al nazismo; entre otras cosas también señala que "es importante no olvidar cómo las Fuerzas Aliadas "liberaron" Auschwitz hace 75 años"... (?). Bueno, si esos son los políticos que dirigen la Unión Europea no dudamos de las consecuencias que acarreará el futuro con la educación de las nuevas generaciones de dirigentes. 

Desde hace más de cuatro años tengo archivado un artículo por lo demás esclarecedor, ha llegado el momento de destaparlo, pero como no es la materia central de este artículo, breves notas resumidas o citas textuales aclaran esa histeria europea (en un buen porcentaje) hacia la gigante nación rusa. 

"La rusofobia de Occidente es incurable" (Sputnik). La 'perversidad' de los rusos no se discute en Occidente. Ni los medios, ni los políticos se cansan de pregonarla. La sociedad occidental padece prejuicios negativos sobre Rusia, escribe el historiador suizo Guy Mettan. 

En su libro "Rusofobia, mil años de desconfianza", inicialmente publicado en Suiza, Rusia, Italia en 2016, llegó en inglés a los Estados Unidos en 2017 bajo el título: "CREATING RUSSOPHOBIA. From the Grat Religious Schism to Anti-Putin Hysteria". El autor señala que la rusofobia es anterior que la misma Rusia. Empezó con la división el Imperio Romano en la parte Occidental y Oriental, y, por supuesto, con la división religiosa entre los católicos y ortodoxos.

Prejuicios de esa época, "todos los pueblos orientales son bárbaros, sus líderes son autoritarios, están obsesionados con la expansión y sueñan con conquistar a Occidente noble e inocente". Es lo mismo que se lee en la actualidad. Dentro del marco de la historia contemporánea la rusofobia se agudizó a finales del siglo XVIII, en el reinado del rey francés Luis XV apareció un falso 'Testamento de Pedro el Grande', atribuyéndose al monarca, como "legado" a sus descendientes, el deber de "conquistar Occidente". Napoleón en 1812 la aprovechó para justificar su invasión a Rusia. Le seguirían los ingleses para utilizar el falso legado para la Guerra de Crimea (1853). A finales del siglo XIX el 'testamento' fue desmentido, pero el fraude perduró y se repite en el presente. En Ucrania (2014) el mismo pretexto -impulsado por los Estados Unidos- condujeron al golpe de Estado en Kiev. 

Señala Mettan que "para los medios occidentales, Rusia sigue siendo 'una amenaza', mientras dos ideas preconcebidas se mantienen. "Occidente siempre representa 'las fuerzas del Bien': los valores comunes, la democracia, la libertad etc., y Rusia, por su parte, 'promueve' la autocracia, el nacionalismo y el rechazo a la libertad personal".

Es el enfoque que se impone en la opinión pública que sirve de fundamento para la expansión y militarización de la OTAN hacia Europa del Este. 

"Los periodistas occidentales se comportan no como profesionales de la información, sino como directores del cine, que ya tienen establecido un guión en que los países occidentales son 'buenos' y Rusia es 'mala'. Este tipo de manipulación de la conciencia es la base del contenido mediático en Occidente", afirma Guy Mettan.


(Fotografías, mapas y notas a pie de foto son agregadas por el editor de este blog).

t. andino


Tercera y última parte

Inicio de la Guerra Fría
La Conferencia de Yalta ofrecía una oportunidad que no fue aprovechada


Interlocutor: Valentín Falin
Doctor en Historia.
Entrevistador:  Víctor Litovkin
Comentarista militar de Ria Novosti 
2005


La historia, su realidad y mitos, constituyen retos políticos permanentes. Valentín Falin ofrece una lectura de la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista ruso, con frecuencia desconocido por el público occidental.



➤  Viktor Litovkin: Los expertos tienen al menos dos formas de comentar tales o más cuales acontecimientos históricos. Unos insisten en la imposibilidad de separarlos del contexto de la época en que se produjeron y, por consiguiente, en la necesidad de analizarlos teniendo en cuenta de manera obligatoria esa época. Otros afirman que sólo se puede entender profunda y correctamente lo que ocurrió hace mucho tiempo si partimos de las posiciones actuales. ¿Qué cree usted? ¿Cuál es su evaluación de los resultados de la Conferencia de Crimea de 1945?
Valentín Falin: En mi opinión, todo acontecimiento internacional, sobre todo importante, debe ser analizado desde el punto de vista del lugar que ocupa en la historia. Los acontecimientos no deben ser separados de su contexto, arrancados del medio en que germinaron.

Es conveniente no olvidar las consecuencias reales de estos hechos y las que se esperaban. En ese sentido, la Conferencia de Yalta ocupa un lugar poco común. Ha habido muchas alteraciones con relación a ella desde 1945 y, naturalmente, durante la Guerra Fría. Las alteraciones no han desaparecido. Existen en la actualidad y se multiplican.

Para excluir o anular los intentos de aquellos que tratan de «volver a escribir la historia» al evaluar lo que pasó en Yalta, me referiré, esencialmente, a las fuentes estadounidenses, a los participantes inmediatos en el hecho, en especial a Roosevelt y a su secretario de Estado, Edward Stettinius.

Industrial eminente y figura muy influyente en los medios de negocios y políticos de Estados Unidos, Edward Stettinius ocupó ese puesto hasta el fallecimiento de Franklin Delano Roosevelt (12 de abril de 1945) y hasta el ascenso de su sucesor Harry Truman a la presidencia de Estados Unidos. Stettinius dejó interesantes memorias que contienen ricas y preciosas informaciones sobre lo ocurrido en Yalta, de lo cual fue testigo y participante inmediato.

Edward Stettinius estimaba que Yalta fue el punto culminante de la cooperación entre Estados Unidos, la Unión Soviética y, en parte, Gran Bretaña, cuando, después de Teherán y de la apertura del segundo frente, se estableció un clima de confianza entre las tres grandes potencias mientras que por otra parte los días de la Alemania fascista estaban contados y la Unión Soviética se había comprometido a declararle la guerra al Japón militarista.


Conferencia de Yalta, en la península de Crimea, Unión Soviética, del 4 al 11 de febrero 1945

Los estadounidenses y sus aliados se enfrentaban entonces a un problema: ¿cómo garantizar la paz después de la guerra? ¿Cómo crear un mundo donde catástrofes como la Segunda Guerra Mundial fueran imposibles?

Al referirme a las palabras de Edward Stettinius debo afirmar que la mayoría de las decisiones adoptadas en Yalta tenían como base los proyectos estadounidenses, no los nuestros. Por ejemplo, el comunicado final, como destaca el Secretario de Estado, es un proyecto puramente estadounidense. La URSS no hizo ninguna enmienda.

Gran Bretaña se limitó, en lo esencial según Stettinius, a realizar comentarios estilísticos. Las afirmaciones de algunos de que «Stalin podía más que Roosevelt» o de que «se había aprovechado de la enfermedad de este último» no tienen nada que ver con la verdad.

➤  Viktor Litovkin: ¿Por qué deseaba tanto Roosevelt que se realizara el encuentro de Crimea? ¿Por qué se mostró tan comprensivo con relación a las preocupaciones de Stalin sobre la forma de construir el mundo de postguerra?
Valentín Falin: Roosevelt retomó varias veces las ideas que le había expuesto a Molotov en junio de 1942, durante el encuentro de Washington, según las cuales veía un mundo de postguerra sin armas. A propósito, el término de «mundo de los tres o cuatro policías» comenzó a circular a partir de entonces.

Según Roosevelt, sólo Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y tal vez China podían tener fuerzas armadas y esas fuerzas deberían incluso ser limitadas. Los demás países, tanto los agresores -Alemania, Japón e Italia- como sus satélites debían ser completamente desarmados. Otros, incluso los que formaban parte de la coalición antihitleriana, Francia, Polonia, Checoslovaquia, también debían ser desarmados porque, según la tesis de Roosevelt, «Economía mundial saludable y carrera armamentista son incompatibles».

Según Roosevelt, las fuerzas armadas que quedarían en tres o cuatro Estados sólo podrían ser utilizadas con la aprobación general y jamás contra una de esas potencias. Como destacó el Presidente estadounidense, esas fuerzas armadas sólo debían ser movilizadas para sofocar desde su génesis toda posible nueva guerra o agresión.

Como es natural, Roosevelt partía de la experiencia de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, cuando la carrera armamentista engendraba la agresión, cuando constituía el preludio de la agresión, y cuando, las estadísticas lo demuestran, la carrera armamentista desencadena por si misma, en siete u ocho casos de diez, esta agresión, esta guerra. Es muy extraño que se inicien hostilidades en un contexto en el que no hay, o casi, carrera armamentista. La historia también nos da pruebas de ello...


El presidente Franklin D. Roosevelt

➤  Viktor Litovkin:  Perdón, no entiendo muy bien. Es evidente que Roosevelt no era ingenuo y no podía dejar de darse cuenta de la existencia de contradicciones fundamentales entre Estados Unidos y la Unión Soviética, entre la ideología comunista y, si lo prefiere, la ideología, los principios y la práctica de la democracia, del hecho de que la unión entre esos dos extremos diametralmente opuestos solo podía ser provisional y jamás permanente. ¿Por qué imaginaba entonces un mundo futuro sin armas? ¿No era esto una perfecta utopía?
Valentín Falin: Roosevelt no era un político ingenuo. Era un militar que había sido viceministro de las fuerzas navales de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Y no debemos olvidar que los estadounidenses participaron en ese conflicto del lado de la Entente.

Allí, adquirió Roosevelt una experiencia que -diría yo- no estaba desprovista de ese germen de hegemonía que siguió siendo característico del desarrollo de Estados Unidos a lo largo del siglo XX.

Por otra parte, Roosevelt comprendía muy bien quién era Stalin. Veía perfectamente que bajo esa apariencia de marxista-leninista dogmático se ocultaba en realidad un prágmatico convencido hasta la dédula de los huesos. Para Stalin, la ideología no era más que una cobertura, un camuflaje, si usted prefiere. Y Estados Unidos -testimonios de Churchill, del propio Roosevelt e incluso de Hitler lo confirman- no consideraba a Stalin como un comunista.

El problema de la ideología como tal tenía un significado para el público, pero cuando era preciso tomar una decisión histórica, fundamental, siempre quedaba relegado a un segundo plano. ¿Sabe usted cómo saludó Roosevelt a Stalin en Teherán?

- No.

Valentín Falin: «¡Saludamos a un nuevo miembro de nuestra familia democrática!» Son esas las palabras que dirigió a Stalin al inaugurar la conferencia. En ese sentido, Roosevelt veía incluso a Churchill con un ojo más crítico. Sobre todo a causa de la propensión de este último a blandir las armas, a utilizarlas contra todos aquellos que, por una razón u otra, no satisfacían al primer ministro británico.

Roosevelt adoptó en especial una actitud muy negativa con relación a la brutalidad excesiva de las tropas británicas que habían causado numerosas víctimas entre los miembros de la resistencia griega que no querían someterse a las tropas de ocupación inglesas. De hecho, la resistencia griega había liberado su propio país antes de la llegada de los ingleses y querían instaurar un régimen democrático en lugar de ver subir al trono un rey impuesto por Londres.

Sabiendo todo esto, debemos utilizar los clichés ideológicos con mucha prudencia.

A comienzos de los años 30, antes de reconocer a la Unión Soviética, Roosevelt se interesaba por las ideas socialistas. En su época de gobernador frecuentaba círculos que organizaban debates sobre el tema. Fue el único presidente de Estados Unidos que tuvo un comportamiento tan «sedicioso».

Pero en su caso el momento crucial con relación a Stalin y a nuestro país tuvo lugar a mediados de los años 40, cuando se iniciaron en nuestro país «procesos ejemplares». Cambió entonces de actitud respecto del gobierno soviético.

Inmediatamente después del desencadenamiento de lo que se denomina la «guerra de invierno de la Unión Soviética y Finlandia», llegó incluso a interrogarse, en diciembre de 1939 y en enero de 1940, sobre la necesidad de romper las relaciones diplomáticas con la URSS, de volverse atrás en su reconocimiento de la Unión Soviética y sostuvo negociaciones con Kerenski sobre la creación de un gobierno ruso en el exilio.

Si tomamos en cuenta todos estos aspectos, aunque estoy dejando a un lado otros hechos de excepcional importancia, en especial los intentos de Roosevelt para crear a inicios de 1940, con el pretexto de ayudar a Finlandia, un frente antisoviético común del cual formarían parte la Alemania nazi, la Italia fascista y todas las democracias occidentales (proyecto que fracasó porque los alemanes decidieron atacar Francia; Washington fue informado de ello y el proyecto fue retirado), nos daremos cuenta entonces de que no debemos hacer de Roosevelt un retrato monocromo y considerarlo como un liberal, enamorado, o casi, de la Unión Soviética...

No, era un político sobrio y perspicaz, que pensaba que el poder económico de Estados Unidos, incluso cuando no existieran fuerzas de disuasión, bastaba para garantizar su papel de líder en el mundo. Recordemos que la producción industrial de Estados Unidos representaba del 60 al 70% de la producción total del planeta.



Roosevelt y Churchill, durante la Conferencia de Casablanca, 1943

Washington controlaba las finanzas mundiales y el comercio planetario. A partir de ahí llevaba a cabo su plan, adoptado en 1943, que consistía en controlar los principales yacimientos de materias fisibles y de otro tipo. Si no entendemos eso, no entenderemos nada de lo que pasó después.

Edward Stettinius escribe: en 1942, Estados Unidos estaba al borde de la catástrofe. Si los rusos no hubieran resistido en Stalingrado, si la batalla del Volga hubiera terminado como había imaginado Hitler, el Reich habría conquistado Gran Bretaña, establecido su control total sobre África y el Medio Oriente con todos sus recursos petroleros y hubiese conquistado América Latina, con consecuencias desastrosas para Estados Unidos.

Esta es la visión que tenían los estadounidenses de sus perspectivas durante la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Roosevelt, la unión con Stalin no era en ningún sentido fruto del azar.

En 1945, cuando los estadounidenses llegaron a Yalta, Roosevelt estaba aún bajo los efectos:

a) de la derrota que los alemanes habían infligido al ejército estadounidense durante la batalla de las Ardenas; b) del hecho de que fuera Stalin quien los salvara al lanzar antes de tiempo, a solicitud de Estados Unidos, una ofensiva en el este, obligando así a los nazis a retirar del oeste un tercio de sus fuerzas comprometidas en esta operación.

Y comprendió finalmente que las promesas de Churchill de que los anglosajones ajustarían cuentas a Alemania en cualquier momento y dejarían a los rusos desilusionados al detenerlos en cualquier parte del Vístula, en el peor caso en el Oder, no valían nadaNo era una política práctica sino pura fantasía. 

Era preferible entonces no romper las relaciones con Rusia y seguir cooperando con ella para que el mundo de la posguerra fuese visible, previsible, para que dejara de encerrar las amenazas que se habían abatido sobre Estados Unidos y respondiera, al menos en algo, a las ideas que él (Roosevelt) tenía de la democracia, de la justicia humana y social.

➤  Viktor Litovkin: Pero volvamos a la Conferencia de Yalta. ¿De quién fue la idea, aprobada en ese marco, de crear la Organización de Naciones Unidas? ¿Quién propuso dividir al mundo de posguerra en zonas de influencia a la largo de la línea Curzon, algo que los polacos y los países bálticos no han dejado hasta hoy de reprocharle a Stalin?
Valentín Falin: La idea de la ONU pertenece a Roosevelt. Fue mencionada por primera vez en Teherán y tomó forma en Yalta. Stalin insistía en que la sede de esta organización fuera Nueva York. ¿Por qué? ¿Recuerda usted la Sociedad de las Naciones? En un primer tiempo los estadounidenses apoyaron esta iniciativa pero acabaron por no avalarla y no formaron parte, por consiguiente, de la Sociedad de las Naciones.

Stalin creía que Estados Unidos utilizaría la misma jugarreta, diciendo por ejemplo «ayer, evidentemente, estábamos a favor, pero hoy...» Y al proponer que la Organización tuviera su sede del otro lado del Atlántico esperaba que eso ayudaría a los estadounidenses a no escapar de la cooperación internacional.

Ahora bien, las reacciones generales de la prensa estadounidense con relación a la Conferencia de Yalta fueron muy positivas, incluso elogiosas para Roosevelt. Es cierto que hubo críticas, estimuladas desde Londres por Churchill. Sus autores exigían el cese de la cooperación con la Unión Soviética, preconizaban el dominio de Estados Unidos en el mundo. Se llegó a decir que como el moro, «la URSS había desempeñado su papel y ya no era necesaria».

Teniendo presentes estas opiniones y declaraciones provenientes de Londres, el 25 de marzo de 1945, en su último mensaje al Congreso, el presidente Roosevelt subrayaba (y cito):


«Para las generaciones futuras, el destino de Estados Unidos y del mundo entero depende de la aplicación concienzuda de los acuerdos concluidos entre los aliados en Teherán y en Yalta». Y en ese caso, advertía el presidente de Estados Unidos: «los norteamericanos no pueden contentarse con una solución intermedia. Debemos aceptar la responsabilidad de la cooperación internacional, pues de otra forma tendremos que asumir la de un nuevo conflicto mundial».

En el mismo mes de marzo -existen documentos que lo confirman- circulaban comentarios sobre los «supuestos acuerdos de Yalta» en el Departamento de Estado, dirigido ya por Stettinius, quien había reemplazado a Hull, conocido por su antisovietismo.

Algunos funcionarios los calificaban incluso de «simples declaraciones», tratando evidentemente de minimizar su alcance. Truman, quien llegó al poder el 23 de abril y no sabía aún que los estadounidenses desarrollaban la bomba atómica, declaró

Se acabó la cooperación con los rusos, llegó el momento de pasar a una nueva etapa. Se fijó como objetivo «borrar a Yalta».


Carteles ilustrados de la Unión Soviética en que se enfatiza la unión de los Aliados en su lucha contra el nazismo. (Colección Kukryniksy)

Los expertos se acordarán en aquellos momentos de los mensajes elogiosos que Churchill dirigía a Stalin para agradecerle la ayuda que prestaron en enero a los aliados y que les ahorró nuevas conmociones y para exaltar a nuestras fuerzas armadas cuya gloria «no se empañará jamás». Todo esto salía de la pluma de Churchill.

Lea su mensaje de felicitación con motivo del Día del Ejército Rojo, el 23 de febrero de 1945. En esa misma época, da la orden de recoger las armas alemanas y almacenarlas por si estallaba un conflicto con la Unión Soviética. En marzo de 1945, ordena a sus jefes de estado mayor preparar una operación contra la Unión Soviética con la participación de las fuerzas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, el cuerpo expedicionario polaco y... alemanes.

Los británicos contaban con diez divisiones alemanas que se habían reunido voluntariamente a los Alidos occidentales en la etapa final de la guerra. Desarmadas desde el punto de vista formal, pero no disueltas, estas divisiones se entrenaban a diario en el Schleswig-Holstein previendo, no debemos excluir la posibilidad, que pudieran realizar nuevas «hazañas» en el Este. El inicio de la nueva guerra estaba fijado para el 1º de julio de 1945.

Pero cometeríamos un error si pensáramos que los británicos fueron los únicos que actuaron de ese modo y que los estadounidenses permanecían fieles a sus compromisos de aliados. El general Patton, comandante de las fuerzas blindadas de Estados Unidos, no aceptaba detenerse en las líneas de demarcación concertadas entre Washington, Moscú y Londres y quería lanzarse sobre Stalingrado. ¡No para terminar con los comunistas o la Unión Soviética, sino para acabar con los «descendientes de Gengis Kan»!



Churchill consideraba que «cuanto más al este detengamos a los bárbaros rusos, mejor será». Tenía en mente el Plan Rankin, un plan secreto que debía «desalojar» a Overlord, el plan de apertura del segundo frente. Ahora bien, en virtud del plan Rankin, los anglosajones, con el apoyo de los alemanes, debían tomar el control no sólo de Berlín y de Hamburgo, sino también de Varsovia, Praga, Budapest, Viena, Bucarest, Sofía y Belgrado.

Eso dicen los documentos y no podemos cambiarlos. Y si nuestros socios no alcanzaron sus objetivos, no es por no haberlo deseado sino porque la Unión Soviética y, en primer lugar, nuestras fuerzas armadas, lo impidieron.

Las palabras falsas y excesivas con relación a los acuerdos de Yalta constituyen un ultraje a la memoria del principal artesano de esos acuerdos, Franklin Roosevelt. Su mensaje al Congreso -ya citado aquí- era un testamento político en el que hacía saber lo que necesitaban el mundo entero y Estados Unidos, lo que había que hacer para que triunfaran los ideales de justicia, para prevenir nuevas guerras y nuevos desastres de ese tipo. La fidelidad a los acuerdos de Crimea debía representar una oportunidad para el mundo. Lamentablemente no supimos aprovecharla.

➤  Viktor Litovkin: Pero aún no ha respondido usted a la pregunta de saber de quién fue en Yalta la idea de dividir el mundo en zonas de influencia siguiendo la línea Curzon.
Valentín Falin: No hubo zonas de influencia. La idea de la línea Curzon se remonta a 1919, en el marco de una conferencia en la que participaron Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. «Entre ellos tres», esos países trazaron la línea al partir del principio étnico, compartiendo los territorios donde la población era esencialmente ucraniana, bielorrusa o polaca. Esta línea no delimitaba esferas de influencia sino esferas de intereses entre Stalin y Hitler en septiembre de 1939.

En sus negociaciones con la URSS, los británicos afirmaban que la línea Curzon pasaba al este de Lvov. Pero nuestros representantes pusieron sobre la mesa de negociaciones el mapa que mostraba por donde pasaba en realidad. El asunto no volvió a ser mencionado.

En los momentos en que tratábamos de establecer relaciones de buena vecindad con los polacos, tanto durante la guerra como después de ella, modificamos esta famosa línea. Les devolvimos localidades, ciudades, sobre todo Bialystok (Bielostok), para poder decirles: estamos de acuerdo en que algo sea como ustedes lo desean pero, de forma general, respetaremos esta línea.

Y Stalin, cuando negociaba con Roosevelt con relación a la línea, no hablaba de establecer en Polonia un gobierno satélite. Estamos interesados -decía- en que Polonia sea gobernada por un gobierno con disposición amistosa hacia su vecino y no queremos que Polonia se convierta de nuevo en un puesto de avanzada o en corredor para golpear a Rusia, como ocurrió en la época de Napoleón y durante la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

➤  Viktor Litovkin: Pero en Yalta se habló también de la situación de los países bálticos, cuya adhesión a la URSS jamás fue reconocida por Estados Unidos.
Valentín Falin: El problema de los países bálticos es algo aparte. Lituania, Letonia y Estonia fueron arrancadas a Rusia cuando esta no era aún soviética. Estos países fueron ocupados por los alemanes. Como era de esperar, los gobiernos fantoches colocados a la cabeza de estos Estados pidieron estar bajo protectorado alemán.

Todo esto se produjo en septiembre de 1917. Y cuando estalla la Revolución de Octubre, en estos países aparecieron gobiernos allegados a los soviéticos, o simplemente soviéticos -¡esto es un hecho histórico!- que aplastaron rápidamente a las tropas alemanas estacionadas en los países bálticos.

Hay que señalar que, según el Tratado de Versalles, las tropas alemanas debían ser retiradas de los territorios que no formaban parte de la Alemania de los Káiseres. Ahora bien, los aliados obligaron de hecho a los alemanes a dejar sus tropas en Finlandia, Lituania, Letonia y Estonia como garantía, así decían, de que el poder en esos países no cayera entre las manos de la «chusma» y que ese poder pasaría a manos de aquellos que convinieran a los aliados.

En 1921, con la participación de los británicos, Pilsudski lanzó contra Kiev una ofensiva preparada por los franceses. Se esperaba que prosiguiera la marcha hasta Moscú. En aquella época, los demócratas occidentales querían imponer a los alemanes la siguiente solución: los alemanes suministran las fuerzas que, desde los países bálticos, lanzan una ofensiva contra Petrogrado. Oficialmente, el comando de esta operación fue confiado al general Avalov pero, de hecho, debía ser asumido por generales alemanes.

Pero los alemanes comprendieron con celeridad a qué aventura los querían arrastrar y dijeron que no. Por esta razón la operación de Pilsudski, sin el apoyo del norte, fracasó. En ese contexto se cerró el Tratado de Paz de Riga de 1921 que debía impedir a los países bálticos lanzarse en el futuro a cualquier tipo de aventura.

Nosotros reconocimos su condición independiente. Hay que señalar que los estadounidenses reconocieron la independencia de Lituania, Letonia y Estonia dos años más tarde. Antes, apoyaban a Koltchak y a los otros representantes visibles de la guardia blanca que exigían la creación de una Rusia «unida e indivisible». Hasta una época determinada, la soberanía de los países bálticos no les interesaba para nada.



Esclarecedor mapa de la llamada "Guerra Civil Rusa" tras la Revolución de Octubre (1917), el mapa representa las operaciones militares entre 1918 - 1921. Las leyendas describen la situación. Este conflicto no fue solo nacional sino que contó con la participación directa y encubierta de otros estados (incluso tropas estadounidenses) ante el temor de que la doctrina bolchevique se afiance y se expanda por la región.

➤  Viktor Litovkin: Pero no se comprende porqué Estados Unidos aceptó que Lituania, Letonia y Estonia fueran incorporadas a la URSS después de la guerra.
Valentín Falin: Jamás lo aceptó. Este asunto no fue mencionado en la Conferencia de Yalta. En una entrevista, tal vez en Teherán, Roosevelt le propuso a Stalin organizar un referéndum en los países bálticos después de la guerra. Si estos países querían permanecer en el seno de la URSS, Estados Unidos prometía reconocer su nueva condición. Hasta donde sé, Stalin respondió: ya hubo un referéndum, no veo que otra cosa nueva podamos inventar.

Desde 1942, Roosevelt trataba de conseguir una entrevista particular con Stalin. Y creo que en ese caso nuestros dirigentes cometieron un grave error de cálculo. Según Harry Hopkins, consejero del presidente estadounidense, Stalin se habría asombrado al ver hasta que punto estaba dispuesto Roosevelt a acceder a los intereses legítimos de la Unión Soviética.

Ahora bien, apelando a pretextos diversos Stalin evitaba el encuentro, era preferible una reunión tripartita, proponía un encuentro entre sus representantes. La explicación de esta negativa tal vez se halle en el hecho de que Stalin sufrió un ligero ataque cerebral en 1943 y se vio incapacitado para el trabajo durante varios meses, pero nadie estaba al tanto de ello.

Las informaciones falsas que Churchill enviaba a Stalin por diversos canales también desempeñaron un papel nada desdeñable. Se supone que Churchill proponía a los estadounidenses que reconocieran las fronteras de la URSS de 1941, que ya incluían a Lituania, Letonia y Estonia, pero los estadounidenses se oponían a ello de manera sistemática.

Si lo hacían no era porque quisieran tanto a los países bálticos sino porque la proporción de inmigrantes lituanos, letones y estonios en el electorado de Roosevelt no era nada desdeñable. Y necesitaba sus votos en las elecciones. Consideraciones que lo mantenían, por así decir, amarrado.



Retrato del líder soviético Stalin

➤  Viktor Litovkin: ¿Cuál es el principal balance de la Conferencia de Yalta? ¿No es el hecho de que hayamos vivido sin guerras mundiales durante sesenta años? ¿Cuáles son, en su opinión, las lecciones de Yalta para los políticos actuales?
Valentín Falin: Antes de responder, quisiera mencionar otro detalle, sustancial según creo, de las negociaciones de Crimea y del que no quedó prácticamente ninguna huella escrita. Roosevelt le prometió a Stalin un crédito de 4.500 millones de dólares para la recuperación del país en el período de posguerra.

¿Por qué? A pesar de todo lo que le decían de Stalin -que era un dogmático comunista, un socialista hasta la médula-, el presidente sabía que Stalin proponía gran número de concesiones a los estadounidenses, condiciones excepcionales para las inversiones, que analizaba la idea de una economía de mercado en la URSS.

Y si esto no se materializó fue porque después de Roosevelt vino Truman, un hombre que al regresar a Estados Unidos luego de la conferencia de Postdam le ordenó a Eisenhower preparar el Plan Totality de guerra nuclear contra la Unión Soviética.

La primera versión de ese plan estuvo lista en diciembre de 1945. Luego vinieron otros planes, como Drop Shop y otros, que preveían desmembrar a la Unión Soviética en doce Estados, incapaces por sí mismos de alcanzar solos sus objetivos económicos y de defensa.

Pero, si hay que mencionar el alcance global de la Conferencia de Crimea, pienso que Yalta constituyó una de las mejores oportunidades que ha tenido jamás la humanidad desde los comienzos de su historia escrita, al menos desde el nacimiento de Cristo, de excluir totalmente la guerra de la vida de la humanidad, como fue inscrito en la Carta de la Organización de Naciones Unidas. Oportunidad que no fue aprovechada, y la responsabilidad principal recae sobre Washington.

En diciembre de 1945, Burns, el primer secretario de Estado de Truman, sostuvo negociaciones con Stalin en el marco de la Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de Moscú. En su intervención, difundida por la radio el 30 de diciembre, señaló que luego de las negociaciones sostenidas con Stalin había comprendido que la paz equitativa, tal como la conciben los estadounidenses, era posible.

El 5 de enero, Truman le dirigió una carta en la que le decía: «Lo que dijo es delirante. No necesitamos ningún compromiso con la Unión Soviética. Lo que necesitamos es la Pax Americana, conforme en un 80% con nuestros ideales.»

La fecha del 5 de enero de 1946 puede ser considerada como la del inicio formal de la Guerra Fría. Y usted sabe a dónde nos condujo.



El presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman desde 1945 a 1953

La lección principal de la Conferencia de Yalta es la siguiente: si hubiéramos tenido un enfoque razonable, y si hubiéramos manifestado en ese entonces el deseo de instaurar una paz satisfactoria para los intereses de todos los miembros de la comunidad internacional, hubiera sido posible encontrar antes soluciones convenientes para todos. Y es infinitamente más difícil hacerlo hoy. El mundo está sobresaturado de armas y muchas cosas dependen de circunstancias imprevisibles, de origen terrestre o no.

...Aviones B-52 estadounidenses transportaban cuatro bombas H de 25 megatones cada una, es decir 100 megatones por avión. Estos aparatos sufrieron tres averías. Uno de ellos se estrelló cerca de Chicago. Once de los doce fusibles de seguridad de una bomba no funcionaron. ¿Qué habría sido del mundo si el último dispositivo, el duodécimo elemento, hubiera fallado también?

Podemos calcular en la actualidad la cantidad de veces que el mundo ha estado al borde de una catástrofe global. Solo una razón superior ha preservado de la autodestrucción a la humanidad y la vida biológica en la tierra.

Todos los Estados del planeta deben por consiguiente actuar de forma tal que cada uno de sus pasos, grande o pequeño, tienda a hacer del mundo un sitio menos peligroso en todos los aspectos. Y naturalmente, más equitativo y más unido.


Fuente original de consulta en castellano
Red Voltaire

Otras fuentes de consulta:


Por qué la "Conferencia de Yalta" es tan importante en la historia?
¿Por qué se ignora el papel de la URSS en la victoria sobre el nazismo?
La rusofobia de Occidente es incurable
La Temprana ´Guerra Fría´: Planes de la OTAN - Pacto de Varsovia
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