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05 abril 2021

OTAN vs COVID-19. "Defender Europe 21" retornó junto a la pandemia




por Tito Andino

Recopilación de diversos medios

Continuación de:

´Defender Europe 20´: ¿Derrotó el Covid-19 a la OTAN?


Hace un año atrás presentabamos un reportaje gráfico del frustrado "Defender Europe 2020" que ya había movilizado decenas de miles de soldados de la OTAN para los juegos de guerra anuales en las narices rusas. Aquel informe fue posible gracias a un reporte de noticias del periodista neerlandés Martin Bos, "Alle nieuws over DEFENDER Europe 20". Marzo 2021 sin pompas ni alborotos "Defender Europe 21" está ya en curso.

 

Cartel de propaganda bribritánico promocionando "Defender Europe 20"

Reiteremos algo evidente, los ejercicios militares son algo normal, el entrenamiento de los ejércitos tiene su razón de ser y lo realizan por todo el mundo. Nada de extraño, nada de conspiraciones. Sin embargo, el trasfondo geopolítico quedó establecido en la entrega anterior. En pocas palabras, la OTAN dirigida por el Pentágono tienen otros objetivos: Preparar a los soldados de Europa y otros aliados por todo el mundo para luchar contra un "enemigo" establecido, Rusia y ahora China, que puede extenderse a cualquier país del "Eje del Mal".

"Defender Europe 20" quiso reeditar el despliegue estadounidense más grande desde la IIGM en seis países europeos para trasladarlos a Europa del Este e iniciar la "batalla" contra el "enemigo". Como sabemos el Covid-19 derrotó hace un año a la OTAN que intentó vanamente proseguir con el programa. Aquello ya es historia. El "Defender Europe 2021" está aquí.

El propósito del "Defender Europe 21" es trasladar una división militar estadounidense completa desde Estados Unidos "a un campo de batalla potencial en Europa" en tiempo de paz. Rumanía y Bulgaria, junto a Kosovo (base de la KFOR de Estados Unidos) son los principales campos de maniobras. Como siempre, desde el territorio alemán se dirigen las operaciones.  

Todos los países de la región, excepto Serbia, están ya participando en el ejercicio militar. Este año los Balcanes son el área principal con los centros de entrenamiento militar más grandes de la región: Slunj (Croacia), Manjaca y Glamoc (Bosnia - República Srpska), Krivolak (Macedonia del Norte) y Bondsteel (Kosovo). Siendo los estados bálticos, Alemania e Italia otros campos de maniobras. A buen entendedor, las razones de la negativa serbia son evidentes, las secuelas de la agresión de la OTAN en 1999 siguen presentes no solo en lo político sino en las terribles secuelas médico-psicológicas producto de la utilización de armas con uranio "empobrecido".



Para un experto internacional en la temática, el italiano Mario Dinucci, se da el caso que no todo en Europa está paralizado por el encierro anti-Covid, "decenas de miles de soldados con miles de tanques y otros medios, se ha puesto en marcha. El Defender-Europe 21 no solo reanuda el programa 2020, redimensionado debido a Covid, sino que lo amplifica".

¿Por qué el “Europe Defender” viene del otro lado del Atlántico? 


Los 30 ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN que se reunieron en Bruselas del 23 al 24 de marzo, explicaron: "Rusia, con su comportamiento agresivo, socava y desestabiliza a sus vecinos e intenta interferir en la región de los Balcanes".


Estados Unidos no solo viene a "defender a Europa", el gran ejercicio “demuestra nuestra capacidad para servir como socio estratégico de seguridad en las regiones de los Balcanes occidentales y el Mar Negro, al tiempo que mantenemos nuestras capacidades en el norte de Europa, el Cáucaso, Ucrania y África”. 




Ante el "grito de auxilio" de los aliados, "Defender Europe 21" es una prueba del firme compromiso de Estados Unidos con la OTAN. El ejército estadounidense, bajo el mando en Europa y África, viene a "defender" a los europeos en un escenario construido con la técnica de volcar la realidad: por ejemplo, "acusando a Rusia de intentar interferir en la región de los Balcanes, donde la OTAN “interfirió” en 1999 lanzando 1.100 aviones, 23.000 bombas y misiles sobre Yugoslavia". 

Razona Dinucci, "a los ciudadanos europeos se les seguirá prohibiendo moverse libremente por razones de “seguridad”, esta prohibición no se aplica a los miles de soldados que se moverán libremente de un país europeo a otro. Tendrán el "pasaporte Covid", proporcionado no por la UE sino por el Ejército de los Estados Unidos, que garantiza que están sujetos a "estrictas medidas de prevención y mitigación de Covid".

El comunicado oficial de prensa del Ejército de EEUU Europa y África  señala: "Una estricta estrategia de prevención y mitigación de COVID implementada por EE.UU. y las naciones participantes será fundamental para la ejecución de DEFENDER-Europe 21. En consecuencia, los soldados con sede en EE. UU realizarán pruebas de COVID previas al despliegue, se pondrán en cuarentena en Europa a su llegada y realizarán otra prueba de COVID antes viajando por todo el continente.



Logo del Ejército de EEUU en Europa y África, su lema: "Más fuertes juntos".


Este año, el generoso "Defensor" no se olvidará de África. En junio, nuevamente como en el marco de Defender-Europe 21, como ejercicios vinculados “defenderá” Túnez, Marruecos y Senegal con una vasta operación militar desde el norte de África hasta África occidental, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. Será dirigido por el Ejército de Estados Unidos a través de la Fuerza de Tarea del Sur de Europa con sede en Vicenza (Norte de Italia). La declaración oficial explica: 


"El ejercicio del León Africano está diseñado para contrarrestar la actividad maligna en el norte de África y el sur de Europa y para defender el teatro de la agresión militar del adversario". No especifica quiénes son los “maléficos”, pero la referencia a Rusia y China es evidente.

 




No se sabe cuánto costará Defender-Europe 21, reflexiona el citado politólogo italiano, "los ciudadanos de los países participantes sabemos que pagaremos el costo con nuestro dinero público, mientras que nuestros recursos para hacer frente a la crisis pandémica son escasos. El gasto militar italiano aumentó este año a 27.500 millones de euros, es decir, 75 millones de euros al día".


Mientras miles de soldados se desplazan por toda Europa varios países vuelven a confinar a sus habitantes. La pregunta es lógica, a pesar de las "garantías" de las pruebas a millares de soldados: ¿Son los test PCR tan efectivos como nos pintan. Por qué mejor no vacunar a nuestros "defensores", si la industria comercial de las transnacionales ya dispone de millones de dosis?

18 marzo 2021

El derrocamiento de Evo Morales y la primera guerra del litio

 



por Thierry Meyssan


Desde finales del siglo XIX, el mundo se había acostumbrado a las guerras del petróleo. ‎Pero ahora comienzan las guerras del litio, que es un mineral fundamental para la fabricación de ‎teléfonos celulares… y también para la de automóviles eléctricos. Un historiador y ‎un periodista británicos lograron obtener una serie de documentos del Foreign Office –‎el ministerio de Exteriores del Reino Unido– que demuestran que Londres organizó ‎de punta a cabo el derrocamiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, para ‎apoderarse de las reservas de litio de ese país.


Boris Johnson afp / Justin Tallis


Mientras entretenía al público con sus payasadas, Boris Johnson supervisó el derrocamiento ‎del presidente Evo Morales en Bolivia, ocupó la isla de Socotra y organizó la victoria de ‎Turquía sobre Armenia… sin que nadie mencionara nada de eso.

 

¿Recuerdan ustedes el derrocamiento del presidente boliviano Evo Morales, a finales de 2019? ‎En aquel momento, la prensa dominante anunciaba que Morales había transformado su país en ‎una dictadura y que “el pueblo” lo había sacado del poder. Por su parte, la Organización de ‎Estados Americanos (OEA) publicó un informe donde “certificaba” que había existido fraude en la ‎elección presidencial boliviana –en la cual Evo Morales había sido reelecto en primera vuelta– y ‎que lo ocurrido no era un golpe de Estado sino un “regreso a la democracia”. ‎

Para no acabar como el presidente chileno Salvador Allende, Evo Morales se fue a México, donde ‎denunció que había sido objeto de un golpe de Estado organizado por fuerzas deseosas de ‎apoderarse de las reservas de litio de Bolivia. Al no ser capaz de identificar a quienes se movían detrás ‎de los golpistas, su denuncia fue ridiculizada en Occidente. ‎

Sólo nosotros revelamos entonces que la operación que derrocó ‎al presidente Evo Morales había sido ejecutada por una comunidad de católicos croatas ‎descendientes de ustachis (también llamados “ustachas”), asentada en el departamento boliviano ‎de Santa Cruz desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en realidad una de las redes stay-‎behind montadas por la OTAN después de aquel conflicto [1].‎

Un año más tarde, el candidato del partido del presidente Evo Morales –el Movimiento ‎al Socialismo (MAS)– ganó por amplia mayoría una nueva elección presidencial [2]. Esta vez no hubo reclamos sobre la ‎legitimidad de la elección y Evo Morales pudo regresar a su país, donde fue acogido triunfalmente ‎‎–aunque ya no como presidente de Bolivia [3]. La supuesta dictadura ‎de Morales nunca existió pero la que Jeanine Áñez había instalado –gracias a la complicidad de ‎los altos mandos del ejército y de la policía– acababa de ser expulsada del poder mediante ‎las urnas.

 ‎


En Londres, el historiador Mark Curtis y el periodista Matt Kennard lograron acceso a documentos ‎desclasificados del ministerio británico de Exteriores (Foreign Office). Y acaban ‎de publicar sus conclusiones en el sitio web Declassified UK, asentado en Sudáfrica desde que fue ‎blanco de la censura militar en Reino Unido [4].‎

A lo largo de su carrera, Mark Curtis nos ha mostrado que la descolonización no modificó la ‎política del Reino Unido. El nuevo trabajo de Mark Curtis muestra que el derrocamiento del presidente boliviano Evo ‎Morales fue resultado de una orden del ministerio británico de Exteriores y de varios elementos ‎de la CIA estadounidense, y que no pasó por la administración Trump. 

 

El objetivo de la operación ‎era hacer posible el saqueo del litio boliviano, que despierta la ambición del Reino Unido en el ‎actual contexto de la transición energética.‎

 

En 2009, la administración Obama ya había emprendido en Bolivia una intentona golpista, ‎frustrada por el presidente Evo Morales y cuyo resultado fue la expulsión de varios diplomáticos y ‎funcionarios estadounidenses en aquel país. Por su parte, la administración Trump parece haber ‎aparentado que dejaba las manos libres a los neoconservadores en América Latina, aunque ‎impidiéndoles sistemáticamente proceder a la ejecución final de sus planes. ‎

El litio es un elemento fundamental en la fabricación de baterías y está presente en los llamados ‎‎“salares” existentes en las montañas de Chile, Argentina y principalmente en Bolivia –países que ‎conforman el «triángulo del litio»–, así como en el Tíbet. Pero también está presente, en forma ‎sólida, en ciertos minerales que se extraen en minas, como en Australia. Actualmente, el litio se ‎ha convertido en un elemento clave, más importante incluso que el petróleo, en el contexto de ‎los Acuerdos de París sobre el cambio climático. ‎


El Salar de Uyuni es la fuente de recursos del litio que Bolivia sueña con industrializar. (Getty Images)

En febrero de 2019, el presidente Evo Morales había autorizado el TBEA Group –una empresa ‎china– a explotar las principales reservas de litio de Bolivia. Así que en Londres se trazó un plan ‎para robar el litio boliviano. ‎

Evo Morales, dirigente aymara, fue electo presidente de Bolivia en 2006. Había llegado ‎al mundo de la política a través del sindicalismo, como dirigente de los pequeños productores de ‎hoja de coca –una planta local prácticamente indispensable para las poblaciones que viven a ‎grandes altitudes sobre el nivel del mar, pero que también puede ser procesada para convertirla ‎en la conocida cocaína, la poderosa droga públicamente prohibida en Estados Unidos. ‎Al convertirse en el primer miembro de los pueblos originarios electo presidente de Bolivia, Evo ‎Morales encarnó el regreso de esas poblaciones al poder, al que nunca habían tenido acceso ‎desde la colonización española. ‎

En este punto, se impone una pequeña cronología:‎


- Ya en 2017-2018, el Reino Unido había enviado expertos a la empresa nacional boliviana ‎Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) para evaluar las condiciones para la eventual explotación de ‎las reservas de Bolivia.‎

- En 2019-2020, Londres financia un estadio para «optimizar la exploración y la producción del litio ‎boliviano utilizando la tecnología británica».‎

- En abril de 2019, la embajada del Reino Unido en Buenos Aires organiza un seminario con ‎representantes de Argentina, Chile y Bolivia, responsables de empresas mineras y responsables ‎gubernamentales, para presentarles las ventajas que representaría para ellos trabajar con la ‎London Metal Exchange –la Bolsa de Metales de Londres. El gobierno del presidente Evo Morales ‎envió un ministro como representante de Bolivia.

- Justo antes del derrocamiento del presidente Evo Morales, el Banco Interamericano de ‎Desarrollo (BID) estuvo financiando los proyectos británicos.

- Mucho antes del golpe contra el presidente Evo Morales, el ministerio británico de Exteriores ‎recurrió a una empresa de Oxford –Satellite Applications Catapult– para cartografiar las reservas ‎de litio. El mapa así obtenido fue distribuido por el Banco Interamericano de Desarrollo –el ya ‎mencionado BID– sólo después del derrocamiento de Evo Morales.

- Meses después del derrocamiento de Evo Morales, la embajada del Reino Unido en Bolivia y la ‎empresa Watchman UK organizaron un seminario con 300 actores del sector del litio. ‎Watchman UK se especializa en cómo manipular poblaciones enteras para llevarlas a participar ‎en proyectos contrarios a sus propios intereses, o sea en cómo evitar que esas poblaciones ‎se rebelen. ‎

 

Carbonato de Litio producido en Bolivia para la exportación (Reuters)

Antes y después del golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, la embajada británica ‎disminuyó su actividad en La Paz –la ciudad sede del gobierno boliviaano– para concentrar ‎su interés en la región de Santa Cruz, donde los descendientes de los croatas ustachis habían ‎obtenido legalmente el poder. La embajada británica comenzó a realizar allí numerosos eventos ‎culturales y comerciales. ‎

Para neutralizar a los bancos bolivianos, la embajada británica organizó –8 meses antes del golpe ‎de Estado– un seminario sobre seguridad informática. En ese evento fue presentada la firma ‎DarkTrace (creada por el MI5 británico) y se explicó a los participantes que sólo los ‎establecimientos bancarios que utilizaran los servicios de DarkTrace podrían trabajar con la City ‎londinense. ‎

Mark Curtis y Matthew Kennard señalan que Estados Unidos no participó oficialmente en ‎el golpe contra Evo Morales… pero varios funcionarios salieron de la CIA para orquestarlo. ‎Por ejemplo, DarkTrace reclutó a Marcus Fowler, un especialista de la CIA en ciberoperaciones, y ‎a Alan Wade, ex jefe de inteligencia de la CIA. El personal encargado de preparar el golpe era ‎principalmente británico, como los responsables de Watchman UK, Christopher Goodwin-Hudson ‎‎–ex militar de carrera y posteriormente director de la seguridad en Goldman Sachs– y Gabriel ‎Carter –miembro del Special Forces Club de Knightsbridge, quien pasó por Afganistán. ‎

El historiador Mark Curtis y el periodista Matthew Kennard aseguran también que la embajada ‎británica en Bolivia proporcionó a la Organización de Estados Americanos (OEA) los datos que ‎fueron utilizados para «probar» el supuesto fraude en la elección presidencial. Aquel “informe” ‎de la OEA fue posteriormente desmentido por investigadores del Massachusetts Institute of ‎Technology (MIT) [5], antes de que los electores bolivianos se encargaran de desmentirlo ‎definitivamente en las urnas, en la elección siguiente. ‎

Los hechos están confirmando los trabajos del historiador británico Mark Curtis. En 3 años, desde ‎el golpe de Estado en Bolivia –realizado en 2019–, hemos mostrado el papel del Reino Unido ‎en la guerra contra Yemen [6] y en el ‎conflicto del Alto Karabaj (2020) [7].‎




- El Reino Unido realiza guerras cortas y operaciones secretas, evitando en la medida de lo posible ‎que su acción quede bajo las luces de los medios

- Controla la percepción pública sobre ‎su presencia utilizando para ello una multitud de agencias de prensa y de medios de difusión que ‎Londres subvenciona en secreto. 

- Utiliza todos esos medios y agencias de prensa para explotar ‎el país según su propia conveniencia. E incluso puede hacer durar esa situación por el mayor ‎tiempo posible, manteniendo la certeza de que sus víctimas volverán a recurrir a su supuesta ‎ayuda, lo cual pone a Londres en situación de ser el único actor capaz de aplacar los conflictos ‎que inicia.


Thierry Meyssan


[1] «Bolivia, laboratorio de una nueva ‎estrategia de desestabilización», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, ‎‎26 de noviembre de 2019.

[2] «Resultado de la elección presidencial en Bolivia.‎ Una sonora bofetada para la ‎‎“coalición occidental”», por el general Dominique ‎Delawarde, Red Voltaire, 22 de octubre de 2020.

[3] «Regreso triunfal de Evo Morales ‎a Bolivia», Red Voltaire, 22 de noviembre de 2020.

[4] “Revealed: The UK supported the coup in Bolivia to ‎gain access to its ‘white gold’”, Matt Kennard, Daily ‎Maverick, 8 de marzo de 2021.

[5] «El fraude de la OEA sobre la elección de ‎Evo Morales», Red Voltaire, 4 de marzo de 2020 y Analysis of the 2019 Bolivia Election, Jack R. Williams y John Curiel, ‎MIT, febrero de 2020.

[6] «La primera guerra de la “OTAN-MO” ‎perturba el orden regional», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de marzo de 2020.

[7] «Victoria de Londres y Ankara en el Alto Karabaj, derrota para Soros y los armenios», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de ‎noviembre de 2020.

Dos historias sobre la Guerra Fría



 

Nick Ottens nos trae dos interesantes historias sobre la Guerra Fría. Iniciaremos por lo característico que identifica al autor, la historia alternativa. También este blog suele recurrir a la historia alternativa para analizar algunas hipótesis que los historiadores se plantean en sus investigaciones.

 

Italia al finalizar la segunda guerra mundial estuvo a poco de ser dirigida por movimientos de carácter socialista-comunista, solo la presencia militar de los tropas estadounidenses impidieron tal suceso. Los Aliados occidentales no estaban para aventuras revolucionarias, la guerra fría había iniciado y exigieron que los Acuerdos entre los Aliados, soviéticos incluidos, que habían trazado una zona de influencia que las potencias victoriosas, debían respetarse (Yalta-Potsdam). Italia, naturalmente, quedaba bajo la zona de influencia de los Aliados occidentales. De esa forma el poderoso ejército partisano -por así denominar a los diversos grupos de combatientes de izquierda, que incluso habían capturado y ejecutado al Duce, se vieron enfrentados a la realidad, el ejército de ocupación estadounidense no permitiría que movimientos socialistas, comunistas, anarquistas o de cualquier inclinación de izquierdas se haga con el poder, tal acontecimiento no sería tolerado. Caso de que llegaran a triunfar en los eventos de elección popular, lo cual era factible ante el poder y la popularidad de la izquierda italiana que sostuvo la resistencia contra el fascismo de Mussolini y la invasión alemana, ya existía incipientes organizaciones de ultra derecha que llegarían a conformar las tristemente célebres organizaciones stand behind y la futura "Operación Gladio".

Basta recordar que en el referéndum italiano de 1946, que además de poner fin a la monarquía de la Casa de Saboya, beneficiaria directa de la dictadura fascista, las guerras coloniales y la desastroza participación en la segunda guerra mundial, dio origen al nacimiento de la República de Italia; en 1948 entró en vigor una nueva Constitución, se revisaron las fronteras en beneficio de Francia y Yugoslavia, la pérdida de su imperio colonial, así como la definitiva configuración del territorio italiano. El camino fue duro para la democracia, los  primeros comicios electorales demostraron la inmensa popularidad de los Partido Socialista Italiano y Partido Comunista Italiano, que, por supuesto, estaban respaldados por la URSS, frente a ellos encontramos a la Democracia Cristiana, impulsada por los Estados Unidos y su visión de "democracia". La injerencia de Truman y las veladas amenazas de las fuerzas militares aliadas en territorio italiano consiguieron la exclusión de los comunistas del gobierno, logrando lo que no habrían podido conseguir en las elecciones legislativas de 1946, una holgada victoria de la Democracia Cristiana que controlaría la política del país durante décadas.

Pero, ¿qué hubiese pasado si las fuerzas populares italianas asumían el poder?. Como hemos dicho tal escenario hubiese provocado una sangriente guerra civil respaldada por las fuerzas de ocupación estadounidenses; el otro escenario hubiese sido la división de Italia durante la Guerra Fría; y, es precisamente esta última hipótesis la que es analizada por Nick Ottens en Never Was Magazine.

La segunda historia del mismo autor se basa en acontecimientos históricos conocidos, dejamos a un lado la especulación histórica para analizar lo que sucedió en Francia, concretamente la posición asumida por Charles de Gaulle y su particular Guerra Fría. 

Buena lectura

T. Andino


¿Y si Italia se hubiera dividido durante la Guerra Fría?

 

El artista conocido como “Dom-Bul” imagina qué pasaría si, en lugar de Alemania, Italia se hubiera dividido entre Oriente y Occidente durante la Guerra Fría. Mapa ficticio de una Italia dividida durante la Guerra Fría ( Dom-Bul )


Hay dos posibles puntos de divergencia:

Los soviéticos, en lugar de los aliados occidentales, invaden el sur de Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas estadounidenses y británicas aterrizan en el sur de Francia (ver Cómo cambiar la Segunda Guerra Mundial) e invaden Italia desde el norte. Se encuentran en el centro de la península las tropas occidentales y el Ejército Rojo, al igual que se reunieron en el centro de Alemania en 1945.

La guerra civil estalla en Italia, no en Grecia, en 1947. Es la primera batalla por poderes de la Guerra Fría. El Partido Comunista Italiano respaldado por los soviéticos, el más grande de su tipo en Europa Occidental con más de dos millones de miembros, prevalece en el sur. Los demócratas cristianos pro occidentales defienden el norte. El país está dividido como lo estaba Corea en 1953.

Se crea una República Democrática de Italia en el sur y se adhiere al Pacto de Varsovia. Una República Federal en el norte se une a la OTAN y a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Roma se divide a lo largo del río Tíber con un puesto de control en el puente Garibaldi.


Ponte Garibaldi en Roma, Italia en 1956


Ruggero Grieco, en el mundo real el jefe de propaganda del Partido Comunista Italiano, se convierte en el primer líder de la república y pide a Stalin el regreso de la Marcha Juliana de Yugoslavia. Stalin acepta pero Tito se resiste. El líder yugoslavo solo acepta cuando Stalin acepta incorporar a Bulgaria a la República Federativa Socialista de Yugoslavia, lo que acerca un paso más el sueño de Tito de una Federación Balcánica. (El líder comunista búlgaro Georgi Dimitrov realmente accedió a fusionar su país con Yugoslavia, pero fue detenido por Stalin. Vea Países que casi existían) Gorizia, en la frontera con lo que ahora es Eslovenia, está dividida en dos, como Roma.


Ruggero Grieco - Josip Broz Tito - Joseph Stalin


Grieco muere de un infarto en 1955 y es sucedido por Palmiro Togliatti, en el mundo real secretario general del Partido Comunista Italiano de 1934 a 1938, viceprimer ministro en el primer gobierno democrático italiano de posguerra y admirador de Stalin. Su gobierno adopta una línea dura contra el crimen organizado, que en las comunidades rurales pobres del sur de Italia, especialmente Sicilia, es a menudo la única fuente de empleo para los hombres jóvenes. Muchos abandonan la República Democrática (no existe un equivalente al Muro de Berlín que lo impida), instalándose en el norte, donde la economía está en auge en la década de 1960, o en Estados Unidos.

Togliatti muere de vacaciones en Crimea en 1964 y es sucedido por Enrico Berlinguer, quien en el mundo real dirigió al Partido Comunista Italiano de 1972 a 1984 y lo alejó de Moscú para trazar una "tercera vía" entre el capitalismo y la versión soviética del socialismo. En esta línea de tiempo Berlinguer permanece en el poder hasta su muerte en 1984 y relaja tanto el régimen en el sur como las relaciones con Occidente, allanando el camino para la reunificación bajo su sucesor, Alessandro Natta.


Palmiro Togliatti - Enrico Berlinguer - Alessandro Natta


En el mundo real, Natta dirigió el Partido Comunista Italiano de 1984 a 1988. Aquí es el líder de la República Democrática cuando la Unión Soviética implosiona en 1991. Los otros estados comunistas de Europa no se quedan atrás. Se levantan los controles fronterizos en Roma y Gorizia. El Tratado de Roma de 1992 reúne a Italia bajo el liderazgo del norte. Todo el país se convierte en una república federal. Natta se convierte en senador vitalicio.

Nota explicativa (N.d.E.)

Eso podía haber sido plausible, si los soviéticos hubiesen entrado desde el norte, a través de Yugoslavia, tenían mucha mayor capacidad para movilizarse en tierra y establecer en el norte de Italia un estado. La URSS no tenía la capacidad ni la logistica anfibia para atacar desde el sur y nunca la tuvieron, ni siquiera en el apogeo de su poder durante la Guerra Fría. Por otro lado, los comunistas italianos (entre los más exitosos electoralmente de cualquier país occidental) no fueron tan efectivos y populares en el sur donde existía (aun hoy) una fuerte influencia de la mafia (conservadora). La fuerza electoral de los comunistas estaba concentrada en el centro de Italia, la ubicación menos sostenible militarmente (no cerca de ninguna frontera).


La guerra fría de De Gaulle




Los países europeos en general dieron la bienvenida a la participación estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial. Desde el Plan Marshall hasta la OTAN, Estados Unidos fue visto como una influencia benévola.

Pero la ayuda estadounidense tuvo un precio. Se esperaba que los gobiernos europeos mantuvieran a la extrema izquierda fuera del poder, aceptaran la rehabilitación de Alemania Occidental y restringieran el comercio y otras relaciones con la Unión Soviética.

Francia hizo una excepción al ser tratada como un instrumento de la política exterior estadounidense. Charles de Gaulle bloqueó la entrada de Gran Bretaña en la Comunidad Económica Europea, creyendo que sería un caballo de Troya para Estados Unidos. Se negó a renunciar a la disuasión nuclear independiente de Francia e incluso se retiró de la estructura militar integrada de la OTAN en 1966.

Socio obstinado 


Charles de Gaulle, alrededor de 1942


Francia había sido un socio obstinado en la alianza occidental liderada por Estados Unidos desde el principio. De Gaulle, como líder en tiempos de guerra de la Francia Libre, había insistido en ser tratado como un igual por Winston Churchill y Franklin Roosevelt, pero no lo era. Francia intentó, sin éxito, que sus colonias, en particular Argelia, fueran reconocidas como territorios que estarían cubiertos por los términos del Tratado del Atlántico Norte.

Gran Bretaña y Francia sacaron lecciones diferentes de la traición estadounidense percibida durante la Crisis de Suez, cuando el presidente Dwight Eisenhower los obligó a ellos e Israel a retirarse de Egipto. Los británicos aceptaron que sus días de superpotencia habían terminado y abrazaron más a los estadounidenses. Los franceses, que todavía pensaban que eran un tercio de un triunvirato que gobernaba Occidente, tomaron la Relación Especial como un desaire.

Grandeza

De Gaulle regresó como líder de Francia en 1958, cuando reemplazó a la Cuarta República parlamentaria, que no pudo lidiar con la crisis de independencia de Argelia, por un sistema presidencial. Con el viento económico a sus espaldas (Francia estaba en medio de sus “treinta gloriosos años” de crecimiento casi ininterrumpido), De Gaulle se propuso restaurar el prestigio francés en el mundo. Europa sería su vehículo.

“La grandeza se convirtió en un ingrediente importante de la política exterior gaullista”, argumenta Sebastian Reyn en Atlantis Lost: The American Experience with De Gaulle, 1958-1969 (2007), “en parte porque abordó una profunda necesidad política y psicológica entre los franceses de tranquilidad en una época de decadencia".

Implicaba situar a Francia como un modelo de civilización y una fuerza moral sobre la base de sus logros históricos, políticos y culturales. El deseo de De Gaulle de amplificar la influencia francesa más allá de sus fronteras resonó con la imagen que su pueblo tenía de una nación que hizo avanzar la historia.

Una expresión de este excepcionalismo francés fue el ejército. La defensa nacional, según De Gaulle, era responsabilidad central del estado y no debía confiarse a forasteros. De ahí la necesidad de una disuasión nuclear francesa independiente.


De Gaulle y Eisenhower en 1960 (DPA / Benjamin E. Forte) - Jacqueline y John Kennedy junto a Charles de Gaulle en 1961      (Life / Hanks Walker)

Charles de Gaulle y Lyndon Johnson en 1967 (Biblioteca LBJ) - Richard Nixon y Charles de Gaulle en 1969 (Archivos Nacionales)


Tercer polo

En la década de 1960, Europa Occidental se había recuperado de la Segunda Guerra Mundial. América estaba distraída en Cuba, América Latina y el sudeste asiático. De Gaulle sintió que había llegado el momento de una nueva relación transatlántica, una en la que Europa podría aprovechar la "reserva" de Estados Unidos en tiempos de necesidad, pero de lo contrario los estadounidenses permanecerían al otro lado del océano.


De Gaulle y el canciller alemán Konrad Adenauer en una cumbre de la Comunidad Económica Europea en Bonn, el 18 de julio de 1961 (AFP)


De Gaulle no fue ingenuo. Comprendió la necesidad del apoyo estadounidense contra la amenaza del expansionismo soviético. Despreciaba la intromisión estadounidense en los asuntos de Europa tanto como temía el aislacionismo estadounidense. La solución fue una Europa fuerte que pudiera defenderse por sí misma. Liderado, por supuesto, por Francia.

El resto de Europa no estaba tan seguro. Los alemanes occidentales, que estaban en la primera línea de la Guerra Fría, confiaron en Estados Unidos para su defensa. Geir Lundestad escribió en Estados Unidos y Europa Occidental desde 1945 (2005) que los estadounidenses explotaron esta dependencia para obligar al gobierno de Bonn a elegir un bando: Estados Unidos o Francia. Los alemanes occidentales estaban consternados, pero también claros: si llegara el momento, se pondrían del lado de los estadounidenses.

De Gaulle no se inmutó. Después de retirarse de la estructura de mando de la OTAN en 1966, visitó Rusia para afirmar la equidistancia de Francia del bloque soviético y Estados Unidos. Estaba convencido de que la Guerra Fría terminaría algún día y una Europa liderada por Francia emergería como el tercer polo entre Oriente y Occidente.


De Gaulle regresa a Francia desde Baden-Baden, Alemania, donde se reunió con el general Jacques Massu después de los disturbios de París, el 30 de mayo de 1968 (Henri Bureau)


Los soviéticos no compartieron su visión. Moscú apreciaba la independencia del viejo general de Washington, pero no estaba dispuesto a hacer concesiones. Cuando los tanques soviéticos entraron en Checoslovaquia en agosto de 1968, las esperanzas de De Gaulle de unir Europa desde “el Atlántico hasta los Urales” tuvieron que detenerse. La realidad de la Guerra Fría había intervenido y había restaurado la primacía de Estados Unidos en el campo occidental.


What If Italy Had Been Divided During the Cold War?

De Gaulle’s Cold War

15 marzo 2021

Las políticas expansionistas de la dictadura de Ludendorff en Europa



Historia de la Primera Guerra Mundial y sus secuelas: 


Por Shane Quinn

Título original en inglés: "History of World War I and its aftermath: The Ludendorff Dictatorship´s Expansionist policies in Europe".

Global Research

Continuación de: Colonialismo alemán en Europa central y oriental durante la Primera Guerra Mundial


Poco antes del mediodía del 9 de noviembre de 1923, alrededor de 3.000 insurgentes de extrema derecha comenzaron a marchar sobre Munich, la segunda ciudad más grande de Alemania en el sur del país. Antes de que estos camisas pardas se pusieran en marcha, el líder del Partido Nazi, el cabo Adolf Hitler, de 34 años, tenía claro que su golpe de Estado ya había fracasado. 


Unas horas antes de marcharse, Hitler se enteró de que el ejército alemán de entreguerras, la Reichswehr, se opondría firmemente a su llamado Beer Hall Putsch. Esto fue ordenado por el jefe de la Reichswehr, general Hans von Seeckt, quien permaneció leal a la República de Weimar por ahora.

Con la inminente derrota obvia, Hitler no había querido que esta marcha sobre Munich continuara, pero propuso que los rebeldes se retiraran a la cercana Rosenheim. Hitler sugirió esta retirada de sus fuerzas a su famoso aliado, Erich Ludendorff, de 57 años, dictador de Alemania durante la Primera Guerra Mundial. En reacción, el general Ludendorff miró fríamente al cabo Hitler y exclamó: "¡Marchamos!" Cuando Hitler dijo con bastante nerviosismo que las tropas o la policía de la Reichswehr les dispararían, Ludendorff volvió a ladrar: "¡Marchamos!"

Marcharon. Ludendorff, Hitler y algunos otros funcionarios del Partido Nazi marcharon a la cabeza de las unidades, mientras llegaban rápidamente a la Marienplatz en el centro de Munich. A unos cientos de metros, en lo alto de la Residenzstrasse, un cordón de policías armados leales al gobierno aguardaba a los camisas pardas. Cuando se acercaron un miembro del Partido Nazi, Ulrich Graf, dio un paso adelante y le gritó a la policía: "¡No disparen, Ludendorff y Hitler vienen!". El comandante de la policía Freiherr von Godin, un oficial concienzudo perseguido más tarde por los nazis, ordenó a sus hombres que dispararan contra los rebeldes. (David King, The Trial of Adolf Hitler: The Beer Hall Putsch and the Rise of Nazi Germany. Pan 2019)

Al escuchar la orden de von Godin de disparar, la policía vaciló porque podían ver claramente al general Ludendorff al frente, dando un paso en dirección a ellos. Solo unos años antes, Ludendorff había dado órdenes a la mayoría de estos policías durante la guerra, cuando eran soldados. Von Godin repitió en voz alta la orden de disparar, pero como se encontró una vez más con el silencio, el comandante de la policía tomó un rifle de uno de sus hombres y disparó él mismo contra los camisas pardas. Los otros policías siguieron su ejemplo. Un nazi prominente, Scheubner-Richter, que marchaba con los brazos entrelazados entre Ludendorff y Hitler cayó muerto de inmediato.

Si el rifle se hubiera disparado solo unos centímetros hacia el otro lado, Hitler bien podría haber encontrado su fin, y Europa se habría librado de la brutal dictadura que se avecinaba. Algunos nazis dispararon contra la policía en respuesta, pero esta última mostró más determinación, causando 16 muertes en los camisas pardas en comparación con cuatro muertes policiales. El pánico se apoderó de ellos cuando los fascistas cayeron al suelo y huyeron en todas direcciones, como tijeretas arrancadas del nido.


El General Erich Ludendorff junto a Adolf Hitler. A la derecha, una edición del célebre libro de Will Brownell, Denise Drace Brownell y Alex Rovi: "The First Nazi. Erich Ludendorff, the man who made Hitler possible". Counterpoint (Berkeley, CA - USA), 2016.

De los pocos miles de insurgentes que marcharon sobre Munich, solo dos de ellos habían resistido. El historiador estadounidense y corresponsal de guerra William L. Shirer señaló que:


Ludendorff no se arrojó al suelo. Erguido y orgulloso en la mejor tradición militar, con su ayudante el mayor Streck a su lado, marchó tranquilamente entre las bocas de los rifles de la policía hasta llegar a Odeonsplatz. Debe haber parecido una figura extraña y solitaria. Ningún nazi lo siguió. Ni siquiera el líder supremo, Adolf Hitler”. (William L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich: A History of Nazi Germany. Fawcett Crest Book, 1968  p. 74)


Habiendo sufrido una dislocación del hombro, Hitler fue en cambio "atado a un pequeño Fiat amarillo en la Odeonsplatz y conducido a la clandestinidad", según el biógrafo de Ludendorff, el teniente coronel Donald J. Goodspeed, profesor emérito de historia en la Universidad de Brock, Ontario. (Donald J. Goodspeed, Ludendorff: Soldier: Dictator: Revolutionary. art-Davis, 1ª edición, 1966, p. 242)

El teniente coronel Goodspeed reconoció que cuando Ludendorff, desarmado, se acercó resueltamente a la línea de policías y los “hizo a un lado con desdén”, también “estaba, de hecho, saliendo de la historia. El resto de su vida fue un insoportable anticlímax. Quizás, después de todo, hubiera sido mejor si los hombres de von Godin se hubieran atrevido a disparar contra su líder en tiempos de guerra”.

Con qué rapidez cambian las fortunas. Menos de seis años antes, como autócrata militar de Alemania, Ludendorff gobernó gran parte de Europa y estuvo tentadoramente cerca de ganar la Primera Guerra Mundial. Durante la gran ofensiva de primavera de los alemanes, que fue planificación de Ludendorff, a fines de marzo de 1918, el 18.° Ejército alemán había capturado la ciudad de Montdidier, a menos de 65 millas de París.

El 18.° Ejército encontraba poca oposición y parecía probable que la capital francesa cayera pronto. Además, los cañones ferroviarios alemanes producidos por la empresa siderúrgica Krupp, como el “Big Bertha” de 43 toneladas, se alineaban inquietantemente cerca de Montdidier. Los soldados alemanes cargaron rápidamente estos obuses de asedio con sus proyectiles de 16,5 pulgadas, que luego apuntaron hacia el sur en París y dispararon. Los parisinos horrorizados pudieron ver los proyectiles de Big Bertha elevarse por el aire y estrellarse contra los edificios de la ciudad emblemática.

El experimentado comandante francés Philippe Pétain, rara vez el más animado de los hombres, informó con tristeza a su homólogo británico, Douglas Haig, que tendría que trasladar las reservas del ejército francés al suroeste, en un intento desesperado por salvar París. Esto equivalía a decir que Francia tendría que abandonar a su aliado británico más al norte.

El 24 de marzo de 1918, los alemanes ya habían abierto una brecha profunda entre las fuerzas francesas y británicas al sur del Somme, pero, al final, los comandantes aliados no debían haberse preocupado demasiado, ya que el avance alemán se agotó gradualmente. El ejército alemán de 1918, aunque todavía formidable, no fue tan bueno como sus predecesores de 1914 o 1916, y no pudo capitalizar el progreso logrado mientras la resistencia aliada se endurecía. Desde abril de 1918, un cuarto de millón de tropas estadounidenses desembarcaban en suelo francés cada mes, otro factor en el cambio de rumbo.

Sin embargo, se debe dar crédito a quien se merece. El hecho de que Alemania, contra todo pronóstico, se había quedado a un paso de la victoria en un conflicto en el que se habían enfrentado a las naciones más fuertes del mundo (Rusia, Gran Bretaña, Francia y finalmente Estados Unidos), se debió en gran parte al "talento militar excepcional" de Ludendorff, como describe el teniente coronel Goodspeed. 

“Las doctrinas defensivas y ofensivas desarrolladas bajo su dirección demostraron una brillantez táctica que no se mostró en ninguna otra parte de la guerra, y rara vez se igualaron en ninguna guerra ... La capacidad administrativa de Ludendorff era aún más pronunciada, y debe ser clasificado como uno de los más grandes organizadores militares de todos los tiempos". 


Retratos del General Erich Ludendorff


Hoy en día, el nombre de Ludendorff a menudo se clasifica en los mismos términos que el mariscal de campo Paul von Hindenburg, un hombre alto y bien formado que poseía nervios fuertes y simple optimismo. Sin embargo, Goodspeed discernió correctamente que, en comparación, "Ludendorff tenía una personalidad mucho más fuerte y mucho más inteligente". Durante la mayor parte de la guerra, Hindenburg desempeñó un papel algo pasivo, dejando que Ludendorff resolviera los detalles clave y complejos, incluidos los asuntos políticos, para los que Hindenburg tenía poco tiempo. En el otoño de 1916, cuando Ludendorff había acumulado prácticamente todo el poder real en Alemania, el Kaiser Wilhelm II era simplemente una figura ceremonial. El Kaiser nunca disfrutó de sus encuentros con el autoritario "Sargento Mayor", como él llamó a Ludendorff.


Mariscal de campo, Paul von Hindenburg

La dictadura de Ludendorff puede describirse de manera más plausible como una versión más suave que la de Hitler. Los fanáticos más jóvenes que emergen suelen ser peores que sus mayores, y Hitler fue, sin duda, más extremo que Ludendorff por un margen considerable. Mientras el general perseguía políticas imperialistas como señor de la guerra de Alemania, se abstuvo de iniciar actos de aniquilación sin sentido contra los ejércitos dirigidos por Rusia, ni contra los civiles eslavos. Aunque se pudo escuchar a Ludendorff haciendo comentarios antisemitas durante la guerra, no hay evidencia que sugiera que haya considerado ejecutar actos criminales contra las poblaciones judías de Europa, y mucho menos el genocidio.

De hecho, en una conferencia en el Cuartel General, el 14 de agosto de 1918, Ludendorff solicitó un “reclutamiento más vigoroso de los jóvenes judíos, hasta ahora prácticamente abandonados”. Tenía la esperanza, de manera poco realista, de que Polonia prescindiría de las divisiones armadas para reforzar las fuerzas de Alemania. Estas actitudes habrían sido impensables en la Alemania de Hitler.

Cuatro semanas después de iniciado el conflicto, el 23 de agosto de 1914, Ludendorff e Hindenburg, que habían logrado un éxito significativo en la ciudad fortaleza de Lieja en Bélgica, fueron transferidos al frente oriental para rescatar una situación potencialmente grave contra los enormes ejércitos del Imperio ruso. Amenazaban no solo a toda Prusia Oriental, sino que tenían una posibilidad concebible de marchar hacia el mismo Berlín, poniendo así la guerra ante un final temprano. En los meses siguientes, con la llegada de Ludendorff, asistido por su competente teniente coronel Max Hoffmann, las fuerzas alemanas obligarían al zar a retirarse. Los alemanes consiguieron victorias tempranas decisivas contra los rusos, como en la batalla de Tannenberg y alrededor de los lagos de Masuria de Europa Central.

En la primavera de 1915, los alemanes habían conquistado una gran franja de territorio en el este y estaban infligiendo terribles bajas a las divisiones rusas. Después de poco más de un año de guerra, en septiembre de 1915, los rusos habían perdido 1.750.000 hombres.

Antes de la era de la Blitzkrieg, la rapidez de los avances alemanes en Oriente fue "posible sólo porque Ludendorff prestó la máxima atención a los prosaicos detalles administrativos". Puso a trabajar febrilmente a las empresas de reparación de carreteras, mientras ordenaba que el ancho de la línea ferroviaria rusa se cambiara por el ancho alemán más estrecho. Esto permitió la rápida transferencia de soldados y material alemanes al frente oriental. La Primera Guerra Mundial fue en muchos sentidos una guerra ferroviaria. Había creado una necesidad constante de madera, traviesas de ferrocarril y celulosa. Por lo tanto, Ludendorff estableció inspecciones forestales y aserraderos para ayudar a hacer frente a la demanda.


Varias portadas de libros relacionados con el general Erich Ludendorff

Después de menos de 18 meses de lucha, el ejército alemán había capturado áreas terrestres como toda Lituania, Curlandia (oeste de Letonia), Suwalki y Bialystok (ambos en el norte de Polonia) y Grodno (oeste de Bielorrusia). Ludendorff examinó su mapa en el cuartel general con satisfacción y dividió estas áreas conquistadas en distritos separados bajo el dominio alemán. Formó un cuerpo de policía y tribunales de justicia con apelaciones provinciales, junto con un tribunal superior de apelación fundado en Kovno (Lituania central), donde Ludendorff y Hindenburg se establecieron en la nueva sede a partir de octubre de 1915.

Ludendorff emitió monedas locales y percibió impuestos y derechos de aduana. De manera opuesta al neoliberalismo actual, controlaba los grandes negocios en casa y en los territorios capturados. Ludendorff nacionalizó las industrias en masa y las puso bajo su dominio, dejando de lado los argumentos de los gerentes corporativos que vinieron a verlo. Hindenburg, una presencia masiva e intimidante, asintió con aprobación y gruñó con su voz profunda para apoyar las opiniones de su colega.

Goodspeed escribió que


“Ludendorff era al menos un administrador tan brillante como un soldado, y disfrutaba muchísimo usando sus poderes. Más ambicioso que Napoleón, soñaba con la futura colonización del Este, especialmente de Curlandia… Ludendorff, decidido a que Alemania sacaría todo lo posible de los territorios ocupados, los administraba con mano despiadada”.


Ludendorff atrajo más poder cuando creó monopolios de cigarrillos, alcohol, especialmente licores, sal, fósforos y dulces. Fundó una cadena de periódicos y los sometió a una estricta censura, lo que obligó a las poblaciones locales a conocer las noticias que él quería que leyeran. Ludendorff estableció fábricas para producir alambre de púas y erigió talleres para la reparación de equipo militar.

Se modificaron grandes alijos de ametralladoras rusas capturadas para llevar munición alemana. Se construyeron para las tropas alemanas instalaciones hospitalarias de mejor calidad, se proporcionó ropa de invierno; y se adoptaron otras medidas para mantener la salud de los soldados del ejército y sus caballos. Se organizó la licencia y se puso el sistema de entrega de correo para alcanzar los estándares de eficiencia alemana.

Para mantener la moral, Ludendorff creó clubes de soldados, bibliotecas, librerías y conciertos. Intensificó el entrenamiento militar y lo modificó para incorporar las lecciones aprendidas durante la guerra. Se mejoraron los servicios de suministro y se acondicionaron las carreteras para el transporte en cualquier clima, incluida maquinaria mecanizada y caballos. Ludendorff se ocupó de que Alemania recibiera grandes cantidades de chatarra polaca, latón, cobre, pieles y cueros. El ejército alemán dependía en gran medida del caballo, y había una escasez constante de estos animales que alguna vez fueron buscados. Ordenó implacablemente que los caballos fueran reclutados de granjeros y campesinos, a pesar de las penurias que esto acarreaba a la gente de las regiones ocupadas.

En particular, Ludendorff se apoderó del caballo lituano que, según él, "posee grandes poderes de resistencia" y es "un animal muy útil para fines militares"; aunque el general admitió de la propia Lituania, “el país estaba destinado a sufrir severamente como resultado de las continuas y pesadas demandas que se le hicieron, especialmente las constantes recaudaciones de caballos y ganado. Las autoridades administrativas locales a menudo me llamaron la atención sobre este hecho, pero no había más remedio que insistir en estas entregas”. (Erich Ludendorff, Historia propia de Ludendorff, agosto de 1914-noviembre de 1918, The Great War. (Pickle Partners Publishing, 2012)

Ludendorff impuso implacablemente controles estrictos sobre la agricultura en las regiones conquistadas y envió arados a motor, maquinaria agrícola y semillas desde Alemania para aumentar las cosechas de alimentos. Se establecieron empresas alemanas para cultivar las áreas colonizadas, mientras que se realizó un censo del ganado de los campesinos.

Desde el comienzo de la guerra, Ludendorff habló sin rodeos de su deseo “de una Patria mayor y de adquisiciones territoriales que compensen al pueblo alemán por sus sacrificios”. Su punto de vista era que "si Alemania hace la paz sin lucro, Alemania ha perdido la guerra". Por estas razones, Ludendorff,  junto a Hindenburg, comenzó a gozar de una tremenda reputación entre las masas alemanas. (Will Brownell, Denise Drace-Brownell, Alex Rovt, The First Nazi: Erich Ludendorff. Counterpoint 2016)

El 11 de septiembre de 1917, en una reunión del Consejo de la Corona en el castillo de Pless, Silesia, Ludendorff exigió que “los territorios conquistados en el este se dividan en un Ducado de Curlandia y un Gran Ducado de Lituania”. Estas tierras anexadas se colocarían aparentemente bajo la soberanía personal del Kaiser.

Las aspiraciones hegemónicas de Ludendorff para Occidente eran igualmente exigentes. Una vez obtenida la victoria, lejos de considerar la devolución de Alsacia-Lorena a Francia u ofrecer concesiones sobre ella, pretendía que estas provincias se incorporaran plenamente a Prusia, en lugar de administrarlas como una entidad separada. Ludendorff tenía planes para la incautación de todas las propiedades francesas en Alsacia-Lorena, que quería entregar a los veteranos de guerra alemanes como compensación por sus sacrificios a Alemania. Quería la unión económica con Bélgica y una ocupación militar prolongada de ese país.

A finales de 1917, cuando las fuerzas del este de Alemania se preparaban para dar el golpe de gracia al régimen del zar, Ludendorff aumentó sus demandas contra el Kremlin. Sus términos finales de paz con Rusia fueron duros y de audaz alcance, se estaba impacientando con la duración de las negociaciones. Para demostrar lo serio que estaba, Ludendorff ordenó a los soldados alemanes que marcharan hacia las profundidades de Europa del Este a principios de la primavera de 1918, lo que hicieron, casi sin ser molestados. Ludendorff estaba firmemente decidido a labrar una gran porción del Imperio de Rusia, para ser absorbido por el Reich alemán: una masa de tierra que se extendía desde el Báltico hasta el Mar Negro, cientos de millas de tierra fértil y rica en recursos.

Estos objetivos expansionistas fueron fuertemente apoyados por el mariscal de campo Hindenburg. Él y Ludendorff rara vez estaban en desacuerdo en algo, de ahí su perfecta colaboración. El 19 de diciembre de 1917 Hindenburg informó al secretario de Relaciones Exteriores alemán, Richard von Kühlmann, que Alemania necesitaba los territorios bálticos “para las maniobras de mi ala izquierda en la próxima guerra”. (James Joll, Gordon Martel, The Origins of the First World War. Routledge, 3ª edición, 2006, p. 212)

Como más humillación para Rusia, y para demostrar su desprecio por los bolcheviques, Ludendorff concedió a Finlandia, Polonia y Ucrania su independencia, todas antes parte del Imperio ruso, mientras que Estonia y Letonia serían ocupadas por el ejército alemán. También fueron despojados del Kremlin el puerto de Batumi en el Mar Negro y el Óblast de Kars. Ludendorff también dirigió su ira hacia Rumanía. Insistió en que Rumanía se convirtiera en un satélite alemán bajo un régimen títere, en parte como retribución por el hecho de que los rumanos eligieran inesperadamente unirse al bando aliado en agosto de 1916.


Shane Quinn

***

Nota final del editor del blog:


Adolf Hitler, Erich Ludendorff y otros durante el proceso de Munich por el fallido intento de golpe de estado de noviembre de 1923. Curiosamente en la fotografía solo Frick (que sería ministro del interior del régimen nazi) y Hitler aparecen vestidos de civil. (Foto:Bundesarchiv Bild 102-00344A, München, nach Hitler-Ludendorff Prozess)

¿Cómo llegó el Imperio Alemán al descalabro cuando estuvo a un paso de la victoria en 1918? 

- ¿Cuáles fueron las verdaderas causas por las que el Imperio Alemán capituló en la Primera Guerra Mundial? 

Lo hemos explicado en varios artículos del Dr. Jacques R. Pauwels: El cómo ganaron los Aliados la Primera Guerra Mundial y en Gran Bretaña y el oro negro de Mesopotamia; así como las reflexiones de Las verdaderas causas de la Primera Guerra Mundial

Igualmente completando la trilogía de artículos relacionados con el general Erich Ludendorff y la Primera Guerra Mundial de Shane Quinn, tenemos una explicación de la popular "puñalada por la espalda", leyenda urbana de la que el propio Ludendorff fue uno de sus propiciadores y sus vínculos en la posguerra con grupos político-militares de extrema derecha que llevaron de la mano de Ludendorff al ascenso de Hitler. En La República de Weimar. 100 años del Putsch de Kapp entendimos por qué se concretó una alianza entre Ludendorff, grupos pro-monárquicos, militares y políticos de extrema derecha con el cabo "socialista" Adolf Hitler.

Entender la verdadera historia será siempre nuestro cometido.


Fuente original 

Shane Quinn

Copyright © Shane Quinn/Global Research

Artículo recomendado de Quinn

República de Weimar. 100 años del Putsch de Kapp

11 marzo 2021

Colonialismo alemán en Europa central y oriental durante la Primera Guerra Mundial


La carátula ha sido elaborada en su casi totalidad con las portadas de diversos libros sobre el General Erich Ludendorff.

Por Shane Quinn

Título original en inglés: History of World War I: German Colonialism in Central and Eastern Europe and the Fall of Tsarist Russia 

Global Research


Cuando en febrero de 1918, el político alemán Príncipe Max de Baden le preguntó al dictador militar de su país, Erich Ludendorff, qué pasaría si la ofensiva de primavera de éste último fracasaba, él respondió: “Entonces Alemania tendrá que sufrir la aniquilación”.


La respuesta del general Ludendorff, que ofendió los sensibles gustos liberales del príncipe Max, sería repetida casi palabra por palabra por Hitler una generación después, y revela la naturaleza de todo o nada de la autocracia de Ludendorff. Sin embargo, el general sabía que los enemigos de Alemania, todos mismos estados imperialistas (Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos), nunca iban a conceder a los alemanes una paz razonable, como se demostró de manera cruda en Versalles.

A principios del invierno de 1914, Ludendorff ya era uno de los hombres más poderosos de Alemania. A medida que avanzaban los meses, se convertiría cada vez más en el único centro de influencia real en el país, y también en los vastos territorios ocupados donde se extendía su dictadura. Los objetivos bélicos de Ludendorff consistían en establecer lo que sería una Gran Germania, la fuerza preeminente en el continente europeo, y en ese escenario solo superada por Estados Unidos en términos de poder global. Gran Bretaña, anteriormente la nación dominante de la tierra, ha estado en declive desde aproximadamente 1871. Ese año fue superada por Estados Unidos como la economía más grande del mundo, y la brecha se amplió a medida que pasaba el tiempo (Caleb Silver, “Las 20 principales economías del mundo”, 2020).

Con el cambio de siglo, el crecimiento industrial alemán, incluida la producción de acero y arrabio, también había superado a Gran Bretaña. La capacidad industrial del Imperio Alemán era, en 1905, la segunda más avanzada del mundo, aunque todavía apreciablemente por detrás de Estados Unidos. Francia iba muy por detrás: la regresión francesa se remonta a las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX, que desangraron a Francia y culminaron con el exilio de Napoleón Bonaparte en 1815 (Donald J. Goodspeed, The German Wars, Random House Value Publishing, 2ª ed., p. 5. 1985)

Los problemas franceses se profundizaron a principios de la década de 1870, cuando Prusia la derrotó decisivamente en la Guerra Franco-Prusiana. Francia fue así despojada de las provincias de Alsacia y Lorena, que el nuevo Imperio Alemán anexó, la máxima humillación para Francia. El ardiente deseo francés de recuperar Alsacia-Lorena fue un factor central en el estallido de las hostilidades a finales del verano de 1914.


Representación de Hindenburg y Erich Ludendorff en la batalla de Tannenberg (pintura de Hugo Vogel). (Dominio publico)


El mariscal de campo Paul von Hindenburg compartió los sueños expansionistas de su socio, el general Ludendorff. Los dos hombres acordaron firmemente en la extensión de las fronteras de Alemania en la medida de lo posible, con la mirada fija principalmente en el Este. Tenían la intención de germanizar y colonizar grandes áreas de Europa central y oriental, como Polonia junto con los países bálticos de Lituania y Letonia. El 19 de diciembre de 1917, Hindenburg dijo que quería las regiones bálticas con fines estratégicos en la próxima guerra.

A medida que la lucha continuaba desde sus primeros meses, las divisiones del este de Alemania estaban capturando importantes trozos de territorio de los rusos, que todavía luchaban bien. Sin embargo, a finales de septiembre de 1915, el Ejército Imperial Ruso había perdido casi dos millones de hombres en menos de 14 meses de lucha. A medida que los alemanes marcharon más hacia el este, a finales de octubre de 1915 Ludendorff y Hindenburg, para estar más cerca del frente, se trasladaron de su anterior cuartel general en Lötzen (noreste de Polonia) a Kovno (Lituania central).

Durante los descansos de la lucha, los lugareños de Kovno podían ver a Ludendorff ocasionalmente caminando por la ciudad, con su atuendo militar y Pickelhaube, el casco con púas, mientras que los pocos vehículos blindados alemanes que patrullaban las calles de Kovno tocaban la bocina a Ludendorff, mientras pasaban junto a él y él les saludaba con la mano. A Hindenburg era más probable que lo vieran en los bosques de Augustovo o Bialoviesa, cazando con su rifle, pero se quejaba de que “los lobos parecían tener preferencia por escabullirse más allá del alcance de mi arma”.


Ludendorff y Hindenburg


Ludendorff, en particular, quería anexar la antigua provincia de Curlandia, en el oeste de Letonia, una tierra baja, fértil, de gran relevancia estratégica y que descansa sobre el Mar Báltico, con Escandinavia un poco más allá. Un servicio comercial alemán en las aguas del Báltico a horcajadas sobre Curlandia era, como escribió Ludendorff, "de suma importancia para nosotros, debido a la importación de mineral de hierro de Suecia". (Erich Ludendorff, Historia propia de Ludendorff, agosto de 1914-noviembre de 1918, The Great War. Pickle Partners Publishing, 2012)

Curlandia tenía una historia de dominio germánico que se remonta al siglo XIII y fue el hogar de decenas de miles de alemanes bálticos. Cuando a finales del verano del 1915 las fuerzas bajo el mando de Ludendorff  capturaron Curlandia del Imperio Ruso le causó una satisfacción considerable. 


General alemán Erich von Falkenhayn (dominio público)


El 27 de agosto de 1916 Rumanía, un país de considerable importancia, declaró inesperadamente la guerra a las potencias centrales de Alemania y Austria-Hungría, provocando algo parecido al pánico en Berlín. Justo el día anterior, el general Erich von Falkenhayn le había asegurado al káiser Wilhelm II que Rumania se mantendría neutral. La declaración de guerra de Rumania fue una indicación segura de que las naciones neutrales, cuyos intereses estaban en juego, creían que Alemania se dirigía a la derrota. Además, Rumania contenía enormes cantidades de aceite y trigo.

Dos años después de la guerra, la decisión de Rumania de unirse a la Entente, de Rusia, Francia y Gran Bretaña, también fue un acto de traición, ya que Rumania había firmado una alianza defensiva el 30 de octubre de 1883 con Alemania y Austria-Hungría. Este pacto, fue hecho a instancias de Rumania debido a su amargura contra Rusia por tomar Besarabia, fue renovado en 1913. Alentados por diplomáticos occidentales, los rumanos querían tomar la famosa provincia de Transilvania de Hungría.

En la noche del 27 de agosto de 1916, alrededor de 750.000 tropas rumanas comenzaron a marchar sobre Transilvania a través de los altos pasos montañosos de los Cárpatos. Unas seis divisiones lideradas por alemanes se opusieron inicialmente al ejército rumano, pero en una semana, debido al trabajo eficiente del personal y las operaciones logísticas, Ludendorff reforzó esta fuerza a 16 divisiones. Los rumanos pronto demostraron no ser rival para los alemanes. A mediados de noviembre de 1916, los restos de las divisiones de Rumanía fueron conducidos hacia el norte hacia la región montañosa de Moldavia, pero escaparon de la destrucción total para luchar otro día. El 6 de diciembre de 1916, el mariscal de campo alemán August von Mackensen cabalgó triunfalmente por las calles de Bucarest en su caballo blanco.


August von Mackensen

La campaña rumana levantó la moral en Alemania, mejoró la posición del país en Europa; y lo más crítico de todo para Ludendorff e Hindenburg, les permitió reanudar la explotación de las materias primas de Rumania; sin el cual los alemanes no podrían continuar la guerra.

En diciembre de 1917, la dictadura de Ludendorff controlaba toda Europa central y la mayor parte de Europa oriental; mientras que Bélgica estuvo mucho tiempo bajo ocupación militar alemana, y los alemanes tenían una posición firme en el este de Francia. Desde el comienzo del conflicto, Berlín había invertido millones de marcos en tratar de fomentar la revolución en la Rusia zarista, una nación que había estado bajo el dominio de la dinastía Romanov durante más de 300 años. En octubre de 1917, la toma del poder de Vladimir Lenin en Rusia marcó el final de la participación del Kremlin en la Primera Guerra Mundial.

La Rusia soviética concluyó un armisticio con el Imperio alemán el 15 de diciembre de 1917, y Ludendorff escribió que “sentí como si me hubieran quitado un peso del pecho”. Finalmente pudo comenzar a dirigir sus recursos militares hacia un frente principal, un gran lujo al que los aliados estaban muy acostumbrados. (Ludendorff, La propia historia de Ludendorff)

Durante tres años, Alemania había sobrevivido a la lucha en dos amplios frentes contra el poder de Rusia, Francia y Gran Bretaña porque, como señaló el historiador canadiense, teniente coronel Donald J. Goodspeed , “durante toda la guerra, los alemanes, y especialmente Ludendorff, otorgaron una prima mucho mayor a los cerebros que los aliados”. Además, el teniente coronel Goodspeed reconoció “la excelencia del ejército alemán, que era una organización muy seria y profesional. No era de ninguna manera el ejército más grande del continente, pero era sin duda el mejor”. (Donald J. Goodspeed, Ludendorff: Soldier: Dictator: Revolutionary. Hart-Davis; 1ª ed. 1966).

General Erich Ludendorff

La verdad a menudo es impopular, y también debe reconocerse que el propio Ludendorff fue claramente el comandante más formidable de la Primera Guerra Mundial. Al final, solo la fuerza combinada de los ejércitos británico, francés y estadounidense lo dejaría en jaque mate. Las doctrinas ofensivas y defensivas de Ludendorff demostraron más imaginación y talento militar en comparación con sus rivales, como el inflexible comandante británico Douglas Haig, quizás apodado injustamente “Butcher Haig”. Sin embargo, envió innecesariamente a cientos de miles de soldados británicos a trampas mortales, donde fueron abatidos por el fuego de ametralladoras y rifles alemanes.

Por el contrario, Ludendorff no tuvo ningún problema en modificar sus tácticas si era necesario, o en reconocer la capacidad de los demás y recompensarla. Tenía buen ojo para el talento y asignó mayores responsabilidades a los oficiales de primera clase, como Max Hoffmann y Georg Bruchmüller. A diferencia de sus homólogos británicos, Ludendorff visitaba regularmente la línea del frente para ver las condiciones con sus propios ojos y entrevistar a los oficiales involucrados en los combates (Donald J. Goodspeed). La posición de Ludendorff se fortaleció al tener a Hindenburg a su lado durante toda la guerra; El papel de Hindenburg pudo haber sido mucho menos pronunciado pero, a diferencia de Ludendorff, casi nunca se irritaba y tenía nervios de acero. En los momentos difíciles, siempre calmaba y tranquilizaba a Ludendorff, que se agitaba más fácilmente.


Hindenburg, Kaiser Wilhelm II y Ludendorff, enero de 1917 (dominio público)


En sus territorios coloniales, los generales británicos y franceses estaban acostumbrados durante mucho tiempo a golpear a las fuerzas mal equipadas y no preparadas, a menudo formadas por grupos indígenas que alguna vez fueron amantes de la paz. La estructura de mando aliada puso demasiado énfasis en el rango y la edad correcta, ignorando la capacidad debido al protocolo militar arraigado y la miopía.

 

No fue hasta el 3 de marzo de 1918 cuando los bolcheviques se vieron obligados a entregarse a Alemania por escrito, mediante un tratado de paz firmado en Brest-Litovsk. Dos semanas antes, el 18 de febrero de 1918, Ludendorff ordenó una invasión alemana en todo el frente oriental, a fin de insistir en su punto de vista sobre Lenin.


El único comandante de la Primera Guerra Mundial que había estado amenazando con igualar a Ludendorff, no venía del Oeste, sino del Este. Era el gran duque Nicolás Nikolaevich, de 57 años, un general ruso popular y respetado, de seis pies y seis pulgadas de alto, ancho de hombros, y que había dedicado su vida al ejército del zar. En agosto de 1914, el Gran Duque fue nombrado Comandante Supremo de todas las fuerzas rusas. En esta posición demostró ser “un oponente despiadado y de voluntad de hierro que había mantenido unidos admirablemente a sus ejércitos y cuyas ideas estratégicas a menudo habían sido atrevidas y brillantes”. (Charles T. Evans, "Notes on Grand Duke Nikolai Nikolaevich -1856 1929-",  Northern Virginia Community College , 2012)

El zar Nicolás II cometió un grave error al año siguiente al despedir al Gran Duque, el 5 de septiembre de 1915, y luego agravó el error al designarse a sí mismo para el Mando Supremo. Cuando la noticia de la destitución del Gran Duque llegó a la sede del Ober Ost alemán en Lötzen, fue recibida con entusiasmo por Ludendorff, Hindenburg y Hoffmann. Con la salida del Gran Duque, el Imperio Ruso no solo fue despojado de su comandante más capaz, sino que, posteriormente, cada derrota sufrida por Rusia podría atribuirse al zar, como sería el caso. El despido del Gran Duque fue un factor en la caída del régimen zarista 18 meses después.

A principios del siglo XX, había un número muy significativo de ciudadanos judíos residentes en Europa central y oriental, como en Varsovia (capital polaca), Kovno (Lituania central), Vilnius (capital lituana) y Grodno (Bielorrusia occidental); ciudades que cayeron en manos de los alemanes a principios del otoño de 1915. La población de estas ciudades estaba compuesta por un 25% de judíos o más, y fueron ocupadas por los alemanes durante tres años. Ludendorff pudo haber sido antisemita pero, a diferencia de los nazis, no ordenó la persecución o asesinatos masivos de judíos o incluso eslavos, lo que pone al descubierto cuánto más extrema fue la dictadura de Hitler.

Ludendorff y Hindenburg se preocuparon principalmente por extraer el ganado y los recursos naturales de los territorios conquistados. Los autores alemanes, Jens Thiel y Christian Westerhoff, observaron cómo una de las principales prioridades de los señores de la guerra de Alemania en las regiones ocupadas, como el Báltico, “era la explotación de los extensos recursos agrícolas y forestales para el esfuerzo bélico alemán”. (Jens Thiel, Christian Westerhoff, "Trabajo forzoso",  Enciclopedia internacional de la Primera Guerra Mundial, 2014 )

En septiembre de 1916, Ludendorff promulgó una ley de trabajo obligatorio. Durante el resto de la guerra, todos los hombres alemanes, de entre 15 y 60 años, fueron empleados al servicio del estado. Aseguró que un porcentaje considerable de mujeres fueran enviadas a trabajar a las fábricas de municiones. La ley laboral alivió la crisis de mano de obra en Alemania, mientras que las trabajadoras de municiones desempeñaron un papel en el aumento de la producción de municiones y armas para la máquina de guerra alemana. Ludendorff estaba trayendo a casa el concepto de guerra total a Alemania. Además, el general implementó planes para elevar la tasa de natalidad, mejoró los estándares de vivienda, redujo la tasa de enfermedades venéreas, alentó el reasentamiento rural y contrarrestó la propaganda aliada efectiva.


Portada del libro de John Lee, "The WAR LORDS" Hindenburg and Ludendorff.

El 13 de septiembre de 1916 y nuevamente el 3 de octubre, Ludendorff ordenó a los gobernadores generales de Varsovia y Bélgica que instituyeran el trabajo forzoso, a fin de ayudar aún más a aliviar la escasez de mano de obra. La utilización por Alemania de lo que era efectivamente trabajo esclavo precedió al ascenso de Ludendorff al poder supremo en aproximadamente un año; pero lo incrementó a medida que el conflicto entraba en sus últimas etapas.

Los trabajadores esclavos consistían principalmente en prisioneros de guerra, junto con "trabajadores auxiliares" polacos y belgas, incluidos algunos miles de hombres judíos de esos países. De hecho, “los judíos estaban sobrerrepresentados en el trabajo forzoso”, pero faltan pruebas de si esto se debió a prejuicios o debido a los altos niveles de desempleo entre los hombres judíos en ese momento. Las condiciones eran deficientes en los campos de trabajo, con graves tasas de enfermedad y mortalidad. Otras potencias coloniales como Gran Bretaña, Francia y Bélgica habían explotado durante mucho tiempo la mano de obra esclava en una escala mayor que Alemania, como en sus colonias africanas, mientras que durante la guerra la Rusia zarista impuso trabajo esclavo a los civiles en la Galicia ocupada.

El castigador embargo naval británico contra Alemania y su aliado Austria-Hungría, se impuso desde agosto de 1914 hasta ocho meses después de la guerra, cuando finalmente se levantó en julio de 1919. Este bloqueo se implementó con la intención de descarrilar la economía de guerra de Alemania y de dañar a los no combatientes. Directamente debido a los efectos del embargo, cientos de miles de civiles alemanes murieron de hambre lentamente, la mayoría de ellos mujeres, niños y ancianos (las cifras de muertos oscilan entre 424.000 y 763.000). El bloqueo británico también mató a unos 467.000 civiles en el Imperio Austro-Húngaro. Quienes menos sufrieron fueron las tropas alemanas y austrohúngaras, que estaban relativamente bien alimentadas en las zonas ocupadas. (Alexander B. Downes, Targeting Civilians in War. Cornell University Press, 2008, p. 87)


"Dos granaderos mutilados", caricatura sobre Francisco José (Imperio Austro-Húngaro) y Guillermo II (Imperio Alemán). Francisco José: "Vamos, Guillermo, a nuestra tierra natal, tenemos la nuestra en la Patria".  © Biblioteca Estatal de Rusia.


El 19 de diciembre de 1917, en una conferencia del Consejo de la Corona en Kreuznach, Alemania occidental, Ludendorff expuso extensamente sus términos finales de paz con la nueva Rusia bolchevique. El ejército ruso estaba ahora terminado como una fuerza de combate adecuada, y sus tropas regresaban a casa en masa. El Kaiser, Hindenburg, el secretario de Relaciones Exteriores Richard von Kühlmann y el canciller Georg von Hertling, de 74 años, escucharon a Ludendorff formular sus demandas contra Rusia.

Ludendorff estaba implacablemente decidido a sacar una gran parte del flanco occidental del antiguo Imperio Ruso, que estaba en proceso de absorber el Reich. Incluía regiones que se extendían desde el Báltico mil millas hacia el sur hasta el Mar Negro. El liderazgo militar alemán codiciaba el petróleo, la madera, los depósitos minerales y el grano de estas regiones, lo que garantizaría que Alemania pudiera resistir fácilmente un bloqueo británico en un futuro conflicto.

Mientras Ludendorff hablaba, el secretario de Relaciones Exteriores von Kühlmann lo interrumpió, protestando contra la severidad de sus términos contra Rusia. Ludendorff tuvo poco tiempo para el culto von Kühlmann, rechazando bruscamente sus argumentos a favor de “una conciliación pacífica con Rusia”. Von Kühlmann se volvió hacia Hindenburg, de 70 años, que se había quedado profundamente dormido en un sillón junto al fuego, al igual que el canciller von Hertling. Von Kühlmann sacudió al mariscal de campo para despertarlo, pero Hindenburg, revolviendo lentamente a sí mismo, respaldó firmemente la opinión de Ludendorff.

Menos de quince días después, el día de Año Nuevo de 1918, después de haber sido persuadido a regañadientes, el exdiputado de Ludendorff, Max Hoffmann, expresó sus puntos de vista al Kaiser sobre "la cuestión polaca", es decir, el alcance de las políticas imperialistas de Alemania con respecto a Polonia. Hoffmann, una figura más moderada que Ludendorff, propuso una frontera germano-polaca no muy diferente a la frontera actual. No veía ningún sentido en obligar a millones de polacos descontentos con Alemania a permanecer en ella, y el kaiser entusiasmado estuvo de acuerdo con las ideas de Hoffmann. (Goodspeed)

A la mañana siguiente del 2 de enero de 1918, en otra reunión del Consejo de la Corona, a la que asistieron Ludendorff, Hindenburg y Hoffmann, el Kaiser entró alegremente en la habitación y señaló con precisión en su mapa dónde debería caer la frontera alemana con Polonia, atribuyendo rápidamente la propuesta a Hoffmann. Ludendorff apenas podía creer lo que estaba escuchando, y luego se enojó mucho. Su rostro se puso rosado, morado, su cuello comenzó a hincharse y las venas se agrandaron en su frente. Hoffmann miraba a Ludendorff con silenciosa fascinación.

Ludendorff protestó con vehemencia contra el hecho de que el kaiser recibiera consejos a través de canales separados, declarando que socavaba toda disciplina militar. Criticó profundamente las sugerencias de Hoffmann e insistió en que fueran rechazadas de inmediato. Ludendorff dijo que ahora quería hacer sus propias representaciones, en relación con las intenciones alemanas a través de Polonia, que eran expansionistas y lo opuesto a las opiniones de Hoffmann. Hindenburg luego asintió con su cabeza gigante con aprobación para reforzar la posición de Ludendorff, y el Kaiser, completamente desconcertado, reevaluó apresuradamente las cosas y aceptó las demandas de los señores de la guerra. Ludendorff nunca perdonó a Hoffmann por ir a sus espaldas y, a partir de entonces, solo se comunicaría con él a través de su Jefe de Operaciones, Max Bauer.


Esta historia de Ludendorff continuará con la posguerra... 


Shane Quinn

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