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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels. La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo e impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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21 abril 2026

¿A quién sirve realmente Donald Trump?


La guerra de Irán del generalísimo Trump. Crédito de la ilustración: DonkeyHotey en Who What Why (CC BY-SA 2.0). whowhatwhy.org


por Tito Andino


¿Qué podemos esperar de un multimillonario como Donald Trump en el gobierno de los Estados Unidos dirigiendo la guerra contra Irán?

“Los ricos son una especie de animal grande y peligroso, parasitarios y dañinos y hombres en su mayoría, aun cuando hay mujeres ricas también, que aunque nacidos en cualquier extracto social ocupan las elites del poder y del dinero, verdaderos barones del poder, y hoy han acumulado dinero como nunca antes en la historia moderna, que manipulan todo lo que les interese manipular y que persiguiendo sus intereses pueden ser criminales pero no pagan por ello”. (Mario y Nora Fernández)

A pesar de lo que se dice dentro y fuera de los Estados Unidos respecto a la desastrosa guerra contra Irán, el presidente Trump no está solo, y no lo estará, a pesar de los llamados a destituirlo. Pese a que hay dos bandos dentro de los EE. UU., estos defienden la misma política y economía, simplemente rivalizan por manejar las finanzas globales, y no dejarán de respaldarse cuando de beneficios se trata. Es el poder económico quien controla el destino de la -hasta ahora- nación más poderosa del mundo en el último siglo.

Las élites no son simples millonarios que juegan a hacer más dinero, a pesar de que sus fortunas se cuentan en miles de millones de dólares y quizá ni siquiera lleguen al 1% de la población. Esta clase dominante cuenta con el respaldo de una estructura social-económica más “baja”, de los ricos y acomodados, de la clase política privilegiada, quienes sirven a la elite dominante, son su “base social”. Es decir, “la élite dominante cuenta con la escolta de otros ricos inferiores, que forman una especie de pirámide de acomodados, a quienes se suman altos administradores y políticos que ayudan a la elite dominante a manejar el aparato político mundial, cuenta la élite además con no pocos adulones profesionales y aspirantes a millonarios que incluyen incluso a hampones que trafican drogas, personas y servicios”.

El presidente Trump encaja no en la clase adulona, el pertenece al Top de la élite.

Con estas cortas reflexiones pasemos al tema de actualidad, la guerra con Irán y la posición de la élite estadounidense respecto a Mr. Trump.

Un hecho que pocos se percataron en la posesión del presidente Donald Trump (segundo mandato), es que los demócratas sentados a su lado, con Joe Biden a escasos metros, permanecían de piedra, nadie de ese grupo aplaudió a Trump en ningún instante; pero, cuando pronunció la palabra Israel y su defensa a ultranza, con cualquier medida que sea necesaria, Biden y los suyos se pusieron de pie, aplaudieron. El presidente entrante recibió ovaciones de todos en el Congreso (Demócratas y Republicanos). ¿Por qué?

Responderé citando al Coronel Douglas Macgregor, quien -durante la presente crisis bélica con Irán, se refirió al Congreso de los EE. UU.: “efectivamente todos han sido comprados por el lobby de Israel y los multimillonarios que respaldan al lobby de Israel han comprado a estos candidatos y como resultado casi no tengo ninguna simpatía en absoluto por el Congreso, son tan culpables de todas estas tonterías como el presidente”.

Este es el punto de polémica perpetua, ¿en realidad existe esa influencia -por no decir, dominación- de Israel sobre Estados Unidos? Sería un poco simplista afirmarlo positivamente. Evidentemente hay mucha presión e influencia, no lo dudamos, pero a que sean dueños de EE. UU., está muy lejos de ser verdad, a pesar de que aquí -más adelante- se aprecie como contradicción unos datos perturbadores. La relación entre ambos países es, efectivamente, uno de los temas más analizados y debatidos en la política internacional. Verdaderos analistas y expertos suelen destacar la combinación de varios factores que explican esa influencia mutua. Comenzando con que la comunidad judía es muy próspera en Estados Unidos, los multimillonarios y gente de prestigio en diferentes ramas sobreabundan y se dice que su fidelidad está con Israel, más que su misma fe religiosa o al país que le otorga su nacionalidad (Estados Unidos); a su vez, son un dilema público en cuanto a las comunidades judías ortodoxas.

Los grupos de presión (lobbies), organizaciones como AIPAC trabajan activamente en Washington para asegurar que los intereses de Israel sean prioridad en la agenda legislativa. Tenemos el valor estratégico que los vincula desde la Guerra Fría, EE. UU. ha visto a Israel como un socio tecnológico y de inteligencia clave en una región muy inestable. Estados Unidos convirtió a Israel en su base militar en Oriente Próximo y lo utiliza, generalmente, cuando de intervenir militarmente se trata, actúan juntos. El caso iraní lo demuestra.

Esa gran afinidad política y cultural se expresa en el apoyo histórico de gran parte del electorado estadounidense que es muy sólido (hasta el momento), tanto de los cristianos evangélicos (cristianos en general) como de los sectores judíos, a pesar que son confesiones no homogéneos. Esos grupos presionan a sus representantes, financian campañas e incluso ponen sus candidatos al Congreso y hasta a la presidencia de los EE.UU. para seguir conservando el respaldo político, la ayuda económica y militar que necesita Israel.

Ese sistema de alianzas es muy complejo, no puede ser explicado con simplicidades. Generalmente los intereses de seguridad nacional de ambos países suelen alinearse, aunque no siempre estén de acuerdo en todo. Israel ha demostrado que puede influir en Estados Unidos -nadie lo niega- y hasta demostró con la crisis bélica contra Irán que Estados Unidos no puede obligarlo a nada.

Por supuesto, también hay quienes piden que debemos dejar de pensar en la hipótesis de que la política exterior estadounidense está subordinada a intereses ajenos, que eso carece de fundamento estructural y que resulta una equivocación pensar que Estados Unidos se ve forzado a participar en conflictos por presiones externas o liderazgos individuales (Netanyahu e Israel), en realidad la dinámica de poder no funciona así. En el sistema internacional, las potencias actúan bajo su propia lógica de beneficio, Washington no cede su soberanía ante terceros. Dicen que lo que percibimos como una influencia externa -de Israel- es una interpretación muy común que ignora la verdadera raíz geopolítica: controlar las rutas energéticas y estratégicas fragmentando el suministro de energía en Asia central. La realidad es que, hablando de geopolítica, al interrumpir estos flujos, EE. UU. busca forzar (someter sería un término correcto) a los mercados europeos y asiáticos a orbitar bajo su control, someterlos a la dependencia energética estadounidense, lo que garantizará la estabilidad de su moneda y su dominio militar y de allí el rol fundamental que asume Israel en Oriente Próximo. Los dos se necesitan (este es un argumento correcto, pero no necesariamente único).

Así las cosas, es indudable que Trump -como cualquier otro líder de Estados Unidos- escucha demasiado a los israelíes. Y en el caso iraní, los socios calcularon mal. Israel prometió una guerra corta y decisiva, una guerra relámpago como solían hacer inicialmente los nazis; por su lado, Trump prometió grandes negocios a los inversionistas. Lo lógico es que si no resulta, pagarán un alto precio en respaldo político con la opinión pública en contra. Así acontece, los socios de guerra (Trump y Netanyahu) se enfrentan a una oposición interna masiva, muy bien encubierta por la censura. Los propios republicanos cuestionan a Donald Trump y la gente está descontenta en Israel con una oposición cuestionando a “Bibi”. Por su lado, las verdaderas élites que controlan el poder aspiran seguir haciendo pingues negocios, los políticos y militares de alto grado que hagan su show mientras mandan al matadero a miles de jóvenes soldados.


La portada de 'The Economist' (21 al 27 de marzo de 2026) dedicada a Trump con el titular "Operación Furia Ciega", como sátira del nombre real de la operación "Furia Épica".


En 1966, el profesor Caroll Quigley, de la Universidad de Georgetown dijo: 

"Los poderes del capitalismo financiero tienen otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en su conjunto". 

Esa es la política de los Estados Unidos, sea cual sea el presidente de turno, ya sea con el respaldo sionista o no. Observamos como en la tarde del 15 de abril 2026, el Senado ha votado por continuar la guerra contra Irán, seguramente se cortarán algunas cabezas por la mala “gestión” (probablemente del Secretario de Guerra, Pete Hegseth), pero el programa debe continuar, incluso si el presidente Trump fuera destituido.

En este momento existe solo dos probabilidades en el campo político para la élite del verdadero poder mundial: Decidir poner fin al gobierno de Trump, que ha jugado su rol, iniciando una guerra y haciendo ganar miles de millones de dólares no “presupuestados” a los accionistas del Complejo Militar Industrial y otros especuladores financieros, entre los que se cuenta el mismo Trump, gestos que sin duda le agradecen; o, debido a que Trump ha dado claras muestras de estar fuera de sus cabales, ser sometido a un proceso de destitución -el famoso impeachment-; se dice que los reveses militares lo han desquiciado, siendo que sus actos podrían conducir a una catástrofe global, se ha rumoreado de ataques de histeria del presidente que pudieren afectar en las decisiones operacionales de las fuerzas armadas. ¿Les recuerda a cierto desquiciado alemán de ridículo bigote?

En principio eso no es de preocupación para la élite, lo que el real poder en las sombras busca es ganar más dinero y controlar los mercados. Utiliza las guerras para apoderarse del petróleo y demás recursos estratégicos de otras naciones y siempre dispondrá de “patriotas” dispuestos al sacrificio para ir a guerrear por el mundo en nombre de la “democracia”.

Ergo, ha dejado de producir gracia a las élites el escuchar a Mr. Trump amenazando con arrasar toda una civilización o que los iraníes regresarán a la edad de piedra, etc, etc. El hombre naranja encontró un gran socio, aún más delirante que él, Bibi Netanyahu, quien gusta de vivir en perpetua guerra, según las malas lenguas para que no someterse a procesos judiciales… lo mismo que su colega de los USA, se dice que prefiere esto a que estalle la bomba de los escándalos referentes a su buen amigo, el difunto Jeffrey Epstein.

La pregunta es, ¿por qué las élites tendrían que frenar a Trump, cuando el Senado de los Estados Unidos decidió respaldar la guerra de Trump? Es lógico entender que a la élite no le conviene una hecatombe global en momentos en que la guerra es buena para sus negocios especulando en el mercado financiero y produciendo armamento, una fuente casi ilimitada de recursos. Desgraciadamente no lo sería si sus sabuesos rabiosos, alterados en su ego, decidieran ir más allá en su confrontación contra Irán, haciendo uso de armas nucleares. Sería el fin del juego, el negocio se cae.

Para salir de este lío, debería impedirse que Trump siga haciendo lo que no funciona. “Recuerda la definición de locura. Hacer lo mismo una y otra y otra vez con la expectativa de que vas a obtener un resultado diferente”, como un loco, redoblando la apuesta en lo que ha fracasado en el pasado y esperar que funcione. “No va a pasar. No importa cuántas pequeñas islas intenten tomar en el Golfo Pérsico”, dice Mcgregor.

Insistamos, esto aconteció porque el presidente, de forma simplista confía y escucha demasiadas promesas vacías de Israel, además de estar influido y comprometido con el núcleo duro sionista de Estados Unidos. A Trump le vendieron el argumento de que esto sería rápido y sucio, sí esa es la palabra correcta: sucio, con grandes e inmediatos réditos a cosechar. Ha calculado muy mal, ha subestimado el desafío que significó atacar y enfrentarse a Irán. La realidad le ha hecho saber que eso no es posible.

La siguiente información no es mera especulación, ni se contradice con lo expresado más arriba. Es importante recordar un acontecimiento relativamente reciente. Donald Trump, tras asumir su segundo mandato en 2025, volvió a implantar una tradición, celebrar en la Casa Blanca la festividad judía de la Janucá. En efecto, el 16 de diciembre de 2025, acudieron cientos de estadounidenses integrantes de la comunidad judía que son destacados líderes políticos y personalidades influyentes en diversas áreas. El presidente Trump reafirmó su compromiso con el estado de Israel y la comunidad judía estadounidense, subrayando su papel como defensor de la misma, se declaró "amigo y defensor del pueblo judío".

Lo curioso es la forma en que los invitados manejaron a Trump, por lo que podría interpretarse o plantear dudas sobre quien realmente manda en la Casa Blanca. Los gestos del señor Mark Reed Levin, quien ostenta el cargo de miembro del Consejo Asesor de Seguridad Nacional, fue osado, vapuleó “cariñosamente” a la corpulenta figura del presidente, ante las cámaras lo abrazó, lo jaloneó alegremente, resultando incómodo para Donald Trump, quien se dejó “someter”. Esto puede ser interpretado como un acto simbólico de dominación, Levin le dice a Trump algo… sobre “la cosa legal de poder hacer que tú seas electo cuatro años más”, no se entiende bien las palabras de Levin en medio de aplausos y gritos, pero Trump contesta que él ama a Israel también. Lo que si se escucha claramente es que Levin expresa: “éste es nuestro primer presidente judío de Estados Unidos”. Trump, simplemente contesta: “es verdad”.

Esto se entiende o puede intuirse. No se trata de un simple acto de afecto y dominio corporal entre dos amigos, es una clara demostración de quien manda en lo político y económico en los Estados Unidos, porque tras esta escena hubo un acto más bochornoso para todos los Estados Unidos de América, que se pavonean de ser los portadores de la libertad y la democracia en el mundo. Momentos después, aparece en escena una señora, Miriam Adelson, una de las más poderosas personas reunidas en la Casa Blanca, dicen que es una de las sombras por encima de la política y el poder en los Estados Unidos. Ella insiste a Trump que deben ser cuatro años más (en el poder), le dice: "Bueno, piénsalo, yo te voy a dar otros 250 millones de dólares". 

Luego de ver esas escenas (existen videos que puede buscarse en internet/Youtube sobre esa fiesta en la Casa Blanca), la pregunta, por supuesto, es: ¿quién manda en los Estados Unidos? ¿Se responde sola la pregunta? ¿Reveló Donald Trump -sin desearlo- a quienes le pusieron en el poder y que -supuestamente- serían los que realmente ordenan en la Casa Blanca? 

Miriam Aldeson fue cónyuge de Sheldon Aldeson (que falleciera en 2021), entregaron en las tres campañas políticas de Donald Trump alrededor de 700 millones de dólares, Trump reconoció que el matrimonio era un frecuente visitante de la Casa Blanca, no eran simples aportantes de campañas electorales, acudían para moldear las políticas entre Tel Aviv y Washington. Miriam, ya viuda, sigue visitando la Casa Blanca, algo que también suele hacer con frecuencia "Bibi" Netanyahu quien ostenta el récord de visitas de un jefe de estado (siete veces en menos de un año, la última entre el 10 y 11 de febrero del 2026). 

Lo anecdótico es que la opinión internacional -ahora- está admitiendo que Israel considera a Trump “un hombre comprado que tendrá que hacer lo que ellos le digan” (a parte de las especulaciones sobre el caso Epstein).

¿Y los negocios de Mr. Trump? 

Del interesante artículo de Julian Macfarlane: “Todas las guerras son por dinero”, podemos extraer la siguiente información: 

El patrimonio neto de Trump, según la “Lista de Multimillonarios del Mundo” de Forbes 2026, ha incrementado alrededor de un 183% los dos últimos años, pasó de 2.300 millones de dólares a inicios de 2024 a 6.500 millones en marzo de 2026.

- El principal motor de la nueva riqueza son los negocios de criptomonedas y la venta de tokens digitales relacionados. World Liberty Financial es la plataforma insignia de la familia Trump, desde la inauguración de este sistema ha cosechado un estimado de 1.400 millones de dólares a la fortuna familiar. “Recuerda que si eres multimillonario, no cuentas en millones, solo en miles de millones. Este es el cálculo especial de la codicia con derecho”.

- Miembros de la familia Trump se han pasado al sector de defensa e inversiones en tecnología de defensa, en el preciso momento que se aumentaba el gasto militar. “Eric Trump fue anunciado como inversor estratégico en una fusión de 1.500 millones de dólares que involucró a un fabricante israelí de drones, XTEND, apenas 11 días antes de que comenzaran los grandes ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026”.

- Donald Trump Jr. se unió a la firma de capital riesgo "1789 Capital", que gestiona más de 2.000 millones de dólares y ha invertido en startups relacionadas con la defensa que posteriormente recibieron millones en incentivos federales y préstamos del Pentágono.

- A pesar de la volatilidad de las acciones de Trump Media & Technology, la empresa matriz de Truth Social, sigue siendo un activo multimillonario. Todas esas declaraciones escandalosas sobre Truth Social salen bien. Sí, la estupidez puede dar frutos.

- La apreciación inmobiliaria de propiedades de alto perfil, como Mar-a-Lago, han visto aumentar sus valoraciones, con el club estimado ahora en aproximadamente 560 millones de dólares. Ayuda usar la casa de Trump como base de operaciones presidencial.

- Tenemos los profundos lazos financieros de la familia Trump con los estados del Golfo. Ejemplo, la inversión de 2.000 millones de dólares de Jared Kushner en Arabia Saudí. Se debe entender por qué el príncipe heredero (MBS) no apoya a Irán.

El patrimonio neto de Trump se vio aún más reforzado por la desestimación de una importante multa económica de 500 millones de dólares por fraude civil en Nueva York, aunque la sentencia será apelada.

“Esa es la naturaleza de la jerarquía financiera. ¿Quién paga? TÚ, sí. Los pobres se empobrecen más... Los ricos se hacen más ricos. La mayoría de los presidentes se enriquecen tras dejar el cargo. Ese fue ciertamente el caso de los Clinton. También Obama. Biden ganó 15 millones de dólares en dos años tras dejar la vicepresidencia y probablemente ahora le irá bien. Pero los Clinton, Obama y Biden no estaban ni de lejos a la altura de Trump en cuanto a riqueza heredada, su avaricia se expresa en millones; Trump está en miles de millones. Los ricos se enriquecen -en relación con su punto de partida- así se hace el Camino Americano”.




Veamos otro análisis, Hermann Ploppa, en “El uso turbio de información privilegiada de Trump”, afirma que las declaraciones escandalosas de Donald Trump están claramente destinadas únicamente a enriquecer a su propia familia y a sus compinches multimillonarios. Nunca deja de sorprender el comportamiento “errático” de Trump. Un momento Trump quiere imponer aranceles asfixiantes a todo el mundo, solo para decir al siguiente: "¡no, no es para tanto!" En un momento dice que quiere aniquilar toda una civilización en una sola noche -solo para declarar un alto el fuego de dos semanas unas horas después.

Los estadounidenses tienen sus propios chistes sobre los comportamientos "erráticos" de Trump -están acostumbrados a ellos- A decir del interesante artículo de Ploppa: “Trump es solo un TACO. Significa: Trump siempre se acobarda; en otras palabras, Trump siempre acaba echándose atrás. Comentaristas políticos sofisticados hablan con elegancia de un "estilo de gobierno errático". Significa: Trump tropieza de un error a otro. Bueno. Quizá los giros de Trump sigan una lógica después de todo. En cualquier caso, la cadena británica BBC suscitó serias sospechas en un reciente documental televisivo de que Trump podría estar ofreciendo a su círculo cercano la oportunidad perfecta para el uso criminal de información privilegiada. Uso de información privilegiada significa: las personas del círculo cercano de Trump saben exactamente lo que el presidente anunciará públicamente en un futuro muy próximo. Y estos insiders luego compran o venden valores en la bolsa de apuestas o en el mercado de futuros de materias primas. Tras el sorprendente anuncio de Trump sobre uno de sus famosos giros de 180 grados, los insiders pudieron obtener enormes beneficios”. Y no estamos hablando solo de la crisis bélica en Oriente Próximo, esto viene aconteciendo desde que asumió el poder con el caso de los famosos aranceles, es decir aumentar drásticamente los aranceles a las importaciones de casi todo el mundo. ¿Qué sucedió? Los mercados se desplomaron; a los pocos días Trump anunciaba alegremente que los suspendería por un periodo indefinido. El índice S&P 500 celebró con una remontada del 9,5%. “Extraño, extraño, en Europa Central, un poco antes del anuncio, un puñado de especuladores de repente comenzaron a comprar acciones como locos; y, solo un minuto después, los precios de las acciones se disparan. “Esos especuladores con un sexto sentido acaban de ganar de la nada más de veinte millones de dólares en veinte minutos. Intenta explicarle eso a la cajera de Walmart, que está teniendo dificultades para salir adelante con 400 euros al mes”.

Según BBC, en diciembre de 2025, se abrió una cuenta de cliente bajo el nombre de Burdensome Mix en la bolsa de apuestas Polymarket. El apostador anónimo apostó a que el presidente venezolano Nicolás Maduro será destituido del cargo exactamente el día 3 de enero de 2026. Como su predicción se cumplió, pudo recaudar 436.000 dólares el 3 de enero. “¡Un don profético extraordinario!”.

Un tal Donald Trump Jr. cree en ese intercambio de apuestas y forma parte del consejo de administración de Polymarket. En Polymarket y su competidor Kalshi, las apuestas ascienden millones. Otro caso: El 27 de febrero de 2026, algunos especuladores apostaron a que Israel y Estados Unidos intervendrían en Irán al día siguiente. Un especulador que se hacía llamar "Magamyman" apostó prediciendo el asesinato del líder supremo chií Jamenei con precisión milimétrica, obteniendo más de medio millón de dólares en beneficios.

Todo esto es poca cosa -señala el artículo referido-. Los especuladores experimentados ganan dinero real a través de los llamados contratos de futuros de materias primas, de allí la razón del por qué los precios de los alimentos siguen subiendo: el comercio de futuros de materias primas.

Sigamos con el artículo de Ploppa. Cuando los internos -que saben cosas que la persona promedio no sabe- se involucran, la perversión se lleva a otro nivel. Eso se hizo evidente de forma especialmente contundente el 9 de marzo 2026. Ese día, “Trump anunció a una audiencia atónita en una entrevista telefónica con la cadena de televisión CNN, palabra por palabra: "¡La guerra está prácticamente terminada!" Momentos antes, Israel y Estados Unidos seguían plenamente comprometidos con esta guerra de agresión contra Irán, con todos sus atroces crímenes contra la humanidad. ¿Había hablado Trump en serio sobre el final de la guerra? Como sabemos, los asesinatos continuaron después. Pero sus compinches, los grandes del mercado bursátil, realmente se aprovecharon de todo. Porque ese 9 de marzo a las 18:29 hora de Europa Central, el mercado bursátil registró de repente masivas ventas de acciones relacionadas con el petróleo por parte de un pequeño grupo de especuladores. A las 19:16 hora de Europa Central, Trump anunció entonces el inminente final de la guerra. Y a las 19:17, el precio del petróleo había caído un 25%. Ahora esos mismos operadores de información privilegiada han recomprado las acciones del petróleo, que habían caído significativamente de precio. ¡Qué casualidad!

El mismo escenario exacto se repitió el 23 de marzo de 2026. Una vez más, Trump anunció el "cese completo y definitivo de hostilidades". Solo dos días antes, Trump había amenazado con destruir por completo la infraestructura energética de Irán. Ahora Trump estaba elogiando "conversaciones muy buenas y constructivas con el liderazgo iraní". ¿Qué había estado fumando Trump? ¿No habían acabado Estados Unidos e Israel de eliminar deliberadamente a los líderes iraníes moderados y dispuestos a ceder, fortaleciendo así a los sectores duros de la Guardia Revolucionaria? Bueno, aquí también estaban en acción personas del círculo íntimo de Trump. En tan solo dos minutos, entre las 10:48 y las 10:50 a.m., hora de Europa Central, se produjo una frenética venta de acciones petroleras. Luego, a las 11:04 a.m., el anuncio de Trump llegó acompañado de las fabulosas conversaciones constructivas con un liderazgo iraní renovado. Y a las 11:05 a.m., el precio del petróleo cayó un 11%.

En abril, Trump amenazó con acabar con la civilización iraní en una sola noche. Pero el 8 de abril, Trump anunció repentinamente un alto el fuego de dos semanas. Esta vez, poco antes del anuncio de Trump, se habían vendido frenéticamente contratos de futuros de petróleo por valor de 950 millones de dólares. Tras el anuncio del alto el fuego, estos operadores internos recompraron los contratos de materias primas con un descuento significativo. Al hacerlo, obtuvieron un beneficio extraordinario estimado de 140 millones de dólares”.

El mundo entero se ha convertido en nada más que una mercancía en las bolsas de apuestas. Agua, energía, comida—y algún día, quizá incluso el aire que respiramos. Quién sabe. La agencia reguladora, Commodity Futures Trading Commission (CFTC) de los EE. UU. está supervisada por una junta directiva de cinco miembros; pero, actualmente, Michael Selig, nombrado por Trump, dirige la agencia completamente por su cuenta.

En el caso de las manipulaciones de Trump, un número muy reducido de especuladores se queda sin nada -y el resto de la comunidad paga por estos especuladores con sus pérdidas-. Ya existen estudios científicos que sugieren que incluso el curso de las guerras está fuertemente influenciado por las apuestas. “Es posible que las travesuras de Trump en este sentido sean solo el comienzo de un desarrollo desastroso”, termina afirmando Ploppa.


Volvamos al tremendo problema que se compró Trump gracias a sus amigos de Israel y al lobby sionista estadounidense. 

En lo político, el presidente está siendo duramente atacado por todos los frentes debido a su aventura bélica. Afirma Douglas Macgregor, “si lo presionas demasiado en una dirección, él va a contraatacar. Supongo que su círculo íntimo, incluidos los militares, están todos sentados preguntándose cómo salimos de esta, cómo terminará esto, qué podemos aceptar. En Washington, gran parte está hipotecando la vanidad, en otras palabras, dicen no podemos hacer tal cosa porque parecerá que perdimos. Y como le digo a la gente…”

A pesar de proyectar un aire de confianza, la verdad es que, a puerta cerrada, Trump y Netanyahu están desesperados. Trump es consciente que le mintieron y que asumió malas decisiones, pero se niega aceptar que se equivocó. Debería admitirlo, debería ordenar el despido de ciertos personajes que lo adulan en nombre de Israel… más eso no va suceder jamás, por lo que no hay mediadores capaces de intermediar para poner fin a esta tragedia.

Trump se está negando a sí mismo, no acepta que sus palabras están siendo objeto de burla y humillación a nivel nacional e internacional. Ha perdido el respeto -los memes sobre él son graciosos y ridículamente insultantes-. No se equivoquen, Trump demostró que puede ser dulcemente vengativo ante sus críticos, su ego lo lleva a elucubrar como revertir las cosas, y debemos estar atentos a lo que va a hacer ahora. “Los instintos le dicen que debe redoblar la apuesta y aplastar a Irán, tiene que restregarles la cara por el suelo”; así que la posibilidad descrita de que Trump nunca tomó en serio la tregua es cierta. De todas formas, en Israel no le hacen mucho caso al presidente Trump, a pesar de que sus amigos si lo respaldan en Washington.

Estados Unidos demuestra la intencionalidad de redoblar la apuesta, luego de haber hecho un uso descomunal de las armas disponibles, el armamento está agotado y probablemente para ello fue la dichosa “tregua”, a muchos les huele a falsa tregua, no para entablar negociaciones de paz, fue para disponer las reservas de armamento almacenado en Estados Unidos y llevarlo al teatro de operaciones.

En parte, hay una nueva realidad estratégica en el siglo XXI, lo que se denomina la “guerra asimétrica"; no obstante, Douglas Mcgregor no está de acuerdo con ese término para las acciones emprendidas por Estados Unidos contra Irán, lo explica: “No, no lo es. Tienes por un lado a los Estados Unidos que ha desplegado su estructura militar de la Segunda Guerra Mundial. Estás viendo la estructura militar de 1944-45, con equipo nuevo, pero es la misma estructura. Grupos de batalla de portaaviones, muchos aviones, bombarderos y demás. Del otro lado está la nueva estructura de fuerzas del siglo XXI y esa es la estructura de ataque ISR. ¿Y cómo es eso? Bueno, esto fue concebido inicialmente como idea por los rusos en la década de los 70, descubrieron que tiene sensores en el espacio, tiene sensores en el mar, tiene sensores en tierra, sensores a medio camino entre el espacio y la tierra. Conectas todos estos sensores en tiempo real con todos esos sistemas de ataque que se están volviendo muy precisos y ahora hemos llegado al punto donde esta precisión es asombrosa. Es increíble. Alguna vez tuvimos el monopolio de la precisión antes del cambio de siglo. Lo hemos perdido. Esa capacidad de precisión está en manos de gente en todo el mundo y de repente potencias de nivel medio que antes eran incapaces de ofrecer resistencia pueden paralizar nuestras fuerzas armadas”.

Es necesario aclarar que significa el acrónimo ISR en el contexto de defensa y guerra. ISR es el pilar fundamental de la estrategia militar moderna: Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). Consiste en la infraestructura técnica y organizada diseñada para que los comandantes tengan una visión clara y en tiempo real del campo de batalla (conexiones satelitales, drones, etc.)

Para finalizar. Las cosas andan tan disparatadas que tenemos que traer a colación un tema ya tratado en este blog, el fundamentalismo religioso basado en la concepción puritana de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios, así nos hizo saber Mr. Trump en la oración con su asesora bíblica y su séquito de "santos", quienes le otorgaron el “visto bueno divino” para emprender el camino de la guerra contra Irán. Para un público racional esto es solo propaganda para emocionar a millones de incautos y fieles cristianos estadounidenses. 

Sabemos a ciencia cierta, que las verdaderas élites del poder terrenal y del infinito (porque tienen la capacidad de dominar el espacio) expresan falsamente que su poder se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, no existe tal cosa en sus mentes. Se basan en el concepto de la guerra, de lo que ellos denominan la guerra “buena”, aquella que otorga ganancias colosales. Pregonan el “amor” de Cristo asesinando al prójimo por codicia. Y aquí no hay contradicción entre la religión judía y el mundo cristiano, las dos compaginan en hermandad a través del sionismo cristiano enquistado en la élite estadounidense, su propósito es la codicia sembrando la muerte.


Una desagradable muestra de la campaña manipuladora del presidente Trump, que él mismo ha publicado a través de su Truth Social.


“Lamentablemente” para Mr. Trump y la política global de los Estados Unidos -que incluye a Republicanos y Demócratas- las posibilidades estratégicas de EE. UU. tras la continuación de su derrota en la batalla contra Irán deberán ser replanteadas. No siempre se gana, es lógico pensar que, metafóricamente, pueden devolver a la edad de piedra a Irán, porque van a destruir su base económica; pero, las expectativas del plan general fracasó. Los socios europeos de Estados Unidos no secundaron este proyecto, -no por defender a los agredidos-, simplemente va en contra de sus intereses como grandes potencias coloniales. Ni que decir de la férrea oposición de China y Rusia.

Sin embargo, el que Trump, Bibi Netanyahu y otros osados “representantes” de dios decidieran hacer uso del arma nuclear es algo que las élites no querrán permitir. Es cierto que muchos miembros de la élite se declaran fervorosos cristianos, otros sueñan con la llegada del Armagedón si se desatara una guerra nuclear en el Oriente Medio (lo hemos revisado en anteriores entradas). Eso no es bueno para los negocios, los dueños del poder no van a tolerar que la histeria de ciertos fundamentalistas estadounidenses que “asesoran” a los gobiernos de Estados Unidos e Israel contribuyen a cumplir una “profecía”.

Si ello aconteciera -como decían los autores del betseller “El Enigma Sagrado”: “el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadoquitas muertos hace siglos y que, cogidos de la mano, darían saltitos por los Campos Elisios, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -comoquiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo”.

En este punto es que se duda que las élites permitan el uso de armas nucleares. ¿A quién van a vender sus productos industriales, su costoso armamento, sus coches, sus medicinas, su industria de alimentos chatarra, etc., etc., si los potenciales miles de millones de clientes van a esfumarse en un invierno posnuclear? Los fundamentalistas religiosos que están marchando por los pasillos de Washington y Tel Aviv (quizá también en Teherán) o cualquiera que sea la religión, solo puede llevarnos a un rumbo: la autoinmolación planetaria.

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Las citas que se hacen del coronel Douglas Macgregor pertenecen a varias de sus tantas entrevistas publicadas en Youtube. 
Enlace al artículo de Julian MacFarlane: Todas las guerras son por dinero

17 abril 2026

La economía de desgaste en la guerra

         "El Bloqueo", caricatura política (Knight Cartoons, obra de Mark Knight)


por Tito Andino
Revisión y resumen de varios artículos de actualidad.


Una interesante pregunta que se plantea y analiza diariamente por muchos expertos probablemente ya no es novedad. “¿Qué podría suceder cuando una dudosa victoria táctica de Estados Unidos/Israel oculta una derrota estratégica inminente? Nadie conoce a ciencia cierta cuáles son las reales reservas del belicoso dúo, pero los hechos parecen querer demostrarnos que el enorme coste material y económico de la defensa aérea israelí contra los económicos y letales misiles iraníes han inclinado la balanza en beneficio de Irán.

Debe quedar claro que los ataques de Irán no están destinados a “destruir” Israel, no se realizan para demoler edificios, peor aún para matar civiles. Esos ataques no han sido ni los más grandes ni los más mortíferos, los más sofisticados misiles balísticos apenas fueron puestos en acción tras semanas de guerra y toman pocos minutos en llegar hasta Israel.

El mensaje iraní es demostrar al pueblo de Israel que no son invencibles, que sus líderes les han mentido y que la propaganda ha dejado de ser un arma efectiva. Los ataques iraníes están diseñados para destruir la capacidad de defensa de Israel, degradar sus sistemas para una siguiente etapa, los complejos militares y centros vitales de Israel (industria y economía).

Los interceptores de defensa, sea cual sea el sistema utilizado por Israel (aquí no nos pondremos exquisitos en describir esos mecanismos conocidos por muchos) se disparan desde baterías instaladas por todo Israel, son eficaces, derriban misiles entrantes, pero luego viene otra ola de misiles y más lanzamientos de interceptores atajan un buen número de objetos atacantes; tras un corto y relativo tiempo de calma, una nueva ola de misiles se acerca, a veces puede ser en mayor número, e Israel consume más interceptores. No "conformes" los iraníes aún se atreven a lanzar otra oleada, obligando a Israel a lanzar más interceptores.

Cuando se anuncia el fin de la alerta, ¿cuántos interceptores de la defensa aérea israelí se habrán consumido? Revisemos un informe basado en un ejemplo verdadero que explica un ataque con cuatro oleadas de misiles iraníes en un intervalo de tres horas (durante la tercera semana de conflicto):

“Israel disparó 86 interceptores Arrow en menos de tres horas. La tasa de intercepción fue de aproximadamente el 78%, bajo cualquier estándar un rendimiento defensivo notable”. Las fuerzas de defensa de Israel declaran una defensa exitosa. Netanyahu y sus voceros alaban la preparación y capacidad de sus fuerzas armadas. El escudo de hierro es fuerte y se mantiene firme, una defensa “impenetrable” que, obviamente, no puede atajar todos los objetos entrantes, pero el 78% de éxito es técnicamente un logro inmenso ante misiles balísticos. Pero hay algo que esos titulares de los noticieros no mencionan, ha sido una noche aterradora, estratégicamente devastadora dirían otros, a pesar de que dibujan una victoria. Esos 86 interceptores representan aproximadamente 258 millones de dólares en municiones gastadas por Israel que no puede reemplazarlos a corto plazo.

Aquí entra en juego la trampa financiera: Misiles Arrow vs Misiles Iraníes, el éxito de impactos del Arrow requiere sensores, procesadores y propulsión al límite de la tecnología actual. Cada interceptor Arrow 2 cuesta unos $2.200.000 y los Arrow 3 valen unos $3.500.000 (aproximadamente), Israel los disparó combinados, estimaciones señalan un gasto total de al menos 258 millones (posiblemente superando los 300 millones de dólares).




Comparemos con lo que gastó Irán en ese ataque, sus misiles Ghadr-H cuestan aproximadamente entre 150.000 y 250.000 por unidad. El más avanzado Kheibar Shekan ronda entre los 300.000 y 400.000. Se usaron unos 160 misiles iraníes, si los ponemos a un costo promedio de $400.000 cada uno (que no es el caso, al menos no de todos), quiere decir que Irán gastó 64 millones de dólares o menos, obligando a gastar a Israel 258 millones de dólares como mínimo. Es una ventaja de costos de 4 a 1 para el atacante. El ejemplo es de una sola noche. Irán lanzó ataques similares separados por lo menos una docena de veces durante las tres primeras semanas del conflicto.

Irán entiende esto a la perfección. El caso del ejemplo no fue diseñado para abrumar las defensas en un solo ataque, estaba forzando el gasto insostenible de interceptores. Cada Arrow disparado es uno menos disponible para el día siguiente. Es una guerra de desgaste aplicada a la defensa antimisiles, las matemáticas favorecen abrumadoramente a Irán.

Un dato llamativo, la guerra empezó con cazas furtivos y misiles de crucero de precisión -como el Tomahawk-, dicen que las reservas de Tomahawk acumulados durante muchos años se ha reducido drásticamente; lo mismo se dice de los misiles de crucero JASSM, usados al máximo, se ha consumido casi todo el inventario de misiles de larga distancia, dejando a los poderosos, modernos y ultra caros cazas furtivos de última generación sin el material suficiente para ser empleado.

Un buen análisis señala que la guerra tendrá que dar un giro, probablemente drástico, comenzó con alta tecnología y probablemente termine “con bombas gravitatorias lanzadas desde aviones que hasta tu abuelo reconocería. Los viejos bombarderos B-52, más antiguos que el Estado de Israel, están lanzando ahora JDAMs no guiados directamente sobre Irán”. Para dibujarlo más claro, las JDAM (Joint Direct Attack Munition) son kits de guía que convierten bombas de caída libre convencionales ("bombas tontas") en armas guiadas de alta precisión ("bombas inteligentes") mediante tecnología GPS y sistemas de navegación inercial (como las que usa Rusia en territorio disputado a Ucrania con el fin de conservar sus preciados misiles de precisión).

Estamos tratando de economía de desgaste. Otro sencillo ejemplo de la relación coste-intercambio merece ser comprendido. Supongamos que el gasto ofensivo total de Irán durante toda la guerra es de 200 millones de dólares, para hacerlo frente el Pentágono solicita 200.000 millones de dólares en financiación suplementaria. “Eso es una proporción de 1.000 a 1, que es el tipo de retorno del capital por el que la mayoría de los fondos de riesgo matarían a muerte, aunque normalmente no en este extremo”.

Un dron Shahed de 50.000 dólares requiere la intervención de un Patriot de 3,87 millones para interceptarlo, ofrece a Irán una eficiencia de capital inigualable por enfrentamiento que los contratistas de defensa estadounidenses solo pueden admirar, pero que no les da vergüenza, ya que van a ganar mucho dinero, demasiado…

Otro ejemplo, Irán no tuvo, ni tiene una marina o flota aérea de guerra a destacar, no necesita de ninguna de ellas. La doctrina de la asimetría de costes es muy simple: miles de drones y misiles baratos con una dosis de paciencia para dispararlos uno a uno hasta que las matemáticas del interceptor se rompen.

Es una asombrosa asimetría financiera. El patrón es consistente, se disparan salvas de misiles diseñadas específicamente para agotar las reservas de interceptores israelíes. El costo acumulativo de defensa aérea de Israel se estimaba entre 1.800 y 2.300 millones de dólares en interceptores gastados (hasta finales de la tercera semana de guerra). El presupuesto de Israel no puede sostener operaciones defensivas de un cuarto de billón de dólares cada pocas noches. Por el otro lado, el presupuesto de defensa de Irán puede sostener sus ataques promedio de 64 millones dólares indefinidamente. No son especulaciones, se trata de evaluaciones estratégicas basada en datos disponibles (hasta la tercera semana de guerra) y divulgadas por expertos.

“La realidad estratégica se vuelve aterradora. Israel no puede fabricar interceptores Arrow a nivel nacional en cantidades suficientes para reemplazar lo que se está consumiendo (Arrow es un sistema israelí que Boeing fabrica bajo licencia), la capacidad de producción no existe en territorio israelí. La producción del Arrow está limitada por la capacidad de fabricación de la empresa Boeing en los Estados Unidos. El inventario de Arrows de Israel antes de este conflicto se estimaba en menos de 500 interceptores en total. La línea de producción operando bajo contratos y prioridades normales de tiempo de paz produce aproximadamente de 60 a 80 interceptores Arrow por año entre ambas variantes. Israel ha estado consumiendo esa cantidad de interceptores en una sola semana en este conflicto”.

Las matemáticas no cuadran, incluso si Boeing pudiera duplicar la capacidad de producción de inmediato, lo cual no puede hacer, aún tomaría un mínimo de 18 meses reemplazar lo que Israel ya ha disparado. Los ataques no se detuvieron el primer mes, fueron acelerándose. Esa es la realidad de la cadena de suministro que hace imposible un reemplazo rápido debido a restricciones de la física y la fabricación que el dinero no puede superar. “Cuando Israel realiza un pedido de emergencia de interceptores, el proceso de fabricación aún toma un mínimo de nueve meses, incluso con la designación de prioridad del Departamento de Defensa y Financiamiento ilimitado. Ese cronograma de nueve meses asume que todos los componentes están disponibles, que todos los proveedores están operando a su máxima capacidad y que no ocurren interrupciones en la cadena de suministro. Ninguna de esas suposiciones es cierta en este momento”.

Mientras tanto, el grupo industrial Shahid Bagheri de Irán opera múltiples instalaciones que producen misiles de cuatro a seis meses, con reservas medidas en miles durante dos décadas de producción. Irán puede mantener las tasas de ataque actuales durante meses sin nueva producción.

El negocio de este tipo de armamento es tan grande que los contratistas de defensa globales se enfrentan a una demanda sin precedentes en diversos conflictos. Estados Unidos tiene compromisos con Europa que, a su vez, suministra a Ucrania los sistemas de defensa aérea. “Taiwán está ordenando interceptores para un posible conflicto con China, compitiendo directamente contra los contratos israelíes por los mismos espacios de producción. Los países de la OTAN en Europa deben reponer sus propias reservas de defensa aérea. TODOS solicitan al mismo limitado grupo de proveedores. Todos los contratistas de defensa del planeta están operando a su máxima capacidad con retrasos en los pedidos que se extienden meses o años. Estados Unidos se han comprometido a suministrar interceptores Arrow adicionales bajo ayuda de emergencia, pero la entrega acelerada significa un mínimo de seis meses. Los Estados Unidos no mantienen reservas de Arrow”.

La defensa aérea israelí enfrenta decisiones de racionamiento, significa que toda la doctrina de defensa de Israel está en riesgo. Su defensa aérea en capas “Cúpula de Hierro” pierde su capacidad de defensa contra misiles balísticos. Significa priorizar objetivos y decidir qué ciudades defender y cuáles dejar expuestas, sus radares y sistemas de seguimiento deben determinar cuáles misiles representan una amenaza a ser interceptados y otros que se dejará sigan su trayectoria final, los ciudadanos saben que pueden ser sacrificados debido a la escasez de municiones.

Esta guerra está siendo observada por otras potencias, están tomando nota para replicar la misma táctica de producción de misiles y saturación económica. Si Irán gasta aproximadamente 64 millones de dólares una noche e Israel gastó un mínimo de 258 millones de dólares esa misma noche. Durante 20 días de ataques sostenidos, Irán habrá gastado unos 1.280 millones de dólares e Israel, solo defendiéndose, gastará una friolera cifra de más de 5.000 millones. “La ventaja de costos para el atacante es consistente y puede sostener el gasto indefinidamente”.





Por otro lado, no existen cifras realistas sobre el presupuesto anual de defensa iraní, el SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) en 2024 estimó el gasto en aproximadamente 7.900 millones de dólares, se piensa que la cifra es muy conservadora, está basada en datos presupuestarios oficiales y tipos de cambio de mercado. En respuesta a las tensiones regionales, la proyección para 2025 era que el gobierno iraní planeaba triplicar su presupuesto de defensa (145% al 200% según distintas fuentes). Estimaciones alternativas del IOD/IISS estiman que el gasto real en 2024 fue de casi 17.000 millones de dólares, incluyendo flujos de ingresos no detallados en el presupuesto público. Otras fuentes proyectaron para 2025 una cifra de 50.100 millones de dólares, sumando partidas extrapresupuestarias y exportaciones de petróleo directas a las fuerzas armadas.

En el otro bando, el presupuesto de defensa de Israel sigue siendo altamente variable debido a sus operaciones -en especial desde 2023- y las tensiones con Irán. Se afirma que en 2024 Israel gastó 46.500 millones de dólares (65% más que el 2023), que equivale al 8,8% de su PIB. En septiembre de 2025, la Knéset aprobó un suplemento de 9.300 millones de dólares para cubrir costos adicionales de la guerra en Gaza y el conflicto de 12 días con Irán (junio 2025). El presupuesto fiscal proyectado por el gabinete para 2026 se estableció en 34.630 millones de dólares, a pesar de que es inferior al gasto de 2024, es mucho más elevado que los niveles previos a la guerra (en 2023 eran 18.000 millones de dólares). En parte ese presupuesto es apoyado por la ayuda anual en asistencia militar de Estados Unidos, Israel recibe “oficialmente” 3.800 millones de dólares, de los cuales 500 millones se destinan específicamente a defensa antimisiles (como el sistema Cúpula de Hierro).

Volvamos a la economía de desgaste. En el ejemplo real presentado más arriba, el gasto iraní -sobre los 1.200 millones de dólares- es fácilmente sostenible para una campaña cuyo retorno estratégico al degradar las defensas israelíes hasta el colapso vale múltiplos del costo. En cambio, los interceptores no pueden reemplazarse lo suficientemente rápido. Más de 5.000 millones dólares es el valor estimado de la reserva de interceptores que se consumieron desde que comenzó este conflicto (hasta finales de la cuarta semana). Ese monto se evaporó entre festejos por las múltiples y exitosas operaciones defensivas; no obstante, el defensor que se dice ganador tras cada batalla, está perdiendo la guerra, a menos que logre destruir la capacidad de Irán; o se llegue a un real alto el fuego, que no parece estar funcionando.

En el balance de la economía de desgaste, la parte, más “débil” militarmente, puede llevar al límite logístico y financiero a una superpotencia militar simplemente saturando el espacio aéreo con tecnología barata, todas las reglas del juego táctico han cambiado dramáticamente. 

“La guerra económica asimétrica demuestra que el arma más peligrosa del siglo XXI no es el misil hipersónico indetectable, sino la capacidad de ensamblar miles de municiones rudimentarias a un costo minúsculo. La venta de la idea de la invulnerabilidad garantizada por la maravilla tecnológica de las defensas multicapa de Israel fue el motor de la inversión extranjera y del enorme crecimiento del sector de la alta tecnología. Cuando esa promesa se rompa el cielo deja de ser un escudo para convertirse de inmediato en una amenaza abierta a la fuga de capitales y la migración de talento altamente calificado. Las corporaciones multinacionales y las empresas emergentes que forman la columna vertebral de la economía nacional simplemente no pueden operar en un entorno donde sus infraestructuras críticas y su personal enfrentan el riesgo diario de impactos balísticos sin restricciones. El costo del seguro de riesgo soberano se dispararía hasta niveles paralizantes, asfixiando el comercio internacional y hundiendo el producto interno bruto en una espiral recesiva profunda de la cual sería muy difícil salir”.

Lo dicho, sin que hayamos puesto sobre el tapete los misiles hipersónicos, juguetes muy avanzados que Irán ha sacado a relucir para una nueva fase, que -lamentablemente- tuvo que llegar; no obstante, los misiles hipersónicos de última generación iraníes, prácticamente siguen en reserva, apenas han sido utilizados en casos concretos. A eso sumémosle la todavía no confirmada noticia que otras potencias están suministrando sofisticados misiles y defensa antiaérea a Irán aprovechando la "tregua".

El escenario descrito no es solo en Israel, se aplica a todo el Oriente Próximo, a los aliados árabes de EE. UU. (las petromonarquías), Irán ha logrado lo mismo contra esos aliados de Estados Unidos, llevados hacia la trampa de agotamiento asimétrico. EE. UU. y sus aliados regionales han utilizado cientos de interceptores de diverso tipo, han consumido cientos de millones de dólares en defensa para interceptar masivas olas de drones baratos del ejército iraní. Sí, drones baratos, porque los misiles se reservan para blancos específicos. Y no, EE. UU. no mantiene reservas ilimitadas junto a los países del Golfo Pérsico, están consumiendo las reservas de carísimos interceptores, es como querer mantener la brasa de una fogata quemando billetes de cien dólares. Según cálculos de especialistas, las monarquías del Golfo emplearon cientos de misiles interceptores Patriot para derribar alrededor del 70% de drones iraníes de bajo costo. Una vez más, ¿cuánto cuesta cada uno de estos misiles? y, ¿cuánto se gasta en interceptar un solo dron de pocos miles de dólares?, sí, millones. Irán asumió un gran riesgo para entablar batalla y su juego ha dado resultados hasta el momento.

En un mes de conflicto la cifra fue multiplicándose. Datos de Bloomberg estiman que el total de misiles interceptores utilizados en Israel y Próximo Oriente supera los 2.400, que también se estima es casi la totalidad del arsenal existente previo a la guerra. Blomberg pregunta si saben cuántos interceptores tiene Estados Unidos en su arsenal… 2.800 (según la fuente); ¿cuánto se han consumido? 2.400. No quedan muchos disponibles en reserva, y cómo van las cosas se tendrá que hacer uso de ellos, al ritmo actual se agotarán en poco tiempo, las defensas habrán caído… fabricar más, sí, se puede, lo explicamos esto más arriba (cálculos de Bloomberg, pero en realidad es imposible saber cuáles son las reservas reales que se mantienen en los EE. UU.) No debemos olvidar que Estados Unidos posee otro tipo de poderosos misiles balísticos convencionales que se vería obligado a usarlos ante la situación empantanada en que se halla tras caer en la trampa del agotamiento asimétrico.


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¿Dónde hay más interceptores? En las bases de EE. UU. en Corea del Sur, técnicamente pertenecen a Corea del Sur, otros pertenecen a Taiwán, no se sabe cuántos quedan en Ucrania, también en Polonia hay cierta cantidad. Hablamos de los que EE. UU. podría dar uso “inmediato” al ser trasferidos a Oriente Próximo; Polonia se ha negado rotundamente a cederlos. ¿Y si China ve que es el momento de intervenir en Taiwán? ¿Y si el “loco” de Corea del Norte se le apetece arreglar cuantas con sus hermanos del sur? ¿Y si Rusia destruye los que quedan en Ucrania? (algo de eso pasó en Odessa ante una posible transferencia, según fuentes no contrastadas). Todavía quedan interceptores en otros países de la OTAN, pero dadas las cosas eso va en contra de los intereses de la Unión Europea. Los interceptores que están por allí son propiedad de otros estados, se les exige en su cesión a pesar de que ya no son propiedad estadounidense.

Estados Unidos planteó cara a Corea del Sur, tras venderles los interceptores Patriot a un costo de más de un millón de dólares por unidad (sin contar el valor de las lanzaderas) ahora les dicen: "¿dónde van a guardarlos?" "No disponen de bases adecuadas, se pueden echar a perder. Nosotros tenemos bases en territorio coreano, los guardo por ti… Te defenderé por si eres atacado, estamos entrenados...”. Ya hace un par de semanas que se transfirieron esos interceptores a Medio Oriente con el fin de usarlos para detener drones Shahed que van desde los 5.000 hasta los 35.000 dólares por unidad. Según versión estadounidense, con “suerte” el enemigo usará misiles más sofisticados y se justificará el costo. ¿Transferencia o robo?

Como dicen analistas de Blomberg, RT y otras fuentes, Estados Unidos no estaba preparado para una guerra de drones, a pesar de monitorear el conflicto ucraniano, seguían imaginándose que chocarían con un enemigo que lucharía con aviones, tanques de guerra y cientos de misiles nada o algo sofisticados. La concepción de la guerra ha cambiado drásticamente en pocos años, los drones baratos son tan efectivos como la alta y cara tecnología militar de Estados Unidos, ahora en obsolescencia, esa es la mayor vulnerabilidad de la poderosa potencia mundial.

Estados Unidos e Israel subestimaron a Irán, a pesar de sus experiencias recientes (Guerra de los 12 Días), no estaban preparadas para una guerra moderna basada en drones, me refiero a pequeños y económicos drones de uso militar que atacan en enjambre, que nada tienen que ver con los poderosos drones o aviones no tripulados de los que fue pionero EE. UU. Además, los drones de largo alcance como el Gerán y otros de alcance medio, aún los baratos drones Shahed, le han complicado la existencia a la superpotencia. 

Cuando EE.UU. ha decidido fabricar “pequeños” drones suicidas se ha topado, en primer lugar, con las sagradas reglas del negocio, el “producto de calidad” industrial se impondrá a un alto costo. Tendrán nuevas armas, se harán pruebas, pero no estarán listas para usarse en este conflicto, no habrá suficientes drones en un tiempo prudencial a menos que prolonguen el conflicto por largos meses; peor aún, no podrá producirse a un costo bajo como el producto iraní, las leyes del capitalismo salvaje insisten siempre en el beneficio económico sobre todas las cosas.

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