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12 mayo 2026

El fin del sistema de poder global posterior a la Segunda Guerra Mundial




por Richard Wolff
Título original:
"The End of the Post-WWII Global Power System"
abril 2026


Nota del editor del blog

El análisis del economista Richard Wolff titulado "The End of the Post-WWII Global Power System" argumenta que los conflictos actuales marcan el colapso del sistema de poder global establecido tras 1945. Wolff sostiene que la hegemonía estadounidense y el sistema basado en el dólar enfrentan una crisis estructural definitiva, la cual es minimizada por los medios convencionales. 

Este análisis de Richard Wolff es muy buscado porque ofrece una perspectiva económica y estructural que no siempre se encuentra en los medios tradicionales, el núcleo de su mensaje sobre el declive del sistema global es inconfundible. Si le interesa profundizar en el pensamiento de Wolff, le recomiendo buscar su programa semanal llamado "Economic Update", ahí suele desglosar estos mismos temas con datos actuales. 

Este mundo de la “posguerra” -probablemente- nos marque el fin del "siglo americano", y nos enrumbe hacia un nuevo sistema monetario, o quizá no, nada está dicho aún. Los imperios no suelen sucumbir sin dar lucha… 

Solo recordar que en la posguerra mundial, la reconstrucción de Europa vio surgir un nuevo orden global tras encontrarse desbastada y sumida en una profunda crisis. En 1948, ante la supuesta incapacidad de las naciones para recuperarse por cuenta propia, la iniciativa estadounidense conocida popularmente como "Plan Marshall" inyectó miles de millones de dólares con el fin de rehabilitar la industria y la infraestructura europea. Sin embargo, más allá de la filantropía, el proyecto funcionó como una herramienta política clave para contener la influencia soviética. Al finalizar, el plan no solo logró la estabilidad económica de la región, sino que estableció a Estados Unidos como la principal potencia mundial, demostrando que la economía puede ser tan determinante como las armas en la geopolítica.


Una ilustración soviética satirizando el Plan Marshall. Artista: Juliy Ganfa (1950)


Luego, en 1974, otra brillante idea estadounidense forjó el dominio del dólar en el comercio mundial, el petrodólar consolidó el poder de los Estados Unidos sobre la economía global. Ahora, todo indica que medio siglo después este sistema de control económico global se está desmoronando. ¿Podrá EE. UU. remediar este colapso ya sea mediante guerras o inteligentes tratados económicos?  

Leamos el análisis económico y geopolítico de Richard Wolff que está dirigido al público estadounidense.

**********

Lo que está pasando frente a sus ojos en este momento no es simplemente otra guerra más en el Medio Oriente, no. Lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo, mucho más estructural, algo que los grandes medios de comunicación en este país no quieren que usted entienda con claridad. Estamos presenciando en tiempo real el principio del fin de un sistema de poder global que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial y que durante décadas ha dictado las reglas del juego económico, militar y político para todo el planeta.

La hegemonía estadounidense está desmoronándose en tiempo real y el debate en torno a los ataques de febrero de 2026 contra Irán refleja precisamente esa incertidumbre profunda que ahora sacude los cimientos del orden global. Y lo que hace esto particularmente fascinante y también perturbador es que mientras el Imperio intenta consolidar su dominio, los países que han sido sus blancos más consistentes están encontrando formas nuevas, inteligentes y muy concretas de resistir y avanzar.

China e Irán, dos naciones que Washington ha tratado de aislar, sancionar y debilitar por décadas. están emergiendo de esta crisis con más fuerza geopolítica de la que tenían antes de que comenzaran los bombardeos. Vamos a hablar de esto con la honestidad y la profundidad que merece, porque usted que vive en este país, que trabaja en este país, que paga impuestos en este país, merece saber exactamente a dónde van esos recursos, exactamente qué tipo de mundo se está construyendo con ese dinero y exactamente qué significa todo esto para su vida cotidiana, para su economía, para su futuro.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría, a la izquierda el texto dice: "Se exprimirá hasta el último centavo, ya que el contribuyente tiene que...  ". Derecha, una representación del "Capitalismo Popular". De la serie Lápiz de Combate.


El conflicto con Irán comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel dirigidos contra el liderazgo iraní y su infraestructura militar, incluyendo el asesinato del líder supremo Ali Jamenei. La operación fue bautizada con el nombre de operación “Furia Épica”, un nombre que en sí mismo nos dice mucho sobre la mentalidad que gobierna las decisiones de Washington en este momento. No es una operación de seguridad, es teatro, es espectáculo, es la proyección de una imagen de fuerza que paradójicamente cada vez que se despliega revela con mayor claridad la debilidad estructural que intenta ocultar. Irán retalió con ataques de misiles y drones contra objetivos estadounidenses e israelíes, así como contra los estados del Golfo que albergan fuerzas americanas, lo que provocó cierres de espacio aéreo y ataques contra infraestructura crítica.

Ahora bien, quiero que pensemos juntos en algo que casi nadie en los medios corporativos de este país se detiene a analizar. El jefe de la Agencia Internacional de Energía describió la situación causada por la guerra como el mayor desafío de seguridad energética global en la historia. Piénselo bien -en la historia-, no en los últimos 10 años, no en las últimas décadas, en toda la historia registrada de la economía energética global. Y sin embargo, ¿cuántas horas de cobertura profunda, analítica, estructural ha visto usted en los grandes canales de televisión de este país? Muy poco, porque el sistema mediático que funciona aquí no está diseñado para informarle, está diseñado para distraerle, para simplificarle la realidad hasta convertirla en algo que no le haga cuestionar las decisiones que se toman en su nombre.

La guerra de Estados Unidos contra Irán puede haber parecido un movimiento irracional de un presidente tan impulsivo como destructivo. Pero había una lógica geopolítica detrás del ataque basada en el deseo de Washington de negarle a China el acceso a recursos vitales. Esto es lo que hay que entender. No se trata de democracia, no se trata de derechos humanos, no se trata de armas nucleares, aunque ese sea el argumento oficial que se repite sin fin. Se trata de recursos. Se trata de quién controla el flujo de energía en el siglo XXI. Se trata de una competencia brutal, despiadada entre dos grandes potencias, Estados Unidos y China, por definir quién va a dominar la economía global en las próximas décadas.

E Irán, con su territorio, con su petróleo, con su posición estratégica en el Golfo Pérsico se convirtió en el campo de batalla de esa lucha. Las guerras de recursos entre Estados Unidos y China han acelerado la determinación de ambos lados de escapar de sus dependencias mutuas. Las dos grandes potencias están desmantelando la economía integrada que tardaron 50 años en construir juntas. Hay algo profundamente irónico en todo esto que quiero que aprecie. 

El sistema capitalista global que Washington siempre presenta como la forma más avanzada de organización económica humana, creó una interdependencia tan profunda entre la economía americana y la economía china, que ahora cuando esas dos potencias quieren separarse, el proceso mismo de separación amenaza con destruir la economía global entera. Eso no es una anomalía, eso es una contradicción fundamental del sistema. Y esas contradicciones cuando maduran producen exactamente lo que estamos viendo hoy: guerras, sanciones, bloqueos, crisis energéticas, inflación y trabajadores ordinarios en todo el mundo pagando el precio de las ambiciones de las élites.

El estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento global para los envíos vitales de energía, se ha convertido una vez más en el epicentro de la escalada de la tensión geopolítica a finales de 2025 y principios de 2026. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente central para entender lo que está pasando. El estrecho de Ormuz es la garganta del mundo. Por ese canal estrecho pasa aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el planeta. Cuando Irán, como respuesta a los bombardeos, declaró ese estrecho cerrado para los barcos que apoyaban a Estados Unidos, no estaba haciendo una declaración política abstracta, estaba poniendo sus manos en la palanca de control más poderosa que tiene a su disposición y el mundo lo sintió inmediatamente.

Muy lejos de paralizar a sus rivales, la estrategia estadounidense parece estar acelerando un cambio fundamental en las alianzas globales y la dinámica del poder marítimo. Esto es lo que los estrategas de Washington parecen no haber calculado correctamente o si lo calcularon lo ignoraron. Cuando ejerces poder de una manera tan abiertamente agresiva, tan claramente desproporcionada, tan evidente en sus motivaciones económicas reales, no produces sumisión, produces resistencia, produces coalición, produces exactamente el tipo de unidad entre tus adversarios que supuestamente estabas tratando de prevenir. China sigue siendo un salvavidas para la economía iraní, duramente golpeada por las sanciones internacionales.

En 2025, China compró más del 80% del petróleo exportado por Irán con un descuento significativo, lo que representó el 13.5% de todo el petróleo que China importó por vía marítima. Detengámonos aquí un momento porque esto es enormemente revelador. Las sanciones que Washington lleva décadas imponiendo contra Irán, que se supone que debían aislar a ese país, que debían castigar a su gobierno, que debían obligarlo a ceder ante las demandas americanas, lo que realmente produjeron fue una dependencia económica creciente entre Irán y China. Cada sanción que Washington impuso fue en la práctica un empujón que acercó más a Teherán a Pekín. Eso no es un accidente geopolítico, es el resultado predecible de una estrategia que prioriza la coerción sobre la diplomacia. Para Teherán y Pekín, elevar el yuan es una situación en la que ambos ganan. El uso de esa moneda permite a China e Irán eludir las sanciones estadounidenses impuestas a través del sistema financiero dominado por el dólar. También simplifica y reduce el costo del comercio entre las partes, que ha crecido enormemente bajo la asociación estratégica a 25 años firmada en 2021.


Dos caricaturas de la Guerra Fría, de la serie "Lápiz de Combate". A la izquierda el texto dice:  "Los yanquis esparcieron cebo, pero hay engaño oculto en él: quien sea tentado por el cebo, terminará en su propio bolsillo".


Este es el verdadero significado de lo que está pasando en el plano financiero. No es simplemente una disputa comercial, no es simplemente una rivalidad entre monedas, es un ataque directo al mecanismo más poderoso de dominación que tiene Estados Unidos sobre el resto del mundo. El dólar como moneda de reserva global y como instrumento de las sanciones económicas. La supremacía del dólar es especialmente evidente en el mercado global del petróleo, donde aproximadamente el 80% de las transacciones se liquidan en esa moneda según una estimación de 2023 de JP Morgan Chase. Imagínese lo que significa eso. Cada vez que un país del mundo compra petróleo, independientemente de dónde sea ese país y de dónde venga ese petróleo, tiene que pasar por el sistema financiero del dólar, tiene que mantener reservas en dólares, tiene que hacer negocios según las reglas que Washington establece y Washington puede en cualquier momento excluir a cualquier país de ese sistema simplemente declarando sanciones.

Eso es poder Imperial en su forma más pura, más sofisticada, más moderna. No es el poder de las legiones romanas marchando por los caminos del imperio. Es el poder de los algoritmos financieros y los sistemas de transferencia bancaria internacional, pero el efecto es el mismo. Dominación.

En junio de 2025, una nueva fase de la iniciativa de la franja y la ruta de China se inauguró con la apertura del ferrocarril Irán - China. Esta conexión directa entre Irán y Asia Central y China ofrece un corredor económico alternativo para las exportaciones de petróleo y minerales, permitiendo navegar alrededor de las sanciones estadounidenses y los cuellos de botella marítimos como el estrecho de Malaca. Esto es estrategia a largo plazo.

Mientras Washington piensa en términos de ciclos electorales de cuatro años, de ocho años, Beijing piensa en términos de décadas, de generaciones, de siglos. El ferrocarril que conecta Irán con China directamente por tierra, sin pasar por ningún estrecho que la marina americana pueda bloquear, es exactamente el tipo de infraestructura que hace que las sanciones y los bloqueos marítimos pierdan su poder. Es la respuesta estructural, física, concreta a la amenaza financiera y militar que representa el poderío estadounidense.

Desde 2025, Estados Unidos se enfrenta a un desafío coordinado, pero fragmentado, de China, Rusia e Irán. Etiquetada como un eje de revisionismo. Su asociación se basa menos en tratados que en una resistencia compartida a las instituciones lideradas por Estados Unidos. Esta convergencia se profundiza a través de la cooperación en el marco de los BRICS, ejercicios militares conjuntos y apoyo mutuo en foros globales como el Consejo de Seguridad de la ONU. Y aquí hay algo que los comentaristas de los medios corporativos presentan siempre de una manera distorsionada. Llaman a esto “un eje del mal”, un eje del revisionismo, como si China, Rusia e Irán fueran un bloque monolítico de villanos que quieren destruir el orden mundial por puro malicia. Pero si uno se toma el trabajo de examinar las cosas con honestidad intelectual, lo que se ve es algo mucho más comprensible. países que han sido objeto de presión, sanciones, intervenciones y agresiones por parte de Washington están respondiendo, coordinándose entre sí para reducir su vulnerabilidad. Eso no es malicia, es política de supervivencia y funciona exactamente según las reglas del sistema de relaciones internacionales que los propios estrategas americanos enseñan en sus universidades.

En años recientes, Irán ha buscado formalizar su pivote hacia el este, uniéndose a la Organización de Cooperación de Shanghai en 2023, a los BRICS en 2024, al alcanzar un acuerdo de asociación estratégica integral con China y al firmar un tratado de asociación estratégica integral a 20 años con Rusia en enero de 2025. Piense en la velocidad de eso, en el espacio de apenas dos años, Irán pasó de ser un país relativamente aislado diplomáticamente a ser miembro formal de las dos estructuras multilaterales más importantes que existen como alternativa al orden liderado por Washington. Eso no es casualidad, eso es el resultado directo de décadas de presión americana que empujó a Irán hacia esas alianzas alternativas. (Nota del editor: La posición de ciertos países miembros de los BRICS sigue siendo ambigua, porque hay países miembros de pleno derecho, entre los cuales están Rusia y China y nuevos miembros admitidos entre 2024 y 2025, entre los que contamos a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Irán, pero los dos primeros están tácitamente en guerra contra Irán al permitir el uso de sus territorios para atacar a Irán; la posición de la India también ha sido vacilante. Lo que se puede deducir es que EE. UU. buscará la manera de desestabilizar a los BRICS; y, no hay que ser mago para intuir que los emiratíes y saudíes terminarán obedeciendo a quienes los han controlado a través del petrodólar). 

La política de máxima presión de Washington no aisló a Irán, integró a Irán en el bloque de potencias que compiten con Estados Unidos. Un escenario más severo en el que el conflicto persiste durante varios meses podría ver los precios del petróleo subir hasta alrededor de $130 por barril antes de declinar en la segunda mitad del año. Y quiero que usted que vive en este país, piense en lo que eso significa para su vida cotidiana. $130 por barril de petróleo no es un número abstracto en un informe de Chatham House son los precios de la gasolina que paga cada vez que va a la estación. Es el costo del transporte que se incorpora al precio de cada producto que compra en el supermercado. Es la factura del gas natural para calentar su hogar en invierno.


Caricatura soviética de la Guerra Fría. "Debido al robo de monopolios. Colegas en un papel poco envidiable: Ministros hoscos se sientan alrededor del bote vacío". 


Las guerras que se libran en nombre de la seguridad nacional americana no son gratuitas y el costo más inmediato, más directo, más injusto siempre lo pagan los trabajadores ordinarios, los que no tienen lobistas en Washington. Los que no tienen reuniones en la Casa Blanca, los que simplemente van a trabajar, pagan sus impuestos y ven como su poder adquisitivo se erosiona año tras año como consecuencia de decisiones que nunca se les consultaron.

Los sistemas hegemónicos raramente colapsan de repente, más frecuentemente se debilitan gradualmente a medida que la confianza en el poder dominante disminuye. Esto es algo que la historia nos enseña con una consistencia notable. El Imperio Romano no cayó en un día. El imperio británico no colapsó en un momento. Fue un proceso largo, gradual, lleno de momentos en los que parecía que nada estaba cambiando, seguidos de erupciones súbitas que revelaban cuánto había cambiado todo por debajo de la superficie. Y lo que estamos viendo ahora con China comprando el petróleo iraní en yuanes con el ferrocarril que conecta Teherán con Pekín, con los BRICS expandiéndose, con el bloqueo americano del estrecho de Ormuz fallando en sus objetivos. Es exactamente ese tipo de erosión gradual, pero acumulativa de la hegemonía.

El significativo rechazo global contra el conflicto de Estados Unidos e Israel en Irán ya ha desafiado seriamente los fundamentos de la posición global de Washington. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente crucial entender. El poder de Estados Unidos en el mundo nunca fue únicamente militar. El poder americano siempre tuvo tres dimensiones. La dimensión militar, sí, pero también la dimensión económica y la dimensión moral, lo que los politólogos llaman poder blando. La capacidad de presentarse ante el mundo como el defensor de los derechos humanos, como el garante del orden internacional basado en reglas, como el modelo al que los demás países deberían aspirar.

Esas tres dimensiones del poder se reforzaban mutuamente. Cuando una se debilita, las otras también se ven afectadas. Y hoy la dimensión moral está en su punto más bajo en décadas. La imagen de Estados Unidos bombardeando Irán junto a Israel en un conflicto que el jefa de la Agencia Internacional de Energía describió como el mayor desafío de seguridad energética en la historia, no es una imagen que inspire adhesión y admiración en el mundo.

Beijing criticó los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán durante la guerra de 12 días en 2025, pero no proporcionó apoyo material a Teherán. A pesar de ser un socio estratégico integral de Irán, Beijing también apoyó sanciones económicas lideradas por la ONU contra Irán antes del acuerdo nuclear de 2015. Y desde entonces ha demorado la inyección de inversiones en la economía iraní y esto nos lleva a una dimensión que es importante no romantizar. China no es un actor altruista en todo esto. China no está apoyando a Irán por principios de solidaridad antiimperialista. China está jugando su propio juego de interés nacional y ese juego es, como dice muy claramente el análisis de Chatham House, un juego largo. Beijing ve en Irán no solo un proveedor de petróleo a precio de descuento, sino una pieza en un tablero geopolítico mucho más grande. una pieza que en este momento le es conveniente mantener viva y funcional, pero sin comprometerse de una manera que pudiera dañar sus propios intereses económicos con Occidente.

Para Estados Unidos, la disminución en la disponibilidad de bienes de menor precio provenientes de China ha contribuido significativamente a un problema de asequibilidad. Reintroducir productos chinos más baratos es una parte importante de la solución. Al mismo tiempo, Estados Unidos no puede continuar siendo económicamente dependiente de una nación con la que tiene relaciones militares potencialmente hostiles. Esta es la trampa perfecta en la que Washington se ha metido a sí mismo. Necesitas a China económicamente porque décadas de política industrial dejaron a la economía americana dependiente de la manufactura china. Pero al mismo tiempo declaras a China tu principal adversario estratégico y tomas acciones militares que profundizan esa hostilidad. Es una contradicción que no tiene solución fácil dentro del marco político actual y el costo de esa contradicción, una vez más lo pagan los trabajadores y las familias de clase media en este país, que no pueden comprar productos básicos a precios razonables porque las cadenas de suministro globales están fracturadas por conflictos que sirven a los intereses de las corporaciones y los grupos financieros, no a los de la gente ordinaria.

Irán claramente entiende la importancia de este desafío a la dominancia financiera de Estados Unidos, así como el papel vital del sistema del dólar y los petrodólares, dijo el profesor Bülent Gökay de la Universidad de Keele (Inglaterra) al medio Al Jazeera. Y tenemos que tomarnos en serio esa observación porque nos habla de algo que va mucho más allá de la geopolítica inmediata. La batalla por el futuro del sistema monetario internacional es, en última instancia, la batalla más importante de todas, porque quien controla el sistema monetario controla las condiciones en las que todo el mundo comercia, invierte, se endeuda y se desarrolla.

El dólar como moneda de reserva global le ha dado a Washington una capacidad extraordinaria de financiar su déficit, de imponer sanciones, de proyectar poder sin pagar el costo completo de ese poder. Si ese privilegio se erosiona, si el mundo encuentra maneras de comerciar sin pasar por el sistema del dólar, las consecuencias para la economía americana serían profundas y muy difíciles de manejar.

Las iniciativas dentro del bloque BRICS destinadas a reducir la dependencia de las instituciones financieras dominadas por Estados Unidos, reflejan una búsqueda más amplia de alternativas al orden existente. Y esas alternativas no son ya una aspiración abstracta de un grupo de países del llamado sur global. Son realidades concretas, funcionales, que están ganando masa crítica. La adhesión de Arabia Saudita a los BRICS es quizás el símbolo más poderoso de este cambio. Arabia Saudita, el país que en 1974 acordó con Washington vender todo su petróleo exclusivamente en dólares, dando origen al sistema del petrodólar que ha sostenido la hegemonía financiera americana por 50 años. Ese mismo país hoy es miembro de los BRICS y está explorando activamente cómo comerciar en monedas alternativas (Nota del editor: EE. UU. difícilmente permitirá que Arabia Saudí salga de su control, tiene los mecanismos financieros para impedirlo, está por verse que harán los principitos ante esta disyuntiva).


Caricatura política satírica soviética de la época de la Guerra Fría, conocida comúnmente como "El pastel de la SDI" o "Pastel de la guerra". (SDI: Iniciativa de Defensa Estratégica o “Star Wars”). Las figuras representan al complejo militar-industrial y aliados occidentales de EE.UU., retratándola como una búsqueda de ganancias económicas a través del gasto militar y la guerra. Obra de Joseph Efimovsky, 1987. 


Si eso no le dice algo fundamental sobre la dirección en que se mueve el mundo, no sé qué podría decirle, pero también quiero que seamos honestos sobre las tensiones y las limitaciones de lo que está pasando, porque la realidad geopolítica nunca es tan limpia como ningún bando quisiera presentarla. China tiene sus propias contradicciones internas, tiene su propio problema de deuda, sus propias tensiones sociales, sus propias dificultades económicas. Irán está saliendo de este conflicto con su infraestructura dañada, con su economía bajo presión enorme, con su liderazgo político en una situación de incertidumbre profunda. China ve a Irán como un juego largo, que la campaña de máxima presión de Estados Unidos puede ayudar inadvertidamente a ganar. Eso significa que China no va a apresurarse a rescatar a Irán de manera abierta y costosa. Va a seguir acumulando ventajas de manera paciente y calculada, lo que para Irán en el corto plazo significa seguir sufriendo las consecuencias de una guerra que, en parte fue provocada por la competencia entre Washington y Pekín.

A pesar de las grandes pérdidas que ha sufrido su ejército, Irán todavía tiene suficientes misiles y drones para cerrar efectivamente el estrecho de Ormuz mientras permite el paso de sus propios petroleros. El control de Teherán sobre esa estrecha vía acuática es su arma más potente, mientras los mercados energéticos mundiales sufren por la escasez y esto nos habla de algo importante sobre la naturaleza del poder en el siglo XXI. La superioridad militar abrumadora no se traduce automáticamente en victoria política. Estados Unidos tiene el ejército más costoso y más tecnológicamente avanzado en la historia humana y sin embargo, no puede abrir el estrecho de Ormuz sin desencadenar consecuencias que su propia economía no puede absorber fácilmente. Ese es el límite del poder militar en un mundo interdependiente.

La fuerza puede destruir, pero no puede necesariamente construir el tipo de orden que necesitas para que ese poder sea sostenible. Lo que estamos viviendo en este periodo histórico es nada menos que el reordenamiento del mundo. No es el fin de Estados Unidos como potencia. Es el fin de la era de la unipolaridad americana, de ese breve periodo entre el colapso de la Unión Soviética en 1991 y el momento actual en que Washington pudo actuar en el mundo sin contrapesos efectivos. Ese periodo está terminando y está terminando no porque ningún país haya derrotado militarmente a Estados Unidos, sino porque las propias contradicciones del modelo económico y geopolítico americano lo están erosionando desde adentro. Los gastos militares crecientes, la desindustrialización interna, la desigualdad social creciente, la infraestructura deteriorada, la polarización política, todo eso es parte del mismo cuadro. Un sistema que devora enormes recursos a la proyección de poder en el exterior mientras descuida las condiciones de vida de su propia población está plantando las semillas de su propio debilitamiento.

Y la pregunta que todos debemos hacernos y especialmente aquellos de nosotros que vivimos en este país y que tenemos una responsabilidad democrática sobre lo que este país hace en el mundo es la siguiente: ¿Qué tipo de transición queremos? Porque la transición hacia un mundo multipolar es en este punto probablemente inevitable. La pregunta no es si va a ocurrir, sino cómo va a ocurrir, si va a ocurrir de una manera ordenada, negociada con instituciones internacionales fortalecidas y con respeto a los derechos y la soberanía de todos los pueblos, o si va a ocurrir de la manera más peligrosa posible a través de guerras, crisis financieras, colapsos de sistemas con todos los sufrimientos humanos que eso implica.

Y esa elección en parte depende de nosotros, de cómo entendemos lo que está pasando, de qué tipo de liderazgo elegimos, de qué narrativas aceptamos y cuáles cuestionamos.

Por eso importa lo que estamos hablando aquí hoy.

Richard Wolff

*El material gráfico es añadido por el editor de este blog

26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels (intercalando nuestras personales notas). La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo de impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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21 abril 2026

¿A quién sirve realmente Donald Trump?


La guerra de Irán del generalísimo Trump. Crédito de la ilustración: DonkeyHotey en Who What Why (CC BY-SA 2.0). whowhatwhy.org


por Tito Andino


¿Qué podemos esperar de un multimillonario como Donald Trump en el gobierno de los Estados Unidos dirigiendo la guerra contra Irán?

“Los ricos son una especie de animal grande y peligroso, parasitarios y dañinos y hombres en su mayoría, aun cuando hay mujeres ricas también, que aunque nacidos en cualquier extracto social ocupan las elites del poder y del dinero, verdaderos barones del poder, y hoy han acumulado dinero como nunca antes en la historia moderna, que manipulan todo lo que les interese manipular y que persiguiendo sus intereses pueden ser criminales pero no pagan por ello”. (Mario y Nora Fernández)

A pesar de lo que se dice dentro y fuera de los Estados Unidos respecto a la desastrosa guerra contra Irán, el presidente Trump no está solo, y no lo estará, a pesar de los llamados a destituirlo. Pese a que hay dos bandos dentro de los EE. UU., estos defienden la misma política y economía, simplemente rivalizan por manejar las finanzas globales, y no dejarán de respaldarse cuando de beneficios se trata. Es el poder económico quien controla el destino de la -hasta ahora- nación más poderosa del mundo en el último siglo.

Las élites no son simples millonarios que juegan a hacer más dinero, a pesar de que sus fortunas se cuentan en miles de millones de dólares y quizá ni siquiera lleguen al 1% de la población. Esta clase dominante cuenta con el respaldo de una estructura social-económica más “baja”, de los ricos y acomodados, de la clase política privilegiada, quienes sirven a la elite dominante, son su “base social”. Es decir, “la élite dominante cuenta con la escolta de otros ricos inferiores, que forman una especie de pirámide de acomodados, a quienes se suman altos administradores y políticos que ayudan a la elite dominante a manejar el aparato político mundial, cuenta la élite además con no pocos adulones profesionales y aspirantes a millonarios que incluyen incluso a hampones que trafican drogas, personas y servicios”.

El presidente Trump encaja no en la clase adulona, el pertenece al Top de la élite.

Con estas cortas reflexiones pasemos al tema de actualidad, la guerra con Irán y la posición de la élite estadounidense respecto a Mr. Trump.

Un hecho que pocos se percataron en la posesión del presidente Donald Trump (segundo mandato), es que los demócratas sentados a su lado, con Joe Biden a escasos metros, permanecían de piedra, nadie de ese grupo aplaudió a Trump en ningún instante; pero, cuando pronunció la palabra Israel y su defensa a ultranza, con cualquier medida que sea necesaria, Biden y los suyos se pusieron de pie, aplaudieron. El presidente entrante recibió ovaciones de todos en el Congreso (Demócratas y Republicanos). ¿Por qué?

Responderé citando al Coronel Douglas Macgregor, quien -durante la presente crisis bélica con Irán, se refirió al Congreso de los EE. UU.: “efectivamente todos han sido comprados por el lobby de Israel y los multimillonarios que respaldan al lobby de Israel han comprado a estos candidatos y como resultado casi no tengo ninguna simpatía en absoluto por el Congreso, son tan culpables de todas estas tonterías como el presidente”.

Este es el punto de polémica perpetua, ¿en realidad existe esa influencia -por no decir, dominación- de Israel sobre Estados Unidos? Sería un poco simplista afirmarlo positivamente. Evidentemente hay mucha presión e influencia, no lo dudamos, pero a que sean dueños de EE. UU., está muy lejos de ser verdad, a pesar de que aquí -más adelante- se aprecie como contradicción unos datos perturbadores. La relación entre ambos países es, efectivamente, uno de los temas más analizados y debatidos en la política internacional. Verdaderos analistas y expertos suelen destacar la combinación de varios factores que explican esa influencia mutua. Comenzando con que la comunidad judía es muy próspera en Estados Unidos, los multimillonarios y gente de prestigio en diferentes ramas sobreabundan y se dice que su fidelidad está con Israel, más que su misma fe religiosa o al país que le otorga su nacionalidad (Estados Unidos); a su vez, son un dilema público en cuanto a las comunidades judías ortodoxas.

Los grupos de presión (lobbies), organizaciones como AIPAC trabajan activamente en Washington para asegurar que los intereses de Israel sean prioridad en la agenda legislativa. Tenemos el valor estratégico que los vincula desde la Guerra Fría, EE. UU. ha visto a Israel como un socio tecnológico y de inteligencia clave en una región muy inestable. Estados Unidos convirtió a Israel en su base militar en Oriente Próximo y lo utiliza, generalmente, cuando de intervenir militarmente se trata, actúan juntos. El caso iraní lo demuestra.

Esa gran afinidad política y cultural se expresa en el apoyo histórico de gran parte del electorado estadounidense que es muy sólido (hasta el momento), tanto de los cristianos evangélicos (cristianos en general) como de los sectores judíos, a pesar que son confesiones no homogéneos. Esos grupos presionan a sus representantes, financian campañas e incluso ponen sus candidatos al Congreso y hasta a la presidencia de los EE.UU. para seguir conservando el respaldo político, la ayuda económica y militar que necesita Israel.

Ese sistema de alianzas es muy complejo, no puede ser explicado con simplicidades. Generalmente los intereses de seguridad nacional de ambos países suelen alinearse, aunque no siempre estén de acuerdo en todo. Israel ha demostrado que puede influir en Estados Unidos -nadie lo niega- y hasta demostró con la crisis bélica contra Irán que Estados Unidos no puede obligarlo a nada.

Por supuesto, también hay quienes piden que debemos dejar de pensar en la hipótesis de que la política exterior estadounidense está subordinada a intereses ajenos, que eso carece de fundamento estructural y que resulta una equivocación pensar que Estados Unidos se ve forzado a participar en conflictos por presiones externas o liderazgos individuales (Netanyahu e Israel), en realidad la dinámica de poder no funciona así. En el sistema internacional, las potencias actúan bajo su propia lógica de beneficio, Washington no cede su soberanía ante terceros. Dicen que lo que percibimos como una influencia externa -de Israel- es una interpretación muy común que ignora la verdadera raíz geopolítica: controlar las rutas energéticas y estratégicas fragmentando el suministro de energía en Asia central. La realidad es que, hablando de geopolítica, al interrumpir estos flujos, EE. UU. busca forzar (someter sería un término correcto) a los mercados europeos y asiáticos a orbitar bajo su control, someterlos a la dependencia energética estadounidense, lo que garantizará la estabilidad de su moneda y su dominio militar y de allí el rol fundamental que asume Israel en Oriente Próximo. Los dos se necesitan (este es un argumento correcto, pero no necesariamente único).

Así las cosas, es indudable que Trump -como cualquier otro líder de Estados Unidos- escucha demasiado a los israelíes. Y en el caso iraní, los socios calcularon mal. Israel prometió una guerra corta y decisiva, una guerra relámpago como solían hacer inicialmente los nazis; por su lado, Trump prometió grandes negocios a los inversionistas. Lo lógico es que si no resulta, pagarán un alto precio en respaldo político con la opinión pública en contra. Así acontece, los socios de guerra (Trump y Netanyahu) se enfrentan a una oposición interna masiva, muy bien encubierta por la censura. Los propios republicanos cuestionan a Donald Trump y la gente está descontenta en Israel con una oposición cuestionando a “Bibi”. Por su lado, las verdaderas élites que controlan el poder aspiran seguir haciendo pingues negocios, los políticos y militares de alto grado que hagan su show mientras mandan al matadero a miles de jóvenes soldados.


La portada de 'The Economist' (21 al 27 de marzo de 2026) dedicada a Trump con el titular "Operación Furia Ciega", como sátira del nombre real de la operación "Furia Épica".


En 1966, el profesor Caroll Quigley, de la Universidad de Georgetown dijo: 

"Los poderes del capitalismo financiero tienen otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en su conjunto". 

Esa es la política de los Estados Unidos, sea cual sea el presidente de turno, ya sea con el respaldo sionista o no. Observamos como en la tarde del 15 de abril 2026, el Senado ha votado por continuar la guerra contra Irán, seguramente se cortarán algunas cabezas por la mala “gestión” (probablemente del Secretario de Guerra, Pete Hegseth), pero el programa debe continuar, incluso si el presidente Trump fuera destituido.

En este momento existe solo dos probabilidades en el campo político para la élite del verdadero poder mundial: Decidir poner fin al gobierno de Trump, que ha jugado su rol, iniciando una guerra y haciendo ganar miles de millones de dólares no “presupuestados” a los accionistas del Complejo Militar Industrial y otros especuladores financieros, entre los que se cuenta el mismo Trump, gestos que sin duda le agradecen; o, debido a que Trump ha dado claras muestras de estar fuera de sus cabales, ser sometido a un proceso de destitución -el famoso impeachment-; se dice que los reveses militares lo han desquiciado, siendo que sus actos podrían conducir a una catástrofe global, se ha rumoreado de ataques de histeria del presidente que pudieren afectar en las decisiones operacionales de las fuerzas armadas. ¿Les recuerda a cierto desquiciado alemán de ridículo bigote?

En principio eso no es de preocupación para la élite, lo que el real poder en las sombras busca es ganar más dinero y controlar los mercados. Utiliza las guerras para apoderarse del petróleo y demás recursos estratégicos de otras naciones y siempre dispondrá de “patriotas” dispuestos al sacrificio para ir a guerrear por el mundo en nombre de la “democracia”.

Ergo, ha dejado de producir gracia a las élites el escuchar a Mr. Trump amenazando con arrasar toda una civilización o que los iraníes regresarán a la edad de piedra, etc, etc. El hombre naranja encontró un gran socio, aún más delirante que él, Bibi Netanyahu, quien gusta de vivir en perpetua guerra, según las malas lenguas para que no someterse a procesos judiciales… lo mismo que su colega de los USA, se dice que prefiere esto a que estalle la bomba de los escándalos referentes a su buen amigo, el difunto Jeffrey Epstein.

La pregunta es, ¿por qué las élites tendrían que frenar a Trump, cuando el Senado de los Estados Unidos decidió respaldar la guerra de Trump? Es lógico entender que a la élite no le conviene una hecatombe global en momentos en que la guerra es buena para sus negocios especulando en el mercado financiero y produciendo armamento, una fuente casi ilimitada de recursos. Desgraciadamente no lo sería si sus sabuesos rabiosos, alterados en su ego, decidieran ir más allá en su confrontación contra Irán, haciendo uso de armas nucleares. Sería el fin del juego, el negocio se cae.

Para salir de este lío, debería impedirse que Trump siga haciendo lo que no funciona. “Recuerda la definición de locura. Hacer lo mismo una y otra y otra vez con la expectativa de que vas a obtener un resultado diferente”, como un loco, redoblando la apuesta en lo que ha fracasado en el pasado y esperar que funcione. “No va a pasar. No importa cuántas pequeñas islas intenten tomar en el Golfo Pérsico”, dice Mcgregor.

Insistamos, esto aconteció porque el presidente, de forma simplista confía y escucha demasiadas promesas vacías de Israel, además de estar influido y comprometido con el núcleo duro sionista de Estados Unidos. A Trump le vendieron el argumento de que esto sería rápido y sucio, sí esa es la palabra correcta: sucio, con grandes e inmediatos réditos a cosechar. Ha calculado muy mal, ha subestimado el desafío que significó atacar y enfrentarse a Irán. La realidad le ha hecho saber que eso no es posible.

La siguiente información no es mera especulación, ni se contradice con lo expresado más arriba. Es importante recordar un acontecimiento relativamente reciente. Donald Trump, tras asumir su segundo mandato en 2025, volvió a implantar una tradición, celebrar en la Casa Blanca la festividad judía de la Janucá. En efecto, el 16 de diciembre de 2025, acudieron cientos de estadounidenses integrantes de la comunidad judía que son destacados líderes políticos y personalidades influyentes en diversas áreas. El presidente Trump reafirmó su compromiso con el estado de Israel y la comunidad judía estadounidense, subrayando su papel como defensor de la misma, se declaró "amigo y defensor del pueblo judío".

Lo curioso es la forma en que los invitados manejaron a Trump, por lo que podría interpretarse o plantear dudas sobre quien realmente manda en la Casa Blanca. Los gestos del señor Mark Reed Levin, quien ostenta el cargo de miembro del Consejo Asesor de Seguridad Nacional, fue osado, vapuleó “cariñosamente” a la corpulenta figura del presidente, ante las cámaras lo abrazó, lo jaloneó alegremente, resultando incómodo para Donald Trump, quien se dejó “someter”. Esto puede ser interpretado como un acto simbólico de dominación, Levin le dice a Trump algo… sobre “la cosa legal de poder hacer que tú seas electo cuatro años más”, no se entiende bien las palabras de Levin en medio de aplausos y gritos, pero Trump contesta que él ama a Israel también. Lo que si se escucha claramente es que Levin expresa: “éste es nuestro primer presidente judío de Estados Unidos”. Trump, simplemente contesta: “es verdad”.

Esto se entiende o puede intuirse. No se trata de un simple acto de afecto y dominio corporal entre dos amigos, es una clara demostración de quien manda en lo político y económico en los Estados Unidos, porque tras esta escena hubo un acto más bochornoso para todos los Estados Unidos de América, que se pavonean de ser los portadores de la libertad y la democracia en el mundo. Momentos después, aparece en escena una señora, Miriam Adelson, una de las más poderosas personas reunidas en la Casa Blanca, dicen que es una de las sombras por encima de la política y el poder en los Estados Unidos. Ella insiste a Trump que deben ser cuatro años más (en el poder), le dice: "Bueno, piénsalo, yo te voy a dar otros 250 millones de dólares". 

Luego de ver esas escenas (existen videos que puede buscarse en internet/Youtube sobre esa fiesta en la Casa Blanca), la pregunta, por supuesto, es: ¿quién manda en los Estados Unidos? ¿Se responde sola la pregunta? ¿Reveló Donald Trump -sin desearlo- a quienes le pusieron en el poder y que -supuestamente- serían los que realmente ordenan en la Casa Blanca? 

Miriam Aldeson fue cónyuge de Sheldon Aldeson (que falleciera en 2021), entregaron en las tres campañas políticas de Donald Trump alrededor de 700 millones de dólares, Trump reconoció que el matrimonio era un frecuente visitante de la Casa Blanca, no eran simples aportantes de campañas electorales, acudían para moldear las políticas entre Tel Aviv y Washington. Miriam, ya viuda, sigue visitando la Casa Blanca, algo que también suele hacer con frecuencia "Bibi" Netanyahu quien ostenta el récord de visitas de un jefe de estado (siete veces en menos de un año, la última entre el 10 y 11 de febrero del 2026). 

Lo anecdótico es que la opinión internacional -ahora- está admitiendo que Israel considera a Trump “un hombre comprado que tendrá que hacer lo que ellos le digan” (a parte de las especulaciones sobre el caso Epstein).

¿Y los negocios de Mr. Trump? 

Del interesante artículo de Julian Macfarlane: “Todas las guerras son por dinero”, podemos extraer la siguiente información: 

El patrimonio neto de Trump, según la “Lista de Multimillonarios del Mundo” de Forbes 2026, ha incrementado alrededor de un 183% los dos últimos años, pasó de 2.300 millones de dólares a inicios de 2024 a 6.500 millones en marzo de 2026.

- El principal motor de la nueva riqueza son los negocios de criptomonedas y la venta de tokens digitales relacionados. World Liberty Financial es la plataforma insignia de la familia Trump, desde la inauguración de este sistema ha cosechado un estimado de 1.400 millones de dólares a la fortuna familiar. “Recuerda que si eres multimillonario, no cuentas en millones, solo en miles de millones. Este es el cálculo especial de la codicia con derecho”.

- Miembros de la familia Trump se han pasado al sector de defensa e inversiones en tecnología de defensa, en el preciso momento que se aumentaba el gasto militar. “Eric Trump fue anunciado como inversor estratégico en una fusión de 1.500 millones de dólares que involucró a un fabricante israelí de drones, XTEND, apenas 11 días antes de que comenzaran los grandes ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026”.

- Donald Trump Jr. se unió a la firma de capital riesgo "1789 Capital", que gestiona más de 2.000 millones de dólares y ha invertido en startups relacionadas con la defensa que posteriormente recibieron millones en incentivos federales y préstamos del Pentágono.

- A pesar de la volatilidad de las acciones de Trump Media & Technology, la empresa matriz de Truth Social, sigue siendo un activo multimillonario. Todas esas declaraciones escandalosas sobre Truth Social salen bien. Sí, la estupidez puede dar frutos.

- La apreciación inmobiliaria de propiedades de alto perfil, como Mar-a-Lago, han visto aumentar sus valoraciones, con el club estimado ahora en aproximadamente 560 millones de dólares. Ayuda usar la casa de Trump como base de operaciones presidencial.

- Tenemos los profundos lazos financieros de la familia Trump con los estados del Golfo. Ejemplo, la inversión de 2.000 millones de dólares de Jared Kushner en Arabia Saudí. Se debe entender por qué el príncipe heredero (MBS) no apoya a Irán.

El patrimonio neto de Trump se vio aún más reforzado por la desestimación de una importante multa económica de 500 millones de dólares por fraude civil en Nueva York, aunque la sentencia será apelada.

“Esa es la naturaleza de la jerarquía financiera. ¿Quién paga? TÚ, sí. Los pobres se empobrecen más... Los ricos se hacen más ricos. La mayoría de los presidentes se enriquecen tras dejar el cargo. Ese fue ciertamente el caso de los Clinton. También Obama. Biden ganó 15 millones de dólares en dos años tras dejar la vicepresidencia y probablemente ahora le irá bien. Pero los Clinton, Obama y Biden no estaban ni de lejos a la altura de Trump en cuanto a riqueza heredada, su avaricia se expresa en millones; Trump está en miles de millones. Los ricos se enriquecen -en relación con su punto de partida- así se hace el Camino Americano”.




Veamos otro análisis, Hermann Ploppa, en “El uso turbio de información privilegiada de Trump”, afirma que las declaraciones escandalosas de Donald Trump están claramente destinadas únicamente a enriquecer a su propia familia y a sus compinches multimillonarios. Nunca deja de sorprender el comportamiento “errático” de Trump. Un momento Trump quiere imponer aranceles asfixiantes a todo el mundo, solo para decir al siguiente: "¡no, no es para tanto!" En un momento dice que quiere aniquilar toda una civilización en una sola noche -solo para declarar un alto el fuego de dos semanas unas horas después.

Los estadounidenses tienen sus propios chistes sobre los comportamientos "erráticos" de Trump -están acostumbrados a ellos- A decir del interesante artículo de Ploppa: “Trump es solo un TACO. Significa: Trump siempre se acobarda; en otras palabras, Trump siempre acaba echándose atrás. Comentaristas políticos sofisticados hablan con elegancia de un "estilo de gobierno errático". Significa: Trump tropieza de un error a otro. Bueno. Quizá los giros de Trump sigan una lógica después de todo. En cualquier caso, la cadena británica BBC suscitó serias sospechas en un reciente documental televisivo de que Trump podría estar ofreciendo a su círculo cercano la oportunidad perfecta para el uso criminal de información privilegiada. Uso de información privilegiada significa: las personas del círculo cercano de Trump saben exactamente lo que el presidente anunciará públicamente en un futuro muy próximo. Y estos insiders luego compran o venden valores en la bolsa de apuestas o en el mercado de futuros de materias primas. Tras el sorprendente anuncio de Trump sobre uno de sus famosos giros de 180 grados, los insiders pudieron obtener enormes beneficios”. Y no estamos hablando solo de la crisis bélica en Oriente Próximo, esto viene aconteciendo desde que asumió el poder con el caso de los famosos aranceles, es decir aumentar drásticamente los aranceles a las importaciones de casi todo el mundo. ¿Qué sucedió? Los mercados se desplomaron; a los pocos días Trump anunciaba alegremente que los suspendería por un periodo indefinido. El índice S&P 500 celebró con una remontada del 9,5%. “Extraño, extraño, en Europa Central, un poco antes del anuncio, un puñado de especuladores de repente comenzaron a comprar acciones como locos; y, solo un minuto después, los precios de las acciones se disparan. “Esos especuladores con un sexto sentido acaban de ganar de la nada más de veinte millones de dólares en veinte minutos. Intenta explicarle eso a la cajera de Walmart, que está teniendo dificultades para salir adelante con 400 euros al mes”.

Según BBC, en diciembre de 2025, se abrió una cuenta de cliente bajo el nombre de Burdensome Mix en la bolsa de apuestas Polymarket. El apostador anónimo apostó a que el presidente venezolano Nicolás Maduro será destituido del cargo exactamente el día 3 de enero de 2026. Como su predicción se cumplió, pudo recaudar 436.000 dólares el 3 de enero. “¡Un don profético extraordinario!”.

Un tal Donald Trump Jr. cree en ese intercambio de apuestas y forma parte del consejo de administración de Polymarket. En Polymarket y su competidor Kalshi, las apuestas ascienden millones. Otro caso: El 27 de febrero de 2026, algunos especuladores apostaron a que Israel y Estados Unidos intervendrían en Irán al día siguiente. Un especulador que se hacía llamar "Magamyman" apostó prediciendo el asesinato del líder supremo chií Jamenei con precisión milimétrica, obteniendo más de medio millón de dólares en beneficios.

Todo esto es poca cosa -señala el artículo referido-. Los especuladores experimentados ganan dinero real a través de los llamados contratos de futuros de materias primas, de allí la razón del por qué los precios de los alimentos siguen subiendo: el comercio de futuros de materias primas.

Sigamos con el artículo de Ploppa. Cuando los internos -que saben cosas que la persona promedio no sabe- se involucran, la perversión se lleva a otro nivel. Eso se hizo evidente de forma especialmente contundente el 9 de marzo 2026. Ese día, “Trump anunció a una audiencia atónita en una entrevista telefónica con la cadena de televisión CNN, palabra por palabra: "¡La guerra está prácticamente terminada!" Momentos antes, Israel y Estados Unidos seguían plenamente comprometidos con esta guerra de agresión contra Irán, con todos sus atroces crímenes contra la humanidad. ¿Había hablado Trump en serio sobre el final de la guerra? Como sabemos, los asesinatos continuaron después. Pero sus compinches, los grandes del mercado bursátil, realmente se aprovecharon de todo. Porque ese 9 de marzo a las 18:29 hora de Europa Central, el mercado bursátil registró de repente masivas ventas de acciones relacionadas con el petróleo por parte de un pequeño grupo de especuladores. A las 19:16 hora de Europa Central, Trump anunció entonces el inminente final de la guerra. Y a las 19:17, el precio del petróleo había caído un 25%. Ahora esos mismos operadores de información privilegiada han recomprado las acciones del petróleo, que habían caído significativamente de precio. ¡Qué casualidad!

El mismo escenario exacto se repitió el 23 de marzo de 2026. Una vez más, Trump anunció el "cese completo y definitivo de hostilidades". Solo dos días antes, Trump había amenazado con destruir por completo la infraestructura energética de Irán. Ahora Trump estaba elogiando "conversaciones muy buenas y constructivas con el liderazgo iraní". ¿Qué había estado fumando Trump? ¿No habían acabado Estados Unidos e Israel de eliminar deliberadamente a los líderes iraníes moderados y dispuestos a ceder, fortaleciendo así a los sectores duros de la Guardia Revolucionaria? Bueno, aquí también estaban en acción personas del círculo íntimo de Trump. En tan solo dos minutos, entre las 10:48 y las 10:50 a.m., hora de Europa Central, se produjo una frenética venta de acciones petroleras. Luego, a las 11:04 a.m., el anuncio de Trump llegó acompañado de las fabulosas conversaciones constructivas con un liderazgo iraní renovado. Y a las 11:05 a.m., el precio del petróleo cayó un 11%.

En abril, Trump amenazó con acabar con la civilización iraní en una sola noche. Pero el 8 de abril, Trump anunció repentinamente un alto el fuego de dos semanas. Esta vez, poco antes del anuncio de Trump, se habían vendido frenéticamente contratos de futuros de petróleo por valor de 950 millones de dólares. Tras el anuncio del alto el fuego, estos operadores internos recompraron los contratos de materias primas con un descuento significativo. Al hacerlo, obtuvieron un beneficio extraordinario estimado de 140 millones de dólares”.

El mundo entero se ha convertido en nada más que una mercancía en las bolsas de apuestas. Agua, energía, comida—y algún día, quizá incluso el aire que respiramos. Quién sabe. La agencia reguladora, Commodity Futures Trading Commission (CFTC) de los EE. UU. está supervisada por una junta directiva de cinco miembros; pero, actualmente, Michael Selig, nombrado por Trump, dirige la agencia completamente por su cuenta.

En el caso de las manipulaciones de Trump, un número muy reducido de especuladores se queda sin nada -y el resto de la comunidad paga por estos especuladores con sus pérdidas-. Ya existen estudios científicos que sugieren que incluso el curso de las guerras está fuertemente influenciado por las apuestas. “Es posible que las travesuras de Trump en este sentido sean solo el comienzo de un desarrollo desastroso”, termina afirmando Ploppa.


Volvamos al tremendo problema que se compró Trump gracias a sus amigos de Israel y al lobby sionista estadounidense. 

En lo político, el presidente está siendo duramente atacado por todos los frentes debido a su aventura bélica. Afirma Douglas Macgregor, “si lo presionas demasiado en una dirección, él va a contraatacar. Supongo que su círculo íntimo, incluidos los militares, están todos sentados preguntándose cómo salimos de esta, cómo terminará esto, qué podemos aceptar. En Washington, gran parte está hipotecando la vanidad, en otras palabras, dicen no podemos hacer tal cosa porque parecerá que perdimos. Y como le digo a la gente…”

A pesar de proyectar un aire de confianza, la verdad es que, a puerta cerrada, Trump y Netanyahu están desesperados. Trump es consciente que le mintieron y que asumió malas decisiones, pero se niega aceptar que se equivocó. Debería admitirlo, debería ordenar el despido de ciertos personajes que lo adulan en nombre de Israel… más eso no va suceder jamás, por lo que no hay mediadores capaces de intermediar para poner fin a esta tragedia.

Trump se está negando a sí mismo, no acepta que sus palabras están siendo objeto de burla y humillación a nivel nacional e internacional. Ha perdido el respeto -los memes sobre él son graciosos y ridículamente insultantes-. No se equivoquen, Trump demostró que puede ser dulcemente vengativo ante sus críticos, su ego lo lleva a elucubrar como revertir las cosas, y debemos estar atentos a lo que va a hacer ahora. “Los instintos le dicen que debe redoblar la apuesta y aplastar a Irán, tiene que restregarles la cara por el suelo”; así que la posibilidad descrita de que Trump nunca tomó en serio la tregua es cierta. De todas formas, en Israel no le hacen mucho caso al presidente Trump, a pesar de que sus amigos si lo respaldan en Washington.

Estados Unidos demuestra la intencionalidad de redoblar la apuesta, luego de haber hecho un uso descomunal de las armas disponibles, el armamento está agotado y probablemente para ello fue la dichosa “tregua”, a muchos les huele a falsa tregua, no para entablar negociaciones de paz, fue para disponer las reservas de armamento almacenado en Estados Unidos y llevarlo al teatro de operaciones.

En parte, hay una nueva realidad estratégica en el siglo XXI, lo que se denomina la “guerra asimétrica"; no obstante, Douglas Mcgregor no está de acuerdo con ese término para las acciones emprendidas por Estados Unidos contra Irán, lo explica: “No, no lo es. Tienes por un lado a los Estados Unidos que ha desplegado su estructura militar de la Segunda Guerra Mundial. Estás viendo la estructura militar de 1944-45, con equipo nuevo, pero es la misma estructura. Grupos de batalla de portaaviones, muchos aviones, bombarderos y demás. Del otro lado está la nueva estructura de fuerzas del siglo XXI y esa es la estructura de ataque ISR. ¿Y cómo es eso? Bueno, esto fue concebido inicialmente como idea por los rusos en la década de los 70, descubrieron que tiene sensores en el espacio, tiene sensores en el mar, tiene sensores en tierra, sensores a medio camino entre el espacio y la tierra. Conectas todos estos sensores en tiempo real con todos esos sistemas de ataque que se están volviendo muy precisos y ahora hemos llegado al punto donde esta precisión es asombrosa. Es increíble. Alguna vez tuvimos el monopolio de la precisión antes del cambio de siglo. Lo hemos perdido. Esa capacidad de precisión está en manos de gente en todo el mundo y de repente potencias de nivel medio que antes eran incapaces de ofrecer resistencia pueden paralizar nuestras fuerzas armadas”.

Es necesario aclarar que significa el acrónimo ISR en el contexto de defensa y guerra. ISR es el pilar fundamental de la estrategia militar moderna: Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). Consiste en la infraestructura técnica y organizada diseñada para que los comandantes tengan una visión clara y en tiempo real del campo de batalla (conexiones satelitales, drones, etc.)

Para finalizar. Las cosas andan tan disparatadas que tenemos que traer a colación un tema ya tratado en este blog, el fundamentalismo religioso basado en la concepción puritana de que hay gente “elegida” que se complace de tener un “pacto” especial con Dios, así nos hizo saber Mr. Trump en la oración con su asesora bíblica y su séquito de "santos", quienes le otorgaron el “visto bueno divino” para emprender el camino de la guerra contra Irán. Para un público racional esto es solo propaganda para emocionar a millones de incautos y fieles cristianos estadounidenses. 

Sabemos a ciencia cierta, que las verdaderas élites del poder terrenal y del infinito (porque tienen la capacidad de dominar el espacio) expresan falsamente que su poder se apuntala en el dogma de las virtudes cristianas de caridad, perdón y comprensión, no existe tal cosa en sus mentes. Se basan en el concepto de la guerra, de lo que ellos denominan la guerra “buena”, aquella que otorga ganancias colosales. Pregonan el “amor” de Cristo asesinando al prójimo por codicia. Y aquí no hay contradicción entre la religión judía y el mundo cristiano, las dos compaginan en hermandad a través del sionismo cristiano enquistado en la élite estadounidense, su propósito es la codicia sembrando la muerte.


Una desagradable muestra de la campaña manipuladora del presidente Trump, que él mismo ha publicado a través de su Truth Social.


“Lamentablemente” para Mr. Trump y la política global de los Estados Unidos -que incluye a Republicanos y Demócratas- las posibilidades estratégicas de EE. UU. tras la continuación de su derrota en la batalla contra Irán deberán ser replanteadas. No siempre se gana, es lógico pensar que, metafóricamente, pueden devolver a la edad de piedra a Irán, porque van a destruir su base económica; pero, las expectativas del plan general fracasó. Los socios europeos de Estados Unidos no secundaron este proyecto, -no por defender a los agredidos-, simplemente va en contra de sus intereses como grandes potencias coloniales. Ni que decir de la férrea oposición de China y Rusia.

Sin embargo, el que Trump, Bibi Netanyahu y otros osados “representantes” de dios decidieran hacer uso del arma nuclear es algo que las élites no querrán permitir. Es cierto que muchos miembros de la élite se declaran fervorosos cristianos, otros sueñan con la llegada del Armagedón si se desatara una guerra nuclear en el Oriente Medio (lo hemos revisado en anteriores entradas). Eso no es bueno para los negocios, los dueños del poder no van a tolerar que la histeria de ciertos fundamentalistas estadounidenses que “asesoran” a los gobiernos de Estados Unidos e Israel contribuyen a cumplir una “profecía”.

Si ello aconteciera -como decían los autores del betseller “El Enigma Sagrado”: “el resultado bien podría ser, de modo harto literal, el fin del mundo. Este fin del mundo no sería el retorno extático de sadoquitas muertos hace siglos y que, cogidos de la mano, darían saltitos por los Campos Elisios, sino la lenta y asfixiante agonía de un invierno nuclear. Si ese es el único sentido que cabe encontrar en la era moderna, verdaderamente la humanidad está en bancarrota y Dios -comoquiera que lo conciban las diversas confesiones- sencillamente habrá malgastado su tiempo”.

En este punto es que se duda que las élites permitan el uso de armas nucleares. ¿A quién van a vender sus productos industriales, su costoso armamento, sus coches, sus medicinas, su industria de alimentos chatarra, etc., etc., si los potenciales miles de millones de clientes van a esfumarse en un invierno posnuclear? Los fundamentalistas religiosos que están marchando por los pasillos de Washington y Tel Aviv (quizá también en Teherán) o cualquiera que sea la religión, solo puede llevarnos a un rumbo: la autoinmolación planetaria.

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Las citas que se hacen del coronel Douglas Macgregor pertenecen a varias de sus tantas entrevistas publicadas en Youtube. 
Enlace al artículo de Julian MacFarlane: Todas las guerras son por dinero

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