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31 octubre 2017

Sudán, el genocidio silencioso (2)

Facciones rebeldes en Darfur –JEM- que también dicen aspirar a la independencia.



Un breve prólogo del redactor del blog


La presente ponencia tiene más de 20 años de haberse publicado. NADA, absolutamente nada ha cambiado desde entonces, salvo la desmembración del otrora inmenso país de Sudán, (Sudán, Sudán del Sur, y tácitamente Darfur, se habla en medios occidentales de un Darfur del Norte).

Las crisis en el continente “pobre” se agudizan más, África es un terrible experimento social, “un laboratorio de la muerte” establecido por las grandes potencias civilizadas de Occidente. Uganda, Chad, Sudán, Kenia, Liberia, Zimbabwe, Ruanda, el Congo, República Centroafricana, Egipto, Argelia, Angola, etc.

Las labores “humanitarias” patrocinadas por la ONU, los Estados Unidos y otras ootencias coloniales encubren el verdadero objetivo: apoderarse del inmenso botín que representan los recursos naturales estratégicos a costa de la muerte de millones de africanos.

Todavía está presente en la mente de muchas personas la campaña norteamericana “Salvemos Dalfur”, muy difundida por televisión y encabezada por el famoso actor George Clooney, no tengo claro si es parte de la misma organización denominada “The Save Darfur Coalition”, una asociación de casi 200 organizaciones religiosas, de derechos humanos y otras, que contaban con más de un millón de activistas y grupos comprometidos con la paz, la protección y la rendición de cuentas en Darfur y en todo Sudán, según sus declaraciones. Tras el aparente “humanitarismo”, quién podría dudar de aquellos gestos de alta responsabilidad moral con los seres humanos víctimas de los sátrapas tiranos, los señores de la guerra africanos?

Dado que la intensidad de las campañas de “salvamento” se ha desvanecido, ni el actor George Clooney encabeza más los esfuerzos internacionales como embajador de la ONU, todavía siguen produciéndose oleadas de refugiados, inestabilidad política, desplazamientos internos, hambruna, desnutrición e insalubridad.













Lejos de esas intensas campañas, con alto contenido político, que busca el intervencionismo militar estadounidense y de la OTAN con fuerzas de “pacificadores” para imponer el orden y administrar la nación mediante programas de ayuda económica y reconstrucción, es decir compra-venta de una nación soberana, existen programas de emergencia y contribuciones de organizaciones internacionales que funcionan relativamente bien como la OIM, la Cruz Roja Internacional, la OMS. “Salvemos a la generación futura en Darfur” fue proclamaba en 2007 por la Organización Mundial de la Salud (OMS)

En fin… El siguiente reportaje sigue su curso como si hubiese sido redactado hoy mismo. En que se ha alterado la situación? Afrontemos los hechos como son, la realidad sobrepasa toda ficción. El hombre blanco, “civilizado” quiere acabar con la raza africana en su tierra o en el peor de los casos mantenerlos en perpetuo caos, enfrentándolos, como el caso de Sudán entre árabes del norte y africanos nativos del sur, utilizándolos a su capricho, armando a uno u otro bando, explotándolos, esclavizándolos y sometiéndolos a experimentos médicos para desarrollar nuevas pandemias y sus antídotos que costarán miles de millones de dólares a los contribuyentes de los países que emprenden esas acciones. Negocios y más negocios a costa de la muerte.

José María Arenzana, más conocido como Peoe Arenzana, escribió sus vivencias en Sudán allá por 1995, su trabajo original titulaba “EL INFIERNO SILENCIOSO. Un viaje al horror de la guerra y el hambre en Sudán”. Conocí un resumen de este reportaje en la web de nuestro amigo Daniel Estulin bajo el título “El genocidio silencioso, Darfur – Sudán”, reproducido por julio del 2007. El mismo Pepe Arenzana ha presentado este trabajo en su web en octubre del 2013 bajo el título “El genocidio silencioso”. (enlaces a estas publicaciones en las notas de referencia a pie de página).

Demos lectura a tan interesante artículo.

                                                                                                   t. andino



*****  


EL GENOCIDIO SILENCIOSO




Foto: OMS  Programa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud de Sudán - Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia- (AIEPI) ha sido una prioridad desde 1996. Su aplicación en centros médicos de Darfur del Norte contribuyó a mejorar la salud de los niños.



por José María Arenzana
1995


¿Por qué ni una sola imagen de Sudán? ¿Dónde están los muertos? ¿Dónde los niños consumidos por el hambre, con sus huesos como cañas amenazadoras y sus barrigas infladas por los parásitos y la desnutrición? ¿Dónde las fotos de los moribundos? ¿Dónde los rostros anónimos de seres humanos agotados y un destello último de vida en la mirada? ¿Por qué nadie nos ilustra con las imágenes de esa barbarie para hacernos tomar conciencia de la tragedia remota y oculta que vive el pueblo sudanés desde hace más de veinte años, desde que llegaron al poder los islamistas radicales e impusieron su ominosa SharÍa que alienta al sometimiento o al exterminio sin contemplaciones de casi el 60 por ciento de la población de raza negra?

En las últimas semanas llegan escuetos cables a las redacciones que hablan de una tragedia prevista y previsible de la que nadie en las calles de Europa sabe (tal vez ni quiere saber) una sola palabra. Las agencias de Naciones Unidas y las ONG hablan con sordina de un genocidio que está a punto de superar al de Ruanda. Pero, ¿dónde están las imágenes de los muertos…? ¿Y de los agonizantes? ¿Y de los refugiados?

No pueden pasar desapercibidos para los satélites, así, de cualquier modo, más de dos millones de seres humanos puestos en movimiento de repente, huyendo del hambre y de la guerra, en fuga masiva y desesperada, a través de los pantanales y del desierto. Ni cruzar la frontera del Chad sin que sea advertido por las autoridades de un país de acogida ya exangüe donde se ha generado en pocos días una catástrofe de dimensiones bíblicas.

Tampoco lo desconocen, porque además no es nuevo, los distintos departamentos de la ONU ni de Cruz Roja Internacional (a quienes se supone siempre limpieza y honestidad en sus actuaciones), ni las agencias de ayuda humanitaria, que llevan gastados en los últimos años en la zona cientos de millones de dólares de los contribuyentes.



Foto: OMS Campamento de salud de Al Salaam. Las enfermedades infantiles más comunes son infecciones respiratorias agudas, paludismo y diarrea.


Lo saben también todos los gobiernos, porque desde hace más de una década Sudán figura cada año en los primeros puestos de la lista del Departamento de Estado norteamericano de los países que acogen y sostienen al terrorismo internacional. Y desde hace más de diez años, el informe anual de Médicos Sin Fronteras recoge la catástrofe sudanesa como la más terrible de cuantas se viven en el planeta. Sólo el año de la tragedia ruandesa (1994) pasó al segundo lugar de dicha lista.

Son demasiados años ya, demasiadas muertes, demasiado horror, demasiada crueldad, demasiada intolerancia, como para que nadie, o casi nadie en Occidente, salvo eventualmente, quiera escuchar el crujido demoníaco del tormento de millones de personas pisoteadas, esclavizadas y masacradas bajo la planificación minuciosa de un régimen atroz que dirige desde hace 25 años, con el Corán en una mano y la metralleta en la otra, un canalla llamado Omar-Al-Bashir, convertido ahora no sólo en jefe de Gobierno, sino también en jefe del Estado, tras relevar en este último cargo a otro cabrón con pintas, el clérigo musulmán Hassan-El-Turabi, con el que hasta hace poco compartía la cúspide del oprobio sudanés.

Para colmo de todos sus males, este país, donde se compran y se venden esclavos por cuatro peras, donde se tortura y se mata a capricho del fanatismo islámico, donde las milicias árabes violan a las mujeres negras en una campaña sistemática para depurar la raza, donde las autoridades utilizan a su antojo la ayuda humanitaria que se les envía ante la mirada sumisa y complaciente de todos los organismos internacionales que actúan en la región, plagado de campos de concentración y de reeducación musulmana en los que se hacinan los negros del sur en condiciones infrahumanas, este país, digo, para colmo, hace sólo unas semanas que ha pasado a integrar la comisión permanente de Derechos Humanos de la ONU. Difícilmente se pueda llegar a más en la historia de la infamia universal. Y sin embargo… ¿dónde están las fotos que nos inunden de ese escalofrío tenebroso que en cambio nos llega cada día desde Irak? ¿Por qué no nos alcanza toda esa ignominia? ¿Qué clase de recuento de víctimas tan diferente nos aplican de uno y otro drama?



Foto: OMS Dispensario médico en El Fasher, capital del estado de Darfur del Norte, en el Sudán.


¿Cómo desatascar todo ese silencio que nos ha dejado sordos ante la barbarie? ¿Cómo desenredar esa maraña de intereses abyectos que han llevado a la ONU y a Cruz Roja Internacional, a aceptar la distribución de la ayuda humanitaria sólo allí donde les autorice y les indique el Gobierno de Jartum? ¿Por qué seguimos, desde hace más de una década, enviando toneladas de alimentos y apoyo de urgencia desde Lokichokio, en la frontera con Kenia, dentro de la mayor y más cara operación de socorro conocida en la Historia, si todos saben que las autoridades arabo-sudanesas utilizan a su capricho dicha ayuda como un arma letal del genocidio contra los rebeldes negros del sur?

Primero fue el exterminio del pueblo Nuba, en las montañas centrales de la región de Kordofán, la más fértil y rica del país, donde los fedayyines incendiaron cosechas y poblados, sometieron a la esclavitud a la población negra, violaron a las niñas y mujeres, deportaron o ejecutaron a los rebeldes y, finalmente, expropiaron por la fuerza todas sus propiedades para entregárselas a los señores feudales de raza árabe. Durante años, ningún occidental, que se sepa, ha logrado poner un pie en aquellas montañas. Y si alguien lo hizo (se tienen noticias de algunos integrantes de ONG y de algún periodista que lo intentaron y yo mismo quise llegar allí), nada se ha vuelto a saber de él.

Luego continuó la guerra en el sur (aún sigue) contra unas facciones rebeldes enfrentadas a su vez entre sí en las provincias de Equatoria, Bhar-El-Ghazal y Upper Nile. Hace unos años recorrí la zona gracias a los aviones y avionetas de “Operation Lifeline Sudan” que partían diariamente desde Lokichokio. Visité aldeas y vi masas de refugiados enormes que huían exhaustas de la muerte, incapaces de comprender que la muerte viajaba con ellos en forma de hambrunas, guerra y enfermedades terroríficas que diezmaban diariamente a la población. ¿Qué otra cosa podían hacer sino huir hacia ninguna parte? ¿Cómo oponerse a los designios de la clase humanitaria que los reunía como a ratones en una ratonera para alimentarlos en puntos designados por los canallas de Jartum y que a continuación serían bombardeados por la aviación asesina de los curas musulmanes? La historia se repite, ahora en la región de Darfur, en el oeste, y varios millones de personas huyen despavoridas y cruzan la frontera con el Chad, ante las denuncias con sordina de las organizaciones humanitarias.


Foto: OMS. Campamento de Al Salaam. La OMS mantiene evaluaciones periódicas sobre la calidad del agua, esencial para prevenir la propagación de enfermedades.


En la base de Lokichokio, el despliegue de efectivos humanitarios es descomunal. Aquello se asemeja bastante a un bonito lodge de vacaciones, aislado por una cerca de los peligros de la sabana africana. Hay amplias tiendas con camas y mosquiteras, agua caliente en las duchas, oficinas con aire acondicionado, bar y restaurante de campaña para los pilotos y los miembros de la base. Una inmensa flota de vehículos, más de medio centenar de furgonetas, camiones y todoterrenos y una docena de aviones Buffalo, Hércules y avionetas, se encuentran disponibles, mientras la compañía Caltex suministra puntualmente el combustible.

Trevor Howard, un ex militar inglés cruzado de tatuajes, era en aquel momento el responsable de seguridad de Lokichokio y el encargado de autorizar o no los vuelos diarios que transportaban al personal y la ayuda humanitaria al interior de Sudán. Al atardecer, Pat Culpam, norteamericano, jefe de la logística de Lokichokio, paseaba cada día con un radio-transmisor en una mano y con la otra rodeaba el cuello de su esposa haciéndose carantoñas bajo un cielo incendiado de colores violetas mientras un ejército de camareros negros servían costillas con miel y romero. A esa hora, una chica de MSF me dicta al oído: “Esto es un derroche completamente innecesario. Actúan como niños que estuvieran jugando a la guerra”. Y un piloto sudafricano contratado por la ONU para estos vuelos especiales afirma: “Si los donantes vieran lo que se hace con su dinero, esto se cerraría en dos días”. Cinco kilómetros al norte, del otro lado de las montañas que separan Kenia de Sudán, los muertos se pudren y las jovencitas dinkas, nuer o torit se hacen hermosas pulseras de metal dorado fundiendo las balas que mataron horas antes a sus hermanos.


Jose María Arenzana


ANEXO:


Daniel Estulin reprodujo en su web, el 3 de septiembre del 2007, el siguiente reportaje relacionado con el tema tratado.


Foto: OMS. Hospital Docente de El Fasher, uno de los pabellones pediátricos. Desde 2004, la OMS patrocina este hospital, lo abastece de medicamentos y otros suministros médicos, gratuitos para los pacientes, imparte capacitación y aporta financiación.


José María Arenzana es uno de los mejores periodistas de España. Desde hace años escribe para el ABC Sevilla. Además, es de las personas que más ha viajado por África y de los que mejor la conoce. Él estuvo en la sede para el reparto de ayuda humanitaria al sur de Sudán (OSS), en Lokichokio, en el extremo nor-noroeste de Kenya, muy cerca del Lago Turkana. Aquello, según las palabras de Pepe, “era un nido de 'espías' políticos manejando a un cuartel entero de miembros de ONGs dispuestos a alimentar a una facción del Ejército rebelde, pero también a la vez haciéndole el juego al propio Gobierno de Jartum”. De hecho, allí, en dicha base, conoció a un enviado del Gobierno de Jartum, un agente del Gobierno de los entonces todopoderosos Hassan Al-Turabi y de Omar Al-Bashir. Después de leer mí nuevo manuscrito me comentó como anécdota que disponía de los visados de las dos facciones guerrilleras – la facción de John Garang (el SPLM) y la de Riek Machar (que primero se llamó SPLM-U, y luego SPLA: o sea Soudan People Liberation Movement-United y Soudan People Liberation Army, respectivamente). Los cuales le obligaron a solicitar en sendas oficinas de Nairobi antes de trasladarse a Lokichokio. Esto es su email a mí (redactado sin las partes personales):


Foto: OMS

“Excuso decirte lo complicado que era en un control cualquiera adivinar cuál de los dos salvoconductos debíamos mostrar a los reclutas. Equivocarse era jugárselo a cara o cruz porque, de todos modos, nunca sabíamos si la tropa que nos daba el alto pertenecía a una facción rebelde o a la otra. De modo que, sí, nos la jugamos varias veces y, como es obvio, siempre tuvimos suerte, puesto que salimos vivos de allí a pesar del perverso jueguecito. Yo llevaba cada salvoconducto en un lado distinto de mi chaqueta multibolsillos y los revisaba cada mañana durante los trayectos hasta aprenderme de memoria en qué lado estaba cada uno de ellos por la sencilla técnica de repetirme mil veces las siglas de cada facción ("¡SPLM, bolsillo izquierdo; SPLM-U, bolsillo derecho…!!", y así miles de veces), lo cual, como digo, no solucionaba el problema, ya que primero debíamos intuir a quién pertenecía aquella tropa andrajosa o descalza que nos daba el alto.
       
También te conté al respecto que asistimos el fotógrafo y yo casi casualmente a una reunión de la entonces directora de USAID y Riek Machar en un punto innominado de los pantanales sudaneses. Y digo casualmente porque esos cabrones nos dejaron, como recordarás, completamente tirados en aquel punto de la selva. El jefe de seguridad de la base de Lokichokio era un coronel (o algo así) de un cuerpo de élite británico (no recuerdo cuál); el jefe de Logística un americano llamado Pat Culpam con el aspecto más común de lo que yo hubiera identificado entonces con un típico agente de la CIA de las películas, etc.

Las negociaciones mantenidas entre la jefa de USAID, una pecosa rubia madurita y canija, con el propio Riek Machar en aquel lugar no las conocí porque nos apartaron al fotógrafo y a mí para que no escuchásemos las conversaciones mantenidas bajo un frondoso árbol en medio de los pantanales, con los guerrilleros de aquella tribu sentados alrededor. Lo que sí supimos es que Riek Machar y su novia de entonces, una británica que había trabajado para una ONG de Educación en la zona a la que entrevisté, se trasladaban por la zona en las avionetas y aviones de ayuda humanitaria que se controlaban desde Lokichokio.

En la base, en Lokichokio, lo que está claro es que no había problema alguno de suministros, en especial de combustible. La Compañía Caltex era la que principalmente suministraba el continuo despegue de aviones que procedían en general de Nairobi o de cualquier otro punto camino de cualquier parte, pero en especial hacia el interior del sur de Sudán, cargados de sacos de comida y quién sabe de qué otras cosas.

La sede central desde la que se administra toda esa ayuda humanitaria está en las Gigiri Hills, una auténtica ciudadela de la ONU en pleno centro de Nairobi, rodeada de espléndidos jardines y cuyos edificios (caracolas o cabañas) rebosan de aire acondicionado.

Bueno, en parte, quizá, todo eso sea anecdótico. La cuestión de fondo del petróleo no creo que sea muy discutible. Tal vez sí lo sea tu tesis sobre el impulso secreto que los USA otorgan a dichas 'crisis humanitarias', aunque a mí, personalmente, me resultan muy creíbles. A saber: el Gobierno de Jartum, hasta donde yo pude averiguar, controla o intenta controlar la ayuda humanitaria que se introduce en el sur de Sudán. Es decir, la ONU y todas esas ONG que defienden el derecho de injerencia humanitaria a nivel global, se someten dócilmente a los permisos que otorgan los islamistas asesinos de Jartum para poder ayudar a las poblaciones civiles en peligro. Siendo así, ¿a qué derecho de injerencia apelan esas ONG? Cuando la ONU, en algunas ocasiones y por presión de las ONG sobre el terreno, han introducido un convoy de alimentos sin el adecuado permiso de Jartum, los aviones del Gobierno los han bombardeado de manera inmisericorde y los han destruido. Quizá, por qué no, es que dicho convoy transportaba algo más que ayuda humanitaria. O vaya usted a saber. Es posible. O quizá es que todo consiste en un plan donde los malos no son sólo unos u otros, sino todos, que es, a mi juicio, lo más probable: incluidos los chinos, los islamistas, los franceses y etc.


A todo esto, de otra cosa de la que no hay duda es de que los radicales de Jartum han asesinado y esclavizado a millares de negros en el centro y el sur de Sudán, animistas o cristianos. El genocidio ha sido durante años atroz y silencioso. Yo mismo fracasé en mi intento de penetrar en las montañas centrales de Sudán, que era mi objetivo en aquel viaje. A lo máximo que llegué, como sabes, es a viajar a muy diversos puntos del sur, alrededor de la cordillera del genocidio, donde, efectivamente, operaba la guerrilla y donde se distribuía la ayuda humanitaria y donde la masacre era tremenda, sí, pero no en la zona más silenciada y oculta a la información occidental que es la zona central del Sudán. De aquello no se sabe casi nada. Y nadie, que se sepa, de los que han logrado entrar, logró salir con vida de allí para contarlo. Sólo se conocen datos por referencia de los refugiados que se unieron al sur a lo largo de los años. Esa masacre, en principio, sólo es atribuible a los asesinos islamistas.  


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El genocidio silencioso. José María Arenzana

“El genocidio silencioso, Darfur – Sudán”. Web de Daniel Estulin, julio del 2007

"Guerrilleros. Las Historias de Sudán". Web de Daniel Estulin, 03 septiembre 2007

* La website de Daniel Estulin ya no se encuentra operando en internet. (los artículos son de los archivos del redactor del blog)

26 octubre 2017

Sudán, el fracaso del separatismo (1)


Soldados del ejército de Sudán del Sur leales al presidente Salva Kiir, en lucha contra otras facciones opuestas. (la fotografía corresponde a diciembre del 2013) Photo: Samir Bol/AFP




La cruda realidad detrás de una promesa de futuro


por: Tito Andino U. 
(Recopilación de textos de Daniel Estulin)


Con este artículo iniciamos una serie de ensayos dedicados al África y la existencia de un complejo entramado internacional para explotar los recursos del continente “pobre”. El lector podrá encontrar en el espacio virtual abundante material relacionado con los episodios bélicos, por lo que no vamos a detenernos en aquel aspecto. Este blog busca el origen “espontáneo” de esos estallidos sociales, aparentemente sin sentido, pero que ocultan una siniestra planificación de quienes manejan los destinos de la humanidad.

Por qué iniciamos la saga de artículos dedicados al África con SUDÁN?, la que fuera una de las naciones más grandes de África, cuya superficie casi equivalía a toda la de Europa Occidental, continúa en un proceso de desmembración. Un largo periodo de inestabilidad forjado desde Europa y los Estados Unidos culminó en un referéndum separatista de enero del 2011.

Lo hemos analizado en el post anterior, con el caso de la política  separatista de Cataluña y casos anteriores como la extinta Yugoeslavia, ejemplo vivo de los nacionalismos extremos, impulsados desde otros lados (el caso de Cataluña aparenta no tener intromisión extranjera -pero la tiene-, manejándose en las bases como una auténtica y fervorosa llamarada nacionalista, no por ello exenta de un falso referente histórico y jurídico). El caso del Kurdistán es otro laborioso esfuerzo internacional por dividir a las naciones por intereses meramente materiales.

Forjando un aparente marco de legalidad, los referéndums independentistas o separatistas –que es el término correcto – lo único que consiguen es destruir una nación. Yo pregunto, qué país que integraba Yugoeslavia ha conseguido progresar o crecer económicamente? Ninguno será más grande, ni desarrollado como fueron dentro de aquella unidad llamada Yugoslavia; convirtiéndose en pequeños estados satélites, manipulables, sin agendas ni propósitos nacionales propios, dependientes de las grandes economías extranjeras, en títeres coloniales de la OTAN/UE y fieles cumplidores de los dictados emanados tanto de Washington como de Bruselas.

Ese es el camino que le depara a un supuesto Kurdistán y a todos aquellos que quieren desoír y cegar la realidad histórica. NADIE HA GANADO NADA DESPUÉS DE UNA DESINTEGRACIÓN TERRITORIAL, AL CONTRARIO, ES COMÚN QUE PIERDAN SU VERDADERA IDENTIDAD.


Entremos al caso de Sudán.



A la izquierda, Mapa de Sudán hasta el 2011. A la derecha, Sudán dividido en 2011. Al norte: La República de Sudán; al sur: Sudán del Sur. Los continuos conflictos internos en Sudán del Sur prevé una nueva división en la joven nación, así como en la República de Sudán con la guerra en la región de Darfur. Muchas voces, especialmente en Norteamérica claman por la independencia de Darfur. “Salvemos Darfur” es una popular campaña  emprendida utilizando a conocidos artistas desde hace muchos años. 


Sudán está dividido desde el 2011, por el momento en dos (República de Sudán y Sudán del Sur –ésta última flamante nación se bautizó al poco con una nueva guerra civil), grandes intereses corporativos internacionales manejan la estrategia de continuar dividiéndola, además del gran negocio con la venta de armas, lo consiguen provocando nuevos conflictos armados entre diversas tribus que terminan con la alarmante y recurrente “limpieza étnica”.

El “proyecto” original contempla dividir el otrora Sudán unitario en varios estados más, cuatro, para ser más precisos. Las forjadas crisis políticas internas, las rivalidades tribales garantizan la vigencia permanente de hostilidades por lo que debemos entender que el seccionamiento territorial todavía está operativo. Generalmente son proyectos a largo plazo, desmembrar una nación no se consigue de la noche a la mañana, es todo un proceso metódico.

Al parecer hay más que suficientes recursos naturales (petróleo, oro, diamantes, coltán y otros minerales) que las potencias occidentales pueden darse el lujo de crear otros estados en la ya dividida Sudán, tremendo botín!

No nos cansaremos recordar que tras las labores “humanitarias” patrocinadas por la ONU, los Estados Unidos o alguna otra potencia colonial, se esconde, entre bambalinas, tenebrosos poderes y ambiciones. Curiosamente las acciones “humanitarias” (sin desdeñar el trabajo fervoroso que hacen miles de voluntarios de buena fe) solo se presentan en países africanos con increíbles reservas estratégicas, pero pobres en estabilidad política (provocadas intencionalmente por los “humanitaristas”).


Estamos viviendo la Edad del Capitalismo Salvaje.

Las potencias occidentales únicamente miran donde explotar los recursos naturales en África. El ser humano que habita en esas regiones es un escollo – hay que eliminarlos – y la mejor forma de infiltrarse en esas sociedades tribales es aplicando el “humanitarismo”. La ética y la moral no cuentan, los modos de obtener los recursos materiales y financieros es lo de menos.

La única incertidumbre, dentro de este panorama, es saber cuál de estas grandes potencias – o sus transnacionales – se quedará con el control y explotación de los  vastos recursos. La historia lo dirá.

En febrero 2011 (días después del referéndum separatista del Sudán del Sur), nuestro amigo, el investigador Daniel Estulin, escribía un reportaje, cuyo título lo hemos reproducido aquí como subtítulo. Él nos informaba que la división de Sudán, por el momento, en dos estados: Sudán y Sudán del Sur es la aplicación de una vieja táctica muy conocida en África y el Medio Oriente, es la aplicación de la “superioridad” racial del hombre blanco empecinado no solo en explotar los recursos naturales sino por deshacerse de una raza “molesta” para las élites.


       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.



Para el blanco occidental las cosas ya no resultan tan fáciles, tiene una dura competencia, CHINA.

Si los lectores y analistas internacionales no se han percato, potencias occidentales como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, básicamente, y otros países de la UE/OTAN están en GUERRA ECONÓMICA con China en ÁFRICA; y, todo indica que esa lucha por acaparar los mercados va volviéndose global. La presencia rusa también vuelve a sentirse, así como la aparición en estas regiones de los intereses iraníes, israelíes y otros actores.

No es que exista unanimidad entre los países europeos que conforman la Unión Europea y los Estados Unidos, cada potencia maneja sus propias estrategias por apoderarse de las riquezas africanas, compiten entre ellas, se espían, sabotean la infiltración en sus “dominios” económicos, sino pregúntenle a la señora Angela Merkel y a los franceses por qué los Estados Unidos los espían?. Por supuesto que es más fácil ocultar esa rivalidad y achacarle la guerra económica exclusivamente a los chinos.
  
“África es la frontera final de esa batalla de supervivencia. Estados Unidos, China y Francia están metidos hasta las cejas en operaciones secretas en el Sahara Occidental, Sudán, Ruanda, el Congo, Burundi, Angola, el Chad, Etiopía, Somalia y Eritrea”, afirmaba Estulin hace más de seis años.






















Si colocamos superpuestos los mapas de los conflictos bélicos con los mapas de las reservas naturales estratégicas del continente africano, se acoplan divinamente. Coincidencia?. Los países africanos son ricos en recursos naturales, Sudán posee las mayores reservas de recursos inexplotados. A nadie debe asombrarle por qué Sudán se transformó en el foco de atención de las ONG patrocinadas en los EEUU y se haya convertido “en el epicentro de la guerra sin cuartel en el continente oscuro”.

Sudán era antes del 2011 el mayor país de África, con  una superficie de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, con una población estimada en ese tiempo de 35 millones de habitantes y una diversidad étnica asombrosa, alrededor de 400 grupos étnicos con sus dialectos, el idioma árabe era su vínculo (pretexto perfecto para dividirla). Su posicionamiento geo- estratégico junto al Mar Rojo, lo convirtió en una zona natural a ser desestabilizada, además de compartir fronteras con otros países –curiosamente con alto grado de inestabilidad política- Egipto, Libia, Etiopía, Eritrea, Uganda, Chad, República Democrática del Congo, República Centroafricana.

El Referéndum de enero 2011 fue el final de Sudán como entidad territorial unitaria, declarando la independencia en junio de ese mismo año. De que ha servido?, para nada, las guerras se perpetúan, transformándose en una amenaza global para toda África.


       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.


La política de las potencias imperialistas ha sido siempre dividir países.
“La razón es fácil de entender – eliminar la soberanía nacional y la identidad nacional. «Divide y vencerás» es una de las estrategias de amplio alcance utilizada también por Israel, otro país con sumo interés en África. Israel adoptó hace mucho tiempo una estrategia que ellos llaman «tirar de las extremidades para después cortarlas». Esta política consiste en tender puentes a grupos minoritarios en varios países, sacarles del contexto nacionalista y «animarles» a independizarse”.

Y, es que los hechos son evidentes, tras el separatismo, Sudán del Sur, con el pretexto de otra guerra civil, empezó albergar “fuerzas de paz” de la ONU, pero también acoge, hoy, una base de misiles israelíes de largo alcance apuntando principalmente a Irán. Sudán del Sur, es aliado de Israel, efectúa las exportaciones de su petróleo, única fuente de ingresos de la nueva república, con la que paga las compras de armas israelíes… Irán, en contramedida apoya a Sudán y hace presencia en Port Sudan.

Otra “coincidencia” es que Sudán está en la “honrosa” lista de países que fomentan el “terrorismo internacional”.

       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.


Veamos otro detalle de interés que nos narra Estulin.

“Las semillas del conflicto actual en Sudán se plantaron en el siglo XIX como consecuencia de la política colonial británica. Esa política se basaba en un país atacando otro país contra su propio interés. Un ejemplo perfecto de esa política es Darfur, donde estamos viendo como han dividido regiones en tribus de micro-identidad, basados en diferencias étnicas, religiones y geografías. Otros ejemplos de esa política genocida son Ruanda, Nigeria y Kenya.
El juego impuesto por los británicos es puramente psicológico: defender a todo coste su pseudo cultura basada en la supuesta etnicidad tribal. De esa forma, loa pueblos Africanos se auto-destruyen desde dentro. Cuando a una masa social se les trata como a unos animales, que es el caso de África Sub Sahariana, la gente lucha simplemente para sobrevivir en condiciones sub-humanas de un genocidio impuesto desde fuera, resulta mucho más fácil manipularles que reconocer la cara del verdadero enemigo. A eso juega el Imperio”.

       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.


El Imperio Británico nunca ha respetado la soberanía de ningún país africano porque no ven a los africanos como seres humanos. El trato es básicamente igual al que se da a un animal en el zoológico; y, con la ayuda de los medios de embrutecimiento masivo (comunicación?), las campañas publicitarias de “Salvemos Darfur”, a través de la CNN, BBC, Fox, etc. son fáciles de digerir y promover, acota Daniel Estulin.

Casos como Sudán siguen un patrón común, muy visto.
 “¿Cómo se articula la campaña de propaganda en los medios de comunicación? Fácil: Saturación de reportajes desde una región en crisis; llamadas de emergencia para ayudar a la retransmisión en los medios de comunicación electrónicos; fotografías de refugiados mostradas en televisión; testimonios espeluznantes de violaciones “en masa”, que seguramente están pensados tanto para provocar como para generar ira; evocaciones de reproche del genocidio de Ruanda; exigencias de que deben tomarse medidas (“¿Cómo nos podemos quedar de brazos cruzados?”, etcétera); artículos en los principales medios de comunicación que exijan el retorno de la época del benévolo imperialismo, y finalmente, el anuncio de que se está planificando una intervención”.

       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.


El escenario de la intervención se copia y pega fácilmente a partir de hechos históricos del pasado. Huelga decir que todo se hace de “buen espíritu”, gracias a ese gran y “bondadoso” corazón que tiene Estados Unidos.

1) Crear inestabilidad y caos, dando la impresión que los árabes se enfrentan a los africanos
2) Promover campañas desinformativas mediáticas enfatizando el incremento de la inestabilidad.

3) Incitar y desatar la ira en la opinión pública de la gente en Occidente, ya perversamente manipulada y que se cree todo.
4) Dogmatizar con el cuento que “el diablo aparece montado a caballo”, en el caso de Sudán, el diablo era la milicia Janjaweed. La clásica lucha entre el bien y el mal.

5) Transformar a ese demonio en el “enemigo” (en nuestro caso de investigación sobre Sudán, serían los árabes y sus socios: las empresas petroleras chinas y los servicios secretos rusos.
6) Movilizar a los ejércitos cristianos y sus servicios “humanitarios”.
7) Desgastar la credibilidad y poder del enemigo.
 8) Una vez ganado el apoyo moral de los preocupados ciudadanos occidentales, se procede a deponer  a las fuerzas del “mal”, instalando “un  gobierno benévolo, pacífico y a favor de la democracia”.
9) Conseguido el objetivo, se terminan las sanciones y se facilita el “desarrollo” del pueblo liberado.
Y ahí está: otra misión “civilizadora” para conquistar a esas hordas de árabes bárbaros y a esos africanos tribales, enfermos de SIDA, analfabetos e indefensos que se mueren de hambre.

       Campos de refugiados en Chad a pocos kilómetros de la frontera con Darfur, Sudán.


EPITAFIO

Daniel Estulin reflexiona sobre la realidad del conflicto de Sudán, se concibió hace un siglo, cuando los ingleses dictaron leyes segregacionistas entre 1922 y 1925, por ejemplo “Passport & Ordinance Act” que prohibía la integración entre el Norte y el Sur de Sudán, es decir, si alguien del norte de Sudán viajaba al sur del país, era considerado como un acto criminal.

La tácita formación de dos Sudanes, por los británicos, fue la razón directa del referéndum de enero del 2011. Una de las prioridades era apartar del gobierno sudanés al presidente Omar al-Bashir, además,
“las verdaderas intenciones de esa pandilla de degenerados es balcanizar el país, un Sudán con recursos naturales de gran valor como petróleo y coltán, en proceso creando cuatro países pequeños y absolutamente dependientes de las potencias externas como la ONU, EEUU, OTAN y los ONGs, todos controlados por naciones occidentales: Sudán del sur, Darfur independiente y dos estados lindando con Eritrea y Etiopia. Las consecuencias de la Balcanización de Sudán nos llevaría a una nueva guerra en el cuerno de África entre Sudán, Eritrea, Etiopía, Kenya, Uganda, Chad, Congo, Zaire”.

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*NOTA: El presente artículo está inspirado en una ponencia de Daniel Estulin “La cruda realidad detrás de una promesa de futuro”. (1 febrero 2011), de allí el subtítulo de la presente entrada. El artículo ha sido revisado y complementado con sucesos actuales por el redactor del blog. La página web de Daniel Estulin ya no está disponible en internet. Las fotografías de los campos de refugiados en el Chad corresponden a Daniel Estulin.
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