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15 noviembre 2019

Bolivia: El retorno de "Los Novios de la Muerte".




Por Tito Andino U.


Golpe de estado contra Evo Morales. Algo nada "anormal" en el otrora primer narco estado de la historia. Cuando parecía que la democracia, la estabilidad y sobre todo una relativa prosperidad político-económica había sentado las bases del estado boliviano, se produce una inusual ola de violencia que sobrepasó el límite de tolerancia de las denominadas "protestas espontáneas". Es evidente que no solo querían desalojar del poder a Morales, hay presunciones que conducen a creer que lo querían eliminar físicamente.

Recordemos que los orígenes políticos del líder aymara boliviano, Evo Morales, surge alrededor de 1980, en esa lucha contra el narcotráfico internacional de cocaína, como sindicalista y activista de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y dirigente de la Federación Especial del Trópico, una especie de sindicato de campesinos e indígenas productores de la hoja de coca en la región del Chapare-Cochapamba. Luego fundaría el partido político MAS (Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), conocido también  como "Movimiento al Socialismo", fundado en 1987, como Movimiento al Socialismo-Unzaguista.

He titulado este artículo como el "retorno de los novios de la muerte" debido a que el golpe de estado fraguado en contra de Evo Morales tiene los mismos componentes de una extinta organización paramilitar boliviana ligada al tráfico de drogas y neonazis europeos asentados en el país. No solo me refiero a la forma en que se organizó el golpe, han sido años de notorio hostigamiento, se ha recurrido al ataque violento y alevoso contra la propiedad de los miembros del gobierno, creciente inseguridad pública reflejado en el vandalismo y pillaje planificado en las principales ciudades, insubordinación de la fuerza pública, amenazas de muerte a las principales autoridades del país, torturas y agresiones físicas a funcionarios y ciudadanos, respaldo de las clases oligárquicas de la región más rica de Bolivia, Santa Cruz de la Sierra, intromisión secreta de los Estados Unidos, vía agencias de seguridad nacional. Una fusión de fuerzas externas con un liderazgo étnico descendiente de extranjeros, y, probablemente -en la sombra- ocultos intereses del narcotráfico. Esa conjunción es la directa responsable del golpe y dimisión de Morales.



"Los Novios de la Muerte" organización paramilitar entrenada y fundada por Klaus Barbie en Bolivia, al servicio del narcotráfico.


En honor a la verdad, debemos expresar que en las últimas elecciones Evo Morales se declaró vencedor demasiado pronto, en unos, quizá, no tan transparentes comicios, hay indicios de algunos actos viciados que pudieron o no afectar el resultado; así como también causa extrañeza la inmediata declaración de la Organización de Estados Americanos (OEA) pidiendo anular y convocar nuevas elecciones. Lo dicho no avala una ya planificada acción golpista, a la espera del escrutinio final. Morales no debía declararse ganador cuando, posiblemente, ameritaba una segunda vuelta electoral si quería demostrar transparencia democrática. Es cierto que muchos bolivianos ya no querían a Evo dirigiendo el país (algo normal en democracia), pero éste brindó el pretexto para que los planes de la oposición golpista se pusieran en marcha con el objetivo de derrocarlo. Evo se equivocó de estrategia, tampoco asumió que el poder desgasta, no reconoció que su etapa estaba en la recta final. Morales tenía que salir por la puerta grande, como todo lo que hizo por Bolivia a lo largo de más de una década.

En esas circunstancias Evo Morales provocó a un gigante al acecho. Más bien, es sumamente sorprendente que haya perdurado tanto tiempo en el poder con enemigos tan poderosos, comenzando por los Estados Unidos. Morales una vez electo presidente en 2005 ya fue amenazado por el embajador estadounidense (su posesión fue el 22 de enero de 2006). 

Los enemigos de Evo Morales

Los enemigos de Morales han sido siempre: 

Los Estados Unidos, el narcotráfico internacional, la oligarquía descendiente de una minoría de extranjeros que se asentaron en Bolivia y que lucraron por mucho tiempo de la producción de droga y que han controlado el poder político del estado. Alguien duda que Estados Unidos se mantuvo alejado en la caída de Morales?

La supepotencia mundial soportó durante 13 años ser humillada públicamente por el líder boliviano quien se atrevió a expulsar a la Drug Enforcement Administration (DEA) (Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos) del territorio nacional, acusando a la agencia de tolerar el narcotráfico desde territorio boliviano, Morales no tuvo problemas en señalar que los agentes del DEA conocen cuáles son los narcotraficantes en Bolivia, encubren su movilización, conocen sus rutas de envío de la droga y no comparten información con las autoridades bolivianas. En un discurso del 1 noviembre 2008 el presidente Morales anunció la decisión de expulsar al DEA de Bolivia, también acusada de auspiciar el intento de "golpe de estado civil" de la derecha boliviana en su contra (septiembre 2008), en esa intentona murieron 19 personas. Extraño?... Para nada.

Los Estados Unidos se hartaron de la política de Evo Morales sobre el control y siembra de la planta de la coca. Para nadie es novedad que Washington utiliza la política antidrogas como medio de control geopolítico, es decir, su imposición de normas a cambio del respaldo al gobierno respectivo. Según Morales, Estados Unidos fue en el pasado el "dueño de Bolivia" y su embajador era quien decidía a quien nombrar dentro de los aparatos de seguridad del país.

En lo económico, si nos ceñimos a la política imperial de dominar los mercados, producir cocaína es más rentable que cualquier otro tipo de inversión, incluso, en ciertos casos, es más rentable que explotar los yacimientos hidrocarburíferos. Así que la otrora primera "potencia" mundial en la producción de cocaína -la Bolivia de los narco gobiernos militares, paramilitarismo y oligarquía- vio derrumbado el pingüe negocio con la llegada de la democracia a Bolivia en 1982.

Los grupos paramilitares comenzaron a ser desmantelados y con ellos la protección al narcotráfico. El primer narco-estado del mundo cambió de rumbo sin dejar de conservar la tradición cultural indígena respecto a la hoja de coca, costumbre que fue respaldada por Evo Morales como dirigente cocalero. Y, por supuesto, eso no significó que el narcotráfico en Bolivia llegara a su fin. 

Organizaciones criminales siguen operando en Bolivia y en la región. Es habitual escuchar acusaciones al gobierno de Morales de aliarse con venezolanos y cubanos exclusivamente para exportar cocaína. Por sentado que se han destapado casos de corrupción en Bolivia, Venezuela y en cualquier parte del mundo respecto a individuos pertenecientes a sus gobiernos que abusan de sus cargos para negociar con el narcotráfico internacional, lo mismo sucede en los Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, etc, etc.



Lo que sí es criticable son las muchas notas de prensa (alineadas con el gobierno de los Estados Unidos) que describen -sin fundamento- al periodo de Evo Morales como "narco-estado". La prueba más notoria es el vil montaje fotográfico que está dando vueltas al mundo a través de los medios. Aparecen juntos (en este orden) El "Chapo" Guzmán, Evo Morales y Pablo Escobar... Dado el grado de ingenuidad de mucha gente, influenciada por las corporaciones globales de noticias, no cabe duda que algunos habrán "comido el cuento chino". No vale la pena describir a quienes están detrás del burdo fotomontaje.

En el mundo real, no hace mucho -marzo 2019- Morales, estuvo presente en la reunión de Viena organizada por las Naciones Unidas para analizar la política antidrogas en América Latina y el Caribe, con la participación de la Unión Europea. Evo Morales declaró que "la realidad nos demuestra que la guerra contra las drogas ha fracasado", explicó el modelo boliviano en la lucha antinarcóticos tras la expulsión del DEA precisamente hace diez años. Ese esquema se basa en el control social y pactado de los cultivos, muy diferente a la fórmula de erradicación forzada, sin respeto a los derechos humanos. Morales planteó siempre que cada estado debe adaptar el combate al narcotráfico a su propia realidad. 

Pese a sus detractores internacionales, su modelo antidrogas ha dado resultados positivos, dijo en la citada reunión que hace 13 años la coca cultivada en Bolivia representaba el 20% del total en la región andina, en el presente representa el 10%. Su posición es: "No puede existir el libre cultivo de coca, pero tampoco políticas de coca cero". 

Desde otro punto de vista la cosa es simple: Existe narcotráfico porque existe demanda de cocaína y porque es uno de los mejores negocios del mundo, al punto que la cocaína y heroína han llegado a ser parte fundamental de la economía capitalista global. Según propios datos de las Naciones Unidas en la última década aumentó el cultivo, producción y consumo de drogas en el mundo. El ejemplo está a la vista, Estados Unidos conserva el "privilegio" de ser el primer consumidor mundial de cocaína.

Quién puede negar que Bolivia en el periodo de Morales ha calificado como uno de los países con mayor crecimiento económico en Sudamérica y que ha controlado la siembra de la coca a niveles tolerablesMorales destaca siempre el trascendental valor cultural de la coca en la evolución de Bolivia, es partícipe que la Organización Mundial de la Salud estudie más a fondo los posibles beneficios de la planta para la salud. Masticar la hoja de coca es una ancestral costumbre medicinal de los pueblos indígenas de Bolivia, otra cosa muy diferente es la producción de cocaína usando como base un proceso químico para extraer el alcaloide de la hoja de coca. 


Como referencia histórica, muchos académicos e historiadores señalan que fueron gracias a los militares durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978) y a la "Falange Boliviana" que éstos fueron adueñándose de las tierras orientales de Bolivia para dedicarlas al narcotráfico en alianza con los flamantes terratenientes de Santa Cruz de la Sierra.

El paramilitarismo al servicio del narcotráfico aparece con fuerza luego del golpe de estado militar de 1980 del General Luis García Meza, conocido como "el golpe de la cocaína", el grupo paramilitar era conocido como "Los Novios de la Muerte", organización adiestrada por un ex nazi, Klaus Barbie, como brazo ejecutor de la CIA, de allí surgió la conexión boliviano-colombiana del narcotráfico, también conocida como la "General Motors de la Cocaína". Ese grupo paramilitar también era conocido como las "Águilas Negras". Casi todos sus integrantes eran europeos o descendientes de europeos, provenían en su mayoría de la Alemania nazi, habían fascistas italianos y de otros países de la orbita del Eje en la segunda guerra mundial. Su tarea principal era limpiar las huellas de las operaciones de los narcotraficantes. 




En aquellos "años dorados" de inicios de los 80, éstos paramilitares controlaban la seguridad de todas las operaciones de narcotráfico en Santa Cruz y Beni, pero Klaus Barbie no era su jefe, el Jefe era el "Rey de la Cocaína", Roberto Suárez Gómez, Barbie fungía de asesor de inteligencia, enlace con el gobierno y quien realizaba los contactos internacionales para el negocio.

El golpe contra Evo Morales

La oposición y protestas callejeras está al mando del líder de ultra derecha Luis Fernando Camacho, "El Macho", de familia acaudalada de la región más rica de Bolivia, Santa Cruz de la Sierra, lugar que ha controlado por generaciones el poder político y económico del país y donde los Estados Unidos alienta el separatismo. La millonaria familia de Camacho integra el Grupo de Inversiones Nacional Vida S.A. constituida por empresas de seguros, gas y otros servicios. 

Camacho es también miembro de la poderosa Logia Masónica "Los Caballeros del Oriente". El "predicador bíblico" está involucrado en el caso de los "Panama Papers", por medio de entidades fachada (offshore) cuyo objetivo era lavar dinero, ocultar fortunas y la clásica evasión de impuestos (denunciadas ante el Congreso boliviano en 2017).




Camacho está al frente del separatista "Comité Cívico Pro Santa Cruz", organización denunciada en 2008 por la Federación Internacional de Derechos Humanos, siendo uno de sus principales aliados el croata-boliviano Branko Marinkovic, acusado de ser "actor y promotor del racismo y la violencia en Bolivia", comprometido con los complots para asesinar a Evo Morales y miembros del MAS (2008-2009), así como convocar a la desobediencia de las fuerzas del orden. Por descontado, ésta y otras organizaciones, denominadas "Comités" gozan del respaldo irrestricto de los Estados Unidos. 

El "Macho" Camacho en su juventud lideró una organización separatista abiertamente fascista denominada "Unión Juvenil Cruceñista" (UJC). Esa organización, así como los "Comités Cívicos" son grupos con formaciones paramilitares y clara tendencia a la ideología fascista, como lo han sido siempre los devotos ultra católicos del mundo, "El Macho", no es la excepción en ese liderazgo observado durante el golpe a Evo Morales. 

Sobre la "Unión Juvenil Cruceñista", o "Unión Juvenil de Santa Cruz" (UJC), también pesan anteriores acusaciones de complots para asesinar a Evo Morales. La UJC dice "luchar" por la "libertad" (?) y en defensa de su cultura (?) y que usará la fuerza de ser necesario. Es famosa por agredir a indígenas con crueles métodos como el azote, atacar a periodistas, arrojar piedras a los estudiantes y simpatizantes de izquierda, asaltar sedes de movimientos sociales, etc. Está organización paramilitar jamás han ocultado su concepción racista anti indígena. La UJC arenga a sus simpatizantes, desde los días que Morales asumió el gobierno, al separatismo aduciendo haber sido revasados por una masa satánica de indígenas. 


"La UJC es el equivalente boliviano de la Falange de España, el RSS supremacista hindú de la India y el batallón neonazi Azov de Ucrania. Su símbolo es una cruz verde que tiene fuertes similitudes con logotipos de movimientos fascistas en todo Occidente. Se sabe que sus miembros lanzan saludos de Sieg Heil al estilo nazi. Incluso la embajada de los Estados Unidos en Bolivia describió a los miembros de la UJC como "racistas" y "militantes", y señalando que "han atacado con frecuencia a personas e instalaciones del movimiento MAS y entes gubernamentales"afirman en un esclarecedor reportaje los conocidos periodistas e investigadores estadounidenses, Max Blumenthal y Ben Norton, editores del medio "The Grayzone"


El "Macho" Camacho como miembro de la "Unión Juvenil Cruceñista" o "Unión Juvenil de Santa Cruz" (UJC)


Los medios ocultan las conexiones profundas de Camacho con ese paramilitarismo extremista y cristiano, reconocidos por la violencia racista y mensajes escritos. Es en ese ambiente separatista de Santa Cruz y en las formaciones paramilitares de corte fascista donde surge la política de Camacho que define el contorno ideológico del golpe. 

Camacho es el típico populista que juega con la fe del pueblo, biblia en mano dice luchar con la fe y no con las armas, "Dios Volverá Al Palacio" es su lema. "Pachamama nunca volverá al Palacio", dijo, refiriéndose a la doctrina indígena del espíritu de la Madre Tierra, "Bolivia le pertenece a Cristo".  Tras la toma del Palacio presidencial, las huestes encapuchadas de Camacho procedieron a quemar las banderas de Wiphala, el símbolo de la población indígena del país y de la visión plurinacional de Morales. Está claro que Camacho y los suyos son contrarios al reconocimiento que Bolivia constituye un estado plurinacional



Los principales medios y agencias internacionales de noticias se han alineado con el "hombre de la biblia", un "macho" que derriba gobiernos "solo" con la biblia en la mano. La prensa apenas reconoce sus relaciones con los ultraderechistas Iván Duque (Colombia) o Bolsonero (Brasil) que lo apoyan para cambiar el gobierno en Bolivia. Influyentes diarios como el New York Times o  la agencia Reuters ungieron a Camacho como el "líder" de la oposición boliviana, sin que haya participado nunca en elecciones. El candidato opositor que participó en las elecciones fue Carlos Mesa con el aval de los Estados Unidos por simpatizar con la privatización de los bienes públicos nacionales. El nombre de Carlos Mesa apareció en los cables de Washington publicados por WikiLeaks como aliado en la desestabilización del gobierno de Evo Morales. Según Primera Linea, la familia Camacho utilizó el "Comité Pro-Santa Cruz" como arma política para instalar a Carlos Mesa en el poder y garantizar la restauración de su imperio comercial. 

Evidente es que Camacho y las élites de Santa Cruz fueron afectadas por las políticas de nacionalización del gas boliviano que ha beneficiado a las masas (y ese no fue un acto demagógico) en detrimento de la economía familiar de estos grupos de poder.

La "resistencia" de las élites tradicionales bolivianas nunca han sido pacíficas, en todo el tiempo que gobernó Evo Morales se crearon grupos armados para desestabilizar y dividir el país. Se organizaron en los típicos "Comités Cívicos" dirigidos por la clase alta del país que desprecia al "cholo" boliviano. Esos grupos no son nuevos, tienen décadas de existencia, desde que reinaban el país a través de los narco militares o emitiendo leyes que facilitaron el enriquecimiento ilegal de su élite, solo mudan de nombre cada tiempo.

Estos "Comités Cívicos" conforman alianzas en los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. La denominada 'Media Luna' (o Medialuna). Todo indica que su modus operandi es el mismo del añorado grupo, de las élites corruptas, de los viejos paramilitares y organizaciones de narcotraficantes, los "Novios de la Muerte".


La Policía Boliviana se revela contra Morales y se pone a órdenes del "Macho" Camacho.


Según otros medios internacionales (citamos como ejemplo RT), el mismo Camacho demuestra cual es su estilo de confrontación, citando al narcotraficante colombiano Pablo Escobar dijo: "Tenemos que hacer —salvando las diferencias— sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo" (declaración del 30 de octubre en Santa Cruz).  

A través de las redes sociales Camacho pide a sus seguidores que denuncien y anoten nombre por nombre a sus enemigos políticos (a lo Pablo Escobar). Que denuncien toda publicación en su contra y la del movimiento que lidera con el propósito de encarcelar a los "traidores del pueblo", llama a sus bases para que los localicen rastreando su ubicación del móvil.

Camacho ha ganado la batalla para aquellos que son la encarnación de todos los males de los bolivianos. Camacho solo cumple la agenda. Exige protagonismo, fama y poder, con la misma exigencia que pidió la cabeza de Morales como trofeo. Según su lista (a lo Escobar) también quiere humillar públicamente a las autoridades y personas cercanas al depuesto presidente; ahora quiere que todos los parlamentarios afínes a Morales terminen en la cárcel. 

Camacho -"El Macho"- impone sus deseos, controla a la policía, cómo lo hizo?. Repetimos, no es él, son las élites descendientes de los "Novios de la Muerte", son la oligarquía santacruciana y el narcotráfico, auspiciados por la Embajada. Camacho "El Macho" quiere emular a Héctor -el auténtico "Macho" Camacho- para poner en KO técnico a Bolivia. Anhela recrear un modelo "democrático" al estilo de sus cercanos antepasados del paramilitarismo mafioso. El auténtico "Macho" Camacho (Héctor) lanzaba golpes de puño dentro de la deportividad; el falso "macho" boliviano lanza golpes de estado escudado en la biblia y en la "libertad". Sus golpes -a diferencia del auténtico "Macho"- mata a los indígenas bolivianos a quienes desprecia. Como buen fascista se cree superior, será que el "macho" boliviano tiene sangre "aria" o será un mestizo normal y corriente como somos la inmensidad de latinoamericanos?.



Las cosas están escritas -salvo un alzamiento indígena en respaldo de Morales, lo que desataría una guerra civil-. Un gobierno marioneta de transición será quien elija al futuro gobernante, quién sabe, sea el premio para el "Macho" Camacho boliviano, que no será otra cosa que el títere de las élites descritas. 

La senadora Jeanine Áñez se ha proclamado presidenta de Bolivia, ha sido reconocida por los otros poderes del estado; y, emulando al "Macho" arribó a la Casa del Gobierno con biblia en mano, promete pacificar el país. Si en realidad quiere hacerlo, entonces, tendrá que frenar al "Macho" Camacho, porque él y los suyos son los únicos que ha desatado la violencia. 

No creo haberme equivocado al titular este artículo "El retorno de los Novios de la Muerte", cuando los líderes derechistas, con biblia y libreta en mano, ordenan incendiar las casas y propiedad de funcionarios y autoridades de la administración de Evo Morales, actos que se extienden a otros dirigentes políticos ajenos al gobierno; cuando grupos organizados transitan por las calles creando el caos mediante la violencia, saqueando la propiedad privada y privando de los servicios básicos a la población. Han recreando el ambiente de odio entre bolivianos por su condición social, laboral y hasta racial. Desean la confrontación dividiendo al boliviano desde el núcleo familiar, vecinal y comunitario. 

Si en pleno siglo XXI existen por el mundo estados controlados por Estados Unidos cuyo producto principal de exportación es la droga (Afganistán, Colombia), no sería nada raro retroceder a Bolivia a su época más negra, el narco-estado paramilitar; o, por lo menos, a los tiempos en que Bolivia era saqueada al capricho del dictador de turno.

Este artículo habrá arruinado mis vacaciones en Bolivia, con seguridad "El Macho" boliviano sacó su libreta y anotó el nombre del autor. Ya no necesitará una libreta, tendrá que pedir un libro.


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Artículo relacionado sobre Bolivia y los "Novios de la Muerte":

Pablo Escobar y la CIA? (2)


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18 agosto 2018

Pablo Escobar y la CIA? (2)



Titular de una publicación en inglés sobre el presunto nexo Escobar-CIA




I parte

A manera de prólogo


por Tito Andino U.

"EL REY DE LA COCAÍNA. Mi vida con Roberto Suárez Gómez y el nacimiento del primer narcoestado" es el libro publicado por Ayda Levi en 2013 (Vintage Español), un interesante relato escrito por la viuda de Suárez, ella se habría separado de Suárez al conocer que éste acaudalado empresario estaba involucrado en el narcotráfico. Para quien conoce la historia del mundo de la cocaína no le será extraño escuchar este nombre, Roberto Suárez fue una leyenda viva en Bolivia, siendo el mayor productor de cocaína pura en el mundo.  A mediados de los años setenta comenzó a unificar en su entorno a los productores de la hoja de coca forjando su "Corporación", para esos mismos años inició su relación con un todavía bisoño Pablo Escobar, futuro líder del Cartel de Medellín.

El libro de la señora Levi narra como Suárez financió los clásicos golpes de estado militares muy frecuentes en Bolivia; nos desvela las actividades de un nazi exiliado, aquel personaje conocido como el "Carnicero de Lyon", cuya identidad es conocida por todos, Klaus Barbie; la implicación del General Manuel Noriega de Panamá en las negociaciones por las rutas de la droga; la conexión cubana sigue siendo polémica, incluso calificada como una teoría conspiranoica, pero el libro desvela algunos detalles, afirma que Fidel y Raúl Castro contactaron con Suárez y Escobar en enero de 1983 y los invitaron a Cuba, que el general cubano Antonio de la Guardia fue el nexo con los narcos. 

El interés cubano, supuestamente, no era económico sino usar el narcotráfico como "arma contra el imperialismo yanqui, y apoyar con los fondos provenientes del tráfico a los grupos guerrilleros colombianos", afirma Aida Levy. También habla sobre la financiación de los "Contras" nicaraguenses a través del comercio de la cocaína en Estados Unidos con la intervención del Coronel Oliver North; el mundo de las altas finanzas donde aparece involucrado el "Banquero de Dios", Roberto Calvi

Un libro que no tiene desperdicio.



Portada del libro de Ayda Levi



Roberto Suárez Gómez, al igual que Pablo Escobar era muy querido por algunos sectores populares, llegó también a calificar como un "Robin Hood" (como sería en un futuro mediato Escobar); en el caso del boliviano, fue la revista "Times" quien así lo señalara; otros medios internacionales lo describían como “el rey de la cocaína”. Su popularidad era tal que incluso solicitaron su venia para crear un personaje de cine en que Suárez era interpretado en la película "Scarface". 


Los laboratorios de cocaína de Suárez en las selvas bolivianas producían toneladas de droga al mes que eran distribuidas entre sus socios del Cartel de Medellín, dirigido por Pablo Escobar, hablamos del tiempo en que Colombia no producía coca, la droga era enviada luego a los Estados Unidos -según se afirma- en operaciones clandestinas y conjuntas con la CIA, el mismo método se utilizaba para enviar la droga a Europa. Suárez poseía una flota privada de aviones que en el Bolivia de esa época, casi sin control aéreo y una difícil geografía, le facilitaba establecer sus rutas.

La "Corporación" no podía funcionar -evidentemente- sin la participación y protección de las fuerzas de seguridad de los países involucrados en el comercio ilícito y sus autoridades políticas, todos convenientemente corrompidos por los narcolólares; el caso boliviano era particular, los gobernantes bolivianos estaban al tanto del negocio. Fue tal la industria de la exportación de la cocaína boliviana que se la bautizó como “La General Motors del Narcotráfico”

Como es usual, Suárez Gómez se hizo demasiado conocido y famoso. Pero, él no era un don nadie, ya era un rico heredero de la otrora oligárquica y próspera industria del caucho, mantenía amistades con elitistas círculos del 'jet set' y la alta política, diversificó su fortuna en otros negocios, finalmente decidió incursionar en el comercio de la droga. 


La popularidad de Roberto Suárez le puso en la mira del DEA, siendo uno de los hombres más buscados del mundo, mientras otra agencia estadounidense estaba feliz con su producción "industrial"

Se dice que Roberto Suárez propuso (al igual que lo haría posteriormente Escobar) pagar la deuda externa de Bolivia, pero eso es algo que no está permitido, aquello significaría independencia nacional y no sumisión a potencias extranjeras. Lo curioso es que Suárez quería que Estados Unidos pague la deuda y se libere a su hijo detenido en Suiza y extraditado a los EEUU (en juicio fue declarado inocente). La propuesta implicaba la entrega de Roberto Suárez (y sus bienes), existe constancia de una carta enviada por Suárez a Ronald Reagan, se encuentra inmersa en el libro de Aida Levy.

Suárez no pudo más que prever el futuro, concluyó que su actividad no sería tolerada más ni a corto ni a largo plazo y que el único camino era su entrega a las autoridades para un proceso judicial negociado (si no quería tener el final que departiría luego a sus socios colombianos). En 1988 la justicia boliviana lo condenó a 15 años de prisión por tráfico de drogas, fue puesto en libertad en 1996, murió en julio del 2000 tras sufrir un ataque al corazón en la ciudad de Santa Cruz. 



En cuanto a Escobar nos quedan flotando varias interrogantes. 

Es casi imposible demostrar un nexo directo CIA-Escobar., a pesar que algunas fuentes norteamericanas afirman que la CIA tuvo una estrecha relación con Pablo Escobar y otros carteles colombianos. Para ese fin la CIA habría fundado "Air America Inc", con una flota de aviones que operaba desde el aeropuerto de Wilkes-Barre/Scranton, en Pennsylvania, lo que sin duda facilitaba el flujo de la droga. 

Como en cualquier operación clandestina, lo que menos se utiliza son documentos, mucho menos con firma y membrete oficial, es como querer encontrar una orden escrita en que Hitler ordene el genocidio judío, es lógico entender que esa orden jamás fue redactada, mucho menos para que circule como decreto-ley. Ese tipo de órdenes se imparten verbalmente a través de la cadena de mando, jamás quedará constancia documental, salvo asuntos relacionados de índole administrativa. 

Lo mismo sucede en la hipótesis de que Escobar colaboraba con la CIA, lo hemos repetido, es más que plausible que tal hecho pudo tener lugar. En los casos de narcotráfico son notorias las conexiones indirectas con alguna agencia especial estadounidense. Barbie y el General Noriega evidencian ser los nexos entre la CIA y Escobar. Tampoco debe descartarse -en el caso Escobar- que al sentirse perseguido, acorralado, delatara a sus socios o a su competencia en el negocio ("sapear" en el argot popular), como todo apunta a la captura de Carlos Ledher. Muchos narcotraficantes terminan convertidos en informantes para lograr negociar su libertad o una reducción de penas. En el hipotético caso del capo colombiano hay indicios de que se le permitió gozar de libertad de movimiento por un largo periodo, relativa "tranquilidad" en que quedaría al descubierto contactos de alto nivel como las conexiones cubanas, nicaraguenses, altos jefes militares y policiales, políticos, hombres de negocios, etc. 

Tampoco puede sorprender a nadie que mientras una agencia norteamericana -digamos- el DEA persigue a Escobar, otra organización como la CIA lo protega, eso no es raro, al contrario, hay evidencia documental de varios casos. Dado el poder que adquirió Escobar, para la CIA era más útil libre -aun cometiendo atrocidades- que tras las rejas por un operativo del DEA. Al fin y al cabo, cuando ya no son necesarios pueden desembarazarse del "problema" utilizando los organismos y recursos legales.

Otra espina clavada es conocer si Escobar realmente tenía interés por la izquierda colombiana como decía en su círculo, o si era simplemente una estrategía demagógica para ganar respaldo de sectores marginales. Todavía existe muchas incógnitas sobre el DEA al revelar fotografías de Escobar "con las manos en la masa" en Nicaragua, poniendo en riesgo la credibilidad de los comandantes sandinistas, un fuerte golpe mediático que denunció a un gobierno señalado como comunista. Ese hecho demostraba que Escobar proveía cocaína no solamente a los Estados Unidos, sino a sus enemigos "comunistas" de Centroamérica. Con el incidente fotográfico de Nicaragua (que los sandinistas niegan y lo atribuyen a un montaje) cualquier vestigio de duda sobre el real negocio de Escobar terminó con esa evidencia. No está del todo aclarado si este episodio fue un plan secreto de infiltración o una desesperada acción del piloto Barry Seal al ser desenmascarado por el DEA y obligado a convertirse en informante; otras fuentes califican a Seal como el agente encubierto del DEA que pudo fotografiar al líder del Cartel de Medellín, junto a militares sandinistas, dirigiendo un embarque de cocaína en el aeropuerto 'Los Brasiles' en Nicaragua. (en 2017 se estrenó una película sobre Barry Seal 'El Traficante') 

Tras ese suceso, si Escobar colaboraba con la CIA fue el principio de su fin, su "tranquilidad" y libre movimiento acabaron súbitamente, ya no existía posibilidad de seguir siendo protegido. Empezaba la cacería del "Patrón"




Con Escobar si que encontramos un vínculo indirecto, aunque no concluyente, con la CIA. Sabemos que Manuel Noriega y Klaus Barbie (Altmann) en efecto colaboraron con la CIA, eso tampoco implica que estos personajes transmitieran algún tipo de orden superior a Escobar... la trama se vuelve sumamente compleja debido a la carencia de pruebas documentales y testimoniales. Solo el trabajo de investigaciones sagaces como el que leeremos a continuación puede ir atando cabos.  

Dejamos constancia que el reportaje que darán lectura a continuación pertenece a la autoría de Boris Miranda, originalmente publicado por la Revista "Nueva Sociedad" (Democracia y Política en América Latina) No. 257, mayo-junio de 2015 (ISSN: 0251-3552), esta versión digital es una fiel copia del publicado en la mencionada revista.  



II parte

Boris Miranda: Periodista, investigador y docente. Actualmente se desempeña como productor multimedia en BBC Mundo y trainer de la Deutsche Welle Akademie. Es autor de dos libros de crónicas y ganador del Premio Nacional de Periodismo Digital 2012 (Bolivia) y de la Victory Medal a la Excelencia en Periodismo Político 2015 (Estados Unidos).
NOTA: Las fotografías de esta segunda parte (a excepción de la presentación), cursivassubrayados y negrillas, así como los comentarios a pie de foto, son agregados por el editor de este blog.



CRÓNICA

El Carnicero y el Patrón
La conexión oculta entre Pablo Escobar y Klaus Barbie



Pablo Escobar y Klaus Barbie fueron piezas claves para montar la «General Motors de la cocaína». Sus pactos propiciaron golpes de Estado, la organización de paramilitares anticomunistas, los negocios con el Vaticano y los corredores incontrolables de droga en todo el mundo. Beni, Santa Cruz, Ciudad de Panamá, Medellín o Miami son apenas algunos escenarios de esta conexión casi secreta. La que unió al viejo nazi y «el Patrón» fue una de las alianzas más siniestras de las últimas décadas del siglo XX.

Pablo Escobar y Klaus Barbie compartieron mucho más que una bandeja paisa en Medellín o unas copas de Dom Pérignon en la Amazonía boliviana. Juntos, el Patrón y el Carnicero de Lyon fueron dos de los principales engranajes de una máquina que controlaba casi 90% de la producción y distribución de cocaína en el mundo a través de una conexión que comenzaba en Bolivia, pasaba por las selvas colombianas y terminaba en las calles de Estados Unidos y Europa. Sellaron acuerdos con presidentes en Panamá, combinaron sus ejércitos personales de paramilitares, combatieron el sandinismo en Nicaragua y montaron negocios con el Banco del Vaticano. La droga fue la excusa para el encuentro entre el narcotraficante más famoso de la historia y el viejo nazi que, con ayuda de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), huyó de Europa cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. 

Así fue cómo me enteré.

Yo quería contar la historia de un militar boliviano en retiro que vio muy de cerca cómo se montó el gigante negocio del narcotráfico y conoció en combate a muchos de sus protagonistas. Supe de él gracias a la amistad que tengo con uno de sus hijos. Esa conversación, sin embargo, nunca se pudo dar. «Mi papá cree que puede involucrar a demasiada gente», me dijo mi amigo a modo de disculpa, aunque de inmediato me soltó un dato que me pareció impresionante:


«No te imaginas los operativos de protección que se montaban acá cada vez que llegaba Pablo Escobar. Barbie en persona se encargaba de limpiarle el camino».
  
Decidí girar el enfoque y empecé a buscar los empolvados y ocultos hilos que conectaron al principal capo del Cartel de Medellín con el ex-comandante de la Gestapo que murió en Francia, condenado a cadena perpetua tras ser acusado por la deportación y muerte de millares de personas. La conexión está muy poco documentada, pero sobrevive en la memoria de aquellos que fueron parte de esos años vertiginosos de cocaína, golpes de Estado, millonarias excentricidades y alianzas siniestras entre mafiosos y criminales de guerra. Antes de hacer los contactos, intuyo que varios no querrán recordar aquellos episodios y preferirán mantener el bajo perfil con el que (sobre)vivieron las últimas décadas. No importa. Igual decido aventurarme y tocar la puerta de ex-paramilitares, familiares de auténticos 'drug lords' (como los llamaba la CIA), ex-ministros, generales retirados, viejos agentes antinarcóticos, amigos de confianza, ex-guerrilleros, abogados y, también, investigadores.

El abanico es amplio porque la historia que pretendo contar se da en el marco de una coyuntura marcada por las guerras globales fabricadas por EEUU contra las drogas y el comunismo. Es por eso que parte de la verdad puede encontrarse en una feria de Bogotá, en una oficina de Nueva York, en una hemeroteca de Lima o en un barrio popular extraviado en El Alto de Bolivia.


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Klaus Barbie comparece ante el Tribunal que lo juzgó en Lyon-Francia por crímenes contra la humanidad en 1987, fue condenado a cadena perpetua, falleció en prisión en 1991.

A finales de 2012, un libro le recordó a Bolivia que el tráfico de drogas pisaba tan fuerte hace tres décadas que podía disponer de la silla presidencial el rato que se le antojaba. Ayda Levy, la autora de "El rey de la cocaína. Mi vida con Roberto Suarez Gómez y el nacimiento del primer narcoestado" 1. En el mundo bautizaron aquel cuartelazo como «el golpe de la cocaína».

«El Rey», como le decían a Suárez, fue el primer motivo que juntó en un mismo salón al Carnicero de Lyon con el Patrón. El alemán y el colombiano se conocieron en una celebración por el cumpleaños de Roberto.

Gracias al contacto con uno de sus hijos, logré que Ayda Levy respondiera brevemente algunas de mis preguntas. «La relación entre Altmann-Barbie, Gonzalo Rodríguez Gacha (alias El Mexicano) y Escobar, aunque no está detallada en mi libro, comienza el 8 de enero del año 1981 en la fiesta de cumpleaños de Roberto en nuestra casa del barrio Equipetrol de la ciudad de Santa Cruz», rememora la autora de El rey de la cocaína.

Altmann es el apellido que Barbie recibió del Vaticano en los primeros años de la década de 1950. Derrotados los nazis, el Carnicero de Lyon comenzó a colaborar con la CIA para combatir al bloque socialista de Europa del Este. Sus contactos y «habilidades» le permitieron ser uno de los «reciclados» por los estadounidenses. Sin embargo, la incesante búsqueda montada por los franceses para que pagara por las muertes y los confinamientos masivos de los que fue responsable lo obligó a escapar a través una de las 'ratlines' habilitadas por el clero católico para ayudar a algunos seguidores de Adolf Hitler.

La División de Criminales del Ministerio de Justicia de EEUU elaboró un informe confidencial sobre Barbie en 1983 que revela los detalles de su llegada a Sudamérica. El documento fue liberado y está disponible en internet 2.

La relación de Barbie con la Casa Blanca comenzó en abril de 1947, cuando fue reclutado por un comando del Ejército estadounidense. Cooperó con esa unidad de inteligencia durante dos años en la construcción de una red de informantes de las actividades británicas, alemanas y soviéticas. En Lyon, mientras tanto, se lo juzgaba en ausencia y nadie dudaba de que el veredicto final fuera pena de muerte o prisión perpetua. En 1949, el gobierno francés ya estaba al tanto de sus actividades en Munich y solicitó la extradición de inmediato. Había llegado el momento de desaparecer. El 28 de abril de 1950, según el informe confidencial, el Comando de Inteligencia de EEUU en Europa decidió que Barbie «no debía ser puesto en manos de Francia».

Después de pasar unos meses en una casa de seguridad en Augsburgo, el Carnicero partió a Italia y, con un nuevo apellido, se embarcó en el buque Corrientes, que lo llevaría de Génova a Buenos Aires. Viajó acompañado por su esposa y sus dos pequeños hijos. El padre Krunoslav Draganovic, del clero vaticano, fue quien consiguió las visas para el ingreso de todos a Argentina y a Bolivia, además de pases de viajero como miembros de la Cruz Roja Internacional. Los «Altmann» arribaron a la capital porteña el 10 de abril de 1951. La relación de Klaus con la CIA y Roma estaba muy lejos de terminar. Un año después recibiría la pena capital en los juzgados franceses. Era demasiado tarde: el Carnicero había escapado.


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     Vista panorámica de la ciudad El Alto - Departamento de La Paz - Bolivia


Desde La Paz hay que tomar tres pequeños buses para llegar a un caminito de tierra en Senkata, uno de los barrios más grandes y caóticos de El Alto. En una casa modesta me espera uno de los paramilitares que actuó en el «golpe de la cocaína» y en los operativos posteriores a este. Vio a Barbie en una incontable cantidad de oportunidades en Cochabamba y La Paz.

Ahora tiene una vida mucho más sencilla. La democracia que llegó a Bolivia en 1982 desmontó la mayoría de los grupos armados irregulares y desde entonces él tuvo que remar a contracorriente para sobrevivir. Trabajó en peñas folclóricas, cuidó propiedades en el campo, a veces hizo de guardaespaldas e incluso tuvo encargos como detective. Nada comparado –él lo admite– con sus «días de gloria» de combate contra los subversivos. Algunos de sus ex-colegas de tropa se convirtieron en policías. Él no pudo seguir ese camino porque ya estaba muy expuesto.

Casi no le queda cabello pero mantiene el bigote, ahora completamente blanco, que llevó durante los meses que duró el «golpe de la cocaína». Cuando le propongo la posibilidad de entrevistarlo me desahucia con mucha facilidad. «Mira, yo tengo una condena y nunca la pagué. Prefiero que mi nombre no vuelva a sonar en ningún lado». No me miente. Antes de visitarlo, verifiqué que su nombre aparece entre un grupo de 14 personas que fueron condenadas por genocidio y masacre sangrienta en 1986.

«¿Usted estuvo en la fiesta con Pablo Escobar, Luis Arce Gómez y Klaus Barbie?», le pregunto al ex-paramilitar después de comprometerme a no divulgar jamás su nombre y guardar la grabadora. «Me contaron que Pablo Escobar venía algunas veces. Yo nunca lo vi. Creo que esa vez fue una parrillada, ¿no?», me responde impreciso y con un gesto de indisimulable incomodidad. 

Parece que no quiere hablar mucho del tema que le propongo; sin embargo, su dato era preciso. Aquella tarde de enero de 1981, el Rey de la Cocaína ofreció un churrasco a sus invitados. Entiendo que debo cambiar de estrategia y creo que acompañarlo en el repaso de sus «días de gloria» serviría. Veo un libro sobre la mesa que me sirve de perfecta excusa para tratar de entrar en confianza con él. «Es una excelente investigación, muy detallada y bien contada», le digo y apunto a la tapa roja de Teoponte, la otra guerrilla guevarista en Bolivia, de Gustavo Rodríguez Ostria 3.

Me pregunta si lo leí y le respondo que aún no lo he terminado. Se nota que hablar de su vieja guerra contra los «zurdos» le apasiona más. «Yo los conocí a toditos. Hasta a los cubanos que los ayudaban», me dice. Mientras hojea el libro, comienza por asegurar que al cantautor folclórico boliviano Benjo Cruz lo engañaron «los comunistas» para entrar en la guerrilla en 1970. «Él iba a triunfar al lado de Horacio Guaraní en Argentina, pero lo mandaron a Teoponte. Tenía una carrera prometedora porque Guaraní también era zurdo. Se metió al ELN [Ejército de Liberación Nacional] y se fue a la mierda. Incluso los elenos [miembros del ELN] le inventaron versos que él nunca escribió. Lo utilizaron».

Han pasado más de 40 años desde que este señor comenzó a combatir a las distintas fuerzas de izquierda que operaron en el país y todavía exhala bronca contra los elenos. Me asegura que a ese ejército guerrillero, fundado por Ernesto «Che» Guevara, le llegaba mucho dinero de Cuba y de la URSS y que varios de sus integrantes se quedaron con esos recursos. Con vehemencia me dijo: «Ellos robaban también», aunque aclaró de inmediato que no se refiere a todos los elenos. «Había gente de mucho honor ahí, aunque estaban en guerra con nosotros».

Sobre la masacre de la calle Harrington del 15 de enero de 1981, en la que ocho líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fueron asesinados por paramilitares, asegura que hubo una delación que les permitió intervenir con facilidad y exterminar a los cuadros miristas. La reunión, según él, debía ser originalmente en una plaza en la zona de Tembladerani, pero a último momento fue trasladada a esa calle del barrio de Sopocachi. La información llegó puntual al Ministerio del Interior y de inmediato se instruyó el asalto.




Hugo Bánzer Suárez, militar y político boliviano, presidente de la República en 2 períodos: 1971-1978 (golpe de estado) y 1997-2001 (mediante elecciones). Banzer renunció a la presidencia en julio de 1978. Se cree que la razón principal fue la vergüenza de tener esos días a su yerno, a su sobrino, a su esposa y a su secretario privado, bajo arresto por sospecha de traficar cocaína en los EEUU y Canadá. Banzer intentó nombrar a su primo, Guillermo, cónsul en Miami pese a que estaba  señalado como integrante clave de la "Corporación" de Roberto Suárez. 

De a poco nos acercamos a lo que fui a buscar. Sin que se lo pregunte, comienza a contarme que en la dictadura del coronel Hugo Banzer (1971-1978) había una disputa feroz entre los militares por conseguir terrenos en el oriente de Bolivia y quedarse con el dinero que llegaba de los créditos internacionales que hicieron insostenible la deuda externa de Bolivia. Sospecha que ahí comenzó el narcotráfico; no de la mano de los paramilitares o criminales, sino desde las mismas Fuerzas Armadas y con los nuevos terratenientes cruceños que «se llenaron de dinero y títulos de propiedad gracias a Banzer». Al fin menciona a «Los Novios de la Muerte», el terrible grupo paramilitar organizado por Barbie para apoyar el golpe de Estado de julio de 1980 y que después sería puesto al servicio de la conexión boliviano-colombiana del narcotráfico. Lo que luego se conocería como la «General Motors de la Cocaína».

Ellos –me cuenta– se organizaron a finales de los años 70 y colaboraron en varios cuartelazos y acciones para eliminar o secuestrar a referentes de la izquierda local. Pasaron un tiempo en Centroamérica, donde adiestraron a los primeros contras que enfrentaron la revolución sandinista nicaragüense, y volvieron para actuar en el «golpe de la cocaína». Después, el dinero de Roberto Suárez y el Cartel de Medellín los puso a operar en el oriente boliviano, con la misión de limpiar el terreno para que solo los socios tuvieran la exclusividad de producir la pasta base que se vendería a los colombianos. Los narcos menores tenían dos opciones: convertirse en aliados y pagar «el impuesto», o ser delatados ante el Ministerio del Interior y expulsados del negocio.

Bastante se ha escrito sobre este grupo armado que sembró el terror en La Paz y Santa Cruz durante el gobierno de García Meza; sin embargo, hay un detalle que yo nunca había escuchado antes. El hombre del bigote blanco me revela que existía un brazo civil de «Los Novios de la Muerte» que se ocupaba de limpiar las huellas de las operaciones de los narcotraficantes. «Eran abogados casi todos. Ellos montaban los negocios con los que se lavaba el dinero de la droga que llegaba a Bolivia. Tenían mucha influencia sobre los gobiernos de Banzer y García Meza. Incluso uno de ellos llegó a ser contralor general de la República en aquellos años».

Casi al finalizar la conversación me cuenta una última anécdota de Barbie. Recuerda que cuando los «agentes de seguridad» se encontraban fuera de servicio en Cochabamba, pasaban las horas y los días en el desaparecido Café Continental, al lado de la catedral. De vez en cuando Klaus, que permanecía la mayor parte del año en esa ciudad a pesar de sus frecuentes viajes a La Paz y Santa Cruz, visitaba al grupo y se sentaba a tomar un café con ellos. Una tarde, él calcula que fue en 1979, una pareja de judíos se sentó en la mesa de atrás. El Carnicero de Lyon, tratando de maximizar su repulsión, dijo en claro español y muy fuerte: «Deberíamos volver a hacer jabón».


De izquierda a derecha: Luis García Meza y Luis Arce Gómez. Arce Gómez era primo hermano de Roberto Suárez Gómez, el "Rey" del narcotráfico boliviano, sin duda sin su primo no habría ganado ninguna notariedad en las dictaduras militares bolivianas. También le unía una férrea amistad con su maestro Klaus Barbie. Fue Ministro del Interior de la dictadura de Luis García Meza. Arce Gómez es más conocido por sus participaciones en golpes de estado, narcotráfico y persecución política. Estuvo en el golpe del general Barrientos, formó pare del golpe del general Ovando y claro, en el golpe de Luis García Meza. Fue extraditado a los EEUU por narcotráfico, a su retorno a Bolivia (2009) fue directamente a prisión y  sentenciado por varios delitos a 30 años de reclusión, continúa tras las rejas. En cuanto al General Luis García Meza encabezó un golpe militar que le llevó al poder el 17 de julio de 1980 hasta su renuncia el 4 de agosto de 1981 en que transfiere el poder a una Junta Militar. Su golpe fue orquestado para evitar que el ex presidente boliviano Hernán Siles Suazo tome posesión tras vencer en las elecciones presidenciales de 1980. El corto reinado de García Meza fue sangriento en compañía de su poderoso Ministro del Interior, Arce Gómez, por la represión a políticos y grupos de izquierda. García Meza fue sentenciado por varios delitos en 1993 a 30 años de prisión, se fugó al Brasil y  extraditado en 1995. murió recientemente (abril del 2018) en prisión por fallo respiratorio. En una histórica sentencia pronunciada el 17 de enero del 2017 un Tribunal de Roma condenó a cadena perpetua a Luis García Meza y Luis Arce Gómez (y otros), por crímenes de lesa humanidad, asesinato de una veintena de italo-latinoamericanos durante el Plan Cóndor (represión entre las décadas de 1970 y 1980), aunque éstos ya estaban purgando prisión en Bolivia.

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Michael Levine fue agente encubierto de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA) en Argentina durante algo más de tres años, entre 1978 y 1982. Desde ese puesto logró engañar a narcos bolivianos como Roberto Suárez, los esposos Atalá, Alfredo «Cutuchi» Gutiérrez, Marcelo Ibáñez y la familia Gasser –todos ellos cruceños–, al involucrarlos en la venta de más de 1.000 kilos de sulfato base de cocaína a cambio de nueve millones de dólares. El 24 de mayo de 1980, un viejo Convair cargado con la droga partió desde una pista escondida en la selva beniana rumbo a Florida. Al mismo tiempo, dos bolivianos eran arrestados en el interior del Kendall Bank de Miami después de recibir el pago por «coronar» la operación.

Mike, como le dicen todos al neoyorquino, creyó que su temerario operativo representaba el golpe al narcotráfico más grande en la historia. Al fin había logrado incriminar a los peces gordos bolivianos. Estaba muy equivocado. Su gobierno tapó el caso y liberó a los detenidos. Los capos del narco en Bolivia estaban muy lejos de perder su influencia en las agencias especiales estadounidenses.

A pesar de que Levine fue uno de los agentes encubiertos más importantes de las décadas pasadas y está en la «lista negra» de colombianos y mexicanos a los que ayudó a arrestar, conseguir su número de celular no es difícil. Además, él mismo responde el teléfono señalando su nombre: «Hi, this is Michael Levine…».


Michael Levine junto al avión incautado en Miami en mayo de 1980 con el mayor cargamento de cocaína en la historia de Estados Unidos hasta ese año. 500 kilos de cocaína (valorados en 100 millones de dólares), un par de meses después un golpe de estado llevaría al poder al General García Meza. 


Me sorprendo por la naturalidad con que me responde. Yo había imaginado que me tocaría sortear uno o dos filtros entre secretarias y subalternos antes de conversar directamente con él. Me presento como un periodista boliviano y él se entusiasma de inmediato con la idea que le propongo. Comienza a hablarme en español con naturalidad. En su acento ya no queda nada de sus años como agregado de la DEA en Buenos Aires, más bien percibo un tono bastante centroamericano en sus palabras.

Le explico que tengo la hipótesis de que la conexión entre Barbie, Escobar y los capos del cartel de Medellín es más fuerte de lo que se cree hasta ahora, y él me responde que todo se explica en la estructura que se monta alrededor del «golpe de la cocaína», en cuyo armado la CIA tiene un rol fundamental:

Mientras vivía en Buenos Aires me hacía pasar por un mafioso siciliano y así me encontré con la gente de Roberto Suárez y aprendí que más de 90% de la pasta base boliviana era vendida a los colombianos, para convertirla en cocaína. La CIA –continúa Levine– en ese momento [1980] no tenía idea de lo que estaba haciendo la DEA, ni le importaba. A su juicio, los agentes de la DEA éramos aficionados incompetentes. Ellos, mientras tanto, estaban fomentando el derrocamiento del gobierno de Lidia Gueiler. Su principal activo para el control de los militares bolivianos en ese momento era Klaus Barbie. Fue uno de los varios activos ex-nazis que tenían trabajando en América del Sur en ese momento.

Gueiler fue depuesta el 17 de julio de 1980, seis meses y 10 días después de que Escobar se conociera con el Carnicero de Lyon en esa parrillada en la que el Rey de la Cocaína comprometió cinco millones de dólares para financiar el cuartelazo. 

Concluye Levine:

"El resultado fue que, mientras la CIA estaba tratando de derrocar a Gueiler, yo estaba trabajando estrechamente con ese gobierno para destruir la organización de Suárez, que irónicamente era protegida por la misma CIA. Así que cuando Suárez nos hizo llegar el cargamento de cocaína más grande en la historia de EEUU (en aquel momento) y arrestamos a José Roberto Gasser y Alfredo Gutiérrez en Miami con nueve millones de dólares en efectivo en un banco de Miami, la CIA fue tomada por sorpresa".

Michael Levine y la portada de algunas de sus investigaciones denunciando las clandestinas acciones de la CIA contra la lucha al narcotráfico. Levine declaraba que sin el apoyo de la CIA a criminales de guerra nazis y narcotraficantes, nunca hubiera existido 'La Corporación' de Roberto Suárez en Bolivia y los Carteles de Sudamérica que terminaron en una epidemia de crack y cocaína en EEUU.

Sin embargo, Mike también fue tomado por sorpresa en aquel entonces. El no sospechaba que la conexión boliviano-colombiana de la droga tenía cobertura especial de parte de la agencia de inteligencia más importante de su país y jamás imaginó el poder que tenían dentro del gobierno de García Meza los peces gordos que él había incriminado. En 1994, años después de descubrirlo y ser retirado de su puesto en Buenos Aires, Michael publicó el best seller: "The Big White Lie: The Deep Cover Operation that Exposed the CIA Sabotage of the Drug War" 4 que en América del Sur fue editado en español con el título: "La guerra falsa. Fraude mortífero de la CIA en la guerra a las drogas". 5.

Su siguiente acto [de la CIA] iba a comenzar con el «golpe de la cocaína» de 1980 –prosigue Levine en la entrevista–. Además, como he escrito en el libro, Klaus Barbie fue clave en esa sangrienta acción como el brazo derecho de la CIA. Fue el nacimiento de la organización que llegó a ser conocida como «La Corporación», que yo tengo entendido sigue funcionando ahora mismo, que yo llamé «La General Motors de la cocaína». Esta, en mi opinión, es la verdadera historia de lo que ocurrió en Bolivia durante este tiempo, como lo vi y viví. 


Es la historia triste y real de una verdadera asociación entre el gobierno, los narcotraficantes, criminales de guerra nazis y la CIA, agencia cuya historia ha demostrado que es un organismo compuesto por incompetentes criminales.

Pasaron más de 35 años desde esa tarde en la que Levine celebró por el despegue del Convair desde una pista beniana creyendo que acababa de «coronar» el mayor golpe en la guerra contra las drogas en la historia y, ahora, desde su oficina de investigador privado en Nueva York, no se cansa de acusar a la CIA por voltear su operativo.


El presidente boliviano Evo Morales, foto del 3 de marzo de 2011, exhibe un ejemplar  del libro del ex agente del DEA, Michael Levine, “The big white lie” (La guerra falsa, versión en castellano). Levine denunció que son las propias organizaciones gubernamentales estadounidenses quienes sabotean la lucha contra el narcotráfico. En un discurso del 1 noviembre 2008 el presidente Morales anunció la decisión de expulsar al DEA de Bolivia, acusándolo de auspiciar un "golpe de estado civil" de la derecha boliviana en septiembre (2008), acto que causó la muerte de 19 personas. Michael Levine no es cualquier agente, es de los más condecorados en la historia de Estados Unidos, trabajó como agente encubierto del DEA durante 25 años en diversos países del mundo.


Su libro fue lectura obligada en círculos políticos de izquierda bolivianos durante décadas y seguro está en varias de las bibliotecas domésticas de actuales ministros y parlamentarios del partido de Evo Morales. Solo así se explica que, el 3 de marzo de 2011, Morales mostrara un ejemplar de La guerra falsa en un acto público para ratificar la decisión que tomó en 2008 de expulsar a la DEA de Bolivia. Aquel episodio no le gustó nada a Mike…

En 1995 yo conocí personalmente a Evo Morales. Le expliqué lo que yo puse en el libro. La DEA trabajaba con Lidia Gueiler para neutralizar a la mafia cruceña. Fue la CIA la que traicionó a los bolivianos. Por eso yo no me puedo explicar por qué Evo Morales expulsó a la DEA y no a la CIA. Es incomprensible para mí. Sin la protección y apoyo de la CIA a criminales de guerra nazis y narcotraficantes, nunca hubiera existido 'La Corporación' en Sudamérica y la resultante epidemia de crack y cocaína en EEUU.

El ex-agente encubierto conoció y fue parte activa de los procesos contra varios de los más famosos narcotraficantes colombianos, sobre los que ahora se escriben libros y se producen telenovelas y películas. Hoy no tiene dudas de que los peces gordos bolivianos a los que había implicado en 1980 eran mucho más poderosos y valiosos dentro del mercado mundial de las drogas.

Bolivia era responsable de la producción de 90% de la cocaína en el mundo. Pablo Escobar era uno de los traficantes de cocaína más importantes a los que Sonia Atalá vende cocaína. Él solía llamar a Sonia «la reina con la corona de nieve». Ella era mucho, mucho más importante en la historia de la cocaína en América del Sur que él. Escobar fue una creación del American Media [los medios estadounidenses].

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   Roberto Suárez Gómez


A pesar de las apreciaciones de Levine, es evidente que en Colombia muy pocos conocen de Barbie y prácticamente nadie escuchó hablar de Atalá o Suárez. En cambio, de Escobar y del «Mexicano» Rodríguez Gacha no se olvida nadie. Pasarán varias generaciones antes de que los colombianos olviden a los responsables de los coches bomba, el estallido de un avión en pleno vuelo, los bombazos en centros policiales o el asesinato de directores de periódicos, ministros y candidatos a la Presidencia.

De paso por Bogotá, donde asisto a un congreso sobre políticas públicas de drogas, me dicen que no vale la pena que me aventure hasta Medellín en busca de nuevas pistas. Allá todo el mundo tiene historias de todos los colores que supuestamente involucran a Diego Maradona, Chespirito, el Puma Rodríguez y hasta a los Rolling Stones, pero nunca se escuchó hablar de los peces gordos bolivianos o del Carnicero de Lyon. Además, en la capital de Antioquia casi todos los testigos cercanos al Cartel de Medellín cobran por contar cualquier tipo de detalle relacionado con la vida, obra y milagros del Patrón.

Comencé a buscar en librerías alguna publicación con nuevas pistas, pero los resultados no fueron muy alentadores. La mayoría de los libros están plastificados y no puedo hojearlos para ver su contenido. Además son carísimos. Me llevo un par que terminan siendo una gran decepción. 

La suerte asoma recién en mi último día en la capital colombiana. Descubrí una feria apenas a cinco cuadras del Palacio de Nariño donde había una abrumadora colección de textos con crónicas e investigaciones periodísticas sobre el narcotráfico, las guerrillas y el paramilitarismo. Cuando las vendedoras advirtieron que me interesaban las obras relacionadas con Escobar y el narcotráfico, hicieron aparecer otro fardo con más títulos sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), las Autodefensas, la historia del secuestro de Ingrid Betancourt y novelas relacionadas con el mundo de las drogas. "A usté le gustan los libros sobre bandidos", me dice riendo una de ellas mientras me alcanza un ejemplar original del histórico "Los Jinetes de la Cocaína" 6, de Fabio Castillo, que hace más de una década es imposible de encontrar en cualquier librería del mundo. 

El vínculo del Patrón con Bolivia se inicia en su primera detención como traficante.
El capo del cartel de Medellín afirmaba que la graduación de un bandido profesional era pasar unos meses en la cárcel, y a él le tocó titularse en 1976. John Jairo Velásquez, alias Popeye, el último jefe de sicarios vivo de Escobar, contó al periodista Mauricio Aranguren que su patrón narró este episodio fundacional con estas palabras:

Mis únicos antecedentes penales hasta hoy vienen de esa captura. El 16 de junio de 1976 venía de Pasto con mi primo Gustavo Gaviria. Traíamos 39 libras de pasta de coca dentro de la llanta de repuesto de un camión. El informe policial decía que era cocaína, pero en realidad era solo la base, pasta, que traíamos para procesarla en un laboratorio creado por nosotros en Envigado. En esa época no había una sola mata de coca sembrada en Colombia, la materia prima tocaba traerla de Perú y Bolivia. Los detectives del DAS [Departamento Administrativo de Seguridad] nos cayeron al lugar y no hubo tiempo de escaparnos, nunca supe cómo se enteraron, el hecho es que nos pescaron con la mercancía en la mano. Tratamos de sobornarlos, pero los muy honestos no quisieron plata. Nos llevaron a la cárcel de Pasto, la frontera con Ecuador, porque el camión tenía placas de allí. Recuerdo que a la hora de la reseña policial sonreí. Es una de las fotos que más quiero. ¿Sabes por qué? Todo bandido tiene que pasar un tiempo en prisión para tener la escuela completa. Podríamos decir que esa foto es la de mi graduación.



Aquella detención de 1976 fue recreada en la telenovela "El patrón del mal"; sin embargo, los peces gordos bolivianos, la mafia cruceña y Barbie no tienen una sola mención en los 127 capítulos de la exitosa producción de Caracol TV. La serie está inspirada en el libro "La parábola de Pablo" 7, del periodista y ex-alcalde de Medellín, Alonso Salazar Jaramillo, y allí sí aparece una referencia a la alianza de Escobar con el Carnicero de Lyon. Una escena tan descabellada que, sin el contexto necesario, parecería el cruce de dos grupos de viajeros del tiempo que se encuentran extraviados en la mitad de una jungla:

[Pablo] Decidió trabajar sin intermediarios y conquistar con colombianos la ruta del sur. (…) En la medida en que sus hombres viajaban se relacionaban con gendarmes, dictadores y gobernantes, y con viejas y nuevas mafias. En Bolivia se contactaron con militares y fugitivos nazis –como el Carnicero de Lyon, Klaus Barbie–, quienes manejaban el comercio de la base de coca en las selvas. Hombres de Pablo vieron allí cómo los seguidores de Hitler, 40 años después de la guerra mundial, en plena selva, seguían vistiendo sus uniformes y desfilando en honor del gran Führer.

Lo que sucede después de la detención del Patrón en 1976 también está relacionado con Bolívia y los peces gordos. La conexión es relatada por Luis Cañón en su libro "El Patrón. Vida y muerte de Pablo Escobar" 8


Luego de salir de la prisión, en 1976, Escobar viajó a Bolivia y se entrevistó con otro hombre que también se dedicaba a sentar las bases de su futuro imperio. Se trataba de Roberto Suárez, terrateniente y ganadero que ejercía un poder paralelo en toda la zona de la Sierra Baja. Los dos hombres acordaron unas condiciones de negociación y unas cantidades fijas. Brindaron por la prosperidad permanente de su relación y del negocio.

En los primeros años de la década de 1980, los responsables de controlar la seguridad de todas las operaciones que se realizaban en las pistas de Santa Cruz y Beni eran «Los Novios de la Muerte», contratados por el Rey. Barbie, como detallaremos más adelante, ya era el asesor de inteligencia, emisario ante el gobierno boliviano y proveedor de contactos de la «General Motors de la cocaína».


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La organización paramilitar "Los Novios de la Muerte" trabajaba para Roberto Suárez Gómez en la protección de los cargamentos de la droga y evitaban que los colombianos se vayan sin pagar el producto. También eran conocidos por la población como las "Águilas Negras". Hay que resaltar el origen étnico de esta organización, casi en su totalidad eran europeos de los países del eje que emigraron tras la segunda guerra mundial o descendientes de europeos, en todo caso representaban la ultraderecha internacional. Como bien titula un excelente artículo: "Criminales de guerra nazis, mercenarios provenientes de África, neofacistas italianos: Los Novios de la Muerte en Bolivia". 


El Bavaria era un restaurante y bar de dos ambientes ubicado en el centro de Santa Cruz de la Sierra. El primer ambiente no tenía ningún elemento llamativo más allá de algunas insignias y banderas alemanas; sin embargo, el segundo cuarto tenía una estatua de Hitler y una colección completa de emblemas nazis. Al menos así lo recuerda el general retirado Gary Prado, quien me contó en una entrevista telefónica que en 1981 lo intervino para desarticular a «Los Novios de la Muerte» por orden presidencial de García Meza. Menos de un año después de instalarse en el Palacio de Gobierno de La Paz, el régimen necesitaba lavarse la cara frente a EEUU. En todo el mundo se hablaba de la «narcodictadura boliviana», y el dictador no tuvo más opción que avanzar contra la maquinaria de la droga asentada en Santa Cruz para ganar oxígeno.

Cuando García Meza me manda a Santa Cruz como comandante de la VIII División del Ejército [1981] se produce un shock en el resto de los militares cercanos a él. Ellos manejaban esa división desde La Paz –dice el militar que también participó en la campaña contra el Che Guevara de 1967–. Yo le dije al general que iría a Santa Cruz a poner orden. Yo ya conocía que el grupo de los alemanes trabajaba con los militares en las tareas de represión y también trabajaba protegiendo a los narcotraficantes. Incluso había grupos civiles armados que patrullaban en la ciudad. Toda la ciudad estaba atemorizada. Fuimos al Bavaria –prosigue Prado–, que era el cuartel general de los nazis. Los capturamos a todos y los puse en la frontera. Los saqué a Brasil inmediatamente y eso causó un alboroto tremendo en Santa Cruz. Así empecé a poner orden. Tardé un mes en desarmar estos grupos. Sabíamos que tenían banderas nazis y una estatua de Hitler y que allí se hacían rituales. Sacamos todos esos símbolos. Cuando ingresamos ellos pensaron que veníamos a impartirles órdenes porque vieron que éramos militares.

La contraparte boliviana de los libros colombianos fue más difícil de conseguir, pero al fin hallo un indicio a través de esta conversación con el general Prado. El militar retirado me contó que se producía tanta pasta base en Bolivia que en cierto momento las arcas del Banco Central se llenaron por las incautaciones. Así fue como el gobierno tuvo que almacenar el resto de la droga en los cuarteles. «Toda la producción se iba en avionetas desde todas partes para los colombianos. Acá no había laboratorios de cristalización», asegura.

Fue Prado quien expulsó de Bolivia al famoso neonazi Joachim Fiebelkorn, un alemán desertor de su ejército, aficionado a coleccionar uniformes y artículos de las tropas de asalto de Hitler. Él era jefe del grupo de mercenarios que Barbie puso a disposición de Roberto Suárez y que vieron sorprendidos los hombres de Escobar en medio de la selva. 

Una vieja publicación de 1980 del instituto londinese Latin American Bureau, titulada "Narcotráfico y política. Militarismo y mafia en Bolívia" 9, permite completar la fotografía de la relación entre paramilitares colombianos y bolivianos. Allí se puede leer el relato de uno de los paramilitares que formaban parte de la mafia cruceña. El libro identifica al autor del testimonio como un mercenario alemán "ex-boxeador de peso mediano" quien reconoce a Barbie como uno de los que daban instrucciones al grupo. 

Suárez tenía 28 pequeños aviones con un águila negra sobre el fuselaje. Dos de nosotros acompañábamos al piloto: se aterrizaba en el territorio boscoso del Beni, cerca de la frontera brasileña, y se esperaba a los intermediarios colombianos. Los capos de la mafia boliviana se habían comprado amplios territorios en el Beni para ocultar sus negocios. Había una pequeña pista en medio de los árboles donde aterrizaban los aviones. Antes de nuestra intervención, sucedía con mucha frecuencia que los colombianos pagaran con paquetes ya preparados que contenían pocos dólares y mucho papel y escapaban lo más pronto posible mientras disparaban ráfagas de ametralladora. Pero Fiebelkorn hizo instalar dos puestos de bazooka en torno a la pista. Desde aquel día, los colombianos empezaron a pagar regularmente. Tenían miedo y rabia de nosotros, los alemanes.

Era lindo –prosigue el relato anónimo– hacer el viaje de regreso a Santa Cruz con el avión cargado de «verdes». Una vez tuve en mis manos cuatro millones de dólares. Suárez no nos hacía faltar nada y nos pagaba 5.000 dólares al mes, una gran suma para Bolivia. No sabíamos dónde gastarlos, porque en el Bavaria todo era gratis para nosotros. Había cinco chicas alemanas, más Gerlinde, la preferida de Joachim [Fiebelkorn]. Con las hermanas Marianna y Mara, dos ex-cabaretistas del Treff, en el Taunus Feldberg de Fráncfort, Gerlinde había protagonizado breves films pornográficos. Los proyectábamos para los coroneles bolivianos y ellos perdían la cabeza.


Un día vino a visitarnos Klaus Altmann [Barbie], entonces consejero de Seguridad del Ministerio del Interior boliviano. Nos dijo: "Llegó el momento. Es necesario hacer saltar este gobierno antes de que Bolívia se transforme en una gran Cuba". Así fue el «golpe de la cocaína».

*****


    Roberto Suárez Gómez


«Durante el año 1981, Barbie acompañó a mi marido en varios viajes que realizó a Medellín, Colombia, como su asesor en inteligencia. El 5 de enero del año 1982, Roberto se reunió en Panamá con Manuel Antonio Noriega y Pablo Escobar. Esa reunión con el general panameño fue concertada por Barbie, quien también estuvo presente», me responde con mucha precisión Ayda Levy.

Queda claro que el Carnicero no solo proveía seguridad para las operaciones de 'La Corporación' gracias a su influencia en las dictaduras bolivianas. También aprovechaba sus contactos para asegurar la expansión del negocio.

Los nexos de Barbie con la incipiente agencia de inteligencia estadounidense [CIA] se dan en un principio por la mediación de la red de extracción que había facilitado el Vaticano, después de la Segunda Guerra Mundial, principalmente para científicos y disidentes nazis. La antigua relación de Barbie con el Vaticano sirvió para que Roberto [Suárez] y Escobar iniciaran relaciones comerciales con Roberto Calvi, quien era presidente del Banco Ambrosiano –añade Levy–. Así fue como la cocaína de la «General Motors» inundó Europa, con la venia y participación de la Santa Sede en Roma.

Sin embargo, Klaus no llegó a ver los frutos de su última gestión a favor del Cartel de Medellín. Como revelación final, la ex-compañera del Rey de la Cocaína recuerda el último encuentro entre el Patrón y el Carnicero.

La última vez que Barbie tuvo contacto con Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha fue en nuestra hacienda San Vicente, el día del cumpleaños de mi hijo Roby, el 26 de diciembre de 1982. Los anteriores meses Barbie había contactado a Roberto y Escobar con Oliver North, pero no pudo participar del acuerdo final al que llegaron con el militar norteamericano en Panamá por su arresto en La Paz a inicios del año 1983.

Una reducción presupuestaria dictaminada en Washington había puesto en emergencia a los servicios especiales estadounidenses, que no tuvieron más opción que llegar a varios acuerdos con productores de cocaína, marihuana y crack en todo el mundo, además de vender armas en secreto, para financiar la guerra contra los revolucionarios en Nicaragua. El escándalo estalló en 1985 y fue bautizado como el caso Irán-Contras. Para ese entonces, sin embargo, Barbie ya estaba en una prisión en Francia.

Unos meses antes de ser extraditado, el Carnicero embarcó a sus socios de 'La Corporación' en aquel negocio propiciado por North (quien sería dado de baja de los Marines por la operación). Fue la última jugada del ex-comandante de la Gestapo en los albores de la democracia boliviana. Desprovisto del poder que le otorgaban las dictaduras y abatido por la muerte de su hijo y esposa en el mismo año, fue sorprendido por el gobierno izquierdista de la Unidad Democrática y Popular de Bolivia y, al fin, deportado a Francia. Lo último que le dejó al continente americano fue un millonario pacto que exhibió cuán flexible fue la moral de EEUU en el afán de derrotar a la naciente revolución sandinista. 

En 1984, con el acuerdo en marcha, en una habitación en Medellín, Escobar le dijo a su amante Virginia Vallejo que «con tal de matar comunistas, ¡Oliver North pactó hasta con el diablo!». Y el Patrón no se equivocaba, aunque Barbie ya estaba preso para entonces. La ex-presentadora de televisión y pareja eventual del colombiano lo contó en esas palabras en su libro "Amando a Pablo, odiando a Escobar". 10

Le pregunto a Manuel Cárdenas Mallo, quien fue ministro del Interior del primer gobierno democrático de Bolivia después de que se retiraron los militares (octubre de 1982), cómo les devolvieron el país. «Nos dejaron todo el problema. Ellos se dedicaron más a la lucha contra la izquierda y a perseguir a los comunistas. Era lo único que les importaba y por eso permitieron de todo y abandonaron el control de lo demás», me responde todavía indignado en referencia al negocio de la cocaínaLa democracia de Bolivia nació con el aparato del narcotráfico totalmente instalado y en marcha a todo vapor.

En 1983 todavía restaban 10 años para que el Patrón fuera abatido a balazos y ocho para que la leucemia acabara con el Carnicero de Lyon, pero sus caminos ya estaban separados. A Escobar le faltaba aterrorizar a todo un país antes de dejarse derrotar y liquidar el 3 de diciembre de 1993.

Dos años antes de aquello, la muerte alcanzó a un Barbie solo y débil, en una celda con la luz apagada y sin la mínima esperanza de volver a caminar impune por los pasillos del poder en La Paz o tomarse un expreso en el Café Continental de Cochabamba.

El legado de ambos se escribe por separado, mientras los que conocen la conexión de a poco arriaron las banderas. Los militares se alejaron del poder en Bolivia y el agente encubierto de la DEA inició una cruzada para denunciar la traición y patraña de la CIA en la lucha contra las drogas. Los paramilitares colombianos permanecen en la selva, en la cárcel o en la fosa, mientras que los mercenarios bolivianos fueron enjuiciados y tuvieron que buscar nuevas formas de ganarse la vida. El Cartel de Medellín perdió la guerra, pero el narcotráfico es un poder cada vez más incontrolable en América Latina. La conexión boliviano-colombiana fue reemplazada por México y Brasil. El hombre del bigote blanco lee sobre la guerrilla de Teoponte y así revive sus viejos combates. Reniega de la historia como se la cuenta ahora, pero tampoco piensa mover un dedo para cambiarla por su versión. Prefiere dedicarse a sus nietos.

35 años transcurrieron desde aquella fiesta en la residencia de Equipetrol. No es poca cosa. El tiempo no dejó de pasar para ninguno, pero la memoria de todos conserva frescas las imágenes de esos años de guerra, mafias y fiestas de lujo. Como esa parrillada de enero de 1980 en la que el Patrón y el Carnicero de Lyon brindaron con Dom Pérignon junto a los capos del Cartel de Medellín y los peces gordos bolivianos, mezclados entre militares y mercenarios neonazis.



NOTAS

1. Debate, Barcelona, 2012.

2. US Department of Justice, Criminal Division: «Klaus Barbie and the United States Government: Exhibits to the Report to the Attorney General of the United States», agosto de 1983, disponible en .
3. Kipus, Cochabamba, 2006.
4. Reed Business Information, Nueva York, 1994.
5. M. Levine y Laura Kavanau-Levine: La guerra falsa. Fraude mortífero de la cia en la guerra a las drogas, Acción Andina / Cedib, Cochabamba, 2001.
6. Documentos Periodísticos, Bogotá, 1987.
7. A. Salazar Jaramillo: La parábola de Pablo. Auge y caída de un gran capo del narcotráfico, Planeta, Bogotá, 2001.
8. Planeta, Bogotá, 1994.
9. Disponible en .
10. Grijalbo, México, 2007.
Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 257, Mayo - Junio 2015, ISSN: 0251-3552

CONSULTAS DE REFERENCIA del editor del blog


La cinematográfica vida de un jefe narco

VIDEO: Drug Boss Escobar Worked for the CIA
"Distribuyen heroína en lugar de riqueza: en eso se basa la economía estadounidense"
LA REINA DE LA COCAÍNA FUE BOLIVIANA
ASI EMPEZO EL CARTEL
Criminales de guerra nazis, mercenarios provenientes de África, neofacistas italianos: Los Novios de la Muerte en Bolivia
Según documentos desclasificados, la CIA financiaba el narcotráfico mundial
LIBRO: American Made: Who Killed Barry Seal? Pablo Escobar or George HW Bush.-  Shaun Attwood. Publisher: Gadfly Press. ISBN: 978-0-9930215-3-4 Published: September 14, 2016
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