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01 septiembre 2020

El oro de Yamashita, "Lis de Oro", "Lila Dorada". ¿Leyenda o verdad? (III)




Introducción del editor del blog


De ser totalmente cierta, la leyenda sobre el destino final del botín de oro robado por las fuerzas imperiales japonesas durante la segunda guerra mundial, sin duda, sería una de las mayores conspiraciones de todos los tiempos. Dadas las evidencias circunstanciales y al hecho de que no existen pruebas de que la supuesta riqueza expoliada haya sido de tal magnitud, sobrepasando los límites del sentido común, seguirá siendo valorada, en el mejor de los casos, como una hipótesis

Relatos, historias, investigaciones, documentales nos brindan diversas teorías, algunas las hemos ya valorado en las entregas anteriores, combinan cierta rigurosidad histórica, pero, también, caen en el campo de leyenda como la siguiente historia, con un inconcebible número de cientos de miles de toneladas métricas de oro y otros relatos de fantasía, como la "aparición" del nazi Martin Bormann (la historia de Bormann, debido a su complejidad y para no hacer interminable el presente artículo lo abordaremos en la siguiente entrega). 

Habiendo ya advertido -desde el inicio de esta serie de artículos- que seguimos planteando dudas sobre la autenticidad de algunos "documentos" y de sus fuentes. Algunas "pruebas", de hecho, resultan ser burdas falsificaciones. 



Ejemplos de los tantos libros y folletos que se venden en Filipinas, especialmente diseñados para los caza-tesoros. !Éxitos en la búsqueda! 

Bien. Esta entrada se relaciona con el conocido investigador y "bestseller" Daniel Estulin. Primero, un breve resumen de la novela "Conspiración Octopus" (en inglés publicado como "The Octopus Deception"), único relato de ficción del reconocido autor, quien jura que "la mayor parte de lo que están a punto de leer existe y es real en un universo paralelo de humo y espejos. Este mundo, desconocido para la mayoría, es un lugar donde los gobiernos, los servicios de inteligencia y las sociedades secretas luchan por hacerse con el control... Real y aterrador es el mundo de Lila Dorada". 

En las primeras páginas, Estulin cita, al parecer una nota de prensa china (me ha sido imposible corroborarla), aparentemente fechada el miércoles 10 de febrero de 2010 en Pekín, por el "China Evening Post": "Descubiertos secretos enterrados de la Segunda Guerra Mundial". El texto es el siguiente: 

"La guerra en el Pacífico está plagada de historias sobre la crueldad de los japoneses contra ciudadanos chinos, así como contra soldados británicos y estadounidenses, entre otros. Las fuerzas imperiales japonesas no sólo utilizaron prisioneros de guerra como esclavos para construir su ferrocarril en Birmania, sino que realizaron con ellos terribles experimentos médicos en el cuartel general de la hermética Unidad 731, centro para armas de guerra biológicas y químicas de Japón. No obstante, mientras eso se producía, otra fuerza japonesa aún más furtiva se dedicaba a una labor tan secreta que pasaría a los anales de la historia como uno de los relatos más explosivos de la Segunda Guerra Mundial.

El proyecto llevaba el nombre de Lila Dorada y su cometido era saquear metódicamente el sudeste asiático. ¿De cuántos tesoros estamos hablando? Nadie lo sabe con exactitud, pero al parecer de China y el sudeste de Asia se rapiñaron cantidades tan enormes que, una vez terminada la guerra, Occidente decidió mantener dichas actividades en secreto... El fantasmagórico tesoro está escondido en depósitos situados en la espesa jungla de Irian Joya, en Indonesia, y en Teresa, alrededor de Rizal, en las laderas de Sierra Madre, la cadena montañosa más larga de Filipinas".



Portada de la edición castellana de la novela "Operación Octopus", original en inglés "The Octopus Deception" (2010)

Según describe la novela, el área de operaciones del Pacífico poco después de la guerra formó parte de una expedición secreta encargada de encontrar el tesoro y traerlo a casa. En una zona próxima al lago Caliraya, en Lumban, Filipinas, ordenaron cavar sin preguntar por qué ni para qué, día y noche, avanzando a duras penas. Se dice que se encontraron túneles llenos de trampas y callejones sin salida que dificultaban y retrasaban la excavación. El equipo de búsqueda habría tardado ocho meses en encontrar la primera cámara del tesoro, situada a sesenta metros bajo tierra. Los japoneses lo habían enterrado y habían dejado señales extrañas en las rocas, a fin de ocultar la verdadera ubicación del botín.

Solo unos cuantos privilegiados sabrían y formarían parte de la mayor conspiración de la historia de la humanidad, una leyenda susurrada entre quienes conocían el alucinante tesoro que fue robado y escondido por el Ejército Imperial japonés en retirada durante los días más duros de la segunda guerra mundial.


"Un millón trescientas mil toneladas métricas de oro", solamente escondidos en túneles profundos de las junglas de Sierra Madre en las Filipinas. "El equivalente a seis coma cuatro trillones de dólares. ¿Hay alguien capaz de concebir una cifra tan extravagante?" 


Cuentan que los estadounidenses descubrieron bóvedas del tesoro con oro apilado hasta el techo. (Foto de carácter ilustrativo)

En la novela, Estulin -insiste siempre en afirmar que se basa en la realidad- una parte del oro de Filipinas, el equivalente a unos cuantos trillones de dólares, fue embarcado a Génova a bordo del portaaviones President Eisenhower y después trasladado a diversos bancos de Suiza en un convoy fuertemente protegido.

Según, Estulin, la cifra es diez veces mayor que los datos proporcionados por fuentes como el Banco Mundial, las cifras calculadas bordean las 140.000 toneladas métricas de oro extraídas en más de 6.000 años de historia. El supuesto tesoro en Filipinas sería diez veces superior a las cifras de las reservas "oficiales" en todo el mundo. El hecho que existiese tal cantidad de oro fuera de los circuitos oficiales resulta increíble. O, "que un puñado de gobiernos lo bastante afortunados para saber la verdad hubiera guardado el secreto, es algo extraordinario". Si alguna vez llegaba a conocerse la verdad, esta destruiría la economía mundial, porque la mayoría de los países todavía utilizaban el patrón oro como respaldo de su moneda. 

El resto..."un secreto envuelto en misterio, guardado tras mil cerraduras de criptonita desde principios de la década de 1960, custodiado por cincuenta y cuatro fideicomisarios, en depósitos de Teresa y en las montañas selváticas de Irian Joya, Indonesia". Una aclaración: Teresa, es el nombre de un valle rodeado de montañas, sin salida al mar, en el Rizal, faldas de Sierra Madre, la cordillera más larga de las Filipinas, con colinas escarpadas y abruptos riscos en la parte oriental. 

Como vemos, Daniel Estulin también nos habla de fideicomisarios que controlan la fortuna. "Los fideicomisarios trabajaban de manera independiente, sin conocerse unos a otros. Pero estaban coordinados por una serie de directores del complejo industrial-militar, quienes a su vez eran controlados por su superior jerárquico. Y por encima de ellos, en el vértice de la pirámide, Octopus: menos de una docena de miembros, estrechamente unidos y financieramente entrelazados. Los controladores de la riqueza del planeta, hombres cuyo poder hacía girar el mundo" (Operación Octopus, novela).

El oro, al igual que ocurre con los diamantes, es mucho más común en la naturaleza de lo que la gente cree. Según expertos hay mucho oro y diamantes en el mundo (aun el que está por explotar), no obstante, es dudosa la cifra de cientos de miles de toneladas métricas de oro saqueadas solo por las fuerzas niponas en el continente asiático. ¿Y por qué es dudoso? Sobre todo porque circulan cientos de "documentos" falsos que, lamentablemente, destacados escritores los utilizaron en sus obras. 

Nos ha sorprendido en el presente saber que con modernas técnicas, en instalaciones de alta tecnología, donde trabajan científicos, ingenieros, técnicos y diseñadores, se puede crear diamantes por métodos como la "Presión-Alta de Temperatura" (HPHT) y la "Deposición Química de Vapor" (CVD), el producto final posee idénticas propiedades químicas, ópticas y físicas que los diamantes extraídos de las minas. Un dato estadístico del 2017: De los 138 millones de quilates de diamante en bruto extraídos de las minas en 2017, unos 26 millones de quilates son de calidad gema para ser cortados y pulidos, el resto podrá ser reutilizado para crear diamantes en laboratorio (Un quilate equivale a 0,20 gramos, es decir, 5 quilates equivale a 1 gramo). Por supuesto, que todavía no se ha inventando, no es posible producir oro en un laboratorio, al estilo del Rey Midas. 

Volvamos a nuestra historia. "Lila Dorada" también es conocida como "Operación Lis de oro", o el "Lirio Dorado", algunos hablan que no solo fue una operación militar para expoliar las riquezas de las naciones sojuzgadas por el Imperio Japonés, sino que también es una sociedad secreta japonesa cuya cabeza fue el mismísimo Emperador Hirohito y miembros cercanos de la familia real. Es vital resaltar que la historia del oro expoliado por los japoneses en sus aventuras guerreras desde la década de los 30 del siglo XX es real, es el manto de leyenda que arropa a esa etapa histórica la que no satisface a los expertos, incluso a la ciencia. 

Aparte de "Conspiración Octopus", cuya crítica fue dura (advertía el autor que su obra es una ficción basada en la realidad); pues eso, muchos dicen que debemos felicitarnos por vivir bajo el manto de la democracia y poder disfrutar de la libertad para leer lo que nos apetezca. El lector esperaba mucho más de la novela enunciada, dada la campaña de marketing realizada tanto en prensa y revistas. Aparte de ello, un interesante artículo de Daniel Estulin fue publicado por la prestigiosa revista "Voces del Periodista" (Edición No. 351), del 9 de noviembre de 2016, tema central de esta nueva entrada. 


t. andino

El oro robado y el nuevo orden financiero internacional 


Daniel Estulin

Los antecedentes

A partir de 1937 el Emperador Japonés encargó a su hermano menor, el príncipe Chichibu, liderar una operación ultra-secreta con el nombre en clave de “Lila Dorada” cuya tarea era saquear la riqueza de Asia en beneficio del Japón Imperial. La gran cantidad de historia y patrimonio robada por los japoneses llega a los límites de lo más mítico, fantástico e insospechable, mucho más de lo jamás imaginado. De hecho, la cantidad de oro robado entre 1937 y 1943 supera con creces las reservas combinadas de oro de todos los bancos centrales del mundo.





Después de Stalingrado, a principios de 1943, la inercia de la guerra comenzó a volverse en contra de los invasores. La Alemania Nazi en el Oeste y Japón en el Este estaban perdiendo. Los planes para trasladar el tesoro a Japón tuvieron que cambiarse –aunque solo fuera como una medida temporal. El ejército japonés llevó el oro a las islas y tuvo que dejarlo allí, mientras se retiraban derrota tras derrota con la vana esperanza de volver al final de la guerra y recuperar el botín en secreto.





Un grupo de oficiales del ejército japonés, con la ayuda de una brigada especial de ingenieros, comenzó a enterrar el tesoro. Tardaron meses en excavar y construir complejos sistemas de túneles lo suficientemente grandes como para guardar los camiones y a veces lo bastante profundos para discurrir por debajo de la superficie del agua.

La inmensa cantidad de oro y otros tesoros se dividieron en baúles de varios tamaños antes de ser enterrados. La mayor parte de la misma, por un total de 172 baúles, fue enterrada en o alrededor de las Islas Filipinas antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Los cartógrafos japoneses se ocuparon de hacer mapas de cada escondite y los contables de confianza del emperador marcaron los baúles con tres dígitos que distinguía el valor del oro de cada uno de ellos en yenes japoneses.






Sólo un escondite marcado con “777” de “La Lila Dorada”, cerca de Teresa, la parte más cuantiosa del tesoro, almacenaría más de 90.000 toneladas métricas de oro, lo que equivale al 75% de las reservas oficiales del mundo y un valor de $101, 272, 500, 000 en dólares americanos del año 1945 cuando el yen se cambiaba a 3,5 por cada dólar, una cantidad que empequeñece la actual deuda mundial y nos deja atónitos y boca abiertos.






Otro túnel encontrado cerca de Teresa medía 500 metros de largo y tenía oro almacenado en pilas de un metro de altura, alineadas a lo largo de todo el túnel. En total, 100.000 barras de un peso de 12,5 kgs cada una, fueron recuperadas. Este oro incluyó “oro real” que la familia Real británica había enviado a Filipinas para protegerla en caso de que Hitler conquistara toda Europa.

Sin embargo, este secreto era demasiado tentador para guardarlo de manera hermética. A finales de 1944, Estados Unidos había resquebrajado las comunicaciones cifradas secretas de los japoneses y había preparado sus propios planes para hacerse con un botín más valioso que el mismísimo Santo Grial.



Recuperación clandestina



Los agentes de la OSS Americana (precursora de la CIA) comenzaron una operación de recuperación clandestina en Filipinas entre los años de 1945 y 1948, liderada por dos agentes secretos de la OSS –un oficial filipino-americano y miembro del Opus Dei, Severino García Santa Romana y el General Edward Lansdale, uno de los principales sospechosos en el asesinato de presidente Kennedy.




El equipo de búsqueda de la CIA había tardado cuatro años en encontrar la primera cueva del tesoro, situada a más de setenta metros bajo el suelo. La Lila Dorada había enterrado el tesoro utilizando una técnica sofisticada desarrollada por los ingenieros japoneses y dejó señales de cómo encontrarlo utilizando formaciones rocosas inusuales y rocas curiosamente cortadas, así como otra mucha información topográfica para disimular fácilmente su ubicación.






Otro conocido individuo que se lanzó en búsqueda del oro fue Ferdinand Marcos, por aquel entonces un pobre charlatán con ambición sin límite. Entre 1953 y 1970, con la ayuda de los prisioneros de guerra japoneses, Marcos desenterró poco más de 600 toneladas métricas de oro… hasta que pudo hacerse con el mapa del tesoro a finales de 1971.




Encontrar el tesoro era una cosa. Quedárselo, otra muy distinta. Hay un estatuto que limita a 40 años el periodo en el que un país puede reclamar bienes robados. Para mantenerlo, Marcos tenía que encontrar la manera de ocultar el verdadero origen del tesoro. En ese momento, un caza tesoros estadounidense, cuyo nombre en clave era “Curtis” desarrolló una técnica para reconfigurar las huellas dactilares metalúrgicas de oro.





La forma original del tesoro es variada y con frecuencia se indica el origen de los países propietarios con diversas características, tales como cinco estrellas para representar Camboya y con un peso de 6,3 kilos cada uno; “Sumatra”, acuñados de cuatro estrellas y con un peso de 6,2 kilos; “Birmania”, con tres estrellas y con un peso 6 kilos. Otras marcas eran el dragón la denominación de la China, chop AAA, Suhatra-Loyd, y el más legendario de todos ellos, el lingote pictórico de oro de UBS conocido como kinebar.





A partir de marzo de 1973, a los 300 miembros especialmente elegidos del Batallón 16 de la infantería de Filipinas, se les llevó con los ojos vendados a una zona cerca del Lago Caliraya en Lumban. Se les dijo que cavaran, pero sin preguntar por y para qué. Formaban parte de un “misterioso” Grupo de Tareas de Restauración, organizado por el hombre fuerte de Ferdinand Marcos, Fabián Ver, jefe de las Fuerzas Armadas del país. El Batallón de la Guardia Presidencial de élite de Ver vigilaba a los jóvenes soldados con la atención de un halcón mientras realizaban sus operaciones de excavación durante la noche.

El trabajo fue esmeradamente lento. Cada túnel estaba lleno de trampas explosivas y de múltiples callejones sin salida, lo que hizo la excavación más difícil y costosa en tiempo. De hecho, entre 1973 y 1985, los hombres de Marcos solamente habían excavados 13 escondites de un total de 172.

El equipo de Curtis, consistente en un puñado de filipinos, fue contratado para modificar el tamaño, el peso y las huellas originales de los lingotes de oro, para disimular el origen del tesoro. Anteriormente, Curtis, el caza tesoros gringo, había recuperado y metalúrgicamente alterado más de 500 toneladas métricas de oro escondido en Indonesia. El escondite de Indonesia incluyo el oro saqueado por los nazis, así como de oro robado en China durante la Segunda Guerra Mundial.

En la noche del 27 de abril de 1973, después de casi dos meses de excavación, un destacamento del 16 º Batallón de infantería llegó finalmente a su objetivo. En torno a las 11 p.m., una de las excavadoras pesadas golpeó un tambor cilíndrico de acero que medía 1 metro de largo y medio metro de diámetro enterrado en varias bóvedas de hormigón espeso (2m x 1.5mx 1.5m) descubierto a una profundidad estimada de 15 metros.





Fue enterrado en un túnel de unos 300 metros de largo, 15 metros de ancho y 10 metros de alto – un lugar excavado para los japoneses por varios centenares de prisioneros de guerra americanos, australianos y filipinos que luego fueron asesinados y enterrados con el tesoro. El equipo de Curtis encontró esqueletos que aún vestían sus uniformes andrajosos y sus cascos.

Los soldados vieron metal pesado de color amarillo, que brillaba en medio de los focos. Los lingotes que se veían eran de 40 centímetros de largo, cinco centímetros de ancho y casi 2 centímetros de espesor. Una vez que se encontró el escondite Teresa con signos de “777″, Marcos hizo todo posible para asegurar su anonimato. Los lingotes de oro fueron recubiertos en color negro de alquitrán y asfalto endurecido para ocultar su verdadera identidad, trasportados en grandes camiones reforzados por dentro con hierro forjado y recubiertos por fuera para no llamar la atención.





 Huida

Después de varias muertes inexplicables de los colaboradores que participaron en la excavación, Curtis, temiendo por su vida, logró escapar de las maniobras de Marcos, huyendo con las fotografías de todos los 172 mapas realizados por los japoneses de Lila Dorada a Indonesia. Estas fotografías muestran el lugar en que cada parte del saqueo había sido enterrada y el valor de cada tesoro.

Debido a que Curtis poseía los mapas de Lila Dorada, así como a su anterior relación con Marcos, el cazador de tesoros fue invitado a formar parte de un equipo de recuperación de la CIA. Curtis viajó a Hong Kong, donde fue informado durante tres días por la CIA. En esas reuniones se incluyeron detalles muy sensibles de las transacciones entre Marcos y el dictador panameño, Manuel Noriega, y el intercambio de oro por drogas.





En total, entre los años 1973 y 1985, los hombres de Marcos excavaron más de 60.000 toneladas métricas de oro y otros metales preciosos. A mil dólares una onza de hoy, Marcos hubiera llevado la escalofriante cantidad de casi dos mil billones de dólares. Casi nada.

Como colofón a esta historia, cuando el Gobierno estadounidense se dio cuenta de que Marcos había extraído 60.000 toneladas métricas de oro, una carta con el membrete de la Comisión Trilateral le exigió al por entonces presidente de Filipinas que devolviera las 63,321 toneladas métricas de oro a dos mil bancos acreditados estadounidenses y europeos controlados por la Comisión Trilateral. Como moneda de cambio, a Marcos se le concedía un porcentaje pequeño del tesoro en forma de un préstamo del Banco Mundial. Marcos se negó a firmar el documento. Tres días más tarde “la revuelta popular” le desposeyó de los poderes.





No obstante, la operación Lila Dorada implicaba mucho más que los tesoros de Filipinas. Cantidades inimaginables de oro, rubíes y diamantes fueron escondidas en Indonesia y Malasia por el Ejército Imperial Japonés y en Sudamérica por los nazis

Entre 1942 y 1944, grandes cantidades de oro habían sido enviadas temporalmente a Sudamérica a través de España. Bajo la supervisión del Reichsleiter Martin Bormann, el botín estuvo guardado en Sudamérica durante varios años antes de ser repatriado a la recién creada República Federal de Alemania, después del Tratado de Paris de 1954, que acababa con el régimen de ocupación de Alemania. De hecho, “el milagro económico alemán post-guerra” se debe en gran medida al oro robado y repatriado por los nazis.





La huida de Bormann de la Alemania en llamas se hizo posible gracias a las líneas de ratas gestionadas en secreto por el Vaticano a cambio de 47,000 toneladas métricas de oro robado, una cuarta parte del suministro oficial mundial, si creyésemos las cifras oficiales. Las líneas de ratas sacaban clandestinamente a los criminales de guerra nazis y a ex miembros de las SS a América del Sur y Oriente Medio, sobre todo a Egipto, y estaban liderados por monseñor Giovanni Montini, el Subsecretario de Estado del Vaticano en los años de la guerra. Debido a ese gran negocio, el Vaticano se hizo con un nada despreciable botín que a día de hoy está valorado en más de $1, 221, 700, 000, 000.

La clave para comprender el secreto que abarca esta historia es que gran parte –probablemente la mayoría– del oro que fue saqueado por Japón y Alemania procedía de las reservas oficiales de los gobiernos asiáticos y, por tanto, la cantidad exacta robada era conocida y claramente contrastada. Así que, cuando el Vaticano, los Estados Unidos y los demás países se hicieron con el tesoro, lo hicieron en completo secreto y en contra de todas las leyes internacionales. No hubo ninguna intención de devolver el oro saqueado a sus propietarios legítimos.





Lo que es más, es asombroso que no sólo elementos delictivas como los nazis, la mafia, las tríadas chinas y la Yakuza japonesa estuvieron involucrados en transportar, ocultar, esconder y lucrarse con el robo de las reservas de oro desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sino que las agencias de espionaje como la CIA, la ONI, la KGB y el Mossad israelí ha desempeñado un papel activo en el robo, así como más de 2.000 principales instituciones bancarias, por no hablar del Fondo secreto, El Águila Negra cuyos copropietarios son el Consejo de Relaciones Exteriores y la Comisión Trilateral, así como los principales gobiernos elegidos democráticamente, que también tomaron parte, participando activamente en esta alucinante conspiración de codicia.

Por ejemplo, 72.000 toneladas métricas de oro de Filipinas fueron enviadas a Fort Knox a bordo del portaaviones nuclear “Presidente Eisenhower”, a cambio de la concesión a Ferdinand e Imelda Marcos de un exilio en Hawái, después de haber sido desposeído del poder en una “revuelta popular” orquestada por la Comisión Trilateral desde la sombra. Otras 62.000 toneladas métricas del tesoro de la Lila Dorada se enviaron a los bancos de Inglaterra, Suiza y Alemania.





Los co-conspiradores, compartiendo el botín al 70% -30% con las naciones de acogida, han escondido el oro recuperado en cuentas secretas en las Bahamas, la India, Singapur, China, Malasia, Indonesia, Hong Kong y Palau. Otras 20.000 toneladas métricas de oro se blanquearon a través del Banco de Panamá, dividiendo los beneficios al 70% -30% con Manuel Noriega, que utilizo el oro como moneda de cambio con la droga a través de los carteles colombianos. Las drogas de Panamá se vendieron a través de Mena, Arkansas, en un momento en que el futuro presidente William Jefferson Clinton era su poco conocido gobernador.

¿De cuánto oro se trata? Las estimaciones varían, debido a la naturaleza compartimentada de la operación, pero una estimación conservadora es de unos 1,33 millones de toneladas, diez veces las cantidades oficiales de oro reconocidas por los mercados financieros. Solamente en Filipinas, unas 400,000 toneladas métricas de oro aproximadamente aún no se han excavado según los mapas descifrados de la Lila Dorada. Esta información, que le hace a uno cuestionarse su propia salud mental, puede fácilmente ser objeto de interpretaciones erróneas y despectivas por parte del público en general si no hubiera sido por unas voluminosas pruebas documentadas que no dejan lugar a dudas en cuanto a su veracidad.

Por ejemplo, solamente en una operación que involucraba el oro de Marcos, más de cuarenta y dos fondos de gestión además de 100 bancos principales comprometieron su participación para ayudar a financiar la compra de 110.000 toneladas métricas de oro. El gobierno de los EE.UU. ofreció un 20% en efectivo, el equivalente de unos $ 200 millones a través de estos bancos y fideicomisos y otro 80% en valores gubernamentales.

La CIA utilizó uno de sus hombres de paja, un tal doctor Ole Bay como principal administrador del grupo comprador, creando numerosas empresas fantasma para blanquear el oro. Estos lingotes fueron depositados de forma secreta en 176 cuentas bancarias situadas en 42 países. El oro dos veces robado se convirtió en la base del dinero de las operaciones super-secretas de la inteligencia americana en los años inmediatamente de posguerra.

Y ¿dónde está?


Una parte del oro saqueado escondido en las Filipinas estaba destinado a la creación de una red mundial anti-comunista. Otra parte importante fue destinada al Triángulo Dorado como moneda de cambio por el opio gracias a los esfuerzos de la CIA y el Nugan Hand Bank. 


Este proceso recibió un apoyo considerable del entonces Presidente Nixon que en 1971 eliminó la convertibilidad en oro del dólar norteamericano. La eliminación de la convertibilidad llevaría al dólar estadounidense a una hegemonía mundial, que de forma extraoficial se convertiría en la moneda preferida por el narcotráfico.

El oro de las Filipinas, sin embargo, es sólo uno de los mayores misterios que rodean esa historia. Baúles llenos de oro, platino, piedras preciosas y tesoros religiosos sin precio también fueron escondidos en las selvas de Indonesia. Prácticamente desconocido para la historia contemporánea es la sugerencia de que el presidente de Indonesia Achmed Sukarno, junto con un varios otros líderes del Tercer Mundo había planeado en secreto establecer un banco no-alineado en 1955, con sede en Yakarta utilizando de respaldo los miles de billones de dólares en reservas de oro recuperados de la Segunda Guerra Mundial a través del tesoro escondido en Indonesia.




El establecimiento de una entidad tan poderosa que poseía reservas de oro que harían empequeñecer las disponibilidades en Occidente hubiera enviado escalofríos de temor a los gobiernos occidentales y a la fraternidad bancaria europea y americana, que tan sólo unos años antes cerraron el acuerdo de Bretton Woods, que estableció tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional. Ambas instituciones siguen siendo el principal vehículo para mantener pobres a las naciones del Tercer Mundo, un hecho que beneficia al Occidente rico dedicado a mantener la estructura social que depende del consumismo.

El gobierno de los Estados Unidos logró desbaratar la iniciativa ambiciosa de Sukarno y, en 1965, fue derrocado con la ayuda de la CIA. Con Sukarno se fue la idea de un banco alternativo e independiente, leal a los intereses de las naciones no alineadas que no querían seguir siendo explotadas por la alianza Anglo-Americana.

Lo que es aún menos conocido, es que por lo menos, desde el comienzo de la década de los 60, el oro de Sukarno está escondido bajo la tutela de un grupo de 54 individuos de nacionalidad no indonesia. El tesoro se encuentra en depósitos en la selva de las montañas Irian Joya de Indonesia, una zona accesible sólo después de varios días de andadura a pie a través de una densa selva.

Encontré a uno de los fiduciarios, que en condición de anonimato me dijo que en los últimos años él ha podido revisar miles de páginas de documentos bancarios originales y declaraciones relacionadas con la fortuna personal de Sukarno. Según el documento maestro, el conjunto de activos, metales preciosos y dinero en efectivo ascendía a un total de $ 270 trillones de dólares en 1964.

Le pedí que me repitiera la cantidad. El fiduciario me dijo, “sí, son 270 trillones de dólares estadounidenses”. Para asegurarme, le pregunté que si se trataba de trece ceros más el dos y el siete por delante, contando de manera americana. Su respuesta era “así es.”

Cuando le pedí que fuera un poco más generoso con los detalles, me dijo que en estos depósitos había y sigue habiendo inestimables objetos de arte, piedras preciosas, joyas, y un gran volumen de metales preciosos. Según él, “nunca he visto nada igual en mi vida. Había pilas y pilas y filas y filas de cajas de almacenaje del banco UBS decoradas con metales preciosos que contenían los lingotes de oro de 1kg acuñados con las letras J.M. (Johnson Matthey); cada lingote con su número y certificado exclusivo con el sello de Johnson Matthey.

Sin contar los certificados bancarios indicando miles de toneladas de oro y rubíes en depósito. Aún más rozando lo inimaginable, llaves y tarjetas de los depositarios hechos en oro. Era como la mil y una noches.”

Queriendo la confirmación de esta información sensacionalista, llamé a las oficinas de UBS en Zúrich, donde un representante de UBS me dijo muy groseramente que “no debería ahondar demasiado profundamente en los asuntos que puede aportarme más conocimiento del que debe ser razonablemente cómodo tener.”

Sabía que su advertencia no había que tomarla a la ligera. Hace unos años, un hijo de uno de los síndicos comentó abiertamente la existencia de este fabuloso tesoro con un potencial inversor en Hong Kong. Poco después, le encontraron muerto en una habitación de hotel en Singapur.

Por último, si Marcos y Sukarno no controlaban el oro de la Lilia Dorada, como es evidente, la cuestión es ¿quién lo controla? Además, ¿quiénes son estos fiduciarios invisibles de nacionalidad no Indonesia? Lo que es más, ¿por qué esa fortuna fantasmagórica permanece oculta y silenciada en las selvas de Indonesia, en el Vaticano y en miles de las principales instituciones bancarias cuando haciendo uso de ella, se podría fácilmente pagar la deuda del mundo y eliminar el hambre? Sin embargo, no aguante la respiración. Demasiadas preguntas difíciles y las explicaciones aún más difíciles de justificar bloquean el camino.


Para terminar, sabiendo que la mayor parte del tesoro robado por el ejército imperial japonés estaba escondido en o alrededor de las Filipinas y a sabiendas de que el valor del tesoro del dictador Sukarno de Indonesia “solamente” ascendía a 270 trillones de dólares en 1964, ¿cuánto valdría el tesoro de Filipinas en el mercado actual?

*** 


Refutación por el editor del blog

Líneas arriba aclaramos que no queremos hacer interminable el artículo de Daniel Estulin que se enfoca en el Lirio Dorado, el oro pérdido usurpado por los japoneses en la contienda mundial, por lo que analizar el caso del difunto Martin Bormann y sus aventuras de posguerra amerita un análisis aparte, lo que si dejamos sentado es que la historia de Bormann es una de las fábulas más grandes y, a la vez, de las más facilmente revatibles con la evidencia histórica y científica.
Lo veremos en la próxima entrega.

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04 abril 2020

La planificada destrucción de Canadá (2)




El referéndum de Quebec
El proyecto GRAND Canal 
Unión Continental de Estados Unidos y Canada para 2005

Entre las miles de páginas de documentación que se han acumulado a lo largo de años de investigación, se encuentran varias entrevistas con las personas que participaron de forma activa en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Su papel a la hora de desenmascarar la trama sucia ha sido fundamental y ayudó a parar en seco los planes de la élite que pretendía desmantelar Canadá y hacerse con su recurso natural más importante: el agua.

La siguiente y asombrosa ENTREVISTA es un extracto de libro: "NUEVO ORDEN MUNDIAL: LA CORRUPCIÓN EN CANADÁ", editado por Robert O'Driscoll y Elizabeth Elliott (Toronto, Saigon Press, 1994. 648 pp). El libro en la actualidad es imposible de encontrar. La segunda entrevista de George Kralik que hoy publicamos ha sido tomada exclusivamente de la antigua página web de Daniel Estulin, publicada entre mayo y junio del 2007 bajo el título "Los hombres que regalaron Canadá. El Referéndum de Quebec. El proyecto del Grand Canal", versión en castellano.

Esta entrevista, continuación de la anterior, cuenta una historia tan asombrosa, tan llena de cruel corrupción y avaricia, tan destructiva para el pueblo Cree y de Quebec y, para la nación canadiense, tan "bien oculta" por aquellos medios en Canadá que son "plenamente conscientes" de estos detalles, que merece recordar a cada uno de los narradores principales:

GEORGE KRALIK: (entrevistador) Veterano que sirvió once años en las Fuerzas Armadas canadienses.

SHELLEY ANN CLARK: (entrevistada) Asistente ejecutiva de Germain Denis, la persona designada por Brian Mulroney para asistir a las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio, durante las que se proyectó el desmembramiento y demolición de Canadá, primero mediante la separación del Quebec y después a través de la Unión Continental en 2007.

GLEN KEALEY: (para la primera entrevista) Antiguo agente comercial del distrito central de negocios Hull (Quebec) que descubrió el sistema de crimen organizado y corrupción controlado por el gobierno del anterior Primer Ministro Mulroney, con la complicidad de la Real Policía Montada Canadiense, la Fuerza Nacional de Policía de Canadá y el sistema judicial. Al investigar el asunto, Kealey encontró pruebas de la existencia de un enorme plan de sobornos y comisiones ilegales manejado y controlado directamente por la Oficina del Primer Ministro y una estrecha colaboración entre los Tories, los medios de comunicación y la policía. Kealey consiguió llevar ante los tribunales a 16 personas, incluyendo miembros del gobierno y de la Real Policía Montada del Canadá, acusados de prevaricación.



The sponsorship scandal, AdScam or Sponsorgate. En castellano "El escándalo de patrocinio" es un bullado caso que surgió como resultado de un "programa de patrocinio" del gobierno federal canadiense en la provincia de Quebec y que involucró al Partido Liberal de Canadá, en el poder de 1993 a 2006. Originalmente se estableció como un esfuerzo para crear conciencia sobre las contribuciones del Gobierno de Canadá a la industria en Quebec y otras actividades para contrarrestar las acciones del gobierno del Parti Québécois en la provincia que trabaja promoviendo la independencia de Quebec. El programa se ejecutó desde 1996 hasta 2004, cuando se descubrió una amplia corrupción en sus operaciones y fue suspendido. Se revelaron actividades ilícitas e ilegales dentro de la administración del programa, que incluyó el mal uso y la mala dirección de los fondos públicos destinados a la publicidad gubernamental en Quebec. ¿Recuerda esa maravillosa ilustración de la época del ´escándalo de patrocinio´del Western Standard? Fue un poco una parodia basada en el drama criminal de televisión, muy popular en ese tiempo, "Los Soprano". Mostraba una galería deshonesta de liberales que, en algunos casos, fueron juzgados y condenados por fraude y corrupción.



SEGUNDA ENTREVISTA: 
a Shelley Ann Clark

Shelley Ann Clark tuvo un papel fundamental, al más alto nivel, en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos 1987/1988, en las que se trocó en secreto el futuro de Canadá. Los lectores que conozcan la Hoja de Ruta de Puesta en Práctica (Implementation Steps Chart, así conocida en inglés) saben que detalla los pasos que llevaron al compromiso para la construcción del Grand Canal y, en última instancia, a la Unión Continental, la admisión como banco de American Express en Canadá para manejar la financiación del inmenso proyecto Grand Canal. Pues bien, ese paso fue un hecho en Canadá.

Shelley Ann Clark: Me eligieron a dedo para el puesto de ayudante de Germain Denis. Desde el primer momento me dijeron que la entrevista era puro formalismo. ¡Resultó ser una verdad como un templo!. Después de que Germain Denis me hubiera entrevistado durante aproximadamente 3 minutos, me preguntó cuando podría comenzar el trabajo. Como quería aceptar el reto, accedí a ser su ayudante ejecutiva.

Me contrataron en julio y en septiembre ya teníamos un sistema informático llamado GEAC. El sistema lo había introducido un tal Peter Hines, que hoy es millonario, y descubrí rápidamente que él y Germain Denis estaban muy unidos. Me preguntaba por qué. Ciertamente no eran los conocimientos técnicos lo que les unía: Germain Denis era una persona que se negaba a tener ordenador en su oficina.

Germain Denis era, como se ha dicho antes, el responsable de aspectos fundamentales de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. En aquella época yo tenía dos secretarias que trabajaban para mí, las cuales introducían material altamente secreto en el sistema informático. No teníamos horario: cuando entrabas en la oficina, nunca sabías a qué hora te marcharías.

Un viernes por la tarde, sobre las 6:30 de la tarde, llamó una señora bastante exigente, Sylvia Ostry –doctora en economía por la Universidad McGill de Canadá y por la Universidad de Cambridge. Ha recibido 18 títulos de doctora honoris causa. Nombrada por el gobierno de Canadá en 1990 por su contribución a la planificación de la política económica de los asuntos internacionales de Canadá como funcionaria y economista. Colabora con la revista Foreing Affairs de David Rockefeller y el CFR.–, pidiendo una copia de un documento que estaba en el ordenador: dijo que en dos horas debía tomar un vuelo hacia los Estados Unidos y que necesitaba ese documento en particular. Por desgracia, yo era la única que quedaba en la oficina. Las secretarias se habían ido a casa. Cada persona con acceso a la computadora tenía una contraseña: nadie sabía la contraseña de los demás por razones de seguridad, me dijeron. Lo que hice fue llamar inmediatamente a la persona que había instalado el sistema GEAC (Peter Hines) y por suerte lo encontré todavía trabajando. Mi primera pregunta era saber si se podía hacer algo para dar respuesta a la petición de Sylvia Ostry. Me dije que debía haber algún modo de romper los códigos del programa de los ordenadores y que, si alguien lo conocía, ese era él. “No se lo cuente a nadie, Shelley Ann”, me dijo, “pero la única manera de entrar en el sistema informático de la Oficina de Negociación Comercial es ponerse en contacto con el presidente de GEAC. Él tiene la contraseña “todopoderosa”. “¿La contraseña “todopoderosa”? ¿Qué caray es eso?”. “Bueno”, contestó, “así la ha llamado el presidente y él es el único que la tiene”. “¿Me está diciendo que el presidente de GEAC tiene acceso a toda la información contenida dentro de nuestro sistema informático?”. “Así es. Él puede acceder al ordenador de Simon Riesman –el negociador del Tratado de Libre Comercio– y de los todos los demás”. “¿Y está en Toronto, Peter, el presidente de GEAC?”. “¡Así es!”. “¿Y nosotros estamos aquí en Ottawa?”.“¡Así es!”. “¿Pero él puede hacer operaciones desde Toronto?”. “¡Así es!”.




Las implicaciones, pensé, son enormes. Aquí estamos negociando este acuerdo comercial super secreto entre Canadá y los Estados Unidos –tan secreto que las secretarias de la misma oficina no saben la contraseña del ordenador de los demás– mientras que el presidente de la empresa informática que registra la información tiene acceso a toda esa información. ¿Qué clase de seguridad es esta?. ¿O acaso los resultados de las negociaciones ya están pactados?. Por no hablar del “Gran Hermano”, invisible, pero observándolo todo y en todo momento. Sin duda, conectándose de vez en cuando para ver si todo está en orden, sobre todo por parte de los canadienses.

A la mañana siguiente (he sido diplomática de Asuntos Exteriores toda mi vida; me escogieron directamente en la escuela de negocios cuando tenía dieciséis años; he trabajado mi vida entera en Asuntos Exteriores entre información altamente secreta y se que hacer cuando se tiene acceso a esa clase de conocimientos, que hay que vigilar, etc.), lo primero que hice fue ir a ver al jefe de seguridad de la División de Libre Comercio. Mientras Germain Denis aún era Jefe de Comercio Multilateral, los memorandos para el Gabinete, por lo general clasificados como “secreto” o “alto secreto” con las tácticas de negociación que debían usarse con los estadounidenses, se revisaban antes de llegar a la mesa de negociaciones.

De manera que fui a ver al jefe de seguridad, Guy Marcoux, y le exigí que investigara el tema. Quién estaba detrás de la empresa GEAC. ¿Era una empresa canadiense o era una empresa estadounidense con una sucursal canadiense como tapadera?. El jefe de la seguridad me dijo que estaba buscándole tres pies al gato, que yo veía problemas donde no los había y que no pensaba investigar el tema.

Inmediatamente acudí al segundo en el escalafón, Gordon Ritchie, negociador jefe y le expliqué que el jefe de seguridad no quería seguir con la investigación. Ritchie ordenó que la investigación se realizara: el resultado final fue que “sí, GEAC era una empresa estadounidense”. Mientras se llevaba a cabo la investigación, tres representantes de GEAC solicitaron a través del negociador jefe –Gordon Ritchie– una entrevista conmigo para convencerme de que no había nada erróneo en el sistema. Cuando Gordon Ritchie me vino a ver le pregunté: “¿por qué quieren verme a mí?”. “Fuiste la que lo descubrió. Te dejaré la famosa mesa redonda” –donde celebraba todas sus reuniones importantes– “de mi despacho para recibir a estos representantes de GEAC”. Y los representantes de GEAC vinieron y estuvieron hablando conmigo durante dos buenas horas.

Entonces, me senté y escuché y cuando terminaron les miré a cada de ellos y dije: “después de todo lo que han dicho, quiero que uno de ustedes me garantice que nadie puede estar al otro lado de la calle, en otra ciudad o en cualquier otra parte y tener acceso a los documentos contenidos dentro de esta computadora. Garantíceme esto por escrito y me daré por satisfecha”. Yo sabía que no podían porque unos días antes su presidente me había proporcionado un documento super secreto procedente de nuestro ordenador. Tuvieron que admitirlo: “no”, dijeron, no podían garantizar eso. Y así acabó la cosa.

Fui de nuevo a ver a Gordon Ritchie con aquella información y cuarenta y ocho horas después de que se hubiera realizado la queja, todo el sistema instalado en la Oficina de Libre Comercio Canadá/Estados Unidos, que había costado 12 millones de dólares, se había eliminado.

Mi impresión era que Simon Riesman y Gordon Ritchie agradecían mis esfuerzos. Lo que no pude entender entonces –y es una cuestión que sigue en mi mente– fue la reacción de Germain Denis: una cólera total y absoluta. Se puso hecho una fiera, perdió los papeles y estaba absolutamente furioso. Lo que le cuento está en mi informe a la Alianza de Servicio Público de Canadá fechado el 22 de julio de 1988, porque no fue hasta ese día notable cuando me di cuenta de la razón de la rabia de aquel hombre, que yo en verdad había descubierto algo y que había hecho algo sobre el tema.

Yo tenía pruebas irrefutables: sin el presidente de GEAC, Sylvia Ostry hubiera tenido que dejar el país sin su documento.




 Kealey: Desde luego, eliminar el ordenador y sustituirlo por otro no significa que el problema se haya resuelto. Lo único que significa es que Shelley Anne Clark no pudo demostrar nunca más que alguien externo tenía acceso a la computadora.
Shelley Ann Clark: ¡Exactamente! Llegó un ordenador nuevo, compatible con IBM, me dijeron. Después de mi primer descubrimiento, estaban muy atentos a mis reacciones y me explicaron que el disco principal estaba allí mismo en el decimoséptimo piso. Incluso me mostraron donde estaba y me dijeron que todo lo que nosotros introdujéramos en la computadora quedaría grabado en ese disco principal que –al final de las negociaciones– sería transferido a los archivos. Bueno, me creí lo que me contaban.

Entonces hubo una filtración a la prensa y se supo que no había ningún francófono en las negociaciones de Libre Comercio, de manera que Simon Riesman designó a Germain Denis como el tercero en el escalafón, a cargo de las cinco principales áreas de interés para este país: subvenciones, agricultura, tarifas, propiedad intelectual (el paraguas de los programas sociales, los derechos de autor, los productos farmacéuticos, etc.) y programas de gobierno.

Todo empezó en octubre de 1986. En enero de 1987, los principales negociadores fueron a Washington para la primera sesión de negociación. Cada “jefe” creó su grupo de trabajo, un grupo de trabajo de agricultura, un grupo de trabajo de tarifas, un grupo de trabajo sobre subvenciones, etc. Durante las negociaciones, estos grupos viajaron a Washington y se encontraron con sus colegas estadounidenses. Cuando Denis volvió de los Estados Unidos, me explicó que había que comenzar a informar a las Provincias.

Después de planear la primera sesión de negociación principal, me preguntaba cómo manejaría él las diferentes reuniones informativas, y a las diez me fui a casa, pensando que se había acabado la jornada. Llegué a casa a las diez y media: una hora más tarde Germain Denis me llamó, pidiéndome que me reuniera con él en la oficina central, pero que no entrara por la puerta principal, que me esperaría en el garaje con una llave del ascensor. Se evitaba así pasar los controles de seguridad; al entrar por la puerta de la calle, cualquiera tenía que pasar el control de seguridad, indicar la hora de entrada y era filmado por el circuito cerrado de televisión antes de llegar a su destino. La manera en que el señor Denis lo preparó todo significaba que nadie nos observaría.

La otra cosa que me dijo fue que “ni esa noche ni ninguna otra en el futuro debe explicar a su familia a donde va; si lo hace, deberá pagar un gran precio”. De nuevo –gracias a mi preparación en temas de Asuntos Exteriores y seguridad– no tuvo que repetírmelo. Entendí perfectamente bien que estaba en una situación comprometida. No supe cómo de comprometida hasta que las negociaciones estuvieron en plena ebullición en enero de 1987 y él comenzó a cambiar cifras y suprimir párrafos de un modo exagerado.

Me llamaban de noche –recuerden que no me permitían contarle a nadie a donde iba– y a menudo estaba allí hasta las cuatro de la mañana. La primera cosa que tuve que hacer fue aprender a manejar el ordenador, pero no se me permitió decirle a nadie por qué yo no tenía una secretaria para hacer precisamente eso. Aprendí a crear un duplicado del archivo del disco principal que estaba en la sala del decimoséptimo piso y que contenía toda la información. Me mostraron como eliminar la información del disco principal una vez que había terminado.

Llegaba y extraía el documento que ellos habían negociado en Washington. Si habían estado trabajando sobre “subvenciones”, yo sacaba el documento “subvenciones”, lo duplicaba y lo grababa de nuevo con el nombre “provincial”. Entonces mi superior lo examinaba paso a paso; si habían negociado el 30% o el 40%, la cifra se rebajaba a la menor cifra posible, alrededor del 10%. Se hacía así porque quería tener margen de maniobra para aumentar las cantidades: las provincias que negociaban habrían sospechado si las cifras no hubieran variado. Había que dar la impresión de que se negociaba, cuando en realidad, según parece ahora, todo había sido decidido de antemano.

¿Energía? Los párrafos sobre energía fueron metódicamente suprimidos. El libro Faith and Fear (Fe y Miedo) de los profesores Doern y Tomlin confirma lo que ya he revelado a los medios de comunicación. Ellos dicen que el capítulo de energía no fue incluido en el acuerdo hasta el famoso último fin de semana del 3 de octubre de 1987. Sé por qué no se incluyó ese capítulo hasta el último minuto. Estuvo allí todo el tiempo: en la versión estadounidense, en la versión federal canadiense, pero no en la versión provincial; íbamos suprimiendo el capítulo sobre energía de la versión provincial.

- Kealey: Sí, los Premieres de todas las provincias, excepto dos, no comprendieron que el país se estaba regalando al mejor postor. Los Primeros Ministros de Saskatchewan y Alberta, a quienes Mulroney había designado como “topos” en el grupo –tenían la responsabilidad de averiguar a escondidas lo que pensaban los otros Premieres Primeros Ministros–, cuál sería su postura en la negociación y otros datos confidenciales que podrían ser manipulados para ventaja del Gobierno Federal sobre las provincias.

Entonces ellos pasaban esta información a Germain Denis para que pudiera incluir en el documento cifras que casaran con lo que los Premieres estaban dispuestos a ceder. Así que nunca se dio el problema de presentar cifras que estuvieran demasiado por encima de lo que los Primeros Ministros estaban dispuestos a aceptar. Si lo hubiera, la solución era bastante sencilla: modificar las cifras en el documento. Mulroney y sus cohortes lo sabían antes de negociar gracias a los dos topos, el Primer Ministro de Alberta y el Primer Ministro de Saskatchewan.


- Shelley Ann Clark: Así es. Pude demostrar a la CJOH TV (Nota: una cadena de televisión en Ottawa propiedad de CTV Network) más allá de cualquier duda que estas reuniones tuvieron lugar. Yo había guardado mis agendas del 86 y del 87 y cuando ocurrió registré cada reunión que tuvo lugar, las salas en las que se celebraron, los horarios, etc. Llevé a un testigo –John Bowlby, un miembro de la ejecutiva de Citizens Against Bad Law (Ciudadanos contra las Malas Leyes)–. Fotocopiamos la documentación delante de un abogado. Se entregó a Charlie Greenwell de CJOH TV, para que él y sus abogados supieran que cuando se emitiera el programa había pruebas suficientes –entre el documento de julio de 1988 de la Alianza de Servicio Público y esa agenda– para demostrar que yo decía la verdad. 


Vista panorámica de Quebec City.


Me gustaría volver a hablar del segundo documento “amañado” que se entregó a las Provincias. Siguiendo las directrices de Germain Denis, yo creaba una copia, hacía las modificaciones adecuadas en el disco duro de mi ordenador, además de modificar el disco de la sala principal. Una vez hecho esto, entonces hacía diez copias para diez informes. Los diez informes eran numerados porque tenía que estar segura de a donde iba a parar cada libro en caso de que alguno se perdiera.

Así que fueron numerados del uno al diez; Alberta tenía el número 1; Manitoba, el número 2; Saskatchewan, el número 3, etc. A pesar de la presión que ejercieran sobre mí la Oficina del Primer Ministro, la Oficina del Consejo Privado o los encargados de Relaciones Federales Provinciales –y me habían advertido de que habría una presión excesiva y quejas de los Premieres por no recibir sus informes varias horas antes de las reuniones informativas–, me ordenaron que no entregara los informes sino literalmente minutos antes de que comenzaran las reuniones informativas. Al final de cada reunión, Germain Denis recogía él mismo los informes o, si no lo hacía, me llamaban y cuanto abandonaban la sala yo iba y los recogía, para devolverlos y guardarlos en la caja fuerte de Denis.

Entonces a medianoche, desencuadernaba nueve de las copias y las destruía con una trituradora de papel. Había que hacerlo a medianoche: no se podía correr el riesgo de que los agentes de seguridad lo descubrieran, y nos habían ordenado en un memorando especial de la Oficina del Ministro que ninguno de los documentos usados en la negociación Canadá/Estados Unidos debía destruirse sin la autorización de Riesman o Ritchie. Así de altas eran las autorizaciones requeridas para destruir cualquier papel: podíamos destruir un télex de Asuntos Exteriores pero no podíamos tocar ningún documento sobre la negociación. El único momento en que podía destruir documentos era entre la medianoche y las 3 de la madrugada. Destruía nueve copias y guardaba un juego completo que colocaba en la caja fuerte de manera que, la siguiente vez que negociaran sobre un tema en particular con los estadounidenses, nosotros sacaríamos ese juego y Denis sabría hasta donde había llegado. Si había negociado el 10%, la siguiente vez mostraría un 12% y así cada vez.

El paso siguiente fue que Maude Barlow –un activista político y miembro del Council of Canadians (Consejo de canadienses), una organización opuesta a la integración política con los Estados Unidos– y John Turner –Primer Ministro de Canadá en 1984 por el Partido Liberal, que se opuso al Tratado de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos propuesto entonces, afirmando que su adopción implicaría la completa renuncia de la soberanía política de Canadá en manos de los Estados Unidos– comenzaron a acusar a Mulroney: que estaba vendiendo el país al mejor postor, que nuestros programas sociales estaban en peligro, etc., etc. Como trabajaba directamente sobre los programas de Seguridad Social y otras cuestiones –como era mi caso– yo sabía que estos individuos decían la verdad. Cuanto más me daba cuenta de la ilegalidad de lo que hacía, más asustada estaba: lo que significaba para el país y como sería un peso que llevaría encima como una especie de chantaje completo, para siempre.

Quise dejar el trabajo, dejar de hacer lo que hacía. Empecé preguntando al Ministerio de Asuntos Exteriores para que me destinaran a otro sitio: no me hubieran trasladado por nada del mundo. Quedó vacante una plaza en la Oficina de Negociaciones Comerciales de jefe de protocolo y hospitalidad. El Director General de Operaciones, que era un tipo honesto, me miró: “Shelley Ann, ¿estás loca?. Germain Denis nunca dejará que te vayas. Tendría que ser por encima de su cadáver el que yo te trasladara”.

- Rod:–el profesor Robert O’Driscoll, autor de New World Order Corruption in Canada (Corrupción del Nuevo Orden Mundial en Canadá)– Pero, ¿por qué? ¿Tiene pruebas que podamos ver?.
- Shelley Ann Clark: Son los secretos implicados en el tema. Recuerde que Denis Germain, el Primer Ministro, y yo éramos los únicos que conocíamos las complejidades e implicaciones para Canadá del Tratado de Libre Comercio en aquel momento.

- Kealey: Lo que hay que tener en cuenta es: si ella se hubiera llevado algún documento que formara parte de la documentación, ella estaría en la cárcel. Hubiera sido un delito federal –apropiación de documentos secretos– y entonces hubiera perdido cualquier ventaja si se hubiera apropiado de documentos. Lo que hizo, sin embargo, fue presentar una queja formal ante su sindicato. Ella tiene la queja y la carta de respuesta en la que se le pide que la retire. Ella es el testigo ocular: la prueba es el Tratado de Libre Comercio real que se guarda en recipientes fuera de Ottawa y que los canadienses nunca han visto.

- Rod: Pero, ¿alguna vez saldrán a la luz estas pruebas?. Si, por ejemplo, lo incluimos en este libro que estamos preparando, junto con otras pruebas que apunten en la misma dirección, ¿alguna vez llegará realmente al gran público?.
Kealey: Tenemos un ejemplo aquí mismo. Shelley Ann le contó su historia a un periódico semanal. Ellos explicaron la historia con detalle y ya ha habido gente que ha contactado con ellos diciendo, “yo también trabajé en ese área. He visto como se transfería la documentación de un lugar a otro. Puedo atestiguar lo que ella dice”. Cuanto más se publique, a cuantas más manos llegue la información, más posibilidades hay de que circule. Al publicarlo, al difundir el material, se elimina el miedo y más gente saldrá a la luz.

- Shelley Ann Clark: El 6 de enero de 1994 yo estaba en un programa de entrevistas que se emite en todo Alberta. Declaré sin rodeos que nos encontrábamos ante un caso de traición. La reacción ha sido extraordinaria. Sinceramente creo que el libro que usted prepara, New World Order Corruption in Canada, debería ser publicado cuanto antes: ésta es la manera de llegar a más canadienses.

- Kealey: Ellos puede que tengan su calendario de ejecución y hayan puesto fechas en las que ciertas fases del trato tengan que completarse, pero este es un contrato fraudulento y un contrato fraudulento no tiene validez legal una vez que se ha probado que es un fraude. Por lo tanto, las posibles fechas establecidas arbitrariamente en última instancia no son importantes.

- Shelley Ann Clark: He estado tentada de viajar por Canadá, de explicar a los canadienses lo que se e intentar conseguir que hagan algo al respecto. Cien o doscientas cartas no son suficientes. Se necesitan manifestaciones masivas, cientos de miles de cartas. Una vez que en la Colina del Parlamento se den cuenta de que el país entero lo sabe, entonces los parlamentarios tendrán que hacer algo.

Durante las pasadas elecciones pensé que podría hacer algo con el apoyo del Partido Nacional, que una persona como Mel Hurtig –presidente fundador del Consejo de Canadienses– utilizaría al máximo a alguien como yo. Tengo información de primera mano: me ordenaron que cometiera actos fraudulentos. ¿Qué hicieron Mel Hurtig y el Partido Nacional?. ¡Nada!. Me pagaron 1.000 dólares como honorarios, pero no me dieron fondos para publicidad o para cubrir los otros gastos que son necesarios para conseguir llevar las ideas a los votantes. La gente de mi distrito electoral preguntaba: “¿por qué, con lo que tienes que contar, no puedes conseguir ningún apoyo?. ¿Por qué no aparece tu imagen por todas partes?”.

- Kealey: Ya sabemos el porqué, porque después de las elecciones recibimos alguna documentación y he estado en contacto con algunos candidatos del Partido Nacional. Me enteré. Conseguí pruebas de que el Partido Nacional manipuló ciertos distritos electorales para impedir que sus candidatos ganaran las elecciones. Si no tenían posibilidades, les daban cuatro o cinco mil dólares. Si tenían alguna posibilidad de ganar, entonces sólo les daban mil dólares.

La documentación que tenemos ahora indica que en 1972 Mel Hurtig era candidato de los Liberales. Él también había estado vinculado al Canadian Institute for International Affairs –Instituto Canadiense para Asuntos Internacionales–. (Nota: el “gemelo” canadiense del CFR y el RIIA). Estaba en un programa que seguía las recomendaciones de las reuniones de los miembros de Bilderberg que se habían celebrado en la Laurentidas y en Vermont. Cuando vinculas a Mel Hurtig directamente con la cuadrilla del Nuevo Orden Mundial, adivinas muy rápidamente la razón por la que él estaba donde estaba durante las últimas elecciones. Estaba regalando el Oeste de Canadá al mismo grupo al que Mulroney y su banda habían entregado el resto del país.

También está Bill Loewen. Tenemos pruebas de que Bill Loewen, que tenía una empresa llamada Comcheq, vendió su empresa al Canadian Imperial Bank of Commerce por 160 millones de dólares justo un año antes de las elecciones. Me atrevería a apostar que Bill Loewen vendió su empresa por 150 millones de dólares y consiguió 10 millones de dólares de los banqueros para crear un partido político con un único objetivo: eliminar la disidencia sobre el Tratado de Libre Comercio del Partido Socialdemócrata en el Oeste, de manera que los Liberales pudieran ganar.

Esto es exactamente lo que pasó por todo el Oeste y la razón por la cual hoy los Liberales tienen mayoría. Los votos socialdemócratas que se llevó el Partido Nacional permitieron que ganaran los Liberales con un escaso margen.



La Asamblea Nacional de Quebec

¿Qué nos queda?. Brian Mulroney, que con el dinero que robó a los canadienses durante los años que ejerció el cargo, pudo comprar las elecciones de 1993. En mi opinión, así es como lo hizo:

1. Presentó a Lucien Bouchard a los quebequenses y le convirtió en un héroe separatista fingiendo una pelea pública con él sobre el papel de Quebec en Canadá. Bouchard se convirtió en el político más popular de Quebec y llevó a su partido, el Bloc Québéquois, con el apoyo financiero de Mulroney, a la victoria en Quebec. El Bloque incluso se convirtió en la Oposición Oficial en el Parlamento canadiense después de las elecciones de 1993.

2. Usó su considerable influencia y dinero para convencer a todos los “peces gordos” conservadores de que se retiraran de las elecciones de 1993. Esto garantizó a los Liberales (equipo 2) bajo Mitchell Sharp (el hombre de los banqueros en Ottawa) y Jean Chretien (un títere de Charlie McCarthy como Ronald Reagan) una buena oportunidad de conseguir una amplia mayoría.

3. Colaboró con el plan de Conrad Black –miembro de Bilderberg, magnate de la prensa ahora deshonrado y arruinado– para financiar el Partido Reformista en Ontario (limitando su posibilidades e influencia allí) al permitir que Preston Manning (un líder con vínculos en la CIA en 1967-1968) se dirigiera al Canadian Club –club exclusivo que incluye entre sus miembros a los agentes de bolsa más importantes del país– y otros con la condición de que advirtieran a los quebequenses de que debían actuar como las otras provincias o “largarse”. Este mensaje era completamente opuesto a la posición de Alberta durante el referéndum de 1980 sobre la independencia de Quebec, cuando les dijeron a los quebequenses que eran apreciados y queridos en Canadá.

4. Colaboró con banqueros (Canadian Imperial Bank of Commerce) para financiar la creación del nuevo Partido Nacional por parte de Bill Loewen. Este nuevo partido político, con Mel Hurtig como líder –miembro entre 1968 y 1972 del elitista Instituto Canadiense de Asuntos Internacionales–, engañaría a 200.000 canadienses antiguos votantes del NDP (de izquierda) opuestos al libre comercio, permitiendo así que los Liberales y los Reformistas ganaran en muchas de las circunscripciones clave del NDP.

5. Destruyó a Kim Campbell, el nuevo líder Conservador, usando los medios de comunicación bajo su control –para que le hicieran el trabajo sucio–. El resultado final fue que sólo dos Conservadores fueron elegidos y que el político más odiado en el Canadá francófono condujo al único partido político con miembros de costa a costa a un gobierno de mayoría en Canadá.

6. Cuando Quebec se independice de Canadá, podrá financiar la construcción del proyecto Grand Canal de Simon Riesman (100.000-200.000 millones de dólares) y otros proyectos de trasvase de agua en el norte. Poseerá, controlará y trasvasará agua, a cambio de dinero, hacia EE.UU. y México.

7. De manera que lo que tenemos es un plan para la desintegración de Canadá preparado por Mulroney y los banqueros: el primer paso es conseguir que Quebec se independice; el segundo, integrar al resto de Canadá en los Estados Unidos; el tercero, conseguir que los habitantes del norte de Quebec se rebelen; el cuarto, enviar a los militares de Fort Drum como cascos azules –base militar situada en el Estado de Nueva York, al otro lado de la frontera de Kingston en el lado canadiense. El plan secreto implicaría la petición del gobierno canadiense de ayuda y soldados estadounidenses vestidos de cascos azules de las Naciones Unidas que entrarían para ofrecer ayuda– y el quinto, construir el Grand Canal.

- Shelley Ann Clark: Algo de esto lo he visto confirmado en documentos. En marzo de 1988 se difundió una circular en la Oficina de Libre Comercio que ordenaba que todos los documentos usados en las sesiones de negociación debían ser entregados a una persona en particular que se encargaría de catalogarlos para los archivos. Una hora después de recibir la circular, Germain Denise me llevó a su oficina, me pidió que cerrara la puerta, que me sentara y que prestara mucha atención a lo que iba a decirme: si me desviaba lo más mínimo, afirmó que acabaría con mi carrera en la función pública en Ottawa, ¡en todas partes!.




- MC: ¿No tiene la sensación de estar en una posición bastante comprometida?.
Shelley Ann Clark: Mi vida parece estar en peligro en cualquier momento. Si ahora viajara a los Estados Unidos, hay quien cree que estaría muerta (–de hecho, Marcel Masse, un político conservador del gobierno Mulroney, y Stephen Lewis, embajador canadiense ante las Naciones Unidas bajo el Primer Ministro Mulroney, intentaron conseguir su traslado a Nueva York–). Pero tiene que entender que todavía no somos parte de los Estados Unidos, que todavía vivimos en este bendito país que es Canadá. Menos Mulroney, Germain Denis y Gerald Shannon –en aquel momento vice-ministro de Comercio Internacional–, no se quien más estaba en el ajo, pero se ahora que pasan cosas entre bastidores, que hay gente que quiere que revele lo que se. Esto en realidad podría incluir a la Real Policía Montada de Canadá (RCMP) o tal vez incluso al CSIS (Canadian Security Intelligence Service, encargado de las operaciones de espionaje de Canadá), no estoy segura. Me han enviado mensajes que no entiendo: que lo más seguro que puedo hacer es revelar lo que sé.

- MC: Tal vez la están convirtiendo en una especie de chivo expiatorio.
Shelley Ann Clark: Tal vez. En agosto o septiembre del año pasado dejé de tener miedo. Había vivido muerta de miedo durante seis años, más que miedo: pánico absoluto. Temía por mis niños, temía por mí. Llegó un punto en que prefería estar muerta a seguir con vida. La mera existencia alcanza un punto donde no puedes ver cómo puedes continuar. Quiero decir que, si sabes que te van a matar, en un determinado momento te paras y dices: “hacedlo ahora. No voy a preocuparme por ello”. Me costó seis años alcanzar ese punto. Y luego comencé a pensar que tenemos un deber para con la gente que nos trajo al mundo, para con la gente que dejaremos atrás y para con la tierra que permanece constante. Tomé la decisión de dejar de estar asustada y de repente ya no tenía miedo. Decidí contar al mundo lo que sé.

  Kralik: Superó la barrera de miedo.
Shelley Ann Clark: Superé la barrera de miedo. Ahora vuelvo a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en una posición de mucha responsabilidad, de manera que si algo me ocurriera con lo conocida que soy en este país ahora, me atrevo a decir que estallaría una revolución, pienso que para todo hay un límite.

- Kealey: Al emplear de nuevo a Shelley Ann, los liberales están diciendo: “Nosotros no tuvimos nada que ver con aquello”.

- Shelley Ann Clark: Un mes después de ganar las elecciones, los Liberales intentaron rectificar mi situación. Me encontré con un parlamentario del Partido Reformista en el Parlamento y comprendí que tuve que hacer esto porque yo había prometido a los canadienses que lo haría.

Quizá nunca conozcamos la historia completa. Cuando recibimos la circular que pedía que se enviara todo el material relativo a las negociaciones a los archivos, Germain Denis me ordenó que sacara todos los documentos de negociación de su caja fuerte y los pusiera en el maletero de su coche. Me dio las llaves de su coche. Me dijeron que los sacara en intervalos de dos horas y si me parecía que iba muy lenta que aumentara a intervalos de una hora, pero que no me pillaran ni dijera nada. “Cuando aparezcan, Shelley Ann, y le pidan que entregue los documentos al archivista…”. “Sí, ¿qué pasará cuando no tenga nada que darle?”. “Dígales, lo siento, comenzamos a cerrar antes de que llegara la circular. El señor Denis me ordenó que lo destruyera todo”.

Éstas eran mis órdenes y por supuesto me llevó desde las 10:30 de la mañana hasta las 6:30 de la tarde. Llevé un total de siete cajas de fotocopiadora grandes al maletero de aquel funcionario.

¿Qué más puedo decir? La verdad sigue un curso tortuoso pero estable; tarde o temprano, como un río que nace en la montaña, se libera de su prisión subterránea y fluye libre por la ladera. Hace unos minutos alguien me hablaba de teorías sobre conspiraciones. ¿Teoría? Esto son hechos. Yo estaba allí.

Fin del Reportaje.





   Canadá 2019. 
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