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05 mayo 2021

El genocidio que no cesa en el corazón de África (II)


Rosa Moro

Viene de la Parte I


V

Un plan que salió tal y como estaba previsto


No hay investigación, ni tribunal, ni testimonio, ni informe que se precie que ponga en duda el papel crucial del atentado contra el avión presidencial de Ruanda, cometido el día 6 de abril de 1994, como detonante indiscutible del genocidio de Ruanda.

 

         Imágenes del derribo del avión presidencial, Kigali 6 de abril 1994
 

Considerando que las matanzas fueron una reacción al magnicidio de los Presidentes de dos Estados, Ruanda y Burundi, ya bajo enorme tensión, el responsable último del inicio del genocidio es sin duda el responsable de este atentado terrorista

Podemos citar numerosos informes (1), testimonios (2), autos judiciales (3), documentos filtrados de la inteligencia ugandesa y ruandesa (4), e investigaciones que ofrecen evidencias abrumadoras que atribuyen la autoría del atentado al FPR. Pero lo más revelador es cuando el propio Paul Kagame, en una entrevista con la BBC en diciembre de 2006, reconoció que «tenía derecho a hacerlo», refiriéndose a matar al presidente Juvenal Habyarimana. 


Todo estaba tan bien planificado por el FPR y sus colaboradores internacionales que incluso tenían preparada la historia oficial que lanzar al mundo. 


Este complot que en alguna ocasión también utilizó Museveni de Uganda, maestro y mentor de Kagame, se iniciaba con la estrategia de “Talk and Fight”, los autores estaban involucrados en las conversaciones de paz que se llevaban a cabo en Arusha, Tanzania, como distracción, a la vez que planeaban el asalto al poder por sorpresa, mediante la violencia. En este plan, tenían previsto cualquier escenario posible, teniendo preparado cómo tratar las  reacciones de la ONU, la UA y los medios. Tenían perfectamente controlado qué masacres vería el mundo y cuales no, y hacia dónde huiría la gente

Todo este plan ha sido calificado por uno de los mayores expertos en esta historia, Charles Onana, como «una obra maestra de la desinformación, una intoxicación perfecta», el mundo entero se lo creyó sin cuestionar un ápice, gracias a la planificación minuciosa y la gran inversión de recursos e inteligencia en el plan.


            Paul Kagame y Hillary Clinton

La obra maestra de desinformación

A grandes rasgos, la historia oficial que se vendió al mundo, que ahora hace aguas por todas partes, dice básicamente que:

1- Los extremistas hutu asesinaron a su presidente porque estaba haciendo demasiadas concesiones a los tutsi;

2- Que la mayoría hutu ya se había preparado desde hacía tiempo para el genocidio (incluso lanzaron bulos sobre una supuesta compra masiva de machetes para la “ocasión” y la excavación de fosas comunes en sus jardines, bulos sobradamente desmentidos, incluso por el TPIR, aunque sigan circulando);

3- Que la mayoría hutu se alzó en cólera contra la minoría tutsi e intentaron matar a machetazos a todos los tutsi del país;

4- Que de Uganda llegó un salvador y su guerrilla (Kagame y el FPR) a detener las matanzas, que derrocó al gobierno “genocida” y se instaló en el poder para devolver la paz;

5- Que los genocidas huyeron al vecino Congo y desde allí iban a intentar volver a tomar el poder en Ruanda, por eso el gobierno de los “salvadores” tuvo que invadir el Congo no una, sino dos veces, para perseguir a estos genocidas y tomarse la justicia por su mano;

6- Que la ONU implantó un Tribunal Internacional para hacer justicia;

7- Que EEUU y la ONU lamentan que no tuvieron conocimiento del verdadero alcance de las masacres y por eso no intervinieron a tiempo;

8- Que ahora no hay distinción de etnias en Ruanda. Se ha prohibido por ley hacer apología del genocidio y negar el genocidio contra los tutsis, y Ruanda ya no tiene nada que ver con las masacres que ocurren en el vecino Congo.


Todos y cada uno de estos ocho puntos son mentiras 100%, elaboradas por agencias especializadas en ello. Son narrativas construidas para que el público occidental se las crea con facilidad, una tragedia con héroes y villanos, inicio, nudo y desenlace feliz, rematada con una moraleja. 

Las mejores mentiras son las que tienen pinceladas anecdóticas de verdades, ya hemos hecho alusión a esta estrategia de manipulación. Esa parte de verdad aquí es horrenda: grupos violentos de hutus se organizaron para asesinar a todos los tutsis que pudieran

Pero la parte que se oculta tras la manipulación y las mentiras bien articuladas en una narrativa fácil de engullir para mentes occidentales, no es menos horrenda: un grupo terrorista paramilitar tutsi fuertemente armado y organizado (el FPR de Kagame que llegó de Uganda y sus agentes infiltrados en las milicias e instituciones del país desde 1990, los abadaka), planificaron y se organizaron para matar a todos los hutus que pudieran.

Estados Unidos estuvo implicado hasta el fondo en todo este plan, si no a la cabeza del mismo. La administración Clinton colaboró activamente en la planificación y en la cobertura frente al mundo y la ONU. El ex secretario general de la ONU del momento, el egipcio Boutros Boutros Ghali, lo dijo abiertamente, «El genocidio de Ruanda es responsabilidad de Estados Unidos 100%».

Cada 6 de abril, políticos de todo el mundo, pero principalmente los de la administración Clinton y la administración Blair, lloran lágrimas de cocodrilo exclamando: «oh, ¡no supimos verlo venir! ¡no supimos reaccionar a tiempo!», pero la historia ha sacado a la luz documentación abundante que demuestra que lo que hicieron no solo fue un “laissez faire”, sino que intervinieron muy activamente del lado de los criminales, con dinero, formación, material, incluso tropas sobre el terreno. Con plena consciencia de lo que ocurría, EEUU y la ONU colaboraron en la elaboración e imposición de la desinformación.


Desmontando la narrativa oficial

Una de las investigaciones que desmontan la versión oficial de manera más incontestable es la de los estadounidenses Christian Davenport, entonces de la universidad de Notre Dame, en Indiana, y Allan Stam, entonces en la universidad de Michigan, que en 1998 y 1999 trabajaron tanto para la fiscalía como para la defensa en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, TPIR. Conmovidos por la historia oficial del genocidio, como muchos otros investigadores, estaban convencidos de que la ONU y la comunidad internacional no habían podido responder a tiempo a la tragedia ruandesa, porque no tuvieron capacidad de prever. Para que esto no volviera a ocurrir, era crucial comprender qué, cómo, dónde y cuándo paso exactamente lo que pasó en Ruanda. Comenzaron a trabajar convencidos de la veracidad de todos y cada uno de los puntos clave de la narrativa oficial, pero sus conclusiones pronto atrajeron el rechazo, las amenazas, la expulsión del Tribunal, la expulsión de sus puestos de trabajo respectivos y toda clase de descalificaciones en los medios internacionales

Los datos compilados demostraron que «tanto Hutus como Tutsis fueron víctimas y atacantes, muchas personas de las dos etnias utilizaron las masacres y asesinatos masivos para resolver cuestiones políticas, económicas e incluso personales». La primera comprobación sorprendente fue que no había suficientes tutsis en el país en aquel momento como para haber perecido un millón de personas (5), como se repitió durante años. Se empezó diciendo que los hutus habían matado a machetazos un millón de tutsis, pero en pocos años se bajó a 800.000 y además se concedió que no todos eran tutsis, que también fueron asesinados «hutus moderados». ¿por qué este cambio en la narrativa oficial?

Estos dos investigadores comenzaron por observar los datos administrativos más básicos como el censo de Ruanda en 1994 y descubrieron que de una población de 5.648.000 personas censadas, si el 83% eran hutus (4.687.840) y el 3% eran Twa (169.440), solamente había censados 790.720 tutsis, el 14%. Además, unos 100.000 estaban fuera del país en el momento. Al término del genocidio, oficialmente sobrevivieron unos 340.000, eso arroja una cifra de aproximadamente unos 360.000 tutsis asesinados. Cifra trágicamente alta, imposible de minimizar. Si de esas 800.000 personas, unas 360.000 eran tutsis, las otras 440.000 eran hutus…

Es más, si recurrimos a otras cifras aparecidas con posterioridad tras investigaciones rigurosas como las que llevó a cabo la Unidad Especial de Investigación del propio TPIR, cuyas averiguaciones fueron ocultadas por el tribunal hasta que fueron filtradas a la periodista canadiense Judi Rever (6), testigos clave como Theogene Rudasingwa, una figura de responsabilidad dentro del partido del FPR de Paul Kagame hasta 2004, la cifra más probable de hutus asesinados por el FPR se sitúa en torno al millón de personas solamente a partir de 1994, sin contar los previos cientos de miles de hutus y tutsis asesinados en el norte del país entre 1990 y 1994.

Estas cifras también son trágicamente altas, de hecho son increíblemente más altas, lo cual no pretende minimizar o restar importancia a las 360.000. Sin embargo, estas cifras trágicas de hutus asesinados no solo son minimizadas en la versión oficial, sino que son negadas y ocultadas. No se pueden  reconocer, no aparecen el registros “oficiales”, el mundo no las reconoce, los supervivientes no pueden llorar por ellas, so pena de cárcel y asesinato, como le pasó en febrero de 2020 al cantante Kizito Mihigo (7).


Kizito Mihigo, asesinado en la cárcel de Ruanda por reconocer también a las víctimas hutu y predicar la reconciliación en el país.

Judi Rever, en su libro In Praise of Blood, presenta un exhaustivo trabajo de investigación que demuestra que el FPR no solo cometió crímenes tan graves o más que los que cometieron los extremistas hutus, sino que planificó el genocidio contra los tutsis para cometer de forma encubierta su genocidio contra los hutu, pero el tribunal ocultó sistemáticamente todas estas evidencias y destituyó a todos los investigadores que iban recopilando pruebas para encausar al FPR, el gran aliado de EEUU.


Fuimos incapaces de ver la mentira

Un ejemplo de cómo a los informadores del momento les resultaba impensable contradecir la versión oficial perfectamente preparada y presentada al mundo por el FPR y sus aliados occidentales (8) es el de la imagen que se convirtió en una de las más icónicas de las horripilantes matanzas de 1994 en los medios internacionales, la de los cadáveres flotando por el río Kagera, en el noreste del país. 

El río marca la frontera de Ruanda con Tanzania a lo largo de parte de sus últimos kilómetros antes de llegar al lago Victoria, en Uganda. Esta escena de horror era descrita por los periodistas internacionales verdaderamente traumatizados por la visión grotesca de cientos de cadáveres mutilados y torturados, incluso de bebés, flotando en el río. Se calcula que unos 40.000 cadáveres fueron arrojados al río entre mayo y junio de 1994, desde las prefecturas del este, Byumba y Kibungo, una región que cayó bajo el control del FPR a finales de abril. Hoy en día se sabe que esos cadáveres no eran de tutsis masacrados por las milicias hutus, sino que eran de hutus masacrados por el FPR. Hechos corroborados por testigos, víctimas y ex miembros del FPR que participaron del macabro plan.


          El río marca la frontera de Ruanda con Tanzania

A pesar de conocerse que la zona estaba bajo control del FPR y que no era posible para las milicias hutu acceder a los lugares desde donde se arrojaban los cadáveres, «Seguramente cargados en camiones» como describía el New York Times, los reporteros hacían filigranas mentales para adaptar lo que veían sus ojos con la versión oficial impuesta, llegando uno de ellos incluso a escribir tras describir la escena aberrante de los cadáveres que veía y olía: «¿quién puede hacer estas cosas? El territorio (…) está bajo control del FPR, principalmente compuesto por tutsis, (…) que avanzó rápidamente hacia la zona la semana pasada» (9). Su convicción sobre la veracidad de la versión oficial no le dejaba ver que él mismo estaba demostrando que los cadáveres estaban siendo lanzados desde una zona donde ya no había milicias hutu, sino que era el FPR. Ni el corresponsal ni sus lectores eran capaces de ver con claridad estas señales tan evidentes. Así de bien funciona la manipulación y la desinformación cuando es ejercida magistralmente.


VI

Instrumentalización de los refugiados…


Mapa que ilustra la ofensiva del ataque del FPR desde Uganda en 1990. Pág. 129 de Strategie du chaos et du mensonge, de Patrick Mbeko

No fue ninguna casualidad que dos millones de refugiados ruandeses tomaron la única salida posible que les había dejado el FPR, la frontera con Zaire (hoy, República Democrática del Congo). Podemos apreciar con claridad la estrategia de la ofensiva del FPR en este mapa que muestra el investigador congoleño Patrick Mbeko en su libro ‘Stratégie du chaos et du mensonge’, página 129. Entraron por el noreste y obligaron a la población a huir hacia el oeste. 

El gran Zaire, o Congo, todavía estaba gobernado por Mobutu Sese Seko, quien había observado de cerca todas las maniobras y no dudaba de la mano oculta de sus otrora amos y protectores, los EEUU. El régimen de Mobutu acogió con nerviosismo a los dos millones de refugiados ruandeses tras el asesinato del presidente ruandés en el atentado terrorista del 6 de abril de 1994. Mobutu llevaba más de tres décadas imponiendo en el continente africano la agenda de Estados Unidos, conocía su modus operandi y había visto la confluencia de las agendas de la élite tutsi del FPR y la de las potencias anglosajonas, con Estados Unidos a la cabeza. El FPR quería conquistar el poder en Ruanda, exterminar a todos los hutu posibles para redefinir el mapa étnico de la región y anexionarse dos provincia del Congo, los Kivus. Estados Unidos tenía como objetivo final el gran Congo, el control de primera mano de todas sus riquezas y de su posición estratégica en el continente.


…Hacia el destino final, el Zaire

A partir de este momento, la deriva de Zaire fue de caída libre. De la pobreza causada por la sobre-explotación de la que venía, a la desestabilización por acoger en unos meses a millones de personas, y finalmente al caos como estrategia de balkanización o debilitamiento programado desde el exterior. Y todo, como de costumbre, ante la mirada impávida de la comunidad internacional.

Después de hacerse con el poder en Ruanda en 1994, el FPR no dejó de perseguir a la población hutu, dentro y fuera de sus fronteras. Llegó a atacar con armamento pesado campos de refugiados con cientos de miles de personas indefensas en territorio congoleño, como las masacres de Kibeho, en 1995. La comunidad internacional, en silencio. El FPR blandía la excusa de estar «persiguiendo a los genocidas hutu porque suponían una amenaza para Ruanda», pero cientos de exmilitares del FPR, testigos y supervivientes han declarado que la inmensa mayoría de los hutus asesinados eran inconfundiblemente civiles indefensos, desarmados y débiles. 


El plan de invadir el Congo para expoliarlo y debilitarlo por parte de Uganda y Ruanda, y el plan de controlar sus ingentes recursos por parte de las potencias anglosajonas era una descarada guerra de agresión, por lo que los estrategas elaboraron otra representación teatral para el exterior, mientras todo salía como lo habían planeado. Invadieron el Congo en noviembre de 1996.


Esa escenificación utilizó a una figura de poca envergadura y prácticamente desconocida hasta 1996, Laurent Desiré Kabila, en el papel de “rebelde congoleño que combatía al dictador Mobutu”. En esa representación, Ruanda y Uganda interpretaban el papel de “apoyar a los rebeldes congoleños para derrocar al déspota Mobutu”, y Ruanda, de paso, como siempre, “perseguir a los genocidas hutu que todavía podían querer atacar Ruanda, y acusaba a Mobutu de protegerlos”.

Esa rebelión construida para la ocasión como un caballo de Troya se llamó las AFDL (Alliance de Forces Democratiques pour la Liberation du Congo). Muchos lo definen como una torre de babel, totalmente desorganizada, con cada facción buscando apresurada sus intereses y ni siquiera comunicándose entre sí. Eran mercenarios que James Kabarebe, un alto rango militar del FPR, había reclutado por toda África, no había ni un 10% de congoleños. Se suponía que Laurent Kabila era quien dirigía las tropas, pero el verdadero mando era Kabarebe. Mobutu cayó en mayo de 1997, apenas seis meses después de la invasión.


     El genocidio que no cesa en el corazón de África

Instalaron en el gobierno a L. D. Kabila, que en la realidad no llegó a tomar el control del gobierno en ningún momento durante su mandato. El verdadero director de operaciones seguía siendo el ruandés Kabarebe, que era Jefe de Estado Mayor del ejército congoleño en el que se habían integrado todos los militares no congoleños reclutados por él mismo. En un intento de tomar el control del país que se suponía que presidía, L. D. Kabila destituyó a Kabarebe el 27 de julio de 1998, hecho que provocó la segunda invasión del país por parte de Ruanda y Uganda, días después, el 2 de agosto, dando comienzo a lo que se conoce como Segunda Guerra del Congo o segunda guerra mundial de África, que duró hasta 2003 y en la que llegaron a intervenir 9 países vecinos

Angola, Namibia y Zimbabue acudieron a esta guerra en apoyo de Laurent Kabila, pero la superioridad de ruandeses y ugandeses, financiados, armados, entrenados y apoyados en todas las formas posibles por Estados Unidos, atrajo en pocas semanas el refuerzo de Chad, Libia y Sudán. Siete países africanos no lograron truncar los planes de los dos delegados de las potencias anglosajonas en el continente. L. D. Kabila fue asesinado en enero de 2001. En esta segunda guerra de invasión del Congo Uganda y Ruanda llegaron a protagonizar enfrentamientos armados entre ellos por el control de ciertas minas en el este de la RDC, causando numerosas víctimas civiles congoleñas.

Testigos clave de toda esta trama señalan al FPR como responsable del asesinado de L. D. Kabila (10), fue la forma mas directa de implantar a su verdadero caballo de Troya en el Congo, el supuesto hijo de L. D. Kabila, Joseph Kabila, que venía de las filas del FPR ruandés directamente. Y con él llegó la tercera K del triunvirato criminal, el 26 de enero de 2001 Joseph Kabila fue investido presidente de Congo, la guerra no terminó, oficialmente, hasta 2003.


Desde entonces, Estados Unidos y Gran Bretaña, mediante sus brazos ejecutores, los regímenes de Uganda y Ruanda y su infiltrado en el Congo, mantienen bajo tutela no solo los recursos de Congo, sino también otros intereses geoestratégicos en la región y el continente. 


Joseph Kabila, totalmente fiel a los intereses de los enemigos del este, estuvo en el gobierno desde 2001 hasta principios de 2019, en que se produjo “por primera vez, una transferencia pacífica del gobierno congoleño”, según los medios internacionales. Para los congoleños esa trasferencia no fue más que otra representación más de cara al exterior, ni democrática, ni pacífica ni trasferencia. El poder real sigue estando en manos de los mismos, las potencias anglosajonas mediante sus brazos ejecutores, Museveni y Kagame. 

Si algo está claro hoy, bien entrado el año 2021, es que Felix Tsishekedi, tampoco tiene el control del gobierno congoleño. No da un paso sin ir acompañado del embajador de Estados Unidos Michael A. Hammer, como si fuera su asistente personal. La balkanización es una sentencia que cada día está más cerca.


      Michael A. Hammer y Felix Tsishekedi


Resistencia o balcanización del Congo ¿qué solución?

Se calcula que entre los altos mandos centrales y regionales de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo, FARDC, hay 35.000 cuadros del FPR ruandés, es decir, fieles a Ruanda y no a Congo. Además, con cada acuerdo de paz que ha firmado el país con sus agresores y supuestos grupos rebeldes, el Congo ha sido obligado por los mediadores internacionales a admitir en su ejército a esos mismos agresores que una y otra vez se hacen pasar por congoleños, pero que son ruandeses, comandados incluso por la Jefatura de Estado ruandesa, reclutados, entrenados, armados y mantenidos desde Ruanda con total descaro, como denuncian una y otra vez los propios congoleños, y los múltiples informes de expertos de la ONU y otros organismos internacionales. 

Dicen que en el este del país operan hoy unos 122 grupos rebeldes armados. Algunos pueden ser congoleños, lógicamente hay grupos de autodefensa contra las fuerzas de ocupación que masacran a la población literalmente cada día. 

En un clima de absoluto caos e impunidad, otros tantos serán efectivamente delincuentes que sobreviven del saqueo y la explotación ilegal de los abundantes recursos, agrediendo a la población local. Toda esta producción ilegal y criminal, según diversos informes de la ONU, es vendida a los agentes israelíes y ruandeses, desde donde salen a los mercados internacionales. 

Pero principalmente, los verdaderos agresores y responsables de este otro genocidio del que no se habla, son los comandados por el Estado Mayor ruandés, que siempre son los mismos, pero con distinto nombre. Primero fueron las FDLR, en 1996, después fue el CNDP, bajo el mando del coronel tutsi Laurent Nkunda, en 2007; después vino el M23, en 2012, comandado por el ruandés Bosco Ntanganda. Más recientemente, se llama ADF, supuesta milicia islamista ugandesa (que ni es musulmana ni habla lenguas ugandesas, sino que hablan kenyarwanda, el idioma ruandés). Uno tras otro, mantienen el caos en las zonas que Ruanda se quiere anexionar, exportan sus materias primas a través del país vecino y sobre todo, infiltran a más y más agentes ruandeses en las filas del ejército congoleño hasta el punto de haber anulado prácticamente las FARDC como defensoras de su territorio y sus ciudadanos.

Un experto en la materia, el investigador congoleño Boniface Musavuli (11), afirma:

«En Beni, es imposible ahora mismo diferenciar entre los militares del ejército del gobierno y los asesinos. Los rebeldes de la llamada ADF Nalu, por ejemplo, el último de ellos, son una especie de fuerza híbrida compuesta por delincuentes ruandeses llevados a Beni desde Ruanda, principalmente, y soldados del ejército regular de Congo, que operan como un comando paralelo de los primeros. Los asesinos nunca son pillados, sencillamente porque “el ejército” no quiere luchar contra “parte del ejército”…».


Los congoleños y congoleñas conocen de sobra cuál es la fórmula mágica para que todos estos grupos desaparezcan: dejar de resistir, permitir la desmembración del gran Congo. 


En 2008, Subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Africanos de 1989 a 1993, Herman Jay Cohen, preguntado sobre posibles soluciones a la situación del África de los Grandes Lagos respondió que toda esta inestabilidad regional desaparecería en cuestión de días si el Congo accediera a desmembrarse y sus recursos pasaran a ser una especie de fondo común de los demás países de la región. Esta es la “solución” que el imperio propone. Esta es la solución que los y las congoleñas no están dispuestos a aceptar.


VII

Una impunidad asombrosa

Todos estos hechos relatados son de sobra conocidos por la llamada comunidad internacional, por los grandes medios de comunicación, por las grandes ONG y por todo analista o experto que se precie y que sea digno de tal nombre. Entonces ¿por qué no se habla de ello? ¿por qué no se actúa para detener este genocidio del que no se habla?

No solo no se habla del tema, es que el principal responsable en la actualidad, Paul Kagame y su círculo cercano, es asombrosamente impune de todo lo que haga. Su caos (constructivo) al servicio de sus padrinos las potencias anglosajonas (EEUU, Gran Bretaña y el estado sionista de Israel) sigue siendo una correa de transmisión bien engrasada, entonces, todo va bien para medios, ONG y instituciones internacionales. Kagame y sus hombres pueden asesinar a representantes de la ONU (12) cuyas averiguaciones sean molestas, puede asesinar a diplomáticos europeos (13), como el embajador italiano, en pleno 2021… nadie se atreve a interpelarle. ¿Se imaginan el tsunami mediático que hubiera causado un simple arañazo a un embajador europeo en Venezuela? Pues ni las víctimas europeas de Kagame generan reacción alguna en la civilizada Europa


El embajador Luca Attanasio es llevado al hospital donde murió poco después el 22 de febrero de 2012

Joan Carrero, una de las figuras españolas que más ha apoyado a estos pueblos africanos desde los inicios de toda esta locura, que llegó a hacer una huelga de hambre de 42 días ante el parlamento europeo en 1997 para suplicar visibilidad de esta tragedia, es autor de la que es posiblemente la mejor obra que existe hasta ahora en castellano para la comprender esta tragedia, ‘África, la madre ultrajada’ (14). El mismo autor escribía varios artículos la primera semana de marzo de 2021 estupefacto por el atronador silencio internacional ante el asesinato del embajador italiano en el Congo:

«La explicación de esta sorprendente impunidad de Paul Kagame y encubrimiento de todos sus crímenes no creo que sea, de ningún modo, la que apunta Ian Birrell: “la culpa por el fracaso del mundo en detener el genocidio”. Es un argumento demasiado gastado ya. Estas gentes no saben lo que es el sentimiento de culpa. Muchos de ellos saben muy bien que el genocidio no es algo que ellos no fueron capaces de detener, sino que sencillamente lo permitieron bien conscientemente para no interferir el avance del FPR hacia Kigali. Incluso saben, que deberían tener mayor culpa aún por haber permitido que Paul Kagame provocase un número incomparablemente mayor de víctimas que las víctimas tutsis de la primavera de 1994. ¿Por qué no deberían tener culpas también por permitir a Paul Kagame todos estos inacabables crímenes?». (15)

Y en su segundo artículo sentencia:

«En lo que respecta a la cuestión del derecho de los pueblos a su legítima defensa, el cinismo de los líderes políticos y de los creadores de opinión occidentales sobrepasa ya todo lo razonable.» (16)


La guerra más brutal, la del capitalismo

Esta es la guerra más brutal que existe. No solo por su número de víctimas, que es el más alto, solo superado por la II Guerra Mundial; ni tampoco por su duración, tres décadas y sin ver un final cercano; sino por la confluencia de todos los horrores de todas las demás guerras híbridas imperialistas que sufren los demás pueblos del planeta y más.

Aquí existe la motivación de la depredación y control de los recursos necesarios para la industria capitalista de cada momento (cuando no fue el caucho, fue el uranio, luego el coltán, ahora el cobalto, mañana será otra cosa), como Venezuela. La resistencia de un pueblo (los pueblos del este de la RDC) que prefiere morir masacrado cada día a doblegarse ante la ocupación de su tierra, como el pueblo Palestino, abandonado hasta por su gobierno central de Kinshasa, ya en manos de las potencias extranjeras.

 

Las grandes potencias anglosajonas, sus gobiernos al servicio de las grandes oligarquías financieras, nunca van a intervenir para detener estos crímenes descarnados, a no ser que sus delegados en la zona, actualmente el genocida Paul Kagame y su banda, dejen de ejercer de correa de transmisión de su dominio absoluto. Mientras esta correa de transmisión funcione, esos delegados de la zona pueden hacer lo que quieran, que ya se encargan las potencias de que no sean molestados, ni aunque comentan el genocidio más sangriento del mundo


Las grandes palabras y gesticulaciones de los medios de comunicación, de la comunidad internacional, las ONG y las instituciones internacionales como la ONU… ya no engañan a los que sufren día a día. Los y las africanas de la región se saben solos, saben que toda esta caterva de hipócritas no va a hacer nada que inquiete a los amos del mundo. 

Pero en esta guerra, además, se suma el componente del racismo: todas las instituciones, organismos, grandes ONG y medios occidentales o presididos por occidentales, adolecen de un racismo medular. Los muertos negros importan menos. La visión de la brutalidad inhumana ejercida contra cuerpos negros, no podría ser soportada si en lugar de ser sufrida por negros fuera sufrida por blancos.


           Nuestra mirada soporta estas imágenes desde hace treinta años

Resistencia

Hoy, ahora mismo, mientras ustedes leen esto, en Beni lloran impotentes y angustiados cada día a seres queridos que amanecen «degollados como conejos» sin que a nadie le importe. Llevan tantos años resistiendo la guerra más brutal, la del capitalismo, que han comprendido que el resto del mundo no va a acudir en su auxilio

En los últimos años, la movilización de las resistencias tanto de los países de la región, como en la diáspora, se han unido para denunciar sin ambages a los responsables y exigir que se establezca un Tribunal Internacional para el Congo. Congoleños, ugandeses, burundeses y ruandeses piden unidos un tribunal internacional para Congo, porque son conscientes de que si sólo se juzgasen los crímenes cometidos en el Congo por el genocida Paul Kagame y su círculo cercano, toda la región descansaría, y después vendría el resto de toda la justicia y reconocimiento que necesitan tantos millones de víctimas. Saben que si logran acabar con la impunidad de este grupo criminal, hoy la violencia acabaría. Solo acabando con la impunidad, se puede lograr la paz.

Congo se desangra, Basta de Impunidad, Ingeta (venceremos en lingala)… son sus lemas que cada día tienen más notoriedad. La unión hace la fuerza, y unidos cada día hacen más fuerza por los medios alternativos del mundo lanzando cuestiones de perogrullo ¿De qué sirven todos esos informes de la ONU que año tras año, desde principios de los 90, denuncia a los responsables, si después no se toman medidas al respecto?


          Dr. Denis Mukwege

La resistencia organizada cada día ejerce más presión para que tales informes no se olviden ni queden en papel mojado. Cada día se suma más gente a esta resistencia, intelectuales, activistas, investigadores, luchadores de todos los ámbitos. Figuras destacadas como el premio Nobel de la paz de 2018, el doctor Denis Mukwege, se ha implicado hasta el punto de poner su vida en peligro para que se implanten las recomendaciones de uno de dichos informes de la ONU, el llamado Informe Mapping, publicado en 2010, que describe las masacres cometidas por el FPR como genocidio.

Después de tantos años resistiendo, desangrándose, después de haber perdido a tantos hermanos y hermanas, hijos e hijas de la región en esta guerra, que nadie espere que los pueblos del corazón de África se rindan ni olviden.



[1] Entre otros, uno de los más importantes es el conocido como Informe Hourigan, elaborado por el entonces fiscal del TPIR, Michael Hourigan, en 1997. (ocultado por la ONU hasta 2010).

[2] Citamos tres exmiembros del FPR, que colaboraron con el atentado: Abdul Ruzibiza, Kayumba Nyamwasa y Patrick Karegeya. De los tres solo vive K. Nyamwasa, aunque ya ha sufrido 3 intentos de asesinato.

[3] La investigación del juez del tribunal de Grande Instance de Paris, Jean-Louis Brugière, que lanzó ordenes de arresto contra miembros del FPR en 2006 por el atentado en el que murieron también personas francesas, miembros de la tripulación. Y la investigación del juez de la Audiencia Nacional española, Fernando Andreu Merelles, cuyas investigación dio lugar a la emisión de 40 órdenes de detención internacional contra miembros del FPR, en 2008.

[4] Principalmente el Memorandum del Partenariat-Intwari, en el que se detallan todas las reuniones y planes que tenían por objetivo «La caza del presidente ruandés» Habyarimana y desvela lo «laborioso» que fue dicho complot.

[5] Su trabajo fue publicado en 2010, en el departamento de Sociología de la Universidad de Notre Dame, bajo el título ‘Rwandan Political Violence in Space and Time’. En el mismo se presentan comparativas de cifras de diversas fuentes, además de las oficiales del gobierno ruandés. El último censo del país databa de1992 y asumía que la población tutsi era el 8,5%, no el 14% como asumimos aquí, porque se ha acabado imponiendo en todas las versiones.

[6] Tras décadas de investigaciones, entrevistas y recopilación de datos por todo el mundo, además de recibir dos expedientes Top Secret del TPIR que le filtraron en 2003 y 2005 respectivamente, con las pruebas recopiladas por la Unidad Especial de Investigación del tribunal de Arusha, que habían sido ocultados por la fiscalía, la periodista publicó en 2018 un libro titulado ‘In Prise od Blood. The crimen of the Rwandan Patriotic Front’.

[7] El cantante de gospel era superviviente del genocidio de los tutsis, pero cuando empezó a cantar y rezar también por las víctimas hutu, igualmente asesinadas injustamente, el FPR lo detuvo y acabó asesinando en dependencias policiales el 8 de febrero de 2020 https://l-hora.org/es/victor-jara-jorge-cafrune-kizito-mihigo-washington-y-el-vaticano-joan-carrero-21-02-2020/ 

[8] Un mecanismo de esta planificación e implantación de la historia oficial al mundo que les ha valido la calificación de «obra maestra de desinformación» es el papel desempeñado por los Abadaka, cuadros civiles reclutados y formados por el FPR antes, durante y después del genocidio, que cometieron crímenes y colaboraron con el FPR para cometerlos, pero sobre todo, por su formación como quinta columna civil: se convirtieron en la única interfaz o conexión con las agencias de la ONU, ONG internacionales, investigadores, periodistas, corresponsales de guerra, académicos…que necesitaban intérpretes, conductores y chóferes, negociadores, escoltas… todas esas tareas eran asumidas por Abadakas, lo cual significa que toda su experiencia dentro del país estaba mediada por los que testigos de la Unidad Especial de Investigación del TPIR describen como una red de servicios de inteligencia civil que estaba por todas partes, en todo tipo de trabajos.

[9] Este periodista fue el británico Richard Dowden, escribiendo para The Independent, el 6 de mayo de 1994. In prise of blood, by Judi Rever, pags. 104-105.

(10) Theogene Rudasingwa, antiguo jefe de inteligencia de Kagame, ahora exiliado, asegura que Kagame -y sus masters- es también responsable del asesinato de Laurent Kabila, según unas declaraciones hechas en Bruselas en 2012, en que aseguraba que es incomprensible que Kagame sea aplaudido por todo occidente cuando es el único presidente del mundo que ha asesinado a cuatro presidentes y sigue en el cargo con total impunidad. (Habla de Ndadaye en 1993, Habyarimana y Ntaryamira en 1994 y Laurent Kabila en 2001).

(11) Miembro del Think Tank africano DESC-WONDO, Boniface Musavuli es autor de dos trabajos de investigación claves para comprender la situación del este de su país, de donde es originario. Les Massacres de Beni. Kabila, le Rwanda et les fax islamistes, 2014 y Les Génocides des Congolais. De Léopold II à Paul Kagame, 2016.

(12) El 12 de marzo de 2017, dos expertos de la ONU la chilena Zaida Catalan y el estadounidense Michael Sharp, fueron asesinados en la RDC por hombres armados. La ONU aún no ha encontrado a los culpables, y se acusa al organismo internacional incluso de haber ocultado pruebas de la investigación de los hechos.

(13) El 22 de febrero de 2021, el embajador italiano Luca Attanasio fue asesinado en la provincia de Kivu Norte de la República Democrática del Congo. El oficial paramilitar italiano Vittorio Iacovacci, que viajaba con el embajador, y su conductor congoleño Moustapha Milambo también murieron en este ataque.

(14) Carrero Saralegui, Joan: África, la madre ultrajada. La verdad sobre el conflicto de los Grandes Lagos que las potencias occidentales se empeñan en ocultar. Ed Milenio. 2010.

(15) ¿La UE tolerará que Kagame asesine incluso a altos diplomáticos europeos? (I) [Joan Carrero, 01.03.2021]  https://l-hora.org/es/la-ue-tolerara-que-kagame-asesine-incluso-a-altos-diplomaticos-europeos-i-joan-carrero-01-03-2021/ 

(16) ¿La UE tolerará que Kagame asesine incluso a altos diplomáticos europeos? (II) [Joan Carrero, 07.03.2021]  https://l-hora.org/es/la-ue-tolerara-que-kagame-asesine-incluso-a-altos-diplomaticos-europeos-ii-joan-carrero-07-03-2021/ 



Otro artículo de la autora

El genocidio que no cesa en el corazón de África (I)


MAPA DEL ÁFRICA COLONIAL
 

por Rosa Moro


Esta es una original serie de siete artículos redactado por Rosa Moro (condensados aquí en dos partes). La autora es una periodista independiente especializada en África. En 2012 fundó el blog África en Mente. Miembro del Comité de Madrid de la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra, UMOYA. La fuente de los reportajes es Al Mayadeen en español (Al Mayadeen es un canal informativo satelital árabe independiente, su sede central se encuentra en Beirut)

Estos artículos intentan facilitar la comprensión (en resumen) de una historia que se lleva exponiendo de manera fragmentada y descontextualizada durante décadas. Es importante que conozcamos este conflicto que ha dejado millones de víctimas inocentes y comprendamos que su sufrimiento está estrechamente relacionado con el sistema económico en el que unos vivimos y otros mueren, en un tablero estratégico en el que no somos actores, sino peones.


I

Fronteras delimitadas por sus riquezas


          Los siete lagos y la República Democrática del Congo

Geográficamente hablando, la región de los Grandes Lagos africanos, que abarcaría las regiones alrededor de los siete grandes lagos del continente, tendría una forma más o menos vertical, pero políticamente hablando, es decir, hablando de los países que la componen, la región llega hasta el Atlántico, y tiene forma horizontal, debido a la forma y gran tamaño de la República Democrática del Congo.


            Comparación RDC - kikongo y kituba

Este país es el único del mundo cuyas fronteras fueron delimitadas literalmente por sus riquezas. La actual República Democrática del Congo, antes Zaire, no tiene nada que ver con los pueblos que componían el reino del Kongo previo a la colonización, sino con ese territorio mastodóntico que el rey de Bélgica Leopoldo II acaparó para su explotación a nivel personal, antes incluso de la famosa conferencia de Berlín, y que llamó, paradójicamente, Estado Libre del Congo.

La conferencia de Berlín, que comenzó en noviembre de 1884 y concluyó en febrero 1885, consistió en una serie de contactos, reuniones y acuerdos entre las potencias europeas, para repartirse África. En un principio, cuando el canciller Bismarck de Alemania contactó con Francia para organizar urgentemente dicha conferencia, su motivación fue competir con el rey belga, que llevaba ya mas de diez años explotando y apropiándose de ricas regiones en el África central, bajo la bandera de la filantropía. Muestra de ello es que en esos primeros contactos para convocar a las demás potencias, tal conferencia se llamaba la Conferencia del Congo, y no de Berlín.

Ya en 1876, el codicioso Leopoldo II había convocado una conferencia en Bruselas con exploradores, geólogos y otros aventureros y expertos tras la cual fundó la Association internationale africaine, AIA (su nombre completo era Asociación Internacional para la Exploración y Civilización de África Central). La conferencia y la fundación de la AIA fueron la conclusión de un plan cuidadosamente elaborado durante años por el monarca. Según desvela el investigador Agustín Velloso Santisteban en su libro ‘Cuando Franco se fue a la guerra del Congo’ (1), Leopoldo se pasó el mes de marzo de 1862 en el archivo general de las Indias de Sevilla, leyendo archivos y «aprendiendo de dos siglos de explotación por parte de España de sus colonias en América», según contó a un amigo en una carta personal. 

En la conferencia de Berlín, las demás potencias europeas, en pro de la concordia y buenas intenciones que predicaban, se vieron obligados a respetar lo que Leopoldo ya se había apropiado y explotaba desde hacía una década -como propiedad personal, no belga- Y sobre todo ante la habilidad “diplomática” del monarca, que antes de la conferencia de Berlín, había logrado, mediante acuerdos con el embajador estadounidense, el reconocimiento de la colonia por parte de Estados Unidos, que fue el primer país del mundo en reconocer el Estado Libre del Congo como propiedad personal de Leopoldo II. El monarca belga también había hecho concesiones y promesas a los franceses, con cuyo apoyo no necesitó más para ser el principal vencedor de la conferencia europea celebrada en Berlín en 1885.

Si observamos las fronteras de la RDC, se puede ver la lógica avariciosa de Leopoldo II, el Congo esta formado principalmente por la rica cuenca del río Congo, navegable, agua y tierra inusitadamente fértil, entre otras riquezas, minas de oro, diamantes, marfil y una gigantesca selva tropical, lo cual significaba más caucho del que jamás un europeo podría soñar. Este rey hizo una fortuna con el caucho congoleño, la mayor demanda de los mercados internacionales en la época del desarrollo automovilístico, para hacer neumáticos. Las fronteras llegan a los lagos y su entorno rico en minerales, baja hasta lo que después se ha conocido como el cinturón del cobre, para hacerse con varias explotaciones de este mineral, y tiene salida al Atlántico, para facilitar el transporte y comercio de todas estas riquezas, cuya enumeración sería demasiado extensa para ser reproducida aquí. Esta explotación, que él promocionó como “civilizadora” y “en el nombre de Dios”, se llevó a cabo mediante la esclavitud de los pueblos locales, que se vieron diezmados por la brutalidad de los capataces del rey europeo, en 10 / 15 millones.


El gran valle del Rift


                Falla del Rift

La riqueza del subsuelo de esta tierra, y también la fácil accesibilidad a los minerales, viene dada por el gran valle del Rift, una gran fractura geológica que va desde el mar rojo, hasta las montañas de la luna o Rwenzori, montañas que están entre los actuales Kivu Norte y Uganda. Al final de esa fractura, los minerales han emergido desde más profundidad y en una concentración superior a cualquier otro punto del planeta, según los geólogos y estudiosos de la época, asesores de Leopoldo II.

Pero no solo en esa época las riquezas del Congo han despertado la avaricia de los más crueles personajes y poderes mundiales, estas materias primas han estado siempre bien vigiladas por las potencias capitalistas que las necesitaban para su “desarrollo". Ya en 1892, el geólogo belga Jules Cornet, declaró que esta tierra era un «escándalo geológico»; en 1939 Albert Einstein advirtió al presidente norteamericano Roosevelt en una famosa carta que, si quería la bomba atómica solo para los Estados Unidos, mantuviese alejados a los alemanes de la mina congoleña de Shinkolobwe en el alto Katanga, de donde salió el uranio utilizado en las bombas que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945. 


             Mina de Shinkolobwe

El uranio conocido por Estados Unidos en sus investigaciones para obtener la bomba atómica, desde el final de la primera guerra mundial en 1914, era de una concentración del 1%. Pero el de la mina de Katanga era de una concentración del 75%. El gigante belga Union Minière era propietario de la mina y se lo vendía a EEUU en un plan ultra-secreto con la colaboración de Gran Bretaña. Ni siquiera está registrado el altísimo número de congoleños que murieron extrayendo este uranio, que después se almacenaba secretamente en la Staten Island de Nueva York, porque eran prácticamente esclavos (100 años después de la abolición oficial) que lo extraían con las manos desnudas.

El subsecretario de Estado para Asuntos Africanos con el presidente Clinton, Georges Moose, en 1993, declaró ante el Senado estadounidense, «debemos asegurar nuestro acceso a los inmensos recursos naturales de África […], no debemos seguir dejando Àfrica a los europeos. […] contiene el 78% de las reservas conocidas de cromo, el 89% del platino y el 59% de cobalto». 

Un año después, en 1994, el difunto Secretario de Comercio del Departamento de Estado, Ron Brown, habló en este mismo sentido ante el gobierno de Bill Clinton: sobre no dejar África a los europeos y sobre la urgencia de privatizar la explotación de dichos recursos en favor de las compañías estadounidenses.

Hoy en día, según desveló Edward Snowden en 2016, la RDC es el país más vigilado de África por los servicios secretos británicos y estadounidenses.

Todos los ojos están puestos en sus riquezas. No solo para su explotación y saqueo, sino sobre todo para su control, Estados Unidos y sus aliados querían asegurarse cuanto antes de que nadie más tuviera acceso a esos recursos estratégicos, previendo la competencia económica que supondrían Rusia y sobre todo China. 

Debido a la importancia capital de todas estas riquezas para el desarrollo del capitalismo, y la naturaleza depredadora de este sistema global, el Congo siempre ha estado “gobernado”, o mejor dicho, desgobernado por sus depredadores directamente o por los títeres de estos.


II

Una sucesión de (des)gobiernos


                         Leopoldo II

A lo largo de toda su historia, desde su creación como el Estado Libre del Congo, luego como el Congo Belga, después como  Zaire y ahora como República Democrática del Congo, este país siempre ha estado “gobernado" por sus depredadores o los títeres de estos, con la única excepción de los escasos seis meses que Patrice Lumumba logró mantenerse en el cargo para el que el pueblo congoleño le había elegido en las únicas elecciones no manipuladas por occidente que ha tenido este país.

Por poner una fecha de inicio, digamos que en 1876, cuando Leopoldo II funda la Association internationale Africaine, AIA, dio comienzo una sucesión de desgobiernos que han explotado, expoliado y asesinado a los legítimos propietarios de estas riquezas que la naturaleza ha derrochado en el corazón del continente africano, justo en la cola de la fractura del Rift.

Leopoldo II, que diezmó a las poblaciones locales bajo el yugo de una explotación inhumana, gobernó el Congo hasta 1908, año en que cedió la colonia a Bélgica, país del que era monarca -que no propietario, como del Congo. Conviene recordar brevemente que eso de ceder no era el estilo de Leopoldo; una vez más, su despiadada habilidad para los negocios se impuso en Europa. El precio del caucho y el marfil había caído, debido a la competencia de otras regiones y compañías productoras, por lo que el monarca fríamente calculó deshacerse de esa carga, su deuda y la mala fama que le había valido el conocimiento público de sus atrocidades. Logró que Bélgica se comprometiese a hacerse cargo de enormes gastos generados por su avariciosa explotación de la colonia africana y a darle una “compensación” de 50 millones de francos de la época.


                                      Sucesores de Leopoldo II en Bélgica


Tras esta cesión / trampa / venta, la gran colonia africana pasó de ser “libre” a ser “belga", es decir que cambió su nombre de Estado Libre del Congo por el de Congo Belga. Los arrogantes jefes de estado seguían siendo los herederos de Leopoldo II, primero su sobrino Alberto I, en la época de la I Guerra Mundial; después su nieto Leopoldo III, en la época de la II GM, y por último el hijo de este, Balduino I, con quien llegó la gloriosa victoria del pueblo congoleño en su sangrienta lucha por la independencia, en 1960.

Queda para los anales de la historia la cara de circunstancias de un altanero rey Balduino en la ceremonia de independencia del Congo, escuchando las verdades que pronunció, sin que estuviera previsto, Patrice Lumumba en uno de los discursos más importantes del siglo XX, el 30 de junio de 1960.

 

                      Patrice Lumumba


Lumumba logró mantenerse en el gobierno a duras penas seis meses. Los únicos seis meses que los congoleños tuvieron un gobierno democrático y soberano. Lumumba fue asesinado en enero de 1961, por un complot hoy perfectamente documentado, tan documentado como impune, de los servicios secretos belgas, la CIA de Eisenhower, además de la connivencia de la ONU y otras potencias europeas (2). Entre estos cómplices está España, para mayor gloria, si cabe, del régimen franquista (3).


                   Mobutu Sese Seko


Estados Unidos y Bélgica, una vez que habían destruido cualquier posibilidad de gobierno soberano en el Congo, implantaron a su títere, el mariscal Mobutu. Es conocida la tradicional predilección por los militares del imperio estadounidense, para ocupar los gobiernos africanos. 

Mobutu se mantuvo a la cabeza del gran Congo desde 1965 hasta 1997, saqueando al pueblo congoleño para venderlo a los intereses estadounidenses, a cambio de una riqueza personal verdaderamente indecente, tan indecente como la miseria de su pueblo. Aunque entrado el siglo XXI, las condiciones de vida de los congoleños se han deteriorado hasta el punto de hacerles añorar lo “menos mal” que vivían con Mobutu…

Cuando Mobutu dejó de ser dócil y útil a Estados Unidos y Bélgica, (tenía una cáncer terminal del que murió en Marruecos pocos meses después de ser retirado del poder), los estadounidenses y belgas decidieron sustituirlo por otro peón que les fuera más fiel y tuviera menos facilidad para aliarse con Francia y China. Además, terminada la guerra fría y caído el muro de Berlín, Estados Unidos ya no tenía motivo para mantener a su aliado en el centro de África, desde donde alcanzaba a interferir en los asuntos de todo el continente. La caída de Mobutu, utilizando una rebelión de “polichinela” está perfectamente descrita y documentada en diversos libros, principalmente los escritos por Honoré Ngbanda-Nzambo, el que fuera embajador de Zaire en Israel entre 1982 y 1985; responsable de los Servicios de Inteligencia y Seguridad del 85 al 90 y ministro de Defensa del 90 al 92, para después pasar a ser consejero especial del presidente Mobutu en materia de Seguridad.


                   Laurent Desiré Kabila


Laurent Desiré Kabila era un perfecto desconocido que se encontró en el momento y lugar precisos para servir de peón a los planes de los nuevos aliados de Estados Unidos, los ruandeses tutsis del FPR y la Uganda de Yoweri Museveni, que querían invadir el gran Zaire. 

Se presentó ante los medios internacionales una “rebelión congoleña” que en realidad era grupo reclutado por toda África por el coronel ruandés James Kabarebe, (quien en realidad comandó la agresión que acabaría con la era Mobutu). Incluso fueron ellos quienes bautizaron el grupo como Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo, AFDL, que se suponía que era congoleño y dirigía L. D. Kabila.

Era necesario hacer pasar una guerra de agresión por una “rebelión zaireña que se oponía a la dictadura de Mobutu”. Cuando Honoré Ngbanda recriminó al embajador de Estados Unidos en Kinshasa del momento, Dan Simpson, que hubieran elegido a semejante personaje para dirigir el Congo, Simpson le respondió con cinismo «¿Quién le ha dicho que Kabila se ha convertido en amigo nuestro? Por ahora le necesitamos, pero ajustaremos cuentas cuando hayamos terminado con él». (4)

Y así fue como ocurrió, Laurent Desiré Kabila llegó al poder aupado por los ruandeses, ugandeses y estadounidenses en el 97, y no duró ni cuatro años. “Gobernó” desde el 17 de mayo de 1997 hasta el 16 de enero de 2001, cuando fue asesinado, según muchos expertos de la zona, por las mismas tropas que le llevaron al poder de Kinshasa, cuando osó pedirles que abandonasen el Congo.


                   Joseph Kabila


Como si de una monarquía se tratase, el supuesto hijo de L. D. Kabila, pasó a hacerse cargo de la presidencia en el momento del asesinato de su padre (no un miembro del gobierno, sino el hijo). Fue elegido presidente en unas elecciones consideradas a todas luces irregulares, en 2006, y después en 2011, también de forma bastante irregular. Se mantuvo en el poder hasta 2018, es decir, en total ha estado 17 años a la cabeza del Congo, gracias a una corrupción tan atroz como con todos los anteriores y gracias también al sostenimiento de los nuevos delegados de Estados Unidos en la región, Uganda y sobre todo Ruanda, que de facto ha ocupado el país, y domina su ejército, sus instituciones y su economía. De hecho, Joseph Kabila no había luchado en la rebelión de su supuesto padre, sino en el FPR de Paul Kagame de Ruanda. Su logro más destacable, una impúdica riqueza personal y familiar.


                   Felix Tshisekedi


En unas elecciones que también levantaron todas las sospechas de ser fraudulentas, en enero de 2019, resultó elegido Felix Tshisekedi, un hombre cuyas primeras medidas al frente de la RDC han sido una especie de barra libre de impunidad para todo el mundo. Muchos lo ven como una marioneta de Joseph Kabila, que en casi dos décadas de gobierno se hizo con el control de toda la economía del país; otros lo ven como el nuevo aliado que necesitaba Paul Kagame de Ruanda, cuando se vio enfrentado a Kabila por su afinidad con China, dejando de dar varios contratos importantes a EEUU, en favor de China; otros lo ven como una marioneta manejada fácilmente por Washington; después de más de un año de gobierno se podría decir que es todo eso y algo más. 

Tshisekedi es el hombre que dice «SÍ» a todo el mundo, a todas las presiones externas, para mantenerse en el poder, hay que esperar a ver si sus intenciones son mejorar las cosas para los congoleños o vender su riqueza al mejor postor, dando la espalda al pueblo. De momento, en los primeros 20 meses de su presidencia oficialmente, 2.127 civiles fueron asesinados, 1.450 secuestrados y 938 secuestrados, un número mayor que en los últimos 20 meses de la presidencia de J.Kabila, con 1.553 civiles muertos…, malos pronósticos.

Bien entrado 2021, los congoleños siguen sin tener un gobierno que sea digno de ese nombre y la corrupción e incapacidad del grupo de Tshisekedi son cada vez más evidentes. 


III

A plena luz del día, 10 millones de muertos


Aunque no está todos los días en los medios, es el conflicto más mortífero del mundo y de la historia reciente, solo superado por la II Guerra Mundial. Las víctimas mortales oscilan, dependiendo de las fuentes y de los países y años a tener en cuenta, entre los 6 y los 10 millones de personas.

Si sumamos las víctimas de Uganda, Ruanda, Burundi y la República Democrática del Congo (RDC), contando desde el 1 de octubre de 1990, cuando el grupo rebelde FRP invadió Ruanda desde Uganda, hasta nuestros días, bien pueden superarse los 10 millones de inocentes que han sufrido una vida y una muerte atroz, a manos de los mismos responsables, que siguen llevando a cabo esa guerra con total impunidad y completa indiferencia de los analistas de los medios y agencias internacionales. El silencio de todas las instituciones internacionales, empezando por la ONU, conocedoras de lo que ocurre desde sus inicios, es un silencio cómplice y criminal.

Se trata de un conflicto en el que han confluido poderosos intereses y agendas, que ha sido ocultado a los ojos del público, no solo occidental, sino incluso también africano. Jordi Palou- Loverdos lo describe como «un inmenso iceberg criminal». Esta guerra de depredación de recursos, de baja intensidad y por delegación continúa hoy en día como podemos comprobar en la prensa local congoleña, que informa sobre masacres de población civil en el este de la RDC cada semana todavía hoy, mientras usted lee esto, comenzada la tercera década del siglo XXI.


En una localidad de Beni, Kivu Norte, el 24 de febrero de 2021, fueron asesinadas unas 50 personas, 10 de ellas de la misma familia. Una masacre de las que tienen lugar cada pocos días en la zona.

Esta guerra, y sus millones de muertos, es responsabilidad de Estados Unidos y sus aliados anglosajones, principalmente Gran Bretaña e Israel, y de sus delegados africanos sobre el terreno. Es una guerra estratégica que forma parte del plan de borrar del África central la influencia de Francia e implantar el control estadounidense, a través de sus colaboradores los regímenes de Uganda y Ruanda. 

Este plan estadounidense echó a rodar con el apoyo a Museveni para hacerse con el poder en Uganda. Esos rebeldes que desde los 80 y 90 recibieron un abrumador apoyo logístico, de formación, incluso con tropas sobre el terreno, armamentístico y financiero para tomar el control de sus pequeños países, nunca podrían haber alcanzado sus logros sin el patrocinio estadounidense, y mucho menos mantenerse en el poder tantas décadas sin ser ni siquiera molestados por ese nebuloso ente denominado “comunidad internacional”, tras el que siempre se ocultan los intereses estadounidenses. Esos rebeldes fueron aupados al poder en sus países y premiados con una descomunal riqueza personal, a cambio de servir al fin último: la agenda de EEUU, hacerse con el control de las inmensas reservas de recursos naturales de la región central de África, desplazar de una vez por todas la influencia de Francia en la región, e impedir que sus competidores (Rusia y China principalmente) tengan acceso a tales recursos.


Paul Kagame, Yoweri Museveni y Joseph Kabila, tomado de la portada del libro de Patrick Mbeko "Stratégie du chaos et du mensonge: Poker menteur en Afrique des Grands Lacs"

Como otras guerras proxy de depredación, para dominar y controlar mejor, se dedican ingentes esfuerzos y recursos a alimentar las divisiones, sembrar el “caos constructivo” y a elaborar una narrativa oficial para los medios y audiencias occidentales (cuyo dinero público es desviado al servicio de estos crímenes contra pueblos lejanos), ocultando la realidad y a los responsables. Nada nuevo en el modus operandi de prácticamente todas las guerras del mundo desde que terminó la guerra fría

En la narrativa oficial que se ha impuesto al mundo, se ofrecen picos de actualidad real sobre los que pivota toda la ocultación la realidad. No hay mejores mentiras que las que tienen parte de verdad. De vez en cuando, se nos ofrecen datos como si fuera información sobre estos hechos terribles, pero fuera del contexto de la guerra y desconectados entre sí, por lo que contribuyen a ocultar más que a aclarar o comprender la situación.

Esto picos de realidad son, por ejemplo, cuando se habla o se ha hablado del “genocidio de Ruanda”; de las “Violaciones masivas en el Congo”; del “coltán para nuestros teléfonos”; tal vez los mejor informados hayan oído hablar del “cobalto para los coches eléctricos”; de esa “multitud de grupos rebeldes” que operan en el este de la RDC que explotan las minas y son “muy difíciles de identificar”; del premio Nobel de la Paz de 2018, el doctor Mukwege; de los “minerales de sangre”; los “diamantes de sangre”; o de los clásicos “enfrentamientos étnicos” y “enfrentamientos religiosos”. Algunas de estas historias son verdaderas, otras son realidad tergiversada y otras son mentiras y montajes. Mentiras repetidas hasta la saciedad y amplificadas hasta convertirlas en la “verdad oficial”. Todas ellas, fuera de su contexto, no informan, sino que dificultan la visibilidad.

Es más, incluso las partes que son verdad, presentadas así sin contexto y sin poner en relación con las demás partes de la misma guerra, no contribuyen a la información ni a la denuncia, sino que sirven más bien a alimentar el mito del salvajismo de los africanos, la imposibilidad de comprender las cosas de los “incivilizados”.

Esta narrativa lo que nunca hará será facilitar la comprensión, ponerlo en relación con el sistema liberal capitalista en que estamos inmersos, o señalar a los responsables, y no es porque no se conozcan... Multitud de informes de la ONU, resoluciones del parlamento europeo, informes y estudios de entidades que han encargado a expertos independientes han señalado a los criminales, pero todo lo que alcanzan a explicar los medios, agencias y expertos es “¡Oh! Es muy complicado”, “hay muchos grupos rebeldes difíciles de identificar”. Flaca contribución para tanto experto… 


Una historia simplificada

Desde que la CIA y los servicios secretos belgas asesinaron a Lumumba, Estados Unidos tomó el control del Congo de facto. Desde los años 60, ha puesto y quitado líderes a su conveniencia. Ya cuando planificaban la eliminación de Lumumba como «un objetivo urgente y primordial», en palabras exactas de Eisenhower, un agente norteamericano echó el ojo a Mobutu y en un cable enviado a Washington señaló que «Nuestro hombre para la región podría ser el joven jefe del ejército de Lumumba», Mobutu.

Mobutu estuvo en el poder 34 años siendo el gran aliado y amigo de Estados Unidos, que no solo dominó la explotación de los abundantes recursos zaireños, sino que tuvo a su “hombre fuerte” en el centro de África desde el que controlaba y tenía al alcance a todo el continente. Fue un actor fundamental en la contención en África de la influencia del bloque comunista, Rusia y Cuba principalmente, que apoyaban los movimientos de liberación de todo alrededor de Zaire: Tanzania, Angola, Zambia… Pero cuando terminó la guerra fría, la figura de Mobutu dejó de ser útil. Estados Unidos ya tenía su mirada puesta en un nuevo hombre fuerte.

De nuevo, se repite el modus operandi de otras guerras depredadoras del imperio estadounidense por el mundo, buscar delegados en la zona, proporcionarles extraordinarios recursos armamentísticos, financieros, logísticos, etc para que supediten sus propias agendas de poder regional, a los intereses últimos de las oligarquías estadounidenses. Esos delegados suele ser una élite minoritaria clasista y supremacista que no siente apego por el pueblo llano de sus países, que suelen sustentar sus privilegios sobre el racismo y la creencia de que son superiores y por ello deben poseer la riqueza y el poder sobre el resto del país. El lector puede reconocer aquí a las élites que se alían con el fascismo en Europa, Asia y Latinoamérica, para derrocar y sofocar la soberanía y los derechos de la mayoría. 

En África esta minoría elitista es parte de los pueblos considerados nilóticos. El sueño de dominio del África central por estos pueblos, entre los cuales destacan los tutsis, no es de toda la población reconocida bajo estas etiquetas étnicas, sino solo una pequeña élite dentro de las mismas. El primero en expresar ese sueño fue Yoweri Museveni, actual presidente de Uganda. Según Noel Ndanyuzwe, en su obra La guerre mondiale africaine: la conspiration anglo-américaine pour un génocide au Rwanda, escribe:


«El neopanafricanismo que predica Museveni ha pasado a ser un sistema político y económico donde todas las naciones africanas son totalmente sumisas a la gran potencia protectora anglosajona. Éste, hostil a los regímenes democráticos, confía en la minoría nilótica para aplastar o poner bajo el yugo a otros grupos étnicos».


El actual presidente de Ruanda, Paul Kagame, el protegido, alumno, fiel colaborador y aliado, prácticamente el sucesor de Museveni como el verdadero hombre fuerte de África, forma parte de la élite de las élites, los tutsis. Hay que insistir en puntualizar que no se trata de todas las personas que podrían identificarse bajo el paraguas de esta llamada etnia, sino que es una muy reducida, clasista y supremacista élite dentro de la misma.

Estos dos dirigentes son los ejecutores de la estrategia del caos en la región de los grandes lagos africanos, para beneficio propio y al servicio de los intereses estadounidenses desde los años 90. El asalto a las riquezas de la República Democrática del Congo, lo llevaron a cabo con un caballo de Troya y aliado fundamental hasta hace tan solo un par de años, Joseph Kabila. Algunos analistas se refieren a este poderoso plantel criminal que goza de cobertura e impunidad extraordinarias, como el Triunvirato de las tres K: Yoweri Kaguta Museveni, Paul Kagame y Joseph Kabila, (que, para ellos es en realidad Hypolite Kanambe).


IV

El triunvirato de las tres K


Desde los años 80, la CIA y el departamento de Estado ya habían echado el ojo a los nuevos aliados perfectos: Yoweri Museveni y uno de sus altos cargos militares, de origen ruandés, Paul Kagame. Ambos eran suficientemente brutales, ambiciosos y lo más importante, tenían sus propias agendas para la región que confluían a la perfección con la de EEUU. Estas agendas que confluyen incluyen:

- Sembrar el caos en la región para controlar las materias primas estratégicas del Congo principalmente y de todo el continente.

- La debilitación absoluta y definitiva del gran Congo, su balcanización, para explotar sus riquezas desde dentro y fuera de sus propias fronteras, por todos los aliados.

- Por parte de Ruanda: ocupar y anexionarse las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, del este de la RDC o Congo.


El analista Patrick Mbeko atribuye papeles diferentes a estos tres personajes (5): Museveni es el “Arquitecto"; Kagame es el “Maestro de obra" y Kabila, el “Caballo de Troya”.


               Mapa de RDC

El primero en llegar al poder de su país gracias al apoyo de Reino Unido, Estados Unidos e Israel fue Kaguta Yoweri Museveni, en 1986, constituyendo el primer eslabón de esta cadena de guerra. 

Cuando era tan solo un estudiante en la universidad de Dar es Salam, de Tanzania, el mismísimo Julius Nyerere creyó en él. Se dice de Museveni que tiene la peculiaridad de haber mordido todas las manos que le dieron de comer en el continente, no solo la de Julius Nyerere, sino también la de los presidentes cuyos países después arrasó y sumió en el caos más absoluto, la República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi.


         Yoweri Museveni jurando su cargo para presidencia de Uganda en 1986

Museveni, el “Arquitecto”, es un excelente estratega para las guerras de nueva generación en África, en las que se fabrica un escenario y una narrativa para la “comunidad internacional” y la opinión pública, donde se representa una guerra con unos objetivos que no son los reales. En un escenario de “guerra civil” o “guerra étnica” se escenifica un enfrentamiento interno, pero en realidad se trata de guerras de agresión. También es famoso por sus métodos de guerrilla brutales, entre los que destaca cometer múltiples masacres entre su propia población para achacárselas a su enemigo, (una lección muy bien aprendida por sus discípulos del FPR).

La segunda K es la de Paul Kagame, «el mayor criminal en activo del mundo», según el analista FIlip Reyntjens. Sobre las espaldas de Kagame los ruandeses, congoleños y burundeses, cargan la responsabilidad de la mayor parte de las masacres cometidas en las últimas tres décadas en la región. Paul Kagame es el “Maestro de obra”, de este plan de caos para el África Central. Llegó al poder de Ruanda en 1994, a sangre y fuego, a lomos de lo que se conoce como “el genocidio de Ruanda”, del que él se erigió en salvador, cuando todas las pruebas indican que muy al contrario, es el principal responsable. Los crímenes que siguen produciéndose hoy en día, cada semana, en Ruanda y el este de la República Democrática del Congo son total responsabilidad suya.

La tercera K es la del “Caballo de Troya” de este plan maquiavélico y criminal, es la de Hypolite Kanambe, más conocido como Joseph Kabila. Quien heredó el poder en la República Democrática del Congo, tras el asesinato su supuesto padre, Laurent Desiré Kabila, en 2001. Desde el puesto de jefe de estado congoleño es el principal responsable de la infiltración de la élite tutsi del FPR en todas las instituciones de su país, principalmente las fuerzas armadas y de seguridad, pero también en el gobierno y las administraciones nacionales y regionales. Ello ha permitido al régimen de Ruanda, la élite tutsi del FPR de Paul Kagame, ocupar y dominar el gran Congo a su servicio, sobre todo económico. Las provincias del este, Kivu Norte y Kivu Sur, están bajo el control de facto de Ruanda, que ya se las habría anexionado si no fuera por la asombrosa e inesperada resistencia heroica de la población congoleña de la zona.


          Joseph Kabila en el centro, del FPR, junto al ruandés James Kabarebe 

El actual hombre fuerte de Occidente en África, Paul Kagame

Para poner en el contexto a Paul Kagame, hay que explicar que en su país de origen, Ruanda, se produjo una revolución social entre 1959 y 1961.

En el pequeño país de las mil colinas imperó una de las últimas sociedades feudales del mundo hasta 1959. Después de muchos levantamientos y enfrentamientos violentos, la sociedad ruandesa echó abajo este sistema feudal, en el que reinaba una élite tutsi sobre la mayoría hutu considerada inferior, mediante un referéndum celebrado el 25 de septiembre de 1961. La mayoría de los tutsi se adaptó a la “igualdad” llegada a Ruanda con los tiempos modernos, pero esa élite tutsi, la realeza y sus defensores que no querían perder sus privilegios, se exiliaron a Uganda (y algunos a Burundi). Entre esas familias estaba la de Paul Kagame, que tenía dos años entonces. Fueron entre 30 y 40.000 personas, pero no todos los tutsi. 

Estas familias criaron a sus hijos en el exilio odiando por igual a los hutu y a los tutsi que se habían adaptado a vivir en igualdad con los hutu. Eran familias adineradas y sus hijos e hijas se mezclaron con las altas esferas ugandesas y estudiaban en las capitales europeas y estadounidenses. Muchos de esos jóvenes llegaron a ocupar los más altos cargos del ejército ugandés, ya que por su plan de volver a tomar por la fuerza el poder de la región, siempre se decantaron por la profesión militar, tanto en Uganda como en Burundi, integrándose en los ejércitos de sus países de acogida.

Cuando la rebelión de Museveni llegó al poder de Uganda, siempre bajo instructores británicos y estadounidenses, sus filas estaban llenas de estos tutsi ruandeses, como el propio Kagame. Así entraron en contacto con la CIA en los años 80, y habían expuesto su intención de retomar el poder en Ruanda y anexionarse el este del gran Congo. Esto es lo que logró atraer el interés de los Estados Unidos, que veían ahí la baza que podrían usar en su beneficio: debilitar o balkanizar el gran y rico Congo.

En ese marco es en el que Paul Kagame cursa su aprendizaje militar en Fort Leavenworth, Kansas, un centro de formación de comandos militares del que el investigador estadounidense Allan Stam dice: «Aquí es donde las nuevas estrellas del ejército de Estados Unidos y de otros lugares van a formarse, (…) La formación que reciben es sobre la planificación de operaciones a gran escala. No es planear cosas logísticas a pequeña escala, no. (…) hablamos de que enseñan cómo planear una invasión, el derrocamiento de gobiernos y la desestructuración de estados enteros».




Contexto del famoso genocidio de Ruanda

Una vez instalado en el poder Museveni, en 1986, comenzó a apoyar a estos tutsis para la toma del poder en Ruanda. (Además, empezaban a ser temidos en Uganda y se quería zafar de ellos en su ejército). Seis meses después de su llegada al poder, se formó oficialmente el Frente Patriótico Ruandés, FPR (APR por las siglas en francés) con la declarada intención de retomar el poder en Ruanda

Ruanda, con sus muchos defectos, ya era democrática, se podían haber presentado a unas elecciones en lugar de hacer esta guerra de guerrillas, pero eran conscientes de que no tenían ninguna posibilidad de ganar unas elecciones.

El 1 de octubre de 1990, el FPR lanzó su primer ataque a Ruanda desde Uganda. Kagame se encontraba en Estados Unidos y volvió para hacerse cargo de la rebelión, que en un primer momento casi fue derrotada en dos golpes gracias al apoyo de Francia logrado por el gobierno del momento, el de Habyarimana. Ahí se inició esta verdadera guerra de los horrores. 

En un país de 5 millones y medio de habitantes, las víctimas de sus ataques en el norte llegaron a los cientos de miles. Las matanzas eran tan atroces que el norte de Ruanda se despobló. La capital, Kigali, considerada por las poblaciones del norte más segura por estar bajo mirada internacional, estaba rodeada de campamentos de refugiados con docenas de miles de personas que contaban los horrores que los tutsi del FPR estaban perpetrando en el norte del país. Esto aumentó mucho las tensiones en la sociedad. 

Por la parte sur, Burundi gozaba de una convivencia normalizada entre tutsis y hutus. En junio de 1993 ganó arrolladoramente las elecciones un hutu, Melchior Ndadaye, pero los militares, también exiliados ruandeses, le asesinaron en octubre de ese año. La mayoría de los investigadores señala al FPR de Kagame como responsable último de este magnicidio, que ocasionó matanzas de miles de personas, provocando oleadas de refugiados hacia Ruanda, donde se asentaban en los campos alrededor de la capital aumentado las historias escalofriantes de los crímenes atroces de los soldados tutsi del FPR, también en Burundi. 

Esta guerra de terror fue minimizada por la comunidad internacional, es decir el pequeño club de amigos de EEUU. Usando el manido guión de la equidistancia de «Tan malo es uno como el otro», poniendo al mismo nivel al agresor y al agredido. Las potencias amigas de EEUU impusieron bloqueos y embargos al agredido y ayudaron en secreto al agresor

Desde la ONU se impulsaron las conversaciones de Arusha, en Tanzania, para arreglar el conflicto ruandés. Unos acuerdos que preveían un gobierno de transición, integración de los rebeldes del FPR en el ejército regular, la retirada del apoyo de Francia al gobierno legítimo de entonces en Ruanda, y una serie de medidas que no eran más que un entretenimiento para espectadores. El plan real era seguir adelante con la toma del poder en toda la región por la fuerza y las armas. Ya que, como hemos dicho, el FPR siempre ha sido consciente del poco apoyo que lograría en unas elecciones, donde probablemente ni siquiera los tutsi les votarían.


Unos meses después del asesinato de Ndadaye, el parlamento burundés elige como presidente a Cyprien Ntaryamira, también hutu. Pero este también será asesinado por el FPR en el derribo del avión presidencial ruandés del 6 de abril de 1994.


Todo esto llevó la tensión, el miedo, la ira, el desconcierto, la frustración… de la gente a límites de ignición. Ahora sí, todo estaba listo para dar el gran asalto final, que es lo que conocemos como “el genocidio de Ruanda”... 


(Continúe la lectura en la Parte II


Notas

(1) Veloso, Agustín. Cuando Franco se fue a la guerra del Congo. Ed. La caída 2017. pp 14-15.

(2) Ver el libro de Witte, Ludo: El asesinato de Lumumba. En español, Ed Crítica. 2002.

(3) En el mencionado libro Cuando Franco se fue a la guerra del Congo, el profesor Velloso Santisteban documenta con rigor cómo España participó en los terribles sucesos acontecidos en la RDC a comienzos de los años 60, el ataque imperialista al proyecto de independencia iniciado por los congoleños en 1960.

(4) Ngbanda, Honoré: Crimes organisés en Afrique centrale, p. 212.

(5) En la obra de la que es co-autor Honoré Ngbanda, Estratégie du chaos et du mensonge. Poker menteur en Afrique des Grands Lacs, capítulo VII, p. 407-508

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