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20 noviembre 2019

El Tio Sam limpia su patio trasero




por Tito Andino U.


Hace algo más de un año publicamos un artículo titulado El retorno del Tío Sam y el cómo convertir un revolucionario en burgués, con el subtítulo: "El Tío Sam retorna con fuerza a Latinoamérica". El presente viene a ser la continuación del ensayo enunciado. Durante largo tiempo los gobiernos que han pasado por la Casa Blanca se olvidaron de cuidar su patio trasero, ya no había necesidad, según su apreciación, al dejar de temer incursiones "comunistas" en el hemisferio tras el fin de la Guerra Fría. 

En ese periodo los movimientos sociales en diversos países, manejando una nueva política, comenzaron a implementar una variante de socialismo al que se conoce comúnmente como "socialismo del siglo XXI", muy lejos de parecer siquiera a otroras corrientes de inclinación marxista-leninista o sus derivaciones, todas ellas calificadas genéricamente como "comunistas". De todas formas ese nuevo socialismo no totalitario, abierto al capital financiero internacional, no dejó de ser una preocupación para Washinton.

El antecedente no es solo regional (continente americano) sino global, deriva de la pujante economía China y su incursión en el África y América Latina, así como también la cada vez más notoria presencia de Rusia en los escenarios latinoamericanos. Las alarmas saltaron, la primera potencia mundial juega a no perder la partida en el inmenso tablero de ajedrez geopolítico tras su error de haber "abandonado" Latinoamérica para priorizar su hegemonía en Medio Oriente y otras regiones del orbe (cosa que no le ha ido tan bien). Y cómo revertir esa situación? Según los estrategas de Washington la solución es llevar "democracia" a todo el mundo.
   

Algunos se extrañarán que pongamos este mapa de The Global State of Democracy (2019)- IDEA International (Institute for Democracy and Electoral Assistance). Como su nombre lo indica, ésta organización dice apoyar y promover la democracia en todo el mundo como aspiración universal, dicen proporcionar en todos los continentes su experiencia en procesos electorales, elaboración de constituciones, conflictos y seguridad en lo que respecta a la democracia,. etc. etc.  Llama la atención los "régimenes híbridos" en el mundo, es decir, según algunos "expertos en democracia", son los que combinan elementos democráticos y autoritarios, adoptando una forma de "democracia" institucional para ocultar la realidad, la "dominación autoritaria". Como apreciamos en el mapa en el continente americano, Nicaragua sería un régimen híbrido y Venezuela junto a Cuba regímenes no democráticos. El lector sabrá juzgar si es necesario que éste tipo de organizaciones internacionales estén prestas para brindar sus servicios y llevar la democracia allá donde exista un "régimen híbrido o uno no democrático"...  


El ex presidente estadounidense, Barack Obama, firmó el 9 de marzo de 2015 un decreto presidencial declarando el estado de emergencia ante "la extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela representa para Estados Unidos", al ser un decreto no hay necesidad de contar con la autorización del Congreso. Aquel decreto, muy criticado, es la base actual de la arremetida del Tio Sam en su "patio trasero". Vía decreto se planificó enderezar el camino de los "renegados" latinoamericanos al sendero del "bien" bajo la égida y protección de los Estados Unidos de América y sus organizaciones satélites, como la OEA, TIAR, Tratados de Libre Comercio y otras. Y, si el "llamado cívico" a través de "líderes" regionales no es suficiente -ganando elecciones- está previsto una serie de pseudo revoluciones y golpes de estado por Latinoamérica.

El mensaje fue recibido. Estados Unidos dejó por sentado que se acabó su paciencia, intentar alterar el 'statu quo' regional con gobiernos "rebeldes" a sus dictados ya no será más tolerado. A una pasmosa velocidad hemos contemplado como se inició la caída -aparente final- de la otrora gobernante izquierda latinoamericana. De ser el caso, Washington utilizará la fuerza para revertir la situación con algunos intransigentes todavía "sueltos", Bolivia es el mejor ejemplo de actualidad. Todavía hay gobiernos que no quieren escuchar la "razón" (Venezuela, Nicaragua). Un llamado al orden a esos gobiernos "insolentes" está listo para entrar en acción. 

Terminar con el "abandono" en que tenía sumido la potencia imperial a su "zona de influencia natural" trajo una consecuencia: se acabó el periodo de tranquilidad y relativa prosperidad. 

Ese proceso lo hemos visto ya en Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Perú, Ecuador, Honduras, El Salvador y ahora en Bolivia. Los citados estados habían emprendido un proceso social que, en algunos casos, se denominaron "socialismo del siglo XXI" (nada que ver con la ideología comunista); y, salvo excepciones no representaron gran cosa; otros fueron un fracaso; algunos se atrevieron a nacionalizar los recursos naturales como Bolivia con el gas, en perjuicio de la oligarquía local; otros ofrecieron una reforma estructural del estado. En la práctica este modelo nunca constituyó un factor determinante que asuste al Imperio del Norte. Ya sabemos que a este paso, solo quedan tres escollos, Venezuela, Nicaragua y Cuba (poniendo ciertos reparos sobre los dos primeros, bajo fundamentos planteados en la el artículo arriba enunciado al inicio). 

Como se consigió desmantelar este proceso social sin derramar sangre, sin guerra civil o con golpes de estado aparentemente incruentos?. La política del chantaje económico es la clave, algunos han cedido ante el menor síntoma (caso del gobierno de Ecuador, hoy dirigido por un ex comunista -Lenin Moreno- que acepta cualquier orden del FMI o de los Estados Unidos). 

En qué consiste esa amenaza? Un ejemplo lo hará entendible: Cuba, la isla caribeña con una perpetua crisis económica, carencia casi total de combustibles e imposibilitada de emprender un desarrollo industrial. La forma? Bloqueo y sanciones económicas de Washington, no solo para ese país sino para quien se atreva a realizar negocios con él. 



Hace mucho, mucho tiempo, Estados Unidos decidió dejar de intentar derrocar al régimen cubano, no importa el tiempo que les lleve enderezarla a su redil, algún momento volverá a sus manos. Cuba está destrozada en la economía, la esperanza de porvenir para su población es casi nula, a menos que... Comprenden cuál es el mensaje?... Los mensajeros entraron en acción en los países enunciados más arriba, algunos gobernantes se han rendido ante la primera amenaza, otros han preferido por temor a elegir un candidato respaldado por los Estados Unidos. El mensaje sigue vigente como advertencia a toda Latinoamérica. 

Quién cumple las órdenes imperiales?. La derecha política, las oligarquías locales. Un claro ejemplo es Colombia: "libre comercio", bases militares del US Army, en general, sumisión. Así tenemos que lo que antes denominabamos "Imperialismo"  hoy lo conocemos como "Globalización". 

Aquí debemos hacer otra reflexión. Analistas internacionales comparan esos objetivos estadounidenses en Latinoamérica con los mismos que se aplican en Oriente Próximo. La comparación es obvia, las famosas "primaveras árabes" pueden bien calificar en Latinoamérica como "la primavera latina"; o, también, podemos utilizar para nuestro caso de análisis las conocidas "Revoluciones de Color" que vendrían a ser las "Revoluciones de Color Latinoamercicanas", sin exageración. En una frase: La "reconquista" pacífica de la derecha política sobre el poder regional. 

"El objetivo seguirá siendo el mismo: no se trata de reemplazar un gobierno por otro sino de destruir los Estados para eliminar así toda posibilidad de resistencia nacional frente al imperialismo", expresaba hace un par de años el analista internacional Thierry Meyssan.

A través de las "primaveras o revoluciones de color latinoamericanas” (golpes de estado o “revueltas populares”) los países van siendo encarrilados a su "justo sendero", pertenecen a la zona u órbita de influencia "natural" de los Estados Unidos y no se permitirá intromisión de otra potencia (la doctrina Monroe se sigue aplicando ciegamente para Latinoamérica)

Peter Koenig, analista geopolítico, coautor de "¡El orden mundial y la revolución! - Ensayos de la resistencia" expresa que las "Revoluciones de Color" se han convertido en un clásico, se practican en todos los continentes. Hemos puesto los ejemplo latinoamericanos, por el resto del mundo tenemos Georgia, Ucrania, Iraq, Sudán del Sur, Libia, Afganistán, Indonesia. Se intenta revertir a los gobiernos de Corea del Norte, Siria, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua, en mayor escala  se lo ha intentado contra Rusia y China, lo más reciente es Hong Kong. Koenig profundiza su análisis al citar África, donde el Comando Militar de África de Estados Unidos (AFRICOM), soborna a casi todos los líderes africanos corruptos establecidos en el poder por los mismos y actuales colonialistas europeos del África. Existe zonas africanas donde no es posible dividir a la población política o étnicamente, en ese caso se recurre a otra creación imperial: el terrorismo islámico, la yihad, al mando de grupos como Boko Haram, una "sucursal" de ISIS / Estado Islámico.



Pero, si usted cree que esto solo pasa en el Tercer Mundo, Koenig nos recuerda que en "la Europa desarrollada e industrializada, donde el sofisticado ´cambio de régimen´ a lo largo de los años ha sometido a una población en gran parte acomodada, adormecida y apática por la interminable propaganda pro capitalista y el consumismo - Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Francia, Italia, España: ¡mira lo que le han hecho a Grecia! - Grecia se ha convertido en una advertencia de bandera roja para cada nación de la UE que se atreva a salir del bloqueo dictado por los Estados Unidos, de lo que podría sucederles.

La lista continúa con los países de Europa del Este de la UE, en su mayoría antiguas repúblicas soviéticas o satélites soviéticos. Son miembros de la UE gracias al Reino Unido, el topo de Washington en la UE, o como me gusta llamarlo, la no unión europea, sin Constitución, sin solidaridad, sin visión común. Todos ellos son ferozmente antirrusos y la mayoría también son antieuropeos, pero están hechos para -y les encanta comer y beber del plato de los folletos de la UE- ser servidos de los contribuyentes de la UE. Hay, por supuesto, mucha más coerción, pero ya entiendes. La interferencia estadounidense es interminable, despiadada, imprudente, sin escrúpulos y mortal". (Bolivia – A Color Revolution – or a New Surge for Latin American Independence?. Peter Koenig)

Concluye Koenig que la última víctima es Bolivia. El proceso de las  "Revoluciones de Color" es siempre más o menos el mismo: con un largo período de preparación, el golpe contra Morales lleva años gestándose: 


"Todo comenzó antes de que Evo fuera elegido por primera vez, cuando Washington se dio cuenta de que después de la purga del pueblo boliviano de dos de los presidentes "títeres" impuestos por Washington, en 2003 y 2005, Bolivia necesitaba un respiro. Pero el imperio nunca se rinde. Esa es una regla de oro escrita en su Constitución no oficial, el Project for the New American Century (PNAC) (Proyecto para el Nuevo Siglo Americano), cuya escritura comenzó justo después de la Segunda Guerra Mundial, se ajusta y actualiza regularmente, incluso se le cambió el nombre (de Pax Americana a PNAC), pero todavía está muy vivo y funcionando".

Otras razones del golpe de estado en Bolivia, no se trata de acabar solo con los gobiernos socialistas en su "patio trasero", en este caso también entró en juego los intereses por las riquezas naturales de Bolivia: petróleo, gas y otros minerales como el litio, cuyo uso se cree triplicará en los próximos diez años por la demanda de baterias para teléfonos portátiles y automóviles eléctricos.  

Es un proceso irreversible?

Ya es sabido que el Pentágono, a través del SouthCom (Comando Sur), tiene preparado una operación militar contra Venezuela, el cuándo solo se decidirá conforme la marcha de los acontecimientos, la inestabilidad es una constante permanente en el país caribeño. La intromisión de gobiernos pro estadounidenses como Colombia (Iván Duque) y Brasil (Bolsonero) están a la espera para brindar apoyo a la "reconquista". Mientras tanto, las quinta columnas siembran el planificado caos, delincuencia armada, actos de terrorismo mediante saqueo, vandalismo, incendios, agresiones, daños a la propiedad pública y privada, todo coadyuva a la destrucción de las economías nacionales imposibles de asumir por los gobiernos afectados. El propósito es provocar el malestar ciudadano contra los gobiernos, a través de los medios de comunicación desde donde se incita veladamente a derrocarlos.

No obstante, tenemos indicios que las cosas pueden revertirse. América Latina ya no es la de antes, existe una alta formación cultural y profesional, muchos están hastiados del intervencionismo, de ser el patito feo en el patio trasero. 

La votación popular ha derrotado en elecciones a Macri y su política pro imperial en la Argentina; en Brasil, Lula Da Silva anuncia su regreso tras salir de prisión, es alguien que puede oponerse al cuasi fascista Bolsonero, otro títere de los Estados Unidos. En Chile la protesta no cesa tras el retorno de la represión al estilo pinochetista, Sebastián Piñeira ha reconocido su "error" y promete menos mano dura a los manifestantes que claman una nueva Constitución. En Bolivia, los sectores marginales han empezado a levantar cabeza tras el golpe, conocen quienes son sus reales enemigos, aquellos que los desprecian por su origen. En Ecuador, los indígenas han hecho retroceder al presidente que ha tenido que archivar las impuestas reformas económicas ordenadas por el FMI... 

No todo está perdido, pero podría ser un proceso que arrastre violencia y sangre, lo cual será lamentablemente trágico para la población. Por fortuna Latinoamérica no es comparable a la división intestina de los países del Oriente Próximo o a las forjadas guerras en África. 


En América Latina reina -a pesar de todo- el sentimiento de solidaridad y hermandad entre los pueblos.

30 junio 2018

El retorno del Tío Sam y el cómo convertir un revolucionario en burgués





Primera Parte

El Tío Sam retorna con fuerza a Latinoamérica


por Tito Andino U.


Salvo casos excepcionales de gran trascendencia como la revolución cubana, la revolución sandinista, el terrorismo de estado orquestado desde el Pentágono conocido como "Plan Cóndor" para frenar los movimientos de izquierda en los años 70 del siglo pasado, la guerra de las Malvinas (a más de otros hechos) nada fuera de lo usual ocurre en estos territorios. Ni siquiera la crisis actual que afecta a Venezuela, otrora gran productora de petróleo, llega a las dimensiones de las crisis energéticas que se desatan, por ejemplo, en caso de conflictos como Irak y zonas aledañas. Un solo traspié de los wahabíes saudíes hace tambalear los mercados mundiales; en ese contexto Venezuela no representa casi nada en el mundo de la energía, de allí que Estados Unidos durante mucho tiempo (incluida la era chavista y su sucesor actual) no haya dado "importancia" al tema, dejando la tarea de desestabilizar al gobierno a la oposición política.

Pero los tiempos cambian, la fuerte presencia rusa al impedir que la OTAN siga desplegándose en sus zonas limítrofes y de influencia, así como la asistencia militar a sus aliados, ha provocado un giro fundamental en el gran juego geopolítico mundial. No solo Rusia, también China quiere un rol más activo en Latinoamérica, muchos gobiernos mostraron los dientes y alzaron la voz contra el Imperio. La consigna nacida desde fines de la administración Obama es que tales actos deberán cesar.

La llamarada de la izquierda progresista latinoamericana va esfumándose lentamente, estamos ante el retorno de la clásica hegemonía de la burguesía criolla, aliada incondicional hasta la muerte de los Estados Unidos y no han tenido que hacer nada más que ganar las elecciones!, nada de golpes de estado, ni destituciones, ni violencia  incontenible. 

Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Perú, Ecuador, El Salvador, etc. han culminado aquellos "procesos" de "izquierda", en algunos casos denominados "socialismo del siglo XXI". En el fondo no representaron gran cosa, una prometida reforma estructural del sistema que hubiese desafiado al Poder Imperial no existió. Solamente Venezuela y Bolivia resisten en Sudamérica, por lo que la etapa de desestabilización venezolana continúa adelante en sus fases iniciales, es decir, el trabajo de calle de grupúsculos violentos antigubernamentales que han llegado al asesinato de protestantes para incendiar más los ánimos, el desabastecimiento de alimentos en supermercados y tiendas populares forzado por los grandes distribuidores; incluso se ha probado el método de incitar la deserción de miembros de la fuerza pública intentando provocar una rebelión.


Desde la década de 1950, numerosas intervenciones de los Estados Unidos han desestabilizado la región, el provocar cambios de gobierno significa que las empresas privadas, con apoyo USA financien y lleven campañas que tienen como único objetivo el apoderarse de los recursos naturales, la guerra civil se aplica si es necesario.


Los Estados Unidos han querido dejar sentado, mediante mensajes muy claros que un viraje en el 'statu quo' regional no será más tolerado. El fin de la izquierda latinoamericana en el poder ha llegado a su fin. Largo tiempo los USA descuidaron su patio trasero al dejar de temer una incursión "comunista" en el hemisferio, afortunadamente fueron años de tranquilidad, sin violencia armada, aunque movimientos sociales se mantuvieron activos y, como hemos dicho, algunos consiguieron el poder pero nunca intentaron perturbar el sistema. 

La política de  "abandono" se terminó y, de ser el caso, Estados Unidos utilizará la fuerza para revertir la situación con algunos intransigentes todavía "sueltos" (Bolivia, Venezuela, Nicaragua). El llamado al orden a los gobiernos "insolentes" está planificado y listo para entrar en acción.

Barack Obama firmó el 9 de marzo de 2015 un decreto presidencial declarando el estado de emergencia ante "la extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela representa para Estados Unidos" (al firmar un decreto el ejecutivo no se obliga a rendir cuentas al poder legislativo). Pese a las crítica en la región y las excusas de Obama no se anuló el decreto. En otras palabras se prepara, para el caso de ser necesario, una serie de pseudo revoluciones en Latinoamérica. 



La política de la intimidación y chantaje económico ha dado sus frutos, incluso se ha hablado de intervencionismo directo de parte del gigante del Norte, por ejemplo, se hizo temblar a un otrora "comunista", el actual presidente ecuatoriano (Lenin Moreno) cuyo movimiento político, al que es afiliado, representa al proscrito Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador -PCMLE-, se suponía que el señor Moreno continuaría la política más confrontista de Rafael Correa (del cual fue por años su vicepresidente), pero no, todo lo contrario. 

Por el momento, antes que se aplique el plan estadounidense, basta al Imperio recordarnos y restregarnos en la cara el ejemplo cubano de los últimos 50 años, Cuba vive en crisis económica perpetua, carencia energética y estancamiento de cualquier posibilidad de desarrollo industrial, debido a los cruentos bloqueos y sanciones ordenados por el país del Norte. Los Estados Unidos dejaron de intentar destruir por la fuerza a Cuba, la han aplastado con la economía. Ese es el mensaje para toda Latinoamérica. 

Esa advertencia es explotada con éxito por la derecha latinoamericana para la retoma del poder. La derecha en Colombia es fiel reflejo de lo que Estados Unidos quiere de los gobiernos de la región: sumisión total, "libre comercio", instalación de bases militares norteamericanas, etc. Hoy, el país cafetero (y cocalero, con el visto bueno de EEUU), solicita su ingreso en la OTAN, que será -sin duda- la punta de lanza para dar una bofetada a cualquier intento de volver a subvertir el orden establecido. Más claro, ni el agua. 

Muchos politólogos y analistas internacionales concuerdan sobre los actuales objetivos de los Estados Unidos y sus socios europeos, incluso se ha escuchado una emulación de las "primaveras árabes", dicha "primavera latina" ya está en curso, lo hemos anotado, la reconquista pacífica de la derecha política del control político regional. Se ha recurrido a los métodos señalados y a otros aspectos propios de la identidad local. Para el internacionalista Thierry Meyssan "el objetivo seguirá siendo el mismo: no se trata de reemplazar un gobierno por otro sino de destruir los Estados para eliminar así toda posibilidad de resistencia nacional frente al imperialismo".

Según este mapa, extraído de un Powerpoint que Thomas P. M. Barnett presentó en 2003 durante una conferencia impartida en el Pentágono, los Estados de todos los países incluidos en la zona rosada deben ser destruidos. Ese proyecto no tiene nada que ver con la lucha de clases en el plano nacional, ni con la explotación de los recursos naturales. Después de destruir el Medio Oriente ampliado, los estrategas estadounidenses se preparan para acabar con los Estados en los países del noroeste de Latinoamérica. (Nota tomada de Red Voltaire)

En su más reciente libro: "Los crímenes del Estado profundo", Thierry Meyssan establece que después de las “primaveras árabes”, el mundo será testigo de las “primaveras latinoamericanas”, es decir, la aplicación de golpes de estado y  “revoluciones” contra países que intentan salirse de su órbita de influencia. Contradictoriamente, señala el autor, pocos parecen percatarse de la lucha interna por el poder en los EEUU, Trump se opone férreamente al 'Estado Profundo' Norteamericano y, pese a sus excentricidades y "locuras" como la crisis provocadas por sus decretos respecto a los migrantes ilegales, Trump mantiene su palabra de poner fin a la tradicional política exterior imperialista, paralizando y no sustentando al terrorismo internacional. Mas, en cuestiones de preservar el statu quo de su "zona natural de influencia" no cederá ante pretensiones de unos cuantos "revoltosos".

A veces nos preguntamos, qué preferirá la gente, guerra civil fomentada por los Estados Unidos y las burguesías criollas o seguir conservando el sistema pero buscando mayores reivindicaciones sociales?

VIDEO 


Thierry Meyssan: El plan de Estados Unidos contra America Latina. 

En mayo de 2017, Thierry Meyssan explicaba en Russia Today que dividir el mundo en dos zonas: una estable para sus aliados y otra inmersa en el caos de una guerra sin fin, que parece algo absurdo, es la estrategia de EE.UU. para dominar el mundo. Ahora le toca el turno a Venezuela, afirma, cuando EE.UU. lo desee va a comenzar la guerra. Se puede resistir esa situación? La respuesta es sí. Las élites sudamericanas están cometiendo un grave error ante el imperialismo estadounidense. En esta entrevista, Meyssan insiste en el cambio de paradigma de los conflictos armados actuales y subraya la necesidad de un radical replanteo sobre la manera de defender la patria (texto del pie de página del video corresponde a la Red Voltaire). 


Los casos de Venezuela y Nicaragua

Antes se denominaba "Imperialismo" a lo que hoy llamamos "Globalización". 

Quién podría poner en duda que el caso de Venezuela guarda estrecha similitud a la situación que se vive en Nicaragua? El guión es el mismo, ampararse en justas protestas populares para desatar el caos.

Los hechos históricos han demostrado algo evidente, a los Halcones del Pentágono no les interesa quien ejerce el poder en la Casa Blanca, ellos manejan su propia agenda global de conquista. 


A estas alturas, la mayoría desconoce que el Pentágono, a través del SouthCom (Comando Sur) tiene ya preparado una operación militar contra Venezuela, el cuándo se aplique está condicionado a lo que vaya marcando los acontecimientos en el frente interno venezolano. Lo penoso son las implicaciones en la trama de gobiernos como Colombia -que por algo pide su inclusión en la OTAN!-, de las "reconquistadas" Argentina (Macri), Brasil (Temer), la Guyana y hasta se dice que Panamá apoyan tales acciones.

No es solo Venezuela la que corre peligro, es toda Latinoamérica con el retorno del Tío Sam a su patio trasero. (pormenores de este plan del "Comando Sur" podrá ser analizado en las notas a pie de página). 

Tampoco es un intervencionismo derivado exclusivamente por asuntos de petróleo, la producción de petróleo de Venezuela y Latinoamérica, si bien abastecen el mercado norteamericano, no representa nada en el concierto mundial (salvo las reservas no explotadas), es insignificante, así que la cuestión básica no es el petróleo, es por orgullo imperial

Las heridas causadas a los intereses norteamericanos por la incursión económica de China en Latinoamérica y la nueva estrategia de Rusia para fortalecer relaciones con la región, así como la "altanería" que demostraron muchos países en la década pasada, obliga a EEUU a replantear el escenario hacia el área  militar  -no contra China o Rusia-, sino contra los gobiernos que no aceptan la voluntad de Washington. Tampoco debemos pensar que va desatarse una guerra a gran escala -el mismo Trump se opone a esos planes del Pentágono-.

El caso latinoamericano es diferente, por ejemplo, a las crisis de Medio Oriente, donde la guerra ya no se dirige contra un solo país sino contra toda la región, esa "epidemia de violencia" difícilmente podría repetirse en el Hemisferio Sur, sin embargo, los recuerdos de la "Operación Cóndor" en los años 70 del siglo pasado son una advertencia de lo que podría renacer como medida represiva. 

El fracaso, traspié o rendición de la izquierda latinoamericana y la recuperación del poder por la derecha burguesa, eterna aliada del Norte, es consecuencia del pánico sembrado por el 'Comando Sur', vía intermediarios. Las "rebeldes" Venezuela, Nicaragua y Bolivia (esta última aun sin grandes alborotos) estarán el tiempo que sea necesario bajo coacción diplomática y económica y, solo en caso excepcional, se optará por una intervención militar directa, seguramente será alguna "urgente crisis humanitaria" en Venezuela o la "responsabilidad de proteger" a los civiles de alguna "loca" tiranía criolla. 

Población en zozobra, delincuencia armada y organizada, acciones de carácter terrorista en varios lugares, saqueos, vandalismo, incendios, agresiones a transeúntes, daños a la propiedad pública y privada se ha vuelto cotidiano en Nicaragua y Venezuela. El bloqueo de vías conlleva un tremendo efecto para las economías nacionales ya que se impide la libre circulación de alimentos y combustible, no hay comercio, se priva el derecho a acceder a sus fuentes laborales, a las escuelas, a la salud, ello significa una terrible carga financiera para los gobiernos, son cientos de millones de dólares que se pierden en diversas áreas y causa irremediablemente el desempleo, en consecuencia provoca malestar de la población contra el gobierno.

Los gobiernos denuncian una conspiración internacional bajo complicidad de grupos opositores que financian y fomentan la violencia para subvertir el orden y la Constitución nacional; por su parte, la oposición arremete culpando de la violencia a los gobiernos. Se utiliza los medios de comunicación para los propósitos propagandísticos de los bandos en disputa. Está claro que los opositores buscan una solución inmediata, que no puede ser más que un golpe de estado y los gobiernos apuestan al diálogo, a la paz y a la justicia, a la búsqueda de mediadores internacionales para conseguir una salida a las crisis.

Diálogo nacional, una salida negociada, cambios constitucionales, renuncias, cese de cargos, son solo algunas expectativas que se plantean para retornar la estabilidad a estos países.

uso masivo de armas de fabricación casera en las protestas callejeras de Nicaragua, conocidas como "morteros" y "chopos", empleadas para usar tornillos, tuercas, esferas y otros objetos metálicos como proyectiles.


Entre otras cosas, también molestó al Norte que Nicaragua quisiera desafiar su poderío con el intento de construir el canal interoceánico bajo financiación china (Tratado Ortega-Wang), que rivalizaría con el Canal de Panamá. Parecía que el asunto iba en serio, en diciembre de 2014 el inversionista chino Wang Jing inauguró junto al gobierno de Nicaragua las primeras obras del mentado canal interoceánico. Sin embargo, algo sucedió.

El 17 de noviembre de 2017, el líder chino Xi Jinping y el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, firman 19 acuerdos en Pekín, allí se anuncia que Panamá se adhiere a la iniciativa china de la “Ruta de la Seda”, con un corredor económico entre Oriente y Occidente. Entonces, en que quedó el canal nicaragüense? Al ser un convenio entre Ortega y el empresario privado chino Wang Jing, -como bien se comenta- equivale al Tratado Chamorro-Bryan, es decir, conceder derechos de patente para una hipotética construcción y que nadie más lo pueda hacer. Los expertos concuerdan que los acuerdos entre China y Panamá causaron la inviabilidad del canal nicaragüense, además, nunca fue una iniciativa oficial del Gobierno de China. En fin, tener dos canales relativamente cerca no es un buen negocio para nadie. 

No podría terminar este apartado señalando una interesante lectura para quienes defienden la construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua, por supuesto que su opinión también cuenta (Por favor, ver enlaces en las notas a pie de página).



Segunda Parte 

Cómo convertir un revolucionario
 en burgués


1979. Humberto Ortega, Luis Carrión y Daniel Ortega (foto de Pedro Meyer).


El caso de Nicaragua es una situación única, digno de dedicarle un segmento aparte. Desde niño admiré la revolución sandinista, mis favoritos fueron Edén Pastora -El Comandante Cero- y Ernesto Cardenal, el viejo poeta sacerdote... Sentimientos encontrados me invaden.. mas, mi visión es histórica y no política. 

Si, es evidente que los Estados Unidos quiere derrocar a Ortega, pero no se confundan, Daniel Ortega es insignificante, él no es nada, ni nadie, ni representa ningún peligro para el Imperio. 

No tengo la menor duda que muchos lectores de la izquierda latinoamericana se indignarán conmigo por lo que viene. Solo mediten, si una página tan afamada y crítica de los Estados Unidos, como es GlobalResearch, dirigida por el economista canadiense Michel Chossudovsky, fundador y director del Centro de Investigación sobre la Globalización (activista antiglobalización, en otras palabras, anti imperialista) ha tomado en serio el asunto Ortega al reproducir las siguientes críticas contra el mandatario nicaragüense, significa que no debemos ocultar una cruda realidad.

Existe una evidente traición del gobierno de Ortega (y del sandinismo) al ideal patriótico que motivó la revolución. La otrora revolución sandinista mutó hasta convertirse en una perversa burguesia que azota con palo los justos reclamos populares. Si, tampoco debemos escudarnos en el pretexto que todos los males regionales son provocados por los Estados Unidos. Existen gobiernos desleales a los principios que los encumbraron al poder, pervertiendo las causas justas. El ideal sandinista dejó de existir hace mucho y lo digo convencido. 

Daniel Ortega transformó una revolución auténtica en un sistema opresivo y corrupto, como fue la era Somoza; pudieron y tuvieron mucho tiempo para realizar cambios trascendentales en el sistema nacional, no lo hicieron. Muchos líderes quedaron eclipsados y "desterrados" a cargos insignificantes en los últimos rincones del país. 

Una historia triste, pero verídica. Comparativamente, más que el gobierno venezolano de Maduro, con una eterna crisis económica impuesta desde fuera y que nos recuerda al bloqueo cubano, el que tiene que marcharse, antes que estalle una nueva guerra civil, es el gobierno de Ortega y su círculo íntimo en Nicaragua. No se puede esconder la podredumbre de un hombre que convirtió su país en una propiedad privada emulando la dictadura somocista a la que combatió.

Demos paso a los siguientes análisis sobre Daniel Ortega y el caos que él ha llevado a su país (y no solo Estados Unidos).


Nicaragua: La locura del poder



por Raúl Zibechi / La Jornada, 22 de junio 2018
Derechos de autor © Raúl Zibechi, La Jornada, 2018


La insurrección popular en Nicaragua, que exige la salida del poder de la pareja Daniel Ortega-Rosario Murillo, es una buena oportunidad para reflexionar sobre las opciones estratégicas de las fuerzas revolucionarias. En particular, para repensar las causas de esta deriva autoritaria y criminal, ya que la masacre de jóvenes nicaragüenses muestra la peor faceta de un régimen que se dice sandinista.

Dos cuestiones llaman la atención. Algunos intelectuales de la izquierda latinoamericana han orillado hasta el momento cualquier pronunciamiento sobre lo que sucede en Nicaragua. Se comprende, aunque no comparto, el silencio de varios gobiernos, ya que las alturas del poder tienen sus lógicas. Mucho menos aceptable es que intelectuales que van y vienen con sus opiniones sobre los más diversos temas, rehuyan una opinión contundente sobre la brutal represión.

La otra es que, afortunadamente, muy pocas personas atribuyen los sucesos a la mano negra del imperialismo. No tengo la menor duda de que Washington desea la caída de Ortega-Murillo y trabaja para ello, pero el argumento según el cual todo lo que perjudica a la izquierda es obra del imperio, está en franca decadencia.

Lo que viene sucediendo en Nicaragua puede contribuir a una reflexión de fondo sobre las revoluciones y sobre la administración del aparato estatal por fuerzas políticas de izquierda.

La primera es que las causas de la deriva genocida no pueden atribuirse al clan Ortega-Murillo, del mismo modo que el estalinismo no fue cuestión sólo de Stalin. En este punto debemos ser claros y precisos: Daniel Ortega es un genocida que profesa un caudillismo sediento de protagonismo y poder, como señala Mónica Baltodano, con rasgos de locura por el poder.

Sin embargo, la cuestión no puede ni debe reducirse a Ortega y a Murillo. Hay algo más. Podemos perder todo menos el poder, decía el comandante Tomás Borge, citado también por Baltodano. Salvo el poder todo es ilusión, proclamaba Abimael Guzmán, presidente del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el grupo revolucionario más criminal de la región.

Por más poderosos que sean los individuos, son ejecutores de fuerzas históricas y sociales que los empujan en cierta dirección. El estalinismo es un fenómeno político que no puede explicarse en términos de una excentricidad individual, escribió el historiador Edward Hallet Carr en su obra De Napoleón a Stalin (Crítica, 1983, p. 122).

Stalin fue el músculo de la modernización acelerada de Rusia, pasando por encima de cualquier resistencia, aún al precio de aniquilar la dirección histórica de su propio partido. “Stalin fue el déspota más despiadado que Rusia había conocido desde tiempos de Pedro (El Grande), y fue también un gran occidentalizador”, añade Carr en La Revolución Rusa de Lenin a Stalin (Alianza, 1979, p. 221).

El apoyo clave a Daniel Ortega - Rosario Murillo es el sector empresarial de la nueva burguesía sandinista, el centro de todo es su propia familia que ha formado un grupo de empresas vinculadas a la distribución y comercialización del petróleo y gasolina, a la prensa, exportación de granos y hasta empresas de moda (N.del E.)

Ortega representa a una nueva burguesía nicaragüense que se forjó mediante la acumulación por despojo de capital, desde la piñata (apropiación masiva de bienes públicos por la cúpula al abandonar el gobierno en 1990) hasta los acuerdos petroleros con Venezuela, que le permitieron a un sector del FSLN ascender económicamente en alianza con la Iglesia y sectores de la vieja burguesía.

No es la primera vez en la historia que se utiliza el aparato estatal para acumular riquezas. En Nicaragua este proceso parió lo que Baltodano denomina oligarquía chayo-orteguista (Chayo es el mote de Rosario Murillo) que necesita el poder estatal para reproducirse y sostenerse. Pero un ascenso tan vertiginoso requiere siempre de métodos corruptos y mafiosos, como ha sucedido en tantos procesos que se dicen revolucionarios pero, en realidad, han gestado una nueva clase opresora.

No resulta adecuado mentar traición, cuando la deriva actual de Ortega comenzó hace mucho tiempo, y se tornó inocultable en la década de 1990. Después de la piñata se produjo la reacción cínica de la izquierda nicaragüense y continental a la denuncia de Zoilamérica Narváez, en 1998, asegurando que su padrastro (Daniel Ortega) la abusaba desde los 11 años. Los hechos graves no nacen de golpe, crecen en la tolerancia ética y en los desvíos del poder.

La segunda cuestión es el tema del poder estatal. No pocos nicaragüenses aseguran que la represión de Ortega es peor incluso que la del dictador Anastasio Somoza. ¿Porqué se repite la historia? ¿Porqué Stalin fue comparado con el zar Pedro El Grande y los dirigentes comunistas chinos con los viejos mandarines del imperio?

Lo que no funciona es pretender cambiar el mundo desde arriba, desde el aparato estatal, e imponerle los cambios a las masas, como si fueran objetos sin voluntad propia (una de las peores frases que se escucha en la izquierda dice conquistar a las masas). Pretender cambiar el mundo como una totalidad, sustituyendo un todo por otro todo, es un camino que conduce al desastre autoritario, como lo enseña un siglo de revoluciones triunfantes.


Nicaragua – Una historia de traición



por Eric Nepomuceno / La Jornada, 17 de junio 2018
Derechos de autor © Eric Nepomuceno, La Jornada, 2018


El 24 de enero de 1980 fue un jueves. Ese día viajé por primera vez a la Nicaragua sandinista. La revolución que tumbó a Anastasio Somoza llevaba exactos seis meses y cinco días.

De la entonces Junta de Gobierno yo había tenido contacto con el único civil que la integraba, el escritor Sergio Ramírez, una amistad que permaneció intacta a lo largo de todos esos largos años.

Los otros cuatro venían de la guerrilla que había liquidado la dinastía que saqueaba y sofocaba aquel bello y ensangrentado país.

En los nueve años siguientes mis lazos con la revolución sandinista se fortalecieron más en cada visita, que fueron muchísimas. Eran mis años jóvenes, y nosotros, extranjeros que apoyábamos la revolución, tuvimos bastante contacto con varios de los integrantes del gobierno. Unos más expansivos, otros menos.

Daniel Ortega me parecía un hombre cerrado, de mirada desconfiada. Una vez, en 1986, me habló de su hermano Camilo, muerto en combate con las fuerzas del dictador Anastasio Somoza. También dijo que de los 15 a los 34 años jamás tuvo casa; vivió en la clandestinidad.

Al oírlo contar que había vivido clandestino más de la mitad de su vida hasta el triunfo de la revolución, por primera y única vez sentí algo de humano en aquella figura de piedra.

A mediados de 1991 me contaron de la piñata sandinista, un saqueo con ferocidad de buitres. La imagen de una piñata quedó grabada en mi memoria como un insulto a la revolución, a quienes murieron por ella, a quienes creyeron en ella. Dudé mucho en aceptar como verdad lo que verdad era.

Años después, supe más: que, en realidad, la piñata sandinista surgió cuando la revolución todavía existía y los nicaragüenses mantenían aquel fuego de esperanza, mientras su país era sofocado por Ronald Reagan desde afuera y por los traidores desde adentro.

Supe que el mítico Tomás Borge, último sobreviviente del quinteto que en 1961 fundó el Frente Sandinista, y en cuya casa me hospedé varias veces –a Tomás le gustaba ser amigo de escritores, y en la misma casa recibió a Eduardo Galeano, Jorge Enrique Adoum, Julio Cortázar y Mario Benedetti, entre otros– fue beneficiado por la citada piñata antes aún de la derrota electoral de 1990. Recordé las veces en que el comandante nos llevó a lo que decía ser mi asador, como digo yo cuando recibo amigos en Río y los llevo a mi restaurante. La diferencia es que aquel asador era efectivamente de Tomás, y de míos los restaurantes a que me gustaba ir en Río sólo tienen mi presencia…

Supe también que al incautar propiedades de somocistas y pasarlas al Estado, Daniel Ortega se reservó una sonante cantidad de inmuebles en Managua. Varias de las casas de protocolo en el barrio Las Colinas, antiguo reducto de ricos muy ricos, incautadas por la revolución y reservadas para hospedar a visitantes extranjeros, eran en realidad propiedades de Daniel. Y me puse a pensar que a lo mejor habíamos sido huéspedes de él y no del gobierno.

Aquella ha sido la última revolución de mi generación y, en su modelo, la última de la historia. En muchos momentos sentíamos que los nicaragüenses y su revolución sandinista llegarían a realizar sueños imposibles, a rozar el cielo con las manos.

Guardaré para siempre en lo mejor de mi memoria aquellos años de luminosidad absoluta, de la esperanza imponiéndose a la vida. Pero la revolución fue traicionada de manera vil, imperdonable.


Derrotó a la dinastía de los Somoza para ser sucedida por otra, igualmente perversa, abusadora: la dinastía de Daniel Ortega y su señora esposa, Rosario Murillo.

Por esos días se murió el cardenal Miguel Obando y Bravo, quien fue arzobispo de Managua y un enemigo feroz de aquel proceso, en clarísima alianza con los somocistas derrocados y los que se oponían a los sandinistas.

A cierta altura de la guerra abierta entre los sandinistas y los contra respaldados por Washington, Obando llegó a ser nombrado integrante del gobierno en el exilio. Al amparo de su púlpito, fue más eficaz vocero de la contra-revolución.

Pasado el tiempo, el mismo monseñor Obando se transformó en aliado fidelísimo del mismo Daniel que se instaló en el gobierno aliado con la derecha más feroz y el empresariado más avaro, y que desde 2006 se elige y relige en elecciones claramente manipuladas.

El Daniel que ahora encabeza una nueva dinastía, la dinastía de una pareja, que mata y trucida muchachos como lo era su hermano Camilo cuando fue asesinado por la dinastía anterior, la de los Somoza.

Desde abril centenares de jóvenes nicaragüenses, todos o casi todos, nacidos después del final de aquella revolución traicionada, son muertos por un gobierno aislado y que carece de legitimidad.

Un traidor es y siempre será un traidor.

Pero hay traidores de peor calaña.

José Daniel Ortega Saavedra pertenece, con méritos, a esa especie.


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Fuentes de la segunda parte

Nicaragua: La locura del poder
Nicaragua – Una historia de traición
Los dos artículos son reproducidos también por GlobalResearch.Ca

Lecturas recomendadas de la segunda parte

Desmoramiento del régimen Ortega-Murillo
Nicaragua en su laberinto
Por qué la revolución sandinista se fue al traste
Daniel Ortega, Murillo y la memoria de la dictadura
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