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12 abril 2026

¿Por qué las élites AMAN la democracia?



EEUU no gusta de la democracia que va contra sus intereses

por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos en inglés


Estados Unidos perdió su soberanía en 1913 cuando se aprobó la Ley de Reserva Federal y la Enmienda del Impuesto sobre la Renta. La Ley de la Reserva Federal fue redactada por los Rothschild de Europa en colusión del Money Trust, es decir, los intereses Morgan y Rockefeller. Por ello los EE. UU., desde esa fecha son controlados por una élite financiera globalista que liga la City de Londres y la Reserva Federal, llegando a controlar el país mediante la deuda. La sede de la élite financiera globalista no es New York (ni EE. UU.) es la City de Londres donde se establecen las “reglas” para manipular la deuda soberana del gobierno estadounidense.

Esta élite utiliza organizaciones financieras para confirmar ese control que se expande hacia un control globalista a través de instituciones como el FMI, la ONU, la OMS, el Foro Económico Mundial y la OTAN.

En teoría se decía que Donald Trump vino para luchar contra el poder bancario, que buscaba restaurar la soberanía frente al sistema financiero. Esto producirá risas en la actualidad, sin lugar a dudas (no me extenderé explicando el American First ni MAGA). (A propósito de risas, en nuestro artículo "Un Mundo basado en reglas, versión comedia", puede mediante la sátira comprobar como funciona el sistema).

Por tanto, Estados Unidos sirve placenteramente a la élite financiera globalista a través de guerras de conquista como fueron las dos guerras mundiales y los denominados conflictos de baja intensidad durante la Guerra Fría, la destrucción de la URSS y la "Guerra contra el Terror o “choque de civilizaciones” hasta llegar al presente con la guerra por poder en Ucrania, la guerra de Gaza a través de Israel y, como, no, el actual conflicto en Medio Oriente contra Irán.

En lo financiero, Estados Unidos ha controlado el negocio del petróleo a través de la forzada implementación en 1973 del patrón dólar junto a su lucha perpetua por controlar el mercado del oro. "Quien tiene el oro manda", suele decirse porque “el oro otorga el derecho a imprimir dinero ‘de la nada’ mediante el mecanismo de la banca de reserva fraccionaria combinado con la usura exigida a intereses compuestos. A través de este mecanismo diabólico, la élite financiera global gobierna gran parte de la humanidad”. No obstante, vemos como China, Rusia, Irán y, a menor medida otras naciones BRICS, están -o al menos intentándolo-  rompiendo ese viejo lazo en su intento coordinado de forjar un mundo multipolar.

Es un hecho de que existe una red de multimillonarios y organizaciones benéficas multimillonarias utilizan sus estatus fiscales para mover el "dinero oscuro", algo que parece ser desconocido en la política de la democracia estadounidense, en ese aspecto no hay distinciones entre la derecha y la izquierda (¿existe una izquierda en EE. UU.?, no nos cansamos de escuchar a Trump y otros políticos despotricar contra la “izquierda radical”). Entre esos multimillonarios se encuentran algunos muy reconocidos: Warren Buffett, Mark Zuckerberg y el “popular” George Soros; organizaciones benéficas como la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, OpenSociety, la Fundación Bill y Melinda Gates y otros, así como empresas privadas como BlackRock, etc.

Scott Walter, presidente de Capital Research Center (CRC), ha acumulado una gran cantidad de información sobre fuentes de "dinero oscuro" desde la "izquierda". Su libro “Arabella: The Dark Money Network of Leftist Billionaires Secretly Transforming America”, explica cómo se canaliza el dinero hacia movimientos sociales y políticos, desde el aborto hasta el cambio climático y la presión para la elección de jueces sean conservadores o de “izquierda”. A través de InfluenceWatch.org, Walter rastrea el "dinero oscuro" en organizaciones de “centro-izquierda” utilizando tanto fuentes de la derecha como reportajes convencionales. El CRC a logrado que medios convencionales reconozcan los riesgos democráticos de este financiamiento e investigaciones del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara sobre dinero extranjero. El libro demuestra no solo al público sino a los legisladores las activistas de grandes capitales que presionan por un gobierno centralizado. El objetivo final es exponer a estos actores financieros para contrarrestar la manipulación política de la mayor “democracia” del mundo.

Es muy común escuchar y leer sobre organizaciones públicas y privadas que ejercen gran poder en los Estados Unidos, pero, hay una organización oficial que suele pasar por desapercibida.

"El Consejo", también conocido como "CIGIE", o "Consejo de los Inspectores Generales de Integridad y Eficiencia". La Ley del Inspector General de 1978" ("Ley IG") es una legislación presentada por el Comité de Asuntos Gubernamentales del Senado de EE. UU., tras el caso Watergate y la dimisión del presidente Richard Nixon, para "mejorar los programas y operaciones gubernamentales mediante una mayor transparencia y rendición de cuentas". Se instituyeron los primeros doce Inspectores Generales nombrados por el presidente en agencias federales. Una capa de poder gubernamental que sin lugar a dudas responde en primer lugar ante la capa de benefactores multimillonarios.

Se puede compararlo con la “Comisión Trilateral” y el "New Deal". Esta entidad federal, el "CIGIE", para los empleados federales y para los poderosos de los Estados Unidos de América sigue siendo conocido como "El Consejo". Sea que la intención de la formación de "El Consejo" fuera originalmente diseñada para promover una buena gestión gubernamental o implementada de forma maliciosa como herramienta de reconstrucción social, "El Consejo" se ha transformado en el maestro de la política y la economía estadounidense.

En el artículo “ 'El Consejo' - ¿Quién dirige los Estados Unidos de América? Revelando los rostros de un asalto elitista a Estados Unidos”, Gregory Stenstrom, de Intelligencer Hoy (julio 2024) describe al "El Consejo", en el que todo y todos los que emanan de ellos, han controlado Estados Unidos durante los últimos cincuenta años con el propósito de extraer la riqueza de la nación. Según la Constitución, el gobierno y la fuerza laboral sirven para proteger la riqueza y el "bien público" del pueblo estadounidense, pero el propósito del "Consejo" es aplastarlo y destruirlo.

“Utilizan las herramientas de las acusaciones, la obstrucción y las agencias gubernamentales utilizándolas como armas para atacar a sus enemigos bajo falsas apariencias de ley. Solo ellos eligen quiénes serán ganadores y perdedores en política, negocios, economía, medios, elecciones, educación, y lo hacen con total amoralidad. El Consejo es una organización "intocable", codificada legislativamente y sui generis, con tentáculos incrustados en todas las agencias y ramas gubernamentales excepto en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Desde su perspectiva, son los dueños de los Estados Unidos de América. Es "suya", y "ellos" son sus administradores autoproclamados. Cualquiera que no sea "ellos" son "idiotas útiles", "inocentes útiles" o bienes humanos que deben ser descartados a la necropolítica. El resto de nosotros somos "unidades de carbono" desechables asignadas a valores positivos y negativos dependiendo de nuestra utilidad relativa para ellas. Este es su idioma”.

Aclarando que estas líneas se refieren a una agencia gubernamental, que en la práctica responde a una capa superior privada de la élite económica. Están por encima del sistema, lo han superado. Hacen el trabajo “sucio” para las élites que aparentan desconocer. “Es el aparato oficial que doblega al pueblo y a los representantes electos a su voluntad, y hasta ahora, todo se ha hecho a la vista de todos, envueltos en la bandera estadounidense, bajo un falso color de ley y en detrimento del pueblo estadounidense”. Y, -lo peor- es que esas grandes empresas privadas se toman la "molestia" de utilizar el dinero público para sus objetivos. (Por favor usted puede acceder al documento completo, observar documentos y fotografías de quienes componen "El Consejo", VER notas a pie de página) 




En nombre de la “Democracia”

Un interesante artículo publicado en 2024, cuyo título he “plagiado” para titular esta entrada: “Por qué los oligarcas AMAN la democracia”, señala la preocupación de las élites por la “democracia” en reuniones de diversas cumbres. Este mal oliente tufillo en defensa de la “democracia” ya no es novedad, todos sabemos que es una fachada para salvaguardar intereses, el objetivo es evitar alianzas comerciales, económicas, tecnológicas y geopolíticas en general donde pudiere estar tramándose entorpecer el orden basado en reglas diseñado por los Estados Unidos, es decir, contra todo aquello que amenace la hegemonía angloestadounidense en Eurasia o en el resto del mundo.

Detrás del inconmensurable discurso de amor por la “democracia” global, predominará siempre los estratégicos intereses geopolíticos y económicos. Las élites globalizantes -citemos como ejemplo a las que se reúnen en el famoso Foro de Davos o a la familia Soros-, siempre hablaran de luchar y defender los principios de la "democracia". En realidad es una gran fachada para proteger sus intereses económicos corporativos a nivel mundial a largo plazo. Que no quede duda de que la OTAN siempre ha sido una herramienta de control Occidental diseñado para asegurar el dominio de regiones claves en el orbe. El último ejemplo fue Ucrania, donde se sigue utilizando recursos y personal de Europa del Este en lugar de arriesgar sus propias tropas, lo mismo se pretendió hacer en Irán, pero esta vez la mayoría de integrantes de la OTAN le dijeron no a Estados Unidos. Los europeos también tienen “sentimientos”, y en el caso iraní no tenían nada que ganar.

Poco analizado, escasamente discutido es un olvidado antecedente a la guerra en Ucrania, cuando alemanes y rusos demostraron que podían convivir, compartir y hacer negociaciones beneficiosas por las dos naciones. Casi nadie se percató que los anglo-estadounidenses temblaron ante la posibilidad de una alianza económica Germano-Rusa (sin que Alemania se separara de la UE y/o de la OTAN) que hubiese culminado con una fusión entre la tecnología y el capital alemán con los recursos naturales y la mano de obra rusa. La actual guerra en Ucrania buscó el mismo fin por medio de implantar “democracia” en Rusia: evitar a toda costa una alianza germano-rusa. La destrucción del oleoducto Nord Stream fue la prueba física de que rompiendo ese vínculo energético no solo entre Rusia y Alemania, sino entre Rusia y Europa, los anglo-estadounidenses evitaron un colapso de la “democracia” en Europa.

El analista Alex Krainer sostiene que la verdadera obsesión de los grupos de poder -en el caso arriba descrito- no era defender la democracia, ni el sistema de votos, sino evitar que un mayor acercamiento entre Rusia y Alemania trastocará todo el sistema geopolítico clásico de Mackinder, Haushofer, Berezensky, Friedman y otros. Esa teoría de la hegemonía euroasiática explica por qué Rusia ha sido el objetivo eterno de Occidente. El "Estado Pivote", es decir, en teoría, quien controle el corazón de Eurasia (Rusia y Asia Central) controla el mundo. Por ello las élites occidentales se horrorizaron cuando entendieron que había un proyecto para combinar los recursos de Rusia con la tecnología de Alemania, hubiese dado lugar a un bloque económico gigante que no necesitaría del comercio marítimo controlado por EE. UU. e Inglaterra.

Una Eurasia unida sería una potencia inalcanzable en el comercio oceánico y una amenaza directa a la hegemonía liderada por EE. UU. (cooptada por intereses del antiguo Imperio Británico). Ucrania fue el recurso que se tenía a mano para entorpecer los tratos entre Rusia y Alemania. La supuesta alianza defensiva representada por la OTAN demostró lo que siempre ha sido: una herramienta de expansión. Hoy la ira de Mr. Trump contra sus socios europeos, por el asunto Irán, afectará la alianza que durante 80 años dominó la política mundial.

Curiosamente, la expansión de la OTAN es un proyecto de, entre otros globalistas, George Soros, éste escribió en 1993 "Hacia un Nuevo Orden Mundial: El futuro de la OTAN" planteando que los conflictos actuales no son accidentales. Soros sostuvo que, tras la caída de la URSS, la OTAN no debía desaparecer, sino transformarse en una herramienta para "proyectar influencia" hacia el Este, debía expandirse hacia el Este y combinar su tecnología occidental con las tropas de Europa del Este para conseguir esa expansión.

La "Sinergia" Humana y Técnica, es una cruda cita de texto. Soros sugería que usar soldados del este europeo (como Ucrania o Polonia) junto con la tecnología de la OTAN reduciría el riesgo de "bolsas para cadáveres" (soldados occidentales muertos). Soros -que proviene de Europa del Este- ve a los europeos del este como "carne de cañón" para proteger la opinión pública en los países ricos de la OTAN, reduce el costo político y proyecte la influencia hacia Rusia, que sin duda se opone. El hijo de George Soros -Alex Soros- mantiene el mismo legado de su padre, y el momento de poner en práctica lo que pregona su progenitor tuvo lugar con la crisis militar que viene sucediendo en Ucrania.

Sin embargo, las élites estadounidenses no son homogéneas. (Lo hemos explicado en otras ponencias sobre Donald Trump en su primer mandato) Para hacerlo comprensible, digamos que hay dos rivales potenciales que representan los mismos intereses, pero con distintos medios. Desde el primer mandato de Trump se apreció esa “guerra” entre George Soros y Donald Trump. Curiosamente, las élites más predominantes ven en Trump una "amenaza a la democracia" con esa política de "América primero" y el escepticismo de Trump hacia la OTAN que por lógica está rompiendo el diseño del Nuevo Orden Mundial de posguerra. Trump propuso el Interés Nacional vs. Nuevo Orden Mundial, aunque -con toda razón- tras la crisis en Oriente Medio e Irán, hay quienes afirman que la cosa va por un “Israel Primero” vs. “”América Primero”.

Soros advirtió que el propio interés de Estados Unidos ("America First") podría chocar con las necesidades de este nuevo orden global. Por eso, figuras como Trump han sido vistas como enemigos de la "democracia" sobre todo en las reuniones de Davos. ¡Ojo! No nos equivoquemos, el proyecto general es el mismo, solo que hay dos bandos que quieren imponer su particular método de obtenerlo.

El analista Alex Krainer sugería en 2024 que el miedo de los Soros no era que Trump se convierta en un dictador, el miedo era que Trump priorice los intereses nacionales estadounidenses sobre la agenda de la oligarquía globalista. “Afortunadamente” Trump ha tenido que ceder -en parte- al “Estado Profundo” al tener que aceptar lo que se espera de la ‘Democracia’: “el único sistema en el que un solo hombre puede escribir décadas de guerras y millones de muertos en todo el mundo”.

La guerra en Ucrania es una parte de la ejecución de ese plan, el conflicto debe ser descrito como la culminación de esa estrategia de décadas. El exministro de defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, admitió que Ucrania está "cumpliendo la misión de la OTAN", se confirma sin dejar lugar a dudas, que Ucrania continúa haciendo el "trabajo sucio" de la OTAN, está siguiendo casi exactamente el guion trazado por Soros hace más de 30 años, al derramar su propia sangre en lugar de la sangre occidental para así eliminar la “amenaza” rusa. No hay duda que Ucrania es el brazo ejecutor para intentar cumplir el plan de hegemonía trazado hace décadas.

Se quiso hacer lo mismo con algunos agentes regionales en Oriente Medio para socavar la influencia iraní en la región, el problema es que Israel es demasiado “independiente” para ir a morir por Estados Unidos y Occidente. El error es haber confiado en la fuerza bruta de acción y efecto inmediato del tándem terrible -USA/Israel- que no creyó necesario contar con sus socios de la OTAN, cuando las cosas no salieron según su plan se invocó a la ayuda europea que la ha negado mayoritariamente, la alianza inalterable se ha resquebrajando.

¿Qué podemos decir? Está más que claro que la "democracia" es una exportación de lujo que beneficia a una oligarquía oculta, y que los conflictos actuales son el resultado de planes fríamente calculados (bueno no tan fríamente calculados en el caso iraní) donde las vidas humanas son sacrificadas en nombre de la hegemonía predominante.

La "democracia", de la que se habla en Davos y otros Foros Mundiales de las élites, es solo una palabra que refiere a su sistema global de dominación, donde esta oligarquía controla los flujos de energía y comercio, impidiendo que potencias terrestres como Rusia y Alemania se unan, impidiendo que China siga desarrollándose y evitando que Irán abra corredores terrestres tanto hacia el Este como al Oeste de Eurasia, en los ejemplos citados.

Para alguien que entiende la verdadera geopolítica solo hay un camino que debe recordar siempre: La paz mundial comenzará cuando Estados Unidos, y los socios que le queden en Europa, reconozcan el derecho al libre desarrollo de China y Rusia; y de potencias regionales como Irán, la India y otras naciones.




Estados Unidos, ¿nación democrática o nación genocida?

Un importante artículo de Jim Miles: “EE. UU. Nación Genocida”, inicia preguntándose: “¿Qué pasa con nosotros?… ¿Somos homicidas por naturaleza?” "¿Qué tienen de diferente los estadounidenses?" "¿Somos homicidas por naturaleza?". Resumamos sus puntos de vista.

No hay respuestas fáciles ni soluciones fáciles (pero pueden ser obvias), la respuesta rápida revela más verdad: no, no homicida, pero sí muy genocida. El término genocida en su aplicación por parte de Estados Unidos y su imperio contra la gente del mundo y el mundo mismo, que comprende todos los demás seres vivos y el medio ambiente necesarios para sustentar esa vida.

En primer lugar, Estados Unidos nació de la violencia; en segundo término, nació del racismo. Van muy bien juntos y han dado forma a los Estados Unidos de hoy. EE. UU. es herencia europea, familiarizada con el genocidio anterior del holocausto y la violencia militar. Además, la Doctrina racista Cristiana del Descubrimiento promulgada por la Bula Papal de 1452 (y otras) relegó a todos los no europeos a ser salvajes, primitivos, que deben ser tratados como fuera de la cultura europea / cristiana y, en la base, tratados como esclavos, con sus entornos para enriquecer su patria

Entonces, desde la Doctrina del Descubrimiento, a través del Destino Manifiesto hasta el “excepcionalismo” e “indispensabilidad” arrogantes de hoy han servido de base de un imperio en expansión, utilizando la violencia y el genocidio para controlar el mundo. Esa visión etnocéntrica como un pueblo superior destinado a liderar y controlar el mundo, la ha transformado en una cultura de violencia militarizada. Más aún, en el presente, la lucha contra la esclavitud y el racismo siguen presentes en la tierra de la “libertad”.

Una nación fundada en el excepcionalismo, el racismo y la violencia sobre la tierra será difícil de reconstruir y mucho menos hacer enmiendas.

"Apreciemos esto como algo que es incentivado continuamente en la retórica de los medios de comunicación, los políticos y los banqueros, financieros y jefes corporativos que han gobernado a lo largo de la historia de los Estados Unidos. Sus rasgos de personalidad son significativos: individualismo rudo; excepcionalismo; derecho; venganza. Otro “atributo” es el abuso de los eufemismos “libertad” y “democracia”, responsable solo de uno mismo y no del bien general, es decir una sociedad codiciosa, ignorante y egocéntrica, atributos que se generalizan en toda esa sociedad.

¿Quién puede negar que desde su nacimiento Estados Unidos opera militarmente con violencia y racismo (como gran heredero el Imperio Británico)? El gobierno se compone por quienes heredaron esa violencia y racismo, “un gobierno imperial, que crea sin cesar miedo al 'otro', ya sean socialistas, comunistas, yihadistas, inmigrantes, rusos, chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses”, etc., formando una sociedad militarizada que opera en beneficio de las élites corporativas, políticas y militares, bajo el disfraz de “democracia”.

No vamos a detenernos en su estructura social, que es lo mismo de lo anterior, igualmente racista / elitista. “Los ciudadanos estadounidenses tienden a ser bastante ignorantes no solo sobre el mundo, sino sobre su propio país y cómo opera, y a través del proceso educativo y su proceso mediático aliado produce una sociedad egocéntrica codiciosa que culpa al individuo por cualquier problema que pueda ocurrir”.

El sistema financiero está cerca de un punto de quiebre, construido sobre la base de la deuda (en gran parte a través del complejo industrial militar combinado con la subcontratación y deslocalización del empleo) y apoyado ahora principalmente por dinero creado por el golpe de un teclado de computadora sin que se produzca ningún producto, la financiarización de mercados que enriquecen a las élites y empobrecen al resto”.




Ciertas reflexiones finales sobre "democracia" made in USA nos presentan dos extraordinarios estadounidenses, John y Nisha Whitehead (2024) en “La matrix política sostiene la ilusión de libertad”, inician citando a Neil Postman: 

"Cuando una población se distrae con trivialidades, cuando la vida cultural se redefine como una ronda perpetua de entretenimientos, cuando la conversación pública seria se convierte en una forma de lenguaje infantil, cuando, en resumen, un pueblo se convierte en público y sus asuntos públicos en un acto de vodevil, entonces una nación se ve en peligro; la muerte cultural es una posibilidad clara".

Muchos concuerdan que -refiriéndose al pueblo estadounidense- están “atrapados en una matrix política destinada a sostener la ilusión de que somos ciudadanos de una república constitucional. En realidad, estamos atrapados en algún punto entre una cleptocracia -un gobierno gobernado por ladrones- y una kaquistocracia -un gobierno dirigido por políticos, corporaciones y ladrones de carrera sin principios que se adulan a los peores vicios de nuestra naturaleza y que tienen poco respeto por los derechos de los ciudadanos estadounidenses-.

Durante años, el gobierno ha estado jugando al gato y al ratón con el pueblo estadounidense, permitiéndonos disfrutar de la libertad justa para pensar que somos libres, pero no la suficiente para vivir realmente como un pueblo libre. En otras palabras, se nos permite disfrutar de la ilusión de libertad mientras nos despojan de los mismos derechos que pretendían garantizar que el gobierno responda al respeto del Estado de derecho, la Constitución de Estado Unidos”.

“Esto ya no es América, tierra de la libertad, donde el gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Más bien, esto es Amerika, donde el fascismo, el totalitarismo y el militarismo van de la mano. La libertad ya no significa lo que antes”. Los derechos que en su día reforzaron el compromiso de los fundadores con el experimento americano de la libertad dejaron de existir hace mucho. Nos confunden la libertad con el libertinaje, por el cual estamos felices (somos libres para hacer lo que nos da la gana y decir lo que nos place sin consecuencias aparentes).

“No solo ya no tenemos dominio sobre nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestras propiedades y nuestras vidas, sino que el gobierno sigue minando los pocos derechos que aún nos quedan para hablar libremente y pensar por nosotros mismos. Nos están tomando por tontos. Sobre el papel, técnicamente podríamos ser libres. Sin embargo, en realidad, solo somos libres hasta donde un funcionario gubernamental nos permita.

A decir verdad, vivimos en una dictadura disfrazada de democracia donde todo lo que poseemos, todo lo que ganamos, todo lo que decimos y hacemos -nuestras propias vidas- depende de la benevolencia de los agentes gubernamentales y accionistas corporativos, para quienes el beneficio y el poder siempre prevalecerán sobre los principios. Y ahora el gobierno está litigando y legislando para entrar en un nuevo marco donde las órdenes de los burócratas menores tienen más peso que los derechos inalienables de la ciudadanía.

De hecho, no solo estamos desarrollando una nueva ciudadanía incapaz de pensar por sí misma, sino que también les estamos inculcando una dependencia completa y absoluta del gobierno y sus socios corporativos para que hagan todo por ellos -decirles qué comer, qué ponerse, cómo pensar, qué creer, cuánto tiempo dormir, a quién votar, con quién relacionarse, y así sucesivamente.

De este modo, hemos creado un estado de bienestar, un estado niñera, un estado policial, un estado de vigilancia, un campo de concentración electrónico - llámalo como quieras, el significado es el mismo: en nuestra búsqueda de menos responsabilidad personal, un mayor sentido de seguridad y sin obligaciones pesadas entre nosotros ni con las futuras generaciones, hemos creado una sociedad en la que no tenemos verdadera libertad. Estos son hitos en el camino hacia un estado fascista donde los ciudadanos son tratados como ganado, para ser marcados y finalmente conducidos al matadero.

La libertad, o lo que queda de ella, está siendo amenazada desde todas direcciones. Con demasiada frecuencia se entrega voluntariamente y a un precio tan barato: seguridad, protección, pan y circos.

Por "gobierno" no me refiero a la burocracia altamente partidista y bipartidista de republicanos y demócratas. Más bien, me refiero al "Gobierno" con mayúscula, el Estado Profundo arraigado que no se ve afectado por las elecciones, no alterado por los movimientos populistas y que se ha puesto fuera del alcance de la ley.

"Los depredadores del estado policial están causando estragos en nuestras libertades, nuestras comunidades y nuestras vidas. El gobierno no escucha a la ciudadanía, se niega a cumplir la Constitución, que es nuestro estado de derecho, y trata a la ciudadanía como una fuente de financiación y poco más.

Desgraciadamente, no existe ningún hechizo mágico que nos transporte de vuelta a un lugar y tiempo donde "nosotros, el pueblo" no fuéramos simplemente carne de caña para un molino harinero corporativo, gestionado por trabajadores del gobierno, cuyas prioridades son el dinero y el poder.

Nuestras libertades se han convertido en víctimas en una guerra total contra el pueblo estadounidense. "Nosotros, el pueblo" ya no somos los amos. No importa si hablamos del gobierno federal, de los gobiernos estatales o de los organismos locales: en todos los extremos del espectro y en cada punto intermedio, se ha producido un cambio. "Nosotros, el pueblo" no somos vistos, escuchados ni valorados. Ya no contamos para casi nada más allá de un voto electoral ocasional y como fuente de ingresos para las crecientes necesidades financieras del gobierno.

Deja de taparte la nariz para bloquear el hedor de una institución en descomposición. Para empezar, dejad de tolerar la corrupción, el soborno, la intolerancia, la codicia, la incompetencia, la ineptitud, el militarismo, la anarquía, la ignorancia, la brutalidad, el engaño, la colusión, la corpulencia, la burocracia, la inmoralidad, la depravación, la censura, la crueldad, la violencia, la mediocridad y la tiranía. Estas son las señas de identidad de una institución que está podrida de pies a cabeza.

Deja de permitir que el gobierno y sus agentes te traten como a un sirviente o a un esclavo. Tienes derechos…".




Los nombrados John y Nisha Whitehead, del The Rutherford Institute, van más allá sobre la “democracia” en su país, el mismo 2024 escribieron: “¿Quién es el dueño de América? Los oligarcas han impulsado el sueño americano”. Aquí demuestran -una vez más- las cualidades de la supuesta “democracia” estadounidense. 

"Los políticos están ahí para darte la idea de que tienes libertad de elección. No lo haces. No tienes elección. Tienes dueños. Te poseen. Lo poseen todo. Son dueños de todas las tierras importantes. Son propietarios y controlan las corporaciones. Desde hace tiempo han comprado y pagado el Senado, el Congreso, las cámaras estatales, los ayuntamientos. Tienen a los jueces en el bolsillo y son dueños de todas las grandes empresas de medios, así que controlan casi todas las noticias e información que escuchas... Gastan miles de millones de dólares cada año haciendo lobby. Presionando para conseguir lo que quieren. Bueno, sabemos lo que quieren. Quieren más para ellos y menos para los demás... Se llama el Sueño Americano, porque tienes que estar dormido para creerlo". (George Carlin)

En la oligarquía que es el estado policial estadounidense, claramente no importa quién gane la Casa Blanca, porque todos trabajan para el mismo jefe: un Estado corporativo que se ha globalizado.

Entonces, aunque la pregunta parece reiterativa:

¿Quién es el dueño de América? ¿Es el gobierno? ¿Los políticos? ¿Las corporaciones? ¿Los inversores extranjeros? ¿El pueblo americano?

El Estado Profundo mantiene a la nación dividida y distraída por elecciones presidenciales cuyo resultado está definido. El control férreo del estado policial sobre el poder garantizará la continuación de guerras interminables y gastos descontrolados, ignorando los derechos fundamentales de la ciudadanía y el estado de derecho. Estados Unidos está siendo literalmente comprado y vendido a cualquier interés económico que lo pueda pagar, sea nacional o internacional.

No es necesario explicar como EE. UU. está cada vez más hundiéndose en la deuda, tanto como nación como como población. 

“Básicamente, el gobierno de EE. UU. financia su existencia con una tarjeta de crédito, gastando dinero que no tiene en programas que no puede permitirse. La mayor parte de esa deuda se ha acumulado en las dos últimas décadas. La deuda nacional (la cantidad que el gobierno federal ha pedido prestado a lo largo de los años y debe devolver) supera los 34 billones de dólares y crecerá otros 19 billones para 2033 (el análisis es de 2024, y la cosa empeora ahora con los colosales gastos por la nueva aventura guerrerista contra Irán). La propiedad extranjera representa el 29% de la deuda estadounidense que posee el público. De esa cantidad, informa la Fundación Peter G. Peterson, "el 52% estaba en manos de inversores extranjeros privados, mientras que los gobiernos extranjeros tenían el 48% restante.

El Cuarto Poder ha sido asumido por conglomerados mediáticos que priorizan el beneficio sobre los principios. Las agencias de noticias independientes, que se suponía debían actuar como baluartes contra la propaganda gubernamental, han sido absorbidas por una toma global de periódicos, televisión y radio. En consecuencia, un puñado de empresas controlan la mayor parte de la industria mediática y, por tanto, la información que se distribuye al público. Del mismo modo, con Facebook y Google autoproclamados árbitros de la desinformación, ahora nos encontramos lidiando con nuevos niveles de censura corporativa por parte de entidades con historial de colaborar con el gobierno para mantener a la ciudadanía sin mente, amordazada y en la oscuridad.

Sin embargo, lo más crítico de todo es que el gobierno de EE.UU., vendido hace tiempo al mejor postor, se ha convertido en poco más que una empresa pantalla, una tapadera para intereses corporativos. En ningún lugar esta situación es más evidente que en el espectáculo fabricado que son las elecciones presidenciales. En cuanto a los miembros del Congreso, mucho antes de ser elegidos, se les entrena para bailar al ritmo de sus benefactores adinerados, tanto que pasan dos tercios de su tiempo en el cargo recaudando fondos. Como informa Reuters, 'También significa que los legisladores a menudo dedican más tiempo a escuchar las preocupaciones de los ricos que cualquier otra persona’

Adiós a vivir el sueño americano. Nos están obligando a gastar dinero en guerras interminables que nos están dejando sin fin; dinero para sistemas de vigilancia que rastreen nuestros movimientos; dinero para militarizar aún más nuestra ya militarizada policía; dinero para permitir que el gobierno allane nuestras casas y cuentas bancarias; dinero para financiar escuelas donde nuestros hijos no aprendan nada sobre libertad y todo sobre cómo cumplir; y así sucesivamente".

Esto no es una forma de vida.

Es la democracia made in USA.

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Fuentes consultadas en inglés:

02 marzo 2026

¿Se puede comprar un país?




Nota del editor del blog

Mientras una nueva guerra de proporciones se perfila en Oriente Medio provocado por el ya clásico intervencionismo estadounidense en su supuesta "defensa de la democracia" mundial, evitando que los "malos" adquieran armamento nuclear, es decir, su necesidad innegable de destruir todo lo que no vaya de conformidad a su doctrina de dominación mundial, está por verse las consecuencias. 

Sobremanera es de esperar si esta acción bélica en contra de Irán, llevada a cabo con su colonia israelí -a quien ha jurado proteger en nombre de dios- termina en los términos acordados con las dos potencias mundiales: Rusia y China. Debemos remitirnos a los últimos artículos (en el blog) en que se ha presentado la hipótesis sólida de que el mundo fue dividido nuevamente en zonas de influencia. Las naciones desafectas del continente americano ya están volviendo a alinearse al "buen redil" bajo el patriarcado del Tío Sam. 

Las grandes interrogantes del momento es ¿cómo va a terminar el conflicto en Irán?, ¿cuál potencia conservará la hegemonía sobre el territorio persa o será una zona de contacto entre las potencias mundiales? Recuerden que China también tiene sus intereses en la zona, el corredor terrestre ha conseguido rehabilitar la Ruta de la Seda que competirá con las potencias europeas y estadounidense en el tráfico mundial de mercancías.  Son puntos que no se puede exponer en una "investigación" a priori, demanda tiempo y análisis de las acciones que tomarán, en particular Rusia y China. 

El dilema está planteado, ¿respetará Estados Unidos sus acuerdos de rediseñar el mapa mundial con las nuevas zonas de influencia, que remplaza -en gran medida- a la distribución mundial que se efectuó tras la segunda guerra mundial y que es el "orden" que ha venido reinando hasta el presente. 

China es la gran protagonista del siglo XXI, Estados Unidos ya no puede verla con desprecio, ni ignorarla, tuvo que contar con ella y Rusia para volver a presentar el proyecto de un "Nuevo Orden Mundial" de postguerra. Estados Unidos está a la par que China en materia militar (más no nuclear) y en cuanto a la economía y mercados internacionales no hay ni que explicar que China superó al gigante estadounidense. 

No olviden que la Cumbre chino-estadounidense está en la agenda inmediata, está a la vuelta de la esquina, la reunión entre Mr. Trump y Xi Jinping en Beijing desde el 31 de marzo no ha sido cancelada. Recuerden que el gran afectado -a parte del pueblo iraní- de la nueva guerra desatada por Estados Unidos contra Irán es China.

Por lo mismo, es muy temprano para dedicarnos a realizar análisis del conflicto anti iraní desatado por el tándem EEUU-Israel (con el beneplácito hipócrita de Europa) ¿Quién puede saberlo? ¿Rusia y China, habrán aceptado un cambio de gobierno en Irán? ¿Quién controlará ese estratégico territorio o pasará a ser un área geográfico en que confluirán los intereses de las tres potencias mundiales hegemónicas de la actualidad?

Son hipótesis que se irán despejando en el transcurso de los días. No se apresuren en sacar conclusiones, nada está claro hasta el momento sobre la guerra contra Irán. Mucha gente puede decir lo que guste, las cadenas de televisión pueden hacer grandes reportajes, hacer desfilar invitados "expertos" en armamento y otras áreas, eso será el pan de cada día, igual que en otras plataformas de redes sociales llenas de "expertos" en busca de likes. En verdad, nadie sabe que es lo que planean o planearon las superpotencias. Paciencia

Mientras tanto, os dejo un breve estudio histórico de cómo los Estados Unidos logró obtener la gran masa territorial en la que ejerce su soberanía. 


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RT
Febrero 2026     

El debate sobre Groenlandia reaviva una cuestión que ha marcado el ascenso de Estados Unidos durante más de dos siglos.

Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, retomó la idea de comprar Groenlandia -y se negó a descartar medidas más contundentes si Dinamarca se negaba-, la reacción en toda Europa fue rápida e indignada. La propuesta se presentó como un anacronismo: un retroceso a las negociaciones imperialistas que la política internacional moderna supuestamente había superado.

Pero la indignación oculta una realidad histórica incómoda. Estados Unidos no solo se forjó mediante revoluciones y guerras; también se construyó mediante transacciones: compras territoriales a gran escala concluidas en momentos en que el equilibrio de poder dejaba al vendedor con opciones limitadas. Desde extensiones continentales hasta islas estratégicas, Washington ha expandido repetidamente su alcance emitiendo cheques respaldados por apalancamiento.

Si la idea de comprar territorio ahora suena chocante, vale la pena recordar que algunos de los acuerdos más importantes de este tipo ayudaron a convertir a Estados Unidos en el país que conocemos hoy. Para comprender por qué el debate sobre Groenlandia resuena con tanta fuerza, deberíamos repasar las principales adquisiciones que rediseñaron el mapa estadounidense.

Luisiana: La mayor adquisición.
Los exploradores franceses se aventuraron en el valle del Misisipi a finales del siglo XVII, reclamando nuevos territorios y bautizando esta vasta extensión como Luisiana en honor al rey Luis XIV. En 1718, establecieron Nueva Orleans en la desembocadura del Misisipi, poblando gradualmente la colonia no solo con colonos franceses, sino también mediante políticas promulgadas por Luis que otorgaban la libertad a los hijos de las uniones entre colonos blancos y esclavos negros. Aun así, la población seguía siendo escasa. El mal clima de la región y las complejas relaciones con los nativos americanos dificultaban el asentamiento.

Como resultado, Francia no valoraba especialmente este territorio, a pesar de su enorme tamaño: la Luisiana francesa abarcaba no solo la actual Luisiana, sino también, parcial o totalmente, los estados actuales de Arkansas, Oklahoma, Kansas, Misuri, Colorado, Wyoming, Dakota del Norte y Dakota del Sur, Minnesota, Iowa, Montana, Nebraska, Texas, Nuevo México e incluso partes de Canadá. A pesar de esto, era difícil encontrar un francés más allá de Nueva Orleans.


© Wikipedia. Nueva Francia en 1750 antes de la Guerra Franco-Indígena


En 1763, tras la Guerra de los Siete Años, Francia cedió Luisiana a España. La administración española no oprimió a los colonos franceses y gestionó la colonia con bastante competencia. Sin embargo, gran parte de este enorme territorio permaneció prácticamente deshabitado, salvo por los nativos americanos. El número total de colonos, incluyendo esclavos negros, ascendía a varias decenas de miles de personas.

A principios del siglo XIX, Europa experimentó numerosos cambios. Napoleón recuperó el control de Luisiana con el objetivo de revitalizar el imperio francés de ultramar. Sin embargo, esta ambición se desmoronó cuando fracasó su intento de restaurar el dominio francés en Haití. Una fuerza enviada por Napoleón fue diezmada por rebeldes negros y sucumbió a enfermedades tropicales.

Ante este panorama, Napoleón comprendió rápidamente que no podía mantener Luisiana, y que tanto ingleses como estadounidenses la tomarían fácilmente. En cuanto a Estados Unidos, tenía sentimientos encontrados sobre Luisiana; controlar la desembocadura del Misisipi era crucial, pero también desconfiaban de una posible agresión francesa. Finalmente, el presidente estadounidense Thomas Jefferson inició negociaciones con Francia para la compra de Luisiana.

Napoleón vio esto como una gran oportunidad. Reconoció que podría obtener mucho dinero vendiendo el territorio que Francia realmente no necesitaba ni podía controlar.

Jefferson y el lado estadounidense inicialmente pretendían comprar solo Nueva Orleans y sus alrededores, ofreciendo 10 millones de dólares. Sin embargo, los franceses sorprendieron a sus homólogos estadounidenses: pidieron 15 millones de dólares, pero como parte del trato, ofrecieron vastos territorios que se extendían hasta Canadá. Sin embargo, más allá de Nueva Orleans, los franceses esencialmente vendieron la libertad de reclamar tierras habitadas por los nativos americanos. Los franceses tenían muy poco control sobre este vasto territorio, y los nativos americanos ni siquiera entendían lo que implicaba la venta. De hecho, aparte de los nativos americanos, el vasto territorio estaba habitado por solo unos 60.000 colonos, incluyendo esclavos negros.

A pesar de todo, el trato se cerró, y el territorio de Estados Unidos se duplicó de la noche a la mañana. Robert Livingston, uno de los Padres Fundadores y entonces embajador de Estados Unidos en Francia, declaró célebremente:

Hemos vivido mucho tiempo, pero esta es la obra más noble de toda nuestra vida... Desde este día, Estados Unidos ocupa su lugar entre las potencias de primer orden.

 

© Wikipedia. La Compra de Luisiana se representa sin territorio al norte del paralelo 49, pero incluyendo Florida Occidental.

Florida: Siguiendo los pasos de Luisiana
En el caso de Luisiana, ambas partes estaban satisfechas con el acuerdo. Sin embargo, cuando se trató de Florida, el vendedor no estaba particularmente entusiasmado.

España había descubierto Florida en 1513. En ese momento, sin embargo, España no vio mucho valor en este territorio, y los primeros esfuerzos de colonización fueron lentos; se utilizó principalmente como un puesto militar. En el siglo XVIII, Gran Bretaña arrebató Florida a España, pero durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, España recuperó el control de su antigua colonia. Sin embargo, similar a la situación con Francia y Luisiana, la propiedad formal no equivalía a la autoridad real.

Mientras tanto, los colonos estadounidenses inundaron Florida. Los conflictos latentes en la frontera; los colonos estadounidenses invadieron tierras españolas, convirtiendo a Florida en un campo de batalla constante que involucraba a los Estados Unidos, los nativos americanos y, ocasionalmente, los británicos. España luchó para responder eficazmente a estas incursiones. Además, entre 1807 y 1814, España se vio envuelta en una durísima guerra contra Napoleón, durante la cual los franceses ocuparon temporalmente la España continental.

Tras la guerra, España quedó devastada e incapaz de defenderse de los indios seminolas que asaltaban la colonia. Frustrados por los problemas causados ​​por los seminolas, los estadounidenses ocuparon la mayor parte de Florida, alegando que la tierra había sido prácticamente abandonada.

España decidió que cualquier ganancia era mejor que perder el territorio por completo. Estados Unidos compensó oficialmente a España con 5 millones de dólares por los daños causados ​​por sus propias invasiones. Para 1819, España no tuvo más remedio que ceder Florida.


© Wikipedia. Área reclamada por Estados Unidos antes y después del Tratado Adams-Onis

Las Islas Vírgenes: ¡Pagaremos en oro!
El siglo XIX fue la era de los imperios coloniales. Pero Estados Unidos adquirió las Islas Vírgenes en el siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial.

Dinamarca no es el primer país que viene a la mente cuando se habla de la lucha por el control del Mar Caribe. Pero en 1672, la Compañía Danesa de las Indias Occidentales anexó la pequeña isla de Santo Tomás, seguida poco después por la isla de San Juan. Dinamarca puede haber sido un colonizador inusual, pero sus ambiciones eran bastante comunes. Los daneses establecieron plantaciones de azúcar y dependían de la mano de obra esclava. El azúcar se convirtió en la columna vertebral de la economía de las Islas Vírgenes. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, los precios del mercado mundial se desplomaron, lo que llevó a los daneses a considerar deshacerse de este activo.

Mientras tanto, Estados Unidos estaba interesado en adquirir el puerto de Santo Tomás, pero en ese momento, el acuerdo fracasó

Estados Unidos decidió que Alaska era una mejor inversión y se la compró a Rusia, que no necesitaba el remoto territorio del norte. Para Rusia, Alaska estaba lejos y era difícil de defender; Además, los rusos ya habían obtenido beneficios rápidos. Así, las Islas Vírgenes permanecieron bajo control danés hasta el siglo XX.

Durante la Primera Guerra Mundial, los estadounidenses reconsideraron la idea de adquirir las Islas Vírgenes. Oficialmente, a Estados Unidos le preocupaba que Alemania se apoderara de Dinamarca y se apoderara de las islas, utilizándolas como bases submarinas. Parecía más bien un pretexto, ya que construir una base tan cerca de Estados Unidos no habría sido tarea fácil, y abastecerla habría sido aún más difícil. En cualquier caso, Estados Unidos decidió adquirir las Islas Vírgenes y Dinamarca recibió una oferta que no podía ignorar.

El presidente estadounidense, Woodrow Wilson, envió una clara advertencia: si Dinamarca no vendía las islas, Estados Unidos las ocuparía, por supuesto, simplemente para evitar que cayeran en manos alemanas. Para suavizar el golpe, Wilson endulzó el trato con una oferta de 25 millones de dólares en oro, que representaba aproximadamente la mitad del presupuesto anual de Dinamarca en aquel momento.

Inicialmente, Copenhague dudó, sobre todo ante la creciente importancia económica de las islas tras la apertura del Canal de Panamá. Pero los estadounidenses dejaron claro que las islas acabarían bajo su control, ya fuera por las buenas o por las malas. Dinamarca celebró un referéndum y cedió las islas a Estados Unidos.

En agosto de 1916, ambas partes acordaron la venta. Como parte de este acuerdo, Estados Unidos reconoció los derechos de Dinamarca sobre Groenlandia. Para 1917, se habían resuelto todos los trámites y las islas cambiaron de bandera. La isla Water se vendió por separado en 1944.

Curiosamente, después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos volvió a centrar su atención en Groenlandia, buscando adquirirla en el contexto de la Guerra Fría.Dinamarca se negó, a pesar de que Estados Unidos había establecido bases militares allí. En un momento dado, un bombardero estratégico con armas nucleares se estrelló sobre Groenlandia, un hecho que, sabiamente, se mantuvo en secreto para el público danés.


 © Wikipedia. Indias Occidentales Danesas


En ese sentido, las propuestas de Donald Trump son menos inéditas de lo que parecen. Estados Unidos ha expandido su territorio mediante compras durante más de dos siglos. A veces, el vendedor se sentía aliviado al deshacerse de una posesión lejana o costosa; en otras ocasiones, el acuerdo se producía tras una creciente presión y un desequilibrio estratégico. La expansión mediante transacciones nunca fue una excepción en la historia estadounidense; fue un método recurrente.

El interés de Trump en Groenlandia encaja perfectamente en ese patrón histórico. Al igual que sus predecesores, parece atraído por el simbolismo de ampliar la presencia estratégica de Estados Unidos. Por supuesto, una mejor idea sería esperar a que Dinamarca se viera en crisis y entonces salir con una bolsa llena de dinero.

Pero la espera puede ser larga, y la paciencia, sin duda, no es el fuerte de Trump.


24 febrero 2026

Estados Unidos declara públicamente el retorno al brutal colonialismo occidental




Este artículo es continuación de:


En la anterior ponencia sobre la inoperabilidad de la Doctrina Monroe estadounidense quedó pendiente las recientes declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio y su directa advertencia de que su país volverá a controlar el mundo Occidental si es necesario mediante la fuerza, y ya lo ha hecho.

Pese a todo lo que se ha analizado de la mayor potencia mundial en el último siglo, gracias al control absoluto de las grandes corporaciones mediáticas (medios de desinformación masivo), la gran mayoría de gente sigue convencida de que los Estados Unidos es la fuente de la sabiduría y la democracia en el mundo, a pesar de tildar a Mr. Trump de ser un tirano, un dictador, un fascista, etc. 

Muchos otros seguirán esperando el final, el desplome del Imperio Americano. La gran implosión económica sería en este momento lo único que podría llevar a tal acontecimiento, olvídense eso de "guerra civil"; a pesar del terrible endeudamiento y crisis institucional que sufre la nación, el águila imperial estadounidense tiene mucho que decir e imponer. Estados Unidos seguirá sosteniéndose y batallando bajo el control de la misma élite financiera que forjó la nación y, como ave Fénix, resurgirá, no de las cenizas -a donde no ha llegado- sino a través de una nueva visión del Orden Mundial.

Es muy frecuente que nos preguntemos, ¿puede seguir manteniendo Estados Unidos el status de una superpotencia sin que sea una democracia? La pregunta sigue siendo de una absoluta inocencia. La democracia nunca ha sido obstáculo para que Estados Unidos y Europa impongan la brutalidad en sus relaciones con las demás naciones del mundo. Y, en el otro sentido, muchas dictaduras forjaron el despegue de sus naciones sin mencionar la palabra democracia, término amañado y violado en todo momento. Hoy, “democracia” no significa nada, salvo cuando se trata de atacar o destruir a alguien en nombre de eso que llaman principios “democráticos” y derechos humanos.

La pregunta correcta debería ser, ¿se aplicaría la lucha -en el sentido literal- por la democracia dentro de los propios Estados Unidos de América?

No es solamente el presidente Donald Trump quien está dando un giro autoritario a los Estados Unidos, lo han hecho muchos otros presidentes con menos propaganda y alardeo, sin shows mediáticos, entre bastidores. La historia nos presenta una larga lista de intervencionismo militar y golpes de estado en todo el mundo auspiciados por el Tío Sam. ¿Quién dijo que eso era antidemocrático? (quizá solo los trasnochados de la “izquierda radical”).

A nadie debería sorprenderle el hecho de que la gran potencia mundial -Estados Unidos- actúe abiertamente hoy como una dictadura. Necesita hacerlo porque ha perdido el respeto de unos cuantos “inadaptados” del mundo. Y, no, no va a perder, mucho menos va a ver destruida su legitimidad como líder global, seguirá liderando la democracia en el mundo, aunque ello signifique sembrar “democracia” a través del bombardeo, ni permitirá que ese factor sea causa para que otros abandonen el modelo “democrático”. 

Si no están de acuerdo con estas palabras, solo por un momento pregúntense si esto no está sucediendo en otro lugar, es decir, en la otra “democrática” y pacífica Unión Europea… Hace rato que Europa perdió todo valor de lo que podría considerarse democracia, Europa le dió el beso de la muerte a la democracia -afirmaba hace varios años un famoso politólogo francés-. Solo reina el falso discurso sobre la “paz”, para terminar armándose para la seguridad… por si acaso… Así que, no os preocupéis por los principios democráticos, los Estados Unidos no van a dejar de perder influencia por esa palabra vacía, sin sentido en la actualidad

El sistema que ha sostenido el Nuevo Orden Mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial simplemente se halla en revisión.

No quiero ser repetitivo, os invito a repasar un artículo reproducido hace poco en este blog: USA. ¿El Imperio contraataca?

Lo único que parecer ser cierto, y como moraleja, a los que se rasgan las vestiduras en contra de Trump y sus principios tiránicos, sin atreverse a nombrar a los rusos y chinos, es que Estados Unidos está reivindicando su supremacía militar. Y, aunque nos cueste aceptarlo, China, Rusia y Estados Unidos han pactado transformar el mundo aplicando el más clásico estilo de las famosas zonas de influencia. El continente Americano y el Hemisferio Occidental es para los Estados Unidos y paren de plantear cualquier otra teoría. ¿Y los europeos? A chingar a su madre… ¿Recuerdan a la Víctoria Nuland cuando la crisis ucraniana estalló en 2014?... “que se joda la Unión Europea!”

Los rezagos de la justicia estadounidense intentan “oponerse” a la “dictadura” de Trump en temas banales como la inmigración o los aranceles, banales en el sentido de que no pesan gran cosa en el rediseño del mundo impuesto por las superpotencias. Trump se molestó hace poco días porque le han negado imponer más aranceles a países desafectos, indignado vociferó por un reciente fallo de la Corte Suprema, que se le permite cortar todo comercio o negocio con un país, lo que significa que “¡puedo destruir el comercio, puedo destruir el país! Incluso se me permite imponer un embargo que destruya un país extranjero, ¡puedo embargar! Puedo hacer lo que quiera, ¡pero no puedo cobrar $1!”… Ironías de la “democracia” dentro de la “dictadura” de Trump.

Antes de dar paso a la ponencia central, volvamos con el retorno del Tío Sam a poner orden -mediante la patada y la bofetada- a los peones de su patio trasero. No quiero escribir más al respecto, las palabras suelen ser huecas, por lo mismo, ruego atender tranquilamente el mensaje del siguiente video.


¡CUBA SE RINDE FINALMENTE! —Díaz-Canel Traiciona a China _ Último Bastión Comunista CAE Para Siempre

Richard Wolff analiza en el video datos clave, alianzas ocultas y las consecuencias que van a transformar el equilibrio político en América Latina para siempre. La isla que durante décadas resistió sanciones, presiones y bloqueos ahora enfrenta su momento más crítico. ¿Está realmente cayendo el último bastión comunista del Caribe? El explosivo análisis desentraña las decisiones de Miguel Díaz-Canel que podrían marcar un antes y un después en la historia de Cuba. ¿Traición estratégica a China o jugada política para sobrevivir? Se analiza los movimientos diplomáticos, el impacto económico y el posible cambio de rumbo del régimen. El escenario internacional se reconfigura y las potencias observan cada paso con máxima tensión.

Muy interesante el planteamiento de Wolff, pero también muy fantasioso el futuro prodigioso que espera a Cuba…

T. Andino


II parte

El Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el regreso al brutal colonialismo occidental, y Europa lo aplaudió.


Jonathan Cook
Middle East Eye.
19 febrero 2026


En Múnich, Estados Unidos anunció su intención de aplastar toda oposición a su estatus permanente como líder imperial, incluso si eso significa destruir todo y a todos nosotros en el proceso.


El discurso del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, 14 de febrero de 2026, fue otra preocupante declaración de intenciones de la administración Trump. El objetivo explícito de la política exterior estadounidense, según Rubio, es resucitar el orden colonial occidental que persistió durante unos cinco siglos hasta la Segunda Guerra Mundial.

El colonialismo de la vieja escuela, impuesto por el hombre blanco, ha regresado sin complejos.


El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio junto al presidente Donald Trump (fotos de archivo)  


En el absurdo relato de Rubio, la colonización europea de gran parte del planeta y el saqueo de sus recursos fueron una era gloriosa de exploración, innovación y creatividad occidentales. Occidente trajo una civilización "superior" a los pueblos atrasados, manteniendo al mismo tiempo el orden global.

Reflexionando sobre la era anterior a 1945, observó: "Occidente se había estado expandiendo: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores, salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo".

Según Rubio, ese declive se aceleró por lo que desestimó como las "abstracciones del derecho internacional", establecidas por las Naciones Unidas en la inmediata posguerra. En la búsqueda de lo que él denominó con desdén "un mundo perfecto", estas nuevas leyes universales -que trataban a todos los seres humanos como iguales- solo sirvieron para frenar el colonialismo occidental.

Rubio olvidó mencionar que el propósito del derecho internacional era evitar el retorno a los horrores de la Segunda Guerra Mundial: el exterminio de civiles en campos de concentración y el bombardeo con bombas incendiarias de ciudades europeas y japonesas.

Durante su discurso, Rubio ofreció a Europa la oportunidad de unirse a la administración Trump para revivir "la era de dominio occidental" y "renovar la mayor civilización de la historia de la humanidad".

“Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza -la alianza que queremos- que no se deje paralizar por el miedo: miedo al cambio climático, miedo a la guerra, miedo a la tecnología", afirmó.

Sin paz, sin orden.

Sorprendentemente, Rubio fue recibido con un entusiasta aplauso durante todo su discurso por una audiencia compuesta por jefes de estado, políticos, diplomáticos y militares. Se dice que recibió una ovación de pie de la mitad de los asistentes.

Parecían absortos en el relato triunfalista de Rubio sobre el imperio, completamente ajeno a las realidades bien documentadas de la "dominación occidental", en particular sus brutales tiranías coloniales, sus genocidios a escala industrial y la esclavización masiva de las poblaciones nativas.

Estos no fueron episodios ni errores desafortunados en el pasado imperial de Occidente. Fueron parte integral de él. Fueron el medio coercitivo mediante el cual los pueblos colonizados fueron despojados de sus bienes y mano de obra para financiar el imperio.

También pareció ignorar otra desventaja del Occidente colonial, que fue evidente durante esos cinco siglos. La competencia despiadada entre los estados europeos, que competían por ser los primeros en saquear los recursos del Sur Global, condujo a guerras interminables en las que murieron tanto europeos como sus colonizados.

El imperio no garantizaba el orden, y mucho menos la paz. El colonialismo consistía en un robo sistematizado, y, como dice el refrán, rara vez hay honor entre ladrones.

En el mundo despiadado que precedió al derecho internacional, cada potencia colonial buscaba su propio progreso frente a sus rivales. Esto culminó en dos terribles guerras en la primera mitad del siglo XX que diezmaron a la propia Europa.

Como Rubio no comprende el pasado, su visión del futuro también es inevitablemente defectuosa. Cualquier intento de la administración Trump de restaurar abiertamente el dominio colonial occidental resultará suicida. Como veremos, tal empresa significaría la ruina para todos nosotros. De hecho, es posible que ya estemos muy avanzados en ese camino.




Músculos imperialistas

Hay una serie de fallas evidentes en el pensamiento de Rubio y la administración Trump.

Primero, la afirmación de Rubio de que Occidente abandonó el colonialismo hace unos 80 años es rotundamente errónea. Al final de la Segunda Guerra Mundial, las potencias coloniales de Europa, físicamente maltratadas y económicamente agotadas, pasaron la batuta del imperio a Estados Unidos. Washington no acabó con el colonialismo. Lo racionalizó y simplificó.

Washington continuó la tradición europea de derrocar a líderes nacionalistas e instalar en su lugar a clientes débiles y obedientes.

También sembró el mundo con cientos de bases militares estadounidenses para proyectar poder duro, al tiempo que explotaba las nuevas tecnologías globalizadoras para proyectar poder blando. Las zanahorias y los palos económicos, esgrimidos en gran medida fuera de la vista a través del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, incentivaron la sumisión a sus dictados por parte de los líderes no occidentales.

La libertad de maniobra de Washington se vio limitada principalmente por una potencia rival: la Unión Soviética, que armaba y subsidiaba a sus propios clientes. La Guerra Fría mantuvo al imperio estadounidense relativamente bajo control. Eso no fue "decadencia", como afirma Rubio. Fue simple pragmatismo: evitar la confrontación en una era nuclear que, por un paso en falso, podría conducir a la aniquilación global.

En los últimos 30 años, desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos ha ejercido su poderío imperialista de forma cada vez más agresiva: en la ex Yugoslavia, en Irak, en Afganistán, en Irak de nuevo, en Libia, en Siria y ahora -con la ayuda de su principal cliente, Israel- de forma más amplia en Oriente Medio, rico en petróleo, en Palestina, Líbano e Irán.

Mucho antes del primer mandato de Trump como presidente, los principales objetivos bipartidistas de la política exterior de Washington incluían presionar a Rusia, principalmente mediante la colonización progresiva de los antiguos estados soviéticos, y amenazar a China por Taiwán.

Al estilo típico de Trump, Rubio simplemente ha hecho explícito lo que ya estaba implícito. Estados Unidos ha sido una superpotencia imperial desde la década de 1940 y se ha vuelto cada vez más confrontacional en un mundo de recursos menguantes, donde disfruta de la ventaja de ser la única superpotencia militar. Rubio es simplemente más honesto que sus predecesores sobre la trayectoria de décadas de la política exterior estadounidense.

 



Espectáculo de terror.

Hay una buena razón por la que los "comunistas ateos" y sus sucesores obsesionados con Dios libraron "levantamientos anticoloniales" que finalmente no pudieron ser contenidos por el imperio occidental.

La élite colonial gobernante de Occidente había pasado siglos convirtiendo la vida en el Sur Global en un espectáculo de terror, ya sea mediante tiranías brutales, masacres o la trata de esclavos. Las poblaciones nativas ansiaban liberarse del "orden" impuesto por Occidente, razón por la cual, después de la Segunda Guerra Mundial, muchos recurrieron a la Unión Soviética comunista en lugar de a Estados Unidos en busca de apoyo.

En los últimos asentamientos coloniales clientes de Occidente -la Sudáfrica del apartheid hasta 1994 y el Israel del apartheid en la actualidad- hubo revueltas masivas sostenidas por parte de aquellos a quienes oprimían. Vivir bajo el régimen de la minoría blanca en Sudáfrica era peligroso y devastador si no se era blanco, al igual que vivir bajo un sistema de supremacía judía en Israel y la Palestina ocupada es peligroso y devastador si no se es judío.

Cabe destacar también que ambos regímenes de apartheid generaron movimientos de solidaridad global. La mayoría de las personas, incluso los occidentales, comprenden que oprimir a otro pueblo, negar su humanidad y su derecho a la igualdad, es profundamente injusto e inmoral. Esto no va a cambiar porque Washington tiene una visión neutra del colonialismo y el apartheid.

La lección de la historia es que cualquier intensificación del imperialismo estadounidense por parte de la administración Trump provocará una mayor resistencia. Esto ya debería estar claro para cualquiera que no haya estado dormitando durante los últimos 20 años.

Extorsión a Ucrania.

El presidente ruso, Vladímir Putin, fue criticado en Occidente cuando expuso la justificación geoestratégica para su invasión de Ucrania a principios de 2022. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, por ejemplo, acusó a Putin que se imaginaba a sí mismo como Pedro el Grande e intentaba restaurar el pasado imperial de Rusia.

Žižek citó como prueba un discurso pronunciado por Putin ante un grupo de jóvenes emprendedores en Moscú en junio de 2022, pocos meses después de la invasión. Putin declaró: «Cualquier país, cualquier pueblo, cualquier grupo étnico debe garantizar su soberanía. Porque no hay un estado intermedio: o un país es soberano o es una colonia, sin importar cómo se llamen las colonias».

El significado de Putin debería haber sido obvio en aquel momento, dado que durante más de dos décadas, varias administraciones en Washington habían incorporado a antiguos estados soviéticos a la OTAN -la alianza militar del imperio estadounidense- y ubicado bases militares cada vez más cerca de Moscú.

La promesa hecha por la OTAN en 2008 de permitir que Ucrania se uniera a la alianza en algún momento futuro solo podía ser interpretada por los líderes rusos de una manera: como una amenaza. De cumplirse, las ojivas nucleares de la OTAN estarían a minutos del Kremlin.

Putin estaba decidido a mantener la soberanía rusa y evitar convertirse en otra colonia intermedia del imperio estadounidense, como casi lo hizo bajo el régimen de su predecesor, Boris Yeltsin. El líder ruso rechazó el modelo europeo de entregar a Washington las llaves de sus recursos, economía y sistemas de defensa.

Sin duda, Putin observó con satisfacción la extorsión de Trump a Ucrania el año pasado, cuando el presidente Volodímir Zelenski se vio obligado a ceder la riqueza mineral de su país a cambio de la protección estadounidense. Fue una ilustración perfecta del argumento de Putin de que no hay estados intermedios en un mundo de política de poder desastrosa: o se es soberano o se es colonia de una potencia más fuerte.

Fue esa misma lógica la que motivó la decisión de Rusia de invadir Ucrania. Si en aquel momento era difícil de entender, ahora debería ser más fácil de comprender a la luz del discurso de Rubio. Dadas las ambiciones imperialistas de Washington, Ucrania iba a caer en la órbita geoestratégica de Estados Unidos, convirtiéndose en otro puesto de avanzada colonial para su maquinaria de guerra, a menos que Rusia obligara primero a su vecino a entrar en su propia órbita geoestratégica.

La nueva normalidad en Gaza.

La administración Trump está dejando clara su realpolitik: la eliminación genocida de Gaza es la nueva normalidad, al igual que el secuestro de líderes mundiales como el venezolano Nicolás Maduro. Los estados europeos están cada vez más nerviosos por el imperialismo descarado de Trump y lo que podría significar para ellos. La amenaza de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca fue una llamada de atención; según se informa, dominó las discusiones en la conferencia de Múnich.





En consonancia con la advertencia de Putin de hace cuatro años, los líderes europeos se afanan por considerar cómo podrían recuperar cierto grado de soberanía para detener su colonización irreversible por parte de Estados Unidos. Rubio intentó apaciguarlos invitando a Europa a unirse a Washington para resucitar el imperio occidental. La oferta fue un completo engaño. No se trata de un proyecto conjunto, como deberían haber comprendido cuando Trump introdujo los aranceles como un garrote para someterlos a una mayor servidumbre; cuando abandonó el apoyo a Ucrania, su proclamada defensa contra el "imperialismo ruso"; y cuando exigió la propiedad de Groenlandia.

Estas "traiciones" inspiraron un discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos el mes pasado. Allí, advirtió que el orden basado en reglas de 80 años de antigüedad era una "ficción agradable", una tapadera que permitía a los aliados de Estados Unidos beneficiarse de la hegemonía estadounidense "con bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para la resolución de disputas". Y por esa razón, los aliados de Washington habían conspirado para cometer el engaño: «Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o la víctima».

Era, dijo Carney, hora de dejar de «vivir en una mentira». Muchos asumieron que el líder canadiense expresaba, en nombre de aliados tecnocráticos en Europa como el británico Keir Starmer y el francés Emmanuel Macron, un nuevo compromiso con la transparencia y la honestidad como contrapeso a las violaciones de la ley estadounidenses en el extranjero.

Nada más lejos de la realidad, como lo demuestra la continua complicidad de Carney, Starmer y Macron en el genocidio de Gaza y su silencio ante las amenazas de Trump de lanzar una guerra de agresión contra Irán. El propósito del discurso de Carney en Davos era algo completamente distinto. La propia honestidad de Trump -su abierto desprecio por el derecho internacional y su entusiasmo por el imperialismo tradicional-amenaza con exponer su hipocresía al aprovecharse de la influencia estadounidense.

No han cambiado su forma de actuar. Simplemente quieren que Trump deje de desmantelar la fachada que construyeron para ocultar y embellecer su complicidad con el colonialismo estadounidense

Rubio volvió a detonar esas mentiras en Múnich. Cuando declaró el regreso al imperialismo declarado del más fuerte, la conferencia estalló en aplausos. Ursula von der Leyen, tecnócrata en jefe de la Comisión Europea, dijo sentirse "muy tranquilizada" por el discurso de Rubio, llamándolo "buen amigo".




Armagedón nuclear.

La mayor distracción en las declaraciones de Rubio fue su omisión de la verdadera razón por la que Occidente abandonó el colonialismo manifiesto tras la Segunda Guerra Mundial y construyó instituciones internacionales como las Naciones Unidas.

No se trató de una aceptación de la derrota ni del declive por parte de Estados Unidos, sino más bien de un reconocimiento de que, con el rápido desarrollo de arsenales nucleares por parte de las superpotencias tras la guerra, un sistema capaz de mediar en los peores excesos de poder se había convertido en una necesidad. Era la única esperanza de prevenir la competencia y la confrontación colonial temeraria que podrían desencadenar una Tercera Guerra Mundial que probablemente derivaría rápidamente en un Armagedón nuclear.

Nada ha cambiado en las últimas ocho décadas.

Rusia y China aún poseen grandes arsenales nucleares, y Moscú ahora cuenta con misiles hipersónicos capaces de transportar estas ojivas a velocidades sin precedentes. Aún no existe un mecanismo de seguridad que evite que los malentendidos degeneren rápidamente en ataques mutuos.

La naturaleza humana no ha cambiado desde la década de 1940; solo la arrogancia de una superpotencia decidida a impedir que grandes potencias como China o Rusia la desbanquen de su posición imperial. La amenaza de aniquilación nuclear no ha disminuido. Ha crecido exponencialmente a medida que las limitaciones de los recursos globales -aquellos necesarios para sostener el consumo occidental y el incesante "crecimiento económico"- presionan cada vez más a Estados Unidos para que abandone su máscara de guardián de valores superiores.

Rubio aprovechó la conferencia de Múnich para dejar al descubierto la nueva realidad: 

Washington ya no se mostrará tímido ni se regirá por límites. Estados Unidos está decidido a aplastar toda oposición a su estatus permanente de líder imperial, incluso si eso significa destruirlo todo, y a todos nosotros, en el proceso.


Jonathan Cook

Rubio declared a return to brutal western colonialism - and Europe applauded 

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