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20 diciembre 2020

JAPÓN: Ryoichi Sasakawa, un respetado criminal de guerra



 

por Denis Boneau

Viene de la primera parte


Fascismo y Filantropía

Líder de un partido fascista japonés, Ryoichi Sasakawa desarrolló un ejército privado para explotar Manchuria y Mongolia. Convicto de los peores crímenes durante la Segunda Guerra Mundial, no fue juzgado por los Aliados, sino reciclado por los Estados Unidos para luchar contra el comunismo. Con el apoyo de organizaciones criminales, los yakusas, tomó el control del Partido Liberal en el poder y se hizo de una de las mayores fortunas del mundo. Transformado en benefactor de la humanidad, financió una organización filantrópica que sirvió igualmente para aplicar sus concepciones políticas en los países del Tercer Mundo.


Ryoichi Sasakawa fichado como criminal de guerra clase A por las fuerzas aliadas después de la capitulación incondicional del Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Ryoichi Sasakawa fue encerrado en la prisión de Sugamo en las afueras de Tokyo.


Ryoichi Sasakawa nació en 1899 en Minoo, cerca de Osaka. Hace fortuna especulando en los mercados locales de arroz. En 1927 funda el Kokubosha (Sociedad de Defensa Nacional) y luego, en 1931, el Kokusui Taihuto (Partido de Masas de los Pueblos Patrióticos), dos formaciones ultranacionalistas. Así organiza un ejército de 15000 milicianos que participan en operaciones de saqueo en China, a veces en colaboración con el Kodama Kikan, una organización fascista dirigida por su amigo Yoshio Kodama.


Yoshio Kodama

Se trata oficialmente de controlar la producción y exportación de recursos estratégicos. Los «señores de la guerra» amasan así una considerable fortuna en Manchuria y Mongolia con el apoyo del gobierno imperial. Sasakawa y Kodama, gracias a sus ejércitos privados − Sasakawa llegará a crear una unidad aérea compuesta por una veintena de aviones y un aeropuerto en Osaka−, estafan a ricos comerciantes chinos y trafican opio por cuenta propia... Sasakawa será además detenido en 1936, acusado de haber organizado un sindicato del crimen en China, pero es rápidamente liberado.

Paralelamente a estas actividades mafiosas que se entrecruzan con la actividad de la diplomacia japonesa (1), Sasakawa trata de fortalecer su influencia en los medios políticos japoneses. En 1939, a fin de consolidar la alianza entre Japón e Italia, se reúne con Mussolini a quien describe con entusiasmo como el «perfecto fascista y dictador». Admirador del Duce, hace desfilar sus milicias uniformadas de negro.

 

Ryoichi Sasakawa y el Duce italiano, Benito Mussolini

En 1942 es electo a la Dieta, el parlamento japonés. Su programa, ultranacionalista y militarista, sirve a los intereses económicos de los «señores de la guerra», y consiste en exigir la intensificación de las operaciones bélicas en el sudeste asiático.

Al final de la guerra mundial, los «señores de la guerra» fueron encarcelados con los demás criminales «Clase A» en la prisión de Sugamo. Kodama y Sasakawa frecuentan a Nobusuke Kishi, futuro hombre clave del Partido Demócrata Liberal (2), y a Shiro Ishii, quien dirigiera los experimentos del Campo 731 (3). El partido Demócrata Liberal es un verdadero partido único que dirige Japón desde la derrota con el beneplácito de Washington. Los servicios secretos norteamericanos, en un informe de 1946, describen de la siguiente forma a los dos jefes fascistas: 


«[La] larga implicación [de Kodama] en las actividades ultranacionalistas, a veces violentas, y su capacidad para cohesionar a su alrededor a la juventud, hacen de él un hombre que seguramente representará un riesgo mayor para la seguridad. [Sasakawa] se presenta como un peligro potencial para el futuro de Japón (...). Es un hombre rico sin ningún escrúpulo en cuanto al uso de su fortuna (...). Puede cambiar de casaca para aprovechar una oportunidad» (4). La CIA le ofrece esta oportunidad al proponerle convertirse en combatiente de la Guerra Fría.


Un padrino yakusa combatiente de la Guerra Fría


Un yakuza (gángster) con un tatuaje de dragón corre para ayudar a su compañero, que lucha contra la policía. Gráfica de principios de los años 1900 (Wiki)

Los ultranacionalistas Sasakawa y Kodama constituyen sólidos baluartes para la reconstrucción de Japón que debe convertirse en la vitrina asiática de la economía de mercado. El general Willoughby, responsable de los servicios secretos norteamericanos, recluta esbirros en la prisión de Sugamo.

Kodama tiene gran experiencia en el espionaje: sus actividades en Manchuria no se limitaron al saqueo, sino que igualmente organizó un eficaz servicio de espionaje que pasó importantes informaciones al ejército imperial. Saskawa, por su parte, dirige un ejército privado compuesto por experimentados soldados entre quienes los servicios secretos norteamericanos reclutarán informantes, rompehuelgas y «agentes secretos».

 

El ex criminal de guerra, que considera su estancia en Sugamo como «vacaciones ofrecidas por el buen dios» es liberado en 1948 junto a sus compañeros Shiro Ishii y Yoshio Kodama. A cambio de la impunidad, los criminales «Clase A» ponen sus redes políticas, militares y mafiosas al servicio de la lucha contra el comunismo que lleva a cabo los Estados Unidos en Japón y el Sudeste Asiático.

 

Ryoichi Sasakawa, quien recibe el apodo de Korumakuel hombre de la sombra») se convierte entonces en un actor decisivo en la reconstrucción de Japón. Con su amigo Kodama financia el Partido Demócrata Liberal. En varias ocasiones influye en la elección del Primer Ministro (apoya a Sato en el 64 y a Kakuei Tanaka en el 72). Sus contactos políticos le permiten aumentar su fortuna. Así, en 1959, gracias a su ex compañero de Sugamo, el primer ministro Nobusuke Kishi (5), es nombrado presidente de la Federación de Organizadores de Carreras de Lanchas, que depende del Ministerio de Transportes.

En 1994 la Federación declara un volumen de negocios de 2.000 mil millones de yenes de los que el 3,2% depende totalmente de Sasakawa (6). Paralelamente a sus actividades oficiales, Sasakawa prosigue su carrera de yakusa ultranacionalista. En 1954 se une al Butoku kai (Asociación de las Virtudes Marciales), un grupo de presión militarista y fascistoide que incluía a varios «Clase A», especialmente al ex director de la Mitsubishi, importante compañía de fabricación de municiones y al primer ministro Yoshida Shigeru. Apoya igualmente a organizaciones anticomunistas como Nihon goyu renmei, un grupo de veteranos de la Segunda Guerra Mundial, así como a la federación Zen-ai kaigi.

El Korumaku (Sasakawa) rompe huelgas y hostiga a los oponentes políticos gracias a sus milicias cuya existencia nunca se da a conocer. Sasakawa pretende ser la cabeza de un ejército de ocho millones de hombres. En todos los casos preside numerosas asociaciones que sirven de cobertura a sus actividades mafiosas. Sus clubes de karate y de danza del sable comprenden a más de 3.500.000 miembros y dirige igualmente grupos explícitamente fascistas como la Federación Internacional para la Victoria sobre el Comunismo (IFFVOC) que declara 160.000 miembros. Este ejército hace de Sasakawa uno de los yakusas más respetados de Japón. Él y su amigo Kodama dominan el universo mafioso y solucionan los diferendos entre las pandillas rivales (7).

Por otra parte, a partir de 1963, Sasakawa se convierte en el principal consejero del Reverendo Sun Myung Moon. Estimula la expansión de la Iglesia de la Unificación (secta moon) (8). Con Moon y Chang Kai Chek funda la Liga Anticomunista Mundial (WALC), resultado de la fusión entre la Liga Anticomunista de los Pueblos Asiáticos (APALC) y el Bloque de las Naciones Antibolcheviques (ABN). La organización, que reúne a facciones extremistas de los servicios secretos norteamericanos, surcoreanos y taiwaneses está por detrás de intervenciones militares en América del Sur y Asia (9).

Sasakawa facilitó el golpe de Estado contra el líder indonesio Sukarno y apoyó al dictador filipino Marcos por medio de una asociación de ayuda mutua (10).


La filantropía según Sasakawa

La influencia política de Ryoichi Sasakawa, conjugada con sus actividades mafiosas, le permitieron construir un colosal imperio con el consentimiento de las autoridades norteamericanas. Así, se enfrascó en una carrera filantrópica, invirtiendo parte de su botín en una fundación, la más rica antes de la poderosa Fundación Ford. Quien se enorgullecía de ser «el fascista más rico del mundo» no ocultó nunca su deseo de obtener, como su amigo Jimmy Carter, el Premio Nobel de la Paz, pero tuvo «que conformarse» con el Helen Keller International Award, el Linus Pauling Medal for Humanitarism y la Medalla de la Paz concedida por las Naciones Unidas.


El papa Juan Pablo II y Ryoichi Sasakawa. Sasakawa fue un benefactor de la Santa Sede. El dinero no tiene olor.


El presupuesto de la Fundación hace olvidar el pasado oscuro de su fundador y atrae a numerosos dirigentes de organizaciones internacionales, con frecuencia vinculados a las Naciones Unidas, deseosos de obtener fondos para financiar sus proyectos. El premio de las Naciones Unidas para el medio ambiente, el premio Sasakawa para la salud y el premio de las Naciones Unidas para la prevención de catástrofes dan fe de los esfuerzos del padrino yakusa.

En febrero de 1978, por medio de su fundación para la industria de construcción naval, transfiere medio millón de dólares a la ONU y, en 1979, un millón a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), convirtiéndose así en el más importante mecenas de las instituciones de la ONU. Sin embargo, esta generosidad presenta otra cara. El clan Sasakawa (Ryoichi y sus tres hijos) pretende controlar las organizaciones que reciben sus donaciones.

En 1999, cuando la elección de un letrado egipcio al frente de la UNESCO parecía un hecho consumado, representantes africanos votan contra su candidato y aseguran la elección del diplomático japonés Matsuura. Todo parece indicar que la Fundación Sasakawa prometió «donaciones» a cambio de los votos de los delegados africanos. En 1993 y 1996 dos informes internos de la ONU ponían ya en evidencia las irregularidades en la elección de otro japonés poco escrupuloso, Hiroshi Nakajima (11), al frente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (12).


El presidente estadounidense Jimmy Carter corriendo con Ryoichi Sasakawa quien fue su principal fuente de financiamiento para sus programas y campañas políticas post-presidenciales.

 

Una vez más, el clan Sasakawa es acusado de organizar la corrupción. Nakajima, en reconocimiento, hace erigir una estatua de su bienhechor Sasakawa en el lobby de la OMS en Ginebra. La poderosa fundación nipona, principal donante privado de la OMS, sabe hacerse indispensable: en 1996 deposita 10 millones de dólares destinados a un programa para el combate a la lepra (13).

La Fundación Sasakawa copatrocina igualmente, con la Fundación Jimmy Carter, el «Sasakawa-Global 2000», un programa agrícola destinado a unos diez países de África (14). Una profunda amistad entre el ex presidente de los Estados Unidos y el padrino nipón es el origen de esta colaboración filantrópica. En Francia, una «filial» de la Fundación fue declarada de utilidad pública en 1990. La misma financia el Instituto de Asia Oriental de Lión (15), el Festival de Aix en Provence, el museo Guimet, conciertos del Teatro Chatelet y actividades vinculadas al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS).


El ex presidente peruano de origen japonés implicado en graves crímenes se refugió en Japón tras dejar el poder, pero habría que precisar más exactamente que es el núcleo político de la Cancillería japonesa quien lo protege. (Póster de la Organización de Derechos Humanos del Perú).


¿Quién protegía a Alberto Fujimori?

Recientemente la Fundación Sasakawa estuvo implicada en el escándalo de la esterilización forzosa de 300 mil mujeres peruanas (16). El ex presidente Alberto Fujimori está actualmente refugiado en Japón (NdelE. el artículo original data de enero del 2005), mientras las autoridades peruanas tratan en vano de que sea extraditado a fin de juzgarlo por «crímenes de lesa humanidad». Alberto Fujimori es acusado de haber organizado el Grupo Colina, un escuadrón de la muerte responsable de la eliminación de miembros de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso (17).

Los diputados peruanos sospechan también que haya planificado la esterilización de mujeres indias. Entre 1995 y 2000, según informe de una comisión parlamentaria, 331.600 mujeres fueron esterilizadas y a 25.590 hombres se le practicó al vasectomía. Esta campaña, destinada a pacificar focos opositores indios y a satisfacer al FMI, que incluye entre sus criterios exigencias de control demográfico (18), fue financiada principalmente por la Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional (USAID) y por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población.

La Nippon Zaidan, una de las organizaciones anexas a la Fundación Sasakawa, también aportó fondos para esta vasta operación de inspiración maltusiana. Su presidenta, Ayako Sono, es el principal apoyo de Alberto Fujimori, quien obtuvo la nacionalidad japonesa para escapar a la justicia peruana. Todo parece indicar que la Fundación Sasakawa mantiene sólidas relaciones en el seno del gobierno japonés y participa activamente en operaciones «secretas» en América Latina.


Yohei Sasakawa


Ryoichi Sasakawa murió en 1995 sin haber obtenido el codiciado Premio Nobel de la Paz. Sus tres hijos lo remplazan al frente de la poderosa Fundación Sasakawa y continúan los negocios sin romper con las redes y prácticas del padre. Yohei es el presidente de la Fundación (19): preside el consejo de administración de la filial francesa y se ha reunido en varias ocasiones con el amigo de la familia Jimmy Carter. Takashi mantiene relaciones con el hampa y ha tratado de comprar el Shelburne Hotel Casino de Atlantic City a fin de implantarse en el medio del juego de los Estados Unidos (20).


La Fundación Sasakawa, demasiado «generosa» para ser amenazada, cubre aún actividades mafiosas y operaciones diplomáticas con objetivos inconfesables.


Denis Boneau

enero 2005 / Red Voltaire


ANEXO


Busto en honor a Ryoichi Sasakawa en la sede mundial de la Organización Mundial de Salud (OMS)


En la sede la Organización Mundial de Salud (OMS) existe un pequeño monumento a la memoria de Ryoichi Sasakawa criminal de guerra japonés durante la Segunda Guerra Mundial. En la placa grabada se puede leer en inglés: «A friend of the World Health Organization». También existe el Premio Sasakawa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas.



Notas:

1. Contrariamente a las tesís de la historiografía(*) estadounidense, la Segunda Guerra Mundial no dura de 1941 a 1945, ni tampoco como lo pretende la historiografía europea, es decir, de 1939 a 1945, sino de 1931 al 17 de agosto 1945. Esta no comienza en Euopa con la invasión de Polonia por las tropas del Reich de Adolf Hitler en septiembre 1939, sino en la frontera asíatica. En 1931, el Japón invade la provincia china de Manchuria. La China era considerada hasta entonces como una propiedad de las grandes potencias coloniales europeas, Gran Bretaña, Francia y la URSS principalmente. La toma de Shangai por el ejército imperial en 1937 y, la alianza de Tokyo con la Italia facista y la Alemania nazi en 1936-37, colocaron al Japón como miembro de las fuerzas del Eje. Una participación que fue confirmada por el ataque japonés a la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre 1941. La guerra terminará con la capitulación incondicional del Japón.

(*) Historiografía: Estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias. Arte de escribir la historia. Dic.de la lengua española. Real academia.

2. Nobusuke Kishi llegó a ser Primer Ministro en 1957 gracias al apoyo de Yoshio Kodama y de Ryoichi Sasakawa.

3. El regimiento 731 del ejército imperial japonés se instaló en la ciudad china de Harbin en 1931. El campo de prisioneros de Harbin sirvió como laboratorio de experimentación sobre seres humanos. Los científicos japoneses utilizaron a los prisioneros chinos y a partir de 1942 a prisioneros estadounidenses y soviéticos, a fin de determinar si la resistencia a ciertas enfermedades mortales dependían de la «raza» de los individuos contaminados. Tres mil seres personas sirvieron como conejillos de indias y murieron horriblemente a consecuencia del tifus, de la peste, de cólera, de sífilisen las expericencias del Mengel japonés cuyo verdadero nombre era: Shiro Ishii. Cuando el Ejército Rojo soviético liberó Harbin, los últimos «humanos de laboratorio» sobrevivientes fueron gazeados y los japoneses intentaron borrar toda huella de dichas experimentaciones del campo 731. Shiro Ishii regresó al Japón. Los servicios secretos estadounidenses le ofrecieron la libertad a cambio de que entregara los conocimientos de sus investigaciones en Harbin. Shiro Ishii muere tranquilamente en 1959, sin haber sido nunca molestado por su pasado.

4. Scott Anderson, Jon Lee Anderson, Inside the League, The schocking exposé of how terrorists, nazis and latin american death squads have infiltred the World anti-communist league, editorial Dodd, Mead and Company, New York, 1986.

5. Ibid, p. 63.

6. Philippe Pons, «Japon, La richissime fondation Sasakawa est mise en cause par le Parlement», diario francés Le Monde, miércoles 15 de junio de 1994.

7. Fabrizio Calvi, Olivier Schmidt, Intelligences secrètes, Annales de l’espionnage,(Inteligencia secreta, anales del espionaje) Hachette, Francia, 1988, p. 261-262.

8. Ver «Révérend Moon, le retour», texto en francés, Voltaire, 26 de marzo de 2001.

9. Ver: «La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen», Red Voltaire, 20 de enero de 2005.

10. Jeffrey M. Bale, «Privatising covert action: the case of the Unification church», Lobster, mayo de 1991.

11. A raíz de su elección como director de la OMS, el doctor Nakajima es detenido en la frontera rusa, en posesión de íconos robados, e inculpado de tráfico de obras de arte.

12. Thierry Meyssan, «Le bon docteur Nakajima», Exit le journal, 12 de febrero de 1994, y Serge Garde, «L’odeur du Yen», L’Humanité, martes 8 de octubre de 2002.

13. «Organisation mondiale de la santé, scandales et gabegie», (Organización Mundial de la Salud, escándalos y engaño)revista francesa Le Point, No.1334, 11 de abril de 1998.

14. Serge Garde, «Un parfum de corruption» (Un perfume de corrupción), diario francés L’Humanité, martes 14 de octubre de 2003.

15. En marzo de 2002, un investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), Philippe Pelletier, renunció por denunciar el financiamiento de la Institución por la Fondation Sasakawa, acción que sólo suscitó indiferencia por parte de las autoridades francesas. El director de la filial francesa, Tominaga, declaró no conocer nada de las actividades de Ryoichi Sasakawa. Serge Garde, «L’odeur du Yen», op.cit.

16. Serge Garde, «Pérou, imposture du programme de contrôle des naissances, 300.000 femmes stérilisées en quatre ans», (Perú, impostura del programa que controla los nacimientos, 300.000 mujeres esterilizadas en cuatro años) diario francés L’Humanité, martes 3 de diciembre de 2002.

17. Ver «Las mafias contraatacan», por Herbert Mijica Rojas, Red Voltaire/IPI, 3 de enero de 2003.

18. Françoise Barthélémy, «Une politique d’État froidement élaborée, Stérilisation forcée des indiennes du Pérou» (Una política de Estado friamente elaborada, la esterilización forzada de mujeres indias en Perú), mensual francés Le Monde diplomatique, mayo de 2004.

19. En 1994, el diario Mainichi publicó la lista de unos cien funcionarios retirados que recibieron dinero (7 300 millones de yenes anuales) por parte de la Fundación Sasakawa.

20. Fabrizio Calvi, Olivier Schmidt, Intelligences secrètes, op. cit., p. 262.

13 diciembre 2020

JAPÓN: Yoshio Kodama, el yakusa de la CIA

 


por Denis Boneau


Después de la segunda conflagración mundial, los EEUU utilizaron tanto en Europa como en Asia, a criminales de guerra prisioneros para reconstruir y controlar los países que ellos ocupaban pero sobre todo para utilizar las experiencias críminales de éstos en la lucha anticomunista. En Japón, el general MacArthur permitió que Yoshio Kodama gozara de la inmensa fortuna que adquirió saqueando China. Este nacionalista yakusa emplazó a sus hombres en todos los sectores claves del país, transformando las nuevas instituciones democráticas en simples fachadas. Con mano de hierro, veló por el respeto de la línea atlantista (OTAN) hasta el momento de su caída, durante el escándalo de la Lockheed, a finales de los años 70.


Kodama a la salida del tribunal, en enero de 1984, luego de su única comparencia por el escándalo de la Lockheed


Después de la capitulación de Japón, el 14 de agosto de 1945, los principales jefes ultranacionalistas responsables de la militarización del país son arrestados por las autoridades militares estadounidenses del general MacArthur, nuevo amo del imperio vencido. La purga dura poco pues, en el contexto de la guerra fría, los ocupantes tienen la intención de convertir a sus antiguos enemigos en actores de la reconstrucción del país. Los criminales de guerra van a convertirse en los principales artífices de la «democracia» nipona.

La trayectoria política de Yoshio Kodama, del ultranacionalismo a la CIA, revela las estrategias de los servicios secretos estadounidenses que actúan en Japón mediante jefes de bandas yakusas.


Del fanatismo ultranacionalista al saqueo de China

A fines de los años 1920, Yoshio Kodama se une a la Sociedad del Océano Negro (Genyosa), grupo ultranacionalista fundado en 1881 por el carismático Mitsuru Toyama (1). La organización aporta a grandes empresas mineras e industriales rompehuelgas y guardaespaldas, generalmente yakusas miembros de las bandas que controla Toyama. Los objetivos políticos de la Genyosa son, por un lado, el restablecimiento de los valores tradicionales que encarna el Emperador y, por el otro, la militarización del país.


Tōyama Mitsuru (1855 - 1944. En este nombre japonés, el apellido es Tōyama). Ultranacionalista y derechista japonés fundador de Genyosha (Sociedad del Océano Negro) y Kokuryukai (Sociedad del Dragón Negro).Tōyama fue un firme defensor del panasiático (Gran Esfera de Co-Prosperidad de Asia Oriental).


Para Toyama, la misión de su país es dominar el continente asiático («el océano negro» designa los tres pasos que unen Japón, China y Corea). Prontamente apoyada por la Sociedad del Río Amur -más conocida con el nombre de Dragón Negro y fundada por el brazo derecho de Toyama, Ryohei Uchida- la organización trabaja en estrecha colaboración con los servicios secretos japoneses proveyéndoles informaciones recogidas por redes de espías establecidos en Manchuria y Corea. Pero las actividades de la Sociedad no se limitan a misiones de inteligencia.

En 1895, el ministerio de la Guerra acude a la Genyosa y esta envía a Corea un equipo de ninjas encargado de provocar un incidente -el asesinato de la reina- para justificar la invasión japonesa. Vínculo entre la tradición samurai y el militantismo moderno, la Sociedad del Océano Negro adiestra a numerosos yakusas, entre los cuales se encuentra el joven Kodama, que tendrán la ocasión de ejercer sus talentos como jefes guerreros, sobre todo en Manchuria.


Fotografía de 1929, la Sociedad del Dragón Negro. Mitsuru Toyama (con barba en primera fila) y Yoshio Kodama (también en primera fila, segundo de derecha a izquierda)


En 1929, Yoshio Kodama se une a la Asociación de Fundadores de la Nación (Kenkoku kai), organización mafiosa notoria por sus métodos violentos (2). Trata de acercarse al emperador Hiroito, acción que le cuesta seis meses de prisión. Al salir de la cárcel, crea su propio grupo, la Sociedad de la Juventud por la Independencia (Dokuritsu Seinen Sha) y, en colaboración con la Sociedad para la Acción Celeste (Tenko kai), prepara un amplio programa de asesinatos de ministros, entre ellos el del primer ministro, el almirante Saito (1934). Es arrestado y encarcelado en la penitenciaría de Fuchu hasta 1937.

Al salir de prisión, Kodama se incorpora al ejército japonés y se convierte después en un eficaz agente del servicio de inteligencia del ministerio de Relaciones Exteriores. De 1939 a 1941, mientras que las tropas japonesas ocupan parte de China, Kodama dirige un grupo de espías manchúes (3). Gracias a los contactos establecidos en Manchuria, es autorizado a abrir en Shanghai la Agencia Kodama (Kodama kikan) que le permitirá amasar una enorme fortuna en pocos años. Oficialmente la agencia provee materias estratégicas a Japón.


Propaganda japonesa durante la guerra sino-japonesa

Gracias a esa cobertura, Kodama saquea los recursos chinos, con la ayuda de otros grupos armados como la milicia fascista de Ryoichi Sasakawa (4), trafica con opio y supervisa el tráfico de armas (5). En 1945, el Kodama kikan acumula fondos evaluados en 175 millones de dólares en platino y diamantes. Fruto de cuatro años de saqueo, esa fortuna le ha permitido financiar en Shanghai, a cambio de la aprobación de las autoridades japonesas, la Kenpei tai, una policía secreta (6).

Al final de la guerra, Kodama regresa a Japón y se convierte en el principal consejero del primer ministro, el príncipe Higashikuni (7). Lógicamente, en 1946 es arrestado por las autoridades estadounidenses y encarcelado en la prisión de Sugamo.


MacArthur recluta a los criminales de guerra



En Washington, sin embargo, el debate se centra en el peligro soviético. Incluso antes de que el presidente Truman tome la decisión final, la CIA se prepara para combatir la URSS reclutando a los cuadros del Eje. En Europa, James J. Angleton, a la cabeza de la unidad X-2, recicla fascistas y nazis. En Asia, el general Willoughby hace lo mismo con los imperialistas nipones en el marco del G-2.

En Sugamo, 250 prisioneros de guerra esperan juicio. Entre ellos está Yoshio Kodama, considerado con toda justeza como «criminal clase A». Los servicios de inteligencia del ejército de ocupación, el G-2 dirigido en Japón por el general Charles Willoughby, establecen sobre Yoshio Kodama un retrato especialmente perspicaz: "Kodama es un hombre doblemente peligroso.

Su largo y fanático compromiso con las actividades ultranacionalistas caracterizadas por la violencia y su influencia en la juventud hacen de él un hombre que representaría, en libertad, una grave amenaza. Además, todo indica que su estrecha cooperación con el empeño japonés en la guerra le ha permitido adquirir una gran fortuna que le permitiría financiar cualquier tipo de actividad. Podría, por consiguiente, convertirse en uno de los grandes artífices de la reconstrucción de Japón".

En vez de juzgar a Kodama, el G-2 prefiere proponerle un trato: liberarlo si acepta cooperar. MacArthur (8), nombrado comandante supremo de las fuerzas aliadas (SCAP), planea, conforme a las directivas de Truman, hacer de Japón un bastión del intervencionismo estadounidense en el sudeste asiático.

En un primer tiempo, el general realiza una campaña de limpieza política de la que son víctimas los miembros de ciertas sociedades ultranacionalistas, como la Sociedad del Dragón Negro o la Sociedad de la Virtud Militar (Butokukai), considerados responsables de la militarización de Japón. Pero, a partir de 1947, cuando se establece la teoría estratégica del containment (9), abandona ese proyecto y trata de convertir a sus enemigos, y sus fortunas, en los pilares de la reconstrucción de Japón


Solamente 28 acusados son condenados durante el juicio de Tokio, equivalente japonés del proceso de Nuremberg que, teóricamente, debía sacar definitivamente de la escena política a los ultranacionalistas nipones.


La mayoría de los criminales «clase A» son liberados después de haber pasado apenas dos años de prisión en Sugamo. Ryoichi Sasakawa dirá posteriormente de su estancia en Sugamo que fueron «unas vacaciones ofrecidas por dios». No será Yoshio Kodama, uno de sus compañeros de celda, quien lo contradiga. Los años de prisión le permitieron escribir dos libros -Yo fui vencido y Diario de Sugamo- y entrar en contacto con otros criminales de guerra «clase A» quienes jugarán un papel decisivo en la reconstrucción, bajo la dirección de Estados Unidos, de la democracia japonesa.

Kodama se relaciona con el futuro primer ministro Nobusuke Kishi, ex-ministro de Municiones del gobierno de guerra del general Tojo. Al liberarlo, el G-2 convierte a Kodama en un agente especialmente poderoso. Antes de ser arrestado Kodama había confiado su inmensa fortuna a otro líder de la extrema derecha, Karuko Tsuji. El botín de guerra será invertido en la fundación de un gran partido de derecha, el Partido Liberal que, al fusionar en 1955 con el Partido Demócrata, se convertirá en el Partido liberal demócrata, organización política que dirigirá Japón durante medio siglo.


El mayor general Charles Willoughby, G2 del Comando del Lejano Oriente.


El principal artífice de esta alianza entre los yakusas y la diplomacia secreta de Estados Unidos es un colaborador cercano de Douglas MacArthur, el responsable del G-2, Charles Willoughby. Este oficial de origen prusiano (su verdadero nombre es Adolf Tscheppe-Weindenbach) sirvió en Filipinas y tiene mucho en común con los ultranacionalistas japonses. Fascista notorio, estableció en Manila estrechos contactos con los falangistas españoles. Después de la guerra, se convertirá en uno de los consejeros del general Franco; apoyará, en Estados Unidos, la campaña anticomunista de Joseph MacCarthy; se relacionará con personalidades de extrema derecha, como Haroldson Hurt, John Rousselot, Billy James Hargis, y colaborará en el periódico The American Mercury.

Willoughby de 1946 a 1948 organiza en Sugamo el reclutamiento de hombres encargados de luchar activamente contra el comunismo. En el contexto de la posguerra, los servicios secretos estadounidenses prefieren por consiguiente la colaboración con los nacionalistas responsables de la agresión japonesa (10). Willoughby recluta al general Seizo Arisue, ex-jefe de la inteligencia del Estado Mayor; a Ryoichi Sasakawa, jefe de una milicia fascista; a Nobusuke Kishi, colaborador cercano del general Tojo y a Yoshio Kodama.


Fichas de los convictos en la prisión de Sugamo para criminales de guerra: Yoshio Kodama, Ryoichi Sasakawa, Nobosuke Kishi


El G-2 quiere que Kodama reactive sus redes, en Japón, para luchar contra los sindicatos de izquierda y, en Manchuria, para montar operaciones de espionaje. En 1949, los servicios secretos le piden que acabe con los sindicatos en las minas de carbón.

Los rompehuelgas dirigidos por Kodama fracasan ante los decididos mineros. El G-2 acude más tarde a él para realizar en China una operación que consiste en enviar a Shanghai un barco-espía como si fuera un simple mercante. Desconfiados, los chinos interceptan la nave. A pesar de estos dos primeros fracasos, el G-2 le confía una nueva misión. Kodama recibe 150.000 dólares para el transporte de un cargamento de tungsteno proveniente de China. Nuevo fracaso. Kodama tendrá más suerte en la política.


La «democracia» bajo el control del hampa

Desde 1954, Kodama prepara la creación del gran partido conservador. Él mismo es uno de los miembros del comité de grandes electores que elige a Ichiro Hatayoma, quien se convierte en primer ministro en 1954. Paralelamente mantiene los contactos con sus amigos yakusas, entre ellos Haroko Tsuji e Hisayuki Machii, quienes controlan los clubes nocturnos de Ginza, y con sus aliados ultranacionalistas, como Bin Akao, apodado el «Hitler japonés». En 1955, el Partido demócrata liberal, resultado de una fusión cuyo principal artesano no es otro que Nobusuke Kishi, es creado mayormente gracias al dinero de los criminales de guerra reclutados por el G-2.

A fines de los años 50, Kodama retoma contacto con los servicios secretos estadounidenses. La batalla del Ampo (11) le abrirá una posibilidad de reunir las diferentes bandas de Tokio en una sola organización anticomunista. En 1967, su amigo Nobusuke Kishi (12), después de haber ocupado el puesto de secretario general del PLD, se convierte en primer ministro y comienza a recompensar a sus amigos de siempre.

El yakusa Ichiro Kono, miembro de la Dieta, es nombrado ministro de Agricultura mientras que el monopolio de la gestión de las apuestas en las carreras de lanchas con motor fuera de borda es entregado a Ryoichi Sasakawa. Durante la misma época, Kodama participa en la creación de la Liga Anticomunista de los Pueblos de Asia (People’s Anti-Communist League, APACL) que dará lugar a la aparición de la Liga Anticomunista Mundial (World Anti-Communist League, WACL) (13).

En 1960, cuando los pocos movimientos de izquierda que aún existen tratan de oponerse a la ratificación de un nuevo tratado de seguridad que autorizaría a Estados Unidos instalar armas atómicas en territorio japonés (14), Kishi recurre a Kodama para mantener a raya el Consejo del Pueblo Contra la Revisión del Tratado de Seguridad (Ampo). A pesar de la oposición, Kishi fuerza la ratificación del tratado impidiendo que los socialistas tengan acceso al parlamento. Pero, el juego no se ha terminado aún. Falta asegurar un digno recibimiento al presidente Eisenhower, «sin quedar mal».

Para ello Kishi proyecta contratar yakusas para contener al Ampo. Yoshio Kodama organiza la intervención del hampa reuniendo por primera vez a los principales padrinos de Tokio: Kakuji Inagawa, jefe del Kinsui-kai; Yoshimitsu Sekigami, patrón del Kinsui-kai y Kinokuse Ozu. La misión de estos será combatir, junto a veteranos de la Segunda Guerra Mundial, a los militantes del Ampo. Yakusas y ultranacionalistas convierten las manifestaciones en verdaderas batallas.


Los años 60 fueron la viva imagen de la protesta estudiantil y trabajadora de izquierda por el mundo. En la imagen, Japón, el Zengakuren y Zenkyōtō fueron movimientos estudiantiles japoneses protagonistas de la política, se oponían al tratado de seguridad entre Japón y los EEUU, a la guerra de Vietnam y en principio pedían libertad académica y reformas en la educación universitaria, aún permanecen en la memoria de la historia (nota del editor del blog).


El 15 de junio de 1960, estudiantes miembros del Ampo se reúnen ante el parlamento. La carga de las tropas de choque deja varios heridos y una estudiante muerta. Nobusuke Kishi se ve obligado a dimitir y se cancela la visita de Eisenhower. Pero, para satisfacción de los halcones estadounidenses, el sucesor de Kishi mantiene el tratado de seguridad.

Kishi se ve momentáneamente marginado a causa del fracaso, que permite sin embargo a Kodama aumentar su control sobre las bandas. Participa activamente en la fundación de la Zen ai kaigi (Consejo General de Organizaciones Patrióticas), legado directo de la batalla del Ampo, y después trata, en 1963, de reunir todas las bandas en un grupo político único, el Kanto-kai, cuyo objetivo oficial es la lucha contra el comunismo.

A pesar de la habilidad del padrino, su proyecto enfrenta la hostilidad de Kazuo Taoka, el jefe de la banda de Osaka. La unión planteada por Kodama es dirigida por Kakuiji Inagawa y reúne finalmente siete bandas, sin salir de los límites de Tokio. En poco tiempo, los conflictos entre las bandas provocan la ruptura de la alianza. El Kanto-kai se disuelve en 1965. Este fracaso no reduce la considerable influencia de Kodama sobre el hampa japonesa. A menudo, junto a su amigo Sasakawa, Kodama sirve de árbitro en las guerras entre bandas.


Ryoichi Sasakawa y Yoshio Kodama, dos compadres del crimen organizado al servicio de la política japonesa, de la CIA y los Estados Unidos, luciendo como elegantes caballeros luego de su pasado de criminales de guerra.

El escándalo Lockheed: la CIA desenmascarada

El escándalo Lockheed revelará, en 1967, los lazos de Kodama con la CIA. Todo comienza en 1957, cuando John Kenneth Hull, representante de la firma Lockheed, se instala en Japón con el objetivo de vender al ejército el avión de combate Startfighter. Al principio, se pone en contacto con Taro Fukuda, amigo personal de Kodama (se conocieron en Manchuria).

En 1958, Kodama hace un trato con Lockheed. Su papel consiste en utilizar sus relaciones para que la Agencia Nacional de Defensa nipona se decida por el caza Startfighter en vez del Grumman F-11F. Kodama recurre a sus dos aliados más importantes: Nobusuke Kishi, a la sazón primer ministro, y Bamboku Ohno, vicepresidente del Partido liberal-demócrata. La operación es un éxito. En total, Lockheed logra vender 230 Startfighters.

La firma se dirige de nuevo a Kodama para vender su nuevo avión civil de transporte, el Tristar L-1011. Kodama recurre esta vez a su amigo Kenji Osano, familiar del ministro de Comercio Exterior e Industria, el futuro primer ministro Kakuei Tanaka. También obtiene de Sasakawa el silencio de las asociaciones de vecinos. A su llegada al cargo de primer ministro, Tanaka acepta el trato de Lockheed, que vende así varias decenas de Tristar. Kodama recibe más de 3 millones de dólares por los servicios prestados. Otras ventas le reportan 9 millones de dólares.


Kakuei Tanaka

Este caso de corrupción saca a la luz las actividades de la CIA en Japón. En efecto, el envío secreto de fondos se hizo a través de corredores monetarios especializados al servicio de la CIA. La firma newyokina Deak and Company, fundada antes de la Segunda Guerra Mundial por Nicholas Deak, emigrante húngaro reclutado por el Office of Strategic Service (OSS), garantizó el traslado «discreto» de los capitales de Suiza a Japón. No es sorprendente que, al estallar el escándalo de la Lockheed, Henry A. Kissinger declare que la divulgación de todos los elementos del caso perjudicaría la seguridad nacional estadounidense.

El escándalo estalla en 1976 y provoca la dimisión de Tanaka. En 1977, Kodama se ve en una posición difícil. Por primera vez desde 1934, se ve obligado a comparecer ante la justicia japonesa y cae irremisiblemente. Víctima de una serie de ataques, se refugia en su residencia privada para descansar fuera del alcance de la prensa que presenta el escándalo Lockheed como el símbolo de la corrupción de las elites políticas japonesas. Uno de sus admiradores, Maeno, trata de matarlo estrellando un avión contra la residencia de Kodama en Tokio. El padrino en desgracia escapa al kamikaze.

Kodama fallece en su cama, el 17 de enero de 1984, sin haber tenido nunca el coraje de morir según el código samurai.


Denis Boneau                                                  Ir a la Parte 2

enero 2005 - Red Voltaire

Notas:

1. Después de varios años en prisión, Mitsuru Toyama, se une al primer grupo nacionalista de Japón, la Sociedad del Orgullo Nacional (Kyoshisha). En 1881, funda la legendaria Sociedad del Océano Negro (Genyosa). Toyama muere en 1944, poco antes del desmembramiento del efímero imperio japonés. David Kaplan y Alec Dubro, Yakuza, la mafia japonaise, Ediciones Philippe Picquier, 2002.

2. El Kenkoku kai fue fundado por Shinkichi Vesugi y Bin Akao.

3. En 1931, los servicios secretos japoneses organizan el sabotaje de la vía férrea transmanchuriana para justificar la invasión de Manchuria.

4. Ver: «Sasakawa, un criminal de guerra respetado» por Denis Boneau, Voltaire, 21 de enero de 2005.

5. El Kodama kikan es parte de la red de organizaciones que colaboran en la operación Lis de Oro. Kodama se encarga del traslado del botín guerra japonés, fruto del saqueo de China, primero hacia Singapur, luego hacia Filipinas donde las tropas estadounidenses descubrirán, después de la guerra, más de 170 lugares de almacenamiento. Peggy y Sterling Seagrave, Gold warriors: American’s secret recovery of Yamashita’s gold, Ediciones Verso, 2003.

6. Jeffrey Bale, «Privatising covert action: the case of the Unification church», Lobster, mayo de 1991.

7. En 1945, cuando la derrota japonesa parece inevitable, trece miembros de la Asociación por la Veneración del Emperador y la Expulsión de los Barbaros (Sonjo doshikai) se reúnen en la colina Atagoyama. Solamente uno de ellos se negará a suicidarse: Yoshio Kodama. Scott Anderson, Jon Lee Anderson, Inside the League, The schocking exposé of how terrorists, nazis and latin american death squads have infiltred the World anti-communist league, Dodd, Mead and Company, New York, p. 63.

8. MacArthur, hijo de un héroe de la Guerra de Secesión, alcanza el grado de general a los 38 años en recompensa por sus hazañas durante la Primera Guerra Mundial. Asume el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército en 1932. Sirve después de consejero al gobierno filipino con el título de mariscal del ejército de ese país. En 1941, los japoneses lo expulsan de Manila. En 1944, desembarca en Filipinas, en Leyte, recupera Luzón y, más tarde, Manila, en 1945. El 30 de agosto de 1945 se convierte en amo (Supreme commander of allied forces) del Japón ocupado. Sus tres principales colaboradores son el general Robert Eichelberger, encargado de mantener el orden; el general Courtney Withney, encargado de negociar las grandes reformas con las autoridades japonesas, y el general Willoughby, jefe de los servicios de inteligencia del ejército (G-2). Jacques Gravereau, Le Japon, l’ère Hirohito, Notre siècle, Éditions imprimerie nationale.

9. El «containment» es una doctrina elaborada por el presidente estadounidense Harry Truman a partir de 1947. Se trata de contener la expansión de la zona de influencia de la URSS por todos los medios, específicamente mediante la lucha encarnizada contra los movimientos de corte socialista, todo en nombre de la «defensa del mundo libre».

10. Al igual que James Angleton, quien recluta agentes en Europa entre los criminales de guerra nazis, Willoughby es miembro de la Orden de Malta.

11. A partir de 1960, violentos enfrentamientos tienen lugar entre los manifestantes hostiles a la «nuclearización» de Japón que desea Estados Unidos y las tropas de choque que dirigen Kishi y Kodama. El objetivo del primer ministro es acallar las protestas mediante la violencia.

12. De 1936 a 1939, Nobusuke Kishi ocupa un cargo decisivo en Manchukuo, el Estado creado en Manchuria luego de la invasión japonesa. Es nombrado ministro de Comercio e Industria y, más tarde, ministro de Municiones del general Tojo. Prisionero en Sugamo hasta 1948, las autoridades estadounidenses lo exoneran en 1952.

13. «La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen» por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de enero de 2005.

14. La instalación de bases nucleares en territorio japonés provoca legítima indignación debido al recuerdo del bombardeo atómico de 1945 contra Hiroshima y Nagasaki. Los partidarios del Ampo temen que el Japón «nuclearizado» se convierta en una amenaza para la Unión Soviética que derriba en 1960 un avión espía U-2 durante un vuelo secreto sobre el territorio ruso.

07 diciembre 2020

Pearl Harbor y las guerras del Estados Unidos empresarial



 

Por Dr. Jacques R. Pauwels                              

Título original en inglés:                                                                    Fall 1941: Pearl Harbor and The Wars of Corporate America


Nota de introducción del editor del blog

La entreguerra no solo fue una etapa alborotada para las corporaciones internacionales, varias (sino muchas) vieron un horizonte próspero para los negocios y sin recato alguno colaboraron con el régimen nazi instaurado en Alemania en la década de 1930 a través de empresa subsidiarias controladas desde la matriz en Estados Unidos. No vale la pena hablar de un Henry Ford, de General Motor o las empresas petroleras de Rockefeller, ya no es novedad. Pero, debemos tener en cuenta algo simple, no se trataba de simples negocios. Ford, por ejemplo, era un reconocido antisemita condecorado por la Alemania nazi con la "Gran Cruz del Águila Alemana", 30 julio 1938, un distintivo honorífico para prominentes extranjeros, el más alto por cierto, un reconocimiento personal de Hitler, en esos tiempos Henry Ford ya no representaba a la empresa. Al poco, agosto de 1938, la "Orden del Águila Alemana" colgaba del cuello de un ejecutivo de General Motors, James Mooney, por servicios distinguidos al Imperio Alemán (Reich); la empresa subsidiaria de General Motors en la Alemania nazi era Opel Brandenburg. Tanto GM como Ford, por intermedio de sus subsidiarias alemanas (Ford-Werke) controlaban el 70% del mercado alemán del automotor, iniciada la guerra sus funciones variaron conforme las necesidades de la Wehrmacht.


Henry Ford condecorado con la Gran Cruz del Águila Alemana, 30 julio 1938

IBM, ITT son otros ejemplos, ya sabemos que la primera realizó trabajos para las "estadísticas" nazis, ITT no solo era especialista en comunicaciones, poseía el 25% de Focke-Wulf  por intermedio de su subsidiaria, C. Lorenz AG. En asuntos bancarios había parecida "colaboración" con instituciones como el Chase National Bank para el cambio de divisas y manipulaciones financieras. A todo ello sumememos que los Estados Unidos recibió con los brazos abiertos en la posguerra a cuanto ex nazi al que podía sacar provecho (Operación Paperclip).

En fin, estos temas son en la actualidad de amplio dominio público, también lo hemos revisado en otros artículos del blog. Como bien se dice en ocasiones y en diferentes ámbitos: "Nada personal, solo negocios". Pese a que el tema ya no es novedad el siguiente artículo aporta en la comprensión del papel del gobierno de los Estados Unidos y del círculo empresarial en el camino hacia la guerra. 

El Dr. Jacques R. Pauwels escribió "Fall 1941: Pearl Harbor and the Wars of Corporate America" (Otoño de 1941: Pearl Harbor y las guerras de las empresas estadounidenses), cuyo texto traducido viene a continuación.

T.Andino U. 


***

Mito y realidad del ataque de Japón a Pearl Harbor hace 79 años, 7 de diciembre 1941

 

 

Mito: Estados Unidos se vio obligado a declarar la guerra a Japón tras un ataque japonés totalmente inesperado a la base naval estadounidense en Hawai el 7 de diciembre de 1941. Como Japón era aliado de la Alemania nazi, esta agresión hizo que automáticamente Estados Unidos entrara en guerra contra Alemania.


Realidad: Hacía tiempo que el gobierno Roosevelt deseaba entrar en guerra contra Japón y trató de desencadenarla por medio de un embargo al petróleo y otras provocaciones. Como Washington había descifrado los códigos japoneses, sabía que la flota japonesa se dirigía a Pearl Harbor, pero se alegró del ataque porque la agresión japonesa iba a hacer posible “vender” la guerra a la opinión pública estadounidense, la inmensa mayoría de la cual se oponía a ella.

También se suponía que un ataque por parte de Japón, a diferencia de un ataque estadounidense a Japón, evitaría una declaración de guerra por parte del aliado de Japón, Alemania, que estaba obligado por un tratado a ayudar solo en caso de que Japón fuera atacado. Sin embargo, por razones que nada tienen que ver con Japón o Estados Unidos, sino con el fracaso de la “guerra relámpago” de Alemania contra la Unión Soviética, el propio Hitler declaró la guerra a Estados Unidos pocos días después de Pearl Harbor, el 11 de diciembre de 1941.

Otoño de 1941. Tanto entonces como ahora, Estados Unidos estaba gobernado por una “élite del poder” formada por industriales, propietarios y gerentes de las principales empresas y bancos del país, que no suponían sino una pequeña parte de su población. Tanto entonces como ahora, estos industriales y financieros -el “Estados Unidos empresarial”- tenía estrechas relaciones con los más altos rangos del ejército, los “señores de la guerra” (como los ha denominado el sociólogo de la Universidad de Columbia C. Wright Mills, que acuñó el término “élite del poder”) (1) y para quienes años más tarde se erigiría un gran cuartel general, conocido como el Pentágono, a orillas del río Potomac.

En efecto, hacía décadas que existía el “complejo militar-industrial” cuando Eisenhower le dio ese nombre al final de su carrera como presidente y tras haberlo servido muy diligentemente. Hablando de presidentes: en las décadas de 1930 y 1940, de nuevo tanto entonces como ahora, la élite del poder permitió amablemente al pueblo estadounidense elegir cada cuatro años entre dos miembros de su propia élite (uno calificado de “republicano” y otro de “demócrata”, aunque pocas personas sepan cuál es la diferencia) para residir en la Casa Blanca con el fin de formular y administrar las políticas nacionales e internacionales. Estas políticas servían (y siguen sirviendo) a los intereses de la élite del poder, es decir, servían sistemáticamente para promover “los negocios”, una palabra en clave utilizada para designar la maximización de los beneficios de las grandes empresas y bancos que son miembros de la élite del poder.

Como francamente dijo el presidente Calvin Coolidge en una ocasión durante la década de 1920, “el negocio de Estados Unidos (del gobierno estadounidense) son los negocios”. En 1941 el inquilino de la Casa Blanca era un miembro bona fide (de buena fe) de la élite del poder, un vástago de una familia rica, privilegiada y poderosa: Franklin D. Roosevelt, al que se suele denominar “FDR” (por cierto, la riqueza de la familia Roosevelt se creó, al menos en parte, gracias al comercio de opio con China. Como escribió Balzac, “detrás de cada gran fortuna se oculta un crimen”).


Franklin D. Roosevelt en los años 30

Parece que Roosevelt sirvió bastante bien a la élite del poder puesto que se las arregló para ser nominado (¡difícil!) y elegido (¡relativamente fácil!) en 1932, 1936, y de nuevo en 1940. Fue un logro notable ya que los “sucios años treinta” fue una época difícil, marcada tanto por la “Gran Depresión” como por grandes tensiones internacionales que llevaron a la erupción de la guerra en Europa en 1939. El trabajo de Roosevelt (servir a los intereses de la élite del poder) estuvo lejos de ser fácil porque entre las filas de esa élite las opiniones diferían acerca de cómo podía servir mejor el presidente a los intereses empresariales. Por lo que se refiere a la crisis económica, algunos industriales y bancos estaban bastante contentos con el enfoque keynesiano del presiente, lo que se conocía como el “New Deal” y que suponía mucha intervención del Estado en la economía, mientras que otros se oponían firmemente a ese enfoque y pedían a gritos volver a la ortodoxia del laissez-faire. La élite del poder también estaba dividida respecto a cómo gestionar las relaciones exteriores.

A los propietarios y altos directivos de muchas empresas estadounidenses (como Ford, General Motors, IBM, ITT, y la Standard Oil de Rockefeller en Nueva Jersey, ahora conocida como Exxon) les gustaba mucho Hitler. Uno de ellos, William Knudsen de General Motors, incluso calificó elogiosamente al Führer alemán de “milagro del siglo XX” (2). La razón de ello era que el Führer había armado a Alemania hasta los dientes para prepararse para la guerra y muchas sucursales alemanas de empresas estadounidenses se habían beneficiado generosamente del “boom del armamento” de ese país produciendo camiones, tanques y aviones en lugares como la fábrica Opel de GM en Rüsselsheim y la gran planta de Ford en Colonia, el Ford-Werke; y empresas como Exxon y Texaco habían ganado mucho dinero suministrando el combustible que los tanques de Hitler iban a necesitar para circular hasta Varsovia en 1939, hasta París en 1940 y (casi) hasta Moscú en 1941. ¡No es de extrañar que los directivos y dueños de estas empresas contribuyeran a la celebración de las victorias de Alemania contra Polonia y Francia en una gran fiesta en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York el 26 de junio de 1940!




A los “capitanes de la industria” estadounidenses, como Henry Ford, también les gustaba cómo Hitler había cerrado los sindicatos alemanes, prohibido todos los partidos obreros y enviado a los simpatizantes comunistas y a muchos socialistas a campos de concentración. Querían que Roosevelt tratara de la misma manera a los molestos líderes sindicales y a las personas “rojas” estadounidenses, que todavía eran numerosas en la década de 1930 y principios de los 40. Lo último que aquellos hombres querían era que Roosevelt implicara a Estados Unidos en una guerra al lado de los enemigos de Alemania, eran “aislacionistas” (o “no intervencionistas”) lo mismo que la gran mayoría de la opinión pública estadounidense en el verano de 1940: una encuesta de Gallup de septiembre de 1940 demostraba que el 88% de la población estadounidense quería permanecer al margen de la guerra que asolaba Europa (3) Así que no es de extrañar que no hubiera indicio alguno de que Roosevelt quisiera restringir el comercio con Alemania y mucho menos embarcarse en una cruzada contra Hitler. De hecho, en la campaña para las elecciones presidenciales de otoño de 1940 prometió solemnemente que “(nuestros) muchachos no van a ser enviados a ninguna guerra extranjera” (4).

El hecho de que Hitler hubiera aplastado Francia y otros países democráticos no preocupaba a los empresarios estadounidenses que hacían negocios con Hitler. De hecho, les parecía que el futuro de Europa pertenecía al fascismo, especialmente a la variante alemana de fascismo, el nazismo, más que a la democracia (para variar, el presidente de General Motors, Alfred P. Sloan, declaró entonces que era bueno que en Europa las democracias dieran paso “a un sistema alternativo (es decir, fascista) con líderes fuertes, inteligentes y agresivos que hacían que la gente trabajara más tiempo y más duro, y que tenían instinto de gángsteres, ¡todo buenas cualidades!”) (5). Sin lugar a dudas los industriales estadounidenses no querían que el futuro de Europa perteneciera al socialismo en su variedad evolutiva, y mucho menos revolucionaria (es decir, comunista), se iban a alegrar especialmente cuando aproximadamente un año después Hitler hizo lo que habían esperado mucho tiempo que hiciera, es decir, atacó a la Unión Soviética para destruir la patria de las personas comunistas y fuente de inspiración y apoyo para las personas “rojas” del mundo entero, incluido Estados Unidos.


Libros de Jacques R. Pauwels sobre el tema de este artículo


Mientras que muchas grandes empresas habían hecho jugosos negocios con la Alemania nazi, resultaba que otras ganaban mucho dinero en ese momento haciendo negocios con Gran Bretaña. Ese país, además de, por supuesto, Canadá y otros países miembros del Imperio Británico, era el único enemigo que le quedó a Alemania desde el otoño de 1940 hasta junio de 1941, cuando el ataque de Hitler contra la Unión Soviética hizo que Gran Bretaña y la Unión Soviética se convirtieran en aliados. Gran Bretaña necesitaba desesperadamente todo tipo de equipamiento para continuar su lucha contra la Alemania nazi, quería comprar la mayoría de este material a Estados Unidos, pero no podía hacer los pagos en metálico que exigía la legislación estadounidense “Cash-and-Carry” (pagar y llevar). Sin embargo, Roosevelt hizo posible que las empresas estadounidenses aprovecharan esta inmensa “oportunidad” cuando el 11 de marzo de 1941 introdujo su famoso programa “Lend-Lease” (préstamo-arriendo) que proporcionaba a Gran Bretaña un crédito prácticamente ilimitado para comprar en Estados Unidos camiones, aviones y otros equipamientos de guerra. Las exportaciones “Lend-Lease” a Gran Bretaña iban a generar unos beneficios inesperados, no solo debido al enorme volumen de negocios que implicaban, sino también porque estas exportaciones se caracterizaron por unos precios inflados y unas prácticas fraudulentas como la doble facturación.

Así pues, una parte del Estados Unidos empresarial empezó a simpatizar con Gran Bretaña, un fenómeno menos “natural” de lo que ahora podríamos creer (en efecto, después de la independencia de Estados Unidos la antigua madre patria había seguido siendo durante mucho tiempo el archienemigo del Tío Sam y todavía en la década de 1930 el ejército estadounidense tenía planes de guerra contra Gran Bretaña y de una invasión del Dominio Canadiense, planes en los que se incluía bombardear ciudades y el uso de gases venenosos) (6). Algunos portavoces de estos potenciales votantes pertenecientes al mundo industrial, aunque no muchos, incluso empezaron a apoyar la entrada de Estados Unidos en la guerra al lado de los británicos y se les empezó a conocer como “intervencionistas”. Por supuesto, muchas, si no la mayoría, de las grandes empresas estadounidenses habían hecho dinero gracias a sus negocios tanto con la Alemania nazi como con Gran Bretaña y puesto que el propio gobierno Roosevelt se estaba empezando a preparar para una posible guerra multiplicando los gastos militares y encargando todo tipo de equipamiento, también las grandes empresas estadounidenses empezaron a ganar cada vez más dinero suministrando a las propias fuerzas armadas de Estados Unidos todo tipo de material de guerra (7).


Si había una cosa en la que podían estar de acuerdo todos los líderes del Estados Unidos empresarial, con independencia de sus simpatías individuales por Hitler o Churchill, era lo siguiente: la guerra en Europa en 1939 era buena, incluso magnífica, para los negocios. También estaban de acuerdo en que cuanto más durara la guerra mejor sería para todos ellos. 


Con excepción de los más fervientes intervencionistas pro-Gran Bretaña, también estaban de acuerdo en que no había ninguna prisa en que Estados Unidos interviniera activamente en esa guerra y desde luego tampoco en entrar en guerra con Alemania. Lo más ventajoso para el Estados Unidos empresarial era un escenario en el que la guerra en Europa durara lo más posible de modo que las grandes empresas pudieran seguir beneficiándose de suministrar equipamiento a los alemanes, a los británicos, a sus respectivos aliados y al propio Estados Unidos. Así, Henry Fordexpresó su esperanza de que ni los Aliados ni el Eje ganara (la guerra)” y sugirió que Estados Unidos suministrara a ambos bandos “las herramientas para seguir peleando hasta que ambos colapsaran”. Ford puso en práctica lo que predicaba y dispuso que sus fábricas en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y la Francia ocupada produjeran en serie equipamientos para todos los contendientes (8). Puede que la guerra fuera un infierno para la mayoría de la gente, pero para los “capitanes de la industria” estadounidenses, como Ford, era el paraíso.

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Conocidos militares estadounidenses prestaban su nombre y prestigio para la propaganda de las grandes empresas. En este caso se trata de publicidad, con enfoque patriótico, del gigante del acero estadounidense "The Timken Roller Bearing Company", que produjo millones de rodamientos para los Jeeps del ejército.


Se suele creer que el propio Roosevelt era intervencionista, pero sin lugar a dudas los aislacionistas eran mayoría en el Congreso y no parecía que Estados Unidos fuera a entrar pronto en la guerra, si es que entraba alguna vez. No obstante, debido a las exportaciones Lend-Lease a Gran Bretaña las relaciones entre Washington y Berlín se estaban deteriorando definitivamente, y en otoño de 1941 una serie de incidentes entre submarinos alemanes y destructores de la armada estadounidense que escoltaban buques de carga con destino a Gran Bretaña llevó a una crisis conocida como la “guerra naval no declarada”. Pero ni siquiera este episodio provocó la implicación de Estados Unidos en la guerra en Europa. El Estados Unidos empresarial se estaba beneficiando espléndidamente del status quo y simplemente no le interesaba una cruzada contra la Alemania nazi. A la inversa, la Alemania nazi estaba muy implicada en el gran proyecto de la vida de Hitler: su misión de destruir la Unión Soviética. Las cosas no habían ido como estaba previsto en esa guerra. Se suponía que el Blitzkrieg (ataque relámpago) lanzado en el este en junio de 1941 iba a “aplastar como un huevo a la Unión Soviética” en un plazo de 4 a 6 semanas, o así lo creían los expertos militares no solo de Berlín sino también de Washington. Sin embargo, a principios de diciembre Hitler todavía esperaba que los soviéticos ondearan la bandera blanca. Bien al contrario, el 5 de diciembre el Ejército Rojo emprendió repentinamente una contraofensiva frente a Moscú y de pronto los alemanes se vieron en un verdadero atolladero. Lo último que Hitler necesitaba en aquel momento era una guerra contra Estados Unidos (9).

En la década de 1930 el ejército estadounidense no tenía planes, ni los preparó, de luchar una guerra contra la Alemania nazi. Por otra parte, sí tenía planes de guerra contra Gran Bretaña, Canadá, México y Japón (10). ¿Por qué Japón? En la década de 1930 Estados Unidos era una de las principales potencias industriales del mundo y como todas las potencias industriales buscaba constantemente fuentes de materias primas baratas como caucho y petróleo, y mercados para sus productos acabados. Ya a finales del siglo XIX Estados Unidos había luchado constantemente por sus intereses a este respecto extendiendo su influencia económica e incluso a veces su influencia política directa por océanos y continentes. Esta política agresiva e “imperialista” (que defendieron incansablemente presidentes como Theodore Roosevelt, primo de FDR) había hecho que Estados Unidos controlara antiguas colonias españolas como Puerto Rico, Cuba y Filipinas, e incluso la hasta entonces independiente isla nación de Hawaii. También se había convertido en una gran potencia en el océano Pacífico e incluso en Lejano Oriente (11).


Aprovechando la fama de prestigiosos oficiales estadounidenses el fabricante de acero "The Timken Roller Bearing Company" envía mensajes patrióticos a la ciudadanía. 

Las tierras de las costas lejanas del océano Pacífico desempeñaron un papel cada vez más importante como mercados para los productos de exportación estadounidenses y como fuentes de materias primas baratas. Pero en la década de 1930 afectada por la Depresión, cuando se hacía más feroz la competencia por los mercados y los recursos, Estados Unidos se enfrentó a la competencia ahí de una agresiva potencia industrial rival, una potencia que necesitaba aún más petróleo y materias primas similares, además de mercados para sus productos acabados. Ese competidor era Japón, la tierra del sol naciente. Japón trataba de hacer realidad sus propias ambiciones imperialistas en China y en el sudeste asiático rico en recursos y, al igual que Estados Unidos, no dudó en utilizar la violencia para lograrlo, por ejemplo, librando una guerra despiadada contra China y creando un Estado cliente en la parte norte de ese país grande aunque débil. Lo que molestaba a Estados Unidos no era que los japoneses trataran a sus vecinos chinos y coreanos como Untermenschen (infrahumanos) sino que convirtieran esa parte del mundo en lo que ellos llamaban la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental, es decir, en un dominio económico propio, una “economía cerrada” en la que no había lugar para la competencia estadounidense. Lo que en realidad hacían los japoneses era seguir el ejemplo de Estados Unidos, que anteriormente habían transformado América Latina y gran parte del Caribe en el patio trasero económico exclusivo del Tío Sam (12).


El Estados Unidos empresarial estaba muy frustrado por haber sido expulsado del lucrativo mercado del Lejano Oriente por los “japos”, una “raza amarilla” a la que los estadounidenses en general habían empezado a despreciar ya en el siglo XIX (13).
 

Se consideraba a Japón un país arrogante aunque esencialmente débil y advenedizo al que el poderoso Estados Unidos podía “borrar fácilmente del mapa en tres meses”, como afirmó en una ocasión el secretario de la Armada Frank Knox (14). Y así ocurrió que durante la década de 1930 y principios de la de 1940 mientras que la mayoría de la élite del poder de Estados Unidos se oponía a la guerra contra Alemania, apoyaba casi unánimemente la guerra contra Japón, a menos que, por supuesto, Japón estuviera dispuesto a hacer concesiones importantes, como “compartir” China con Estados Unidos. El presidente Roosevelt ( que al igual que Woodrow Wilson no era en absoluto el pacifista que muchos historiadores afirman que era) estaba ansioso por librar esa “espléndida pequeña guerra” (una expresión que había acuñado el Secretario de Estado estadounidense, John Hay, en referencia a la guerra hispano-estadounidense de 1898, que era “espléndida” porque permitió a Estados Unidos apoderarse de Filipinas, Puerto Rico, etc.). El verano de 1941, después de que Tokio hubiera aumentado aún más su zona de influencia en el Lejano Oriente al ocupar la colonia francesa de Indochina rica en caucho y, como estaba desesperado sobre todo por conseguir petróleo, obviamente había empezado a codiciar la rica en petróleo colonia holandesa de Indonesia, al parecer FDR había decidido que era el momento oportuno para una guerra contra Japón, pero se enfrentaba a dos problemas. En primer lugar, la opinión pública se oponía firmemente a que Estados Unidos se implicara en ninguna guerra extranjera. En segundo lugar, la mayoría aislacionista en el Congreso podía no apoyar esa guerra por temor a que eso llevara automáticamente a Estados Unidos a la guerra contra Alemania.


El gobierno de los Estados Unidos también buscaba recursos financieros para lo que se denominó "esfuerzo de guerra". Los "Bonos de Guerra" ofrecidos al público estadounidense fue un programa que funcionó muy bien en la economía nacional.
  

Según el autor de un detallado y muy bien documentado estudio reciente, Robert B. Stinnett, la solución de Roosevelt a este problema doble fue “provocar a Japón a cometer un acto manifiesto de guerra contra Estados Unidos” (15). En efecto, en caso de un ataque japonés la opinión pública estadounidense no tendrá más opción que unirse tras la bandera (antes ya se había hecho que la opinión pública estadounidense se uniera de forma similar detrás de la bandera de las Barras y Estrellas, en concreto al inicio de la guerra hispano-estadounidense, cuando el barco de guerra estadounidense Maine que estaba de visita en La Habana se hundió misteriosamente en el puerto de esta ciudad, un acto del que inmediatamente se culpó a los españoles. Después de la Segunda Guerra Mundial se volvería a condicionar al pueblo estadounidense para que aprobara guerras, deseadas y aprobadas por su gobierno, por medio de provocaciones artificiosas, como el incidente del golfo de Tonkin en 1964). 

Por otra parte, según estipulaba el Tratado Tripartito firmado por Japón, Alemania e Italia el 27 de septiembre de 1940 en Berlín, los tres países se comprometían a ayudarse entre sí cuando una de las tres potencias fuera atacada por otro país, pero no cuando una de ellas atacara a otro país. Por consiguiente, en caso de un ataque japonés a Estados Unidos los aislacionistas, que eran no intervencionistas respecto a Alemania pero no respecto a Japón, no tenían que temer que un conflicto con Japón significara también la guerra contra Alemania.

Y así, después de que el presidente Roosevelt decidiera que “se debe ver que Japón hace el primer movimiento abierto” convirtió “el provocar a Japón a realizar un acto de guerra abierto en la principal política que guió sus acciones respecto Japón a lo largo del año 1941”, como escribió Stinnett. Entre las estratagemas utilizadas se incluía el despliegue de buques de guerra cerca de las aguas territoriales japonesas, e incluso dentro de ellas, aparentemente con la esperanza de desencadenar un incidente al estilo del Golfo de Tonkin que pudiera interpretarse como un casus belli. Sin embargo, fue más eficaz la implacable presión económica que se ejerció sobre el Japón, un país que necesita desesperadamente materias primas como el petróleo y el caucho y que, por lo tanto, probablemente considerara que esos métodos eran singularmente provocativos. En el verano de 1941 el gobierno de Roosevelt congeló todos los activos japoneses en Estados Unidos y emprendió una “estrategia encaminada a frustrar la adquisición por parte de Japón de productos petroleros”. En colaboración con los británicos y los holandeses, antijaponeses por sus propios motivos, Estados Unidos impuso unas severas sanciones económicas a Japón, incluido un embargo de productos petroleros vitales

La situación se deterioró aún más en otoño de 1941. Con la esperanza de evitar la guerra con el poderoso Estados Unidos, el 7 de noviembre Tokio ofreció aplicar en China el principio de relaciones comerciales no discriminatorias a condición de que los estadounidenses hicieran lo mismo en su propia esfera de influencia en América Latina. Sin embargo, Washington quería reciprocidad únicamente en la esfera de influencia de otras potencias imperialistas y no en su propio patio trasero, así que la oferta japonesa fue rechazada.

El objetivo de las continuas provocaciones estadounidenses a Japón era hacerle entrar en guerra y, de hecho, cada vez era más probable que lo hiciera. FDR confió más tarde a sus amigos que “este continuo clavar alfileres a serpientes de cascabel consiguió finalmente que este país mordiera”. El 26 de noviembre, cuando Washington exigió que Japón se retirara de China, las “serpientes de cascabel” de Tokio decidieron que ya tenían bastante y se prepararon para “morder”. Se ordenó a una flota japonesa partir hacia Hawaii para atacar a los buques de guerra estadounidenses que en 1940 FDR había decidido estacionar allí de forma bastante provocativa y tentadora para los japoneses. Como habían logrado descifrar los códigos secretos japoneses, el gobierno y los altos mandos del ejército estadounidenses sabían exactamente lo que la armada japonesa estaba planeando, pero no avisaron a los comandantes en Hawaii así que permitieron que ocurriera el “ataque sorpresa” contra Pearl Harbor el domingo 7 de diciembre de 1941 (16).




Al día siguiente a FDR le resultó fácil convencer al Congreso de que declarara la guerra a Japón y, como era de esperar, el pueblo estadounidense se unió tras la bandera, conmocionado por lo que al parecer era un cobarde ataque que él no podía saber había sido provocado, y esperado, por su propio gobierno. Estados Unidos estaba dispuesto a declarar la guerra a Japón y las perspectivas de una victoria relativamente fácil apenas se veían reducidas por las pérdidas sufridas en Pearl Harbor que, aunque aparentemente graves, distaban mucho de ser catastróficas. Los barcos hundidos eran viejos, “la mayoría de ellos reliquias de 27 años de la Primera Guerra Mundial” y estaban lejos de ser indispensables para una guerra contra Japón. Por otro lado, los modernos barcos de guerra, incluidos los portaaviones, cuyo papel en la guerra iba a resultar crucial, no habían sufrido daños ya que por casualidad (¿?) habían sido enviados a otra parte por órdenes de Washington y estuvieron a salvo en el mar cuando se produjo el ataque (17). Con todo, las cosas no salieron exactamente como se esperaba ya que unos días después, el 11 de diciembre, la Alemania nazi declaró inesperadamente la guerra lo que obligó a Estados Unidos a hacer frente a dos enemigos y a luchar una guerra mucho mayor de lo esperado, una guerra en dos frentes, una guerra mundial.

En la Casa Blanca no fue una sorpresa la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor, pero la declaración alemana de guerra cayó allí como una bomba. Alemania no había tenido nada que ver con el ataque en Hawaii y ni siquiera conocía los planes japoneses, así que FDR no consideró pedir al Congreso que declarara la guerra a la Alemania nazi al mismo tiempo que a Japón. Es cierto que las relaciones de Estados Unidos con Alemania se habían deteriorado durante algún tiempo debido al apoyo activo de Estados Unidos a Gran Bretaña y el deterioro había llegado hasta la guerra naval no declarada del otoño de 1941. 

Sin embargo, como ya hemos visto, la élite del poder estadounidense no sentía la necesidad de intervenir en la guerra en Europa. Fue el propio Hitler quien declaró la guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre de 1941 para gran sorpresa de Roosevelt. ¿Por qué? Solo unos días antes, el 5 de diciembre de 1941, el Ejército Rojo había emprendido una contraofensiva frente a Moscú, lo que provocó el fracaso del Blitzkrieg en la Unión Soviética. Ese mismo día Hitler y sus generales se dieron cuenta de que ya no podían ganar la guerra. Pero cuando solo unos pocos días después el dictador alemán se enteró del ataque japonés a Pearl Harbor, parece que consideró que una declaración de guerra alemana al enemigo estadounidense de sus amigos japoneses llevaría a Tokio a corresponder con una declaración de guerra contra el enemigo soviético de Alemania, aunque no lo exigiera el Tratado Tripartito.

Con el grueso del ejército japonés estacionado en el norte de China y, por lo tanto, capaz de atacar inmediatamente a la Unión Soviética en la zona de Vladivostok, un conflicto con Japón habría obligado a los soviéticos a estar en la extremadamente peligrosa situación de una guerra en dos frentes, lo que abriría la posibilidad de que Alemania todavía pudiera ganar su “cruzada” antisoviética. Hitler creyó entonces que podría exorcizar el espectro de la derrota llamando a una especie de deus ex machina japonés a acudir a la vulnerable frontera siberiana de la Unión Soviética. Pero Japón no cayó en la trampa de Hitler. Tokio también despreciaba al Estado soviético, pero como ya estaba en guerra contra Estados Unidos no se podía permitir el lujo de una guerra en dos frentes y prefirió poner todos sus recursos en una estrategia “meridional” con la esperanza de ganar el gran premio del rico en recursos sudeste de Asia en vez de embarcarse en una aventura en los inhóspitos confines de Siberia. Solo muy al final de la guerra, tras la rendición de la Alemania nazi, se iban a producir hostilidades entre la Unión Soviética y Japón. En todo caso, debido a la innecesaria declaración de guerra de Hitler, a partir de entonces Estados Unidos también fue un participante activo en la guerra en Europa, con Gran Bretaña y la Unión Soviética como aliados (18).


Carteles propagandísticos después de Pearl Harbor

En los últimos años el Tío Sam ha ido a la guerra con bastante frecuencia, pero invariablemente se nos pide que creamos que lo hace por razones puramente humanitarias, esto es, para prevenir holocaustos, para impedir que los terroristas cometan todo tipo de maldades, para deshacerse de malvados dictadores, para promover la democracia, etc. (19)

Al parecer, los intereses económicos de Estados Unidos o, más exactamente, de las grandes empresas estadounidenses nunca están implicados en esas guerras. A menudo se comparan estas guerras con la “guerra buena” arquetípica de Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial, en la que se supone que el Tío Sam fue a la guerra sin más razón que defender la libertad y la democracia, y luchar contra la dictadura y la injusticia (por ejemplo, en un intento de justificar su “guerra contra el terrorismo” y “vendérsela” a la opinión pública estadounidense George W. Bush comparó rápidamente los atentados del 11 de septiembre con el ataque a Pearl Harbor). Sin embargo, este breve examen de las circunstancias de la entrada de Estados Unidos en la guerra en diciembre de 1941 revela un panorama muy diferente. La élite del poder estadounidense quería la guerra contra Japón y hacía tiempo que estaban preparados los planes para esa guerra. En 1941 Roosevelt organizó diligentemente esa guerra, no debido a una agresión no provocada de Tokio y sus horribles crímenes de guerra en China, sino porque las empresas estadounidenses querían una parte de la exquisita gran “tarta” de los recursos y mercados del Lejano Oriente

Por otro lado, como las principales empresas estadounidenses estaban haciendo negocios maravillosos en y con la Alemania nazi, se beneficiaban generosamente de la guerra que había provocado Hitler y, por cierto, le proporcionaban el equipamiento y el combustible necesarios para su Blitzkrieg, definitivamente la élite del poder de Estados Unidos no quería la guerra contra la Alemania nazi, a pesar de que había muchas razones humanitarias de peso para emprender una cruzada contra el verdaderamente malvado “Tercer Reich”.


Antes de 1941 no había ningún plan de guerra contra Alemania y en diciembre de 1941 Estados Unidos no fue voluntariamente a la guerra contra Alemania, sino que “se vio empujado” a esa guerra por culpa del propio Hitler.

 

 

El gobierno de los Estados Unidos tras la declaración de guerra de Hitler no tuvo más que reconocer que "éste es el enemigo"; en igual sentido, a regañadientas, las grandes corporaciones industriales tuvieron que aceptar los hechos, Hitler era una amenaza para su libertad de comercio mundial, no por ello sus subsidiarias en Alemania dejaron de producir recursos materiales para la guerra de los nazis.

Las consideraciones humanitarias no desempeñaron papel alguno en los cálculos que llevaron a Estados Unidos a participar en la Segunda Guerra Mundial, la "guerra buena" original de este país. Y no hay razón para creer que lo hicieran según los cálculos que, más recientemente, llevaron a Estados Unidos a librar supuestas “guerras buenas” en tierras desdichadas como Irak, Afganistán y Libia, o que lo harían en una guerra que puede avecinarse contra Irán.

El Estados Unidos empresarial desea ansiosamente una guerra contra Irán ya que alberga la promesa de un vasto mercado y gran cantidad de materias primas, especialmente petróleo. Como en el caso de la guerra contra Japón, están preparados los planes para esa guerra y el actual inquilino de la Casa Blanca parece igual de ansioso que FDR de hacer que ocurra. Además, de nuevo como en el caso de la guerra contra Japón, ha habido provocaciones, esta vez en forma de sabotaje e intrusiones por medio de drones, así como por medio del despliegue a la vieja usanza de barcos de guerra justo al límite de las aguas territoriales de Irán. Washington está otra vez “clavando alfileres a serpientes de cascabel”, al parecer con la esperanza de que la “serpiente de cascabel” iraní devuelva el mordisco y justifique así una “espléndida pequeña guerra”. Sin embargo, como en el caso de Pearl Harbor, la guerra que salga de ahí puede resultar ser otra vez mucho más grande, larga y desagradable de lo esperado.


Jacques R. Pauwels


Notas:

1. C. Wright Mills, The Power Elite, Nueva York, 1956.

2. Citado en Charles Higham, Trading with the Enemy: An Exposé of The Nazi-American Money Plot 1933-1949, Nueva York, 1983, p. 163.

3. Robert B. Stinnett, Day of Deceit: The Truth about FDR and Pearl Harbor, Nueva York, 2001, p. 17.

4. Citado en Sean Dennis Cashman, America, Roosevelt, and World War II, Nueva York y Londres, 1989, p. 56; .

5. Edwin Black, Nazi Nexus: America’s Corporate Connections to Hitler’s Holocaust, Washington/DC, 2009, p. 115.

6. Floyd Rudmin, “Secret War Plans and the Malady of American Militarism”, Counterpunch, 13:1, 17-19 de febrero de 2006. pp. 4-6

7. Jacques R. Pauwels, The Myth of the Good War : America in the Second World War, Toronto, 2002, pp. 50-56 (El mito de la guerra buena: EE.UU en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002, traducción de José Sastre). Las fraudulentas prácticas del “Lend-Lease” se describen en Kim Gold, “The mother of all frauds: How the United States swindled Britain as it faced Nazi Invasion”, Morning Star, 10 de abril de 2003.

8. Citado en David Lanier Lewis, The public image of Henry Ford: an American folk hero and his company, Detroit, 1976, pp. 222, 270.

9. Jacques R. Pauwels, “70 Years Ago, December 1941: Turning Point of World War II”, Global Research, 6 de diciembre de 2011

10. Rudmin, op. cit.

11. Véase Howard Zinn, A People’s History of the United States, s.l., 1980, p. 305 ff. (La otra historia de los Estados Unidos, ed. rev. y corr. por el autor, Hondarribia, Hiru, 2005, traducción de Toni Strubel).

12. Patrick J. Hearden, Roosevelt confronts Hitler: America’s Entry into World War II, Dekalb/IL, 1987, p. 105.

13. “Anti-Japanese sentiment”, Wikipedia

14. Patrick J. Buchanan, “Did FDR Provoke Pearl Harbor?”, Global Research, 7 de diciembre de 2011. Buchanan se refiere a un libro nuevo de George H. Nash, Freedom Betrayed: Herbert Hoover’s Secret History of the Second World War and its Aftermath, Stanford/CA, 2011.

15. Stinnett, op. cit., p. 6.

16. Stinnett, op. cit., pp. 5, 9-10, 17-19, 39-43; Buchanan, op. cit.; Pauwels, The Myth…, pp. 67-68. Para la intercepción por parte de Estados Unidos de mensajes cifrados japoneses véase Stinnett, op. cit., pp. 60-82. La cita sobre las "serpientes de cascabel” proviene de Buchanan, op. cit.

17. Stinnett, op. cit., pp. 152-154. 

18. Pauwels, “70 Years Ago…”

19. Véase Jean Bricmont, Humanitarian imperialism: Using Human Rights to Sell War, Nueva York, 2006.

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