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05 enero 2023

La Guerra de los Ricitos de Oro




El conflicto Rusia - Ucrania/OTAN desde otra perspectiva


Introducción

por Tito Andino


Tema controversial, causará polémica (la versión original en inglés ya lo ha hecho), pero es ineludible plantearlo ante una audiencia de habla castellana en estos momentos convulsos de política internacional donde el pan nuestro de cada día es la perversidad de la invasión rusa y la inocencia ucraniana, conforme los medios globales de embrutecimiento intensivo. 


El autor del tema central es ruso, por lo mismo, no sería una fuente de confianza absoluta, ya que es altamente probable que su apellido, lugar de nacimiento y supuesta inclinación "ideológica" (?) sea suficiente para descartar esta lectura. Le recomiendo estimado lector: No se apresure. Dmitry Orlov -"Saker"-, es un gran intelectual, bloguero desde 2007 (con miles de visitas cada día), no en Rusia sino en Estados Unidos donde emigró en 2002 junto a su familia para convertirse en un 'don nadie' anónimo. Por supuesto, difiero (y muchos de ustedes lo harán) con ciertas apreciaciones del autor. El lector debe armarse de paciencia para leer las siguientes líneas, pero, sobre todo, entender el contexto sin apasionamiento.

Saker (Orlov) expresaba en noviembre de 2014, en su blog: "estar plenamente consciente de lo fácil que es distorsionar y parafrasear en otras palabras lo que escribí anteriormente, y cuántas conclusiones feas y desagradables se pueden sacar. Como mínimo, me llamarás hipócrita o delirante. Me han demostrado una y otra vez que este es un precio a pagar por la honestidad. No intenté hacer este texto a prueba de calumnias y si quieres usarlo para criticarme aún más, está bien. Solo quiero que sepas que lo acepto y que no te tengo miedo". 

En cuanto al artículo de hoy, "The Goldilocks War" (La Guerra de los Ricitos de Oro), podemos complementarlo con las siguientes líneas. 

Putin simplemente no podía ignorar como si de un problema interno de un país vecino se tratara la cuestión de los ruso hablantes del Donbass. ¿Qué otra actitud puede asumir un jefe de estado de una nación cristiana y musulmana al observar la presencia, la expansión de bases militares, instalación de sistemas balísticos en sus fronteras occidentales por parte de la OTAN; la exaltación del nazismo para perseguir a los rusos y, en general la incitación por parte de potencias extranjeras a un país (Ucrania) para provocar un conflicto?


Explicación: El ucraniano uniformado es Dmytro Kotsyubaylo, nombre de guerra: "Da Vinci", sirve en la milicia paramilitar del ultranacionalista partido político Sector Derecho (Pravy Sector), estas y otras milicias neonazis vienen combatiendo a la región separatista desde 2014. El 1 de diciembre del 2021, el joven capitán de 26 años, Dmytro Kotsyubaylo, se convirtió en el primer condecorado con la Orden de la Estrella Dorada por sus acciones en el campo de batalla (guerra contra los separatistas del Donbass, la operación militar rusa inició a finales de febrero 2022). Este acto controvertido es la aprobación del estado ucraniano al uso masivo de unidades políticas extremistas entrenadas militarmente. La fotografía (derecha) capta a "Da Vinci" estrechando la mano del presidente Zelensky en la ceremonia de condecoración en el parlamento ucraniano (1 dic 2021), un acto que ratifica como el presidente judío de Ucrania, Volodymyr Zelensky, fue presionado a hacer las paces con los paramilitares neonazis incluso antes de la guerra con Rusia (un futuro post sobre Zelensky aclarará mejor la cuestión). 


Rusia dejó en claro que no iba a cometer el error de 1941 (con el antecedente de 1939 y el pacto de no agresión nazi-soviético). Aunque nos pese aceptarlo, Rusia tenía razón al anticiparse a los programas bélicos de la OTAN-Ucrania. Nadie puede negar la buena fe -ingenuidad diplomática rusa, de siempre- en otorgar confianza a sus "socios" occidentales, primero intentando resolver las desavenencias a través de la negociación diplomática plasmada en los acuerdos de Minsk. 

Y, ¿quién reconoce que los Acuerdos de Minsk era un burdo timo? Son varios los líderes occidentales que lo aceptan. El caso más reciente: Angela Merkel, en entrevista al medio alemán Zeit, el 7 diciembre 2022, la ex canciller alemana fue rotunda: "el acuerdo de Minsk de 2014 fue un intento de darle tiempo a Ucrania. También utilizó este tiempo para volverse más fuerte, como se puede ver hoy. La Ucrania de 2014-2015 no es la Ucrania moderna... estaba claro para todos", el conflicto permaneció stand- by; acota Merkel: "sin embargo, esto fue lo que le dio a Ucrania un tiempo invaluable", expresando que los estados de la OTAN no podían haber apoyado a Kiev en 2014 al nivel que lo hacen en este momento. Merkel fue parte de los acuerdos de Minsk para resolver la guerra de Donbass (2014-2015). Los acuerdos fracasaron porque las partes beligerantes OTAN (EEUU)-Ucrania querían una excusa para establecer una presencia militar permanente en Ucrania y planificaron una guerra relámpago para volver a tomar Crimea, solo que los rusos se adelantaron... (Por favor repasar el articulo "La gran guerra de las flechas. Estrategia rusa en Ucrania", en que se detalla el plan OTAN/Ucrania para la operación militar en Crimea).

La diplomacia made in USA no va a detener su viejo sueño colonial de fragmentar Rusia, mismo deseo para la República Popular de China, "China es consciente que no puede eludir su deber por temor a derramar sangre o perder prestigio", y está uniéndose a Rusia más allá del discurso político. Está clarísimo que los EEUU no van a persuadirse de desestabilizar Rusia económica y militarmente, hasta forzando la cuestión religiosa al incitar el extremismo político islamista. ¿Vale la pena insistir cuántos millones de inocentes ha matado EEUU en naciones que se interponen en su camino?


      Moscú, 1941, una obra de Igor Pavlovich Obrosov.

A pesar del casi probable triunfo ruso en Ucrania, tampoco es probable que Estados Unidos ceda un ápice en sus intenciones de globalizar la economía mundial para su provecho. No nos engañemos, EEUU no cederá, nunca. Por otro lado, hay que descartar la infantil idea de que Rusia y China deben derrotar militarmente a EEUU, eso "también es un insulto a la inteligencia de todos. ¿Estaría Putin tan tranquilo y despreocupado, y su índice de aprobación sería del 80%, si una guerra entre Rusia y los EE. UU. fuera mínimamente probable?" (las comillas son una cita de un comentario al artículo de Orlov).

Rusia se mueve cautelosamente en Ucrania, precautela los factores humanos (a pesar de lo que digan los medios atlantistas). Más importante, además de la vida de sus soldados y civiles, maneja la escalada con la OTAN. No persigue el riesgo de un choque directo con la OTAN, que no es una perspectiva real desde Georgia/Osetia del Sur 2008 (salvo la propaganda alarmista de Occidente). "La opción nuclear siempre está ahí, y aunque es poco probable, es una posibilidad, sin importar cuán distante sea. Entonces, Rusia va con cuidado, con mucho cuidado". Los “prorrusos” en el mundo hablan de progreso lento, ¿progreso hacia qué? si los neonazis están siendo aniquilados tácticamente, su número de bajas en estos largos meses de conflicto es un cataclismo del que no podrán recuperarse. En el área de operaciones, Rusia tiene el control de una gran franja geográfica, "¿cuál es el problema? Lo que Rusia necesitaba vitalmente de la antigua Ucrania lo tiene, y lo que podría hacer está a centímetros de distancia, Rusia también lo obtendrá, tal como van las cosas. Rusia se está imponiendo de manera independiente, evitando una guerra civil tramada por Occidente y evitando una confrontación directa con las fuerzas militares de Occidente. Ahora viene quizás el mayor desafío de todos, cambiar y transformar Rusia desde adentro, de ser una protocolonia occidental a ser una verdadera civilización rusa". (comentario reflexivo al artículo de Orlov con que terminamos esta nota de introducción). 


*****



La Guerra de los Ricitos de Oro

The Goldilocks War

por Dmitry Orlov -Saker- (blog)


Nota del Editor del Blog: El titulo del articulo "Ricitos de Oro", desconcierta, ciertamente, ¿La guerra de los ricitos de oro?, ¿por qué ese ridículo titular? A pesar de lo peculiar, "The Goldilocks" ha sido utilizado anteriormente en el ámbito económico como metáforas de alimentación (papilla ni muy caliente ni muy fría) y los tres osos (que pueden ser retratados en política internacional como potencias económicas). El cuento de hadas tiene varias versiones para el destino de "Ricitos de Oro" (varía en diferentes versiones), en una casi es devorada por los osos, en otras corre hacia el bosque y es rescatada por su madre, en otras "Ricitos" promete ser una buena niña y simplemente retorna a su hogar. En economía, lo que suceda con la narrativa "Ricitos de Oro" en los mercados es un escenario idílico para las Bolsas, una incógnita sobre el flujo y perspectivas del sistema financiero. En los últimos años se habla de recesión de EEUU, de una desaceleración extrema en la zona euro, un tiempo de desindustrialización. Expectativas comunes desde hace algunos años, profundizada con el conflicto ruso/ucraniano-OTAN, que paradójicamente le viene bien a una economía estadounidense movida por la producción de la industria militar. Las variantes económicas pueden variar o volverse una nueva mezcla de "no demasiado caliente ni demasiado frío" de crecimiento e inflación a nivel mundial. En ese sentido "Ricitos de Oro" es frágil, pero la constante es que se mantendrá hasta el final. En esta crítica década del siglo XXI seguimos observando un lento crecimiento global con riesgos a la baja, pero al mismo tiempo una moderada política monetaria contrarrestando esto. Se aprecia los riesgos, las cosas se muevan hacia una "desaceleración sincronizada" o, por el contrario, a una "reflación". (reflación, escenario donde el Estado estimula artificialmente la economía con el fin de superar una recesión. Para ello, se utiliza la política fiscal y/o monetaria) ¿Cómo termina Ricitos de Oro? (resumido de un análisis financiero de BNP Paribas Asset Management, 2020


¿Está contento con la forma en que va la guerra en la antigua Ucrania? La mayoría de las personas no lo están, por una u otra razón. 


Algunas personas odian el hecho de que haya una guerra allí, mientras que otras la aman pero odian el hecho de que aún no ha sido ganada, ni por un bando ni por el otro. Cantidades abundantes de estos dos tipos de enemigos se encuentran a ambos lados de la nueva Cortina de Hierro que se está construyendo apresuradamente en Eurasia entre el Oeste colectivo y el Este colectivo. Esto parece razonable; después de todo, odiar la guerra es un procedimiento estándar para la mayoría de la gente (la guerra es un infierno, ¿no lo sabes?) y, por extensión, una guerra pequeña es mejor que una grande y una guerra corta es mejor que una larga. Y además tal razonamiento es banal, trillado, tópico, insípido, predecible, poco imaginativo y… bromídico (según el English Thesaurus).

Rara vez se encuentra un observador de guerra que esté contento con el progreso y la duración de la guerra. Por suerte, la televisión estatal rusa emite uno muy significativo de estos casi a diario. Es el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Después de haberle prestado atención durante más de veinte años, puedo afirmar con confianza que nunca ha estado tan imbuido de una serenidad tranquila y segura de sí misma, fermentada con un humor jocoso. Este no es el comportamiento de alguien que se siente en riesgo de perder una guerra. Los altos mandos del Ministerio de Defensa parecen severos y sombríos ante la cámara, un comportamiento propio de hombres que envían a otros hombres a luchar y posiblemente a ser heridos o morir; pero fuera de cámara se muestran rápidas sonrisas de Mona Lisa. (Los hombres rusos no dan estúpidas sonrisas con dientes de pez al estilo estadounidense, rara vez muestran los dientes cuando sonríen, y nunca en presencia de lobos u osos).

Dado que el índice de aprobación de Putin se mantiene firme en torno al 80% (un número fuera del alcance de cualquier político occidental), es razonable suponer que es solo la punta visible de un gigantesco iceberg de 100 millones de rusos que esperan con calma la conclusión exitosa de la operación militar especial para desmilitarizar y desnazificar la antigua República Socialista Soviética de Ucrania (así que por favor ni siquiera lo llamen guerra). Rara vez se sabe de estos 100 millones de rusos, y cuando hacen ruido, es para protestar contra la pereza burocrática y la lentitud o para recaudar fondos privados con los que remediar la escasez de algunos equipos especiales solicitados por las tropas: gafas de visión nocturna, cuadricópteros, miras ópticas y todo tipo de equipo táctico elegante.

Mucho más ruido está haciendo el uno o dos por ciento cuyo plan de negocios entero ha sido arruinado por la aparición repentina de la Nueva Cortina de Hierro. Los más tontos de ellos pensaron que huir al oeste o al sur (a Turquía, Kazajstán o Georgia) de alguna manera solucionaría mágicamente su problema; no lo ha hecho, y no lo hará. Las personas que esperaríamos que gritaran más fuerte son los activistas LGBTQ+, quienes pensaron que iban a usar el dinero de las subvenciones occidentales para construir el este de Sodoma y el este de Gomorra. Han sido obstaculizados y amordazados por las nuevas leyes rusas que los etiquetan como agentes extranjeros y prohíben su tipo de propaganda. De hecho, el mismo término LGBTQ+ ahora es ilegal, así que supongo que tendrán que usar PPPPP+ en su lugar ("P" es para "pídor", que es el término ruso genérico para cualquier tipo de pervertido sexual, degenerado o desviado). Pero yo divago.


La portada del 11 de junio de 2018 de "National Review" lleva a un 'Putin cruzando los Alpes', al mejor estilo de un clásico retrato de Napoleón. 

Se puede observar bastante fácilmente que aquellos que están menos contentos con el curso de la campaña rusa son también los que tienen menos probabilidades de ser rusos. Los menos felices de todos son los buenos muchachos del Centro de Operaciones Políticas e Informativas del Servicio de Seguridad de Ucrania, que están encargados de crear y mantener el Fantasma de la Victoria Ucraniana. Estos son seguidos por personas en Washington y sus alrededores, que están bastante enfurecidas por la pereza y la demora de los rusos. También se han visto presionados para demostrar que los ucranianos están ganando mientras que los rusos están perdiendo; con este fin, han retratado cada reposicionamiento táctico ruso o retirada táctica como una enorme y humillante derrota personalmente para Putin y cada implacable y suicida ataque ucraniano contra las posiciones rusas como una gran victoria heroica.

Para ser justos, los juegos tácticos rusos del gato y el ratón en este conflicto han sido poco menos que exasperantes. Los rusos pasaron algún tiempo recorriendo Kiev para alejar a las tropas ucranianas del Donbass y evitar un ataque ucraniano; una vez hecho esto, se retiraron. ¡Gran victoria ucraniana! También pasaron algún tiempo recorriendo la costa del Mar Negro cerca de Odessa, amenazando con una invasión marítima, para atraer a las fuerzas ucranianas en esa dirección, pero nunca invadieron. ¡Otra victoria ucraniana! Los rusos ocuparon una gran parte de la región de Kharkov que los ucranianos dejaron en gran parte sin defensa, luego, cuando los ucranianos finalmente prestaron atención, se retiraron parcialmente detrás de un río para conservar los recursos. ¡Otra victoria ucraniana! Los rusos ocuparon/liberaron la capital regional de Kherson, evacuó a todas las personas que querían ser evacuadas, luego se retiró a una posición defendible detrás de un río. ¡Victoria otra vez! Con todas estas victorias ucranianas, es realmente una maravilla que los rusos hayan logrado ganar alrededor de 100 km2 de las propiedades inmobiliarias más valiosas de la antigua Ucrania, más de 6 millones de habitantes, aseguraron una ruta terrestre a Crimea y abrieron un canal vital que suministra riego, agua que los ucranianos habían bloqueado hace algunos años. Eso no parece una derrota en absoluto; parece un excelente resultado de una única campaña de verano limitada. 

Rusia ya ha logrado varios de sus objetivos estratégicos; el resto puede esperar. ¿Cuánto tiempo deben esperar? Para responder a esta pregunta, debemos mirar más allá del alcance limitado de la operación especial de Rusia en Ucrania. Rusia tiene peces más grandes para freír, y freír pescado lleva tiempo porque comer pescado poco cocido puede provocar parásitos desagradables como tenia y trematodos hepáticos. Por eso, me gustaría invitarlos a la cocina secreta de la Madre Rusia, para ver qué hay en la tabla de cortar y estimar cuánto procesamiento térmico se requerirá para convertirlo todo en una comida segura y nutritiva.


El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky revisa los modernos sistemas portátiles antitanque proporcionados por USA/OTAN antes del conflicto con Rusia, durante unos ejercicios militares en la ciudad de Rivne (CREDIT Ukrainian Defense Ministry, UPI, Alamy Live News)

Mezclando nuestras metáforas de comida, permítanme presentarles a Ricitos de Oro con sus tres osos y su papilla ni muy caliente ni muy fría. Lo que Rusia parece estar haciendo es mantener su operación militar especial avanzando a un ritmo constante, ni demasiado rápido ni demasiado lento. Ir demasiado rápido no permitiría suficiente tiempo para cocinar los distintos pescados; ir demasiado rápido también aumentaría el costo de la campaña en bajas y recursos. Ir demasiado lento les daría tiempo a los ucranianos y a la OTAN para reagruparse y rearmarse y evitar el procesamiento térmico adecuado de los distintos peces.

En un esfuerzo por encontrar el ritmo óptimo para el conflicto, Rusia inicialmente comprometió solo una décima parte de sus soldados profesionales en servicio activo, luego trabajó duro para minimizar la tasa de bajas. Optó por comenzar a apagar las luces en toda la antigua Ucrania solo después de que el régimen de Kiev intentara volar el puente del Estrecho de Kerch que unía Crimea con el continente ruso. Finalmente, convocó solo al 1% de los reservistas para aliviar la presión de las tropas de primera línea y prepararse potencialmente para la siguiente etapa, que es una campaña de invierno, por la cual los rusos son famosos.

Con esta información de fondo presentada, ahora podemos enumerar y describir los diversos objetivos secundarios que Rusia planea lograr en el transcurso de esta Guerra de Ricitos de Oro. El primer y quizás más importante conjunto de problemas que Rusia tiene que resolver en el curso de la Guerra de Ricitos de Oro es interno. El objetivo es reorganizar la sociedad, la economía y el sistema financiero rusos a fin de prepararlos para un futuro desoccidentalizado. Desde el colapso de la URSS, varios agentes occidentales, como el National Endowment for Democracy, el Departamento de Estado de los EE. UU., varias fundaciones propiedad de Soros y una amplia variedad de subvenciones y programas de intercambio occidentales han hecho incursiones serias en Rusia. El objetivo general era debilitar y eventualmente desmembrar y destruir Rusia, convirtiéndolo en un servidor obediente de los gobiernos occidentales y las corporaciones transnacionales que les proporcionarían mano de obra barata y materias primas. Para ayudar en este proceso, estas organizaciones occidentales hicieron todo lo posible para llevar al pueblo ruso hacia una eventual extinción biológica y reemplazarlo con una raza más dócil y menos aventurera.

Desde hace más de 30 años, las ONG occidentales se dedicaron a corromper las mentes de los jóvenes rusos. No se escatimaron esfuerzos para denigrar el valor de la cultura rusa, falsificar la historia rusa y reemplazarlos con la cultura pop occidental y las narrativas propagandísticas. Estas iniciativas lograron un éxito limitado, y la URSS y la cultura de la era soviética se han mantenido siempre populares incluso entre aquellos que eran demasiado jóvenes para haber experimentado la vida en la URSS de primera mano. Donde el daño ha sido más severo es en la educación. Excelentes libros de texto de la era soviética que enseñaban a los estudiantes cómo pensar de forma independiente fueron destruidos y reemplazados por importaciones. Estos fueron, en el mejor de los casos, útiles para capacitar a expertos en campos estrechamente definidos que pueden seguir procedimientos y recetas previamente definidos pero no pueden explicar cómo se llegó a estos procedimientos y recetas o crear otros nuevos. Los profesores rusos, que veían su trabajo no solo en educar sino en criar a sus alumnos para que fueran buenos rusos que aman y aprecian a su país, fueron reemplazados por educadores formados en Occidente que vieron su misión en proporcionar un servicio competitivo basado en el mercado para llevar ¡consumidores cualificados, competentes...! ¿Quiénes son esas personas? Bueno, afortunadamente, Internet recuerda todo, y hay muchos otros trabajos para estas personas, como palear nieve y avivar hornos. Pero identificarlos y reemplazarlos lleva tiempo, al igual que encontrar, actualizar y reproducir los excelentes libros de texto más antiguos. 

Pero, ¿qué pasa con los jóvenes dejados atrás por esta ola de destrucción? Por suerte, no todo está perdido. La operación militar especial les está brindando algunas lecciones muy valiosas que sus ignorantes educadores omitieron: que Rusia, una aglomeración única y milagrosa de muchas naciones, idiomas y religiones diferentes, se ha preservado y expandido a lo largo de los siglos gracias a los esfuerzos de los héroes cuyos nombres no solo se recuerdan sino que se veneran. Es más, algunos de ellos están vivos hoy, luchando y trabajando en el Donbass. Una cosa es visitar museos, leer libros antiguos y escuchar historias sobre las grandes hazañas de los abuelos y bisabuelos durante la Gran Guerra Patria; otra muy distinta es ver cómo se desarrolla la historia a través de los ojos de tu propio padre o hermano. Dale otro año o dos, y los jóvenes de Rusia aprenderán a mirar con desdén los productos de los traficantes de cultura de orientación occidental de Rusia. Sus mayores ya lo hacen: las encuestas de opinión muestran que una gran mayoría de los rusos ven la influencia cultural occidental como algo negativo.


        Su-34 ruso (foto archivo)


¿Y qué hay de estos traficantes de cultura rusos que han estado adorando todo lo occidental desde que tienen memoria? Aquí sucedió una cosa de lo más curiosa. Cuando se anunció por primera vez la operación militar especial, se pronunciaron en contra y a favor de los nazis ucranianos; una estupidez, pero pensaron que era bueno y apropiado mantener sus opiniones políticas armonizadas con las de sus patrocinadores e ídolos occidentales para permanecer en sus buenas gracias. Algunos de ellos protestaron contra la guerra (ignorando el hecho de que ya llevaba ocho largos años). Y luego muchos de ellos huyeron del país con una prisa indecorosa.

Tenga en cuenta que estos no son ni cirujanos cerebrales ni científicos espaciales: son personas que se pavonean en el escenario mientras hacen ruidos con las manos y la boca; o son personas que se sientan allí mientras los maquilladores les hacen cosas en la cara y el cabello, y luego repiten interminablemente líneas escritas para ellos por otra persona. Estas no son personas que tengan la capacidad de analizar una situación política complicada y tomar la decisión correcta. En una era anterior, más sana, sus opiniones serían completamente ignoradas, pero tal es el efecto de Internet, las redes sociales y todo lo demás, que cualquier idiota histérico puede grabar un pequeño video y millones de personas, sin tener nada mejor que hacer con su tiempo, lo verán en sus teléfonos y harán comentarios.

El hecho de que estas personas estén limpiando voluntariamente el espacio de los medios rusos de su presencia es un desarrollo positivo, pero lleva tiempo. Si la operación militar especial terminara mañana, no hay duda de que intentarían volver y pretender que nada de esto sucedió. Y entonces la cultura popular rusa seguiría siendo un pozo negro al estilo occidental lleno de personajes vacíos que buscan glorificar cada pecado capital en aras de la notoriedad y la ganancia personal. Rusia tiene mucha gente talentosa ansiosa por tomar su lugar, ¡si tan solo se mantuvieran fuera el tiempo suficiente para que todos se olvidaran de ellos!

Particularmente dañino para el futuro de Rusia ha sido el surgimiento y preeminencia de élites económicas y financieras pro-occidentales. Desde la privatización fortuita y en muchos casos criminal de los recursos estatales en la década de 1990, ha surgido toda una cohorte de poderosos agentes económicos que no tienen en mente los intereses de Rusia. En cambio, estos son actores económicos puramente egoístas que hasta hace poco pensaban que sus ganancias mal habidas les permitirían ingresar a la elegante sociedad occidental. Estas personas suelen tener más de un pasaporte, tratan de mantener a sus familias en algún enclave rico fuera de Rusia, envían a sus hijos a escuelas y universidades en Occidente, y su único uso para Rusia es como un territorio que pueden explotar para crear sus esquemas de extracción de riqueza.

Cuando en respuesta al inicio de la operación militar especial de Rusia, Occidente montó un ataque especulativo contra el rublo, lo que obligó al banco central de Rusia a imponer estrictos controles de divisas, estos miembros de la élite rusa se vieron obligados a comenzar a pensar en tomar una decisión trascendental. Podrían quedarse en Rusia, pero luego tendrían que cortar sus lazos con Occidente; o podrían mudarse al Oeste y vivir de sus ahorros, pero luego se verían privados de la fuente de su riqueza. Su elección fue facilitada por los gobiernos occidentales que trabajaron duro para confiscar las propiedades de los ciudadanos rusos ricos, congelar sus cuentas bancarias y someterlos a otras indignidades e inconvenientes.

Aún así, es una elección difícil para ellos darse cuenta de que, a pesar de su riqueza a veces fabulosa, para el Occidente colectivo son solo algunos rusos a los que se les puede robar. Muchos de ellos no están mentalmente preparados para compartir su suerte con su propia gente, a quienes les han enseñado a despreciar y explotar para beneficio personal. Una victoria rápida en la operación militar especial de Rusia les permitiría pensar que sus problemas eran de naturaleza temporal. Con el tiempo suficiente, algunos de ellos huirán para siempre, mientras que otros decidirán quedarse y trabajar por el bien común en Rusia.


Soldado ruso dispara misil antitanque Kornet en Ucrania, agosto 2022, Ministerio de Defensa de Rusia.

Los siguientes en la fila son varios miembros del gobierno ruso que, habiendo sido educados en la economía occidental, son incapaces de comprender la transformación económica que está ocurriendo en Rusia, y mucho menos ayudarla. La mayor parte de lo que pasa por pensamiento económico en Occidente es solo una elaborada cortina de humo sobre este dicho fundamental: “Se debe permitir que los ricos se vuelvan más ricos, se debe mantener a los pobres en la pobreza y el gobierno no debe tratar de ayudarlos (mucho)”. Esto funcionó mientras Occidente tenía colonias para explotar, ya sea a través de la conquista imperial a la antigua, el saqueo y la rapiña, o a través del neocolonialismo financiero de los "sicarios económicos" de Perkins, o, como recientemente lo han admitido a regañadientes varios altos funcionarios de la UE, aprovechando la energía rusa barata.

Eso ya no funciona, ni en Occidente, ni en Rusia ni en ningún otro lugar, y la mentalidad tiene que adaptarse. Hay mucha inercia en los nombramientos para cargos gubernamentales, donde hay muchos intereses creados que compiten por el poder y la influencia. Se necesita tiempo para que ideas tan básicas se filtren en el sistema como el hecho de que la Reserva Federal de EE. UU. ya no tiene el monopolio planetario de la impresión de dinero. Por lo tanto, ya no es necesario que el banco central de Rusia tenga dólares en reserva para cubrir sus emisiones de rublos para defenderse de un ataque especulativo, ya que ya no es necesario que el banco central de Rusia permita que los especuladores de divisas se desenfrenen y organicen ataques especulativos.

Pero ya se han logrado algunos resultados, y son nada menos que espectaculares: en los últimos meses, solo unas pocas desviaciones bien escogidas de la ortodoxia económica occidental han convertido al rublo en la moneda más fuerte del mundo y han permitido a Rusia obtener más ingresos por exportaciones exportando menos petróleo, gas y carbón, y le han permitido reducir la inflación a casi cero. Desde el comienzo de la operación militar especial, Rusia ha podido reducir su deuda nacional en gran medida y aumentar los ingresos del gobierno. Un final rápido de la operación militar especial de Rusia puede significar el final de tales milagros y un retorno muy desagradable al insostenible statu quo anterior.

Más allá del mundo intangible de las finanzas, se han producido cambios igualmente significativos en toda la economía física rusa. Anteriormente, muchos sectores económicos, como la venta de automóviles, la construcción y el mejoramiento del hogar, el desarrollo de software y muchos otros, eran de propiedad extranjera y las ganancias de estas actividades salían del país. Y luego se tomó la decisión de bloquear la expatriación de dividendos. En respuesta, las empresas extranjeras vendieron sus activos rusos, asumiendo una gran pérdida y privándose del acceso al mercado ruso. El cambio ha sido bastante impresionante. Por ejemplo, a principios de 2022, las empresas automovilísticas occidentales poseían una gran parte del mercado automovilístico ruso. Muchos de los automóviles que se vendieron se ensamblaron dentro de Rusia en plantas de propiedad extranjera y las ganancias de estas ventas se expatriaron. Ahora, menos de un año después, los fabricantes de automóviles europeos y estadounidenses prácticamente se han ido de Rusia, reemplazados por una industria automotriz nacional que renace rápidamente. Los fabricantes de automóviles chinos se hicieron con una gran cuota de mercado de inmediato, mientras que Corea del Sur siguió comerciando con Rusia y ha conservado su cuota de mercado.


        Sukhoi Su-27 (foto archivo)

Igualmente sorprendentes han sido los cambios en la industria aeronáutica. Anteriormente, las aerolíneas rusas volaban Airbus y Boeing, la mayoría de ellos alquilados. Después del inicio de la operación especial, los políticos occidentales exigieron que se rescindieran estos contratos de arrendamiento y que se devolvieran las aeronaves a sus propietarios, sin tener en cuenta el hecho de que esto sería ruinoso desde el punto de vista financiero (saturando el mercado de aeronaves usadas en los años venideros y destruyendo la demanda para aeronaves nuevas) y, además, físicamente imposible, dado que no había forma de efectuar el traslado de la aeronave. En respuesta, las aerolíneas rusas nacionalizaron el registro de aeronaves, dejaron de volar a destinos hostiles donde sus aeronaves podrían ser arrestadas y comenzaron a realizar pagos de arrendamiento en rublos a cuentas especiales en el banco central ruso.

Luego llegó la noticia de que Aeroflot planea comprar más de 300 aviones de pasajeros nuevos, todos МС-21, SSJ-100 y Tu-214 rusos, todos antes de 2030, con las primeras entregas programadas para 2023. Ha habido una lucha para reemplazar casi todos los componentes de origen occidental, como compuestos para el ala de fibra de carbono del MC-21 y motores a reacción, aviónica y mucho más para todo lo anterior. Durante este período, muchos de los Boeings y Airbuses arrendados anteriormente se irán eliminando, pero la participación de mercado de estas empresas en el país más grande de la Tierra desaparecerá para siempre. Los daños a los fabricantes de aeronaves occidentales serán igualados por los daños a las aerolíneas occidentales. Al comienzo de las hostilidades, el Occidente colectivo cerró su espacio aéreo a Rusia, y Rusia correspondió. El problema es que Europa es pequeña y fácil de volar, mientras que Rusia es enorme y volar lleva un día entero. Las aerolíneas europeas descubrieron repentinamente que no pueden competir en las rutas a Japón, China o Corea.

Tras el cierre del espacio aéreo vinieron otras sanciones, tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos, todas ellas ilegales, ya que el Consejo de Seguridad de la ONU es el único órgano facultado para imponer sanciones. En este momento, la Unión Europea está trabajando en el noveno paquete de sanciones, todas las cuales han sido denominadas "sanciones del infierno". Hablando del infierno, en el “Infierno” de Dante Alighieri hay nueve círculos del infierno, así que tal vez el gigante de las sanciones esté a punto de seguir su curso.

Se suponía que estas sanciones habrían destruido rápidamente la economía rusa y habrían causado tanta agitación social y sufrimiento que la gente se reuniría en la Plaza Roja y derrocaría al temido dictador Putin (o eso pensaban los expertos en política exterior occidentales). Claramente, nada de eso ha sucedido y el índice de aprobación de Putin es más alto que nunca. Por otro lado, la buena gente de la Unión Europea está empezando a sufrir. Ya no pueden permitirse el lujo de calentar sus hogares o tomar duchas calientes con regularidad, la comida se ha vuelto escandalosamente cara para ellos y tantas otras cosas van mal que enormes multitudes de manifestantes se han estado reuniendo en toda Europa exigiendo, entre otras cosas, una fin de las sanciones contra Rusia, normalización de las relaciones con Rusia y vuelta a la normalidad. Es poco probable que se cumplan sus demandas.

Pero hay una razón más importante por la que se mantendrán las sanciones: el regreso a los negocios como de costumbre significaría que Rusia una vez más proporcionaría energía y materias primas a Europa a bajo precio, al tiempo que permitiría que las empresas europeas se beneficien del trabajo de los rusos. Esto es bastante poco atractivo y, por lo tanto, es poco probable que suceda. Rusia está utilizando las sanciones como una oportunidad para reconstruir su industria nacional y reorientar su comercio lejos de las naciones hostiles y hacia naciones amigas que sean justas y comprensivas en sus tratos con Rusia. También está trabajando arduamente para eliminar gradualmente el uso de monedas que Dmitry Medvedev llamó “tóxicas”; a saber, el dólar estadounidense y el euro.


       Kornet (foto archivo)

Agregue a esta lista una nueva y maravillosa innovación rusa llamada "importación paralela". Si alguna empresa, en cumplimiento de las sanciones contra Rusia, se niega a vender sus productos a Rusia o a reparar o actualizar sus productos en Rusia, entonces Rusia comprará estos productos y las actualizará a un tercero, cuarto o quinto sin el permiso de los EE. UU., la UE o el fabricante. Si un determinado producto de marca deja de estar disponible, los rusos simplemente cambian el nombre de la marca y fabrican el mismo producto ellos mismos, o hacen que los chinos u otro socio comercial lo hagan por ellos. Y si Occidente se niega a licenciar su propiedad intelectual a Rusia, entonces esa propiedad intelectual se vuelve libre en Rusia.

Esto funciona particularmente bien con el software: las copias gratuitas de software de marca son tan buenas como las copias pagas, y si el soporte técnico, la capacitación u otros servicios asociados no están disponibles en Occidente, los rusos simplemente organizan los suyos. La propiedad intelectual de varios tipos constituye una gran parte de la riqueza teórica occidental, y las sanciones occidentales están teniendo el efecto de permitir que Rusia haga uso de ella de forma gratuita. Gracias a la tecnología digital moderna, también funciona bastante bien con hardware. En lugar de productos de ingeniería inversa minuciosa, ahora se puede lograr el mismo efecto comprando los modelos 3D en una memoria USB e imprimiéndolos en 3D o generando automáticamente las rutas de fresado y perforación para crearlas en una fresadora NC. A Putin le gusta usar la expresión “tsap-tsarap” para describir este proceso. Es difícil de traducir directamente, pero se refiere al acto de un gato que arrebata a su presa con sus garras. En pocas palabras, lo que antes Rusia tenía que pagar ahora, gracias a las sanciones, es gratis para ella.

Dado que la Guerra de Ricitos de Oro es, después de todo, una especie de guerra, necesitamos discutir brevemente sus aspectos militares. Aquí, también, un enfoque firme sobre la marcha parece ser el más copacético. El objetivo declarado es desmilitarizar y desnazificar a la antigua Ucrania, y hasta cierto punto esto ya se ha logrado: la mayor parte de los blindados y la artillería que Ucrania había heredado de la URSS ya se han destruido; la mayoría de los batallones nazis acérrimos están muertos o son una sombra de lo que eran. También se han ido la mayoría de los voluntarios que una vez lucharon en el lado ucraniano. Después de que más de 100.000 soldados ucranianos “han sido muertos” desde febrero de 2022 (como declaró abiertamente, y luego negó tímidamente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen), y después de quizás medio millón de bajas, decenas de hombres en edad de servicio sobornando para salir del país y varias rondas del draft, son pocas ganancias. Con más de cien bajas ucranianas por día, las ganancias se reducirán aún más con el tiempo. Se han utilizado mercenarios extranjeros para llenar el vacío (anglos, polacos, rumanos), pero hay un gran problema con ellos: como señaló Julio César, muchas personas están dispuestas a matar por dinero, pero nadie quiere morir por dinero, excepto un idiota, añadiría. Y en el frente ruso de la OTAN, un idiota y su vida pronto se separan. La información actualizada sobre las bajas rusas es un secreto de Estado y el único número divulgado por el ministro de Defensa, Sergei Shoigu, a fines de septiembre de 2022 fue de 5937 muertos desde el comienzo de la campaña. Se dice que las tasas de bajas han sido significativamente más bajas desde entonces.

En la actualidad, todavía no hay escasez de idiotas en el lado ucraniano, todavía, y tampoco hay escasez de armamento occidental donado. Primero llegaron los tanques usados ​​de la era soviética y otros sistemas de armas donados de toda Europa del Este; luego vinieron los sistemas de armas occidentales reales. Y ahora en toda la OTAN se escuchan gritos lastimeros de que no les queda nada que puedan dar a los ucranianos: el armario está vacío. Tampoco pueden fabricar más armas a toda prisa. Para comenzar a producir armas al mismo ritmo que lo está haciendo Rusia, estos miembros de la OTAN primero tendrían que reindustrializarse, y no hay ni los recursos humanos ni el dinero para hacerlo. Y así, el ejército ruso avanza, desmilitarizando a Ucrania y al resto de la OTAN con él. En el proceso, está perfeccionando el arte de librar una guerra terrestre contra la OTAN, no es que un solo país de la OTAN siquiera consideraría tal idea.

Tal vez se trate de un avance lento de la misión, o tal vez este ha sido el plan todo el tiempo, pero lo que Rusia está haciendo en este momento es destruir la OTAN. Puede recordar que hace un año Rusia exigió que EE. UU. cumpliera con ciertas garantías de seguridad que hizo como condición para permitir la reunificación pacífica de Alemania; es decir, que la OTAN no se expandiría hacia el este. “Ni una pulgada hacia el este”, decía el acta oficial de la reunión. Gorbachov y Shevardnadze no lograron poner este trato en papel y lo firmaron, pero un trato verbal es un trato. Hace un año la oferta de Rusia fue bastante moderada: que la OTAN se retirara a sus fronteras anteriores a 1997, cuando se expandió a Europa del Este.


       Sistema ruso antiaéreo Pantsir (foto archivo, Aleksandr Vilf, Sputiek)

Pero, como suele ocurrir cuando se negocia con los rusos, su oferta inicial suele ser la mejor. Por lo que sabemos, según cómo vayan las cosas en Ucrania, la mejor y última oferta de Rusia puede requerir que la OTAN se disuelva por completo. Después de todo, el Pacto de Varsovia se disolvió hace 31 años, pero la OTAN todavía existe y es más grande que nunca; ¿para qué? ¿Para luchar contra Rusia? Bueno, entonces, ¿qué están esperando? ¡Ven y cógelo! Es posible que esto ni siquiera tome la forma de una negociación. Por ejemplo, Rusia podría decir, darle un golpe rápido a Letonia (se merece uno o dos golpes por abusar de su gran población nativa rusa al estilo nazi) y luego dar un paso atrás y decir: "Vamos, OTAN, ven y muere heroicamente en ¡Nuestra puerta para la pobre pequeña Letonia! En este momento, los oficiales de la OTAN permanecerán unidos pero en silencio, examinando cuidadosamente sus propios zapatos y los de los demás.

Finalmente, llegamos a lo que quizás sea la razón menos importante de la Guerra de Ricitos de Oro: la antigua Ucrania misma. En vista de los otros objetivos estratégicos de Rusia, parece más la naturaleza de una pieza de sacrificio en un gambito de ajedrez. Teniendo en cuenta lo que Rusia ya ha logrado en los últimos nueve meses (cuatro nuevas regiones rusas, seis millones de nuevos ciudadanos rusos, un puente terrestre a Crimea, suministro de agua de riego a Crimea), no le queda mucho por lograr militarmente antes de su campaña militar alcance a la etapa de rendimientos decrecientes. La adición de las regiones de Nikolaev y Odessa y el control total de la costa del Mar Negro serían, por supuesto, muy valiosas; el control de Kharkov y Kiev algo menos. El control de toda la cascada hidroeléctrica de Dniepr es definitivamente agradable de tener. En cuanto al resto, podría dejarse languidecer durante siglos como un páramo desindustrializado y despoblado, etiquetado como "Mayormente inofensivo".

Permítanme divulgar un detalle personal o dos. Dos de mis abuelos eran de Zhitomir, mi padre nació en Kiev, mi primer interés romántico fue una chica de Odessa y, a lo largo de los años, he tenido muchos amigos de Odessa, Kharkov, Lvov, Kiev, Donetsk, Vinnitsa y otros lugares. como en cualquier otro lugar de Rusia. ¿Rusia? Leíste bien: no hay forma de convencerme de que el llamado "territorio ucraniano" de alguna manera no es Rusia o que las personas que viven allí de alguna manera no son rusas, independientemente de lo que les hayan lavado el cerebro recientemente. Lo que es más, ninguna de estas personas que he conocido a lo largo de los años se consideró en lo más mínimo ucraniano y probablemente verían la idea misma de una identidad nacionalista ucraniana como un síntoma de una condición mental. La etiqueta "ucraniano" era para ellos una tontería bolchevique; desde entonces, la ucranianidad se ha convertido en un método occidental para explotar variaciones étnicas menores con el fin de hacer que un grupo de rusos luche contra otro grupo de rusos.

En caso de que tenga dudas, apliquemos la buena prueba del pato: ¿la gente de allí camina, grazna y se parece a los rusos? Todo ese territorio, con una pequeña excepción en el lejano oeste, fue parte de Rusia durante entre diez y tres siglos; la mayoría de las personas allí, y prácticamente toda la población urbana, habla ruso como lengua materna; su religión es predominantemente ortodoxa rusa; son genéticamente indistinguibles del resto de la población rusa. Entonces, ¿qué pasó con ellos?

Desafortunadamente, una pequeña parte de esta tierra rusa pasó tres siglos en cautiverio del Imperio Austro-Húngaro o como parte de la Gran Polonia, y esto envenenó sus mentes con ideas extranjeras como el catolicismo y el nacionalismo étnico. A diferencia de Rusia, que es un monolito multinacional, multiétnico y religiosamente diverso, Occidente es un mosaico de nacionalismos étnicos, y donde hay nacionalistas puede haber nazis, limpieza étnica y genocidio.

Como una gota de veneno infecta todo el barril de vino, estos ucranianos occidentales, con mucha ayuda y fondos de los nazis alemanes, luego de los estadounidenses y los canadienses, lograron infectar una gran parte del antiguo territorio ucraniano con un falso nacionalismo basado en sobre una historia forjada y una cultura inventada al azar. Las prohibiciones oficiales sobre la enseñanza y, eventualmente, el uso del ruso han creado una generación de jóvenes que son esencialmente analfabetos en su ruso nativo. Se enseñan en ucraniano, pero la alfabetización ucraniana es casi un oxímoron, ya que nunca se ha escrito o publicado nada de gran importancia en ese idioma y la gran mayoría de las obras literarias ucranianas están, lo adivinaste, en ruso.


La operación militar especial rusa que se lleva a cabo desde febrero de 2022 ha polarizado a toda la población. Aquellos que habían decidido estar con Rusia en 2014 estaban, obviamente, encantados de finalmente recibir ayuda de Rusia. Las ahora regiones rusas de Donetsk, Lugansk, Zaporozhye y Kherson votaron gustosamente para unirse a Rusia. Pero en cuanto al resto del antiguo territorio ucraniano, la polarización es mayoritariamente en la dirección opuesta. Aquellos que querían estar con Rusia en su mayoría votaron con los pies y ahora viven en algún lugar de Rusia.

Esto es algo que solo el tiempo puede arreglar. Eventualmente, la población de la antigua Ucrania se verá obligada a tomar una decisión: pueden ser rusos, o pueden ser refugiados en algún lugar de Europa, o pueden morir luchando contra los rusos en el frente. Tenga en cuenta que incluso Donetsk y Lugansk no tomaron esta decisión de inmediato, como lo hizo Crimea. En ese momento, solo alrededor del 70% de su población estaba a favor de abandonar Ucrania y reincorporarse a Rusia. Fueron necesarios ocho años de incesantes bombardeos ucranianos para convencerlos de tomar esta decisión.

Durante estos años intermedios, los "ucranianos" acérrimos se filtraron, dejando atrás una población que era casi 100% prorrusa. Fue solo entonces que el Kremlin les otorgó el reconocimiento oficial, envió tropas para defenderlos de una invasión inminente y, poco después, los aceptó en la Federación Rusa. Y ahora debe llevarse a cabo el mismo tipo de operación de clasificación en el resto de la antigua Ucrania. ¿Cuánto tiempo tardará? Solo el tiempo lo dirá, pero ya está claro que, en lo que respecta a Rusia, no hay ninguna razón de peso para apresurarse.



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06 octubre 2022

El camino de la Alemania militarista es muy peligroso

 

Ursula Gertrud von der Leyen, política alemana, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), ocupó cargos sucesivos en el gabinete de Angela Merkel, desde 2013 al 2019 fue la primer mujer nombrada Ministra de Defensa. Y desde diciembre del 2019 es la presidenta de la Comisión Europea. En la foto, von der Leyen en un campamento de la Bundeswehr (Foto de archivo, Maurizio Gambarini)

Introducción por el editor del blog

Hace algún tiempo este blog reprodujo un interesante artículo sobre la política exterior de la República Federal de Alemania y de sus fuerzas armadas, "Bundeswehr marcha hacia el pasado". Bien, en el presente, la excusa de la guerra en Ucrania ha conseguido que Alemania apruebe un rearme histórico sin precedentes desde el fin de la segunda guerra mundial, junto a sus socios de la OTAN.

El pretexto de "ayudar a Ucrania" permite que el Canciller Olaf Scholz anuncie que está a disposición de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas) un fondo especial de cien mil millones (100.000 millones de euros) y que el 2% anual del PIB se invertirá en el desarrollo de las fuerzas armadas para hacer frente a Rusia

El parlamento alemán (Bundestag) votó mayoritariamente (20 abstenciones) para esa asignación presupuestaria, no antes votar una enmienda a la Constitución para modernizar el ejército. El Comité de Defensa del Bundestag acota que el proyecto de modernización de la Bundeswehr requiere reinventar "una imagen del enemigo" (Rusia). Esto es el resultado de largos años de presión de la OTAN. "Europa nos necesita", dijo ante el Parlamento la ministra de Relaciones Exteriores (Annalena Baerbock, del Partido Verde).


Es bueno refrescar la memoria de los incrédulos. En 2010 Alemania constaba ya como el tercer exportador mundial de armamento (informe del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz Stockholm International Peace Research Institute -SIPRI). 


Sesión del Bundestag (22 abril 2022, Reuters)

Es lógica la preocupación de Rusia que señaló que la "remilitarización" alemana en términos que hacen recordar el lenguaje de su pasado nazi, (Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia), una clara alusión al programa de rearme de la Alemania hitleriana, el camino a la Segunda Guerra Mundial. "Sabemos muy bien cómo puede terminar eso" (Maria Zakharova, portavoz del ministerio ruso). Desde el fin de la Guerra Fría los ejércitos de Alemania y Rusia dejaron de verse como potenciales enemigos

La OTAN -mejor dicho, los EEUU- señala la forma en que sus socios europeos deben "adaptarse" a las "nuevas realidades" ante el peligro ruso y otras amenazas potenciales como China e Irán, desarrollando una estrategia para enfrentarlas. A pesar de ello, Olaf Scholz, ha sido muy criticado por negarse a enviar tanques de batalla "Leopard" a Ucrania. 

El mando de la OTAN (EEUU) impone sus reglas a Europa (UE). Es cierto que el gobierno federal alemán anteriormente se opuso a las sanciones económicas de Washington contra Rusia, China, Irán y otros; sin embargo, los alemanes, igual que el resto de Europa deben inclinarse ante su jefe supremo para impedir o sabotear, por ejemplo, la conclusión del gasoducto ‎Nord Stream II (que también es un proyecto alemán), gas barato para toda Europa; o, la Nueva Ruta de la Seda pactado por Alemania y China en 2013 (a través de Rusia), porque ello significaría el fin de la hegemonía de los Estados Unidos y quizá el final de los "principios" de la Unión Europea.

Las autoridades de la República Federal Alemana han estado dando un giro radical, violando su norma constitucional de no intervención en países extranjeros. Desde hace un buen tiempo los gobiernos alemanes ignoran descaradamente lo que sus abuelos aprendieron amargamente después del fin de la guerra en Europa en 1945.


         Bundeswehr-Foto The Financial Times


Recordemos las palabras de Karl Müller (diario suizo Zeit Fragen): 

"¿Cómo es posible que en un país cuya Constitución puso en primer plano la dignidad humana, un país donde el reconocimiento de los derechos humanos y del derecho internacional está inscrito en la Constitución y donde la preparación de una guerra de agresión es considerada ilícita...". 

...Pues nada, Alemania no quiere quedarse atrás de sus "colegas" europeos de la OTAN, las potencias militares Francia y Gran Bretaña. Desde hace tiempo que Alemania, presionada por Estados Unidos, participa en provocaciones militares contra Siria y Rusia, el escándalo de la entrega de armas alemanes a Ucrania para su conflicto por el Donbass y Crimea con Rusia viene desde 2014... y podríamos recordar otros episodios similares.

El "Observatorio de la Crisis" presentó a inicios de septiembre (2022) un amplio informe sobre la nueva política militar alemana. Un documento que merece ser repasado en su totalidad.

Buena lectura. 

T. Andino


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El camino de la Alemania militarista es muy peligroso



Fuente: Observatorio de la Crisis (via Al Mayadeen)

Septiembre 2022


Alemania se está preparando, bajo la demanda irrechazable de sus amigos estadounidenses, para un mundo que se constituye en un gran campo de batalla a la espera de las intervenciones de la OTAN.


Cuando los mejores son presa del extravío, quizá podemos concluir que las cosas no van realmente bien. A finales de julio, Wolfgang Schäuble concedió una entrevista al Welt am Sonntag, un periódico dominical de centro-derecha. En ella renunciaba públicamente a su concepción, mantenida durante toda su vida, de una Kerneuropa franco-alemana, comprendida como el núcleo de Europa, confiando evidentemente en salvar, tras la guerra de Ucrania, lo que queda por salvar, si es que queda algo, de la posibilidad siempre remota de construir una Europa independiente dotada de una política de seguridad igualmente independiente.

Lo que Schäuble, ahora una alta autoridad del Estado sin una función pública concreta y uno de los últimos políticos conservadores intelectualmente respetables en activo, trata de presentar en la entrevista es su concepción de una versión actualizada de su viejo concepto germano-gaullista de una Europa unida capaz de perseguir sus propios intereses.

La versión propuesta en la entrevista, sin embargo, resulta tan alejada de la realidad que, viniendo de alguien conocido por su despiadado realismo político, puede leerse como el argumento subversivo de que con la guerra ucraniana la integridad de los sueños, no solo de la derecha sino también de la izquierda, de una Europa dotada de “soberanía estratégica”, para expresarlo en palabras de Macron, se han convertido para siempre en quimeras.


Wolfgang Schäuble, político alemán miembro de Christlich Demokratische Union Deutschlands (CDU). Ex Ministro del Interior y ex Ministro de Hacienda en los gabinetes de Angela Merkel (entre 2005-2017). Luego Schäuble fue presidente del Bundestag (2017-2021).

¿Qué sugiere Schäuble para convertir a Europa, ahora o nunca, en una potencia soberana después de la “zeitenwende” (fase de transición)? Tras constatar que el tándem franco-alemán ha fracasado a la hora de evitar la guerra, o siquiera de tener una voz en ella, Schäuble sugiere ampliarlo para convertirlo en un triunvirato, en un directorio de tres miembros, invitando para ello a Polonia a unirse a Alemania y Francia “como miembro dotado de la misma importancia en la dirección de la unificación europea”.

Dado que “a tenor del Tratado de Lisboa la política de defensa recogida en el mismo no es adecuada para medirse con los desafíos actuales”, el nuevo directorio operaría al margen de la Unión Europea. Francia, Alemania y Polonia invitarían a otros países europeos a unirse a ellos, para lo cual Schäuble acepta el concepto de “coalición de voluntarios”. Este mismo principio, sugiere, debería aplicarse también a cuestiones como la política de inmigración y asilo.

En efecto, este planteamiento daría lugar a una “Europa a la carta”, una vez abandonado el supranacionalismo para sustituirlo por lo que en Bruselas, con una obligada expresión de disgusto, se denomina inter-gubernamentalismo. A largo plazo, tal planteamiento podría prescindir del establishment de Bruselas en su conjunto en favor de una alianza estratégica multinacional liderada por tres Estados-nación soberanos.

"Schäuble invita a Polonia a unirse a Alemania y Francia como co-potencia hegemónica europea, confiando en que ello, contra toda esperanza, la arranque de su relación simbiótica con Estados Unidos”.

Pero esto es solo el principio. La principal tarea de este directorio de tres sería construir una defensa nuclear para Europa. En opinión de Schäuble, “dado que los ayudantes de Putin (¡!) nos amenazan cada día con un ataque nuclear, ahora está absolutamente claro (…) que necesitamos disponer de una fuerza de disuasión nuclear también a escala europea”. Mientras Francia tiene las armas, Alemania tiene el dinero.


En nuestro propio interés, los alemanes debemos, a cambio de una disuasión nuclear conjunta, efectuar la correspondiente contribución financiera al poder militar francés (…). Al mismo tiempo, debemos participar en una planificación estratégica de mayor envergadura acordada con París (…). En cualquier caso, una capacidad de defensa europea es inconcebible sin la dimensión nuclear (…)”.


En repetidas ocasiones, Schäuble insiste en que nada de esto debe contradecir los compromisos europeos asumidos en el marco de la OTAN. “Lo que Francia debe conceder” a cambio de la cofinanciación alemana de su fuerza nuclear “es que todo debe encajar en la OTAN”.

De hecho, una de las razones que esgrime Schäuble en pro de la cooptación de Polonia en su directorio es que su presencia garantizaría que “la defensa europea no sería alternativa sino complementaria a la OTAN”. La regla general, de acuerdo con Schäuble, “debe ser siempre: todo con la OTAN, nada contra ella”.

La propuesta de reorganización de Europa presentada por Schäuble debe entenderse como un intento desesperado de mantener viva una perspectiva mínimamente creíble de independencia estratégica europea. Sin embargo, los actos de fe que tiene que hacer para conseguirlo son enormes.

Para acomodar el ascenso de Europa del Este como nuevo centro de poder europeo tras el ataque ruso a Ucrania, Schäuble invita a Polonia a unirse a Alemania y Francia como copotencia hegemónica europea, confiando en que ello, contra toda esperanza, la arranque de su relación simbiótica con Estados Unidos. (El gobierno polaco acaba de presentar a Alemania una factura de un billón de euros en concepto de reparaciones por la Segunda Guerra Mundial, esperando que ello le ayude a ganar las próximas elecciones).

Schäuble también confía en que Francia acepte a un tercer país como cogobernante de Europa, después de que el actual liderazgo ejercido por ambos países haya fracasado, y que conceda a Alemania y Polonia lo que ha negado sistemáticamente desde la década de 1960 a Alemania sola, esto es, la capacidad de expresar su opinión sobre el uso del arsenal nuclear francés.

Cuanto más se analiza la propuesta, más sorprendentes resultan las ilusiones que un veterano de la política europea como Schäuble se siente obligado a asumir para bosquejar algo parecido a un modelo de soberanía estratégica europea


Uno de los pilares del poder de Estados Unidos en Europa es la firma por parte de Alemania del Tratado de No Proliferación Nuclear de la década de 1960, que propició que Alemania dependiera para su defensa durante la Guerra Fría del paraguas nuclear estadounidense.


En la actualidad, dicha dependencia se traduce en la presencia de un número desconocido de bombas atómicas estadounidenses en suelo alemán, junto con una licencia para que la Luftwaffe alemana transporte cabezas nucleares estadounidenses, bajo el mando de Estados Unidos, dirigidas contra objetivos elegidos por este país, utilizando aviones de combate comprados al mismo, lo que oficialmente se denomina “participación nuclear”.

No hay ninguna razón para creer que pueda convencerse a Estados Unidos, con o sin la OTAN, de que Alemania necesita participar también en la gestión de las cabezas nucleares francesas, aunque sea indirectamente pagando por ellas. Tampoco hay ninguna perspectiva de que Francia permita a Alemania y a Polonia expresar su opinión sobre cuándo debería ponerse en riesgo París por el bien de Berlín o Varsovia; en el pasado, los intentos franceses de hacer que Alemania compartiera los costes de la force de frappe (fuerza de choque) fueron abandonados en repetidas ocasiones cuando, a cambio de su participación, Alemania quiso simplemente echar un vistazo al catálogo de objetivos nucleares franceses.


Christian Lindner, político alemán del Partido Liberal, ministro de Finanzas de Alemania desde diciembre del 2021. Ha advertido del riesgo en la Eurozona de caer en la temible "estanflación". Confía en que otros paises de la eurozona reduzcan deuda para combatir la subida de precios. Se declara abierto a expropiar reservas del Banco Central de Rusia para ayudar a Ucrania. En la foto Lindner en un campmento de la Bundeswehr en Eslovaquia (Foto Thomas Koehler / fototeca  IMAGO)


Y cabe también preguntarse cómo alguien con una experiencia y una carrera tan dilatada como las de Schäuble puede confiar en que una política de seguridad europea codirigida por Polonia podría ser otra cosa que la extensión de la política de seguridad estadounidense, dados los dos objetivos principales de la política exterior polaca, esto es, la independencia de Alemania y la presencia contundente de Estados Unidos en Europa para mantener a Rusia a raya en lugar de confiar en los poco fiables vecinos europeos, que, a diferencia de la potencia estadounidense, podrían, a la hora de la verdad, temer por su propia seguridad.

Donde la entrevista de Schäuble se convierte definitivamente en un documento de desesperación y su triunvirato franco-alemán-polaco se revela como nada más que el espejismo de un viajero en el desierto a punto de deshidratarse, es al final de la misma, cuando intenta hacer creer al entrevistador y a sí mismo que su triple alianza nuclear intentaría establecer “una asociación con Rusia, siempre que este país respete las normas básicas de la cooperación entre socios”.

“Seguramente —afirma Schäuble— también los polacos estarán de acuerdo cuando decimos que la asociación con una Rusia comprometida con la renuncia al uso de la fuerza, con la inviolabilidad de las fronteras y con las normas fundamentales del derecho internacional es políticamente deseable. Con una Rusia así podemos y queremos cooperar de buena fe. Por supuesto, con Putin esto será difícil”, pero no imposible, en su opinión.

Schäuble no puede albergar duda alguna de que para Polonia y su protector, Estados Unidos, una arquitectura de seguridad negociada en Europa que incluya a Rusia es, en el mejor de los casos, una segunda opción; su resultado preferido de la guerra ucraniana es una Rusia derrotada y mantenida a raya por una fuerza militar superior. Europa, en este escenario, está dirigida, no por Alemania o Francia o por ambas, sino por Estados Unidos y ello no solo en el continente euroasiático, sino también a escala mundial, en particular en relación con China, a la que Schäuble menciona solo una vez de pasada.

El hecho de que Schäuble pueda llegar a confiar en que sus repetidas garantías de que su triple alianza formará parte de la OTAN, llegando incluso a sugerir además que el Reino Unido (el autodenominado subcomandante de Estados Unidos a escala mundial) también debería desempeñar un papel en la misma, engañen a la potencia estadounidense, desafía toda comprensión. En realidad, que alguien como Schäuble se vea constreñido a propalar piadosas esperanzas de que Estados Unidos mirará hacia otro lado puede interpretarse como un indicio de la eficacia con la que la guerra de Ucrania ha desplazado el centro de la política europea de seguridad nacional hacia el este y, con ello, hacia el oeste, en dirección a Estados Unidos.

Donde Schäuble, para variar, está en línea con el Zeitgeist europeo (espíritu de los tiempos) es cuando afirma que la Unión Europea, como organización internacional realmente existente, no juega ningún papel en su proyecto; en realidad, está explícitamente excluida de él. Lo que tiene en mente, sin decirlo, es lo que Macron, en sus momentos más exuberantes, denomina una refundación de Europa (por supuesto, hay pocas cosas que Macron no quiere refundar).


Ursula von der Leyen, en una foto de archivo como Ministra de Defensa de Alemania, actual presidenta de la Comisión Europea. 

Durante los últimos años, el equipo de von der Leyen y el “método comunitario” supranacional que administra han perdido rotundamente la reputación de la que gozaban entre los jefes de Estado y de gobierno europeos. La gestión de la pandemia por parte de Bruselas fue ampliamente considerada un desastre, a pesar de que fue Merkel quien le encargó la adquisición de las vacunas, tarea para la que no estaba preparada, a fin de evitar que Alemania fuera la primera en ser servida cuando se disponía a asumir la presidencia de la Unión Europea en el verano de 2020: el resultado fue el retraso de dos meses en la campaña de vacunación en el continente europeo.

También se culpó a la UE de no haber almacenado máscaras y equipos protectores y, en general, de no estar preparada para gestionar una emergencia médica como la pandemia de la covid-19, así como de intentar en vano que los Estados miembros cofirmantes del Acuerdo de Schengen mantuvieran sus fronteras abiertas durante el periodo de aumento de las tasas de contagio.

A esto le siguió la toma de conciencia gradual de que el aclamado Next Generation European Union Corona Recovery Fund era demasiado pequeño y estaba gestionado de forma demasiado burocrática como para hacer algo por el país para el que principalmente estaba destinado, Italia, como demuestra la patética caída, tras solo un año en el cargo, del caballero blanco de la UE, Mario Draghi, como primer ministro de su país.

Añádase a esto el regateo con Polonia y Hungría sobre el “Estado de derecho” en un momento en que Europa del Este se estaba convirtiendo en el nuevo centro de gravedad de la UE, por no hablar de la ausencia total de esta cuando los Acuerdos de Minsk fracasaron y Estados Unidos asumió la gestión del conflicto con Rusia en torno a Ucrania

Una vez que la Realpolitik levantó su fea cabeza, la UE se convirtió rápidamente en una organización auxiliar de la OTAN, encargada, entre otras cosas, de idear sanciones contra Rusia, que en su mayor parte se volvieron contra ella, y de elaborar una política energética europea común, una misión imposible desde el principio.

Para evaluar cómo el liderazgo europeo se ha deslizado hacia Estados Unidos y cómo la UE ha perdido el control sobre sí misma nada mejor que analizar su política de admisión de nuevos Estados miembros, la cual constituye un campo de batalla cada vez más enmarañado ligado al conflicto sobre quién dirige Europa y con qué propósito.

En la década de 1990, Estados Unidos hizo saber que, como parte de su Nuevo Orden, la UE tenía que acoger a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia (Polonia, Hungría, Chequia, Bulgaria y Rumanía) para fortalecerlos económicamente y reorganizarlos institucionalmente con el fin de anclarlos firmemente en “Occidente”; posteriormente, los Estados bálticos, que durante un tiempo formaron parte de la Unión Soviética, siguieron su ejemplo.

En aquel momento también se esperaba que la UE admitiera a Turquía, cuyo principal mérito consistía en ser miembro de la OTAN desde hacía mucho tiempo, lo cual habría dado a “Europa” fronteras conjuntas con Siria, Iraq e Irán, además de una posible guerra con un Estado miembro de la UE, Grecia. La adhesión de Turquía fue impedida por Francia y la Alemania de Merkel, campeona mundial en el arte de la resistencia pasiva, aunque oficialmente Turquía sigue siendo candidata a la incorporación a la UE.

La integración de los nuevos miembros de la UE constituye una ardua tarea para la burocracia de Bruselas, que debe enseñarles los entresijos del denominado acquis communitaire (acervo comunitario), el interminable conjunto de normas que los Estados deben aplicar como condición previa a la adhesión. Además, para afianzar su lealtad al capitalismo, los nuevos miembros deben recibir apoyo económico y cuanto más pobres y numerosos sean, mayores deben ser los fondos estructurales de la Unión destinados a los mismos, que son financiados con los respectivos presupuestos nacionales.


         Soldados de la Bundeswehr (Foto archivo Imago Christian Thiel)

Además, como tantas otras veces, el dinero puede o no comprar el amor, y los nuevos Estados miembros del Este tener sus propias ideas sobre cuándo deben seguir las órdenes de Bruselas y cuándo no. Así, los periodos de espera se han dilatado durante los últimos años, ya que las negociaciones se están alargando innecesariamente por la presión de los actuales Estados miembros.

El último nuevo miembro de la UE fue Croacia, admitida en 2013, tras diez años de negociaciones y con sus reformas institucionales concluidas a satisfacción de Bruselas. En la lista de espera siguen Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro, Macedonia del Norte y Serbia, los denominados Estados de los Balcanes Occidentales, cuyas perspectivas de ser admitidos en un futuro previsible es nula, después de que Francia se opusiera públicamente a su ingreso.

Introduzcamos en la ecuación a Ucrania, que a través de su omnipresente presidente exige la plena incorporación a la UE de inmediato, tutto e subito, algo difícilmente realizable sin el estímulo de su aliado estadounidense, que necesita que alguien pague la reconstrucción del país una vez que la guerra concluya, si es que lo hace en algún momento.

El 18 de junio, Von der Leyen, vestida como tantas veces estos días de azul y amarillo, anunció en Twitter, sin miedo a parecer decadente o de mal gusto, que “los ucranianos están dispuestos a morir por la perspectiva europea. Queremos que vivan con nosotros el sueño europeo”. Pero lo que parecía convertirse en un viaje por la vía rápida a Bruselas pronto se detuvo en seco.

Aunque es evidente que los Estados de los Balcanes Occidentales debieron protestar, el factor crucial es que los actuales Estados miembros parecieron haberse dado cuenta de que la adhesión de Ucrania acabaría por hacer saltar por los aires el presupuesto de la UE, por no hablar del sistema político oligárquico ucraniano, que habría hecho que Polonia y Hungría, los archienemigos “antiliberales” de la mayoría liberal del Parlamento de la UE, parecieran democracias escandinavas.


“Los Verdes son los más militantes entre los políticos alemanes en su espíritu belicoso, ya que representan a una generación que estuvo exenta, y lo estará para siempre, del servicio militar, a diferencia de los despreciados pacifistas de antaño”.


En esta situación, fue Olaf Scholz quien, de nuevo con verdadero espíritu merkeliano, tiró del carro, exigiendo que la UE, antes de dejar entrar a ningún nuevo miembro, se sometiera a «reformas estructurales» de las que previsiblemente es incapaz. Una de sus propuestas se refería a la composición de la Comisión.

Actualmente hay un comisario por cada Estado miembro, lo que suma un colegio de veintisiete, demasiado grande, como dice un adagio de Bruselas, para reunirse en pleno sin que los miembros utilicen prismáticos si quieren mirarse a los ojos. Sin embargo, ello no es razón para que los Estados miembros más pequeños insistan en que cada país debe tener un puesto en la Comisión, dado que la UE paga a sus comisarios bastante más de lo que los países más pequeños y pobres pagan a sus respectivos primeros ministros.

La reducción del número de comisarios requerirá la modificación de los Tratados que cada Estado miembro debe aceptar. Además, en un discurso pronunciado a finales de agosto en la Universidad Carolina de Praga, que pretendía ser un complemento del pronunciado por Macron en la Sorbona en 2016, Scholz exigió disposiciones más estrictas sobre el Estado de derecho en los Tratados y poderes más eficaces para que la UE sancione a los Estados miembros por sus infracciones, a sabiendas de que esto sería inaceptable para Polonia y Hungría, y presumiblemente también para otros países. (Eludiendo tanto la UE como la OTAN, Scholz también sugirió un sistema conjunto de defensa aérea para Europa, creado por Alemania junto con los Estados miembros vecinos).

Además, Scholz insistió en la votación por mayoría en el Consejo en lo concerniente a la política exterior de la UE, presumiblemente mediante votos ponderados por el tamaño de los respectivos países para evitar que el nuevo Ostblock (bloque de los países de Europa del Este) superara en votos a Alemania y Francia en nombre de Estados Unidos. Por supuesto, en la UE acabar con la unanimidad requiere unanimidad, un obstáculo que ni siquiera Angela Merkel había podido superar.


Despedida a la canciller Angela Merkel (foto Reuters). El desfile nocturno de soldados portando antorchas, el “Zapfenstreich” o “Toque de retreta”, en el patio del Ministerio de Defensa marcó el “fin de la era Merkel”, 1 diciembre 2021.


Mientras tanto, en Alemania, la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, una de las Young Global Leaders del World Economic Forum de Davos, hace saber a la opinión pública alemana que la guerra en Ucrania puede durar muchos años todavía y que Ucrania seguirá necesitando apoyo económico y militar, incluido “armamento pesado”, con toda seguridad durante 2023.

Ello añade un sabor peculiar a las interminables expresiones de gratitud y admiración de los Verdes por los valientes ucranianos que “defienden nuestros valores”, arriesgando sus vidas bajo un estricto régimen de servicio militar obligatorio. También ayuda a explicar su identificación incondicional con los objetivos bélicos del ala ahora gobernante del nacionalismo ucraniano (Baerbock: “Crimea pertenece a Ucrania... Ucrania defiende también nuestra libertad, nuestro orden de paz. Y la apoyamos financiera y militarmente, mientras sea necesario. Y punto”).

El envío de armas, mientras estos nuevos belicistas observan cómo se utilizan estas desde la seguridad de sus salas de estar (Twitter ofrece un increíble número de tuits de alemanes repantigados en sus sillones celebrando los golpes de la artillería ucraniana contra los objetivos rusos, similares a los publicados por los video jugadores que informan de sus proezas conseguidas en las pantallas de sus ordenadores) es jaleado casi diariamente acompañado de la garantía, que se hace eco de las declaraciones de Biden y su equipo, de que la OTAN, incluida Alemania, nunca enviará tropas a los campos de batalla de Ucrania donde los ucranianos “luchan y mueren por todos nosotros”.

Obviamente, ello contribuye a que estos nuevos partidarios de la guerra, que se saben al reparo de riesgo alguno para sí o para sus hijos, la alienten hasta la mismísima Endsieg (victoria final), insistiendo en que no puede haber negociaciones sobre el fin de la misma antes de que ésta haya terminado con la incondicional retirada rusa.

Hasta ahora, la llegada de los Verdes al gobierno alemán, el reverdecimiento de lo que los alemanes solían llamar Friedenspolitik (política de paz), ha tenido un éxito notable. El espacio para el debate público legítimo sobre la paz y la guerra se ha reducido drásticamente. El jefe del servicio de seguridad nacional alemán, la orwellianamente denominada Bundesamt für Verfassungsschutz (Oficina para la Protección de la Constitución), aseguró públicamente al gobierno que vigilará a todos los que afirmen que el ataque ruso a Ucrania podría haber estado relacionado con la acumulación previa de recursos militares estadounidenses en torno a Rusia; en otras palabras, a todos los Putinversteher (comprensivos con Putin).

Como el evangelio, la prensa, de calidad o no, recita como sabiduría última de las relaciones internacionales, olvidada por los pacifistas sentimentales como Willy Brandt, el viejo adagio romano, si vis pacem para bellum. Se trata de proscribir la idea más reciente, que se remonta en parte nada menos que al mismísimo Friedrich Engels, de que con el armamento moderno, prepararse para la guerra puede desencadenar una carrera armamentística que precisamente consigue lo contrario de la paz.

La acumulación sin precedentes de recursos militares por parte de Estados Unidos durante las dos primeras décadas del siglo XXI, incluida la dotación de armamento a Ucrania desde 2014, que supuso sin riesgo de exagerar la preparación para la guerra más impresionante de la historia, fortalecida además por la denuncia de todos los tratados de control de armamentos de la época de la Guerra Fría, no debe mencionarse nunca en este contexto.

Visto así, el hecho de que el presupuesto especial de defensa de 100 millardos de euros, anunciado por el gobierno alemán a los tres días de iniciarse la guerra, no tendrá sus primeros efectos sobre el terreno hasta dentro de aproximadamente cinco años no significa que sea un despilfarro, sino únicamente que no tiene nada que ver con la guerra de Ucrania como tal.


Para lo que Alemania se está preparando, siguiendo la demanda irrechazable de sus amigos estadounidenses, es para un mundo que se constituye en un gran campo de batalla a la espera impaciente de las intervenciones de la OTAN fuera de su área de operaciones tradicional en pro de la propagación de la democracia y de la oferta de oportunidades para que ciudadanos posheroicos y sobrealimentados defiendan los valores occidentales.


         Tanques alemanes "Leopard II" (foto archivo)

A mediados de agosto, como otra muestra de su lealtad a Occidente, Alemania envió seis aviones de combate Eurofighter, en un viaje que los llevó por medio mundo y les obligó a pasar por la China continental y Taiwán, a Australia con el fin de efectuar maniobras conjuntas con Corea del Sur y Nueva Zelanda y de demostrar así la disposición alemana para una ulterior implicación militar.

La prensa alemana informó bochornosamente para contextualizar la noticia de que “el nuevo concepto estratégico de la OTAN menciona a China como un desafío”. Uno de los seis aviones de guerra resultó defectuoso y tuvo que ser devuelto a casa, pero los cinco restantes llegaron sanos y salvos a su lejano destino repostados en vuelo por un avión cisterna A330, lo que hizo que el Frankfurter Allgemeine Zeitung se sintiera orgulloso del estado de las fuerzas armadas alemanas.

El viaje se produjo después de que el gobierno saliente de Merkel enviara una fragata, la Bayern, de gira por el Indo-Pacífico, antes conocido como el Mar del Sur de China, para mostrar tanto la lealtad transatlántica, como la resolución a la hora de intervenir en el Pacífico oriental. 

Y esto es todo por hoy en cuanto a la autonomía estratégica europea.

Fuente consulta  

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