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03 marzo 2022

La masacre de Addis Abeba: 'la vergüenza nacional de Italia'



I

Introducción por el editor del blog

Daremos algunas puntualizaciones históricas sobre la masacre en Addis Ababa (1937); la segunda parte ocupa la reseña del libro "The Addis Ababa Massacre: Italy's National Shame", de Ian Campbell presentada por Adeyinka Makinde. Este es otro espeluznante episodio en la historia de la "civilización europea occidental". Los italianos parecen querer olvidar su aún reciente pasado bajo el régimen fascista, se pone a la defensiva y ciertos círculos añoran al Duce.

Italia invade Abisinia el 3 de octubre del año 1935 ante la condena de la Sociedad de Naciones que estableció un embargo sobre el comercio exterior de Italia, que no sirvió para nada. 

5 de mayo de 1936, tropas italianas al mando del general Pietro Badoglio entran en Adís Abeba, capital de Abisinia (Etiopía) y terminan con el reinado del emperador Haile Selassie. Tras la toma de Adís Abeba, 11 junio 1936, Rodolfo Graziani  es designado virrey del Africa Orientale Italiana (AOI): Eritrea y Somalia ya ocupadas por Roma, junto a la recién conquistada Abisinia conforman el virreinato.

Los historiadores coinciden que Mussolini pretendió emular el esplendor clásico de la Antigua Roma, quiso instaurar un Imperio Romano Fascista en nombre del rey Víctor Manuel III, en otras palabras el "Duce" solo era un siervo del rey, Mussolini y el fascismo dirigían el gobierno cumpliendo los designios de la Realeza y la Gran Empresa. 

Mussolini proclamó el Imperio ante la multitud en la plaza Venezia de Roma el 9 de mayo de 1936:


"Italia tiene, finalmente, su imperio, un imperio fascista, porque lleva los signos indestructibles de la voluntad y de la potencia del lictor romano, porque esta es la meta hacia la que se empeñaron las energías embravecidas y disciplinadas de las jóvenes y vigorosas generaciones italianas durante catorce años, un imperio de paz porque Italia quiere la paz para sí misma y para todos y decide ir a la guerra solo cuando se ve obligada por las imperiosas e incoercibles necesidades de la vida, un imperio de civilización y de humanidad para todos los pueblos de Etiopía". (Proclamazione dell’Impero).

 


Por si las "moscas", el 8 de julio de 1936 Mussolini se dirige a Graziani: "Autorizo ​​nuevamente a Vuestra Excelencia a iniciar y ejecutar una política de terror y exterminio contra las poblaciones rebeldes y cómplices". De esa manera se dieron sucesivos asesinatos de etíopes por condenar el colonialismo, la invasión y los crímenes que agudizaron la resistencia, incluso Graziani instigó la rivalidad entre cristianos y musulmanes.

El 19 de febrero de 1937, el virrey Graziani, en un acto propagandístico de repartir comida entre los mendigos de Adís Abeba en la sede del gobierno es atacado por dos jóvenes eritreos infiltrados en la multitud de necesitados, lanzaron 10 granadas y huyeron en medio del caos. Graziani sobrevivió a pesar de sus heridas. 

La venganza fue la consecuencia. Ese  mismo día el Fascio local acordó ejecutar un brutal pogromo contra la población local nativos. Guido Cortese, alto funcionario del Partido Nacional Fascista llamó a la purga:

 

"Camarada, hoy es el día en que debemos mostrar nuestra devoción a nuestro virrey reaccionando y destruyendo a los etíopes durante tres días. Os doy carta blanca durante tres días para destruir, matar y hacer lo que queráis de los etíopes"... 


Un gran número de civiles italianos residentes en Adís Abeba "salieron a las calles armados con porras y barras de metal golpeando y matando a los etíopes que se encontraban a su paso. A última hora de la tarde, después de haber recibido la autorización de la Casa del Fascio, equipos compuestos por camisas negras, chóferes, ascari líbicos, soldados armados y civiles se precipitaron a los barrios pobres y comenzaron lo que Antonio Dordoni denominó una frenética caza al moro" (1). 

Los relatos del pogromo son narrados en varias fuentes, una en mención es la del historiador británico Ian Campbell, "The Addis Ababa Massacre: Italy's National Shame" (Il massacro di Addis Abeba. Una vergogna italiana). Como ejemplo cita al médico húngaro Ladislas Shashka, autor del más completo y explícito testimonio de la matanza sobre lo acontecido en aquellos días: "Por primera vez en mi vida temo que alguien pueda decir que estoy mintiendo. Es por eso que deseo recurrir a testimonios para probar lo que he dicho, que es, cierto, verdaderamente increíble. Quisiera que muchas personas pudieran mirar la fotografía que un Camisa negra con un puñal en la mano se ha hecho hacer por un camarada. Es una perfecta representación de la civilización italiana. Un Camisa negra con un puñal en la mano rodeado por una familia de abisinios muertos, padre, madre y tres niños. Otro Camisa negra consideró necesario transmitir su imagen a la posteridad mientras sostenía en la mano la cabeza cortada de un abisinio".

Monjes cristianos coptos acusados -sin pruebas- de colaborar con la resistencia son conducidos a un barranco donde son aniquilados. Graziani escribió jactándose de “haber hecho temblar las entrañas de todo el clero..." La resistencia, a pesar de todo, continuó. A las masacres siguieron la promulgación de las primeras leyes racistas.


Postal diseñada por Enrico de Seta durante la campaña etíope. “Armamento. Aquí está el arma más adecuada”. Fuente La Storia Tutta

Abisinia permaneció bajo ocupación fascista hasta mayo de 1941. Selassie retornó ese año tras la derrota italiana ante los Aliados europeos (británicos, franceses, belgas, a los que se sumaron la resistencia abisinia y partisanos comunistas italianos).

En septiembre de 1945, los etíopes presentaron un memorándum ante el reunido Consejo de ministros de Asuntos Exteriores, establecían en unos 30.000 el número de asesinatos durante los años de guerra y la ocupación, la prensa francesa y americana los redujo a entre 1.400 y 6.000. La investigación de Ian Campbell arroja la cifra de 19.000.

T. Andino


 II

La masacre etíope de Italia finalmente sale a la luz 


Por Adeyinka Makinde

Reseña del libro "The Addis Ababa Massacre: Italy's National Shame", autor Ian Campbell. New African Magazine, Vol. 6, No. 584 Junio (2018). Adeyinka Makinde es un escritor y profesor de derecho con sede en Londres, Inglaterra y analista geopolítico e historiador. 


El siglo 20 es a menudo señalado por los historiadores como uno de los períodos más tumultuosos en la historia humana. Algunos llegarían a afirmar que fue el siglo más violento de los tiempos modernos. Ciertamente, los avances en la tecnología aseguraron que la vida humana pudiera ser destruida en un número mucho mayor y con más rapidez. Y en una era de imperios en guerra, represión colonial y la llegada al poder de regímenes adheridos a las ideologías despiadadas del totalitarismo, los episodios de asesinatos en masa de civiles inocentes son abundantes.

La pérdida de vidas durante la masacre de Nanking y el bombardeo de Guernica, por ejemplo, son tragedias que son emblemáticas de los tiempos difíciles que condujeron a la Segunda Guerra Mundial, al igual que los nombres de los campos de exterminio y las unidades móviles de exterminio asociadas con la Alemania nazi durante ese conflicto.

Menos conocida, si es que no se conoce en absoluto, es la masacre que fue iniciada por la Italia fascista en la ciudad etíope de Addis Abeba en febrero de 1937. Este salvaje evento, escenificado como una medida retributiva, después de un intento de asesinato del mariscal Rodolfo Graziani, virrey de Benito Mussolini en el África Oriental Italiana, es esencialmente uno episodio olvidado.

El hecho de que una atrocidad de esta magnitud no haya sido completamente documentada, diseccionada y conmemorada hasta tiempos recientes puede parecer algo sorprendente para el observador.


Caricatura británica de la época. "En Roma la gente vive como siempre".

Esta amnesia persistió tanto con respecto al perpetrador como a la víctima. No hubo investigación de crímenes de guerra y se le dio poca erudición. Las razones de esto son múltiples y son reveladas por Ian Campbell en su libro "The Addis Ababa Massacre: Italy's National Shame", el fruto de dos décadas de investigación.

La tarea de establecer la cronología de los eventos mientras se esforzaba por mantener la precisión, así como llegar a conclusiones empíricamente válidas relacionadas con el controvertido asunto de un recuento general de muertes era onerosa.

Por ejemplo, el autor tuvo que lidiar con la destrucción a gran escala de pruebas. Esto se refiere tanto a la destrucción de los registros oficiales como a la eliminación física de los testigos etíopes. Por lo tanto, necesitaba encontrar alternativas al uso de documentos de archivo como fuentes historiológicas.

En particular, esto implicó rastrear y entrevistar minuciosamente a testigos oculares durante un período considerable de tiempo, registrar sus recuerdos y luego embarcarse en un laborioso proceso de verificación cruzada y referencias cruzadas. El libro captura al mundo en el precipicio de una enorme conflagración y sirve para recordar al lector que el estallido de la Segunda Guerra Mundial tuvo varios preludios.

También reunió y reprodujo una amplia gama de evidencia fotográfica. Muchas de las tomas fueron publicadas originalmente en la revista antifascista New Times y Ethiopia News de Sylvia Pankhurst, mientras que otras inéditas fueron tomadas por diplomáticos extranjeros, residentes de Addis Abeba, camisas negras y soldados italianos.

Mientras que el preludio asiático se compone tanto de la invasión japonesa de Manchuria de 1931 como de la guerra sino-japonesa de 1937 (con el preludio europeo ocurriendo en 1939 cuando Alemania invadió Polonia), para África, el amanecer de ese conflicto estuvo marcado por la invasión de Etiopía por Italia en 1935.


Abba Jobbir, sultán de Gimma (Etiopía) invitado por Mussolini. Saludan a las tropas que desfilan en Roma, abril de 1938

La cuestión del apaciguamiento ocupa un lugar importante en el contexto africano, al igual que en el ámbito europeo. Se puede hacer una analogía entre el sacrificio de Checoslovaquia en la conferencia de 1938 en Munich, que podría decirse que envalentonó a Adolf Hitler para perseguir su objetivo de una mayor adquisición territorial, y el fracaso del sistema de seguridad colectiva prometido por la Sociedad de Naciones para restringir las ambiciones expansionistas de Mussolini en África Oriental. El trabajo de Campbell también puede recordar al lector el grado en que los acontecimientos anteriores en el continente africano prefiguraron las políticas seguidas por las potencias totalitarias antes y durante la guerra.

Por ejemplo, los experimentos raciales realizados por Joseph Mengele en Auschwitz fueron presagiados por los llevados a cabo por el mentor de Mengele, Eugen Fischer, sobre la población indígena del África sudoccidental alemana (Namibia).

Además, el sistema de campos de concentración establecido durante los conflictos coloniales anteriores a la guerra mundial por los italianos en Libia, Eritrea y Somalilandia se extendió, durante la guerra, a Yugoslavia y a la propia Italia.

Los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas italianas durante la Guerra Civil Española, y durante la Segunda Guerra Mundial en Grecia y Yugoslavia, fueron un continuo de la brutalidad exhibida durante el período de colonización italiana del territorio de África Oriental.


"La elefante blanca. Ella sigue su camino imperial..." (derecha); y, "Sillas musicales en Ginebra. Mussolini: 'Está bien de eso,  cierra la tapa. ¡No tocaré más!" caricaturas británicas de la época.

"Otro trabajo para Hércules" y "REY DE REYES", Rey Víctor Manuel: Supongo, maestro, que hay lugar para otro". Estas cuatro caricaturas de la época fascista italiana fueron publicadas en la famosa revista británica "Punch" Magazine, entre 1933-1936

El libro de Campbell proporciona una confirmación clara e ineluctable de la tendencia inherente del fascismo hacia la brutalidad y la violencia. El asesinato de etíopes comenzó durante la tarde del viernes 19 de febrero, casi inmediatamente después de que Graziani resultara herido por un ataque con granadas perpetrado por dos eritreos, Moges Asgedom y Abriha Deboch.

Poco después siguió una declaración oficial promulgando tres días de venganza y el autor construye, con detalles desgarradores, la metodología de la venganza. Pistolas, cuchillos, picos y porras fueron entregados a "escuadrones de represión" formados por milicias de camisa negra y civiles italianos, quienes, trabajando en concierto con soldados armados y carabinieri, atacaron a africanos indefensos.

Las víctimas fueron apuñaladas, golpeadas e incineradas. Se utilizaron lanzallamas para incendiar cabañas repartidas por Addis Abeba en las que miles de inocentes -niños, mujeres y ancianos indefensos- fueron inmolados. Campbell estima que entre 18.000 y 19.000 personas murieron en Addis Abeba de una población de 100.000.

La naturaleza despiadada e implacable de la violencia se ve subrayada por el hecho de que el pogromo continuó incluso después de que Mussolini enviara el mensaje para que los asesinatos cesaran el día en que Graziani se despertó de su coma.

Graziani ordenó a Guido Cortese, el líder local de los Camisas Negras, que detuviera la masacre. Pero Cortese había prometido a sus subordinados tres días, por lo que los asesinatos, centrados ahora en los suburbios periféricos donde no eran tan visibles para la dirección del partido, continuaron hasta el domingo por la noche. Esto marcó la primera fase del genocidio. 




Las autoridades italianas atacaron entonces a los "nobles y notables" de Etiopía. Las "Caravanas de la Muerte" itinerantes, que consistían en horcas portátiles, se usaban para colgar a miembros influyentes de la comunidad, incluidos los de la clase aristocrática. El autor aporta pruebas comprobadas en los archivos nacionales de Roma de que no se trataba de una política improvisada, sino que de hecho se había planificado de antemano. Había habido una política declarada de los fascistas para decapitar a los líderes intelectuales de Etiopía, un cuadro de personas específicamente seleccionadas por Haile Selassie para ser educadas en instituciones europeas y norteamericanas.

La redada y ejecución sumaria de muchos de esta élite a los que se hacía referencia como los "Jóvenes Etíopes" cumplió una orden dada por Mussolini el 3 de mayo de 1936.

Una vez más, vale la pena recordar que las formas despiadadas de violencia homicida empleadas por los italianos y sus razones concomitantes presagiaban su implementación por parte de los fascistas y nazis en la inminente guerra en el teatro europeo.

La destrucción de la élite social -los "jóvenes etíopes"- con el objetivo de dejar a una población ocupada sin timón y más maleable a la subyugación, reflejó la Intelligenzaktion empleada por los nazis en Polonia que atacó a maestros, sacerdotes y médicos polacos.

Además, la retribución despiadada se empleó no solo en Addis Abeba, sino que se extendió a la destrucción cobarde de los sacerdotes del monasterio de Debre Libanos bajo sospecha de haber albergado a los asaltantes de Graziani.

Y, por supuesto, la invasión inicial de Etiopía, que contó con el despiadado bombardeo aéreo de ciudades y pueblos, fue anterior a los notorios bombardeos de la Luftwaffe de enclaves republicanos en la Guerra Civil Española, durante la cual la Aviazione Legionaria de la Fuerza Aérea Italiana fue responsable de los ataques deliberados contra civiles en Barcelona.


"La torta del rey de reyes". Caricatura de 1936 en Le-Pelerin sobre la ocupación italiana de Etiopía tras la campaña de 1935-1936. A la derecha, Arthur Szyk en el "León de Judá".

Campbell llama la atención del lector sobre las razones del silencio y la inacción occidentales en el momento de la masacre de Addis Abeba. La evidencia que proporciona muestra que la información recopilada por diplomáticos y periodistas extranjeros en relación con la atrocidad fue suprimida activamente con la inútil esperanza de evitar que Mussolini entrara en un pacto militar con Hitler.

También aborda la cuestión de por qué figuras como Graziani y Cortese, que no fueron sometidas a juicios por crímenes de guerra, no enfrentaron el mismo castigo que el general Hideki Tojo y el SS-Obergruppenführer Karl Hermann Frank. La respuesta es simplemente que el amanecer de la Guerra Fría y el temor de que Italia pudiera caer en manos de los comunistas significaba que las figuras asociadas con el fascismo necesitaban ser preservadas.

Una prueba de guerra en África Oriental en la línea de las de Nuremberg y Tokio se habría considerado impolítica, dado que en esencia habría presentado una situación en la que los africanos negros estaban procesando a los europeos blancos, una afrenta a las sensibilidades de la época en que la mayor parte del mundo negro y marrón todavía estaba bajo el dominio colonial europeo. Por consiguiente, se denegó a Etiopía la pertenencia a la Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas.

El ostensible acto de magnanimidad de Selassie al prohibir las represalias y pedir la reconciliación puede entenderse como una respuesta pragmática a la presión británica que consistió en la amenaza de no apoyar a Etiopía en sus reclamaciones sobre Eritrea y la región de Ogaden si insiste en presionar su reclamo de un juicio por crímenes de guerra. También estaba dispuesto a reiniciar su programa de modernización, con respecto al cual necesitaría la ayuda occidental.

El libro logra mucho. Al superar los formidables obstáculos relacionados con la destrucción de las fuentes originales de información y el paso del tiempo, Campbell desmiente la idea de que Italia se ha gobernado a sí misma y a otros a través de una forma de fascismo "benigno".

La descripción de Silvio Berlusconi de los campos de internamiento del régimen fascista "como campos de vacaciones" no refleja las brutales circunstancias en funcionamiento en los campos de concentración a los que los etíopes fueron enviados durante el período de ocupación italiana: Danane en la región de Ogaden y Nokra en el archipiélago de Dahlak.

El libro ofrece la confirmación del apoyo de alto nivel del Vaticano a la conquista italiana que muchos sacerdotes consideraban una "santa misión".


El 18 de diciembre de 1935 se celebró la Giornata della Fede, instituida por el régimen en respuesta a las sanciones de la Sociedad de Naciones. Las parejas de Italia fueron llamadas a sostener el esfuerzo bélico donando “oro a la patria”, contribuyendo a los gastos de guerra con sus anillos nupciales. El acto se celebró en Roma y en innumerables partes de Italia. Solo en la capital, más de cien mil alianzas de oro fueron depositadas en el Altar de la Patria por parte de mujeres entre ellas la reina Elena y Rachele Mussolini, esposa del Duce. La Iglesia Católica colaboró activamente en la recogida. "Con letras pastorales, homilías y hojas diocesanas, gran parte del clero se apropió de los eslóganes publicitarios del régimen".

Porque mientras que las razones para la colonización de Etiopía abarcaban la doctrina racial de subyugar a un pueblo considerado como de una raza inferior, así como servir como venganza por la derrota italiana sufrida en 1897 en la Batalla de Adowa, algunos dentro de los niveles más altos de la Iglesia Católica Romana consideraban a la Iglesia Ortodoxa Cristiana Etíope como una institución herética.

Esta investigación también expone un capítulo de la historia italiana que ha sido prácticamente borrado. La verdad no expurgada sobre el legado de Italia de violento dominio colonial en África Oriental, así como sus aventuras militares en los Balcanes, nunca ha sido objeto de debate público.

En cambio, una combinación de las instituciones del Estado, los medios de comunicación y la academia ha propagado el mito de que Italia ha sido únicamente víctima del fascismo. Una indicación temprana de la sensibilidad sobre estos asuntos se produjo en la década de 1950 cuando los creadores de una película que representaba la invasión italiana de Grecia fueron arrestados y encarcelados.

Además, una película financiada por Libia en 1981 titulada "El león del desierto", que representaba la pacificación de Libia por Graziani, fue prohibida en los cines italianos. La investigación académica sobre las políticas coloniales de Italia es aparentemente prohibida. Historiadores como Angelo Del Boca, que han examinado los crímenes coloniales de Italia, han sido objeto de obloquia. Italia ha seguido siendo, en efecto, una nación en negación. El libro pone firmemente en el dominio público una obra innovadora de la historia que se sumará a la comprensión general de cómo la guerra impactó en África, que en su mayor parte está dominada por interpretaciones de batallas británicas con ejércitos italianos y alemanes en el desierto del norte de África.


Dos  caricaturas del maestro polaco-estadounidense Arthur Szyk sobre "El Duce"

"La masacre de Addis Abeba: la vergüenza nacional de Italia" es una obra magistral que merece la atención de una amplia audiencia, ya que proporciona una narrativa sobria pero fascinante de una de las mayores profanaciones de la humanidad de la época. Si bien algunos pueden optar por acusar al autor de ser abiertamente procesal, sería más preciso describirlo como un proyecto que deja las cosas claras. Señala con el dedo y es acusatorio, pero de ninguna manera es difamatorio.

Que la masacre de Addis Abeba no esté tan firmemente impresa en la conciencia de la historia a la par con las masacres de Katyn, Babi-Yar y Nanking es una injusticia, y con este libro, Ian Campbell ha desempeñado un papel en la corrección de este descuido.


Adeyinka Makinde

(1) La masacre de Adís Abeba (1937)

07 diciembre 2021

Rhodesia: cavilaciones sobre un antiguo estado de colonos coloniales

 



por Adeyinka Makinde

Sobre el autor: Adeyinka Makinde, de origen africano, nació en Lagos - Nigeria, radicado en Inglaterra. Es Abogado y catedrático invitado en la Facultad de Derecho de Westminster desde 2002, su especialidad docente es el derecho constitucional y política internacional. Investigador de la historia política, historia militar e historia del espionaje en el género de los "estudios de inteligencia y seguridad". Ha participado en conferencias internacionales organizadas por el Centro de Estudios Internacionales de Inteligencia y Seguridad (CIISS). Su análisis de los peligros de la guerra entre la OTAN y la Federación de Rusia fue el tema de una entrevista que concedió a The Voice de Rusia. El aporte de Adeyinka también implica artículos en la Revista Internacional de Criminología y Sociología. (Linkedin)

Adeyinka Makinde presenta sus ponencias en su blog: adeyinkamakinde.blogspot.com, sitio en que se publicó originalmente este artículo (el cual lo transcribimos y adaptamos a otro artículo suyo publicado por Global Research, ver notas a pie de página)

* Todas las fotografías y notas a pie de foto son interpuestas por el editor del blog. 

 

***

El proyecto de los colonos coloniales contra el cual la rebelión fue una reacción perfectamente natural: Expropiación de tierras, explotación laboral y genocidio: esa fue la base de Rhodesia.


Cecil Rhodes y el dominio global

Cecil Rhodes, el hombre que dio al país su nombre, estaba en el corazón del sistema a través del cual los trabajadores negros africanos eran brutalmente explotados. Si tal declaración le sorprende a alguien por ser de alguna manera “marxista”, demuestra el punto de la lente distorsionada a través de la cual algunos viejos rodesianos eligen ver el mundo. Las masacres del pueblo ndebele antes y después del Acuerdo Rudd utilizando armas de fuego fue una crueldad deliberada más allá del enjuiciamiento de la guerra. Fue un genocidio.

Rhodesia fue un proyecto de colonos coloniales. Esto implicó subyugación, expropiación de tierras y la imposición de un sistema de castas dentro del cual los africanos negros subyugados eran explotados por blancos de ascendencia principalmente británica. El sistema social y económico puede haber parecido benigno para los rodesianos que lo compararon favorablemente (y todavía lo hacen) con el sistema del apartheid en la vecina Sudáfrica, pero no obstante era un sistema basado en los blancos que monopolizaban el acceso a los recursos naturales del país y mantuvieron en raya a los africanos cuyas tierras fueron arrebatadas.

La guerra librada durante la década de 1970 en el estado nacional antes conocido como Rhodesia (hoy Zimbabwe) fue un conflicto asimétrico que enfrentó a las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia contra las milicias de los movimientos de liberación de África Negra, las más prominentes fueron ZANLA y ZAPU. Alternativamente conocida como la "Guerra de Rhodesia Bush" y la "Guerra de Liberación de Zimbabwe", se caracterizó por una brutalidad incesante que se cobró la vida de muchos no combatientes. Tanto el gobierno como las fuerzas guerrilleras brutalizarían acciones contra los civiles. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos viejos rodesianos, que se sienten reivindicados por el malestar político y económico de Zimbabwe, han tratado de caracterizar la guerra como si hubiera sido procesada por el gobierno de la minoría blanca de una manera ética y respetuosa de las reglas. Entre sus fuerzas, los Selous Scouts a menudo se promocionan como un modelo de eficiencia marcial e ingenio, cuyos códigos de conducta eran irreprochables. Esto no podría estar más alejado de la verdad. 


La verdadera carta de presentación de los Selous Scouts del ejército de Rhodesia estaba dirigida a la eliminación clandestina de los "terroristas" (combatientes negros de los movimientos de liberación), tanto dentro como fuera del país.


A juzgar por los muchos comentarios hechos por los partidarios de la desaparecida Rhodesia, la historia de la humanidad está repleta de sociedades que se han rebelado contra tal estado de cosas. Este fue el caso de Argelia, Palestina, las tierras eslavas de Europa del Este y Kenia. Y donde las poblaciones nativas que eran consideradas de diversas maneras como “untermensch” o “incivilizadas” (el término nacionalista blanco hoy en día sería pueblos de “bajo coeficiente intelectual”) evitaron el exterminio, lucharon para recuperar sus tierras nativas.


Los negros africanos de lo que llegó a ser el territorio de Rhodesia no eran diferentes de los católicos irlandeses que resistían la colonización británica; los musulmanes argelinos resistiendo la dominación francesa, los negros africanos kenianos resistiendo a los británicos o los palestinos resistiendo las milicias de la Agencia Judía en Palestina y el Estado de Israel una vez establecido.


Una alusión al pensamiento marxista como la raíz del mal que estimuló a los negros africanos a luchar contra el "paraíso" de Rhodesia es tan absurda como perezosa en su construcción. El hecho de que la Unión Soviética y China brindaran ayuda y apoyo a los movimientos de liberación en África y Asia, y hasta cierto punto en América Latina, fue más un accidente de la historia. La resistencia contra cualquier entidad de colonos, como Rhodesia, es una faceta ineludible de la psique humana.

Los polacos y otros eslavos a los que los nazis consideraban infrahumanos no estaban preocupados por la afirmación de Hitler de que los vecinos eslavos de Alemania debían todos los logros culturales a la raza alemana. A los irlandeses que eran ridiculizados como simios, alborotadores y propensos a la fecundidad, no les importaba demasiado la civilización británico-inglesa que bajo Cromwell los había masacrado. Después de todo, fue bajo el dominio británico que tuvo lugar la devastadora hambruna. Hoy en día, esta mentalidad persiste en las comunidades republicanas irlandesas que perciben a Israel como un estado colono colonial injusto y opresivo y apoyan la causa palestina, mientras que los unionistas adoptan el punto de vista opuesto.

Los kenianos correctamente querían recuperar su tierra, al igual que los argelinos y los palestinos. ¿Por qué los viejos rodesianos resienten la idea de que los negros querían recuperar su tierra? Al igual que con los pueblos antes mencionados, el africano negro resintió del sistema paternalista opresivo y resistió.


Rhodesia era una pequeña nación de unos pocos de miles de blancos, principalmente agricultores cuyos hijos fueron reclutados para formar parte de los Selous Scouts.

La insurgencia en Rhodesia: banderas falsas, propaganda negra y guerra psicológica.

El asesinato de los misioneros católicos europeos en 1977 como posiblemente una operación llevada a cabo por los exploradores Selous han sido recibidos con incredulidad y recurriendo al cansado mantra de los "medios marxistas sesgados" (abordaremos a los Selous más adelante).

Cualquiera que investigue el asesinato de los misioneros descubrirá que no fue un caso abierto y cerrado para responsabilizar a ninguna de las partes. Como en todas las guerras, se libraba una guerra de propaganda y Rhodesia no era la excepción. El uso de las artes oscuras de las operaciones de bandera falsa era evidentemente parte de esto. De hecho, dos miembros africanos negros de los Scouts que participaron en la plantación de explosivos en iglesias en Salisbury en febrero de 1980, fueron ellos mismos accidentalmente volados por una de sus bombas. El objetivo de esta operación Selous Scouts era hacer parecer que los operativos que trabajaban para el ala militar de la organización ZANU-PF de Robert Mugabe habían colocado las bombas (la literatura ZANU se dejó en varios lugares) porque, como marxista, Mugabe (el jesuita marxista) estaba "en contra" del cristianismo.

Por tanto, no es inconcebible que miembros negros de los Selous Scouts disfrazados de guerrilleros africanos fueran utilizados para llevar a cabo las masacres de los misioneros con el fin de presentar a las milicias africanas como anticlericalistas.

Los Selous Scouts actuaron con salvajismo, matando a civiles inocentes en los países vecinos, no por error, es decir, el eufemístico "daño colateral", sino como un medio de guerra psicológica. Un buen ejemplo de esto fue la incursión de los Scouts en un campamento de ZANLA, situado en Nyadzonya - Pungwe, Mozambique en agosto de 1976. Llegaron al campamento disfrazando sus vehículos blindados con los colores del Ejército de Mozambique (una táctica clásica de Bandera Falsa) y, según el mayor Reid-Daly, masacraron hasta mil personas.

Aparentemente, fue un recuento impresionante, excepto que los Selous Scouts habían disparado a muchos guerrilleros que estaban desarmados mientras se formaban para un desfile. El campo se registró formalmente como campo de refugiados en las Naciones Unidas. Los guerrilleros estaban presentes, pero el grupo de asalto de los Scouts consideró oportuno prender fuego al hospital del campamento, tras lo cual todos los pacientes fueron quemados vivos.


En estas fotografías se puede apreciar el componente mixto de los Selous Scout -colonos y nativos africanos- En la foto superior, la primera clase de paracaidismo (Imagen vía Archivo Nacional de Zimbabwe). El período durante el cual los Selous Scouts estuvieron más activos fue durante la denominada Guerra de Rhodesia Bush. 


El racismo apenas velado busca promover la idea de que el salvajismo es dominio exclusivo de los africanos mientras se olvida la depravación de origen europeo. Es interesante cómo las brutalidades infligidas a los africanos por las potencias coloniales europeas prefiguraron las visitadas a sus compatriotas europeos, incluidos los judíos, durante el período previo a la Segunda Guerra Mundial y, por supuesto, durante la guerra misma: el genocidio contra los Namaqua y Herrero en la era del Kaiser. Los bóer no se han olvidado de los campos de concentración británicos y tampoco de los etíopes que soportaron los campos italianos en Somalilandia y que fueron masacrados por camisas negras en Addis Abeba en 1937.

En el caso de Rhodesia, ¿cómo se pueden ignorar los hechos de la brutal campaña de contrainsurgencia empleada en la década de 1970? Se utilizaron topadoras y lanzallamas para defoliar 54.000 millas cuadradas de campo. Las "Zonas de Fuego Libre" establecidas por el ejército de Rhodesia significaron que cualquier africano negro que se encontrara dentro de ellas sería fusilado a la vista. Se impusieron toques de queda a la población negra (efectivamente ley marcial) y hubo internamiento y reasentamiento forzoso.


Hubo una campaña de terror que no se detuvo con la matanza de guerrilleros negros africanos, muchos de los cuales no murieron en acción, sino que fueron torturados antes de ser asesinados, sino que también se extendió a los civiles negros africanos.


Detener la insurgencia negra en Rhodesia era una causa perdida para el fallido estado. Objetivamente, los Selous Scouts eran una fuerza de combate formidable, pero estaban luchando por una causa perdida. Las frecuentes referencias a ser "traicionados" por los británicos (y los estadounidenses) suenan huecas. Tiene reminiscencias de la lógica de "puñalada por la espalda" popularizada por los nacionalistas alemanes después de la Primera Guerra Mundial.

La guerra de Rhodesia, como fue el caso de las guerras de Angola y Mozambique, llegó al final de la descolonización de África. Los Selous Scouts sin duda obtuvieron muchas victorias, pero también lo hicieron los militares franceses en Argelia, los británicos en Kenia y Adén y los portugueses en el sur de África.

Rhodesia se habría derrumbado sin el apoyo de los británicos, cuya política de amigos y parientes esencialmente dominó hasta el final. No invadieron Rhodesia después de su Declaración Unilateral de Independencia (UDI) y los británicos eludieron las sanciones suministrando petróleo a Rhodesia a través de Mozambique hasta que los portugueses se retiraron.


Fotografía modificada, en el fondo combatientes Selous Scouts y destacados oficiales de esa unidad del ejército rodhesiano

Guerra racial moderna y política de identidad

Me parece que quienes añoran la vieja Rhodesia han fusionado su razón de ser ideológica con las manifestaciones actuales de las políticas de identidad. Son nacionalistas blancos o, en el lenguaje de muchos de la izquierda política mayoritaria, "supremacistas blancos". El uso del término supremacista blanco es en muchos sentidos objetivo. Después de todo, los rodesianos blancos disfrutaban de una gran cantidad de privilegios; privilegio real y tangible. No las expresiones estúpidas que se utilizan en las “guerras culturales” de hoy en día, donde términos como “privilegio blanco”, “privilegio negro”, “privilegio judío”, etc., se utilizan con frecuencia. Gozaban de un nivel de vida que se debía en gran medida al sometimiento y explotación de la población indígena africana negra. El vínculo con White Supremacy proviene del uso de la antigua bandera de Rhodesia como fuente de identidad blanca militante, como fue el caso del asesino en masa Dylann Roof. También estaba el caso de los soldados canadienses con base en Alberta que se descubrió que vendían banderas, insignias y literatura nacionalista supremacista blanca.

La verdad es que Rhodesia no fue un modelo de democracia que ofreciera a su población negra africana una visión para el futuro. Rhodesia se derrumbó bajo el peso de sus contradicciones. Algunos, como bastantes comentaristas de esta publicación, pueden regodearse de las fallas de los líderes políticos de Zimbabwe, pero la verdad es que viven en negación sobre la naturaleza del sistema y el hecho de que ese sistema estaba condenado al fracaso, como fue el caso del Pieds-Noir franco-argelino y el Boer, deben afrontarlo.


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Selous Scouts: La guerra sucia, guerra química y crímenes de guerra

Los Scouts se especializaron en la guerra irregular con sus métodos que incluyen "infiltración, asesinato, secuestro, tortura, sabotaje y chantaje".




Curiosamente, el famoso teniente coronel Ronald Reid-Daly, comandante de los exploradores Selous, era un veterano del conflicto de Malasia durante el cual habría visto y asimilado los aspectos más nefastos de la contra-insurgencia empleada por el ejército británico. Si bien el nombre de Frank Kitson a menudo se proyecta como la autoridad clave en la práctica de la contra-insurgencia del ejército británico, después de su experiencia en Keniaa lo que se agregó el uso de “Propaganda Negra” (Kitson utilizó, además, sus experiencias coloniales en Irlanda del Norte contra el Ejército Republicano Irlandés), el principal exponente de lo que llegó a conocerse como guerra de contra-insurgencia rural anti-maoísta fue aplicado en Malasia por el general Robert Thompson. 


Ronald Francis Reid-Daly (1928 - 2010) fue el oficial militar de Rhodesia que fundó y comandó la unidad de comandos de fuerzas especiales Selous Scouts que lucharon durante la Guerra de Rhodesia. Inicialmente Reid-Daly pertenecía al Servicio Aéreo Especial de Rhodesia o SAS - Rhodesia (Escuadrón C 22 SAS). Tanto el SAS como los Selous Scouts fueron las principales unidades de fuerzas especiales utilizadas en operaciones externas.  


Si bien los Scouts fueron efectivos en la destrucción de las guerrillas enemigas, estaban en el centro de una estrategia de contra-insurgencia que libraba una guerra química no solo contra las guerrillas, sino también contra la población africana en general


Un Cessna 337 modificado de la Fuerza Aérea de Rhodesia bombardea con napalm posiciones de la guerrilla


La unidad también fue responsable de iniciar ataques de bandera falsa de los que buscaba culpar a los grupos nacionalistas negros; un modo de operación que, si bien era fundamental para su objetivo de proporcionar al estado de Rhodesia una dimensión de guerra psicológica, sus partidarios afirman erróneamente que era ajeno a la unidad.

Los Selous Scouts eran una unidad multirracial formada en 1973 para librar una guerra no convencional. Los métodos empleados incluyeron infiltración, asesinato, secuestro, tortura, sabotaje y chantaje. La unidad cometió atrocidades de "Bandera falsa" como parte de su modus operandi. La "Guerra Bush" de Rhodesia, como es el caso de una multitud de guerras, tuvo una dimensión psicológica en la que los Selous Scouts, con su experiencia en "pseudo operaciones", emprendieron consistentemente misiones que se basaban en el engaño, y tal engaño fue utilizado para matar a un gran número de enemigos insurgentes (nacionalistas negros) o para eliminar objetivos civiles específicos con el fin de culpar a los insurgentes africanos negros.

La “Operación HECTIC” fue diseñada para desacreditar al ZANU de Robert Mugabe en las próximas elecciones haciendo que su organización pareciera anticristiana y anti-libertad de religión. La ironía es que, aunque influido por el pensamiento marxista-leninista, Mugabe no abandonó totalmente su educación jesuita. Por ejemplo, llamó a uno de sus hijos menores, Belarmino, en honor a un santo católico no muy conocido.


La capacidad de mezclarse con el enemigo convirtió a los Selous Scouts en formidables oponentes.


La operación de 1980 sugiere que las frecuentes acusaciones hechas por los nacionalistas negros de que los Selous Scouts llevaron a cabo atrocidades contra pueblos africanos y misiones católicas son extremadamente creíbles. Habrían utilizado a miembros negros africanos de la fuerza para disfrazarse de guerrilleros y llevar a cabo tales atrocidades. Mugabe culpó específicamente a los Selous Scouts por haber llevado a cabo el ataque contra los misioneros católicos en febrero de 1977, así como por el asesinato a tiros de 27 afroamericanos trabajadores del té en una finca propiedad de blancos en el valle de Honde a fines de 1976.

¿Por qué los Selous Scouts habrían cometido estos hechos? La respuesta es que junto a la guerra de balas y bombas estaba la guerra de propaganda. El estado de Rhodesia buscó desacreditar a las guerrillas africanas negras entre la población negra, así como en la corte internacional de la opinión pública. La historia está repleta de ejemplos de estados que utilizan secciones militarizadas para llevar a cabo actos terroristas. La Mano Roja, la organización terrorista que asesinó a miembros del FLN argelino y sus proveedores de armas de Alemania Occidental fue una creación del Servicio Secreto francés. Y la Fuerza de Reacción Militar (MRF), una construcción de la inteligencia del ejército británico, fue formada por el brigadier Frank Kitson no solo para disparar contra las guerrillas republicanas irlandesas, sino para organizar operaciones que las desacreditarían.

Esto no significa que las atrocidades en disputa pueden no haber sido cometidas por guerrilleros negros africanos que asesinaron a quienes consideraban traidores a su causa, pero debería alentar a los viejos rodesianos incrédulos a quitarse las lentes teñidas de rosa y enfrentar las brutalidades. perpetrados por su lado.


Selous Scouts

Los Selous Scouts fueron creados precisamente para llevar a cabo una "guerra despiadada de no caballeros". De hecho, la unidad llegó a ser conocida, además, por "asesinatos, violaciones, contrabando y caza furtiva", y sus miembros se ganaron la reputación de "asesinos psicópatas" y "extrovertidos vanagloriosos".

El ejército de Rhodesia comenzó a desarrollar una guerra química de contra-insurgencia a principios de la década de 1970, y los Scouts pasaron de ser una unidad de rastreo a ser los principales proveedores de la estrategia de guerra química del estado de Rhodesia. El libro de Glenn Cross de 1999, Plague Wars, da una buena descripción de este aspecto de la guerra. Un artículo académico escrito en 2002 por Ian Martinez para Third World Quarterly que se tituló "La historia del uso de agentes bacteriológicos y químicos durante la Guerra de liberación de Zimbabwe de 1965-80 por las fuerzas de Rhodesia" también es muy esclarecedor sobre el papel de la guerra química en la contra-insurgencia.

Los Selous Scouts recibieron instrucciones de envenenar los abrevaderos, el agua estancada, los arroyos de movimiento lento y otros cuerpos de agua cerca de los campamentos de la guerrilla dentro de Mozambique, cerca de la frontera. En una operación, los Selous Scouts envenenaron un pozo en Mozambique que provocó la muerte de al menos 200 civiles porque el pozo era la única fuente de agua potable en la zona. Los Scouts también recibieron instrucciones de propagar el cólera. Al amparo de la “Operación Caminata Larga” en agosto de 1973, miembros de la unidad vertieron agentes del cólera en el río Ruya. Esto también causó muertes entre civiles inocentes en Mozambique, pero se suspendió porque el agente se disipó rápidamente en el agua y podría extenderse a Rhodesia, incluidas las áreas donde operaban los Scouts.


Los Selous Scouts hacían honor a su nombre, eran unos expertos en el arte de rastrear y explorar. 


La unidad se encargaba de inyectar talio en la carne enlatada que se les daba a los insurgentes con el engaño de que los suministraba una fuente amiga. En una situación, los guerrilleros dieron su carne enlatada envenenada a los aldeanos de Tribal Trust Land que tenían escasez de alimentos, y los aldeanos murieron posteriormente.

Las autoridades reclutaron agentes dobles dentro de las estructuras de la guerrilla negra africana que empaparon ropa y alimentos con órganos fosforados tóxicos. Esto resultó en la muerte de muchos revolucionarios recién reclutados en el viaje a los campos de entrenamiento de la guerrilla en Zambia y Mozambique. Significó que aquellos que aún no se habían comprometido en atacar al estado de Rhodesia (después de todo, podrían haberse rendido o los instructores les hubieran dicho que no eran aptos para la guerrilla) fueron asesinados preventivamente de manera cruel. Además, debido a que los perpetradores, los agentes dobles podían ser identificados fácilmente, ellos mismos fueron asesinados.

Los guerrilleros africanos negros capturados a quienes los Selous Scouts no pudieron "convertir" fueron sometidos a una ejecución extrajudicial o fueron utilizados como conejillos de indias humanos en experimentos biológicos, que por supuesto condujeron inevitablemente a su muerte.

Si bien algunos antiguos rodesianos pueden afirmar que un "fin justifica los medios'', los resultados contradicen su frecuente argumento de que la guerra se libró para defender tanto a los africanos negros como a los blancos, ya que a las autoridades de Rhodesia no parecía importarles que su programa de guerra química fuera, a fines de la década de 1970, causando problemas de salud entre la población civil negra.

En 1979, Rhodesia registró el mayor brote registrado de ántrax, un desarrollo que se ha interpretado como el uso deliberado de un agente biológico armado. Ken Flower, Jefe de la Organización Central de Inteligencia (CIO) de Rhodesia y un oficial del CIO llamado Henrik Ellert confirmaron en sus memorias que el régimen liderado por Ian Smith usó armas biológicas y químicas contra las guerrillas, contra los africanos negros rurales para evitar su apoyo a las guerrillas y contra el ganado para reducir las existencias rurales de alimentos.

La práctica de la guerra química, en el centro de la cual estaban los Selous Scouts, equivalía a crímenes de guerra porque podría decirse que contravenía la Convención de La Haya de 1907. La matanza deliberada y sistemática de ganado en áreas pobladas de África Negra infringía el Artículo Común III de la Convención de Ginebra, 1949. Además, la Convención sobre Armas Biológicas (BWC) de 1972 incorporó la renuncia de la comunidad mundial de naciones al uso de armas biológicas contra seres humanos.

Un aspecto clave del programa de guerra química se refiere a su financiación. Los investigadores han señalado a Gran Bretaña como el punto de origen, desde donde se canalizó el dinero a través de Arabia Saudita y Sudáfrica antes de llegar a Rhodesia.

 

Comandos Selous Scouts patrullando. Este tipo de indumentaria era común entre estos combatientes. 

El mantra de "los británicos nos traicionaron" de los viejos rodesianos olvida que la actitud de "parientes y amigos" se mantuvo firme hasta el final, cuando los británicos y el gobierno de Ian Smith se dieron cuenta que las cargas financieras y de mano de obra impuestas por la guerra al estado de Rhodesia, hacía imposible continuarla. La emigración de blancos que querían evitar el servicio obligatorio, las sanciones, así como las contradicciones morales inherentes al mantenimiento de un estado racial, hicieron imposible su continuación.

Existían dificultades asociadas con la aplicación de sanciones específicas a Rhodesia, que no era signataria de la Convención de Ginebra y, después de su Declaración Unilateral de Independencia en 1965, era un régimen ilegal. No obstante, ahora se reconoce que el uso de tales armas químicas en conflictos internos e internacionales constituye una violación del derecho internacional consuetudinario. 

El problema de atribuir al estado sucesor de Rhodesia, Zimbabwe, la responsabilidad de estos crímenes puede superarse atribuyendo la responsabilidad de estas acciones a las personas que actuaron en nombre del estado de Rhodesia. Esto significaría que los miembros de las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia, incluidos aquellos que sirvieron con los Selous Scouts, podrían ser procesados ​​por un tribunal al estilo de Nuremberg por una variedad de delitos, incluido el asesinato y los malos tratos de prisioneros de guerra,

Como parte de la guerra de engaño, las muertes de humanos y ganado por envenenamiento se utilizó como propaganda del gobierno de Rhodesia para culpar a las guerrillas. Así, parte de la estrategia del Estado se orientó a sembrar discordia entre los insurgentes y las poblaciones rurales. Por un lado, se condicionó a los aldeanos a creer que la escasez de alimentos se debía a la actividad guerrillera, mientras que se alentó a los insurgentes a creer que los aldeanos estaban envenenando sus alimentos. En varios casos, lanzaron ataques contra las aldeas de las que eran responsables.

Las admisiones de los veteranos de Selous Scouts con respecto a estas acciones y objetivos son raras, pero un cable de la Agencia de Inteligencia de Defensa de los Estados Unidos (DIA) desde Harare a Washington DC en 1990 reveló que un miembro de los Selous Scouts admitió en 1978 que habíanintentado ambos técnicas de guerra química y biológica para matar terroristas”. Y los recuerdos de personas como Ken Flower y Henrik Ellert con respecto a las atrocidades de los Selous Scouts son muy relevantes porque los Scouts estaban directamente bajo el control del CIO y no del Ejército de Rhodesia

El gobierno de Rhodesia tenía un estricto control sobre los medios de comunicación, lo que facilitó las operaciones psicológicas de los Selous Scouts. Por tanto, la población blanca estaba sujeta a un lavado de cerebro por parte de la propaganda gubernamental que incluía una gran cantidad de desinformación.

Esto explica en parte la renuencia de muchos antiguos rodesianos a aceptar este aspecto poco saludable de la lucha por mantener el status quo.


Adeyinka Makinde

Fuente:

Rhodesia: Ruminations on a Former Colonial Settler State

History: Rhodesia’s 1970’s “Dirty War”: A Tale of False Flag Terror and War Crimes

05 mayo 2021

El genocidio que no cesa en el corazón de África (II)


Rosa Moro

Viene de la Parte I


V

Un plan que salió tal y como estaba previsto


No hay investigación, ni tribunal, ni testimonio, ni informe que se precie que ponga en duda el papel crucial del atentado contra el avión presidencial de Ruanda, cometido el día 6 de abril de 1994, como detonante indiscutible del genocidio de Ruanda.

 

         Imágenes del derribo del avión presidencial, Kigali 6 de abril 1994
 

Considerando que las matanzas fueron una reacción al magnicidio de los Presidentes de dos Estados, Ruanda y Burundi, ya bajo enorme tensión, el responsable último del inicio del genocidio es sin duda el responsable de este atentado terrorista

Podemos citar numerosos informes (1), testimonios (2), autos judiciales (3), documentos filtrados de la inteligencia ugandesa y ruandesa (4), e investigaciones que ofrecen evidencias abrumadoras que atribuyen la autoría del atentado al FPR. Pero lo más revelador es cuando el propio Paul Kagame, en una entrevista con la BBC en diciembre de 2006, reconoció que «tenía derecho a hacerlo», refiriéndose a matar al presidente Juvenal Habyarimana. 


Todo estaba tan bien planificado por el FPR y sus colaboradores internacionales que incluso tenían preparada la historia oficial que lanzar al mundo. 


Este complot que en alguna ocasión también utilizó Museveni de Uganda, maestro y mentor de Kagame, se iniciaba con la estrategia de “Talk and Fight”, los autores estaban involucrados en las conversaciones de paz que se llevaban a cabo en Arusha, Tanzania, como distracción, a la vez que planeaban el asalto al poder por sorpresa, mediante la violencia. En este plan, tenían previsto cualquier escenario posible, teniendo preparado cómo tratar las  reacciones de la ONU, la UA y los medios. Tenían perfectamente controlado qué masacres vería el mundo y cuales no, y hacia dónde huiría la gente

Todo este plan ha sido calificado por uno de los mayores expertos en esta historia, Charles Onana, como «una obra maestra de la desinformación, una intoxicación perfecta», el mundo entero se lo creyó sin cuestionar un ápice, gracias a la planificación minuciosa y la gran inversión de recursos e inteligencia en el plan.


            Paul Kagame y Hillary Clinton

La obra maestra de desinformación

A grandes rasgos, la historia oficial que se vendió al mundo, que ahora hace aguas por todas partes, dice básicamente que:

1- Los extremistas hutu asesinaron a su presidente porque estaba haciendo demasiadas concesiones a los tutsi;

2- Que la mayoría hutu ya se había preparado desde hacía tiempo para el genocidio (incluso lanzaron bulos sobre una supuesta compra masiva de machetes para la “ocasión” y la excavación de fosas comunes en sus jardines, bulos sobradamente desmentidos, incluso por el TPIR, aunque sigan circulando);

3- Que la mayoría hutu se alzó en cólera contra la minoría tutsi e intentaron matar a machetazos a todos los tutsi del país;

4- Que de Uganda llegó un salvador y su guerrilla (Kagame y el FPR) a detener las matanzas, que derrocó al gobierno “genocida” y se instaló en el poder para devolver la paz;

5- Que los genocidas huyeron al vecino Congo y desde allí iban a intentar volver a tomar el poder en Ruanda, por eso el gobierno de los “salvadores” tuvo que invadir el Congo no una, sino dos veces, para perseguir a estos genocidas y tomarse la justicia por su mano;

6- Que la ONU implantó un Tribunal Internacional para hacer justicia;

7- Que EEUU y la ONU lamentan que no tuvieron conocimiento del verdadero alcance de las masacres y por eso no intervinieron a tiempo;

8- Que ahora no hay distinción de etnias en Ruanda. Se ha prohibido por ley hacer apología del genocidio y negar el genocidio contra los tutsis, y Ruanda ya no tiene nada que ver con las masacres que ocurren en el vecino Congo.


Todos y cada uno de estos ocho puntos son mentiras 100%, elaboradas por agencias especializadas en ello. Son narrativas construidas para que el público occidental se las crea con facilidad, una tragedia con héroes y villanos, inicio, nudo y desenlace feliz, rematada con una moraleja. 

Las mejores mentiras son las que tienen pinceladas anecdóticas de verdades, ya hemos hecho alusión a esta estrategia de manipulación. Esa parte de verdad aquí es horrenda: grupos violentos de hutus se organizaron para asesinar a todos los tutsis que pudieran

Pero la parte que se oculta tras la manipulación y las mentiras bien articuladas en una narrativa fácil de engullir para mentes occidentales, no es menos horrenda: un grupo terrorista paramilitar tutsi fuertemente armado y organizado (el FPR de Kagame que llegó de Uganda y sus agentes infiltrados en las milicias e instituciones del país desde 1990, los abadaka), planificaron y se organizaron para matar a todos los hutus que pudieran.

Estados Unidos estuvo implicado hasta el fondo en todo este plan, si no a la cabeza del mismo. La administración Clinton colaboró activamente en la planificación y en la cobertura frente al mundo y la ONU. El ex secretario general de la ONU del momento, el egipcio Boutros Boutros Ghali, lo dijo abiertamente, «El genocidio de Ruanda es responsabilidad de Estados Unidos 100%».

Cada 6 de abril, políticos de todo el mundo, pero principalmente los de la administración Clinton y la administración Blair, lloran lágrimas de cocodrilo exclamando: «oh, ¡no supimos verlo venir! ¡no supimos reaccionar a tiempo!», pero la historia ha sacado a la luz documentación abundante que demuestra que lo que hicieron no solo fue un “laissez faire”, sino que intervinieron muy activamente del lado de los criminales, con dinero, formación, material, incluso tropas sobre el terreno. Con plena consciencia de lo que ocurría, EEUU y la ONU colaboraron en la elaboración e imposición de la desinformación.


Desmontando la narrativa oficial

Una de las investigaciones que desmontan la versión oficial de manera más incontestable es la de los estadounidenses Christian Davenport, entonces de la universidad de Notre Dame, en Indiana, y Allan Stam, entonces en la universidad de Michigan, que en 1998 y 1999 trabajaron tanto para la fiscalía como para la defensa en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, TPIR. Conmovidos por la historia oficial del genocidio, como muchos otros investigadores, estaban convencidos de que la ONU y la comunidad internacional no habían podido responder a tiempo a la tragedia ruandesa, porque no tuvieron capacidad de prever. Para que esto no volviera a ocurrir, era crucial comprender qué, cómo, dónde y cuándo paso exactamente lo que pasó en Ruanda. Comenzaron a trabajar convencidos de la veracidad de todos y cada uno de los puntos clave de la narrativa oficial, pero sus conclusiones pronto atrajeron el rechazo, las amenazas, la expulsión del Tribunal, la expulsión de sus puestos de trabajo respectivos y toda clase de descalificaciones en los medios internacionales

Los datos compilados demostraron que «tanto Hutus como Tutsis fueron víctimas y atacantes, muchas personas de las dos etnias utilizaron las masacres y asesinatos masivos para resolver cuestiones políticas, económicas e incluso personales». La primera comprobación sorprendente fue que no había suficientes tutsis en el país en aquel momento como para haber perecido un millón de personas (5), como se repitió durante años. Se empezó diciendo que los hutus habían matado a machetazos un millón de tutsis, pero en pocos años se bajó a 800.000 y además se concedió que no todos eran tutsis, que también fueron asesinados «hutus moderados». ¿por qué este cambio en la narrativa oficial?

Estos dos investigadores comenzaron por observar los datos administrativos más básicos como el censo de Ruanda en 1994 y descubrieron que de una población de 5.648.000 personas censadas, si el 83% eran hutus (4.687.840) y el 3% eran Twa (169.440), solamente había censados 790.720 tutsis, el 14%. Además, unos 100.000 estaban fuera del país en el momento. Al término del genocidio, oficialmente sobrevivieron unos 340.000, eso arroja una cifra de aproximadamente unos 360.000 tutsis asesinados. Cifra trágicamente alta, imposible de minimizar. Si de esas 800.000 personas, unas 360.000 eran tutsis, las otras 440.000 eran hutus…

Es más, si recurrimos a otras cifras aparecidas con posterioridad tras investigaciones rigurosas como las que llevó a cabo la Unidad Especial de Investigación del propio TPIR, cuyas averiguaciones fueron ocultadas por el tribunal hasta que fueron filtradas a la periodista canadiense Judi Rever (6), testigos clave como Theogene Rudasingwa, una figura de responsabilidad dentro del partido del FPR de Paul Kagame hasta 2004, la cifra más probable de hutus asesinados por el FPR se sitúa en torno al millón de personas solamente a partir de 1994, sin contar los previos cientos de miles de hutus y tutsis asesinados en el norte del país entre 1990 y 1994.

Estas cifras también son trágicamente altas, de hecho son increíblemente más altas, lo cual no pretende minimizar o restar importancia a las 360.000. Sin embargo, estas cifras trágicas de hutus asesinados no solo son minimizadas en la versión oficial, sino que son negadas y ocultadas. No se pueden  reconocer, no aparecen el registros “oficiales”, el mundo no las reconoce, los supervivientes no pueden llorar por ellas, so pena de cárcel y asesinato, como le pasó en febrero de 2020 al cantante Kizito Mihigo (7).


Kizito Mihigo, asesinado en la cárcel de Ruanda por reconocer también a las víctimas hutu y predicar la reconciliación en el país.

Judi Rever, en su libro In Praise of Blood, presenta un exhaustivo trabajo de investigación que demuestra que el FPR no solo cometió crímenes tan graves o más que los que cometieron los extremistas hutus, sino que planificó el genocidio contra los tutsis para cometer de forma encubierta su genocidio contra los hutu, pero el tribunal ocultó sistemáticamente todas estas evidencias y destituyó a todos los investigadores que iban recopilando pruebas para encausar al FPR, el gran aliado de EEUU.


Fuimos incapaces de ver la mentira

Un ejemplo de cómo a los informadores del momento les resultaba impensable contradecir la versión oficial perfectamente preparada y presentada al mundo por el FPR y sus aliados occidentales (8) es el de la imagen que se convirtió en una de las más icónicas de las horripilantes matanzas de 1994 en los medios internacionales, la de los cadáveres flotando por el río Kagera, en el noreste del país. 

El río marca la frontera de Ruanda con Tanzania a lo largo de parte de sus últimos kilómetros antes de llegar al lago Victoria, en Uganda. Esta escena de horror era descrita por los periodistas internacionales verdaderamente traumatizados por la visión grotesca de cientos de cadáveres mutilados y torturados, incluso de bebés, flotando en el río. Se calcula que unos 40.000 cadáveres fueron arrojados al río entre mayo y junio de 1994, desde las prefecturas del este, Byumba y Kibungo, una región que cayó bajo el control del FPR a finales de abril. Hoy en día se sabe que esos cadáveres no eran de tutsis masacrados por las milicias hutus, sino que eran de hutus masacrados por el FPR. Hechos corroborados por testigos, víctimas y ex miembros del FPR que participaron del macabro plan.


          El río marca la frontera de Ruanda con Tanzania

A pesar de conocerse que la zona estaba bajo control del FPR y que no era posible para las milicias hutu acceder a los lugares desde donde se arrojaban los cadáveres, «Seguramente cargados en camiones» como describía el New York Times, los reporteros hacían filigranas mentales para adaptar lo que veían sus ojos con la versión oficial impuesta, llegando uno de ellos incluso a escribir tras describir la escena aberrante de los cadáveres que veía y olía: «¿quién puede hacer estas cosas? El territorio (…) está bajo control del FPR, principalmente compuesto por tutsis, (…) que avanzó rápidamente hacia la zona la semana pasada» (9). Su convicción sobre la veracidad de la versión oficial no le dejaba ver que él mismo estaba demostrando que los cadáveres estaban siendo lanzados desde una zona donde ya no había milicias hutu, sino que era el FPR. Ni el corresponsal ni sus lectores eran capaces de ver con claridad estas señales tan evidentes. Así de bien funciona la manipulación y la desinformación cuando es ejercida magistralmente.


VI

Instrumentalización de los refugiados…


Mapa que ilustra la ofensiva del ataque del FPR desde Uganda en 1990. Pág. 129 de Strategie du chaos et du mensonge, de Patrick Mbeko

No fue ninguna casualidad que dos millones de refugiados ruandeses tomaron la única salida posible que les había dejado el FPR, la frontera con Zaire (hoy, República Democrática del Congo). Podemos apreciar con claridad la estrategia de la ofensiva del FPR en este mapa que muestra el investigador congoleño Patrick Mbeko en su libro ‘Stratégie du chaos et du mensonge’, página 129. Entraron por el noreste y obligaron a la población a huir hacia el oeste. 

El gran Zaire, o Congo, todavía estaba gobernado por Mobutu Sese Seko, quien había observado de cerca todas las maniobras y no dudaba de la mano oculta de sus otrora amos y protectores, los EEUU. El régimen de Mobutu acogió con nerviosismo a los dos millones de refugiados ruandeses tras el asesinato del presidente ruandés en el atentado terrorista del 6 de abril de 1994. Mobutu llevaba más de tres décadas imponiendo en el continente africano la agenda de Estados Unidos, conocía su modus operandi y había visto la confluencia de las agendas de la élite tutsi del FPR y la de las potencias anglosajonas, con Estados Unidos a la cabeza. El FPR quería conquistar el poder en Ruanda, exterminar a todos los hutu posibles para redefinir el mapa étnico de la región y anexionarse dos provincia del Congo, los Kivus. Estados Unidos tenía como objetivo final el gran Congo, el control de primera mano de todas sus riquezas y de su posición estratégica en el continente.


…Hacia el destino final, el Zaire

A partir de este momento, la deriva de Zaire fue de caída libre. De la pobreza causada por la sobre-explotación de la que venía, a la desestabilización por acoger en unos meses a millones de personas, y finalmente al caos como estrategia de balkanización o debilitamiento programado desde el exterior. Y todo, como de costumbre, ante la mirada impávida de la comunidad internacional.

Después de hacerse con el poder en Ruanda en 1994, el FPR no dejó de perseguir a la población hutu, dentro y fuera de sus fronteras. Llegó a atacar con armamento pesado campos de refugiados con cientos de miles de personas indefensas en territorio congoleño, como las masacres de Kibeho, en 1995. La comunidad internacional, en silencio. El FPR blandía la excusa de estar «persiguiendo a los genocidas hutu porque suponían una amenaza para Ruanda», pero cientos de exmilitares del FPR, testigos y supervivientes han declarado que la inmensa mayoría de los hutus asesinados eran inconfundiblemente civiles indefensos, desarmados y débiles. 


El plan de invadir el Congo para expoliarlo y debilitarlo por parte de Uganda y Ruanda, y el plan de controlar sus ingentes recursos por parte de las potencias anglosajonas era una descarada guerra de agresión, por lo que los estrategas elaboraron otra representación teatral para el exterior, mientras todo salía como lo habían planeado. Invadieron el Congo en noviembre de 1996.


Esa escenificación utilizó a una figura de poca envergadura y prácticamente desconocida hasta 1996, Laurent Desiré Kabila, en el papel de “rebelde congoleño que combatía al dictador Mobutu”. En esa representación, Ruanda y Uganda interpretaban el papel de “apoyar a los rebeldes congoleños para derrocar al déspota Mobutu”, y Ruanda, de paso, como siempre, “perseguir a los genocidas hutu que todavía podían querer atacar Ruanda, y acusaba a Mobutu de protegerlos”.

Esa rebelión construida para la ocasión como un caballo de Troya se llamó las AFDL (Alliance de Forces Democratiques pour la Liberation du Congo). Muchos lo definen como una torre de babel, totalmente desorganizada, con cada facción buscando apresurada sus intereses y ni siquiera comunicándose entre sí. Eran mercenarios que James Kabarebe, un alto rango militar del FPR, había reclutado por toda África, no había ni un 10% de congoleños. Se suponía que Laurent Kabila era quien dirigía las tropas, pero el verdadero mando era Kabarebe. Mobutu cayó en mayo de 1997, apenas seis meses después de la invasión.


     El genocidio que no cesa en el corazón de África

Instalaron en el gobierno a L. D. Kabila, que en la realidad no llegó a tomar el control del gobierno en ningún momento durante su mandato. El verdadero director de operaciones seguía siendo el ruandés Kabarebe, que era Jefe de Estado Mayor del ejército congoleño en el que se habían integrado todos los militares no congoleños reclutados por él mismo. En un intento de tomar el control del país que se suponía que presidía, L. D. Kabila destituyó a Kabarebe el 27 de julio de 1998, hecho que provocó la segunda invasión del país por parte de Ruanda y Uganda, días después, el 2 de agosto, dando comienzo a lo que se conoce como Segunda Guerra del Congo o segunda guerra mundial de África, que duró hasta 2003 y en la que llegaron a intervenir 9 países vecinos

Angola, Namibia y Zimbabue acudieron a esta guerra en apoyo de Laurent Kabila, pero la superioridad de ruandeses y ugandeses, financiados, armados, entrenados y apoyados en todas las formas posibles por Estados Unidos, atrajo en pocas semanas el refuerzo de Chad, Libia y Sudán. Siete países africanos no lograron truncar los planes de los dos delegados de las potencias anglosajonas en el continente. L. D. Kabila fue asesinado en enero de 2001. En esta segunda guerra de invasión del Congo Uganda y Ruanda llegaron a protagonizar enfrentamientos armados entre ellos por el control de ciertas minas en el este de la RDC, causando numerosas víctimas civiles congoleñas.

Testigos clave de toda esta trama señalan al FPR como responsable del asesinado de L. D. Kabila (10), fue la forma mas directa de implantar a su verdadero caballo de Troya en el Congo, el supuesto hijo de L. D. Kabila, Joseph Kabila, que venía de las filas del FPR ruandés directamente. Y con él llegó la tercera K del triunvirato criminal, el 26 de enero de 2001 Joseph Kabila fue investido presidente de Congo, la guerra no terminó, oficialmente, hasta 2003.


Desde entonces, Estados Unidos y Gran Bretaña, mediante sus brazos ejecutores, los regímenes de Uganda y Ruanda y su infiltrado en el Congo, mantienen bajo tutela no solo los recursos de Congo, sino también otros intereses geoestratégicos en la región y el continente. 


Joseph Kabila, totalmente fiel a los intereses de los enemigos del este, estuvo en el gobierno desde 2001 hasta principios de 2019, en que se produjo “por primera vez, una transferencia pacífica del gobierno congoleño”, según los medios internacionales. Para los congoleños esa trasferencia no fue más que otra representación más de cara al exterior, ni democrática, ni pacífica ni trasferencia. El poder real sigue estando en manos de los mismos, las potencias anglosajonas mediante sus brazos ejecutores, Museveni y Kagame. 

Si algo está claro hoy, bien entrado el año 2021, es que Felix Tsishekedi, tampoco tiene el control del gobierno congoleño. No da un paso sin ir acompañado del embajador de Estados Unidos Michael A. Hammer, como si fuera su asistente personal. La balkanización es una sentencia que cada día está más cerca.


      Michael A. Hammer y Felix Tsishekedi


Resistencia o balcanización del Congo ¿qué solución?

Se calcula que entre los altos mandos centrales y regionales de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo, FARDC, hay 35.000 cuadros del FPR ruandés, es decir, fieles a Ruanda y no a Congo. Además, con cada acuerdo de paz que ha firmado el país con sus agresores y supuestos grupos rebeldes, el Congo ha sido obligado por los mediadores internacionales a admitir en su ejército a esos mismos agresores que una y otra vez se hacen pasar por congoleños, pero que son ruandeses, comandados incluso por la Jefatura de Estado ruandesa, reclutados, entrenados, armados y mantenidos desde Ruanda con total descaro, como denuncian una y otra vez los propios congoleños, y los múltiples informes de expertos de la ONU y otros organismos internacionales. 

Dicen que en el este del país operan hoy unos 122 grupos rebeldes armados. Algunos pueden ser congoleños, lógicamente hay grupos de autodefensa contra las fuerzas de ocupación que masacran a la población literalmente cada día. 

En un clima de absoluto caos e impunidad, otros tantos serán efectivamente delincuentes que sobreviven del saqueo y la explotación ilegal de los abundantes recursos, agrediendo a la población local. Toda esta producción ilegal y criminal, según diversos informes de la ONU, es vendida a los agentes israelíes y ruandeses, desde donde salen a los mercados internacionales. 

Pero principalmente, los verdaderos agresores y responsables de este otro genocidio del que no se habla, son los comandados por el Estado Mayor ruandés, que siempre son los mismos, pero con distinto nombre. Primero fueron las FDLR, en 1996, después fue el CNDP, bajo el mando del coronel tutsi Laurent Nkunda, en 2007; después vino el M23, en 2012, comandado por el ruandés Bosco Ntanganda. Más recientemente, se llama ADF, supuesta milicia islamista ugandesa (que ni es musulmana ni habla lenguas ugandesas, sino que hablan kenyarwanda, el idioma ruandés). Uno tras otro, mantienen el caos en las zonas que Ruanda se quiere anexionar, exportan sus materias primas a través del país vecino y sobre todo, infiltran a más y más agentes ruandeses en las filas del ejército congoleño hasta el punto de haber anulado prácticamente las FARDC como defensoras de su territorio y sus ciudadanos.

Un experto en la materia, el investigador congoleño Boniface Musavuli (11), afirma:

«En Beni, es imposible ahora mismo diferenciar entre los militares del ejército del gobierno y los asesinos. Los rebeldes de la llamada ADF Nalu, por ejemplo, el último de ellos, son una especie de fuerza híbrida compuesta por delincuentes ruandeses llevados a Beni desde Ruanda, principalmente, y soldados del ejército regular de Congo, que operan como un comando paralelo de los primeros. Los asesinos nunca son pillados, sencillamente porque “el ejército” no quiere luchar contra “parte del ejército”…».


Los congoleños y congoleñas conocen de sobra cuál es la fórmula mágica para que todos estos grupos desaparezcan: dejar de resistir, permitir la desmembración del gran Congo. 


En 2008, Subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Africanos de 1989 a 1993, Herman Jay Cohen, preguntado sobre posibles soluciones a la situación del África de los Grandes Lagos respondió que toda esta inestabilidad regional desaparecería en cuestión de días si el Congo accediera a desmembrarse y sus recursos pasaran a ser una especie de fondo común de los demás países de la región. Esta es la “solución” que el imperio propone. Esta es la solución que los y las congoleñas no están dispuestos a aceptar.


VII

Una impunidad asombrosa

Todos estos hechos relatados son de sobra conocidos por la llamada comunidad internacional, por los grandes medios de comunicación, por las grandes ONG y por todo analista o experto que se precie y que sea digno de tal nombre. Entonces ¿por qué no se habla de ello? ¿por qué no se actúa para detener este genocidio del que no se habla?

No solo no se habla del tema, es que el principal responsable en la actualidad, Paul Kagame y su círculo cercano, es asombrosamente impune de todo lo que haga. Su caos (constructivo) al servicio de sus padrinos las potencias anglosajonas (EEUU, Gran Bretaña y el estado sionista de Israel) sigue siendo una correa de transmisión bien engrasada, entonces, todo va bien para medios, ONG y instituciones internacionales. Kagame y sus hombres pueden asesinar a representantes de la ONU (12) cuyas averiguaciones sean molestas, puede asesinar a diplomáticos europeos (13), como el embajador italiano, en pleno 2021… nadie se atreve a interpelarle. ¿Se imaginan el tsunami mediático que hubiera causado un simple arañazo a un embajador europeo en Venezuela? Pues ni las víctimas europeas de Kagame generan reacción alguna en la civilizada Europa


El embajador Luca Attanasio es llevado al hospital donde murió poco después el 22 de febrero de 2012

Joan Carrero, una de las figuras españolas que más ha apoyado a estos pueblos africanos desde los inicios de toda esta locura, que llegó a hacer una huelga de hambre de 42 días ante el parlamento europeo en 1997 para suplicar visibilidad de esta tragedia, es autor de la que es posiblemente la mejor obra que existe hasta ahora en castellano para la comprender esta tragedia, ‘África, la madre ultrajada’ (14). El mismo autor escribía varios artículos la primera semana de marzo de 2021 estupefacto por el atronador silencio internacional ante el asesinato del embajador italiano en el Congo:

«La explicación de esta sorprendente impunidad de Paul Kagame y encubrimiento de todos sus crímenes no creo que sea, de ningún modo, la que apunta Ian Birrell: “la culpa por el fracaso del mundo en detener el genocidio”. Es un argumento demasiado gastado ya. Estas gentes no saben lo que es el sentimiento de culpa. Muchos de ellos saben muy bien que el genocidio no es algo que ellos no fueron capaces de detener, sino que sencillamente lo permitieron bien conscientemente para no interferir el avance del FPR hacia Kigali. Incluso saben, que deberían tener mayor culpa aún por haber permitido que Paul Kagame provocase un número incomparablemente mayor de víctimas que las víctimas tutsis de la primavera de 1994. ¿Por qué no deberían tener culpas también por permitir a Paul Kagame todos estos inacabables crímenes?». (15)

Y en su segundo artículo sentencia:

«En lo que respecta a la cuestión del derecho de los pueblos a su legítima defensa, el cinismo de los líderes políticos y de los creadores de opinión occidentales sobrepasa ya todo lo razonable.» (16)


La guerra más brutal, la del capitalismo

Esta es la guerra más brutal que existe. No solo por su número de víctimas, que es el más alto, solo superado por la II Guerra Mundial; ni tampoco por su duración, tres décadas y sin ver un final cercano; sino por la confluencia de todos los horrores de todas las demás guerras híbridas imperialistas que sufren los demás pueblos del planeta y más.

Aquí existe la motivación de la depredación y control de los recursos necesarios para la industria capitalista de cada momento (cuando no fue el caucho, fue el uranio, luego el coltán, ahora el cobalto, mañana será otra cosa), como Venezuela. La resistencia de un pueblo (los pueblos del este de la RDC) que prefiere morir masacrado cada día a doblegarse ante la ocupación de su tierra, como el pueblo Palestino, abandonado hasta por su gobierno central de Kinshasa, ya en manos de las potencias extranjeras.

 

Las grandes potencias anglosajonas, sus gobiernos al servicio de las grandes oligarquías financieras, nunca van a intervenir para detener estos crímenes descarnados, a no ser que sus delegados en la zona, actualmente el genocida Paul Kagame y su banda, dejen de ejercer de correa de transmisión de su dominio absoluto. Mientras esta correa de transmisión funcione, esos delegados de la zona pueden hacer lo que quieran, que ya se encargan las potencias de que no sean molestados, ni aunque comentan el genocidio más sangriento del mundo


Las grandes palabras y gesticulaciones de los medios de comunicación, de la comunidad internacional, las ONG y las instituciones internacionales como la ONU… ya no engañan a los que sufren día a día. Los y las africanas de la región se saben solos, saben que toda esta caterva de hipócritas no va a hacer nada que inquiete a los amos del mundo. 

Pero en esta guerra, además, se suma el componente del racismo: todas las instituciones, organismos, grandes ONG y medios occidentales o presididos por occidentales, adolecen de un racismo medular. Los muertos negros importan menos. La visión de la brutalidad inhumana ejercida contra cuerpos negros, no podría ser soportada si en lugar de ser sufrida por negros fuera sufrida por blancos.


           Nuestra mirada soporta estas imágenes desde hace treinta años

Resistencia

Hoy, ahora mismo, mientras ustedes leen esto, en Beni lloran impotentes y angustiados cada día a seres queridos que amanecen «degollados como conejos» sin que a nadie le importe. Llevan tantos años resistiendo la guerra más brutal, la del capitalismo, que han comprendido que el resto del mundo no va a acudir en su auxilio

En los últimos años, la movilización de las resistencias tanto de los países de la región, como en la diáspora, se han unido para denunciar sin ambages a los responsables y exigir que se establezca un Tribunal Internacional para el Congo. Congoleños, ugandeses, burundeses y ruandeses piden unidos un tribunal internacional para Congo, porque son conscientes de que si sólo se juzgasen los crímenes cometidos en el Congo por el genocida Paul Kagame y su círculo cercano, toda la región descansaría, y después vendría el resto de toda la justicia y reconocimiento que necesitan tantos millones de víctimas. Saben que si logran acabar con la impunidad de este grupo criminal, hoy la violencia acabaría. Solo acabando con la impunidad, se puede lograr la paz.

Congo se desangra, Basta de Impunidad, Ingeta (venceremos en lingala)… son sus lemas que cada día tienen más notoriedad. La unión hace la fuerza, y unidos cada día hacen más fuerza por los medios alternativos del mundo lanzando cuestiones de perogrullo ¿De qué sirven todos esos informes de la ONU que año tras año, desde principios de los 90, denuncia a los responsables, si después no se toman medidas al respecto?


          Dr. Denis Mukwege

La resistencia organizada cada día ejerce más presión para que tales informes no se olviden ni queden en papel mojado. Cada día se suma más gente a esta resistencia, intelectuales, activistas, investigadores, luchadores de todos los ámbitos. Figuras destacadas como el premio Nobel de la paz de 2018, el doctor Denis Mukwege, se ha implicado hasta el punto de poner su vida en peligro para que se implanten las recomendaciones de uno de dichos informes de la ONU, el llamado Informe Mapping, publicado en 2010, que describe las masacres cometidas por el FPR como genocidio.

Después de tantos años resistiendo, desangrándose, después de haber perdido a tantos hermanos y hermanas, hijos e hijas de la región en esta guerra, que nadie espere que los pueblos del corazón de África se rindan ni olviden.



[1] Entre otros, uno de los más importantes es el conocido como Informe Hourigan, elaborado por el entonces fiscal del TPIR, Michael Hourigan, en 1997. (ocultado por la ONU hasta 2010).

[2] Citamos tres exmiembros del FPR, que colaboraron con el atentado: Abdul Ruzibiza, Kayumba Nyamwasa y Patrick Karegeya. De los tres solo vive K. Nyamwasa, aunque ya ha sufrido 3 intentos de asesinato.

[3] La investigación del juez del tribunal de Grande Instance de Paris, Jean-Louis Brugière, que lanzó ordenes de arresto contra miembros del FPR en 2006 por el atentado en el que murieron también personas francesas, miembros de la tripulación. Y la investigación del juez de la Audiencia Nacional española, Fernando Andreu Merelles, cuyas investigación dio lugar a la emisión de 40 órdenes de detención internacional contra miembros del FPR, en 2008.

[4] Principalmente el Memorandum del Partenariat-Intwari, en el que se detallan todas las reuniones y planes que tenían por objetivo «La caza del presidente ruandés» Habyarimana y desvela lo «laborioso» que fue dicho complot.

[5] Su trabajo fue publicado en 2010, en el departamento de Sociología de la Universidad de Notre Dame, bajo el título ‘Rwandan Political Violence in Space and Time’. En el mismo se presentan comparativas de cifras de diversas fuentes, además de las oficiales del gobierno ruandés. El último censo del país databa de1992 y asumía que la población tutsi era el 8,5%, no el 14% como asumimos aquí, porque se ha acabado imponiendo en todas las versiones.

[6] Tras décadas de investigaciones, entrevistas y recopilación de datos por todo el mundo, además de recibir dos expedientes Top Secret del TPIR que le filtraron en 2003 y 2005 respectivamente, con las pruebas recopiladas por la Unidad Especial de Investigación del tribunal de Arusha, que habían sido ocultados por la fiscalía, la periodista publicó en 2018 un libro titulado ‘In Prise od Blood. The crimen of the Rwandan Patriotic Front’.

[7] El cantante de gospel era superviviente del genocidio de los tutsis, pero cuando empezó a cantar y rezar también por las víctimas hutu, igualmente asesinadas injustamente, el FPR lo detuvo y acabó asesinando en dependencias policiales el 8 de febrero de 2020 https://l-hora.org/es/victor-jara-jorge-cafrune-kizito-mihigo-washington-y-el-vaticano-joan-carrero-21-02-2020/ 

[8] Un mecanismo de esta planificación e implantación de la historia oficial al mundo que les ha valido la calificación de «obra maestra de desinformación» es el papel desempeñado por los Abadaka, cuadros civiles reclutados y formados por el FPR antes, durante y después del genocidio, que cometieron crímenes y colaboraron con el FPR para cometerlos, pero sobre todo, por su formación como quinta columna civil: se convirtieron en la única interfaz o conexión con las agencias de la ONU, ONG internacionales, investigadores, periodistas, corresponsales de guerra, académicos…que necesitaban intérpretes, conductores y chóferes, negociadores, escoltas… todas esas tareas eran asumidas por Abadakas, lo cual significa que toda su experiencia dentro del país estaba mediada por los que testigos de la Unidad Especial de Investigación del TPIR describen como una red de servicios de inteligencia civil que estaba por todas partes, en todo tipo de trabajos.

[9] Este periodista fue el británico Richard Dowden, escribiendo para The Independent, el 6 de mayo de 1994. In prise of blood, by Judi Rever, pags. 104-105.

(10) Theogene Rudasingwa, antiguo jefe de inteligencia de Kagame, ahora exiliado, asegura que Kagame -y sus masters- es también responsable del asesinato de Laurent Kabila, según unas declaraciones hechas en Bruselas en 2012, en que aseguraba que es incomprensible que Kagame sea aplaudido por todo occidente cuando es el único presidente del mundo que ha asesinado a cuatro presidentes y sigue en el cargo con total impunidad. (Habla de Ndadaye en 1993, Habyarimana y Ntaryamira en 1994 y Laurent Kabila en 2001).

(11) Miembro del Think Tank africano DESC-WONDO, Boniface Musavuli es autor de dos trabajos de investigación claves para comprender la situación del este de su país, de donde es originario. Les Massacres de Beni. Kabila, le Rwanda et les fax islamistes, 2014 y Les Génocides des Congolais. De Léopold II à Paul Kagame, 2016.

(12) El 12 de marzo de 2017, dos expertos de la ONU la chilena Zaida Catalan y el estadounidense Michael Sharp, fueron asesinados en la RDC por hombres armados. La ONU aún no ha encontrado a los culpables, y se acusa al organismo internacional incluso de haber ocultado pruebas de la investigación de los hechos.

(13) El 22 de febrero de 2021, el embajador italiano Luca Attanasio fue asesinado en la provincia de Kivu Norte de la República Democrática del Congo. El oficial paramilitar italiano Vittorio Iacovacci, que viajaba con el embajador, y su conductor congoleño Moustapha Milambo también murieron en este ataque.

(14) Carrero Saralegui, Joan: África, la madre ultrajada. La verdad sobre el conflicto de los Grandes Lagos que las potencias occidentales se empeñan en ocultar. Ed Milenio. 2010.

(15) ¿La UE tolerará que Kagame asesine incluso a altos diplomáticos europeos? (I) [Joan Carrero, 01.03.2021]  https://l-hora.org/es/la-ue-tolerara-que-kagame-asesine-incluso-a-altos-diplomaticos-europeos-i-joan-carrero-01-03-2021/ 

(16) ¿La UE tolerará que Kagame asesine incluso a altos diplomáticos europeos? (II) [Joan Carrero, 07.03.2021]  https://l-hora.org/es/la-ue-tolerara-que-kagame-asesine-incluso-a-altos-diplomaticos-europeos-ii-joan-carrero-07-03-2021/ 



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