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02 octubre 2019

Teoría y práctica de los ‎Derechos Humanos



por Thierry Meyssan

La Declaración Universal de los Derechos Humanos expone un ideal que toda ‎persona responsable debería tratar de llevar a la práctica. Sin embargo, es imposible ‎luchar contra todos los males al mismo tiempo, así que ese documento establece un ‎orden de jerarquía entre esos derechos para que podamos ir aportando mejoras concretas ‎a la situación. Ciertas potencias acusan a otros países de violar los derechos humanos, ‎pero así tratan de esconder sus propios crímenes. Muchas veces un solo árbol impide ‎ver el bosque. ‎


El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU, reunida en París, adopta la ‎Declaración Universal de los Derechos Humanos.‎

Los Derechos Humanos
Poco a poco, la Humanidad formuló el ideal de la igualdad de la persona humana: los «Derechos ‎Humanos». Numerosas naciones pretenden haberlo anticipado antes de que las Naciones Unidas ‎lo enunciara. Con el paso del tiempo, muchos utilizaron esa noción sin entenderla en su ‎dimensión etnológica y la deformaron. ‎

El enconado debate del 19 de septiembre de 2019 en el Consejo de Seguridad de la ONU demostró ‎lo mucho que han sido maltratados los «Derechos Humanos», hasta llegar a ser utilizados con objetivos ‎exactamente opuestos a los que motivaron su surgimiento. ‎

En todas partes del mundo y en todos los tiempos han existido líderes que trataron de dejar ‎establecido que todos los hombres eran iguales en materia de derechos. Los ejemplos más ‎antiguos que se conocen de ese intento están recogidos en el cilindro del emperador persa Ciro ‎el Grande (siglo V a.n.e.), que plantea la libertad de culto [en la sede de la ONU se conserva una ‎réplica del Cilindro de Ciro]. También están los Edictos del emperador indio Asoka ‎‎(siglo II a.n.e.), que prohíben la tortura contra cualquier especie animal, incluyendo ‎los humanos. Aquellos gobernantes modificaron las leyes de sus países en aras de reglas que ‎creían universales. ‎

Si nos referimos a la construcción del derecho moderno, la Carta Magna inglesa –del siglo XIII– ‎plantea que ningún súbdito podrá ser encarcelado sin juicio justo. Ese documento se completa ‎con la Declaración de Derechos (Bill of Rights) en la que se enuncian, en el siglo XVIII, los ‎derechos de la gente y los derechos del Parlamento. Un siglo después, siguiendo el principio de ese ‎documento, James Madison redacta la Bill of Rights estadounidense. Esta última limita el poder ‎del gobierno federal sin tocar los de los gobiernos estatales. La tradición anglosajona reafirma ‎los derechos individuales y los protege ante lo que se conoce como la «Razón de Estado». ‎

En 1789, la cuestión se plantea de una manera radicalmente nueva para la Asamblea ‎Constituyente francesa. Según esta última, para establecer la igualdad ontológica entre los ‎súbditos no basta con limitar el poder absoluto del monarca, es necesario plantear que el poder ‎proviene del Pueblo y que no puede ejercerse contra el Pueblo. Ese texto se aprueba por ‎unanimidad, incluso por los representantes de la iglesia de Francia –aunque después fue ‎rechazado durante algún tiempo por los papas–, por los representantes de la nobleza y hasta por ‎el propio rey Luis XVI. A partir de entonces, ya no se trata de los «Derechos del Hombre» sino ‎de los «Derechos del Hombre y del Ciudadano». ‎

En el siglo XIX, el suizo Henry Dunant (el fundador de la Cruz Roja) quiso garantizar los derechos ‎de las personas implicadas en las guerras, durante las cuales los Estados violan sus propias reglas. Aparece así ‎el Derecho Humanitario. ‎

Fue ese conjunto de aportes de culturas diferentes, y otros que sería difícil mencionar en este ‎trabajo, lo que Naciones Unidas sintetizó en su Declaración Universal de los Derechos Humanos. ‎Si ese documento es «universal» no es porque haya aparecido por voluntad de Dios o porque ‎provenga de la Naturaleza sino únicamente porque cuenta con la aprobación de los 193 Estados ‎miembros de la ONU. ‎



La Declaración Universal de los Derechos Humanos plantea, en primer lugar, que los seres ‎humanos nacen «libres e iguales en dignidad y derechos» ya que son responsables no sólo de ‎sí mismos sino también unos de otros (Art. 1). Por primera vez, ‎la Declaración Universal de los ‎Derechos Humanos‎‏ ‏plantea que los Derechos Humanos son no sólo idénticos en cada país sino ‎‎incluso a pesar de los países (Art. 2), algo que la Sociedad de las Naciones había rechazado con un solo ‎objetivo: proteger el sistema colonial. La Declaración Universal de los Derechos Humanos‎ ‎establece además una jerarquía entre los Derechos al proclamar, en primer lugar, el derecho ‎«a ‎la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona»‎‏ ‏‎(‎Art‎.‎‏ ‏‎3‎). ‏‎¿Por qué? Porque no se trata de ‎redactar un catálogo de buenas intenciones contradictorias entre sí sino de organizar lo que ‎podríamos llamar la sociedad mundial. Vienen después la lucha contra la esclavitud (Art. 4) y ‎sólo después se menciona la lucha contra la tortura (Art. 5). Todos esos principios son ‎importantes, pero sólo en ese orden pueden llegar a concretarse.

Hoy en día, en los países desarrollados, que viven en paz y donde se condena el esclavismo, los ‎Derechos Humanos se ven sólo como una lucha contra la tortura y por una justicia equitativa. ‎Pero ese es un lujo que muchos no tienen en otros países. ‎

Desde el momento mismo de su adopción, la ‎Declaración Universal de los Derechos Humanos‎ ‎fue cuestionada precisamente por los mismos que la habían elaborado, en particular por el ‎Reino Unido y su concepto de «injerencia humanitaria». El Imperio Británico había inventado ‎ese concepto en el siglo XIX… pero no para socorrer a los pueblos oprimidos sino para acabar con ‎el Imperio Otomano. Londres lo revivió en el siglo XX, durante la guerra fría, para luchar ‎contra China y la URSS. Pero el abanderado de la injerencia humanitaria fue el francés Bernard ‎Kouchner, quien instrumentalizó la cuestión de los boat people organizando como un show ‎televisivo el salvamento de refugiados a bordo de embarcaciones sobrecargadas y llegando ‎incluso a ordenar que aquellos infelices se lanzaran nuevamente al mar para que las cámaras ‎pudieran «hacer otra toma». Aquellas imágenes conmovían a la opinión pública, llevándola ‎automáticamente a sentir simpatía por los boat people. ‎

Sin embargo, la horrible suerte de aquellas víctimas no nos decía absolutamente nada sobre la ‎legitimidad de su causa y mucho menos sobre la ilegitimidad supuesta de los gobiernos de sus ‎países de origen. Esa es exactamente la misma técnica que se utiliza hoy en la propaganda sobre ‎los migrantes en el Mediterráneo. El hecho que miles de esos migrantes se ahoguen tratando de ‎cruzar el Mediterráneo nada nos dice sobre las razones que los llevan a abandonar sus países, ‎como tampoco les da derecho a entrar en otros países. Quizás tienen razón. Quizás no. Sólo ‎la reflexión –no la emoción– nos permitirá decirlo. ‎

La iniciativa humanitaria de Alemania, Bélgica y Kuwait sobre Idlib

Sala de Sesiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas


Abordemos ahora el debate que tuvo lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU el 19 de ‎septiembre de 2019. 

Alemania, Bélgica y Kuwait presentaron ese día un proyecto de resolución ‎‎(S/2019/756) para “salvar” a los civiles de la gobernación siria de Idlib, supuestamente masacrados por ‎fuerzas militares sirias y rusas que luchan contra el terrorismo. La presentación del proyecto de ‎resolución estuvo precedida de una intensa campaña de propaganda sobre bombardeos de ‎hospitales y las difíciles condiciones de vida de los civiles hostiles al ‎«régimen del cruel dictador ‎Bachar»‎‏. ‏

Sin embargo, las verificaciones en el terreno demuestran que nunca hubo hospitales debidamente ‎registrados como tales que hayan sido bombardeados y que es imposible hablar de estadísticas ‎en un verdadero campo de batalla, así que cada parte trata de establecer –por extrapolación– ‎sus propias cifras, cifras que son forzosamente contradictorias, incluso cuando se comparan las ‎cifras de las diferentes agencias de la ONU, a menudo divergentes. El hecho que, en esta guerra, no sea posible ‎cuantificar el resultado de los diferentes acontecimientos influye en nuestra manera de ‎interpretarlos. ‎

Las potencias occidentales ya habían presentado proyectos de resolución comparables a este ‎cuando tenían lugar las batallas de Alepo y de la región de la Ghouta, en las afueras ‎de Damasco. Y también se estrellaron contra los vetos de China y Rusia. Sin embargo, ‎no hubo proyectos de resolución presentados en el momento de la batalla de Raqqa, ‎infinitamente más destructiva y sangrienta. La única diferencia es que la ciudad siria de Raqqa ‎fue arrasada por la coalición occidental –encabezada por Estados Unidos. En otras palabras, ‎aunque la suerte de las víctimas es igualmente trágica en todos los casos mencionados, para ‎Alemania, Bélgica y Kuwait sólo puede haber condena si la tragedia puede imputarse a las ‎fuerzas sirias y rusas, pero cuando la tragedia viene de la acción de las potencias occidentales… ‎no puede haber condena. ‎


La ciudad siria de Raqqa quedo desbastada tras los bombarderos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos. Organismos como Amnistía Internacional denunciaron posibles crímenes de guerra en Raqqa por los bombardeos aéreos de la coalición y luego por la presencia de las fuerzas kurdas de las FDS en la ofensiva para liberar la ciudad de los yihadistas del Estado Islámico. "Guerra de aniquilación" tituló ese organismo a su informe sobre la ofensiva que dio inicio en el mes de junio de 2017, más de 1.600 civiles murieron solo en los bombardeos, así como miles fueron heridos por la artillería y ataques aéreos, en muchos casos ataques desproporcionados o indiscriminados que atentan al Derecho Internacional Humanitario y que constituyen "crímenes de guerra".


Hay que resaltar aquí que los militares presentes en el terreno notaron la violencia indiscriminada ‎de la coalición occidental –de la cual ellos mismo eran parte– y la compararon a la selectividad ‎de las fuerzas sirias y rusas. De hecho, 50 analistas del CentCom fueron sancionados ‎precisamente por haber denunciado las atrocidades de la coalición en sus informes al ‎Inspector General del Pentágono. En Francia, el coronel francés Francois-Regis Legrier fue ‎duramente sancionado por haber expresado su vergüenza y cólera en la Revue Défense ‎Nationale.‎

La idea de Alemania, Bélgica y Kuwait según la cual el ‎«régimen de Bachar»‎‏ ‏asesina a ‏su ‎propio pueblo con el pretexto de luchar contra el terrorismo, invierte el ideal de los ‎«Derechos ‎Humanos»‎. 


No podemos olvidar que cuando en Siria se habla de ‎«lucha contra el terrorismo» ‎no se trata de unos cuantos individuos que tirotean gente o que decapitan espectadores que ‎asistían a un concierto, se trata de decenas de miles de hombres armados hasta los dientes ‎lanzados contra la población de un país para imponerle un régimen de opresión. 

El primer deber ‎del «régimen de Bachar» es, por consiguiente, salvar a su pueblo de ese feroz ejército y de ‎restaurar el derecho de los sirios a «la vida, la libertad y la seguridad» de las personas. ‎

Aunque se niegue el apoyo que potencias europeas aportan a los yihadistas de Idlib, Alemania y ‎Bélgica no pueden alegar su «buena fe»: esos dos países se niegan a repatriar a los cientos de ‎ciudadanos alemanes y belgas que después de viajar a Siria para unirse a la «yihad», ‎se han rendido a los soldados estadounidenses y que hoy son prisioneros de los grupos armados ‎kurdos aliados de Estados Unidos. Los gobiernos de Alemania y Bélgica están perfectamente ‎conscientes de que esos yihadistas son individuos muy peligrosos. Los gobiernos de esos ‎dos países occidentales, que tanto se jactan de haber renunciado a la pena de muerte, solicitan ‎discretamente a otros gobiernos que se encarguen de ejecutar a sus conciudadanos convertidos ‎en yihadistas. ‎

Hipocresía humanitaria de Alemania, Bélgica y Kuwait
Después de haber comprobado que Alemania, Bélgica y Kuwait aplican un doble rasero, ‎observemos ahora las razones que se esconden tras la presentación de su proyecto de resolución ‎al Consejo de Seguridad de la ONU.‎

Las potencias occidentales respaldaron a los yihadistas de al-Qaeda con la esperanza de llegar a ‎derrocar la República Árabe Siria. Prolongaban así la estrategia que habían aplicado con éxito ‎en Libia. En 2011, los yihadistas del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL), que habían sido ‎incorporados a al-Qaeda, fueron reenviados por la CIA –de Irak, donde estaban luchando– ‎a Libia, su país de origen. Esos individuos fueron las tropas terrestres que apoyaron las ‎operaciones aéreas de la OTAN.‎

Después del derrocamiento de la Yamahirya libia, esos mismos elementos fueron trasladados ‎a Siria por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados –cargo en aquel entonces ‎en manos de Antonio Guterres, hoy secretario general de la ONU– y los servicios secretos ‎turcos. En Siria, esos yihadistas fueron utilizados para conformar el llamado «Ejército ‎Sirio Libre».

Cuando se vio que era imposible derrocar el «régimen de Bachar», los anglosajones ‎abandonaron a su suerte a la mayoría de los yihadistas. Pero los alemanes y los franceses ‎estimaron que aún tenían cierta responsabilidad hacia esos elementos, que fueron reagrupados ‎en la gobernación siria de Idlib, donde crearon varios Emiratos Islámicos. Actualmente, Alemania ‎y Francia siguen proporcionándoles armamento y subvencionan las ONGs que los alimentan.

Integrantes del grupo terrorista Frente al Nusra en Siria, Nótese sus flamantes uniformes y armas nuevas. foto de archivo


Alemania y Francia son, por lo tanto, actores de la guerra que denuncian. El presidente francés ‎Emmanuel Macron, muy preocupado ahora por mejorar las relaciones entre su gobierno ‎y Moscú, no se atrevió a copatrocinar el proyecto de resolución alemán, pero pidió a su fiel ‎Charles Michel, el primer ministro de Bélgica, que se encargara de hacerlo. A esa maniobra vino a ‎agregarse Kuwait, que no se sabe cuánto está gastando todavía para mantener a los yihadistas ‎de Idlib, aunque las manifestaciones de respaldo a esos elementos registradas en Kuwait ‎recuerdan los momentos en que los movimientos salafistas recogían allí 400 millones de dólares ‎para la yihad montada contra Siria. ‎

Al presentar el proyecto de resolución de Alemania en el Consejo de Seguridad, Bélgica y Kuwait ‎sabían perfectamente que encontrarían la oposición de China y Rusia. Pero optaron por dividir el ‎Consejo de Seguridad de la ONU y, por consiguiente, por debilitar su autoridad. Esa manera de ‎actuar se explica por el temor de esos países a que se produzca –bajo la impulsión del presidente ‎estadounidense Donald Trump– un cambio en el perfil de las alianzas hoy existentes en el ‎Consejo. La tradicional oposición de Occidente a Rusia y China podría evolucionar hacia la ‎aparición de un directorio mundial conformado por Rusia, Estados Unidos y China. En aras de ‎evitarlo, Alemania trata de movilizar el bando occidental… ¡pero a qué precio!

Siguiendo esa misma lógica, Alemania, Bélgica y Kuwait han recurrido ahora a la ‎Asamblea General de la ONU –para burlar los vetos expresados en el Consejo de Seguridad–, ‎presentando un nuevo proyecto de resolución (A/HRC/42/L.22) de 10 páginas que contiene ‎una condena contra la República Árabe Siria. No han vacilado en emprender esa maniobra, aún ‎a sabiendas de que ya ni siquiera disponen del pretexto de la “amenaza” que representan las ‎tropas sirias para Idlib ya que el gobierno de Damasco proclamó un alto fuego que puso fin a las hostilidades ‎en esa gobernación siria desde el 1º de septiembre. El‏ ‏‎«régimen de Bachar»‎ simplemente ‎decretó un cese de los combates para facilitar la huida de sus conciudadanos, atrapados bajo la ‎ocupación de los yihadistas. ‎

De paso, la representante de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, Kelly Knight Craft, se ‎dio el lujo de acusar a China de haber recurrido a su derecho de veto únicamente por imitar ‎a Rusia. Un insulto totalmente inútil cuando es harto conocido el paciente deseo de China de ‎practicar una política exterior independiente y decisiva. Para el bando occidental, ese tipo de ‎acusaciones es también una manera de negar la igualdad entre los pueblos y de expresar su ‎supuesta superioridad.

Bashar al-Assad como defensor de los Derechos Humanos
Analicemos ahora el punto de vista sirio. Según la prensa internacional, lo sucedido en Siria ‎en 2011 fue una revolución popular que desgraciadamente se desvió de su rumbo ‎convirtiéndose en una guerra civil. Si alguien podía tragarse esa versión en 2011, ya hoy resulta ‎imposible creerla debido a la gran cantidad de documentos que han salido a la luz. 


La guerra ‎‎“de Siria” fue planificada por Washington desde el año 2001 y se inició en el contexto de las ‎llamadas ‎«primaveras árabes»‎‏, ‏que a su vez fueron planificadas por Londres desde el año 2004 ‎y según el esquema de la ‎«Gran Revuelta Árabe»‎ organizada por Lawrence de Arabia. 

Arabia ‎Saudita ha reconocido que pagó por adelantado y armó a los cabecillas de los motines registrados ‎en la ciudad siria de Deraa, donde se inició el movimiento. ‎

La primera responsabilidad de la República Árabe Siria, de su pueblo, de su ejército y de su ‎presidente, Bashar al-Assad, era defender los Derechos Humanos universalmente reconocidos, ‎que son ‎«la vida, la libertad y la seguridad»‎ de las personas‏ .‏Y eso‏ ‏fue lo‏ ‏que hicieron ante el ataque de las ‎hordas de yihadistas, traídos a Siria desde el mundo entero para poner a la Hermandad ‎Musulmana en el poder. ‎

No cabe duda de que algunos criminales han logrado quizás hacerse miembros de la policía y del ‎ejército de la República Árabe Siria, de que –en medio de la confusión de la guerra– puede que hayan continuado sus crímenes gracias al hecho de portar un uniforme. Pero no podemos olvidar que ‎esas cosas suceden en todas las guerras, aunque no tienen nada que ver con los orígenes de ‎esos conflictos. Desde que cambió el curso de la guerra, esos elementos están siendo ‎duramente sancionados. ‎

Ya no cabe duda de que los bombardeos de la artillería siria y de la aviación rusa no sólo ‎eliminaron objetivos yihadistas sino que también causaron daños colaterales entre los ciudadanos ‎sirios rehenes de los yihadistas. Matar en el fragor de la batalla a aquellos a quienes se quiere ‎defender es, por desgracia, parte de las cosas que suceden en todas las guerras. Pero ‎el martirio de esas víctimas no es culpa del pueblo sirio, ni de su ejército, ni de su presidente –‎todos ellos deploran profundamente esas muertes. La responsabilidad recae totalmente sobre ‎las espaldas de los agresores, como Alemania y Francia, cuyos gobiernos desearon esta guerra ‎y la hicieron posible. ‎

El caso de Libia no tiene comparación con el de Siria. Sin embargo, 8 años después de la ‎operación de la OTAN contra la Yamahiriya, hoy tenemos una visión más clara de lo sucedido. ‎

El libio Muammar el-Kadhafi logró reconciliar a los bantúes y los árabes, puso fin a la práctica del ‎esclavismo y elevó considerablemente el nivel de vida de su pueblo. Hoy se le describe como un ‎dictador, aunque no mató más opositores políticos que ciertos jefes de Estado o de gobiernos ‎occidentales.

Para derrocar la Yamahiriya libia, la OTAN no vaciló en utilizar los terroristas de al-Qaeda, la ‎tribu de los misrata y la cofradía de los Senussi. En Libia, la OTAN asesinó unas ‎‎120 000 personas. Muchos analistas vaticinaron lo que sucedió después: el derrumbe del nivel ‎de vida en Libia, el restablecimiento del esclavismo y la reaparición del conflicto entre bantúes y ‎árabes –conflicto que ahora se extiende por la totalidad del África subsahariana. No es ‎nada absurdo decir que Muammar el-Kadhafi defendió los Derechos Humanos, tanto en su país ‎como en toda África, algo que no hizo la OTAN


En Siria, el presidente Bashar al-Assad ha preservado un mosaico confesional que no existe en ‎ningún otro lugar del mundo, desarrolló la economía de su país y negoció una paz tácita ‎con Israel. A lo largo de la guerra que les fue impuesta, su pueblo y su ejército han tenido que ‎soportar el martirio de al menos 350 000 de los suyos. Hoy su país está devastado e Israel es ‎de nuevo un enemigo. La responsabilidad de esas desgracias recae únicamente sobre las ‎espaldas de los Estados que agredieron a Siria. Los sirios, su ejército y su presidente, Bashar al-‎Assad, defendieron como podían los Derechos Humanos que las potencias occidentales ‎pisoteaban.‎

Los occidentales viven convencidos de la superioridad moral de su civilización. Así que no ven ‎sus propios crímenes, que hacen sufrir a los demás pueblos. Es precisamente contra esa ‎arrogancia que se pronuncia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando ‎proclama la igualdad de todos los humanos en dignidad y derechos.

01 noviembre 2016

Conociendo al enemigo (1)






Las “Primaveras” no han generado más que el caos, la muerte, el odio, el exilio y la desolación en numerosos países árabes.


Una vista de las ruinas de la ciudad siria de Homs – 10 de mayo 2014 – (Ghassan Najjar/Reuters)



ENTREVISTA a Ahmed Bensaada 
Realizada por Nordine Azzouz
Traducción: Purificación González de la Blanca
Publicada en el periódico argelino ‘Reporters’.
Referencia: Libros de  Ahmed Bensaada: “Arabesco Americano y Arabescos$”, sobre las llamadas “primaveras árabes”, que “solo han generado el caos, la muerte, el odio, el exilio y la desolación”. 
Fuente: Global Reaserch


Datos sobre el entrevistado:

Ahmed Bensaada, universitario argelino instalado en Canadá desde hace muchos años, sigue atentamente las mutaciones y trastornos en el Magreb y en Oriente Medio, a los cuales ha consagrado numerosos escritos, coloquios y conferencias…Sobre las Primaveras árabes él ha mantenido desde el principio una mirada muy crítica, que ha sintetizado en un libro, Arabesco Americano, y luego Arabesco$, una nueva versión corregida y enriquecida, de una actualidad ardiente más que nunca. Cinco años después!


He aquí una excelente trilogía de artículos de un importante escritor e intelectual argelino, Ahmed Bensaada, referentes a las crisis de Medio Oriente, las “Primaveras Árabes” y lobbies de influencia. Hemos titulado esta serie como “Conociendo al enemigo”. En esta entrega no pasará indiferente al público las grabaciones secretas realizadas a Hillary Clinton referente a Libia y la clásica mentira de las “armas de destrucción masiva”. En estos días, un nuevo escándolo sacude a la señora Clinton. Hechos aislados? No. Es el reflejo de la política norteamericana en contra de todos los que se oponen a su visión globalizadora y unipolar del mundo.


Periodista: Cinco años han pasado desde lo que se ha llamado las “primaveras árabes”. El balance de la situación, vemos, no es muy satisfactorio, incluso catastrófico en muchos de los países concernidos. ¿Por qué, a su parecer?

Ahmed Bensaada: “No es muy satisfactorio”, dice usted? Estos grandes trastornos que el bien pensante Occidente ha precipitadamente y falaciosamente bautizado como “Primavera” no ha generado más que el caos, la muerte, el odio, el exilio y la desolación en numerosos países árabes. Sería preciso tal vez preguntar a los ciudadanos de los países árabes “primaverizados” si la desastrosa situación en la que ello viven  puede ser calificada de primaveral.

Y las cifras son elocuentes al respecto. Un estudio reciente ha mostrado  que esta funesta estación  ha causado, en cinco años, más de 1,4 millones de víctimas (muertos y heridos), a los que hay que sumar más de 14 millones de refugiados. Esta “primavera” ha costado a los países árabes sobre 833 mil millones, de los cuales 461 mil millones corresponden a pérdidas en infraestructuras destruidas y lugares históricos devastados. Por otra parte, la región MENA (Oriente Medio y Norte de África) ha perdido más de 103 millones de turistas, una verdadera calamidad para la economía.

Con  la publicación de la primera versión de mi libro “Arabesco Americano” (abril de 2011), he puesto en evidencia la injerencia extranjera en estas revueltas que han afectado a la calle árabe y la no espontaneidad de estos movimientos. Es cierto que  los países árabes estaban antes de estos acontecimientos, en un cierto estado de decrepitud: ausencia de alternancia política, alto desempleo, democracia embrionaria, la infelicidad, derechos fundamentales vulnerados, falta de libertad de expresión, la corrupción a todos los niveles, el favoritismo, fuga de cerebros, etc. Todo esto representa un “caldo de cultivo” para la desestabilización. Pero aunque  las reivindicaciones de la calle árabe son reales, las investigaciones llevadas a cabo han demostrado que los jóvenes manifestantes y ciberactivistas árabes  habían sido instruidos y financiados por organizaciones estadounidenses especializadas en la “exportación” de la democracia, como la USAID, la NED, Freedom House  o la Open Society del multimillonario George Soros. Y todo esto, años antes de la auto-inmolación de Mohamed Bouazizi.

Estos manifestantes que han paralizado las ciudades árabes y que han desacreditado a los viejos autócratas árabes que se sientan en el poder desde hace décadas, sin embargo, representan sin embargo una juventud llena de pasión y de promesas.

Una juventud educada, empuñando con brío las técnicas de resistencia no violenta y sus consignas. Estas mismas técnicas que han sido teorizadas por el filósofo estadounidense Gene Sharp y puestas en práctica por los activistas serbios de OTPOR en las revoluciones de colores. Estas mismas técnicas enseñadas a los jóvenes manifestantes árabes por los fundadores de Otpor en su centro CANVAS (Center for Applied Notviolent Action and Stratigies - Centro para la aplicación de Acciones no Violentas y Estratégicas) diseñadas especialmente para la formación de los disidentes en ciernes.

Una juventud entusiasta de las nuevas tecnologías cuyos líderes han sido puestos en el blanco, formados, entrenados en la red y sostenidos por los gigantes estadounidenses del Net, con la mediación de organismos de Estados Unidos como AYM (Alianza de Movimientos Juveniles).

Pero así como los activistas de las revoluciones de colores, los ciberdisidentes árabes no son entrenados nada más que para descabezar  los regímenes. Ellos son en realidad – probablemente sin darse cuenta -  comandados para llevar a cabo la caída de la cima de la pirámide del poder. Ellos no tienen competencia alguna sobre el camino a seguir cuando los autócratas son cazados y el poder queda vacante. Ellos no tienen ninguna capacidad política para conducir esta transición democrática que debiera seguir, este importante cambio.

En un artículo sobre las revoluciones de colores escrito en 2007 por el periodista Hernando Calvo Ospina en las columnas de Le Monde diplomatique, leemos: “la distancia entre gobernantes y gobernados facilita la tarea del NED y de su red de organizaciones, que fabrican miles de “disidentes” gracias a los dólares y a la publicidad. Una vez logrado el cambio, la mayor parte de entre ellos, así como sus organizaciones de todo tipo, desaparecen sin gloria de la circulación”.

Por lo tanto, una vez que el papel atribuido a los ciberactivistas  se acaba,  son las fuerzas políticas en el lugar, al acecho de cualquier cambio importante, las que ocupan el vacío creado por la desaparición del antiguo régimen. En el caso de Túnez y Egipto, fueron los movimientos islamistas los que aprovecharon en un primer momento la situación,  evidentemente  ayudados por sus aliados tales como Estados Unidos, algunos países occidentales y árabes, y Turquía, que debía servir de modelo.

Está claro que esta “primavera” no tiene nada que ver con las consignas coreadas por los jóvenes ciberactivistas activistas en las calles árabes y que la democracia no es más que un señuelo. En efecto, ¿cómo no plantearse preguntas serias sobre esta “la primavera” cuando se constata que los únicos países árabes que han sufrido esta estación son las repúblicas? ¿Es una casualidad que ninguna monarquía árabe haya sido visto tocada por este tsunami “primaveral”, como si estos países fueran santuarios de la democracia, de la libertad y de los derechos humanos? La única tentativa de sublevación anti-monárquica, la de Bahrein, ha sido violentamente reprimida por la colaboración militar del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación y la connivencia de los políticos sin embargo, tan locuaces cuando eventos similares han tocado algunas repúblicas árabes.

Esta “primavera” tiende a la desestabilización de algunos países árabes en el objetivo en un marco geopolítico mucho más grande, muy ciertamente el del “Gran Medio Oriente”. Esta doctrina preconiza la remodelación de las fronteras de una región geográfica, reagrupando a los países árabes y a algunos países del entorno, poniendo así fin a las herencias de los Acuerdos Sykes-Picot. Lanzada bajo el liderazgo del presidente G.W. Bush y sus halcones neoconservadores, este proyecto se basa en una idea teorizado en 1982 por Oded Yinon, un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel. El “Plan Yinon” como se le llama, tenía inicialmente como objetivo  “deshacer todos los estados árabes existentes y reorganizar el conjunto de la región en pequeñas entidades frágiles, más  maleables e incapaces de hacer frente a los Israelíes”.

Y la partición desgraciadamente está en curso…


Video

A propósito del “Plan Yinon” (en inglés)


        NATO's Plan to Divide the Middle East, Oded Yonin, Bernard Lewis


En ese marco, Túnez sigue siendo una excepción. ¿Cómo se puede explicar?

Ciertamente, en comparación con Libia, Siria o Yemen, la situación en Túnez puede parecer interesante.  Pero no lo es en absoluto, Túnez no es un modelo exitoso tal y como quieren hacernos creer  los grandes medios de comunicación.

Y este no es el Premio Nobel otorgado recientemente a Túnez el que ha cambiado algo allí. Cuando vemos a los que fueron  galardonados en los últimos años, uno se pregunta seriamente a quien sirve este premio. Y los tunecinos que ellos mismos viven desde hace cinco años la “primaverización” de su país saben algo. Comentando este quinto aniversario, algunos bloggers no han sido suaves. “Único paíes democrático del Magreb democrático + Premio Nobel, todo lo demás es peor que el período ZABA (Zine El Abidine Ben Ali).” O, con un toque de humor: “Injusticia social, tortura, impunidad, no importa somos premios  Nobel.”

En una reciente entrevista con Le Figaro, mi amigo de Túnez, filósofo Mezri Haddad, he declarado: “En todas partes, comprendido Túnez que se presenta como el buen paradigma revolucionario y que ha recibido el Premio Nóbel de la Paz falta  borrar su deuda externa que se ha vuelto vertiginosa  en menos de  5 años, y apoyar su economía,  hoy agonizante, la “primavera árabe” ha destruido más de lo que se ha construido”.

Antes de agregar: ”Desde 2011, Túnez se ha convertido en el primer país exportador de mano de obra islamo-terrorista, tanto en Libia como en Siria. Los Informes de las Naciones Unidas son abrumadores para el Túnez que yo conozco. El autor del último atentado suicida en Zliten, en Libia, es un tunecino, como el que ha atacado la mezquita de Valence, o el que acaba de ser abatido ante la Comisaría del XVIIIe distrito de París”.

En efecto, Túnez sigue siendo, con mucho, el mayor proveedor del mundo de jihadistas del Daesh en Siria. Triste record para un país que quiere pasar por la excepción que justifica la terminología primaveral.

Y esto, sin contar los asesinatos políticos, los atentados terroristas indiscriminados que han eclipsado el país y las historias sórdidas de “Jihad al-nikah” popularizada por los jóvenes tunecinos  radicalizados.

Y no es el traslado de la familia de Goncourt al Museo del Bardo todavía marcado por las cicatrices del atentado del 18 de marzo 2015 el que le dará el sello de un país que tiene una transición democrática exitosa. Este “impulso” francés no borará de ninguna manera la equivocación de la ministra francesa, Michèle Alliot-Marie, que había propuesto el modelo francés a la policía de Ben Ali “para resolver la situación de seguridad”, la historia era poner fin a la impertinencia de los manifestantes que habían invadido la Avenida Bourguiba.

Y esos manifestantes que enarbolaban su juventud como bandera  de un futuro radiante, qué  piensan, después de haber empujado al presidente Ben Ali en la salida, de la edad de estos “dinosaurios” políticos que lo han sustituido? Juzgue usted mismo: Moncef Marzouki (71 años), Rached Ghannouchi (75 años) y, especialmente, el actual Presidente, Beji Caid Essebsi (90 años). ¿Se puede realmente creer que una revuelta joven, calificada como “faceboukiana” puede ser representado por gerontócratas, antiguos caciques de regímenes vilipendiados, islamistas belicosos que confunden el interés del país con el de ellos, supranacional, de su hermandad?

Pensaban que un día una ley electoral sería votada para rehabilitar a los antiguos partidarios de Ben Ali que lucharon ferozmente?

¿Habrían imaginado que cinco años – casi día a día – después de la salida de Ben Ali, Ridha Yahyaoui, un joven diplomado y desempleado tunecino, se provocaría la muerte  en Kasserine para protestar contra el favoritismo en la contratación, flagelo que ellos habían denunciado y contra el cual luchaban? Y los disturbios que siguieron a esta tragedia duramente  reprimidos ?

¿Qué ha tenido de positivo en esta “primavera” tunecina si, cinco años más tarde, Yahyaoui imita a Bouazizi por las mismas razones?


Video



                    Los disturbios en Kasserine (enero de 2016)

¿Qué diferencia o matiz analítico se debe tener, en su opinión, en el análisis de las realidades actuales en países como Siria o Libia, países que nos preocupan principalmente por su vecindad y proximidad?

La guerra civil (Nota del editor del blog: Siempre hemos sostenido fundamentadamente que no existe una guerra civil en Siria sino una invasión foránea auspiciada por la OTAN y las Monarquías del Golfo e Israel) que se está librando actualmente en Siria tiene curiosas  similitudes con la que se ha mantenido en Libia:

a) el epicentro inicial de la revuelta siria no estaba situado en la capital, sino en una región fronteriza (a diferencia de Túnez y Egipto);
b) una “nueva edad” bandera apareció como estandarte de los insurgentes;
c) la fase no violenta de la revuelta fue muy corta;
d) la implicación militar extranjera (directa o indirecta) ha transformado  rápidamente los disturbios no violentos en una sangrienta guerra civil.

En efecto, cuando la teoría de Gene Sharp no funciona  y  las enseñanzas de la CANVAS no tienen éxito como en el caso de Libia y de Siria, las manifestaciones se convierten rápidamente en una guerra civil. Esta metamorfosis se opera gracias a una ostensible injerencia extranjera incluso de los mismos países mencionados anteriormente a través de la OTAN (como en Libia) o de coaliciones heterogéneas (como en Siria).

Así, los países occidentales (con la ayuda de sus aliados árabes y regionales) pueden pasar, sin escrúpulos, de un enfoque no violento a lo Gene Sharp en una guerra abierta, sangrienta y asesina donde  fluye la sangre árabe.

La efímera fase sharpiana de las manifestaciones populares ha sido incluso utilizada para justificar la intervención militar de la OTAN en Libia o de la coalición  anti-Bashar en Siria. La Resolución 1973 que permitió la destrucción de Libia fue justificada por la falsa acusación según la cual las fuerzas leales a Gaddafi habrían provocado no menos de 6.000 muertes en la población civil. Numerosos países también han estimado que los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y sus aliados han desvirtuado y abusado de esta resolución permitiendo a la OTAN sobrepasar el mandato del Consejo de Seguridad. Se trata en particular de Rusia y de  China, que comprendiendo ”la lección de la Resolución 1973″, oponen sus vetos a cualquier resolución de la ONU de condena a Siria o a su presidente,  Bashar Al-Assad. Si no fuera por esto, las principales cadenas de televisión del mundo entero nos habrían mostrado las imágenes del presidente Bashar, con el corazón devorado o la cabeza arrancada por los yihadistas especializados en la materia que pululan en Siria gracias a la colaboración activa de los Occidentales  y sus aliados.

Por otra parte, el estudio de los correos electrónicos de la señora  Hillary Clinton ha mostrado que los motivos de la eliminación de Kadhafi no tenían nada que ver con cualquier voluntad de democratización de Libia, sino que ponían de relevancia intereses estratégicos, económicos, políticos y un famoso tesoro en oro. Lo mismo sucede en el caso del  presidente sirio.

También es interesante anotar que las investigaciones muy serias llevadas a cabo por expertos de Estados Unidos han mostrado que la guerra en Libia no era necesaria, que habría podido ser evitada si los Estados Unidos lo hubieran permitido, y que la administración norteamericana facilitó el suministro de armas y apoyo militar a los rebeldes vinculados a Al Qaeda.

Por otra parte, el Contralmirante de  los EE.UU. retirado,  Charles R. Kubic  ha revelado  que Gadafi estaba dispuesto a partir para permitir el establecimiento de un gobierno de transición con dos condiciones. La primera era la de asegurarse, después de su partida, que iba a quedar una fuerza militar para acabar con Al Qaeda, y, la segunda, pedía un salvoconducto así como el levantamiento de sanciones contra él, su familia y sus seguidores.


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Grabaciones secretas acusan a Hillary Clinton en el caso de Libia

            Hillary Clinton’s WMD Moment | Weapons of Mass Distraction


Por su parte, el ex presidente de Finlandia (1994-2000) y Premio Nobel de la Paz (2008), Martti Ahtisaari, reconoció haber sido mandatado por la administración rusa  para encontrar una solución pacífica al conflicto sirio y esto desde principios  del año 2012.

El plan de resolución del conflicto sirio propuesto a los representantes de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas comprendía tres puntos:

1) no armar a la oposición;
2) organizar un diálogo entre la oposición y Bashar Al-Assad;
3) permitir a Bashar Al-Assad retirarse elegantemente.

Según Martti Ahtisaari, ninguna opción fue tomada después de la presentación de esta propuesta a los representantes estadounidense, británico y francés.

Parece por lo tanto claro que el objetivo de esta “primavera” no tiene nada que ver con la democracia y los derechos humanos en Libia y Siiria (y en otros lugares de la región MENA), sino  la eliminación física de los presidentes Gadafi y Bashar Al Assad, incluso destruir a  estos dos países y liquidar a miles de árabes, y financiar a jihadistas comedores de corazones y cortadores de cabezas. Y se ofenden  cuando ellos vuelven sus armas  contra sus creadores.

Muy por el contrario, lo que se llama “primavera” en los casos de Libia y Siria son ejemplos pedagógicos de guerras civiles fomentadas desde el extranjero en virtud de razones de derecho de los derechistas.

Actualmente, ambos países son tierras de inestabilidad geopolítica y guaridas de jihadistas daeschianos, abiertamente financiados por los países occidentales, los países árabes y  potencias regionales.

En el marco de esta fuerte turbulencia política y de injerencia exterior agresiva, Argelia ha sido un blanco de elección y queda siempre. Recordemos que los jóvenes argelinos también han participado en la formación de CANVAS y que numerosos países han apostado por la “primaverización” (violenta o no) de Argelia. Los malos recuerdos del decenio negro y lo efímero de la CNCD (Coordinación Nacional para el Cambio y la Democracia) han decidido lo contrario.

Actualmente, la situación de Libia es evidentemente muy preocupante para la seguridad y estabilidad de Argelia. Algunos observadores estiman en 300 el número de milicias armadas en Libia y advierten de que están fuertemente relacionados con sus homólogos tunecinos. En efecto, de acuerdo con un informe de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional francesa  fechado en noviembre último, ”el conjunto  de los atentados recientes en Túnez  han sido organizados y planificados desde Libia”

Así, y contrariamente a las declaraciones belicosas y malintencionadas de  Nicolas Sarkozy, – uno de los mayores responsables de la destrucción de Libia – es más bien Argelia quien ahora debería quejarse de su “emplazamiento geografíco” fronterizo con Túnez y Libia. Esto es aún más verdad que la colaboración entre Daech en Libia y los movimientos terroristas del Sahel es cada vez más evidente, lo que plantea todavía más dificultades  a Argelia para asegurar su Sur.

Se ve por tanto, bien que incluso si Argelia no ha sido directamente tocada por esta lúgubre estación, la “primaverización” de sus vecinos le plantea desafíos mayores.


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       La declaración incendiaria de Nicolas Sarkozy contra Argelia

En su libro “Arabesque$” que se acaba de apreciar una nueva edición revisada y enriquecida, la tesis que defiende es la de una gran implicación y compromiso norteamericano que usted identifica ni más ni menos que con la desestabilización de los estados y regímenes en el mundo árabe. ¿Hasta qué punto, más allá de la tesis, y sobre las cuestiones de hecho concretas, continúa  defendiendo este análisis?

Cuando fue publicada la primera versión de mi libro titulado “Arabesco Americano” en abril de 2011, fue recibida con mucho escepticismo porque la tesis  que allí desarrollaba se oponía a la euforia “primaveral” ambiente y venía a poner un bemol a una unanimida estática. Esta beatitud frente a una “revolución” árabe inmaculada, orquestada por una hermosa juventud educada e impetuosa no debía en ningún caso ser manchada por acusaciones que, en cualquier caso, no podían más que ser calumniosas. Este discurso ha sido mantenido por los grandes medios de comunicación y muchos expertos “catódicos” donde subsisten todavía algunos especimenes reticentes.

Hay que reconocer que oponerse al romanticismo revolucionario que llegó a su paroxismo, apenas unas semanas después de la caída de Ben Alí y de Moubarak,  revestía ciertamente una inconsciente temeridad.

Sin embargo, la tesis presentada en este libro – que contiene más de 260 referencias fácilmente verificables - ha sido meticulosamente elaborada gracias al análisis de numerosos libros, documentos oficiales, informes de actividades, cables de Wikileaks, etc.

Es evidente que no son los Estados Unidos quienes han provocado directamente  la “primavera” árabe. Como se explicó anteriormente, la situación política y socioeconómica de los países árabes es un terreno fértil para la disidencia y rebeldía. Sin embargo, la implicación norteamericana en este proceso no es trivial, ni mucho menos. El papel principal de los organismos especializados en la “exportación” de la democracia y mayoritariamente financiados por el gobierno de los Estados Unidos, las formaciones teóricas y prácticas en la resistencia no violenta proporcionada por CANVAS, la constitución de una “Liga Árabe del  Net” para el  dominio de  las nuevas tecnologías, el desarrollo de herramientas de navegación anónimos, gratuitamente distribuidos a los ciberactivistas, la estrecha colaboración entre los ciberdisidentes y las embajadas de Estados Unidos en los países árabes, las sumas de dinero que se han invertido, el compromiso militar y las gesticulaciones diplomáticas de alto nivel lo confirman. Y como la política exterior de los Estados Unidos jamás  ha sido un modelo de filantropía, hay que rendirse a la evidencia de que los estadounidenses han influido de manera significativa el curso de los acontecimientos. Por no hablar de que todas estas acciones han sido emprendidas desde años antes del inicio de la  “primavera” árabe.

A medida que el tiempo avanzaba, la naturaleza pérfida de estas “revoluciones” ha sido revelada, las lenguas se han soltado  y  han salido a la superficie nuevos documentos. No solamente nada ha venido a desmentir mi tesis sino que ésta ha sido notablemente confirmada. Esto es lo que justifica la elaboración de una nueva versión del libro, titulado  “Arabesque$- Informe sobre el papel de los EE.UU. en las revueltas árabes” y editado en septiembre de 2015. En comparación con el anterior trabajo, el nuevo aporta  más de 600 referencias y el número de páginas  casi se ha  triplicado.

Entre los documentos  explícitos citamos, por ejemplo, el estudio realizado en 2008 por la RAND Corporation (Oficina de Estudios del Ejército de Estados Unidos), que ha servido de base para una política estadounidense de “exportación” de la democracia hacia los países árabes basada sobre la formación, el apoyo y la creación de redes de activistas provenientes de estos países.

Otro documento merece también ser mencionado. Se trata de un informe proveniente del Departamento de Estado norteamericano, redactado en 2010 y obtenido en 2014 gracias a la ley de libertad de información.

Este informe explica claramente ”la elaborada estructura de los programas del Departamento de Estado con miras a crear organizaciones de la ”sociedad civil“, en particular las organizaciones no gubernamentales (ONG), con el objetivo  de modificar la política interna de los países destinatarios a favor de la política exterior de los Estados Unidos y sus objetivos de seguridad nacional. Siempre utilizando un lenguaje diplomático, el documento – precisa que  el objetivo es la promoción y el seguimiento de los cambios de política en los países en el objetivo”.

La implicación de los Estados Unidos en la “primavera” árabe no es pues un mero producto de la imaginación. Su existencia es reconocida abiertamente por la misma administración americana. Esto es lo que se explica con  gran detalle en el libro ” Arabesque$”


Portada del libro 'Arabesque$', de Ahmed Bensaada.


¿Está de acuerdo con la afirmación según la cual “las primaveras árabes, se acabaron!“? ¿Qué escenarios posibles  ves en Siria y sobre todo en Libia, países cuyos actores están luchando para ponerse de acuerdo sobre una solución política y para los cuales existen previsiones en Europa concretamente de compromiso militar?


Corra la voz: la “primavera” árabe nunca ha sido una primavera vistas sus desastrosas consecuencias sobre las poblaciones, ni intrínsecamente árabe porque los movimientos de contestación han sido ampliamente infiltrados por organismos extranjeros, esencialmente estadounidenses.

¿Está llegando a su fin el proceso de “primaverización” del mundo árabe? Ciertamente. Los pueblos árabes no se deja engañar. Los ejemplos de la salvaje destrucción de Libia, Siria y Yemen son suficientes para convencer a los más recalcitrantes.

El mundo árabe necesita imperativamente realizar cambios importantes en diferentes ámbitos de la sociedad: político, socioeconómico, cultural, la libertad de expresión, los derechos humanos, etc. Pero debemos realizar estos cambios destruyendo los países y permitir el resurgimiento de prácticas medievales sembrando la muerte, el odio y la desolación? Por supuesto que no.

Por otra parte, estos cambios no deben en modo alguno obedecer ni beneficiar a agendas extranjeras, y los países árabes no deben prestarse a que sus territorios  se conviertan en el terreno de juego de las potencias sobre el que orquestan las guerras ”low cost” donde sólo se vierte la sangre árabe.

Este es el caso de Siria, en la medida en que este país es actualmente el escenario de confrontación (directo o indirecto) de numerosos beligerantes, cada uno con su propia ambición, lejos de la de los propios sirios.

En cuanto a Libia, cualquier nueva intervención militar occidental en ese país puede tener consecuencias indeseables sobre el territorio argelino. Es por esta razón que Argelia se opone firmemente a esta posibilidad y no escatima ningún esfuerzo para encontrar una solución política a este conflicto y hacer sentarse en la misma mesa las distintas facciones en conflicto.

Porque solo permitiendo a los ciudadanos de un mismo país discutir juntos, de buena fe, teniendo en cuenta sus intereses nacionales y no los de los demás,  el mundo árabe logrará salir da la situación  de decadencia avanzada hacia la que se ha encaminado.
Nota:
Texto original en francés:
Ahmed Bensaada, « Arabesque$ – Enquête sur le rôle des États-Unis dans les révoltes arabes », Editions Investig’Action, Bruxelles, septembre 2015,
http://www.michelcollon.info
The original source of this article is ahmedbensaada.com
Copyright © Ahmed Bensaada and Nordine Azzouz, ahmedbensaada.com, 2016
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