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06 junio 2026

Alemania Nazi: Juguetes e ideología




por Tito Andino


Los juguetes en el Tercer Reich tuvieron un rol específico: el adoctrinamiento ideológico, la educación paramilitar temprana y la transmisión de los principios del nacionalsocialismo. Los niños fueron preparados para su futuro, que no era otra cosa que convertirse en fieles seguidores, soldados y madres, “Dad hijos al Führer” era una clásica consigna hacia las jóvenes alemanas.

Durante el Imperio Nazi de los Mil Años, que solo duró 12 (1933-1945), predominaron los juegos de mesa tradicionales de estrategia, esos juegos - entretenimiento de estrategia - han sido siempre populares incluido el presente. Hacen uso de la inteligencia, la planificación, la toma de decisiones y la gestión de recursos, como factores que determinan el lograr una victoria, por encima de la suerte o la agilidad física; está claro que el objetivo es superar al rival mediante un plan de acción previamente diseñado y adaptado a las circunstancias del juego. 


ARRIBA, izquierda: El político nazi Hermann Göring con su sobrino Klaus jugando con un tren eléctrico en miniatura Märklin (foto de 1938). El hombre que impulsó la “Solución Final a la Cuestión Judía” también se presentaba como un amante de los niños y un entusiasta de los juguetes. Foto: ullstein bild/ Ernst Sandau. A la derecha: Fabricación para la victoria final. En la Segunda Guerra Mundial la producción de juguetes se paralizó gradualmente, el 19 de marzo de 1943 fue prohibida por ley. Las Juventudes Hitlerianas (foto de 1942) tuvieron que recurrir a la carpintería para fabricar aviones de combate, buques de guerra y tanques. Estos juguetes artesanales se vendían en los mercados navideños de las Juventudes Hitlerianas para levantar la moral de la población. Foto: ullstein bild/ Heinrich Hoffman. ABAJO, izquierda: Fanático en una gira de relaciones públicas, el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels (aquí con sus hijas Hilde y Helga), también disfrutaba posando con niños. Los nazis supieron explotar al máximo la necesidad de juego y entretenimiento para su propio beneficio y el de su espectáculo político. Foto: Gamma-Keystone/Getty Images. A la derecha: El “Führer” desea a todos una Feliz Navidad: Una tienda de muebles cerca del puente Jannowitz en Berlín instaló esta mesa de regalos en 1933. En Nochebuena, las SA distribuyeron regalos a los hijos de padres desempleados. «Los juguetes nazis vivieron su época dorada entre 1933 y 1935, tras lo cual la moda decayó», afirma el historiador Postert. Foto: SZ Photo. Textos a pie de foto: NS-Spielzeug: Unschöne Bescherung



Pero los juegos de estrategia nazis poseían una adicional característica, la mayoría de ellos -y fueron muchos- eran juguetes racistas comercializados en Alemania bajo el sugestivo título de "diversión para la familia" y publicitados como educativos debido a que los niños desde temprana edad estaban obligados a conocer las instituciones del estado y del partido nazi, de esa manera propagaron su ideología y, no lo duden, esos juegos -generalmente- los de estrategia, incluían el fomentar los crímenes en masa. Aquí un ejemplo:


Monopoly de Theresienstadt: Este juego de mesa, llamado "Ghetto", representa la vida cotidiana en el campo de concentración nazi de Theresienstadt. Fue inventado por el artista judío Oswald Pöck, quien fue deportado a Theresienstadt el 30 de noviembre de 1941. ¿Lo creó Pöck para ayudar a los niños recién llegados a orientarse dentro del campo de exterminio? El 29 de septiembre de 1944, el inventor de "Ghetto" fue deportado y asesinado en Auschwitz. Foto: Archivo de Beit Theresienstadt, Kibutz Givat Haryim-Ihud, Israel. Texto del pie de foto: NS-Spielzeug: Unschöne Bescherung 


El historiador André Postert, del Instituto Hannah Arendt de Dresde, lanzó en 2018 un estudio de los juguetes vendidos en la Alemania nazi, su libro “Kinderspiel, Glücksspiel, Kriegsspiel, Große Geschichte in kleinen Dingen 1900-1945” (Juegos infantiles, juegos de suerte, juegos de guerra: la Gran Historia en pequeñas cosas 1900-1945") ofrece un valioso compendio histórico de esa época. La producción masiva de estos “inofensivos” entretenimientos se realizaba sobre todo en Nuremberg, la ciudad del juguete de la época. 

El impacto psicológico de estos juguetes en los niños de la época fue descomunal, al igual que las leyes y censura que aplicaba el régimen a los fabricantes de juguetes. 


Muñecos Uniformados: Un taller de muñecas en Schönhauser Allee, Berlín, ofreció muñecos con uniformes de las SA o la BDM a la venta en la Navidad de 1933. La industria, sumida en la crisis, se puso rápidamente al servicio de los nacionalsocialistas, lo que provocó un notable repunte del mercado: en la temporada navideña de 1935, la prensa especializada en juguetes informó de un aumento del 25 % en las ventas. Foto: SZ Photo. Texto pie de página: NS-Spielzeug: Unschöne Bescherung



Anuncio publicitario de la marca de muñecas Käthe Kruse, una célebre fabricante de juguetes en Alemania, Käthe Kruse fundó su marca a principios del siglo XX y ganó fama mundial por sus muñecas artesanales de tela con rostros realistas. El texto traducido dice lo siguiente: “ Muñecas Käthe Kruse. El deseo de toda niña. La considerada muñeca más hermosa del mundo”. Este cartel fue elaborado durante el periodo nazi, estimadamente entre 1934 y 1938. Tras la llegada del régimen nazi en 1933, la empresa adaptó su mercadotecnia con fines comerciales y de supervivencia, incorporando muñecos vestidos con los uniformes de las Juventudes Hitlerianas tal como se aprecia en la imagen del anuncio con el característico uniforme militar infantil, el brazalete con la esvástica y el saludo.


Se dividiéramos por importancia y categorías a la juguetería nazi tendríamos:

- Juguetes militares: Tanques, cañones, soldados de plomo, cañones antiaéreos de hojalata y uniformes. De este modo, los niños se acostumbraban a las virtudes militares como la obediencia, la dureza y la disposición para el combate.

- Juegos de mesa ideológicos: Juegos como el “Führer-Quartett” (Cuarteto del Führer); el “Juden raus!” (¡Fuera judíos!); “Jagd auf den Juden” (La caza del judío, un juego de propaganda antisemita); el “Sakampf”, cuyo objetivo era destruir la democracia alemana, etc., todos ellos buscaban arraigar los prejuicios ideológicos y la propaganda del partido en los hogares.

- Organizaciones nacionalsocialistas en miniatura: Existían uniformes y equipos a escala para las Juventudes Hitlerianas (HJ) o la Liga de Muchachas Alemanas (BDM). Incluso se fabricaban muñecos como el "pequeño miembro de las SA".

- Juguetes de rol para niñas: Las casas de muñecas incluían símbolos nacionalsocialistas (por ejemplo, banderas con esvásticas o bustos de Hitler). Se preparaba a las niñas para el rol de ama de casa y madre fiel al régimen.

- Juegos de construcción: El juego de bloques de construcción “Anker-Steinbaukasten” se utilizaba, entre otras cosas, para recrear modelos de la arquitectura nacionalsocialista o de la "Casa Parda".

- Cartas (barajas): con rostros de los principales políticos del régimen (Hitler, Goebbels, Goering, etc), de soldados, tanques y aviones, etc.

Por supuesto, a pesar de la carga ideológica del mercado los niños solían jugar con las clásicas y tradicionales canicas, pelotas o juguetes de madera debido a la guerra y la escasez de recursos.


Este cartel publicitario es un antiguo anuncio de la empresa alemana Moritz Gottschalk de Marienberg (Sajonia), probablemente de 1933, especializada en la fabricación de juguetes de madera y artículos militares infantiles. El catálogo muestra una combinación de juguetes tradicionales y equipamiento militar a escala infantil. El texto en alemán detalla la oferta comercial de la fábrica: - “Moritz Gottschalk, Marienberg en Sajonia. Fábrica de juguetes finos de madera y artículos militares para niños - Fundada en 1865. Fortalezas, teatros de títeres, tienditas de juguete, habitaciones, muebles, vehículos de juguete, etc. Artículos de equipamiento de la Reichswehr, Schupo (policía), SA y SS, individuales y en conjuntos / banderas infantiles de tela estampada. Para las ferias de Leipzig: “Stieglitzenshof“ - Mercado 13 -. Se debe destacar que la industria celebró con euforia la tendencia hacia la militarización: “Se acabaron las estúpidas agitaciones pacifistas de las llamadas sociedades de paz y ligas de mujeres contra todos los juguetes militares (...) El levantamiento nacional en Alemania ha revivido la idea de la preparación militar”, se regocijó, por ejemplo, la Asociación de Fabricantes Alemanes de Figuras de Estaño en 1933. Foto: Deutsche Spielwaren-Zeitung


Según el libro de Postert, es relevante señalar que los empresarios actuaron por voluntad propia, las empresas no fueron forzadas por el régimen de Hitler a fabricar esos juguetes. “Las compañías alemanas, algunas de las principales productoras globales del sector entre los años 1920 y 1930, apostaron por el apetito del mercado por productos politizados, aunque gran parte de los empresarios también apoyaba a los nazis”. En 1933 una ley definió un patrón de uso de símbolos del régimen, la denominada “Gesetz zum Schutz der nationalen Symbole” por lo que los juguetes fueron controlados antes de llegar al consumidor, en esas circunstancias “diversos productos fueron prohibidos y retirados del mercado por no atender a los patrones del régimen”, en especial las figuritas de Hitler. Los nazis eran sensibles a la falta de respeto y a las burlas, los fabricantes de juguetes produjeron algunas figuras que el Führer lo consideró demasiado "kitsch", eso motivó en 1934 a aprobar una "Ley Anti-Kitsch para el examen de todos los productos antes de que se pusieran en el mercado".



«¡No compren juguetes nazis!», exigió este Papá Noel frente a una tienda de Nueva York el Día de San Nicolás de 1938, prometiendo: «Este es un árbol americano, decorado con juguetes americanos». En el extranjero, la industria se movilizó contra la competencia producida en la Alemania nazi, lo que afectó gravemente al sector, dependiente de las exportaciones. Foto: ASSOCIATED PRESS. La traducción de la parte inferior dice: “No compres juguetes hechos por los nazis. Los juguetes nazis se venden con sangre inocente (Liga antinazi no sectaria).


Existen colecciones en diferentes museos de Alemania, una por su importancia es el Centro de Documentación del Antiguo Terreno de Congresos del Partido Nacionalsocialista en Nuremberg. También pueden ser apreciadas colecciones en línea de Museos Históricos como el United States Holocaust Memorial Museum (USHMM), en su catálogo web se encuentran artefactos reales. El LeMO -Lebendiges Museum Online- del Museo Histórico Alemán mantiene una enciclopedia digital, en especial una sección dedicada al "NS-Kinderspielzeug" (Juguetes infantiles nacionalsocialistas) con fotografías reales de interiores de casas de muñecas decoradas con esvásticas y simbología del régimen de la época. El Almacén Virtual del Museo del Juguete de Nuremberg con miles de objetos registrados, exhibe también al público en sus salas físicas, aunque solo una pequeña parte de su colección. Finalmente, internet nos ofrece Bancos de Imágenes Históricas, donde podemos buscar imágenes de stock de libre acceso para proyectos visuales o ver fotografías de la época de niños interactuando con esos objetos. Las colecciones digitales de Getty Images y Shutterstock contienen registros fotográficos catalogados bajo los términos "Third Reich toys" o "Nazi propaganda toys".


Hijo encantado: Este pequeño sonríe soñadoramente; su padre, un oficial alemán, le acaba de regalar este submarino en miniatura. Incluso la pequeña bandera con la esvástica está presente (foto de 1941). Si bien el régimen nazi no valoraba mucho los juguetes, pues creían que solo "ablandarían" a la juventud alemana, sí reconocían el potencial propagandístico de los juguetes de guerra: "Jugar con soldados y equipo militar despierta el entusiasmo por los logros militares y siembra la semilla del militarismo en el corazón de los niños desde temprana edad", escribió el educador artístico Lorenz Postner en 1939. Foto: INTERFOTO


En conclusión:

Como indica el título de un artículo en inglés, "Deceitful children's toys of the Third Reich" (“Juguetes infantiles engañosos del Tercer Reich”), sirvieron para que el régimen de Hitler corrompiera a una generación impresionable. “La indoctrinación nazi empezó con el lavado de cerebro sistemático de la juventud alemana desde la infancia”.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo una invasión de Hitler hacia las habitaciones infantiles. "Pocas personas hoy en día son conscientes de cuánto manipularon los niños en el Tercer Reich". Desde 1933, "los niños crecieron creyendo que los soldados, la guerra, el heroísmo y la muerte eran aspectos completamente normales de la vida cotidiana… un intento de evitar que las futuras generaciones cuestionaran las políticas nazis".

Ningún niño alemán quedó a salvo de la exhibición de la propaganda nazi en casa, en la escuela, en sus juegos habituales, es algo como decir “la inocencia robada a los niños” porque el régimen nazi vendió su concepto como adecuado y condicionó a toda una generación a no reconocer que todos esos valores militaristas e inhumanos eran incorrectos.

Parte gráfica de este post. 

Esta es solo una selección de los muchos juegos de mesa (estrategia) y juguetes en general diseñados en el Imperio Alemán dirigido por el nazismo. 


Estas son figuras de composición de 70 mm de Elastolin y/o Lineol (dos empresas diferentes y competidoras) que representan a Adolf Hitler en varias poses. Se fabricaron principalmente en la década de 1930 en Alemania como juguetes o coleccionables. Algunos modelos contaban con brazos móviles para cambiar la postura del saludo. Los coleccionistas suelen nombrarlas juntas ("Elastolin/Lineol") debido a que utilizaban técnicas de fabricación casi idénticas, pero eran marcas totalmente independientes con orígenes distintos
  

"¡Levanta el brazo!": Esta figurita de Hitler fue uno de los juguetes lanzados por la industria juguetera tras la toma del poder por los nazis. Al parecer, el mini-Führer llegó a las tiendas, a diferencia de muchos otros productos con vínculos nazis. Basándose en la «Ley para la Protección de los Símbolos Nacionales» (la llamada ley antikitsch) del 19 de mayo de 1933, el régimen eliminó meticulosamente todo aquello que no le gustaba. Texto del pie de foto: NS-Spielzeug: Unschöne Bescherung



Se trata de juguetes producidos por la empresa alemana Schildkröt, caracterizados por sus cuerpos de celuloide y extremidades articuladas, representan a las Juventudes Hitlerianas (HJ) y Liga de Niñas Alemanas (BDM). Los tres muñecos de celuloide visten los uniformes de las organizaciones juveniles a las que debían unirse los niños y niñas de 10 años o más en el Tercer Reich. La organización para chicos se llamaba Juventudes Hitlerianas y la de chicas, la Liga de Niñas Alemanas, fundada en 1930 y fusionada con las Juventudes Hitlerianas en 1931. Un rasgo característico de las chicas era su larga melena en trenzas apretadas. En estas organizaciones, los niños eran adoctrinados con la ideología nazi y vinculados al grupo mediante actividades de ocio y responsabilidades sociales. Materiales/Técnicas: Celuloide, fieltro, algodón, hule. 



Tres muñecos. A la izquierda, un peluche: grandes ojos y el saludo nazi: este muñeco de fieltro marrón de las SA fue fabricado por la fábrica Margarethe Steiff GmbH entre 1933 y 1934. En el medio: Un muñeco Camisa Parda, en el Museo del Búnker de Hagen, fue fabricada en 1935, destinado a niños de entre tres y ocho años. Como muchos juguetes nazis, el muñeco está vestido con el uniforme de la milicia nazi temprana, presenta una cabeza de rubí y ojos azules para promover los ideales raciales del régimen. A la derecha: “Kleine S-A Mann”, un ejemplo de propaganda nazi, fabricado por la empresa Schildkröt. El muñeco viste un uniforme beige con botas y un brazalete rojo distintivo.



Figuras de juguete de composición en yeso de la marca Elastolin. A la izquierda, la figura central representa a Adolf Hitler con un uniforme marrón temprano de la SA y una banda del NSDAP; estas figuras a menudo tenían un brazo derecho articulado para realizar un saludo nazi. Estas piezas suelen medir alrededor de 70 mm y están hechas de una mezcla de serrín, pegamento y caolín (conocida como "masa"), montadas sobre bases pintadas a mano. Derecha, Adolf Hitler con uniforme del partido, chaqueta, brazo articulado para saludar, atril de madera para saludos, le acompaña Goebbels, Von Schirach, un miembro de las S.A. y un portador del estandarte del guila de hojalata de las SS en posición de firmes, con la caja original. Los coleccionistas valoran estas figuras por su importancia histórica, aunque su posesión y venta están sujetas a restricciones legales en algunos países debido a la simbología nazi.



Estas figuras de composición (los soldados y músicos que desfilan y los que están sobre la tarima) fueron fabricadas principalmente por la famosa empresa alemana Hausser, bajo su célebre marca comercial Elastolin. Durante los años 30, otra marca alemana muy importante llamada Lineol compitió directamente con ellos, fabricando figuras casi idénticas con el mismo estilo y tamaño (escala de 7 cm). Es muy común encontrar dioramas de la época que mezclan piezas de ambas marcas (las figuras de Elastolin suelen tener una base de forma ovalada, mientras que las de Lineol son rectangulares o cuadradas). Los Vehículos que acompañan a estas figuras (como el semioruga o el coche de mandos) solían ser fabricados por Tipp & Co. (Tippco) o por la propia división de juguetes de hojalata de Hausser.



Izq. Casa de juguete marrón para niños, alrededor de 1935. A la derecha, una réplica de juguete del Mercedes descapotable de Adolf Hitler, Nuremberg, alrededor de 1940, fabricada en chapa de hierro. Crédito de la imagen: Museo Histórico Alemán, Berlín. Elastolin, pintada.



«¡Atención, el enemigo escucha!». Este juego de mesa se anunciaba alrededor de 1940 como «un juego emocionante para jóvenes y mayores». Ese mismo año, el director Arthur Maria Rabenalt (Terra Film) estrenó una película de propaganda nazi con el mismo título. Foto: INTERFOTO



Juguete de mesa, Las “Reichsautobahnen” (las autopistas del Reich) en el Gran Reich Alemán 1938 Fuente: Niederrheinisches Freilichtmuseum (Museo al Aire Libre del Bajo Rin)



Izq. Juego de Cartas «Führer Quartett» El "Cuarteto del Führer" se lanzó en 1934, ideado por el editor muniqués Anton Lehner. El propio Hitler aparecía en dos categorías: "El Führer como modelo a seguir" y "La carrera del Führer". Las 60 cartas (según la publicidad del editor, "¡fotografías impactantes y realistas, presentación impecable!") representaban a toda la élite nazi, excepto Ernst Röhm, líder de las SA fusilado ese mismo 1934. Derecha. Un conjunto de bloques de rompecabezas que glamurizaban la guerra, estaba pensado para niños de dos a cuatro años, con imágenes diseñadas para moldear sus puntos de vista. La escena en primer plano muestra a soldados montados desplegándose; un pueblo alemán idealizado está en el fondo. Las familias se minimizan a distancia: el nazismo enfatizaba el deber hacia el Estado. De forma llamativa, aparece una lápida en la esquina inferior izquierda, indicando que los fabricantes inspirados en los nazis querían familiarizar incluso a los más jóvenes con el concepto de la muerte.



Izq. Juegos de mesa como "Vereint-gegen den Feind" ("Unidos contra el enemigo") eran juguetes comunes. Durante los años de guerra, con las industrias alemanas canalizando sus esfuerzos en la producción de material bélico, los fabricantes de juguetes solo tenían acceso a productos de papel. A medida que la guerra se prolongaba, los recursos de los fabricantes se fueron reduciendo aún más, al igual que su público, con jóvenes y Juventudes Hitlerianas desplegados para luchar. Derecha, portada del Juego de Defensa Aérea (Adler-Luftverteidigungsspiel) 1942, muestra un bombardero británico estrellándose en llamas. La mayoría de los juegos de mesa nazis se centraban en batallas aéreas y demonizaban a los aviadores aliados. (en la parte inferior está desplegado el tablero). El juego consistía en identificar, informar y destruir aviones enemigos, todo con la intención de incitar a la hostilidad. La táctica aparentemente funcionó: durante la guerra, los habitantes a menudo masacraban a tripulaciones aliadas derribadas en Alemania.



«La Marcha Triunfante de la Esvástica»: Quien llegara primero a 1933 ganaba. Este juego de mesa estaba diseñado para que los niños siguieran de forma lúdica el ascenso del Partido Nazi desde su fundación en 1919 hasta su «toma del poder». ¡Ay de aquel que cayera en 1933 (el fallido Putsch de Hitler)! Tenía que empezar de nuevo. El juego fue aprobado por la Policía Política de Baviera en la primavera de 1933 y, según el historiador André Postert, fue un éxito de ventas. Sin embargo, dado que el juego también abordaba los fracasos del partido, se iniciaron los trámites para prohibirlo en virtud de la «Ley Anti-Kitsch». Foto: Biblioteca Wiener, Universidad de Tel Aviv.



«A través de la lucha hacia la victoria» era el nombre de otro juego de mesa del Tercer Reich. La única diferencia con el famoso «Ludo» (o «¡Lo siento!») eran las esvásticas y las hojas de roble en el tablero. «A través de la lucha hacia la victoria», promocionado por su propia publicidad como «el éxito del momento», se lanzó en 1933. El fabricante, con sede en Berlín, promocionó el juego con la leyenda de que el propio Hitler poseía una copia y la había aprobado personalmente. Foto: Museo de la Ciudad de Berlín. 



Juego de mesa alemán de la Segunda Guerra Mundial “Tak Tik” (ajedrez de defensa), caja de cartón original con escenas de la Wehtmacht alemana en la tapa. Incluye el tablero a cuadros original y las piezas originales. Tanto la caja como el tablero están marcados con las siglas «DRGM». Biblioteca Universitaria Eichstätt-Ingolstadt. / En el otro modelo del ajedrez militar "Tak-Tik" se explica que este juego fue desarrollado por la administración deportiva de la Wehrmacht, alcanzó un gran éxito de ventas. Se publicaron dos ediciones antes de la guerra, seguidas de una edición de tiempos de guerra en 1941. El juego, dirigido principalmente a los soldados de la Wehrmacht, fue diseñado para fomentar el pensamiento estratégico militar. Sin embargo, las piezas rojas y azules no eran peones, alfiles ni torres, sino tanques, aviones de combate o bombarderos. El objetivo de los jugadores era derribar el águila del oponente. Esta versión del ajedrez no se reeditó después de la guerra. Foto: Museo de Folclore de Schleswig



En el juego de mesa (dados) “Sakampf” de 1933, de sello antisemita, el objetivo era destruir la democracia alemana. Una cita de las instrucciones dice: "El juego está dedicado a las valientes SA. ... Que ni siquiera en los momentos de alegría y convivencia se olvide el nombre de las SA y el alto símbolo del movimiento de liberación alemán". Fuente: Museo al aire libre del Bajo Rin (Niederrheinisches Freilichtmuseum)



El juego de mesa "¡Durch Kampf zum Sieg!" ("¡A través de la lucha hacia la victoria!"). Los jugadores participan en el ascenso al poder nazi en 1933, este juego es un objeto raro de exposición. Hitler siempre fue celebrado claramente como el Führer fuerte, pero también apareció como héroe en escenas de revistas infantiles. Este juego gira literalmente enteramente en torno a él en el tablero.



Feindliche Flieger in Sicht! - ¡Avión enemigo a la vista! 1940. Este es un juego de dados, se lanzó alrededor de 1940, con su clara temática bélica. Fue elaborado por la fábrica de juguetes L. Kleefeld & Co. / Christian Herbart Spielefabrik, en Fürth. El principio del juego es muy similar al del Juego de la Oca. Representa "un ataque de aviones enemigos y la valiente defensa de la fuerza aérea local" y también pretende enseñar "cómo debe comportarse la población durante tales ataques". Fuente: Niederrheinisches Freilichtmuseum (Museo al Aire Libre del Bajo Rin)



«Volamos contra Inglaterra» – uno de los numerosos juegos de mesa del Tercer Reich que glorificaban la devastadora guerra aérea. Otros juegos tenían nombres como «Bombas sobre Inglaterra», «Escuadrones de Caza al Adelante» y «Navegamos contra Inglaterra: Un Nuevo Juego de Guerra de Submarinos y Aviadores». Foto: imago/Horst Rudel.



El juego "Esvástica" también fue publicado alrededor de 1933 por una editorial desconocida. Se trata de un juego de dados. El objetivo es capturar las piezas del oponente. El juego está concebido como un juego de guerra y nacional alemán. Fuente: Niederrheinisches Freilichtmuseum (Museo al aire libre del Bajo Rin).


* El material ha sido obtenido de diversas fuentes, en lo posible se describe su ubicación en cada ilustración. 

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Fuentes consultadas:

15 febrero 2026

ERNST "PUTZI" HANFSTAENGL, el hombre de Harvard de Hitler



Nota del editor del blog.

Existen algunas referencias exquisitas sobre el intelectual de Harvard Ernst Hanfstaengl, mayoritariamente en idioma inglés, pero en esta oportunidad nos decantamos por el texto de investigación de un conocido reportero, Andrew Nagorski, un referente de magazines de investigación de talla internacional como World War II y la publicación Historynet. El presente ensayo de Nagorski apareció originalmente en junio en 2013 en la primera publicación enunciada, siendo reproducida en Historynet en abril de 2017.

El texto original es complementado por un par de datos referenciales y concordantes con otras publicaciones de este blog (detectives de guerra) que hacen referencia al sujeto de estudio, Ernst Hanfstaengl (se hará la nota aclaratoria). Todo el material fotográfico es añadido por el editor del blog. También en las notas a pie de página se añaden otras fuentes, que si bien no han sido resumidas en esta entrada, si ameritan su lectura por ser aportes adicionales a la figura central del artículo. Dejando sentado que el interés por el tema es únicamente en su sentido histórico y no propagandístico ni mucho menos proselitista.

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En su ascenso, el líder nazi contó con la ayuda de una fuente impregnada de la cultura estadounidense.
En una fría mañana de primavera de 1906, un piragüista en el río Charles en Boston perdió el control en la corriente rápida y se volcó al agua. En ese momento, varios estudiantes de Harvard estaban cerca en la orilla probando para formar parte de la tripulación; un joven agarró inmediatamente una barca y remó hacia el piragüista, que estaba muy atrapado. Completamente vestido, el remero saltó al agua helada y logró empujar al hombre hacia arriba en el bote. Al día siguiente, el corpulento y alto samaritano descubrió que se convirtió en una instantánea celebridad local. Un titular del Boston Herald proclamaba: "Hanfstaengl, el héroe de Harvard".

El beneficiario de esa publicidad, Ernst "Putzi" Hanfstaengl, afirmó que como resultado de este incidente llegó a conocer a Theodore Roosevelt Jr., también estudiante de Harvard e hijo mayor del presidente. Esto, a su vez, le llevó a una invitación a la Casa Blanca, donde, en una despedida de soltero en el sótano, Hanfstaengl tocó el piano con tanto entusiasmo que rompió siete cuerdas graves de un piano Steinway Grand. Era un joven que amaba el foco de atención -y que pronto emprendería un viaje inesperado, desde Harvard y la Casa Blanca hasta las cervecerías de Múnich y el séquito de un incendiario en ascenso llamado Adolf Hitler. Una vez al lado de Hitler, Hanfstaengl asumió el papel de músico de la corte, asesor de imagen e intermediario, especialmente con corresponsales estadounidenses, diplomáticos y visitantes. "Es muy diferente de Harvard a Hitler, pero en mi caso la conexión es directa", escribiría años después. O, como dijo "Putzi" a un entrevistador al recordar la cadena de acontecimientos que le llevó a Hitler, "Todo eso es solo obra de algún arte del destino".


Ernst Hanfstaengl, jefe de la sección de Prensa Extranjera de los nacionalsocialistas de Hitler, lo muestra en su oficina de Berlín, junto a una fotografía suya. Se graduó como Doctor en Filosofía de la Universidad de Harvard en 1909, medio estadounidense y medio alemán, fue un destacado comerciante neoyorquino hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Durante diez años fue colaborador y compañero de su jefe, Adolf Hitler. En una entrevista en 1933, Hanfstaengl declaró que la expulsión de los judíos de puestos influyentes en Alemania continuaría "hasta que la Cámara se depure". (La fotografía data del 28 de marzo de 1933, Colección Bettmann / vía Getty Images (N.º editorial: 515431976 Colección: Bettmann)


Nacido en Baviera en 1887, por tanto ciudadano alemán, Hanfstaengl se llamaba a sí mismo "medio americano" porque tenía padre alemán y madre estadounidense. "Putzi" -el término en el dialecto bávaro local para "pequeño" que se mantuvo como apodo desde niño- se sentía orgulloso de sus raíces. Por parte de padre, los antepasados de Putzi eran "bien reconocidos como conocedores y mecenas de las artes", señaló. Su abuelo había sido famoso por su trabajo de reproducción artística, un negocio que su padre amplió abriendo galerías en Londres y Nueva York. La madre de Putzi era una Sedgwick, una muy destacada familia de Nueva Inglaterra, su tío fue el general John Sedgwick, un héroe de la Guerra Civil; su padre, William Heine, un arquitecto nacido en Europa, había huido de su Dresde natal tras la Revolución de 1848, trabajó en decoraciones para la Ópera de París, emigró a Estados Unidos y se unió al almirante Matthew Perry como ilustrador en la expedición de Perry a Japón. Heine también llegó a ser general durante la Guerra Civil.

Dada semejante ascendencia, no era de extrañar que el joven Hanfstaengl fuera enviado a Harvard, donde se relacionó con figuras como T. S. Eliot, Robert Benchley, John Reed y Walter Lippmann. Pianista talentoso, Putzi se sentía igual de cómodo tocando canciones de marcha de Wagner y Harvard. Tras graduarse en 1909, regresó a Alemania para un año de servicio militar en la Royal Bavarian Foot Guards, seguido de un año de estudios en Grenoble, Viena y Roma, regresó a Nueva York para hacerse cargo de la galería familiar en la Quinta Avenida. Comiendo a menudo en el Harvard Club, Putzi conoció a otro Roosevelt: Franklin Delano, entonces senador del estado de Nueva York. Y volvió a conectar con el Theodore Roosevelt mayor, hablando tanto de arte como de política. "Hanfstaengl, tú trabajo es elegir las mejores películas", dijo el expresidente. "Pero recordad que en política la elección es la del mal menor". Sin sentido de ironía, Putzi escribió en sus memorias que la frase "se me ha quedado grabada desde entonces".


Helene Hanfstaengl con su marido Ernst y sus dos hijos (Foto de BPK BildagenturBayerische Staatsbibliothek Heinrich Hoffmann, Art Resource, NY), década de 1920



En 1920, Putzi se casó con Helen Niemeyer, una joven matronal pero aún atractiva que había conocido cuando entró en la galería de la Quinta Avenida. Hija de inmigrantes de Bremen que se aseguraron de que hablara alemán en casa, Helen nació y creció en Nueva York. Su identidad estadounidense se muestra plenamente en fotos familiares fechadas entre 1912 y 1913, cuando tenía unos 20 años. Va vestida como modelo para la Estatua de la Libertad, sosteniendo una gran bandera estadounidense en los escalones del Ayuntamiento de Hoboken. En 1921, tras el nacimiento del primer hijo de la pareja, Egon, se trasladaron a Múnich.

Para Putzi, fue un regreso desorientador a casa. La Alemania de posguerra estaba "dividida por facciones y casi en la ruina..., un manicomio", señaló. Ese manicomio fue producido por la humillante derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el caótico nacimiento y colapso económico simultáneo de la República de Weimar, con la hiperinflación sumiendo a millones de familias de clase media en la pobreza absoluta, un escenario perfecto para demagogos de todo tipo.

En noviembre de 1922, Putzi conoció a Hitler -y sí, lo hizo a través de una conexión con Harvard. Warren Robbins, compañero de Harvard que trabajaba en la embajada de EE.UU. en Berlín, llamó a Hanfstaengl en Múnich para pedirle que ayudara a Truman Smith, un joven agregado militar que estaba a punto de visitar la capital bávara. Robbins quería que Putzi ayudara a Smith a cultivar contactos allí, pero antes de que los hombres pudieran reunirse, el ingenioso agregado contactó con una amplia gama de figuras políticas y militares. Uno de los encuentros más interesantes de Smith fue con Hitler, a quien describió como "un demagogo maravilloso.... Rara vez he escuchado a un hombre tan lógico y fanático". Smith consiguió un pase de prensa para un mitin del Partido Nazi en una popular cervecería de Múnich. Cuando Hanfstaengl y Smith conectaron, en el último día de este último en Múnich, el diplomático con destino a Berlín le dio su pase para el evento de esa noche y le animó a ir. Putzi nunca había oído hablar de Hitler, pero decidió ver qué era lo que Smith encontraba tan atractivo en este recién llegado político.



* Texto agregado por el editor del blog: Una fuente de consulta independiente señala como fecha del encuentro Hitler-Truman Smith el 20 de noviembre de 1922. En el libro online, "The Propagander!"™, de Walther Johann von Löpp, se dice que en noviembre de 1922, el diplomático estadounidense Truman Smith llega a Múnich, armado entre otras cosas con una carta de presentación de Ernst Hanfstaengl, a quien había conocido antes. Smith, se reunió con Ludendorff, el príncipe heredero Rupprecht, Kahr, Lerchenfeld y otros funcionarios del gabinete bávaro. Como parte de su investigación sobre el hervidero político de Baviera, recibió instrucciones de informar especialmente sobre un tal Adolf Hitler. El 20 de noviembre de 1922 el diplomático Truman Smith se reúne con Hitler en la sede del partido... Hitler le dice a Smith: "El parlamento y el parlamentarismo deben desaparecer. Nadie puede gobernar con ellos en Alemania hoy en día. Sólo una dictadura puede poner a Alemania de pie". "Hitler enfatiza que su movimiento es federal", escribe Smith, "y que busca el control del Reich, no sólo de Baviera". (Charles Bracelen Flood, "Hitler: The Path to Power" (1989), toma nota al respecto).

Se desprende de ello que Ernst Hanfstaengl aún no conocía a Hitler. El trabajo de von Löpp afirma que, en noviembre de 1922 (día exacto desconocido) Truman Smith recibió la orden de retornar a Berlín en el tren vespertino, al despedirse de Hanfstaengl le dice: "Conocí a un tipo extraordinario". Hanfstaengl recuerda la conversación:

- De verdad -contesté-. ¿Cómo se llama?

- Adolf Hitler.

- Debes haberte equivocado de nombre -dije-. ¿No te refieres a Hilpert, el nacionalista alemán, aunque no puedo decir que vea nada particularmente notable en él?

- No, no -insistió Truman Smith-. Hitler. Hay muchos carteles que anuncian una reunión esta tarde... Tengo la impresión de que va a desempeñar un papel importante y, te guste o no, sin duda sabe lo que quiere... Realmente parece tener un sentido de la dirección que ninguno de los otros tiene. Me dieron un pase de prensa para esta reunión esta tarde, y ahora no podré ir. ¿Podrías echarle un vistazo y decirme qué te parece?

El graduado en Harvard, Hanfstaengl, tomó su boleto para el Kindlkeller esa noche y más tarde escribió sobre la experiencia:

Parecía haber mucha gente de la clase de porteros o pequeños comerciantes, un puñado de ex oficiales y funcionarios de menor categoría, una enorme cantidad de jóvenes y el resto artesanos, con una alta proporción de espectadores en traje nacional bávaro...

Con sus botas pesadas, traje oscuro y chaleco de cuero, cuello blanco semi rígido y extraño bigotito, él (Hitler) realmente no parecía muy impresionante... Sin embargo, cuando Drexler lo presentó entre un rugido de aplausos, Hitler se enderezó y pasó junto a la mesa de prensa con un paso rápido y controlado, el inconfundible soldado de mufti... la atmósfera en la sala era eléctrica... Había casi una nota de conversación de café vienés en la gracia de algunas de sus frases y la malicia astuta de sus insinuaciones. No había duda de su origen austriaco...

Anotó sus puntos en todos los ámbitos. Primero criticaba al Káiser por débil y luego arremetía contra los republicanos de Weimar por conformarse con las demandas de los vencedores, que estaban despojando a Alemania de todo, salvo de las tumbas de sus muertos de guerra. Había una fuerte nota de apelación a los ex militares de su audiencia... Se explayó en el patriotismo y el orgullo nacional... arremetió contra los comunistas y socialistas por desear la ruptura de las tradiciones alemanas...

Hitler llevaba sesenta minutos hablando. Miré a mi alrededor, al público. ¿Dónde estaba la multitud anodina que había visto sólo una hora antes? ¿Qué era lo que de repente retenía a aquellas personas, que en la pendiente desesperada de la meta descendente se dedicaban a una lucha diaria por mantenerse dentro de la línea de la decencia? El bullicio y el parloteo habían cesado y ellos se bebían cada palabra... Hitler me impresionó más allá de toda medida... Con sus increíbles dotes como orador, estaba claro que iba a llegar lejos, y por lo que había visto de su séquito no parecía que nadie pudiera transmitirle la imagen del mundo exterior de la que manifiestamente carecía, y en esto sentí que yo podría ser de ayuda...

Putzi se acercó a Hitler después de que éste terminó de hablar y se presentó. Entre los días finales de noviembre y diciembre de 1922, Ernst "Putzi" Hanfstaengl y Adolf Hitler se hacen muy amigos. Hitler es un invitado frecuente en casa de los Hanfstaengl. (Hitler: The missing years, 1957)

 Continuamos con el relato de Nagorski: 

Cuando Putzi llegó al Kindlkeller, no sabía qué esperar. Su primer vistazo a Hitler le dejó claramente decepcionado. "Con sus botas gruesas, traje oscuro y chaleco de cuero, cuello blanco semi-rígido y bigote extraño, realmente no parecía muy impresionante -como un camarero en un restaurante de estación de tren", recordó Hanfstaengl. Pero una vez que Hitler tomó el balón, el ambiente se volvió "eléctrico". Hitler mostró un dominio de la "insinuación e ironía", comenzando con un tono conversacional ligero y luego subiendo el volumen de su retórica al culpar a judíos, comunistas, socialistas y republicanos de Weimar por la situación de Alemania, prometiendo un renacimiento nacional que barrería a esos enemigos. Putzi observó cómo Hitler cautivaba a su público, "especialmente a las damas" -incluida una joven que estaba "hipnotizada como en un éxtasis emocional".




"Impresionado más allá de toda medida", Putzi se dirigió después al orador, que estaba empapado en sudor pero disfrutando de su triunfo. Tras presentarse, Hanfstaengl declaró: "Estoy de acuerdo con el noventa y cinco por ciento de lo que has dicho y me gustaría mucho hablar contigo sobre el resto algún día". Hitler no pudo haber sido más amable. "Pues sí, claro", respondió, escribió Putzi más tarde. "Estoy seguro de que no tendremos que discutir por el cinco por ciento extraño".

Desde ese momento, Putzi se unió efectivamente al movimiento de Hitler, viendo a su nuevo conocido como un hombre hecho a sí mismo capaz de movilizar a los alemanes para una causa que resultara una alternativa fuerte a los comunistas, que también luchaban por el poder. Putzi mantendría más tarde que su desacuerdo del "cinco por ciento" tenía que ver con la provocación de Hitler contra los judíos, pero ningún registro indica que el antisemitismo preocupara seriamente a Hanfstaengl; todo lo contrario. Las afirmaciones de Hitler de que los judíos se lucraban descaradamente con la miseria alemana eran "una acusación que era demasiado fácil de justificar", señaló Putzi. Era más genuino en su desprecio por los "tipos dudosos" del séquito de Hitler, como el ideólogo del partido Alfred Rosenberg. Putzi siempre creyó que era más sofisticado y cosmopolita que otros de ese grupo, y trabajó duro para ganarse el favor de su líder. Veía a Hitler como un político poco convencional pero talentoso en ascenso, y estaba deseoso de ascender a su lado.


Ernst Hanfstaengl con Diana Mitford en un mitin del Partido Nazi en Nuremberg, 1934


Tras vender su parte de la galería familiar en Nueva York, Putzi aportó 1.000 dólares para convertir el semanario nazi Völkischer Beobachter (Observador del Pueblo) de cuatro páginas en un diario, contrató a un dibujante para rediseñar el encabezado y se atribuyó el mérito de acuñar el eslogan original de la hoja de propaganda, Arbeit und Brot (Trabajo y Pan). Hanfstaengl también afirmó que intentó educar a Hitler sobre el mundo, especialmente sobre la creciente importancia de Estados Unidos. "Si hay otra guerra, inevitablemente la ganará el bando al que se una América", le dijo al líder nazi, instándole a abogar por la amistad con los estadounidenses.

Pero Hitler parecía menos interesado en las teorías políticas de Putzi que en su habilidad con el piano. Cuando Putzi le tocó por primera vez Die Meistersinger von Nürnberg de Wagner, Hitler empezó a marchar arriba y abajo, agitando los brazos como si estuviera dirigiendo. Cuando Putzi añadió canciones de Harvard, marchas de Sousa e improvisaciones, explicando cómo en su alma mater la música y las animadoras ayudaban a azotar a las multitudes hasta el punto del "entusiasmo histérico", Hitler se volvió aún más animado. "Eso es, Hanfstaengl, eso es lo que necesitamos para el movimiento, maravilloso", dijo, pavoneándose como una tambor de cuchillo. Putzi escribiría más tarde varias marchas utilizadas por los Camisas Pardas, incluida la que tocaron mientras desfilaban por la Puerta de Brandeburgo de Berlín el día que Hitler tomó el poder en 1933.


El Hanfstaengl pianista, Izquierda © SZ Photo Scherl Bridgeman Images, década 1930; a la derecha, (Fotografía con derechos limitados para clientes editoriales específicos en Alemania) Adolf Hitler como invitado en el apartamento de Joseph Goebbels en Reichskanzlerplatz en Berlín-Charlottenburg; el pianista es el Dr. Ernst Hanfstaengl; a la derecha: Wilma Schaub, Magda Goebbels, Wilhelm Brückner, Goebbels, probablemente en 1932 (Foto Bild/Ullstein Bild, vía Getty Images)


Cuando Putzi presentó al líder nazi a su Helen, dijo que el futuro canciller "estaba encantado con mi esposa, que era rubia, hermosa y americana", recordó Hanfstaengl. Hitler se convirtió en un visitante tan frecuente en la residencia de la pareja en la Gentzstrasse que los Hanfstaengl se referían en broma a su apartamento como el Café Gentz. En sus notas fragmentarias de posguerra, Helen escribió con letra precisa y orgullo sin disimulo: "Parece que disfrutaba de nuestro hogar por encima de todos los demás a los que fue invitado".

Aunque Helen relató que su primera impresión estuvo marcada por el aspecto "bastante patético" de Hitler con ropa barata y desparejada, le gustó tanto como su marido, afirmando que el líder nazi era "una persona cálida" que disfrutaba jugar con Egon. Helen estaba fascinada por la tendencia de Hitler a "hablar y hablar y hablar", como ella misma decía, negándose a permitir que nadie más interviniera en una palabra. "Su voz tenía una cualidad inusualmente vibrante y expresiva, que luego perdió, probablemente por el exceso de esfuerzo". Ella atestiguó su "cualidad hipnótica" mientras él exponía su visión política". Sus planes para el renacimiento del país parecían ideales para la mayoría de los ciudadanos", declaró, aludiendo al caos de la época. Tampoco el tema principal de esos monólogos la desanimaba. "Lo único contra lo que siempre se desataba eran los judíos", decía, recordando que culpaba a los judíos de impedirle conseguir trabajo cuando vivía en Viena". Empezó como algo personal, pero él lo construyó políticamente".

Putzi, que creía que Hitler no tenía "una vida sexual normal", llegó a pensar que el líder nazi había desarrollado "una de sus pasiones teóricas" por Helen. Helen no estaba en desacuerdo, viendo a Hitler como un admirador que probablemente también era "un neutro". Cualesquiera que fueran las emociones que fluyeron entre Hitler y Helen, condujeron a uno de los episodios más extraños en el ascenso del futuro dictador -y a un momento que pudo haber cambiado literalmente el curso de los acontecimientos mundiales.

Hitler estaba a punto de pasar nueve meses en la prisión de Landsberg (un episodio que resultaría más productivo como descanso que castigo, permitiéndole dictar Mein Kampf). Pocos saben que Helen Hanfstaengl, una estadounidense, pudo haber mantenido vivo a Adolf Hitler en su peor momento.

La noche del 9 de noviembre de 1923, Hitler apareció repentinamente en la casa de campo de los Hanfstaengl en Uffing, a aproximadamente una hora al suroeste de Múnich. Él y su círculo, incluido Putzi, acababan de intentar y fracasaron en tomar el control de Baviera. En un violento enfrentamiento callejero que dejó 14 nazis y 4 policías muertos, las autoridades sofocaron la rebelión. Cuando fracasó el llamado Putsch de la Cervecería, Putzi huyó a Austria, pero el coche de Hitler se averió. Decidió buscar refugio con Helen. "Allí estaba, pálido como un espeluznante, sin sombrero, con la cara y la ropa cubiertas de barro", recordó. Hitler se había dislocado el hombro izquierdo, probablemente en una caída cuando las autoridades abrieron fuego contra los nazis mientras marchaban brazo con brazo y el hombre a su lado cayó. Un médico y un sanitario atendieron al insurrecto herido durante la noche, y Helen pudo oír a Hitler gemir mientras forzaban a unir sus huesos del hombro y del brazo.

A la mañana siguiente, la suegra de Helen, que vivía cerca, llamó para decir que la policía estaba en su casa. Helen subió para avisar a Hitler de que estaba a punto de ser arrestado. La noticia le destrozó. "Ahora todo está perdido -no sirve de nada seguir así", exclamó, recogiendo un revólver que había sobre un armario. "Pero estaba alerta, agarré su brazo y le quité el arma", recordó Helen. Alarmada porque su invitado podría haberse suicidado, gritó: "¿Qué crees que estás haciendo?" Reprendió a Hitler por pensar en dejar a sus seguidores tirados. "Te buscan para que sigas adelante", dijo ella. Hitler se dejó caer en una silla y Helen escondió rápidamente el arma en el contenedor de harina de la cocina. La policía sí arrestó a Hitler, lo que llevó al juicio que le hizo verdaderamente famoso. Aprovechó al máximo a los jueces simpatizantes para proclamar su objetivo de derrocar a la República de Weimar.


Fotografías de los primeros años de la década de 1930, en las que Ernst Hanfstaengl se mantuvo cerca de Hitler como jefe de prensa extranjera del NSDAP entre 1932 y 1934. En 1937 abandonó Alemania, primero a Suiza y de allí a Inglaterra. Arriba, a la izq. Adolf Hitler arriba al Tribunal Supremo del Reich alemán, 1930 *Gettyimages); a la derecha, Hitler con su piloto personal, Hans Baur (centro, derecha) y su confidente Ernst Hanfstaengl durante una campaña electoral, alrededor de 1930 (Gettyimages). Abajo, izq. Hitler junto a Hanfstaengl y Hermann Goering,1932 (Bundesarchiv); derecha, fotografía del archivo de Hans Baur, piloto de la Luftwaffe alemana y piloto privado de Adolf Hitler. Aparecen Ernst Hanfstaengl, Adolf Hitler, Heinz Linge, Julius Schaub, Hans Baur y Wilhelm Bruckner (alrededor de 1932)


* Nota agregada por el editor del blogSe ha dicho que Hitler fue un orador talentoso, acompañado de sus dotes melodramáticas (ensayadas previamente como si de un actor se tratase). Si, nadie duda que su retórica fue capaz de manipular a las masas; sin embargo, otra cosa era transmitir sus pensamientos por escrito. Hitler solía auto-definirse como "escritor político", lo cual ciertamente es absurdo, sus propios amigos, de los primeros tiempos, como Ernst Hanfstaengl tenían reparos para calificarlo de escritor. Otros, en su tiempo, decían no haber leído un libro con una prosa tan débil (Mein Kampf), especialmente en el primer volumen lleno de tergiversados y magnificados datos autobiográficos, un derrame de frases torpes que pusieron los pelos de punta al mismísimo Hanfstaengl, el primer corrector de la pésima ortografía del manuscrito original, quien con franqueza declaró no entender por qué el susodicho autor se negaba a contratar un escritor "fantasma", o al menos un buen editor para corregir su estilo, a pesar del enorme esfuerzo que él puso en los dos sentidos.

Seguro que algunos tendrán reparos sobre lo que aquí se afirma y se cita, ante esa posibilidad, Ernst Hanfstaengl en sus memorias apunta lo siguiente: (por cierto, Hanfstaengl era también editor, escritor, periodista e historiador).

"Solo cuando empecé la lectura me di cuenta de que había accedido demasiado pronto, puesto que el contenido del libro era algo que causaba espanto. Creo recordar que no leí más que las primeras setenta y cinco páginas, pero fueron suficientes para que me percatase de las imposibles premisas políticas que en las mismas se exponían. Esto aparte, el estilo con que estaban escritas me llenó de horror. El cielo sabe que la lengua alemana ofrece posibilidades ilimitadas para una expresión prolija del pensamiento y número infinito de cláusulas secundarias. Ante mis ojos aparecieron combinadas con una fraseología de colegial y estridentes lapsos de estilo. Me puse a trabajar, y lo primero que hice fue suprimir sus peores adjetivos, como furchtbar (horrible) y ungeheur (enorme) y el excesivo uso de superlativos. Algunos de los errores en que incurría Hitler no podían ser más significativos. (...) En otro pasaje hablaba de su propio talento como pintor. -Usted no puede referirse a esto -le dije- Los demás podrían decir que usted tiene talento pero no es correcto que lo diga usted mismo. Había algunas inexactitudes de poca monta, como decir que su padre era Staatsbeamter, es decir, jefe de una oficina pública, cuando la verdad es que nunca llegó a serlo. Su limitado sentido de la perspectiva le impulsaba a escribir la palabra Weltgeschichte («historia mundial») en relación con las más pequeñas disputas europeas. No tardó en perder la paciencia conmigo y se limitó a decir: «Sí, sí, lo tendré en cuenta» pero, por supuesto, no me hizo caso y el libro todavía se parece a unos de los monólogos de Fafner, en el Siegfried de Wagner. Aún en medio de tanta verborrea, sin embargo, resulta fácil reconocer la íntima personalidad de Hitler, con todos sus ciegos empecinamientos y la fantástica energía y exclusivismo con que se aferraba a su galimatías ideológico".

 

Recepción de la prensa extranjera por Ernst Hanfstaengl en Nuremberg, 1934. El jefe de prensa extranjera del NSDAP, Dr. Ernst Hanfstaengl, 'Putzi', pronuncia un discurso con motivo de la recepción a los miembros de la prensa extranjera.


Continuemos con el relato de Nagorski:

El 20 de diciembre de 1924, los guardias de Landsberg liberaron a Hitler. Enseguida vino a cenar en la elegante nueva casa de los Hanfstaengl en la Pienzenauerstrasse de Múnich. Ambos Hanfstaengl estaban allí para recibirle; tan pronto como las autoridades dejaron claro que no arrestarían a otros nazis por el fallido golpe de Estado, Putzi regresó de Austria. Al principio, Hitler mostró su encanto y se disculpó con Helen por el episodio de Uffing. Pero una vez que cenó un pavo seguido de sus pasteles austriacos favoritos, se lanzó a una de sus diatribas. "¡Reduciremos París a escombros!" tronó. ¡Debemos romper las cadenas de Versalles!"

Putzi insistió mucho después en que se sentía "casi físicamente mal" cada vez que Hitler empezaba en esa línea. "Parece que salió de Landsberg con todos sus peores prejuicios reforzados", concluyó. Como era habitual, Putzi intentaba presentarse como superior moral e intelectualmente. Argumentó que los seguidores como Rosenberg y Rudolf Hess habían influido indebidamente en el líder nazi, despertando las "tendencias radicales latentes" de Hitler. De hecho, los recuerdos de Putzi tras la guerra son claramente egoístas, ya que intenta justificar su fascinación por el dictador en espera y argumenta que de alguna manera intentaba empujar al líder nazi hacia una dirección moderada, especialmente en lo que respecta a Estados Unidos. Putzi afirmaba que solo él podía razonar con Hitler, un esfuerzo que los demás socavaban constantemente con sus insistencias raciales. "No había conseguido asimilar ninguna de la información que yo intentaba darle y simplemente consideraba a Estados Unidos parte del problema judío", escribió. Sin embargo, nada de esto impidió que Putzi trabajara para Hitler; más tarde insistió en que su objetivo era guiar "a este genio impredecible".


"Putzi", el pianista de Hitler, conocido por sus opiniones moderadas fue eclipsado gradualmente por Goebbels (© Getty - Ullstei Bild Dtl. 1932). Derecha, Ernst Hanfstaengl en una recepción de julio de 1933 junto a Herman Goering (Fotografía de Ullstein Bild, vía Getty Images)

 

Aunque Hitler había vuelto, a medida que la economía alemana comenzaba a recuperarse, los acontecimientos marginaron cada vez más su movimiento. En las elecciones parlamentarias de mayo de 1928, los nazis obtuvieron apenas 12 escaños, frente a los 153 de los socialistas y 73 de los nacionalistas. Luego llegó el crack de Wall Street en octubre de 1929. En septiembre de 1930, los nazis ganaron 107 de los 577 escaños parlamentarios, y la marcha de Hitler hacia el poder comenzó en serio. Este cambio renovó el interés por el líder nazi entre corresponsales, diplomáticos y visitantes estadounidenses. Y para la mayoría de los estadounidenses, el intermediario clave para reuniones personales y entrevistas con Hitler era, por supuesto, el "Putzi medio americano".

Hanfstaengl quería que sus contactos estadounidenses quedaran impresionados con las cualidades de liderazgo de Hitler, pero los encuentros cara a cara que él organizó a menudo tenían el efecto contrario. Acompañado por Putzi, Rudolf Hess y Hermann Göring, Hitler se reunió con el embajador estadounidense Frederic Sackett el 5 de diciembre de 1931. El enviado dijo más tarde que le sorprendió el hecho de que este "cruzado fanático" nunca le mirara a los ojos. Si Hitler llegara al poder, "pronto se encontrará en un punto de desplome, tanto de dificultades internacionales como internas", predijo Sackett. "Desde luego, no es el tipo de estadista del que evolucionan los estadistas".

En la misma línea, Putzi organizó que Dorothy Thompson, la corresponsal extranjera femenina más famosa de la época, entrevistara a Hitler en noviembre de 1931. Juicio inmediato de Thompson: No había manera, dada su "sorprendente insignificancia", de que Hitler liderara Alemania. "Es insignificante y hablador, mal posicionado, inseguro", añadió. El locutor de radio estadounidense H. V. Kaltenborn, otro amigo de Putzi en Harvard, salió de una entrevista de agosto de 1932 con Hitler, que su antiguo compañero de clase había preparado para él y otros dos reporteros estadounidenses, convencidos de que el líder nazi era una amenaza poco probable. "Después de conocer a Hitler, yo mismo me sentí casi tranquilo", recordó Kaltenborn. "No veía cómo un hombre de su tipo, un austríaco plebeyo de mentalidad limitada, podría conseguir la lealtad de la mayoría de los alemanes".


Destacados industriales estadounidenses en una recepción de la organización Carl Schurz en Berlín, 20 0ctubre 1936 (Carl-Schurz-Vereinigung recepción a especialistas estadounidenses en construcción de carreteras y automóviles) Desde la izquierda: 1 Fritz Todt, inspector general de la ingeniería vial alemana; 2 Thomas H. MacDonald, jefe de la Oficina de Carreteras Públicas; 3 Ernst (Putzi) Hanfstaengl, jefe de prensa extranjera alemana; 4 el embajador estadounidense William Dodd; 5 F. C. Horner, vicepresidente de General Motors; 6. Pyke Johnson, gerente de la Asociación Americana del Automóvil; 7 Hans Draeger, vicepresidente de Carl-Schurz-Vereinigung. (Foto Ullstein. Bild/Ullstein, vía Getty Images).


Recepción en casa del Dr. Ernst Hanfstaengl, 15 mayo 1936, Berlín. El jefe de prensa extranjera del NSDAP, Ernst Hanfstaengl (segundo desde la izquierda), recibió con ocasión del exitoso vuelo americano del dirigible LZ 129 "Hindenburg" al capitán Truman Smith (izquierda), al capitán Ernst Lehmann (segundo desde la derecha) y al Dr. Ludwig Duerr (derecha). © SZ Photo / Scherl / Bridgeman Images.

Los estadounidenses se acercaban a Putzi, burlándose de él incluso cuando le buscaban. "Quisquilloso. Divertido. El jefe de prensa más extraño imaginable para un dictador", escribió Thompson. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, él y Putzi sí impresionaron a algunos estadounidenses, como Martha Dodd, la veinteañera hija del nuevo embajador estadounidense, William Dodd. Otros tuvieron la reacción opuesta. William Shirer llamó a Hanfstaengl un "payaso inmenso, nervioso e incoherente". El cónsul general de EE.UU., George S. Messersmith, lo desestimó como pomposamente arrogante y un mujeriego notorio, llamando a Hanfstaengl la atención cuando le pilló manoseando a una compañera de mesa en una cena de la embajada.

Putzi respondió difundiendo rumores de que Messersmith y corresponsales críticos con el nuevo régimen eran judíos. A pesar de sus intentos de posguerra por distanciarse del antisemitismo nazi, aquí Hanfstaengl dejó un rastro de pruebas condenatorias. "Los judíos son el vampiro que chupa sangre alemana", le dijo a James G. McDonald, presidente visitante de la Foreign Policy Association con sede en Nueva York, en marzo de 1933. No seremos fuertes hasta que nos liberemos de ellos". Quentin Reynolds, del International News Service, admitió que inicialmente consideraba a Putzi "un tipo agradable", hasta que se llevó la ira del portavoz por publicar una historia sobre una turba que destrozó a una mujer alemana por querer casarse con un judío. Reynolds concluyó: "Tenías que conocer a Putzi para que realmente no te gustara".

Muchos de los principales nazis que conocían a Hanfstaengl desde los primeros días llegaron a la misma conclusión, aunque tuvieron que esperar a que Hitler empezara a perder interés en Putzi para poder socavarlo. Joseph Goebbels, el jefe de propaganda del régimen, no ocultó su desprecio por Hanfstaengl ni su deseo de excluir a los bávaros del círculo interno. A medida que la influencia de Goebbels crecía, la de Putzi disminuía. "El genio malvado de la segunda mitad de la carrera de Hitler fue Goebbels", se quejaba Hanfstaengl. Pronto, la oficina de prensa exterior de Putzi fue trasladada sin ceremonias lejos de la Cancillería del Reich, dejándole con una sensación de aislamiento. Tras el divorcio de Helena de Putzi en 1936, él sintió que había perdido otra conexión con Hitler, que aún sentía debilidad por ella. La posición cada vez más precaria de Hanfstaengl le llevó a empezar a introducir objetos de oro y platino de contrabando a Londres. Más tarde afirmó que había perdido la fe en las políticas de Hitler, pero la verdadera fuente de la desilusión de Putzi era su propia menguante estatura.


Hjalmar Schacht y Ernst Hanfstaengl en la Conferencia Económica Mundial en Londres, leyendo las últimas noticias de Alemania, 1933. (Foto de Ullstein Bild vía Getty Images). Derecha, Joachim von Ribbentrop en conversación con el embajador británico en Berlín, Sir Eric Phipps; en el centro, el Dr. Ernst (Putzi) Hanfstaengl, jefe de la Oficina de Prensa Extranjera del NSDAP, agosto de 1936 (Foto: Ulstein Bld)


De manera apropiada, el abrupto éxodo de Hanfstaengl de Alemania en febrero de 1937 se presenta tanto como drama como como farsa. La Cancillería le informó que debía ir a España para ayudar a los corresponsales alemanes que cubrían la guerra civil allí, y fue subido rápidamente a un avión de transporte militar y le ordenaron ponerse un paracaídas. Una vez en el aire, el piloto dijo que tenía órdenes de lanzar a Putzi "sobre las líneas rojas entre Barcelona y Madrid". Alarmado, Putzi protestó que esto sería una sentencia de muerte. El piloto le lanzó a Hanfstaengl una mirada significativa mientras apagaba uno de los motores y aterrizaba, supuestamente para reparaciones, en un tranquilo aeródromo cerca de Leipzig. Bajo la cobertura de la oscuridad, Putzi se escabulló y subió a un tren, huyendo primero a Múnich y luego a Zúrich. Putzi organizó que su hijo Egon, que estaba en un internado al suroeste de Múnich, le siguiera al país neutral. En Suiza, Putzi recibió una carta de Goering afirmando que todo el asunto era "una broma inofensiva" y que si regresaba estaría a salvo.

Helen había regresado a Nueva York. Putzi se trasladó con Egon a Londres. Egon continuó sus estudios en Gran Bretaña hasta 1939 cuando, siguiendo los pasos de su padre, se matriculó en Harvard.


Probablemente una de las últimas fotos de Ernst Hanfstaengl como miembro del NSDAP y funcionario del régimen nazi, alrededor de 1937, antes de su huida de Alemania. El ex pianista de Hitler terminaría convirtiéndose en el nuevo informante de Franklin D. Roosevelt. Foto © Getty - Ullstein Image Dtl.


Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Putzi estaba entre los alemanes en Gran Bretaña detenidos como riesgos para la seguridad. Internado en Canadá, logró sacar de contrabando una petición de ayuda que llegó al escritorio "de mi amigo del Harvard Club, Franklin Delano Roosevelt", como Putzi lo expresó grandiosamente más tarde. Su jugada audaz funcionó. Los canadienses lo transfirieron a custodia estadounidense. Al llegar a Washington, fue recibido por Egon, que había interrumpido sus estudios en Harvard para unirse al ejército estadounidense. El sargento Hanfstaengl saludó a su padre con uniforme. De 1942 a 1944, Putzi proporcionó información a los oficiales de inteligencia estadounidenses sobre Hitler y otros líderes nazis, junto con análisis de emisiones alemanas. Al finalizar la guerra fue enviado de vuelta a Gran Bretaña y finalmente internado de nuevo, esta vez en Alemania, antes de ser liberado el 3 de septiembre de 1946.


Ernst 'Putzi' Hanfstaengl, ex jefe de prensa del canciller alemán Adolf Hitler, en su domicilio de Londres, 7 de julio de 1937. (Foto AP Eddie Worth)


Ni Putzi ni Helen perdieron nunca del todo el asombro por haber estado tan cerca de Hitler. A mediados de los años 50, Helen dejó Nueva York rumbo a Múnich por segunda vez, falleciendo allí en 1973. El nieto de Putzi y Helen, Eric, nacido en 1954 en Nueva York pero criado en Alemania, vive en la casa de Pienzenauerstrasse donde los Hanfstaengl celebraron al futuro dictador tras su liberación de prisión. Eric recuerda a su abuelo contando sin cesar a los oyentes sobre los viejos tiempos, presumiendo en efecto de ser íntimo del Führer. Aunque Putzi podía ser jovial y entretenido, Eric dijo: "la mayor parte del tiempo que estuvo en el viaje de Hitler fue terrible". 

En una entrevista con el biógrafo de Hitler John Toland en 1971, el mayor de los Hanfstaengl declaró que Hitler "aún estaba en sus huesos". Murió cuatro años después, a los 88 años.


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