Bienvenido a este Blog. Detectives de Guerra le brinda los mejores análisis de los conflictos internacionales de actualidad

26 diciembre 2018

Cuando Prusia selló el destino de Alemania.



Pintura del artista Carl Röchling "Parade im Lustgarten" Potsdam 1894. El Kaiser Guillermo II pasa revista a las tropas prusianas.



Prusia nunca fue el alma y el corazón de Alemania

por Tito Andino

No es necesariamente difícil escribir una corta historia del Reino de Prusia y su influencia en las dos guerras mundiales del siglo XX desatadas por el Imperio Alemán, pero no sería inteligente hacerlo, por una simple razón, el tema está sobreexplotado, desde simples ensayos hasta grandes tratados han narrado la historia de Prusia. Sin embargo, curiosamente son aquellos germanófilos del siglo XX y aun del XXI quienes menos conocen sobre el tema, su germanofilia o filogermanismo no va más allá del simplista "entendimiento" de la "supremacía" alemana en tiempos hitlerianos.

Conocer la historia de Prusia es remontarse algo más allá del siglo XII, no es el cometido de este ensayo, bastaría consultar la Wikipedia para encontrar una magnifica reseña. Su historia es tan rica que sería interminable hablar, por ejemplo, de la Orden de los Caballeros Teutónicos y las Cruzadas bálticas; del siglo XIII bajo influencia del Rey Federico I, mejor conocido como Federico Barbarroja; la relación con el Sacro Imperio Romano Germánico (bajo la Casa de Habsburgo); Federico II "El Grande"; la Reforma Protestante; las alianzas para las guerras imperiales con pérdidas y anexiones territoriales; la expansión de la Dinastía de los Hohenzollern desde el siglo XV; etc, etc.

Federico II, el Grande (1712-1786), impulsó la modernización y profesionalización del ejército, llegó a considerarse la fuerza militar más preparada de su tiempo; Federico II no obró solo en el campo de la guerra, sus reformas fueron más allá de fortalecer el reino, la política internacional, la educación a todos los niveles, la investigación científica, separándolas de la iglesia, lo que llevó a un irreversible cambio. Muchos historiadores conocen al periodo de Federico II como el "Estado fiscal-militar", es decir una amalgama de un Estado burocrático y militarizado, encabezado por la aristocracia asociada a la monarquía prusiana y el surgimiento de la nobleza terrateniente al este del Elba -los junkers prusianos-.

Guerras y más guerras en el siglo XIX, como la "Guerra de los Siete Años", las "Guerras Napoleónicas"; procesos históricos como la Convención de París, el Congreso de Viena determinaron las pérdidas, recuperaciones y anexiones que moldeaban periódicamente el mapa de Prusia y de Europa, incluso en perjuicio de otros reinos germanos como el de Sajonia y Renania, por ejemplo. Prusia creció tanto que tuvo que realizar una división administrativa entre la Prusia Oriental y la Prusia Occidental con la creación de provincias. 




En este mapa del Congreso de Viena de 1815, observamos las líneas rojas que determinan los límites de la Confederación Germánica. Prusia adquirió territorios de Westfalia, Renania, Sajonia, la orilla izquierda del Rin y el nuevo reino de los Países Bajos, así como una buena parte de Polonia. En cuanto a la Confederación Alemana (39 estados, incluidos Austria y Prusia, que reemplaza a la Confederación del Rin (que fue imposición de Napoleón en 1806 en contra del Sacro Imperio Romano Germánico). En lo que respacta a Austria, los Habsburgo recuperaron sus territorios en los Balcanes y el Tirol, se anexó la Galitzia polaca y Dalmacia, Lombardia y Veneto. En esos momentos Austria era la más fuerte entre todos los estados alemanes confederados. Otros Imperios, como Gran Bretaña ganó territorios coloniales y mantuvo su hejemonía naval, Rusia se anexó gran parte de Polonia, y regiones de Finlandia y Besarabia. De hecho Polonia dejó de existir al ser repartida entre Rusia, Austria y Prusia. Se constituyó las monarquías sueconoruega y belgoholandesa. Es de destacar que Francia retornó a sus fronteras de 1792; hasta la Iglesia recuperó sus Estados Pontificios que habían sido arrebatados por Napoleón. El "Congreso de Viena" fue convocado al ser vencido Napoleón Bonaparte, las potencias imperiales de Europa se reunieron en Viena (1 octubre 1814 - 9 junio 1815). El objetivo central fue el reparto del imperio napoleónico. En teoría, se organizó la política europea del "equilibrio de fuerzas" contra el expansionismo; se conminó a la restauración de las monarquías europeas en franca decadencia tras la Revolución Francesa de 1789. Pero Napoleón aun dió batalla (escapó de su destierro en la isla de Elba que llevó a la batalla de Waterloo pocos días después (18 junio 1815), con la derrota definitiva de Napoleón. Esto obligó a reunirse nuevamente en noviembre de 1815 (episodio denominado la "segunda paz de París", donde volvió a defender la restauración monárquica de Europa, defender los principios cristianos y reprimir las ideas liberales y revolucionarias que alteraran el orden establecido. Sin embargo, los intereses imperiales y coloniales de las potencias europeas iban ya fraguando nuevos conflictos a lo largo del siglo. Su punto culminante llegó en 1914 con la Gran Guerra. 

Vendrían las "Guerras Germanas de Unificación", así como la "Guerra Franco-Prusiana" que llevaron a Guillermo I proclamarse Kaiser del Imperio Alemán, bajo la égida del Reino de Prusia; de allí la historia de Alemania y Prusia se fusionan hasta el final de la Primera Guerra Mundial con la abdicación de Guillermo II y la cesión de gran parte de Prusia a Polonia; para muchos esa forzada separación fue una de las causas del siguiente conflicto mundial, el Imperio Alemán -así seguía siendo su denominación oficial- sucumbió en 1945 lo que llevó a la total liquidación jurídica de Prusia como entidad político-territorial en 1947.

Como vemos, pequeños y grandes estados germánicos conformaban el Sacro Imperio Romano Germánico. Unificar y construir el Imperio Alemán fue una tarea compleja, la historia de esta región relata una gran cantidad de conflictos y cambios territoriales. 

Prusia no fue sinónimo de Alemania en esa época, otras dinastías germanocéntricas se disputaban la hegemonía, guerreaban entre sí. Desde aquellos tiempos ya se podía contemplar los grandes e irreconciliables problemas que abarcaría el rol arbitral de los Habsburgo en Viena o la potencial amenaza que podría formarse en el este, en Rusia. Incluso las rivalidades religiosas marcaron la diferencia, muchas entidades político-territoriales fueron producto de las medievales Órdenes Militares de Caballería en alianza con la Iglesia de Roma en detrimento de pueblos autóctonos y milenarios que habitaban esas regiones. Las denominadas 'marcas teutónicas" fueron moldeando la Prusia Oriental y Brandeburgo, principalmente, ésta última, con Berlín y Potsdam constituyeron "el corazón político y cultural" de Prusia

Pero, "Si en algún lugar no podía funcionar la máxima Cuius regio reius, eius religio, era en tierras prusianas. Luteranos, calvinistas y católicos poblaron sus dominios, en un reino subordinado, además, a la tutela vienesa, católica y papista. En este contexto de enorme diversidad social y cultural, la habilidad de la dinastía (Hohenzollern) para sobrevivir y fortalecer su posición resultaba crucial".



Algunos símbolos históricos relacionados con Prusia. A la izquierda la Cruz de los Caballeros Teutónicos; al centro, la corona de los reyes de Prusia; y, a la derecha, el famoso casco prusiano, "pickelhaube".


El "Reino de Hierro", es decir, una férrea administración político militar consolidó el poder de los junkers o terratenientes prusianos y la transformación industrial y minera gracias al desarrollo de la red de ferrocarriles y la industria militar.

Sin duda, para el mundo académico y la historiografía moderna, Chistopher Clark en "Sonámbulos. Cómo Europa entró en guerra en 1914" (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014)  y, "El Reino de Hierro. Auge y caída de Prusia, 1600-1947" (Madrid, La Esfera de los Libros 2016) son la mejor referencia para la historia de Prusia. Claro está, la primera refiere a la Gran Guerra; la segunda obra, que es de nuestro interés, es un estudio de la dinastía y territorios de aquella entidad política germana que influyó en la historia de Europa a lo largo de tres siglos. Josep Maria Fradera en su brillante artículo "Los avatares históricos de Prusia" ofrece una maravillosa guía de consulta de esa etapa (sus razonamientos se encuentran marcados entre comillas y cursivas).

En el siglo XVII, "Prusia no era más que un pequeño Estado monárquico en el complejo de situaciones que definía el Sacro Imperio Romano Germánico, con centro en Viena y los Habsburgo como dinastía gobernante. Dos siglos después, Prusia se había alzado como un Estado territorialmente importante y figuraba de pleno derecho entre el selecto grupo de las potencias que derrotaron a Napoleón Bonaparte y su diseño imperial para Europa y el mundo. En 1870, tras aplastar militarmente de nuevo a la Francia del Segundo Imperio, se levantaría el Segundo Reich alemán sobre las acrecentadas capacidades prusianas y su dinastía reinante. Estamos, pues, ante una historia de éxito: la de la fabricación de uno de los grandes Estados-nación de la Europa contemporánea hasta el presente". 

Los "primos" germánicos que gobernaban Austria no estaban dispuestos a claudicar "ante un desplazamiento tan brutal del viejo orden sin decir algo al respecto. Con esta pugna de fondo, Francisco José I de Austria caerá en la trampa que le tiende el canciller Otto von Bismarck en 1864: una guerra con Dinamarca por los ducados de Schleswig y Holstein". Otro actor fue el poderoso Reino de Baviera, "que jamás disolvió su identidad separada y su independencia en el proyecto que, desde el norte, se perfila como la viga maestra de una Alemania unificada".

Alrededor de 1815 Prusia se transformó en el "gendarme alemán y al mismo tiempo el espacio de una tensa transformación económica y social". "No era una cuestión de sentimientos: era cuestión de realidades. ¿Cómo definir la complejidad de identificaciones superpuestas en un patriotismo alemán de nuevo cuño, al mismo tiempo prusiano, bávaro, alemán e imperial? ¿Un patriotismo que unía a los alemanes luteranos y calvinistas del norte con los alemanes de obediencia católica y, algunos de ellos, habsbúrgica?... Prusia es el centro de la gran paradoja: el reino garante del nacionalismo alemán que sigue siendo al mismo tiempo un diseño dinástico y, como tal, acabará asumiendo el doble papel de fundamento, freno y, en cierto modo, víctima del diseño político del Kaiserreich tras la gran victoria sobre Francia de 1871".


Gráfica que muestra las diferentes etapas hacia la unificación alemana


"La unificación alemana se resolvió integrando a la monarquía prusiana en un modelo federal... Este modelo era una condición obligada por la dificultad de integración de entidades políticas de distinto signo que, de otro modo, no se hubiesen sentido cómodas en el seno de una mera dinámica expansiva de la Prusia victoriosa. Las identidades en cuestión eran de distinto signo... El Reich alemán, en consecuencia, debe verse más como una suma de piezas muy diversas que como una unidad teleológicamente ordenada. Sólo con un diseño de orden federal y descentralizado, más una cobertura imperial pangermana, aquel conjunto diverso de piezas podía prosperar en la ardua competencia internacional de la época. Un imperio, además, que en su fundamento precisó temperar el conflicto, suscitado por el propio canciller Bismarck, de una hegemonía luterana abusiva". 

El historiador británico Richard J. Evans se refería en su libro "La Llegada del Tercer Reich" (Península) que el Canciller Bismarck es un antecedente clave para el surgimiento de la ideología nazi:
"Sólo hay cincuenta años entre la fundación en 1871 del imperio alemán por Bismarck y el ascenso de los nazis al poder. Bismarck hizo gala de una gran brutalidad y violencia y mostró su desprecio por la democracia. El canciller de hierro fue también un jugador temerario que arriesgó mucho en sus maniobras internacionales. La imagen del caudillo dictatorial en Alemania tenía mucho del recuerdo de Bismarck".
El nazismo utilizó la aun latente esperanza de un amplio sector de la sociedad alemana de la época para ensayar un programa más "purificado" que permita una resurrección imperial al estilo de Bismarck. Afirma Evans que el nazismo abarcaba ideas viejas y nuevas, sueños imperiales y una incendiaria renovación cultural.




II parte

Nota aclaratoria: 
Para los lectores asiduos a este sitio ya no les causa extrañeza mi modalidad, primero una visión general (a veces profunda) del tema con datos de apoyo a una ponencia principal, desarrollada por un experto en la materia. He aquí un interesante extracto de unos fabulosos investigadores, Michael Baigent y Richard Leigh, quienes lo plasman en su libro "Secret Germany" (Madrid, Martínez Roca Ediciones, 2009) un enfoque claro sobre la forja del poder de Prusia y su rol determinante dentro del Imperio Alemán. Los textos a continuación corresponden totalmente a los mencionados autores, salvo los mapas y comentarios a pie de foto, así como todas las otras ilustraciones son adiciones del redactor  de este blog. 


A sangre y hierro.
El ascenso de Prusia

por Michael Baigent / Richard Leigh



Una selección de notables prusianos que han escrito la historia del extinto Reino de Prusia. En primera fila: Mariscal de Campo August Graf Neidhardt von Gneisenau, notable reformista del ejército prusiano; Gerhard von Scharnhorst, escritor y reformista del ejército prusiano; Carl von Clausewitz, historiador y teórico de la ciencia militar moderna. En segunda fila: Federico II de Prusia o Federico II "El Grande", el tercer Rey de Prusia de la casa Hohenzollern, el gran renovador del ejército prusiano, representante de aquel periodo conocido como el despotismo ilustrado; Federico Guillermo I (Friedrich Wilhelm I von Hohenzollern), también conocido com el "Rey Soldado", segundo Rey de Prusia y padre de Federico "El Grande"; Otto von Bismarck-Schönhausen, príncipe de Bismarck y duque de Lauenburgo, o simplemente Otto von Bismarck, el "Canciller de Hierro", estadísta y político alemán, artífice de la unificación alemana y del naciente Imperio Alemán. En tercera fila: Mariscal August von Mackensen, participó en la guerra franco-prusiana, destacó en la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial), es conocido por haber vivido en la "Vieja Prusia", el Imperio Alemán, la República de Weimar, la Alemania Nazi y la ocupación Aliada de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial; Paul von Beneckendorff von Hindenburg, militar, estadista y político, participó en la primera guerra mundial y presidente de Alemania en la República de Wiemar; Kaiser Guillermo II (Wilhelm II) de la dinastía Hohenzollern, último Rey de Prusia y último Kaiser del Imperio Alemán, condujo a su pueblo a la Primera Guerra Mundial, tras su derrota abdicó al trono. En cuarta fila: Mariscal de Campo Conde Helmuth von Moltke (1800 - 1891) otro gran estratega que encumbró a Prusia, bajo su mando Prusia derrotó a Dinamarca (1864), Austria (1866) y Francia (1870), se considera que él creó el nuevo método de dirigir los ejércitos sobre el terreno, conocido como Moltke "el viejo" para diferenciarlo de su sobrino Helmuth von Moltke "el joven", que comandó el ejército alemán al inicio de la Primera Guerra Mundial y llevó a cabo el Plan Schlieffen; Mariscal de Campo Gebhard Leberecht von Blücher (1742-1819), príncipe de Wahlstatt, comandante en las batallas de Leipzig y Lützen (1813). En la 'Batalla de Waterloo' (1815) fue comandante en jefe del ejército prusiano. Junto a Paul von Hindenburg, son los únicos portadores de la Estrella de la Gran Cruz de la Cruz de Hierro; General Alfred von Schlieffen, célebre ideólogo del 'Plan Schlieffen' (1905), para una potencial guerra en dos frentes (contra Rusia y Francia). dicho plan fue aplicado por el ejército alemán en las primeras ofensivas de la Primera Guerra Mundial, consistía en un rápido y decisivo ataque a Francia por el norte con la invasión de la neutral Bélgica, si ese objetivo se cumplía Alemania podría lanzar una gran ofensiva contra Rusia. Los éxitos iniciales fueron frenados por los Aliados en la batalla del Marne.  


En los albores del siglo XX, e incluso antes, en el mundo anglohablante el nombre de Prusia se había convertido en sinónimo de cuanto era esencialmente alemán. Entre otras cosas, significaba militarismo, agresión, obediencia, disciplina rigurosa y servicios asiduos al Estado. A menudo evocaba una eficiencia irreflexiva y automática y se lo vinculaba con lo que los forasteros consideraban la esencia de la aristocracia germana: la vieja y así llamada élite "junker", que, por sí misma, aludía a algo peyorativo. 

En 1900 los no germanos empleaban de modo más o menos intercambiable los vocablos "prusiano" y "alemán". Incluso en nuestros días persiste parte de esa asociación. Según la Ley No. 46 del Consejo de Control Aliado, Prusia fue formal y oficialmente "abolida" en 1947: "El estado prusiano que desde los primeros tiempos ha sido defensor del militarismo y la doctrina reaccionaria en Alemania ha dejado de existir defacto"

En la actualidad Prusia solo existe como entidad geográfica imprecisa, como región nebulosa y poco definida. Ya no aparece en los mapas, no tiene trazado ni fronteras exactos y carece de todo marco político y administrativo. Incluso en nuestros días, en el mundo anglohablante la palabra "prusiano" evoca algo más singular, distintiva y concentradamente germánico que, por ejemplo, "sajón' o "bávaro".

Sin embargo, Prusia fue un desarrollo relativamente tardío, no solo en el escenario de la historia mundial, sino en el de la historia alemana. Fue una de las potencias de más reciente aparición en el contexto de la política europea. Durante el siglo XIII, en el que Inglaterra y Francia habían comenzado a desarrollar identidades nacionales específicas, "Alemania" no tenía nada que ver con Prusia. Para Europa Occidental, Prusia fue prácticamente lo mismo que el Oeste norteamericano para los ciudadanos de Boston y Nueva York a comienzos del siglo XIX, de la guerra de Secesión y de que, con sus convoyes de carretas, los pioneros llevaran el "destino manifiesto" de la nación hasta el Misissipi, por no hablar de llegar al Océano Pacífico. Prusia era una extensión sin cartografiar, un territorio interior, inhóspito y poblado por tribus "bárbaras", tan distantes de la "civilización" occidental como los aborígenes norteamericanos.

Entre los siglos XIII y principios del XVI Prusia formó parte de un territorio conocido como Ordenstaat u Ordensland. Se trataba del dominio exclusivo de la orden teutónica, también conocida como caballeros teutónicos, una institución militar de caballería y ramificación de los caballeros templarios militares. Fueron ellos quienes colonizaron la región conocida como Prusia, así como el mar Báltico hasta el golfo de Finlandia, territorio compuesto de fragmentos considerables de Polonia, Lituania, Estonia, Letonia y el noroeste de Rusia. El proceso guarda muchos parecidos con la colonización del Oeste norteamericano. Tribus autóctonas como los baltos y los prusianos fueron exterminadas en masa y la tierra se parceló y se entregó a colonos agrícolas de la Europa cristiana.


Mapas históricos de la evolución del Estado Monástico de los Caballeros Teutónicos



Al igual que las restantes órdenes militares de caballería (los termplarios, los caballeros hospitalarios y sus equivalentes españoles y portugueses), los caballeros teutónicos desempeñaron la función de vanguardia de la cristiandad y portaron su estandarte hasta territorio pagano. La colonización y la población de Prusia y del Báltico fue oficialmente descrita como "cruzada" al igual que las "cruzadas" que transitoriamente se anexaron Tierra Santa, exterminaron a los herejes cátaros del Languedoc y combatieron a los árabes de la península Ibérica. A semejanza de las otras órdenes militares de caballería, los caballeros teutónicos fueron una especie de depósito de los nobles occidentales que querían adquirir experiencia en el campo de batalla e iniciarse militarmente. Las campañas en Prusia y en el Báltico se convirtieron en una suerte de entretenimiento sanguinario. Los caballeros teutónicos recibieron a aristócratas de toda Europa que buscaban las emociones del combate...y la dispensa papal. Entre ellos figuraron diversos escoceses, con Henry Sinclair de Roslin. Enrique, conde Bolingbroke y futuro Eduardo IV de Inglaterra, también estuvo de campaña con los caballeros teutónicos cuando Ricardo II le envió al exilio. De ellos aprendió gran parte de las aptitudes marciales y políticas que, con el paso del tiempo, le permitirían retornar a Inglaterra, destronar a Ricardo y fundar su propia dinastía.

Los caballeros teutónicos alcanzaron el apogeo a finales del siglo XIV, en la época en que Bolingboke estaba con ellos. El Ordenstaat que presidían abarcaba todo el noreste cristianizado de Europa, un feudo cuya superficie equivalía a la suma de Inglaterra, Escocia y Gales. Estaba eficazmente alejado de cualquier otra autoridad, tanto espiritual como temporal. Dado que quedaron fuera del alcance del papa y del resto de potentados occidentales seculares, los caballeros teutónicos fueron su propia ley y el Ordenstaat se consideró un Estado-nación por derecho propio. la capital fue Mariemburgo (la actual Malbork polaca) y contó con su propia maquinaria política y administrativa. Enviaba y recibía emisarios tanto de las cortes occidentales como de Roma. La jerarquía regente, encabezada por el gran maestre, tuvo el mismo respeto, estatus y honores que el de cualquier principado europeo occidental.

En 1410, durante la batalla de Grunwald o de Tannenberg (que tuvo lugar más o menos a cien kilómetros del sitio de Rastenburg, en el que posteriormente Hitler construyó la "guarida del lobo"), los caballeros teutónicos sufrieron una derrota demoledora a manos del ejército mixto de polacos y lituanos. A partir de esa fecha y, a pesar que el Ordenstaat sobrevivió otro siglo, el territorio comenzó a reducirse y el poder de los caballeros teutónicos disminuyó.

En 1525, Albrecht von Hohenzollern, gran maestre de los caballeros teutónicos, quedó bajo la influencia de Martín Lutero y se convirtió al protestantismo. Otros le siguieron y la orden propiamente dicha se secularizó. Ya entrado el año, Albrecht fue nombrado duque de Prusia por lo que debió vasallaje al trono polaco, y Prusia se convirtió en una entidad política y administrativamente definida. En los dominios del ducado recién creado los miembros de los caballeros teutónicos (hijos de una aristocracia germana con mucha más raigambre) contrajeron matrimonio, crearon familias y establecieron sus propias haciendas. Fueron esos hombres, y más si cabe, aquellos que llegaron a la región como colonizadores y colonos, los que formaron la llamada élite "junker".



Brandeburgo-Prusia es la denominación historiográfica para el reino de la Edad Moderna formado en 1618 mediante una unión personal entre el ducado de Prusia y el margraviato de Brandeburgo (parte del Sacro Imperio Romano Germánico). El estado brandeburgués-prusiano fue sucedido por el reino de Prusia en 1701, siendo absorvido por el recién fundado Imperio alemán en 1871. (Brandeburgo en rojo y Prusia en rosa- Texto tomado de la Wikipedia).


En 1618 el ducado de Prusia pasó a manos de otra rama de la familia Hohenzollern, que gobernaba el territorio conocido como Brandeburgo. De esa forma unieron Prusia y Brandeburgo. En 1701 el descendiente de Albrecht von Hohenzollern adoptó el nombre de Federico I, se proclamó "Rey de Prusia", fue ungido por dos obispos protestantes y se puso personalmente la corona.

Cuando Prusia nació como reino, en Inglaterra estaba a punto de ascender al trono la reina Ana y, en Francia, el reinado de Luis XIV tocaba a su fin. No tardaría en ser desafiada la supremacía militar francesa en el continente, tanto por el duque de Marlborough como por su colega austriaco, el príncipe Eugenio de Saboya. En menos de medio siglo Prusia adoptó bruscamente el papel de potencia militar predominante en Europa. Lo llevó a cabo durante el reinado de su tercer monarca, Federico II, más conocido como Federico el Grande, el jefe militar más brillante y hábil del siglo XVIII. Durante el reinado de Federico, Prusia, que hasta pocos años antes no había sido más que un ducado de poca importancia, se convirtió en uno de los componentes más significativos del caleidoscopio cambiante definido como el "equilibrio del poder" europeo. Su ejército se consideró modélico y fue debidamente copiado por los de Gran Bretaña, Francia, Austria y Rusia. La élite junker, la clase militar y administrativa del país, consolidó su influencia.

Ni siquiera entonces Prusia fue sinónimo de Alemania. En lo que a ésta se refiere, Prusia siguió siendo, básicamente territorio extranjero. A los ojos del mundo, Alemania se encontraba en otra parte y los alemanes residían en otra parte.

Incluso Inglaterra, con su herencia sajona, sus vínculos dinásticos con el palatinado del Rin del siglo XVII y las monarquías de la casa de Hannover del XVIII, se consideraba más "germánica" que Prusia, gran parte de cuya población estaba formada por baltos, polacos, lituanos, letones, estonios, rusos y escandinavos. Tanto los Hohenzollern como la élite junker fueron considerados sobre todo por la aristocracia más rancia del sur de Alemania, como meros arribistas, patanes o casi bárbaros parcialmente civilizados y aseados y todavía mojados por los vestigios de las brumas del norte.

Por consiguiente, pese a las suposiciones más recientes, el verdadero corazón de la vieja Alemania no tuvo nada que ver con Prusia; además, la aristocracia alemana original (a la que perteneció la familia Stauffenberg), es muy anterior a la del este "rústico". El corazón de la vieja Alemania estuvo formado por el Rin y sus alrededores, sobre todo por la región denominada Schwaben, es decir, Suabia. Dicha región se sitúa en las estribaciones septentrionales de los Alpes. Al oeste está limitada por el Rin y al este por el río Lech, más allá del cual se extiende Baviera. Las ciudades principales son Ulm, Augsburgo y Sttugart. Antes del siglo XIV, fecha en que los cantones alcanzaron la independencia, Suabia incluía a gran parte de la actual Suiza y el lago Constanza. En el castillo Hohenstauffen, situado aproximadamente cuarenta kilómetros al este de Stuttgart, surgió la dinastía que alcanzó sus más grandes logros durante el Sacro Imperio Romano y la cultura de la alta Edad Media.


Carlomagno -Carolus Magnus en latín, la fecha de su nacimiento no es precisa, datan según varias fuentes en 742, 747o 748, murió en Aquisgrán en 814, fue rey de los francos y Emperador - Imperator Augustus desde 800 hasta su muerte

En el año 800 Carlomagno se convirtió en el primer emperador del recién creado Sacro Imperio Romano. A través del imperio, la Iglesia deseaba organizar Europa Occidental según el modelo basado en la monarquía del Israel que figura en el Antiguo Testamento, monarquía que incluía dos "mesías" o "ungidos", es decir el monarca y el sumo sacerdote. El Sacro Imperio Romano pretendía copiar esa estructura políticorreligiosa, en la que la autoridad secular o temporal sería ejercida por el emperador y la espiritual por el Sumo Pontífice. Al menos en teoría, lo sagrado y lo profano quedarían fusionados en una unidad que facilitaría el proceso de administración y gobierno... y que sin duda subordinaría, también teóricamente, los asuntos seculares a los de la Iglesia.

A la muerte de Carlomagno el imperio secular que éste había unido indisolublemente al papado se repartió entre sus hijos. La esfera temporal de la presunta teocracia paneuropea quedó cada vez más fragmentada y se trocó crecientemente en una ley, o en una multitud de leyes, sobre sí misma. En la Edad Media, Francia, Inglaterra, Italia, España y otras naciones comenzaron a desarrollar su propia identidad nacional, cultural y, en algunos casos,  política, a menudo con gobernantes y aparato administrativo autónomos. 


Evolución del territorio del Sacro Imperio Romano Germánico desde su fundación hasta su desaparición. (cita y gráfica tomada de Wikipedia)

Aunque siguió existiendo con el mismo nombre, en la práctica el Sacro Imperio Romano se convirtió en el Imperio Germano, en el Primer Reich. Según el lenguaje de la época, todos aceptaron referirse  al sacro emperador romano como el emperador germano y al imperio propiamente dicho como Alemania.

El ducado de Suabia se creó en 917. A finales del siglo XI el ducado pasó a manos de la dinastía Hohenstauffen ("Monte alto"). En 1155, el duque de Suabia, Federico III von Hohenstauffen, se convirtió en el sacro emperador romano Federico I, también conocido como Federico Barbarroja. Cuando ocupó el trono imperial ya era veterano de la fatídica segunda Cruzada y en 1154 inició un proyecto que lo mantendría ocupado gran parte de su vida: el sometimiento y la anexión de Italia. Ese proyecto le causó conflictos con el papa, que, en 1160, lo excomulgó, con lo cual y de forma incómoda hizo que el Sacro Imperio Romano dejase de ser sacro y romano. La reacción de Federico consistió en tomar Roma por asalto y, en 1166, instaló un pontífice títere, Pascual III, personaje que aun no ha sido reconocido por la historia oficial del Vaticano. A lo largo de los seis años siguientes y con la bendición de su antipapa mimado, Federico se dedicó a ampliar sus dominios, que incorporaron Bohemia, Hungría y Polonia. En 1174 firmó la paz con Alejandro III, el pontífice "oficial" recién elegido. Tuvo que rebajarse, arrodillarse y besar los pies del papa, a cambio de lo cual le retiraron la excomunión. Al año siguiente Federico logró que lo coronasen rey de Borgoña, que por entonces se extendía de Marsella a Basilea. Sin embargo, en 1184 sus renovados intentos de hacerse con Italia volvieron a causarle conflictos con el papado y cuando Urbano II ocupo el trono de san Pedro, se desató la guerra abierta entre el papa y el emperador.

En 1189 Federico salió de Alemania con un ejército numeroso y con la intención de reunirse con Ricardo I de Inglaterra (Corazón de León) para librar la tercera Cruzada, pero de camino a Tierra Santa se ahogó al cruzar el río Cydnos, en Turquía. El lugar donde está enterrado sigue siendo un misterio. Según leyendas posteriores, reposa en una caverna de los más profundo del monte Kyffhäuser, al sur del macizo de Harz, a la espera de la llamada que lo despierte para rescatar al país en su hora de necesidad.


Federico I de Hohenstauffen, Federico Barbarroja (1122-1190). Desde 1147 duque de Suabia bajo el nombre de Federico III, en 1152 Rey de los Romanos y desde 1155 Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.


Federico Barbarroja fue una figura intensa y arquetipicamente evocadora, mientras que su nieto, Federico II, fue una personalidad extravagante. La dinastía Hohenstauffen y el Sacro Imperio Romano alcanzaron su apogeo durante el reinado de Federico II. Nacido en Italia en 1194, Federico II ocupó el trono imperial en 1220. Para entonces casi toda Tierra Santa se había perdido y estaba en manos del islam. En lugar de luchar con los "infieles", Federico prefirió tratar con ellos y con las negociaciones obtuvo lo que los cruzados no habían conseguido con los conflictos armados. En 1229 le coronaron Rey de Jerusalén, entró triunfalmente en la Ciudad Santa  y se hizo con Belén, Nazaret y el territorio circundante.

En el momento de máxima extensión, los dominios europeas de Federico, incluyeron la totalidad de la actual Italia hasta Sicilia; Borgoña y desde Provenza hasta Lorena; así como Austria, Suabia, Baviera, Franconia, Sajonia, Brandeburgo, Brabante y otros ducados, condados y marcas de lo que entonces era territorio germano. También abarcaron Silesia, Pomerania y la zona de Prusia conquistada y colonizada, Bohemía, Hungría y Polonia. De hecho, el imperio Hohenstauffen abarcó prácticamente toda Europa, salvo Escandinavia, Francia, la península Ibérica y los Balcanes. Al igual que sucedió con su abuelo, el poder temporal inevitablemente puso a Federico en conflicto con el papado, por lo que también fue excomulgado. A diferencia de su abuelo, a Federico no le importó  ni intentó llegar a un acuerdo con Roma.

Del entorno de los emperadores Hohenstauffen y, en concreto, del de Federico II, surgieron fenómenos como la mística poética del Rin, tal como se expresa en la Nibelunglied, épica de comienzos del siglo XIII que sirvió de inspiración para El Anillo del Nibelungo, de Wagner. Es posible que en ese ambiente también surgiese el florecimiento máximo de la alta cultura medieval. Una manifestación muy importante  y perdurable son las obras compuestas por Hartmann von Aue, Gottfried von Strassburg, Wolfram von Eschenbach, Walther von der Vogelweide, así como los minnesänger y los meistersänger, que generaron la gran recopilación de poesía lírica, dramática y narrativa de la época. El ritual del festival de poesía se extendió hasta Mariemburgo, donde se convirtió en un elemento más en la corte del gran maestre  de los caballeros teutónicos, los monjes guerreros presuntamente ascéticos y austeros.

Ciertas familias disfrutaron en Alemania del título de "Caballeros libres del Imperio", lo que se expresaba con el título de "freiherr" o "barón libre" fueron una institución estrictamente alemana, como su nombre indica, el caballero libre no respondía ante nadie salvo el emperador... En Alemania se convirtieron en encarnaciones simbólicas de la autonomía, la autosuficiencia y la independencia... En muchos aspectos fueron el material de las leyendas... aparecen en Götz von Berlichingen, obra de finales del siglo XVIII con la que realizó su aparición literaria un escritor joven y desconocido, Johann Wolfgang von Goethe.

Era inevitable que una casta guerrera como la de los caballeros libres, exentos de obligaciones y aspirantes a aventuras y riquezas, apelase a menudo a la delincuencia. Asaltaron las caravanas de la nueva y próspera clase de comerciantes, empresarios, banqueros y financieros. Esos estragos dieron pie al uso de la expresión "señor feudal que vive del robo". Tras la Reforma luterana, la ética protestante del trabajo contribuyó espectacularmente para que el dinero de los nobles  y potentados feudales  se abrieran paso a las entidades de dinastías de banqueros tan influyentes como los Fugger de Augsburgo o los Thurn und Taxis, fundadores del primer servicio de correos comercial de Europa. Los intentos de neutralizar a los caballeros libres, frenando o reduciendo sus derechos y privilegios hereditarios se convirtieron en una de las causas principales de la "rebelión de los caballeros", la curiosa insurrección aristocrática de 1522.

En 1789, en vísperas de la Revolución francesa, Alemania se dividía como mínimo en 1789 territorios. Había 51 ciudades libres del Imperio, entre las que se incluían Hamburgo, Bremen, Nuremberg, Augsburgo, Ulm y Frankfurt. Contaba con 63 principados eclesiásticos presididos por clérigos. También existían 200 principados  más que iban desde haciendas de condes, pasando por ducados, hasta reinos como Sajonia, Baviera y Prusia, por no hablar de las 1475 extensiones independientes ostentadas por los caballeros libres del imperio.


Mapa de Alemania en 1815 con los estados miembros que conformaban la 'Confederación Alemana' (aun no estaba declarado el Imperio Alemán).


Como consecuencia de las guerras napoleónicas, el congreso de Viena (1815) reacomodó ese rompecabezas desconcertante en algo más administrable: cuatro ciudades libres y treinta y cinco principados. De estos últimos, militarmente Prusia fue el más poderoso, si bien consideraron que "el alma y el corazón" de Alemania radicaban en otra parte: en Sajonia, en Baviera y sobre todo, en las regiones que bordeaban el Rin, como el Palatinado, Hesse, Nassau, Baden y Westfalia (la antigua Suabia). Entre 1815 y 1866 esas regiones se convirtieron en el campo de una nueva lucha, una batalla social, cultural y política por "el alma y el corazón" de Alemania. Los protagonistas de la contienda fueron Prusia, regida por la dinastía Hohenzollern, y Austria, que a partir de 1848 se convirtió en la monarquía austrohúngara, gobernada por los Habsburgo.

Aunque sujeto con alfileres y muy debilitado por las luchas con Napoleón, el Imperio de los Habsburgo seguía siendo una gran potencia europea y estaba gobernada por la dinastía reinante más antigua del continente. Tenía de su parte el peso de la tradición, de la legitimidad, de casi un milenio de alta cultura, sofisticación, cortesía cosmopolita y experiencia diplomática, así como el apoyo del papado, que poseía un peso significativo en regiones católicas como Baviera. En esos aspectos Prusia no podía competir, si bien manifestaba la energía del nacionalismo recién descubierto, de una base industrial decisiva, de una maquinaria militar cada vez más eficaz y del apoyo de la Iglesia luterana, a la que se ha descrito prácticamente como adjunta de la Oficina de Guerra. Es imposible pasar por alto o subestimar el papel de la Iglesia luterana, la responsable de fomentar la ética  protestante del trabajo. Al estimular el progreso, el comercio, la industrialización y el éxito material, el dinamismo de dicha ética había transformado Inglaterra y Holanda hacía dos siglos y las había situado en la vanguardia de los asuntos europeos. En ese momento el mismo dinamismo encontró una nueva esfera de actividad en Alemania.

Así cobró forma la polaridad de mediados del siglo XIX, Para muchos alemanes de la época, Austria encarnaba la cultura y la civilización, aunque también la consideraban decadente, inerte y sumida en el pasado. Pese a parecer descarada, vulgar y aparentemente autoritaria, Prusia simbolizaba las cualidades relacionadas con la juventud: la energía y el idealismo. Comparada con Austria, resultaba muy dinámica. Si Austria parecía anticuada, Prusia tenía un aspecto juvenil y en apariencia rebosaba exuberancia, a pesar que su gobierno formaba parte de los más reaccionarios de Europa.

Hasta 1866 la lucha entre Austria y Prusia por "el alma y el corazón" de Alemania se limitó a las esferas social, cultural y diplomática. Sin embargo, Prusia se aprestó para una actividad más espectacular. Serena y discretamente, casi sin que el resto de Europa se enterase y con el apoyo del monarca Guillermo I, emprendió un proceso de modernización radical, si bien el verdadero instigador y espíritu rector fue el príncipe Otto von Bismarck, el así llamado "Canciller de Hierro" del rey. Bismarck se basó en gran medida en las instituciones (el Estado Mayor y la escuela del Estado Mayor) que Gneisenau había ayudado a crear hacía medio siglo y forjó a "sangre y hierro" la maquinaria militar más eficaz desde la época napoleónica. Dicha maquinaria se desplegó con un único objetivo: la neutralización de Austria y la unificación de Alemania bajo el liderazgo prusiano. Las operaciones recayeron en el mariscal de campo Helmuth von Moltke, el nuevo jefe del Estado Mayor.

En 1864, mientras la atención de Europa se centraba en la guerra de Secesión que se libraba en Estados Unidos, Bismarck y el jefe del Estado Mayor decidieron poner a prueba la maquinaria de guerra. El blanco de dicho ejercicio, la pequeña y endeble Dinamarca, apenas estaba en condiciones de plantear una resistencia seria. Cuando Dinamarca pidió la paz, con la colaboración nominal austríaca Prusia se anexionó los tan apreciados ducados de Schleswig y Holstein.

Tras haber mostrado su funcionamiento con un adversario simbólico, la dinamo militar estaba en condiciones de emprender  una confrontación más seria y trascendental. Al final, después de medio siglo de refriegas diplomáticas soterradas, Bismarck se empeñó en vengarse definitivamente de las sempiternas rencillas con Austria. La mayoría de los observadores de la época no habrían dado mucho por los austríacos, ya que el Imperio de los Habsburgo era militarmente débil y solo dedicaba los fondos justos al ejército "para garantizar su posición como segunda potencia más débil de Europa", tal como escribió posteriormente el novelista Robert Musil. Según las bromas de ese período, el Ejército prusiano fabricaba acero mientras el austriaco componía música y los militares del Ejército prusiano llevaban cascos de hierro con pinchos mientras los austríacos adornaban con plumas sus sombreros de pico. La música y las plumas no podían competir con el acero de los Krupp. En 1866, cuando estalló la guerra, el comportamiento de Austria no fue más loable que el de Dinamarca. Aunque sus tropas presentaron mayor resistencia, la contienda duró siete semanas y cuando terminó la lucha por "el alma y el corazón" de Alemania se decidió a favor de Prusia. En el botín de guerra figuraron el electorado de Hesse, Nassau, Hannover y la ciudad libre de Frankfurt.




La guerra austro-prusiana o guerra de las Siete Semanas, conflicto militar en el seno de la Confederación Alemana, entre el 14 de junio y el 23 de agosto de 1866, Prusia salió vencedora, convirtiéndose en el Estado hegemónico de Alemania. El cuadro representa la decisiva 'Batalla Sadowa o Königgrätz', obra de Georg Bleibtreu, quien retrata al Rey de Prusia, Guillermo I; al príncipe Bismarck y al general Helmuth von Moltke.


Entre las potencias continentales el único rival serio que quedaba era Francia y el Segundo Imperio de Napoleón III. El día 19 de julio de 1870, un día después de que el Vaticano proclamase la doctrina de la infabilidad papal, el emperador francés declaró las hostilidades tras haber sido hábilmente manipulado por Bismarck. Una vez exonerado de toda acusación de agresión, el Canciller de Hierro respondió con la fuerza y la velocidad que, setenta años después, se daría en llamar "guerra relámpago" o "blitzkrieg". El sitio de París, dolorosamente humillante, se prolongó hasta finales de enero de 1871, aunque las luchas en campaña entre los ejércitos francés y prusiano tocaron a su fin el 2 de septiembre de 1870, por lo que solo duraron seis semanas. Cuando el conflicto concluyó, Napoleón III ya había capitulado, el Segundo Imperio estaba en ruinas y, tras deslizarse vertiginosamente hacia la guerra civil a gran escala, Francia había logrado rehacerse en una república castigada y poco estable. En lugar del reino de Prusia y sus principados satélites, en los mapamundis apareció una nueva entidad política. El 18 de enero de 1871, mientras los soldados formaban un círculo de bayonetas alrededor de París y la artillería bombardeaba a discreción la ciudad impotente, Guillermo I fue proclamado emperador alemán en Versalles. El renacido Imperio Alemán, el Segundo Reich, pretendía evocar la vieja dinastía Hohenstauffen, pero no rindió vasallaje a Roma ni la capital se encontraba a orillas del Rin, sino en Berlín, la capital prusiana. 


En la práctica, Prusia y Alemania pasaron a ser sinónimos y modelo militar del resto del mundo, incluso en lo que a la moda se refiere.


Mapa de la Unificación Alemana. Tras la guerra con Austria (1866) Prusia, y a consecuencia de esta victoria incorporó nuevos territorios (el reino de Hannóver, el electorado de Hesse y el ducado de Nassau). Así unificó territorios desde Renania a Prusia oriental y como consecuencia, Bismarck fundó la Confederación del Norte, separada de los Estados del Sur por el límite correspondiente. Sólo quedaban fuera de esta nueva entidad política Baviera, Wurtemberg y Baden, que ingresaron cuando se creó el Imperio en 1871, tras el triunfo en la guerra franco-prusiana, adquiriendo, además, las provincias de Alsacia y Lorena.


Al menos nominalmente, el nuevo Imperio alemán fue una confederación de reinos y principados que conservaron sus gobernantes semiautónomos. Así, Luis II de Baviera siguió presidiendo su reino wagneriano de cuento de hadas. De todos modos, el Segundo Reich no estaba dispuesto a soportar la menor insubordinación por parte de los componentes que lo constituían. En 1886, tras desafiar a Bismarck, Luis fue misteriosa y convenientemente asesinado; en nuestros días toso apunta a que murió a manos de agentes prusianos. También se ha escrito que la política prusiana tuvo algo que ver con la muerte, en 1889, del archiduque Rodolfo, el heredero forzoso de Austria.

El nuevo Imperio fue una entidad política curiosa y, en ocasiones, híbrida. la mayoría de principados más pequeños perduró como siempre: enclaves de originalidad arcaica y pintoresquismo digno de los hermanos Grimm, con castillos de pan de jengibre y el estilo de vida ruritano que no había cambiado un ápice desde la Edad Media. Junto a esos anacronismos surgieron ciudades cosmopolitas y en plena expansión como Hamburgo, Frankfurt, Colonia y, como es obvio, el impresionante centro industrial del valle del Ruhr.

En los años inmediatamente anteriores a la creación del Imperio, Prusia había vigilado estrechamente la guerra de Secesión estadounidense. Los "observadores" prusianos se codearon a menudo con los Estados Mayores tanto de las fuerzas unionistas como de las confederadas y de dicho conflicto aprendieron mucho acerca de la necesidad urgente de industrialización, del armamento moderno,  de las ventajas de la artillería actualizada y de las posibilidades creadas por el transporte ferroviario. Bismarck no tardó en poner en práctica las lecciones aprendidas. Mientras desplegaba y lanzaba su maquinaria de guerra contra Dinamarca y Austría también construía ferrocarriles. Dada la magnitud de la empresa, Alemania compitió con los Estados Unidos e incluso superó a Gran Bretaña, Rusia y Francia; mientras que en otros países los trenes enlazaron los principales centros urbanos, en Alemania fueron concebidos específicamente para satisfacer necesidades militares estratégicas. El sistema ferroviario alemán  se organizó para facilitar la movilización y el despliegue de la máxima cantidad de soldados en las fronteras en el menor tiempo posible. En vísperas de la guerra francoprusiana de 1870, Francia se movilizó con su tradicional actitud tranquila, que no había cambiado significativamente desde la época napoleónica. Al mismo tiempo, en el sorprendente plazo de dos días la red ferroviaria alemana desplazó a la frontera a 250000 soldados y los preparó para un avance concertado sobre territorio enemigo. Todos suponían que cuando estallase, la guerra se libraría en suelo alemán y lo cierto es que combatieron exclusivamente en territorio francés, lo que culminó con el asedio y el bombardeo de la capital gala.

Gran Bretaña había necesitado aproximadamente un siglo y medio para industrializarse. Acicateado por las necesidades de la guerra de Secesión, Estados Unidos tardó la mitad. Francia, Rusia, Austría-Hungría, Italia y otras naciones lo hicieron a un ritmo mucho más lento. En solo veinticinco años la acelerada industrialización convirtió a Alemania en una de las "superpotencias" de la época, equivalente a Estados Unidos y solo superada por el Imperio británico. En 1900 Alemania adelantó  incluso a Gran Bretaña y dispuso de la industria del hierro y del acero más grande de Europa. Para entonces también intentó desafiar a Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos en la búsqueda de colonias de ultramar. Se planteó establecer esferas de influencia en puntos tan alejados como México; en la actual Namibia, en el suroeste de África; en Marruecos, donde se libró por los pelos del conflicto con Estados Unidos, y en China, donde las tropas alemanas colaboraron en la represión de la rebelión de los bóxers. A finales de la primera década del siglo XX Alemania había iniciado lo que hasta entonces parecía impensable:  a las órdenes del nuevo ministro de la marina, el almirante Alfred von Tirpitz, se dedicó a desarrollar una flota de guerra destinada a desafiar la soberanía británica de los mares. La llamada "carrera de acorazados", que duró de 1906 a 1914, sentó las bases del modelo de la política del siglo XX y presagió la carrera armamentista nuclear de la guerra fría. 

La industrialización alemana y el poder que conllevó superaron la madurez política y social del país. El resultado fue equivalente a la actitud de un adolecente precoz y largamente intimidado que esgrime una Magnum o una metralleta.

Michael Baigent / Richard Leigh 



EPILOGO


Nota final del redactor del blog

El fín de Prusia


Mapa con las provincias y estados del Imperio Alemán (1871-1918)



Al capitular Alemania en 1918 el Kaiser abdicó y se autoexilió, el Tratado de Versalles reestableció Polonia reincorporando una buena parte de sus antiguos territorios anexados por Prusia. Algunos enclaves prusos como Memel y el puerto de Danzig en el Báltico se declararon Ciudades Libres, una figura jurídica muy tradicional en Europa, que no es invención de Versalles. Tal acto jurídico separó a Prusia Oriental de Alemania por el llamado corredor polaco.

Instaurada la República de Weimar en Alemania, se constituyó el Estado Libre de Prusia que mediante un gobierno de coalición gobernó Prusia entre 1919 y 1932, Otto Braun (socialdemócrata) fue el primer ministro prusiano que estuvo al frente casi de forma ininterrumpida en ese periodo de tiempo. La alza de movimientos como el nazismo y el comunismo hacieron presencia en Prusia; en 1932 las elecciones parlamentarias significaron el ascenso de estas fuerzas antagónicas, el parlamento no pudo conformarse ni con una coalición de partidos. Franz von Papen, entonces, Canciller del Reich, mediante un decreto presidencial disolvió al gobierno de Braun (aun en funciones), a ese hecho se le denominó "golpe de Prusia". Papen asumió las funciones ejecutivas en el Estado Libre de Prusia como "Comisario del Reich" (sin Parlamento). La mayoría de historiadores concuerdan que este episodio de la política prusiana fue determinante para que escasos meses después -y con apoyo de Papen- el político extremista, Adolf Hitler, gozara del apoyo necesario (en el gobierno del Reich, en el gobierno de Prusia y las fuerzas del orden prusianas) para ser nombrado nuevo Canciller del Reich. La autonomía de Prusia llegó a su fin en 1934.



Mapa de Alemania durante la República de Weimar, entre 1918-1933


La historia del nazismo es ya conocida, Prusia fue, desde 1933 hasta el final de la segunda guerra mundial, un instrumento más de la política exterior de Hitler. En su nombre se insistió (como pretexto) a Polonia libre tránsito a la Ciudad Libre de Danzing (24 octubre 1938) que mantenía una unión aduanera con Polonia, se exigió conexión por carretera y vía férrea a través del corredor polaco, se denunció persecusiones contra los civiles que habían quedado bajo la órbita polaca. El gobierno de Varsovia rechazó toda petición. 


Los pretextos para mantener la continuada vocación militarista y armamentista de Prusia y del Imperio Alemán no se hicieron esperar, un Hitler deseoso de guerra y revancha contra quienes consideraba habían humillado a los germanos en la Gran Guerra, estalló contra Polonia el 1 de septiembre de 1939.

Tras la aplastante derrota alemana en 1945, de Prusia fueron deportados más de 10 millones de alemanes (prusianos y otras minorias) por las fuerzas soviéticas (se estima entre 1 y 2 millones las víctimas del éxodo). No obstante una gran cantidad de población de origen alemán permaneció en los territorios que pasaron a integrar Polonia. El enclave de Königsberg, hoy Kaliningrado, pasó a ser directamente territorio soviético hasta la actualidad (donde se encuentra instalado y activo el sistema de defensa de misiles de la actual Rusia). Es una región aislada del resto del territorio ruso, con fronteras al norte y al este con Lituania y al sur con Polonia.
  
El Consejo de Control Aliado (gobierno de la ocupada Alemania) declaró en 1947 la disolución de Prusia como unidad administrativa del estado alemán.

Los restos de la anterior Prusia, en 1949 se integraron a la República Oriental de Alemania, dividida administrativamente en Brandeburgo, Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Los Aliados, por su parte, constituyeron la República Federal de Alemania, sobre los restos de Prusia Occidental formaron otra división administrativa: los estados de Renania del Norte-Westfalia; Baja Sajonia, Hesse, Renania-Palatinado, Schleswig-Holstein y Baden-Wurtemberg. 

Vendría el tiempo de la reunificación alemana (1990). Algunas voces pidieron restaurar el nombre de Prusia a la región que integran los estados federados de Berlín y Brandeburgo. Incluso, hubo referéndum (1996), Brandeburgo se opuso a una nueva fusión, una ligera mayoría en Berlín lo apoyó. Actualmente, Berlín sigue siendo, a la vez, ciudad capital de Alemania y uno de los 16 estados federados alemanes. La última reforma viene de 2001, Berlín se dividió administrativamente en doce distritos sujetos al gobierno de la ciudad y el estado de Berlín. Bradenburgo mantiene su estatus de estado federado de Alemania, que formó parte de la República Democrática Alemana hasta 1990, su capital es Potsdam, situada entorno de Berlín (sin ser parte de ella).



Actual división administrativa de los estados federados -República Federal de Alemania- 



Fuentes: 

Secret Germany. Michael Baigent / Richard Leigh (Madrid. Ediciones Martínez Roca. 2009)


Los avatares históricos de Prusia


Varias consultas en Wikipedia, sobre  mapas, personajes históricos de Prusia y división territorial de los estados alemanes.

Artículos relacionados:

Y si Alemania hubiera ganado la Primera Guerra Mundial?
Las verdaderas causas de la Primera Guerra Mundial 
Tres ensayos sobre el germanófilo
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

AddToAny