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21 septiembre 2020

El 0tro 11-S contra Estados Unidos: Bengasi, 11-S 2012



 Introducción por el editor del blog.

 

El 11 septiembre de 2012 fue uno de esos raros casos en que un acontecimiento de magnitud mundial fue profundamente retransmitido y fotografiado. Se ha concluido que el asalto al consulado de los Estados Unidos en Bengasi - Libia estaba anunciado, todos habrían sabido que iba a suceder. El cuándo y cómo, no estaba claro para los infalibles servicios secretos, las alarmas estaban dadas:


- Abril 2012, una boma casera explotó en la verja de la embajada estadounidense;

- Mayo 2012, la sede de la Cruz Roja, llena de personal estadounidense, es ataca por miembros de al Qaeda (al menos así se identifican al reivindicar el ataque);

- Junio 2012, otra bomba es arrojada contra la verja de la embajada;

- Junio 2012, el convoy del embajador británico es atacado en Bengasi, varias miembros de su personal de seguridad quedan heridos;

- Junio 2012, se ataca la embajada de Túnez

Varios grupos de radicales islamistas que se atribuyen los atentados.


Embajador J. Christopher Stevens


El embajador de los Estados Unidos J. Christopher Stevens, fue un funcionario con alta experiencia en Medio Oriente, había servido previamente en Jerusalem, Damasco, El Cairo, Riad, su último cargo, el consulado en Bengasi - Libia. Stevens solicitó al Departamento de Estado reforzar la seguridad del consulado, apenas recibió el apoyo de ex operarios del grupo SEAL que trabajaban para la conocida firma privada de seguridad (mercenarios) Blackwater, una medida insuficiente dada las características físicas del edificio del consulado que no garantizaba su seguridad ni la de sus ocupantes.

Con las condiciones dadas, el 11 de septiembre de 2012, alrededor de 150 milicianos atacan y asaltan por la noche el consulado en Bengasi, para ello usan armas de guerra, fusiles de asalto, granadas y ametralladoras pesadas montadas en vehículos, previamente habían cerrado la zona. Dentro del consulado apenas se encuentra el embajador, un funcionario y cinco hombres de seguridad.

Las medidas de defensa fueron tomadas al interior, se alertó a la embajada en Tripoli, a Blackwater, al Departamento de Estado, al Cuartel General de la Brigada Libia "17 de febrero", incluso a una unidad de combate del US Army cercana a la zona, hasta la CIA trató de calmar a los asediados, diciéndoles que según sus informes del momento no había peligro y que debían seguir informando lo que suceda. El embajador Stevens fue capturado vivo y ejecutado por los milicianos. Cerca de la medianoche se envió un dron de reconocimiento, era demasiado tarde, el recinto diplomático ardía y su principal funcionario estaba muerto.

El presidente Obama prometió llevar a los responsables ante la justicia, se justificó la falta de apoyo a los defensores del complejo diplomático aduciendo que el acto terrorista fue un hecho espontáneo, imposible de preveer


El presidente Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton en rueda de prensa luego del ataque en Bengasi

En junio de 2014, el ciudadano libio Abu Jattala fue capturado en Bengasi en una operación secreta de las fuerzas especiales y del FBI, tras ser interrogado en secreto fue enviado a los Estados Unidos para su proceso que inició en octubre de 2017. Sin embargo, un par de años antes, el 19 de octubre de 2012, The New York Times publicaba un artículo señalando que Ahmed Abu Jattala (o Khattala) se movía en libertad, confiriendo una entrevista a ese diario, expresó que no ha sido interrogado, pese al llamamiento de Estados Unidos a dar con los responsables.

El gobierno, en su escrito de acusación, acusó a Abu Jattala de ser el comandante de Ubaydah Bin Jarrah, milicia de Bengasi que se había unido al grupo "Ansar al Sharia" en 2011 y por dirigir al grupo de militantes hasta la misión diplomática el 11 de septiembre de 2012, traspasar la puerta principal y atacar con rifles de asalto, granadas y otras armas. Amhed Abu Jattala fue condenado en 2017 por cargos de terrorismo, sentenciado a 22 años de prisión. No fue el único procesado por este caso criminal. En enero de 2020, un juez federal condenó al libio Mustafa al-Imam a 19 años de prisión por su participación en los ataques de Bengasi. Los fiscales habían solicitado una condena de 35 años por colaboración en el asalto al consulado. Mustafa al-Imam fue capturado en octubre de 2017. 


Otro informe revelador publicado por The New York Times, el 28 de diciembre de 2013, afirmaba que ni Al Qaeda, ni ninguna otra organización terrorista internacional dirigió ni planificó el ataque de Bengasi. Su artículo titula «Una mezcla mortal en Bengasi». Afirma el rotativo  que "el ataque fue perpetrado por combatientes que se habían beneficiado directamente del apoyo logístico y el extenso poder aéreo de la OTAN durante la rebelión contra el coronel Gadafi... Al contrario de lo que alegan algunos miembros del Congreso, (el ataque) fue alimentado en gran medida por la ira contra un vídeo producido en EE.UU. que denigraba al islam".


El atentado tuvo lugar en plena campaña para las elecciones presidenciales de noviembre de 2012, Barack Obama flameando su intachable lucha contra al Qaeda, exhibiendo su éxito en la localización y muerte de Osama Bin Laden. El ataque al consulado de Bengasi (septiembre) causó gran polémica política, los republicanos culparon al Gobierno de intentar ocultar, por razones electorales, la naturaleza terrorista del suceso. Hillary Clinton, Secretaria de Estado, tuvo que comparecer ante el Congreso por esos sucesos.



Sin embargo, medios como Fox Niews señalaban que, conforme el Comité Permanente de Inteligencia del Congreso, el artículo del Times es "engañoso", al señalar como autor del ataque a Ahmed Abu Jattala de quien se ha demostrado tener como aliado al jefe de la milicia Ansar Al Sharia, una filial de Al Qaeda, organizaciones de las que no existe distinciones.

En fin, cosas de la política estadounidense:

Al principio la tesis era que el ataque fue un acto espontáneo; luego, las autoridades afirmaron que se trató de un ataque previamente planeado. Las autoridades libias y otras fuentes han expresado que los atacantes, probablemente, se valieron de las protestas contra Estados Unidos como tapadera para el ataque y pudieron haber contado con el apoyo de elementos de los servicios de seguridad, sin aclarar cuáles, Libia era (y sigue siendo) un caos tras la caída de Gadafi.

A continuación demos lectura al siguiente reportaje de un polémico medio antigubernamental estadounidense, AMMO, su autor, Sam Jacobs. Sin duda, la fuente de información de este artículo también provocará polémica al tratarse de las siglas de una empresa de venta de armas y municiones para uso civil en los Estados Unidos que declara ser una organización defensora de las libertades civiles, como la conservación de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América, es decir, el derecho de los ciudadanos estadounidense a poseer y portar armas, que forma parte de lo que se denomina "Bill of Rights" o Carta de Derechos estadounidenses. (Sobre ello y sobre AMMO, se ha explicado Aquí . También debe quedar claro que las opiniones políticas de AMMO no son necesariamente compartidas por el editor de este blog. Sus artículos históricos -a pesar de ciertas críticas- suelen ser análisis rigurosos.


***

El ataque de Bengasi: la historia olvidada del ataque de 2012 al consulado de Estados Unidos en Libia

 

Título original en inglés:

The Benghazi Attack: The Forgotten History of the 2012 Attack on the U.S. Consulate in Libya

Sam Jacobs / AMMO


Si dice "11 de septiembre", la mayoría de la gente piensa automáticamente en los ataques contra los edificios del World Trade Center y el Pentágono, el 11 de septiembre de 2001. Lo que probablemente ni siquiera recuerdan sucedió el 11 de septiembre, fueron los ataques al consulado de Estados Unidos en Bengasi, Libia, en 2012.


Una vez que comenzó la Revolución Libia en febrero de 2011, la CIA comenzó a colocar activos en la región, intentando hacer contactos dentro de la región. El embajador J. Christopher Stevens, cuyo nombre e imagen pronto se convertirían en sinónimo de los ataques de Bengasi, fue el primer enlace entre Estados Unidos y los rebeldes. La tarea que tenía ante sí la comunidad de inteligencia estadounidense en ese momento era conseguir armas en el país, sobre todo misiles disparados desde el hombro, tomados del ejército libio.


El este de Libia y Bengasi fueron los principales puntos focales de recopilación de inteligencia en el país. Pero había algo más en juego aquí: la CIA estaba usando el país como base para canalizar armas a las fuerzas anti-Assad en Siria, así como a su supuesta misión diplomática.


Rumores tempranos del desorden en Bengasi

Los problemas comenzaron en abril de 2012. Fue entonces cuando dos ex guardias de seguridad del consulado arrojaron un artefacto explosivo improvisado por encima de la cerca. No se informó de víctimas, pero se arrojó otra bomba contra un convoy apenas cuatro días después. En mayo, la oficina de la Cruz Roja Internacional en Bengasi fue atacada y la filial local de al-Qaeda se atribuyó la responsabilidad. El 6 de agosto, la Cruz Roja suspendió las operaciones en Libia.

Todo esto fue parte de una preocupante escalada de violencia en la región. El embajador británico Dominic Asquith fue víctima de un intento de asesinato el 10 de junio de 2012. Como resultado de esto y de los ataques con cohetes contra convoyes, los británicos retiraron todo su personal consular de Libia a fines de junio de ese año.

El personal militar y consular estadounidense en la escena estaba cada vez más preocupado por la situación y lo comunicaba a los altos mandos a través de canales oficiales. Dos guardias de seguridad en el consulado notaron que un oficial de policía libio (o al menos alguien vestido como tal) tomaba fotografías del edificio, lo que generó alarma. De hecho, los funcionarios consulares habían estado solicitando seguridad adicional desde marzo.

El 6 de junio de 2012, se hizo un gran agujero en la pared de la puerta del consulado. Se estimó que 40 hombres podrían atravesar el agujero en la pared. En julio, el Departamento de Estado informó a los funcionarios sobre el terreno que no se renovaría el contrato de seguridad existente. El 2 de agosto, el embajador Stephens solicitó detalles de seguridad adicionales. El Departamento de Estado respondió eliminando completamente su equipo de seguridad tres días después. Tres días después de esto, su equipo de seguridad había abandonado Libia por completo. El 16 de agosto, el oficial de seguridad regional advirtió a la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton que la situación de seguridad en Libia era "terrible".



El día del ataque a Bengasi: comienza el encubrimiento

El ataque del 11 de septiembre de 2012 fueron en realidad dos ataques de dos milicias distintas. El primero fue el ataque a la misión diplomática, el segundo fue un ataque de mortero al anexo de la CIA. Pero los ataques en sí fueron observados de manera efectiva en tiempo real por la Casa Blanca, gracias a los drones de seguridad en la región. A las 5:10 pm ET (hora exacta de la zona horaria del Este), el presidente Barack Obama, el vicepresidente Joe Biden y el secretario de Defensa Leon Panetta estaban viendo imágenes en tiempo real a través de un dron desplegado en el área. 

Media hora después, el Departamento de Estado se negó oficialmente a desplegar el Equipo Extranjero de Apoyo a Emergencias (FEST). FEST existe específicamente para una respuesta rápida a ataques terroristas en todo el mundo y tiene entrenamiento especial con respecto a la defensa de embajadas estadounidenses. En tres horas, un grupo islámico de la región se atribuyó la responsabilidad del ataque. Aproximadamente seis horas después de los primeros disparos, dos ex SEAL de la Marina que constituían las únicas fuerzas de defensa serias del consulado murieron por fuego enemigo. El dron de vigilancia los había estado observando luchar solos durante más de dos horas.

A las 10:30 de esa noche, Hillary Clinton culpó nebulosamente del ataque a “material incendiario en Internet”. La noción de que el ataque fue motivado por el film La Inocencia de los Musulmanes (Innocence of Muslims, en el original) era absurda: el día anterior al ataque, el líder de al-Qaeda en la región pidió venganza por la muerte de su secretario. Tres días después del ataque, el diario personal de Stephens no estaba protegido, junto con toda la otra información confidencial de inteligencia en el complejo.

Durante días, se culpó a la película a pesar de que la Casa Blanca tenía pleno conocimiento de que se trataba de un ataque terrorista. De hecho, el 14 de septiembre, Barack Obama le prometió al padre de uno de los Navy SEAL asesinados que no llevaría ante la justicia a quienes planearon el ataque, sino al hombre que hizo la película.



El 20 de septiembre de 2012, la Casa Blanca gastó $ 70.000 en videos de disculpas por la película. Un día después, diez días después del ataque, Clinton admitió al público lo que sabía desde hacía más de una semana: que se trataba de un ataque terrorista coordinado. Sin embargo, el día 25, el presidente Barack Obama se dirigió a las Naciones Unidas una vez más culpando al video, dando la que quizás sea una de las citas más memorables de su presidencia: "El futuro no debe pertenecer a quienes difaman al Profeta del Islam".

El 27 de septiembre de 2012, Nakoula Basseley Nakoula fue arrestado en Los Ángeles por violaciones de la libertad condicional, todas las cuales estaban relacionadas con su producción de la película y cumplió un año de cárcel. Más tarde fue condenado a muerte en rebeldía por el gobierno egipcio.

Barack Obama no asistió a su sesión informativa diaria de inteligencia durante seis días consecutivos antes de los ataques, sino que hizo campaña para la reelección contra Mitt Romney.

Susan Rice, que entonces actuaba como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, estuvo presente en no menos de cinco importantes programas de entrevistas de los domingos por la mañana, un proceso conocido como "el Ginsburg completo" (The Full Ginsburg). En estos programas, estaba armada con una serie de puntos de conversación de la CIA que incluyeron la falsa afirmación de que se trataba de protestas espontáneas inspiradas en protestas similares contra la Embajada de Estados Unidos en El Cairo, sin conexión con el terrorismo institucional.


Las apariciones de Rice y los puntos de conversación que se le proporcionaron confirman aún más un patrón general: la administración Obama fue fundamentalmente incapaz de reconocer quién era el verdadero enemigo. Y cuando las cosas salieron mal, la atención no se centró en corregirlas para proteger a los estadounidenses en el futuro, sino en proteger la imagen de la Administración Obama, sobre todo el Presidente y la Secretaria de Estado. Por lo tanto, la culpa pasó de los grupos terroristas islámicos a un video de YouTube.


Las (aparentemente interminables) investigaciones de Bengasi.

Hubo no menos de 10 investigaciones sobre el ataque a Bengasi, ninguna de las cuales encontró evidencia de irregularidades, a pesar de que varias de ellas habían sido dirigidas por republicanos.

Sin embargo, el público estadounidense obtuvo información valiosa de estas audiencias, y no menos importante que Hillary Clinton no valora la vida de los militares estadounidenses. Por ejemplo, la atención de los correos electrónicos eliminados de Hillary Clinton llegó por primera vez al Departamento de Estado y al Congreso de los Estados Unidos gracias a estas investigaciones. De hecho, aproximadamente 30 de los mensajes de correo electrónico que "se llevó el viento" de su servidor privado, casero, estaban relacionados con la falta de respuesta al ataque a Bengasi. Esto es según el propio Departamento de Estado.


Pero aún queda la pregunta: ¿Por qué dejar morir a estos hombres? ¿Y por qué mentir sobre eso durante días después del hecho?


La respuesta radica en dos preocupaciones políticas: primero, la reelección de Barack Obama; segundo, la candidatura prevista de Hillary Clinton.

La fecha del ataque es muy importante: eran las últimas semanas de una campaña electoral presidencial. Y aunque Obama ganó cómodamente (en gran parte debido a la imagen distante y patricia del director de Bain Capital, Mitt Romney), no es más que un político inteligente. Un ataque contra el Consulado de los Estados Unidos en Libia no era algo que quisiera en la conciencia pública durante una temporada electoral, sobre todo si era el resultado de un ataque terrorista de lo que antes había sido una nación estable, que poco a poco entró en el redil de lo que eufemísticamente se llama "la comunidad internacional".

Para Clinton, la situación era aún más grave. De hecho, "se adueñó" de la situación en Libia, ya que la reconstrucción (y en última instancia, la destrucción) del norte de África fue uno de los proyectos emblemáticos de su mandato en el Estado. Es más, ella ciertamente era dueña de la situación de seguridad en el terreno, que probablemente nunca fue segura.

El edificio recibió la designación de "temporal", en gran parte para eludir una serie de regulaciones que se aplican a los edificios permanentes del Departamento de Estado. La solicitud de más seguridad del Embajador Stephens podría haber sido un mal consejo, no porque fuera imposible asegurar la ubicación de ninguna manera a largo plazo y sostenible. El movimiento correcto podría haber sido eliminar por completo al personal estadounidense, pero esto habría ido en contra de la narrativa oficial de que todo iba a las mil maravillas en Libia.


Otros países y organizaciones (como la Cruz Roja) se estaban yendo porque no podían proteger a su gente. El Departamento de Estado de Clinton vio esto como impensable, porque representaría un fracaso y contradeciría la narrativa.


Y aunque los comités liderados por republicanos no encontraron ninguna irregularidad, es importante señalar que también se quejaron de que la administración los bloqueó en todo momento. Es difícil descubrir evidencia de irregularidades cuando hay una campaña institucional para evitar que obtenga alguna evidencia.


Varios denunciantes y otras fuentes muestran que había fuerzas adicionales listas para ir a la región a defender el consulado. Entonces, ¿por qué no se desplegó ninguno de ellos? ¿Por qué se perdieron cuatro vidas estadounidenses debido a la inacción en los niveles más altos del gobierno?


La razón por la que no se desplegó a nadie quizás se deba más a la incompetencia y la mala política que a cualquier tipo de conspiración. Nuestro artículo sobre el 11 de septiembre es instructivo sobre este asunto: a veces el encubrimiento es una conspiración para ocultar la idiotez y el fracaso del evento real. En el caso de Bengasi, si bien hay evidencia que apunta hacia un encubrimiento por motivos políticos, el evento real, como los ataques del 11 de septiembre, parece ser principalmente el resultado de una mala política e incompetencia más que de malicia.

En este caso, la mala política fue el deseo de la administración Obama de evitar incluso la apariencia de “botas en el suelo” y retorcerse las manos por obtener el permiso de Libia (y de otros 12 países) para desplegar asistencia al consulado. Esto fue parte de la filosofía política general de apaciguamiento de los terroristas islámicos que caracterizó a la Administración Obama.



Esto explica las órdenes de retiro que las fuentes oficiales han negado, pero que han sido confirmadas por varios denunciantes y documentos filtrados desde los ataques.

Tanto el presidente como el secretario de Defensa emitieron órdenes de desplegar fuerzas, pero no se desplegó ninguna. Una vez que se confirmó la desaparición del embajador, se celebró una reunión de dos horas en la que los principales hombres de la administración Obama propusieron una serie de elementos de acción, la mayoría relacionados con el video de YouTube (cinco de los diez elementos de acción estaban relacionados con el video) o retorcerse las manos por la falta de permiso del gobierno libio para proteger nuestras propias fuerzas.

Los estadounidenses en el anexo de la CIA fueron finalmente evacuados al aeropuerto por miembros de una milicia compuesta por antiguos leales al régimen de Gadafi, no por las milicias de oposición que estaban nominalmente aliadas con los Estados Unidos. Mientras tanto, las fuerzas estadounidenses reales pasaron mucho tiempo poniéndose y quitándose sus uniformes y equipo táctico porque las instrucciones de Washington cambiaban minuto a minuto.

Fue una parálisis total de la acción sobre el terreno por parte de los altos mandos en DC, porque tenían miedo de que pareciera que se estaban desplegando fuerzas terrestres, tanto desde la perspectiva de la respuesta política en casa como desde la respuesta política en Libia. Como resultado, cuatro estadounidenses murieron y se implementó un encubrimiento masivo para proteger a los responsables de una inacción gravemente negligente.

Después del hecho, se enviaron correos electrónicos, cuyo propósito no era tanto averiguar qué salió mal para evitar que volviera a suceder y asignar responsabilidades, como asegurarse de que todos estuvieran en sintonía con respecto a los puntos de conversación.


El ataque a Bengasi, la muerte de cuatro estadounidenses y el consiguiente encubrimiento son una visión profunda de la realidad que se esconde detrás de muchas de las llamadas "teorías de la conspiración". 


Lo que comenzó como una torpeza burocrática y una torpeza impulsada ideológicamente se convirtió en un encubrimiento y, en cierto sentido, una conspiración después de los hechos. Nada de esto tiene la intención de liberar a Obama-Clinton. De hecho, ninguna de las críticas a Obama-Clinton se vuelve menos aguda cuando se las considera incompetentes y encubridoras.

Sam Jacobs

14 septiembre 2020

El oro de Yamashita, "Lis de Oro", "Lila Dorada". ¿Leyenda o verdad? (IV)



Introducción del editor del blog

En la entrega anterior comentamos los "negocios entre el difunto Bormann y J.D. Perón", todo un milagro en el sentido literal, tomando en cuenta que en esos años Bormann ya tenía algunos añitos de haber partido al más allá. En fin, no había necesidad de bombardear con más análisis.

Debo permitirme asegurar al lector que no es mi intención cuestionar su credulidad ante lo que lee, intentó aportar para aclarar los hechos buscando fuentes fiables y comprobables. En este caso, es preocupante la carencia de fuentes e incluso la nada fiabilidad de ellas (de encontrarlas), por algo será que esta historia sigue manteniéndose en el campo de la leyenda. 

Esto nos lleva a ser cautos con los datos y juicios críticos sobre la veracidad de lo que leemos y compartimos. Incluso, los datos históricos basados solo en evidencia oral inevitablemente terminará en un debate, puesto que la veracidad de ciertas declaraciones deben estar acompañadas de respuestas consistentes y comparables.

Sigue rebasando al sentido común la nada creíble cantidad de oro que pudo haber pasado inadvertido o desconocido durante largo tiempo. El hecho es que eso sería una bofetada en la cara de las potencias coloniales europeas que dominaron por largo tiempo el sudeste asiático. ¿Puede creerse que los ingleses que ganaron la guerra del opio en China, que conquistaron Hong Kong, así como otras potencias como Francia, los Países Bajos, incluso los Estados Unidos, que también dominaron parte del sudeste asiático, hayan sido tan "incompetentes", disponiendo de regímenes casi esclavistas, de no haber sido capaces de hallar indicios de que esas colonias ocultaban centenas de miles de toneladas de oro, joyas, metales preciosos...?. La respuesta es NO, no cabe esa posibilidad ni remotamente.

En la entrega anterior, Daniel Estulin comete el error de "creer" en sus fuentes, mejor dicho, no las señala. Es evidente que el material gráfico que acompañó a su artículo en "Voces del Periodista" son copias -y de mala calidad- de algún libro. No es nada difícil saber cuál es el libro, pero no lo señalaré (tampoco es el único, hay decenas de libros en que se copian y reproducen las mismas fotografías y "documentos" ilegibles). No soy nadie para ganarme alguna demanda por "difamación" de investigadores "infames" (infame como broma, ya que no tienen nada de fama) que venden sensacionalismo literario (no me refiero a Daniel Estulin, de quien sigo y seguiré apreciando su trabajo, él intentó incursionar con este tema con el género de novela, aclarando que se trata de eso, una novela... basada en unos puntos de historia). 

Citando a un historiador estadounidense, "ciertamente, siempre sería un error pedir evidencia escrita, especialmente porque los documentos falsificados son tan frecuentes hoy como las declaraciones falsificadas" (István Deák); por ejemplo, conocemos por disputas históricas recientes cuán provocativo fue el investigador británico David Irving al ofrecer pagar una considerable recompensa a quien pueda presentar evidencia escrita de Hitler ordenando el exterminio de los judíos... 

Al fin y al cabo, nada impide escribir o leer lo que nos place, esos son los beneficios de vivir en una democracia. Sin embargo, demostrar honestidad es una alta cualidad moral. Muchos autores deberían señalar, aclarar, precisar, indicar, etc., que su trabajo literario pertenece al género de la novela fantástica, fruto de su libre y legal imaginación; o, al género de la ciencia ficción. Está por demás señalar que algunos autores y, lógico, la inmensa mayoría de lectores se toman muy en serio esas fantásticas narraciones. 



Captura de pantalla de la serie "El oro perdido de Yamashita", de History Channel.

En lo particular, hay un género literario que me gusta mucho: La historia alternativa, que solemos utilizarla, en ocasiones en este blog, para plantear ciertas hipótesis sobre hechos históricos auténticos. La historia alternativa, dejando aclarado que lo es, ha servido a muchos auténticos historiadores para plantear y resolver algunas hipótesis sobre escenarios históricos poco claros.

Sobre los "documentos" presentados en la tercera parte de esta serie de artículos, quedó en evidencia que casi todos eran ilegibles, algunos no guardan relación con el tema. Tenemos "cartas" y "certificados" cercenados, sin fecha, como presuntos y únicos "documentos" que intentan describir una extraña relación entre quién sabe qué;  y, lógico, no se identifica su origen. No se puede aceptar sin más un "documento" o presunto documento basado en rumores divulgados por nada serios literatos, que evitan presentar sus "fuentes" (generalmente inexistentes); o, en otros casos, remitiéndonos a fuentes poco confiables (de contar con esa esfuerzo de referencia). 

Este tipo de temas, en el mejor de los casos, pueden ser considerados como una hipótesis si los autores se molestaran en indicar las fuentes de sus transcripciones para que puedan ser consultadas más holgadamente. Esos relatos ganarían un poco de persuasión y quién sabe, conseguirían que sus libros sean más interesantes y exitosos.

Como decía István Deák: "En resumen, no importa si uno es un historiador profesional o un periodista exitoso; ambos están obligados a decir cuándo y en qué circunstancias hablaron con los sujetos de su curiosidad y si queda alguna evidencia de estas conversaciones" (en nuestro caso sobre sus consultas historiográficas). En la mayoría de casos, simplemente, se ha vendido al mundo una gigantesca patraña, siendo una más de las tantas leyendas o creaciones de mitos que surguen periódicamente. 

Algunas de esas cuestiones las hemos tratado en la primera entrega de esta serie de artículos. En las siguientes líneas veremos un nuevo enfoque de mayor carácter histórico, más serio y sin sensacionalismo. No obstante, su autor, Denis Boneau, periodista francés, al carecer (como todos) de fuentes historiográficas válidas, recurre (como todos lo hemos hecho) como una de sus consultas al sensacionalista libro "Gold Warriors", sobre todo cuando hace mención al ex dictador filipino Ferdinand Marcos relacionándose con el oro japonés saqueado durante la segunda guerra mundial y recuperado tanto por estadounidenses como filipinos y la relación de los Marcos con las autoridades de los Estados Unidos.

Lo interesante del trabajo de Boneau es que aporta nueva información creíble y verificable sobre ciertos personajes japoneses que quedaron impunes tras el conflicto y la presencia de grupos mafiosos y sociedades secretas.

Buena lectura

T. Andino


EL TESORO DE LOS CRIMINALES NIPONES 
Operación Lis de Oro

Fotografía de carácter ilustrativo. (Oro de una tienda en Peshawar - Pakistán)

por Denis Boneau

A partir de los años 30, mientras que el ejército imperial japonés saquea el sudeste asiático, el emperador Hirohito lanza la «Operación Lis de Oro» cuyo objetivo es recuperar y esconder su botín de guerra. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los servicios del general MacArthur (EEUU) se apoderan del tesoro y crean diversos fondos destinados a financiar la lucha contra el comunismo. «El oro de Yamashita», considerado durante mucho tiempo una simple leyenda, permite entender cómo logró el Partido Demócrata Liberal japonés, a pesar de la tremenda corrupción de sus elites, conservar durante medio siglo el control exclusivo de la «democracia» nipona. Sobre los criminales de guerra japoneses hay vínculos con la mafia, el poder político y el apoyo estadounidense para sus fechorias bajo el pretexto de luchar contra el comunismo. 


El general estadounidense Douglas MacArthur y el emperador Hirohito. Septiembre de 1945

En 1895, la reina Min es quemada viva por un grupo de asesinos de la Sociedad del Océano Negro, grupo ultranacionalista dirigido por el legendario Mitsuru Toyama. La operación, destinada a desestabilizar el gobierno coreano, constituye uno de los componentes de la estrategia de conquista de los servicios secretos japoneses trazada en colaboración con los yakusas de Toyama.

El asesinato de la reina da lugar al «incidente» que justificará la invasión progresiva de Corea. En 1905, el país se convierte en un protectorado del Japón. Las sociedades ultranacionalistas comienzan las operaciones de saqueo mientras que jefes del hampa ocupan puestos claves. Con la ayuda del gobierno imperial, Ryohei Uchida, jefe de la Sociedad del Dragón Negro y brazo derecho de Toyama, organiza milicias encargadas de extorsionar a las familias coreanas ricas.

En 1910, Corea está totalmente anexada. El jefe militar, el general Yamagata, encarga a Terauchi el desarrollo de las actividades de la policía secreta, inicialmente creada por el Dragón Negro. Los kempeitai organizan metódicamente el saqueo del territorio en colaboración con las milicias de Toyama y Uchida


Oficialmente, Japón pretende proteger el sudeste asiático de los colonos occidentales mediante la fundación de una «esfera de prosperidad conjunta».

En realidad, la dinastía imperial japonesa supervisa un saqueo sistemático del país, robando el oro y las obras de arte (la valiosa porcelana celadón), destruyendo el patrimonio cultural (templos budistas) con la evidente intención de borrar la identidad coreana.

Un sistema similar se establece en Manchuria, bajo el mando de Nobusuke Kishi y las sociedades yakusas. El territorio anexado permite a Japón controlar el acceso marítimo a los puertos comerciales del norte de China. El gobierno fantoche se encuentra bajo el dominio de los tairiki ronin -oficiales, jefes guerreros, traficantes de droga... Yakusas emprendedores forman verdaderos ejércitos privados para saquear, en nombre del Emperador, o se alían a los padrinos chinos de la Banda Verde para controlar las redes de distribución del opio y sus derivados.



Ryoichi Sasakawa y Yoshio Kodama dos compadres criminales antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Abajo: los mismos personajes, elegantes caballeros de posguerra.

Ryoichi Sasakawa (1) y Yoshio Kodama (2) amasarán así fortunas colosales que permitirán, al final de la guerra, financiar la creación del todopoderoso Partido Demócrata Liberal (PDL). A la cabeza de esos grupos de delincuentes con métodos expeditivos, Nobusuke Kishi y su clan, que incluía al general Hideki Tojo (jefe de la policía secreta y futuro primer ministro del gobierno de guerra), Hoshino Naoki (jefe del monopolio del opio), Matsuoka Yosuke (presidente de la corporación Mantsetsu) y Aikawa Gisuke (dirigente de Nissan), planifican las operaciones de saqueo con la complicidad del emperador.

Fundan la Compañía de Industria Pesadas Manchúes, organización que coordina el desarrollo de la industria y centraliza el botín que el ejército y los yakusas arrancan a la población local por distintos medios (exigencia de rescate, extorsión, robo de bancos...).

Los saqueos bajo el control de los príncipes del Imperio japonés:«La Operación Lis de Oro»

La fiebre de conquista irrita a los dirigentes occidentales, que temen que Japón se inmiscuya en sus propias colonias y concesiones. En 1936, en pleno saqueo de Corea, los estrategas japoneses vacilan entre dos opciones. Una de las tácticas consiste en tomar el control de Siberia, territorio rico en recursos naturales, para crear una zona de seguridad frente la Unión Soviética, principal rival de la región.

Esta estrategia «anticomunista» tendría el mérito de satisfacer a una parte de las elites occidentales. Con ese objetivo, Yoshida, embajador en Londres, trata de establecer una alianza con los británicos, recurriendo a la ayuda del grupo Cliveden. En Estados Unidos, varios ultraconservadores, como el ex-presidente Herbert Hoover o el aviador nazi Charles Lindberg y oficiales cercanos al general MacArthur, son favorables a un entendimiento con la dinastía imperial.



Nota del editor: Yasuhito (1902 - 1953), también conocido como Príncipe Chichibu, segundo hijo del Emperador Taishō, hermano menor del Emperador Hirohito y general del Ejército Imperial Japonés en 1945. Antes y después de la segunda guerra mundial, el príncipe y su esposa trataron de fomentar las buenas relaciones entre Japón y el Reino Unido, tenían buena relación con la Familia Real Británica.​ Sin embargo, luego de conocer a Hitler en 1937 se convenció que el futuro de Japón estaba vinculado a la Alemania nazi, sobre ello discutió con el Emperador, unirse a una alianza militar con Alemania contra Gran Bretaña y los Estados Unidos. Al igual que otros príncipes imperiales japoneses de su generación, fue un oficial de carrera en servicio activo en el Ejército Imperial Japonés. Como todos los miembros de la familia imperial, fue exonerado por Douglas MacArthur de los procesos penales ante el tribunal de Tokio.​  Es en el libro (tantas veces mencionado en estos reportajes) "Gold Warriors", sobre el oro de Yamashita, donde sus autores Peggy y Sterling Seagrave postulan que el Príncipe Chichibu dirigió de 1937 a 1945 la "Operación Lirio de Oro" (Kin no yuri, en japonés), afirmando que los miembros de la Casa Imperial estaban personalmente involucrados en el robo de tesoros de países invadidos por Japón durante la segunda guerra mundial. Esas alegaciones quedan en entredicho en las memorias de la Princesa Chichibu (Setsuko), según la cual el príncipe se retiró del servicio activo tras haber sido diagnosticado con tuberculosis pulmonar en junio de 1940, pasó la mayor parte de la segunda guerra mundial convaleciente en su villa de Gotemba, en la prefectura de Shizuoka, en el pie oriental del monte Fuji, nunca se recuperó de su enfermedad la que provocó su fallecimiento a inicios de 1953. Su ascenso a general de división tuvo lugar en marzo de 1945 (Resumen Wiki).


El príncipe Chichibu, hermano de Hirohito, viaja a Londres en 1936 para preparar una posible alianza anglo-japonesa. La perspectiva de un frente anticomunista habría seducido probablemente a los diplomáticos británicos pero el avance de las tropas japoneses en Asia amenaza las colonias de las potencias europeas. Rápidamente, Chichibu se ve privado de todo medio de negociación.

En China, el ejército está totalmente fuera de control. En 1937, varios oficiales orquestan en China el incidente Marco Polo, que desemboca en la invasión del país por las tropas japonesas con el apoyo extraoficial del emperador. El príncipe Chichibu renuncia a la idea, ya obsoleta, de una alianza anglo-japonesa y vuela a Nuremberg donde se reúne con el canciller Adolf Hitler (3).

En momentos en que el presidente Franklin D. Roosevelt declara que desea poner fin a la «fiebre» de conquista de Japón, el ejército invasor se prepara para cometer una masacre sin precedentes por órdenes de un príncipe imperial. En efecto, el príncipe Konoe, primer ministro «moderado», pone al príncipe Asaka a la cabeza del ejército de Nankin.

Este último ordena a sus tropas no dejar ningún prisionero en la ciudad. Durante días, los soldados ejecutarán sus órdenes al pie de la letra. Decenas de miles de chinos son asesinados en condiciones espantosas ante la mirada de numerosos occidentales. Los soldados «utilizan» a los hombres como maniquíes para practicar el uso de la bayoneta y los oficiales para ejercitarse en la decapitación.

Mujeres y niñas son víctimas de violaciones colectivas ante los ojos de sus familias. Mientras tanto, los príncipes Chichibu y Takeda se ocupan de que el fruto del saqueo vaya a manos de la dinastía imperial. Expertos analizan los documentos bancarios mientras que la policía secreta tortura a todo sospechoso de poseer información sobre el oro y las riquezas de Nankin (4).




El príncipe Tsuneyoshi Takeda (1909 - 1992), fue el segundo y último heredero de la rama colateral Takeda-no-miya de la familia imperial japonesa, era primo hermano del emperador Shōwa, es decir, Hirohito. El príncipe Takeda tuvo responsabilidades ejecutivas sobre la Unidad 731 en su papel de director financiero del Ejército de Kwantung. dicha unidad llevó a cabo investigaciones sobre armas biológicas en seres humanos. Se le relaciona con las exposiciones de los experimentos de Shirō Ishii, Takeda habría observado pruebas de gas venenoso en treinta prisioneros cerca de Anda. En la posguerra fue presidente del Comité Olímpico Japonés en 1962, figura importante en la organización de los Juegos Olímpicos de Verano de 1964 en Tokio y los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972 en Sapporo. También fue miembro del Comité Olímpico Internacional. de 1967 a 1981. Falleció el 12 de mayo de 1992. En el libro de Peggy y Sterling Seagrave, "Warriors Gold", se sostiene que entre 1940 y 1945 el príncipe Takeda supervisó el saqueo de oro y otros artículos preciosos en China, Hong Kong, Vietnam, Laos, Camboya, Birmania, Malasia, Singapur, Sumatra, Java, Borneo y Filipinas, supervisando la construcción de las bóvedad donde se ocultarían los tesoros del "Lirio Dorado". (Resumen Wiki) 

Para garantizar que el ejército no dilapide inútilmente el producto del saqueo, Hirohito crea el Lis de Oro, una organización que reúne expertos en extorsión (contadores, profesionales de las finanzas...), jefes de yakusas y poderosos industriales bajo el mando de los príncipes imperiales, únicas personas que gozan de la confianza del emperador. El príncipe Chichibu supervisa todo el dispositivo (5)

En 1941, el régimen de Philippe Petain autoriza Japón a ocupar el norte de Indochina. El príncipe Konoe, favorable a una «paz negociada» pero incapaz de convencer a Hirohito, presenta su renuncia. Decidido a declarar la guerra, el emperador nombra en su lugar al general Tojo, uno de los hombres del clan Kishi que organizó el saqueo sistemático de Manchuria.

El ataque «sorpresivo» (6) de Pearl Harbor es la señal que desencadena la ofensiva nipona en el sudeste asiático. Japón invade Tailandia, Sumatra, Birmania y se apodera de Guam y Hong Kong. Expulsa además al general MacArthur de su feudo en Filipinas. Los nuevos territorios anexados son saqueados sistemáticamente por los kempetai. El príncipe Chichibu establece el cuartel general del "Lis de Oro" en Singapur adonde se envía la totalidad del botín para ser inventariado por especialistas.

En Filipinas, los bancos occidentales son el principal objetivo de los expertos del Lis de Oro que se apoderan del tesoro filipino en beneficio del Yokohama Specie Bank, cuyo principal accionista es Hirohito en persona, y del Banco de Taiwán, otro banco estatal. Una parte del oro sirve para financiar la guerra. Bancos suizos, portugueses, argentinos y chilenos se encargan del lavado.

Las riquezas que roban los kempetai y los agentes del Lis de Oro convergen en Singapur, de donde parten hacia Manila para ser enviadas finalmente a Japón.



Foto de carácter ilustrativo

Del Lis de Oro al fondo del Aguila Negra

Después de la batalla de Midway, la correlación de fuerzas militares en el sudeste asiático se invierte a favor de Estados Unidos. Japón pierde el control de las vías marítimas. Hirohito y los príncipes imperiales comienzan a pensar en la perspectiva de una derrota del Imperio.

A partir de entonces, la operación Lis de Oro dirigida por Chichibu, que oficialmente se somete a un tratamiento contra la tuberculosis al pie del monte Fuji, consiste en salvar el botín de guerra empantanado en Manila. Chichibu había utilizado primero los barcos-hospitales para transportar el oro, que se depositaba posteriormente en subterráneos construidos en las montañas japonesas.

En 1943, esa solución no es ya aplicable al estar Estados Unidos en condiciones de establecer un bloqueo marítimo eficaz. Las riquezas empiezan a amontonarse en los muelles de Manila. El príncipe Chichibu crea entonces un grupo de ingenieros especializados en la construcción de redes de subterráneos y comienza a esconder el botín en escondites bajo tierra. En Manila, utiliza los subterráneos de Intramuros, vieja ciudad española, que ofrecen gran capacidad de almacenaje.

Una galería que permite el traslado discreto de las mercancías enlaza directamente los muelles e Intramuros. Chichibu selecciona sitios históricos, iglesias, universidades, toda una serie de lugares donde el riesgo de bombardeo es mínimo.

Al norte de Manila, el príncipe Takeda utiliza las cuevas y supervisa la construcción de redes de túneles. Especialistas instalan grandes cantidades de trampas ingeniosas y terriblemente eficaces: bombas, cápsulas de cianuro, trampas de agua y de arena... Otro príncipe, Takahito Asaka, hijo del autor de la carnicería de Nankin, y el general Yamashita, héroe de Singapur enviado a Filipinas para hacer frente al inminente ataque estadounidense, participan en operaciones de entierro. Ingenieros y esclavos son sistemáticamente enterrados vivos.

Cuando MacArthur comienza la reconquista de Filipinas, los príncipes tratan de esconder rápidamente lo que no han podido enterrar todavía. Barcos cargados de oro son hundidos con sus tripulantes a bordo. Después de la derrota de Japón, que cierra la ocupación con la matanza de civiles de Manila, los príncipes huyen en submarinos.

Desde 1945, los servicios secretos estadounidenses conocen la existencia del Lis de Oro. Un agente, John Ballinger, disfrazado de pescador pudo observar la descarga de cajas llenas de oro trasladadas en un barco-hospital. MacArthur arresta a su rival Yamashita y confía a uno de sus propios agentes la misión de interrogar al mayor Kojima, chofer del general japonés.

Severino García Santa Romana obtendrá numerosas informaciones sobre los itinerarios de Yamashita y logrará localizar así cierto número de escondites. «Santy» se convierte entonces en el guardián del «tesoro de Yamashita». Permanece al principio bajo las órdenes de MacArthur hasta que el enigmático Edward Landsale (7), ex-agente de la OSS recientemente incorporado a los servicios G-2 del general Willoughby (8), toma el mando de las operaciones.

Después de someter el asunto al presidente Truman, se decide que el botín recuperado será utilizado para alimentar un fondo de lucha contra el comunismo bautizado Aguila Negra. El proyecto, concebido por un consejero de Roosevelt, consiste en utilizar el oro robado por Alemania, Italia y Japón en el financiamiento de gobiernos pro-estadounidenses y, por consiguiente, de manipular con dinero las elecciones en el seno de varias «democracias» amenazadas por el «peligro rojo».

Con la ayuda de Robert Anderson, un especialista en el lavado de dinero, el oro que había recuperado Santy es dispersado en 170 cuentas bancarias abiertas en 42 países. La red bancaria de la CIA permite así esconder de nuevo las riquezas robadas del sudeste asiático y mantener los precios del oro en un nivel conveniente para los intereses económicos de Estados Unidos (9).

El tesoro regresa a Japón

El botín confiscado por las autoridades estadounidenses alimenta al principio tres fondos secretos diferentes. El fondo Yotsuya financia las actividades más inconfesables del brazo derecho de MacArthur, el jefe del G-2 Charles Willoughby, admirador del general Franco y de los métodos de las policías fascistas. El segundo fondo, bautizado con el nombre de Joseph Keenan, fiscal del juicio de Tokio, equivalente japonés del proceso de Nuremberg, tiene una función muy precisa: comprar testigos para exonerar a los miembros de la dinastía imperial, convertidos en aliados de MacArthur en la lucha contra el comunismo.




El proceso de Tokio es una verdadera farsa que se termina con
el ahorcamiento de un puñado de chivos expiatorios. El príncipe Asaka, autor de las masacres de Nankin, ni siquiera es convocado mientras que el general Matsui, acusado de un crimen en el que no tuvo participación, es enviado a la horca.

Yamashita, el gran rival del general MacArthur, corre la misma suerte, condenado por la matanza de civiles de Manila. El general Tojo es designado como principal culpable y obligado a asumir la responsabilidad por la guerra, en lugar del emperador Hirohito.


El General Yamashita, en Filipinas y el General Tojo en Tokio, son de los más conocidos militares japoneses sentenciados a muerte en los procesos por crímenes de guerra.

El fondo más estratégico es, sin duda, el M-Fund destinado al financiamiento de la lucha para impedir que los comunistas o los socialdemócratas logren hacerse del poder en Japón. Después de la guerra, un efímero gobierno socialista se ve rápidamente desacreditado, gracias al financiamiento de M-Fund, por el favorito de Estados Unidos, Shigeru Yoshida. Este fondo es utilizado también para financiar una historia oficial de la derrota japonesa.

Es así que Yoshio Kodama publica sus memorias I was defeated (Yo fui vencido). El libro, financiado por la CIA mediante el M-Fund, sirve para exonerar a los futuros hombres fuertes japoneses, ultranacionalistas aupados por el general MacArthur, como Ryoichi Sasakawa y Nobusuke Kishi.

En 1951, tiene lugar la firma del tratado de paz. El artículo 14 estipula que Japón no dispone de los recursos necesarios para indemnizar a sus víctimas. La existencia del Lis de Oro, convertido en Aguila Negra, debe permanecer en secreto.

Después de 1952, un consejo dirigido por miembros de la CIA y de los servicios secretos japoneses se hace cargo del M-Fund. El fondo permite la elección de Nobusuke Kishi, jefe del saqueo de Manchuria y ex-ministro del gobierno de guerra de Tojo. Al gobierno de Eisenhower le cae bien el criminal de guerra, extremadamente anticomunista.



Nobusuke Kishi, estuvo involucrado en la preparación del ataque a Pearl Harbor y fue co-firmante de la Declaración de Guerra a los Estados Unidos, el 8 de diciembre de 1941. Primero como Ministro de Comercio e Industria y luego como Jefe del Ministerio de Municiones, supervisó el empleo obligatorio de cientos de miles de chinos y coreanos como mano de obra esclava y fue responsable de la producción militar. En 1944, Kishi ya no estaba a favor de continuar la guerra. Como Kishi había declarado abiertamente que la guerra estaba perdida, fue procesado por la policía secreta. Cuando las fuerzas aliadas ocuparon Japón en agosto de 1945, Kishi fue arrestado y encarcelado como criminal de guerra "Clase A" (resumen Wiki).


El M-Fund financió a varios primeros ministros, como Kakuei Tanaka, Noboru Takeshita, Yasuhiro Nakasone y Miyazawa Kichii. Tanaka, a quien Nixon habría prometido la administración exclusiva del M-Fund, recurrió muy frecuentemente a este para financiar elecciones y maniobras sucias.

Una parte del Lis de Oro se invirtió así en Japón y fue dilapidada por aquellos que decidían quién sería el futuro primer ministro desde el seno del Partido demócrata liberal, que monopolizó el poder durante 50 años.

El clan Marcos, nuevo guardián del Lis de Oro

En Filipinas, numerosos escondites escaparon al control de Santy y los servicios de MacArthur. Marcos, el turbulento protegido de Washington, gana las elecciones en 1965 (supuestamente) gracias al «oro de Yamashita». Desde los años 60, Ferdinand e Imelda Marcos tratan de ponerse en contacto con Santy, el legendario guardián del Lis de Oro. A sabiendas de que Santy posee numerosas cuentas, piensan que algunas de ellas han sido probablemente olvidadas por la CIA y quieren obtener su control. Cuando fallece Santy, en 1974, Marcos se convierte extraoficialmente en el nuevo guardián del Lis de Oro y colabora así con equipos estadounidenses y japoneses.

Para localizar los escondites, el dictador se vale de Ben Valmores, campesino filipino que fue sirviente del príncipe Takeda. Marcos logra acumular así importantes cantidades de oro pero las operaciones de búsqueda resultan muy complicadas. Lo más fácil es aliarse con japoneses que conozcan el emplazamiento de los escondites. Marcos recurre a Ryoichi Sasakawa, criminal de guerra y adorador de Mussolini, quien formó parte, después de la derrota japonesa, del restringido círculo de nuevos amos de Japón. Sasakawa es el socio ideal.

Extrae discretamente el oro depositado en la isla de Lubang y probablemente realiza el lavado de las riquezas mediante su Asociación de Ayuda Mutua filipino-japonesa. Al principio, Washington, que apoya las actividades anticomunistas de Marcos y Sasakawa, se hace de la vista gorda (10).

Pero, Marcos pretende volar con sus propias alas y recluta dos socios, un vidente que dice haber localizado gracias a sus dones los restos del navío Nachi y un especialista en metalurgia. Robert Curtis será el encargado de «santificar el oro», o sea de encontrar un medio de adecuar el botín para poder utilizarlo en el mercado mundial sin llamar la atención.

Para financiar sus instalaciones, Curtis recurre a la John Birch Society, grupo de extrema derecha especializado en operaciones anticomunistas, que cuenta entre sus miembros al coronel Lawrence Bunker. Este último, en su calidad de ex-colaborador de MacArthur, está al corriente de la existencia del Lis de Oro.



Robert Curtis es presentado a Ferdinand Marcos en 1975


Cuando el presidente Reagan planea el regreso al patrón oro, le pide a Marcos que comparta una parte de sus reservas. La avaricia del dictador será su desgracia. Por orden de Paul Wolfowitz (a la sazón subsecretario de Estado), Ferdinand e Imelda Marcos son secuestrados por los servicios secretos estadounidenses y enviados al exilio en Hawai (11). Las reservas de Marcos habrían sido enviadas a Estados Unidos.


Paul Wolfowitz


Muchos siguen codiciando aún el botín del Lis de Oro, fruto de más de 50 años de saqueo sistemático del sudeste asiático por Japón. Según Sterling y Peggy Seagrave, desde marzo de 2001 la administración Bush (con Paul Wolfowitz como secretario de Defensa) envió comandos a Filipinas a recuperar parte de las reservas de Marcos y supervisar nuevas excavaciones. El control de lo que queda del «oro de Yamashita» es todavía un objetivo demasiado importante como para que los interesados acepten que la existencia del Lis de Oro sea plenamente revelada.

El acceso a los archivos sobre el fondo Aguila Negra se encuentra bajo el más estricto control de la CIA. Las víctimas de los crímenes del ejército imperial y sus herederos que, de manera enteramente legítima, se atreven a pedir indemnizaciones son, aún hoy, objeto de burlas. Oficialmente, «el oro de Yamashita» es una leyenda.


(1) «Sasakawa, un criminal de guerra respetado», par Denis Boneau, Voltaire, 21 de enero de 2005. 
(2) Kodama recibió la misión de tomar el control del tráfico de droga en China. Para ello, establece una alianza con la Banda Verde y se convierte poco a poco en su principal proveedor de opio. Establece en Sanghai el Kodama kikan, verdadera máquina de transformar los estupefacientes en oro y transporta mercancías del Lis de oro. «Yoshio Kodama, el yakusa de la CIA», por Denis Boneau, Voltaire, 22 de enero de 2005.
(3) Sterling y Peggy Seagrave, La dynastie du Yamoto, Histoire secrète de la dynastie impériale, Éditions Michalon, 1999, Francia.
(4) En Nankin se obtienen así varios millones de toneladas de oro. Los kempeitai se apoderan sistemáticamente del oro y las joyas así como del mobiliario y espejos de la gente mientras que los expertos del Lis de oro localizan a los dirigentes de bancos.
(5) Sterling y Peggy Seagrave, Opération Lys d’or, Le scandaleux secret de la guerre du Pacifique ou comment les États-Unis ont utilisé le trésor de guerre japonais pour financer la Guerre froide Operación Lis de Oro, El escándalo secreto de la guerra del Pacífico o cómo los EEUU han utilizado el tesoro de guerra japonés para financiar la Guerra Fría), Éditions Michalon, 2002. Título original: Gold warriors.
(6) Documentos recientemente desclasificados han demostrado que Estados Unidos había anticipado el ataque y se había preparado con un año de antelación. Cf «Remember Pearl Harbor!» texto en francés, por Paul Labarique, Voltaire, 17 de marzo de 2004.
(7) El general Edward Landsale fue considerado como la referencia del ejército de Estados Unidos en materia de guerra psicológica.
(8) El G-2 del general Willoughby es el equivalente en Asia de lo que fue el X-2 de James Jesus Angleton en Europa. Ambas unidades de contraespionaje fueron utilizadas para reclutar y reciclar agentes enemigos que constituirían la red stay-behind de lucha contra le comunismo. Cf. «Stay behind: Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia» por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de julio de 2001.
(9) Recordemos que los acuerdos de Bretton Woods, firmados al término de la Segunda Guerra Mundial, son el basamento de una reorganización de la economía mundial fundada en la convertibilidad entre el dólar y el oro.
(10) «La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen» por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de enero de 2005.
(11) Gaston Sigur, Paul Wolfowitz y Richard Armitage dirigen la operación durante la cual los esposos Marcos son sacados a la fuerza de Filipinas.
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