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07 febrero 2017

Israel: Críticas y argumentos de un perpetuo conflicto






Prólogo del redactor del blog


Enfocar analítica y objetivamente la cuestión israelí en la problemática del Medio Oriente es sumamente complejo. Quien se entregue a este cometido no debe caer en la tentación de encaminar sus hipótesis a un personal punto de vista, ese es el primer error de muchos investigadores y de demasiados pseudo-historiadores. Algo que debe practicar un verdadero analista de la compleja ecuación geográfica y política de esa región es basarse en un simple principio o fuente: la historiografía.

Hablar de Israel y su historia es algo que no vamos a realizar, por lógicas razones, el tema da no solo para un libro sino para una gran enciclopedia, que de paso está ya muy bien ilustrada. Aquí nos vamos a enfocar en un tema polémico, candente, causa de mucha irritación y odio –muchas veces infundado-, que ha originado una infinidad de “teorías de la conspiración”  que motivan el resurgir de agrupaciones extremistas a lo largo de la vieja Europa. Y, lo peor de todo, la aparición gratuita de miles de neonazis de internet seducidos por una rabiosa propaganda antisemita sin fundamento alguno, divulgaciones, por cierto, orquestadas desde la misma Alemania nazi y que es el legado de Goebbels y su camarilla para sus actuales y delirantes partidarios.

Sin duda, imperiosamente debo desviarme del tema principal de esta ponencia, que básicamente es descubrir o recordar al lector cual es el verdadero rol de Israel en su agresiva política contra toda nación que considera su enemiga. El estado de Israel –me referiré siempre de esa forma- y no con términos, aunque válidos, no siempre utilizados de manera adecuada en el contexto de una deliberación, es decir, en mi personal punto de vista, decir estado sionista, entidad o ente sionista –reitero, no obstante que es una forma admitida de identificar a un estado (como decir en Latinoamérica gringos a los estadounidenses), se ha prestado siempre a un despropósito que queremos evitar, difundir la xenofobia.

Hay un afamado investigador estadounidense, politólogo y crítico de origen judío a quien me gusta siempre citar en esas acaloradas discusiones con enfermizos antijudíos que se disfrazan de “solo antisionistas” (elegante forma de ocultar su odio irascible e infundado).


El Dr. Norman Finkelstein, es un notable académico, experto en ciencia política, su vasto conocimiento en temas relacionados con Israel, el sionismo y el judaísmo en general; y, sobre todo, con el conflicto palestino- israelí. Demuestra que el haber nacido dentro de una fe no es sinónimo de “maldad”, como predicaron los nazis y han adoptado los modernos neo-nazis. Finkelstein ha sido duramente criticado por el segmento más conservador del judaísmo e incluso privado de su catedra universitaria por denunciar públicamente las prácticas crueles del gobierno israelí en contra de los palestinos y árabes que habitan Israel y los territorios ocupados.



A parte de sus innumerables artículos, existe un libro del Dr. Finkelstein que debería ser leído para profundizar el conocimiento: “La industria del Holocausto", texto que denuncia no solo el tratamiento de Israel contra los Palestinos, sino la utilización política del genocidio en beneficio de su causa. 

En resumen, el Dr. Finkelstein es contundente al afirmar que lo que haya podido sufrir el pueblo judío en el holocausto no justifica, en lo más mínimo, la política represiva del estado de Israel hacia el pueblo palestino. Justamente, es ese desacierto autoritario israelí en los territorios ocupados lo que da argumentos a los “negacionistas”. El profesor resalta que el holocausto es explotado para fines políticos pro-israelíes y la financiación de políticos en menoscabo de una realidad social, los verdaderos sobrevivientes.


Veamos el siguiente e  interesante  video,  un segmento de  una  Conferencia en la Universidad de Waterloo (Canadá) en 2010, el Dr. Norman Finkelstein, responde a una joven judía. Una de las conclusiones del video es la demostración de cómo unas declaraciones pueden ser sacadas totalmente de contexto, tomando solo datos parciales.


Dr.Norman Finkelstein rechaza las lágrimas de cocodrilo


Bien, dejemos a un lado al destacado Dr. Finkelstein. Viene a la mente el recordado George Orwell, un cabal crítico de los totalitarismos, a quien deberíamos leer con más frecuencia, él solía expresar que "Toda la propaganda de guerra, todos los gritos y mentiras y odio, provienen invariablemente de gente que no está peleando”.

En nuestros días, lamentablemente, se detecta un gran número de exaltados partidarios del nazismo que intentan imponer –incluso de forma agresiva- la versión nazi de la historia, en desmedro del sufrimiento de millones de víctimas. Dar un punto de vista desde la posición del nazismo en si no es cuestionable, pero se rechaza o, lo mejor, es ser indiferente ante tanta ignorancia de la historia “divulgada” por pseudo-historiadores apologistas de la supremacía nazi. Los neo-nazis (en especial en Latinoamérica) deberían empezar sus grotescos aprendizajes de “historia” de la segunda guerra mundial con un simple ejercicio mental: de verdad piensan que el judaísmo es una raza?, tal como vociferan los “revisionistas”.

He dicho en varias ocasiones (que comparto con muchos investigadores) que una cosa es plantear la doctrina nazi como debate, como tema de nuestra historia contemporánea y, otra muy diferente, hacer un ensalzamiento sectario de los crímenes perpetrados por esa fanática ideología. Una cosa es negar los hechos históricos por puro odio xenófobo y otra es hacer un estudio exhaustivo de la historia.

Los neonazis de internet constituyen ahora una molestia real, la cantidad de "intelectuales" y “críticos” que copian y pegan links de páginas de fanáticos que exaltan el crimen y el extremismo es un verdadero dolor de cabeza, éstos falsos “historiadores” en su vida han visitado una biblioteca o, peor aún, han leído un libro de investigación (salvo alguna que otra  versión neo-nazi escaneada y colgada en internet –y ni siquiera dedican una lectura completa-).

Amable lector, no se necesita ser judío, sionista o pro-sionista para rechazar el nazismo, como tampoco tenemos que ser, obligadamente, neonazis para combatir la doctrina sionista; solo hace falta sentido común y leer (mucho -en calidad y no cantidad-); y, sobre todo, dejar de mirar videos de YouTube creados por chavales de 18 años (o menos).

También es aconsejable poner en cuarentena las versiones literarias de Bochaca, Borrego y otras en lengua castellana, que no son otra cosa que la versión nazi de la historia. Esos personajes desde su juventud mantienen compromisos políticos e ideológicos con un programa que los ata irreversiblemente (falangismo y sinarquismo -la quinta columna nazi en México-, respectivamente). Bochaca y Borrego NUNCA HAN EDUCADO, pero si ADOCTRINADO a más de una generación de jóvenes en una ideología falsa y criminal. Quién ha dicho que estos señores (por solo dar los dos ejemplos) no hicieron un daño terrible a la juventud de Hispanoamérica?. Quién dijo que el crimen no paga?

Inclusive podríamos aceptar leer a ciertos “revisionistas”, siempre que respetaran la dignidad de las personas, de las víctimas, de sus creencias, de la cultura en general; sin distorsionar la historiografía, sin sesgar de forma arbitraria un documento alterando su contenido o tomando solamente una parte conveniente de una investigación, tal como lo hacen los señores nombrados.

En una frase: Los nazis, a quienes idolatran los pseudo-revisionistas enunciados y los negacionistas en general, fueron IMPERIALISTAS, su Tercer Reich, es decir, su TERCER IMPERIO se concibió con una única meta, erigirse mediante la guerra y solo por la guerra en el amo de Europa; a ello debemos sumar la política real y sistemática de eliminación física de las "razas inferiores", aquí debemos incluir no solo a los judíos, sino gitanos, eslavos y otros untermensch (sub-hombres/sub-humanos). Aquellos pueblos que se librarían de esa limpieza, se convertirían en sus sirvientes previa eliminación de la clase pensante de una nación.

Estudiar, investigar la historia requiere un monumental esfuerzo psíquico que consume un valioso tiempo de nuestras vidas. Con sacrificio y dedicación profunda los historiadores y académicos nos presentan sus años de investigación manifestados en sus libros. Eso es hacer historia. Histeria es lo que reflejan los “negacionistas” y sus amargados, xenófobos e ignorantes partidarios.

Con esta explicación de mi punto de vista sobre los denominados “antisionistas” del presente y su intrínseca relación con corrientes neonazis (en su mayoría) pasaremos revista a la intolerable política del estado de Israel.

Vamos a tratar a continuación un caso singular. Los victimarios de hoy -descendientes de las víctimas de ayer (judíos europeos)- amparados en el derecho a no olvidar a sus antepasados asesinados, se dedican a cometer parecidos atropellos ante una población palestina indefensa. Es que los palestinos no tienen derecho a oponer resistencia ante la injusticia e ilegalidad?. El derecho a defenderse no está reflejado solo en la ley, es un derecho natural, intrínseco del ser humano.

Demos paso a un valioso análisis que refleja la política actual del estado de Israel y sus repercusiones en el mundo y en el Derecho Internacional.

Las siguiente líneas corresponden a Carlos Aznárez, un especialista en política internacional y director del periódico “Resumen Latinoamericano”. A continuación, sus reflexiones sobre el tema.


Tito Andino U.


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¿Qué se puede hacer con Israel? (1)


La actitud del gobierno sionista israelí supera todos los límites de un comportamiento impune. No sólo no ha respetado ni cumplido ninguna de las resoluciones de la ONU a lo largo de los años, sino que ahora se atreve, con total impudicia, a levantar la apuesta y amenazar y sancionar a cada uno de los países que votaron en su contra al referirse a seguir construyendo más viviendas para los colonos en tierra palestina ocupada.


Con un Netanyahu indignado e histérico porque su amanuense Barack Obama le pasó factura por el maltrato recibido en marzo de 2015, cuando el jefe sionista visitó y habló en el Parlamento estadounidense, el escenario de la prepotencia israelí se ha convertido en un compendio de amenazas a diestra y siniestra. A pesar de que el propio Obama fue uno de los grandes aliados de Israel en todos los aspectos, y sobre todo en el militar. Sólo basta recordar su comportamiento de adhesión indisimulada cuando miles de toneladas de bombas israelíes caían sobre Gaza o cuando usó el poder del veto en el Consejo de Seguridad para no condenar asentamientos ilegales en dos ocasiones distintas.

Muchos habrán de preguntarse: ¿qué se puede hacer con un gobierno como el de la ultraderecha israelí que anuncia suspensión de relaciones con varios países europeos porque no quisieron convalidar (como hasta el presente) el hecho de seguir inundando de agresivos colonos el territorio custodiado por su ejércitos de ocupación? ¿Qué se puede hacer con quienes buscan la guerra de expansión, planteando el etnocidio, y lo hace con la desfachatez de considerar enemigos a la casi totalidad del Consejo de Seguridad, que frente a su impostura nunca procede de la misma manera que lo haría si el gobierno amonestado (solo verbalmente) no fuera el sionista.

Haciendo memoria se verá que toda la oleada de dictámenes de la ONU comenzó  con la resolución 194 del 11 de diciembre de 1948 cuando la Asamblea decidió, a consecuencia de la expulsión forzada de centenares de miles de árabes provocada por la invasión israelí "que hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen, regresar a sus hogares lo más pronto posible y vivir en paz con sus vecinos, y que se deben pagar indemnizaciones a título de compensación por los bienes de aquellos que decidan no regresar a sus hogares y por todos los bienes que hayan sido perdidos o dañado, en virtud de los principios del derecho internacional o en equidad, esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”. La entidad sionista no solo desatendió esta recomendación sino que continuó expulsando, masacrando y tratando de humillar aún más al pueblo palestino. Eran los tiempos de la Nakba o Catástrofe, como se la conoció a nivel mundial y que dejó las marcas en la piel de hombres, mujeres, niños y niñas palestinas que sufrieron el inicio de un gigantesco genocidio.

Luego, el 22 de noviembre de 1967, llegó otra resolución adoptada por unanimidad en el Consejo de Seguridad, seis meses después de la Guerra de los Seis Días. La medida exigía "la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”, que pasaba por “la retirada del ejército israelí de territorios ocupados durante el conflicto” y el “respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza”. Esta resolución, permanece en todas las negociaciones posteriores, sentando bases para una paz que jamás llegó en el Oriente Medio: la evacuación de Israel de los territorios ocupados y el reconocimiento por los Estados árabes del derecho de Israel a la paz dentro de unas fronteras estables.

Con su habitual recurso de la victimización Israel no cumplió ninguno de estos puntos, y además, optó por generar lazos de cooptación y complicidad con algunos gobiernos árabes cuyos mandatarios, lejos de apoyar las justas demandas del pueblo palestino (como lo exigían sus propios pueblos) se convirtieron en verdugos y colaboraron con el gobierno sionista comercial y hasta militarmente.

Desde ya que a cada recomendación de la ONU le sucedía otra y otra, que en sus textos eran contundentes, pero que en la práctica, al no ser ninguna de ellas vinculante, quedaban convertidas en papel mojado.

Pero en ese camino de por lo menos dejar en claro ante el mundo que Israel se burla de todo y de todos, vale la pena destacar la Resolución 3379, dictada en 1975, cuando la Asamblea de la ONU adoptó, por impulso de los países árabes, y con el apoyo del bloque soviético y de los No alineados, una contundente declaración que asociaba al sionismo con el racismo y con el apartheid sudafricano en particular (“la paz y la cooperación internacionales exigen el logro de la liberación nacional y la independencia, la eliminación del colonialismo y del neocolonialismo, de la ocupación extranjera, del sionismo, del apartheid y de la discriminación racial en todas sus formas, así como el reconocimiento de la dignidad de los pueblos y su derecho a la libre determinación”), llamando a su eliminación, entendiéndola como una forma de discriminación racial. (72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstenciones).



Chaim Herzog


Como Netanyahu en el presente, el entonces embajador israelí y futuro Presidente de Israel, Chaim Herzog, montó en cólera y con total desparpajo rompió el documento en pedazos delante de la Asamblea. En 1991 Israel puso la anulación de la resolución 3379 como condición para su participación en la Conferencia de Madrid, lo que llevó a que fuera derogada al aprobarse la resolución 4686 (111 a favor, 25 en contra y 11 abstenciones) del 16 de diciembre de 1991, una de las más cortas de la historia de la Asamblea General de las Naciones Unidas. De rodillas, incluso algunos delegados posando con sus colegas israelíes, fue el final de algo que había comenzado con cierta muestra de dignidad.

Luego, para mayor escarnio, vinieron otras tantas resoluciones no cumplidas, como la 3236 de noviembre de 1974 que reafirmaba el “derecho inalienable de los palestinos a regresar a sus hogares y recuperar sus bienes desde donde quiera que se encuentren desplazados y desarraigados y pide su retorno” y “el derecho de la autodeterminación del pueblo palestino”. O la 1322, del 7 de octubre de 2000, aprobada por 14 votos a favor y 1 abstención (Estados Unidos), “condenando los actos de violencia, particularmente el recurso al uso excesivo de la fuerza contra los palestinos, que han provocado heridos y la pérdida de vidas humanas”.

Así están las cosas en el damero internacional. Al parecer Israel no entiende razones diplomáticas ni tibios regaños de quienes generalmente son sus aliados. Por eso los amenaza e insulta, pero también por eso mismo desea apurar el tiempo para que asuma el gobierno Donald Trump, quien ya ha confesado su lealtad incondicional al guerrerismo sionista.  

A los palestinos, frente a este panorama, no les quedará otra que seguir apretando los puños y resistir por todas las vías posibles, confiados que lo que no hagan por ellos mismos nadie en ese contorno de gobiernos agresivos, cómplices o eunucos, habrá de hacerlo.

       Donald Trump ya ha confesado su lealtad incondicional al guerrerismo sionista




*****

Hasta aquí el brillante análisis de  Carlos Aznárez. Se puede profundizar más en el tema, pero ese no es el cometido de este artículo. La intención es dar una guía básica de entendimiento para el lector no versado en el tema y sobre todo para que se entienda lo que constituye el sionismo político.

Para ello, invocamos la presencia de un joven y brillante investigador, ya muy conocido en diferentes medios por sus artículos y entrevistas sobre temáticas internacionales. Koldo Salazar López, periodista de investigación español, a él corresponde las siguientes líneas explicativas sobre el papel que juega Israel en las crisis regionales del Medio Oriente. Veamos.



ISRAEL Y EL SIONISMO POLÍTICO (2)






Fue Teodoro Herzl quien, en el siglo XIX, como corresponsal periodista en Francia, tras vivir el proceso de Alfred Dreyfuss decidió cambiar radicalmente su forma de pensar. Durante su juventud fue un entusiasta austro húngaro a favor de la asimilación cultural. Curiosamente el gran enemigo de las comunidades sionistas es la asimilación y la integración en las sociedades en las que viven.

“Ergo ya desde antiguo vemos que la integración de minorías ajenas a la concepción mayoritaria de los países no es posible, es una auténtica quimera, debido a las diferencias religiosas, culturales, teológicas y filosóficas entre comunidades. No se pueden integrar dos cosmovisiones diferentes en un mismo territorio ya que vivirán de forma paralela y, como mucho, se tolerarán pero siempre de forma cercana al conflicto social”.

En pleno siglo XIX Europa estaba sumida en las revoluciones nacionalistas románticas que acabarían siendo el germen de movimientos políticos e, incluso, del comunismo. Los judíos, sin embargo, formaban parte de las naciones y tenían dos opciones, encerrarse en sus barrios, desconectándose de la vida social o integrarse en los nacionalismos generales.

Herzl supo calcular lo que el judío necesitaba y comenzó a teorizar sobre el sionismo en base a tres grandes premisas:

a) La nación judía no puede integrarse en los estados de los que forman parte;

b) La nación judía para su supervivencia necesita instalarse en un teatro geográfico e instalar un estado judío y la única zona válida para este pretexto es la palestina otomana (hablamos del siglo XIX);

c) La religión judía y la raza son básicas, de tal forma que el eje debe de ser la nación-sangre judía.


SIONISMO

Esta idea básica, desarrollada en el “Judenstaat” (El Estado Judío) de Herzl permitió el inicio del movimiento sionista político, muy alejado del sionismo místico y religioso que pregona la vuelta a Israel y Jerusalén exclusivamente tras la aparición del Mesías judío.

Al contrario de lo que muchos piensan el sionismo dista mucho de ser una ideología política. Llamar fascista, nazi o comunista a un sionista por el mero hecho de serlo es un grave error conceptual debido a una simple razón, el sionismo es un sistema nacionalista desculturizador y aglutinador.

1- Es aglutinador porque pretende la unión de todos los judíos en un sólo punto geográfico, obligando a la convivencia;

2- Es un elemento desculturizador porque no se pueden permitir la creación de estados paralelos judíos dentro de Israel, de ahí la homogeneización lingüística resucitando el hebreo y relegando idiomas como el Yiddish, Ladino, Judesmo o Haketía a meras expresiones religiosas o culturales minoritarias y anecdóticas.

3- Es un sistema nacionalista porque promulga una ideología de estado como ente filosófico, instalado de forma fáctica en una región geográfica concreta, dejando a la ideología política la gestión de este estado:

3-a) DE AHÍ LA EXISTENCIA DE SIONISMOS FASCISTAS, SOCIALISTAS, LIBERALES, CONSERVADORES, DEMOCRÁTICOS, INTEGRADORES, COMUNISTAS…

Podemos concluir someramente que el sionismo es un sistema nacionalista no cuestionado ni cuestionable por las élites de este movimiento, pero abierto a todas las ideologías que hagan viable la gestión y el desarrollo del estado. De ahí la evolución israelí de socialistas convencidos como David Ben Gurión a sujetos pertenecientes al fascismo sionista como Avigdor Liebermann en apenas setenta años.


SIONISMO INTERNACIONALISTA





Curiosamente existe una creciente oposición dentro de las comunidades judías, sobre todo de las ortodoxas y ultra ortodoxas, que se oponen al sionismo y lo consideran una herejía o una rebelión contra Dios debido al castigo impuesto sobre ellos (teológicamente hablando), los judíos hablan de tres exilios:

a) Exilio Egipcio: Los famosos cuatrocientos años como esclavos y su liberación por Moisés

b) Exilio Babilónico: Después de la destrucción de los reinos de Israel y Judá por Asirios y Babilonios y el exilio en estas tierras que acaba ochenta años después con el Edicto de Ciro II y que llevan a cabo los profetas Esdras, Nehemías, Jeremías y Ezequiel

c) Exilio Romano: El producido con la destrucción del templo de Jerusalén por los romanos y la diáspora judía por todo el mundo y que acabará con la vuelta del Mesías.

Por lo tanto la concepción religiosa pregona seguir esperando, mientras que Teodoro Herzl y León Pinsker decidieron remediar esta situación instalando un estado-nación en la antigua Israel bíblica a costa de los territorios del Imperio Otomano, y luego de la Palestina británica.

Por lo tanto se está produciendo un curioso fenómeno psico-político que es el progresivo avance del laicismo en la sociedad israelí por un curioso hecho, para continuar con la memoria de la identidad propia judía hacía falta mantener viva la llama religiosa y continuar alimentando la cuestión teológica contenida en el Tanaj, así como la interpretación religiosa y la filosofía judía del Talmud. Eso era el centro de la cultura judía del exilio.

Estos elementos abstractos creaban lo que podríamos llamar un “recuerdo de la patria“, pero cuando el judío abandona el exilio a partir de “La Declaración Balfour” y abraza el sionismo ocupando la tierra de los palestinos, las ideas abstractas pierden su función de recordatorio porque ya no se necesita de ellas. Podríamos resumir que “El sueño de la patria” del exilio se desvanece frente a la contundencia de un estado de Israel real y en funcionamiento.

El sionismo, curiosamente, se está reforzando de manera constante en las comunidades cristianas de tendencia evangélica, testigos de jehová etc… debido al gran esfuerzo que desde el estado de Israel se hace para captar a estos grupos y convertirlos en elementos lobbistas, todo debido a la interpretación literal de la biblia.

Porque el sionismo necesita justificar su ocupación en base a la promesa a Abraham, contenida en la Torah, que son los primeros cinco libros del Antiguo Testamento cristiano. El conocimiento de estos grupos cristianos de estos antiguos textos ha permitido una facilísima propagación del sionismo cristiano, aderezado con un fuerte sentimiento anti islámico (también explotado desde los Think-Tank israelíes y estadounidenses), han logrado generar fanáticos sionistas cristianos anti palestinos.

Obviando, eso sí, las constantes injerencias israelíes en los asuntos internos de los estados alrededor suya que tienen dos opciones:

a) Unirse al sionismo directa o indirectamente a través de Estados Unidos, países como Jordania, Arabia Saudí, Emiratos etc…se han unido a esta tendencia.

b) Oponerse al sionismo y sufrir constantes ataques militares, guerras, desestabilización y propaganda. Países como Irán, Iraq, Siria o Líbano no se han unido al bloque sionista.

Esto se debe a la propia debilidad del estado de Israel, que necesita tener vecinos débiles para sobrevivir. De ahí las buenas relaciones con los Estados Unidos ya que Israel muchas veces actúa como garante de los intereses estadounidenses en la región y Tel Aviv se beneficia de ello. Por ejemplo, en 2003 Saddam Husein, uno de los grandes enemigos de Israel, fue derrocado y ahorcado en 2006, la Siria de Bashar al Asad está siendo destruida por grupos terroristas yihadistas pagados por Arabia Saudí, Estados Unidos, Israel, Turquía, Qatar y la Unión Europea.

Por lo tanto el intervencionismo israelí constante en Oriente Medio se debe a ello. A generar aliados acérrimos, como los países del Golfo y Arabia Saudí, o a destruir a aquellos que no son aliados, como Iraq, Siria o Yemen y los constantes ataques a Irán.
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