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21 febrero 2026

Por qué no se puede restablecer la Doctrina Monroe






Nota de introducción por el editor del blog.

Es importante hacer algunas aclaraciones - a más de las que interpone el autor de la ponencia principal, que daremos lectura más abajo. En 1823, el presidente de los Estados Unidos, James Monroe declaraba: "América para los americanos". Se ha cuestionado -bien o mal- que esto implica que América -el continente- es para los estadounidenses. En el contexto de la época nada tenía que ver con algún tipo de alianza entre los Estados Unidos de América y las otras naciones del continente en su lucha por la independencia, ni tampoco nada tenía que ver con las rivalidades estadounidenses con las potencias imperiales de Europa.

Dicho pronunciamiento del presidente Monroe "coincidió" con las guerras de independencia de las colonias hispanoamericanas contra las potencias europeas de la Santa Alianza. Con anterioridad, el Tío Sam se había declarado garante y protector de las futuras repúblicas hispanoamericanas al considerar que cualquier intervención de potencias europeas en el destino de esos países sería un agravio directo a los Estados Unidos y que recibirían una respuesta inmediata y contundente.

Sigue siendo debatible si en esos momentos Estados Unidos hubiese podido hacer frente a una amenaza real de una o más potencias extracontinentales, porque militarmente era débil para resistir nuevas confrontaciones coloniales impulsadas desde Europa, recordemos que apenas habían pasado algunas décadas de su independencia. Monroe buscaba una manera de protegerse de las alianzas imperiales europeas y su único posible aliado eran las emergentes naciones del continente que de a poco iban liberándose a través de propios procesos anticoloniales.
En la práctica, la posteriormente denominada "Doctrina Monroe", inició con un discurso retórico, porque la historia nos demuestra que el Imperio Francés atacó México por primera vez entre 1838 y 1839, ! increíblemente con apoyo implícito de Estados Unidos! Un siguiente escenario tuvo lugar entre 1862-1867, que contó -además- con el respaldo de España y Reino Unido. ¿Y la "Doctrina" Monroe?

Los propios Estados Unidos se hallaban ya enfrascados en su propio conflicto interno: 1861-1865. Mucho antes fue evidente la neutralidad de los Estados Unidos cuando la Gran Bretaña ocupó las Islas Malvinas en 1833; o, el posterior bloqueo de las costas argentinas entre 1839-1840; o, la ocupación española de República Dominicana entre 1861-1865, la Guyana venezolana ocupada por los británicos...; y, exagerando en la línea de tiempo, en 1982 cuando Estados Unidos respaldó al gobierno británico durante el conflicto bélico por las islas Malvinas.

La llamada "Doctrina Monroe" presagiaba un solo mensaje: El futuro imperialismo estadounidense. Era una declaración que debía ser entendida como la proclamación de que las ex colonias se convertirían en una nueva especie de colonialismo no oficial de la naciente potencia mundial, su patio trasero donde ejercerá su influencia política-económica, de ser necesario a sangre y fuego. La doctrina ha servido hasta el presente como justificación de las ya incontables intervenciones militares y golpes de estado enlas naciones del continente americano.

Dado los hechos históricos acontecidos a lo largo de los dos últimos siglos podemos afirmar (sin contradecir el real significado de la doctrina, que lógicamente puede ser rebatida) que la "Doctrina Monroe" ha sido "revisada" y "ampliada" al menos en tres ocasiones:

- En 1880, el presidente Rutherford B. Hayes, como secuela de la "Doctrina Monroe", estableció que el Caribe y Centroamérica son parte exclusiva de la “esfera de influencia” de los Estados Unidos. Lo justificó recordando el discurso de que se debía impedir la injerencia en el continente de los imperios europeos. Para esos momentos estaba ya discutiéndose la construcción del canal interoceánico de Panamá. Esa declaración política afianzó el control monopólico comercial de Estados Unidos en Centro y Sur América y el Caribe.

- En 1904, el presidente estadounidense Theodore Roosevelt, debido al bloqueo naval conjunto de los Imperios británico y alemán y del Reino de Italia contra Venezuela (exigiendo el pago inmediato de deudas), actuó como mediador, y como fruto de su “mediación” anunció el derecho de los Estados Unidos a intervenir libremente en el resto de los países americanos "para reordenar el Estado o devolver las garantías de funcionamiento a sus empresas e intereses en dicha nación, en caso de una intervención de potencias ajenas al continente que las pusiera en riesgo". Se implementaba la política conocida como el “gran garrote”, es decir, la fuerza marcaría las relaciones de los Estados Unidos en el continente.

- También la “Política del Buen Vecino” fue una iniciativa política creada y presentada por la administración del gobierno estadounidense presidido por Franklin D. Roosevelt en el marco de la VII Conferencia Panamericana en diciembre de 1933 en lo referente a sus relaciones con Hispano-América durante los años 1933-1945. La intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos fue “moderándose”, Estados Unidos había invadido abiertamente varios países de la región en los primeros años del siglo XX, como Cuba, México, Haití, Panamá, República Dominicana o Nicaragua. Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial buscó la solidaridad hemisférica contra las amenazas externas provenientes de las potencias del eje, por tanto, esta política del “buen vecino” influyó para que todas las naciones del continente apoyaran -en mayor o menor grado- a Estados Unidos en dicho conflicto bélico….

A pesar de todo lo bonito que suena esto, la realidad en pleno siglo XXI es otra. Estados Unidos no ha sentido vergüenza en declarar -por medio del Secretario de Estado, Marco Rubio-durante la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania, el pasado 14 de febrero de 2026, que Estados Unidos tiene la intención de aplastar toda oposición a su estatus permanente como líder imperial, incluso si eso significa destruir todo y a todos en el proceso. Una declaración de intenciones evidente: El regreso al brutal colonialismo occidental, los ejemplos están a la vista, a pesar de que -en lo personal- esté de acuerdo con que regímenes de tinte ilegítimo como el chavismo y el castrismo en Latinoamérica lleguen a su fin, aún por medios "violentos". Curiosamente la democrática Unión Europea aplaudió la iniciativa del señor Rubio en nombre de su jefe.

Este artículo dado el trascendental discurso de Rubio en Múnich quedará incompleto porque es necesario analizar la situación. En la siguiente entrada analizaremos el retorno a patadas del Tío Sam a poner orden en su patio trasero... y en otras partes del mundo...

Tito Andino U.

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Pintura de Clyde De Land sobre el surgimiento de la Doctrina Monroe. foto de James Rusell, National Geographic, Colección de imágenes.



Revisemos -a continuación- la ponencia central de esta entrada: Why The Monroe Doctrine Cannot be Reestablished (Por qué no se puede restablecer la Doctrina Monroe), de Patrick Frise para Mises Wire (citas textuales).


por Patrick Frise
Mises Wire
Why The Monroe Doctrine Cannot be Reestablished


"La Doctrina Monroe ocupa un lugar inusual en el discurso político estadounidense. A menudo se invoca como si anunciara una norma permanente de gobernanza hemisférica, susceptible de ser revivida o impuesta por administraciones posteriores. En el uso contemporáneo, se la suele interpretar como una declaración de la autoridad estadounidense sobre el hemisferio occidental o como una justificación para la intervención contra potencias extranjeras y gobiernos regionales.

Esta interpretación no refleja el documento tal como fue escrito, las circunstancias que lo produjeron ni los límites que asumieron sus autores.

La Doctrina Monroe no fue una política vigente. Fue una proclamación coyuntural emitida en respuesta a un conjunto limitado de preocupaciones geopolíticas a principios del siglo XIX. Una vez superadas esas condiciones, la doctrina perdió su significado operativo. Lo que permanece hoy no es una política vigente, sino un texto histórico reutilizado repetidamente para justificar una autoridad que nunca otorgó.

La doctrina se originó en el mensaje anual del presidente James Monroe al Congreso en diciembre de 1823. En aquel entonces, el panorama político del continente americano estaba cambiando rápidamente. México se independizó de España en 1821. Las provincias centroamericanas, incluyendo lo que se convertiría en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, declararon su independencia ese mismo año. Sudamérica llevaba más de una década en rebelión. Estos movimientos habían concluido prácticamente a principios de la década de 1820, aunque su estabilidad política seguía siendo incierta. En Europa, las Guerras Napoleónicas habían terminado recientemente, y las monarquías conservadoras organizadas bajo la Santa Alianza afirmaban su derecho a reprimir las revoluciones liberales y restaurar los regímenes tradicionales. Francia intervino militarmente en España en 1823, lo que suscitó la preocupación de que las potencias europeas pudieran ayudar a España a recuperar sus antiguas colonias. Rusia, mientras tanto, avanzaba con sus reivindicaciones territoriales a lo largo de la costa del Pacífico.

Fue en respuesta a estos acontecimientos que Monroe articuló lo que posteriormente se denominaría la Doctrina Monroe. Los pasajes relevantes del mensaje son explícitos sobre su alcance. Monroe declaró que los continentes americanos, «por la condición de libertad e independencia que han asumido y mantienen», no debían ser considerados sujetos de futura colonización por las potencias europeas. La cláusula condicional es fundamental. La prohibición de la colonización estaba vinculada directamente a la independencia existente de los estados americanos, no a ninguna reivindicación de autoridad estadounidense sobre ellos. Monroe enfatizó además que Estados Unidos no interferiría en los asuntos internos de Europa ni en las colonias europeas existentes. "En las guerras de las potencias europeas, en asuntos relacionados con ellas mismas", declaró, "nunca hemos participado, ni es congruente con nuestra política hacerlo". La acción estadounidense, explicó, sería defensiva y se limitaría a circunstancias en las que los derechos estadounidenses se vieran invadidos o seriamente amenazados.

Nada en la proclamación afirmaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros estados americanos, a ejercer autoridad supervisora ​​ni a controlar la política regional. La doctrina funcionaba como una advertencia diplomática dirigida al exterior, no como una carta de autoridad dirigida al interior. Era inseparable de las condiciones que la generaron. En 1823, Estados Unidos carecía de la capacidad militar para imponer su dominio hemisférico. El poder naval británico, impulsado por el interés británico en el libre comercio en lugar de en la restauración de los imperios, era el principal factor disuasorio para la recolonización europea.

Esta comprensión de la moderación no era exclusiva de Monroe. Tras el caso Caroline de 1837, durante la rebelión del Alto Canadá, el secretario de Estado Daniel Webster articuló lo que posteriormente se conocería como la Doctrina Caroline. En correspondencia con funcionarios británicos, Webster rechazó las amplias alegaciones de legítima defensa preventiva e insistió en que cualquier uso de la fuerza debía justificarse por una necesidad inmediata, apremiante y que no dejaba opción de medios ni momento para la deliberación. El episodio, surgido de las tensiones en la frontera entre Maine y Canadá, reflejó el mismo principio subyacente de la Doctrina Monroe: la fuerza solo era permisible como último recurso, vinculada a amenazas concretas y limitada por la proporcionalidad.




Incluso en su propio siglo, la Doctrina Monroe no funcionó como una norma de conducta internacional vinculante. Las potencias europeas continuaron interviniendo en América después de 1823, sobre todo mediante la instalación del emperador Maximiliano en México por parte de Francia durante la década de 1860. Más significativamente, el fundamento recíproco de la doctrina se erosionó a medida que Estados Unidos abandonó su propio compromiso de no intervención. A finales del siglo XIX, la política exterior estadounidense se había alejado decisivamente de la moderación. La Guerra Hispano-Estadounidense (1898) y el subsiguiente control estadounidense sobre Cuba y Puerto Rico marcaron una clara desviación de la postura descrita por Monroe.

Este cambio se formalizó con el Corolario Roosevelt en 1904, cuando el presidente Theodore Roosevelt afirmó que las condiciones de desorden político en el hemisferio occidental podían justificar la intervención estadounidense para impedir la intervención europea. Este razonamiento invirtió la lógica de la Doctrina Monroe. Mientras Monroe advertía contra la interferencia externa, Roosevelt afirmó un derecho discrecional de interferencia interna. El corolario no se derivó del texto de la Doctrina Monroe, sino que lo reemplazó.

El posterior Corolario de la Logia de 1912 ilustra aún más cuánto se había alejado la política estadounidense de las premisas originales de Monroe. Propuesta por el senador Henry Cabot Lodge y adoptada por el Senado, la resolución afirmaba que Estados Unidos se opondría a la adquisición de territorio en el hemisferio occidental por potencias no estadounidenses, incluso mediante control privado o corporativo. Aunque más restrictivo que las interpretaciones posteriores, el Corolario de la Logia marcó un cambio respecto a la preocupación de Monroe por la colonización europea formal vinculada a la restauración posnapoleónica. Reflejaba un creciente énfasis en la exclusión en lugar de la reciprocidad. Aun así, no pretendía autorizar cambios de régimen, dominio militar ni supervisión política de los estados estadounidenses.

Una vez que Estados Unidos participó en repetidas intervenciones en Centroamérica y el Caribe, y posteriormente se comprometió permanentemente con la seguridad europea mediante dos guerras mundiales y alianzas duraderas, la premisa recíproca de la Doctrina Monroe dejó de existir. Una política basada en la no intervención mutua no puede sobrevivir si una de las partes abandona ese principio. En ese momento, la doctrina dejó de funcionar tal como estaba escrita; persistió solo como retórica.

Recientes invocaciones de la Doctrina Monroe ilustran hasta qué punto ha progresado este distanciamiento retórico.

En un discurso pronunciado el 6 de diciembre de 2025 en el Foro de Defensa Nacional Reagan, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró:

Este es el corolario de Trump a la Doctrina Monroe, recientemente codificada con tanta claridad en la Estrategia de Seguridad Nacional. Tras años de abandono, Estados Unidos restaurará su dominio militar en el hemisferio occidental. Lo utilizaremos para proteger nuestra patria y el acceso a territorios clave en toda la región.

El 3 de enero de 2026, el Secretario Hegseth declaró:

Venezuela tiene una larga historia de ser un país rico y próspero. Un liderazgo atroz se lo ha arrebatado a su pueblo. Podemos ayudarlos y ayudar a Estados Unidos en el hemisferio occidental restableciendo la Doctrina Monroe. Paz mediante la fuerza con nuestros aliados.

Estas declaraciones tratan la Doctrina Monroe como base para el dominio militar, el acceso territorial y la intervención política. Sin embargo, nada en la proclamación de 1823 autoriza tales acciones. La doctrina no confiere el derecho a atacar naciones, cambiar regímenes ni gestionar la política regional. Abordaba el temor específico de que las monarquías europeas pudieran reimponer el dominio colonial sobre los estados americanos recién independizados a principios del siglo XIX. Ese temor ya no define el sistema internacional. La geografía política de las Américas ha estado definida durante generaciones. Las ambiciones coloniales europeas en el hemisferio se derrumbaron hace mucho tiempo. El propio Estados Unidos ha violado repetidamente la restricción recíproca de la que dependía la doctrina.

Hablar de "restablecer" la Doctrina Monroe en estas condiciones es malinterpretar la naturaleza del documento. Un mensaje presidencial vinculado a un momento histórico específico no puede ser revivido como una política vigente, como tampoco cualquier otro discurso del siglo XIX puede considerarse una autoridad vinculante en la actualidad. 

La doctrina no era una ley, un tratado ni una disposición constitucional. Era una advertencia contextual emitida en respuesta a condiciones temporales. Una vez que desaparecieron esas condiciones, el significado operativo de la doctrina desapareció con ellas.

Desde una perspectiva austriaca, este proceso no es sorprendente ni único. Ludwig von Mises argumentó que la intervención estatal rara vez se limita a su alcance original, sino que genera presiones para una mayor intervención a medida que las medidas anteriores no resuelven los problemas que crean. En Intervencionismo: un análisis económico, Mises describió esta dinámica como un proceso en el que las autoridades políticas expanden continuamente su alcance al reinterpretar acciones previas como justificaciones para otras nuevas, en lugar de como límites al poder. La evolución de la Doctrina Monroe sigue este patrón. Una advertencia históricamente contingente, una vez desvinculada de su contexto original, se convierte en un instrumento flexible de política en lugar de una restricción a la misma".

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