Dos ejemplares de la propaganda soviética. Izq. Icono del Tío Sam, "El Pacificador", 1967. El texto en ucraniano dice: "Garantías de Paz", del artista I. Aleksandrovich en la revista "Perets" de la Ucrania Soviética. Derecha, un cartel sobre la Guerra Fría de EE. UU., El escudo de armas de Harry Truman y el dominio mundial.1952
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Canal Liberalístico
(Youtube) / Transcripción de audio-video.
Título original en video: ¿Por qué manda el DÓLAR?
El material gráfico que acompaña este trabajo del canal 'Liberalístico' es adicionado por el editor de este blog.
Continuamos con la serie de artículos sobre economía global. Este y el siguiente artículo son transcripciones textuales del canal de Youtube LIBERALÍSTICO, sitio que resalta, entre otras temáticas el campo del conocimiento en la economía y la neurociencia. Hay una razón obvia para esta selección en medio de tantos estudios académicos, el mencionado canal destaca por las sencillas y rápidas explicaciones, consigue mantener al lector (en su caso al suscriptor) atento y con interés de principio a fin. "¿De dónde salen conceptos como libertad, igualdad, justicia o bien común? ¿Por qué cambian de significado? ¿Quién decide qué es normal, qué es moral...? ¿Cómo se ha moldeado nuestra forma de pensar y obedecer?"
Cómo Estados Unidos consiguió el 75% del ORO mundial.
En 1919, Estados Unidos salía victorioso de la Primera Guerra. Europa estaba agotada, endeudada y absolutamente devastada. Pero al otro lado del Atlántico, el ambiente era muy distinto. Las fábricas producían, las ciudades crecían, la electricidad llegaba a los hogares, los automóviles invadían las carreteras y las radios, por fin, empezaban a ocupar los salones de todas las casas. Y, entre tanto, una nueva idea empezaba a abrirse paso en la vida cotidiana de las familias: el crédito. Compra ahora, paga después.
América parecía entrar en una fiesta. Una fiesta moderna y muy optimista. La década de los años veinte estaba a punto de empezar, y el mundo comenzaba a bailar al ritmo de los Estados Unidos de América. En 1919, Estados Unidos todavía no mandaba en el sistema monetario mundial. Durante más de un siglo, la libra había sido la gran moneda del comercio internacional y también una de las grandes monedas de reserva de los bancos centrales. Era la moneda del Gran Imperio Británico.
"En un círculo cerrado". Yulif Ganf, 1947. TÍO SAM (a los representantes de los países pequeños): ¿Están todos sentados? Ahora vamos a discutir el tema de su soberanía como iguales.
En aquel entonces el imperio británico dominaba aproximadamente el 25% de la superficie terrestre: Canadá, Australia, India, territorios en África, enclaves estratégicos como Gibraltar, rutas marítimas, puertos, cables submarinos, bancos, casas de seguros, comercio… Aquello más que un Imperio, era una red comercial a escala mundial. Y el corazón financiero de esa red estaba en la City de Londres. Si el mundo necesitaba crédito, miraba a Londres. Si necesitaba estabilidad, miraba a Londres. Si necesitaba una moneda fuerte, miraba a Londres. El dólar, por aquel entonces, todavía era un aspirante. Cada vez más poderoso, sí… pero todavía el segundón. El problema es que, después de la guerra, Gran Bretaña estaba agotada… y, sin embargo, Estados Unidos estaba mejor que nunca: concentraba alrededor del 40% de las reservas de oro, y subiendo… Tres años después, en 1922, esa cifra rozaba ya el 45%. En 1919, al finalizar la guerra, la deuda pública británica rondaba los 7.481 millones de libras, una cifra equivalente a 54.800 toneladas de oro.
El problema es que el Banco de Inglaterra tenía en ese momento 661 toneladas de oro. En libras 90,3 millones. Sí, sí… como lo oís. Estas eran las cifras reales. Debían 54.800 toneladas de oro y tenían 661. Estamos hablando de que tenían que multiplicar sus reservas de oro 83 veces para cubrir la deuda pública. La cuestión es que el oro total extraído en todo el planeta desde la antigüedad hasta 1919 eran 43.700 toneladas. Y solo Gran Bretaña debía 54.800 toneladas de oro. Empieza a verse el problema ¿no?
Para los curiosos, os diré que en la actualidad se estima que se han extraído 220.000 toneladas de oro. Es decir, que aproximadamente dos tercios del stock mundial de oro actual se han extraído después de 1950. En 1919, la producción minera de ese año fue de unas 530 toneladas. Hasta ahora hemos hablado de la deuda externa, lo que Gran Bretaña debía a otros países. Pero no hemos dicho nada de los depósitos bancarios, es decir, el dinero que los ciudadanos británicos tenían en sus cuentas bancarias. Estos sumaban a finales de 1919 unos 2.940 millones de libras, o lo que es lo mismo 21.520 toneladas de oro. Y recordemos que la reserva de oro del Banco de Inglaterra era de solo 661 toneladas de oro.
Dicho de otro modo, el banco de Inglaterra sólo podía respaldar con oro el 0,87% de toda la deuda del país, pública y privada combinadas. Y esto en un sistema monetario basado en el patrón oro, es un problemón de tamaño monumental. Los billetes de libra, en aquel entonces eran certificados de deuda en los que podía leerse “Prometo pagar al portador bajo demanda una libra” y ¿Qué era una libra? pues 7,3 gramos de oro. El Imperio Británico era, de facto, insolvente. ¿Y cómo se llegó a este punto? ¿Por qué la gente no fue a por su oro antes? ¿No se dieron cuenta o qué? Algo se olían. No sabían las cifras exactas, pero sí sospechaban que se estaban emitiendo libras sin respaldo real en oro. El problema es que no podían hacer nada.
Porque en 1914, al inicio de la guerra, el Estado Británico - como prácticamente todos los estados europeos - prohibió por ley la convertibilidad. ¿Y por qué hicieron eso? Para evitar una corrida bancaria. Mientras nadie pueda pedir su oro, y los bancos tengan prohibido entregarlo, nadie puede escuchar que no queda oro. Y si nadie lo dice, y nadie lo escucha, técnicamente no hay quiebra. Suena a chiste. Pero es exactamente, así como funciona.
Izq. "Fondo Monetario Internacional", Yu. Cherepanov, 1972. Derecha: "Bueno caballeros, ahora está en nuestras manos", 1976. Andrei Porfiryevich Krylov
No te creas que ha cambiado nada sigue funcionando exactamente igual hoy. Ahora nos prohíben hacer transacciones en efectivo por encima de mil euros. Y no es por seguridad, es que en realidad, ese dinero ni siquiera existe. Igual que entonces no existía el oro.
Entonces ¿no volvieron a entregar nunca oro o qué pasó con la libra? ¿Qué hicieron? ¿Qué pasó con la libra? Bueno… la situación era muy complicada. Desde luego, no podían regresar a la convertibilidad que había antes de la guerra, no podían darle a la gente 7,3 gramos de oro por cada libra. Eso era imposible, no había tanto oro. Tuvieron que sostener la prohibición todo el tiempo que fuese posible, y mientras tanto buscar soluciones. Así estuvieron 11 años, hasta 1925.
Lo primero que intentó Gran Bretaña fue pedirle a Estados Unidos que le perdonase la deuda. Sí, sí… así, por la cara. Le propusieron a Wilson una cancelación general de todas las deudas entre aliados. Obviamente, la respuesta fue un no rotundo. Wilson dejó más que claro que EEUU no iba a condonar ni un solo gramo de oro. Entre 1920 y 1922, Gran Bretaña anduvo haciendo malabarismos diplomáticos por medio mundo intentando conseguir dinero, recursos, petróleo... lo que fuera. En 1920 logró que la Sociedad de Naciones le confiase el mandato sobre el territorio de Palestina, donde se construiría el oleoducto más grande del mundo. Pero tardarían años en construirlo… y ellos necesitaban oro ya. Urgentemente.
La verdad que liaron una buena, los ingleses mintieron a medio mundo jugando a tres y cuatro bandas al mismo tiempo. Balfour, el ministro de exteriores británico, envió una carta a Lionel Walter Rothschild, transmitiendo todo el apoyo del Imperio a la causa sionista. ¡Todo con tal de conseguir oro como fuese! Pero es que también hizo lo mismo con los árabes, los franceses y los otomanos. Prometió Palestina a todos ellos. Os podéis imaginar la que se armó. Y bueno… en gran medida, de aquello, se deriva el conflicto actual de Israel.
En agosto de 1922, Balfour lanzó un órdago público. Dijo: "solo le voy a cobrar a mis deudores europeos lo mismo que Estados Unidos me cobre a mí. Si ellos perdonan, yo perdono. Si ellos cobran, yo cobro". Era un intento de convertir a EE.UU. en el villano de la historia. Por supuesto, a los americanos no les hizo ninguna gracia. Y EE.UU. era quien tenía el oro, el ejército y las cartas.
No podemos decir que Estados Unidos estuviese en una posición brillante, porque también estaba endeudado. Pero desde luego, comparado con Gran Bretaña era infinitamente más sólido. A finales de 1919 la deuda pública de EE. UU. equivalía a unas 37.600 toneladas de oro, bastante menos que la deuda británica. Y, además, los aliados le debían a EE. UU. 15.000 toneladas de oro en préstamos de guerra. Aunque quizá lo más importante era que, a diferencia de todos los países europeos, EE.UU. nunca había suspendido del todo la convertibilidad. Sí que hubo ciertas restricciones, pero, en general, podemos decir que durante toda la guerra, EE. UU. mantuvo su compromiso de convertir cada dólar en 1,5 gramos de oro. Un precio que llevaba sin cambiar desde 1834. Y desde luego, esto generaba mucha confianza en el dólar. Especialmente en un contexto en que la libra llevaba sin ser convertible desde 1914 y nadie sabía si en algún momento volvería a serlo.
Esto, hizo que el centro de gravedad del sistema monetario se desplazase al otro lado del Atlántico. La libra tenía prestigio, pero era historia; el dólar tenía oro y, por tanto, tenía futuro.
Fin del Patrón Oro
Esta fue la verdadera batalla monetaria de entreguerras, una lucha silenciosa por decidir qué moneda iba a sostener el comercio mundial. Y la respuesta empezó a tomar forma en 1922, en la Conferencia Financiera de Génova. Allí, los 34 países reunidos acordaron no restaurar el viejo patrón oro de antes de la guerra. Sencillamente, porque ninguno de ellos podía cumplir sus promesas de convertibilidad.
En la práctica, todas las monedas habían quebrado. No era un problema nacional, era un problema mundial. Todos los Estados, a la vez, habían obligado a sus bancos centrales a emitir más papel del que podían respaldar en oro. Había demasiados billetes, demasiadas deudas y demasiadas promesas reclamando una cantidad de oro que sencillamente no existía en el mundo. Así que, en lugar de reconocer que habían arruinado a sus ciudadanos, que habían quebrado la moneda nacional y que habían metido la pata hasta el fondo, pues decidieron hacer eso tan peligroso que hacen los políticos cuando ya han provocado un desastre: “buscar soluciones” y meter la pata aún más al fondo.
Dos caricaturas de diferentes épocas, el mismo problema. Derecha, "Crisis", del artista soviético L. Brodaty, 1930. Izquierda, El banquero de Wall Street dice a la pobreza y al desempleo: "Gracias Dios, los tres estamos perfectamente conservados". N. Lisogorsky, 1977. (Revista Cocodrilo).
Solución: el Patrón Cambio Oro.
Se inventaron el patrón cambio oro. Lo vendieron como un mecanismo de seguridad y comodidad para el ciudadano. A partir de entonces, el Estado se encargaría de la convertibilidad, el Estado almacena el oro por ti, el Estado protege el sistema para que tú no tengas que preocuparte de nada. Por supuesto, todo por el bien común. En realidad, lo que esto significaba es que los ciudadanos ya no podrían convertir sus billetes en oro nunca más. Solo podrían hacerlo los bancos centrales y los Estados, y solo en lingotes. Y, seamos francos, la gente tampoco quería admitir que el Estado les había arruinado, les había estafado, robado, y encima les había endeudado de por vida para matar gente. La realidad no les gustaba, lo que querían era soluciones.
¿Y qué hicieron? Pues lo de siempre… exigir soluciones al mismo que les había arruinado previamente. Un absurdo, sí… pero así seguimos. Entre tanto, los Estados, tenían que lograr explicar el desastre sin reconocer que el viejo sistema monetario estaba absolutamente roto.
Admitieron que “algo” había fallado, le echaron la culpa a Alemania y, finalmente, propusieron una solución. Una que parecía devolver la estabilidad, pero sin volver realmente al patrón oro. Aceptaron que muchas monedas ya no podían sostener su antiguo peso en oro. Pero la libra y el dólar, supuestamente, sí. O al menos eso había que creer. Básicamente, salvaron lo que pudieron. Y decidieron que tener libras o dólares era equivalente a tener oro. Obviamente, ya hemos visto que eso tenía bastante poco de cierto. Pero coló. Al fin y al cabo, era una solución. La gente exigía soluciones. Que fueran verdad o mentira parecía casi lo de menos.
Hay que tener en cuenta que 1922, durante la Conferencia de Génova, Gran Bretaña llevaba ocho años sin convertibilidad. Y, por el contrario, EEUU garantizaba la convertibilidad sin problema y nunca la había cancelado. El resultado fue inevitable: todos los países empezaron a preferir el dólar y a deshacerse poco a poco de sus libras.
1925: la libra vuelve a ser 7,3 gr. de oro.
Y para intentar frenar esa huida, en 1925 Churchill, como ministro de Hacienda, tomó una decisión que muchos consideraron una locura: anunció que Gran Bretaña restauraba el patrón oro con la paridad de antes de la guerra. Los mismos 7,3 gramos de oro por libra que llevaban vigentes desde hacía más de un siglo. Sobre el papel debía sonar magnífico. Una libra vuelve a ser una libra de oro. Londres vuelve a ser Londres.
El Imperio Británico volvía a decirle al mundo entero que “aquí no ha pasado nada”. Pero sí había pasado. Había pasado una guerra mundial. Había pasado una inflación que había duplicado los precios. Había pasado una deuda ingente. Había pasado una década entera de dinero emitido, precios alterados y promesas imposibles de cumplir. Y pretender volver a la vieja paridad era como ponerse el traje de antes de la guerra después de haber engordado cincuenta kilos y fingir que el problema era del espejo. Sostener aquella paridad exigía un ajuste.
La gran crisis británica fue brutal. Gran Bretaña tenía que volverse competitiva a la fuerza: bajar costes, reducir salarios, apretar márgenes, exportar más para atraer oro y defender la libra aunque eso machacase a toda la población. Había que compensar todas las libras que habían creado sin respaldo. En esencia, ahora los ciudadanos tendrían que trabajar para pagar toda la deuda.
Keynes lo vio clarísimo y advirtió que volver al oro a esa paridad era una absoluta locura. Pero se hizo igualmente. Porque el viejo imperio no podía admitir que ya no era lo que había sido. Y durante unos años intentaron sostener la ficción. Hasta que en 1931 la ficción se rompió y la libra cayó.
Gran Bretaña abandonó el patrón oro y el mundo entendió que aquello que en 1925 se había vendido como una restauración gloriosa era, en realidad, una huida hacia atrás. Cuando Francia solicitó el oro a cambio de todas las libras que llevaba acumulando durante los últimos 4 años, y otros tantos países hicieron lo mismo, Reino Unido no tuvo más remedio que suspender la convertibilidad y la libra cayó un 30% frente al dólar y al oro. Los bancos centrales que tenían libras sencillamente perdieron ese porcentaje de sus reservas de la noche a la mañana. La fuga de oro estaba desbocada, no había tiempo ni margen para maniobrar.
El lunes 21 de septiembre de 1931, el primer ministro británico Reino Unido, Ramsay MacDonald, proclamó al país y al mundo con lágrimas en los ojos que la libra suspendía su convertibilidad al oro.
“El Gobierno de Su Majestad ha decidido, tras consulta con el Banco de Inglaterra, que se ha hecho necesario suspender temporalmente y con efecto inmediato la Ley del Patrón Oro de 1925, que obliga al Banco a vender oro a precio fijo. Durante los últimos días las retiradas de oro por parte de gobiernos extranjeros se han acelerado tan bruscamente que el Gobierno de Su Majestad se ha visto obligado a tomar esta decisión. Las reservas de oro del Banco de Inglaterra ascienden a unos £130 millones y, habida cuenta de las contingencias que puedan surgir, no es aconsejable permitir que esta reserva se reduzca más. Esta posición debe mantenerse. Una cosa es abandonar el patrón oro con una inflación descontrolada; y otra cosa es permitir retiradas excesivas de capital prestado. Los recursos últimos de este país son enormes, y no hay duda de que las presentes dificultades cambiarias resultarán ser solo temporales”.
Como siempre, una medida temporal que un siglo después sigue tan vigente como el primer día. La libra jamás volvió a ser convertible en oro. Pero entonces… Si ya no era convertible ¿cómo se mantuvo el valor de la libra a oro? ¿quién iba a querer libras? ¿cuánto valía ahora la libra? ¿Nada?
Pues la libra pasó a tener un valor relativo, como todas las demás monedas excepto el dólar, que era la única que conservaba su valor en oro. Podemos decir que la libra se sostenía gracias a la capacidad coactiva del imperio de explotar a sus ciudadanos y generar demanda forzosa de libras. Millones de personas estaban obligadas a pagar impuestos en libras, a cobrar en libras, a endeudarse en libras, a aceptar libras y a vivir dentro de una economía organizada en libras.
¿Y cómo funcionaba el sistema? Pues como ahora… primero el Estado pagaba a sus ciudadanos con libras. Luego les exigía impuestos en libras y si no las conseguían y se las entregaban al Estado, pues les quitaban sus bienes o les metían en la cárcel. Sin duda es una forma efectiva de generar demanda de libras. Claro que hacia fuera la cosa era distinta. Al extranjero no le bastaba con que el Parlamento británico dijera que la libra valía algo. Al extranjero había que convencerlo con riqueza real: con oro, con dólares o con bienes reales. Y ahí estaba el verdadero problema. Gran Bretaña tenía una deuda externa enorme, necesitaba oro sí o sí.
Y, además, también necesitaba defender la libra frente al dólar y frente al oro, para que siguiese valiendo algo y para eso también necesitaba oro. Bueno…. o dólares, si no quedaba otra. ¿Y cómo se conseguía el oro o los dólares? De una sola forma, exportando. Produciendo bienes reales y vendiéndolos fuera. El mecanismo era muy simple. Los trabajadores producían riqueza real. Esa riqueza se vendía a otros países. Esos países pagaban con oro o con dólares. El oro y los dólares acababan en las bóvedas del Banco de Inglaterra. El Banco de Inglaterra imprimía papelitos de libras. Y los trabajadores británicos, los que realmente habían producido la riqueza y gastado su tiempo de vida, recibían a cambio esas libras.
Izq. "Parte vitalmente interesada". Ingresos de las Compañías extranjeras en Irak, Boris Leo, revista satírica soviética Krokodil - Cocodrilo, No. 9, marzo de 1963). Derecha, "Preparativos para la entrada de Gran Bretaña en el Mercado Común", Andrei Porfiryevich Krylov. 1971
Hacia dentro: papelitos. Hacia fuera: bienes reales. Y en el centro: el Banco de Inglaterra llenaba sus cámaras de oro. Y para conseguir el oro lo suficientemente rápido había que lograr que la economía británica fuese más “competitiva”. Una forma muy elegante de decir que la población tenía que trabajar más, cobrar menos y no consumir lo que producía para que esos productos pudiesen ser vendidos en el exterior. Y claro, ahora iban todos en el mismo barco, si Gran Bretaña exportaba lo suficiente y atraía reservas de oro o de dólares, la libra aguantaba. Si no, caía. Y si caía, caían con ella los ahorros de todos los británicos.
"La
evolución de un colonizador. (Colonialismo y neocolonialismo). 1. Solía tener
un látigo en sus manos... 2. ...y ahora tiene a su propio hombre". Andrei Porfiryevich Krylov. 1964
La trampa del dinero fiduciario
Y aquí está lo más curioso: los ciudadanos no parecían darse cuenta de que su trabajo, su tiempo de vida y sus ahorros habían dejado de depender de ellos en lo más mínimo. Dependían de lo que el Estado hiciera con la moneda que, al mismo tiempo, les obligaban a aceptar como pago. Si el Estado degradaba la libra, sus ahorros se degradaban. Si defendía la libra a base de salarios más bajos, tipos más altos e impuestos más duros, el coste lo pagaban ellos con su tiempo de vida. Si la libra caía, caían ellos. ¡Y no podían bajarse del barco! El Estado británico les contenía desde el mismo día en que nacían, por el mero hecho de haber nacido allí.
Reserva fraccionaria del dólar
¡Menos mal que por lo menos EE. UU. sí que estaba cumpliendo escrupulosamente con las reservas en oro! Uy, uy, uy… una cosa es que la Reserva Federal Americana hubiese logrado cumplir su promesa de convertibilidad hasta entonces, y otra muy distinta es que estuviesen respaldando los dólares al 100% con oro. La política de la FED era respaldar con oro solo 4 de cada 10 billetes emitidos. Los otros 6 dólares eran promesas de oro imposibles de cumplir. Pero como sabían que todo el mundo no iba a reclamar el oro a la vez, creyeron que con un coeficiente de caja del 40%, no tendrían problemas.
El problema es que el resto de Estados estaban actuando como si el dólar y el oro fuesen exactamente lo mismo, así que emitían moneda con respaldo en dólares. Y justo eso hizo que los billetes sin respaldo se multiplicasen exponencialmente. Gran Bretaña, emitió millones de libras con respaldo en dólares, que a su vez solo estaban respaldados en un 40% con oro.
Y cuando la libra cayó en septiembre de 1931. Todo el mundo empezó a desconfiar también del dólar.
1932: Fuga de oro en Estados Unidos
Si la libra había caído ¿por qué no el dólar? Los bancos centrales empezaron a pedir oro a Washington, incluido el propio Banco de Inglaterra, que no había querido convertir sus dólares antes para no crear el pánico pero, total… ahora ya…
Las reservas de oro estadounidense empezaron a bajar muchísimo y muy rápido porque todos los países extranjeros estaban exigiendo canjear sus dólares por oro. Y, al mismo tiempo, los ciudadanos estadounidenses no tardaron en empezar a preocuparse. Pero claro, los ciudadanos, ya no podían convertir sus dólares en oro, por ley estaba prohibido desde 1922, así que decidieron retirar dinero en efectivo, creando una "fuga interna" de dólares dentro del sistema bancario.
¿Y cómo intentó EEUU frenar la salida de oro para evitar que se viese que sus dólares no estaban respaldados? Pues subió los tipos de interés del 1,5% al 3,9%. Así, de repente, en tan solo una semana. Fue la subida más brusca de la historia. Si querías tu oro al precio pactado: 1,5 gramos por dólar, te quedabas sin intereses. Pero si asumías la FED te prometía muchos intereses. Al fin y al cabo, tener oro físico no paga intereses.
Ese incentivo del 3,9% logró que muchos países mantuviesen sus reservas en dólares, pero por otro lado, ¿cómo se pagaba esa subida de tipos de interés? Pues, igual que en Inglaterra, esos intereses lo pagaban las empresas, los hogares, la gente con hipotecas, todos los ciudadanos estadounidenses… que vieron como sus negocios quebraban porque ya no podían pagar los préstamos.
Los bancos empezaron a quebrar en cascada, 1860 bancos quebraron y con ellos, sus inversores y depositarios. Subir tipos en medio de una depresión fue básicamente echar gasolina al fuego. Claro que los 1860 bancos quebrando, un paro sin precedentes y una depresión como la copa de un pino no eran la mejor carta de presentación por muchos intereses que pagases, así que finalmente todos quisieron su oro y punto.
1933: Roosevelt expropia el oro.
Los primeros meses de 1933, aún con la administración Hoover se caracterizaron por un pánico absoluto debido a que las reservas de oro de la FED no paraban de bajar y los ciudadanos estaban atemorizados dado que no se les permitía sacar oro. Y Los inversores extranjeros querían deshacerse de todos los dólares anticipando que lo único que el nuevo presidente Roosevelt podría hacer es reducir la cantidad de oro por dólar, o bien suspender la convertibilidad como había hecho Gran Bretaña y otros muchos países.
Y eso fue exactamente lo que hizo Roosevelt nada más llegar a la Casa Blanca en marzo de 1933, declaró el Bank Holiday, cerró todos los bancos de EEUU una semana. Y acto seguido prohibió a todos los ciudadanos tener oro, tener oro en EEUU se convirtió en delito.
Mucha gente lo escondió y no lo entregó. Se creó un mercado negro del oro en el país más poderoso del mundo. Y eso implicaba multas, sanciones y hasta diez años de prisión. Podías guardarlo, sí. Pero ¿a quién se lo vendías? ¿Cómo comprabas una casa con lingotes que técnicamente, no deberías tener? El oro se había convertido en el activo más peligroso de América.
Ocho meses después, en enero de 1934, Roosevelt remató la jugada con la nueva Ley de Reserva de Oro. A partir de ahora, cada dólar valdría 0,88 gramos de oro.
1934: el dólar se devalúa un 41% en oro.
En la práctica, lo que antes comprabas por un dólar pasó a costarte un dólar con sesenta y nueve céntimos. El dólar había perdido el 41% de su contenido en oro. De un plumazo.
Sin votación. Sin debate. Sin previo aviso. Un regalo del 69% para el Tesoro americano. Pagado, como siempre, por los ciudadanos. Y aquí viene el detalle que lo dice todo. El día que esa orden entró en vigor, el New York Times no abrió con esa noticia. Abrió con el fin de la Ley Seca. Los americanos acababan de ser desvalijados por su propio gobierno… pero al menos ahora podían tomarse una cerveza. Y eso, al parecer, era lo importante.
(Nota del editor: En la siguiente entrada se analizará más detenidamente la expropiación del oro)
Izq. "Les he traído un donante!", publicada en la revista soviética ucraniana Perets., Valery Zelinsky, 1970. El mensaje principal de la ilustración es que la guerra ("Война") actúa como el donante necesario para mantener vivo al capitalismo ("Капіталізм"), que se muestra enfermo y herido. Derecha, "Cuando la medicina es impotente". La imagen enferma del Imperialismo dice: “Ya han pasado sesenta años desde que el 'Aurora' causó ese gran estallido, y a mí, con cada año que pasa, me retumba cada vez más fuerte en la cabeza". Valery Zelinsky, 1977
1936: el 50% del oro mundial en Estados Unidos
Con la libra fuera del juego, el sistema monetario internacional quedaba suspendido sobre un solo cable: el dólar. Y lo curioso es que la mayor expropiación forzosa de la historia reciente de Estados Unidos fue también su mayor golpe de suerte geopolítico.
Porque en cuanto se supo que el oro valía un 40% más en dólares, inversores de todo el mundo empezaron a enviar su oro a América. ¿Por qué guardarlo en París, Londres o Berlín, si en Nueva York te lo pagaban mejor? El oro cruzó el Atlántico en barco, en maleta, en todo lo que se pudiese. Y la Reserva Federal lo fue acumulando, dólar a dólar, onza a onza.
Al final de ese proceso, Estados Unidos había logrado algo que ningún Imperio en la historia había conseguido de forma tan limpia: hacerse con el 50% de las reservas de oro del mundo entero. Todo guardado en un búnker en Kentucky llamado Fort Knox.
1944: el 75% del oro mundial en Estados Unidos
El dólar había ganado. No por ser mejor. No por ser más honesto. Sino por ser el último en caer. Pero ¿cómo se tradujo todo ese oro en dominio mundial? ¿Cómo pasó el dólar de ser la moneda más fuerte a ser la moneda del mundo? Eso ocurrió en el verano de 1944, en un hotel de Bretton Woods, en una conferencia que cambiaría las reglas del juego para siempre.
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* Original de Canal Liberalístico (YouTube).






