Este artículo es continuación de:
En la anterior ponencia sobre la inoperabilidad de la Doctrina Monroe estadounidense quedó pendiente las recientes declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio y su directa advertencia de que su país volverá a controlar el mundo Occidental si es necesario mediante la fuerza, y ya lo hecho.
Pese a todo lo que se ha analizado de la mayor potencia mundial en el último siglo, gracias al control absoluto de las grandes corporaciones mediáticas (medios de desinformación masivo), la gran mayoría de gente sigue convencida de que los Estados Unidos es la fuente de la sabiduría y la democracia en el mundo, a pesar de tildar a Mr. Trump de ser un tirano, un dictador, un fascista, etc.
Muchos otros seguirán esperando el final, el desplome del Imperio Americano. La gran implosión económica sería en este momento lo único que podría llevar a tal acontecimiento, olvídense eso de "guerra civil"; a pesar del terrible endeudamiento y crisis institucional que sufre la nación, el águila imperial estadounidense tiene mucho que decir e imponer. Estados Unidos seguirá sosteniéndose y batallando bajo el control de la misma élite financiera que forjó la nación y, como ave Fénix, resurgirá, no de las cenizas -a donde no ha llegado- sino a través de una nueva visión del Orden Mundial.
Es muy frecuente que nos preguntemos, ¿puede seguir manteniendo Estados Unidos el status de una superpotencia sin que sea una democracia? La pregunta sigue siendo de una absoluta inocencia. La democracia nunca ha sido obstáculo para que Estados Unidos y Europa impongan la brutalidad en sus relaciones con las demás naciones del mundo. Y, en el otro sentido, muchas dictaduras forjaron el despegue de sus naciones sin mencionar la palabra democracia, término amañado y violado en todo momento. Hoy, “democracia” no significa nada, salvo cuando se trata de atacar o destruir a alguien en nombre de eso que llaman principios “democráticos” y derechos humanos.
La pregunta correcta debería ser, ¿se aplicaría la lucha -en el sentido literal- por la democracia dentro de los propios Estados Unidos de América?
No es solamente el presidente Donald Trump quien está dando un giro autoritario a los Estados Unidos, lo han hecho muchos otros presidentes con menos propaganda y alardeo, sin shows mediáticos, entre bastidores. La historia nos presenta una larga lista de intervencionismo militar y golpes de estado en todo el mundo auspiciados por el Tío Sam. ¿Quién dijo que eso era antidemocrático? (quizá solo los trasnochados de la “izquierda radical”).
A nadie debería sorprenderle el hecho de que la gran potencia mundial -Estados Unidos- actúe abiertamente hoy como una dictadura. Necesita hacerlo porque ha perdido el respeto de unos cuantos “inadaptados” del mundo. Y, no, no va a perder, mucho menos va a ver destruida su legitimidad como líder global, seguirá liderando la democracia en el mundo, aunque ello signifique sembrar “democracia” a través del bombardeo, ni permitirá que ese factor sea causa para que otros abandonen el modelo “democrático”.
Si no están de acuerdo con estas palabras, solo por un momento pregúntense si esto no está sucediendo en otro lugar, es decir, en la otra “democrática” y pacífica Unión Europea… Hace rato que Europa perdió todo valor de lo que podría considerarse democracia, Europa le dió el beso de la muerte a la democracia -afirmaba hace varios años un famoso politólogo francés-. Solo reina el falso discurso sobre la “paz”, para terminar armándose para la seguridad… por si acaso… Así que, no os preocupéis por los principios democráticos, los Estados Unidos no van a dejar de perder influencia por esa palabra vacía, sin sentido en la actualidad.
El sistema que ha sostenido el Nuevo Oren Mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial simplemente se halla en revisión.
No quiero ser repetitivo, os invito a repasar un artículo reproducido hace poco en este blog: USA. ¿El Imperio contraataca?
Lo único que parecer ser cierto, y como moraleja, a los que se rasgan las vestiduras en contra de Trump y sus principios tiránicos, sin atreverse a nombrar a los rusos y chinos, es que Estados Unidos está reivindicando su supremacía militar. Y, aunque nos cueste aceptarlo, China, Rusia y Estados Unidos han pactado transformar el mundo aplicando el más clásico estilo de las famosas zonas de influencia. El continente Americano y el Hemisferio Occidental es para los Estados Unidos y paren de plantear cualquier otra teoría. ¿Y los europeos? A chingar a su madre… ¿Recuerdan a la Víctoria Nuland cuando la crisis ucraniana estalló en 2014?... “que se joda la Unión Europea!”
Los rezagos de la justicia estadounidense intentan “oponerse” a la “dictadura” de Trump en temas banales como la inmigración o los aranceles, banales en el sentido de que no pesan gran cosa en el rediseño del mundo impuesto por las superpotencias. Trump se molestó hace poco días porque le han negado imponer más aranceles a países desafectos, indignado vociferó por un reciente fallo de la Corte Suprema, que se le permite cortar todo comercio o negocio con un país, lo que significa que “¡puedo destruir el comercio, puedo destruir el país! Incluso se me permite imponer un embargo que destruya un país extranjero, ¡puedo embargar! Puedo hacer lo que quiera, ¡pero no puedo cobrar $1!”… Ironías de la “democracia” dentro de la “dictadura” de Trump.
Antes de dar paso a la ponencia central, volvamos con el retorno del Tío Sam a poner orden -mediante la patada y la bofetada- a los peones de su patio trasero. No quiero escribir más al respecto, las palabras suelen ser huecas, por lo mismo, ruego atender tranquilamente el mensaje del siguiente video.
¡CUBA SE RINDE FINALMENTE! —Díaz-Canel Traiciona a China _ Último Bastión Comunista CAE Para Siempre
Richard Wolff analiza en el video datos clave, alianzas ocultas y las consecuencias que van a transformar el equilibrio político en América Latina para siempre. La isla que durante décadas resistió sanciones, presiones y bloqueos ahora enfrenta su momento más crítico. ¿Está realmente cayendo el último bastión comunista del Caribe? El explosivo análisis desentraña las decisiones de Miguel Díaz-Canel que podrían marcar un antes y un después en la historia de Cuba. ¿Traición estratégica a China o jugada política para sobrevivir? Se analiza los movimientos diplomáticos, el impacto económico y el posible cambio de rumbo del régimen. El escenario internacional se reconfigura y las potencias observan cada paso con máxima tensión.
Muy interesante el planteamiento de Wolff, pero también muy fantasioso el futuro prodigioso que espera a Cuba…
T. Andino
II parte
El Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el regreso al brutal colonialismo occidental, y Europa lo aplaudió.
Jonathan Cook
Middle East Eye.
19 febrero 2026
En Múnich, Estados Unidos anunció su intención de aplastar toda oposición a su estatus permanente como líder imperial, incluso si eso significa destruir todo y a todos nosotros en el proceso.
El discurso del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, 14 de febrero de 2026, fue otra preocupante declaración de intenciones de la administración Trump. El objetivo explícito de la política exterior estadounidense, según Rubio, es resucitar el orden colonial occidental que persistió durante unos cinco siglos hasta la Segunda Guerra Mundial.
El colonialismo de la vieja escuela, impuesto por el hombre blanco, ha regresado sin complejos.
El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio junto al presidente Donald Trump (fotos de archivo)
En el absurdo relato de Rubio, la colonización europea de gran parte del planeta y el saqueo de sus recursos fueron una era gloriosa de exploración, innovación y creatividad occidentales. Occidente trajo una civilización "superior" a los pueblos atrasados, manteniendo al mismo tiempo el orden global.
Reflexionando sobre la era anterior a 1945, observó: "Occidente se había estado expandiendo: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores, salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo".
Según Rubio, ese declive se aceleró por lo que desestimó como las "abstracciones del derecho internacional", establecidas por las Naciones Unidas en la inmediata posguerra. En la búsqueda de lo que él denominó con desdén "un mundo perfecto", estas nuevas leyes universales -que trataban a todos los seres humanos como iguales- solo sirvieron para frenar el colonialismo occidental.
Rubio olvidó mencionar que el propósito del derecho internacional era evitar el retorno a los horrores de la Segunda Guerra Mundial: el exterminio de civiles en campos de concentración y el bombardeo con bombas incendiarias de ciudades europeas y japonesas.
Durante su discurso, Rubio ofreció a Europa la oportunidad de unirse a la administración Trump para revivir "la era de dominio occidental" y "renovar la mayor civilización de la historia de la humanidad".
“Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza -la alianza que queremos- que no se deje paralizar por el miedo: miedo al cambio climático, miedo a la guerra, miedo a la tecnología", afirmó.
Sin paz, sin orden.
Sorprendentemente, Rubio fue recibido con un entusiasta aplauso durante todo su discurso por una audiencia compuesta por jefes de estado, políticos, diplomáticos y militares. Se dice que recibió una ovación de pie de la mitad de los asistentes.
Parecían absortos en el relato triunfalista de Rubio sobre el imperio, completamente ajeno a las realidades bien documentadas de la "dominación occidental", en particular sus brutales tiranías coloniales, sus genocidios a escala industrial y la esclavización masiva de las poblaciones nativas.
Estos no fueron episodios ni errores desafortunados en el pasado imperial de Occidente. Fueron parte integral de él. Fueron el medio coercitivo mediante el cual los pueblos colonizados fueron despojados de sus bienes y mano de obra para financiar el imperio.
También pareció ignorar otra desventaja del Occidente colonial, que fue evidente durante esos cinco siglos. La competencia despiadada entre los estados europeos, que competían por ser los primeros en saquear los recursos del Sur Global, condujo a guerras interminables en las que murieron tanto europeos como sus colonizados.
El imperio no garantizaba el orden, y mucho menos la paz. El colonialismo consistía en un robo sistematizado, y, como dice el refrán, rara vez hay honor entre ladrones.
En el mundo despiadado que precedió al derecho internacional, cada potencia colonial buscaba su propio progreso frente a sus rivales. Esto culminó en dos terribles guerras en la primera mitad del siglo XX que diezmaron a la propia Europa.
Como Rubio no comprende el pasado, su visión del futuro también es inevitablemente defectuosa. Cualquier intento de la administración Trump de restaurar abiertamente el dominio colonial occidental resultará suicida. Como veremos, tal empresa significaría la ruina para todos nosotros. De hecho, es posible que ya estemos muy avanzados en ese camino.
Músculos imperialistas
Hay una serie de fallas evidentes en el pensamiento de Rubio y la administración Trump.
Primero, la afirmación de Rubio de que Occidente abandonó el colonialismo hace unos 80 años es rotundamente errónea. Al final de la Segunda Guerra Mundial, las potencias coloniales de Europa, físicamente maltratadas y económicamente agotadas, pasaron la batuta del imperio a Estados Unidos. Washington no acabó con el colonialismo. Lo racionalizó y simplificó.
Washington continuó la tradición europea de derrocar a líderes nacionalistas e instalar en su lugar a clientes débiles y obedientes.
También sembró el mundo con cientos de bases militares estadounidenses para proyectar poder duro, al tiempo que explotaba las nuevas tecnologías globalizadoras para proyectar poder blando. Las zanahorias y los palos económicos, esgrimidos en gran medida fuera de la vista a través del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, incentivaron la sumisión a sus dictados por parte de los líderes no occidentales.
La libertad de maniobra de Washington se vio limitada principalmente por una potencia rival: la Unión Soviética, que armaba y subsidiaba a sus propios clientes. La Guerra Fría mantuvo al imperio estadounidense relativamente bajo control. Eso no fue "decadencia", como afirma Rubio. Fue simple pragmatismo: evitar la confrontación en una era nuclear que, por un paso en falso, podría conducir a la aniquilación global.
En los últimos 30 años, desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos ha ejercido su poderío imperialista de forma cada vez más agresiva: en la ex Yugoslavia, en Irak, en Afganistán, en Irak de nuevo, en Libia, en Siria y ahora -con la ayuda de su principal cliente, Israel- de forma más amplia en Oriente Medio, rico en petróleo, en Palestina, Líbano e Irán.
Mucho antes del primer mandato de Trump como presidente, los principales objetivos bipartidistas de la política exterior de Washington incluían presionar a Rusia, principalmente mediante la colonización progresiva de los antiguos estados soviéticos, y amenazar a China por Taiwán.
Al estilo típico de Trump, Rubio simplemente ha hecho explícito lo que ya estaba implícito. Estados Unidos ha sido una superpotencia imperial desde la década de 1940 y se ha vuelto cada vez más confrontacional en un mundo de recursos menguantes, donde disfruta de la ventaja de ser la única superpotencia militar. Rubio es simplemente más honesto que sus predecesores sobre la trayectoria de décadas de la política exterior estadounidense.
Espectáculo de terror.
Hay una buena razón por la que los "comunistas ateos" y sus sucesores obsesionados con Dios libraron "levantamientos anticoloniales" que finalmente no pudieron ser contenidos por el imperio occidental.
La élite colonial gobernante de Occidente había pasado siglos convirtiendo la vida en el Sur Global en un espectáculo de terror, ya sea mediante tiranías brutales, masacres o la trata de esclavos. Las poblaciones nativas ansiaban liberarse del "orden" impuesto por Occidente, razón por la cual, después de la Segunda Guerra Mundial, muchos recurrieron a la Unión Soviética comunista en lugar de a Estados Unidos en busca de apoyo.
En los últimos asentamientos coloniales clientes de Occidente -la Sudáfrica del apartheid hasta 1994 y el Israel del apartheid en la actualidad- hubo revueltas masivas sostenidas por parte de aquellos a quienes oprimían. Vivir bajo el régimen de la minoría blanca en Sudáfrica era peligroso y devastador si no se era blanco, al igual que vivir bajo un sistema de supremacía judía en Israel y la Palestina ocupada es peligroso y devastador si no se es judío.
Cabe destacar también que ambos regímenes de apartheid generaron movimientos de solidaridad global. La mayoría de las personas, incluso los occidentales, comprenden que oprimir a otro pueblo, negar su humanidad y su derecho a la igualdad, es profundamente injusto e inmoral. Esto no va a cambiar porque Washington tiene una visión neutra del colonialismo y el apartheid.
La lección de la historia es que cualquier intensificación del imperialismo estadounidense por parte de la administración Trump provocará una mayor resistencia. Esto ya debería estar claro para cualquiera que no haya estado dormitando durante los últimos 20 años.
Extorsión a Ucrania.
El presidente ruso, Vladímir Putin, fue criticado en Occidente cuando expuso la justificación geoestratégica para su invasión de Ucrania a principios de 2022. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, por ejemplo, acusó a Putin que se imaginaba a sí mismo como Pedro el Grande e intentaba restaurar el pasado imperial de Rusia.
Žižek citó como prueba un discurso pronunciado por Putin ante un grupo de jóvenes emprendedores en Moscú en junio de 2022, pocos meses después de la invasión. Putin declaró: «Cualquier país, cualquier pueblo, cualquier grupo étnico debe garantizar su soberanía. Porque no hay un estado intermedio: o un país es soberano o es una colonia, sin importar cómo se llamen las colonias».
El significado de Putin debería haber sido obvio en aquel momento, dado que durante más de dos décadas, varias administraciones en Washington habían incorporado a antiguos estados soviéticos a la OTAN -la alianza militar del imperio estadounidense- y ubicado bases militares cada vez más cerca de Moscú.
La promesa hecha por la OTAN en 2008 de permitir que Ucrania se uniera a la alianza en algún momento futuro solo podía ser interpretada por los líderes rusos de una manera: como una amenaza. De cumplirse, las ojivas nucleares de la OTAN estarían a minutos del Kremlin.
Putin estaba decidido a mantener la soberanía rusa y evitar convertirse en otra colonia intermedia del imperio estadounidense, como casi lo hizo bajo el régimen de su predecesor, Boris Yeltsin. El líder ruso rechazó el modelo europeo de entregar a Washington las llaves de sus recursos, economía y sistemas de defensa.
Sin duda, Putin observó con satisfacción la extorsión de Trump a Ucrania el año pasado, cuando el presidente Volodímir Zelenski se vio obligado a ceder la riqueza mineral de su país a cambio de la protección estadounidense. Fue una ilustración perfecta del argumento de Putin de que no hay estados intermedios en un mundo de política de poder desastrosa: o se es soberano o se es colonia de una potencia más fuerte.
Fue esa misma lógica la que motivó la decisión de Rusia de invadir Ucrania. Si en aquel momento era difícil de entender, ahora debería ser más fácil de comprender a la luz del discurso de Rubio. Dadas las ambiciones imperialistas de Washington, Ucrania iba a caer en la órbita geoestratégica de Estados Unidos, convirtiéndose en otro puesto de avanzada colonial para su maquinaria de guerra, a menos que Rusia obligara primero a su vecino a entrar en su propia órbita geoestratégica.
La nueva normalidad en Gaza.
La administración Trump está dejando clara su realpolitik: la eliminación genocida de Gaza es la nueva normalidad, al igual que el secuestro de líderes mundiales como el venezolano Nicolás Maduro. Los estados europeos están cada vez más nerviosos por el imperialismo descarado de Trump y lo que podría significar para ellos. La amenaza de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca fue una llamada de atención; según se informa, dominó las discusiones en la conferencia de Múnich.
En consonancia con la advertencia de Putin de hace cuatro años, los líderes europeos se afanan por considerar cómo podrían recuperar cierto grado de soberanía para detener su colonización irreversible por parte de Estados Unidos. Rubio intentó apaciguarlos invitando a Europa a unirse a Washington para resucitar el imperio occidental. La oferta fue un completo engaño. No se trata de un proyecto conjunto, como deberían haber comprendido cuando Trump introdujo los aranceles como un garrote para someterlos a una mayor servidumbre; cuando abandonó el apoyo a Ucrania, su proclamada defensa contra el "imperialismo ruso"; y cuando exigió la propiedad de Groenlandia.
Estas "traiciones" inspiraron un discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos el mes pasado. Allí, advirtió que el orden basado en reglas de 80 años de antigüedad era una "ficción agradable", una tapadera que permitía a los aliados de Estados Unidos beneficiarse de la hegemonía estadounidense "con bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para la resolución de disputas". Y por esa razón, los aliados de Washington habían conspirado para cometer el engaño: «Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o la víctima».
Era, dijo Carney, hora de dejar de «vivir en una mentira». Muchos asumieron que el líder canadiense expresaba, en nombre de aliados tecnocráticos en Europa como el británico Keir Starmer y el francés Emmanuel Macron, un nuevo compromiso con la transparencia y la honestidad como contrapeso a las violaciones de la ley estadounidenses en el extranjero.
Nada más lejos de la realidad, como lo demuestra la continua complicidad de Carney, Starmer y Macron en el genocidio de Gaza y su silencio ante las amenazas de Trump de lanzar una guerra de agresión contra Irán. El propósito del discurso de Carney en Davos era algo completamente distinto. La propia honestidad de Trump -su abierto desprecio por el derecho internacional y su entusiasmo por el imperialismo tradicional-amenaza con exponer su hipocresía al aprovecharse de la influencia estadounidense.
No han cambiado su forma de actuar. Simplemente quieren que Trump deje de desmantelar la fachada que construyeron para ocultar y embellecer su complicidad con el colonialismo estadounidense.
Rubio volvió a detonar esas mentiras en Múnich. Cuando declaró el regreso al imperialismo declarado del más fuerte, la conferencia estalló en aplausos. Ursula von der Leyen, tecnócrata en jefe de la Comisión Europea, dijo sentirse "muy tranquilizada" por el discurso de Rubio, llamándolo "buen amigo".
Armagedón nuclear.
La mayor distracción en las declaraciones de Rubio fue su omisión de la verdadera razón por la que Occidente abandonó el colonialismo manifiesto tras la Segunda Guerra Mundial y construyó instituciones internacionales como las Naciones Unidas.
No se trató de una aceptación de la derrota ni del declive por parte de Estados Unidos, sino más bien de un reconocimiento de que, con el rápido desarrollo de arsenales nucleares por parte de las superpotencias tras la guerra, un sistema capaz de mediar en los peores excesos de poder se había convertido en una necesidad. Era la única esperanza de prevenir la competencia y la confrontación colonial temeraria que podrían desencadenar una Tercera Guerra Mundial que probablemente derivaría rápidamente en un Armagedón nuclear.
Nada ha cambiado en las últimas ocho décadas.
Rusia y China aún poseen grandes arsenales nucleares, y Moscú ahora cuenta con misiles hipersónicos capaces de transportar estas ojivas a velocidades sin precedentes. Aún no existe un mecanismo de seguridad que evite que los malentendidos degeneren rápidamente en ataques mutuos.
La naturaleza humana no ha cambiado desde la década de 1940; solo la arrogancia de una superpotencia decidida a impedir que grandes potencias como China o Rusia la desbanquen de su posición imperial. La amenaza de aniquilación nuclear no ha disminuido. Ha crecido exponencialmente a medida que las limitaciones de los recursos globales -aquellos necesarios para sostener el consumo occidental y el incesante "crecimiento económico"- presionan cada vez más a Estados Unidos para que abandone su máscara de guardián de valores superiores.
Rubio aprovechó la conferencia de Múnich para dejar al descubierto la nueva realidad:
Washington ya no se mostrará tímido ni se regirá por límites. Estados Unidos está decidido a aplastar toda oposición a su estatus permanente de líder imperial, incluso si eso significa destruirlo todo, y a todos nosotros, en el proceso.
Jonathan Cook
Rubio declared a return to brutal western colonialism - and Europe applauded






