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12 mayo 2026

El fin del sistema de poder global posterior a la Segunda Guerra Mundial




por Richard Wolff
Título original:
"The End of the Post-WWII Global Power System"
abril 2026


Nota del editor del blog

El análisis del economista Richard Wolff titulado "The End of the Post-WWII Global Power System" argumenta que los conflictos actuales marcan el colapso del sistema de poder global establecido tras 1945. Wolff sostiene que la hegemonía estadounidense y el sistema basado en el dólar enfrentan una crisis estructural definitiva, la cual es minimizada por los medios convencionales. 

Este análisis de Richard Wolff es muy buscado porque ofrece una perspectiva económica y estructural que no siempre se encuentra en los medios tradicionales, el núcleo de su mensaje sobre el declive del sistema global es inconfundible. Si le interesa profundizar en el pensamiento de Wolff, le recomiendo buscar su programa semanal llamado "Economic Update", ahí suele desglosar estos mismos temas con datos actuales. 

Este mundo de la “posguerra” -probablemente- nos marque el fin del "siglo americano", y nos enrumbe hacia un nuevo sistema monetario, o quizá no, nada está dicho aún. Los imperios no suelen sucumbir sin dar lucha… 

Solo recordar que en la posguerra mundial, la reconstrucción de Europa vio surgir un nuevo orden global tras encontrarse desbastada y sumida en una profunda crisis. En 1948, ante la supuesta incapacidad de las naciones para recuperarse por cuenta propia, la iniciativa estadounidense conocida popularmente como "Plan Marshall" inyectó miles de millones de dólares con el fin de rehabilitar la industria y la infraestructura europea. Sin embargo, más allá de la filantropía, el proyecto funcionó como una herramienta política clave para contener la influencia soviética. Al finalizar, el plan no solo logró la estabilidad económica de la región, sino que estableció a Estados Unidos como la principal potencia mundial, demostrando que la economía puede ser tan determinante como las armas en la geopolítica.


Una ilustración soviética satirizando el Plan Marshall. Artista: Juliy Ganfa (1950)


Luego, en 1974, otra brillante idea estadounidense forjó el dominio del dólar en el comercio mundial, el petrodólar consolidó el poder de los Estados Unidos sobre la economía global. Ahora, todo indica que medio siglo después este sistema de control económico global se está desmoronando. ¿Podrá EE. UU. remediar este colapso ya sea mediante guerras o inteligentes tratados económicos?  

Leamos el análisis económico y geopolítico de Richard Wolff que está dirigido al público estadounidense.

**********

Lo que está pasando frente a sus ojos en este momento no es simplemente otra guerra más en el Medio Oriente, no. Lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo, mucho más estructural, algo que los grandes medios de comunicación en este país no quieren que usted entienda con claridad. Estamos presenciando en tiempo real el principio del fin de un sistema de poder global que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial y que durante décadas ha dictado las reglas del juego económico, militar y político para todo el planeta.

La hegemonía estadounidense está desmoronándose en tiempo real y el debate en torno a los ataques de febrero de 2026 contra Irán refleja precisamente esa incertidumbre profunda que ahora sacude los cimientos del orden global. Y lo que hace esto particularmente fascinante y también perturbador es que mientras el Imperio intenta consolidar su dominio, los países que han sido sus blancos más consistentes están encontrando formas nuevas, inteligentes y muy concretas de resistir y avanzar.

China e Irán, dos naciones que Washington ha tratado de aislar, sancionar y debilitar por décadas. están emergiendo de esta crisis con más fuerza geopolítica de la que tenían antes de que comenzaran los bombardeos. Vamos a hablar de esto con la honestidad y la profundidad que merece, porque usted que vive en este país, que trabaja en este país, que paga impuestos en este país, merece saber exactamente a dónde van esos recursos, exactamente qué tipo de mundo se está construyendo con ese dinero y exactamente qué significa todo esto para su vida cotidiana, para su economía, para su futuro.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría, a la izquierda el texto dice: "Se exprimirá hasta el último centavo, ya que el contribuyente tiene que...  ". Derecha, una representación del "Capitalismo Popular". De la serie Lápiz de Combate.


El conflicto con Irán comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel dirigidos contra el liderazgo iraní y su infraestructura militar, incluyendo el asesinato del líder supremo Ali Jamenei. La operación fue bautizada con el nombre de operación “Furia Épica”, un nombre que en sí mismo nos dice mucho sobre la mentalidad que gobierna las decisiones de Washington en este momento. No es una operación de seguridad, es teatro, es espectáculo, es la proyección de una imagen de fuerza que paradójicamente cada vez que se despliega revela con mayor claridad la debilidad estructural que intenta ocultar. Irán retalió con ataques de misiles y drones contra objetivos estadounidenses e israelíes, así como contra los estados del Golfo que albergan fuerzas americanas, lo que provocó cierres de espacio aéreo y ataques contra infraestructura crítica.

Ahora bien, quiero que pensemos juntos en algo que casi nadie en los medios corporativos de este país se detiene a analizar. El jefe de la Agencia Internacional de Energía describió la situación causada por la guerra como el mayor desafío de seguridad energética global en la historia. Piénselo bien -en la historia-, no en los últimos 10 años, no en las últimas décadas, en toda la historia registrada de la economía energética global. Y sin embargo, ¿cuántas horas de cobertura profunda, analítica, estructural ha visto usted en los grandes canales de televisión de este país? Muy poco, porque el sistema mediático que funciona aquí no está diseñado para informarle, está diseñado para distraerle, para simplificarle la realidad hasta convertirla en algo que no le haga cuestionar las decisiones que se toman en su nombre.

La guerra de Estados Unidos contra Irán puede haber parecido un movimiento irracional de un presidente tan impulsivo como destructivo. Pero había una lógica geopolítica detrás del ataque basada en el deseo de Washington de negarle a China el acceso a recursos vitales. Esto es lo que hay que entender. No se trata de democracia, no se trata de derechos humanos, no se trata de armas nucleares, aunque ese sea el argumento oficial que se repite sin fin. Se trata de recursos. Se trata de quién controla el flujo de energía en el siglo XXI. Se trata de una competencia brutal, despiadada entre dos grandes potencias, Estados Unidos y China, por definir quién va a dominar la economía global en las próximas décadas.

E Irán, con su territorio, con su petróleo, con su posición estratégica en el Golfo Pérsico se convirtió en el campo de batalla de esa lucha. Las guerras de recursos entre Estados Unidos y China han acelerado la determinación de ambos lados de escapar de sus dependencias mutuas. Las dos grandes potencias están desmantelando la economía integrada que tardaron 50 años en construir juntas. Hay algo profundamente irónico en todo esto que quiero que aprecie. 

El sistema capitalista global que Washington siempre presenta como la forma más avanzada de organización económica humana, creó una interdependencia tan profunda entre la economía americana y la economía china, que ahora cuando esas dos potencias quieren separarse, el proceso mismo de separación amenaza con destruir la economía global entera. Eso no es una anomalía, eso es una contradicción fundamental del sistema. Y esas contradicciones cuando maduran producen exactamente lo que estamos viendo hoy: guerras, sanciones, bloqueos, crisis energéticas, inflación y trabajadores ordinarios en todo el mundo pagando el precio de las ambiciones de las élites.

El estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento global para los envíos vitales de energía, se ha convertido una vez más en el epicentro de la escalada de la tensión geopolítica a finales de 2025 y principios de 2026. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente central para entender lo que está pasando. El estrecho de Ormuz es la garganta del mundo. Por ese canal estrecho pasa aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el planeta. Cuando Irán, como respuesta a los bombardeos, declaró ese estrecho cerrado para los barcos que apoyaban a Estados Unidos, no estaba haciendo una declaración política abstracta, estaba poniendo sus manos en la palanca de control más poderosa que tiene a su disposición y el mundo lo sintió inmediatamente.

Muy lejos de paralizar a sus rivales, la estrategia estadounidense parece estar acelerando un cambio fundamental en las alianzas globales y la dinámica del poder marítimo. Esto es lo que los estrategas de Washington parecen no haber calculado correctamente o si lo calcularon lo ignoraron. Cuando ejerces poder de una manera tan abiertamente agresiva, tan claramente desproporcionada, tan evidente en sus motivaciones económicas reales, no produces sumisión, produces resistencia, produces coalición, produces exactamente el tipo de unidad entre tus adversarios que supuestamente estabas tratando de prevenir. China sigue siendo un salvavidas para la economía iraní, duramente golpeada por las sanciones internacionales.

En 2025, China compró más del 80% del petróleo exportado por Irán con un descuento significativo, lo que representó el 13.5% de todo el petróleo que China importó por vía marítima. Detengámonos aquí un momento porque esto es enormemente revelador. Las sanciones que Washington lleva décadas imponiendo contra Irán, que se supone que debían aislar a ese país, que debían castigar a su gobierno, que debían obligarlo a ceder ante las demandas americanas, lo que realmente produjeron fue una dependencia económica creciente entre Irán y China. Cada sanción que Washington impuso fue en la práctica un empujón que acercó más a Teherán a Pekín. Eso no es un accidente geopolítico, es el resultado predecible de una estrategia que prioriza la coerción sobre la diplomacia. Para Teherán y Pekín, elevar el yuan es una situación en la que ambos ganan. El uso de esa moneda permite a China e Irán eludir las sanciones estadounidenses impuestas a través del sistema financiero dominado por el dólar. También simplifica y reduce el costo del comercio entre las partes, que ha crecido enormemente bajo la asociación estratégica a 25 años firmada en 2021.


Dos caricaturas de la Guerra Fría, de la serie "Lápiz de Combate". A la izquierda el texto dice:  "Los yanquis esparcieron cebo, pero hay engaño oculto en él: quien sea tentado por el cebo, terminará en su propio bolsillo".


Este es el verdadero significado de lo que está pasando en el plano financiero. No es simplemente una disputa comercial, no es simplemente una rivalidad entre monedas, es un ataque directo al mecanismo más poderoso de dominación que tiene Estados Unidos sobre el resto del mundo. El dólar como moneda de reserva global y como instrumento de las sanciones económicas. La supremacía del dólar es especialmente evidente en el mercado global del petróleo, donde aproximadamente el 80% de las transacciones se liquidan en esa moneda según una estimación de 2023 de JP Morgan Chase. Imagínese lo que significa eso. Cada vez que un país del mundo compra petróleo, independientemente de dónde sea ese país y de dónde venga ese petróleo, tiene que pasar por el sistema financiero del dólar, tiene que mantener reservas en dólares, tiene que hacer negocios según las reglas que Washington establece y Washington puede en cualquier momento excluir a cualquier país de ese sistema simplemente declarando sanciones.

Eso es poder Imperial en su forma más pura, más sofisticada, más moderna. No es el poder de las legiones romanas marchando por los caminos del imperio. Es el poder de los algoritmos financieros y los sistemas de transferencia bancaria internacional, pero el efecto es el mismo. Dominación.

En junio de 2025, una nueva fase de la iniciativa de la franja y la ruta de China se inauguró con la apertura del ferrocarril Irán - China. Esta conexión directa entre Irán y Asia Central y China ofrece un corredor económico alternativo para las exportaciones de petróleo y minerales, permitiendo navegar alrededor de las sanciones estadounidenses y los cuellos de botella marítimos como el estrecho de Malaca. Esto es estrategia a largo plazo.

Mientras Washington piensa en términos de ciclos electorales de cuatro años, de ocho años, Beijing piensa en términos de décadas, de generaciones, de siglos. El ferrocarril que conecta Irán con China directamente por tierra, sin pasar por ningún estrecho que la marina americana pueda bloquear, es exactamente el tipo de infraestructura que hace que las sanciones y los bloqueos marítimos pierdan su poder. Es la respuesta estructural, física, concreta a la amenaza financiera y militar que representa el poderío estadounidense.

Desde 2025, Estados Unidos se enfrenta a un desafío coordinado, pero fragmentado, de China, Rusia e Irán. Etiquetada como un eje de revisionismo. Su asociación se basa menos en tratados que en una resistencia compartida a las instituciones lideradas por Estados Unidos. Esta convergencia se profundiza a través de la cooperación en el marco de los BRICS, ejercicios militares conjuntos y apoyo mutuo en foros globales como el Consejo de Seguridad de la ONU. Y aquí hay algo que los comentaristas de los medios corporativos presentan siempre de una manera distorsionada. Llaman a esto “un eje del mal”, un eje del revisionismo, como si China, Rusia e Irán fueran un bloque monolítico de villanos que quieren destruir el orden mundial por puro malicia. Pero si uno se toma el trabajo de examinar las cosas con honestidad intelectual, lo que se ve es algo mucho más comprensible. países que han sido objeto de presión, sanciones, intervenciones y agresiones por parte de Washington están respondiendo, coordinándose entre sí para reducir su vulnerabilidad. Eso no es malicia, es política de supervivencia y funciona exactamente según las reglas del sistema de relaciones internacionales que los propios estrategas americanos enseñan en sus universidades.

En años recientes, Irán ha buscado formalizar su pivote hacia el este, uniéndose a la Organización de Cooperación de Shanghai en 2023, a los BRICS en 2024, al alcanzar un acuerdo de asociación estratégica integral con China y al firmar un tratado de asociación estratégica integral a 20 años con Rusia en enero de 2025. Piense en la velocidad de eso, en el espacio de apenas dos años, Irán pasó de ser un país relativamente aislado diplomáticamente a ser miembro formal de las dos estructuras multilaterales más importantes que existen como alternativa al orden liderado por Washington. Eso no es casualidad, eso es el resultado directo de décadas de presión americana que empujó a Irán hacia esas alianzas alternativas. (Nota del editor: La posición de ciertos países miembros de los BRICS sigue siendo ambigua, porque hay países miembros de pleno derecho, entre los cuales están Rusia y China y nuevos miembros admitidos entre 2024 y 2025, entre los que contamos a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Irán, pero los dos primeros están tácitamente en guerra contra Irán al permitir el uso de sus territorios para atacar a Irán; la posición de la India también ha sido vacilante. Lo que se puede deducir es que EE. UU. buscará la manera de desestabilizar a los BRICS; y, no hay que ser mago para intuir que los emiratíes y saudíes terminarán obedeciendo a quienes los han controlado a través del petrodólar). 

La política de máxima presión de Washington no aisló a Irán, integró a Irán en el bloque de potencias que compiten con Estados Unidos. Un escenario más severo en el que el conflicto persiste durante varios meses podría ver los precios del petróleo subir hasta alrededor de $130 por barril antes de declinar en la segunda mitad del año. Y quiero que usted que vive en este país, piense en lo que eso significa para su vida cotidiana. $130 por barril de petróleo no es un número abstracto en un informe de Chatham House son los precios de la gasolina que paga cada vez que va a la estación. Es el costo del transporte que se incorpora al precio de cada producto que compra en el supermercado. Es la factura del gas natural para calentar su hogar en invierno.


Caricatura soviética de la Guerra Fría. "Debido al robo de monopolios. Colegas en un papel poco envidiable: Ministros hoscos se sientan alrededor del bote vacío". 


Las guerras que se libran en nombre de la seguridad nacional americana no son gratuitas y el costo más inmediato, más directo, más injusto siempre lo pagan los trabajadores ordinarios, los que no tienen lobistas en Washington. Los que no tienen reuniones en la Casa Blanca, los que simplemente van a trabajar, pagan sus impuestos y ven como su poder adquisitivo se erosiona año tras año como consecuencia de decisiones que nunca se les consultaron.

Los sistemas hegemónicos raramente colapsan de repente, más frecuentemente se debilitan gradualmente a medida que la confianza en el poder dominante disminuye. Esto es algo que la historia nos enseña con una consistencia notable. El Imperio Romano no cayó en un día. El imperio británico no colapsó en un momento. Fue un proceso largo, gradual, lleno de momentos en los que parecía que nada estaba cambiando, seguidos de erupciones súbitas que revelaban cuánto había cambiado todo por debajo de la superficie. Y lo que estamos viendo ahora con China comprando el petróleo iraní en yuanes con el ferrocarril que conecta Teherán con Pekín, con los BRICS expandiéndose, con el bloqueo americano del estrecho de Ormuz fallando en sus objetivos. Es exactamente ese tipo de erosión gradual, pero acumulativa de la hegemonía.

El significativo rechazo global contra el conflicto de Estados Unidos e Israel en Irán ya ha desafiado seriamente los fundamentos de la posición global de Washington. Y aquí llegamos a algo que es absolutamente crucial entender. El poder de Estados Unidos en el mundo nunca fue únicamente militar. El poder americano siempre tuvo tres dimensiones. La dimensión militar, sí, pero también la dimensión económica y la dimensión moral, lo que los politólogos llaman poder blando. La capacidad de presentarse ante el mundo como el defensor de los derechos humanos, como el garante del orden internacional basado en reglas, como el modelo al que los demás países deberían aspirar.

Esas tres dimensiones del poder se reforzaban mutuamente. Cuando una se debilita, las otras también se ven afectadas. Y hoy la dimensión moral está en su punto más bajo en décadas. La imagen de Estados Unidos bombardeando Irán junto a Israel en un conflicto que el jefa de la Agencia Internacional de Energía describió como el mayor desafío de seguridad energética en la historia, no es una imagen que inspire adhesión y admiración en el mundo.

Beijing criticó los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán durante la guerra de 12 días en 2025, pero no proporcionó apoyo material a Teherán. A pesar de ser un socio estratégico integral de Irán, Beijing también apoyó sanciones económicas lideradas por la ONU contra Irán antes del acuerdo nuclear de 2015. Y desde entonces ha demorado la inyección de inversiones en la economía iraní y esto nos lleva a una dimensión que es importante no romantizar. China no es un actor altruista en todo esto. China no está apoyando a Irán por principios de solidaridad antiimperialista. China está jugando su propio juego de interés nacional y ese juego es, como dice muy claramente el análisis de Chatham House, un juego largo. Beijing ve en Irán no solo un proveedor de petróleo a precio de descuento, sino una pieza en un tablero geopolítico mucho más grande. una pieza que en este momento le es conveniente mantener viva y funcional, pero sin comprometerse de una manera que pudiera dañar sus propios intereses económicos con Occidente.

Para Estados Unidos, la disminución en la disponibilidad de bienes de menor precio provenientes de China ha contribuido significativamente a un problema de asequibilidad. Reintroducir productos chinos más baratos es una parte importante de la solución. Al mismo tiempo, Estados Unidos no puede continuar siendo económicamente dependiente de una nación con la que tiene relaciones militares potencialmente hostiles. Esta es la trampa perfecta en la que Washington se ha metido a sí mismo. Necesitas a China económicamente porque décadas de política industrial dejaron a la economía americana dependiente de la manufactura china. Pero al mismo tiempo declaras a China tu principal adversario estratégico y tomas acciones militares que profundizan esa hostilidad. Es una contradicción que no tiene solución fácil dentro del marco político actual y el costo de esa contradicción, una vez más lo pagan los trabajadores y las familias de clase media en este país, que no pueden comprar productos básicos a precios razonables porque las cadenas de suministro globales están fracturadas por conflictos que sirven a los intereses de las corporaciones y los grupos financieros, no a los de la gente ordinaria.

Irán claramente entiende la importancia de este desafío a la dominancia financiera de Estados Unidos, así como el papel vital del sistema del dólar y los petrodólares, dijo el profesor Bülent Gökay de la Universidad de Keele (Inglaterra) al medio Al Jazeera. Y tenemos que tomarnos en serio esa observación porque nos habla de algo que va mucho más allá de la geopolítica inmediata. La batalla por el futuro del sistema monetario internacional es, en última instancia, la batalla más importante de todas, porque quien controla el sistema monetario controla las condiciones en las que todo el mundo comercia, invierte, se endeuda y se desarrolla.

El dólar como moneda de reserva global le ha dado a Washington una capacidad extraordinaria de financiar su déficit, de imponer sanciones, de proyectar poder sin pagar el costo completo de ese poder. Si ese privilegio se erosiona, si el mundo encuentra maneras de comerciar sin pasar por el sistema del dólar, las consecuencias para la economía americana serían profundas y muy difíciles de manejar.

Las iniciativas dentro del bloque BRICS destinadas a reducir la dependencia de las instituciones financieras dominadas por Estados Unidos, reflejan una búsqueda más amplia de alternativas al orden existente. Y esas alternativas no son ya una aspiración abstracta de un grupo de países del llamado sur global. Son realidades concretas, funcionales, que están ganando masa crítica. La adhesión de Arabia Saudita a los BRICS es quizás el símbolo más poderoso de este cambio. Arabia Saudita, el país que en 1974 acordó con Washington vender todo su petróleo exclusivamente en dólares, dando origen al sistema del petrodólar que ha sostenido la hegemonía financiera americana por 50 años. Ese mismo país hoy es miembro de los BRICS y está explorando activamente cómo comerciar en monedas alternativas (Nota del editor: EE. UU. difícilmente permitirá que Arabia Saudí salga de su control, tiene los mecanismos financieros para impedirlo, está por verse que harán los principitos ante esta disyuntiva).


Caricatura política satírica soviética de la época de la Guerra Fría, conocida comúnmente como "El pastel de la SDI" o "Pastel de la guerra". (SDI: Iniciativa de Defensa Estratégica o “Star Wars”). Las figuras representan al complejo militar-industrial y aliados occidentales de EE.UU., retratándola como una búsqueda de ganancias económicas a través del gasto militar y la guerra. Obra de Joseph Efimovsky, 1987. 


Si eso no le dice algo fundamental sobre la dirección en que se mueve el mundo, no sé qué podría decirle, pero también quiero que seamos honestos sobre las tensiones y las limitaciones de lo que está pasando, porque la realidad geopolítica nunca es tan limpia como ningún bando quisiera presentarla. China tiene sus propias contradicciones internas, tiene su propio problema de deuda, sus propias tensiones sociales, sus propias dificultades económicas. Irán está saliendo de este conflicto con su infraestructura dañada, con su economía bajo presión enorme, con su liderazgo político en una situación de incertidumbre profunda. China ve a Irán como un juego largo, que la campaña de máxima presión de Estados Unidos puede ayudar inadvertidamente a ganar. Eso significa que China no va a apresurarse a rescatar a Irán de manera abierta y costosa. Va a seguir acumulando ventajas de manera paciente y calculada, lo que para Irán en el corto plazo significa seguir sufriendo las consecuencias de una guerra que, en parte fue provocada por la competencia entre Washington y Pekín.

A pesar de las grandes pérdidas que ha sufrido su ejército, Irán todavía tiene suficientes misiles y drones para cerrar efectivamente el estrecho de Ormuz mientras permite el paso de sus propios petroleros. El control de Teherán sobre esa estrecha vía acuática es su arma más potente, mientras los mercados energéticos mundiales sufren por la escasez y esto nos habla de algo importante sobre la naturaleza del poder en el siglo XXI. La superioridad militar abrumadora no se traduce automáticamente en victoria política. Estados Unidos tiene el ejército más costoso y más tecnológicamente avanzado en la historia humana y sin embargo, no puede abrir el estrecho de Ormuz sin desencadenar consecuencias que su propia economía no puede absorber fácilmente. Ese es el límite del poder militar en un mundo interdependiente.

La fuerza puede destruir, pero no puede necesariamente construir el tipo de orden que necesitas para que ese poder sea sostenible. Lo que estamos viviendo en este periodo histórico es nada menos que el reordenamiento del mundo. No es el fin de Estados Unidos como potencia. Es el fin de la era de la unipolaridad americana, de ese breve periodo entre el colapso de la Unión Soviética en 1991 y el momento actual en que Washington pudo actuar en el mundo sin contrapesos efectivos. Ese periodo está terminando y está terminando no porque ningún país haya derrotado militarmente a Estados Unidos, sino porque las propias contradicciones del modelo económico y geopolítico americano lo están erosionando desde adentro. Los gastos militares crecientes, la desindustrialización interna, la desigualdad social creciente, la infraestructura deteriorada, la polarización política, todo eso es parte del mismo cuadro. Un sistema que devora enormes recursos a la proyección de poder en el exterior mientras descuida las condiciones de vida de su propia población está plantando las semillas de su propio debilitamiento.

Y la pregunta que todos debemos hacernos y especialmente aquellos de nosotros que vivimos en este país y que tenemos una responsabilidad democrática sobre lo que este país hace en el mundo es la siguiente: ¿Qué tipo de transición queremos? Porque la transición hacia un mundo multipolar es en este punto probablemente inevitable. La pregunta no es si va a ocurrir, sino cómo va a ocurrir, si va a ocurrir de una manera ordenada, negociada con instituciones internacionales fortalecidas y con respeto a los derechos y la soberanía de todos los pueblos, o si va a ocurrir de la manera más peligrosa posible a través de guerras, crisis financieras, colapsos de sistemas con todos los sufrimientos humanos que eso implica.

Y esa elección en parte depende de nosotros, de cómo entendemos lo que está pasando, de qué tipo de liderazgo elegimos, de qué narrativas aceptamos y cuáles cuestionamos.

Por eso importa lo que estamos hablando aquí hoy.

Richard Wolff

*El material gráfico es añadido por el editor de este blog

26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 2)




Por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos

Viene de la Parte 1 


Multimillonarios “trabajando” en nombre de Israel o cómo manipular los mercados en nombre de la democracia

“Por mucho que el imperialismo y la economía de guerra de las potencias occidentales se esfuercen por crear una vida lujosa para sus beneficiarios a expensas de todos los demás, es fundamentalmente imposible mantener la vida de nadie cuando las herramientas para hacer la guerra siguen devastando el planeta. La cruda ironía es que la economía de guerra se come a sus propios creadores”. (Aaron Kirshenbaum)

No es necesario repetir que, a fines de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva aérea sorpresa contra Irán. Las razones oficialmente presentadas son ya propaganda reciclada de toda la vida -impedir que Irán adquiera un arma nuclear y evitar ser agredidos, así como llevar la “democracia” a Irán-. Eso ya no vende, no obstante, los socios insisten en vernos la cara. El pretexto nuclear tiene ya varias décadas de “actualizaciones” informativas.

También hemos escuchado como el Pentágono ha consumido, hasta el punto crítico de afectar las reservas, los misiles Tomahawk y los interceptores de defensa aérea junto a su socio de aventura, Israel. A ese ritmo las existencias de sistemas de defensa y ataque entran en una fase crítica de desfase. El complejo militar industrial lamenta no poder reponer sus carísimos juguetes a corto plazo; pero, eso si, requiere dinerito para ponerse a trabajar.

Un importante artículo de The Postil Magazine titulado “La guerra justa de Irán” (publicado el 1 abril 2026) señala algo que debe ponernos a reflexionar seriamente, no estamos hablando de propaganda, no es proselitismo, no es parcialización, tampoco es favoritismo ni sectarismo, es simple lógica para quien quiere entender:

Hay momentos en la vida moral de las naciones en los que el lenguaje de la contención -tan apreciado por los diplomáticos, tan adorado por los consejos editoriales occidentales- deja de ser una virtud y se convierte en una coartada para la cobardía. La contención, en abstracto, es algo noble; es la disciplina del poder, la modestia de los fuertes. Pero cuando se exige contención sólo a los débiles, cuando se invoca únicamente para apaciguar a la víctima mientras el agresor puede atacar una y otra vez sin consecuencias, entonces deja de ser un principio moral. Es un arma - un garrote retórico empuñado por los poderosos para asegurar que su propia violencia permanezca intacta y sus propias transgresiones impunes. Cuando una nación sufre un ataque no provocado, cuando su soberanía es violada repetidamente, cuando sus ciudadanos son asesinados en tierras extranjeras con la impunidad que solo el imperio puede conferir, no solo tiene el derecho, sino el solemne deber de responder. La represalia de Irán contra las fuerzas de Estados Unidos e Israel pertenece a esa categoría de legítima rebeldía - el tipo de guerra que Agustín llamó justa, la que Tomás de Aquino decía que restaura la paz no mediante la sumisión sino mediante el castigo de la injusticia. Llamar a esto ‘escalada’ es revelar una deshonestidad fundamental; es fingir que una cadena de violencia comenzó con el partido que finalmente, tras años de provocación, decidió contraatacar”.

A medida que la agresión de la potencia militar industrial y criminal del tándem sionista-estadounidense está en su segundo mes, pone en estado de éxtasis a los poderosos conglomerados del complejo militar industrial. Mientras para unos el conflicto culminará en ruinas, para los industriales que ofertan sus costosos sistemas de misiles de defensa y ataque, es la apoteosis. 2026 será un gran año en ganancias colosales. Seamos sinceros, hay gente entre las potencias agresoras contra Irán que están felices porque continúe el conflicto, a pesar de que los mercaderes de la muerte no puedan satisfacer la demanda de sus mortales productos, los pedidos están pagándose por anticipado, el ansioso cliente tendrá que esperar meses (lo analizamos en “La economía de desgaste de la guerra”).

Las élites financieras siempre ganarán, sea a título personal o a nombre de las grandes corporaciones con la especulación financiera y las armas de los señores de la guerra.

Julian Macfarlane, de News Forensics, en el artículo “Todas las guerras son por dinero” (marzo 2026) describe lo que mucha gente se niega a creer, continúan creyendo que las guerras son por asuntos políticos, ideológicos o por simple poder, suelen ser recursos importantes al momento decisivo de declarar una guerra, pero lo que realmente importa es el dinero; deberían dejar de seguir soñando con el “amor” a la patria de nuestros líderes o su falso saludo a la bandera, el que será enviado al sacrificio es el ciudadano común y corriente.

Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales por su promesa de no luchar en más guerras, prometió que su programa pondría en su sitio al sistema controlado por los ricos. Es decir, un multimillonario como Trump, lucharía por el estadounidense de a pie. “¿De verdad?.... la administración Trump ha desmantelado sistemáticamente gran parte de la maquinaria diseñada para detectar el uso de información privilegiada y el fraude de cuello blanco. La Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia -creada tras Watergate para procesar a funcionarios corruptos- se redujo de treinta y seis abogados a dos el año pasado y se les despojó de la autoridad para presentar nuevos casos”.

En estos artículos nos hemos centrado casi exclusivamente en Estados Unidos, pero estamos perdiendo de vista a un ente que se mantiene entre bastidores, acechando desde el bajo perfil, moviendo los hilos, manipulando los mercados: La City de Londres, allí se manejan apuestas -si, apuestas- de más de un cuatrillón de dólares esperando que inicie “el juego de la guerra”, lo que permitirá desencadenar grandes bancarrotas institucionales, la maquinaria legal permita a los jugadores derivados llevarse todo.


Caricaturas soviéticas en la GUERRA FRÍA. Izq.  F. Nelubin, "ESTADOS UNIDOS" (1970); derecha, E. Osipov, "No veo ningún camino para el desarme" (1987)


Con frecuencia escuchamos sobre la crisis del seguro de Ormuz en 2026. Es provocada por LloyD's of London. La City de Londres y Lloyd's que transforman el caos en armas. “Durante más de tres siglos, la City de Londres -la ‘Milla Cuadrada’-, que es el centro financiero de Londres, ha financiado ambos bandos de guerras y vendido seguros contra la destrucción que seguiría. Lloyd's de Londres es el pilar de seguros de la red de control financiero de la City. En realidad, no es una compañía de seguros, sino un organismo corporativo que "opera como un mercado parcialmente mutualizado en el que múltiples inversores financieros, agrupados en sindicatos, se unen para agrupar y repartir el riesgo".

Una mejor y esclarecedora explicación se encuentra en el artículo de Ellen Brown: “Todas las guerras son guerras de banqueros: Irán y el destino final de los banqueros”. En resumen, señala Brown:

Lloyd's ha construido su reputación durante más de un siglo al formalizar la cláusula "Libre de Captura e Incautación", eliminando los riesgos de guerra de las políticas estándar para poder cobrar primas exorbitantes cuando estallan conflictos. Lo hizo en las dos guerras mundiales y ahora lo hace en 2026.

"Tras los ataques a Irán, el Comité Conjunto de Guerra de Lloyd amplió su zona de ‘alto riesgo’ en Oriente Medio. Varios de sus suscriptores emitieron avisos de cancelación a 72 horas con efecto a partir del 5 de marzo, y las primas por riesgo de guerra para tránsitos en Ormuz saltaron del 0,25% al 1-5% del valor del casco. Lloyd's ha recalcado que la cobertura sigue disponible al precio adecuado. Para un petrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre uno y cinco millones más por viaje, una prima que los propietarios comprensiblemente se muestran reacios a pagar. 

La analista financiera Stephanie Pomboy advierte que el mercado de crédito privado, de 1,5 a 3 billones de dólares, está en confinamiento, lo que obliga a vender activos líquidos por desaceleración; y el mucho mayor mercado de bonos corporativos calificados por BBB, de 5 billones de dólares, está tambaleándose. Las rebajas obligarán a vender en masa, y las pensiones enfrentarán un déficit de 4 billones de dólares.

La crisis de Ormuz es el acelerador perfecto para esta crisis de las garantías: los precios más altos del petróleo generan inflación, lo que eleva los rendimientos de los bonos (intereses), colapsando el valor de las garantías y activando llamadas de margen en todo el tablero de derivados. Las llamadas de margen obligan entonces a los fondos de crédito privado a vender por incendios".

Esta es una de las razones por las que algunos comentaristas señalan a la City de Londres como la verdadera artífice del caos en Oriente Medio. La vieja máquina de seguros de guerra y la nueva máquina de derivados funcionan juntas. Uno crea la prima del caos; la otra la obtiene mediante rehipotecación y confiscación legal.

Otro gran negocio en tiempos de guerra, concomitante con lo anterior, es el Mercado de Derivados que es el espacio financiero donde se compran y venden contratos cuyo valor no es propio, sino que "deriva" del precio de otro activo principal llamado activo subyacente. A diferencia de comprar una acción directamente, en este mercado se firma un acuerdo sobre lo que pasará con ese activo en el futuro. “Vendidos como una forma de seguro contra el riesgo de mercado, los derivados son un juego de apuestas especulativas que extrae rentas de todos los flujos económicos importantes”.

El Acuerdo de Servicios Financieros de la OMC abrió los mercados globales a esta jugada de derivados, cada país miembro de la OMC está obligado a abrir su sistema bancario o enfrentarse a sanciones. “Bonos soberanos, contratos petroleros, pólizas de seguro marítimo y primas de riesgo de guerra se dividieron en swaps de incumplimiento crediticio, coberturas y otros productos derivados”.

“Desde entonces, el comercio de derivados se ha convertido en uno de los negocios más concentrados y rentables del planeta, y está casi en su totalidad controlado por un puñado de megabancos. Según datos del Banco de Pagos Internacionales y la Oficina del Contralor de la Moneda, los cinco principales bancos estadounidenses poseen aproximadamente el 90% de todos los derivados bancarios estadounidenses, mientras que JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley dominan el mercado global de bursátiles. Estas instituciones captan la mayor parte de los beneficios derivados, especialmente durante periodos de volatilidad cuando la ‘prima del caos’ se dispara”.

Es lo que David Rogers Webb denomina "La Gran Expropiación", la trampa legal que otorga super prioridad a los derivados en la bancarrota, es la pieza final de esta red de control financiero. “Todos los valores actuales están desmaterializados (digitalizados) y agrupados en depósitos centrales. Cambios silenciosos en el Código Comercial Uniforme y en las normas equivalentes de la UE han convertido a los inversores ordinarios en simples "titulares de derechos" que solo tienen una reclamación legal contra sus corredores”.


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¿Y qué ocurre con quienes controlan los negocios del petróleo mundial?, por cierto -generalmente- son los mismos que mantienen acciones financieras en el negocio de las armas y la especulación financiera.

Para no hacer denso este reporte, vivámoslo con el caso de actualidad. La guerra de Estados Unidos/Israel contra Irán. Los precios del petróleo han alcanzado un récord -sea cual sea el precio en el mercado de hoy-, porque eso bajará o subirá en pocos minutos, horas o días, dependiendo de ciertos vaivenes que realizan los que “cortan el bacalao”. Lo real no es el número, es lo que ocurre minutos antes del cierre. El mercado puede perder la cabeza. Ejemplifiquemos:

Si Mr. Trump publica, a las 7:45 de la mañana: "toda una civilización morirá esta noche”, el petróleo se disparará a máximos de guerra. Luego, el vicepresidente Vance dice a los medios -a las 08:15- que la guerra básicamente ha terminado, los objetivos militares se han completado, el petróleo se desploma. Pero, Irán suspende todas las comunicaciones diplomáticas a las 09h00, ¿qué pasa?... el petróleo vuelve a los máximos. A las 10h00, el New York Times confirma que Irán ha detenido las negociaciones por completo: el petróleo vuelve a dispararse y las acciones caen en picada. Las 10h11, Teherán Times comunica que las negociaciones en realidad no están cerradas, el precio del petróleo se revierte. Al mediodía, China y Rusia en la ONU vetan la moción del Consejo de Seguridad sobre Ormuz, el petróleo vuelve a caer.

Más tarde, Irán, Estados Unidos e Israel simultáneamente provocan más y duros ataques, el petróleo aumenta. A eso de las 13h25, sin motivo aparente, el petróleo se desploma y las acciones se disparan. El viceprimer ministro de Pakistán señala que tenía esperanzas en las negociaciones, pero los ataques mutuos han vuelto a escalar todo, así que el petróleo vuelve a subir. En Telegram, una fuente militar iraní dice: "Hemos preparado un agujero negro para Trump del que será imposible salir", otra vez el petróleo se dispara y las acciones se hunden. Al rato, Pakistán propone una prórroga del alto el fuego de dos semanas, Trump lo acepta. Todo se vuelve absolutamente loco en el mercado. Las conversaciones fracasan, el estrecho sigue cerrado a los amigos de Epstein, nuevos aumentos; otras naciones median, se “estabiliza” el precio.

Un nuevo agujero negro surge de Mr. Trump, ahora es él quien bloqueará y desbloqueará el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz (bloquear el transporte de petróleo de Irán), como dice una nota de prensa: "Estados Unidos bloquea el bloqueo iraní para desbloquear el Estrecho de Ormuz". El mercado se aterra, los precios vuelven a tener nuevos récords, las acciones caen… para volver a subir al poco. En las negociaciones, Irán declara que se ha conseguido que el Líbano ya no sea atacado por Israel (una tregua de diez días entre Israel y el Líbano) y anuncia que el Estrecho de Ormuz está abierto y listo para el libre tráfico, el precio del crudo ha caído a los 90 y hasta 80 dólares. Probablemente algunos que gozan de información privilegiada ganaron con las especulaciones financieras previas, pero se anuncia que esto solo es válido mientras dura la tregua… y el “bloqueo” de EE. UU. a Irán se mantiene, por lo que Irán ha vuelto a cerrarlo. Más incertidumbre. En Fin, ¿habrán sido operaciones de distracción financiera?

Los inversores -por pánico, unos, otros por tener fuentes más privilegiadas- compran y venden protección todo el día. Los comerciantes minoristas que compran cada caída se convierten en vendedores netos por primera vez. Los fondos de cobertura son mejores para la venta. Los “long-only” son mejores a la venta. El Dated Brent, el precio por barril real que los refinadores reales necesitan hoy sigue alcanzando máximos históricos sin importar que digan los titulares de prensa, el refinador que necesita aceite para un camión cisterna mañana no puede esperar.

Julian Macfarlane en “Todas las guerras son por dinero”, explica: “La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) se enfrenta a presiones para investigar una "corrupción alucinante" con extraños picos de trading en solo unos minutos de los principales anuncios de política respecto a Irán. ¡Parece que los "ricos y conectados" lo están haciendo muy bien! Un ejemplo, el 23 de marzo de 2026, los mercados se movieron repentinamente, apenas 15 o 16 minutos antes de que Trump anunciara que pausaría los ataques militares contra la infraestructura energética iraní. Este es el mismo patrón que vemos desde el secuestro de Maduro. Y continúa. Alguien de repente se hace muy rico”.

Veamos otro ejemplo en el artículo de Macfarlane:

- Se realizó una enorme orden de compra de 1.500 millones de dólares para futuros del S&P 500 alrededor de las 6:50 a.m., suponiendo un repunte del mercado...

- Luego estuvo el short de petróleo de 580 millones de dólares, con un aumento en la negociación de futuros de petróleo -casi 3.000 contratos vendidos por minuto- un volumen 4-6 veces superior a lo normal.

- Tras la publicación del presidente a las 7:05 a.m., los precios del petróleo cayeron más de un 10%, mientras que las acciones subieron bruscamente, generando a los operadores un beneficio estimado de 100 millones de dólares”.

Aclaración: Para quienes desconocen, el S&P 500 (Standard & Poor's 500) es el índice bursátil más importante del mundo. Funciona como un termómetro que mide la salud de la economía de Estados Unidos y, por extensión, del mercado financiero global.

Al respecto, “la SEC declinó hacer comentarios; mientras que la Casa Blanca desestimó como "infundadas e irresponsables", las acusaciones de que se estaba tolerando el lucro ilegal a partir de información privilegiada. Alguien en la Casa Blanca o tiene sentido del humor o piensa que el público es estúpido. Quizá ambas cosas. ¿Te has dado cuenta de que esas cosas "simplemente pasan" y que las explicaciones se dan en un pantano contaminado?”

Como vemos, las implicaciones de los mercados financieros son sólidas. Días posteriores al ejemplo de arriba, el último día de marzo, “un titular de paz de hace días fue reempaquetado con éxito durante la decoración, generando un repunte de 1,7 billones de dólares en el S&P. Alguien apostó 1.500 millones de dólares en futuros del S&P 500 minutos antes de la publicación de Trump sobre el "alto el fuego", capturando un aumento de dos billones en el mercado en seis minutos, un momento excepcional que demuestra una creciente confianza en el calendario de comunicaciones de la administración. Irán negó todo en 30 minutos y un billón se evaporó, pero los primeros en moverse aseguraron ganancias, demostrando que la rapidez de acceso importa más que la precisión factual, confirmando que las noticias no necesitan ser nuevas para ser efectivas”.




Así, mientras millones de barriles de petróleo siguen encerrados dentro del Golfo por lo que en el mundo industrial se pujan primas récord para el crudo del Mar del Norte. La curva de bonos se empina, el diésel rebasa el récord registrado, el combustible para aviones igual. El oro inestable -sube y baja- en un rango de los 4.700 dólares. El dólar ha caído pero intenta recuperarse con nuevas “noticias”.

Alguien está lucrando con esto, ¿serán acaso los especuladores de la guerra? Cientos o miles de millones de dólares en transferencia de acciones y contratos petroleros se mueven tras cada noticia. Mientras tanto, millares de jóvenes soldados esperan el momento para ir a morir por el “patriotismo” de sus políticos, de los mercaderes de la muerte y demás especuladores financieros. El estadounidense medio no ve nada o se niega a ver como se hacen grandes negociados a su nombre, solo gusta de ver en televisión las bombas cayendo…

Irán, por su parte, impone tarifas para el paso de las embarcaciones por el Estrecho, el presidente del Parlamento iraní publicaba consejos de intercambio entre andanadas de misiles, hizo bien en señalar que los anuncios de Trump deben ser tratados como indicadores inversos. “Cuando un adversario en tiempo de guerra monetiza tus comunicados de prensa de forma más eficiente que tus propios aliados, la arquitectura de la información está superando las expectativas”.

En el transcurso e estas duras semanas se han redistribuido con éxito 12 billones de dólares en capitalización bursátil global, más que el PIB combinado de Alemania, Japón y el Reino Unido. La destrucción de la riqueza a esa escala suele requerir una crisis financiera total. Lo hemos conseguido ca base de tuits, expresa con certeza Macfarlane.

Mientras tanto, en Europa, la transición energética ha sido un “éxito” rotundo. Alemania lideró el camino al desmantelar sus plantas nucleares, una responsabilidad costosa sostenida por políticos que posteriormente consiguieron puestos bien remunerados en las compañías energéticas a las que habían estado subvencionando, mientras ahora el gobierno ha reconocido que la transición a las renovables ha sido un fracaso para su economía, pero eso no importa, el gobierno alemán insiste en independizarse de la energía rusa, los rusos dicen sin rencores: chao, que tengas buenas suerte.

Europa cortó el gas ruso clamando, como imperativo estratégico, la independencia energética frente a proveedores autoritarios; entonces, alguien ayudó a volar Nord Stream para asegurarse de que nadie perdiera el valor. La estrategia de reemplazo se centró en el GNL catarí, pero son contratos a largo plazo: terminales de regasificación nuevos y relucientes a construir, un giro limpio ejecutado con la característica rigurosidad burocrática. El GNL volverá a fluir en solo 3 a 5 años, lo que permitirá a los responsables políticos europeos un horizonte de planificación cómodo… Y con un solo misil las terminales de gas catarí resultan seriamente dañadas.

Europa ha logrado con ‘éxito’ la independencia de la energía nuclear, del gas ruso y del GNL catarí simultáneamente, dejándola plenamente soberana sobre su propia política energética y totalmente dependiente del GNL estadounidense a un precio siete veces mayor al ruso, bajo un acuerdo que Trump amenaza con revocar. Es el tipo de destrucción de la demanda que Bruselas lleva una década intentando legislar”.

Pues nada, la transición está “funcionando”. 

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Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels (intercalando nuestras personales notas). La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo de impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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