Bienvenido a este Blog. Detectives de Guerra le brinda los mejores análisis de los conflictos internacionales de actualidad
Mostrando entradas con la etiqueta Vaticano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vaticano. Mostrar todas las entradas

17 junio 2019

El templo y los mercaderes (I)






Nota previa del editor del blog

Hace menos de un año (octubre 2018) había publicado uno de los mejores ensayos que se ha escrito sobre la mafia: Mafia como política, política como mafia redactado por Luis Linde en 2006. Pese a la existencia de evidencia documental, histórica y procesal, sobre una extraña relación MAFIA-VATICANO, persiste, a modo de rumor (desde hace mucho tiempo) un intento por ocultar la verdad por cualquier medio.  Libros,  reportajes en la prensa escrita, documentales de televisión ya no son novedad sobre el tema, un fascinante artículo del diario "El Independiente" analizaba la historia de "Los banqueros que sellaron la amistad entre Dios y la mafia", publicado en 2017.

Decía Linde que

"cualquier poder político que pueda hacerse obedecer da miedo visto de lejos y debe de dar mucho más visto de cerca. El poder se expresa, directa y habitualmente, a través del crimen y el genocidio. El poder mafioso puede considerarse una imagen de cualquier poder político visto en su desnuda dureza y, eventualmente, en su intimidad criminal".

En tiempos pasados, en algunas culturas y religiones, estaba -por mandato "divino"- prohibido la usura; hoy, la usura no solo es permitida sino practicada por la Iglesia Católica que justificó ese cambio al diferenciar el interés moderado (legal) y las prácticas usureras (realizada por abusivos prestamistas). Es decir, la iglesia condena y práctica la usura. La Iglesia renunció a una prohibición de siglos para entrar en el negocio.

La definición auténtica de USURA proviene del latín usura o interés que alguien cobra cuando presta dinero, un contrato que implica el crédito y el derecho a la ganancia o utilidad del mismo. Coloquialmente calificamos de usureros a entidades y personas que cobran intereses (bancos, instituciones que prestan dinero para hipotecas, préstamos de consumo, como mutualistas, cooperativas, etc.). Esa es la función de la banca comercial, el préstamo de dinero (usura en su correcta interpretación).

La iglesia católica y los alfaquíes islámicos prohibían la usura porque está prohibido en las escrituras sagradas, sin embargo, esa actividad no solo que era necesaria para los intereses estatales, era vital para comerciar.

Tanto los reyes cristianos como los califas musulmanes, fueron los responsables del surgimiento de una importante banca judía en el corazón del mundo islámico y de la cristiandad al recurrir a quienes ya gozaban de “licencia de Dios” para tales asuntos, los judíos. 

LTorah desde tiempos de Moisés prohibe que entre judíos se cobre interés alguno por préstamos, excluye el caso que un préstamo se haga a un extranjero: 

“No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que pueda producir interés. Al extranjero podrás prestar a interés, más a tu hermano no prestarás así” (Deuteronomio, 23:20).

Por siglos el naciente Islam se valía de los judíos para la práctica comercial del préstamo de dinero (usura), la misma actividad era practicada por la sacrosanta iglesia católica en la Edad Media contratando judíos como sirvientes de las Cortes de los Monarcas Cristianos - los Hofjuden- ("Judíos de la Corte”), bajo esa protección, ellos se encargaban de administrar las finanzas de los reinos y de la clase pudiente (aun en el presente). 

A lo largo de la historia ha sido una total hipocresía el dicho que uno no se “mancha las manos con la usura”. Queda establecido de donde proviene la "fama" del "judío prestamista" o del "avaricioso judío". En la Edad Media los judíos no estaban autorizados laborar en profesión u oficio que no sea el ligado a las prácticas "bancarias" del pasado. (este tema en particular ha sido analizado en anteriores ponencias).  

En el presente, con la incursión de la Iglesia en el negocio de la usura, el costo ha sido una secuela de muy terrenales escándalos financieros, el Banco Ambrosiano es un buen ejemplo.

En fin. Tenía intención de profundizar el tema anotado al principio, los modernos baqueros de Dios. Documentándome encontré un excelente reportaje, la idea básica que pretendía desarrollar en un nuevo proyecto: los obscuros negocios vaticanos, sus altas finanzas y sus relaciones con el mundo legal y el submundo de los negocios. No hay necesidad de investigar más, una reseña histórica del Vaticano desde 1870 al presente está disponible, su autor prefiere el anonimato. Pongo a disposición esta investigación.

Tito Andino

*****

El Templo y los Mercaderes (I)
La historia oculta de las finanzas vaticanas y las cosas extrañas que han sucedido en torno a las mismas entre 1870 y la actualidad.


Escrito está, mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones, pero vosotros la estáis convirtiendo en una cueva de ladrones.

El loco Amaro

No sé si os habéis parado a pensar en ello alguna vez, pero es bien conocido (porque lo cuentan los Evangelios) que, en vísperas de la Pascua judía, el agitador religioso Yeshua bar Yosef, más conocido como Jesucristo, protagonizó una acción contra la explotación económica del Templo de Jerusalén por parte de mercaderes y cambistas, a los cuales expulsó del recinto o al menos amonestó públicamente. Esos comerciantes actuaban en connivencia con las altas jerarquías sacerdotales, las cuales eran perfectamente conscientes de las irregularidades en algunas de aquellas actividades, más aún al ubicarse dentro del mismo recinto sagrado, pero las consentían porque obtenían pingües beneficios económicos con los impuestos que recaudaban gracias a ellas.

Dicho altercado constituye, que sepamos, la única confrontación pública y realmente violenta protagonizada directamente por Jesús contra el orden establecido en su época. El caso es que siempre me ha llamado la atención el que muy posiblemente esto ocurriese durante el último año de vida de Jesús (aunque los propios Evangelios discrepan sobre esto). De ser así da la casualidad de que casi inmediatamente después de esos hechos es cuando Jesucristo -que hasta entonces había podido predicar sin ser molestado que sepamos- fue sujeto de algún tipo de denuncia ante el poder romano por parte de las mencionadas élites sacerdotales judías, juzgado con gran diligencia y ejecutado públicamente. Sucesos, éstos últimos, que a su vez se conmemoran en la Pascua cristiana, aunque dotándolos de un componente puramente místico y simbólico y descartando cualquier relación de causa-efecto entre lo ocurrido en el Templo y el posterior procesamiento de Jesús. A fin de cuentas desde una perspectiva teológica su muerte estaba predestinada por Dios para salvarnos a todos y no tuvo nada que ver con vulgares cuestiones de este mundo relacionadas con el orden público, la política, o los pingües beneficios fiscales relativos a actividades dudosas.


Palacio Arzobispal de Sevilla


Dicho esto, quiero dedicar a recordaros un relato de Manuel Halcón perteneciente a los Cuentos del buen ánimo (1979). En esos cuentos se narra entre otras la historia de un cardenal Arzobispo de Sevilla el cual, mientras se construía el Palacio Arzobispal de dicha ciudad, bajaba muchas tardes a sentarse junto a la llamada Puerta del Lagarto, que daba al Patio de los Naranjos de la catedral, para desde allí presenciar los avances en las obras.

Ocurrió que un día en que el Arzobispo se encontraba en ese lugar, precisamente acompañado de algunos de sus familiares y subordinados, vio acercarse por la calle Placentines a un individuo estrafalario vestido con harapos. El Arzobispo preguntó a sus allegados que quién era aquel pobre hombre y estos le informaron de que se trataba de un loco o un deficiente mental conocido como Amaro y que al parecer era muy famoso y querido en la ciudad por lo que todo el mundo solía darle limosna y así iba sobreviviendo. Al oír eso el humilde prelado, que era muy campechano, le llamó a voces y le mandó por señas que se acercara.

Tras dudar unos instantes Amaro se aproximó al grupo y se quedó delante del señor Arzobispo, el cual le dijo medio en broma:

- Me alegra conocerte, Amaro. No te incomodes que no te llamo por nada malo. El caso es que me han hablado muy bien de ti. Puede verse que eres una persona humilde pero sincera y se que me dirás la verdad, no como todos estos aduladores que me rodean. Así que dime Amaro, ¿qué te parece como van las obras del nuevo palacio que he mandado levantar?.

Y Amaro, con voz respetuosa, le contestó:

- Que su eminencia reverendísima, al revés que Jesucristo, convierte el pan en piedras.

Y así acaba el cuento, con el obispo quedándose escandalizado mientras Amaro se aleja para seguir con su ronda pidiendo limosnas. Puede que no veáis ahora el sentido de esto que os he contado, pero dentro de un rato creo que lo comprenderéis.


El ladrillo y la burbuja

En 1835 unos inversores francobelgas fundaron una institución llamada Banca Romana que, algunos años después, concretamente en 1851, se convirtió en el banco oficial de los Estados Papales. Todo ello en una época en que el Papado -herencia de su pasado como señorío feudal y no solo como entidad espiritual- aún controlaba grandes territorios en el centro de Italia. 


Estados Pontificios


Sin embargo, en las décadas siguientes y debido al proceso de unificación italiana, el Estado Vaticano perdió la mayor parte de esos territorios y quedó más o menos reducido a lo que es hoy llegado el año 1870, en época de Pío IX. Debido a ello, en 1874, esa Banca Romana quedó integrada en la estructura bancaria del Reino de Italia convirtiéndose así en uno de los escasos bancos autorizados a emitir billetes de curso legal dentro del territorio del joven Estado. Las otras entidades autorizadas eran la Banca Nacional de Torino, el Banco de Nápoles, el Banco de Sicilia, la Banca Nacional de Toscana y la Banca Toscana de Crédito.

Pues bien, durante los quince años siguientes se desarrolló en el centro-Norte de Italia un contexto, que resultará fácil de entender para cualquier español actual, caracterizado por un boom económico propulsado por la bonanza en el sector de la construcción y los negocios especulativos ligados al mismo. En esa tesitura la Banca Romana empezó a superar ilegalmente los límites de crédito que estaba autorizada a respaldar. A fin de cuentas cada nuevo crédito concedido parecía ser un negocio redondo, ¿qué no se poseían los fondos para otorgarlo?, daba igual, ya se compensarían los balances con las ganancias derivadas de correr esos riesgos. 

Pero claro, en economía siempre después de la subida llega la bajada y a finales de los años 80 se produjo una recesión. En 1889 tres pequeños bancos de Turín muy implicados en la especulación inmobiliaria en la ciudad de Roma suspendieron pagos exponiendo gravemente a otras instituciones que a su vez les habían transferido fondos. Entre ellas, claro está, la Banca Romana


Billete de la Banca Romana


En junio de ese año el Ministro de Agricultura encargó a un senador llamado Giuseppe Giacomo Alvisi una inspección en dicha Banca Romana, la cual reveló inicialmente la existencia de un agujero en los fondos por valor de al menos 9 millones de liras. Sin embargo los contables de la Banca alegaron que esa discrepancia en los balances era debida a la “impericia” de los autores de la encuesta. De hecho la cantidad de dinero que supuestamente faltaba apareció misteriosamente de la nada al día siguiente de notarse su ausencia. Obviamente dichos movimientos de capital, cuanto menos extraños, no convencieron a Alvisi ni a los funcionarios del Tesoro que lo asistieron en la inspección, y por ello reflejaron todo lo sucedido en un informe que el propio Alvisi hizo llegar al Gobierno.

De esa forma el primer ministro italiano de la época, Francesco Crispi, así como el Ministerio del Tesoro, Giovanni Giolitti, fueron informados de la anómala situación de la Banca Romana, no obstante durante los tres años siguientes el "informe Alvisi" se mantuvo en secreto y ni ellos ni el siguiente gabinete de Gobierno, encabezado por Antonio di Rudini, hicieron nada al respecto, fuese por presiones extraoficiales de poderes en la sombra o por puro miedo a que una intervención en la Banca que descubriese la situación agravase aún más la crisis económica en el corazón del país al provocar un pánico masivo en los inversores. De hecho en 1891 el gobierno de Rudini impidió en el último momento que el senador Alvisi llegase a exponer en el Senado públicamente los resultados de su inspección.

En mayo de 1892 Giovanni Giolitti (recordemos, había sido por así decirlo Ministro de Economía unos años antes, en la época en que se había descubierto la probable insolvencia de la Banca Romana) fue elegido a su vez Primer Ministro y lo primero que hizo fue intentar que el presidente de la Banca Romana desde hacía más de una década, Bernardo Tanlongo, fuese elegido senador, para que así no se le pudiese procesar en caso, digamos, de que algún día la situación se escapase de control. De hecho Tanlongo constituía un director de banco muy peculiar ya que en origen era un granjero semianalfabeto que había empezado a tejer una red de relaciones ejerciendo como espía, había entrado en el negocio bancario de la mano de desconocidas amistades en el Vaticano y luego había sido mantenido en su puesto al entrar capital toscano en la Banca no se sabe muy bien por qué. Era probablemente un hombre de paja, pero aún hoy no se sabe de quién en concreto. 

En cualquier caso, a finales del año 92, antes de que el Primer Ministro pudiese confirmar a Tanlongo como senador, el primitivo informe destacando las  irregularidades en la Banca Romana fue filtrado a la opinión pública por amigos de Alvisi, quien había fallecido amargado en los meses previos. El escándalo subsiguiente desencadenó la creación de una comisión parlamentaria para verificar la seriedad de las acusaciones vertidas. Estas fueron, cómo no, corroboradas con creces a comienzos del año siguiente, descubriéndose un agujero de más de sesenta millones de liras. Básicamente la Banca Romana había prestado dinero muy por encima de sus posibilidades (hasta acumular deudas que doblaban la suma de sus reservas). De hecho gran parte de los activos inmobiliarios que poseía la entidad en garantía por los préstamos ya no respaldaban las cantidades avaladas debido a la caída de precios en el sector. Incluso, en un intento desesperado de camuflar lo anterior, la Banca Romana usando sus privilegios había llegado a emitir de forma incontrolada y subrepticia billetes por valor de unos 40 millones de liras (una cantidad de dinero enorme en aquella época) de cara a respaldar sus pérdidas.

Al día siguiente de que se conociese todo esto Tanlongo fue detenido y la Banca Romana cerrada en agosto del año siguiente, pero el juicio a Tanlongo y el resto de implicados en la gestión de aquel banco se fue retrasando hasta que todos resultaron exonerados de los cargos que se les imputaban a mediados de 1894 debido a la desaparición, probablemente a manos de la propia policía, de los documentos que probaban su culpabilidad y en los que al parecer se implicaba a personalidades e instituciones muy importantes. 


Aquí no pasa nada


Pero me diréis, ¿y esto que tiene que ver con Jesús y la Iglesia y esas cosas?. Si no os habéis aburrido ya y seguís leyendo dentro de un rato igual lo empezáis a percibir más claramente. 

Sigamos.

No hay que poner todos los huevos en la misma cesta

Casi al mismo tiempo que sucedía todo lo anterior se detectan una serie de movimientos muy curiosos creando o bien posicionando bajo el control de la Iglesia católica una serie de instituciones bancarias. Es una madeja compleja pero la voy a resumir muy rápido.

En el año 1892 se creaba la Banca Cattolica Vicentina, oficialmente casi una institución de caridad y de “socorro mutuo” dependiente indirectamente de la diócesis de Vicenza. A partir de unos orígenes tan humildes dicha sociedad, nacida para “estimular la solidaridad y la colaboración” entre las fuerzas productivas de una modesta diócesis, empezó a adquirir, muy poco a poco, otras entidades como el Banco Bassano del Grappa,  la Banca Cadorina, la Banca Cattolica Atestina, la Banca Cattolica di Udine, la Banca Cattolica di San Liberale, la Banca Feltrina y la Banca Depositi e Prestiti, la Banca provinciale di Belluno, la Banca Agricola Distrettuale, la Banca Veneziana di Crediti e Conti Correnti, la Banca San Daniele, etc., etc. Ya se sabe, lo que sea por los pobres.

De esta forma, ya entrado el s. XX, a medida que iba creciendo dicha Banca Vicentina pasó a ser conocida como Banca Cattolica del Veneto al convertirse en una fuerza financiera a tener en cuenta en toda esa región del Norte del país. Eso sí, manteniéndose como una institución siempre controlada en la sombra por la Iglesia




Por otra parte en 1896 un abogado de fuertes creencias católicas y muy relacionado con la orden franciscana llamado Giuseppe Tovini creaba en Milán el Banco Ambrosiano, oficialmente una institución privada e independiente pero que por algo pronto pasó a ser conocido como “el banco de los curas” ya que de forma subrepticia era teledirigida también por la Iglesia romana. De hecho entre los miembros del consejo de administración de la entidad en las siguientes décadas encontramos hasta un sobrino del Papa Pío XI; aunque por pura proximidad pasó a ser el Arzobispado de Milán el brazo eclesiástico encargado de vigilar de cerca las actividades de dicho banco. Por supuesto pasado el tiempo el caritativo Giuseppe Tovini fue beatificado.

Finalmente, un poco antes de todo lo que he contado hasta ahora, concretamente en 1887, el Papa León XIII creó una “Comisión para las Causas Pías” la cual durante los siguientes cincuenta años no dejó de ser una especie de institución caritativa muy pequeña. Sin embargo dentro de un rato vamos a ver que llegado un determinado momento esa pequeña institución “para las Causas Pías” iba a cobrar una gran importancia.

Durante el último tercio del s. XIX, una vez perdidos sus territorios y rentas feudales y en un contexto de disminución de las donaciones por la secularización de la sociedad, la Iglesia moderna creó o instrumentalizó una serie de instituciones bancarias a través de las cuales mover dinero y realizar operaciones e inversiones financieras con las que obtener liquidez. 

En esa etapa en todo caso no aparece nada particularmente extraño, nada especialmente sucio, salvo por el caso de la Banca Romana, y aun así no hay evidencias claras de la implicación del Vaticano con aquella institución en la época de su quiebra. Quizás la única pista respecto a esto último es que, como acabamos de ver, la génesis de las instituciones que en adelante iban a controlar una parte sustancial de los fondos de la Iglesia, al menos en Italia, surgieron casi de forma simultánea a la crisis y posterior colapso de la Banca Romana, como si hubiese sido necesario de repente crear alternativas a aquella vía.

Dicho esto hasta 1929 aproximadamente la tónica en las operaciones económicas emprendidas por la Iglesia iba a ser una paciente y cautelosa normalidad haciendo crecer las semillitas plantadas en las instituciones que he enumerado en este epígrafe. Sin embargo en ese año todo iba a cambiar, y no por la famosa crisis del 29 sino debido a algo totalmente diferente.


El pacto


Concordato. 1933

Para entenderlo hay que comprender a su vez el contexto político, no el económico. A ese respecto la gran preocupación de la Secretaría de Estado vaticana entre 1917 y 1991 fue contener la expansión del comunismo, sobre todo en Europa. 

A fin de cuentas la Iglesia es una institución peculiar cuya finalidad es salvar almas y en ese sentido el ateísmo propugnado por el nuevo régimen implantado por los bolcheviques en la URSS a finales de 1917 fue visto por diversos pontífices como una amenaza capital en caso de que lograse extenderse firmemente más allá de los confines del mundo ortodoxo. 

Por tanto, de cara a contener ese peligro mortal que supuestamente se cernía sobre el rebaño de la Iglesia, casi todos los Pontífices del período de entreguerras se mostraron dispuestos a contemporizar con sistemas “autoritarios” en lo político pero que gracias a ello se mostrasen útiles en la lucha contra la expansión del veneno rojo. Es así como se ha de entender por ejemplo el tácito apoyo de la Iglesia a diversos regímenes dictatoriales e incluso fuertemente represivos, caso del implantado en España tras la "Cruzada" nacional encabezada por Franco. También se explica así que el Vaticano firmase un Concordato con la Alemania nazi de Hitler en 1933, o que en el transcurso de las negociaciones para llegar a dicho acuerdo y probablemente por presiones del Vaticano el poderoso Zentrum, un partido católico de Baviera que llegó a ser la tercera fuerza en el Parlamento alemán, se autodisolviese a comienzos de julio de ese mismo año, ahorrándole a Hitler el engorro de tener que deshacerse por las malas de ese obstáculo en su ascenso hacia el poder absoluto.

Siendo sinceros respecto a esto último no es que la diplomacia vaticana desconociese las extravagantes tendencias paganas de parte de la cúpula nazi, su antisemitismo, o su violencia, pero en aquel momento se infravaloró la determinación nazi a la hora de llevar a cabo su delirante programa. Simplemente, como se ha dicho, desde el Vaticano se pensaba que en aquel momento era clave no obstaculizar la implantación de regímenes fuertes en países clave de la geopolítica europea, aunque fuesen dictaduras, incluso hostiles, si con ello se conseguía erigir un muro contra la posible expansión hacia el Oeste del ogro soviético. No se esperaba de esas dictaduras el grado de beligerancia que algunas de ellas acabaron mostrando. 


1929 Pactos de Letrán o Pactos Lateranenses


Teniendo presente todo eso volvamos a los años 20 y centrémonos en Italia. Allí se estaba produciendo la consolidación de un régimen de ese tipo, la Italia de Mussolini. En base a las coordinadas descritas el fascismo fue visto por la Iglesia del período como un mal menor con el que se podía negociar y al que se podía, supuestamente, controlar. Tal es así que entre ambos poderes se llegó a un acuerdo histórico en 1929, los Pactos de Letrán o Pactos Lateranenses, mediante los cuales se garantizaba de una vez por todas la absoluta soberanía pontificia sobre unas pocas hectáreas alrededor de la basílica de San Pedro, creándose de forma efectiva un Estado independiente dentro de la propia urbe romana, la Ciudad del Vaticano tal y como la conocemos en la actualidad. Lo que ocurre es que eso, aunque no era evidente en un primer momento, también implicaba a su vez privacidad para instituciones financieras que se instalasen allí. Por tanto, en esencia, desde ese momento el Vaticano se convirtió en varias cosas, entre ellas en un paraíso fiscal en potencia ubicado en medio de la propia capital de Italia. Si bien ya digo que inicialmente nadie se dio cuenta de las posibilidades que esto último implicaba. 




Por otra parte esos pactos con el Estado fascista proporcionaron a la Iglesia una importante aportación de capital (más de 750 millones de liras de la época contantes y sonantes así como 1.000 millones más en bonos del Estado) en tanto que para congraciarse con el Vaticano, y de paso obtener legitimidad ante el católico pueblo italiano, Mussolini aceptó incluir en los mismos una “indemnización” a la Santa Sede ¡¡por la pérdida de los antiguos Estados Papales de cuño feudal ¡¡. Gracias a ello la situación financiera de la Iglesia recibió un fuerte impulso, el cual se consolidó en los años siguientes a través de inversiones realizadas a través del aparato financiero que he descrito hasta ahora así como una especie de holding creado al efecto en Luxemburgo y luego desplazado a Suiza

En ese contexto el cerebro de la estrategia financiera que seguiría la Iglesia los siguientes veinticinco años fue Bernardino Nogara, un oscuro ingeniero y financiero milanés amigo de la familia de Pío XI y al que dicho Papa colocó en 1929 a cargo de una institución especialmente creada para gestionar el dinero obtenido de los pactos con Mussolini: la Amministrazione Speciale della Santa Sede. Institución que luego tendría un largo recorrido en el que no voy a entrar aquí.


Bernardino Nogara

Pues bien, durante los años siguientes el hábil Bernardino transformó parte de los fondos de dinero del Vaticano en reservas de oro, se hizo con importantes participaciones en las principales aseguradoras de Italia así como en la principal empresa de construcción del país y hasta contribuyó -con pingües beneficios- a la compraventa de la munición empleada por las tropas de Mussolini en sus campañas africanas de los siguientes años, particularmente la invasión de Etiopía. Tampoco están muy claras algunas inversiones en industrias farmacéuticas o, sobre todo, los movimientos llevados a cabo durante los años de la II Guerra Mundial. Todo ello por su propia iniciativa en contra de los deseos de la Santa Sede.    Obviamente. 

En cualquier caso la estrategia fue tan amoral como exitosa con lo que pronto el Vaticano se encontró con más dinero en sus manos del que podía canalizar con comodidad a través de los modestos bancos que controlaba indirectamente y por ello se hizo evidente la necesidad de crear una nueva entidad

Es así como durante la guerra, por mandato del polémico Pío XII, la vieja y modesta “Comisión para las Causas Pías” se convirtió en 1942 en el Instituto para las Obras de Religión, IOR, el cual poco a poco pasaría a ser conocido popularmente como el “Banco Vaticano” en tanto que, en parte, pasó a serlo.

El propósito oficial declarado de dicha institución sería en adelante conservar y administrar bienes pertenecientes a los ciudadanos del singular Estado vaticano o que tuviesen por objetivo “obras religiosas o de caridad”. Es decir se trataría en teoría de una especie  de banco privado para los peculiares funcionarios de la Iglesia católica -sacerdotes, abades, monjas, frailes- y dedicado no tanto a proporcionarles rentabilidad como a conservar a buen recaudo sus escasos ahorros y en ocasiones también mantener a salvo otro tipo de pecunios que le fuesen entregados a la Santa Sede “para hacer el bien” por así decirlo. Por ello técnicamente el “Banco Vaticano” no fue nunca considerado un banco al uso ya que oficialmente no se dedica a prestar dinero o realizar inversiones sino solo a servir de caja fuerte al personal que trabaja en la Curia Romana y poco más. Pero por otro lado en un determinado momento, como vamos a ver, su utilidad para la Iglesia estribó en poder centralizar en el mismo Vaticano, donde tiene su sede dicha institución, algunas de sus operaciones financieras más importantes y secretas

Por supuesto, pese a la creación del IOR, el Vaticano siguió controlando en la sombra los bancos de los que hablé antes, pero desde ese momento pasó a poseer en Roma una sucursal bancaria propia e independiente que, por efecto de los Pactos Lateranenses, resultaba opaca para cualquier organismo fiscal, policial o judicial externo. 

En otras palabras, a partir de ese instante lo que los Pactos Lateranenses habían convertido en una posibilidad rebuscada pasó a ser casi definitivamente posible. En adelante era cuestión de tiempo que un señor, digamos de Palermo o de la cercana Nápoles, se acercarse a Roma con una maleta llena de dinero de procedencia indeterminada. Una vez en la ciudad, confundido con los millares de peregrinos y turistas, es posible que el señor en cuestión y su maleta se adentrasen en el Vaticano y contactasen con un funcionario del IOR al que se podría hacer entrega de dicha maleta llena de dinero destinado a “obras de caridad” para que fuese custodiado allí, al abrigo de los ojos del mundo, de forma indefinida, o quizás para que ese dinero fuese transferido a salvo, fuera de las fronteras italianas, a una cuenta en otra institución financiera del extranjero.

Todo ello con la identidad del misterioso propietario de la maleta y de la consiguiente nueva cuenta en el IOR no solo protegida por todas las salvedades que caracterizan a un paraíso fiscal al uso, sino también por las peculiaridades del Vaticano como paraíso fiscal. A saber: posee un “jefe de Estado” que es técnicamente la cabeza de un régimen teocrático de cuño feudal, gracias a lo cual no debe responder de ninguna forma ante un Parlamento, unas elecciones democráticas o controles de algún tipo; y cuyos burócratas son esencialmente fanáticos religiosos, dispuestos a aceptar ciegamente las órdenes de la jerarquía, curtidos en un régimen de comportamiento donde el guardar secretos es una forma de vida y que pueden invocar excusas especiales, como el secreto de confesión, en el improbable caso de ser interrogados.  

Llegados a este punto puede que a algún lector le choque la asociación que llevo haciendo unos párrafos de las palabras “paraíso fiscal” y Vaticano. Lo cierto es que si bien no hay problemas en considerar a Mónaco, Liechtenstein o Luxemburgo como “paraísos fiscales”, pocas veces esas palabras se relacionan con el Vaticano en un párrafo impreso en un libro o pronunciado en un medio de comunicación. Obviamente la naturaleza esencial del Vaticano es otra, como destino turístico, como foco espiritual o como subestimado centro diplomático. Pero es que eso nos lleva a olvidar que también ha sido otra cosa en una fase muy concreta de su historia de la que voy a empezar a hablar ahora.

Antes de eso debo aclarar que en realidad en lo último que he contado hay una debilidad. Realmente en la historia del misterioso señor con una maleta llena de dinero que se acerca al Vaticano a ponerlo a salvo fallan dos detalles. Al margen de que en los años 40 con la Guerra Mundial y más adelante la ocupación nazi de Roma eso se hacía complicado, por decir algo, está la cuestión de que el hipotético señor para completar con éxito la transacción en aquellos primeros años del IOR necesitaría un pasaporte vaticano y la complicidad de algún tipo de un miembro del IOR.

Esas condiciones ya puedo decir que no se dieron en los siguientes treinta años. Pero el caso es que pasado ese tiempo… llegó un momento en que se dieron. Y, al darse, el IOR del Vaticano se convirtió en un escondite seguro y muy valioso por su invisibilidad pública para políticos corruptos de la democracia cristiana y para la mafia. Así como suena.


Giovanni Montini, Pablo VI, Papa desde 1963 a 1978  


Hasta aquí he explicado en detalle la compleja maraña de hechos que pusieron las bases para que algo tan grave como lo que he dicho pudiera cristalizar. Pero como he confesado, aún faltaban detalles. Así que ahora hay que explicar cómo se solventaron esos detalles y quienes lo hicieron posible.

Para ello hay que pegar otro pequeño saltito, esta vez hasta finales de los años 60 y principios de los años 70, concretamente hasta el Papado de Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, más conocido como Pablo VI, Pontífice romano entre 1963 y 1978.  

Los tres monos sabios, el señor lobo, los fascistas y los mafiosos

Ese Papa tomó en su momento varias decisiones que tiempo después iban a tener gran repercusión. Para empezar fue él quien elevó al cardenalato y otras dignidades a tres prometedores clérigos: Albino Luciani, Karol Wojtyła y a Joseph Ratzinger, los que acabarían siendo los tres siguientes Papas en la línea sucesoria. En cierta forma la camarilla que controló el Vaticano durante el último medio siglo se formó en aquel entonces

Por otra parte Pablo VI conocía muy bien el Banco Ambrosiano desde su etapa como Arzobispo de Milán cargo al que había accedido en 1954 y gracias al cual empezó a ser conocido como el “arzobispo de los pobres”. Pues bien, una vez ya elegido Pontífice es cuando se produce el ascenso en la jerarquía de dicha entidad bancaria, de un oscuro individuo llamado Roberto Calvi.

Calvi era milanés (igual que lo habían sido casi todos los financieros de los Papas, caso de Giuseppe Tovini o Bernardino Nogara), hijo de un funcionario de banca, había militado en movimientos estudiantiles fascistas pero tras el final de la IIª Guerra Mundial había recibido refugio en el Banco Ambrosiano en 1947. Allí ejerció de eficiente funcionario hasta que en los años 70 se convirtió primero en director general y luego presidente de dicha entidad; una empresa teóricamente privada pero como ya se ha dicho controlada de facto en la sombra desde el arzobispado de Milán y el Vaticano a través del Instituto para las Obras de Religión que era su máximo accionista


Roberto Calvi, el Banquero de Dios


Asimismo bajo la sombra de Pablo VI ascendió y prosperó otro curioso personaje llamado Paul Marcinkus, estadounidense nacido en Chicago de padres lituanos a quien Pablo VI tomó bajo su protectora ala durante su etapa de Arzobispo de Milán. En base a esa confianza, una vez convertido en Pontífice es a Marcinkus a quien Pablo VI encomendó la organización de sus viajes pastorales. Con el tiempo el fiel Marcinkus pasó a encargarse también de la protección del Papa durante dichos desplazamientos y fue durante el desempeño de dicha tarea cuando se produjo el hecho que asentó para siempre la fuerte relación de confianza existente entre ambos hombres.



Paul Marcinkus


A finales de 1970 durante un viaje a Filipinas, en el propio aeropuerto de Manila, un pintor surrealista boliviano de nombre Benjamín Mendoza intentó apuñalar al Papa y, aunque apenas logró herirlo superficialmente en el costado, la levedad del ataque se debió a la rápida intervención de varios de los clérigos que rodeaban al Pontífice romano y que impidieron que la situación pasase a mayores.  

Realmente el mérito de identificar y detener al agresor correspondía al obispo Dennis Galvin y sobre todo al secretario personal del Pontífice, Pasquale Macchi, que fue quien se jugó al tipo para detenerlo abalanzándose sobre él. Pero, al formar parte de los clérigos que rodeaban al Papa y sujetaron a Mendoza, de alguna forma Marcinkus logró atribuirse todo el mérito de haber evitado lo peor pese a que en parte fueron los fallos de la seguridad planificada por él los que posibilitaron que el agresor se acercase hasta el Papa sin ninguna dificultad. 


Benjamín Mendoza intenta atacar a Pablo VI


En cualquier caso, gracias al crédito hábilmente obtenido tras aquellos sucesos, unos meses después Marcinkus fue puesto a la cabeza del Instituto para las Obras Religiosas. Y es a partir de aquí donde la realidad empieza a superar a la ficción.

Marcinkus era un tipo ambicioso y con unas amistades extrañas en el mejor de los casos. De hecho, al margen de sus cargos religiosos, es probable que ya en este momento de su vida hubiese entrado a formar parte de la masonería junto con otros pesos pesados de la Curia vaticana de la época como el Secretario de Estado del Vaticano Jean Marie Villot, el propio secretario papal Pasquale Macchi antes citado, Roberto Tucci el director de Radio Vaticana, o el subdirector de L´Osservatore romano, órgano oficioso del Vaticano. 


Licio Gelli 


En ese sentido la particularidad de la masonería italiana de la época –y de ahí la presencia de tantos religiosos- era su carácter furibundamente anticomunista y conservador, por lo cual albergaba en su seno a antiguos señalados fascistas como Licio Gelli, un tipo del que se podrían hacer tres entradas como ésta contando solo sus trapos sucios, por ejemplo de joven estuvo implicado en la desaparición de veinte toneladas de oro procedente de Yugoslavia.

Llegados a este punto se dio la coincidencia de que el muy bien relacionado Gelli por un lado conocía a mafiosos como Michele Sindona, los cuales poseían maletas de dinero de procedencia dudosa que deseaban guardar a buen recaudo. Por otro lado Gelli conocía a políticos de signo democristiano moderadamente corruptos y siempre dispuestos a mirar hacia otro lado si valía la pena. Asimismo Gelli también trataba ocasionalmente con eclesiásticos y gente relacionada con la estructura financiera del Vaticano que igual que él formaban parte del mundillo masónico, aunque no se sabe muy bien si tomándoselo en serio, solo como pasatiempo pintoresco, o como informadores del Papado de cara a controlar e influir en lo que se cocía allí. En cualquier caso toda esa gente ligada a la estructura financiera vaticana, hagamos memoria, tenía en sus manos un paraíso fiscal por completo impenetrable al que todavía no se le había sacado jugo. Finalmente entre ese grupo de gente que movía dinero para el Vaticano y que intimaba ocasionalmente con Gelli también había seglares con similar pasado fascista olvidado, como Roberto Calvi, recordemos, el tipo que estaba en esos primeros años 70 haciéndose con la gestión del Banco Ambrosiano. ¿Cómo se conjugaron todos esos factores?. No se sabe con seguridad.




Lo que hoy sabemos es que Marcinkus desde el mismo momento en que se hizo cargo del IOR buscó centralizar y coordinar varias de las instituciones financieras instrumentalizadas por la Iglesia, antes dispersas. Por ello, para empezar, bajo Marcinkus el IOR afianzó su posición de control en el consejo de administración del Banco Ambrosiano como primer accionista del mismo al poseer una quinta parte de sus acciones. En adelante el Banco Ambrosiano pasaría a ser la herramienta a través de la cual saldría a la luz el dinero que a su vez llegaba a la Iglesia por los secretos cauces de las donaciones “caritativas” al IOR con sede en el propio Vaticano.

De cara a potenciar su nuevo instrumento clave, en 1972 y “por las malas”, Marcinkus le quitó el control de la Banca Cattolica del Veneto a otro de los protegidos del Papa y por entonces patriarca de Venezia, Albino Luciani, solo para a continuación entregarle el 37% de las acciones de dicha entidad financiera al Banco Ambrosiano, poniendo de facto a dicha banca véneta bajo control del Ambrosiano. De esta forma Marcinkus alineaba su artillería para ganar potencia de fuego y poder acometer empresas ambiciosas. 

A su vez, operando desde el Banco Ambrosiano, Roberto Calvi, previsiblemente por órdenes de Marcinkus aunque nunca se pudo probar nada, creó toda una red de cuentas y de filiales en países lejanos y paraísos fiscales. Así por ejemplo construyó en Nassau una filial bajo el nombre de Cisalpine Overseas Bank proceso que repitió en otros países como Perú.

Es de suponer que la idea era la siguiente: en adelante, señores misteriosos pero muy caritativos, ocasionalmente pertenecientes a la mafia, podían depositar dinero en el impenetrable y completamente opaco IOR del Vaticano, a salvo del fisco o la Justicia italianas. Luego desde allí, en cierta forma como pago a la Iglesia por esos servicios, una parte de ese dinero se movía hacia el Banco Ambrosiano y, desde él, se desperdigaba y desaparecía a través de múltiples cuentas secretas ocultas en paraísos fiscales distribuidos por todo el mundo. Todo ello con la connivencia de funcionarios y políticos pertenecientes a la democracia cristiana, quienes de vez en cuando también se beneficiaban del entramado de cara a sus propios fines. Por su parte, una vez dispersado el dinero internacionalmente, la Iglesia podía usar esos fondos escondidos para, digamos, operaciones especiales en las que el fin justificaba los medios.  

A su manera Marcinkus se encontraba con una herramienta potencialmente muy poderosa en sus manos. 


El problema es que también era muy peligrosa si algo de todo esto salía a la luz porque alguien de los implicados en esta cadena se volviese codicioso o descuidado. Qué operaciones eran esas para las que se usaba el dinero, qué salió mal, qué pasó después de que saliese mal, o qué relación tiene todo esto con cosas que han sucedido últimamente en el Vaticano?.


Continua en este enlace
Haga click aquí para ir a la segunda parte

07 marzo 2019

Historia del «Nuevo Orden Mundial»




Nota previa del editor del blog

Un esclarecedor estudio que, a pesar de los tiempos, sigue vigente, es indudable que el término "Nuevo Orden Mundial" está en decadencia por diversos factores. No obstante, la esencia de esta ponencia redactada en 2010 se mantiene intacta por otros medios. Usted debe comprender que no siempre los planes trazados por las élites globalistas tienen éxito, recurriéndose a un plan "B" que tampoco es único (existe la previsión de tener diversos planes estratégicos diseñados a largo plazo y para diferentes escenarios). Las élites no se conforman con ostentar el poder terrenal en el presente, siempre mirarán al futuro y preparan nuevas generaciones para perseverar la continuidad de ese esquema.

El término "Nuevo Orden Mundial" curiosamente fue adoptado por la Alemania Nazi (el "Nuevo Orden" hitleriano) y posteriormente en la posguerra por el círculo industrial financiero que decidió que la era de los políticos había terminado y que en adelante serían ellos quienes conducirían las riendas de la humanidad... (con el consentimiento de quién? ... de nadie) solo basados en la vieja máxima que el poder lo ejercen los más fuertes, en la actualidad debe entenderse como la fuerza político, económico y militar heredera de las viejas tradiciones imperiales, mejor conocida como "globalización".

En 1996, Noam Chomsky presentaba su libro "El Nuevo Orden Mundial (Y El Viejo)", se plantea que, supuestamente, tras la caída del muro de Berlin se terminaba una era e iniciaba otra. El denominado "Nuevo Orden Mundial", dice Chomsky, es como el viejo, pero con otro disfraz. Las reglas básicas siguen perdurando: los débiles están sometidos a la fuerza de la ley, mientras los poderosos se sirven de la ley de la fuerza

No entraré en más detalles, con la respectiva aclaración del traspié de algunos proyectos glabalistas que serán reemplazados por otros, demos lectura a la siguiente ponencia que ha estado a pasos de cristalizarse en todo el mundo, el lector recordará entonces que algunos de estos intentos de "hermanar" a los estados han fracasado por la acción decidida de quienes defienden el verdadero derecho natural y la vigencia del estado - nación.


***

por Pierre Hillard
Red Voltaire 
7 agosto 2010

Presentamos la historia de una corriente ideológica y de las poderosas personas que están detrás de todo esto. Estas buscan el surgimiento de bloques regionales tipo Unión Europea o UNASUR para orientarlos, poco a poco, hacia una forma de Gobierno Mundial. Su objetivo no es impedir las guerras sino extender su poderío financiero y comercial en el mundo entero. Su pensamiento reivindica el proyecto de un «Nuevo Orden Mundial» que debe edificarse sobre las ruinas de los Estados-Naciones. Hoy más que nunca resulta indispensable estudiar este proyecto de globalización político a fin de impedir que el ideal de Unidad Humana se transforme en una pesadilla totalitaria.


Reunidos en Londres, el 2 de abril de 2009, alrededor de la reina inglesa Elizabeth II para la foto, los presidentes y otros jefes de Estado de los veinte países más poderosos del mundo, G-20, quienes tienen previsto discutir en vista de crear un directorio económico mundial.


Con la ratificación del Tratado de Lisboa por los 27 países europeos el 19 de noviembre 2009 y la elección de Herman van Rompuy a la presidencia del Consejo Europeo, así como la decisión de elegir a Catherine Ashton como Alta Representante de la Unión Europea para las Relaciones Exteriores y la Política de Seguridad, la Unión Europea (UE) marcó un giro decisivo en sus ambiciones mundialistas. De esta manera el bloque comunitario de Estados europeos, es decir la Unión Europea, se va dotando, poco a poco, de un nuevo rostro político y dándose un «número telefónico» para retomar la expresión de Henry Kissinger.

Es verdad, hay nuevos arreglos —así como ciertos perfeccionamientos— indispensables afín de asentar definitivamente esta unión regional. En efecto, las rivalidades continúan y perduran entre el presidente del Consejo Europeo, el presidente de la Comisión Europea y la presidencia de turno de seis meses que va girando de un país miembro a otro país miembro. Esta situación molesta e irrita a la administración Obama. [1]. Sin embargo, dotando a la UE de una personalidad jurídica y de una completa primacía del derecho europeo sobre el derecho nacional (es decir el derecho nacional de un país miembro pasa a segundo plano, por eso Suiza y otros Estados europeos no son miembros (...) la UE se ha convertido un poder supranacional), la Unión Europea puede pretender de esta manera (¿a ser un modelo de éxito?) y convertirse en un actor en la escena internacional.

Sería falso afirmar que esta nueva vocación de la UE se hará en una completa independencia con relación al resto del mundo. De hecho, las elites europeístas apoyadas por la oligarquía financiera [mundial] avanzan unidas y en comunión de espíritu y alma con las otras uniones regionales en curso y en formación en el planeta.

En efecto, la Unión Europea es un componente de más en el vasto programa y diseño que conduce poco a poco a la Humanidad al surgimiento de bloques continentales [o regionales] dotados cada uno de una moneda, de una ciudadanía, de un parlamento único, etc. (...), y este conjunto de bloques está llamado a constituir un gobierno —o regencia— mundial. 

Nosotros podemos revelar o citar las siguientes uniones regionales en curso de formación o ya concretizadas:




- La Comunidad Económica Euroasiática (CEEA o (CEEA o Eurasec por Eurasian Economic Community) [2]: creada en octubre de 2000 y reuniendo varios países del antiguo bloque soviético (Rusia, Kazajstán, Bielorrusia, ...), persigue el objetivo de crear una unión aduanera [3] a partir de 2010 con la idea de tener una moneda común interactuando en este conjunto territorial, moneda que podría ser llamada «evraz» [4] o «euras» o tal vez «eurasia» (el nombre exacto de esta moneda todavía no ha sido decidido e incluso puede cambiar por otro nombre no previsto aún.) [5].




- La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) [6] unión creada en mayo 2008, este bloque prevé pasar de una lógica sub-regional a una identidad regional mediante la fusión en una sola organización, es decir uniendo el Mercosur y el Pacto Andino, reuniendo a todos los Estados del continente sudamericano (a excepción de la Guyana francesa, de las islas británicas Sandwich y Malvinas). El ideal buscado es la de lograr un parlamento y moneda única [7] y una ciudadanía [o nacionalidad] común. El UNASUR mantiene lazos privilegiados con su modelo europeo en el marco de una asamblea parlamentaria Euro-Latinoamericana llamada EUROLAT [8].




- El Sistema de Integración Centroamericano (SICA) [9] creado en diciembre de 1991, este grupo de países centroamericanos persigue los mismos objetivos de los citados anteriormente [es decir para Sudamérica], particularmente busca la creación de una moneda única y común a este bloque sobre todo después de la cumbre realizada en San Pedro de Sula (Honduras) en diciembre de 2008.




- El lanzamiento de la Organización de la Unidad Africana (OUA) [10] en 1963 permitió pasar a una situación más ágil y dinámica, y a partir de los años 1999-2000, con la creación de la Unión Africana (la UA en la ciudad de Durban, África del Sur en julio de 2002) y de la «Nueva Asociación para el Desarrollo del África» (NEPAD) [11]. Los objetivos buscados (comisión regional, parlamento panafricano, corte africana de derechos humanos, etc.) está calcada sobre el modelo europeo. [12].




- El Consejo de Cooperación del Golfo (Golf Cooperation Council, GCC) [13] creado en 1981, tiene como objetivo la de lograr una unión más solida y estrecha entre los países del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos). Busca también conseguir una moneda común que se prevé haga su aparición para los años 2010-2011. El nombre que recibirá esta moneda —según lo han afirmado algunas personalidades —es el «Khaleeji». Sin embargo, a pesar que la idea de dotarse de una moneda común ha sido validada, su nombre no ha sido confirmado oficialmente por el momento. [14].




- Una Unión Asiática también va cuajando poco a poco bajo la conducción de tres actores principales: Japón (CEAT, Council on East Asian Community), China (NEAT, the Network of East Asian Think Tank) y Corea del Sur (EAF, the East Asia Forum). Desde el 1 de enero de 2010, China y el ASEAN (siglas en inglés para designar la «Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) crearon el espacio geográfico más grande de librecambismo en el mundo, al cual se han asociado Corea, Japón, Australia y Nueva Zelandia. Ella debe permitir «acelerar este proceso de regionalización» como lo dice con gran gusto el señor Xu Ningning, Secretario General del Consejo Económico China-ASEAN [15].



Prosperity Partnership Of North America. Una idea de una unión Norte-Americana fue lanzada en marzo del 2005 en Texas (Waco) entre los presidentes de Estados Unidos, Canadá y México en el marco del PSP (Prosperity Partnership Of North America), es decir, Asociación para la Prosperidad y Seguridad de Norteamérica [16]. El objetivo buscado era alcanzar teóricamente en el transcurso del año 2010, la instauración de un perímetro político, económico y militar unificado entre los tres Estados [17]

Una nueva unidad monetaria llamada «amero» o «dólar norte-americano» (la designación de esta nueva moneda todavía no ha sido confirmada) y deberá remplazar el dólar estadounidense y canadiense así como al peso mexicano [18]. Esta mutación pasa por el desplome del dólar estadounidense actual y tendrá entonces una repercusión en todo el sistema financiero y monetario mundial. Esta crisis sistemática global (política, financiera, monetaria y geopolítica) debe agravarse en la primera mitad del año 2010 para que pueda favorecer la llegada e implantación de este Nuevo Orden Mundial, tan deseado por los amos y otros poderosos señores oligárquicos del sistema.

Finalmente, estaba previsto teóricamente para el 2015 la instauración de un bloque Euro-Atlántico unificado política, económica y militarmente [19]

En ese sentido podemos señalar que el Parlamento Europeo ha adoptado una resolución el 26 de marzo de 2009, tratando la «situación de las relaciones transatlánticas, esto ocurrió después de haber finalizado las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos (con la victoria de Barack Obama)». Esta resolución tiene el mérito y la fuerza de recordar todos los acuerdos políticos, económicos y militares concluidos por ambas partes situadas en cada extremo del océano Atlántico, es decir, por un lado los EEUU y por otro lado Europa (mejor dicho la Unión Europea) [20].




Para que esta lista de datos que menciono pueda estar completa tengo que evocar un acontecimiento, un hecho muy importante que ocurrió durante la Cumbre de jefes de gobierno en la ciudad de Aquila en Italia (8-10 de julio de 2009), cumbre donde los presidentes hablaron de diversos temas muy importantes (crisis económica, clima, etc.) y que la mayor parte de la prensa comercial ha silenciado deliberadamente, ha omitido nformar a la opinión pública mundial.

Durante una entrevista con los periodistas, el presidente ruso Medvedev presentó y mostró un prototipo de moneda mundial, era una pieza de moneda fabricada en Bélgica y en la cual estaba grabada una frase en inglés que decía: «Unidad en la Diversidad» [21]. Esta presentación del presidente ruso constituye una prueba que un cambio mayor está en curso de gestación en los círculos secretos del poder. Por la primera vez, un presidente presentaba un ejemplar de una moneda capaz de poder ser la referencia monetaria única de toda la humanidad [22].



El presidente ruso Medvedev presentando un prototipo de moneda mundial durante la cumbre del grupo G-8 en Italia


El gesto del presidente ruso vienen a sustentar las palabras de Herman van Rompuy, quien durante su discurso de agradecimiento, luego de ser nombrado Presidente del Consejo de la Unión Europea, no dudo un solo momento en decir una frase llena de insinuaciones: «2009 es también el primer año de una gobernación mundial con la instauración del G-20 en plena crisis financiera» [23].

Esta afirmación, —viniendo de la parte de un partidario de la gobernación mundial— debe llevarnos a reflexionar y a formularnos la siguiente pregunta: ¿Cómo hemos llegado a esta situación? En efecto, la descripción de estas diversas uniones regionales, algunas en formación, otras ya concretizadas, en el marco de una autoridad única —con la implosión interna del Estado (gobierno) que la componen [24]— no es el fruto de una casualidad. Esta mutación resulta de un largo trabajo, de una labor y de mucho empeño por parte de las oligarquías financieras [25] y grupos elitistas políticos que han trabajado largo y tendido por el intermedio de think-tanks y otras fundaciones, para llegar al punto donde hemos llegado. 

(Nota de la redacción: un think-tank resulta ser frecuentemente centros propagadores de ideas provenientes de un lobby, que bajo la cobertura de «instituto de investigación» trabajan ideológicamente para convencer a las poblaciones civiles de la veracidad e importancia de los propósitos que conducen. A pesar de contar con especialistas, profesionales u otros intelectuales, el objetivo de un think-tank es de convencer a la gente de lo que ellos realmente tienen interés, y es ahí que se encuentra la manipulación).


La Oligarquía anglo - sajona y sus príncipes

El público francés es desgraciadamente ignorante y no conoce quiénes son los verdaderos actores [amos] de la política mundial (el autor siendo francés se dirige al público de su país, nota de la redacción). Estos actores de la política mundial no muestran sus rostros, prefieren el anonimato o generalmente se mueven entre los bastidores, ejerciendo sus talentos fuera de las pantallas de televisión, fuera de formaciones o partidos políticos, pero imponen sus decisiones e intereses. 


Para poder comprender mejor la desastrosa situación en la que se encuentran los defensores de la causa nacional (del Estado-Nación en cada país) a comienzos del siglo XXI, basta con recordar los principales rasgos y el papel eminentemente importante que ha jugado y juega la poderosa elite financiera y aristocrática anglo-sajona. Esta siempre ha constituido un Estado dentro del Estado.

Podemos situar en el tiempo el momento en que estas elites (barones, príncipes y otros nobles) se aprovecharon para tomar influencia y poder. Esto ocurrió durante la instauración de la «Gran Carta» el 15 de junio de 1215. Después de la derrota del rey Juan I de Inglaterra, más conocido como Juan sin Tierra, el 27 de julio de 1214, en la batalla de Bouvines, frente al rey Felipe II de Francia, llamado también Augusto.

En esas circunstancias, los barones ingleses se aprovecharon para reivindicar privilegios políticos y financieros. En adelante, la monarquía británica, la Corona inglesa estará obligada de componer y colaborar con una casta social que emplea la fuerza, el poder financiero y ambiciones comerciales. Es desde esa época que nació una elite ávida, reivindicativa y orgullosa. Es ella misma la que ha originado la existencia de estos grupos de presión, más conocidos como lobbies (cabildeos) y que por diversas vías, es decir por la finanzas, el espionaje o control de los medios de comunicación, ejercen enormes presiones sobre el poder político.

Este último, es decir el poder político [los políticos más precisamente], es dependiente del apoyo y sobre todo del dinero contante y sonante para poder mantenerse en el poder –por eso está obligado de tener en cuenta los intereses y consejos emanando de esta casta

Los think-tanks, fundaciones, grupos elitistas son los herederos y descendientes de un estado de espíritu elitista y mercantil, de un modo de vida selectivo y exclusivo. Estos cenáculos se han convertido en los centros exclusivos e imperativos de una minoría activa que condiciona incluso el avenir del mundo anglo-sajón y, poco a poco, del universo entero.

Contrariamente al concepto político francés que somete cualquier actividad o interés privado para favorecer primeramente el interés del Estado nacional, prioritario en ese sentido, es decir, el interés común del pueblo, estas organizaciones político-comerciales no dependen de ninguna autoridad nacional. Desde muy temprano, estos grupos elitistas ejercieron sus talentos para cimentar sus intereses de casta. Desde la Edad Media, compañías como London Staplers, London Mercers Company, o incluso British East India Company (la BEIC en el siglo XVII) han sido las puntas de lanza del imperialismo británico.

Hay que precisar también que esta aristocracia comercial ha sabido pasar el relevo a sus herederos y descendientes, llevando siempre la antorcha de la conquista y del control de las riquezas, de generación en generación. «Siempre más» para tomar una expresión dicha por François de Closets (periodista y realizador francés). 

La derrota francesa en América del Norte condujo a la firma del Tratado de París del 10 de febrero de 1763, esto puede ser considerado como el acto de nacimiento y el ascenso en potencia de la oligarquía británica. En efecto, la perdida de la Nueva Francia (territorios del actual Canadá y EEUU) otorga a la Corona Británica un continente entero lleno de riquezas, de fabulosas materias primas y prácticamente despoblado. La incapacidad de la monarquía francesa para poblar estos vastos territorios e integrarlos a la esfera de la civilización greco-romana, hace inclinar la balanza, es decir todo este espacio geográfico pasa bajo la influencia del mundo anglo-sajón. Inculcados de una creencia mesiánica, las elites conquistadoras angloamericanas, en contacto con sus homólogos británicos estaban listos ya y determinados a imponer su modelo al resto del mundo.

Después de las guerras de la Revolución Francesa y la derrota de Napoleón I en el año 1815, el poderío anglo-sajón ya no tiene rival en los mares. Potencia demográfica, poblamiento de vastos territorios en América del Norte, en África austral, en Australia y Nueva Zelandia le ayuda a implantar colonias y controlar puntos estratégicos en diversas partes del mundo (Gibraltar, Hong Kong …), controlando así territorios en varios continentes, implementación de tecnología de punta y un sector bancario con buen rendimiento permitieron a estas aristocracias comerciales de Londres y de Nueva York comenzar a soñar en un control del mundo bajo los auspicios de la City [centro de negocios de Londres] y de Wall Street [bolsa de New York]. Un hombre ha encarnado de manera emblemática este ideal: el señor Cecil Rhodes.

Cecil Rhodes (1853-1902) [26]



Cecil Rhodes fue un gran defensor del Imperio Británico, emigra a África austral en donde su personalidad y sus cualidades intelectuales excepcionales le permiten hacer fortuna en el sector del diamante. Fue gracias a él que surgió y se desarrolló la industria del diamante mediante la creación del grupo De Beers, en relación y con el apoyo de Nathaniel Mayer Rothschild (1840-1915). Su fortuna colosal le abre las puertas de la colonia británica. 

Cecil Rhodes prepara el terreno para que el Estado Sudafricano (dominio del Imperio Británico) tome forma y pueda nacer como país, hecho que se concretizará años después de su muerte (1910). 

Su influencia financiera y política le permite controlar vastos territorios a los cuales les da su nombre: Rhodesia. Territorios divididos más tarde en Rhodesia del Norte y Rhodesia del Sur, estos países son hoy en día las actuales repúblicas de Zambia y Zimbabue.

Trabaja febrilmente para realizar un proyecto colonial, su idea es la de construir una inmensa línea de ferrocarril que parta de Ciudad del Cabo hasta El Cairo (Egipto). En su visión de preservar y defender el Imperio Británico, las vías de comunicación jugaban una función primordial para la explotación de variadísimas riquezas. El desarrollo de las vías de comunicación (bajo todas sus formas [27]) es la clave para el buen funcionamiento del Imperio. Este precepto es en inicios del siglo XXI de gran actualidad [28]. Las vías de comunicación constituyen las arterias irrigando el imperio comercial y político.

Más allá del buen funcionamiento del Imperio Británico, un ideal superior no concretizado mortifica enormemente a Cecil Rhodes. En efecto, convencido de la superioridad de la «raza» anglo-sajona, Cecil Rhodes concibe una [estrategia] política a fin de conservar esta supremacía: la unión de todos los países anglo-sajones o, más exactamente, la instauración de un bloque reuniendo el Imperio Británico y los Estados Unidos de Norteamérica.

Este conjunto debe convertirse, según Cecil Rhodes, en el zócalo, la base, la fundación que permitirá el nacimiento de un Estado Mundial animado de los principios y de la filosofía de la aristocracia comercial anglo-sajona.
A fin de lograr este objetivo, él estimó necesario reclutar personalidades destacadas y con educación universitaria superior, que incitadas por el mismo ideal, serían apoyadas [por Cecil Rhodes] para ocupar puestos claves en diversos sectores, es decir en la economía, la finanza, el ejército, la educación, la inteligencia ligada al espionaje e incluso en el periodismo y la prensa.

Así, asemejándose a un ejército, estas diferentes personas, como si se tratasen de jesuitas predicadores de la globalización, convergiendo hacia un mismo objetivo, a fin de formar y forjar los espíritus y las mentes de los demás en sus respectivos países, al mismo tiempo que desarrollan las estructuras político-económicas conduciendo al nacimiento de un Estado Comercial Mundial.

En su mente, para concretizar ésta ambición titánica y que exige mucho esfuerzo, el magnate piensa que es indispensable crear «becas de estudios Cecil Rhodes» (Rhodes Scholarships en inglés). Cecil Rhodes no tuvo la suerte de ver concretizarse su ideal estando en vida. Fue solamente en el año 1904 que sus más íntimos colaboradores lanzan las primeras becas de estudio llevando su nombre en la Universidad de Oxford. El sociólogo francés Auguste Comte decía con ironía que «los muertos gobiernan a los vivos». Esta frase puede aplicarse a Cecil Rhodes.

Sus conceptos han moldeado el mundo del siglo XX y comienzos del siglo XXI. 

Sin necesidad de nombrarlos a todos, podemos citar algunos beneficiarios [ganadores] de estas becas de estudio Cecil Rhodes: por ejemplo el Primer ministro australiano Bob Hawke (1981/1993); James Woolsey, director de la CIA (1993/1995); Wesley Clarke, comandante militar de la OTAN (Alianza Atlántica) durante el decenio de los años 1990 y principal conductor de la destrucción de la Yugoslavia en marzo 1999; el presidente estadounidense Bill Clinton (promoción 1968) e incluso James William Fullbright (senador del Arkansas, EEUU, gran figura de la política estadounidense) [29].

La política de Cecil Rhodes no hubiese podido alcanzar las dimensiones que conocemos sin el apoyo de sus más cercanos e íntimos colaboradores. Aquí tampoco podemos citar la larga y consecuente lista de nombres que figuran a la lectura de la carta de la Anglo-American Etablishment establecida por Carroll Quigley.

Los hombres que rodeaban a Cecil Rhodes se caracterizaban por algo muy peculiar: ellos ocupaban los puestos claves en los diferentes sectores de la sociedad británica en la segunda mitad del siglo XIX [30]. Ellos han determinado el avenir del mundo de una manera implacable. En esta larga lista, nosotros retendremos tres personajes:


Alfred Milner (1854-1925)



Una de las figuras más representativas y emblemáticas del pensamiento de Cecil Rhodes después de su muerte, considerado también como su sucesor e hijo espiritual, fue Alfred Milner (1854-1925, llamado también Lord Milner). Entre sus numerosas actividades, podemos citar como ejemplo, director de la London Joint Stock Bank, jefe del gabinete de guerra del Primer ministro inglés Lloyd George cuando estalla la Primera Guerra Mundial (1914-1918). 

Durante este conflicto bélico, un acontecimiento determinante para las generaciones futuras va ocurrir en noviembre de 1917. En efecto, en esa fecha aparece la «Declaración Balfour» (del nombre de un hombre político inglés llamado Arthur James Balfour), quien afirmaba bajo los auspicios del gobierno británico la necesidad de crear una patria judía en Palestina y su reconocimiento.

Dicho reconocimiento fue oficializado rápidamente por una carta dirigida a la atención de Walther Rotschild quien era el intermediario con el movimiento sionista en Gran Bretaña. En realidad, el verdadero redactor de esta declaración fue Alfred Milner. Como lo explicó posteriormente Carroll Quigley, la «Declaración Balfour» debió llamarse más bien «Declaración Milner». [31].

Philipp Kerr (1882-1940, convertido más tarde en lord Lothian) fue el secretario privado de Lloyd George. Cabe precisar que Philipp Kerr era la correa de transmisión en los intercambios políticos entorno al Primer ministro inglés y, en ese sentido, era el verdadero pívot por donde pasaban los contactos y decisiones del conjunto del «grupo Milner» [32]. Posteriormente Philipp Kerr fue nombrado embajador del Reino Unido en Washington.

Finalmente, podemos evocar el papel jugado por Lionel Curtis (1872-1955). A parte de su participación en los trabajos del Tratado de Versalles, él fue el autor [inventor] de la expresión «Commonwealth of Nations» cuya aplicación data de 1948. Como lo ha revelado Carroll Quigley, esta expresión nació durante las reuniones de trabajo cuyo objetivo era encontrar una frase adecuada para preparar al Imperio Británico a las mutaciones políticas que conducían a una reorganización mundial. Estas sesiones de trabajo llamando a una Commonwealth remontan al año 1916 [33]. Recordemos igualmente para finalizar, que Lionel Curtis jugó una función determinante, en 1919, cuando fundó el think-tank inglés Royal Institute of International Affairs (RIIA conocido también como el Chatham House).

Para comprender como funciona la mecánica de la mundialización [globalización] y cómo ella se ha ido implantando poco a poco en el mundo es necesario estudiarla como si se tratara de un inmenso rompecabezas. Hay que examinar cada pieza de este rompecabezas e ir construyéndolo para tener una visión definitiva de lo que representa. Por tal razón, para pasar a otro escalón de este sistema, nosotros recordamos al lector que debe guardar al espíritu estos diferentes elementos y factores que le permitirán ver finalmente el panorama completo de este conjunto. Será únicamente de esta manera que nosotros podremos comprender como funciona este «Monstruo».


La Sociedad Fabiana (Fabian society) [34]


La Sociedad Fabiana [35] es un instituto que floreció por vez primera en Londres en el año 1884 bajo la impulsión del político inglés Sydney Webb (1859-1947) y de su esposa Beatrice Webb, podemos incluir también al escritor irlandés George Bernard Shaw (1856-1950). La vanguardia de esta sociedad se consolidó bajo la influencia de un promotor [divulgador activista] del socialismo llamado Robert Owen (1771-1858) [36], que a su vez transmitió sus ideas y enseñanzas a John Ruskin (1819-1900), profesor universitario a Oxford [37] y terminó influenciando finalmente a Cecil Rhodes [38]. Otras personalidades impregnadas del ideal socialista cristiano como Frederik Derrison Maurice (1805-1872) prepararon el terreno durante el siglo XIX para que la fundación de la Sociedad Fabiana devenga una realidad. El nombre de «Fabiana» (Fabian en inglés) fue tomado en referencia al nombre de un general romano de la época de las Guerras Púnicas llamado Quinto Fabio Máximo (hacia los años 200 antes de Jesucristo), conocido también como Fabius Cunctator (el «Temporizador» es decir el que retrasa).

Luchando frente al general cartaginés Aníbal, el militar romano practicaba una estrategia de guerrilla que consistía en no acelerar las cosas (los ataques) a fin de esperar el desgaste del enemigo y lograr así su objetivo (victoria), podríamos decir conseguirlo a «fuego lento».

Es este método, el de un cambio gradual, suave pero implacable lo que caracteriza como marca de fábrica a la Sociedad Fabiana

Ella defiende el principio de una sociedad sin clases, que debe conducir a la síntesis del socialismo (Estado benefactor) y del capitalismo (leyes del mercado), fusión que debe conducir a la implantación de una economía monopolística en el marco de un Gobierno Estatal Globalizado. Y para que se concreticen las ambiciones de la Sociedad Fabiana, sus dirigentes estiman que es necesario ir despacio, paso a paso, o según su expresión por «graduación». La influencia de esta sociedad es inmensa porque numerosos políticos ingleses han sido miembros de la Sociedad Fabiana. [39].

Sin embargo, su influencia tuvo más repercusión y su pensamiento alcanzó mayor auge cuando la Sociedad Fabiana se vio involucrada en la creación de la London School of Economics (LES) en 1895 gracias a la labor pionera de Sydney Webb. Esta prestigiosa escuela superior de enseñanza económica que ha diversificado sus disciplinas con el tiempo, ha formado en un espíritu fabiano, varias generaciones de dirigentes ingleses pero también numerosos estudiantes del mundo entero. Estos últimos, en gran parte, han llegado a ser importantes cuadros o dirigentes en la vida política o económica de su país de origen.

Como ejemplo podemos citar al ex-presidente de la Comisión Europea, el italiano Romano Prodi; al antiguo presidente John Kennedy; a la reina de Dinamarca Margarita II; a Pierre Trudeau (Primer Ministro canadiense); al especialista en hacer lobby (o cabildeo), miembro de numerosos think-tanks, Richard Perle (conocido también bajo el seudónimo del «príncipe de las tinieblas»); al financiero Georges Soros (fundador de los institutos Open Society repartidos en el mundo entero); al antiguo consejero del fallecido presidente francés François Mitterrand, el senor Erik Orsenna e incluso podemos incluir al cantante rock de los Rolling stones, Mike Jagger (¡entró hace tan sólo un año! [40]), toda esta gente se ha sentado en las sillas de esta escuela. La London School of Economics gracias a la acción de la Sociedad Fabiana ha contribuido a formatear el espíritu de numerosas personalidades en el mundo. Pero la influencia de esta sociedad ha evolucionado y esto gracias al trabajo de uno de sus miembros, el escritor Herbert George Wells (1866-1946).


H.G. Wells (1866-1946)


Impregnado del ideal fabiano, H.G. Wells supo desarrollar sus puntos de vista en los numerosos libros que escribió. Autor de best-seller como El hombre invisible, La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, este escritor inglés supo encontrar la manera de propagar sus convicciones en una obra publicada en 1928: La conspiración abierta [41] (Open conspiracy en inglés), obra preconizando el advenimiento de un Estado (gobierno) mundial sin clases, capaz de controlar todo («una nueva comunidad humana» según la propia expresión de H.G. Wells).

Una ala política [de esta ideología] busca un método para reducir drásticamente la población mundial y la utilización de la eugenesia. En efecto, desde un principio, H.G Wells presentó sus teorías en una obra poco conocida y cuyo título: La Destrucción liberadora (The World Set Free en inglés), corresponde exactamente a la expresión de la logia masónica Ordo ab Chao. Este libro apareció en 1914. Esta obra cuenta la historia de una guerra generalizada que va conducir [a la humanidad] a la creación de un Estado (gobierno) Mundial constituido en diez bloques («10 circunscripciones» según la frase del mismo autor) [42]. Es en este libro —recordamos nuevamente que fue publicado en 1914— que encontramos por primera vez la expresión «Nuevo Orden Mundial» [43]. Mucho más tarde, en 1940, H.G. Wells vuelve a repetir sus ideas, esta vez no deja dudas a los que dudan, publica un libro cuyo título será: El Nuevo Orden Mundial [44].

Todos estos miembros y representantes fabianos frecuentaban y colaboraban estrechamente con el equipo de Cecil Rhodes y luego con el de Lord Milner. Así se fue forjando un verdadero clan, una entidad, con un espíritu y objetivo común: la concretización de un Estado (gobierno) mundial, era esto lo que motivaba a estas diversas personas. Estas elites anglo-sajonas, que son los sucesores históricos y legítimos [así como los continuadores] de las aristocracias comerciales de la Edad Media, han continuado concentrando sus fuerzas en el seno de diversos clubs [e institutos] como el Pilgrim Society fundado en 1902 en Londres y en New York [45]. Pero el pensamiento de este movimiento va conocer una aceleración en 1910 con la creación de la Round Table.



La Round Table y sus «críos» [46]



La Round Table (Mesa Redonda) [47], es la heredera de un pasado multisecular de tradiciones místicas, financieras y elitistas, y marca una etapa decisiva en los preparativos debiendo conducir a un Estado (gobierno) mundial. En efecto, bajo los auspicios de Lord Milner y sus seguidores, este instituto de alta gama fue creado en estrecha colaboración y comunicación con las elites financieras estadounidenses a fin de asentar la predominancia del mundo anglo-sajón y buscar así el advenimiento del Estado (gobierno) mundial. 

Otras Round Tables fueron creadas en todos los dominios y colonias del Imperio Británico e incluso en los Estados Unidos. Queriendo compartir las ambiciones de Cecil Rhodes, financieros de renombre comenzaron a integrarse al equipo de Lord Milner, como por ejemplo Alfred Beit (1853-1906), Sir Abe Bailey (1864-1940) y la familia Astor. Otros grupos vinieron a juntarse a estos iniciadores del mundialismo de la Round Table, financieros tales que J.P Morgan [48], el banco Lazard e incluso las familias Rockefeller y Whitney [49].

Antes de continuar el estudio de las «bondadosas obras de caridad» de la Round Table, es indispensable de precisar lo siguiente: estas conocidas familias de la mundialización (o globalización), a pesar de compartir un ideal común, no pudieron evitar de pelearse entre ellos mismos y por sus propios desacuerdos internos. Podemos constatar dos causas: la primera es tan vieja como el mundo, se llama rivalidad. Las rivalidades a causa de las ambiciones y de personas ambiciosos buscando cada vez más poder, más influencias y más riquezas, a fin de ocupar los mejores puestos del poder, desafortunadamente la historia de esta aristocracia comercial está plagada de estos hechos. Este fenómeno es tan viejo como la misma historia del Hombre.

En efecto, bajo la engañosa apariencia de gozar de una unidad monolítica se escondían dos corrientes de pensamiento en competición. Ambas corrientes, a pesar de todo, persiguían [y persiguen] el mismo objetivo: la instauración de un Estado (gobierno) mundial. Sin embargo, la primera versión defiende la óptica de la constitución de un bloque anglo-sajón unificado (Imperio Británico asociado a los Estados Unidos), esta base, este zócalo o cimiento anglo-estadounidense sería para ellos la columna vertebral permitiendo al resto del mundo asociarse.

La segunda corriente tiene una visión diferente. Estima que no es necesario privilegiar el nacimiento de un Imperio anglo-sajón donde los demás países vendrían acoplarse. Preconiza más bien el advenimiento de un mundo en donde ningún país tenga la capacidad de imponer su ley o su filosofía política. Los partidarios de esta segunda vía tratan de crear una especie de «caldo de cultivo» generalizado, unificador de la humanidad entera en un solo bloque sin ninguna distinción. 


Estamos frente a un diferendo de visiones entre los partidarios de un mundialismo [globalización] anglo-sajón y los partidarios de un mundialismo [globalización] planetarizado.

Durante la Primera Guerra Mundial el tiempo transcurrió como si se tratase del juego del sube-baja, pasando de un mundo a otro mundo. Es difícil de citar en detalle el importante papel que desempeñaron las elites anglo-estadounidenses durante este conflicto mundial [50], podemos afirmar sin equivocarnos la relevante misión cumplida por el sueco Olof Aschberg (1877-1960) a la cabeza de su banco Nya Banken de Estocolmo. Él fue el gran financiero sirviendo de intermediario entre las elites de Wall Street (New York) y la City (Londres) de un lado y los dirigentes bolcheviques del otro lado

Su apodo era el «banquero de Revolución Mundial». Como nos lo recuerda el investigador Antony Sutton, el banco de Olof Aschberg tenía una filial en Londres —el Bank of North Commerce —, cuyo presidente era el Sr. Earl Grey, un importante miembro del equipo de Cecil Rhodes y de Lord Milner [51].

Este último [Lord Milner] jugó una función capital en el seno de la oligarquía anglo-sajona. Además de su desbordante actividad citada anteriormente, fue el mismo Lord Milner quien supo convencer al Primer ministro inglés Lloyd George de apoyar incondicionalmente a la revolución bolchevique de Lenín

Estos hechos históricos ocurridos e importantes para la evolución y avenir del mundo se concretizaron después de la visita a Londres, a finales de 1917, de William Boyce Thompson (1869-1930), acompañado de un representante del banco JP Morgan, Thomas W. Lamont (1870-1948) [52]. Esta persona, miembro del directorio ejecutivo del Banco Federal US (EEUU), es decir de la Fed [Reserva Federal], W.B Thompson era al mismo tiempo un agente al servicio de la oligarquía en el seno de la Cruz Roja estadounidense presente en la ciudad de Petrogrado [hoy San Petersburgo] en 1917.

Bajo esta cobertura, William Boyce Thompson pudo entrar en contacto con los revolucionarios rusos bolcheviques y entregarles la suma de un millón de dólares [enorme suma de dinero para esa época] [53]. En su viaje de regreso a New York, hizo una escala en Londres para remitir un memorándum a Lloyd George recordándole de seguir apoyando la revolución [rusa] bolchevique. Lord Milner, gran admirador de Karl Marx, apoyó a su vez a William Boyce Thompson en sus negociaciones a fin de convencer más a Lloyd George en ese sentido.

La revolución bolchevique no habría visto el amanecer sin el apoyo determinante de la oligarquía comercial anglo-estadounidense [54].

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, las potencias comerciales anglo-sajonas —que salían victoriosas de esta conflagración mundial— se encontraban en buenas condiciones, mientras que Francia salía de la guerra demográfica y financieramente arruinada. El Tratado de Versalles no garantizó la seguridad de Francia frente a una Alemania disminuida y dependiente en gran parte de los préstamos [bancarios] anglo-sajones acordados a su economía.

Francia se encontró paralizada e impotente frente a los ricos tesoreros y cajeros anglo-sajones y su situación se agravó más cuando estos financieros prefirieron acordar sus préstamos —mediante los planes de inversión Dawes (1924) y Young (1928) — que colocaba la economía alemana bajo la tutela de los bancos londinenses y neoyorquinos [55], y que fueron determinantes para el refortalecimiento del poderío industrial germánico y nazi

En efecto, gigantescos complejos industriales de acero y de química (IG Farben y Vereinigte Stahlwerke), indispensables para hacer la guerra, nacieron en Alemania en el decenio 1920-1930. La derrota francesa frente a Alemania en 1940, es decir al inicio de la Segunda Guerra Mundial, encuentra sus causas en parte a la acción y comportamiento financiero-comercial de los anglo-sajones a favor de recuperación económica y técnica de la Alemania nazi (sobre todo en los sectores del acero, del combustible sintético y del caucho) [56].

Edward Mandell House (1854-1938)


Paralelamente a esta política, las elites anglo-estadounidenses decidieron preparar desde los años 1918-1919 una mutación en la Round Table. En efecto, en vista de conseguir una mayor eficacia, se decidió crear dos think-tanks uno a cada orilla del Atlántico [es decir uno en los EEUU el otro en Inglaterra] cuya misión consistía en convertirse en los motores propagandísticos de la política extranjera de estos dos países. Del lado inglés fue la creación en 1919, bajo el patrocinio de Lionel Curtis —un colaborador más de Lord Milner— del Royal Institute of International Affairs (RIIA, conocido también como Chatham House) [57].

Era el mismo Lionel Curtis quien promovía una Commonwealth federativa capaz de integrar poco a poco los diferentes países del mundo [58]. Estos objetivos eran defendidos y apoyados en los EEUU por Clarence Streit (1896-1986) [59], un periodista corresponsal del New York Times acreditado ante la Sociedad de Naciones (y ganador también de una beca de estudios Cecil Rhodes, promoción 1920), y por otro lado, el representante estadounidense del «grupo Milner», el Sr. Frank Aydelotte [60].

Del lado estadounidense fue la creación del Council on Foreign Relations (CFR) [61] en 1921 bajo el patrocinio de un personaje que desempeñó una posición central, el coronel Edward Mandell House (1854-1938). Consejero íntimo del presidente Wilson [62], este coronel fue el pívot entre el grupo Milner y los «poderosos» de Wall Street (JP Morgan, Vanderlip, Rockefeller, Warburg, …). En esta lista incompleta, nosotros podemos citar un nombre importante, Paul Warburg, que estuvo a la cabeza de la Reserva Federal US (la Fed) desde su creación en 1913.

Este banco oligárquico privado, independiente en sí y ajeno al poder central gubernamental [el gobierno de EEUU no tiene control sobre sus actividades] es responsable de la emisión monetaria nacional —del dólar estadounidense— [63], es decir una entidad privada comportándose como un Estado dentro del Estado. Fue el mismo Paul Warburg quien dirigió el CFR desde su fundación. Estamos ante un caso, ante un complicado entretejido de responsabilidades de primera magnitud en el seno de la oligarquía anglo-sajona.

Ya hablaremos más del Sr. Paul Warburg cuando abordemos el capítulo dedicado a Pan-Europa.

La síntesis de toda la tarea realizada por el coronel House, cuaja por así decir sola, cuando éste publicó su libro —una obra maestra en la mística mundialista [o globalizadora]—, libro que tiene como título: Philip Dru, administrator [64] escrito en 1912. Esta novela evoca un Golpe de Estado conducido por un oficial [militar de carrera estadounidense] de la academia castrense de West Point (es decir el mismo Philip Dru) logrando instaurar una dictadura en los Estados Unidos de Norteamérica y suprimir la constitución del país.

De manera semejante a Lord Milner, el coronel House no duda en evocar sus convicciones profundas cuando afirma que su héroe en la novela (Philip Dru) impone «un socialismo tal como lo habría soñado Karl Marx». 

House describe también en el capítulo 52 de su libro su ideal de unificación de la totalidad del bloque Norte-Americano, hecho que ya ha sido consolidado desde el lanzamiento oficial del proyecto en la ciudad de Waco (Texas, EEUU) en marzo del 2005 y como lo hemos explicado al comienzo de este artículo. 

Sólo podemos constatar [con sorpresa] que estas elites han anunciado — ¡hace más de cien años! — como iban a desarrollarse los acontecimientos. 

La telaraña mundialista [globalizadora] ha sabido reforzar su influencia gracias al nacimiento de un instituto destinado a jugar una función de primer orden en la construcción europea: la Pan-Europa.


Pan-Europa, trampolín de la globalización [mundialización]


La creación de la Pan-Europa se debe a la labor de un aristócrata austriaco de madre japonesa llamado Richard de Coudenhove-Kalergi (1894-1972). El objetivo declarado de Coudenhove-Kalergi era impedir que vuelvan a repetirse las atrocidades de la Primera Guerra Mundial. Esta buena intención a primera vista escondía un plan secreto, la consolidación de un objetivo que Coudenhove-Kalergi tenía en mente. En efecto, el movimiento de Coudenhove-Kalergi va indicar cuál es la dirección a seguir y para convencer a los demás de seguir su rumbo, su agrupación presenta un informe a la Sociedad de Naciones en 1925 (precursora de la ONU]. Su objetivo es unificar toda Europa a fin de integrarla en una organización política mundial única. Y para lograrlo, él menciona en su informe la necesidad de crear [primeramente] «continentes políticos», cuyo conjunto debería constituir [más tarde], una federación de federaciones, este era el plan y pensamiento de Coudenhove-Kalergi [65].

Sus afirmaciones federalistas correspondían exactamente a las aspiraciones y objetivos buscados por la Sociedad Fabiana. Aprovechándose del apoyo de estos aliados, Coudenhove-Kalergi organiza en 1926 el primer congreso Pan-Europeo en la ciudad de Viena (Austria), con los auspicios de su presidente de honor, el Sr. Aristide Briand (1862-1932) [66] quien era al mismo tiempo presidente del consejo de ministros del gobierno francés. Fue durante este congreso, que reunía y contaba con participantes de diversas nacionalidades, [67] que se decidió de debatir para elegir cuál sería el himno europeo. Y fue en ese momento que se escogió la Oda a la Alegría de Beethoven [68], y que es hoy en día el himno de la Unión Europea.

Los objetivos de la Pan-Europa fueron revelados con gran pompa en su carta de «Principios Fundamentales» que estipula lo siguiente: 

«(…) La unión Pan-Europea declara consagrarse [a preservar] el patriotismo europeo, cúspide [valor supremo] de las identidades nacionales de todos los europeos. En una época de interdependencias y de desafíos mundiales, solamente una Europa fuerte y políticamente unida puede garantizar el avenir [futuro] de sus pueblos y entidades étnicas. La unión Pan-Europea reconoce la autodeterminación de los pueblos y el derecho de los grupos étnicos al desarrollo cultural, económico y político (…)» [69].

Richard de Coudenhove-Kalergi (1894-1972)


Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, Coudenhove-Kalergi, estuvo refugiado en los Estados Unidos dedicándose a la enseñanza en la New York University organizando seminarios del tipo —Research for a postwar european federation («investigaciones para una federación europea post-bélica»)—, favorable al federalismo europeo

De regreso en Europa en 1946, es decir cuando finalizó la guerra, él contribuye enormemente a la creación de la Unión Parlamentaria Europea, la cual favoreció a su vez y posteriormente, en 1949, la creación del Consejo de Europa [70]. Fortaleciendo su influencia en todos los países (Estados), esta organización europea tiene bajo su mando diversas representaciones nacionales encargadas de difundir el ideal de su padre fundador [71], quien después de haber recibido en 1950 la más importante condecoración europea, el Premio Carlomagno [72], pasó la antorcha de la misión al Sr. Otto de Habsbourg en 1972 y este a su vez al Sr. Alain Terrenoire.

Se puede comprender mejor el impacto que tiene esta agrupación, [el instituto] Pan-Europa, si analizamos por ejemplo, cual es la verdadera esencia que mueve o genera la guerra: el dineroLas fuentes de financiamiento de este instituto nos dejan ver la insondable y vigorosa complicidad de su principal dirigente y líder máximo con los demás actores de la globalización [mundialización].

En efecto, aparte de gozar del apoyo de mecenas industriales y financieros, el Sr. Coudenhove-Kalergi se benefició del patrocinio del banquero Max Warburg, representante del banco alemán en Hamburgo. Como lo hemos visto anteriormente, su hermano Paul (trabajando en la rama estadounidense) se encontraba a la cabeza de la Fed (Reserva Federal de EEUU) y del CFR.

Ahora podemos comprender porque Coudenhove-Kalergi tenía luz verde para cooperar y negociar con los medios financieros de Wall Street y sus socios en Londres. Esta complicidad entre el fundador de la Pan-Europa y los medios mundialistas [globalizadores] iba proporcionalmente en aumento, cuando sabemos que Max Warburg era miembro del ejecutivo de IG Farben Alemania mientras que su hermano Paul Warburg, era miembro del ejecutivo de la rama IG Farben Estados Unidos [73](Nota del editor del blog: Los Warburg eran una rica familia judía alemana. En la década de 1930, a pesar del surgimiento del Partido Nazi, Max Warburg tenía esperanza para el futuro de Alemania. Desde 1933 laboró en la junta directiva del Reichsbank alemán bajo el mando de Hjalmar Schacht. Max Warburg vendió su banco porque las leyes de Nuremberg de 1935 dieron inicio a la campaña de "Arianización", emigró a los Estados Unidos en 1938).

La llegada de Adolf Hitler al poder, como lo explica el investigador Antony Sutton, sólo se puede comprender por la poderosa ayuda que recibió el dictador alemán por parte de los industriales y financieros anglo-sajones por intermedio de sus homólogos germanos. En este asunto, el director del Reichsbank, el Sr. Hjalmar Schacht (1877-1970), jugó un papel clave como intermediario. Su trabajo ganaba en importancia a medida que este personaje subía en los escalones del poder, hasta alcanzar el puesto de Ministro de Economía del III Reich, puesto que ocupó de 1934 a 1939.

El remonte y progreso económico de la Alemania nazi gracias a estos apoyos permitió a Hitler continuar con una política militarista que él nunca hubiese podido entamar ni aplicar en una Alemania arruinada, si no hubiese solucionado antes las esenciales necesidades básicas de la población alemana.

Por estas confabulaciones, complicidades y fechorías con el régimen nazi Hjalmar Schacht debió ser juzgado y condenando a la pena de muerte durante el Proceso de Núremberg al finalizar la Segunda Guerra Mundial, proceso que juzgaba a todos los responsables nazis, pero curiosamente él fue absuelto.

En efecto, Hjalmar Schacht estaba ligado sólidamente a la aristocracia comercial anglo-sajona. Su padre, el estadounidense William Schacht, había trabajado 30 años en el seno de la filial Equitable Life Assurance de Berlín (Alemania) [74]Su hijo era pues, desde su nacimiento, un miembro más por herencia, un socio más trabajando para el sistema mundialista globalizador. 

Estas afirmaciones cobran más valor cuando sabemos además que el señor Hjalmar Schacht era miembro desde 1918, del comité ejecutivo del Nationalbank für Deutschland (Banco Nacional de Alemania), junto al banquero Emil Wittenberg, miembro a su vez del comité ejecutivo del primer banco soviético creado en 1922, es decir el banco Ruskombank [75]. Dicho banco soviético estaba dirigido por un banquero sueco … Olof Aschberg [76] personaje que hemos citado al comienzo de este artículo. Para continuar comprendiendo este atolladero de nombres y conexiones, para seguir mareándonos aún más en estos nexos y círculos de los poderosos, podemos precisar que el director de la filial extranjera de la Ruskombank, es decir el norteamericano Max May [77], ocupaba el puesto de vice-presidente de la Guaranty Trust Company, una filial del banco JP Morgan [78] que era a su vez uno de los cimientos financieros de Wall Street

En este asunto, un importante cargo estadounidense de Wall Street trabajaba en el seno de la elite bancaria soviética. Además, añadiremos para concluir, que la colaboración de Hjalmar Schacht con este sector se veía reforzada por los lazos de amistad con el patrón [dueño] del Banco de Inglaterra, el Sr. Norman Montagu. Ahora podemos comprender mejor porque Hjalmar Schacht nunca tuvo que preocuparse de ser juzgado por su participación en el régimen nazi de Adolf Hitler[79]

El apoyo que ofreció la aristocracia comercial y apátrida anglo-sajona al comunismo, al nazismo así que el apoyo para que Franklin Delano Roosevelt [80] tomara el poder en los Estados Unidos , —como lo explica en su trilogía Wall Street el autor Antony Sutton—, era una forma de experimento actuando en un marco regional, es decir, por un lado en la Unión Soviética, por otro en la Alemania nazi, y otro en los Estados Unidos [81]

Bajo diferentes formas de denominación, Antony Sutton concluye que estas ideologías, llamadas de maneras diversas «socialismo soviético», «socialismo colectivo» (para el nacional-socialismo nazi) y «socialismo de Nuevo trato» (New Deal norteamericano), todas eran simplemente las diferentes caras de un socialismo monopolístico; ideal [o modelo] de organización que debe conquistar el mundo a nivel planetario en este amanecer del siglo XXI y en el marco del «Nuevo Orden Mundial».

La guerra de 1939-1945 es en cierta forma el resultado de todo este trabajo de fondo que permitió que se vaya torciendo, que se vaya girando despacio hacia la trayectoria de otro mundo: la instauración y surgimiento de dos bloques aparentemente antagonistas y obedeciendo perfectamente al principio hegeliano de la tesis y de la antítesis. Sin embargo, estos dos mundos estaban irrigados por las mismas fuentes financieras. Entonces, por tal motivo, era posible de seguir preparando el terreno, el ordenamiento, debiendo permitir el advenimiento y realización [concretización] de un Estado [gobierno] mundial.


El periodo posterior a 1945, un futuro prometedor


Podemos señalar tres momentos esenciales en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial: 1946, 1947 y 1948. Quien reactiva la idea de unificar Europa es Winston Churchill y lo hace en un discurso que pronuncia en Zurich, el 19 de septiembre de 1946: 

«Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa» [82], declara Churchill en ese discurso. Palabras que regocijan a Richard de Coudenhove-Kalergi, quien sabe que dispone del apoyo de Churchill. Trabajando por su parte a favor de la reactivación del ideal europeo, el fundador de la Pan-Europa expuso la historia de su obra y los proyectos a realizar en un libro titulado Yo escogí a Europa. El autor del prefacio es… Winston Churchill.


Winston Churchill (1874-1965)


Con la reunión de Montreux, que se desarrolla en Suiza en agosto de 1947, la segunda etapa constituye un paso decisivo hacia el fortalecimiento de las bases del Estado Mundial que viene preparándose. En efecto, representantes europeos [83] y estadounidenses [84] defensores del principio de un federalismo mundial deciden crear dos institutos, bajo la dirección del jurista suizo Max Habicht [85], cuya eficacia se hace sentir: el «Movimiento Mundial Federalista» (World federalist movement, WFM) y la «Unión de Federalistas Europeos» (Union of European Federalists, UEF).

En el marco de la reunión de Montreux, el WFM presentó su magna carta, favorable al establecimiento de principios fundamentales para la instauración de un Estado mundial con una base federativa. Hay que reconocer que 63 años después de la formulación de aquellos principios sus deseos se han concretado ampliamente. En efecto, el documento señala:

«Nosotros, federalistas mundiales, estamos convencidos de que la creación de la confederación mundial es el problema fundamental de nuestra época. Hasta tanto no se resuelva, todas las demás cuestiones –nacionales o internacionales– quedarán sin respuestas válidas. No se trata de escoger entre la libre empresa o la economía dirigida, ni entre el capitalismo y el comunismo, sino entre el federalismo y el imperialismo».

Entre otras cosas, esta Declaración propone los siguientes principios: 

«Limitación de las soberanías nacionales» con «el traspaso de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial a la Confederación», «creación de una fuerza armada supranacional». Y subraya en particular algo que cobra gran actualidad en este principio del siglo XXI al señalar que «una perspectiva federalista justa debe integrar los esfuerzos realizados en los ámbitos regional y funcional. La formación de uniones regionales –en la medida en que no constituyan un fin en sí mismas y no exista el peligro de que den lugar a la formación de bloques– puede y debe contribuir al buen funcionamiento de la Confederación mundial». Al final de esa Declaración se precisa que se debe favorecer la creación de una «Asamblea Constituyente Mundial» [86].

Paralelamente a la creación del WFM, nace en Montreux la Unión de Federalistas Europeos (UEF, siglas en inglés). Varios trabajos de vanguardia habían preparado el terreno con anterioridad. En efecto, bajo la influencia de la Pan-Europa de Coudenhove-Kalergi, se había fundado en 1934 la Europa Union, que defendía el ideal de una Europa unificada según el principio federal e inspirada en el modelo suizo [87]. Cuatro años más tarde, en noviembre de 1938, se había creado la Federal Union, bajo la influencia de los fabianos Lord Lothian et Lionel Curtis [88]

La Federal Union es una rama de UEF, al igual que las diferentes «filiales» en países como Francia (UEF France), Alemania (Europa Union Deutschland), Italia (UEF Italia), etc. Es importante precisar que, al igual que las muñecas rusas que se meten una dentro de otra, la UEF es una rama del World Federalist Movement (WFM) [89]

Nos encontramos, por lo tanto, ante un instituto europeo que trabaja a favor del federalismo y que adopta simultáneamente los trabajos del WFM, pero a escala planetaria.

¿Por qué resulta entonces tan importante mencionar la misión de la UEF? 

Este instituto federalista se encuentra bajo la dirección del inglés Andrew Duff, diputado del Parlamento Europeo bajo la etiqueta de los «liberaldemócratas» [90]. También es miembro del European Council on Foreign Relations (ECFR, o «Consejo Europeo de Relaciones Exteriores» [91] creado en 2007 [92], y hermano gemelo del CFR estadounidense creado en 1921. Es también Andrew Duff quien, en estrecha colaboración con la Fundación Bertelsmann y con el diputado Johannes Voggenhuber, dio lugar a la reactivación del proyecto de constitución europea después del fracaso de aquel texto en los referendos de Francia y Holanda en 2005 [93].

El Tratado de Lisboa nunca hubiera visto la luz –o por lo menos habría sido mucho más difícil– sin el apoyo y las convicciones de Andrew Duff. Su fuerza reside, por otro lado, en demostrar que la influencia de los ya difuntos Cecil Rhodes y Lord Milner se hizo sentir durante la elaboración de la constitución europea (la llamada «Constitución Giscard», preludio del Tratado de Lisboa) en 2003 y 2004. En efecto, el «Grupo Milner» y los fabianos siempre fueron favorables a la unificación de Europa, a condición de que fuera bajo la dirección de los anglosajones.

Durante las dos guerras mundiales, Londres y Washington no podían tolerar los intentos de alcanzar una unidad europea bajo la dirección de Alemania, que era una potencia terrestre, ya que la talasocracia anglosajona se vería entonces marginada de los problemas del Viejo Continente. Cosa que Coudenhove-Kalergi, ya había comprendido, como puede comprobarse a través de la lectura de su discurso de 1950. No es por lo tanto nada injustificado el interesarse en el Secretario General encargado de teleguiar los trabajos de la «Constitución Giscard», el inglés John Kerr. El currículum vitae de Kerr nos informa que dirige una compañía petrolera, la Royal Dutch Shell, y que fue además embajador de Gran Bretaña en Estados Unidos. Sus vínculos con la aristocracia comercial anglosajona también revelan que es miembro del comité de dirección encargado del reclutamiento de las élites en el marco de las «becas de estudio Cecil Rhodes» [94].


Como puede verse, el éxito de los objetivos mundialistas es algo previsto a muy largo plazo… pero que va concretándose.

Y, finalmente, el Congreso de La Haya, realizado del 7 al 10 de mayo de 1948, con Winston Churchill como presidente de honor y con la participación de cerca de 800 militantes paneuropeos [95], dejó sentadas las primeras bases de una Europa unificada. Los verdaderos autores de la historia a menudo se mueven entre bastidores, como en el caso de Retinger, quien trabaja para el CFR y el RIIA, cuya acción fue determinante en el desarrollo de las estructuras mundialistas [96].


Bilderberg, New age y Trilateral


La primera reunión del Grupo de Bilderberg tuvo lugar en Oosterbeck, Holanda, en mayo de 1954. Se dice que ese grupo elitista simplemente adoptó el nombre del hotel en que se alojaban los participantes, aunque existen dudas en ese sentido. Su creación se debe, en todo caso, al trabajo de Joseph Retinger, aunque también hay que mencionar a varios «peces gordos» del mundialismo, como el inevitable David Rockefeller (presidente del CFR y del Chase Manhattan Bank, entre otras conocidísimas instituciones).

Los miembros del Grupo de Bilderberg constituyen «la crema y nata» de la clase política, económica y financiera del mundo atlantista. Los medios occidentales no mencionan más que muy raramente sus reuniones y, en cuanto a que el Grupo sea tema de reportajes… ¡ni hablar! [97].

Las reglas que rigen su organización y las intervenciones de los participantes son una copia estricta de las que rigen en el Royal Institute of International Affairs (RIIA, principio conocido como la «regla de Chatham House»). También en este caso la familia Rhodes y Milner ha dejado su impronta. En realidad, las élites que se mueven en el Grupo de Bilderberg imponen ampliamente sus propias condiciones en materia de política, de economía y en cuestiones financieras. El caso del belga Etienne Davignon resulta especialmente impresionante. Vicepresidente de la Comisión Europea de 1981 a 1985, Etienne Davignon es el gran pachá de ese grupo elitista. Fue él quien invitó al político belga Herman van Rompuy a someterse a una especie de examen oral por el puesto de presidente del Consejo Europeo ante los representantes del Grupo de Bilderberg, el 12 de noviembre de 2009, especialmente ante el ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, en Val Duchesse, en las afueras de Bruselas [98].

Dicho claramente, había que comprobar si Herman van Rompuy tenía la capacidad necesaria para servirle de algo al sistema. Y parece que el examen fue satisfactorio porque le dieron el puesto, o sea reunía las condiciones exigidas.

El príncipe Bernhard van Lippe-Biesterfeld (1911-2004)


La designación del primer presidente del Grupo de Bilderberg, el príncipe Bernhard (1911-2004), por Joseph Retinger y sus seguidores, no es ninguna casualidad. En efecto, en los años 1930 este príncipe alemán había sido miembro de las SS [nazis], más exactamente, de la Reiterkorp SS (caballería) y de Farben Bilder, una filial de IG Farben. Casado en 1937 con la heredera del trono de los Países Bajos, la princesa Juliana, su hija, la reina Beatriz, es una activa participante de las reuniones del Grupo de Bilderberg.

El pasado más que nebuloso [por no decir negro] del príncipe Bernhard y su nominación a la cabeza del Grupo de Bilderberg era también un medio de mantenerlo bajo control. En efecto, es más fácil teledirigir a alguien hacia objetivos bien definidos cuando ese alguien tiene unos cuantos esqueletos en el armario [cadáveres en su curriculum]. La designación de este príncipe alemán convertido en ciudadano holandés era seguramente de gran importancia ya que también fue utilizado en otro sector. 

Tenemos que abordar ahora un tema al que conceden gran importancia los teóricos del mundialismo: la ecología.

La legítima protección de la flora y la fauna adquiere un carácter muy diferente bajo la influencia de los partidarios del Nuevo Orden Mundial. En efecto, estos desvían las mentes hacia una divinización de la naturaleza que se asocia con el movimiento New Age. 

Se trata del principio que identifica a «Gea» [también llamada Gaya. NdT.] como la «Madre Tierra» [99]. Numerosos institutos se dedican a propagar esa tendencia filosófica, en particular el WWF (World Wild Fund for nature), que promueve la protección de la naturaleza. Su creación, en 1961, se debió al trabajo de varios personajes miembros del movimiento mundialista.

Efectivamente, tenemos que mencionar aquí a los hermanos Aldous y Julian Huxley. El primero es el autor de un libro profético, Un mundo feliz (en inglés Brave New World), publicado en 1932, verdadero programa político mundialista bajo la apariencia de una novela de ciencia ficción en la que habla de un Estado mundial reinante sobre una humanidad sumisa y jerarquizada como resultado de manipulaciones genéticas

El autor vivió toda su vida utilizando las drogas más diversas para alcanzar una «forma de misticismo». Tales delirios, característicos del medio, también afectaron a su hermano, Julian Huxley, partidario de la eugenesia y primer director general de la UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en 1946. Esta mentalidad característica de los hermanos Huxley se debe a la influencia de su abuelo por parte de padre, Thomas Huxley (1825-1895). Este biólogo y feroz defensor de los principios de Darwin [100] transmitió esos conceptos a sus nietos para que el mundo entero se beneficiara con ellos. Agreguemos a lo anterior que la red y los vínculos que unen a la familia mundialista son verdaderamente estrechos ya que uno de los estudiantes de Thomas Huxley se llamaba nada más y nada menos que…. H.G. Wells [101].

El análisis de esta especie de relevo de generaciones permite una mejor comprensión de la permanencia del mundialismo y del progreso de su influencia.

Podemos ver ahora el vínculo entre la pasada acción de aquellos hombres y la fundación de WWF en 1961. Esta última se debe, en efecto, a Julian Huxley [102]. WWF contribuye a la divulgación de ese ideal panteísta y constituye una de las ramas de acción del mundialismo. No por casualidad el primer presidente de WWF fue precisamente… el príncipe Bernard, también dirigente del Grupo de Bilderberg [103], que presidió de 1962 a 1976. Entre las personas que han presidido WWF se encuentran también John Loudon, quien, al igual que John Kerr, fue además presidente de la compañía petrolera Royal Dutch Shell

Este conglomerado petrolero anglo-holandés es uno de los viveros del Nuevo Orden Mundial. Hay que precisar además que el príncipe Felipe, esposo de la reina de Inglaterra Isabel II, también dirigió WWF de 1981 a 1996.

David Rockefeller (1915-2017)


A esta lista de actores proveniente de una larga tradición político-comercial podemos agregar el papel de la Trilateral, creada en 1973 por David Rockefeller y Zbigniew Brzezinski (miembros ambos del CFR), mentor este último del presidente estadounidense Barack Obama. 

La Trilateral reagrupa tres zonas geográficas desarrolladas económicamente: Norteamérica, Europa y Japón.

Brzezinski, recuerda que personalidades francesas como Simone Veil, Robert Marjolin, Raymond Barre e incluso Hubert Vedrine han aportado apoyo a la Trilateral, agrega que los Estados se ven «ante problemas cada vez más diversos: financieros, económicos y estratégicos y que tienen cada vez menos posibilidades de resolver, sin proceder al menos a una concertación más estrecha, en su propio interés y en el del resto del mundo».

Como medio de enfrentar esos desafíos, el autor precisa incluso que la Trilateral dio origen a la creación del G-7 [104]. Las estrechas relaciones de la Trilateral con el mundo industrial y el de los thinks-tanks se han evidenciado en particular con la Red Política Transatlántica (la TPN, siglas en inglés) [105]

En efecto, el presidente de la rama europea de la Trilateral, Peter Sutherland, preside además la rama europea de la TPN. Este irlandés dirigió también el banco de inversión Goldman Sachs, que a su vez determina por debajo de la mesa la política económica del presidente Obama, y fue además, entre otras cosas, jefe de la Comisión sobre la Competencia (de 1985 a 1989) bajo la presidencia de Jacques Delors [106]

Para rematar, Peter Sutherland es también el director de la escuela fabiana London School of Economics [107]. El ciclo se cierra cuando sabemos que John Kerr –ya mencionado anteriormente– es también miembro de la rama europea de la Trilateral [108]

Como ya hemos podido comprobar, las élites políticas y económicas vienen convergiendo desde hace mucho tiempo hacia la instauración de un Orden Mundial Unificado [109]. El panorama quedaría sin embargo incompleto si no mencionáramos aquí las declaraciones de las autoridades de la Iglesia Católica.

Una Iglesia Católica al servicio del Nuevo Orden Mundial

Seamos creyentes o no, lo cierto es que el estudio de los principios de base de cualquier confesión debe realizarse con toda objetividad. Hay que estudiar los preceptos que defiende y observar si su discurso y acción corresponden o no a su doctrina. En el caso de la Iglesia Católica, el concepto defendido desde hace 2000 años se basa en la supremacía de Dios sobre el hombre.

Las Escrituras y la tradición constituyen el basamento intocable, la base misma de la fe según los términos consagrados, definidos por el sucesor de San Pedro, el Papa. 

Marcado por el pecado original, el hombre debe aceptar someterse a una autoridad superior y obedecer el conjunto de preceptos que la Iglesia Católica defiende. Es ese el caso de numerosas iglesias protestantes

Un cambio fundamental se produce, sin embargo, con el Concilio Vaticano II (1962-1965). Este concilio es resultado de una larga corriente de reflexiones provenientes de numerosos hombres de iglesia, pero también de personajes exteriores a ella, desde el siglo XIX.

Al cabo de una larga lucha entre los defensores de la tradición y los progresistas, estos últimos lograron imponer su propia visión durante la gran reforma de Vaticano II. Se trataba, para ellos, de adaptar la iglesia a las múltiples innovaciones políticas, técnicas y sociales que marcan la evolución del mundo. Para los defensores de la tradición es todo lo contrario. Es el mundo el que tiene que adaptarse a los principios de la iglesia. La humanización, que debía implicar la promoción de los derechos humanos, y su colaboración con las instancias internacionales, fueron claramente expresadas en 1963 en la encíclica Pacem in Terris (Paz en la Tierra) del Papa Juan XXIII [110]. Recordando los progresos de la ciencia y la técnica que llevan a «intensificar su colaboración y a fortalecer su unión» dentro del género humano, se trata de fortalecer el «bien común universal» que los Estados no logran ya garantizar, según la encíclica.

Es por ello que el documento agrega, muy lógicamente, que


«En nuestra época, el bien común universal plantea problemas de dimensiones mundiales. Sólo pueden ser resueltos por una autoridad pública cuyo poder, constitución y medios de acción tengan también dimensiones mundiales y que pueda ejercer su acción sobre el planeta en toda su extensión. Es por lo tanto el orden moral en sí lo que exige la constitución de una autoridad pública con competencia universal».

Después de expresar su deseo de que ese «poder supranacional» no sea instaurado por la fuerza, la encíclica aprueba la Declaración de Derechos Humanos de 1948, con excepción de algunas objeciones. Agrega que «Consideramos esa Declaración como un paso hacia el establecimiento de una organización jurídico-política de la comunidad mundial» [111]

Ese cambio de rumbo de la Iglesia Católica es la marca de fábrica de todos los Papas desde Vaticano II. En su mensaje de navidad de 2005, el Papa Benedicto XVI exhorta a los hombres a emprender «la edificación de un Nuevo Orden Mundial» [112]

Resulta por lo tanto totalmente lógico que Benedicto XVI haya lanzado un llamado al establecimiento de una «autoridad política mundial» en su encíclica Veritas in caritate [113], en julio de 2009. Recordando la interdependencia mundial, el Papa llama «con urgencia a reformar la ONU al igual que la arquitectura económica y financiera internacional con vistas a convertir en una realidad concreta el concepto de familia de naciones (…)» [114].


Hacia una Asamblea Parlamentaria Mundial

La creación de grandes uniones políticas regionales que se rigen por leyes comunes como diferentes componentes del Estado mundial tendría que estar representada en el seno de una asamblea única. Ese es el objetivo de la «Asamblea Parlamentaria de las Naciones Unidas» (APNU) [115]

Esa ambición es la lógica continuación de los sueños de unificación mundial que defienden los teóricos del mundialismo (fabianos y asociados).

Nada aparece por casualidad. Los acontecimientos, personajes e institutos del pasado dan sus frutos, que conducen a la construcción de esa especie de torre de Babel. Por consiguiente, el accionar del WFN (World Federalist Movement), creado como ya vimos en 1947 en Montreux, se inscribe en la lógica del trabajo que ya venía realizando.

De la misma manera, el WFN dio origen, en 1992, a la elaboración del primer gran documento que exhorta al establecimiento de una asamblea parlamentaria mundial en el seno de las Naciones Unidas: The case for a United Nations Parliamentary AssemblyEl objetivo de una asamblea parlamentaria de las Naciones Unidas») por parte del canadiense Dieter Heinrich [116]

Numerosos trabajos y conciliábulos se han desarrollado posteriormente en el senado canadiense, en el Parlamento Europeo, durante el Foro del Milenio del año 2000 en Nueva York, en el 12º congreso de la Internacional Socialista, etc., para terminar, en septiembre de 2003, con la creación de un «Comité por una ONU democrática». Les remitimos aquí a la versión en alemán ya que, como veremos, las autoridades políticas alemanas desempeñan en esto un papel de primer plano: Komitee für eine Demokratische UNO (KDUN) [117].

El KDUN es el mascarón de proa de un comité ejecutivo [118] que trabaja por la creación de un Parlamento Mundial. Sus trabajos cuentan con la participación de otro instituto ya mencionado anteriormente: el WFM. 

Queda por agregar a lo anterior la «Sociedad de Pueblos Amenazados» (Gesellschaft für bedrohte Völcker), instituto alemán que trabaja por la emancipación de los grupos étnicos y colabora estrechamente con la UFCE (Unión Federalista de Comunidades Étnicas Europeas) [119] y con una ONG inglesa, la 2020 Vision Ltd [120].

El KDUN, que tiene su sede en Berlín, anuncia sus aspiraciones cuando estipula en sus estatutos su voluntad de construir una sociedad cosmopolítica que favorezca las integraciones continentales [121]. En su comité de dirección encontramos representantes provenientes de los medios políticos y científicos.

Hay que subrayar que todas las corrientes políticas alemanas están representadas en ese comité de dirección, con excepción de los ex comunistas (die Linke) [122]. También encontramos en ese comité a un personaje clave, Armin Laschet. Este político dio origen al informe elaborado en 2003, en el que se llama a dotar a la Unión Europea de una sede permanente [123] después de la adopción del «Tratado Giscard» (actualmente conocido como «Tratado de Lisboa»). Ejerce una influencia decisiva ya que también dirige el comité de dirección del Prix Charlemagne [124]. Por otra parte, la presencia del eurodiputado alemán Jo Leinen en el seno de la dirección del KDUN resulta particularmente significativa en la medida en que el propio Leinen desempeñó un papel determinante en la adopción del Tratado de Lisboa [125].

Fue en abril de 2007 que el KDUN lanzó su campaña a favor de un Parlamento Mundial, bajo la dirección de su presidente, Andreas Bummel. Autor de un libro titulado Internationale Demokratie EntwickelnDesarrollar la democracia internacional») [126], Bummel es un ex miembro del partido liberal alemán, el FDP, cuyo presidente, Guido Westerwelle, es ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Angela Merkel desde septiembre de 2009. Es también colaborador de la «Sociedad de Pueblos Amenazados», que dirige Tilman Zulch (miembro del comité de dirección del KDUN) y del World Federalist Movement (WFM) de Nueva York [127].

Todos estos personajes trabajan por lograr la instauración de ese nuevo órgano mundial. Como se precisa en los textos oficiales:

«(…) La APNU pudiera conformarse en una primera etapa con delegados de parlamentos nacionales y regionales que reflejen sus posiciones políticas. Una APNU incluiría por lo tanto miembros de partidos minoritarios que no forman parte del gobierno. En una etapa posterior, la APNU pudiera ser elegida directamente. Una APNU sería así un órgano único y legítimo que representaría la voz de la ciudadanía sobre cuestiones de orden internacional. Los participantes en la campaña consideran que una APNU, después de creada, evolucionaría para, de simple órgano de consulta, pasar a convertirse en un parlamento mundial con verdadero derecho de información, participación y control» (…) [128].

Esas ambiciosas perspectivas para la APNU, expuestas abiertamente, se amplían más aún cuando se recuerda el apoyo que aportó Benedicto XVI al establecimiento de una «autoridad política mundial». Obviamente, los dirigentes de la APNU saludaron de forma entusiasta la encíclica papal [129].

Conclusión

Esta rápida descripción de la historia de los promotores del mundialismo, desde la Edad Media hasta el comienzo del siglo XXI, demuestra que se trata de una corriente muy antigua. Se basa en la avaricia ilimitada y la búsqueda de un ideal de control total de las riquezas del planeta. 

Su evolución ha venido acelerándose a medida que los «sacerdotes» del mundialismo, sucesores de Nimrod, lograban imponer su propia manera de pensar a favor del Nuevo Orden Mundial

Desde la caída del muro de Berlín, los acontecimientos han venido acelerándose, al igual que la crisis. El decenio que comenzamos en el año 2010 será decisivo para la humanidad ya que el mundialismo, según la doctrina de estas élites, es un mesianismo apurado.




Documentos adjuntos en PDF (idioma inglés)


The History of the Fabian Society, por Edward R. Pease


The Open Conspiracy, por H.G. Wells


The New World Order, por H.G. Wells


Wall Street and the bolshevik revolution, por Antony Sutton


Wall Street and FDR, por Antony Sutton


Wall Street and the rise of Hitler, por Antony Sutton


Union Now : A Proposal for a Federal Union of the Democracies of the North Atlantic, por Clarence Streit


Philip Dru: Administrator, A Story of Tomorrow, 1920-1935, por Edward Mandell House


Internationale Demokratie entwickeln / Developing International Democracy, por Andreas Bummel


The Anglo-American Etablishment, por Carroll Quigley


Sobre la traducción y las notas al pie de página

Este artículo fue traducido del francés para Red Voltaire por S.C. & H.V. Asociados / Agencia IPI, Informe de Prensa Internacional, Perú.

El editor de este blog ha decidido omitir las notas al pie de página debido a lo voluminoso del material, son 129 citas que ocupan un gran espacio (tanto como el artículo). En todo caso en el enlace original algún interesado puede revisarlas con toda comodidad. 
AQUI ENLACE Notas a pie de página 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

AddToAny