Xi Jinping y Donald Trump en la Casa Blanca durante una cena de Estado, 24 septiembre 2026 (Alex Brandon - AP, en Los Ángeles Times)
Parte I
por Tito Andino
Ya no es nada curioso encontrarnos con decenas de artículos referentes al ascenso económico de China, los podemos encontrar desde la perspectiva de la perpleja economía capitalista de Occidente hasta análisis con una perspectiva marxista. Todos concuerdan en el mismo argumento, China está terminando -si no lo ha hecho ya- una transición para convertirse en una potencia imperialista emergente que compite por el reparto del mercado mundial.
Como hemos analizado en otras ponencias en este blog, debemos referirnos a que dicho éxito económico -algunos lo califican de restauración capitalista- surge a partir de las reformas económicas de Deng Xiaoping en la década de 1970, más concretamente con el apoyo financiero y tecnológico de Estados Unidos!, hasta culminar en la exportación masiva de capitales hacia economías dependientes en varias regiones del mundo. (VER: ¿Qué demonios pasó en 1971?)
En concreto, las reformas de 1978 en China transformaron su modelo y planes económicos, ante el pavor tardío de las élites económicas estadounidenses. El programa de estructuración chino se efectuó a través de dos estrategias principales: la liberalización del mercado interno y la apertura al comercio exterior, guiado bajo la estrategia de "Las Cuatro Modernizaciones", toda la estrategia estatal se priorizó en torno a cuatro pilares fundamentales de desarrollo: agricultura, industria, ciencia y tecnología, y la defensa nacional.
- Zonas Económicas Especiales (ZEE): Para atraer capital y conocimiento extranjero sin alterar toda la economía nacional, el gobierno designó áreas específicas en la costa sur (como Shenzhen y Xiamen). Y hay una serie de incentivos fiscales, infraestructuras modernas y libertades de operación para inversiones extrañas, convirtiéndose en laboratorios de capitalismo global.
- Promoción de la Empresa Privada y las ETV: Se legalizaron los pequeños negocios privados y se impulsaron las Empresas de Poblados y Aldeas (ETV), cooperativas locales orientadas al mercado que absorbieron la mano de obra rural sobrante y dinamizaron la producción industrial.
- Apertura Internacional y Orientación Exportadora: China abandonó el aislamiento y comenzó a competir en los mercados internacionales mediante la exportación de productos manufacturados, ese proceso culminaría años más tarde con el ingreso en el 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El proceso de las reformas tuvo sus límites, sobre todo el control político. A pesar de la profunda apertura y la adopción de mecanismos capitalistas de mercado, Deng Xiaoping mantuvo intacto el monopolio del poder político en manos del Partido Comunista de China (PCCh). El proceso se guió por los llamados ‘Cuatro Principios Fundamentales’, que aseguraban la vía socialista y el liderazgo indiscutible del Partido. Cuando las reformas económicas generaron demandas de apertura política, el régimen respondió de forma tajante, deteniendo temporalmente el proceso reformista tras los graves hechos de la plaza Tiananmén en 1989, para luego reactivarlo con vigor en 1992 tras la célebre "inspección del sur" de Deng.
Pero, no solemos dimensionar el masivo impacto histórico de este modelo gradual, China empezó a registrar tasas de crecimiento económico sin precedentes durante cuatro décadas y propició la mayor reducción de la pobreza extrema documentada en la historia, sacando a más de 800 millones de personas de esa condición, muy a pesar de las críticas de los “defensores” mundiales de la “democracia”.
El argumento irrefutable es que China ha dejado de ser un país socialista o una economía en desarrollo para convertirse formalmente en una potencia imperialista emergente, si nos queremos poner quisquillosos con las críticas de los partidarios del marxismo que siguen basándose en la teoría clásica de Lenin, argumentamos que el gigante asiático cumple con las características de esa fase, es decir, una sobreacumulación interna de capitales que ahora necesita exportar agresivamente al resto del mundo para seguir generando ganancias.
Hay que ser concretos al afirmar que, con la restauración capitalista, a partir de las reformas económicas de Deng Xiaoping, se inició el desmantelamiento gradual de las bases socialistas chinas. La burocracia del Partido Comunista Chino (PCCh) se ha transformado en una nueva clase regente que dirige un modelo de capitalismo de Estado sumamente eficiente que haría palidecer a Marx, Lenin y otros.
El presidente chino Xi Jinping y el presidente Donald Trump ingresando al interior de la Casa Blanca durante la visita oficial de Estado, septiembre 2026. Foto @WhiteHouse (X)
Se habla -y hay muchos indicios sobre ello- de que China está participando en el nuevo reparto geopolítico del orbe, el mundo unipolar controlado por Estados Unidos ha llegado a su fin. Uno de esos indicios se puede encontrar en los análisis del cómo los capitales chinos están adquiriendo masivamente infraestructuras críticas en países dependientes. Empresas estatales chinas han adquirido redes eléctricas, compañías tecnológicas, yacimientos mineros, etc., lo que a la larga puede ser considerado una nueva subordinación económica activa.
Aunque no entraré en la polémica, existen diversas posiciones de la izquierda política, desde las que defienden ciegamente a Pekín solo por oponerse a Estados Unidos hasta los que denuncian el gran cambio, China ya no es un aliado ideológico, declaran, sino un competidor global que opera bajo las mismas lógicas de acumulación y dominación que las potencias occidentales. Por ello, otros sostienen que el conflicto geopolítico actual no es entre "socialismo y capitalismo", sino una pugna inter-imperialista por el control de los mercados globales, similar a los escenarios previos a la Primera Guerra Mundial.
A continuación revisemos el resultado oficial de la histórica visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, del 24 al 25 de septiembre de 2026, sin olvidarnos de la anterior cumbre en Pekin del 13 al 15 de mayo pasado, cuyos resultados fueron comentados en nuestro artículo Explicando el por qué el dólar no va a caer.
Los nuevos diálogos han garantizado:
- La tregua comercial ha sido prorrogada. Antes de dar inicio formal a las sesiones bilaterales, se confirmó la extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027. Esto frenó la implementación inmediata de nuevos aranceles cruzados.
- Diálogo sobre Inteligencia Artificial. Aunque no se ha llegado a ningún compromiso, se acordó abrir formalmente un canal de comunicación bilateral para discutir la seguridad y regulación en materia.
- Mecanismos de Estabilidad Estratégica. Ambas delegaciones coincidieron en promover una relación basada en la estabilización estratégica, el respeto y la reciprocidad para los próximos tres años.
- Continuidad de la diplomacia de alto nivel. Washington y Pekín reafirmaron su intención de mantener abiertos los canales políticos comprometiéndose a brindarse apoyo mutuo en la organización de las próximas cumbres de la APEC y del G20.
Quedaron asuntos pendientes:
- Taiwán. La isla continúa siendo el mayor punto de fricción militar. Xi Jinping reiteró la exigencia de que Estados Unidos se oponga activamente a la independencia de Taiwán, mientras que la administración estadounidense mantuvo su postura habitual sin ceder espacio doctrinal.
- Seguridad regional. Quedó bajo revisión y sin resolución definitiva diversos temas abiertos en el ámbito de la seguridad e intercambio de inteligencia militar, sobre todo en las guerras en Medio Oriente y el asunto Irán. China sigue restringiendo el suministro de tierras raras y otros minerales estratégicos a los Estados Unidos, principalmente como una herramienta de presión geopolítica y comercial. Es obvio -en el ámbito político global- que China aprovecha su cuasimonopolio global en la refinación y procesamiento de esos recursos indispensables para la tecnología avanzada y la defensa.
Es importante seguir evaluando los resultados de la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca en las semanas pasadas. Un análisis conciso fue presentado por Lorenzo María Pacini de la Fundación Cultura Estratégica, bajo el título: "El día después en la Casa Blanca: Estados Unidos y Xi Jinping". Leamos sus comentarios.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, le muestra al presidente de China, Xi Jinping, una pintura que conmemora el intento de asesinato en su contra en Butler, Pensilvania (13 de julio de 2024) durante la visita de Estado a la Casa Blanca en septiembre de 2026. La pintura es obra del artista Marc Lipp y donada a través de la Blue Gallery.
Parte II
La cumbre ha estabilizado las relaciones sino-estadounidenses sin estabilizar el Golfo, y con respecto al Golfo, Pekín ha ofrecido palabras, no presión.
Acuerdos sin costo alguno
Xi Jinping partió de Washington el viernes 25 de septiembre, se despidió con una salva de 21 cañonazos y los altos funcionarios de la administración alineados en el aeropuerto. Una visita de Estado de tres días organizada con un nivel de atención al detalle que la Casa Blanca rara vez reserva para un rival sistémico: la bienvenida al pie de la escalerilla del avión, una reunión de tres horas en el Despacho Oval, la cena de Estado, el té con las esposas y una visita a los Archivos Nacionales.
Se eligió un Schramsberg para la cena, la misma bodega que proporcionó el vino para el brindis de 1972 entre Nixon y Zhou Enlai. En la mesa se sentó la mitad de la comunidad empresarial estadounidense: Musk, Jensen Huang, Zuckerberg, Tim Cook, Bezos, Pichai, Dimon, Fink, así como tres jueces de la Corte Suprema, el presidente de la Reserva Federal y la mitad del Gabinete.
Luego está la conversación real, que debe leerse entre líneas. Pekín publicó inmediatamente su propia versión de las conversaciones. Por parte estadounidense, en la madrugada, no hubo declaración oficial: solo comentarios de funcionarios y de un presidente que optó por no responder preguntas sobre el fondo del asunto.
Esta asimetría en la documentación por sí sola revela quién quería establecer los términos de la reunión por escrito.
Sobre el tema de Irán, fuentes de la administración presentaron un acuerdo en tres puntos como un "progreso significativo": Irán nunca debe adquirir armas nucleares; el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto; y no debe haber peajes en el estrecho. Tomados uno por uno, estos tres puntos coinciden con las posiciones que Pekín había estado defendiendo incluso antes de abordar el avión. China tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y es signataria del JCPOA de 2015: la no proliferación iraní ha sido su política oficial durante más de una década. Un estrecho de Ormuz abierto beneficia a China incluso más que a Estados Unidos, porque Asia Oriental consume la mayor parte del petróleo crudo que transita por el estrecho, y China paga más que nadie por el crudo Brent que se mantiene por encima de los 100 dólares por barril. En cuanto a los peajes, una tasa de tránsito impuesta por Teherán afectaría principalmente a los petroleros con destino a puertos chinos.
De este modo, Washington ha conseguido la firma de Xi en tres declaraciones que Pekín habría respaldado en cualquier foro. La ganancia real es más limitada, pero existe. El distanciamiento de China de la demanda iraní de peajes debilita una baza que Teherán está jugando en las negociaciones de Nueva York, donde las discusiones se centran en una salida gradual de la crisis (reapertura del estrecho, levantamiento simultáneo del bloqueo naval estadounidense, seguido del descongelamiento de los activos congelados), y donde, según informes, la delegación iraní pretende trasladar el tema de los derechos de tránsito a un anexo aparte.
Relatos independientes completan la información que omite la versión estadounidense. Xi solicitó a Trump un retorno inmediato al Memorando de Entendimiento de Islamabad y la reanudación de las negociaciones "lo antes posible", que conduzcan a un acuerdo integral que incluya el tema nuclear. Trump no accedió. En lugar de resolverse en la cumbre, el tema iraní quedó fuera de la agenda.
Teherán y Taiwán:
Respecto al apoyo chino a Irán, los propios funcionarios admiten que la situación es incompleta: "Creemos que ha habido apoyo indirecto, pero no hay pruebas directas". Estados Unidos afirma estar "muy preocupado", pero no puede probarlo. Sin embargo, según informes, Trump le dijo personalmente a Xi que cualquier ayuda a Teherán - "ya sea directa o indirecta, en forma de inteligencia, componentes o equipo militar"- es "totalmente inaceptable".
Una advertencia solo es tan efectiva como la herramienta que la respalda, y en este caso, dicha herramienta brilla por su ausencia. Durante el mismo período, los datos de seguimiento de vuelos registraron un aterrizaje programado de un vuelo de la aerolínea iraní Mahan Air en Guangzhou, sin que se tomaran medidas contra aeropuertos u operadores chinos: la zona de exclusión aérea alrededor de Irán ha fracasado precisamente en lo más crucial. Además, el término "indirecto" se mantiene deliberadamente ambiguo. Si incluyera la compra de petróleo iraní, atentaría contra el núcleo del comercio sino-iraní; si no lo incluye, se reduce a suministros militares que Washington, según admite, no puede justificar.
La ambigüedad beneficia a ambas partes: a los estadounidenses, para mantener la amenaza latente, y a los chinos, para seguir operando en la zona gris. Mi evaluación es que es improbable que el Tesoro tome medidas contra entidades chinas vinculadas a Irán antes de que se finalice el acuerdo comercial, con un grado moderado de confianza.
Washington insiste en que la presión sobre Irán es un asunto aparte, sin relación con el suministro de armas a Taiwán ni con ninguna otra negociación. Esta separación tiene su propia lógica interna. A menos de seis semanas de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, la administración no puede arriesgarse a ser acusada de intercambiar a Taipéi por la cooperación china en el Golfo.
La cuestión es que esta separación es unilateral.
En la versión china, Xi describió la postura de Pekín sobre la reunificación y la integridad territorial como inequívoca; instó a Estados Unidos a oponerse a la independencia de Taiwán y a abordar el tema con cautela, señalando que hacerlo sentaría una base sólida para la cooperación estratégica entre ambos países. Taiwán no es solo un asunto más entre muchos; es la condición subyacente a todos ellos, incluido Irán. Pekín estará atento a cómo Washington traduce sus declaraciones en acciones concretas, y esa respuesta seguirá siendo el principal indicador de la seriedad estadounidense. El resultado es una clara asimetría: Estados Unidos renuncia a usar a Taiwán como palanca de negociación, mientras que China lo mantiene como condición previa.
¿Y qué hay de la opción de una tregua comercial?
Foto de archivo. El
presidente chino Xi Jinping interviene en el evento de altos dirigentes chinos
organizado por el Comité Nacional de Relaciones entre Estados Unidos y China y
el Consejo Empresarial Estados Unidos-China, en el marco de la cumbre de
Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en San Francisco, California,
Estados Unidos, el 15 de noviembre de 2023. REUTERS/CARLOS BARRIA
En el frente económico, la cumbre resultó en la extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero, lo que evita un retorno inmediato a aranceles mucho más altos, y el anuncio de un acuerdo comercial gestionado, cuyos detalles se esperan para el lunes tras semanas de negociaciones. No hubo avances en materia de aranceles, tierras raras o controles tecnológicos. El término en sí evoca el modelo de la "Fase Uno" de enero de 2020: compromisos de compra cuantificados, es decir, gestionar los síntomas de una rivalidad cuyas causas estructurales permanecen inalteradas.
En cuanto a la inteligencia artificial, las posiciones siguieron siendo distintas. Xi propuso un diálogo sobre riesgos, supervisión humana de las tecnologías y cooperación contra los abusos, invitando a ambas partes a aprovechar sus respectivas fortalezas en lugar de vigilarse mutuamente. Trump reconoció que la IA concierne al futuro de la humanidad, pero dejó claro que prefiere que el statu quo actual permanezca prácticamente sin cambios. Sin reglas comunes, sin mecanismos. Las dos capitales se limitaron a confirmar su apoyo mutuo a la cumbre de la APEC y a la cumbre del G20 que acogerán este año, estableciendo así el calendario de las próximas reuniones.
En conjunto, el resultado para Estados Unidos consiste en una convergencia declarativa sobre tres principios ya compartidos, una advertencia verbal y un acuerdo comercial aún por revisar. Pekín se lleva la victoria. Más: una tregua hasta enero, ninguna restricción tecnológica nueva, Taiwán reafirmado como la base de la relación y, sobre todo, la adopción por parte de Estados Unidos de la fórmula china para una "relación constructiva de estabilidad estratégica", acordada en mayo y ahora reactivada.
Robert Lawrence Kuhn ofreció el resumen más honesto: el principal resultado de la cumbre es un horizonte de planificación más amplio. Para una potencia convencida de que el tiempo está de su lado, ese horizonte más amplio es la recompensa.
Hay una objeción que debe tomarse en serio. El distanciamiento público de Xi de las concesiones aísla a Teherán justo cuando se abre un frente interno en Irán, con una moción de destitución presentada en el parlamento contra el ministro de Asuntos Exteriores Araghchi, acusado de negociar con los estadounidenses sin la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Pero esta misma situación pone de relieve las limitaciones de esa ganancia. La cuestión en Teherán ya no es solo qué ofrecer, sino quién tiene la autoridad para ofrecerlo; y en este punto, la presión china sobre los peajes no cambia nada.
Hay pocos indicadores concretos a tener en cuenta en las próximas semanas: El texto del acuerdo revelará si el pacto comercial se extiende a las tierras raras o se limita a las compras agrícolas y energéticas. El canal de Nueva York indicará si el intercambio gradual, que implica el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del bloqueo, se pone en marcha.
Los seis misiles balísticos lanzados por Ansarallah hacia Yanbu y Taif, dirigidos a la terminal de la única ruta principal saudí que evita el estrecho, demuestran lo estrecho que es el margen antes de que el precio del petróleo crudo empuje a Trump, en vísperas de las elecciones, hacia opciones militares.
Finalmente, una posible designación de entidades chinas por parte del Tesoro daría mayor peso a la advertencia de la Casa Blanca.
Mientras ninguna de estas señales cambie, podemos decir que la cumbre ha estabilizado las relaciones sino-estadounidenses sin estabilizar el Golfo, y en lo que respecta al Golfo, Pekín ha ofrecido palabras, no medidas de presión.
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fuentes de consulta:
¿Es China una nueva potencia imperialista? De la restauración capitalista al nuevo reparto del mundo
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