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07 diciembre 2015

Geopolítica del poder: La Ruta de la Seda (V)



RUTA DE LA SEDA VS. RUTA DE LAS ESPECIAS, O EURASIA VS. OCEANÍA


Máximas extensiones de la Ruta de la Seda (rojo) y de la Ruta de las Especies (azul). Medio Oriente era la última escala antes de entrar a Europa.


Halford J. Mackinder.
Una personalidad repelente ejerce una función social importante a la hora de unir a sus enemigos, y fue bajo la presión del barbarismo exterior que Europa alcanzó su civilización. Les pido, por tanto, durante un momento, que contemplen Europa y la historia europea como subordinada a Asia y la historia asiática, pues la civilización europea es, en un sentido muy real, el resultado de la lucha secular contra la invasión asiática.


Las mitologías antiguas hablaban de un eje del mundo o "Axis Mundi", una especie de hilo que conectaba los distintos mundos y dimensiones, el cemento que los mantenía unidos, aquello que tenían en común. También existían monstruos mitológicos que atentaban contra él, como la serpiente marina Iormungand en la mitología nórdica. En las anteriores partes de este artículo vimos cómo en geopolítica existe también un Axis Mundi: se trata de la Ruta de la Seda, un árbol alrededor del cual florecieron ramas y raíces que abarcaban buena parte del continente eurasiático, tendiendo a vertebrar especialmente todo el mundo indoeuropeo.

Existía incluso una lengua franca en la Ruta de la Seda: el yagnob, dialecto persa que toma su nombre de un recóndito valle del actual Tayikistán. Los monstruos marinos de nuestros días son las potencias periféricas del mundo a las que les ha tocado desempeñar una estrategia marítima. Estas potencias, al no poder dominar la Ruta de la Seda por tierra, deben sabotearla por mar, especialmente sembrando los espacios continentales de divisiones e inestabilidades territoriales (balcanización) y drenando sus mercancías a través del Índico (Ruta de las Especias). En esta lucha de rutas, la Ruta de la Seda tiende a darle importancia al Heartland eurasiático, y la Ruta de las Especias al Rimland y al Índico.


Otro mapa con las rutas de la seda y de las especies


Hoy, la existencia de virulentas guerras para salvaguardar los intereses económicos de una minoritaria camarilla de especuladores puede sonar a conspiranoia o a exageración, pero  sólo tenemos que pensar en los implacables conflictos que se producen en muchos de nuestros barrios por el control de unos pocos millones de euros de droga. Si cambiamos la droga por los hidrocarburos y otros recursos, y los millones de euros por docenas de miles de millones de euros, entonces entenderemos que haya en el mundo intereses lo bastante fuertes como para hacer que Estados y pueblos enteros vayan a la guerra, especialmente en un mundo donde la escala de valores que domina es la del beneficio material fácil, barato, inmediato y cortoplacista a cualquier precio. Esto se ve agravado por el hecho de que, en muchos lugares, las fronteras estatales parecen dibujadas por el mismísimo Diablo con el objetivo de perpetuar la inestabilidad y el conflicto y evitar el auge de bloques regionales organizadores y pacificadores.

Como los medios de comunicación oficiales están controlados por bancos y multinacionales a las que no les interesa que ciertas cosas sean del dominio público (al contrario, su propaganda va claramente dirigida a sedar y estupidizar a las masas), el individuo que quiera estar al tanto de "lo que realmente pasa en el mundo" debe recurrir a fuentes alternativas, a menudo haciendo un gran esfuerzo para discriminar la información inútil en un mar de desinformación.

Demasiado a menudo queda evidente que en Eurasia hay un actor externo que hace todo lo que puede para promover la inestabilidad y evitar el ascenso de bloques soberanos y regionalmente hegemónicos. Sin embargo, esta "Eurasia" no es una unidad absoluta; tiene claras subdivisiones. Una de ellas, Europa, es una mera península de Asia, un continente patéticamente balcanizado y dividido, sembrado de nacionalismos, identidades, lastres culturales y viejas rivalidades absurdas que han agotado a pueblos otrora fuertes y prometedores. Se trata de una tierra repleta de rompeolas geográficos, barricadas y fronteras naturales contra las vastas llanuras, estepas y mesetas de Asia ―el continente del gran vacío, de la tierra pura, de los grandes espacios, horizontes y poderes políticos. 

Un día, nuestro continente va a tener que elegir con qué "versión" de Asia quiere relacionarse, ya que, como declaraba Mackinder más arriba, Europa no puede sustraerse al Este. A Europa se le presentan varios interlocutores que gustarían erigirse en intermediarios entre el Gran Oriente y el Gran Occidente:

• El islamismo radical yihadista de la corriente sunnita-wahhabita-salafista. Esta vigorosa corriente social se pretende enseñorear de todo Oriente Medio, Noráfrica, el Mediterráneo, Europa, partes de India y China y buena parte del Sudeste asiático, cultivado y mimado cuidadosamente por los servicios de Inteligencia del eje atlantista, las petro-dictaduras árabes del Golfo Pérsico, las casas reales y los servicios sociales de los países de la Unión Europea. En Europa, los gobiernos, multinacionales e instituciones bancarias parecen estar muy interesados en provocar que la influencia del fundamentalismo islámico se proyecte agresivamente hacia lo profundo de nuestro continente. La expansión del islamismo radical en Oriente Medio significaría que Oriente Medio se hace intratable, separando a Europa de Asia Oriental y obligándola a echarse al Atlántico como en la época del Imperio Otomano.

El Estado de Israel se nos presenta como un oasis de civilización, democracia y libertad, un muro de contención ante la barbarie yihadista, una brecha abierta en el mundo árabe, un grifo de petróleo saudí y gas natural qatarí, la única democracia y la única alternativa posible al islamismo radical en Oriente Medio. Aquí podemos incluir a los aliados regionales de Israel, como Jordania, Turquía, Marruecos, Albania o la provincia serbia de Kosovo, ocupada por terroristas de la UÇK albano-kosovar, sostenida por Turquía, Estados Unidos y Reino Unido. La estrategia israelí, apoyada generalmente por la Anglosfera (EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y diversos aliados circunstanciales) parece ser polarizar Occidente entre Islam y anti-Islam, para envenenar para siempre las relaciones entre el Gran Occidente y el Gran Oriente, y para erigirse en el único interlocutor válido, así como en la única fuente de petróleo y gas natural, para Europa.

La Federación Rusa es el único proyecto que representa verdaderamente la penetración de influencia europea hacia el núcleo duro de Asia. Podemos incluir a los aliados regionales de Rusia, como Siria, Líbano, Armenia, Irán, el chiísmo en general, las corrientes panarabistas  y nacionalistas laicas del mundo árabe y las importantes minorías cristianas de Oriente Medio (coptos en Egipto, caldeos en Iraq, maronitas y ortodoxos en Líbano y Siria, armenios en Irán y Siria, etc.), que son más antiguas que las comunidades musulmanas. 

Como hemos visto con anterioridad, las relaciones entre Europa y Asia se condensan en torno a la Ruta de la Seda, una malla de vías naturales que coincide grosso modo con los caminos tomados por los linajes genéticos paternos R1a y R1b para entrar en Europa hace muchos milenios ―quizás se trate de un camino que Europa deba desandar simbólicamente para reencontrarse a sí misma. Durante buena parte de su historia, la Ruta de la Seda estuvo dominada por medios de transporte como el camello, el caballo, el carro y las caravanas militarizadas. Esta forma de vida cristalizó en la formación de hordas y tropas altamente móviles (persas, hunos, mongoles, turcomanos, tártaros, etc.), que barrían toda Eurasia repentina y periódicamente para horror de los países situados en las márgenes marítimas del continente.




Un viejo sueño, la ruta de la seda ferroviaria


A finales del Siglo XIX y principios del XX, las caravanas se cambiaron por trenes y lo que horrorizaba a los geoestrategas británicos era que toda Eurasia pudiese auto-vertebrarse con una tupida red de ferrocarriles, fermentando un vasto espacio económico que atraería a los mercados chino e hindú hacia un centro de gravedad totalmente inaccesible para el poder marítimo, inutilizando la inmensa flota comercial y militar de Gran Bretaña y estableciendo una versión ferroviaria de la Ruta de la Seda. Tanto el ferrocarril Trans-Siberiano como la vía Berlín-Bagdad (especialmente la construcción del tramo sirio de dicha vía) fueron motivos de peso en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial y de la revolución bolchevique de 1917.


Rutas transiberiana y china


El ferrocarril de Bagdad se construyó de 1903 a 1940 para conectar Berlín con la ciudad del entonces imperio otomano, Bagdad, desde donde los alemanes querían acceder al puerto de Basora en el golfo Pérsico; con una vía de 1.600 kilómetros, desde Konya, continuando el ferrocarril de Anatolia a través de las actuales Turquía, Siria e Irak. La finalización del proyecto llevó varias décadas y en el estallido de la Primera Guerra Mundial el ferrocarril todavía se encontraba a 960 kilómetros de su objetivo. El último tramo hasta Bagdad se construyó a finales de los años 30 y el primer tren que viajó de Estambul a Bagdad, partió en 1940 (cita de la Wikipedia).

Para ilustrar la importancia de la línea Berlín-Bagdad (en realidad Hamburgo-Basora), tengamos en cuenta lo siguiente. En 1914, si Alemania deseaba llegar a India, debía pasar forzosamente por la ruta del Canal de Suez (3 semanas de viaje) o, si éste era bloqueado, por el Cabo de Buena Esperanza (8 semanas de viaje). Ambas rutas estaban controladas por el Imperio Británico. Pues bien, el ferrocarril proyectado por el Káiser permitía hacer la misma ruta en sólo 8 días. En caso de conflicto armado con Reino Unido, Alemania podría colocar un ejército en las fronteras de India en menos de dos semanas.

Rusia estaba a punto de fermentar un espacio económico de extraordinario potencial en Siberia-Kazajistán-Mongolia (con ambiciones en Manchuria, Mongolia Interior, el Turquestán Chino, Tibet, Persia y Asia Central en general), y lo mismo estaba haciendo Alemania y Austria-Hungría en Europa del Este y Oriente Medio. Enfrentar a la superpotencia continental germana con la superpotencia continental eslava fue una obra maestra de la diplomacia del verdadero enemigo del continente: Reino Unido, o mejor dicho, la internacional financiera y plutocrática.




El presidente estadounidense Wilson describía la estrategia alemana como "lanzar un amplio cinturón de poder militar alemán y control político a través del mismo centro de Europa y más allá del Mediterráneo, hacia el corazón de Asia". El trazado de la vía férrea Berlín-Bagdad rompía el Rimland, coincidía en buena medida con la ruta tomada por los príncipes europeos para llegar a Tierra Santa durante la Primera Cruzada y en cierto modo desandaba el camino emprendido por el Neolítico danubiano para entrar en Europa. El verdadero objetivo de la vía férrea Berlín-Bagdad, financiada por el Deutsche Bank, era conectar el puerto alemán de Hamburgo (Mar del Norte) con el puerto iraquí de Basora (entonces parte del Imperio Otomano), en el Golfo Pérsico, a las puertas de las posesiones británicas y a un tiro de piedra de otro país germanófilo peligrosamente clave: Persia. Esta ruta habría sido mucho más corta, rápida y segura que la británica, y por ello entraba en mortal conflicto con Reino Unido. Rusia también buscaba salir al Mediterráneo, rodear Turquía y conectarse con Serbia, Grecia, Chipre y Siria. Los proyectos alemán y ruso entraban en conflicto en Estambul y, en menor medida, Chipre y Siria. Para evitar que Estambul cayese bajo el control de una superpotencia eurasiática (que podría utilizar el Mar Negro para fermentar una vasta flota y lanzar campañas de guerra submarina contra el Levante y el canal de Suez), el geoestratega británico Mackinder sugería "internacionalizarla" de alguna manera tras la Primera Guerra Mundial. Podemos imaginarnos la influencia que habría tenido sobre la historia del mundo un control alemán del Golfo Pérsico y sus recursos energéticos, o una guerra entre Alemania y Gran Bretaña en las actuales Kuwait, Iraq e Irán. Asimismo, Bagdad era clave para el Imperio Británico: de ahí habían salido muchos agentes (como la familia Sassoon) importantísimos en la expansión del poder británico en Asia Oriental.

Tras el fín de la Guerra Fría, el Gran Oriente y el Gran Occidente volvieron a interaccionar tímidamente, a pesar de la desestabilización causada por la caída de la URSS. Los primeros conatos de esta interacción (Iraq y Yugoslavia) son sofocados duramente por Londres y Washington mientras Rusia, plenamente inmersa en el caos de la era Yeltsin, está demasiado débil como para reaccionar. Con la lenta reconstrucción del poderío ruso a partir de 1999, el fantasma de la Ruta de la Seda ha vuelto, esta vez bajo la forma de oleoductos y gasoductos, que tienden a normalizar las relaciones entre países y que suelen anunciar carreteras, ferrocarriles, tratados comerciales, alianzas militares y la constitución de espacios económicos y bloques geopolíticos. Hoy, el pánico de las potencias marítimas tiene que ver con estos corredores, que canalizan los jugosos recursos energéticos de ciertas regiones a través de vías a menudo muy alejadas del mar, y no sólo en Rusia, sino también en torno a China. 

Tanto Estados Unidos como Reino Unido e Israel contrarrestan esta "amenaza" cultivando inestabilidades territoriales y grupos terroristas (como están haciendo ahora mismo en Siria) para romper los eslabones estratégicos de la gran cadena eurasiática, y creando sus propios oleoductos y gasoductos, que desembocan invariablemente en Estados y/o espacios marítimos controlados por ellos, rodeando expresamente a sus rivales geopolíticos.

En este contexto, vale la pena que le prestemos una atención exquisita al Gasoducto Islámico, un herético proyecto iraní que el eje Londres-Washington-Tel Aviv quiere sabotear cueste lo que cueste:




El Gasoducto Islámico actuaría como aglutinador de un nuevo imperio persa que conectaría a Europa con India y China, al Golfo Pérsico con el Caspio y el Mediterráneo, al Heartland continental con los puertos del Sur eurasiático y al espacio turcomano y ex-soviético con el mundo árabe. El hecho de que el gasoducto desemboque en la costa siria, al lado de bases militares rusas, y que esté gestionado por el gigante estatal gasero ruso Gazprom, significa que Rusia dominaría todo este mercado y que el incipiente imperio persa-chiíta, intermediario entre Occidente y Oriente, sería "rusificado", obteniendo Moscú sus anheladas salidas a mares cálidos (Mediterráneo, Golfo Pérsico e Índico) y, si añadimos el gasoducto South Stream, recreando la historia de los imperios macedonio y bizantino. De completarse el Gasoducto Islámico, los grandes perdedores regionales serían Qatar, Arabia Saudí, Israel, Turquía y Jordania. En su tramo desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, el gasoducto transportaría 110 millones de metros cúbicos de gas, de los cuales el 25% serían consumidos por los países de tránsito y el resto por Europa. Bandar Abbas, ciudad costera iraní que ocupa una estratégica posición en el centro del gasoducto y presidiendo el estrecho de Hormuz, es un enclave con importante presencia tanto rusa como china.

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La peor y más antigua división de todas, la madre de todas las balcanizaciones, es la que hay entre el Yin y el Yang, entre lo material y lo espiritual, el instinto y la voluntad, el inconsciente y el consciente, la intuición y la razón, lo dionisiaco y lo apolíneo, lo femenino y lo masculino. 

El continente euroasiático también refleja esta división, ya que puede compararse con los hemisferios de un inmenso cerebro. Europa representa el hemisferio izquierdo, racional, lógico, científico y tecnológico, que ha heredado el pensamiento lineal y recto. Asia representa el hemisferio derecho, instintivo, intuitivo del cerebro, que ha heredado el pensamiento curvo, circular y cíclico, así como las tradiciones, los misterios y los rituales de los tiempos antiguos.



Brecha Interhemisférica (elipse roja) y principales centros económicos de Eurasia (elipses azules). En este mapa viene representada lo que Mackinder llamaba "Isla Mundial": la continuidad terrestre de Eurasia-África. Un gigantesco paso en la balcanización de este espacio fue el establecimiento del Canal de Suez primero (donde la ruta marítima corta a la ruta terrestre) y del Estado de Israel después, que separaron ambas unidades convirtiéndolas de facto en islas separadas y permitiendo que el poder marítimo las envolviera a ambas. Bajo un punto de vista telurocrático (continentalista y terrestre), el Sinaí debería ser un puente entre Eurasia y África, no un canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. El segundo paso ha sido alimentar la Brecha Interhemisférica, un eje que separa al Gran Oriente del Gran Occidente, y que incluye los campos petrolíferos rusos de Nenets, los Urales, el territorio del antiguo reino jázaro (khazar), el Caspio-Cáucaso, Pentalasia (incluyendo el Estado de Israel), el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén y el Cuerno de África. Rusia e Irán son los dos países clave que neutralizan la brecha interhemisférica, Rusia por su simple territorio e Irán tendiendo a obtener una salida en el Mediterráneo, partiendo la brecha en dos. También Grecia y las poblaciones cristianas y chiítas de Oriente Medio tienden a neutralizar la brecha. Además, si Rusia e Irán consiguen conectarse territorialmente a través de espacios balcanizados (Cáucaso y Asia Central) o a través del Caspio, se formaría un eje interhemisférico y el Rimland quedaría roto, lo cual supondría un desastre para las potencias oceánicas del mundo.

Como se ve, en muchos sentidos, ambos subcontinentes son antitéticos, pero en otros, se complementan a la perfección, especialmente cuando concebimos la Ruta de la Seda como la columna vertebral de un cuerpo, que "verticaliza" a Eurasia. Bajo este punto de vista, Asia es el cuerpo principal, Europa la cabeza y la Brecha Interhemisférica el cuello. La corona de Eurasia se encontraría en el espacio marítimo atlántico de la Península Ibérica, de Ferrol a Cádiz.

Los únicos países que podemos considerar propiamente eurasiáticos son Rusia, Grecia, Kazajistán, Turquía y Azerbaiyán. Pero basta dar un rápido vistazo a un mapa para darse cuenta de que todo el espacio entre Europa y China está concienzudamente balcanizado… salvo uno. 


LA FEDERACIÓN RUSA


La Federación Rusa es el único espacio común eurasiático que proporciona continuidad territorial directa y estable entre ambos polos de Eurasia. Por tanto, en cualquier tipo de relación entre el Gran Occidente y el Gran Oriente, es necesario contar con Rusia. Particularmente delicada es la zona donde Rusia se transforma en Oriente Medio y en donde se entrecruzan el cristianismo ortodoxo, el Islam y el budismo, es decir, el espacio correspondiente a las repúblicas ex-soviéticas de Asia Central y el Cáucaso ―o como lo denominó Zbigniew Brzezinski, los Balcanes Eurasiáticos. Aquí Rusia tiene la gran baza, ya que conoce las gentes y dialectos de esta región, que en el pasado ha administrado directamente, y en ella se habla ruso y existen poblaciones rusas. 


Rusia también alberga la mayor parte del Heartland de Eurasia, la clave del mundo material
, el lugar donde domina lo horizontal y la tierra; donde el tiempo, devorado por el espacio, pasa más lentamente y donde la modernidad no acaba de penetrar del todo: en el corazón de Eurasia, los cambios no se han producido al mismo ritmo que en Europa Occidental o en Norteamérica. No sería de extrañar, por tanto, que Rusia acabe suplantando, como enorme puente terrestre que es, a las rutas marítimas controladas por el comercio internacional y por las potencias atlantistas del mundo.

No sería la primera vez que Rusia juega este papel integrador de rutas entre Occidente y Oriente. En la Alta Edad Media, los vikingos
 fundaron los primeros Estados rusos,
abriendo rutas comerciales desde Escandinavia, el Báltico y el Mar del Norte hasta el Imperio Bizantino y el Gran Oriente, a través de los grandes ríos rusos, las estepas y los territorios del conquistado reino jázaro (khazar). En varias campañas militares, los escandinavos derrotaron a los jázaros tomando su capital, Sarkel ―ahora sumergida por el pantano de Tsimlyansk, cerca de Volgogrado (ex-Stalingrado). Los vikingos mantuvieron una red de rutas que iba desde Norteamérica hasta la estepa asiática, constituyendo un espacio plenamente en sintonía con lo que Guillaume Faye llamó "Septentrión". Sólo la invasión de Genghis Khan en el Siglo XIII rompió esta prometedora red, estableciendo un khanato geobloqueante que frustró las conexiones entre Occidente y Oriente y se enriqueció con los impuestos y el control de rutas hasta tal punto que llegó a ser conocido como Horda Dorada ―es el periodo conocido en la historia rusa como el "yugo mongol". Esto anticipó lo que pocos siglos después pasará más al sur con el Imperio Otomano. 

La Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique fueron una maniobra de la estrategia atlantista para frustrar la conexión terrestre entre Occidente y Oriente, separando y enfrentando a las principales superpotencias continentales y especialmente intentando introducir, mediante el terror, la esclavitud y la muerte, la "modernidad" en el Imperio Ruso, produciendo una aceleración del tiempo para intentar devorar al gran espacio. También Alemania quiso devorar el gran espacio, pero mordió más de lo que podía tragar. 


En la Rusia pre-bolchevique y anterior a la Primera Guerra Mundial, la deuda nacional era de las más reducidas del mundo, el 80% de la tierra cultivable estaba en manos de los mismos agricultores. Rusia producía el 42% de la cebada, el 30% de la avena, el 67% del centeno y el 31% del trigo del planeta, de tal modo que su producción agrícola superaba ampliamanente a la combinación de Estados Unidos, Argentina y Canadá. La inflación era casi inexistente, el banco central emitía dinero casi sin interés y los impuestos eran de los más bajos del mundo. Sus reservas de oro eran las mayores del planeta. La presencia del parasitismo usurocrático en el aparato económico ruso era casi inexistente.

Por parte británica, el geógrafo inglés Halford J. Mackinder, uno de los padres fundadores de la Geopolítica moderna, tenía una fijación con el land power (poder terrestre o telurocracia), a pesar de haber formado sus ideas en un país que debía su inmenso imperio al empleo del sea power (poder marítimo o talasocracia). Obsesionado especialmente con Prusia, Austria y el Imperio Ruso, Mackinder afirmó que "Quien gobierna Europa del Este controla el Heartland; quien gobierna el Heartland controla la isla mundial; quien gobierna la isla mundial controla el mundo". Su mensaje tenía la idea de crear un "cordón sanitario" de estados-tapón entre Alemania y Rusia a fin de evitar la aparición de una potencia hegemónica en Europa del Este. Y es que tanto Rusia como Alemania son las potencias mejor situadas para dominar Europa del Este ―y por tanto, según Mackinder, el mundo. 


Obteniendo una continuidad territorial directa desde El Cairo hasta El Cabo, y creando un "cordón sanitario" de estados-tapones entre Alemania y Rusia, la diplomacia del Imperio Británico mantiene una brecha interhemisférica que separa Eurasia de África y Europa de Asia, partiendo la Isla Mundial en dos. De sus principales adversarias geopolíticas, Rusia ha sido consumida por una guerra y arrasada por una revolución destructiva, y Alemania se encuentra inmersa en luchas sociales y civiles, bajo la bota de una enorme deuda de guerra, castrada militarmente y mutilada territorialmente. El cordón sanitario europeo tenía una enorme población judía (coincide en buena parte con la antigua Mancomunidad Polaco-Lituana, el Imperio Austro-Húngaro y la Zona de Asentamiento decretada por Catalina la Grande en un intento de expulsar a los judíos de su imperio), como hoy la tiene otro Estado importantísimo de la actual Brecha Interhemisférica: Israel. En 1939, Alemania se adelantó a la URSS rompiendo el cerco allá donde era más estrecho y frágil: en Danzig-Prusia Oriental. En África, el Eje también intentó romper la barrera británica a la altura de Egipto y, por parte italiana, intentando unir Libia con Abisinia. Al norte, Noruega fue invadida por Alemania y Finlandia por la Unión Soviética.

El resto de la historia ya lo conocemos: la Segunda Guerra Mundial supuso la aniquilación de la nación más poderosa de Europa, el fin del prusianismo y el establecimiento de un nuevo cordón sanitario en suelo europeo, esta vez llamado "Telón de Acero". A lo largo de la Guerra Fría, la Unión Soviética fue transformándose en una potencia de carácter cada vez más nacional y continental ―en parte por su misma geografía y en parte gracias a la naturaleza patriótica y religiosa de su sacrificio en la Segunda Guerra Mundial―, hasta convertirse en un obstáculo en el camino de la globalización planeada por la Alta Finanza.

Cuando la URSS se desintegró en 1991, el imperio soviético perdió la mitad de su población, un cuarto de su masa terrestre y la mayor parte de su influencia global. En la misma Rusia, hubo una oleada de liberalizaciones y privatizaciones, la corrupción se enseñoreó del vasto país y surgió una poderosa casta de multimillonarios bien relacionados con Wall Street y la City londinense: los llamados oligarcas se irguieron como señores feudales, abriendo Rusia al comercio internacional para que sus recursos pudieran ser saqueados por las multinacionales extranjeras.

Algunos oligarcas incluso crearon ONGs, partidos políticos, bancos de cerebros y redes clientelares a imagen y semejanza de las "fundaciones" privadas que tanta influencia habían tenido en la ingeniería social y económica del Occidente capitalista. Uno de estos oligarcas rusos fue el magnate petrolero Mijaíl Jodorkovsky, jefe de la petrolera Yukos. Jodorkovsky creó la Open Russian Foundation, claramente inspirada en la Open Society de George Soros. La Open Russian Foundation tenía en su consejo directivo a personalidades de la talla de Henry Kissinger y Jacob Rothschild, lo cual nos ofrece en bandeja la clave de su naturaleza. El objetivo de este consorcio, bien financiado por el petróleo ruso y por las ayudas de la finanza internacional, era desmantelar la soberanía rusa, comprando a precio-ganga su tejido económico de la época soviética y transformando el país en algo más digerible para el neoliberalismo globalista, algo así como la Alemania moderna: un "accionista responsable" y gestor regional complaciente de un sistema global unipolar dominado por el establishment (que no por el pueblo) angloamericano. George Bush padre, que también tenía intereses petroleros en el asunto Jodorkovsky, había predicho un "nuevo orden", quizás esperando que los recursos y rutas comerciales de Rusia se pondrían al servicio de los usureros globalistas, que Jodorkovsky tendría éxito en su plan de estrechar oleoductos privados para favorecer a China y EEUU, y que el mundo entero sería tomado por la nueva convergencia globalista: neomarxista en lo cultural y capitalista-neoliberal en lo económico.



Izquierda: George Soros, especulador financiero. Derecha: Mijail Jodorkovsky, petro-oligarca y aspirante a la presidencia de Rusia. Cuando individuos como estos pronuncian su palabro favorito "global", es como para echarse a temblar.



La historia más reciente demuestra que las teorías de Mackinder sobre el Heartland y la necesidad de un "cordón sanitario" en Europa del Este siguen más vigentes que nunca. Para un año después de la invasión de Iraq ―de la que se desmarcaron peligrosamente tanto Alemania como Francia―, el atlantismo ya había reclutado a una serie de familiares Estados: Polonia, Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria, amén de Estonia, Letonia y Lituania. Este cuadro se completa con el "escudo antimisiles" y con los viejos miembros otaneros Turquía y Noruega, además de la desestabilización de toda Pentalasia y la "atlantización" del Consejo de Cooperación del Golfo (los Estados árabes rojos que hay al sur de Iraq). El nuevo cordón sanitario se extiende desde Noruega hasta Omán, desde el Océano Ártico hasta el Índico, partiendo Eurasia en dos. Sin embargo, los muros de contención que el atlantismo erige militarmente, son fácilmente derribados por Rusia energética y comercialmente, con su estrategia del gas natural y de los "rusoductos" (Nord Stream y South Stream). El otro intento de romper este cordón sanitario viene de la mano del Gasoducto Islámico, que pretende unir el Golfo Pérsico (Irán) con el Mediterráneo (Siria y Líbano) a través de Iraq, de hecho en el mapa se aprecia cómo Iraq-Siria-Líbano son, junto con Constantinopla, la parte más vulnerable del cordón sanitario ―la importancia de Kurdistán, en particular, es muy visible. El Gasoducto Islámico pretende prolongarse también hacia el Este para transitar por Pakistán, India (proyecto IPI) y quizás con el tiempo Bangladesh, China y el Sudeste Asiático.

En 2003 Vladimir Putin arrebató a Jodorkovsky el control de la petrolera Yukos, nacionalizándola justo cuando el oligarca estaba a punto de entregársela a Lord Rothschild y a ExxonMobil o Chevron (dos de las descendientes de la Standard Oil de John D. Rockefeller). Dos años después, Khodorkovsky fue mandado a una cárcel siberiana. Este caso puede compararse con la persecución y proceso de muchos otros oligarcas (Oleg Deripaska, Vladimir Gusinsky, Boris Berezovsky) durante la era Putin. En vista de las graves inestabilidades causadas por fundaciones-ONGs estadounidenses en otros países, en Septiembre de 2012 Moscú expulsó de su territorio a la turbia organización USAID, una fachada legal de la CIA y del US State Departament establecida en el país desde 1992.

Lo que estos hechos simbolizan es simplemente que Rusia se considera a sí misma como un poder soberano e independiente, con una voluntad propia y con unos intereses propios, que no tiene porqué obedecer los dictados de la globalización promovida por la Alta Finanza y cuyo ejemplo puede inspirar a otras potencias como Brasil o Irán. Se puede decir más alto, pero no más claro: por encima de los problemas del Estado ruso, el potencial geopolítico de la Federación es extraordinario. El país proporciona una continuidad no-balcanizada desde Europa hasta Estasia, se encuentra al lado de Pentalasia (sólo tiene que cruzar el Cáucaso), mantiene un pie en el Levante gracias a Siria, uno en el Báltico gracias a Kaliningrado y otro en los Balcanes gracias a Serbia.

Es también el país número uno en reservas de gas natural, el primer productor de petróleo del mundo, posee un tercio de las reservas de agua dulce del mundo (el segundo país en importancia después de Brasil), tierras arables, pastos, metales y piedras preciosas y otras riquezas minerales, vastos espacios vírgenes, biodiversidad tanto humana como animal y vegetal, más superficie boscosa que ninguna otra nación, el mayor arsenal nuclear del mundo, un imponente complejo militar-industrial y una tradición imperial en lo que respecta a la diplomacia, la geoestrategia (Rusia tiene un pensamiento y una escuela geopolítica plenamente desarrollada) y la Inteligencia, además de puro tamaño aplastante y una magnífica posición geográfica ―la mejor y más dominante del mundo. Tiene además enormes potenciales desconocidos y/o aun por explotar, como la ruta marítima del Ártico (Rusia es el país con más tierras en el Círculo Polar y más costa en el Mar Ártico, encontrándose por tanto en la mejor posición para dominar el Polo Norte) o las riquezas encerradas en el permafrost siberiano. Si aun existe en el mundo algo parecido a una "tierra prometida", debe encontrarse en algún lugar de Siberia-Kazajistán-Mongolia.

Pero este cuadro tan privilegiado y prometedor necesita igualmente de una férrea autoridad. Quien organice los recursos y potenciales (incluyendo humanos) de la Federación hará de ella la principal superpotencia del mundo. Rusia necesita, ante todo, cultivar su mayor riqueza: el pueblo ruso, reconociendo que los eslavos son la etnia vertebradora de la nación y la base del Estado. El Kremlin ya ha tomado medidas serias para poblar Siberia y para aumentar la natalidad de los rusos.

Otro paso que Rusia necesitaría dar es promover un espacio económico común euroasiático y una alianza militar que pueda ejercer de eje de integración euroasiático, de contrapeso al poder omnímodo de la plutocracia angloamericana encarnada en la OTAN, que haga que Europa, especialmente Alemania, vuelvan a mirar al Este, y que organice los recursos del Heartland como si de un "nuevo Nuevo Mundo" se tratase. Siguiendo el ejemplo de los antiguos vikingos y cosacos, se poblaría el corazón de tierra firme con europeos prometedores y valientes, para crear los verdaderos Estados Unidos de Eurasia y sentar las bases del tipo humano que heredará el planeta. El desarrollo del "salvaje Este" puede suponer una verdadera revolución geopolítica, cultural y humana.

Por estos motivos, resulta muy interesante prestar atención a los diversos proyectos eurasiáticos de poder continental promovidos por el Kremlin, como la Unión Aduanera, la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y especialmente la Unión Eurasiática, propuesta pero todavía no constituida. También es indispensable seguir de cerca la estrategia de los "rusoductos", especialmente en lo que respecta al proyecto South Stream, y el puente terrestre China-Turquía, un conjunto de vías ferroviarias que básicamente recrearán la Ruta de la Seda [9]. (Nota del editor del blog: Como ya lo hemos señalado anteriormente, el South Stream que planeaba dotar de gas ruso a Europa ha sido cancelado por presiones de Estados Unidos/OTAN. Se baraja la continuación alternativa del proyecto Nabucco que partiendo desde Baku (Azerbaiyán), cruzando territorio turco hasta llegar al centro de Europa).





Transiberiano

 Desde China a España

        De China a España en veinte días













EPILOGO

(Nota del editor del blog: El subtítulo “epilogo” es un agregado mío. Aunque no hay fundamento científico válido para ciertos alegatos raciales del autor del artículo, hemos conservado sus reflexiones finales constantes en los siguientes párrafos, sin duda, en su europeísmo esconde su malestar por la alta inmigración foránea que está poblando la otrora Europa “racialmente” blanca). 

Se dista mucho de romper el cordón sanitario más importante que resultó de la Segunda Guerra Mundial: el bloqueo psicológico colectivo, el Telón de Acero cultural, levantado por la ONU, la escuela de Frankfurt y la alta finanza en torno a nuevos tabúes de nuestro tiempo, como las razas humanas, el nacionalismo, el patriarcado, la genética, la tradición, la eugenesia, la identidad, la desigualdad natural, las diferencias entre sexos, la agresividad, el derecho a la legítima autodefensa, la disciplina, la autoridad, la jerarquía y el instinto territorial ―por ende geopolítico―de pueblos enteros, incluyendo de algunos que "en teoría" habían ganado la Segunda Guerra Mundial.

Mientras este represor telón de acero subsista en el imaginario colectivo de los pueblos europeo-étnicos (no sólo en la misma Europa, sino también en Norteamérica, Iberoamérica, Australia y Sudáfrica), nuestros pueblos retrocederán y perderán poder mientras que todos los demás pueblos del mundo avanzarán, simplemente ocupando el vacío creado. Una Eurasia fuerte nunca será posible si la primera mitad de su nombre, que representa la cabeza del continente, está secuestrada por una cultura debilitante, enfermante y autodestructiva. Europa, hablando en plata, tiene que dejarse de tonterías, despertar al hecho de que el mundo es un lugar cada vez más conflictivo, y defender, como cualquier potencia digna de tal nombre, sus malditos intereses, tanto económicos y estratégicos, demográficos, culturales y militares. Y ello no es posible con la actual Europa de los tenderos, los mercaderes y los usureros, que nos han convertido en un continente de consumistas y esclavos oficinistas dispuestos a aceptar sin rechistar la estrategia globalista criminal de los parásitos cobardes atrincherados en las torres de marfil de la Alta Finanza.

En el pensamiento políticamente correcto imperante hoy en día, las fronteras existen sólo sobre papel, la vieja Europa representa una cultura de vencidos abatidos, de perdedores, de tristes burócratas y burgueses sin sustancia, y los europeos, cada vez más envejecidos y esterilizados, no sólo debemos dejarnos colonizar por el resto de razas del planeta, sino que además debemos pagarles la estancia y subvencionar con nuestro trabajo la multiplicación indefinida de dichas razas, aun a costa de extinguirnos nosotros mismos y de agotar los recursos del planeta. El resultado final será un África africana, un Asia asiática… y una Europa, Norteamérica, Iberoamérica y Oceanía habitadas por una raza híbrida, maleable, desorganizada, sin conciencia colectiva y de manutención barata, que proporcionará la base social del Nuevo Orden Mundial planeado desde hace siglos por la alta finanza. Guste o no, la disolución de la raza blanca generará―está generando ya― una enorme inestabilidad global, tras la cual se produciría el definitivo advenimiento de Globalistán.

Para alcanzar este fin, el instinto natural de supervivencia y de auto-preservación, consustancial a cualquier animal, está siendo extirpado meticulosamente de la humanidad europea. Si según Mackinder, la "virilidad" de un pueblo era (junto con el "equipamiento" y la "organización") el factor más importante a la hora de juzgar su potencial, está claro que los pueblos europeos están siendo castrados de su virilidad natural ―que en otros tiempos era muy fuerte― y despojados de su herencia patriarcal. Esto se traduce inmediatamente en una blandura en la lucha contra el crimen, especialmente organizado, y en el afeminamiento de la política tanto interior como exterior de nuestros Estados.

Cualquier intento de romper este nuevo telón de acero psico-cultural, este nuevo cordón sanitario de balcanización mental, será inmediatamente tachado por la "comunidad internacional" y por los agentes tanto voluntarios como involuntarios de la globalización capitalista-financiera neoliberal, como intolerancia, nacionalismo, militarismo, racismo, fascismo, nazismo, oscurantismo medieval, conspiranoia y otra docena de sucedáneos modernos del temido "hereje" de otros tiempos, creados en realidad para extirpar cualquier debate. Pero el hecho permanece que los europeos étnicos estamos siendo sometidos, con nuestro propio trabajo, a un plan global de disgenesia y limpieza étnica blanda que diezma nuestro manpower mientras se nos hipnotiza a base de consumismo y entretenimiento. Esto sugiere a su vez que los europeos étnicos somos un obstáculo para los geoestrategas de la globalización, que no se consideran atados a un suelo ni a una sangre, sino al dinero y al poder, y que actúan a través de lobbies, ONGs, logias, sectas, fundaciones privadas, servicios de Inteligencia, think-tanks y agentes de dichas organizaciones en universidades, empresas, ejércitos, ayuntamientos, medios de comunicación y otros organismos tanto privados como públicos ―incluyendo infinidad de gobiernos. ¿Quién romperá este telón de acero, mucho más sutil e insidioso?



Las principales rutas de la seda y las principales ciudades entre 500 a.c y 500 d.c.


(Nota final del editor del blog: Algunos mapas y fotos son agregados míos, no corresponden al texto original, así como ha sido invertido el orden del texto por cuestiones exclusivamente didácticas, sin que se haya aumentado una sola palabra. Aunque el editor de este blog no comparte totalmente la opinión del autor del artículo en sus párrafos finales, es evidente que encierra muchas verdades sobre la globalización y los grupos del poder en las sombras que acumulan parte de la riquezas de las naciones. El autor se refiere a la “Alta Finanza” como una conspiración judeo-masónica (sin mencionarlo), una muy conocida teoría de las llamadas conspiranoicas. A la vez, que hace evidente (aunque tampoco lo menciona) su inclinación a favor de la superioridad étnica que pregonan grupos ultras apologistas de la supremacía racial “blanca” como “únicos” defensores de la identidad del europeo.

Por cierto, el “mestizaje” de Europa no es de hoy, es fruto de una “globalización” muy antigua, que ha tenido lugar desde miles de años atrás con las innumerables inmigraciones, asentamientos humanos de otras culturas, con las guerra de conquista y cruce genético combinadas con la actividad comercial de la “ruta de la seda” y otras rutas que milenariamente han cometido el “pecado racial” del cruce sanguíneo. La raza aria (aunque no lo dice expresamente el autor anónimo del artículo) es una fábula más de las tantas que existen en el mundo. Nunca ha existido una raza “aria”. El término ha sido tergiversado desde hace mucho tiempo. No me extenderé más sobre esto, no es el momento. Pero en general, salvo estos pormenores, que a groso modo los anote en el primer artículo dedicado a la Ruta de la Seda, el reportaje es demasiado bueno para no publicarlo y difundirlo).
  

Fuente original:
La Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y la competición por el Índico (III de III)

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1ttp://www.engdahl.oilgeopolitics.net/print/China%20Land%20Bridge%20to%20Turkey%20Europe.pdf

01 diciembre 2015

La guerra siria vista por caricaturistas (8)


Solamente recordar que los mismos grupos que iniciaron la guerra en Libia iniciaron la guerra en Siria y siguen en combate. Evidentemente tienen mucho dinero, armas y refuerzos para mantenerse largos años en guerra.

Que mejor forma de entender la crisis siria, en todo su contexto, la sátira política y picante refleja la sinrazón de una invasión programada desde hace mucho tiempo a un estado soberano. La guerra continúa, pero las caretas de los patrocinadores de los “rebeldes “sirios” han caído.

Sin más, hoy entregamos la octava parte de la popular serie: LA GUERRA SIRIA VISTA POR CARICATURISTAS.




























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