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29 marzo 2015

Objetivo: Yemen



La Historia nos enseña por analogía, no por identidad.
Daniel Estulin


por: Tito Andino U


Viejas historias, mismo argumento. Esto ya pasó en Yemen en el 2009, Estados Unidos defendiendo a sus aliados en su zona de influencia bombardeó Yemen. Hoy, en el 2015 esconde la mano para que sean sus socios del Consejo de Cooperación del Golfo quienes lleven a cabo la hazaña de liberar Yemen de huties mediante bombardeos y quizá una posterior invasión terrestre, según ellos por un pedido del mariscal Abd Rabbo Mansur Hadi, presidente destituido al igual que su predecesor Saleh. Combatirán estos mismos actores a los terroristas de Al-Qaeda y del Estado Islámico en Irak y Siria?.

Estados Unidos y Arabia Saudí al ver fracasada la “primavera árabe yemení“ en el 2011 y ante el temor que inspira en esos estados las milicias hutíes (de tendencia shii, que cuenta con el apoyo de las fuerzas armadas yemeníes y hasta partidarios del ex presidente Hadi, así como de milicias suníes opuestas al terrorismo de Al-Qaeda), se encuentran desde hace un buen tiempo fortaleciendo el movimiento separatista conocido como “Comités Populares del Sur” para que combatan a los hutíes. (1)

Los planes imperiales están nuevamente en marcha, en esta ocasión se prevé dividir Yemen en dos estados (como en la época de la guerra fría). La estrategia es siempre igual: armar la discordia y la guerra civil, eternos deseos de los “defensores de la democracia” en el mundo, Estados Unidos y su socio Arabia Saudí, un ejemplo de “democracia” y “tolerancia” en los países árabes. Como estos no anhelan encontrar la solución al conflicto,  buscan la forma de partir en dos a Yemen: Un Yemen del Norte bajo égida de los hutíes, privados de salida al mar; y, la nueva Arabia del Sur con dominio de la zona meridional, es decir regiría y contraloría el acceso al Golfo de Adén.


La importancia estratégica de Yemen provocará la reacción de muchos intereses por el control, no solo del petróleo, sino por las vías de navegación.


No hay necesidad de comentar lo que está pasando estos días en Yemen, solamente retrocedamos algunos años en el tiempo, hagamos historia:

El 1 de febrero del 2010, Alfredo Jalife-Rahme escribía sobre la situación bélica en Yemen: (2)

“1. Una guerra teológica en el norte entre sunnitas (apoyados por Arabia Saudita, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos) y los chiítas (apuntalados por Irán).

2. Una guerra separatista en el superestratégico sur, pletórico en petróleo, y donde resaltan dos puntos muy sensibles: la isla Socotra y el Estrecho de Bab Al-Mandab –un punto de estrangulamiento (“chokepoint”) a los dos lados de Yemen y Somalia donde transitan 3.5 millones de barriles al día y cuya obstrucción afectaría el precio del petróleo.

3. La aparición fantasmagórica de “terroristas jihadistas-salafistas” de Al-Qaeda (“Al-CIA”, para los lectores de Contralínea) en la zona montañosa del sur y que han puesto de cabeza, a su decir, a la tripleta israelí anglosajona.

Es evidente que, dependiendo del plano aludido en forma local, se afecte el nivel regional –desde el Cuerno de África (Somalia, Kenia, Etiopía, Yibuti, Eritrea y la costa de Sudán en el Mar Rojo), pasando por toda la Península Arábiga (primordialmente Arabia Saudita y Omán) hasta el norte del Golfo Pérsico (Irán, Kuwait e Irak)–, ya no se diga el nivel global (léase, geoestratégico), en el que nos detendremos brevemente”.

Juan Gelman, un ilustrado investigador argentino reflexionaba desde su patria algo que, si no fuere por la fecha, 28 de diciembre del 2009, algún despistado lector podría pensar que es lo que está sucediendo en este preciso momento. Leamos a Juan Gelman en ‘Página 12’ (Argentina) (3). 

Forma parte ya de la lista de países –Mali, Pakistán, Somalia, Uganda y otros– en los que el Pentágono y la Casa Blanca desarrollan esa clase de guerra no declarada que abunda en los llamados “daños colaterales”. En este caso, con la participación de Arabia Saudita, su aliado más sólido en la región.

Los bombardeos de cazas estadounidenses y de la fuerza aérea saudí son tan constantes como los argumentos falaces que los “justifican” y, sobre todo, como la muerte de civiles yemeníes.

El general David Petraeus, jefe del comando central a cargo de las guerras de Iraq, Afganistán y Pakistán, declaró que “EE.UU. apoya la seguridad de Yemen en el contexto de la cooperación militar que proporciona a sus aliados en la región” (www.yemenpost.net, 13-12-09). El mismo día de esas declaraciones, el diario Yemen Post dio a conocer fotografías de los cazas norteamericanos que bombardeaban la provincia de Sa’ada, al norte de Yemen, en una de las veinte incursiones que llevaron a cabo esa jornada. Su objetivo: liquidar a todos los guerrilleros houtis posibles. El resultado: decena de bajas civiles.

Los pretextos, como siempre, son Irán y Al Qaida. Los rebeldes houtis forman parte de la minoría chiíta del país, un tercio de la población, y se han alzado en armas contra un gobierno autoritario que los discrimina y reprime. Se los acusa de recibir armamento del gobierno de Teherán, pero su chiísmo Zaydi es una versión muy diferente del iraní. Hasta altos funcionarios estadounidenses admiten que no hay evidencias de que Irán los alimente. El Pentágono, a su vez, arguye que bombardea reductos de Al Qaida y, de nuevo, estos insurgentes no sólo no tienen vínculos con las redes de Bin Laden: son posibles blancos de sus atentados.

El Departamento de Estado negó que EE.UU. interviniera en Yemen (www.upi.com, 16-12-09) al día siguiente de que bombardeara repetidamente el norte del país. La Casa Blanca se retractó 24 horas después: Barack Obama había ordenado la ejecución de múltiples ataques con misiles a varios puntos de Yemen en coordinación con el eterno presidente Ali Abdalá Saleh. Realizada la acción, el mandatario estadounidense llamó por teléfono a su colega yemení para felicitarlo por el “éxito” de los bombardeos, que dejaron un saldo de 120 muertos, civiles en su mayoría, mujeres y niños incluidos (www.dailystar.com.ib, 17-12-09). Pese a este anuncio, el mariscal Saleh desmintió la intervención de EE.UU. en la matanza.

Es su costumbre. A pesar de informaciones oficiales de las autoridades de Riad, rebatió a un vocero de los houtis que denunció los ataques lanzados por el ejército saudí el domingo último contra los habitantes de Al Nadheer, un poblado de la provincia norteña de Saada, limítrofe de Arabia Saudita: 54 civiles muertos y numerosos heridos (AP, 20-12-09). Saleh lanzó en agosto pasado un ofensiva contra los rebeldes del Norte con la evidente colaboración de Washington y Riad. Pero los sureños también sufren estas acciones militares.

El gobierno yemení realizó una operación contra un presunto campamento de Al Qaida ubicado en la aldea de Al Maajala, a unos 480 km al sureste de Sana, la capital, que segó la vida de 64 civiles, 23 niños y 17 mujeres entre ellos. Esto provocó una desusada reacción popular: miles de manifestantes se derramaron por las calles de varias provincias exigiendo que se investigue lo acontecido. Miembros del Movimiento del Sur, un frente secesionista pacífico, subrayaron que el objetivo del ataque no era Al Qaida, sino los sureños que sueñan con restaurar lo que hasta 1990 era la República Democrática de Yemen, independiente del norte (www.thenational.ae, 20-12-09). Es un deseo compartido por muchos habitantes de la zona.

Cabe preguntarse el porqué del interés de EE.UU. por el país más pobre de la región: forma parte de la estrategia destinada a extender el conflicto de Afganistán a zonas concéntricas más amplias de Asia central y del sur, el Cáucaso y el Golfo Pérsico, el sudeste asiático y el golfo de Aden, el Cuerno de África y la península arábiga (www.rickrozoff.wordpress.com, 15-12-09). La sedicente guerra mundial contra el terrorismo de W. Bush cambió de nombre con Obama: ahora se llama “operaciones de contingencias en ultramar”. Pero los dos productos tienen el mismo olor. A petróleo.

Hay un aspecto convergente y nada despreciable. El papel que Arabia Saudita y las monarquías afines del Golfo Pérsico desempeñan en la “nueva estrategia” de Obama los llevará a invertir en la compra de equipos militares estadounidenses la friolera de 20.000 millones de dólares en los próximos diez años (UPI, 25-8-09). Yemen no participa en el gasto, pero sí en la conjura. Y pensar que alguna vez lo gobernó la reina de Saba, que muchos siglos después se reencarnó en Gina Lollobrigida, dirigida por King Vidor en una película de la que Tyrone Power no alcanzó a ser su amado rey Salomón”.


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NOTAS: 

(3) Yemen
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