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26 abril 2026

Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 2)




Por Tito Andino
Recopilación y resumen de varios artículos

Viene de la Parte 1 


Multimillonarios “trabajando” en nombre de Israel o cómo manipular los mercados en nombre de la democracia

“Por mucho que el imperialismo y la economía de guerra de las potencias occidentales se esfuercen por crear una vida lujosa para sus beneficiarios a expensas de todos los demás, es fundamentalmente imposible mantener la vida de nadie cuando las herramientas para hacer la guerra siguen devastando el planeta. La cruda ironía es que la economía de guerra se come a sus propios creadores”. (Aaron Kirshenbaum)

No es necesario repetir que, a fines de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva aérea sorpresa contra Irán. Las razones oficialmente presentadas son ya propaganda reciclada de toda la vida -impedir que Irán adquiera un arma nuclear y evitar ser agredidos, así como llevar la “democracia” a Irán-. Eso ya no vende, no obstante, los socios insisten en vernos la cara. El pretexto nuclear tiene ya varias décadas de “actualizaciones” informativas.

También hemos escuchado como el Pentágono ha consumido, hasta el punto crítico de afectar las reservas, los misiles Tomahawk y los interceptores de defensa aérea junto a su socio de aventura, Israel. A ese ritmo las existencias de sistemas de defensa y ataque entran en una fase crítica de desfase. El complejo militar industrial lamenta no poder reponer sus carísimos juguetes a corto plazo; pero, eso si, requiere dinerito para ponerse a trabajar.

Un importante artículo de The Postil Magazine titulado “La guerra justa de Irán” (publicado el 1 abril 2026) señala algo que debe ponernos a reflexionar seriamente, no estamos hablando de propaganda, no es proselitismo, no es parcialización, tampoco es favoritismo ni sectarismo, es simple lógica para quien quiere entender:

Hay momentos en la vida moral de las naciones en los que el lenguaje de la contención -tan apreciado por los diplomáticos, tan adorado por los consejos editoriales occidentales- deja de ser una virtud y se convierte en una coartada para la cobardía. La contención, en abstracto, es algo noble; es la disciplina del poder, la modestia de los fuertes. Pero cuando se exige contención sólo a los débiles, cuando se invoca únicamente para apaciguar a la víctima mientras el agresor puede atacar una y otra vez sin consecuencias, entonces deja de ser un principio moral. Es un arma - un garrote retórico empuñado por los poderosos para asegurar que su propia violencia permanezca intacta y sus propias transgresiones impunes. Cuando una nación sufre un ataque no provocado, cuando su soberanía es violada repetidamente, cuando sus ciudadanos son asesinados en tierras extranjeras con la impunidad que solo el imperio puede conferir, no solo tiene el derecho, sino el solemne deber de responder. La represalia de Irán contra las fuerzas de Estados Unidos e Israel pertenece a esa categoría de legítima rebeldía - el tipo de guerra que Agustín llamó justa, la que Tomás de Aquino decía que restaura la paz no mediante la sumisión sino mediante el castigo de la injusticia. Llamar a esto ‘escalada’ es revelar una deshonestidad fundamental; es fingir que una cadena de violencia comenzó con el partido que finalmente, tras años de provocación, decidió contraatacar”.

A medida que la agresión de la potencia militar industrial y criminal del tándem sionista-estadounidense está en su segundo mes, pone en estado de éxtasis a los poderosos conglomerados del complejo militar industrial. Mientras para unos el conflicto culminará en ruinas, para los industriales que ofertan sus costosos sistemas de misiles de defensa y ataque, es la apoteosis. 2026 será un gran año en ganancias colosales. Seamos sinceros, hay gente entre las potencias agresoras contra Irán que están felices porque continúe el conflicto, a pesar de que los mercaderes de la muerte no puedan satisfacer la demanda de sus mortales productos, los pedidos están pagándose por anticipado, el ansioso cliente tendrá que esperar meses (lo analizamos en “La economía de desgaste de la guerra”).

Las élites financieras siempre ganarán, sea a título personal o a nombre de las grandes corporaciones con la especulación financiera y las armas de los señores de la guerra.

Julian Macfarlane, de News Forensics, en el artículo “Todas las guerras son por dinero” (marzo 2026) describe lo que mucha gente se niega a creer, continúan creyendo que las guerras son por asuntos políticos, ideológicos o por simple poder, suelen ser recursos importantes al momento decisivo de declarar una guerra, pero lo que realmente importa es el dinero; deberían dejar de seguir soñando con el “amor” a la patria de nuestros líderes o su falso saludo a la bandera, el que será enviado al sacrificio es el ciudadano común y corriente.

Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales por su promesa de no luchar en más guerras, prometió que su programa pondría en su sitio al sistema controlado por los ricos. Es decir, un multimillonario como Trump, lucharía por el estadounidense de a pie. “¿De verdad?.... la administración Trump ha desmantelado sistemáticamente gran parte de la maquinaria diseñada para detectar el uso de información privilegiada y el fraude de cuello blanco. La Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia -creada tras Watergate para procesar a funcionarios corruptos- se redujo de treinta y seis abogados a dos el año pasado y se les despojó de la autoridad para presentar nuevos casos”.

En estos artículos nos hemos centrado casi exclusivamente en Estados Unidos, pero estamos perdiendo de vista a un ente que se mantiene entre bastidores, acechando desde el bajo perfil, moviendo los hilos, manipulando los mercados: La City de Londres, allí se manejan apuestas -si, apuestas- de más de un cuatrillón de dólares esperando que inicie “el juego de la guerra”, lo que permitirá desencadenar grandes bancarrotas institucionales, la maquinaria legal permita a los jugadores derivados llevarse todo.


Caricaturas soviéticas en la GUERRA FRÍA. Izq.  F. Nelubin, "ESTADOS UNIDOS" (1970); derecha, E. Osipov, "No veo ningún camino para el desarme" (1987)


Con frecuencia escuchamos sobre la crisis del seguro de Ormuz en 2026. Es provocada por LloyD's of London. La City de Londres y Lloyd's que transforman el caos en armas. “Durante más de tres siglos, la City de Londres -la ‘Milla Cuadrada’-, que es el centro financiero de Londres, ha financiado ambos bandos de guerras y vendido seguros contra la destrucción que seguiría. Lloyd's de Londres es el pilar de seguros de la red de control financiero de la City. En realidad, no es una compañía de seguros, sino un organismo corporativo que "opera como un mercado parcialmente mutualizado en el que múltiples inversores financieros, agrupados en sindicatos, se unen para agrupar y repartir el riesgo".

Una mejor y esclarecedora explicación se encuentra en el artículo de Ellen Brown: “Todas las guerras son guerras de banqueros: Irán y el destino final de los banqueros”. En resumen, señala Brown:

Lloyd's ha construido su reputación durante más de un siglo al formalizar la cláusula "Libre de Captura e Incautación", eliminando los riesgos de guerra de las políticas estándar para poder cobrar primas exorbitantes cuando estallan conflictos. Lo hizo en las dos guerras mundiales y ahora lo hace en 2026.

"Tras los ataques a Irán, el Comité Conjunto de Guerra de Lloyd amplió su zona de ‘alto riesgo’ en Oriente Medio. Varios de sus suscriptores emitieron avisos de cancelación a 72 horas con efecto a partir del 5 de marzo, y las primas por riesgo de guerra para tránsitos en Ormuz saltaron del 0,25% al 1-5% del valor del casco. Lloyd's ha recalcado que la cobertura sigue disponible al precio adecuado. Para un petrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre uno y cinco millones más por viaje, una prima que los propietarios comprensiblemente se muestran reacios a pagar. 

La analista financiera Stephanie Pomboy advierte que el mercado de crédito privado, de 1,5 a 3 billones de dólares, está en confinamiento, lo que obliga a vender activos líquidos por desaceleración; y el mucho mayor mercado de bonos corporativos calificados por BBB, de 5 billones de dólares, está tambaleándose. Las rebajas obligarán a vender en masa, y las pensiones enfrentarán un déficit de 4 billones de dólares.

La crisis de Ormuz es el acelerador perfecto para esta crisis de las garantías: los precios más altos del petróleo generan inflación, lo que eleva los rendimientos de los bonos (intereses), colapsando el valor de las garantías y activando llamadas de margen en todo el tablero de derivados. Las llamadas de margen obligan entonces a los fondos de crédito privado a vender por incendios".

Esta es una de las razones por las que algunos comentaristas señalan a la City de Londres como la verdadera artífice del caos en Oriente Medio. La vieja máquina de seguros de guerra y la nueva máquina de derivados funcionan juntas. Uno crea la prima del caos; la otra la obtiene mediante rehipotecación y confiscación legal.

Otro gran negocio en tiempos de guerra, concomitante con lo anterior, es el Mercado de Derivados que es el espacio financiero donde se compran y venden contratos cuyo valor no es propio, sino que "deriva" del precio de otro activo principal llamado activo subyacente. A diferencia de comprar una acción directamente, en este mercado se firma un acuerdo sobre lo que pasará con ese activo en el futuro. “Vendidos como una forma de seguro contra el riesgo de mercado, los derivados son un juego de apuestas especulativas que extrae rentas de todos los flujos económicos importantes”.

El Acuerdo de Servicios Financieros de la OMC abrió los mercados globales a esta jugada de derivados, cada país miembro de la OMC está obligado a abrir su sistema bancario o enfrentarse a sanciones. “Bonos soberanos, contratos petroleros, pólizas de seguro marítimo y primas de riesgo de guerra se dividieron en swaps de incumplimiento crediticio, coberturas y otros productos derivados”.

“Desde entonces, el comercio de derivados se ha convertido en uno de los negocios más concentrados y rentables del planeta, y está casi en su totalidad controlado por un puñado de megabancos. Según datos del Banco de Pagos Internacionales y la Oficina del Contralor de la Moneda, los cinco principales bancos estadounidenses poseen aproximadamente el 90% de todos los derivados bancarios estadounidenses, mientras que JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley dominan el mercado global de bursátiles. Estas instituciones captan la mayor parte de los beneficios derivados, especialmente durante periodos de volatilidad cuando la ‘prima del caos’ se dispara”.

Es lo que David Rogers Webb denomina "La Gran Expropiación", la trampa legal que otorga super prioridad a los derivados en la bancarrota, es la pieza final de esta red de control financiero. “Todos los valores actuales están desmaterializados (digitalizados) y agrupados en depósitos centrales. Cambios silenciosos en el Código Comercial Uniforme y en las normas equivalentes de la UE han convertido a los inversores ordinarios en simples "titulares de derechos" que solo tienen una reclamación legal contra sus corredores”.


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¿Y qué ocurre con quienes controlan los negocios del petróleo mundial?, por cierto -generalmente- son los mismos que mantienen acciones financieras en el negocio de las armas y la especulación financiera.

Para no hacer denso este reporte, vivámoslo con el caso de actualidad. La guerra de Estados Unidos/Israel contra Irán. Los precios del petróleo han alcanzado un récord -sea cual sea el precio en el mercado de hoy-, porque eso bajará o subirá en pocos minutos, horas o días, dependiendo de ciertos vaivenes que realizan los que “cortan el bacalao”. Lo real no es el número, es lo que ocurre minutos antes del cierre. El mercado puede perder la cabeza. Ejemplifiquemos:

Si Mr. Trump publica, a las 7:45 de la mañana: "toda una civilización morirá esta noche”, el petróleo se disparará a máximos de guerra. Luego, el vicepresidente Vance dice a los medios -a las 08:15- que la guerra básicamente ha terminado, los objetivos militares se han completado, el petróleo se desploma. Pero, Irán suspende todas las comunicaciones diplomáticas a las 09h00, ¿qué pasa?... el petróleo vuelve a los máximos. A las 10h00, el New York Times confirma que Irán ha detenido las negociaciones por completo: el petróleo vuelve a dispararse y las acciones caen en picada. Las 10h11, Teherán Times comunica que las negociaciones en realidad no están cerradas, el precio del petróleo se revierte. Al mediodía, China y Rusia en la ONU vetan la moción del Consejo de Seguridad sobre Ormuz, el petróleo vuelve a caer.

Más tarde, Irán, Estados Unidos e Israel simultáneamente provocan más y duros ataques, el petróleo aumenta. A eso de las 13h25, sin motivo aparente, el petróleo se desploma y las acciones se disparan. El viceprimer ministro de Pakistán señala que tenía esperanzas en las negociaciones, pero los ataques mutuos han vuelto a escalar todo, así que el petróleo vuelve a subir. En Telegram, una fuente militar iraní dice: "Hemos preparado un agujero negro para Trump del que será imposible salir", otra vez el petróleo se dispara y las acciones se hunden. Al rato, Pakistán propone una prórroga del alto el fuego de dos semanas, Trump lo acepta. Todo se vuelve absolutamente loco en el mercado. Las conversaciones fracasan, el estrecho sigue cerrado a los amigos de Epstein, nuevos aumentos; otras naciones median, se “estabiliza” el precio.

Un nuevo agujero negro surge de Mr. Trump, ahora es él quien bloqueará y desbloqueará el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz (bloquear el transporte de petróleo de Irán), como dice una nota de prensa: "Estados Unidos bloquea el bloqueo iraní para desbloquear el Estrecho de Ormuz". El mercado se aterra, los precios vuelven a tener nuevos récords, las acciones caen… para volver a subir al poco. En las negociaciones, Irán declara que se ha conseguido que el Líbano ya no sea atacado por Israel (una tregua de diez días entre Israel y el Líbano) y anuncia que el Estrecho de Ormuz está abierto y listo para el libre tráfico, el precio del crudo ha caído a los 90 y hasta 80 dólares. Probablemente algunos que gozan de información privilegiada ganaron con las especulaciones financieras previas, pero se anuncia que esto solo es válido mientras dura la tregua… y el “bloqueo” de EE. UU. a Irán se mantiene, por lo que Irán ha vuelto a cerrarlo. Más incertidumbre. En Fin, ¿habrán sido operaciones de distracción financiera?

Los inversores -por pánico, unos, otros por tener fuentes más privilegiadas- compran y venden protección todo el día. Los comerciantes minoristas que compran cada caída se convierten en vendedores netos por primera vez. Los fondos de cobertura son mejores para la venta. Los “long-only” son mejores a la venta. El Dated Brent, el precio por barril real que los refinadores reales necesitan hoy sigue alcanzando máximos históricos sin importar que digan los titulares de prensa, el refinador que necesita aceite para un camión cisterna mañana no puede esperar.

Julian Macfarlane en “Todas las guerras son por dinero”, explica: “La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) se enfrenta a presiones para investigar una "corrupción alucinante" con extraños picos de trading en solo unos minutos de los principales anuncios de política respecto a Irán. ¡Parece que los "ricos y conectados" lo están haciendo muy bien! Un ejemplo, el 23 de marzo de 2026, los mercados se movieron repentinamente, apenas 15 o 16 minutos antes de que Trump anunciara que pausaría los ataques militares contra la infraestructura energética iraní. Este es el mismo patrón que vemos desde el secuestro de Maduro. Y continúa. Alguien de repente se hace muy rico”.

Veamos otro ejemplo en el artículo de Macfarlane:

- Se realizó una enorme orden de compra de 1.500 millones de dólares para futuros del S&P 500 alrededor de las 6:50 a.m., suponiendo un repunte del mercado...

- Luego estuvo el short de petróleo de 580 millones de dólares, con un aumento en la negociación de futuros de petróleo -casi 3.000 contratos vendidos por minuto- un volumen 4-6 veces superior a lo normal.

- Tras la publicación del presidente a las 7:05 a.m., los precios del petróleo cayeron más de un 10%, mientras que las acciones subieron bruscamente, generando a los operadores un beneficio estimado de 100 millones de dólares”.

Aclaración: Para quienes desconocen, el S&P 500 (Standard & Poor's 500) es el índice bursátil más importante del mundo. Funciona como un termómetro que mide la salud de la economía de Estados Unidos y, por extensión, del mercado financiero global.

Al respecto, “la SEC declinó hacer comentarios; mientras que la Casa Blanca desestimó como "infundadas e irresponsables", las acusaciones de que se estaba tolerando el lucro ilegal a partir de información privilegiada. Alguien en la Casa Blanca o tiene sentido del humor o piensa que el público es estúpido. Quizá ambas cosas. ¿Te has dado cuenta de que esas cosas "simplemente pasan" y que las explicaciones se dan en un pantano contaminado?”

Como vemos, las implicaciones de los mercados financieros son sólidas. Días posteriores al ejemplo de arriba, el último día de marzo, “un titular de paz de hace días fue reempaquetado con éxito durante la decoración, generando un repunte de 1,7 billones de dólares en el S&P. Alguien apostó 1.500 millones de dólares en futuros del S&P 500 minutos antes de la publicación de Trump sobre el "alto el fuego", capturando un aumento de dos billones en el mercado en seis minutos, un momento excepcional que demuestra una creciente confianza en el calendario de comunicaciones de la administración. Irán negó todo en 30 minutos y un billón se evaporó, pero los primeros en moverse aseguraron ganancias, demostrando que la rapidez de acceso importa más que la precisión factual, confirmando que las noticias no necesitan ser nuevas para ser efectivas”.




Así, mientras millones de barriles de petróleo siguen encerrados dentro del Golfo por lo que en el mundo industrial se pujan primas récord para el crudo del Mar del Norte. La curva de bonos se empina, el diésel rebasa el récord registrado, el combustible para aviones igual. El oro inestable -sube y baja- en un rango de los 4.700 dólares. El dólar ha caído pero intenta recuperarse con nuevas “noticias”.

Alguien está lucrando con esto, ¿serán acaso los especuladores de la guerra? Cientos o miles de millones de dólares en transferencia de acciones y contratos petroleros se mueven tras cada noticia. Mientras tanto, millares de jóvenes soldados esperan el momento para ir a morir por el “patriotismo” de sus políticos, de los mercaderes de la muerte y demás especuladores financieros. El estadounidense medio no ve nada o se niega a ver como se hacen grandes negociados a su nombre, solo gusta de ver en televisión las bombas cayendo…

Irán, por su parte, impone tarifas para el paso de las embarcaciones por el Estrecho, el presidente del Parlamento iraní publicaba consejos de intercambio entre andanadas de misiles, hizo bien en señalar que los anuncios de Trump deben ser tratados como indicadores inversos. “Cuando un adversario en tiempo de guerra monetiza tus comunicados de prensa de forma más eficiente que tus propios aliados, la arquitectura de la información está superando las expectativas”.

En el transcurso e estas duras semanas se han redistribuido con éxito 12 billones de dólares en capitalización bursátil global, más que el PIB combinado de Alemania, Japón y el Reino Unido. La destrucción de la riqueza a esa escala suele requerir una crisis financiera total. Lo hemos conseguido ca base de tuits, expresa con certeza Macfarlane.

Mientras tanto, en Europa, la transición energética ha sido un “éxito” rotundo. Alemania lideró el camino al desmantelar sus plantas nucleares, una responsabilidad costosa sostenida por políticos que posteriormente consiguieron puestos bien remunerados en las compañías energéticas a las que habían estado subvencionando, mientras ahora el gobierno ha reconocido que la transición a las renovables ha sido un fracaso para su economía, pero eso no importa, el gobierno alemán insiste en independizarse de la energía rusa, los rusos dicen sin rencores: chao, que tengas buenas suerte.

Europa cortó el gas ruso clamando, como imperativo estratégico, la independencia energética frente a proveedores autoritarios; entonces, alguien ayudó a volar Nord Stream para asegurarse de que nadie perdiera el valor. La estrategia de reemplazo se centró en el GNL catarí, pero son contratos a largo plazo: terminales de regasificación nuevos y relucientes a construir, un giro limpio ejecutado con la característica rigurosidad burocrática. El GNL volverá a fluir en solo 3 a 5 años, lo que permitirá a los responsables políticos europeos un horizonte de planificación cómodo… Y con un solo misil las terminales de gas catarí resultan seriamente dañadas.

Europa ha logrado con ‘éxito’ la independencia de la energía nuclear, del gas ruso y del GNL catarí simultáneamente, dejándola plenamente soberana sobre su propia política energética y totalmente dependiente del GNL estadounidense a un precio siete veces mayor al ruso, bajo un acuerdo que Trump amenaza con revocar. Es el tipo de destrucción de la demanda que Bruselas lleva una década intentando legislar”.

Pues nada, la transición está “funcionando”. 

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Los verdaderos especuladores de la guerra (Parte 1)


        © Ilustración de Troy Media (contenido protegido)


Tito Andino
Recopilación, resumen y comentarios de 
varios artículos.


El polémico e influyente intelectual francés, Emmanuel Todd, expresó: “Estados Unidos ha renunciado al modelo democrático-liberal para transformarse en un sistema imperial impulsado por una irracional embriaguez de violencia”.

 

La historia se repite

Siempre será importante recordar hechos pasados. Tengo en mente siempre una frase del investigador Daniel Estulin, hace más de una década dijo: "La Historia nos enseña por analogía, no por identidad". A ciencia cierta no se si es de su atribución personal, solo he escuchado de él, aunque podría ser que se atribuya a historiadores y filósofos del pensamiento histórico. La frase nos invita a entender que el pasado es una guía, pero no es exactamente un guion definido.

En la historia reciente de los Estados Unidos contra Irán los patrones se repiten desde el mismo día en que triunfó la revolución islámica en Irán (1979), pero las circunstancias suelen cambiar, son procesos cíclicos que se diferencian por el devenir del tiempo. En ningún caso se puede esperar que el futuro sea un "copia y pega" del pasado, sino un eco con variaciones. En ese sentido la analogía implica semejanza, una similitud estructural en un proceso preconcebido que no mide tiempo. En el caso, el objetivo desde hace más de cuarenta años sigue siendo el mismo: destruir la revolución islámica, al denominado régimen de los ayatolás por ser una amenaza existencial al poder mundial. Desde aquellas fechas se observa procesos parecidos, ataques y planificaciones de guerra. La evolución de esos procesos han sido evaluados por los estrategas estadounidenses y sus socios israelíes, se supone que les sirve para identificar señales de como reacciona el enemigo ante retos similares anteriores.

En el sentido dado, la "no por identidad" niega que la historia sea cíclica de forma exacta. Cada evento histórico ocurre en un momento irrepetible con actores, valores morales, tecnología y geografías específicas. Así tenemos que el rescate que se planeó por la crisis de rehenes en 1979 no corresponde al presunto rescate en el desierto de Isfahan de 2026, ambos en territorio iraní, ambos un fiasco militar. En el clásico error del determinismo creemos que la "identidad" nos llevaría a pensar que, si ocurre A, obligatoriamente ocurrirá B. La historia demuestra que el factor humano y el azar siempre introducen variables nuevas.

Algunos ejemplos explicativos, para mejor comprensión. Una pandemia del presente -el coronavirus- no tuvo el mismo resultado que la Peste Negra del siglo XIV (1348) porque hoy contamos con la ciencia médica y comunicaciones globales. Así, evitando simplismos, como decir que nos espera una nueva recesión económica, podríamos decir: "esto es exactamente igual a la Gran recesión de 1929". Hay rasgos análogos, pero no es una identidad.

La historia no da soluciones mágicas, sino que agudiza nuestra visión para entender las dinámicas de poder, los conflictos y la naturaleza humana. Nos enseña que, aunque conozcamos el pasado, siempre debemos estar preparados para lo inédito. La historia no es un espejo donde vemos nuestra imagen exacta, sino un mapa de un terreno similar que otro explorador recorrió antes: el clima ha cambiado y los senderos se han movido, pero las montañas y los ríos siguen en el mismo lugar.

Entremos en materia.




¿“Por qué Estados Unidos necesita de la guerra”?

Es el título de un importante artículo del Dr. Jacques R. Pauwels, escrito hace más de veinte años (2003) y reproducido en este blog. En esencia trata de un episodio histórico reciente de Estados Unidos que sigue en evolución y que explica el desarrollo de la industria bélica como motor del desarrollo y la supremacía de los Estados Unidos ante el resto del mundo, algo que parece que llegaría a su fin en esta crisis de Oriente Próximo del 2026.

En resumen y citando al Dr. Pauwels. La Gran Depresión en Estados Unidos solo terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial. El problema clave -desequilibrio entre oferta y demanda- se resolvió porque el Estado preparó grandes pedidos de carácter militar, la industria estadounidense produjo cantidades ilimitadas de equipo de guerra, la demanda de armas fue la solución económica. Los gastos militares en el PNB aumentaron de un insignificante 1,5 % en 1939 a casi el 40% en 1945. La industria militar suministró enormes cantidades de equipos a sus aliados y hasta al enemigo, muchos se niegan a entender que las industrias, a través de las subsidiarias de corporaciones en Alemania, como Ford, GM, ITT, etc., produjeron todo tipo de aviones, tanques y otros juguetes para los nazis.

La orgía de gastos militares de Washington trajo pleno empleo para los estadounidenses comunes y corrientes, salarios mucho más altos; durante la guerra la miseria asociada a la Gran Depresión llegó a su fin, la mayoría de estadounidenses alcanzaron cierto grado de prosperidad sin precedentes. Fue la “guerra buena” que suelen invocar en los Estados Unidos. Sin embargo, los mayores beneficiarios del auge económico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del país, quienes obtuvieron beneficios extraordinarios. Menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas órdenes militares y estatales.

La América corporativa se benefició de la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra. Los ciudadanos cegados por el pleno empleo y altos salarios -gracias a la guerra- no se percataron (hasta ahora) de la gran estafa. Por el otro lado, los estadounidenses acaudalados son muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra genera dinero para ellos y sus corporaciones.

El círculo fue vicioso y lo sigue siendo hoy. El gobierno financió sus disparados gastos militares para la guerra mediante préstamos otorgados por los ricos banqueros, empresarios, aseguradores y otros grandes inversionistas. No fue el sector privado quien emprendiera las nuevas inversiones, una tarea demasiado arriesgada para sus bolsillos, fue el estado quien hizo el trabajo invirtiendo 17 mil millones de dólares en los proyectos relacionados con la defensa. Aquí viene la trampa, que se repite en el presente. La trampa es que las corporaciones privadas “alquilaron” las nuevas fábricas para producir y ganar dinero vendiendo la producción al estado. Cuando terminó la guerra, el estado decidió deshacerse de esas inversiones ya no necesarias, y -como no-, las grandes corporaciones las adquirieron a mitad de precio, en muchos casos solo por un tercio del valor real. Además, el gobierno de Estados Unidos tuvo que pagar las elevadas facturas presentadas por las corporaciones y otros proveedores de equipos de guerra a través de impuestos y préstamos, elevando la deuda pública de 3 mil millones de dólares en 1939 a no menos de 45 mil millones de dólares en 1945.


Campaña de los Estados Unidos dirigida a la población para la compra de BONOS DE GUERRA durante la segunda guerra mundial. Esta es solo una muestra, en estas imágenes se utiliza las figuras de conocidos militares como Eisenhower, Marshall, Patton, MacArthur, Stark. Lo característico de esta propaganda es que se hace a nombre de empresas privadas que producen armamento.

Desde entonces la deuda pública ha venido subiendo a un ritmo vertiginoso, en un corto lapso, entre el fin de la guerra mundial e inicios de la Guerra Fría en 1945, era ya de 258 mil millones de dólares; en 1990 -cuando la Guerra Fría tocaba a su fin– ¡ascendía a 3,2 billones de dólares! Para 2002 la deuda pública estadounidense alcanzó los 6,1 billones de dólares, convirtiéndose en el mayor deudor del mundo. 

Lo incomprensible es que el gobierno federal pudo haber cubierto ese costo gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones en la carrera armamentista, pero jamás hubo intención de hacer tal cosa. En 1945 las corporaciones aún pagaban el 50% de todos los impuestos, iniciada la Guerra Fría la proporción se redujo constantemente, hoy es sólo aproximadamente al 1%. ¿Por qué?

Las grandes corporaciones determinan -en gran medida- lo que el gobierno puede o no hacer en el campo de la política fiscal. La reducción de la carga fiscal de las empresas tras la guerra mundial fue más sencilla, esas empresas se transformaron en multinacionales, “en casa, en todas partes y en ninguna”, les resultó fácil evitar pagar impuestos en cualquier lugar. “En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y más del 70% de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo dólar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos”.

Un ejemplo del presente es la asistencia militar estadounidense a Israel, oficialmente son 3.800 millones de dólares anuales. ¿Quién lo paga?, los simples ciudadanos a través de sus impuestos. Según el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, ese dinero retorna directamente a Estados Unidos y sirve para comprar sistemas de armas. Bueno, si no entendemos mal, el gobierno de EE. UU. envía 3.800 millones a Israel cada año para asistencia militar, el gobierno de Israel “retorna” ese dinero, no al estado, sino a los fabricantes de armas, que apenas pagan el 1% en impuestos. Algo no me cuadra en las operaciones aritméticas. ¿Nos gustaría conocer cómo justifican en las arcas del Tesoro estadounidense el “tremendo” negocio que describió Huckabee?. Es evidente que 3.800 millones de dólares es una cifra que se queda muy corta para la magnitud del gasto del ejército israelí, solo conocemos la cifra “oficial” de ayuda que se da a conocer a la opinión pública.

Organizaciones judías en Estados Unidos de defensa proisraelí (como la conocida “Calle J”) están cambiando su política, ahora piden el fin del apoyo militar "directo" de EE. UU. a Israel, expresan que el suministro continuo de sistemas de armas defensivas, el reabastecimiento de la Cúpula de Hierro de Israel, sin costo alguno para los israelíes debe cesar. Israel debería pagar de su propio bolsillo si quiere armas estadounidenses. Afirman en “Calle J”: “EE. UU. debería seguir vendiendo capacidades de defensa aérea de corto alcance y misiles balísticos a Israel, pero Israel debería usar su propio dinero para pagarlas”, su presupuesto de defensa anual de más de 45 mil millones de dólares lo permite. "No necesita casi 4 mil millones de dólares al año en subsidios financieros de EE. UU. para comprar armas". Esta posición simplemente refiere al hecho de que esa asistencia es innecesaria y contraproducente, está creando tensiones en la política interna de Estados Unidos y su relación con Israel.

Es la política de los ricos y poderosos, los grandes líderes de la supuesta libre empresa de Estados Unidos son los que realmente dirigen la política de los Estados Unidos, se oponen a cualquier forma de intervención estatal en la economía, su riqueza colectiva nunca podría proliferar como lo hace durante épocas de guerra, las guerras son “buenas” para ellos, en una guerra se gana mucho más dinero que produciendo armas en tiempos de paz. Maximizar ganancias, actividad clave de la economía capitalista estadounidense, se absorbe mejor de la guerra que de la paz y el estado debe cooperar para promover los intereses de la América corporativa: dinero, privilegio y poder.

A mediados de 1945 la guerra había culminado, en consecuencia, la fuente de fabulosos beneficios terminaría. El futuro era “triste” para los políticos e industriales de Estados Unidos, no querían una nueva “Gran Depresión”, los trabajadores tendrían que ser despedidos, millares de veteranos de guerra volverían a casa en busca de un trabajo civil, desempleo, disminución del poder adquisitivo, no habría demanda. En sí eso no es un problema para los ricos y poderosos, lo que si afecta es que sin guerras sus astronómicas ganancias tienen su límite, tal catástrofe tiene que ser prevenida, ¿cómo?... nuevas guerras, sean conflictos de bajo intensidad, guerras frías o algo calientes, todo vale.

Una “guerra” triunfó sin necesidad de hacer uso de las armas, duró muchas décadas y consolidó al Complejo Militar Industrial estadounidense, al Estados Unidos corporativo, al Estados Unidos de los superricos, necesitados de nuevos enemigos para justificar los desmesurados gastos de "defensa” que mantienen las ruedas de la economía. La Guerra Fría no la inició los soviéticos, fue iniciativa del complejo “militar-industrial” estadounidense, el presidente Eisenhower fue quien acuñó ese término para aquella élite de individuos y corporaciones adineradas que han sacado provecho de la “economía de guerra”.

Queda claro que gran parte de la economía estadounidense es una economía basada en la guerra, aún en tiempos de paz, constituye de las principales fuentes de ingresos y empleo para el país más poderoso del mundo. El Pentágono es el ejemplo, una enorme burocracia bien pagada, de lo contrario estaría desempleada causando conflictos sociales. En EE. UU. la construcción y mantenimiento de buques de guerra, portaaviones, tanques, aviones hipersónicos de quinta generación, satélites espías, submarinos atómicos, sistemas de misiles, drones asesinos, armamento ligero y municiones, entre muchas otras cosas, aseguran el empleo bien remunerado de decenas de miles de obreros, ingenieros, técnicos especialistas, diseñadores, contables, consultores, etc. ¿A alguien le sorprende que en los EE. UU. los generales recién retirados del Pentágono reciban ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producción militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores presidenciales, etc.?

Pregúntese: "¿Qué sería de la economía estadounidense si en cierto momento decidiera prescindir de toda su industria militar, abandonando cualquier pretensión de sostenerse como la primera potencia bélica del planeta? Eso sería tanto como preguntarse: ¿qué se va a hacer con todos esos ingenieros, obreros, diseñadores, contadores, técnicos especializados, consultores, soldados, oficiales de alto rango, con empleos muy bien remunerados en dólares? Respuesta: EE. UU. no está preparado, al menos en economía, para prescindir de su industria bélica". (Spectator)

Estado Unidos no está preparado para una paz a largo plazo, su economía se desestabiliza sin conflictos armados en el mundo; el armamento que produce tiene que usarse para poder mantener las fábricas de armamento funcionando y las fuentes de empleo seguras. Convertir una economía basada en el belicismo en una economía basada en el pacifismo resulta suicida en lo económico. Las ganancias sin precedentes fluyen no al estado, van hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultan ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones.


Dos caricaturas soviéticas de la época de la Guerra Fría sobre armamento y su financiación


Con una nueva guerra los especuladores superan con creces sus mejores expectativas. Se fabrica más y más equipo bélico para el llamado "mundo libre", en realidad incluye muchas desagradables dictaduras, tienen que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense. Las propias fuerzas armadas de EE. UU. nunca han dejado de exigir tanques, aviones, misiles y, sí, armas químicas y bacteriológicas, entre otras armas de destrucción masiva, cada vez más grandes y más sofisticadas. El Pentágono siempre está dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas difíciles, las grandes corporaciones han podido cumplir los pedidos… hasta que llegó el conflicto con Irán en 2026 (ese es otro tema, obviamente hubo falta de planificación, no previeron que Irán resistiría y contratacaría asombrosamente).

En la Guerra Fría y en las guerras presentes los costos no son soportados por quienes se benefician de ellas, siguen siendo pagadas con los impuestos a los trabajadores y a la clase media estadounidense que nunca recibirán un centavo de las ganancias, solo recibirán su parte de la enorme deuda pública, los costos fueron socializados sin piedad, son quienes continuarán pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda pública… y las ganancias privatizadas en beneficio de una élite extremadamente rica.

Al finalizar la Guerra Fría (1989-1990) hubo un serio problema. Los ingenuos ciudadanos de Estados Unidos, que sabían que habían asumido los costos de esta guerra, esperaron un “dividendo de paz”. Pensaron que el dinero que el estado había usado en gastos militares podría usarse para producir beneficios para ellos: un seguro nacional de salud, beneficios sociales que nunca han disfrutado, a diferencia de la mayoría de europeos. Un “dividendo de la paz” no interesa en absoluto a la élite adinerada de la nación, la prestación de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones. Había que hacer algo y hacerlo rápido para evitar la implosión amenazadora del gasto militar del Estado.

El Estados Unidos corporativo huérfano de su útil enemigo soviético necesitó conjurar nuevos enemigos y amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar. Así aparecieron Saddam Hussein y las Guerras del Golfo, Muammar Gaddafi, los terroristas islámicos de Irak, Siria, Yemen, los talibán afganos; en África, los piratas del Caribe, perdón, los piratas somalíes, Yugoeslavia, o cualquier “nuevo Hitler” terriblemente peligroso, como los países del “eje del mal”, incluso Cuba no les viene mal, al igual que los narcoterroristas tercermundistas contra quienes ha sido necesario librar una guerra. Existen otros potenciales candidatos: China y Rusia, pero no se atreven, son potencias nucleares, al igual que Corea del Norte. Irán es hoy el enemigo razonablemente lógico para la propaganda.

Luego de Irán -si les resulta su maltrecho plan- podría ser que China sea proclamada la nueva némesis de Estados Unidos, pero es arriesgado, es una nación nuclear y muchas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con China. Se requiere amenazas menos riesgosas, pero que sean creíbles para mantener el gasto militar en un nivel suficientemente alto. La lucha contra el “terrorismo” y el "narcotráfico" han sido básicamente la justificación “razonable” desde el fin de la Guerra Fría (allí se incluye a Irán y al “Eje del Mal”). Luego, ¿qué vendrá?... ¿una presunta invasión extraterrestre?, hay rumores de la “desclasificación” de archivos al respecto…

El profesor Pauwels concluye que “la América de la riqueza y el privilegio está enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez más fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas”. En este momento, esa adicción está siendo satisfecha por medio del conflicto contra Irán, que al igual que fue Irak, ha sido también deseada por los corazones de los magnates del petróleo. Que haya una nueva recesión económica de carácter global les tiene sin cuidado, mientras fluyan las ganancias consolidarán su poder sobre una masa empobrecida que correrá a pedir su protección. 

¿Alguien cree que el belicismo se detendrá alguna vez? ¿Quién será el próximo señalado con el dedo? El enemigo de turno pronto llegará…

Esta larga argumentación es necesaria para entrar al tema de actualidad: La guerra de los especuladores financieros de Estados Unidos/Israel en el conflicto contra Irán, que lo revisaremos en la segunda parte.

Epílogo 

Es necesario reforzar o actualizar el artículo del Dr. Pauwels, en un nuevo contexto, una realidad del presente. Hace pocos días se publicó un interesante artículo, Carlos Boix en "El mito que no morirá: ’La guerra es buena para la economía’ " (mises.org - abril 2026), hace un análisis concordante al del Dr. Pauwels, pero enfocado en la actualidad, con la vivencia de la crisis bélica en Oriente Próximo, merece ser citado, resumido con sus propias palabras.

Nada aumenta el poder estatal como la guerra, es la excusa para imponer todo tipo e impuestos hasta llegar a la confiscación, restricción de la libertad de expresión, creando el mito del gobierno protector. En el caso de los Estados Unidos las guerras dan beneficios económicos y de otro tipo, para ciertos individuos o grupos, no para la comunidad en general. Por sentado que la guerra no beneficia a la sociedad, solo trae muerte y destrucción.

Los estímulos económicos se redireccionan al campo militar, se aumenta el dinero y el crédito a niveles sin precedentes para financiar un gasto público exorbitante en favor del sector privado de la industria armamentista. Son solo gastos, pronto escasearan los recursos, la realidad se impondrá, no hay suficientes medios para sostener el aparato estatal, por mucho dinero que imprima el gobierno que llevará a un periodo de hiperinflación; al contrario, si se detiene tendremos una recesión.

El gobierno necesariamente toma recursos de la esfera productiva -recursos reales que la gente exige- y los redirige a usos que la gente no exige, como rellenar formularios, fabricar uniformes militares o fabricar municiones. El gobierno podría gravar o inflar lo suficiente para emplear a todos en una economía, pero ese empleo quitaría recursos a la comunidad, no los aumentaría más. Solo sería un desperdicio de potencial. Este tipo de uso del empleo solo empobrece a todos. Así es como se ve el pleno empleo en la guerra. Al principio da la impresión de pleno empleo, pero cuando termina la guerra, el repunte posterior del desempleo no se debe a que el gobierno no gaste, sino a que la comunidad ha quedado sin recursos.

La idea de que la guerra fomenta la innovación y los avances tecnológicos es contraria a la realidad. Proviene de quienes están ansiosos por justificar la guerra, en general, en el mejor de los casos, cambia poco. En lugar de innovaciones para servir mejor, la innovación en tiempos de guerra sirve al gobierno porque está destinada a mejorar las armas y el poder destructivo. Las armas y el poder destructivo no mejoran la calidad de vida de la gente, pero si mejoran la calidad de vida de quienes invierten en producirlas. Puede que la guerra mejore en algo la efectividad de la producción pero hay un efecto nulo sobre la innovación general, produce una reducción en los avances tecnológicos que necesita la sociedad.

Se cree que con la producción de guerra habrá un cambio social y político beneficioso, por ejemplo, con la entrada de mujeres en la fuerza laboral, erróneamente atribuida a la economía de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que estos cambios sociales ya estaban ocurriendo y los defensores de la guerra los atribuyen al gobierno y a la guerra misma. En cuanto a cambios políticos suele presentarse como propaganda del “beneficio” de una guerra. La idea es que la guerra puede derrocar un régimen opresor y crear algo mejor; los hechos históricos recientes muestran lo contrario: Siria, Irak, Afganistán son ejemplos de guerras que no han provocado un cambio de régimen o han provocado una guerra civil crónica e inestable que ha empeorado la situación de la población. Incluso las guerras pueden provocar un cambio ideológico hacia un mayor poder estatal y menos libertad individual. Hay ciertos sectores que consideran esto positivo. Políticamente, la guerra solo beneficia a un grupo selectivo y al gobierno.

Sería absurdo imponer una “revelación”: Ninguna guerra tiene efectos positivos, los únicos beneficiarios en el campo económico son las empresas del Complejo Militar Industrial que se aprovecha del trabajo de los ciudadanos que pueden llegar a convertirse en guerreros y luchar entre sí, en lugar de intercambiar mercancías y servicios, ya que una verdadera economía de mercado significa cooperación pacífica. La provocada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos contra Irán será, como todas las demás guerras, negativa en todos sus aspectos.


Por favor continúe la lectura (Parte 2) AQUÍ

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17 abril 2026

La economía de desgaste en la guerra

         "El Bloqueo", caricatura política (Knight Cartoons, obra de Mark Knight)


por Tito Andino
Revisión y resumen de varios artículos de actualidad.


Una interesante pregunta que se plantea y analiza diariamente por muchos expertos probablemente ya no es novedad. “¿Qué podría suceder cuando una dudosa victoria táctica de Estados Unidos/Israel oculta una derrota estratégica inminente? Nadie conoce a ciencia cierta cuáles son las reales reservas del belicoso dúo, pero los hechos parecen querer demostrarnos que el enorme coste material y económico de la defensa aérea israelí contra los económicos y letales misiles iraníes han inclinado la balanza en beneficio de Irán.

Debe quedar claro que los ataques de Irán no están destinados a “destruir” Israel, no se realizan para demoler edificios, peor aún para matar civiles. Esos ataques no han sido ni los más grandes ni los más mortíferos, los más sofisticados misiles balísticos apenas fueron puestos en acción tras semanas de guerra y toman pocos minutos en llegar hasta Israel.

El mensaje iraní es demostrar al pueblo de Israel que no son invencibles, que sus líderes les han mentido y que la propaganda ha dejado de ser un arma efectiva. Los ataques iraníes están diseñados para destruir la capacidad de defensa de Israel, degradar sus sistemas para una siguiente etapa, los complejos militares y centros vitales de Israel (industria y economía).

Los interceptores de defensa, sea cual sea el sistema utilizado por Israel (aquí no nos pondremos exquisitos en describir esos mecanismos conocidos por muchos) se disparan desde baterías instaladas por todo Israel, son eficaces, derriban misiles entrantes, pero luego viene otra ola de misiles y más lanzamientos de interceptores atajan un buen número de objetos atacantes; tras un corto y relativo tiempo de calma, una nueva ola de misiles se acerca, a veces puede ser en mayor número, e Israel consume más interceptores. No "conformes" los iraníes aún se atreven a lanzar otra oleada, obligando a Israel a lanzar más interceptores.

Cuando se anuncia el fin de la alerta, ¿cuántos interceptores de la defensa aérea israelí se habrán consumido? Revisemos un informe basado en un ejemplo verdadero que explica un ataque con cuatro oleadas de misiles iraníes en un intervalo de tres horas (durante la tercera semana de conflicto):

“Israel disparó 86 interceptores Arrow en menos de tres horas. La tasa de intercepción fue de aproximadamente el 78%, bajo cualquier estándar un rendimiento defensivo notable”. Las fuerzas de defensa de Israel declaran una defensa exitosa. Netanyahu y sus voceros alaban la preparación y capacidad de sus fuerzas armadas. El escudo de hierro es fuerte y se mantiene firme, una defensa “impenetrable” que, obviamente, no puede atajar todos los objetos entrantes, pero el 78% de éxito es técnicamente un logro inmenso ante misiles balísticos. Pero hay algo que esos titulares de los noticieros no mencionan, ha sido una noche aterradora, estratégicamente devastadora dirían otros, a pesar de que dibujan una victoria. Esos 86 interceptores representan aproximadamente 258 millones de dólares en municiones gastadas por Israel que no puede reemplazarlos a corto plazo.

Aquí entra en juego la trampa financiera: Misiles Arrow vs Misiles Iraníes, el éxito de impactos del Arrow requiere sensores, procesadores y propulsión al límite de la tecnología actual. Cada interceptor Arrow 2 cuesta unos $2.200.000 y los Arrow 3 valen unos $3.500.000 (aproximadamente), Israel los disparó combinados, estimaciones señalan un gasto total de al menos 258 millones (posiblemente superando los 300 millones de dólares).




Comparemos con lo que gastó Irán en ese ataque, sus misiles Ghadr-H cuestan aproximadamente entre 150.000 y 250.000 por unidad. El más avanzado Kheibar Shekan ronda entre los 300.000 y 400.000. Se usaron unos 160 misiles iraníes, si los ponemos a un costo promedio de $400.000 cada uno (que no es el caso, al menos no de todos), quiere decir que Irán gastó 64 millones de dólares o menos, obligando a gastar a Israel 258 millones de dólares como mínimo. Es una ventaja de costos de 4 a 1 para el atacante. El ejemplo es de una sola noche. Irán lanzó ataques similares separados por lo menos una docena de veces durante las tres primeras semanas del conflicto.

Irán entiende esto a la perfección. El caso del ejemplo no fue diseñado para abrumar las defensas en un solo ataque, estaba forzando el gasto insostenible de interceptores. Cada Arrow disparado es uno menos disponible para el día siguiente. Es una guerra de desgaste aplicada a la defensa antimisiles, las matemáticas favorecen abrumadoramente a Irán.

Un dato llamativo, la guerra empezó con cazas furtivos y misiles de crucero de precisión -como el Tomahawk-, dicen que las reservas de Tomahawk acumulados durante muchos años se ha reducido drásticamente; lo mismo se dice de los misiles de crucero JASSM, usados al máximo, se ha consumido casi todo el inventario de misiles de larga distancia, dejando a los poderosos, modernos y ultra caros cazas furtivos de última generación sin el material suficiente para ser empleado.

Un buen análisis señala que la guerra tendrá que dar un giro, probablemente drástico, comenzó con alta tecnología y probablemente termine “con bombas gravitatorias lanzadas desde aviones que hasta tu abuelo reconocería. Los viejos bombarderos B-52, más antiguos que el Estado de Israel, están lanzando ahora JDAMs no guiados directamente sobre Irán”. Para dibujarlo más claro, las JDAM (Joint Direct Attack Munition) son kits de guía que convierten bombas de caída libre convencionales ("bombas tontas") en armas guiadas de alta precisión ("bombas inteligentes") mediante tecnología GPS y sistemas de navegación inercial (como las que usa Rusia en territorio disputado a Ucrania con el fin de conservar sus preciados misiles de precisión).

Estamos tratando de economía de desgaste. Otro sencillo ejemplo de la relación coste-intercambio merece ser comprendido. Supongamos que el gasto ofensivo total de Irán durante toda la guerra es de 200 millones de dólares, para hacerlo frente el Pentágono solicita 200.000 millones de dólares en financiación suplementaria. “Eso es una proporción de 1.000 a 1, que es el tipo de retorno del capital por el que la mayoría de los fondos de riesgo matarían a muerte, aunque normalmente no en este extremo”.

Un dron Shahed de 50.000 dólares requiere la intervención de un Patriot de 3,87 millones para interceptarlo, ofrece a Irán una eficiencia de capital inigualable por enfrentamiento que los contratistas de defensa estadounidenses solo pueden admirar, pero que no les da vergüenza, ya que van a ganar mucho dinero, demasiado…

Otro ejemplo, Irán no tuvo, ni tiene una marina o flota aérea de guerra a destacar, no necesita de ninguna de ellas. La doctrina de la asimetría de costes es muy simple: miles de drones y misiles baratos con una dosis de paciencia para dispararlos uno a uno hasta que las matemáticas del interceptor se rompen.

Es una asombrosa asimetría financiera. El patrón es consistente, se disparan salvas de misiles diseñadas específicamente para agotar las reservas de interceptores israelíes. El costo acumulativo de defensa aérea de Israel se estimaba entre 1.800 y 2.300 millones de dólares en interceptores gastados (hasta finales de la tercera semana de guerra). El presupuesto de Israel no puede sostener operaciones defensivas de un cuarto de billón de dólares cada pocas noches. Por el otro lado, el presupuesto de defensa de Irán puede sostener sus ataques promedio de 64 millones dólares indefinidamente. No son especulaciones, se trata de evaluaciones estratégicas basada en datos disponibles (hasta la tercera semana de guerra) y divulgadas por expertos.

“La realidad estratégica se vuelve aterradora. Israel no puede fabricar interceptores Arrow a nivel nacional en cantidades suficientes para reemplazar lo que se está consumiendo (Arrow es un sistema israelí que Boeing fabrica bajo licencia), la capacidad de producción no existe en territorio israelí. La producción del Arrow está limitada por la capacidad de fabricación de la empresa Boeing en los Estados Unidos. El inventario de Arrows de Israel antes de este conflicto se estimaba en menos de 500 interceptores en total. La línea de producción operando bajo contratos y prioridades normales de tiempo de paz produce aproximadamente de 60 a 80 interceptores Arrow por año entre ambas variantes. Israel ha estado consumiendo esa cantidad de interceptores en una sola semana en este conflicto”.

Las matemáticas no cuadran, incluso si Boeing pudiera duplicar la capacidad de producción de inmediato, lo cual no puede hacer, aún tomaría un mínimo de 18 meses reemplazar lo que Israel ya ha disparado. Los ataques no se detuvieron el primer mes, fueron acelerándose. Esa es la realidad de la cadena de suministro que hace imposible un reemplazo rápido debido a restricciones de la física y la fabricación que el dinero no puede superar. “Cuando Israel realiza un pedido de emergencia de interceptores, el proceso de fabricación aún toma un mínimo de nueve meses, incluso con la designación de prioridad del Departamento de Defensa y Financiamiento ilimitado. Ese cronograma de nueve meses asume que todos los componentes están disponibles, que todos los proveedores están operando a su máxima capacidad y que no ocurren interrupciones en la cadena de suministro. Ninguna de esas suposiciones es cierta en este momento”.

Mientras tanto, el grupo industrial Shahid Bagheri de Irán opera múltiples instalaciones que producen misiles de cuatro a seis meses, con reservas medidas en miles durante dos décadas de producción. Irán puede mantener las tasas de ataque actuales durante meses sin nueva producción.

El negocio de este tipo de armamento es tan grande que los contratistas de defensa globales se enfrentan a una demanda sin precedentes en diversos conflictos. Estados Unidos tiene compromisos con Europa que, a su vez, suministra a Ucrania los sistemas de defensa aérea. “Taiwán está ordenando interceptores para un posible conflicto con China, compitiendo directamente contra los contratos israelíes por los mismos espacios de producción. Los países de la OTAN en Europa deben reponer sus propias reservas de defensa aérea. TODOS solicitan al mismo limitado grupo de proveedores. Todos los contratistas de defensa del planeta están operando a su máxima capacidad con retrasos en los pedidos que se extienden meses o años. Estados Unidos se han comprometido a suministrar interceptores Arrow adicionales bajo ayuda de emergencia, pero la entrega acelerada significa un mínimo de seis meses. Los Estados Unidos no mantienen reservas de Arrow”.

La defensa aérea israelí enfrenta decisiones de racionamiento, significa que toda la doctrina de defensa de Israel está en riesgo. Su defensa aérea en capas “Cúpula de Hierro” pierde su capacidad de defensa contra misiles balísticos. Significa priorizar objetivos y decidir qué ciudades defender y cuáles dejar expuestas, sus radares y sistemas de seguimiento deben determinar cuáles misiles representan una amenaza a ser interceptados y otros que se dejará sigan su trayectoria final, los ciudadanos saben que pueden ser sacrificados debido a la escasez de municiones.

Esta guerra está siendo observada por otras potencias, están tomando nota para replicar la misma táctica de producción de misiles y saturación económica. Si Irán gasta aproximadamente 64 millones de dólares una noche e Israel gastó un mínimo de 258 millones de dólares esa misma noche. Durante 20 días de ataques sostenidos, Irán habrá gastado unos 1.280 millones de dólares e Israel, solo defendiéndose, gastará una friolera cifra de más de 5.000 millones. “La ventaja de costos para el atacante es consistente y puede sostener el gasto indefinidamente”.





Por otro lado, no existen cifras realistas sobre el presupuesto anual de defensa iraní, el SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) en 2024 estimó el gasto en aproximadamente 7.900 millones de dólares, se piensa que la cifra es muy conservadora, está basada en datos presupuestarios oficiales y tipos de cambio de mercado. En respuesta a las tensiones regionales, la proyección para 2025 era que el gobierno iraní planeaba triplicar su presupuesto de defensa (145% al 200% según distintas fuentes). Estimaciones alternativas del IOD/IISS estiman que el gasto real en 2024 fue de casi 17.000 millones de dólares, incluyendo flujos de ingresos no detallados en el presupuesto público. Otras fuentes proyectaron para 2025 una cifra de 50.100 millones de dólares, sumando partidas extrapresupuestarias y exportaciones de petróleo directas a las fuerzas armadas.

En el otro bando, el presupuesto de defensa de Israel sigue siendo altamente variable debido a sus operaciones -en especial desde 2023- y las tensiones con Irán. Se afirma que en 2024 Israel gastó 46.500 millones de dólares (65% más que el 2023), que equivale al 8,8% de su PIB. En septiembre de 2025, la Knéset aprobó un suplemento de 9.300 millones de dólares para cubrir costos adicionales de la guerra en Gaza y el conflicto de 12 días con Irán (junio 2025). El presupuesto fiscal proyectado por el gabinete para 2026 se estableció en 34.630 millones de dólares, a pesar de que es inferior al gasto de 2024, es mucho más elevado que los niveles previos a la guerra (en 2023 eran 18.000 millones de dólares). En parte ese presupuesto es apoyado por la ayuda anual en asistencia militar de Estados Unidos, Israel recibe “oficialmente” 3.800 millones de dólares, de los cuales 500 millones se destinan específicamente a defensa antimisiles (como el sistema Cúpula de Hierro).

Volvamos a la economía de desgaste. En el ejemplo real presentado más arriba, el gasto iraní -sobre los 1.200 millones de dólares- es fácilmente sostenible para una campaña cuyo retorno estratégico al degradar las defensas israelíes hasta el colapso vale múltiplos del costo. En cambio, los interceptores no pueden reemplazarse lo suficientemente rápido. Más de 5.000 millones dólares es el valor estimado de la reserva de interceptores que se consumieron desde que comenzó este conflicto (hasta finales de la cuarta semana). Ese monto se evaporó entre festejos por las múltiples y exitosas operaciones defensivas; no obstante, el defensor que se dice ganador tras cada batalla, está perdiendo la guerra, a menos que logre destruir la capacidad de Irán; o se llegue a un real alto el fuego, que no parece estar funcionando.

En el balance de la economía de desgaste, la parte, más “débil” militarmente, puede llevar al límite logístico y financiero a una superpotencia militar simplemente saturando el espacio aéreo con tecnología barata, todas las reglas del juego táctico han cambiado dramáticamente. 

“La guerra económica asimétrica demuestra que el arma más peligrosa del siglo XXI no es el misil hipersónico indetectable, sino la capacidad de ensamblar miles de municiones rudimentarias a un costo minúsculo. La venta de la idea de la invulnerabilidad garantizada por la maravilla tecnológica de las defensas multicapa de Israel fue el motor de la inversión extranjera y del enorme crecimiento del sector de la alta tecnología. Cuando esa promesa se rompa el cielo deja de ser un escudo para convertirse de inmediato en una amenaza abierta a la fuga de capitales y la migración de talento altamente calificado. Las corporaciones multinacionales y las empresas emergentes que forman la columna vertebral de la economía nacional simplemente no pueden operar en un entorno donde sus infraestructuras críticas y su personal enfrentan el riesgo diario de impactos balísticos sin restricciones. El costo del seguro de riesgo soberano se dispararía hasta niveles paralizantes, asfixiando el comercio internacional y hundiendo el producto interno bruto en una espiral recesiva profunda de la cual sería muy difícil salir”.

Lo dicho, sin que hayamos puesto sobre el tapete los misiles hipersónicos, juguetes muy avanzados que Irán ha sacado a relucir para una nueva fase, que -lamentablemente- tuvo que llegar; no obstante, los misiles hipersónicos de última generación iraníes, prácticamente siguen en reserva, apenas han sido utilizados en casos concretos. A eso sumémosle la todavía no confirmada noticia que otras potencias están suministrando sofisticados misiles y defensa antiaérea a Irán aprovechando la "tregua".

El escenario descrito no es solo en Israel, se aplica a todo el Oriente Próximo, a los aliados árabes de EE. UU. (las petromonarquías), Irán ha logrado lo mismo contra esos aliados de Estados Unidos, llevados hacia la trampa de agotamiento asimétrico. EE. UU. y sus aliados regionales han utilizado cientos de interceptores de diverso tipo, han consumido cientos de millones de dólares en defensa para interceptar masivas olas de drones baratos del ejército iraní. Sí, drones baratos, porque los misiles se reservan para blancos específicos. Y no, EE. UU. no mantiene reservas ilimitadas junto a los países del Golfo Pérsico, están consumiendo las reservas de carísimos interceptores, es como querer mantener la brasa de una fogata quemando billetes de cien dólares. Según cálculos de especialistas, las monarquías del Golfo emplearon cientos de misiles interceptores Patriot para derribar alrededor del 70% de drones iraníes de bajo costo. Una vez más, ¿cuánto cuesta cada uno de estos misiles? y, ¿cuánto se gasta en interceptar un solo dron de pocos miles de dólares?, sí, millones. Irán asumió un gran riesgo para entablar batalla y su juego ha dado resultados hasta el momento.

En un mes de conflicto la cifra fue multiplicándose. Datos de Bloomberg estiman que el total de misiles interceptores utilizados en Israel y Próximo Oriente supera los 2.400, que también se estima es casi la totalidad del arsenal existente previo a la guerra. Blomberg pregunta si saben cuántos interceptores tiene Estados Unidos en su arsenal… 2.800 (según la fuente); ¿cuánto se han consumido? 2.400. No quedan muchos disponibles en reserva, y cómo van las cosas se tendrá que hacer uso de ellos, al ritmo actual se agotarán en poco tiempo, las defensas habrán caído… fabricar más, sí, se puede, lo explicamos esto más arriba (cálculos de Bloomberg, pero en realidad es imposible saber cuáles son las reservas reales que se mantienen en los EE. UU.) No debemos olvidar que Estados Unidos posee otro tipo de poderosos misiles balísticos convencionales que se vería obligado a usarlos ante la situación empantanada en que se halla tras caer en la trampa del agotamiento asimétrico.


           www. craiyon.com


¿Dónde hay más interceptores? En las bases de EE. UU. en Corea del Sur, técnicamente pertenecen a Corea del Sur, otros pertenecen a Taiwán, no se sabe cuántos quedan en Ucrania, también en Polonia hay cierta cantidad. Hablamos de los que EE. UU. podría dar uso “inmediato” al ser trasferidos a Oriente Próximo; Polonia se ha negado rotundamente a cederlos. ¿Y si China ve que es el momento de intervenir en Taiwán? ¿Y si el “loco” de Corea del Norte se le apetece arreglar cuantas con sus hermanos del sur? ¿Y si Rusia destruye los que quedan en Ucrania? (algo de eso pasó en Odessa ante una posible transferencia, según fuentes no contrastadas). Todavía quedan interceptores en otros países de la OTAN, pero dadas las cosas eso va en contra de los intereses de la Unión Europea. Los interceptores que están por allí son propiedad de otros estados, se les exige en su cesión a pesar de que ya no son propiedad estadounidense.

Estados Unidos planteó cara a Corea del Sur, tras venderles los interceptores Patriot a un costo de más de un millón de dólares por unidad (sin contar el valor de las lanzaderas) ahora les dicen: "¿dónde van a guardarlos?" "No disponen de bases adecuadas, se pueden echar a perder. Nosotros tenemos bases en territorio coreano, los guardo por ti… Te defenderé por si eres atacado, estamos entrenados...”. Ya hace un par de semanas que se transfirieron esos interceptores a Medio Oriente con el fin de usarlos para detener drones Shahed que van desde los 5.000 hasta los 35.000 dólares por unidad. Según versión estadounidense, con “suerte” el enemigo usará misiles más sofisticados y se justificará el costo. ¿Transferencia o robo?

Como dicen analistas de Blomberg, RT y otras fuentes, Estados Unidos no estaba preparado para una guerra de drones, a pesar de monitorear el conflicto ucraniano, seguían imaginándose que chocarían con un enemigo que lucharía con aviones, tanques de guerra y cientos de misiles nada o algo sofisticados. La concepción de la guerra ha cambiado drásticamente en pocos años, los drones baratos son tan efectivos como la alta y cara tecnología militar de Estados Unidos, ahora en obsolescencia, esa es la mayor vulnerabilidad de la poderosa potencia mundial.

Estados Unidos e Israel subestimaron a Irán, a pesar de sus experiencias recientes (Guerra de los 12 Días), no estaban preparadas para una guerra moderna basada en drones, me refiero a pequeños y económicos drones de uso militar que atacan en enjambre, que nada tienen que ver con los poderosos drones o aviones no tripulados de los que fue pionero EE. UU. Además, los drones de largo alcance como el Gerán y otros de alcance medio, aún los baratos drones Shahed, le han complicado la existencia a la superpotencia. 

Cuando EE.UU. ha decidido fabricar “pequeños” drones suicidas se ha topado, en primer lugar, con las sagradas reglas del negocio, el “producto de calidad” industrial se impondrá a un alto costo. Tendrán nuevas armas, se harán pruebas, pero no estarán listas para usarse en este conflicto, no habrá suficientes drones en un tiempo prudencial a menos que prolonguen el conflicto por largos meses; peor aún, no podrá producirse a un costo bajo como el producto iraní, las leyes del capitalismo salvaje insisten siempre en el beneficio económico sobre todas las cosas.

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