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20 marzo 2017

Siria: Los objetivos de la lucha por Palmira





Preámbulo del redactor del blog

Hace algunas semanas presentamos una ponencia de Pedro García Hernández de ‘Prensa Latina’, sus investigaciones sobre la histórica Palmira no han pasado desapercibidas. Palmira no solo recrea la antigua “Ruta de la Seda” simbolizada en un ambiente histórico de grandes dimensiones, de arte milenario, de comercio y convivencia de diferentes civilizaciones. La región desértica de Palmira, en la provincia de Homs representa en la actualidad la supervivencia económica del estado sirio.

Hemos referido ya –en anteriores entradas- que Palmira de forma reiterada no ha sido atacada con el único objetivo de saquear sus restos arqueológicos por manos obscuras a través de intermediarios –el yihadismo- éstos últimos, han dedicado tiempo en Irak y Siria a tareas “arqueológicas”, olvidándose de su “yihad”, se han convertido en marchantes de obras de arte a nivel internacional y el comercio clandestino de piezas antiguas en los mercados negros de Medio Oriente y Europa que representan inmensas sumas de dinero (sin mencionar el tráfico de drogas). Por supuesto que otros “rebeldes moderados” en su total fanatismo e ignorancia también han profanado y destruido parte de esas civilizaciones del pasado.

Crónicas muy antiguas nos relatan la relevancia y estrategia de la vieja y desértica Palmira (Tadmor/Tadmir en árabe, significa "ciudad de los árboles de dátil") como paso obligado para recorrer la “Ruta de la Seda”. Desde tiempos remotos Palmira constituye no solo una ciudad de tránsito, de comercio, cultura y reposo, también fue un Imperio de corta duración (ver historia de la reina Zenobia).


Antiguo Templo de Baal, destruido por los yihadistas. 


Es raro encontrar una investigación que mencione que uno de los objetivos de la guerra contra Siria, así como el conflicto en Irak, que incluye territorios que reivindican los kurdos, se debe al impulso de China y de otras naciones (Rusia, Irán) por renacer la legendaria “Ruta de la Seda”, garantizando vías terrestres fiables desde China y Rusia hacia Europa y la India en detrimento de las rutas marítimas celosamente acaparadas por el Imperio británico –la reina de los mares- y su heredero los Estados Unidos de América.

Está evidenciado que en el pasado la “Ruta de la Seda” fue primordial para controlar vastos territorios y lógicamente ejercer la actividad comercial. Evitar que esas antiguas rutas se reactiven es clave para mantener el dominio del comercio mundial anglosajón, es decir, la dominación económica imperial contemporánea, conocida como ‘globalización’. De hecho, los grandes proyectos de las “autopistas” energéticas –controlados por las superpotencias occidentales- recrean  la “Ruta de la Seda” e impiden, mediante la guerra orquestada, que otras naciones intenten por sus medios hacer lo mismo, es el juego estratégico del poder y riqueza en el tablero geopolítico.

Como hemos visto, Palmira fue un punto clave de la antigua “Ruta de la Seda”, de allí su relevancia histórica reflejada en sus ruinas que son de interés del mundo académico y, claro, también una importante y obligada parada en el incesante turismo internacional, siendo elevada a “Patrimonio de la Humanidad” en 1980. Lastimosamente, la Comunidad Internacional, sobre todo las grandes potencias occidentales no hicieron absolutamente nada por preservarla y protegerla de las garras de la intolerancia, salvo los llamados de ayuda de la UNESCO que alertó en varias ocasiones sobre los riesgos de la guerra. 

Palmira ha caído dos veces en manos de las huestes que dicen llevar la yihad –patrocinados desde Occidente y por la petro monarquías absolutistas de Medio Oriente-. En dos ocasiones los extremistas fanatizados han sacrificado miles de hombres para controlar esa zona. En dos ocasiones grandes operaciones militares del ejército sirio, con apoyo ruso y de sus aliados regionales han efectuado complejas operaciones bélicas para reconquistar no solo la vieja ciudadela histórica sino amplias zonas del desierto colindante. No solo es por la defensa del legado cultural y la preservación del arte ancestral que respiramos con alivio que aquellas reliquias sean nuevamente resguardados como patrimonio de la humanidad.


Hay otro trasfondo en todo esto. Primero, pregúntense por qué ese interés en un lugar histórico sin mayor valor estratégico en el campo militar?; y, segundo, cómo se hizo posible aquellos movimientos perfectamente coordinados del Estado Islámico (Daesh) para apoderarse de esa zona?.

Recordemos nuestro comentario sentado en un anterior artículo:  

La respuesta la tiene el Mando Norteamericano en su “apoyo” para la liberación de Mosul (Irak). Desde antes de diciembre del 2016 anunciaron la apertura de un corredor libre para que los yihadistas “abandonen”  voluntariamente Mosul (la condición era que debían dirigirse a la frontera siria, es decir la provincia de Homs y muy cerca Palmira). Dando órdenes al ejército de Irak,  el Army US paralizó las operaciones de las fuerzas iraquíes sobre Mosul (período entre el 2 y 11 de diciembre del 2016).

Agradeciendo esa “cortesía” el Estado Islámico movilizó largas columnas de tropas y blindados a plena vista de los FDS kurdos (Fuerzas Democráticas Sirias) y de los “turistas” militares estadounidenses. Esa inmensa caravana de tropas, blindados  y material bélico de los yihadistas en un lapso corto, sin obstáculo alguno llegó a Raqqa y se unieron a otras unidades del EI que de inmediato se abalanzaron sobre Palmira. Miles de yihadistas con apoyo blindado, artillería móvil y otro material logístico volvieron a capturar la ciudad milenaria.

La conspiración es evidente. La segunda toma de Palmira fue otra prueba de la doble moral estadounidense/OTAN, el Mando Norteamericano pudo –porque tiene todos los recursos -  alertar a los sirios o rusos (concentrados en esos días en la batalla de liberación de Alepo); o, en su defecto, tenían los medios para arremeter contra las visibles columnas yihadistas. Nadie movió un dedo. Como irónicamente había expresado en esa anterior ocasión, lo único que justifica esa inacción es que las tropas y los comandantes hayan tomado anticipadamente unas inmerecidas vacaciones de navidad y año nuevo.

Pedro García Hernández de ‘Prensa Latina’ desde Damasco nos ofrecía un tema relacionado con nuestros artículos referentes a una deliberada destrucción y robo de la historia de las civilizaciones siria e iraquí. El mismo Pedro García nos trae hoy un nuevo reportaje sobre Palmira, esta vez no abordaremos la historia, ni la cultura, ni el arte antiguo, ni la ‘Ruta de la Seda’, esta corta crónica se enfocará en un vital tema sobre la zona geográfica que comprende Palmira en el desierto de Homs y la provincia de Deir Ezzor.

Hablamos de la supervivencia de la economía siria a través de sus recursos energéticos. Privar del gas y petróleo a Siria constituye parte de la guerra secreta contra el país Levantino, de allí que el yihadismo sea utilizado una y otra vez en una zona aparentemente sin valor militar. Siria sufre carencia de combustible debido a los reiterados sabotajes y asaltos a sus refinerías, la población civil debe resignarse desde años a las privaciones y racionamiento del suministro eléctrico y gas de uso doméstico. 

En muchas ocasiones las guerras no se ganan en el campo de la batalla sino en la resistencia económica de un pueblo.


                                                                                       Tito Andino



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Soldados sirios sobre los restos de las ruinas de Palmira


Los objetivos de la lucha por Palmira entre el Estado Islámico, Daesh por su acrónimo en árabe, y el Ejército sirio y sus aliados van más allá de una confrontación militar porque significa la sostenibilidad nacional ante una guerra impuesta.

Palmira, cuya ciudadela antigua es Patrimonio de la Humanidad desde 1980, se ubica en medio del vasto desierto sirio fronterizo con Iraq, y a su alrededor geográfico se concentra casi el 45 por ciento de las reservas de gas de esta nación del Levante.

Más de 40 yacimientos están situados en el área noreste de la región, perteneciente a la provincia de Homs y cuya producción en condiciones normales llegaría a nueve millones de metros cúbicos diariamente.

La zona es también punto de tránsito por donde pasan los gaseoductos que transportan gas desde importantes yacimientos en las vecinas provincias de Hasaka y Deir Ezzor, al noreste y el este de Siria.

Los datos señalan que es además, el centro de la extracción o transferencia de casi toda la producción del país, donde se encuentran las más importantes plantas de procesamiento y de energía suministradoras de electricidad y gas para uso doméstico e industrial a las áreas donde vive la mayor parte de la población.

Maher, Shaer y Hayyan están entre los principales puntos geográficos en ese sentido, con pozos y plantas fundamentales con ese fin y fueron los principales objetivos en los ataques del Daesh desde los primeros instantes de la guerra terrorista.

Abu Bakr Al Bagdadi, el escurridizo y máximo cabecilla de ese grupo, lo expresó públicamente y en nombre de Alá pidió ‘consolidar’ el dominio sobre ese vasto territorio para sustentar- como lo lograron hasta no hace mucho- una fuente de financiamiento que les llegó a proporcionar miles de millones de dólares.

La realidad demuestra con creces que la base confesional, la denominada división entre extremistas religiosos y otras creencias más tolerantes, queda en un segundo plano y a pesar de todo el esfuerzo mediático sin precedentes que lanzó el mundo occidental en ese sentido contra Siria.

En medio de una brutal agresión externa que alentó hasta límites incalculables las disensiones internas, el Estado sirio comprendió y racionalizó prioridades y mantuvo la disputa en los terrenos de combate y aplicó estrictas medidas en los controles de combustibles y sus derivados y la generación de electricidad.

Desde el 2012, todo esa desértica región fue y sigue siendo escenario de duros combates y el dominio alterno de las fuerzas leales a Damasco y los extremistas armados y que obligó a la aplicación de nuevas tácticas y estrategias.

A partir de septiembre del 2015, todo empezó a cambiar tras la solicitud legal e institucional del gobierno de Bashar al Assad de apoyo aéreo de Rusia, dirigido esencialmente y sin cortapisas, contra el Daesh y su prepotencia política más que confesional.

Con rapidez y eficiencia, en medio de una realidad geográfica bien difícil desde el punto de vista militar, el apoyo aéreo ruso significó la garantía para el avance de las tropas terrestres del Ejército sirio y el sensible corte a las líneas de suministros del Daesh.

La primera liberación de Palmira en marzo del 2016 por el Ejército sirio y la posterior contraofensiva del Daesh que volvió a ocuparla a fines de ese año, permitió una evaluación de errores de apreciación tácticas y estratégicas, asimilarlos con rapidez y revertir la situación.


Soldados sirios en la ciudad de Palmira reconquistada.


Entre diciembre de 2016 y el actual mes de marzo, la coordinación operativa junto a la asesoría rusa e iraní permitió a las fuerzas sirias reconquistar Palmira, con apoyo básicamente y como tropa de choque y avanzada por la Quinta Legión, los combatientes de Hezbolá y los afganos fatimís.

La actual situación permite equilibrar los flancos de defensa en el desierto y la región oriental de la provincia de Homs, mejorar la protección y retoma de los campos de petróleo y gas, tal como se logró en el de Hayyan.

Por primera vez en la vasta extensión desértica hacia Palmira se emplearon equipos militares de avanzada como los TOS 1 A, Buratino y los helicópteros de ataques MI 28 y Ka 52, además de fuerzas especiales artilleras y de pequeñas unidades del Ejército sirio.

Los resultados de tales acciones están demostrados en la destrucción de 19 tanques, 37 blindados de combate, 98 camionetas con armas pesadas y más de 100 vehículos de otro tipo del Daesh y el establecimiento de una zona segura de operaciones a más de 20 kilómetros al este y sur de Palmira.

Todo ello en aproximadamente dos meses de operaciones, a lo que se suma la aniquilación de más de dos mil puntos de concentración de los terroristas y la recuperación de cerca de mil 700 kilómetros cuadrados de territorio.

Palmira, junto a sus milenarios valores históricos y arqueológicos, es hoy el símbolo de la resistencia y firmeza de un país del Medio Oriente como nunca antes, en defensa de la sobrevivencia de su soberanía e independencia.


Pedro García Hernández


Texto original:
Prensa Latina

13 marzo 2017

Arabia Saudita: El rojo petróleo wahabita




















Breve prefacio del redactor del blog:

Con anterioridad en diferentes ponencias nos hemos referido ya sobre el papel que juega el reino wahabí de los Saud en la desestabilización del Medio Oriente y la importancia vital de esta petro, retrógrada y extremista monarquía para los intereses norteamericanos.

Para los Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN no es sola una fuente de suministro energético, su situación estratégica en el mapa geopolítico lo convierte –necesariamente- en un “aliado”.

Poco les interesa a las afamadas democracias occidentales lo que el reino propiedad de los Saud hagan en materia de derechos humanos – eso existe solo para sus “enemigos”-, es decir, los “defensores de la democracia en el mundo” se desagarran las vestiduras y derraman torrentes de tintas atacando de todas las formas posibles a quienes debemos entender son los “malos”, los enemigos de Estados Unidos, Israel y la OTAN, que no son otros que aquellos “recalcitrantes” países árabes que se niegan someterse a los dictados político-económicos, no del pueblo de los Estados Unidos y de Europa sino de gobiernos que trabajan para intereses del capital financiero en su vano intento por globalizar la economía mundial bajo su exclusivo control.

La Arabia de los Saud constituye, por tanto, el “prototipo” de lo que debe ser la “democracia” para los Estados Unidos y sus aliados europeos y regionales. Los Saud y su reino son el ejemplo a “imitar” por el mundo árabe si no desean que las fuerzas del ARMY USA implante, a punto de matanza y destrucción, la “democracia” en las “tiránicas” Libia, Siria, Irak, Irán, Líbano, Yemen, etc.

Los ricos y el poder. En las fotos de arriba, Abdalá bin Abdelaziz, el reciente desaparecido monarca wahabí condecorando al Premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama. Abajo: Donald Trump junto a Hussain Sajwani, de los Emiratos Árabes Unidos, considerado uno de los hombres más ricos del mundo, tiene una semejanza con Trump, se convirtió en multimillonario por medio de los negocios inmobiliarios y la construcción, según la historia oficial.


Parece ser que la nueva doctrina de los gobernantes y un amplio sector político de los Estados Unidos (no del pueblo estadounidense) es que todos los musulmanes son sospechosos de “terrorismo”, por tanto enemigos de los EEUU, a menos que seas un millonario wahabí, claro está. Y, el ejemplo más claro de lo que es la “democracia” y la “lucha antiterrorista” se encarna en la monarquía wahabí, “paladín” mundial de los “derechos humanos” y de la representación “democrática”, fiel clon de sus aliados de la OTAN y de Israel, impone la “democracia” de los bombardeos indiscriminados contra la indefensa población yemení y apoya material, económica y humanamente a la destrucción de las naciones sirias e iraquí. Fruto de ese arduo trabajo de los Saud, su reino ha sido premiado con un puesto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Es lo que debemos seguir esperando de un organismo internacional que hace mucho se ha prostituido al poder y el dinero.    

Guadi Calvo, experto internacionalista y periodista nos complementa en el siguiente reportaje una descripción realista del rol de los Saud y su reino en la desvastadora campaña contra las naciones que conforman el Eje de la Resistencia.

No sin antes recomendar el repaso de la historia de los Saud y su reino en un reportaje ya presentado en este blog.


Como siempre, buena lectura

                                                                                              Tito Andino



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Arabia Saudita, como principal potencia de las monarquías del golfo, ha arrastrado a sus vecinos Qatar, Emiratos Árabes y Kuwait fundamentalmente, a acompañar y financiar el terrorismo wahabita encarnado en organizaciones como al-Qaeda, Daesh y el Talibán afgano y pakistaní, aunque en otros tiempos a pedido del Pentágono no se ha privado de financiar grupos que nada tienen que ver con el integrismo musulmán como los Contras nicaragüenses o las organizaciones neo fascista italiana Ordine Nuovo, responsable del atentado contra la Estación de Bologna en 1985 que dejó 85 muertos.

Desde la guerra contra los soviéticos en Afganistán, la tiranía de los Saud, ha ido incrementando sus “donaciones” a cuanta organización terrorista que se denomine wahabita, desde Filipinas a Nigeria, pasando por el Cáucaso, Siria, Irak, Afganistán, Somalia, Libia y Mali.

Riad, fundamentalmente, ha regado de mezquita y madrassas (escuelas coránicas) donde se captan y radicalizan a los jóvenes asistentes a lo largo de toda Europa, África, obviamente el mundo árabe y el sudeste asiático, donde se les inoculan las atrabiliarias lecturas del Corán, de Muhammad Ibn Abd al-Wahab (1703-1792), quien llamaba a la instauración de un islam de los Salaf (predecesores) de allí el termino salafismo. Más tarde sus teorías fueron “actualizadas” en 1928 por el fundador de los Hermanos Musulmanes Hasan al-Banna, hombre del Foreign Office y le continuó Sayyed Qutb, ahorcado en 1964 por el fallido atentando contra el líder egipcio Gamal Abdel Nasser.

La financiación del terrorismo por parte de las monarquías del golfo, son y fueron toleradas por Washington, para quienes estos grupos no dejan de operar como mano de obra, evitando así utilizar tropa norteamericana como ya ha sucedido en Libia y Siria y en los últimos tiempos en Irak, también.

La alianza entre el Departamento de Estado y estas dinastías wahabitas, han dado como principal resultado la subsistencia del Estado de Israel, ¿alguien conoce alguna acción de al-Qaeda o el Daesh contra intereses judíos en algún lugar del mundo?

La existencia de estas monarquías absolutistas, que someten a sus pueblos a sistemas medievales de vida, donde una policía religiosa o Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, llamada mutawa’a, controla el orden moral en las calles, pudiendo detener y castigar a quien falte las estrictas normas impuestas, y donde todavía siguen siendo publicas los ahorcamientos y decapitaciones, no parece ofender los principios de las potencias occidentales como lo han hecho el presidente sirio Bashar al-Assad, el líder libio Muhammad Gadaffi, o el “régimen” de los ayatolás iraníes que han llevado a sus pueblos a niveles de vida similares a países europeos.

El libre tránsito de estas monarquías por el siglo XXI, lo toleran Europa y Estados Unidos, por su petróleo barato y porque se han convertido en los mejores clientes globales de la producción armamentística.

Las monarquías del Golfo incrementaron en un 154% la compra de armamento en estos últimos cinco años, según el Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI). Arabia Saudí, Qatar y Kuwait triplicaron sus compras de material militar, al tiempo que el pequeño Omán lo elevó su gasto ocho veces.

Según la misma fuente el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) Bahréin Kuwait Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes, realizan el 16,5% de las compras de armamento a nivel global, a pesar de que representan en total menos del 0,7% mundial.

El complejo militar industrial norteamericano se ha beneficiado con el 57% de esas compras.

El incremento de esas compras se produjo fundamentalmente tras las crecientes olas de protestas en 2011 conocidas como la Primavera Árabes, que precipitó las crisis en Libia, en Siria, profundizó la guerra civil en Irak, y la guerra en Yemen, donde los combatientes huthíes y los grandes sectores de pobres chiíes y suníes, han derrotado el gobierno de Mansur Hadi.

Entre 2007 y 2011, Arabia Saudita ocupaba el undécimo lugar entre los importadores mundiales de armas para llegar en los últimos cinco años al segundo lugar con un incremento de 212%.

El Reino Saudita carcomido por el temor a la República Islámica de Irán, ha iniciado  desde hace una década la renovación de todo su equipamiento militar lo que ha disparado contratos millonarios con los grandes centros industriales, casualmente occidentales y casualmente miembros del más exclusivo de los clubes del mundo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con asiento permanente y poder de veto: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. Los tres primeros junto a Ucrania, Alemania, España, India e Israel, son los grandes proveedores de armas no solo de Arabia Saudita, sino del resto de las monarquías del golfo.

Emiratos Árabes Unidos (EAU), que fue el tercer importador mundial, es un factor primordial a la hora de disciplinar a enemigos y amigos, colaborador fundamental de Riad en la guerra contra Yemen, ha realizado incursiones aéreas en Libia, en agosto de 2014, contra posiciones fundamentalistas, que se negaban a aceptar las imposiciones de Occidente. Por su parte Kuwait, incrementó la compra de armamento en un 175%.

Tanto la familia Saud, como el emir Jalifa bin Zayed Al Nahayan, cabeza de EAU. Anunciaron su disposición a continuar con el ritmo de sus importaciones de armamento.

El emirato de Qatar, dueño de la tercera reserva mundial de gas natural, quizás el país del golfo más involucrado financieramente en la guerra de Siria, sufrió una crisis económica, debido a sus aportes a los terroristas, que obligó a un enroque entre el emir Jalifa al-Thani, con su hijo el jeque Tamim, en julio de 2013.

El sultanato de Omán, según el SIPRI, junto a Corea del Norte y Eritrea, son las naciones que no informan el porcentaje de su PIB, que invierten en defensa.

A excepción de Bahréin, el país más pequeño de CCG, que por otra parte acoge la base de la V flota Norteamérica, el resto de sus socios se ubican entre los 30 países compradores de armas desde 2011 a 2016.

Las compras de las monarquías del golfo, se focalizaron en aviones de combate, helicópteros, sistema de defensas y comunicaciones, además de armamento para la seguridad interna.

En al-Udeid, al suroeste de Doha (Qatar), se ubica la central norteamericana de monitoreo para las operaciones contra el Daesh, en Irak y Siria, con una dotación de cerca de 10 mil efectivos norteamericanos.


Guerra en el sur



Los ataques de Arabia Saudita, con aviones F 19 y los Commons Marcus Thunderbolt israelíes, y según algunas fuentes piloteados también por oficiales judíos, contra Yemen, iniciadas en marzo de 2015 para reinstaurar al presidente yemení Mansur Hadi, han disparado una crisis humanitaria de consecuencias desconocidas.

Los ataques de Riad han producido, más de 12 mil bajas en la población civil, casi 4 millones de refugiados, y habiendo destruido todo tipo de infraestructura, deja como resultado que el 82% de los 26.5 millones de yemeníes necesite ayuda humanitaria; 14.4 millones no alcanzan a cubrir sus necesidades alimenticias básicas y Cerca de 20 millones sin agua potable y 14.1 millones no disponen de asistencia sanitaria, cerca de 600 centros de salud han sido clausurados por los daños, además de la falta de insumos médicos y falta de personal.

A pesar de tanto esfuerzo la embestida del Rey Salman ha podido detener apenas la resistencia huthi, pero si posibilitó el avance de escuadrones de al-Qaeda y DAESH, en los sectores aparentemente “liberados” de la insurgencia huthi.

Los Al Saúd, empantanados en Yemen, pretenden escapar de la situación antes que la guerra comience a incendiar sus propios territorios ya que la minoría chií, cerca de 2, del total de 28 millones de habitantes del reino, se ubican en las regiones del sur, donde también se encuentran los grandes yacimientos petroleros, comienzan a movilizarse a favor de sus hermanos yemeníes.

Sin duda el rojo petróleo del golfo, no solo puede ahogar a sus pueblos sino a las corruptas monarquías que los dominan.


                                                                                       Guadi Calvo



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ARTICULO ORIGINAL de Guadi Calvo, escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central
Publicado originalmente en Al mayadeen TV (LIBANO)

07 marzo 2017

LAS GUERRAS DE CHECHENIA (1)



 Tropas federales rusas en Grozni, marzo de 1995.




Preámbulo del redactor del blog

Mucha gente tiene la idea que las guerras que asolaron la región rusa caucásica de Chechenia se debió a la intolerancia del gobierno central de la Federación Rusa, nada más alejado de la realidad. Los supuestos “independentistas” (al igual que el actual caso sirio) eran en su mayoría radicales yihadistas manipulados por las fuerzas de Occidente (OTAN) para continuar el camino de desestabilización política-económica de Rusia tras el colapso de la Unión Soviética y la desintegración de las naciones que la conformaban.

Eso no fue todo, la Rusia poscomunista fue víctima del quizá mayor robo de los recursos patrimoniales registrado en tiempos modernos, atraco planificado en los Estados Unidos bajo complicidad de las poderosas transnacionales y del sistema financiero internacional que tuvieron unos socios inesperados dentro del territorio ruso -el naciente crimen organizado (mafia rusa)- y los nuevos oligarcas rusos. 

El objetivo era convertir Rusia en un país tercermundista que fuera incapaz de volver a renacer como entidad nacional, organizando múltiples conflictos étnicos y territoriales e impotente ante la rapiña voraz de los Estados Unidos por hacerse con el control de sus reservas naturales, algunos políticos rusos (Boris Yeltsin incluido) y las surgentes mafias conocidas como "Vorovskoi Mir" (Mundo de Ladrones) acapararon inmensas fortunas.

Chechenia fue otra punta de lanza para ese objetivo de regresar a Rusia a la edad de piedra. Una guerra cruel, sin frentes definidos, es decir una guerra de guerrillas se desató por todo el territorio. Pero quiénes eran esos chechenos que “luchaban por la libertad”?. Fueron los mismos militantes extremistas que hoy se encuentran, por miles, peleando por la “independencia” de Siria. Les dice esto algo?.

Qué hacen hoy en Siria aquellos yihadistas chechenos, que bajo auspicio de descarados hombres de negocios y de gobiernos occidentales desataron la guerra contra su propia nación? Sin embargo, la historia –mejor dicho, las narraciones que nos cuenta la prensa occidental- nos dice que Rusia emprendió una campaña de “terror”, destrucción y asesinato de miles de chechenos “independentistas”. También deben preguntarse qué hacen hoy miles de “rebeldes” chechenos en Ucrania (alrededor de tres batallones fueron trasladados –por quién?- para luchar contra las fuerzas del Donbass), muchos de estos “rebeldes” salieron de Siria directamente a Ucrania. 

La verdad muchas veces suele ser más fantástica que la ficción.   

Si la Primera Guerra de Chechenia gozó de cierto apoyo popular (ello no se discute) consiguió parcialmente sus objetivos, debemos dejar aclarado que la Segunda Guerra de Chechenia fue un conflicto extremista embanderado por AlQaeda – Emirato del Cáucaso, un grotesco guión que estos mismos “rebeldes” chechenos y otros yihadistas pretenden imitar actualmente en Siria.

Vamos a dar un repaso, en cortas notas –para los no entendidos en la temática- sobre el origen político del conflicto, insistimos que existen factores de índole oculta que motivaron esas guerras, se mantuvieron clandestinamente en el umbral de la crisis, mas, el inexorable paso del tiempo lo ha destapado. Las raíces secretas del origen de la guerra en Chechenia no las vamos a encontrar en el siguiente reportaje, ello será materia de una posterior entrega.

En fin, ya no resulta sorprendente visualizar donde se programó la destrucción, primero de la extinta URSS y luego de la naciente Federación Rusa poscomunista con la consigna de depredar sus recursos naturales y patrimoniales. Por ello, invito dar lectura de los reportajes sobre el pandemonio en el inicio de la Rusia poscomunista, cuyos enlaces son los siguientes:


El periodista de investigación español Koldo Salazar López, es el encargado de darnos un magistral resumen de las guerras de Chechenia, lo que viene a continuación corresponde a su investigación.

Buena lectura 



Tito Andino U.


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LA PRIMERA GUERRA DE CHECHENIA



PERDIDA EN LAS BRUMAS DE FINALES DEL SIGLO XX, MIENTRAS EL MUNDO SUPERABA EL SHOCK DEL FIN DE LA URSS, UN CONFLICTO ESTALLÓ EN EL CÁUCASO PROFUNDO, EN UNA ZONA SIEMPRE FRONTERIZA Y SIEMPRE CALIENTE.



               Tropas del Ministerio de Defensa de Rusia en Chechenia. 1996


Mientras Yeltsin luchaba contra el yihadismo en Tadjikistán, dentro del territorio se producía uno de los conflictos más determinantes para Rusia.

Las repúblicas autónomas de Chechenia y Tartaristán se negaron a firmar el acuerdo de la Federación Rusa en 1992, para integrarse dentro del país, ambos pueblos musulmanes y con increíbles reservas petroleras en sus territorios. En 1994 Rusia logró alcanzar un acuerdo de gobernabilidad con los tártaros, que se unieron sin más problemas a Rusia. Los chechenos se negarían en rotundo. 


En 1991 el Congreso Nacional del Pueblo Checheno asesinó al jefe del PCUS en Chechenia, Vitali Kutsenko, en un claro desafío a la soberanía rusa en el territorio, al mismo tiempo que Dzhojar Dudáyev logró el apoyo popular para ocupar la Presidencia y hacerse con la administración.

Boris Yeltsin inició una campaña militar a fin de doblegar a los chechenos y reintegrarlos en el territorio de la Federación Rusa, debemos entender que Rusia es un mosaico de grupos étnicos y nacionalidades y permitir que Chechenia se independizara podría provocar una ola de sentimientos independentistas que destruyeran desde dentro el estado ruso.

El objetivo militar de Yeltsin fue lograr una campaña rápida, confiando en el poderío militar ruso frente a los guerrilleros chechenos, pero su plan fracasó cuando en lugar de enviar soldados profesionales el Presidente ruso ordenó una leva de soldados locales que una vez armados desertaron. 

La campaña pretendía ser quirúrgica, pero se reveló como un auténtico fracaso cuando los chechenos que conocían el terreno y tenían el apoyo del pueblo, creando toda una red de contactos y bases les permitió hacer auténticas masacres entre el ejército ruso, desmoralizado y en una guerra con muy poca popularidad. 


El pueblo ruso veía a los chechenos como delincuentes y mafiosos y la opinión pública se preguntó si no era mejor dejarles independizarse a fin de encerrarlos en un territorio y no integrarlos por la fuerza en Rusia dándoles libre movimiento por todo el territorio para hacer sus fechorías. 


Eso afectó gravemente al ejército, ya que frente al poco apoyo popular a la guerra se encontraban en una clara inferioridad táctica frente a un enemigo peor armado y entrenado, pero que contaba con el apoyo del pueblo checheno y con multitud de voluntarios llegados de muchos lugares. 


Frente a los independentistas laicos socialistas chechenos comenzaron a aparecer sujetos de clara ideología radical yihadista como Samil Basayev (checheno) o el saudí Ibn al Jattab. Si bien la primera guerra chechena tuvo un componente nacionalista frente Rusia, la segunda guerra de Chechenia se vería bajo la dialéctica yihadista de cristianos contra musulmanes.
 




     Soldados rusos en medio de los combates de la Primera Guerra de Chechenia.



En 1996, después de casi dos años de guerras, el ejército ruso fue totalmente incapaz de contener y desactivar las revueltas chechenas tanto en el ámbito urbano como en las zonas rurales, además se sucedieron varios combates en Ingusetia y Osetia del Norte.

Frente al gasto militar debemos entender el gasto económico a la hora de ubicar a toda una serie de refugiados de la guerra de Chechenia que huían a zona rusa (como refugiados internos) o que se refugiaban en la vecina Georgia, al sur. La única victoria rusa llegaría con el asesino de Dudáyev en 1996.

Este año fue vital en el conflicto ya que frente a un nuevo colapso económico y al estancamiento de una guerra que debía de ser rápida, las elecciones de ese año afectaban a la continuidad de Yeltsin en el poder por la guerra, de modo que Aleksandr Lébed, asesor de seguridad nacional de Yeltsin, se reunión con los rebeldes y firmaron un acuerdo de cese al fuego. En Mayo de 1997 se firmó la paz. 

Rusia, agotada económicamente, había puesto fin a un conflicto sumamente impopular que no había aportado nada más que muerte y destrucción en la República de Chechenia, Grozhni (la capital) quedó reducida a escombros, miles de refugiados internos,  5.500 soldados rusos y 73.000 chechenos murieron en la guerra. Chechenia se mantuvo independiente de facto hasta 1999, pero en el periodo de tres años, desde 1996 hasta 1999 se abrirá paso entre los chechenos, con apoyo de Arabia Saudí y Afganistán, toda la corriente islamista internacional que establecerá un emirato en el Cáucaso y será uno de los puntos fuertes de Al Qaeda en Europa oriental.

(Nota del editor del blog: En el acuerdo de Jasaviurt (agosto 1996). Aleksandr Lébed, respetado militar logró negociar con el nuevo presidente checheno, Aslán Masjadov. Juntos firmaron la paz que establecía la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia.  De facto, la autonomía total. Como la historia nos enseña, en toda intervención de grupos yihadistas auspiciados por el extranjero (OTAN/ Monarquías Absolutistas del Golfo) es imposible dialogar y frenar sus pretensiones. Para 1999 Chechenia –supuestamente libre- está al borde de la guerra civil. Caos interno, corrupción, mafias, tráfico de drogas y armas, secuestros y hasta el descarado robo de petróleo son actividades “normales” que fueron permitidas por los nuevos "funcionarios" que apoyaban, además, el yihadismo en otras regiones fronterizas. Como era de esperarse los extremistas que “luchaban” por instaurar el Califato en el Cáucaso, comandados por Shamil Basaev (un radical wahabí confeso –al estilo de Osama bin Laden- y combatiente muhayadin en diversos teatros de guerra), se hicieron con el poder real en Chechenia. Terribles atentados se sucedieron en territorio ruso en septiembre de 1999 con más de dos centenares de víctimas. El ya presidente Vladimir Putin ordenó una operación antiterrorista total. Era el inicio de la segunda guerra chechena). 


LA II GUERRA DE CHECHENIA



Firmado los acuerdos de Jasaviurt (agosto 1996), Chechenia -de facto- se convirtió en un estado independiente. Los líderes, en gran parte, fundamentalistas islámicos, pretendían de forma radical implantar la sharia, dejando una sensación de estupor en la sociedad rusa. Al poco tiempo tuvo efecto el desplazamiento forzado de miles de familias rusas y otras etnias obligadas a abandonar la república. Regiones colindantes de Chechenia fueron azotadas por el terrorismo de los yihadistas chechenos. Con fuerte apoyo financiero proveniente del exterior (principalmente Arabia Saudí) los islamistas chechenos en el poder intentaron fundar la República Islámica del Cáucaso que comprendería todos los territorios entre el mar Negro y el Mar Caspio. (*)


Yihadistas chechenios durante la segunda guerra de Chechenia. Nótese la clásica bandera negra que identifica a los radicales grupos wahabíes-takfiríes que operan en nombre de un Califato, en el caso checheno aspiraban fundar una República Islámica del Cáucaso que comprendería no solo Chechenia sino también otras regiones autónomas de la Federación Rusa.  



Los chechenos obtuvieron la independencia de Rusia, este período de tres años (1997-1999) el país fue totalmente independiente bajo la presidencia de Aslán Masjadov, incapaz de imponerse a los señores de la guerra, la seguridad en el país era inexistente, una profunda crisis económica sacudió la nación de tal forma que retrocedió años en cuanto a comodidades se refiere. Y la deriva islamista se iba haciendo cada vez más fuerte, de hecho la Sharía estaba lista para ser implantada en la República de Chechenia. 

En 1999 Rusia vivía un profundo cambio político con la dimisión de Boris Yeltsin y la llegada al poder de un desconocido Vladimir Putin, el ex agente del KGB demostró la determinación que caracterizaría su quehacer político dentro y fuera de Rusia
. En primer lugar envió tropas a la frontera de Chechenia a fin de impedir las escaramuzas a territorio ruso, sobre todo a Daguestán.

La estrategia rusa difirió muchísimo de la estrategia planteada durante la I Guerra de Chechenia. La estrategia de Moscú consistió en cercar el país y atacar con fuego aéreo y artillería las grandes ciudades del país con objetivo de debilitar a los rebeldes, la población civil fue evacuada mientras se producían los ataques y las tropas rusas penetraban en el territorio. 

Antes de navidad ya habían cercado Grozni (capital de Chechenia) y los rebeldes, compuestos por grupos paramilitares chechenos y yihadistas, huían hacia el cáucaso sur, estableciendo un santuario al norte de Georgia, lo que provocó una guerra de guerrillas que causó grandes bajas entre los rusos, pero que al final pudieron vencer.

Muchos de los chechenos que habían luchado contra los rusos en la I Guerra de Chechenia, cambiaron de bando y apoyaron sin dudarlo a las fuerzas moscovitas debido a la tensión que se vivía entre los líderes laicos y el creciente poder de las milicias yihadistas.



  Combatientes chechenios con otra clásica señal que los identifica como yihadistas




Al Qaeda en la zona proclamó el Emirato del Cáucaso, y sus hombres fuertes eran Samil Basayev y Doku Umarov (chechenos) así como Ibn al Jattab (saudita). La colaboración entre chechenos, sauditas y afganos era la tónica común y el poder que estaban tomando no gustó entre ciertos señores de la guerra, uno de ellos Ahmad Kadyrov. 

Ahmad Kadyrov, ahora aliado de Rusia, se convirtió en Presidente de la administración prorusa de Chechenia. Putin propondrá la amnistía para todos los milicianos que se entreguen a las fuerzas rusas. 

En el año 2002 Georgia, después de ser acusada por Rusia de cobijar terroristas, lanzó una ofensiva militar contra los yihadistas escondidos en el norte del país, la ofensiva fue exitosa y amplias zonas del Cáucaso sur quedaron libres, pero las relaciones entre Georgia y Rusia no mejorarían ya que el gobierno de Tiflis acusaba a Moscú de apoyar los territorios separatistas de Abjasia y Osetia del Sur. 

Si bien las actividades milicianas quedaron mermadas, las acciones terroristas cada vez fueron mayores. El ataque al teatro Dubrovka en 2002, que dejó 39 terroristas y 129 rehenes muertos, la masacre de la escuela de Beslán en 2004 en la que murieron 334 personas o el atentado del aeropuerto de Domodedovo en 2011 que dejó 34 muertos y más de 180 heridos. 



“Independistas” chechenos ensayando el uso de mortales armas antiaéreas portátiles



En el año 2004 Ahmad Kadyrov será asesinado por terroristas yihadistas chechenos. Si bien a partir de la llegada al poder de Ramzam Kadyrov, hijo de Ahmad Kadyrov, poco a poco se fue restableciendo la seguridad en Chechenia, las actuaciones que se llevaron a cabo en la república y que provocaron la debilitación de los yihadistas se debió al trabajo de inteligencia. Ibn al Jattab fue asesinado por el FSB mediante un veneno neurotóxico impregnado en la tinta de una carta manuscrita, los Spetsnaz matarán a Samil Basayev en 2005 y Doku Umarov en 2013 dejando al yihadismo checheno sin líderes destacados. 

En el periodo de 1999-2009, Chechenia fue una zona militarizada y bajo control especial, a partir de ese momento se ha ido produciendo una normalización de la vida política en la república chechena a fin de integrarla como un territorio normal de la Federación Rusa, pero debido a su singularidad consta de un ejército propio (Los Kadyrovsky) que ha permitido que se retiren tropas rusas en el territorio logrando un cuerpo proruso auxiliar a la hora de acabar con los yihadistas. 

Desde 2009 hasta ahora la República de Chechenia ha vivido una considerable mejora económica, social y política. Si bien la amenaza yihadista, ahora encarnada en el Estado Islámico hace que las autoridades estén especialmente atentas a los movimientos islamistas en la región.



Koldo Salazar López

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NOTAS:

Las fotografías y notas en cursiva son agregadas por el editor de este blog.


(*) Corta nota de introducción del editor de este blog.

ARTÍCULOS ORIGINALES autoría de KOLDO SALAZAR LÓPEZ:

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