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30 diciembre 2019

La "guerra" por encontrar al culpable del inicio de la segunda guerra mundial.



Obra del artista ruso Mihail Ivanovich Khamelko, "Triunfo de la Patria Victoriosa" (1949)



Por Tito Andino U.
Recopilación de diversas fuentes


"Si yo fuera miembro del Parlamento Europeo propondría que esa asamblea reconociera el 30 de septiembre como el día en que Occidente traicionó a Checoslovaquia y pisoteó la seguridad colectiva ante la Alemania nazi. De ese grave acto fue culpable Gran Bretaña, no la URSS. Se trata de una responsabilidad muy difícil de asumir, incluso hoy en día, lo cual es la razón por la que no se escucha nada sobre esto en los medios masivos de comunicación. Naturalmente, si yo fuera miembro del Parlamento Europeo, me tildarían de loco o de agente de Putin. Como historiador, puede que me traten de igual manera, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr". Michael Jabara Carley

El nuevo "revisionismo" de la segunda guerra mundial asumido por los Estados Unidos y demás potencias europeas que conforman la OTAN tiene como prioridad acusar a la extinta URSS de complicidad con los nazis para desatar la guerra. Tal es la consigna, no solo de autoridades sino de ciertos historiadores contratados con tal propósito. Por otro lado, el negacionismo de la historia del actual gobierno polaco, sumado a la reciente resolución del Parlamento Europeo (septiembre 2019) laborada por largos años en un sinnúmero de reuniones ha llegado a un forzado consenso, desatando una contundente respuesta del líder del Kremlin ruso. 


Está muy claro que este posicionamiento de la OTAN y la Unión Europea con sus instituciones tiene matices políticos, intentando desechar la historia. En eso se parecen a los "revisionistas" neonazis, reescribiendo la historia con fines ideológicos, en este caso que conduzcan a la realización de sus objetivos globalizadores.

En una anterior entrega 80 años atrás. Mito y realidad del pacto Hitler-Stalin ya analizamos el pacto nazi-soviético de 1939, debemos remitirnos a esa fuente si no queremos volver este tema una cuestión inacabable.

Pues bien, que ha sucedido estos días? 

El presidente ruso ante las frecuentes notas de prensa en países miembros de la OTAN de señalar al pacto de no agresión de 1939 como el estallido de la segunda guerra mundial, las calificó de "puras tonterías". Lo destacable de su reciente pronunciamiento ante los mandos militares (estado mayor de la Federación Rusa), el 24 de diciembre 2019, es recordar la existencia de archivos nazis recuperados por el ejército soviético luego de la guerra, que demuestran que no fue la URSS sino otros países, entre ellos Polonia,  quienes fueron cómplices del dictador alemán.

De forma contundente Putin acusó a Polonia de complicidad con Hitler, fueron los polacos quienes sí forjaron una "alianza" con el caudillo nazi (lo hemos detallado en el artículo La Segunda Guerra Mundial comenzó en octubre de 1938), también el presidente ruso no tuvo problemas en señalar a Polonia por su accionar "antisemita" en los albores de la contienda mundial. Rebatió las críticas y el por qué la URSS tuvo que firmar un Pacto de No Agresión con los nazis, un tratado que no implicaba una alianza de tipo militar, salvo la forma de ejercer las zonas de influencia en territorio polaco en caso que Alemania se decidiese invadir Polonia, ello se establecía en un polémico protocolo secreto usado como la prueba de la "complicidad soviética", que no fue de conocimiento público en Rusia sino hasta décadas después.


Józep Lipski, diplomático y embajador de Polonia en la Alemania nazi de 1934 a 1939. Firmó el Pacto de No Agresión Germano-Polaco de enero de 1934. Mantuvo conversaciones directas con Hitler en octubre de 1938 sobre los planes alemanes de expulsar a los judíos europeos al África, Lipski apoyó la idea como parte de la política y discurso antisemita del gobierno polaco conocido como el "régimen de los coroneles" (del periodo 1935 a 1939, tras la muerte de Pilsudski). Lispki era un entusiasta del tema, se dice que respondió a las sugerencias de Hitler con un "si puede encontrar tal solución le erigiremos un hermoso monumento en Varsovia". Sin duda, su entusiasmo se desmoronó cuando el Ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, ese mismo 24 de octubre de 1938, exigió que Polonia aceptara la anexión alemana de la Cuidad Libre de Danzig. 


Una reveladora fotografía, el primero desde la  derecha es Józep Lipski, embajador polaco en Berlín junto a Hermann Goering, Konstantin von Neurath, Adolf Hitler y otros.


Putin en nombre de la Federación Rusa recordó que Polonia y el gobierno de Hitler planificaron la deportación de los judíos desde 1938 (previamente en 1934 los nazis y el gobierno militar polaco habían firmado un Tratado de No Agresión) con ese fin nazis y polacos concluyeron una alianza evidenciada en los documentos incautados. Además, manifestó sentirse "insultado por la manera en la que Hitler y Polonia discutieron la cuestión judía". Con notable enojo y citando los archivos nazis, dijo que el embajador polaco de ese entonces en Berlín (Józep Lipski) alababa los planes de Hitler para librar Europa de judíos, Putin recordó a ese personaje polaco como "despreciable”, "escoria” y "cerdo antisemita”


El 26 de enero de 1934, la Alemania nazi y el régimen del mariscal polaco Józep Pilsudski firman el Pacto de No Agresión Germano-Polaco. La foto corresponde a una posterior reunión en Varsovia (15 junio 1934). De izquierda a derecha: Hans Adolf von Moltke (embajador alemán), el Mariscal de Polonia Józep Pilsudski, el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels y el Ministro de Asuntos Exteriores polaco Józep Beck. Se debe aclarar que el pacto polaco-alemán de 1934 fue firmado por el embajador polaco en Berlín, Józep Lipski y el entonces Ministro de Asuntos Exteriores del Reich, Konstantin von Neurath. 

Es evidente que los documentos incautados por el Ejército Rojo a los nazis, tras la caída de Berlín en 1945, ratifican que el gobierno polaco, sucesor del dictador militar Józep Pilsudski, en 1938 propuso planificar junto a la Alemania nazi la deportación al África de los judíos alemanes y polacos. Con toda probalidad hablamos, entre otros documentos, del "Plan Madagascar", fruto de las negociación bilateral germano-polaca de la “Comisión Lepecki”. Como es de conocimiento público ese proyecto fue desechado a inicios de la guerra debido a la presencia de la marina de guerra británica que volvía imposible ‎el traslado de los judíos al África. ‎

Para el actual presidente ruso el tratado Molotov-Ribbentrop fue una medida obligada que asumió la URSS ante los acuerdos de no agresión que otras naciones europeas firmaron con Hitler. Y, siempre recordando a los países occidentales que no deben olvidar los "considerables sacrificios” de la URSS y sus 27 millones de muertos en la guerra. El Kremlin aspira que alguna vez ese "sacrificio soviético" y el rol fundamental del ejército rojo en la derrota del nazismo sea reconocido.



6 de diciembre de 1938, transcurridos dos meses del "Pacto de Munich", el ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop firmó la Declaración de Amistad entre Francia y Alemania con su homólogo francés Georges Bonnet. 


Esto no es de ahora, hace ya 10 años, cuando se conmemoró los 70 años del estallido de la Segunda Guerra Mundial se decía lo mismo, la Unión Europea no perdía ocasión para culpabilizar a Rusia de forma pública, "y lo hacía denigrando, falsificando o manipulando la historia de esa época", conforme analizó el especialista ruso Leonid Radzikhovski (antes de leer sus apreciaciones, veamos algunas puntualizaciones más).


No debe olvidarse nunca que Hitler deseaba la guerra y que se enfureció a fines de septiembre de 1938 al no poder aplastar militarmente a Checoslovaquia, él no deseaba la "Conferencia de Munich", pero de todos modos devoró a su víctima de turno "pacíficamente" bajo complicidad británica y francesa (y polaca). La historia nos enseña que en esos obscuros días si habían alemanes dispuestos a parar la locura que conduciría a la segunda guerra mundial (Ver: Y si Hitler hubiese sido asesinado en 1938?)

Michael Jabara Carley, prestigioso historiador y profesor de Historia en la Universidad de Montreal escribió sobre estos hechos un demoledor artículo titulado "El día que Occidente prefiere olvidar" (2015). Es muy claro al afirmar que la OTAN pretende reescribir la historia desconociendo la lucha interna entre potencias capitalistas, transformándola en una lucha gloriosa de la democracia en contra del nazismo, siendo obvio que se enfatiza en que la URSS no jugó un papel importante en el conflicto, al contrario, se afirma que el régimen de Stalin mantuvo una larga alianza con el Mal. La conspiración propagandística no coincide con los hechos. 

Según tesis atlantistas rebuscadas, fue Stalin quien apuñaló por la espalda a Gran Bretaña y Francia para favorecer a los nazis. Bastaría recordar que en esos momentos Francia y la Gran Bretaña eran los dos más grandes imperios coloniales del mundo. Sería bueno recordar que la Segunda Guerra Mundial inició en octubre de 1938 cuando Neville Chamberlain y Edouard Daladier acordaron con Hitler y Mussolini despedazar Checoslovaquia. Ni checos, ni rusos fueron "invitados" a Munich a repartirse Checoslovaquia, un necesario paso previo para aislar a la URSS.

Nadie quiere recordar en la democrática Europa que los totalitarios comunistas de la URSS hicieron lo razonablemente posible para apoyar la seguridad colectiva de Europa y la resistencia checoslovaca contra la agresión nazi. Michael Jabara, nos recuerda que


"para Chamberlain, una alianza con la URSS en contra de Alemania nazi era una última opción, o una opción inexistente. Era más atractiva la idea de llegar a un acuerdo con Hitler. Una alianza con la URSS en contra de la Alemania nazi significaba la guerra. Si hay un Estado que merece ser condenado por haber saboteado la seguridad colectiva en los años 1930, es más bien Gran Bretaña y no la URSS. Los británicos rechazaron repetidamente propuestas soviéticas a favor de la creación de una alianza antinazi, o bloquearon el mejoramiento de las relaciones francesas con Moscú". 

«¡Ustedes quieren la guerra!», fue la acusación principal que los conservadores y la derecha europea lanzaron contra quienes buscaban organizar la resistencia contra la agresión nazi. Stalin lo comprendió. Fue sólo a mediados de 1939, cuando ingleses y franceses seguían resistiéndose a organizar un frente común contra la Alemania nazi, que Stalin aceptó conversar con Hitler. Para el gobierno soviético, Munich fue la gota que colmó el vaso y que condujo directamente al pacto de no agresión germano-soviético, el pacto de no agresión de Munich era exactamente lo mismo. Si los occidentales estaban tan furiosos era porque Stalin había logrado lo que ellos no habían podido obtener el año anterior en Munich. Aquello era un sálvese quién pueda, no una estrategia de seguridad a largo plazo. Era una maniobra que sólo incentivaría al agresor, tal y como lo comprobaría Stalin en junio de 1941, concluye Jabara Carley.

Y, en este punto vale la pena preguntarnos: Entonces fueron o no fueron Aliados los británicos, franceses, estadounidenses y los soviéticos en la segunda guerra mundial? Nos han dicho por largas décadas que sí, que lucharon juntos por la libertad y ahora resulta que los herederos del estado soviético, la Federación de Rusia fue el "malo de la película".

Al menos la propaganda Aliada de esos días nos indica otra cosa (en un futuro estudio analizaremos cuándo mismo inició la ´Guerra Fría´), veamos algunos ejemplos gráficos: 





El conflicto visto por los rusos de hoy

Las siguiente líneas (resumidas) fueron escritas por Leonid Radzikhovski (periodista e investigador ruso) y publicadas por el medio ruso Vzgliad, 28 agosto de 2009, traducido por la agencia IPI (Perú), también publicado por Red Voltaire (2009). Leamos extractos de su ponencia.

Después de una breve luna de miel a comienzos de los años 1990 (caída del comunismo, esto no influenció las relaciones con los países bálticos), nos encontramos aquí con esta «guerra de historia» que dura ya quince años (25 años si contamos que estamos vísperas del 2020) y que no ha parado hasta hoy día. Esta disputa se ha puesto muy agria. 

Para la mayoría de nuestros conciudadanos [soviéticos de la época], los años 1939 a 1941 son aquellos de una «guerra desconocida» y, de este hecho, sin interés directo. Nosotros conocemos en cambio otra guerra, nuestra guerra, la guerra nuestra, la Gran Guerra Patriótica, entramada el 22 de junio de 1941, y poco nos importaba de saber lo que les ocurría a los polacos, franceses o bálticos. Claro está, los europeos del Oeste ven las cosas de otra manera.

Aún peor, los miembros de la Unión Europea -Polonia, Países Bálticos- y Ucrania, tienen un interés, desde un punto de vista histórico, de situarse como adversarios de Rusia en vez de serlo en contra de Alemania, país que guarda en cambio una postura discreta y humilde en este asunto y con razón… Y si estos países [Letonia, Lituania, Estonia, Polonia, Ucrania] quieren además que la ricachona Alemania abra su billetera y meta la mano al bolsillo –gesto bienvenido en estos tiempos de crisis-, más vale no estar dando cachetadas ni importunando al sujeto [Alemania], en todo caso no más de lo necesario con temas históricos del pasado que pondrían a la adinerada Alemania en una situación embarazosa.

Con Rusia, las cosas son diferentes. Ni un centavo a esperar que les llegue de este lado. Además, contrariamente a Alemania, estamos frente a un país [Rusia] que nunca ha pensado en arrepentirse. Y, finalmente, acusando a Rusia, es decir, poniendo sobre sus espaldas una parte de la responsabilidad de la Segunda Guerra Mundial, aligeramos, se quiera o no, el peso de la culpabilidad de los alemanes.

Un negocio histórico rentable a todo punto de vista. Yo no pretendo que todos los historiadores sean así de cínicos. En realidad, esto es ante todo un asunto de políticos, y los recientes acontecimientos constituyen claramente una lección de política aplicada.

El 23 de agosto, día que se firmó el pacto germano-soviético de no agresión, se ha convertido, a iniciativa del Parlamento Europeo, en el día conmemorativo europeo de las víctimas del estalinismo y del nazismo. ¡ Ojo ! ¡Fíjese en el orden de las palabras!. Tal es pues el desafío que la Unión Europea lanzó a Rusia. Por su parte Moscú adoptó, en mayo de 2009, el decreto 549, cuyo objetivo es oponerse a las tentativas de falsificación de la Historia susceptible de perjudicar los intereses de Rusia, se conformó una Comisión de 28 historiadores (aunque no todos lo son) para combatir las falsedades históricas.

En teoría, varias reacciones o comportamientos son posibles: 

- Nosotros los rusos podemos intentar adoptar la actitud alemana, versión «light» claro está, tipo: «Nosotros no somos los herederos de Stalin, nosotros somos sus víctimas, víctimas del régimen soviético, ¡aún mucho peor de lo que fueron [las víctimas] de Polonia o de los países Bálticos!»  (Si nos fijamos o tenemos en cuenta el número de personas afectadas por la represión estalinista, esto es la pura verdad histórica).

- Nosotros los rusos hemos tenido más víctimas de Stalin que los alemanes han tenido de Hitler. Sin embargo, este enfoque va en contra de nuestro orgullo nacional de gran potencia y no cuadra con el mito, mito popular recientemente actualizado, de «eficaz verdugo administrador». En efecto, Stalin fue efectivamente calificado en Rusia como un «eficaz manager».

Pero las cosas son sumamente más graves y complejas.

- Los alemanes se sacan de encima a Hitler y de «su» guerra a grandes gritos (a pesar que siguen pagando como si fuera oro en polvo las pensiones de sus antiguos combatientes nazis): les podemos comprender. 

- Pero si nosotros los rusos, si quisiéramos imitarles tendríamos que hacer un verdadero show de equilibrista: ¡repudiar al «malvado Stalin» conservando al mismo tiempo el orgullo de la guerra! 

Se podría pretender haber ganado «a pesar de él», pero esto no funcionaría. El instinto elemental del pueblo, de la mayoría de la gente, le suena en la oreja que es muy difícil disociar Stalin de la guerra. Y si lo hiciéramos, la imagen de la guerra perdería su brillo.

La capitalización política de la victoria se hundiría, porque, ¿no fueron a sus pies que se arrojaron los estandartes tomados al enemigo?. Durante el gran Desfile de la Victoria del 24 de junio de 1945 en la Plaza Roja de Moscú, las tropas soviéticas tiraron y amontonaron una pila de emblemas nazis delante de Stalin. 


Dos magníficas obras sobre el Día de la Victoria. la de arriba corresponde al artista Nicolay Babasyuk, titulada "Desfile de la Victoria en Moscú" (1959). Abajo: Obra del artista Alexander Maratovich Samsonov, "Desfile de la Victoria" (2004) 

La sociedad y el estado ruso se niegan a repudiar a Stalin, en todo caso no lo harán delante de la «angelical Europa». Peor, nosotros los rusos no podemos hacerlo sin consultar los principios de base. Inclinar nuestra augusta cabeza de gran potencia delante de otros países… La gente, el pueblo vería la expoliación de su victoria, y ¿qué nos quedaría después de todo esto? (Nota del editor del blog: De todas formas, la actual Federación Rusa, a través de su Parlamento y otros órganos estatales han condenado pública y oficialmente los crímenes del estalinismo).

Esto es cierto. Pero por otro lado, «¿es necesario brindar por la Patria, por Stalin y servirnos otro vaso más» como sugirió el líder del Partido Comunista de Rusia en 2009?

No poder disociar la guerra de su comandante en jefe es una cosa y no quererlo hacer es otra cosa; otra cosa es designar un tirano indiscutible, reconocido como tal por todo el mundo, en tanto que personalidad histórica de Rusia; ¡ y otra cosa es arrodillarse, cabeza inclinada para defenderlo, defender toda su política, incluso aquella de los años 1939 a 1941 !

Para la Rusia actual, Stalin es como una maleta histórica sin agarradera (y con un tal contenido interior que más vale no abrir esto)… Pero tampoco se le puede abandonar y olvidar, arrastrar esta maleta tampoco es un trabajo fácil... 

¿Entonces, que tipo de defensa se debe adoptar? 

- Declarar que Hitler y Stalin, la Alemania nazi y la URSS, tienen una responsabilidad igual –o casi la misma- en el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, esto es lo que debe ser considerado como una falsificación
- Las acusaciones contra la Alemania no van a ser pasionalmente duras (a causa de los cálculos políticos citados anteriormente pero también porque, esta responsabilidad nunca ha sido negada por Alemania, nadie tiene que molestarse para demostrar esto); en cambio, las críticas contra la URSS serán más duras.
- Alemania será acusada de pecados más grandes, pero con menos vigor que lo será la URSS o su heredera actual, Rusia, que será a su vez acusada de menores pecados, pero con mucho más fuerza. 
- Esto es efectivamente una falsificación.

Claro está, cada uno es libre de interpretar los hechos siguiendo su mala fe. También es cierto que la verdad absoluta en historia no existe, si es por tanto que haya una en alguna parte. Pero, si se acepta de no escribir ficciones y que se considera los simples hechos, está claro que acusar la URSS de haber causado la guerra es por lo menos faltar de objetividad.

Si el Pacto Germano-Soviético no habría sido firmado, la guerra habría tenido lugar de todos modos. La Alemania nazi no podía pararse. El dedo de Hitler ya estaba apretando el gatillo. Este pacto, es cierto, fue para él la última señal que esperaba para tirar, y todo esto estaba precedido de largos años de una «política de pacificación» que sólo sirvió para darle más coraje y valor al agresor nazi.

La culpa no recae únicamente en los dirigentes de la Gran Bretaña y de Francia, sino también, por ejemplo, de los dirigentes polacos, que habían buscado la amistad de Hitler y se habían desenvuelto para ello, desde 1938 (¡sí, ¡sí!) para recuperar un pedazo de territorio de Checoslovaquia desmembrada y sacrificada por los nazis.

Naturalmente, esto no exonera a Stalin, quien fue el único en concluir un pacto secreto con Hitler y esto no solamente «no calmo al agresor» en perjuicio de otros países, como lo hicieron el inglés Chamberlain o el francés Daladier con Checoslovaquia, sino que se anexionó descaradamente territorios: los Países Bálticos, las partes orientales de Polonia, La Carelia finlandesa y la Besarabia rumana.


Firma del Pacto de No Agresión germano-soviético. 23 agosto 1939 


En fin, a pesar de todo su cinismo malévolo, la política estalinista no ha constituido una excepción. Ella se inserta en la lógica de la política global de Europa, solamente más brutal, más «gánsteril».

El verdugo-tirano de Europa y del mundo, Hitler, fue fabricado con el consentimiento de todos los políticos de Europa, como si hubieran perdido la razón. El proceso fue lanzado por los políticos occidentales, mucho antes que Stalin elabore a su vez los mismos «cálculos maquiavélicos suicidarios».

¿Había otra alternativa a los acuerdos de Munich de 1938? ¿Había otra alternativa al pacto de Moscú de 1939? ¿Había otra alternativa a la Guerra Mundial? Podríamos discutir de estas cuestiones y asuntos hasta el infinito.

Y esto sería sin duda un debate especial. Si en el transcurso de este debate, se llegaría al menos a no ignorar los hechos evidentes, la falacia quedaría confinada a límites decentes. Pero cuando uno se deshace de los hechos como si estos fuesen superfluos, esto se convierte en una desinformación absurda, de la novlengua o neolengua, según las traducciones literarias, es decir, la forma de hablar para controlar y definir el pensamiento de la población con intereses políticos, tema de actualidad y de interés moral tratado en la novela de George Orwell "1984".

Sea como sea, el punto de vista histórico oficial ruso se apoya por supuesto sobre un conjunto de hechos innegables y que presentados de manera bastante convincente demuestra que la URSS no se puede encontrar a la cabeza en la lista de países causantes o promotores de guerra. Pero tener una reacción más airada frente a los historiadores occidentales, bajo el lema de: «¡Al ataque! ¡Por la Patria, por Stalin!» sería a mi punto de vista no solamente un acto poco heroico, sino extremadamente estúpido.

Nadie puede estar orgulloso de la política de los años 1938-1939. Si la reflexión europea y rusa respecto de estos acontecimientos logra reconocerlo, entonces esto no será seguramente perjudicar los intereses de Rusia ni tampoco su seguridad histórica. Tampoco pienso que esto opondrá Rusia del Occidente.



ENTREVISTA

Sobre la La Segunda Guerra Mundial y el Pacto Molotov-Ribbentropp

Dmitri Babich 
Alexandr Chubarian
30 de septiembre de 2009

Alexandr Chubarian, director del Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Rusia, investiga desde 1988 el Pacto Molotov-Ribbentropp, es considerado actualmente en Rusia uno de los expertos más autorizados en la historia de las relaciones ruso-germanas. La entrevista concedida a Dimitri Babich explica los antecedentes al pacto germano-soviético firmado hace 80 años, sus consecuencias, y la visión actual de los acontecimientos ocurridos en aquellos tiempos.

➤ Dmitri Babich: ¿Debe la Rusia contemporánea condenar el Pacto Molotov-Ribbentrop, o todavía tiene vigencia la fórmula expuesta en 1989 de que ese Pacto fue un acontecimiento normal para aquella época, aunque los "protocolos secretos" anexos al pacto fueron un acto amoral por parte de los firmantes?

Alexandr Chubarian: En los últimos años, el interés de la opinión pública por los acontecimientos relacionados con el Pacto Molotov-Ribbentrop ha crecido considerablemente, y el tono de los debates cada vez adquiere formas categóricas e irreconciliables.

La intensidad y ardor de las disputas no se debe a la aparición de nuevos documentos sino a interpretaciones antagónicas de los hechos derivados de ese acontecimiento histórico. La tensión que impera no se debe a discrepancias entre historiadores y expertos. La confrontación que observamos es el producto de convulsiones de orden ideológico y político promovidas en la sociedad.

La situación empeora por actitudes preconcebidas que predomina en países vecinos, en particular, impulsadas por políticos influyentes en las repúblicas Bálticas y Polonia. Este factor ha politizado al máximo un asunto que debería ser material de investigación exclusiva para los historiadores.

La transparencia siempre ha dado mejores resultados que negar lo que es evidente. En su tiempo, la postura de la Unión Soviética fue sensiblemente vulnerable porque las autoridades soviéticas con obstinación negaron la existencia de los protocolos secretos anexos al Pacto Molotov-Ribbentrop. Pero el reconocimiento y publicación de esos protocolos precisamente en tiempos de la URSS hace 30 años, ha reforzado nuestra postura y es una prueba de que Rusia rompió definitivamente con la política del silencio para comprender su historia.

➤ Dimitri Babich: Y no obstante, entre los historiadores predomina el debate en cuanto a que el Pacto Molotov-Ribbentrop fue el detonante de la II Guerra Mundial que comenzó una semana después de su firma, el 23 de agosto de 1939. Como es bien sabido, el 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas invadieron Polonia seguros de que la URSS no ayudaría a los polacos. ¿Está usted de acuerdo con esta tesis?

Alexandr Chubarian: No, no estoy de acuerdo. Conozco muy bien ese punto de vista, que entre otras cosas, se cita para argumentar la responsabilidad compartida que tiene la Alemania nazi y supuestamente la Unión Soviética en el inicio de la II Guerra Mundial. Esa tesis quedó reflejada en una resolución aprobada por la Asamblea del Parlamento de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) ignorando acontecimientos evidentes que tuvieron lugar antes de que comenzara la guerra.

Hitler decidió invadir Polonia mucho antes de firmar el pacto de no agresión con la URSS, y en la primavera de 1939, ya había puesto en marcha los preparativos de la agresión, incluso fijo el 26 de agosto de 1939 como la fecha tentativa para el asalto, pero el ejercito alemán no pudo cumplir ese plazo y emprendió la invasión el 1 de septiembre.

Hay que destacar que el destino del Pacto germano-soviético-alemán firmado el 23 de agosto fue incierto hasta el último momento de su concertación. Esto quiere decir que independientemente del resultado de sus negociaciones con la URSS, Hitler no tuvo ninguna duda en cuanto a sus planes de invadir Polonia.

Inglaterra y Francia brindaron garantías a Polonia precisamente por la misma razón, es decir, Londres y París sabían con seguridad que Alemania se preparaba para la guerra, y el viaje urgente que hizo el ministro Ribbentrop a Moscú fue por la misma causa, el diplomático alemán tenía que terminar ese asunto pendiente con los soviéticos antes de comenzar la invasión de Polonia.



Desfile de la Victoria. Moscú, 24 junio 1945

➤ Dmitri Babich: Y no obstante, después de que Hitler invadió Polonia Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania, mientras que la URSS, no sólo permaneció al margen, sino que firmó con Alemania un tratado de amistad en septiembre de 1939. ¿Acaso no fue una muestra de apoyo al agresor?

Alexandr Chubarian: Es indiscutible que los protocolos secretos anexos al Pacto Molotov-Ribbentrop, la firma del tratado de amistad en septiembre de 1939 y la resolución impuesta en la URSS entre 1939 y 1940 que prohibió criticar la doctrina nacional-socialista fueron actos amorales que se merecen la condena que posteriormente se hizo tanto en Rusia y en el exterior.

Y a pesar de todo, los acontecimientos ocurridos en esos días no pueden explicarse únicamente bajo la óptica de que "Hitler decidió invadir a sus vecinos y Stalin se convirtió en su cómplice". Soy partidario de que la investigación de la historia debe apoyarse en el estudio amplio de todos los factores implicados en los sucesos claves relacionados con las naciones y sus pueblos.

Ante el estudio de tal o cual fenómeno o acontecimiento como el inicio de la II Guerra Mundial, es indispensable analizar todos los factores implicados y no limitarse a destacar uno o dos momentos o circunstancias por alguna razón cómoda o favorable. El pacto Molotov-Ribbentrop fue un fenómeno político-diplomático muy complejo. Y para hacer una valoración objetiva, es necesario tener en cuenta los antecedentes históricos que determinaron muchos aspectos de este asunto.

Es por eso que nosotros desviamos nuestra atención a sucesos ocurridos en 1938. Y no porque queramos obligar a nuestros colegas occidentales recordar el Tratado de Munich. Simplemente, si no se tiene en cuenta el factor que tuvo Munich, no es posible explicar las razones que obligaron a Stalin a firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi.

Hasta la firma del Acuerdo de Munich, en Europa había un consenso muy sólido en cuanto a Hitler y su régimen. Todas las potencias europeas, Inglaterra, Francia y la URSS mantuvieron una actitud muy negativa ante el régimen nazi impuesto en Alemania en 1933. La firma del acuerdo de Munich hecho por tierra ese consenso. Desde el punto de vista moral, el acuerdo de Munich y el pacto Mólotov-Ribbentrop son muy parecidos el uno del otro, porque ambos documentos fueron suscritos de espaldas a aquellos pueblos cuyos destinos dependió de lo concertado en esos acuerdos.

En Munich, el 29 de septiembre de 1938, los representantes de Checoslovaquia estaban en una habitación contigua a la sala donde se reunieron los firmantes. Y sin consultar en absoluto su opinión, las partes (Inglaterra y Francia en un bando y Alemania e Italia por el otro) determinaron el destino de ese país.

A diferencia del Pacto Molotov-Ribbentrop, el tratado de Munich no trató sobre esferas de interés sino que directamente estableció la entrega a Alemania de parte de Checoslovaquia (una tercera parte de su territorio, el 40 por ciento de su industria y cerca de 5 millones de habitantes). En esencia el tratado de Munich fue la repartición de un país soberano entre otros estados.

Y la URSS no estuvo en Munich. Stalin tenía mucha desconfianza a las democracias occidentales, más que el resto recelaba de Inglaterra y después de la firma del tratado de Munich, vio las intenciones de Londres de aislar a Moscú.

➤ Dmitri Babich: ¿Y por qué de todas maneras, Stalin prefirió pactar con Hitler en lugar de los aliados occidentales? Sus oponentes afirman que Inglaterra, Francia y Polonia no pudieron aceptar las condiciones exigidas por Moscú de permitir el paso de las tropas soviéticas por sus territorios. Con los años, se pudo ver que Stalin después de entrar en el territorio de un país, muy pocas veces permitió a ese país actuar por su cuenta.

Alexandr Chubarian: Recordemos las negociaciones británicas-franco-soviéticas que tuvieron lugar en Moscú en el verano de 1939. En esas negociaciones se habló de las posibilidades de ayudar a los países de Europa Oriental en el caso de una agresión por parte de Hitler.

Las garantías para las repúblicas bálticas se abordaron en junio de 1939, y en agosto transcurrieron conversaciones interminables sobre Polonia y Rumania. El 20 de agosto, los franceses informaron a los soviéticos que había logrado convencer al ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Józef Beck, y que Varsovia estaba dispuesta a permitir el paso de las tropas soviéticas por su territorio.

Pero por parte de Polonia no hubo ninguna declaración oficial. Y de esta manera, quedó sepultada definitivamente la cooperación entre Inglaterra y Francia con la URSS, antes de la firma del pacto Molotov-Ribbentrop. 

En cuanto a si Stalin hubiese ocupado Polonia, Rumania u otro país por cuyo territorio pasaran las tropas soviéticas, previo acuerdo con los aliados occidentales, se trata de una hipótesis bastante discutible.

Hubo ejemplos de países a los que la URSS impuso su régimen político, pero también hubo países donde las tropas soviéticas entraron y salieron dejando que esos países se desarrollaran de la forma en que quisieron. Me refiero a Irán, Austria, y Finlandia después de la Guerra a pesar de que un delegado soviético formó parte de la Comisión de Control de los Aliados. Y no obstante, todos esos países conservaron su autonomía. Eso mismo pudo ocurrir con Polonia, si Francia Inglaterra le hubiesen proporcionado garantías fiables.

➤ Dmitri Babich: Es decir, sencillamente, ¿Hitler le propuso a Stalin una variante más ventajosa que Inglaterra y Francia?

Alexandr Chubarian: En las conversaciones con Inglaterra y Francia el asunto sobre los territorios que posteriormente fueron incluidos en la zona de los intereses soviéticos se discutió únicamente desde el punto de vista del paso de las tropas soviéticas, en este caso, Hitler avanzó más y propuso dividir la zona de intereses.

Pero como quedo demostrado posteriormente, Hitler cumplió sus promesas durante un plazo muy corto. Ya en noviembre de 1940, cuando Mólotov viajó a Berlín y las relaciones entre la URSS y Alemania ya estaban deterioradas, Hitler le espetó al jefe de la diplomacia soviética. "¿Y quien le dijo a usted que tendrían el derecho de anexarse esos territorios? ¡Esto no se desprende del pacto!", dijo entonces Hitler. Y esta es precisamente la gran lección que se desprende de los acontecimientos ocurridos entre 1938 y 1941 en Europa.

Cada vez que los países por separado intentan garantizar su propia seguridad a costa de otros, y de paso ignoran las amenazas que pueden ser comunes, la seguridad colectiva es la que sale perdiendo y junto con ella, la seguridad de cada uno de los países por separado.

Hasta el último momento de 1941, cuando estalló la guerra, todos los países de Europa intentaron pactar con Hitler. El líder nazi prometió todo a todos y después, también a todos los engañó.



➤ Dmitri Babich: A partir de su punto de vista, ¿considera usted que Alemania y la URSS no son los únicos responsables de la repartición de Polonia en septiembre de 1939?

Alexandr Chubarian: Las potencias occidentales también tienen cierto grado de responsabilidad en esos acontecimientos. Cuando el 17 de septiembre las tropas soviéticas entraron en las regiones orientales de Polonia, en Inglaterra se oyeron voces sobre la necesidad de declarar la guerra a Alemania y de imponer sanciones contra la URSS.

Pero al final, el gobierno británico se limitó a dar garantías de seguridad a Polonia únicamente en sus fronteras orientales, y no adoptó ningún tipo de sanciones contra la URSS. Al contrario, expreso satisfacción ante el hecho de que las tropas soviéticas se detuvieron en la denominada línea Kerson, es decir la línea que dividió a Polonia y la URSS después de la declaración de independencia de Polonia en noviembre de 1918.

➤ Dmitri Babich: ¿De qué forma Inglaterra expresó satisfacción por la entrada de las tropas soviéticas a la parte oriental de Polonia?

Alexandr Chubarian: En declaraciones del ministerio británico de Asuntos Exteriores, el Gabinete Militar e incluso el Parlamento de Inglaterra. Es más, no se emprendió ninguna campaña o acto de repudio contra la URSS. No hubo siquiera un disparo en 1939 para defender Polonia.

Tampoco se intentó la más mínima demostración de acciones de guerra para desviar la atención de las tropas alemanas de Polonia. Con las repúblicas bálticas la situación fue similar, los países occidentales no reconocieron la anexión de las repúblicas bálticas a la URSS jurídicamente, pero aceptaron la anexión como hecho consumado. De esta manera, los países occidentales también son responsables por los acontecimientos que ocurrieron en ese entonces en Europa Oriental.

No sólo Stalin y Hitler practicaron la diplomacia secreta. Ya siendo primer ministro británico, tras la dimisión de Austen Chamberlain en el verano de 1940, Winston Churchill escribió una carta a Stalin en la que le propuso firmar un pacto secreto entre Inglaterra y la URSS. A cambio de la lealtad de la URSS a Inglaterra, Churchill prometió a Stalin que nadie sabría sobre el pacto suscrito y que tras la victoria sobre Alemania, Inglaterra reconocería de hecho la pertenencia de las repúblicas bálticas a la URSS.

➤ Dmitri Babich: ¿Esa carta, ha sido publicada? ¿Cómo respondió Stalin a la propuesta?

Alexandr Chubarian: Esa carta se conserva en el archivo del ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS, copia de esa carta se encuentra en los archivos británicos, y yo la publiqué en mi libro. Según testimonios hablados, después de leer la carta, Stalin sonrió maliciosamente y dijo: "Este promete que reconocerá después de la guerra todo lo que todos reconocerán de hecho". Por lo visto, a Churchill le interesó muy poco el destino de las repúblicas bálticas.

➤ Dmitri Babich: Pero Churchill únicamente se tuvo que "tragar" la anexión de las bálticas, mientras que Stalin organizó y dirigió esa anexión. Resulta entonces, que de todas maneras, la mayor responsabilidad de todo recae sobre Rusia.

Alexandr Chubarian: De todas maneras, la responsabilidad recae sobre la URSS y no sobre Rusia. Aplicar el principio de que Rusia es el principal heredero de la URSS para resolver asuntos de responsabilidad histórica es una empresa arriesgada y demasiado compleja.

Vale la pena recordar el hecho de que un grupo muy limitado de personas por el lado soviético tuvieron relación directa con el proceso final para la preparación del documento. Stalin, Molotov y Voroshilov, que condujo las negociaciones con los franceses y los británicos. Incluso el futuro dirigente soviético Nikita Jrushev, que en ese tiempo ya era miembro del Buró Político del Partido Comunista de la URSS supo sobre el pacto únicamente en la noche del 23 de agosto después de que fue suscrito.

Actualmente, políticos de Polonia y las repúblicas bálticas intentan que este asunto sea discutido por organizaciones internacionales, y algunas entidades del poder como por ejemplo el parlamento de Lituania ha exigido a la Rusia contemporánea el pago de compensaciones por el "periodo de ocupación".

¿Qué se pude hacer en este caso? Si la actitud de los oponentes no fuera radical, posiblemente la reacción de Rusia hubiera sido más moderada. Hay que tener en cuenta de que se trata de una historia que pasó hace muchos años y su estudio debe tener un carácter más teórico que práctico.

¿Cómo se puede pedir cuenta a la generación actual sobre los actos de Stalin y sus colaboradores sobre los cuales los ciudadanos de la URSS no tuvieron información?

Y no es posible equiparar el estalinismo con el nazismo al menos porque el sistema soviético demostró la capacidad de que pudo cambiar su esencia: los protocolos secretos del pacto Molotov-Ribbentrop fueron publicados en tiempos del presidente soviético Mijail Gorbachov, el carácter criminal de esos protocolos fue reconocido y condenado cuando todavía existía la Unión Soviética.

En cambio, el régimen hitleriano nunca demostró su capacidad de transformarse. El régimen nazi siempre estuvo relacionado con la práctica abierta del genocidio de otros pueblos. El estalinismo ideológicamente no se basó en el genocidio, su esencia siempre la ocultó tras consignas propagandísticas y populistas y el pueblo soviético fue su víctima principal.


ANEXO




Imagen publicada por el tabloide británico The Sun, tomada de un video de 17 segundos realizado por un aficionado, en 1933 o 1934, en la residencia de verano de la familia real británica en el castillo escocés Balmoral. para ese entonces imágenes inéditas. En 1933, el futuro rey Eduardo VIII de Inglaterra le enseñaba el saludo nazi a la futura reina Elizabeth II. El Rey fue obligado a abdicar en 1936. Pero Elizabeth se casó con el príncipe Philip cuya adolescencia nazi era desconocida. En 2005, el príncipe William celebró el Día del Holocausto asistiendo a las conmemoraciones vestido como oficial nazi.


Nota previa

La Unión Europea ha decidido condenar «la realización de demostraciones públicas que glorifiquen pasados nazis o stalinistas», pero de alguna manera la parte que condenaba las celebraciones nazis ha desaparecido del argumento. Hay muchas demostraciones en los Estados bálticos que conmemoran a los soldados de las SS que pelearon contra del Ejército Rojo del lado de la Alemania nazi. ¿Y qué decir de Ucrania? Allí se homenajea abiertamente al colaborador nazi Stepan Bandera e incluso a Hitler. Los camisas pardas de la derecha representan la vanguardia de la junta de Kiev, y derrocaron al gobierno electo de Ucrania en un golpe de Estado respaldado por Occidente. La Unión Europea y Estados Unidos lo niegan. Según ellos, hay sólo unos cuantos «elementos malos» en Kiev, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver (Michael Jabara Carley).


Resolución del Parlamento Europeo, de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el porvenir de Europa (2019/2819(RSP))


El Parlamento Europeo,



– Vistos los principios universales de los derechos humanos y los principios fundamentales de la Unión Europea como una comunidad basada en valores comunes,– Vista la declaración realizada por el vicepresidente primero Frans Timmermans y la comisaria Vĕra Jourová el 22 de agosto de 2019, víspera del Día Europeo en Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo,– Vista la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, adoptada el 10 de diciembre de 1948,– Vista su Resolución, de 12 de mayo de 2005, sobre el 60.º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa el 8 de mayo de 1945,– Vista la Resolución 1481 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, de 26 de enero de 2006, sobre la necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios,– Vista la Decisión Marco 2008/913/JAI del Consejo, de 28 de noviembre de 2008, relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal,– Vista la Declaración de Praga sobre la Conciencia Europea y el Comunismo, adoptada el 3 de junio de 2008,– Vista su Declaración sobre la proclamación del 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo, adoptada el 23 de septiembre de 2008,– Vista su Resolución, de 2 de abril de 2009, sobre la conciencia europea y el totalitarismo,– Visto el informe de la Comisión, de 22 de diciembre de 2010, sobre la memoria de los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios en Europa (COM(2010)0783),– Vistas las Conclusiones del Consejo, de 9 y 10 de junio de 2011, sobre la memoria de los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios en Europa,– Vista la Declaración de Varsovia pronunciada el 23 de agosto de 2011, con ocasión del Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo,– Vista la declaración conjunta realizada el 23 de agosto de 2018 por representantes del Gobierno de los Estados miembros en conmemoración de las víctimas del comunismo,– Vista su histórica Resolución sobre la situación en Estonia, Letonia y Lituania, aprobada el 13 de enero de 1983 como respuesta al «Llamamiento Báltico» de 45 ciudadanos de esos países,– Vistas las resoluciones y declaraciones sobre los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios adoptadas por varios Parlamentos nacionales,– Visto el artículo 132, apartados 2 y 4, de su Reglamento interno,

A. Considerando que este año se conmemora el 80.º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un sufrimiento humano sin precedentes y dio lugar a la ocupación de varios países europeos durante décadas;
B. Considerando que hace 80 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial;
C. Considerando que, como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia;
D. Considerando que, tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico;
E. Considerando que, mientras que los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Núremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos;
F. Considerando que, en algunos Estados miembros, las ideologías comunista y nazi están prohibidas por ley;
G. Considerando que, desde su inicio, la integración europea ha sido una respuesta a los sufrimientos provocados por dos guerras mundiales y por la tiranía nazi, que condujo al Holocausto, y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios y antidemocráticos en la Europa Central y Oriental, así como una manera de superar las profundas divisiones y hostilidades en Europa mediante la cooperación y la integración y de acabar con las guerras y consolidar la democracia en Europa; que para los países europeos que sufrieron la ocupación soviética y las dictaduras comunistas, la ampliación de la Unión, que comenzó en 2004, supuso su regreso a la familia europea, a la que pertenecen;
H. Considerando que deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria;
I. Considerando que recordar a las víctimas de los regímenes totalitarios y reconocer y divulgar el legado común europeo de los crímenes cometidos por las dictaduras comunista, nazi y de otro tipo es de vital importancia para la unidad de Europa y de los europeos, así como para consolidar la resiliencia europea frente a las amenazas externas actuales;
J. Considerando que hace treinta años, el 23 de agosto de 1989, se celebró el 50.º aniversario del Pacto Molotov-Ribbentrop y se recordó a las víctimas de los regímenes totalitarios mediante la Cadena Báltica, una manifestación sin precedentes en la que participaron dos millones de lituanos, letones y estonios que, tomándose de la mano, formaron una cadena humana desde Vilna hasta Tallin, pasando por Riga;
K. Considerando que, a pesar de que el 24 de diciembre de 1989 el Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS condenó la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop, junto con otros acuerdos celebrados con la Alemania nazi, las autoridades rusas negaron, en agosto de 2019, ser responsables de este acuerdo y de sus consecuencias, y en la actualidad están fomentando la idea de que Polonia, los Estados bálticos y Occidente fueron los verdaderos instigadores de la Segunda Guerra Mundial;
L.  Considerando que grupos y partidos políticos abiertamente radicales, racistas y xenófobos incitan al odio y a la violencia en la sociedad, por ejemplo mediante la difusión de discursos de incitación al odio en línea, lo que a menudo genera un aumento de la violencia, la xenofobia y la intolerancia;


1. Recuerda que, tal como se consagra en el artículo 2 del TUE, la Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías; recuerda, asimismo, que estos valores son comunes a todos los Estados miembros;
2. Pone de relieve que la Segunda Guerra Mundial, la guerra más devastadora de la historia de Europa, fue el resultado directo del infame Tratado de no Agresión nazi-soviético de 23 de agosto de 1939, también conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, que permitieron a dos regímenes totalitarios, que compartían el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia;
3. Recuerda que los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad; recuerda, asimismo, los atroces crímenes del Holocausto perpetrado por el régimen nazi; condena en los términos más enérgicos los actos de agresión, los crímenes contra la humanidad y las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios;
4. Expresa su profundo respeto por cada una de las víctimas de estos regímenes totalitarios y pide a todas las instituciones y agentes de la Unión que hagan todo lo posible para asegurarse de que los atroces crímenes totalitarios contra la humanidad y las graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos sean recordados y llevados ante los tribunales, y que garanticen que estos crímenes no vuelvan a repetirse jamás; hace hincapié en la importancia de mantener viva la memoria del pasado, puesto que no puede haber reconciliación sin memoria, y reafirma su posición unida contra todo régimen totalitario sea cual sea su ideología de base;
5. Pide a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi;
6. Condena toda manifestación y propagación de ideologías totalitarias, como el nazismo y el estalinismo, en la Unión;
7. Condena el revisionismo histórico y la glorificación de los colaboradores nazis en algunos Estados miembros de la Unión; expresa su gran preocupación ante la creciente aceptación de ideologías radicales y la regresión al fascismo, el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia en la Unión Europea; manifiesta su inquietud ante los casos que se han denunciado, en algunos Estados miembros, de colusión entre, por un lado, líderes políticos, partidos políticos y fuerzas de seguridad y, por otro, movimientos radicales, racistas y xenófobos de distintas denominaciones políticas; pide a los Estados miembros que condenen estos actos de la forma más enérgica posible, ya que menoscaban los valores de paz, libertad y democracia de la Unión;
8. Pide a todos los Estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unión, y que sensibilicen a la nueva generación con respecto a estas cuestiones incluyendo la historia y el análisis de las consecuencias de los regímenes totalitarios en los planes de estudios y los libros de texto de todas las escuelas de la Unión; pide a los Estados miembros que apoyen la documentación del turbulento pasado de Europa, por ejemplo mediante la traducción de los procedimientos de los juicios de Núremberg a todas las lenguas de la Unión;
9. Pide a los Estados miembros que condenen y contrarresten todas las formas de negación del Holocausto, incluidas la trivialización y la minimización de los crímenes cometidos por los nazis y sus colaboradores, y que eviten su banalización en el discurso político y en los medios de comunicación;
10. Pide una cultura común de memoria histórica que rechace los crímenes de los regímenes fascistas y estalinistas, y de otros regímenes totalitarios y autoritarios del pasado, como medio para fomentar, en particular entre las generaciones más jóvenes, la resiliencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia; anima a los Estados miembros a promover, a través de la cultura en general, la educación relativa a la diversidad de nuestra sociedad y nuestra historia común, incluida la enseñanza de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, como el Holocausto, y la deshumanización sistemática de sus víctimas durante años;
11. Pide, además, que el 25 de mayo (aniversario de la ejecución del capitán Witold Pilecki, héroe de Auschwitz) sea declarado Día internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo, que será una muestra de respeto y un homenaje hacia todos aquellos que, al luchar contra la tiranía, demostraron su heroísmo y su sincero amor por la humanidad, y también ofrecerá a las generaciones futuras un claro ejemplo de la actitud que se debe asumir ante la amenaza de esclavización totalitaria;
12. Pide a la Comisión que preste apoyo efectivo a los proyectos que promueven la memoria histórica y el recuerdo en los Estados miembros y a las actividades de la Plataforma de la Memoria y la Conciencia Europeas, y que asigne recursos financieros suficientes en el marco del programa Europa para los Ciudadanos, con el fin de apoyar la conmemoración y el recuerdo de las víctimas del totalitarismo, tal y como se establece en la posición del Parlamento sobre el programa Derechos y Valores 2021-2027;
13. Declara que la integración europea como modelo de paz y reconciliación ha sido una opción libre de los pueblos de Europa para comprometerse en favor de un futuro compartido y que la Unión Europea tiene la responsabilidad especial de promover y proteger la democracia, el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho, no solo dentro sino también fuera de la Unión Europea;
14. Señala que, a la luz de su adhesión a la Unión y a la OTAN, los países de Europa Central y Oriental no solo han regresado a la familia europea de países democráticos libres, sino que también han demostrado el éxito, con la ayuda de la Unión, de las reformas y el desarrollo socioeconómico; subraya, no obstante, que la posibilidad de adhesión debe seguir abierta a otros países europeos, como estipula el artículo 49 del TUE;
15. Sostiene que Rusia sigue siendo la mayor víctima del totalitarismo comunista y que su evolución hacia un Estado democrático seguirá obstaculizada mientras el Gobierno, la élite política y la propaganda política continúen encubriendo los crímenes comunistas y ensalzando el régimen totalitario soviético; pide, por tanto, a la sociedad rusa que acepte su trágico pasado;
16. Muestra su profunda preocupación por los esfuerzos de los actuales dirigentes rusos por distorsionar los hechos históricos y ocultar los crímenes perpetrados por el régimen totalitario soviético, esfuerzos que constituyen un peligroso elemento de la guerra de la información librada contra la Europa democrática con el objetivo de dividirla, y pide a la Comisión, por tanto, que luche firmemente contra ellos;
17. Expresa su preocupación por el hecho de que se sigan usando símbolos de los regímenes totalitarios en la esfera pública y con fines comerciales, y recuerda que varios países europeos han prohibido el uso de símbolos nazis y comunistas;
18. Señala que en algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.) monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes totalitarios, lo que facilita la distorsión de los hechos históricos sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la propagación del sistema político totalitario;
19. Condena el hecho de que las fuerzas políticas extremistas y xenófobas en Europa recurran cada vez más a la distorsión de los hechos históricos y utilicen símbolos y retóricas que evocan aspectos de la propaganda totalitaria, como el racismo, el antisemitismo y el odio hacia las minorías sexuales y de otro tipo;
20. Insta a los Estados miembros a que garanticen el cumplimiento de las disposiciones de la Decisión Marco del Consejo, con el fin de hacer frente a las organizaciones que difunden discursos de incitación al odio y a la violencia en los espacios públicos y en línea y que prohíban efectivamente los grupos neofascistas y neonazis y cualquier otra fundación o asociación que exalte y glorifique el nazismo y el fascismo o cualquier otra forma de totalitarismo, dentro del respeto del ordenamiento jurídico y la jurisdicción nacionales;
21. Destaca que el trágico pasado de Europa debe seguir sirviendo de inspiración moral y política para afrontar los retos del mundo actual y, en particular, luchar por un mundo más justo, crear sociedades abiertas y tolerantes y comunidades que acepten a las minorías étnicas, religiosas y sexuales, y fomentar unas condiciones en las que todos puedan beneficiarse de los valores europeos;
22. Encarga a su presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a los Gobiernos y los Parlamentos de los Estados miembros, a la Duma rusa y a los Parlamentos de los países de la Asociación Oriental.


Fuentes de consulta:
Leonid Radzikhovski 
Michael Jabara Carley 
Entrevista: 
Alexandr Chubarian, Dmitri Babich  
Mateusz Piskorski
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